Udana


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Capítulo I

LA ILUMINACIÓN

1. LA ILUMINACIÓN1 I

La Generación Condicionada en su orden natural. Todo tiene una causa.

He aquí lo que yo he oído decir2. Cierta vez el bhaga­vant 3 se encontraba en la localidad de Uruvelâ, en la orilla del río Nerañjarâ, bajo el Árbol de la Iluminación, habiendo recién alcanzado la condición de buddha4 (iluminado). En aquella ocasión el bhagavant estuvo sentado durante una semana en una misma postura pallanka5, experimentando la felicidad de la Liberación6. Y el bhagavant, al fin de esa semana, habiendo salido del samâdhi7(concentración de la mente), en la primer guardia de la noche, reflexionó profundamente acerca de la Generación Condicionada8 (patichchasamuppâda), en su orden natural:

«Cuando esto existe, se produce aquello; cuando surge esto, surge aquello, a saber:

los residuos kármicos 9 surgen teniendo como causa determinante a la ignorancia 10;

la conciencia surge teniendo como causa determinante a los residuos kármicos;

la individualidad11 surge teniendo como causa determinante a la conciencia;

los seis sentidos 12 surgen teniendo como causa determinante a la individualidad;

el contacto 13 surge teniendo como causa determinante a los seis sentidos;

la sensación surge teniendo como causa determinante al contacto;

el deseo surge teniendo como causa determinante a la sensación;

el apego14 surge teniendo como causa determinante al deseo;

la existencia 15 surge teniendo como causa determinante al apego;

el nacimiento surge teniendo como causa determinante a la existencia;

la vejez y la muerte, la pena y el llanto, el sufrimiento, el desagrado y la inquietud surgen teniendo como causa determi­nante al nacimiento.

Así se produce todo este cúmulo de sufrimientos.»

El bhagavant, comprendiendo el sentido 16, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cuando las cosas se revelan

en su verdadera naturaleza

al brahmán17 que medita con fervor,

entonces desaparecen todas sus dudas,

ya que descubre

que todo tiene una causa.

2. LA ILUMINACIÓN II

La Generación Condicionada en su orden contrario. Toda causa puede ser destruida.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la localidad de Uruvelâ, en la orilla del río Nerañjarâ, bajo el Árbol de la Iluminación, habiendo recién alcanzado la condición de buddha. En aquella ocasión el bhaga­vant estuvo sentado durante una semana en una misma postura pallanka, experimentando la felicidad de la Liberación. Y el bhagavant al fin de esa semana, habiendo salido del samâdhi, en la guardia media de la noche, reflexionó profundamente acer­ca de la Generación Condicionada en su orden contrario:

«Cuando no existe esto, no se produce aquello; cuando esto, cesa aquello, a saber:

cuando la ignorancia cesa, cesan los residuos kármicos; cuando los residuos kármicos cesan, cesa la conciencia; cuando la conciencia cesa, cesa la individualidad;

cuando la individualidad cesa, cesan los seis sentidos; cuando los seis sentidos cesan, cesa el contacto;

cuando el contacto cesa, cesa la sensación; cuando la sensación cesa, cesa el deseo; cuando el deseo cesa, cesa el apego;

cuando el apego cesa, cesa la existencia;

cuando la existencia cesa, cesa el nacimiento; cuando el nacimiento cesa, cesan la vejez y la muerte, la pena y el llanto, el sufrimiento, el desagrado y la inquietud. Así cesa todo este cúmulo de sufrimientos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cuando las cosas se revelan

en su verdadera naturaleza

al brahmán que medita con fervor,

entonces desaparecen todas sus dudas,

ya que descubre

que las causas pueden ser destruidas.

3. LA ILUMINACIÓN III

La Generación Condicionada en su orden natural y en su orden contrario.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la localidad de Uruvelâ, en la orilla del río Nerañjarâ, bajo el Árbol de la Iluminación, habiendo recién alcanzado la condición de buddha. En aquella ocasión el bhaga­vant estuvo sentado en una misma postura pallanka durante una semana, experimentando la felicidad de la Liberación. Y el bha­gavant al fin de esa semana, habiendo salido del samâdhi, en la última guardia de la noche, reflexionó profundamente acerca de la Generación Condicionada en su orden natural y en su orden contrario:

«Cuando existe esto, se produce aquello; cuando surge esto, surge aquello;

cuando no existe esto, no se produce aquello; cuando cesa esto, cesa aquello, a saber:

los residuos kármicos surgen teniendo como causa deter­minante a la ignorancia;

…(= 1, 1).

Así se produce todo este cúmulo de sufrimientos.

Cuando la ignorancia cesa y queda completamente des­truida, cesan los residuos kármicos;

…(= 1, 2).

Así cesa todo este cúmulo de sufrimientos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cuando las cosas se revelan

en su verdadera naturaleza

al brahmán que medita con fervor,

entonces él dispersa al ejército de Mâra 18,

como el sol que ilumina el cielo.

4. EL ORGULLO DE CASTA

El verdadero brahmán.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la localidad de Uruvelâ, en la orilla del río Nerañjarâ, bajo la Higuera de los Pastores de Cabras, habien­do recién alcanzado la condición de buddha. En aquella ocasión el bhagavant estuvo sentado durante una semana en una misma postura pallanka, experimentando la felicidad de la Liberación. Y el bhagavant, al fin de esa semana, salió del samâdhi.

Entonces, un cierto brahmán orgulloso de su casta se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, se salu­dó amistosamente con el bhagavant y, después de un intercam­bio de palabras cordiales y corteses, se quedó de pie a un lado, y, parado a un lado, aquel brahmán le preguntó entonces al bhagavant: «¿En razón de qué, oh Gotama, uno es brahmán? ¿Cuáles son las cualidades que hacen de uno un brahmán? »

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquel brahmán

que expulsó de sí las malas cualidades,

que carece de orgullo,

está libre de impurezas,

y es auto controlado;

que ha llegado al límite de la sabiduría,

practica la vida religiosa,

y no siente desprecio

por nada en este mundo,

con justicia,

él puede llamarse brahmán.

5. LOS BRAHMANES

El verdadero brahmán.

He aquí lo que yo be oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sâriputta, el venerable Mahâmoggallâna, el vene­rable Mahâkassapa, el venerable Mahâkachchâyana, el venerable Mahâkotthita, el venerable Mahâkappina, el venerable Mahâ­chunda, el venerable Anuruddha, el venerable Revata, el vene­rable Devadatta y el venerable Ânanda 19 se acercaron a donde estaba el bhagavant.

El bhagavant, desde lejos, vio acercarse a estos venerables y, al verlos, les dijo a sus bhikkhus 20: «Oh bhikkhus, ahí vie­nen esos brahmanes, ahí vienen esos brahmanes». Al decir esto el bhagavant, un bhikkhu de casta brahmánica le preguntó:

«¿En razón de qué, señor, uno es brahmán? ¿Cuáles son las cualidades que hacen de uno un brahmán? »

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquellos que han expulsado de sí las malas cualidades,

que viven siempre atentos,

han roto todos sus lazos

y han alcanzado la Iluminación,

aquéllos en verdad son brahmanes en este mundo.

6. EL VENERABLE MAHÂKASSAPA

Las divinidades y el bhikkhu. El verdadero brahmán.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. En aque­lla ocasión, el venerable Mahâkassapa estaba en la Gruta de la Higuera, enfermo, adolorido, sufriendo mucho. Tiempo des­pués, el venerable Mahâkassapa sanó de esa enfermedad. Y, des­pués de sanar de aquella enfermedad, al venerable Mahâkassapa se le ocurrió esto: «Iré a Râjagaha en busca de limosna».

Entonces había unas quinientas divinidades deseosas de ayudar al venerable Mahâkassapa en su recolección de limos­nas. Y el venerable Mahâkassapa, rechazando a esas quinientas divinidades, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Râjagaha para pedir limosna en la Calle de los Pobres, en la Calle de los Mendigos, en la Calle de los Tejedores. Y el bhagavant vio al venerable Mahâkassapa recorriendo Râjagaha en busca de limosna, por la Calle de los Pobres, por la Calle de los Mendigos, por la Calle de los Te­jedores.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Yo llamo brahmán

a aquel que todos saben

que no depende de otros para su sustento,

que se controla,

está afincado en la verdad,

está libre de impurezas

y ha arrojado de sí el odio.

7. EL YAKSHA21 AJAKALÂPAKA

Buda y el yaksha.

He aquí lo que yo be oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Pâvâ, en el monumento sepulcral de Ajakalâpaka, morada del yaksha Ajakalápaka. En aquella ocasión el bhagavant estaba sentado al aire libre, en la oscu­ridad de la noche, y lloviznaba persistentemente y el yaksha Ajakalâpaka, queriendo producirle al bhagavant miedo, temor y horripilación, se acercó a donde él se encontraba y, habién­dosele acercado, pensando: «Se confundirá, se turbará», por tres veces, cerca de él, dio un grito capaz de confundirlo, capaz de turbarlo y le dijo: «Samán22, ahí tienes un demonio».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cuando el brahmán ha alcanzado

el límite extremo de sus cualidades

está más allá

de lo demonios y de sus gritos.

8. EL VENERABLE SANGÂMAJI

El bhikkhu imperturbable frente a su mujer y a su hijo. El verdadero brahmán.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sangâmaji llegó a Sâvatthi para ver al bhagavant. La ex-esposa del venerable Sangâmaji oyó decir: «El honorable. Sangâmaji ha llegado a Sâvatthi». Entonces ella, tomando a su hijo, fue al Bosque del Príncipe Jeta.

El venerable Sangâmaji estaba sentado bajo un árbol, des­cansando durante las horas de calor. Entonces la ex-esposa del venerable Sangâmaji se acercó a donde él estaba y, habiéndose acercado, le dijo: «Samán, tengo un hijo pequeño 23, dame de comer». Cuando ella le dijo esto, el venerable Sangâmaji guar­dó silencio.

Por segunda vez la ex-esposa del venerable Sangâmaji le dijo: « Samán, tengo un hijo pequeño, dame de comer». Y por segunda vez el venerable Sangâmaji guardó silencio.

Por tercera vez entonces la ex-esposa del venerable Sangâmaji le dijo: «Samán, tengo un hijo pequeño, dame de comer». Por tercera vez el venerable Sangâmaji guardó silencio.

Entonces la ex-esposa del venerable Sangâmaji, poniéndole al niño delante, se fue, diciéndole: «Samán, he aquí a tu hijo, dale de comer».

El venerable Sangâmaji ni miró al niño ni le habló. Y la ex-esposa del venerable Sangâmaji, que sólo se había alejado un corto trecho, dándose vuelta, vio que el venerable Sangâmaji ni miraba al niño ni le hablaba. Al ver esto, ella pensó: «Este samán no necesita a su hijo». Entonces, regresando, tomó al niño y se fue. El bhagavant, con su ojo divino, puro y sobre­humano vio en el venerable Sangâmaji semejante transforma­ción frente a su mujer.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

No se regocija cuando ella se le acerca,

no sufre cuando ella se va:

yo llamo brahmán

a Sangâmaji, liberado así del apego.

9. LOS ASCETAS DE CABELLOS EN RODETE

Las penitencias en el agua helada y la verdadera purificación.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Gayâ, en la Colina de Gayâ. En esa misma ocasión, en Gayâ, numerosos ascetas de cabellos en rodete en las noches frías y heladas, en el invierno, en la época de la caída de las nieves, se sumergían en el agua y emergían de ella, vertían agua sobre sus cuerpos y realizaban ofrendas en el fuego pensando: «De esta manera se consigue la purificación».

El bhagavant vio a aquellos numerosos ascetas de cabellos en rodete que en las noches frías y heladas, en el invierno, en la época de la caída de las nieves, se sumergían en el agua y emergían de ella, vertían agua sobre sus cuerpos y realizaban ofrendas en el fuego pensando: «De esta manera se consigue la purificación».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Esta gente se baña con exceso,

pero uno no se purifica con el agua;

aquél que posee la verdad y la doctrina,

ése es puro, ése es un brahmán.

10. BÂHIYA

La historia de Bâhiya Dâruchíriya. La Iluminación instantánea. El nirvâna.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque de Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión Bâhiya Dâruchiriya vivía en el puerto de Suppâraka, en la orilla del mar, y era honrado, respetado, reverenciado, venera­do, estimado por todos y recibía como regalo túnicas, alimen­tos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medi­cinas y variados utensilios. Y una vez que Bâhiya Dâruchiriya se encontraba a solas, en un lugar apartado, surgió en su mente esta idea: «Yo soy uno de aquellos que en este mundo han llegado a ser arhants 24 o que han ingresado en el camino que lleva a la condición de arhants».

Ahora bien, una deidad, que en una vida anterior había sido un familiar de Bâhiya Dâruchiriya, llena de compasión por él y deseando su bien, captando con su mente el pensamiento de Bâhiya, se acercó a donde él se encontraba y, habiéndosele acercado, le dijo: «Oh Bâhiya, tú no eres un arhant ni has ingresado en el camino que lleva a la condición de arhant, no es ésta la manera como tú puedes llegar a ser arhant, ni ingre­sar en el camino que lleva a la condición de arhant».

«¿Entonces quienes, en este mundo, incluyendo a los dioses, son arhants o han ingresado en el camino que lleva a la condición de arhant? »

«Oh Bâhiya, en las provincias del norte existe una ciu­dad de nombre Sâvatthi. Ahí está viviendo el bhagavant, el arhant, el perfectamente iluminado. Bâhiya, el bhagavant, es en verdad un arhant y predica la doctrina que lleva a la condición de arhant».

Bâhiya Dâruchlriya, inducido por esa deidad, de inmedia­to partió de Suppâraka y no deteniéndose sino de noche en su viaje, fue a Sâvatthi, al Bosque del Príncipe Jeta, al parque de Anâthapindika. En aquella ocasión numerosos bhikkhus se paseaban al aire libre. Entonces Bâhiya Dâruchlriya se acercó a donde estaban los bhikkhus y, habiéndoseles acercado, les dijo:

«Señores, ¿dónde está ahora el bhagavant, el arhant, el per­fectamente iluminado? Estoy deseoso de ver al bhagavant, al arhant, al perfectamente iluminado».

«Bâhiya, el bhagavant se ha ido a pedir limosna en las calles de la ciudad».

De inmediato Bâhiya Dâruchlriya, saliendo del Bosque del Príncipe Jeta y entrando en Sâvatthi, vio al bhagavant cami­nando por Sâvatthi en busca de limosna, afable, inspirando con­fianza, con sus sentidos calmados, con su mente serena, ha­biendo alcanzado la más perfecta calma y auto control, elefante domado, alerta, con sus sentidos subyugados, y, habiéndolo visto, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, inclinándose a los pies del bhagavant, le dijo: «Señor, que el bhagavant me enseñe la doctrina, que el bien encami­nado me enseñe la doctrina que ha de ser para mi bien y para mi felicidad por largo tiempo». Cuando Bâhiya le dijo esto, el bhagavant le contestó: «Ahora no es el momento, Bâhi­ya, hemos venido a la ciudad en busca de limosna».

Por segunda vez entonces Bâhya Dâruchiriya le dijo al bhagavant: «Señor, difícil es saber qué peligros acechan la vida del bhagavant, qué peligros acechan mi vida; que el bhagavant me enseñe la doctrina, que el bien encaminado me enseñe la doctrina que ha de ser para mi bien y para mi felicidad por largo tiempo». Por segunda vez el bhagavant le contestó a Bâ­hiya Dâruchiriya: «Ahora no es el momento, Bâhiya, hemos venido a la ciudad en busca de limosna».

Por tercera vez Bâhiya Dâruchiriya le dijo al bhagavant: «Señor, difícil es saber qué peligros acechan la vida del bhaga­vant, qué peligros acechan mi vida; que el bhagavant me enseñe la doctrina, que el bien encaminado me enseñe la doctrina que ha de ser para mi bien y para mi felicidad por largo tiempo».

«Entonces, Bâhiya, de esta manera debes tú ejercitarte: Que en lo visto exista sólo lo visto, en lo oído sólo lo oído, en lo pensado sólo lo pensado, en lo conocido sólo lo conocido. De esta manera debes tú ejercitarte, oh Bâhiya. Cuando para ti, Bâhiya, en lo visto exista sólo lo visto, en lo oído sólo lo oído, en lo pensado sólo lo pensado, en lo conocido sólo lo conocido, entonces, tú, Bâhiya, ya no estarás con esas cosas; cuando tú, Bâhiya, ya no estés con esas cosas, entonces tú, Bâhiya, no estarás en ellas; y, cuando tú, Bâhiya, no estés en ellas, entonces tú, oh Bâhiya, ya no estarás ni en este mundo ni en el otro ni entre uno y otro: Este es el fin del sufri­miento» 25

Entonces, gracias a esta concentrada enseñanza de la doc­trina dada por el bhagavant, la mente de Bâhiya Dâruchlriya, sin apego por las cosas de este mundo, se liberó de las impu­rezas instantáneamente.

Y el bhagavant, habiendo instruido a Bâhiya Dâruchiriya mediante esta concentrada enseñanza, se retiró. No bien par­tiera el bhagavant, una vaca con su joven ternero, atacando a Bâhiya Dâruchiriya, le quitó la vida.

Y el bhagavant, habiendo recorrido Sâvatthi en busca de limosna, por la tarde, regresando de la recolección de limosna y saliendo de la ciudad con numerosos bhikkhus, vio a Bâhiya Dâruchiriya muerto y, habiéndolo visto, dijo a sus bhikkhus «Bhikkhus, tomad el cuerpo de Bâhiya Dâruchiriya y poniéndolo sobre una camilla, lleváoslo y quemadlo y hacedle u stupa 29; uno de vuestros compañeros, oh bhikkhus, ha muerto”.

Y los bhikkhus, diciendo: «Sí, señor», obedeciendo al bhagavant, poniendo el cuerpo de Bâhiya Dâruchiriya sobre ur camilla, se lo llevaron, lo quemaron, hicieron un stupa y regresaron a donde estaba el bhagavant; y, habiéndosele acercad lo saludaron y se sentaron a un lado y, sentados a un lado aquellos bhikkhus dijeron al bhagavant: «Señor, el cuerpo de Bâhiya Dâruchiriya ya ha sido quemado y su stupa ha sido hecho. ¿Cuál es su destino? ¿Cuál su condición futura? »

«Bâhiya Dâruchiriya era un pandit28; actuó de conformidad con la doctrina y no me ha molestado con respecto a la doctrina 29: oh bhikkhus, Bâhiya Dâruchlriya ha alcanzado el parinirvâna (nirvâna supremo)30.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquel ocasión este udâna:

Ahí el agua, la tierra, el fuego y el aire

no pueden establecerse,

ahí no brillan las estrellas ni resplandece el sol,

ahí no se ilumina la luna ni existe la tiniebla31.

Cuando el sabio, brahmán por su sabiduría,

ha llegado por si mismo al conocimiento,

entonces se libera de la forma y de la no-forma32

de la felicidad y el sufrimiento.

1. Bodhi, «Iluminación», proviene de la raíz BUDH que significa «despertarse». Deberíamos traducir bodhi, por “el despertar”. Sin em­bargo hemos adoptado la traducción «Iluminación» por ser la tradi­cional y porque su conexión con la terminología mística occidental le da mayor fuerza expresiva.

La Iluminación (bodhi) es el estado que se produce con la cap­tación de las verdades básicas del Budismo, como la patichchasamuppâda o Generación Condicionada, expuesta justamente en éste y los siguientes sutras. Cuando se produce la Iluminación, entonces se revela la verda­dera naturaleza de las cosas. (Ver las estrofas de los udânas correspon­dientes a los tres primeros sutras de este capítulo).

2. Todos los sutras empiezan con la expresión evam me suttam: «he aquí lo que yo he oído decir». Esta expresión se relaciona con la manera como se constituyó el Canon Pâli. En el Concilio de Râjagaha, Ânanda, el discípulo que constantemente acompañó a Buda, y Upâli, el barbero, recitan las palabras de Buda e informan acerca de las cir­cunstancias en que fueron pronunciadas, y el Concilio les da valor oficial, constituyéndose el Canon Pali con la información dada por Ânanda y Upâli. Ambos empezaban su relato con la indicada expresión: evam me suttam.

3. Bhagavant, epíteto frecuente de Buda que significa: «afortuna­do», «ilustre», «sublime», «señor».

4. Buddha, «iluminado». Deberíamos también traducir por «el que ha despertado», pero, de acuerdo con lo expresado en la nota 1 de este Capítulo, hemos adoptado la traducción: «el iluminado». «Iluminado es aquel que ha obtenido la Iluminación, a que se refiere la misma nota 1.

3. Postura o manera de sentarse apropiada para la meditación, con las piernas cruzadas. Corresponde a la postura yóguica: padmâsana.

6. Liberación (vimutti). El concepto de «Liberación» tiene múltiplo aspectos: liberación del deseo; de la pasión y del odio; del afecto del cariño, del amor; de la sumisión a los sentidos; de los lazos de Mâra (personificación de la sensualidad y de la muerte); de la individualidad; del sufrimiento; de las reencarnaciones y, finalmente, como equivalente del nirvâna, en cuanto el nirvâna es la suprema Liberación que abarca los aspectos antes señalados. El nirvâna que experimenta Buda en el presente texto es un nirvâna transitorio, diferente del parinirvâna, que se produce en el momento de la muerte y del cual ya no se regresa.

7. Samâdhi, término del Yoga que significa: «concentración intensa y prolongada de la mente», con la cual se da la supresión de los procesos mentales que constituyen el trance. Para el Budismo en la inmovilización de la mente en una quietud total se da el nirvâna.

8. Sobre la Generación Condicionada ver la Sección respectiva de 1a Introducción.

9. Residuos kármicos (sankhâra; en sánscrito: samskâra). Término de múltiples acepciones y difícil, por lo mismo, de ser traducido. Con este termino la patichchasamuppâda (Generación Condicionada) nos lleva a la vida anterior del individuo, interviniendo en este momento el concepto de karman, o sea la idea de que lo que uno hace en una vida surte sus efectos en la siguiente, que todo acto «madura» en una exis­tencia posterior. Por sankhâra debemos entender en el presente caso las potencialidades acumuladas en una vida y que se actualizan en la vida siguiente; las energías creadas y no gastadas en una existencia anterior y que actúan en otra existencia; la herencia que el individuo se dejó a sí mismo en una vida anterior; la predestinación que no se debe ni a los antepasados ni a la fatalidad ni a la voluntad de un dios, sino a uno mismo. Asimismo, como se verá por la fórmula siguiente de la Generación Condicionada, es el conjunto de los residuos kármicos el que da origen a la conciencia en la nueva encarnación del individuo. Los residuos kármicos constituyen los factores condicionantes de la exis­tencia.

10. Ignorancia (avijjâ). La ignorancia es el desconocimiento de las verdades básicas del Budismo, expuestas en los textos del Canon Pâli.

11. Hemos traducido por «individualidad» el término pâli: nâma­rûpa, que literalmente significa «nombre y forma». El valor de nâmarûpa como principio individualizador se hace claramente presente en el siguiente pasaje de la Brihadâranyak Upanishad 1.4, 7: «Entonces todo estaba todavía indiferenciado. Por medio del nombre y de la forma todo se diferenció». Cf. Chândogya Upanishad 4.3, 2.

12. De acuerdo con la psicología india la mente constituye el sexto sentido cuyo objeto son las ideas. El término âyatana, que hemos tra­ducido por «sentido», significa literalmente «dominio», «esfera», «cam­po» y comprende el sentido y el objeto que le corresponde. Es necesario la existencia, por un lado, del sentido, y, por otro, del objeto para que se pueda producir el contacto entre ambos, contacto que es la condi­ción de la sensación, como se verá por las dos fórmulas siguientes de la Generación Condicionada.

13. El contacto (phassa) es la combinación del sentido, del objeto y de la percepción. Ver nota 12.

14. El considerar al deseo y al apego como causas que encadenan a las reencarnaciones es una concepción que aparece ya en las más antiguas Upanishads.

15. Por bhava, «existencia», debemos entender la existencia, acuerdo con la concepción budista: el pasar de una encarnación a otra, el estar encadenado a las reencarnaciones, el formar parte de esta realidad, diferente y distinta del nirvâna, única entidad absoluta y trascendente, realidad caracterizada por lo doloroso, lo transitorio, lo insustancial. La existencia está condicionada precisamente por el apego a las cosas que constituyen esta realidad.

16. Hemos traducido la expresión etam attham viditvâ, que aparece al final de cada Sûtra, por: «comprendiendo el sentido». Es a veces difícil encontrar el nexo entre esta expresión y la narración que precede.

17. El termino brahmán, que originariamente designa a un miembro de la casta brahmánica, sacerdotal, se refiere aquí a la persona que posee las cualidades exaltadas por el Budismo. Ver Capítulo XXVI Dhammapada.

18. Mâra, el Maligno, el Negro, el Tenebroso es la personificación de la Muerte y el Señor de los sentidos y de la sensualidad. Es el ene­migo del hombre en su progreso hacia la liberación mediante el nirvâna, ya que como Señor de la sensualidad produce el deseo y el apego que liga al hombre a la existencia, a las reencarnaciones. Los textos budistas se refieren a Mâra planeando constantemente tentaciones para Buda y sus discípulo mediante su ejército de vicios y placeres.

19. Principales discípulos de Buda. El término mahâ, que integra algunos de los nombres que aparecen en el texto, significa literalmente «grande» y se antepone al nombre propio como marca de honor.

20. Bhikkhu: monje budista.

21. Yaksha (en pâli: yakkha) divinidad menor.

22. Samán (en pâli samana): monje errante.

23. Seguimos el texto de la PTS.

24. Arhant: el término arhant se aplica a aquellos que han hecho realidad las enseñanzas de Buda alcanzando la meta a la que ellas conducen: la sabiduría y la liberación.

25. De acuerdo con la enseñanza que Buda imparte aquí, el hombre no debe establecer ningún vínculo afectivo con el mundo. No existiendo vinculo afectivo el hombre ya no está «con las cosas» ni “en las cosas”, está al margen, de esa manera, del ciclo de las reencarnaciones en éste o en otro mundo y ha puesto fin al sufrimiento.

26. Stupa: monumento funerario en el cual se depositan las cenizas.

27. El texto se refiere al destino después de la muerte.

28. Pandit (en pâli: pandita): sabio, erudito.

29. A pesar de que Buda le impartió su doctrina en forma sua mente concisa, Bâhiya la comprendió y no le hizo preguntas inoportunas.

30. El nirvâna es un estado trascendente, completamente al margen y diferente de esta realidad. Ingresar en él significa poner fin a reencarnaciones y al sufrimiento. Se ingresa en el nirvâna en el curso del trance. Se dice que una persona ingresó en el nirvana supremo o parinirvâna cuando su muerte se produce en el momento del trance.

31. Descripción del nirvâna.

32. Expresión para designar toda forma de existencia.

CAPÍTULO II

MUCHALINDA, EL REY DE LOS NÂGAS

1. MUCHALINDA, EL REY DE LOS NÂGAS1

Buda y Muchalinda. La felicidad y el egotismo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la localidad de Uruvelâ, en la orilla del río Nerañjarâ, bajo el Árbol de Muchalinda, habiendo recién alcan­zado la condición de huddha. En aquella ocasión el bhagavant estuvo sentado durante una semana en una misma postura pa­llanka, experimentando la felicidad de la Liberación.

Y en aquella ocasión el cielo se cubrió inesperadamente de nubes y durante siete días llovió, soplaron vientos fríos y los días eran oscuros. Entonces Muchalinda, rey de los nâgas, saliendo de su morada, se irguió, rodeando siete veces con sus anillos el cuerpo del bhagavant y extendiendo su gran capucha sobre la cabeza del bhagavant, pensando: «Que el frío no mor­tifique al bhagavant, que el calor no lo mortifique, que no lo mortifiquen los tábanos, los mosquitos, el viento, el calor ni los reptiles».

Y el bhagavant al fin de esa semana salió de aquel samâdhi. Entonces Muchalinda, rey de los nâgas, al ver el cielo claro y despejado de nubes, desenredando sus anillos del cuerpo del bhagavant, despojándose de su propia forma y asumiendo la for­ma de un muchacho, se paró delante del bbagavant haciendo el añjali 2 y rindiéndole homenaje.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

El desapego produce felicidad

para el que está satisfecho,

ha oído la doctrina y sabe ver.

En este mundo producen felicidad

la bondad de corazón,

la moderación para con todos los seres.

En este mundo producen felicidad

la ausencia de pasiones

y la superación de los deseos.

Pero la destrucción del egotismo

es en verdad la felicidad suprema.

2. LOS REYES

Buda recomienda a los bhikkhus discutidores conversar sobre la doctrina o el noble silencio.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión surgió esta discusión entre los numerosos bhikkhus que habían retornado por la tarde de la recolección de limosnas y se encon­traban sentados, reunidos, en el Salón de Asambleas: «¿Quién de entre estos dos reyes: Seniya Bimbisâra de Magadha o Pa­senadi de Kosala, tiene más riquezas, más fortuna, más tesoros, mayores dominios, más vehículos, más ejércitos, más poderes, más autoridad?». Esta discusión de bhikkbus quedó entonces inconclusa. Y el bhagavant, habiendo salido de su retiro por la tarde, se acercó al Salón de Asambleas y, habiéndose acercado, se sentó en el asiento preparado para él. Y una vez sentado, el bhagavant les dijo a los bhikkhus: « ¿Qué estaís discutiendo ahora, oh bhikkhus, sentados y reunidos aquí? ¿Y cuál es la discusión que habéis dejado inconclusa?»

«Señor, después que retornamos por la tarde de la recolección de limosnas y mientras nos encontrábamos sentados y reunidos aquí en este Salón de Asambleas, surgió entre nosotros esta discusión: “¿Quién de entre estos dos reyes: Seniya Bimbisâra de Magadha o Pasenadi de Kosala, tiene más riquezas, más fortuna, más tesoros, mayores dominios, más vehícu­los, más ejércitos, más poder, más autoridad?”. Esta era nuestra discusión, que estaba aún inconclusa, cuando el bhagavant

llegó».

«Oh bhikkhus, no es conveniente para vosotros, hijos de

familia que impulsados por la fe habéis salido de vuestras casas para llevar una vida errante, que sostengáis semejante tipo de discusiones. Oh bhikkhus, cuando estéis reunidos, dos cosas os toca: o bien conversar sobre la doctrina o el noble silencio».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

La felicidad que en este mundo

surge del placer sensual

y la felicidad que existe en el cielo,

no equivalen ni a la más pequeña parte

de la felicidad que surge

de la destrucción del deseo.

3. LA VIOLENCIA

Los muchachos y la serpiente. La violencia y la ahimsâ 3.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión un grupo numeroso de muchachos estaba matando con un palo a una serpiente, entre Sâvatthi y el Bosque del Príncipe Jeta. Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Sâvatthi en busca de limosna. Vio entonces a aquel grupo numeroso de muchachos matando con un palo a una serpiente, entre Sâvatthi y el Bosque del Príncipe Jeta.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Todos los seres desean su propia felicidad.

Aquel que buscando su propia felicidad

les hace daño con violencia,

aquél no alcanza la felicidad después de la muerte.

Todos los seres desean su propia felicidad.

Aquel que buscando su propia felicidad,

no les hace daño con violencia,

aquél alcanza la felicidad después de la muerte.

4. LOS HONORES

Rivalidad entre las Sectas. El apego como causa de la felicidad y la desgracia.

He aquí lo que yo be oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prínci­pe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el bhagavant era honrado, respetado, reverenciado, venerado, esti­mado y recibía como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. Y la congregación de bhikkhus era también honra­da, respetada, reverenciada, venerada, estimada y recibía como regalo, túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. En cambio los mendicantes de otras sectas no eran ni honrados ni respetados ni reverenciados ni venerados ni estimados ni recibían como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo, ni medicinas ni utensilios. Estos men­dicantes de otras sectas, no pudiendo tolerar los honores reci­bidos por el bhagavant y la congregación de bhikkhus, cuando veían a los bhikkhus, en la aldea o en el bosque, los insultaban los censuraban, los hostigaban, los mortificaban con palabras viles y rudas.

Entonces, numerosos bhikkhus se acercaron a donde esta­ba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhaga­vant, se sentaron a un lado y, sentados a un lado, aquellos bhikkbus le dijeron al bhagavant: «Señor, el bhagavant es aquí honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado, recibe como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. La congregación de bhikkbus es también honrada, respetada, reve­renciada, venerada, estimada y recibe como regalo túnicas, ali­mentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. En cambio, señor, los mendi­cantes de otras sectas no son ni honrados ni respetados ni reve­renciados ni venerados ni estimados ni reciben como regalo tú­nicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo, ni medicinas ni variados utensilios. Y estos mendi­cantes de otras sectas, no pudiendo tolerar los honores recibidos por el bhagavant y la congregación de bhikkhus, cuando ven a los bhikkhus, en la ciudad o en el bosque, los insultan, los censuran, los hostigan, los mortifican con palabras viles y rudas».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cuando en la aldea o en el bosque

lo afectan a uno la felicidad o la desgracia,

uno no debe pensar que ellas tienen que ver

con uno mismo o con los otros.

Es debido al apego que los contactos 4 afectan.

¿Cómo afectarían al que carece de apego?

5. EL UPÂSAKA5

Í Buda y el upâsaka atareado. El no poseer nada como fuente de felicidad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión un upâsaka, de la aldea brahmana de Ichchânangala llegó a Sâvatthi por una diligencia que tenía que hacer. Y aquel upâsaka, después de haber hecho lo que tenía que hacer en Sávatthi, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y el bhagavant le dijo a aquel upâsaka que estaba sentado a un lado: «Después de mucho tiempo, oh upâsaka, lograste encontrar la ocasión de venir aquí».

«Señor, desde hace mucho tiempo estoy deseoso de venir para ver al bhagavant, pero, retenido por múltiples obligaciones, no pude venir a ver al bhagavant».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

La felicidad es de aquel6 que no tiene nada,

que ha dominado la doctrina

y ha alcanzado gran sabiduría.

Mira como sufre el que tiene algo.

El hombre está encadenado al hombre.

6. LA MUJER ENCINTA

El brahmán que se enfermó por traerle aceite a su mujer. El poseer nada como fuente de felicidad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Príncipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión una joven mujer brahmán, esposa de un mendicante, estaba encinta, próxima al parto. Entonces aquella mendicante le dijo al mendicante: «Ve, brahmán, tráeme aceite, que me servirá una vez que haya dado a luz».

Al decir ella esto, el mendicante le contestó: «Señora, ¿dónde he de traer yo aceite?» Por segunda vez la mendicante le dijo al mendicante: «Ve, brahmán, tráeme aceite, que me servirá una vez que haya dado a luz». Por segunda vez el mendicante le contestó: «Señora, ¿de dónde he de traer yo aceite. Por tercera vez la mendicante le dijo al mendicante: « Ve brahmán, tráeme aceite que me servirá una vez que haya da a luz».

Justamente en aquella ocasión, en los almacenes del rey Pasenadi de Kosala, se estaba dando a samanes y brahmanes, toda la manteca y el aceite que necesitasen para consumir ahí, pero no para llevarse.

Entonces al mendicante se le ocurrió: «En los almacenes del rey Pasenadi de Kosala se está dando a samanes y brahmanes toda la manteca y el aceite que necesiten para consumir ahí, pero no para llevarse. Yendo pues a los almacenes del rey Pasenadi de Kosala beberé cuanto aceite sea necesario, regre­saré a casa y vomitándolo, se lo daré a ella para que le sirva una vez que haya dado a luz».

Entonces el mendicante, yendo a los almacenes del rey Pa­senadi de Kosala, bebió todo el aceite necesario y regresó a su casa, pero no pudo expulsarlo ni por arriba ni por abajo. Y, afli­gido por dolorosas, agudas, penosas y amargas sensaciones, iba y venía y daba vueltas.

Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, to­mando su manto y su escudilla, se dirigió a Sâvatthi en busca de limosna. Entonces el bhagavant vio al mendicante afligido por dolorosas, agudas, penosas y amargas sensaciones, yendo y viniendo y dando vueltas.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Son felices los que no tienen nada,

pues los que no tienen nada

han alcanzado el más alto conocimiento.

Mira como sufre el que tiene algo.

El hombre tiene su mente encadenada al hombre.

7. EL HIJO UNICO

El upâsaka a quien se le murió su hija. El apego por lo que tiene apariencia agradable como raíz del sufrimiento.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el Parque de Anâthapindika. En aquella ocasión murió el único hijo de un upâsaka, un niño agradable y muy querido. Entonces numerosos upâsakas con las ropas y el pelo aún húmedos 7 se acercaron al amanecer a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludaron al bhagavant y se sentaron a un lado. Y el bhagavant les dijo a aquellos upâsakas sentados a un lado: « ¿Por qué habéis venido aquí, oh upâsakas, al amanecer, con las ropas y el pelo aún húmedos?»

Al decir el bhagavant esto, aquel upâsaka le contestó: «Se­ñor, ha muerto mi único hijo, un niño agradable y muy que­rido. Por esta razón hemos venido al amanecer con las ropas y el pelo aún húmedos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Los dioses y la mayoría de los hombres,

atados por el goce de lo que tiene apariencia agradable,

presa del sufrimiento y de la vejez,

caen en poder del rey de la Muerte;

pero aquellos que, de día y de noche,

alertas y vigilantes,

dejan de lado lo que tiene apariencia agradable,

aquellos arrancan por completo

aquella raíz del sufrimiento,

aquel señuelo de la muerte,

tan difícil de superar.

8. SUPPAVÂSÂ

El largo embarazo de Suppavâsâ y los poderes sobrenaturales de Buda. La falta de discriminación subyuga al que no es alerta y vigilante.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la aldea de Kundika, en el bosque de Kundadhâna. En aquella ocasión Suppavâsâ, hija del rey de Koliya hacía ya siete años que se encontraba encinta. Durante una semana estuvo en dificultades para dar a luz y, afligida por dolorosas, agudas, penosas y amargas sensaciones, soportaba todo con tres pensamientos: «Perfectamente iluminado es el bhagavant, que predica la doctrina con miras al abandono de esta clase de sufrimiento; bien encaminada está la congregación de discípulos de este bhagavant, la cual sigue el camino para el abandono de esta clase de sufrimiento; verdadera felicidad es el nirvâna donde no existe esta clase de sufrimiento».

Y Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, le dijo a su mari­do: «Ve tú, noble señor, acércate a donde se encuentra el bha­gavant y habiéndote acercado a él, ríndele homenaje en mi nombre prosternándote ante sus pies; pregúntale por su salud, bienestar, vigor, fuerza y comodidad, diciendo: Suppavâsâ, señor, hija del rey de Koliya, rinde homenaje al bhagavant prosternándose ante sus pies y pregunta por su salud, bienestar, vigor, fuerza y comodidad”. Y dile además: “Suppavâssâ, señor, hija del rey Koliya, hace ya siete años que se encuentra encinta. Hace una semana que está en dificultades para dar a luz y, afligida por dolorosas, agudas, penosas, amargas sensaciones, soporta todo con tres pensamientos: Perfectamente iluminado es el bhagavant, que predica la doctrina con miras al abandono de esta clase de sufrimiento; bien encaminada está la con­gregación de discípulos de este bhagavant, la cual sigue el ca­mino para el abandono de esta clase de sufrimiento; verdadera felicidad es el nirvâna, donde no existe esta clase de sufri­miento”.»

Diciendo: «Muy bien», el de Koliya8, obedeciendo a Suppa­vâsâ, hija del rey de Koliya, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant se sentó a un lado. Y, sentado a un lado, el de Koliya le dijo al bhagavant: «Señor, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, rinde homenaje al bhagavant prosternándose ante sus pies y pregun­ta por su salud, bienestar, vigor, fuerza y comodidad y además dice: “Señor, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, hace ya siete años que se encuentra encinta. Hace una semana que está en dificultades para dar a luz y, afligida por dolorosas, agudas, penosas, amargas sensaciones, soporta todo con tres pensamien­tos: Perfectamente iluminado es el bhagavant que predica la doctrina con miras al abandono de esta clase de sufrimiento; bien encaminada está la congregación de discípulos de este bha­gavant, la cual sigue el camino para el abandono de esta clase de sufrimiento; verdadera felicidad es el nirvâna, donde no existe esta clase de sufrimiento”».

«Que Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, sea muy feliz y que, sana, dé a luz un hijo sano».

(Y con estas palabras del bhagavant, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, feliz y sana, dio a luz un hijo sano).

Diciendo: «Así sea, señor», el de Koliya, contento y alegre con lo dicho por el bhagavant, se levantó de su asiento, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhina 9, y regres6 a su casa. Y el de Koliya vio a Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, feliz y sana, habiendo dado a luz un hijo sano. Y, habiéndola visto así, pensó esto: «! Cosa extraordinaria, señor, cosa prodi­giosa son ciertamente las facultades sobrenaturales y el gran poder del tathâgata10, ya que Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, con la simple palabra del bhagavant, feliz y sana, ha dado a luz un hijo sano!» y se llenó de alegría, contento, satisfacción y felicidad.

Entonces Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, le dijo nuevamente a su marido: «Ve tú, noble señor, acércate a donde se encuentra el bhagavant y, habiéndote acercado a él, ríndele homenaje en mi nombre, prosternándote ante sus pies, diciendo: ‘Señor, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, rinde homenaje al bhagavant prosternándose ante sus pies y dice además: Suppavâsâ, señor, hija del rey de Koliya, hacía siete años que se en­contraba encinta. Durante una semana estuvo en dificultades para dar a luz y ahora se encuentra feliz y sana, después de haber dado a luz un hijo sano. Ella invita a comer a la con­gregación de bhikkhus con Buda a la cabeza durante una sema­na. Que el bhagavant, en compañía de sus bhikkhus acepte a Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, estas siete comidas».

Diciendo: «Muy bien» el de Koliya, obedeciendo a Suppa­vâsâ, hija del rey de Koliya, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Y, sentado a un lado, el de Koliya le dijo al bhagavant: «Señor, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, rinde homenaje al bhagavant prosternándose ante sus pies y además dice: ‘Se­ñor, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, hacía siete años que se encontraba encinta. Durante una semana estuvo en difi­cultades para dar a luz y ahora se encuentra feliz y sana, des­pués de haber dado a luz un hijo sano. Ella invita a comer a la congregación de bhikkhus con Buda a la cabeza durante una semana. Que el bhagavant, en compañía de sus bhikkhus, acepte a Suppavâsâ hija del rey de Koliya, estas siete comidas’».

En esa misma ocasión la congregación de bhikkhus, con Buda a la cabeza, había sido invitada a comer ese día por otro upâsa­ka. Este upâsaka era un servidor del venerable Mahâmoggallâna. Y el bhagavant le dijo al venerable Mahâmoggallâna: «Ve tú, Moggallâna, acércate a donde se encuentra el upâsaka y, habién­dote acercado a él, dile así: ‘amigo, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, hacía siete años que se encontraba encinta. Durante una semana estuvo en dificultades para dar a luz y ahora se encuentra feliz y sana, después de haber dado a luz un hijo sano, y ha invitado a comer a la congregación de bhikkhus con Buda a la cabeza durante una semana. Que Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, ofrezca sus siete comidas, después tú ofrecerás la tuya. El es tu servidor».

Diciendo: «Está bien, señor», el venerable Mahâmoggallâna, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraba aquel upâsaka y, habiéndosele acercado, le dijo: «Amigo, Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, hacía siete años que se encontraba encinta. Durante una semana estuvo en dificultades para dar a luz y ahora, se encuentra feliz y sana, después de haber dado a luz un hijo sano y ha invitado a comer a la congregación de bhikkhus con Buda a la cabeza durante una semana. Que Sup­pavâsâ hija del rey de Koliya, ofrezca sus siete comidas, des­pués tú ofrecerás la tuya».

«Si el noble señor Mahâmoggallâna me garantiza tres cosas:

fortuna, vida y fe, que entonces Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, ofrezca sus siete comidas y después yo ofreceré la mía».

«Amigo, yo te garantizo estas dos cosas: fortuna y vida; en lo que se refiere a la fe, tú eres tu propio garante».

«Si el noble señor Mahâmoggallâna me garantiza dos cosas:

fortuna y vida, entonces que Suppavâsâ hija del rey de Koliya, ofrezca sus siete comidas, después yo ofreceré la mía».

Y el venerable Mahâmoggallâna, habiendo convencido a aquel upâsaka, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, le dijo al bhagavant: «Señor, he conven­cido a aquel upâsaka. Que Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, ofrezca sus siete comidas, después él ofrecerá la suya».

Y Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, personalmente halagó y atendió durante una semana a la congregación de bhikkhus con Buda a la cabeza, con agradables alimentos sólidos y líqui­dos e hizo que su hijo rindiera homenaje al bhagavant y a toda la congregación de bhikkhus.

Y el venerable Sâriputta le dijo al muchacho: «Muchacho, ¿te encuentras bien? ¿estás bien? ¿no te sientes mal?».

¿Cómo podría encontrarme bien, señor Sâriputta? ¿Cómo podría estar bien? Siete años he pasado en el seno materno!».

Y Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, pensando: «Mi hijo está hablando con el Paladín de la doctrina» 11, se llenó de ale­gría, contento, satisfacción y felicidad. El bhagavant, viendo a Suppavâsâ, hija del rey de Koliya, llena de alegría, contento, satisfacción y felicidad, le preguntó: «¿Desearías tú, Suppavâsâ, otro hijo así?». «Señor, yo desearía otros siete hijos así».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

La desgracia tomada por felicidad,

lo desagradable, tomado por agradable,

y el dolor tomado por placer

subyugan al que no es alerta y vigilante.

9. VISÂKHÂ

La dependencia es sufrimiento. El poder es felicidad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Este, en el monasterio construido por la madre de Migâra. En aque­lla ocasión, Visâkha, madre de Migâra, tenía un asunto que dependía del rey Pasenadi de Kosala. Pero el rey Pasenadi de Kosala no lo resolvió de acuerdo a sus deseos.

Entonces Visâkha, madre de Migâra, al amanecer, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Y el bhagavant le dijo a Visâkha, madre de Migâra, que se encontraba sentada a un lado: «Pues bien, Visâkha, ¿por qué viniste al amanecer?»

«Señor, aquí, tenía un asunto que dependía del rey Pa­senadi de Kosala. Pero el rey Pasenadi de Kosala no lo resolvió de acuerdo a mis deseos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Toda dependencia comporta sufrimiento;

todo poder comporta felicidad 12;

la gente sufre en lo que posee de común con otros;

las ataduras son difíciles de superar.

10. BHADDIYA

La felicidad del ex-rey Bhaddiya. La vida del rey y la vida del monje. El hombre es superior a los dioses.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Anupiyâ, en el Bosque de Man­gos. En aquella ocasión el venerable Bhaddiya, hijo de Kali­godhâ, en donde se encontrara, en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario pronunciaba repetidamente esta exclama­ción: «¡Qué felicidad! ¡Qué felicidad!»

Numerosos bhikkhus oyeron que el venerable Bhaddiya, hijo de Kâligodhâ, dondequiera se encontrara, en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario, pronunciaba repetidamente esta exclamación: « ¡Qué felicidad! ¡Qué felicidad! » y, habien­do oído esto, pensaron: «Sin duda, el venerable Bhaddiya, hijo de Kâligodhâ, lleva la vida religiosa con descontento y, recordan­do la felicidad del poder real que tuvo en otro tiempo, cuando era un laico, dondequiera que se encuentra en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario pronuncia repetidamente esta exclamación: ¡ Qué felicidad! ¡ Qué felicidad!’»

Entonces los numerosos bhikkhus se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado; sentados a un lado, aque­llos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Señor, el venerable Bhaddiya, hijo de Kâligodhâ, dondequiera que se encuentre, en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario, pronuncia repe­tidamente esta exclamación: ¡ Qué felicidad! ¡ Qué felicidad!’ Sin duda, señor, el venerable Bhaddiya, hijo de Kâligodhâ, lleva la vida religiosa con descontento y, recordando la felicidad del poder real que tuvo en otro tiempo, cuando era un laico, don­dequiera que se encuentre, en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario pronuncia repetidamente esta exclamación: ‘¡Qué felicidad! ¡Qué felicidad!’»

Y el bhagavant le dijo a uno de los bhikkhus: «Anda tú, bhikkhu, llama al bhikkhu Bhaddiya en mi nombre, diciéndole:

‘El maestro, amigo Bhaddiya, te llama’»

Diciendo: «Está bien, señor», aquel bhikkhu, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraba el venerable Bhaddiya, hijo de Kâligodhâ, y habiéndosele acercado, le dijo:

«El maestro, amigo Bhaddiya, te llama». Diciendo: «Está bien, señor», el venerable Bhaddiya, hijo de Kâligodhâ, obedeciendo a ese bhikkhu, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado; y el bhagavant le dijo al venerable Bhaddiya que estaba sentado a un lado:

«¿Es verdad que tú, Bhaddiya, dondequiera que te encuen­tres, en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario pro­nuncias repetidamente esta exclamación: ¡ Qué felicidad! ¡ Qué felicidad!’?»

«Sí señor».

« ¿ Por qué razón, tú, Bhaddiya, dondequiera que te en­cuentres, en el bosque, bajo un árbol o en un lugar solitario pronuncias repetidamente esta exclamación: ‘¡Qué felicidad! ¡ Qué felicidad!’? »

«Señor, antes, cuando yo era un laico y ejercía el poder real, yo tenía guardias bien distribuidos incluso en el interior de mi palacio y en el exterior de mi palacio; yo tenía guardias bien distribuidos incluso en el interior de mi ciudad y en las afueras de mi ciudad; yo tenía guardias bien distribuidos in­cluso en mis dominios y en las fronteras de mis dominios. Y, a pesar de que yo estaba protegido y salvaguardado de tal modo, vivía atemorizado, inquieto, receloso, asustado. Ahora, señor, dondequiera que me encuentro, en el bosque, bajo un árbol, en un lugar solitario, aunque esté solo, vivo sin temor, tran­quilo, confiado, sin miedos, despreocupado, en paz, con lo que los otros me dan, con mi mente libre como un animal del bosque. Es por esta razón, señor, que yo, dondequiera que me encuentre, en el bosque, o bajo un árbol o en un lugar soli­tario, pronuncio repetidamente esta exclamación: ‘¡ Qué feli­cidad! ¡ Qué felicidad!’».

Los dioses no pueden alcanzar con la mirada

a aquel hombre13 en cuyo interior no existe cólera,

que está más allá de cualquier forma de existencia

o de inexistencia,

cuyos temores han cesado, feliz y libre de pena.

1. Nâgas: serpientes.

2. Añjali: signo de reverencia y de saludo consistente en unir la palmas de las manos

3. Ahimsâ: no violencia 4. Ver nota 13 del Capítulo 1.

5. Upâsaka: devoto laico.

6. Leemos yassa en lugar de tassa.

7. Es decir, que recién acaban de tomar el baño ritual prescrito con ocasi6n del fallecimiento de un pariente

8. El marido de Suppavâssâ.

9. Padakkhina: signo de respeto consistente en dar la vuelta alre­dedor de una persona, dándole siempre el lado derecho.

10. Tathâgata: epíteto de Buda de significado incierto.

11. Epíteto de Sâriputta, discípulo de Buda. Significa literalmente:

«el capitán del dharma».

12. Desde luego, una felicidad transitoria.

13. Esta estrofa se refiere al hombre que ha alcanzado el nirvâna.

CAPÍTULO III

EL VENERABLE NANDA

1. LA MADURACIÓN DE LAS ACCIONES

El bhikkhu que soportaba estoicamente sus dolencias. El verda­dero bhikkhu no tiene necesidad de tratar con la gente.

He aquí lo que yo he oído Decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión un bhikkhu estaba sentado cerca del bhagavant, habiendo adopta­do la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido y expe­rimentando, atento y consciente, sin desalentarse, una sensa­ción dolorosa, aguda, penosa y amarga, nacida de la madura­ción de sus antiguas acciones.

Y el bhagavant vio a aquel bhikkhu sentado cerca de él, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido y experimentando, atento y consciente, sin desalentarse, una sensación dolorosa, aguda, penosa y amarga, nacida de la maduración de sus antiguas acciones.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

No existe necesidad de hablar con la gente

para el bhikkhu que ha abandonado toda actividad,

que ha arrojado de sí

las impurezas acumuladas en una vida anterior,

que carece del sentimiento de «lo mío»

y se mantiene firme.

2. EL VENERABLE NANDA

El hermoso Nanda, la belleza del país y las apsaras1. Inaltera­bilidad del bhikkhu.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Nanda, primo del bhagavant, hijo de una tía mater­na, decía así a numerosos bhikkhus: «Es con descontento, oh amigos, que yo practico la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresaré a la vida secular».

Entonces un bhikkhu se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y, sentado a una lado, aquel bhikkhu le dijo al bha­gavant: «Señor, el venerable Nanda, primo del bhagavant, hijo de una tía materna, está diciendo así a numerosos bhikkhus: ‘Es con descontento, oh amigos, que yo practico la vida reli­giosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresaré a la vida secular’».

Entonces, el bhagavant llamó a un bhikkhu y le dijo: «Anda, oh bhikkhu, y en mi nombre llama al bhikkhu Nanda dicién­dole: ‘Amigo Nanda, el maestro te llama’». Y diciendo: «Sí, señor», aquel bhikkhu, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde estaba el venerable Nanda y, habiéndosele acercado, le dijo: «Amigo Nanda, el maestro te llama».

Diciendo: «Está bien», el venerable Nanda, obedeciendo a aquel bhikkhu, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Y el bhagavant le dijo al venerable Nanda que se encon­traba sentado a un lado: «¿Es verdad, Nanda, que tú estás di­ciendo a numerosos bhikkhus: ‘Es con descontento, oh amigos, que yo practico la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresaré a la vida se­cular’?»

«Sí, señor».

« ¿ Por qué razón tú, Nanda, practicas con descontento la vida religiosa; no puedes soportar la vida religiosa y, renun­ciando a la Disciplina, regresarás a la vida secular? »

«Señor, una muchacha Sakya 2, la belleza del país, cuando yo abandonaba mi casa, con sus cabellos a medio peinar y fijan­do en mí su mirada, me dijo: ‘Vuelve pronto, noble señor’. Y yo, señor, recordándola, practico con descontento la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresaré a la vida secular».

Y tomando al venerable Nanda por el brazo, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, el bhagavant desapareció del Bosque del Príncipe Jeta y apareció entre los Treinta y Tres dioses 3.

En aquella ocasión, quinientas apsaras de hermosos pies4, habían llegado al cielo para servir a Sakka, el señor de los dioses. Y el bhagavant le dijo al venerable Nanda: «¿Ves, Nanda, a estas quinientas apsaras de hermosos pies? »

«Sí, señor».

«¿Qué piensas, Nanda?: ¿Quién es más hermosa, más admirable, más encantadora, aquella muchacha Sakya, la belleza del país, o estas quinientas apsaras de hermosos pies?»

«Señor, al igual que una mona con sus orejas y nariz cortada, de la misma manera, aquella muchacha Sakya, la belleza del país, si es puesta al lado de estas apsaras, no puede ser tomada en cuenta, no vale ni una pequeña parte de ellas, no admite comparación. Estas quinientas apsaras son más hermosas, más admirables, más encantadoras».

«Goza, Nanda, goza. Yo te aseguro que conseguirás qui­nientas apsaras de hermosos pies».

«Señor, si el bhagavant me asegura que yo conseguiré quinientas apsaras de hermosos pies, yo gozaré, señor, practicando la ilustre vida religiosa».

Entonces tomando al venerable Nanda por el brazo, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, el bhagavant desapareció de entre los Treinta y Tres dioses y apa­reció en el Bosque del Príncipe Jeta.

Y los bhikkhus oyeron decir: «El venerable Nanda, primo del bhagavant, hijo de una tía materna, practica la vida religiosa por causa de las apsaras; el bhagavant le ha asegurado que con­seguirá quinientas apsaras de hermosos pies».

Y los bhikkhus compañeros del venerable Nanda, se refe­rían a él con los términos “lacayo”, “vendido”, diciendo: “El venerable Nanda es ciertamente un lacayo», «el venerable Nan­da es un vendido»; «por causa de las apsaras practica la vida religiosa»; «el bhagavant le ha asegurado que obtendrá qui­nientas apsaras de hermosos pies».

Y el venerable Nanda, mortificado, avergonzado y disgus­tado con los términos ‘lacayo’ y ‘vendido’, utilizados por sus compañeros bhikkhus, vivía a solas, solitario, alerta y vigi­lante, lleno de fervor, con su ser disciplinado, y en poco tiem­po conoció, realizó y obtuvo en este mundo, por sí mismo, aquella incomparable perfección de la vida religiosa, por cuya causa los hijos de familia parten de sus hogares para llevar una vida errante, y Nanda comprendió que sus reencarnaciones habían concluido, que había cumplido con la vida religiosa, que había hecho lo que tenía que hacer y que ya nada tenía que ver con este mundo. Y el venerable Nanda se convirtió en un arhant.

Entonces una divinidad de gran belleza, al concluir la no­che5, iluminando durante mucho tiempo el Bosque del Príncipe Jeta, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se quedó de pie a un lado; y de pie a un lado aquella divinidad le dijo al bhagavant:

«Señor, el venerable Nanda, primo del bhagavant, hijo de una tía materna, mediante la destrucción de las impurezas, ha cono­cido, ha realizado, ha obtenido en este mundo, por sí mismo, la pura liberación de la mente, la liberación mediante el cono­cimiento». Y ya el bhagavant había llegado al conocimiento de que efectivamente Nanda, mediante la destrucción de las im­purezas había conocido, había realizado y había obtenido en este mundo, por sí mismo, la pura liberación de la mente, la liberación mediante el conocimiento.

Y el venerable Nanda, al terminar aquella noche, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludan­do al bhagavant, se sentó a un lado y, sentado a un lado, el venerable Nanda le dijo al bhagavant: «Señor, yo libero al bha­gavant de aquella promesa que me hizo con respecto a la obten­ción de quinientas apsaras de hermosos pies».

«Oh, Nanda, comprendiendo tu mente con mi mente, yo me di cuenta que tú, mediante la destrucción de las impurezas, habías conocido, habías realizado y habías obtenido en este mundo, por ti mismo, la pura liberación de la mente, la libe­ración mediante el conocimiento. Y una divinidad me dijo esto: ‘Señor, el venerable Nanda, primo del bhagavant, hijo de una tía materna, mediante la destrucción de las impurezas ha conocido, ha realizado y ha obtenido en este mundo, por sí mismo, la pura liberación de la mente, la liberación mediante el conocimiento’. Ya que tu mente, oh Nanda, despojándose de los apegos, ha quedado liberada de las impurezas, entonces yo también he quedado liberado de mi promesa».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

No se altera ni en la felicidad ni en la desgracia

aquel bhikkhu que atravesó el lodo,

destrozó la espina del deseo

y alcanzó la destrucción del error.

3. EL VENERABLE YASOJA

Los bhikkhus ruidosos. Condiciones de la imperturbabilidad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión unos quinientos bhikkhus con Yasoja a la cabeza llegaron a Sâvatthi para ver al bhagavant. Y aquellos bhikkhus que habían ido a visitar al bhagavant, mientras cambiaban saludos con los bhikkhus del lugar, preparaban sus lechos y sus asientos y ponían en orden sus mantos y escudillas, hacían mucho ruido, mucha bulla.

Y el bhagavant le preguntó al venerable Ânanda: «Ânanda, ¿quiénes son aquellos que hacen tanto ruido, tanta bulla? Pa­recen pescadores matando pescado».

«Señor, son quinientos bhikkhus con Yasoja a la cabeza que han llegado a Sâvatthi para ver al bhagavant. Y estos bhi­kkhus que han venido a visitar al bhagavant, mientras cambian saludos con los bhikkhus del lugar, preparan sus lechos y sus asientos y ponen en orden sus mantos y escudillas, hacen mucho ruido, mucha bulla».

«Entonces, Ânanda, llama a esos bhikkhus en mi nombre diciéndoles: ‘oh venerables, el maestro os llama’».

Y diciendo: «Sí, señor», el venerable Ânanda, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraban aquellos bhi­kkhus y, habiéndoseles acercado, les dijo: «Oh venerables, el maestro os llama». Y diciendo: «Está bien, amigo», aquellos bhikkhus, obedeciendo al venerable Ânanda, se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Y el bhagavant les dijo a aquellos bhikkhus que se encontraban sentados a un lado:

«¿Por qué vosotros, oh bhikkhus, estáis haciendo tanto ruido, tanta bulla? Parecéis pescadores matando pescados». Al decir esto el bhagavant, el venerable Yasoja le contestó: «Señor, estos quinientos bhikkhus han llegado a Sâvatthi para ver al bhagavant. Y estos bhikkhus que han venido a visitar al bha­gavant, mientras cambian saludos con los bhikkhus del lugar, preparan sus lechos y sus asientos y ponen en orden sus mantos y escudillas, hacen mucho ruido, mucha bulla».

«Idos, oh bhikkhus, os despido; no permanezcáis cerca de mí».

Diciendo: «Está bien, señor», aquellos bhikkhus, obede­ciendo al bhagavant, levantándose de sus asientos, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhina, recogiendo sus lechos y sus asientos, tomando sus mantos y escudillas, se dirigieron en busca de limosna a donde habitaban los Vajji. Y después de pedir limosna entre los Vajji, se dirigieron al río Vaggumudâ, y una vez llegados ahí, habiendo construido chozas en su orilla, se dispusieron a pasar la estación de las lluvias.

Y el venerable Yasoja, al iniciarse la estación de las lluvias, llamó a los bhikkhus y les dijo: «Amigos, el bhagavant nos ha despedido deseando nuestro bien, buscando nuestra convenien­cia, lleno de compasión, sintiendo piedad por nosotros. Pues bien, amigos, ¡vivamos de tal manera que el bhagavant esté satisfecho con nosotros!» Y diciendo: «Sí, amigo», aquellos bhikkhus asintieron a las palabras del venerable. Y todos aque­llos bhikkhus viviendo solitarios, alertas y vigilantes, llenos de fervor, hicieron suyas, en aquella estación de las lluvias, las tres ciencias6..

Y el bhagavant habiendo permanecido en Sâvatthi por el tiempo que quiso, se dirigió hacia la ciudad de Vesâli en busca de limosna y, pidiendo limosna, poco a poco, llegó a Vesâli. Allí, en Vesâli, el bhagavant se estableció en el Gran Bosque, en el Pabellón-de-techos-inclinados.

Y el bhagavant, conociendo con su mente el ánimo de los bhikkhus que moraban en las orillas del río Vaggumudâ, llamó a Ânanda y le dijo: «Aquel lugar en el cual moran los bhi­kkhus, a orillas del río Vaggumudâ, se ha hecho como presente ante mí, se ha tornado radiante; no me ha resultado desagra­dable pensar en ir a ese lugar. Ânanda, has de enviar un men­sajero a los bhikkhus que moran en las orillas del río Vaggu­mudâ que les diga: ‘Oh venerables, el maestro os llama, el maestro desea veros’»

Diciendo: «Está bien, señor», el venerable Ânanda, obe­deciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraba un bhikkhu y, habiéndosele acercado, le dijo: «Amigo, anda a donde se encuentran los bhikkhus que moran en la orilla del río Vag­gumudâ y, una vez que llegues donde ellos, diles de este modo: ‘oh, venerables, el maestro os llama, el maestro desea veros ».

Diciendo: «Está bien, amigo», aquel bhikkhu, obedeciendo al venerable Ânanda, con la misma rapidez con que un hom­bre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, desapareció del Pabellón-de-techos-inclinados, en el Gran Bosque, y apareció en la orilla del río Vaggumudâ, delante de aquellos bhikkhus. Y aquel bhikkhu les dijo a los bhikkhus que moraban en la orilla del río Vaggumu­dâ: «Oh venerables, el maestro os llama; el maestro desea veros».

Diciendo: «Está bien, amigo», aquellos bhikkhus, obede­ciendo al bhikkhu, recogiendo sus lechos y sus asientos y to­mando sus mantos y escudillas, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, desaparecieron de la orilla del río Vaggumudâ y aparecieron en el Gran Bosque, en el Pabellón-de-techos-inclinados, delante del bhagavant. Y en ese momento el bhagavant se encontraba sentado, en samâdhi imperturbable. Y aquellos bhikkhus se preguntaron: ¿En qué estado se encuentra ahora el bhagavant?» y aquellos bhikkhus comprendieron que el bhagavant se encontraba en un estado imperturbable y ellos también se sentaron, en samâdhi im­perturbable.

Y el venerable Ânanda, avanzada la noche, habiendo trans­currido la primera guardia, levantándose de su asiento, echán­dose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali ante el bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha trans­currido ya la primera guardia, hace rato que están sentados los bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant. Que el bhaga­vant cambie saludos con los bhikkhus que han venido a visi­tarlo». Cuando Amanda dijo esto el bhagavant permaneció en silencio.

Por segunda vez entonces el venerable Ânanda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la guardia media, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali ante el bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha transcurrido ya la guardia media, hace rato que están sentados los bhikkhus que han venido a visitar al bha­gavant. Que el bhagavant cambie saludos con los bhikkhus que han venido a visitarlo». Y por segunda vez el bhagavant permaneció en silencio.

Por tercera vez entonces el venerable Ânanda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la última guardia, surgida ya la aurora, cuando la noche presenta su rostro agradable, levan­tándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali ante el bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha transcurrido ya la última guardia, la auro­ra ya ha surgido y la noche presenta su rostro agradable; hace rato que están sentados los bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant. Que el bhagavant cambie saludos con los bhi­kkhus que han venido a visitarlo».

Y el bhagavant, saliendo del samâdhi, le dijo al venerable Ânanda: «Si tú supieras, oh Ânanda, tú no dirías tal cosa. Yo, Ânanda, y estos quinientos bhikkhus, estamos todos sentados, en samâdhi imperturbable».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquel que ha vencido la espina del deseo,

la propensión a ofender, a matar o a subyugar,

aquel bhikkhu,

como un monte firmemente establecido e imperturbable,

no se conmueve ni en la felicidad ni en la desgracia.

4. EL VENERABLE SÂRIPUTTA

Imperturbabilidad del bhikkhu.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Príncipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sâriputta estaba sentado cerca del bhagavant, habiendo adoptado la postura pallanka, conservando el cuerpo erguido y manteniendo su conciencia frente a su objeto 7.

Y el bhagavant vio al venerable Sâriputta, sentado cerca de él, habiendo adoptado la postura pallanka, conservando el cuerpo erguido y manteniendo su conciencia frente a su objeto.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Como una montaña de roca maciza,

inmóvil y firmemente establecida,

así es el bhikkhu una vez que ha destruido el error:

como a la montaña

nada puede alterarlo.

5. EL VENERABLE MAHÂMOGGALLÂNA

Condiciones para conseguir el nirvâna.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Mahâmoggallâna estaba sentado cerca del bhaga­vant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, con su conciencia dirigida hacia el cuerpo, in­teriorizada, totalmente estabilizada8.

Y el bhagavant vio al venerable Mahâmoggallâna, sentado cerca, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, con su conciencia dirigida hacia el cuerpo, in­teriorizada, totalmente estabilizada.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Con su conciencia dirigida hacia el cuerpo estabilizada,

controlado en sus seis sentidos9

y constantemente concentrado

el bhikkhu puede alcanzar10 su propio nirvâna.

6. EL VENERABLE PILINDA-VACHCHA

El orgullo de los brahmanes. El verdadero brahmán, samán y bhikkhu.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bambús, en el Lugar-en-que-se-daba-de-comer-a-las-ardillas. En aque­lla ocasión el venerable Pilinda-Vachcha se dirigía a los bhikkhus de modo altanero. Numerosos bhikkhus se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado y, sentados a un lado, aque­llos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Señor, el venerable Pi­linda-Vachcha se dirige a los bhikkhus de modo altanero».

Y el bhagavant le dijo a un bhikkhu: «Anda tú, bhikkhu, y en mi nombre llama al venerable Pilinda-Vachcha diciéndole:

“Amigo Pilinda-Vachcha, el maestro te llama”». Diciendo: «Sí, señor», aquel bhikkhu, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraba el venerable Pilinda-Vachcha y, habiéndosele acercado, le dijo: «Amigo Pilinda-Vachcha, el maestro te llama».

Y diciendo: «Está bien, amigo», el venerable Pilinda-Vach­cha, obedeciendo a aquel bhikkhu, se acercó a donde se encon­traba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bha­gavant, se sentó a un lado, y el bhagavant le dijo al venerable Pilinda-Vachcha que se encontraba sentado a un lado: «¿Es verdad que tú, oh Vachcha, te diriges a los bhikkhus de modo altanero?”

“Si, señor”.

Y el bhagavant reflexionando sobre la vida anterior del venerable Pilinda-Vachcha les dijo a los bhikkhus: «No os irritéis, oh bhikkhus, con el bhikkhu Vachcha. Oh bhikkhus, Vachcha no ­se dirige a los bhikkhus de modo altanero con mala intención. El bhikkhu Vachcha ha tenido, oh bhikkhus, quinientas reencarnaciones ininterrumpidas en la casta de los brahmanes;

Por largo tiempo pues, él ha practicado esta manera altanera de hablar; por tal razón Vachcha, oh bhikkhus, se dirige a los bhikkhus de modo altanero”.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna..

Aquel en quien no existen ni hipocresía ni orgullo,

que ha superado la codicia,

­que está libre de egoísmos y de deseos,

que ha expulsado de sí la cólera,

completamente serenado,

aquel es un brahmán,

aquel es un samán, ­

aquel es un bhikkhu.

7. LAS EXCLAMACIONES DE SAKKA, SEÑOR

DE LOS DIOSES

Sakka da una limosna al venerable Mahâkassapa. Los dioses en­vidian al bhikkhu que depende de si mismo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bambús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. En aquella oca­sión el venerable Mahâkassapa vivía en la Gruta de la Higuera y estuvo sentado en una misma postura pallanka durante una semana, habiendo entrado en samâdhi. Y el venerable Mahâkas­sapa al fin de esa semana salió de aquel samâdhi. Entonces, al salir de aquel sama di, el venerable Mahâkassapa pensó: «Vaya­mos a Râjagaha en busca de limosna».

En aquella ocasión había unas quinientas divinidades deseosas de ayudar al venerable Mahâkassapa en su recolección de limosna. Y el venerable Mahâkassapa, rechazando a aquellas quinientas divinidades, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Râjagaha para pedir limosna.

Entonces Sakka11, el señor de los dioses, estaba deseoso de dar limosna al venerable Mahâkassapa. Habiendo tomado la apariencia de tejedor, comenzó a tejer. Y Sujâ, hija de los Asu­ras, llenó el mortero12. Y el venerable Mahâkassapa, recorrien­do Râjagaha en busca de limosna sin detenerse, llegó a la casa de Sakka, el señor de los dioses. Y Sakka, el señor de los dio­ses, vio venir desde lejos al venerable Mahâkassapa; y al verlo, saliendo de su casa, yendo a su encuentro, tomando la escudilla de su mano, entrando de nuevo en su casa, sacando arroz cocido y llenando la escudilla, se la dio al venerable Ma­hâkassapa. Y aquel alimento dado por Sakka como limosna era de variadas salsas, condimentos y sabores. Y el venerable Mahâkassapa pensó: «¿Quién es este ser que tiene semejante poder mágico?» Y el venerable Mahâkassapa pensó también: «Es Sakka, el señor de los dioses». y, habiéndose dado cuenta de esto, le dijo a Sakka, el señor de los dioses: «Oh Kosiya13, tú has hecho esto; no vuelvas a hacer algo semejante».

«Nosotros también, oh señor Kassapa, tenemos necesidad de méritos; nosotros también tenemos que hacer méritos».

Entonces Sakka, el señor de los dioses, saludando al vene­rable Mahâkassapa, haciendo el padakkhina, subiendo hacia el cielo, mientras se encontraba en el aire exclamó por tres veces consecutivas: «¡Ah don, don excelente conferido a Kassapa!»; «¡Ah don, don excelente, conferido a Kassapa!»; «¡Ah don, don excelente, conferido a Kassapa! » Y el bhagavant, con su oído divino, puro, sobrehumano oyó a Sakka, el señor de los dioses, exclamar por tres veces consecutivas mientras subía al cielo y se encontraba en el aire: « ¡Ah don, don excelente, confe­rido a Kassapa! », « ¡Ah don, don excelente, conferido a Kassa­pa!», «¡Ah don, don excelente, conferido a Kassapa!»

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Los dioses envidian al bhikkhu

que vive sólo de limosna,

que se sostiene a si mismo,

que no alimenta a otros,

sereno y siempre atento.

8. LOS MENDICANTES

Buda recomienda a los bhikkhus, que exaltan las ventajas mate­riales de los mendicantes, conversar sobre la doctrina o el noble silencio. Los dioses envidian al bhikkhu que depende de sí mismo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el Parque de Anâthapindika. En aquella ocasión surgió esta conversación casual entre los numerosos bhikkhus que habían regresado por la tarde de la recolección de limosnas y que se encontraban sentados y reunidos en el Pabellón de Rosas Mosquetas.

«Amigo, un bhikkhu mendicante, que va en busca de limos­na, tiene de vez en cuando la ocasión de ver con sus ojos for­mas agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oír con sus oídos sonidos agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oler con su nariz olores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de gustar con su lengua sabores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de sentir con su cuerpo sensaciones agradables. Amigo, un bhikkhu mendicante va en busca de limosna y es honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado. Vamos, pues, amigo, hagámonos también nosotros men­dicantes. Nosotros también tendremos de vez en cuando la oca­sión de ver con nuestros ojos formas agradables; nosotros tam­bién tendremos de vez en cuando la ocasión de oír con nuestros oídos sonidos agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de oler con nuestra nariz olores agrada­bles; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de gustar con nuestra lengua sabores agradables; nosotros tam­bién tendremos de vez en cuando la ocasión de sentir con nues­tro cuerpo sensaciones agradables. Nosotros también iremos en busca de limosna y seremos honrados, respetados, reverencia­dos, venerados, estimados». Y esta conversación casual de aque­llos bhikkhus quedó inconclusa.

Y el bhagavant, saliendo de su retiro por la tarde, se acer­có al Pabellón de Rosas Mosquetas y, habiéndose acercado, se sentó en el asiento preparado para él. Y una vez sentado, el bhagavant les dijo a los bhikkhus: «¿Qué estáis conversando ahora, oh bhikkhus, sentados y reunidos aquí? ¿Y cual es la conversación casual que habéis dejado inconclusa? »

«Señor, después que retornamos por la tarde de la recolección de limosnas y mientras nos encontrábamos sentados y reunidos aquí, en el Pabellón de Rosas Mosquetas, surgió entre nosotros esta conversación casual:

‘Amigo, un bhikkhu mendicante, que va en busca de limos­na, tiene de vez en cuando la ocasión de ver con sus ojos for­mas agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oír con sus oídos sonidos agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oler con su nariz olores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de gustar con su lengua sabores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de. sentir con su cuerpo sensaciones agradables. Amigo, un bhikkhu mendicante va en busca de limosna y es honrado, respetado, reverenciado, venerado, estima­do. Vamos, pues, amigo, hagámonos también nosotros mendi­cantes. Nosotros también tendremos de vez en cuando la oca­sión de ver con nuestros ojos formas agradables; nosotros tam­bién tendremos de vez en cuando la ocasión de oír con nuestros oídos sonidos agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de oler con nuestra nariz olores agrada­bles; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de gustar con nuestra lengua sabores agradables; nosotros tam­bién tendremos de vez en cuando la ocasión de sentir con nuestro cuerpo sensaciones agradables. Nosotros también ire­mos en busca de limosna y seremos honrados, respetados, reve­renciados, venerados, estimados’. Y esta era nuestra conversa­ción casual, que estaba aún inconclusa cuando el bhagavant llegó».

«Oh bhikkhus, no es conveniente para vosotros, hijos de familia, que impulsados por la fe habéis salido de vuestras casas para llevar una vida errante, que sostengáis semejante tipo de conversaciones. Oh bhikkhus, cuando estéis reunidos, dos cosas os toca: o bien conversar sobre la doctrina o bien el noble silencio».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Los dioses envidian al bhikkhu

que vive sólo de limosna,

que se sostiene a si mismo,

que no alimenta a otros,

si no siente apego por la alabanza y la fama.

9. LAS TÉCNICAS14

Buda recomienda a los bhikkhus discutidores conversar sobre la doctrina o el noble silencio. El verdadero bhikkhu.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el Parque de Anâthapindika. En aquella ocasión surgió esta discusión entre los numerosos bhikkhus que habían regresado por la tarde de la recolección de limosnas y que se encontraban sentados y reunidos en el Pabellón: «Amigo, ¿quién conoce una técnica? ¿quién ha practicado una técnica? ¿cuál es la mejor técnica?»

Algunos bhikkhus decían: «La técnica referente a los ele­fantes es la mejor de las técnicas». Otros decían: «La técnica referente a los caballos es la mejor de las técnicas». Algunos decían: «La técnica referente a los carros es la mejor de las técnicas». Otros decían: «La arquería es la mejor de las técni­cas». Algunos decían: «La esgrima es la mejor de las técnicas». Otros decían: «La técnica de los gestos15 es la mejor de las técnicas». Algunos decían: «La aritmética es la mejor de las técnicas». Otros decían: «El cálculo es la mejor de las técni­cas». Algunos decían: «La técnica del grabado es la mejor de las técnicas». Otros decían: «La técnica poética es la mejor de las técnicas». Algunos decían: «La dialéctica es la mejor de las técnicas». Otros decían: «La agricultura es la mejor de las téc­nicas». Y esta discusión de aquellos bhikkhus quedó incon­clusa.

Y el bhagavant, saliendo de su retiro por la tarde, se acercó al Pabellón y, habiéndose acercado, se sentó en el asiento preparado para él. Y una vez sentado, el bhagavant les dijo a los bhikkhus: «¿Qué estáis discutiendo ahora, oh bhikkhus, sen­tados y reunidos aquí? y ¿cuál es la discusión que habéis dejado inconclusa? »

«Señor, después que retornamos por la tarde de la recolección de limosnas y mientras nos encontrábamos sentados y reunidos aquí, en el Pabellón, surgió entre nosotros esta discu­sión: ‘Amigo, ¿quién conoce una técnica? ¿quién ha practicado una técnica? ¿cuál es la mejor técnica’.

Algunos bhikkhus decían: ‘La técnica referente a los ele­fantes es la mejor de las técnicas’. Otros decían: ‘La técnica re­ferente a los caballos es la mejor de las técnicas’. Algunos decían: ‘La técnica referente a los carros es la mejor de las técnicas’. Otros decían: ‘La arquería es la mejor de las técnicas. Algunos decían: ‘La esgrima es la mejor de las técnicas’. Otros decían: ‘La técnica de los gestos es la mejor de las técnicas’. Algunos decían: ‘La aritmética es la mejor de las técnicas’. Otros decían: ‘El cálculo es la mejor de las técnicas’. Algunos decían: ‘La técnica del grabado es la mejor de las técnicas. Otros decían: ‘La técnica poética es la mejor de las técnicas’. Algunos decían: ‘La dialéctica es la mejor de las técnicas’. Otros decían: ‘La agricultura es la mejor de las técnicas’. Y esta era nuestra discusión que estaba aún inconclusa cuando el bhagavant llegó».

«Oh bhikkhus, no es conveniente para vosotros, hijos de familia que impulsados por la fe habéis salido de vuestras casas para llevar una vida errante, que sostengáis semejante tipo de discusión. Oh bhikkhus, cuando estéis reunidos, dos cosas os toca: o bien conversar sobre la doctrina o bien el noble si­lencio».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquel que no vive de una técnica,

ligero, deseando su propio bien,

que ha controlado sus sentidos,

liberado de todo,

­vagando sin hogar,

sin conciencia de «lo mío», sin deseo

y que, abandonando todo orgullo,

­vive solitario,

aquél es un bhikkhu.

10. EL MUNDO

El mundo está sometido al sufrimiento. Impermanencia, dolor e insustancialidad de todo. El nirvâna como único medio de escapar a las reencarnaciones.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la localidad de Uruvelâ, en la orilla del río Nerañjarâ, bajo el árbol de la Iluminación, habiendo recién alcanzado la condición de buddha. En aquella ocasión el bhaga­vant estuvo sentado durante una semana en una misma postura pallanka, experimentando la felicidad de la Liberación.

Y el bhagavant, al fin de esa semana, habiendo salido de aquel samâdhi, contempló el mundo con su mirada de buddha, vio a los seres torturados por numerosos sufrimientos, consumiéndose en numerosos fuegos nacidos de la pasión, del odio, del error.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Este mundo sumido en el sufrimiento,

dominado por la sensualidad,

proclama que su ser es dolor.

De cualquier manera que uno imagine algo

eso resulta diferente.

El mundo es inestable,

sujeto a la existencia16

dominado por la existencia,

goza con la existencia.

Lo que lo hace gozar, es para él fuente de temor,

aquello por lo que teme es fuente de sufrimiento.

La vida religiosa es practicada

para librarse de la existencia.

Yo os digo que no se han liberado de la existencia ningu­no de aquellos samanes o brahmanes que han sostenido que la liberación de la existencia se produce mediante la existencia. También digo que no han escapado de la existencia ninguno de aquellos samanes o brahmanes que han sostenido que con la cesación de la vida se escapa a la existencia.

Este sufrimiento se produce a causa del apego. El sufri­miento no se produce una vez destruido todo apego. Mira este mundo. La mayor parte de los seres están dominados por la ignorancia, gozan con las manifestaciones de la existencia, no se han liberado. Toda existencia en todo respecto, totalmen­te, es impermanente, dolorosa, sometida al cambio.

Cesa el deseo por la existencia,

en aquel que, mediante el correcto conocimiento,

­ve esto17 de acuerdo con la verdad

y no se regocija con la cesación de la vida.

Con la completa destrucción de los deseos

se produce la total eliminación de las pasiones,

la cesación, el nirvâna.

No existe reencarnación para el bhikkhu

que, desapegándose de todo,

ha alcanzado el nirvâna:

Ha vencido a Mâra,

ganó la batalla

y escapó a toda existencia.

1. Apsaras: ninfas celestiales.

2. Sakya o Sakiya: clan del noroeste de la India, al cual también pertenecía Buda.

3. De acuerdo con los textos védicos los dioses son treinta y tres.

4. Seguimos el texto de la Pali Text Society (PTS).

5. El texto dice literalmente: «durante todo un ciclo c6smico».

6. Se han dado varias interpretaciones de esta expresión, como por ejemplo que es el conocimiento del carácter impermanente, doloroso e insustancial de todas las cosas.

7. Enfocada sobre el objeto externo en que la mente se ha concentrado.

8. En este caso el objeto de la concentración mental es el propio cuerpo del bhikkhu.

9. Los cinco sentidos y la mente, considerada como un sexto sen­tido, cuyo objeto son las ideas.

10. Literalmente: «conocería», «puede conocer».

11. Indra, el dios más importante de la religión védica

12. El texto parece corrompido en este pasaje.

13. Otro nombre de Indra.

14. Sippa, del original: «arte», «oficio», «artesanía», «técnica».

15. No se sabe a ciencia cierta en que consistía esta técnica.

16. Ver nota 15 del Capítulo I.

17. Este mundo, la realidad.

18. En el original: nirodha, usado frecuentemente como sinónimo del nirvâna.

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CAPITULO IV

EL VENERABLE MEGHIYA

1. EL VENERABLE MEGHIYA

Meghiya fracasa en su intento de meditar en un hermoso bos­que de mangos. Las cinco condiciones para alcanzar la comple­ta liberación de la mente. Los cuatro sentimientos que el bhikkhu debe cultivar en sí. La eliminación del pensamiento.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la aldea de Châlikâ en la Colina Movediza. En aquella ocasión el venerable Meghiya era servidor del bha­gavant. Y el venerable Meghiya se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, permaneció de pie a un lado y, de pie a un lado, el venerable Meghiya le dijo al bhagavant: «Señor, yo deseo ir a la aldea de Jantu en busca de limosna».

«Meghiya, haz lo que te parezca conveniente».

Entonces el venerable Meghiya, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Jantu para pedir limosna. Habiendo recorrido Jantu en busca de limosna, regresando por la tarde de la recolección de limosnas, llegó a la orilla del río Kimikâlâ. Y el venerable Meghiya mientras reco­rría la orilla del río Kimikâlâ y se paseaba por ella, vio en la orilla del río Kimikâlâ un bosque de mangos placentero, her­moso, encantador. Y, habiéndolo visto, pensó: « ¡Ah! ¡Qué pla­centero, hermoso, encantador es este bosque de mangos! ¡ Qué conveniente para la meditación de un hijo de familia deseoso de meditar! Si el bhagavant lo permitiera, yo vendría a este bosque de mangos para meditar».

Y el venerable Meghiya se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y el venerable Meghiya, sentado a un lado, le dijo al bhagavant:

«Señor, yo, por la mañana, después de vestirme, tomando mi manto y mi escudilla, entré en Jantu para pedir limosna. Habiendo recorrido Jantu en busca de limosna, regresando por la tarde de la recolección de limosnas, llegué a la orilla del río Kimikâlâ. Y mientras recorría la orilla del río Kimikâlâ y me paseaba por ella, vi en la orilla del río Kimikâlâ un bosque de mangos placentero, hermoso, encantador. Y, habiéndolo visto, pensé: ¡ Ah! ¡ Qué placentero, hermoso, encantador es este bos­que de mangos! ¡ Qué conveniente para la meditación de un hijo de familia deseoso de meditar! Si el bhagavant me lo permitiera, yo vendría a este bosque de mangos para meditar’. Si el bhagavant me lo permite, yo iría a ese bosque de mangos para meditar».

Cuando el venerable Meghiya dijo esto, el bhagavant le con­testó: «Estoy solo, Meghiya, espera hasta que otro bhikkhu venga».

Por segunda vez el venerable Meghiya le dijo al bhagavant:

«Señor, nada le queda por hacer al bhagavant ni nada por agre­gar a lo que ya ha hecho, pero a mí sí me queda mucho por hacer y tengo mucho que agregar a lo que ya he hecho. Si el bhagavant me lo permite, yo iría a aquel bosque de mangos para meditar». Por segunda vez el bhagavant le contestó al venerable Meghiya: «Estoy solo, Meghiya, espera hasta que otro bhikkhu venga».

Por tercera vez el venerable Meghiya le dijo al bhagavant:

«Señor, nada le queda por hacer al bhagavant ni nada por agre­gar a lo que ya ha hecho, pero a mí sí me queda mucho por hacer y tengo mucho que agregar a lo que ya he hecho. Si el bha­gavant me lo permite, yo iría a aquel bosque de mangos para meditar».

«Si me hablas de meditación, ¿qué puedo decirte? Haz, Meghiya, lo que te parezca conveniente».

Y el venerable Meghiya, levantándose de su asiento, sa­ludando al bhagavant, haciendo el padakkhina, se dirigió al bosque de mangos, y una vez ahí, internándose en el bosque, se sentó bajo un árbol durante las horas de calor. Y mientras el venerable Meghiya se encontraba en aquel bosque de mangos, continuamente surgían en él tres clases de pensamientos malos e impropios: pensamientos de sensualidad, pensamientos de malevolencia, pensamientos de crueldad.

Y el venerable Meghiya pensé: «¡Qué increíble! ¡ Qué ex­traordinario! Yo he salido de mi casa impulsado por la fe para llevar una vida errante y sin embargo me asaltan estas tres clases de pensamientos malos e impropios: pensamientos de sensualidad, pensamientos de malevolencia, pensamientos de crueldad».

Y el venerable Meghiya, saliendo por la tarde de su retiro, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado, y el ve­nerable Meghiya, sentado a un lado, le dijo al bhagavant: «Se­ñor, mientras me encontraba en aquel bosque de mangos, con­tinuamente surgían en mí tres clases de pensamientos malos e impropios: pensamientos de sensualidad, pensamientos de malevolencia, pensamientos de crueldad. Y yo pensé, señor: ¡ Qué increíble! ¡ Qué extraordinario! Yo he salido de mi casa impul­sado por la fe para llevar una vida errante, sin embargo me asaltan estas tres clases de pensamientos malos e impropios: pensamientos de sensualidad, pensamientos de malevolencia, pensamientos de crueldad’».

«Oh Meghiya, cuando la liberación de la mente no ha ma­durado por completo, cinco cualidades conducen a su completa maduración. ¿Cuáles son esas cinco cualidades? Oh Meghiya, que un bhikkhu sea buen amigo, buen compañero, buen ca­marada -ésta es, oh Meghiya, la primera cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, con­duce a su completa maduración. En segundo lugar, oh Meghiya, que un bhikkhu posea disciplina moral, viva controlado de acuerdo con las normas del Pâtimokkha 1, dotado de buena conducta, viendo peligro en las más leves faltas; que se ejer­cite en los preceptos haciéndolos suyos -ésta es, oh Meghiya, la segunda cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, conduce a su completa madura­ción. En tercer lugar, oh Meghiya, que un bhikkhu goce, no se mortifique, no sufra con las siguientes clases de conversa­ciones austeras, beneficiosas para la apertura de la mente y que conducen al completo desencanto, al desapasionamiento, a la cesación, a la calma, al conocimiento, a la iluminación, al nirvâna, a saber: conversación sobre la moderaci6n de los deseos, la satisfacción, la soledad, sobre el desapego, sobre la energía, sobre la disciplina moral, sobre el samâdhi, sobre el conoci­miento, sobre la liberación, sobre la intuición y el conocimien­to de la liberación -esta es, oh Meghiya, la tercera cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por com­pleto, conduce a su completa maduración. En cuarto lugar, oh Meghiya, que un bhikkhu viva desplegando gran energía para el abandono de las malas cualidades y para la adquisición de las buenas cualidades, firme e intensamente esforzado, no rehuyendo el yugo cuando se trata de las buenas cualidades -esta es, oh Meghiya, la cuarta cualidad, que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, conduce a su completa maduración. En quinto lugar, oh Meghiya, que un bhikkhu posea sabiduría, esté dotado del conocimiento que lleva al discernimiento del nacer y perecer 2, conocimiento noble, penetrante y que conduce a la completa destrucción del sufrimiento -ésta es, oh Meghiya, la quinta cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, conduce a su completa maduración.

Oh Meghiya, el bhikkhu que es buen amigo, buen compa­ñero, buen camarada, debe desear poseer disciplina moral, vivir controlado de acuerdo con las normas del Pâtimokkha, dotado de buena conducta, viendo peligro en las más leves faltas, y ejercitarse en los preceptos, haciéndolos suyos. Oh Meghiya, el bhikkhu que es buen amigo, buen compañero, buen cama­rada, debe desear gozar, no mortificarse, no sufrir con las si­guientes clases de conversaciones austeras, beneficiosas para la apertura de la mente y que conducen al completo desencanto, al desapasionamiento, a la cesación, a la calma, al conocimiento, a la iluminación, al nirvâna, a saber: conversaciones sobre la mo­deración de los deseos, la satisfacción, la soledad, sobre el desapego, sobre la energía, sobre la disciplina moral, sobre el samâdhi, sobre el conocimiento, sobre la liberación, sobre la intuición y el conocimiento de la liberación. Oh Meghiya, el bhikkhu que es buen amigo, buen compañero, buen camarada, debe desear vivir desplegando gran energía para el abandono de las malas cualidades y para la adquisición de las buenas cuali­dades, firme e intensamente esforzado, no rehuyendo el yugo cuando se trata de las buenas cualidades. Oh Meghiya, el bhik­khu que es buen amigo, buen compañero, buen camarada debe desear poseer sabiduría y estar dotado del conocimiento que lleva al discernimiento del nacer y perecer, conocimiento noble, penetrante y que conduce a la completa destrucción del sufri­miento.

Oh Meghiya, el bhikkhu que se ha establecido en estas cin­co cualidades debe además cultivar en sí cuatro cosas: debe cultivar en sí el sentimiento de repulsión por lo impuro para abandonar el deseo; debe cultivar en sí el sentimiento de bene­volencia para abandonar la malevolencia; debe cultivar en sí la conciencia de la inspiración y de la expiración para des­truir el pensamiento3; debe cultivar en sí la conciencia de la impermanencia para desarraigar el egotismo. Oh Meghiya, por­que en aquel que tiene conciencia de la impermanencia surge la conciencia de la insustancialidad; aquel que tiene conciencia de la insustancialidad logra el desarraigo del egotismo, el nirvâna en este mundo».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

El pensamiento es insignificante,

el pensamiento es de escaso valor,

la excitación de la mente lo sigue4.

El que ignora la naturaleza del pensamiento,

con su mente descontrolada,

pasa de existencia en existencia.

Pero el que conoce la naturaleza del pensamiento,

lo reprime, lleno de fervor

y compenetrado de atención.

No produciéndose la excitación de la mente,

tú eliminas por completo el pensamiento

si realmente eres un buddha.

2. LOS BHIKKHUS INQUIETOS

Cualidades del bhikkhu.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Kusinirâ, en Upavattana, en el Bosque de árboles sâla de los Mallas. En aquella ocasión nume­rosos bbikkhus vivían cerca del bhagavant, en una choza en el bosque, inquietos, petulantes, frívolos, habladores, descontro­lados en su lenguaje, carentes de atención, inconscientes, sin concentración, con su mente errante, sin dominio sobre sus sentidos. Y el bhagavant vio a aquellos numerosos bhikkhus que vivían cerca suyo, en una choza en el bosque, inquietos, petulantes, frívolos, habladores, descontrolados en su lenguaje, carentes de atención, inconscientes, sin concentración, con su mente errante, sin dominio sobre sus sentidos.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Con su mente5 descontrolada,

arruinada por falsas doctrinas

y dominada por la pereza y la desidia,

cae en poder de Mâra.

Por tal razón controle el bhikkhu su mente,

nutriéndose de buenos pensamientos,

consagrado a la verdadera doctrina,

consciente del nacer y perecer;

y superando la pereza y la desidia,

abandone los caminos que conducen al sufrimiento.

3. EL VAQUERO

El asesinato del vaquero que Buda instruyó. El daño que puede hacer una mente mal dirigida.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant recorría Kosala con un grupo numeroso de bhikkhus. Y el bhagavant, saliéndose del camino, se dirigió hacia un árbol y una vez ahí se sentó en el asiento preparado para él. Y un va­quero se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habién­dosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y el bhagavant instruyó, incitó, entusiasmó, llenó de gozo con una conversación sobre la doctrina a aquel vaquero que estaba sentado a un lado. Y aquel vaquero instruido, incitado, entusias­mado y llenado de gozo por aquella conversación del bhaga­vant sobre la doctrina, le dijo al bhagavant: «Señor, que el bhagavant en compañía de su grupo de bhikkhus acepte comer mañana en mi casa». El bhagavant aceptó guardando silencio. Y aquel vaquero viendo que el bhagavant aceptaba, levantán­dose de su asiento, saludando al bhagavant, haciendo el padak­khina, se retiró. Y aquel vaquero, al concluir la noche, habien­do preparado abundante cantidad de arroz hervido en poca agua y manteca fresca, anunció al bhagavant que era hora de comer, diciéndole: «Señor, ya es hora, la comida está prepa­rada». Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, con el grupo de bhikkhus se

dirigió a la casa de aquel vaquero y una vez ahí se sentó en el asiento preparado para él. Y aquel vaquero personalmente halagó y atendió a aquel grupo de bhikkhus, con Buda a la cabe­za, con arroz hervido en poca agua y manteca fresca. Y des­pués de ver que el bhagavant había comido y había retirado su mano de la escudilla, tomando un asiento bajo, se sentó a un lado; y el bhagavant, instruyó, incitó, entusiasmó, lleno de gozo al vaquero que estaba sentado a un lado con una con­versación sobre la doctrina y luego, levantándose de su asiento, se retiró. No bien partiera el bhagavant un hombre le quitó la vida al vaquero en el lindero de su campo.

Y numerosos bhikkhus se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado y aquellos bhikkhus, que estaban senta­dos a un lado, le dijeron al bhagavant: «A aquel vaquero que hoy día halagara y atendiera personalmente a este grupo de bhikkhus, con Buda a la cabeza, con arroz hervido en poca agua y manteca fresca, un hombre le quitó la vida en el limite de su campo»

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cualquier cosa que un enemigo

pueda hacerle a su enemigo

o un rival a su rival

algo peor aún que eso

puede hacer una mente mal dirigida.

4. LOS YAKSHAS

El gran poder del venerable Sâriputta. El sufrimiento no alcan­za al hombre de mente firme.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. En aquella ocasión el venerable Sâriputta y el venerable Mahâmoggallâna se encontraban en la Gruta de las Palomas. Y el venerable Sâriputta estaba sentado al aire libre en una noche de luna, con sus cabellos recién cortados, habiendo entrado en samâdhi.

En aquella ocasión dos yakshas amigos iban de la Región Norte a la Región Sur por una diligencia que tenían que hacer. Y aquellos yakshas vieron al venerable Sâriputta sentado al aire libre en una noche de luna, con sus cabellos recién corta­dos y, habiéndolo visto, uno de los yakshas le dijo al otro:

«Amigo, se me ocurre darle un golpe en la cabeza a este samán». Cuando aquel yaksha dijo esto, el otro le contestó: «Detente amigo, no te metas con este samán. Es un samán eminente, de gran poder, de gran autoridad».

Por segunda vez entonces el mismo yaksha le dijo al otro:

“Amigo, se me ocurre darle un golpe en la cabeza a este sa­mán”. Por segunda vez el otro yaksha le contestó: «Detente amigo, no te metas con este samán. Es un samán eminente, de gran poder, de gran autoridad». Por tercera vez el mismo yaksha le dijo al otro: «Amigo, se me ocurre darle un golpe en la cabeza a este samán». Por tercera vez el otro yaksha le con­testó: «Detente amigo, no te metas con este samán. Es un samán eminente, de gran poder, de gran autoridad».

Y aquel yaksha, sin hacerle caso al otro yaksha, le dio un golpe en la cabeza al venerable Anciano6 Sâriputta. Tan fuerte fue el golpe que con ese golpe habría derribado a un elefante de siete u ocho ratanas7 o habría quebrado un gran pico de montaña. Y aquel yaksha gritando: «Me quemo, me quemo», cayó entonces en el Gran Infierno.

Y el venerable Mahâmoggallâna vio con su ojo divino, puro y sobrehumano el golpe que aquel yaksha le diera al venerable Anciano Sâriputta y, al verlo, se acercó a donde se encontraba el venerable Anciano Sâriputta y, habiéndosele acercado, le dijo: «¿Te encuentras bien, amigo? ¿Estás bien? ¿No te sien­tes mal?»

«Me encuentro bien, amigo Mahâmoggallâna; estoy bien, amigo Mahâmoggallâna, a pesar de que tengo un ligero dolor en la cabeza».

« ¡Qué maravilloso, amigo Sâriputta, qué extraordinario, amigo Sâriputta, lo poderoso que es el venerable Sâriputta; lo grande que es su autoridad! Amigo Sariputta, un yaksha te dio un golpe en la cabeza. Tan fuerte fue el golpe que con ese golpe habría derribado un elefante de siete u ocho ratanas o habría quebrado un gran pico de montaña. Y sin embargo el venerable Sâriputta me ha dicho así: ‘Me encuentro bien, amigo Mahâmoggallâna; estoy bien, amigo Mahâmoggallâna, a pesar de que tengo un ligero dolor en la cabeza’».

« ¡Qué maravilloso, amigo Mahâmoggallâna, qué extraor­dinario, amigo Mahâmoggallâna, lo poderoso que es el vene­rable Mahâmoggallâna, lo grande que es su autoridad, puesto que puede ver a un yaksha! Yo ni puedo ver a un duende de basural».

Y el bhagavant oyó con su oído divino, puro, sobrehumano aquella tal conversación de aquellos dos grandes Elefantes8.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

¿Cómo alcanzará el sufrimiento

a aquel cuya mente, firme como una roca,

no se conmueve;

cuya mente disciplinada

no goza con las cosas que producen placer,

no se encoleriza con las cosas que producen cólera?

5. EL ELEFANTE

Buda y el elefante, amantes de la soledad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Kosambî, en el parque de Gho­sita. En aquella ocasión el bhagavant vivía rodeado de bhikkhus, bhikkhunis, upâsakas, upâsikâs10, reyes, grandes ministros de reyes, maestros de otras sectas, discípulos de maestros de otras sectas. Y así rodeado, vivía desagradablemente, incómodamente. Y el bhagavant pensó: “Yo vivo aquí rodeado de bhikkhus, bhikkhunis, upâsakas, upâsikâs, reyes, grandes ministros de reyes, maestros de otras sectas y discípulos de maestros de otras sectas; y así rodeado vivo desagradablemente, incómodamente; por eso viva yo solitario, apartado de la multitud”.

Y el bhagavant por la mañana, después de vestirse, toman­do su manto y su escudilla, entró en Kosambî en busca de li­mosna. Habiendo recorrido Kosambî en busca de limosna, por la tarde, después que regresara de la recolección de limosnas, recogiendo él mismo su lecho y su asiento, tomando su manto y su escudilla, sin decirle nada a su servidor, sin informar a la congregación de bhikkhus, solo, sin acompañante, se dirigió a la aldea de Pâlileyyaka en busca de limosna. Y pidiendo limosna llegó, poco a poco, a Pâlileyyaka. Ahí, en Pâlileyyaka, el bhagavant vivió en un bosquecillo de la Foresta Cercada, bajo un hermoso árbol sâla.

Y un elefante vivía rodeado por elefantes machos y por ele­fantes hembras, por elefantes jóvenes, por elefantes niños; y él tenía que comer hierbas cuyas partes tiernas ya habían sido cortadas; ellos se comían los manojos de ramillas que él arran­caba una y otra vez; tenía que beber agua turbia y, cuando salía de su baño, los elefantes hembras iban frotándose contra su cuerpo. Y así rodeado, vivía desagradablemente, incómo­damente. Y este elefante pensó: «Yo vivo aquí rodeado por elefantes machos y elefantes hembras, por elefantes jóvenes, por elefantes niños; yo tengo que comer hierbas cuyas partes tier­nas ya han sido cortadas; ellos se comen los manojos de rami­llas que yo arranco una y otra vez; tengo que beber agua tur­bia y, cuando salgo de mi baño, los elefantes hembras van frotándose contra mi cuerpo. Y así rodeado, vivo desagradable­mente, incómodamente. Por eso viva yo solitario, apartado del. grupo».

Y aquel elefante, alejándose del rebaño, se dirigió a la al­dea de Pâlileyyaka, al bosquecillo de la Foresta Cercada, hacia el hermoso árbol sâla donde se encontraba el bhagavant y ahí aquel elefante limpiaba de hierbas el lugar donde se encontraba el bhagavant y con su trompa le ofrecía agua pata beber y agua pata lavarse.

Y este pensamiento surgió en la mente del bhagavant mien­tras se encontraba a solas, en su retiro: «Yo antes vivía rodeado de bhikkhus, bhikkhunis, upâsakas, upâsikâs, reyes, grandes ministros de reyes, maestros de otras sectas y discípulos de maestros de otras sectas: y así rodeado, vivía desagradablemente, incómodamente. Y ahora yo no vivo rodeado de bhik­khus, bhikkhunis, upâsakas, upâsikâs, reyes, grandes ministros de reyes, maestros de otras sectas y discípulos de maestros de otras sectas; y no estando así rodeado, vivo feliz, cómoda­mente».

Y este pensamiento surgió en la mente del elefante: “Yo antes vivía rodeado por elefantes machos y elefantes hem­bras, por elefantes jóvenes, por elefantes niños; yo tenía que comer hierbas cuyas partes tiernas ya habían sido cortadas; ellos se comían los manojos de ramillas que yo arrancaba una y otra vez; tenía que beber agua turbia y, cuando salía de mi baño, los elefantes hembras iban frotándose contra mi cuerpo; y así rodeado, vivía desagradablemente, incómodamente. Y aho­ra yo no vivo rodeado por elefantes machos y elefantes hem­bras, por elefantes jóvenes y elefantes niños; yo no tengo que comer hierbas cuyas partes tiernas ya han sido cortadas; ellos no se comen los manojos de ramas que yo arranco una y otra vez; no tengo que beber agua turbia y, cuando salgo de mi baño, los elefantes hembras no van frotándose contra mi cuer­po; y no estando así rodeado, vivo feliz, cómodamente».

El bhagavant, percibiendo su propia soledad y conociendo con su mente el pensamiento de la mente de aquel elefante, dijo en aquella ocasión este udâna:

En esto concuerda la mente del elefante de largos colmillos

con la mente del sabio:

ambos gozan en la soledad del bosque11.

6. EL VENERABLE PINDOLA

Retrato de un bhikkhu mendicante. La enseñanza de los bud­dhas.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Pindola-Bhâradvâja estaba sentado cerca del bha­gavant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido. Moraba en el bosque, se alimentaba sólo de limosnas, sus vestidos eran hechos de harapos tomados del ba­sural, sólo usaba los tres vestidos del bhikkhu, con sus deseos limitados, satisfecho, solitario, evitando las compañías, empeñoso, despreocupado de las controversias, entregado a la meditación. Y el bhagavant vio al venerable Pindola-Bhâradvâja sen­tado cerca suyo, habiendo adoptado la postura pallanka, man­teniendo el cuerpo erguido y morando en el bosque, alimentán­dose sólo de limosnas, con vestidos hechos de harapos tomados del basural, usando sólo los tres vestidos del bhikkhu, con sus deseos limitados, satisfecho, solitario, evitando las compañías, empeñoso, despreocupado de las controversias, entregado a la meditación.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Abstenerse de vituperios,

abstenerse de hacer daño,

el autocontrol

de acuerdo con las normas del Pâtimokkha,

la moderación en la comida,

lecho y asiento solitarios,

el ejercicio de la meditación

éste es el mensaje de los buddhas.

7. EL VENERABLE SÂRIPUTTA

El sabio está más allá del dolor.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sâriputta estaba sentado cerca del bhagavant, ha­biendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, con sus deseos limitados, satisfecho, solitario, evitando las compañías, empeñoso, entregado a la meditación. Y el bhagavant vio al venerable Sâriputta sentado cerca suyo, ha­biendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, con sus deseos limitados, satisfecho, solitario, evitando las compañías, empeñoso, entregado a la meditación.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

No existen penas para el sabio sumido en la meditación,

que no es negligente,

que se ejercita en los caminos de la sabiduría,

sereno y siempre compenetrado de atención.

8. SUNDARÎ (LA BELLA)

El asesinato de la mendicante Sundarî (la Bella). El destino de los mentirosos. Imperturbabilidad del bhikkhu.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el bhagavant era honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado y recibía como regalo túnicas, alimentos, lechos, asien­tos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. Y la congregación de bhikkhus era también honra­da, respetada, reverenciada, venerada, estimada y recibía como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. En cambio los mendicantes de otras sectas no eran ni honrados ni respe­tados ni reverenciados ni venerados ni estimados ni recibían como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxi­lio para el enfermo ni medicinas ni utensilios.

Y estos mendicantes de otras sectas, no pudiendo tolerar los honores recibidos por el bhagavant y por la congregación, se acercaron a donde se encontraba la mendicante Sundarî (la Bella) y, habiéndosele acercado, le dijeron: «Hermana, ¿puedes tú hacer un bien a tus parientes? »

«¿Qué debo hacer, señores? ¿Qué es lo que yo no podría hacer? Incluso abandonaría la vida por el bien de mis pa­rientes».

«Entonces, hermana, ve a menudo al Bosque del Príncipe Jeta».

Diciendo: «Así lo haré, señores», la mendicante Sundarî obedeciendo a aquellos mendicantes de otras sectas, fue a me­nudo al Bosque del Príncipe Jeta.

Cuando aquellos mendicantes de otra secta supieron que la mendicante Sundarî había sido vista por mucha gente yendo a menudo al Bosque del Príncipe Jeta, entonces, después de ma­tarla y de arrojarla a un hueco en un foso del Bosque del Prín­cipe Jeta, se acercaron a donde se encontraba el rey Pasenadi de Kosala y, habiéndosele acercado, al rey Pasenadi de Kosala le dijeron: «Hace tiempo que no vemos a la mendicante Sundarî».

«¿Dónde sospecháis que está?»

«En el Bosque del Príncipe Jeta, oh gran rey».

«Inspeccionad entonces el bosque del Príncipe Jeta».

Y aquellos mendicantes de otras sectas, inspeccionando el Bosque del Príncipe Jeta, la sacaron del hueco del foso en donde la habían arrojado, la colocaron en una parihuela y en­traron en Sâvatthi; y yendo de calle en calle, de esquina en esquina, le decían a la gente:

«Ved, señores, lo que han hecho los samanes seguidores de Buda; estos samanes seguidores de Buda son desvergonzados, sin moralidad, de malos hábitos, mentirosos, de vida licen­ciosa. Y ellos pretenden vivir de acuerdo con la doctrina y ser gente de paz, puros, veraces, virtuosos, justos. Ellos no son samanes, ellos no son brahmanes; han dejado de ser samanes, han dejado de ser brahmanes; cómo serían samanes, cómo se­rían brahmanes; se terminaron estos samanes, se terminaron estos brahmanes. ¿Cómo podría un hombre, después de haber hecho con ella su deber de hombre, quitarle la vida a una mu­jer?»

Y entonces las gentes en Sâvatthi cuando veían a los bhik­khus los insultaban, los censuraban, los hostigaban, los morti­ficaban con palabras viles y rudas:

«Estos samanes seguidores de Buda son desvergonzados, sin moralidad, de malos hábitos, mentirosos, de vida licenciosa.

Y ellos pretenden vivir de acuerdo con la doctrina y ser gente de paz, puros, veraces, virtuosos, justos. Ellos no son samanes, ellos no son brahmanes; han dejado de ser samanes, han de­jado de ser brahmanes; cómo serían samanes, cómo serían brahmanes; se terminaron estos samanes, se terminaron estos brahmanes. ¿Cómo podría un hombre, después de haber hecho con ella su deber de hombre, quitarle la vida a una mujer?»

Numerosos bhikkhus, por la mañana después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas, entraron en Sâvatthi en busca de limosna. Habiendo recorrido Sâvatthi en busca de limosna, por la tarde, después que regresaron de la recolección de limosnas, se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado y, sentados a un lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Señor, en Sâvatthi las gentes cuando ven a los bhikkhus los insultan, los censuran, los hostigan, los morti­fican con palabras viles y rudas:

“Estos samanes seguidores de Buda son desvergonzados, sin moralidad, de malos hábitos, mentirosos, de vida licenciosa. Y ellos pretenden vivir de acuerdo con la doctrina y ser gente de paz, puros, veraces, virtuosos, justos. Ellos no son samanes, ellos no son brahmanes; han dejado de ser samanes, han dejado de ser brahmanes; cómo serían samanes, cómo serían brahma­nes; se terminaron estos samanes, se terminaron estos brah­manes. ¿Cómo podría un hombre, después de haber hecho con ella su deber de hombre, quitarle la vida a una mujer?”»

«Oh bhikkhus esa calumnia no durará mucho, durará una semana; al cabo de una semana cesará. Oh bhikkhus, reprobad con estos versos a aquellas gentes que, cuando ven a los bhik­khus, los insultan, los censuran, los hostigan, los mortifican con palabras viles y rudas»:

«Aquel que dice algo que no es verdad se va al infierno,

también aquel que,

habiendo hecho algo

dice que no lo ha hecho.

Ambos, hombres de innoble conducta,

tienen el mismo destino

después de la muerte, en el otro mundo».

Y aquellos bhikkhus aprendieron aquellos versos en pre­sencia del bhagavant. Y a aquellas gentes que, cuando veían a los bhikkhus, los insultaban, los censuraban, los hostigaban, los mortificaban con palabras viles y rudas, los bhikkhus las repro­baban con aquellos versos:

«Aquel que dice algo que no es verdad

se va al infierno,

también aquel que habiendo hecho algo

dice que no lo ha hecho.

Ambos, hombres de innoble conducta,

tienen el mismo destino

después de la muerte, en el otro mundo».

Y las gentes pensaron: «Estos samanes seguidores de Buda no son culpables; ellos no han hecho esto. Estos samanes segui­dores de Buda lo afirman bajo juramento». Aquella calumnia no duró mucho tiempo, duró una semana; al cabo de una se­mana cesó.

Numerosos bhikkhus se acercaron entonces a donde se en­contraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant se sentaron a un lado. Y sentados a un lado, aque­llos bhikkhus le dijeron al bhagavant:

« ¡Qué maravilloso, señor, qué extraordinario, señor, hasta qué punto dijo bien el bhagavant! ‘Oh bhikkhus, esa calumnia no durará mucho tiempo, durará una semana; al cabo de una semana cesará’. Efectivamente, señor, esa calumnia cesó».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Los hombres descontrolados hieren con la palabra

como con flechas se hiere al elefante en la batalla.

Al oír pronunciar palabras rudas

debe el bhikkhu tolerarlas

con mente no afectada por la ira.

9. EL VENERABLE UPASENA

La fundada alegría del venerable Upasena. No existen reencar­naciones para el bhikkhu imperturbable.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas Y este pensamiento surgió en la mente del venerable Upasena, hijo de Vangata, mientras se encontraba a solas, en su retiro:

« ¡ Qué adquisición he hecho! ¡Qué buena suerte he tenido!:

mi maestro es el bhagavant, el arhant, el perfectamente ilumi­nado. Habiéndome sido bien explicada la doctrina, yo partí de mi casa para llevar una vida errante; mis compañeros de vida religiosa están dotados de disciplina moral y tienen bue­nas cualidades; yo he cumplido por completo con los preceptos de la disciplina moral, puedo concentrar mi mente y fijarla en una sola entidad12; soy un arhant que ha destruido las impure­zas; tengo gran poder sobrenatural y gran autoridad. Feliz es mi vida, feliz será mi muerte».

El bhagavant, conociendo con su mente el pensamiento de la mente del venerable Upasena, hijo de Vangata, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquel a quien la vida no atormenta

y no sufre con la muerte que es su fin

aquél ha visto el camino,

es un sabio

y no se desespera en medio de las desdichas.

Ha terminado el ciclo de las reencarnaciones,

ya no existen nuevos nacimientos

para el bhikkhu

que ha destruido la sed por la existencia13

y tiene la mente calma.

10. LA CALMA DEL VENERABLE SÂRIPUTTA

No existen reencarnaciones para el bhikkhu sereno.

He aquí lo que yo he oído decir. cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sâriputta estaba sentado cerca del bhagavant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, concentrado sobre su propio estado de calma. Y el bhagavant vio al venerable Sâriputta sentado cerca suyo, ha­biendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, concentrado sobre su propio estado de calma.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Ha terminado el ciclo de las reencarnaciones

para aquel bhikkhu que tiene la mente calma y serena

y que ha abandonado a la guía14

-se ha liberado de los laxos de Mâra.

1. Texto utilizado para la confesión de los bhikkhus.

2. Es decir, de que todas las cosas tienen un principio y un fin.

3. Referencia a los ejercicios pranayámicos (control de la respiración) cuya finalidad es eliminar el pensamiento discursivo.

4. Hemos traducido «anuggatâ» como “anugatâ” con el cual muchas veces se confunde. Hemos traducido «anuggate», que aparece unas líneas más abajo como anuppanne, su sinónimo.

5. Seguimos la variante «cittena», consignada por Nettipakarana, pp. 47, 83, 103 y 108 y por el comentador.

6. Se daba el nombre de Ancianos (Thera) a los primeros bhikkhus. Las doctrinas sostenidas por ellos en el primer Concilio, celebrado des­pués de la muerte de Buda, eran las más fieles al pensamiento originario de Buda.

7. Ratana: medida de longitud.

8. Epíteto laudatorio, ya que el elefante es considerado como símbo­lo de la capacidad para tolerar.

9. Bhikkhuni: monja budista.

10. Upâsikâ: devota laica.

11. Seguimos al texto de la PTS.

12. Referencias a prácticas y6guicas destinadas a producir el nirvâna. Ver nota 7 del capítulo 1.

13. Debemos entender el término “existencia” en el sentido explicado en nota 15 del Capítulo 1.

14. La “guía” según el comentador, es el deseo por la existencia.

Capítulo V

EL VENERABLE SONA

1. LO QUE UNO MÁS QUIERE

Conversación del rey Pasenadi con la reina Mallikâ. Lo que uno más quiere es uno mismo. No debe nadie hacer daño a los de­más por amor a sí mismo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el rey Pasenadi de Kosala, se encontraba en la terraza del palacio real en compañía de la reina Mallikâ. Y el rey Pase­nadi de Kosala, le dijo a la reina Mallikâ: « ¿Existe en tu opinión, oh Mallikâ, alguien más querido que uno mismo?»

«Oh, gran rey, en mi opinión no existe nadie más querido que uno mismo. Y en tu opinión, oh gran rey, ¿existe alguien ,más querido que uno mismo? »

«Oh Mallikâ, en mi opinión no existe nadie más querido que uno mismo».

Y el rey Pasenadi de Kosala, descendiendo del palacio, se acercó adonde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acer­cado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y, sentado a un lado, el rey Pasenadi de Kosala, le dijo al bhagavant:

«Señor, yo me encontraba en la terraza del palacio real con la reina Mallikâ y le dije: “¿Existe en tu opinión, oh Mallikâ, alguien más querido que uno mismo?”. Cuando yo le dije esto la reina Mallikâ me contestó: “Oh gran rey, en mi opinión no existe nadie más querido que uno mismo”. - Cuando ella contestó esto, yo, señor, le dije: “Oh Mallikâ en mi opinión no existe nadie más querido que uno mismo ».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Recorriendo todas las regiones con la mente

no encontró en ningún lugar

nada más querido para uno que uno mismo.

Los otros se quieren a si mismos de igual manera.

Por tal razón no haga uno daño a otro

por amor a sí mismo.

2. LA CORTA VIDA

Corta vida de la madre de Buda. Corta vida de la madre de los bodhisattvas1. La inexorabilidad de la muerte debe inducir a practicar la vida religiosa.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. Y el venerable Ânan­da, saliendo de su retiro por la tarde, se acercó a donde se en­contraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y, sentado a un lado, el venerable Ânanda le dijo al bhagavant:

« ¡Qué maravilloso señor, qué extraordinario, señor, lo corta que ha sido la vida de la madre del bhagavant; murió a los siete días de nacido el bhagavant y renació entre los dio­ses Tusita2

«Así es, Amanda, pues las madres de los bodhisattvas tienen corta vida, las madres de los bodhisattvas mueren a los siete días de nacido el bodhisattva y renacen entre los dioses Tusita».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Todos los seres que existen

y todos los seres que existirán

se irán de este mundo abandonando sus cuerpos,

que el sabio,

comprendiendo esta desgracia que afecta a todos,

lleno de fervor, practique la vida religiosa.

3. SUPPABUDDHA

La historia del leproso Suppabuddha. Suppabuddha hace suya la doctrina de Buda. Las reencarnaciones y la retribución de los actos. El sabio debe evitar el mal.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. En aquella ocasión existía en Râjagaha un leproso de nombre Suppabuddha, hombre pobre, hombre miserable, hombre desgraciado. Y el bhagavant estaba sentado predicando la doctrina, rodeado por una gran multitud.

El leproso Suppabuddha, vio de lejos a aquella multitud reunida y, habiéndola visto, pensó: «Sin duda, aquí alguien está distribuyendo alimentos líquidos y alimentos sólidos. Va­mos, pues, acerquémonos a donde se encuentra aquella multi­tud. Tal vez yo también obtenga alimento sólido o alimento líquido”.

Y el leproso Suppabuddha se acercó a donde se encontraba aquella multitud y vio al bhagavant sentado, predicando la doctrina, rodeado por una gran multitud, y, habiéndolo visto, pensó: «Aquí nadie está distribuyendo alimentos líquidos o alimentos sólidos. Es el samán Gotama que predica la doctrina a la multitud. Vamos, pues, escuchemos la doctrina” y se sentó a un lado pensando: «Yo también escucharé la doctrina”.

Y el bhagavant examinando a toda la multitud con su mente pensó: « ¿Quién es capaz aquí de comprender la doctrina? » Y el bhagavant vio al leproso Suppabuddha sentado entre aquella multitud y, habiéndolo visto, pensó: «Aquí, éste es capaz de comprender la doctrina». Y para provecho del leproso Suppabuddha desarrolló en forma gradual su enseñanza sobre los siguientes temas, a saber: la liberalidad, la disci­plina moral, el cielo; y explicó el peligro, la degradación y la impureza de los deseos y los beneficios de la renunciación. Cuando el bhagavant se dio cuenta de que el leproso Suppabud­dha tenía ya la mente preparada, dócil, libre de obstáculos, feliz y serena, entonces explicó aquella condensada enseñanza de los buddhas: el sufrimiento, su origen, su destrucción y el camino. De la misma manera como una vestimenta limpia, sin mancha, recibiría perfectamente la tintura, de la misma manera en el leproso Suppabuddha, mientras se encontraba sentado en la reunión, se produjo la intuición de la doctrina, pura, sin mancha: todo lo que tiene un origen está sujeto a destrucción.

Y el leproso Suppabuddha, que había percibido, que había alcanzado y que había conocido la doctrina, que se había com­penetrado de ella, que había ido más allá de las dudas y cuyas incertidumbres habían desaparecido, que había alcanzado la completa satisfacción, que no dependía de nadie en su com­prensión de la enseñanza del maestro, levantándose de su asien­to, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acerca­do, saludando al bhagavant, se sentó a un lado, y, sentado a un lado, el leproso Suppabuddha le dijo al bhagavant: « ¡Qué, maravilloso, señor, qué extraordinario, señor!: así como uno levantaría algo que se ha caído o descubriría algo que está oculto o indicaría el camino a alguien que lo ha perdido o sostendría una lámpara de aceite en la oscuridad, pensando: -Los que tienen ojos verán’; de la misma manera el bhagavant ha explicado la doctrina de múltiples maneras. Señor, yo tomo refugio en el bhagavant, en la doctrina y en la congregación. Que el bhagavant desde hoy día me reciba como upâsaka, a mí, que en vida, he tomado refugio en él».

Y el leproso Suppabuddha instruido, incitado, entusiasma­do y llenado de gozo por el bhagavant, mediante ese discurso sobre la doctrina, contento y alegre con la palabra del bhaga­vant, levantándose de su asiento, saludando al bhagavant, ha­ciendo el padakkhina, se retiró. Y no mucho después de que partiera, una vaca con su joven ternero, atacándolo, le quitó la vida al leproso Suppabuddha. Numerosos bhikkhus se acer­caron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acer­cado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Y sen­tados a un lado, aquellos bhikkhus dijeron al bhagavant: «Señor, aquel leproso de nombre Suppabuddha que había sido instruido, incitado, entusiasmado y llenado de gozo por el bhagavant mediante su discurso sobre la doctrina, ha muerto. ¿Cuál es su destino? ¿Cuál es su condición futura? »

«Oh bhikkhus, el leproso Suppabuddha era un pandit, actuó de conformidad con la doctrina y no me ha molestado con respecto a la doctrina. Oh bhikkhus, el leproso Suppabud­dha con la desaparición de las tres ataduras3, ha entrado en la corriente4, no está expuesto a decaer5, está seguro, se enca­mina hacia la completa iluminación»-

Cuando el bhagavant dijo, esto, uno de los bhikkhus le pre­guntó: «¿Cuál es la causa, señor, cuál es la razón por la cual el leproso Suppabuddha era un hombre pobre, un hombre miserable, un hombre degradado? »

«Oh bhikkhus, el leproso Suppabuddha, en una vida ante­rior, en esta misma ciudad de Râjagaha, era el hijo de un rico mercader. Y él, atravesando un jardín, vio al pachchekabud­dha6 Tagarasikhi entrando en la ciudad para pedir limosna, y habiéndolo visto, pensó: «¿A dónde va este leproso con escudilla de leproso?» y, escupiendo, se fue dándole la izquierda7. Como consecuencia de aquella acción, él fue torturado en el infierno, durante muchos centenares de años, durante miles de años, durante muchos cientos de miles de años. Así, debido al residuo de la consecuencia de aquella acción, en esta ciudad de Râjagaha, él era un leproso, hombre pobre, hombre miserable, hombre desgraciado. Pero él, alcanzando la disciplina de doctrina declarada por el tathagata, hizo suya la fe, hizo suya la disciplina moral, hizo suya la enseñanza, hizo suyo la renunciación, e hizo suya la sabiduría. Y él, habiendo hecho suya la fe, habiendo hecho suya la disciplina moral, habiendo hecho suya la enseñanza, habiendo hecho suyo la renunciación, y habiendo hecho suya la sabiduría, al disolverse su cuerpo, después de la muerte, renació en un reino de felicidad, en el cielo, en compañía de los Treinta y Tres dioses. Y allí, ¿él sobrepasa a los otros dioses en esplendor y en gloria».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Así como el que tiene ojos,

esforzándose, evita las desigualdades del camino,

así, en este mundo, el que es pandit

debe evitar las cosas malas.

4. LOS MUCHACHOS

Los muchachos y los pescados. No hay posibilidad de liberarse de las consecuencias de una mala acción.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión numerosos muchachos maltrataban a unos pescados, entre Sâvatthi y el Bosque del Príncipe Jeta.

Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, to­mando su manto y su escudilla, entró en Sâvatthi en busca de limosna y vio entonces a aquellos numerosos muchachos maltra­tando a unos pescados, entre Sâvatthi y el Bosque del Príncipe Jeta y, al verlos, se acercó a donde se encontraban aquellos mu­chachos y, habiéndoseles acercado, les dijo:

«Teméis vosotros, muchachos, al sufrimiento? ¿Es el sufri­miento algo desagradable para vosotros? »

«Sí, señor, nosotros tememos al sufrimiento. El sufrimiento es algo desagradable para nosotros».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Si vosotros teméis al sufrimiento,

si el sufrimiento es para vosotros algo desagradable,

no hagáis una mala acción,

ni abiertamente ni en secreto;

si vais a hacer o estáis haciendo una mala acción,

no existe para vosotros liberación del sufrimiento,

aunque volando huyáis.

5. EL UPOSATHA8

El hombre impuro que se introdujo en la asamblea de los bhik­khus y fue expulsado de ella. Las maravillas del gran océano y de la doctrina. No ocultar su propia naturaleza.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Este, en el palacio de la madre de Migâra. En aquella ocasión el bhagavant estaba sentado rodeado por la congregación de bhik­khus, uno de los días uposatha.

Y el venerable Ânanda, avanzada la noche, habiendo trans­currido la primera guardia, levantándose de su asiento, echán­dose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali ante el bhagavant le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha trans­currido ya la primera guardia, hace rato que está sentada la con­gregación de bhikkhus, que el bhagavant recite el Pâtimokkha a los bhikkhus». Cuando Ânanda dijo esto, el bhagavant permaneció en silencio. Por segunda vez el venerable Amanda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la guardia media, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hom­bro, haciendo el añjali ante el bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha transcurrido ya la guardia media, hace rato que está sentada la congregación de bhikkhus, que el bhagavant recite el Pâtimokkha a los bhikkhus». Por segunda vez el bhagavant permaneció en silencio.

Por tercera vez el venerable Ânanda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la última guardia, surgida ya la aurora, cuando la noche presenta su rostro agradable, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro, haciendo el añjali ante el bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avan­zada, ha transcurrido la última guardia, la aurora ya ha sur­gido y la noche presenta su rostro agradable; hace tato que está sentada la congregación de bhikkhus, que el bhagavant recite el Pâtimokkha a los bhikkhus».

«Ânanda, la asamblea no se encuentra completamente pura».

Y el venerable Mahâmoggallâna pensó: « ¿ Con referencia a quién el bhagavant ha dicho: ‘Oh Ânanda, la asamblea no se encuentra completamente pura’?» Y el venerable Mahâmog­gallâna consideró a toda la asamblea con su mente. Y el vene­rable Mahâmoggallâna vio a un hombre sin disciplina moral, malo, impuro, de dudosa conducta, hipócrita, que no era samán y pretendía serlo, que no llevaba la vida religiosa y pretendía llevarla, interiormente corrompido, lleno de deseos, hecho de inmundicias, sentado en medio de la congregación de bhikkhus. Y, habiéndolo visto, levantándose de su asiento, se acercó a don­de se encontraba aquel hombre y, habiéndosele acercado, le dijo:

«Levántate, amigo, el bhagavant te ha visto, no puedes estar en compañía de los bhikkhus». Y aquel hombre permaneció en silencio.

Por segunda vez el venerable Mahâmoggallâna le dijo a aquel hombre: «Levántate amigo, el bhagavant te ha visto, no puedes estar en compañía de los bhikkhus». Por segunda vez aquel hombre permaneció en silencio.

Por tercera vez el venerable Mahâmoggallâna le dijo a aquel hombre: «Levántate, amigo, el bhagavant te ha visto, no puedes estar en compañía de los bhikkhus». Por tercera vez aquel hombre permaneció en silencio.

Y entonces el venerable Mahâmoggallâna, tomando por el brazo a aquel hombre, haciéndolo salir fuera del portal y echan­do el cerrojo, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, le dijo: «Señor, he sacado a aquel hom­bre. La asamblea ya se encuentra completamente pura. Señor, que el bhagavant recite el Pâtimokkha a los bhikkhus».

« ¡Qué maravilloso, Mahâmoggallâna, qué extraordinario, Mahâmoggallâna, que ese hombre necio haya tenido que esperar hasta ser tomado por el brazo!»

Y el bhagavant les dijo a los bhikkhus: «Desde ahora, oh bhikkhus, yo no observaré otro uposatha, no recitaré el Pâtimok­ka. Oh bhikkhus, desde ahora vosotros observad el uposatha, recitad el Pâtimokkha. Es imposible, oh bhikkhus, inconve­niente, que el tathâgata observe el uposatha en una asamblea impura, que recite en ella el Pâtimokkha».

«Existen, oh bhikkhus, estas ocho cosas maravillosas y extraordinarias en el gran océano. Cada vez que las ven, los Asuras se regocijan con el gran océano. ¿Cuáles son estas ocho cosas?

El gran océano, oh bhikkhus, se torna gradualmente más profundo, con declives cada vez mayores, con precipicios cada vez más abruptos; no es un abismo que se hunde bruscamente. Que el gran océano, oh bhikkhus, se torne gradualmente más profundo, con declives cada vez mayores, con precipicios cada vez más abruptos y que no sea un abismo que se hunde brusca­mente, ésta, oh bhikkhus, es la primera cosa maravillosa y ex­traordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: el gran océano, de naturaleza estable, no se sale de su orilla. Que el gran océano, de naturaleza es­table, oh bhikkhus, no se salga de su orilla, ésta es, oh, bhik­khus, la segunda cosa maravillosa y extraordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: el gran océano no tolera un cuerpo muerto. Cualquier cuerpo muerto que se encuentre en el gran océano, éste rápidamente lo lleva hacia la orilla, lo arroja hacia la playa. Que el gran océano, oh bhikkhus, no tolere un cuerpo muerto y que cualquier cuerpo muerto que se encuentre en el gran océano, éste, rápidamente, lo lleve hacia la orilla, lo arroje hacia la playa, ésta, oh bhikkhus, es la tercera cosa maravillosa y extraordinaria, del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: todos los grandes ríos, a saber: el Ganges, el Yamunâ, el Achiravatî, el Sarabhû, el Mahî, preci­pitándose en el gran océano, abandonan sus antiguos nombres y linajes y reciben el nombre de gran océano. Que todos los grandes ríos, oh bhikkhus, a saber: el Ganges, el Yamunâ, el Achiravatî, el Sarabhû, el Mahî, precipitándose en el gran océa­no, abandonen sus antiguos nombres y linajes y reciban el nombre de ‘gran océano’, ésta, oh bhikkhus, es la cuarta cosa maravillosa y extraordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: no se ve que el gran océano se vacíe o se llene con todas las corrientes que en la tierra fluyen hacia él ni con todas las lluvias que caen en él desde el cielo. Que no se vea, oh bhikkhus, que el gran océano se vacíe o se llene con todas las corrientes que en la tierra fluyen hacia él y con todas las lluvias que caen en él desde el cielo, ésta, oh bhikkhus, es la quinta cosa maravillosa y extraordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: el gran océano tiene un solo sabor, el sabor salado. Que el gran océano, oh bhikkus, tenga un solo sabor, el sabor salado, ésta, oh bhikkhus, es la sexta cosa maravillosa y extraordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: el gran océano tiene numerosas, infi­nitas piedras preciosas. Las piedras preciosas que se encuentran en él son, a saber: perlas, cristales, lapislázuli, madreperla, cuarzo, coral, plata, oro, rubí, esmeralda. Que el gran océano, oh bhikkhus, tenga numerosas, infinitas piedras preciosas, sien­do las piedras preciosas que se encuentran en él, a saber: perlas, cristales, lapislázuli, madreperla, cuarzo, coral, plata, oro, rubí, esmeralda, ésta, oh bhikkhus, es la séptima cosa maravillosa y extraordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Luego, oh bhikkhus: el gran océano es la residencia de grandes seres. Los seres que se encuentran en él son: el timî, el timingala, el timitimingala10, asuras, dagas, gandharvas 11. Existen también en el gran océano animales de cien yojanas12 de tamaño, animales de doscientas yojanas, animales de trescientas yojanas, animales de cuatrocientas yojanas, animales de qui­nientas yojanas. Que el gran océano, oh bhikkhus, sea la resi­dencia de grandes seres, siendo los seres que se encuentran en él: el timî, el timingala, el timitimingala, asura, nágas, gan­dharvas y que existan también en el gran océano animales de cien yojanas de tamaño, animales de doscientas yojanas, anima­les de trescientas yojanas, animales de cuatrocientas yojanas, animales de quinientas yojanas, ésta, oh bhikkhus, es la octava cosa maravillosa y extraordinaria del gran océano. Cada vez que la ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

Estas son las ocho cosas maravillosas y extraordinarias del gran océano. Cada vez que las ven, los Asuras se regocijan con el gran océano.

De la misma manera, oh bhikkhus, existen en la disciplina de la doctrina ocho cosas maravillosas y extraordinarias. Cada vez que las ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina. ¿Cuáles son estas ocho cosas?

Así como, oh bhikkhus, el gran océano se torna gradualmente más profundo, con declives cada vez mayores, con precipicios cada vez más abruptos y no es un abismo que se hunde bruscamente, de la misma manera, oh bhikkhus, en la disciplina de la doctrina existe un entrenamiento gradual, una actividad regular, un progreso gradual, no una captación brusca del conocimiento supremo. Que en la disciplina de la doctrina, oh bhikkhus, exista un entrenamiento gradual, una actividad regular, un progreso gradual y no una captación brusca del conocimiento supremo, ésta, oh bhikkhus, es la primera cosa maravillosa y extraordinaria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Así como, oh bhikkhus, el gran océano, de naturaleza esta­ble, no se sale de su orilla, de la misma manera, oh bhikkhus, mis discípulos no transgreden ni aun a riesgo de su vida la enseñanza que yo les he dado. Que mis discípulos, oh bhikkhus, no transgredan ni aun a riesgo de su vida la enseñanza que les he dado, ésta, oh bhikkhus, es la segunda cosa maravillosa y extraordinaria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doc­trina.

Así como, oh bhikkhus, el gran océano no tolera un cuer­po muerto y cualquier cuerpo muerto que se encuentre en el gran océano, éste rápidamente lo lleva hacia la orilla, lo arroja hacia la playa, de la misma manera, oh, bhikkhus, la congre­gación no puede convivir con aquel hombre sin disciplina moral, malo, impuro, de dudosa conducta, hipócrita, que no es samán y pretende serlo, que no lleva la vida religiosa y preten­de llevarla, interiormente corrompido, lleno de deseos, hecho de inmundicias; y, reuniéndose, la congregación rápidamente lo expulsa de sí. Además, aunque él esté sentado en medio de la congregación de bhikkhus, él está lejos de la congregación y la congregación está lejos de él. Que la congregación, oh bhik­khus, no pueda convivir con aquel hombre sin disciplina moral, malo, impuro, de dudosa conducta, hipócrita, que no es samán y pretende serlo, que no lleva la vida religiosa y pretende lle­varla, interiormente corrompido, lleno de deseos, hecho de inmundicias, y que, reuniéndose, la congregación rápidamente lo expulse de sí y que, además, aunque él esté sentado en medio de la congregación de bhikkhus, él esté lejos de la congrega­ción y la congregación esté lejos de él, ésta, oh bhikkhus, es la tercera cosa maravillosa y extraordinaria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Así como, oh bhikkhus, todos los grandes ríos, a saber: el Ganges, el Yamunâ, el Achiravatî, el Sarabhû, el Mahî, precipitándose en el gran océano, abandonan sus antiguos nom­bres y linajes y reciben el nombre de ‘gran océano’, de la misma manera, oh bhikkhus, las cuatro castas: los kshatriyas, los brahmanes, los vaishyas y los shûdras13, una vez que la disciplina de la doctrina ha sido predicada por el tathâgata, saliendo de su casa para llevar la vida errante, abandonan sus antiguos nombres y linajes y reciben el nombre de “samanes” hijos del Sakya. Que las cuatro castas: los kshatriyas, los brahmanes, los vaishyas y los shûdras, oh bhikkhus, una vez que la disciplina de la doctrina ha sido predicada por el tathâgata, saliendo de su casa para llevar una vida errante, abandonen sus antiguos nombres y linajes y reciban el nombre de ‘samanes» hijos del Sakya, ésta, oh bhikkhus, es la cuarta cosa maravillosa y ex­traordinaria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Así como, oh bhikkhus, no se ve que el gran océano se vacíe o se llene con todas las corrientes que en la tierra fluyen hacia él y con todas las lluvias que caen en él desde el cielo, de la misma manera, oh bhikkhus, aunque numerosos bhikkhus alcancen el supremo nirvâna en el dominio del nirvâna com­pletamente carente de los elementos del apego, no se ve que por ello el dominio del nirvâna se vacíe o se llene. Que, aunque numerosos bhikkhus alcancen, oh bhikkhus, el supremo nirvâ­na en el dominio del nirvâna completamente carente de los elementos del apego, no se vea que por ello el dominio del nirvâna se vacíe o se llene, ésta, oh bhikkhus, es la quinta con maravillosa y extraordinaria de la disciplina de la doctrina Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Así como, oh bhikkhus, el gran océano tiene un solo sabor el sabor salado, de la misma manera, oh bhikkhus, la disciplina de la doctrina tiene un solo sabor, el sabor de la Liberación

Que la disciplina de la doctrina, oh bhikkhus, tenga un solo sabor, el sabor de la Liberación, ésta, oh bhikkhus, es la sexta cosa maravillosa y extraordinaria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Así, como, oh bhikkhus, el gran océano tiene numerosas, infinitas piedras preciosas, siendo las piedras preciosas que se encuentran en él, a saber: perlas, cristales, lapislázuli, madre-perla, cuarzo, coral, plata, oro, rubí, esmeralda; de la misma manera, oh bhikkhus, la disciplina de la doctrina tiene nume­rosas, infinitas piedras preciosas, siendo las piedras preciosas que se encuentran en ella, a saber: las cuatro aplicaciones de la atención14, los cuatro esfuerzos correctos15, las cuatro bases de los poderes sobrenaturales16, las cinco facultades17, los cinco poderes18, los siete factores del conocimient19, el noble óctuple camino20. Que la disciplina de la doctrina, tenga numerosas, infinitas piedras preciosas, siendo las piedras preciosas que se encuentran en ella, a saber: las cuatro aplicaciones de la aten­ción, los cuatro esfuerzos correctos, las cuatro bases de los poderes sobrenaturales, las cinco facultades, los cinco poderes, los siete factores del conocimiento, el noble óctuple camino, ésta, oh bhikkhus, es la séptima cosa maravillosa y extraordi­naria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Así como, oh bhikkhus, el gran océano es la residencia de grandes seres, siendo los seres que se encuentran en él, a saber: el timî, el timingala, el timitimingala, asuras, nâgas, gandharvas y existen también en el gran océano animales de cien yojanas de tamaño, animales de doscientas yojanas, anima­les de trescientas yojanas, animales de cuatrocientas yojanas, animales de quinientas yojanas, de la misma manera oh bhikkhus, la disciplina de la doctrina es la residencia de gran­des seres, siendo los seres que se encuentran en ella, a saber: el que ha entrado en la corriente y el que ha alcanzado la reali­zación del fruto de haber entrado en la corriente; el que no ha de renacer sino una vez y el que ha alcanzado la realización del fruto de no haber de renacer sino una vez; el que ya no ha de renacer y el que ha alcanzado la realización del fruto de no haber de renacer; el arhant y el que ha alcanzado la con­dición de arban21. Que esta disciplina de la doctrina, oh bhik­khus, sea la residencia de grandes seres, siendo los seres que se encuentran en ella, a saber: el que ha entrado en la corriente y el que ha alcanzado la realización del fruto de haber entrado en la corriente; el que no ha de renacer sino una vez y el que ha alcanzado la realización del fruto de no haber de renacer sino una vez; el que ya no ha de renacer y el que ha alcanzado la realización del fruto de no haber de renacer; el arhant y el que ha alcanzado la condición de arhant, ésta, oh bhikkhus es la octava cosa maravillosa y extraordinaria de la disciplina de la doctrina. Cada vez que la ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina.

Oh bhikkhus, éstas son las ocho cosas maravillosas y extraordinarias, de la disciplina de la doctrina. Cada vez que las ven, los bhikkhus se regocijan con la disciplina de la doctrina”

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

La lluvia atraviesa lo que está cubierto

no atraviesa lo que está descubierto;

por tal razón, descubra lo que está cubierto,

así la lluvia no lo ha de atravesar.

6. EL VENERABLE SONA

La dificultad de llevar una vida religiosa para el hombre que tiene familia. El hombre de nobles sentimientos no goza en el mal.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Mahâkachchâna se encontraba en el reino de Avan­ti, en la ciudad de Kuraraghara, en la montaña del Precipicio23 .

Y entonces el servidor del venerable Mahâkachchâna era el upâsaka Sona Kutikanna.

Mientras se encontraba solo y retirado, al upâsaka Sona Kutikanna se le ocurrió este pensamiento: «Tal como el noble señor Mahâkachchâna enseña la doctrina, no es fácil ciertamente, llevando una vida de hogar, practicar una vida religiosa total­mente perfecta, totalmente pura, pulida como una madreperla. Cortándome el pelo y la barba y poniéndome las ropas color azafrán, saldré de mi hogar para llevar una vida errante».

Y el upâsaka Sona Kutikanna se acercó a donde se encon­traba el venerable Mahâkachchâna y, habiéndosele acercado, saludando al venerable Mahâkachchâna, se sentó a un lado. Sentado a un lado el upâsaka Sona Kutikanna le dijo al vene­rable Mahâkachchâna:

«Mientras yo, señor, me encontraba solo y retirado se me

ocurrió este pensamiento ‘Tal como el noble señor Mahâkachchâna enseña la doctrina, no es fácil ciertamente, llevando una vida de hogar, practicar una vida religiosa totalmente perfecta, totalmente pura, pulida como una madreperla. Cortándome el pelo y la barba y poniéndome las ropas color azafrán, saldré de mi hogar para llevar una vida errante’. Que el venerable Mahâkachchâna me haga entrar en la congregación».

Al decir esto el upâsaka Sona Kutikanna, el venerable Mahâkachchâna le contestó: «Es difícil, oh Sona, practicar durante toda la vida la vida religiosa que comporta una sola comida y la soledad. Oh Sona, tú, siendo un hombre de hogar practica de acuerdo con la enseñanzaza de los buddhas, por cierto tiempo, la vida religiosa, que comporta una sola comida y la soledad». Y el deseo del upâsaka Sona Kutikanna de dedicarse a la vida errante se aquietó.

Por segunda vez mientras se encontraba solo y retirado, al upâsaka Sona Kutikanna se le ocurrió este pensamiento: «Tal como el noble señor Mahâkachchâna enseña la doctrina, no es fácil ciertamente, llevando una vida de hogar, practicar una vida religiosa totalmente perfecta, totalmente pura, pulida como una madreperla. Cortándome el pelo y la barba y poniéndome las ropas color azafrán, saldré de mi hogar para llevar una vida errante».

Por segunda vez el upâsaka Sona Kutikanna se acercó a donde se encontraba el venerable Mahâkachchâna y, habiéndose­le acercado, saludando al venerable Mahâkachchâna, se sentó a un lado. Sentado a un lado, el upâsaka Sona Kutikanna le dijo al venerable Mahâkachchâna:

«Mientras yo, señor, me encontraba solo y retirado, se me ocurrió este pensamiento: ‘Tal como el noble señor Mahâkach­châna enseña la doctrina, no es fácil ciertamente, llevando una vida de hogar, practicar una vida religiosa totalmente perfecta, totalmente pura, pulida como una madreperla. Cortándome el pelo y la barba y poniéndome las ropas color azafrán, saldré de mi hogar para llevar una vida errante’. Que el venerable Mahâkachchâna me haga entrar en la congregación».

Por segunda vez el venerable Mahâkachchâna le contestó al upâsaka Sona Kutikanna: «Es difícil, oh Sona, practicar durante toda la vida la vida religiosa que comparta una sola comida y la soledad. Oh Sona, tú, siendo un hombre de hogar, practica, de acuerdo con la enseñanza de los buddhas, por cierto tiempo, la vida religiosa que comporta una sola comida y la soledad». Y por segunda vez el deseo del upâsaka Sona Kutikanna de de­dicarse a la vida errante se aquietó.

Por tercera vez mientras se encontraba solo y retirado, al upâsaka Sona Kutikanna se le ocurrió este pensamiento: «Tal como el noble señor Mahâkachchâna enseña la doctrina, no es fácil ciertamente, llevando una vida de hogar, practicar una vida religiosa totalmente perfecta, totalmente pura, pulida como una madreperla. Cortándome el pelo y la barba y poniéndome las ropas color azafrán, saldré de mi hogar para llevar una vida errante».

Por tercera vez el upâsaka Sona Kutikanna se acercó a don­de se encontraba el venerable Mahâkachchâna y, habiéndosele acercado, saludando al venerable Mahâkachchâna, se sentó a un lado. Sentado a un lado, el upâsaka Sona Kutikanna le dijo al venerable Mahâkachchâna:

«Mientras yo, señor, me encontraba solo y retirado, se me ocurrió este pensamiento: “Tal como el noble señor Mahâ­kachchâna enseña la doctrina, no es fácil ciertamente, llevando una vida de hogar, practicar una vida religiosa totalmente per­fecta, totalmente pura, pulida como una madreperla. Cortán­dome el pelo y la barba y poniéndome las ropas color azafrán, saldré de mi hogar para llevar una vida errante”. Que el venerable Mahâkachchâna me haga entrar en la congregación».

Y el venerable Mahâkachchâna hizo entrar en la congre­gación al upâsaka Sona Kutikanna. Y en esa época la región sur de Avanti tenía pocos bhikkhus. Y el venerable Mahâkachchâ­na, recién después de tres años, con gran dificultad, reuniendo de aquí y de allá a una asamblea de diez bhikkhus, ordenó2 al venerable Sona.

Y después de pasar la estación de las lluvias, mientras se encontraba solo y retirado, al venerable Sona se le ocurrió este pensamiento: «Yo no he visto al bhagavant cara a cara, pero sé de oídas que el bhagavant es así y así». Si mi maestro me diera permiso, yo iría a ver al bhagavant, al arhant, al perfec­tamente iluminado».

Y el venerable Sona, por la tarde, saliendo de su retiro, se dirigió a donde se encontraba el venerable Mahâkachchâna y una vez ahí, saludando al venerable Mahâkachchâna, se sent6 a un lado. Sentado a un lado, el venerable Sona le dijo al vene­rable Mahâkachchâna:

«Mientras yo, señor, me encontraba solo y retirado, se me ocurrió este pensamiento: ‘Yo no he visto al bhagavant cara a cara, pero sé de oídas que el bhagavant es así y así. Si mi maestro me diera permiso, yo iría a ver al bhagavant, al arhant, al perfectamente iluminado’.»

«Bien, bien, Sona, anda, Sona, a ver al bhagavant, al arhant, al perfectamente iluminado. Tú verás, oh Sona, al bha­gavant, afable, inspirando confianza, con sus sentidos calma­dos, con su mente serena, habiendo alcanzado la más perfecta calma y autocontrol, elefante domado, alerta, con sus sentidos subyugados y, habiéndolo visto, ríndele homenaje en mi nom­bre al bhagavant, prosternándote ante sus pies y pregúntale por su salud, bienestar, vigor, fuerza y comodidad, diciendo: ‘Señor, mi maestro, el venerable Mahâkachchâna, rinde homenaje al bhagavant, prosternándose ante sus pies y pregunta por su salud, bienestar, vigor, fuerza y comodidad’».

Diciendo: «Sí, señor», el venerable Sona, contento y alegre con las palabras del venerable Mahâkachchâna, levantándose de su asiento, saludando al venerable Mahâkachchâna, haciendo el padakkhina, recogiendo su lecho y su asiento, tomando su man­to y su escudilla, partió hacia Sâvatthi y, avanzando, poco a poco, llegó a Sâvatthi, al Bosque del Príncipe Jeta, al parque de Anâthapindika, a donde estaba el bhagavant y, una vez ahí, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Sentado a un lado, el venerable Sona le dijo al bhagavant: «Señor, mi maestro, el venerable Mahâkachchâna rinde homenaje al bhagavant proster­nándose ante sus pies y pregunta por su salud, bienestar, vigor, fuerza y comodidad».

«Oh, bhikkhu, ¿te encuentras bien? ¿Estás bien? ¿Es que has llegado sin fatigarte? ¿No te has cansado pidiendo limos­na?»

«Oh, bhagavant, me encuentro bien, estoy bien, he llegado sin fatigarme y no me he cansado pidiendo limosna».

Y el bhagavant le dijo al venerable Ânanda: «Ânanda, pre­párale un lecho y un asiento a este bhikkhu que acaba de lle­gar». Y el venerable Amanda pensó: «Si el bhagavant me ha ordenado: ‘Prepárale un lecho y un asiento a este bhikkhu que acaba de llegar, entonces el bhagavant desea alojarse con este bhikkhu en el mismo vihâra24; el bhagavant desea alojarse con el venerable Sona en el mismo vihâra». Y en el mismo vihâra en que el bhagavant estaba alojado, Ânanda le preparó un lecho y un asiento al venerable Sona.

Y el bhagavant, habiendo pasado gran parte de la noche sentado al aire libre, después de lavarse los pies, entró en el vihâra. Y el venerable Sona, habiendo pasado también gran parte de la noche sentado al aire libre, después de lavarse los pies, entró en el vihâra. Y el bhagavant, levantándose al ama­necer, le dijo al venerable Sona: «Por favor, bhikkhu, recita la doctrina».

Y diciendo: «Sí, señor», el venerable Sona, obedeciendo al bhagavant, recitó de memoria los dieciséis sûtras que pertene­cen al Atthakavagga 25. Y el bhagavant, al terminar la récitación de memoria del venerable Sona, expresó su aprobación dicien­do: «Bien, bien, oh bhikkhu, has aprendido bien, oh bhikkhu, los dieciséis sûtras del Atthakavagga26, los has fijado bien en tu mente; has reflexionado bien acerca de ellos. Tienes una voz agradable, clara, pura y que hace comprender bien el sentido de lo que dices. ¿Cuántos años de ordenado tienes, oh bhikkhu?”

«Un año, bhagavant».

« ¿Por qué razón, oh bhikkhu, has demorado tanto tu orde­nación? »

«Desde hace mucho tiempo, señor, yo había visto el peli­gro de los placeres, pero la vida de hogar tiene muchas difi­cultades, muchos deberes, muchas responsabilidades».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Habiendo visto el peligro que existe en el mundo,

habiendo conocido la doctrina libre de apegos,

el hombre de nobles sentimientos no goza en el mal,

el hombre puro no goza en el mal.

7. EL VENERABLE KANKHÂREVATA

La meditación libera de las dudas.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant, se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Kankhârevata estaba sentado cerca del bhagavant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuer­po erguido, concentrado sobre su propio estado de pureza deri­vado del ponerse más allá de las dudas. El bhagavant vio al venerable Kankhârevata sentado cerca suyo, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, concen­trado sobre su propio estado de pureza derivado del ponerse más allá de las dudas.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Los que meditan

llenos de fervor y practicando la vida religiosa,

se liberan de todas las dudas

en este mundo y en el otro,

de las suyas propias,

de las que otros les provocaron.

8. EL CISMA DE LA CONGREGACIÓN

Devadatta se propone dividir a la congregación. Hacer el bien es fácil para el bueno; hacer el mal es fácil para el malo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-de-comer-a-las-ardillas. En aque­lla ocasión el venerable Ânanda, en un día uposatha, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Râjagaha en busca de limosna.

Devadatta vio al venerable Ânanda, recorriendo Râjagaha en busca de limosna y, habiéndolo visto, se acercó a donde se encontraba el venerable Ânanda y, habiéndosele acercado, le dijo: «A partir de hoy, amigo Ânanda, yo llevaré a cabo el uposatha y las ceremonias de la congregación con prescindencia del bhagavant, con prescindencia de la congregaci6n de bhikkhus».

El venerable Ânanda, después de haber recorrido Râjagaha en busca de limosna, regresando, por la tarde, de la recolección de limosnas, se acercó a donde se encontraba el bhagavant, y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado, y sentado a un lado, el venerable Amanda le dijo al bha­gavant:

«Señor, por la mañana, después de vestirme, tomando mi manto y mi escudilla, entré en Râjagaha en busca de limosna. Y Devadatta me vio, señor, mientras yo recorría Râjagaha en busca de limosna y, habiéndome visto, se acercó a donde yo me encontraba y, habiéndoseme acercado, me dijo: ‘A partir de hoy, amigo Ânanda, yo llevaré a cabo el uposatha y las ceremonias de la congregación con prescindencia del bhagavant, con prescindencia de la congregación de bhikkhus. Señor, De­vadatta hoy día dividirá a la congregación y llevará a cabo el uposatha y las ceremonias de la congregación».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Al hombre bueno le es fácil hacer el bien,

al hombre malo le es difícil hacer el bien,

al hombre malo le es fácil hacer el mal,

a los buenos les es difícil hacer el mal

9. LOS GRITOS

Los habladores.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant recorría el país de los Kosala en busca de limosna en compañía de un gran número de bhikkhus. En aquella ocasión numerosos muchachos pasaron cerca del bhagavant dando gritos. El bhagavant vio a aquellos numerosos muchachos pasando cerca de él dando gritos.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Sin rumbo fijo, con la apariencia de pandits,

hablando en todos los campos de la palabra,

cuando desean abrir la boca,

no saben qué los lleva a ello.

10. EL VENERABLE CHÛLAPANTHAKA

La concentración de la mente como medio para alcanzar el nirvâna.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvathi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Chûlapanthaka estaba sentado cerca del bhagavant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, manteniendo su conciencia enfocada.

El bhagavant vio al venerable Chûlapanthaka sentado cerca suyo, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, manteniendo su conciencia enfocada.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Que el bhikkhu

con su cuerpo firme, con la mente firme,

de pie, sentado o yaciendo,

enfoque su conciencia

y obtenga el estado extraordinario,

primero y último.

Obteniendo aquel estado extraordinario,

primero y último,

escapará a la mirada del rey de la muerte.

1. Ser destinado a alcanzar la condición de buddha (iluminado).

2. los Tusita constituyen el cuarto mundo de dioses. Todo bodhi­sattva renace entre los dioses Tusita en su última existencia, antes de alcanzar la Iluminación.

3. Las tres ataduras son: la creencia en un yo, la duda y la fe en los ritos como medios para obtener la Liberación. Ellas impiden la Liberación y encadenan al ciclo de las reencarnaciones.

4. El que ha entrado en la corriente, es decir el que se ha iniciado en la doctrina de Buda.

5. No expuesto a caer en el infierno ni a encarnarse en seres in­feriores.

6. Persona que alcanza la Iluminación pero no enseña la verdad al mundo.

7. Para manifestarle su desprecio.

8. Los días uposatha son los días que preceden a cada una de las fases de la luna. En uno de esos días se recitaba el Pâtimokkha (ver nota 1 del Capítulo IV) en las congregaciones budistas y los bhikkhus confesaban sus faltas, y se exponía la doctrina. Se da el nombre de uposatha también a las ceremonias que se realizaban en esos días.

9. Seres sobrenaturales enemigos de los dioses.

10. Animales fantásticos.

11. Gandharvas: músicos celestiales.

12.Yojana: medida de longitud equivalente a siete millas.

13. Constituyen las cuatro castas tradicionales de la India: 1) guerreros, 2) sacerdotes, 3) comerciantes y 4) servidores.

14. La autoconciencia puede aplicarse a: 1) los procesos del cuer­po, 2) la vida del sentimiento, 3) las percepciones de la vida diaria y 4) la actividad mental.

15. Esfuerzos encaminados a: 1) evitar que se produzcan en uno malas cualidades (dhamma); 2) eliminar las malas cualidades ya producidas; 3) hacer que se produzcan en uno las buenas cualidades y 4) mantener las buenas cualidades ya producidas.

16. La concentración de la intención, la concentración de la energía, la concentración del pensamiento, la concentración de la reflexión.

17. Fe, energía, autoconciencia, concentración de la mente y conocimiento.

18. Son las cinco facultades, pero dotadas de mayor intensidad.

19. La autoconciencia, la reflexión sobre la doctrina, energía, satisfacción, calma, concentración de la mente e indiferencia.

20. Correcto punto de vista, correcta decisión, correcta palabra, co­rrecta acción, correcto modo de vida, correcto esfuerzo, correcto estado de autoconciencia, correcta concentración de la mente.

21. Por la destrucción de la creencia en un yo, de la duda y de la confianza en la eficacia de los ritos religiosos el discípulo de Buda alcanza primero la condición de sotâpanna, es decir, del que ha entrado en la corriente. Ya no renacerá en los destinos de mísera existencia, está seguro de la Liberación y obtendrá el conocimiento supremo. Aniquiladas las ataduras y atenuados el amor, el deseo y el odio se convierte en un sakadâgâmin, en alguien que no vuelve, es decir, que no renace en este mundo, sino una vez más; después alcanzará el fin del sufrimiento.

Al erradicar además el deseo de renacer en un mundo de sensualidad y también de odio, llega a ser un anâgâmin, o sea, uno que ya no vuelve más, que ya no renacerá en un mundo de hombres, sino en el mundo de Brahma y de ahí alcanzará el nirvâna. Por la destrucción de todas las impurezas se convierte por fin en un arhant, o sea, en aquel que ha alcanzado la meta final que propone el Budismo: la sabiduría y la Liberación.

22. Según la variante de la edición siamesa.

23. Es decir, que Sona pasó a formar parte de la congregación de los bhikkhus.

24. Vivienda temporaria de los bhikkhus.

25. Capítulo Cuarto del Sûtta Nipâta.

CAPÍTULO VI

LOS CIEGOS DE NACIMIENTO

1. EL ABANDONO DE LOS FACTORES CONDICIONANTES DE LA EXISTENCIA

Ânanda pierde la ocasión de retener a Buda por más tiempo en este mundo. Diálogo entre Buda y Mâra, el Maligno. Mâra insta a Buda a entrar en el parinirvâna, pues se han cumplido las condiciones que el propio Buda fijó para ello. Buda abandona los factores condicionantes de la existencia.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Vesâli, en el Gran Bosque, en el Pabellón-de-techos-inclinados. Y el bhagavant por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Vesâli en busca de limosna. Habiendo recorrido Vesâli en busca de limosna, regresando por la tarde de la recolección de limosnas, le dijo al venerable Ânanda: «Toma un asiento, Ânanda. Iremos a donde está el monumento sepulcral de Châpâla para descansar durante las horas de calor».

Diciendo: «Sí, señor», el venerable Ânanda, obedeciendo al bhagavant y tomando un asiento, lo siguió paso a paso. Y el bhagavant se dirigió a donde estaba el monumento se­pulcral de Châpâla y, una vez ahí, se sentó en el asiento pre­parado para él; y, habiéndose sentado, el bhagavant le dijo al venerable Ânanda:

«Vesâli es hermosa, oh Ânanda, hermoso es el monumento sepulcral de Udena, hermoso es el monumento sepulcral de Gotamaka, hermoso es el monumento sepulcral de los Siete Mangos, hermoso es el monumento sepulcral de los Numerosos Hijos, hermoso es el monumento sepulcral de Sârandada, hermoso es el monumento sepulcral de Châpâla. Oh Ânanda, quienquiera que haya desarrollado, incrementado, dominado, practicado a fondo, experimentado, acrecentado, realizado esforzadamente las cuatro bases de los poderes sobrenaturales, si lo deseara, podría vivir un ciclo cósmico o lo que queda del ciclo. Oh Ânanda, el tathâgata ha desarrollado, incrementado, dominado, practicado a fondo, experimentado, acrecentado, realizado esforzadamente las cuatro bases de los poderes sobrenaturales. Si lo deseara, oh Amanda, el tathâgata podría vivir un ciclo cósmico o lo que queda del ciclo».

Aun cuando el bhagavant hizo clara su intención, hizo claro su sentido, el venerable Ânanda no pudo comprender, no le suplicó al bhagavant: « ¡ Señor, viva el bhagavant un ciclo cósmico; viva el bien encaminado un ciclo cósmico para bien de mucha gente, para felicidad de mucha gente, por compasión del mundo, para beneficio, para bien, para felicidad de dioses y de hombres! » -actuando como actuaría uno cuyo corazón estuviera poseído por Mâra.

Por segunda vez el bhagavant le dijo al venerable Ânanda:

«Vesâli es hermosa, oh Ânanda, hermoso es el monumento sepulcral de Udena, hermoso es el monumento sepulcral de Gotamaka, hermoso es el monumento sepulcral de los Siete Mangos, hermoso es el monumento sepulcral de los Numerosos Hijos, hermoso es el monumento sepulcral de Sârandada, hermoso es el monumento sepulcral de Châpâla. Oh, Ânanda, quienquiera, que haya desarrollado, incrementado, dominado, practicado a fondo, experimentado, acrecentado, realizado esforzadamente las cuatro bases de los poderes sobrenaturales, si lo deseara, podría vivir un ciclo cósmico, o lo que queda del ciclo. Oh Ânanda, el tathâgata ha desarrollado, incrementado, dominado, practicado a fondo, experimentado, acrecentado, realizado es­forzadamente las cuatro bases de los poderes sobrenaturales. Si lo deseara, oh Amanda, el tathâgata podría vivir un ciclo cósmico o lo que queda del ciclo».

Aun cuando el bhagavant hizo clara su intención, hizo claro su sentido, el venerable Ânanda no pudo comprender, no le su­plicó al bhagavant: « ¡Señor, viva el bhagavant un ciclo cósmi­co; viva el bien encaminando un ciclo cósmico para bien de mucha gente, para felicidad de mucha gente, por compasión del mundo, para beneficio, para bien, para felicidad de dioses y de hombres ¡» -actuando como actuaría uno cuyo corazón estuviera poseído por Mâra.

Y por tercera vez el bhagavant le dijo al venerable Ânan­da: «Vesâli es hermosa, oh Ânanda, hermoso es el monu­mento sepulcral de Udena, hermoso es el monumento sepulcral de Gotamaka, hermoso es el monumento sepulcral de los Siete Mangos, hermoso es el monumento sepulcral de los Numerosos Hijos, hermoso es el monumento sepulcral de Sârandada, her­moso es el monumento sepulcral de Châpâla. Oh Ânanda, quienquiera que haya desarrollado, incrementado, dominado, practicado a fondo, experimentado, acrecentado, realizado esforzadamente las cuatro bases de los poderes sobrenaturales, si lo deseara, podría vivir un ciclo cósmico o lo que queda del ciclo. Oh Ânanda, el tathâgata ha desarrollado, incrementado, dominado, practicado a fondo, experimentado, acrecentado, rea­lizado esforzadamente las cuatro bases de los poderes sobrena­turales. Si lo deseara, oh Ânanda, el tathâgata podría vivir un ciclo cósmico o lo que queda del ciclo».

Aun cuando el bhagavant hizo clara su intención, hizo claro su sentido, el venerable Ânanda no pudo comprender, no le su­plicó al bhagavant: « ¡ Señor, viva el bhagavant un ciclo cós­mico; viva el bien encaminado un ciclo cósmico para bien de mucha gente, para felicidad de mucha gente, por compa­sión del mundo, para beneficio, para bien, para felicidad de dioses y de hombres! » -actuando como actuaría uno cuyo co­razón estuviera poseído por Mâra.

Entonces el bhagavant le dijo al venerable Ânanda: «Pue­des irte, Ânanda, cuando lo juzgues conveniente». Diciendo:

«Sí, señor», el venerable Ânanda, obedeciendo el bhagavant levantándose de su asiento, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhina, se sentó cerca, bajo un árbol.

Poco después que el venerable Ânanda se retirara, Mâra, el Maligno, se dirigió hacia donde estaba el bhagavant y, una vez ahí, se quedó, de pie, a un lado; y, de pie, a un lado, Mâra, el Maligno, le dijo al bhagavant:

«Ya debe el bhagavant entrar en el parinirvâna; ya debe el bien encaminado entrar en el parinirvâna; ya es tiempo para el bhagavant de entrar en el parinirvâna. Señor, el bhagavant ha dicho estas palabras: ‘Yo, oh Maligno, no entraré en el parinirvâna mientras mis bhikkhus no sean discípulos firmes, bien disciplinados, seguros de sí, bien instruidos, conocedores de la doctrina, que actúen de conformidad con la doctrina, lle­ven una vida correcta, vivan de acuerdo con la doctrina y que, exaltando a su propio maestro, expliquen, enseñen, den a conocer, difundan, aclaren, analicen, comenten la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produzca, refutándola de acuerdo con la razón, prediquen la doctrina sublime’. Pues bien, señor, ahora los bhikkhus del bhagavant ya son discípulos firmes, bien disciplinados, seguros de sí, bien instruidos, cono­cedores de la doctrina, que actúan de conformidad con la doc­trina, llevan una vida correcta, viven de acuerdo con la doctrina y, exaltando a su propio maestro, explican, enseñan, dan a conocer, difunden, aclaran, analizan, comentan la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produce, refutándola de acuerdo con la razón, predican la doctrina sublime. Ya debe entonces el bhagavant entrar en el parinirvâna; ya debe el bien encaminado entrar en el parinirvâna; ya es tiempo para el bha­gavant de entrar en el parinirvâna.

El bhagavant ha dicho estas palabras: ‘Maligno, yo no en­traré en el parinirvâna mientras mis bhikkhunîs no sean dis­cípulas firmes, bien disciplinadas, seguras de sí, bien instrui­das, conocedoras de la doctrina, que actúen de conformidad con la doctrina, lleven una vida correcta, vivan de acuerdo con la doctrina y que, exaltando a su propio maestro, expliquen enseñen, den a conocer, difundan, aclaren, analicen, comenten la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produzca, refutándola de acuerdo con la razón, prediquen la doctrina sublime’. Pues bien, señor, ahora las bhikkhunîs del bhagavant ya son discípulas firmes, bien disciplinadas, seguras de sí, bien instruidas, conocedoras de la doctrina, que actúan de confor­midad con la doctrina, llevan una vida correcta, viven de acuer­do con la doctrina y, exaltando a su propio maestro, explican, enseñan, dan a conocer, difunden, aclaran, analizan, comentan la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produce, refutándola de acuerdo con la razón, predican la doctrina subli­me. Ya debe entonces el bhagavant entrar en el parinirvâna, ya debe el bien encaminado entrar en el parinirvâna; ya es tiempo para el bhagavant de entrar en el parinirvâna.

El bhagavant ha dicho estas palabras: ‘Maligno, yo no en­traré en el parinirvâna mientras mis upâsakas no sean discípu­los firmes, bien disciplinados, seguros de sí, bien instruidos, conocedores de la doctrina, que actúen de conformidad con la doctrina, lleven una vida correcta y vivan de acuerdo con la doctrina y que, exaltando a su propio maestro, expliquen, ense­ñen, den a conocer, difundan, aclaren, comenten la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produzca, refutándola de acuerdo con la razón, prediquen la doctrina sublime. Pues bien, señor, ahora, los upâsakas del bhagavant ya son discípu­los firmes, bien disciplinados, seguros de sí, bien instruidos, co­nocedores de la doctrina, que actúan de conformidad con la doc­trina, llevan una vida correcta, viven de acuerdo con la doc­trina y, exaltando a su propio maestro, explican, enseñan, dan a conocer, difunden, aclaran, analizan, comentan la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produce, refutándola de acuerdo con la tazón, predican la doctrina sublime. Ya debe entonces el bhagavant entrar en el parinirvâna; ya debe el bien encaminado entrar en el parinirvâna; ya es tiempo para el bhaga­vant de entrar en el parinirvâna.

El bhagavant ha dicho estas palabras: ‘Maligno, yo no entrare’ en el parinirvâna mientras mis upâsikâs no sean discípulas firmes, bien disciplinadas, seguras de sí, bien instruidas, conocedoras de la doctrina, que actúen de conformidad con la doctrina, lleven una vida correcta y vivan de acuerdo con la doctrina y que, exaltando a su propio maestro, expliquen, enseñen, den a conocer, difundan, aclaren, analicen, comenten la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produzca, refutándola de acuerdo con la razón, prediquen la doctrina sublime, Pues bien, ahora, las upâsikâs del bhagavant ya son discípulas firmes, bien disciplinadas, seguras de sí, bien instruidas, conocedoras de la doctrina, que actúan de conformidad con la doc­trina, llevan una vida correcta, viven de acuerdo con la doctrinas, y exaltando a su propio maestro, explican, enseñan, dan a conocer, difunden, aclaran, analizan, comentan la doctrina; y, reprimiendo cualquier objeción que se produce, refutándola de acuerdo con la razón, predican la doctrina sublime. Ya debe en­tonces el bhagavant entrar en el parinirvâna; ya debe el bien encaminado entrar en el parinirvâna; ya es tiempo para el bhagavant de entrar en el parinirvâna.

El bhagavant ha dicho estas palabras: “Maligno, yo no en­traré en el parinirvâna mientras mi vida religiosa no sea perfec­ta, fecunda, ampliamente difundida, conocida por muchos, al al­cance de todos; mientras no sea proclamada por hombres y por dioses’. Pues bien, señor, ahora la vida religiosa del bhagavant ya es perfecta, fecunda, está ampliamente difundida, es cono­cida por muchos, está al alcance de todos; ya ha sido proclama­da por hombres y por dioses. Ya debe el bhagavant entrar en el parinirvâna; ya debe el bien encaminado entrar en el parinirvâna; ya es tiempo para el bhagavant de entrar en el parinirvâna».

Después que el Maligno habló así, el bhagavant le con­testó: «No te preocupes, Maligno, pronto tendrá lugar el parinirvâna del tathâgata; dentro de tres meses, el tathâgata entra­rá en el parinirvâna».

Y el bhagavant, en el monumento sepulcral de Châpâla, atento y consciente, se liberó de los factores condicionantes de la existencia; y una vez que se liberó de los factores condicio­nantes de la existencia, se produjo un gran temblor de tierra terrible y horripilante y estallaron los tambores celestiales.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

El sabio arrojó de sí

los factores condicionantes de la existencia,

la existencia 1 física y la psíquica 2;

lleno de alegría interior, concentrado,

destrozó, como a una cota de malla,

su propia existencia.

2: LOS SIETE ASCETAS DE CABELLOS

EN RODETE

Los espías del rey Pasenadi de Kosala. Es difícil conocer la verdadera forma de ser de una persona. Uno debe conservar su independencia.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Parque del Este, en el palacio de la madre de Migâra. En aquella ocasión el bha­gavant, habiendo salido de su retiro, por la tarde, estaba sen­tado en el pórtico de la puerta exterior. Y el rey Pasenadi de Kosala se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado.

Entonces pasaron cerca del bhagavant siete ascetas de cabellos en rodete, siete ascetas jainas, siete ascetas desnudos, siete ascetas de los que usan un solo vestido y siete ascetas errantes de largas uñas y largos pelos en sus sobacos, llevando sobre el hombro un bastón con un bulto en su extremo.

El rey Pasenadi de Kosala vio a aquellos siete ascetas de cabellos en rodete, a los siete ascetas jainas, a los siete ascetas desnudos, a los siete ascetas que usan un solo vestido y a los siete ascetas errantes de largas uñas y largos pelos en sus soba­cos, llevando sobre el hombro un bastón con un bulto en su extremo y que pasaban cerca del bhagavant. Y, habiéndolos visto, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro, poniendo su rodilla derecha por tierra y haciendo el añjali hacia donde estaban los siete ascetas de cabellos en rode­te, los siete ascetas jainas, los siete ascetas desnudos, los siete ascetas que usan un solo vestido y los siete ascetas errantes, por tres veces les dijo su nombre: «Señores, yo soy el rey Pasenadi de Kosala; señores, yo soy el rey Pasenadi de Kosala; señores, yo soy el rey Pasenadi de Kosala».

Y apenas se alejaron los siete ascetas de cabellos en rodete, los siete ascetas jainas, los siete ascetas desnudos, los siete asce­tas que usan un solo vestido y los siete ascetas errantes, el rey Pasenadi de Kosala, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant se sentó a un lado; y, sentado a un lado, el rey Pasenadi de Kosala le dijo al bhagavant: «¿Estos ascetas son arhants o ha ingresado en el camino que lleva a la condición de arhant? »

«Si son arhants o han ingresado en el camino que lleva a la condición de arhant, esto es algo difícil de saber para ti, oh gran rey, que eres un padre de familia, que disfrutas de los pla­ceres, que vives una vida dificultada por los hijo3, que te de­leitas con el sándalo de Benares, que usas guirnaldas, perfumes, ungüentos y que gozas con el oro y la plata.

¡Oh! gran rey, es conviviendo con una persona que uno puede llegar a conocer su moralidad y siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio. Oh gran rey, es con el trato que uno puede llegar a conocer la pureza de una persona siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio. Oh gran rey, es en las desdichas que se puede llegar a conocer la pureza de una persona, siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se les pase desapercibida siempre que uno sea inteligente y no un necio. Oh gran rey, es conversando con una persona que se puede llegar a conocer su inteligencia y siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe aten­tamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio».

« ¡Qué maravilloso, señor, qué extraordinario, señor, lo bien que ha dicho el bhagavant: “Si son arhants o han ingresa­do en el camino que lleva a la condición de arhant, esto es algo difícil de saber para ti, oh gran rey, que eres un padre de fa­milia, que disfrutas de los placeres, que vives una vida dificul­tada por los hijos, que te deleitas con el sándalo de Benares, que usas guirnaldas, perfumes, ungüentos y que gozas con el oro y la plata. Es conviviendo con una persona que uno puede llegar a conocer su moralidad y siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio. Oh gran rey, es con el trato que uno puede llegar a co­nocer la pureza de una persona siempre que uno, por largo tiem­po y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio. Oh gran rey, es en las desdichas que se puede llegar a conocer la fortaleza de una persona y siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio. Oh gran rey, es conversando con una persona que se puede llegar a conocer su inteligencia y siempre que uno, por largo tiempo y no por corto tiempo, la observe atentamente y no se le pase desapercibida, siempre que uno sea inteligente y no un necio.

Estos, señor, son mis hombres, ladrones, espías que van observando el país. Yo examinaré después los informes que ellos hayan recogido previamente. Y ahora, señor, después de limpiarse el polvo y el sudor, bien bañados, bien perfumados, con los cabellos y las barbas bien peinados, vestidos de blanco, se dedicarán a gozar, teniendo a su alcance, poseyendo, las cinco clases de placeres sensuales» 4.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasi6n este udâna:

No debe uno esforzarse en todo

ni ser hombre de otro

ni vivir dependiendo de otro

ni comerciar con la doctrina.

3. LA MEDITACIÓN

Buda medita sobre su progreso espiritual. El nirvâna.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el bhagavant estaba sentado meditando sobre las numerosas cualidades malas y perniciosas de sí mismo que él había elimi­nado, y también sobre las numerosas cualidades buenas que en él habían alcanzado su perfección, porque él las había cultivado.

Y el bhagavant, comprendiendo que él había eliminado numerosas cualidades malas y perniciosas de sí mismo y que numerosas cualidades buenas habían alcanzado en él su perfec­ción, porque él las había cultivado, dijo en aquella ocasión este udâna:

Anteriormente existió, después no existió;

no existió anteriormente, después existió;

ni existió ni existirá ni existe ahora 5.

4. LAS VARIADAS SECTAS I

Las discusiones sobre diversas teorías. Los ciegos de nacimiento y el elefante. Los hombres sólo ven una parte de la verdad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión se encontraban en Sâvatthi numerosos samanes, brahmanes y mendicantes, de variadas sectas, que sostenían diversas teorías, que aceptaban distintas creencias, que manifestaban diferentes inclinaciones, que se adherían a diversas doctrinas.

Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El mundo es eterno; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El mundo no es eterno; esta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El mundo es limitado; esta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El mundo es ilimitado; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expre­saban así: «El alma es lo mismo que el cuerpo; ésta es la verdad; lo demás es falso». Habían algunos samanes y brah­manes que opinaban y se expresaban así: «El alma es una cosa y el cuerpo otra; esta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresa­ban así: «El tathâgata está más allá de la muerte; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahma­nes que opinaban y se expresaban así: «El tathâgata no está más allá de la muerte; ésta es la verdad lo demás es falso».

Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se ex­presaban así: «El tathâgata está y no está más allá de la muer­te; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos sa­manes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El tathâgata no está y no está más allá de la muerte; ésta es la verdad, lo demás es falso».

Y así ellos se peleaban, reñían, disputaban, vivían agrediéndose unos a otros con palabras hirientes: «La verdad es así, la verdad no es así; la verdad no es así, la verdad es así».

Entonces, numerosos bhikkhus, por la mañana, después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas entraron en Sâvat­thi en busca de limosna. Habiendo recorrido Sâvatthi en busca de limosna, retornando por la tarde de la recolección de limos­nas, se acercaron a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Enton­ces, sentados a un lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhaga­vant: «Aquí, señor, en Sâvatthi, se encuentran numerosos sama­nes, brahmanes y mendicantes, de variadas sectas, que sostienen diversas teorías, que aceptan distintas creencias, que manifies­tan diferentes inclinaciones, que se adhieren a diversas doctri­nas. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se ex­presan así: ‘El mundo es eterno; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El mundo no es eterno; ésta es la verdad, lo demás es falso”. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El mundo es limitado; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opi­nan y se expresan así: “El mundo es ilimitado; ésta es la verdad, lo demás es falso”. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El alma es lo mismo que el cuerpo; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El alma es una cosa y el cuerpo es otra; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El tathâgata está más allá de la muerte; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahma­nes que opinan y se expresan así: ‘El tathâgata no está más allá de la muerte; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El tathâgata está y no está más allá de la muerte; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘El tathâgata no está y no no está más allá de la muerte; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Y así ellos se pelean, riñen, disputan y viven agrediéndose unos a otros con palabras hirientes: ‘La verdad es así, la verdad no es así; la verdad no es así, la verdad es así’».

«Oh bhikkus, los mendicantes de otras sectas son ciegos, carecen de ojos, no conocen el bien, no conocen el mal, no co­nocen la doctrina, no conocen lo que no es la doctrina. Y al no conocer el bien, al no conocer el mal, al no conocer la doctri­na, al no conocer lo que no es la doctrina, se pelean, riñen, dis­putan y viven agrediéndose unos a otros con palabras hirientes:

“La verdad es así, la verdad no es así; la verdad no es así, la verdad es así’.

Oh bhikkhus, en otro tiempo existió un rey en Sâvatthi. Ese rey llamó un día a uno de sus servidores y le dijo: “Ve tú, buen servidor, y reúne en un mismo lugar a todos los ciegos de nacimiento que se encuentran en Sâvatthi’. Diciendo: “Sí, señor’, aquel servidor, oh bhikkhus, obedeciendo al rey, reunió a todos los ciegos de nacimiento que había en Sâvatthi, y retor­nó a donde se encontraba el rey y una vez ahí le dijo al rey:

‘Ya están reunidos, señor, todos los ciegos que se encuentran en Sâvatthi’.

‘Muéstrales ahora, buen servidor, a esos ciegos un elefante’.

Y aquel servidor, oh bhikkhus, diciendo: “Si, señor’, obe­deciendo al rey, les mostró a los ciegos un elefante. A algunos ciegos les mostró la cabeza del elefante y les dijo: “Así es, ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mostró la oreja del elefante y les dijo: ‘Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos cie­gos les mostró el colmillo del elefante y les dijo: ‘Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mostró la trompa del elefante y les dijo: ‘Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mostró el cuerpo del elefante y les dijo: “Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mostró el pie del ele­fante y les dijo: “Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mostró la pata del elefante y les dijo: “Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mostró la cola del elefante y les dijo: ‘Así es, oh ciegos, el elefante’. A algunos ciegos les mos­tró el extremo de la cola del elefante y les dijo: ‘Así es, oh ciegos, el elefante’.

Aquel servidor, oh bhikkhus, después de haber mostrado a los ciegos el elefante, se acercó a donde estaba el rey y, ha­biéndosele acercado, le dijo: “Señor, los ciegos ya han visto el elefante, haced ahora lo que os parezca conveniente

Y entonces aquel rey, oh bhikkhus, se acercó al lugar a don­de se encontraban los ciegos y una vez ahí, les dijo: ‘Ciegos, habéis visto al elefante?’

‘Lo hemos visto, señor’.

‘Entonces decidme, oh ciegos, ¿cómo es un elefante?’

Oh bhikkhus, los ciegos que habían visto la cabeza del ele­fante dijeron: ‘Señor, el elefante es como un cántaro’. Los cie­gos que habían visto la oreja del elefante dijeron: ‘Señor, el elefante es como un cestón para aventar el trigo’. Los ciegos que habían visto el colmillo del elefante dijeron: ‘Señor, el elefante es como un diente de arado’. Los ciegos que habían visto la trompa del elefante dijeron: “Señor, el elefante es como un ti­món de arado’. Los ciegos que habían visto el cuerpo del ele­fante dijeron: ‘Señor, el elefante es como un granero’. Los ciegos que habían visto el pie del elefante dijeron: “Señor, el elefante es como la base de un pilar’. Los ciegos que habían visto la pata del elefante dijeron: ‘Señor, el elefante es corno un mortero’ - Los ciegos que habían visto la cola del elefante dijeron: ‘Señor, el elefante es como una mano de mortero’. Los ciegos que habían visto el extremo de la cola del elefante dije­ron: ‘Señor, el elefante es como una escoba’.

Y diciendo: ‘El elefante es así, el elefante no es así, el elefante no es así, el elefante es así’, aquellos hombres empe­zaron a golpearse con los puños. Y el rey estaba encantado.

Del mismo modo, oh bhikkhus, los mendicantes de otras sectas son ciegos, carecen de ojos, no conocen el bien, no cono­cen el mal, no conocen la doctrina, no conocen lo que no es la doctrina. Y al no conocer el bien, al no conocer el mal, al no conocer la doctrina, al no conocer lo que no es la doctrina, se pelean, riñen, disputan y viven agrediéndose unos a otros con palabras hirientes: ‘La verdad es así, la verdad no es así; la ver­dad no es así, la verdad es así’».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Algunos samanes y brahmanes,

están entregados a esta clase de disputas

-hombres que ven sólo una parte de la verdad,

se disputan aferrándose a ella.

5. LAS VARIADAS SECTAS II

Las discusiones sobre diversas teorías. Éstas no conducen a la verdad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión se encontraban en Sâvatthi numerosos samanes, brahmanes y mendicantes, de variadas sectas, que sostenían diversas teorías, que aceptaban distintas creencias, que manifestaban diferentes inclinaciones, que se adherían a diversas doctrinas.

Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahma­nes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo son eternos y no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo no son eternos y no no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso» - Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo son creados por sí mismos; ésa es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expre­saban así: «El alma y el mundo son creados por otro; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brah­manes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo son creados por sí mismos y creados por otro; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «El alma y el mundo no son creados por sí mismos y no son creados por otro; han surgido espontáneamente; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así:

«La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahma­nes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la desgra­cia, el alma y el mundo son eternos y no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brah­manes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la des­gracia, el alma y el mundo no son eternos y no no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo son creados por sí mismos; ésta es la verdad lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo son creados por otro; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brah­manes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la des­gracia, el alma y el mundo son creados por sí mismos y creados por otro; ésta es la verdad, lo demás es falso». Habían algunos samanes y brahmanes que opinaban y se expresaban así: «La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo no son creados por sí mismos y no son creados por otro; han surgido espontá­neamente; ésta es la verdad, lo demás es falso».

Y así ellos se peleaban, reñían, disputaban y vivían agre­diéndose unos a otros con palabras hirientes: «La verdad es así, la verdad no es así; la verdad no es así, la verdad es así».

Entonces numerosos bhikkhus, por la mañana, después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas, entraron en Sâvatthi en busca de limosna. Habiendo recorrido Sâvatthi en busca de limosna, retornando por la tarde de la recolección de limosnas, se acercaron a donde estaba el bhagavant y, habiéndo­sele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Entonces, sentados a un lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Aquí, señor, en Sâvatthi, se encuentran numerosos samanes, brahmanes y mendicantes, de variadas sectas, que sostienen diversas teorías, que aceptan distintas creencias, que manifiestan diferentes inclinaciones, que se adhieren a diversas doctrinas. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El alma y el mundo son eternos; ésta es la ver­dad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘El alma y el mundo no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El alma y el mundo son eternos y no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es fal­so’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y que expre­san así: ‘El alma y el mundo no son eternos y no no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘El alma y el mundo son creados por sí mismos; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El alma y el mundo son creados por otro; ésta es la verdad lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘El alma y el mundo son creados por sí mismos y creados por otro; ésta es la verdad lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “El alma y el mundo no son creados por sí mismos y no son creados por otro, han surgido espontáneamente; ésta es la ver­dad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expre­san así: ‘La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo no son eternos; ésta es la verdad lo demás es falso’. Hay algunos sama­nes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo son eternos y no son eternos, ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo no son eternos y no no son eternos; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘La felicidad, la des­gracia, el alma y el mundo son creados por sí mismos; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahma­nes que opinan y se expresan así: ‘La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo son creados por otro; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: “La felicidad, la desgracia, el alma y el mun­do son creados por sí mismos y creados por otro; ésta es la verdad, lo demás es falso’. Hay algunos samanes y brahmanes que opinan y se expresan así: ‘La felicidad, la desgracia, el alma y el mundo no son creados por sí mismos y no son creados por otro, han surgido espontáneamente; ésta es la verdad, lo demás es falso’.

Y así ellos se pelean, riñen, disputan y viven agrediéndose unos a otros con palabras hirientes: ‘La verdad es así, la verdad no es así; la verdad no es así, la verdad es así’».

«Oh bhikkhus, los mendicantes de otras sectas son ciegos, carecen de ojos, no conocen el bien, no conocen el mal, no conocen la doctrina, no conocen lo que no es la doctrina. Y al no conocer el bien, al no conocer el mal, al no conocer la doc­trina, al no conocer lo que no es la doctrina, se pelean, riñen, disputan y viven agrediéndose unos a otros con palabras hirien­tes: ‘La verdad es así la verdad no es así; la verdad no es así, la verdad es así ».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Algunos samanes y brahmanes

están entregados a esta clase de disputas

y mientras tanto se hunden

sin alcanzar terreno firme.

6. LAS VARIADAS SECTAS III

Las discusiones sobre diversas teorías. La equivocada noción del yo.

(Este sûtra es idéntico al anterior VI, 5 con excepción del udâna que dice:)

La humanidad está encadenada a la idea

‘yo soy el que actúa”;

está adherida a la idea

‘otro es el que actúa’.

No se han dado cuenta

ni han visto que esa es la espina.

Pero no existe:

‘yo soy el que actúa”

ni ‘otro es el que actúa’,

para aquel que, cautamente,

ha visto esta espina.

La humanidad está llena de vanidad,

atada por la vanidad,

encadenada por la vanidad;

y utilizando airadas palabras

en la defensa de sus doctrinas

no escapa al ciclo de las reencarnaciones.

7. EL VENERABLE SUBHÛTI

La meditación del venerable Subhûti.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Subhûti estaba sentado cerca del bhagavant, habien­do adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo ergui­do, habiendo entrado en el samâdhi sin pensamiento 6. El bha­gavant vio al venerable Subhûti sentado cerca suyo, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido y habiendo entrado en el samâdhi sin pensamiento.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquel cuyos pensamientos han sido destruidos,

bien dispuestos en su fuero interno;

aquél, dejando atrás todo apego,

sin conciencia de las formas,

liberado de los cuatro lazos7

no renace jamás.

8. LA CORTESANA

Los dos grupos que se disputaban a una cortesana. Los dos extremos.’ La religión y el sensualismo. Sólo superando ambos extremos se libera uno de las reencarnaciones.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. En aquella ocasión, en Râjagaha, dos grupos estaban enamorados de cierta cortesana, apasionados por ella. Se peleaban, reñían, disputa­ban y se atacaban unos a otros a puñetazos, se atacaban a pe­dradas, se atacaban con garrotes, se atacaban con cuchillas. Y así morían o se infligían terribles sufrimientos.

Entonces numerosos bhikkhus, por la mañana, después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas, entraron en Râ­jagaha en busca de limosna. Y habiendo recorrido Râjagaha en busca de limosna, retornando por la tarde de la recolección de li­mosnas, se acercaron a donde estaba el bhagavant y, habiéndo­sele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Entonces, sentados a su lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Aquí, señor, en Râjagaha, dos grupos están enamo­rados de cierta cortesana, apasionados por ella. Se pelean, riñen, disputan y se atacan unos a otros a puñetazos, se atacan a pedra­das, se atacan con garrotes, se atacan con cuchillas. Y así mueren o se infligen terribles sufrimientos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Lo que han obtenido y lo que pueden obtener, ambas cosas están compenetradas de impureza y son propias de un enfermo o de quien lo imita. Aquellos para quienes lo esencial es el estudio, la vida virtuosa, la vida religiosa y aquellos para quienes lo esencial es el culto: he aquí un extremo8.’ Aquellos que dicen: ‘No hay nada malo en los placeres’: he aquí el otro ex­tremo. Estos dos extremos alimentan los cementerios9, los ce­menterios a su vez alimentan su opinión10‘. No conociendo la naturaleza de ambos extremos, unos se adhieren a ellos y otros van más allá. Pero aquellos que conociendo la naturaleza de ambos extremos, no persistieron en ellos y por tal razón no se llenaron de vanidad -se puede decir que para ellos no existe ciclo de reencarnaciones.

9. SE PRECIPITAN….

Las mariposas nocturnas. Los que se precipitan no encuentran la verdad.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el bhagavant estaba sentado al aire libre, en la profunda oscu­ridad de la noche, mientras ardían unas lámparas de aceite.

En aquella ocasión numerosas mariposas nocturnas, volando hacia aquellas lámparas de aceite y revoloteando alrededor de ellas, encontraban en ellas su perdición, encontraban en ellas su muerte; encontraban en ellas su perdición y su muerte. Y el bhagavant vio a aquellas numerosas mariposas nocturnas que, volando hacia aquellas lámparas de aceite, revoloteando alrede­dor de ellas, encontraban en ellas su perdición, encontraban en ellas su muerte; encontraban en ellas su perdición y su muerte.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Se precipitan, no encuentran la verdad;

se fabrican nuevos y nuevos lazos,

y como las mariposas nocturnas caen en la lámpara,

así algunos se entregan a lo que oyen, a lo que ven.

10. SURGEN…

Los honores concedidos a las otras sectas terminan cuando apa­recen los tathâgatas. Debido a sus erróneas opiniones los miem­bros de otras sectas no se liberan del sufrimiento.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Ânanda se acercó a donde se encontraba el bhaga­vant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Y, sentado a un lado, el venerable Ânanda le dijo al bhagavant:

«Señor, mientras no surgen en el mundo los tathágatas, ar­hants, perfectamente iluminados, los mendicantes de otras sec­tas son honrados, respetados, reverenciados, venerados, estima­dos por todos y reciben como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas, y variados utensilios. Pero cuando surgen en el mundo los tathá­gatas, arhants, perfectamente iluminados, entonces los mendi­cantes de otras sectas no son honrados ni respetados ni reveren­ciados ni venerados ni estimados por nadie ni reciben como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, ni medios de auxilios para el enfermo y medicinas, ni utensilios. Ahora el bhagavant es honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado por todos, y recibe como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas, y variados uten­silios - e igualmente la congregación de bhikkhus».

«Ânanda, así es. Mientras no surgen en el mundo los tathâgatas, arhants, perfectamente iluminados, los mendicantes de otras sectas son honrados, respetados, reverenciados, venerados, estimados por todos y reciben como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas, y variados utensilios. Pero cuando surgen en el mundo los tathâgatas, arhants, perfectamente iluminados, entonces los men­dicantes de otras sectas no son honrados ni respetados ni reve­renciados ni venerados ni estimados por nadie ni reciben como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, ni medios de auxi­lio para el enfermo y medicinas, ni variados utensilios. Ahora el bhagavant es honrado, respetado, reverenciado, venerado, es­timado por todos, y recibe como regalo túnicas, alimentos, le­chos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas, y variados utensilios - e igualmente la congregación de bhik­khus».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

La luciérnaga brilla

mientras no surge el sol;

pero no bien sale el sol,

su luz se extingue y no brilla.

Así es el brillo de los dialécticos11,

mientras no surgen en este mundo

los perfectamente iluminados.

No alcanzan la pureza

los dialécticos y sus discípulos,

y, entregados a sus erróneas opiniones,

no se liberan del sufrimiento.

1. Existencia, en el original: sambhava. Ver nota 1, del Capítulo 1.

2. Tulam atulam del original literalmente significan: «medible y no medible». Los hemos traducido por: «física y psíquica», de acuerdo con la explicación dada por el comentador. Con ambos términos el texto quiere abarcar todos los aspectos de la existencia.

3. Seyanam del original significa literalmente «lecho»; lo hemos traducido por «vida».

4. Es decir aquellos que corresponden a los cinco sentidos.

5. Estrofa de sentido oscuro. Pensamos que se refiere al nirvâna.

6. Referencia a un tipo de concentraci6n yóguica que comporta la eliminación de la actividad reflexiva de la mente.

7. Los cuatro lazos son: el deseo, la existencia, las doctrinas erró­neas y la ignorancia.

8. Extremo, es decir, forma de vida.

9. Con las sucesivas muertes que implica el ciclo de las reencarna­ciones.

10. El miedo a la muerte fomenta a su vez la dedicación a las indicadas formas de vida.

11. Con este término debe entenderse según el comentador, a los miembros de otras sectas.

CAPÍTULO VII

EL PEQUEÑO

1. BHADDIYA, EL ENANO I

El venerable Bhaddiya se libera de las impurezas al recibir la instrucción del venerable Sâriputta. La destrucción del sentido del «yo» libera del ciclo de las reencarnaciones.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sâriputta de muchas maneras instruía, incitaba, entusiasmaba y llenaba de gozo al venerable Bhaddiya, el enano, mediante una conversación muy variada sobre la doctrina.

Y la mente del venerable Bhaddiya, el enano, que había sido instruida, incitada, entusiasmada y llenada de gozo por el venerable Sâriputta mediante una conversación muy variada sobre la doctrina, se liberó definitivamente1 de sus impurezas.

Y el bhagavant vio que la mente del venerable Bhaddiya, el enano, que había sido instruida, incitada, entusiasmada y llena­da de gozo por el venerable Sâriputta mediante una conversación muy variada sobre la doctrina, se había liberado definitivamente de sus impurezas.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Se ha liberado

de arriba, de abajo, de todas partes;

ya no imagina: «yo soy»

y, liberado en esta forma,

ha atravesado la corriente

que antes no atravesara,

para no renacer jamás.

2. BHADDIYA, EL ENANO II

El venerable Sâriputta instruye al venerable Bhaddiya. El dete­nimiento del ciclo de las reencarnaciones es el fin del sufri­miento.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Sâriputta instruía, incitaba, entusiasmaba y llenaba de gozo al venerable Bhaddiya, el enano, con tanto mayor em­peño pues lo consideraba su discípulo, mediante una conversa­ción muy variada sobre la doctrina.

Y el bhagavant vio al venerable Sâriputta instruyendo, inci­tando, entusiasmando y llenando de gozo al venerable Bhaddiya, el enano, con tanto mayor empeño pues lo consideraba su discí­pulo, mediante una conversación muy variada sobre la doc­trina.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Ha interrumpido el ciclo de las reencarnaciones,

ha alcanzado la carencia de deseos.

El río se ha secado y ya no fluye,

el ciclo de las reencarnaciones ha sido cortado,

se ha detenido:

es el fin del sufrimiento.

3. LOS APEGADOS I

La corrupción moral en Sâvatthi. El apego a los placeres impide atravesar la corriente.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión, en Sâvatthi, la mayoría de los hombres vivían desmedidamente apegados a los placeres, llenos de pasión, dominados por la codicia, esclavizados, atontados, adictos a los placeres, embriagados por ellos.

Entonces, numerosos bhikkhus, por la mañana, después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas, entraron en Sâvat­thi en busca de limosna. Habiendo recorrido Sâvatthi en busca de limosna, regresando por la tarde de la recolección de limosnas, se acercaron adonde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Y, sentados a un lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Aquí, señor, en Sâvatthi, la mayoría de los hombres viven desmedidamente apegados a los placeres, llenos de pasión, dominados por la codicia, esclavizados, atontados, adictos a los placeres, embriagados por ellos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udána:

Están apegados a los placeres,

están apegados a su apego a ellos,

no ven nada reprobable en las ataduras2;

y así, apegados a su apego y a sus ataduras,

jamás atravesarán la grande y poderosa corriente.

4. LOS APEGADOS II

La corrupción moral en Sâvatthi. El sometimiento a los place­res encadena a las reencarnaciones.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión, en Sâvatthi, la mayoría de los hombres vivían desmedidamente apegados a los placeres, llenos de pasión, dominados por la codicia, esclavizados, atontados, adictos a los placeres, ence­guecidos, embriagados por ellos.

El bhagavant, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en Sâvatthi en busca de limos­na. Y el bhagavant vio en Sâvatthi que la mayoría de los hom­bres vivían desmedidamente apegados a los placeres, llenos de pasión, dominados por la codicia, esclavizados, atontados, adic­tos a los placeres, enceguecidos, embriagados por ellos.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Cegados por los placeres, envueltos por sus redes,

cubiertos por el manto del deseo,

capturados por el Amigo de los Desidiosos3

como peces en la red del pescador,

van tras la vejez y la muerte

como un ternero mamón va tras de su madre.

5. OTRA VEZ BHADDIYA, EL ENANO

Bhaddiya, el enano, objeto de la burla de sus compañeros, es un bhikkhu de gran poder e hizo grandes progresos en la me­ditación.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Bhaddiya, el enano, siguiendo paso a paso a un grupo de bhikkhus, se dirigió a donde se encontraba el bha­gavant.

El bhagavant vio al venerable Bhaddiya, el enano, que se acercaba desde lejos siguiendo paso a paso a un grupo nume­roso de bhikkhus - feo, desagradable, deforme y tratado con desprecio por la mayoría de los bhikkhus y, al verlo, les dijo a los bhikkhus:

« ¿Veis, oh bhikkhus, a aquel bhikkhu que se acerca desde lejos siguiendo paso a paso a un grupo numeroso de bhikkhus

- feo, desagradable, deforme y tratado con desprecio por la mayoría de los bhikkhus?»

«Sí, señor».

«Oh bhikkhus, ese bhikkhu tiene gran poder, gran autori­dad. No es fácil de lograr aquella etapa de la meditación (sa­mâpatti) que este bhikkhu no alcanzó antes. El vive, habiendo conocido, habiendo realizado, habiendo obtenido, por sí mismo, en este mundo, la suprema perfección de la vida religiosa por cuya causa los hijos de familia parten de sus casas para llevar una vida errante».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

El carro avanza sin ningún defecto,

con su toldo blanco y su sola rueda.

Míralo venir:

Tranquilo,

ha cortado la corriente,

está libre de ataduras.

6. LA DESTRUCCIÓN DEL DESEO

La meditación del venerable Aññâsikondañña. Preeminencia del sabio que se ha liberado.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Aññâsikondañña estaba sentado cerca del bha­gavant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, concentrado sobre la liberación que proviene de la destrucción del deseo.

Y el bhagavant vio al venerable Aññasikondañña sentado cerca suyo, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido y concentrado sobre la liberación que pro­viene de la destrucción del deseo.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

¿Quién se atrevería a criticar

a aquel sabio que se ha liberado de los lazos,

que ya no tiene ninguna raíz clavada en tierra,

que no tiene hojas - cuánto menos lianas?

Aún los dioses lo alaban,

el mismo Brahma lo alaba.

7. LA DESTRUCCIÓN DE LOS OBSTACULOS

La meditación de Buda. Nadie puede despreciar al sabio que se ha liberado.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el bhagavant estaba sentado concentrado sobre el abandono por sí mismo de las características y conceptos de los obs­táculos4.

El bhagavant, al ver que él había abandonado las caracte­rísticas y los conceptos de los obstáculos, dijo en aquella ocasión este udâna:

El mundo incluyendo a los dioses

no desprecia a aquel sabio

que vive libre de deseos,

para el cual no existen

ni obstáculos ni arraigo,

que ha superado las ataduras y las barreras.

8. EL VENERABLE MAHÂKACHCHANA

La meditación del venerable Mahâkachchana. La concentración de la mente como medio de superar el deseo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el venerable Mahâkachchana estaba sentado cerca del bhaga­vant, habiendo adoptado la postura pallanka, manteniendo el cuerpo erguido, con su conciencia dirigida hacia su cuerpo, interiorizada, totalmente estabilizada frente a su objeto.

Y el bhagavant vio al venerable Mahâkachchana sentado cerca suyo, habiendo adoptado la postura pallanka, mantenien­do el cuerpo erguido, con su conciencia dirigida hacia su cuer­po, interiorizada, totalmente estabilizada frente a su objeto.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquel que tiene su conciencia

siempre y constantemente

estabilizada, dirigida hacia su cuerpo

ni para él ni para mí sería,

ni para él ni para mí será5

Trascendiendo gradualmente las etapas 6,

con el tiempo ha de superar el deseo.

9. EL POZO

Los brahmanes quieren impedir que Buda beba de su pozo. Milagro realizado por el Buda. La destrucción del deseo: meta final.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant, recorriendo el país de los Mallas con un gran grupo de bhik­khus, llegó a una aldea de brahmanes Mallas, cuyo nombre era El Pilar. En aquella ocasión los brahmanes jefes de familia de la aldea El Pilar oyeron decir: «El samán Gotama, descendiente de los Sakya, ha dejado el clan de los Sakya para llevar una vida errante. Recorriendo el país de los Mallas con un gran gru­po de bhikkhus ha llegado a El Pilar». Y entonces llenaron el pozo hasta la boca con paja y hierbas, pensando: «¡Que no to­men agua estos samanes de cabezas rapadas!»

Y el bhagavant, apartándose del camino, se dirigió al pie de un árbol y una vez ahí se sentó en el asiento preparado para él. Y, habiéndose sentado, el bhagavant le dijo al venerable Ânanda: «Ve, Ânanda, y tráeme agua de aquel pozo».

Y cuando el bhagavant le dijo esto, el venerable Ânanda le respondió: «Señor, este pozo ha sido tapado hasta la boca con paja y hierbas por los brahmanes, jefes de familia de El Pilar, pensando: ‘Que estos samanes de cabezas rapadas no tomen agua ».

Por segunda vez entonces el bhagavant le dijo al vene­rable Ânanda: «Ve, Ânanda, y tráeme agua de aquel pozo». Por segunda vez entonces el venerable Ânanda le respondió al bha­gavant: «Señor, este pozo ha sido tapado hasta la boca con paja y hierbas por los brahmanes, jefes de familia de El Pilar, pensando: ‘Que estos samanes de cabezas rapadas no tomen agua’».

Por tercera vez entonces el bhagavant le dijo al venerable Ânanda: «Ve, Ânanda, y tráeme agua de aquel pozo».

Y el venerable Ânanda diciendo: «Sí, señor», obedeciendo al bhagavant, tomando una escudilla, se dirigió hacia el pozo.

Cuando el venerable Ânanda estuvo cerca del pozo, éste, arro­jando de su boca toda la paja y las hierbas, se llenó de agua clara, pura, transparente, que llegaba hasta sus bordes e incluso desbordaba.

Y el venerable Ânanda pensó: « ¡Qué extraordinarios, se­ñor, qué maravillosos son el gran poder y la gran autoridad del tathâgata, pues cuando me acerqué al pozo, éste arrojando de su boca toda la paja y las hierbas, se llenó de agua, clara, pura, transparente, que llega hasta sus bordes, e incluso desborda». Y, tomando agua con su escudilla, se acercó a donde estaba el bhagavant y, habiéndosele acercado, le dijo: « ¡ Qué extraordi­narios, señor, qué maravillosos, señor, son el gran poder y la gran autoridad del tathâgata, pues cuando me acerqué al pozo, éste, arrojando de su boca toda la paja y las hierbas, se llenó de agua clara, pura, transparente que llegaba hasta sus bordes e incluso desbordaba! Beba agua el bhagavant; beba agua el bien encaminado».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

¿De qué serviría un pozo

si hay agua en todas partes?

¿Qué queda por buscar

si se cortó la raíz del deseo?

10. EL REY UDENA

El incendio del harem del rey Udena. Diversos grados de pro­greso en el camino hacia la Liberación. Concepción budista del mundo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Kosambî, en el parque de Gho­sita. En aquella ocasión se incendió el harem del rey Udena, que se encontraba en su jardín, y murieron quinientas mujeres, entre ellas Sâmâvatî.

Numerosos bhikkhus, por la mañana, después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas, entraron en Kosambî en busca de limosna. Habiendo recorrido Kosambî en busca de li­mosna, regresando por la tarde de la recolección de limosnas, se acercaron adonde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado. Enton­ces aquellos bhikkhus, sentados a un lado, le dijeron al bhaga­vant: «Señor, se ha incendiado en Kosambî harem del rey Udena, que se encontraba en su jardín, y murieron quinientas mujeres entre ellas Sâmâvatî. ¿Cuál es el destino, cuál es el futuro de estas upâsikâs?»

«Oh bhikkhus, algunas de estas upâsikâs han entrado en la corriente; algunas no han de renacer sino una vez; otras, ya no renacerán en este mundo. Oh bhikkhus, todas estas upâsi­kâs han muerto no sin haber cosechado frutos».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Este mundo se manifiesta encadenado al error,

sometido a la existencia,

prisionero del apego,

necio,

envuelto por tinieblas.

Parece eterno:

para el que ve no es nada.

1. Traducimos anupâdâya de acuerdo con el comentario.

2. Ver nota 3 del Capitulo V.

3. Mâra. Ver nota 18 del Capitulo 1.

4. Los obstáculos son: la pasi6n, el odio, el error, la opinión err6nea, el deseo, el orgullo.

5. Versos de oscuro significado.

6. Etapas de la meditación.

CAPíTULO VIII

LOS HABITANTES DE PÂTALIGÂMA

1. NIRVÂNA I

Buda caracteriza el nirvâna ante sus bhikkhus.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. En aquella ocasión el bhagavant instruyó, incitó, entusiasmó, llenó de gozo a los bhikkhus con una conversación sobre la doctrina relativa al nirvâna. Y aquellos bhikkhus oían la doctrina, haciendo de ella el objeto de su atención, captándola en su mente en toda su integridad, concentrados, escuchando cuidadosamente.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Existe, oh bhikkhus, aquel dominio en que no se dan ni la tierra ni las aguas ni el luego ni el aire ni el dominio de la infinitud del espacio, ni el dominio de la infinitud de la conciencia, ni el dominio de la nada, ni el dominio del cono­cimiento y del no-conocimiento1, ni este mundo ni el otro ni el sol ni la luna. Yo os digo, oh bhikkhus, que ahí no se entra, que de ahí no se sale, que ahí no se permanece, que de ahí no se decae y que de ahí no se renace. Carece de fundamento, carece de actividad, no puede ser objeto del pensamiento. Es el fin del sufrimiento.

2. NIRVANA II

El nirvâna es difícil de comprender.

(Este sûtra es idéntico al anterior VIII, 1 con excepción del udâna que dice:)

El nirvána2 es difícil de comprender,

pues la verdad no es fácil de ver.

El deseo es atravesado por el que conoce,

para el que ve nada existe.

3. NIRVÂNA III

Es el nirvâna el que posibilita la salida3.

(Este sûtra es idéntico a los anteriores VIII, 1 y 2 con ex­cepción del udâna que dice:)

Existe, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no hecho, no-compuesto. Si no existiese, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho, no-compuesto, no se percibiría en este mundo una salida para lo nacido, devenido, hecho, compuesto. Pero, puesto que existe, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho, no-compuesto, por tal razón se percibe una salida para lo nacido, devenido, hecho, compuesto.

4. NIRVÂNA IV

Encadenamiento causal que produce el nirvána.

(Este sûtra es idéntico a los anteriores VIII, 1-3 con ex­cepción del udâna que dice:)

La inestabilidad existe para el que tiene apego, la inesta­bilidad no existe para el que no tiene apego. Cuando no existe la inestabilidad, se produce la calma; cuando existe calma, no se produce la inclinación; cuando no existe inclinación, no se produce ni llegada ni partida; cuando no existe ni llegada ni partida, no se produce desaparición ni reaparición ¿; cuando no existe desaparición ni reaparición4, ya no existe ni aquí ni más allá, ni nada entre ambos. Es el fin del sufrimiento.

5. CHUNDA

Chunda invita a comer al bhagavant. Enfermedad del bhaga­vant. Méritos adquiridos por Chunda. Con la destrucción del deseo, del odio y error se alcanza el nirvana.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant, recorriendo el país de los Mallas, en compañía de un gran número de bhikkhus, se dirigió hacia la ciudad de Pâvâ. Allí, en Pâvâ, el bhagavant vivía en el Bosque de Mangos de Chun­da, el hijo del orfebre.

Entonces Chunda, el hijo del orfebre, oyó decir: «El bha­gavant, recorriendo el país de los Mallas, en compañía de un gran número de bhikkhus, ha llegado a Pâvâ y está vivien­do en Pâvâ, en el Bosque de Mangos de Chunda». Y Chunda, el hijo del orfebre, se acercó a donde se encontraba el bhaga­vant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant se sentó a un lado. Y a Chunda, el hijo del orfebre, que estaba sentado a un lado, el bhagavant lo instruyó, lo incitó, lo entusiasmó, lo llenó de gozo con una conversación sobre la doctrina. Y Chun­da, el hijo del orfebre, instruido, incitado, entusiasmado y lle­nado de gozo por el bhagavant mediante aquella conversación sobre la doctrina, le dijo al bhagavant: «Señor, que el bhaga­vant, en compañía de su grupo de bhikkhus, acepte comer mañana en mi casa». El bhagavant aceptó guardando silencio.

Y Chunda, el hijo del orfebre, viendo que el bhagavant aceptaba, levantándose de su asiento, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhina, se retiró. Y Chunda, el hijo del orfebre, al concluir la noche, habiendo hecho preparar en su propia casa delicioso alimento sólido y líquido y abundante carne tierna de chancho5, anunció al bhagavant que era hora de comer, dicién­dole: «Señor, ya es hora, la comida está preparada»

Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, toman­do su manto y su escudilla, con el grupo de bhikkhus, se diri­gió a la casa de Chunda, el hijo del orfebre, y una vez ahí, se sentó en el asiento preparado para él y, habiéndose sentado, el bhagavant le dijo a Chunda, el hijo del orfebre: «Oh Chunda, sírveme a mí la carne tierna de chancho que has preparado y sírveles a los bhikkhus el otro alimento sólido y líquido que has preparado». Diciendo: «Sí, señor», Chunda, el hijo del orfebre, obedeciendo al bhagavant, le sirvió al bhagavant la carne tier­na de chancho que había preparado y les sirvió a los bhikkhus el otro alimento sólido y líquido que había preparado.

Y el bhagavant le dijo a Chunda, el hijo del orfebre:

«Chunda, entierra en un pozo la carne tierna de chancho que te ha quedado. Oh Chunda, yo no veo en este mundo inclu­yendo a los dioses, a Mâra y a Brahma, con sus samanes y brahmanes, sus dioses y sus hombres, quién podría digerir bien esta comida, excepto el tathâgata». Diciendo: «Si, señor», Chunda, el hijo del orfebre, obedeciendo al bhagavant, enterran­do en un pozo aquella tierna carne de chancho que había queda­do, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndose­le acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Y el bhagavant habiendo instruido, incitado, entusiasmado, llenado de gozo a Chunda, el hijo del orfebre, levantándose de su asien­to, se retiró.

Y una grave enfermedad le sobrevino al bhagavant, después de haber comido la comida de Chunda, el hijo del orfebre. Eran fuertes dolores con disentería de sangre, que lo llevarían a la muerte. Entonces allí el bhagavant, compenetrado de auto-conciencia, soportaba todo sin desalentarse. Y el bhagavant le dijo al venerable Ânanda: «¡Vamos, Ânanda! Iremos a la ciudad de Kusinârâ». Diciendo: «Sí, señor», el venerable Ânan­da obedeció al bhagavant.

Después de comer el alimento de Chunda,

el hijo del orfebre,

-así he oído decir-

el sabio tuvo una seria enfermedad

que lo llevaría a la muerte;

le sobrevino al Maestro una seria dolencia,

después de haber comido la tierna carne de chancho.

Y, habiéndose purgado, el bhagavant dijo:

«Voy a la ciudad de Kusinârâ».

Y el bhagavant, apartándose del camino, se dirigió al pie de un árbol, y una vez ahí, le dijo al venerable Ânanda: «Vamos, Ânanda, dobla en cuatro mi manto. Estoy cansado, me sentaré». Diciendo: «Sí, señor», el venerable Ânanda, obedeciendo al bhagavant, dobló su manto en cuatro. El bhagavant se sentó en el asiento preparado para él y, habiéndose sentado, le dijo al venerable Ânanda: «Vamos, Ânanda, tráeme agua; tengo sed, Ânanda, beberé».

Cuando el bhagavant dijo esto, el venerable Ânanda le res­pondió: «Señor, ahora, unos quinientos carros han pasado; agi­tada por las ruedas esta agua fluye, en poca cantidad, revuelta, sucia. Señor, está cerca el río Kukutthâ, de aguas claras, agra­dables, frescas, cristalinas, de bellas orillas, hermoso. Ahí el bha­gavant podrá beber agua y refrescar su cuerpo».

Por segunda vez el bhagavant le dijo al venerable Ânanda:

«Vamos, Ânanda, tráeme agua; tengo sed, Ânanda, beberé». Por segunda vez el venerable Ânanda le dijo al bhagavant:

«Señor, ahora, unos quinientos carros han pasado; agitada por las ruedas esta agua fluye, en poca cantidad, revuelta, sucia. Señor, está cerca el río Kukutthâ, de aguas claras, agradables, frescas, cristalinas, de bellas orillas, hermoso. Ahí el bhagavant podrá beber agua y refrescar su cuerpo».

Por tercera vez el bhagavant le dijo al venerable Ânanda:

«Vamos, Ânanda, tráeme agua; tengo sed, Ânanda, beberé». Diciendo: «Sí, señor», el venerable Ânanda, obedeciendo al bhagavant, tomando su escudilla, se acercó a aquel riachuelo. Y aquel riachuelo que había sido agitado por las ruedas de los carros y que fluía en poca cantidad, revuelto y sucio, empezó a fluir claro, transparente, puro, apenas el venerable Ânanda se le acerco.

Y el venerable Ânanda pensó: « ¡Qué maravillosos, señor, qué extraordinarios, señor, son en verdad el gran poder, la gran autoridad del tathâgata! Pues este riachuelo agitado por las ruedas de los carros y que fluía, en poca cantidad, revuelto y sucio, apenas yo me acerqué a él, comenzó a fluir claro, trans­parente, puro». Y, tomando agua con la escudilla, regresó a donde se encontraba el bhagavant y, habiendo regresado, le dijo:

« ¡ Qué maravillosos, señor, qué extraordinarios, señor, son el gran poder y la gran autoridad del tathâgata! Pues este riachuelo que había sido agitado por las ruedas de los carros y que fluía, en poca cantidad, revuelto y sucio, apenas yo me acerqué a él, comenzó a fluir claro, transparente, puro. Beba agua el bhaga­vant, beba agua el bien encaminado». Y el bhagavant bebió el agua.

El bhagavant con un gran número de bhikkhus se dirigió hacia el río Kukutthâ y una vez ahí, se sumergió en el río, se bañó, bebió sus aguas y saliendo nuevamente se dirigió al Bos­que de Mangos y una vez ahí, le dijo al venerable Chundaka:

«Vamos, Chundaka, dobla en cuatro mi manto. Estoy cansa­do, Chundaka, me echaré». Diciendo: «Sí, señor», el venerable Chundaka, obedeciendo al bhagavant, dobló su manto en cua­tro. Y el bhagavant adoptó la postura de león, sobre su lado derecho, colocando un pie encima del otro, atento, compenetra­do de autoconciencia, fijando su atención en la conciencia de la energía6. El venerable Chundaka se sentó ahí mismo, frente al bhagavant.

El iluminado (buddha) llegó al río Kukutthâ,

de aguas claras, agradables, transparentes;

el Maestro, sumamente cansado, se sumergió en él

el tathâgata, sin igual en este mundo.

Después de bañarse y de beber, el Maestro salió,

honrado, en medio de una multitud de bhikkhus.

El Maestro, el que transmite la enseñanza,

el bhagavant en este mundo,

llegó al Bosque de Mangos, él, el gran rishi 7.

Le dijo al bhikkhu llamado Chundaka:

«Extiéndeme doblado en cuatro

un manto como lecho».

Y Chunda, a pedido del disciplinado,

rápidamente extendió un manto doblado en cuatro

El Maestro, sumamente cansado, se acostó

y Chunda se sentó frente a él.

Y el bhagavant le dijo al venerable Ânanda: «Pudiera ser, Ânanda, que alguien hiciera surgir remordimientos en Chunda, el hijo del orfebre, diciéndole: ‘Amigo Chunda, ha sido un daño para ti, ha sido una mala adquisición para ti, que el tathâgata haya alcanzado el parinirvâna después de haber co­mido la última comida que tú le diste como limosna’. Ânanda, ese remordimiento de Chunda, el hijo del orfebre, debe ser re­primido, diciéndole:

‘Amigo Chunda, ha sido una felicidad para ti, ha sido una buena adquisición para ti, que el tathâgata haya alcanzado el parinirvâna después de haber comido la última comida que tú le diste como limosna. Personalmente, amigo Chunda, le oí decir al bhagavant, personalmente recibí de él estas palabras:

‘Estas dos clases de comida que se da como limosna tienen igua­les frutos, tienen iguales resultados; tienen mayores frutos y dan origen a mayores méritos que otras comidas que se da como limosna. ¿Cuáles son esas dos? Una es la comida dada como li­mosna, después de la cual un tathâgata alcanza la suprema Iluminación; la otra es la comida dada como limosna, después de la cual un tathâgata alcanza el parinirvâna, carente de sustrato. Estas dos clases de comida dadas como limosna tienen iguales frutos y tienen iguales resultados; tienen mayores frutos y dan origen a mayores méritos que otras comidas que se dan como limosna’.

El venerable Chunda, el hijo del orfebre, ha acumulado un karman que produce la duración completa de la vida; el vene­rable Chunda, el hijo del orfebre, ha acumulado un karman que produce la belleza, ha acumulado un karman que produce la felicidad, ha acumulado un karman que conduce al cielo, ha acumulado un karman que produce la fama, ha acumulado un karman que produce la soberanía’. Así, el remordimiento de Chunda, el hijo del orfebre, oh Ânanda, debe ser reprimido».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Crece el mérito de aquel que da.

No se acumula el odio en aquel que se controla.

El bueno abandona el mal;

con la destrucción del deseo, del odio y del error,

alcanza el nirvâna.

6. LOS HABITANTES DE PÂTALIGÂMA

Los habitantes de Pâtaligâma hospedan a Buda y a sus monjes. Los cinco bienes que produce la conducta buena. Los cinco ma­les que produce la conducta mala. La construcción de la ciu­dad de Pâtaliputra. Necesidad de honrar a las divinidades

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant recorriendo el país de los Magadhas con un grupo numeroso de bhikkhus, llegó a la aldea de Pâtaligâma. Y los upásakas de Pâtaligâma oyeron decir: «El bhagavant, recorriendo el país de los Magadhas con un grupo numeroso de bhikkhus, ha llegado a Patâligâma». Y los upâsakas de Pâtaligâma se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado y, sentados a un lado, los upâsakas de Pâtaligâma le dijeron al bhagavant:

«Señor, que el bhagavant acepte nuestra casa como residencia». Y el bhagavant aceptó guardando silencio.

Los upâsakas de Pâtaligâma viendo la aceptación del bha­gavant, levantándose de sus asientos, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhina, se dirigieron a su casa y una vez allí, arreglando la casa de modo que todo estuviera dispuesto, prepa­rando los asientos, instalando una gran vasija de agua, colgando una lámpara de aceite, se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se pararon a un lado y, parados a un lado, los upâsakas de Patâligâma dijeron al bhagavant: «Señor, hemos arreglado la casa de modo que todo esté dispuesto, hemos preparado los asientos, instalado una gran vasija de agua y hemos colgado una lámpara de aceite, que el bhagavant actúe como le parezca conveniente».

Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, to­mando su manto y su escudilla, se dirigió con su grupo de bhikkhus a la casa y una vez allí, habiéndose lavado los pies, entrando en la casa, se sentó contra el pilar del medio, mirando en dirección al este. El grupo de bhikkhus, habiéndose lavado los pies, entrando en la casa, se sentó contra el muro del oeste, mirando en dirección al este, enfrente del bhagavant. Los upâsakas de Pâtaligâma, habiéndose lavado los pies, entran­do en la casa, se sentaron contra el muro del este, mirando en dirección al Oeste, enfrente del bhagavant. Y el bhagavant les dijo a los upâsakas de Pâtaligâma:

«Existen, oh jefes de familia, estos cinco males para el hombre inmoral por haberse apartado de la disciplina moral. ¿Cuáles son? Oh jefes de familia, en este mundo, el hombre inmoral que se ha apartado de la disciplina moral, sufre una gran pérdida de su fortuna a causa de su negligencia. Éste es el primer mal para el hombre inmoral por haberse apartado de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, una mala reputación se esta­blece para el hombre inmoral que se ha apartado de la disciplina moral. Éste es el segundo mal para el hombre inmoral por haberse apartado de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, el hombre inmoral que se ha apartado de la disciplina moral, a cualquier grupo al cual se acerque, ya sea de kshatriyas, ya sea de brahmanes, ya sea de jefes de familia, ya sea de samanes, se acerca tímido y con­fuso. Éste es el tercer mal para el hombre inmoral por haberse apartado de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, el hombre inmoral que se ha apartado de la disciplina moral muere lleno de inquietudes. Éste es el cuarto mal para el hombre inmoral por haberse apar­tado de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, el hombre inmoral que se ha apartado de la disciplina moral, con la destrucción del cuerpo, después de la muerte, renace en un mundo de dolor, en un lugar de sufrimiento, en un dominio de castigo, en un infierno. Éste es el quinto mal para el hombre inmoral por haberse apar­tado de la disciplina moral.

Oh jefes de familia, éstos son los cinco males para el hombre inmoral por haberse apartado de la disciplina moral.

Existen, oh jefes de familia, estos cinco bienes para el hom­bre moral por el cumplimiento de la disciplina moral. ¿Cuáles son? Oh jefes de familia, en este mundo, el hombre moral que cumple la disciplina moral, a causa de su diligencia adquiere un gran cúmulo de fortuna. Éste es el primer bien para el hombre moral por el cumplimiento de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, una buena reputación se estable­ce para el hombre moral que cumple la disciplina moral. Éste es el segundo bien para el hombre moral por el cumplimiento de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, el hombre moral que cumple la disciplina moral, a cualquier grupo al cual se acerque, ya sea de kshatriyas, ya sea de brahmanes, ya sea de jefes de fami­lia, ya sea de samanes, se acerca seguro y confiado. Éste es el tercer bien para el hombre moral por el cumplimiento de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, el hombre moral que cumple la disciplina moral muere libre de inquietudes. Éste es el cuarto bien para el hombre moral por el cumplimiento de la disciplina moral.

Luego, oh jefes de familia, el hombre moral que cumple la disciplina moral, con la destrucción del cuerpo, después de la muerte, renace en un mundo de felicidad, en un cielo. Éste es el quinto bien para el hombre moral por el cumplimiento de la disciplina moral.

Oh jefes de familia, éstos son los cinco bienes para el hom­bre moral por el cumplimiento de la disciplina moral».

Y el bhagavant, habiendo instruido, incitado, entusiasmado, llenado de gozo a los upâsakas de Pâtallgâma hasta muy entra­da la noche con una conversación sobre la doctrina, los despi­dió diciéndoles: «Oh, jefes de familia, la noche está avanzada, Haced ahora lo que os parezca conveniente». Y los upâsakas de Pâtaligâma contentos y alegres con la palabra del bhagavant, levantándose de sus asientos, saludando al bhagavant, hacien­do el padakkhina, se retiraron. Y el bhagavant, poco después de que partieran los upâsakas de Pâtaligâma, entró en el cuarto vacío.

En aquella ocasión Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, construían una ciudad en la aldea de Pâtaligâma, para contener a los Vajjis. Y en aquella ocasión también nu­merosas divinidades, por millares, ocuparon lugares de Pâtaligâma. Las divinidades de gran poder inclinan las mentes de los reyes de gran poder y de sus Grandes Ministros para que cons­truyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Las divinidades medianas inclinan las mentes de los reyes medianos y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Las divinidades pequeñas inclinan las mentes de los reyes pequeños y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares.

Y el bhagavant vio con su ojo divino, puro, sobrehumano, a aquellas divinidades, por millares, ocupando lugares de Pâta­ligâma. Las divinidades de gran poder inclinan las mentes de los reyes de gran poder y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Las divinidades medianas inclinan las mentes de los reyes me­dianos y de sus Grandes Ministros para que construyan sus resi­dencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Las divinidades pequeñas inclinan las mentes de los reyes pequeños y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí don­de ellas han ocupado lugares.

Y el bhagavant, levantándose de su asiento, en el amane­cer de aquella noche, le dijo al venerable Ânanda:

«Ânanda, ¿quiénes están construyendo una ciudad en la al­dea de Pâtaligâma?».

«Señor, Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Maga­dha, están construyendo una ciudad en la aldea de Pâtaligâma, para contener a los Vajjis».

«Oh, Ânanda, como si hubieran consultado con los Treinta y Tres dioses, así Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, están construyendo una ciudad en la aldea de Pâ­taligáma, para contener a los Vajjis. Y aquí, oh Ânanda, yo he visto con mi ojo divino, puro, sobrehumano, a numerosas di­vinidades, por millares, ocupando lugares de Pâtaligâma. Las divinidades de gran poder inclinan las mentes de los reyes de gran poder y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Las divi­nidades medianas inclinan las mentes de los reyes medianos y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Las divinidades pequeñas inclinan las mentes de los reyes pequeños y de sus Grandes Ministros para que construyan sus residencias ahí donde ellas han ocupado lugares. Oh Ânanda, en lo que se refiere al do­minio ario, en lo que se refiere al comercio, ésta será la mejor ciudad, Pâtaliputra, emporio de mercaderías9. Pero, oh Ânan­da, tres peligros habrá para Pâtaliputra: originados en el fuego, en el agua, en la ruptura de alianzas».

Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, se saludaron amistosamente con el bhagavant y, des­pués de un intercambio de palabras cordiales y corteses, se pa­raron a un lado. Parados a un lado, Sunîdha y Vassakâra, Gran­des Ministros de Magadha, le dijeron al bhagavant: «Que el señor Gotama acepte comer hoy con nosotros en compañía de su grupo de bhikkhus». Y el bhagavant aceptó guardando silen­cio.

Y Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, viendo que el bhagavant aceptaba, se dirigieron a su propia casa y una vez ahí, habiendo hecho preparar en su propia casa deli­cioso alimento sólido y alimento líquido, le anunciaron al bha­gavant que ya era hora, diciéndole: «Señor Gotama, ya es hora, la comida está lista».

Y el bhagavant, por la mañana, después de vestirse, toman­do su manto y su escudilla, con su grupo de bhikkhus se diri­gió a la casa de Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, y una vez ahí, se sentó en el asiento preparado para él. Sunîdha y Vassakâra, personalmente, halagaron y atendie­ron a aquel grupo de bhikkhus con el bhagavant a la cabeza, con delicioso alimento sólido y alimento líquido.

Y Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, después de ver que el bhagavant había comido y que había retirado su mano de la escudilla, tomando un asiento bajo, se sentaron a un lado. Y el bhagavant a Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, que estaban sentados a un lado, les agradeció con estos versos:

Dondequiera que el hombre sabio construya su casa,

dando de comer a los buenos, a los auto controlados,

a los que llevan una vida religiosa,

presente ofrendas a las divinidades que ahí residan.

Ellas, honradas, lo honrarán,

Veneradas, lo venerarán.

Sentirán compasión por él,

como una madre por su propio hijo.

El hombre a quien las divinidades compadecen,

siempre encuentra la felicidad.

Y el bhagavant, habiendo agradecido a Sunîdha y Vassakâra, Grandes Ministros de Magadha, con estos versos, levantándose de su asiento, se fue.

En aquella ocasión Sunîdha y Vassakâra, Grandes Minis­tros de Magadha, seguían paso a paso al bhagavant pensando:

«La puerta por donde hoy el samán Gotama saldrá, se llamará la puerta de Gotama, el vado por donde cruzará el río Ganges, se llamará el vado de Gotama».

Y así, la puerta por donde el bhagavant salió, se llamó la Puerta de Gotama. Y el bhagavant se dirigió al río Ganges. En aquella ocasión el río Ganges estaba crecido, lleno hasta el borde, de tal manera que un cuervo podía beber fácilmente sus aguas. Algunos hombres buscaban una barca, otros busca­ban una balsa de troncos, otros construían una balsa de cañas, deseosos de ir a la otra orilla. Y, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o enco­gería el brazo que tiene extendido, el bhagavant desapareció de esta orilla del río Ganges y apareció en la otra orilla con su grupo de bhikkhus.

Y el bhagavant vio a aquellos hombres, algunos de los cua­les buscaban una barca, otros una balsa con troncos, otros cons­truían una balsa de cañas, deseosos de ir a la otra orilla.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Aquellos que cruzan el océano

haciendo un puente,

dejando atrás los pantanos-

pues el hombre construye su balsa-

los hombres sabios lo han atravesado10.

7. LOS DOS CAMINOS

El venerable Nâgasamâla es asaltado por ladrones. El sabio debe abandonar lo malo.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant iba por el camino principal, en el país de los Kosala, con el venerable Nâgasamâla como acompañante. Y el venerable Nâgasamâla vio que el camino se bifurcaba y al verlo le dijo al bhagavant: «Señor bhagavant, éste es el camino, vayamos por él». Cuando el venerable Nâgasamâla dijo así, el bhagavant le contestó: «Nâgasamâla, aquel otro es el camino, vayamos por él».

Por segunda vez el venerable Nâgasamâla le dijo al bha­gavant: «Señor bhagavant, éste es el camino, vayamos por él». Por segunda vez el bhagavant le contestó al venerable Nâga­samâla: «Nâgasamâla, aquel otro es el camino, vayamos por él».

Por tercera vez el venerable Nâgasamâla le dijo al bhaga­vant: «Señor bhagavant, éste es el camino, vayamos por él». Por tercera vez el bhagavant le contestó al venerable Nâgasa­mâla: «Nâgasamâla, aquel otro es el camino, vayamos por él» Y el venerable Nâgasamâla, poniendo en el suelo el manto y la escudilla del bhagavant, se fue diciendo: «Aquí están, señor, el manto y la escudilla del bhagavant».

Y mientras el venerable Nâgasamâla iba por aquel camino, unos ladrones, saliéndole al encuentro, lo golpearon con puños y pies, rompieron su escudilla y destrozaron su manto. Y el venerable Nâgasamâla con su escudilla rota y su manto destro­zado, se acercó a donde se encontraba el bhagavant y, habién­dosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado y, sentado a un lado, el venerable Nâgasamâla le dijo al bha­gavant: «Señor, mientras yo iba por aquel camino, unos ladro­nes, saliéndome al encuentro, me golpearon con puños y con pies, rompieron mi escudilla y destrozaron mi manto».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Viajando en compañía,

viviendo solo

o mezclándose con los demás,

el sabio, distinguiendo lo que es malo,

o abandona,

como la garza que bebe la leche,

deja de lado el agua11.

8. VISÂKHÂ

La muerte de la nieta de Visâkhâ. Lo que se quiere es causa de sufrimiento.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Parque del Este, en el palacio de la madre de Migârâ. En aquella ocasión murió la nieta de Visâkhâ, madre de Migârâ, una niña agradable y muy querida. Y Visâkhâ, madre de Migârâ, con las ropas y el pelo aún humedos12, se acercó al amanecer a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentó a un lado. Y el bhagavant le dijo a Visâkhâ, la madre de Migârâ, que estaba sentada a un lado:

«¿Por qué has venido aquí, oh Visâkhâ, al amanecer con las ropas y el pelo aún húmedos?»

«Señor, mi nieta, una niña agradable y muy querida, ha muerto. Por esta razón yo he venido aquí al amanecer con las ropas y el pelo aún húmedos».

«Visâkhâ ¿desearías tener tantos hijos y nietos como hom­bres hay en Sâvatthi?»

«Oh bhagavant, yo desearía tener tantos hijos y nietos como hombres hay en Sâvatthi».

«Visâkhâ ¿cuántos hombres mueren diariamente en Sâvatthi? »

«Señor, diez hombres mueren diariamente en Sâvatthi o nueve hombres mueren diariamente en Sâvatthi u ocho hom­bres mueren diariamente en Sâvatthi, o siete hombres mueren diariamente en Sâvatthi o seis hombres mueren diariamente en Sâvatthi o cinco hombres mueren diariamente en Sávatthi o cuatro hombres mueren diariamente en Sâvatthi o tres hombres mueren diariamente en Sâvatthi o dos hombres mueren diaria­mente en Sâvatthi o un hombre, señor, muere diariamente en Sâvatthi. Señor, Sâvatthi está llena de hombres que mueren».

«¿Qué piensas, Visâkhâ? ¿Alguna vez estarías sin el pe­lo húmedo o sin la ropa húmeda? »

«Pues no, señor. Sería demasiado para mí, señor, con tantos hijos y nietos».

«Oh Visâkhâ, quienes tienen cien cosas queridas, tienen cien sufrimientos; quienes tienen noventa cosas queridas, tienen no­venta sufrimientos; quienes tienen ochenta cosas queridas, tie­nen ochenta sufrimientos; quienes tienen setenta cosas queridas, tienen setenta sufrimientos; quienes tienen sesenta cosas que­ridas, tienen sesenta sufrimientos; quienes tienen cincuenta cosas queridas, tienen cincuenta sufrimientos; quienes tienen cuarenta cosas queridas, tienen cuarenta sufrimientos; quienes tienen treinta cosas queridas, tienen treinta sufrimientos; quie­nes tienen veinte cosas queridas, tienen veinte sufrimientos; quienes tienen diez cosas queridas, tienen diez sufrimientos; quienes tienen nueve cosas queridas, tienen nueve sufrimientos; quienes tienen ocho cosas queridas, tienen ocho sufrimientos; quienes tienen siete cosas queridas, tienen siete sufrimientos; quienes tienen seis cosas queridas, tienen seis sufrimientos; quie­nes tienen cinco cosas queridas, tienen cinco sufrimientos; quienes tienen cuatro cosas queridas, tienen cuatro sufrimien­tos; quienes tienen tres cosas queridas, tienen tres sufrimientos; quienes tienen dos cosas queridas, tienen dos sufrimientos; quienes tienen una cosa querida, tienen un sufrimiento; quie­nes no tienen nada querido, no tienen ningún sufrimiento. Yo digo que ellos está libres de dolor, libres de pasión, libres de preocupaciones».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Las penas, lamentaciones y sufrimientos

de múltiples formas

que existen en este mundo

se producen a causa de algo querido.

Ellos no se producen

cuando no existe algo querido.

Por esto, son felices y están libres de dolor

aquellos que no tienen en este mundo nada querido.

Por eso, si aspiras al estado libre de dolor y de pasión,

no tengas nada querido,

en ningún lugar en este mundo.

9. EL VENERABLE DABBA I

El venerable Dabba entra en parinirvâna. Descripción del nir­vâna.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Râjagaha, en el Bosque de Bam­bús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. Y el vene­rable Dabba, del clan de los Mallas, se acercó a donde se encon­traba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bha­gavant, se sentó a un lado. Sentado a un lado, el venerable Dabba, del clan de los Mallas, le dijo al bhagavant: «Oh bien encaminado, es el momento de mi parinirvâna».

«Dabba, procede como te parezca conveniente»

Y el venerable Dabba, del clan de los Mallas, levantándose de su asiento, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhi­na, elevándose hacia el cielo, sentado en postura pallanka en el aire, en el espacio, penetró en la esfera del calor y, saliendo de ella, alcanzó el parinirvâna.

Una vez que el venerable Dabba, del clan de los Mallas, se elevara hacia el cielo, y, sentado en postura pallanka, en el aire, en el espacio, penetrara en la esfera del calor y, saliendo de ella, alcanzara el parinirvána, no aparecieron cenizas ni polvillo de cenizas de su cuerpo que se había quemado y consumido. Así como no aparecen ni cenizas ni polvillo de cenizas de un poco de manteca o aceite que se ha quemado y consumido, de la misma manera, una vez que el venerable Dabba, del clan de los Mallas, se elevara hacia el cielo y, sentado en postura pallanka, en el aire, en el espacio, penetrara en la esfera del calor y saliendo de ella, alcanzara el parinirvâna, no aparecieron ni cenizas ni polvillo de cenizas de su cuerpo que se había quema­do y consumido.

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

El cuerpo ha sido aniquilado;

la percepción ha sido detenida;

todas las sensaciones se han enfriado;

los samskâras13 han cesado;

la conciencia llegó a su fin.

10. EL VENERABLE DABBA II

El venerable Dabba entra en el nirvâna. Descripción del nir­vâna.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Prín­cipe Jeta, en el parque de Anâthapindika. Allí el bhagavant llamó a sus bhikkhus diciéndoles: «¡Bhikkhus!» Y aquellos bhikkhus prestaron su atención al bhagavant diciéndole: «¿Se­ñor?» Entonces el bhagavant les dijo:

«Oh bhikkhus, una vez que Dabba, del clan de los Mallas, se elevó hacia el cielo y, sentado en postura pallanka, en el aire, en el espacio, penetró en la esfera del calor y, saliendo de ella, alcanzó el parinirvâna, no aparecieron ni cenizas ni polvillo de cenizas de su cuerpo que se había quemado y con­sumido. Así como no aparecen ni cenizas ni polvillo de ceni­zas de un poco de manteca o aceite que se ha quemado y con-sumido, de la misma manera una vez que el venerable Dabba, del clan de los Mallas, se elevara hacia el cielo y, sentado en postura pallanka, en el aire, en el espacio, penetrara en la esfera del calor y, saliendo de ella, alcanzara el parinirvâna, no apare­cieron ni cenizas ni polvillo de cenizas de su cuerpo que se había quemado y consumido».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udâna:

Así como no se conoce el destino

del fuego ardiente14

que, golpeado por el martillo,

se extingue gradualmente,

así tampoco se conoce el destino

de los que se han liberado totalmente,

que han atravesado la corriente de los lazos del deseo

y que han alcanzado la felicidad inconmovible.