NOCIONES GENERALES SOBRE LA LITURGIA

NOCIONES GENERALES SOBRE LA LITURGIA

Temas para tratar:

1. El significado de “Liturgia”

2. La liturgia es “acción sagrada por excelencia”

3. Los signos litúrgicos

4. La asamblea litúrgica

5. Peguntas para el respaso

1. El Significado de “Liturgia”

La palabra “Liturgia” se deriva del griego, lengua que habló la mayoría de los primeros cristianos. Liturgia significa entonces: ministerio público. Se trata del culto divino que la Iglesia ofrece oficialmente a Dios como ministerio o servicio público, por ejemplo la Santa Misa, los demás sacramentos, el Oficio Divino, las celebraciones de la Semana Santa, etc.

Otras celebraciones pueden ser públicas, sin que sean oficiales de parte de la Iglesia; por tanto no son liturgia, por ejemplo el santo rosario, novenas, ciertas procesiones y otras.

2. La Liturgia es “Acción Sagrada Por Excelencia”

Cristo resucitado vive en su Iglesia. “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20). Más aún, Cristo dirige y vivifica a sus fieles como la cabeza a los órganos y miembros del cuerpo, formando con ellos un solo organismo, el Cuerpo Místico de Cristo. “El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia” (Col 1,18). En consecuencia, las obras de la Iglesia, particularmente las oficiales, como la liturgia, son obras de Cristo al que están asociados los fieles. En la Liturgia Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote (cfr. Hebr 3,1; 5,1 ss; 8,3), rinde al Padre el único culto verdadero y nos reconcilia con él. Los fieles, en virtud de su sacerdocio real e incorporados en Cristo, participan activamente en este culto. Más aún, solo porque son miembros de Cristo-Cabeza, su culto tiene valor ante Dios y les consigue el favor del Padre. “Entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo” (1 Pe 2,5)

Las enseñanzas de la Iglesia

La Constitución “Sacrosanctum Concilium” (Sobre la Sagrada Liturgia, No. 1069) del Concilio Vaticano II dice:

“Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz” (Conc. Trid.), sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los sacramentos, de modo que cuando alguien  bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,10)

Realmente, en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre eterno.

Con razón, entonces, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.

En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no iguala ninguna otra acción de la Iglesia.”

En la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Puebla los obispos dicen:

“La liturgia, como acción de Cristo y de la Iglesia, es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo; es cumbre y fuente de la vida eclesial. Es encuentro con Dios y los hermanos; banquete y sacrificio realizado en la Eucaristía; fiesta de comunión eclesial, en la cual el Señor Jesús, por su misterio pascual, asume y libera al Pueblo de Dios y por él a toda la humanidad cuya historia es convertida en historia salvífica para reconciliar a los hombres entre sí y con Dios. La liturgia es también fuerza en el peregrinar, a fin de llevar a cabo, mediante el compromiso transformador de la vida, la realización plena del Reino, según el plan de Dios.” (No. 918).

Por ser la liturgia “acción sagrada por excelencia” y bien común de toda la Iglesia, conviene recordar en este contexto la obligación de respetar su orden y sus normas:

“La liturgia es el culto oficial de la Iglesia, de todo el Cuerpo Místico unido a Cristo-Cabeza, es el máximo bien común del pueblo de Dios, es expresión de su unidad de fe y amor (Can 837,1). En consecuencia debe rechazarse toda manipulación particular e individualista de la liturgia. “Que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia” (Sacr. Conc. 22,3; cfr. Pueblo 903;940). Asimismo es inadmisible toda instrumentalización de la liturgia, es decir, la desviación de su finalidad propia (la glorificación de Dios y la salvación de los hombres) para utilizarla a favor de otros fines (sociales, políticos, etc.) (Puebla 902; 940).” (Manual de Pastoral, 263)


3. Los Signos Litúrgicos

En la liturgia son esenciales los signos: ciertos objetos (velas, agua, óleo, etc.), palabras (oraciones, cantos), actitudes corporales (de pie, de rodillas, sentado), gestos (la señal de la cruz, elevación de brazos, imposición de manos) y la misma asamblea de los fieles su presidente.

Por ser signos señalan realidades escondidas, por ejemplo el cirio pascual señala a Cristo resucitados y la nueva vida que de él recibimos; la procesión de ofrendas es expresión de la entrega personal de los fieles; el lavado bautismal es símbolo de la purificación y santificación del alma.

El ser humano es cuerpo y alma. A esta realidad corresponde la liturgia con sus signos sensibles o corporales, que manifiestan hechos invisibles, al igual que el alma se manifiesta y expresa en el cuerpo. Las realidades invisibles o espirituales pueden ser de doble naturaleza: pueden ser (1) actitudes interiores del hombre, por ejemplo humildad y arrepentimiento que se expresan poniéndose la persona de rodillas o golpeándose el pecho; o pueden ser las (2) acciones divinas en el alma de los fieles, como la acción curativa del Salvador, señalada en la unción con el óleo de enfermos.

Toda la liturgia se compone de signos, de modo que es más que una oración. Es el culto que el ser humano ofrece a Dios en cuerpo y alma, o sea, con todo su ser. Pero esto presupone que los signos y gestos litúrgicos sean bien comprendidos en su significado, realizados con exactitud – una señal de la cruz mal hecha no significa nada – y que la acción exterior o corporal sea acompañada de la correspondiente actitud interior.

Conviene destacar aquí el significado de las tres posturas que con mayor frecuencia tomamos en las celebraciones litúrgicas:

La posición de pie indica respeto y dignidad. Es la posición del resucitado. Estamos de pie cuando, conscientes de nuestra dignidad en Cristo, alabamos a Dios, profesamos nuestra fe, rezamos la oración de los hijos/as de Dios, el Padre Nuestro, durante las oraciones que el sacerdote pronuncia en nombre de la comunidad y durante la lectura del Evangelio.

Estar sentados no sólo significa comodidad y descanso; es también la posición del que atiende a la Palabra de Dios y la medita, excepto durante la lectura del Evangelio, en el que Cristo nos habla de manera más directa; y por respeto a El nos levantamos.

Ponerse de rodillas es señal de humildad y de adoración ante la infinita majestad de Dios. También expresa nuestra miseria de pecadores y nuestro arrepentimiento.

4. La asamblea litúrgica

La asamblea litúrgica se distingue hondamente de otras asambleas humanas (políticas, deportivas, culturales, etc.), porque en ella Cristo está presente y vincula a los participantes en su propia persona. Toda asamblea cristiana, pero particularmente la litúrgica, expresa y señala el Cuerpo Místico de Cristo.

El que preside la asamblea, normalmente un obispo o sacerdote, representa a Cristo, “Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia” (Col 1,18). Cristo está presente…en la persona del ministro” (Sacr. Conc. 7). Como representante de Cristo “viste ornamentos propios que lo distinguen; tiene el puesto principal en el altar; a su llegada, todos se ponen de pie en señal de respeto…Es el intermediario entre Dios y el pueblo, habla a los fieles en nombre de Dios y se vuelve a Dios en nombre de los fieles.” (Carlo Fiore: Nuestra Pascua, pág. 7/78)

Además del presidente, otros miembros del pueblo cristiano ejercen determinados ministerios, de acuerdo con su vocación o carisma: diáconos, comentadores, lectores, acólitos, cantores. Y todo el pueblo participa activamente. Nadie puede considerarse mero espectador; pues tiene su parte en los diálogos, en las aclamaciones y oraciones y en diversas acciones y gestos.

De esta manera toda la asamblea litúrgica resulta ser un grandioso signo del Cuerpo Místico de Cristo, en el cual uno actúa de acuerdo con su facultad, para rendir el culto debido al Padre: Cristo-Cabeza vivifica y valoriza todo, y los miembros aportan su parte en base a su sacerdocio real y según sus carismas particulares. “Y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.” (Sacr. Conc. 7)

5. Preguntas para repasar, reflexionar y dialogar

1. ¿Qué significa la palabra “Liturgia”?

2. ¿Qué entendemos como “Cuerpo Místico de Cristo”?

3. ¿En qué maneras Jesucristo resucitado está presente en la Liturgia?

4. ¿Porqué la liturgia es “acción sagrada por excelencia”?

5. ¿Quién es el principal actor en la liturgia?

6. Según los obispos en Puebla ¿qué es la liturgia?

7. ¿Porqué hay que respetar el orden y las normas de la liturgia?

8. El ser humano es cuerpo y alma. ¿Cómo corresponde la liturgia a esta realidad?

9. Las realidades espirituales del ser humano son de doble naturaleza. ¿Cuáles son?

10. ¿Cuáles son las tres posturas más comunes en la liturgia y qué significan?

11. ¿Qué simboliza o expresa la asamblea litúrgica?

12. ¿A quién representa el ministro que la preside?

13. ¿Quiénes participan en la “liturgia celestial” (Catecismo de la Iglesia Católica 1138)

14. ¿Quiénes son los participantes en la  “liturgia sacramental” en la tierra? (Catecismo 1140)