La salvación sin mediaciones según Marción y la respuesta de Tertuliano

La salvación sin mediaciones según
Marción y la respuesta de Tertuliano

I. PUNTO DE PARTIDA DEL SISTEMA DE MARCION:
LA EXPERIENCIA DEL MUNDO Y LA BIBLIA

A mediados del siglo II, el período clásico ya había quedado atrás, y si bien el mundo no amenazaba aún con desplomarse, ya se presentía anticipadamente, en la inseguridad intelectual y moral, el quiebre material que se avecinaba. Las antiguas seguridades comenzaban a ceder junto con los límites del Imperio; multitud de etnias se mezclaban y las certezas tradicionales tendían a desaparecer. Con razón ese período ha sido caracterizado como una época de angustia. De acuerdo a esto, el hombre del siglo II experimentaba el mundo como una realidad ambigua, amenazante e imperfecta.

1. La revelación del Dios de este mundo

La experiencia del mundo puede inducir a valorar la creación de modo negativo. Marción no es ajeno a este fenómeno. Esta valoración globalmente negativa de la creación, unida al antisemitismo reinante, a causa de las revueltas judías de esos años4, impulsan a Marción a valorar también negativamente al Creador, el Dios de los judíos. En un versículo de Isaías y otro de Lucas, Marción justifica su reflexión. Así relata Tertuliano la génesis de la doctrina marcionita:

Tal como muchos lo hacen, también hoy, en especial entre los herejes, [Marción] se atormentaba acerca del problema del mal: ¿de dónde viene el mal? (unde malum), y con sus sentidos enceguecidos por la grandeza de su curiosidad, encontró al Creador que pronunciaba: “Yo soy el que crea los males”, suponiendo, también en base a otros argumentos que convencen a cualquier malvado, que Él era el autor del mal, interpretó en referencia al Creador el mal árbol que crea malos frutos, a saber, los males, y supuso que otro Dios debía estar en la parte del árbol bueno que da buenos frutos7.

La coherencia interna del razonamiento de Marción muestra que el relato de Tertuliano es mucho más que la costrucción retórica de un ácido polemista. La pregunta acerca del origen del mal, que brota de la simple observación del mundo, iluminada por algunos versículos bíblicos, está en la génesis de la doctrina marcionita. De acuerdo al ejemplo evangélico de los dos árboles (Lc 6, 46), este mundo es un fruto deficiente de un mal árbol, que se identifica con el Creador, el Dios de los judíos, que en Isaías declara ser el Creador de los males (Is 45, 7).

Más correcto que decir, como suele hacerse, que Marción rechazó el AT, es afirmar que aceptó todo el AT, pero como revelación de este dios deficiente, dador de leyes y amante de la materia. En definitiva, según Marción, este mal fruto, que es el mundo, no podía ser obra del Dios Supremo. La lectura literal del AT otorgaba numerosos argumentos para denigrar al máximo al dios de los judíos.

1.a Esta creación imperfecta revela un Creador imperfecto

Esta percepción negativa del mundo repercute, lógicamente, en una valoración también negativa del Creador. El autor de la Refutatio explicita el principio que mueve a Marción: “Necesariamente lo hecho se asemeja al Hacedor”. La obra se asemeja a su autor. Esta creación tan imperfecta refleja un Creador también imperfecto. Este Creador, el Dios de este mundo, no es otro que el revelado por las Escrituras de los judíos.

Toda la ambigüedad e imperfección de las creaturas era proyectada sobre el Creador. Así, los marcionitas, refiriéndose a la obra de la creación, afirman en tono irónico: “Claro, es una gran obra y digna del Dios del mundo”. Por otra parte, haciendo uso de un argumento, que la academia había elaborado contra la doctrina estoica de la providencia, se burlaban de las creaturas más pequeñas, insignificantes y sobre todo molestas. Por su parte, los cínicos insistían en los desastres naturales, tales como cataclismos, terremotos, erupciones, sequías, etc…  Lactancio nos refiere la polémica: “Pero los académicos, discutiendo contra los estoicos, suelen preguntar: ¿Por qué, si Dios hizo todo por causa del hombre, se encuentran también muchas cosas contrarias, enemigas y venenosas para nosotros?… Pues, ¿qué utilidad puedes encontrar en las ratas, las cucarachas y en las serpientes, que son molestas y perniciosas para el hombre?”. Tertuliano reconoce esta polémica y apostrofa al marcionita diciendo: “Y puesto que te ríes de los animales más pequeños”. Estas breves palabras aluden a esta misma acusación que aparece de modo más explícito en las obras de Jerónimo. Sus comentarios bíblicos, en que reelabora material anterior, dicen que Marción y todos los demás herejes que difaman el Antiguo Testamento, para rechazar la providencia, “acusan al Creador y afirman que él erró en muchas de sus obras y que no creó como debía crear. Pues, ¿qué utilidad prestan a los hombres las serpientes, escorpiones, cocodrilos, pulgas, chinches y mosquitos?”. Dios creó las pulgas, los mosquitos y los chinches -declara Jerónimo- para mostrar su propia potencia y la fragilidad de los hombres, que son vencidos por animales minúsculos en las plagas de Egipto. La langosta, animal pequeño, molesto e inútil, pero sobre todo protagonista de la devastación de Egipto, tiene un lugar particular en esta argumentación. Los textos citados muestran que Marción y los demás adversarios del Dios Creador se complacen en destacar lo que, a su juicio, son imperfecciones de la creación.

Detrás de esta pintoresca acusación se esconde una crítica bastante seria y fundada. El carácter ambiguo de la realidad material ofrecía argumentos tanto a la teodicea clásica, que insistía en la belleza y armonía de la creación y, por lo tanto, en la providencia divina y benéfica, como a todos aquellos que buscaban denigrar las realidades creadas, para rebajar así al Creador de este mundo material. La misma realidad, al ser ambigua, ofrece argumentos a las tesis contrarias.

1.b El pecado del hombre revela la imperfección de su Autor

Hay una obra que debe ser considerada con especial atención: el hombre. Marción, leyendo de una manera bastante particular los relatos del Génesis, considera que el alma del hombre es de la misma substancia que el Creador. Así, el pecado de Adán delata de modo aún más evidente la imperfección del Autor del hombre, aquel que lo plasmó del barro y que le insufló su propio álito vital, es descir, el Dios revelado por el AT. Utilizando la acidez del polemista y la agudeza del teólogo, Tertuliano resume de modo magistral la argumentación marcionita:

Ya me encuentro aquí, frente a todas las dificultades (quaestiones), ¡oh perros a los que el Apóstol expulsa!, que ladran contra el Dios de la verdad. Estos son los huesos de las argumentaciones que mordisquean: “Si Dios es bueno, conocedor del futuro y capaz de evitar el mal; ¿por qué ha soportado que el hombre, siendo en efecto su imagen y semejanza, e incluso su substancia (ciertamente por el origen del alma), cayera de la observancia de la ley a la muerte engañado por el diablo? En efecto, si es bueno el que no debía querer que aquello sucediese, y providente el que no ignoraba lo que sucedería, y poderoso el que era capaz de evitarlo; de ningún modo hubiera sucedido aquello que no podía suceder de acuerdo a estas tres condiciones de la divina majestad. Si esto efectivamente sucedió, es necesario, por el contrario, que ni se deba creer que Dios es bueno, ni providente ni poderoso”19.

El pecado del hombre recién creado no es otra cosa que una comprobación de la imperfección de su Creador: “el hombre no debió haber sido creado así”. Es la misma substancia del Creador la que peca en Adán. El marcionita afirma que “la substancia del Creador se demuestra capaz de pecar, puesto que en el hombre ha pecado el soplo de Dios, es decir, el alma”. Luego, el pecado de Adán es culpa del Dios Creador22. El hombre revela la imperfección de su Hacedor.

La evidente imperfección del mundo creado y el pecado del hombre llevan a Marción a la convicción de que el Autor del hombre y del mundo es imperfecto. Este dios imperfecto no puede ser otro que el que se declara creador de los males (Is 45,7), y no puede ser identificado con el Dios revelado en Cristo.

2. La revelación del Dios Supremo

El mundo y el hombre revelan a su propio Autor. En esto Marción no se separa de la teología católica de sus contemporáneos. Pero se distancia radicalmente de ella al identificar el Dios de este mundo con Yahvé, el Dios de los judíos, e introducir otro Dios, el Supremo, revelado por Cristo, un Dios Extranjero y, hasta entonces, desconocido:

Y así, encontrando en Cristo una disposición distinta, de sola y pura bondad, como diversa del Creador, con facilidad dedujo una divinidad nueva y extranjera, revelada en su Cristo, y con un poco de fermento, con la acidez herética, corrompió toda la masa de la fe.

“Ni el mundo ni el hombre pertenecen al Dios de Marción”. El verdadero Dios es ajeno a este mundo y este mundo es ajeno a Él. Este rechazo del mundo creado y este hiato metafísico entre la creación y el Dios Optimo tiene como consecuencia la natural incapacidad de la creación para revelar al Dios Supremo. Congruentemente, los marcionitas afirman que su Dios no se ha revelado por la creación ni por el hombre, sino por sí mismo. Tertuliano nos transmite una afirmación muy densa en cuanto a su contenido:

Los marcionitas dicen: “Nuestro Dios no se ha revelado desde el inicio ni por medio de la creación, sino por sí mismo en Cristo Jesús”.

El motivo es evidente: El Dios Optimo de Marción no tiene nada que ver con la creación y, por lo tanto, las realidades creadas son incapaces de revelar a este Dios Supremo. Ellas, más bien, son reflejo del dios imperfecto revelado en la ley de Moisés y adorado por los judíos.

2.a Non ab initio revelatus est

Marción solo considera válida y propia de su dios la revelación aportada por Cristo. Ni la creación (presente ab initio) ni la historia de la salvación relatada por el AT manifiestan al Dios Supremo. Cristo llega de improviso. El Evangelio, tal como lo leía Marción, comenzaba así: “En el año XV de Tiberio César, en tiempos de Pilato, bajó Cristo Jesús del cielo a Cafarnaún”. Cristo no llega en tiempos de Augusto sino de Tiberio y bajó en sentido fuerte, es decir desde el cielo a la tierra. Tertuliano anota: “de acuerdo a Marción, todo es de improviso; de acuerdo al Creador, todo tiene un orden sumo y pleno”. Antes de la venida de Cristo nada absolutamente se sabía del Dios superior. El Dios verdadero permaneció oculto incluso para el Creador. Con un pequeño retoque al texto apostólico, Marción hace decir a Pablo que, desde los siglos, el misterio estuvo oculto “para el” Dios que creó todo, en vez de “en” el Dios que creó todo, del texto auténtico.

La sorpresa que, según los relatos evangélicos, provoca la predicación de Cristo y el posterior rechazo que culmina en la cruz demuestran, según Marción, que el mensaje evangélico está en total discontinuidad con el discurso judío. La sorpresa se debe a que se predica en oposición del Antiguo Testamento. Ninguna continuidad se verifica entre las Escrituras judaicas y el Evangelio, por eso, Marción repudia los profetas.

Se verifica una verdadera ruptura en la historia, Puech habla de un tiempo fracturado. Los marcionitas se glorían de un nuevo Dios, ignoto e inaudito, en este viejo mundo y en este viejo tiempo y bajo este viejo Dios. Un Dios que ha sido ignorado por todos los siglos anteriores y solo revelado en Cristo Jesús. La interpretación marcionita de la transfiguración es testigo de esto. En referencia a la voz del Padre, el marcionita argumenta: “la advertencia de nuestro Dios, proveniente del cielo, ordenó escuchar no a Moisés ni a los profetas, sino a Cristo”. Cuando el Padre dice “este es mi Hijo, escúchenlo”, Marción subentiende: y no escuchen ni a Moisés ni a los profetas. Debido a esta fractura del tiempo, la historia no revela la Dios Supremo.

2.b Non per conditionem revelatus est

El Dios Supremo no tiene ninguna relación con la creación, es absolutamente extranjero; no en vano A. V. Harnack tituló su célebre monografía: Marción. El Evangelio del Dios extranjero (das Evangelium vom fremden Gott). El carácter extranjero de Dios respecto del mundo y del hombre está al centro del Evangelio de Marción. Por lo tanto, la creación no posee en absoluto la capacidad de revelarlo. En su crítica al Evangelio de Lucas, Marción omitió aquellos textos que relacionaban el Dios de Cristo con la realidad creada. Ninguna realidad creada puede hacer de puente entre Dios y los hombres. En el sistema de Marción, el Dios Supremo no acepta ninguna mediación. O mejor, todas las mediaciones creadas revelan a su autor, es decir, al Demiurgo, creador de este mundo.

2.c Per semetipsum revelatus est in Christo Iesu

Dios es naturaliter ignotus y solo se ha revelado por el Evangelio. El Dios desconocido se revela solo en Cristo Jesús. Esta afirmación invita a considerar la cristología y la teología marcionita.

1. Docetismo. Como era de esperar, Marción profesa una cristología máximamente docetista. El rechazo de las realidades materiales como obra de un Dios inferior induce al hombre del Ponto a negar cualquier relación entre Cristo y la materia. Cristo es adversario de la materia y toma, según Fil 2, solo la humana, no en su verdad. Tertuliano transmite su fundamentación:

Seguramente, los marcionitas piensan apoyarse también aquí en el Apóstol para lo que se refiere a la substancia de Cristo. Que en Cristo hubo un fantasma de carne, cuando dice que estando en imagen de Dios, no consideró un botín el asemejarse a Dios, sino que se vació a sí mismo habiendo tomado la imagen de siervo -no la verdad.-, y en la semejanza del hombre -no en el hombre- y por la figura fue hallado como hombre -no por la substancia-, es decir, no por la carne.

Cristo asume solo la figura, no la realidad. El docetismo es extremo y la fundamentación neotestamentaria parece convincente. Orígenes transmite que según Marción, Cristo “no nació de la Virgen sino que apareció como adulto de 30 años en Judea”. No tiene infancia ni parientes, ni nada que lo ligue a la creación. Según los marcionitas, Cristo asegura no haber nacido cuando exclama “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?”, como si afirmara que no tiene ni madre ni hermanos. El docetismo evita que la creación juegue un papel en la revelación del Dios Supremo. La creación es enemiga de Cristo. Los fenómenos cósmicos que acompañan a la parusía son interpretados por Marción como demostración de esta enemistad.

2. Modalismo. Solo en Cristo el Dios Optimo se revela. Pero ¿qué relación hay entre Dios y Cristo? ¿Es posible considerar a Cristo como mediador de la revelación y salvación? La respuesta de estas interrogantes depende de una cuestión hasta ahora debatida por los estudiosos modernos, es decir, el eventual modalismo de Marción. Intérpretes tan autorizados como Harnack y Blackman lo defienden, pero Orbe, otro gran conocedor del siglo II, lo niega. R. Braun, el editor del Adversus Marcionem en Sources Chrétiennes, opina que esta difícil cuestión permanece abierta. No se pretende entrar en el debate. El presente estudio se limita a señalar la cuestión: la salvación que trae el Dios de Marción es tan carente de mediaciones, es decir, Dios se revela de modo tan inmediato que incluso sugiere una interpretación modalista de su teología.

Cristo, al ser un personaje solo divino, no es mediador. Pues no es una realidad que pertenezca a los dos mundos: humano y divino. Por otra parte, si es correcta la interpretación modalista de la teología marcionita, no hay alteridad entre Dios y Cristo, y, por tanto, Dios se revela de modo absolutamente directo, sin mediador.

2.d Transmisión de la revelación: el problema eclesial

La misma discontinuidad que se verifica en la revelación, se observa también en la transmisión del mensaje evangélico; y del mismo modo en que Marción destaca lo más despreciable de la creación para rebajarla, así también recalca lo más negativo de la transmisión apostólica del mensaje para rechazarla. Tal como se ha anotado más arriba, según Marción, Dios se revela por sí mismo, y esta revelación se transmite por medio de la predicación. Hasta aquí todo parece correcto. Pero este mensaje no se transmite por medio de una tradición eclesial, como entre los católicos, ni siquiera por una tradición secreta, como entre los gnósticos. Marción trastorna el concepto de tradición hasta el punto de revertirlo.

Con una no despreciable base neotestamentaria, Marción insiste en que los apóstoles no comprendieron el mensaje de Cristo. Son reiterados los reproches del Maestro en el Evangelio contra los discípulos que no comprenden. Estos episodios debieron ser un buen argumento, pero la tesis marcionita se apoyaba fundamentalmente sobre el incidente de Antioquía, en que Pablo reprocha a Pedro y a las demás columnas de la Iglesia por no seguir la verdad del Evangelio:

En efecto, Marción, habiendo encontrado la carta de Pablo a los gálatas que ataca incluso a los mismos apóstoles de no conducirse con paso recto hacia la verdad del Evangelio, y que al mismo tiempo también acusa a ciertos falsos apóstoles de pervertir el Evangelio de Cristo, hace esfuerzos para destruir el status de los evangelios de los apóstoles, que les son propios y que han sido publicados con el nombre de los apóstoles o también de [hombres] apostólicos, ciertamente para conferir a su [evangelio] la fiabilidad que quitó a los otros.

Así, el concepto de tradición queda trastornado hasta sus raíces: los discípulos no fueron capaces de comprender la novedad del Evangelio y siguieron apegados al judaísmo y, consecuentemente, deformaron su predicación. Por ello mismo la doctrina de las comunidades apostólicas debe ser considerada corrupta. El “otro Evangelio” predicado por los falsos hermanos, adversarios de Pablo (Gal 1, 7; 2,4), sería el de los católicos judaizantes, representados por Pedro.

Se establece así una verdadera antitradición: las iglesias apostólicas, por depender de los apóstoles, predican un Evangelio deformado: las iglesias apostólicas están a primordio corruptae. La incomprensión del mensaje de Cristo por parte de los jefes de la Iglesia tuvo por consecuencia la corrupción del Evangelio escrito, que fue interpolado por los cristianos judaizantes, para hacerlo calzar con sus enseñanzas aún adheridas a la Ley de Moisés y al Creador de este mundo. Ante este fracaso de la revelación evangélica, Cristo se revela directamente a Pablo, que sí comprendió el mensaje, por ello fue capaz de enrostrar su error a Pedro. Desgraciadamente, los escritos de Pablo fueron también interpolados. Finalmente, ha sido Marción el que ha sabido restaurar la integridad del Evangelio. Por ello, Marción, no se considera a sí mismo un innovador sino un restaurador del Evangelio auténtico. La situación está bien ilustrada en una página de Tertuliano:

Dicen que Marción no innovó la regla de la separación entre la Ley y el Evangelio, sino que más bien restauró nuevamente la que había sido adulterada (Aiunt enim Marcionem non tam innovasse regulam separatione legis et evangelii quam retro adultaratam recurasse). ¡Oh Cristo, Señor lleno de paciencia, que has soportado todos estos años la falsificación de tu predicación, hasta que te viniera a ayudar, precisamente Marción! Alegan que el mismo Pedro y los otros, las columnas de los apóstoles, fueron reprendidos por Pablo por no caminar rectamente en la verdad del Evangelio51.

La predicación auténtica avanza a saltos: Cristo Æ Pablo Æ Marción. De este modo, la revelación verdadera no se conserva establemente por medio de la transmisión continua en la Iglesia apostólica. El carácter apostólico de la predicación eclesial no es un motivo de credibilidad, sino una garantía de falsedad.

3. La salvación del Dios Optimo

Una sola es la obra del Dios Supremo: la liberación del hombre. Cuando los marcionitas se sienten presionados -afirma Tertuliano- vomitan diciendo: “A nuestro Dios le basta esta única obra: que liberó al hombre por su suma y exclusiva bondad, preferible a todas las langostas”52. La obra de la liberación del hombre, propia del Dios Supremo, es incomparablemente superior tanto a la salvación deficiente que ofrece el Dios de Moisés (la salida de Egipto), como a la obra de la creación, propia del Dios de los judíos, sobre todo si se considera el carácter amenazante e imperfecto de las realidades creadas (las langostas que se vuelven castigo contra el hombre). Nuevamente, aparece la controversia contra los animales minúsculos, mencionada más arriba. En contexto polémico, Marción compara lo mejor de su Dios (la liberación) con lo peor del Dios de los judíos (la creación de las langostas).

3.a. Salvación como obra exclusiva de la bondad divina

La salvación es obra de la bondad suma y exclusiva del Dios Extranjero. Nada en el hombre puede reclamar o exigir la liberación. Nadie puede merecer esta salvación. La gratuidad es suma y exclusiva. La pertenencia del hombre al Dios de este siglo, tiene como consecuencia que el actuar humano es proporcionado para complacer o irritar al Demiurgo creador. Es el Dios del AT el que establece las leyes, las retribuciones, las amenazas y los castigos. Por el contrario, el Dios de Marción no juzga ni amenaza, porque es pura bondad, y ofrece una salvación tan trascendente que ninguna obra humana puede merecer. Tertuliano nos transmite una afirmación que puede considerarse como el núcleo de la predicación marcionita:

Yo niego que la bondad del Dios de Marción sea racional -afirma Tertuliano-, en primer lugar porque ha venido para la salvación de un hombre ajeno (quod in salutem processerit hominis alieni). Pues bien, ya sé que van a decir: la bondad perfecta y por antonomasia es esta, la que se derrama voluntaria y libremente en favor de los extraños, sin ninguna obligación de familiaridad (sine ullo debito familiaritatis in extraneos uoluntaria et libera effunditur). De acuerdo a esta [bondad] se nos pide amar a nuestros enemigos, y bajo este nombre, a los extraños54.

La ausencia total de cualquier vínculo de familiaridad entre el Salvador y el salvado destaca máximamente la absoluta bondad que motiva la salvación. El De carne Christi nos transmite el razonamiento marcionita: “Si Cristo es del Creador, amó su propio mérito; pero si es de otro Dios, amó más, en cuanto redimió al extraño”.

Cuando el Dios de los católicos salva, socorre a su propia imagen y semejanza; cuando el Dios de Valentín salva, no hace otra cosa que salvarse a sí mismo, puesto que salva aquello que le es consubstancial; pero cuando el Dios de Marción salva, lo hace movido única y exclusivamente por la bondad. Salva sin motivos, sin razones, con una bondad sin límites, ya que salva lo que no le pertenece. Las buenas obras pertenecen al régimen de la justicia, de la Ley y del Demiurgo, y son totalmente irrelevantes ante el Dios Optimo.

3.b. Irrelevancia del actuar humano para la salvación

La fractura y discontinuidad entre el Creador y el Salvador tiene como consecuencia que el actuar humano se revela absolutamente inadecuado y desproporcionado para complacer o irritar al Dios Supremo. La acción del Dios Optimo no se deja conducir ni medir por estándares humanos. De este modo, la moral del hombre es completamente irrelevante para el Dios Extranjero. Nada creado coopera con la salvación. El hombre aporta solo su fe.

No se trata de que las acciones del hombre son en absoluto irrelevantes, lo que interesa es insistir que son absolutamentes desproporcionadas (y por eso irrelevantes) para merecer la salvación que ofrece el Dios Superior. Las obras humanas no cuentan para la salvación. Por ello Tertuliano afirmará irónicamente que el Dios de Marción invita a pecar. Los marcionitas tendrán ciertamente una severa ascesis, pero ella no pretende merecer la salvación sino rechazar y despreciar este mundo material.

Más aún, el Cristo de Marción se presenta como enemigo de la ley: toca al leproso, ama a los enemigos de la ley (el publicano), viola el sábado, beneficia a la mujer pecadora, sanó a la hemorroísa precisamente porque violó la ley, salva precisamente a Zaqueo, un enemigo de la ley, se salta los preceptos alimenticios, e incluso reprocha la observancia de la ley. Pero Marción va más allá. No solo asegura que la justicia humana no es capaz de merecer la salvación ofrecida por el Dios Supremo, llega incluso a afirmar que la justicia humana predispone negativamente a la recepción de la verdadera salvación. Esta vez es Ireneo el que nos informa:

Afirma [Marción] que se salvarán únicamente los que habrán aceptado la doctrina marcionita (…). Dice que Caín y los que se le asemejan, los sodomitas, los egipcios y similares, y, en general, todos los paganos que se han dado a la más inicua conducta, fueron salvados por el Señor cuando descendió a los infiernos y salieron a su encuentro; entonces los aceptó en su reino. En cambio, Abel, Enoc y Noé con el resto de los justos, los patriarcas que proceden de Abraham, todos los profetas, y en general los que agradaron al Dios [Creador], no participan en la salvación; tal es la proclama de la serpiente que está en Marción. La razón aducida es que sabían que su Dios les estaba tentando continuamente; creyeron que su Dios les estaba tentando de nuevo, y por esto no salieron al encuentro de Jesús ni creyeron en su predicación. En consecuencia, sus almas permanecieron en los infiernos.

La dialéctica paulina entre obras y gracia pasa a ser antítesis en la doctrina marcionita. Los que agradaron al Dios justiciero del AT no están bien predispuestos a recibir una salvación gratuita. Al contrario, los injustos ante el Dios de la Ley están mucho mejor preparados para abandonarse con fe a un mensaje de salvación.

3.c. Salvación sine tactu… sola voluntate

Como es sabido, Marción redactó una pequeña obra llamada las antítesis que contrastaba textos del Antiguo y del Nuevo Testamento para mostrar la incompatibilidad de estos mensajes. Una de las antítesis oponía a Eliseo contra Cristo. El profeta del Creador había sanado solo un leproso y esto mediante siete baños, mientras Cristo sanó muchos leprosos de modo mucho más simple:

Eliseo tuvo necesidad de la materia, se valió del agua, y de ella siete veces; Cristo, por el contrario, con su sola palabra, y esta pronunciada una sola vez, realizó inmediatamente la curación.

La antítesis muestra la simplicidad de la salvación ofrecida por Cristo y, lo que es más relevante para nuestro tema, la familiaridad del profeta respecto de la materia confrontada a la aversión de Cristo: la materia es amiga de Eliseo y adversaria de Cristo. Mientras el régimen del Creador obra mediante las creaturas, el Cristo de Marción no se vale de la materia para sanar. Es una salvación sin mediaciones. Actúa con su sola palabra.

Más radical que el caso anterior es la interpretación marcionita de la sanación de los diez leprosos. La complicada ley de la lepra del Levítico, texto problemático en su lectura literal, fue opuesta por Marción a la simplicidad del Evangelio:

A nosotros nos corresponde saber cuál sea la interpretación de la ley de la lepra respecto de los distintos tipos de este corrupción y de los exámenes realizados por el sumo sacerdote; a Marción le toca oponer la complicación de la ley, para que afirme también aquí que Cristo es enemigo de ella, puesto que no observa los ritos de la ley también en la curación de los diez leprosos, a los que solo ordenó ir a presentarse a los sacerdotes y los limpió [de la lepra] en el camino, sin tocarlos y sin palabras, con su silencioso poder y su sola voluntad.

Esta vez, la salvación de Cristo no se vale ni siquiera de la mediación de la palabra. Mientras la ley ofrece un complicado y fatigoso ritual (morositas legis), el Cristo de Marción sana sine tactu et sine verbo con su silencioso poder y su sola voluntad (tacita potestate et sola uoluntate). Nada más ajeno a la mentalidad de Marción que el carácter sacramental de la economía divina. Las mediaciones no tienen cabida en este sistema. Tertuliano reprocha a los marcionitas porque no son coherentes con esta doctrina. El polemista latino se burla de Marción al recordarle que debe mendigar al Creador el agua, el aceite, la miel, la leche y el pan, para sus ritos.

3.d Contenido de la salvación del Dios Extranjero

Coherente con el rechazo de las realidades materiales, Marción asegura que el Dios Optimo salva solo el alma. Según Tertuliano es imperfecta la bondad del Dios Supremo, porque no solo reserva la salvación a unos pocos, sino porque la salvación no alcanza a todo el hombres, sino solo a su alma, puesto que la carne no resucita. El polemista católico además reprocha a Marción porque bautiza la carne que no será salvada.

La salvación ofrecida por el Dios de Marción es puramente espiritual. Por su parte, el Creador retribuye con las promesas terrenas. En base a este contraste, se estructura una de las antítesis. Hablando del contenido de su esperanza, el marcionita declara:

Por cierto, espero de Él aquello mismo que dé testimonio de la diversidad: el reino de posesión eterna y celestial. Por el contrario, vuestro Cristo promete el antiguo estado de los judíos por la restitución de la tierra y después del transcurso de la vida, el refrigerio en el seno de Abraham, en los infiernos.

La diversidad entre el Creador y el Salvador se manifiesta en sus respectivas promesas: uno promete un reino eterno y celestial, y el otro uno terrenal y temporal. Esta antítesis marcionita se comprende en el contexto del florecimiento de la esperanza materialista que aspiraba a una retribución corporal para los salvados. Marción extrema la oposición para fundamentar su diteísmo: la retribución del Creador se ubica en el infierno (seno de Abraham), al paso que la del Cristo de Marción está en el cielo. En reacción contra este milenarismo, Marción insiste en que el Dios Supremo retribuye con bienes celestiales y no terrenales como el Dios de la Ley. El rechazo de una retribución material es tal que lleva a Marción a interpretar alegóricamente (contra sus propios principios bíblicos) el banquete de Lc 14, 16: afirma que se trata de saciedad y alegría espiritual. El Creador promete larga vida, el Salvador, vida eterna.

La salvación que ofrece el Dios de Marción consiste en la liberación respecto del Creador y de su ley. Tertuliano dice irónicamente que el Dios Optimo roba siervos ajenos. Asimismo, el pagano Celso ataca al Dios marcionita y también lo llama “ladrón de esclavos”. El Dios de Marción viene a arrebatarle los esclavos al Señor de este mundo:

¿Qué hay, en efecto, más injusto, inicuo y perverso -se pregunta Tertuliano- que beneficiar de tal modo al siervo ajeno hasta arrebatarlo respecto de su Señor, hasta reivindicarlo para otro, hasta sobornarlo contra la autoridad de su Señor, y sobre todo, lo que es más indigno, incluso en la misma casa del Señor, viviendo todavía de su granero y aun temblando bajo sus golpes?.

En definitiva, Cristo viene a liberar del Creador. La dependencia de Yahvé, el Señor de este mundo, es concebida, por tanto, como una verdadera escalvitud. Afirma Harnack: “A la pregunta de qué ha salvado Cristo -de los demonios, de la muerte, del pecado, de la deuda, de la carne (todas estas respuestas figuran ya en época muy temprana)-, responde Marción de modo radical: nos ha redimido de la creación (también de nosotros mismos), y de su Dios, para hacernos hijos de un nuevo y extraño Dios”.

4. Conclusión: la salvación sin mediaciones

Según Marción, Dios no se vale de mediaciones ni para la revelación ni para la salvación. La ausencia total de cualquier vínculo de familiaridad entre el Dios Supremo y el mundo tiene como consecuencia la absoluta incapacidad de las realidades creadas (incluido el hombre) para revelar o para cooperar con la salvación. Esta afirmación de carácter general se verifica en diversos ámbitos.

1) La creación, notoriamente imperfecta, no revela al Dios de Jesucristo, sino al Demiurgo creador de este mundo.

2) El hombre por su pecado manifiesta un Dios Creador imperfecto, incapaz de conducir a su propia creatura: el último responsable del pecado del hombre es el Creador.

3) La imperfección del hombre junto a la trascendencia de la salvación ofrecida por el Dios Superior tienen como resultado la absoluta irrelevancia del actuar humano en vistas de la salvación. La obras humanas solo son capaces de complacer o irritar al Dios de la Ley. Cristo, por el contrario, ofrece por pura bondad, gratuitamente, una salvación que es imposible de alcanzar mediante las propias obras.

4) De acuerdo a la enseñanza de Marción, es posible afirmar que Cristo no es mediador. Por una parte, Cristo es solo Dios (es hombre en apariencia). Este docetismo niega que Cristo pertenezca a ambos mundos (divino y humano) y lo hace incapaz de mediar. Por otra parte, el eventual modalismo marcionita presenta a Cristo como Dios mismo que se revela directamente: una vez más, sin mediador. Finalmente, la acción de Cristo no se vale de las realidades creadas: salva sine tactu, sola voluntate.

5) La Iglesia tampoco cumple el papel de garantizar la transmisión fiel de la revelación. Por el contrario, el carácter apostólico de una doctrina se vuelve garantía de su falsedad: la tradición está corrompida desde el principio.

Nada creado puede cooperar con esta salvación verdadera y trascendente. No hay mediaciones en el sistema de marcionita. Las realidades creadas no pueden aportar nada a la obra del Dios Extranjero porque, en definitiva, la salvación consiste en una liberación de la creación, del Creador y de su ley. La propuesta de Marción es radical: el mundo es imperfecto y amenazante, y así también debe ser el Creador del mundo y la salvación que este ofrece; por lo tanto la única verdadera salvación es la liberación de este mundo y de su Autor. La creación es adversaria de la salvación. Difícilmente las realidades creadas o la obsevancia de la ley podían cooperar a la salvación en un sistema que afirma que el Dios Supremo viene a salvarnos precisamente del yugo de la creación, del Creador y de la ley. “Lo que Marción vio en el Evangelio -afirma Harnack- no fue la explicación del mundo, sino la liberación del mundo”.

II. REACCION DE TERTULIANO

La influencia de Marción fue enorme. Tertuliano nos dice que la tradición marcionita “ha llenado el mundo entero”79. Y la prueba más elocuente de esta gran difusión y de la necesidad de la Iglesia de reaccionar contra Marción son las numerosas obras polémicas que, en diversos lugares del Imperio, se compusieron contra él. Justino escribió un Contra Marción, en Roma, por el año 160; Dionisio de Corinto, por el 170, redactó una carta contra Marción para los de Nicomedia; alrededor del mismo año, Teófilo de Antioquía compuso su Contra Marción; a fines del s. II escribieron contra Marción: Felipe de Gortina, en Creta; Bardesanes en Mesopotamia; Ireneo en las Galias, y Rodón e Hipólito en Roma; por el año 210 Tertuliano en Cartago terminó la tercera redacción del tratado que nos ocupa; encontramos abundante material antimarcionita en obras de los ss. III y IV, tales como los escritos de Clemente y Orígenes en Alejandría y Cesarea; los Diálogos sobre la recta fe del Adamancio; las obras de Efrén el Sirio y el Panarion de Epifanio de Salamina; finalmente, del s. V se conserva el Contra las sectas, del armeno Eznik de Kolb.

1. Autonomía relativa del mundo y del hombre respecto del Creador

Estudiar la reacción de Tertuliano ante cada una de las dificultades propuestas por Marción requeriría una monografía y nos llevaría lejos del tema específico del Seminario. En el presente estudio intentaremos descubrir el núcleo de la respuesta de Tertuliano que sí está en estrecha relación con el tema de las mediaciones de la salvación.

La dificultad central que desvió a Marción del Evangelio auténtico parece ser la incapacidad de concebir una autonomía relativa para el hombre y el mundo respecto del Creador. No supo cómo armonizar trascendencia e inmanencia. La imnanencia fue adjudicada para el Dios Creador, adorado por los judíos; mientras la trascencencia fue otorgada al Dios desconocido, extranjero a este mundo.

2. Autonomía relativa del mundo

Tertuliano contesta las críticas marcionitas a la creación, afirmando que “si crear algo, lo que sea, es indigno de Dios, cuánto más indigno de Dios es no haber hecho nada” destaca la bondad de la creación y, por consiguiente, del Creador, y recuerda que el mundo, entre los griegos es llamado kósmos, es decir, belleza, ornamento, orden y no “fealdad”. La belleza misma de las cosas proclama la magnanimidad del Creador:

¿Debo descender a los ejemplos más bajos? Una sola florcita de los campos, no digo de los prados, una conchita de cualquier mar, no digo del Mar Rojo, una sola plumita de un gallo, no me refiero al pavo real, ¿acaso te hablan del Creador como un sucio artesano?.

El texto transparenta no solo habilidad retórica, sino una viva y sincera conmoción ante la belleza de las creaturas. Siguiendo a Pablo, Tertuliano declara que Dios debe ser conocido a partir de sus obras. Por el contrario, acusa de irracional la fe en un Dios sin obras. Mientras Marción destaca lo más negativo de la creación (las pulgas, las langostas y el pecado), Tertuliano, siguiendo la teodisea de la filosofía clásica, insiste en la belleza de la creación. Pero las imperfecciones del mundo creado son también evidentes. Tertuliano las reconoce y da razón del carácter limitado del mundo:

El mundo no es indigno de Dios. En efecto, Dios no habría hecho nada indigno de sí. Si bien hizo el mundo para el hombre y no para sí. Y toda obra es inferior a su artífice.

El mundo no es indigno de Dios, pero no es divino. El mundo es inferior a Dios, pero no es negativo, porque guarda una cierta relación. Y precisamente por esta familiaridad que hay entre Dios y el mundo, Dios se ha podido revelar en este mundo y por medio de las creaturas. Por el contrario, precisamente por el hiato metafísico que establece Marción entre el mundo y su Dios, este no ha podido revelarse por medio de las realidades creadas.

2.1. La relación entre la creación y el Dios revelado en Cristo

Ya Cicerón distinguía el conocimiento natural del que se adquiere por la enseñanza. Tertuliano aplica esta distinción al ámbito teológico y define dos modos de conocer a Dios:

Nosotros definimos que Dios primero debe ser conocido por naturaleza, y luego reconocido por la doctrina; por naturaleza a partir de las obras, y por la doctrina a partir de la predicación.

Estos dos modos de conocer a Dios son diversos pero están íntimamente relacionados. En varias obras, Tertuliano declara la prioridad del conocimiento natural respecto del revelado. En el Adversus Marcionem afirma: “El alma es anterior a la profecía”. En el De Resurrectione mortuorum se insiste en esta prioridad: primero hay que ser discípulo de la naturaleza (discipulus ante naturae) para creer con mayor facilidad en la predicación. El conocimiento revelado es, sin duda, más perfecto, así lo afirma en el Apologéticum, pero es posterior al conocimiento natural de Dios.

Este conocimiento primario, que es anterior a la predicación, es evidente y por lo tanto el que lo niega comete un delito: “Este es precisamente el máximo delito de los que no quieren reconocer al que no pueden ignorar”. La ascendencia paulina de esta afirmación está a la vista (Rom 1, 18-32). “Dios tiene testigos: todo lo que somos y en lo que nosotros existimos”,  es decir el hombre y la creación. Tal como Justino, Tertuliano profesa la doctrina del conocimiento natural de Dios. Estos dos testigos introducen a dos aspectos del modo de conocer de Dios. Por una parte, la capacidad de la creación para revelar a su Creador; y, por otra, la capacidad innata del alma para conocer a Dios. El camino a seguir está sugerido por el autor latino: “Al iniciar el examen del Dios conocido, si se pregunta bajo qué condiciones él sea conocido, será necesario comenzar por sus obras, que son anteriores al hombre”95.

2.b. El testimonio de la creación

En un hermoso texto, el autor africano declara que el propósito de la creación es precisamente dar a conocer a Dios, y, por ello, Dios es conocido desde el principio, sin necesidad de revelación profética alguna:

Puesto que desde el principio de las cosas su Creador fue conocido junto con ellas, que con este propósito ellas fueron producidas: para dar a conocer a Dios. Aun si Moisés, que es un poco posterior a la creación del mundo, parece haber sido el primero a establecer a Dios en el templo de sus escritos, no por esto se calculará el inicio del conocimiento desde el Pentateuco, desde el momento que toda la obra de Moisés no da inicio al conocimiento del Creador, sino que narra este conocimiento desde sus inicios. Este conocimiento surgió desde el paraíso terrenal y desde Adán, no desde los acontecimientos de Egipto y desde Moisés96.

En innumerables textos, Tertuliano afirma el conocimiento divino por medio de las craturas. Todo el universo es testigo de la existencia de su Creador97. Por ello, para él, la existencia y la bondad de Dios son evidentes a partir de las realidades creadas98. La creación ha sellado el testimonio de la existencia del Creador.

3. Autonomía relativa del hombre

Marción afirma que en Adán peca la substancia divina (el soplo que el Creador infunde en el hombre). La primera tarea será la de distinguir entre el hombre y Dios:

Pues también por esto el hombre es imagen de Dios, es decir, del espíritu, pues Dios es espíritu. El soplo es imagen del espíritu. Por otra parte, la imagen no se adecua en todos sus aspectos a la verdad. Una cosa es ser según la verdad, otra es ser la verdad misma.

El alma es semejante a Dios, pero no se identifica con él. “En caso contrario, no sería alma, sino espíritu; y el que recibió el alma no sería hombre, sino Dios”. El hombre es, entonces, imagen de Dios, pero no es divino, porque es necesario que la obra sea algo diverso respecto del artífice, y sea inferior inferior al artífice. Tertuliano considera estúpidos a los que a partir las cosas humanas juzgan inmediatamente las divinas. Es necesario distinguir entre la substancia divina y la humana. En este último caso, Tertuliano insiste en la diversidad entre el hombre y Dios.

3.1. Autonomía relativa del hombre: el libre albedrío

Un motivo central en la génesis y desarrollo de la doctrina marcionita es el pecado de Adán, cuyo último responsable, según Marción, es el Creador del hombre, puesto que en el hombre peca la substancia divina (el alma). Se impone una reflexión sobre el libre albedrío para declarar inocente al Dios Creador.

Toda una sección del Adversus Marcionem está consagrada a este tema (II, 4-8). El libre albedrío cumple un papel fundamental en la estructuración de esta autonomía relativa. Por una parte, Tertuliano afirma que la imagen y semejanza consiste en la libertad y el poder sobre el propio arbitrio. Por otra parte, el libre albedrío hace del hombre un ser autónomo y responsable de sus actos. De este modo, la misma facultad del libre albedrío otorga al hombre la semejanza y la distancia respecto de su Creador.

Los marcionitas objetan que el hombre no debió ser creado así, puesto que la libertad posibilitó el pecado. Tertuliano responde que no hay verdadero bien por necesidad. Es necesaria la libertad para aceptar el bien voluntariamente. Por otra parte, el libre albedrío será la facultad que permitirá al hombre lograr la victoria final sobre el diablo.

3.2. El anima naturaliter christiana

En estrecha dependencia con la revelación divina en la creación, está el conocimiento natural de Dios del que goza el alma. Se trata del característico tema del anima naturaliter christiana profesado por Tertuliano, que se encuentra formulado en el Apologeticum donde exclama: “¡Oh testimonio del alma, cristiana por naturaleza!”, y desarrollado en su tratado De testimonio animae, en donde declara “Estos testimonios del alma son tan verdaderos como simples, tan simples como usuales, tan usuales como comunes, tan comunes como naturales y tan naturales como divinos”. De este modo, aun los que no han escuchado ni el nombre de Moisés conocen al Dios verdadero en su alma:

La mayor parte de los pueblos del género humano, que no conocen ni siquiera el nombre de Moisés, y mucho menos sus escritos, conoce, en todo caso, al Dios de Moisés; aun cuando tanta idolatría espande su dominio como una sombra, de todos modos, lo llaman casi con su nombre propio: “Dios”, y “Dios de los dioses”, y “si Dios lo concede”, y “aquello que complace a Dios”, y “lo confío a Dios”. Fíjate un poco si acaso no conocen al que declaran omnipotente. Esto no se lo deben a ningún libro de Moisés. El alma es anterior a la profecía. El conocimiento de Dios es, en efecto, un don del alma desde su origen: es la misma alma, y no otra, en Egipto, en Siria y en el Ponto. Las almas llaman “Dios” al “Dios de los judíos”.

El alma es la misma en todos los hombres. El autor africano asegura que la condición humana puede definir a Dios como Summum Magnum, es decir, como Grandeza Suprema, con esta definición estará de acuerdo la conciencia universal. En cada conciencia humana se lee el testimonio de que Dios es el Creador del mundo.

La existencia del testimonio del alma nos habla de la afinidad que reconoce Tertuliano entre el hombre y su Autor, el carácter imperfecto de este testimonio, que debe ser plenificado por la revelación, nos refiere la distancia que concibe Tertuliano entre el ser humano y su Hacedor. Esta afinidad y esta distancia definen la autonomía relativa del hombre frente al Dios Creador.

4. Conclusión para Tertuliano

Tertuliano ensaya una justa valoración de las realidades creadas y, particularmente, del hombre. Aquí se encuentra la clave para fundamentar la función de las mediaciones para la salvación. De un lado, una cierta familiaridad entre Dios y el mundo es necesaria para que la salvación pueda llegar hasta nosotros. Del otro, una cierta distancia declara inocente al Creador del pecado del hombre y del mal que se experimenta en el mundo. En este contexto, sí se puede hablar de mediaciones. Las realidades creadas cooperan a la salvación. Las creaturas, el alma, la razón y las acciones humanas, la humanidad de Cristo, la Iglesia, la tradición, etc., son capaces de mediar entre Dios y los hombres con vistas a la salvación. Porque las realidades creadas ni son divinas ni son enemigas de Dios.

III. CONCLUSION GENERAL

El problema de la valoración de la creación está al centro de la doctrina marcionita. Si nos atenemos al relato de Tertuliano que nos narra la génesis de la doctrina de Marción -único relato de este tipo-, comprobamos que Marción era atormentado por el problema del origen del mal: Unde malum? Tal como el joven Agustín, Marción se preguntaba por el origen del mal. La dificultad no fue superada, porque Marción no fue capaz de otorgar una autonomía relativa al mundo creado y al hombre respecto del Creador. Ante esta incapacidad, a Marción no le quedó más remedio que acusar al Creador de las imperfecciones de la creación y, lo que es más grave, culpar al Creador del pecado del hombre. Si el mundo y el hombre reflejan inmediatamente a su Autor, entonces el Creador es inmperfecto y culpable. De aquí surje la necesidad de introducir otro Dios, perfecto e inocente, que no tenga ningún vínculo de familiaridad con el mundo y el hombre.

Marción plantea grandes dificultades a la teología católica de sus contemporáneos. La radicalidad de esta propuesta obliga a los doctores católicos a pensar con profundidad algunos aspectos de la fe cristiana que hasta entonces se profesaban vagamente y de modo pacífico. En esto radica el valor del sistema marcionita: en proponer muy tempranamente, en el año 144, y de modo extremadamente agudo y radical, una solución racionalmente consistente para temas centrales de la doctrina cristiana. Esta solución rescata algunos elementos genuinamente cristianos, como la centralidad de la gracia y la novedad de la revelación cristiana, pero incluye muchísimos puntos inaceptables. La propuesta de Marción se revela como un desafío a la teología católica. Temas tan trascendentales como el valor del Antiguo Testamento y la novedad del Nuevo, la relevancia del actuar humano para la salvación, es decir, el problema del mérito, el valor de la razón, la relación entre creación y salvación, el significado de la tradición y de la Iglesia, etc., serán reflexionados en polémica contra Marción. El desconocimiento de este contexto impide una comprensión profunda de la teología católica de los primeros siglos.

Así se comprende el valor del debate en torno a Marción, que no me parece desproporcionado calificar como una de las polémicas más fecundas e instructivas que se han producido en la historia de la teología cristiana.

RESUMEN

Marción profesa un severo pesimismo cosmológico y antropológico, que tiene su punto de partida en la pregunta acerca del origen del mal y en una comprensión literal de algunos versículos bíblicos. Esta valoración repercute en una valoración también negativa del Creador (confirmada por la imperfección del mundo y el pecado del hombre). El Dios Verdadero, por su parte es totalmente extranjero respecto del hombre y del mundo. Este carácter extranjero, propio del Dios Supremo, impide que este se valga de las realidades creadas para revelarse. El mundo es adversario del Dios Bueno. Por lo tanto, ninguna realidad creada puede servir de mediación entre el alma del hombre y el Verdadero Dios: se plantea una salvación sin mediaciones. La última parte del artículo estudia sumariamente la reacción de Tertuliano, que insiste en una justa valoración de las realidades creadas: hay que admitir, a la vez, una cierta distancia y una cierta familiaridad entre Dios y el mundo.

ABSTRACT

Marcion confesses a deep cosmological and anthropological pessimis, derived from the question about the origin of evil and form a literal understanding of the some biblical verses. Such valorisation also has repercussions on a negative valorisation of the Creator (confirmed by the imperfection of the world and the sin of man). The real God, is an entire stranger to man and the world. Such foreign character, characteristic of the Supreme God, prevents Him from revealing Himself through the created realities. The world is the good God’s adversary, so no created reality may serve as mediation between the human soul and the True God: He advocates a salvation without mediations. The final part of article presents a summary of Tertulian’s reaction, who stresses the just valorisation of the created realities: the acceptance of both a certain distance and familiarity between God and the World.

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(1) Marción nació hacia el año 85, natural de Sínope, el Ponto. En torno al 139, fue a Roma. Según los heresiólogos habría sido discípulo de Cerdón. En el 144 no logró hacer aceptar su doctrina diteísta y su interpretación de Pablo. Expulsado de la comunidad romana, fundó su iglesia y se dedicó al proselitismo en Oriente, con gran éxito. Murió alrededor del año 160. Lo conocemos solo por sus adversarios: la fuente principal es el Adversus Marcionem de Tertuliano (año 207-212, la 3ª redacción);  además, Justino mártir (I Apol 26 y 58), Ireneo (Adv. haer I,27,2-4; III,12,12; IV,33,2; IV,27-32), Ps. Hipólito (Ref., VII,29-31), Epifanio (Panar., 42); Adamancio (Diálogos de la recta fe); Efrén el Sirio, Eznik (s. V, Contra las sectas o De Deo). Otros autores como Clemente y Orígenes lo refutan aquí y allá. Marción vio en la oposición paulina entre la Ley y la gracia, el núcleo del Evangelio. Extremó esta tensión entre la Ley y el Evangelio, hasta concluir que las Escrituras (AT) eran incompatibles con el Evangelio de Jesús. Dios, el Padre de Cristo, era uno distinto respecto del Dios Creador que inspiró la Ley de Moisés. Así introdujo la distinción entre el Creador, Dios de los judíos, Autor de la Ley y del mundo, y el Dios Supremo, Padre de Cristo. Marción no podía desconocer que tanto los evangelios escritos como algunos textos paulinos niegan la oposición entre el Dios de la Ley y el Padre de Cristo. Concluyó de esta observación que ya los primeros discípulos no comprendieron “la verdad del Evangelio”, entre ellos, naturalmente, Pedro junto con los falsos hermanos de la Carta a los Gálatas (Gál 2, 11-14, incidente de Antioquía). Los discípulos, apegados a la Ley, habrían predicado a Cristo como Hijo del Creador y habrían enseñado la observancia de la Ley, en circunstancias que Cristo habría venido a liberar del Creador y de la Ley. Posteriormente, las cartas habrían sido interpoladas por los judaizantes. Por este fracaso en la predicación, Cristo habría revelado directamente a Pablo el verdadero Evangelio. Marción se dedicó a restaurar “la verdad del Evangelio” expurgando las cartas de Pablo y el Evangelio de Lucas (identificado con el Evangelio de Pablo). La exégesis marcionita es puramente literal, puesto que es precisamente la interpretación alegórica o espiritual la que atenúa la oposición entre el AT y el NT. De este modo, Marción estableció el primer Canon: reunió las cartas de Pablo y el Evangelio de Lucas en un solo códice, el que contraponía a las escrituras de los judíos. Marción sería el primero en ensayar un canon neotestamentario; en reacción a este, la Iglesia Católica habría tomado conciencia del suyo propio. Marción precedió este Instrumentum (su NT) con otra obra: las Antítesis, es decir, una serie de textos bíblicos que mostraban que el AT y el NT eran irreconciliables. Tertuliano menciona además una carta de Marción, de la que no tenemos más noticias. Para hacerse una idea de la gran difusión del marcionismo, basta recordar las múltiples obras polémicas, escritas en diversas partes del Imperio. De la mayoría conocemos solo el nombre, pero no el texto. En el s. II, escribieron contra Marción Justino en Roma, Dionisio en Corinto, Teófilo de Antioquía, Felipe de Gortina, Bardesanes en Mesopotamia, Ireneo en las Galias, y Rodón e Hipólito en Roma; del s. III conservamos el Contra Marción de Tertuliano en Cartago; en el s. IV hay material antimarcionita en los Diálogos sobre la recta fe del Adamancio, en las obras de Efrén el Sirio, en el Panarion de Epifanio de Salamina         y en el Contra las sectas, de Eznik de Kolb         (s. V) en Armenia.

(2) E.R. DODDS, Pagan and Christian in an Age of Anxiety, New York 1965       (trad. Española, Paganos y cristianos en una época de angustia, Madrid 1975, pp. 22-23). Propone como ejemplo de esta actitud trágica ante el mundo los escritos de Epicteto, Plutarco, Longino, Valentín y Marción.

(3) Se trata del título del mismo libro de Dodds.

(4) La primera mitad del s. II está marcada por una sucesión de revueltas judías, cuyos desastrosos resultados, tanto para los romanos como para los judíos, alimentaron un fuerte antisemitismo en el ambiente romano y cristiano.

(5) Is 45,7: Ego sum qui condo mala, en el texto latino de Tertuliano;       según la LXX:

(6) Cf. Lc 6,46. La comparación evangélica de los dos árboles fue muy utilizada por los marcionitas. Cf. A. v. HARNACK, Marcion. Das Evangelium vom fremden Gott (TU, 45), Leipzig 1924, p. 260*-261*.

(7) Tertuliano, Adv. Marc., I,2,2-3.

(8) Cf. “Marcione accettava per intero l’Antico Testamento. Si trattava delle Scrittura di Iahvè, del demiurgo del mondo”: A. ORBE, Il Cristo. Testi teologici e spirituali dal I al IV secolo. Fondazione Lorenzo Valla, Milano 1990, p. XV-XVI.        Cf. Orígenes, De principiis, IV,2,1;        A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, Wipf and Stock Publishers 1997, p. 271.

(9) Sobre el carácter literal de la lectura marcionita de la Escritura, cf. Orígenes, Rom.Com II,13: “Marcion sane, cui per allegoriam nihil placet intellegi, quomodo exponat quod dicit Apostolus, circumcisionem prodesse”, PG XIV,910A. Cf. A. v. Harnack, Marcion…, pp. 259*-260*.

(10) Ps.-Hipólito, Refutatio, X,19: ( GCS 26, p. 280).

(11) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,13,2.

(12) Cf. G. SOURY, Le problème de la providence et le “De sera numinis vindicta” de Plutarque, Revue des Études Greques, 58 (1945) p. 165.

(13) Lactancio, De ira, 13,9.12;         cf. Lactancio, Instituciones divinas, VII,4,11         (ver el comentario ad loc. en SCh 289, p. 305). La objeción se encuentra ya en Cicierón. Cf. R. BRAUN, Tertullien. Contre Marcion, p, 162, n. 2.

(14) Tertuliano, Adv. Marc., I,14,1.

(15) En los comentarios de Jerónimo a los profetas y a las cartas de Pablo, se encuentran algunas declaraciones explícitas de su dependencia de la obra de Orígenes. Así lo afirma respecto al comentario de la carta a los Efesios: “Illud quoque in Præfatione commoneo, ut sciatis Origenem tria volumina in hanc Epistolam conscripsisse, quem et nos ex parte secuti sumus. Apollinarium etiam et Didymum quosdam commentariolos edidisse, e quibus licet pauca decerpsimus”: Eph.Com, prol. (PL, XXVI 472b); “Ego enim in Commentariis ad Ephesios sic Origenem et Didymum et Apollinarium secutus sum”: Jerónimo, Contra Rufinum, I,16 ( SCh, 303,44; PL, XXIII 409c), cf. I,22; y respecto al comentario a los Gálatas: “Origenis Commentarios sum secutus. scripsit enim ille uir in Epistolam Pauli ad Galatas, quinque proprie uolumina …”: Gal.Com, prol. (PL, XXVI 333a); cf. Jerónimo, Epist., 112,4-6. Para el parecer de la crítica moderna, cf. A. v. HARNACK, Der kirchengeschichtliche Ertrag der exegetischen Arbeiten des Origenes (TU, 42/4), Leipzig 1919, pp. 141-168;         A. ORBE, La excelencia de los profetas, según Orígenes, Estudios Bíblicos 14 (1955) pp. 196-199;         M.A. Schatkin, The Influence of Origen upon St. Jerome’s Commentary on Galatians, VChr 24 (1970) pp. 49-58;         F. DENIAU, Le commentaire de Jérôme sur Ephésiens nous permet-il de connaître celui d’Origène?, en Origeniana, H. CROUZEL-J. RIUS-CAMPS (Eds.), Bari 1975, pp. 163-179.

(16) “Comparatione huius sceleratior Marcion, et omnes haeretici, qui Vetus lacerant Testamentum. Cum enim recipiant prouidentiam, accusant Creatorem et asserunt eum in plerisque operibus errasse, et non ita fecisse, ut facere debuerat. Ad quam enim utilitatem hominum, serpentes, scorpios, crocodilos et pulices, cimicesque et culices pertinere?” Jerónimo, In Isaiam 7,18 (CCL 73, p. 274). Cf. “Quod si non putant eorum esse parua quorum et magna sunt, alterum mihi conditorem, iuxta Valentinum, Marcionem et Apellen, formicae, uermium, culicum, locustarum: alterum caeli, terrae, maris, et angelorum debent introducere. An potius eiusdem potentiae est, ingenium quod in maioribus exercueris, etiam in minoribus non negare? Jerónimo, Ad Philemonem, prol. (PL 26, col. 638).

(17) “Quomodo potentia Dei in aegyptiis plagis ostensa est per parua animalia, et praecipue ciniphes, qui tam parui sunt culices, ut uix cernantur oculis, sic et nunc in paruo tardo que uermiculo, qui uix moueri potest, et leui tactu conteritur, Dei potentia et humana fragilitas demonstratur. non quo Deus ad nutum suum et potentiae maiestatem nequeat terras subuertere, et operire cuncta diluuio, uel fulmine concremare, sed per parua et, ut ita dicam, puncta corporum, ostendit humanam fragilitatem. unde et illud solemus Marcioni et ceteris respondere haereticis qui Vetus laniant Testamentum, quod et pulices et culices et cimices, et huiuscemodi animantia idcirco fecerit Deus, ut fragilitatem et imbecillitatem nostrae carnis ostenderet, quae intantum nihil est, ut ab his quae parua sunt uulneretur”. Jerónimo, In Ioelem, II (CCL 76, p. 190).

(18) Probablemente se trate de una interpretación del soplo divino que da origen al alma, según Gn 2,7, cf. Adv. Marc., II,5,1; II,9,1. Aquí se ve que Marción tomaba en serio el AT, pero siempre como revelación del Dios de los judíos.

(19) Tertuliano, Adv. Marc., II,5,1-2.

(20) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,6,1.

(21) “Quoquo tamen, inquis, modo substantia creatoris delicti capax inuenitur, cum adflatus dei, id est anima, in homine deliquit nec potest non ad originalem summam referri corruptio portionis”, Tertuliano, Adversus Marcionem II,9,1. Cf. II,10,1.

(22) Tertuliano, Adv. Marc., II,6,8.

(23) Tertuliano, Adv. Marc., I,2,3.

(24) Tertuliano, Adv. Marc., IV,30,2.

(25) “Immo, inquiunt marcionitae, Deus noster, etsi non ab initio, etsi non per conditionem, sed per semetipsum reuelatus est in Christo Iesu”, Adv. Marc., I,19,1.

(26) Se trata de una combinación de Lc 3,1 y 4,31. La expresión “desde el cielo” pertenecía con seguridad a la interpretación marcionita del Evangelio, pero no es seguro que apareciera explícitamente en el texto de Marción. Cf. Adv. Marc., IV,7; A. v. HARNACK, Marcion, pp. 183*-184*.

(27) “Vnde autem et Iohannes uenit in medium? subito Christus, subito Iohannes. Sic sunt omnia apud Marcionem, quae suum et plenum habent ordinem apud creatorem”, Tertuliano, Adv. Marc., IV,11,4. Cf. “Subito filius et subito missus et subito Christus”, Tertuliano, Adv. Marc., III,2,3. Cf. IV,31,3.

(28) A propósito de Ef 3,9: .
Cf. Tertuliano, Adversus Marcionem V,18,1: “No me sorprendo de las manos del hereje (que deben ser cortadas), me admiro cuando roba unas sílabas, en circunstancias que muchas veces ha arrancado páginas completas. Dice el Apóstol que a él, último entre todos, le ha sido dada la gracia de iluminar a todos cuál es la economía del misterio oculto desde los siglos en Dios, que creó todo. El hereje extirpó la preposición “en” y así hace que se lea: oculto desde los siglos, al Dios, que creó todo (Rapuit haereticus in praepositionem et ita legi facit: occulti ab aeuis deo, qui omnia condidit)”. La intervención marcionita tuvo una amplia difusión, tal como lo registra la tradición manuscrita de la carta a los Efesios. La preposición es omitida nada menos que por el Códice Sinaítico en su lectura original (posteriormente corregida) y por el ms. 614, cf. Aparato de la ed. 27 del Nestle-Aland.

(29) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., III,6,1-10; III,3,4; IV,13,1; IV,18,4; IV,43,5; V,5,9.

(30) La expresión es de Jerónimo: “Interrogemus ergo hoc loco Marcionem, qui prophetas repudiat, quomodo interpretetur id quod sequitur”, Ad Galatas, I (PL, 373). Cf. R. Polanco, El concepto de profecía en la teología de san Ireneo, BAC, Madrid 1999, pp. 7-9 et passim.

(31) Efectivamente, la doctrina marcionita conoce un hiato radical entre AT y NT. Ningún tipo de continuidad los une; según Marción, Cristo llega de modo imprevisto, puesto que no ha sido anunciado (Adversus Marcionem, III,1,2; III,2,3; III,6,1). El Cristo de Marción llega de improviso en el mundo. H.-Ch. Puech habla de “un temps incohérent et brisé par la brusque intervention d’un Dieu étranger à l’histoire comme à la creation”, La Gnose et le Temps, Eranos Jahrbuch, 20 (1951), P. 87.          Así lo reconoce H.-I. Marrou, puesto que se ve obligado a omitir a Marción, antes de criticar la tesis de Puech, cf. La Théologie de l’histoire dans la gnose valentinienne, p. 221.

(32) Tertuliano, Adv. Marc., I,9,1-2.

(33) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,8-9; I,11.

(34) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,34,15. A. ORBE, Cristología gnóstica II, (BAC) Madrid 1976, pp. 98-99.

(35) “In der “Fremdheit”, die zwischen der Gottheit, die es allein in Wahrheit ist, und der Welt besteht (also auch zwischen der Religion und allem menschlichen Sein und Tun), kombiniert mit der Gutheit, liegt die Eigenart der Religions- und Weltanschauung Marcions”, A. v. Harnack, Marcion, p. 120.

(36) Marción fue lejos en su intento por independizar el mensaje de Cristo de cualquier relación con las realidades creadas: con el propósito de recuperar el mensaje evangélico auténtico, quitó de su texto evangélico aquellos versículos que mostraban la unidad entre Cristo y el Creador. Tal es así, que quita de su Evangelio la alusión a la lluvia y al sol, para independizar totalmente al Dios Bueno del Dios Creador. Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,17,1; IV,17,6, A. v. HARNACK, 194*.

(37) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., V,16,3: “Porro de ethnicis exigere poenas, qui euangelium forte non norint, non est dei eius, qui naturaliter sit ignotus nec usquam nisi in euangelio sit reuelatus, non omnibus scibilis”.

(38) Cf. A. v. HARNACK, Marcion-, p. 124ss. E.C. BLACKMAN, Mancion and his Influence, London 1948, pp. 98-101;       R. CANTALAMESSA, La Cristologia di Tertulliano, pp. 59-62.

(39) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., V,20,3. “Plane de substantia Christi putant et hic marcionitae suffragari sibi apostolum, quod phantasma carnis fuerit in Christo, cum dicit quod in effigie dei constitutus non rapinam existimauit pariari Deo, sed exhausit semetipsum accepta effigie serui, non ueritate, et in similitudine hominis, non in homine, et figura inuentus homo, non substantia, id est non carne”. Marción interpreta la “forma” de siervo en sentido débil. Cf. Adv. Marc., III,10,2.

(40) El texto de Filipenses, aislado del resto del NT, no solo acepta una interpretación docetista, sino que la sugiere. La triple utilización de términos tales como , avalan una lectura en clave docetista del cántico de los filipenses.

(41) Orígenes, Com. In Titum, PG 14, 1304c.

(42) Cf. Lc 8,21. “Venimus ad constantissimum argumentum omnium, qui Domini natiuitatem in controuersiam deferunt. Ipse, inquiunt, contestatur se non esse natum dicendo: quae mihi mater [pater: M] et qui mihi fratres? Ita semper haeretici aut nudas et simplices uoces coniecturis quo uolunt rapiunt aut rursus condicionales et rationales simplicitatis condicione dissoluunt, ut hoc in loco” Tertuliano, Adv. Marc., IV,19,6. Cf. III,11,3; III,15,5; IV,26,13; Jerónimo, Com. Mt., 9,28-29; 12,49; A. v. HARNACK, Marcion…, p. 198*; A. Orbe, Estudios sobre la teología cristiana primitiva, Madrid 1994, pp. 685s.

(43) Tertuliano, Adv. Marc., IV,39,9.

(44) Cf. A. v. HARNACK, Marcion…, p. 123; E.C. BLACKMAN, Marcion and his Influence, pp. 98-99. A. ORBE, En torno al modalismo de Marción, Gregorianum 71 (1990) pp. 43-65.

(45) Cf. R. BRAUN, Tertullien. Contre Marcion. Tome III (SCh 399) Paris 1994, p. 7.

(46) La exclamación de Lc 9, 41: ¡Oh generación incrédula, hasta cuándo tendré que soportarte!, es interpretada por Marción como destinada a los discípulos, cf. Adv. Marc., IV,23,1-2.

(47) Tertuliano, Adv. Marc., IV,3,2: “Sed enim marcion nactus epistolam pauli ad galatas, etiam ipsos apostolos suggillantis ut non recto pede incedentes ad ueritatem euangelii, simul et accusantis pseudoapostolos quosdam peruertentes euangelium christi, conititur ad destruendum statum eorum euangeliorum, quae propria et sub apostolorum nomine eduntur uel etiam apostolicorum, ut scilicet fidem, quam illis adimit, suo conferat”. Marción otorgó un gran valor a la carta de Pablo a los Gálatas y la ubicó al inicio de su Apostolikón.

(48) Adv. Marc., V,2,4; I,20,4.

(49) “Aut si hae [ecclesiae apostolici] erunt a primordio corruptae, quae erunt integrae? Adv. Marc., I,21,4. Cf. A. v. HARNACK, Marcion…, p. 259*.

(50) Solus Paulus veritatem cognovit, cui per revelationem manifestatum est mysterium”: Ireneo, Adv. Haer., III,13,1. Más testimonios en A. v. HARNACK, Marcion…, p. 257*.

(51) Tertuliano, Adv. Marc., I,20,1.

(52) “His compressi erumpunt dicere: sufficit unicum hoc opus deo nostro, quod hominem liberauit summa et praecipua bonitate sua et omnibus locustis anteponenda” Tertuliano, Adv. Marc., I,17,1.

(53) Cf. R. BRAUN, Deus christianorum, pp. 501-504.

(54) Tertuliano, Adv. Marc., I,23,2-3. Cf. IV,16,10.

(55) Tertuliano, De carne Christi, 4: “Si Christus Creatoris est, suum merito amauit; si ab alio Deo est, magis amauit, quando alienum redemit”.

(56) La Carta de Ptolomeo a Flora nos informa que, entre los valentinianos, los espirituales se consideraban consubstanciales al Dios Supremo. La salvación valentiniana, en definitiva, es autosalvación: Dios se salva a sí mismo, cf. A. v. HARNACK, Marcion…, p. 4.

(57) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,12,2; I,24,7.

(58) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,27,2.

(59) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,14,5; I,27,7; Clemente, Stromata, III,12,3; A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, p. 278, n. 1.

(60) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV, 9,3-5; 11,1; 12,3; 18,9; 20,9-10; 27,4-6; 37,1-2; V,7,14.

(61) Ireneo, Adversus haereses, I,27,3. Cf. Celso, apud Orígenes, C. Celso, VI,53. A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, p. 272.

(62) “Ce dualisme abrupt était un paulinisme sans dialectique,..” A. v. Harnack, Histoire des dogmes, Paris 1893 (reimpresión 1993), p. 30.         Cf. H. Jonas, Lo gnosticismo, Torino 1993, p. 158;          E. NORELLI, La funzione di Paolo nel pensiero di Marcione, pp. 565. 596.

(63) Tertuliano, Adv. Marc., IV,9,7: “Nam et hoc opponit Marcion: heliseum quidem materia eguisse, aquam adhibuisse, et eam septies, christum uero uerbo solo, et hoc semel functo, curationem statim repraesentasse” (p. 560).

(64) Orígenes propone la ley de la lepra como un ejemplo de un texto que no puede ser observado según la letra: “Secundum hoc autem consilium, quod nos afferimus ad legem; possunt omnia spiritaliter fieri, possunt et sacrificia spiritaliter offerri, quae modo carnaliter non possunt; potest et lex leprae spiritaliter servari, quae secundum litteram non potest”: In Ex. hom., XI,6 (GCS, VI 260,23-26).

(65) Tertuliano, Adv. Marc., IV,35,4: “Lex leprosorum quantae sit interpretationis erga species ipsius uitii et inspectationis summi sacerdotis, nostrum erit scire, marcionis, morositatem legis opponere, ut et hic christum aemulum eius adfirmet, praeuenientem sollemnia legis etiam in curatione decem leprosorum, quos tantummodo ire iussos, ut se ostenderent sacerdotibus, in itinere purgauit, sine tactu iam et sine uerbo, tacita potestate et sola uoluntate” (p. 640).

(66) Sobre la complicación del la ley de Moisés, cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,18,3; II,19,1.

(67) Tertuliano, Adv. Marc., I,14,3: “Sed ille quidem usque nunc nec aquam reprobauit creatoris, qua suos abluit, nec oleum, quo suos ungit, nec mellis et lactis societatem, qua suos infantat, nec panem, quo ipsum corpus suum repraesentat, etiam in sacramentis propriis egens mendicitatibus creatoris” (p. 455). Cf. Ireneo, Adversus haereses, IV,51,1.

(68) Tertuliano, Adv. Marc., I,24,3: “Sed nolo iam de parte maiore pereuntium imperfectae bonitatis arguere Deum Marcionis: sufficit ipsos, quos saluos facit, imperfectae salutis inuentos imperfectam bonitatem eius ostendere, scilicet anima tenus saluos, carne deperditos, quae apud illum non resurgit”. Cf. V,11,15; V,12,5.

(69) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,28,3.

(70) Tertuliano, Adv. Marc., IV,24,1.

(71) En las obras exegéticas de Orígenes aparecen varias alusiones a los que interpretaban literalmente las promesas, tanto para los castigos como para los premios. Cf. In Mt. Com., XVII,35: “Tal como se extravían los que, por no tropologizar las profecías, presumen tener la idea de que nosotros, después de la resurrección comeremos y beberemos alimentos corporales, puesto que los textos de las escrituras contienen esto. Así también, acerca de lo escrito de los matrimonios de varones y mujeres, se atienen a la palabra y creen que, también entonces, realizaremos vida en común” (GCS X/2, pp. 698-699). No traduzco las integraciones del editor Klostermann, puesto que las considero superfluas. In Ct. Com., prol, II,14: “De ahí resultó que algunos más simples, por no saber distinguir y discernir en las divinas Escrituras qué cosas deben atribuirse al hombre interior y cuáles al hombre exterior, engañados por la semejanza de los vocablos, se refugiaron en estúpidas fábulas y en vanas invenciones, hasta el punto de creer que incluso después de la resurrección nos serviremos de manjares corporales y que beberemos no solo de la vid verdadera (Jn 15, 1) y que vive por los siglos, sino también de estas vides y frutos de los árboles de acá”. Cf. A. MONACI CASTAGNO, Origene e Dionigi di Alessandria sulle promesse: continuità e differenze, ASE 15 (1998) pp. 101-123.

(72) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,14,8, III,24,12.

(73) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,31,8: “Interea qui cenae istius uocationem in caeleste conuiuium interpretaris spiritalis saturitatis et iocunditatis, memento et terrenas promissiones uini et olei et frumenti et ipsius ciuitatis aeque in spiritalia figurari a Creatore”.

(74) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,25,7.

(75) Cf. Celso, apud Orígenes, C. Celso, VI,53. El hecho que Celso, sin distinguir bien las cosas, al atacar el cristianismo ataque conceptos marcionitas, habla de la amplia difusión de las ideas de Marción.

(76) Tertuliano, Adv. Marc., I,23,8: “Quid enim iniustius, quid iniquius et improbius quam ita alieno benefacere seruo, ut domino eripiatur, ut alii uindicetur, ut aduersus caput domini subornetur, et quidem, quod indignius, in ipsa adhuc domo domini, de ipsius adhuc horreis uiuens, sub ipsius adhuc plagis tremens?”. Cf. II,28,2; V,4,5-9; V,4,9; V,11,3.

(77) A. v. HARNACK, Marcion…, p. 33, n. 1.

(78) A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, p. 270.

(79) Tertuliano, Adv. Marc., V,19,2; cf. Justino, Apología I, 26. 58; A. v. HARNACK, Marcion…, pp. 27-30.

(80) Cf. Eusebio, Hist. Ecl., 4.11.8 y Hist. Ecl., 4.18.9 (Justino); Hist. Ecl., 4.23.4 (Dionisio de Corinto); Hist. Ecl., 4.24.1 (Teófilo); Hist. Ecl., 4.25.1 (Felipe de Gortina); Hist. Ecl., 4.30.1 (Bardesanes); Hist. Ecl., 5.8.9 (Ireneo); Hist. Ecl., 5.13.1 (Rodón); Hist. Ecl., 6.22.1 (Hipólito).

(81) Tertuliano, Adv. Marc., I,13,3.

(82) Tertuliano, Adv. Marc., II,4,2-3.

(83) Tertuliano, Adv. Marc., I,13,5.

(84) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., V,16,3; Rm 1,18-20.

(85) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,12,3.

(86) Tertuliano, Adv. Marc., I,13,2. Cf. II,9,7.

(87) Tertuliano, Adv. Marc., I,15,2.

(88) Cf. Cicerón, Fin., V,15,43. Según el autor latino, los niños, por naturaleza, poseen los primeros principios del conocimiento, luego la doctrina los lleva a la perfección. Cf. C. TIBILETTI, Tertulliano. La Testimonianza dell’anima, Firenze 1984, p. 33.

(89) Tertuliano, Adv. Marc., I,18,2. Cf. C. MORESCHINI, Tertuliano. Opere scelte, p. 324, n. 2;      Spanneut, pp. 286-287.

(90) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,3.

(91) “Praemisit tibi naturam magistram, summissurus et prophetiam, quo facilius credas prophetiae discipulus ante naturae, quo statim admittas, cum audieris quod ubique iam uideris, nec dubites deum carnis etiam resuscitatorem, quem omnium noueris restitutorem” Res. XII,8.

(92) “Sed quo plenius et impressius tam ipsum quam dispositiones eius et uoluntates adiremus, adiecit instrumentum litteraturae, si qui uelit de deo inquirere, et inquisito inuenire, et inuento credere, et credito deseruire” Tertuliano, Apol., XVIII,1.

(93) Tertuliano, Apol., XVII,3.

(94) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,4.

(95) Tertuliano, Adv. Marc., II,3,1

(96) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,1.

(97) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,11,6.

(98) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,2,1; II,3,1-4.

(99) Tertuliano, Adv. Marc., II,9,3.

(100) Tertuliano, Adv. Marc., II,9,5.

(101) Tertuliano, Adv. Marc., II,9,7. Cf. I,13,2.

(102) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,16,4.

(103) Destacar la función original del libre albedrío como posibilidad de apropiarse del bien por sí mismo, jugó un papel importante en la defensa de la bondad del Creador. Cf. “Voluntarios enim et liberos motus a se conditis mentibus creator indulsit, quo scilicet bonum in eis proprium fieret, cum id uoluntate propria seruaretur;..”: Orígenes, De princ. II, 9,2 (SC 252, 354,41-43), cf. De Orat. XIX,15 (GCS II, 390,23ss). También el Ps.-Clemente se oponen a una bondad por necesidad, cf. Hom.Clem. XI,8 (GCS 42, 157,4ss).

(104) Tertuliano, Adv. Marc., II,6,5.

(105) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,8,3.

(106) Tertuliano, Apol., XVII.

(107) “Haec testimonia animae quanto uera tanto simplicia, quanto simplicia tanto uulgaria, quanto uulgaria tanto communia, quanto communia tanto naturalia, quanto naturalia tanto diuina” Tertuliano, De Testimonium animae, V.

(108) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,2-3

(109) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,3,2; II,17,1.

(110) Como es sabido, Marción fue el primero, según la documentación disponible, en establecer un canon del Nuevo Testamento.