El secreto de los druidas

El secreto de los druidas

Allá en las montañas, un oscuro castillo se alzaba entre las tinieblas de la noche. En el cielo la brillante luna dominaba amenazante el páramo desolado, de él salía una espesa niebla que lo cubría casi por completo. Una figura apareció por entre el espeso manto de niebla, era un hombre a caballo, era un hombre alto, joven y enjuto, llevaba una capa corta que, debido a la velocidad del jinete ondeaba al viento. Al fondo del páramo se detuvo, otra figura se acercó a él y le entregó algo, un bulto que se guardó por entre los dobleces de su capa, los dos miraban hacia los lados, parecía un acto clandestino. Uno de ellos alertó al otro debido al sonido sospechoso de hojas removidas por el viento, que se ululaba amenazante. Pero sus temores se disiparon al comprobar que sólo era el viento traicionero.

Sucedió tan rápido que ningún ojo humano hubiera sido capaz de captarlo, tanto por la oscuridad que reinaba en la escena como en la rapidez del suceso en sí mismo. Pero una criatura cuya visión en la oscuridad es tan buena como la de un gato, estaba encaramado a un árbol y lo observó todo. Bajó con rapidez del árbol y corrió.

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Años más tarde, en el claro de un frondoso bosque vivía tranquilo un personaje singular, una  criatura llamada de raza Muna. En efecto, Duir era un Muna, los Muna eran de estatura mediana y casi siempre su pelo tenía tonalidades doradas, aunque también los había con el pelo negro, pero eran menos comunes, ésta era una característica que los diferenciaba de los Griphno, una raza muy parecida en cuanto a estatura y rasgos de la cara, pero con una significativa diferencia, los Griphno solían ser pelirrojos, nunca rubios.

Duir vivía en una pequeña aldea, como solían hacer los de su raza, todos trabajaban en comunidad, y se ayudaban los unos a los otros, nada ambiciosos, ya que nadie se mostraba como un claro líder en la aldea, eran gente en general muy humildes y con un gran sentido del compañerismo, todas las decisiones se sometían a votación. Aquello significaba una diferencia muy notable frente a sus primos, ya que los Griphno tenían una fuerte jerarquía, la que imperaba la ley del más fuerte o habilidoso con la palabra, pese a sus claras diferencias eran pueblos que convivían en armonía, eran pueblos pacíficos.

Duir tenía un hermano bastardo entre los Griphno, aquello estaba muy mal visto, pese a que las dos comunidades se llevaban relativamente bien y no solía haber conflictos entre ellos. Por supuesto los únicos que sabían que su madre se había enamorado en secreto de un Griphno era Duir y Fearn, que así se llamaba su hermano. A pesar de todo se querían como hermanos que se hubieran criado juntos. De hecho todos los días se veían y conversaban.

- Hola -dijo Duir al ver que su hermano se acercaba. Miró la sombra de aquel árbol que le indicaba mediante rayas que su hermano llegaba inusualmente a la hora- Fearn tan temprano fuera de la cama, sin duda algo te hizo quitarte el sueño. No me creo que te hayas dormido y hayas madrugado de esta manera por tu propio pie.

- Y razón no te falta Duir, hoy no ha podido dormir -Duir sonrió divertido ante la veracidad de su deducción- hubo algo que me quitó el sueño.

- Tuvo que ser importante si no te dejó dormir.

- Un dolor de estómago como pocos he sufrido, odio tus comidas, Duir, a parte de saber a rayos me dejan dolor de estómago, pero el de ayer ha sido el peor. Es por esa manía tuya de echarle a todo hierbas para condimentar, las odio.

- Bueno, ayer se me fue un poco la mano, pero tampoco era como para que tu estómago reaccionara así -Fearn se escandalizo, gesticuló con las manos y dijo con los ojos muy abiertos:

- ¿Que no era para tanto? ¿tú estás loco? Estaba intragable, no sé porqué te empeñas en echarle esa bazofia inmunda. Y lo peor no es que las eches, es que echas una cantidad ingente, no es normal que eches tantas.

- Bueno, bueno, no exageres, si no te gusta me lo dices antes de que me ponga a cocinar.

- Mira, dejémoslo porque me parece que no volveré a cenar en tu casa, sobre todo si la comida la preparas tú.

- Oye Fearn, he de decirte algo -su rostro se ensombreció por la duda.

- No me puedo casar contigo, lo siento pero te encuentro poco atractivo, no me llenas como compañero, triste pero cierto -dijo con una mano en el pecho y poniendo voz femenina.

- Vale, contigo no me puedo poner serio nunca -miró al cielo y suspiró- mira sé que nuestras comunidades nunca lo aceptarán, pero después de tanto tiempo me da igual, además no nos pueden prohibir nada. Quiero que te vengas a vivir conmigo. Me gustaría que todos supieran la verdad, pero creo que por el momento es mejor así.

- Tú sabes que me gustaría, el problema no soy yo y lo sabes, mil veces te he hablado de mis planes. Aquí no hay libertad, yo quiero poder gobernar y cambiar eso. Si me voy no podré hacerlo nunca- Duir escuhó con calma su argumento.

- Ya, pero lo que no tienes aquí, lo vas a tener allí, no tienes excusa. Mira, sabes que puedes estar un año y un día en otro sitio que no sea tu lugar de nacimiento, pasado ese tiempo ya no se  te considera de ninguna parte. Debe pasar otro año en un lugar para que te consideren de allí, da igual a que raza pertenezcas -Fearn se quedó pensativo un rato meditanto las palabras de su hermano.

- Esta bien -dijo al fin- pero si no estoy a gusto me iré- Duir sonrió y miró con picardía a su hermano.

Caminaron sin decirse una palabra, en realidad poco tenían que decirse, puesto que todos los días se veían y conversaban. Duir miró pensativo a su hermano, y le vino a la cabeza una imagen, aquella en la que su madre le dijo que entre los Griphno se hallaba un hermano suyo. Al principio se enfureció, casi odió a su madre, pero cuando le conoció cambió por completo su idea. Después de todo él siempre había deseado un hermano con el que compartirlo todo. Su madre, durante todo el embarazo, vistió con ropa muy holgada, para que no se notara, y después le dio el niño a una buena amiga suya que era Griphno. Quizá aquella era la principal razón por la cual Duir quería vivir con su hermano en la casa que su madre le había dejado en herencia después de su trágica y repentina muerte. El padre de Duir murió al poco de nacer él por una grave enfermedad, por lo que era imposible sentir nada hacia alguien que nunca había conocido.

Mientras, Fearn pensaba en su querida madre adoptiva, había muerto hacía un año, mientras paseaban ella y su verdadera madre Manannan, un animal salvaje las atacó, acabando con la vida de ambas. En aquellos oscuros bosques de aquel lado del río, tenían peligros que muchas veces cogían por sorpresa a los viandantes.

- Bueno, aunque nuestra madre no dijera nada sobre la casa y tú no saliese en su reparto de bienes eso no quiere decir nada, nos pilló tan de sorpresa a todos que ni ella quiso dejar su última voluntad tan pronto. Pero yo sé que su deseo habría sido que los dos viviéramos en la casa donde ella vivió -miró al vacío de los ojos de su hermano, y una melodía empezó a sonar en su cabeza, era aquella canción que habían compuesto entre los dos un día de lluvia y niebla. Entonces entendió a su hermano, y supo que esa misma melodía sonaba de igual manera en su cabeza. Ese río de notas dulcemente unida formaba una criatura que habían engendrado en un día de soledad. Ocultos por los árboles que les inspiraron, su verde cálido y amable, como invitándolos a quedarse bajo él para siempre.

Pero le sacó de sus pensamientos su hermano, le tocó un brazo y le indicó el lugar donde habían muerto sus madres, un flor entre los matorrales indicaba el lugar. Un lugar, cuyo esplendor se ponía en duda sólo por el poco verde que había en él, allí donde acabaron dos vidas, ahora se juntaban sus hijos, Fearn se agachó, arrancó una flor silvestre, la más hermosa que sus ojos vieron y la colocó entre la maleza que dominaba aquel santo lugar. Santo para el recuerdo de dos mujeres que engendraron entre las dos a dos hermanos unidos para siempre por aquel claro del bosque, tan solitario y lúgubre que la sola presencia de aquellas valientes mujeres convertía aquel sitio en un lugar de culto y conseguía que brillara como la más hermosa de las joyas. Sin duda un lugar poco apropiado donde dejar a una madre, parecía que los árboles hacían un círculo a su alrededor, como para protegerlas.

Duir se sacó del bolsillo de su estrecho pantalón una pequeña rama del árbol que perdura a las frías heladas, llamado el árbol de los difuntos, puesto que se creía que los muertos yacían en los árboles y les dotaban de alma. Así, sus madres perdurarían hasta el fin de los días, hasta el fin de las razas.

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- No podemos arriesgarnos -dijo un hombre de aspecto rudo y tosco, ya tocado por el tiempo pero aún con claros signos de una vitalidad juvenil.

- Han pasado muchos años, te preocupas demasiado -le dijo otro más joven- además nadie os vio, no le deis más vueltas.

- Si pero aún no se ha resuelto nada, hace años que la tengo y aquello que en su día hicimos no ha servido para nada. Por el momento aún espero el cumplimiento de la profecía.

- Tú y esa profecía, eso no son más que leyendas y habladurías. Tú, no deberías creer en esas cosas, eso es para las razas ignorantes, es ridículo que te preocupes por lo que dijo un viejo chiflado.

- La mayoría de sus profecías se han cumplido, cuando ocurra lo que tenga que ocurrir, descansaré tranquilo. Ojalá tengas razón y sólo sean palabras de un viejo moribundo.

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Las montañas nevadas se divisaban desde aquel bonito lugar, “lo cierto es que por lo menos la casa tiene unas bonitas vistas”, se dijo Fearn al llegar a la casa donde su madre había vivido todos los años de su vida.

El río bajaba lentamente por entre los recodos del valle y como una serpiente se dejaba entrever en su largo viaje hasta la costa. Duir le llevó hasta una gigantesca piedra que tenía un gran hueco y le dijo:

- Aquí, dice la leyenda, se crearon nuestras razas -Fearn se acercó más y vio una inscripcción, pero antes de que pudiera emitir palabra alguna su hermano le respondió- lo que estás mirando es una profecía, dice que nuestras razas se aliarán para derrotar al mal, deben rescatar el instrumento de la vida.

- ¿Y eso que significa?, no se tú pero yo no entiendo nada de nada.

- Pues no está muy claro, muchos de los grandes sabios de cada raza han intentado descifrar la suya otros lo han intentado en una visión de conjunto, me explico, juntando todas las piedras de cada raza y e intentando escudriñar al máximo cada perfil del dibujo. Pero jamás han encontrado nada, todos lo que lo han intentado han fracasado estrepitósamente, ha habido incluso gente que se volvió loca después de años intentando descifrarlas. Huthe quiere conseguirlo pero no lo se, quizá sea demasiado ambiocioso para él.-Fearn se acercó aún más y vio una especie de montaña dibujada, con una río y frondosos bosques, y que tenía una líneas marcada con más dureza que las otras, señaló con el dedo y Duir le contestó con cara dubitativa- nadie sabe lo que significa exactamente, algunos piensan que es un dibujo más antiguo que la inscripcción, otros opinara que el autor se aburría, el caso es que nadie sabe lo que significa con exactitud.

- Está bien -Fearn se rascó la cabeza- pero, ¿qué razas se aliarán?- preguntó.

- A veces creo que eres tonto, mira, cada raza se creó en un lugar diferente, todos los sitios donde fueron creadas tiene una piedra de dimensiones parecidas pero el dibujo que hay en la superficie de éstas varía según la zona donde esté ubicada, nadie sabe a qué se debe, pero muchos sostienen que debe ser el gran secreto de la profecía, otros que es una alegoría de la existencia de las razas, vamos que no se ponen de acuerdo, lo cierto es que nadie ha sabido dar con el significado de los dibujos. Cada raza tiene, por así decirlo una misión para cuando llegue la etapa de oscuridad. Nuestras razas tienen una misión, los Phergui tienen la misión de custodiar lo que quiera que tengan (porque he de decirte que la profecía no es nada clara sobre este punto) cuando nuestras razas lo recuperen de las fuerzas del mal. Resumiendo nuestras razas tienen la obligación de salvar al resto y poner a buen recaudo la cosa en cuestión, se habla de un cetro o una piedra mágica o algo por el estilo. Unos se encargarán de hechizarla, otros de custodiarla hasta el fin de los días…

- Tiene que haber un error, nosotros no fuimos creados para luchar, sino para elaborar pociones, nosotros somos druidas, no podemos luchar, a menos  que encontremos el arma que no nos convierta en patosos por naturaleza. Nosotros curamos no salvamos mediante la espada a las razas.

- Pues dice eso, ya me dirás, mal no puede estar, porque queda bien claro el nombre de nuestras razas, no hay equivocación posible.

- ¿Y cuándo ocurrirá?

- Cuando dos estandartes de cada raza sean engendrados por un mismo árbol, las tres lunas se alinearán y formarán un todo en el hogar de las razas. Entonces un sabio, que llamará a su puerta predicará la llegada de la oscuridad, un anciano demente y moribundo, al tercer día morirá. Entonces empezará la era del bien  el mal juntos, convatiendo el uno con el otro.

- ¿Qué demonios querrá decir con estandartes de cada raza? Desde luego el que escribió esto debió estar muy mal de la cabeza. En fin, conduce me hasta casa, anda, ya he tenido bastante por hoy.

Se acercaron hasta una elevación del terreno, subieron por el montículo de tierra, y ante ellos surgió la casa. Fearn se quedó maravillado ante tal paisaje y ante la explosión de verde que había en la fachada de la casa. Unas plantas trepadoras cubrían por completo la casa, y de la fachada sólo se distinguía algunos focos de pintura que no había cubierto la maleza. Las ventanas eran grandes, aunque no se podía ver el interior, todas tenían celosías finamente forjadas, tenía unos motivos que sorprendieron de sobremanera a Fearn. En una barra de hierro, entraban y salían efigies de hombres y flores con bonitos adornos, que hacían que las ventanas fueran aún más hermosas, entrelazada a esa barra tenían una corona de espinas a lo largo, y culminaba en la representación de una flor, símbolo de esa familia durante años.

Aunque aparentemente pequeña por fuera, era muy espaciosa por dentro, nada más entrar, había un cuarto con amplias ventanas y grandes cortinas ricamente ataviadas. La decoración a mano, de las paredes era sublime, cada detalle tenía importancia en un todo que visto desde lejos era un bonito laberinto de extrañas figuras y motivos florales.

Entonces Fearn creyó ver a su madre por entre aquel laberinto de color, sonriéndole y mirando alegre el que por fin estuvieran los tres juntos por fin en la casa en la que había vivido Duir su infancia junto a su madre. Pero le sacó de su sueño precisamente su hermano.

- Eh, no te quedes ahí parado -le dijo al ver que se había detenido frente a la pared- la casa no es muy grande así que no tardaremos mucho y podrás volver para mirar todo el tiempo que quieras la pared- le condujo hacia unas pequeñas escaleras de madera muy trabajada, la luz que entraba por las ventanas era tan intensa que llegaba a iluminar toda la escalera. Cuando llegaron al único descansillo que poseía la escalera, Fearn se detuvo frente a un retrato que se hallaba en la pared a la altura de sus ojos , de tal modo que los ojos del fornido guerrero parecían tan vivos como los suyos propios. Era un hombre de fuertes facciones y mirada penetrante, su pelo tenía unas tonalidades del color del trigo, unos bucles le caían de tal manera que le enmarcaban el rostro, haciendo de aquel un hombre hermoso.

- ¿Qué se supone que estás mirando? -le dijo su hermano desde lo alto de la escalera, viendo que no se movía y que los minutos pasaban- sube, ¿a qué esperas?

- Si, si, ya voy -repuso Fearn con una voz casi inaudible.

Una vez arriba, Fearn se encontró con una puerta, que estaba frene a la escalera, deliciosamente decorada, con plantas trepadoras pintadas en ella, a modo de orla, y en el centro se hallaba un bonito paisaje de altas montañas nevadas, verdes prados y un valle atravesado por un río de agua clara. Entonces, y frente aquella visión, imaginó que él estaba en algún lugar de aquellas montañas y creyó que podía nadar por el río que, con tanta maestría había sido pitado, y soñó que su vida transcurría por entre los bosques de la puerta, su sueño duró poco ya que Duir siempre estaba allí para despertarle de su letargo.

Duir introdujo una llave por la cerradura, digna del más grande herrero, y abrió la puerta con delicadeza, y Fearn se encontró con  una habitación, que denotaba claramente que aquello era el cuarto de una mujer, de una gran mujer.

Una cama con un cabecero de madera que cuyos detalles parecía que la propia madera los tuviera por naturaleza, tenía, encima del colchón, una tela, finamente tejida, con diversos colores de gran viveza que se entrelazaban y juntaban con gran maestría, a su lado, había una pequeña mesa, de talle más sencillo pero que aportaba al conjunto sencillez y austeridad.

Al lado de una gran ventana, que le daba la luz necesaria para que aquel sitio tuviese más misticismo del que ya tenía por el hecho de ser la habitación en la cual la madre e los dos hermanos había soñado con tenerlos juntos, había  un gran espejo, una mesa y un silla. En la mesa, haba tinta y papel, además de un pesado volumen, tenía las tapas de piel, y había un escudo en relieve, el libro en cuestión tenía un gran cerrojo, por lo que era imposible abrir el libro.

- Solía decirme que sólo se abriría con la verdad y con unas palabras -le dijo Duir s su hermano.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Si lo supiera ahora estaría abierto, ¿no crees?

Pese a la conversación Fearn estaba maravillado, jamás había visto una habitación tan dulcemente adornada en su sencillez, las paredes, como las del piso de abajo estaban pintadas a mano con una delicadeza asombrosa, los detalles eran de una viveza absoluta.

- ¿Quieres cerrar esa boca? -dijo Duir a su hermano al verlo con la boca tremendamente abierta, signo únicamente de su asombro.

Pero Duir, también se sumó al sueño, y creyó estar junto a su madre allí donde también se hallaba Fearn, sintieron su imaginación volar en busca de la verdad, en busca de su madre entre sus pensamientos.

Ellos creían que cuando la gente moría, sus cuerpos alimentaban la tierra, y desde allí se hacían eternos, seguían viviendo en la tierra , alimentando a los árboles, que a su vez les daban cobijo y paz, de este modo se convertían en parte de ellos. De ahí venía el gran respeto que sentían hacia esas criaturas del bosque. Ellos consideraban que el bosque no era más que un lugar santo y de un gran valor místico, de hecho muchos hacían una especie de sacrificio en honor a sus parientes muertos, permaneciendo en el bosque un año y un día, viviendo de lo que el bosque les ofrecía, con todas las consecuencias que ello conllevaba.

Puede que Fearn tuviese pensado hacer eso desde el principio, aunque él no había conocido a su verdadera madre, lo haría por las dos, sentía un gran respeto por alguien que le había dado la vida, y por otra mujer que le había dado la felicidad mientras estuvo viva. Por la memoria de aquellas mujeres que le enseñaron lo que era la vida, sentía un gran aprecio por las dos y creía firmemente que las dos estarían contemplando sus vidas en común desde algún árbol milenario. Sentía que ambas estaban orgullosas de lo que habían hecho hasta ahora y de lo que harían en el futuro.

Seguían sumergidos en estos pensamientos cuando escucharon el ruidoso repiqueteo en la puerta de alguien que lleva un buen rato llamando. Bajaron a la carrera y dando tumbos por la escalera, por temor a que el visitante decidiera que ya estaba bien, y se marchara. Duir se adelantó con rapidez y abrió la puerta tropezando con todas las cosas que se hallaban a su alrededor. Ante la puerta estaba casi u gigante, era Huathe, un gran amigo de los dos hermanos, ya desde muy pequeños. Era un fornido muchacho y medía más que la media, algunos sospechaban que su padre no fuera de la misma raza que su madre, pero era algo que importaba poco, porque a pesar de su tamaño se hacía querer y siempre encontraba alguna cosa en la que ayudar, para así hacer la vida un poco más fácil a aquellos que lo necesitaba. Tenía el pelo muy largo, con grandes bucles y negro, como negra es la noche. Pero sus ojos eran claros como el agua cristalina del arroyo que cruzaba el valle partiéndolo en dos mitades similares en fertilidad. La gente que venía de fuera, conocía a Huathe como el gigante del valle.

- Ya era hora -bramó Huathe con sonoridad y soltó un taco, comenzó a reírse y consiguió que los dos hermanos rieran con él alegremente.

- Pasa, anda y calla. Creo que si te llega a oír nuestra difunta madre te corta la lengua

Fearn sonrió ante la afirmación de su hermano corroborándola con un gesto de asentimiento, probablemente la suya también le hubiese mutilado la legua.

Fearn condujo al visitante hacia la cocina, donde le preparó un zumo de vallas, que él mismo había recogido aquella mañana y se lo sirvió en una vistosa copa. Caminaron hacia l lugar donde estaba Duir, ordenando aún el caos causado por sus prisas. Huathe lo miró todo con cara de espanto.

- Mira que eres animal -dijo con tono burlón- podía haber esperado un poco más, total ya que estaba ahí esperando y aporreando la puerta -Duir le miró y vio como su rostro adquiría semblante serio.

-¿Qué demonios te pasa? Has cambiado de cara en cuestión de segundos - preguntó Duir con preocupación.

- Bueno, a vosotros quizá no os importe u os parezca lejano, pero lo cierto es que estoy preocupado.

- ¿Qué te preocupa grandullón? Para eso estamos los amigos, para lo bueno y para lo malo.

- Eso -confirmo Fearn.

- Bueno, me preocupa esa profecía -era de todos sabido lo mucho que había investigado la piedra y los grandes descubrimientos que aportó para la causa. Era, posiblemente, de todas las razas el más experto en la profecía.

- ¿Por qué? -preguntó Fearn dando un sorbo al zumo de vallas.

- Se que pensaréis que estoy loco, pero tras muchas ivestigaciones creo que sois vosotros de quien se habla en la profecía -Duir y Fearn se miraron en un momento de estupefacción, tras ese instante los dos emitieron una sonora carcajada, lo que provocó que Huathe frunciera el ceño y caminara por entre la sala y dijo con determinación:- no tiene gracia, tomároslo en serio, no tiene gracia, ¿y si es cierto? ¿es que nunca habéis pensado en eso?

- Si claro, todos los días -Dijo Fearn con tono jocoso- no digas sandeces Huathe -le reprochó desde la poca altura que tenía y tratando de contener la risa- no ves que para eso se necesitan ciertos conocimientos sobre el arte de la guerra, y no sólo eso sino además haber nacido entre los  guerreros, eso tú lo sabes mejor que nadie, profeta, Duir y yo no estamos para eso, nosotros somos druidas, no nacimos para empuñar un arma y manejarla bien.

- Eso no importa -le contradijo el gigante del valle desde la ventana y dándole la espalda- tú sabes bien que el único  requisito indispensable para luchar es tener valor, así lo dice la profecía, creo que es de sobra sabido por todos y no hace falta que te lo repita.

- Te tomas demasiado en serio eso, Huathe, olvídate de ese tema y vive la vida, aún queda mucho para que eso pase, o a lo mejor no pasa, ¿qué más da?

- Estoy viviendo la vida el problema es que no me hacéis caso, se que puede sonar extraño pero lo tengo todo atado y sólo el tiempo me dará la razón. Os doy tiempo suficiente para que os preparéis y vosotros os reís, bien ese día llegará y cuando llegue no estaréis preparados porque no os dio la gana hacer caso al grandullón -cruzó los brazos y se sentó en un sillón, Duir  Fearn se miraron extrañados.

- Caramba Huathe, no hacía falta que te pusieras así -soltó Duir con un hilo de voz- es posible que sea, pero también debes albergar la idea de que pueda no ser así.

- Hay más datos a favor de mi teoría que hacia la vuestra, sólo tenéis el factor tiempo, yo lo tengo todo a mi favor. Pero no voy a perder el tiempo en explicaros lo- comentó con tono gruñón e infantil.

- Bueno, nadie iba a pedirte explicaciones -soltó Fearn sin preocuparse de las consecuencias. Salieron al patio que había en la parte de atrás de la casa. Había un bonito estanque, rodeado de piedras y con agua cristalina, también había una gran fuente de piedra que tenía una estatua con la efigie de algún personaje poco conocido. El patio estaba rodeado por unos grandes árboles, que siempre se dijo que eran las almas de sus antepasados. Uno de ellos estaba retorcido y grandes enredaderas le rodeaban, su madre siempre había contado a Duir, que aquel era un pariente que se fue por mal camino, y que aún después de haber pasado tanto tiempo su alma seguía atormentada, retorcida por el dolor y sucumbiendo a la oscuridad, como en su juventud.

También había matorrales con las más diversas plantas y flores, que muchas veces les servían de alimento, ya bien para hacer zumo o pasteles con los que deleitar  a sus invitados. Una bóveda de plantas curiosamente entrelazadas no permitía que gran parte de la luz atravesara y aunque con poca visibilidad era casi u paraíso, y con el calor que últimamente hacía era casi una bendición el fresco que allí se respiraba. La humedad del ambiente era palpable y a pesar de todo eso el invitado se sentó en unas sillas de madera, sencillas y sin adornos que rozaban la austeridad más que la sencillez. Miró con calma el sitio que le ofrecían para descansar y bebió algo más del delicioso zumo de vallas que con tanta maestría había preparado Fearn. Lo apuró y pidió otro con tono suplicante.

- ¡Haz para todos! -le gritó Duir cuando su hermano ya se había marchado a la cocina.

Cuando los hubo traído se sentaron todos cómodamente y charlaron de los viejos tiempos, con nostalgia y gratitud, ya que se sentían afortunados por haber podido vivir aquello. Recordaron aquellos tiempos en los que la inocencia era su mejor arma contra la tiranía y contra la oscuridad. Y de cómo uno de sus amigos había sucumbido a la oscuridad del mundo, de cómo un alma pura de alguien inocente se había dejado arrastrar por ella. Ellos temían la llegada de la oscuridad, temían la llegada del mal, no por el hecho en sí mismo, sino porque la oscuridad significaba muerte y corrupción, la corrupción del alma y de la mente, y de este modo sus almas jamás las albergaría el brazo protector de un árbol, de aquellas criaturas místicas, se preguntaban qué se sentiría al vivir en calma, en paz, una vez allí, nunca la oscuridad de cogería de nuevo. Pero si dejabas que atrapara tu alma sería para siempre y nada te podría salvar, serías prisionero de ella para siempre, la justicia actuaba sola, sin ayuda, al final todos acababan en su sitio, ocultos por la oscuridad o por la luz que te llevaría por el buen camino. Era más fácil de lo que se pensaba caer bajo el influjo de la oscuridad, bastaba con ser un tirano, con los tuyos o con todos aquello era casi lo de menos, todos sentían un gran respeto por el resto de criaturas y si alguien infringía un daño a alguna de ellas, en parte era oscuridad. Nadie regresaba de ella. Bastaba con imaginar un mundo helado y sin sentimientos, aquello era oscuridad, un mal del que nadie podía volver una vez dentro.

- ¿Os acordáis del hermano de Koad? -preguntó Huathe- lo vi el otro día, demacrado y solo, dicen que desde que mató sin querer a aquel animalito no puede descansar pensando que va a caer en la oscuridad, pobrecillo, creo que él se salvará, siempre ha tenido buen corazón, no creo que merezca lo que él mismo se está haciendo.

- Bueno, yo creo que si lo hizo porque el pobre se le cruzó en el camino mientras disparaba una flecha, siempre ha sido buen tirador, si o lo vio no lo vio, es tontería preocuparse por eso -en ese mismo instante llamaron con tranquilidad a la puerta, los hermanos se miraron interrogándose el uno al otro, por fin Duir se decidió y se apresuró a abrir la puerta. Ante sus ojos se hallaba lo que él mismo calificaba como una diosa. Una hermosa joven, altiva y con una expresión dulce en los ojos, oscuros como el azabache, su larga cabellera del mismo color de sus ojos le cubría toda la espalda. Su rostro era el más bello, y Duir siempre decía que no había mujer más hermosa que ella, todos, en general solían calificarla de hermosa, Duir siempre decía de ella que todos los epítetos en ese sentido no hacían justicia a su belleza. Un rostro joven, una facciones suavemente marcadas, y unos ojos que conquistaban a cualquiera, Duir la amaba hasta en lo más profundo, pero ella nunca le había correspondido hasta ese punto, aunque si bien era cierto que algo especial sentía por él.

- Hola Duir -dijo Jira con cortesía- ¿puedo pasar?

- Claro, pasa, te llevaré con mi hermano y con Huathe, si lo deseas mi hermano te puede hacer un zumo de vallas -ella sonrió y asintió con la cabeza. La condujo hasta el lugar donde se hallaban reunidos su hermano, Huathe y en última instancia él. A los tres le agradó la idea de que ella fuese hacerles una visita, todos la tenían gran aprecio porque a pesar de su aspecto delicado era un gran tiradora y prácticamente todo el valle sabía que no era bueno alterarla, más de uno tenía señales en su cuerpo de su mal genio. Ellos la trataban como uno más, lo que facilitaba el que Duir se enamorase aún más de ella, ya que nadie excepto él la pretendían. Todos acertaban en que su hermosura se quitaba con sólo entrever su carácter agresivo y desvergonzado. Aún así ellos la querían y la apreciaban como a la que más.

- Vaya, vaya, pero si está aquí la reina del bosque, he oído que volviste a disparar a un Griphno -dijo con la mejor de sus sonrisas Huathe. Él solía enterarse de todo, después de todo su trabajo era mantener informados a todo aquel que viniera de fuera, y el hecho de saber que ella andaba suelta por ahí era motivo de preocupación.

- Si, ese maldito bastardo -contestó con fiereza y con el ceño fruncido- estoy un poco cansada de sus inagotables visitas, le he dicho un millón de veces que no me iría con él ni aunque me dieran todo la hidromiel de la comarca -un licor que se hacía con miel y otros componentes secretos para los hombres ya que sólo las mujeres sabían la receta, era muy codiciado y bastante fuerte, generalmente se hacía una fiesta a la que estaban invitadas todas las razas y bebían todos este licor de miel hasta la saciedad, era una fiesta exclusiva de los Muna y los Griphno y sólo la preparaban sus mujeres, al final de la estación calurosa solían terminar de recoger al miel y a principios de la estación en que los árboles se quedaban sin hojas se solía celebrar la fiesta-, aún en ese estado te juro que jamás me iría con él.

- Si, la verdad es que yo tampoco lo haría -comentó Fearn riendo. Lo cierto es que todos sabían de la pasión de Duir por la tiradora, pero ninguno solía hacer bromas sobre el tema, bastante tenía él con ser rechazado, pero a la vez querido como amigo algo que seguramente importaría más a Duir que el propio amor apasionado de la audaz mujer.

- Bueno, pero según tengo entendido le diste donde la espalda pierde su nombre -ella se echó a reír, profiriendo palabras indescifrables. Su risa era, por demás contagiosa, y pronto los tres se rieron con sonoridad y casi a la par. Cuando uno trataba de no reírse más, alguien le contagiaba la risa, y de este modo tardaron tanto que tuvieron, de alguna extraña manera, que ponerse de acuerdo para parar de reír. Cuando alguno de ellos le preguntaba por qué reían tanto a la muchacha ésta volvía a reír.

- Os lo diré -dijo secándose la lágrima que le resbalaba por la mejilla- yo no le di ahí ni mucho menos, eso son invenciones de la gente, es cierto que me tenía tan cansada que decidí tirarle una flecha para ver si de esa manera conseguía yo algo. Bueno, tiré la flecha y apunté hacia el brazo, ya le había advertido yo que no se moviera, se agachó y le rozó la cabeza, cargué otra con  toda la rapidez que pude, tensé el arco y salió disparada, bueno pues ésta le dio en la pierna, pero no de frente, sino como iba corriendo, huyendo por supuesto de mis flechas, le dio en la parte de atrás de la pierna. Lo cómico era que mi intención era darle en el mencionado lugar. Pero no lo conseguí, bueno, no siempre se puede ganar- lo dijo con tal desparpajo y con una tranquilidad aplastante, que Fearn la miró con expresión de admiración.

- Aunque hubiera querido relatarlo con esa frialdad no hubiera podido, lo cuenta como el que lee una receta para hacer alguna comida -puso la mano delante de sus ojos simulando tener un libro en la mano-, ingredientes principales: un guiñapo de Griphno, un arco, un par de flechas, puntería, y un poquito, pero sólo un poquito de odio hacia el objeto a disparar -todos comenzaron a reír, ella se levantó y le dio con la mano a modo de suave reprimenda, quizá, pensó, me he excedido un poco con él.

- Pues yo llego a ser ella, después de todo lo que ha tenido que aguantarle y le clavo la flecha yo mismo -dijo Duir triunfante.

Fearn sonrió ante la salvaje afirmación de su hermano, y se prometió así mismo no reírse, puesto que no dudaba que Duir saliese corriendo para clavarle una flecha a aquel insolente que osaba cortejar, sin su consentimiento, a la joven. Sanan, que así se llamaba la joven cazadora, se levantó de la silla en la que estaba sentada y comenzó a dar vueltas, saltando las piedras que rodeaban el estanque y procurando no mojarse las botas. Duir la miraba como hipnotizado ante la gracia de sus movimientos, Fearn le excusó frente a su amigo el gigante con un gesto negativo con la cabeza.

- Últimamente no hay muy buena caza, eso es malo porque sino hay caza, la gente no viene, y eso quiere decir que yo tengo que invertir mi tiempo en otras cosas. Lo cierto es que gracias a eso ahora le puedo dedicar más tiempo a esa dichosa piedra. Hay algo que me dice que todas las piedras tienen relación, aunque el texto prácticamente es el mismo, hay algo que no me termina de encajar. Es sólo una corazonada, no tengo nada seguro, pero cuando lo tenga…- se quedó pensativo mirando al vacío durante unos segundos, imaginando la gloria que su nombre alcanzaría cuando todas las razas supieran que era él el único que había conseguido descifrar la piedra en su totalidad.

Fearn comenzó a cansarse del patético espectáculo que estaban dando sus amigos.  miró con detenimiento la cara de su hermano y supuso en quién pensaba. Sabía que él la quería y que no era ni mucho menos correspondido, y aún así la quería con un fervor inimaginable, era curioso que un hombre tan comedido como él par esas cosas se quedara tan absolutamente prendado de ella. Todo el mundo la tenía gran estima, pero nadie hubiera querido nada parecido a vivir con ella. Sólo un loco como aquel tipo que la perseguía y su hermano eran capaces de amar a una criatura así, tan despreocupada y tan distinta en cuanto a comportamiento del resto, era sin duda alguien singular. Por eso a Duir le gustaba, quizá en el fondo albergase algún tipo de esperanza con ella, él siempre la amaría en silencio, en el silencio de su corazón roto por el baile de una Muna poco corriente y demasiado agresiva.

Huathe se había estado fijando en la manera que Duir tenía de mirar cuando ella estaba delante, es como si su visión del mundo cambiara y solo viera felicidad (es sacarle los ojos a un niño pequeño  hacerte un collar), y cuando se iba, sus ojos volvían a la cruda realidad del mundo oscuro y difícil de transitar.

Fearn le sacudió por el brazo para que depertara de su letargo y mirara con mejor cara al horizonte.

- Bueno, no hace falta que pongas esa cara -le espetó al ver el rostro asolado por la marcha de su amiga.

- No se acaba de ir y ya la echo de menos, esto no es normal -se dijo Duir hablando para sí mismo más que para sus amigos.

- Duir, no puedes mirar eternamente los pasos que da esa chica y observarlos con tristeza, si no te queda otro remedio, por que no te queda orto remedio, debes mirar esos pasos con alegría, peor fuera que te persiguiera con una flecha dispuesta a salir disparada gracias a la tensa cuerda de su gran arco. Escucha lo que te digo, haciendo eso sólo conseguirás herirte, hazme caso y haz lo que te he dicho, es la única manera de no sufrir -Duir miró a su gran amigo, realmente tenía razón, no podía estar lamentándose de por vida que ella no le quisiese.

- El problema estriba en que tienes razón, pero no soy capaz de no hacer caso a mi corazón que constantemente me dice que tengo que  estar triste porque ella no siente lo mismo que yo, de todos modos intentaré hacer lo que me dices, aunque no te prometo nada.

- A mi no me tienes que prometer nada, es a ti mismo al que te tienes que prometer que no te vas a seguir torturando porque esa chica no te quiera, no es culpa tuya, ni siquiera suya. A si que no te atormentes, lo digo por tu bien y por el de todos, a nadie le gusta verte así -Duir miró con dulzura el camino por donde la grácil muchacha se había alejado, en un primer momento sintió pena, pero recordó que aún tenía la amistad de aquella espléndida cazadora amante del bosque y de sus criaturas.

- Bueno -dijo Fearn con alegría ignorando la tristeza de su hermano- habrá que comer, ¿no? Yo tengo hambre, así que el que quiera que me siga -Duir miró con tristeza al suelo y le siguió cabizbajo y con poco ánimo.

- Anímate, no hay nada que anime más a Duir que una comida bien cocinada, claro porque sus comidas debe comerlas él, porque sino tiene que tirarlas -Fearn se rió por lo bajo mientras Duir miraba con cara de odio a su gigantesco amigo. Huathe miró al cielo y añadió:- Bueno, yo he de irme, os dejo, tengo mucho que hacer con esa piedra.

- Pero hombre, quédate a dormir por lo menos, no seas así -se acercó a él y le dijo mirando a Duir y de tal manera que ambos podrán oírle:- tranquilo pequeño amigo, hoy cocino yo, y si se empeña en hacerlo él, le metemos en la cazuela y que hierva con el agua, luego se lo daremos de comer a las bestias.-Todos rieron ante la brutalidad del argumento de Fearn y entraron en la casa agarrados los unos a los otros.

Fearn se metió en la cocina mientras Duir decoraba la mesa de manera entrañable, con grandes platos y buscando las mejores copas para la ocasión. También trajo una bebida que hacían ellos por propio descubrimiento con una hierba que crecía en bastas extensiones usada para alimentar al ganado. Era algo amarga pero ellos la tomaban fría y decían que era bebida de dioses, era tradición que cada clan familiar tuviera alguna bebida o comida que nadie había probado, de este modo cada año se reunían todos los clanes de ambas razas y les mostraban sus creaciones, esto ocurría cada vez que una nueva generación tenía la mayoría de edad. Ellos habían creado el producto pero aún no sabían cómo llamarlo, estaban convencidos que aquella bebida triunfaría entre sus congéneres, claro que siempre que se bebía en exceso provocaba la risa y se cometían actos ridículos, aunque eso no les solía ocurrir con aquella bebida. Además también descubrieron que se podía mezclar con tipo de bebida que hacían sus amigos del Norte, más robustos y solían dejarse barba como distinción de ellos, los del Sur.

Una vez la comida en a mesa, devoraron con ansia lo que había preparado Fearn, solían tener cuatro platos, estas eran gentes de mucho comer, digamos que comían para no deprimirse, era un manera de eliminar los malos humores. Cuando uno de su raza se sentía sólo o deprimido se hacía un gran banquete y se invitaba a muchísima gente entre amigos y familiares, cualquier cosa era buena para hacer un banquete e invitar a todo el pueblo, y si la cosa era muy importante como la unión de dos jóvenes pues se reunían allí gentes de otras comarcas y distintos lugares del valle venidos para la ocasión.

Después de la comida se fumaron una pipa de una hierva especial que crecí en ambientes muy húmedos y de la que se hacían cultivo en las casa para estar aprovisionados, se dejaba secar y se trituraba.

Otras plantas que crecían en lo profundo del bosque, aunque se tenían que dar unas condiciones un tanto especiales, tenían que tener luz y humedad al mismo tiempo, mucha agua sobre todo al comienzo de su crecimiento, y tenían que tener un suelo pedregoso. A pesar de lo exigente de la planta Fearn y su hermano la habían encontrado muchas veces, porque sabían donde buscar. Esa planta no sólo se fumaba, también tenía poderes curativos, muchos la usaban para calmar el dolor y la tomaban como infusión, algunos decían que si te la fumabas en gran cantidad te provocaba sueño, pero Fearn la había fumando más de una vez y no había notado nada extraño

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Aquel hombre de grandes proporciones y con gesto adusto que paseaba por una habitación nervioso no sabía lo que le deparaba el futuro y eso lo carcomía.

- Me niego a creer en esas historias de druidas y guerreros -se dijo para sí en el mismo instante que entraba otro hombre de menos estatura pero igualmente intimidaba a toda compañía que no fuese igual de malévolo que él.

- Bueno, parece ser que sigues pensando en esa profecía, no te preocupes más del tema, todo saldrá bien, ese viejo loco no tendrá razón.

- Lo que más me preocupa es que alguien le de por querer descifrar esas piedras y lo consiga, sobre todo que lo consiga antes que nosotros, tenemos que averiguar dónde, dónde, está ese maldito chisme, sino, estamos perdidos, si alguno de esos malditos enanos se enteran de la manera de descifrar esas malditas piedras te digo que estamos perdidos, olvídate de nuestro plan.

- Los sabios hacen lo que pueden, trabajan contrarreloj y aún así no hay manera, parece que no las amenazas ni las torturas pueden hacer que consigan descifrarlo, debería matarlos a todos.

- El único inútil aquí eres tú, sino fuera por que implicaría mover mi espada te mataría.

El otro hombre se puso en guardia y puso la mano en la empuñadura

- No te sulfures, no te haré nada. Al menos por el momento, yo que tu no me fiaría mucho, ni siquiera de ti mismo. El final está cerca y tus días, igual que los míos estarán contados sino hacemos algo para impedir que descubran nuestro secreto. Debes enviar espías a todas las comarcas de todas las razas y descubrir si alguno trata de descifrar la profecía, si es así, matalos, acaba con ellos, es la misión que te encomiendo. Y por el bien de todos será mejor que lo hagas.-El hombre salió a toda prisa y dando gritos a sus criados.

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Después de aquel día largo y tortuoso de pasar las pertenencias de Fearn de su antigua casa allá en la aldea cercana a la nueva costó un par de horas más de lo previsto, por eso los hermanos no se despertaron hasta que el sol estaba en lo alto del cielo.

Su gran amigo Huathe les había ayudado en la ardua  tarea que aun así y pese a la ayuda se hizo larga y cansada. Aquel pintoresco personaje les había ido a buscar aquel día pero no les encontró en otro lugar que en la cama por lo que decidió preparar la comida en su casa y llevársela a sus amigos, él estaba muy acostumbrado al trabajo duro e interminable, pero ellos eran criaturas que el arte de trabajar lo dominaban muy poco y por consiguiente cualquier mínimo esfuerzo lo acusaban durante días.

Mientras estaba en su casa, Huathe pensaba en aquella misteriosa piedra, en la cual había tallado en ella un dibujo de una parte de aquel vasto territorio que casi todos llamaban el Valle del Bosque Verde, no es que aquellos fuesen los únicos árboles verdes que hubiese, simplemente durante algunos años hubo una grave sequía y no llovió durante casi dos años, y aquella fue la única zona que no se secó. En principio el bosque no era tan grande pero cuando llegó la sequía los árboles, mirados desde arriba, hacía un serpenteante camino hacia un lago y luego subían hasta lo alto de una colina, cuando volvió la lluvia el camino de árboles se disipó entre la vegetación que  a partir de ahí creció exuberante un frondoso y abundante follaje.

No sólo le venía eso a la mente sino también porqué en el resto de las piedras había un dibujo diferente y lo más importante tenían o no tenían relación entre sí. Huathe estaba tremendamente confundido, cuan grande era él así de grande era la confusión que sentía, no comprendía nada de lo que allí se trataba de explicar. Trató de recordar los diferentes dibujos en las piedras, pero no sacó nada en limpio, los dibujó en el primer papel que encontró pero había algunos de ellos que no recordaba, “esto es lo primero que haré si trabajo esta semana” se dijo para sí.

Preparó la comida con lentitud pensando aún en el misterio de las piedras, e incluso llegó a disponer una serie de galletas que acababa de cocinar imitando la disposicón de las piedras, él conocía bastante bien todos los territorios que se hallaban a bastantes millas alrededor del lugar donde habitaba. Colocó una galleta por cada piedra que había. Era una labor bastante complicada porque había que tener en cuenta que había un piedra por cada raza y no había pocas precisamente, Huathe contabilizó unas diez o doce razas, conocidas y eso sin contar los seres que nadie conocía, en los que sólo las leyendas se hacían eco de su forma física pero que nadie jamás había visto, era una ardua tarea el contabilizar todas las razas, había territorios que no conocía y por tanto seres que las habitaban que podían ser conocidos o no.

Huathe poseía un ave de presa espectacular, todo el que la veía se asombraba de ella, su envergadura era la extensión de los brazos de su gran dueño, además era una ave muy inteligente, aquella majestuosa águila era capaz de comunicarse con su amo, Huathe le enseñó signos y era capaz de pronunciar algunas palabras que le sirvieran para anunciar peligros o para pedir ayuda, Huathe empleaba la mayor parte de su tiempo en enseñarle cosas, nuevas palabras y signos para poder comunicarse con ella, además llevaba mensajes a terrenos peligrosos, ya fuese por batalla o por la situación del terreno. Huathe no podía acceder a esos lugares donde ningún ojo había mirado pero su gran amiga si, él le había puesto el nombre de Eadha, por significar amanecer en su lengua original. Decidió al instante que mañana por la mañana Eadha partiría hacia tierras extrañas, llevaría un mensaje en que comunicaría a todos los pueblos que ella encontrase que debía escribir el nombre del pueblo al que pertenecían el dibujo de la piedra correspondiente.

Una vez que terminó de hacer la comida, fue caminado poco a poco hacia la casa de sus amigos pensando en todo aquello que le preocupaba, lo que no comprendía era porqué en una de las piedras se acababa el mapa de la región y en sólo una de ellas había extraños caracteres dibujados, eran varias líneas unas debajo de las otras y luego tenían distintas figuras nunca vistas una encima de otra, seguidas pero tampoco en línea recta sino haciendo un dibujo extraño a lo largo de las líneas paralelas, lo que Huathe no alcanzaba a comprender porqué sólo una de ellas tenía ese dibujo y que era lo que podían significar todos aquellos signos escritos de una manera tan peculiar para confundir al que intentara descifrarlas, aunque Huathe disfrutaba singularmente con aquel enigma indescifrable.

En estos pensamientos se hallaba hundido cuando uno de los hermanos le llamó desde lo alto de la ventana de aquella casita acogedora.

- ¡Eh! Pequeño y querido amigo -le dijo Fearn alzando una mano para que le viera- esta mañana te veo demasiado pequeño, chico, ¿qué es lo que te ha pasado?, si duda será que no has comido nada en toda la mañana.

- No seas zoquete amigo, y abre la bendita puerta -le respondió en tono de burla.

- Si, será lo único que verás abrirse ante ti -y una estruendosa carcajada salió de la garganta de ambos. Fearn bajó las escaleras a toda prisa y abrió la puerta. Huathe aún seguía riéndose de la broma de su amigo.

- ¿Te ha gustado? -le preguntó.

- Si, es la única cosa inteligente que ha salido de tu cabeza desde que te conozco y de eso hace mucho -de nuevo comenzaron las risas entre ambos. Fearn al ver la cazuela y oler su delicioso aroma le dijo:

- Vaya, ya sabía que estabas enamorado de mi pero tanto como para traerme la comida, me sorprendes cada vez más, a pesar de que yo prefiero otra cosa que tu no tienes te dejaré que toques un poco, pero no te pases -esto último se lo dijo con una voz femenina mal imitada. Huathe ya no podía más, grandes lágrimas resbalaba por sus mofletes sonrosados a causa de la risa.

Duir bajó las escaleras retorciéndose de risa, había escuchado la conversación mientras se afeitaba con su cuchillo de caza, y se había hecho un par de cortes que ya casi no le sangraban, cuando lo vio Huathe le dijo a Fearn entre grandes carcajadas:

- Mira este es más inútil que tú -trató de hacer un gran esfuerzo para respirar y añadió:   -sólo que el muy mastuerzo será su cara lo único que vea sin afeitar- Duir ya no podía permanecer más tiempo de pie, se tiró al suelo. Fearn ya había optado hacía tiempo por el cómodo sillón que había el al lado de la ventana.

Cuando hubieron recobrado la calma, tras varios intentos infructuosos decidieron que ya era hora de comer y que no vendría mal que adornaran la mesa con un bonito mantel y que sirvieran la comida que había preparado Huathe. Comieron con gran apetito y deborándolo todo y en poco tiempo se sentaron el los cómodos sillones que se hallaban junto a la gran ventana que daba al patio interior y tomaron una infusión de una planta que Huathe recolectaba en el bosque, decían que era buena para hacer la digestión y que curaba todos los males que pudiera causar el tiempo, reuma y dolores de todo tipo relacionados con eso.

Les encantaba hablar de viejos tiempos mientras sus estómagos, llenos a causa del gran banquete preparado, hacían la digestión. Recordaban las chiquilladas que hicieron cuando no levantaban más que un par de pies de altura y de cómo hacían enfadar a sus madres. Luego pasaron a recordar tiempos más nuevos, cuando Huathe encontró su trabajo y de la primera vez que vio las piedras, a menudo sus amigos se mofaban de él por no haber resuelto aún el misterio de las piedras y de no haber encontrado la manera de parar los pies al que quisiera apoderarse del mundo conocido. Fearn y Duir sabían que Huathe se traía algo entre manos y al preguntarle por ello, él respondió con preocupación:

- Lamento que esta vez no pueda informaros de mi plan, creedme, aquí hay algo que se está cociendo y huele a podrido.

- Pues hoy Duir no ha cocinado así que supongo que alguno de vosotros se le habrá escapado algún gas por la parte de atrás -todos rieron y él insistió en la gracia- venga, venga que salga el culpable, confesad.

- Aqui al único que se le escapan cosas por la parte de atrás es a ti, maldito enano -le respondió su hermano en tono jocoso y a punto de estallar en una carcajada.

- Si y lo único que se le escapa es lo único que le puede ser de utilidad -todos rieron, en el mismo instante en el que todo estaba en silencio Fearn dijo con rostro dubitativo:

- ¿Qué es lo que se me escapa, amigo mío? -Duir y Huathe se miraron, miraron a Fearn y comenzaron a reirse en el instante en el que Duir decía:

- La mierda que tienes por cerebro -Fearn se tiró por el suelo de la risa. Por el rostro lampiño de los tres resbalaban unas densas lágrimas.

- Yo ya no puedo más, -dijo al fin Duir tratando de subirse al sillón puesto que en el transcurso de la pelea verbal no era Fearn el único que se había tirado al suelo- mañana no va a ver nadie que me levante de la cama, chicos tengo el estómago que me está bailando al rededor de mi culo.

- Has dicho la palabra mágica -en ese momento los tres se miraron, intentaban, haciendo un esfuerzo sobrehumano no reírse, pero se dieron cuenta de que aquello era prácticamente imposible.

- ¡Basta, basta! -gritaba Huathe- ¡Clemencia!  ¡Parar! ya de hacerme reír, apenas puedo respirar!- decía entre carcajadas y una tos a causa de la risa.

De repente Duir se levantó del sillón, se acercó a la ventana y dijo no sin cierto toque de tristeza y melancolía:

-¿ No echáis de menos a la amazona?

- Ey, no me toques las narices con lo bien que me lo estaa pasando y ya tuviste que ponerte melancólico con esa mujer, no le des más vueltas -dijo Fearn en tono de reproche.

- Es muy fácil para ti que no la quieres -contesto Duir bajando la cabeza.

- Oh, no, no empieces -Fearn se puso a hacer aspavientos con las manos- no hay quien te soporte cuando te pones místico, de veras, mira si a la chica no le gustas pues mira no te queda más remedio que resignarte y no vas a conseguir nada si te pones en plan de víctima diciéndote a ti mismo lo feo que eres y que no te la mereces. Así que no te pongas en ese plan porque no me da la gana aguantarte en  ese plan.

- Pero es que yo no quiero resignarme quiero ser feliz toda mi vida con ella, lo que no me cabe en la cabeza es porque no puede ser.

- Pues porque a la chica no le gustas, eso esta muy claro -le dijo Huathe desde el otro lado de la habitación encendiéndose una pipa de una hierba que plantaba él mismo.

- ¿Estas seguro? Noto algo en su mirada que me dice que estáis equivocados, no se lo que es pero lo noto.

- Bueno amante empedernido si estás tan seguro hay una pregunta que surge: ¿Por qué demonios no le dices algo? -Duir miró a su gigantesco amigo, el miedo le invadió y dijo con la voz temblorosa:

- No, prefiero mil veces soportar el fuego quemándome el cuerpo, o el hielo traspasando mi piel, cualquier sufrimiento antes del riesgo de perderla -miró al suelo, bajó la voz y dijo en tono de suplica:- antes cualquier sufrimiento, cualquiera.

- Eh amigo,  vas a tener que cambiar de actitud si quieres progresar, ¿no crees?-Le dijo su hermano en un intento desesperado por no desalentarle.

- Bueno, no podemos hablar de otra cosa, me canso un poco de que hablemos siempre de los mismos temas, es que parece que no sabes hablar de otras cosas. Me parece que o te olvidas de esa chica o lo llevas muy mal. Mira tienes que moverte si quieres conseguir algo, y sobre todo en estos temas.

- Para vosotros es todo muy fácil, pero las cosas no son tan fáciles como parecen.

- Y tu complicas demasiado las cosas, mira si quieres a la chica lucha por ella, pero no estés lamentándote de lo que podrías hacer y no haces. Así que hazlo o deja ya de quejarte -Duir le miró de reojo buscando una mirada de alivio a su dolor, encontró más que eso, encontró la sonrisa de un amigo que le daba la mano para seguir su camino oscurecido por un momento de melancolía. Sonrió con tranquilidad y miró hacia el horizonte, allí donde su madre siempre le miraba con cariño.  Sabía que allí estaría su mirada, en los árboles, en cada hoja que se moviera, se apoyó en el alféizar de la ventana  y miró el horizonte con esperanza, y se dijo: “hay esperanza, siempre hay esperanza” cerró los ojos e imaginó la mano de su madre, rozando su mejilla, al poco abrió los ojos y se sintió libre, con el ánimo renovado y el espíritu sereno, sabiendo que su madre siempre estaría con él, aunque se sentía cansado por todas sus vivencias pero feliz porque tenía lo que más quería cerca de él, a su hermano y a un gran amigo suyo. Se sentó junto a ellos y rieron durante todo el día hasta que la noche llamó a su puerta, cubriendo con un manto de oscuridad todas las ventanas, iluminados solamente por el astro nocturno.

Durante esa larga noche, Duir soñó con volar, libremente, como él habría deseado, pero el dulce sueño se tornó oscuro y frío. Duir sintió que la piel se le helaba y que un manto de sudor frío le cubría, sentía dolor por todo su cuerpo pero era incapaz de hacer nada por evitar ese sufrimiento. En sus sueños vio una fila de enormes rocas que se alzaban frente a él como torres, amenazasteis, de pronto unos seres altos y fuertes, vestidos con capas de un marrón muy oscuro y cuyos ojos grises apenas si se apreciaban entre la bruma que había comenzado a levantarse, comenzaron a entonar un cántico grave y austero. Mientras, Duir, que se hallaba en el centro de la escena empezó a sentir miedo, las figuras extrañas se le iban acercando cada vez y más, respiraba tan fuerte y tan profundo que hasta él mismo se estaba asustando, la melodía de la canción se le incrustaba en los oídos como un clavo a la pared.

No sabía que hacer, no quería seguir escuchando aquella canción, se tapó los oídos, pero no evitó nada, las sombras cada vez estaban más cerca de Duir y a cada paso de ellas era un grito más de dolor, sus gritos eran aterradores y las lágrimas no paraban de brotar de su rostro, las sombras no cesaban en su avance…

Pero una voz le alertó de que no estaba solo, la voz le llamaba a gritos y le era ligeramente familiar.

- ¡Duir, Duir, maldita sea despierta de una vez! -en ese momento Duir saltó de la cama angustiado, Fearn le miraba con una expresión extraña- ¿Se puede saber porqué demonios gritas de esa manera? No has despertado a media comunidad porque estamos en un lugar donde prácticamente no nos oye nadie, que si no…

- Silencio, he tenido una pesadilla horrible -le dijo Duir a modo de explicación, su cuerpo aún notaba el devastador dolor sufrido durante el sueño y le temblaban las piernas, no se podía mover de la cama. Se puso las manos en las sienes, porque le estallaban, cerró los ojos con fuerza.

Fearn fue comprensivo con él, después de escuchar amilanado el relato de su hermano fue en busca de Huathe, después de todo era él el que llevaba mejor que nadie los asunto de mitología y sueños. Ellos creían que los sueños era una manera que algún tipo de fuerza tiene la manera de decir algo importante, por eso, sostenía, muchas veces no nos acordamos de la que soñamos, porque sólo en determinados momentos comunican algo.

Huathe entró en la casa casi dando tumbos, subió a toda prisa las escaleras y abrió con estruendo la puerta de la habitación de Duir.

- Bien, Fearn tráeme algo con lo que escribir -Fearn bajó las escaleras a toda prisa, cuando hubo regresado Huathe continuó:- bien y ahora Duir, quiero que me lo cuentes todo con absoluta precisión, procura no dejarte ni un sólo detalle porque cualquier cosa que omitas puede ser importante- Duir hizo un esfuerzo y con las pocas fuerzas que le había dejado el encuentro comenzó el relato- Esto es desconcertante -Huathe empezaba a no entender nada del sueño de su amigo- vamos a ver -dijo tratando de ordenar en su mente los hechos- ¿qué significan las piedras? Puesto que es lo primero que ha salido tiene que ser una parte importante, y puesto que detrás de ellas han salido las figuras, ¿recuerdas cuántas piedras y cuántas figuras había? -Duir se frotó la cara con resignación.

- No lo recuerdo Huathe, se que había menos de diez, no se cuantas pero creo que se ajustaría bastante a ocho quizá nueve.

- No tiene sentido -levantó su enorme figura y comenzó a pasearla por la habitación, tras unos minutos de reflexión dijo:- un momento, ¿las piedras tenían alguna clase de dibujo o señal?, aunque no sepas lo que es y aunque no lo pudieras ver con claridad, algo, piensa.

- Creo, pues no estoy muy seguro que las piedras tuvieran un dibujo, pero no eran como nuestras piedras, las nuestras tienen forma cónica y de pirámide, éstas eran informes y gigantescas, si creo que tenían unas inscripciones, pero no eran letras y luego un dibujo,si, como las que conocemos. Eran cuadrados y triángulos y circulo dispuestos en varias filas verticales, sin ningún orden, además de algunas salían rayas y otras tenían un punto en medio, otras iban vacías. Era muy extraño.-Huathe se sentó frente a  la ventana, miró al horizonte. Era una mañana preciosa, aunque hacía sol se podían ver las nubes esponjosas al fondo, cerca de las montañas, eran nubes de lluvia, “va a llover”, se dijo el gigante.

Trataba de ordenar en su mente el sueño de Duir y darle algún sentido lógico. Empezaba a sospechar que los tiempos estaban cerca y que pronto a ellos les tocaría luchar, triste pero cierto, afirmaba una y otra vez, sabía que decirle a su amigo que su sueño no era más que una interpretación de la realidad y casi del lo que les aguardaba, entonces sintió miedo. Por primera vez en todos los años de dedicación a la profecía nunca había sentido miedo, pero ahora, ahora era distinto, su cuerpo se estremeció. “Sin duda aquellas figuras que cantaban en el sueño de Duir son las almas de los primeros”, se dijo con preocupación.

- Huathe, dime algo, la espera es horrible -se atrevió a decir Duir después de un buen rato.

- Lo que tu has visto en tu sueño Duir, era las almas de los primeros -los primeros eran, por decirlo así, los que habían creado el mundo con un instrumento, luego, a medida que se hicieron dueños del mundo que conocían Duir y sus amigos, pero la ambición y el poder hicieron de sus almas inmortales (pues el instrumento lo podía crear todo, incluso podía, con la melodía adecuada volver a uno inmortal) almas corruptas y fueron condenadas por el destino a vagar en otros mundos. Sin embargo, aún podían “colarse” en los sueños, y la profecía así lo decía. Duir recitó de memoria:

- “Entonces y sólo cuando los tiempos estén cerca y ya maduros para una nueva era en la que el mal no vencerá al bien, tampoco el bien al mal, sólo el mal intentará alzarse, cuando estos tiempos estén cerca, aparecerán en los sueños de uno sólo de una raza los primeros, corruptos y dañinos para los oídos. El soñador debe encontrar a al sabio, la furia, la ira habrán comenzado, sólo combatirá con el valor”- cada palabra que recitaba Duir se le hacía más pesada a la garganta- hay demasiados fragmentos sueltos de la profecía, cada uno conocemos un trozo y algunos no tienen coherencia con otros, seguro que vas a otro valle y no conocen esta parte -se trató de consolar Duir.

- Sea como sea, recuerda la otra parte de la profecía que nosotros conocemos, cuando llegue el sabio moribundo, se quedará en la casa de los dos estandartes de un mismo árbol -luego lo pensó mejor- esto no tiene sentido -en ese momento oyeron un estruendo en la pueta. Duir y Huathe se miraron, salieron de la habitación y desde lo alto de la escalera vieron cómo Fearn habría la puerta.

Lo que había en el suelo era un ave enorme. Fearn la levantó con cuidado y aplicó su oreja en el costado del pájaro.

- Está vivo -anunció. Lo cogió con cuidado y se lo llevó a la cocina. Examinó cada pluma mientras Huathe y Duir observaban con atención su labor.

- Bueno, Huathe traeme las hierbas que hay en bote de la estantería que tienes a tu derecha. Duir tú traeme unas vendas y unas gasas, rápido - obedecieron al instante. A

pesar de que Duir todavía se sentía algo débil por el sueño vivido. Fearn puso con sumo cuidado un cataplasma al ala izquierda de la gigantesca ave, apenas si cabía en la mesa de la cocina. Cuando hubo terminado el ave despertó de su desmayo y sacó la cabeza de entre las plumas que la cubrían. Huathe se quedó asombrado.

- Increíble -dijo- lo que tenemos aquí es un búho de las tormentas.

- Imposible -dijo Duir-, no puede ser, el búho de las tormentas no vive por aquí, además es un animal legendario, hacía años que no se veía uno.

- Sea como fuere necesita comida y un buen descanso -Fearn le examinó las alas- este es un ejempar bastante viejo, yo diría que tiene unos trecientos años -los búhos de las tormentas podían vivir hasta los trecientos años aproximadamente, aunque algunos vivían mucho más.

- Edad respetable, -admitió Duir- preparémosle un sitio donde dormir- sentenció.

Se creía que los búhos de las tormentas eran un buen augurio, pero si herías o matabas a uno se te consideraba un delicuente y se te condenaría al ostracismo.

Después de haber preparado un nicho al animal decidieron que ya era hora de comer algo.

- A mi estos trajines me dan un hambre…-señaló Duir a modo de comentario- ¿Quereis que os haga el desayuno?- Fearn le miró con los ojos muy abiertos.

- No se te ocurrirá perpetrar ese crimen.

- No seas así Fearn, déjale que nos prepare el desayuno -Fearn se echó las manos  a la cabeza tras esta afirmación de Huathe y le dijo señalándole con el dedo:

- Yo le dejo a cambio de dos condiciones: la primera que tú te comas el desayuno suyo, que yo ya me haré uno para mi y la segunda que seáis vosortos los que limpiéis mi cocina -Huathe miró asombrado a Duir y asintió con la cabeza, Duir por su parte se fortó las manos y se fue corriendo a la cocina, Fearn miró a su gigantesco a migo y dijo con vehemencia:- no sabes dónde te has metido.

Pasados unos minutos la hermosa y bien estructurada casa de los hermanos empezó a oler de una manera exrtaña, Huathe miró con miedo a Fearn, él por su parte le dijo con tono amenazante:

- A mi no me mires, yo no quería dejarle, has sido tú el que tte has puesto de su parte y el que te has comprometido a comerte la “comida” -he hizo bastante incapié señalando las comillas con las manos- que él prepare, así estarás advertido para la próxima vez que trate de cocinar, parece mentira que le conozcas desde hace tanto tiempo.

- Tras lo dicho se oyó un estruendo de cacuelas, Huathe hizo ademán de levantarse, pero Fearn le hizo un gesto alzando la mano -luego recojerás y limpiarás, asi que no tengas prisa- y se comenzó a reir -eres el único que, conociendo a Duir, deja que le cocine, ya te tocará sufrir.

Al cabo de un rato de sepulcral silencio y miradas tensas, Duir abrió la gran puerta de madera que separaba la cocina de la estancia en donde estaban Huathe y Fearn, traía una bandeja con un plato que desprendía un olor extrañísimo y era casi un plasta informe a Huathe se le revolvió el estómago de tal manera que sólo le dio tiempo a salir a la calle sin manchar nada. Al instante Fearn comenzó a reirse, le señaló y dijo:

- Has machacado tu propio record Duir, ni siquiera a provado tu comida -Duir, que por su parte estaba muy contrariado llevó el plato maloliente a la cocina y como pudo se desizo de él, mientras Huathe seguía sacando de su estómago el desayuno que había ingerido antes de ir a ver a sus amigos.

Duir abrió todas las ventanas mientras Fearn seguía convulsionado por la risa.

- Bueno, ya vale -le gritó humillado. Pero no obtuvo respuesta puesto que Fearn estaba demasiado ocupado tratando de evitar que por la risa le doliera el estómago. Huathe se incorporó como pudo, caminó hasta el manantial que emanaba al otro lado de la casa se labó la cara y las manos. Se asomó a la puerta de la casa y preguntó sin atreverse a entrar:

- ¿Sigue esa cosa en la casa? -Duir le miró desde el resquicio de la puerta de la cocina con gesto indescriptible.

- Si pues ahora te toca limpiar el estropicio que habrá hecho en la cocina -Huathe le miró asustado y negó con la cabeza.

Por fin decidieron que ya era hora de limpiar la cocina, desde la puerta se veía el interior de la cocina, ya que Fearn había abierto más la puerta para ver qué es lo que había hecho su hermano. Todas las cazuelas estaban encima de la mesa sin ningún órden, y por los fogones había pegotes del “desayuno”, Duir miró a Fearn y dijo:

- Bueno, de la otra vez conseguí que estayara la olla -Fearn se echó la mano a la cara y le miró con odio, sentía ganas de matarle.

Con mucha paciencia consiguieron limpiar toda la cocina y tras un par de horas quedó completamente limpia. Fearn decidió que ya era hora de hacer el desayuno para todos, y como era de esperar no tardarian en despacharlo.

- Esto si es comida,  y no la asquerosidad que tú has preparado, era realmente vomitiba, jamás había olido nada más asqueroso en toda mi vida -señaló Huathe con reproche a su amigo.

- No era para tanto, sólo que tu eres una nenaza -Duir le señaló con la cuchara- fíjate, Fearn ni se inmutó -y dio un mordisco a un bollo.

- Claro, porque él es tu hermano y ya está acostumbrado a tu cocina maloliente.

- Oye un repeto, me gustaría verte a ti en la cocina intentando preparar lo que yo quería cocinar.

- Un momento, un momento -Fearn se levantó de golpe- me estás diciendo que lo que has hecho lo has sacado de un libro de cocina.

- Si, el grande, ese marrón qe usas algunas veces, vi algo con buena pinta y quise hacerlo, ¿se puede saber qué te pasa? -Fearn se había empezado a reir a carcajadas- ¿me lo quieres explicar?

- Es un libro de abono para las plantas-dijo, por fin mientras se reía con fuerza señalando a su hermano. Huathe se echó las manos a la cabeza y aseveró:

- Pretedías darnos de desayuno abono -a Duir se le abrieron los ojos mucho.

- Ya decía yo porqué insistía el libro que estuviera muy espeso y que cuanto peor oliera mejor, bueno, ¿no dicen que lo que es bueno para las plantas es bueno para nosotros?

- No me puedo creer que confundieras abono con comida, no lo puedo creer, lo siento pero no me cabe en la cabeza que alguien pueda confundir algo así -Duir se frotó el pelo y asentió.

- Parece mentira que no le conozcas, él es así, incorregible, confunde las cosas más absurdas, te acabarás acostumbrando. Me acuerdo que no hace mucho se metió en la boca un sapo creyendo que era un juguete se esos para morder que tienen formas, estuvo dos semanas con diarrea, fue muy divertido -Duir se rio con desdén y le miró inquisitivamente.

- Ya vale, ¿no?, ya se que soy muy despistado pero no hace falta que os riáis de mi a la cara y de esa manera tan salvaje.

- Para salvaje tú, que no sabrías distinguir una mujer de una gaviota -soltó Huathe algo contrariado aún por la confusión de Duir.

- Venga voy a prepararos el segundo desayuno -los Muna y los Griphno solían desayunar varias veces al día- y  callaros de una buena vez, que ya os vale, Duir iba a decir algo, pero Fearn le señaló con el dedo en señal de advertencia.

Huathe salió de la casa y fue hasta el jardín de atrás. El jardían era como una especie de cueva de ramas de árboles y plantas trepadoras que formaban un arco casi perfecto, en el centro había un manantial de un agua muy pura y cristalina, era gratificante estar allí. Huathe podía sentir el abrazo y la calidez de la naturaleza en aquel escenario de inmensa riqueza espiritual. Unas sillas estaban puestas a modo de círculo en torno a la fuente, se sentó y admiró las formas diversas que tomaba la luz que entraba por entre las hojas. Fearn había dispuesto la bóbeda, gracias a la poda, de tal manera que unos ténues rayos de luz pudieran iluminar grácilmente la escena, dándole un ambiente  hogareño y relajante.

Huathe comenzó a pensar en el sueño de Duir.

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- ¡Señor! ¡Señor!

- ¿Qué demonios pasa? Maldita sea que alguien mate a ese condenado, no me deja pensar tranquilo, matádle y que deje de sufrir -el chico siguió gritando hasta que llegó a la sala y soltó no sin aspavientos e interrumpiendose debido al esfuerzo:

- Señor, uno de los sabios se ha escapado.-La pesada y majestuosa figura se levantó del sillón y exclamó con los ojos abatidos por el miedo:

- ¿Cómo es posible?

- Bueno, creímos que sus poderes habían desaparecido gracias a la inestimable ayuda suya, señor, pero creo que ha sido más fuerte su magia druidica que cualquier otra cosa, se convirtió en algún animal rastrero y huyó.

- ¿Qué animal? ¡Desembucha maldita rata o te cortaré el cuello! -gritó al ver que el chico no le respondía.

- No lo sabemos señor. Tuvimos que torturar a los demás para que nos dijésen qué había sido de él.

- ¡Maldito inútil! Deberían tener una guardia día y noche, maldito, matádlos -cuando el muchacho se marchó le dijo a un soldado:- cuando termine su trabajo mátale a él. Ese maldito druida no llegará muy lejos, estaba enfermo. Inspecciona la celda y mira a ver si hay algun pista de esa rata, luego ven a informarme sin falta, ¡vete!

- Si señor -y salió corriendo.

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Huathe no concevía la idea de que el sueño fuese pura casualidad, aquel sueño tiene un sentido, se decía una y otra vez, no albergaba dudas sobre ello, se sentía capaz de descifrarlo correctamente y no iba a tirar la toalla, sin embargo un sentimiento de congoja le abatía cada vez que lo pensaba.

De sus pensamientos le sacó Fearn.

- Vamos que el segundo desayuno está hecho hace media hora -su tremenda figura dio un salto de la silla y extrañado dijo:

- ¿Ya media hora? Como pasa el tiempo -se incorporó del todo y se dirigio al interior de la casa.

Cuando terminaron el segundo desayuno se fueron a pasear por el bosque que había cerca de la casa, desde allí tenían la perspectiva  de toda la aldea, abajo en el valle y de los terrenos circundantes. La colina donde estaba la casa de Duir y Fearn estaba bañanda de un verde fértil y de flores silvestres, al final de la misma estaba la aldea, que se hallaba sumergida entre dos colinas más y un rio que surcaba serpenteante el valle. Todo ello estaba rodeado de bosque, de un cálido y tupido bosque, allí era de donde salían las plantas que usaban para la medicina y allí era donde los secretos de los druidas se hacían más patentes, era un lugar misterioso y a la vez acogedor. Por entre sus frondosos árboles se ocultaban las pócimas, las artes, los secretos y los conjuros mejor guardados de todos los druidas de la comarca durante generaciones, Huathe se sentía impresionado y muchas veces intimidado por todo el saber que ocultaba el   anciano bosque. Los más viejos del valle decían que estaba allí antes que la aparición de las piedras, las famosas piedras que tanto preocupaban a Huathe, sin duda eran un misterio, un misterio que Huathe estaba dispuesto a resolver, sabía que la clave estaba ante sus ojos pero no podía hallarla por alguna razón, sin esa razón nada tenía sentido, ni las piedras, ni la profecía, ni el sueño de Duir. Huathe no paraba de dar vueltas a la cabeza, sentía que la solución del problema, estaba ahí, en un lugar que él podía ver si sabía a dónde mirar, pero por desgracia estaba totalmente perdido, y sin embargo ahí estaban las piedras para indicarle el camino que debía seguir, pero Huathe tenía los ojos vendados.

Intentaba colocar todos los elementos, pero su visión era demasiado subjetiva, necesitaba ayuda. Entonces se disculpó ante sus amigos y se fue a su casa lo más rápido que le dieron las piernas. Bajó las escaleras que llevaban a lo que él mismo llamaba el “refugio” y comenzó a escribir en la pared con una piedra gruesa y naranja.

Lo dispuso todo de una forma ordenada y legible, a un lado puso las piedras con sus diferentes dibujos y con sus diversas posiciones, debajo de ellas escribió la controvertida profecía y al lado de todo ello representó el sueño de Duir. Leyó atentamente la profecía y comenzó a moverse de un lado a otro de la habitación y a hablar en alto, tratando de buscarle un sentido lógico a todo, Huathe estaba seguro de que las cosas encajaban, pero no sabía cómo.

- Espera un momento- se dijo, miró el dibujo de las piedras- espera, no es igual en ninguno de los casos, piensa- los dibujó uno detrás de otro empezando por los que estaban más al norte y terminó por las que estaban más al sur, pero no dio ningún resultado satisfactorio. Entonces se le ocurrió empezar por donde nace el sol y terminar por donde se pone y halló un mapa perfectamente definido, sacó un mapa real y comprovó que  el dibujo de las piedras era exacto al del mapa, ahora lo veía claro y todo tenía sentido. Cuando hubo la gran sequía fue el único camino que no se secó, a pesar de estar entre las regiones más castigadas  y estar rodeado de árboles y matorrales, se dijo Huathe mientras miraba con asombro su descubrimiento, sus ojos se llenaron de lágrimas, por fin había descubierto lo que significaban uno de los dibujos de las piedras, ahora faltaba el otro.

El otro dibujo que había en cada piedra eran seis líneas, simplemente, Huathe estaba algo confundido, no sabía qué podía tener que ver, pero al igual que el mapa que acababa de hallar, aquellas líneas tendría que tener un significado. Revisó con sumo cuidado cada elemento que había escrito y algo le vino a la mente, como una voz interior que le decía “eran como triángulos cuadrados, elementos muy raros”, Huathe comprendió que necesitaba un dibujo de aquella visión de su amigo. Rápidamente cojió papel y corrió a la casa  de Duir.

Cuando llegó llamó ruidosamente a la puerta, Fearn se levantó contrariado ante el incesante golpéo, Huathe se introdujo en la casa sin mediar palabra y fue en busca de Duir.

- Duir -le dijo cuando le encontró regando las plantas que había sobre el alféizar de la ventana de la cocina, al otro lado del pasillo, en la puerta aún estaba Fearn con la puerta abierta de par en par y haciando gestos con la mano como indicándole al viento que pasara- tienes que describirme los símbolos que viste en tu sueño.

- No me puedo creer que todavía estés con eso -le reprendió al tiempo que dejaba  una enorme jarra, que había estado utilizando para regar las plantas, encima de la voluminosa mesa- Ya casi no me acuerdo.

- No importa, lo único que tienes que hacer es recordar con precisión, lo que no te acuerdes bien déjalo, podría entorpecer mi labor -sacó una recia banqueta de debajo de la ancha mesa de madera y se sentó. Luego invitó a Duir a hacer lo mismo  y sacó el papel y un lápiz. Duir tomó aire y , fascinado ante la capacidad de recordar algo tan supérfluo y como si de magia se tratara empezó a escribir los signos que había visto en el sueño. Huathe miró hacia la ventana y observó como un ave de gran tamaño escudriñaba el interior de la habitación con su penetrante mirada.

- ¡Eadha! -excalmó el gigante, se levantó de la silla con rapidez y dejó entrar al ave. En una de sus patas llevaba la lista de razas y sus respectivas piedras, coon sus dibujos. Pero Eadha parecía nerviosa y no paraba de hacer señas extrañas y grandes aspavientos, movía las alas con desesperación. Huathe la miró extrañado por su comportamiento.

- ¿Qué te pasa? -se dirigió a Duir- Esto no es normal, algo le pasa -en ese instante Fearn bajó con el búho de las tormentas en brazos, esto puso más nerviosa aún al águila, sobrevoló, como pudo, a Fearn y se posó en la encimera observando fijamente al animal. Fearn, asustado dejó al búho de las tormentas en la mesa y retrocedió hasta la puerta. Todos estaban expectantes.

Entonces sucedió lo que podía presagiar el comportamiento del águila. El búho se transformó en un hombre viejo, con la ropa propia de un sabio, de  uno de los grandes sabios, se incorporó y dijo con solemnidad y con gran esfuerzo:

- Seré breve porque mi tiempo se acaba, soy uno de los sabios que Él ha raptado, vosostros tenéis ahora el deber de encontrar el instrumento y ponerlo a salvo, de lo contrario una lucha encarnizada entre el bien y el mal asolará nuestras tierras y matará a todas las razas existentes. Debéis comenzar la búsqueda ya, no podéis demoraros ni un día más.

- ¿Buscar? No entiendo nada, cómo, por dónde empezaremos -dijo Duir con miedo, el anciano buscó entre sus ropajes y sacó de entre el amasijo de harapos un colgante, era un tubo de cristal y dentro de él había un trozo de pergamino.

- Esto os guiará en vuestra búsqueda y os protegerá -Huathe extendió la mano y lo miró con respeto y asombro- en vuestras manos está el que todo lo que conocemos, cada valle, cada montaña, cada río, sobrevivan a la batalla, nadie sabe vuestro destino, pero si encontráis el instrumento y se lo dáis a quien pertenece el mundo se salvará, lleváos al águila en vuestra búsqueda, es ella, ella, la que…- se agarró fuertemente el pecho y se desplomó en el suelo de la cocina, todos se agacharon para intentar escuchar sus últimas palabras- es ella -dijo en un suspiro, su último suspiro. Nadie daba crédito a lo que acababan de presenciar, estabn completamente inmóviles, Huathe se puso de pie, se sirvió un vaso de agua y tragó con rapidez, respiró hondo y le dijo a sus dos amigos que aún estaban frente al cadáver:

- Tenemos que enterrarle y salir cuanto antes -Duir levantó la cabeza, se puso de pie y miró inquisitivamente al tiempo que decía:

- Esto va demasiado deprisa, no entiendo nada, quien es este, porqué ha dicho todo eso, necesito un poco de agua -Duir dio un salto hacia el otro lado de la cocina y bebió de la jarra.

- ¿No lo entiendes Duir? Él es el anciano sabio de la profecía -Eadha hizo señas a Huathe, tras una larga ristra de señas y gestos con la cabeza y con las alas, Huathe dijo: -esto se complica.

- No sabía que pudiese complicarse más -Fearn miró a su amigo casi con desesperación.

- Pues puede, creeme, Eadha se ha enterado que alguien encerró a los sabios y les obligó a descifrar las piedras y la  profecía, pero uno de ellos escapó malherido y torturado de la prisión, ese sabio es este -señaló al cadáver que poco a poco se estaba consumiendo hasta convertirse en un polvo blanquecino.

- Madre mía -Duir se echó las manos a la cabeza- y ahora se supone que debemos salir a una búsqueda de no se sabe qué, estupendo -resignado se sentó en una silla mientras Fearn metía las cenizas del sabio en un bote de cristal.

- Debemos partir sin demora, ya le has oído. Precisamente lo mágico es aquello que se guía por el  instinto, Duir, no puedes pretender saber lo que buscas, en la magia esto funciona así. Tú que eres de una raza de druidas deberías saberlo, la magia no se busca, se encuentra, por eso te ha dicho que debes simplemente buscar, no importa dónde, sólo importa cómo busques. Si buscas con esperanza encontrarás lo que quieras. Pero tenemos algo a nuestro favor -a Duir se le iluminó la cara.

- ¿El qué?-dijo.

- Las piedras, en las piedras hay un mapa, juntando el dibujo de todas las piedras claro, creo que ese mapa nos puede servir de guía en nuestra búsqueda. Lo cierto es que creo que el anciano no contaba con que las piedras pudieran ser descifradas. Supongo que no se darían cuenta de la simpleza, me explico, la gente sabia tiende a pensar que cualquier enigma que se le presente es complicado de por sí, nada más lejos de la realidad, era tan sencillo como ponerlos unos a continuación de otros. La complicación estriba en saber cómo colocarlos, pero eso es otra historia, probablemente pensaron en algo bastante más complicado, como me pasó a mi, no se me ocurrió que fuese un mapa. Ahora contamos con esa ventaja, hay que aprovecharla. Mañana, antes del amanecer nos iremos hacia las colinas del noroeste. Yo voy a recoger mis cosas, sacarlas del sótano y volver con el taqui -animales muy corpulentos usados exclusivamente para la carga, eran como jabalíes pero tres veces su tamaño, digamos que eran sus hermanos mayores- ,así podremos transportar armas, provisiones y agua.

- Armas -dijo Duir con escepticismo- yo no pienso tocar un arma -cruzó los brazos en el pecho y frunció el ceño.

- Cada uno de nosotros llevará: una daga y una cota de malla, luego llevaremos espadas y un hacha para mi, bueno, escudos y un arco para cazar.

Fearn se frotó la cabeza. Y comenzó a sacar cuencos y platos, de los armarios de madera recia que había por toda la cocina.

- Creo que será mejor que prepare comida de campaña -Huathe le miró extrañado.

- ¿Sabes cocinar comida de campaña? -La comida de campaña eran una especie de tortas rellenas con carne y yerbas muy nutritibas que aportaban la cantidad de nutrientes que necesitaba el cuerpo, era planas, la pasta que albergaba la carne estaba hecha con harina, huevos y agua y ocupaban muy poco espacio, lo cual le daban la enorme ventaja de no tener que cargar con más de lo necesario.

- Pues sí, aprendí hace un par de años, no se porqué pero sospeché que algún día me iba a hacer falta - Huathe sonrió:

- Tan previsor como de costumbre -dicho esto se dio media vuelta y se dirigió a la puerta, tras él solo quedó el sonido del portazo. Fearn se puso manos a la obra en la cocina mientras Duir se encargaba de las ropas que llevarían.

Mientras sacaba la ropa más fuerte y abrigada puesto que ya estaba terminando la estación más calurosa y por tanto llegando la estación más fría, vio una caja de madera, completamente lisa la superficie excepto por una inscripción que decía así: “sólo en caso de guerra”, escrito con unas letras toscas y que parecía que habían sido escritas con bastante prisa, no era la letra de su madre, pues la habría reconocido, era una letra de hombre recio, fuerte, decidido y valeroso, todo aquello leyó entre líneas Duir. La sacó del armario, puesto que no la había sacado en su primera observación y lectura, se sentó en el suelo y apoyó la pesada caja en sus rodillas. Duir no se atrevía a habrirla, pero ya que estaban en una situación casi bélica decidió abrirla.

En su interior se hallaban dos cotas de malla de la mejor calidad que jamás Duir había visto, si bien él tampoco había visto muchas, pero aquellas resplandecían más que cualquier otra, eran muy finas y ligeras. Duir siguió sacando cosas de la caja, había dos cinturones anchos de cuero y unas bolsitas también de cuero que solían usar los guerreros para llevar dinero y otros enseres. Pensando en lo que les había dicho Huathe Duir pensó en avisar a Fearn, pero

era mejor bajar ya con los deberes hechos y esperó a tenerlo todo empaquetado y guardado.

De pronto su vista se dirigió hacia la mesilla de noche que su madre tenía en su habitación, encima de ella había un pesado volumen con un cerrojo que unía ambas tapas. En la tapa superior del libro había un escudo en relieve, recordó lo que le había dicho a Fearn cuando lo vio:

- Sólo se abrirá con la verdad y unas palabras -dijo en voz alta mientras lo cogía. Por alguna extraña razón, que ni siquiera el propio Duir pudo comprender, quiso llevarse el libro asi que lo bajó con el resto de las cosas. Mientras bajaba un rápido vistazo a la mesa que había frente a las escaleras y pegada a la pared contraria a ellas pudo atisbar el dibujo que ua vez había hecho de Jira, ya que ella se había prestado como modelo.

No se había parado a pensar que ella no entraba en los planes de futuro, su expedición hacia tierra de nadie le obligaba a no volver a verla, algo que atormentaba a Duir. No quería creer que no volvería a verla. El corazón se le encogió, pero en un acto de supremo autocontrol se dijo: “no, no debo dudar, si es mi destino que así sea, debemos obedecer al anciano sabio y partir, pero no me despediré de ella, creo que no podría soportarlo”, todo parecía apuntar a que la responsabilidad y el saber hacer estaban reveladose en el interior de Duir y se sintió bien porque sabía que era la única manera que tenía para trascender y crecer interiormente.

Le sacó de sus pensamientos su hermano, que llevaba en los brazos gran cantidad de ropa blanca y sábanas. De este modo al ver que Duir no se apartaba de la escalera, impidiéndole el paso hacia el piso superior, carraspeó y viedo que eso no surtía efecto le dijo con sarcasmo:

- Hola, estoy aquí -Duir salió de sus ensoñaciones.

- Perdona, no te había visto -Duir se apartó de la escalera dejando el paso libre a Fearn, en ese momento dirigió su paso hacia el dibujo que le abía distraído. Lo cogió, lo miró con detenimiento. Observó la belleza de los rasgos de aquella mujer, probablemente no volvería a ver, pero por primera vez, no se sentía mal por ello, sentía que lo que dejaba atrás sólo era un mal recuerdo, entonces se dio cuenta que aquello era el verdadero amor, que había aprendido a amar a Jira, lo que hasta entonces había sentido por ella había sido el deseo de tenerla junto a él, el hecho de que ella fuese algo inalcanzable para otros hombres. Se acercó más el dibujo miró la expresión de sus ojos y lo dejó en su sitio.

De pronto recordó una de las lecciones más eruditas y tranquilizadoras que le habí enseñado su madre. Para él era edificante ver como cada día su madre se habrí paso en su interior para que recordase aquellas enseñanzas que le salía dar cuando era pequeño. Aquella enseñanza era algo tan simple como plantar un árbol cuando te vas de un lugar en el que has estado mucho tiempo y has vivido muchas cosas, especialmente la muerte de un ser querido. Para Duir aquello significaba mucho, debajo de un árbol estaba enterrada su madre, como debía ser y como en esta singular raza se hacía desde tiempos inmemoriales.

No vaciló ni un instante en salir a la acogedora parte de atrás de la casa con su bóveda arbolada y coger una semilla de las muchas que guardaba Fearn ordenadas por especies alfabéticamente, leyó los títulos, sin duda todos aquellos árboles eran todos una semilla de lo que estaba a punto de crecer en el interior de Duir, una nueva experiencia que abriría sus horizontes y que sin duda haría cambiar a Duir la concepción de sí mismo y del mundo que tenía.

Se fijó bien en todos los rincones para plantar su árbol, debeía ser soleado en ciertas horas y con sombra en otras, “ni mucho ni poco”, se dijo para sí. Y así, de esta manera, encontró el sitio perfecto. Estaba muy cerca de estanque que se hallaba en medio de aquel tranquilo lugar, además, según su orientación, sólo le daría el sol con los primeros rallos, él lo sabía muy bien puesto que al mediodía solía ir allí para descansar y ése era el lugar qu escogía porque no le daba el sol y más de una vez se había despertado con el alba y había salido a pasear por allí y en esa ocasión también había advertido que aquel era el lugar donde daba siempre el sol, al despuntar. Asi que cogió la semilla, la escondió entre la húmeda y fértil tierra, dio unos golpes al suelo, le echó un poco de agua y se marchó al tiempo que pensaba: “ya me puedo ir tranquilo”. Y sintio sosiego en su alma, ahora que ya estaba en paz consigo mismo podría comenzar la aventura que juntos, tendrían que emprender con valor y astucia, puesto que los enigmas a cerca de una profecía dudosa e ilegible sería tortuosos para ellos.

Al tiempo que Duir entraba en la casa por la puerta de atrás, una puerta de encina, muy simple, su amigo Huathe entraba por la puerta delantera con lo prometido. Se saludaron y fueron cargando en el animal los víberes y las pocas pertenencias, todas ellas bélicas, como las armas que encontró Duir en aquella caja, que debían llevar. Sobre el hombre tenía Huathe a la majestuosa águila, Eadha, sin duda compañera indispensable en su largo y delicado viaje.

- Lo que yo no tengo demasiado claro es la necesidad de ir diciendo por ahí que somos los tipos de los que habla la profecía -dijo Fearn tras mucho reflexionar en silencio mientras ponía la comida a buen recaudo.

- Tu no te enteras de nada -le amonestó Huathe- maldito Griphno insensato -Griphno era la raza de Fearn, diferente de la de Duir a pesar de ser hermanos de madre, ya que lo habían ocultado durante años. Aunque imperase la ley por la cual un individuo era de esta o aquella raza según su madre  Fearn se sentía un Griphno y no un Muna, la raza de Duir. Aquellos tenían fama de cabezones y temerarios mientras que éstos la tenían de duridas y pacientes-, ¿quieres que nos liquiden a la primera de cambio? Pero no seas bruto, se supone que las razas nos reconocerán allí a donde vallamos y los mejores de cada raza nos seguirán por su propia iniciativa.

- Claro y mi abuela anda bailando con los más mozos del pueblo, pero bueno, tú crees que todos conocen la profecía como para decir cuando nos vean: “eh, mirad son esos tipos de la profecía, no te conozco de nada y probablemente me necesiten en otro lugar, pero me has caído majo hombre, voy a ir contigo a un lugar que ni siquiera tu sabes dónde está” -le replicó Fearn un poco malhumorado por la afirmaión tan descortés hacia él y su raza.

- Ten fe, nadie viaja en estos tiempos, te lo digo yo que hace semanas que no encuentro a ningún visitante y a los que me encuentro todos ellos se quejan de lo mal que están las cosas, dicen que no saben porqué pero que hay algo que está revuelto. Todos andan con el ojo avizor Fearn, ten fe. Si alguien apresó al sabio para que descifrase la profecía junto con otras es por algo, los tiempos están maduros. Dice la profecía que un ser malvado intentará destruirnos, pero si nos unimos todas las razas venceremos, no lo olvides, debemos ir con discrección per que se nos vea, aunque sea a lo lejos. En todas  las razas hay gente como yo, que ayuda al viajero y tienen buena vista. Se cumplirá la profecía, tu solo ten fe y paciencia. Ahora termina de poner eso en el animal y partiremos -Fearn asentió, colocó la comida y otros enseres que les servirían de utilidad durante el penoso viaje, como cuerdas, cuchillos, flechas, un carbón especial para hacer fuego con un mínima chispa, mantas muy finas que abrigaban como si tuvieran cálidas plumas en su interior etc.

Duir estaba preocupado, nunca había dejado la casa de su infancia, la casa donde vivió con su madre, pero sabía que no tení otra elección y que si debía ser, sería, pero aún así se snetía nostálgico, allí dejaba toda un vida y continuarla enre bosques extraños, parajes helados y desconocidos no le atraía en esceso. Todos estos sentimientos pasaban por la mente de Duir mientras colocaba sábanas a los muebles y cerrba a cal y canto las ventanas, sentía que se le esaban cerrando unas puertas y a su vez abriendo otras y reflexionó sobre el equilibrio de las cosas y en una frase que un día le dijo su madre y que entonces no comprendió, pero que ahora adquiría todo su significado, ella le dijo: “en todo tiene que haber el eqiulibrio sabio de la naturaleza, no se pierde nada sin ganar otra cosa a cambio, y eso que se pierde ha de tener el mismo valor de lo que se gana, aunque a veces parezca que una de las dos cosas tarda en llegar, el equilibrio natural de las cosas te permitirá tener aquello que te pertenece”. Entonces pensó en que perdía su casa y a Jira, pero durante el camino no sabía que ganaría, puede que algo igual de importante para él que las dos mujerres que más había querido en su vida. Ahora se senía nostálgico, comenzó a llover con fuerza obligando a los tres amigos a covijarse de la lluvia, y entonces, allí bajo aquella incesante lluvia Duir comprendio el porque de su marcha.

Comprendio que debia irse porque aquel lugar que habia marcada su vida debia permanecer asi, sin sombra de temor y para que eso fuese posible debia protegerlo de la época oscura que estaba a puntode cernirse no sólo por aquellas verdes colinas, sino por todos los territorios conocidos. Guardaba grandes esperanzas, aunque la nostalgia y las ganas de quedarse eran fuertes sabía que lo importante no era él, sino aquellos a los que conocería por el camino, a los que ya conocía y a todas las vidas que iba a salvar, entonces se sintió importante, sintio que la responsabilidad que tenia ya no le abrumaba cusandole temor sino que se hacia su amiga para recordarle que todos tienen un sino en la vida, si aquel era el suyo nada podría evitarlo. En ese instante de comprensión casi mística decidió que era hora de gritar, lo necesitaba, asi que avanzó hasta donde la lluvia le podía calar y gritó con todas sus fuerzas:

- ¡Dejad que los truenos vengan a mi! -estupefactos, Fearn y Huathe creyeron que se había vuelto loco entonces los rayos y truenos sonaron e iluminaron con más fuerza y ellos también comprendieron ese momento que estaba inundando a Duir de profundos sentimientos de grandeza y humildad a la vez.

- Vámonos, no importa que llueva, nada me impedirá que hoy salgamos -dijo Fearn con mucho entusiasmo, Huathe asintió con la mirada típica del hombre que se siente reconocido ante lo que ven sus ojos y siente su corazón.

Cargaron de nuevo todo ya que con las prisas de guarecerse de la lluvia se había desmontado casi todo y comenzaron a caminar, más felices y con el corazón lleno de buenos presentimientos. Caminaban sin rumbo fijo, sin un lugar concreto que buscar, sin embargo todo aquel que les veía desde el cristal que separaba su casa de la purificadora lluvia le daba la impresión de que ellos si sabían a dónde iban, pues en sus rostros se veía seguridad y confianza.

Mientras caminaban Duir tenia la sensación de esar reviviendo algo, como si toda aquella parafernalia de la profecia y de su búsqueda casi infructuosa sirviera de algo, se sentía extraño caminando bajo la lluvia buscando algo que ni siquiera conocia, era algo nuevo para él. Sin  duda un nuevo reto que le haria ser mas fuerte ante las adversidades y que le ayudaria en su busqueda interior, una busqueda que quiza no estaba muy  alejada de la que ellos mismos realizaban.

Pero Duir no era el único que se sentía extraño y casi ajeno a aquello, Fearn, quiza el más hogareño de los tres se sentía totalmente alejado de su propio ser, “no soy tan importante como para salvar a todas las razas”, se decia una y otra vez. En su intelecto de gente sencilla, que no busca problemas y que prefiere dormir a tener que moverse,  no cabía la posibilidad de que el destino le hubiese elegido a él. A cada paso que daban más lejos de su hogar Fearn creía perder algún recuerdo, como si los hubiese metido todos en una bolsa y ésta estuviese rota.

Sin embargo el único que se sentia bien era Huathe, estaba feliz de poder cumplir su destino,  confiaba ciegamente en las palabras del sabio, si aquel sabio hubiese dicho que su destino era caerse hacia el fondo de un pozo probablemente no lo hubiera dudado ni un instante. Ni una sombra de duda oculta en su ánimo, aquel era un hombre con fe ciega en aquella empresa. Él era el que llevaba a Eadha, aquella imponente ave era sin duda la reina de la espedición y ella era la que mas asombros despertaba en la gente, tenia sin duda algo especial.

El primer dia de la espedición se hizo largo y tortuoso, a pesar de haber salido temprano, pero el tiempo no acompañaba. Los tres estaban acostumbrados a la lluvia, y en muchas ocasiones habian agradecido que apareciese, pero en ese momento no era bienvenida. Debido a la humedad del ambiente Duir tenia ligeros pinchazos en la rodilla izquierda y constantemente la tocaba y la masajeaba para evitar que el dolor aumentara. Lo cierto es que el paso de las horas minaba el animo de Duir y de su hermano Fearn, hasta que llego la hora de la comida…o no…

- Tengo hambre Huathe -dijo Fearn- debe ser la hora de comer.

- Yo también tengo hambre Fearn, pero antes de ponernos a comer tenemos que buscar un lugar un poco cobijado de la lluvia, entre tanta montaña seguro que debe haber alguna cueva.

- Yo me he cansado de caminar -protestó Duir- además si no como algo no tendre fuerzas para seguir caminando.

- ¡No te quejes tanto maldita sea!, todos tenemos hambre, pero sino encontramos un sitio para guarecernos de la lluvia nadie comerá, ¿que da claro? -dijo Huathe dandose la vuelta hacia Duir, ya que este se hallaba en último lugar un poco rezagado del resto. Duir dio por terminada la discusión mientras su estomago seguia quejandose por él.

Habian llegado a una vasta estensión de montañas cercanas al poblado donde vivía Duir, allí, solían ir los que buscaban refugio de otros seres, ermitaños, amantes de la soledad o gentes que se buscaban asi mismos por entre las escarpadas montañas y sus bosques.

- Subir hasta allá arriba nos llevará por lo menos un dia -dijo Fearn parandose un momento.

- Te equivocas mi exagerado amigo, he subido muchas veces y creeme, no es tanto el camino, lo que pasa es que impone mucho, no te preocupes, conozco un lugar donde podremos comer algo y encender un fuego para quitarnos la humedad -Huathe reanudó la marcha después de la explicación.

Se habian adentrado en un estrecho valle, rodeado de imponentes montañas, en las cuales la tormenta que estaba  callendo se hacia más perseverante y fuerte. Las grandes montañas parecían colosos que emergían del suelo, esa imagen hizo mella en Duir y se pregunto quien habitaría aquellas terribles moles de tierra, piedra y árboles. Aunque era de día tenían un aspeto aterrador, los relámpagos surgía del cielo dirigiendose hacia ellas, y luego, los truenos dominaban toda la acustica del valle.

Pronto llegaron a una zona, donde la arboleda era más espesa, allí el olor a tierra mojada era más apreciable, una nube oscura estaba encima de sus cabezas y ésta emitía rayos y truenos, pero aquello no pareció importarle a Huathe, él seguia hacia adelante como si no lloviera, como si un rayo no pudiera fulminarles ahí mismo. Duir se aferraba al brazo de Fearn, y éste al de Duir, como si supieran que aquella iba a ser su última hora, y entonces se acordaba más que nunca de su madre, ya que ella decia cuando estaba lloviendo y Duir no podía sallir a jugar: “la lluvia son las lágrimas de la madre naturaleza, hijo, a veces, ella también llora, sus hijos mueren porque sus hermanos los matan por diversión o por placer”, entonces hacía alusión a los cazadores y al daño que hacian a sus hermanos, “todos somos animales y ellos son más hermanos tuyos que Fearn”, decia para dar por terminado el tema.

- Mirad, -dijo Huathe sacando de sus ensoñaciones a Duir- allí hay una cueva, que os dije, ¡la he encontrado!- declaro en tono triunfante.

- No te hagas el importante quieres -Huathe miro a Duir por encima del hombro, sus ojos lo decian todo.

Se adentraron en la cueva y se dieron cuenta en seguida que  no eran los únicos que habían visto a aquel sitio como un remanso de  paz en mitad de un dia tormentoso. Una figura alta y de enjuto rostro se volvio para mirarles en cuanto escuhó las pisadas. Sus ojos tenían un tinte amenazante y se veía que aquel hombre era un guerrero, llevaba una espada tan larga como un muna, y de tales dimensiones la hoja de la espada que Duir no habría podido sostenerla ni con las dos manos. Al lado de aquel hombre, había un caballo, era el tipo de caballos que sólo se usan para el combate, fuerte, pero a la vez ágil y sobre todo enorme. Eadha sobrevoló la escena hasta posarse en el hombro de aquel desconocido. Entonces Fearn le susurró al oido a su hermano:

- Este tipo es tan alto como Huathe -Duir asintió tragando saliva, si se tenían que enfrentar a él, aquel sería su primer combate y la congaja se había apoderado de Duir. Mientras tanto el desconocido mesaba las suaves plumas de Eadha, como si aquellos seres no fueran una amenaza seria para él, y tenía razón. En ese momento en el que todos dudaban quien sería el primero en acercarse y hablar con aquel misterioso personaje, Huathe se decidió:

- Buen día, viajero.

- No soy un viajero, soy un guerrero, ¿no se nota? -contestó con sequedad. Huathe quedó un poco indeciso tras la marga contestación, pero no se rindió, “si ese hombre se pone pesado le echaré de aqui a patadas”, pensó- bien, y vosotros qué sois.

- Nosotros somos aventureros -dijo Duir dando un paso al frente.- El hombre rio con fuerza, algo que no le gustó nada a Huathe.

- Bien, unos aventureros, extraña convinación, un Muna, un Griphno y un gigante.

- Yo soy Muna, y no creo que te interese en absoluto mis raices -Huathe se ofedió con el comentario y se lo hizo saber al desconocido de una manera muy contundente.

- Tranquilo amigo, no era mi intención ofenderte, no quisiera pelear contigo, creo que estoy en clara desventaja.

- Déjate de rodeos, soy grande pero no idiota.

- Tranquilo grandullón, yo soy un Sifogui, más comunmente llamados mercenarios.

Duir y Fearn se echaron hacia atrás sin vacilar. El Sifogui les vio y les dijo:- mientras no estéis buscando lo mismo que yo no tenéis porque huir, lo que yo busco son tres valerosos guerreros, muy temidos, cierto es que la descrpción que me han dado es un poco vaga, pero suficiente, a los tres que busco los reconoceré según les vea -a cada dato que aportaba nuevo aquel desconocido se les hacía un nudo en la garganta más grande a Duir y a Fearn, sin embargo Huathe no pestañeaba.

- Y porqué te han mandado buscarlos -preguntó curioso ante la idea de que le hubieran tomado por un peligroso guerrero.

- Alguien importante no quiere que cierta cosa sea encontrada, no se lo que es, lo cierto es que esa información me fue negada desde el principio, pero a mi me contratan para luchar no para pensar -”en eso tiene razón el muy imbécil nos lo está diciendo todo”, se decía para sí Duir- y por lo visto tienen en su poder algo muy valioso, algo que por lo visto sirve para encontrar la cosa en cuestión -”estos mercenarios siempre han tenido fama de lenguarces y nunca comprendí porque, ahora se explica todo” volvió a pensar Duir- el caso es que busco a guerreros, no a aventureros. De todos modos con este tiempo no podré proseguir mi búsqueda mucho más tiempo asi que si no os importa me quedaré aquí -Eadha seguía en el hombro de aquel mercenario, Huathe se preguntaba porqué. Duir pensó que no era una amenaza para ellos, le tendió la mano y le dijo a modo de saludo:

- Yo me llamo Duir.

- Mucho gusto, yo soy Gort, sabéis es curioso, los tres guerreros tan peligrosos que ando buscando tienen un águila como la vuestra, un ejemplar tan espectacular no se encuentra con facilidad -Eadha salió volando del hombro de Gort y fue a parar al hombro de Huathe.

- Y con eso que intentas decirnos -dijo con tono desafiante Huathe.

- No creas que no me he dado cuenta, soy Sifogui pero no soy imbécil, como bien has dicho tu antes, pequeñín, se que esos tres sois vosotros -Duir y Fearn se colocaron detrás de Huathe y él los recubrió dandoles la espalda y alzando los brazos en pose de protección, aquel hombre tenía una mirada muy extraña. Pero ese tipo de gente poseía un defecto, el de la apuesta y Huathe, tan curtido en estas situaciones, puesto que ya había lidiado con alguno ya lo sabía y le dijo:

- Te propongo un trato -Gort pareció extrañado.

- Di, antes de que te mate -contestó Gort desafiante.

- Te apuesto nuestras vidas a una partida de dados, si gano yo, tu te vendrás con nosotros en nuestro viaje y nos revelaras todo lo que sabes.

- Eso es una tontería, podría mataros aquí mismo y sin apuestas -en ese instante Huathe sacó del bolsillo un frasco pequeño y le dijo.

- Somos más difíciles de matar de lo que te piensas, somo druidas, magos, si intentas algo te echaré esta poción y el que morirás serás tu -había dado en otro punto flaco de Gort, el miedo a la magia, los ojos se le abrieron hasta tal punto que Huathe temió que se le salieran de las órbitas.

- De acuerdo -dijo tembloroso- pero cómo se que no has trucado los dados.

- Vamos, se más inteligente, usa los tuyos, esos seguro que no están trucados -Gort emitió un gruñido y saco de su fardo los dados, tuvo un momento de vacilación, se que quedó pensativo y por fin preguntó:- porque os interesa mi información.

- Me interesa más tu palabra, se si pierdes tendremos un guerrero a nuestro lado y eso es bueno para nosotros, se que no traicionarás tu palabra, los mercenarios sereis torpes de mente, pero la  palabra es sagrada, se que morirás antes de traicionar tu propia palabra. Nos serás de mucha utilidad si te quedas con nosotros.

- Si pero si pierdes moriréis.

- Nuestro destino es finalizar nuestra búsqueda, la suerte estará con nosotros -sin embargo, aunque Huathe había dicho eso, ni siquiera él estaba seguro de sus propias palabras, pero era su única salida.

- Bien, pues, tira -dijo Gort ofreciéndole los dados a Huathe, los cogio y tiro sin irar el resultado. Ambos se acercaron a los dados, un 12. Duir y Fearn se pusieron a saltar y a brincar como dos niños, Huathe se sonreía mientras Gort miraba con tristeza los dados.

- Triste empresa la mia que no he tardado ni una semana en encontrarlos y ya me la han jugado estos malditos -dijo con amargura.

- Ahora desembucha mercenario -dijo triunfante Huathe.

- Eso es todo lo que se, lo único que os queda es llevarme con vosotro, sere fiel a mi palabra e ire con vosotros pero quiero que algo quede claro, nadie ha hablado de protegeros, yo os acompañeré, pero no pienso ayudaros. -Huathe le miro desafiante, sacó el frasco de nuevo y dijo:

- Tu no estás en condiciones de exigir nada, harás lo que te digamos y punto. -Gort era un hombre muy valeroso pero habia visto caer a muchos de los suyos debido a la magia, pocos quedaban ya y no estaba dispuesto a ser uno más de los muertos, asi que asintió y bajó la cabeza.

- Bien, ahora vamos a encender un fuego para pasar aqui la tarde, a ver si hay suerte y por la noche no llueve -dijo Huathe dirigiendose hacia Duir y Fear- si, ahora si comeremo algo -clavó la mirada en su nueva adquisición y le dijo:- no pretendemos tratarte mal, tratanos bien y eso recibirás de nosotros, no somos gentes crueles, pero buscanos la ruina y te la estarás buscando a ti también, ¿tienes algo que comer? -Gort negó con la cabeza.

- No, yo como lo que cazo, pongo pequeñas trampas para animales no muy grades y lo consumo en el dia, de echo tengo una hay fuera, en la entrada, me extraña que no os hayáis cruzado con ella, de todos modos, si me lo  permites voy a ver si a caido algo

Huathe le señaló con la mano muy abierta la entrada de la puerta, mientras los dos hermanos ya habían terminado de encender el fuego, Fearn estaba sacando la comida de campaña, Duir se acercó con sigilo hacia Huathe y le dijo al oido:

- Este tipo es peligroso.

- Para nosotros no representa una amenaza, cumplirá su palabra hasta que me salve la vida, asi funciona su código y él sabe perfectamente que yo lo conozco, no temas Duir, de momento no es un rival, sino un amigo, trátalo como tal. No queremos riñas ni enfados, tendremos que luhar juntos asi que no trates de humillarlo ni hacerle sentir mal, si alguna vez consigue salvarme la vida, que lo hará, tenlo por seguro, no es bueno que lo hayamos tratado mal, al contrario, asi no tendrá motivos para vengarse de nosotros, al fin y al cabo ha sido su propia torpeza la que le ha traido aqui- Duir asentió y se sentó junto al fuego. Gort llegó con un pequeño animal, un conejo, se sentó junto al fuego y comenzó a quitarle la piel y las vísceras.

- Que asco -dijo Duir al ver la escena. Gort rió.

- Pequeño Muna, esto es nuestro almuerzo, cuando te lo comas no dirás lo mismo.- Huathe sonrió y miró a Gort y se dijo: “extraña criatura, probablemente no le gustaba lo que le habían designado y por eso no se ha matado, o quiza no tuviera mucho trato con el que le ha contratado, esta gente es muy rara”.

- Oye -dijo Fearn dirigiéndose a Gort- que es eso que poseemos que nos sirve para encontrar la cosa.

- ¿En serio no sabéis de lo que se trata? Curioso, sois portadores del mapa y no lo sabéis.

- Claro que lo sabemos, lo que ocurre es que este memo no sabía a que te referías-contestó Huathe con un gruñido.

- Osea que nos has estado llevando a algún sitio y no nos has dicho nada.

- Nadie sabía a dónde nos dirigiamos, aunque creo haberoslo dicho, si tienes mala memoria no es culpa mia, además es mucho mejor que el camino sólo lo conozca uno.

- Claro, asi si te mueres o te matan los demás no sabremos a dónde vamos -protestó Duir cruzando los brazos sobre el pecho.

- En eso tiene razón el enano -dijo Gort.

- Bueno, de momento nos dirigimos hacia el noroeste, hay que dar un pequeño rodeo.

- ¿Porqué? -pregunto Fearn mientras le daba un mordisco a su comida y Gort intentaba ensartar el conejo en un palo largo para poder hacerlo al fuego. Fuera aún llovía incluso con más fuerza.

- Seguro que no quieres pasar por las Montañas Tenebrosas -a Fearn se le abrieron mucho los ojos y le tembló la voz cuando dijo:

- ¿Las montañas tenebrosas?

- Si, por si tu pésima orientación te había fallado, están hacia el noroeste, tenemos que rodear.

- Por donde -dijo Gort.

- Para no desviarnos mucho por el vado de Shen.

- Imposible, tiene vigilancia dia y noche -concluyó Gort mientras ponía el conejo en el fuego.

- ¿Y cómo sabemos que no mientes? -preguntó Duir a la vez que buscaba en las alforjas su pipa.

- ¡Maldito enano escéptico! ¡Crees que pondría en peligro mi propia vida! ¡Ahora yo soy un traidor! Y si me descubren seré tan buscado como vosotros.

- Pero, ¿como supieron que habiamos comenzado la búsqueda? -Fearn pregunto esto mientras se sentaba junto al fuego para secar su ropa.

- Bueno, ellos capturaron a los sabios, no se cuantos eran, creo que nueve, pero no lo tengo muy claro, nunca me interesó demasiado el tema, el caso es que uno de ellos escapó y bueno, que quieres interceptaron su magia, todos estaban atados con una magia que les impedía moverse sin ser vistos. Pero uno de ellos, el más poderoso salió de ese círculo, pero estaba demasiado débil y un rastro le delató, le siguieron hasta esta zona, pero aqui habitan los druidas, como sabeis, y los árboles y su magia le protegieron, por eso buscan por esta zona. Ellos no cometen errores, han cortado todos los pasos para evitar las montañas tenebrosas. La única salida es ir por donde no esperan que vayamos.

- Ahora perteneces al grupo, antes no decías eso -dijo Duir sarcásticamente.

- Escucha bola de carne, si sigues inchandome las narices te juro que ensarto con mi espada -Huathe empezó a reirse con mucha efusividad mientras Duir se ponía a su lado.

- Duir, no seas tan duro con él, ahora tiene el deber de ayudarnos, nos a dado su palabra, tienes que empezar a confiar en ese tipo de cosas, si traiciona su palabra traicionará su propio honor. Y eso será lo último que haga, antes preferiría morir, pero lo que yo no entiendo Gort, es porqué te has unido a nosotros con tanta facilidad.

- Si te soy sincero, Huathe, creo que es ese tu nombre -Huathe asintió con un movimiento de cabeza- no me gustaba aquel tipo de ojos rojos y mirada heladora, era un tipo raro, que buscaba con demasiada ansiedad, demasiado misterioso para mi, él no respetará mi palabra, pero aún no me había pagado, asi que puede darse por satisfecho.

A Huathe se le iluminó la cara.

- Un momento, tu eres Gort el Águila, por eso Eadha se acercó a ti -Gort sonrió, Huathe le señaló mirando a sus dos amigos- este tipo es el más famoso rastreador y guerrero que ha habido en esta tierra, podría seguir a un alcón  en un día nublado. He oido hablar mucho de ti, a pesar de que estas tierras están muy lejos de tu hogar. Pero yo ayudo a los viajeros y peregrinos, y muchos me han hablado de ti -ahora se dirigió de nuevo a Gort- sin duda eres una leyenda.

- Ahora yo también te reconozco grandullón, tu eres El Gigante del valle, si yo tambien he oido hablar de ti, tu también eres un buen rastreador -dijo Gort con entusiasmo- sólo tenías que decir quien eras, campeón, no me hubiera opuesto a seguir contigo, no me desagradaría la idea de cazar contigo a esa rata de campo -y señaló a Duir con una sonrisa en la cara-. Es curioso, Gigante, nadie sabe el nombre de aquel miserable, las gentes que viven cerca de ellos le llaman Lughnasad, algunos piensan que pronunciar su nombre es como una maldición.

- Lugnassadh, curioso nombre -dijo Huathe pensativo- ese nombre lo he oído en otra parte, supongo que como todos los nombres tendrá una historia.

- Si, su nombre se debe a una leyenda, algunos dicen que ese tipo no sólo es el mal, sino el creador de el mal mismo -a medida que iba hablando Duir y Fearn se escondía cada vez más detrás de Huathe y Gort mientras, cambiaba de postura el conejo para que se asara por las dos partes- su nombre, por lo visto el inventó ese nuevo rito, te estoy hablando de hace mucho, mucho tiempo, luego se extedió la fama de aquel rito y por eso le llaman asi. Pero aquel rito, como sabes ya no se practica, por lo visto hacía honor al mal y cuando llegó el equilibrio entre el bien y el mal. Ese rito fue olvidado, pero no su nombre y como nadie sabía el nombre de aquel amo de lo oscuro, le llamaron así. Tu, Huathe, que estás en contacto con gente de fuera habrás oido todas esas historias.

- Las recuerdo muy vagamente. Si es cierto que algo me suena de toda esa historia. Siempre tiene que haber bien y mal. Pero recuerdo más otra, su nombre proviene de Lugh, algunos antiguos creían que era el dios sol. Por lo visto era un guerrero, un sabio mago, músico y maestro de todas las técnicas. Yo he oido más bien, que este dios, fue corrupto, dejó de ser luminosos y sucumbió a la oscuridad. Dana era su esposa y desde entonces, se dice que lucharon el uno contra el otro. De todos modos es la lucha de la naturaleza contra la oscuridad. Mira si al final la profecía tiene razón el mal será destruido y desaparecerá para siempre. Aunque ya sabes que en estas cosas siempre hay dos interpretaciones, la otra es que al final Lungnassadh se dará cuenta de su error, pero eso sólo son cuentos, yo creo que si todo sale bien acabaremos con él.

- En realidad para mi no tiene mucha importancia. Pero el problema ahora es que el bien no está definido, el poder de los sabios ha remitido y ahora Lugnassadh puede gobernar a sus anchas. Por eso tiene miedo de  vosotros si encontráis lo que andais buscando será su ruina, por lo menos eso es lo que ha dicho. No se lo que es, toda la información al respecto es muy confusa.

- ¿No recuerdas nada? -preguntó Duir con ansia.

- Recuerdo muchas cosas, pero no se si tiene algo que ver con vuestro asunto, además, ese tipo esta loco, nunca se cuando habla en serio y cuando no. Realmente tenéis que conocerlo para saber de lo que hablo, ese hombre, si es que es un hombre, es demasiado raro. Es un hombre despreciable.

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- ¡Malditos inútiles! No sabriáis buscar a ese condenado sabio ni aunque lo tuvierais en las narices. ¿Dónde está ese mercenario? Malditos, no hacen nada bien, debían haber sido fulminados hace mucho tiempo -y señalando a un soldado que se hallaba en la impresionante sala dijo:- Tú, vete al puesto de ese idiota, ocuparás su lugar -y dirigiendose a otro amonestó:- se sabe cuál era la última posición de ese malnacido. Vamos desembucha idiota, no tenemos todo el dia.

- No señor, sabemos que estaba cerca de donde le perdimos la pista al sabio, pero de eso hace más de tres días -contestó acongojado y bajando  la cabeza cada vez más. La cólera de aquel diabólico ser surgió y de su mano empezó a crecer una bola azul que despedía rayos. Y sin pensarselo dos veces le tiró la bola al soldado, éste retorcido de dolor por la electricidad que le recorría todo el cuerpo, extendió una mano a modo de súplica, y en ese momento se apagó.

Los que habían presenciado aquello, no dijeron nada, todos sabían que la crueldad de aquel ser era inagotable y el que se erigiera en defensor de aquel pobre despojo moriría igual que él, sino peor. Por lo que nadie se atrevió a decir nada. Lugnassadh señaló a orto soldado que estaba en aquella sala y mientras veía cómo le bajaba un sudor frío por la frente le dijo:

- Tú harás ese trabajo, vete a la posición del mercenario, de todos modos no le había pagado, llevate un cuervo, con lo que encuentres dame noticias,  no quiero excusas ni nada que se le parezca. Hazlo y si no lo haces te pasará lo mismo que ha este -y señaló la mancha que había en el suelo, puesto que ya se habían llevado el cadáver de aquel pobre desdichado- vigilarás al que acabo de mandar, si uno no lo hace bien al menos que otro lo haga por él.

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- No tenemos mucha salida, Lugnassadh no tardará en mandar alguien para saber que ha sido de mi.

- Perfecto, como si no tuvieramos más cosas en las que pensar, encima tenemos a todo un ejército de rastreadores -Duir suspiró y miró a Fearn que también hacía lo propio. Estaban desconcertados.

- Bueno, que no cunda el pánico, con paciencia todo se puede hacer -dijo Huathe, aunque él mismo no estaba seguro de sus palabras- bien, en cuanto deje de llover partiremos.

- No, en cuanto hayamos despachado a este conejo partiremos, sin demora, no debemos dejar pistas de nuestro paradero,aunque estemos rodeados de montañas somos vulnerable, yo necesito espacio para luchar y supongo que a ti, Huathe te pasa lo mismo, de estos dos enanos nada se, que hacen.

- Bueno, Gort, a ellos les debes respeto, son los dos hijos de una misma madre de los que hablaba la profecía, los dos estandartes de un mismo árbol -Gort escudriñó sus rostros, que ahora se hallabn deborando parte del conejo que había cazado con tanta maestría él mismo.

- ¿Ellos? No se, yo me esperaba unos guerreros, alguien fuerte y valeroso.

- Gort, no seas duro con ellos, no saben nada del mundo, tu y yo estamos más curtidos porque  no sólo conocemos a nuestra  gente sino a mucha y muy diversa, que es completamente diferente a nosotros. Ellos jamás han visto más que sus propios rotros. Son druidas, gentes que con las hierbas matan, creeme, no hay mejor lucha que esa, tu mismo te has echado atrás por un frasquito con hierbas, te sorprendería lo que se puede hacer con un poco de laurel, o con mandrágora. Yo también soy druida, pero yo no me dediqué a ello con profundidad, ellos si, su único mundo son sus hierbas y sus plantas, te aseguro que tanta dedicación les ha convertido en los mejores druidas de la comarca, no son magos Gort, no tienen magia en sí misma, pero la pueden hacer, en eso se basan los saberes druídicos, la naturaleza les da su magia, si traicionan esa naturaleza, dejarán de poseer magia. Auqneu aqui les veas acongojados cuando se ponen son los mejores.  No debes temer, teme a los magos, a los brujos, a esos sabios que no son más que magos de magia blanca y a los nigromantes, teme a todos ellos pero a un druida, nunca. El druida se vale de la naturaleza para crear amigo mio, nunca para destruir, eso es un principio de la magia druídica. No son los únicos que tienen que aprender. Gort, incluso tu puedes aprender, es lo bueno que tiene la magia druídica, el druida se hace, no nace. Hombre tienes que tener una mínima inteligencia y amor hacia la naturaleza. Y sobre todo dejar que la magia vaya a ti y fluya en ti mismo, es un arte.

- ¿Yo puedo aprender magia? -dijo estupefácto.

- Claro- dijo Fearn- nosotros no tenemos poderes, los creamos. Cuando quieras te enseñamos unos truquillos, cosas como dormir a un enemigo, crear pequeñas tormentas sobre un individuo, pequeñas cosas. Sobre todo nuestro saber, sirve para curar, tanto el cuerpo como la mente, si tienes pesadillas a menudo puedo curar tus sueños. Hay muchas maneras de hacer magia, y la más sabia es aquella que crea y te ayuda. Por supuesto emos aprendido pócimas para eliminar. Pero yo jamás he tenido que usarla. Siempre llevamos encima un pequeño libro con recetas para poder acordarnos de las más extrañas o de las más difíciles de encontrar.-Gort rió.

- Bueno, asi que no lo tenéis todo metido en la cabeza, eso está bien -cogió un trozo del conejo y comió en silencio.

- El druida amigo mio, no necesita ser sobervio para hacer magia, sino humilde, por eso les ves con la cabeza tan baja, porque en la humildad se basa el saber, Gort y por eso sean convertido en los mejores, porque los que viven con ellos también son druidas, pero han llegado ha tal punto que su sobervia no les ha dejado seguir aprendiendo y se han estancado en su saber. Ellos han seguido estudiando y probando desde siempre, por eso son los mejores, no les verás nunca jactarse de ello, simplemente crean.

- Hablas como si estuvieras orgulloso de ellos -dijo Gort mirando fijamente a los dos hermanos que estaban a la entrada de la cueva esperando que dejase de llover y hablando sobre plantas y sus propiedades.

- Ciertamente -dijo pensativo- lo estoy Gort, realmente lo estoy, porque a pesar de lo que ellos mismos puedan pensar en realidad son querreros, guerreros de la naturaleza cuya arma son las plantas, pero guerreros al fin y al cabo. Creo que hoy se han dado cuenta de muchas cosas y entre ellas de su propio poder, aunque sólo lo hayan visto de lejos. Para ellos es algo cotidiano, no se preocupan en si son mejores o peores y hoy, con nuestra pequeña conversación se han dado cuenta de que son más que simples druidas.

- Quizá tengas razón Gigante, pero te aseguro que no lo parecen.

- Ya -dijo Huathe sonriendo- pero muchas plantas son venenosas y no lo parecen, sin embargo si las comes te pueden producir diarrea y otras cosas peores, no te fies de las apariencias Gort.

- No me fio de nada -dijo a modo de respuesta.

- Sin embargo de mi si te has fiado -Gort le miró extrañadp y entre cerrando los ojos como queriendo escudriñar el porqué de su propia acción en Huathe, sin embargo sabía que el Gigante tenía razón y eso le intrigaba. Mientras los dos hermanos se habían adentrado un poco en el bosque, pero aún se les podía ver desde la cueva. Sentían curiosidad por unn estanque que había en un claro del bosque y que extrañamente sus aguas estaban iluminadas. Se acercaron con sigilo y se asomaron al agua. En ese momento Duir y Fearn sintieron un fuerte tirón del cuello de su camisa, aquel tirón les despidió hasta alejarlos de allí.

- ¿Pero se puede saber que os pasa? -Pregunto Huathe desde la cima de su altura.

- Bueno, yo, nosotros estabamos viendo…, no se a qué viene esto, solo estabamos mirando el estanque.

- Pobres imbéciles, eso era, con toda probabilidad un lugar mágico. Donde viven las Damas del agua.

- Xanas -dijo Fearn casi asustado.

- Si, xanas, asi que procurad no volver a ir hacia allí. Normalmente son inofensivas pero pueden ser letales como tengan el dia malo. Mejor es no acercarse -de pronto se olló un pisar de hojas por entre la espesa lluvia, y luego vieron una luz muy tenue que se acercaba a ellos.

Era una mujer vestida con ua túnica blanca, casi transparente por lo que se veían sus formas, y aunque éstas redondeadas y voluminosas eran hermosas y se movía con agilidad por entre la lluvia, su rostro, casi blanco tenía una gran belleza. Una larga cabellera negra como la noche le caía grácilmente por sus hombros y por entre el cabello tenía flores. Sus ojos eran de un verde esmeralda profundo y cautivaron a los aventureros. Entonces la mujer les miró sonriente, un collar de peces nadaba alrededor de su largo cuello y en sus brazos estaban retorcidas unas plantas.

- Quien viene a ver a las Xanas -dijo, y ninguno se atrevió a responder, entonces la mujer rió y dijo de nuevo con la voz más dulce que jamás habían escuhado:- vamos no temáis, no os haré nada. Habéis pronunciado mi nombre, sólo quiero saber para qué me llamaban unos guerreros, los guerreros de la profecía. Si lo sé, sois vosotros lo que me habéis llamado -dijo señalando a Duir y a Fearn, puesto que él había pronunciado su nombre se adelantó tragando saliva y dijo:

- Yo os llamé, pero fue una equivocación, ruego que perdonéis y que nos dejéis proseguir -la mujer volvió a reir.

- Vamos, un druida no debe temer a las criaturas del bosque, somos tus amigas, nunca te harían daño, ni yo, ni ninguna otra hada, ni animal, nadie. Todos somos parte de tus poderes, no podríamos volvernos en tu contra, druida -Fearn respiro la miró con dulzura y dijo:

- Entonces me alegro, porque que venga una xana es símbolo de que la magia está con nosotros, y sobre todo la naturaleza.

- Escucha druida, ten cuidado, las Montañas Tenebrosas no son lugar para un druida, has de tener mucho poder para recurrir nuestra ayuda, se inteligente. Sobre todo, druida no te fies de lo que tus ojos ven -y en ese instante se desvaneció con la lluvia. Había parado de llover.

- Genial, esas criaturas tienen dotes proféticas y como ha sido tan clara… -observó Gort con sarcasmo y girando la cabeza a un lado.

- Un respeto -dijo Duir- ella  podría matarte con su voz y su inteligencia. No seas necio Gort, ella nos ayudará, ella y las demás hadas y ninfas del bosque, son nuestras amigas no nuestras enemigas -Gort se sorprendió del comentario de Duir, pero prefirió no objetar nada al respecto.

Volvieron a la cueva y lo sacaron todo, aún faltaba algunas horas para que anocheciera y era  preciso que salieran del valle. Ante todo recogieron cualquier muestra de su presencia en la cueva y Gort echó agua por el suelo y donde habían encendido el fuego. Fearn le miró extrañado y le preguntó:

- ¿Por qué echas agua?

- Porque así tapo nuestro rastro, quizá no tengan rastreadores tan hábiles como nosotros, pero sin duda llevaran animales capaces de seguirnos el rastro y no es muy difícil, de esta manera, por lo menos nos aseguramos de que, si tardan un  par de días, no podrán seguirnos el rastro.

- Ya, bueno, pero, ¿ y si no están tan lejos?

- No seas agorero Fearn, ten fe, él sabe donde estaban los otros -miró a Gort implorando- ¿o no?

- Bueno, en realidad, todo es un poco confuso, se que han puesto vigilancia alrededor de las Montañas Tenebrosas, el resto de la información siempre fue muy confusa, quiza no se habló en esceso de ella por miedo, miedo a los sabios -Huathe se quedó pensativo un momento mientras caminaban ya todos juntos y a buen paso, el sol se dejaba ver como iluminando la mente del Gigante.

- No lo se, de momento creo que lo que deberíamos hacer es mandar a Eadha para que averígüe quien hay -Eadha le miró y salió volando- debemos tener cuidado, es nuestra única esperanza, mientras ella observa seguiremos adelante, ella sabrá buscarnos.

- La tienes muy bien educada -dijo Gort- nunca había visto un animal tan hermoso y bien cuidado -dijo a modo de elogio.

- Si -entonces Huathe empezó a poner los ojos perdidos y Fearn y Duir suspiraron, le conocían de sobra- es un animal muy bello, lo cierto es que es tan inteligente que podría decirse que se cura y se cuida sola, es fantástica, no se cómo lo he conseguido. Es el cariño y el repeto que siempre la he tenido, si fuera una mujer me hubiera casado ya con ella -Gort le miró asombrado y Fearn le hacía getos de negación al tiempo que articulaba una palabra, teniendo cuidado de que Huathe no le oyera. Fearn le decía: “olvidalo”, y Gort cada vez se alejaba más de él.

Pero de prontó sacudió la cabeza miró al resto de sus compañeros de aventuras como si no hubiese dicho nada y caminó delante de todos ellos, Gort miró a los doshermano con rostro dubitativo y Fearn le hizo un gesto como para darle a entender que no le diera importancia. Gort asintió y no preguntó más.

Llegaron a una zona donde la vegetacón y el terreno se hacía cada vez más abruptos.