La bibliografía sobre las órdenes militares hispánicas, en general, y sobre la orden de Calatrava

1) Causas de los cismas en la orden de Calatrava
1.1) Actuación inadecuada del maestre
1.2) División entre los freires
1.3) Intrusismo regio
2) Factores coyunturales que intervienen en el desarrollo de los cismas
2.1) El apoyo de una monarquía externa
2.2) Las guerras civiles
3) Consecuencias de los cismas en la orden de Calatrava
3.1) Debilitamiento del maestrazgo y de la propia institución
3.2) Incremento del control monárquico sobre la orden
Conclusión

Texto integral

  • 1 La bibliografía sobre las órdenes militares hispánicas, en general, y sobre la orden de Calatrava (…)

1La orden de Calatrava fue la primera de las órdenes militares hispánicas en surgir. Lo hizo con el respaldo de la monarquía castellana, auténtica promotora del primitivo proyecto (1158) que dio lugar a una cofradía cuyo objetivo era la defensa de la villa de Calatrava frente a los musulmanes. La cofradía creció y se consolidó al convertirse en una orden militar. Con el destacado apoyo de los reyes de Castilla, la milicia de Calatrava se transformó en una institución poderosa tanto en el ámbito político como en el social y económico. Una de las más importantes instituciones del reino castellano, sólo sobrepasada en relevancia, entre las milicias hispánicas, por la orden de  Santiago[1]. Por eso, los maestres de Calatrava ejercieron un notable poder, cuya importancia se acrecentó con el paso del tiempo. El ejercicio del poder por parte de los maestres propició la aparición de disidentes. Precisamente por ello en este trabajo queremos analizar las peculiares características que tuvieron las disidencias frente al poder en la milicia de Calatrava.

2La primera cuestión que conviene subrayar para entender las particularidades que adopta la disidencia en el caso de la orden de Calatrava es que se trata de una institución religiosa. Al frente de la milicia se sitúa el maestre, que tiene la alta condición de prelado, aunque no es un clérigo, pero gobierna sobre las dos ramas de su orden, la laica y la clerical. Los miembros de la institución realizaban los tres votos característicos de las comunidades monásticas: castidad, pobreza y obediencia. En consecuencia, la oposición al poder maestral significaba la ruptura del voto de obediencia, que era la más duramente castigada en la normativa interna de la orden.

3Las manifestaciones de disidencia contra el poder maestral conocieron diversos matices, en función del apoyo con el que el opositor o los opositores contaron dentro y fuera de la institución. La forma más radical de disidencia se materializaba en un cisma: una ruptura frontal que conducía a la división de la orden en dos facciones al frente de las cuales estaban el antiguo maestre y el candidato alternativo que, en ocasiones, se sentía con fuerza suficiente para intitularse como maestre de la milicia. Se convierte así, desde el punto de vista historiográfico en un antimaestre. En el contexto de una institución religiosa, la figura cismática del antimaestre tiene no pocos paralelismos con la figura del antipapa. No puede olvidarse que las órdenes militares son instituciones que dependen eclesiásticamente del pontífice.

4Teniendo presente todo lo anterior, vamos pues a analizar los cismas que se produjeron en la orden de Calatrava como la manifestación más importante de la disidencia de los freires frente al poder maestral durante la Edad Media. Es decir, durante la etapa de existencia de los maestres, ya que desde 1489 el maestrazgo pasó a ser administrado por la monarquía castellana. Comenzaremos para ello detallando las causas que provocan los cismas, seguiremos con los factores coyunturales que potencian su desarrollo, y culminaremos nuestro trabajo con las consecuencias que propician las divisiones internas en la orden de Calatrava.

1) Causas de los cismas en la orden de Calatrava

1.1) Actuación inadecuada del maestre

5Una de las causas que podían desembocar en un cisma era la actuación inadecuada del maestre. El ejercicio del poder es producto de un pacto tanto en la tradición monástica como en el feudalismo, las dos realidades de las que participan las órdenes militares. Por eso no debe extrañar que en el seno de las milicias el poder sea también consecuencia de ese pacto. Un pacto entre el nivel unipersonal que representa el maestre y el nivel comunitario representado por el capítulo. Este pacto tiene como consecuencia el reparto del poder político y económico.

6Como máximo mandatario de la orden, la potestad del maestre se extiende tanto a la rama laica como a la rama clerical, lo que le confiere el más alto grado de representatividad de la milicia en sus relaciones sociales y de poder. La privilegiada posición que ocupa el maestre en el seno de su institución se materializa en la obediencia que le deben el resto de los freires de la misma. Esa obediencia deriva de la profesión que hacen los freires en la persona de su maestre, que es el único capacitado, con algunas excepciones, para recibirlos en la comunidad. Por suparte, el maestre debe su dignidad a la elección que los miembros de la orden han verificado en su persona.

7En consecuencia, el poder maestral deriva de un pacto con los miembros de la comunidad y no es un poder absoluto, ya que está limitado por la responsabilidad que tiene ante los freires que le han elegido, reunidos en el capítulo. La ruptura del pacto por parte del maestre podía acabar con su deposición.

8Como resultado de ese pacto, el maestre estaba obligado a proporcionar a los integrantes de su comunidad los recursos necesarios para su mantenimiento y para el adecuado desarrollo de sus funciones: alimentos, ropas, cabalgaduras y equipos militares. Lógicamente, para cumplir con esa obligación el maestre debía tener cierta capacidad de maniobra para gestionar el patrimonio y las rentas de la orden, que aparecía reunido en una «mesa común», sin distinción entre lo que correspondía al maestre y al resto de los freires que integraban la comunidad. Por eso el maestre tenía la responsabilidad de gestionar adecuadamente el patrimonio de la orden, ya que no sólo de su eficaz gestión dependían los freires, sino también los mercenarios y otros asalariados, y el oneroso mantenimiento de las fortalezas.

  • 2 Sobre todo lo anterior vid. Carlos de Ayala Martínez, « Maestres y maestrazgos en la Corona de Cas (…)

9En el transcurso del primer siglo de existencia de la milicia calatrava, la institución funcionó en virtud de ese pacto de resabios monásticos y naturaleza feudal al que hemos aludido. Lo cierto es que, una vez en el poder, los maestres intentarían gobernar las órdenes con una tendencia más monárquica, personalista y autoritaria de lo que sus freires deseaban y estos últimos, a través del capítulo y de otros órganos corporativos, intentarían limitar la autoridad maestral hasta el punto de obligarles a renunciar a su dignidad[2].

10De todas las órdenes hispánicas, la de Calatrava conoció probablemente las manifestaciones más destacadas de esa presión corporativa de los freires. No es descartable que, como resultado de esa coacción, un número importante de maestres calatravos se viera obligado a renunciar a su dignidad antes de su muerte, cuando en circunstancias normales el maestrazgo era vitalicio.

11Si los freires no consiguen que el maestre renuncie a su cargo, o simplemente creen que ha incumplido alguno de los términos del pacto, se rebelan contra su autoridad y propician cismas, liderados por antimaestres. Tres son los ejemplos que podemos presentar como cismas derivados de una actuación inadecuada de los maestres.

  • 3 Sobre el maestrazgo de Martín Pérez de Siones vid. Joseph F. O’Callaghan, « The Order of Calatrava (…)
  • 4 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de las Tres Ordenes y Cauallerias de Sanctiago, Calatraua y (…)

12El primero, por orden cronológico, se produjo en fechas muy tempranas, cuando la cofradía calatrava estaba en proceso de consolidación. Tras la renuncia de Fernando Escaza al maestrazgo por razones de edad, Martín Pérez de Siones fue elegido maestre de la orden de Calatrava en 1170, cuando ocupaba el cargo de comendador de Calatrava[3]. Al poco tiempo, y como consecuencia del descontento que provocó la orden de Martín Pérez de Siones de pasar a cuchillo a 200 musulmanes cautivos, algunos caballeros eligieron por maestre a Diego García, que se retiró con sus partidarios al castillo de Salvatierra. Sin embargo, el cisma duró poco tiempo, ya que los caballeros rebeldes y el antimaestre volvieron pronto a la obediencia del legítimo maestre[4].

13El segundo ejemplo al que hacíamos referencia tuvo lugar aproximadamente un cuarto de siglo más tarde. A raíz de la crisis de la orden tras la derrota de Alarcos (1195) frente a los almohades, que supuso la pérdida de su sede y la del Campo de Calatrava. Entonces, los calatravos aragoneses aprovecharon la coyuntura para elegir como maestre de Alcañiz a García López de Moventa, que contó con el apoyo del monarca aragonés. Se iniciaba así un cisma, que, mientras duró, supuso la independencia de hecho de la rama aragonesa de la orden de Calatrava. La causa justificativa pudo ser la ineficacia del maestre, cuya actuación no pudo impedir la pérdida del Campo de Calatrava y de la sede fundacional de la milicia. Pero por detrás estaban los deseos de escindirse de la orden por parte de los calatravos aragoneses y del rey de Aragón. Desde entonces, García López de Moventa se tituló maestre en Alcañiz con el apoyo del rey de Aragón, que deseaba la independencia de la rama aragonesa de la orden de Calatrava para desplegar sobre ella un más estrecho control.

14En 1205, Martín Martínez acudió a Aragón atendiendo al mandamiento del papa Inocencio III, quien, por solicitud de Pedro II de Aragón, había ordenado a los freires de Salvatierra y Uclés que acudieran a la frontera aragonesa para combatir contra los musulmanes. El viaje sirvió para sellar un acuerdo en 1206 con el maestre cismático, que propició la renuncia del aragonés al maestrazgo a cambio del reconocimiento del título de comendador mayor y lugarteniente del maestre en Aragón para García López de Moventa y sus sucesores.

  • 5 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 32v.

15Sin embargo, ese mismo año, y aprovechando la ausencia del maestre, tuvo lugar el nombramiento de Rodrigo Díaz como nuevo maestre de Salvatierra. A partir de entonces, Martín Martínez actuó, con el apoyo del monarca aragonés, como « honorabili magistro domus de Alcaniz », hasta su muerte acaecida hacia 1211. No sabemos si el fallecimiento del maestre supuso también el fin del cisma. Tal vez se prolongó, y entonces pudo ser la causa del viaje que en 1215 realizó el maestre Rodrigo Garcés para ocuparse de cierto conflicto surgido en el castillo y villa de Alcañiz. Allí murió y fue sepultado en el convento de la encomienda mayor aragonesa[5].

  • 6 Los acontecimientos relacionados con este cisma los conocemos por las versiones cronísticas. Vid. C (…)

16El tercero de los ejemplos a los que antes aludíamos coincide con el conflictivo maestrazgo de García López de Padilla (1297-1329), que conoció una fuerte oposición por parte de los freires de la orden. La crisis final que acabaría con su destitución se desencadenaría en 1323. La causa de esta crisis estaba, una vez más, en la inadecuada actuación del maestre. La excusa para desatar la rebelión abierta contra García López de Padilla fue su aciaga participación en una expedición contra los musulmanes granadinos, agravada por su supuesta huida del campo de batalla. El protagonista de la revuelta fue Juan Núñez de Prado, clavero de la orden, respaldado por un número importante de caballeros de la milicia. El clavero organizó la resistencia desde Villa Real, ganándose así el apoyo de este concejo realengo, cuyos pobladores habían sufrido los agravios del maestre y sus presiones para que se pasaran al señorío calatravo[6].

  • 7 En octubre de 1325, las Definiciones promulgadas por el abad de Palazuelos, en representación del (…)

17En 1325, cuando Alfonso XI de Castilla accedió a la mayoría de edad, el clavero y los freires rebeldes acudieron a Valladolid para presentar formalmente sus acusaciones contra el maestre ante la corte regia. Las acusaciones se extendían a toda la etapa del maestrazgo de García López de Padilla y se sustanciaron en cuatro cuestiones. La más importante era la dejación de fortalezas, que el maestre había desabastecido. Esta fue la razón, según los rebeldes, de que se perdieran, entre otras, las fortalezas de Alcaudete, Locubín, Susaña, Chist y Mathet. No menos grave era la acusación de haber huido del combate en el transcurso de la batalla de Baena, abandonando así a los freires de la orden que le acompañaban. El tercero de los cargos contra el maestre era el de autoritarismo y crueldad en el trato a sus freires. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, se acusaba al maestre de atacar a lugares y vasallos del realengo, particularmente en lo que se refería a Villa Real[7].

  • 8 Carlos de Ayala Martínez, « Un cuestionario sobre una conspiración. La crisis del maestrazgo de Ca (…)

18La gravedad de las acusaciones propició que el maestre fuera citado ante el tribunal real. La reacción de don García, temiendo una sentencia desfavorable, fue huir a Alcañiz, cabeza de los señoríos aragoneses de Calatrava. Al temor del maestre debió contribuir también el apoyo que el clavero rebelde tenía en la corte. El propio monarca castellano se habría decantado probablemente del lado de los rebeldes dado el filoaragonesismo del que había hecho gala García López de Padilla a lo largo de su gobierno. Los acontecimientos que se sucedieron avalarían estas sospechas, ya que, tras la huida del maestre, Alfonso XI ordenó a los freires opositores que organizaran un irregular capítulo, que eligió como nuevo maestre a Juan Núñez de Prado[8].

19El cisma se prolongó, ya que desde el convento-fortaleza de Alcañiz, el depuesto maestre intentó hacer valer sus derechos ante el capítulo general de la orden del Císter. Los cistercienses, a través del abad de Monsalud, primero, y del de Morimond, después, reconocieron  efectivamente la legitimidad de su cargo y le restituyeron en la posesión del maestrazgo.

  • 9 Archivo Histórico Nacional, Madrid [A.H.N.], Órdenes Militares, carp. 464, nº 224; sign. 1346c, fo (…)

20No obstante, ante el respaldo con el que contaba Juan Núñez de Prado por parte del monarca castellano y de varios caballeros de la orden y las villas y castillos calatravos que conservaba, en 1329, García López de Padilla decidió renunciar al maestrazgo a cambio de mantener a su servicio diez caballeros y del disfrute vitalicio de cuantas villas y castillos tenía la orden en los reinos de Aragón y Valencia, con sus rentas, y de las encomiendas de Zorita y El Collado[9].

  • 10 Jaime Caruana Gómez de Barreda, « La Orden de Calatrava en Alcañiz », Teruel, 8 (1952), 5-175, p. (…)
  • 11 A.H.N., Órdenes Militares, sign. 1347c, fols. 59-63; Ignatio Josephii Ortega y Cotes et alii, Bull (…)

21Al parecer, el incumplimiento por parte de Juan Núñez de Prado de algunos términos del acuerdo anterior propició que don García volviera a reivindicar sus derechos a ocupar la más alta dignidad de la milicia, desde su sólida posición en Alcañiz y con el más que probable apoyo de la monarquía aragonesa. Hacia 1336, en la sede de la encomienda mayor aragonesa, murió García López de Padilla, sin haber renunciado al maestrazgo calatravo[10]. Esta circunstancia, y la continuidad del apoyo de la Corona aragonesa, tuvieron como consecuencia la prolongación del cisma hasta el acuerdo alcanzado en agosto de 1348 ante las Cortes reunidas en Zaragoza. La avenencia fue posible a cambio de otorgar mejores derechos y una mayor autonomía a las encomiendas aragonesas de la orden[11].

1.2) División entre los freires

22Durante los tres últimos siglos medievales, en la Edad Media hispánica se desarrollan básicamente dos modelos de ejercicio del poder: el monárquico autoritario y el aristocrático pactista. Los maestres, influenciados por los reyes intentarán desarrollar el primero, apoyados por algunos seguidores. Mientras que la mayoría de los freires, representados en el capítulo, serán defensores del segundo y para ello se aliarán con la nobleza.

  • 12 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 45r.
  • 13 Carlos de Ayala Martínez, « Las órdenes militares en el siglo XIII castellano. La consolidación de (…)

23Ejemplo significativo del enfrentamiento entre estos dos modelos tuvo lugar durante el reinado de Alfonso X y es reflejo del enfrentamiento regio con la nobleza. El maestre calatravo Pedro Ibáñez (1254-1267) era el candidato del monarca y partidario del intervencionismo regio, mientras que los freires tenían su candidato en el clavero, Juan González, que representaba al sector mayoritario. En 1265, y como consecuencia de la división en la orden sobre los dos modelos de gobierno, el maestre, según nos informa el cronista Rades, el maestre, “viendose muy viejo tomo como Coadjutor del Maestradgo a don Iuan Gonçalez Clavero, y consintió que también se llamase Maestre”[12]. Como consecuencia de ello se estableció una auténtica diarquía, hecho sin precedentes en la trayectoria de la orden, que consagraba el triunfo de la facción aristocratizante. Al mismo tiempo permanecía el maestre al frente de la milicia, sin renunciar a su dignidad por motivos de edad como había sucedido en casos anteriores. La situación respondía muy probablemente a las presiones regias para que el valedor de su política se mantuviera al frente de la orden. Esta insólita diarquía se mantuvo en el gobierno de la institución hasta el fallecimiento de Pedro Ibáñez en 1267. Esta anomalía sólo se explica por la existencia de dos modelos políticos: el monárquico y el pactista de base corporativa, y debió ser producto de una solución pactada, detrás de la cual estaba el interés del rey por la continuidad de su fiel aliado[13].

24El largo y complejo maestrazgo de García López de Padilla (1297-1329) fue un período donde abundaron las disensiones internas en el seno de la orden. Se trata de una etapa inmersa en el proceso clave mediante el cual los maestres van consolidando su poder y la autonomía económica necesaria para ejercerlo. En contrapartida, los freires van consiguiendo paulatinamente que el capítulo de la orden sea expresión de su fuerza corporativa y las encomiendas se convierten en recompensas que les permiten disfrutar de una parte de los recursos de la orden. Esa tensión en el reparto del poder y entre los dos modelos políticos posibles se materializa en la etapa de gobierno de Gonzalo López de Padilla. El propio maestre había sido opositor al corto gobierno de su antecesor Diego López San Zoil (1296-1297), ya que como clavero de la orden había obtenido en la elección maestral el respaldo de varios freires calatravos.

  • 14 Joseph F. O’Callaghan, « The Affiliation of the Order of Calatrava with the Order of Cîteaux », An (…)
  • 15 Real Academia de la Historia, Madrid [R.A.H.], Colección Salazar, sign. I-41, fols. 5-7; Antonio B (…)
  • 16 A.H.N., Órdenes Militares, carp. 462, nº 172.
  • 17 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 49r ; A.H.N., Órdenes Militare (…)
  • 18 A.H.N., Órdenes Militares, carp. 462, nº 171; sign. 1345c, fols. 11-12.

25Ya desde prácticamente los inicios del maestrazgo de López de Padilla se abre un cisma en el interior de la orden, encabezado por el comendador mayor, Gutierre Pérez. La división se prolongó hasta febrero de 1301[14], cuando los dos freires se comprometieron a aceptar la decisión arbitral del abad de Morimond[15]. La decisión fue favorable a don García. Sin embargo, antes de que finalizara ese año, el abad cisterciense de San Pedro de Gumiel, actuando en nombre del de Morimond, depuso al maestre y en un capítulo, donde fueron claves las presiones del infante don Enrique, tutor de Fernando IV de Castilla, se procedió a la elección de frey Alemán, comendador de Zorita, como nuevo maestre de Calatrava[16]. Sin embargo, ante la irregularidad cometida, y a instancias del pontificado, el capítulo general del Císter y el abad de Morimond, como visitador de Calatrava, restituyeron en su dignidad a García López de Padilla en febrero de 1302[17]. No obstante, frey Alemán pudo titularse maestre hasta mayo de ese mismo año[18].

26Esa oposición a la política del maestre debe relacionarse con el autoritarismo con el que debió llevar a cabo su gobierno. Por otra parte, su evidente filoaragonesismo, en una coyuntura de guerra entre Castilla y la Corona de Aragón (1296-1304), es un factor que puede explicar que miembros de la corte tan significados como el infante don Enrique maniobraran para arrebatarle el poder. Al mismo tiempo, los freires de una orden fundamentalmente castellana verían en su estrecha relación con Jaime II de Aragón un argumento más para justificar su rebelión, sabiendo que esta circunstancia podría asegurarles el apoyo de miembros de la corte regia.

  • 19 A.H.N., Órdenes Militares, sign. 1345c, fol. 31.
  • 20 Joseph F. O’Callaghan, « The Affiliation of the Order of Calatrava with the Order of Cîteaux»…, op (…)
  • 21 Ignatio Josephii Ortega y Cotes et alii, Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava…, op.cit., p. 160. (…)

27En cualquier caso, la oposición al maestre estaba más allá de coyunturas. En 1307 llegaron al capítulo general cisterciense nuevas denuncias contra García López de Padilla, tal vez respaldadas por algún miembro de la corte. Sin embargo, el abad de Morimond, que se desplazó hasta el reino de Castilla para aclarar las acusaciones[19], se encontró con que Fernando IV y su madre María de Molina le aseguraron la lealtad del maestre[20]. Con todo, la existencia de rebeldes y fugitivos de la orden era una realidad y el abad cisterciense tuvo que solicitar al rey que no fueran amparados en la corte[21].

  • 22 A.H.N., Órdenes Militares, sign. 1345c, fol. 98-99; Carlos de Ayala Martínez, « Un cuestionario so (…)

28No obstante, esta oposición no fue nada si la comparamos con la que se desarrolló a raíz de la revuelta de marzo de 1311, cuando, aprovechando su estancia en tierras aragonesas, un grupo de freires de la orden, encabezados por el clavero Fernando Rodríguez, ocuparon violentamente las fortalezas de Calatrava y Salvatierra, y le exigieron que abandonara su dignidad, amenazándole, en caso contrario, con la deposición y la prisión. Incluso urdieron un plan para asesinar al propio García López de Padilla[22].

  • 23 Carlos de Ayala Martínez, « Un cuestionario sobre una conspiración. La crisis del maestrazgo de Ca (…)

29El conflicto no se resolvió definitivamente a favor del maestre hasta el primer semestre de 1313, cuando una comisión de abades cistercienses investigó la cuestión por orden del abad de Morimond. El 1 de mayo de 1313 los abades asistieron al capítulo celebrado en el convento de Calatrava. Inmediatamente después procedieron a interrogar al maestre y a otros testigos sobre la revuelta. La respuesta de la comisión cisterciense no la conservamos, pero sin duda resultó favorable a García López de Padilla. Durante el tiempo transcurrido entre la toma violenta de las fortalezas del Campo de Calatrava y la definitiva resolución, el maestre pudo conservar el poder y hacer frente a los rebeldes gracias al apoyo papal, su alianza con el infante don Pedro, hermano de Fernando IV, y el respaldo de Jaime II de Aragón[23].

30En estas disensiones internas, era fundamental el papel del comendador mayor, que era el segundo en el organigrama jerárquico y disfrutaba también de importantes competencias en el ámbito militar. Estas funciones le permitieron aspirar al maestrazgo desde tan privilegiada posición, y desde luego no fueron pocos los comendadores mayores que llegaron a alcanzar posteriormente la dignidad maestral. Al mismo tiempo su rango y nivel de rentas le permitía encabezar sublevaciones contra el maestre o protagonizar escisiones territoriales. Por eso el maestre intentó conservar la potestad de nombrar al comendador mayor. Sin embargo, a finales del siglo XIV, dicha potestad pasó a manos del capítulo. Esta transferencia puede interpretarse como una cesión maestral ante la presión ejercida por la oligarquía capitular para acrecentar su poder.

1.3) Intrusismo regio

31El intervencionismo regio en las elecciones maestrales propiciaba en no pocas ocasiones la oposición de un buen número de freires, que apoyan a un candidato alternativo y así se consagraba la existencia de un cisma. En sentido inverso, el monarca podía apoyar a la facción opositora frente al maestre elegido con la mayoría de los votos. El intrusismo regio contribuía así a que el cisma se consolidara, introduciendo un importante factor de desequilibrio en la vida interna de la orden de Calatrava.

  • 24 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 40v-41r.

32El primero de los ejemplos conocidos de intervencionismo regio en las elecciones maestrales se remonta al reinado de Fernando III (1217-1252). Se trata de la elección de Fernando Ordóñez como maestre calatravo en 1243. Los sucesos que propiciaron esta intervención regia se iniciaron tres años antes, cuando fue elegido como maestre Gómez Manrique y una parte importante de clérigos y caballeros votaron a favor del comendador mayor Fernando Ordóñez, el candidato regio. Los disidentes no aceptaron el resultado y negaron la obediencia al maestre, lo que propició una importante escisión interna en la milicia. Para resolver el cisma, Fernando III instó a que Gómez Manrique renunciara a su dignidad, procediéndose entonces a una nueva elección maestral, en la que salió elegido, esta vez sin aparente oposición, Fernando Ordóñez. De este modo, la intervención regia había condicionado de forma decisiva la voluntad de los freires de la orden. En compensación, el otrora maestre quedaba residiendo en la casa fuerte de Alvillos, en Tierra de Campos, con el título de comendador mayor y sujeto directamente a la Sede Apostólica, no sometiéndose así a la jurisdicción del nuevo maestre[24].

  • 25 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Alcantara…, op.cit., fol. 10v.
  • 26 Carlos de Ayala Martínez, « Las órdenes militares en el siglo XIII castellano. La consolidación de (…)

33El siguiente ejemplo de intervencionismo regio tuvo lugar a comienzos del reinado de Alfonso X, cuando el monarca impuso a su candidato Pedro Ibáñez, hasta entonces maestre de Alcántara, como máxima dignidad de la orden de Calatrava[25]. No consta, sin embargo, que tal imposición desencadenara un cisma en la milicia, aunque es muy posible que pronto se articulara una oposición frente al candidato impuesto por el rey, pero el respaldo de Alfonso X a su fiel aliado impidió que la oposición se sustanciara en algo más[26].

  • 27 Sobre la política de Alfonso XI en relación a las órdenes militares vid. Salvador de Moxó, « Relac (…)

34Para encontrar una vinculación entre el intervencionismo regio y el cisma en la institución cisterciense hay que situarse en el inicio del reinado efectivo de Alfonso XI de Castilla (1325-1350) y a esta escisión ya hemos tenido ocasión de aludir. El cisma comenzó por razón de divisiones internas entre los freires de la orden, pero el apoyo regio a los rebeldes permitió que la ruptura se consolidara y que el maestre García López de Padilla permaneciera en Alcañiz reivindicando infructuosamente el maestrazgo hasta su muerte (1336). Parece indiscutible que el apoyo regio fue factor esencial para que el nuevo maestre Juan Núñez de Prado pudiera conservar su maestrazgo[27].

35Durante el reinado del hijo y sucesor de Alfonso XI, Pedro I de Castilla (1350-1369), una nueva intervención regia propició que se abriera una importante división en el seno de la milicia calatrava. El maestre Juan Núñez de Prado se opuso a la política del monarca y como consecuencia se vio obligado a protegerse en la fortaleza de Calatrava la Nueva y después huir a Alcañiz. En 1355 regresó a la residencia maestral de Almagro, pero el monarca ordenó su encarcelamiento y posterior ejecución, que tuvo lugar en el castillo de Maqueda. Entonces, Pedro I decidió entregar el maestrazgo calatravo a Diego García de Padilla, hermano de la favorita regia María Padilla.

  • 28 Pero López de Ayala, Crónica de Pedro I. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, I (…)

36Sin embargo, una parte importante de los freires calatravos no aceptó el nombramiento y se reunió en Osuna para proceder al nombramiento de un nuevo maestre, dignidad para la que fue elegido el comendador mayor, Pedro Estébanez Carpentero. Los calatravos rebeldes se aliaron entonces con el sector nobiliario que se oponía al monarca castellano, encabezado por los infantes Enrique y Fadrique y el señor de Alburquerque. El maestre rebelde tomó varios enclaves andaluces de la orden, cercó el convento-fortaleza de Calatrava la Nueva, en el que se encontraba el maestre Padilla, y tomó con facilidad las fortalezas de Almodóvar y Caracuel. Después de dejar bien abastecido el convento de Osuna, se desplazó hasta Toro, donde se concentraba el núcleo de opositores al monarca, incluida la reina madre. La ciudad fue tomada por las tropas petristas y el propio Pedro I acabó con la vida del antimaestre, que creía que el rey le perdonaría al estar junto a su madre. Allí mismo fueron pasados a cuchillo varios de los caballeros de la orden que habían seguido a Pedro Estébanez[28].

37No obstante, no se agotaron con ello los ejemplos de intrusismo regio. A principios del siglo XV, Enrique III de Castilla intervino directamente en la elección del maestre de Calatrava para nombrar a un miembro de su propia familia, Enrique de Villena. Su elección, verificada a principios de 1405, tuvo lugar en un reducido capítulo calatravo presidido por el monarca castellano y celebrado en el convento toledano de Santa Fe, mientras que otros miembros de la orden se reunían en el convento de Calatrava, como solía ser preceptivo, y elegían por maestre al comendador mayor Luis González de Guzmán. Enrique III, acompañado del maestre electo, convocó de nuevo el capítulo de los freires favorables a su causa en el convento de Calatrava, para reforzar el derecho al maestrazgo de su candidato. Para entonces, Luis González de Guzmán ya había huido con sus partidarios hacia Alcañiz. La irregularidad de la elección se acrecentaba porque Enrique de Villena estaba casado con María de Albornoz, por lo que hubo que anular precipitadamente el matrimonio alegando impotencia, y además era conde de Cangas y Tineo, título al que hubo de renunciar a favor de la Corona. El nuevo maestre era primo del monarca, ya que los dos eran nietos de Enrique II de Castilla.

  • 29 Emma Solano, La Orden de Calatrava en el siglo XV. Los señoríos castellanos de la Orden al fin de l (…)

38Tras el fallecimiento de Enrique III, el capítulo calatravo se volvió a reunir en 1407 y eligió como maestre a Luis González de Guzmán. Se prolongó entonces la ruptura en el interior de la orden, ya que Enrique de Villena conservó algunos apoyos. En 1414 el capítulo general de la orden del Cister, con el acuerdo del papa, declaró nula la elección de este último y confirmó a don Luis como maestre. Don Enrique tardó dos años en reconocer la nueva situación. En 1416 se produjo también la confirmación oficial de Luis González de Guzmán por Juan II de Castilla[29]. Se demostraba así que la elección había sido irregular y que el respaldo al candidato regio permaneció el tiempo que duró la vida del monarca que lo había elegido y era quien realmente había decidido su designación. En el fondo, Enrique III no hacía otra cosa más que continuar con la política del interesado intervencionismo regio en las elecciones maestrales.

  • 30 Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan, segundo Rey deste nombre por Fernán Pérez de Guzmán. Ed. (…)

39Al morir Luis González de Guzmán en 1443, los freires eligieron para sucederle al frente del maestrazgo al clavero, Fernando de Padilla. Sin embargo, los infantes de Aragón, que tenían en esos momentos el dominio de la situación política en Castilla, defendían la candidatura al maestrazgo de Alfonso de Aragón, un bastardo de Juan de Navarra. El electo Fernando de Padilla se refugió entonces en la fortaleza de Calatrava la Nueva, con la mayor parte de los comendadores calatravos, para resistir el asedio de las tropas del infante don Enrique de Aragón, integradas, entre otros, por freires santiaguistas y algún comendador de Calatrava. El maestre electo murió accidentalmente por la acción de uno de los defensores en el mismo año 1443, y la fortaleza fue finalmente entregada al infante don Enrique, lo que posibilitó que su sobrino bastardo se convirtiera finalmente en maestre de Calatrava[30].

  • 31 A.H.N., Órdenes Militares, carp. 449, nº 128; carp. 467, nº 321bis; carp. 468, nº  322, 323 y 326; (…)

40La irregular elección de Alfonso de Aragón como maestre, sólo se explica por la coacción ejercida por el infante don Enrique, que asistió al capítulo acompañado de cierto número de soldados. No obstante, su maestrazgo efectivo tuvo una escasa duración. En 1444 la posición de los infantes de Aragón se debilitó y se vieron obligados a retirarse del reino castellano. Los freires de la orden protestaron por las irregularidades de la elección, mientras que Alfonso de Aragón se hacía con el control de Alcañiz y de las posesiones aragonesas de la orden, percibiendo las rentas correspondientes al comendador mayor y conservando el título de maestre[31].

  • 32 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 72;Joseph F. O’Callaghan, « Do (…)

41El triunfo de Álvaro de Luna en Olmedo (1445) y la consecuente muerte del infante don Enrique impidieron que Alfonso de Aragón pudiera recuperar su maestrazgo. Entonces, la designación del nuevo maestre de Calatrava fue un episodio más del intrusismo regio. El elegido para el puesto fue Pedro Girón, perteneciente al círculo privado del príncipe de Asturias, cuya influencia política se había acrecentado. De tal suerte que Juan II convocó al capítulo de la orden para que diera su visto bueno al candidato regio, que posteriormente fue confirmado por las autoridades eclesiásticas correspondientes. Tal circunstancia favoreció la existencia de nuevos cismas en el seno de la milicia. Así, desde su elección en septiembre de 1445, Pedro Girón debió enfrentarse a las pretensiones de Alfonso de Aragón, hasta su renuncia en 1455, y tuvo que hacer frente a la oposición interna del comendador mayor Juan Ramírez de Guzmán, que contó en la elección maestral con el respaldo de varios freires calatravos, hasta que en 1448 fue abundantemente compensado por el monarca y el propio maestre a cambio de su renuncia al maestrazgo[32].

2) Factores coyunturales que intervienen en el desarrollo de los cismas

2.1) El apoyo de una monarquía externa

42Uno de los factores coyunturales que podía propiciar un cisma era el apoyo de una monarquía externa al lugar donde radicaba la sede de la milicia. La orden de Calatrava fue, desde sus orígenes, una institución fundamentalmente castellana, cuya sede principal estuvo siempre en Castilla y allí se situaban también la mayor parte de sus señoríos jurisdiccionales, bienes patrimoniales y rentas. Fuera de Castilla, la milicia cisterciense tuvo un cierto número de propiedades en dos reinos peninsulares: el reino de León y la Corona de Aragón. En cambio, su presencia en los reinos de Portugal y Navarra fue mucho más marginal. A partir de 1218, las propiedades leonesas pasaron a manos de la milicia de San Julián del Pereiro en virtud del pacto entre Alfonso IX de León y la orden de Calatrava, cuyo maestre pasaba a tener el derecho de visita sobre la institución leonesa, que empezaría a ser conocida como orden de Alcántara. En cambio, el núcleo principal de las propiedades de la Corona de Aragón, la encomienda mayor de Alcañiz, se mantuvo bajo el señorío calatravo durante toda la Edad Media. Alcañiz era un convento fortaleza que constituía la única encomienda mayor de carácter territorial de toda la institución, ya que la encomienda mayor de la orden afectaba a toda la milicia. Alcañiz articulaba las posesiones calatravas en la confederación catalano-aragonesa, particularmente concentradas en la comarca del Bajo Aragón, donde estaba enclavado el convento, a las que se añadían otras propiedades en el reino valenciano. Con esta configuración, y el respaldo de la monarquía aragonesa, desde Alcañiz se podía producir un cisma o consolidar uno ya existente.

43La mayor parte de los cismas que se desarrollaron en la encomienda mayor aragonesa no fueron causados por una intervención directa de los monarcas de la Corona. Los cismas, se había producido por alguna de las causas que hemos analizado con anterioridad, pero el respaldo de los reyes de Aragón contribuyó a consolidarlos y prolongarlos en el tiempo.

44Sólo podemos documentar un ejemplo claro del desarrollo de un cisma como consecuencia de la intervención directa de un monarca aragonés, aunque no conviene descartar la existencia de alguno más. Se trata del cisma provocado por el nombramiento del comendador mayor de Alcañiz, que había recaído en la persona de Pedro Muñiz de Godoy, comendador de Caracuel, enemigo del rey de Castilla. El problema residía en que el castellano esgrimía que el nombramiento le correspondía al maestre de Calatrava y no al monarca aragonés. Naturalmente, detrás de esta argumentación estaba dirimiéndose a quién correspondía la jurisdicción sobre las milicias hispánicas. Cada monarca quería tener el máximo nivel de competencias sobre las órdenes radicadas en su reino, pero también quería extenderla hacia las milicias de los reinos vecinos siempre que sus sedes maestrales estuvieran en su territorio. Así, al reivindicar la jurisdicción del maestre de Calatrava sobre sus freires aragoneses, Pedro I estaba afirmando indirectamente la extensión de su jurisdicción a las ramificaciones aragonesas de las órdenes militares castellanas, en tanto en cuanto el maestre calatravo era vasallo del rey de Castilla.

45El nombramiento de Pedro Muñiz de Godoy como comendador de Alcañiz fue uno de los argumentos esgrimidos por Pedro I para justificar el desarrollo de la denominada guerra de los Dos Pedros (1356-1365). El cisma se prolongaría con posterioridad, ya inmerso en el contexto de la guerra civil castellana de 1366-1369, cuya resolución llevaría a Pedro Muñiz de Godoy a ocupar el maestrazgo de Calatrava, tal y como detallaremos a continuación.

2.2) Las guerras civiles

46Las guerras civiles castellanas fueron factores coyunturales que intervinieron en el desarrollo de los cismas en el seno de la orden de Calatrava. En este sentido dos contiendas internas castellanas propiciaron la existencia de cismas en la milicia: la guerra civil de 1366-1369 y la guerra de sucesión de 1475-1479.

47Entre 1366 y 1369, tendría lugar el más importante enfrentamiento civil del medievo castellano, la contienda que enfrentó a Pedro I con su hermanastro Enrique de Trastámara, que fue en realidad una pugna por la implantación de un modelo de gobierno: la del autoritarismo regio que representaba el petrismo frente al pactismo que abanderaba el futuro Enrique II, con el respaldo de buena parte de la nobleza.

  • 33 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 58r.

48Al iniciarse la guerra, los enriqueños reconocieron como legítimo maestre de Calatrava a Pedro Muñiz de Godoy frente al maestre petrista Diego García de Padilla. El cisma se había materializado con la coyuntura favorable de la guerra civil. El maestre Padilla supo que Enrique de Trastámara había entrado en Toledo, « y los vezinos de ella le auian dado la obediencia, y que pretendía entrar en el Campo de Calatrava, y poner en la possesion del Maestradgo a don Pedro Muñiz de Godoy, a quien el había hecho elegir por Maestre de Calatrava. Sabidas estas nueuas por el Maestre don Diego Garcia de Padilla, (mouido con el temor de ser desposseydo violentamente de su maestradgo, y sientiendose agrauiado del Rey don Pedro por la muerte del Rey de Granada su amigo,) partio de Almagro para Toledo con veynte Caualleros desta Orden, y llegado que fue ala ciudad, beso la mano a don Enrrique, y juro que le seria su vassalo y le serviria en aquella empresa. El Rey don Enrique visto lo que el Maestre don Diego Garcia auia hecho, prometiole que no seria desposseydo de su Maestradgo: y luego mando a don Pedro Muñiz renunciasse en el todo el derecho que dezia tener para ser Maestre: y asi lo renuncio, con que se quedasse con la Encomienda mayor de Alcañiz, y con todo lo que la Mesa Maestral tiene en Aragón, como antes lo posseya »[33].

  • 34 Pero López de Ayala, Crónica de Pedro I…, op.cit., p. 572 y 585-586; Francisco de Rades y Andrada, (…)

49De esta manera tan elocuente relata el cronista Francisco de Rades y Andrada los acontecimientos acaecidos en torno al cisma calatravo al inicio de la guerra civil y su momentánea solución. Sin embargo, cuando tuvo lugar la importante batalla de Nájera (abril de 1367), las tropas calatravas estuvieron dirigidas por Pedro Muñiz de Godoy. En cambio el maestre Padilla no intervino y se mantuvo indeciso, esperando el resultado de la contienda. El triunfo aplastante del petrismo en Nájera, gracias a la decisiva intervención de los arqueros ingleses, propició la vuelta a su obediencia del vacilante maestre calatravo. La respuesta de Pedro I fue el encarcelamiento del calatravo, que murió en prisión, y la entrega del maestrazgo a Martín López de Córdoba, asegurándose así el control sobre la única orden militar con la que podía contar, aunque desconocemos cómo reaccionaron los freires calatravos. En cualquier caso, se mantuvo la activa oposición del antimaestre Pedro Muñiz de Godoy que, junto al santiaguista Gonzalo Mejía, se convirtió en auténtico baluarte de la causa trastamarista. Ambos maestres protagonizaron diversas acciones bélicas y formaron parte del ejército enriqueño en la batalla decisiva de Montiel (1369)[34].

50El triunfo de Enrique II y la muerte de Pedro I en Montiel daban prácticamente por finalizada la contienda civil, aunque la guerra todavía se prolongó hasta 1371. El principal responsable de esta continuación fue el maestre Martín López de Córdoba, que se había hecho fuerte en Carmona, teniendo bajo su custodia a los hijos bastardos de Pedro I y el tesoro personal del monarca fallecido. El líder del petrismo había prometido el trono a Fernando I de Portugal, que aceptó el ofrecimiento esgrimiendo derechos de herencia e intentando aprovechar la coyuntura para arrancar a los castellanos algún territorio fronterizo.

  • 35 Pero López de Ayala, Crónica de Pedro I…, op.cit., p. 590; Pero López de Ayala, Crónica de Enrique (…)

51Sin embargo, tras la paz de Alcoutim (primavera de 1371), por la que el monarca portugués reconocía la legitimidad del gobierno de Enrique de Trastámara, sólo quedaba ya el baluarte petrista de Carmona. Finalmente, Martín López de Córdoba decidió entregar la plaza a cambio de ciertas promesas. Enrique II no atendió a lo pactado y ordenó la ejecución del maestre. Se liquidaba así el último foco petrista y se solucionaba el cisma calatravo, cuyo maestrazgo recayó sin discusión en el fiel trastamarista Pedro Muñiz de Godoy[35].

52Algo más de un siglo después, tendría lugar una nueva división entre los calatravos en el contexto de una guerra civil. Tras la muerte de Enrique IV de Castilla en 1474 se abrió una crisis sucesoria, al postularse dos posibles candidatas al trono: la proclamada reina Isabel I, hermana del monarca fallecido y ya casada con el infante don Fernando, heredero de la Corona de Aragón, y Juana la Beltraneja, la hija de Enrique IV, apoyada por su tío Alfonso V de Portugal y un sector de la nobleza castellana. En la primavera de 1475, los portugueses decidían entrar con su ejército en el reino castellano en apoyo de las reivindicaciones de la infanta doña Juana, que fue proclamada reina y contrajo matrimonio con el monarca luso, quien reforzaba con ello sus derechos a la corona castellana. Se iniciaba así la guerra entre los dos reinos hispánicos más occidentales, que era también una contienda civil en la que se dirimían dos modelos diferentes de gobierno: el autoritarismo monárquico de los Reyes Católicos y la limitación del poder real que propugnaba una parte de la nobleza castellana.

  • 36 Crónica de los Señores Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel de Castilla y de Aragón escrita (…)
  • 37 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 79r-80v; Emma Solano, La Orde (…)

53La guerra tuvo dos consecuencias en la orden de Calatrava por lo que se refiere a las disidencias frente al poder maestral. En primer lugar, se produjo una división entre los que ocupaban el triunvirato de poder de la milicia: el maestre, el comendador mayor y el clavero. El maestre Rodrigo Téllez Girón, defendiendo más los intereses familiares que los de su propia orden, se inclinó claramente a favor del bando de Juana la Beltraneja. Sin embargo, poco después, el comendador mayor Fernán Gómez de Guzmán y el clavero García López de Padilla se pasaron al bando isabelino. El maestre calatravo se mantuvo en el bando portugués, pero no pudo aportar ninguna ayuda al ejército de Alfonso V, ya que sus tierras fueron atacadas, por orden de los reyes castellanos, por parte de Rodrigo Manrique, maestre de Santiago, y del conde de Cabra[36]. En mayo de 1476, tras los sucesivos reveses de las tropas lusas y el abandono de la causa de doña Juana por parte de algunos nobles, Rodrigo Téllez Girón llegó a un pacto con Isabel y Fernando para conservar su maestrazgo y todos los derechos que le correspondían a su orden, a cambio de reconocerles como monarcas[37].

  • 38 R.A.H., Colección Salazar, sign. I-35, fols. 27 y 29-30; Emma Solano, La Orden de Calatrava en el (…)

54La segunda consecuencia fue que, al pasarse el maestre Girón al bando portugués, el oportunista Alfonso de Aragón, otrora fugaz maestre calatravo, resucitó sus viejas aspiraciones de ocupar el maestrazgo calatravo. Pasó a Castilla, tomo de nuevo el título de maestre y como partidario del bando de su hermanastro el rey Fernando, intervino con éxito en la contienda militar. Sin embargo, el perdón concedido por los monarcas a Rodrigo Téllez Girón propició que Alfonso de Aragón renunciara nuevamente al maestrazgo a cambio de amplias compensaciones[38].

3) Consecuencias de los cismas en la orden de Calatrava

3.1) Debilitamiento del maestrazgo y de la propia institución

55Resulta evidente que la primera consecuencia que provocan los cismas es el debilitamiento del poder maestral y de la propia institución a la que afectan. Los maestres pierden poder político, militar, social y económico, al pasar a controlar un menor número de propiedades y de freires de la orden. Naturalmente, la milicia, divididas en dos facciones, pierden peso específico en la vida del reino. Estas circunstancias se agudizan en la medida en que los cismas se prolongaban en el tiempo.

56Por otra parte, cuando el cisma se resolvía se hacía en no pocas ocasiones a costa de compensaciones económicas para el antimaestre o candidato alternativo que mermaban las rentas o el patrimonio que dependía del maestre. Si el candidato no era miembro de la orden, la institución en su conjunto experimentaba una pérdida económica. Asimismo, los cismas provocaban algunas veces la pérdida de miembros de la orden, que en ocasiones se encontraban entre los freires más cualificados.

  • 39 Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan…, op.cit., p. 636 y 641-650; Joseph F. O’Callaghan, « Don (…)
  • 40 Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 72v-73r.

57Paradigma de cisma que propició para el maestrazgo y para la orden nefastas consecuencias fue la división que conoció la orden de Calatrava en la década de 1440. Saldada con la pérdida de varios efectivos de la milicia, con la autonomía temporal de la rama aragonesa de la orden y con importantes compensaciones económicas a favor del comendador mayor Juan Ramírez de Guzmán a cambio de que renunciara al maestrazgo. Además de las importantes concesiones regias, la renuncia al maestrazgo del comendador Guzmán tuvo como contrapartida el pago de 150.000 maravedís anuales de las rentas pertenecientes al maestrazgo calatravo en las minas de Almadén. El comendador mayor podría conservar también las encomiendas que él, sus hijos y sus sobrinos tuvieran por concesión del maestre Luis de Guzmán o de alguno de sus antecesores, pero debía hacer entrega de las restantes propiedades de la orden a Pedro Girón, particularmente de la fortaleza de Zorita[39]. En definitiva el cisma se saldaba con una importante contraprestación económica y la imposibilidad de disponer de las encomiendas que controlaban Juan Ramírez de Guzmán y sus familiares, que, según Rades, fueron las encomiendas de Osuna, Agudo, Abenojar, Otos, Mestanza, Caracuel y Guadalerza[40].

3.2) Incremento del control monárquico sobre la orden

58Los cismas tuvieron también como consecuencia un incremento del control monárquico sobre la orden de Calatrava. La intervención del monarca resultó decisiva en no pocas ocasiones para la resolución del cisma. Esta circunstancia propició que, a partir de mediados del siglo XIII, los monarcas utilizaran todo el poder del que disponían para acrecentar su intervencionismo en la orden. El rey podía utilizar su poder político y económico para compensar a los opositores al maestre.

59El ejemplo más significativo de utilización de los recursos económicos de la Corona para resolver un cisma lo tenemos en la crisis calatrava de 1445. En la elección maestral de ese año, Pedro Girón recibió el voto del clavero García López de Padilla, de 22 comendadores y de otros muchos freires clérigos y legos. Sin embargo, el comendador mayor Juan Ramírez de Guzmán, que nunca había abandonado sus aspiraciones de acceder al maestrazgo, tuvo el respaldo de tres comendadores, cuatro caballeros y 14 clérigos, además del control sobre la tierra de Zorita, las villas de Osuna y Martos y otras plazas andaluzas que había conquistado con la fuerza de las armas. Sin embargo, el rápido reconocimiento de Pedro Girón como legítimo maestre por parte de Juan II de Castilla, el abad de Morimond y el papa Eugenio IV, facilitó que se llegara a una primera avenencia en 1446. Tras ciertas discordias entre los dos candidatos, el acuerdo definitivo se firmó en el verano de 1448. El interés mostrado por Juan II de Castilla y don Enrique, el príncipe de Asturias, fue decisivo para que se llegase a una concordia.

  • 41 Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan…, op.cit., p. 636 y 641-650; Joseph F. O’Callaghan, « Don (…)

60Juan Ramírez de Guzmán, que entonces era miembro del Consejo Real, renunció al maestrazgo calatravo, reconoció a Pedro Girón como legítimo maestre y le prestó el correspondiente vasallaje: « prometo al dicho señor maestre guardar su seruiçio e estado con mi persona e casa le seguir contra todas e qualesquier personas de qualquier estado, condiçión, preminençia o dignidad que contra él fuere ». En contrapartida, el comendador mayor recibiría, por concesión regia, 100.000 maravedís anuales con carácter vitalicio, 50.000 maravedís anuales por juro de heredad y 300 vasallos cabezas de familia por juro de heredad[41]. Así, los sectores próximos al círculo monárquico colocaban a uno de los suyos al frente de la tercera institución más importante del reino de Castilla. Las rentas y el patrimonio entregado a Juan Ramírez de Guzmán por la Corona aseguraron el maestrazgo a Pedro Girón.

Conclusión

61En definitiva, los cismas de la orden de Calatrava están condicionados de forma sustancial por la monarquía y los dos modelos de poder en la institución: el autoritario y el pactista.

62La monarquía castellana fue la auténtica creadora de la milicia. Son los reyes los que intervienen directamente en la vida interna de la institución, propiciando así cismas. Son ellos también los que proporcionan a los maestres los modelos autoritarios que provocan no pocas disidencias frente a su poder. Son los monarcas los que dan carta de naturaleza a los cismas al respaldar a determinados antimaestres. Paralelamente, los freires calatravos intentan articular su fuerza a través de los capítulos generales y reflejan así también el desarrollo de instituciones de base corporativa, como las Cortes en el conjunto del reino.

63En consecuencia, monarquía y orden de Calatrava constituyen un binomio indisociable en la historia medieval castellana. El análisis de sus relaciones, desde la perspectiva de los cismas de la institución, nos ofrece las claves interpretativas para entender el desarrollo de los dos grandes modelos para el ejercicio del poder político medieval –el autoritario y el pactista–, y de las disidencias que ambos modelos generan.

Bibliografía

1) Fuentes

1.1) Fuentes manuscritas

Archivo Histórico Nacional (Madrid), Órdenes Militares, carp. 427, 449, 462, 464, 467 y 468.

Archivo Histórico Nacional (Madrid), Órdenes Militares, Libros, sign. 1345c, 1346c y 1347c.

Real Academia de la Historia (Madrid), Colección Salazar, sign. I-35 y I-41.

1.2) Fuentes editadas

Benavides, Antonio, Memorias de don Fernando IV de Castilla, Madrid, Imprenta de J. Rodriguez, 1860, 2 vol., II.

Crónica de Alfonso XI, en Crónicas de los Reyes de Castilla, I, ed. Cayetano Rosell, Biblioteca de Autores Españoles, 66, Madrid, Atlas, 1953.

Crónica de los Señores Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel de Castilla y de Aragón escrita por su cronista Hernando del Pulgar, ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, III, Biblioteca de Autores Españoles, 70, Madrid, Atlas, 1953.

Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan, segundo Rey deste nombre por Fernán Pérez de Guzmán. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, II, Biblioteca de Autores Españoles, 68, Madrid, Atlas, 1953.

Gran Crónica de Alfonso XI, ed. Diego Catalán, Madrid, 1976, Gredos, 2 vol.

López de Ayala, Pero, Crónica de Pedro I. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, I, Biblioteca de Autores Españoles, 66, Madrid, Atlas, 1953.

López de Ayala, Pero, Crónica de Enrique II. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, II, Biblioteca de Autores Españoles, 66, Madrid, Atlas, 1953.

O’Callaghan, Joseph F., « The Earliest ‘Difiniciones’ of the Order of Calatrava, 1304-1383 », Traditio, 17 (1962), p. 255-284.

Ortega y Cotes, Ignatio Josephii et alii,  Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, Madrid, 1761, ed. facsímil, Barcelona, El Albir, 1980.

Rades y Andrada, Francisco de, Chronica de las Tres Ordenes y Cauallerias de Sanctiago, Calatraua y Alcantara, Toledo, Juan de Ayala, 1572 (ed. facs. Barcelona, 1980 y Valencia, 1994).

2) Bibliografía secundaria

Ayala Martínez, Carlos de, « Las órdenes militares en el siglo XIII castellano. La consolidación de los maestrazgos », Anuario de Estudios Medievales, 27/1 (1997), p. 239-279.

Ayala Martínez, Carlos de, « Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media. Aproximación bibliográfica », en Estudios sobre las Órdenes Militares. Lux Hispaniarum, Madrid, Real Consejo de Órdenes Militares, 1999, p. 425-457.

Ayala Martínez, Carlos de, « Maestres y maestrazgos en la Corona de Castilla (siglos XII-XV) », en Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, I. Edad Media, Ricardo Izquierdo Benito y Francisco Ruiz Gómez (eds.), Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2000, p. 325-378;

Ayala Martínez, Carlos de, « Un cuestionario sobre una conspiración. La crisis del maestrazgo de Calatrava en 1311-1313 », en Aragón en la Edad Media, XIV-XV. Homenaje a la profesora Carmen Orcástegui Gros, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1999, I, p. 73-89.

Ayala Martínez, Carlos, Las Órdenes militares Hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV), Madrid, Marcial Pons, 2003.

Ayala Martínez, Carlos de y Barquero Goñi, Carlos, « Historiografía hispánica y órdenes militares en la Edad Media, 1993-2003 », en Medievalismo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 12 (2002), p. 101-161.

Ayala Martínez, Carlos de et alii, « Las Órdenes Militares en la Edad Media Peninsular. Historiografía 1976-1992, I. Reinos de Castilla y León », y « II. Corona de Aragón, Navarra y Portugal », Medievalismo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 2 (1992), p. 119-169, y 3 (1993), p. 87-144;

Cabrera, Emilio, « El acceso a la dignidad de maestre y las divisiones internas de las Órdenes Militares durante el siglo XV », en Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, I. Edad Media, R. Izquierdo Benito y F. Ruiz Gómez (eds.), Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, p. 281-306.

Caruana Gómez de Barreda, Jaime., « La Orden de Calatrava en Alcañiz », Teruel, 8 (1952), p. 5-175.

Josserand, Philippe, « L’historiographie des Ordres Militaires dans les royaumes de Castille et de León. Bilan et perspectives de la recherche en histoire médiévale », Atalaya. Revue française d’études médiévales hispaniques, Paris, 9 (1998), p. 5-44;

Ladero Quesada, Miguel Ángel, « La investigación sobre Órdenes Militares en la Edad Media hispánica durante los últimos decenios: Corona de Castilla y León », en Ricardo Izquierdo Benito y Francisco Ruiz Gómez, Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, I. Edad Media, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, p. 9-31.

Lomax, Derek W., Las Órdenes Militares en la Península Ibérica durante la Edad Media, Salamanca, Instituto de Historia de la Teología Española, 1976.

Moxó, Salvador de, « Relaciones entre la corona y las órdenes militares en el reinado de Alfonso XI », en VII Centenario del Infante D. Fernando de la Cerda, 1275-1975, Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos, 1976, p. 117-158.

O’Callaghan, Joseph F., « Don Pedro Girón, master of the Order of Calatrava, 1445-1466 », Hispania, 21 (1961), p. 342-392;

O’Callaghan, Joseph F., « The Affiliation of the Order of Calatrava with the Order of Cîteaux », Analecta Sacri Ordinis Cisterciensis, XV (1959), p. 175-178, y XVI (1960), p. 3-59 y 255-292.

O’Callaghan, Joseph F., « The Order of Calatrava: years of crisis and survival, 1158‑1212 », The Meeting of Two Worlds. Cullture Exchange between East  and  West during the period of the Crusades, Studies in Medieval Culture, XXI, Western Michigan University, 1986, p. 419-430.

Pastor Bodmer, Isabel, Grandeza y tragedia de un valido. La muerte de don Álvaro de Luna,  Madrid, Cajamadrid, 1992, 2 vol.

Rodríguez-Picavea Matilla, Enrique,  Las órdenes militares y la frontera. La contribución de las órdenes a la delimitación de la jurisdicción territorial de Castilla en el siglo XII, Madrid, Universidad Autónoma, 1994.

Rodríguez-Picavea Matilla, Enrique, Los monjes guerreros en los reinos hispánicos. Las órdenes militares en la Península Ibérica durante la Edad Media, La Esfera de los Libros, Madrid, La Esfera de los Libros, 2008.

Solano, Emma, La Orden de Calatrava en el siglo XV. Los señoríos castellanos de la Orden al fin de la Edad Media, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1978.

Notas

[1] La bibliografía sobre las órdenes militares hispánicas, en general, y sobre la orden de Calatrava en particular, es muy abundante. Vid. Derek W. Lomax, Las Órdenes Militares en la Península Ibérica durante la Edad Media, Salamanca, Instituto de Historia de la Teología Española, 1976; Carlos de Ayala et alii, « Las Órdenes Militares en la Edad Media Peninsular. Historiografía 1976-1992, I. Reinos de Castilla y León », y « II. Corona de Aragón, Navarra y Portugal », Medievalismo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 2 (1992), p. 119-169, y 3 (1993), p. 87-144; Miguel Ángel Ladero Quesada, « La investigación sobre Órdenes Militares en la Edad Media hispánica durante los últimos decenios: Corona de Castilla y León », en Ricardo Izquierdo Benito y Francisco Ruiz Gómez, Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, I. Edad Media, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, p. 9-31; Philippe Josserand, « L’historiographie des Ordres Militaires dans les royaumes de Castille et de León. Bilan et perspectives de la recherche en histoire médiévale », Atalaya. Revue française d’études médiévales hispaniques, Paris, 9 (1998), p. 5-44; Carlos de Ayala Martínez, « Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media. Aproximación bibliográfica », en Estudios sobre las Órdenes Militares. Lux Hispaniarum, Madrid, Real Consejo de Órdenes Militares, 1999, p. 425-457; Carlos de Ayala Martínez y Carlos Barquero Goñi, « Historiografía hispánica y órdenes militares en la Edad Media, 1993-2003 », en Medievalismo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 12 (2002), p. 101-161.

[2] Sobre todo lo anterior vid. Carlos de Ayala Martínez, « Maestres y maestrazgos en la Corona de Castilla (siglos XII-XV », en Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, I. Edad Media, R. Izquierdo Benito y F. Ruiz Gómez (eds.), Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2000, p. 325-378; Carlos de Ayala Martínez, Las Órdenes militares Hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV), Madrid, 2003, p. 191-208; Enrique Rodríguez-Picavea Matilla, Los monjes guerreros en los reinos hispánicos. Las órdenes militares en la Península Ibérica durante la Edad Media, Madrid, La Esfera de los Libros, 2008, p. 321-327.

[3] Sobre el maestrazgo de Martín Pérez de Siones vid. Joseph F. O’Callaghan, « The Order of Calatrava: years of crisis and survival, 1158‑1212 », The Meeting of Two Worlds. Cullture Exchange between East and West during the period of the Crusades, Studies in Medieval Culture, XXI, Western Michigan University, 1986, p. 419-430; Enrique Rodríguez-Picavea Matilla, Las órdenes militares y la frontera. La contribución de las órdenes a la delimitación de la jurisdicción territorial de Castilla en el siglo XII, Madrid, Universidad Autónoma, 1994, p. 84-91.

[4] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de las Tres Ordenes y Cauallerias de Sanctiago, Calatraua y Alcantara, Toledo, 1572 (ed. facs. Barcelona, 1980 y Valencia, 1994), Chronica de Calatraua, fols. 17r-18r.

[5] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 32v.

[6] Los acontecimientos relacionados con este cisma los conocemos por las versiones cronísticas. Vid. Crónica de Alfonso XI, en Crónicas de los Reyes de Castilla, I, ed. Cayetano Rosell, Biblioteca de Autores Españoles, 66, Madrid, Atlas, 1953, p. 195-196 y 200; Gran Crónica de Alfonso XI, ed. Diego Catalán, Madrid, Gredos, 1976, 2 vols., p. 362-363 y 382; Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 50r-52r.

[7] En octubre de 1325, las Definiciones promulgadas por el abad de Palazuelos, en representación del de Morimond, recogían varios de los cargos imputados al maestre García López de Padilla, particularmente los relacionados con el perjuicio ocasionado al patrimonio de la orden. Vid. Joseph F. O’Callaghan, « The Earliest ‘Difiniciones’ of the Order of Calatrava, 1304-1383 », Traditio, 17 (1962), 255-284, p. 269-273.

[8] Carlos de Ayala Martínez, « Un cuestionario sobre una conspiración. La crisis del maestrazgo de Calatrava en 1311-1313 », en Aragón en la Edad Media, XIV-XV. Homenaje a la profesora Carmen Orcástegui Gros, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1999, I, p. 73-89.

[9] Archivo Histórico Nacional, Madrid [A.H.N.], Órdenes Militares, carp. 464, nº 224; sign. 1346c, fols. 44-47.

[10] Jaime Caruana Gómez de Barreda, « La Orden de Calatrava en Alcañiz », Teruel, 8 (1952), 5-175, p. 107-108.

[11] A.H.N., Órdenes Militares, sign. 1347c, fols. 59-63; Ignatio Josephii Ortega y Cotes et alii, Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, Madrid, 1761, ed. facsímil, Barcelona, El Albir, 1980, p. 756-760.

[12] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 45r.

[13] Carlos de Ayala Martínez, « Las órdenes militares en el siglo XIII castellano. La consolidación de los maestrazgos », Anuario de Estudios Medievales, 27/1 (1997), 239-279, p. 262-263.

[14] Joseph F. O’Callaghan, « The Affiliation of the Order of Calatrava with the Order of Cîteaux », Analecta Sacri Ordinis Cisterciensis, XV (1959), 175-178, y XVI (1960), 3-59 y 255-292, p. 256.

[15] Real Academia de la Historia, Madrid [R.A.H.], Colección Salazar, sign. I-41, fols. 5-7; Antonio Benavides, Memorias de don Fernando IV de Castilla, Madrid, Imprenta de J. Rodriguez, 1860, 2 vols., II, p. 241-242.

[16] A.H.N., Órdenes Militares, carp. 462, nº 172.

[17] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 49r ; A.H.N., Órdenes Militares, carp. 427, nº 157; sign. 1345c, fol. 16.

[18] A.H.N., Órdenes Militares, carp. 462, nº 171; sign. 1345c, fols. 11-12.

[19] A.H.N., Órdenes Militares, sign. 1345c, fol. 31.

[20] Joseph F. O’Callaghan, « The Affiliation of the Order of Calatrava with the Order of Cîteaux»…, op.cit.,  p. 258.

[21] Ignatio Josephii Ortega y Cotes et alii, Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava…, op.cit., p. 160.

[22] A.H.N., Órdenes Militares, sign. 1345c, fol. 98-99; Carlos de Ayala Martínez, « Un cuestionario sobre una conspiración. La crisis del maestrazgo de Calatrava en 1311-1313 »…, op.cit., p. 87-89.

[23] Carlos de Ayala Martínez, « Un cuestionario sobre una conspiración. La crisis del maestrazgo de Calatrava en 1311-1313 »…, op.cit., p. 77-82.

[24] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 40v-41r.

[25] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Alcantara…, op.cit., fol. 10v.

[26] Carlos de Ayala Martínez, « Las órdenes militares en el siglo XIII castellano. La consolidación de los maestrazgos »…, op.cit., p. 262-263.

[27] Sobre la política de Alfonso XI en relación a las órdenes militares vid. Salvador de Moxó, « Relaciones entre la corona y las órdenes militares en el reinado de Alfonso XI », en VII Centenario del Infante D. Fernando de la Cerda, 1275-1975, Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos, 1976, p. 117-158.

[28] Pero López de Ayala, Crónica de Pedro I. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, I, Biblioteca de Autores Españoles, 66, Madrid, Atlas, 1953, p. 441, 463-464, 470-471, 474-475; Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 54r-56v.

[29] Emma Solano, La Orden de Calatrava en el siglo XV. Los señoríos castellanos de la Orden al fin de la Edad Media, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1978, p. 63-64; Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua …, op.cit., fols. 65v-66r.

[30] Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan, segundo Rey deste nombre por Fernán Pérez de Guzmán. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, II, Biblioteca de Autores Españoles, 68, Madrid, Atlas, 1953, p. 609, 611-613 y 628-629.

[31] A.H.N., Órdenes Militares, carp. 449, nº 128; carp. 467, nº 321bis; carp. 468, nº  322, 323 y 326; Emma Solano Ruiz, La Orden de Calatrava en el siglo XV…, op.cit., p. 82-84.

[32] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 72;Joseph F. O’Callaghan, « Don Pedro Girón, master of the Order of Calatrava, 1445-1466 », Hispania, 21 (1961), p. 342-392; Isabel Pastor Bodmer, Grandeza y tragedia de un valido. La muerte de don Álvaro de Luna, 2 vols., Madrid, 1992, II, p. 234-237;Emilio Cabrera, « El acceso a la dignidad de maestre y las divisiones internas de las Órdenes Militares durante el siglo XV », en Ricardo Izquierdo Benito y Francisco Ruiz Gómez (eds.), Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, I. Edad Media, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, p. 281-306.

[33] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fol. 58r.

[34] Pero López de Ayala, Crónica de Pedro I…, op.cit., p. 572 y 585-586; Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 58v-59v.

[35] Pero López de Ayala, Crónica de Pedro I…, op.cit., p. 590; Pero López de Ayala, Crónica de Enrique II. Ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, II, Biblioteca de Autores Españoles, 68, Madrid, Atlas, 1953, p. 2 y 8-9.

[36] Crónica de los Señores Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel de Castilla y de Aragón escrita por su cronista Hernando del Pulgar, ed. Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, III, Biblioteca de Autores Españoles, 70, Madrid, Atlas, 1953, p. 259-260. 267 y 274-275.

[37] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 79r-80v; Emma Solano, La Orden de Calatrava en el siglo XV…, op.cit., p. 109-114.

[38] R.A.H., Colección Salazar, sign. I-35, fols. 27 y 29-30; Emma Solano, La Orden de Calatrava en el siglo XV…, op.cit., p. 112-113.

[39] Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan…, op.cit., p. 636 y 641-650; Joseph F. O’Callaghan, « Don Pedro Girón, master of the Order of Calatrava, 1445-1466 »…, op.cit., p. 356-359.

[40] Francisco de Rades y Andrada, Chronica de Calatraua…, op.cit., fols. 72v-73r.

[41] Crónica del Serenísimo Príncipe Don Juan…, op.cit., p. 636 y 641-650; Joseph F. O’Callaghan, « Don Pedro Girón, master of the Order of Calatrava, 1445-1466 »…, op.cit., p. 356-359.

Para citar este artículo

Referencia electrónica

Enrique Rodríguez-Picavea, « Maestres versus caballeros. La disidencia frente al poder en la orden de Calatrava  (siglos XII-XV) », Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Coloquios, 2009, [En línea], Puesto en línea el 30 juin 2009. URL : http://nuevomundo.revues.org/56527. Consultado el 05 juin 2011.