Historia de la Iglesia en la Edad Media

Historia de la Iglesia

en la

Edad Media


TEMA 1  EL TRIUNFO DE LA IGLESIA Y LA CONFIGURACIÓN DE LA ORTODOXIA

1.1.- EL TRIUNFO DEL CRISTIANISMO

Habría que tener en cuenta tres frentes de lucha que el cristianismo sostuvo en sus primeros años de existencia:

a) La Administración romana: Las persecuciones.

b) Las disputas internas: Las herejías.

c) La confrontación entre la intelectualidad cristiana y la pagana, cuyo fruto sería el nacimiento de la “cultura cristiana”.

Definimos con Marcel Simón las Persecuciones como medidas administrativas encaminadas a dificultar e incluso destruir al cristianismo.

Hasta el siglo III no existieron medidas legales ni administrativas, lo que excluye a Nerón de la nómina de Perseguidores, aunque se le atribuya una ley, la Instituta Neronis” cuya existencia no se ha probado. Es claro que en tiempos de Nerón hubo víctimas, pero éstas se debieron más al capricho de un déspota que a una persecución oficial.

Con Trajano ya hay unos ciertos síntomas de intento de “afrontar el problema cristiano”. Trajano da un rescripto (especie de respuesta vinculante), a Plinio el Joven conminándole a no hacer caso de las acusaciones contra cristianos y en el que no se encuentra ninguna orden contra el cristianismo.

Hay que tener en cuenta que, desde el ámbito cristiano, hay una literatura que no guarda ningún respeto por el Imperio Romano, ejemplo de ello son el Apocalipsis de San Juan (apocalipsis = descubrimiento), o las Actas de los Mártires.

La situación cambia con el siglo III. El cristianismo cuenta con muchos adeptos que llegan incluso a calar los cuadros de la administración imperial. Un siglo, además, en el que el Imperio está en crisis.

Los emperadores van a tomar la decisión de dictar normas legales contra los cristianos, con el fin de salvar el Imperio.

Comienza Septimio Severo con una ley intentando evitar el proselitismo, no solo de los cristianos, sino también de todos los “radicalismos” existentes.

La primera medida estricta es e mediados del siglo III, se trata del Edicto promulgado por Decio mediante el cual se establece una incompatibilidad entre cristianismo y Estado. Esta persecución produjo gran cantidad de mártires y también de apóstatas que, mediante el “libelo” pretendían salvar la vida.

Valeriano promulga un edicto, siendo miembro de la nobleza senatorial romana, reducto donde se refugian los últimos restos del paganismo.

Las persecuciones alternaron, durante el siglo III, con periodos de tranquilidad absoluta: Heliogábalo, Filipo el Árabe, Alejandro Severo fueron emperadores muy tolerantes con los cristianos.

La mayor persecución vino con Diocleciano (siglo IV) quien la plantea dentro de un conjunto de medidas para salvar al Imperio. Diocleciano pretende crear una “mística imperial” que resulta incompatible con la religión cristiana. Diocleciano lleva el título de “Dominus noster” e incluso el de “Dominus et Deus”. Desde el punto de vista religioso, Roma fue muy liberal, sin embargo fue muy estricta desde el punto de vista político y el culto al emperador pretendía ser el elemento de cohesión de todas las tierras del Imperio.

Los edictos de Diocleciano se aplicaron de forma muy irregular. La tetrarquía impuesta por Diocleciano (dos Augustos + dos Césares), hará que cada uno de los tetrarcas actúe con mayor o menor rigor.

Frente a esta persecución se oponía una Iglesia que había crecido tanto que la hizo inútil. La política de Diocleciano se acabó saldando con un rotundo fracaso.

Sorprendentemente, en pocos años se pasa de una persecución feroz a la tolerancia oficializada por el Edicto de Milán de Constantino (313). Por el que se da libertad de cultos y por el que los emperadores romanos se abstienen de tomarse atribuciones divinas.

El Giro Constantiniano como se conoce al fenómeno sigue siendo objeto de debate. Constantino no era tan distinto a Diocleciano (ambos eran déspotas) sin embargo en materia religiosa fueron muy diferentes. Constantino, como cualquier hombre de su época se aferró al cristianismo como otros se habían aferrado a otras creencias. La tesis más factible es que la trayectoria espiritual de Constantino le habría hecho pasar por ser adepto a los cultos solares y, posiblemente, algunos colaboradores suyos le convencerían de que eso era ser cristiano (Dios como la luz que todo lo ilumina, etc.), hasta el punto de que llega a tomar parte de los asuntos internos cristianos (convocando el Concilio de Nicea), al mismo tiempo que sigue conservando el título pagano de Máximo Pontífice de los romanos.

Constantino se bautizó en el lecho de muerte y se hizo enterrar junto a 12 sepulturas para estar al mismo nivel que los apóstoles, por eso se le conoce como el “isopóstolos” y que da una idea de hasta que punto se consideraba con derecho a participar en todas las decisiones, laicas o religiosas. Desde ese punto de vista se considera que Constantino salió ganando con la conversión ya que pasó a ser el lugarteniente de la divinidad única en lugar de ser un dios más.

El Imperio empezaba a parecerse al “reino de Dios”, los emperadores serían los lugartenientes de Dios.

Tras la muerte de Constantino (337), el proceso de cristianización continúa salvo un pequeño lapso, el de Juliano el Apóstata (363-363) que intentó una restauración del paganismo. Tras el 363, se vuelve al proceso  que será rematado en 380 por Teodosio.

Teodosio mediante el Edicto de Tesalónica (380), hace de la ortodoxia católica, la religión oficial del Imperio integrando a algunos pueblos bárbaros, especialmente a los godos.

Se pretende hacer de la Iglesia, una parte de la civilización romana. En Oriente se consumó, Iglesia y Estado fueron caras de una misma moneda, los emperadores fueron isopóstolos (al nivel de los apóstoles). En Occidente, sin embargo, no.

1.2.- LA CRISIS ARRIANA: DE NICEA A CONSTANTINOPLA

Aieresis (griego): se ha traducido por elección, opinión, filosofía libremente elegida.

La primera vez que la palabra herejía aparece en la Biblia es en la primera epístola de San Pablo a los Corintios: “Es necesario que entre vosotros haya herejes… para que se vea quien es de probada virtud”.

Cuando hablamos de herejías en estos tiempos, estamos hablando de cosas muy heterogéneas:

1.  Hablamos incluso de religiones y filosofías distintas (maniqueísmo, gnosticismo).

2.  Hay herejías que no lo son por negar un dogma, sino por ser corrientes de carácter rigorista (Marción, Montano).

3.  Herejías propiamente dichas, es decir, que rompen el dogma a medida que éste se va configurando. Tienen relación con la Trinidad y la acomodación de la figura de Cristo[1].

Tratar de acomodar la Segunda Persona dentro de la Trinidad, defendiendo la unidad de la divinidad, en momentos en que todavía se están elaborando los dogmas, era casi como lograr la cuadratura del círculo, era inevitable que surgiesen diferencias. Entre ellas destacan:

a)  Monaquismo: Exaltan la unidad de la divinidad por encima de cualquier especulación trinitaria (no llegó a considerarse herejía).

b)  Modalismo: El Verbo encarnado, era una simple modalidad del Padre. Algunos modalistas llegaron a decir que los sufrimientos del Hijo durante la Pasión, también fueron sufridos por el Padre. Entre todos los modalistas, destacan Sabelio y Pablo de Samosata. Desconocemos la repercusión social que tuvieron por lo que no conocemos su trascendencia histórica.

c)  Arrianismo: Para hablar de una herejía capital desde el punto de vista religioso y sociológico hay que llegar a la figura de Arrio (318).

Arrio es un presbítero de la Iglesia de Alejandría, una de las sedes más relevantes de la tradición cristiana. La obsesión de Arrio es la de salvaguardar, dentro de la trinidad, la figura del Padre. El Padre sería el único “agentos” (inengendrado). Esto suponía una desvalorización del “Logos” (Verbo) a quién Arrio no reconocía una coeternidad con el Padre, definiéndolo como “creado”. Según esto, lanzaría una tesis en la que el Hijo quedaba subordinado al Padre.

Arrio no parte de cero, existía ya una concepción litúrgica que contribuía a reafirmar su concepto  y que se resumía con la expresión “Gloria al Padre, con el Hijo, en el Espíritu Santo”.

El patriarca Alejandro de Alejandría condena a Arrio (320) quien en lugar de zanjar la polémica, la abre tremendamente. Eusebio de Cesarea y Eusebio de Nicomedia rehabilitan la figura de Arrio, mientras que en Jerusalén es condenada.

El emperador Constantino, una vez fracasada la vía diplomática propugnada por su consejero el hispano Osio de Córdoba, usa en 325 la vía del Concilio Ecuménico que se celebrará en Nicea (Asia Menor). De los doscientos obispos que acudieron, solo cinco eran occidentales y todos ellos estaban ligados a la Corte Imperial. El papa Silvestre no asistió. En este Concilio se formaron tres partidos religiosos:

*    Arriano extremo: Encabezado por Eusebio de Nicomedia.

*    Subordinacionista moderado: Encabezado por Eusebio de Cesarea.

*    Antiarriano: Encabezado por Alejandro, patriarca de Alejandría y por Osio de Córdoba.

La fórmula que se adoptó por mayoría (no por unanimidad), fue la de Eusebio de Cesarea. Cristo era “omousíos”, es decir, consustancial al Padre. Esta era una idea innovadora ya que no procedía de las escrituras.

La Iglesia, como vemos, se embarca desde 325 en las declaraciones solemnes e inamovibles de los “dogmas”.

En Nicea se toman otras medidas, la readmisión de los apóstatas, el destierro de Arrio, la fijación de la Pascua de Resurrección, etc.

La crisis Arriana, no obstante, se mantendrá de 325 a 379. Una buena parte del episcopado oriental no aceptó la declaración de “omousíos”. La intervención de Constantino quizás enmarañó aún más las cosas. En la sede de Antioquía en 362 llega a haber hasta cinco formas distintas de entender el cristianismo:

*    El nicenismo. Consustancialidad de Primera y Segunda personas.

*    El arrianismo extremo “anomeismo” que sostiene que la Primera y la Segunda personas eran radicalmente distintas.

*    El “omeismo” La Segunda persona y la Primera son parecidas.

*    Apolinaristas: Fórmula del obispo Apolinar que derivó diciendo que Cristo era una simbiosis del Logos divino y la “carne” o componente material humana.

*    Pneumatómacos: Defendida por Macedonio, Mantenían la fórmula “omousíos”, pero no para el Espíritu Santo. La Tercera Persona quedaba devaluada.

Los sucesores de Constantino trataron de terciar en la polémica sin demasiado éxito, máxime cuando en esta época (325-379) que comentamos se da el reinado de Juliano el Apóstata.

La polémica termina por la imposición de Teodosio convirtiendo al cristianismo, en su versión nicena,  en la religión oficial del Imperio.

Teodosio promulga el Edicto de Tesalónica en 380 con el que impone el nicenismo y se convoca el I Concilio de Constantinopla. Asisten ciento cincuenta obispos, todos orientales, sin que asista el hispano papa Dámaso. En este Concilio se acuerda lo siguiente:

*    Se reafirma lo convenido en Nicea que queda recogido en el Credo.

*    Se condena el arrianismo en cualquiera de sus formas.

*    A la sede de Constantinopla se le concede una preeminencia por encima de las otras sedes.

Desde el punto de vista teológico, el arrianismo fue muy importante porque partió en dos, al menos en Oriente, a la comunidad de fieles, poniendo en claro la afición oriental a la especulación teológica

El arrianismo que muere en Oriente en 380, sería introducido en Occidente por los pueblos germanos que habían sido adoctrinados por los discípulos de Arrio.

1.3.- LOS PADRES ORIENTALES HASTA LA MUERTE DE CIRILO

Otro de los frentes de lucha del cristianismo fue la confrontación entre la intelectualidad cristiana y la intelectualidad pagana dando origen al nacimiento de una “cultura cristiana”. En esta línea podemos distinguir cuatro etapas:

1.  Etapa apostólica: Siglo I.

2.  Etapa postapostólica: Siglo II.

3.  Comienzos de la Iglesia: Siglo III.

4.  Triunfo de la Iglesia: Siglo IV.

Los Padres orientales de la Iglesia son los que desde Oriente fueron formando esa cultura cristiana.

1)  San Justino Mártir (100-165): Filósofo, teólogo y uno de los primeros apologistas de la Iglesia que quiso reconciliar la doctrina cristiana con la cultura pagana. Nació en Flavia Neápolis (hoy Nablus, en Jordania), una ciudad romana construida en el lugar donde estaba la antigua Shechem, en Samaria. Sus padres fueron paganos y de joven se dedicó al estudio de la filosofía griega, en especial la obra de Platón y la de los filósofos estoicos. Se convirtió al cristianismo al estudiar la Biblia, y a partir de entonces se dedicó a promulgar lo que había descubierto a través de sus enseñanzas y escritos. Al negarse a ofrecer sacrificio a los dioses paganos fue decapitado durante el reinado del emperador romano Marco Aurelio. En el siglo IX fue incluido en el martirologio de la Iglesia católica. Su festividad se celebra el 14 de abril. Los libros que se le atribuyen con certeza son las dos Apologías para los cristianos, donde realiza una defensa erudita de los cristianos contra los cargos de ateísmo y sedición contra el Estado romano, y el Diálogo con Trifón el judío, que recoge una discusión real en Éfeso. Sus escritos son valiosos por la información que proporcionan sobre la Iglesia cristiana del siglo II.[2]

Es el personaje para quien el cristianismo es la verdadera filosofía. La razón de Dios se ha manifestado en la figura de Cristo.

2)  San Ireneo de Lyon (140-202): Prelado cristiano y Padre de la Iglesia. Nació en Asia Menor y de niño escuchó predicar a san Policarpo, obispo de Esmirna, discípulo de san Juan evangelista. En el 177 fue nombrado obispo de Lyon, cargo en el que logró muchas conversiones entre los galos. Intervino ante el papado para que no separaran de la comunión a los orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos y se opuso con energía a la herejía del gnosticismo. Hacia el año 180 escribió contra los gnósticos Contra las herejías, que, además de ser importante por su sátira, nos permite conocer mejor las bases del gnosticismo. San Gregorio de Tours, el cronista del siglo XVI, fue el primero que le menciona como mártir, describiendo los sufrimientos que padeció bajo el emperador Lucio Septimio Severo hacia el 202[3].

Frente a los gnósticos sostiene que el cristianismo más que una filosofía es una revelación.

3)  Clemente de Alejandría: Nombre completo de Tito Flavio Clemente (150?-215?), teólogo griego y uno de los primeros Padres de la Iglesia. Es probable que naciera en Atenas y se educase en la catequesis de Alejandría, donde fue alumno del filósofo cristiano Pantaenus (siglo II). Cierto tiempo después de la conversión de Clemente desde el paganismo, fue ordenado presbítero. Hacia el año 190 sucedió a Pantaenus como director de la escuela catequística, que se hizo famosa bajo su dirección. Orígenes, reconocido después como escritor, profesor y teólogo, podría haber sido uno de los alumnos de Clemente. Durante la persecución de los cristianos en el reinado de Lucio Séptimo Severo, emperador de Roma, Clemente se trasladó de Alejandría a Cesarea (Mazaca) en Capadocia. Poco se sabe de sus actividades posteriores. Fue considerado santo en algún momento; su nombre aparecía en los martirologios cristianos antiguos. Muchos investigadores creen que Clemente fue el fundador de la escuela de Teología de Alejandría. Según el sistema de lógica de Clemente, el pensamiento y la voluntad de Dios exhortan, educan y perfeccionan al verdadero cristiano. Este proceso se produce en tres fases descritas en Exhortación a los gentiles, El Pedagogo y Misceláneas, las obras más importantes de Clemente. La primera es una defensa de la fe; la segunda contiene instrucciones sobre moral y costumbres; y la tercera es una discusión de varios puntos de teología doctrinal, pensada para conducir al cristiano maduro al conocimiento perfecto. Clemente es además autor de una serie de tratados, que se incluyen en Stromata (Tapices) y ¿Qué rico podrá salvarse?[4].

Hay un parentesco entre todas las verdades del mundo, y todas ellas, desembocarán en la verdad del cristianismo que es la única capaz de sublimar al hombre.

4)  Orígenes(185-254): Maestro, teólogo y célebre escritor cristiano. De apellido Adamantius, nació en Alejandría. Fue educado como cristiano y se dice que tuvo que ser refrenado para no ir al martirio cuando en el 202 asesinaron a su padre durante una persecución. Según la tradición fue discípulo de Clemente de Alejandría y durante 28 años enseñó en la ciudad tanto a paganos como a cristianos. El historiador Eusebio de Cesarea afirmó que su ascetismo y castidad eran tan inflexibles que incluso se castró para huir de la tentación. En Alejandría escribió sus principales tratados dogmáticos y emprendió sus numerosas obras críticas.

En 216 viajó a Palestina y fue invitado como laico por los obispos de Jerusalén y Cesarea a dar conferencias en las iglesias sobre las Escrituras. Hacia el 230 los obispos lo ordenaron presbítero sin consultar al propio obispo de Orígenes, Demetrio de Alejandría, que se opuso. Se celebraron dos sínodos en Alejandría: en el primero se prohibió a Orígenes enseñar y en el segundo se le privó de su sacerdocio.

Después se estableció en Cesarea y fundó una escuela de literatura, filosofía y teología. En el 250, durante las persecuciones del emperador Decio, fue torturado y encarcelado durante un año. Muy debilitado por las heridas sufridas, murió hacia el 254, probablemente en Tiro.

Con toda probabilidad es uno de los eruditos bíblicos más destacados de la época, pues sus logros como exégeta y estudioso del Antiguo Testamento fueron notables. Fue un escritor prolífico cuyas obras incluyen cartas, tratados de teología dogmática y práctica, apologías, exégesis y críticas de textos. Contra Celso es una larga y razonada obra apologética que refuta los argumentos de Celso, influyente filósofo platónico de Alejandría en el siglo II y quizá el primer crítico serio del cristianismo.

Además, Orígenes está considerado como el padre del método alegórico de interpretación de las escrituras. Enseñó el principio del sentido triple, que se corresponde con la división triple de la persona en cuerpo, espíritu y alma, entonces un concepto unitario. Como filósofo de orientación platónica trató de combinar la filosofía griega y la religión cristiana. Desarrolló la idea de Cristo como el Logos o Palabra encarnada, que está con el Padre desde la eternidad, pero también enseñó que el Hijo se encuentra subordinado al Padre en poder y dignidad, doctrina que, además de otras como la de la preexistencia del alma, fueron criticadas con severidad por muchos de sus coetáneos y autores posteriores. Las teorías que se desarrollaron a partir de sus doctrinas fueron el eje de controversias importantes durante la Edad Media[5].

Es el primero en hacer una exégesis seria de las Escrituras. Es el dogmático científico del cristianismo, como Plotino lo fue para el paganismo, ambos, por cierto, discípulos del neoplatónico Amonio.

5)  Eusebio de Cesarea (260?-340?): Teólogo, historiador eclesiástico y erudito, es probable que Palestina fuera su lugar de nacimiento. Eusebio Pánfilo, adoptó el nombre de Pánfilo por su amigo y profesor Pánfilo de Cesarea, cuya amplia biblioteca le proporcionó gran parte de los materiales históricos para sus obras literarias posteriores. Eusebio colaboró además con Pánfilo en una edición de Septuaginta basándose en el Hexapla del escritor y teólogo cristiano primitivo Orígenes, y en la preparación de una apología (cinco libros, en la actualidad perdidos) de las doctrinas de éste. Tras el martirio de Pánfilo, Eusebio abandonó Cesarea y se fue a Tiro. Más tarde huyó de esta ciudad durante las persecuciones de cristianos a comienzos del siglo IV, y es probable que fuera encarcelado a su llegada a Egipto. Las persecuciones cesaron después del año 310 y fue puesto en libertad.

Hacia el año 314 Eusebio se convirtió en obispo de Cesarea. En el Concilio de Nicea, en el año 325, Eusebio pronunció el discurso de apertura y se convirtió en el líder de los semiarrianos, un grupo moderado contrario a la discusión de la naturaleza de la Trinidad, que preferían el sencillo lenguaje de las Escrituras a las sutilezas de las distinciones metafísicas. En Nicea aceptó la posición de Atanasio, aunque mostró inclinaciones arrianas en los sínodos de Antioquía (324) y Tiro (335). Eusebio contó con la protección de Constantino I, emperador de Roma y fue uno de los hombres más instruidos de su tiempo.

Aparte de sus escritos históricos, Eusebio fue responsable de los Eusebian canons, un sistema de referencias a los Evangelios utilizadas en muchos manuscritos bíblicos. Eusebio preparó o perfeccionó la obra del teólogo alejandrino del siglo III Ammonio, dividiendo el Evangelio de Mateo en 355 secciones, el de Marcos en 236, el de Lucas en 342 y el de Juan en 232, con el número de cada una de éstas (llamadas secciones ammonianas) anotado al margen del texto. A consecuencia de la similitud de materias, muchas secciones de un Evangelio eran casi idénticas a las de uno o varios de los otros Evangelios. Para facilitar la consulta, Eusebio elaboró 10 tablas o listas clarificadoras. Fue un escritor prolífico, autor de dos obras apologéticas, así como de una historia del mundo hacia el año 303 y hacia el 324 de una historia de la Iglesia cristiana[6].

Autor, por tanto, de la Historia cristiana, apologética, fue el dignificador del Imperio Romano, en el sentido de cambiar el concepto de bestia del cristianismo a defensor del mismo. Estuvo, quizás, demasiado ligado al poder.

6)  San Atanasio (293?-373): Teólogo cristiano, obispo y doctor de la Iglesia, que defendió la causa de la ortodoxia en el siglo IV enfrentándose al arrianismo. Nacido en Alejandría, recibió una educación clásica antes de entrar en la famosa escuela teológica de su ciudad natal. Fue ordenado diácono siendo todavía muy joven y nombrado secretario del obispo de Alejandría. Es entonces cuando comienza a ocupar una posición relevante en la gran batalla teológica que culminó en el concilio de Nicea en el año 325. En Nicea, Atanasio opuso una férrea oposición contra Arrio, el sacerdote de Alejandría que formuló la doctrina conocida como arrianismo; hasta tal punto que su vida está vinculada al desarrollo de la controversia con Arrio, y sin duda fue el más importante antagonista que tuvo esta herejía. Atanasio formuló una doctrina (homoousian), según la cual el Hijo de Dios es de la misma esencia, o sustancia, que el Padre; Arrio, defendía una teoría que mantenía que el Hijo era de una sustancia diferente a la del Padre, siendo una criatura mucho más perfecta que cualquier otra, utilizada por Dios para los trabajos posteriores a la creación. Atanasio fue nombrado obispo de Alejandría hacia el año 328. Durante la controversia arriana, la política seguía caminos paralelos a la teología, y cada facción luchó para ganarse el favor del emperador de Roma, Constantino I. El movimiento arriano estaba influido por la corte imperial, además de participar de forma muy activa en ella. Atanasio fue condenado al exilio en cinco ocasiones; pasó más de una tercera parte de su episcopado fuera de su sede. Su quinto y último exilio duró cuatro meses y concluyó en el año 364, dedicando el resto de su vida a un trabajo tranquilo en su cargo de Alejandría. Atanasio fue un prolífico escritor; de gran valor son su Discurso contra los arrianos, Historia de los arrianos y Apología contra los arrianos. La tradición le atribuye un credo o profesión de fe, pero no se puede afirmar con seguridad. Murió el 2 de mayo del año 373. El día de su fiesta se celebra el 2 de mayo[7].

Lleva a cabo desde la sede de Alejandría, su ardiente defensa de la ortodoxia. San Atanasio fue el autor de la vida de San Antonio Abad, por lo que puede considerársele como padre de la hagiografía.

7)  Los Padres Capadocios: Viven bajo la esperanza de un Imperio Romano unido. Son obispos pero también son ascetas:

*    San Basilio (329?-379): Llamado Basilio el Grande, padre y doctor de la Iglesia, patriarca del monacato oriental. Nacido en una familia adinerada en Cesárea Mazaca (moderno Kayseri, Turquía), Basilio fue educado en Atenas y Constantinopla. Tras visitar a un grupo de ermitaños famosos en Egipto y Siria, renunció a una carrera administrativa y se estableció como eremita en el río Iris en Neo-Cesarea. Allí escribió gran parte de su regla de vida monástica que se convirtió en el fundamento de una orden monástica (llamados tiempo después monjes basilianos) que fundó hacia el año 360. Gran parte de los monjes ortodoxos y algunos católicos romanos guardan todavía la regla de san Basilio. Famoso por su brillantez y santidad de vida, fue reclamado por el obispo de Cesárea para defender la doctrina cristiana contra los ataques heréticos de los arrianos. En el año 370 fue elegido obispo de Cesárea, cargo que ostentó hasta su muerte el 1 de enero del año 379. Sus escritos incluyen Contra Eunomio, tres libros dirigidos contra el líder arriano Eunomio; Sobre el Espíritu Santo, un tratado doctrinal, y Moralia, una antología de versos del Nuevo Testamento. También escribió una liturgia (conocida como la liturgia de san Basilio) que se practica en el rito bizantino. Su fiesta se celebra el 1 de enero en la Iglesia oriental y el 2 de enero en la occidental.

Basilio, su hermano san Gregorio Nisa y su amigo san Gregorio de Nacianceno son conocidos en grupo como los padres de Capadocia. La abuela de Basilio, Macrina, sus padres Basilio y Emmelia, su hermana Macrina y sus hermanos más jóvenes, Gregorio y Pedro de Sebaste, son también venerados como santos[8].

*    Gregorio de Nacianceno, San (329?-389):  con san Atanasio, san Basilio y san Juan Crisóstomo, padre de la Iglesia y uno de los cuatro doctores de la Iglesia de Oriente. Llamado Gregorio el Teólogo, nació cerca de Nazianzus, en Capadocia (hoy en Turquía), y estudió en Alejandría y Atenas. Fue bautizado en el año 360 por su padre, que era obispo de Nazianzus. Con la firme decisión de llevar una vida de devoción marchó al Ponto, donde vivió en el desierto próximo al río Iris (hoy río Yesil Irmak, Turquía) con san Basilio. Entre los dos recopilaron una antología de escritos del maestro y teólogo cristiano Orígenes, llamada Philokalia (amor a la belleza, en griego). Basilio fue nombrado más tarde obispo de Cesarea, y en el año 371 o 372 convenció a Gregorio para que aceptara la sede de Sasima, un pueblo de Capadocia. Sin embargo, a Gregorio no le gustaba la vida pública y, hasta la muerte de su padre en el año 374, estuvo retirado.

En el año 378 o 379 Gregorio se hizo cargo de la congregación nicena de Constantinopla. Aquí pronunció cinco discursos sobre el dogma de la Trinidad que le dieron el apodo de Teólogo. Fue nombrado obispo, pero se retiró ante la resistencia de los arrianos. Con la esperanza de evitar nuevos cismas regresó a Nazianzus, donde permaneció hasta su muerte. Su festividad se celebra el 2 de enero en la Iglesia católica y el 25 en la ortodoxa. Las obras que se han conservado son unos 45 sermones, 243 cartas y 407 poemas dogmáticos y morales[9].

*    San Gregorio Nisano (335?-394?): Obispo de Nisa (en Capadocia) y padre primitivo de la Iglesia, nacido en Neocesarea (hoy Niksar, Turquía), y hermano menor de san Basilio. Gregorio se casó, pero a la muerte de su mujer ingresó en el monasterio fundado por su hermano en el Ponto, cerca del río Iris. Hacia el año 371 fue ordenado por él y nombrado obispo de Nisa. La posición religiosa de Gregorio era muy ortodoxa y se mostró en particular celoso en el combate contra la doctrina del arrianismo. Los arrianos acusaron a Gregorio de fraude en su elección al obispado y de malgastar los fondos de su cargo. Declarado culpable de estas acusaciones se exilió de Nisa entre el año 376 y el 378. Cuando regresó, Gregorio fue un sólido apoyo de la posición ortodoxa contra los arrianos en el I Concilio de Constantinopla, en el 381. Al año siguiente fue encargado de la organización de las iglesias de Arabia.

Gregorio es famoso como teólogo. Entre sus tratados teológicos más importantes destacan Discurso contra Eunomio, una defensa del Credo de Nicea; Gran discurso catequista, una defensa de la fe cristiana contra judíos y paganos; Sobre la fe, un tratado contra los arrianos; y Diez silogismos, dirigido contra los apolinaristas, que en muchos aspectos aparecían aliados a los maniqueístas. Su festividad se celebra el 9 de marzo[10].

8)  San Juan Crisóstomo (349?-407): Doctor y padre de la Iglesia primitiva, nacido en Antioquía, Siria (hoy Antakya, Turquía). Estudió oratoria con el retórico griego Libanius y comenzó su carrera como jurista. A los 18 años se puso bajo la tutela de Meletius, obispo de Antioquía, que le envió a una escuela monástica y poco después le bautizó. Después de pasar seis años como monje en las montañas próximas a Antioquía, Juan fue ordenado diácono en el año 381 por Meletius y sacerdote en el 386 por el obispo Flavian I, que sucedió a Meletius. La elocuencia, seriedad y sentido práctico de su predicación le dieron prestigio como el más grande orador de la Iglesia antigua. En el 398 Arcadio, emperador del Imperio Romano de Oriente, nombró a Juan patriarca de Constantinopla. Su predicación contra los vicios provocó los odios de Teófilo (patriarca 385-428), patriarca de Alejandría, y de la mujer de Arcadio, la emperatriz Eudoxia, que le desterró de la capital en el 403. Juan fue reclamado al poco tiempo, para ser de nuevo desterrado en el año 404 a las zonas desérticas de las montañas Tauro, donde trató de convertir a los habitantes persas y vándalos al cristianismo. Los seguidores de Juan, (llamados Jonites), se negaron a reconocer a sus sucesores tanto durante como después de su vida; en el 438 propusieron, con Teodosio II, emperador del Imperio Romano de Oriente, que trajeran el cuerpo santo de regreso a Constantinopla y que se enterrara con solemnidad. El sobrenombre Crisóstomo (en griego chrysostomos, pico de oro) se empezó a utilizar en el siglo VI. Entre las numerosas obras de san Juan Crisóstomo hay homilías, epístolas, tratados y liturgias. Es el santo patrón de los oradores, y su fiesta se celebra el 13 de septiembre[11].

Coincide con Gregorio Nisano en la idea de entregar al sacerdote un poder sobrehumano que le confiere el ser ministro del sacramento de la eucaristía y del de la penitencia. Empleaba la exégesis para su predicación, fue obispo de Constantinopla y avanzó un poco más en la idea de convertirla en la segunda Roma.

9)  San Cirilo de Alejandría (376-444): Obispo y teólogo, famoso por su reputación del nestorianismo, herejía cristiana según la cual Jesucristo tenía dos personas distintas, una divina y otra humana.

Nacido y educado en Alejandría, en el año 412 fue elegido patriarca de esta ciudad; poco después inició una carrera de hostilidad abierta y despiadada hacia los que consideraba incompatibles con la comunidad cristiana de la ciudad. Saqueó y clausuró las iglesias de la secta herética fundada por el sacerdote romano Novaciano (siglo III) y, en represalia hacia los ataques de los judíos hacia los cristianos, instigó las agresiones hacia los habitantes judíos de Alejandría, destruyendo sus hogares y expulsándolos de la ciudad. Durante uno de estos disturbios, el famoso filósofo Hypatia fue linchado por una muchedumbre de cristianos; sin embargo, no existe fundamento histórico de que Cirilo contribuyera a su muerte.

Cirilo es más conocido como el representante de la postura más extrema del Concilio de Éfeso (413) que condenó el nestorianismo (doctrina así llamada por Nestorio, patriarca de Constantinopla). Cirilo fue un prolífico escritor y sus obras son ricas en ideas, profundas en su desarrollo y penetrantes en sus contenidos. Gran parte de ellas son comentarios sobre las Escrituras o exposiciones doctrinales. Cirilo es considerado uno de los padres y doctores de la Iglesia. Su festividad se celebra el 27 de junio en Occidente y el 9 de junio en Oriente[12].

Representa la tradición autónoma de Egipto frente al sentido de la herencia griega que representa Constantinopla. Estaba en la línea de San Atanasio y será una de las figuras capitales en lo que se refiere a literatura cristiana. Fue, sin duda, una figura clave en la transición de la Antigüedad a la Edad Media.

1.4.- LA INTELECTUALIDAD DEL OCCIDENTE HASTA LAS GRANDES MIGRACIONES

Jacques Fontaine en su libro “La Literatura Latino Cristiana” nos habla de varias generaciones de autores cristianos occidentales. Habla de la generación de Tertuliano, de Cipriano de Cartago y de Lactancio que vive el giro Constantiniano y con su obra “La muerte de los perseguidores” hace una labor de dignificación del Imperio Romano parecida a la que hizo Eusebio de Cesara en Oriente.

1)  Tertuliano (160-220): Primer escritor eclesiástico cristiano importante cuya obra, escrita en latín, destaca por su vigor, suave sarcasmo, expresión epigramática y espíritu aguerrido, así como por su hábil, aunque a veces engañoso, razonamiento.

Quinto Séptimo Florente Tertuliano nació en Cartago, hijo de un centurión romano. Estudió Derecho y ejerció la profesión en Roma donde, entre 190 y 195, se convirtió a la fe cristiana. Visitó Grecia y quizá Asia Menor, y en 197 volvió a Cartago para contraer matrimonio y hacerse presbítero de la Iglesia. Hacia el año 207 llegó a ser la cabeza del montanismo, una secta que fomentó las profecías y practicó una rigurosa forma de ascetismo, cuyos miembros, en conflicto cada vez más abierto con las autoridades de la Iglesia, fueron a la postre declarados herejes.

Celoso paladín del cristianismo, Tertuliano escribió numerosos tratados teológicos, de los que se conservan 31. En ellos defiende el cristianismo, refuta las herejías y analiza ciertos aspectos prácticos morales o de disciplina eclesiástica. Desde sus primeras obras sus opiniones sobre ética y disciplina, de riguroso ascetismo, fueron poco a poco endureciéndose y, tras adoptar las doctrinas montanistas, criticó con severidad a los cristianos ortodoxos.

Si no hubiera abrazado la herejía sería uno de los más importantes Padres de la Iglesia, a quienes su obra influyó con intensidad, sobre todo a san Cipriano, así como a todos los teólogos cristianos occidentales. La Iglesia católica acepta muchas de sus obras como ortodoxas, incluyéndolas en la literatura patrística.

Tertuliano fue un profundo conocedor de las literaturas griega y latina, tanto en su orientación pagana como cristiana, y es el primer escritor en latín que formula conceptos teológicos como la naturaleza de la Trinidad. Sin tener modelos en los que basarse, desarrolló una terminología derivada de varias fuentes, sobre todo las griegas y del vocabulario de los juristas romanos. La impronta legalista de este lenguaje teológico, por primera vez acuñado en Occidente, nunca se ha borrado.

Su obra más famosa, Apologética (c. 197), es una defensa apasionada de los cristianos contra las acusaciones paganas de inmoralidad, ineficacia económica y subversión política. De sus tratados doctrinales destinados a refutar la herejía, el más importante es De los derechos de los herejes, donde argumenta que sólo la Iglesia tiene autoridad para declarar lo que es y lo que no es cristianismo ortodoxo. En otras obras se manifiesta en contra de los segundos matrimonios, exhorta a los cristianos a no asistir a los espectáculos públicos y aboga por la sencillez del vestido y los ayunos estrictos. Como todos los montanistas, sostuvo que los cristianos deberían aceptar la persecución sin huir de ella. Los historiadores cristianos valoran algunos de sus escritos, en especial Del bautismo y Sobre la oración, por la luz que arrojan acerca de las prácticas religiosas de la época[13].

2)  Cipriano de Cartago: Su nombre completo es Tascio Cecilio Cipriano (200?-258), cabeza de la Iglesia cristiana en África. Era de origen noble y al convertirse al cristianismo (245?) entregó a los pobres la mayor parte de su fortuna. En el año 248 fue designado obispo de Cartago. Muy poco después Decio, emperador de Roma, decretó la persecución de los cristianos y Cipriano huyó de Cartago, mientras numerosos cristianos apostataron por miedo; al concluir la persecución después del año 251, en el reinado del emperador Galo, la opinión de la Iglesia estaba dividida sobre el tratamiento hacia aquéllos que habían abandonado la fe y también hacia quienes habían sido bautizados por herejes. Sobre el primer asunto, Cipriano estaba inclinado hacia la clemencia, pero era inflexible sobre la aceptación en la comunidad cristiana de aquéllos bautizados por herejes. Sobre el punto referente al bautismo, la postura de la Iglesia era reconocerlos, como expuso el papa Esteban I (254-257), lo que chocaba con la opinión de Cipriano y la polémica entre los dos se agudizó. En el año 257, cuando Esteban fue martirizado, Cipriano aceptó su decisión, que fue más tarde confirmada por el Concilio de Arlés (314) como posición oficial de la Iglesia. Durante una nueva oleada de persecuciones, realizadas bajo el mandato del emperador romano Valerio, Cipriano fue juzgado y decapitado. Está considerado como uno de los Padres de la Iglesia más autorizados, en especial por la doctrina contenida en De Catholicae ecclesiae unitate (Sobre la unidad de la Iglesia católica), una exposición de la organización jerárquica de la Iglesia. Se conservan algunas de sus obras y unas 65 cartas. Su festividad se celebra el 16 de septiembre[14].

Nos habla también Fontaine en su obra de la generación de Hilario de Poitiers (pleno siglo IV).

*    Hilario de Poitiers, San (315?-367?): Prelado cristiano y doctor de la Iglesia, nacido en Poitiers. De familia pagana, Hilario fue un converso al cristianismo. Hacia el año 353 fue elegido obispo de Poitiers, y muy pronto comenzó una rigurosa represión de la herejía del arrianismo en su diócesis. Aunque sus adversarios arrianos consiguieron su destierro a Frigia en el año 356, Hilario asistió al sínodo de Seleucia en el año 359, donde pronunció una erudita y enérgica defensa de la ortodoxia. Regresó a Poitiers en el 361 y siguió atacando al arrianismo hasta su muerte[15].

Ya, en el Medievo, se empieza a construir una teología Occidental propia. Esta época la podríamos abrir en 374 cuando San Ambrosio es elegido prefecto de Milán.

1)  San Ambrosio de Milán (340?-397):  Uno de los más insignes padres de la Iglesia y uno de los cuatro doctores de la Iglesia. Nació en Tréveris (ahora en Alemania) y se educó en Roma en el seno de una noble familia, su padre fue prefecto de la Galia. Ambrosio estudió Derecho, ingresó en la administración pública, y hacia el año 370 fue nombrado magistrado consular en la alta Italia, con sede en Milán. Con su amabilidad y sabiduría consiguió la estima y el afecto de la gente, y fue nombrado obispo de Milán en el año 374. Como obispo defendió las iglesias de Milán contra la introducción de las doctrinas de Arriano y convenció a Teodosio I, emperador de Roma, a hacer penitencia pública por ordenar la masacre de los rebeldes de Tesalónica. Ambrosio es más conocido como el comprensivo amigo de santa Mónica, madre de san Agustín de Hipona, a quien acogió en el seno de la Iglesia. Es el santo patrón de Milán, y la Biblioteca Ambrosiana de esa ciudad fue así llamada en su honor. Entre sus escritos destacan numerosos tratados exegéticos y un manual de moralidad cristiana. Compuso también muchos himnos, algunos de los cuales aún se conservan[16].

Milán tiene más importancia que Roma en esos momentos. Ambrosio es el doctor de la vida moral, política y espiritual para el pueblo de Milán, para la aristocracia y para la Corte Imperial. Su vida la conocemos a través del diácono Paulino  y por las Confesiones de San Agustín. San Ambrosio es un buen conocedor de la obra de Cicerón, Virgilio y Platón y por supuesto de las escrituras.

Obra:

1.  Tendríamos que hablar de las cartas de San Ambrosio (100) que muestran un excelente conocimiento del alma humana y de los errores conceptuales, de la beligerancia contra los intelectuales y de sus enfrentamientos con el poder político.

2.  Obras de carácter exegético: Comentarios al evangelio, etc.

3.  Dos breves tratados que precisan una particular atención:

*    De Virginitate.

*    Sobre los deberes de los ministros sagrados.

2)  San Jerónimo: (en latín, Eusebius Hieronymus; c. 345-419), erudito bíblico, Padre y Doctor de la Iglesia, cuya obra más importante fue la Vulgata, traducción de la Biblia al latín.

San Jerónimo nació en Estridon, en la frontera entre las provincias romanas de Dalmacia (hoy Croacia) y Panonia (hoy Eslovenia), hacia el año 345. De formación pagana, después de estudiar en Roma y viajar a Antioquía (donde se convirtió), se fue al desierto donde vivió como un asceta y estudió las Sagradas Escrituras. En el 379 fue ordenado sacerdote. Pasó tres años en Constantinopla con el Padre de la Iglesia oriental san Gregorio de Nizancio. En el 382 volvió a Roma, donde trabajó como secretario del papa Dámaso I, quien le encargó revisar la antigua traducción de la Biblia (de donde surgió el Psalterium Romanum y el Psalterium Gallicanum) y empezó a ser muy influyente. Ejerció como director espiritual de numerosas personas, entre las que se encontraba una noble viuda romana llamada Paula y su hija, con las que peregrinó a Tierra Santa en el 385. Al año siguiente estableció su residencia en Belén, donde Paula (más tarde santa Paula) fundó cuatro conventos, tres para monjas y uno para monjes, este último dirigido por el propio san Jerónimo. Allí continuó con sus trabajos literarios (que darían como resultado la aparición de la Vulgata) y polemizó no sólo con los herejes Joviniano, Vigilantio y los seguidores del pelagianismo, sino también con el monje y teólogo Tyrannio Rufino y con san Agustín de Hipona. A causa de sus conflictos con los pelagianos tuvo que esconderse durante dos años. Murió al poco de volver a Belén, alrededor del 419 o 420. Su festividad se celebra el 30 de septiembre. Su vocación eremítica inspiró a numerosos pintores del renacimiento y del barroco (como El Greco o Ribera), que suelen representarle con mayor edad de la que realmente tenía[17].

San Jerónimo es el propagandista de la ascesis monástica, es la figura del polemista, del historiador, el crítico literario y es, sobre todo un consumado biblista. Traduce la Biblia a la lengua latina comenzándose entre 391 y 406 la época de efervescencia de las traducciones. La de San Jerónimo es la que dará lugar a la Vulgata.

3)  San Agustín de Hipona (354-430): El más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental. Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, Numidia (hoy Souk-Ahras, Argelia). Su padre, Patricio (fallecido hacia el año 371), era un pagano (más tarde convertido al cristianismo), pero su madre, Mónica, era una devota cristiana que dedicó toda su vida a la conversión de su hijo, siendo canonizada por la Iglesia católica romana. Agustín se educó como retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. Entre los 15 y los 30 años vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se desconoce, con la que tuvo un hijo en el año 372 al que llamaron Adeodatus, que en latín significa regalo de Dios.

Contienda intelectual:

Inspirado por el tratado filosófico Hortensius, del orador y estadista romano Cicerón, Agustín se convirtió en un ardiente buscador de la verdad, estudiando varias corrientes filosóficas antes de ingresar en el seno de la Iglesia. Durante nueve años, del año 373 al 382, se adhirió al maniqueísmo, filosofía dualista de Persia muy extendida en aquella época por el Imperio Romano de Occidente. Con su principio fundamental de conflicto entre el bien y el mal, el maniqueísmo le pareció a Agustín una doctrina que podía corresponder a la experiencia y proporcionar las hipótesis más adecuadas sobre las que construir un sistema filosófico y ético. Además, su código moral no era muy estricto; Agustín recordaría posteriormente en sus Confesiones: “Concédeme castidad y continencia, pero no ahora mismo”. Desilusionado por la imposibilidad de reconciliar ciertos principios maniqueístas contradictorios, Agustín abandonó esta doctrina y dirigió su atención hacia el escepticismo.

Hacia el año 383 se trasladó de Cartago a Roma, pero un año más tarde fue enviado a Milán como catedrático de retórica. Aquí se movió bajo la órbita del neoplatonismo y conoció también al obispo de la ciudad, san Ambrosio, el eclesiástico más distinguido de Italia en aquel momento. Es entonces cuando Agustín se sintió atraído de nuevo por el cristianismo. Un día por fin, según su propio relato, creyó escuchar una voz, como la de un niño, que repetía: “Toma y lee”. Interpretó esto como una exhortación divina a leer las Escrituras y leyó el primer pasaje que apareció al azar: “… nada de comilonas y borracheras, nada de lujurias y desenfrenos, nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias” (Rom. 13, 13-14). En ese momento decidió abrazar el cristianismo. Fue bautizado con su hijo natural por Ambrosio la víspera de Pascua del año 387. Su madre, que se había reunido con él en Italia, se alegró de esta respuesta a sus oraciones y esperanzas. Moriría poco después en Ostia.

Obispo y teólogo:

Agustín regresó al norte de África y fue ordenado sacerdote el año 391, y consagrado obispo de Hipona (ahora Annaba, Argelia) en el 395, cargo que ocuparía hasta su muerte. Fue un periodo de gran agitación política y teológica, ya que mientras los bárbaros amenazaban el Imperio llegando a saquear Roma en el 410, el cisma y la herejía amenazaban también la unidad de la Iglesia. Agustín emprendió con entusiasmo la batalla teológica. Además de combatir la herejía maniqueísta, participó en dos grandes conflictos religiosos: uno de ellos fue con los donatistas, secta que mantenía la invalidez de los sacramentos si no eran administrados por eclesiásticos sin pecado. El otro lo mantuvo con los pelagianos, seguidores de un monje contemporáneo británico que negaba la doctrina del pecado original. Durante este conflicto, que fue largo y enconado, Agustín desarrolló sus doctrinas de pecado original y gracia divina, soberanía divina y predestinación. La Iglesia católica apostólica romana ha encontrado especial satisfacción en los aspectos institucionales o eclesiásticos de las doctrinas de san Agustín; la teología católica, lo mismo que la protestante, están basadas en su mayor parte, en las teorías agustinianas. Juan Calvino y Martín Lutero, líderes de la Reforma, fueron estudiosos del pensamiento de san Agustín.

La doctrina agustiniana se situaba entre los extremos del pelagianismo y el maniqueísmo. Contra la doctrina de Pelagio mantenía que la desobediencia espiritual del hombre se había producido en un estado de pecado que la naturaleza humana era incapaz de cambiar. En su teología, los hombres y las mujeres son salvados por el don de la gracia divina; contra el maniqueísmo defendió con energía el papel del libre albedrío en unión con la gracia. Agustín murió en Hipona el 28 de agosto del año 430. El día de su fiesta se celebra el 28 de agosto.

Obras:

La importancia de san Agustín entre los padres y doctores de la Iglesia es comparable a la de san Pablo entre los apóstoles. Como escritor, fue prolífico, convincente y un brillante estilista. Su obra más conocida es su autobiografía Confesiones (400?), donde narra sus primeros años y su conversión. En su gran apología cristiana La ciudad de Dios (413-426), Agustín formuló una filosofía teológica de la historia. De los veintidós libros de esta obra diez están dedicados a polemizar sobre el panteísmo. Los doce libros restantes se ocupan del origen, destino y progreso de la Iglesia, a la que considera como oportuna sucesora del paganismo. En el año 428, escribió las Retractiones, donde expuso su veredicto final sobre sus primeros libros, corrigiendo todo lo que su juicio más maduro consideró engañoso o equivocado. Sus otros escritos incluyen las Epístolas, de las que 270 se encuentran en la edición benedictina, fechadas entre el año 386 y el 429; sus tratados De libero arbitrio (389-395), De doctrina Christiana (397-428), De Baptismo, Contra Donatistas (400-401), De Trinitate (400-416), De natura et gratia (415) y homilías sobre diversos libros de la Biblia[18].

La de San Agustín es una época bisagra dentro del Occidente europeo, resume en su persona las visicitudes de su época.

Sociológicamente, es la expresión del cambio, era miembro de clase media, clase de la que no solían salir intelectuales, hijo de un curial de la ciudad de Tagaste.

La evolución espiritual del personaje es de una riqueza extraordinaria y está recogida en Las Confesiones que es una autobiografía, una especie de profundísima reflexión moral. San Agustín nos habla de su origen, de su educación en Cartago, donde toma contacto con una obre de Cicerón, El Hortensio, que le induce a alcanzar la inmortal sabiduría. En 373, con 19 años, cae en el maniqueísmo circunstancia que pesará en el como una losa el resto de su vida, en los meses siguientes reanuda el estudio de la teología.

Lo Hermoso y Lo Conveniente son opúsculos que escribe hablando del amor a los hombres por el juicio de los otros hombres, no por el juicio de Dios.

Tiene un hijo de nombre Adeonato y a los 20 años lee las Diez Categorías de Aristóteles.

En 384 se encuentra en Milán, toma contacto con San Ambrosio y pasa por una etapa de desconcierto, sin ser ni maniqueo ni católico. Estudia a Platón con cuyos libros se instruye.

El complemento a Platón lo encuentra en San Pablo y el ejemplo en la lectura de la vida de San Antonio Abad. Por fin , en 386 se convierte al cristianismo, siendo bautizado junto a Adeonato por San Ambrosio.

En 391 es ordenado y en 395 es nombrado obispo de Hipona, hasta 430 se verá implicado en todas las disputas teológicas de la época. Buena parte de su producción escrita está dedicada a la polémica y el dogma.

Desde el punto de vista Teológico, su obra capital es el Tratado de Trinitate: Supone la incorporación del dogma trinitario acoplado a la mentalidad occidental, refuta los errores dogmáticos e identifica a las Personas de la Trinidad con las mejores virtudes del hombre. El Padre será el Alma, el Verbo será el conocimiento y el Espíritu Santo el amor. Su teoría supone afirmar la coeternidad de las tres personas.

DE CIVITATE DEI

Esta obra está considerada como “la primera filosofía de la historia cristiana”. Para comprenderla mejor, es necesario conocer cual era la visión que del tiempo histórico se tenía antes de San Agustín.

*    Los pueblos del Próximo Oriente (excepto los judíos), conciben el tiempo en virtud de que todos aquellos actos importantes son una mera repetición cíclica de gestos paradigmáticos que fueron revelados a los hombres en el origen del tiempo por dioses. Queda así abolido el sentido del tiempo y de la Historia pues nos encontraríamos ante meras repeticiones circulares.

*    La visión judía es la del tiempo lineal, existe un origen y una meta, solamente para el pueblo judío, supondrá una marcha lineal, con altibajos fruto de las prevaricaciones de los hombres, pero que son superables gracias a la labor de unos pocos “elegidos”. En la meta, la humanidad judía llegaría a su primitiva pureza y el tiempo dejaría de existir.

*    La idea judía la recogen los cristianos dándole una dimensión universal. El cristianismo se está convirtiendo en una religión caracterizada por su historicidad, basada en un hecho central, la Encarnación y Pasión de Cristo. Todos los acontecimientos previos están preparando el momento histórico de la Encarnación, y desde ella todos los acontecimientos proceden de la misma.

El acontecimiento central Encarnación-Pasión, será un anticipo del fin de los tiempos, que no se ha consumado todavía y que ocurrirá con la segunda llegada del Hijo de Dios. Mientras esto se produce, se organiza el culto y la estructura eclesiástica.

*    Roma veía el tiempo bajo el prisma de la tremenda capacidad de regeneración romana. Roma superó la primera crisis gracias a la Pax Augustae, consiguió recuperarse en el siglo III gracias a Diocleciano y Constantino. La batallas de Adrianópolis (378), y, sobre todo, el saqueo de Roma por Alarico (410), empiezan a poner es tela de juicio esa capacidad de recuperación. El saqueo de Roma llevó a un sector del paganismo residual romano, centrado en la obsoleta clase senatorial a pensar que el cristianismo era la causa de los males del Imperio. Simaco, Prefecto del pretorio hace una alusión a la perdida de los valores tradicionales romanos (entre los que destaca el paganismo), como la causa de esta degradación.

La respuesta cristiana al reto del paganismo residual romano sería lo que hemos dado en llamar “la primera filosofía de la Historia cristiana”.

Nadie puede pensar que los autores cristianos pudieran ver como liberación,  las calamidades padecidas por Roma ni el asentamiento de extranjeros en su territorio, podría pensarse que estas invasiones fueron un castigo divino o una oportunidad para catequizar a esos pueblos. También se podían tomar esos hechos como una vía de reflexión histórica.

El sentimiento generalizado de los intelectuales cristianos de occidente es el de Expiación:

*    San Ambrosio dice que hay desgracias mayores relacionadas con la degradación de los valores espirituales.

*    San Jerónimo, tras presentar las invasiones de forma apocalíptica, cree que la supervivencia se debe a la misericordia de Dios.

*    Salviano de Marsella en su obra “El Gobierno de Dios”, en la que hace una valoración del “germano” mucho más positiva que los anteriores

SAN AGUSTÍN

En el caso de San Agustín nos encontramos con un personaje que vive el mismo clima pero que da una solución más coherente. Con San Agustín podemos decir que el cristianismo además de vivido es pensado. San Agustín con la “Ciudad de Dios”, da la primera interpretación cristiana de la Historia.

San Agustín debe demostrar que los antiguos dioses no tienen absolutamente ningún poder para defender Roma frente a los bárbaros. Además recuerda que ya en época precristiana ha habido muchas catástrofes semejantes d las que nadie puede hacer responsables a los cristianos y que la catástrofe actual ha sido menos perniciosa, porque los bárbaros, como cristianos, han respetado el derecho de asilo en las iglesias cristianas.

Pronto se orienta San Agustín en la línea de la antigua literatura consolatoria cuando expone[19] que la desgracia que se ha abatido también sobre la Roma cristiana no ha afectado mas que al hombre externo: pérdida de los bienes, la muerte, cautividad y violencia, todo esto ha sido enviado por Dios para prueba y mejoramiento nuestro. Los que se lamentan no tienen derecho alguno para sus quejas porque todo ello no había dependido de la adoración de los antiguos dioses, sino sencillamente de la inconsciencia de su conducta disoluta[20].

La Ciudad de Dios esta formada por 22 libros llenos de disgresiones, reiteraciones e irregularidades. Los diez primeros son un conjunto de refutaciones a los escritores paganos. Entre los filósofos griegos destaca Porfirio y entre los autores latinos, Varrón, amigo de Cicerón. Los libros 11 a 22 forman la parte más dogmática y tratan de hacer un cuadro sistemático y plenamente comprensivo de la historia de las dos ciudades, la celeste y la terrena, desde la creación del mundo hasta su tiempo y hasta el final de los tiempos.

1.  Lo primero es la exculpación  a la que ya hemos aludido.

2.  Fijación de una periodización de la historia en seis etapas que se identifican con las edades del hombre:

1ª Adán - Diluvio.

2ª Diluvio - Abraham.

3ª, 4ª y 5ª hasta llegar a Jesucristo.

6ª La actual de la que nadie sabe cuanto queda aún.

El libro 22 concluye diciendo que habrá una séptima que coincidirá con el descanso divino.

3.  La Encarnación como eje cronológico de la Historia. Según Peter Brown piensa que tras la Encarnación, el mundo va envejeciendo sometido a un inevitable declive.

4.  La idea de la “providencia” como motor de la Historia, predeterminando la evolución de la humanidad. Con ello se abre el debate sobre el libre albedrío, la Gracia, etc.

5.  El enfrentamiento de las dos ciudades: Ciudad de Dios y Ciudad de los hombres. Dos ciudades que son “comunidades místicas” (actitudes ante la vida). San Agustín al presentar esta dialéctica recuerda su pasado maniqueo. El cristianismo es una lucha constante entre la voluntad carnal (ciudad del hombre), contra la voluntad espiritual (ciudad de Dios). La dialéctica paganismo-cristianismo de Eusebio de Cesarea no anda lejos de esta idea de las dos ciudades.

6.  Se ha polemizado sobre si San Agustín pretendía identificar la Ciudad de Dios con la Iglesia y la Ciudad de los hombres con el Estado. San Agustín no deja identificado esto, pero deja numerosas pistas para que los lectores lo interpreten así

Discípulo de San Agustín fue Paulo Osorio que escribe sus “Siete Libros de Historia Contra Paganos”. Historia Universal apologética y terrible, cargando las tintas contra el paganismo. Supone la popularización de los cuatro Imperios (Babilonia, Cartago, Macedonia y Roma) y supondrá una exaltación final de los tiempos cristianos. Ataulfo en vez de destruir Roma, va a regenerarla con las gentes godas. Acabará haciendo referencia al foedus de Walia con los romanos.

1.5.- HEREJÍAS CARACTERÍSTICAS DEL OCCIDENTE

Entre las últimas obras de San Agustín está la titulada “De Haeresibus” (De Las Herejías). Aunque advierte las dificultades para definir lo que resulta incurso en el error, recoge en ella un catálogo de 88 errores doctrinales.

En Occidente se podría hablar de herejías con ”menor enjundia que las orientales”, pero van a tener una repercusión social y un poder de captación nada desdeñables:

1)  Donatismo: Movimiento cristiano herético de los siglos IV y V. Declaraban que la validez de los sacramentos dependía del carácter moral del ministro. Este movimiento surgió como resultado de la consagración de un obispo cartaginés en el 311 d.C. Se decía que uno de los tres obispos consagrados era un traditor, esto es, una persona con un cargo eclesiástico que ha sido culpable de haberle facilitado copias de la Biblia a las fuerzas de opresión del emperador romano Diocleciano. Se organizó un grupo de 70 obispos, liderados por el obispo más importante de Numidia, que estaban en contra de la consagración; formaron un sínodo en Cartago y declararon inválido el nombramiento del nuevo obispo. El sínodo sostenía que la Iglesia debía excluir a todos aquellos miembros que fueran culpables de pecados graves y, por lo tanto, un traditor no podía impartir los sacramentos. El sínodo excomulgó al obispo cartaginés cuando éste se negó a presentarse ante la asamblea. Cuatro años más tarde, después de la muerte del nuevo obispo, el teólogo Donato el Grande fue nombrado obispo de Cartago; más tarde, el movimiento asumirá su nombre como denominación distintiva. Como resultado del deseo del emperador romano Constantino I de afirmar su poder, la disputa fue sometida al arbitraje de diversas instancias eclesiásticas, y en el 316 el propio emperador actuó como árbitro en la disputa. En cada uno de los casos, se confirmó la consagración del obispo elegido originariamente en el 311. En un principio, Constantino trató de eliminar a los donatistas a la fuerza, pero en el 321 adoptó una política de tolerancia. Sin embargo, su hijo más joven, Constantino I, invirtió esta política e instauró un régimen de persecución. En el 411 se sostuvo en Cartago un debate entre los obispos donatistas y los católicos, con el fin de poner fin al enfrentamiento, pero una vez más el resultado fue desfavorable para los donatistas. A consecuencia de lo anterior, fueron privados de sus derechos civiles en el 414, y al año siguiente, sus asambleas fueron prohibidas bajo pena de muerte. Después, el movimiento comenzó su decadencia, aunque logró sobrevivir hasta la conquista musulmana de los siglos VII y VIII[21].

Movimiento gestado en el Norte de África, se le llama al período comprendido entre 311 y 430 el siglo donatista, y abarca desde el nacimiento del movimiento hasta la muerte de san Agustín.

Se trata de una línea rigorista que entroncará con primitivas corrientes cristianas (Marción, Montano, etc.). Donato quiere montar una Iglesia que elimine de su clero a los antiguos apóstatas, considerando, incluso, no válido el sacramento suministrado por un clérigo indigno. En el año 314, el metropolitano de Cartago, de nombre Cefuliano, con el apoyo de Constantino, se presenta en el Concilio de Arles condenando el donatismo por excesivamente radical.

En el Norte de África se desarrollan dos Iglesias paralelas, la de Cefuliano y la de Donato. Los sucesores de Constantino llevarán a cabo una política represiva contra los donatistas que no dará resultados

A mediados del siglo IV, empieza a haber una connivencia entre los donatistas y los circumcelliones (revolucionarios sociales). Donato muere en 355 pero su sucesor Parmeniano mantiene sus puntos de vista. En 394, los donatistas celebran el Concilio de Bagai en el Norte de África, con asistencia de 310 obispos y corepíscopos (obispos rurales).

El Concilio supuso el tope de posibilidades de expansión del donatismo, a partir de 384, cuenta con un rival de la talla de San Agustín. En el año 411, el número de obispos donatistas había descendido a 270.

2)  Pelagianismo: En la teología cristiana, doctrina racionalista y naturalista herética relativa a la gracia y a la moral, que hace hincapié en la libertad de la voluntad como el elemento decisivo de la perfección humana y minimiza o niega la necesidad de la gracia divina y la redención. La doctrina fue formulada por el monje romano-británico Pelagio, un hombre de considerable sabiduría y carácter moral austero. Hacia el 390 se trasladó a Roma, donde, consternado ante la relajada moral de los cristianos de esta ciudad, predicó el ascetismo cristiano y se hizo con muchos seguidores. Su estricta enseñanza moral tuvo un éxito particular en el sur de Italia y Sicilia y allí fue difundida con libertad hasta la muerte de su principal discípulo, Julián de Eclano (hacia el 455).

Pelagio negó la existencia del pecado original y la necesidad de bautizar a los niños. Argüía que la corrupción de la naturaleza humana no es innata, sino que se debe a malos ejemplos y hábitos, y a que las facultades naturales de la humanidad no se habían visto afectadas de forma perjudicial por la caída de Adán. Los seres humanos pueden llevar vidas de rectitud moral y, por esta razón, merecen el cielo por sus propios méritos. Pelagio afirmó que la verdadera gracia subyace en los dones naturales de la humanidad, incluyendo el libre albedrío, la razón y la conciencia. También reconoció lo que llamaba gracias externas, como la ley mosaica y la enseñanza y ejemplo de Cristo, que estimulan la voluntad desde fuera, pero no tienen un poder divino implícito. Para Pelagio, la fe y el dogma casi no importan, porque la esencia de la religión es la acción moral. Su creencia en la perfección moral de la humanidad derivaba de forma clara del estoicismo.

Pelagio se estableció en Palestina hacia el 412  y disfrutó del apoyo de Juan, obispo de Jerusalén. Su doctrina era popular en Oriente, de forma especial entre los seguidores del teólogo Orígenes. Más tarde, sus discípulos Celestio y Julián fueron acogidos en Constantinopla por el patriarca Nestor, quien simpatizó con su doctrina sobre la integridad e independencia de la voluntad.

A principios del 412, Agustín de Hipona escribió una serie de obras en las cuales atacaba la doctrina pelagiana sobre la autonomía de la moral humana, y elaboró su propia formulación, muy sutil sobre la relación de la libertad humana con la gracia divina. Como resultado de las críticas de san Agustín, Pelagio fue acusado de herejía, pero fue absuelto en los sínodos de Jerusalén y Dióspolis. En 418 , sin embargo, un concilio en Cartago condenó a Pelagio y a sus seguidores. Poco después, el papa Zósimo también lo condenó. No se conoce nada más sobre Pelagio a partir de entonces[22].

Fue el movimiento herético de mayor entidad. Pelagio es un monje bretón que a comienzos del siglo V predicó que la naturaleza del hombre era capaz de generar por sí misma las fuerzas necesarias para evitar el pecado y seguir el camino de la salvación. El pecado original no se transmitió, y, por lo tanto, la Gracia no sería tan necesaria, ni la redención de Cristo, quien más que un redentor, sería un modelo a imitar.

Pelagio hace una llamada hacia una perfección de tipo monástico depositando una fuerte confianza en el libre albedrío de los hombres.

Un discípulo suyo, Celestio, será el encargado de difundir la herejía por el Norte de África.

Dos Concilios norteafricanos, condenan el pelagianismo: uno en 416 y el Concilio Ecuménico de Éfeso en 431, pero sigue teniendo un cierto vigor en el ámbito Mediterráneo (Julián de Eclano).

Existía también un semi-pelagianismo que pensaba que la Gracia fue necesaria en un primer momento, pero después ya no.

El pelagianismo también es importante desde el punto de vista de las consecuencias que tuvo en Britania. Beda el Venerable nos habla de un resurgimiento del pelagianismo en Britania.

3)  El Priscilianismo: Prisciliano (fallecido en el 385), obispo hispanorromano iniciador de la herejía que lleva su nombre. Nacido en fecha incierta en la provincia romana de Gallaecia, comenzó su predicación hacia el año 379. Su doctrina atacaba la ortodoxia católica negando la distinción de personas en la Trinidad y afirmando que el mundo había sido creado por el demonio. Creía que los astros influían en el ser humano, estaba en contra del matrimonio y defendía una rígida moral, lejos de la relajación de costumbres que él veía. Sus teorías tienen influencias gnósticas y maniqueas. Nombrado obispo de Avela (Ávila) en el 380 y desterrado de la península Ibérica en el 381, fue juzgado en Tréveris ante el emperador Máximo acusado de magia, siendo decapitado. Su herejía duró hasta el fin del siglo VI en Gallaecia[23].

Su doctrina es una síntesis de ascetismo, maniqueísmo y gnosticismo. Esta teoría sería condenada por un Concilio celebrado en Zaragoza en 380. Prisciliano, laico y rico, es elegido por sus discípulos obispo de Ávila, lo que le valió la amonestación del metropolitano de Mérida Idacio. Sufre un proceso en Burdeos y es decapitado en Tréveris por orden del usurpador Máximo acusado de magia y conducta disoluta. No le pueden perdonar haber caído en dos errores muy perseguidos: maniqueísmo, y ser un falso obispo.

En el I Concilio de Toledo (400), todavía se anatematizan a los seguidores de Prisciliano[24] que quizás llevaban a cabo una serie de prácticas que nada tenían que ver con lo que Prisciliano había dejado escrito. En 1885, Scheps descubrió una colección de once opúsculos de Prisciliano y en ellos no había nada que pudiera ser considerado heterodoxo, lo que consideramos priscilianismo quizás no tuvo nada que ver con el pensamiento escrito de Prisciliano.

Prisciliano habría sido la primera víctima del brazo secular al servicio de la Iglesia.

Otros autores le presentan como un conciliador de prácticas ancestrales con la práctica cristiana. Menéndez Pelayo, Unamuno y algunos eruditos galleguistas, nos presentan alguna conexión de las doctrinas de Prisciliano con los antecedentes celtas.

Prisciliano tenía una posición moral, no teológica, de tipo dualista, que le hace vulnerable ante sus enemigos: “El hombre es una unión accidental de cuerpo y alma”. Las teorías de Prisciliano fueron capaces de galvanizar unos sentimientos sociales en una zona como Gallaecia, de escasa romanización, de ahí la importancia del priscilianismo en función de unas “vetas” que se han encontrado en el monaquismo gallego.

1.6.- LAS NUEVAS QUERELLAS CRISTOLÓGICAS EN ORIENTE: NESTORIANISMO Y MONOFISISMO

En los inicios del siglo V, el arrianismo se está batiendo en retirada en Oriente donde la teoría del homousius quedaba plenamente aceptada. Quedaba, no obstante, por solventar el problema de cómo se había realizado la unión de las dos naturalezas, divina y humana, en Cristo:

1)  La posición “monista”: Tendía a destacar la divinidad de Jesús y tenía su base en Alejandría.

2)  La posición dual: Cargaba las tintas en la humanidad de Cristo y tenía su base en Antioquía.

La polémica se deja sentir a partir de 428 en que Nestorio es elegido arzobispo de Constantinopla durante los años 428 a 431. Nestorio predicaba una variante de la doctrina ortodoxa relativa a la naturaleza de Jesucristo. La doctrina ortodoxa predica que Cristo tiene dos naturalezas, una divina y otra humana, las cuales, aunque distintas, están unidas en una persona y misma sustancia; Nestorio afirmaba que en Cristo la forma divina y humana actuaba como una sola, pero no se fundía para componer la unidad de un solo individuo. También afirmaba Nestorio que la Virgen María no podía ser llamada Madre de Dios, como la denominaban los cristianos ortodoxos, ya que su hijo, Jesús, nació como hombre, derivando su divina naturaleza no de ella sino de su Padre, que le engendró. Las doctrinas de Nestorio se propagaron a lo largo del imperio bizantino a principios del siglo V y generaron numerosas polémicas. En el 431 el concilio de Éfeso declaró herejes las creencias nestorianas, depuso a Nestorio y le exilió del Imperio persiguiendo a sus seguidores. Los nestorianos buscaron refugio en Persia, India, China y Mongolia donde a principios de la época medieval la Iglesia nestoriana era poderosa, aunque su influencia fue muy limitada a causa de persecuciones posteriores[25].

Nestorio lleva el principio dual a sus últimas consecuencias. Presenta las dos naturalezas divina y humana como referidas a dos personas distintas. Desde el punto de vista sociológico el peligro es que convertía a María en “Cristotocos” (madre de Cristo), pero no en “Theotocos” (madre de Dios). La figura de María empieza a entrar de lleno en los grandes debates teológicos. Alegaba Nestorio que nada se había fijado en Nicea sobre este tema y que tampoco existían antecedentes bíblicos.

San Cirilo de Alejandría, San (376-444), obispo y teólogo, famoso por su reputación del nestorianismo, herejía cristiana según la cual Jesucristo tenía dos personas distintas, una divina y otra humana.

Nacido y educado en Alejandría, en el año 412 fue elegido patriarca de esta ciudad; poco después inició una carrera de hostilidad abierta y despiadada hacia los que consideraba incompatibles con la comunidad cristiana de la ciudad. Saqueó y clausuró las iglesias de la secta herética fundada por el sacerdote romano Novaciano (siglo III) y, en represalia hacia los ataques de los judíos hacia los cristianos, instigó las agresiones hacia los habitantes judíos de Alejandría, destruyendo sus hogares y expulsándolos de la ciudad. Durante uno de estos disturbios, el famoso filósofo Hypatia fue linchado por una muchedumbre de cristianos; sin embargo, no existe fundamento histórico de que Cirilo contribuyera a su muerte.

Cirilo es más conocido como el representante de la postura más extrema del Concilio de Éfeso (431) que condenó el nestorianismo (doctrina así llamada por Nestorio, patriarca de Constantinopla). Cirilo fue un prolífico escritor y sus obras son ricas en ideas, profundas en su desarrollo y penetrantes en sus contenidos. Gran parte de ellas son comentarios sobre las Escrituras o exposiciones doctrinales. Cirilo es considerado uno de los padres y doctores de la Iglesia. Su festividad se celebra el 27 de junio en Occidente y el 9 de junio en Oriente[26].

El patriarca Cirilo de Alejandría convocó un a un Sínodo conminando a Nestorio a que se retractara. En Éfeso (431) se celebra un nuevo Concilio Ecuménico y a él acude Cirilo con 150 obispos de su facción. Tras unos debates virulentos, Teodosio II da la razón a Cirilo y destierra a Nestorio. Se proclama la “Unión hipostática” (unión perfecta y sin confusión) de las dos naturalezas de Cristo.

El nestorianismo tendrá capacidad de supervivencia fuera de las fronteras, en la Persia Sasánida dispuesta a acoger a cualquier enemigo del Imperio bizantino, desde allí, efectuará misiones que le llevarán a tener un cierto grado de implantación en Asia.

El Concilio Ecuménico de Éfeso del año 431 es una victoria clara del clero de Alejandría cuya Iglesia adquirirá un tremendo prestigio. Circunstancia esta importante porque va a ser allí precisamente donde se va a desarrollar un nuevo movimiento herético. El “monofisismo” defendido por Eutiques y por el nuevo patriarca de Alejandría Dióscoro.

Eutiques (378?-454?), monje bizantino, defensor del monofisismo, doctrina según la cual Cristo tiene una única naturaleza divina y no posee naturaleza humana. Dio su nombre a la herejía más influyente de la historia de la Iglesia, el eutiquianismo.

Según su propia declaración en el año 448, Eutiques, también llamado Eutiquio, vivió en un monasterio cerca de Constantinopla durante 70 años y fue archimandrita (o abad) durante 30 de ellos. Como responsable de una comunidad monástica próxima a la capital bizantina y estrecho colaborador del emperador Teodosio II, fue un aliado de san Cirilo, patriarca de Alejandría, en la controversia contra Nestorio aunque carecía de la inteligencia y flexibilidad de Cirilo. Tras la muerte de éste en el año 444, Eutiques comenzó a imponer de manera inflexible la fórmula de la única naturaleza del Encarnado. Fue acusado ante el sínodo local de Constantinopla y depuesto en el año 448 por Flaviano, patriarca de Constantinopla.

El papa León I ratificó la condena de Eutiques y se convirtió en el gran adversario del eutiquianismo. En su famoso Tome destinado a Flaviano (449), el papa definió la doctrina de las “dos naturalezas” (divina y humana) en Jesús. Pero Dióscoro, sucesor de Cirilo, no aceptó la destitución de Eutiques y alentó a Teodosio a convocar un concilio ecuménico. El Concilio de Éfeso (449), presidido por Dióscoro, fue escenario de violentos debates. El juicio contra Eutiques fue anulado y Flaviano depuesto y exiliado. Las peticiones de Roma y Constantinopla de un nuevo e independiente concilio fueron inútiles. Pero a la muerte de Teodosio en el año 450, la emperatriz Pulqueria y el emperador Marciano, que estaba a favor de la doctrina de las dos naturalezas, asumieron el poder, y se convocó un nuevo Concilio ecuménico en Calcedonia en el año 451, en donde, el Tome de León I fue aceptado desde el principio. Eutiques permaneció desterrado, aunque siguió haciendo campaña contra la doctrina de las dos naturalezas hasta su muerte[27].

La situación se envenena de inmediato. Se convoca un nuevo Concilio Ecuménico en Éfeso del que Eutiques sale triunfante y que destituye a Flaviano como patriarca de Constantinopla. El papa León I lo definió como “el latrocinio de Éfeso”[28]

Cuando sube al trono el emperador Marciano (450) convoca un nueco Concilio Ecuménico en Calcedonia[29] al que asisten 350 obispos. Se condena el monofisismo y se reafirma a Constantinopla como la sede que tiene que gozar de las mismas prerrogativas que Roma, lo que sentó muy mal en Alejandría y Antioquía que, no conviene olvidar, eran las Provincias ricas del Imperio.

El monofisismo, no obstante, quedó socialmente vivo dándose una serie de revueltas en el que el propio monofisismo toma un carácter político como de reivindicación nacionalista y de protesta contra el “centralismo” de Constantinopla, En Egipto, donde el griego se abandona por el “copto”, en Siria, en Armenia y en Etiopía llegando incluso a la India.

En la misma corte de Constantinopla, salió una línea conciliadora plasmada por el emperador Zenón quién en su documento “El Henotikón” (482) consigue descontentar a todos, incluso al papa que excomulga al patriarca de Constantinopla Acacio provocándose el primer Cisma de Oriente que durará unos años.

1.7.- LA POLÍTICA RELIGIOSA DE JUSTINIANO

La política de restauración de Justiniano debe plasmar la unidad en lo eclesiástico. La intervención de Justiniano en los temas eclesiásticos, forma parte de sus deberes imperiales. Un Estado libre y organizado debe subordinarlo todo, incluso lo religioso, a la figura del emperador. La tendencia cesaropapista de los emperadores de Oriente es ya notoria en los Concilios ecuménicos celebrados, Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia. Esta tendencia se ve ampliada con Justiniano que resulta ser la más clara expresión de “cesaropapismo” del siglo VI.

Sus relaciones con las otras iglesias pasarán momentos de intransigencia y momentos “irenistas” (de Ireneo):

*    Es radicalmente intransigente en la política a seguir con los judíos. En las políticas represivas a los judíos de Justiniano, se pueden encontrar las bases de toda la política antijudía de la época medieval.

*    Es radicalmente intransigente con el paganismo en general. Clausura la Escuela filosófica de Atenas, último reducto del paganismo.

*    Más ambiguo y permisivo se muestra con los monofisitas que se han extendido por las Provincias de Egipto, Siria y Palestina que, como es sabido, son las más ricas del Imperio y vitales para su desarrollo. La propia emperatriz Teodora apoya a los monofisitas.

Justiniano, al principio de su reinado, busca la reconciliación con los monofisitas, permitiendo regresar a los obispos herejes desterrados regresar a sus diócesis. El papa de Roma exigió que el emperador modificara su política, cosa que hizo seguramente motivado por su interés por conseguir el apoyo de Roma a su campaña contra los ostrogodos.

A partir de 543, las cosas empeoran por la cuestión de los “Tres Capítulos”: Teodoro de Mompsuestia, Teodoreto de Ciro e Ibas de Edesa. Eran tres teólogos que, a pesar de simpatizar con los nestorianos (enemigos acérrimos de los monofisitas), no fueron amonestados por Roma. Los monofisitas reprochan al Concilio de Calcedonia que no se hubiera repudiado la teoría de los tres teólogos.

Justiniano da la razón a los monofisitas y, por su cuenta y riesgo, dicta en 543 un Edicto condenando a los tres teólogos y su obra. Intentó, además, que ese Edicto fuese obligatorio en todo el Imperio.

La Iglesia Oriental dio por bueno el Edicto, pero la Iglesia Occidental se negó a admitir la injerencia del emperador y lo rechazó. Justiniano arrastró al papa Vigilio a Constantinopla pero éste siguió negando el Edicto. Justiniano lo sometió a tratos vejatorios que acabaron por quebrar la voluntad del papa quien acabó dando el visto bueno al Edicto.

La Iglesia Occidental, no obstante, siguió en contra del emperador y de lo firmado por el pontífice, lo que obligó a aquel a celebrar un nuevo Concilio Ecuménico, el II de Constantinopla que volvió a condenar a los tres tachados de nestorianos. Habrá que esperar a finales del siglo VI, con el papa San Gregorio Magno para que este Concilio Ecuménico II de Constantinopla fuese aceptado por la Iglesia Occidental

El balance de la política religiosa de Justiniano es un balance netamente negativo. No ha conseguido una Iglesia unida en el Imperio. Los separatismos se van ahondando cada vez más, no ha habido la reconciliación entre ortodoxos y herejes. A pesar de las medidas represivas, seguirán existiendo el judaísmo y el paganismo.

Constantinopla llevó durante su reinado a cabo una abundante labor evangelizadora. Muy importante en África, desde el Nilo central hasta Etiopía, en el Danubio y en la zona del Mar Caspio.

1.8.- LA CRISIS MONOTELETA

Hasta el siglo VII, no habrá un nuevo proyecto de solución a la crisis monofisita.

El emperador Heraclio promulgó un documento, la Ectesis, en donde se recogían los puntos de vista del patriarca Sergio que conformaron una nueva doctrina: “el monotelismo”[30] por la que a Cristo se le reconocía que mantuvo dos naturalezas pero una única voluntad y energía. La idea, que era un intento claro de conciliar las posturas ortodoxas y monofisitas fue un fracaso completo porque aunque tuvo una acogida favorable en el papa Honorio el monotelismo fue rechazado en Occidente, y desde luego, los monofisitas se mantuvieron en sus posiciones.

El emperador Constante II alarmado por todas las circunstancias que envuelven al Imperio (lombardos, musulmanes, etc.) promulga un nuevo documento, el “Typos”. En él, además de prohibir hablar sobre los postulados de la Ectesis se condena en San Juan de Letrán el monotelismo defendiéndose los postulados de la Ectesis y el Typos.

Los emperadores posteriores consideraron que la pérdida de Siria y Egipto a manos del Islam ya era inevitable y, por lo tanto, no tienen ya intereses políticos respecto a los monofisitas. El emperador Constantino IV convoca en 680 el III Concilio Ecuménico de Constantinopla en el cual se condena el monotelismo y se anatematiza al papa Honorio por suscribir la Ectesis[31] . Esta solución se acepta en Roma, lo que el papa Sergio no acepta son los cánones disciplinarios.

Para Oriente, el III Concilio de Constantinopla crea la imagen de que,  perdidas las Provincias de Egipto y Siria para el ámbito del Islam, la Iglesia de Constantinopla queda fortalecida e identificada a la Iglesia Oriental.

1.9.- BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

*    M. Simón y A. Benoit: “El Judaísmo y el Cristianismo Antiguo”. Labor. Col. Nueva Clio. Barcelona 1972.

*    S. Runciman. “El Maniqueísmo Medieval” Fondo de Cultura Económica.

*    J. Quasten: “Patrología”. Biblioteca de Autores Cristianos. 3 vol. Madrid 1968-1981.

*    P. Brown. “Biografía de Agustín de Hipona” Revista de Occidente. Madrid 1970.

*    S. Mazzarino. “El Fin del Mundo Antiguo”. UTEHA Méjico. 1961.

*    R. Metz: “Historia de los Concilios”. Oikos-Tau. Barcelona 1971

TEMA 2  PONTIFICADO E IGLESIAS NACIONALES

2.1.- FUNDAMENTOS DOCTRINALES DEL PODER PAPAL: DEL PRIMADO PETRINO A FINALES DEL SIGLO VI

La supremacía conquistada por el obispo de Roma, se hacía arrancar del pasaje del evangelio de San Mateo[32] referido al primado petrino. También del  apéndice al evangelio de San Juan[33], donde Simón Pedro ocupa un lugar preeminente. La figura de Pedro aparece citada 120 veces en los evangelios frente a las 81 que aparecen los demás apóstoles

El citado pasaje de San Mateo ha sido el germen de una amplia polémica. Fuera de Roma , la superioridad de los sucesores de Pedro se consideró, repetidamente, como algo puramente honorífico.

Desde el lado protestante y de la crítica libre[34], ha habido amplias matizaciones cuestionando la autenticidad del pasaje de San Mateo:

*    La Escuela de las formas ha incidido mucho en la idea de la tradición oral de los pasajes evangélicos hasta su fijación escrita.

*    Otros consideran que el pasaje de San Pedro es una interpolación posterior al evangelio de San Mateo.

*    Otros aceptan la idea del cetro petrino pero rechazan la forma en que la sede de Pedro empieza sus reivindicaciones tras la reforma gregoriana.

En esencia se defienden dos formas eclesiásticas opuestas:

a)  Papalistas: Una Iglesia institucional y jerárquica, la de Pedro y los doce. Algunos afirman que este sería el modelo de Iglesia de Jerusalén trasladado inmediatamente a Roma. Una Iglesia que se mueve en el siguiente marco: predicación del evangelio Þ sacramentos Þ jerarquía apostólica.

b)  No papalistas: Frente a la Iglesia de la jerarquía propone la del carisma que sería la Iglesia de Pablo y que se mueve según el siguiente marco: predicación del evangelio Þ sacramentos.

Fundamentada su plena potestad jurídica en el primado de Pedro obtenido de Jesús, veamos los pasos que Roma da para consolidarse:

La información sobre los sucesivos papas la obtenemos del “Liber Pontificalis”, que recoge todas las biografías papales y cuya primera redacción se debe al papa Bonifacio II (530-532) en el siglo VI.

Los primeros pasos que conocemos datarían de finales del siglo I, donde ya se reconoce la autoridad moral de Roma sobre las otras sedes. El año 95 el papa Clemente I pone orden en la Iglesia de Corinto. El obispo Ignacio de Antioquía dice que la Iglesia romana es la Iglesia de la alianza del amor. Empieza a crearse una red de comunicaciones con la “carta de comunión” entre todos los obispos de las sedes, pasando por Roma. Henry de Lubac afirma, que en ese momento, puede hablarse de Iglesias en plural con una federación de comunidades cuyo nexo serían esas cartas de comunicación.

Otros autores consideran que la Iglesia tendría una estructura orgánica y mixta: la Iglesia es una y está perfectamente representada en cada comunidad.

San Ireneo de Lyon piensa como Ignacio de Antioquía y afirma que los creyentes de todos los lugares deben obedecer a la Iglesia de Roma porque es superior a todas las otras.

Cipriano de Cartago (siglo III), defiende la autonomía de los obispos y de la igualdad jurídica de todas las comunidades con una primacía honorífica de la sede de San Pedro.

A finales del siglo II el papa Víctor I amenazó con expulsar a los cristianos de Asia menor por su forma diferente de datar la Pascua. Las disputas entre comunidades deberían resolverse en Roma.

Calixto I (217-222), habla de la idea de primacía romana y se le atribuye la idea de definir el concepto de papa = padre venerable.

Estos pasos que se han ido dando en Occidente para reafirmarla primacía de la sede romana van a chocar con obstáculos: en los Hechos de los Apóstoles de Lucas se nos habla de los obispos como cabezas de sus respectivas familias, de aquí podría entenderse que cada comunidad debería tener su cabeza.

En el año 313 la situación de Roma es una situación de autoridad sólida en un mal cristianizado Occidente, pero en relación con Oriente tiene serios competidores De ahí que los titulares de ciertas sedes orientales, también enormemente prestigiosas, acabasen abogando por un gobierno no monárquico, sino pentárquico. Ello suponía reconocer la práctica igualdad entre los patriarcas de Roma, Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría, en todo caso, Roma tendría una superioridad “honorífica”. En la gestación de esta idea sobre la panigualdad,  tuvo un peso decisivo el que los primeros grandes concilios, en los que se hicieron las más importantes proclamaciones teológicas, se celebraran en Oriente. En el canon 28 del Concilio de Calcedonia (451) se igualan las categorías de las sedes romana y constantinopolitana.

En Occidente el papa sería el Obispo de Roma, metropolitano de la Italia Suburbicaria[35], y patriarca del Occidente.

Cuando el Imperio de Occidente se disuelve y el poder político se desplaza hacia Oriente resulta importante analizar las iniciativas que sobre el problema toman papas y emperadores:

*    Teodosio I dice que la Iglesia romana es la guardiana de la verdadera fe.

*    El papa Dámaso  (366-384), defiende la primacía romana siendo el primero que aplicó el término Sede apostólica a Roma. En su pontificado el latín se convirtió en lengua litúrgica de la Iglesia

*    El papa Siricio toma el modelo de los edictos imperiales para redactar la “Decretalia Constituta” inicios del Derecho Canónico.

*    Valentiniano III confirma la primacía de Roma sobre las provincias de Occidente. Los papas se convierten en vicarios de Cristo.

*    León I , quien supuestamente detuvo a Atila ante Parma empezará a representar papeles civiles haciendo de negociador político.

*    Cuando ya no hay emperador en Occidente se produce un testimonio importante. El papa Gelasio I (492-496)[36], envía una carta al emperador Anastasio de Constantinopla, haciendo una clara división de poderes: la sagrada autoridad pontificia y la autoridad regia, y supedita ésta a aquella con rotundidad. queda así distinguido:

*    El principio de la “auctoritas” Þ Poder supremo, soberanía.

*    El principio de la “regia potestas” Þ príncipes y gobernantes, sería un poder administrativo.

El poder temporal está subordinado a la auctoritas que vendría dada por la capacidad de impartir los sacramentos de la confesión y de la consagración.

A partir de Gelasio queda la idea cierta de los dos poderes  y de la superioridad del poder de la Iglesia sobre el poder terrenal.

Los papas posteriores verán la entrada de los bizantinos en Italia y serán súbditos del emperador e incluso, como en el caso de Vigilio, serán maltratados.

El panorama volverá a cambiar con la invasión tardía de los lombardos donde destacará la excepcional figura de Gregorio I Magno (590-604). Gregorio I podría ser considerado como el primer papa medieval. Buen diplomático, Gregorio mantuvo hacia los patriarcas orientales una política a medio camino entre la flexibilidad y la energía. Cuando la ciudad de Roma fue abandonada a su suerte por los bizantinos, el papa Gregorio cargó sobre sus espaldas las responsabilidades administrativas de la urbe. Buen organizador, el pontífice procedió a agrupar los bienes que la sede de San Pedro había venido recibiendo en los años anteriores. Pronto, una franja de tierra entre Orvieto y Terracina sería considerada como el “patrimonium Petri”, sentándose las bases de lo que en el futuro sería considerado territorio de los Estados Pontificios.

2.2.- ARRIANISMO Y GERMANISMO EN LOS DISTINTOS ESTADOS BÁRBAROS

En la misma medida que el cristianismo niceno era visto como fides romana, el arrianismo era considerado, desde el asentamiento de los pueblos bárbaros en Occidente, como la fides germánica por excelencia. Al lado del arrianismo, quedaba el paganismo puro y simple, de los francos en un primer momento, de anglos, jutos y sajones, establecidos en Britania hasta fecha algo más avanzada, y de los pueblos germanos que no habían cruzado la línea del limes en el período de las migraciones.

Se daban, por tanto, una serie de confrontaciones:

*    Catolicismo (nicenismo) - arrianismo (de gran parte de los pueblos germánicos).

*    Paganismo (francos, anglos, jutos y sajones)- cristianismo.

*    Cristiandad céltica: Católica pero con ciertas singularidades que la hicieron distinta de la Romana (datación de la Pascua por ejemplo).

Catolicismo -  Arrianismo:

La primera cuestión a considerar es la “confrontación” entre el nicenismo de los provinciales[37] y  el arrianismo de los recién llegados, que son una minoría que no va más allá del 10% de la población.

El responsable de esta “arrianización” de una parte de los pueblos germánicos, es un godo llamado Ulfilas (lobezno), consagrado obispo en 341 por el arriano Eusebio de Nicomedia. Ulfilas instruiría a las poblaciones germánicas acantonadas en las bases del arrianismo, llevando a cabo, incluso, la traducción a la lengua gótica de algunos pasajes de la Biblia. En 383 los godos estarían casi convertidos por completo y de ellos, el arrianismo pasó a otros pueblos.

El arrianismo va a ser una especie de religión nacional que tenía la ventaja de proporcionar una gran cohesión étnica a las minorías germánicas frente a las masas de provinciales una vez que aquellas se hubieran asentado, ese afán por conservar su pureza étnica y no verse diluidos en la masa fue la causa de la prohibición de celebrar matrimonios mixtos y que no sería derogada hasta Leovigildo.

El abanico de tolerancia entre germánicos y cristianos fue bastante amplio:

En el extremo intolerante del abanico podríamos situar a los vándalos que pasaron al Norte de África en 429. Eran fervientes arrianos y presentaron muchas dificultades al clero católico. Genserico y Ulterico, según el relato de Víctor de Vita (ahora en revisión), llevarían a cabo terribles persecuciones y despojarían a 484 obispos. Hay también períodos de tolerancia. Cuando Justiniano recupera la zona, se recibe a los bizantinos como a salvadores, sin embargo, éstos aplicarán las tesis de Constantinopla, algunas de ellas mal acogidas (recordar el problema de los Tres Capítulos).

En el extremo de mayor tolerancia estarían los burgundios que representan un prodigio de buen entendimiento. Se asientan en el valle del Ródano. El monarca Gondebaldo fue muy amigo de Avito, obispo de Vienne y Segismundo se convirtió al catolicismo en 505. Podría decirse que el nicenismo fue un paso más en la romanización deseada por los burgundios.

Los suevos acabaron establecidos en la Gallaecia y tienen una trayectoria espiritual en constante revisión. Se ha dicho que cuando cruzaron el Rin eran paganos, y que cuando se instalan en Galicia se convierten al catolicismo, en 465 se habrían hecho arrianos por influencia visigoda pero que en vísperas de su absorción por Leovigildo volvieron a hacerse católicos. Las relaciones de los suevos con la población católica no están documentadas.

LOS VISIGODOS

De los visigodos (los mejor documentados), se dice, que sometieron a los católicos a persecuciones tanto en época del reino de Tolosa (hasta 507), como en época del reino de Toledo (hasta su conversión en 589), pero sobre este tema hay que tener mucha reserva.

Los testimonios de persecuciones vienen de Sidonio Apolinar, obispo de Clermont (que tenía sobre los visigodos una especie de “prevención estética”), quien señala a Eurico como responsable de que hubiese una serie de sedes vacantes (Burdeos, Bazas, Cominges, etc.) y una serie de parroquias desoladas.

Se dice de Alarico II que fue un feroz perseguidor de los católicos que tuvieron que llamar a Clodoveo en su socorro, es verdad pero solo a medias, en muchos casos hubo colaboración entre obispos y visigodos:

*    Los obispos fueron los interlocutores entre los visigodos y la masa de provinciales, el episcopado sustituyó a la estructura civil romana que iba desapareciendo.

*    Horencio de Auch hizo de intermediario entre el rey Teodoredo y el “emperador” Valentiniano, llegándose a un acuerdo sobre Arlés que fue aceptado por ambas partes y siguió con las negociaciones entre Eurico y Julio Nepote.

*    Cuando Alarico promulga la Lex Romana Visigotorum (Breviario de Alarico), lo hace ante una asamblea de obispos católicos a los que se considera representantes de los provinciales.

*    En el año 506 se celebra otro Concilio en que los obispos hacen votos por Alarico II, incluso se estaba preparando otro Concilio en la propia Tolosa en 507.

Respecto al reino visigodo de Toledo lo más resaltado fue la supuesta persecución de Leovigildo que se concretó con las represalias sobre los obispos Juan de Biclara y Masona y con el martirio de su hijo Hermenegildo.

Hay que tener en cuenta que el arrianismo era la “fides gótica” mientras que el catolicismo era la “fides romana”, Juan de Biclara y Masona no fueron represaliados por ser católicos sino porque eran visigodos que se retractaron de su arrianismo. En el proyecto unificador de Leovigildo estaba conseguir atraer a los católicos hacia un arrianismo descafeinado propugnando el diálogo entre católicos y arrianos. El martirio de Hermenegildo hay que verlo desde la óptica de la rebelión de éste contra el rey legítimo. Hermenegildo sería encarcelado y, al parecer, un carcelero, celoso arriano, le daría muerte por negarse a recibir los sacramentos de manos de un sacerdote arriano.

Recaredo se convierte al catolicismo en el III concilio de Toledo, dando lugar a la existencia de dos visiones:

1.   Leovigildo, perseguidor Þ Hermenegildo[38] mártir Þ Recaredo, héroe de la verdadera fe.

2.   Leovigildo, unificador Þ Hermenegildo, rebelde Þ Recaredo, instrumento del clero hispanorromano.

Dice Jacques Fontaine que para encontrar el sentido de la conversión de Recaredo, habría que tener en cuenta:

a)  La posición de choque de la Iglesia católica (manifestada ya por Osio de Córdoba, por ejemplo).

b)  Cuando se da una ofensiva antiarriana desde las zonas periféricas con Leandro de Sevilla o Isidoro, el clero arriano carecía de capacidad intelectual para la confrontación con ellos.

c)  Otro factor importante sería la conversión de visigodos al cristianismo. Testimonios máximos de esas conversiones serían:

*    El de Juan de Biclara que alaba la conversión de  Recaredo y explica por ella su victoria contra los francos.

*    El de Gregorio de Tours: Da una descripción menos triunfalista y su obra está llena de errores.

*    El del papa Gregorio I que narra el martirio de San Hermenegildo en una versión muy pintoresca.

*    San Isidoro con su “Historia de los reyes godos, suevos y vándalos”.

*    San Isidoro en su “Vitae Patrum Aemeritensis” en el que alaba a Recaredo.

En todos los casos, estamos ante obras hechas a mayor gloria de Recaredo como se manifiesta en el texto de San Isidoro[39].

A partir del III Concilio de Toledo, el nicenismo de los visigodos será un nicenismo militante, ahora contra los judíos. El nicenismo hispano llega a tener tintes antibizantinos.

LOS OSTROGODOS

Los ostrogodos mantuvieron unas relaciones con la Iglesia Católica similares a las de los visigodos. Teodorico el Grande interviene en Italia desde 483 como representante del emperador Zenón de Constantinopla para destruir al hérulo Odoacro. Teodorico es un hombre respetuoso con la tradición clásica, intenta una coexistencia con la población italorromana católica marcada por el respeto absoluto. Teodorico trata de revitalizar las viejas instituciones romanas (Senado, etc.) y para ello se apoya en dos personalidades romanas de la talla de Boecio y Casiodoro. Su respeto llega a ser tal, que incluso llega a mediar en la disputa que dos candidatos a papa mantienen por conseguir el papado (Símaco y Lorenzo).

La política de buen entendimiento con Constantinopla (Teodorico incluso había dirigido una carta al emperador Anastasio diciendo “nuestro reino es imitación del vuestro…imagen del único Imperio”…), se quiebra a partir de 518, cuando suben al trono Justino y Justiniano que practican una política de “romanismo radical y defensa de la ortodoxia” sin permitir las inclinaciones arrianas de los ostrogodos. Teodorico responde con una medida “defensiva” creando una confederación de pueblos germánicos a cuya cabeza se situaría él con ánimo de contrapesar la fuerza de Constantinopla.

La víctima de todo esto es la población católica de Italia, como Boecio que fue encarcelado y ejecutado. El papa Juan I fue enviado a prisión por Teodorico. Los últimos años de Teodorico contemplan un difícil equilibrio entre ostrogodos y católicos que dará una excelente excusa a Justiniano para reconquistar Italia.

2.3.- LA GALIA FRANCA: DEL PAGANISMO AL CATOLICISMO

El término franco habría que asociarlo a las razzias germanas del siglo III protagonizadas por francos y alamanes que llegan hasta la Península Ibérica.

Los francos en el siglo V hacen valer su peso hasta el punto que, en el continente, será el único pueblo germánico que supere todas las visicitudes y no desaparezca. Cuando en Oriente se habla de “francos”, se refieren a todos los pueblos occidentales, curiosamente esto ocurre con el pueblo menos romanizado y que estaba  fraccionado políticamente.

El asentamiento de los francos en la Galia transalpina está plagado de leyendas. La realidad empieza con Clodoveo, rey de Turne, uno de tantos caudillos francos a los que irá eliminando sin ningún escrúpulo hasta conseguir la unidad de la Galia, una unidad poco duradera desde el punto de vista político pero extraordinariamente fructífera desde el punto de vista de la ortodoxia católica.

La entrada de los francos vino acompañada de la destrucción de ciudades. En 486 se produce la victoria de Clodoveo sobre Siagrio, general romano de Soissons. A partir de aquí, la leyenda se apodera de Clodoveo:

*    Mantiene un primer contacto con San Remigio, obispo de Reims.

*    En 496, con motivo de la batalla de Tulviac con los alamanes, Clodoveo invoca al Dios de su católica mujer Clotilde. Su victoria le decide a convertirse al catolicismo.

*    En 496 se produce el bautismo de Clodoveo por San Remigio.

La batalla de Vouillé contra los visigodos de Alarico II, da una idea de la complicidad del episcopado de la Galia con un monarca que se ha hecho católico frente a un monarca arriano. En un brevísimo plazo, los francos se han hecho con el control de toda la Galia. Clodoveo muere en 511 y sus sucesores absorben Borgoña y Provenza.

2.4.- LAS PECULIARIDADES DE LA CRISTIANDAD CÉLTICA

Tenemos pocas noticias de la penetración del cristianismo en época romana. Sabemos en Gran Bretaña de un mártir llamado Albano a mediados del siglo III, pero la existencia de comunidades cristianas no es fácil de verificar. A finales del Imperio romano, la comunidad cristiana en Britannia ya debía tener cierta vitalidad por el papel que representa el hereje Pelagio.

La irrupción de anglos, jutos y sajones provocó una desorganización de la estructura de las Islas Británicas, hacia 450 ya habrían llegado grandes masas de invasores que habrían empezado a llegar como un goteo desde 395 como federados de Roma. En 429 el obispo Germán de Auxerre dice que “Britannia es un territorio desvinculado de Roma y en plena anarquía”. Gildas, cronista bretón del siglo VI presenta la invasión de anglos y sajones como un castigo de Dios. La cultura indígena celta se vería reducida a las regiones occidentales (Gales, Cornualles y la península Armórica). Esto acabaría favoreciendo a un territorio que acabaría convirtiéndose en el original centro del cristianismo: Irlanda[40].

Sabemos de un primer apóstol de Irlanda: Paladio, que estaría en Irlanda hacia 431. Fue enviado a Gran Bretaña a luchar contra el pelagianismo y de allí a Irlanda. Fundaría en Tigronei, Donar y Cilleen Cormac en las cercanías de Dublín, considerándosele el primer obispo.

El principal obispo sería San Patricio[41] (“Confesiones”, “Carta a Corotico, “La Loriga”, dedicado a la Trinidad). Fue hijo de un decurión (magistrado local) y nieto de un presbítero., nació en Bannavem Taburniae, sufrió un primer cautiverio por los piratas irlandeses, se prepara durante seis años en estudios bíblicos. En 435 está en Irlanda y funda la sede de Armac, desde allí, iría delimitando la estructura eclesiástica de la Isla. Cuando San Patricio muere (460), el monacato irlandés es el elemento que caracteriza a la sociedad cristiana irlandesa junto con una diferente liturgia (bautismo, tonsura y sobre todo la datación de la Pascua), respecto a la cristiandad continental romana.

Otra característica de la Iglesia irlandesa es la actividad misionera (“peregrinatio”). Destacan en ella San Columba con la fundación del monasterio de Jona (563) o San Columbano que muere en 615 habiendo fundado monasterios como el de Bobbio en Italia. El porvenir de la Iglesia, desde el punto de vista cristiano europeo, será de tradición romana o irlandesa. Uno de los culpables del triunfo de la liturgia romana sobre la celta será, sin duda, Gregorio Magno.

2.5.- EL PAPADO BAJO GREGORIO MAGNO

El papado de Gregorio Magno (590-604), recoge una situación difícil: secuelas del episodio de los Tres Capítulos, presencia bizantina en Italia y la entrada de los lombardos en 568 que sumerge a Italia en la Edad Media.

Gregorio Magno es miembro de la aristocracia romana, hijo del senador Gordiano, que desde joven, le inicia en los entresijos de la política y la administración. Este aprendizaje le servirá para convertirse en un buen administrador, en 573 vende sus propiedades y funda 6 monasterios en Sicilia y 7 monasterios en Roma, lleva una vida muy austera e inculca en los monasterios los ideales de San Benito. Desde 579 a 585, será el representante del papa en Constantinopla (apocrisiario). En 585, ya en Roma, es el Abad del monasterio de San Andrés, llegando a ser obispo de Roma, es decir, papa, en 590.

La labor de Gregorio Magno la veremos desde distintos círculos:

1)  Círculo estrictamente romano: Gregorio Magno está considerado como “Fundador de los Estados Pontificios”, es decir, fundador del poder temporal de los papas en el centro de Italia. No existe ninguna “carta fundacional” de los Estados Pontificios por lo que no puede ser considerado así, aunque de facto, da el primer paso para que los Estados Pontificios se conviertan en realidad. Roma era una ciudad asolada por el hambre y la malaria. La amenaza lombarda y la escasa capacidad de defensa por los bizantinos (había un dux bizantino),. Frente a esta incapacidad bizantina, se levanta la capacidad de un papa curtido en las labores administrativas que tiene que cubrir esas carencias (un papa en esta época era el terrateniente más rico de Italia. Se calcula que a finales del siglo V el patrimonio papal sería de unos 4.600 Km2, gobernado por rectores y diáconos y sus subordinados los conductores). Gregorio Magno supo administrar ese patrimonio recibido (Franja Orbieto a Terracina considerada como Patrimonio de San Pedro). Se habla del obispo de Roma como el defensor de la República de San Pedro.

2)  Círculo de relaciones con las Iglesias de Occidente: Dvornik utiliza la palabra “acomodación”, es decir, las visicitudes políticas que padeció el mundo mediterráneo, incidieron en la Iglesia de Occidente. Acoplamiento de la estructura eclesiástica a las nuevas realidades políticas e Occidente. Se pone de manifiesto en tiempos de Gregorio I en el caso de Italia. Las otras diócesis importantes de Italia: Milán que había sido sede imperial y había tenido figuras tan importantes como San Ambrosio, era la sede más importante de la Italia anonaria, Rávena era la diócesis donde estaba asentado el Imperio bizantino, la sede de Aquilea también era importante. En el sur de Italia hay una auténtica colonización bizantina de la Iglesia (en Sicilia, por ejemplo). Gregorio, por tanto, tiene que luchar con el prestigio de estas sedes y llega a conseguir que en las diversas diócesis haya “visitadores apostólicos” que supervisen las distintas sedes, consigue que el obispo de Rávena entre en la disciplina romana y que los obispos del Sur de Italia vayan una vez al año a Roma.

En el caso de los reinos germánicos de Occidente, la autoridad del papa como patriarca no la discute nadie (probablemente porque los contactos son mínimos). En estos reinos podía ocurrir que algunas sedes tuvieran la categoría de “sedes primadas”, como ocurre con la sede de Canterbury en Inglaterra o Arlés en la Francia meridional. En la España visigoda, había varios obispos metropolitanos: En Gallaecia el de Braga, e la Tarraconense el de Tarragona, en la Bética el de Sevilla, en la Cartaginense el de Cartagena. Al final, la sede de Toledo será la primada por “favor real”.

El Ilírico, según la terminología romana corresponde al territorio de los Balcanes. El Ilírico, desde el punto de vista de la Iglesia, pertenecía al patriarcado de Roma. Al hacerse la “divisio Imperii”, pasó políticamente a Constantinopla creándose una evidente distorsión. Gregorio I actuará en la diócesis del Ilírico, de una forma consensuada con Constantinopla.

3)  Círculo de las relaciones con las Iglesias de Oriente: Gregorio Magno mantiene buena sintonía con las Iglesias de Antioquía y Jerusalén. Los patriarcas de Constantinopla se autotitulaban “patriarcas ecuménicos”, mientras  que Gregorio Magno se hace titular “siervo de los siervos de Dios”. En Constantinopla empezó a ponerse énfasis en una leyenda ocurrida a mediados del siglo IV. Los obispos de la ciudad, dijeron que había sido fundada por San Andrés, hermano de Pedro, que según el evangelio de San Juan, había sido llamado antes que éste por Jesús. Las relaciones atravesaron por dos momentos:

*    Hasta el 595: Gregorio Magno tiene una cierta iniciativa.

*    Después de 595: Gregorio Magno ya no tiene tanto éxito.

Tras la muerte de Gregorio Magno en 607, hay una vuelta de Constantinopla a la disciplina romana, pero después, decaerá de nuevo.

El éxito más notable de Gregorio Magno se da con los pueblos germánicos de Occidente:

*    A los visigodos los deja dentro de la órbita católica.

*    Con los lombardos mantiene una relación posibilista, comprando su retirada a precio de oro y estableciendo treguas. Logra a través de una princesa católica bárbara (Teodorinda), casada con un rey lombardo, tener una aliada dentro de la corte lombarda.

*    La evangelización de anglos y sajones consigue un doble objetivo: la conversión al catolicismo de unos paganos por una parte, y segarle la hierba debajo de los pies a los monjes celtas que tardíamente intentaban su conversión.

La labor cultural de Gregorio Magno viene marcada por su obra literaria: La pedagogía del alma en su obra “Comentarios al Libro de Job” tiene un extraordinario éxito;  “La Regula Pastoralis”, fundamental para la formación del clero secular, llegó a ser un texto popular. Es importante destacar el papel que tuvo el papa para el desarrollo de la liturgia romana. En lo que se refiere al canto gregoriano, hay serias dudas de que fuera él (la primera cita al respecto es siglo y medio posterior a su muerte).

2.6.- LAS IGLESIAS NACIONALES DESDE MEDIADOS DEL SIGLO VI

1)  Norte de África: Se ha hablado de un siglo donatista, un siglo vándalo y un siglo bizantino. La reconquista bizantina estaba pensada como una liberación del arrianismo vándalo y fue recibida con alborozo. Los bizantinos, sin embargo, no siguieron la política de concordia dando lugar a marcadas diferencias y tensiones. En los primeros años del siglo VII se lleva a cabo una labor misionera en el interior consiguiéndose algunos avances que enseguida fueron barridos por la invasión musulmana.

2)  La Inglaterra anglosajona: En la Pascua de 597, Agustín, prior del convento de San Andrés de Roma, fue enviado por Gregorio a la Inglaterra anglosajona. Su primer éxito fue el bautismo del rey Edelberto de Kent. Agustín se pone al frente de esa Iglesia en Canterbury con la instrucción no de destruir el paganismo, sino de cristianizar las costumbres paganas. A continuación se suceden otras cristianizaciones de reinos, aunque se presentan dos resistencias: el reino anglo de Mercia y la propia cristiandad céltica. Al final, las diferencias entre el ritual celta y el romano se resolvieron en el Sínodo de Whitby (664) que opta por el calendario romano para la Pascua, aunque esta aceptación se irá implantando muy lentamente. En 673, el Sínodo de Hertford es el primer concilio nacional inglés para organizar la Iglesia de Inglaterra con diez cánones disciplinares. Este Sínodo fue presidido por el obispo Teodoro de Canterbury que será la sede primada de Inglaterra. El obispo Teodoro era un griego de Asia Menor que había huido del avance musulmán.

Habría que considerar también, los avances de las fundaciones monásticas (Wermouth, Jarrow), de obediencia romana y de las que saldrán importantes figuras, como fueron Beda el Venerable, primer historiador nacional del pueblo inglés, o más tarde, Alcuino de York.

3)  La Galia de los sucesores de Clodoveo: La Galia, por tanto, de los merovingios. La unidad política se perdió tras Clodoveo. Las divisiones y subdivisiones del territorio, en manos de los monarcas merovingios, pesaron en el episcopado de la Galia. El episcopado de la Galia franca, sufre una tutela por parte de los reyes merovingios, los obispos desempeñan funciones políticas e incluso hubo dos de ellos que fueron asesinados en conjuras palaciegas. También existe el caso de Radegunda, reina merovingia santificada y fundadora de algún monasterio que desempeña el único papel digno representado por los merovingios.

La institución conciliar en la Galia merovingia, presenta el Primer Concilio “nacional” de Orleans (511) que reunió a los obispos de la Galia sometida a Clodoveo. En 614, el Concilio de París tiene su importancia. A partir de éste, la anarquía a la que queda sometido el territorio, impide que se celebren más Concilios.

4)  La España visigoda y el conciliarismo: La monarquía visigoda ha sido definida como una monarquía conciliar. Los 17 Concilios de Toledo, unían los intereses de monarquía y alto clero. El alto clero proporcionaría a través de los distintos Concilios, “protección moral” a la monarquía visigoda a través de una serie de anatemas para preservarla de “usurpadores”. Los Concilios, por otra parte, son también telón de fondo para la discusión de temas legislativos. El “Liber Iudiciorum” de Recesvinto, tuvo su respaldo legal en el VIII Concilio de Toledo.

Los Concilios para algún historiador podrían definirse como “Asambleas representativas de la nación visigoda”. Concepto muy discutible tanto por la inclusión del término nación de siempre peligrosas connotaciones como por el adjetivo de representativas, inapropiado a todas luces cuando a los Concilios no asistía ningún representante del tercer Estado. Habría que rechazar también la teoría de algún autor que afirma que los Concilios eran los precedentes de las Cortes castellano-leonesas.

Siguiendo a Ramón de Abadal habría que distinguir dos categorías en los Concilios de Toledo:

1.  Los Concilios Isidorianos: Hasta el 4º, (aunque San Isidoro solo preside el 4º donde legitima al usurpador Sisenando). Serían concilios donde el alto clero pretende corregir errores del pasado y regulariza la vida política, estableciendo normativas para evitar usurpaciones. Regulariza la sucesión, fijando el carácter electivo de la realeza.

2.  Los Concilios Julianos: Especialmente desde el octavo, están vinculados a Julián de Toledo. En ellos se advierte una resignación a aceptar positivamente los hechos, y lo más que se hace es combatir el “morbo gótico” e intentar reconciliar los bandos en pugna. Los Concilios XVI y XVII se celebran como consecuencia de intentos de Golpe de Estado.

El paso al nicenismo de los visigodos, supuso un proceso de germanización del alto clero. Para José Orlandis, que hace un estudio de la onomástica, hubo obispos que tienen nombre germano pero cognomen latino (Leodegino Iulianus, obispo de Braga; Ildulfo Felix, obispo de Iliria). En regiones de carácter estratégico, con guarniciones militares visigodas, pudo haber prelados germanos (Teodulfo en Málaga), en Septimania, los obispos de Narbona tienen nombre germano. a lo largo del siglo VII, los nombres germanos van aumentando, ya que obispos y magnates laicos surgen de las mismas familias. La intervención real en el nombramiento de cargos era evidente e interesada ya que los contactos con Roma eran muy escasos.

Thomson[42] da unas proporciones de obispos con nombre godo que se cumplirían en el siglo VIII: 30% en la Tarraconense y 30% en la Cartaginense, 43% en la Lusitana, 23% en la Betica,  41% en la Gallaecia, 28% en la Narbonense, proporciones  altas si se tiene en cuenta que los visigodos solo supondrán un 10% de la población.

Desde el año 589 las disputas teológicas solo se darían entre visigodos y judíos, ya se podría hablar de una tradición antijudía que arrancaría del Concilio de Elvira en, se cree que 314. En este Concilio ya se trata de limitar la capacidad de actuación de los judíos. El III Concilio de Toledo supuso una acentuación de la política antijudía prohibiéndose a los judíos tener esclavos cristianos o desempeñar oficios públicos. Este antijudaísmo, que se va ratificando en Concilios posteriores (señal quizá de que no se cumplían los decretos de los anteriores), va en aumento hasta llegar al Concilio XVII de Toledo de 694 en que las medidas contra los judíos fueron tremendas, condenándoseles a la esclavitud en toda la Península Ibérica. Importantes valedores de la conducta antijudía de los visigodos fueron los propios San Isidoro de Sevilla, y sobre todo, el converso San Julián de Toledo.

5)  Italia: “Pars romana” y “pars longobarda”: Los lombardos entraron en la Península Itálica en 568 dejando el territorio dividido en dos zonas:

1.  Pars longobarda: Se trata de un conjunto de ducados de muy desigual poder, que abarcan el territorio desde los Alpes hasta Benevento.

2.  Pars romana: Zona bizantina con Rávena como capital del Exarcado y en la que hubo un dux bizantino en la ciudad de Roma hasta 725.

Los lombardos arrianos fueron los últimos en convertirse al catolicismo, y durante un tiempo, su grado de catolización dependerá del rey de turno. En la primera fase de asentamiento en Italia, lo que priva es una pars longobarda arriana. Rotario, rey tolerante de los lombardos, llega a crear una Iglesia nacional lombarda de confesión arriana.

A finales del siglo VII, ya se puede hablar de los lombardos como católicos, estos católicos, serán los que den lugar al repliegue bizantino reduciendo su presencia. Este repliegue bizantino pudo haber dado lugar al nacimiento de una “nacionalidad italiana”, como había pasado con visigodos y francos en la Galia e Hispania, pero los lombardos no lo consiguieron en Italia por:

*    No fueron capaces de vertebrar su territorio que no pasó de la mera yuxtaposición de ducados.

*    El comportamiento de los papas, que aunque aliviados por la conversión de los lombardos, no quisieron pasar de la sumisión política a los bizantinos a la sumisión política a los lombardos y que acabarán solicitando ayuda a Pipino cuando estos se conviertan en una amenaza.

2.7.- BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

*    H. de Lubac. Las Iglesias particulares en la Iglesia Universal, Sígueme, Salamanca 1974.

*    F. Dvornik, Bizancio y el primado romano, Descleé de Brouwer. Bilbao 1968.

*    J. Orlandis, La conversión de Europa al cristianismo. Rialp, Madrid 1988.

*    G. Fournier, Les merovingiens. P.U.F. col “que sais-je?. París 1966.

TEMA 3   DE LA CULTURA ANTIGUA A LA CULTURA CRISTIANA

3.1.- LAS LÍNEAS MAESTRAS DE LA TRANSICIÓN CULTURAL: ENTRE LA PUGNA Y EL COMPROMISO

Hay una controversia entre los estudiosos a la hora de confrontar la cultura antigua con la cultura cristiana, la referida a la imagen de la Iglesia como conservadora de la cultura antigua y como educadora de los pueblos bárbaros.

Que hubo inicialmente una polémica entre cristianos y paganos nadie lo duda. El profesor Eustaquio Sánchez Soler[43] achaca los motivos de la controversia a dos clases de problemas:

1)  Problemas existenciales: Los paganos acusan a los cristianos de escasa tradición, de no hacer nada por el Imperio y de las desgracias que asolan a éste. Los cristianos replican que fomentan la unidad en Cristo y que desgracias ha habido con y sin cristianos.

2)  Problemas vivenciales: Que afectan a la Moral, a la política y a la sociedad.

La contestación vendría dada por los autores cristianos, desde los apologetas hasta San Agustín en “La Ciudad de Dios”.

El cristianismo en sus comienzos es más una religión más vivida que pensada, empieza siendo casi una secta hasta llegar a convertirse en una verdadera religión. Podría pensarse que, en principio, los cristianos tuvieron un rechazo a todo lo que fuera filosofía pagana. El propio San Pablo tiene actitudes contradictorias, así mientras en algunas cartas muestra un rechazo categórico, en los Hechos de los Apóstoles nos dice que “los filósofos gentiles tienen un conocimiento inconsciente de Dios”. Se llega a pensar que La Revelación es algo que fragmentariamente ha ido dando Dios a todos los pueblos. La culminación del proceso sería el cristianismo y la visión de Cristo como el “logos” (una visión más próxima a la filosofía).

Desde el siglo II sí se puede advertir una tendencia clara del cristianismo hacia la “acomodación cultural”. Los autores cristianos tienen una formación muy similar a los cristianos, incluso en las mismas escuelas. En los apologistas cristianos hay elementos estoicos y aristotélicos en una especie de eclecticismo. El platonismo fue fundamental para algunos autores cristianos (Justino, mártir). Tertuliano, que era un exaltado, dice en su “Apologética” que los cristianos llevan el mismo tipo de vida que los no cristianos.

En Alejandría, a partir de Clemente (+216) se establece una comparación alegórica entre los personajes de la Historia Sagrada y los personajes de la mitología pagana. Orígenes (+254) fue discípulo de Amonio, que a su vez fue maestro de Plotino, un cristiano y un pagano con el mismo maestro.

A través de Juan Casiano (360-435) se piensa que los pasajes evangélicos se pueden ver con cuatro ópticas distintas: la literal, la alegórica, la moral y la anagógica (mística).

Jacques Fontaine dice que en el siglo III, la actitud de los emperadores (totalitarios) llega a nivelar las condiciones de trabajo de paganos y cristianos.

La actitud de los cristianos ante las migraciones bárbaras fue la misma que la de los paganos. En el siglo IV Libanio, retórico pagano decía “¿si perdemos la retórica en qué nos diferenciaremos de los bárbaros?”, según la tradición fue maestro de San Basilio y de San Juan Crisóstomo.

Bernard Jaeger dice que las obras de los padres capadocios, no se diferencian mucho de los autores clásicos. San Jerónimo reconoce su deuda con los autores paganos y se inculpaba diciéndose que era ciceroniano antes que cristiano.

Respecto a los autores occidentales , hasta Mario Victorino en el siglo V no se puede decir que la filosofía penetre en el cristianismo.

Con San Agustín la intelectualidad occidental da el definitivo sí a la filosofía “si los filósofos han dicho algo exacto, ¿porqué no aceptarlo?”, en su obra “De Doctrina Cristiana”, afirma que todas las ciencias del mundo pagano pueden servir como auxiliares en el mundo cristiano.

Marciano Capela (s. V), hace la división de las artes liberales en Trivium (gramática, retórica y dialéctica), y Quadrivium (aritmética, astronomía, música y geometría).

Desde el siglo V podemos afirmar que ha habido un proceso de compromiso, ajuste y reconciliación de las culturas pagana y cristiana. ¿A que precio hubo que pagar esa reconciliación?. Lo más prudente sería, como sugiere Michel Banniard, hablar de un “deslizamiento” desde la cultura pagana hasta la medieval, en este deslizamiento, pasaríamos desde un autor antiguo como Boecio a autores que consideramos más bien antiguos, Venancio Fortunato y San Isidoro de Sevilla, a autores más bien medievales como Gregorio de Tours y Gregorio Magno hasta llegar a un autor medieval, Alcuino de York.

En este deslizamiento, la cultura pagana va siendo desconocida. La cultura griega en la época de Alcuino de York casi no se conocía, encontrar un traductor de griego a latín era casi imposible.

Podemos incluso hablar del abandono del buen latín. Sidonio Apolinar ya se quejaba de que no podía hablar el buen latín, años después, Gregorio de Tours, en el prólogo de su “Historia Francorum” casi se disculpa por utilizar un “lenguaje inculto” para  que pudiera ser comprendido[44]. Otro texto que alumbra la oposición de la Iglesia católica hacia lo profano es la carta que Gregorio Magno envía al obispo San Didier de Vienne reprochándole enérgicamente por dedicarse a la “enseñanza de la gramática”, actividad que encuadra entre las “alabanzas a Júpiter”.

San Isidoro, en su “De Natura Rerum” acepta la versión de los clásicos sobre el hombre que forma parte del microcosmos. En sus “Etimologías” dice que la filosofía está dividida en tres especies: natural, ética y lógica y hace una división del conocimiento de los clásicos adaptándolos a las Sagradas Escrituras.

La conclusión a la que se puede llegar es que a medida que se avanza en el tiempo se irá abandonando la cultura pagana a favor de la cultura cristiana. El cierre de la escuela pagana de Atenas por Justiniano es paradigmático. La cultura avanza hacia una clericalización y sobre todo a la monacalización. La cultura antigua sería vaciada de paganismo y preparada para ser usada al servicio del conocimiento de Dios, como mera propedéutica[45]. Se trata entonces de una “cultura de eclesiásticos” frente a la nivelación a la baja de la cultura laica. Esto, según Le Goff, se debería fundamentalmente a dos razones: 1. la laminación de las clases medias. 2. Los obispos eran reclutados entre las capas aristocráticas romanas.

3.2.- LA PENÍNSULA ITÁLICA: DE LOS OSTROGODOS A LOS LOMBARDOS

1)  Ostrogodos: Bajo dominio ostrogodo hay figuras de cierta talla: Enodio, obispo de Pavía que escribe el “Panegírico a Teodorico”, y Deuterio de Milán, gramático y retórico de cierta entidad. Las grandes figuras de la Iglesia ostrogoda fueron Boecio y Casiodoro:

1.  Boecio (470-525): Fue llamado el último romano y e primer escolástico. Es receptor de influencias platónica a través del “Timeo”, y estoica. Su obra se divide en tres grupos:

a)  Obras relacionadas con las artes liberales: Traducciones de Aristóteles y Cicerón.

b)  Cinco opúsculos entre los que sobresale el dedicado a la Trinidad.

c)  Su obra más conocida “La Consolación de la Filosofía” que escribió en la prisión esperando su ejecución, en él conjuga el sentir cristiano con la tradición neoplatónica. Este libro será uno de los más comentados a partir del siglo XII alcanzando una gran popularidad.

2.  Casiodoro: Heredero de las tradiciones cancillerescas clásicas, es autor de una “Historia de los Godos” que se ha perdido y de  la obra “Del Alma e Instituciones de las Letras Divinas y Humanas”. Es uno de los principales instigadores al estudio de los monjes.

La obra de Boecio y Casiodoro tuvo muchos inconvenientes para progresar por la inmediata ruralización de la vida.

2)  Bizancio: Tras la reconquista bizantina parece que va a recuperarse la “auténtica romanidad”, en 554 se promulga “La Pragmática”, con protección especial de gramática, retórica, medicina y derecho. La cosa no pasa de las buenas intenciones por la oposición de la Iglesia Católica (ya hemos visto lo que Gregorio Magno pensaba de la cultura profana) y , por supuesto por la irrupción de los lombardos.

3.3.- LA DECADENCIA CULTURAL DE LA GALIA FRANCA

Frente a los autores que hablan de “desierto cultural”, hay autores que sostienen que hasta el año 650 no se podría hablar de crisis aguda de la cultura gala.

1)  Gregorio de Tours (538-593): Es la gran figura. Miembro de la nobleza senatorial de la Auvernia, llegó a obispo de Tours en 573. su obra fundamental es “Historia Francorum” que, según la versión de A. Duby es la “Historia del pueblo de Dios, dirigida por los obispos instalados en las ciudades de la Galia” (obispos elegidos en muchos casos por el capricho de los reyes)[46].

Los modelos que sigue Gregorio de Tours en su obra son los de Eusebio de Cesarea  y Paulo Orosio, también sigue a los autores paganos Salustio y Virgilio. La sociedad que nos narra es una sociedad brutal, no exclusivamente masculina en la que aparecen reinas buenas como Santa Clotilde (mujer de Clodoveo), y reinas malas como Fredegunda.

Se a polemizado acerca de si la “Historia Francorum” puede considerarse como una “historia nacional”. Un autor de esta época no podía tener un concepto claro de lo que es “nación”, más bien, su concepto sería el de una historia universal, aunque forzosamente acabe limitando su historia a los limites de la Galia  merovingia, incluso, el último capítulo acaba limitándose a la dimensión tourolense. (a veces a la Historia Francorum se le ha llamado “Historia Eclesiástica de los Francos”.

2)  Venancio Fortunato: Autor de la segunda mitad del siglo VI escribe una vida de San martín de Tours y algunos himnos, de entre los que destaca el “Pange Lingua”.

3.4.- HISPANIA Y EL “RENACIMIENTO” ISIDORIANO

Ya hemos hablado de autores que vivieron las visicitudes de las migraciones germánicas como Paulo Orosio e Idacio

Durante el siglo VI destacan una serie de autores por la periferia peninsular: Justo de Urgel (comentarios al Cantar de los Cantares), Liciniano de Cartagena, Eutropio de Valencia, Apringio de Beja (comentarios al Apocalipsis), San Martín de Braga con su obra “De Correctione Rusticorum” ,y otros.

Del siglo VII destacamos a dos figuras: Juan de Biclara que escribe su “Crónica” y San Leandro (+599), arzobispo de Sevilla, fue el educador de Hermenegildo con los resultados que sabemos y, sobre todo, fue el educador de su hermano Isidoro (+636).

1)  San Isidoro (+ 636)[47]:  Siguiendo al profesor Lacarra, la España del siglo VII es una España de esplendor relativo, con el catolicismo como religión de Estado, una base territorial bastante amplia de la monarquía visigoda (la diócesis romana de Hispania más la Septimania narbonense), relativo esplendor en el ámbito del derecho con la publicación del “Liber Iudiciorum” y una Iglesia centralizada con una liturgia unida.

En ella se habría producido una conjunción de corrientes procedentes del mundo monástico, del mundo oriental y del norte de África. A esta conjunción habría seguido un movimiento cultural centrípeto con Sevilla, Toledo y Zaragoza como sedes culturales importantes.

En la España de San Isidoro, más que de cultura clásica, según el profesor Díaz y Díaz, se podría hablar de “erudición clásica”, resúmenes y antologías elaborados con información de segunda mano.

Según el testimonio de su hermano San Leandro, San Isidoro perteneció a la familia de un funcionario romano, de nombre Severiano que se desplaza desde Cartagena a Sevilla con sus hijos (Leandro, Fulgencio, Clementina e Isidoro). San Isidoro va a asistir como simple clérigo al III Concilio de Toledo, será Abad de un monasterio fundado por Leandro a quién sustituirá en 589 como metropolitano de Sevilla. Tendrá una fuerte preocupación por la formación del clero y por la administración de la archidiócesis de Sevilla.

San Isidoro será consejero de los reyes Sisebuto y Sisenando, y será el organizador del IV Concilio de Toledo en 633.

Obra

1.  Culturales y del conocimiento:

*    “Etimologías”: Hay una primera hacia 620 dedicada a Sisebuto y las definitivas, que entrega a San Braulio, obispo de Zaragoza, durante la celebración del IV Concilio de Toledo. Son producto más de un conocimiento enciclopédico que de un entendimiento profundo. Hay citados hasta 160 autores. Se trata de  20 libros (capítulos amplios) dedicados a multitud de temas: Gramática, Retórica, Matemáticas, Medicina, Leyes, Cronología, Libros y Oficios eclesiásticos, Dios, Jerarquía, Cielo y Tierra, Iglesia y herejías, Lenguas, Pueblos, Reinos, Títulos oficiales, Diccionario con 800 vocablos, Hombre (descripción anatómica), animales, universo (la Tierra, sus partes), Geografía, Caminos y edificios Públicos, Piedras y Metales, Agricultura, Vida de las ciudades, Costumbres (guerra, vida y espectáculos), Navegación, Útiles de labranza[48]

2.  Obras doctrinales y ascéticas:

*    “Libro de las Sentencias”: Es una especie de Suma Teológica, tiene tres partes: una dedicada a Dios y sus atributos, otra dedicada a la Iglesia, y una tercera en la que muestra los deberes de los dignatarios de la Iglesia y de los dignatarios civiles, es decir, toda una teoría de gobierno.

*    “El libro de las diferencias”, “El Oficio de Eclesiástico”, “Regla Monástica”, “Los Sinónimos”, “El Libro de la Alegoría”, “El Lamento del Alma Pecadora”.

3.  Obras científicas:

*    “De Natura Rerum”, pequeño tratado de cosmografía.

*    “El Libro de los Números”.

4.  Obras históricas:

*    “Ortus et Obito Patrum”, es una especie de Historia Sagrada.

*    “El Chronicon”, resumen de otros historiadores hasta el año 615.

*    “Historia de los Reyes Godos, Suevos y Vándalos”.

5.  Obras filosóficas: Las fuentes en que se inspira serán Donato, Casiodoro, Boecio y F. Capela

San Isidoro muere en 636 dejando una “cultura isidoriana”, de la que serán destacados autores:

*    Braulio de Zaragoza, aunque Díaz y Díaz duda de que fuera su discípulo.

*    Los siguientes obispos de Toledo que aportarán su granito de arena a este llamado “renacimiento isidoriano”:

*    Eugenio poeta.

*    San Ildefonso de Toledo, un autor mariológico de primera fila con obras como “De Virginitate Perpetua Sancta María”.

*    San Julián de Toledo (+690): “De Comprobatione Sexta Etatis”, intentando demostrar que la venida de Cristo es la venida del Mesías; “Historia Galiae in Temporibus Wamba), sobre la rebelión del duque Paulo de Septimania contra el rey Wamba.

*    San Valerio destaca entre los autores hagiográficos con su biografía de San Fructuoso.

3.5.- LA INGLATERRA DE BEDA

Hablar de Northumbria, donde convergen influencias célticas y romanas es hablar de Beda el Venerable[49] quien quizá naciera en torno al 573. Fue diácono a la temprana edad de 19 años y entre sus obras destaca “Comentarios al Apocalipsis”, es un buen hagiógrafo, “Vida de San Cutberto”, podríamos definirle como un hombre de virtudes célticas a punto de dejarse penetrar por los moldes romanos.

“De Ratione Temporum” es una división del tiempo, obra en 71 capítulos de los que los primeros 65 hablan de la división del tiempo y de la determinación de la fiesta de Pascua. El capítulo 66 lleva el título de “el cronicón”, dividiendo la Historia, como San Agustín en seis edades. Del libro 67 al 71 habla de la venida de Cristo, del anticristo y del Juicio Final, definiendo la séptima y octava etapas de la Historia como las de resurrección.

La obra más importante de Beda el Venerable desde el punto de vista histórico es “Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés” que puede ser considerada como “la primera historia nacional”, en la que Beda da preferencia al mundo eclesiástico, el protagonismo no solo va a ser de reyes, sino también de obispos y monjes. Muestra en ella su rechazo a los bretones (como buen anglo), acusándoles, incluso, de ser los promotores del pelagianismo. Wallace-Hadrill[50] dice que la Historia de Beda es igual que la de Gregorio de Tours, “vulgar y postclásica”, latina, católica, apologética y provincial.

TEMA 4   INSTITUCIONES E IDEALES DE VIDA

4.1.- JERARQUÍA Y DISCIPLINA ECLESIÁSTICAS

Las diferencias entre clérigos y laicos se fueron haciendo más profundas con el paso del tiempo, van apareciendo elementos diferenciadores que podemos resumir en:

*    Vestimenta.

*    Tonsura eclesiástica.

*    Participación en determinadas fiestas.

*    Celibato eclesiástico.

La jerarquización que trata de aplicarse en estos siglos de transición al medievo viene dada por un texto de San Pablo: 1ª Epístola a Timoteo cap. 3 ver 1-16.

Habrá algunas reuniones de tipo conciliar que darán lugar a unas ciertas normas que los clérigos deberán cumplir, así, en el Concilio de Hipona del siglo IV, se exige el conocimiento de las escrituras.

Suele sostenerse que para la elección de obispo, el clero y la comunidad eligen primero al candidato y luego viene la imposición de manos, generalmente por el metropolitano. No parece muy probable que este sistema “abierto” funcionara realmente, posiblemente, desde fecha muy temprana, habría sistemas de elección bastante oligárquicos y cerrados. Para el caso de Roma, hay una cita de Cipriano de Cartago (Siglo III) sobre la elección del papa Cornelio que dice: “la elección fue por el juicio de Dios y Cristo, el testimonio del clero, el sufragio del pueblo presente, el asentimiento de los viejos presbíteros y de las gentes de calidad”. Da la impresión de que la elección se haría por los clérigos y laicos más influyentes de la comunidad.

El celibato en principio no es obligatorio, hay que destacar como se empieza a instar en determinados momentos. En el canon 33 del Concilio de Elvira (309-315), dice: “decidimos prohibir a los obispos, presbíteros y diáconos…. el uso del matrimonio con sus esposas, engendrar hijos, ….etc.”. Se trata de un Concilio local, no universal. Algo parecido se proclama en Nicea (325), Osio plantea la necesidad de que se aplique el celibato al estamento eclesiástico. En el Este se exige el celibato para los obispos pero no para los diáconos y presbíteros que estuvieran casados antes de ordenarse. En Occidente se tiende a que todos sean célibes.

La jerarquía aparece cada vez más compleja. En una carta de Cipriano de Cartago aparecen todas las órdenes tal y como las vamos a conocer en el futuro:

1)  Órdenes Mayores:

1.  Obispo: Vigilante de la comunidad.

2.  Corepíscopo: Obispo rural que surge en Oriente en la segunda mitad del siglo II y que tienden a ser suprimidos en el siglo IV (las comunidades de nestorianos los mantienen hasta el siglo XIII).

3.  Presbítero: A este grado se accede, según el Concilio de Cartago entre los 30 y los 35 años, es en principio, un auxiliar del obispo, pero las bajas de los obispos y la extensión del cristianismo hace que tengan unas atribuciones tan amplias que en el siglo IV a veces se confunden con los obispos. Al presbítero se le verá al frente de las parroquias. Desde la época de León I, aparece la figura del Archiprester o Arcipreste como presbítero de mayor categoría.

4.  Diácono: O servidor. Es una figura que tienen las Iglesias diocesanas en número de siete, se ocupan de administrar los bienes, de administrar la Eucaristía y de la formación del “clero inferior”. El Archidiácono será  el de mayor categoría. San Pablo hace referencia a la “diaconisa”, es un cuerpo auxiliar para la administración y la catequesis, pero es una figura que tiende a desaparecer en época temprana

2)  Órdenes Menores: Existen desde el siglo II, pero varían mucho de unos lugares a otros.

1.  Subdiáconos: Auxiliares de los diáconos.

2.  Acólitos: Auxiliares de los subdiáconos.

3.  Exorcistas.

4.  Lectores: Encargados de leer en público.

5.  Porteros, catequistas, etc.

4.2.- PROVINCIAS DIÓCESIS Y PARROQUIAS

Bajo los reyes germánicos, la diócesis sigue siendo la división territorial esencial, siendo el obispo la figura principal. Las capitales de provincias civiles romanas, permiten al obispo de esa capital arrogarse el título de metropolitano. Las divisiones territoriales, a raíz de las migraciones germánicas, sufrieron alteraciones: desaparecieron ciudades importantes (Cartagena), mientras que otras que perdieron su población y se redujeron al tamaño de un villorrio, siguieron teniendo la consideración de ciudad porque el obispo correspondiente permaneció en ellas. No obstante, quedaron muchas plazas vacantes.

La instalación de los pueblos germánicos permitió la celebración de numerosos Concilios no ecuménicos (en Francia en Orleans, en España los Concilios de Toledo), que reúnen a los obispos de un reino. Factores políticos promueven a ciudades como Toledo a ser sedes primadas.

La extracción aristocrática de los obispos, parece bien documentada, aunque los monasterios también serían otro de los viveros (Cesáreo de Arlés era un monje del monasterio de Lerin). Leandro e Isidoro tienen franjas de coincidencia con los ideales monacales. Puede hablarse incluso de dinastías de obispos, Ej. en Sevilla Leandro Þ Isidoro.

Hasta aquí, hemos hablado de un cristianismo ubicado en las ciudades, cuando hablamos de un cristianismo que va más allá del ámbito urbano, hablamos del cristianismo que llega a las masas rurales, donde el obispo de la diócesis no llega con facilidad. En el medio campesino y en los barrios de las ciudades, aparecen iglesias propias. Parroquias que se adaptan al tipo social de la vicus (aldea), de las villas o de los suburbios d las ciudades.

La palabra parroquia se usa para designar distintas realidades:

*    Conjunto de personas bautizadas en una iglesia.

*    Duby ha dicho que la parroquia es el más vivo de los espacios rurales (pero se refiere a la Plena Edad Media).

*    La parroquia también se utiliza para designar la diócesis.

*    En Inglaterra, la parroquia es  el terreno de un monasterio.

*    Nosotros utilizamos el término parroquia  como la forma más elemental de encuadramiento de fieles.

¿Como fueron surgiendo las parroquias rurales o las iglesias propias? Hay una polémica entre dos historiadores:

*    Para Stuzt la creación de las iglesias en el medio campesino, está dentro del ámbito de una idea indoeuropea, la función del padre-sacerdote que estimularía a los “señores” terratenientes construir un templo para uso común.

*    Imbart de la Tour dice que la parroquia es el producto del compromiso de los propietarios de instalar iglesias para erradicar el paganismo.

Esta idea provoca una subordinación del sacerdote al dueño de la tierra. La jerarquía eclesiástica urbana, por su parte, intento, además de promover la construcción de estas iglesias, que todas ellas sean aterritoriales y acaben dependiendo del obispo que elegirá al titular o, que al menos, tenga una función de vigilancia sobre ellas.

Los decuratores, presbíteros, etc. tienen las mismas funciones y disponen de una serie de recursos:

*    La dotación de los fundadores.

*    Los diezmos y primicias.

*    Los donativos por “servicios”.

*    Las abluciones.

Estos ingresos explican los intentos de “protección” y de rapiña que sobre las parroquias ejercieron los propietarios laicos. Las disposiciones conciliares trataron, no siempre con éxito de reglamentar los derechos respectivos.

4.3.- EL LAICADO: PROTOTIPOS Y CUALIDADES IDEALES

Los ministros de la Iglesia acabaron ejerciendo el monopolio de las acciones litúrgicas mayores, separándose cada vez más  de la gran masa de fieles que perdieron las atribuciones que se cree tenían al comienzo del cristianismo. Roma en el siglo V tenía siete diáconos y 25 iglesias parroquiales que recibían el nombre de “tituli”, cada una de ellas llevaba el nombre de su fundador y una serie de capillas, habría un total de cien curas, para una población que oscilaría en torno a los 50.000 hbs.

La masa de fieles incluía a todo aquel que siendo cristiano no tenía ni funciones mayores, ni funciones menores. Dentro de esa masa de fieles, destacan algunas personas por sus especiales características:

*    Carismática: Personas con sabiduría, fe, y otras virtudes. Actualmente ya no se piensa que los carismas son tan necesarios como en los primeros tiempos.

*    Viudas: Muchas veces equiparadas a las vírgenes.

*    Catecúmenos: Son fieles potenciales que se preparan para recibir el bautismo. La preparación duraba tres años que se podían prorrogar. A partir del siglo V se tiende a bautizar inmediatamente y el catecumenado se suple por la catequesis.

Los sacramentos que más fundamentalmente se practican entre la masa de fieles son el del matrimonio y el de la penitencia:

1)Matrimonio: Está considerado como el estado por excelencia de los laicos. Hablar de la historia del matrimonio en la Iglesia, está condicionado por la tradición romana:

Los esponsales constituyen un compromiso de futuro, la Iglesia condenaba a penas severas a quién los incumplía. Gaudemet dice que la bendición de esponsales se pierde en la Alta Edad Media y sólo se recupera a partir del siglo XII.

La indivisibilidad del matrimonio choca con la tradición romana. Mateo Cap. 5 v. 31-32 habla del adulterio como causa de la ruptura del vínculo. San Pablo a los Corintios Cap. 7 v. 8-15, habla de una disolución del vínculo en matrimonios de religión mixta “si la vida se hace imposible”.

En Roma la Iglesia contempla:

*    Iustum matrimonium: O matrimonio legítimo. Ya nos habla de él desde el siglo III Ulpiano, como la conjunción de marido y mujer.

*    Contubernio: Es la unión entre esclavos o esclavo y libre a la que no se daba categoría de matrimonio.

*    Concubinato: Era una unión libre, respetable e incluso duradera. La intención de los cónyuges es la que da respetabilidad a esta unión. Constantino fue fruto del concubinato de Constancio Cloro y Elena.

El I Concilio de Toledo propone que se tenga esposa o concubina, pero no ambas a la vez. La Iglesia tratará de que se convierta el concubinato en matrimonio legítimo. También se va evolucionando en ciertos impedimentos que se ponían al matrimonio o en los límites de edad para contraerlo. El tema de las segundas nupcias acaba siendo admitido, con más amplitud en Occidente que en Oriente.

2)Penitencia: El bautismo limpia de los pecados, pero el sacramento de la reconciliación es la penitencia. En la transición a la Iglesia medieval hay que destacar dos etapas:

1.  Penitencia oficial, canónica o pública: Sería la única hasta el siglo V. La severidad de las penas y el carácter infamante de algunas penitencias, hacía que el cristiano esperase hasta el último momento de su vida. Si no fuera así, al penitente se le reconcilia mediante la imposición de las manos para darle la absolución que siempre será posterior al cumplimiento de la penitencia.

2.  Penitencia privada: Se dará a partir del siglo VI y será popularizada en el continente por los monjes celtas. Las penitencias que se hacían cumplir se pueden seguir a través de los “libros penitenciales” que establecen una “tarifación de penas” de acuerdo con la gravedad de los pecados. En este tipo de penitencia han querido verse también influencias germánicas inspiradas en el “wergeld” que era una tarifación en dinero por la comisión de delitos. La penitencia pública a partir del siglo VI quedaba para las faltas más graves.

Otra de las prácticas habituales de la Iglesia en relación con la masa de fieles fue la de la “cristianización de las prácticas paganas”. La religión culta era propia de las minorías, el derrumbe de la administración romana produjo una unificación de las prácticas religiosas inferiores.

*    Las supersticiones sobrevivieron al paganismo dentro del cristianismo y llegarán más allá del año 1000. La supresión de ciertas prácticas paganas sólo sería ordenada por la Iglesia en casos límite, las luchas de gladiadores continuaron en Roma más allá del 400.

*    El desarrollo del cristianismo popular pasó por la creación de conceptos paradigmáticos asequibles por las masas populares:

*    La idea de Dios, potencia de Dios único que sustituye a todas las divinidades.

*    El Dios de los cristianos como Dios victorioso.

*    Los milagros que hace el Dios de los cristianos donde los dioses paganos han fracasado.

*    Las divinidades menores del mundo pagano acaban siendo sustituidas por los santos.

*    A medida que el paganismo retrocede, el cristianismo va perfeccionando una demonología y una angelología.

*    La “ordalía” o juicio de Dios es una transposición de la tradición germana a la cristiandad.

*    Los templos paganos: Gregorio Magno dijo a los evangelizadores de Inglaterra que más que destruir los templos paganos tratasen de cristianizarlos.

*    Se producen bendiciones de tierras.

*    Para convertir a los germanos se les presenta la relación de Cristo con sus apóstoles como una relación de rey y vasallos.

*    reliquias, encantamientos, labor catequética para convertir a los paganos.

*    Desarrollo de la hagiografía: Actas de los mártires, vida de San Antonio Abad, vida de San Martín de Tours, San Isidoro escribe De Viris Ilustribus”. Los santos por excelencia son los mártires, después los confesores, los ascetas y, sobre todo, una figura de enorme éxito: el obispo de la ciudad, cuando la haya prestado algún servicio, y que suele proceder de las familias más selectas.

*    La propia Historia Eclesiástica: O Historia a secas, ya que las Historias que se escriben en esos momentos son Historias Eclesiásticas.

TEMA 5   LA CRISIS ICONOCLASTA

5.1.- GÉNESIS DE LA QUERELLA DE LAS IMÁGENES

Hablar de debate en torno al culto a las imágenes es hablar de una cuestión cuya raíz está en los orígenes del cristianismo.

Desde el primer momento, las posiciones van a estar encontradas. El hecho de que hubiera representaciones en las catacumbas demuestran que había una temprana veneración por las imágenes, pero en doctores como Ireneo, Orígenes, Eusebio de Cesarea y varios más se encuentran declaraciones de tipo iconoclasta. San Gregorio de Nisa, por su parte, consideraba que el culto a las imágenes era útil siempre que fuera dentro de un orden. a lo largo de los siglos VI y VII, hay un progreso en el culto a los iconos, atribuyéndoseles cualidades milagreras, aunque seguía habiendo regiones que mantenían su discrepancia.

En Occidente se podía decir algo similar. En el canon 36 del Concilio de Elvira se prohibe la representación en paredes, etc.

No existía una doctrina establecida, se va perfilando una casuística que dice que a Dios se le practica un culto supremo o “Culto de la Tría”, a los santos uno de segunda “culto de dulía”. Junto a estos cultos, existiría el tipo de respeto o reverencia que es el que se debe a las imágenes, siempre y cuando no sea a la materia sino a la persona que representan.

Hay otros factores que enrarecen la polémica: la influencia que pudieran tener las religiones de carácter anicónico, la judía y el Islam. Puede que se diera alguna influencia, sobre todo cuando el califa de Damasco prohibió las imágenes dentro de su Imperio y especialmente sobre la Iglesia de Damasco.

5.2.- EVOLUCIÓN DEL CONFLICTO EN ORIENTE

Con León III (717-741) de la dinastía Isáurica, se va a iniciar un verdadero ataque contra las imágenes. En 727, la retirada de una imagen del palacio imperial dio lugar a un tumulto. Desde entonces, se tomaron medidas muy tajantes, incluso contra la opinión del patriarca de Constantinopla Germán y, por supuesto, del papa. a sus quejas contesta león III con el escrito “Soy emperador y sacerdote”, alegato a favor del cesaropapismo.

La figura más sobresaliente en la defensa de las imágenes en San Juan Damasceno, para él, el Dios encarnado hace posible la representación al haber adquirido una forma humana, la excesiva “espiritualización” que defendían los iconoclastas significaba la repugnancia que sentían por la humanidad de Cristo. Las imágenes, en la mentalidad de los iconódulos eran manifestaciones dinámicas de la espiritualidad de los hombres. Las imágenes y los hombres no son idénticos, pero podían ser asimilables por hipóstasis.

Constantino V (741-775), lleva los postulados iconoclastas hasta sus últimas consecuencias, negando los principios de intermediación de María, de los santos y de cualquier representación de Cristo. El emperador convocó en 754 el Concilio de Hierea que reunió a 382 padres pero sin representación occidental. Se condenan en él todas las representaciones iconográficas y, mediante el Edicto de Hores se condena a todos los defensores de las imágenes. El clero secular se plegó a los deseos de Constantino V, pero los monasterios se mostraron partidarios de las imágenes por lo que sufrieron despojos diversos. La muerte en 775 de Constantino V supuso un relajamiento de la hostilidad, incluso se fundan monasterios importantes como el monasterio de Sacundio.

La emperatriz Irene (797-802), en 782 y en calidad de regente de Constantino VI, convoca el II Concilio de Nicea, a instancias del patriarca de Constantinopla y del papa Adriano I, con la presencia de legados pontificios. Al final de las sesiones se adopta la línea proclamada por San Juan Damasceno: veneración y respeto a las imágenes y otros símbolos. Será éste el VII Concilio ecuménico, y último de Oriente. Sin embargo, este Concilio no abre una etapa de paz religiosa porque el partido de los monjes quería que los cánones conciliares se aplicasen más enérgicamente.

Con León V (813-820) vuelve a reabrirse el problema de las imágenes, el alma de la defensa iconódula será ahora Teodoro de Studio quién mantiene que “al evangelio de oír debe unirse el evangelio de contemplar”.

La emperatriz Teodora, viuda de Teófilo de la dinastía frigia, renueva en 842 los cánones de Nicea, y la Iglesia de Oriente da por zanjado el tema.

La querella de las investiduras tiene otros componentes. Se ha dicho que la iconoclastia sería una postura de la parte oriental del Imperio Bizantino, mientras que la iconodulia lo sería de la parte occidental del mismo. Esto parece una simplificación, san Juan Damasceno era iconódulo, por ejemplo. También se ha dicho que el ejército tenía posturas iconoclastas, pero no estaba a favor de esta postura en forma monolítica, sí es cierto, que en las zonas donde había peligro de invasión, se mantenían posturas iconoclastas

En este conflicto destaca la rebelión de Tomás el eslavo que llegó hasta las puertas de Constantinopla, liderando a una tropa de desheredados y lanzando proclamas iconódulas.

5.3.- VINCULACIONES EXTRADOCTRINALES DE LA POLÉMICA Y SU INCIDENCIA EN OCCIDENTE

Roma, con los papas al frente, mantiene una postura abierta en favor de las imágenes. El papa Adriano I anima a la emperatriz Irene a llevar adelante su política. El papa Gregorio III fue despojado de las rentas  del sur de Italia y de Sicilia y de las diócesis de Iliria por el emperador de Constantinopla por su defensa de las imágenes. La respuesta de los papas fue buscarse otros protectores, los francos, no sólo contra los emperadores bizantinos, sino también contra los lombardos y sus planes de unificación de Italia.

En 794, los “Libri Carolini” y el Concilio de Frankfurt, fueron los intentos de definir el culto a las imágenes a la manera occidental. La deleznable traducción de las actas del Concilio II de Nicea, había hecho creer a los francos que la Iglesia Oriental “había caído en la idolatría”. “Las imágenes sirven para decorar las iglesias y para recordar los hechos sagrados, no para venerarlas”, estas son las conclusiones de los “Libri Carolini” y del Concilio de Frankfurt.

En Occidente, en tiempos de Ludovico Pío (814-840), el obispo Claudio de Turín (814-820), proscribió el culto a las imágenes e incluso a la cruz con argumentos un tanto peregrinos.

Desde el punto de vista artístico, se produjo no sólo una enorme pérdida de producción artística, sino además dos formas de entender el arte: la plástica y la sensorial. En Oriente desaparece la escultura, mientras que tras el Concilio de Nicea se produjo una superproducción de imágenes.

La iconoclastia enfrenta a emperadores que se vieron apoyados por el clero secular y al ejército, mientras que los monasterios eran defensores de las imágenes; hay que tener en cuenta que los monasterios eran muy ricos y retiraban mano de obra útil para el campo o para el ejército, demás, no pagaban impuestos. La lucha contra las imágenes era una manera de privar a los monasterios de un valiosísimo medio de comunicación social.

Después de Nicea II, quedan dos partidos: el partido moderado de Metodio, y el de los estuditas, más exacerbados y que serán los que se impongan, llevando incluso a uno de sus monjes, Ignacio, al patriarcado de Constantinopla. El excesivo ensoberbiamiento de los monjes tras su victoria, no fue a la larga, beneficioso para ellos.

TEMA 6   IGLESIA E IMPERIO EN LA EUROPA CAROLINGIA

6.1.- DE LA ENTRONIZACIÓN DE LOS CAROLINGIOS A LA RESTAURACIÓN DEL 800

Frente a la doble presión bizantina y lombarda, la esperanza de los papas estaba en los francos. El ascenso de los carolingios se inicia en 732, año en que se produce la batalla de Poitiers que significaba la victoria de Carlos Martel sobre los musulmanes que atacaban desde territorio hispánico. Dennis de Rougemont, dice que en ese año se produce el nacimiento de Europa.

En el año 751, Pipino el Breve destronaba al último rey merovingio, Childerico III y se erige en rey de los francos y entronizador de la dinastía carolingia. por su apoyo al papa recibe el título de “patricio de los romanos”. Se inicia una etapa de complicidad entre carolingios y papado. hay una compensación en esta complicidad, la llamada “falsa donación de Constantino”, documento que se elaboró en la cancillería pontificia, siguiendo la leyenda de San Silvestre, según la cual, Constantino habría donado al papa Silvestre Italia, Roma y todo el Occidente antes de partir para Oriente. Pipino el Breve va a dar el visto bueno al documento como compensación al apoyo papal a su usurpación. Pipino donará al Pontificado todos los territorios de Italia Central con la ciudad de Rávena, arrebatados a los lombardos.

El tercer momento sería la anexión del reino lombardo al reino franco. En 774 Carlos será “rey de los lombardos, rey de los francos y patricio de los romanos”. En el año 779, una carta de Alcuino de York  a Carlomagno, habla de la existencia de tres poderes en la cristiandad: el del papa, el del emperador de Bizancio y el del rey de los francos. El papa está atravesando una situación doméstica difícil, Bizancio está bajo los efectos de la querella iconoclasta luego “sólo el rey de los francos está en condiciones de convertirse en guía de los que han errado, consuelo de los afligidos, etc..”.

6.2.- ESTRUCTURAS ESPIRITUALES Y TEMPORALES DE LA EUROPA DEL MOMENTO

La coronación de Carlomagno en la Navidad del año 800, ha sido conocida como la “Renovatio Imperii” . según Robert Folz, la base legal para esa coronación era el poder cuasi-imperial que Carlomagno ejercía sobre la Iglesia de Occidente en base a tres realidades:

1. Una realeza de prestigio.

2. Rango casi imperial de Carlos.

3. La tradición constantiniana, que el papa León III se había esforzado en dirigir hacia el monarca.

Las fuentes en que nos basamos a la hora de investigar el acontecimiento son las siguientes:

a)  Los anales reales: Nos muestran al papa adorando al emperador tras haber sido aclamado por el pueblo romano

b)  Los anales de Lorsh (monasterio alemán): Dejan toda la iniciativa al papa limitándose Carlos a asentir.

c)  El Liber Pontificalis: También deja toda la iniciativa al papa.

d)  Eginardo, biógrafo de Carlomagno: Nos dice que la iniciativa fue del papa, causando sorpresa e indignación en Carlos.

Según Ferdinand Lot, la iniciativa papal sorprendió a Carlomagno, pero es una opinión defendida en solitario. Luis Alphen y Monseñor Arquilliere, rechazan la idea de la sorpresa de Carlomagno y dudan de que el papa tuviera una visión clara de los hechos y, en todo caso, estarían previamente pactados mediante una entrevista entre el papa y el emperador en Padertorn.

Se nos habla de que el papa estaba atravesando por dificultades en Roma, y Carlomagno le sacaría del apuro pero obligándole a confesar la inocencia de los delitos por los que estaba acusado. León III decidió  desempeñar un papel relevante, probablemente más de lo que el propio Carlomagno hubiera querido, sentando un precedente peligroso entre el “Regnum” y el “Sacerdocium” que hacía necesario para que alguien fuese considerado emperador, la autorización papal.

Carlos era ante todo un germano, y no era muy consciente de lo que suponía una corona imperial. Entre los germanos no había ninguna palabra que equivaliese a Imperio, sólo tenían la palabra “Richi” (que luego derivaría a Reich). Cabe pensar, por tanto, que los “bruñidores” de la intriga serían los consejeros que rodeaban a Carlos, concretamente Alcuino de York que ya tenía un modelo en los Gretwalda (el rey más poderoso de la heptarquía inglesa). Alcuino de York planearía un Imperio cristiano adscrito a la monarquía franca. Algunos autores piensan, que en la trama, habría más personajes, aparte de Alcuino: Arno de Salsburgo, Teodulfo de Orleans, Riculfo, obispo de Maguncia, etc. Roberto López viene a decir, que la Renovatio Imperii fue obra de los intelectuales del llamado “Renacimiento Carolíngio” que no se resignaban a que la capital del Imperio estuviese en Constantinopla.

Roma era súbdita del Imperio bizantino, el sur de Italia era territorio bizantino, el papa León III era un griego del sur de Italia y, según Alain Guillón, en la coronación de Carlomagno, hubo elementos bizantinos. esta teoría no parece que pueda sostenerse. Había que pensar que la coronación de Carlomagno supuso una ofensa al Imperio bizantino. a favor de Carlomagno contaban algunas bazas: la querella de las investiduras había debilitado a los bizantinos y en Occidente se había realizado el Concilio de Frankfurt.

No se trataba de trasladar a Carlomagno a Roma, Fitchenan dice que para Carlos la dignidad real seguía siendo el fundamento de la monarquía (de hecho enseguida dejo de llamarse emperador), prueba de la escasa idea de Imperio que tenía Carlomagno, es que en 806, procede a la Divisio Regnorum. La unidad del Imperio se conservó gracias a que sólo le sobrevivió un hijo, Ludovico Pío.

6.3.- LA “DILATATIO CHRISTIANITATIS” COMO EXPANSIÓN Y DEFENSA DE LA FE

Los consejeros de Carlomagno tenían muy claro que el fin del Imperio era la propagación de la fe entre los paganos, lo que suponía su previa dominación. las ideas sacralizadoras son:

*    La unción real: Llevada ya a cabo por San Bonifacio sobre Pipino y sus hijos, aunque ya había habido unción de reyes en la Hispania visigoda.

*    La coincidencia entre la acción política carolingia y los creyentes, se empieza a hablar de los francos como del nuevo pueblo de Israel.

*    Exhortaciones para que haga brillar la justicia como un nuevo Salomón.

*    La liturgia carolingia con paralelos a la del viejo pueblo de Israel

*    El agustinismo político: Convertir el Imperio en una especie de transcripción de “La Ciudad de Dios” en la tierra. El papel de Carlos sería un papel tan sacerdotal como político. Los consejeros habían visto en “La Ciudad de Dios” un tratado político, y Carlos debía arrogarse las acciones encaminadas al bien común.

En 796 Carlomagno le manda una carta a León III, en la que dice que le corresponde “transmitir la fe católica y expandirla e incrementar el conocimiento de la fe católica… y al papa sólo rezar” ¡que distinta de la carta del papa Gelasio al emperador Anastasio de Constantinopla!. Otto von Gierke dijo que la sociedad carolingia rechazaba la dualidad Iglesia-Estado y propugnaba una idea más amplia en que las dimensiones política y religiosa debían colaborar por una misma sociedad.

Hasta la muerte de Carlos en 814, nadie se atreve a discutir la legitimidad de los papeles que está desempeñando. La situación cambia con los herederos de Carlomagno. Bajo Luis el Piadoso (Ludovico Pío), aparecen algunos reformadores como Benito de Aniano y Abogardo de Lyon que tratan de dignificar la función imperial. Luis el Piadoso es mucho mas culto que su padre y más respetuoso con el pontificado, pero desde el punto de vista político es mucho más débil. En el año 817 reconoce la integridad del “patrimonium Petri” y renuncia a participar en la elección del papa.

El imperio no sólo se deteriora por la debilidad de Luis el Piadoso y el carácter levantisco de sus hijos, sino por la actitud de la Iglesia que pretende hacer del Imperio un organismo territorial más amplio, por encima de la diversidad de los territorios que lo componen. Se trata del enfrentamiento entre el “romanista” concepto de Imperium como algo indivisible frente al “germánico” de regnum de carácter patrimonialista. Los eclesiásticos imponen en 817 la “Ordinatio Imperii” que Ludovico debía transmitir íntegra a su hijo Lotario aunque se pudieran crear unos pequeños reinos vasallos en Baviera y en Aquitania para sus otros hijos.

Jonás de Orleans decía en 831 que el poder temporal se justificaba para imponer el poder espiritual donde éste no pudiera hacerse oír.

Dentro del Imperio de Carlomagno, hay que tener en cuenta los particularismos, los Juramentos de Estrasburgo de Carlos el Calvo y Luis el Germánico contra su hermano están escritos en lengua neolatina y lengua alemana, lo que da una clara idea de que incluso la lengua ya no es común.

En 843, el Tratado de Verdún, procede a la división del Imperio carolíngio con un título imperial que mantiene Lotario en la Lotaringia vacío de contenido, es la antítesis de la Ordinatio Imperii.

La idea imperial la sigue manteniendo “hibernada” el alto clero. Un Imperio que es romano pero en el que este concepto empieza a competir con el de cristiano, se consideraba más heredero de Constantino que de Augusto.

Al margen de que Carlomagno se tomase al pie de la letra “La Ciudad de Dios”, o no, la Dilatatio Regni sólo se justificaba en tanto en cuanto fuese también Dilatatio Christianitatis. La labor de evangelización de las nuevas tierras conquistadas viene de San Bonifacio[51] (Winifrido), nacido en Wessex y educado en medios monásticos, que hace la peregrinatio al continente. En 719 tiene una entrevista con Gregorio II quien le encarga “la evangelización de las gentes paganas”. La labor de San Bonifacio está marcada por distintas etapas:

1.  719-724: Viaje de Bonifacio por Lombardía, Baviera, Turíngia, Sajonia, y Hesse donde funda un monasterio y logra la primera conversión masiva y la protección de Carlos Martel.

2.  724-737: Turingia: con objeto de regenerar el clero. San Bonifacio nos da la idea de ser un reformador y un organizador. Aquí cuenta con compañeros que proceden d Inglaterra. En 732, San Bonifacio recibe el Palium arzobispal que le permite organizar la Iglesia en el corazón de Germania.

3.  737-741: Una nueva visita a Roma, restauración de la vida eclesiástica en Baviera y establecimiento de varias sedes obispales entre las que destacan las de Ratisbona y Salzsburgo.

4.  741-747: San Bonifacio recibe la protección de Pipino el Breve, es una fase de reforma en los viejos territorios. Concilio de Austrasia y Renania, nuevas diócesis, relación de viejas  prácticas paganas para su erradicación. Fundación del monasterio de Fulda.

5.  747-751: La restauración de la jerarquía eclesiástica y la evangelización se alternan.

Los últimos momentos de la vida de San Bonifacio son para restaurar la sede de Utrech. San Bonifacio muere en 752.

Si se habla de Dilatatio Christianitatis, estamos hablando de la conquista y evangelización de Sajonia, en la que hubo campañas como la “matanza de Werther” y en la que la violencia cuenta más que la persuasión. El paganismo era seña de identidad del mundo sajón y las rebeliones sajonas coincidieron con momentos de debilidad en el reinado de Carlomagno.

Coincidiendo con el sometimiento de uno de los caudillos de la rebelión sajona, Widukindo, Carlomagno emite una capitular terrible en la que demuestra que la implantación administrativa del cristianismo en Sajonia, aparte de penas capitales, exige nuevas sedes episcopales como Bremen, etc… y Hamburgo, aunque ésta no todavía como diócesis.

Otra evangelización se dirigió hacia los avaros a cargo del arzobispo Arno de Salzsburgo. Otra hacia la Europa nórdica , hacia Dinamarca y los países bálticos, pero estos primeros intentos no llegaron a cuajar.

El “adopcionismo” en Hispania fue un motivo de preocupación para el mundo carolíngio, orgulloso, por otra parte, de la ausencia de herejías al contrario que en Oriente.

TEMA 7   EL RENACIMIENTO CAROLINGIO

7.0.- CONSIDERACIONES AL CONCEPTO DE RENACIMIENTO

Georgio Vesari dejó unas importantes biografías de artistas incluyéndolos en el período renacentista, a partir de la figura de Giotto, en contraste con los artistas anteriores definidos como “góticos” en el concepto más peyorativo de la palabra. Igualmente, Pierre Bayle, autor del siglo XVIII, tendrá también un concepto de Renacimiento, aplicado a las letras, también como opuesto a la barbarie de los hombres de la Edad Media. Paralelamente, y en esta línea, surge el concepto de Humanismo como corriente que agrupa a todos aquellos que cultivan las letras humanas.

Tradicionalmente se ha identificado de una manera simplista al Renacimiento como una corriente de admiración y de recuperación de las artes de la época Clásica. Es una definición, además, restringida cronológicamente, pues sólo se aplica a los intelectuales a partir de la segunda mitad del siglo XV.

Sin embargo, y dentro de ésta línea, podríamos hablar no de un solo Renacimiento, sino de varios, anteriores al tradicionalmente considerado, así, podríamos hablar de :

*    Un Renacimiento Isidoriano en España.

*    Un Renacimiento Ostrogodo en Italia.

*    Un Renacimiento Northumbriano en Inglaterra.

*    Un Renacimiento Vándalo

*    Un Renacimiento Carolingio

*    Un Renacimiento Otoniano.

Renacimientos en plural y en oposición al Renacimiento único conocido en el ámbito europeo.

7.1.- LAS BASES DEL NUEVO MAPA CULTURAL DE EUROPA

Del Renacimiento Carolingio se empieza a hablar desde el momento en que Filipo Médicis, embajador de Florencia en París, al presentarse como tal en 1461, puso énfasis en los méritos culturales que habían rodeado a Carlomagno. En 1840, Jean Jacques Amper, utilizaba ya el término Renacimiento para referirse al ámbito cultural de la Europa del año 800.

La polémica se centra en la procedencia o no del término Renacimiento a este ámbito, y, naturalmente, hay dos tendencias manifestadas al respecto:

1.  A favor del término Renacimiento:

a)  Boussard: Quien considera incluso que Carlomagno es consciente de estar regenerando la cultura, lo que se manifiesta en el documento “Admonitio Generalis” de 789 en que se expresa el deseo de restaurar la enseñanza de las letras, frente a la negligencia de los monarcas anteriores, negligencia que ya había sido denunciada por intelectuales anteriores como San Bonifacio.

b)  H. Fichtenau: Dice que algún autor de la época como Walafrido Estrabón, escribía que en la época de Carlomagno “se salió de las tinieblas para entrar en la luz”.

c)  Robert Folz: Piensa que hay pruebas irrefutables del interés que en época de Carlomagno existía por los libros clásicos

Esta idea de Renacimiento estaría íntimamente ligada a la idea de “Renovatio Imperii”, el Renacimiento cultural estaría llevado a cabo por los ideólogos  de la renovación imperial.

2. En contra del término Renacimiento:

a)  Pierre Riché: Dice que hablar de Renacimiento Carolingio sería hablar de una convergencia de pre-renacimientos anteriores que se habrían producido en la España de los visigodos, en la Italia de los ostrogodos, en la Northumbria de los anglosajones. Desde el punto de vista artístico, la capilla palatina de Aquisgrán es un reflejo de la basílica de Constantinopla, aconsejada su realización por gentes de otros ámbitos. El traslado de la biblioteca de Alcuino de York a Francia es otra muestra del traslado de los movimientos culturales de la periferia al centro.

Este movimiento cultural aspiraba a tener ínfulas universales, afectando a toda la sociedad del momento a través de varios círculos:

1.  Círculo palatino: Creando la escuela palatina para educar a los jóvenes en las letras y en las armas.

2.  Círculo de clérigos y monjes: Se materializa en el proyecto de reforma emprendido después de morir el emperador por Benito de Aniano, para elevar el nivel cultural de clérigos y monjes en 817, aunque la muerte de éste en 821, impidió que sus planes se llevaran a la práctica.

3.  Círculo del resto de la sociedad: Se vera afectado por uno de los artículos de la “Admonitio Generalis” de 789, que ordena que todos los monasterios y sedes episcopales tengan escuelas y “libros cuidadosamente corregidos”, lo que ha llevado a Schram a hablar de la corrección gramatical como estandarte de la renovación cultural carolingia.

Los resultados de todos estos propósitos conducen a que hablar de Renacimiento Carolingio sea hablar de un movimiento que se dirige a la formación de los funcionarios y de los cuadros eclesiásticos. Los laicos, según Le Goff, verían en el un medio de delectación estética y un elemento de prestigio.

La pobreza de medios que se pusieron en juego en esta renovación cultural, nos viene referida por los propios autores, el propio Eginardo, al enumerar las virtudes de Carlomagno, nos dice que no llegó a saber escribir. Las instituciones culturales también dejaban mucho que desear:

*    La Academia Palatina sería un conjunto de reuniones temporales donde se harían disquisiciones eruditas sobre temas que hoy consideramos banales.

*    La Escuela Palatina sería, asimismo, una serie de reuniones informales.

Si hablar de Renacimiento es hablar de la recuperación de la cultura clásica, podemos decir que respecto a la cultura romana algo se consigue, el corte con la cultura griega es radical. Después de morir Carlomagno, en 827 el Basileus Miguel II, envió a Ludovico Pío una obra de Dionisio areopagita, esta obra fue traducida al latín por el abad de Saint Dennis, y la traducción es tan mala, que nos da una idea de desconocimiento que del griego había, posteriormente volvió a ser traducida por Escoto Erígena con mayor calidad.

Los medios materiales de Occidente son bastante pobres. Pierre Riché  ha llevado a cabo un estudio de las bibliotecas altomedievales y ha llegado a la conclusión de que en Colonia había sólo 50 títulos, mientras que en la biblioteca más numerosa, la del monasterio de Reichenau, habría unos 500 en total.

Otro elemento negativo de esta renovación cultural es la escasa originalidad de los autores, incluso de los más relevantes, así, Alcuino de York, en su “De anima naturae” repite ideas de San Agustín, el abad del monasterio de Fulda, en “De Universo”, copia a San Isidoro. Cuando Alcuino de York habla de su idea cultural para el Imperio, haba de una “Atenas de Cristo”. Escoto Erígena dice que la verdadera filosofía es la verdadera religión, y la verdadera religión es la verdadera filosofía.

El Renacimiento carolingio “cierra el círculo de la clericalización de la cultura”, son los letrados, los que conocen el latín, los laicos son iletrados, desconocen el latín y, por tanto, no escriben.

3.  Posición de síntesis “Mapa del Renacimiento carolingio: A pesar de todo, el Renacimiento Carolingio logró culminar el diseño del mapa cultural de Europa. A costa de un cierto alejamiento del Mediterráneo, al igual que sucedió con la vida política y económica, los más importantes focos basculan hacia el norte: Aquisgrán, Tours, Orleans, los nuevos grandes monasterios como Fulda, Corvey, Reichenau, etc. fueron capaces de sobrellevar las mayores dificultades y convertirse en importantes sedes de la Europa cultural. Por regiones, como manifiesta Ph. Wolff cobrarán importancia la Francia del noreste, la zona del Rin, la zona de Retia, en Italia Bobbio y Roma, Montecasino sufre un cierto eclipse. La Galia meridional es una zona en decadencia.

Algunos autores han hablado de dos momentos en el Renacimiento Carolingio: el primero estaría marcado por las preocupaciones gramaticales y estaría representado por la figura de Alcuino de York, mientras que el segundo estaría marcado por las preocupaciones ideológicas y por las inquietudes teológicas y las discrepancias y estaría representado por la figura de Escoto Erígena. Esta clasificación tiene el fallo de que la primera etapa también tuvo sus problemas teológicos entre los que cabe destacar “el adopcionismo”. Quizás sería más oportuno hablar, como Jean de Chelini de tres momentos:

1.  La generación de los maestros: Con Alcuino de York como principal figura.

2.  La generación de los discípulos: con Eginardo.

3.  Las últimas figuras: Es la más vibrante y su principal representante es Escoto Erígena.

7.2.- LA GENERACIÓN DE ALCUINO DE YORK

En la etapa definida como la generación de los maestros, las figuras vienen de fuera del mundo franco; es la época del lombardo Paulo Diácono (720-799), trasladado a la corte de Aquisgrán y al que conocemos a través de su “Historia Longobardorum”. Es también la época de Alcuino de York[52] (730-806), un anglo, formado en los ambientes culturales promovidos por Beda el Venerable, desde el año 782 al 790 se dedica a la educación de Carlomagno, de 790 a 793 vuelve a Inglaterra y, en 793, vuelve al continente para combatir el adopcionismo, adscribiéndose definitivamente a la corte carolingia. Carlomagno le premia haciéndole abad laico de diversas abadías, en especial, la de san Martín de Tours.

Redacta un texto sobre las escrituras: “De animae ratione”, donde repite ideas de San Agustín y otro en que se nos habla de las siete artes liberales como de los siete dones del Espíritu Santo. Es uno de los grandes impulsores de la “Restauración imperial carolingia” , es el gran educador de Occidente cuya influencia se deja sentir en Fulda, Reichenau y cuya mano se deja sentir en la redacción de la “Admonitio Generalis” de Carlomagno en 789.

7.3.- LA ÉPOCA DE EGINARDO

La generación de los discípulos coincide con el gobierno de Luis el Piadoso. Se ha hablado de la figura de Eginardo[53], cuyo nacimiento debió producirse hacia 775. Conocemos su vida gracias al prólogo que Walafrido Estrabón realizó para la biografía de Carlomagno que el propio Eginardo realizó.

Educado en Fulda, participa en la escuela palatina en 796y el propio Alcuino de York le recomienda a Carlomagno y se casa con una noble, Inma.

Eginardo es estimado por los más grandes teólogos de la época, su carrera política empieza con Luis el Piadoso que le nombra abad laico (protector) de diversas abadías. En 817 se convierte en secretario de Luis el Piadoso y en preceptor de su hijo Lotario. En 829 el distanciamiento de Luis el Piadoso con sus hijos hace que sus relaciones con Eginardo se enfríen, y éste, acaba retirándose con su mujer a una abadía que él mismo había fundado.

De entre sus obras, “Pedro y  Marcelino…”, “Exaltación de la Cruz”, “Costumbres… de los Sajones”, cabe destacar su obra magna, la “Vita Caroli”, escrita hacia 830. En el prólogo nos dice que va a hablarnos de las hazañas bélicas de Carlomagno, pero lo más importante es que trata de poner como modelo al personaje, por lo que la obra puede considerarse dentro de la categoría de “espejo de príncipes”. Recoge los recuerdos personales de Eginardo a los que añade otras fuentes entre las que destaca los “Annales Regni Francorum”. Para la realización de esta biografía, toma como modelo literario a la “De Vita Caesarum” de Suetonio, y concretamente a la de Augusto, de la que toma hasta las enfermedades.

7.4.- LA ÚLTIMA ETAPA DEL RENACIMIENTO Y LA VIDA DE ESCOTO ERÍGENA

La tercera generación coincide con la etapa de descomposición del Imperio:

*    Es la tradición de Rabano Mauro (780-856), abad de Fulda y conocido como preceptor de la Germania, autor de la obra “De Universo”, basada en las “Etimologías” de San Isidoro.

*    Jonás de Orleans, autor de las obras “De Institutione Regia” y “De Institutione Laicalis”, la primera sería otra obra de la categoría “espejo de príncipes”.

*    Es la época de Walafrido Estrabón, preceptor de Carlos el Calvo, o de Nithard, historiador de la vida de los hijos de Luis el Piadoso.

*    La época de Hincmar de Reims, abad de Saint Dennis que llegó incluso a ser regente durante un viaje de Carlos el Calvo. Defensor de los derechos de los obispos metropolitanos, un gran defensor de la ortodoxia y que redactó varios tratados, el más importante, “De Ordine Palatii”, participará también en las disputas teológicas de la época.

*    Es la época del “predestinacionismo” cuyo defensor fue el monje Godescalco (+ 869), defensor de la doble predestinación (hacia la salvación o hacia la condenación). Godescalco negaba que la pasión de Cristo hubiera sido para otros que no fueran los previamente elegidos. La condena de Godescalco vino de la mano de Hincmar de Reims, de Rabano Mauro y de Juan Escoto Erígena.

*    Pascano Radverto (+ 865) lleva a cabo la primera gran disputa Eucarística de Occidente, conocida por el nombre del “realismo craso”. es época en que todavía no se ha definido la forma en que se produce la conversión del agua y el vino en la carne y la sangre de Cristo, cosa que no se hará hasta el siglo XIII con Santo Tomás y la transubstanciación. Para Pascano, en la Eucaristía está el Cristo histórico, en su verdadera carne y en su verdadera sangre. a favor de esta teoría se alinearon intelectuales como Hincmar de Reims o Guillermo de Aurillac que será más tarde el papa Silvestre II. En su contra se sitúa Retramno de Corbí que decía que la fe del receptor era la que convertía las especies en la carne y la sangre de Cristo.

La figura intelectual del periodo es, sin duda, Juan Escoto Erígena[54] que nace en Irlanda y llega a la corte de Carlos el Calvo en 847, es uno de los productos de la última hornada de intelectuales irlandeses venidos al continente. En 862 redacta algunas obras como “Comentarios sobre Marciano Capella”, “De Predestinatione” contra Godescalco en la que Escoto sostiene que la Eucaristía es un mero recuerdo de la última cena. Traduce el “Corpus Areopagitimum” de Dionisio areopagita. Gran traductor del griego aunque es un admirador de San Agustín, prefiere a los autores griegos.

Su obra más famosa es “De Divisione Nature”. En esta obra, Escoto Erígena da una visión del cristianismo a través del platonismo. El drama por el que la naturaleza humana se encamina a la salvación se resuelve en un proceso dialéctico: La naturaleza estaría dividida en cuatro partes: 1ª La que crea y no es creada; Dios, 2ª la que es creada y a su vez crea; las Ideas; 3ª la que es creada y no crea; seres sometidos a la generación de tiempo y de lugar; 4ª la que no crea y no es creada; Dios como fin último de todas las cosas. en el centro de esta filosofía se encuentra la naturaleza humana que conserva en lo más profundo de su ser una imagen de la trinidad divina. Toma la imagen del hombre como “microcosmos” cuya realidad visible será restaurada a través del conocimiento. Para conocer a Dios, el hombre debe empezar por conocerse a sí mismo, a través de una filosofía con un fuerte contenido religioso. El punto de partida sería la fe que supone que el cristiano pone pie en la roca de la certidumbre, el instrumento que permite progresar es la dialéctica o arte divino que el Creador ha puesto en el centro de las cosas. El progreso se inscribe en un movimiento de descenso que va del Creador a las criaturas y otro de ascenso por el que éstas retornan a Aquél. El intelecto, la razón y la memoria, grabados en el alma humana, verdadera imagen de Dios, permiten a la naturaleza humana, una vez convertida en puro espíritu, retornar totalmente a Dios.

A parte de estos medios divinos implícitos en la naturaleza humana, el hombre puede alcanzar la salvación por los medios visibles de Dios; las Escrituras y, sobre todo, el primer Verbo encarnado que ha realizado en sí mismo el modelo de ese retorno universal a la unidad. La humanidad habrá recorrido tres etapas:

*    La anterior a Cristo: El hombre sólo contaría con la razón.

*    La posterior a Cristo: A la razón se une la Revelación.

*    La celestial: Donde la razón y la fe serán sustituidas por la visión de Dios.

Cabría preguntarse si de esta filosofía no se desprende una predestinación sólo para la salvación. Esta implícita defensa de la salvación para todos hicieron de Escoto Erígena un hombre aislado y anatematizado. Con su muerte en 877 se cierra simbólicamente el Renacimiento Carolingio.

TEMA 8   INSTITUCIONES Y SOCIEDAD CRISTIANA EN LA EUROPA CAROLINGIA

8.1.- LOS PROYECTOS DE UNIFORMIDAD LITÚRGICO-CANÓNICA

El espíritu ordenancista de Carlomagno, se deja ver en distintos ámbitos, y también en la vida social y económica: la capitular de las villas, o la reforma monetaria son prueba de ello. También ese ordenancismo se manifestó en los proyectos de uniformidad litúrgico-canónica que lleva a cabo.

Si romano es el Imperio de Carlomagno, romana tendría que ser la legislación eclesiástica. Con Pipino el Breve y con Carlos se intenta que la liturgia romana se imponga sobre otras liturgias menos importantes (como la mozárabe, por ejemplo). En el caso de la legislación, Carlomagno también fue ordenancista, cada pueblo del mundo carolingio se regía por sus propias leyes, pero por encima de ellas, Carlomagno promulgaba las “capitulares” que debían servir para todo el reino. En esto Carlomagno tuvo un éxito relativo. En 774 solicitó al papa Adriano que le enviara una colección de leyes canónicas que pudieran ser utilizadas en todo el Imperio, se trata de la colección “Adriana” que, sin embargo, tuvo que competir con otra colección canónica de gran prestigio, la colección “Hispana”, original desde 633 y que se estaba introduciendo en Francia desde principios del siglo VIII. Se hizo una refundición de ambas colecciones a principios del siglo VIII, resultando la colección “Adriano-hispana” que tendría el protagonismo hasta la reforma gregoriana.

La sociedad en la época carolingia era un intermedio entre una sociedad cerrada de castas y un sistema abierto, es decir, era una sociedad estamental en que el paso de un estamento a otro era muy difícil. Era, por tanto, una sociedad de órdenes, de estamentos, de condiciones, la expresión que se utilizaba para mencionarlos en época carolingia era la de “ordo”. Esta idea de orden se intenta trascendentalizar a la sociedad para vivir en concordia, que se consigue, cuando cada cual cumple con sus funciones dentro del orden al que pertenece.

Durante el reinado de Luis el Piadoso, dos obispos de Orleans, Teodulfo (en su poema sobre los hipócritas) y Jonás (en su “Historia Translationis), hablan de un “ordo trinus”, en el que se integraban los clérigos (ordo clericorum), los monjes (ordo monachorum) y los laicos (ordo laicorum). El propio Luis el Piadoso, en su “Admonitio ad omnes regni ordines se hacía eco de esta división exhortando a todos sus súbditos a cumplir  con sus obligaciones solidarias para todo el conjunto de la sociedad. Al orden de los laicos, o mejor, a sus representantes supremos, le correspondía velar por la justicia, a los monjes el orar y a los clérigos, obispos fundamentalmente, vigilar todo el conjunto.

Jonás de Orleans en su “De Institutione Regia” redactado en 831, a modo de exhortación para el futuro heredero, Pipino de Aquitania, sostiene que hay dos poderes en la sociedad cristiana, el sacerdotal tendrá la prelación sobre el temporal, por su mayor grado de responsabilidad, ya que nos dice: “si el fin es la paz en este mundo y la salvación en el otro, el ordo clericorum ha de responder ante Dios no solo de su salvación sino de la de los reyes”. Deberes del rey son los de gobernar con equidad y justicia para procurar la paz y el orden, la autoridad de los reyes se fundamenta en su responsabilidad de procurar la salvación de sus pueblos. Dice que en la comunidad de fieles, los reyes y sus agentes ocupan la cima del poder a fin de que a través de la fuerza se pueda llegar a donde el clero no puede llegar mediante la persuasión. El “regnum” es útil en cuanto el clero no tiene posibilidad material de ser oído.

Jonás de Orleans no solo le está dando la vuelta a las ideas de Carlomagno, sino que además también tiene reservas sobre el poder de los papas. Habría que distinguir entre el poder del papa y la fe de Pedro que además estaría compartida por los obispos. El propio Jonás de Orleans se convirtió en el popularizador de una división tripartita de la sociedad: ordo clericorum, ordo monachorum y ordo laicorum.

8.2.- EL “ORDO CLERICORUM” Y EL MUNDO CAROLINGIO

Nos vamos a referir principalmente al episcopado que recibe el encargo de vigilar a la comunidad cristiana en su conjunto. Durante la época carolingia los cambios van a ser más cuantitativos que cualitativos, el número de diócesis aumenta al compás del aumento del Imperio (Utrech, Ratisbona, Bremen, Hamburgo, etc.). La vieja elección canónica por el clero y por el pueblo de la diócesis, había dejado paso a otras fórmulas en las que la autoridad real podía llegar a ser determinante. El episcopado acaba definiendo tanto una función pastoral como un beneficio que el titular recibe a cambio de desempeñar unas misiones en que lo temporal y espiritual se mezclan con demasiada frecuencia. Los miembros del episcopado se reclutan, por lo general, entre las grandes familias aristocráticas que proveen al Estado franco de todo tipo de colaboradores.

A) Por encima quedan las provincias que tenían al frente a un metropolitano. Hasta entrado el siglo IX el poder de éste será grande:

*    Convocatoria de sínodos provinciales.

*    Consagración de obispos de la provincia.

*    Nombramiento de administradores en tiempos de vacancia.

*    Amonestación de los obispos de la provincia cuando su comportamiento no fuera correcto.

*    Derecho de inspección general sobre toda la provincia.

El prestigio de algunas sedes metropolitanas se mantuvo en el Alto Medievo: Reims, Rávena, Canterbury, etc.

B) La diócesis es el instrumento de encuadramiento religioso. El territorio de la diócesis seguía correspondiendo al de la antigua civitas romana. Los obispos diocesanos podrán:

*    Presidir los sínodos diocesanos: Asamblea que reúne al clero de una diócesis determinada para difundir las decisiones de los sínodos provinciales. generalmente asistía un conde o jefe administrativo del distrito carolingio.

*    Las visitas y juicios sinodiales:  Cobran un impulso con los carolingios que deben vigilar por el funcionamiento de la diócesis en temas como el de la formación de los laicos. El juez es el obispo que tiene el “vanus episcopi” o poder para castigar a las personas que incumplen la disciplina de la diócesis.

C) Parroquias: En un mundo profundamente ruralizado, eran las pequeñas iglesias propias, fundadas muchas veces por patronos laicos y las parroquias, las encargadas de cubrir las necesidades espirituales de los fieles: administraban el bautismo, daban la bendición nupcial y velaban por el enterramiento.

En teoría, el párroco estaba sometido al obispo a cuya diócesis pertenecía y era el beneficiario de una serie de derechos procedentes de las primicias de las cosechas, los diezmos de las distintas ganancias de los fieles y otro tipo de donaciones (¼ sería para el obispo, ¼ para el mantenimiento de la parroquia, ¼ para los pobres y ¼ para el titular) . En la práctica, el patrono laico estaba designando con frecuencia a los titulares y se convierte en el perceptor de las rentas correspondientes. Las parroquias debían estar dotadas de un Manso que se supone que es la tierra que necesita el párroco para, ayudado por los colonos, cultivarla y asegurar su subsistencia. Si la aristocracia culta proveía las filas del episcopado, diáconos y curas que corresponden al bajo clero se reclutaban en medios populares, incluso en medios serviles aunque esto fuera contravenir a las normas.

8.3.- “ORDO LAICORUM”

Hablar de ordo laicorum es hablar de algo heterogéneo. a su cabeza, puede pensarse con razón, estaba el monarca, sin embargo, los soberanos carolingios dieron a la realeza un sentido que les separaba del resto de los mortales, por ello, el modelo de Carlomagno y su familia sólo serviría muy parcialmente para reconstruir lo que fue la religiosidad del cristiano medio:

*    Carlos Martel: Le hacían descendiente de San Arnulfo y Santa Vega. Es protector de los misioneros, pero no tiene ningún reparo en subordinar los bienes eclesiásticos a sus intereses políticos.

*    Pipino el Breve: Mantiene contacto directo con el pontificado, es uno de los artífices del poder político pontificio, y es más respetuoso con los bienes de la Iglesia, los bienes secularizados deberían ser devueltos a ésta a la muerte de sus actuales propietarios. Desde 756 hace extensible el diezmo. Como su padre, también protege a los misioneros. tendrá el título de defensor de la Iglesia.

*    Carlomagno mantendrá el título de “defensor de la Iglesia”, pero manteniendo al clero en sus funciones pastorales. Utiliza sus capitulares, también en beneficio de la Iglesia (obligación del bautismo al nacer). Llega a promover algunos Concilios. Lleva a efecto una “guerra santa” contra Sajonia que plantea como una auténtica cruzada. Mantiene una clara actitud “cesaropapista”. La vida familiar de Carlomagno, que llegó a tener cuatro concubinas, contradice claramente su función de “defensor ecclesiae”.

*    Luis el Piadoso: Es un hombre más identificado con el sentido de la religión y el Estado. En el año 817 entregó al papa la lista del “patrimonium Petri”. Renuncia a mediatizar la elección de papa. hace dos penitencias públicas, Atigny y San Medado (823) para expiar sus errores.

La masa popular constituye el ordo laicorum en sus capas más bajas. Jean Chelini dice que será una sociedad de bautizados, de cónyuges y de prácticas religiosas que se ponen de moda: descanso dominical, penitencia privada, etc.

1)  Sociedad de bautizados: El bautismo era la verdadera carta de ciudadanía de los habitantes del Imperio, fue impuesto obligatoriamente por la legislación canónica y las capitulares. Algunos personajes como San Bonifacio (dos meses) y Alcuino (cuarenta días), abogaron por un período catecumenal previo a la recepción del sacramento, aunque sin éxito. En efecto, Carlomagno era partidario de una forma compulsiva que impuso el bautismo a la fuerza y de forma inmediata a las poblaciones que se iban integrando en el Imperio (sajones, por ejemplo).

2)  La penitencia: Se considera el sacramento por excelencia para la reconciliación del cristiano. Se avanza en la penitencia privada tarifada, reserva de la pública para las faltas más graves.

3)  Sociedad de Cónyuges: Se considera que el matrimonio es el sacramento por excelencia de los laicos. Hablar de matrimonio en época carolingia es remitirnos a una casuística bastante rica. Los penitenciales y ciertas obras teóricas, trataron de profundizar lo que se consideraba era el matrimonio cristiano y cuales deberían ser las normas de conducta de los esposos. Las uniones no debían ser incestuosas (séptimo grado de consanguinidad). Sólo el incesto, el rapto, el adulterio de la esposa o la impotencia del marido se consideraban causas justificadas para la anulación. La única finalidad de la cópula era la procreación. Igualmente, se definían los períodos de abstinencia sexual, incluso dentro del matrimonio: períodos de gravidez o menstruales, ciertas festividades litúrgicas, etapas cuaresmales, etc.

Junto a la práctica sacramental, el estamento eclesiástico contaba con otros medios para la educación religiosa de los laicos:

1) El culto a  los santos: Se llega a un verdadero paroxismo en el siglo X y tiene un fuerte componente local que es el que efectúa las canonizaciones. La regulación definitiva de la canonización no llega hasta 993 en que el papa Juan XV canoniza a Ulrico II. De momento, la exaltación canónica de santos era muy local.

2) La Cruz: A partir de los santos Padre, se había tomado conciencia de que la Cruz es el símbolo de la victoria de Jesucristo. Habría que hablar de una teología de la Cruz en la que colaboran muchos intelectuales carolingios.

3) El diálogo con la masa popular: Es el intento de aproximar la religión al pueblo. Se pide a los curas que la predicación sea en la lengua teotisca o romana rústica. (Concilio de Maguncia 847).

El género “espejo de laicos” vendría engrosado por obras de Paulino de Aquilea, Hicmaro de Reims, Jonás de Orleans, Escoto, etc. Se habla, básicamente, de cuestiones que afectan a la moral, a los sacramentos, al respeto a los padres, etc. El de mayor importancia es conocido como el “Manual” de Dhuoda (esposa de un miembro de la aristocracia franca), se hace un repaso a las virtudes que debe cultivar y concluye con una especie de Breviario para laicos.

TEMA 9  EL PONTIFICADO, DE LA DESINTEGRACIÓN CAROLINGIA A LA RESTAURACIÓN OTONIANA

9.1.- LOS INTENTOS DE EMANCIPACIÓN PAPAL Y LA FIGURA DE NICOLÁS I

Tras la subordinación de la Iglesia a los intereses carolingios, el primer intento de emancipación se conoce con el documento llamado “Falsas Decretales” (840-850). Proclaman el carácter sagrado de los bienes de la Iglesia, prohiben a los laicos deponer a los obispos y hablan de los poderes de estos e, indirectamente, de los poderes del papa, a quien pertenece la jurisdicción completa, directa, última, general y personal sobre toda la Iglesia, el derecho a juzgar prelados y a convocar concilios. Estos poderes se exponen en dos series de cartas, todas falsas, que se atribuyen a los papas antiguos, desde Clemente I a Melquiades por una parte, y desde Silvestre I hasta Juan III por otra.

El fraccionamiento del Imperio carolingio y las discordias que nacieron en adelante entre personajes de menor envergadura, dieron a las dos potencias que dominaban a la Iglesia la ocasión de ratificar sus antiguas pretensiones con una fuerza y una claridad nuevas, sin embargo, la situación del papado no mejoró hasta que subieron al solio pontificio papas competentes y activos. El primero de ellos será el papa Nicolás I (858-867) que va a manifestar su autoridad entres frentes:

1)  Poderes políticos: Enfrentamiento con Lotario II en un pleito matrimonial de éste que quería repudiar a su esposa Teutberga, con quien no tenía hijos, para casarse con su concubina Waldrada. Un asunto a cuya dimensión canónica se sumaban otras circunstancias: las ambiciones territoriales sobre Lotaringia de Carlos el Calvo. Y un asunto en el que el Pontífice mostrará su firmeza en pro de la indisolubilidad del matrimonio .

2)  Conjunto del episcopado: Para una parte de los obispos, la estructura de la Iglesia era como una federación de sedes episcopales en la que el papa sería una especie de “primus inter pares”. Hincmar de Reims tendrá enfrentamientos con Nicolás I que considera que el poder de Roma está por encima de cualquier otro, por motivo de la sanción que Hincmar aplicó a un obispo de su provincia eclesiástica. El papa acabó imponiendo su autoridad a Hincmar recordándole que todas las causas mayores, tales como la destitución de obispos, eran incumbencia exclusiva de Roma. Algo parecido le ocurrirá a Juan de Rávena a quien se obliga a devolver la administración de algunas diócesis que había usurpado.

3)  Iglesia bizantina: Hablar de los problemas de Nicolás I con la Iglesia bizantina es hablar de algo que la Historia de la Iglesia conoce como el Cisma de Focio.

9.2.- LAS TENSIONES CON ORIENTE: EL CISMA DE FOCIO

Focio era un laico dotado de una inteligencia excepcional que fue elevado al patriarcado de Constantinopla por el basileus Miguel III, después de que éste depusiera al patriarca Ignacio. En principio, el cambio se admite por Roma, pero en 863 el papa Nicolás I convoca un sínodo que desposee a Focio y declara nula toda su actividad patriarcal, dándose lugar a una ruptura que se va a manifestar en tres etapas:

1)  863-869: Esta etapa supera en dos años la vida de Nicolás I. Hay una especie de recrudecimiento de viejos agravios:

*    Carta de Focio diciendo que Constantinopla no es inferior a Roma.

*    Vuelven a ponerse en cuestión las diócesis del Ilírico y las de Calabria que políticamente pertenecían a Bizancio.

*    La lucha por la supremacía religiosa del territorio búlgaro que desde que en 865 el zar Boris se hace cristiano está jugando con las diócesis de Roma y Constantinopla.

*    La cuestión del “Filioque”: Es el único problema teológico profundo que ha dividido a las dos Iglesias. El origen de esta diferencia estaría en el siglo IV y en los primeros concilios. Roma y Constantinopla coincidían en la “no encarnación” del Espíritu Santo y en la divinidad del mismo, sin embargo, no coincidían en su procedencia. En Oriente se concebía la “procesión” del Espíritu Santo como simple, del Padre. En Occidente se concebía como doble, del Padre y del Hijo (Filioque).

El Filioque fue conquistando Occidente a través de tres momentos:

1.  A nivel individual de Padres de la Iglesia: Los teólogos orientales partirían de los padres capadocios, y en particular, de Gregorio de Nisa que mantenía que el Padre era la única fuente del Hijo y del Espíritu Santo. El Hijo sería “engendrado” por el Padre, mientras que el Espíritu Santo “procedería” del Padre. Sin embargo, los propios padres capadocios no sabían distinguir bien entre los términos generación y procedencia.

Los teólogos occidentales arrancan de Tertuliano y, sobre todo, a finales del siglo IV, de San Ambrosio, Dámaso, Hilario de Poitiers y San Agustín. Este ultimo en su obra De Trinitate, crea la idea de que el Padre es el “principio” de la Trinidad y que el Espíritu Santo procede “principalmente” del Padre y “finalmente” del Hijo.

2.  Conquistas regionales: En Oriente se pensaba, desde el concilio de Éfeso (431) que nadie podía proclamar otra fe distinta a la establecida en los grandes Concilios. En Occidente, sin embargo, se consideraba que era lícito añadir palabras que no supusieran innovaciones pero que sirvieran para aclarar los dogmas. En el I Concilio de Toledo (400), en el año 500 Cesáreo de Arlés, III Concilio de Toledo (589), IV Concilio de Toledo (633), San Isidoro en sus Etimologías y en su Historia de Godos Suevos y Vándalos, aparece reflejada la versión del Filioque. En el siglo VII, la Iglesia española se ha dejado ganar por la teoría de la doble procesión.

Cuando desaparezca el Estado hispanogodo por la invasión musulmana, habrá un flujo hacia el mundo carolingio y elementos hispanos entrarán en la Iglesia franca, uno de ellos será el Filioque que, en el Concilio de Frankfurt (794) ya aparece recogido.

3.  Conquista de todo el Occidente: A partir del 800, el Filioque va a ganar todo el Occidente. En el Concilio de Aquisgrán (809) Teodulfo de Orleans solicita su incorporación en el Credo, cosa que ocurrirá, pero más tarde.

Focio decía que la fórmula del Filioque rompía el frágil equilibrio entre unidad y diversidad en el tema de la Trinidad.

2)  869-877: En 869 se produce el ascenso al trono de Constantinopla de Basilio I que depone a Focio del patriarcado para volver a entregárselo a Ignacio. Se abre un período de tranquilidad entre las dos sedes.

3)  877-886: Muerto Ignacio, Basilio I vuelve a llamar a Focio que incluso es admitido por Roma. La cuestión del Filioque sigue siendo conflictiva pero se deja “congelada”. No hay un segundo cisma de Focio, si Focio fue expulsado por segunda vez del patriarcado fue por haber caído en desgracia con el nuevo emperador.

9.3.- LA EDAD DEL HIERRO DEL PONTIFICADO

El hundimiento del edificio político carolingio liberó al Papado de una tutela que podía resultar pesada. Pero le privó también de un aliado frente a los excesos de las grandes familias romanas. Hablar, sin embargo, de Edad de Hierro del Pontificado, es recurrir a un fácil tópico. La primera mitad del siglo X conoció, también, papas de la talla de Juan X, verdadero defensor de Italia ante los ataques de los sarracenos ante la inoperancia de los poderes políticos del momento. Mucho del desprestigio que cayó sobre la sede romana se debió no sólo a la inmoralidad y la corrupción patrocinadas por la familia de Teofilacto, sino también a la propaganda urdida interesadamente por los apologetas de la restauración imperial otoniana.

En cualquier caso, habría que reducir el período al comprendido entre los años 896 en el que se produce el conocido “sínodo del cadáver” y el 932. En estos años se suceden ocho papas de muy breve duración y escasa moralidad en manos de la familia de Teofilacto, su mujer Teodora y su hija Marozia.

En 932, el senador Alberico, hijo de Marozia, establece una dictadura en Roma y promueve papas, bastantes obscuros, pero con mucha más dignidad que los anteriores. Da paso a la reforma cluniaciense, pero tuvo el lunar de promover al Pontificado a su hijo Octaviano que será el papa Juan XII. Es muy posible que, como ya se ha apuntado, la mala prensa que tuvo Juan XII se debiese a la propaganda de Liutprando de Cremona que se puso al servicio de Otón I para quien redactó el texto del destronamiento del papa.

9.4.- LOS INICIOS DEL SACRO IMPERIO Y EL CESAROPAPISMO OTONIANO

La figura de Otón I ha pasado a ser casi tan mítica como la de Carlomagno. Las trayectorias de ambos guardan, en efecto, grandes similitudes. La coronación imperial de Otón en 962 por parte del papa Juan XII fue, al igual que la de Carlomagno, resultado de un crescendo de victorias militares, títulos y honores.

Una vieja leyenda habla de cómo los soldados alemanes aclamaron ya como emperador a Otón tras su victoria sobre los magiares en el Lechfeld (955). En esta fecha era, en efecto, el primer poder de la Cristiandad y, dato importante, la solicitud de Adelaida unos años antes le podía convertir en el árbitro de los destinos de Italia. La consagración imperial se dejó esperar unos años: la tradición habla de cómo los señores italianos reclamaron se diera este paso para acabar con los desmanes de Berenguer de Ivrea.

Una opinión muy común habla del nacimiento en ese momento del Sacro Imperio Romano Germánico. Resulta inexacto, ya que la expresión completa es mucho más tardía, en 1493, con Federico III se le llama Santo Romano Imperio de la Nación Alemana (Heiliges Romisches Reich Deutscher Nation):

*    Romano: Otón I se proclamaba Imperator Augustus, es Otón II el que añade el adjetivo de romano, no se podía concebir un Imperio que no siguiese la tradición de augusto o la de Constantino. A los futuros emperadores alemanes se les daría antes de su ascenso el título de Rey de Romanos.

*    Sacro: Brice escribe en 1904 que el nacimiento del Sacro Imperio se dataría en el 800 con la coronación de Carlomagno, aunque no se llamará Santo hasta Federico Barbarroja dos siglos después de Otón I. El Imperio justificaba su sacralidad como vencedor de los magiares y protector de la Iglesia, lo que se materializará, siguiendo el ejemplo de los primeros carolingios, en el llamado Privilegium Ottonis, conjunto de garantías para los dominios temporales que  los pontífices poseían en Italia. Como contrapartida, los romanos jurarían fidelidad a Otón I y se comprometerían a no elegir papa sin la aprobación imperial y delante de dos missi. Algo que el monarca germano llevó hasta sus últimas consecuencias al deponer dos años más tarde a Juan XII bajo la acusación de indignidad.

Al arrogarse el emperador la misión de regenerar moralmente al Papado, estaba extendiendo a la cúpula de la Iglesia la misma política implantada en el territorio alemán

*    Germánico: Algunos de los apologetas de Otón I dijeron, como ya se ha mencionado, que Otón I había sido proclamado emperador en 955 por sus soldados. Era falso, pero era un intento de germanización del Imperio, para hacer inseparable lo imperial de lo alemán.

Lo que se hace en 962 es, esencialmente, dar nueva vida a una tradición que se remontaba a Carlomagno, vacante desde 924 y que ciertos círculos políticos y eclesiásticos temían que se perdiera. En efecto, al igual que Carlomagno, Otón I ostentaba el título de Rex Francorum desde su coronación como rey de Germania en 936. Pero por mucho que el modelo fuera Carlomagno, el Imperio otónida tenía una base territorial mucho más reducida. E iniciaba su andadura cuando el otro Imperio, Bizancio, de mano de los emperadores macedonios, acometió su regeneración militar. En último término, las monarquías occidentales tenían en aquellos momentos una pobre disposición a aceptar hegemonías políticas que fueran más allá de lo puramente honorífico. Según Robert Folz, el sacro Imperio Romano Germánico era un Estado aristocrático con cabeza monárquica  que a lo más que podía aspirar era a desempeñar un papel federador más que centralizador.

Otón I patrocina el desarrollo de una feudalidad eclesiástica paralela a la laica y de la que hace partícipes a muchos familiares entregándoles sedes episcopales como la de Maguncia o la de Colonia. Alguien ha dicho que la Iglesia de Otón I era una especie de reino de los obispos entre los cuales el papa desempeñaba el papel de brillante segundón.

Otón I, como hemos dicho, destrona a Juan XII, pero también a León VIII. Otón III promueve a un primo suyo que será el papa Gregorio V y, posteriormente, a su mentor político, Gerberto de Aurillac que será desde 999 el papa Silvestre II. La sede de San Pedro, como vemos, pasa de ser provista por las grandes casas romanas, a ser provista por los emperadores alemanes.

También lleva a cabo una “Dilatatio Christianitatis”, con la reactivación de la diócesis de Hamburgo o la creación de nuevas sedes como la de Havelberg (946), Brandeburgo (948), Meissen y Zeig que servirán de apoyo a la expansión del germanismo y a la evangelización de los países del Este.

El Impulso alemán hacia el Este (Drang nach Osten), es una expresión desechada cambiada por la de “Colonización del Este” por la que se extiende el Cristianismo a base de implantar una serie de sedes episcopales y que sirve a los Otones para llevar a cabo una espléndida propaganda iconográfica que tiene una magnífica expresión en el Evangeliario de Otón II (983), obra de influencia bizantina que presenta al emperador en el trono con todos los símbolos del poder y, a sus pies, las figuras de cuatro mujeres que podrían representar a Italia, Francia, Germania y Eslavonia, las cuatro naciones constitutivas del Imperio. La realidad es que en Germania, el emperador es una especie de primus inter pares, Francia se escapó de la órbita de su influencia, en Italia, los emperadores alemanes no pasaron de Roma, Otón II lo intentó enfrentándose a los sarracenos en Apulia, pero fue derrotado en cabo Colonna impidiendo cualquier futura aventura hacia el sur de Italia, por último, por Eslavonia se designa a todos los pueblos del Este.

Con todo, hay que decir, que si esta propaganda no responde a la realidad, sí responde a los deseos que se manifestarán claramente con Otón III como producto de la conjunción del cesarismo germánico transmitido por su abuela Adelaida y del cesarismo bizantino transmitido por su madre, la bizantina Teófano. A todo ello habría que añadir los afanes misioneros del obispo Adalberto de Praga y las dotes intelectuales de Gerberto de Aurillac que calaron en el joven emperador convencido de la grandeza de sus designios.

Pacificada Alemania y contenidos los peligros fronterizos, Otón III concibió un proyecto de Cristiandad con su centro en Roma en torno al cual girasen, armónicamente, todos los poderes políticos conocidos. Roma se convirtió en la residencia habitual del emperador desde 999, a diferencia de lo que hicieron los emperadores anteriores que sólo estuvieron accidentalmente en la ciudad. Se pretendió que el Imperio tuviera la eficacia del carolingio y la solemnidad litúrgica del bizantino. Sin embargo, la grandilocuencia de las fórmulas cancillerescas (Otón como emperador augusto del mundo), los gestos prodigados por el soberano (v.g. la excavación del sepulcro de Carlomagno para venerar sus restos) o algunas pretenciosas expresiones iconográficas (el emperador casi en actitud de pantocrator) difícilmente ocultaban las debilidades internas de la construcción política otónida. Con sólo unos meses de diferencia fallecieron el joven emperador (22 años) y su amigo el anciano pontífice Silvestre II.

9.5.- EL MITO DEL AÑO MIL, EL RENACIMIENTO OTONIANO Y LA FIGURA DE GERBERTO DE AURILLAC

Otón III y Silvestre II son conocidos como el emperador y el papa del “Año Mil”. ¡Emblemática fecha!.

Tradicionalmente se ha utilizado para excitar la imaginación, sobre todo, de una historiografía de cuño romántico. Autores del siglo XIX, de indudable prestigio (Michelet, Thierry, Carducci) hicieron prevalecer su imaginación sobre su talento a la hora de hablar de la humanidad europea en vísperas del milenario del nacimiento de Cristo. Nos presentaron una sociedad aterrorizada por una creencia: el fin del mundo llegaría con el último día de Diciembre de 999.

El mito de los terrores sigue estando presente en algunas publicaciones a pesar de que trabajos de solventes autores ( Marc Bloch, Ferdinand Lot, Edgmond Cognon, Henry  Focillon, George Duby, etc.) hayan puesto en claro su falacia. La humanidad en aquellos años no padeció temores superiores a los de otros momentos del Medievo. Las fuentes de la época en absoluto avalan la generalización de los pánicos. Tan sólo cinco testimonio podrían utilizarse en abono de las teorías apocalípticas del año Mil. La obra del cronista de principios del siglo XI, Raúl Glaber (utilizada por Michelet y sus seguidores para apoyar su tesis) no habla de terrores antes y tranquilización general después de esa mítica fecha sino sólo de una regeneración artística (el blanco manto de las iglesias) que sucedió a una época de vetustez.

Frente a todo esto, la Iglesia institucional mantuvo la tesis de la imposibilidad de conocer el momento previsto por Dios para la culminación de los tiempos. Las actas oficiales de los años inmediatos al año 1000 guardan un silencio bastante significativo sobre el asunto.

Las creencias en el fin del mundo, en el juicio final reverdecían periódicamente al calor de las hambrunas, las epidemias, las guerras, etc. pero no en unas fechas mejor que en otras.

El auténtico sentido del año Mil y su mutación está en los siguientes intentos de superación y renovación:

1.  Intento de superación de la fragmentación política que se había originado con el Tratado de Verdún.

2.  Perfilación de las estructuras sociales y económicas del feudalismo.

3.  Intento de renovación espiritual y cultural (¿Renacimiento otoniano?) que supondría el paso de una religión estática y ritualista a otra religión mucho más dinámica.

A medida que nos acercamos al milenario del nacimiento de Cristo la violencia desatada sobre los campos por los poderosos y sus clientelas se hace cada vez más detectable. Frente a la rapiña de una minoría convertida en casta guerrera y ante la impotencia del poder político, la Iglesia trató de imponer su autoridad. Surgieron así los Concilios y Asambleas de Paz y Tregua de Dios. El Mediodía de la actual Francia fue la primera zona afectada por este movimiento ya que en ella fue donde más tempranamente desapareció la autoridad real. Raúl Glaber dice que en 1033, los obispos y los abades empezaron a reunir al pueblo en asambleas junto a prelados y príncipes a fin de reformar la institución de la santa fe. Es una muestra clara del movimiento de Paz de Dios. Los reyes, desde su coronación, adquieren el compromiso de mantener la paz y la justicia. Ahora bien, si no son capaces de hacerlo, Dios reasume el concepto y lo traslada a los obispos para que a través de asambleas presionen a los príncipes para que lo cumplan. Así, el Concilio de Charroux (989), Narbona (990), Poitiers (1010) y Limoges (1031), trataron de imponer una condena frente a aquellos milites culpables de todo tipo de violencias entre las que se encontraba el despejo de los campesinos. Cuando se habla de éstos se les define sistemáticamente como pobres: pauperes, id est agricultores.

Se consagra así una dialéctica entre el miles y el pauper cultivador de tierra. Sólo habrá que esperar unos años para que Adalberón de Laón complete esta imagen que será la de la sociedad feudal clásica (oratores, bellatores y laboratores).

Entre 1028 y 1038 se aprecia la reforma de la Paz de Dios y de la institución de la Santa Fe. La Iglesia propone a los milites que se asocien a una obra de renuncia al ejercicio de las armas respecto a determinados pobres y durante determinados períodos de tiempo.

En el Concilio de Poitiers se dice que verter la sangre de un cristiano es verter la sangre de Cristo, el soldado (miles), va a convertirse en Miles Christi. En 1095, durante el Concilio de Clermont, el papa Urbano II proclama la Primera Cruzada. La Iglesia ha conseguido disciplinar la violencia. Se está dando respaldo a la sociedad tripartita (oratores, bellatores y laboratores).

1 EL RENACIMIENTO OTONIANO

La génesis del renacimiento otoniano podría datar de los años cincuenta del siglo X. Algunos marcan el inicio en la asamblea de Augsburgo en la que Otón I dicta la paz en todo el reino germano, otros lo hacen coincidir con la victoria de Lechfeld sobre los húngaros.

Fue, en alguna fórmula, una reproducción del renacimiento carolingio. Al igual que en política, el mundo cultural de los emperadores de la casa de Sajonia reproduce, a pequeña escala, el de los más importantes gobernantes carolingios. Otón I, por ejemplo, no era más cultivado que Carlomagno pero, al igual que él, supo traer a su lado a gentes de prestigio contrastado: Raterio de Lieja, Gunzo de Novara, Liutprando de Cremona… el hermano del emperador alemán, Bruno, elevado a obispo de Colonia, fue hombre instruido y dio a la corte de Sajonia unos ciertos tintes intelectuales.

Los sucesores de Otón I tuvieron un mayor nivel cultural. Otón II, por su matrimonio con la princesa bizantina Teófano, facilitó la entrada en la corte alemana de algunos personajes forjados en la cultura griega como el calabrés Juan Filagatos. Otón III tuvo incluso una educación que podría calificarse de refinada alcanzando buenos conocimientos no sólo de su lengua materna, sino también del latín y el griego. La propia dignificación que pretendió dar a la estructura del Imperio fue resultado de ese mayor nivel intelectual respecto a sus predecesores.

Siguiendo con los paralelismos: el Imperio otónida al igual que el carolingio, promovió su renacimiento mediante la convergencia de gentes de variado origen: teutones, italianos, francos del Occidente, lotaringios, etc., algunos de los cuales, caso de Gerberto de Aurillac, trataron de beber en las más alejadas fuentes. Hablar de resultados similares para renacimiento carolingio y renacimiento otoniano sería, sin embargo, llevar las cosas demasiado lejos.

1) Elementos italianos del Renacimiento: Coincidiendo con la restauración imperial otoniana dos autores itálicos destacan de forma especia. Uno es el diácono Gunzo de Novara, buen conocedor de los clásicos.

El otro, figura mucho más conocida, es Liutprando de Cremona. No muy dotado de escrúpulos, sus testimonios no son muy fiables porque estuvo al servicio de personajes diferentes. Estuvo al servicio de Berenguer de Ivrea, en nombre del cual hizo un primer viaje a Constantinopla. Cuando entró al servicio de Otón I redactó el texto del destronamiento del papa Juan XII. Sus conocimientos del griego le valieron para ser enviado a Constantinopla con una embajada del emperador alemán, donde fue tratado con desprecio por el basileus Nicéforo Focas. Sus viajes y buenas relaciones, le permitieron a Liutprando redactar una historia de los reyes y emperadores de su época, que tituló Antapodosis. Se trata de un texto escrito desde la mezquindad y que destila veneno contra todos aquellos personajes (Berenguer, el emperador de Oriente, algunos papas,…) con los que había mantenido diferencias.

También cabe destacar a figuras como Raterio, obispo de Verona y a las escuelas de Pavía, Verona y Montecasino.

2) Los aportes germánicos: Otón I procura rodearse de gente culta, como su hermano Bruno, obispo de Colonia. Bruno llega a crear un cierto círculo intelectual en la corte imperial. De los monasterios germanos, no obstante, surgen algunas de las grandes figuras del renacimiento otoniano. Serán, siguiendo un orden cronológico, la monja Hroswita del monasterio de Gandersheim en Hannover regido en su tiempo por la abadesa Gerberga, sobrina de Otón I. Formada en los moldes de la cultura clásica adquirida en los fondos bibliográficos de su monasterio. Hroswita se convirtió en la primera poetisa alemana. Entre sus obras se encuentran algunos poemas históricos, poemas sagrados como los que tienen por protagonista al monje Teófilo que vendió su alma al diablo o el niño mártir mozárabe Pelayo; y algunos dramas en prosa con los que trató de contrarrestar el éxito que las comedias de Terencio estaban teniendo en aquellos años.

El monje de Corvey, Widukindo (+ 1004), fue miembro de una familia westfaliana que se decía descendiente del caudillo de la resistencia sajona contra Carlomagno. Su obra principal es el Rerum gestarum Saxonicorum libri III (Los tres libros de los hechos de los sajones), a mayor gloria de la dinastía otónida. Su tesis principal es la de que los sajones están en disposición de asumir las responsabilidades políticas que en otro tiempo tuvieran los francos, incluida la titularidad imperial. El Imperio, así, se habría trasladado de los romanos a los francos, y de éstos a los teutones (Traslatio Imperii).

Burcardo de Worms escribe un decreto que le da fama de reputado cronista, especialmente por un capítulo de esta obra conocido como “el médico”, se trata de un “penitencial” que contempla 180 situaciones de las que 42 se refieren a pecados sexuales.

3) Los aportes franceses Occidentales: A pesar de que se ha hablado de una decadencia se pueden considerar dos focos de importancia. El foco de la abadía de Fleury con el abad Abdón, y el otro, el de Reims donde destaca la figura de Gerberto de Aurillac.

2 GERBERTO DE AURILLAC

Conservamos de este personaje, la más grande figura intelectual del siglo X, más de 200 cartas y un retrato biográfico que de él hizo su discípulo Richer en la Historia de Francia. Los primeros años de su educación se cubren en su Aurillac natal y en el monasterio de San Gerardo. Buena parte de su juventud y madurez la pasó recorriendo Europa. En la Cataluña condal tomó contacto con la ciencia árabe aunque no parece que viajase a Córdoba. En el 972 ejerció la enseñanza en la escuela de Reims. En 982 es abad de Bobbio. En 992 asciende a arzobispo de Reims. En 998 es arzobispo de Ravena, desde donde saltó al pontificado en 999 con el nombre de Silvestre II.

Como papa, sabemos d su amistad con Otón III. Como intelectual su fama había de nutrir un mito que desborda ampliamente la realidad al presentarle con unos tintes cercanos a la magia y la hechicería.

Ello no fue sino el resultado de la curiosidad de Gerberto por un conjunto de variadas disciplinas hacia las que sus contemporáneos sintieron escasa inclinación. Si su interés por las matemáticas resulta indiscutible, resulta más problemática la atribución de algunas obras como la Geometría o el Liber del astrolabio que revelan una fuerte influencia de la ciencia árabe. Como filósofo, Gerberto se nutrió tanto de fuentes paganas como de las escrituras. El concepto de Dios que sus cartas revelan, ha indicado P. Riché, está muy cercano al de Boecio a cuya Consolación de la filosofía hace repetidas referencias. Su moral se inspira en el estoicismo pasado por el tamiz cristiano. Para él, Dios es la inteligencia perfecta, el autor del equilibrio universal que habría dotado al hombre con la fe pero no le habría privado de la ciencia. Como educador, Gerberto debió el éxito entre sus discípulos no sólo a su amplia formación sino también al uso de un estilo elegante y sobrio, muy poco común en la época.

Científico, humanista, pedagogo, incansable bibliófilo con una auténtica obsesión por el equipamiento de bibliotecas, muchas de ellas profanas (Virgilio, Terencio, etc..). Gerberto fue también un hombre político de acción que tuvo gran interés en aplicar los principios intelectuales en los que se había formado a la gestión política. Gerberto/Silvestre II consideró, como Cicerón, que política y moral formaban una unidad y que el bien público estaba por encima de las personas particulares. Considera que el emperador alemán es superior a los demás príncipes por mor de las armas, del consejo y de la técnica. La herencia romana y griega por parte de madre se vería enriquecida por la vitalidad germánica  La crisis política que sacudió al Imperio a su muerte y a la de su discípulo Otón III, es tanto la crisis de una difícil hegemonía de la casa de Sajonia como la crisis del pensamiento político de un papa demasiado sabio para la época.

TEMA 10  ENTRE LA REFORMA Y LA PUGNA DE LOS PODERES UNIVERSALES

13.1.- LA NOCIÓN DE REFORMA Y SUS PRIMERAS CORRIENTES EN EL SENO DE LA IGLESIA

El término “reforma” se ha utilizado con demasiada asiduidad referido a cosas que no tienen nada que ver entre sí. Así, se utiliza reforma para definir la de Lutero y la de Benito de Aniano.

La palabra reforma, aplicada al siglo XII es una palabra que rara vez aparece en los textos y, cuando lo hace, lo hace compitiendo con otras palabras que indican cambio o conversión a mejor: conversión, curación, mutación, rejuvenecimiento, o palabras que indican un nuevo retorno a Dios o las que indican el paso del pecado a la purificación.

El hombre, al no poder emprender la labor reformadora por sí solo, debía hacerlo con la ayuda de Dios, así que en la conjunción de la Gracia de Dios y del esfuerzo humano, estará la clave para llevar a cabo esa labor reformadora.

El término reforma es ambiguo en esta época porque en función de las diversas categorías sociológicas, cada cual tiene su forma de llevarla a cabo:

1) La reforma tal y como la entendían los papas: Para este grupo reforma suponía “libertas ecclesiae”. Liberar al poder eclesiástico de la tutela de los poderes políticos. Esta liberación exigía la “libertad de las elecciones canónicas”. Hablar de reforma para estos años es hablar de “Reforma Gregoriana”, la del papa Gregorio VII (1073-1085). Es hablar de una aspiración religiosa que tiene en el círculo pontificio su motor más importante, pero no el único.

2) Movimiento de los medios monásticos: Desde los medios monásticos habrá también otro movimiento reformador que supuso una ruptura con sus actuales ataduras. Cluny se funda en 910 y se coloca bajo la jurisdicción de Roma. Se está creando un monasterio, pero también una orden religiosa y un espíritu que tendrá su expresión máxima a partir del año 1000. Cluny y otras órdenes monásticas facilitarán a Roma incluso papas, algunos de ellos fervientes paladines de la reforma.

3) Reforma tal y como la entendían algunos emperadores: Con una fórmula que sigue el camino inverso de los papas. La reforma para ellos consistiría en una tutela civil que en más de una ocasión habría provisto de papas dignos a la Iglesia.

4) Reforma tal y como la entendieron algunos grupos no privilegiados: Brotes reformistas de signo popular y cuasi revolucionario que unas veces coincidieron en sus objetivos con la curia pontificia y otras fueron considerados como sospechosos de herejía por propugnar la eliminación violenta de clérigos indignos

Podemos decir, no obstante que aunque se trate de cuatro puntos de vista diferentes, podemos encontrar en ellos algunos puntos de coincidencia:

1. Eliminación de dos vicios que se consideraba imprescindible erradicar del clero:

a) La Simonía: Se entendió el tráfico de cosas santas y la venta de dignidades eclesiásticas (según la leyenda de Simón el mago). La más conocida de todas las formas de simonía era la venta de obispados o abadías por los príncipes seculares, aunque también se podía llegar al humilde nivel de simples iglesias rurales.

Ante tan equívoca situación fue surgiendo toda una casuística en la que acabaron enfrentándose posiciones a menudo irreconciliables. Así, los reformadores más radicales repudiaron todo tipo de acto simoníaco que, según ellos, contaminaba cualquier acto espiritual del dignatario que había comprado su cargo. El cardenal Humberto de Silva Cándida, dentro de esta línea, recomendaba la destitución de todo clérigo que hubiera recibido sus órdenes de un obispo simoníaco. En una línea más templada, otro de los grandes reformadores, Pedro Damiano, aún pidiendo la destitución del simoníaco, reconocía la validez de las órdenes recibidas gratuitamente de manos de un consagrador simoníaco.

En relación con la simonía se situaba a veces el problema de la investidura laica. Suponía ésta la ruptura de la vieja práctica canónica según la cual el ministerio episcopal era conferido por el clero y por el pueblo (o, al menos, con el asentimiento de éste) de la diócesis correspondiente. Con el discurrir del tiempo, los príncipes seculares usurparon este derecho invistiendo directamente a los obispos con el báculo (símbolo de la jurisdicción) y el anillo (expresión de la unión mística con la Iglesia). Emperadores y reyes tuvieron, en efecto, en obispos y abades investidos por ellos, buenos colaboradores en las tareas administrativas y, además, un importante contrapeso frente a la orgullosa nobleza laica. Que una investidura laica fuera acompañada de un pago por parte del beneficiario podía resultar una sospecha más que razonable.

b) El nicolaísmo: Por nicolaísmo se entendía el amancebamiento de clérigos. El matrimonio de los sacerdotes en esta época se consideraba no inválido, sino simplemente ilícito. Las normas que imponían el celibato eclesiástico se aplicaban con bastante indulgencia pese al escándalo de algunos estrictos reformadores. De hecho, hasta entrado el siglo XI, el debate sobre el amancebamiento/matrimonio de clérigos no se planteó con toda aspereza. Será uno de los caballos de batalla de los reformadores más famosos.

Desde la entronización de Otón I, la intromisión de los emperadores en el nombramiento de papas (y el derrocamiento habría que añadir) era muy frecuente. Enrique III (1039-1056) en el año 1046 mediante la celebración de dos sínodos (Sutri y Roma), depone a tres personajes que se denominan simultáneamente papas  y nombra a un candidato suyo. Este gesto de autoritarismo imperial fue saludado como beneficioso por Pedro Damiano, un gran reformista. Enrique III comete otra intromisión haciendo nombrar papa al lotaringio Bruno de Toul que tomó el nombre de León IX (1049-1054). Son cinco años de pontificado enormemente provechosos, pues puede decirse que con él comienza la reforma desde el pontificado.

Dice la tradición que León IX aceptó la designación como papa por Enrique III a condición de que fuera, como así ocurrió, aprobada por el clero y el pueblo de Roma. El nuevo papa era, en efecto, hombre plenamente comprometido con las ideas de reforma. Así lo demostró rodeándose de un eficaz grupo de colaboradores bien conocidos por sus ansias de renovación. Entre ellos se encontraban el archidiácono de Lieja Federico de Lorena, Hugo Cándido, el cardenal Benon, Ogier de Perusa, Mainardo de Urbino, Hildebrando y, sobre todo, los máximos representantes de las facciones reformistas lotaringia e italiana: Humberto y Pedro Damián. El primero, hombre de sólida formación, fue elevado a cardenal y obispo de Silva Cándida. Se erigió en el principal teórico de la reforma en el sentido más radical. Pedro Damián , aunque de un espíritu ascético a veces excesivo era, al contrario que Humberto, partidario de relaciones templadas en problema de investiduras y relaciones con el Imperio

León IX es un papa viajero lo que hace que en Europa pueda verse quien es la verdadera cabeza de la cristiandad. Los legados pontificios provistos de plenos poderes , empezaron a convertir en realidad las ideas de reforma. En los primeros meses de su gobierno presidió un sínodo en Pavía y otro en Reims en donde puso en evidencia a un nutrido grupo de obispos franceses que habían accedido a su cargo simoníacamente. A renglón seguido, otro sínodo del clero alemán mantenido en Maguncia con la presencia del emperador condenó severamente el nicolaísmo y las prácticas simoníacas.

En la primavera de 1050 un sínodo romano condenó los errores en materia eucarística de Berengario de Tours. Nuevos sínodos acrecentaron el prestigio del papa en toda la cristiandad.

Los últimos años de su pontificado fueron, sin embargo, poco afortunados. En 1053 León IX  emprendió una campaña contra los normandos del sur de Italia que, acaudillados por Roberto Guiscardo, habían invadido el territorio pontificio del Benevento. El papa fue derrotado en Civitella del Tronto y cayó prisionero. Sólo obtuvo la libertad a cambio de reconocer a los normandos la posesión de los territorios del Mediodía italiano que habían conquistado los años anteriores.

Igualmente de desafortunado fue su intento, el mismo año de 1054, de dulcificar sus relaciones con Constantinopla. La intemperancia del patriarca oriental Miguel Cerulario y la del embajador papal Humberto de Silva Cándida serían, en efecto, el detonante para un cisma que, si no definitivo, había de enrarecer peligrosamente las relaciones entre las iglesias latina y griega.

La sucesión de León IX  fu llevada a cabo por papas cuyo pontificado tuvo corta duración: Víctor II (1054-1057), Federico de Lorena que tomó el nombre de Esteban IX (1057-1058), pero que mantuvo la antorcha de la regeneración eclesiástica: en estos años precisamente, redacto Humberto de Silva Cándida su Adversus Simoniacos (1057). Algunos autores han visto en este opúsculo el precedente doctrinal para la regulación de elección de papa que se producirá en los meses inmediatos.

En efecto, en 1058, los cardenales encabezados por Hildebrando elevaron al solio pontificio al obispo Gerardo de Florencia que tomó el nombre de Nicolás II (1058-1061). Su breve pontificado fue enormemente fructífero. En un concilio tenido en san Juan de Letrán en la primavera de 1059 se promulgó un importante decreto por el que se sustraía al emperador y  las facciones nobiliarias romanas el privilegio de designar Papa. En el futuro éste sería elegido por los cardenales obispos apoyados por los cardenales presbíteros y cardenales diáconos. Un cuerpo electoral que, por esas fechas, apenas contaría con medio centenar de miembros. En último término, los restantes clérigos y el pueblo de la ciudad prestarían su consentimiento. Como deferencia al emperador, el decreto añade una coletilla: la elección se haría siempre Salvo debito honore et reverentia dilecti filii nostri Henrici.

La habilidad política de Nicolás II se reafirmó con los pactos suscritos con los normandos del sur de la península: Roberto Guiscardo y Ricardo de Aversa obtuvieron la sanción pontificia para sus territorios conquistados y por conquistar: Apulia, Calabria, Capua, la isla de Sicilia. En estos belicosos caudillos tendrán los pontífices unos eficaces aliados en su pugna con los emperadores alemanes.

Anselmo de Luca, Alejandro II (1061-1073) mantuvo con eficacia los resortes de la reforma. En Milán estalló un movimiento reformista popular (la pataria) para combatir el nicolaísmo y la simonía de los clérigos de Lombardía. Con el tiempo, el movimiento fue adquiriendo unos matices antinobiliarios y contra el alto clero que empezaron a ser sospechosos a la curia romana.

En Alemania  el papa topó con mayores dificultades. La muerte de Enrique III en 1056 había abierto un período de minoridad en el que la simonía había renacido con fuerza: las designaciones para las altas dignidades eclesiásticas se hacían en nombre del rey. Tuvo, sin embargo, el Pontífice un gesto de autoridad en los últimos meses de su vida: su oposición al intento de divorcio del joven soberano germánico y la excomunión de alguno de sus consejeros. En 1073 moría Alejandro II y el pueblo de Roma aclamaba como nuevo Pontífice a uno de los supervivientes de la generación de grandes reformadores: Hildebrando.

10.2.- GREGORIO VII (1073-1085) Y EL GREGORIANISMO

El nuevo papa tomó el nombre de Gregorio VII (1073-1085). Pocos personajes han sido tan controvertidos en la historia de la Iglesia. Sus partidarios (acérrimos) y sus rivales (acérrimos también), sólo parecen estar de acuerdo en su poco atractivo físico (bajo, ventrudo y cuellicorto). No llegan a ponerse de acuerdo en que si Hildebrando había sido o no monje. Él actúa como rector de un monasterio, actúa como legado pontificio en Francia y Alemania y actúa como archidiácono en Roma. En veinticuatro horas Hildebrando pasó de ser diácono a ser el nuevo Obispo de Roma.

Hildebrando llega al pontificado a edad madura, es un hombre con experiencia, ha ido completando un arsenal de piezas jurídicas que serán necesarias para la reforma que él va a presentar como una vuelta a las viejas y buenas costumbres. Para Gregorio VII el gobierno sacerdotal implicaba confiar al papa la dirección de la cristiandad y el control de los príncipes. Como la Iglesia estaba identificada con la Santa Sede, hablar de teocracia era hablar de teocracia pontificia en base a cuatro argumentos:

1. El primado del papa y su omnipotencia se avalan porque el pontificado se ha puesto a la cabeza de la reforma.

2. El primado hace al papa vicario de Pedro lo que le sitúa en un estatus superior al imperio.

3. Sólo el papa ha recibido el cuidado de apacentar los corderos del señor, los obispos lo han recibido en el ámbito limitado de sus diócesis.

4. Nadie puede juzgar al papa que es inviolable y soberano.

Cuatro argumentos que están muy unidos al concepto de centralización que se concreta en el envío de legados pontificios dotados de importantes facultades como las de convocar sínodos provinciales por encima de la voluntad de los metropolitanos.

En una serie de concilios que va convocando contra el nicolaísmo y la simonía se producen tremendos castigos contra los obispos transgresores, la investidura laica queda asimilada a la simonía y deja al receptor de la misma fuera de la Iglesia. De esta forma, Gregorio VII hiere muchos sentimientos.

Las actuaciones papales ante monarcas como Felipe I de Francia (conocido simoníaco), Guillermo de Inglaterra o Alfonso VI de Castilla y León, palidecen ante el duro enfrentamiento sostenido contra el monarca alemán Enrique IV.

En los primeros momentos, el propósito papal era el de mantener buenas relaciones con el soberano. Fueron posibles ya que éste, en los albores de la mayoría de edad, se vio comprometido en la represión de un vasto movimiento de rebelión en Sajonia. A partir de 1074 la situación cambió con motivo del sínodo cuaresmal en que el Papa reiteró las viejas condenas contra la simonía y dio una nueva interpretación a las prerrogativas pontificias: las elecciones canónicas no serían en el futuro ratificadas por la aprobación de los príncipes. Unos meses más tarde, Gregorio VII elaboraba los famosos Dictatus  Papae[55].

Las 27 breves disposiciones recogidas en ese texto constituían, posiblemente, un índice de materias a desarrollar o bien un simple resumen de tesis ya conocidas. Fue tal vez la inoportunidad de su elaboración lo que le cargó de polémica. Roma, por sí sola (y, consiguientemente, los titulares d su sede) representaba la sede universalidad de la Iglesia. La comunión con Roma, tanto por parte de clérigos como de laicos constituía la condición sine qua non para la pertenencia a la Iglesia. Su infalibilidad era, ante todo, la infalibilidad de los papas dotados de plenos poderes. Ninguna jurisdicción eclesiástica podría interponerse ante el poder pontificio que gozaba de autoridad para sustituir obispos, dividir diócesis o crear otras nuevas y enviar legados cuya autoridad sería superior  a la de cualquier obispo o metropolitano. Cara a los poderes laicos, los Dictatus Papae reconocían a los pontífices poder de destronamiento contra los príncipes injustos, emperadores incluidos.

Jamás s había compendiado de forma tan concisa y tajante el principio de autoridad romana. A partir de ahora, las diferencias entre Papa y emperador se van a hacer insalvables. El detonante de las hostilidades se produjo con motivo de la disputa para cubrir en 1075 el obispado de Milán. Frente al candidato romano Atón, el emperador alemán elevó al subdiácono Teobaldo. Las protestas papales sirvieron de poco: un sínodo de obispos simoníacos reunido por Enrique IV en Worms repudió la actuación de Gregorio VII. El monarca alemán envió una insultante carta al falso monje Hildebrando exhortándole en su final (desciende, maldito por todos los siglos) a abdicar.

La réplica pontificia fue fulminante e inédita en la historia de la Iglesia: La excomunión de Enrique IV y el consiguiente levantamiento del juramento de fidelidad a sus súbditos. Los príncipes alemanes vieron en ello una magnífica oportunidad para debilitar a su soberano que, acosado, optó por acudir al papa en busca de perdón. En el castillo de Canossa, en los Apeninos, tras tres días esperando ser recibido por el papa, tuvo lugar la reconciliación. El abad Hugo de Cluny y la condesa Matilde de Toscana, ferviente aliada del papa, actuaron como mediadores. Gregorio VII levantó la excomunión al monarca alemán pero de inmediato surgió el equívoco. Enrique IV entendió que era reintegrado como cristiano y como rey y, por tanto, los príncipes alemanes debían volver a la obediencia. Gregorio VII, por su parte, pensaba que le reintegraba solamente como cristiano, y por tanto, debería ser una asamblea de príncipes alemanes quien le restituyese la corona.

Enrique IV entendió esto como una grave ofensa y el conflicto entre papa y emperador retoñó. En 1080, el papa excomulga nuevamente a Enrique IV quien está en guerra contra un “antirrey”, Rodolfo de Suabia. Enrique IV, a su vez, nombrará un antipapa en la persona del obispo de Rávena que toma el nombre de Clemente III, que será el que corone como emperador a Enrique IV.

Enrique IV en 1080 llegará a entrar con su ejército en Roma. Gregorio VII será salvado por Roberto Guiscardo, que de paso saquea la ciudad, la popularidad de Gregorio VII se vino abajo. Gregorio VII se exilió en Salerno donde murió en 1085. La leyenda pone en su boca (aunque ya aparecen en el salmo 44,8) las siguientes palabras: “Amé la justicia, odié la iniquidad y por eso muero en el destierro”.

Gregorio VII y Enrique IV mantuvieron, además, una guerra de panfletos. Los partidarios del monarca alemán acusaron a Gregorio de los peores crímenes (Guido de Ferrara le tacha de cismático) a la par que resalta los derechos del soberano a quien consideraban (Petrus Crasus y Benzo de Alba) Vicario de Cristo y provisto de todos los derechos para mediatizar la elección de papa. De la otra parte, gregorianos furibundos como Bonizón de Sutri, Anselmo de Lucca o el cardenal Deusdedit se revolvieron contra las pretensiones imperiales invocando ásperamente la legislación publicada por los Pontífices en los últimos años.

Después de Gregorio VII ya nada podía ser igual, la unidad ideal entre “regnum” y “sacerdocium” que había sido la constante ideológica de los tiempos carolingios, pierde su actualidad. Laicos y clérigos toman  conciencia de las profundas diferencias que les separan. A partir de Gregorio VII, se empieza a identificar Iglesia con Pontificado.

En 1085 podría hablarse de victoria de Enrique IV, pero fue una victoria lograda a tan alto precio que fue casi peor que una derrota. Enrique IV sobrevivió 21 años a su enemigo Gregorio VII, pero fueron 21 años de confrontación con los sucesores de éste. Uno de ellos, Urbano II (1088-1099), en un concilio celebrado en Clermont (1095) que era una Asamblea de Paz y Tregua, predica la primera cruzada, a la que no acude ningún rey porque estaban todos excomulgados, pero no deja de ser esclarecedor el hecho de que Urbano II se ponga al frente de las milicias de la cristiandad en vida de Enrique IV. Enrique IV morirá en 1106 en Lieja, destronado por su hijo Enrique V.

Enrique V (1106-1125) aparenta ser más flexible que su padre, flexibilidad que se plasma en el Tratado de Sutri (1111) con el papa Pascual II (1099-1118). El acuerdo de Sutri resultaba casi revolucionario, porque por él, Enrique V renunciaba a la investidura de obispos, como contrapartida, los obispos entregarían al soberano todos los bienes feudales renunciando a cualquier tipo de regalías. En el futuro, los obispos vivirían de sus bienes no feudales y de las ofrendas de los fieles. Ni el episcopado, especialmente el alemán, estaba dispuesto a abandonar sus beneficios ni el emperador pareció actuar de buena fe en la operación. Por tanto, presionado por Enrique V, Pascual tuvo que dar marcha atrás y reconocer a su oponente ciertos derechos de investidura. El monarca alemán fue solemnemente coronado pero una fuerte corriente de opinión reprochó al Pontífice su debilidad.

El conflicto renació, Enrique V fue excomulgado y Pascual II renovó los viejos decretos contra la simonía y la investidura laica. El alemán promovió a un antipapa que tomó el nombre de Gregorio VIII.

10.3.- EL ACUERDO DE WORMS Y LETRÁN I: LAS INSTITUCIONES CONCORDATARIA Y CONCILIAR AL SERVICIO DEL PONTIFICADO

En 1119 una nueva generación, la del papa Calixto II (1119-1124), la del abad Poncio de Cluny o la del canonista Ivo de Chartres, tomaba el relevo y se disponía a poner en juego soluciones pragmáticas frente a una situación que amenazaba pudrirse.

La fórmula fue propuesta por Ivo de Chartres fue capaz de zanjar el espinoso tema de las investiduras. Ivo introducía el matiz de separar “episcopium” de “foedum”, es decir, una cosa era la ordenación, que tenía carácter sacramental; otra la investidura que no lo tenía y, siempre y cuando no se pretendiera con ella conferir algo espiritual, podía ser concedida al rey.

El papa Calixto II, emparentado con distintos príncipes y hombre conciliador, era la persona que las circunstancias requerían. Con ayuda de los normandos, el Pontífice consiguió deponer, en abril de 1121 al antipapa Gregorio VIII. Se rodeó de colaboradores que, siendo reformistas, eran mucho más pragmáticos que los anteriores. Como Ivo de Chartres quien propuso, aparte de levantar la excomunión sobre Enrique V, la fórmula para que el Papa y el monarca alemán llegaran a un acuerdo siguiendo el modelo aplicado para Inglaterra desde 1107: fue el llamado Concordato de Worms de 23 de septiembre de 1122.

Se trata, en realidad de dos documentos: en el primero, el emperador renuncia a la investidura por el anillo y el báculo, es decir, dejaba a la Iglesia la elección de los obispos. Se comprometía, igualmente, a devolver a la Iglesia los bienes arrebatados en tiempos de discordia; en el segundo, Edictum Calixtinum”, el Papa consentía en que la elección de obispos se hiciera ante el emperador o sus delegados, para vigilar la limpieza de la elección, sin violencia ni simonía. En caso de que la elección fuese “dudosa”, se permitía que el emperador se inclinara por la “sanior pars” (la parte más saludable). Tras la elección del candidato, se procedería a la celebración de dos actos:

1. Consagración del obispo elegido por el metropolitano.

2. Entrega, por parte del emperador, de las “temporalia”, es decir, de los bienes temporales anejos a la dignidad espiritual (regalías), materializadas en un pequeño báculo. Por ellas, el obispo contraía las acostumbradas obligaciones de fidelidad feudal para con el soberano.

En Alemania, la entrega del cetro se produciría antes de la consagración por el metropolitano, mientras que en Italia y en Borgoña se haría a los seis meses. En realidad, se trataba de un reparto de influencias: Alemania para el emperador e Italia y Borgoña para el Papa

Ambas partes quedaron satisfechas del acuerdo. El Papa, para solemnizar el acuerdo, celebra en 1123 un Concilio en San Juan de Letrán: el I Concilio de Letrán, al que asisten obispos de fuera de Italia, asistieron 300 obispos o 1.000 obispos y abades. Gracias a esta asistencia, este Concilio tuvo el carácter de “ecuménico” y crearía la imagen de que la “universalidad” de los concilios se había trasladado de Oriente a Occidente. En este concilio se condenan la simonía, el nicolaísmo, el celibato desde el subdiaconado y la concesión de indulgencia plenaria a los “cruzados”.

Nadie mejor que el sucesor de Calixto II, el papa Honorio II (1124-1130) para continuar la tarea. A lo largo de su pontificado logró mantener buenas relaciones con los distintos poderes de Occidente: Con Luis VI de Francia, con Enrique I de Inglaterra, con Alfonso VII de Castilla y León y, sobre todo, con el soberano alemán Lotario III. En él se encontrará un sincero colaborador en materia de elecciones episcopales y uno de los pocos emperadores germánicos que tuvo verdadero interés por la expansión hacia el Este.

10.4.- LA EUROPA DE MEDIADOS DEL SIGLO XII Y EL GRAN IMPULSO AL DERECHO CANÓNICO: EL DERECHO DE GRACIANO

Hasta los años cincuenta del siglo XII se irán consolidando, a nivel ideológico, los esquemas del gregorianismo por diversos autores:

*      Honorio Augustodunense: escribe hacia 1120 “Summa gloria de Apostolico et Augusto” según él, regnum y sacerdocium estaban unidos por Melquisedec, más adelante por Jesús y, tras su muerte, por los Papas. El Papa disponía así del Dominium Mundi mientras que el emperador debía limitarse a ser un advocatus Ecclesiae, una especie de delegado pontificio para asuntos temporales.

*      Hugo de San Victor: Escribe su “Comentario sobre la jerarquía celeste según Dionisio Areopagita”. La dualidad del poder es sólo aparente, los soberanos tienen su poder gracias a la acción de la Iglesia, y sólo desde el momento que son coronados por el Papa.

*      Juan de Salisbury: “El Policraticus”, vigoriza la noción de Estado como ente donde el ser humano encuentra el medio para realizarse, en ese medio, el rey es la cabeza, pero el alma es la Iglesia, el valor del poder terrenal está en función de su avenecia con el poder espiritual.

*      Graciano: En 1142, el monje camaldulense Graciano procedió a la redacción de una suma cuyo título es “Concordia discordantium canonum”, pero que conocemos como “Decreto de Graciano”. Pretende buscar la concordia en las anomalías en la legislación canónica que se habían ido acumulando. Graciano crea un Corpus racionalizado de tres partes:

1. Noción y división del derecho.

2. Bienes de la Iglesia, simonía, matrimonio y penitencia.

3. Culto, sacramento y sacramentales.

Se podría hablar de un antes y un después de Graciano. Su “Decreto” se utilizará como libro de texto. De Graciano arrancará un número importante de canonistas que acabarán siendo papas: Alejandro III, Inocencio III y la mayor parte de los Papas del siglo XIII.

El II Concilio de Letrán (1139) liquida un pequeño cisma que se produjo en la Iglesia romana en tiempos de Inocencio II. Con él, se clausura la reforma gregoriana.

10.5.- LA REFORMA EN LAS MONARQUÍAS FEUDALES

La pugna entre el Papa y el emperador no fue la única, también se vio reflejada en las monarquías de los reinos occidentales. Incluso los papas dieron a éstas respuestas variadas incluso, a veces, contradictorias:

1) Península Ibérica: El punto de fricción se encontraba en la práctica de la liturgia mozárabe que, siendo perfectamente ortodoxa, se alejaba de los planes uniformadores de Roma. Se va a proceder a una colonización de las sedes episcopales reconquistadas por obispos francos que introducirán el rito romano anulando el mozárabe, igualmente, en las abadías se introducirá la regla benedictina a través del movimiento monástico de Cluny.

2) Francia: Los primeros Capeto eran personajes de piedad indudable, aunque d vida privada más dudosa. Eran monarcas de escasos recursos económicos, uno de ellos era la venta de dignidades eclesiásticas. Esta circunstancia va a crear tensiones entre los Capeto y Gregorio VII y su legado Hugo que arremete contra los obispos simoníacos (Burdeos, Reims, etc..). Una serie de concilios provinciales acabarán poniendo orden y se llegará a un acuerdo con Felipe I en 1104 que renunciará a la investidura por el anillo y el báculo. Los siguientes monarcas iniciarán una colaboración con la Iglesia de Francia que será capital para la formación del Reino de Francia. De Francia saldrá la figura de Ivo de Chartres, allí se celebrará el concilio de Clermont y de territorio francés procederá el papa Calixto II.

3) Inglaterra: El proceso de romanización tiene una fecha capital: la entronización de Guillermo el Conquistador en 1066 tras su victoria en la batalla de Hastings, con el beneplácito de la Santa Sede (Haroldo de Wessex no era demasiado grato para Roma). Guillermo se hace acompañar por un nutrido grupo de eclesiásticos del continente, a cuya cabeza iba Lanfranco, abad de Caen. La Normandía era el Estado feudal mejor organizado de Europa, y esta organización es la que se lleva a Inglaterra. Lanfranco es ascendido a la máxima dignidad inglesa, a Arzobispo de Canterbury y es un celoso defensor de la reforma.

Guillermo designa obispos y abades dignos, pero lo hace sin simonía (sin cobrar). Su hijo Guillermo II el Rojo, rompió sus relaciones con la Iglesia y tuvo graves diferencias con el sucesor de Lanfranco, San Anselmo de Canterbury, que acabará exiliándose en Italia. Guillermo el Rojo, se inmiscuye en los asuntos eclesiásticos, tiene problemas con Urbano II y muere en 1100 de forma misteriosa.

Su sucesor, su hermano Enrique I era un hombre muy pagado de su poder, al parecer muy influido por una obra conocida por unos como el Anónimo de York y por otros como el Anónimo de Normandía. En ella se hablaba del carácter casi sacerdotal que los reyes tenían en función de esa “unción real” que los monarcas franceses e ingleses recibían. Esta obra defendía la prioridad del “regnum” sobre el “sacerdocium” ya que Cristo había sido Rey toda la eternidad mientras que sacerdote sólo lo fue desde la Encarnación. No sabemos si la influencia de esta obra existió en realidad o no.

Enrique I, a quien podrá compararse con el emperador Enrique V, opta por hacer las paces con la Iglesia. San Anselmo regresa a Inglaterra y se firma en 1107 el Concordato de Westminster: Enrique I renunciaba a la investidura por el anillo y el báculo, aunque se reservaba el derecho a estar presente en las elecciones. Una vez procedida a la elección, el monarca otorgaría al dignatario los bienes temporales anejos al cargo y el obispo juraría vasallaje al rey.

La libertad de elección canónica se aseguraría en los años siguientes porque el sucesor de Enrique I, su primo Esteban I protagonizó un período conocido como la anarquía del rey Esteban del que la Iglesia sacó provecho.

4) La Sicilia Normanda: Sus orígenes se han situado hacia 1009 y la expedición de bandas normandas que acabaron asentándose en Sicilia colocándose al servicio de la variedad de poderes locales (musulmanes y bizantinos). El primer Estado normando será Melfi hacia 1041. Se produce un primer roce con el papa León IX, pero se llegará a un acuerdo entre Roberto Guiscardo y Nicolás II. Roberto Guiscardo recibirá la investidura de los ducados de Apulia y Calabria. En 1084 se produjo la liberación por los normandos de Gregorio VII, lo que aprovechan para saquear Roma. En los años sucesivos, estos pequeños principados normandos se verán consolidados con el salto a Sicilia (Palermo 1112).

Los principados se articulan en un sólido Estado a manos de Roger II que en 1139 recibe el título de rey de Sicilia y de los ducados de Apulia y Capua (Sicilia y Nápoles). Territorio dotado de gran diversidad étnica, cultural y espiritual. Los normandos se adaptan a esta situación, incluso a Roger II le llaman el Sultán bautizado, y mantienen una gran tolerancia para los musulmanes, para la Iglesia griega del sur de Italia. Pero la Iglesia oficial es la romana, los eclesiásticos son francos.

El control que los monarcas normandos tienen sobre este clero es total y ello por concesión pontificia. Sicilia estaba liberada del envío de legados pontificios. Esta situación casi convertía a los reyes normandos en legados papales con capacidad de retener a obispos llamados a Concilio.

10.6.- EL ENFRENTAMIENTO ENTRE FEDERICO BARBARROJA Y EL PAPADO: FUNDAMENTOS IDEOLÓGICOS Y ETAPAS

El Concordato de Worms de 1122 y los anteriores, habían conseguido fijar unas reglas de juego en las elecciones canónicas. Los años posteriores al I Concilio de Letrán están protagonizados por los escritos de algunos autores  que culminan con Graciano.

A la creación de un marco para la solución del problema de las investiduras, sucede otro problema entre “regnum” y “sacerdocium”. ¿A quien corresponde la rectoría de la cristiandad? ¿Quién debe poseer el “Dominium Mundi”?. Se crearán dos bandos, uno partidario del Papa, otro del emperador.

Tras la muerte de Enrique V se abrió un período de anarquía en Alemania. Durante algunos años, y con el apoyo de un importante sector de la Iglesia, Lotario de Suplimburgo , a cuyo lado se pusieron los duques de Baviera, del linaje de los Welfen, gobernó en Alemania. Pronto se formó otro partido en la oposición: el encabezado por los duques de Suabia, del linaje Staufen o Weiblingen.

Con el discurrir del tiempo, Welfen y Weiblingen acabarían designando, respectivamente a los partidarios del papa y del emperador. En Italia se les conocería como güelfos, que mantenían que el poder del emperador venía otorgado por el Papa y gibelinos, que mantenían que el poder del emperador era soberano y el Papa era un mero vicario espiritual.

Hablar de “Dominium Mundi” es hablar del enfrentamiento entre Federico I Staufen, Barbarroja (1152-1190) y el papa Alejandro III (1159-1181)

Federico I Barbarroja ha sido de las grandes personalidades de la historia de Alemania. Pese a que cierta corriente historiográfica de los siglos XIX y XX le ha acusado de  sacrificar los intereses alemanes a la persecución de utópicas ensoñaciones italianas, nadie ha dudado de su genio político. De inmediato surge el paralelismo con otro capacitado príncipe del momento: Enrique II Plantagenet de Inglaterra.

Pariente de los Welfen, por parte de madre, y cabeza de los intereses Weiblingen por parte de padre, Federico fue elevado al trono Alemán con la esperanza de que pusiera fin a las discordias en Alemania e Italia. Muy pronto demostró que deseaba tomar la iniciativa y alcanzar la plenitud de poder que, a su juicio, Dios le había otorgado a través de la elección de los príncipes. Sin embargo, no tardó en darse cuenta de los obstáculos que tenía en su camino: las ciudades del Norte de Italia; y la fuerza que el Pontificado estaba alcanzando en toda la cristiandad.

Los inspiradores de la política de Federico I Barbarroja fueron Otón de Freising y un monje bávaro autor de la obra “Ludus de Antichristo”:

*                         Otón de Freising: Obispo de esta ciudad austríaca era tío de Federico Barbarroja, educado en París, escribió dos obras:

1. La que pasa por ser segunda gran filosofía de la Historia medieval, después de la de San Agustín: “Historia sive Chronica de duabus civitatibus” “Historia o Crónica de las dos ciudades”. Supone una renovación de la obra de San Agustín, de acuerdo con la cual, la evolución de la humanidad se ha ido plasmando en el enfrentamiento de las dos ciudades (ver diagrama). El momento que se está viviendo es el de la civitas permixta: El Imperio se ha integrado como una de las dimensiones de la Iglesia aunque no por ello hayan desaparecido las tensiones (vg. La pugna entre Gregorio VII y Enrique IV). Al final el nuevo momento de la Historia (IV en el diagrama), en el que hace profecía histórica: el pesimismo y la angustia hacia el final de los tiempos era entonces vivido como una especie de “virtud”.

2. “Gesta Friderici imperatoris” en la que nos habla de los primeros tiempos del gobierno de Federico. Es una llamada a la esperanza y sirve como complemento “en positivo” a la anterior.

*        El “Ludus de Antichristo” obra de un monje bávaro, se escribiría entre 1160 y 1189. No es una obra original, recurre a un viejo tema cuyos orígenes datan del siglo VI. Se nos habla de un Imperio terrestre que es la ordenación del Reino de Cristo en la tierra. Su misión, acabaría con la cristianización total del mundo. El emperador, entonces, viajaría a Jerusalén para devolver las insignias imperiales a Dios Padre. El protagonismo pasaría entonces del emperador y sus enemigos a Cristo y el Anticristo respectivamente. La lucha terminaría con la destrucción del Anticristo atravesado por un rayo. En este texto, el emperador ocupa un lugar principal, frente a los secundarios ocupados por el rey de los francos, el basileus de los griegos, el rey de Jerusalén y el rey de Babilonia. Federico Barbarroja entiende el mensaje de que mientras haya un emperador fuerte, no prevalecerá el anticristo.

En el terreno jurídico nos encontramos con una serie de personajes fundamentales en el soporte al emperador: el abad Wibaldo de Corvey, canciller del emperador, el obispo Eberhard de Bamberg, el obispo de Maguncia, Christian de Buchy, el más importante, Reinaldo de Dassel, arzobispo de Colonia y canciller imperial. Este fuerte apoyo de la Iglesia al emperador acaba con la idea maniquea de dos fuerzas enfrentadas, de un lado la Iglesia y de otro el emperador.

Cuando en 1156 Reinaldo de Dassel accede a la cancillería, la figura del monarca alemán fue alineada con las de los grandes emperadores de la antigüedad. Las constituciones imperiales se situaron en categoría a la altura de los capitulares carolingios o las novellae justinianeas. La voluntad del emperador aparecía como fuente de derecho. A los ojos de Dassel, los monarcas europeos comparados con el emperador no pasaban de la categoría de reguli (reyezuelos). Actitud despectiva que despertó los recelos de algún autor como Juan de Salisbury que, cuestionando el dominium mundi al que aspiraba Federico, se preguntaba ¿quién había concedido a los alemanes el derecho a juzgar a otras naciones?.

Ensoñaciones místicas y propaganda política condujeron a Reinaldo de Dassel, según Friedrich Heer, a transformar en reyes a los magos que veneraron al niño Jesús. La realeza quedó, así convertida, históricamente, en el primer poder que rindió pleitesía al Salvador. Los magos eran elevados al prototipo de reyes cristianos; sus continuadores eran los monarcas del Sacro Imperio. Desairado papel el que se otorgaba así al otro poder (el sacerdocium) cuyo máximo representante era el obispo de Roma.

Reinaldo de Dassel está animado por la idea de restaurar el “honor Imperii”, la dignidad del Imperio que pensaban que se había quebrantado con la firma del Concordato de Worms. Esta restauración suponía asumir por parte del emperador, todas las responsabilidades en Alemania e Italia, incluido el territorio pontificio, siguiendo el modelo de Carlomagno. Esto suponía acabar con el espíritu y la letra del  Concordato de Worms, suponía considerar que el Sacro (desde 1157) Imperio Romano Germánico tenía un carácter soberano. Se pensaba que el “honor papalis” podía ser autónomo, pero que en ningún modo podía ser el hilo conductor de la comunidad cristiana.

Las relaciones de Federico Barbarroja con el Pontificado pasaron por cinco etapas:

1) Época de asentamiento (1152-1159): Al poco de se elección en Alemania, la posición de Federico Barbarroja era inmejorable en relación al papa Adriano IV, impotente ante la revuelta de Arnaldo de Brescia. El monarca alemán acudió en apoyo del Pontífice y apresó a Arnaldo que acabó ejecutado en la horca. El 18 de junio de 1154 Adriano IV coronaba a Federico como emperador.

Las buenas relaciones entre Papado e Imperio que auguraban estos gestos, pronto se trocaron en desconfianza en los años siguientes. El Pontífice se reconciliaba con los normandos del sur de Italia a los que confirmaba la investidura sobre Sicilia, Apulia y Calabria y el emperador empezó a tener graves roces con otros poderes.

El primer incidente grave tuvo lugar en la dieta imperial de Besançon (1157). El legado pontificio Rolando Bandinelli dejó entender, al menos al parecer de Reinaldo de Dassel, que el monarca había recibido el Imperio como beneficium de la Santa Sede. Era justamente lo contrario de lo que pensaba el canciller para quien Roma e Italia eran feudos del Imperio. Así lo hizo patente el monarca en un discurso  firme en el que sostuvo que hemos recibido y poseemos el Reino y el Imperio solamente de Dios. Aunque sólo fuera en el terreno de las ideas, la guerra entre sacerdocium e imperium retoñaba con fuerza.

En los meses siguientes Federico dio un paso más en su política autoritaria. Esta vez fueron las ciudades del Norte de Italia las afectadas. En una solemne dieta tenida en Roncaglia (1158), un grupo de juristas boloñeses, al servicio del emperador, elaboró una lista de regalías que, aunque percibidas por las ciudades, argüían que eran de propiedad imperial. Era un serio golpe contra la autonomía comunal de las ciudades penosamente conquistada en los años anteriores. Las ciudades empezaron a recibir cada una un magistrado imperial (el podestá) provisto de plenos poderes.

2) Cisma y triunfo militar de las tesis imperiales (1159-1168): Nada parecía que se opusiera a los designios italianos del monarca alemán cuando, en 1159, se produjo un importante cambio de rumbo en Roma. A la muerte de Adriano IV el colegio cardenalicio no pudo elegir un candidato de consenso. La mayoría de los cardenales optaba por Rolando Bandinelli que tomaba el nombre de Alejandro III (1159-1181), mientras que la minoría imperial proclamó a Victor IV. Un nuevo cisma caía sobre la Iglesia.

La cristiandad se había partido en dos; detrás de Victor IV se situó el emperador, buena parte del episcopado alemán, borgoñón, del norte de Italia, el monasterio de Cluny. Milán, una de las máximas preocupaciones de Federico fue totalmente destruida por las fuerzas imperiales (marzo de 1162) y su población deportada en masa; Pisa y Génova se pusieron a disposición del monarca alemán. Del lado de Alejandro III se inclinaron los monarcas occidentales: Inglaterra, Francia, los reyes hispanocristianos, los normandos del sur de Italia y las órdenes religiosas del Cister y los Cartujos. La legitimidad histórica está del lado de Alejandro III mientras que Victor IV y sus sucesores han sido considerados antipapas.

La muerte de Victor IV hubiera podido zanjar el cisma si no se hubieran impuesto los duros criterios de Reinaldo de Dassel en la corte imperial. Un nuevo antipapa fue promovido con el nombre de Pascual III quien, a instancias del canciller, procedió a la solemne canonización de Carlomagno.

Federico I Barbarroja obtiene una importante victoria militar cerca de Roma que obliga al Papa a alejarse de Roma y a refugiarse con los normandos, el “dominium mundi” se ve así prácticamente consagrado, se ha producido la supremacía del poder temporal sobre el poder espiritual.

3) Culminación del cisma y fracaso parcial de las tesis imperialistas (1168-1176): Una epidemia de peste (o de malaria), se ceba sobre el ejército imperial en Roma, por ella muere Reinaldo de Dassel. Tomás Becket escribió una carta a Alejandro III diciendo nunca el poder de Dios se había manifestado de forma tan clara. El contratiempo fue aprovechado por Alejandro III y las ciudades lombardas Lodi, Cremona, Mantua Ferrara, Bérgamo, la reconstruida Milán y una ciudad de nuevo cuño que en honor al Pontífice recibió el nombre de Alejandría. Alejandro III fue reconocido como jefe de esta Liga lombarda. En Alejandría Federico I es frenado en 1175. En 1176 Federico I Barbarroja hace un nuevo intento, pero el duque de Baviera, Enrique el León, le niega su apoyo. Finalmente Federico es derrotado en Legnano, una humillante derrota a manos de las milicias de la Liga lombarda. De esta derrota, Federico I Barbarroja sacaría las lecciones oportunas que puso en práctica en los años siguientes.

4) Reconciliación entre el Papa y el emperador (1176-1183): La situación había madurado ya suficientemente: la Liga lombarda se había agrietado tras su victoria en Legnano, Alejandro III, ya anciano, deseaba poner fin al cisma, Alejandro III es, además, consciente de un nuevo peligro, la expansión de la herejía cátara.

Ya habían existido voces intentando solucionar el problema. En 1171 un autor desconocido escribió un tratado: De la verdadera paz contra el cisma de la Sede Apostólica”, en el se reconocía la legitimidad a Alejandro III pero se le pedía flexibilidad. Santa Hildegarda de Bingen llama a Federico para reconvenirle y decirle que se está comportando como un niño y que en 1176 no tiene sentido mantener el cisma.

Los obispos de Maguncia, Worms y Magdeburgo fueron los encargados de contactar con Alejandro III en su residencia de Agnani para celebrar una magna conferencia de paz. Ésta se celebró en Venecia entre julio y agosto de 1177. Federico I reconocía la legitimidad de Alejandro III y éste reconocía la “validez” de las acciones de los obispos fieles a Federico “en Alemania”, durante el tiempo del cisma. En el caso de Italia, los cismáticos serían sometidos al juicio del Papa, excepto diez personas. Al último antipapa, Calixto III se le echa, y a los cardenales nombrados por éste, se les quita el cardenalato y se les devuelve a sus dignidades anteriores. El papa reconocía a Beatriz de Borgoña, mujer de Federico como emperatriz ya su hijo Enrique como rey de romanos.

En 1179 se celebra el III Concilio ecuménico de Letrán con una nutrida representación de obispos. Se promulgan 27 cánones y se fija la cifra de 2/3 del cuerpo electoral para la elección de Papa. Se hace condena expresa del catarismo, se prohibe a judíos y moros tener esclavos cristianos. Se “lateraniza el problema judío dando medidas a aplicar por todos los reinos cristianos”. Ahora es cuando se toma conciencia de que Occidente ha tomado el relevo de Oriente en lo que al ecumenismo de la Iglesia se refiere. El concilio es el último acto importante en el dilatado pontificado de Alejandro III que muere en 1181.

Federico I Barbarroja le sobrevivió once años. En 1183 Federico I firma la Paz de Constanza con las ciudades italianas que podrían elegir libremente a sus magistrados que después jurarían fidelidad al emperador.

En 1184 Federico I ayuda al papa Lucio III (1181-1185) contra las facciones romanas que se le oponen. Federico I va a hacer su gran jugada maestra, acuerda el matrimonio de su hijo Enrique, rey de romanos, con Constanza de Hauteville, hija del rey normando del sur de Italia. Esto hará que en el futuro haya un único poder desde el Báltico hasta el Mediterráneo.

Siendo ya sexagenario, recibió la noticia de la derrota de los cruzados en Hattin frente a Saladino y la pérdida de Jerusalén y la mayor parte del territorio conquistado en Tierra Santa. Se organiza una nueva Cruzada, la tercera, a la que acuden Federico I Barbarroja, Felipe II de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra. Federico I Barbarroja murió ahogado cuando intentaba atravesar un riachuelo de Asia Menor. Su muerte exaltó su figura y se produjo la que podemos llamar mitificación de Federico I Barbarroja.

10.7.- LA MARCHA DE LOS ALEMANES HACIA EL ESTE. EL DRANG NACH OSTEN

La conquista y ocupación por parte de los germanos de la antigua instalación eslava, el “drang nach osten” de los siglos XII y XIII, es, en realidad, una nueva fase de la ya larga relación, en los territorios centrales de Europa, de los pueblos del Este y del Oeste. Entre Polonia y el Imperio, en el espacio entre el Elba y el Oder, subsistían algunos pueblos eslavos: obroditas, vendos y sorabos . Desde el siglo X, los monarcas germanos habían creado frente a ellos una serie de marcas de fronteras difusas y abiertas en el lado oriental. Son ellas el primer escenario, en el siglo XII, del violento movimiento de expansión de los germanos, vasto fenómeno de múltiples implicaciones, en el que pueden distinguirse tres planos fundamentales: el de la actividad político-religiosa, el de la colonización agraria y el de la intensificación comercial y urbana.

La actividad militar fue dirigida, en primer lugar, por los príncipes germanos de los territorios fronterizos que crean importantes feudos (Holstein): Alberto el Oso desde Brandeburgo, Enrique el León, desde Sajonia, desencadenan una ofensiva sobre los eslavos del otro lado del Elba, donde el avance previo de la cristianización no impidió que la campaña adquiriera caracteres de cruzada. Al otro lado del istmo se funda la ciudad de Lübeck; Lusacia, Silesia y Pomerania son incorporadas al territorio germano.

10.8.- LAS RELACIONES DEL PAPADO CON EL RESTO DE MONARQUÍAS OCCIDENTALES

LA INGLATERRA PLANTAGENET

Hay que hacer referencia al affaire entre Enrique II Plantagenet[56] y Tomás Becket[57]. Hay entre estos dos personajes una relación paralela a la que existió entre el emperador Enrique IV y el papa Gregorio VII.

Enrique II de Inglaterra era un rey poderoso, sus dominios iban desde Escocia hasta los Pirineos, lo que podíamos decir, el Imperio angevino (por el ducado de Anjou) incluyendo el ducado de Aquitania de su mujer Leonor. Enrique II tenía, además, una capacidad política indudable que le colocará como uno de los tres grandes personajes de la historia medieval de Inglaterra, entre Guillermo el Conquistador y Eduardo I Longshanks.

Desconocemos la procedencia social de Tomás Becket, sabemos que se formó en Canterbury, Londres, París y Bolonia, tenía, pues, un talante intelectual muy superior a la media con notables conocimientos teológicos y canónicos. Tuvo un gran ascendiente en los medios intelectuales ingleses y fue recomendado al rey inglés para el ejercicio de la cancillería (1155). Desempeñó este cometido con habilidad lo que le valió para que en 1161, tras la muerte de Teobaldo, arzobispo de Canterbury, ser promovido por Enrique II como titular de la sede primada, puesto que Tomás Becket se va a tomar muy en serio.

El enfrentamiento entre Enrique II y Tomás Becket llegó por diversas causas:

1) Fundamentales: El deseo de Enrique II de acabar con la anarquía del reino, suponía renovar todos los derechos y títulos de la corona, entre ellos, la supervisión de la Iglesia de Inglaterra. Para Tomás la detentación en manos de la Iglesia de los  derechos y libertades que el impulso canónico del “Decreto de Graciano” alentaba era fundamental.

2) Menores: La pugna por la preeminencia entre los distintos prelados ingleses: los obispos de York y de Londres pretenden desligarse de Canterbury.

A partir de 1163, el rey convoca en Westminster una asamblea de obispos y varones. El rey pretendía que un funcionario actuara como representante real cuando el obispo estuviese representado por un archidiácono y, lo más espinoso, los clérigos convictos de algún crimen podrían ser juzgados por los tribunales civiles. Becket se negó y elevó el caso hasta el Papa.

Ante la negativa, Enrique II pone en vigor las “costumbres antiguas”, derechos consuetudinarios del rey en materia de la Iglesia. Se ponen por escrito en las llamadas Constituciones de Calendon, diez y seis puntos de los que la Iglesia rechaza diez:

*          Vigilancia del monarca sobre el conjunto del clero de Inglaterra.

*          Limitación de los ingresos de la Iglesia a los depósitos de sus fieles.

*          Restricción de la facultad de excomulgar a los obispos.

*          Las apelaciones de los eclesiásticos ingleses a Roma debían ser, previamente, revisadas por el rey.,

*          Los tribunales eclesiásticos deberían adoptar los procedimientos de los tribunales civiles.

*          El rey tiene derecho a disfrutar de los ejercicios cristianos vacantes.

Si se hubiesen aplicado estas normas al 100 % se hubiera retrocedido a la época de los “reyes anglonormandos”. El enfrentamiento entre Enrique y el clero inglés era inevitable.

Citado ante el tribunal del rey, Tomás Becket se negó a ir alegando su condición de eclesiástico, para, finalmente, ante las amenazas del rey, abandonar Inglaterra exiliándose en Francia y apelar a Roma. En el exilio pasa seis años en los que hay momentos en que parece que la reconciliación es inminente y otros de gran crispación. Entre los mediadores entre Enrique II y Tomás Becket se cuenta Matilde, madre del rey, el propio rey de Francia, Juan de Salisbury, e incluso, el papa Alejandro III

Tomás Becket tampoco hace mucho por suavizar la cuestión y reprende a los obispos de Londres y de York. El conflicto llegó a su punto culminante cuando en 1170, Enrique II dispuso que el arzobispo de York coronase al príncipe heredero, quebrantando así un derecho que tradicionalmente pertenecía al arzobispo de Canterbury. Tomás Becket reaccionó poniendo al reino en entredicho. Los graves efectos de esta medida doblegaron la actitud del rey, que buscó la reconciliación con Becket. Éste regresó a Inglaterra en diciembre de 1170, n un ambiente cargado de tensión. Días más tarde, el 29 de diciembre, se produjo su brutal asesinato en la catedral a manos de cuatro caballeros que actuaron incitados por el odio feroz de Enrique hacia el arzobispo.

Muy pronto la tumba de Tomás Becket fue centro de peregrinaciones, que se acentuaron cuando, a los pocos años de su muerte, fue canonizado por Roma. Alejandro III tuvo que lanzar contra Enrique II diversas sanciones “ad ingresum ecclesiae”, por lo que el propio rey hubo de mostrar públicamente su arrepentimiento, peregrinando como un fiel más a la tumba de su enemigo en su Canossa particular. Por lo que hace a la cuestión de fondo del problema, las Constituciones de Clarendon fueron derogadas y se restauraron las tradicionales buenas relaciones entre el papado y la monarquía anglo-normanda.

LA FRANCIA DE LOS CAPETO

La posición de los Capeto en estas pugnas por la consecución de los poderes universales fue la de neutralidad, en virtud de la consagración que reciben y que les otorga una privilegiada posición siendo casi reyes taumatúrgicos.

El abad Suger de Saint-Denis ocupa un destacado papel como consejero de Luis VI y de Luis VII, e incluso regente cuando éste va a la cruzada.

El territorio francés ocupa un lugar preeminente en los acontecimientos religiosos que se producen:

*                         Es, en ocasiones, refugio de Papas, y es plataforma desde la que actúan los Papas cuando están refugiados allí..

*                         En Clermont se predica la primera Cruzada. Alejandro III consiguió que Inglaterra y Francia se reconcilien. Alejandro III en dos sínodos, el de Montpellier y el de Tours, estrechó lazos con las monarquías occidentales.

*                         En Francia surgen Bernardo de Claraval, autor de “ De considerationi” dirigida al papa Eugenio III y en la que se manifiesta que bernardo de Claraval tenía sus dudas de que la centralización de la Iglesia fuera buena en sí misma.

*                         Cristian de Troyes, en el siglo XII, expresa la idea de que el centro europeo se va trasladando hacia Francia en sus aspectos espiritual y cultural.

TEMA 11  LA EXPANSIÓN DE LA CRISTIANDAD EN LA PLENITUD DEL MEDIEVO

11.1.- LA RIVALIDAD ROMA-CONSTANTINOPLA Y EL CISMA DE MIGUEL CERULARIO

La liquidación del cisma de Focio, no había supuesto el fin de los obstáculos que se oponían al buen entendimiento entre los patriarcados de Roma y Constantinopla. En los años siguientes seguirá habiendo roces que, aunque no son graves, evitan que el entendimiento diste de ser perfecto.

En torno al año 400, el período de crisis que vive el Pontificado, impide a éste prestar atención a los asuntos externos por lo que el patriarcado constantinopolitano se acostumbra a vivir de forma independiente. Cuando el Papado supera la crisis y quiere imponer sus criterios centralistas, fracasa en relación con Oriente.

Después del año 1000, el primer foco de disidencias se da en 1004, fecha en que el papa Sergio IV envió a Constantinopla una declaración de fe en la que se incluye el “Filioque”, la respuesta de Constantinopla fue la de suprimir de un díptico en el que se incluían los nombres de patriarcas, vivos y muertos, para rogar por ellos. En 1004 se produce, por tanto, el punto de partida para la recíproca excomunión de ambas Iglesias.

No podemos ignorar que frente a las circunstancias de tipo espiritual que dieron lugar a este distanciamiento, también hubo circunstancias de tipo político y, en concreto, hay una que ha llamado especialmente la atención de los historiadores y que supone un hecho de considerable gravedad: las agresiones llevadas a cabo por los normandos, simpatizantes del Papa contra las posesiones bizantinas en los Balcanes. La consiguiente mala imagen se extendió rápidamente no sólo sobre los agresores, sino también sobre el Papa que, desde el punto de vista moral, les daba cobertura.

También había una razón comercial: la recuperación económica de las ciudades marítimas italianas, las hacía competidoras de Oriente. Así, Venecia coloniza el Imperio bizantino y crea un clima enrarecido ante ese progresivo auge comercial de las ciudades italianas ante un Imperio bizantino económicamente a la baja.

La réplica a la presión normanda sobre la población griega vino de manos del Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario que toma represalias contra los latinos asentados en la capital obligándoles a aceptar los modos litúrgicos griegos. El papa León IX manda una embajada para solventar el problema, pero elige como embajador al cardenal Humberto de Silva Cándida que cuando llega a Constantinopla enturbia más las relaciones y acaba depositando en el altar mayor de Santa Sofía una bula de excomunión contra Miguel Cerulario acusando a los griegos de la omisión del Filioque. El emperador Constantino IX manda quemar la bula y crea un sínodo para excomulgar a Humberto

Se produjo así el cisma de 1054. Se ha dicho y es el segundo cisma de Oriente y el definitivo; Odolensky ha llegado a comparar esta ruptura de 1054, desde el punto de vista doctrinal y de sus efectos generales, a la ruptura protestante de 1517. A Mitre le parece exagerado, porque si el hecho era grave, los acontecimientos que se suceden a largo plazo demuestran que el problema era insoluble. Los que se habían enfrentado eran los altos representantes de ambas Iglesias, la ruptura no había trascendido a nivel popular. Además, hay intentos por parte de las Iglesias de arreglar las cosas, pero no salió bien. Una oportunidad fue la predicación de las Cruzadas, puesto que el objetivo de Roma era ayudar a sus hermanos de Oriente para expulsar a los turcos.

11.2.- LAS CRUZADAS: EMPRESA PONTIFICIA Y MENTALIDAD COLECTIVA

La palabra Cruzada define, como dice el especialista francés Duprocot “toda vaga y confusa pulsión colectiva”. Cuando lo utilizan los medievalistas de lo que se habla es de “Expediciones que se escalonan entre 1905 por el papa Urbano II hasta la llamada octava Cruzada de San Luis de Francia que fracasa en 1270 ante los muros de Túnez”.

Puede considerarse que el interés por las Cruzadas se despierta en 1675 en el que el Jesuita francés (galicano), padre Maimbours publicó un primer gran compendio al calor de uno de los últimos coletazos militares del Imperio turco. Es un tema inabarcable porque las cruzadas son el mejor fenómeno para estudiar las actitudes, reacciones y sensibilidades de los historiadores hacia el mundo medieval en su conjunto. La Cruzada es la expresión medieval por antonomasia, y si la Edad Media ha tenido su “leyenda negra” creada por el Humanismo y la Ilustración, también ha tenido su “leyenda rosa” a partir del Renacimiento, esto mismo es lo que ha ocurrido con las Cruzadas.

Para algunos autores ilustrados como Voltaire, o marxistas como Zaborov, las Cruzadas se insertan como expresión de violencia, fanatismo religioso e incultura.

Sin embargo, para los autores de comienzos del siglo XIX las Cruzadas fueron la expresión de los más profundos sentimientos religiosos de la época medieval, época de héroes, santos y gestas. Así, Michaud escribe en 1808 una Historia de las Cruzadas de bastantes volúmenes que fue libro de cabecera para la historiografía romántica.

Autores cercanos a nosotros como Dupront, o su maestro Alphande, publicaron una Historia de las Cruzadas que es una obra insuperable, para ellos, la Historia de las cruzadas habría de estudiarse en función de una serie de sentimientos que ponen en marcha multitudes humanas hasta ahora desconocidas, habría, pues, que estudiarlas según la Historia de las mentalidades. Para Grousset o Runciman, las Cruzadas son la primera expresión colonial europea, es un anticipo de la gran expansión ultramarina colonial o de la del siglo XIX.

Existen diversas lecturas o discursos sobre el hecho de las Cruzadas: se analizan sus dimensiones económicas, culturales, institucionales, religiosas, militares, etc., pero no es menos cierto que esas “lecturas” desembocan en que las Cruzadas son la expresión clara de un Occidente europeo hasta entonces constreñido dentro de sus propias fronteras y que militarmente se deja sentir en cuatro frentes:

1) La Península Ibérica: Siglo XI, después de la muerte de Almanzor se produce el primer gran impulso reconquistador.

2) Sur de Italia: Los reyes normandos expulsan a los musulmanes.

3) Expansión al Este del Elba: Con características y privilegios de Cruzada, posiblemente, como dice algún  autor por la Edad media circularía la frase “muchacho vete al Este”.

4) El Próximo Oriente o Tierra Santa: En este terreno cruzadista se materializa una contribución de cuadros, no de poblamiento, de tal forma que uno de los fracasos de las cruzadas fue la escasez de población occidental que se asienta en Tierra Santa. San Bernardo, gran propagandista de la segunda cruzada y Pulquerio de Chartres hablaban de que Europa se quedaba vacía para irse a Oriente, pero esto no es cierto puesto que se sabe que el exceso de expansión demográfica lo superaba la vieja Europa por medio de nuevas roturaciones.

Se trata de un movimiento expansionista que tiene una cobertura ideológica que la justifica y una riquísima producción artística que verifica los sentimientos de las cruzadas como un ingrediente de la mentalidad colectiva.

De todas las fuerzas del Occidente europeo en torno al año 1000, hay una que crece y presume de ser la campeona de su unidad moral: el Pontificado a partir de la reforma gregoriana y con su carácter centralizador. El medio que utilizan para hacer valer su preeminencia es la cruzada que es una operación pontificia. Agustín Flix escribió: “…Occidente, por orden del Papado, se lanzó sobre el Islam…” Le Goff escribe: “…El Pontífice hizo de la cruzada el catalizador de los vagos deseos e inquietudes de Occidente…” Así, cuando Urbano II predica la cruzada en 1095, refleja bien ese estado de ánimo, y lo hace de forma instrumental.

Hay un pretexto, el principio de caridad fraterna o ayuda hacia las cristiandades de Oriente. Es cierto en parte porque se sabe que las cristiandades de Siria y Palestina, sometidas al Islam, sufrieron humillaciones como la destrucción del Santo Sepulcro a principios del milenio, a manos de una Califa demente, incluso algún clérigo occidental acusó a los judíos de Orleans de haber incitado al Califa, dentro del clima de antijudaísmo que se respiraba en esos años y que hacía que las cruzadas tuviesen un componente antimusulmán pero también antijudío dándose un brote de persecución contra éstos relacionado con la primera Cruzada. El caso del cierre de la iglesia latina de Jerusalén en 1059 no había sido iniciativa musulmana sino a causa de las presiones bizantinas en una muestra de la rivalidad entre ambas comunidades cristianas.

También existen otras razones. La derrota de Manzikert en 1071 a manos de los turcos hizo creer al Occidente cristiano y al Papado que los bizantinos se habían jugado y perdido el honor de la cristiandad en el campo de batalla y que ahora le tocaba a Occidente tomar el relevo en esta cuestión. Así, desde esa fecha, se ha sobrevalorado el hecho de que las autoridades bizantinas reclamasen ayuda a Occidente. En este sentido, tenemos una carta de Alejo Comneno al Pontífice recabando ayuda militar; pero esto no era excepcional, sino que encajaba en la tradición bizantina de reclutar mercenarios fuera de sus fronteras. Así, tenían una guardia varega (normandos). La ayuda prestada por Occidente debía haber sido puesta bajo el control de Bizancio y subordinada al emperador. Sin embargo, lo que llega tras 1095 es una ayuda masiva que los bizantinos consideran como una invasión bárbara.

Cuando Urbano II predica la cruzada en 1095, no partía de cero. Algunos autores hablan de la existencia de un “clima mental”, así como de precedentes de otros Papas de “precruzada universal” que habrían ido creando el ambiente cruzadista. K. Erdmann escribió en 1935 “Los orígenes de la idea de cruzada” donde afirma que ya los Papas anteriores a Urbano II, habían ejercido el papel de movilizar a la cristiandad. Hay también más precedentes como la del emperador Heraclio que lleva la guerra contra los Persas y consigue la reconquista de Jerusalén o las mal llamadas “cruzadas de Sajonia” llevadas a cabo por Carlomagno, incluso hay precedentes por parte del Papado ya que en el siglo IX se conceden determinados privilegios a quienes colaboren en la lucha contra los musulmanes que acechaban Italia; así, León IV en el siglo IX hace una promesa de salvación a quienes mueran por la verdadera fe, la salvación por la patria (cristiandad) y la defensa de los cristianos. Juan VIII, en años siguientes, hace una llamada parecida en la que aparece por primera vez el término indulgencia (beneficio espiritual); incluso hay una carta del papa Sergio IV en el año 1011 que hacía una llamada al conjunto de la cristiandad en tanto que la cruzada se predicaba sin ánimo de hacer diferencias nacionales. También está la conquista de Barbastro en 1064 por medio de un ejército internacional de guerreros ultrapirenaicos (se le ha llamado la cruzada antes de la primera cruzada). Es frecuente también, en el siglo XI, la presencia de guerreros ultrapirenaicos en la Península Ibérica (como Raimundo de Borgoña que se casará con doña Urraca).

Alphandery dice que gracias a estos precedentes fue naciendo una Teología de la Acción Armada que se nutría de elementos más o menos depurados jurídicamente pero emocionales y mentales que los Papas supieron capitalizar al margen del resultado último. Desde el año 1095, hasta el 1270 y el 1291 (en que se pierden las posiciones cristianas en Oriente), el léxico que rodea estas operaciones y su predicación es extraordinario:

A) Palabra Cruzada: En tiempos de las Cruzadas no se utiliza prácticamente, aparece tardíamente y compite con otras expresiones. Cardini ha insinuado que la palabra Cruzada es la sustantivación del adjetivo cruzado, el que toma la Cruz o el que está marcado por la Cruz. Durante la primera Cruzada, el vocablo que se les adjudicaba era el de “los nuestros”, en contraposición a “los otros” que eran los musulmanes. Los cristianos o “Milites Cristi”, los peregrinos o los caballeros, supone definir la Cruzada organizada por Pedro el Ermitaño que tuvo un carácter popular.

Cuando se habla de Cruzado en el sentido de “el que toma la Cruz”, se fundamenta en el pasaje evangélico “… Quien quiera venir conmigo que tome su Cruz y me siga…”. El uso de la Cruz como consigna no es exclusivo de los caballeros guerreros, sino también de los peregrinos, y desde 1045 el emblema privilegiado de los que van a Jerusalén.

B) La Cruzada como una Guerra Justa: Se pensaba que reunían todas las condiciones que desde San Agustín se habían precisado, es decir, conducidas por la autoridad legítima para defenderse del agresor y decididas a la recuperación de un bien expoliado. Bajo esta consideración las operaciones se subliman y se habla de “lucha contra los bárbaros” que no participan de la cultura helénica. Un bárbaro era para un autor del siglo XI aquella persona ajena a la Jerusalén celestial, a la Ciudad de Dios, o más simplemente, un no cristiano.

Pulquerio de Chartres escribe: “…Que vayan al combate contra los infieles; un combate que merece terminar en victoria…”. Recuerda la Paz y Tregua de Dios y acaban con las guerras civiles entre los nobles en el Occidente europeo.

San Bernardo, uno de los grandes ideólogos de la segunda Cruzada, nos la presenta como una lucha entre el bien y el mal, así, redacto un opúsculo titulado “De la alabanza de la nueva milicia del Temple”, es una exaltación de esa Orden Militar y en ella San Bernardo nos plantea la Cruzada como una especie de sumomaquia de espíritus del bien y del mal, de tal manera que quien mataba al malvado no era un homicida, sino un “malicida”, siempre que se hiciera dentro de la lucha contra la opresión de los sarracenos y la defensa de la Tierra Santa.

C) La Cruzada Planteada Como la Gesta de los Francos: Se significa como los Hechos de Dios realizados por mano de los francos, entendidos como occidentales y que son el “Nuevo Pueblo Elegido”. La Tierra Santa aparece como la vieja tierra prometida, pero también como la nueva tierra. A ¿Aldemaro de Puig? Y Raimundo de Tolosa, algunos cronistas les comparan con Moisés y Aarón; el primero muere antes de llegar a Tierra Santa y el segundo antes de la primera Cruzada. Las matanzas que se producen en el asalto a la ciudad nos recuerdan las matanzas de los textos bíblicos cuando los hebreos iban conquistando la Tierra Prometida.

Habría que hablar de la Cruzada como tránsito general ultramarino[58], o pasaje general. Hablar de traslado supone hablar de unas dimensiones físicas, ir de Occidente a Oriente o, con un lenguaje místico o metafísico, en cuanto al cristiano se le consideraba como un viajero en tránsito hacia la Vida Eterna.

El “iterierusalemitan” (camino o peregrinación a Jerusalén) era una práctica piadosa o una práctica penitencial y ya tenía un fuerte arraigo en los años anteriores a 1095, sabemos de una multitud de peregrinos que habían ido a Jerusalén. En un Concilio de Arlés (1037-1041) se imponía la peregrinación a Jerusalén a aquellos caballeros que fueran culpables de homicidio durante la Tregua de Dios. La Cruzada no innova demasiado, lo que hace es militarizar la práctica peregrinatoria, lo que derivaría en consecuencias nada previsibles (sobre todo para los bizantinos)

El destino era Jerusalén. Los autores no coinciden al interpretar si Urbano II cuando predicó la primera Cruzada se refería a la preservación de los Santos Lugares o a la cristiandad amenazada. Fuera como fuese, el ejército de la primera Cruzada toma Jerusalén en 1097 y lo retiene hasta 1187.

Jerusalén era meta peregrinatoria desde, al menos, el año 313 en el que ya existe un itinerario desde Burdeos hasta Jerusalén. También se ha estudiado el importante papel que Jerusalén tenía en la cartografía medieval. La Jerusalén física se va a deslizar desde la topografía y las ciencias exactas hasta la Teología y el símbolo. Una “ciudad” no en sentido político y urbano, sino en el sentido simbólico agustiniano. Una Jerusalén conocida más por los ojos de la fe que por su aspecto físico. Esa Jerusalén a la que el emperador devolvería sus símbolos imperiales. Conquistar la Jerusalén terrestre era condición necesaria para conseguir la celestial. Perder la Jerusalén terrenal era, asimismo, perder la celestial. Los fracasos militares acabaron siendo sublimados como martirio. San Luis, que emprende dos Cruzadas desastrosas en las que es hecho prisionero, equipara la prisión con el martirio.

El hecho cierto es que el mito de Jerusalén es capaz de canalizar un gran movimiento que afecta a todas las categorías sociales. ¿La llamada de Urbano II fue a todos los cristianos o sólo a los caballeros? Fue, aparentemente, una llamada interclasista como queda representado en la Orden del Temple. En los Concilios III y IV de Letrán, al no combatiente que apoya económicamente se le aplican los mismos beneficios que a los que ibn a Tierra Santa. Cada categoría social, sin embargo, entendió la Cruzada a su manera:

1) Oratores: La Cruzada es el instrumento mediante el cual el Papa puede imponer su teocracia y convertirse en el líder de la cristiandad. Los jefes de la Cruzada eran los “legados pontificios”. Se trata también de prestar ayuda al Oriente bizantino esperando limar las diferencias que habían llevado al cisma de 1095. Sin embargo, la visión de Ana Comneno es drásticamente distinta (bárbaros, celtas, etc.) ante la llegada de los peregrinos de Pedro el Ermitaño primero y de los caballeros después. Los occidentales tampoco veían a los bizantinos con buenos ojos y se produjo un “desencuentro” constante. Stephen Runciman piensa que las Cruzadas se debieron más al Cisma.

2) Bellatores: Ven en la Cruzada la plasmación del ideal caballeresco y la desviación de la violencia. La idea de recuperar los Santos Lugares estaba dentro de los presupuestos feudales, restituir al Señor por la ofensa recibida; en este caso, el Señor Supremo. Vuelta a un orden político y religioso que había sido alterado. Los conflictos entre los distintos jefes fueron constantes.

3) Laboratores: La primera Cruzada tuvo dos marchas distintas: la de los pobres primero y la de los caballeros, mejor organizada, después. Las masas que siguen a Pedro el Ermitaño, la Cruzada de los niños (que no lo eran tanto), o la operación de los pastores de 1250 que se organiza al frente de un llamado Maestro de Hungría con el fin de rescatar a Luis IX en Alejandría son los ejemplos más característicos de Cruzadas populares. Para sus dirigentes, estas Cruzadas tienen un papel emocional y un profundo sentido crítico social. Si añadimos otro factor permanente de las Cruzadas populares que era el antijudaísmo, podemos afirmar que las Cruzadas populares fueron muy distintas a las caballerescas. A partir de las Cruzadas, los judíos, que habían tenido una vida más o menos tranquila, vana empezar a tener terribles problemas.

Se puede hablar de un fracaso global de las Cruzadas puesto que sólo la primera consigue los objetivos propuestos. Franco Cardini destaca que en la primera Cruzada se tuvo éxito con una organización bastante floja, las siguientes, con una organización bastante más cuidada, acabaron en fracaso. Cabe hablar de una crítica a la idea de Cruzada, de un desánimo frente al entusiasmo inicial, pero hay que reconocer que la crítica nace ya con la idea de Cruzada y que el entusiasmo no decayó. El primer brote de escepticismo se puso de manifiesto a poco de ponerse en marcha la expedición de peregrinos, al fracasar la segunda Cruzada ante los muros de Damasco, se critica a su promotor San Bernardo. Surge una tendencia dispuesta a combatir al Islam “dialécticamente”: Pedro el Venerable (abad de Cluny) viaja a Toledo para conocer el Islam y el Corán correctamente para combatirlo con escritos. En el siglo XIII dominicos y franciscanos hacen un esfuerzo mayor de “tolerancia” que todo lo más intentaba convertir a los musulmanes al cristianismo: San Francisco, San Raimundo de Peñafort, Ramón Martí, Raimundo Lulio pensaban que era incompatible la vía de la dialéctica con la dominación armada.

También se ha hablado de que las Cruzadas, al establecer un contacto entre civilizaciones, crearon una corriente de acercamiento y un pragmático modus vivendi. Pulquerio de Chartres en sus “Hechos de los francos que peregrinaron a Jerusalén” dice: “… Eramos occidentales y nos hemos convertido en orientales…” , sin embargo, coinciden los investigadores en afirmar que fueron muy pocos los occidentales que se instalaron en Tierra Santa.

Federico II, protagonista de la VI Cruzada, la hace casi sin ejército y la hace para negociar con los musulmanes. Esto crea una mala imagen en el Pontificado, pero encaja en los parámetros de la educación de Federico II en el sur de Italia.

Se producen algunas manifestaciones literarias que despiertan simpatías hacia personajes del Islam, como Saladino, al que se le reconocen valores caballerescos (Dante coloca a Saladino en el primer círculo del infierno junto a Platón, Aristóteles y Averroes, mientras que a Mahoma le coloca en el octavo círculo; Walter Scott escribe El Talismán ensalzando la figura de Saladino, etc.). En los romances fronterizos, a los caballeros musulmanes  se les reconocen valores como los de los cristianos (no al Islam: el único caso es en la llamada “leyenda de los tres anillos”, habla de un monarca que tiene tres hijas y un anillo, hace dos copias de manera que no se sabe cual de los tres es el original; se refiere a las tres religiones: cristianismo, judaísmo e islamismo).

Se critica la Teocracia Pontificia, no es una crítica contra las Cruzadas, sino contra la instrumentalización de las mismas por el Papado contra los cismáticos (cuarta Cruzada) o los heréticos (Cátaros). Son razones políticas las que mueven a los Papas a declarar herejes y esto va en detrimento de la propia estimación del Pontificado.

Los Trovadores tienen un subgénero que son las canciones de Cruzada que llegan hasta fecha tan tardía como las de Petrarca en 1333. Son canciones de propaganda (como las posteriores a las Navas de Tolosa). A veces en los trovadores hay un cierto antipapalismo: Guillermo de Figueira dice “… Roma traidora y embustera…”, por sacrificar las Cruzadas en campañas contra Federico II; Ruteboeuf en alguna obra hace una crítica “… el camino que lleva al Paraíso, no tiene por qué pasar por Jerusalén…” Este texto, sin embargo, está sacado de contexto porque forma parte de un diálogo entre el cruzado y el descruzado; Ruteboeuf era cruzadista.

También hay gente de Iglesia que critica la forma en que Roma se está conduciendo: Mateo París se queja de la cruzada que el Papa ha desatado contra Manfredo, hijo de Federico II; Fray Salimbene de Parma dice que desde los fracasos militares por la mala preparación, algunos fieles empiezan a considerar a Mahoma más poderoso que a Cristo

También se produce una literatura de crítica al Pontificado acompañada de unas propuestas para reanudar las operaciones de forma distinta. Pierre Dubois consejero de Felipe IV de Francia que tenía conflictos con Bonifacio VIII, induce al monarca a llevar a cabo una reforma de la recuperación de los Santos Lugares que no deje la iniciativa en manos del Papa (1303), incluso pensaba arrebatarle los Estados Pontificios mediante una compensación económica. Sufraga la operación a través de impuestos especiales sobre los beneficios eclesiásticos y los príncipes que gobiernen en ultramar deberán recibir en París una educación previa. Juan de Sauville participa en la séptima Cruzada y, cuando Luis IX vuelve a tomar la Cruz, se niega a ir

A pesar de todo el escepticismo y críticas que despertaron las Cruzadas, el hecho es que éstas se siguieron haciendo:

*    Cruzadas húngaras (1396) cuando los turcos avanzan por los Balcanes y que acaban con el desastre de Nicópolis

*    Victoria del regente de Hungría ante los muros de Belgrado (1440).

*    Caída de Constantinopla en 1443.

*    Victoria de Lepanto en 1571.

Habría que hablar de una defensa intelectual a lo largo de la Baja Edad Media:

*    Eustaquio de Champ (1400).

*    Canciller del rey Pedro I de Chipre; Felipe de Meciers (finales del siglo XIV)

*    Testimonio de dos caballeros que viajan a Tierra Santa para recabar información.

*    El papa Pío II (1458-1464) que escribe a Mahomet II con intención de amedrentarle.

*    El rey de Bohemia Jorge Podiegrav (1458-1471) tiene un programa para formar una especie de Estados Unidos de Europa. Se lamenta de la desunión de Europa ante el peligro turco en puertas. Era un “husita moderado” y fue desautorizado por la Santa Sede. En su texto recuerda como una época dorada la época de las Cruzadas[59].

11.3.- LA CRISTIANDAD LATINA EN EL MUNDO BÁLTICO Y LA EUROPA CENTRAL

Cabría hablar de unos primeros intentos de cristianización del mundo báltico durante las campañas de Sajonia en tiempos de Carlomagno que llegaron a poner cerco a la península de Jutlandia y se produjo la creación en Suecia, durante el siglo IX, de la localidad de Birca donde había ya una colonia mercantil. La cristianización de manos de San Hilario, a quien Gregorio IV (827-844) concede el título de “legado de cristianización de daneses y eslavos”

La cristianización del mundo báltico durante el siglo X no se llevó a cabo con la sistematización de las cristianizaciones carolingias. Hasta muy entrado el siglo XII, el Papado tiene que hacer concesiones que serían inimaginables en otras áreas de la cristiandad, pero a partir del siglo XII ya se puede hablar de una Escandinavia cristianizada según los cánones latinos:

A) Dinamarca: Los esfuerzos de misioneros anglosajones lograron en 960 la conversión de Haroldo Diente Azul y de su hijo Sven, fecha a partir de la cual se forman los primeros obispados de Riba y Rippen. Hay que destacar dos hechos que se van a repetir en toda el área báltica:

1. La aparición de un Santo nacional y que suele ser el monarca que más ha hecho por la cristianización del país, en este caso San Canuto (1080-1086).

2. La creación de una sede metropolitana, en este caso, la sede de Lund de 1103 que suponía dotar a Dinamarca de una cierta estructura eclesiástica autónoma.

B) Noruega: Es parecido al caso de Dinamarca. Es cristianizada a través de monarcas bautizados en el extranjero: Haroldo el de los Hermosos Cabellos, Jacon el Bueno (938-961), Olaf I. Su santo nacional será Olaf II que muere en 1030 luchando contra una reacción de paganismo y es enterrado en Nidaros. La sede metropolitana estará en Trondheim desde donde el cristianismo alcanzará a las islas Feroes a las Hébridas e incluso a Groenlandia.

C) Suecia: Caso paralelo al anterior aunque la penetración del cristianismo aquí será más lenta que en los casos anteriores. El primer monarca cristianizado será Olaf III, el primer obispado será el de la localidad de Escara. Su santo nacional será Eriko IX el Santo (1133-1160). La primera sede metropolitana será la de Upsala desde donde el cristianismo será llevado a Finlandia.

D) Pomerania, Prusia, Estonia, Letonia y Lituania: Compiten en esta zona los misioneros germánicos con los escandinavos.

1) Pomerania: Los avances son lentos, el príncipe Bratislao se convierte con la ayuda de los monjes del Cister y el apoyo de los príncipes alemanes. La diócesis de Lübeck será la más importante.

2) Prusia: San Adalberto (987)  que muere en martirio y San Bruno (1009) serán los santos de un territorio de difícil cristianización. La Orden de los caballeros Teutónicos acabará creando en Prusia un Estado eclesiástico.

3) Estonia: Será cristianizada por daneses en el siglo XII para pasar posteriormente al dominio de los caballeros Teutones.

4) Letonia: Será cristianizada por un caballero procedente de Lübeck.

5) Lituania: La cristianización tendrá lugar en el siglo XIV por los Jaguellones.

EUROPA CENTRAL

A) La Gran Moravia: Constituyó en la segunda mitad del siglo IX un gran terreno cristiano de influencia bizantina cuando Constantinopla envió a Cirilo y Metodio. Los roces de los sucesores de Metodio con el clero alemán fueron constantes. La Gran Moravia cristiana fue un fracaso producto de la invasión de los magiares desplazándose el eje de la cristiandad hacia Bohemia.

B) Bohemia: Una tradición habla de un príncipe  pero habría que situarse a principios del siglo X para verla cristianizada con un Santo, San Wenceslao. Praga será sede dependiente de Maguncia hasta que en 1204 sea sede metropolitana.

C) Polonia: La cristianización oficial dataría de 966, fecha del bautismo del duque de Miezko. El cristianismo acabó siendo un elemento de cohesión en un territorio de escasa vertebración política. La primera sede episcopal será la de Posem, regida por Jordan, de todas las sedes, la de Nesem sería metropolitana desde el año 1000, el Santo nacional será San Estanislao (+ 1079), obispo de Cracovia.

D) Hungría: La batalla del río Lech (955) puso fin a las invasiones magiares en Occidente. El proceso de sedentarización magiar fue paralelo al proceso de cristianización. Un príncipe magiar, Hilash, se bautizaría en Constantinopla (950); monje griegos irían a la Panonia aunque quienes ganarían la partida serían los evangelizadores occidentales. La cristianización llega con el duque Jeiza y su hijo que, al bautizarse, recibe el nombre de Esteban y que será el verdadero creador del Estado húngaro. Aparece la sede metropolitana de Grau. En la segunda mitad del siglo XI, bajo el rey Gueza I, aparece el símbolo del Estado húngaro, la corona de San Esteban. Se trata de dos piezas distintas, la primera fue un regalo del basileus Miguel VIII Dukas al rey Gueza I, la segunda es considerada por la tradición como un regalo del papa Silvestre II al rey Esteban. Frontalmente aparece la figura de Cristo Pantocrator con los Santos militares San Demetrio y San Jorge. Por detrás, Dukas y Gueza rodeados de esmaltes de Santos. Representa la presión que Hungría recibía de Roma y de Constantinopla.

EL MUNDO BALCÁNICO

A) Bulgaria: En 855 Boris se hace bautizar actuando como padrino el bizantino Miguel III. Boris adopta el cristianismo como una baza política de primer orden, pues captó perfectamente la rivalidad entre Roma y Constantinopla y con ella estuvo jugando constantemente. Bulgaria tenía una parte de su territorio que pertenecía a la religión del Ilírico y por tanto sujeta a la administración de la Iglesia romana, mientras que otra parte se situaba al norte de la Tracia de administración constantinopolitana. Finalmente, la primera cristiandad búlgara se inclinará hacia Constantinopla. Clemente, discípulo de Metodio fijará un foco cultural de destacada importancia y con el zar Pedro, empiezan a proliferar los monasterios. Tendrán incluso su propia herejía, la herejía Bogomila de carácter maniqueísta. A finales del siglo X y durante el siglo XI. El imperio búlgaro tiene sus altibajos hasta que el emperador Basilio II convierte a Bulgaria en una Provincia bizantina. En el siglo XII, el zar Kalojan crea el nuevo Estado búlgaro, en 1202 parece que Bulgaria va a bascular hacia Occidente, pero finalmente, la oferta de un patriarcado propio la hacen vincularse a Oriente.

B) Yugoslavos:

1) Croacia: Se habla de un primer obispado croata, el de Split, creado en 640 por el papa Juan IV, pero parece que antes del año 800 las conversiones eran escasas. A partir del 800, obispos franceses crean el obispado de Nin en la costa dálmata, la conversión será sólo de algunos señores. Los sucesores de Cirilo y Metodio se verán condicionados por los cismas de Focio y de Miguel Cerulario y la situación acaba derivando a los “Pacta Conventa” de 902 por los que la nobleza croata acabó realizando un pacto con la monarquía húngara situándose bajo su tutela, Croacia, pues, pertenecía a la corona de Hungría y su vinculación religiosa era hacia la Iglesia Romana.

2) Serbia: Los territorios que oscilarán del reino de Serbia, contendrán las fronteras Zeta (Montenegro) y Raska (sur de la actual Serbia), son los primeros Estados serbios equidistantes de Roma y de Constantinopla. El Santo Sabas organiza la Iglesia Serbia con orientación griega.

3) Bosnia: El territorio fue refugio de disidentes (Bogomilos), desde el siglo XI serán vasallos de Hungría.

RUSIA

Hablar de la cristianización del espacio ruso supone desentrañar el enigma de que papel desempeñaron los normandos (varegos) en la organización del espacio ruso (tesis de los germanistas) o si por el contrario, éste ya estaba organizado por fuerzas locales (tesis de los eslavistas).

Hacia 850 se crea el principado de Novgorod, fundado por Rurik, príncipe varego cuyos descendientes van a ir creando una vía de comunicación que irá desde Novgorod a Kiev que será el centro de la primitiva Rusia. Esta vía de comunicación era llamada la vía de los varegos hacia los griegos, había otra vía que se desviaba hacia el mar Caspio.

Se ha podido decir que lo que se perdió en el Mediterráneo por la invasión musulmana, se ganó hacia el Norte. Hablar de los varegos es hablar de los rus que sería la forma en que los fineses llamasen a los varegos.

Es evidente que el elemento articulador de la primitiva Rusia es el elemento varego.

La historia de la cristianización del espacio ruso paso por dos fases fundamentales, la primera fase abarca desde el 860 hasta 1223 en que se produce la invasión de los mongoles, la segunda es la posterior. La primera fase está marcada por un número relativamente alto de testimonios. La Crónica de Nestor o Crónica de los tiempos pasados redactada en torno a 1130. Es una Crónica que hay que manejar con bastantes precauciones. Los monjes que la redactan guardan un respeto absoluto a la Iglesia de Constantinopla y no dejan ninguna opción a cualquier influencia occidental aunque sabemos que las hubo. Otras fuentes son las vidas de Santos o la Crónica de Constantinopla. Habría que distinguir dos subfases separadas entre sí por el bautismo de Vladimiro en 988. Hasta 988 hay testimonios fragmentarios y oscuros que nos harían pensar en una competición entre Roma y Constantinopla. Una tradición nos habla de un príncipe de Kiev , Rascoldo, bautizado en tiempos del papa Nicolás I por un monje venido de Escandinavia. Se ha hablado también de una participación de Cirilo y Metodio, pero, en todo caso, esta participación hubiera sido entre los cátaros, es poco probable que llevaran a cabo alguna labor en Kiev. Sí es cierto que de la labor cultural de Cirilo y Metodio, aunque fuera indirectamente, el mundo ruso se iba a beneficiar.

Una carta de Focio de 867 nos muestra un mundo eminentemente pagano, otro texto posterior de Constantino Porfirogénito referido a Basilio I nos dice que firmó un tratado con los belicosos e impíos “rus”.

A comienzos del siglo X, Oleg el Sabio  organiza una expedición contra Constantinopla (907), y en 911 suscribe un acuerdo comercial con Bizancio en los que Oleg jura por los dioses paganos. Su sucesor Igor lo ratifica y el juramento lo hace en la colina del dios pagano Perún, mientras que los bizantinos lo hacen en la Iglesia cristiana de San Elías, lo que indica que ya había una comunidad cristiana en Kiev . La viuda de Igor, Olga, se pone en contacto con Otón I que envía al monje Adalberto quien figura dos años como obispo de Kiev.

Sviatoslav, pagano convencido, es tolerante con los grupos de cristianos de Kiev. A Sviatoslav le sucede Vladimiro que establece relaciones con Constantinopla y con el rey de Noruega Olaf I que allanaron el camino para que en 978 Vladimiro actúe en apoyo del bizantino Basilio II abrazando el cristianismo a cambio de casarse con la hermana del emperador Ana (988). Hasta 1015 se procura la erradicación del paganismo y la Rusia de Vladimiro se suma a la Iglesia de Constantinopla. Anastasio será el que ocupe la sede metropolitana de Kiev, mientras que Joaquín ocupará la sede episcopal de Novgorod.

A la muerte de Vladimiro, se desatará una guerra entre los candidatos a su sucesión en la que vence Jaroslav que tendrá una participación importante en la articulación de la Iglesia rusa: siete diócesis, de las que cinco están en Ucrania otra en el Noroeste (Novgorod) y otra en el Noreste (Rostov). Con Jaroslav hay un último monje griego, pero a su muerte, habrá ya obispos rusos.

Tras la muerte de Jaroslav, habrá una reestructuración del espacio ruso con Vladimiro Monómaco Kiev vive su último momento de esplendor. Tras la muerte de Vladimiro Monómaco Kiev sufre una decadencia total que culmina finalmente con la invasión de los tártaros que acaban ocupando todo el espacio ruso. La cristiandad queda reducida a Novgorod. Alejandro Nemsky alcanzó notoriedad desde allí, fue vencedor de los suecos y de los caballeros teutónicos, sin embargo, tuvo que pagar un oneroso tributo a los tártaros.

11.4.- LA IGLESIA BIZANTINA HASTA LA CUARTA CRUZADA

Desde 1054 hubo varios intentos de reconciliación de las Iglesias de Oriente y Occidente. Teofilacto decía que la cuestión del “Filioque” no era producto de la malicia Occidental sino de la ignorancia. En Occidente también se pensaba en la reconciliación, la primera Cruzada se hace con afán de ayudar a los hermanos orientales, sin embargo, el resultado terminó siendo contraproducente y separó a ambos más que los acercó. Sin embargo, esto  no fue decisivo y hubo nuevos intentos de reconciliación. Alejo Comneno se rodeó de consejeros occidentales. Manuel Comneno tiene, en 1196, el proyecto de estrechar lazos con el papa Alejandro III para ser reconocido como único emperador.

Los puentes entre Oriente y Occidente se rompieron por la creciente xenofobia que se fue produciendo dentro del clero y del pueblo de Constantinopla que, desde Occidente, se llamaba la “mala fe bizantina”. El resultado final fue la cuarta Cruzada, el saqueo de Constantinopla y la matanza de la población en 1204. Si se pudo establecer un patriarcado latino (1204-1261) en Constantinopla hubo un patriarcado y un emperador en el exilio en Nicea que reconquistará Constantinopla en 1261. La dinastía de los Paleólogos está dispuesta a llegar a la reconciliación, lo que se logra en el Concilio de Lyon de 1274, lo que pasa es que ni el pueblo de Constantinopla ni el clero la aceptaron.

TEMA 12  LA SOCIEDAD CRISTIANA: INSTITUCIONES, GRUPOS Y MENTALIDADES. CLERO SECULAR Y LAICADO

12.1.- LA TRIFUNCIONALIDAD SOCIAL Y SU SENTIDO

Hablar de la imagen de la sociedad medieval y de la trifuncionalidad hace necesario hablar de ciertas ciencias auxiliares como la Sociología. Desde el punto de vista de la Sociología (Ginsberg) se entiende por clase social a la parte de una comunidad o conjunto de individuos que están entre sí en un plano de igualdad y separados de otros por normas consagradas de superioridad o de inferioridad. La esencia de una clase social viene dada por la forma en que esa clase es tratada por otra. A cada clase social se le supone una determinada conducta y oportunidades de vida.

Sprott dice que hay dos formas de escalonarse, a la que se podría añadir una tercera:

1. Estratificación cerrada: Sociedades muy cerradas y rígidas, sociedades de castas[60], clases endogámicas con nula permeabilidad de unas a otras: la India, el Egipto faraónico o el sistema que implantó el Bajo Imperio Romano haciendo los oficios hereditarios, son buenos ejemplos de la misma.

2. Estratificación abierta: Sociedades de clases propiamente dichas a las que han accedido las naciones europeas tras las revoluciones burguesas que se van proclamando a lo largo del siglo XIX. Sociedad a la que se ha llegado por una Revolución frente a la sociedad que le ha precedido, la sociedad de posiciones o estamentos.

3. La sociedad estamental: Mantiene unas diferencias reglamentadas por el propio orden jurídico[61]. Luciana de Stefano definía el estamento como “…un conjunto de personas con unas responsabilidades y aspiraciones comunes. Conjunto hermético y antiindividualista en la que toda consideración queda al margen de los bienes que se posean…”.

A) Las raíces de la imagen clásica

El pensamiento social medieval concebía el mundo como una interpretación armónica de los hombres en Dios, de los hombres con la naturaleza y de los hombres entre sí. El autor de esta idea es San Pablo que concibe a la Iglesia como un cuerpo místico con Cristo en la cabeza y con los hombres como los miembros destinados a mantener la armonía de un cuerpo único.

San Agustín dice que el orden es la disposición que hace que lo par y lo dispar estén en su propio lugar.

Gregorio Magno dice que la armonía es el resultado de la deferencia de los inferiores a los superiores y del amor de éstos hacia aquellos.

Identificar Orden con categoría social es un paso que se da cuando se piensa que cada categoría desempeña una función precisa oficium o ministerium al que además se le supone una actitud moral cracterística.

Otro paso se da a la hora de concebir a la sociedad con unos criterios funcionales. San Jerónimo dividía a la sociedad en vírgenes, continentes y cónyuges (no habla de oficios). San Agustín habla de guías o rectores (clérigos), continentes (vírgenes) y casados.

Para entrar en un mundo en que aparezcan las funciones hay que llegar al mundo carolingio. Teodulfo de Orleans, en su poema sobre los hipócritas, hablaba de tres órdenes: monjes, clérigos y laicos, Jonás de Orleans en su Historia translationis, habla de un ordo laicorum (servidores de la justicia, es decir, príncipes), ordo monachorum (con la misión de orar) y ordo episcoporum con la misión de vigilar. Ambos autores nos reflejan un ordo trinus.

B) La tripartición clásica

La división más popular: Oratores (los que rezan), bellatores (los que combaten) y laboratores (los que trabajan) conforma una sociedad trifuncional que tiene su origen en una traducción que, a finales del siglo IX, se hace en la corte de Alfredo el Grande, rey de Wessex sobre la Consolación de la Filosofía  de Boecio. En ella dice que todo rey necesita jebedmen (hombres de plegaria), fyrdmen (hombres de caballo) y weorcmen (hombres de trabajo). Un siglo más tarde, esta idea es reproducida por otros monjes ingleses: Aelfrico y Wulfstan.

En el siglo XI la idea se hace popular gracias a Adalberón de Laón en su Carmen ad Roberto regem (Canto al rey Roberto) y a Gerardo de Cambrai en la suya Gesta episcoporum Cameracensium (Hechos de los obispos de Cambrai). Como dice Duby, en esta obras no se habla de orígenes, sino de oficios: “… la sociedad de los fieles forma un solo cuerpo … tres funciones … unos ruegan, otros combaten, otros trabajan … los servicios de cada una de ellas permiten los servicios de los otros dos… “. Con Adalberón de Laón se da, por tanto, el salto definitivo del ordo trinus carolíngio a la trifuncionalidad (sociedad trinitaria) de un feudalismo en sazón.

En ambos casos estamos ante imágenes idealizadas, cualquiera de las dos divisiones tripartitas oculta dos patentes dualismos. Uno que opone el poder espiritual al poder temporal. Otro que sitúa a los poderosos frente a la masa de desheredados, los que Adalberón define como los siervos: esa desgraciada casta que nada posee sino al precio de su trabajo.

Eadmer de Canterbury habla de los eclesiásticos identificados con los corderos cuya misión es dar leche y lana, los campesinos con los bueyes que trabajan la tierra y los guerreros con los perros que defienden de los lobos a corderos y bueyes. Esta visión funcional de la sociedad también se da en ocasiones entre los heréticos (cátaros) y también en todas partes de Europa: Le Goff nos habla de la Polonia del siglo XII de Boreslao II; en la Gesta Ducum sive principum polanorum divide la sociedad en milites bellicosi y rustici laboriosi . En la imaginaria Peregrinación de Carlomagno a Jerusalén, se nos habla de tres ciudades: París que representa la fuerza; Constantinopla a los campesinos y Jerusalén a los que oran, en una clara identificación de las ciudades con los órdenes.

Las razones de la división de la sociedad en estos órdenes se debe, según los clásicos, a la necesidad: Gerardo de Cambrai dice que así estuvo dividido el género humano desde sus orígenes; Gilberto de Tournai decía que los reflejos visibles eran reflejos imperfectos de las realidades que están más allá, esta división tripartita es un reflejo de los órdenes angélicos del más allá. Godofredo de Biterbo dice que la división en tres órdenes es consecuencia de la trinidad genealógica de Sem, Cam y Jafet; Hildegarda de Bingen dice que  “… Dios vela cerca de cada orden para que las clases bajas no se eleven nunca contra las altas como hicieron un día satanás y el primer hombre …”

En la actualidad, Pierre Vilar dice que el orden tripartito es una falacia, un 90 % de los hombres serían trabajadores coronados por dos superestructuras: una política (bellatores) y otra ideológica (oratores). Debajo de esta figura tripartita se desliza un “dualismo” patente: papado-imperio, clero-pueblo, ordo y pueblo si identificamos ordo con el estamento eclesiástico. Pierre Vilar dice que estas divisiones estáticas serían características de épocas de equilibrio. Mitre discrepa de Pierre Vilar y dice que hay que acudir a otras explicaciones. George Dumezil dice que estas divisiones son características de las sociedades indoeuropeas (triada de dioses con funciones específicas como Júpiter, Marte y Gea, por ejemplo). Para Le Goff, se dan cuando la idea dominante es consolidar el poder monárquico haciendo al rey “padre” y protector de todos sus súbditos. Diego García de Campos, canciller de Alfonso VIII, escribió su obra “Planeta”, y en ella , la realeza se ría un reflejo de la realeza divina y dice que “… Cristo reina a través de clérigos, guerreros y campesinos… ”. Georges Duby dice que esta trifuncionalidad es una especie de garantía de paz y de orden en unos momentos muy delicados puesto que en Cambrai se está dando un brote herético.

LAS MATIZACIONES AL ESQUEMA TRIFUNCIONAL

El que se crea en la división tripartita no quiere decir que periódicamente no se modifiquen ciertos conceptos. La rígida división tripartita admite alguna subdivisión en función de:

1) La dinámica social y el desarrollo urbano: La aparición de mercaderes, artesanos y otro tipo de profesiones, hace que el orden de los laboratores se diversifique. Existen muchos críticos:

*   Guiberto de Nogent  nos deja un vivo reflejo de lo que fue el amotinamiento de la ciudad de Naón donde los burgueses de la ciudad crearon una comuna y dice “… comuna era un nombre nuevo detestable… “.

*   Otón de Freising tampoco acepta las nuevas comunas de las ciudades, se habla de mercaderes como esclavos del vicio y amantes del dinero (siglo XII). En el siglo XIII, hay un testimonio alemán que añade a las tres clases admitidas una cuarta, la de los mercaderes, que domina a las otras tres. Sin embargo, con las órdenes mendicantes se van aceptando a los mercaderes e incluso Inocencio III llega a canonizar a un mercader, San Odono de Cremona.

*   Vicente de Beauvais cuando habla de la preparación ante la muerte dice que ha de ser como los comerciantes, ministros, guerreros y mujeres perdidas.

*   Alfonso X el Sabio también hace referencia a burgueses, guerreros y mercaderes entre los que deben lanzar alabanzas a María.

*   Don Juan Manuel, en su Libro de los Estados dice que todos ellos se agrupan en tres y cada uno de ellos se va subdividiendo, en el ordo de los defensores (bellatores) establece una graduación: emperador, reyes, infantes, ricoshombres,… etc.; dentro de los laboratores incluye a campesinos, mercaderes, ruanos o burgueses y labradores.

2) Diferencias económicas: En Florencia el trabajo está en función de las agrupaciones en “artes”: artes mayores, artes medianas y artes menores. En la Corona de Aragón, Francesc Eiximenis también habla de mayores, medianos y menores, en los primeros estarían varones, obispos y maestres de órdenes militares, condes y vizcondes; en la segunda estarían oficiales de la administración, juristas, burgueses y artesanos; en la tercera estarían asalariados, palleses, y gentes sin oficio ni beneficio.

3) Desarrollo de la Literatura espiritual: Catecismos, Guías de confesores en las que se asigna una predicación según vaya dirigida a unos o a otros, como ya lo hacía Gregorio Magno en su “Regula pastoralis”.

*   En el siglo XII Graciano hablaba de cuatro géneros de personas: los buenos, los menos buenos, los menos malos y los malos.

*   En 1220, en un Sermonario alemán se enumeran hasta 28 categorías de personas que van desde el papa, cardenales, …, para terminar en campesinos obedientes, campesinos rebeldes, mujeres y pecadores.

*   Juan de Friburgo escribe una “Guía de Confesores” que habla de 14 estados que empiezan por obispos y acaban en campesinos.

*   Pedro de Cuellar, en su Catecismo (1325) o en la literatura moralizante “Danzas de la muerte” de finales del siglo XIV, en ellas para definir la categoría social se habla de ley, estado o condición, en ellas se reflejan una serie de escalones: Clérigos (papa,…, sacristán), Laicos (emperador,…, recaudadores), a cada uno de ellos le asigna una serie de pecados, los que peor parados quedan son los usureros a los que la muerte no les da nada.

4) La evolución política: La sociedad del siglo XII ha evolucionado y no es la misma que la de Teodulfo de Orleans.

*   Juan de Salisbury en el Policraticus compara a la comunidad política con el cuerpo humano: príncipe = cabeza; Iglesia = alma; Senado = corazón; jueces y gobernadores = ojos, oídos y lengua; oficiales y soldados = manos: recaudadores de impuestos = vientre e intestinos; agricultores = pies (pegados al suelo).

*   Honorio Augustorunense identifica a la sociedad con la vivienda: las ventanas = maestros; columnas = obispos; vigas = reyes; tejado = soldados; suelo = pueblo.

*   Alejandro de Roes, a finales del siglo XIII (1281-1288) hace una particular referencia a las tres funciones: regnum, sacerdocium y studium: El regnum es la fuerza (identificada con los alemanes); el sacerdocium (italianos) y el studium es la cultura (identificada con Francia).

5) La literatura monástica: Cluny piensa que los monjes están por encima de los tres órdenes tradicionales. San Bernardo piensa que el monacato tiene una connotación especial: monjes, caballeros, clérigos y el resto.

Todas estas matizaciones no impiden que por encima de la variedad citada la idea de la trifuncionalidad no subsista hasta la Revolución francesa. Alfonso X el Sabio, Don Juan Manuel… hablan de tres edades protagonizadas por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

*    Felipe de Vitry (1335) dice que la sociedad es una pero que se divide en tres categorías: los que rezan, los que combaten y los que trabajan, representándolos con una flor de lis.

*    Jean Froissart (coetáneo de Pero López de Ayala) cronista de familia burguesa al servicio de la nobleza inglesa identifica a la caballería con el motor de la historia. Para él, los caballeros realizan las hazañas, los clérigos las escriben y el pueblo las escucha.

*    Alain Chartier escribe en 1422 el Quadrivium invectivum en el que nos presenta la situación de Francia en aquellos momentos, segunda fase de la Guerra de los Cien Años, guerra civil entre borgoñones y armagnacs. Hace una metáfora en la que la madre (Francia) regaña a las tres hijas (cada una de las tres categorías)

*    Una buena parte de la literatura medieval que ensalza al caballero, sigue pensando en el viejo esquema.

*    Charles Loyseau en 1610 hablaba de los tres órdenes o Estados Generales de Francia y dice que el tercer Estado queda definido por su carencia de sangre azul y de armas.

SOCIEDAD MEDIEVAL Y EXCLUSIÓN SOCIAL

Aparte de esto, a una sociedad también se le debe juzgar por lo que oculta o pretende ocultar. Quedan los marginados de esa sociedad, estudio que tiene especial éxito desde los llevados a cabo por la escuela de Annales y la “nueva Historia” de los años veinte. En la sociedad medieval los excluidos eran:

1) Judíos: Son propiedad de la Corona. Según San Agustín son el pueblo testigo de su propio fracaso. Respecto a los judíos hay un antes y un después de las Cruzadas. En el alto medievo la tolerancia está generalizada. A partir del Derecho de Burcardo de Wörms en el que se les trata de dotar de un estatus que un siglo después será matizado por Ivo de Chartres y que tendrá el trágico interín del pogrom de la primera Cruzada.

Se van a dar una serie de restricciones (IV Concilio de Letrán de 1215) que van a marcar una segregación de las comunidades judías. Los judíos acaban creándose auténticas sociedades paralelas. Las medidas de extrañamiento empiezan en Inglaterra en 1294, en Francia en 1394 y en España en 1492.

Gregorio Magno, cuando nos habla de la conversión de los judíos nos dice que debería ser obra más de la persuasión que de la violencia. Enrique III de Castilla, cuando el pogrom de 1391 dice que el trato hacia los judíos debe ser “como lo manda la Iglesia  y como los reyes, mis antepasados han venido haciendo”.

Hablar de antijudaísmo es hablar de algo que crece después del año mil. Burcardo de Wörms famoso por su “Penitencial de Burcardo”, será uno de los responsables de la acentuación del sentimiento antijudío dentro de la Iglesia, junto a Ivo de Chartres, entre ambas figuras se producirá el terrible pogrom de 1096 provocado por la predicación de la primera Cruzada.

La acentuación del antijudaísmo se produce por la vía de la universalización de normativas restrictivas que van a ir emanando desde Roma. Lateranizar (desde Roma) el problema judío supuso la aceptación de las medidas en Occidente: que el judío no desempeñe cargos que supongan colocar a cristianos bajo su autoridad, someter la usura a límites severos, prohibir el acceso de los judíos a determinadas profesiones, etc.. la consecuencia será que los judíos acaben formando sociedades paralelas.

En 1240 en París, en 1263 en Barcelona, se mantienen polémicas, coloquios o sesiones de adoctrinamiento.

2) Herejes: Se ha dicho que, a los judíos, al menos se les permitía vivir. El judío es un hombre de otra fe. Al herético ni siquiera eso, era peligroso para la Iglesia y para el propio orden social. Las obras de Adalberón de Laón y Gerardo de Cambrai se producen como manifestación contra tendencias maniqueas que aparecen en sus diócesis. Los heréticos forman una sociedad paralela a la Iglesia romana. Incluso, muchos de ellos se consideraban la verdadera Iglesia, la “Iglesia espiritualis” frente a la Iglesia conocida, la “Iglesia carnalis”. También forman sociedades paralelas reales. El catarismo intentó crear una jerarquía distinta de la romana. Tras un concilio cátaro, se empezó a crear en el sur de Francia, una Iglesia paralela, algo más de lo que Roma podía admitir.

3) Sodomitas: Hacia la sodomía hay un giro endurecedor que se sitúa a partir del III Concilio de Letrán (1179). Las interpretaciones rígidas y estrictas que hace Pedro el Comilón en el año 1197 sobre las destrucciones de Sodoma y Gomorra y otras tres ciudades pecadoras son un claro síntoma de ello. Desde 1250, la pena capital se empieza a hacer general en todas las naciones de Occidente, a pesar de que Guillermo II de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, Eduardo II de Inglaterra son ejemplos de ilustres homosexuales de la época.

4) Posesos, Locos y Hechiceros: La sociedad medieval no distinguía con frecuencia los límites entre posesos y locos. Estudiar la locura en la Edad Media es difícil[62]. Los primeros encerramientos de locos se conocen en los hospitales de Caen y Londres durante el siglo XV. Hay quien los sitúa en Valencia en el año 1409.

La hechicería y la utilización de los poderes maléficos, se confunde con la herejía y, desde el siglo XIII, se le aplican las mismas penas. Aunque es preciso recordar que la caza de brujas sistematizada comienza en el año 1486, fecha en que unos dominicos alemanes daban a la imprenta un código consagrado llamado “Males maleficarum”. La caza de brujas no afectó tanto a la Teología como a los juristas.

5) Enfermos y lisiados: En tanto en cuanto que la enfermedad y la muerte se consideraban consecuencia del pecado. La herejía se asimila a la enfermedad: gangrena, peste y, sobre todo la lepra. Bernardo Bordón nos da una descripción terrible de la fase terminal de la lepra. Mateo París nos habla de que en Occidente había 19.000 lazaretos[63]. Los enfermos, según Mitre también pudieron ser objeto de estima para resaltar la “fortaleza” de los que la padecen, aún más si son reyes como Luis IX o Enrique III de Castilla el Doliente.

6) Pobres: Concepto difícil de definir porque en la Edad Media eran pobres casi todos. Sería pertinente hablar de tres categorías: integrados, marginados y voluntarios:

1. Integrados: Son los que pertenecen a la categoría de laboratores. La intelectualidad medieval no condena las desigualdades sociales, sino que las justifica. Andreas Capellanos dice que la ínfima clase de plebeyos sólo es un nivel superior al de las prostitutas. La justicia en la Edad Media pretende la estabilidad social y que cada elemento no pueda salirse de su condición.

2. Marginados: Serían aquellos pobres que estaban al margen del aparato productivo. Serían los miembros de las “Cortes de los milagros”, los mendigos, los desarraigados, las bandas de proscritos. Con frecuencia despiertan el desprecio y el odio de la sociedad.

3. Voluntarios: Están en la raíz misma del monacato. La sociedad los admite a nivel individual o de grupo. Sin embargo, la sociedad no admite que la pobreza voluntaria se considere como una vía de regeneración del conjunto social.

Hay una promoción del pobre más espiritual y mística, el pobre presentado como una imitación de Cristo. Pero hay otra presentación del pobre como sujeto necesario para que los ricos puedan hacer buenas acciones. Estos últimos van a dar lugar a la construcción de hoteles y Hospitales para atender a pobres y desarraigados.

Eiximenis diferencia dos tipos de pobres: a uno de ellos lo llama “los inútiles del cuerpo social”, a los que hay que expulsar; los otros son los pobres que deben ser conservados para que los ricos puedan hacer buenas obras.

7) Extranjeros: Son los que no han jurado fidelidad a nadie.

A la hora de enfocar el tema de la marginación, se puede considerar que la hay  a través de la “perversión funcional”, es decir, cuando oratores, bellatores o laboratores, no cumplen con las funciones que les son propias por su condición. Por ejemplo, bellatores que usan sus armas para hacer el mal.

12.2.- LA MONARQUÍA PONTIFICIA Y SU ENTORNO ADMINISTRATIVO

Cuando hablamos de estamento eclesiástico estamos hablando de la personalización del “sacerdocium” o de la espada espiritual, en oposición con l “regnum” que había dado lugar, a lo largo de la Edad Media, a diversas pugnas entre ellos.

Don Juan Manuel escribe en el siglo XIV el libro del caballero y el escudero y en el dice que los estados del mundo son tres: oradores, defensores y labradores. Todos ellos son buenos para cumplir con una función digna y conseguir la salvación, pero dice que el más alto estado es el de “clérigo misacantano”. Esta idea la recalca D. Juan Manuel en el “Libro de los Estados”. Resalta, por tanto el orden de los oradores, pero también les dota de mayor responsabilidad.

Tendríamos que recordar que el triunfo de la “Plenitudo Potestatis”, convirtió el papado en una monarquía hereditaria dotada de amplios poderes terrenales.

A) Cardenales: A la altura del siglo XI, los cardenales tienen la consideración de funcionarios inamovibles de la Iglesia. Hay tres categorías:

1) Cardenal-obispo: Que estaba a la cabeza de la diócesis próxima a Roma.

2) Cardenal-presbítero: Tiene a su cargo las más importantes iglesias romanas.

3) Cardenal-diácono: No estaban ordenados, eran siete y se dedicaban a la atención a los pobres.

No existen como Colegio Cardenalicio, hasta comienzos del siglo XI, y sólo cobran importancia a partir de 1059. Sus funciones fundamentales eran las siguientes:

1. Consultivas, formando el directorio.

2. Por su acción en el exterior como legados pontificios.

3. En el aparato burocrático que se materializa en instituciones que permiten visualizar lo que es la teocracia pontificia. Instituciones como la Cancillería pontificia, la Cámara apostólica, la Auditoría, etc.

B) Clero Catedralicio: Desde la reforma gregoriana, los metropolitanos (arzobispos) empiezan a ver como su poder decrece aunque todavía conservan determinados privilegios: elegir a los obispos, convocar sínodos, disfrutar de las “vacancias”, etc. Este decrecimiento del poder de los arzobispos favoreció a los simples obispos. Desde el III Concilio de Letrán (1179), se fija la edad mínima de treinta años para poder ser obispo. Su misión es consagrar clérigos, realizar visitas diocesanas, convocar sínodos diocesanos, etc.

Hay también un entorno de los obispos constituido por el Cabildo Catedralicio cuyas dignidades son el Dean o Preboste; el Arcipreste; el Arcediano (archidiácono), encargado de conceder las parroquias; el cliente; l maestro de escuela; el teólogo, etc. A continuación, se sitúan los canónigos, de los que hay tres categorías:

1. Los capitulares: Con voto, sitial y prebenda.

2. Los domicelares: Jóvenes mantenidos y adoctrinados por el cardenal.

3. Los supernumerarios: Que vivían a costa del cabildo en espera de una prebenda.

La catedral de León tenía, en 1224 13 dignidades y 75 canónigos.

C) Vicarios, párrocos y capellanes (bajo clero): En el que se entra al recibir la tonsura, más adelante se recibían las órdenes menores, después las órdenes mayores llegándose al presbiteriado con una edad de 25 años.

Bajo clero es el elemento que va articulando el sistema parroquial. Según George Duby, si hasta el siglo XX, la villa era la circunscripción básica, desde el siglo XI, lo serán las parroquias. Una comunidad parroquial es un elemento de solidaridad a dos niveles:

1) El religioso: Donde se reúnen los fieles una vez a la semana y donde los fieles celebran los principales acontecimientos que les afectan.

2) El temporal: Refugio de siervos fugitivos, de solidaridad campesina, etc.

La parroquia en muchas ocasiones no se entrega a un párroco, sino que se entrega a personas jurídicas (hospitales, monasterios, etc.) que cobran los diezmos, y encargan la cura de almas a un vicario mal retribuido.

La formación intelectual del bajo clero, era bastante deficiente. Incluso algún reformador como Gerhoh de Reichersberg hablaba de que en caso de mala gestión por parte de los párrocos, se procediera a su sustitución por monjes que estaban mucho mejor formados.

El villano nace, el caballero también nace, y el clérigo, se hace. El status nace con la tonsura y culmina con la ordenación al final de la carrera. Este estatus supone la subordinación a la jurisdicción eclesiástica, lo que será una fuente de problemas.

El término clérigo provenía del griego cleros = función. En la Edad Media, el término clérigo hacía referencia a varios conceptos: clérigo podía ser un hombre de Iglesia; pero clérigo era también el hombre letrado; o el hombre de leyes, el versado en Derecho; incluso el estudiante sin graduación.

Había clérigos vagabundos, entendidos como intelectuales[64] que acaban siendo marginados, los goliardos que representarían una especie de inteligencia urbana y moderna, resultado de la mayor movilidad social de la Europa del siglo XII; con una trilogía de la vida: el juego, el vino y el amor. Enemigos del papa y de los monjes, pero respetuosos con el cura rural, hacen chanza de los caballeros. Se ha dicho que el siglo XIII da un golpe mortal al goliardismo, quizás sea exagerado, aunque el siglo XIII fue un siglo muy ordenador, pero no fueron una serie de tradiciones las que dieron impronta a los goliardos.

12.3.- LA DIGNIFICACIÓN DE LOS IDEALES GUERREROS: LA CABALLERÍA Y SU SENTIDO

Maurice Keen dice que la caballería es un modo de vida con tres aspectos esenciales: el militar, el noble y el religioso, pero es, ante todo, un organismo vivo.

Si hubiera que resumir el concepto de caballería, se podría decir que es un Ethos (comportamiento), una forma de percibir el mundo que nunca se sistematizó en forma adecuada, y no precisamente por falta de tratados. Raimundo Lulio con su Libro del orden de caballería, Don Juan Manuel con El libro del caballero y del escudero, Godofredo de Chany con Libre de Chevalerie, o Alfonso de Cartagena que escribe un Doctrinal de caballeros, son buena muestra de ello.

Un Ethos que está relacionado con la función del bellator, pero relacionado también con la cortesía, el elemento cortés está asumido por el caballero. La figura del caballero inglés William Marshall, es la que sintetiza mejor este aspecto con un mundo militar y cortesano.

Un Ethos relacionado también con la clerecía (en el sentido de erudición) ya que clerecía y caballería se llegan a identificar como los dos pilares gemelos de la sociedad. Cristian de Troyes dice que ambos pilares habrían nacido en Próximo Oriente y se habrían trasladado hacia Occidente.

Un Ethos que está sometido a una producción literaria riquísima que se agrupó en tres bloques desde que la llamada Chanson de Sainses hablara de las tres materias: la de Bretaña, la de Francia y la de Roma con sus protagonistas Arturo y los caballeros de la Tabla redonda para la primera, Carlomagno y sus pares para la segunda y César, Eneas y Troya para la tercera.. La materia de Francia abre el fuego entre 1100 y 1130, después la de Roma y, desde el siglo XII, la de Bretaña que sería la más popular.

Un Ethos que es un oficio más que una categoría social y cuyo estudio debería abarcar la formación del ethos, el reclutamiento y aprendizaje, el ceremonial, derechos y deberes y el desgaste del ideal caballeresco:

1) Formación del ideal: Se ha hablado del elemento germánico tal y como se recoge en la obra de Tácito. Se hace referencia a una posible ascendencia romana y al cambio de atuendo al llegar a la madurez con la imposición de la toga viril.

Interesa ver los elementos cristianos que existen. El cristianismo, tras el Concilio de Arlés, admite la honorabilidad de la llamada “milicia secularis”. A partir del año mil y de las Asambleas de Paz y Tregua de Dios, de la división de los Órdenes y de las Cruzadas, toma fuerza la idea de guerra justa.

Hay que tener en cuenta el papel que la Iglesia debe adoptar frente a los conflictos menores. La Iglesia consigue llegar a un compromiso entre ella misma y el soldado, a través de la bendición de la espada. En frase de Phillipe Puy de Clinchamps, lo que se pretende con la síntesis de guerrero y cristiano es “convertir a Sigfrido en Parsifal[65]”. Raimundo Lulio dice que el guerrero está llamado a desempeñar el más noble oficio. León Gautier abunda en este sentido.

Los Estados van a captar a la caballería para sus propios intereses, las instituciones de fidelidad, típicas del mundo feudal, se mezclan con las de la caballería. El nombramiento de caballeros no es un acto de juramento de fidelidad, pero … casi. La creación de las Órdenes de caballería tienen esas intenciones.

2) Reclutamiento y aprendizaje: El orden de caballería está, en teoría, abierto a todos, pero no entran los hombres no libres, ni los que no tienen la guerra como oficio. El aprendizaje empieza, normalmente, con el padre, la fase de escudero se hace junto a un señor de superior categoría. La mayoría de edad (20-21 años), culmina con el ceremonial de investidura que varía según los lugares y tiempos

3) Ceremonial de investidura: Que implica:

1. Gestos: Confesión, en Inglaterra acompañada de un baño ritual; vela de armas, generalmente en grupo; comunión; entrega de las armas bendecidas, acompañadas por el juramento de caballero de defender el orden y el derecho.

2. Oficiante: En principio, todo escudero puede ser investido por cualquier caballero, pero se buscan las personas de mayor prestigio, en última instancia, los propios príncipes.

3. Lugar: Cualquier sitio en tiempo de paz, y el campo de batalla en tiempo de guerra (en 1515, el rey francés Francisco I fue investido caballero en la batalla de Mariñano).

Se ha hablado de la investidura como si fuera un sacramento más, hoy día, no se piensa que fuera un sacramento, sino un juramento. Maurice Keen ha escrito que el estamento eclesiástico nunca logró un monopolio de los caballeros y sólo en casos excepcionales oficiaron una investidura. Tal fue el caso de Simón de Monfort, investido por el obispo de Orleans.

4) Derechos y deberes: Los caballeros no tienen derechos distintos a los de cualquier jefe militar, salvo su capacidad heráldica. En cuanto a los deberes, no hay ningún código de caballería fijo y varían según la época:

1. En el siglo XI, l eclesiástico italiano Bonizón de Sutri hablaba de los deberes del caballero: lealtad con sus señores, no ambicionar botines de guerra, luchar por la nación, luchar contra herejes y cismáticos, etc…

2. En 1247,con la coronación de Guillermo de Holanda como rey de romanos s habla de: misa cotidiana, sacrificio de la vida por la fe, defensa de la Iglesia, y protección de viudas, huérfanos y pobres.

3. Hacia 1300, Raimundo Lulio dice que los deberes del caballero son: favorecer a viudas, huérfanos y desvalidos y vencer y destruir a los enemigos de la Cruz.

4. En 1330, el obispo de Cambrai habla de ocho deberes: misa cotidiana, sacrificio de la vida por la fe, protección de viudas y huérfanos, abstención de guerras injustas, protección de los bienes de los subalternos y lealtad a los soberanos entre otras.

5. En 1430, Rodrigo Sánchez de Arévalo hablaba de: lealtad y fidelidad a Dios, honrar a la Iglesia, no abandonar el campo de batalla, honrar al rey y a la res pública y defender a viudas, huérfanos y desvalidos

6. León Gautier, en su trabajo de 1894 “La chevalerie”, habla de un “decálogo del caballero”: Creer las enseñanzas de la Iglesia, proteger a la Iglesia, respeto al país donde se ha vivido, etc.

7. Gustav Cohen habla de cinco principios: sumisión a la Iglesia, lealtad hacia todos, fidelidad a los jefes, valor en el combate y ayuda a los pobres.

8. Puy de Clinchamps dice que los principios que animan a la caballería son de tres órdenes:

a) Religiosos: Sometimiento a las enseñanzas de la Iglesia y defensa de sus intereses. (Militia Christi o Militia Sancti Petri).

b) Mundanos: Los propios de la peculiar estructura feudal.

c) Personales: Fidelidad a los principios a los que el caballero se ha comprometido libremente y que le han convertido en un hombre de honor.

5) Desgaste del ideal de caballería: Puede decirse del ideal de caballería lo mismo que de la idea de Cruzada, a lo largo del tiempo fue sufriendo un desgaste. La misma ritualización del mundo de la caballería podía llevarla a su banalización:

1. La Iglesia que trata de usar esas fuerzas a su servicio y llega a potenciar la creación de milicias armadas, Órdenes religiosas cuyos ideales acaban degradándose: los Hospitalarios acabaron siendo el refugio de la vanidad nobiliaria; el Temple se convirtió en una potencia económica; las Órdenes militares hispánicas se convirtieron en fuerzas políticas y los Reyes Católicos tuvieron que neutralizarlas incorporándolas a la Corona.

2. Los príncipes van creando otras fuerzas que hacen innecesaria la caballería. La Paz del rey que pretende poner fin a las rencillas entre nobles.

3. La monarquía del llamado Estado moderno promueve a unas oligarquías sociales que son el contrapunto de la vieja nobleza militar: burguesía, universitarios y nobleza de toga.

Dos cronistas de la Baja Edad Media simbolizan muy bien el paso de los valores caballerescos a los del Renacimiento: Jean Froissart cuando en 1400 escribe sus crónicas narran un acontecimiento militar tras otro. Hacia 1500, Felipe de Commines escribe unas memorias cuando está al servicio de Luis XI[66] nos refleja la promoción de una burguesía, de una nobleza no militar y de una diplomacia bastante tortuosa.

4. Las nuevas tecnologías militares que derrotan a los caballeros, como refleja la muerte de un caballero borgoñón decapitado por una bala de cañón.

Algunos autores, como Ferguson, hablan del siglo XVI como una especie de “veranillo de San Miguel” de la caballería (Felipe II, Enrique II de Francia, etc.), pero hay que convenir que en el siglo XVI, la caballería dejó de ser heroica para convertirse en el artificio de lo heroico.

12.4.- LOS CAMINOS DE SALVACIÓN Y PERFECCIÓN: LOS SACRAMENTOS Y LAS FORMAS DE PIEDAD

Ciertos caminos de perfección del hombre laico de la época, pretenden acercarle a las órdenes clericales. A partir del Cister aparece la clase de los conversos que ayudaban en determinados trabajos materiales a los monjes de los monasterios y en los que se llegaba a admitir una cierta austeridad de vida, pero que están excluidos del cumplimiento de las “reglas” y no tienen acceso al claustro.

Por su parte, las órdenes mendicantes potencian para los laicos las llamadas “órdenes terceras”. Los laicos, de ambos sexos, que pertenecen a estas órdenes pueden ser terciarios regulares que vivían en comunidad y terciarios seculares que vivían en el mundo.. Estos terciarios observan una regla, recitan un oficio, mantienen un ayuno, etc. El origen de estas ordenes terceras es, según los dominicos, la “Militia Christi” creada por Falco de Marsella para luchar contra los cátaros. Otros piensan que nacerían de organizaciones italianas llamadas “órdenes de la procedencia”.

La potenciada por los franciscanos se constituiría hacia 1221 y a ella se adhirieron quienes no podían abrazar la vida religiosa. Tenían que cumplir una serie de requisitos e incluso, por su función apaciguadora, podría considerárseles como elementos de control social en las ciudades.

Estas órdenes de laicos cumplieron con una función paralela y fue la de alejar a grupos de laicos de caer en determinadas sectas heréticas.

Las comunidades de beguinas[67] son otra de las formas de asociación laica a las comunidades religiosas. Se conocen en Flandes desde finales del siglo XIII. Son comunidades de mujeres organizadas en forma de beaterios, pero sin estar comprometidas a nuevas reglas. Estas comunidades proliferan en el siglo XII acogiendo en su seno al gran número de viudas que las propias Cruzadas van dejando. Sobre su origen se han dado explicaciones fantásticas, como que fueron fundadas por Santa Bega, o por Lambert Le Begue. Están relacionadas con albergues de peregrinos donde se realizan trabajos comunitarios. Eran piadosas y frecuentemente poseían una espiritualidad profunda. No dependían de las órdenes religiosas lo que no dejó de alimentar el recelo de las autoridades eclesiásticas y tenían sus peculiares prácticas de piedad, por lo que, a veces, fueron objeto de hostilidad y crítica. En ocasiones se les acusó, sin fundamento, de herejía, concretamente de catarismo e iluminismo. Beguina llegó a ser un término despectivo e injurioso. Una de las primeras comunidades de beguinas que se conocen fue la de Nouvelles.

Las Cofradías religiosas estaban favorecidas por la expansión urbana. Reciben nombres diversos: “fraternidades” o “caridades” o “cofradías”. En ellas se mezcla el sentido cristiano del trabajo y el de la fraternidad, de modo que cofradía y gremio representan el aspecto técnico y religioso de la corporación. El origen podría estar en Milán, donde se crea una corporación de artesanos de la lana, llamada “de los humillados” que, más tarde, se unirá al movimiento herético de los baldenses.

No se sabe bien si existieron algunas raíces anteriores a la expansión urbana. El problema de los gremios es el mismo que el de las ciudades, sólo se conocen cuando están organizadas, sobre los orígenes nos movemos, por tanto, en el terreno de la especulación: se ha hablado de los “collegia” del Bajo Imperio Romano, se ha hablado de centros artesanales de las abadías o de centros monacales merovingios…

De los dos aspectos, religioso y técnico, es este último el que acaba predominando y sistematizándose. ”El libro de los oficios de París” nos lo muestra claramente. No se acaba el elemento religioso, y en las cofradías brilla el patronazgo, prácticamente cada oficio tiene su Santo Patrón.

LOS SACRAMENTOS

Hemos visto hasta aquí distintas formas utilizables por los laicos para conseguir un perfeccionamiento: conversos, órdenes terceras, beguinas y begardos, y cofradías. Con mucho el protagonismo en este camino hacia la perfección de los laicos lo tendrán las parroquias, lugar donde el hombre celebra todos los acontecimientos de su vida y lugar donde se perfecciona a través de la percepción de los Sacramentos.

Hablar de sacramentos en la plenitud medieval es hablar de signos sagrados instituidos por Cristo, fuentes de la autoridad soberana. La Eucaristía es el sacramento central. La Iglesia distingue entre “Sacramentos de muertos” que serán aquellos que sirvan para redimir al hombre privado de la gracia (muerte espiritual): Bautismo y Penitencia; y “Sacramentos de vivos”, a los que se accede en estado de gracia: todos los demás.

1) Bautismo: Asocia al bautizado con el sacrificio de Cristo en la cruz. Se consagra el bautismo por infusión y se conviene que se lleve a cabo con la mayor premura.

2) Confirmación: En tiempos seguía al Bautismo. Implica la percepción del don del Espíritu Santo.

3) Penitencia: Consagra la confesión auricular y que la absolución preceda al cumplimiento de la penitencia. La plenitud del medievo defiende el género de “Summa de confesores”, como la realizada por San Raimundo de Peñafort. También aparece la idea de la Indulgencia, o perdón de la pena temporal debida por pecados ya perdonados. Surge la Teología del tercer lugar o Purgatorio[68].

*    Se alude en el Libro II de Macabeos, cap. 12, versículos 39 a 46. San Pablo, 1ª Epístola a los Corintios. Otros autores aluden a una creencia en el Purgatorio de una facción de los fariseos, los fariseos samaitas.

*    San Agustín sólo habla de la existencia de dos lugares, aunque, en ocasiones, habla del fuego purificador.

*    Gregorio Magno, hacia el año 600. Raúl Mancegui habla de una crisis de la teología del Purgatorio hasta el Renacimiento. Le Goff habla del protagonismo de la escolástica en la invención del Purgatorio. Sería fruto de la convergencia de dos corrientes: la religiosidad popular y la racionalización de los escolásticos.

*    Si hablamos del siglo XIII (en el que todo se sistematiza), hay dos autores: Jacobo de Vorágine (+ 1298), arzobispo de Génova y autor de La leyenda áurea[69], hace un balance de lo que el Purgatorio podía ser para los cristianos. Odirón de Cluny instituyó la fiesta del 2 de noviembre como la de los fieles difuntos.

*    Dante Alighieri (1265-1321) identifica al Purgatorio con un monte circundado con 11 anillos circulares: los cuatro primeros, el ante-purgatorio, son para negligentes y recién convertidos; los otros siete corresponden a cada uno de los siete pecados capitales. Jacques Le Goff considera al Purgatorio como punto de salvación diferida. La división de la Iglesia en tres: la Iglesia militante (los vivos), La Iglesia triunfante (los que están en la Gloria) y la Iglesia purgante (los que están en el Purgatorio).

*    A finales del siglo XIV Merswin hace nuevas aportaciones al tema con su obra Tratado de los nueve rellanos.

4) Eucaristía: La idea de la transubstanciación , expresión que se ha atribuido por primera vez a Ildeberto de Labardin (+ 1133). Se impone como dogma en el IV Concilio de Letrán de 1215. Desde el siglo XII se tiende a que los laicos sólo comulguen con el pan a excepción de la zona de Bohemia en que se seguía practicando en las dos especies.

5) Extremaunción: Réplica frente a las angustias del cristiano ante la muerte. Desde 1200 hay admoniciones para que no se convierta en un Sacramento para ricos. La unción de enfermos tiene sus orígenes en el siglo III con San Hipólito. La base doctrinal se encuentra en San Marcos y en las epístolas de Santiago. Por el II Concilio de Lyon (1270-1274), Roma y Constantinopla reconocieron la plena sacralidad de la unción de los enfermos. Es un Sacramento que cierra el ciclo de la vida del cristiano que, en su día, abrió el Bautismo.

6) Matrimonio: El matrimonio constituye la condición por excelencia de los laicos. Precedía al Sacramento una encuesta del cura para evitar los lazos de parentesco, pues estuvieron prohibidos hasta el octavo grado hasta el IV Concilio de Letrán (1215) y desde éste, hasta el cuarto grado. Cantidad de reyes perderán su vínculo matrimonial por esta causa. El oficiante y la mutua aceptación de los esposos son los que completan el Sacramento en el que éstos son los ministros.

OTRAS FORMAS DE PIEDAD

1) El culto dominical: La forma de piedad por excelencia es el culto dominical, que se ve complementado con determinadas fiestas de distinto signo. Las órdenes religiosas dieron una gran importancia a la predicación sobre la que, con el tiempo, el clero regular y el secular llegan a mantener una gran competencia: Bernardo de Claraval o el arzobispo de París, Mauricio de Silly son ejemplos de grandes predicadores de uno y otro signo.

Clérigos y laicos son situados en las iglesias en lugares distintos. En algunas iglesias monasteriales, hay incluso, separación de sexos, situándose los hombres del lado del evangelio y las mujeres del lado de la epístola.

2) Representaciones sacras: Se dan en ciertas festividades: Navidad, Cuaresma, etc. Constituyen juegos escénicos que contribuyen a la formación de los laicos.

3) Devoción al Crucificado: Ciertas devociones van cobrando un nuevo impulso, sobre todo, el culto a la Cruz y al Crucificado. En el mundo merovingio y también en el carolingio, se representaba a Cristo como “Cosmocrator”, rodeado, incluso, de signos imperiales. La Cruz solía estar aparte, la representación del Cristo crucificado no era muy frecuente debido al carácter infamante de la muerte en la cruz.

La gran revolución se da en el siglo XI con la aparición de los crucifijos monumentales. Redescubrimiento de la humanidad de Cristo. Se dan dos tipos de Cristo crucificado: el Cristo mayestático sin sufrimiento; y el Cristo que sufre, difundido por los franciscanos. La muerte en la Cruz acaba por ser considerada. San Anselmo de Canterbury nos presenta la redención como la necesaria “satisfacción condigna”: la falta horrible del hombre al pecar, hizo necesaria la horrible muerte del Hijo de Dios en la Cruz. Santo Tomás de Aquino sustituye el término necesidad por el de conveniencia.

4) Devoción Mariana[70]: Surge en Oriente al calor de las rivalidades teológicas. La condena del nestorianismo, otorga a la Virgen la categoría de Theotocos (madre de Dios). La devoción mariana tardará más tiempo en llegar a Occidente, en San Agustín no hay referencias marianas. En el siglo V hay una referencia: Salve Sancta parent. Venancio Fortunato también defiende la devoción. San Ildefonso de Toledo escribe “De Virginitate Sancta Mariae”. La Salve se ha atribuido a Pedro Mesoufo a principios del siglo XI, o al francés Aldemaro de Puy. La de San Bernardo de Claraval también es conocida. San Bernardo será el gran impulsor de la piedad mariana. El toque del Angelus es del siglo XIII.

El siglo XIII es una época ordenadora, la época de las Summas  y de los grandes compendios. Colecciones de Milagros de María van creando un fondo de piedad mariana un tanto ingenua.

5) Culto a los Santos: En un Concilio secundario celebrado en San Juan de Letrán el año 993, presidido por Juan XV, el papa decide elevar a los altares a Ulrico de Augsburgo. Esta canonización está considerada como el primer paso para que Roma monopolice las canonizaciones. En 1173 se da el paso decisivo cuando Alejandro III canoniza a Tomás Becket. Se incluye en el santoral romano a una persona que nada tenía que ver con Roma, inaugurando así, un fondo común para toda la cristiandad. Robert I. Moore dice que hay que desechar la idea de que al controlar los papas las canonizaciones frente a las “canonizaciones populares” no se está racionalizando el proceso, sino que se está intentando desposeer a las clases populares de la capacidad de intervenir haciendo juicios religiosos. Otros autores, Mitre entre ellos, dudan de que existiera esa exaltación popular a los altares, incluso, en la Alta Edad Media. Lo característico de la Alta Edad Media, cuando se acaba la nómina de mártires, es la canonización del Obispo noble Santo que, generalmente, ha hecho algo por su ciudad y acaba siendo su patrón. Estos obispos no proceden de la plebe. Cuando se agota la nómina de obispos, se explota la cantera de los Reyes, sobre todo, los de crstianización tardía (los de Bohemia y Hungría), Reyes que encarnan la continuidad de sus Estados.

Jean Claude Smitt en su obra La Fábrica de Santos, dice que la gran innovación de la plenitud medieval fue la humanización del Santo: la elevación a los altares se produce al poco tiempo de la muerte e incluso al margen de la profesión que se tenga (Inocencio III llega a canonizar a un mercader). A partir de 1300, aumenta el número de mujeres canonizadas. Se produce un énfasis mayor en las virtudes del Santo que en los milagros que realiza. Se considera a los Santos como la exigua minoría que inmediatamente a su muerte gozan de la presencia de Dios, mientras que el resto de los mortales ha de pasar por el Purgatorio. Mitre, sin embargo, piensa que son los milagros realizados por los Santos los que más cuentan a la hora de su canonización. Así lo indican, por ejemplo, las colecciones de milagros realizados por San Luis que sirvieron a Bonifacio VIII como aval para su canonización.

En la plenitud del medievo mártires hay muy pocos, no obstante, si cuantitativamente el martirio es un valor a la baja, cualitativamente no lo es. Se pueden buscar sucedáneos de martirio. El caso de San Luis de Francia (1226-1270) es ilustrativo pues se  consideró como martirio su enfermedad (peste) a las puertas de Túnez, o el de Simón de Monfort que murió de una pedrada en un asalto a la ciudad de Toulouse y se dice que murió lapidado como San Esteban.

Llama también la atención el ensalzamiento de los mártires antiguos. La Leyenda áurea del dominico Jacobo de Vorágine es un ejemplo. El propio título de leyenda no hace referencia a hechos fabulosos, sino a “lo que hay que leer”, mientras que áurea se refiere al valor intrínseco de su contenido. Jacobo de Vorágine admite difícilmente alguna de las historias narradas en su obra. Es un compendio hagiográfico que se concibe como un “conjunto de relatos edificantes”. Jacobo de Vorágine era un especialista en cultura de masas. En su obra, los malos son malvados, los Santos son personajes diáfanos y sin matices que siguen el mismo esquema de vida. Son esquemas ingenuos a través de los cuales el autor quiere revelar las fuerzas del bien y discutir las del mal.

6) Culto a las reliquias: Su base está en la creencia en la intercesión de los Santos. Las reliquias tienen unas virtudes que se asocian a los restos del Santo (reliquias reales), o a objetos relacionados con él (reliquias representativas).

Situándonos en la plenitud del medievo hay circunstancias que favorecen el tráfico de reliquias:

*    Saqueo de cementerios romanos o depredación de los normandos en Italia.

*    Las Cruzadas, especialmente la Cuarta y su saqueo a Constantinopla.

Según Patrice Gearg, hablar de tráfico de reliquias es hablar de robo de reliquias:

1. Robo de profesionales: Mitad clérigos y mitad mercaderes. Un diácono proveyó a Eginardo de las reliquias de San Marcelo y de San Marcelino extraídas de Roma.

2. Robo de los monjes: Que ante la destrucción a que se ven sometidos por los invasores, tratan de obtener rentas con las reliquias de su Santo Patrón.

3. Las ciudades: Particularmente las italianas que pensaban que la posesión de las reliquias las dotaría de prosperidad. Venecia se trae los restos de San Marcos desde Antioquía, Bari hace lo propio con los de San Nicolás de Mira. Se justifican estos hechos aduciendo que el Santo ha “revelado” su consentimiento.

El hecho cierto es que, bien por compra, donación o pillaje, hay una gran cantidad de reliquias en circulación, muchas de ellas, falsas.

*    La Corona de Espinas de Jesucristo acabó en manos de San Luis de Francia, quien construyó para albergarla la Sainte Chapelle, obra que costo la tercera parte de lo que había costado la reliquia.

*    La Santa Lanza fue descubierta en 1098 y “sirvió” a los Cruzados para salvar el cerco a que estaban sometidos y tomar Jerusalén.

*    Andrés II de Hungría adquirió el aguamanil usado por Jesús en las bodas de Canaán.

Los abusos que se cometen con las reliquias se denuncian desde época temprana. En Wittemberg, en el castillo del elector de Sajonia había una iglesia con una colección de 5.005 reliquias de lo más pintoresco (incluso un frasco con leche de la Virgen). Se podían conseguir más de 170.000 años de redención de Purgatorio visitando las reliquias (previo pago por la visita).

La jerarquía eclesiástica pretendió racionalizar este culto e intento verificar la autenticidad de las reliquias. Incluso se llegó en el Concilio de Zaragoza (592) el recurso de las ordalías[71] (sólo se aceptaba la autenticidad de la reliquia si no era destruida por el fuego). En el IV Concilio de Letrán se prohibe que las reliquias se expongan fuera del relicario y que se expongan para su venta. Nadie deberá venerar una reliquia sin que su veneración haya sido autorizada por el Papa.

12.5.- LAS PEREGRINACIONES

En el mundo romano, se entendía al peregrino como extranjero. También se aplicaba el concepto a ciertas poblaciones sometidas al Imperio a las que no se les otorgaba ni la ciudadanía romana ni la latina, sino el ejercicio de “gentes muy elementales”. Por “perpetua peregrinatio” se entendía el exilio.

El cristianismo inventó su particular casuística:

1) Peregrinación mística: Abraham sería el primer peregrino. El cristiano se pensaba que en el mundo estaba en permanente exilio y tránsito hacia la Jerusalén celestial y la salvación eterna. Se consideraba el más allá como verdadera patria, idea expresada por Cipriano de Cartago en su obra De mortalitate.

2) Peregrinación terrenal: El término peregrino va evolucionando hacia su actual significación en base a determinadas circunstancias:

1. Peregrinación ascética.

2. Peregrinación como despliegue de un símbolo concentrador (como las procesiones).

3. Peregrinación a los lugares que habían sido santificados, acabó siendo una práctica muy frecuente. Las peregrinaciones a larga distancia fueron inviables antes del año 1000. La cristianización de Hungría fue fundamental para las peregrinaciones a Tierra Santa. La peregrinación a Santiago fue muy potenciada por el rey Sancho el Mayor.

Hablar de tipos de peregrinaciones es hablar de metas y naturaleza de las mismas:

Las Partidas de Alfonso X el Sabio nos hablan de dos clases: romeros y peregrinos[72]: “… romero es el hombre que va a Roma a visitar los santos lugares donde yacen los cuerpos de San Pedro y San Pablo y de los otros Santos que tomaron martirio por nuestro Señor Jesucristo… Peregrino es el extranjero que va a visitar el Sepulcro de Jerusalén o los otros Santos Lugares donde nuestro Señor Jesucristo nació, vivió y tomó muerte y pasión por los pecadores: o que anden en peregrinación a Santiago o a San Salvador de Oviedo o a otros lugares de lengua y tierra extraña…  “ Según las Partidas, la naturaleza de romerías y peregrinaciones sería triple: La primera es cuando se realizan por voluntad propia, la segunda cuando se hace por voto o promesa hecha a Dios y la tercera es cuando se llevan a cabo para cumplir una penitencia impuesta.

Dante Alighieri en su obra La vida nueva habla de tres clases de peregrinos: los palmeros son los que van a Oriente; los peregrinos, los que van a Santiago; y los romeros, los que van a Roma.

Pierre de Jouncels habla de peregrinaciones pietatis causa, para orar; y peregrinaciones in penam, para cumplir penitencia.

En los libros penitenciales se habla de una serie de lugares fijos, célebres por sus reliquias, como visitas obligadas para determinadas penitencias. Peregrinación como substituto de la penitencia pública o de la excomunión. Algunos autores civiles la consideran, incluso, substituto del destierro. También lo usan los principados eclesiásticos: atentados contra derechos de los señores, parricidios, robo de iglesias y otros delitos fueron castigados por civiles y eclesiásticos con peregrinaciones. Las más célebres fueron las sufridas por Roberto el Diablo en 1030; Erico el Bueno en 1100; Fulco, duque de Anjou, etc.

Es digno de considerar los abusos que pudieron llegar a cometerse y sobre los que ya hay denuncias en fecha temprana: En la Admonitio generalis (789) se hace una crítica a los riesgos que la peregrinación tiene y que convierte a los peregrinos en vagabundos. En el Concilio de Shaon (813), se habla de “falsos peregrinos”, tanto laicos, como religiosos. Rabano Mauro, Burcardo, etc., ponen en guardia contra la picaresca de los falsos peregrinos. También se critica el afán de viaje y aventuras de algún peregrino, más que el deseo de purificarse. En el siglo XIII la alarma cunde frente a peregrinos que, son en verdad, transmisores de herejías. El obispo Lucas de Tuy, historiador y hagiógrafo, en su obra De altera vita, denuncia la presencia de un grupo de herejes en la ciudad de León en 1230, otros focos en Palencia y en Burgos están situados en la ruta jacobea.

Enormes recelos provocan también las peregrinaciones de mujeres como se pone de manifiesto en la carta de San Bonifacio a Hutberto de Canterbury. En 719, un Concilio celebrado en Freji, proscribe las peregrinaciones de mujeres. San Vicente Ferrer recela de las peregrinaciones de mujeres y propone que éstas hagan la “peregrinación en espíritu”.

También se denuncia el abuso que supone la práctica de la “peregrinación por cuenta ajena, generalmente a título póstumo. La peregrinación aparece en cláusulas testamentarias desde el siglo XII en Cataluña.

Otro tipo de peregrinaciones es el que pretende conseguir curaciones y que acrecientan la importancia de determinados santuarios. Hay catorce Santos vinculados a determinadas enfermedades (San Roque con la peste; San Benito con las piedras en el riñón; San Lázaro con la lepra, San Juan con la epilepsia, etc.)

Otras peregrinaciones tienen un contenido político cuando determinado Santo se convierte en el apoyo de una determinada dinastía. En Francia San Martín de Tours, San Dionisio, San Miguel con los Valois (1318) y definitivamente San Luis.

Una peregrinación tiene su logística: se empieza con la bendición de peregrinos; San Anselmo (siglo X) tiene la fórmula más antigua. El peregrino tiene una peculiar situación jurídica. La Paz de los Reyes protege al peregrino. Una capitular de Pipino el Breve sistematiza las penas por atentar contra el peregrino. En el Libro de los oficios en París, hay un capítulo dedicado a este tema.

El albergue de peregrinos se concibe como una “caridad” y puede hacerse a título individual o a título colectivo: monasterios, instituciones hospitalarias, que pueden ser urbanas, episcopales o reales. Hay cofradías de peregrinos que se crea para proteger a los propios peregrinos. Los lugares de peregrinación por excelencia, conocidas como “peregrinaciones mayores” fueron los siguientes:

1) Jerusalén y los Santos lugares: Para la peregrinación a Jerusalén, disponemos desde 333 un itinerario que va desde Burdeos. Esta ruta habrá de sufrir en el tiempo multitud de visicitudes políticas. Aunque la conquista islámica dificultó estos viajes, jamás llegó a impedirlos y con la cristianización de los magiares en torno al año 1000 y la apertura de la ruta danubiana, la peregrinación cobró nuevos bríos En 1033 se celebró el milenario de la pasión y se consiguió un “máximo histórico”, una gran multitud confluyó sobre la ciudad. La permanencia en Jerusalén, más que simplemente la peregrinación a ella, constituía para muchos un seguro práctico de alcanzar la salvación. Peregrinación y cruzada eran las dos caras de un mismo fenómeno religioso.

2) Roma: En Roma son los sepulcros de San Pedro, del “apóstol indirecto” San Pablo y de las numerosas basílicas que albergaban los restos de multitud de mártires estaban reafirmando consciente e inconscientemente el papel de la urbe como cabeza de la Cristiandad. Para albergar a los peregrinos se utilizaron las escolae. La peregrinación a Roma entró en crisis cuando empezaron los conflictos entre Iglesia y emperador. Tuvo, no obstante, su momento más álgido en 1300, cuando Bonifacio VIII proclamó el año jubilar, concediendo a los peregrinos la tan deseada indulgencia plenaria.

3) Santiago de Compostela: Su importancia como santuario regional alcanzó ya notables cotas apenas descubierto el supuesto sepulcro del apóstol Santiago el Mayor en el siglo IX, alcanzó una enorme fama a partir de finales del siglo XI que le situó, junto a las sedes anteriores, a nivel claramente internacional. Con el desplazamiento de la frontera de Al-Andalus hacia el Tajo, y gracias al apoyo prestado por la monarquía castellana y las instituciones eclesiásticas, la ruta jacobea empezó a ser recorrida por infinidad de viajeros de todo Occidente.

Otras peregrinaciones de menor relevancia también deben ser consideradas:

*    La ciudad de Tours fue un verdadero santuario nacional desde época merovingia.

*    San Miguel de Montegargano: según un texto del siglo VI se apareció el Arcángel San Miguel en el monte Gargano (sudeste de Italia).

*    Mont Saint Michel: Desde la aparición del Arcángel al obispo Alberto de Abranches (808). Desde 1210 habrá en París la cofradía de Saint Michel para apoyar a la reliquia.

*    Las reliquias marianas también inspiran peregrinaciones: restos de cabellos, uñas y leche de María, la Santa Cara, llevada por los ángeles a Loreto (Italia). La devoción mariana va a dar lugar a las peregrinaciones marianas y a la potenciación de los santuarios marianos, como es el caso del Santuario de Rocamadour en la Dordogne (Francia).

*    El centro de Nidaros en Noruega, sepulcro del rey San Olaf I (+ 1301).

*    Canterbury en Inglaterra, cuya catedral alberga los restos de Santo Tomás Becket (+ 1170).

TEMA 13  EL PAPADO DE INOCENCIO III (1198-1216)

13.1.- INTRODUCCIÓN

El pontificado de Inocencio III[73] fue un pontificado breve, fueron dieciocho años que han merecido muy distintos juicios. Inocencio III ascendió al pontificado a los 37 años, demasiado joven, a criterio de algunos, para la entidad de los problemas que tenía la Iglesia en aquellos momentos. En Tierra Santa, la Tercera Cruzada no había sido un éxito precisamente, además, se saldó con serias enemistades entre los jefes cristianos, especialmente, entre Leopoldo de Austria y Ricardo Corazón de León; en el otro extremo del Mediterráneo, Alfonso VIII había sufrido la derrota de Alarcos ante los almohades, mientras tanto, la herejía continuaba su avance. Un fresco de Giotto representa un sueño de Inocencio III: en él se representa a la basílica de San Juan de Letrán tambaleándose.

Inocencio III forma parte de los canonistas que se iniciaron con Graciano. Siendo diácono escribió un opúsculo de éxito llamado De contentum mundi.

En este tema, iremos analizando la actuación de Inocencio III respecto a las situaciones críticas.

13.2.- RESTABLECIMIENTO DE LA AUTORIDAD EN LOS PROPIOS ESTADOS PONTIFICIOS

Los papas pasaban en Roma menos del 50% de los días del año. Se dice de Inocencio III que fue el segundo fundador de los Estados Pontificios. En 1204, reprime una revuelta urbana y somete la municipalidad romana a la autoridad papal; elimina al Senado y lo substituye por un senador único de nombramiento pontificio; hace lo propio con el prefecto de Roma. Somete a su control la Pentápolis, es decir, el territorio comprendido entre Rávena y Ancona (el que correspondió al exarcado), que había sido entregado por Pipino. Controla el ducado de Spoleto y la Campania (mediodía italiano). Inocencio III, en definitiva, crea unos Estados Pontificios en el centro de Italia.

13.3.- ÁRBITRO DE LA VIDA POLÍTICA

Marcelle Pacaud dice que el mérito fundamental de Inocencio III fue transformar situaciones de hecho en situaciones de derecho:

1) Utilización del expediente de cruzada contra el Islam, los cismáticos y los heréticos:

1. 1204: Cruzada contra los cismáticos que acaba con la toma de Constantinopla, aunque en realidad fue un suceso que se le escapó de las manos.

2. 1209: Cruzada contra los heréticos (cátaros). Expediente militar que acaba con la herejía en beneficio de la unidad, no sólo de la Iglesia Católica, sino de la unidad de Francia.

3. 1212: Cruzada de las Navas de Tolosa. Gran éxito llevado a cabo por castellanos, navarros y aragoneses.

2) Árbitro de los destinos del Imperio: La muerte de Eduardo VI, heredero de Federico Barbarroja, le hace convertirse en protector de Federico II, hijo de Eduardo y Constanza, heredera del trono de Sicilia. El papa apoya a sucesivos pretendientes: Otón IV, de los güelfos alemanes y Federico de Suabia. El deseo de Otón IV será más del lo que Inocencio III puede consentir. El conflicto al que Otón V de Brunswick, aliado de Juan sin Tierra contra Felipe II Augusto de Francia lleva al Imperio, tuvo su desenlace el 27 de Julio de 1214 en Bouvines, con el triunfo de los Capeto, situación de la que Francia sacó provecho, pero también el Papa.

3) Árbitro en Inglaterra: La mediación del arzobispo de Canterbury, Esteban Langton, colaborador de Inocencio III que había llegado al arzobispado gracias al apoyo del Papa frente a los candidatos de Juan sin Tierra, fue una de las razones que forzaron a éste a conceder el 15-6-1215, la Carta Magna, documento elementalmente feudal impuesto por los barones ingleses. El primer artículo de la Carta Magna está dedicado a la garantía de las libertades y privilegios de la Iglesia de Inglaterra.

4) Vasallaje de varios reinos cristianos: Pedro II de Aragón, que más tarde morirá en Muret en defensa de sus vasallos cátaros; el reino de Bulgaria; el propio Juan sin Tierra de Inglaterra. Cuando Inocencio III muere, los Estados Pontificios son la primera potencia de la cristiandad.

13.4.- ENRIQUECIMIENTO DE ARGUMENTOS A FAVOR DE LA “PLENITUDO POTESTATIS”

Inocencio III había estudiado en París, Bolonia y Roma (junto a Clemente III). La teocracia de Inocencio III es la aplicación de los principios que Gregorio VII había esbozado, en dos ámbitos:

1) En relación con los restantes poderes espirituales: Con respecto a Constantinopla, dejará patente que la Iglesia fundada por Pedro, es el fundamento de todas las demás.

2) Sobre los poderes temporales: Reúne todas las piezas que el Derecho Canónico ha ido acumulando. Inocencio III está en la línea de Gelasio, reconoce que hay dos poderes que deben perseguir un mismo objetivo: llevar a la sociedad a la salvación, pero, para Inocencio III la dignidad es distinta: en el caso de los príncipes está la potestas, pero para el Pontífice está la “Plenitudo Potestatis” (soberanía plena). Para Inocencio III, el ideal de las relaciones Iglesia – Estado, tenía que plasmarse en una comunidad cristiana que englobase a todos los reyes, pero con la cohesión de la autoridad del Papa que le permitiría actuar en todos los dominios en circunstancias extraordinarias (ratione pecati).

En relación con el Imperio, el documento Deliberatio” de 1199, dice que los electores eligen un rey en Germania que sólo puede ser considerado emperador con el reconocimiento de la Iglesia. El poder del emperador procede de Dios, pero es la Iglesia quien interpreta la voluntad divina y la transmite el día de la coronación. El Papa, por tanto, podrá vetar al emperador elegido por los electores.

13.5.- TRIUNFO DE LA “PLENITUDO POTESTATIS”. EL IV CONCILIO DE LETRÁN

El IV Concilio de Letrán se convoca en 1213 y se celebra en 1215. Acuden 408 obispos, 400 abades y una amplia representación de los jóvenes países cristianos.

El IV Concilio de Letrán fue convocado para celebrarse “según la costumbre de los grandes Padres”. Comienza el 1 de noviembre y dura un mes. Se toman importantes decisiones para el presente y para el futuro:

1. En relación con el catarismo decreta que la cruzada contra los herejes tendría los mismos beneficios que la llevada contra el Islam.

2. Canon uno y otro sexo: ordena confesión y comunión una vez al año.

3. Canon 62: Reglamentación de las reliquias.

4. Canon 20: Conservación física de las iglesias.

5. Obligación de Sínodos provinciales anuales.

6. Capítulo general de las órdenes religiosas cada tres años.

7. Reglamentación de la vestimenta de los clérigos.

8. Medidas contra los judíos: Tienen que respetar las fiestas de los cristianos, no pueden acceder a cargos públicos que puedan perjudicar a cristianos, se regula la usura, se impone una vestimenta especial, etc. (estas medidas se aplicaron con bastante manga ancha).

9. Predicación de la Quinta Cruzada: Los beneficios espirituales se extendieron no sólo a los combatientes, sino a los que colaboraron en la preparación material de la misma.

13.6.- CONCLUSIONES SOBRE EL PAPADO DE INOCENCIO III

Cabría hacerse la pregunta de que si Inocencio III triunfó o fracasó. Se ha dicho que el período 1212-1215 fue decisivo para Europa: Navas de Tolosa, Muret, Bouvines, Carta Magna, IV Concilio de Letrán, son efemérides y sucesos realmente decisivos. Desde el punto de vista de la disciplina, el IV Concilio de Letrán tiene disposiciones todavía vigentes (confesión y comunión al menos una vez al año).

Podemos resumir el papado de Inocencio III con una sucinta relación de sus éxitos:

1. Acaba con el catarismo.

2. Aparente (más que real) unificación de las dos cristiandades tras la toma de Constantinopla.

3. Estados Pontificios: Ejerce un importante dominio, aunque habría que dejar el verdadero dominio a los Papas del Renacimiento.

4. Tiene éxito en su pugna con el Imperio pues consigue mantener la división Alemania – Italia.

TEMA 14 LA AUTORIDAD PONTIFICIA ENTRE LA CRISIS Y LA RESTAURACIÓN

14.1.- INTRODUCCIÓN

Es preciso destacar el contraste entre el panorama triunfalista  del año 1300 en que las tesis teocráticas del papa Gregorio VII habían llegado a imponerse con la consiguiente sumisión de los poderes temporales de los príncipes católicos al poder espiritual del Papa y el consiguiente control por parte del pontificado de la autoridad de los mismos, con la ruptura y desolación que tras la ofensa de Anagni sufrida por el papa Bonifacio VIII protagonizó la Iglesia en los años sucesivos.

La escolástica y las universidades se encontraban en plena madurez después de cien años de desarrollo ininterrumpido, el pensamiento cristiano había salido triunfante de su confrontación con la cultura antigua y de la imprevista aparición del auténtico Aristóteles, sin embargo, todo lo aprovechable de esa cultura había sido aprovechado contribuyendo a enriquecer la ya de por sí extensa y madura cultura cristiana.

Simultáneamente, el pueblo conectaba con una religión que, desde el liderazgo de Inocencio III  y servida por franciscanos y dominicos hablaba su lenguaje. Una religión más asequible que sustituía el miedo al castigo divino como principal elemento de cohesión con el del amor de Dios, como se demuestra en la sustitución en las iglesias del Pantocrator, hierático y justiciero por la figura de Jesús víctima de su amor por los hombres.

Esta situación deslumbrante sólo se veía turbada por los “espirituales” franciscanos que abominaban del poder y la gloria de la Iglesia al considerar que encadenaba la gracia evangélica.

La muerte de Bonifacio VIII humillado en Anagni marcó el comienzo de la pérdida de la armonía conseguida. La complicación de la máquina gubernamental exasperó a los partidarios de una Iglesia sencilla. En los ambientes universitarios, la búsqueda de soluciones racionales a los enigmas hizo patente que la trascendencia divina resultaba inaccesible para el entendimiento humano, entre los “pastores” que debían proponer al pueblo explicaciones sencillas y los “doctores”, se fue abriendo un abismo y la cristiandad se hizo cada vez mas débil y vulnerable.

El objeto final de este tema es mostrar los principales debates y disidencias que se planteaban en el seno de la Iglesia para finalmente responderse a la pregunta de que si al final de la Edad media estaba en decadencia en Occidente la vida religiosa.

14.1.- LAS ETAPAS DEL EXILIO

A) ANAGNI: Entre los años 1296 a 1303 un nuevo conflicto enfrentó a la monarquía francesa y al papado. Felipe IV el Hermoso se creía investido por Dios de una misión sagrada en que los poderes terrenales no eran los únicos sometidos a su poder. Sus consejeros le habían imbuido de la concepción de Estado que se desprendía del Derecho Romano en el que la soberanía, su fundamento, excluía toda partición. A todo ello habría que añadir las necesidades financieras del monarca que miraba hacia la Iglesia como una fuente adicional de recursos.

A las primeras violaciones del derecho canónico, contestó el papa con la bula Ausculta fili, pero las tensiones fueron creciendo, una segunda bula Unam Sanctam  en la que Bonifacio se reafirmaba en todos los principios teocráticos sólo fue el preámbulo de la excomunión que cayó sobre Felipe. Finalmente, Bonifacio VIII fue acorralado en Anagni donde fue insultado, quizás incluso abofeteado y, aunque los agresores tuvieron que retroceder, el pontífice murió poco después.

La situación de Felipe IV era delicada pues si la culpabilidad de Bonifacio VIII no era reconocida, aparecería a los ojos del mundo cristiano como culpable de un atentado sacrílego, por tanto tenía que conseguir la condena póstuma de Bonifacio. La actitud mostrada por el nuevo Papa, Benedicto XI confirmó a Felipe el Hermoso en sus propósitos.

B) VIENNE: Tras la muerte de Benedicto XI, el cónclave se dividió en dos grupos: los partidarios de condenar a Felipe IV y los partidarios de la paz con el mismo. Después de once meses de disputas, ninguna de las dos facciones consiguió la mayoría de 2/3 exigida, los cardenales renunciaron a elegir de entre ellos al nuevo papa y le ofrecieron la tiara al arzobispo de Burdeos que tomó el nombre de Clemente IV.

Felipe IV que perseguía sus fines añadió al difícil expediente de la causa de Bonifacio VIII, el espinoso asunto de los templarios. El Temple pasaba por todopoderoso, era rico y pesaba sobre él la impopularidad de la derrota en Tierra Santa. El 13 de octubre de 1307 Felipe hizo encarcelar a todos los caballeros del Temple en una clara intrusión en la jurisdicción eclesiástica, lo que levantó las protestas de Clemente  V quien decidió convocar un Concilio que se reuniría en noviembre de 1310 y decidiría sobre la suerte de los templarios.

El Concilio, cuyas sesiones comenzaron con retraso (1311) concluyó con la disolución de la orden, previamente había evitado una declaración solemne de condena contra Bonifacio VIII. Clemente V había evitado el peor resultado para Roma, pero había tenido que pagar un precio alto. En 1314 moría el papa y poco después lo hacía Felipe.

C) AVIÑÓN: Los acontecimientos relatados invitaron a Clemente V a permanecer lo más cerca posible del rey. En 1309 se instaló en Aviñón donde el papado iría echando raíces por las ventajas que ofrecía la ciudad: población pacífica, condiciones óptimas de defensa, clima saludable y una situación relacionada con los grandes ejes de circulación que facilitaba sus comunicaciones con todos los Estados cristianos. Los cinco papas siguientes serían del Mediodía francés. Los pontífices que decidieron la vuelta a Roma, Urbano V y Gregorio XI, tuvieron que emplear todas sus energías

14.2.- LA MONARQUÍA PONTIFICIA

A) PRINCIPIOS Y NECESIDADES: El pontificado de Aviñón se caracterizó por la centralización, la intromisión de los Papas en la vida de las iglesias locales fue constante. La santa Sede estaba resuelta a promover a clérigos que tuviesen suficientes conocimientos y buena voluntad evitando los chalaneos locales, pero, sobre todo, el motivo de la centralización era el económico, pues los Papas tenían que soportar cargas agravadas, además, por las consecuencias del exilio. Para suplir el prestigio de Roma, los Papas se creyeron obligados a rodearse de un fausto inaudito. Una de las fuentes de financiación, los diezmos, chocaban, cada vez más, con el antagonismo de los Estados. A partir de 1336 los Papas consideraron más oportuno no exigir diezmos ni a Inglaterra ni a Francia. Era evidente que, con estas mermas, las rentas de la Santa Sede resultaban insuficientes.

B) CENTRALIZACIÓN Y FISCALIZACIÓN: La parte más importante de los nuevos recursos llegó por la vía de la centralización. Cada vez que el Papa designaba el titular de un cargo en un punto cualquiera de la cristiandad, el clérigo promovido debía pagar una tasa, mayor cuanto más categoría tenía el cargo en cuestión. Igualmente, se atribuía los despojos de los bienes de los clérigos fallecidos que habían accedido a su cargo como consecuencia de la intervención papal. Percibía, también las “vacantes” o beneficios de las sedes en época de vacancia.

En estas circunstancias, no es de extrañar que Urbano V diera a conocer en 1363 su intención de designar él mismo los obispos, abades y abadesas de toda la cristiandad. Sólo Benedicto XII, albergaba el deseo de reformar la Iglesia y retrasó el proceso de centralización. Sea como fuere, numerosos nombramientos se realizaron fuera de la Santa Sede.

C) DESARROLLO DEL APARATO ADMINISTRATIVO: Una de las consecuencias de la centralización fue el extraordinario desarrollo administrativo, una potente máquina que si manifestaba el poder pontificio no dejaba de tener inconvenientes. A causa de su complejidad y de su intenso funcionamiento, los mecanismos del aparato administrativo se bloquearon, procediéndose con extrema lentitud. La situación fue engendrando odios intensos.

14.3.- LAS RESISTENCIAS

A) PRELADOS Y PENSADORES: No fueron de consideración las reacciones causadas por el descontento pues no había ninguna fuerza capaz de equilibrar la del poder pontificio. La oposición de los clérigos se limitaba al campo del pensamiento.

Serían los legistas de Felipe IV los que habrían preparado las armas más poderosas contra el poder del Papa afirmando que el rey, en el campo temporal, no obedecía a nadie y que tenía la obligación de controlar el uso que los clérigos hacían de los bienes puestos a su disposición. Según Marsilio de Padua, el Estado debía garantizar el bienestar material y l salvación espiritual de sus miembros

Guillermo de Occam situaba a la Iglesia por encima del Papa, entendiendo por aquella a la multitud de los creyentes. Animaba a los príncipes a asumir el lugar de la jerarquía eclesiástica si ésta daba pruebas de incapacidad

B) EL EMPERADOR Y SU IDEA DE IMPERIO: En la época en que renacían las naciones, el papado tuvo que luchar encarnizadamente. El último acto del drama que, desde el siglo XI, oponía a Imperio y sacerdocio, duró desde 1323 a 1356. La nostalgia de la unidad política no había muerto en Occidente, pero también teólogos y juristas perseguían la gloria imperial. El humanismo recordaba los grandes hechos de Roma y sus Césares

Carlos IV no quiso ser ejecutor de las voluntades pontificias y promulgó en 1356 la Bula de Oro mediante la cual el poder escapaba de lo sagrado y se secularizaba al mismo tiempo que se replegaba a los territorios germanos y renunciaba al universalismo.

C) LOS REYES: Tras el enfrentamiento entre Felipe IV y Bonifacio VIII se volvió a un período de calma pero en el que las ideas de los legistas no habían sido olvidadas. De los tratados de Occam sólo se aprovecharon los argumentos favorables a la causa real. La defensa de poder secular pasó a la práctica en los tribunales laicos que arrebataron a los eclesiásticos todos los asuntos que no fueran estrictamente espirituales.

La centralización pontificia no fue atacada puesto que los beneficios que se derivaban de ella también afectaban a la Corona. Francia, además contaba con la simpatía de los Papas y la diplomacia de la Santa Sede favoreció las combinaciones políticas de los Valois.

La consecuencia fue un distanciamiento con la Inglaterra de los Plantagenet y aunque ni Eduardo III, ni Ricardo II tenían intención de romper con el papado, acabaron estableciendo un modus vivendi que favorecía a la monarquía. Cuando un obispado quedaba vacante, el papa nombraba al candidato elegido por el rey.

Sin embargo, en 1377 la monarquía pontificia aún aparecía poderosa y podría pensarse que el retorno a Roma aumentaría aún más ese poder, sin embargo, se abrió el período más dramático de toda la historia de la Iglesia.

TEMA 15  EL CISMA Y LA CRISIS CONCILIAR

15.1.- LA TÚNICA SIN COSTURA DESGARRADA

A) EL NACIMIENTO DEL CISMA: A la muerte de Gregorio XI, el Sacro Colegio estaba dividido, el cónclave, con la presión popular en sus mismas puertas, eligió a un italiano que tomó el nombre de Urbano VI (abril 1378), hombre de mal carácter que rápidamente se enfrentó a embajadores y cardenales. Al fin, éstos, le conminaron a dimitir, cosa que él rehusó. Sus antiguos electores, alegando las presiones a que habían sido sometidos en el cónclave anterior, se reunieron nuevamente en cónclave y nombraron un nuevo Papa, Clemente VII (septiembre 1378).

B) LA CAUSA PROFUNDA DEL CISMA: ¿Fue la responsabilidad de Urbano VI o de sus electores? Es imposible señalar culpables, pero es cierto que la actitud de los cardenales cambió cuando descubrieron el verdadero carácter de su nuevo Papa. El derecho, sin embargo, no contemplaba la deposición de un Papa demente o desequilibrado.. Hay que reconocer que si la intención de los cardenales era la de corregir un error cometido en primavera, fue peor el remedio que la enfermedad.

C) LA FORMACIÓN DE LAS OBEDIENCIAS RIVALES: Clemente VII, tras un intento infructuoso de instalarse en Roma, lo hizo en Aviñón. La Iglesia tenía ahora dos capitales. En Roma Urbano VI intentaba solucionar sus problemas financieros, en un bando y otro, los legados se convertían en diplomáticos que intentaban atraer a su bando el mayor número de fieles. Pedro de Luna, por ejemplo, fue el entusiasta propagandista de Aviñón en España. El resultado fue la división de las fuerzas espirituales y de los organismos eclesiásticos en Occidente que, en gran medida, se decantaron según la actitud de los poderes seculares. Hasta 1409, ninguna de las dos jerarquías tuvo ventaja respecto a la otra, las dos potencias estaban equilibradas.

15.2.- TRES CAMINOS SIN SALIDA

A) VIA FACTIS: Urbanistas y Clementistas recurrieron sin escrúpulos a las armas, incluso Urbano VI confirió a sus tropas el título de cruzados.. Después de quince años, los Papas estaban en un callejón sin salida: los gastos de guerra habían sido enormes; lo sagrado y lo profano se habían mezclado en exceso y el equilibrio se mantenía. El escándalo y la amargura inundaban el corazón de los cristianos sinceros.

B) VIA CESSIONIS: Desde la Universidad de París se aporta otro modelo de solución: ¡Que dimitan ambos Papas!. La muerte de Clemente VII parece facilitar las cosas, pero el 28 de septiembre de 1394 el Sacro Colegio, desoyendo la recomendación del rey de Francia para que no se designara sucesor, elige nuevo Papa a Pedro de Luna que toma el nombre de Benedicto XIII: Hombre piadoso y austero ponía al servicio de sus derechos, además de una ciencia teológica y jurídica sin fallos, un ardor incomparable. La vía de cesión no tenía más éxito que la vía de hecho y la indignación de los cristianos se cambiaba por cansancio.

C) VIA CONVENTIONIS: Desde 1404 Benedicto XIII pensó que tenía suficiente ventaja sobre su rival para iniciar conversaciones con éste, sin embargo no logró imponerse. A la muerte del Papa romano siguió la elección de su sucesor Inocencio VII tan peleón como Benedicto y éste marchó sobre Roma en una reedición de la via facti, pero la peste y la amenaza de sustraerse a su obediencia por parte de Francia le hicieron retroceder. En 1410, el nuevo Papa de Roma, Gregorio XII se comprometió a renunciar al Papado si Benedicto XIII hacía lo mismo. Ambos Papas acordaron reunirse en Savona pero el romano no apareció y sus cardenales le abandonaron. El convencimiento entre los cristianos era unánime: La cristiandad estaba en un estado que hacía preciso el desconocimiento de ambos papas, no había otro remedio que actuar al margen de ellos para salvar a la Iglesia.

15.3.- LA IGLESIA SALVADA POR EL CONCILIO

A) EL AUGE DEL CONCILIARISMO: El sistema del concilio podía utilizarse para salir del absolutismo pontificio, esta solución se barajaba desde 1378. Si convenía poner orden en la Iglesia, esa tarea podía ser confiada al pueblo fiel, incluso algunos intelectuales como Occam pensaban que la autoridad del concilio era superior a la del Papa que usurpaba su título cuando se declaraba episcopus universalis. Al final, todos coincidían en el papel activo que debería corresponder al concilio en la salvación de la cristiandad.

B) EL CONCILIO DE PISA: LA IGLESIA TRICÉFALA: Ni Gregorio XII, ni Benedicto XIII estuvieron de acuerdo, sin embargo, los cardenales, por cuenta propia, convocaron un concilio en Pisa (1409). Ninguno de los dos Papas acudió por lo que fueron declarados “contumaces” y culpables de herejía. Este crimen les sometía a la jurisdicción conciliar que depuso a ambos. Los cardenales entraron en cónclave y eligieron al arzobispo de Milán que tomó el nombre de Alejandro V, hombre inteligente que adoptó medidas apaciguadoras. Sin embargo, en lugar de haber puesto fin a la situación, se había agravado el problema, ni Gregorio XII ni Benedicto XIII aceptaron su condena, la Iglesia era ahora tricéfala. Alejandro V fue sucedido por Juan XXIII que huyó amedrentado cuando las presiones rivales se acercaron a Roma.

C) EL CONCILIO DE CONSTANZA Y EL RETORNO A LA UNIDAD: El nuevo emperador, Segismundo exigió la celebración de un nuevo concilio, el de Constanza en noviembre de 1414. A él se debió el éxito del mismo. El programa comprendía los tres principales problemas de la cristiandad: la unión, la reforma y la defensa de la fe. Las tesis conciliaristas más extremas fueron confirmadas y el 6 de abril de 1415 el concilio promulga el decreto Haec sancta, en él el concilio proclamaba que recibía su autoridad de Cristo y que el Papa le debía obediencia. Juan XXIII se sometió y fue depuesto en mayo de 1415. Gregorio XII abdicó el 4 de julio pero Benedicto XIII se mostró inflexible y se refugió en su fortaleza de Peñíscola. Hasta su muerte se siguió considerando el único jefe legítimo de la cristiandad aunque el concilio le había depuesto en julio de 1417.

En noviembre de 1417 el cónclave eligió a un romano, Odón Colonna que tomó el nombre de Martín V que emprendió la tarea reformadora reduciendo el número de cardenales y las atribuciones de la Santa Sede. Concordatos individuales con las naciones regularían los problemas de centralización y fiscalía. Sin embargo, estas soluciones se consideraban provisionales, en realidad, el papado tenía el camino abierto hacia la renovación de su poderío.

TEMA 16  LA RESTAURACIÓN DEL PODER PONTIFICIO

16.1.- EL PAPA VENCEDOR DEL CONCILIO

Martín V dedicó todos sus esfuerzos a la reconstrucción de sus Estados, su sucesor Eugenio IV carecía de habilidad, sus gestos autoritario avivaron la llama conciliarista. El concilio se había nutrido de un sinfín de intelectuales que promulgaban la reforma como la cuestión más urgente y consideraban la centralización como el mal más pernicioso. El concilio no se contentó con ejercer el poder legislativo sino que se apropió del ejecutivo y organizó un pesado aparato administrativo y judicial. El concilio tuvo la debilidad de creer que continuaba la tradición inaugurada en Constanza pero en lugar de restablecer la unión, se alejaba de ella.

A) LA VICTORIA DEL PAPADO: Cuando el 6 de julio de 1439 resonó la proclamación de la unidad restablecida entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, el prestigio del papado aumentó súbitamente, sin embargo, Eugenio IV y sus sucesores tuvieron que combatir y negociar mucho tiempo antes de poder celebrar el triunfo. Las filas de los defensores del conciliarismo iban clareando, en 1439 Torquemada dio nuevas energías a los principios de la monarquía pontificia en su obra Summa Ecclesia en la que lanzó un gran descrédito sobre el concilio al considerarlo como un peligro para la concordia de los cristianos. Concordia a la que se fueron prestando los Papas sucesivos: Nicolás V fue el garante de los acuerdos de Lodi para poner fin a las luchas fratricidas que desolaban Italia. La reforma avanzaba lentamente, Nicolás V se esforzó en extirpar los abusos quitando la razón a los que pensaban que esas reformas sólo s podrían levar a cabo desde posiciones conciliaristas.

Las fiestas de jubileo de 1450 y la coronación de Federico VI fueron los símbolos de la restauración. En 1460 el Papa Pío II mediante la bula Execrabilis prohibió apelar una decisión pontificia al concilio, Execrabilis revela el declive de la idea conciliar.

B) LA SUPERVIVENCIA DEL CONCILIARISMO: La idea conciliar permaneció viva custodiada por un buen número de Universidades. Cuando se hizo patente que Roma volvía a permitir los abusos, la idea de reforma se hizo patente y la nostalgia del concilio se agudizó. Fueron los príncipes los que estuvieron a punto de volver a poner en marcha la idea conciliar. Luis XII reunió una asamblea que se denominó concilio y que tuvo la virtud de hacer recapacitar al Papa. Julio II convocó el V Concilio de Letrán (1512) pero vigiló estrechamente sus trabajos. León X hizo lo mismo. Obispos y teólogos abordaron los problemas de la reforma pero ninguno de los planes propuestos llegó a tomar cuerpo y cuando la asamblea se separó en marzo de 1517, ni la cabeza de la Iglesia ni sus miembros habían sanado.

16.2.- EL PRECIO DE LA VICTORIA: EL ENTENDIMIENTO CON LOS ESTADOS

A) EL SIGLO DE LOS CONCORDATOS (1418-1518): Si bien el papado consiguió no verse obligado a repartir sus poderes con el concilio, tuvo que ceder una parte considerable a los Estados que no habían cesado en su empeño de someter a su dominio lo temporal y lo espiritual. Para arrancar concesiones al Papa, los soberanos se hicieron portavoces del descontento generado por la centralización pontificia presentándose como benefactores frente a una santa Sede tiránica y codiciosa. Las relaciones entre la Iglesia y los Estados estuvo constituida, en el siglo XV, por negociaciones, fue la época de los Concordatos.

B) TRIUNFOS Y DESVENTURAS DEL GALICANISMO: Durante el siglo XIV Francia había soportado el peso de la fiscalización que le imponía la Santa Sede, pero en plena crisis conciliar los sentimientos dieron un brusco viraje. El clero irritado contra el autoritario Benedicto XIII adoptó los principios del conciliarismo, Esperaba que su aplicación fuese el fin del centralismo y, escudándose en las leyes de los antiguos sínodos creían encontrar la imagen de una Iglesia galicana franca y pura. El rey no tardó en presentarse como el defensor de estas libertades. El Parlamento intuyó las ventajas que le reportaría esta situación acaparando competencias de los tribunales eclesiásticos. El decreto de 1407 es considerado como el acta de nacimiento del galicanismo y concreta el acuerdo entre el clero y el rey para frenar la ingerencia de la Santa Sede, fundado en derechos adquiridos antiguamente. Carlos VII hizo adoptar por la asamblea del clero los decretos del concilio de Basilea y, bajo el título de Pragmática Sanción, los hizo entrar en el cuerpo de las leyes civiles. Francisco I concluyó en Bolonia, en agosto de 1516, el acuerdo que debía fijar las estructuras de la Iglesia de Francia por espacio de varios siglos. La Corona se atribuía la designación de prelados y abades.

C) INGLATERRA Y EL IMPERIO: EL ENTENDIMIENTO SIN CONCORDATO Y EL CONCORDATO SIN ENTENDIMIENTO: Inglaterra, después de 1400, apenas planteó problemas a la Santa Sede. Los ingleses entendían que ningún decreto conciliar extendería a la cristiandad entera el régimen de autonomía que su Iglesia ya disfrutaba. Las cosas estaban como las habían dejado Eduardo III y Ricardo II. Los obispados eran confiados por el Papa a los candidatos designados por el rey. Cuando de 1455 a 1485, la guerra de las Dos Rosas debilitó a la monarquía inglesa, Roma no intentó aprovecharse de ello.

Los alemanes también ansiaban sacudirse el control de Roma. El Instrumentum Acceptationis votado en la Dieta de Maguncia de 1439 sería la réplica de la Pragmática Sanción francesa Sin embargo, los pequeños principados alemanes no tenían talla para tratar separadamente con la Santa Sede y tenían que valerse de la mediación del emperador, pero incluso éste disponía de escasos recursos. El Concordato de Viena firmado por Federico III en 1448 reasumía las cláusulas de Constanza. La mitad de los beneficios menores dependían de la colaboración del papa; los impuestos no quedaban suprimidos; los dignatarios elegidos por los capítulos tenían que obtener la confirmación pontificia.

En cualquier caso, neutralizada la centralización, obstruida la fiscalización, la Iglesia no podía extraer de los reinos su riqueza y su fuerza. Ya no era un Estado dentro de los Estados; se replegó sobre su patrimonio italiano y se contentó con ser un Estado entre los Estados.

16.3.- UN ESTADO ENTRE LOS ESTADOS

A) LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS ESTADOS PONTIFICIOS: Desde el retorno de Martín V a Roma, tuvo que dedicar sus energías a la pacificación de los Estados Pontificios inmersos en tensiones internas. Los Papas no pudieron esperar a la pacificación para completar la administración de sus territorios. Reducida la fiscalización pontificia sobre las Iglesias nacionales, la financiación debía ser procurada en los Estados Pontificios y a ello consagraron los papas lo mejor de sí mismos aún a riesgo de ser negligentes en sus labores espirituales. Los nuevos Papas debían escoger colaboradores de su confianza y, como es natural, los escogían entre su familia. El nepotismo constituía una simple medida de prudencia.

B) LA REORGANIZACIÓN DE LAS FINANZAS: Con Sixto IV la economía de la Santa Sede ya estaba saneada. El Papa puso a la venta un número cada vez mayor de oficios. La suma que desembolsaban los adquisidores representaba el préstamo, los honorarios que recibían el interés. El grave defecto del sistema era que el remozamiento de las finanzas impedía la reforma del sistema. Merced a este dinero, los Papas pudieron atender sus obligaciones políticas y militares sin olvidar el embellecimiento de la capital.

C) EL RENACIMIENTO DE LA CAPITAL: Los Papas del Quattrocento se aplicaron en embellecer la Ciudad Eterna. Después de 1420 se alejaron de su residencia junto a la catedral de Letrán para trasladarse al Vaticano. Eugenio IV hizo venir de Florencia a Fray Angélico, Sixto IV construyó la capilla Sixtina, Alejandro VI hizo decorar los “apartamentos Borgia”, Julio II encargó a Miguel Angel los frescos de la Sixtina y encomendó a Rafael la decoración de las stanze. Julio II, igualmente, derribó la antigua basílica para construir una nueva que encargó a Bramante.

Esta dedicación febril al embellecimiento capitalino vino acompañada de un abandono de sus funciones pastorales. Los reproches que la historia ha dedicado a Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI y Julio II reflejan el comportamiento de los mismos que, en su vida privada se comportaron más como príncipes terrenales, dedicados a todo tipo de placeres, que como príncipes de la Iglesia. En vísperas de la Reforma, Roma gozaba de tan mala fama como antaño Aviñón. Los Papas olvidaron que la victoria de la monarquía pontificia no era completa, que el conciliarismo aún estaba presente en muchos y que los Estados estaban al acecho de sus errores. En la cristiandad bullían nuevas ideas y sentimientos.

TEMA 17  CREENCIAS Y PIEDAD

17.1.- LAS UNIVERSIDADES

Entre los siglos XIV y XV, el número de Universidades aumentó sensiblemente, especialmente en la Europa del Norte que igualaba en este terreno a la Europa mediterránea.

Las Universidades fueron también provistas de estructuras más perfeccionadas y muchas de ellas llegaron a ser potentes organismos contando entre sus alumnos a futuros hombres ilustres que se vanagloriaban de haber estudiado en ellas. La situación del alumnado y del profesorado mejoró sensiblemente. Al terminar la Edad Media la relación de las Universidades con los poderes se había reforzado. Interviniendo a fondo en los asuntos seculares, pero la búsqueda de honores y prebendas perjudicaba a la independencia del pensamiento.

17.2.- LA CRISIS DE LA TEOLOGÍA ESPECULATIVA

En el siglo XIII se había emprendido un esfuerzo enorme para poner en relación las verdades reveladas con los postulados de la razón, los teólogos recibieron la misión de enlazar la ciencia divina con la reflexión de los hombres sobre ellos mismos, aportación propia de los filósofos.

Sería Santo Tomás de Aquino el que conseguiría elaborar una Suma, a base de datos enteramente racionales el que conciliara los dos aspectos, sin embargo, su éxito no fue del todo reconocido, no podía satisfacer a los que se pronunciaban por un respeto total a la obra aristotélica y que se amparaban en Averroes, ni a los que temían una intrusión de lo racional en lo sagrado y que se amparaban en San Agustín.. Se formaron varias escuelas que se combatieron sin miramientos, filósofos y teólogos hallaban motivos para la duda y la crítica.

Juan Duns Escoto y Guillermo de Occam cavaron un abismo entre los dos campos que los teólogos del período anterior habían querido unir. El origen de ambos les orientaba al empirismo pero, por otra parte, su origen franciscano les inculcaba hacia el horror de un Dios prisionero de definiciones racionales que pudiera ser abarcado por la inteligencia humana. Eran pues proclives a criticar la doctrina tomista en cuanto que presentaba como datos seguros lo que, todo lo más, se podía clasificar como probable y en cuanto pretendía descubrir leyes racionales allí donde reinaba con soberana independencia la voluntad de Dios.

Escoto no quiso romper toda relación entre teólogos y filósofos, sin embargo Guillermo de Occam consumó la ruptura que aquel había dudado en completar. Para Occam la razón se remitía únicamente al mundo que los sentidos podían abarcar; lo inmaterial, dependía únicamente de la fe guiada por la Revelación.

La doctrina de Guillermo de Occam se difundió por todos los lugares de Europa dando lugar a dos corrientes: una que explicaría el mundo sensible, precursores de la ciencia moderna; otra dedicada al estudio de la Escritura. Estos últimos acabaron por desconfiar de toda actividad racional, la crítica que Escoto y Occam habían desarrollado había alcanzado su objetivo y el pensamiento escolástico quedaba herido de muerte

17.3.- EL DESCUBRIMIENTO DE NUEVOS HORIZONTES

Antes de la aparición de Erasmo algunos intelectuales habían advertido las debilidades de la enseñanza que se practicaba en las Universidades y las habían denunciado. Gerson (1363-1429) estaba convencido de que los teólogos de oficio concedían a la especulación una preponderancia injustificada, por lo que recomendaba que además de una teología especulativa se debía cultivar una teología mística, esta última enseñaría a los estudiosos a seguir los caminos de la Gracia en el corazón humano, el intelectual recibiría capacidad para adquirir las cualidades del espiritual. La lección de Gerson no se perdió, pues hasta la Reforma hubo teólogos que lucharon para que la ciencia sagrada no fuera únicamente el fruto de un ejercicio intelectual y que se esforzaron por una parte en relacionarla con la mística, y por otra en abrirla a las preocupaciones prácticas del ministerio pastoral.

Todos estaban de acuerdo en que los materiales manipulados por los teólogos universitarios eran netamente insuficientes. La Escuela pretendía integrar en la doctrina de la Iglesia los principios aristotélicos, la misma Escritura se estudiaba en una versión cuya corrección merecía serias reservas. Algunas figuras del Renacimiento literario se ocuparon de proveer de nuevos materiales al oficio de la reflexión doctrinal. En el siglo XV, los espíritus más lúcidos reprochaban a la escolástica su atrincheramiento tras los límites de una sola técnica intelectual, les parecía que el remedio estaba en el avance hacia otros dominios y proponían la renovación de las fuentes y la prospección de aquellas que no estaban al alcance de la sola razón.

Ninguna de las corrientes pudo derribar la vieja construcción escolástica, ni tampoco renovar su contenido; pudieron, esto sí, debilitarla y hacerla incapaz de resistir los formidables asaltos dirigidos contra ella en el siglo XVI.

TEMA 18  LA EDUCACIÓN RELIGIOSA

18.1.- LAS INSTITUCIONES

A) Las Parroquias: La parroquia constituía el ámbito normal de la actividad pastoral. El título del cura definía su función, la cura de almas. El grupo de hombres que quedaban bajo un pastor permitía a éste conocerlos perfectamente pues los cristianos debían cumplir en su parroquia los actos religiosos.

Pero el verdadero pastor debía conducir a su rebaño por el camino de la salvación, misión esta que no siempre estaba al alcance de los componentes del clero por la falta de seminarios y de la educación adecuada.

Las Universidades eran una fuente de formación para los futuros eclesiásticos, pero no era suficiente pues la mayoría estudiaba en ellas poco tiempo y sólo recibían cultura general sin ningún aprendizaje básico para desempeñar el ministerio. Podemos decir que aunque la situación había mejorado desde comienzos del siglo XIII, la instrucción seguía siendo un privilegio.

B) Los Conventos: Las persistentes debilidades del clero secular explican la preferencia del pueblo por el clero regular, especialmente por los de las órdenes mendicantes. Los frailes manifestaban una preferencia por los medios urbanos aunque sin olvidar el medio rural. Gozaban de la autoridad moral que les proporcionaba el saber. La organización escolar que proporcionaba los conocimientos convenientes a todos los religiosos destinados al sacerdocio y seleccionaba a los más dotados para escalar los más altos cargos en la jerarquía universitaria, disponían de residencias y bibliotecas bien provistas.

Con el propósito de reclutar una clientela selecta, los religiosos tejieron una tupida red de instituciones. Las fraternidades de terciarios y cofradías.

C) Las Cofradías: Este desarrollo respondía a la necesidad de ayuda mutua que animaba a la sociedad medieval. La solidaridad iba más allá de lo material, las inquietudes espirituales no quedaban excluidas: en primer lugar la muerte y todo lo que había después de ella. A finales de la Edad Media ya alcanzaban a las clases inferiores conduciendo a grandes multitudes.

Cofradías conventos y parroquias cubrían la cristiandad con una múltiple red de instituciones religiosas. Sus mallas, tupidas en las ciudades, eran mucho más espaciadas en los pueblos, sin embargo había fricciones entre ellas, los párrocos envidiaban a los mendicantes mientras que las fraternidades no obedecían a las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, casi todo el mundo recibía algo de la Palabra que la Iglesia repartía entre sus hijos.

18.2.- LA PALABRA

A) Los Predicadores: La predicación fu adquiriendo cada vez más importancia en el seno de la Iglesia. En todos los niveles de la organización eclesiástica se recordó que los fieles se nutrían de la Palabra. Durante los siglos XIV y XV los mendicantes ocuparon el primer lugar entre los predicadores, sin embargo, su escaso número hacía necesaria la responsabilización del clero secular y eso sólo era posible con una formación adecuada. El prestigio de la cultura se hizo patente.

B) La Retórica: Desde el siglo XII hasta el XV, el ars predicandi fue el tema de un gran número de tratados. El contenido se desarrollaba en dos áreas: el dogma y la moral, la fe debía ser enriquecida y la conducta guiada.. Los predicadores estudiaban con detalle los diferentes aspectos de un comportamiento cristiano auténtico.

C) Los Oradores Célebres: La historia de los siglos XIV y XV  nos revela una gran cantidad de talentos de la oratoria que fueron predicando de ciudad en ciudad:

*        Venturino de Bérgamo y San Vicente Ferrer en el siglo XIV.

*        Bernardino de Siena, Jaime de la Marca, Juan Capistrano y Alberto de Sarteano en el siglo XV.

A finales del siglo XV los predicadores se hicieron sedentarios y se quedaron a predicar en una sola ciudad como el trágico Jerónimo Savonarola.

También en el norte hubo cantidad de talentos. Tomás Connette, Oliverio Maillard, Miguel Menot, etc. La Sorbona proporcionó excelentes predicadores. Es evidente que, a pesar de las críticas, la elocuencia sagrada no merece un juicio severo. Más o menos brillante jamás la Palabra de Dios había sido proclamada con tanta frecuencia como durante los dos siglos que precedieron a la Reforma

18.3.- LOS AUXILIARES DE LA PALABRA

A) La Confesión: Como medio de educación religiosa estaba sólo al alcance de un número reducido de privilegiados.

B) Los libros: La aparición de la imprenta provocó una verdadera inundación de libros. Sin embargó el progreso de la instrucción que esto supuso, afectó únicamente a los ambientes aristocráticos y burgueses.

C) Las Imágenes: A partir de 1450 comenzó a insinuarse un decidido movimiento de restauración.. Al final de la Edad Media las imágenes no se limitaban a manifestarse en iglesias y castillos sino que se habían instalado en las casas de los pobres.

Hemos visto como las recriminaciones de los intelectuales del siglo XVI vertidas contra la cristiandad medieval en el sentido de que se carecía de una instrucción religiosa carecían de fundamento, pues la Iglesia aportaba a los fieles una doctrina rica. Los niños aprendían a vivir cristianamente en su parroquia o en su casa. Esta formación podía llegar a dar excelentes resultados. Citemos únicamente los nombres de dos campesinos franceses: Gerson y Juana de Arco.

TEMA 19  LA PIEDAD DEL PUEBLO CRISTIANO

19.1.- EL CULTO

A) LOS SACRAMENTOS:

1) El Bautismo: Los niños lo recibían sin excepción lo más pronto posible.

2) Confirmación: No es seguro que todos los cristianos fueran confirmados.

3) Extremaunción: Era considerada un lujo sólo al alcance de los ricos.

4) Matrimonio: La Iglesia se esforzaba por realzar la santidad del matrimonio realzando su solemnidad.

5) Confesión y comunión: Aunque no tenían ningún tipo de limitación circunstancial, su uso frecuente fue práctica de una minoría. Las confesiones y comuniones  constituían prácticas en que una aristocracia espiritual vertía la abundancia de sus sentimientos.

B) Los Oficios Litúrgicos: Los actos sacramentales no ocupaban mucho de la vida de un fiel por devoto que fuese. Aunque en los siglos XIV y XV se ponía de manifiesto que ciertos oficios comunitarios no se reducían a ciertos movimientos externos realizados con frialdad, sino que se abrían a la expansión emocional.

19.2.- LAS FORMAS DELSENTIMIENTO RELIGIOSO

Nunca revistió la piedad formas más numerosas y variadas que durante la Edad Media:

1) La Compasión: El culto del Cristo doloroso: La devoción al Cristo doloroso tomaba algunos elementos de la devoción patrística, pero debía sus más bellos temas a la mística cisterciense que fue enriquecida y difundida por los franciscanos desde el siglo XIII. La contemplación del Jesús crucificado se nutría de la reflexión sobre el sentido profundo de la Encarnación. El Señor esperaba que su criatura respondiese con el reconocimiento a la abnegación manifestada por su Hijo. El peligro de la habituación fue combatido por los fieles estableciendo un minucioso inventario de los tormentos sufridos por Cristo, tanto físicos como morales. Los cristianos hallaban la seguridad contra el mal y el infierno n el triunfo de Jesús. Aún así, este misterio no calmaba todas sus angustias y buscaron otros socorros más próximos, el de los santos quienes habían conocido las miserias de la condición humana.

2) La Búsqueda del Refugio: El culto a la Virgen y a los santos: A fines de la Edad Media, la piedad hacia María se enriqueció. Se intentaba que las jerarquías eclesiásticas confirmasen la creencia en la Inmaculada Concepción. Los papas se escudaron tras una prudente reserva y la decisión del Concilio de Basilea que en 1439 había declarado ortodoxa la cuestión, no fue sancionada por Roma.

Al igual que a la Virgen, se tenía a los santos por seres excepcionales y el pueblo buscaba más los apoyos que los ejemplos. Toda la multitud de los elegidos fue requerida para la tarea, incluso intervino un cierto sentido de la especialización asignándose a cada uno un sector del dolor humano.

Las formas exageradas que se daba a la valoración de los santos, revelan la profundidad de la angustia que los suscitaban, entre todos los motivos de angustia el temor a la muerte era el de mayor calado, y la piedad le prestó su voz.

3) El miedo del más allá: El arte del bien morir: Al terminar la Edad Media, los predicadores propusieron a las masas la reflexión sobre la muerte. El arte ilustró el contenido de tales discursos y empezaron a aparecer en sus manifestaciones figuras descarnadas y putrefactas. La Danza de la muerte proclamó la vanidad de las distinciones sociales. El momento de la muerte se convirtió en una obsesión atroz. Pero convenía también pensar en la buena muerte. La Iglesia proponía a los fieles que tomaran las medidas oportunas ya desde este mundo. El pecador, una vez borrada la culpa, quedaba sometido a una pena que debía purgar y sobre la que papas y, en menor medida obispos, tenían derecho a conmutar. A cambio de un acto cuya naturaleza quedaba explicitada (ayunos, plegarias, limosnas, etc.) los prelados concedían indulgencias plenarias o parciales. La práctica fue tan frecuente que con el tiempo se fue reduciendo el peso de la satisfacción y si al principio se había requerido arriesgar la vida en guerra Santa, al final bastaba con una satisfacción en metálico. Otra corriente muy frecuente desde el siglo X era ofrecer las misas a la intención del difunto, esta práctica de la misa de réquiem cayó bruscamente durante el siglo XVI en los países protestantes.

19.3.- LAS DEBILIDADES DEL SENTIMIENTO RELIGIOSO

En las diatribas de los predicadores hallamos el inventario de los puntos que más vivas preocupaciones les causaban. Los sarcasmos con peor intención estaban reservados a los mendicantes. En la masa anónima podían encontrarse individuos opuestos a la práctica religiosa elemental. Los preceptos morales fueron tratados con mayor desparpajo que la obligación de participar en las ceremonias.

También la vida religiosa de los fieles fervientes presentaba grandes defectos. Las penas que los confesores imponían a los pecadores se concebían como una medicina del alma. El tratamiento era , a veces, rudo llegándose  la flagelación. Las calamidades que asolaron a Europa en el siglo XIV fueron consideradas como una venganza divina y fue en esa época cuando aparecieron gran número de flagelantes que recorrían Europa en procesión. Esta actitud apocalíptica se apartaba del clero y llegó a provocar los progrom contra los judíos. En el origen de la Danza de San Vito, es muy posible que haya que buscar la vergüenza de la que los pecadores se libraban por la continua agitación.

El culto de la Eucaristía también sufrió lamentables deformaciones. Mirar el pan consagrado era el método más seguro para no ser sorprendido por la muerte repentina, o de no quedarse ciego. Los milagros fueron numerosos al final de la Edad Media.

Más mutaciones de este estilo se dieron a final de la Edad Media, en ocasiones, el servicio al diablo sustituía la adoración a Dios. Muchos cómicos hacían de los Templos teatro de indignas bufonadas como la Fiesta del Asno repetidamente condenada por la Iglesia. La voluntad del sacrilegio estallaba en la blasfemia.

Al final de la Edad Media los cristianos estuvieron a punto de sustituir la oración por el encantamiento. La piedad de la época se había trocado en aritmética. Todos estos hechos representaban el afloramiento de un fondo de religiosidad pagana, que muchos siglos de civilización cristiana habían recubierto pero no extinguido.

Alguno de los más graves defectos que aquejaban a la vida religiosa del final de la Edad Media provenían de una desviación de su objeto principal. El apetito hacia lo divino sacudió el alma popular, pero este apetito se satisfacía de cualquier modo produciendo los mejores pero también los peores efectos.

TEMA 20  LA IGLESIA LATINA EN EL MUNDO

20.1.- LA IGLESIA LATINA EN EL MUNDO

Desde su nacimiento la Iglesia no había cesado de ensancharse. Tras haberse extendido por el Mediterráneo compensó las pérdidas infligidas por el Islam llevando la fe a los pueblos germánicos y eslavos. Cien años más tarde, la invasión de los mongoles puso a Europa en contacto con Asia y los Papas soñaron con fortalecer las antiguas Iglesias asiáticas convirtiendo a la Iglesia de Roma a la totalidad del continente. A partir del siglo XIII sus esfuerzos empezaron a fructificar.

Los franciscanos penetraron en los dominios de la Horda de Oro y el papa otorgó el rango metropolitano a la iglesia de Saraj (1362). Desde la segunda mitad del siglo XIV, la decadencia siguió al auge y en el siglo XVI todo se había apagado.

Adelantándose al fin de la Reconquista, portugueses y españoles se volvieron hacia África a fines del siglo XV, pero la evangelización se vio perjudicada por el descrédito de los religiosos a causa de los mercaderes de esclavos que les acompañaban. Cuando se colonizó América las estériles tentativas africanas inspiraron a portugueses y españoles el proyecto de cristianizar el Nuevo Continente.

En cuanto al Islam, a mediados del siglo XIII no eran pocas las personas cultas que pensaban que era posible discutir con los seguidores de Mahoma para atraerlos a la fe y en este terreno los mendicantes también jugaron un papel decisivo. Sin embargo, los resultados no estuvieron a la altura de los esfuerzos que se hicieron  y los bautismos fueron escasos. No pensemos que el espíritu de los cristianos del siglo XIII la controversia había sustituido la lucha armada, unas y otras estaban al servicio de la victoria de la Cruz sobre la Media Luna. El antiguo ideal se tiñó de mesianismo nacional. Eugenio IV intentó coordinar todos los esfuerzos de la lucha contra el Islam.

A mediados del siglo XV la idea de Cruzada no era ya capaz de arrastrar a las multitudes. Privada de los elementos que habían producido en el alma popular la idea de Cruzada, sin llegar a desaparecer, pasó al mundo de las utopías.

Por otra parte, la incomprensión entre cristianos latinos y orientales no había dejado de agravarse. El saqueo de Constantinopla fijó en el bizantino la imagen del occidental dominador, grosero y carente de escrúpulos. Sin embargo, a partir del siglo XIII surgieron algunas fuerzas conciliadoras. La amenaza turca obligó a los emperadores griegos a proponer una alianza a los latinos. Tal asociación sólo la podía aceptar Occidente en el caso de una previa unión eclesiástica, sin embargo, ni el pueblo ni el clero bizantino estuvieron de acuerdo.

Roma permaneció separada de las demás confesiones cristianas, atenazada por el Islam, incapaz de influir sobre los pueblos paganos, la Iglesia era como una fortaleza asediada. Una fortaleza cuya situación era todavía más preocupante, toda vez que la cizaña medraba al interior de sus muros.

TEMA 21  LAS HEREJÍAS

21.1.- LAS HEREJÍAS MANTENIDAS A RAYA

La cristiandad latina vivía con la obsesión de la unidad. En el interior de su frontera sólo toleraba el judaísmo, sin embargo, el antisemitismo había estallado y ya no cesó de manifestarse hasta los tiempos modernos. Las autoridades religiosas cuando no aprobaban las persecuciones cerraban los ojos o reaccionaban débilmente, sin embargo, la ley no permitía ninguna vacilación y cuando se atacaba a los judíos se estaba violándola.

En cambio, si los herejes eran perseguidos, era en nombre de la legislación canónica. Habiendo constatado la inoperancia de los obispos en la represión de la herejía, el papado había asumido en el siglo XIII, dicha tarea. La Inquisición pontificia cubría casi toda Europa con sus circunscripciones. Todos sus jueces eran teólogos bien formados. Un procedimiento especial garantizaba el secreto de la instrucción y permitía el empleo de la tortura. Dotada de esta terrible arma, la jerarquía consiguió contener las corrientes heterodoxas que desde finales del siglo XI germinaban en el pueblo cristiano.

A) Cátaros y Hermanos del Libre Espíritu

La herejía cátara que en los primeros decenios del siglo XIII había hecho temblar a las autoridades eclesiásticas ya no era, cien años más tarde, sino una sombra de sí misma, la decadencia de la aristocracia en el Mediodía de Francia y la alianza de los partidos güelfos con el papado en Italia que facilitó el trabajo de la Inquisición, unido a la propia evolución interna del catarismo hacia posiciones dualistas radicales contribuyó a su desaparición

El panteísmo no había suscitado los mismos temores que el maniqueísmo y esta corriente herética, si bien fue contenida, no desapareció al final de la Edad Media. Sus textos afirman que Dios es todo lo que existe, y que fuera de él sólo hay la nada. La unión con Dios constituye el único fin de la vida. El hombre que se diluye en la divinidad participa en delante de la perfección del Señor. Los adeptos a esta herejía se denominaron hermanos del Libre Espíritu. La Iglesia jerárquica era, a sus ojos, completamente inútil. El panteísmo místico cuadraba con el deseo de ciertas almas de una unión liberadora con la divinidad. Esta visión del mundo era proclive a prestar atención a las llamadas de las sectas que acusaban a la Iglesia de haber traicionado al Evangelio.

21.2.- LA APARICIÓN DE UNA HEREJÍA MODERNA: WYCLIF Y LOS LOLARDOS

Juan Wyclif (1330-1384)moró durante más de treinta años en la Universidad de Oxford. Tras una larga carrera, consiguió el título de doctor en Teología en 1372. Pasó al servicio del rey de Inglaterra y formó parte de la delegación inglesa que se reunió con los emisarios pontificios en Brujas en 1374 para negociar con ellos un modus vivendi que suavizara las ásperas relaciones existentes entre Inglaterra y el Pontificado.

No tardó Wyclif en traspasar los límites de la estricta ortodoxia. Los tratados De dominio divino y De civili dominio trataban del problema de la autoridad. La solución que enunciaban subordinaba al Papa al gobierno de los obispos. Los profesores de Oxford, alentados por Gregorio XII se creyeron en el derecho de liberar a su colega de las acusaciones de que era objeto.

Sordo a los reproches derribó uno tras otro todos los elementos del edificio escolástico y canónico. En su libro De Eucharistia (1380) vilipendiaba devociones y creencias sumamente populares, lo que le llevó a enemistarse con gran número de sus amigos mientras que los mendicantes se convirtieron en sus más encarnizados enemigos. En 1381 la Universidad de Oxford le prohibió enseñar. El arzobispo de Canterbury preparó su proceso con toda diligencia y Wyclif fue severamente condenado. Retirado en su parroquia, en Lutterworth, desplegó hasta su muerte una intensa actividad literaria desarrollando hasta sus últimas consecuencias las críticas a la Iglesia romana.

La obra de Wyclif es el resultado de impulsos discontinuos, cada uno de los numerosos escritos que la componen es un nuevo empujón para derribar la tradición teológica.

La herejía de Wyclif ataca la eclesiología desarrollada por los Papas, la escolástica y el derecho canónico. La base de la iglesia ortodoxa debe ser sustituida por otra que se condensa entres afirmaciones fundamentales:

*    La Iglesia visible, es decir, la jerárquica, sólo ejerce funciones menores en la salvación. Sólo a la Iglesia invisible, la de los destinados por el Señor al paraíso, pueden aplicarse las promesas de asistencia dadas por Cristo a los apóstoles, puesto que escapa completamente a los abusos. El resto es atraído hacia el mal. La predestinación limita a la Iglesia visible a funciones subalternas.

*    En su estado actual, tras siglos de decadencia, la Iglesia visible hace más mal que bien. La Iglesia visible, según Wyclif se ha arrogado poderes que no son suyos, ha desarrollado instituciones superfluas y ha recomendado prácticas estériles. El papa tiene una autoridad superior si, como Pedro, es virtuoso; y he aquí que pretende el dominio del mundo. Las órdenes religiosas se han atribuido privilegios que las sitúan al margen del rebaño. Los clérigos se burlan de los preceptos divinos puesto que no practican la humildad ni la pobreza.

*    Sin embargo, puede recobrar su utilidad si la intervención del poder civil la libera de sus más graves debilidades. Wyclif no considera irreversible la situación, lo que una intervención humana ha estropeado puede ser igualmente arreglado. Los reyes han sido encargados por Dios para hacer respetar el Evangelio y a ellos corresponde purificar la iglesia pues ésta no se purificará por sí misma.

Wyclif se ocupó, sobre todo, de la Eucaristía. Realista a ultranza, no puede aceptar la transustanciación y afirma que la hostia consagrada sigue siendo una hostia. Cree, sin embargo, que Cristo está en ese pedazo de pan espiritualmente, al modo de un mensaje escrito en una hoja de papel. En la comunión sólo los predestinados reciben al Salvador. Los libros santos, igualmente, sólo aprovecharán a los elegidos. La jerarquía tiene sin embargo la obligación de ponerlos a disposición de todos, puesto que no puede distinguir entre libres y condenados, y debe hacerlo, además en la lengua que entiende el destinatario, por tanto, las traducciones de las Escrituras son indispensables, los comentarios de la jerarquía a las mismas lo son bastante menos. La Biblia juzga al doctor y no a la inversa.

Wyclif, doctor evangelicus, no es en realidad un precursor del protestantismo: siglo y medio antes. Es el primero de sus pensadores. Su pensamiento habría podido plasmarse en un plan de acción para provocar una transformación de la cristiandad, sin embargo, de hecho, su eficacia inmediata en Inglaterra fue muy escasa. En cambio, resultó fecunda más tarde, al ser trasplantada lejos de su país de origen, en Europa Central.

El término lolardo designó muy pronto a los discípulos convertidos por el profesor a sus convicciones. Se trataba de una designación peyorativa que evocaba la rigidez puritana y la devoción escrupulosa. Los lolardos se despreocuparon del armazón teológico de Wyclif y sólo se ocuparon de las cuestiones prácticas. Reclamaron la simplificación del culto, el desmantelamiento de la sociedad clerical y la secularización de los bienes eclesiásticos. Un fallido golpe de Estado exacerbó los ánimos contra ellos y la represión se endureció pasando el movimiento a la clandestinidad. Ciertas incongruencias y excentricidades se mezclaron con las creencias de la secta que no llegó a extenderse.

La descendencia espiritual de Wyclif fue más numerosa en Bohemia que en Inglaterra, revelándose lo suficientemente vigorosa como para hacer pasar su doctrina del ámbito de la teoría al campo de la realidad.

21.3.- LA PRIMERA VICTORIA DE LA HEREJÍA: EL HUSITISMO

A) De la Reforma a la Revolución Religiosa

Desde mediados del siglo XIV, había tomado cuerpo en Bohemia un vigoroso movimiento de Reforma. Milic de Kromerice (+ 1374) se dedicó a denunciar las debilidades y vicios de sus contemporáneos. Su discípulo Matías de Janow (+ 1393) vio en la grieta abierta por el Cisma en la cristiandad la señal evidente de la acción subversiva conducida tenazmente por el Anticristo. La Iglesia visible, para él, se distinguía nítidamente de la invisible comunión de los santos. Mientras que la segunda era pura, en la segunda los pecadores endurecidos vivían mezclados con los verdaderos fieles. Para ayudar a las almas a perseverar, Matías de Janow les recomendaba la asidua lectura de la Biblia, sin preocuparse de los comentarios, no siempre esclarecedores a la misma. Les invitaba también a comulgar diariamente. Janow, sólo apuntaba a las personas: no ponía en tela de juicio su función.

Al penetrar en los medios universitarios de Praga, la tradición anterior se transformó, pues entró en contacto con el wyclifismo. Adhiriéndose a la filosofía de Wyclf, los herederos de Milic de Kromerice y de Matías Janow, cambiaban el curso del movimiento que pretendían continuar. Se apartaban del evangelismo devoto y resignado para trabajar principalmente por el derrocamiento de las estructuras eclesiásticas.

B) Juan Hus, ¿Defensor o discípulo de Wyclif?

Juan Hus (1369-1415) no se adhirió nunca por entero al pensamiento de Wyclif. En la actualidad se ha demostrado que su doctrina sobre la Eucaristía se conformaba en la tradición y que no enseñó la subsistencia del pan y del vino. Sólo en un punto traspasó intrépidamente los límites de la ortodoxia: según él, la Iglesia no consistía en el organismo social cuyos contornos eran fácilmente apreciables, sino en la invisible comunidad de los elegidos.

Cuando se expresaba como teólogo, Hus daba pruebas de una incontestable prudencia. Pero no era solamente teólogo; era también, y sobre todo, reformador.

Hus poseía el don de la elocuencia que le había faltado a Wyclif. Su notoriedad se debió a la predicación. El púlpito, como capellán de Belén, dio prueba de su talento. Una fuerza irresistible animaba sus sermones preparados mediante una meditación perseverante y apasionada de la Biblia. Los golpes que asestaba a los pecadores se hacían cada vez más crueles. Wyclif, pasó a ser, gracias a Juan Hus un nombre familiar para los asistentes a la iglesia de Belén. Cuando los teólogos se dispusieron a hacer condenar formalmente la doctrina de Wyclif, encontraron la oposición de Hus. Los acusadores se volvieron contra el defensor con el resultado de que el teólogo que no aceptaba todas las ideas de Wyclif pasó a ser tenido como su más ferviente partidario.

Este giro de los acontecimientos tuvo lugar en 1408. En este mismo año Gregorio XII condenó la doctrina de Wyclif. Hus no renegó de sus convicciones y su situación se hizo peligrosa. Perdió el único apoyo que tenía, el del arzobispo Zbynek quien, en adelante, persiguió con firmeza a los seguidores del wyclifismo y prohibió la predicación en las capillas privadas. Belén era el objetivo de esta prohibición, pero Hus rehusó acatarla. Fue excomulgado pero tomó la palabra ante sus fieles. Éstos aprobaron su conducta y centraron su ira en aquellos que Hus presentaba como enemigos de toda reforma. Se produjeron molestias a clérigos y reformas de rectorías.

La muerte del arzobispo en 1410 apaciguó los ánimos, pero en 1412 éstos volvieron a encenderse cuando el papa (antipapa) Juan XXIII hizo predicar en Praga una indulgencia cuyo producto se dedicaba a los ejércitos papales que luchaban contra el rey de Nápoles. Hus clamó contra el escándalo. Cuando en 1413 Wenceslao intentó reconciliar las facciones del clero enemistadas, Hus rehusó cualquier compromiso. Los teólogos conservadores emigraron, acusando a sus adversarios de infectar toda Bohemia de herejía. En Constanza, se granjearon la simpatía de los miembros más influyentes del Concilio.

Preocupaba a estos prelados volver a poner las cosas en su sitio y restituir su fuerza a la autoridad. Desde este punto de vista, el capellán de Belén aparecía como un peligroso agitador. Ciertamente, Hus podía hacer observar que no seguía en todo a Wyclif, y que rechazaba la mayor parte de sus opiniones alejadas de la ortodoxia. Unos jueces cuyo único deseo hubiese sido conocer la verdad habrían concluido por sobreseer el caso. Pero en 1414 las pasiones estaban demasiado inflamadas y faltaba serenidad en los teólogos. La ambigüedad de la situación de Hus, mostrándose como un acérrimo defensor de Wyclif, sin ser por ello su dócil discípulo, lejos de serle útil, le llevó a su perdición.

Aceptó someter su causa a una asamblea predispuesta contra él. El emperador Segismundo que todavía le creía inocente le hizo entregar un salvoconducto. Esta protección engañó a Juan Hus, haciéndole confiar en que tendría la oportunidad de desarrollar sus ideas ante el Concilio. Pero los Padres le hicieron arrestar unos días después de su llegada a Constanza, el 28 de noviembre de 1418. Cuando afirmó que de las cuarenta y cinco proposiciones heréticas atribuidas a Wyclif, él profesaba solamente cuatro, no le creyeron. Se constituyó una relación de cincuenta y nueve puntos basada en citas extraídas de sus escritos y testimonios reunidos contra él, y se le ordenó que abjurara de ellas en bloque. Él rehusó, considerando que no tenía derecho, sin mentir, a retractarse de los artículos que nunca había enseñado. Respecto a los demás, entendía que no podía renunciar a ellos hasta que se le convenciera de su error. Fue, pues, condenado y degradado, y el 6 de julio de 1415 murió en la hoguera. Al año siguiente, Jerónimo de Praga, partidario mucho más decidido que Hus del wyclifismo, le siguió en la muerte. Los miembros de la asamblea conciliar se hicieron la ilusión de que habían obtenido la victoria. En realidad, en lugar de extinguir la herejía, lo que consiguieron con sus veredictos fue reavivarla.

C) Exitos y Reveses del Movimiento Husita

Cuatrocientos cincuenta y dos miembros de la nobleza bohemia se levantaron, tras el auto de fe del 6 de julio de 1415, contra un veredicto que, según ellos, lastimaba el honor del país. Se comprometieron a no obedecer al Sumo Pontífice en tanto que éste pisoteaba la ley de Dios y reconocieron a la Universidad de Praga el derecho de legislar y juzgar soberanamente en materias doctrinales. En 1417 los profesores, investidos por el país con la potestad espiritual, se pronunciaron a favor de la comunión bajo las dos especies. La recepción simultánea del Cuerpo y la Sangre de Jesús vino a ser el acto que servía para reconocer a los discípulos de Hus.

En 1420, para reunir todas sus energías y oponerlas contra el emperador Segismundo definieron un objetivo en cuatro puntos, los llamados Cuatro Puntos de Praga: libertad de predicación, comunión bajo las dos especies, pobreza de clérigos y castigo de los pecados públicos por el poder civil. Los husitas satisfechos con estos cuatro puntos no tardaron en ser llamados calixtinos.

Frente a los moderados calixtinos, se alzó la multitud de los que consideraban demasiado mezquinos estos objetivos. Una vez derribadas las barreras que protegían el antiguo orden religioso dirigieron sus críticas contra todos los aspectos de la práctica y de las creencias. Este husitismo revolucionario se manifestó muy tempranamente, puesto que ya en 1416 los católicos denunciaban sus iniciativas, no dirigidas sólo contra la disciplina, sino también contra la fe. Una ola de milenarismo hizo subir bruscamente la tensión durante el año 1419. El fin del viejo mundo estaba anunciado para finales del siguiente invierno. Sólo escaparían al exterminio, preludio de una edad pura y justa, los elegidos refugiados en las cinco montañas de Bohemia. De esta manera, en lugar de dispersarse al término de sus reuniones, los adeptos de esta profecía se establecieron en las montañas designadas. La más famosa de estas comunidades fue la del monte Tabor. Sus miembros quisieron participar activamente en la destrucción del orden condenado. Saquearon los conventos y mataron a los católicos.

Los calixtinos temían a los taboritas, por eso fueron capaces de tratar con los partidarios de Roma. El concilio de Basilea supo sacar partido de las divergencias que debilitaban a los checos. En 1434 los calixtinos rompieron con los taboritas, que fueron aplastados en Lipany el 30 de mayo. El camino hacia la reconciliación quedaba despejado. Hubo que negociar todavía, y el convenio no fue publicado hasta 1436. Los Compactata volvían a los cuatro puntos de Praga, atenuados. La predicación era libre, pero sólo para los clérigos debidamente ordenados; el uso del cáliz era permitido a los fieles, a condición de que fuera proclamada la presencia íntegra de Cristo, cuerpo y sangre, en la hostia y en el vino; los bienes secularizados no cambiaban de estatuto, pero había que asegurar a los clérigos recursos decentes; finalmente, se preveía la corrección de los pecados públicos, pero su ejercicio incumbía únicamente a la jurisdicción responsable.

Después de las conmociones que la trastornaron durante la primera mitad del siglo XV, la cristiandad vivió un prolongado período de calma.

Pero la paz que gozaba la Iglesia católica era precaria, y su autoridad frágil. Incluso desarticulada, la revolución de Bohemia había mostrado cuan potente podía resultar un movimiento herético si asociaba en un combate común a los doctores, el pueblo y el Estado. Bastaba con que otra vez se conjugaran estas fuerzas para dar al traste con la victoria conseguida con tanto esfuerzo.

TEMA 22  LA REFORMA

22.1.- LA REFORMA

La preocupación más constante en el espíritu de los cristianos al final de la Edad Media fue la Reforma de la Iglesia. La intención de acortar las diferencias de las realidades con el ideal se había manifestado con frecuencia en Occidente. Gregorio VII, Inocencio III dieron pasos en este sentido pero fueron insuficientes. Así, la exigencia de reforma no se aplacó después de 1300, sino todo lo contrario. Nuevas razones de descontento contribuyeron a exasperarla. La protesta de los franciscanos espirituales contra la acomodación al mundo de una Ecclesia carnalis, odiosa caricatura de una Ecclesia espiritualis, despertó multitud de ecos. Luego, el gran cisma trastornó dolorosamente la conciencia de los fieles y los clérigos. Después de 1417, restablecida la unidad, los concilio ponían en lugar preeminente de sus programas, la corrección de los abusos, sin embargo, las realizaciones fueron escasas.

Puesto que las debilidades no habían desaparecido, a lo largo del siglo XV las protestas se fueron haciendo cada vez más vehementes. La reforma se iba convirtiendo en una obsesión que atormentaba a gran parte del pueblo cristiano.

En los siglos XIV y XV el poder supremo de la Iglesia no se preocupó de trocar en consignas claras lo que no pasaba de aspiración confusa. Los papas no conseguían deshacerse de la desconfianza respecto a un movimiento que durante la crisis conciliar había puesto en duda su autoridad. No cabe duda de que emplearon sus mayores esfuerzos a restaurar sus finanzas y Estados. Las  tentativas de reforma dejaron de prodigarse pero se produjeron dispersamente.

Los reformadores concentraron su atención en los sacerdotes y religiosos. Graves abusos afectaban al clero secular, los obispos eran incapaces de cumplir su misión como pastores, dado que debían su elevación a razones casi siempre ajenas a la espiritualidad. Tampoco consiguieron doblegar la rutina que señoreaba la vida del clero

En vano se prescribía a los párrocos una vida austera si desde su juventud no se les había acostumbrado a la disciplina y la renuncia. La reforma del clero secular exigía decisiones audaces, que los obispos no podían adoptar, a la mayoría ni se les ocurrió

A finales de la Edad Media el orden monástico languidecía, la corrupción y los crímenes habían hecho presa en él. Casi en todas partes había desaparecido el espíritu ascético. Los abades penaban por ejercer su autoridad sobre un conjunto de religiosos abocados cada cual a sus propios negocios. Benedicto XII se esforzó por detener esa decadencia, pero las decisiones que se adoptaban quedaron en letra muerta. El cisma supuso, además, un rudo golpe a la autoridad de la Santa Sede.

Entonces comenzó la recuperación de forma espontánea que creció a iniciativa de los propios religiosos. Los religiosos que no querían cambiar su modo de vivir eran sustituidos por monjes ya reformados.

Esta regeneración era todavía muy imperfecta cuando estalló la tormenta de la Reforma que arrastró muchos conventos en el norte de Europa. Donde el catolicismo resultó triunfante, prosiguió la regeneración.

A mediados del siglo XIV, la situación de las órdenes mendicantes no era mucho más tranquilizadora. La pobreza estricta había sido traicionada y las comunidades poseían inmuebles y rentas. Al igual que en el mundo monástico, los primeros atisbos de recuperación se produjeron a finales del siglo XIV.

A principios del siglo XVI, Cayetano entre los dominicos y Gil de Viterbo entre los agustinos, creyeron llegado el momento de imponer la reforma a los frailes que todavía no la habían adoptado por propia iniciativa. Pero su reforma no fue bien acogida. Intuían que su propio fervor perdía intensidad y temían que la llegada de los mediocres acabase de apagarlo todo. Fue para defender este punto de vista por lo que Martín Lutero, agustino reformado de Sajonia, viajó a Roma.

Incluso si su valor no era reconocido, los movimientos que hemos evocado probaban que en el organismo eclesial quedaban todavía fuerzas vivas. Otros signos de esa vitalidad aparecerán en la aventura espiritual de algunos cristianos que, sin rechazar los ritos y las creencias ortodoxas aspiraban a la perfección.

La tensión y la exaltación de los ambientes que hemos evocado, favorecían la exaltación y el desarrollo de estados extraordinarios que, a través del éxtasis y las visiones condujeran a ciertos individuos hasta el corazón de lo sagrado. Algunos espirituales, sobre todo en Alemania, crearon la teoría del misticismo. Otros, se mostraron más reservados frente a los visionarios y e preocuparon de descubrir los métodos que permitieron a todos los hombres de buena voluntad acceder a la devoción.

[1] Llamadas herejías trinitarias o cristológicas.

[2] Enciclopedia Encarta.

[3] Enciclopedia Encarta.

[4] Enciclopedia Encarta

[5] Enciclopedia Encarta.

[6] Enciclopedia Encarta.

[7] Enciclopedia Encarta.

[8] Enciclopedia Encarta.

[9] Enciclopedia Encarta.

[10] Enciclopedia Encarta.

[11] Enciclopedia Encarta.

[12] Enciclopedia Encarta.

[13] Enciclopedia Encarta.

[14] Enciclopedia Encarta

[15] Enciclopedia Encarta.

[16] Enciclopedia Encarta.

[17] Enciclopedia Encarta

[18] Enciclopedia Encarta

[19] Civ. Dei I, 10-29.

[20] Civ. Dei I, 30-33.

[21] Enciclopedia Encarta.

[22] Enciclopedia Encarta.

[23] Enciclopedia Encarta

[24] Emilio Mitre, Iglesia y vida religiosa en la Edad Media, Istmo, Madrid 1991, pgs. 72-73.

[25] Enciclopedia Encarta.

[26] Enciclopedia Encarta

[27] Enciclopedia Encarta.

[28] Este Concilio fue borrado de la lista de los Concilios Ecuménicos de la Iglesia.

[29] Barrio asiático de Constantinopla.

[30] Monotelismo, doctrina cristiana del siglo VII que mantenía, de conformidad con la interpretación tradicional, que Cristo tenía dos naturalezas distintas, la divina y la humana, pero también sostenía que las dos naturalezas se manifestaban en una sola voluntad y actividad. La doctrina monotelista fue promulgada por primera vez en el 624 por el emperador bizantino Heraclio, en un intento de reconciliar el punto de vista ortodoxo, consistente en que Cristo tiene dos naturalezas, frente a la creencia herética de los monofisitas de que tenía sólo una. Mediante esta reconciliación, Heraclio esperaba recuperar para la Iglesia a los miles de monofisitas que habían sido excomulgados por herejía. El resultado de la promulgación del monotelismo, sin embargo, no redundó en mayor unidad en la Iglesia y el Imperio, sino en una mayor división. La controversia sobre si la energía y la voluntad de Cristo tenían una naturaleza única o dual adoptó acentos tan agresivos que en el 648, el emperador Constancio II prohibió todo debate al respecto. El conflicto renació coincidiendo con la ascensión del emperador Constantino IV en el 668 y continuó siendo materia polémica hasta que, por último, fue declarada herejía por el III Concilio de Constantinopla en el 680. El concilio declaró que al igual que en Cristo hay dos naturalezas, hay también dos voluntades, una humana y otra divina, y que la primera está subordinada a la segunda.

[31] Tercer Concilio de Constantinopla (en el año 680). Fue el sexto concilio ecuménico y se convocó a petición de Constantino IV, emperador bizantino (cuyo mandato abarca de 668 a 685), para condenar el monotelismo, doctrina que declaraba que Jesucristo sólo disponía de una voluntad, aunque tuviera dos naturalezas (la humana y la divina).

[32] San Mateo 16,13.

[33] San Juan 21.

[34] Crítica libre se refiere a todas las corrientes surgidas a partir del siglo XIX.

[35] La Iglesia del Sur, la del Norte sería la anonaria.

[36] Emilio Mitre Fernández, “Textos y Documentos de Época Medieval”, Ariel, Barcelona 1992.

[37] Los provinciales son las masas de población indígena.

[38] San Hermenegildo fue canonizado en 1586 bajo el dominio de Felipe II.

[39] Emilio Mitre Fernández, “Textos y Documentos de Época Medieval”, Ariel, Barcelona 1992.

[40] Arnold Toynbee, ”Sociedad Cristiana del Lejano Occidente”.

[41] Patricio, San (c.389-c.461), prelado cristiano, también llamado el Apóstol de Irlanda. Se desconoce el lugar exacto de su nacimiento, pero probable es que fuera al sudoeste de Gran Bretaña. Su nombre británico fue Succat. A los 16 años fue raptado por merodeadores irlandeses y pasó su cautividad trabajando como vaquero en la montaña Slemish en el condado de Antrim, según la tradición, o en el de Connacht (Connaught). De joven tuvo visiones que lo impulsaron a escapar y tras seis años de esclavitud logró alcanzar la costa norteña de Gaul (hoy Francia). Ordenado sacerdote, quizá por san Germano, en Auxerre, volvió a Irlanda donde en el 431 fue nombrado sucesor de san Paladio, primer obispo de allí. Es posible que visitara Roma y volviese con reliquias. Su empleo del trébol como ilustración simbólica de la trinidad pasó a convertirse en el emblema nacional irlandés. Se conserva un extraño canto suyo, llamado el Lorica, en el Libro de los himnos, y en el Museo Nacional de Dublín se guarda la campanilla que utilizó en la misa. Su festividad tradicional se celebra el 17 de marzo.

[42] Thomson. “Los Visigodos en España”.

[43] Eustaquio Sánchez Soler, Antología de textos sobre los motivos de la controversia entre autores cristianos y paganos.

[44] Emilio Mitre. “Iglesia y vida religiosa en la Edad Media”, Istmo, Madrid 1991, pg. 119.

[45] propedéutica = filosofía al servicio de la teología..

[46] Para Emilio Mitre en su “Iglesia y vida religiosa en la Edad Media”, se trata de la descripción de la brutalidad política y la ignorancia de unos tiempos en que la Iglesia se atribuye el papel de luminaria.

[47] Isidoro de Sevilla, San (c. 560-636), teólogo, arzobispo y enciclopedista español, cuya obra más influyente fue Etimologías, una de las primeras enciclopedias que recoge el saber de la época de forma exhaustiva. Nació en Sevilla (España) y estudió en un monasterio bajo la supervisión de su hermano san Leandro, a quien más tarde sucedería como arzobispo de Sevilla. Como arzobispo, san Isidoro ayudó a unificar la Iglesia en la península Ibérica al convertir a los visigodos (que conquistaron la península en el siglo V) del arrianismo —una de las herejías más desintegradoras en la historia de la Iglesia— al cristianismo oficial. También presidió varios concilios eclesiásticos importantes. Uno de los más famosos fue el Concilio de Toledo (633), que decretó la unión de la Iglesia y el Estado, el establecimiento de escuelas en las catedrales de todas las diócesis y la normalización de la práctica litúrgica.

Su obra más importante, Etimologías, que consta de 20 libros, reúne todo el conocimiento secular y religioso de la época y contiene información obtenida de las obras de otros escritores y sabios latinos. Aunque carece de originalidad, este libro fue uno de los textos preferidos de los estudiantes de la edad media, y durante siglos un libro de referencia por su claridad en la exposición. La obra de san Isidoro alcanzó una difusión extraordinaria y por tanto tiene un valor incalculable en cuanto transmisora del saber. También escribió tratados de teología, sobre la Biblia (Cuestiones sobre el Antiguo Testamento), lingüística, ciencia e historia (Historia de los godos y Crónica universal). Su obra Tres libros de sentencias constituye el primer manual de doctrina y ética cristianas de la Iglesia latina.

Murió en Sevilla el 4 de abril de 636. Fue canonizado en 1598 y declarado Doctor de la Iglesia en 1722. Su festividad se celebra el 4 de abril.

[48] Existe una edición bilingüe de la Biblioteca de Autores Cristianos.

[49] Beda el Venerable (c. 673-735), monje benedictino, erudito y santo inglés, conocido principalmente por su Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum (Historia Eclesiástica del pueblo inglés), una historia de Inglaterra desde la ocupación romana hasta el 731, año en el que fue terminada la obra.

Beda nació cerca de Wearmouth, en Northumbria (en la actualidad Sunderland). Cuando cumplió los siete años fue confiado a la custodia del benedictino Biscop, abad del monasterio de Wearmouth y Jarrow, para ser consagrado como monje, una práctica común en los inicios de la edad media. Permaneció en el monasterio el resto de su vida, y fue ordenado diácono y posteriormente sacerdote.

Los estudios y escritos de Beda estaban dedicados a un fin religioso. El tema central de su Historia Ecclesiastica es el de la Iglesia considerada como una fuerza compacta de tipo espiritual y doctrinal y como una unidad cultural alejada de la violencia y del salvajismo. El trabajo integra una gran cantidad de información laboriosamente recopilada; su integridad intelectual y artística asienta el modelo para los escritos históricos en la Europa medieval.

El conocimiento que se tiene de Inglaterra antes del siglo VIII depende sustancialmente del trabajo de Beda, sobre sus concienzudos esfuerzos para reunir documentos y testimonios orales y evaluarlos de acuerdo a los mejores métodos críticos de su época. Introdujo en la literatura histórica el sistema de datar los sucesos a partir de la fecha del nacimiento de Cristo, y realizó un cuidadoso trabajo sobre cronología histórica, ejemplificado con su De Temporum Ratione (Sobre el cálculo del tiempo, 725). Beda escribió unas cuarenta obras y entre ellas hay comentarios sobre los distintos libros de la Biblia, biografías de santos y de los abades de su monasterio (Historia Abbatum, hacia el 725) y libros sobre liturgia y festividades, y sobre retórica. La envergadura de su erudición revela la extensa biblioteca que tenía a su disposición, y el nivel cultural logrado en Inglaterra en esta época. Beda fue canonizado en 1899; su festividad es el 27 de mayo, el día de su fallecimiento.

[50] Wallace-Hadrill, “El Oeste Bárbaro”.

[51] Bonifacio, San (c. 675-754), misionero benedictino británico, conocido como el apóstol de Alemania. De nombre Winifrido o Wynfrith, nació en Crediton, Devonshire, fue educado en el monasterio de Nursling, Hampshire, del que llegó a ser abad hacia el año 717. En el 718 el papa Gregorio II le autorizó a predicar el cristianismo a todas las tribus de Alemania. Bonifacio viajó por Turingia, Baviera, Frisia, Hesse y Sajonia. En el 723 fue llamado a Roma por el Papa, para consagrarle obispo y entregarle cartas para Carlos Martel, gobernante franco de Austrasia, y para todos los príncipes y obispos, en las que solicitaba ayuda para su misión. Al volver a Hesse al año siguiente, Bonifacio destruyó todos los signos de culto pagano y se entregó a la tarea de fundar iglesias y conventos. Como reconocimiento a sus servicios, el papa Gregorio III le nombró arzobispo y primado de toda Alemania, con poderes para establecer obispados. Bonifacio realizó un tercer viaje a Roma en el 738 y se le designó legado pontificio en Alemania. Fue asesinado por unos paganos en Dokkuni, Friesia Occidental (hoy en los Países Bajos). Su festividad se celebra el 5 de junio.

[52] Alcuino de York (735-804), profesor y eclesiástico inglés, cuyas cartas son una de las más valiosas fuentes de información sobre la vida social y el desarrollo educativo de Francia en el siglo VIII. Alcuino nació en Yorkshire y estudió en la escuela de la catedral de York. Llegó a ser director de la escuela en el año 778. Con ocasión de una misión a Roma en el año 780, entró en contacto con Carlomagno, por quien fue requerido para que dirigiera un programa educativo entre los franceses desde el año 781 hasta el 790, ejerciendo desde allí una fuerte influencia en la vida intelectual del mundo occidental. En el año 794, en el Concilio desarrollado en Frankfurt defendió con éxito la lucha contra el adopcionismo, una herejía que entonces dividía la Iglesia católica. Después de una breve visita a su país natal, Alcuino volvió a Francia, donde fue nombrado abad de San Martín de Tours en el 796. Allí escribió muchas cartas, trabajos sobre retórica y poemas.

El empuje dado por Alcuino y sus sucesores a los estudios humanísticos provocó no sólo un aumento del interés por el conocimiento, sino también el desarrollo de la escritura, denominada carolingia o carolina, en minúscula, que influyó en la escritura a mano del renacimiento italiano e, indirectamente, en las letras romanas de los primeros cajistas italianos de los que se deriva la tipografía moderna.

[53] Eginardo o Einhard (c. 770-840), biógrafo de Carlomagno, nació en el valle del río Main y fue educado en el monasterio de Fulda (Alemania). Alrededor del 796 fue enviado al aula palatina de la corte de Carlomagno, donde se convirtió en discípulo y amigo del clérigo y erudito inglés Alcuino de York. Se ganó el favor del emperador, que le nombró superintendente de los edificios públicos. Más tarde Eginardo fue nombrado tutor del nieto del emperador, Lotario I, y se le concedieron grandes posesiones de tierra. Es famoso por su Vita Caroli Magni (Vida de Carlomagno), la mejor fuente documental sobre el personaje. La recopilación de su correspondencia constituye también una importante fuente de información para la historia de la época.

[54] Escoto Erígena, Juan (c. 815-c. 877), nacido en Irlanda, es el creador del primer gran sistema filosófico de la edad media. Al parecer era descendiente de escoceses pero, como ya se ha dicho, debió nacer en Irlanda como así lo indica el uso del seudónimo Johannes Ierugena o Eríugena (que quiere decir “nacido en Irlanda”). En torno al 847 Carlos I, rey de Francia, le nombra supervisor de la escuela de la corte y le encarga que traduzca al latín las obras del neoplatónico Dionisio el Areopagita. Eríugena, que no quiso someter sus obras al control de la censura, entró en conflicto con el papa Nicolás I. El rey Carlos le prestó su apoyo, aunque tuvo que vivir recluído en la corte hasta la muerte del monarca en 877. Los concilios de Valence (855), Langres (859) y Vercelli (1050) condenaron el tratado De Divina Praedestinatione (Sobre la predestinación divina, 851), que defiende la creencia de Hincmar, arzobispo de Reims, sobre el destino final de los individuos en el sentido de que éste no depende de Dios de una forma absoluta, ya que la voluntad también tiene algo que decir sobre la salvación o la condenación. Por otra parte, Eríugena afirma también en sus escritos que no existe nada semejante a la condenación como se cree conforme a la tradición. Todos los seres humanos, afirma, se transformarán por igual en espíritus puros.

En su panteística obra De Divisione Naturae (Sobre la división de la Naturaleza, 865-870), rechaza la creencia cristiana de que el universo fuera creado de la nada. Sostiene más bien que el mundo del espacio y del tiempo es una manifestación de las ideas presentes en el pensamiento de Dios y describe a este dios como el punto más alto de toda la evolución. Eríugena afirma también que la razón no necesita ser sancionada por la autoridad; más bien al contrario, la razón es en sí misma la base de la autoridad. La obra De Divisione Naturae fue condenada en 1225, en el concilio de Sens, y el papa Honorio III ordenó que se quemara.

Suele creerse que Eríugena escribió también una obra en la que negaba la presencia de Cristo en la Eucaristía. Aunque algunos de los puntos de vista de Eríugena pueden considerarse heréticos, es respetado sin embargo por el alcance de su obra y lo más frecuente es que se le considere como uno de los primeros representantes del escolasticismo.

[55] Emilio Mitre, Iglesia y vida religiosa en la Edad Media, pgs. 135-136. Y Emilio Mitre, Textos y Documentos de Época Medieval, pgs. 95-96.

[56] Enrique II (de Inglaterra) (1133-1189), rey de Inglaterra (1154-1189) y primer monarca de la Casa de Anjou o Plantagenet, fue un importante reformador de la administración y uno de los soberanos europeos más poderosos de su época.

Nació el 5 de marzo de 1133 en Le Mans, Francia. Obtuvo el título de duque de Normandía en 1151. Al año siguiente, tras la muerte de su padre, heredó los territorios franceses que pertenecían a los Angevinos (miembros de la casa de Anjou). Mediante su matrimonio en 1152 con Leonor de Aquitania, añadió a sus posesiones una serie de extensos territorios del sudoeste de Francia. Reclamó el trono de Inglaterra en nombre de su madre Matilde. Ésta había sido designada sucesora de Enrique I, pero su primo Esteban de Blois le privó de su derecho sucesorio y se proclamó rey. En el año 1153 Enrique II derrotó al ejército de Esteban en Inglaterra y obligó a éste a elegirle como su sucesor. A la muerte de Esteban, acaecida al año siguiente, Enrique se convirtió en rey. Durante los primeros años de su reinado puso fin al caos producido durante el reinado de Esteban; recuperó los condados del norte de Inglaterra que habían sido entregados a Escocia y conquistó el norte de Gales. En 1171-1172 inició la conquista normanda de Irlanda, y en 1174 obligó al rey de Escocia Guillermo el León a que le reconociese como su señor.

En 1164 Enrique II se vio envuelto en una disputa con Tomás Becket, al que había nombrado arzobispo de Canterbury. En las denominadas Constituciones de Clarendon, el rey decretó que los sacerdotes acusados de crímenes deberían ser juzgados por tribunales reales; Becket mantenía que este tipo de casos deberían estar sujetos a los tribunales eclesiásticos. La controversia subsiguiente finalizó en el año 1170, cuando Becket fue asesinado por cuatro nobles de Enrique. La gran indignación que produjo esta muerte forzó al rey a retirar su decreto y declarar mártir a Becket.

Aunque no logró someter la Iglesia a sus tribunales, las reformas judiciales de Enrique II fueron de duradera importancia. Estableció en Inglaterra un sistema judicial centralizado y accesible a todos los hombres libres. La justicia era administrada por jueces que viajaban por el país con intervalos regulares. También inició el proceso de sustitución de los viejos juicios por ordalía (juicio de Dios), por el procedimiento moderno de corte judicial.

Desde el inicio de su reinado, Enrique estuvo envuelto en conflictos con el rey de Francia Luis VII y más tarde con su sucesor Felipe II Augusto, a causa de las provincias francesas que Enrique reclamaba. En el año 1173 los hijos de Enrique, apoyados por Felipe II Augusto y Leonor de Aquitania, encabezaron una serie de revueltas contra su padre que se prolongaron hasta la muerte de éste, acaecida en Chinon (Francia) el 6 de julio de 1189. Enrique fue sucedido por su hijo Ricardo I, llamado Ricardo Corazón de León.

[57] Tomás Becket, Santo (c. 1118-1170), canciller de Inglaterra y arzobispo de Canterbury, canonizado en 1173.

Tomás nació en Londres el 21 de diciembre, probablemente en 1118. Hijo de normandos, su padre, Gilbert Becket, era un comerciante londinense rico y de cierto nivel social. Tomás fue destinado por sus padres al servicio de la Iglesia y fue educado en el priorato de Merton (Surrey), por entonces una de las principales escuelas de Londres, y posteriormente en París. A su regreso a Inglaterra sirvió como secretario del señor de Pevensey, quien le introdujo en la vida de un caballero, dedicándose a la caza y a la cetrería. Debido a que su padre sufrió un percance financiero, Tomás trabajó durante tres años como pasante y auditor en Londres. A los 25 años se decidió a solicitar un trabajo en la casa del arzobispo de Canterbury, Teobaldo de Bec, un pariente lejano. Allí tomó contacto con el mundo del poder y de la política. Acompañó al arzobispo a un cónclave papal que tuvo lugar en Reims en 1148, realizó diversos viajes a Roma, y fue enviado a estudiar Derecho a Bolonia.

1.1        Canciller

La vida de Tomás volvió a cambiar en 1154, cuando el nuevo rey, Enrique II, le nombró su canciller. Teobaldo y otros obispos le habían recomendado, deseando que la Iglesia pudiera encontrar en él, como mano derecha del rey, a un benefactor y defensor. Los ocho años que trabajó como ministro principal del rey fue un tiempo de servicio pródigo. A cambio, Tomás fue recompensado con una gran riqueza, que exhibió en una magnificencia sin precedentes en el protocolo. Hubo eclesiásticos que se quejaron de que el canciller prestaba poca atención a los intereses de la Iglesia. Sin embargo, sus biógrafos cuentan que preservó la castidad en medio de una corte promiscua, que personalmente fue sobrio en la comida y en la bebida a pesar de la abundancia debida a su hospitalidad oficial, que oraba a menudo por la noche y daba misas al amanecer, y que empleaba a clérigos para que le azotaran como penitencia por sus pecados.

1.2        Arzobispado

Cuando Teobaldo murió en 1161, el rey decidió nombrar a su canciller arzobispo de Canterbury, el cargo eclesiástico más importante en Inglaterra. Para gran sorpresa e irritación del rey Enrique, Tomás dimitió como canciller tan pronto como fue consagrado arzobispo en 1162. Sin embargo, la brecha entre el rey y el arzobispo no tuvo lugar hasta 1163, cuando discutieron acerca de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Entonces, en un consejo celebrado en Clarendon el 13 de junio de 1164, Enrique hizo público 16 artículos legales, las llamadas constituciones de Clarendon, a los cuales consideraba representativas de las costumbres del reino en relación con la Iglesia en los días de su abuelo, Enrique I. El rey quiso que Tomás y sus obispos aceptaran aquellos artículos, pero Tomás, aunque en un principio otorgó su conformidad, posteriormente los repudió por ser contrarios al Derecho Canónico tal como éste se había desarrollado.

Profundamente irritado, el rey determinó romper con Tomás y le acusó de distintas faltas. Tomás huyó de la Corte y, disfrazado, se dirigió de forma tortuosa hacia Francia, para comenzar un exilio de seis años, mientras que el conflicto entre el arzobispo y el rey dividió más y más al mundo occidental.

1.3        Martirio y santidad

Al final, bajo amenaza de sanciones papales, Enrique y Tomás llegaron a una reconciliación de compromiso y el 3 de noviembre de 1170, Tomás regresó a Inglaterra. Pero tras excomulgar a algunos de los obispos y barones del rey, Enrique se encolerizó de nuevo con este “clérigo de baja cuna”. Cuatro hombres del rey, actuando de forma espontánea, cruzaron Francia con dirección a Canterbury y, en la propia catedral del arzobispo, asesinaron a Tomás el 29 de diciembre de 1170. Así pues, Tomás Becket fue convertido en mártir y tras una serie de milagros que según se contó habían ocurrido en su tumba, fue canonizado en febrero de 1173. Desde entonces Canterbury empezó a ser visitada por peregrinos en tal cantidad que se convirtió en una de las tres tumbas de santos más populares de Europa. Durante la Reforma, periodo en el que la tumba de Becket fue destruida y todos sus tesoros confiscados por Enrique VIII, finalizaron las peregrinaciones.

No obstante, ni tan siquiera Enrique VIII acabó con los privilegios del clero que Enrique II tuvo que aceptar tras la muerte de Becket. El papa y el rey llegaron a un compromiso: el pontífice permitió la mayoría de las costumbres inglesas, pero Enrique tuvo que doblegarse al Derecho Canónico y a la jurisdicción de los tribunales eclesiásticos en las acusaciones contra el clero. Toda esta controversia ha llegado a contemplarse como el trágico conflicto que estalló por la creciente toma de conciencia de la Iglesia y del Estado, personificados en las figuras de Enrique y Tomás.

[58] Al Próximo Oriente se le llama ultramar.

[59] Cruzadas, expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa occidental, que comenzaron en 1095, normalmente a petición del Papa, para recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina (en la actualidad, Israel y Palestina), en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, y que estaban bajo control de los musulmanes. Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (en latín, cruz, el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo.

Contexto histórico

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.

En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia.

Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones. La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales.

Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual. También era una sociedad militarista, en la que las esperanzas y las ambiciones estaban asociadas con hazañas militares.

La primera Cruzada

Las Cruzadas comenzaron formalmente el jueves 27 de noviembre de 1095, en un descampado a extramuros de la ciudad francesa de Clermont-Ferrand. Ese día, el papa Urbano II predicó a una multitud de seglares y de clérigos que asistían a un concilio de la Iglesia en esa ciudad. En su sermón, el Papa esbozó un plan para una Cruzada y llamó a sus oyentes para unirse a ella. La respuesta fue positiva y abrumadora. El papa Urbano, entonces, encargó a los obispos en el concilio que regresaran a sus localidades y reclutaran más fieles para la Cruzada. También diseñó una estrategia básica según la cual distintos grupos de cruzados iniciarían el viaje en agosto del año 1096. Cada grupo se autofinanciaría y sería responsable ante su propio jefe. Los grupos harían el viaje por separado hasta la capital bizantina, Constantinopla (la actual Estambul, en Turquía), donde se reagruparían. Desde allí, lanzarían un contraataque, junto con el emperador bizantino y su ejército, contra los Selyúcidas, que habían conquistado Anatolia. Una vez que esa región estuviera bajo control cristiano, los cruzados realizarían una campaña contra los musulmanes de Siria y Palestina, siendo Jerusalén su objetivo fundamental.

Los ejércitos cruzados

La primera Cruzada se atuvo en sus líneas generales al esquema previsto por el Papa. El reclutamiento prosiguió a pasos agigantados durante el resto de 1095 y los primeros meses de 1096. Se reunieron cinco grandes ejércitos nobiliarios a finales del verano de 1096 para iniciar la Cruzada. Gran parte de sus miembros procedían de Francia, pero un significativo número venía del sur de Italia y de las regiones de Lorena, Borgoña y Flandes.

El Papa no había previsto el entusiasmo popular que su llamamiento a la Cruzada produjo entre el campesinado y las gentes de las ciudades. Al lado de la Cruzada de la nobleza se materializó otra constituida por el pueblo llano. El grupo más grande e importante de cruzados populares fue reclutado y dirigido por un predicador conocido como Pedro el Ermitaño, natural de Amiens (Francia). Aunque fueron numerosos los participantes en la Cruzada popular, solamente un mínimo porcentaje de ellos pudieron llegar al Próximo Oriente; aún fueron menos los que sobrevivieron para ver la toma de Jerusalén por los cristianos en 1099.

La conquista de Anatolia

Los ejércitos cruzados de la nobleza llegaron a Constantinopla entre noviembre de 1096 y mayo de 1097. El emperador bizantino Alejo I Comneno presionó a los cruzados para que le devolvieran cualquier antiguo territorio del Imperio bizantino que conquistaran. Los jefes cruzados se sintieron agraviados por esas demandas y, aunque la mayoría en última instancia accedió, comenzaron a sospechar de los bizantinos.

En mayo de 1097, los cruzados atacaron su primer gran objetivo, la capital turca de Anatolia, Nicea (la moderna Iznik de Turquía). En junio, la ciudad se rindió a los bizantinos, antes que a los cruzados. Esto confirmó las sospechas de que Alejo intentaba utilizarlos como peones para lograr sus propios objetivos.

Muy poco después, de la caída de Nicea, los cruzados se encontraron con el principal ejército Selyúcida de Anatolia, en Dorilea (ahora Eskisehir, en Turquía). El 1 de julio de 1097, los cruzados obtuvieron una gran victoria y casi aniquilaron al ejército turco. Como consecuencia, los cruzados encontraron escasa resistencia durante el resto de su campaña en Asia Menor. El siguiente gran objetivo fue la ciudad de Antioquía (la actual Antakya, en Turquía) en el norte de Siria. Los cruzados pusieron sitio a la ciudad el 21 de octubre de 1097, pero no cayó hasta el 3 de junio de 1098. Tan pronto como los cruzados hubieron tomado Antioquía, fueron atacados por un nuevo ejército turco, procedente de Al Mawsil (Irak), que llegó demasiado tarde para auxiliar a los defensores turcos de Antioquía. Los cruzados repelieron esta expedición de auxilio el 2 de junio.

La conquista de Jerusalén

Los cruzados permanecieron descansando en Antioquía el resto del verano, y a finales del mes de noviembre de 1098 iniciaron el último tramo de su viaje. Evitaron atacar las ciudades y fortificaciones con el fin de conservar intactas sus tropas. En mayo de 1099 llegaron a las fronteras septentrionales de Palestina y al atardecer del 7 de junio acamparon a la vista de las murallas de Jerusalén.

La ciudad estaba por aquel entonces bajo control egipcio; sus defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un asedio. Los cruzados atacaron, con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién construidas máquinas de asedio. El 15 de julio tomaron por asalto Jerusalén y masacraron virtualmente a todos sus habitantes. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la sangre de los infieles.

Una semana más tarde el ejército eligió a uno de sus jefes, Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, como gobernante de la ciudad. Bajo su liderazgo, los cruzados realizaron su última campaña militar y derrotaron a un ejército egipcio en Ascalón (ahora Ashqelon, Israel) el 12 de agosto. No mucho más tarde, la mayoría de los cruzados regresó a Europa, dejando a Godofredo y un pequeño retén de la fuerza original para organizar y establecer el gobierno y el control latino (o europeo occidental) sobre los territorios conquistados.

El apogeo del poderío latino en el Oriente

Tras la conclusión de la primera Cruzada, los colonos europeos en el Levante establecieron cuatro estados. El más grande y poderoso de los cuales fue el reino latino de Jerusalén. Al norte de este reino, en la costa de Siria, se encontraba el pequeño condado de Trípoli. Más allá de Trípoli estaba el principado de Antioquía, situado en el valle del Orontes. Más al este aparecía el condado de Edesa (ahora Urfa, Turquía), poblado en gran medida por cristianos armenios.

Los logros de la primera Cruzada se debieron en gran medida al aislamiento y relativa debilidad de los musulmanes. Sin embargo, la generación posterior a esta Cruzada contempló el inicio de la reunificación musulmana en el Próximo Oriente bajo el liderazgo de Imad al-Din Zangi, gobernante de Al Mawsil y Halab (actualmente en el norte de Siria). Bajo el mando de Zangi, las tropas musulmanas obtuvieron su primera gran victoria contra los cruzados al tomar la ciudad de Edesa en 1144, tras lo cual desmantelaron sistemáticamente el estado cruzado en la región.

La respuesta del Papado a estos sucesos fue proclamar la segunda Cruzada a finales de 1145. La nueva convocatoria atrajo a numerosos expedicionarios, entre los cuales destacaron el rey de Francia Luis VII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III. El ejército germano de Conrado partió de Nuremberg, Alemania, en mayo de 1147 rumbo a Jerusalén. Las tropas francesas marcharon un mes más tarde. Cerca de Dorilea (Anatolia) las tropas germanas fueron puestas en fuga por una emboscada turca. Desmoralizados y atemorizados, la mayor parte de los soldados y peregrinos regresó a Europa. El ejército francés permaneció más tiempo, pero su destino no fue mucho mejor y sólo una parte de la expedición original llegó a Jerusalén en 1148. Tras deliberar con el rey Balduino III de Jerusalén y sus nobles, los cruzados decidieron atacar Damasco en julio. La fuerza expedicionaria no pudo tomar la ciudad y, muy poco más tarde de este ataque infructuoso, el rey francés y lo que quedaba de su ejército regresaron a su país.

Saladino y la tercera Cruzada

El fracaso de la segunda Cruzada permitió la reunificación de las potencias musulmanas. Zangi había muerto en 1146, pero su sucesor, Nur al-Din, convirtió su Imperio en la gran potencia del Próximo Oriente. En 1169, sus tropas, bajo el mando de Saladino, obtuvieron el control de Egipto. Cuando Nur al-Din falleció cinco años más tarde, Saladino le sucedió como gobernante del estado islámico que se extendía desde el desierto de Libia hasta el valle del Tigris, y que rodeaba los estados cruzados que todavía existían por tres frentes. Después de una serie de crisis en la década de 1180, Saladino finalmente invadió el reino de Jerusalén con un enorme ejército en mayo de 1187. El 4 de julio derrotó de forma definitiva al ejército cristiano en Hattin, Galilea. Aunque el rey Guy de Jerusalén, junto con alguno de sus nobles, se rindió y sobrevivió, todos los Caballeros Templarios y los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén fueron degollados en el campo de batalla o en sus proximidades. Saladino, tras esta victoria, se apoderó de la mayor parte de las fortalezas de los cruzados en el reino de Jerusalén, incluida esta ciudad, que se rindió el 2 de octubre. En ese momento la única gran ciudad que todavía poseían los cruzados era Tiro, en el Líbano.

El 29 de octubre de 1187, el papa Gregorio VIII proclamó la tercera Cruzada. El entusiasmo de los europeos occidentales fue grande y a sus filas se apuntaron tres grandes monarcas: el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I, el rey francés Felipe II y el monarca de Inglaterra Ricardo I Corazón de León. Estos reyes y sus numerosos seguidores constituyeron la fuerza cruzada más grande que había tenido lugar desde 1095, pero el resultado de todo este esfuerzo fue pobre.

Federico murió en Anatolia mientras viajaba a Tierra Santa y la mayor parte de su ejército regresó a Alemania de forma inmediata a su muerte. Aunque tanto Felipe II como Ricardo I Corazón de León llegaron a Palestina con sus ejércitos intactos, fueron incapaces de reconquistar Jerusalén o buena parte de los antiguos territorios del reino latino. Lograron, sin embargo, arrancar del control de Saladino una serie de ciudades, incluida Acre (ahora en Israel), a lo largo de la costa mediterránea.

Hacia el mes de octubre de 1192, cuando Ricardo I Corazón de León partió de Palestina, el reino latino había sido restablecido. Este segundo reino, mucho más reducido que el primero y considerablemente más débil tanto en lo militar como en lo político, perduró en condiciones precarias un siglo más.

Las últimas Cruzadas

Las posteriores Cruzadas no obtuvieron los éxitos militares que había tenido la tercera Cruzada. La cuarta, que duró dos años, desde 1202 hasta 1204, estuvo plagada de dificultades financieras. En un esfuerzo para aliviarlas, los jefes cruzados acordaron atacar Constantinopla en concierto con los venecianos y aspirar al trono del Imperio bizantino. Los cruzados lograron tomar Constantinopla, que fue saqueada sin misericordia. El Imperio latino de Constantinopla, creado así por esta Cruzada, sobrevivió hasta 1261, fecha en la que el emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo retomó Constantinopla. Todo ello no contribuyó en nada a la defensa de Tierra Santa.

En 1208 el papa Inocencio III proclamó una Cruzada contra los albigenses, una secta religiosa, al sur de Francia. La consiguiente Cruzada fue la primera que tuvo lugar en Europa occidental. Duró desde 1209 hasta 1229 y causó un gran derramamiento de sangre y no logró poner bajo control a los albigenses.

La primera ofensiva de la quinta Cruzada (1217-1221) tenía como objetivo capturar el puerto egipcio de Damietta (Dumyat), lo que se consiguió en 1219. La estrategia posterior requería un ataque contra Egipto, la toma de El Cairo, y otra campaña para asegurar el control de la península del Sinaí. Sin embargo, la ejecución de esta estrategia no obtuvo todos sus objetivos. El ataque contra El Cairo se abandonó cuando los refuerzos que había prometido el Sacro Imperio Romano Germánico, del emperador Federico II, no se materializaron. En agosto de 1221 los cruzados se vieron obligados a rendir Damietta a los egipcios y en septiembre el ejército cristiano se dispersó.

Federico II

La Cruzada que llevó a cabo el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II se diferenció de las anteriores en su forma de enfocar la cuestión. Federico II había prometido dirigir una Cruzada en 1215 y renovó su compromiso en 1220, pero por razones políticas internas del Imperio estuvo posponiendo su salida. Bajo la amenaza de la excomunión del papa Gregorio IX, Federico y su ejército embarcaron finalmente en Italia en agosto de 1227, pero regresaron a puerto pocos días más tarde, cuando el emperador cayó enfermo. El Papa, exasperado por otro retraso más, rápidamente excomulgó al emperador. Una vez recuperada su salud, Federico marchó a Tierra Santa en junio de 1228, como un cruzado anónimo, sin la protección de la Iglesia. Federico llegó a Acre, donde encontró que la mayor parte de su ejército se había dispersado. No obstante, no tenía intención de combatir si se podía recuperar Jerusalén mediante una negociación diplomática con el sultán egipcio Al-Kamil. Esas negociaciones dieron como resultado un tratado de paz por el cual los egipcios devolvían Jerusalén a los cruzados, que garantizó una tregua durante 10 años. A pesar de este éxito, Federico era esquivado por los líderes seglares de los estados latinos y por el clero, dado que estaba excomulgado. Al mismo tiempo, el Papa proclamó otra cruzada, esta vez contra Federico; reclutó un ejército y procedió a atacar las posesiones italianas del emperador. Federico regresó a Europa en mayo de 1229 para hacer frente a esta amenaza.

Luis IX

Transcurrieron casi 20 años entre la Cruzada de Federico y la siguiente gran expedición al Próximo Oriente, organizada y financiada por el rey Luis IX de Francia y motivada por la reconquista de Jerusalén por parte de los musulmanes en 1244. Luis pasó cuatro años haciendo cuidadosos planes y preparativos para su ambiciosa expedición. A finales de agosto de 1248, Luis y su ejército marcharon hasta la isla de Chipre, donde permanecieron todo el invierno y continuaron los preparativos. Siguiendo la misma estrategia que la quinta Cruzada, Luis y sus seguidores desembarcaron en Egipto, el 5 de junio de 1249, y al día siguiente tomaron Damietta. El siguiente paso en su campaña, el ataque a El Cairo en la primavera de 1250, acabó siendo una catástrofe. Los cruzados no pudieron mantener sus flancos, por lo que los egipcios retuvieron el control de los depósitos de agua a lo largo del Nilo. Los egipcios abrieron las esclusas, provocando inundaciones, que atraparon a todo el ejército cruzado, y Luis IX fue forzado a rendirse en abril de 1250. Tras pagar un enorme rescate y entregar Damietta, Luis marchó por mar a Palestina, donde pasó cuatro años edificando fortificaciones y consolidando las defensas del reino latino. En la primavera de 1254 regresó con su ejército a Francia.

El rey Luis IX también organizó la última gran Cruzada, en 1270. En esta ocasión la respuesta de la nobleza francesa fue poco entusiasta y la expedición se dirigió contra la ciudad de Túnez y no contra Egipto. Acabó súbitamente cuando Luis murió en Túnez en el verano de 1270.

Mientras tanto, las fortificaciones fronterizas que todavía le quedaban al imperio latino de Siria y Palestina se vieron sometidas a una presión incesante por parte de las fuerzas egipcias. Una a una, las ciudades y castillos de los estados cruzados cayeron en manos de los potentes ejércitos mamelucos. La última plaza fuerte, la ciudad de Acre, fue tomada el 18 de mayo de 1291 y los pobladores cruzados, junto con las órdenes militares de los Caballeros Templarios y los Caballeros Hospitalarios, buscaron refugio en Chipre. Alrededor de 1306, estos últimos se establecieron en la isla de Rodas, la cual administraron como un virtual estado independiente y fue la última plaza fuerte en el Mediterráneo hasta su rendición a los turcos en 1522. En 1570, Chipre, por aquel entonces bajo la soberanía de Venecia, también fue conquistada por los turcos. Los otros estados latinos que se establecieron en Grecia como consecuencia de la cuarta Cruzada sobrevivieron hasta la mitad del siglo XV.

Consecuencias de las Cruzadas

La expulsión de los latinos de Tierra Santa no puso fin a los esfuerzos de los cruzados, pero la respuesta de los reyes europeos y de la nobleza a nuevas convocatorias de Cruzadas fue débil, y las posteriores expediciones se llevaron a cabo sin ningún éxito. Dos siglos de Cruzadas habían dejado poca huella en Siria y Palestina, salvo numerosas iglesias, fortificaciones y una serie de impresionantes castillos, como los de Marqab, en la costa de Siria, Montreal, en la Transjordania, Crac de los Caballeros, cerca de Trípoli y Monfort, cerca de Haifa (Israel). Los efectos de las Cruzadas se dejaron sentir principalmente en Europa, no en el Próximo Oriente. Los cruzados habían apuntalado el comercio de las ciudades italianas, habían generado un interés por la exploración del Oriente y habían establecido mercados comerciales de duradera importancia. Los experimentos del Papado y de los monarcas europeos para obtener los recursos monetarios para financiar las Cruzadas condujeron al desarrollo de sistemas de impuestos directos de tipo general, que tuvieron consecuencias a largo plazo para la estructura fiscal de los estados europeos. Aunque los estados latinos en el Oriente tuvieron una corta vida, la experiencia de los cruzados estableció unos mecanismos que generaciones posteriores de europeos usarían y mejorarían, al colonizar los territorios descubiertos por los exploradores de los siglos XV y XVI.

[60] La India es la sociedad de castas paradigmática con más de 3.000 castas distintas.

[61] Luciana de Stefano, La sociedad estamental de la España de la Baja Edad Media. Georges Duby, Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo.

[62] Michel Fucolt: La locura en la Edad Media.

[63] La “Edad de oro” de la lepra fueron los siglos XII y XIII.

[64] Gran parte de la mejor poesía de la edad media fue anónima, en especial los versos líricos seculares atribuidos a los estudiantes vagabundos (goliardos) que celebran los placeres de la bebida y el amor carnal, y ridiculizan al clero y a la poesía devota tradicional. Estos poemas anónimos, imprecisamente llamados goliárdicos, se conservan en varios manuscritos, siendo el más conocido de ellos Carmina Burana, reunido en Bavaria en el siglo XIII.

[65] Parsifal, guerrero místico.

[66] Luis XI, conocido como la araña universal por sus enredos.

[67] Beguinas y begardos, miembros de ciertas comunidades religiosas católicas que existieron en el noroeste europeo desde el siglo XII hasta el XIV. Las comunidades de mujeres se llamaban beguinas y las de los hombres, begardos. Se diferenciaban de los monjes y monjas en que la mayoría de sus miembros no emitían votos perpetuos; lo único que prometían era realizar buenas acciones y no casarse mientras vivieran en la comunidad.

Las primeras comunidades de beguinas parecen haber sido creadas alrededor del año 1170 por Lambert le Bègue en Liège, expandiéndose rápidamente desde allí a gran parte de Europa occidental. Los begardos aparecieron algún tiempo después, probablemente a principios del siglo XIII, creando comunidades muy parecidas a las de las beguinas. La creación de estos grupos refleja el florecimiento general de la vida religiosa dentro de la comunidad laica de los pueblos del norte europeo durante los últimos años de la edad media. Las comunidades de beguinas también sirvieron de refugio para todas aquellas mujeres que quedaron viudas o solteras debido al gran número de hombres que iban a las cruzadas. Los miembros de la comunidad generalmente vivían en celdas individuales, dentro de una gran zona un poco separada del pueblo. Esta parte del pueblo recibía el nombre de beguinazgo. Se vestían de un modo característico y pasaban sus días rezando, educando gente, cuidando enfermos y tejiendo.

En un principio, las comunidades de beguinas recibían a mujeres de todas las clases sociales, pero a medida que fue pasando el tiempo, muchos de los establecimientos se transformaron en casas para niñas indigentes y viudas. Mientras tanto, una parte de los begardos dejaron de vivir en comunidades y se dedicaron a mendigar en solitario. A fines del siglo XIII, muchos miembros fueron acusados de herejía, en primer lugar por la relación que sostenían con los franciscanos espirituales, una comunidad muy severa que había sido condenada por la Iglesia oficial. Como resultado de esto, muchas comunidades fueron cerradas en el siglo XIV, y muchos miembros condenados a morir en la hoguera. Todos los begardos desaparecieron juntos; algunas de las beguinas fueron aceptadas en otras órdenes religiosas, y aún existen algunas en Bélgica.

[68] LE GOFF, Jacques: El nacimiento del Purgatorio.

[69] MITRE, Emilio: Iglesia y vida religiosa en la Edad Media, pg. 193.

[70] Virgen María. Madre de Jesucristo, venerada por los cristianos desde los tiempos de los primeros apóstoles. El Islam también la venera como la virgen sin pecado Marian. Los evangelios sólo proporcionan un relato fragmentado de su existencia, mencionándola en relación con los comienzos y el final de la vida de Jesús. Mateo habla de ella como esposa de José que “concibió por obra del Espíritu Santo” antes de que “conviviesen” como marido y mujer (Mt. 1,18). Después de nacer Jesús, María está presente en la visita de los Reyes Magos (Mt. 2,11), en la huida a Egipto (Mt. 2,14) y de vuelta en Nazaret (Mt. 2,23). Marcos sólo habla de ella como madre de Jesús (Mt. 6,3). La Natividad de Lucas incluye la anunciación del ángel Gabriel a María de la llegada de Jesús (Lc. 1,27-38); la visita a Isabel, madre de Juan el Bautista y pariente; el himno de María, el Magnificat (Lc. 39,56) y la visita de los pastores al portal de Belén (Lc. 39,56). Lucas también se refiere a la perplejidad de María cuando encontró a Jesús en el Templo discutiendo con los doctores a los 12 años. El evangelio de san Juan no habla de la infancia de Jesús ni menciona el nombre de María, a la que se refiere como “la madre de Jesús” (Jn. 2,19), que está presente en el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná (Jn. 2, 1,3,5) y en su muerte (Jn. 19, 25-27). También se menciona a María en el piso alto del monte Olivete con los apóstoles y los hermanos de Jesús antes de Pentecostés (He. 1,14).

Comienzos de la Iglesia

Ya en el siglo II los cristianos veneraban a la virgen llamándola Madre de Dios para resaltar la divinidad de Jesús. Durante las controversias del siglo IV respecto a la naturaleza divina y humana de Jesús, las escrituras devocionales y teológicas empezaron a referirse a la virgen con el título griego de Theotokos (Madre de Dios). El monje sirio Nestorio (muerto hacia 451) impugnó este uso, insistiendo en que María era madre de Jesús, pero no de Dios. El Concilio de Éfeso condenó sus enseñanzas y afirmó de forma solemne que María era Theotokos, utilizado tanto por la Iglesia ortodoxa como por la católica.

Muy vinculado al de virgen María, el calificativo de Madre de Dios pone de relieve la concepción virginal de Jesús (Lc. 1,35), reafirmando que su verdadero padre es Dios y no José. En la devoción mariana que se desarrolló en Oriente durante el siglo IV, la virgen María fue venerada tanto por la concepción como por el nacimiento de Jesús, doctrina que los credos bautismales del siglo IV de Chipre, Siria, Palestina y Armenia (373-374) expresan con claridad. A partir de mediados del siglo VII se utilizó el título de Aieiparthenos (siempre-virgen) para expresar la certidumbre de su virginidad. Los pasajes del Nuevo Testamento que mencionan los hermanos de Jesús (Mc. 6,3, donde también se citan hermanas; 1 Cor. 9,5 y Gál. 1,19) han sido interpretados como referencias a parientes de Jesús o a hijos de José de un matrimonio anterior, aunque ninguna evidencia textual fundamenta estas interpretaciones.

Virgen santa o bendita, como se la llamó desde los siglos II y III, expresa la creencia de que su íntima unión con Dios a través del Espíritu Santo en la concepción de Jesús (Lc. 1,35), la dejó libre de pecado. Un concilio romano celebrado en 680 se refirió a ella como “siempre virgen santísima e inmaculada”.

Entre los siglos IV y VII surgieron en la Iglesia oriental y en la occidental festividades en honor de varios acontecimientos de la vida de María. La Natividad de la Virgen, narrada en el protoevangelio apócrifo de Santiago, se celebra el 8 de septiembre, el 25 de marzo la Anunciación, el 2 de febrero su purificación en el templo y el 15 de agosto su muerte (llamada Dormición en la Iglesia oriental) y Asunción a los cielos.

La edad media

Una de las principales razones del espectacular crecimiento experimentado por la devoción a la Virgen a finales de la edad media (siglo XIII-XV) se encuentra en la imagen de Cristo que se desarrolla desde comienzos de la época medieval. El arrianismo, doctrina que negaba la divinidad de Jesucristo, ejerció una influencia profunda en los pueblos godos y otras tribus de Europa central y del norte hasta que se convirtieron al cristianismo, por lo que durante esta época la Iglesia realzó la divinidad de Cristo, que en las pinturas bizantinas aparece como Pantokrator (gobernador universal y omnipotente) y en las imágenes occidentales como juez supremo y universal. Al asumir Jesucristo este papel, la virgen María empezó a ser considerada como una figura capaz de interceder por los pecadores. El miedo a la muerte y al Juicio Final provocado por la epidemia de peste negra del siglo XIV convirtió a la Virgen en mediadora de la misericordia de Jesucristo y surgieron devociones populares como el Rosario, que en un principio consistió en 150 Avemarías imitando los 150 salmos del salterio a las que más tarde se incorporaron 15 padrenuestros intercalados como penitencia por los pecados diarios; el Ángelus, recitado al amanecer, a mediodía y al atardecer, y las invocaciones a la virgen María en la letanía empleando expresiones bíblicas como Rosa mística, Torre de David y Refugio de los pecadores. También se crearon oficios a la santísima Virgen con himnos, salmos y oraciones imitando los oficios divinos recitados o cantados por monjes y sacerdotes.

Doctrina de la Inmaculada Concepción

En la edad media, los frailes franciscanos, inspirados por el teólogo del siglo XIII Juan Duns Scoto, defendieron y predicaron la doctrina de la Inmaculada Concepción, que afirma que la virgen María nació sin pecado original. A pesar de la oposición de los dominicos, para quienes se restaba valor al papel de Cristo como salvador universal, el papa Sixto IV la defendió, estableciendo en 1477 la festividad de la Inmaculada Concepción el día 8 de diciembre con una misa propia. En 1708 el papa Clemente XI extendió esta festividad a toda la Iglesia occidental y en 1854 Pío IX publicó un decreto solemne definiendo la Inmaculada Concepción para todos los católicos, doctrina que no ha sido aceptada por las Iglesias protestante y ortodoxa, ni por los llamados viejos católicos. En 1950 el papa Pío XII decretó, de igual modo, la asunción de la Virgen a los cielos en cuerpo y alma como un dogma de fe para todos los católicos.

[71] Ordalía o Juicio de Dios, fórmula de prueba utilizada en la edad media que invocaba la actuación de Dios a través del sometimiento del sujeto a una actuación determinada, como podía ser la introducción de la mano en agua o aceite hirviendo, la utilización de hierros candentes, o la lucha contra quien defendía en juicio la proposición o pretensión contraria. Se convenía en que el hecho de superar la prueba se debía a la intervención de los poderes sobrenaturales que se aliaban con el que la superaba. En algunos códigos hindúes se establecía que la forma de convencer al marido celoso sobre la fidelidad de su cónyuge consistía en que la esposa pasara a través del fuego de una hoguera. La ausencia de quemaduras era la prueba de su fidelidad, mientras que la presencia de las mismas demostraba que era culpable.

En la modalidad de combate, era tan intensa la convicción de que había sido, no ya la fuerza del vencedor, sino la voluntad de Dios el factor que había propiciado la victoria, que al perdedor, si todavía vivía, se le cortaba una mano o era ahorcado o quemado en la hoguera como autor de un delito de ofensas.

Algunas ordalías no tenían un carácter tan violento y brutal como las descritas; por ejemplo, la que consistía en dar a cada uno de los contendientes una vela encendida, entendiéndose que el poseedor de la vela que tardara más tiempo en apagarse era el que tenía la razón, o la que se celebraba con motivo de los juicios criminales para averiguar quién era el homicida, acercando el féretro al sospechoso para comprobar si la sangre en verdad fluía del cadáver. Estos juicios de Dios se conocían como ordalías de adivinación.

[72] MITRE, Emilio: Iglesia y vida religiosa en la Edad Media.

[73] Inocencio III (c. 1160-1216), papa (1198-1216) considerado como el más efectivo y competente de la edad media.

Lotario de Conti di Segni nació en el castillo de Gravignano en el seno de una antigua familia de la nobleza italiana bien relacionada con el poder. Estudió teología en la Universidad de París y derecho canónico en la Universidad de Bolonia, con lo que recibió la mejor educación posible de la época. A los 37 años, cuando aún no había ejercido como sacerdote, fue elegido Papa por unanimidad por el colegio de cardenales el día de la muerte de su predecesor Celestino III (1198). Su pontificado cumplió con las expectativas que sus electores habían depositado en él.

Objetivos y logros

Es difícil encontrar algún aspecto de la vida pública en el que la influencia de Inocencio III no dejara huella. Fiel al espíritu de su misión, predicó en público y trató de mantener la modestia dentro del estilo de vida de la curia romana. A pesar de ser consciente de su autoridad como pontífice (le gustaba en particular el título de vicario de Cristo), intentó fortalecer el episcopado restringiendo los casos que pudieran apelar a Roma. Su diplomacia hizo realidad el gobierno papal sobre los territorios alrededor de Roma, por lo que se le considera el verdadero fundador de los Estados Pontificios.

A la muerte del emperador Enrique VI en 1197, Inocencio aprovechó la oportunidad para imponer el derecho papal de examinar a los pretendientes al trono y de arbitrar entre los rivales, partiendo del principio de la supremacía papal sobre el emperador. Mostró una notable prudencia y paciencia al tratar con el obstinado Felipe II de Francia, quien se negó de un modo persistente y escandaloso a aceptar a Isambur, su legítima esposa que había sido repudiada. En la controversia con el rey Juan de Inglaterra sobre el nombramiento de Stephen Langton como arzobispo de Canterbury, Inocencio obtuvo una clara victoria para la independencia de la Iglesia y, al mismo tiempo, recibió del rey todo el reino como feudo.

Cruzadas

Las empresas más controvertidas de Inocencio fueron las dos cruzadas que declaró; al sur de Francia en el condado de Toulouse, los albigenses no sólo sostenían doctrinas heréticas sino que sus prácticas amenazaban las instituciones sociales tradicionales. Tras la derrota de los predicadores que había enviado, declaró en 1208 una cruzada contra ellos que causó un gran baño de sangre, pero no consiguió controlar la herejía durante su pontificado.

Preocupado por Tierra Santa, Inocencio III promovió la cuarta cruzada; sin embargo, en 1204, un grupo de cruzados se desvió a la ciudad bizantina de Constantinopla (hoy Estambul, Turquía) y la saquearon. Este trágico acontecimiento, aunque fue deplorado por el Papa, envenenó las relaciones entre las Iglesias griega y latina durante siglos, y permitió la creación de un reino latino en Constantinopla de corta vida y mal concebido.

Cuarto Concilio de Letrán

Cercano ya el fin de sus días, en 1215, Inocencio III convocó en Roma el Cuarto Concilio de Letrán. Además de tratar de ciertos temas políticos y doctrinales, el Concilio decretó regulaciones a los derechos y deberes de casi todas las clases sociales. Entre los decretos más famosos destaca Omnis Utriusque Sexus, en el que se obliga a todos los adultos cristianos a recibir al menos una vez al año los sacramentos de la confesión y la eucaristía. Su celebración reunió en Roma a unos 400 obispos y 800 abades y superiores, además de muchos príncipes seculares y de sus representantes, la mayor reunión de estas características de toda la edad media. Apoyó a Santo Domingo de Guzmán (fundador de los dominicos) y a san Francisco de Asís (creador de los franciscanos y las clarisas) en esfuerzos por fundar sus nuevas órdenes. Este Concilio fue uno de logros más importantes de Inocencio. Murió de forma repentina durante un viaje al norte de Italia el 16 de julio de 1216, en Perugia. En el aspecto político, Inocencio coronó emperador a Otón V de Brunswick (1201), pero sus pretensiones sobre el reino de Silicia hicieron que fuera excomulgado y depuesto en favor de Federico II de Suabia (1220).