Devocionario al Corazón Inmaculado de Maria

Devocionario

al Corazón Inmaculado de Maria

¡Corazón compasivo de María, socorre a los pecadores!

Advertencia preliminar

A

los devotos del Corazón Purísimo de María les presentamos, coleccionados en es­te opúsculo: Io La NOVENA DE LAS TRES AVE MARÍAS; 2o otra NOVENA PARA IM­PETRAR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES; 3o un MES DE MARÍA; y 4o varios CÁNTICOS Y ORACIONES: todo en honor de aquel Corazón dulcísimo. Las prácticas piadosas de los números Io y 3o, son traduci­das del francés, por cuanto en castellano son muy pocos los libros que se ocupan de ellas. Hallándose el Ecuador solemnemente consa­grado al Corazón Inmaculado de María, y dedicada a su culto la primera capilla del gran templo del VOTO NACIONAL, es de necesidad imprescindible un devocionario que nos enseñe a amar y honrar a la Virgen Santísima, en ésa su advocación hermosa, que tan grata debe ser a todo ecuatoriano verdaderamente católico; mientras aquella deseada obra se publique, supla su falta en algo el presente librito, aunque tan incompleto y diminuto.

La Reina de los Cielos complácese gran­demente en prodigar sus favores y Gracias a quienes los imploran invocando la compa­sión y misericordia de su Corazón dulcísimo y maternal; sin que haya cosa alguna, por difícil que parezca, que no nos la pueda alcan­zar, pues Dios la ha constituido soberana Dispensadora de todos los tesoros de su Gra­cia. ¿Anheláis la salud de un enfermo, el buen éxito de un pleito justo, o el remedio de cualquier otra tribulación?… ¿Os esforzáis por dejar el pecado, corregiros de un vicio, salir de la tibieza, y emprender el arduo ca­mino de la perfección?… ¿Deseáis la paz de una familia, o el regreso de un pródigo a su hogar?… Pues, acudid al Corazón compasivo de María, venid a su santuario. Llegaos so­bre todo a este propiciatorio colocado ante el trono de la Clemencia infinita, si queréis im­petrar la conversión de ese moribundo im­pío, de ese pecador obstinado e impenitente, que rehúsan recibir los Sacramentos de la Iglesia, y que están ya a punto de precipitar­se en los Infiernos por su ceguedad y deses­peración. En tan apretadas circunstancias in­vocad al Corazón compasivo de María, Refugio de pecadores, valiéndoos de alguna de las prácticas piadosas contenidas en este devocionario, y recordad esta sentencia de San Agustín: SI SALVASTE A UN ALMA, AL­CANZASTE LA GRACIA DE LA PREDES­TINACIÓN PARA LA TUYA.

Preces

en honor del Corazón Purísimo de María

A

costúmbrase rezar estas preces, en forma de Novena, y es de adver­tir que, por medio de ella, se han obtenido insignes Gracias, merced a la intercesión poderosa de la Reina del Cielo. Esta Novena, llamada de las Tres Ave Marías, consiste en rezar, ante una imagen del Corazón purísimo de la Virgen, durante nueve días consecutivos, tres veces la salutación angélica precedida de las oraciones siguientes. La eficacia de este ejercicio piadoso está en el Ave María, que es indudablemente la oración más del agrado de la Divina Madre, y la que más fuerza ha­ce en su Corazón Santísimo para que nos alcance los favores y Gracias que solicitamos de su mediación.

I

¡Oh Corazón Santísimo de María, Cora­zón de la Virgen poderosa, Virgo potens, vos a quien Dios no rehúsa jamás nada de cuan­to le pedís, dignaos escuchar favorablemen­te la presente oración! Oh María, a quien na­da es imposible, por aquel poder de que os ha revestido el Padre Omnipotente, os conju­ro, asistidme en la necesidad en que me en­cuentro. Ya que sois tan poderosa para soco­rrerme, no me abandonéis: interceded por mí ante el trono de la Divina Misericordia,

oh Abogada elocuentísima de las causas más desesperadas.

Paréceme que la mayor Gloria de Dios, la honra de vuestro Corazón purísimo y el bien de mi alma están ligados a la consecución de esta Gracia.

Si, pues, como me parece, esto que pido es muy conforme a la amabilísima y santísi­ma Voluntad de Dios, ruégoos, oh Corazón amable, omnipotente en vuestras súplicas, Omnipotentia suplex, que intercedáis en mi favor. No me lo neguéis, ¡oh Virgen benditísi­ma!, interceded por mí cerca de vuestro divi­no Hijo, que nada puede ni sabe rehusaros.

Os lo suplico de nuevo, en nombre del poder sin límites que el Padre Celestial os ha comunicado; y para honrar, en cuanto me es posible, este ilimitado poder vuestro, os sa­ludo, oh Corazón Santísimo de María, en unión con Santa Matilde, a quien habéis re­velado la eficacia de esta práctica saludable:

Dios te salve, María, etc.

II

¡Oh Corazón Inmaculado de María, pala­cio de oro y marfil del Rey de la Gloria: escu­chad benignamente estas humildes y fer­vientes preces! Oh Virgen sin mancilla desde el primer instante de vuestra Concepción purísima: Vos sois llamada Trono de la Eter­na Sabiduría, Sedes Sapientiae, porque la Sa­biduría increada, el Verbo Divino, ha residi­do en vos, y os ha comunicado toda la exten­sión de su ciencia divina, en la medida en que la criatura más perfecta podía recibirla. ¡Oh Madre del Verbo encarnado, vos cono­céis cuan grande es mi miseria, y cuánto ne­cesito de vuestra poderosa asistencia: no me la neguéis en las aflictivas circunstancias en que me encuentro!

Confiado en esa admirable Sabiduría de que estáis como investida, me consagro todo a vuestro Corazón dulcísimo, y me abando­no enteramente en vuestras manos, oh Ma­dre mía, a fin de que dispongáis de mí y cuanto me pertenece, con fuerza y dulzura, a mayor Gloria de Dios y bien de mi alma.

Dignaos, pues, oh Corazón bondadosísi­mo de María, venir en mi auxilio, proporcionándome los medios que sabéis son los más adecuados para obtener la Gracia especial que os pido en esta Novena.

Oh María, Madre de la Divina Sabiduría, dignaos, os lo suplico de nuevo, alcanzarme la Gracia preciosa que solicito de vos; os lo suplico precisamente en nombre de esa Sabi­duría incomparable con que el Verbo, vues­tro Hijo, os ha iluminado, y en honor de la que os saludo, en unión con San Antonio de Padua y San Leonardo de Puerto-Mauricio, los más celosos propagadores de esta piado­sa práctica:

Dios te salve, María, etc.

III

Oh Corazón compasivo y misericordioso de María, que tanto os complacéis de que os invoque con este dulcísimo título, dignaos hacerme participante de esos tesoros inago­tables de ternura y bondad que en vos se en­cierran. Oh Virgen Santa, vos misma nos ha­béis enseñado, en estos últimos tiempos, a llamaros Madre de Misericordia, Mater Misericordiae, y también, Madre todo misericordiosa: no extrañaréis, pues, de que me acerque a vuestro Corazón piadosísimo, reclamando su ternura y compasión para conmigo. Mientras más grande es mi miseria, mejor tí­tulo me asiste para ser recibido más benigna­mente de vos, que sois todo misericordiosa, y más confianza me anima de que alcanzaré, por vuestra mediación, la Gracia que implo­ro.

Bien sé que no tengo ningún mérito para ello, sino para ser rechazado, pues yo más que nadie he sido tantas veces causa de vuestros dolores, ofendiendo a vuestro divi­no Hijo con mis pecados, ¡oh Reina incomparable! Pero aunque todo esto es cierto, tam­bién es verdad, oh Madre mía, que estoy ya sinceramente arrepentido de mis faltas, y re­suelto a enmendarme de ellas en adelante, pues me duele haber herido tan cruelmente con mis pecados al Corazón dulcísimo de Jesús y al vuestro amabilísimo.

Por otra parte, ¿no sois vos, según lo ha­béis revelado a una de vuestras más fervoro­sas siervas, Santa Brígida, no sois vos la Ma­dre de los pecadores arrepentidos?… Perdonad­me, pues, mis pasadas ingratitudes, y atendiendo únicamente a vuestra bondadosa misericordia, así como a la mayor gloria que procuraréis a Dios, y a la honra de vuestro nombre, alcanzadme, ¡oh Corazón benignísi­mo!, de la Misericordia Divina la Gracia es­pecial que ahora imploro por vuestra inter­cesión poderosa. ¡Oh! Vos a quien jamás se ha invocado en vano, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María, dignaos socorrerme, os lo conjuro, por esa misericordiosa bondad de que el Espíritu Santo ha llenado a vuestro Corazón Santísimo para bien nuestro; en ho­nor de lo cual os saludo con San Alfonso de Ligorio, el apóstol de vuestra misericordia, y el Doctor de las Tres Ave Marías.

Dios te salve, María, etc.

A las anteriores preces de que se forma es­ta Novena, pueden añadirse las jaculatorias siguientes:

1.  ¡Corazón compasivo de María, socorre a los pecadores!

2. ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!

3. ¡Corazón Inmaculado de María, preser­vadnos del pecado mortal!

Puede practicarse esta Novena con el fin de alcanzar el remedio de cualquier necesi­dad del orden espiritual o temporal; pero so­bre todo se recomienda hacerla para impe­trar la conversión de los pecadores, señala­damente de los más obstinados y escandalo­sos, o, que estando a punto de muerte, se ha­llan en inminente riesgo de precipitarse en su condenación eterna.

Novena

en honor del Corazón purísimo de María

oración preparatoria

(para todos los días)

Oh Corazón dulcísimo de María, Corazón de la más benigna de las reinas, y más tierna y amorosa de las madres, Corazón que, des­pués del divino de Jesús, sois todo nuestro consuelo en esta tierra de miserias, y el más seguro refugio y amparo de los pecadores: dignaos escuchar nuestros clamores y despa­char favorablemente nuestras súplicas. Oh Virgen piadosísima: el Omnipotente os ha hecho grande y os ha dado un Corazón tan amante y compasivo, para que seáis ante el trono de la Misericordia la Abogada de la ra­za culpable y proscrita de Adán, y el asilo de todos los desgraciados y miserables. A vuestro maternal Corazón recurrimos, pues, aho­ra, para que interpongáis vuestro poderoso valimiento ante el acatamiento divino, y nos alcancéis la Gracia especial que os pedimos en esta Novena, junto con la de nuestra ver­dadera conversión y la de todos los pecado­res, el don de la perseverancia final y nues­tra salvación eterna. Amén.

Consideración para el día primero

EL CORAZÓN DE MARÍA ES TODO AMOR Y COMPASIÓN EN FAVOR DE LOS DESGRACIADOS

Hablando la Sagrada Escritura del rey Sa­lomón dice que le dio Dios un corazón tan benigno en favor de sus súbditos, y tan vas­to y anchuroso que era como el mar, en que caben todas las arenas sin que lleguen éstas jamás a cegarlo: Dedit Deus Salomoni latitudinem cordis, quasi arenam quae est in littore maris (III Reg., cap. IV, v. 29). Pues, ¿qué dire­mos de la Santísima Virgen que ha sido cons­tituida Reina, no de un pueblo solamente, si­no del universo entero y de toda la humani­dad? Su Corazón es tan compasivo y tierno que no hay nadie por pecador y miserable que sea, que si acude a María con verdadero deseo de salir de sus culpas y enmendar su vida, no halle en Ella el amparo y protección de que ha menester. El amor que las madres más sensibles y generosas han tenido a sus hijos, es como una gota comparado a ese mar de amor, dulzura y suavidad que se encierra en el Corazón de María en favor de todos y cada uno de los hombres, por más infelices y criminales que seamos. La caridad de todos los Santos y aun la de todos los Serafines, no puede compararse con ese horno inmenso de caridad divina que arde inextinguible en el Corazón de la Virgen, y que la hace tan tierna y compasiva para con todas las mise­rias humanas.

San Buenaventura dice que María ha sido consagrada Reina con la unción de la Miseri­cordia y el óleo de la Piedad: María plena unctione Misericordiae, et oleo Pietatis ( ln Spec. c. 7); por esto la Iglesia le saluda llamándole Reina y Madre de Misericordia: Salve Regina, Mater Miseri­cordiae. Pero, como sienten San Bernardo y Santo Tomás de Villanueva, los súbditos de la misericordia son los miserables; luego cuanto más desgraciados y pecadores nos veamos, mayores títulos tenemos a la conmi­seración y piedad del Corazón dulcísimo de María. Grande e ilimitada debe, pues, ser nuestra confianza en este Corazón bondado­sísimo, y a él debemos acudir en nuestras tri­bulaciones, seguros de que seremos acogi­dos con la ternura y compasión de la Madre más tierna y amante que jamás ha existido sobre la tierra.

EJEMPLO

No individuos aislados solamente, sino vastas comarcas y aun pueblos enteros han experimentado la ternura y compasión del Corazón dulcísimo de María, cuando han acudido a este Corazón amante en sus necesidades y tribulaciones. He aquí un ejemplo hermoso. La parroquia de Nuestra Señora de las Victorias, en París, era uno de los centros de corrupción e indiferentismo religioso más perdidos, en aquella gran capital. En el pri­mer tercio del siglo XIX hallábase de Cura de esa iglesia el celosísimo y piadoso abad Desgenettes, el cual gemía en lo más profundo de su alma al ver el templo desierto, los Sa­cramentos abandonados, y a la casi totalidad de sus feligreses en las sendas del vicio y la corrupción. Cierta vez que penetrado de estas tristes reflexiones celebraba el adorable sacrificio de la Misa, oyó una voz interior que le dijo: Consagra tu parroquia al Corazón de María. Terminado el augusto sacrificio, y mientras se hallaba en la acción de gracias, tornó a ser más clara y penetrante la misma voz que le repitió: Consagra tu parroquia al Corazón de María. Hízolo así el fervoroso Párro­co: en aquel templo abandonado y solitario estableció la Archicofradía del Corazón San­tísimo de María, y al punto Nuestra Señora de las Victorias principió a ser la parroquia más cristiana, piadosa y edificante, no sólo de París sino de Francia toda; aquella por­tentosa transformación se debió al Corazón Santísimo de María.

ORACIÓN

¡Oh Corazón dulcísimo de María, hogue­ra ardentísima del divino Amor, Corazón lle­no de ternura y compasión inefables para con todos los pecadores y desgraciados!: vednos postrados aquí humildemente al pie de vuestro altar. Vos, Virgen bondadosísima, que a cuantos recurren a vuestra poderosa mediación recibís benigna y hacéis participantes de los tesoros de Gracia y Misericor­dia de que el Eterno Padre os ha hecho depositaría, no apartéis de nosotros vuestras miradas piadosas, escuchad favorablemente nuestros ruegos y alcanzadnos las Gracias que os pe­dimos en esta Novena. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Hacer una limosna a un pobre, en honor del Corazón Santísimo de María.

ORACIÓN FINAL

(para cada día : A elección de la persona que haga la Novena, podrá ella terminar con la siguiente oración, o con cualquier otra de las reproducidas al final de este devocionario, según las intenciones por las cuales se practique este ejercicio piadoso).

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trini­dad, y digno de toda la veneración y ternura de los Ángeles y los hombres; Corazón el más semejante al de Jesús, del cual sois la más perfecta copia; Corazón lleno de bondad, y que tanto os compadecéis de nuestras miserias!: dignaos derretir el hielo de nues­tros corazones, y hacer que vuelvan a con­formarse enteramente con el Corazón del di­vino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes, inflamadlos con aquel di­choso fuego en que vos estáis ardiendo sin cesar. Encerrad en vuestro seno a la Santa Iglesia, custodiadla, sed siempre su dulce asilo y su inexpugnable torre contra todos los ataques de sus enemigos. Sed nuestro ca­mino para dirigirnos a Jesús, y el conducto por el cual recibamos todas las Gracias necesarias para nuestra salvación. Sed nuestro socorro en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecu­ciones, nuestro socorro en los peligros, pero especialmente en los últimos combates de nuestra vida, a la hora de la muerte, cuando todo el Infierno se desencadenará contra no­sotros para arrebatar nuestras almas; en aquel formidable momento, en aquel punto terrible del que depende nuestra Eternidad: ¡Ah! Virgen piadosísima, hacednos sentir en­tonces la dulzura de vuestro maternal Cora­zón y la fuerza de vuestro poder para con el de Jesús, abriéndonos en la misma Fuente de la Misericordia un refugio seguro, donde po­damos reunimos para bendecirle con vos en el Paraíso por todos los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día segundo

EL CORAZÓN DE MARÍA NOS AMA CON AMOR MATERNAL

Así como un hombre y una mujer, Adán y Eva, fueron la causa de la perdición de todo el linaje humano, de modo semejante, un hombre y una mujer también, dice San Ber­nardo, fueron la causa de nuestra restaura­ción: María, dándonos a Jesús, y Jesús, mu­riendo por nosotros para redimirnos y sal­varnos. Por esto, si Jesús es llamado, en la Escritura, Padre del futuro siglo, Pater futuri saeculi, y también el nuevo Adán, María es la nueva Eva y la Madre de todos los vivientes, en el orden de la Gracia. Además: Jesús, cuando agonizaba en el Calvario, nos dio a María por Madre, entonces mirándonos a to­dos en la persona de San Juan nos dijo: he ahí a vuestra Madre; y a esta Virgen bendití­sima, señalándonos a todos en la persona del discípulo, le dijo: Mujer, he ahí a vuestro hijo. Aun más, según San Bernardino de Sena, desde que María dio su consentimiento para ser Madre de Jesucristo, se dedicó a pedir con tales instancias a Dios, por la salvación de todos los hombres, que desde entonces nos llevó a todos en su Corazón, como una madre lleva al hijo a quien acaba de engen­drar: Ex tunc Virgo omnes homines in suis visceribus bajulabit tamquam verissima Mater filios , suos (Tract. de B. V. Serm. 6).

Si María es verdaderamente nuestra Ma­dre, en el orden de la Gracia, debemos creer­la adornada con todas las virtudes y cualida­des de tal; por lo mismo, debemos estar per­suadidos que después de Jesucristo, nadie como esta Virgen piadosísima nos ama, ni en el Cielo ni en la tierra, con amor más grande, constante ni puro. El Corazón dulcísimo de María es pues un horno ardentísimo de cari­dad, al cual debemos acudir seguros de que jamás seremos rechazados. ¿Qué nos podrá negar, si nos conviene y de veras le pedimos, pues nos ama con amor maternal el más ar­diente y abnegado que puede concebirse? Oigamos estas palabras del Evangelio: “Si entre vosotros, hombres terrestres y carnales, un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra? O si un pez, ¿acaso en su lugar le dará una serpiente? O si un huevo, ¿por ventura le dará un escorpión?” ( Lc 11,11-13). Pues si vo­sotros siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestra Madre que está en los Cielos os dará cuanto le pi­dáis, si de veras conviene para vuestra salva­ción!

EJEMPLO

El venerable abad Desgenettes, Cura de la parroquia de Nuestra Señora de las Victo­rias, en París, experimentó prácticamente los tesoros inefables de ternura maternal que se encierran en el Corazón amabilísimo de Ma­ría. Apenas fundó en la iglesia de aquel títu­lo la Archicofradía del Corazón Santísimo de María, transformóse la mencionada parro­quia, de dañada y corrompida que estaba, en un centro admirable de piedad. El tercer do­mingo de Adviento, 11 de diciembre de 1836, anunció el Cura que tendría lugar por la tar­de la primera reunión de la Archicofradía, y al punto mismo fue seguido a la sacristía por dos feligreses suyos, que pidieron les oyese en confesión, siendo así que esos hombres, engolfados en negocios y en la vida del gran mundo, apenas si antes habían puesto los pies en una iglesia. Venida la tarde, un con­curso extraordinario, tal como jamás se reu­nía antes en las más grandes fiestas, se con­gregó en la iglesia, y escuchó la divina Pala­bra y rezó el Santo Rosario y las demás oraciones, con fervor admirable; al cantarse las letanías de la Santísima Virgen, por un movimiento inexplicable, todo aquel gran concurso repi­tió por tres veces seguidas la invocación: ¡Refugium peccatorum, ora pro nobis! Siguiéronse a esto las más ruidosas conversiones, y el templo de Nuestra Señora de las Victorias llegó a ser una verdadera piscina probática, donde tantos hombres impíos y perversos han alcanzado la difícil Gracia de una since­ra conversión a Dios.

ORACIÓN

Oh Corazón amabilísimo de María, que a todos, hasta a los más miserables, nos amáis con amor verdaderamente maternal, hacedme, os ruego, gustar algunas gotas de ese océano de suavidad y dulzura que se encie­rra en vos. Pues sois mi Madre, y como tal me amparáis y protegéis, yo quiero también serviros, amaros y honraros toda la vida, co­mo verdadero hijo vuestro. Decid, Reina amadísima, qué exigís de mí, y al punto lo ejecutaré; pedidme lo que queráis y os lo da­ré, pues vuestros son ya mi corazón, mi al­ma, mi vida y mi ser, sin reserva alguna, aho­ra y siempre y por toda la Eternidad. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Tener una media hora de silencio en ho­menaje al Corazón Santísimo de María.

ORACIÓN FINAL

(para cada día pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día tercero

EL CORAZÓN DE MARÍA ESTA LLENO DE COMPASIÓN

La Iglesia dirige a la Virgen Inmaculada, en la antífona Salve Regina, esta invocación bellísima: Dios te salve, Reina, Madre de Mi­sericordia, vida, dulzura y esperanza nues­tra: ¡Dios te salve! Sí, porque María no es ma­dre como cualquier otra, sino Madre, sobre toda ponderación, dulcísima, amantísima y misericordiosísima; su Corazón es un abis­mo de bondad, de ternura y de compasión. Cuando concibió en sus entrañas purísimas al Verbo encarnado, impetró de Dios, dice Santo Tomás ( Impetravit ut ipsa sit Regina Misericordiae, ut Christus est Rex Justitiae. ¡n proef. epist. canon.), que le hiciese Reina de Msericordia, así como Cristo había sido constitui­do Rey de Justicia.

La compasión es esa virtud bellísima que hace propias las miserias y desgracias ajenas; por tanto, el Corazón de María está for­mado de tal suerte que no puede contemplar nuestros dolores y penas sin hacerlos pro­pios suyos, por la más delicada y tierna com­pasión. Por pobres, desgraciados, miserables y pecadores que seamos, no nos desalente­mos, pues tenemos una Madre dulcísima y misericordiosísima, en cuyo Corazón mater­nal podemos reclinarnos, seguros de encon­trar en él un refugio contra nuestros perse­guidores, un remedio para nuestros males y un alivio para todas nuestras dolencias.

¿Por qué, oh hombre miserable y desgra­ciado, temes acercarte a María?, dice San Bernardo. Nada hay en Ella de austero, nada de terrible, Ella es todo suavidad y dulzura (Quid ad Mariam accedere trepidat humana fragilitas? Nihil austerum in ea, nihil terribile, tota suavis est, ómnibus una offerens lac et lanam. Super Sign. Magn). Al contrario, mientras más miserables y desgraciados somos debemos creernos con me­jores títulos para ser más favorablemente acogidos del Corazón compasivo de María. Tú eres Reina de la Misericordia, le dice el Santo Doctor; pues bien, ¿quiénes son los va­sallos de la Misericordia sino los miserables? Tú eres Reina de la Misericordia, y yo soy el más miserable de los pecadores, luego yo soy el más grande de tus subditos: Tu regina misericordia, et ego miserrimus peccator, subditorum maximus (In Salv. Reg.).

EJEMPLO

No bien se hubo fundado el 11 de diciem­bre de 1836 la Archicofradía del Corazón Santísimo de María, en París, según queda ya referido, la Virgen bondadosísima abrió los tesoros de su compasión maternal en fa­vor de innumerables pecadores. La tarde de aquel fausto día, mientras el piadoso concur­so reunido en el templo de Nuestra Señora de las Victorias, cantaba con inusitado entu­siasmo: ¡Refugium peccatorum, ora pro nobis!, el piadoso Párroco de esa iglesia, abad Desgenettes, hacía a la Reina del Cielo esta ora­ción: “Oh bondadosa Madre, escuchad be­nigna a esos pecadores que os llaman refugio de ellos. Dignaos adoptar por vuestra es­ta piadosa asociación, y en prueba de que ella os es grata dignaos alcanzarme la conversión de Mr. Joly”. Este era un anciano que contaba entonces más de ochenta años, ha­bíase educado en todos los errores del filoso­fismo impío del sigo XVIII, y no profesaba religión alguna. Había sido uno de los últimos ministros del infortunado rey Luis XVI, y se acercaba a la muerte, endurecido en la impiedad. Hasta por diez veces había ido el celoso Párroco a casa de este hombre, y siem­pre había sido ásperamente despedido de ella. Confiado esta vez en la protección espe­cial del Corazón dulcísimo de María, el abad Desgenettes fue el lunes, 12 de diciembre, a hacer una postrera visita al obstinado ancia­no, y ¡cosa admirable!, fue atentamente reci­bido por éste, que sin preámbulos de ningu­na clase pidió a su Cura que le bendijese, y luego le dijo: “Oh señor Cura, qué bien el que me hacéis con vuestra visita; no puedo veros, porque estoy ciego, pero desde que estáis a mi lado gusto de una paz, una calma y una alegría interiores tales como jamás las he experimentado en mi vida”. En seguida hizo su confesión con el mismo Párroco y se reconcilió con Dios; vivió cuatro meses más, y todo este tiempo, desde su conversión, lo dedicó enteramente a la práctica de las virtudes cristianas, al arrepentimiento de sus cul­pas, al Amor de Dios y a la más completa su­misión a su Divina Voluntad. ¡Conquistas portentosas del Corazón dulcísimo de Ma­ría!

ORACIÓN

De nada nos serviría el gran poder que te­néis cerca de Dios, si no contáramos con vuestra inagotable Misericordia, ¡oh Cora­zón dulcísimo de María! Pero al mismo tiem­po que el Omnipotente os ha hecho muy grande en dignidad, pues sois verdadera Madre de Dios y Reina de la Creación ente­ra, sois también bondadosa y compasiva so­bre toda ponderación. Ea, pues, Madre ama­bilísima: derramad los tesoros de vuestra Misericordia sobre estos pobres pecadores, reconciliándonos con vuestro Hijo divino, y alcanzándonos la Gracia especial que os pe­dimos en esta Novena. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Visitar a un enfermo, o a algún otro atri­bulado, en honor del Corazón compasivo de María.

ORACIÓN FINAL

(para cada día pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día cuarto

EL CORAZÓN DE MARÍA,

CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS

Dice la Sagrada Escritura que actualmen­te vivimos en un valle de dolor y de lágrimas: In valle lacrimarum (Sal 83, 7); porque en castigo de la prevaricación de nuestros primeros pa­dres, fuimos desterrados del Paraíso y lanza­dos fuera de él, como sobre una tierra ex­tranjera, que no tiene para sus infelices mo­radores otros frutos que abrojos y espinas. He aquí que, sobre este mundo, todo es va­nidad y aflicción de espíritu, dice el libro sa­grado del Eclesiastés: Ecce universa vanitas, et aflictio spiritus (Ecl 1, 14). Salomón es quien exclama así; de modo que, aunque fuese po­sible que todos los hombres disfrutaran de la gloria, del poderío y de las riquezas de aquel gran rey, no por eso dejarían de ser infelices y desgraciados; porque todo cuanto hay en esta tierra es vanidad y aflicción de espíritu. Pero, y, ¿qué habremos de decir si tenemos en cuenta que la mayor parte de los hijos de Adán han recibido por herencia, en este mundo, no las riquezas, honras y delicias, si­no la pobreza, la humillación y el dolor?

Agrégase a esto que el mundo es casi siempre impotente para remediar nuestros males y dolencias, y consolarnos en la aflic­ción. Consoladores bien pesados sois todos vosotros: Consolatores onerosi, omnes vos estis , (Job 16,2) decía Job a sus amigos que le calumniaban pretendiendo consolarle. Y cuanto más ínti­mas y profundas son nuestras penas, espe­cialmente si provienen de una conciencia ul­cerada por la culpa, más ineficaces y banales son las consolaciones humanas.

En cambio la Providencia Divina ha re­mediado admirablemente esta necesidad de las almas, dándonos en María a la verdadera y bondadosísima Consoladora de los afligi­dos: Consolatrix aflictorum, como le llama la Iglesia. Para ello el Corazón de esta incom­parable Virgen está adornado con todas las dotes y cualidades que le hacen aptísimo pa­ra ser el asilo de todos los desgraciados y el refugio de todos los miserables; ese Corazón dulcísimo nos ama con amor más grande que el de todas las madres, nos compadece, cual si fuesen propias suyas todas nuestras dolencias, y dispone a su agrado de todos los tesoros de la Gracia y del Poder divino. No ignora una sola de nuestras penas, nos ama como Madre amantísima que es, y todo lo puede cerca de Dios: ¿Qué más necesitamos ni podemos apetecer, para arrojarnos con ab­soluta confianza en ese mar de amor y de dulzura que se llama Corazón de María? Dios, dice San Buenaventura, ha ungido a María por Reina, con el óleo de la Misericor­dia y la Piedad, para que Ella derrame en nuestras almas la unción del consuelo y la alegría. (María plena unctione Misericordiae, et oleo Pietatis, propterea unxit te Deus oleo letitiae. In Spec. c. 7).

EJEMPLO

La historia de la Archicofradía del Cora­zón Santísimo de María nos demuestra elocuentemente cuanto acabamos de decir, esto es, que no hay dolor, sufrimiento ni pena que no puedan ser remediados si se acude con humildad y constancia a ese Corazón dulcísimo; he aquí un ejemplo. Hacia 1836 habita­ba en París un caballero cristiano y de bue­nas costumbres, pero que se hallaba grande­mente afligido a consecuencia de la vida en­teramente mundana y descreída que llevaba su consorte, la que ajena a toda idea y prác­tica religiosa no se ocupaba sino de bailes, espectáculos y placeres. Si se le hablaba de Dios, del alma, de la Eternidad, contestaba secamente: yo no creo en nada de eso. No hallando remedio a una situación tan deplo­rable, acudió el marido a la Archicofradía del Corazón compasivo de María, pero tam­poco obtuvo nada, hasta que se le ocurrió hacer apuntar el nombre de su mujer, en la lista de los asociados de esa confraternidad y rezar todos los días un Ave María, por la con­versión de aquella desgraciada pecadora. Así se hizo: fue apuntado el nombre de la impenitente mujer en el libro de la asocia­ción y se pidió por ella. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, ¡portentos de la divina Gracia!, la infeliz pecadora salió de su aposentó deshecha en lágrimas, fuese donde su marido, se arrojó a sus pies, le pidió perdón de sus escándalos, y le declaró que durante la noche precedente Dios le había hecho co­nocer el horrible estado de su alma, del cual quería salir cuanto antes por una sincera y contrita confesión de todas sus culpas. Hízolo así efectivamente; el marido quedó conso­lado, y la pecadora arrepentida cambió de conducta, de tal suerte, que llegó a ser obje­to de edificación para cuantos la conocían y trataban.

ORACIÓN

¡Oh Corazón dulcísimo y compasivo de María! Vos conocéis muy bien cuántas secre­tas penas devoran mi alma, y para las cuales no encuentro consuelo en este mundo; oh Corazón piadosísimo, venid en mi auxilio, y pues gustáis de que se os llame Consuelo de los afligidos, remediad mis penas, o alcanzadme la difícil virtud de la paciencia. No sea yo, oh Madre amabilísima, la única per­sona que habiendo acudido a vos, y solicita­do vuestra poderosa mediación, para lograr la Gracia que os pido en esta Novena, sea de­satendido. En vos espero, oh Corazón mise­ricordiosísimo, no seré confundido eternamente.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Privarse de algo que más agrade, en la co­mida, para impetrar por este acto de mortifi­cación, la conversión de algún pecador obs­tinado.

ORACIÓN FINAL

(para cada día pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día quinto

EL CORAZÓN DE MARÍA,

SALUD DE LOS ENFERMOS

Entre las penas más acerbas de la vida de­ben ser contadas las enfermedades, especial­mente cuando son agudas, muy dolorosas, o han sido ya declaradas incurables. La muer­te por sí sola no sería tan temible, si no fuera por la Eternidad que la sigue y las angustias imponderables que le acompañan. Una en­fermedad aguda es como una muerte conti­nuada, dice San Gregorio Magno: quaedam prolixitas mortis. Los esfuerzos de la medici­na, el amor y solicitud de los parientes pue­den aliviar hasta cierto punto las dolencias del enfermo, es verdad, pero también es cier­to que cuando el accidente llega a su último grado, y al aproximarse la muerte, ni las in­venciones de la ciencia, ni los recursos de la riqueza, ni los sacrificios de la más abnegada caridad pueden ya nada en favor de ese cuerpo que se deshace en polvo, y de esa al­ma que bebe hasta las heces el cáliz del do­lor. Amigos, deudos y padres ven y contem­plan angustiados al hijo, al esposo, al deudo y al amigo, consumirse como una víctima entre los atroces tormentos de la última ho­ra, pero no pueden ya proporcionarle auxilio alguno, ni disminuir una sola de sus dolen­cias.

Pero no: entonces precisamente, cuando ya nada puede el hombre, es muchas veces cuando interviene Dios, por medio de su Madre Santísima, para curar al enfermo, o, por lo menos, para aligerarle sus dolores y hacer menos amargo el cáliz de la muerte. Cuando todos callan, entonces habla por no­sotros el Corazón dulcísimo de María. La Iglesia da a esta Virgen piadosísima el título hermoso de Salud de los Enfermos; y efectiva­mente, ¿quién podría contar el número sin número de enfermos sanados milagrosa­mente por la intervención poderosa de la Reina de los Cielos? La historia de todos los santuarios de María es un cuadro hermosísi­mo de estas curaciones portentosas.

El Corazón tierno, delicado y piadosísimo de la Virgen que, en las bodas de Cana, exi­gió y obtuvo un milagro, de su Hijo divino, para ahorrar un sonrojo a aquellos pobres es­posos, por falta de vino, ¿cuánto más íntima y fuertemente habrá de conmoverse al oír el clamor de sus siervos e hijos, al verlos lu­chando entre las angustias indecibles de la muerte? A esa alma mísera, a la que no pue­de ya llegar auxilio alguno de la tierra, se acerca el Corazón amantísimo de la Virgen, y al punto el mar de angustias se convierte en océano de delicias, la noche tempestuosa en clarísimo día, y el que estaba hundido en las fauces de la muerte resucita a nueva vida. Sí, dice San Buenaventura: el principal cuidado de María es socorrer a los miserables; su ves­tido, su trono, su habitación, la misericordia, la compasión tierna y afectuosa es el senti­miento más dulce de su Corazón: Undique so­licita es de miseris, misericordia vallaris, solum misereri videris appetere (Sup. Salv. Reg.).

EJEMPLO

Incontables son los casos de curaciones portentosas debidas a la intercesión podero­sa del Corazón compasivo de María; recor­daremos aquí solamente los dos primeros de que hacen mención los Anales de la Archicofradía. Tres meses, después de fundada está, el 16 de marzo de 1837, presentáronse algu­nas personas al abad Desgenettes, suplicán­dole hiciese pedir en la Archicofradía del Co­razón compasivo de María, por la salud de un enfermo; negóse a ello el Cura, diciendo que aquella asociación se había establecido para impetrar la conversión de los pecado­res; pero a las repetidas instancias de esas buenas gentes accedió al fin, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Con lo cual el Corazón dulcísimo de María demostró claramente que quería se le invocase como Salud de los Enfermos. Algunos días después, es el mismo venerable Desgenettes que lo re­fiere. “Se me pidió hiciese recomendar en las oraciones de la Archicofradía, a una señorita muy joven, perteneciente a una de las más respetables familias de la baja Normandía; quienes así me lo pidieron fueron la madre y las institutrices de la niña, que tenía de 14 a 15 años. La cual desde hacia tiempo padecía un acortamiento de los músculos de una pierna y el encorvamiento de una costilla, que le hacía sufrir cruelmente, y le tenía me­ses y meses clavada en un lecho; su pierna demasiado encogida no le permitía ponerse de pie. Se nos pidió en favor de ella una No­vena de oraciones al Corazón Santísimo de María. En los primeros días de la Novena la enferma sufrió más; pero al noveno, por la mañana, se encontró curada súbita y radical­mente”.

ORACIÓN

Oh Virgen Sacratísima, permitid que tam­bién nosotros os invoquemos con el título consolador de Salud de los Enfermos, ya que, como pecadores, tenemos el alma aquejada de las dolencias de la culpa; vos, Madre amabílisima, podéis curarnos, si queréis, reconciliándonos con vuestro divino Hijo, y restituyéndonos a la Gracia que hemos perdido por nuestros delitos: hacedlo así, os lo rogamos, oh Madre benditísima. También imploramos vuestro poderoso valimiento en favor de tantos desgraciados enfermos que, en este mismo momento, se hallan postrados en un lecho de dolor, entre los tormentos y angus­tias de la muerte. Oh Corazón dulcísimo de María: alcanzad una pronta salud a esos in­felices, o si ésta no les conviene, alcanzadles la Gracia de una perfecta resignación, con la que puedan pagar sus culpas y acumular méritos para la Gloria. Oh amable Corazón de María, sed la salud y la esperanza mía. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Privarse de una visita, de un paseo, u otro divertimiento semejante, para impetrar la salud de algún enfermo, o su resignación perfecta a la Voluntad de Dios.

ORACIÓN FINAL (para cada día pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día sexto

EL CORAZÓN DE MARÍA,

REFUGIO DE LOS PECADORES

Si bien se considera no hay sino un mal propiamente dicho, que es el pecado, ni hay quién sea verdaderamente desgraciado, sino el pecador. Una sola culpa mortal priva al al­ma que la comete, de los bienes más grandes que puedan darse, los cuales son, la Gracia y amistad de Dios y el derecho a la Eterna Glo­ria. Un solo pecado venial es mal más terri­ble que cuantos dolores y tribulaciones de esta vida podemos imaginarnos, ¿qué será un pecado mortal? El Infierno mismo es na­da en su comparación, o mejor dicho, es un bien, puesto que es la restauración del orden divino violado por la culpa. Podemos pecar: sí; todos los hombres tenemos esta facultad tristísima; pero una vez cometido el pecado, no podemos salir de él, si no viene la Gracia de Dios en auxilio nuestro. Y esta Gracia, que es la Gracia santificante, la primera y la más excelente de las Gracias, no la puede merecer jamás el pecador, al menos de condigno, por­que es un don esencialmente gratuito. ¿Quién se compadecerá del pecador, quién se dignará interceder por él ante el acata­miento divino?

Jesucristo es nuestro mediador de Justi­cia; pero, ¡ay!, es también al mismo Señor a quien ofendemos, y por tanto necesitamos de otro que interceda por nosotros ante el Redentor ofendido, y María es quien desem­peña este oficio sublime de Abogada y Me­dianera en favor nuestro. Refugio de los peca­dores, le llama la Iglesia: ¡Refugium peccato­rum, ora pro nobis! San Agustín dice: Tú eres, oh María, la única esperanza de los pecado­res; porque, por ti esperamos alcanzar el per­dón de todos nuestros delitos: Tu es spes úni­ca peccatorum; quia per te speramus veniam omnium delictorum (Serm. 18 de Sanctus). San Bernardo dice que Ma­ría es la única escalera por la que los pecado­res pueden salir de sus culpas y subir al Cie­lo: Haec peccatorum scala.

Si el Corazón dulcísimo de la Virgen está lleno de tanta compasión para con los des­graciados, ¿cuánta no la tendrá de los peca­dores? María sabe bien que infelicidad tan grande sea hallarse en enemistad con Dios y en estado de pecado mortal, ¿que empeño no pondrá en sacar a las almas que le son de­votas, de situación tan triste y desgraciada? El Corazón compasivo de María es verdade­ramente el refugio de los pecadores.

EJEMPLO

Toda la bellísima historia de la Archicofradía del Corazón Santísimo de María no es otra cosa que el relato no interrumpido de conversiones admirables de pecadores, obte­nidas por la mediación poderosa de ese Co­razón dulcísimo. Sin embargo, ya que es ne­cesario señalar un ejemplo, tomaremos, al acaso, el siguiente. A los principios de la Archicofradía, cierto médico de provincia, de edad como de cincuenta y cinco años, había ido a París, por varios asuntos. El pobre hombre, aunque católico, hacia treinta años que vivía olvidado completamente de la religión y sus prácticas, y sumido en los vicios más vergonzosos. Cierta tarde que atravesa­ba por delante de la iglesia de Nuestra Seño­ra de las Victorias, al verla abierta, entró en ella por simple curiosidad, movido del de­seo de conocerla. En ese momento se cele­braba una de las distribuciones piadosas en honor del Corazón de María; un orador sagrado refería al auditorio la historia de la Conversión de San Agustín. Al oírla el pobre médico se sintió inmediatamente tocado por la Gracia de Dios. “He ahí un hombre, se di­jo entre sí, tan pecador como yo, que jamás halló la felicidad en los placeres del mundo, como tampoco la he encontrado yo; y que convertido ha venido a ser tan grande delan­te de Dios y de los hombres”. Movido por es­te pensamiento, se resolvió al fin a dejar la cadena de sus vicios, hizo una fervorosa con­fesión y emprendió, en adelante, una vida fervorosamente cristiana y piadosa.

ORACIÓN

Oh Corazón dulcísimo de María, fuente de suavidad, amor y compasión en favor de todos los desgraciados, especialmente de los pecadores, dignaos escuchar benignamente las humildes súplicas que os dirigimos en es­ta Novena, por nosotros mismos y por tantas otras almas sumidas, como las nuestras, en el lodazal de la culpa. ¡Corazón suavísimo!, ¿no lo seréis con nosotros? ¡Corazón lleno de ter­nura y compasión!, ¿no las tendréis en nues­tro favor? ¡Oh María!, refugio de los pecado­res, amparo de los desgraciados y consuelo de todas las almas afligidas: reconciliadnos con vuestro Hijo divino, y alcanzadnos una Gracia tan poderosa y eficaz de verdadera contrición, que empleemos el resto de la vida en llorar nuestras culpas, hacer penitencia de ellas, y amar a Dios con todas las fuerzas del alma y los afectos del corazón. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Oír una Misa por la conversión de los pecadores.

ORACIÓN FINAL

(para cada día, pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días, pág. 7)

Consideración para el día séptimo

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA, DESPERTADOR DE LAS ALMAS TIBIAS

Después del hábito del pecado mortal no hay estado más deplorable para un alma que el de la tibieza. Terrible es la sentencia que el Espíritu Santo fulmina contra tales almas: “Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca… No cono­ces que eres un desdichado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo”: Nescis quia tu es miser, et miserabilis, et pauper, et caecus, et nudus . ( Ap 3,15-17). Lo más triste de tan abyecta situación es la suma dificultad que para salir de ella experimenta el alma tibia. No son raras, sino muy frecuentes, en la Iglesia, las conversio­nes de grandes pecadores; mientras que es caso singular y muy pocas veces oído que un tibio se transforme en fervoroso.

Pues este es cabalmente uno de los prodi­gios de la divina Gracia que suele impetrar para sus devotos el Corazón purísimo de María. San Juan-María Bautista Vianney, Cura de Ars, a las almas que se le acercaban pidién­dole remedios para salir de la tibieza y as­cender por las arduas cumbres de la perfec­ción, les aconsejaba hacer una Novena al Co­razón Santísimo de María. Y con mucha jus­ticia, porque ese Corazón purísimo ha sido entre las puras criaturas la hoguera más ar­diente en divino amor que hayan contempla­do los Cielos. Sí: a este Corazón amantísimo se aplican esas palabras de los sagrados cán­ticos: la caridad que arde en tu seno es como un volcán en llamas: lampades ejus, lampades ignis atque flammarum (VIII, 6). San Ildefonso, Arzobispo de Toledo, dice, que así como el hierro sumergido en la fragua se transforma todo en fuego; así el Espíritu Santo transfor­mó a María, toda en el fuego del Amor divi­no; de tal suerte que no se veía en Ella sino la llama del Divino Espíritu, ni otra cosa se sen­tía sino el fuego del amor a Dios (Ita ut in ea Spiritus Sancti flamma tantum videatur, nec sentiatur nisi tantum ignis amoris Dei. Orat. Io de Assumpt. B. V.).

Por consiguiente, al Corazón ferventísi­mo de María hemos de acudir para inflamar­nos en amor a Dios, y curarnos de la tibieza que nos pone en peligro de caer en culpa grave y condenarnos. Pidamos a esta incom­parable Virgen derrame en nosotros una centellita de ese fuego divino en que arde Ella y se consume.

EJEMPLO

En marzo de 1842, un joven príncipe ruso, Sergio de Chetzoulepnikof: se presentó al abad Desgenettes, y le refirió cómo vencien­do dificultades mil y luchando con todo el poder del imperio moscovita, dejó el cisma griego y se convirtió al catolicismo, solo por haber leído los Anales de la Archicofradía del Corazón Santísimo de María, que una dama polaca hizo llegar a sus manos, por una casualidad. Hallándose ya el príncipe en la capital de Francia, como continuasen con­tra él las persecuciones del gobierno ruso, y se viese en la imposibilidad de regresar a su país, cayó en tal languidez, melancolía y de­saliento, que se enfermó gravemente, y vacilaba ya acerca de si perseveraría o no en la fe católica que había abrazado tan heroicamen­te. Entonces se ofrecieron muchas oraciones por el desgraciado joven al Corazón purísi­mo de María, en la Archicofradía de París. ¡Cosa admirable! Al punto mismo el genero­so príncipe dejó sus vacilaciones, y no sola­mente se afirmó en sus sentimientos católi­cos, sino que renunció al mundo y sus vani­dades, abrazó la carrera eclesiástica, hízose misionero apostólico, y consagró toda su vi­da a propagar la verdadera fe de Cristo en los Estados Unidos.

ORACIÓN

Aquí tenéis a vuestras plantas, oh Madre Santísima, a un alma infiel a los beneficios de Dios, que por falta de correspondencia ha dejado estériles las más preciosas Gracias, y ha caído desgraciadamente en la tibieza. ¿Quién sino vos, oh Virgen piadosísima, po­drá levantarme de estado tan deplorable y triste? A vuestro Corazón amantísimo, a ese horno inextinguible y profundo del divino Amor, acudo hoy ¡oh María!, para que os dignéis derretir el hielo de mi espíritu, y me alcancéis Gracias tan eficaces de verdadera conversión, que renunciando a la vida pere­zosa, floja y lánguida que he llevado hasta ahora, ascienda con valor y perseverancia por las arduas cumbres de la perfección cris­tiana, hasta alcanzar el premio eterno de la Gloria. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Hacer un cuarto de hora de visita al San­tísimo Sacramento, pidiendo por la conver­sión de las almas tibias.

ORACIÓN FINAL

(para cada día pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día octavo

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA,

ESPERANZA DE LOS DESESPERADOS

Dice el Espíritu Santo en el libro sagrado de los Proverbios, que cuando el impío cae en el abismo de los pecados, no hace caso de nada, ni de la muerte, ni del Juicio, ni del In­fierno, ni del Cielo: Impius, cum in profundum venerit peccatorum, contemnit (Pr 18,3). Es decir que un pecador semejante es un desespe­rado. ¿Puede darse un estado más terrible para un alma? La desesperación es lo que pone el sello a la impenitencia final, y hace casi imposible la conversión.

Pero bien, precisamente en favor de estos impíos, impenitentes y desesperados ha he­cho ostentación de inefable ternura, el Cora­zón compasivo de María; como si su princi­pal honor y su gloria más alta estuvisen en conquistar estas almas ya casi réprobas, y en arrancar de las fauces del Infierno a los que el diablo tenía por su segura presa. Y cierta­mente que en nada, como en semejantes con­versiones, resplandecen más vivamente la Omnipotencia y Misericordia Divinas, como ningún milagro de Cristo comprobó más irrecusablemente su Divinidad, como el de la resurrección de Lázaro, que hallándose ya en descomposición y encerrado por cuatro días en el sepulcro, fue sin embargo llamado nuevamente a la vida. Los estupendos mila­gros de semejantes conversiones parecen re­servados especialmente a la intercesión po­derosa del Corazón dulcísimo de María.

Grandes Padres y Doctores de la Iglesia habían advertido esta prerrogativa singular de la Santísima Virgen. San Efrén la llama: Esperanza de los desesperados; San Bernardo dice, que no hay pecador, por perdido que esté, que no alcance su salvación, si la Virgen Santísima intercede por él. (Nemo tan peccator pereat cui Sancta Sanctorum patrocinii suffragium praestat. In Salv. Reg.). Nada es imposi­ble a María, dice San Pedro Damiano, pues a Ella es posible volver a la esperanza hasta a los mismos desesperados. (Nihil tibi Maria impossibile, qui possibile est desperatos in spem beatitudinis relevare. In Serm. Io in Nat B. M. V.) Pues nunca, tal vez, como en nuestros días, se ha palpado más claramente esta verdad, pues son innumerables los pecadores obstinados que han alanzado la Gracia prodigiosa de su conversión, por una intervención manifiesta del Corazón compasivo de María.

EJEMPLO

En septiembre de 1839, se moría en París una joven a quien se había educado en la libertad de costumbres, y lejos de toda influencia religiosa. La enfermedad de que dolería era la tuberculosis pulmonar, en su último grado, por lo cual se temía que de un momento a otro muriese la pobre tísica en desgracia de Dios, y consumase su perdición eterna. Varias personas piadosas habían agotado sus esfuerzos para obtener de la enfer­ma que arreglase su conciencia y recibiera los auxilios de la religión; pero la moribunda no quería ni que se le hablase de Sacerdote, y hallábase en tal estado de agitación, terror y desesperación, que infundía espanto en cuantos la veían.

Un celoso Sacerdote de la parroquia, donde esto acontecía, fue algunas veces a ofrecer los socorros espirituales a aquella desgracia­da, pero ésta los rechazó siempre con terca obstinación. ¿Qué hacer, entonces?… Una buena y caritativa señora de la vecindad, sin hallar ya otro recurso para mover a aquella alma impenitente, se encaminó al templo de Nuestra Señora de las Victorias, y suplicó al Párroco, el abad Desgenettes, que hiciese orar por la conversión de la joven obstinada, en la Archicofradía del Corazón compasivo de María, y que, en el altar hiciese celebrar, por esta misma intención, el adorable sacrifi­cio de la Misa, el día 3 de septiembre. Todo esto se hizo con absoluto secreto. ¡Cosa ad­mirable!: “En el momento en que principió la Misa, la enferma que no podía ni sospechar lo que se había hecho por ella, y cuyas per­versas disposiciones no habían sido tampoco disminuidas por ninguna influencia exterior, esa enferma impenitente y desesperada pi­dió espontáneamente un Sacerdote, se confe­só muy contrita de todas sus faltas y recibió el Santo Viático llena de piedad y gozo”. Po­co después murió con señales manifiestas de eterna predestinación. ¡Milagros estupendos del Corazón compasivo de María!

ORACIÓN

¡Oh Corazón dulcísimo de María, escalera única que tienen los pecadores para salir de sus vicios y subir al Cielo; vos, Corazón amabilísimo, por quien hasta los desespera­dos tornan a la esperanza y al camino de su salvación; dignaos oír benignamente nues­tras súplicas, e interceder ante el trono de la Misericordia infinita, en favor de los pecado­res por quien os hacemos esta Novena. Alcanzadnos a ellos y a nosotros la Gracia de una sincera y perfecta conversión, y la de amar y servir a Dios hasta la muerte. Así sea.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Hacer una fervorosa Confesión sacra­mental pidiendo al Corazón compasivo de María, que, en cambio de este obsequio, al­cance la conversión de algún pecador deses­perado que está a punto de condenarse.

ORACIÓN FINAL

(para cada día pág. 10)

ORACIÓN PREPARATORIA

(para todos los días pág. 7)

Consideración para el día noveno

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA, AUXILIO DE LOS MORIBUNDOS

Si en todas las circunstancias de la vida necesitamos del auxilio y protección de la Santísima Virgen, éstos nos son indispensa­bles especialmente a la hora de la muerte, pues ése es el punto del cual depende toda nuestra Eternidad: momentum a quo pendet aeternitas. La Iglesia, nos enseña a invocar a María, llamándole Puerta del Cielo: Janua coeli, ora pro nobis; y en la salutación angélica nos hace pedir su mediación poderosa muy señaladamente para la hora de la muerte, di­ciendo a la soberana Reina que nos ampare de modo eficaz en aquel instante tremendo: ora pro nobis peccatoribus nunc et in hora mortis. Y con mucha razón hacemos esta súplica a la piadosísima Madre, porque si en toda ocasión son muchos y grandes los peligros de perdernos, suben éstos de punto a la hora de la muerte. Entonces el diablo, dice el libro sagrado del Apocalipsis, redobla su furor y multiplica sus ataques, sabiendo que le que­da ya poco tiempo para hacerse dueño de esa alma y precipitarla en el Infierno: Descendit diabolus ad vos, habens iram magnam, sciens quod modicum tempus habet (Ap 12,12).

Hablando, de este momento supremo de la muerte, y de los peligros que en él se es­conden, dice el apóstol San Pedro: si el justo apenas se salvará, ¿a dónde irán a dar el pe­cador y el impío? ¿Impius et peccator, ubi parebunt? (1 P 4,18). Si aun grandes Santos y al­mas inocentísimas han temblado de terror en aquel momento formidable, ¿cómo se verán en él los tibios y los pecadores?

Entonces más que nunca el Corazón pia­dosísimo de María hace ostentación de su benignidad y dulzura incomparables, prote­giendo y amparando a las almas que le son devotas, y a aquellas en cuyo favor se imploran el poder y compasión de la dulcísima Reina. Dice San Jerónimo que la Virgen San­tísima favorece de modo muy especial a sus devotos a la hora de la muerte, y no sola­mente les socorre, alcanzándoles auxilios extraordinarios de la Gracia, sino que les acompaña y preserva, con su augusta pre­sencia, de tantos peligros como cercan a las almas en ese momento decisivo: Morientibus B. Virgo non tantum succurrit, sed etiam occurrit (Epist 2″ ad Eustoch.).

¡Oh qué grande será, en la muerte, el con­suelo que experimentarán los verdaderos devotos del Corazón Santísimo de María, sa­biendo que él será el fuerte e invencible es­cudo que les defenderá de todos los tiros del enemigo infernal, la escalera segurísima por la que pasarán del tiempo a la Eternidad, y la puerta por la que entrarán en el Paraíso! Con ilimitada confianza hemos de implorar, por lo tanto, la protección eficaz y poderosa de este Corazón amabilísimo, no solamente pa­ra nosotros, sino también en favor de esos pecadores impenitentes y obstinados que se acercan a la muerte sin ninguna preparación, y con peligro inminente de su reprobación eterna.

EJEMPLO

Un misionero apostólico de la China, el abad Pourquié, refiere el siguiente suceso, acontecido en el año de 1855, en el lugar en que ejercía su celo y ministerio sacerdotales. Se le presentó un médico pagano solicitando se le admitiera entre esa cristiandad nacien­te, y a pesar de la respuesta favorable que obtuvo, luego se olvidó de todas sus buenas resoluciones, volvió atrás y se endureció más que antes en sus supersticiones y errores gentílicos. A poco le sobrevino la última efermedad, y ni por ello quiso entrar en el buen camino; al contrario, rechazaba terco y furioso a cuantos iban a recordarle su próxi­ma muerte, y hablarle de conversión. El mi­sionero, como último recurso, hizo pedir por aquel pagano obstinado, en la asociación del Corazón Santísimo de María, establecida en la iglesia de la misión. ¡Cosa admirable!: “Al punto mismo hace llamar el moribundo al catequista, y pídele con lágrimas en los ojos, vaya donde el misionero y obtenga la Gracia del Bautismo. Acudió solícito el piadoso Sa­cerdote, y después de haber instruido y pre­parado, convenientemente al contrito y ya ejemplar neófito, le administró el Sacramento de la regeneración y le abrió las puertas del Cielo”. Tales son las portentosas conquis­tas que en esa hora suprema hace, no pocas veces, el Corazón dulcísimo y compasivo de María.

ORACIÓN

¡Oh Reina amabilísima!, con sobrada ra­zón os llama la Iglesia: Refugio de los pecado­res, pues vuestro Corazón misericordioso y compasivo es el seguro asilo de todos aque­llos a quienes la culpa ha apartado de su Dios, pero que cual el pródigo anhelan vol­ver a la Casa paterna, y reconciliarse con su Redentor divino. Pero, ¡ay!, cuántos otros pecadores obstinados viven de asiento en la perdición, y ni aun a la hora de la muerte se dan cuenta de su terrible estado; en favor de estos desgraciados os pedimos especialmen­te, ¡oh Virgen benditísima!, que interpongáis vuestro poderoso valimiento, ante el trono de la Divina Misericordia. Sea gloria de vuestro Corazón maternal y compasivo sal­var a quienes el Infierno tenía ya por su segura presa; y todos los pecadores convertídos y salvados por vuestra eficaz intercesión seamos en el Paraíso los trofeos de vuestra victoria, y ensalcemos la caridad y dulzura de vuestro admirable Corazón por los siglos de los siglos. Amén.

OBSEQUIO PARA ESTE DÍA

Terminar la Novena con una fervorosa Comunión sacramental, y pedir por ella, al Corazón compasivo de María, socorra a los moribundos que están para pasar hoy a la Eternidad, alcanzándoles la Gracia de una verdadera conversión a Dios.

ORACIÓN FINAL

(para cada día pág. 10)

Moradas

en los Corazones Santísimos de Jesús y de María

(para todos los días de la semana)

¡Bienaventurada el alma que establece su mansión en el Corazón adorable de Jesús y mediante el Corazón Inmacula­do de María!…

DOMINGO

Entrad por la puerta del Corazón Inma­culado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, santuario de las complacencias del Eterno Padre, en el que San Pablo nos mues­tra a Dios Padre reconciliándose con el mun­do; ¡santuario en el cual vemos también al Verbo Divino confundir al Infierno por el misterio incomprensible de sus abatimientos infinitos!…

Tributad vuestros homenajes a la adora­ble Trinidad, rezando devotamente el Gloria al Padre; y aniquilándoos profundamente en vuestro espíritu ante la Majestad infinita, pe­didle la virtud de la humildad.

Orad por los infieles, los herejes y cismá­ticos y por todos los profanadores del santo día del Señor. Implorad la conversión de to­dos los pecadores rezando tres Ave Marías al Corazón Santísimo de María, con la siguien­te jaculatoria: ¡Corazón compasivo de María, socorre a los pecadores!

LUNES

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en un navío que conduce directamente a Dios. Su Amor es el piloto, su Sabiduría el ti­món, su Providencia la vela y su Gracia el dulce céfiro que, a través de la mar tempes­tuosa de este mundo, os conducirá dichosa­mente al puerto.

Pedid la virtud de la sencillez y repetid frecuentemente entre el día: ¡Oh Jesús, ponedme como un sello sobre vuestro Corazón!

Orad por las almas del Purgatorio, especialmente por las más devotas de los Corazo­nes Santísimos de Jesús y de María. Termi­nad rezando las tres Ave Marías y la jacula­toria: ¡Corazón compasivo de María, socorre a los pecadores!

MARTES

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en una hoguera u horno encendido, para in­flamar a vuestra alma en el fuego de la ver­dadera caridad a Dios y al prójimo, para fun­dir vuestro espíritu y vaciarlo en el molde del Corazón divino de Jesús, a fin de que po­dáis repetir con el gran apóstol: La Caridad de Jesucristo me estrecha y saca fuera de mí.

Pedid la virtud de la caridad y repetid a menudo la oración: ¡Dios mío!: ¿cuándo me darás tu Amor?

Orad por la perseverancia de los justos y la verdadera santificación de cuantos se de­dican a propagar el culto de los Corazones Santísimos de Jesús y de María.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

MIÉRCOLES

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en el palacio del Altísimo. ¡Qué magnificen­cia en la fábrica de este palacio: qué tesoros de Gracias para el tiempo y de Gloria para la Eternidad, se hallan encerrados en la imita­ción de las virtudes de este Corazón divino!

Pedid el espíritu de pobreza y repetid frecuentemente entre el día: ¡Oh Jesús!, ¿quién me desprenderá de las cosas de este mundo, para seguiros únicamente a Vos?

Orad por la conversión de los pecadores, especialmente los más obstinados y empe­dernidos en el vicio.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

JUEVES

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en la sala de un festín. ¡Oh, qué mar de deli­cias aguarda aquí a las almas que renuncian a los placeres, honras y bienes de este mundo, para consagrarse únicamente a Dios!… El Esposo Celestial es tan generoso como ama­ble con las almas que a El se consagran; pero esta generosidad debe ser recíproca.

Pedid la virtud de la castidad y repetid frecuentemente entre el día: ¿Quién me dará el candor de los lirios y alas como de paloma, pa­ra huir de este mundo, volar y descansar en el Corazón de mi Dios?

Orad por el Clero y por todas las almas consagradas a Dios, especialmente por las que se han dedicado de modo particular al amor y culto de los Corazones Santísimos de Jesús y de María.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

VIERNES

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en un mar de amargura, pero también de aguas limpidísimas, en que os lavaréis de vuestras culpas y encontraréis remedio efi­caz para todos vuestros males… Contemplad a Jesús inmolándose en aras de la Voluntad Divina, hecho obediente hasta la muerte y muer­te de Cruz. Adorad a la Víctima divina, y, a imitación suya, aceptad gustosos cuanto el divino Beneplácito quiera disponer de voso­tros en adelante.

Pedid la virtud de la obediencia y el aban­dono más completo a la Voluntad Divina, y repetid a menudo entre el día: Dios mío, hága­se tu Voluntad amabilísima, hágase todo no como yo quiero, sino como Tú lo has dispuesto.

Orad por las almas atribuladas, especial­mente por las que a imitación de los Corazo­nes Santísimos de Jesús y de María viven abandonadas en todo al Querer divino.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

SÁBADO

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en un paraíso y jardín delicioso, sembrado de toda clase de flores de virtudes y plantas de buenas obras. Procurad generosamente, por el exacto cumplimiento de las obligacio­nes de vuestro estado y la práctica de toda clase de virtudes, hacer de vuestros corazo­nes, a semejanza del divino de Jesús, un ver­gel ameno donde el Celestial Esposo encuen­tre sus delicias.

Pedid las virtudes de la fortaleza y perse­verancia en el bien, y repetid a menudo: ¿Qué tengo en el Cielo y qué anhelo en la tierra, sino a Ti, Dios de mi corazón y mi herencia para toda la Eternidad?

Orad por la perseverancia de los justos y el aumento de la devoción a los Corazones Santísimos de Jesús y de María.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

(Para las personas que quieran servirse de estas prácticas de piedad, para hacer una Novena en honor de los Corazones Santí­simos de Jesús y de María, ponemos a continuación los ejercicios devotos de los días octavo y noveno).

MORADA OCTAVA

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como

en una soledad apacible, como en un nuevo Tabor, en que, lejos del bullicio del mundo y del tráfago de las criaturas, podáis, a solas, gozar del trato y comunicación con vuestro Dios. Esforzaos, para ello, en manteneros constantemente en la Presencia de Dios, me­diante el ejercicio de la vida interior y fre­cuentes aspiraciones u oraciones jaculato­rias.

Implorad del Cielo la Gracia de andar siempre en la Presencia de Dios y tened co­mo dichas a vuestra alma especialmente, aquellas palabras del Señor a Abraham: An­da en mi Presencia y serás perfecto.

Pedid a Dios que derrame copiosamente en su Iglesia, señaladamente en las comuni­dades religiosas, el espíritu de retiro y ora­ción.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

MORADA NOVENA

Entrad por el Corazón Inmaculado de María en el Corazón Sagrado de Jesús, como en la eterna Jerusalén o en la mansión del Cielo.

A imitación del Corazón Santísimo de Je­sús y del de su Madre Inmaculada, teneos por extranjeros y peregrinos en este mundo; no apeguéis vuestro corazón a cosa ninguna de la tierra; en todas las cosas considerad aquello que os puede haceros eternamente felices, y vivid como si ya os hallareis en el Cielo, procurando hacer en todo la Voluntad de Dios.

Pedid la virtud de un abandono completo de todo vuestro ser en las manos del Señor, y ejercitaos en frecuentes actos de amor a Dios y de una perfecta conformidad de vuestra voluntad con la Divina. Repetid frecuente­mente entre el día esta piadosa aspiración: ¡Dios mío, Vos sois mi amor y mi todo!

Orad a Dios derrame en su Iglesia, espe­cialmente en las almas que le están consagra­das, una abundante efusión de su Caridad divina, y que se digne suscitar Santos tales y tan grandes, como se necesitan en nuestros tiempos.

Tres Ave Marías y la jaculatoria.

Mes

en honor del Corazón purísimo de María

La idea de esta práctica piadosa está tomada del Petit Mois de Marie dedie aux ames devoues au Coeur Inmaculé de Marie, que ha suministrado buena parte de las consideraciones y obsequios de que se compone es­te Mes. Las personas que quisiesen darle más amplitud pueden añadir diariamente una lectura espiritual en el precioso libro, intitulado: las Glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio, y el rezo de algunos cánti­cos u oraciones, que a este propósito se pone al fin de este pequeño de­vocionario. Recomiéndaseles que cada día oren por la conversión de los pecadores, sin perjuicio de las otras intenciones particulares que, al hacer este Mes, pueden proponerse alcanzar del Corazón Santísimo de María.

oración preparatoria

(para todos los días)

Oh Corazón dulcísimo de María, lleno de compasión, ternura y amor inefables para con todos los hombres, a vos, Madre amantísima, acudimos en este Mes, deseosos de presentaros el humilde homenaje de nuestro reconocimiento, veneración y amor por to­dos los favores y Gracias que, por vuestra mediación, hemos recibido de Dios. ¿Quién después de Jesús, nos ama como vos nos amáis? ¿Quién nos socorre en nuestras nece­sidades, consuela en las aflicciones, alivia los dolores, alienta en los desfallecimientos y protege en todas las circunstancias de la vi­da, como lo hacéis vos, oh Virgen piadosísi­ma, con todos los hijos de Adán? Sí, Reina incomparable: vuestro Corazón dulcísimo es nuestro refugio seguro y nuestra única espe­ranza, porque a vos os ha constituido vues­tro Hijo divino nuestra Madre, Intercesora y Abogada, ante el trono de su infinita Clemencia; dignaos, pues, acogernos benigna y alcanzarnos la Gracia de nuestra verdadera conversión y santificación, y la perseveran­cia final, junto con la Gracia especial que os pedimos en este Mes. Amén.

OFRECIMIENTO

(para cada día)

Ofrezco y consagro a vuestro Corazón In­maculado y Santísimo, oh mi tierna y dulce Madre, este pequeño Mes, compuesto de santas prácticas, piadosas reflexiones, armo­niosas alabanzas, suaves oraciones y útiles lecturas; desde lo alto de los Cielos, dignaos, oh María, enviarnos una de vuestras sonri­sas maternales, y derramar en nuestras al­mas una partecita de esos tesoros inmensos de Gracia depositados en vuestro Corazón, por el Omnipotente, para que los comuni­quéis a los hombres. Amén.

Día primero

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA SIEMPRE FIRME EN LA FE

ENSEÑANZA QUE LA VIRGEN SANTA NOS DA EN ESTE DÍA

Óyeme con docilidad, hijo mío, y práctica fielmente las enseñanzas que mi Corazón va a darte en este Mes.

La virtud que ante todas te recomiendo es la fe, porque estos son tiempos de increduli­dad y perdición, y muchísimas almas se pre­cipitan en los Infiernos por no guardar como debieran la fe santa que profesaran en el Bautismo. Sin la fe es imposible agradar a Dios; y cuanto más viva y práctica es la fe de un cristiano, tanto más adelanta éste en las sen­das de la virtud y perfección. Pero advierte que la fe es virtud, e incluye actos no solamente de la inteligencia, sino también de la voluntad; el impío no quiere creer lo que Dios y la Iglesia le enseñan, porque no quie­re practicar el bien. Procura, pues, tú, tener un corazón humilde, dócil y sumiso a las enseñanzas de Dios y de su Iglesia. Así fue mi Corazón; y por esto el Espíritu Santo me ala­bó, por labios de Isabel, diciéndome: Beata quae credidisti: Bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán sin falta las co­sas que se te han dicho de parte del Señor.

OBSEQUIO

El obsequio que en este día harás al Cora­zón Santísimo de María, será renovar, en su honor, las promesas del Bautismo y rezar de­votamente el Credo, prometiendo a Dios pa­decer mil muertes antes que negar un solo artículo de la fe santa que profesas. Todas las obras buenas que practiques en este día las ofrecerás a Dios por la conversión de los he­rejes.

PRACTICA

A imitación de Santa María Magdalena de Pazzis que, innumerables veces al día, incli­naba la cabeza cual si la pusiera bajo el hacha del verdugo, en defensa de la fe, rezarás hoy siete Ave Marías, en honor del Corazón San­tísimo de María, con la cabeza inclinada, pi­diéndole te alcance la Gracia de morir antes que amenguar en nada el candor y viveza de tu fe.

ORACIÓN FINAL

Oh Corazón dulcísimo de María, etc., co­mo en la página .

Todos los demás días del Mes se harán como en el primero, varián­dose únicamente la enseñanza, el obsequio y la práctica, que serán los propios del día respectivo.

Día segundo

EL CORAZÓN DE MARÍA FUE INQUEBRANTABLE EN SU ESPERANZA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Oh hijo mío, te doy ahora por práctica que ejercites tu Confianza en Dios. Cualquiera que sea el estado de tu alma no te entregues al desaliento ni a la desesperación, sino diri­girás dulcemente tus miradas hacia el Cora­zón de mi divino Hijo, que es un abismo de Misericordia. Si es bien que recuerdes tus pe­cados y te arrepientas de ellos, también es necesario que no olvides que es infinito el precio de la Sangre que mi Hijo Jesús derra­mó para salvar al mundo.

Mi Corazón jamás amenguó, ni un solo punto, su firmísima confianza en las divinas Promesas, ni aun en lo más intenso y profun­do de su dolores.

OBSEQUIO

Rezarás hoy los actos de Fe, Esperanza y Caridad, en honor del Corazón Santísimo de María y pidiendo por la conversión de los apostatas y tantos otros pecadores caídos en desesperación.

PRACTICA

Por unas siete veces, sea entre el día o por la noche, rezarás el Ave María, pidiendo por aquel pecador que en ese momento está a punto de caer en desesperación y perderse para siempre; así lo practicaba la V. Ana Ca­talina Enmerich, y logró por este medio sal­var a muchas almas del Infierno.

Día tercero

EL CORAZÓN DE MARÍA, HOGUERA DE AMOR DIVINO

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: acércate a mi Corazón, reclínate en él, y yo te inflamaré en los incendios de divino Amor que arden inextinguibles en mi pecho. Durante los días de mi vida mortal los Ángeles y los Serafines, como las maripo­sas giran en torno de una llama, así se apro­ximaban ellos a mi Corazón; ¿por qué los hombres no se acercan a mí? La Gracia que más gustosamente les alcanzo de mi divino Hijo, es la de su santo Amor. Esfuérzate, pues, por salir del pecado y permanecer fir­me en la caridad, porque esta virtud es la vi­da de todas las demás y el vínculo de la per­fección: Charitatem habete, quod est vinculum perfectionis.

Pero advierte, hijo mío, que el amor a Dios no se hermana con el amor profano, con la codicia y la afición a los placeres. Purifica tu corazón, y yo derramaré en él las llamas que arden en el mío.

OBSEQUIO

Harás siete actos de amor a Dios y un pro­pósito firmísimo de romper con aquella afi­ción que sabes te aleja más de tu Creador, y te expone a caer en pecado. Harás este sacri­ficio pidiendo la conversión de las almas ti­bias.

PRACTICA

Después de la Comunión sacramental, la espiritual es la que más contribuye a infla­mar un alma en el Amor divino; la B. Osanna de Mantua había hecho el propósito de que cada una de sus respiraciones fuese una comunión espiritual, y por este medio llegó a la cumbre de la perfección.

Día cuarto

EL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: el pecado es el enemigo de la caridad divina; el pecado mortal la mata y el venial la debilita. Como de la vista de una serpiente así huye del pecado. Quasi a facie colubri, fuge peccata. Tanto ama Dios la ino­cencia y pureza del corazón, que al elegirme para Madre suya decretó fuese yo Inmacula­da desde mi Concepción; y así, mi Corazón fue siempre tan limpio de toda mancha de culpa, que ni la más leve sombra de ella infi­cionó sus afectos e inclinaciones. Por esto el Verbo Divino se encarnó en mis entrañas y me elevó a la dignidad altísima de verdade­ra Madre suya.

Si quieres pues agradar a mi Corazón, ama la limpieza del tuyo, y está listo a morir mil veces antes que mancharte ni con un so­lo pecado venial.

OBSEQUIO

Harás hoy una Confesión sacramental de todos tus pecados, o por lo menos un acto de contrición de todos ellos, con propósito fir­me de preservarte de toda falta voluntaria en este Mes, y ofrecerás este obsequio por la conversión de los pecadores más obstinados, especialmente los impíos.

PRACTICA

A imitación de San Luis, rey de Francia, que preguntaba continuamente a sus corte­sanos si no estaban listos a morir antes que a pecar, tú te harás esta misma pregunta y res­ponderás: ¡Dios mío: quiero morir antes que pecar! Malo mori quam foedari.

Día quinto

EL CORAZÓN DE MARÍA SIEMPRE INOCENTÍSIMO Y ALEJADO DEL MUNDO

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: si quieres eficazmente preser­varte del pecado, no solamente has de odiar las culpas, sino has de huir de todas las oca­siones de cometerlas. Yo fui Inmaculada des­de el primer instante de mi ser, confirmada en Gracia, y mi Corazón no amó sino lo rec­to y santo, y sin embargo, me alejé cuidado­samente del mundo y sus vanidades, y de to­do cuanto podía manchar la inocencia de mi Corazón.

Imítame pues, en esto: aléjate con sumo cuidado de cuanto pudiera mancillar tu al­ma, como son especialmente las amistades peligrosas, reuniones mundanas y lecturas frívolas. En el silencio y la esperanza de la bie­nandanza eterna estará tu fortaleza.

OBSEQUIO

El mejor obsequio que puedes hacer a la Santísima Virgen en este Mes, es llevar una vida verdaderamente cristiana y seria, dedi­cada al cumplimiento de tus deberes y ejer­cicios piadosos. Así lo harás hoy, pidiendo por la conversión de las almas frívolas y di­sipadas.

PRACTICA

A imitación de San Bernardo que, cuando entraba en oración o se dedicaba a sus otros ejercicios piadosos, solía decir: “Quedaos allá cuidados del mundo y no me inquie­téis”, también tú dedicarás algunos ratos, entre el día, al trato y conversación con tu Dios.

Día sexto

EL CORAZÓN DE MARÍA, EJEMPLAR DE PUREZA VIRGINAL

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: ¿No sabes que eres templo de Dios y el Espíritu de Dios mora en ti? Pues si profana­res el templo de Dios, que es tu cuerpo, perderte ha Dios a ti. Porque el templo de Dios, que eres tú, santo es. Evita pues con sumo cuidado el vicio infame de impureza, y ama con predilección la vir­tud angélica de castidad. Para ello vigila continuamente sobre los pensamientos, palabras y acciones.

Mi Corazón amó siempre con predilec­ción extrema a esta virtud hermosa de virginidad, preferí conservarla intacta y no perder mi virginal pureza, antes que ser Madre de Dios; por es­to cabalmente, Dios me eligió para Madre suya, y mi Corazón llegó a ser el templo del Espíritu Santo. A imitación mía prefiere tú morir antes que profanar tu cuerpo con una acción indigna contra castidad.

OBSEQUIO

Harás hoy un acto de mortificación cor­poral, pidiendo por la conversión de los pe­cadores encenagados en el vicio impuro.

PRACTICA

San Pedro de Alcántara, estando en el le­cho de muerte, no permitió que un Religioso que le asistía le tocase ni aun levemente, por no exponerse a faltar ni aun en lo más míni­mo a esta santa virtud; procura tú tener el mismo cuidado.

Día séptimo

EL CORAZÓN DE MARÍA, PURISMO EN SUS INTENCIONES

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Siendo mi Corazón inocente y puro desde el primer instante de mi Concepción, no hu­bo en él jamás un afecto ni una inclinación que no fuesen totalmente dirigidos a Dios. Si quieres, hijo mío, imitarme, te doy por prác­tica la pureza de intención. Si tu ojo fuere lim­pio, esto es, tu intención fuere recta, todo tu cuer­po estará iluminado, esto es, toda obra tuya será santa.

Jamás hagas nada por vanagloria, sino únicamente para agradar a mi divino Hijo, Tus acciones, hasta las más triviales y comu­nes, hazlas por Dios, y recibirás una gran re­compensa en el Cielo. Si no vigilas mucho sobre tus intenciones, cometerás grandes fal­tas y caerás de continuo; pero con vigilancia, sin hacer nada extraordinario en el exterior, practicarás actos de virtud muy grandes y a cada paso.

OBSEQUIO

Harás hoy un acto de consagración de to­do tu ser al Corazón Santísimo de María, pa­ra que esta buena Madre dirija y encamine todas tus intenciones a la mayor Gloria de Dios y salvación de tu alma, y lo harás pi­diendo por la conversión de tantos pecado­res caídos en el vicio por amor a la vanidad.

PRACTICA

San Francisco de Sales solía decir: “Si su­piera que en mi corazón hay una sola fibra que no se mueve ni palpita por Dios, la arrancaría al punto y la lanzaría fuera de mí”. Procura tú hacer otro tanto, de modo que jamás hagas nada que no sea por Dios.

Día octavo

EL CORAZÓN DULCÍSIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Mi Corazón es la copia más exacta y fiel que ha existido del Corazón de mi divino Hijo Jesús. El había dicho: Aprended de Mí que soy manso y humilde de Corazón; yo aprendí esta lección y la cumplí fielísimamente: en mi Corazón no hubo jamás una sola gota de hiel ni amargura; fui siempre dulce y carita­tiva con mis prójimos.

Hijo mío: te doy ahora por práctica la vir­tud de la dulzura; reprime los ímpetus y vi­vacidad de tu carácter, esfuérzate porque to­das tus palabras sean benévolas y caritati­vas, y porque se pueden aplicar a ti, estas pa­labras de mi divino Hijo: Bienaventurados los mansos. La dulzura es la virtud más amable, pero no es la más fácil ni la más cómoda, pues exige una continua abnegación de sí mismo.

OBSEQUIO

En honor del Corazón dulcísimo de Ma­ría, procurarás hoy practicar la virtud de la dulzura, esforzándote porque ninguna ac­ción ni palabra tuya puedan herir al prójimo en cosa alguna, y lo harás así pidiendo por la conversión de tantos pecadores como se en­caminan a los Infiernos, dominados por los vicios de la ira y la venganza.

PRACTICA

A San Francisco de Sales, habiendo sido injuriado gravemente en cierta ocasión, viéronle sus familiares que se le encendió el ros­tro, pero que luego quedó en dulce y apaci­ble silencio. Preguntado cómo había podido callar ante tan grande y gratuita ofensa, con­testó el Santo: “La cólera ciertamente me gol­peaba ya el pecho, pero yo impedí que se su­biera al corazón”. Imita este ejemplo, y haz otro tanto en ocasiones semejantes.

Día noveno

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: te doy ahora por práctica el cui­dado de tu salvación. Si se trata de algún gran negocio, no omites sacrificio alguno por asegurarlo, ¿y no tendrás el mismo exquisito cuidado en lo concerniente a tu salvación, que es por excelencia tu negocio? Recuerda estas palabras de mi divino Hijo: Al fin de to­do, una sola cosa es necesaria: Porro unum est necessarium. Dime: ¿No podrías hacer algo más de lo que hasta hoy has hecho, para sal­varte?

Piensa que no estás sobre la tierra sino pa­ra servir a Dios, y de este modo salvar tu al­ma. No hay nadie que no necesite corregirse de algún defecto; diferir su enmienda es ex­ponerse a no realizarla jamás.

No olvides estas palabras de mi cántico: Mi alma engrandece al Señor, y no se goza sino en el Dios Salvador mío. Tales eran los sentimientos que llenaban mi Corazón, y tú de­bes esforzarte en imitarlos.

OBSEQUIO

Indudablemente hay un pequeño sacrifi­cio que Dios te lo está pidiendo hace tiempo, para tu mayor perfección, y que tú te niegas a realizarlo. Ofrecerás hoy al Corazón Santí­simo de María hacer ese sacrificio, pidiendo por la conversión de los ateos y materialis­tas.

PRACTICA

San Francisco de Borja acostumbraba ha­cer diariamente largos ratos de oración acer­ca del Infierno, poniéndose con la considera­ción en aquel lugar que hubiese ocupado en­tre los réprobos, si hubiese tenido la desgra­cia de condenarse; tú haz lo mismo ahora, y examínate cuál sería la cosa que más remor­dimientos te causara en el Infierno, si Dios no te hubiese, hasta ahora, preservado de él.

Día décimo

EL CORAZÓN DE MARÍA, EJEMPLAR DE COMPOSTURA Y MODESTIA EN TODAS SUS ACCIONES

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, no olvides esta lección del gran apóstol: Vuestra modestia sea manifiesta a todos los hombres; esto es, proceded de manera que todas vuestras acciones y todo vuestro exte­rior sean regidos por la virtud de la modera­ción cristiana. Así lo practiqué yo; todas mis palabras, acciones y miradas edificaban al prójimo, porque eran regidas por mi Cora­zón que vivía en íntima comunicación con Dios, y no anhelaba otra cosa que su Gloria.

Esfuérzate tú por hacer otro tanto: vigila sobre tus miradas, tus pasos, tus ademanes, sobre todo tu exterior, de suerte que cuantos te vean reconozcan que eres un hijo de mi Corazón. Un alma que conoce el alto precio de la castidad, teme herirla llevando una vi­da disipada, muelle y ociosa, causa ordinaria de grandes caídas.

OBSEQUIO

En honor del Corazón Santísimo de Ma­ría, mortificarás hoy la vista, absteniéndote de ver a personas del otro sexo, ni a ningún otro objeto peligroso que pudiera disipar tu espíritu y resfriar tu corazón. Lo harás así pi­diendo por la conversión de esas almas que se llaman cristianas, y, sin embargo, pasan su vida en los teatros, los bailes y otras mil oca­siones de perdición.

PRACTICA

De San Luis, Obispo de Tolosa, se refiere que jamás fijó sus ojos en mujer alguna; en premio de esta admirable modestia le que­daron, después de muerto, tan hermosos y brillantes los ojos, que parecían como dos luceros. Imita tú a este gran Santo, para que seas como él, un hijo predilecto de María.

Día decimoprimero

EL CORAZÓN PACIENTISIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Es necesario entrar por muchas tribulaciones en el Reino de la Gloria. Hijo mío, no olvides esta lección de tu Redentor divino; pues a la enseñanza añadió el ejemplo, sometiéndose voluntariamente a todos los tormentos y do­lores de la vida, y a la ignominiosa muerte de Cruz, por salvarnos y redimirnos. Tampo­co yo, aunque Inmaculada y exenta de toda imperfección, me exceptué de esta ley, antes abracé gustosa la tribulación, y consentí en ser Reina de dolores al tiempo mismo que se me anunciaba la excelsa dignidad de Madre de Dios, a que fui elevada por la Bondad di­vina.

Hijo mío, no quieras tú exceptuarte del dolor y la tribulación, ni hacer de tu vida un pasatiempo, ni un continuado placer; los que así proceden se apartan de la Cruz, y renun­cian a la Eterna Gloria, pues la primera lleva a la segunda. Soporta con resignación las pe­nas y adversidades de esta vida, y asegura­rás tu eterna salvación.

OBSEQUIO

Ofrecerás hoy al Corazón Santísimo de María llevar con gozo las pruebas y contra­dicciones que te sobrevengan, para alcanzar la conversión de los ebrios y demás pecado­res dados a los vicios de la gula y de la car­ne.

PRACTICA

San Pedro de Alcántara había hecho el pacto de tratar a su cuerpo como a enemigo irreconciliable; pero después de muerto se apareció a Santa Teresa, y le dijo: “¡Feliz pe­nitencia que tanta y tan alta gloria me ha procurado!”. No olvides esta lección.

Día decimosegundo

EL CORAZÓN BENIGNO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: mi Corazón estuvo siempre lle­no de la más tierna compasión para con to­dos los desgraciados hijos de Adán, porque siempre tuve presentes estas palabras del Es­píritu Santo: La misericordia quiero más que to­dos los holocaustos. Imítame pues, haciéndote sufrido y paciente con tus prójimos; soporta a los demás, ya que los otros te soportan a ti. Recuerda que la tolerancia es el ejercicio más frecuente de la caridad.

Hay más: a ti mismo, esto es a tus imper­fecciones, tienes que sobrellevar con dulzura y suavidad, pues ignora la debilidad propia, y no conoce la Bondad del Señor, quien se conturba en sus faltas; frecuentemente Dios no las permite en un alma, sino para hacerla más indulgente con sus prójimos.

OBSEQUIO

El que harás al Corazón Santísimo de Ma­ría, ahora, será ofrecer las contrariedades que te pueden sobrevenir, en reparación de los ultrajes hechos al Santísimo Sacramento, y pidiendo por la conversión de los sacrile­gos.

PRACTICA

Cuando Santa Catalina de Genova caía en alguna falta, no perdía su paz, sino humi­llándose en la Presencia de Dios, decía: “He aquí, Dios mío, una de las flores de mi huer­to”. Imita este ejemplo.

Día decimotercero

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA, NUESTRO MAS SEGURO Y PERPETUO SOCORRO

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Yo soy la Madre del amor hermoso y de la san­ta esperanza. Hijo mío, no olvides estas pala­bras de la Escritura, acude asiduamente a mi Corazón Inmaculado; jamás comprenderás toda la ternura que mi Corazón tiene por vo­sotros los hombres. Haz de mi Corazón tu refugio en la vida, y él será tu consuelo en la muerte.

Especialmente en las penas interiores de tu alma, no vayas a buscar alivio en las cria­turas, sino recurre a la divina Clemencia y refúgiate en mi Corazón. Dios no quiere que te busques a ti mismo en nada, sino que to­do tu consuelo y gozo los pongas únicamen­te en El que es la Dulzura infinita.

OBSEQUIO

Harás una visita al Corazón Inmaculado de María, poniendo en manos de esta tierna Madre tu vida y tu muerte, tu tiempo y Eter­nidad. Pedirás hoy especialmente por la con­versión de las almas consagradas a Dios, y caídas en la relajación y el pecado.

PRACTICA

La V. Madre Inés de Langeac no pasaba hora del día sin ponerse en presencia de la Virgen Santísima, que se le aparecía frecuen­temente y le daba su bendición. A imitación suya acostúmbrate a rezar el Ave María cada vez que el reloj da la hora.

Día decimocuarto

EL CORAZÓN FIDELÍSIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, te indico para ahora, como vir­tud en que debes ejercitarte, la fidelidad a la Gracia. El Espíritu Santo alaba a los justos, llamándoles siervos buenos y fieles: Serve bone et fidelis; esfuérzate por ser uno de ellos. Pon oído atento a la Voz de Dios que te ha­bla al corazón; si te exige algún sacrificio ne­cesario para asegurar tu salvación eterna o adelantar en las sendas de la perfección cris­tiana, ponlo pronto en ejecución. ¿Quieres ser mi hijo? Pues yo soy la Virgen fiel: Virgo fidelis. Al Arcángel que me anunciaba el mis­terio de la Encarnación, de parte de Dios, le contesté: He aquí la esclava del Señor, hága­se en mí según tu palabra. Mi Corazón estu­vo siempre atento a oír la Voz de Dios para cumplirla fidelísimamente hasta en sus últi­mos ápices.

Muchos, después de haber caminado algún tiempo en las sendas de la virtud, se cansan y hacen paradas; pero la Gracia ja­más dice: ya es bastante, sino que impulsa a adelantar hasta el último momento.

OBSEQUIO

Hoy harás un pequeño sacrificio, abste­niéndote de alguna cosa de tu gusto, en la comida o bebida, y se lo ofrecerás al Corazón de María, pidiendo la conversión de los cis­máticos.

PRACTICA

Santa Teresa hizo voto de adelantar siem­pre en la perfección, y practicar lo que fuese más ajustado a ella; por esto llegó a la alta cumbre de santidad en que la contempla­mos. Propón tú, al menos, no hacer nada que conozcas ser contrario a la Voz de Dios e ins­piraciones de la Gracia.

Día decimoquinto

EL CORAZÓN GENEROSÍSIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, la práctica, que para ahora te doy, es la generosidad en el servicio de Dios. Quiero que no solamente seas fiel en el ser­vicio de mi Hijo divino, sino que procedas con generosidad y anchura de corazón, haciendo gozoso cuanto conozcas ser de su adorable agrado. Esta generosidad se ha de manifestar en tu asiduidad en los ejercicios piadosos, en la constancia que has de em­plear en corregir tus defectos, y en soportar pacientemente las imperfecciones del próji­mo. El alma que de veras ama al Señor, con amor generoso, está lista a perder todos los bienes antes que cometer la menor falta.

Imitar a mi Corazón, que hallándose to­talmente consagrado al amor y servicio de su Dios, no se gozaba sino en su pleno servi­cio, y por esto me hizo grande el que es Om­nipotente: Fecit mihi magna qui potens est; porque Dios es pródigo en sus Gracias con los que son generosos en su servicio.

OBSEQUIO

Harás hoy ese acto de virtud que conoces serte más costoso, y lo harás en honor del Corazón Santísimo de María, pidiendo por la conversión de los malos Sacerdotes que viven olvidados de la alteza de su estado y Ministerio, y escandalizan a los pueblos con su apostasía.

PRACTICA

Jesucristo Señor Nuestro preguntó cierta vez a San Juan de la Cruz: “¿Qué recompen­sa quieres por lo que has hecho y padecido por Mí?”. El Santo respondió: “Señor, pade­cer y ser menospreciado por Vos”. Complácete y gózate, si alguna tribulación se te ofre­ce por causa de tu Dios.

Día decimosexto

EL CORAZÓN HUMILDÍSIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, has de saber que de todas las virtudes la más grata a mi Corazón fue la hu­mildad; lo que me movió a exclamar en mi sagrado cántico: El Señor ha visto la humildad de su sierva, he aquí por qué me llamarán Biena­venturada todas las generaciones. No olvides esta lección: ama mucho la humildad y góza­te en ser humillado, porque así serás engran­decido en el Cielo. Jamás te eleves sobre na­die; si tienes cualidades que puedan atraerte estima, refiérelas todas a la Gloria de Dios, que da su Gracia a los humildes.

El secreto para obtener de Dios grandes Gracias, es creerse indigno de ellas. En un corazón lleno de sí propio, Dios no encuen­tra lugar para sus favores.

OBSEQUIO

Ofrecerás al Corazón Santísimo de María llevar con gozo las humillaciones que ahora se te presenten, pidiendo en cambio la con­versión de los profanadores de las cosas san­tas, y de tantos otros desgraciados que con sus irreverencias ultrajan a la Majestad Divi­na y atraen sobre sí la cólera del Cielo.

PRACTICA

San Francisco de Borja se creía más indig­no que Judas, y más despreciable que el de­monio; por lo cual los espíritus infernales huían a la presencia del Santo. Ponte tú en el último lugar y Dios te colocará en el prime­ro.

Día decimoséptimo

EL CORAZÓN SOLICITO Y VIGILANTE DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Semejante es el Reino de los Cielos a diez vír­genes, de las cuales cinco eran necias y cinco pru­dentes; las necias fueron aquellas que al to­mar sus lámparas no se proveyeron de acei­te, y las prudentes las que con sus lámparas llevaron aceite. Mi Corazón fue una lámpara siempre encendida en el Amor de Dios y del prójimo, pues jamás dejé de estar vigilante y cuidadosa, sin perder nunca mi tiempo, sino empleándolo incesantemente en el servicio de Dios y de las almas.

Hijo mío, sé tu también muy solícito por emplear bien tu tiempo; piensa que si un réprobo pudiese volver por un solo instante a la vida, para salvar su alma, se esforzaría por hacerse en él un gran Santo; el tiempo se te da, por habérnoslo comprado mi divino Hi­jo, al precio infinito de su Sangre. Al conser­varte Dios la vida, quiere que hagas buen uso de ella, ya para que pagues tus pecados por la penitencia, ya para que adquieras méritos para el Cielo; y has de advertir que ese mismo tiempo que a ti te concede, ha rehu­sado a otros, mucho menos culpables que tú.

OBSEQUIO

Harás una visita al Santísimo Sacramen­to, por las ingratitudes de los hombres para con este misterio, y pedirás por la conver­sión de los que se dedican a escribir o propa­gar malos libros.

PRACTICA

San Alfonso de Ligorio hizo voto de no perder jamás inútilmente ni un solo momen­to de tiempo; tú haz una promesa de em­plearlo siempre en provecho de tu alma.

Día decimoctavo

EL CORAZÓN PACIFICO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, ten presente esta sentencia de Jesús, mi Hijo: Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Mi Cora­zón disfrutó constantemente de una paz de­liciosa, y por esto el Hijo del Eterno vino a habitar en mi seno, y fui hecha Madre suya, porque la paz es el lugar donde habita, y no en la turbación ni la revuelta.

Si quieres adquirir esta virtud, que es uno de los frutos del Espíritu Santo, deja el peca­do, porque no puede haber paz donde él es­tá; y evita cuidadosamente lo que podría tur­barla, como la disipación, las lecturas peli­grosas y las reuniones mundanas. Cuando comulgues, oye a Jesús que te dirá: La paz sea contigo: Pax vobis. La mala conciencia es siempre tímida e inquieta; la buena concien­cia, al contrario, goza de una paz y alegría inalterables, aun en medio de la tribulación.

OBSEQUIO

Ofrecerás hoy al Corazón Santísimo de María llevar con santa paz las contradiccio­nes y penas domésticas, pidiendo por la con­versión de las comunidades y familias cris­tianas divididas por odios y rencillas.

PRACTICA

San Juan de Sahagún empleó gran parte de su predicación y Ministerio sacerdotal en pacificar odios y reconciliar a familias ene­mistadas, valiéndose para ello de la oración. El Breviario, dijo cierta vez, he aquí el arma con que me defiendo de mis enemigos. Imi­ta a este Santo, y ora mucho para alcanzar la paz para ti mismo y para tus prójimos.

Día decimonoveno

EL CORAZÓN DE MARÍA SIEMPRE UNIDO A SU DIOS

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Mi querido hijo: la aspiración constante y única de mi Corazón, mientras viví sobre la tierra, fue aquella del real profeta: ¿Qué cosa puedo apetecer yo del Cielo y qué desear en la tie­rra, fuera de Ti, oh Dios mío?

Procura dejar las cosas perecederas, y acércate más y más a tu Dios, valiéndote pa­ra ello de la oración y el buen uso de los Sa­cramentos. Confiésate con dolor y confianza, y tu corazón disfrutará de la paz de Dios; acércate con pureza y amor al banquete de los Ángeles, y la Comunión te hará disfrutar las delicias del Paraíso en medio mismo de este destierro. Acércate a Dios y El te ilumi­nará.

OBSEQUIO

Prometerás al Corazón Santísimo de Ma­ría prepararte del mejor modo posible para la fructuosa recepción de los Sacramentos, y pedirás por la conversión de los que viven alejados de ellos, a pesar de llamarse cristia­nos y jactarse quizá de piadosos.

PRACTICA

Era tan viva y ardiente el hambre que te­nía por recibir el pan de los Ángeles, Santa María Magdalena de Pazzis, que al oír la campanilla que tocaba a la Comunión que­daba arrebatada en éxtasis; cierta ocasión que hacía pan para la comunidad, sin poder contenerse, se acercó extática al comulgato­rio, con la masa en las manos. Imita este fer­vor en tus comuniones.

Día vigésimo

EL CORAZÓN DE MARÍA, NUESTRO MODELO EN SUS CONVERSACIONES

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, recuerda estas palabras de Je­sús: Lo que sale de la boca, del corazón sale; y eso es lo que mancha al hombre. Mi Corazón que siempre fue inocente, puro e inmaculado, ex­halábase de continuo en santos afectos y pa­labras edificantes: imítame, hijo mío, y toma por práctica ser moderado y recto en tus con­versaciones. Evita cuidadosamente toda conversación peligrosa, y no dejes escapar jamás de tus labios ninguna palabra inmodesta y poco caritativa; advierte para ello, que los Ángeles te escuchan y no digas nada que no sea digno de ellos.

El mundo colorea a veces con el nombre de pasatiempos los discursos licenciosos. Sonreírse, al escuchar semejante lenguaje, es más que debilidad; y prestarle oído sería un crimen.

Una palabra que ofende a Dios, ¿podrá ser de tu gusto?

OBSEQUIO

Consagrarás al Corazón Santísimo de María tus conversaciones de ahora, y pedi­rás la conversión de los maldicientes y los pecadores licenciosos en sus palabras.

PRACTICA

San Luís de Gonzaga, siendo tan humilde y manso no pudo sin embargo sufrir que un respetable caballero hablase cierta vez licen­ciosamente en su presencia, y le increpó fuertemente por ello. Imita este ejemplo, cuando te halles en caso análogo.

Día vigésimo primero

EL CORAZÓN PRUDENTÍSIMO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, guarda cuidadosamente este consejo del Espíritu Santo: Sed prudentes co­mo serpientes y sencillos como palomas. Propónese aquí a la serpiente como signo de pru­dencia, porque este reptil expone todo su cuerpo a la muerte, para defender su cabeza; así tú está listo a perder todos los bienes del mundo antes que la fe, primer germen de salvación, y la Gracia, que es la vida del alma. Pero para ser prudente debes ser humil­de y dócil, porque la sabiduría habita en el con­sejo. La Iglesia me llama Virgen prudentísi­ma: Virgo prudentissima, porque mi Corazón tuvo siempre encendida la llama de la divi­na caridad, y en todo instante estuve atenta a las luces e inspiraciones del Espíritu Santo, y seguía fiel y dócilmente sus avisos.

Si quieres, hijo mío, ser prudente, invoca a cada paso los auxilios y luces del Espíritu Santo; pero advierte que este divino Espíritu no deja oír su Voz entre la disipación y diver­timientos. Jamás expongas a peligro tu fe; huye de las lecturas dañosas. El disgusto en el servicio de Dios es la consecuencia ordina­ria de tales lecturas y divertimientos. Aun­que debes contar con los socorros de la Gra­cia, no te es permitido exponerte advertida­mente al peligro; Dios no concede sus soco­rros sino a aquellos que se encuentran en la tentación sin haberla buscado.

OBSEQUIO

Harás un cuarto de hora de oración im­plorando las luces del Espíritu Santo para ti y tus superiores, y pedirás al Corazón Santí­simo de María por la conversión de los Go­biernos impíos.

PRACTICA

San Vicente de Paúl jamás emprendía en cosa alguna, por grave y urgente que pare­ciese, sin haber meditado en ello detenidamente, y sin haber implorado por dos o tres días las luces del Espíritu Santo; por lo cual todas sus empresas alcanzaban un éxito pro­digioso. Sigue tú esta regla de prudencia.

Día vigésimo segundo

EL CORAZÓN SANTÍSIMO DE MARÍA, MODELO DEL GOZO ESPIRITUAL

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, aunque mi vida fue toda de do­lor y penas, como acataba la Voluntad del Altísimo, mi Corazón estaba continuamente inundado de paz y de gozo espirituales, con­forme a lo que está dicho en mi sagrado cán­tico: Que mi alma engrandecía siempre al Señor y se regocijaba en el Dios Salvador mío.

Aconsejóte que sigas este ejemplo que te he dado; jamás te dejes dominar por la triste­za y el desaliento, ni aun en medio de tus mayores faltas. Si has tenido la desgracia de caer en ellas, levántate al punto por una sin­cera contrición y una buena Confesión sacra­mental. La Bondad del Señor, la seguridad de mi protección, la grandeza de las cosas que esperas te invitan a tener una santa ale­gría en el servicio de Dios. La Gracia que nos une a Dios y hace herederos del Cielo, es el único bien de cuya posesión te debes regoci­jar aquí abajo; así como su pérdida es el úni­co mal de que te debes entristecer.

OBSEQUIO

Ofrecerás hoy al Corazón Santísimo de María, llevar con gozo las penas y contradic­ciones de este día, pidiendo por la conver­sión y el consuelo de las almas que, bajo el peso de una aflicción excesiva, han caído en desesperación y en la desgracia de Dios.

PRACTICA

Santa Teresa de Jesús es un hermoso ejemplo de almas inundadas de gozo espiri­tual; en medio de sus mayores tribulaciones se la veía contenta y regocijada; su única queja era de que Dios le colmaba de favores y Gracias que no merecía. Su jaculatoria or­dinaria era ésta: Cantaré eternamente las Mise­ricordias del Señor.

Día vigésimo tercero

EL CORAZÓN DE MARÍA, MODELO DEL AMOR QUE DEBEMOS TENER AL PRÓJIMO

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, recuerda que uno de los prime­ros preceptos de la Ley, después de amar a Dios, es el de amar a tu prójimo: en estos dos Mandamientos están reunidos toda la Ley y los profetas. Por esto mi Corazón, fidelísimo en el cumplimiento de la Ley, lo fue especialmente en el de estos dos preceptos santísi­mos. No ha habido jamás en este mundo, ni lo habrá nunca, quien, a imitación de Jesús, ame tanto a sus prójimos como yo les he amado y les amo. Por amor de ellos consen­tí en la Pasión y Muerte de mi Hijo divino, para que por su Sangre Preciosa se salvase el mundo.

Hijo mío, jamás tengas odio a nadie, ni ce­los y rencillas contra persona alguna; que tu caridad sea no sólo teórica sino práctica, y que se manifieste en obras. Un acto de atención basta para levantar a un alma desalen­tada; una palabra benévola es suficiente a veces para conquistar a un enemigo. La ver­dadera caridad nos enseña a ver a Jesucristo, bajo las apariencias de la mendicidad y el dolor. Jamás desprecies pues a nadie, y no tengas en menos a tus hermanos, ni aun por los defectos y miserias en que los veas caer; pues mañana pueden convertirse y hacerse mejores que tú.

OBSEQUIO

Te privarás ahora de un rato de recrea­ción, y ofrecerás al Corazón Santísimo de María este acto de mortificación, pidiendo se conviertan los individuos, familias y pueblos divididos por el odio.

PRACTICA

San Cayetano, fundador de la Congrega­ción de Clérigos Regulares, hallábase en Nápoles cuando estalló una terrible y encarni­zada revolución, en que unos ciudadanos combatían con otros, y morían muchos diariamente víctimas de la civil discordia. El Santo, penetrado de intenso dolor, ante esa despiadada carnicería, hizo exponer el Santí­simo Sacramento en su iglesia, pasó largas horas postrado de rodillas al pie del taberná­culo, y al fin ofrendó su vida para impetrar la cesación de aquella horrible revuelta y la salvación de Napóles. Tú también ofrece al­gún pequeño sacrificio al Señor por la salva­ción de tus hermanos.

Día vigésimo cuarto

EL CORAZÓN INFLAMADO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, ¿te has dedicado a servir a Dios?, pues hazlo con fervor y diligencia. El salmista dice: Corrí gozoso por el camino de tus Mandamientos, oh Dios mío, cuando ensanchas­te mi corazón. No se camina sino se vuela por las más altas cumbres de la perfección, cuan­do se emprende en ella con todo el vigor y energía de que es capaz un alma, y cuando ella se dedica de veras a la oración y al trato y unión con su Dios. Mi Corazón ardía siem­pre en esta sagrada llama, y por esto, auxilia­da de la Gracia, me levanté sobre todos los Ángeles y Santos.

Imita este ejemplo: sé fervoroso en la vir­tud, sé asiduo y devoto en la oración; cuanto con mayor empeño te des a la obra de tu san­tificación, padecerás menos y adelantarás mucho más. Las almas lánguidas y perezo­sas caminan como arrastrándose; las generosas y ardientes vuelan y se empinan como las águilas. Dios centuplica sus favores y Gracias en favor de los activos y diligentes, y sustrae sus dones a los desidiosos y tibios.

OBSEQUIOS

Harás hoy tu oración con especial aten­ción y fervor, y pedirás por la conversión y verdadera santificación de las almas disipa­das y negligentes en sus prácticas de piedad.

PRACTICA

Cuando San Felipe Neri se ponía en ora­ción el corazón se le inflamaba de tal suerte que le golpeaba el pecho como con golpes de martillo; bastaba que alguien, por frío y disi­pado que estuviese, se reclinase sobre el pe­cho del Santo para encenderse en santa de­voción. Reclínate tú sobre el Corazón infla­mado de María y te encenderás en amor a Dios y en deseo de adelantar en perfección.

Día vigésimo quinto

EL CORAZÓN DE MARÍA, SAGRARIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Desde el instante primero de mi Concep­ción Inmaculada mi Corazón fue el templo del Espíritu Santo; templo jamás profanado por culpa ni imperfección la más mínima. Cuando el Verbo Divino se encarnó en mis purísimas entrañas, quedé toda penetrada de la Divinidad, y mi Corazón se transformó en un verdadero Sagrario de la Trinidad bea­tísima; de modo que jamás, ni un solo ins­tante, perdí la Presencia de mi Dios, en todos los días de mi vida mortal.

Hijo mío: esfuérzate en imitarme en esta hermosa virtud, a medida de la Gracia que te ha sido concedida. No olvides que la Escritu­ra dice a todos los cristianos que viven como deben: ¿No sabéis vosotros que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? No pierdas, pues, por voluntario descuido la Presencia de tu Dios; al contrario, piensa de continuo en ella, y advierte que el alma que se conserva en Gracia es verdaderamente templo vivo del Espíritu Santo. Esta Presen­cia divina será tu fortaleza en los combates, tu consuelo en las tribulaciones, tu luz en las dudas y tu gozo entre las penalidades de es­te destierro.

OBSEQUIO

El que harás hoy al Corazón Santísimo de María será oír una Misa, aplicando su fruto por los agonizantes, esto es por su conver­sión y cristiana muerte. Recuerda que diaria­mente mueren alrededor de ochenta mil per­sonas, ¿y cuántas de ellas se condenan?…

PRACTICA

Santa Gertrudis vivía habitualmente en el ejercicio de la Presencia de Dios y por ello mereció oír de Cristo estas palabras: “En el corazón de Gertrudis tengo Yo una grata habita­ción”. Vive tú de manera que Cristo se complazca de morar en ti.

Día vigésimo sexto

EL CORAZÓN DE MARÍA, CELADOR DE LA GLORIA DE SU DIOS

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Así como no ha habido corazón humano que amase tanto a Dios como el mío, tampo­co ha habido quien tuviera celo tan ardiente, constante y abnegado por la Gloria de Dios como lo tuvo mi Corazón. Por esto consentí en la Muerte de mi divino Hijo, aunque tan terriblemente costosa para mi alma, porque sabía que con esa inmolación de valor infini­to quedaría plenamente reparada la Gloria de Dios ultrajada por el pecado del hombre, en este mundo.

Hijo mío: si Jesús ha derramado toda su Sangre por la salvación del mundo, ¿no po­drás tú con edificantes conversaciones, bue­nos consejos, con tus oraciones y santos ejemplos atraer a algunas almas a la virtud? Quien de veras ama a Dios anhela conquis­tarle corazones; procura, pues, ejercer en torno tuyo el apostolado de un celo activo en favor de tus prójimos, unido al muy eficaz de una ejemplar y santa vida.

OBSEQUIO

El que harás ahora al Corazón Santísimo de María será mezclar en tu conversación al­gunas edificantes reflexiones que inciten a los otros a la virtud. Pedirás hoy por la con­versión a la verdadera fe de tantos pueblos sumidos en la sombra de muerte del paga­nismo.

PRACTICA

Cuando Santa Teresa rompió generosa­mente con algunas afecciones demasiado humanas que ponían en no pequeño riesgo su virtud, se le apareció Nuestro Señor Jesu­cristo y le dijo: “Ahora sí, Teresa, eres ya toda mía, y Yo soy todo tuyo; de hoy en adelante, como verdadera esposa mía, celarás mi honor”. Así, pues, el celo por la Gloria de Dios es una se­ñal inequívoca de que un alma es ya toda del Señor.

Día vigésimo séptimo

EL CORAZÓN DOLORIDO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío, no ignoras que mi vida fue toda de dolor y tribulación; apenas nacido Jesús, al presentarle en el templo el anciano Si­meón me profetizó que una espada de dolor traspasaría mi alma. Desde ese día el misterio de la Cruz estuvo siempre fijo en mi mente, y enclavado mi Corazón en el Calvario. ¿Qué lengua humana ni angélica podrá ex­presar lo que sufrí en la Pasión y Muerte de mi Hijo divino?… Entonces verdaderamente mi Corazón fue atravesado de parte a parte por aquella lanza cruel que hirió el costado de mi Hijo ya difunto, pues el dolor que El no pudo experimentar, lo sintió mi alma que moraba habitualmente en ese Corazón divi­no.

Mi querido hijo: si quieres agradarme, si quieres participar de la herencia de Jesucris­to, te es necesario participar también de las amarguras de su cáliz. El alma que no sabe sufrir no sabe amar; el verdadero amor se demuestra en el sacrificio; Jesús ha plantado en este mundo su Cruz para marcar la senda que lleva al Cielo, no tienes otro camino pa­ra arribar a la Eterna Gloria.

OBSEQUIO

Meditar un cuarto de hora en los dolores de la Santísima Virgen, y pedir por la con­versión de los paganos, francmasones, mahometanos, herejes, ateos, cismáticos, espiritistas y demás afiliados a las sociedades secretas, prohibidas por la Iglesia.

PRACTICA

A imitación de Santa Coleta, medita dia­riamente en los dolores de María, que se quejó en cierta ocasión a Santa Brígida, de que era muy pequeño el número de cristia­nos que se compadecían de sus dolores.

Día vigésimo octavo

EL CORAZÓN DE MARÍA NOS LLEVA A LA VIDA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: El que me hallare hallará la vida y alcanzará su salvación del Señor. Si quieres lle­gar a la posesión de la Vida Eterna por el ca­mino más fácil y seguro, acércate a mi Cora­zón que es el depositario de todos los dones y Gracias del Altísimo. Mi Hijo divino me ha constituido soberana dispensadora de los te­soros de la Redención, ¿y qué otra cosa anhe­lo yo sino derramarlos a manos llenas en las almas que se disponen a recibirlos?

Si quieres honrar de veras a mi Corazón, medita de continuo en los misterios de esta Redención preciosa, en que tuve yo tanta parte, e imita las virtudes que practiqué en cada uno de esos misterios, y que me han elevado a tanta gloria. Sé puro, humilde, pa­ciente y caritativo, y yo derramaré en ti, a to­rrentes, las Gracias de que mi Corazón es de­positario, y que se complace en comunicar a los que me son fieles y devotos.

OBSEQUIO

Harás hoy una visita al Santísimo Sacra­mento, para tributar acciones de gracias a la Santísima Trinidad, por haber enaltecido al Corazón Santísimo de María, adornándole de excelentísimos dones, sobre toda criatura, y pedirás por la conversión de las almas ti­bias y lánguidas en el amor y servicio de Ma­ría.

PRACTICA

Santa Gertrudis, en todas sus necesidades y tribulaciones, recurría confiadamente al Corazón de María, pues fue enseñada en una visión, que este Corazón Santísimo había si­do investido, en grado superior a toda cria­tura, del Poder del Padre, la Sabiduría del Hijo y el Amor del Espíritu Santo.

Día vigésimo noveno

EL CORAZÓN REAL Y COMPASIVO DE MARÍA

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: no me invoca en vano la Iglesia llamándome Reina y Madre de Misericordia, pues lo soy en efecto, ya que cuando el Ar­cángel me saludó llena de Gracia, y fui hecha Madre de Dios por la virtud del Espíritu Santo, fui constituida, en el instante mismo, Reina de la Creación entera, pero no Reina de terror y de justicia, sino Reina de Misericor­dia. Para lo cual el Espíritu Santo ha ungido mi Corazón con el óleo de la compasión más tierna y delicada, en favor de todos los mise­rables y desgraciados. Yo soy verdadera­mente el refugio de los pecadores.

Hijo mío, no temas acercarte a mí, por mi­serable y pecador que seas; con tal que de­sees salir de tan triste estado yo te auxiliaré eficazmente. No hay en el Cielo ni en la tie­rra después del de mi divino Hijo, otro cora­zón tan lleno de compasión y misericordia en favor de los pecadores, como el mío.

OBSEQUIO

Rezarás hoy el Santo Rosario en honor del Corazón compasivo de María, pidiéndole al­cance la conversión de los pecadores impeni­tentes y obstinados que se hallen en tu pue­blo o ciudad, y quizás en tu misma familia.

PRACTICA

Cierta ocasión se apareció la Santísima Virgen a Santa Brígida y le dijo: “Yo soy la Reina del Cielo y la Madre de Misericordia. Nin­gún pecador que si me invoca, no consiga, por mi intercesión, misericordia. Por es­to será grandemente desdichado en la Eternidad, el que pudiendo acudir a mí, que tanto deseo so­correr a los pecadores, no lo hace y se condena”. Tú, por pecador que seas, acude al Corazón Santísimo de María y alcanzarás tu salva­ción.

Día trigésimo

EL CORAZÓN DE MARÍA NOS ALCANZA LA PERSEVERANCIA FINAL

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

Hijo mío: Sólo el que perseverare hasta el fin, sólo ése se salvará. Yo soy la Madre de la santa perseverancia; si quieres alcanzar esta Gracia tan preciosa y decisiva, acude a mi Corazón. Nadie que me sea verdaderamente devoto, y que me honre con fidelidad y constancia, se perderá. Pero de un modo especial los que se afanan por honrar a mi Corazón Santísimo, propagan su devoción entre los demás, ha­blan frecuentemente de mis excelencias y misterios, y procuran imitar mis virtudes, se­rán favorecidos especialmente por mí en to­das las circunstancias de su vida, y muy se­ñaladamente a la hora de la muerte.

Esfuérzate tú por ser de este número, pro­fesa una tierna y marcada devoción a mi Co­razón maternal que es el arca en que entran los elegidos, esto es, cuántos han de salvarse en el diluvio universal de la perdición.

OBSEQUIO

Prometerás a la Santísima Virgen rezar to­dos los días de tu vida, tres Ave Marías a su Corazón Santísimo, en honra del poder, la sa­biduría y la misericordia con que le ha investi­do la Trinidad Santísima; principiarás hoy mismo esta piadosa práctica, pidiendo a Ma­ría que te preserve a ti y a todas las almas que le están consagradas, de caer en pecado mortal, y les alcance el don de la final perse­verancia.

PRACTICA

Hallándose el B. Enrique Susón, cierta vez, grandemente desalentado y desfalleci­do en su espíritu, acudió a María quien le acercó a su Corazón dulcísimo, y le hizo be­ber allí un maravilloso licor, confortado con el cual el siervo de Dios prosiguió más ani­moso que nunca en las sendas de la santi­dad. En tus desfallecimientos, acude al Cora­zón dulcísimo de María.

Día trigésimo primero

EL CORAZÓN DE MARÍA, NUESTRA CORONA EN LOS CIELOS

ENSEÑANZA QUE NOS DA MARÍA

La Iglesia me invoca llamándome Puerta del Cielo, y con mucha razón, porque nadie entrará en la mansión de la Eterna Gloria, sin mi intercesión soberana. Yo soy la Reina de todos los Santos; todas las generaciones de los justos me aclamarán Bienaventurada, porque yo les he procurado la Vida de la Gracia y la recompensa de la Gloria a cuantos moran ya en el Cielo.

Por mí los pecadores encuentran perdón, y los justos la dichosa Eternidad (Ex hoc beatam te dicent omnes generationes, quae omnibus generationibus vitam et gloriam genuistí In te peccatores veniam, justi gratiam inveniunt in aeternum. S. Bem. Serm. 2 in Pentec.) Mi Cora­zón es el seno maternal en que son engen­dradas las almas a la Gracia, pues yo con mi amor y mis súplicas les alcanzo el don inefa­ble de su regeneración espiritual; este mismo Corazón mío será su corona de gloria en los Cielos, pues mi presencia acrecentará no po­co su gloria accidental en el Paraíso.

Anímate, hijo mío, a llevar gustoso y es­forzadamente el yugo santo de la Ley del Se­ñor, combate cual adalid denodado las bata­llas de la virtud; no desfallezcas en el cum­plimiento de tus deberes, y persevera fiel hasta la muerte, sabiendo que es muy gran­de el premio que te aguarda en la Gloria.

OBSEQUIO

Delante del Santísimo Sacramento ex­puesto o reservado tendrás un cuarto de ho­ra de adoración y acción de gracias, por las que has recibido en este Mes por la interce­sión del Corazón Santísimo de María. Pedirás hoy, de un modo especial, por la perseve­rancia final de los justos, señaladamente de aquellos que se hallan muy tentados o han llegado al punto decisivo de la muerte.

PRACTICA

El B. Juan Francisco Líbermann, judío convertido y fundador de la Congregación del Espíritu Santo y del Corazón Santísimo de María, fue devotísimo de la Inmaculada Virgen y de su Corazón admirable; a esta Madre de piedad acudía en todas sus necesi­dades y tribulaciones, y fue siempre eficaz­mente socorrido por este Corazón incompa­rable, sobre todo a la hora de la muerte. Ocu­rrió ésta en la vigilia de la festividad del Corazón Santísimo de María, y en el momento preciso en que la comunidad entonaba el Magníficat de las primeras vísperas. La San­tísima Virgen confortó entonces con su ma­ternal presencia al Bienaventurado, quien al entonarse el versículo exaltavit humiles, en­tregó plácidamente el espíritu en manos del Señor. Imita a este siervo de Dios en su devo­ción a María, y el Corazón amantísimo de es­ta tierna Madre te favorecerá como a él, a la hora de tu muerte.

Preces

al Corazón purísimo de María

¡Salve, Corazón clemente, Corazón Inmaculado, Corazón dulce, inocente, mística, sellada fuente, hermoso vergel cerrado, refugio del alma mía en las pruebas y temores! ¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!

Gallardo lirio, que afrenta de la nieve la blancura, rosa ardiente que fulgura, con cuanto en el prado ostenta esbeltez y donosura; encanto del alma mía, Corazón, flor de las flores. ¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!.

Amante siempre aunque herido, que nada sabes de enojos: así perfume escogido esparce el rosal florido aprisionado entre abrojos: la ingratitud siempre mía, de ti siempre los favores. ¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!

Por más que fiero contigo el pecador te taladre, eres su mejor abrigo, siempre Corazón amigo, siempre Corazón de Madre, consuelo del alma mía en el valle de dolores. ¡Oh Corazón de Marta, socorre a los pecadores!

Corazón centro, reposo, templo del divino Amor, tálamo nupcial, hermoso, donde descansa el Esposo como en su trono mejor: ¡Oh si en la yerta alma mía se encendieran tus ardores! ¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!

Corazón todo ternura, Corazón todo bondad, Corazón todo dulzura, todo Gracia y hermosura e inefable caridad; casto imán del alma mía, Corazón de mis amores. ¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!

Coplas

en honor del

Corazón compasivo de María,

refugio de los pecadores

Madre de amor, Madre pía, escucha nuestros clamores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Tú eres, ¡oh Madre divina!, del mundo Corredentora, de siglos restauradora, y de Gracias rica mina; en ti está la medicina de los prevaricadores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Halla en ti seguro guía, el perdido caminante; en ti encuentra el navegante puerto feliz de alegría; sin ti, oh Virgen, ¿qué sería del mundo lleno de errores? Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

En tu tierno Corazón abierto con esa espada que te anunciara Simeón, tenemos todos entrada, de Jesús por la Pasión, y por tus crueles Dolores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Tu Corazón es, María, el más precioso legado que Jesús en la agonía a los hombres ha dejado; eres tú la herencia mía y el imán de mis amores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Cuando entre miseria tanta airado el Señor la diestra contra el pecador levanta, entonces, en defensa nuestra, fiel Abogada te muestra desarmando esos rigores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Cual Abigail prudente que alcanzó a Nabal perdón, impetras tú remisión para el hombre delincuente; tu Corazón no consiente ver ruinas sin que las llores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Por aquel dolor profundo que tu Corazón sintió, cuando el buen Jesús murió para redimir al mundo, dame un dolor sin segundo para llorar mis errores. Tu Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Incrédulos, mahometanos, griegos, gentiles, judíos, haz dejen sus desvaríos y sean buenos cristianos: así unidos como hermanos cantaremos tus loores. Tú Corazón es, María, refugio de los pecadores.

Acto de consagración

al Corazón Inmaculado de María

Corazón Inmaculado de María, siempre Virgen; Corazón el más santo, puro y perfec­to que haya formado el Omnipotente para una simple criatura; Corazón lleno de dulzu­ra y Gracia; Corazón trono de amor y misericordia, imagen exacta del Corazón adora­ble de Jesús; Corazón que habéis amado a Dios más que todos los Serafines juntos, pro­curando gloria a la Santísima Trinidad más que toda la congregación de los Santos, y que habéis soportado por amor a nosotros, tantos dolores al pie de la Cruz: Vos, Cora­zón amabilísimo, merecéis por tantos y tan justos títulos, el respeto, el amor y el reconocimiento de todos los hombres. Por mi parte, os tributo las más rendidas acciones de gra­cias por los innumerables beneficios que me habéis obtenido de la Misericordia Divina, y me uno a todas las almas que tienen sus delicias y consuelo en amaros y honraros.

Oh Corazón amabilísimo, que arrebatáis de admiración a los Ángeles y Santos, vos se­réis en adelante, después del Corazón divino de Jesús, el objeto de mi más tierna devo­ción, mi refugio en las tribulaciones, mi con­suelo en las penas, mi asilo contra todos los enemigos de la salvación, y el motivo de mi más grande confianza a la hora de la muerte. Amén.

Invocación

al Corazón Santísimo de María

(para alcanzar el remedio de cualquier necesidad o tribulación)

Postrado de rodillas a vuestras sagradas plantas, ¡oh gran Reina de los Cielos!, os ve­nero con el más profundo respeto, y hago profesión de creer que sois la sede del Eter­no Padre, la Madre de su divino Hijo y la Es­posa del Espíritu Santo. Llena de Gracia, vir­tudes y dones celestiales, vos sois el templo purísimo de la Trinidad Santísima, vos, la te­sorera y dispensadora de sus Misericordias.

Vuestro Corazón Inmaculado lleno de ca­ridad y dulcísima ternura es causa para in­vocaros con el hermoso título de Madre de la divina Clemencia. Por lo cual, en mi angus­tia y aflicción, animado de una firme con­fianza, me presento ante vos, Madre mía amantísima, y os suplico me deis prueba de esa caridad que os inflama en favor nuestro, concediéndome la Gracia de… (aquí se expresa lo que se quiere alcanzar, diciendo, por ejem­plo: la Gracia de enmendarme de este vicio, obte­ner el buen éxito de este asunto, la curación de es­te enfermo, etc.); si como lo creo, esto es con­forme a la Voluntad de Dios y conducente al bien de mi alma. Amén.

Oración

al Corazón compasivo de María

(para alcanzar la conversión de los pecadores)

Oh Corazón dulce y compasivo de María, refugio de los pecadores, vos, a quien jamás niega el Omnipotente nada de lo que le pe­dís, dignaos interponer vuestro poderoso valimiento ante el trono de la divina Cle­mencia, y alcanzadnos la conversión de este pecador, por el cual hacemos esta Novena (o triduo) de fervorosas súplicas. ¡Oh Madre de piedad, dejaos mover por nuestras humildes preces!: no nos digáis que no podéis concedernos lo que os pedimos, porque en vues­tras manos ha depositado vuestro divino Hi­jo todos los tesoros de valor infinito de nues­tra Redención; ni nos digáis que no podéis, porque os llamáis y sois Reina de Misericor­dia, y vuestros vasallos son todos los desgra­ciados y miserables. Acudimos a vuestro Corazón tierno, compasivo y misericordioso, creado por Dios para ser amparo y refugio de los pecadores, y asilo segurísimo de todos los míse­ros hijos de Adán. Sí, Corazón dulcísimo de María, en vos esperamos que no seremos confundidos eternamente. Amén.

Suplica

al Corazón compasivo de María

(para obtener la conversión de un moribundo impenitente y obstinado)

Oh Reina de demencia y misericordia, que mientras Jesús, vuestro divino Hijo y amantísimo Redentor nuestro, agonizaba en la Cruz entre tormentos indecibles, le oísteis exclamar a su Eterno Padre y pedir por sus mismos verdugos, diciendo: ¡Padre, perdóna­los, porque no saben lo que hacen!: dignaos pre­sentar esta omnipotente oración ante el aca­tamiento de la Misericordia infinita, y obtenednos la conversión del pecador impeni­tente y obstinado, por quien os hacemos esta humilde y ferviente súplica. Jesús ago­nizante nos encomendó por hijos vuestros a todos los pecadores, cuando mostrándonos en la persona del discípulo os dijo: ¡Mujer: he ahí a vuestro hijo!: no desechéis, pues, a esta alma redimida con la Sangre Preciosísima del Salvador, sino, al contrario, acogedla en vuestro Corazón piadosísimo, y alcanzadle una Gracia tan eficaz de conversión, que lo­gre el perdón de sus culpas y participe eter­namente de los preciosos frutos de la Reden­ción divina. Si uno de los dos ladrones que primeramente blasfemaban de vuestro Hijo, en el Calvario, alcanzó en su última hora es­pacio de penitencia, y escuchó de labios de Jesús, esta consoladora promesa: Hoy estarás conmigo en el Paraíso; poderosa sois, oh Ma­dre amantísima, para obtener igual Gracia a este moribundo infeliz y pecador. Vos habéis dicho a Santa Brígida que no hay hombre, por criminal que sea, que no pueda alcanzar perdón si acude a vuestra clemencia; noso­tros acudimos, pues, hoy con toda confianza a vuestro Corazón amantísimo, y os roga­mos saquéis de las fauces del Infierno a esta alma redimida y hagáis de ella un trofeo glo­rioso de vuestra misericordia, por toda la Eternidad. Amén.

Oración

al Corazón Santísimo de María

(para alcanzar la Gracia de salir de la tibieza, y ascender por las sendas de la perfección cristiana)

¡Oh Corazón Inmaculado de María, tem­plo del Espíritu Santo, morada de la Trini­dad beatísima; Corazón Santísimo que ha­béis amado a Dios vos solo más que todos los Santos y Ángeles juntos; Corazón admi­rable, hoguera ardentísima del divino Amor, ante el cual es muy poco hasta el amor de los mismos Serafines!: dignaos derramar en mi pecho una centellita de ese insondable vol­cán de llamas que arde inextinguible en el vuestro. Oh Corazón amantísimo, compade­ceos del estado triste y miserable del mío; pues hace tanto tiempo que permanezco su­mido en el desaliento, la inercia y la langui­dez de las almas tibias, y que me he hecho acreedor, por lo mismo, a las terribles ame­nazas que contra tales almas lanza el Espíri­tu Santo en el sagrado libro del Apocalipsis.

Vos, oh María, que sois la Virgen poderosa y Reina de Misericordia, interceded por mí cerca de vuestro divino Hijo, y obtenedme que me perdone mis muchas culpas y me conceda el oro encendido de la caridad divina. Oh Madre dulcísima, arrojadme vivo en ese abismo inmenso de fuego del Corazón abierto de Jesús, para que todo yo arda y me consuma en esas voraces llamas. Sí, Reina de Amor, yo quiero salir de mis culpas, dejar la tibieza y caminar resuelta y valerosamente por las más arduas sendas de la perfección cristiana; pero nada de esto podré si no vie­ne en mi auxilio el socorro omnipotente de la divina Gracia; y es este el don que espero al­canzar de la Misericordia Divina, por la intercesión y méritos de vuestro Corazón San­tísimo, una de cuyas glorias, por toda la Eternidad, será haber hecho de un miserable pecador como yo, uno de los Santos que rei­nen con Dios en el Cielo. Amén.

Fin

Consagración de la familia

al Corazón Inmaculado de María

¡Oh Virgen María!

A tu Corazón Inmaculado consagramos hoy nuestro hogar y a todos los que lo habitan.

Que nuestra casa sea, como la de Nazaret, morada de paz y felicidad por el cumplimiento de la Voluntad de Dios, por la práctica de la caridad y por el perfecto abandono a la Divina Providencia.

Vela sobre cuantos lo habitan; ayúdales a vivir cristianamente; cúbrelos de tu protección maternal y dígnate, ¡oh bondadosa Virgen María!, formar de nuevo en el Cielo este hogar que en la tierra pertenece por entero a tu Corazón Inmaculado.

Así sea.

Amén.

Consagración Individual

al Corazón Inmaculado de María

(Según San Luís María de Montfort)

“Yo, N…, pecador infiel, renuevo y ratifi­co hoy en vuestras manos los votos de mi Bautismo. Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me doy todo entero a Jesucristo, la Sabiduría Encarnada, por llevar mi cruz en su seguimiento, todos los días de mi vida. Y para ser más fiel de lo que he sido hasta aquí, os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la Corte Celes­tial por mi Madre y Señora. Os entrego y consagro, en calidad de esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, dejándoos entero y ple­no derecho para disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin reserva, a vuestro be­neplácito y a mayor Gloria de Dios, en el tiempo y en la Eternidad”.

Índice

Pág.

Advertencia preliminar …………….   1

Preces

en honor del Corazón purísimo de María …. 3

Novena

en honor del Corazón purísimo de María …. 7

Oración preparatoria para todos los días ….. 7

Consideración para el día primero …. 8

Oración final para cada día……… 10

Consideración para el día segundo ….. 11

Consideración para el día tercero…. 14

Consideración para el día cuarto…. 17

Consideración para el día quinto…. 21

Consideración para el día sexto….. 24

Consideración para el día séptimo …. 28

Consideración para el día octavo…. 30

Consideración para el día noveno ….  34

Moradas

en los Corazones Santísimos de Jesús y de

María  ……………………….. 37

Domingo…………………… 38

Lunes……………………… 38

Martes…………………….. 39

Miércoles…………………… 39

Jueves …………………….. 40

Viernes  ……………………. 40

Sábado   ……………………. 41

Morada octava………………. 42

Morada novena ……………… 42

Mes

en honor del Corazón purísimo de María …. 43

Oración preparatoria para todos los días ….. 44

Ofrecimiento para cada día……… 44

Día primero …………………  45

Día segundo………………… 47

Día tercero  …………………. 48

Día cuarto………………….. 49

Día quinto………………….. 50

Día sexto……….. 51

Día séptimo  ……..  52

Día octavo………. 53

Día noveno……… 54

Día décimo……… 56

Día decimoprimero……. 57

Día decimosegundo…… 58

Día decimotercero ….. 59

Día decimocuarto….. 60

Día decimoquinto  ….. 61

Día decimosexto….. 63

Día decimoséptimo ….. 64

Día decimoctavo ….. 65

Día decimonoveno ….. 66

Día vigésimo   ……. 67

Día vigésimo primero …… 68

Día vigésimo segundo….. 70

Día vigésimo tercero ….. 71

Día vigésimo cuarto …… 72

Día vigésimo quinto  ……. 74

Día vigésimo sexto………. 75

Día vigésimo séptimo …… 76

Día vigésimo octavo  …….. 77

Día vigésimo noveno………  79

Día trigésimo ……………….. 80

Día trigésimo primero…….. 81

Preces

al Corazón purísimo de María……… 83

Coplas

en honor del Corazón compasivo de Ma­ría, refugio de los pecadores   ………. 84

Acto de consagración

al Corazón Inmaculado de María  …… 85

Invocación

al Corazón Santísimo de María …….. 86

Oración

al Corazón compasivo de María ……. 87

Súplica

al Corazón compasivo de María  ……. 88

Oración

al Corazón Santísimo de María…….. 89

Consagración de la familia

al Corazón Inmaculado de María……. 90

Consagración individual

al Corazón Inmaculado de María (según

San Luís María de Montfort)……………. 91