La profecía de Orion PATRICK GERYL


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La profecía de Orion

ATRICK GERYL

Patrick Geryl es autor de nueve libros escritos en holandés, y uno publicado en alemán. Todos ellos se convirtieron en bestsellers. Desde su niñez se interesó profundamente por la astronomía y hasta el presente, ha estudiado cientos de publicaciones y libros

sobre el tema.

En su primer libro publicado sobre astronomía: A new Space-Time Dimensión (Una nueva dimensión de tiempo y espacio, 1979),

lanzó un ataque a la mundialmente famosa teoría de la

relatividad y predijo numerosos cambios en el universo. Sus

predicciones se confirmaron en los últimos diez años, con lo que

obtuvo gran publicidad en la prensa belga.

Sus descubrimientos sobre el Fin de los Tiempos en 2012 lo

impulsaron a iniciar una intensa investigación que volcó en tres

libros. El primero de ellos, La profecía de Orion, fue publicado en

EE.UU. y traducido y editado en Polonia. En los próximos dos

años, el resto de su obra será publicada en inglés y polaco:

El cataclismo mundial de 2012 y Cómo sobrevivir luego de 2012.

Luego de sus publicaciones, Patrick dedicará su tiempo a formar

grupos de supervivencia al cataclismo de 2012.


Patrick Geryl

La profecía de Orion

Las profecías de los mayas y de los antiguos egipcios

SEGUNDA EDICIÓN

EDITORIAL

kíer

Desde 1907 un sello positivo para un mundo que merece serlo


Se hallan reservados todos los derechos. Sin autorización escrita del editor, queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio mecánico, electrónico y/u otro y su distribución mediante alquiler o préstamo públicos.


INTRODUCCIÓN



Geryl, Patrick

La profecía de Orion.- 1a. ed. - 2a. reimp. - Buenos Aires : Kier, 2004. 256 p. ; 23×16 cm.- (Presencia del pasado)

ISBN 950-17-1713-5

1. Profecías I. Título CDD 133.3

Título original: The Orion Prophecy

©2001, by Patrick Geryl

ISBN: 0-932813-91-7

Adventures Unlimited Press, Kempton, Illinois

Enkhuizen, Holanda

Primera edición, Noviembre 2001

Todos los derechos reservados

One Adventure Place

Kempton, Illinois 60946, EE.UU.

Tapa:

Graciela Goldsmidt

Traductora:

Graciela Perillo

Correctora:

Delia Arrizabalaga

Diagramaáón de interiores:

Cálamus

LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

Queda hecho el depósito que marca la ley 1 1.723

© 2004 by Editorial Kier S.A., Buenos Aires

Av. Santa Fe 1 260 (Cl 059ABT), Buenos Aires, Argentina.

Tel. (54-11) 4811-0507 Fax: (54-11) 4811-3395

http://www.kier.com.ar E-mail: info@kier.com.ar

Impreso en la Argentina

Printed in Argentina


La motivación que me impulsó a escribir este libro fue el enojo, la deses­peranza y la frustración. El sueño de mi vida se destruyó con una serie de descubrimientos que apuntan a una inminente catástrofe mundial, de hecho, la más grande de la historia de la humanidad. Nunca antes estuvo la Tierra tan densamente poblada, por lo tanto, este será un desastre sin parangón. Cuando me enteré, quedé destrozado y profundamente conmovido, sin poder conciliar el sueño durante noches enteras y esto comenzó a regir y dominar mi vida entera. Después de todo, esta estaba prolijamente planeada hasta ahora; pasé años siguiendo una dieta de frutas y verduras que me haría llegar a la edad de 120 años, invertí en varios fondos de pensión para poder jubilarme sin problemas de dinero, entonces ¡iba a poder disfrutar de 60 años de mi vida! y todo eso con una buena salud. Los que han leído mis libros anteriores saben de lo que estoy hablando. Las pruebas realizadas en animales han demostrado claramente que esto es posible, que su expectativa de vida aumenta entre un 30 y 100 por ciento cuando se alimentan con una dieta sana. Como no podía ignorar este hecho, decidí hacer lo mismo. La posibilidad de jubilarme rico y viajar por el mundo era una idea sumamente atractiva para mí. Entonces, mi sueño se hizo pedazos. De acuerdo con el libro The Mayan Prophecies [Las profecías mayas], la Tierra se destruirá el 21 ó 22 de diciembre de 2012. Las conclusiones del libro parecían correctas, aunque el autor sólo reveló una pe­queña parte. Según los mayas, el magnetismo del Sol se dará vuelta ese día, causando probablemente un vuelco en la Tierra, con fatales consecuencias para la humanidad. Me sentí profundamente consternado. Un enorme desas­tre nos aguardaba, uno sin igual. Primero me paralicé y luego maldije e insulté con todo mi corazón. ¡Después de todo, recién podía cobrar mis jubilaciones en el año 2015! Hace veinte años firmé esta cláusula de no hacer efectiva ninguna suma antes de la fecha de vencimiento. De esa manera, el importe a pagar se incrementaría y yo podría tener una vida de lujos por décadas. Estaba comple­tamente convencido de que había hecho un excelente negocio. Pero eso suce­dió antes de leer ese libro en particular.


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La profecía de Orion

Allí, toda mi certidumbre en la vida, al igual que todos mis sueños, colapsaron, entonces decidí investigar. Si este desastre en verdad va a ocurrir, yo tenía que comprobarlo con una sólida evidencia, pues se trata de la super­vivencia de la humanidad.

Naturalmente, investigué y tuve éxito en develar este inminente desastre global. Prepárese para leer los descubrimientos más sorprendentes de nuestra moderna civilización. El desastre natural que nos golpeará excederá la com­prensión de todos. Sus pensiones ya no tendrán valor; de hecho, ya cancelé las mías. No hay un solo gobierno que tome medidas para tratar de sobrevivir a la catástrofe y nadie lo creerá hasta que sea demasiado tarde. Por eso usted tendrá que controlarse y diseñar su propia estrategia de supervivencia. Yo actuaré como un banco de datos. Sobrevivir a tal inmenso desastre será suma­mente difícil, si nada se ha preparado. Se destruirán los suministros de ali­mentos, no habrá atención médica y los profesionales que trabajan en los res­cates, ellos mismos también habrán muerto. En resumen, sin un cuidadoso planeamiento no lo lograremos. Por lo tanto, debemos formar grupos urgente­mente, para empezar a trabajar en esta enorme tarea. Será necesario construir “Arcas de Noé” para que nos transporten cuando lleguen las marejadas, y tam­bién procurarnos suministros de alimentos y energía. Habrá que hacer innu­merables cosas y sólo nos quedan unos pocos años antes de la fecha fatal. Espero que se acerquen muchos voluntarios para poner en práctica la estrate­gia de supervivencia que detallaré en este libro.


Parte I

Descubrimientos asombrosos


EL ZODÍACO DE DENDERA

Luego de haber leído The Mayan Prophecies [Las profecías mayas] llegaron a mis manos algunas otras obras de esta índole. Según los autores del libro When the Sky Fell [Cuando el cielo cayó], la Atlántida se movió hacia el Polo Sur, debido a un enorme cambio de la corteza terrestre hace unos doce mil años. La base de esta hipótesis se halla en otro libro, The Path qfthe Pole [La senda del Polo] del profesor Charles Hapgood. En un prólogo para la primera edición de esta obra, Albert Einstein escribe:

“Con frecuencia recibo comunicaciones de personas que desean con­sultarme sobre sus ideas, que no han sido publicadas. De más está decir que estas ideas, rara vez tienen alguna validez científica. No obstante, la primera comunicación que recibí del Sr. Hapgood me dejó electrizado. Su idea es original, de gran c!mplicidad y, si puede demostrarse, será de gran importancia para todo lo que se relaciona con la historia de la superficie terrestre.

Gran cantidad de datos empíricos indican que en cada punto de la superficie de la Tierra que ha sido cuidadosamente estudiado, se han pro­ducido muchos cambios climáticos y aparentemente, de manera bastante repentina. Según Hapgood, esto es explicable si la corteza exterior de la Tierra, que es virtualmente rígida, de vez en cuando soporta un extenso desplazamiento de las capas interiores viscosas, plásticas y posiblemente fluídicas. Tales desplazamientos pueden tener lugar como consecuencia de fuerzas comparativamente suaves que se ejercen en la corteza y deri­van del ímpetu de la rotación de la Tierra, la cual a su vez, tenderá a alterar el eje de rotación de la corteza terrestre.

El autor no se ha circunscripto a una simple presentación de esta idea, sino que también ha expuesto, con cautela y en profundidad, el rico material que apoya esta teoría del desplazamiento. Creo que esta idea algo asombrosa, incluso fascinante, merece una seria atención por parte de


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todo aquel que se interese en la teoría del desarrollo de la Tierra”.

En ediciones posteriores, el profesor Charles Hapgood escribe:

“Los avanzados conocimientos de las condiciones de la corteza terres­tre ahora sugieren que las fuerzas responsables de estos movimientos en la misma, se encuentran a cierta profundidad dentro de la Tierra, más que en su superficie.

A pesar de este cambio en el carácter de la explicación ofrecida sobre los movimientos, la evidencia de que estos se produjeron se ha multiplica­do en los últimos años. Los temas principales del libro, es decir, los des­plazamientos de la corteza que se han producido, incluso en una reciente historia geológica, y’sus efectos en la formación de las características de la superficie de la Tierra, por lo tanto, permanecen inalterables”.

Cuando tiene lugar un deslizamiento de la corteza, algunos continentes se mueven hacia los Polos y otros se alejan de ellos, y una ola gigantesca cruza toda la Tierra. Los sobrevivientes no pudieron hacer otra cosa más que huir de su tierra condenada, el día en que la Atlántida se movió hacia el Polo Sur; y en este libro demostraremos con claridad que tales cosas sucedieron. Inmediatamente después de los acontecimientos, la agricultura prosperó en distintas partes del planeta. Esto, sin dudas, relaciona la muerte de un mundo con la fundación de nuevas culturas eh los lejanos continentes. Así, los atlantes estuvieron presen­tes no sólo en el origen de la cultura maya, sino también en el de la india, china y egipcia. Casi todos están familiarizados con la leyenda de la Atlántida, la tierra que desapareció en terribles terremotos de desconocida intensidad. El filósofo griego Platón tuvo noticias de ello, en el antiguo Egipto. Si todo esto es verdad, entonces tiene que haber una conexión entre las profecías maya y egipcia.

Revisé varias obras sobre cultura egipcia y sus grandes logros me impre­sionaron cada vez más.

Un caleidoscopio de templos, pirámides, obras de arte, esfinges, etc., des­filaron ante mis ojos, pero no hallé la conexión; eso fue frustfante. Les conté a varias personas amigas sobre mis malogrados intentos, hasta que uno de ellos me preguntó: “¿No has leído aún Serpent in the Sky [La serpiente'en el cielo]?” “No, ¿quién lo escribió?”

“John Anthony West. Estuvo en televisión el otro día con un documental sobre la Esfinge. Mostraron evidencia de que la Esfinge es miles de años más

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antigua de lo que siempre se ha pensado y que el secreto conocimiento de la Atlántida tal vez esté oculto justo debajo de ella”.

¡Ahí está!” pensé, si los atlantes manejaban esta importante información, entonces tenían que estar interconectados con el mundo egipcio. Empecé a leer el libro y me sorprendió que yo hubiera subestimado su inteligencia. Sus matemáticas tenían un nivel sumamente alto y el libro contiene ejemplos de ello; en verdad, me asombró sobremanera. También me enteré de que nadie logró traducir aún una parte importante de los jeroglíficos. “¡Qué pal!”, pensé, “si debo empezar aquí, esto será una tarea imposible”. Leí casi el noventa por ciento del libro, aprendí muchísimo, pero no lograba avanzar, hasta que co­mencé el capítulo denominado “Egypt: Heir qf Atlantis” [Egipto: Heredero de la Atlántida]. En él, West comenzó a investigar la edad de la Esfinge, siguiendo una sugerencia del filósofo francés R. A. Schwaller de Lubicz, quien dijo que los patrones de erosión sobre la Esfinge apuntan a ser más antiguos de lo que siempre se ha asumido. Demostrar esto se convirtió en el motivo de su vida. De ser cierto, testimoniaría que la civilización egipcia es miles de años más anti­gua de lo que comúnmente se creyó y que provendría de la Atlántida.

Estaba por terminar el libro, pero aún no hallaba nada que resultase de utilidad para mi investigación y estuve a punto de abandonarlo, cuando en la anteúltima página, algo llamó mi atención. Allí vi fotos y dibujos del zodíaco de Dendera; se lo veía radiante y misterioso al mismo tiempo. Yo nunca había sido un creyente de las predicciones de un zodíaco y su existencia casi me hacía reír. Pero entonces, en una décima de segundo, mi manera de razonar y también mi vida, cambiaron profundamente. Cada vez más perplejo miré las antiguas escrituras; eran una sublime obra de arte, algo especial y único en la ciencia arqueológica. Más aún, eran mágicas, inspiradoras y tenían cierto en­canto. Supe que Cotterell halló muchos más códigos en la tumba de Palenque, de los que alguien podría imaginar a primera vista y aquí también, tuve la sensación de que este sería el caso. Pero ¿cómo descifrar el código? Los jeroglí­ficos superaban con largueza mi comprensión, y los dibujos, aunque mucho más claros, contenían un código terriblemente difícil.

Un enigmático secreto del pasado

Esta obra de arte no fue realizada para reírse de ella y luego dejarla de lado. Muchas personas creen en las predicciones del zodíaco, por lo tanto,

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Figuras 1 y 2.

El Zodíaco de Dendera de ángulo recto, una de las creaciones más enigmáticas de los antiguos egipcios.


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asumamos que está basada en la realidad. Aceptemos también que los autores del zodíaco querían compartir parte de su sabiduría, por ejemplo, el día del fin de la Atlántida y el día del próximo cataclismo. ¡Eso debe ser! ¡No puede tratar­se de ninguna otra cosa!

¡El zodíaco predijo la fecha exacta del próximo fin de la Tierra!, y fue mi intuición la que me condujo a esta conclusión. Más adelante, claramente, lo intuido resultó ser cierto. Sentí que con gusto estaba dispuesto a dar parte de mi vida para resolver estos acertijos, aunque por supuesto no podía hacerlo solo. Necesitaba con urgencia la ayuda de un egiptólogo, pues esta era la única manera de revelar los antiguos misterios.

Pero ¿a quién convocar? Hice algunos contactos, pero ellos no estuvieron interesados. Entonces, la suerte dio un giro a mi favor. Una periodista del diario belga Het Belang Van Limburg vio un artículo sobre mí en el mayor perió­dico holandés, The Telegraph. En este artículo, yo explicaba que vivía a base de una “dieta de hambre”, consistente en frutas y verduras, con el propósito de alcanzar la mayor longevidad. Hasta ese momento, era el único en Bélgica y los Países Bajos que lo estaba intentando; en EE.UU. había fácilmente unos cien voluntarios, pero aquí el interés era escaso. La periodista decidió que quería conocerme y escribir un artículo, incluso, lo redactó ese mismo día porque al siguiente se iba de viaje. El artículo debía aparecer dos o tres días más tarde y, por cierto, yo compré el diario para el que ella trabajaba, todos los días subsi­guientes. Hasta que se desató el mayor escándalo sobre pedofilia en la historia de Bélgica. La noticia cubría todos los periódicos y mi artículo quedó de lado durante un tiempo. No obstante, el sábado 17 de agosto de 1996, compré el periódico. Coincidentemente, leí un artículo sobre astronomía en el cual se hablaba del astrónomo Gino Ratinckx, quien estaba interesado específicamen­te en la arqueoastronomía. Para ser más preciso, estaba buscando una simili­tud entre ciertas constelaciones estelares y la ubicación de antiguos templos, como las pirámides de Giza, por ejemplo, que están emplazadas de acuerdo con la constelación de Orion. Él tenía sumo intenso interés en esto. El artículo mencionaba su domicilio y número de teléfono; vivía en las afueras de Amberes, muy cerca de mi casa. Recorté el artículo y lo guardé, pues antes de establecer el contactarlo, quería leer el libro Keeper qf Génesis [El guardián del Génesis], en el cual Bauval y Hancock demuestran de manera brillante, dónde los atlantes enterraron su secretos conocimientos. Luego de leerlo, llamé a Gino Ratinckx. Esta llamada iba a cambiar mi vida para siempre.

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“Sr. Ratinckx, le habla Patrick Geryl. Leí un artículo sobre usted y me gustaría conocerlo personalmente”.

¿De qué desea hablar?”

“En el libro The Mayan Prophecies se describe cómo el autor descifró el código de los mayas. Tengo un libro con el zodíaco de Dendera y estoy conven­cido de que, similarmen^e, también contiene códigos. ¿Podría ayudarme a des­cifrarlos?”

¡Oh, eso no va ser ningún problema! Hice un estudio sobre el templo de Dendera para mi examen de arqueología”.

Al oír esto, mi corazón se llenó de gozo y le pregunté: “¿Es posible que nos encontremos para discutirlo?”

“El próximo miércoles a la noche me viene bien”.

Era lunes a la noche y, en dos días más, probablemente iba a hallar un avance real en mi investigación. Entonces le pregunté: “¿A las ocho está bien?”

“Venga a mi casa, ¡ah! y llámeme Gino”.

La primera reunión

Miércoles a la noche, ocho menos diez. Nervioso, toqué el timbre. Gino abrió la puerta. Decididamente, me resultó un hombre agradable. Me llevó al primer piso; allí esta6a su computadora, sobre un caótico escritorio. Al mirar alrede­dor vi algunos muebles antiguos muy bonitos y las paredes cubiertas con las pinturas de su esposa. Nos sentamos a la mesa y le mostré la pila de libros que había leído.

“Mire”, comencé, “según los mayas, el año 2012 deparará un desastre porque habrá un cambio en el magnetismo solar, y ahora que he visto esta foto y estos dibujos del zodíaco, por alguna razón estoy convencido de que allí hay códigos ocultos”.

“Bueno, uáted ha llegado al lugar indicado, pues yo participé de la inves­tigación sobre el significado de algunos de los códigos mayas”.

Bueno, pensé, ¡esto no podría haber resultado mejor! Entonces proseguí: ¿Tiene usted alguna idea sobre cómo podemos manejar esto?”

“Las ideas no son un problema para mí, pero sí tengo dificultad para escri­birlas; de hecho, soy incapaz de producir un libro escrito con fluidez”.

Sonreí, era justo para mí. Yo ya había escrito seis libros y en uno de ellos demostraba que la teoría de la relatividad era incorrecta. Hasta ese momento

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no lo había mencionado, pues, como Gino era astrónomo, tal vez se hubiera sentido un poco alarmado al oír que yo disentía con Einstein. Pero como pare­cía muy afable me animé y le dije: “Puede dejar la escritura para mí; ya he escrito varios libros, incluyendo uno en el cual demuestro que los quásares ¡son inconsistentes con la teoría de la relatividad!”

Esto captó la atención de Gino y con cierta sorpresa me preguntó: “¿En verdad? ¿Y puede explicármelo?”

“Usted sabe que cuando la velocidad de un objeto aumenta, su masa tam­bién aumenta, según los cálculos de Einstein. Cuanto más nos aproximamos a la velocidad de la luz, más aumenta la masa. Ahora, imagine que hay un bulto de masa increíblemente grande al final del universo. Con sus fuerzas gravitacionales “tira hacia sí” los sistemas estelares en el centro del universo. Lentamente, comienzan a moverse en su dirección. En miles de millones de años, la masa de los soles pertenecientes a dicho sistema aumenta. Por cierto, pierden masa por la radiación, pero la ganan por aumento de masa. Todos saben que cuando la masa de un planeta aumenta, la fuerza gravitacional también aumenta. En la Luna, por ejemplo, usted puede saltar diez metros con total facilidad, pero en Júpiter casi no puede moverse. Debido a este au­mento de la masa de un sistema estelar, el sistema mismo está sujeto a un continuo proceso de achicamiento. Finalmente, el sistema colapsará y se con­vertirá en un quásar”.

Gino me miró sorprendido y respondió: “Es la primera vez que oigo esta teoría, pero me parece lógica. ¿Puede darme más evidencia?”

“Si la velocidad de un sol aumentara a la velocidad de la luz, su masa también aumentaría. Todos los astrónomos saben que el lapso de vida de un sol depende de la cantidad de su masa. Cuanto más pesado es el sol, más rápido será el proceso de envejecimiento. Tomemos nuestro Sol, por ejemplo. Tiene una expectativa de vida de diez mil millones de años. Un sol con el doble de esta masa sólo tiene una expectativa de vida de ochocientos millones de años. Esto es así porque las fuerzas gravitacionales internas aumentan tanto que las reacciones nucleares se aceleran. Un sol que aumenta en velocidad y, por lo tanto, en masa, se quemará más pronto y tendrá una vida más corta. Yo la denomino la paradoja de la gravitación cuántica”.

Gino reaccionó con entusiasmo y me preguntó: “¿Existe alguna otra con­secuencia?”

“Escribí las principales consecuencias en mi libro A New Space-Time


Dimensión [Una nueva dimensión del tiempo y el espacio]. Una de ellas, bas­tante importante, es que la galaxia se está expandiendo a un ritmo acelera­do.1-2 Otra es que el noventa por ciento del universo contiene sistemas estela­res explosivos, los cuales están pereciendo, debido al aumento de la fuerza gravitacional. Desde un punto de vista estrictamente científico, la vida extraterrestre es imposible allí, por lo tanto, la vida tiene que estar limitada al centro del universo. Por cierto que esto incluye a muchos sistemas estelares, pero son muchos más de lo que todos piensan. Las series de televisión como ‘Viaje a las estrellas’ están profundamente equivocadas, pues su historia trata de mundos que no podrían existir de ninguna manera”.

“Lo que usted me está diciendo aquí podría ser cierto y si se publicara, podría provocar bastante consternación. Pero está bien, hay algo que debemos hacer primero: descifrar el código Dendera”.

Gino tomó un libro de un estante: “Pienso que tengo precisamente lo que necesita. Aquí está la decodificación de The Egyptian Book ofthe Dead [El libro egipcio de los muertos]. Hasta la fecha de publicación de este libro, nadie ha­bía logrado decodificar las veneradas escrituras. Este autor, Albert Slosman, lo hizo, y ¡quedará sorprendido por su contenido!”

Con respeto, tomé el libro en mis manos y, de inmediato, me di cuenta de que había generado en mí un intenso sentimiento. ¡Este era el indicado! Y aquí yo iba a hallar códigos de suma importancia. Esa misma noche empecé a leer la obra y hallé claves de una catástrofe.

1 Fue confirmado por los astrónomos en 1998.

2 El viernes 23 de noviembre de 1990, la televisión belga (BRT) difundió esta teoría
durante 15 minutos. En ese entonces, Patrick Geryl fue el único en el mundo que
difundió con precisión esta expansión acelerada del universo. En 1983 también predijo
correctamente que IRAS [Sat
élite Infrarrojo Astronómico (N. de la T.)] iba a encontrar
miles de millones de galaxias en el infrarrojo. Nuevamente, fue el único que hizo esta
afirmación en ese entonces. Esto se publicó en el diario belga Het Laatste Níeuws, el 11
de febrero de 1983. Su correspondencia con G. Neugebauer
del Instituto de Tecnolo­
gía de California y Peter Clegg de la Facultad Queen Mary (Universidad de Lon­
dres), lo confirma. Ambos fueron responsables de la interpretación de los resultados
de IRAS. Todos estos hechos demuestran la validez de estas teorías.



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CLAVES PARA UNA CATÁSTROFE

Leer el libro Le Livre de l’au-delá de la vie [El libro de allende la vida] no resultó nada simple. Yo no entendía francés muy bien y hasta un simple texto ya me resultaba difícil, por lo tanto, esto era mucho más complicado. Una secuencia de palabras inusuales, códigos misteriosos, sagradas escrituras y arcaicas palabras mitigaron mi entusiasmo. Tuve que leerlo siete veces para comprenderlo.

Afortunadamente, mi intuición no me abandonó y no pasó mucho tiempo antes de que yo comprendiera la importancia de algunos de los códigos. Todo el resto era menos importante para mi investigación. Lo que había leído era suficiente para poner el mundo de la egiptología patas para arriba. Las traduc­ciones del Libro Egipcio de los Muertos eran desastrosas, estaban tan llenas de flagrantes errores e interpretaciones equivocadas, que no quedaba nada de su significado original. Sólo Albert Slosman logró traducir las venerables escri­turas correctamente y yo pude distinguir con claridad sus asombrosas conclu­siones. En primer lugar, el título del libro era una versión errónea, pues debe­ría llamarse El libro de la luz y no El libro de los muertos. ¿Por qué este título? Porque describe con precisión los acontecimientos celestiales que se produje­ron durante la caída de la Atlántida. Más aún, describe cómo los sobrevivien­tes fueron guiados por el Sol en su huida a Egipto. Como lo más importante fue lo sucedido en el Sol mismo. Como el tema central de las escrituras es, en especial, el hecho de que el Sol irradiaba la luz de la luz en otras palabras, una luz increíblemente intensa; el nombre correspondiente es El libro de la luz. A fin de informar cuan razonables son los hallazgos hechos, se presentan los jeroglíficos originales junto con la traducción del primer verso:

Soy el más Elevado, el Primero, el Creador del Cielo y la Tierra, soy el Moldeador de los cuerpos humanos,

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y el proveedor de las partes espirituales. He colocado al Sol sobre un nuevo horizonte, como un signo de benevolencia y como prueba de la Alianza.

Explicación: él levantó el Sol naciente hacia un nuevo horizonte, entonces la nueva Tierra se hizo realidad.

Para hacerlo, los Mandamientos del Creador,

verificados por el más Elevado de Todos, actuando por medio de las Almas de los Antepasados, fueron transmitidos a los más jóvenes,

siendo sus cuerpos traídos nuevamente a la vida, por haber empezado a funcionar los Ocho Lugares.

En esta correcta traducción, los códigos astronómicos derraman una nue­va luz sobre el origen y la religión de Egipto. Si comparamos esta versión con las otras, las diferencias son realmente notables. Los egiptólogos tan sólo usan jerigonza.

Sin embargo, en la interpretación de Slosman uno puede hallar cosas lógicas, con un poco más de estudio. Más aún, parece que los atlantes cono­cían y usaban el zodíaco para procesar datos astronómicos.

El día de la destrucción: “He colocado al Sol sobre un nuevo horizonte”. Esta es una acertada traducción. Más adelante, en el libro se dice que el Sol “da vueltas” en el zodíaco (= cordón), lo cual significa que el Sol se mueve por los signos del zodíaco. La única interpretación correcta para esto es que no es el Sol sino la Tierra la que giraba sobre su eje. Este girar sobre el eje hizo que el Sol se elevara a un nuevo horizonte. En otras palabras, la corteza terrestre se había movido, tal como yo lo había leído en otros libros.

La teoría de la obra The Path ofthe Pole [La senda del Polo] sostiene que la corteza de nuestro planeta ha sufrido reiterados desplazamientos y que estos


se produjeron con mucha rapidez; en cuestión de días o tal vez de horas. Hapgood explica que el caparazón exterior de la Tierra se mueve de tanto en tanto, trasladando algunos continentes hacia los polos. Como resultado de sus estudios, Hapgood asevera en una nota preliminar de su libro The Path ofthe Pole:

Hasta hace una década, la idea de que los polos a menudo han cam­biado su posición en la superficie de la Tierra era considerada como extre­ma, improbable y sin sustento, siendo apoyada por gente un tanto excétrica. Nadie con cierto renombre en el mundo de las ciencias iba a tener algo que ver con esto.

Las modas cambian; actualmente, todos los libros que tratan sobre las ciencias de la Tierra dedican espacio al deambular de los polos y a los impulsos continentales.

Este libro presentará evidencia de que el último movimiento de la corteza terrestre (la litosfera) tuvo lugar en tiempos recientes, a fines de la última era glacial.

Como ya lo ha leído anteriormente, los egipcios hablan en sus textos en carácter de testigos de esos notables acontecimientos. Quedé sin aliento cuan­do empecé a darme cuenta de esto. En otra nota, hallé que este evento, “el gran cataclismo”, sucedió el 27 de julio de 9792 a.C. He aquí los jeroglíficos:

Soy la temible luz encendida

que navega por el cordón, permitiendo desde lejos, en el firmamento, que se juzguen las acciones de todos.

Explicación: Su nombre es Osiris (Orion). Descripción: Él es la semilla del contenido de todos los cuerpos humanos. Segunda descripción:



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Su nombre comanda desde lo alto las partes espirituales en los cuerpos humanos. Tercera descripción: .

El nombre del Glorioso brilla eternamente en lo infinito. Él crece todos los días

en el firmamento de las estrellas.

Explicación: el Sol feroz que se quema muestra que su campo magnético se ha dado vuelta. Esto se cumple por violentas explosiones en la superficie solar, mediante las cuales, el Sol parece “incendiarse” (ver Figura 3).

La configuración estelar de Orion está señalada como el principal culpa­ble de este acontecimiento. Juzga a las almas humanas y su supervivencia. Más adelante menciona que Orion está conectada directamente con el código para calcular el cambio del campo magnético del Sol; así tenemos entonces, el código de Orion de las pirámides de Giza. Fueron puestas ahí para advertirnos que Orion es de suma importancia para nosotros y debe ser estudiada minucio­samente. En los escritos de Ibrahim Ben Ebn Wasuff Shah, leemos: “El comple­jo de Giza fue construido para conmemorar un tremendo cataclismo en el sis­tema planetario de la Tierra, que afectó al globo, con fuego e inundaciones”.

Llamé a Gino y se lo expliqué. “Gino, te habla Patrick, tengo un problema. Según las venerables escrituras, Orion concordaría con ciertos códigos del día del cataclismo. ¿Podrías averiguar esto?”

“Ahora sí que tenemos un problema. Yo sólo puedo reconstruir en parte la posición de las estrellas y los planetas, tanto en el futuro como en el pasado. ¿Tiene alguna idea sobre qué códigos está buscando?”

“En realidad, no. No logro decodificarlos correctamente. He estado deva­nándome los sesos durante días, pero no lo hallo”.

“Bueno, sí, eso puede llegar a ser un problema; las posibilidades son enor­mes”.


Figura 3.

Antiguos textos describen un catastrófico cambio en el campo magnético del Sol.

Entonces, algo me sucedió: “Espere un minuto”, dije, “los códigos del pa­sado tienen que coincidir exactamente con los códigos del 21 / 22 de diciembre de 2012. ¡Tienen que hacerlo! Si las estrellas y planetas durante la desapari­ción de la Atlántida tuvieron cierta posición, esto apunta a una similitud con ese acontecimiento; esa era su manera de describirlo”.

Gino, de inmediato estuvo de acuerdo con mis hallazgos y se dispuso a trabajar los dos días siguientes. Pero se fue de vacaciones por más de una semana y la tarea quedó inconclusa. Me llamó a su regreso: “Tengo noticias alarmantes, Patrick, las posiciones de Orion y Aldebarán coinciden de manera precisa con ambas informaciones. Yo lo había calculado manualmente y ocu­rre tres veces en doce mil años. La otra fecha es 3114 a.C. Eso podría ser correcto porque varios pueblos, entre ellos los mayas, comienzan su era desde este punto”.

¡Allí estaba! Me sentía como si estuviera dando saltos mortales. Con esta prueba quedaba irrefutablemente demostrado que la fecha de la destrucción



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del mundo en el año 2012 provenía de los atlantes. Más aún, los egipcios tenían que conocer esta fecha también. Pero esto era para más adelante. Nadie podía negarlo: la fecha de la destrucción de la Atlántida era ciento por ciento correcta. Esto hizo del trabajo de Slosman algo incontestable de un solo golpe. El mundo egiptólogo entero podrá hacer lo que le plazca, ¡pero la Atlántida era un hecho! Y con él, también la desaparición futura de nuestro mundo. El he­cho de que yo hubiese resuelto esto tan rápidamente me dejó sin habla. Algu­nos meses después, Gino me dijo que sus cálculos no eran una prueba real, pero para entonces ya habíamos descifrado los verdaderos códigos de la des­trucción, contenidos en las venerables escrituras egipcias. Con esto teníamos la prueba definitiva de la exactitud de nuestra teoría. Media hora más tarde me encontraba observando, junto a Gino, el cielo del año 2012.

“Observe con cuidado”, me dijo Gino. “Programé el horizonte sobre El Cairo; puede ver a Venus elevándose justo sobre las pirámides, seguido de otras cons­telaciones y de Orion”.

Me dejó sin aliento. “¡Oh!”, exclamó Gino sorprendido, “aquí hay algo que se me escapó antes”.

Miré con atención el programa de la computadora y le pregunté: “¿A qué se refiere?”

“Venus pasa por los signos de la Serpiente y Escorpio; la serpiente es un importante símbolo mitológico tanto para los mayas como para los egipcios, pero el escorpión también era temido”.

“Posiblemente recibieron sus nombres por los acontecimientos de la Atlántida, o por los que vendrán en el año 2012″, repliqué.

“Es posible. De ese modo, tanto la Serpiente como Escorpio pudieron ha­berle dado un simbólico mordisco mortal a Venus, ¡y eso puede llegar a expli­car muchas cosas!”

Yo temblaba de emoción, pero también de miedo. Mi suposición parecía ser verdad, por lo tanto, la Tierra entonces iba a ser golpeada por un gigantes­co cataclismo; los códigos lo demostraban con suficiente claridad. ¡Rayos, en­tonces era cierto, después de todo! Entusiasmado con esta serie de descubri­mientos, me fui a casa. Esa noche no pude dormir; pensaba en eso una y otra vez. El cataclismo anterior había sucedido en la era de Leo (10.960 a 8800 a.C).

La Esfinge, acerca de la cual tanto se habla actualmente, no sólo tuvo un


significado astrológico o mitológico, sino también uno práctico. Fue construida por los sobrevivientes de la Atlántida para advertirnos de lo que había ocurri­do. Pero eso es sólo una parte de la historia. Esta Esfinge, junto con los otros códigos de las pirámides, tienen que brindarnos un indicio de la fecha del próximo cataclismo; y de esto trata toda la “religión” egipcia. Es un gigantesco monumento arqueoastronómico que nos dice exactamente lo que sucedió y lo que volverá a suceder. ¡No podrían haberlo hecho más grande! Aun así, lo hemos ignorado durante mucho tiempo. Ahora que ya casi es demasiado tar­de, los códigos empiezan a irradiar sus signos de advertencia. Si el mundo no va a recibir la información, la humanidad será nuevamente reducida por miles de años a un estado primitivo. Esta era mi tarea: pulsar el botón de alarma. No tenía sentido seguir esperando. Entonces, decidí comenzar un libro de inme­diato para que se publiquen las primeras conclusiones. Nadie podrá culparme alguna vez de no haber hecho nada. Sólo espero que este mensaje ominoso sea comprendido a tiempo. No pueden iniciarse los preparativos necesarios con un

Figura 4.

Los leones en dirección opuesta son un símbolo de que el Este se convirtió en Oeste y

viceversa.



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año de anticipación, pues no habrá el tiempo o el poder suficiente para que se logre el éxito en la operación de rescate más grande de todos los tiempos.

Al día siguiente de haber imaginado que la Tierra temblaba y que miles de millones de personas morían en una gigantesca marejada demoledora, empecé a escribir mi mensaje de advertencia.

Cuando el Sol pasó el décimo sexto grado del signo de Leo en el año 9792 a.C, el infierno se desató. Una luz abrasadora proveniente de aquel alcanzó la Tierra y el cielo pareció desmoronarse, pero de hecho, la Tierra se inclinó. El símbolo de los dos leones es una ilustración de nuestra evidencia.

La interpretación correcta del símbolo de los dos leones es la siguiente: al sufrir la corteza terrestre un desplazamiento, los continentes ya no se encon­traron en su posición original. Pero hay más todavía: cuando el Sol volvió a salir en el horizonte, este era un nuevo horizonte porque la Tierra se había dado vuelta. Los egipcios simbolizaron esto, agregando una cruz de asa, que es el símbolo de la vida eterna en Egipto. El Sol iría a quedarse en ese horizonte hasta el día del próximo cataclismo, después del cual puede empezar un nuevo ciclo de destrucción y resurgimiento. El profesor Frank C. Hibben describe la magnitud de la destrucción provocada por el último cataclismo, en la obra The Lost Americans [Los americanos perdidos]:

Parecería que en medio de un cataclismo catastrófico hace doce mil años, todo el mundo viviente de animales y plantas de Alaska se congeló de repente, en plena actividad, originando así un tétrico acertijo [...] Los grandes animales que le habían dado el nombre al período se extinguieron y su muerte marcó el fin de una era.

Pero’¿cómo murieron? ¿Qué fue lo que causó la extinción de cuaren­ta millones de animales? Este misterio constituye una de las más anti­guas historias de detectives en el mundo. Un buen relato detectivesco incluye seres humanos y muerte, condiciones que se hallan al final del pleistoceno. En este caso particular, la muerte tuvo tan colosales propor­ciones que daba vértigo contemplar sus rastros [...]

De los fosos de estiércol del valle del Yukón hemos obtenido el cuadro de una rápida extinción. Las pruebas de violencia allí son tan obvias como las de los campos del horror en Alemania. Esas pilas de cuerpos de ani­males o personas no ocurren simplemente porque haya intervenido un


medio natural común[...]

A través del estiércol de Alaska también hay evidencia de que hubo alteraciones atmosféricas de una violencia sin par. Los mamuts y bison­tes, por igual, fueron destrozados y retorcidos como por una mano cósmi­ca en un arranque de furia divina… Los animales fueron desgarrados y desparramados por todo el paisaje como si se tratase de hebras de paja e hilo-, aunque algunos de ellos pesaban varias toneladas. Mezclados con las pilas de huesos se encuentran los árboles, también retorcidos, destro­zados y apilados en grupos confusos; y todo esto cubierto por un fino estiércol cernido que, al congelarse, quedó en estado sólido.

Esto sucedió la última vez. Ahora nos encontramos frente al próximo ca­taclismo. ¿Será en la parte final de la Era de Piscis, la cual finaliza en 2016, o en la Era de Acuario? Estamos buscando la respuesta a esta pregunta, urgen­temente. El momento del próximo cataclismo ha sido descripto en el zodíaco de Dendera. Descifrar el código es un proceso difícil, pero estamos logrando algún progreso. De hecho, por el libro de Slosman, sabemos que la posición de las estrellas durante el cataclismo anterior tiene que concordar con su posición en el año de la próxima hecatombe. Es fácil, ¿no es cierto? Sinceramente, espero que en verdad sea así de fácil. Pero además del zodiaco simbólico hay algunos otros códigos y glifos que complican sumamente el caso. Esperamos recibir alguna ayuda de otro libro de Slosman, Les Divines Combinaisons (Las combi­naciones divinas). En él, trata de descifrar los códigos. Pero esta obra apareció sólo en una edición limitada y fue objeto de burla de los egiptólogos oficiales. La suegra de Gino está haciendo todo lo posible para conseguir un ejemplar; hemos depositado toda nuestra esperanza en ella, aunque aún no hemos teni­do suerte.

Un terrible secreto del pasado

Al comparar la información de las venerables escrituras con los datos de otros libros que he leído, muchas cosas se aclaran. Surge que una luz incan­descente alcanzó la Tierra. Según los mayas, se produciría un cambio en los polos magnéticos del Sol en el año 2012. Entonces, desde el interior del Sol, se liberarán enormes fuerzas electromagnéticas con un poder desconocido. Lla­maradas gigantes desde el Sol enviarán una descomunal onda de partículas a



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la Tierra. Este fenómeno se ha observado recientemente y se ha confirmado en dos soles. Durante varias horas exhibieron una actividad explosiva, después de la cual regresaron a su estado normal. Los astrónomos se preguntaban si este sería un acontecimiento único o si podría ocurrir más a menudo. ¡Pueden estar seguros de que volverá a ocurrir! Nuestro Sol también muestra este tipo de patrón.

Las partículas que son expulsadas harán que la atmósfera de la Tierra “entre en llamas” con un efecto verdaderamente destructivo en las Bandas de Van Alien [Ver N. de la T]*. Debido al continuo flujo de electromagnetismo, el campo magnético de la Tierra se sobrecargará, billones de partículas llegarán a los polos y se generarán desconocidas fuerzas eléctricas, en resumen, una pesadilla para todos. Cuando los polos se llenen de auroras de las partículas que caen, lo inevitable sucederá: el campo interior electromagnético de la Tie­rra se sobrecargará y estallará, siendo esto un megacircuito corto con efectos superletales. Toda la atmósfera del planeta sin una protección magnética, será bombardeada por partículas que caen. El campo magnético de la Tierra fun­ciona para protegernos, dirigiendo partículas electromagnéticas a los polos, pero esto se tornará imposible. Las partículas van a penetrar en la Tierra des­de todas partes, generando una intensa radiación, tanto en luminosidad como en radioactividad. El cielo completo podría describirse como si ardiera con toda intensidad, o como dicen las sagradas escrituras: “la luz de las luces se encuentra alrededor del mundo, ahora”. Y ese es el preludio del cataclismo. El núcleo de hierro de la Tierra es magnético; debido al desplazamiento del nú­cleo magnético, la Tierra comenzará a moverse hacia el otro lado. En conse­cuencia, la corteza terrestre exterior se desgajará, en otras palabras, quedará “flotando”, suelta, ya no estará aferrada a su “patrón”. Si usted se encuentra en el planeta en ese momento, este se inclinará unos miles de kilómetros en un par de horas. Al mirar al cielo parecerá que este “se viene abajo”, como lo describen las antiguas escrituras. Se producirán sismos gigantescos. Las lá­minas terrestres se moverán, las montañas se elevarán allí donde no había nada, partes de la tierra se abrirán y colapsarán, las montañas van a desmoro­narse, la tierra se hundirá en el océano y los volcanes entrarán en erupción en muchos lugares. En resumen, la peor de las pesadillas no podría ser tan terri-

* [N. de la T.]: Son cinturones de radiación, descubiertos por James Alfred Van Alien, físico estadounidense.


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ble para describir la destrucción de este mundo. Para saber cuan dramáticos fueron los acontecimientos hace 12.000 años, puede leer The Path ofthe Pole. Allí, Hapgood escribe:

Un número considerable de antiguas playas que ahora se hallan en grandes elevaciones sobre el nivel del mar y a veces, tierra adentro, lejos de las actuales costas, evidencian cambios verticales prácticamente dráticos en las posiciones de las masas de la Tierra. Así, el geólogo P. Negris dijo haber encontrado evidencias de playas en tres montañas de Grecia, a saber, Monte Hymeto, Monte Parnaso y Monte Geraneia, a 1.400, 1.500 y 1.700 pies, respectivamente, sobre el nivel del mar; también encontró una playa en el Monte Délos, a 500 pies.

Sobre la costa de la Baja California pueden hallarse rastros de costas “labradas” por las olas, ahora en perfecto estado de preservación, y en algunos casos, a unos mil quinientos pies sobre el nivel del mar. Estos rasgos son testimonios de las más grandes perturbaciones, producidas por los terremotos que visitaron la región en épocas recientes.

Sería posible multiplicar interminablemente la evidencia de las playas ele­vadas que se hallan en todas partes del mundo, y muchas de ellas pueden implicar cambios en las elevaciones del fondo del mar, como lo sugiere Umbgrove.

Una de las características más sobresalientes de la superficie terrestre es el gran valle producido por la falla en África. El ya fallecido Dr. Hans Cióos señaló que los elevados acantilados de una de las márgenes de este valle, algu­na vez fueron el borde del propio continente africano, no sólo el comienzo de la plataforma continental sino el mismísimo borde de la masa del continente. En algún vasto movimiento, ese costado del continente fue tremendamente eleva­do y el fondo del mar también subió con él cerca de una milla, de modo que pasó a convertirse en tierra seca. Esto es tan interesante que yo cito a Cióos, extensamente, en Conversation with the Earth [Conversación con la Tierra]:

Continentes hundidos y surgen tes.

Hay dos márgenes del continente africano y el problema fundamental aparece dos veces, a saber: ¿por qué los continentes de la Tierra terminan de manera tan abrupta y se sumergen tan empinadamente en el profundo mar? [...] Y más sorprendente aún, ¿cuál es el significado de las márgenes mon­tañosas de la mayoría de los continentes, que son altas, gruesas y en relieve?



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[...] La corta sección transversal en la larga cadena Lebombo no pare­ce demasiado impresionante, pero ilumina acontecimientos lejanos de este remoto solar de la Tierra, pues aquí queda expuesta la antigua margen del continente. No hace mucho tiempo, durante el período cretácico, el mar se extendía hasta aquí desde el Este. Y la llanura entre las colinas de Lebombo y la actual costa, es el lecho del mar elevado… Lo que vemos son los flan­cos de una curva descendente de África Septentrional hacia el océano Índico.

Pero vemos mucho más. Vemos los estratos sedimentarios seguidos por rocas volcánicas hacia el este de las colinas; algunas corren paralelas a los estratos, como torrentes o láminas derramados sobre ellos e inclina­das con ellos. Otras irrumpen por las capas de piedra arenisca, elevándo­se empinadamente desde abajo. Esto significa que, dado que el borde del continente se plegó en las colinas de Lebombo, la corteza explotó y se abrieron grietas, por las cuales la sustancia incandescente e hirviente salió disparada.

En consecuencia, la margen oriental hacia fines del período paleozoico, era una gigantesca bisagra sobre la cual se doblaba la corte­za terrestre para ser cubierta por el océano. Lo que vemos aquí es mera­mente una sección transversal [...], uno puede seguir más adelante hacia el Norte o Sur, e incluso al otro lado del continente y descubrir que gran­des franjas de esta tierra especial han tenido el mismo destino. Los océa­nos se hundieron adyacentes a los continentes, y el continente se elevó desde el océano.

Por lo tanto, queda en claro que los continentes se elevaron y se plegaron a escala gigantesca y que volverán a hacerlo en el año 2012. Esto nos retrotrae a nuestra historia. Cuando, luego de horas y horas, la onda cargada de partí­culas declina, el magnetismo del interior de la Tierra puede restablecerse. Sin embargo, los polos igual se moverán porque el que se encuentra más cerca del Sol habrá recibido el impacto completo. La corteza terrestre dejará de flotar acompañada nuevamente por apocalípticos terremotos, con partes de tierra que se derrumban, una desconocida actividad tectónica y volcanes en erup­ción. Pero entonces, como si eso no fuera lo suficientemente malo, la mayor catástrofe sucederá, pues debido a la inercia, el movimiento de los océanos no puede detenerse, por lo tanto, una gigantesca ola cubrirá la tierra. Según la

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antigua tradición, la altura de semejante ola llegó a alcanzar en muchos luga­res un kilómetro y medio. Por eso, y no sin razón, los mayas estaban horroriza­dos. Escondido en lo alto de la montaña había un templo de vírgenes quienes, luego del desastre, debían encargarse de volver a poblar el mundo.

Antigua ciencia

Esta es la ciencia de los ancestros y yo creí firmemente en ellos sin ningu­na duda. ¿Por qué? Porque nuestro campo magnético es una de las maravillas menos comprendidas del universo. En el artículo “Reversiones geomagnéticas” publicado en Science el 17 de enero de 1969, Alian Cox afirma: “Existe una incómoda falta de teorías que expliquen el actual campo magnético”. En el año 2000 nada ha cambiado. ¿Qué piensan los científicos ahora? Nuestro campo magnético es electromagnético; todo el mundo lo sabe. ¿Cómo es eso? Bueno, dado que nuestro planeta rota, el magnetismo es inducido de una manera muy similar a la inducción por el flujo de una corriente eléctrica, a través de una bobina de alambre. En otras palabras, la Tierra es una dínamo gigantesca con un polo norte y otro sur. Eso es todo. No les pregunte más, pues ¡en verdad no lo saben!

Las reversiones de la polaridad suelen ocurrir y los geólogos lo han com­probado. Sucede cada 11.500 años, pero nadie sabe por qué. Toda especula­ción conduce a una “fuerza desconocida” que produce las reversiones, pero aún no hay respuestas. ¿Incómodo? ¡Seguro que sí! Eso nos conduce al Sol, donde se observa qué poderosa puede llegar a ser una reversión magnética. Las fuerzas magnéticas son el mismísimo disparador de millones de explosio­nes nucleares en el Sol. Esto es así porque nuestro Sol es una estrella magné­tica, con un polo norte y un polo sur, además de un ecuador.

Al igual que la Tierra, el Sol rota y lo hace muy rápidamente, a más de 6.400 km por hora en la superficie, creando millones de campos magnéticos que calientan su corona a más de un millón de grados. Sólo una llama solar que explota desde un cortocircuito en un campo magnético, da tanta energía como dos mil millones de bombas de hidrógeno. Imagine semejante explosión en la Tierra y rápidamente podrá calcular la magnitud del daño.

Luego están las manchas solares. Su propiedad más predominante es su intenso campo magnético. La fuerza magnética de una mancha solar es in­mensa, 20.000 veces más poderosa que la de la Tierra. Las manchas solares

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explotan por la superficie del Sol cada once años, ese es su ciclo. Al comienzo de cada ciclo, la polaridad magnética en las manchas solares se revierte, creando gigantescas explosiones nucleares.

Eso nos retrotrae a los antepasados. Ellos habían hallado una teoría so­bre los campos magnéticos del Sol. En su libro The Mayan Prophecies [Las profecías mayas], Cotterell describe esta teoría y presenta los cálculos mayas de las reversiones en el campo magnético del Sol, estableciendo que al cabo de miles de años se produce una verdaderamente grande. Cuando eso suceda, enormes llamas solares escaparán del Sol y caerán sobre los polos de la Tierra. Y luego, ¡pum! El campo magnético de la Tierra se revertirá y esta comenzará a girar en otra dirección, convirtiéndose el polo norte en el sur y viceversa. ¿Leyó eso? ¡La Tierra comenzará a girar en sentido contrario y los polos se revertirán!

Después de leer estas advertencias, un terrible temor se apoderó de mí. Es evidente que un desastre mundial de desconocidas proporciones se está acu­mulando para nosotros. Casi toda la población de la Tierra perecerá. Europa se deslizará nuevamente a la era glacial y se tornará inhabitable, pues la co­rriente del Golfo habrá desaparecido. América del Norte será peor, pues des­aparecerá de un momento a otro bajo el hielo del Polo Sur, así como ocurrió con la Atlántida. Me desesperé tanto que pude haberme matado. Por fortuna, no tuve tiempo de hacerlo porque primero debía terminar mi investigación. No cabe ninguna duda de que esto va a suceder. En su libro The Path ofthe Pole, el profesor Charles Hapgood escribe:

He hallado evidencia de tres posiciones diferentes del Polo Norte, re­cientemente.

Durante la última glaciación de América del Norte, el polo parece ha­ber estado ubicado en la bahía de Hudson, aproximadamente a 60° de latitud Norte y a 83° de longitud Oeste.

Parece ser que se corrió a su sitio actual en medio del Océano Ártico, hace unos 12.000 años.

Los métodos para obtener datos sobre la radiación, también nos sugie­ren que el polo llegó a la bahía de Hudson hace unos 50.000 años; antes de esa fecha, se encontraba ubicado en el Mar de Groenlandia, aproximada­mente a 73° de latitud Norte ya 10° de longitud Este. Treinta mil años antes, es probable que el polo haya estado en el distrito del Yukón en Canadá.


Si el Polo Norte cambia, el Polo Sur cambia también. Hapgood escribe lo si­guiente:

Una poderosa confirmación de otro de los corolarios de un polo em­plazado en la bahía de Hudson, proviene de la Antártida. Con un Polo Norte a 60° de latitud Norte y 83° de longitud Oeste, el Polo Sur correspon­diente habría estado ubicado a 60° Sur y 97° Este en el océano que baña las costas de Mac-Robertson en la tierra de la Reina Maud, en la Antártida. Esto colocaría al Polo Sur unas siete veces más lejos del casquete del Mar de Ross en la Antártida, de lo que está ahora (ver la figura). Cabe esperar, entonces, que el Mar de Ross no se haya helado en esa época.

Precisamente, tenemos la confirmación de este hecho.

Junte la precesión equinoccial que es un desplazamiento de la corteza terrestre y las reversiones magnéticas y habrá creado un asesino colosal. Estas transportan islas y montañas más alto aún’, hacia el cielo, provocando extinciones a una escala gigantesca. Es innegable que existe un vínculo entre

Figura 5. -”-o

La senda del Polo Sur según Hapgood.

LA SENDA DEL POLO SUR



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Corteza

Corteza (10,4 km. de espesor) ~ Litosfera [incluyendo la corteza)

fzz^- Astenosfera (60 - 250 km.]

Moho

^Zonas de transición (a 390 y / 700 km.)

Capa Núcleo líquido

/ astenosfera y la baja litosfera)

/ Capa rocosa, 2.650 km. (incluyendo la

/ Núcleo líquido, 1.700 km.

¡ Zona de transición, 500 km.

Núcleo sólido ^^^

Núcleo sólido, 1.216 km. Nueva vista del inte­rior de la Tierra Vista clásica del interior de la Tierra

Figura 6.

Nueva vista del interior de la Tierra

las eras glaciales y las reversiones magnéticas. El hielo desempeñó un papel fundamental en casi todas las extinciones de la historia. Steven M. Stanley de la Universidad John Hopkins dice que el enfriamiento climático fue el “agente dominante” de la extinción cámbrica, como lo fue en el periodo pérmico, en el devónico, etcétera.

Hace poco más de cien años, la gente se asombraba ante la sugerencia de que grandes láminas de hielo con un espesor de aproximadamente 1,6 km, alguna vez se depositaron sobre las templadas tierras de América del Norte y Europa. Luego, la gente aceptó la idea no sólo de una era glacial sino de una serie de ellas. A medida que pasó el tiempo se hallaron evidencias de eras glaciales en todos los continentes, aun en los trópicos. Se descubrió que las láminas de hielo alguna vez cubrieron vastas áreas de la India tropical y del África ecuatorial. Coleman, una de las mayores autoridades sobre eras glacia­les, escribió en su libro Ice Ages Recént and Andent [Eras glaciales recientes y antiguas]:


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También se descubrió que estas láminas de hielo se distribuyeron aparentemente de una manera caprichosa. Siberia, ahora una de las par­tes más frías del mundo, no estaba cubierta, tampoco lo estaban la mayor parte de Alaska ni el territorio del Yukón en Canadá, si bien el norte de Europa, con su clima relativamente cálido, se encontraba bajo el hielo a la altura de Londres y Berlín. La mayor parte de Canadá y Estados Unidos estaba cubierta de hielo hasta la altura de Cincinnati y el valle del rio Mississippi.

Los escritores más recientes concuerdan en que la situación descripta por Coleman, en esencia es muy precisa. El profesor J. K. Charlesworth, de la Universidad de Queen en Belfast, expresa su opinión de la siguiente manera: “La causa de todos estos cambios, uno de los mayores acertijos en la historia geológica, aún no ha sido develada, a pesar del esfuerzo realizado por genera­ciones de astrónomos, biólogos, geólogos, meteorólogos y físicos”.

Coleman, quien realizó un gran trabajo de campo en África y la India, estudiando las evidencias de las eras glaciales, narra de manera interesante sus experiencias, al hallar signos de un intenso frío, en áreas donde debía trabajar bajo el abrasante calor del sol tropical:

Una calurosa tarde de comienzos del invierno, a dos grados y medio dentro de la tórrida zona en medio de un entorno tropical, era muy difícil imaginar esta región cubierta, durante miles de años, con miles de pies de hielo. El contraste del presente con el pasado era sorprendente y resulta­ba fácil ver por qué algunos de los primeros geólogos lucharon tanto tiem­po contra la idea de la glaciación en la India a fines del período carbonífero.

Después de algunas horas de trepar y martillar bajo el intenso sol africano, a 27° 5 minutos de latitud, sin una gota de agua, juntando pie­dras estriadas, y una losa de piso pulido de pizarra, me ofrecieron un contraste sumamente impresionante entre el presente y el pasado, pues aunque en el 27 de agosto aún está por comenzar la primavera, el calor es muy igual al que se encuentra en un soleado día de agosto en América del Norte. La luminosidad agobiante y la transpiración hicieron que la idea de pensar en una lámina de hielo de algunos miles de pies de grosor, en ese punto, fuera algo sumamente increíble pero muy atractivo!…]



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Por lo tanto, ahora sabemos que las eras glaciales y los desplazamientos de los polos suceden con frecuencia. En unos pocos años volverá a ocurrir. Pero aún yo tenía muchas preguntas que seguían sin respuesta, tales como: si de repente mi país es destruido, ¿cómo puedo escapar si no tomé ningún re­caudo? En la obra When the Sky Fell estaba claramente escrito que, luego del desastre de la Atlántida, se inició la agricultura en diversos lugares del mundo y con los mismos cultivos y las mismas técnicas. ¡Estos debían provenir sin duda de la misma civilización! Con intriga lo leí y me quedé pensando sobre el tema. Parecía un acertijo sin solución, algo imposible. Si su país desaparece de un plumazo, no puede levantar vuelo con una carga de cereales y construir una civilización como la de Egipto. Me era imposible resolver esto, hasta que un día recibí el libro Le Grand Cataclysme (El gran cataclismo) de Albert Slosman. Anne Papillon me lo envió desde París. Yo la había conocido dos meses antes en Amberes y le había comentado acerca de mi investigación. Entonces, ella comenzó a buscar en las librerías de París para mí y halló una copia del libro, de segunda mano. Empecé a leerlo con grandes expectativas.


EL GRAN CATACLISMO

Rara vez he leído con tanto asombro un libro. No me permitió relajarme; Slosman, en verdad sabe cómo captar nuestra atención. Desde el comienzo no se advierte al lector que esto no es una novela sino una historia real, una que pasó realmente. Fue una ardua tarea decodificar los jeroglíficos que describen los últimos años de la Atlántida. Gracias a sus enormes esfuerzos, ahora esta­mos familiarizados con los secretos de una civilización que se esfumó en un día, en un gigantesco cataclismo. En un minuto le ofreceré un breve resumen de Le Grand Cataclysme. Es chocante y se aplica directamente a nosotros. Más adelante comprenderá por qué, pero primero debe saber que el conocimiento de los atlantes sobre el movimiento de las estrellas y la posición de los planetas era muy superior al nuestro. Es de suma importancia que sepamos esto por­que nos conduce a develar sus secretos. Vea usted, ellos percibieron el fin de la Atlántida con sus conocimientos sobre astronomía. El día que la Atlántida se hundió bajo las aguas, un 27 de julio de 9792 a.C, Orion, Venus y algunas pocas estrellas y planetas más ocuparon algunas “posiciones codificadas”. Los sumos sacerdotes que escaparon del cataclismo se llevaron los conocimientos con ellos y los guardaron en el laberinto (el Círculo de Oro) en Egipto. Y allí precisamente se elaboró el plan maestro para advertir a la humanidad sobre el próximo cataclismo. Esta historia increíblemente asombrosa debe ser conoci­da en el mundo entero, porque en el año 2012 las estrellas estarán exactamen­te en la misma posición que en el año en el cual la Atlántida se hundió.


Osiris

La historia de Osiris (Orion) empieza en el año 10.000 a.C. L’An-Nu, el sumo sacerdote de Aha-Men-Ptah, reunió al consejo. Tenía noticias alarman­tes, pues con “cálculos matemáticos de las configuraciones estelares”, estaba en condiciones de calcular la fecha del fin de su mundo. Esto se basaba en los


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sucesos del cataclismo anterior, ocurrido el 21 de febrero de 21.312 a.C, cuando la Atlántida fue destruida en parte (la Tierra giró 72 grados en el zodíaco). Su mensaje fue sumamente doloroso y duro: “Hermanos, estamos hoy reunidos aquí para hablar de los aterradores acontecimientos que sufrirán nuestros bisnietos. Sin dudarlo, debemos organizar un éxodo de nuestro pueblo hacia otras regiones y esto representa un enorme esfuerzo durante mucho tiempo”. Pudo oírse un murmullo y luego una ola de protestas, pero el alto prelado era inexorable: “No me baso en las sagradas escrituras sino en combinaciones matemáticas que pueden ser comprendidas por cualquiera que lo elija. Todo movimiento de las estrellas y los planetas se produce en armonía, siguiendo las leyes de Dios. Lo que sabemos con seguridad es que las ‘combinaciones matemáticas celestiales’ tienen influencia sobre todos los organismos de la Tierra, por medio de las configuraciones que representan. Eso, por una parte. Segundo, los cálculos de mis predecesores y de los científicos de nuestra ‘Do­ble casa de la vida’ de Septa-Rerep establecen que una catástrofe de descono­cidas proporciones nos aguarda. Durante la anterior, el Norte de nuestro país se convirtió en un enorme iceberg y fueron destruidas otras partes del mundo. Esta vez, nuestro país entero desaparecerá. He recalculado lo que nuestros científicos estimaron tantas veces con anterioridad, y lo único que podemos decir es que nuestro país desaparecerá por completo bajo las aguas. No queda­rá nada, y si no se toma ninguna medida no habrá nadie que pueda contar la historia de nuestra patria, porque pertenecerá al reino de los muertos”.

La mayoría de los oyentes permanecían en silencio, pues estaban impre­sionados por lo que acababan de oír. Uno de los miembros más ancianos inter­pretó la conmoción general: “¡No dudo del poder de sus palabras! Es lógico que si aceptamos este gran cataclismo como algo que sucederá con certeza, aquí debemos discutir el éxodo con calma. Pero esto significa la construcción de cientos de miles de barcos, sin mencionar toda la comida que se necesita para millones de personas. Se requiere la intervención de varias generaciones de preparativos”.

L’An-Nu volvió a hablar: “La ley celestial determina la armonía de los cie­los y el movimiento matemático de la Tierra a lo largo del tiempo. Sobre la base de esto, ‘aquellos que saben de números’, podrán determinar la fecha exacta y la ley causante de la catástrofe. Se producirá el 27 de julio de 9792 a.C, dentro de 208 años y será inevitable. Por lo tanto, apresúrense, honorables miembros del consejo, a tomar las medidas necesarias para que dentro de dos siglos

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todos puedan abandonar estas tierras e iniciar una segunda patria. Los prime­ros signos de lo que nos aguarda ya son visibles en el horizonte, donde el Sol está más rojizo a su salida. Aquí concluyo mi argumento, el Este tendrá color rojo, tan rojo como nuestra sangre, porque nuestro imperio pertenecerá a los muertos”.

Esto produjo el efecto deseado. A partir de ese día, empezaron a tomar las medidas precautorias necesarias para llevar a cabo un éxodo sin fallas.

Los años transcurrieron. En 9842 a.C. nació el primer hijo del rey Geb y la reina Nut. Era un varón y su madre le puso el nombre de la constelación que dominaba el cielo meridional, es decir, Osiris u Orion. Estaba predestinado a convertirse en el gobernante 589° de Aha-Men-Ptah. (Posteriormente, Aha-Men-Ptah fue llamada Atlántida, por los filósofos griegos.) En 9841 a.C. nació su hermano Seth y un año más tarde, sus hermanas mellizas Isis y Nepthys. Todos amaban a las dos niñas, pero Seth se comportaba como un pequeño tirano. Envidiaba el éxito de sus hermanas y estaba sumamente enojado por no ser el heredero del trono. A Isis le gustaba reír y a menudo se la veía en compañía de Osiris. El rey Geb observó una estrecha relación entre los dos y decidió que se casaran. En presencia de una gran audiencia, el matrimonio fue solemnizado. Seth estuvo ausente, dado que estaba furioso cuando se enteró del casamiento. En un rapto de ira, se marchó luego de amenazar con vengar­se y cometer fratricidio.

De la unión entre Isis y Osiris nació Horus. Mientras tanto, Seth se dedicó a reunir un ejército cada vez más grande. Muchos de sus rebeldes se irritaron al tener que realizar las medidas coercitivas que les infligían para el cataclismo venidero, rehusándose a seguir participando de las tareas por algo en lo que ellos no creían. En esos tiempos difíciles, Osiris se convirtió en el nuevo gober­nante, a los treinta y dos años de edad. Era 9805 a.C, y faltaban trece años para la fecha del cataclismo. Osiris, inmediatamente tomó medidas para ase­gurarse la fidelidad de los otros estados del país. Formó un ejército que no sólo tendría que conquistar a los rebeldes, sino también proteger los puertos y los depósitos de almacenaje. Miles de botes se guardaron, luego de haberse dado cuenta de que muchos de ellos se habían ido y ahora servían como madera para hacer fuego. Una profunda reorganización tuvo lugar para que pudiera lograrse una tranquila evacuación de aquellos que permaneciesen leales.

El resto de la tierra era un caos causado por Seth. Hubo una increíble cantidad de material a utilizarse en el éxodo que se tornó inútil, se demolió, se

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rompió o fue robado. Seth ejerció una dictadura criminal y provocó el terror, demostrándolo cuando envió de regreso a dos embajadores del palacio, decapi­tados, en sus ataúdes. Su mensaje era claro: “No voy a negociar”.

Sólo quedaban tres años. Horus tenía 24 años cuando su tío incorporó su séptimo estado y ordenó la inmediata destrucción de 4.000 “Mandjits”. Estos barcos a prueba de hundimientos, ¡deberían asegurar la supervivencia de 30.000 personas de esa provincia! Luego de este insensato aniquilamiento hubo un impasse por unos tres años. Un par de semanas antes del cataclismo, Seth intensificó su ataque vigorosamente. En la noche del 26 de julio pudo hacerse con la capital, por sorpresa. Sin duda, todos estaban preocupados por el cata­clismo venidero que interfería con las medidas que debían adoptarse para la defensa.

El resultado fue desastroso. Hubo saqueos y asesinatos; sólo el palacio real no fue tomado. Seth discutió con sus capitanes la estrategia necesaria, pero decidió no atacar porque sus tropas estaban demasiado ebrias y en este estado no iban a hallarse en condiciones de conquistar las tropas de élite, que se encontraban bajo el mando de Horus. La oposición también supo que Seth no tomó prisioneros y que ellos iban a luchar con todo su vigor por sus vidas. Entonces pensó en una treta. Envió un mensajero al palacio para ofrecer una rendición honorable, con la condición de que Osiris en persona viniera a fir­marla. A pesar de las advertencias de Geb, Nut e Isis, el rey decidió ir. Dejó la defensa en manos de su hijo Horus. Lo escoltaron seis hombres y un oficial. Osiris condujo hasta el lugar del encuentro, pasando por las ruinas en llamas de su capital. Antes de que pudieran reaccionar, las lanzas penetraron los corazones y las cabezas de sus escoltas y los hombres fueron brutalmente asesinados. El rey apenas había sido herido y fue conducido a una habitación donde Seth, con sus oficiales comandantes, lo aguardaban con impaciencia. Convencido de su triunfo, Seth miró a su hermano con arrogancia, en tanto que este sólo lo observaba con profunda tristeza. Entonces, una ira irracional lo invadió. Tomó la espada de uno de sus capitanes y la clavó en el cuerpo de su hermano; ni un sonido se oyó de los labios de Osiris. Luego, le ordenó a sus capitanes que hicieran lo propio. Osiris murió sin emitir un solo sonido. Seth miró a su alrededor, notó que allí había una piel de toro y arrojó el cuerpo aún tibio sobre ella, atando las dos partes que la constituían. Después, ordenó a sus capitanes que arrojaran el “paquete” al mar. Los peces carnívoros y los cangrejos se darían un festín con él.


Figura 7.

Jeroglíficos de las vidas de Isis y Osiris.



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En el palacio, Nepthys, que tenía el don de la videncia, vislumbró los trá­gicos acontecimientos. Luego de comunicárselos a Horus, este decidió lanzar un contraataque. En muy poco tiempo reunió a dos mil hombres, les explicó lo ocurrido y les informó qué se esperaba de ellos. Con sus corazones llenos de enojo, comenzaron el ataque, matando instantáneamente a cada rebelde que encontraron a su paso. Pronto arribaron al lugar donde habían asesinado al padre de Horus. Eran espectadores de una escena apocalíptica: estaba lleno de cuerpos a los cuales se les había dado muerte de una manera bestial, pero Osiris no estaba allí. Horus continuó con la reconquista y pronto recibió re­fuerzos de los habitantes y de las otras brigadas. Justo antes del atardecer, la capital fue liberada, ¡pero completamente destruida!

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Figura 8.

Osiris retomó su lugar a la diestra de Dios, lo cual indica que la Tierra se dará vuelta.

En el momento en que el Sol debía elevarse sobre el horizonte, no sucedió nada.

Era el 27 de julio de 9792 a.C. y ese sería el último día de la Atlántida. Apareció un ocaso irreal, sin sol ni cielo; una bruma rojiza, sofocante, de difu­sa claridad a causa de su espesor, fue tendiéndose como un manto parejo que no sólo absorbió todos los sonidos sino también la luz del Sol. La respiración se hizo difícil debido al profundo olor a muerte que dominaba la atmósfera. En todo el continente, la gente comprendió que lo inevitable estaba por desenca­denarse. El instinto de supervivencia afligió a todos con un intenso temor del

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drama que estaba por venir. No hay palabras para expresar el pánico que se desató. En los anales está registrado en detalle y puede comprenderse el pandemónium descripto, al pensar en el temible panorama que la gente debía enfrentar. La mañana transcurrió sin que nadie estuviera en condiciones de precisar la hora, porque el Sol permaneció invisible detrás de la sofocante niebla, que se tornó color rojo sangre.

Horus comprendió que este era el fin de su país. También se dio cuenta de que si la desesperanza de su pueblo era así de enorme, mucho peor iba a resultar con los rebeldes. Entonces, decidió aprovechar esta situación y ases­tar un golpe definitivo a las tropas de su tío. Brevemente, explicó esto a sus comandantes, quienes se entusiasmaron mucho con la idea. Les prometió a los soldados que podrían irse a tiempo con sus familias. El asfixiante silencio de la bruma estaba enloqueciendo a las tropas y, debido al olor insoportable y a este rojizo fenómeno, casi perdieron la razón. Como consecuencia, se produ­jo un violento encuentro con el enemigo, algo que pareció casi un sueño, pues la borrosa bruma aún impedía una clara visión.

Entonces, la furia celestial se hizo conocer en su omnipresencia; suaves terremotos pusieron fin a la batalla. Nadie pudo ganar porque todos iban a perecer. Muchos fueron arrojados al suelo con sus cuerpos temblorosos a cau­sa de las siniestras oscilaciones. Esto se prolongó con igual intensidad, mien­tras la bruma impenetrable parecía aclararse.

En el palacio, Geb asumió el mando nuevamente. El monarca anterior no tenía otra alternativa, pues su hijo estaba muerto y Horus aún no había toma­do su juramento. Basándose en las leyes reales, decidió iniciar de inmediato el éxodo general. Debieron abandonarlo todo, sin ninguna esperanza de recupe­rarlo. Primero se envió la orden al puerto para poder empezar con las acciones y medidas planificadas y evitar, en lo posible, el pánico. Los soldados reales estaban todos allí para facilitar la partida del pueblo que estaba a punto de huir.

En el puerto real había miles de “Mandjits”, cuya característica principal era que no podían hundirse. Estaban rigurosamente protegidos y a bordo te­nían equipos completos de supervivencia, como por ejemplo, botellas de agua, tortas de cebada, cereales, etc. Se había practicado la evacuación hacía tiempo y esta había funcionado sin fallas. En un breve lapso, cientos de miles de personas se embarcaron. A su vez, comenzó la evacuación de la familia real y de los sumos sacerdotes. Todos se dirigieron a los botes que ya habían sido

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designados con anterioridad. Para estas personas, las medidas que se habían tomado hacía años, ahora estaban rindiendo sus frutos. El sumo sacerdote, con calma, impartió sus órdenes, las cuales fueron acatadas al pie de la letra. Un gran contingente de seguidores pusieron los tesoros a salvo; nadie tenía la menor idea del alcance de la catástrofe, aunque todos se imaginaban lo peor.

A ciento sesenta kilómetros, los antiguos volcanes que tenían más de mil años de antigüedad se reactivaron. Con un enorme poder arrojaron rocas, tierra y polvo al aire, y la bruma volvió a tornarse espesa. Una lluvia de piedras más pequeñas y pedazos de toda índole cayeron sobre la capital y el puerto; como consecuencia de ello muchas personas fueron heridas o murieron. En medio del pánico que sobrevino, perdieron el autocontrol y comenzaron una verdadera carrera hacia el puerto. Todos arrojaron lo que llevaban consigo, para poder escapar más rápido. Cualquier indicio de pensamiento humano fue reemplazado por un puro instinto animal de supervivencia. Los soldados fue­ron atropellados por esta estampida de personas. La turba saltó a los barcos de papiro que estaban recubiertos con resina y betún para impermeabilizarlos y hacerlos indestructibles. El terror causado por los horribles e inimaginables acontecimientos hizo que la gente olvidara toda noción de seguridad. En lugar de subir a bordo en un número no mayor a diez por barco, luchaban por subir en los primeros Mandjits a su alcance. Cientos de barcos se hundieron junto con sus pasajeros ni bien zarparon, o incluso antes de hacerlo. Miles de des­afortunados murieron en el puerto, el cual ya no iba a subsistir por mucho tiempo más.

Desde lejos se podía oír los volcanes otra vez, que arrojaban lava al aire. El resto de la aterrorizada población que permaneció en tierra, pereció en un torrente de fuego. Cientos de miles de litros de un infernal fuego líquido, halla­ron su camino en los pueblos y las ciudades, destruyendo y cubriéndolo todo a su paso.

En medio de este terrorífico curso de los acontecimientos, Nepthys e Isis buscaban el cuerpo de Osiris. Nepthys condujo a su hermana a través de la bruma de la invisibilidad. De los soldados que los acompañaban sólo quedaron tres. Dado que la “vidente” tenía grandes dificultades para concentrarse en el lugar exacto donde se encontraba el cuerpo envuelto en el cuero del toro, la búsqueda se hacía muy difícil. El pánico omnipresente y los miles de cadáve­res complicaban su tarea. Al parecer, eran los únicos que aún permanecían vivos en este inmenso cementerio, donde las aves, otros animales y las perso-

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ñas habían muerto. ¿Valía la pena seguir buscando, si de todos modos iban a morir?

Eso era exactamente lo que se preguntaba Seth. Luego de los primeros temblores, la parte principal de sus brigadas partió; los que se habían reído incrédulos ante el profetizado final de su mundo, se apresuraban a escapar de su desobediencia a las leyes de Dios, aunque para muchos ya era demasiado tarde. Seth se dio cuenta de que esta rebelión contra las leyes celestiales ha­bía, incluso, acelerado el proceso inevitable. Se quedó solo, estupefacto y sin comprender qué había sido de su honor y su reino perdidos.

Horus les dio a los hombres restantes la libertad de partir en orden y decidió quedarse a la zaga y buscar a su tío, para matarlo en venganza por su padre. Ahora había dos hombres en el bosque, cuyas cabezas estaban atibo­rradas con los trágicos sucesos, sabiendo ambos que uno debería matar al otro a ñn de sobrevivir.

Una vez más, la furia celestial se desató. El tumulto en el puerto ahora estaba en su punto máximo. Cientos de miles se empujaban en la densa niebla para poder abordar alguna nave. No había soldado que pudiera cumplir con su deber en esta masa de gente que se atrepellaba camino a la muerte. Las prime­ras filas simplemente fueron echadas al agua. En ese momento, los rebeldes que aún quedaban llegaron al puerto. Con una despiadada violencia se abrie­ron paso hacia los botes. Todo el que se interponía en su camino era arrojado al agua o asesinado, luego de lo cual, los soldados se arremolinaron frente a los barcos. Pero a causa de su miedo, cometieron los mismos errores que aque­llos que los habían precedido, pues sobrecargaron los botes con demasiados hombres. En cuestión de segundos se hundieron y los ahogados se unían a las pilas de cuerpos flotantes. Otros se dirigieron al puerto real donde se llevaba a cabo el éxodo con toda calma, pero con gran apuro. Los rebeldes provocaron un gran derramamiento de sangre y enfilaron hacia el mar en barcos hurta­dos. Afortunadamente, el sumo sacerdote y su familia, junto con otras naves que también transportaban a sacerdotes, ya habían partido. Debido a la densa niebla, no les era posible ver u oír nada acerca de este criminal episodio en el último día de su reinado.

Mientras tanto, los comandantes se acercaban unos a otros sin que se dieran cuenta. La niebla los hacía invisibles e inaudibles entre sí. Seth miró a su alrededor cuando una ráfaga de viento rasgó la niebla; entonces vio a Horus, que estaba meditando a unos veinte metros de distancia. Lluno de odio y sufri-

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miento, con el deseo de matar al hijo de su hermano, dio un paso adelante. Otra vez la Tierra temblaba y se expandía una temeraria sinfonía, cuya fantasmal imagen era pesada y siniestra. La lava volvía a correr, continuando su destructivo trabajo. Los árboles se quebraban como si sólo fuesen pequeñas ramas y luego ardían en llamas. El fuego rugiente mataba todo lo que encontraba a su paso, tanto vegetal como animal. Nada podía escapar a eso. Un desagradable olor acompañaba todo ese panorama. Seth, quien en ese momento se encontraba sólo a tres pasos de su sobrino, cayó presa del miedo; un pánico irracional se apoderó de él y atacó sin pensar. Su grito se perdió en el ruido atronador del bosque envuelto en llamas, cuando su espada rozó el hombro de Horus; con otro golpe le pegó a la cara de su sobrino. Horus estrechó sus manos frente a su rostro y pronto estas comenzaron a sangrar. Seth estaba seguro de su vic­toria y se escapó, tratando de huir del torrente de lava que se aproximaba. Aunque Horus aún estuviera vivo, con seguridad iba a morir en ese torrente de fuego fantasmal. Unas enormes nubes ardientes provenían de la lava, la cual serpenteaba emitiendo monstruosos silbidos. Cada vez se acercaba más al hijo de Osiris quien, solo y muy herido, había quedado a merced de los cielos. Había perdido su ojo derecho y el otro estaba lleno de sangre, tenía una rodilla destrozada y un hombro roto, pero aún estaba vivo, aunque no podía ver ni moverse. Sabía que el infierno se cernía sobre él y tenía la esperanza de que Isis y el resto de su familia hubieran podido escapar a tiempo. El arroyo hir-viente llegó a los árboles cercanos y los destruyó en apenas unos segundos. Un profundo suspiro se escapó de sus pulmones y sintió el intenso calor que en breve lo iría a quemar hasta convertirlo en cenizas. Entonces se produjo el milagro. Horus yacía sobre un afloramiento de granito, dado que la lava no podría pasar por allí; más bien sólo podría rodearlo, dejándolo a salvo por algún tiempo.

En la costa, por fin Nepthys tuvo éxito. Divisó una pequeña bahía con una enorme higuera. Allí, en una rama que se encontraba sobre el agua debería estar colgado el cuero que guardaba el cuerpo de Osiris. Se comprobó que esto era cierto. Isis suspiró con alivio, pues al final, su demora en abandonar esta tierra había tenido su recompensa. Las dos hermanas, con cuidado tomaron el cuero y los soldados lo colocaron en uno de los pequeños Mandjits que había por ahí abandonados. Al cabo de un corto intercambio de ideas, la reina le ordenó a su hermana que se uniese a su familia junto con los soldados. Isis se fue sola en busca de su hijo, quien era el heredero legal del reino que ahora se

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Figura 9.

Jeroglíficos que describen la pelea entre Horus y Seth.


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había perdido y llegó al palacio real donde Geb y Nut se disponían a partir. Habían estado aguardando las noticias de su hijo y nieto, desesperadamente. Confrontados con la resoluta decisión de Isis de buscar a su hijo, Geb impartió sus últimas órdenes. Sin más demora, Nut y los restantes jefes debían irse, siendo su lugar de destino, allí donde terminaba el parque y empezaba el ca­nal. Dos fuertes galeras que eran lo suficientemente resistentes como para navegar por los mares más bravios los aguardaban. Un nuevo país iba a nece­sitar una nueva madre, señora de un nuevo cielo, la cual, en ausencia de Osiris y Horus, debía enseñarles a los sobrevivientes cómo vivir en su segunda patria. Su nombre sería Ath-Ka-Ptah, cuyo significado literal era “Segunda Alma de Dios”, el cual luego sería cambiado fonéticamente por los griegos por Ae-Guy-Ptos (o Egipto, en castellano).

Nut, a quien no le había gustado tener que dejar a su amado, fue arrastra­da por los incontrolables elementos. Una enorme explosión en el centro de la capital sacudió a los sobrevivientes, impeliéndolos hacia el caos. Geb, que ha­bía decidido acompañar a su hija, se apoderó de varios caballos para poder moverse lo más rápido posible. En cuanto vio todo ese daño y caos, dudaba de que Horus aún estuviera con vida. Pero Isis no quería oír hablar de abandonar la búsqueda. Con confianza lo alentó a continuar, aunque no era una tarea fácil en medio de la niebla. De repente y de la nada, empezó a aclarar y por primera vez hubo luz ese día. La actividad volcánica en la distancia, habiendo lanzado miles de toneladas de lava, se detuvo y un silencio sobrenatural los rodeó. ¡Esto tendría que ayudarlos a encontrar a Horus! Pero ¿dónde buscar­lo? Isis extendió sus brazos hacia el cielo y rezó: “¡Oh, Ptah-Hotep, rey de los cielos, abre tus esclusas y deten el fuego; salva al hijo de tu hijo! Ordena que este día del gran cataclismo no se convierta en el día del gran luto. Oh, Ptah-Hotep, rey de la tierra, ordena que el gran arroyo abra todas sus reservas!”

Seis mil años después, esta plegaria está cincelada en todas las tumbas del valle de los reyes de Luxor, y también en Dendera. Y en los anales del libro The Four Times [Las cuatro veces] se lee: “La plegaria de Isis fue respondida y una lluvia rojiza se esparció sobre la tierra, como si la sangre de los muertos se hubiera desparramado sobre la tierra rasgada”. Al cabo de algunas horas, la lava se había enfriado y para Isis y Geb era difícil trepar por ella. La reina, desesperada por la tristeza, no sabía qué camino elegir en este desolado paisa­je. Como su padre, estaba completamente mojada y exhausta, y apenas podía moverse Ljor entre las rocas endurecidas. Entonces, Isis vio el cuerpo que esta-

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ba buscando… ¡y parecía moverse! Lágrimas de alegría brotaron de sus ojos. Horus pensó que estaba alucinando, pues no podía ser que su madre estuviera tan cerca. Pero una mano lo tocó y una voz amorosa le habló: “Ya no tengas miedo hijo mío, Dios me mostró el camino para llegar a ti y salvarte”.

Isis, en su mano, juntó un poco de agua que brotaba de la roca y lavó la sangre del ojo que Horus no se había lastimado, entonces él pudo ver a su madre y también lloró de alegría. Trató de pararse, pero se hubiera caído pesa­damente si su abuelo no lo hubiera sostenido, a raíz de su rodilla destrozada. Con la ayuda de Isis, lo tomaron por los hombros y muy despacio lo llevaron hacia los caballos que aguardaban pacientemente. Allí, Geb habló con una voz que no admitía réplica alguna: “Isis, debes irte de inmediato, Osiris escondió un Mandjit bajo un techo en el Lago Sagrado. Apresúrense los dos para llegar allí y vayanse lo más rápido posible al mar abierto. Hay sólo un par de remos a bordo y les resultará fácil partir. Yo soy prácticamente un peso muerto para ir con ustedes; además, aún debo arreglar algunos asuntos en el palacio. No piensen en mí, ¡es una orden! Sólo piensa en tu hijo. Ahora, vayanse”.

¡Pero, padre!”

¡Vayanse, es una orden!”

Era imposible oponerse a su decisión e Isis se fue, con su otro caballo detrás de ella. Durante la travesía le habló a su hijo de manera alentadora. Ella sabía que el sufrimiento debía ser insoportable y trataba de hacerle olvidar el dolor por un momento. Llegaron al barco sin ninguna dificultad. Isis se sentó en el lugar de los remos y comenzó a remar con vigor hacia el estrecho, donde probablemente podría cambiar por un barco más grande y Horus podría ser cuidado por otros sobrevivientes. Luego de haber pasado el canal grande y el pequeño, se produjo el primer choque sísmico verdadero. La tierra fue arrojada hacia los cielos, mientras una intensa luz destellante atravesó el cielo antes de desaparecer en las aguas, en dantescas llamas saltarinas. Horus no se dio cuen­ta de ninguna de estas convulsiones de la tierra, pues estaba inconsciente.

Durante ese día día que aparentemente nunca llegaba a su fin (27 de julio), el destino de Aha-Men-Ptah quedó sellado. En el extremo meridional del continente que se hundía, flotaban los Mandjits considerados como impo­sibles de hundirse y ahora había llegado el momento de probar su reputación. En Occidente, el cielo aún brillaba con un color púrpura, a causa de los acon­tecimientos producidos por el cataclismo. Pero ¿en verdad era el Oeste? Se avecinaba una tormenta, en tanto olas de varios metros de altura se estrella-

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ban contra los Mandjits. El agua entraba por los huecos de las embarcaciones haciendo difícil que estas se mantuvieran derechas. Luego de un período rela­tivamente tranquilo, la violencia volvió a desatarse. Esta vez fue un ciclón y algunos de los barcos de papiro se hicieron trizas. En estas enormes masas de agua, los capitanes sobrevivientes de los barcos trataron de luchar contra el terror de la naturaleza. Aún no habían sobrepasado el límite de lo imposible. En el cielo púrpura que ahora estaba tranquilo, de repente vieron salir el Sol con movimientos abruptos y lo observaron con angustia. Se aferraron a las barandas de los barcos para cerciorarse de que todavía estaban a bordo. Unos minutos más tarde, el Sol volvió a desaparecer y sobrevino la noche. Para su asombro, las estrellas también adoptaron ese ritmo rápido; luego la Luna apa­reció y se movió con tal velocidad por el cielo que parecía que iba a chocar con la flota. La noche entera sobrevino en menos de una hora. Nadie sabía qué estaba sucediendo, nadie podía decir si este día sería seguido por otro o no. El

Figura 10.

Esta es una de las ilustraciones fundamentales, escritas en las paredes de los templos egipcios. Muestra el escape de Osiris, Horus e Isis. A la izquierda está la inundación y a la derecha, los Mandjits casi destruidos. En el medio la reina Nut. Ella los protege.


horizonte se mantuvo color carmín, con una claridad sobrenatural, fantasmal y enigmática. Todos pensaban que su final había llegado, como así también había llegado el fin del mundo, por obra de titánicos terremotos. Todo se había ido, excepto la bruma.

En el horizonte la calma reinaba otra vez. Un chorro de piedras incandes­centes fue arrojado en la lejanía y el mar turbulento se encendió. Mientras caía una lluvia de fuego, los sobrevivientes se dieron cuenta de que habían presen­ciado las últimas convulsiones de Aha-Men-Ptah. Para muchas personas era demasiado duro de creer, pues por generaciones y generaciones su tierra ha­bía sido el centro del mundo y ahora se caía a pedazos, mezclándose con las aguas que se elevaban, abandonándolos. Los que tenían buena vista pudieron ver a través de una niebla púrpura que las últimas montañas habían desapa­recido bajo las aguas. ¡Nada había quedado! ¡Nada!

Este hundimiento elevó el nivel de las aguas. Una ola gigantesca, de doce metros de altura y varios kilómetros de ancho se aproximó envolvente hacia ellos, destruyéndolo todo a su paso. Cientos de personas fueron arrojadas al mar pero, afortunadamente, muchos se habían atado a los mástiles, con las sogas que colgaban de las velas. Isis y Horus estaban atados sujetos en su barco per­dido, igual que Nepthys y Nut y sus compañeros. ¡Y Seth también! Él se las había ingeniado para escapar y ahora buscaba a los “Hijos de la Rebelión”.

Mientras tanto, Horus empezó a diseñar estrategias tratando de olvidar su insoportable dolor. No iría a salvarse permaneciendo en su barco; a fin de sobrevivir, debía elegir un lugar de destino donde pudiera desembarcar sin peligro. Se preguntaba cómo podría suceder todo esto. Del “Maestro de las Combinaciones Matemáticas Celestiales” había aprendido que la Tierra era una esfera, igual que la Luna y el Sol. La observación, seguida por minuciosos cálculos de figuras geométricas formadas por los planetas y los cuerpos celes­tiales, habían revelado una única ley universal, la cual condujo a este gran cataclismo. Pero la Tierra iba a seguir existiendo, aunque fuera .destruida en su mayor parte por los acontecimientos. Esto era algo esperanzados

De repente, Horus se dio cuenta de que los Mandjits no se mantendrían a flote. Habían sido tratados con betún y este ya se estaba derritiendo a causa del calor. Pronto comenzarían a tener filtraciones y desaparecerían en las pro­fundidades. Después de este descubrimiento, volvió a dormirse y llenarse de sueños. Se preguntaba por qué los sacerdotes apuntaban a la falta de creencia como la causa principal del cataclismo. ¿Acaso su Creador no sentía ninguna



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piedad por ellos? Él tendría que empezar todo de nuevo para poder compren­derlo. Un grito de su madre lo devolvió a la realidad. Abrió el ojo que le queda­ba, que por cierto tenía severas heridas, y a través de la bruma preguntó: ¿Hay algún problema con los Mandjits, madre?”

“No, es el día, el cual aparentemente está comenzando por el lado correc­to”.

¿Por el lado correcto? ¡Eso es imposible! Eso sería posible sólo si estuvié­ramos en la dirección equivocada”.

“Por cierto que es el Este, Horus, porque hay tierra visible en el Oeste”.

El nuevo acertijo dejó a Horus perplejo; ya era hora de encontrar una solución para todos estos acontecimientos apocalípticos. Un clamor angustio­so provenía de todos los barcos cuando vieron este inexplicable movimiento del Sol. Todos estaban aterrorizados. Pero el día transcurrió con el Sol del lado equivocado, sin que nada sucediera y la paz fue restituida. Isis se cambió la ropa y fue reconocida por su pueblo. Cuando estuvieron cerca, ella habló con voz estentórea: “Les hablo a todos, si están dispuestos a vivir en paz con Dios, quien los creó a su imagen, entonces una segunda patria los aguarda: Ath-Ka-Ptah. Allí, los rayos de un segundo Sol se encargarán de nuestra resurrección”.

En otro barco, Nepthys pensaba. En la proa se encontraba el cuerpo de su querido hermano, envuelto a salvo en el cuero del toro. De repente ella “vio” ¡a una persona muerta!, algo que no tenía cómo explicar…

Entonces se llenó de regocijo; comprendió que un milagro se había produ­cido. Frente a ella, Osiris apareció en el cielo estrellado. ¡Él, que había nacido como un Dios y asociado con esta constelación, renacía en el cielo! Su Padre, para hacerles saber de su omnipresencia en toda circunstancia, ¡le dio vida otra vez a su Hijo!

Nepthys no sabía por qué, pero de pronto se sintió llena de confianza en sí misma.

Aquí la historia de los muertos de la Atlántida llega a su fin. Todos los hechos estarían entretejidos más adelante en la religión egipcia.

La constelación de Orion nombre con el cual Osiris fue designado, hallará su imagen en la Tierra en las tres pirámides de Giza. El hecho de que Orion (Osiris) volvió a “despertar” en el cielo estrellado, se convertirá en la fuerza conductora que sustenta la religión estelar egipcia. Todos los posterio­res faraones que fueron sucesores quisieron “renacer” en la bóveda de estre­llas, como lo había hecho su ilustre predecesor. Por eso, las pirámides están


Figura 11.

Osiris, Amo de las Dos Tierras: Aha-Men-Ptah y Ath-Ka-Ptah.

construidas a semejanza de las estrellas; la culminación del ciclo real de nacer de nuevo. En esencia, una religión basada en estrellas se generó a partir de la creencia de que los reyes muertos se convertirían en almas estelares. ¡Esta religión iba a durar más de 9.000 años!

Los faraones se consideraron a sí mismos como los seguidores de Horus reencarnado, el Viviente. Cuando murieran, renacerían a fin de poder elevarse a las estrellas. Todos los funerales tuvieron lugar en la margen occidental del Nilo, donde la comarca de las pirámides simbolizaba el área que rodeaba a Orion en las “orillas” de la Vía Láctea. El traslado de los cuerpos muertos a la °rilla opuesta del Nilo era un simbólico pasaje ritual del alma hacia el otro lado del Nilo celestial (la Vía Láctea), donde se encontraba el paraíso celestial y



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donde Osiris empuñó el cetro. Ahora todos pueden comprender por qué: Orion (Osiris) fue el primer rey-Dios que resucitó, ¡por eso el monumento erigido en su nombre es la mayor obra “arqueoastronómica” de la resurrección que ja­más haya existido!

Los puntos cardinales en esta brújula eran importantes en este ritual, pues el Sur marcaba el comienzo del ciclo, el Oeste el inicio de la muerte sim­bólica en el momento en que la estrella desaparecía en el horizonte; el Este simbolizaba el renacimiento de la estrella. Todo esto es una reminiscencia de los acontecimientos del día del “Gran Cataclismo”. Aparte de eso, hay centena­res de cosas que podrían simbolizar la religión y los hechos interconectados. Por ejemplo, en Heracleópolis, se ofrendaba un toro por día para que tomaran su cuero; en el templo de Dendera, el cuero del toro simbolizaba la mayor santidad. El ojo perdido de Horus puede hallarse en el pecho de todos los faraones, etc. En Egipto, también es posible encontrar “arcas” de la Atlántida.


LOS MANDJITS DE LA ATLÁNTIDA

Del capítulo anterior sabemos que los sobrevivientes de la catástrofe tu­vieron que agradecer por sus vidas a los Mandjits, que tenían fama de perma­necer siempre a flote. Naturalmente, sus descendientes iban a incluir este gozoso suceso en su religión. El descubrimiento de embarcaciones en medio del desierto, sólo representó una fuente de problemas insuperables e inexpli­cables para los egiptólogos. En mayo de 1954, el arqueólogo Kamal-el-Mallakh halló un pozo en el lado sur de la Gran Pirámide, de 31,5 metros de largo y 23,5 metros de profundidad. Dos metros debajo de eso, encontró bloques de piedra caliza, algunos de los cuales pesaban más de quince toneladas. Debajo de este techo de piedra se encontró un bote de cedro, desarmado. Tardaron catorce años en reconstruirlo, pero el resultado valió la pena, pues resultó ser una nave de 43 metros de longitud, del mismo tamaño que tenían las que eran usadas por los vikingos para cruzar el Atlántico. El hallazgo provocó muchos interrogantes entre los egiptólogos. Si este barco había sido construido por armadores que tenían conocimiento de navegación en el mar abierto, entonces ¿quiénes eran ellos? Según la historia ortodoxa, los egipcios fueron nómadas durante algunos siglos antes de la construcción. ¿Dónde habrían podido ad­quirir los conocimientos en el desierto para construir embarcaciones para na­vegar en el mar? Por cierto, podría decirse que los faraones sólo los usaban en los rituales, pero aun así, ¿de dónde obtuvieron el diseño? Preguntas, pregun­tas y más preguntas. Por supuesto, ya sabemos que la única respuesta lógica es que provenía de sus antepasados, los cuales usaron embarcaciones simila­res para escapar de su país. En 1991 el misterio fue aun mayor para los egiptólogos. En Abydos existe uno de los edificios más antiguos de Egipto, el Osireion. Según el profesor Naville, quien descubrió la estructura en 1914, este enorme edificio fue un gran depósito de agua que se llenaba cuando subía el rio Nilo. El templo cercano de Seti estaba dedicado a Osiris. Los textos de la



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Figura 12< Oroníeus Finaeus, mapa de la Antártida, Oronteus Finaeus de la Antártida.


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pirámide dicen lo siguiente sobre el tema: “Tú has muerto, pero vivirás de nuevo. Ve al lago y sigue por el canal a Abydos”.

Una vez más, vemos aquí la conexión con los acontecimientos que habían sucedido casi doce mil años antes. Osiris (Orion) se encontraba en una bahía y fue transportado por el mar. Luego, él “despertó” en el cielo. Si echamos una cuidadosa mirada al mapa estelar, veremos que la Vía Láctea se encuentra situada próxima a la constelación de Orion. En Egipto se asociaba al Nilo con la Vía Láctea (o el mar de estrellas), por lo tanto, la historia es correcta en todos sus detalles. Una reconstrucción de estos datos nos ofrece la siguiente histo­ria. Orion, que está en la pirámide, debe ir al lago y desde allí, al Nilo en dirección a Abydos. Naturalmente, esto sólo puede hacerse por barco. Y ¿qué encontramos a un kilómetros hacia el Noroeste de Osireion? Exactamente doce grandes barcos. ¿Por qué doce? Es probable que haya una conexión con el zodíaco. En la publicación The Guardian, del 21 de diciembre de 1991, leemos lo siguiente al respecto: “Una flota de barcos reales de hace cinco mil años fue hallada a 31 kilómetros del Nilo. Los expertos dicen que los barcos, que pue­den variar en longitud de 15 a 18 metros, son los primeros barcos reales de Egipto y los más antiguos que se hayan encontrado”. Ocultas en sus sepultu­ras de ladrillos, las embarcaciones probablemente fueron colocadas primero sobre la arena del desierto. La capa de tiza blanca alrededor de los sepulcros permitía que, bajo el Sol, se advirtiera su brillo desde lejos. Los investigadores también convinieron en que los barcos pudieron soportar las peores condicio­nes climáticas en el mar. Sin embargo, eran 500 años más antiguos que el barco de la pirámide. Otro sorprendente misterio fue que los mismos barcos se hallan representados en pinturas murales que son 1.500 años más antiguas. Los egiptólogos aún no logran resolverlo. Pero nosotros sí que lo sabemos, pues los atlantes eran una nación con muchas habilidades como navegantes que hasta trazaron un mapa perfecto de la Tierra. Sabían todo acerca del mo­vimiento de las estrellas y los planetas, y este conocimiento era necesario para que sus marineros pudieran navegar hacia otros países. En su libro The Paíh ofthe Pole [La senda del Polo], el profesor Charles Hapgood escribe:

Todo investigador serio debe conseguir un gran mapa moderno de la Antártida, ya sea el que produjo National Geographic Society o el que pre­paró American Geographic Sociely, que es más elaborado y más moderno. En ese gran mapa debe seguir la costa, comparándola con el mapa de


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Oronteus Finaeus y esta tabla. Estoy seguro de que llegará a la conclusión de que la concordancia entre los mapas antiguos y modernos está com­pletamente más allá de toda probabilidad de coincidencia. Como un comen­tario final sobre esta extraordinaria evidencia, diré que aunque está com­probado que este mapa ya existía en 1531, no hubiera sido posible dibujar uno con semejante precisión en los tiempos modernos, hasta la invención del cronógrafo en el reino de Jorge III, alrededor del año 1780. Este instru­mento primero hizo posible la determinación exacta de la longitud. Conclu­sión: el mapa es una evidencia de una adelantada civilización perdida.

Con este conocimiento y gracias a los Mandjits, los atlantes pudieron es­capar al cataclismo; a ellos les deben sus vidas. Por eso el éxodo a través del mar seguía repercutiendo miles de años más tarde. A causa de esto, mucho después se construyeron enormes barcos de piedra y con las mismas exactas proporciones; algunos fueron descubiertos en Abusir y Saqqara, en el camino a Giza, con sus proas apuntando hacia el Oeste.

El barco en Abusir mide cerca de 30 metros y es un verdadero monumen­to. El nombre que había sido cincelado en él en jeroglíficos es lo suficientemen­te claro: “Padre de Osiris”. en otras palabras, ¡Dios! Este Mandjit fue construi­do por orden de Ni-Osiris-Ra, faraón de la quinta dinastía, cuyo nombre signi­fica, “Descendiente de Osiris y del Sol”. La orientación del barco es Oeste-Este, con la proa apuntando hacia el Oeste, donde el Sol actualmente “está tranqui­lo”. La amarra, al igual que sus otras partes, habían desaparecido, pero el barco conservaba su excelente estructura. El notable casco de la embarcación, capaz de soportar los mares más bravios, muestra una ingeniosa disposición de líneas, igual que los Mandjits de papiro.

El barco de piedra de Abusir. por lo tanto, es tan importante como los de madera. Entonces, desde aquí hago un llamado urgente a los egiptólogos para que se ocupen del alto valor simbólico de todos estos barcos.

Cuando uno tiene una de estas embarcaciones delante de sí y conoce la historia del éxodo, entonces soñar despierto es casi inevitable. El inolvidable espectáculo de los miles de Mandjits dirigiéndose al mar durante el cataclismo, pronto aparecerá en su mente. Sin estos navios, Egipto nunca hubiera existido como lo conocemos hoy. Sin ellos, Isis, Horus, Nepthys, el sumo sacerdote y su familia e innumerables personas, no hubieran podido escapar. Dado que la civilización actual se basa completamente en la egipcia, sólo seríamos una



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Figura 13.

Réplica de un pequeño Mandjit.

cultura primitiva, ni siquiera cercana a la presente.

Sólo quiero dejar aclarado lo importantes que estos Mandjits fueron. Su existencia hizo posible que se nos revelaran los secretos de la Atlántida, siendo primordial en esto, el hecho de que los sacerdotes pudieron predecir el día del cataclismo con ayuda de las “Combinaciones Matemáticas Celestiales”. Este día se está acercando a pasos agigantados. Como sucedió antes, tendremos que construir una flota de modernos Mandjits para sobrevivir a la catástrofe. La conciencia de esto hará despertar a los egiptólogos, confiriendo a dichas embarcaciones su merecido lugar en la historia. De hecho, todos los historia­dores deberían proceder así. Después de todo, yo inicié y terminé el primer capítulo, señalando que justo a posteriori del último derrumbe en el cual la Atlántida se destruyó—, la agricultura apareció en diversas llanuras elevadas, en el mundo. El botánico ruso Nikolai Vavilov se ha dedicado a un profundo estudio sobre esto, habiendo ubicado ocho centros agrarios diferentes, donde se usaron los mismos semilleros. La pregunta que yo formulé (¿cómo hicieron los atlantes para escapar con las semillas, si su país fue destruido en un día?), aquí está resuelta definitivamente: ellos sabían de antemano que esto iba a suceder, entonces construyeron barcos y se encargaron de repoblar el mundo. Por esa razón hay tantas personas en esta tierra en la actualidad y estamos enfrentando el mayor cataclismo de todos los tiempos. Aún queda la pregunta última y esencial: ¿cómo hicieron para saber que esto sucedería? Y esto nos conduce a la próxima sección.


_ Parte II _

Evidencia cié tronó mica


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EL DESPLAZAMIENTO

DEL ZODÍACO

Todos conocen el zodíaco. Este vocablo es griego y significa “círculo de animales”. Consiste en doce sistemas estelares que forman un círculo alrede­dor de la Tierra. Esto puede graficarse simplemente en la ilustración.


Figura 14. El zodíaco.


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La Tierra “parece” moverse por el zodíaco, de dos maneras. Para compren­derlo, debe mirar las agujas del reloj; verá que giran de Este a Oeste. Esto puede verificarse observando al Sol. pues sale por el Este y se pone en el Oeste, debido a que la Tierra gira en el sentido contrario de las agujas del reloj, es decir de Oeste a Este. Al cabo de 24 horas, o un día, completa un giro comple­to- Para el zodíaco esto da como resultado lo siguiente:

Durante un día. el zodíaco aparentemente gira alrededor de la Tierra,
aunque de hecho es la Tierra la que gira alrededor de su eje. Cuando
uno dibuja un círculo a su alrededor, se para en él y luego gira, se
obtiene el mismo efecto; es así de simple.

Durante un año, la Tierra da un giro completo alrededor del Sol, ha-

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ciendo un círculo de 360 grados. Esto significa que parecería que el zodíaco ha completado un gran círculo alrededor de la Tierra en un

ano.

Si mira al Sol desde la Tierra y sigue este punto, notará que atravesa­
rá un signo zodiacal luego de treinta y cinco días aproximadamente
(365+ 12 = 30,4).

Más aún, el círculo astronómico de 360 grados se divide en doce sig­
nos de 30 grados cada uno (12 x 30 grados = 360 grados).

Si le cuesta seguir esto, no entre en pánico. Le pediré un poco de esfuerzo mental, pero de una manera tan sutil que no tendrá que volverse loco. A partir de mañana, se levantará antes del amanecer todos los días. ¿Qué? Lo estoy escuchando gritar, diciendo que eso le hará enloquecer. Eso ya lo sé, mi esti­mado lector, pero permítame terminar mi historia. Instálese sobre un techo y mire a través de binoculares oscurecidos o un telescopio, en dirección hacia la salida del Sol. Trate de olvidar su rigidez y su malhumor matinal, y espíe las estrellas, en el Este, allí donde sale el Sol. ¡Y no olvide oscurecer sus binoculares o podrá quedarse ciego! Sí, sí, rezongue un poco, pero mientras tanto, apunte los binoculares hacia el sistema solar que se eleva antes que el Sol. Ya lo sé, la ciencia del fin del mundo no es fácil. Si tiene suerte, verá este mismo sistema salir antes que el Sol durante los 30 días siguientes. Después, saldrá otro signo del zodíaco. No es difícil observarlo, sólo requiere mucho esfuerzo. Tal vez se pregunte por qué me molesto tanto con esto. Mi respuesta es que luego de la destrucción del mundo en el año 2012. podrá fastidiarse con miles de otras cosas; se lo garantizo.

Bueno, ¿dónde estaba con mi historia? ¡Oh, sí! Cada mes podrá observar un sistema del zodíaco salir antes que el Sol. Esta es una parte de la historia. La otra son las cuatro estaciones. ¡Las conozco! Tal vez grite, y luego podrá sumar verano, otoño, invierno y primavera: 10 sobre 10 diré yo. Pero ¿sabe usted en verdad cómo llegó a ser así? Es probable que sus mejillas se estén sonrojando de vergüenza, aunque no debe sentirse de ese modo. Se lo explica­ré rápidamente. La Tierra enfrenta al Sol en forma oblicua. Cuando el Norte está más alejado del mismo, es invierno en el hemisferio norte. En Australia, nuestras antípodas en el hemisferio sur, es verano en ese momento y vicever­sa, por supuesto. Cuando el Polo Norte (es decir, el hemisferio norte que inclu­ye Inglaterra, Holanda, Bélgica, EE.UU., etc.) gira hacia el Sol, este se coloca


alto sobre el horizonte. Entonces hace más calor porque los rayos solares sólo tienen una corta distancia para viajar por la atmósfera. La razón por la cual usted sufre bajas temperaturas en invierno también es fácil de explicar; el Sol está en una posición baja y los rayos deben viajar un largo camino. Estos pierden gran cantidad de energía y usted acaba usando un gorro, encerando sus esquíes y bajando haciendo slalom por la montaña nevada. Bueno, bien podría decir que se siente como un verdadero astrónomo.

Felicitaciones, le respondo yo, pero ese no es el final de la historia.

Cada año, el 21 de junio empieza el verano en las regiones del norte. Ese día, el Sol alcanza su punto máximo en el cielo y todos sabemos que es el día más largo con la noche más corta. Lo opuesto se aplica para nuestras antípo­das, pues para ellas es la noche más larga y empieza el invierno. En el trans­curso de un año se producen otros dos acontecimientos destacables: el mo­mento en el cual el día y la noche son iguales en ambos hemisferios, o equinoc­cio. El equinoccio de primavera de un hemisferio es el de otoño en el otro.

“Puedo entender todo eso”, le oigo susurrar nerviosamente. “Siga contan­do su historia”. Bueno, cálmese estimado lector, porque me estoy aproximan­do al climax. La gente de la Atlántida y otras antiguas civilizaciones eran muy inteligentes. Ellos emplearon astrónomos que tomaron nota diariamente de las posiciones del zodíaco. Luego de muchos años, pronto descubrieron que había algo que no concordaba. Lenta, muy lentamente, otro signo estelar em­pezó a elevarse el primer día de primavera (cuando el día y la noche tienen la misma longitud). Habían quedado tan impresionados con esto que le dieron distintos nombres a los diversos signos estelares. La Era de Piscis termina y durante el equinoccio de primavera el Sol empezará a elevarse contra la nueva formación de Acuario. En la obra musical Pelo [Hair] cantan sus alabanzas en la canción “La Era de Acuario”.

En las últimas décadas, este fenómeno ha tenido gran influencia en la popularidad de la “nueva era”. Enorme cantidad de libros y discos compactos se han editado sobre el tema. Sin embargo, uno olvida que la “antigua sabidu­ría” creó muchos mitos alrededor de esas ocasiones. Sabían que la desorienta­ción de los sistemas estelares no durarían para siempre y contenían un desas­tre en sí mismos. Por lo tanto, encubrieron innúmeras advertencias en códigos que develarían el giro ultralento de la Tierra alrededor del eje polar. Para ellos, el movimiento del eje polar equivalía a la caída de un árbol en el mundo, al final de cada era. Vimos el resultado de esto en los dramáticos sucesos de la



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Figura 15.

El zodíaco.

Atlántida. Es un hecho irrefutable que la Era de Acuario está desorientada. Desde el 100 a.C. aproximadamente, el equinoccio de primavera se ha movido lentamente por Piscis y ahora está empezando su curso por el segundo pez de este signo. Sólo en 2813 alcanzará el mismo grado de longitud que la estrella Beta Piscium en la cabeza del pez; y aunque no seamos demasiado precisos, no llegaremos a la frontera de Acuario antes del año 2300. ¿Apunta esto a una

catástrofe inminente?

En Egipto, el zodíaco era “sagrado”. Siempre que una nueva era comenza­ba, se reconstruían los templos, jardines, estatuas, esfinges, etc., para que encuadraran con la misma. Los arquitectos paisajistas (hijos e hijas de Ptah, arquitecto del cielo y de la tierra) tuvieron que rediseñar todo, para que se correspondiera con los cambios radicales de la “era de la precesión”. Cuando la Era de Tauro llegó a su fin, los arquitectos y constructores empezaron a trabajar. Los templos, esfinges, estatuas, etc., que estaban dedicados a Tauro tuvieron que ser derribados. Después de eso, todo debía estar de acuerdo con la nueva Era de Aries. Por ejemplo, en Luxor se construyeron senderos com­pletos con esfinges. Ellas aún están allí, porque cuando la Era de Aries termi­nó y la actual Era de Piscis empezó, la civilización egipcia había desaparecido. Por lo tanto, el faraón no pudo impartir instrucciones para erradicar los rema­nentes de la era previa y reemplazarlos por obras nuevas. Estas intervenciones no deben ser subestimadas. Un templo construido con miles de piedras, algu-

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ñas de las cuales pesan varias toneladas, no puede derribarse con facilidad. Picar filas enteras de jeroglíficos y relieves no es tarea fácil, pero a los egipcios eso no les importaba. Ellos eran profundamente religiosos y sentían una extre­ma consideración por el zodíaco. Alrededor del año 2100 a.C, el equinoccio de primavera 3e corrió hacia el signo de Aries. Fuentes históricas revelan que el nombre de “Mentoe”, o Tauro, desapareció y fue reemplazado por el Carnero de Amón (hombres). Los faraones agregaron el nombre de Amón a sus nombres, a saber, Amenhotep, Amenophis, Tutankhamón. En una de las salas del templo de Akh-Menor en Karnak, la cual es parte del templo de Amón, está escrito: “Palacio de retiro para el Alma majestuosa, Alta sala de Aries que viaja por el cielo”. La razón por la cual los egipcios consideraban al zodíaco tan importan­te, puede hallarse en la historia de Aha-Men-Ptah o Atlántida. De diversos tabloides y textos sagrados, Albert Slosman pudo reconstruir la era de este país. Empezó unos 26.000 años antes de la llegada a Egipto. El primer rey es Ptah-Nou-Fi, quien escribió las primeras “Combinaciones Matemáticas Celes­tiales” en rollos de cuero. En 864 años, el Sol había pasado por doce grados del zodíaco en el “cordón” que va de un lado al otro de la Tierra. Al signo estelar que luego desapareció lo nombró Khi-Ath, o “Juez de los Corazones”. Él justi­ficó este nombre porque para decidir la diferencia entre el bien y el mal, se pesaban los corazones de las personas en ese periodo. No mucho tiempo des­pués, le dio a este signo estelar el nombre de “La Balanza” (Libra).

Cuando leí esto por primera vez, no presté atención a los números men­cionados. Unos meses más tarde, habiéndolo releído varias veces, algo sucedió de repente. Un círculo mide 360 grados; doce grados es un treintavo de esto: 360 + 12 = 30. Multiplicando 864 por 30 da como resultado 25.920. ¡Esta es la duración de un ciclo zodiacal completo! También 12 es igual al número de signos del zodíaco. Entonces, estos números representaban un código deter­minado. Aún iba a tardar meses antes de poder descifrar el código que en verdad es simple. Lo explico algunas páginas más adelante, dado que ahora continuaré con la historia de Aha-Men-Ptah. Teniendo en cuenta que una nue­va era había comenzado, Ptah-Nou-Fi le asignó el nombre de su madre,quien lo había engendrado en una joven “virgen”. Le sucedieron setenta y un reyes durante 2.592 años. En ese tiempo, la civilización evolucionó y aprendió a vivir en armonía con el ritmo celestial. El descendiente 73° era aún joven cuando fue coronado. En el mismísimo momento de esta pomposa consagración, vino Un león para perturbar esta tradicional ceremonia. El joven monarca soltó su

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corona y corrió tras el animal. Era un hermoso ejemplar macho y le puso el nombre de Er-Kai, que significa “fuerte cerno un león”. Cabe destacar que los griegos volvieron a nombrarlo Heracles y nosotros lo cambiamos por Hércules en nuestro idioma. Pasaron los siglos en esta Era del León. Luego de que el Sol llegara a su grado 32°, se produjo el desastre. Masas de tierra se hundieron, los niveles del mar se elevaron de manera catastrófica, el Sol corrió a la deriva en el cielo y la Tierra giró alrededor de su eje hasta detenerse en el signo de

Leo.

Después de esto, los movimientos del Sol, las estrellas y los planetas fue­ron seguidos rigurosamente. El León no sólo se convirtió en el símbolo de la fortaleza sino también de Dios y del Sol. Luego de 1.440 años, el signo de Leo quedó atrás y el mundo regresó al signo de la Virgen. La reina de ese periodo dio a luz a un hijo, Ath-Aha-Ptah, quien perfeccionó la escritura para anotar mejor los mandamientos celestiales. Los 2.592 años que el Sol pasó en este signo sólo trajeron paz y justicia. Muchas ciencias, al igual que la agricultura, alcanzaron la perfección. Entonces empezó la Era de Libra, la cual en esta oportunidad cumplió su período esperado de 1.872 años sin problemas. Fue una época dorada porque todos respetaron las leyes celestiales que estable­cían que una vez al año, el Señor administraría justicia en las disputas exis­tentes. Todos se avenían a sus veredictos, por lo tanto, casi no existían contra­dicciones. Por este motivo, el cambio a otra era fue considerado con gran in­quietud. Esta constelación aún no tenía nombre, lo cual aumentó la sensación de incertidumbre en los círculos reales.- A medida que la fecha del cambio se aproximaba, el malestar fue creciendo. Las alteraciones en la fuerza de la luz de algunas estrellas fueron consideradas como malos presagios. En el año 16° de la Nueva Era, el rey murió aplastado y cuando su palacio se derrumbó, nadie entendió qué había sucedido. Su hijo, que estaba en otro edificio, sobre­vivió. Sin embargo, cuando el pueblo quiso investirlo al día siguiente, él se había suicidado. Los sacerdotes, al sentir el dedo de Dios apuntándoles, le pusieron el nombre del escorpión a este signo estelar, dado que este animal a veces comete suicidio. De allí en adelante, un primo del rey ascendió al trono y reinó como un verdadero tirano. Sesenta y un reyes lo sucedieron, pero todos estos reinados estuvieron marcados por la injusticia y las continuas batallas. El último rey el número 64 se rehusó a casarse, aunque estaba rodeado por bellezas femeninas. Murió sin dejar descendientes y las luchas por la suce­sión fueron muy sangrientas, librándose crueles enfrentamientos durante se-


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manas. Un pariente lejano se ingenió para salirse con la suya sin ninguna piedad, de modo que no sólo mató a los otros posibles candidatos, sino tam­bién a sus padres, amigos y familiares. Los sacerdotes administraron el jura­mento sin protestar, lo llamaron Maka-Sati o Arquero, y decidieron nombrar también así a la nueva constelación regente. Este rey organizó una caza en el bosque, al noroeste del palacio. En esos días, era un acontecimiento suma­mente peligroso, ya que cazaban mamuts. Por lo general, esos animales pacífi­cos que se alimentaban sólo de plantas, cuando eran perseguidos se asusta­ban y su enorme peso aplastaba todo cuanto encontraban en su camino. Dado que la caza incluía una especie extraordinaria de animales gigantes, no es sorprendente que atrajera a muchos espectadores. Sólo ocho cazadores más se animaron a acompañar al nuevo rey, y no llevaron consigo más que sus arcos y flechas; la audiencia invitada observó el espectáculo desde las terrazas del palacio.

El monarca y los cazadores se acercaron al borde del bosque. De repente, dos mamuts cargaron en su dirección, a la cual habían sido conducidos por los perseguidores que habían llegado al bosque desde el lado opuesto. El rey tiró de su arco tan rápido como un rayo y disparó cuatro flechas en unos pocos segundos. El primer animal fue herido entre los dos ojos y cayó a unos pocos centímetros del monarca; el segundo mastodonte cayó exactamente de la mis­ma manera, pero contra el caballo del rey. ¡Los otros cazadores ni siquiera tuvieron tiempo para hacer un solo movimiento! Todos los espectadores obser­varon esta proeza con admiración; sin duda alguna. Dios apoyaba al rey. A partir de ese día, honraron al rey como el caballo humano con flechas invisi­bles. Durante dieciséis generaciones, fue sucedido por sus descendientes. El último. Maka-Aha-Sati, condujo un reino de terror como nunca se había visto antes y dominó a su pueblo por 64 años. Allí fue cuando el Sol llego a los 10° de Sagitario. En el lapso de un día, se produjo un desastre geológico seguido por una ola gigantesca. ¿Qué había sucedido? En pocas horas, el eje de la Tierra se había movido unos 72 grados hacia el signo de Acuario y este fue el nombre que unánimemente le asignaron a la nueva era. ya que el agua lo había inun­dado todo. Sólo quedó una parte de Aha-Men-Ptah luego de este cataclismo, habiendo desaparecido el resto bajo el hielo. Todo esto fue también tan impártante que los sacerdotes expandieron más todavía sus estudios de las “Combinaciones Celestiales”. Las palabras del Dr. David D. Zink, autor de la obra The Ancient Stones Speak [Las piedras antiguas hablan], acudieron a mi



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mente: “Los cambios presenciados en los cielos y asociados con estas catás­trofes condujeron a los hombres de la antigüedad a una precisa observación de los cielos … el comienzo de la astronomía fue motivado por la supervivencia, no por la superstición”.

Sin duda, lo era. El templo de la “Casa de la Vida” fue fundado luego de este día fatal: 21 de febrero de 21312 a.C. Los “expertos en números” iban a estudiar las leyes celestiales por más de 11.520 años. Dos mil años antes lanzarían una advertencia sobre la catástrofe venidera. En el año 10000 a.C. el Sumo Sacerdote anunció los planes finales para el éxodo que se avecinaría en su amado país. Dentro de 208 años, lo inevitable iba a suceder. Por sus códi­gos, nos daremos cuenta de lo inteligentes que eran. Puede encontrar varios de ellos en la Figura 16.

Figura 16.

La Atlántida fue parcialmen­te destruida luego del cata­clismo del 21 de febrero de 21312 a.C. El Norte que­dó enterrado en el Polo Norte que ya existía en ese entonces (el circulo indica la región polar). El desplaza­miento de la Tierra, ocurri­do el 27 de julio de 9792 a.C, enterró a la Atlántida (después de los cambios de los polos) completamente debajo del Polo Sur.


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LA DURACIÓN DEL CICLO ZODIACAL

En la descripción de la Atlántida se ha ocultado un código; ¿cómo será este? Simple, sólo un mensaje numérico podría ser comprendido, por lo tanto, en eso debería basarse, evitando los cálculos complicados. Entonces, la divi­sión, la multiplicación, la resta y la suma son las opciones más lógicas. Los códigos eran simples y debían conducir cómodamente a un resultado fácil de entender. Aprendí del libro Fingerprints ofthe Gods [Las huellas de los dioses] que el punto decimal podía ignorarse, lo cual significa que 2.592 es tan correc­to como 25.920.

Como el Popol Vuh original (el manuscrito sagrado de la tribu quiche de los mayas), la historia de la Atlántida contiene claves para sus profecías de destrucción. Los que escribieron la historia eran los “amos del universo”, tam­bién mencionados en el Popol Vuh:

Estaban dotados de inteligencia, podían ver y, de hecho, veían lejos al instante, lograban conocer todo lo que hay en el mundo. Al mirar podían saber de inmediato todo lo que había a su alrededor, y contemplaban por turnos el arco del cielo y la redonda faz de la Tierra. Lo que estaba oculto, todo lo veían sin tener que moverse, y al mismo tiempo veían el resto del mundo, desde donde estaban. Su sabiduría era grande.

Con esto en mente (escondido del investigador y el pensador), empecé a trabajar. Los atlantes tenían un razonamiento lógico pero también les gustaba jugar” con los números. Entonces, es absolutamente necesario adoptar su Patrón de pensamiento, a fin de hallar su manera de razonar. Su punto de Partida es que sólo los seres humanos inteligentes pueden romper su código. Las primeras señales de esto se encuentran en la historia de su creación, re­contándose a diez mil años atrás. Cuando uno es lo suficientemente inteligen-



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te como para hallar los primeros códigos que se encuentran allí, también está en condiciones de descubrir todos los restantes, porque su manera de pensar ya le resulta familiar. Al principio esta es una importante adaptación. Trate de comprender la lógica siguiente y ya habrá logrado manejar una parte sustan­cial.

Hay dos números que describen la “creación” de la Atlántida: 864 y 12, y con estos puede calcular varios otros. Si sigue usándolos en sus cálculos, llegará a los 25.920 años, que es el período del zodíaco entero. Usted ya lo ha probado con anterioridad, pero ahora lo hará de otra forma, para aprender a comprender la manera de razonar de los atlantes (todos aquellos interesados en las matemáticas vean el Apéndice).

Aún hay más. Sus números encendieron mi curiosidad y, por deducción, hallé números de códigos de la astronomía de precesión. Mis hallazgos han demostrado que existe un código oculto lleno de claves y de matemáticas inconfundiblemente inteligentes. Emite señales sobre referentes de tiempo es­pecíficos, que vinculan el pasado con el presente y el presente con el futuro. Al decodificarlo, se determinó que un ciclo de precesión es de alrededor de 25.920 años al principio. Con este razonamiento, se puede demostrar que ellos sabían que cuando la precesión cambia a 25.776 años, el fin de un ciclo se aproxima, ¡y esto es lo que sucede ahora!

Más adelante veremos que los textos funcionan como el software para los acontecimientos reales y los monumentos como el hardware. Teniendo esto en cuenta, decodificamos el código más valioso del Libro de los Muertos. La precesión es muy importante en esto, por lo tanto, no sobrestime tales hallaz­gos porque todos digan lo mismo: el fin de un gran ciclo está muy próximo. ¡Sólo nos quedan unos pocos años!

En otras palabras, utilizaron sus mitos como vehículos de información técnica específica y fueron capaces de transmitirnos esa información. Lo que los motivó era lógico, es decir, la supervivencia de la raza humana. Casi todo lo que sabían que tenía importancia provenía de las estrellas. Estaban suma­mente preocupados por la astronomía y le prestaban una inmensa, firme y minuciosa atención a las estaciones, los solsticios y equinoccios. Esos olvida­dos Newtons y Einsteins estaban obsesionados con las medidas, las cuentas y los números, codificándolos en sus mitos. Los colocaron en poderosos núme­ros astronómicos y de nosotros depende “explicar” la codificación de la precesión


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de los equinoccios.

Nuestros principales descubrimientos son los siguientes: Un ciclo completo de precesión de 25.920 años nunca existe. A mitad de camino del ciclo, el mismo es abruptamente quebrado. Cuando un ciclo alcan­za los 25.776 años de precesión, tomará la otra dirección, entonces el Este se convertirá en el Oeste y viceversa. Este mecanismo explica el desplazamiento de los polos y la destrucción de la Atlántida, y nosotros seremos destruidos por el mismo mecanismo. Para comprender esta decodificación, vea también los otros capítulos; es la misma matemática e igual de simple (vea el Capítulo 23, El Códice Dresden Decodificado).

La precesión y el campo magnético

Los científicos concuerdan en que la precesión afecta nuestro campo mag­nético. Lo están estudiando intensamente y muchos convienen en que la in­tensidad del campo magnético aumenta y declina en un ciclo. Y sabemos que la precesión cambia junto con el campo magnético. Durante los últimos 2.000 años, la fuerza del campo bipolar mantenga la respiración ha decaído en un 60%. Esto significa que estamos experimentando un precursor de un nue­vo intento de reversión, y podría suceder en cualquier momento. Normalmen­te, la intensidad magnética decae de manera gradual, pero hacia el final cae como una piedra. Robert Coe averiguó que el campo magnético de la Tierra se había revertido a una tasa sorprendentemente rápida de ocho grados por día (o más rápido), del mismo modo que una lamparita de luz brilla con menos inten­sidad si gira la perilla que regula la luz. Luego, como un reóstato gigante en­cendido, vuelve a brillar. Pero el Norte se convierte en el Sur y viceversa. En medio de esto, fluctúa notablemente. En la publicación Nature, Coe dijo: “Se produjeron rápidas fluctuaciones, muchas veces, durante la reversión”. Y más adelante especula: “Es probable que una actividad aumentada del campo mag­nético externo … del Sol, produzca los saltos de alguna manera”. (”Nueva evi­dencia del cambio extraordinariamente rápido del campo geoma^nético du­rante una reversión”. Nature, 20 de abril de 1995.)

Con esto en mente, es bueno saber que este día se aproxima en forma acelerada. Según sea hacia dónde se incline la Tierra, el mundo se inundará y ‘a mayoría de los animales y personas se ahogará de manera catastrófica, e en la obra Visud-dhi-Magga, libro de la antigua India: “… hay siete



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eras; cada una de ellas está separada de la anterior por una catástrofe mun­dial”. Más aún, leemos que el libro fue escrito para preservar y transmitir la sabiduría del mundo antediluviano.

Lo mismo puede decirse de los textos Edfú. Reymond, en su magistral estudio denominado Mythical Origin ofthe Egyptian Temple [Origen mítico del templo egipcio], confirma:

El tono general del registro, aparentemente transmite la visión de que un mundo antiguo fue destruido y, como un mundo muerto, llegó a ser la base de un nuevo período de creación, que al principio fue la recreación y la resurrección de lo que una vez había existido en el pasado.

Los textos Edfú afirman repetidamente que los “Seguidores de Horus” te­nían el conocimiento, la sabiduría procedente de una época previa de la Tierra. Es esto lo que estamos decodificando en este preciso momento.

£1 ciclo del cataclismo

Es asombroso e increíble que los egipcios y los atlantes conocieran el número 25.776. ¡La astronomía moderna y supersofisticada supo de él hace apenas unos años! Sólo eso ya clarifica lo minuciosamente precisos que eran en sus observaciones. Y por añadidura, sabían cómo procesar sus resultados de manera brillante en una simple serie de números. Estos existen para adver­tirnos del juicio final que se avecina. El número comprueba que:

1) El conocimiento astronómico de los atlantes se halla en el mismo
nivel que la astronomía computarizada actual. Nos dice que el fin de
un gran ciclo est
á próximo y que el cataclismo ocurrirá en cualquier
momento.

2) Su ciencia era tan avanzada que sabían mucho más de lo que pensa­
mos.

3) Este pueblo sumamente civilizado que, para su época, era supercien-
tífico, hizo grandes esfuerzos para codificar su ciencia.

La gran pregunta ahora es por qué. Bueno, estimado lector, a esta altura ya debe saber la respuesta. En el capítulo sobre el gran cataclismo que golpeó a la Atlántida, usted leyó que los sacerdotes pudieron predecir el desastre. En Sing-li-ta-tsiurn-chow, que es una antigua enciclopedia china, leemos: “… en


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una convulsión general de la naturaleza, el mar es sacado de su lecho, las rnontañas saltan desde el suelo, los ríos cambian su rumbo, los seres huma­nos y todo lo demás está arruinado, y los antiguos trazos son borrados”.

¡De esto trata la ciencia! Una feroz actividad volcánica, destructivos terre­motos, una ola gigantesca, la destrucción de los continentes, etc., son el resul­tado de acontecimientos que fueron predichos por estos números. Los egipcios describieron varias catástrofes en su historia y la periódica reconstrucción de su mundo. Por lo tanto, sus mitos tienen que ver con hecatombes como el Diluvio. Pero las “eras” que terminan en catástrofe y destruyen una gran parte de la humanidad, se deben a la precesión de los equinoccios. Obviamente, ellos asignaban gran importancia a esto. Cada civilización que esté familiariza­da con los números debería hallarse en condiciones de decodificar este men­saje de la antigüedad. “Debería” digo claramente, porque no siempre resulta así de simple. Pasé meses devanándome los sesos antes de poder hallar estos códigos, e incluso entonces me situé al comienzo de la historia. ¡Y la precesión del zodíaco con el ritmo del paso de un caracol es la clave! Con certeza pude llegar a las siguientes conclusiones:

Fi9ura 17.

El zodíaco



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El zodíaco describe la próxima destrucción de la Tierra.

El zodíaco aún contiene infinitamente más códigos para predecir es­
tos acontecimientos.

Con estas conclusiones en mente, empecé a trabajar. Pero ¿dónde bus­car? Me fijé en las distintas duraciones de los signos del zodíaco. En la actua­lidad, contamos con períodos iguales para cada era, pero los atlantes no. Para ser precisos, deberían haber tomado el número 25.920 dividido por 12 = 2.160 años, mas este no era el caso para los atlantes. Mi intuición me dijo que ahí era donde debía mirar. Los sabios de la antigüedad habían puesto un “esquema de computación” en sus códigos. Yo estaba seguro de eso, sólo era cuestión de hallarlo y así me pondría en contacto directo con ellos. Logré descifrar una parte de la increíblemente larga serie de números que describen el caos mun­dial venidero. Lo leerá en el próximo capítulo. Si puede dividir, sumar, restar y multiplicar, con seguridad le será factible seguir mis cálculos. Pero no olvido que sólo encontré una parte de ello. Otros, seguro, podrán hallar mucho más. ¡Los recibiré con los brazos abiertos!


LA DURACIÓN DE LAS DIVERSAS ERAS

Actualmente se calcula que una era dura unos 2.148 años en su constela­ción. Los atlantes lo calculaban de manera diferente. Sabían que los signos estelares ño tenían los mismos tamaños y, por lo tanto, empleaban periodos diferentes. Con ayuda’del libro Le Grand Cataclysme, pude hallar ocho eras con stus respectivas duraciones:

Leo

2.592

Virgo

2.592

Aries

2.304

Tauro

2.304

Piscis

2.016

Géminis

1.872

Cáncer

1.872


La duración de las diversas eras también fue distinta para los egipcios, siendo la diferencia entre el ciclo más largo y el más corto, de 720 años.

Si miramos el zodíaco, advertiremos que Aries y Tauro están uno al lado del otro y tienen la misma duración, es decir, 2.304 años. Lo mismo ocurre con Géminis y Cáncer, y con Leo y Virgo. Puesto que el signo de Acuario está junto al de Piscis, también tienen la misma duración: 2.016 años. Otro tanto ocurre con Escorpio; como está junto a Libra, se deben contar 1.872 años. El ciclo completo abarca 25.920 años.

virgo =

Leo

2.592

Aries

Tauro

2.304

Capricornio =

Sagitario

2.304

Piscis

Acuario

2.016


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Escorpio = Libra = 1.872

Cáncer = Géminis = 1.872

Duración total = 25.920 años.

Series numéricas zodiacales

La duración de las diferentes eras puede anotarse en una serie específica de números, ¡y no exis­te otra posibilidad!

Figura 18.

El zodíaco de los egipcios.

Yo hallé esta serie luego de haber restado el período más cor­to del más largo (2.592 - 1.872 = 720). Eso es diez veces 72. Luego de hacer algunos cálculos me di cuenta de que otras restas también arrojaban múltiplos de 72. Colo­cándolos en orden de mayor a me­nor y siguiendo los múltiplos de 72, obtuve:

2.592- 1.872 = 720 = 72×10 2.592-2.016 = 576 = 72×8 2.304- 1.872 = 432 = 72×6 2.304-2016 = 288 = 72×4 2.016-1.872= 144 = 72×2

El número 432 tiene una posición central y es igual a 1/6 de la duración del zodíaco. 4.320 x 6 = 25.920; debe multiplicarlo por seis porque al lado de 432 se encuentra la serie 72 x 6.

Más conclusiones: los signos con un periodo de 2.592 y 2.016 están en esta serie al comienzo y al final. Esto significa que están en oposición como en el zodíaco real. Los signos con una duración de 2.304 y 1.872 se hallan en el medio.

Descubrí aun más series de números. En los cálculos precedentes pueden apreciarse junto a las series de múltiplos de 72, las multiplicaciones equiva-


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lentes (por ejemplo, 720 = 72 x 10). Al multiplicar los múltiplos por los núme­ros equivalentes de los múltiplos, arribé a las siguientes series:

720×10 = 7.200

576 x 8 = 4.608

432 x 6 = 2.592

288×4= 1.152

144 x 2 = 288

En esta última serie resté del número más alto (7.200) el número justo debajo de él (4.608), y obtuve como resultado el número 2.592, lo cual es muy importante. Por lo tanto, repetí este ejercicio unas pocas veces. Apareció una serie de cuatro números. Otra resta siguiendo el mismo método, dio como resultado el número 576, tres veces. Este es un asombroso resultado que con­duce a la siguiente solución:

7.200 - 4.608 = 2.592 2.592 - 2.016 = 576

4.608 - 2.592 = 2.016 2.016 - 1.440 = 576

2.592-1.152=1.440 1.440-864 = 576

1.152-288 = 864

Usted puede apreciar que 576 aparece tres veces, entonces multiplíquelo por tres: 576 x 3 = 1.728. Cuando se divide la primera serie por este número, se obtiene:

7.200+1.728 = 4,1666666

4.608+ 1.728 = 2,6666666

2.592+ 1.728= 1,5

1.152+ 1.728 = 0,6666666

288+ 1.728 = 0,1666666

Cuando se resta la serie hallada dos veces entre sí, según se indica precedentemente, se arriba a:

4,1666666 - 2,666666 = 1,5

2,6666666 - 1,5 = 1,1666666

1,5 - 0,666666 = 0,8333333

0,6666666 - 0,1666666 = 0,5

1,5- 1,1666666 = 0,333333

1,1666666-0,8333333 = 0,333333

0,833333 - 0,5 = 0,333333

Las series son claras: algo tiene que dividirse o multiplicarse por tres. Luego de hacer algunos trabajos de investigación, encontré el vínculo. Los



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números 288 y 864 se hallan en estos cálculos al terminar las series, donde encontré el número 576 tres veces, como resultado final, entonces es lógico que deban multiplicarse por tres.

288 x 3 = 864

864 x 3 = 2.592

Ambos números apuntan a códigos que descifro en la parte que sigue.

864 - 2.592 = 0,3333333

El número 864 es el primer período en una progresión estelar en la Atlántida; 2.592 es el segundo. Si üene que dividir 864 por 2.592, entonces significa que debe seguir el mismo procedimiento para todos los periodos si­guientes.

Los códigos secretos del zodíaco de la Atlántida

Duración

Era Duración

acumulada

864

Libra

864

864 + 2.592 = 0,333333

2.592

Virgo

3.456

3.456 + 2.592= 1,333333

2.448

Cataclismo de Leo *

5.904

5.904 + 2.592 = 2,277777

1.440

Leo

7.344

7.344 + 2.592 = 2,833333

2.592

Virgo

9.936

9.936 + 2.592 = 3,833333

1.872

Libra

11.808

11.808 + 2.592 = 4,555555

1.872

Escorpio

13.680

13.680 + 2.592 = 5,277777

720

Cataclismo de Sagitario *

14.400

14.400 + 2.592 = 5,555555

576

Acuario

14.976

14.976 + 2.592 = 5,777777

2.016

Piscis

16.992

16.992 + 2.592 = 6,555555

2.304

Aries

19,296

19,296 + 2.592 = 7,444444

2.304

Tauro

21,600

21,600 + 2.592 = 8,333333

1.872

Géminis

23,472

23,472 + 2.592 = 9,055555

1.872

Cáncer

25,344

25,344 + 2.592 = 9,777777

576

Cataclismo de Leo *

25,920

25,920+ 2.592 = ¡10,0!

* En estos años se produjo un cataclismo durante el cual la Tierra se vio sacudida por enormes cambios.

En el último año de este ciclo, advertimos que aparece el número 10; ¡ese año la Atlántida fue destruida completamente!

Luego del descubrimiento de estas series de números, me quedé en silen-


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ció por unos momentos, pues debía contemplarlo. Sus cálculos demostraban con suficiente claridad que la Tierra no podía, de ninguna manera, recorrer un ciclo completo del zodíaco. Cada tantos miles de años ocurría algo desastroso, lo cual revertía el movimiento a lo largo del zodíaco. Pero, cómo hacían para predecir el fin del mundo, aún seguía siendo un misterio para mí. Aquí y allá vislumbro un rayo de esperanza para seguir develando los códigos. Si, por ejemplo, usted llegara a estudiar el movimiento a lo largo del zodíaco antes y después de cada cataclismo, notará que a veces se produjeron drásticos cam­bios. Antes del primer cataclismo, el zodíaco pasó de la estrella de Libra a Leo (Libra -» Virgo - Leo). En Leo, la superficie de la Tierra cambió drásticamente: partes del terreno se hundieron bajo el mar, nuevas islas surgieron, hubo volca­nes que entraron en erupción, etc. Cuando todo volvió a aquietarse, pareció como si se hubiera producido un gran giro en la precesión del zodíaco y ahora iba para el otro lado.

En otras palabras, cierto mecanismo, algo en el interior de la Tierra se había dado vuelta completamente. Eso hizo que el movimiento fuera de la siguiente manera: Leo -* Virgo -> Libra. Un par de semanas antes, yo había leído un artículo sobre la reversión del campo magnético de la Tierra y fue bueno que lo hubiese guardado. Volví a leerlo con gran atención y pronto me convencí de que contenía una importante clave para resolver el misterio. Lo resumiré aquí, para usted: la parte ígnea de la Tierra o “magma” pesa alrededor de quince mil millones de toneladas. En su centro rota un núcleo a una velocidad apenas un poco mayor que las masas circundantes. El núcleo interno sólido de la Tierra üene un radio de 1.200 kilómetros y “flota” en el núcleo externo líquido; tiene una consistencia similar a un jarabe, un radio de 3.500 kilómetros y ambos están formados mayormente de hierro. La temperatura del núcleo interno es superior a la del externo, por lo tanto, cabe esperar que el núcleo interno también sea líquido. Pero, dado que la presión es mayor que la del núcleo externo, el hierro no puede derretirse. Por la transferencia de calor, aparecen corrientes convectoras en el núcleo externo; estas generan un campo magnéti­co que se refuerza a sí mismo. El núcleo externo puede considerarse como una dínamo autorreforzante, como la dínamo de una bicicleta que, en lugar de luz, genera magnetismo. Esto puede evaluarse con una brújula que apunte a las líneas de fuerza. Es realmente importante lo que continúa después del descu­brimiento de que el núcleo interno rota a 1.1 grados más que la capa terrestre, pues esto significa que el núcleo interno es 0,8 segundos más rápido por día y



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que en el borde de los núcleos interno y externo se produce un cambio de alrededor de setenta metros por día.

Me quedé pensando en que esa podría ser la explicación de la precesión del zodíaco porque, si la rotación de la capa terrestre es más lenta que el núcleo interno, entonces debe haber un efecto, aunque sea muy insignificante.

Para ser precisos, la Tierra “gira” por el zodíaco en 25.920 años. Esto concuerda con una rotación de la Tierra sobre su eje de 360 grados. Dado que la Tierra rota sobre su eje en un día, significa que quedamos 24 horas atrás. Eso hizo sonar una campana. Veinticuatro horas concuerda con un número específico de segundos. Hay sesenta segundos en un minuto y, en una hora, 60 x 60 = 3.600. Si multiplica este resultado por 24 obtendrá 86.400.

¿Cómo es posible?”, me preguntaba en voz alta, “los atlantes han mani­pulado el tiempo hasta tal punto que puede utilizárselo para calcular el código de la precesión del zodíaco”.

En verdad no es tan difícil, lo único que debe hacerse es dividir. Si la Tierra se retrasa 86.400 segundos en 25.920 años, entonces, esto implica un cambio anual de 86.400 + 25.920 = 3,33333333 segundos, exactamente la serie de números que yo ya había encontrado en el zodíaco. En verdad, quedé atónito. Esos atlantes no sólo se encontraban en la cuna de nuestras matemá­ticas sino también de nuestro tiempo. Y todo esto es un indicio de que el cam­bio en el tiempo de rotación de la Tierra gira sobre un mecanismo, el cual sólo puede terminar en una catástrofe. Esa era su manera de describir el misterio­so comportamiento del campo magnético de la Tierra.

Ahora, echemos un vistazo a los otros cataclismos. Antes del segundo, la Tierra se movía desde el signo de Escorpio al de Sagitario, y de un solo golpe fue catapultada a la era de Acuario. Allí, el movimiento no se revirtió. Como hemos visto anteriormente, este movimiento tiene su origen en el comportamiento autodeterminante del núcleo de la Tierra. Dado que hubo sólo un repentino cambio de eras, esto prueba que el núcleo de la Tierra siguió girando en la misma dirección, pues si se hubiera revertido, entonces las eras deberían haber ido en la dirección opuesta, como antes y después del primer cataclismo.

Finalmente llegamos al tercer cataclismo, el que destruyó la Atlántida por completo. El día de la destrucción, como también la magnitud de la catástrofe, fueron predichos correctamente basándose en datos previos, y esto es algo que todavía no comprendo, aunque he realizado desesperados intentos. Lo que pude deducir es que el zodíaco fue de Cáncer a Leo y luego se detuvo


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abruptamente. El campo magnético de la Tierra cambió, el núcleo interno fue en la otra dirección y el zodíaco por el que viajaba, en dirección opuesta. Ese es el movimiento que aún seguimos en la actualidad. ¿Cómo terminará esto?

A fin de poder calcularlo, debemos adoptar la manera de pensar de los atlantes y de los egipcios. Su suposición era que había una fuerza R que prove­nía del universo, teniendo como punto inicial el postulado de que cada acción es seguida por una reacción R, es decir, el resultado de la interacción de los elementos, el pensamiento de los seres humanos y su imagen reflejada en el espejo. Es a partir de esta dualidad del bien y del mal del ser humano y su imagen reflejada, que los sacerdotes pudieron calcular las “Combinaciones Celestiales Matemáticas”. Basándose en esto y en las diversas combinaciones de la radiación desde enormes soles de los signos zodiacales, pudieron obtener números absolutos que permitían predecir el bien y el mal. Tal vez suene un tanto complicado, pero como ya lo he demostrado antes, las secuencias de series numéricas simples están detrás de todo esto; es una mera cuestión de hallar el código. Hay que seguir la misma estrategia para continuar develando los secretos de la Atlántida. Su punto de vista era que las futuras generacio­nes, a causa de estos hechos, no podrían leer los textos sagrados. Sólo un mensaje numérico podría comprenderse y decodificarse, y esto lo prueban las “Combinaciones Matemáticas” que he descubierto. Sólo deben insertarse en un plan gigantesco, del cual son una parte; la huella de un plan computarizado de mil años de antigüedad. A fin de lograrlo, probablemente necesitemos mu­cha más información de la que tenemos ahora, la cual sólo podrá hallarse con nuevas excavaciones o sometiendo todos los datos astronómicos que posee­mos a un nuevo examen. Hay que estudiar ambas posibilidades urgentemen­te, porque en la transición desde la Era de Piscis a la Era de Acuario, la Tierra se destruirá y las antiguas escrituras lo prueban:

1} Los atlantes pudieron determinar el día exacto de la destrucción de su mundo, basándose en las “Combinaciones Matemáticas Celestia­les”.

2) Estas “Combinaciones” están conectadas con el pasaje de los diferen­
tes signos del zodíaco.

3) Los planetas tienen su importancia para determinar la “fecha del fin”
de una era, y el planeta Venus es especialmente relevante para los
mayas.

Basándonos en estos datos, debe ser factible descifrar el código del Plan



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Maestro que está detrás de todo esto. Tengo una urgente petición que hacerles a todos, sean astrónomos, matemáticos, físicos, etc., y es que traten de develarlo. Si no lo logramos a tiempo, entonces el mundo se destruirá sin haber podido hacer una seria advertencia. Pero también podemos hallar estos conocimien­tos en los monumentos dejados por nuestros predecesores.



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EL LABERINTO: LA SUPERCONSTRUCCIÓN DE LOS ANTIGUOS EGIPCIOS


Luego de haber leído acerca de los acontecimientos en la Atlántida, me sentí frustrado. ¿Cómo era posible que los atlantes pudieron determinar la destrucción de su país? Un par de veces mencionaron las “Combinaciones Matemáticas Celestiales” sobre las cuales se basaban las predicciones. Recor­dé haber leído algo sobre el tema, en el libro anterior de Slosman. Luego de buscarlo durante algún tiempo, por fin lo encontré. Según los anales, los so­brevivientes habían hecho una construcción en Egipto, inmediatamente des­pués de su llegada allí; era un templo en honor al creador, para expresar su gratitud por haber arribado a su segunda patria. La acción inmediata que emprendieron fue la construcción de un observatorio desde donde podrían estudiar las “Combinaciones Matemáticas Celestiales”. Sería erigido en las mágenes del Nilo, cuyo jeroglífico se corresponde con el de la Vía Láctea. Cuando se coloca el mapa del Nilo junto al de la Vía Láctea, claramente se advierte su semejanza. Hay varias estrellas importantes de la Vía Láctea que se correspon­den con lugares donde se han construido templos.

Como se mencionó antes, los sobrevivientes de la catástrofe construyeron un observatorio original, en cuanto llegaron a su nuevo reino; ya no existe más. Allí registraban las posiciones de las estrellas y los planetas. Juntos, estos datos formaron combinaciones geométricas específicas, de las cuales se dedujeron las principales leyes armónicas. Diodorus Sicilus de Sicilia confir­ma esta investigación para vivir en armonía sobre la Tierra con el consenti­miento de los Cielos. Lo que sigue está escrito en el capítulo 89 de su primer libro: “En ninguna otra parte se puede encontrar una observación tan exacta de las posiciones y movimientos de las estrellas y planetas, como la que hicie­ron los egipcios. Ellos poseen todas las observaciones que realizaron año tras año, remontándose a tiempos increíblemente lejanos”.


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Esto confirma que los sumos sacerdotes eran “maestros de las matemáti­cas y los números”, desde tiempo inmemorial. Con estos datos astronómicos y basándose en las “Combinaciones Matemáticas Celestiales”, lograron hacer predicciones sobre el movimiento planetario, su tiempo de rotación y muchos otros fenómenos estelares. Y todo esto, sin ningún esfuerzo. Tuve que tomar aliento después de haberme enterado, pues, si nosotros poseyésemos tales conocimientos, entonces podríamos luchar con éxito contra toda oposición al hecho del próximo cataclismo. Por cierto, vamos a encontrar suficientes indicios sobre el incuestionable valor de la evidencia de sus hallazgos. Pero ¿dónde debe­mos buscar? Con calma releí el resto, que ya había leído algunas semanas atrás. Aquí se nos decía que los seguidores de Seth y Horus habían seguido dividiendo el país por miles de años. Exhaustos por una guerra que venía durando milenios, decidieron construir un centro astronómico idéntico al de la Atlántida. Era el año 4608 a.C, cuando empezó la Era del Toro. La enorme tarea fue completada 365 años más tarde. El día que Dios tenía predestinado para este acontecimiento, Athothis (Thoth), iba a declarar oficialmente la unificación de Egipto. Por los trabajos de investigación realizados, podemos saber que el primer día de Thoth fue el 19 de julio de 4243 a.C, y que a partir de ese momento, comenzó la Era de Sothis o Sirio ‘ y con ella, el clásico calendario egipcio.

Indudablemente, existía un significado más profundo en todo esto, pues no se trataba sólo de la celebración de la unificación, sino también de ciertos ciclos del Sol, de la Luna y las estrellas. Los agricultores egipcios necesitaron un calendario especial, para hacer sus predicciones de las inundaciones anua­les del Nilo con mayor exactitud. Según el calendario sótico (o de Sirio), los egipcios se valieron de un año de 365 días, divido en doce meses de treinta días, además de uno adicional de cinco días divinos. Luego de cuatro años, este calendario ya no era correcto y se agregaba un día entero a un año, para sincronizarlo. Por cierto, los egipcios sabían que existía un año de 365,25 días, pero se negaban a contarlo de esta manera, porque su calendario sagrado contenía los números sobre los cuales basaron la predicción del fin del mundo. Con el uso del nuevo calendario, los agricultores obtuvieron una mayor preci-

* [N. de la T.]: Sothis, la estrella más brillante del cielo, también llamada Sirio. Se refiere al antiguo calendario egipcio de 365 1/4 días. Es también el ciclo de 1.460 años de 365 días en este calendario.


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sión en cuanto a las inundaciones cíclicas del Nilo, y no siempre necesitaban recibir el consejo de los sumos sacerdotes.

Además de estos dos calendarios también usaron un calendario lunar, contando alternativamente 29 y 30 días, que coincidían en un ciclo preciso de 25 años y 365 días. El investigador francés Schwaller de Lubicz destacó que este lapso coincidía con 309 períodos lunares. Él calculó:

25×365 = 9.125 días

9.125 -s- 309 = 29,5307 días por período lunar.

Este es un resultado sumamente exacto. La astronomía moderna emplea un período lunar de 29,53059 días, es decir, una diferencia de sólo un segun­do. Se puede considerar este calendario egipcio, sin lugar a dudas, como una maravilla de precisión.

Volvamos ahora a la unificación de Egipto. En la margen del Nilo se realizó una ceremonia de adoración pública, donde dos sumos sacerdotes se dirigie­ron al Nilo y dijeron: ‘Tus fuentes celestiales nos dejan vivir, porque permiten que nuestras tierras se inunden todos los años”.

Le dijeron al público: “De ahora en adelante vivirán en armonía con las leyes y el orden de Dios, porque estas les concederán la vida en la tierra y en el cielo. Fertilicen la tierra para su trabajo y esta, a su vez, les brindará los cerea­les”.

Ante los jefes de ambas facciones ellos juraron: “Vuestra autoridad sigue siendo el símbolo de todas vuestras acciones, porque vuestra manera de go­bernar determinará la felicidad de vuestro pueblo”.

Con las manos elevadas al cielo, le hablaron a Dios: “¡Oh, Señor de la eternidad, Tú que lo sabes todo, que tu ley y órdenes gobiernen a partir de este día en adelante y que nuestras vidas estén libres de problemas. ¡Que nuestros hijos sigan nuestro ejemplo, conforme a tu armonía, y que no se produzca ninguna catástrofe! Que tu sabiduría celestial que nos ofreciste por medio de las Combinaciones Matemáticas Celestiales, nos colmen a todos y nos inspiren para evitar las malas acciones que podrían provocar tu enojo”.

Fue luego de este día memorable cuando comenzó la reconstrucción de un gran centro astronómico. Le pusieron el nombre de “Círculo de Oro” y contenía dos templos: “La doble casa de la vida” y “El templo de la dama del cielo: Isis”. En él había dos escuelas diferentes, los que estudiaban el firmamento de no­che y lo reproducían sobre la Tierra, y la que preferían un estudio más mate-



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mático, donde todo era teórico, sin observar el cielo. Con esto, ellos poseían una increíble cantidad de combinaciones factibles en relación con el Sol, los planetas y las estrellas del zodíaco. Dado que los egipcios dividieron cada una de las doce constelaciones del zodíaco en tres, esto nos da treinta y seis posibi­lidades. Al multiplicar los planetas por este número, el resultado que arroja es 7 x 36 = 252. Una vez más, multiplicado por doce da: 252 x 12 = 3.024. ¡Por eso el edificio tenía tantas habitaciones!

La descripción de Heródoto

Como Heródoto vio una parte de ello y lo escribió en un libro, creí que para conocer algo más del tema, tenía que encontrar su descripción. Hice búsque­das en un buen número de bibliotecas, pero la tarea fue en vano. Hallé varias referencias, mas sin ninguna clave, y entonces decidí abandonar la tarea por un tiempo. Fue entonces cuando recibí por el correo electrónico, un catálogo de un club del libro holandés. Como de costumbre, repasé sus páginas con curiosidad y ¡allí estaba! El título me saltó con claridad: Herodotus: The Report ofmy Research [Heródoto: Informe de mi investigación]; resultó ser una tra­ducción holandesa especial. Unos días más tarde, compré el libro de 700 pági­nas y comencé a leerlo de inmediato, ni bien llegué a mi hogar. Empezaba así: “Me llamo Heródoto, soy de Halicarnaso y ahora le quiero contar al mundo sobre la investigación que he realizado para mantener vivo el recuerdo del pasado e inmortalizar las grandes e imponentes obras de los griegos y otros pueblos”.

Eso bien podía considerarse como las palabras de apertura. Yo estaba sumamente interesado y hubiera podido leer el libro de corrido, pero afortuna­damente, mi sentido común me aconsejó que me detuviera, pues esa tarea me iba a llevar varios días y ahora no disponía de ese tiempo. Rápidamente repasé el índice y abrí el libro en la página sobre el laberinto. Allí decía:

“Como muestra de su unanimidad, decidieron dejar un monumento conmemorativo y eso los impulsó a construir el laberinto, que se en­cuentra situado no lejos de la margen meridional del lago Moeris, en las cercanías de un lugar llamado Crocodilópolis. Yo estuve allí y el lugar está más allá de toda descripción. Si usted hiciera un estudio de todas las paredes de las ciudades y de los edificios públicos de Grecia,



Figura 19.

‘^presión del laberinto.


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vería que todos juntos no hubieran requerido tanto esñjerzo ni tanto dinero como este laberinto; ¡y eso que los templos de Éfeso y Samos no son precisamente obras pequeñas! Es verdad, las pirámides dejan sin habla al observador y cada una de ellas es igual a muchos de nuestros edificios griegos, pero ninguna puede compararse con el laberinto”. Quedé abrumado por estas palabras. Las pirámides de Giza están consi­deradas como los edificios más imponentes de la antigüedad y, sin embargo, según Heródoto quien también ofreció una elaborada descripción de las pi­rámides, el laberinto los sobrepasaba a todos. Al darme cuenta de esto, me sentí sumamente entusiasmado. Con avidez, seguí leyendo su informe:

“Por empezar, tiene una docena de jardines interiores, de los cuales seis se hallan alineados en el lado norte y seis en el lado sur. Están cons­truidos de modo tal que sus portales quedan enfrentados. Una pared exte­rior sin aberturas rodea todo el complejo. El edificio mismo consta de dos pisos y 3.000 habitaciones, de las cuales la mitad está en el subsuelo y las restantes 1.500, en la planta baja”.

Una vez más, tuve que dejar de leer. ¡Tres mil recámaras con jardines inte­riores y una sola pared circular rodeando el edificio! Creo que una construcción más gigantesca que esta no hubiera sido posible. La mitad de las habitaciones estaban al ras del piso y las restantes en un nivel inferior. Si imaginamos habita­ciones de sólo dos metros de largo, tendremos una longitud total de tres kilóme­tros. Eso me produjo vértigo; ¡este tendría que ser el edificio más grande que jamás se haya construido! Yo no albergaba ninguna duda al respecto. ¿Por qué no era más conocido? ¿Podría haberse esfumado tal vez de la faz de la Tierra? En 448 a.C. aún estaba allí. ¿Podría ser que lo hubieran destruido y que sus partes hubiesen sido utilizadas para construir otros edificios?

Lo llamé a Gino. “Gino, habla Patrick. Tengo algunas preguntas que hacer­le. ¿Sabe usted si se construyó algún edificio importante y nuevo en Egipto des­pués del año 450 a.C? Me refiero a algún período antes de la edad moderna”.

¿Por qué lo pregunta?”

“He leído la descripción del laberinto en las historias de Heródoto; ¡debe haber sido increíblemente grande! Algo semejante sólo puede llegar a desapa­recer si lo derriban”.

“Déjeme pensar. No, no sé nada de ningún gran monumento que se haya


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construido posteriormente a esa fecha; ya no se erigían pirámides y, en cuanto a los templos, principalmente eran mantenidos. En realidad, no había dema­siada construcción”.

¿Ni siquiera por los romanos?”

“No, que yo sepa. Pero por cierto, pudieron haberlo usado para construir casas”.

¿Ha oído alguna vez hablar de ello?”

“No, nunca. Si en verdad es tan grande, entonces al menos algo debería haberse escrito sobre el tema”.

Luego de este breve diálogo, estuve seguro: ¡el edificio más grande jamás construido, aún existía! Yacía oculto en alguna parte, bajo toneladas de arena del desierto. ¿Dónde me encontraba yo con mi texto? ¡Oh, sí, aquí! Intrigado, continué leyendo. Heródoto dijo:

“Visité y vi personalmente las mil quinientas habitaciones de la plan­ta baja, por lo tanto, estoy hablando desde mi experiencia personal, pero en cuanto a las habitaciones del subsuelo, debo confiar en la autoridad de los demás, porque los egipcios no me permitieron entrar. Allí, pueden ha­llarse las tumbas de los reyes que originalmente construyeron el laberinto y de los sagrados cocodrilos. Por lo tanto, nunca estuve en ese sitio y todo lo que sé, lo sé de oídas. Por cierto, me habían mostrado las habitaciones que se encontraban encima de estas; resultaba difícil creer que hubieran sido construidas por manos humanas. Los pasadizos que interconectaban las habitaciones y los senderos zigzagueantes que iban de una recámara a la otra, me dejaron sin aliento, por su colorida variedad, mientras camina­ba en completa admiración desde el patio hacia las habitaciones, desde las habitaciones hacia los peristilos y de los peristilos nuevamente a las otras habitaciones, y desde allí hacia los otros patios. El cielo raso de todos estos lugares está hecho de piedra, al igual que las paredes cubier­tas con figuras en relieve. Cada patio está rodeado por una hilera de co­lumnas de mármol blanco sin juntas”.

“Mi Dios”, murmuré. ¡Qué lujo! Y en ninguna parte se menciona que hu­biera sido saqueado o demolido, pero entonces, ¿dónde estaba este monumen­tal laberinto, con las tumbas de los doce reyes? Sin lugar a dudas, allí deben encontrarse los tesoros más grandes que jamás hayan salido a la luz en Egip-



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to. El tesoro de Tutankamón no es nada comparado con esto. De eso, pueden estar seguros. Me entusiasmé cada vez más. Si las habitaciones superiores habían desaparecido, entonces al menos las del subsuelo debían estar allí todavía; era cuestión de encontrar algún rastro de la gigantesca pared y de los cimientos de los peristilos. Una vez hallados, seria fácil dar con las 1.500 habi­taciones en las cuales se guardan mensajes de la antigüedad esperando ser descifrados. Esta posibilidad me fascinaba sobremanera. ¡Seria imposible ha­llar un descubrimiento más sensacional! El mundo entero iba a estar suma­mente emocionado cuando esta maravilla aún desconocida fuese mostrada. Sí, para hallarla primero tenía que descubrir un vínculo con el sitio donde debía buscar. Con “la cabeza ardiente” seguí leyendo: “Justo en la esquina donde el laberinto termina, se levanta una pirámide de al menos setenta y cinco metros de alto, decorada con figuras en relieve de grandes animales. Se puede llegar a ella a través de un pasadizo subterráneo”.

¡Aja! Esa sí que era una clave importante. ¡Una pirámide con figuras de animales! Volví a llamar a Gino: “Gino, ¿oyó hablar alguna vez de una pirámide con figuras de animales en ella?”

¿A qué se refiere?”

“Según Heródoto, junto al laberinto tiene que haber una pirámide de 75 metros de altura, con grandes figuras de animales talladas en relieve”.

Del otro lado de la línea hubo silencio durante unos instantes. Yo espera­ba algún avance, pero las palabras de Gino fueron un golpe para mi irrefrenable entusiasmo: “Para ser honesto, nunca oí semejante cosa, pero eso no significa nada, porque las pirámides de Giza estaban cubiertas con piedra caliza blanca y luego de que El Cairo fue destruida por un terremoto, estas fueron desmon­tadas y la piedra caliza fue utilizada para reconstruir las ciudadelas y otras obras de arte. Aquellos bloques estaban cubiertos por innumerables dibujos y jeroglíficos, y ahora se han perdido todos. Lo mismo puede haber ocurrido con esta pirámide. En ese caso, lo único que queda es una pirámide con bloques construidos de rocas”.

Me sentía muy desdichado; tenía deseos de maldecir. Cada pista parecía conducir a un callejón sin salida. Pero vamos…, pongámonos nuevamente en movimiento. Tal vez pueda hallar alguna otra indicación en la obra de Heródoto. A veces no se necesita mucho; una pirámide o edificio de 75 metros de altura con figuras de animales en ella, es suficiente. Pero, ¿dónde se encontraba? y más aún ¿existirá todavía? Sintiéndome infeliz, sacudí mi cabeza y seguí le-


LA PROFECÍA DE ORION PATRICK GERYL yendo el informe escrito casi 2.500 años atrás. Heródoto continuó:

“Pero, aunque este laberinto sea muy espectacular, el lago Moeris justo a mi lado, hace que uno en verdad se quede sin aliento. Su perímetro es de 3.600 estadios o sesenta shoinoi, o 666 kilómetros, tan largo como la costa egipcia entera. Este gran lago tiene una orientación Norte-Sur y su profundidad es superior a los noventa metros en la parte más honda. Probablemente, haya sido obra del hombre porque en el medio hay dos pirámides, cada una de las cuales llega a los noventa metros sobre el agua, mientras su base tiene una longitud similar debajo del agua”.

Aquí tuve que abandonar. ¿Pirámides de una altura de 180 metros? Eso era algo difícil de creer. Probablemente Heródoto quiso decir edificios o colosos. Además, había una nota advirtiendo que Heródoto posiblemente se refería a los colosos de Biahmu; ninguna indicación más. Esto no facilitaba las cosas, era doloroso; suspiré y continué leyendo:

“Encima de cada uno de los edificios hay una estatua que representa a un hombre en un trono. Si se calcula la altura completa, se alcanzarán los diecinueve metros, porque cien fathom equivalen a un estadio de seiscientos pies; un fathom es igual a seis pies o cuatro anas y un pie es igual a cuatro palmos, por lo tanto, un ana corresponde a seis palmos (un pie es igual a 29,6 cm, un fathom es 178 cm, un ana, 44,4 y un palmo, cerca de 7,2 cm)”.

Con la referencia a aquellas estatuas de los hombres en un trono, hechas en piedra, tenía una nueva pista; tal vez podría haber algo allí. Si después de la probable obstrucción con sedimentos del lago, no fueron transportadas dema­siado lejos, entonces el dato podría conducirnos a alguna parte; era una señal que valía la pena seguir. Más adelante, iba a tratar de prestarle la debida aten­ción. Mientras tanto, continué leyendo:

“El lago no obtiene el agua de fuentes naturales, eso sería imposible porque el país circundante está seco; no, un canal es su conexión con el Nilo. Por el canal corre el agua hacia el lago durante la mitad del año y, en los seis meses restantes, vuelve a fluir al río. La ganancia para el tesoro real durante este período es al menos de un talento de plata por día, debi­do a los peces que se pescan allí“.



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Muy bien, pensé, es probable que esté ubicado en el desierto. No hay fuentes naturales, lo cual significa que si ya no hay una conexión con el Nilo, el lago se seca completamente. Aunque busque con toda intensidad, actualmen­te no hallaré nada de agua. Heródoto continuó:

“Los habitantes de esa región me dijeron que había un túnel desde el lago hasta Sirte en Libia y, de este modo, que se podía llegar tierra adentro por el lado oeste de una región montañosa al sur de Menfis”.

Otra clave. Debía haber una región montañosa no lejos de Menfis, en di­rección al interior del país. Eso podría ser de ayuda para hallar la ubicación del lago, pero no iba a resultar fácil. De eso, yo estaba seguro. Aunque, si no se arriesga nada, nada se gana. Probablemente era una cuestión de trabajar so­bre los datos. Escribí todo de manera ordenada y se lo envié a Gino. Un par de semanas más tarde, un día domingo, me telefoneó.

“Creo que conozco la ubicación del laberinto”, me dijo.

¿Cómo lo logró?”, le pregunté sorprendido.

“La construcción comenzó en la Era de Tauro. Las Híadas son un laberin­to de estrellas. Calculé su posición sobre la Tierra, con las pirámides (que representan a Orion) y Dendera (que representa a la estrella Deneb) como pun­tos de referencia. Es todo lo que tengo por el momento. ¿Podría venir y echar un vistazo?”

¿Qué tal mañana a la noche?”

“Bueno, lo estaré esperando”.

Al día siguiente, nos encontrábamos estudiando los mapas. Con orgullo, Gino me mostró el lugar: Hawuara. “Es allí donde debe estar”, dijo con confian­za en sí mismo. Miré la ubicación y asentí con mi cabeza. Parecía posible. Sólo un profundo análisis sobre la ubicación podría darnos una respuesta definiti­va. Pero aún había algo que me molestaba: el nombre Hawuara mucho se parecía a otro que había leído en alguna parte. Lo dejé descansar, mientras Gino continuó con su explicación: “Según la tradición, el faraón luego de su muerte, debía pasar por un laberinto antes de ascender a las estrellas. Actual­mente, los astrónomos llaman a las Híadas ‘el laberinto’, porque las estrellas parecen formar un nudo inextricable. Eso debía ser lo mismo para los antiguos egipcios, de ahí mi teoría de que tiene que estar allí“.

Ese argumento carece de defectos, por ahora. Cuando llegué a mi casa,


Mediterránea* Sea

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Figura 20.

La ubicación del laberinto.

me zambullí en una enciclopedia sobre Egipto, y muy pronto hallé Hawara. Este era el vocablo inglés para la palabra francesa Hawuara. Me quedé estupe­facto porque aparentemente el laberinto descripto por Heródoto tal vez aún estaba allí. Yo me sentía aturdido. ¿Acaso, era este el fin de mi investigación? Sorprendido, comencé a leer:

“La mayoría de los egiptólogos opinan que el laberinto fue descubierto en 1843 por el famoso arqueólogo alemán Richard Lepsius (quien murió a la edad de 34 años). Se trataba del descubrimiento de Lepsius sobre la pirámide sepulcral, con ruinas circundantes del faraón Amenemhet III (1844-1797 a.C), no lejos del oasis El Fayum. Lepsius escribió acerca de esto: la posición está dispuesta de tal modo que, tres grandes grupos de edificios de trescientos pies de ancho encierran un lugar rectangular de seiscientos pies de largo y quinientos pies de ancho. El cuarto lado, uno de los más pequeños, está bordeado por la pirámide que yace detrás; esta mide trescientos pies cuadrados, por lo tanto, no alcanza por completo el ala de los edificios”.



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Luego de haber estudiado un mapa que venía con el informe, tuve fuertes dudas de que este fuera el laberinto.

La descripción no concuerda para nada con los primeros indicios de Heródoto. En Hawara, la pirámide sigue el mismo eje que las ruinas del tem­plo; según Heródoto, la pirámide se encontraba en un rincón. No se menciona nada de paredes cubiertas de relieves, de una gigantesca construcción, una parte subterránea de 1.500 habitaciones, columnas de mármol, etc. ¿Y dónde, por todos los arqueólogos, están las tumbas de los míticos faraones? Lepsius no encontró ningún rastro de ellas. Entonces, ¿qué es lo que descubrió exacta­mente? Cientos de habitaciones, una al lado de la otra o encima de la otra, algunas pequeñas y otras más pequeñas todavía. ¡Eso no podía ser un laberin­to! Decidí abandonarlo e ir a dormir. Al día siguiente, telefoneé a Gino. “¡Gino, debo felicitarlo y decepcionarlo!”

¿Cómo es eso?”

“Bueno, el lugar que usted calculó es el sitio exacto donde se halló un laberinto. Pero, y aquí viene un gran “pero”, la descripción del complejo no concuerda para nada con lo que Heródoto dice al respecto. ¿No tiene una enci­clopedia sobre Egipto donde podamos encontrar algo más?”

¡Pero, por supuesto, me había olvidado completamente de ello!” Una hora más tarde Gino volvió a llamar: “Tiene razón, Patrick. En las páginas 513 y 514 dice claramente que las excavaciones que se llevaron a cabo allí, no concuer-dan con la historia”.

¿Podría hacerme una copia para el sábado?”‘

“No hay problema”.

El sábado siguiente, Gino me trajo no sólo las copias del laberinto, sino también las de un antiguo manuscrito egipcio que se mencionaba en un libro sobre las pirámides, y me dijo que era algo realmente especial. Pero eso era para más adelante, porque primero observamos el movimiento del zodíaco sobre las pirámides. Esa noche no descubrimos nada nuevo, y al día siguiente, leí el texto sobre el laberinto. En parte era la descripción de Heródoto, pero también men­cionaba que Estrabón había escrito sobre el tema. El geógrafo griego Estrabón informa en la parte decimoséptima de su Geographica, en el capítulo 37: “Un peristilo rodea una serie de recámaras palaciegas adyacentes, todas en una hile­ra siguiendo una pared. Frente a las entradas hay una gran cantidad de pasadi­zos bajos y cubiertos con muchas vueltas y curvas, por lo tanto, sin una guía es imposible hallar una habitación específica o incluso la salida”.


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Esto me dejó soñando por algún tiempo. No era sorprendente que lo lla­maran laberinto y en caso de hallarlo, lo más probable es que nos perdiéra­mos. Seguí leyendo: “El cielo raso de estas habitaciones está compuesta de una pieza de piedra; también las paredes de los pasadizos cubiertos están terminadas con piedras extraordinariamente grandes. No se ha empleado ma­dera ni ningún otro material de construcción en ninguna parte”.

Yo estaba tan impresionado por la construcción como lo debe haber esta­do Estrabón. ¿Qué pudo haberle pasado a este legendario complejo? En el año 25 a.C., cuando Estrabón lo visitó, aún estaba allí. Según su descripción, se emplearon enormes monolitos para construirlo; semejantes piedras gigantes no hubieran podido utilizarse para construir otra cosa. Ahora yo estaba muy seguro; el observatorio astronómico todavía se encontraba en su lugar, pero ¿dónde? Esa era la pregunta que no me abandonaría hasta que lo hallara, sin embargo, no me quedaba mucho tiempo, pues dentro de dieciséis años y cua­tro días se produciría la catástrofe más grande de la historia. Debía encontrar este complejo antes de esa fecha y preferiblemente, algunos años antes, de lo contrario, no sólo va a ser destruido sino también será demasiado tarde para advertir a la humanidad sobre la catástrofe venidera…

También leí lo siguiente en las copias:

“La situación en el Reino Medio era tal, que la construcción es una posibilidad realista porque se hubiera podido dedicar a la unificación del país, tanto en el aspecto administrativo como práctico. Podía simbolizar una monumental construcción que expresase la unidad. Más aún, pudo haber tenido una importante función administrativa en el nuevo estado unificado. Pero esta solución no es la explicación completa del acertijo. Este complejo edificio arquitectónico, según Estrabón y Heródoto, tenía tales gigantescas dimensiones que no había nada igual en Egipto. La pre­gunta es si logró soportar el paso del tiempo, porque no hubo ningún trabajo de restauración en mucho tiempo. Para resolver este problema de una vez por todas, es necesario realizar nuevas excavaciones basadas en todos los conocimientos históricos y arqueológicos conocidos”.

No podía estar más de acuerdo con esta conclusión, sólo hace falta conside­rar primero el tema de un modo teórico y luego, hacer las necesarias evaluacio­nes en el lugar. ¡Debe ser posible, yo estoy completamente convencido de ello!



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Hechos acerca del laberinto

El más grande edificio jamás construido por el hombre.

La construcción tardó 365 años (desde 4608 hasta 4243 a.C).

El diámetro de Este a Oeste era de 48.000 codos egipcios (un codo
egipcio = 0,524 metros); 48.000 x 0,524 = 8.384 km.

Contiene el “Círculo de Oro”, que es una legendaria habitación a la
que se hace referencia en el Libro de los Muertos. Está hecho de grani­
to y recubierto en oro lleno con un legado tecnológico que nos dejó
una civilización perdida, mucho más antigua que el mismo Egipto.

El conocimiento astronómico de los egipcios está escrito en grandes
paredes. Todos sus hallazgos astronómicos pueden leerse en los jero­
glíficos; todas las constelaciones estelares figuran en un gigantesco
zodíaco.

Muchas paredes pueden moverse y esto lo convierte en un laberinto
real. Los textos antiguos hablan sobre personas que perdieron su
camino y murieron; también hablan de habitaciones secretas que se
encuentran en el laberinto lleno de utensilios y documentos de una
civilización que floreció a escala mundial hace miles de años.

Contiene habitaciones con documentos sobre la historia de Egipto y
su conocimiento astronómico.

En 36 enormes jeroglíficos está escrita la manera que emplearon para
calcular la última reversión polar, y este es el conocimiento que debe­
mos hallar urgentemente. Allí también pueden encontrarse los cálcu­
los para el año 2012.

1 N. de la T.: Sothis, la estrella más brillante del cielo, también llamada Sirio. Se refiere al antiguo calendario egipcio de 365 días. Es también el ciclo de 1.460 años de 365 días en este calendario.


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LOS SIGNOS ESTELARES

La principal razón de nuestro viaje a Egipto, el cual incluyó la búsqueda del laberinto, fue el descubrimiento de Gino sobre una conexión entre la Vía Láctea y varias pirámides y templos de ese país. Lo había advertido cuando puso el mapa de Egipto junto al de la Vía Láctea y vio de inmediato que el templo de Dendera debía tener correspondencia con la estrella Deneb de la constelación Cygnus (del Cisne). Una de las vueltas del Nilo en el área de Dendera, incluso corresponde exactamente a la Vía Láctea. Parecía como si hubiese sido construida; dicha similitud no podía ser una coincidencia. Este hallazgo implica que los egipcios podían determinar con exactitud las posicio­nes con una distancia de 800 kilómetros entre ellas, de hecho, una cuestión extremadamente difícil que puede medirse sólo con el equipo más moderno. Entonces, decidimos comprar un Sistema de Posicionamiento Global (SPG), que es un instrumento que, vía satélite, puede determinar una posición con exactitud desde cierta ubicación.

Dendera es la estrella Deneb

Dendera, Egipto, martes 25 de marzo de 1997. El viaje desde nuestro hotel hasta Dendera fue una aventura en sí misma. Justo antes de nuestra visita, docenas de personas habían muerto por los ataques de terroristas y sólo nos permitieron viajar al templo con protección especial de la policía. Pasamos un destacamento de control después de otro y muchos, muchos soldados; parecía como si una guerra se hubiera declarado. A la entrada del templo, Gino se encontró con Mohammed Aldawy Barbary, arqueólogo y jefe de seguridad. Es­tuvo con nosotros durante algunas horas y nos permitió quedarnos todo el día. En verdad, fue buena suerte. Nos confirmó que se había asociado a Dendera con la estrella Deneb, como lo habíamos establecido.

Luego de nuestros primeros pasos en el templo, un abrumador sentimien­to nos golpeó; todo irradiaba fastuosidad y poder. El día anterior habíamos



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visitado el Valle de los Reyes, pero no podía compararse con Dendera.

Aquí, todo era más misterioso, más enigmático, más complejo, como si un oculto poder estuviera detrás de ello; era una insondable y profunda fuente de conocimiento y de nosotros dependía tratar de develarla. Miramos con asombro las maravillosas columnas y los exquisitos cielos rasos; un guía se nos acercó. Nos mostró arcos subterráneos y nos dijo que muchos de los elementos en el templo se basaban en el número 12, por ejemplo, los doce signos del zodíaco, las doce columnas, los doce polos en el cuadrante solar, etc. Nos llevó a un lugar específico en el medio del templo, donde estaban cantando. Miriam y Brigit, que habían viajado con nosotros, estaban allí paradas, cara a cara en ese pequeño lugar. Su canto sonaba con una belleza sobrenatural y una oleada de placer atravesó mi cuerpo. Parecía que todo el edificio temblaba y vibraba con ellas. Me imaginé un faraón. La tradición nos dice que este ritual se realizaba a la salida del Sol y en el ocaso. Si de mí hubiera dependido, lo hubiese hecho durar para siempre. Cuando terminaron el canto, continuamos estudiando el templo. En el techo tomamos las coordenadas importantes con nuestro SPG y luego admira­mos la copia del zodíaco circular. El original está en el Louvre (París), pero se encuentra en peores condiciones. Aquí Gino se dio cuenta de una primera des­viación en el concepto. Según sus mediciones, el zodíaco estaba dirigido hacia el Norte, con una desviación de cinco grados en dirección Este. Dado que era una copia, tal vez se trataba de una coincidencia. Entonces, decidió medir el eje Sur-Norte del templo y, para su asombro, también este mostraba una desviación de cinco grados en dirección Este.

Medité sobre el particular y hallé una explicación posible. Un círculo tiene 360 grados, si se divide 360 por 5, se obtiene 72.

Si multiplicamos esto por 360, obtendremos el número que indica la precesión del zodíaco: 360 x 72 = 25.920 = precesión. Dado que el templo estaba dedicado al zodíaco, podía ser una buena explicación. Mas adelante, surgió otra hipótesis plausible.

Después de medir la posición, pasamos gran parte del resto del día admi­rando el edificio. £1 complejo entero era tan imponente que nos dejó boquiabier­tos. Podría escribir un libro sobre el tema. Había que verlo para creerlo. La cons­trucción nos impulsa a aprender. Entonces, uno empieza a darse cuenta de lo avanzado que es y de los secretos que hay detrás de esto. Aquello que pasó hace casi 12.000 años está a punto de suceder ahora. Ese es el poder que emana del templo de Dendera, el cual permanecerá en mí por el resto de mi vida.



Figura 21.

El zodíaco circular de Dendera.

Esna es la estrella Altaír

Esna, Egipto, miércoles 26 de marzo de 1997. La primera evaluación que hicimos fue que el nivel del templo está por debajo del nivel del Nilo. El arqueólogo de turno nos explicó que sólo a esa profundidad había terreno sólido para construir sobre él. Debido a su bajo nivel, padecía filtraciones de agua subte­rránea y eso perjudicaba la conservación de los jeroglíficos.

Dado que los egipcios eran muy inteligentes para guardar todo en el mejor estado de conservación posible, llegamos a la conclusión de que tuvo que ha­ber una razón especial para construir un templo justo allí, una razón mucho más importante que el grado de dificultad de construirlo allí. Pronto Gino en­contró el signo de Altaír (en la constelación del Águila llamada Aquila), el cual nuevamente reforzó nuestra teoría. Más aún, vimos columnas similares a las de Dendera; el templo había sido construido en la misma era, de ahí su simili­tud. Otros elementos de correspondencia son los signos del zodíaco y el patrón de los cielos rasos; ambos tienen también un pozo de noria, pero en Dendera hay un pequeño oasis. Después de haberlo medido, se pudo demostrar que el



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templo tenía dirección hacia el Norte con una desviación de cinco grados al Este. ¡Dos desviaciones tan llamativas no podían ser una mera coincidencia!

Las pirámides son la constelación de Orion

Giza, Egipto, lunes 31 de marzo de 1997. Caminábamos hacia las pirámi­des, distantes a menos de un kilómetro de nuestro hotel. Yo había leído una elaborada descripción en el libro Fingerprints of the Gods [Las huellas de los dioses] y, el día anterior, ya había saboreado una primera visión de las pirámi­des, desde la ventana de nuestro cuarto de hotel: grandiosas, misteriosas, místicas, y un número infinito de otros adjetivos podrían atribuírseles.

“Apuesto a que las pirámides también tienen una desviación de cinco gra­dos”, le dije desafiante a Gino.

“No voy a apostar, porque ya conozco la respuesta”.

Eso nos hizo soltar las carcajadas. Unos minutos después estábamos pa­rados frente a la construcción más grande de la Tierra. Hay que verlo para creerlo; sobrepasa a cualquier descripción que se haya leído acerca de ella. Estaba abrumado por su magnificencia, y la hallaba misteriosa por sus ocul­tos secretos, mística por su carácter esotérico. Dejamos que esa impresión nos invadiera durante algunos minutos y luego, empezamos a trabajar. Con el SPG, Gino midió las esquinas desde la pirámide; cuando caminamos de una esqui­na a la otra, también evaluó la dirección de la pirámide. El resultado ya no era una sorpresa para nosotros: había una desviación de cinco grados al Este, la misma desviación detectada en las otras dos pirámides.

El eje Norte-Sur

Durante nuestro cuidadoso estudio de los alrededores, nos topamos con una flecha hecha en el rojo granito de Assuán. Si uno se encuentra frente a la entrada, puede hallarla del lado de la mano izquierda del eje Sur-Norte de la pirámide de Kefrén. Para nuestra sorpresa, la flecha estaba orientada precisa­mente hacia el Norte. Eso nos llevó a la conclusión de que la desviación de cinco grados, de hecho respondía a una razón específica, en especial porque ya habíamos dado con este ángulo varias veces:

En Esna y Dendera.

En el cruce de dos pasadizos en el templo de Karnak.


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En la pared inclinada en Karnak (las paredes inclinadas son excep­
cionales).

En el sarcófago en el templo de Karnak (habitaciones en declive).

Al estudiar a los celtas.

Como ya lo mencioné, el ángulo puede explicarse por medio de la precesión o movimiento del zodíaco. Es así como los egipcios querían señalarles a las civilizaciones venideras que había que estudiar profundamente. De ahí que, cuando se devela la construcción de la gran pirámide, se hallan varios ángulos de 72 grados, conectados con el ángulo de cinco grados: 360 + 5 = 72. Al multiplicar 360 por 72 se halla la precesión: 72 x 360 = 25.920.

En Egipto, un año tenía 36 semanas de 10 días = 360 días. Los últimos cinco días eran dedicados a los dioses. Con el ángulo de cinco grados, los egipcios también quisieron decirnos que medían las horas y minutos de un día (24 x 60 = 1.440 minutos).

Si multiplica esto por cinco obtendrá 7.200, que es un múltiplo de 72. Otra vez, esto apunta a un código de precesión.

La enigmática desviación de los cinco grados en los templos y pirámides nos conduce a las siguientes conclusiones:

Las pirámides están construidas para señalarnos que la constelación
Orion es crucial. Si en virtud de la precesión se convierte en el centro
de interés, en la Tierra ocurrirá un desastre.

En este momento, Orion está casi en su ciclo más alto. Es la conste­
lación más visible en todo el cielo. Eso nos dice que el desastre se
aproxima.

La forma de las pirámides es similar al aspecto de Orion en 2012 y en
9792 a.C.

No subestime estos hallazgos porque ellos se basan en el enorme conoci­miento astronómico que tenían los egipcios. Las similitudes entre los templos, las pirámides y sus imágenes celestiales son una prueba incontestable. A fin de poder llevar a cabo tan grande y difícil tarea, deben haber sabido muchísi­mo sobre astronomía, geología, geodesia, proyección de mapas, etc.

Investigación sobre la ubicación

Hawara, Egipto, miércoles 2 de abril de 1997, 11 hs. A alta velocidad, el taxista apresuró su marcha por el desierto. El Sol me estaba quemando mis



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Figura 22. Existe un código astronómico oculto dentro del emplazamiento de las pirámides y los templos. Aqui puede apreciar una vista tridimensional de la relación entre las estrella** Deneb, Vega y Altaír, y la posición de los templos en Egipto.

ojos. A cierta distancia podía ver el contorno de la pirámide Hawara. Me movía impacientemente hacia delante y atrás. Gino señaló la construcción y asintió con su cabeza. Esa era. Nos estábamos acercando rápidamente al objetivo de nuestro viaje.

Llegamos; el paisaje era desolado y no se veía ni a un solo turista. Tres guías y un vendedor de boletos nos dieron la bienvenida con los brazos abier­tos. Ninguno de ellos hablaba inglés, pero afortunadamente nuestro conductor pudo facilitar la comunicación entre nosotros. La entrada costaba dieciséis libras egipcias, lo cual era bastante para una pirámide construida de arcilla, pero lo pagamos con gusto. Nos acompañaron dos guías. Gino y yo nos pusi­mos los sombreros para protegernos del Sol abrasador y emprendimos la mar­cha por el sendero de grava. Qued