CANON DEL NUEVO TESTAMENTO

CANON  DEL  NUEVO  TESTAMENTO

La forma en que se consolidó la lista de libros que tenemos actualmente, pasó por un largo proceso que finalizó en el concilio Católico de Trento.

El proceso lo podemos sintetizar así:

Siglo I Escritura de los libros
Siglo II Lista de libros de Marción
Siglo II Fragmento Muratori
Siglo III Lista de Eusebio de Cesarea
397 Concilio local de Hipona
691 Concilio de Constantinopla
1.546 Concilio de Trento  Lista de libros actuales.
1.500 Reforma Protestante. Intento infructuoso de Martín Lutero para establecer el Canon.

Hay dos factores que presionaron la definición de que libros se debían considerar canónicos. El primera es la aparición de la Vulgata latina escrita por Eusebio Jerónimo Sofronio, “quien desde el 382 fue Secretario del Papa Dámaso y con su patrocinio comenzó la traducción al latín de las Escrituras”.(Camargo, Báez. Breve Historia Canon. SBU. Pag. 287.

El segundo es la encomienda que hace el emperador Constantino en el siglo 4 a Eusebio de Cesarea para que le escribiera 50 códices de las Sagradas Escrituras.

Es necesario hacer la distinción entre los Concilios Locales y los Concilios Ecuménicos, pues mientras los primeros tenían vigencia en el lugar donde presidía el Obispo convocante, los segundos tenían una cobertura mayor pues era el Papa de Roma el convocante.

Es así como en el Concilio de Hipona y de Cartago presididos por Agustín de Hipona se definieron los 27 libros actuales, pero esta decisión tuvo solamente trascendencia local.

Agustín de Hipona impulsó la inclusión de los libros Deuterocanónicos en la Vulgata.

Los escritos más antiguos que existen actualmente son el Códice Sinaítico del siglo IV, el Vaticano del siglo IV y el Alejandrino del siglo V.

En el Concilio de Constantinopla en 691 se omite el Apocalipsis y se añade 1 y 2 de Clemente

El Concilio Católico de Trento 1.546- 1563 ratificó los 27 libros actuales. Vale la pena anotar que este Concilio también determinó que las Escrituras y la tradición serían fuentes iguales de la fe, y definió la importancia de la confesión auricular.

En la reforma protestante Lutero (1483-1546) intentó crear un nuevo canon que estuviera acorde a la salvación por la fe, dicho intento no prosperó por la falta de apoyo de sus seguidores. Sin embargo Lutero no consideraba canónicos Hebreos, Judas, Apocalipsis y Santiago carta que llamaba de paja.

En la actualidad no puede hablarse de completa unanimidad, pues la Iglesia Siria no tienen en su Nuevo testamento 2-3 de Juan, Judas y Apocalipsis.

El Canon de la Iglesia Etíope se compone de 35 libros, los 27 canónicos y 8 más que no lo son.

El Nuevo testamento en su versión gótica no incluye el Apocalipsis.

LAS  INTERPOLACIONES.

Reciben este nombre las adiciones hechas por un copista al texto que transcribía.

Las más sobresalientes son:

1ª Juan 5:7-8. Apoyo a la doctrina de la Trinidad.

Marcos 16:9-19. La gran Comisión.

Mateo 6:13b. El final del Padre nuestro.

Mateo 17:21. El ayuno.

DIVISION  DE  LAS  ESCRITURAS  EN  CAPITULOS

Las primeras divisiones (586 a. C) Se le hicieron al Pentateuco. 154 agrupaciones para facilitar su lectura en un plan en tres años.

El más antiguo sistema de división en capítulos data del año 350 d. C. En los márgenes del Código Vaticano.

Esteban Langton profesor de la universidad de París y más tarde obispo de Canterbury dividió la Biblia según la moderna división de capítulos. (McDowell, Josh. Evidencia que exige un Veredicto. Cruzada Estudiantil y profesional para Cristo. Tomo 1. Pag. 32)

La división en versículos la realizó en el Siglo XVI, Robert Estienne (Sthephanus) Famoso hugonote fue quien imprimió la Biblia de Erasmo que posteriormente se conocería como el Texto Receptus (1.550), también es el autor de la división en versículos del Nuevo Testamento, incluida por primera vez en su cuarta edición de Ginebra en 1.551. (Diccionario Historia de la Iglesia. E. Caribe)

EL  TEXTO  RECEPTUS

El invento de Juan Gutemberg, la imprenta de tipos movibles, produjo las más trascendentales consecuencias para la cultura y la civilización occidental. De allí en adelante, podrían reproducirse copias de libros más rápida y económicamente y con un grado de perfección hasta entonces nunca alcanzado. Muy apropiadamente, la primera impresión importante de Gutemberg fue una magnífica edición de la Biblia.

El texto era el de la Vulgata Latina de Jerónimo y fue publicada en Maguncia entre 1450 y 1456. Sin embargo, con excepción de algunos pasajes, el Nuevo Testamento griego tuvo que esperar hasta 1514 para ser impreso. Dos razones se le atribuyen a esta demora de casi setenta años. La primera de ellas fue lo difícil y costoso que resultaba la producción de tipos griegos de fundición necesarios para un libro de considerables dimensiones. La segunda, y más importante razón que demoró la publicación del texto griego, fue sin duda el prestigio de la Vulgata Latina de Jerónimo.

Las traducciones en idiomas vernáculos no anulaban la superioridad del texto latino del cual provenían; pero la publicación del Nuevo Testamento griego ofrecía a cualquier erudito conocedor de ambas lenguas, una herramienta con la cual podía criticar y corregir la Biblia oficial de la Iglesia Romana.

Sin embargo, en 1514, salió de la imprenta el primer Nuevo Testamento Griego como parte de una Biblia políglota. Planeada en 1502 por el Cardenal Primado de España, Francisco Jiménez de Cisneros, una magnífica edición del texto hebreo, arameo, griego y latino, fue impreso en la ciudad universitaria de Alcalá (Complutum). A pesar de que el texto complutense fue el primer Nuevo Testamento griego en imprimirse, no fue el primero en ser publicado (esto es, puesto en circulación). Tal fue la edición preparada por el famoso erudito y humanista holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam.

No se puede determinar exactamente cuando decidió Erasmo preparar la edición del Testamento griego, pero durante una visita a Basilea en agosto de 1514, discutió, posiblemente no por primera vez, con el editor Froben, la posibilidad de tal volumen. Sus negociaciones parecieron haberse roto por algún tiempo, pero fueron restablecidas durante una visita de Erasmo a la Universidad de Cambridge en abril de 1515. Fue entonces cuando Froben lo importunó a través de un mutuo amigo, Beatus Rhenanus, a fin de que se hiciera cargo inmediatamente de la edición del Nuevo Testamento griego.

Sin duda Froben, habiendo oído la inminente salida de la Biblia políglota española y percibiendo que el mercado estaba listo para una edición del Nuevo Testamento griego, deseaba capitalizar la demanda antes que la obra de Jiménez fuera concluida y la propuesta de Froben, que fue acompañada por la promesa de pagar a Erasmo “… tanto como cualquier otro pudiera ofrecer por tal trabajo”, aparentemente llegó en el momento oportuno. Habiendo ido nuevamente a Basilea, en julio de 1515, Erasmo esperaba encontrar manuscritos griegos suficientemente buenos como para enviarlos a imprimir, y luego presentarlos juntamente con su propia traducción latina, en la que había venido trabajando de forma intermitente durante algunos años. No obstante, con disgusto, pudo comprobar que los únicos manuscritos disponibles para ese momento, requerían de cierto grado de corrección antes que pudieran ser usados como copias de impresión.

El trabajo comenzó el 2 de octubre de 1515 y, el 1ero. de marzo de 1516 - solo cinco meses después- la edición entera había sido concluida en un gran volumen folio de aproximadamente mil páginas que, según el propio Erasmo declaró más tarde, “… fue precipitado antes que editado”. Debido al apresuramiento de la producción, el volumen contiene cientos de errores tipográficos.

Al respecto, Scribener declaró: “… es el libro con más errores que he conocido!”. Por cuanto Erasmo no pudo conseguir un solo manuscrito que contuviera el Nuevo Testamento completo, utilizó varios para las distintas partes del mismo.

Para la mayoría del texto se basó en… ¡dos! Manuscritos, más bien inferiores, de una librería monástica de Basilea. Uno, de los Evangelios y otro, de Hechos y Epístolas, ambos con fecha del siglo XII aproximadamente.

Erasmo comparó los manuscritos con dos o tres de los mismos libros, corrigiendo ocasionalmente para el impresor, bien al margen o entre líneas del manuscrito griego.

Para el libro de Apocalipsis, no tenía sino un manuscrito también del siglo XII, que había tomado prestado de su amigo Reuschlin, y al cual desafortunadamente le faltaba la última hoja que contenía los últimos versículos del libro.

Para estos versículos, lo mismo que para otros pasajes del libro en donde el texto griego de Apocalipsis y el comentario adjunto con el cual venía, que por estar tan mezclados resultan indistinguibles, Erasmo dependió de la Vulgata Latina, traduciendo del latín al griego. Como era de esperar del procedimiento, se encuentran aquí y allí lecturas del griego propio de Erasmo, que nunca han sido halladas en ningún manuscrito griego conocido, pero que han sido perpetuadas hasta el día de hoy en las impresiones del llamado Textus Receptus. Incluso en otras partes del Nuevo Testamento, Erasmo introdujo ocasionalmente en el texto griego, material tomado de la Vulgata Latina.

Por ejemplo, en Hechos 9.6, la pregunta que Pablo hace en el momento de su conversión en el camino a Damasco: “… él, temblando y temeroso, dijo: Señor ¿qué quieres que yo haga?” lo cual es una obvia interpolación procedente de la Vulgata.

Esta añadidura, que no es hallada en ningún manuscrito griego en este pasaje, formó parte del Textus Receptus del cual la versión Reina - Valera tomó como base en 1569 hasta sus revisiones actuales.

Otra interpolación que no está respaldada por ningún manuscrito griego antiguo y fidedigno, es la conocida como el Comma Johanneum en 1Jn.5.7-8, que Erasmo se vio obligado a introducir en su texto a causa de los ataques de los editores de la Políglota Complutense.

Esta frase que aparecía después en la edición Clementina de la Vulgata, no se halla en los manuscritos de esa versión anteriores al siglo IX y se interpoló en ella hacía el siglo V.

Según un manuscrito del siglo XII fue una nota puesta al margen de un manuscrito de la Vulgata.

“Erasmo defendió su omisión diciendo que no hallaba esa porción en ningún manuscrito griego ( Más tarde entre los millares de manuscritos que se conocen, se han hallado solo dos que contienen dicho texto, uno del siglo 15 y otro del siglo 16).

Exasperado porque esa explicación no parecía convencer a nadie y se le seguía anatematizando, Erasmo prometió que si se le mostraba un solo manuscrito que contuviera la frase en cuestión, la insertaría en la siguiente edición de su Nuevo Testamento griego.

Y sucedió que justamente en 1520 apareció en Dublín uno que aportaba dicho requisito. Fiel a su precipitada promesa, Erasmo incorporo la frase en la tercera edición de su Nuevo Testamento en 1522. Pero todavía en una nota expresa sus sospechas de que el tal manuscrito fuera una falsificación ex profeso.

Posteriormente se comprobó que ese escrito se escribió en Oxford ese mismo año 1520 por un franciscano de nombre Froy o Roy, que retradujo al griego e insertó en este pasaje una frase que se había introducido en la versión latina y que parece provenir de un tratado intitulado Liber apologeticus, que se atribuye a Prisciliano o a su discípulo Instancio de España. El manuscrito de marras se enseña todavía en la biblioteca de Trinity College de Dublín.”

Después de Erasmo se descubrieron y examinaron los grandes códices Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, asimismo se cotejaron versiones anteriores de la Vulgata Clementina, se han examinado las citas de los padres de la Iglesia y con esto ha quedado plenamente comprobado que Erasmo no estaba haciendo otra cosa que omitir en su trabajo lo que no era sino una frase espuria tardíamente interpolada en el texto latino.

(Camargo, Báez. Breve Historia Texto Bíblico. SBU. Pags. 54-55)

En definitiva, el texto del Nuevo Testamento griego de Erasmo, se basó en no más de media docena de manuscritos minúsculos, es decir, escritos en letras minúsculas.

El más antiguo y mejor de ellos, códice I, un minúsculo del sigo X, que concuerda en muchas partes con el texto Uncial antiguo, fue del que Erasmo menos se utilizó, pues… ¡temía acerca de sus posibles errores!

La obra de Erasmo de Rotterdam, fue editada cinco veces, y más de treinta ediciones fueron realizadas sin autorización en Venecia, Estrasburgo, Basilea, París y otros lugares. Subsecuentes editores tales como Melchiore Sessa, Robert Estienne, Teodoro Beza, los hermanos Buenaventura y Abraham Elzevier, a pesar de haber realizado un número de alteraciones, reprodujeron vez tras vez esta adulterada forma de Nuevo Testamento griego, asegurándole una preeminencia tal, que llegó a denominarse el “texto normativo” del Nuevo Testamento y resistió por más de cuatrocientos años, y aún resiste hoy, todos los esfuerzos eruditos por ser desplazado en favor de un texto más fiel.

El Textus Receptus sirvió como base de traducción del Nuevo Testamento a la mayoría de los idiomas vernáculos de Europa, incluido el castellano, hasta antes de 1881.

Tan supersticiosa y pedante ha sido su inmerecida reverencia, que los intentos por criticarlo o enmendarlo han sido considerados como un sacrilegio; todo esto a pesar de que su base textual es esencialmente un manojo de manuscritos tardíos escogidos al azar y, por lo menos en una docena de pasajes, su lectura no está respaldada por ningún manuscrito griego conocido hasta el presente. (www.labiblia.org)

NUEVAS  TRADUCCIONES  DEL  NUEVO  TESTAMENTO

La autoridad suprema otorgada por la Iglesia Católica a la Vulgata Latina, la convirtió en norma última e hizo que los escritores occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego. De esta manera el texto Receptus (oficial) para la Iglesia Católica fue el texto de la Vulgata.

Pero el renacimiento conllevó un interés vivo por los grandes clásicos griegos y latinos de la antigüedad y esto significó un avivamiento del estudio de las lenguas originales de la Biblia y por consiguiente un florecimiento escriturístico.

Se puso de relieve la anormalidad de que estuvieran haciendo retraducciones de la vulgata en vez de traducciones directas de los textos hebreos y griego últimamente encontrados.

Por esto Santos Pagnini hizo una versión del Antiguo Testamento al latín contemporáneo hecha directamente del hebreo, la cual mostró desde luego los lugares en que la Vulgata se apartaba del texto original.

En la preparación de su versión Casiodoro de Reina utilizó largamente la versión latina de Pagnini.

La tercera edición del Nuevo Testamento de Erasmo 1550 vino a ser la base de un texto griego que sin declaración formal y oficial, llegó a considerarse por común y general aceptación como texto Receptus (oficial) fuera de la Iglesia Católica.

En 1897 el Santo Oficio con aprobación del papa León XIII, dictaminó que el Comma Juanino era parte autentica de 1 de Juan, más adelante en 1937 esa decisión fue revocada. En la actualidad ninguna de las versiones católicas la inserta ya.

En el mundo de habla castellana la versión Reina y Valera fundada en el texto Receptus de acuerdo con los conocimientos actuales de su época ha sudo una especie de Vulgata para los protestantes.

La preferencia sin embargo no obedece a un estudio detenido de la cuestión textual, sino simplemente a una tradición muy arraigada en la costumbre.

VERSIONES  FUERA  DEL  TEXTO  RECEPTUS.

Del siglo XVI en adelante se descubren nuevos manuscritos griegos en los cuales se descubren variantes respecto al texto Receptus.

En 1707 Jhon Mill saca una edición con anotaciones de las variantes obtenidas también de más de 100 manuscritos, así como de citas de los padres de la Iglesia en un total de unas 30.000 lo cual causa gran alarma y repudio en algunos sectores muy apegados al texto Receptus.

En 1763, Willian Bowyer introduce en una edición del Receptus las variantes que le parecieron apoyadas por los mejores manuscritos y es el primero en encerrar entre corchetes pasajes no apoyados por buenos manuscritos.

En 1.881 Wescott y Hort lingüistas británicos publicaron su texto crítico, basados principalmente en el Códice Sinaítico y Vaticano. En su edición unificaron la ortografía, anotaron importantes lecturas alternas, señalaron las que probablemente representan algún error primitivo, encerraron entre corchetes las posibles interpolaciones e indicaron lecturas que era necesario rechazar.

En 1898 Eberhard Nestle lanza su edición al griego basando su texto en el cotejo de los textos de Tischendorf, Wescott, Hort y Weymouth. Este texto ha alcanzado mucha autoridad y popularidad mediante numerosas y sucesivas ediciones.

MANUSCRITOS  DEL  QUMRAN.

“Qumran, antiguo asentamiento judío en Palestina, cerca de las grutas donde se encontraron los denominados Manuscritos del Mar Muerto en 1947; está situado en la orilla noroeste de dicho mar. En la época de Cristo, Qumran era el centro de una gran comunidad religiosa, probablemente de la secta esenia. Los esenios se escindieron de la religión judía en el siglo II a.C., y, perseguidos por los Macabeos, huyeron al desierto, que les pareció muy adecuado para su vida ascética. El enclave de Qumran, donde muchos vivían en las cuevas y en los acantilados circundantes, fue probablemente ocupado hacia el 135 a.C. Abandonado tras un terremoto en el 31 a.C., fue finalmente destruido por los romanos en el 68 d. C.

Tras el descubrimiento de los manuscritos, Qumran fue cuidadosamente excavada. Los arqueólogos pudieron identificar algunas habitaciones que se habían utilizado para el estudio y el culto, otras aparentemente usadas para las comidas comunales, una espaciosa cámara con tinteros (quizá el escritorio donde se copiaron los manuscritos) y piscinas para el baño. En un cementerio situado en las proximidades aparecieron más de mil tumbas”. (Enciclopedia Encarta 1.999. Qumran.)

En 1.947, se encontraron en la cuevas cerca del Mar Muerto una biblioteca manuscrita; su material proviene de fines del siglo 3 a. C. Al año 68 d. C.

Se hallaron dos manuscritos de Isaías y numerosos fragmentos de diversas copias de los demás libros del Antiguo Testamento, excepto el de Ester que al parecer la comunidad del Qumrán no consideraba como sagrado.

De dichos manuscritos podemos sacar estas conclusiones:

  1. En Qumrán se evidencian por lo menos 3 tradiciones textuales, lo que indica que por esa época fuera de los círculos oficiales no había un texto definitivo (Texto Receptus).
  2. En segundo lugar estos manuscritos indican la existencia de un texto que ya para entonces era preferido y que se iba imponiendo más y más a los otros.

En ausencia de un texto oficial y definitivo existía la libertad controlada de variación textual. la libertad hacía el texto inestable.

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