LA LEYENDA DE GIOMAR Y EL UNICORNIO

De Juan Carlos Martinez Pedraza
NAVARRA

LA LEYENDA DE GIOMAR Y EL UNICORNIO

Gobernaba en Navarra el rey Sancho el Magnánimo que, tras muchos
años de pelear contra los moros que amenazaban las fronteras del Reino,
había conseguido llevar la paz a sus tierras.

Sancho, casado con Doña Aldonza, tenía dos hijas, Violante y Giomar.
Las dos eran hermosas, virtuosas y discretas. La primera era morena y
la segunda rubia. Todos los que las conocían las querían y las
respetaban y ellas iluminaban la vejez de sus padres.

Una tarde, llegó al castillo un caballero que se dirigía a tierras
lejanas. Nada más verse, el caballero y Giomar se enamoraron
perdidamente el uno del otro. Al día siguiente, el joven prosiguió su
camino y nunca más volvió, pues murió en la guerra. Giomar entristecía
cada vez que pensaba en él, aunque nada dejaba traslucir para no
preocupar a los suyos, que la creían totalmente feliz.

Pasaron los años y Doña Aldonza murió. El luto se apoderó del
castillo y sobre todo, se introdujo en el corazón del rey Sancho de tal
forma que parecía agonizar de dolor. Ni la atención de sus hijas, ni
los cuidados de sus hombres servían para nada. Aquel hombre fuerte y
corpulento se iba debilitando día a día; sólo esperaba la muerte para
ir a reunirse con su querida esposa.

Muchos médicos y curanderos visitaron el rey pero ninguno conocía el remedio para curar su enfermedad.

Un día llegó al palacio un ermitaño que pidió ver al enfermo.
Después de observarlo con atención dijo: -Don Sancho sanará. Sólo
necesita beber un brebaje que yo prepararé. La esperanza asomó a los
rostros de todos los presentes; el ermitaño continuó: -Ahora bien, para
que la medicina sea eficaz, deberá de tomar el brebaje en un vaso
hecho con cuerno de Unicornio.

Todos se miraron consternados. ¡No había ningún vaso de cuerno de
Unicornio en el lugar! Las princesas estaban desilusionadas y apenadas.
El ermitaño, al ver el desconcierto que sus palabras habían causado,
volvió a hablar. -¡No está del todo perdido! En el bosque de Betelu
vive un Unicornio, tiene forma de caballo y un cuerno en la frente. Es
un animal peligroso y de difícil captura, sólo se rinde ante las
personas que tienen un alma pura y que no haya tenido penas de amor…
Todos los ojos miraron a Violante y a Giomar.

La hermana mayor se ofreció prontamente. ¡Ella iría en busca del
animal! Y, en efecto, Violante se internó en el bosque de Betelu. Iba
decidida y con paso firme. A los pocos minutos oyó, a lo lejos, el
relinche del Unicornio y fue tal el miedo que se apoderó de ella que
salió corriendo y no paró de correr y de llorar hasta llegar al
castillo. Don Sancho, seguía empeorando. Giomar tomó la decisión de ir
en busca del animal.

Eligió los mej0res ballesteros del castillo y fue al bosque. Todavía
sufría penas de amor por aquel caballero que un día conoció y sabía
que corría un grave peligro, por eso dio orden a los ballesteros:
-Manteneos atentos. Cuando veáis que el Unicornio me ataca disparad las
saetas.

Giomar se adelantó y esperó al animal. Este no se hizo esperar. Al
ver a la joven se acercó, y cuando ella tendió la mano para
acariciarlo, le acometió furiosamente atravesándole el cuerpo con el
cuerno. Los ballesteros dispararon pero ya era tarde, Giomar había
muerto. Los soldados llevaron al castillo el cuerpo de la muchacha y el
cuerno del Unicornio. El rey Sancho el Magnánimo sanó, pero no vivió
mucho pues la muerte de su hija le partió el corazón y ya no hubo
medicinas para curarlo.