José Antonio Mateos LA CABALLERIA ESPIRITUAL Y LOS CENTROS SAGRADOS

José Antonio Mateos

LA CABALLERIA ESPIRITUAL Y LOS CENTROS SAGRADOS

En Tierra Santa los templarios establecieron un marco adecuado para entrar en contacto con las tradiciones esotéricas propias de Oriente y de Asia Menor.  Algunas de las acusaciones hacia ellos fue el de tener conductas permisivas con la religión de los “infieles”. Según varios autores los caballeros del Temple mantenían una “hermandad” deliberada con sufíes y  cabalistas, siendo la más conocida la conexión con la orden de los caballeros Ismaelitas denominados  “Assacis” que significa “guardián”.

La atribución de “Guardianes de Tierra Santa” era compartida por templarios, assacis y drusos, entendiendo que no solamente se referían a la defensa de un lugar geográfico como es Palestina, sino también  como los guardianes de un centro supremo, de donde parte la tradición primordial y de esta  todas las formas de tradición espiritual que conocemos.

La caballería occidental medieval tiene su equivalente en la caballería sufí, la iniciación guerrera está estrechamente relacionada con la iniciación en los oficios y la iniciación espiritual. La Tradición nos enseña como diferentes vías o tradiciones espirituales no son más que adaptaciones a las culturas, tiempos, costumbres o circunstancias. Aunque actualmente el  Islam no reconoce  a ninguna organización o institución iniciática que se pueda comparar con las ordenes caballerescas occidentales, podemos buscar en su pasado y hallar huellas tradicionales en el mundo musulmán muy cercanas a nuestra  caballería occidental.

La tradición de la caballería sufí se conoce con él termino árabe de Futuwah, según el Dr. Javad Nurbakhsh , esta se fundaba sobre los valores de la generosidad (Morowat), la dedicación absoluta a los demás (Isar), el sacrificio (Fada Kari), el auxiliar a los oprimidos y desamparados, la compasión hacia las criaturas, el mantener la palabra dada y , finalmente, la humildad. Además estaban comprometidos con un código ético (Adab) y unas costumbres de caballería.  Los orígenes de la Futuwah parece que se remontan hasta el Irán preislámico, es decir, al zoroastrismo. Aunque como después veremos también tuvo un fuerte asentamiento en el mundo turco.

En el sufismo este concepto transmite la idea y el sentimiento de la nobleza en el comportamiento. Hay un Hadiz donde el  Profeta dice: “He sido enviado para perfeccionar la nobleza del comportamiento” y otro referido por Sulami : ..el Arcángel Gabriel vino a buscar al Profeta y le dijo: ¡ Oh, Mahoma, te he traído la excelencia del comportamiento.., [consiste en]  que perdones al que ha sido injusto contigo; que des al que te niega su dádiva; que visites al que se ha desviado de ti; que te apartes del que da pruebas de incomprensión hacía ti, y que practiques el bien con el que actúa contigo por el mal.”

Cualquier vía de realización espiritual incluye la preparación y la purificación de la “materia” receptora sobre la cual se pretende ejercer una influencia espiritual. El descenso del espíritu divino requiere de un alma purificada. Esta es la finalidad de la excelencia del comportamiento y de la nobleza del caballero.

Si hablamos en términos alquímicos, la sublimación en la alquimia,  consiste en purificar la materia depurándola de todas sus partes terrestres y heterogéneas, liberándola de los lazos que la tienen prisionera y que le impiden actuar. Dice Basilio Valentín en “Las doce claves”:

“Vestibus abjectis. Sol nudus et ipsa Diana

nuda sit, optatus manet tu inde torus.

Sponsae ex athletil pretiosa sit unda duobus,

Pro sponso proprium corpus tu illa lavet.

Certent certantes, postquam cessaverit ardor

Martius, e pugna pulchra brabaea ferent.”

” Posados los vestidos, que el Sol y la misma Diana

Queden desnudos para el himeneo deseado.

Que de los dos contendientes sea hecho el baño precioso de la esposa,

Para que mediante el esposo lave allí su propio cuerpo.

Combatirán los combatientes y después que haya cesado su ardor

marcial, harán un bello trofeo de su lucha.”

Esta purificación del ser es el sello del “Hombre Perfecto”, en el sufismo esta nobleza conduce a la apertura del “corazón” espiritual, según el gran maestro sufí Rumí “El corazón físico posee un alma inmaterial (yân-e-rûhânî ) que, cuando está purificado e iluminado por el amor, produce otro corazón, es decir, el órgano espiritual que percibe lo invisible. El suwaydâ es el lugar de la revelación mística y del conocimiento divino (´ilm-é-ladonnî ) Dios ha depositado en este cofre la joya que nadie más en el universo puede contener” (Matnawi, I, 1016).

Históricamente nos tenemos que remontar  hasta el califa abasida Al Nasir li Din Allah (m.620/1233) para encontrar el origen más significativo del establecimiento de una filiación iniciática de la Futuwah. Este califa recibe la investidura de manos de uno de los grandes representantes de Bagda: Al Shayj ´Abd al Yabbar  y recurre al célebre sufí Omar Suhrawardi para que constituya socialmente la caballería, escribiendo los tratados sobre la Futuwah, al mismo tiempo que organiza la institución iniciática. Este hecho nos recuerda el papel de  San Bernardo con respecto a la Orden del Temple.

La Futuwah pretendía ser un instrumento de educación y de iniciación espiritual;  en el plano temporal y en el espiritual, era un medio de movilizar a los diferentes medios sociales hacia los valores espirituales del Islam. El Califa Al Nasir quiso extender la iniciación más allá de los limites de su Imperio iniciando al soberano Saldyukid de Anatolia, Kayka´us. A petición de Al Nasir su último descendiente Kayqubad Iº también fue iniciado por Suhrawardi. Este linaje caballeresco y aristocrático de Futuwah sobrevivió durante algún tiempo en Egipto bajo los Mamelucos para acabar desapareciendo.

La tradición de la caballería espiritual la volvemos a encontrar en uno de los cuerpos de infantería de monjes-soldados más conocidos del mundo árabe, los jenízaros. Organizados en una época en la que toda Europa prevalecía el reclutamiento feudal. La creación de este cuerpo se debe al Sultán otomano Murat I (1359-1389), aunque la figura espiritual que la inspiró fue el santo Haxi Bektach Veli, volvemos a encontrar aquí los colores blanco y rojo utilizados por el temple y los assacis, utilizaban el vestido blanco y un bonete rojo,  ser jenízaro exigía la obediencia absoluta a las órdenes de los jefes y oficiales; unión perfecta entre todos los miembros del cuerpo; aceptación alegre de una vida sencilla y adusta, entrenamiento militar; acatamiento de las normas de la orden religiosa de los “bektachís”. Además no podían casarse, gastar barba, vivir fuera de sus cuarteles, ejercer ningún oficio, beber vino ni practicar juegos de azar. Según Ahmet Cevat Bey practicaban un misticismo encendido: ” Somos creyentes (…), ofrecemos nuestra vida por esta creencia (…), estamos embriagados de toda la eternidad (…), ofrecemos nuestra vida por esta creencia (…), estamos embriagados en la luz divina (…), formamos, en este mundo, una legión siempre en éxtasis ante la grandeza de Dios”.

Si repasamos el capitulo IV “De la Excelencia de la Nueva Milicia” de San Bernardo titulado “De la vida que tienen los caballeros templarios”  vemos las grandes semejanzas, aunque en este caso el Temple es anterior a la creación de los jenízaros, dice: ” Se va y se viene al primer signo de la voluntad del que manda, se viste de lo que se da y no se osa buscar en otra parte ni el vestido ni el alimento…; sin mujeres y sin hijos,…moran todos juntos en una misma casa, sin propiedad alguna particular…Una palabra insolente, una acción inútil, una risa inmoderada…, no quedan jamás sin castigo. El juego de ajedrez y de los dados se detesta aquí…”

Y en él capitulo XIII “De Betania” San Bernardo enciende la fe del caballero exhortando a decir con el profeta:  “El Señor es mi fuerza, mi refugio y mi libertador”. Y también: ” No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre, da la gloria”.

Pero los tiempos cambian y los jenízaros también. A lo largo del siglo XVII, los jenízaros pierden sus doctrinas originales, sus cualidades de sobriedad y obediencia, se convierten en elementos de agitación y inestabilidad social; desde la muerte de Murat IV en 1640, el cuerpo protagonizó varios motines sangrientos contra visires y sultanes.

Desde 1648 a 1687, los jenízaros cometen toda clase de rebeliones y pillajes por conseguir un aumento de paga de los sultanes. En junio de 1826 el gobierno turco abolió el cuerpo de jenízaros.

Si observamos con cierto detenimiento veremos ciertas concordancias entre los templarios, assacis y jenízaros.  1ª. Son ordenes creadas o inspiradas por un santo o iniciado espiritual: San Bernardo, El Sheikh-al-Djebal, Suhrawardi o Haxi Bektach Veli. 2ª.  Cierta similitud en sus doctrinas. 3ª. La utilización de los colores blanco y rojo en sus hábitos o mantos. 3ª . Son los “Guardianes de Tierra Santa”.

Estos guardianes y caballeros de Oriente defienden la “Tierra de los Santos”, “Tierra Santa” (el centro supremo) en tres lugares que podríamos definir como “Centros Sagrados” de la Tradición, como son: el Cairo, Jerusalén y Constantinopla (actual Estambul). Nosotros creemos que estos lugares albergaban lo que René Guenón denominaba como “centros subordinados”. Y posiblemente podamos entrever el misterio del origen del Temple si lo analizamos desde este punto de vista.  Tal vez en esta dirección podamos entender que hacían en 1118  nueve caballeros en Tierra Santa alojados en el palacio real de Balduino II, dentro del antiguo recinto ocupado por las ruinas y restos del templo de Salomón denominado Haram al-Sherif.  Al mismo tiempo parecen estar investidos de una autoridad espiritual y temporal que hace que el mismo Balduino II les ceda su palacio y se marche a residir a un nuevo alcázar que ha mandado construir. La única actividad que realizaron durante sus primeros nueve años fue orar y meditar. Nada se sabe de otras actividades durante ese tiempo. Visto de una forma más tradicional podemos decir que aquí fueron iniciados, consagrados e investidos de sus funciones.

Diversos centros sagrados están repartidos por el mundo, teniendo una constitución análoga son la imagen del “Centro Supremo”, aunque se adaptan y mimetizan a los tiempos y lugares donde opera la Tradición. El acceso a estos centros sagrados está prohibido  al mundo profano y a todos aquellos que no poseen cualificaciones de orden iniciático, los “guardianes” son la corteza exterior y los defensores de estos centros. La función particular de la Orden del Temple en su núcleo iniciático fue la recibir, conservar y transmitir el “sagrado depósito” de la ciudad de Jerusalén.

Posiblemente se preveía que este centro sagrado fuese profanado por los “infieles” y el Temple tenía como principal misión protegerlo y trasladarlo a un lugar seguro de Europa. Retomamos las palabras de San Bernardo en su “Elogio a la Nueva Milicia”. Dice: ” Cumplirá esta profecía de Jeremías: El señor ha rescatado a su pueblo y le ha librado; y ellos vendrán y se regocijarán sobre la montaña de Sión y gozarán con placer de los bienes del Señor. (…). Levántate, repito, y sube sobre las más altas eminencias y mira el consuelo y la alegría que te viene de la parte de tu Dios. Del lugar santo ha sido enviado este auxilio, y verdaderamente por medio de estas tropas fieles se cumple en tu favor esta  antigua promesa, de que habló el profeta Isaías: Estableceré en ti la gloria de todos los siglos pasados y una alegría que durará en las generaciones futuras.” (Nueva Milicia, III, 6).

La importancia de estos centros sagrados de Oriente Medio esta reflejada en los viajes de diversos iniciados y santos a lo largo de la Edad Media hacia estas ciudades. Pondremos como ejemplo el caso del maestro murciano Ibn Arabí (Murcia 1165, m. Damasco 1240), conocido como “el más grande de los maestros” y referencia clave en la historia del sufismo (tasawwuf). En 1201 emprende un viaje a través de todo el arco sur mediterráneo hacia Oriente Medio que lo llevara hasta El Cairo, Jerusalén y Damasco. También Ibn Arabí formula la existencia de unos “pilares” sagrados de los cuales  parten diferentes vías tradicionales, en su obra “Las iluminaciones” expone: “A cada Pilar (watad) corresponde un ángulo de la Casa: el que depende de Adán corresponde al ángulo sirio; el que depende de Abraham corresponde al ángulo iraquí; el que depende de Jesús corresponde al ángulo yemení y, aquel que depende de Muhammad, al ángulo de la Piedra negra; éste es el mío -alabado sea Dios”.

De todo lo que acabamos de exponer se desprende que existe una tradición espiritual e iniciática que se ha ido conservando y transmitiendo a lo largo de los siglos, y esta no ha desaparecido nunca, y en la medida que busquemos como caballeros con humildad y pureza de corazón, así hallaremos. El signo de la búsqueda es siempre confuso e incierto, a veces nos parecemos a las mujeres que se dirigieron de madrugada al sepulcro y no encontraron el cuerpo de Jesús, y sí a dos hombres que se les aparecieron, con vestidos resplandecientes, y les dijeron: “¿ Por qué buscáis entre los muertos al que esta vivo ?” (Lucas 24,5).