LA DOCTRINA CÁTARA

LA DOCTRINA CÁTARA

En primer lugar hay que dejar constancia de algo muy importante y es que es imposible tener un exacto conocimiento de la doctrina de esta religión por dos motivos básicos:

  • Uno, no existe apenas documentación de dominio público sobre la que poder investigar o sentar unas bases. Sólo tenemos constancia de unos pocos libros que han sobrevivido a la persecución herética de que fueron objeto por parte de la Inquisición (ver Documentos de la Iglesia Cátara) y hacer un análisis exhaustivo sobre una doctrina religiosa en base a estos documentos sería como querer hacer un análisis de la religión Católica en base a unos fragmentos de la Biblia, un par de cartas de los apóstoles  y un librillo de catecismo de los que usábamos cuando de pequeños nos preparábamos para la primera comunión.
  • Dos, la otra fuente de la que más han podido obtener datos los estudiosos e investigadores del tema, son los registros de la Inquisición y tampoco este caso es de fiar, ya que la misión de los inquisidores no era hacer un estudio doctrinal, sino que su objetivo era solamente demostrar que las personas juzgadas eran herejes.
  • Sentadas estas dos premisas, vamos a establecer los puntos que tenemos para empezar este análisis doctrinal. De una parte, como ya hemos dicho, tenemos unos pocos documentos que nos han llegado a través de la historia, los cuales son analizados en otro apartado (ver Documentos de la Iglesia Cátara). Del análisis de estos documentos, se pueden empezar a sacar algunas pequeñas conclusiones:

  • La Iglesia Cátara basaba su Doctrina en los Evangelios, interpretándolos en un sentido de elevada espiritualidad, negando la Biblia que, decían, había sido concebida por los seguidores del mal e inspirada por el mismo Demonio.
  • Se basaba en que de la “Eternidad” procedían los “Dos Principios”, ya que negaban cualquier posibilidad  de que el mal, origen del Demonio, pudiese tener su origen en Dios.
  • Dios creó a los ángeles, mientras que el Demonio creó el mundo.
  • Dios solo rige el alma, la nada, lo inmaterial, mientras que el Demonio rige todo lo material, incluido el cuerpo. Las almas, regidas por Dios, están prisioneras en el cuerpo regido por el Demonio.
  • Dios no es todopoderosos y solo puede reinar sobre la parte del bien que reside en cada uno de nosotros. Es en la propia imperfección del bien, donde reside el mal.
  • Satanás es un hijo de Dios y con su caída tiene inicio la historia del Universo.
  • Las almas de los hombres son los ángeles caídos en la rebelión.
  • Las almas no han sido concebidas para su uso en un solo cuerpo, por eso, tras la muerte, si no se han salvado, transmigrarán a otro cuerpo, hasta su retorno al cielo.
  • Dios permite la victoria de su hijo rebelde en el mundo, pero tiene previsto enviar a los ángeles a la Tierra.
  • Jesús, hecho a su imagen y semejanza, se convierte en el Hijo de Dios enviado, junto con los “buenos espíritus”, al mundo, para constituirse como señor de los buenos, pero al ser hijo nacido de María, es tentado por Satanás.
  • La muerte de Jesús en la cruz es otra victoria de Satanás, que ha sido permitida por Dios para que sirva de lección para los hombres. La Iglesia Cátara no adoraba la cruz, sino que la repudiaba como el instrumento de tortura que habían utilizado los enemigos de Dios.
  • Es a través de Jesucristo que los caídos reciben la iluminación y el retorno a la patria celestial.
  • Los espíritus celestiales reúnen a las almas caídas en torno a Pablo y sus sucesores, los cátaros, para que el bien retorne al bien.
  • Al final los malvados serán castigados para toda la eternidad y este mundo será destruido por el fuego.
  • Solamente la creación de Dios continuará para toda la eternidad y será el fin de los “Dos Principios”.
  • El alma del hombre está en esta tierra para realizar la penitencia de su ruptura con Dios, que la había concebido como Ángel en el principio de los tiempos y, una vez liberada de esta penitencia, a la muerte del cuerpo, regresa al cielo, mientras que si no ha alcanzado la “perfección”, transmigra a otro cuerpo hasta alcanzarla.
  • El pecado es lo que sujeta el alma al mundo. Solo una vida totalmente libre de pecados, la vida de un “perfecto”, permite al alma del hombre darse cuenta de su propia naturaleza “angelical”.
  • No existe el pecado “venial”. Todos los pecados, por pequeños que sean, son mortales, ya que la humanidad se encuentra dividida en dos grupos: Ángeles y Demonios.
  • Espíritu. Para la Iglesia Cátara existen tres concepciones espirituales totalmente diferenciadas:
  • El Espíritu como parte del hombre o del ángel, es la parte incorruptible de éste (formado por Espíritu/Alma/Cuerpo). Es la parte que vive en el cielo, siempre a salvo.
  • El Espíritu Santo Paracleto, que es el “Consolador”, prometido por Jesucristo y que el alma recibe en el momento del “Consolhament” (ver Ritos de la Iglesia Cátara) (Para la Iglesia Cátara, cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo, iniciaron el ciclo de transmisión de este espíritu, que la Iglesia Católica había abandonado. Ellos se consideraban los verdaderos transmisores de este ciclo que habrían heredado directamente de los primeros apóstoles, a través del tiempo y de los “Perfectos”. Esta cadena no podía ser rota, pues el Espíritu solo residía en aquellos que habían recibido el “Consolhament” (ver Ritos de la Iglesia Cátara) y solamente ellos podían transmitirlo.)
  • El Espíritu Santo, que como tal es considerado la tercera persona de la Trinidad por la Iglesia Católica. La Iglesia Cátara no creía en la Trinidad como tal. Ni Jesucristo ni el Espíritu Santo son consubstánciales ni iguales al Padre. Según está documentado en la “Summa de les autoritats”: “Existe un número ilimitado de Hijos de Dios, entre los cuales figura el Espíritu Santo, el más poderoso mensajero de la Corte Celestial, que merecería ser llamado Dios porque procede eternamente de Dios, pero, por otro lado, es inferior al Padre por el hecho de haber salido de Él para vivir a sus órdenes, y Jesucristo, él también de origen Divino, sin pretender, asimismo, la omnipotencia de Dios.”
  • Para la Iglesia Cátara, el Bautismo de Agua no tenía absolutamente ningún valor ni tenía ninguna influencia para su salvación. Ellos celebraban un bautismo espiritual llamado “Consolhament” (ver Ritos de la Iglesia Cátara) y siempre realizado a personas adultas. Aunque no era obligatorio, en el proceso se acostumbraba a pedir la renuncia “abrenuntiatio” al bautismo Católico.