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LA FRATERNIDAD N° 62

Tel Aviv - Israel

EL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO

por el R:.H:. José Schlosser

HISTORIA

La creación de la Gran Logia de Inglaterra no logró que se plasmaran totalmente los propósitos de centralizar toda la Masonería. Europa a principios del Siglo XVIII vio nacer innumerables Logias cada una de ellas partiendo de teorías genéticas tan dispares como las templarias, rosacruzanas, cabalísticas, herméticas, o sobre todo en Francia, católicas.

La política no era extraña a esta proliferación masónica: Guillermo III de Nassau, príncipe de Orange (1689-1702), destrozó a Jacobo II (1633-1701) Estuardo, Rey de Escocia e Inglaterra (Bisnieto de María Estuardo, Reina de Escocia y Reina consorte de Francisco II de Francia, de donde nace la francófila de los Estuardos.). Este huyo a Francia junto con parte de sus tropas y nobles escoceses fieles. Su hijo Jacobo Estuardo (1688-1766) pretendió infructuosamente volver al trono, creando una infraestructura política en su exilio francés.

Uno de los adeptos de Jacobo Estuardo fue Andrew Michael Ramsey, discípulo del místico y escritor sagrado francés Fenelon, Obispo de Cambrai. En 1736 pronuncio un discurso que se inscribió en los anales de la historia masónica. Era Ramsay un entusiasta de la tradición caballeresca de la Edad Media (Caballeros Templarios, Caballeros de Malta). Sostuvo,- con mayor o menor fundamento, -que la masonería había nacido en Tierra Santa, habiendo sido un instrumento ideológico de los Cruzados. Interpolando esta tesis en la Masonería, la definió como una orden de nuevos caballeros de los tiempos modernos, cuya misión consistiría en construir una comunidad universal por encima de las naciones, regida por Dios, basada en la hermandad, y puesta al servicio del bien y de la verdad.

Hay que destacar que mientras el pastor presbiteriano James Anderson y el hugonote (protestante calvinista) francés Jean Theophile Desaguliers,- los pilares ideológicos de la fundación de la Gran Logia de Inglaterra, -por su calidad de pastores sostenían una posición organista, anticatólica y teísta (Teísmo: es la doctrina filosófica que concibe la existencia de un Dios personal, sobrenatural, dotado de razón, principio y fin de todo lo que existe. Interviene en la vida cotidiana y todos los fenómenos naturales son consecuencia de la “voluntad divina”. Deísmo: es una especie de religión natural. No niega la existencia de Dios, a cuyo conocimiento se llega por medio de la razón Rechaza la Providencia y la Revelación. Dios fue la causa primera para la creación del mundo (Principio Creador), pero este se rige por leyes naturales. Esta Posición fue sostenida por la Gran Logia de Inglaterra hasta 1815, cuando los Antiguos y Modernos se unificaron e introdujeron modificaciones teístas en las Constituciones de Anderson. En sentido contrario, en un proceso que comienza en 1865 y culmina en 1877, el Gran Oriente de Francia elimina de sus rituales la frase “ella tiene por principios la existencia de Dios, la inmortalidad del alma”, creándose así la “Summa Divisio” que existe hasta hoy.), Ramsay era estuardista y católico. Los ingleses a su vez eran racionales, moralistas, pero antiersotericos, mientras que Ramsey era mucho mas espiritualista, místico e iniciativo.

Pero la discrepancia de mayores consecuencias entre ambas corrientes fue la referente a los Grados: mientras los ingleses defendían el reconocimiento de los tres grados gremiales, Ramsey en su discurso lanzo la idea de tres nuevos grados superiores para promover la especulación, los de los Escoceses, Novicios y Caballeros Templarios.

Las ideas “revolucionarias” de Ramsey y especialmente su propuesta de multiplicar los grados, no lograron penetrar la coraza principista de los londinenses. Pero su discurso traducía la tendencia que dominaba a la elite masónica europea.

Nos encontramos en una Francia convulsionada, pocos años antes de la Revolución. El desorden constituye campo fértil para la redacción de documentos cuya autenticidad es difícil de comprobar. Luis de Bourbon, conde de Clemont y desde 1743 Gran Maestro de la Gran Logia inglesa de Francia no logro satisfacer las expectativas de orden, abriendo el camino a una indiscriminada formación de cuerpos masónicos en los que se otorgaban todo tipo de grados.

Con la sana intención de elevar el nivel personal de la masonería el Caballero Nicolas de Bonneville establece en París en 1754 el Capitulo de Clermont que ya otorgo tres grados superiores (Caballero del Águila o Maestro Electo, Caballero Ilustre o Templario y Sublime Caballero Ilustre). Poco después se deshizo. Pero de sus restos se formo en 1758 el Consejo de Emperadores de Oriente y de Occidente, que junto con otro cuerpo autónomo fundado de 1762 en Bordeaux las Constituciones que institucionalizaban 25 Grados de Perfección (incluyendo los tres simbólicos), que se podían recibir en un mínimo de 81 meses (recordemos también la cuerda de 81 nudos, de bello simbolismo en el Rito Escocés). Aquí encontramos también la mención del Tres Veces Poderoso Maestro como cabeza de una Logia.

Muchos de los Hermanos de estos cuerpos constitucionales eran escoceses estuardistas exiliados, por lo que se comenzó a hablar del Rito Escocés de Perfección.

En 1772 la Gran Logia de Francia cambio su nombre por Gran Oriente. Ocupo la Gran Maestría Luis Felipe José, duque de Chartes y luego de Orleans. Se impuso también como Soberano Gran Maestro de todos los Consejos, Capítulos y Logias Escocesas de Francia. Sus intentos de regularización tampoco tuvieron el éxito ambicionado.

Pocos años después se destaca uno de los mas importantes hechos de la historia masónica moderna, y también uno de los más controvertidos: las Constituciones de 1786. Federico II de Prusia, el Grande, figuro como Gran Maestro de la Gran Logia prusiana desde 1747, haya o no ejercido como tal. La misma contaba entre sus miembros a muchos artistas franceses que habían sido llamados a su corte. Posiblemente aquí se halle la explicación de los hechos siguientes que atribuyen al Rey la iniciativa del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Como es que las Constituciones de 1786, autenticas o no, llegaron a ser la base del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en América?

Debemos volver al año 1761. El Supremo Consejo de Emperadores de Oriente y Occidente tuvo la suerte de encontrar a un Hermano superactivo e influyente comerciante en las colonias americanas, nombrándolo Gran Inspector ad Vitam para el Hemisferio Occidental: Etiene Morin era su nombre. Creo varios Capítulos del Rito de la Perfección en el Caribe. Mientras, la fuente de su autoridad fue barrida, primero por la reorganización de la masonería francesa y luego por la Revolución. Hay indicios de que por eso recurrieron al Gran y Supremo Consejo del Grado 33o. del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, para contar con un respaldo europeo que justificara su existencia.

En 1797 se estableció en Charleston, Carolina del Sur, un Supremo Consejo del Rito de Perfección y cuatro años mas tarde se crea en la misma ciudad el Supremo Consejo de Grandes Inspectores Generales para los EE.UU. de América del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (Supremo Consejo del Grado 33o.) que basa su autoridad en las Constituciones de 1786, que son citadas en el Manifiesto Constitucional, sean aquellas autenticas o no, hayan sido firmadas por Federico II o no.

Mientras, en Berlín había muerto Federico II y su hijo, Guillermo II, partidario de la Orden de Rosacruz prohibió toda otra forma de masonería. Es así como el Supremo Consejo de Charleston, que luego se traslado a Washington, -quedó como potencia señera de nuestro Rito. Y digo señera y no central o dirigente, pues hasta hoy los Supremos Consejos del Mundo no han logrado un acuerdo para constituir una autoridad confederativa adecuada, y cada uno de ellos actúa con total autonomía. Sin embargo, la costumbre a través de 200 años, la consideración del Supremo Consejo de Charleston como Logia Madre y la aceptación mayoritaria de los principios de libertad, de bienestar social y de perfeccionamiento moral, intelectual y espiritual establecidos en las Constituciones, hacen que toda discusión académica sobre sus orígenes haya perdido sentido y actualidad.

II

NO SOLO GRADOS

El titulo de esta parte quiso ser el tema central en el proyecto original de este Trabajo. Una natural curiosidad intelectual al comenzar la búsqueda de material informativo impuso la inevitabilidad de una sintética revisión del proceso histórico, como se hizo en el capitulo anterior, precediendo a todo comentario sobre aspectos doctrinarios.

Ante todo debe establecerse que el escocismo no rechaza de ninguna manera la base gremial de la Masonería. Por el contrario. La condición para ascender a Grados Superiores son los tres Grados que encuentran su origen en la Masonería Operativa. También el método simbólico es aceptado: el escocismo coincide en considerar que los secretos que fluyen por el rico cauce de la filosofía masónica, son los portadores de una verdad en cuya esencia se puede descubrir la razón existencial del individuo, su origen y su destino. Y que a ese secreto, a esa verdad oculta solo se puede llegar tras la iniciación, acto que capacita al Masón para nadar en las aguas de aquel cauce. Vivir el secreto, estudiarlo sin pausas y sin prisas, profundizar en su rico contenido, captar el significado oculto de cada movimiento y de cada palabra de los rituales, solamente puede hacerse dentro de los muros discretos de una Logia.

Pero el escocismo tiene como objetivo el agregar en sus grados superiores ingredientes esotéricos cuyas raíces se hunden en la mas rica historia de las civilizaciones. La profundidad de los conocimientos a los que dedicaron su preclara inteligencia sabios del lejando oriente, sirios, egipcios, persas y hebreos, deberían constituir las columnas básicas de un edificio en cuyo interior el Hermano se de cita con el pensamiento y el método lógico de los filósofos griegos y de aquellos que hasta hoy han continuado su búsqueda de la verdad.

El objetivo no puede sin embargo se el propio encuentro, ni siquiera el simple conocimiento de las obras que ellos nos legaron. El Maestro que asciende a los Grados Superiores debe poner de manifiesto toda su capacidad autodidactica para convertirse a su vez en un creador, en un innovador, en una fuente de nuevas ideas que enriquezcan su mente y su espíritu. Que den un significado positivo a su pasaje terrenal, le permitan trascender su calidad de simple ser viviente e iluminen su existencia con una luz de eternidad. Logrado ello, la diversidad de interpretaciones que los Hermanos otorguen a la obligación simbólica de creer en la inmortalidad del alma que los landmarks imponen, dejara de tener importancia. Porque aquel que vea su fin con la descomposición de su materia corporal, sabrá que su espíritu lo sobrevive al haberse enriquecido con la luz de la sabiduría y haberla retornado al mundo, potenciada con la policroma singularidad de su persona como un legado imperecedero. Mientras que quien ponga su fe en la proyección ocupara un lugar de privilegio en su eternidad, por el brillo de plenitud que irradiara.

Quizá convenga pues hacer un alto en el camino para revisar los planes de trabajo de las Logias de Perfección: ante todo los de aquellas cuyos trabajos se imitan a contadas Tenidas anuales dedicadas a otorgar nuevos grados a los Hermanos. El rico simbolismo contenido en cada una de estas ceremonias quiere transmitir una lección. La vivencia escenográfica predispone tanto al recipiendario como a la Asamblea para comprenderlas. Pero nada se logra sin un esfuerzo organizado: guías capaces y atentos guiados deben aprovechar esa apertura mental para cavar profundamente en las parábolas propuestas, analizándolas minuciosamente para revelar el hondo significado de los secretos que ocultan.

También son dignos de reconsideraron los ambiciosos y loables planes de aquellos Maestros que convocan Tenidas donde Trazados de Arquitectura de gran valor son presentados por esforzados disertantes, pero sin que ellos integren un plan orgánico de estudios. Los trabajos que se desarrollan en los Grados Simbólicos dan suficientes oportunidades a los integrantes de estas Logias para desarrollar temas masónicos o aun profanos de interés para el masón que busca su perfeccionamiento individual o el beneficio de la colectividad. En los Templos de Perfección debiérase volcar toda la dedicación a conocer los fundamentos filosóficos de los grandes pensadores, para que su comprensión ilumine el camino de los extraviados que enfrentados al siglo XXI giran sin sentido en un laberinto de materialismo falto de fundamento humanista.

La evolución de la Ética y la Moral como rectores de la conducta del hombre a través de las generaciones, constituye de por si una inagotable fuente de enseñanza positiva de la que la Logia de Perfección no puede dejar de beber.

El conocimiento de los adelantados de la ciencia y la técnica es un complemento obligado del programa de estudios en los grados superiores. Los medios de difusión están dedicados a un demagógico tratamiento de los temas que ganen la atención de las masas. Los Templos son el escenario adecuado tanto para la información constructiva como para despertar la alarma ante excesos violatorios de las leyes naturales.

La historia de las religiones puede y debe ocupar un lugar importante dentro de este complejo didáctico: una permanente discusión gira alrededor de la existencia de vínculos históricos entre la doctrina masónica y las religiones actuales o del pasado. Una forma cómoda de evadir las discrepancias es determinar que la Masonería moderna nace en Inglaterra a principios de siglo XVII. Sin Embargo, es indudable la relación entre las bases ideológicas de la Orden y principios morales que ya se encuentran en las primeras creencias totémicas y cosmogónicas, y que con paulatinos grados de elaboración han sido adoptadas por las civilizaciones a través de los milenios. Son ellos intentos del hombre para explicar su Yo y su mundo, el origen y el destino de ambos, el bien y el mal. El tabú impuesto a la discusión del tema para cuidar la armonía , no puede extenderse al análisis metódico y objetivo de un factor que condiciona las actitudes humanas tanto en lo individual como en lo colectivo. Es licito exponer el tema y respetar las conclusiones individuales. Las discrepancias serán solventadas por lo menos con la misma amplitud con que se sobrellevan las fraternales luchas para elegir las autoridades de los cuerpos masónicos.

Finalmente, es imposible evadir el controvertido tratamiento de temas políticos, sociales y económicos, que permitan al Maestro un adecuado conocimiento de la infraestructura sobre la que desarrollar sus elucubraciones filosóficas. De otra manera, se construirá un Olimpo divorciado de la realidad, elitista pero inefectivo para preparar al practicante del Arte Real para construir dentro de la sociedad profana altares ejemplarizantes de conducta que sirvan al objetivo de un mundo para todos sus habitantes.

Difícil tarea esta que se esboza en este Trazado. Ignorarla es continuar por el cómodo camino en el que cada etapa esta señalada por un nuevo Grado Superior. Encararla es luchar denodadamente contra las desviaciones que dos siglos de escocismo fueron acumulando y retornar a los fines “eminentemente filosóficos, sociales y filantrópicos” establecidos en la Constitución de 1786: “Unión, felicidad, progreso y bienestar de la Humanidad en general y de cada uno en particular”.

Bibliografía de “Historia”: Ailton Elisiarico de Souza: “Comentarios Das Constituciones de 1786”. Editorial “A Trolha”. 1994. León Zeldis: “Estudios Masónicos”, Edición “La Fraternidad”, 1990.