CONSTITUCIONES DE LA ORDEN CISTERCIENSE

SAGRADA CONGREGACIÓN

PARA LOS RELIGIOSOS

Y LOS INSTITUTOS SECULARES

Prot.. n. C. 19‑bis ‑ 1/81

DECRETO

El Abad General de la Orden Cisterciense ha presentado a la Sede Apostólica las nuevas Constituciones de la Orden, pidiendo humildemente que sean aprobadas.

Estas Constituciones, redactadas según el espíritu del Concilio y las Instrucciones de la Iglesia por una Comisión especial después de haber sido consultadas todas las comunidades, fueron aprobadas por un Capítulo General especial y también confirmadas por dos Capítulos Generales ordinarios.

En consecuencia la Sagrada Congregación para los Religiosos y los Institutos seculares, habiendo oído el parecer de los consultores y examinado el asunto en la reunión del día 9 de este mes de diciembre, una vez sopesado todo, aprueba y confirma las citadas Constituciones de la Orden Cisterciense con las modificaciones establecidas en dicha reunión, según el ejemplar en latín conservado en su archivo, conforme a lo establecido en derecho.

Dado en Roma en día 25 de diciembre, solemnidad de la Natividad del Señor del año 1981.

Cardenal E. Pironio, Prefecto

+Agustín Mayer O.S.B., Secretario

CONSTITUCIONES

DE LA ORDEN CISTERCIENSE

PRIMERA PARTE

RAZÓN, FINALIDAD Y MIEMBROS

DE LA ORDEN CISTERCIENSE

I.‑ RAZÓN Y FINALIDAD DE LA ORDEN CISTERCIENSE

1. La Orden Cisterciense, que tiene su origen en el archicenobio de Cister, consta de congregaciones monásticas y de monasterios no pertenecientes a ninguna congregación, que están unidos en ella.

2. La finalidad de la unión de las congregaciones y de los monasterios es:

a) la mutua exhortación y animación, y el prestarse el mutuo auxilio de la caridad, para llevar una vida monástica según la Regla de S. Benito y las tradiciones cistercienses, y para adaptarla continuamente a las circunstancias de la vida.

b) la común y más eficaz representación ante la Santa Sede, las autoridades eclesiásticas y civiles, y las otras órdenes.

3. Los principios evangélicos y teológicos de la vida cisterciense y su unión con la Iglesia, así como sus valores fundamentales, además de estar descritos en la Regla de San Benito, en la Carta de Caridad y en las Constituciones de cada una de las Congregaciones, se describen en la Declaración del Capítulo General sobre los principales elementos de la vida cisterciense actual.

4. La denominación de nuestra Orden es: Orden Cisterciense.

5. La Orden Cisterciense reviste la figura de persona moral colegial y por tanto puede poseer y reivindicar derechos y bienes propios.

6. La Orden Cisterciense se rige por el Capítulo General, el Sínodo de la Orden y por el Abad General con su Consejo, según estas Constituciones elaboradas por el Capítulo General de la Orden y aprobadas por la Santa Sede.

II.‑ LOS MIEMBROS DE LA ORDEN

7. Las Congregaciones monásticas cistercienses son miembros inmediatos de la Orden, pero no cada uno de los monasterios, salvo el art. 8, ni tampoco cada uno de los monjes. Por tanto cada uno de los monjes pertenece a su Congregación a través de su propio monasterio y a la Orden a través de la Congregación.

8 §1. Si algún monasterio de la Orden, observando lo establecido por el derecho, es separado de la propia Congregación y no es incorporado a otra Congregación de la Orden, será miembro inmediato, puesto de momento bajo la tutela del Abad General; y del mismo modo, si existe fuera de la Orden algún monasterio que sin embargo vive según las tradiciones cistercienses y de acuerdo con el Capítulo General es incorporado a la Orden por la Santa Sede.

§ 2. En relación a los monasterios no incorporados a ninguna Congregación competen al Abad General las facultades, derechos y deberes, que se atribuyen a los abades presidentes de las congregaciones por el derecho común y por estas Constituciones, además de los derechos particulares contenidos en los Estatutos propios de tales monasterios, que deben ser aprobados por el Capítulo General o, cuando no está reunido, por el Sínodo de la Orden.

9. Los monasterios de monjas incorporados por la Santa Sede a alguna congregación o inmediatamente a la Orden, pertenecen de derecho a la Orden y están bajo las autoridades de la Orden según la norma de estas Constituciones.

10. Los monasterios de monjas cistercienses en cuanto a los efectos de estas Constituciones pueden ser incorporados o agregados, guardando lo establecido por el derecho, a cualquiera de las Congregaciones monásticas de la Orden o bien inmediatamente a la Orden, por razones que debe juzgar el Capítulo General o, cuando no está reunido, el Sínodo.

11. Las congregaciones de monjas, que viven según las tradiciones cistercienses, pueden ser incorporadas a alguna congregación conforme al art. 32 k, o inmediatamente a la Orden conforme al art. 54 o de estas Constituciones; por otra parte las congregaciones de hermanas o de oblatas cistercienses pueden ser agregadas a alguna congregación o bien a la Orden.

12. Cada monasterio de monjas que pida la incorporación, en la medida de lo posible, debe ser incorporado a alguna congregación, pero también puede ser incorporado inmediatamente a la Orden por razones graves, que debe juzgar el Capítulo General o, cuando no está reunido, el Sínodo.

13. Es propio del Capítulo general definir las condiciones según las cuales las congregaciones o monasterios de monjas deben incorporarse o bien las congregaciones de hermanas o de oblatas cistercienses deben agregarse a alguna congregación o inmediatamente a la Orden.

14. Las cosas que en estas Constituciones se dicen de los monasterios de monjes y de los monjes, valen también para los monasterios de monjas y para las monjas, a no ser que se diga expresamente lo contrario o resulte evidente por la naturaleza del asunto.

SEGUNDA PARTE

LAS CONGREGACIONES CISTERCIENSES

I.‑ RAZÓN Y FINALIDAD DE LAS CONGREGACIONES MONÁSTICAS CISTERCIENSES

15 §1. Las Congregaciones monásticas cistercienses son uniones de varios monasterios autónomos bajo el Capítulo de la Congregación y bajo un mismo superior, llamado presidente.

§ 2. Por el derecho adquirido o particular también puede constituir una congregación monástica un solo monasterio autónomo con varias casas dependientes, e incluso la unión de varios monasterios dependientes bajo el Capítulo de la Congregación.

16. Las Congregaciones cistercienses son congregaciones monásticas conforme a la norma del derecho. Cada congregación se rige por Las constituciones elaboradas por el Capítulo de la Congregación y aprobadas por la Santa Sede, salvo el art. 54 h.

17. Fundar nuevas Congregaciones monásticas cistercienses o suprimir las fundadas corresponde únicamente a la Sede Apostólica, habiéndose presentado el parecer exclusivamente reservado al Capítulo General. Separar monasterios de su congregación y unir otros, según la norma de estas Constituciones, corresponde a la Santa Sede.

18. Además de la finalidad especial que cada una de las Congregaciones de la Orden pueda tener, la cual debe ser claramente expresada en las propias Constituciones, la finalidad de las Congregaciones cistercienses es promover, que en ellas la vida cisterciense florezca en abundancia, que se guarde íntegra la observancia regular, que sean prestados con mayor prontitud los auxilios de la mutua caridad en las necesidades, que sean superados con mayor eficacia los obstáculos a la vida de la Congregación y de los monasterios, que se presten más segura y fácilmente los servicios que la Iglesia reclame de la Congregación.

19. Corresponde al Capítulo General establecer normas acerca de las condiciones requeridas para erigir una nueva congregación de la Orden, así como determinar la manera de proceder en caso de que alguna de las Congregaciones existentes se aleje substancialmente de las normas prescritas.

II.‑ LAS CLASES DE MONASTERIOS Y LA ESTABILIDAD

20. Nuestros monasterios son o bien autónomos, ya sean abadías ya prioratos conventuales, o bien casas dependientes, ya de un monasterio autónomo ya de un capítulo de una congregación, cuando la congregación es la unión de varios monasterios dependientes del Capítulo de la Congregación.

21 §1. Al superior de un monasterio autónomo le corresponden los derechos y deberes de superior mayor según las normas canónicas y las Constituciones de la propia Congregación.

§ 2. Normalmente una abadía es regida por un abad y un priorato conventual por un prior conventual.

§ 3. Un abad o un prior conventual son elegidos por el capítulo conventual, a no ser que las Constituciones de la Congregación concedan al padre inmediato el derecho a nombrar al primer superior mayor.

§ 4. Los abades o priores administradores, que deben ser instituidos por razones graves, son nombrados por aquel a quien conceden este derecho las Constituciones de la Congregación, habiendo sido consultada siempre la comunidad.

§5. Un priorato simple y una residencia se rigen de acuerdo con las normas de las Constituciones de cada Congregación.

22. Cada una de las Congregaciones determinará las condiciones para fundar una casa dependiente, observando lo establecido por el derecho.

23 §1. El Capítulo de una Congregación no puede dar el consentimiento a la erección canónica de un priorato conventual a no ser que existan:

a) una familia monástica que reúna el número suficiente de monjes, de modo que al menos haya, además del prior conventual, ocho profesos de votos solemnes, que hubiesen declarado tener firme propósito de pertenecer a aquel monasterio de manera estable;

b) las condiciones para que la nueva familia pueda proveer a las necesidades de la vida conventual;

c) esperanza fundada de que se podrán recibir y educar candidatos para consolidar y aumentar la familia, o bien que allí siempre habrá un número conveniente de monjes, aunque deban proceder de otros monasterios;

d) una buena vida regular y lugares adecuados para cultivarla.

§ 2. No podrá dispensar de estas condiciones ni el Capítulo de la Congregación correspondiente, ni el Capítulo General, si se trata de un monasterio que haya de ser incorporado inmediatamente a la Orden.

24. Un priorato conventual no puede ser erigido en abadía por el Capítulo de una Congregación, a no ser que, además de las condiciones prescritas en el art. 23, haya al menos trece profesos de votos solemnes.

25. Si posteriormente en alguna abadía o priorato conventual disminuye de modo notable el número de monjes prescrito en los art. 24 y 23 respectivamente, algunos derechos y privilegios de una abadía o de un priorato pueden ser suspendidos por el Capítulo de la Congregación.

26. Todo cuanto se dice acerca de los abades en estas Constituciones, también vale para los priores conventuales y administradores, a no ser que resulte evidente lo contrario a causa de la naturaleza del asunto o que se indique expresamente.

27. Un monje puede cambiar la estabilidad desde un monasterio autónomo a otro con licencia de los abades de ambos monasterios, habiendo dado su consentimiento el capítulo del monasterio a donde se hace el traslado y también el Abad Presidente, cuando se trate del traslado a un monasterio de la misma Congregación; pero si se trata del traslado a un monasterio de otra Congregación, se requiere el consentimiento del Abad General, habiendo sido advertidos previamente los dos Abades Presidentes respectivos.

28 §1. Que las Constituciones de cada Congregación se ocupen de las condiciones jurídicas, de quien sea puesto al frente de un monasterio que no sea el suyo como abad o como prior conventual.

§ 2. Que las Constituciones de cada Congregación determinen los derechos de los monjes, que habiten por un tiempo en un monasterio que no es el suyo.

29. Nuestras iglesias deben ser fundadas y dedicadas en honor de la Virgen María, reina de cielo y tierra.

III.- EL CAPÍTULO DE LA CONGREGACIÓN

30. El Capítulo de la Congregación es la suprema autoridad en una Congregación, cuyo poder y jurisdicción emanan de las propias Constituciones de cada Congregación, y también del derecho común y de estas Constituciones.

31. Es competencia exclusiva de los Capítulos de las Congregaciones:

a) redactar las Constituciones propias de la Congregación, habiendo al menos oído el parecer de cada comunidad de la Congregación, y sin que en ellas pueda establecerse nada contra las prescripciones de estas Constituciones o contra la Declaración del Capítulo General de la Orden Cisterciense sobre los principales elementos de la vida cisterciense actual, así como someterlas a la aprobación de la Santa Sede, salvo el art. 54 h.

b) pedir cambios de las Constituciones de la Congregación aprobadas por la Santa Sede, habiendo oído antes el parecer de cada una de las comunidades de la Congregación, salvo el art. 54 h de estas Constituciones.

c) dar a luz las Costumbres de la Congregación, y también Declaraciones y otras instrucciones, donde se den normas y preceptos que apliquen los principios de las Constituciones de la Congregación a las peculiares circunstancias de tiempo y lugar.

d) imponer leyes y decisiones acerca de asuntos tocantes a toda la Congregación.

32. También se reservan a los Capítulos de las Congregaciones, a no ser que las Constituciones lo ordenen de otro modo o que el Capítulo de la Congregación disponga otra cosa en cada caso:

a) elegir al Abad Presidente y a su Consejo;

b) velar sobre la gestión del cargo del Abad Presidente y, si se da el caso, juzgar acerca de ella;

c) aceptar del Abad Presidente la renuncia de su cargo;

d) velar sobre la administración económica de cada uno de los monasterios de la Congregación y juzgar acerca de ella conforme a las Constituciones de la Congregación, respetando la autonomía económica de los monasterios;

e) en materia litúrgica imponer decisiones tocantes a toda la Congregación, guardando lo establecido por el derecho;

f) decidir por vía judicial o por vía administrativa en segunda instancia las causas llevadas ante el abad de algún monasterio, así como en primera instancia las causas entre los monasterios de la Congregación o entre los superiores de los monasterios de la Congregación, respetando el derecho de recurrir ante el Capítulo General de la Orden o, cuando no esté reunido, ante el Abad General con su Consejo;

g) dar licencia para erigir un monasterio autónomo, si se dan las condiciones prescritas en el art. 23;

h) erigir una abadía, si se dan las condiciones prescritas en el art. 24 de estas Constituciones y en las Constituciones de la Congregación;

i) redactar un estatuto para una abadía o para un priorato conventual conforme al art. 25;

k) dar el consentimiento para incorporar a la Congregación un monasterio de monjes o de monjas, y también para agregar una congregación o federación de hermanas o de oblatas cistercienses, antes de que se solicite el decreto de la Sede Apostólica, guardando lo establecido por el derecho;

l) conceder el consentimiento para que se confíe a perpetuidad una parroquia a un monasterio de la Congregación, a no ser que las Constituciones propias de la Congregación impongan otra cosa, guardando lo establecido por el derecho;

m) constituir o cambiar dentro de la Congregación al padre inmediato de un monasterio de monjas cistercienses;

n) decidir acerca de los bienes de un monasterio de la Congregación enteramente suprimido o extinguido, guardando las leyes de la justicia y la voluntad de los fundadores.

33. Las Constituciones de cada una de las Congregaciones deben fijar la frecuencia de los Capítulos de la Congregación ordinarios, pero de tal modo que al menos se deba celebrar un Capítulo de la Congregación cada tres años, y también deben determinar la manera de proceder, si el Capitulo de la Congregación no pudiera celebrarse por una causa mayor o por motivos graves, a juicio del Abad Presidente.

34. Prevéase en las Constituciones de las Congregaciones la manera adecuada de que, además de los superiores mayores, asistan también al Capitulo de la Congregación monjes con voz deliberativa, en cuya elección participen efectivamente todos los miembros de las comunidades, salvo los novicios.

35. Las actas y los decretos de los Capítulos de la Congregación deben ser enviados al Abad General antes de que pasen tres meses desde el final del Capítulo.

IV.‑ EL ABAD PRESIDENTE Y SU CONSEJO

36. El Abad Presidente tiene los derechos y deberes de un moderador supremo de una congregación monástica, observando las prescripciones de estas Constituciones y de las Constituciones de la propia Congregación.

37. Corresponde al Abad Presidente el cuidado de que en los monasterios se conserve y fomente la vida conforme a las Constituciones de la propia Congregación.

38. Es propio del Abad Presidente:

a) convocar y presidir el Capítulo de la Congregación;

b) presidir las elecciones de los abades y priores conventuales de su Congregación y confirmar a los electos, a no ser que dispongan otra cosa las Constituciones de la propia Congregación; con todo las elecciones de superiores mayores deben ser comunicadas cuanto antes al Abad General;

c) efectuar la visita regular ordinaria de todos los monasterios de la Congregación, excepto del propio, según las normas prescritas por las Constituciones de la propia Congregación.

39. En casos particulares el Abad Presidente puede dispensar a cada una de las comunidades de alguna observancia de la propia Congregación, salvando la potestad del Capítulo de la Congregación para reconocer o anular tales dispensas.

40. El Abad Presidente tiene que dar razón de su administración en cada Capítulo da la Congregación, así como presentar una relación acerca del estado de la Congregación.

41. Es propio del Abad Presidente preparar para el Capítulo General y para el Sínodo de la Orden la relación acerca del estado de su Congregación, que un mes antes de la celebración del Capítulo General o del Sínodo de la Orden deberá comunicar a todos los superiores mayores de la Congregación, quienes pueden enviar al presidente sus propias observaciones. El texto definitivo a presentar en el Capítulo General o en el Sínodo de la Orden será enviado después por el Abad Presidente a todos los superiores mayores de la respectiva Congregación.

42. Cualquier miembro de la Congregación tiene libre correspondencia con el Abad Presidente.

43. El Abad Presidente de ordinario gobierna la Congregación con su Consejo, designado conforme a las Constituciones de la respectiva Congregación.

44. En caso de una necesidad grave y urgente, a no ser que las Constituciones de la Congregación dispongan otra cosa, el Abad Presidente con el consentimiento de sus consejeros puede dar un estatuto para toda la Congregación, el cual, sin embargo, no valdrá más que hasta el próximo Capítulo de la Congregación, que deberá aprobarlo o rechazarlo.

45. Las Constituciones de cada una de las Congregaciones establecerán el modo de proveer al bien de la Congregación, si el Abad Presidente por cualquier causa no puede ejercer su oficio, y también el modo de sustituir a uno u otro de los consejeros impedido o fallecido.

46. Si en alguna Congregación está vigente el derecho de paternidad, tales derechos se ejercerán según las Constituciones de la Congregación.

V.‑ LA VISITA REGULAR EN LA CONGREGACIÓN

47. El visitador ordinario de los monasterios de la Congregación es, a no ser que las Constituciones de la Congregación dispongan otra cosa, el Abad Presidente, salvando el art. 84 b ‑ f de estas Constituciones.

48. Las Constituciones de cada una de las Congregaciones pueden prescribir la visita del monasterio del Abad Presidente al menos por dos visitadores pertenecientes a la Congregación y designados por el Capítulo de la Congregación, salvando el derecho del Abad General conforme al art. 84 a de estas Constituciones.

49. Es propio del visitador o de los visitadores indagar acerca del estado general del monasterio tanto en lo espiritual como en lo temporal según las normas del derecho común y particular, invitando a un experto en asuntos económicos, si se prefiere. Procure con discreción mejorar todo cuanto crea que debe ser enmendado, adaptado o actualizado. Porque la visita debe efectuarse de tal modo que no se disminuya la legítima autonomía de los monasterios, sancionada por las Constituciones, ni la autoridad de los abades, sino que se reafirme y así la visita sirva de veras al desarrollo de los monasterios.

50. De un decreto de visita se puede recurrir ante el Capítulo de la Congregación conforme a lo establecido por el derecho.

51. Cada uno de los monasterios ha de tener una visita ordinaria cada trienio.

TERCERA PARTE

EL GOBIERNO DE LA ORDEN

TÍTULO I

EL CAPITULO GENERAL DE LA ORDEN

I.‑ LA POTESTAD DEL CAPÍTULO GENERAL

52. El Capítulo General, como órgano central de deliberación fraterna, legislativo y judicial, es la suprema autoridad en la Orden, respetando sin embargo la legítima autonomía que corresponde a cada Congregación y a cada monasterio según el derecho común, las presentes Constituciones y las Constituciones de cada una de las Congregaciones aprobadas por la Santa Sede.

53. La actividad del Capítulo General se concreta en leyes y decretos que obligan a toda la Orden, a no ser que vayan contra la finalidad especial o contra las Constituciones de alguna Congregación aprobadas por la Santa Sede, y también en resoluciones, declaraciones y propuestas. En caso de duda acerca de si algo va contra la finalidad especial o contra las Constituciones de alguna Congregación aprobadas por la Santa Sede, el Capítulo General decide la cuestión, después de oír la relación de la parte afectada.

54. Se reserva al Capítulo General de la Orden y le corresponde en especial:

a) establecer leyes que obliguen a toda la Orden conforme a estas Constituciones;

b) establecer un estatuto que cambie alguna de las Constituciones de la Orden, el cual sin embargo no puede ser recibido en la práctica, si no ha obtenido el beneplácito apostólico;

c) elegir al Abad General de la Orden conforme al art. 65 § 1;

d) elegir al Procurador general de la Orden, que también presenta ante la Santa Sede los asuntos de cada una de las Congregaciones conforme al art. 65 § 3;

e) velar sobre la administración del Abad General conforme al art. 81;

f) aceptar del Abad General la renuncia de su oficio o, si es necesario, apartarlo del oficio observando lo establecido por el derecho;

g) velar sobre la administración del cargo de Procurador general de la Orden, y aceptar del mismo la renuncia de su oficio, cuando todavía no haya acabado el tiempo para el que fue elegido, o bien, si es necesario, apartarlo del oficio observando lo establecido por el derecho;

h) elegir una comisión que conste de cinco miembros, cuya función sea dictaminar si las Constituciones de una Congregación, que deban ser presentadas a la aprobación de la Santa Sede, contienen algo contrario a estas Constituciones de la Orden, después de haber oído a los comisarios designados por el Capítulo de la Congregación respectiva. También es propio del Capítulo General elegir al menos tres miembros suplentes, que sustituyan según el orden establecido a los miembros de la comisión impedidos por un tiempo o de manera permanente;

i) aprobar los estatutos peculiares, elaborados por el respectivo capítulo conventual, para cada uno de los monasterios no incorporados a ninguna Congregación, después de haber oído el parecer de la comisión de que se trata en la letra h;

k) imponer según la ley de la equidad tributos a todas las Congregaciones y a los monasterios no incorporados a ninguna Congregación para las necesidades del Capítulo General y de la Curia general, y también pedir subsidios caritativos para otras finalidades;

l) dar el consentimiento para erigir o agregar a la Orden una nueva Congregación monástica cisterciense conforme a los art. 17 y 19 de estas Constituciones;

m) otorgar el consentimiento a la unión o supresión de Congregaciones antes de pedir el decreto de la Santa Sede;

n) dar el consentimiento para incorporar a la Orden monasterios de hombres o de mujeres, que no sean incorporados a ninguna Congregación conforme a los art. 8 y 12;

o) dar el consentimiento a la incorporación o agregación de congregaciones de monjas, a bien a la agregación de hermanas o de oblatas cistercienses conforme a los art. 10 y 11;

p) dar el consentimiento a la institución de una nueva fiesta de algún santo o misterio, o bien a la elevación de grado, reducción o supresión de alguna fiesta para toda la Orden observando lo establecido por el derecho, así como aprobar la estructura de los ritos comunes de la Orden;

q) dar el consentimiento para establecer contratos, cuando tales contratos obliguen a toda la Orden, y hacer un estatuto sobre las formalidades requeridas para estos contratos cuando el Capitulo General no está reunido;

r) establecer el destino de los bienes de una Congregación completamente extinguida y de los de un monasterio no incorporado a ninguna Congregación en caso de ser suprimido, observando las leyes de la justicia y la voluntad de los fundadores, salvando el art. 74 g;

s) aprobar y cambiar por una causa justa los Estatutos del Colegio Internacional de San Bernardo en Roma;

t) aprobar el reglamento de la celebración del Capítulo General y, si se da el caso, cambiarlo según las normas establecidas allí mismo;

u) elegir a cinco miembros del Sínodo y a tres sustitutos suyos conforme al art. 71 § 1, y también a cuatro miembros del Consejo del Abad General y a sus sustitutos conforme al art. 96 de estas Constituciones;

v) constituir diversas comisiones, según las necesidades lo exijan, y elegir a sus miembros;

x) conceder a alguien un puesto y voto deliberativo en los Capítulos Generales a causa de los méritos insignes adquiridos para con la Orden;

y) decidir en última instancia las causas dentro de la Orden, sea por vía judicial o administrativa, si son presentadas ante él; resolver en segunda instancia las controversias entre monasterios o entre superiores de una misma Congregación, y en primera instancia las controversias entre Congregaciones o entre los superiores de éstas, respetando siempre el derecho de recurrir a la Santa Sede. Contra el Capítulo de alguna Congregación de la Orden se presenta recurso ante el Capítulo General de la Orden, y contra éste ante la Santa Sede.

II.‑ QUIENES TIENEN PUESTO Y VOZ EN EL CAPÍTULO GENERAL

55. Deben ser convocados con voz deliberativa al Capítulo General de la Orden, tanto ordinario como extraordinario:

a) el Abad General, el Procurador general y aquellos, a quienes el Capítulo General concedió puesto y voz en los Capítulos Generales por los méritos insignes adquiridos para con la Orden;

b) de cada Congregación de la Orden, tantos padres capitulares cuantas veces haya en la Congregación, en el día de la convocatoria del Capítulo General, el número comenzado de veinticinco profesos vinculados al menos con votos temporales. Los superiores mayores son miembros del Capítulo por ese mismo hecho, incluso si su número supera al establecido para la Congregación. También ha de asistir de cada Congregación al menos un delegado elegido, incluso si el número de los superiores alcanza o supera el número establecido para la Congregación. En las Congregaciones donde el número de los superiores no alcanza el número establecido para la Congregación, hay que elegir tantos monjes de votos solemnes como para que se llegue a dicho número. En la elección de estos padres capitulares participarán de manera eficaz todos los miembros excepto los novicios. Por tanto, cada una de las Congregaciones provea a la forma de elección de los delegados de esa Congregación;

c) de los monasterios no incorporados a ninguna Congregación, los superiores mayores y los delegados elegidos serán convocados según la misma regla y lo establecido para las Congregaciones en la letra b, pero en este sentido, que el número de monjes profesos vinculados al menos con votos temporales sea computado en todos estos monasterios juntos;

d) si los derechos de alguna Congregación fuesen suspendidos por el Capítulo General conforme al art. 19, sus monasterios por lo que concierne a este articulo serán considerados como monasterios no incorporados a ninguna Congregación.

56. Si alguno de los padres que tienen puesto y voto deliberativo en el Capitulo General (excepto aquellos que son convocados por los méritos insignes adquiridos para con la Orden o también los delegados de las Congregaciones, cuya sustitución ha de proveer cada una de las Congregaciones) no pudiese acudir al mismo, debe enviar al Capitulo General delegado por él con letras de delegación a otro monje sacerdote y profeso perpetuo. Este delegado goza del derecho de voto deliberativo en el Capitulo General.

57. Si alguno de los padres por razones justas no puede asistir a algunas sesiones o tiene que partir antes del final del Capitulo, puede constituir delegado suyo a algún padre capitular, pero de modo que un solo padre capitular nunca pueda tener más de dos votos.

58. Corresponde al Capitulo General hacer un estatuto acerca de los expertos que sean convocados al Capítulo General.

III.‑ TIEMPO Y FORMA DEL CAPÍTULO GENERAL

59 §1. El Capítulo General ordinario debe celebrarse cada cinco años.

§ 2. Conforme a estas Constituciones, además del Capítulo General ordinario, debe convocarse Capítulo General extraordinario, cuando hay que elegir al Abad General de la Orden o cada vez que lo exija una grave necesidad o el provecho de la Orden, a juicio del Abad General con el consentimiento de la mayor parte de los padres sinodales o a juicio de las dos terceras partes de los padres sinodales.

§ 3. A partir de un Capítulo General extraordinario comienza una nueva serie de Capítulos Generales de manera que el próximo Capítulo General ordinario debe celebrarse contando cinco años a partir del último Capítulo General extraordinario.

60 §1. El presidente del Capítulo General será el Abad General o, estando vacante la sede del Abad General legítimamente por cualquier causa, el Abad Presidente más antiguo en el cargo abacial, y, si dos hubiesen sido hechos abades al mismo tiempo, el más antiguo de profesión.

§ 2. Si el Abad General o, estando vacante su sede legítimamente, quien hiciese sus veces, por una razón verdaderamente grave no pudiese comparecer en el Capítulo General el día fijado ni presidirlo, presidirá otro Abad delegado por él, o el primer Abad por orden de precedencia en el Capítulo, si no hubiese delegado a nadie.

61 §1. Hecha legítimamente la convocatoria, el derecho de elegir y votar pertenece a los que estén presentes en el aula capitular.

§ 2. En las elecciones, si alguno de los electores está presente en la casa, pero no puede asistir a la elección a causa de una enfermedad, se requerirá su voto conforme a lo prescrito en el reglamento del Capítulo General.

62. Aunque alguien tenga derecho a sufragio en nombre propio por diversos títulos, no podrá emitir más que un solo voto. En caso de delegación ningún padre capitular puede tener más de dos votos.

63 § 1. El sufragio es nulo, si no fuese libre, cierto, absoluto y determinado.

§ 2. Las condiciones añadidas al voto antes de una elección se considerarán como no añadidas.

§ 3. Nadie puede darse a sí mismo el voto válidamente.

64 §1. Para que una definición del Capítulo General obligue a toda la Orden, se requiere que el asunto, a juicio del Capítulo General, afecte a toda la Orden y que sea declarada obligatoria para toda la Orden por dos terceras partes de los votos, salvando el art. 53.

§ 2. Para que en el Capítulo General se decida acerca de otras cuestiones, es suficiente y se requiere absolutamente el mayor número de los votos de aquellos que han emitido voto, descontando los votos nulos; pero si los votos fuesen iguales, el presidente dirimirá el asunto.

§ 3. Aquello que afecta a todos individualmente, por todos debe ser aprobado.

65 § 1. Para la elección del Abad General se requieren las dos terceras partes de los votos en los tres primeros escrutinios. Después de un tercer escrutinio sin efecto se realiza el cuarto, en el cual tienen voz pasiva pero no activa aquellos dos candidatos, que en el tercer escrutinio hubiesen reunido la mayor parte relativa de los votos. En este escrutinio basta la mayoría absoluta de los votos. En caso de empate de votos en el tercer escrutinio obtiene voz pasiva para el cuarto escrutinio aquél que sea más antiguo de profesión, y en caso de paridad en cuanto a la profesión, el de más edad; en el cuarto escrutinio se tendrá por elegido al más antiguo de profesión o respectivamente de edad.

§ 2. En las elecciones de moderadores y de otros oficiales del Capítulo General, y también de los miembros de las comisiones a elegir por el Capítulo General, basta la mayoría relativa de los votos.

§ 3. En las otras elecciones, que deben hacerse en el Capítulo General, se requiere la mayoría absoluta de los votos, pero de modo que en el tercer escrutinio sólo tengan voz pasiva, pero no activa, aquellos dos candidatos que en el segundo escrutinio reunieron la mayoría relativa de los votos.

66. Todas las actas de un Capítulo, tanto las elecciones como los otros asuntos, deben ser fielmente redactadas por escrito por los notarios.

67. Las cosas decretadas y definidas por el Capítulo General se publicarán en las Actæ Curiæ Generalis y serán promulgadas de manera adecuada en todos los monasterios de la Orden, sea en lengua latina sea en una traducción.

68. Cada monasterio o cada Congregación, según las normas dadas por la misma Congregación, ha de pagar los dispendios ocasionados por el Capítulo General, tanto para la manutención como para el viaje, a no ser que fuese resuelto de otro modo por el Capítulo General.

69. En cuanto al rito y a la forma de celebrar el Capítulo General se observarán las prescripciones del Reglamento del Capítulo General aprobado por el Capítulo General.

TÍTULO II

DEL SÍNODO DE LA ORDEN

70. El Sínodo de la Orden es un colegio convocado con esta finalidad, para discutir debatiendo pareceres los asuntos que afectan a toda la Orden y proponer decisiones al Capítulo General, o bien, si algunos asuntos urgen, resolverlos por anticipado hasta la decisión del próximo Capítulo General conforme a estas Constituciones.

Al Sínodo de la Orden corresponde además urgir la ejecución de las cosas prescritas por la Santa Sede o por el Capítulo General, si es necesario; recabar informaciones ciertas acerca del estado de la Orden, para poder proveer a su mayor bien; y finalmente recibir las relaciones del Abad General sobre el estado de la Orden, y de los Abades Presidentes sobre el estado de sus Congregaciones.

71 §1. Constituyen el Sínodo de la Orden el Abad General, que convoca a los padres sinodales y preside las sesiones, los Abades Presidentes de cada una de las Congregaciones de la Orden en ejercicio de su gobierno, el Procurador General de la Orden y cinco padres sinodales elegidos por el Capítulo General conforme al art. 54 u, los cuales permanecerán en su cargo hasta el Capítulo General siguiente.

§ 2. Si algún padre sinodal, miembro del Sínodo de la Orden en virtud de su oficio, no puede asistir al Sínodo de la Orden, que envíe un delegado; en el mismo caso un padre sinodal elegido será sustituido por el primero de los sustitutos. En el Sínodo de la Orden un delegado o sustituto goza del derecho de voto deliberativo.

§ 3. El Abad General asesorado por su Consejo o el Sínodo de la Orden por mayoría absoluta de votos, pueden convocar expertos al Sínodo de la Orden, para que éstos con su ciencia contribuyan a resolver recta y sanamente las cuestiones tratadas en el Sínodo de la Orden.

§ 4. Corresponde al Abad General nombrar, además de al secretario del Sínodo de la Orden, constituido conforme al art. 74 q, a los notarios y a los otros oficiales, asesorado al menos por escrito por su Consejo.

72 §1. El Sínodo ordinario de la Orden debe ser celebrado cada dos años, de tal modo que entre dos Capítulos Generales ordinarios se celebre al menos dos veces.

§ 2. Un Sínodo extraordinario de la Orden debe celebrarse cada vez que lo exija una necesidad grave o urgente, a juicio del Abad General con el consentimiento de la mayor parte de los Abades Presidentes o a juicio de las dos terceras partes de los padres sinodales.

73. Las sesiones del Sínodo de la Orden se celebrarán conforme al Reglamento del Sínodo de la Orden aprobado por el mismo Sínodo de la Orden.

74. Corresponde y se reserva en especial al Sínodo de la Orden, cuando el Capítulo General no está reunido:

a) decidir y definir las causas, problemas y casos remitidos por el Capítulo General al Sínodo de la Orden;

b) si el asunto urge y hubiese peligro de grave perjuicio en el retraso, hacer un estatuto obligando a toda la Orden, a no ser que fuese contra la finalidad especial o las Constituciones de alguna Congregación, pero este estatuto no tendrá validez más que hasta el próximo Capítulo General ordinario o extraordinario, que deberá aprobarlo o rechazarlo. Con todo, el Sínodo de la Orden no puede hacer un estatuto, que por su naturaleza sea irreformable, exceptuando las facultades atribuidas expresamente al Sínodo de la Orden en este artículo;

c) dar permiso para erigir una casa religiosa de la Orden, para la erección de un priorato conventual o para la restauración de una abadía, cuando se trate de monasterios no pertenecientes a ninguna Congregación, observando lo establecido por el derecho;

d) dar el consentimiento al traslado, unión o supresión de un monasterio no perteneciente a ninguna Congregación, observando lo establecido por el derecho;

e) incorporar inmediatamente a la Orden algún monasterio de monjas, observando los art. 12 y 13, pero no Federaciones o Congregaciones;

f) aprobar los Estatutos de monasterios no incorporados a ninguna Congregación, elaborados conforme al art. 8 § 2 y habiendo oído el parecer de la comisión elegida conforme al art. 54 h;

g) establecer el destino de los bienes de un monasterio suprimido no incorporado a ninguna Congregación y, si se temiese un gran perjuicio en el retraso, el destino de los de una Congregación suprimida de la Orden, respetando las leyes de la justicia y la voluntad de los fundadores;

h) destituir al Procurador General de la Orden dentro del tiempo fijado para el ejercicio de su cargo, observando lo establecido por el derecho;

i) elegir hasta el próximo Capítulo General un Procurador General en lugar del Procurador General difunto o cuando su oficio está legítimamente vacante fuera del tiempo del Capítulo General;

k) dar el consentimiento para la convocatoria de un Capítulo General extraordinario, respetando el art. 88 § 2 de estas Constituciones;

l) constituir una comisión preparatoria del Capítulo General, si conviene y si el Capítulo General precedente no hubiese formado esta comisión, pero las comisiones instituidas por el Capítulo General mantendrán totalmente sus funciones;

m) determinar las materias propuestas en la convocatoria del Capítulo General, salvando el derecho de los padres capitulares a proponer otras materias en el mismo Capítulo General conforme al Reglamento del Capítulo General;

n) elegir dos Abades Presidentes para hacer la visita de la Curia General y del Colegio Internacional de San Bernardo en Roma;

o) oír la relación de los visitadores de la Curia General y del Colegio Internacional de San Bernardo en Roma y, si conviene, cambiar provisionalmente los Estatutos del Colegio;

p) si no se pudiese celebrar el Capítulo General, elegir a los miembros del Consejo del Abad General conforme al art. 96;

q) elegir al secretario del Sínodo de la Orden, que no debe ser necesariamente miembro del Sínodo de la Orden, el cual continuará en su cargo hasta el siguiente Sínodo de la Orden, y elegir a su sustituto.

75. En los casos antes enumerados los padres sinodales tienen voto deliberativo, que se ha de pedir y dar durante las reuniones, excepto en los casos expresados en las letras c, k, m y n del artículo anterior, para los cuales basta el consentimiento de los padres sinodales dado por escrito, si el asunto urge y hay peligro de grave perjuicio en el retraso, en tal caso ejercerán el cargo de escrutadores el Procurador General y el secretario del Sínodo de la Orden.

El resultado de cada votación hecha de este modo se anotará exactamente en un cuaderno en especial a esto y será suscrito por el Abad General y por el secretario del Sínodo de la Orden.

76 §1. Tiene valor jurídico lo que, descontando los votos nulos, quiere la mayoría absoluta de los que emiten sufragio; pero si hubiese empate de votos, después de tres escrutinios el presidente de la reunión podrá dirimir el empate con su voto.

§ 2. En las elecciones hechas conforme al art. 74 i y p se observarán las prescripciones del art. 65 § 3; en las otras basta la mayoría absoluta de los votos al principio o bien la mayoría relativa después de dos escrutinios sin efecto.

77. Estando vacante legítimamente la sede del Abad General no se celebrará el Sínodo de la Orden, sino que se debe celebrar cuanto antes un Capítulo General para elegir al nuevo Abad General. Sin embargo quien haga las veces del Abad General puede convocar el Sínodo de la Orden con el consentimiento de los padres sinodales pedido por escrito, si es que la celebración del Sínodo de la Orden parece necesaria para la debida preparación del Capítulo General.

78. Los dispendios ocasionados por el Sínodo de la Orden, tanto a causa de la manutención como del viaje, deberán satisfacerse según la decisión del mismo Sínodo de la Orden.

TÍTULO III

EL ABAD GENERAL DE LA ORDEN Y SU CONSEJO

I.‑ EL CARGO DEL ABAD GENERAL

79. Cuando no está reunido el Capítulo General, la Orden Cisterciense es gobernada por el Abad General, que conforme a estas Constituciones es su Moderador supremo, ayudado por el Sínodo de la Orden o por su Consejo. Su título es: Abad General de la Orden Cisterciense.

80. Corresponde al Abad General promover el bien espiritual y temporal de la Orden y resolver los asuntos urgentes, que no puedan aplazarse hasta el próximo Capítulo General, observando en todo las prescripciones de estas Constituciones.

II.‑ DERECHOS Y DEBERES DEL ABAD GENERAL

81. La potestad con que el Abad General gobierna la Orden, debe ser ejercida de acuerdo con el pensamiento del Capítulo General, que puede aprobar o anular lo que haga el Abad General.

82. Competen al Abad General todos los privilegios concedidos antiguamente al Abad de Cister y después a los Superiores generales de la Orden, mientras estén todavía en uso y no hayan sido revocados.

83. Además de las cosas que le reconocen estas Constituciones o le atribuyen especialmente las Constituciones de alguna Congregación de la Orden, atañen al Abad General las siguientes:

a) convocar un Capítulo General ordinario o extraordinario, observando lo que se debe observar, y presidirlo;

b) hacer un estatuto en caso de una necesidad grave y urgente, con el consentimiento de los padres sinodales, el cual debe ser examinado después por el Capítulo General conforme al art. 74 b;

c) dispensar de las leyes que imponen o prohíben en casos particulares, pero no de las fundamentales que obligan a toda la Orden;

d) confirmar las elecciones de los Superiores de monasterios autónomos no incorporados a ninguna Congregación;

e) dar el consentimiento a los cambios de estabilidad conforme al art. 27;

f) nombrar Administradores de las abadías o de los prioratos conventuales no incorporados a ninguna Congregación, si hay que aplazar la elección por una causa grave;

g) dar a la imprenta los libros litúrgicos, que se emplearán en toda la Orden;

h) cuando no esté reunido el Capítulo General, juzgar con su Consejo en tercera instancia todas las causas, en segunda instancia las causas contra los Superiores mayores, y en primera instancia las causas contra los Abades Presidentes, quedando siempre a salvo el derecho de recurrir al Capítulo general.

84. Además corresponde al Abad General:

a) hacer cada tres años la visita regular en los monasterios de los Abades Presidentes personalmente o por alguien delegado por él mismo, o bien cada seis años, si el monasterio de un Abad Presidente ya tiene visitadores designados por el Capítulo de la respectiva Congregación conforme al art. 48;

b) visitar un monasterio de cualquier Congregación a causa de graves necesidades o de circunstancias difíciles, con el consentimiento de su Consejo y habiendo advertido antes al Abad Presidente de la Congregación, a quien en general tendrá consigo como compañero en la visita;

c) visitar todos los monasterios de una Congregación a causa de graves circunstancias, habiendo oído al Abad Presidente de la Congregación y con el consentimiento de los padres sinodales al menos pedido por escrito;

d) visitar un monasterio de cualquier Congregación, si es invitado para hacer la visita por la mayoría del monasterio, habiendo oído al Abad Presidente de la Congregación respectiva;

e) visitar aquellos monasterios cuya visita ordinaria no haya sido realizada por aquellos a quienes corresponde por dos de los períodos prescritos por las Constituciones;

f) hacer una estancia paternal en todos los monasterios de la Orden al menos una vez durante su oficio.

85. El Abad General tiene facultad para:

a) impartir la bendición abacial a los Abades neoelectos y delegar para eso a los Abades Presidentes de las Congregaciones de la Orden, si los neoelectos piden de él la bendición. Pero en los casos en que se desea que la bendición abacial sea conferida por algún Cardenal de la Santa Iglesia Romana, o algún Obispo o Abad, habiendo sido advertido el Abad General, que se pida a un prelado que tenga esa facultad;

b) conferir a los monjes de la Orden los ministerios de Lector y Acólito, siempre que cuenten con las letras dimisorias del Superior mayor propio, observando lo que hay que observar en derecho;

c) oír las confesiones de las personas de la Orden, si éstas se lo piden espontáneamente, observando lo que hay que observar en derecho.

86. El Abad General no puede disponer ni de los bienes ni de las personas de una comunidad o de una Congregación de la Orden.

87. Cada persona de la Orden tiene libertad de correspondencia con el Abad General.

III.‑ LA ELECCIÓN DEL ABAD GENERAL

88 §1. Cuando el Abad General ha muerto, está impedido o su oficio queda vacante legítimamente del modo que sea, el primer Abad de entre los Abades Presidentes ejercerá su oficio inmediatamente, pero de manera que no pueda establecer nada nuevo ni hacer nada sin el consentimiento de su Consejo, pedido al menos por escrito.

§ 2. Cuando el oficio de Abad General está legítimamente vacante, el principal cuidado de quien hace sus veces será que se convoque cuanto antes, al menos dentro de los seis meses desde la vacante del oficio, un Capítulo General, donde se elegirá un nuevo Abad General de acuerdo con estas Constituciones.

89. Puede ser elegido para el oficio de Abad General quien sea profeso solemne en nuestra Orden al menos desde siete años antes, haya sido ordenado sacerdote y tenga cumplidos treinta y cinco años de edad.

90. Se tendrá por elegido a quien hubiese obtenido el número de votos requerido conforme al art. 65 § 1 de estas Constituciones, o a quien fuese postulado debidamente conforme al derecho eclesiástico, quedando excluida la elección por compromiso.

91 § 1. El elegido como Abad General, al menos antes de que pasen tres días desde que recibió la noticia de su elección, debe manifestar si acepta la elección o si renuncia a ella, de otro modo pierde todo derecho adquirido por la elección.

§ 2. Si acepta la elección, obtiene en seguida pleno derecho al oficio y no necesita confirmación alguna; pero su elección se notificará al Sumo Pontífice.

§ 3. Si el elegido como Abad General no se halla presente en el Capítulo General, hay que observar estas cosas:

a) se notificará cuanto antes al ausente su elección conforme al § 1;

b) si el elegido acepta la elección, debe acudir en seguida al Capítulo General, o bien, si está demasiado lejos, puede delegar a otro, que podrá presidir en su nombre el Capítulo General conforme al art. 60 § 2.

c) Mientras tanto los capitulares se abstendrán de toda elección; pero a fin de no perder el tiempo inútilmente, pueden dedicarse a discutir y decidir cuestiones especiales, presidiendo interinamente el Capítulo General el primer Abad conforme al art. 60 § 2, a no ser que presida el delegado de que se trata en la letra b.

92. Si el Abad General legítimamente elegido en el Capítulo General todavía no fuese Abad, en seguida adquiere pleno derecho a la bendición abacial; pero entonces, antes de que pasen tres meses, debe recibir la bendición abacial de cualquier Obispo elegido libremente por él mismo.

93 §1. El Abad General es elegido por diez años. Si pasados diez años desde su elección, no se tuviera Capítulo General conforme al art. 59 § 3, desempeñará su oficio hasta el siguiente Capítulo General ordinario o extraordinario. El Abad General siempre es reelegible.

§ 2. No más allá de haber cumplido los setenta años, a no ser que el Capítulo General disponga otra cosa, el Abad General debe presentar espontáneamente la renuncia a su oficio al Capítulo General, que proveerá teniendo presentes las circunstancias.

94. El Abad General reside habitualmente en Roma, en la Casa Generalicia de la Orden. Su oficio es incompatible con el de Superior de un monasterio autónomo. Por eso el Abad General no puede retener el gobierno de ningún monasterio sin dispensa de la Sede Apostólica.

95. El Abad General, que cesa debidamente de su oficio conforme al derecho, tiene derecho a volver al monasterio de su profesión o a elegir un monasterio de la Orden para vivir. Corresponde al Capítulo General proveer a su digno mantenimiento.

IV.- EL CONSEJO DEL ABAD GENERAL

96 §1. El Consejo del Abad General, que es distinto del Consejo de la Casa Generalicia, lo constituyen cuatro Abades o monjes elegidos por el Capítulo General conforme al art. 54 u o por el Sínodo de la Orden conforme al art. 74 p para el tiempo entre dos Capítulos Generales.

§ 2. En la medida de lo posible se elegirán al menos dos consejeros, que residan en Roma o en un lugar desde el cual puedan ir fácilmente a Roma, a juicio del Capítulo General o, si acaso, del Sínodo de la Orden.

§ 3. El Capítulo General o, cuando no pueda el Capítulo General, el Sínodo de la Orden elegirá también dos miembros suplentes, para que puedan sustituir a los miembros que no puedan ejercer su cargo por cualquier causa.

97. Para la validez de los actos del Consejo se requiere, que además del Abad General estén presentes al menos dos consejeros, una vez hecha debidamente la convocatoria de todos los miembros, quedando a salvo el art. 96 § 3. Quienes no pudiesen acudir a la reunión, pueden enviar su parecer por escrito.

98. Hay que convocar el Consejo del Abad General, quedando a salvo el art. 100:

a) cuando el Abad General necesita del consentimiento o del parecer de su Consejo según el derecho común o particular, excepto en los casos estrictamente reservados al Capítulo General o al Sínodo de la Orden.

b) cada vez que el Abad General, al ejercer los derechos y facultades de un Abad Presidente o de un Padre inmediato respecto a los monasterios no incorporados a ninguna Congregación, necesita del consentimiento o del parecer de su Consejo según el derecho común o particular.

99 § 1. El voto del Consejo del Abad General es deliberativo, quedando a salvo el art. 100:

a) para decidir las causas delegadas por el Sínodo de la Orden a este Consejo;

b) para dar el consentimiento al inicio de un proceso ante un tribunal civil o eclesiástico, si se trata de la Curia General o de monasterios no incorporados a ninguna Congregación;

c) para dictar sentencia en la despedida de religiosos de votos solemnes, toda vez que la causa hubiese sido presentada ante el Abad General, observando lo que se debe observar en derecho;

d) cada vez que el Abad General deba dar a la Santa Sede su parecer en nombre de toda la Orden; sin embargo el Abad General será completamente libre, cuando por su oficio deba dar información o parecer acerca de asuntos llevados o presentados a la Santa Sede;

e) cada vez que el derecho común o particular prescriben el voto deliberativo del Consejo.

§ 2. En los otros casos el voto es consultivo, quedando a salvo lo prescrito por los Estatutos de los monasterios no incorporados a ninguna Congregación conforme al art. 8 § 2, que pueden conceder voto deliberativo al Consejo del Abad General también en otros casos.

100. El Abad General puede pasar al Sínodo de la Orden una cuestión atribuida a su Consejo, si así lo juzga a causa de la naturaleza o importancia del asunto

TÍTULO IV

DEL PROCURADOR GENERAL

101 §1. Para los asuntos que deben ser gestionados en Roma ante la Santa Sede, es delegado por el Capítulo General el Procurador General de la Orden conforme al art. 65 § 3. Él mismo gestiona también ante la Santa Sede las causas de cada una de las Congregaciones.

§ 2. El Procurador General permanece en su oficio hasta el siguiente Capítulo General ordinario y siempre puede ser reelegido.

102. En las cosas a tratar, que atañen a toda la Orden, no ha de hacer nada sin el consejo y el consentimiento del Abad General.

103. Cuando deba iniciarse un recurso ante la Santa Sede contra el Abad General, no estando reunido el Capítulo General, necesita el consentimiento del Sínodo de la Orden manifestado en una sesión por dos terceras partes de los votos.

104 §1. Para tratar ante la Santa Sede de los asuntos de cada una de las Congregaciones necesita el consentimiento del Abad Presidente de la respectiva Congregación.

§ 2. Comunique al Abad General los asuntos de mayor importancia de las Congregaciones, tanto para su información como, acaso, para tener su consejo y ayuda, y también para poder satisfacer lo requerido por la Santa Sede.

105. Sea sin embargo libre el Procurador General, cuando por su oficio deba informar o dar su opinión acerca de los asuntos que se han presentado o se deben presentar ante la Santa Sede. Se encarece a todos que se haga por medio del Procurador General, quedando siempre a salvo y permaneciendo íntegra la facultad de recurrir ante la Santa Sede cuando convenga.

106. No pedirá a la Santa Sede ninguna facultad para cualquier religioso de la Orden, a no ser que la petición hubiese sido aprobada por el Superior mayor del religioso solicitante u por el Abad Presidente de su Congregación.

107. Cuidará que los decretos de la Santa Sede, que interesan directa o indirectamente a la Orden Cisterciense y no hayan sido promulgados en las Actæ Apostolicæ Sedis, sean publicadas en las Actæ Curiæ Generalis y lleguen así a conocimiento de los Superiores y miembros de la Orden.

108. Si por cualquier causa quedase legítimamente vacante el oficio de Procurador General, no estando reunido el Capítulo General, se observará lo prescrito en el art. 74 i de estas Constituciones.

109. El Procurador General reside en Roma en la Casa Generalicia de la Orden y corresponde al Capítulo General proveer a su digno mantenimiento.