AGUSTÍN GARCÍA CALVO fragmentos Del Sermón de Ser y No Ser

AGUSTÍN GARCÍA CALVO

fragmentos

Del Sermón de Ser y No Ser

versos 1290-1346

Agustín García Calvo

Así resulta que de los dos saberes

que de lados encontrados se nos imponían

nos nace la manera real y verdadera

de no saber.

Y del amor y de la guerra

de las dos Verdades Puras

a saber, que partes no puede haber de Todo

y además que Todo no hay,

florece en suma el modo verdadero de la No Verdad.

Conque esta es, y no lo olvides,

la manera de negar que cabe

y no otra alguna.

Que si dices simplemente:

No a la Vida

Abajo España

Muera el Rey

No existe Dios

No quiero Trabajar,

con ello estás inevitablemente

afirmando aquello que en el común vocabulario

se opone a lo que niegas,

y que bien mirado,

vendría siempre a ser lo mismo.

Mas en cambio,

si allí donde la Ley pidiendo está que digas o sí o no,

no sólo dices no,

no dices ni sí ni no,

más bien.

Como tampoco cabe abandonar el campo

(que en efecto, eso era dárselo al ejército del si)

responde si, no y no, y si perseverantemente.

Tal vez, entonces, puede, no se nos oculta

que no es gran cosa lo que aquí te estoy diciendo

mas bien que casi no te estoy diciendo nada

o por lo menos no sé bien lo que te digo

ni para qué.

Pero qué querías,

es la propia materia del discurso

la que no me deja saber decirlo.

Cuando él te está diciendo

que ni digas si ni no,

y cual la manera de decir que no y que sí,

no puede al mismo tiempo hacer traición él mismo a lo que dice.

Y como la ley del tiempo obliga

a andar a las palabras la una en fila tras la otra

y todavía no se ha inventado

aquella que decir pudiera si-no de un golpe,

no nos queda más remedio

que dejar que en tí se diga

lo que yo no puedo

decirte.

Estamos tú y yo

como el muchacho que mirando está

los ojos de sus amores verdes

y la voz le tiembla bajo la dulce tarde.

Sólo con Sóla.

Y aleteando están los corazones de los dos

y sin embargo no se atreve nunca, no puede

a pronunciarlas las palabras justas.

Bien que las conoce demasiado

Y demasiado sabe que se esperan esas.

Pero por eso mismo se resiste

como asnillo sin domar.

Y tiene su miedo su razón

Pues cuando al fin susurre

TE QUIERO

en el momento de decir la propia verdad

habrá jurado la mortal mentira,

y a prisión mohosa habrá por siempre condenado

la amenaza de libertad que acaso en sus amores florecía.

Conque así, sintiéndolo turbiamente,

tiembla como vara verde

y balbucea y busca en los ojos de la otra

desesperadamente

LA INTELIGENCIA.

Y los minutos en la fuente caen gota a gota

en tanto y los benzejos chillan por el cielo

y todavía sigue

sin poderlo

decir.

De Ismena

Agustín García Calvo.

La voz de la razón me manda:

si el mundo quieres conocer,

primero muchacho a ti mismo, conócete.

No es fácil esta tarea,

al que conoce conocer.

Cuando ya lo veo,

deja de ser aquél que ve.

Mas, ¡ea!. Sepamos quién soy,

aunque no sea yo el que lo sé.

Tiene sus números el alma.

Dos es primero, porque es

su padre y su madre que a medias

le han dado el ser.

Pero al ser su madre y su padre

y los dos juntos a la vez,

es también el alma inevitablemente tres.

La vida y la ley de la vida,

y el amor de la vida y la ley.

Soy dos!, me digo, el uno y el otro.

Soy dos, me lo digo segunda vez

conmigo mismo en amor y guerra.

Soy dos, tres veces me lo diré.

Y el que lo dice ni es uno ni otro,

otro tercero tendrá que ser.

Soy tres, soy tres, me lo digo dos veces

para enterarme bien.

Y como dicen que da lo mismo

tres veces dos, dos veces tres,

héme aquí ya que me veo

siendo por lo menos seis.

Para que no se pierda la cuenta

por dedos y mano la llevaré.

Si estiro dos, tres quedan doblados

y dos me quedan si estiro tres.

Y si los sumo los tres con los dos,

ya tengo una mano, ya soy un ser.

Soy uno, uno, como uno cualquiera,

como se debe ser.

Y todos somos uno, lo mismo

nosotros, yo, tú y él y aquel.

Somos el coro de niños

y nos cuenta el sumo juez.

Quién soy, qué soy

al señor le pregunté

y el me respondió

calla y multiplícate.

Uno a uno seréis todos.

Todos cada cual seréis.

Esa será la república

donde la lucha y el haz y revés

de clases, edades y sexos

sea en total concordia y única fe.

Y en este coro entre todos a mi vez

yo seré el que soy por no ser ni tú in aquel.

Cuando creca y me haga un hombre ya veréis lo que seré:

Rey de mi mismo que rija

mis tropas rebeldes a mi mismo fiel.

Mis choques, caprichos y dudas

harán la paz en mí como único rey.

Iba yo cavando a buscar mi alma

y mi tumba era lo que cavé.

Tierra de memorias y de deseos

que no nombre tienen

ni mios eran ni sé de quién.

Y cuando pensaba llegar al fondo

de pronto me encontré

Sólo bajo el sol entre los soldados en el patio del cuartel,

gritando a coro Viva la muerte, Viva la madre que me dió el ser.

Descubrí tesoro que sólo vale

por la condición de que oculto esté.

La verdad saber de mi mismo quise,

yo que sólo soy porque soy mentira y no lo sé.

Si peláis el fruto, la roja pulpa se seca y se hace piel.

Si por ver mi cara me voy quitando mi careta y mi papel,

¿qué habrá de ser la cara que quede?

Máscara, más cara, habrá de ser.

Del relato de amor

Endecha 39

Agustín García Calvo.

¿De dónde viene esa voz

que me acosa y me hace preguntas?

de lo que sé y lo que no.

¡Qué lejos suena la música!

Y quiere aún que responda

y que de mí nada le acuda.

Bien, pues no, no lo sé.

¿Cómo quieres que sepa la tumba

qué es lo que guarda?

La greda, la grama, el viento, la lluvia

¿van a saber lo que son,

si son algo o cosa ninguna?

No, no lo sé.

¿Pretendes que un muerto

crea o deduzca que es un muerto ni nada

si ya ha olvidado figuras,

números, nombres y todo,

si se ha olvidado por nunca de él mismo,

si lo han olvidado de las ciudades y rutas todos a él?

No sé. No lo sé. ¿Porqué me preguntas?

¿Le has preguntado al gusano

si sabe el puesto que ocupa

en la lista del sabio?

A la araña si sabe que teje?

A la luna si sabe en qué cuarto está?

Al candil si sabe que alumbra?

Si sabe su hora el reloj?

Si su rumbo sabe a la brújula?

Pues no, no lo sé. No lo sé.

Un muerto ni sabe ni duda.

Es lo que es y ya está.

¿Cómo va la nada profunda

a saber que no es nada?

Y la última cifra

¿cómo la última va a saber ella que es?

Oh! ¡Saber!. El verbo me zumba

en torno a la huera cabeza.

Y no sé qué dice ni busca.

No sé si estoy. No que sepa ni sí ni no.

sino pura esta verdad

que no, no lo sé.

Es tu sola pregunta quien se responde.

Mi lengua está diciéndote, muda:

No, no lo sé. No lo sé.

Si el silencio oyes escucha.

No sé si he muerto.

No sé si lo estoy.

Nadie hay que presuma

saber aquí nada.

No sé. No lo sé

Mil veces en una,

No sé. No lo sé.

Y mi voz, al callar, responde segura.


Canción del Rey de Copas

Unos dicen que la salud,

otros dicen que el dinero;

los hay que dicen que el amor

es lo primero.

Pero yo digo que el olvido

vale más que todos ellos.

El que tiene salud, no lo sabe,

y si lo sabe, está enfermo.

Si cuentas que tienes amor,

tu amor es ya sólo cuento.

Y el dinero no compra

ni amor ni salud:

sólo compra dinero, dinero.

Pero el vino del olvido

a todos los lleva de vuelo,

salud cuidadosa,

mentira de amor,

números de sueño.

Alarga la copa,

compañero:

bebe ilusión, que lo otro

no es más verdadero.

¿Para qué lo duro?

¿Para qué lo serio?

Que el vino nos haga olvidar

las penas de amor

y la guerra y el tiempo.


NO TENTAR A LA MALA SUERTE

Ser un mal poeta,

fatal si es necesario,

y por la mañana levantarte muy tarde,

alargar los versos

como quien acumula piedrecitas

y después las lanza a la marea,

y por la noche levantarte aún más tarde,

y después las lanza a la resaca,

escoger una palabra al azar

y dar vueltas y más vueltas

por la ciudad, junto a ella,

cogiditos de la mano,

escoger una palabra gigante,

como, por ejemplo, hermafrodita,

y pasearla junto a ti

por en medio de las multitudes desacostumbradas,

y después levantarte muy tarde

en la mañana, y que ella ya no esté,

lavarte los dientes y las manos,

sentarte a escribir y esperar,

esperar, cansarte de esperar,

limpiar el polvo y hacer la cama,

descubrir bajo la mesa

cientos

de objeciones muertas

y un despertador enajenado

que gira y gira, impasible

ante tus horas de sueño o de insomnio.

CORTOMETRAJE

No podemos fingir el dolor,

el dolor nos finge a nosotros.

LECCIONES MAESTRAS

Estábamos Valente y yo,

él en su casa de Almería,

yo en la mía de Barcelona.

Estábamos los dos,

él hablaba,

yo callaba.

Era muy tarde en la noche,

y Valente explicaba su soledad

-la única posible-

ante unos periodistas,

mientras yo lo veía en la tele desde la mía.

PAISAJE DE ESPAÑA

Rilke, Toledo, Rilke.

Ronda, Rilke, Ronda.

PALABRAS

Amamos la mentira,

dime,

dime amor, dime

qué sueño te ha de desvelar.

Mientras nos amamos,

callas,

dime, dime amor,

dime las mentiras que sigo queriendo

escuchar.

Amo el silencio

que me clavas,

dime,

dime amor,

no me digas aún

cómo atas mis zapatos

al borde del desierto, cómo recelas de mí

cada vez que te hablo.

Amamos la metira,

te digo,

te digo amor,

cada vez que consigues alzarme

para después negar,

asombrado,

que tras esta noche, habrá una caída.

A LA MANERA DE CERNUDA

La materia es de papel.

El hombre es de papel.

Los sueños son de papel y están escritos.

Sólo el aire escapa a cualquier designio.

NO PAZ, SINO GUERRA A LA GUERRA

Abril 1996

Hay una equivocación de raíz en las proclamaciones y reclamaciones de Paz y “Paz entre los hombres de buena voluntad”, que una vez y otra domina y asimila las buenas intenciones y los deseos más fervientes de los que esos clamores de Paz surgían.

Pues, ¿a quien se elevan esas reclamaciones? ¿A qué Dios se pide la Paz?.

Basta dejarse latir un poco para sentir que se le pide al Señor de los Ejércitos, al Dios para quien la guerra es una necesidad constitutiva.

O, si no, echemos una mirada alrededor: aquí, en el estado del Bienestar, perfección de la Historia entera, gozamos de paz desde hace medio siglo; esta

Paz se alimenta, primero, por una serie de guerritas en el cinturón de los alrededores (Vietnam y Corea para empezar); después, peleas de árabes y judíos en Oriente Próximo; después, remociones en Centroamérica o riñas de tribus en África; luego, a falta de mejor pasto, la guerra televisiva del Irak; al fin, tras el derrumbe de la división entre las dos Democracias con que nos habían tenido entretenidos 40 años, la resurrección, en los arrabales más cercanos, de las brasas de guerra arcaica de los Balcanes), y, segundo, en el seno del propio Estado del Bienestar, por el mantenimiento, también constante, de luchas de bandas terroristas, mafiosas, neofascistas, o sencillamente de siervos de la violencia, matones y policías, esto es buenos y malos, de cuyos modelos las películas televisivas no han dejado de nutrir a las sucesivas generaciones.

Y en medio de esto, las almas inocentes reclaman a lo Alto paz, paz, por ejemplo, para el año 2000, harmonía de los estados y de las personas. Pues bien, quien no vea que la Paz es esta guerra, que la harmonía es esta discordia organizada desde arriba, no hará mas que contribuir a la misma con su clamor de Paz, pues que en este clamor mismo está conformándose con la falsa Paz que los Medios del Poder le venden.

El verbo encarnado ha dicho “no creáis que he venido a meter paz en la tierra: no he venido a meter paz, sino espada”. La sola paz de veras que nos cabe es la guerra contra la guerra, es decir contra el Dinero y el Estado, que necesita la guerra (y la Fe en la Paz) para sostener su Poder, que es el poder de administrar la muerte, en paz y en guerra.

PARA INTERNET CON DESTINO A LOS ESTUDIANTES DE BACHILLERATO Y A SUS PROFESORES (2)

Se os enseña incluso a decir, si salís aficionados a los versos, eso de “escribir poesía (no “decir”, no “hacer” siquiera),con lo que procuran que cualquier cosa que hagáis se reduzca a mera literatura, como la estudiáis en los libros de Historia de la Literatura: igual de muerta; no vaya a haber peligro.

Pero, a ver, maestro: ¿cómo es esa guerra? ¿Es por aquello de que la vía de entrada de la lengua es ,quitando el caso de los sordomudos, por el oído, mientras que las letras… … y los números, tronco; ¿qué la escritura ,lo mismo si de Literatura que de Ciencia , nos entra por los ojos?

Muy bien, mis dulces tormentos: parece que me vais siguiendo; con tal de que se entienda que eso de “ojos” y de ” oídos ” va tomando un sentido cada vez más profundo según vamos hablando de ello. Y, por cierto, ¿qué os iba diciendo?

Lo de la cofusión de lo uno y lo otro.

Ah , sí. Gracias, piadosa. La confusión: que os creáis que La lengua es escritura, a fin de que nunca descubráis que la escritura, Literatura o Ciencia, no son más que producciones de La lengua.

Y ¿es así de peligroso darnos cuenta de eso?

Sí , mucho: para el Estado y la Hacienda y para la propia formación de vuestras personitas.

Y ¿por qué?

Pues ya sabéis, hijos de vuestros padres, aunque no os hayáis dado cuenta de que lo sabíais: porque la letras tienen amo y la lengua no. ¿Cómo? ¿Cómo es eso?

Eso : que las letras, con los números, la Literatura, la Ciencia, la Cultura, son todas cosas que se compran y se venden , están sujetas al Dinero, que es , como sabéis, la realidad de la realidades: vosotros mismos,venís aquí a ganar cultura, porque creéis ( o lo creen vuestros padres por vosotros) que eso os va a dar, el día de mañana, un título, un puesto en la sociedad, que os va a hacer ganar dinero, y que ahí está vuestro futuro.

Mientras que la lengua …

La lengua viva es esta maravilla: que está ahí, pero no es de nadie, que es de veras gratuíta, ni hay

Poder ni hay Escuela ni Academia que la maneje ni la sepa… Nunca acabaréis de entender lo bastante cómo es eso que os pasa por el garguero, entre los dientes y los labios, cómo escapa del dinero y de la realidad.

No se emocione así , maestro.

Gracias por el pañuelito, mona. O ¿qué? : ¿ no habéis oido decir ” La letra , con sangre entra “?

Pues la lengua no.

Ya . Y por eso será tembién por lo que , cuando escriba usté estas conversaciones y las manda a INTERNET, prohibe que se empleen en algunas palabras las ortografías que la Academia manda, como en transporte , obstáculo, extremeño …

Sólo me ha molestado, con algunas de ésas, que a veces oí a locutores concienciados que se ostinaban en pronunciarlas como tú ahora has hecho adrede ( y nunca lo haces cuando hablas de verdad , o sea sin darte cuenta), como las veían en la escritura .Pero toda nuestra ortografía es transitoria y horripilante (peor aún la inglesa o la francesa) , ahí tenéis un punto para entender la guerra de escritura (cosciente, que lo aprende y lo maneja uno) con lengua ( de nadie , subcosciente, que a uno le sale , pero no es de uno): esas pésimas ortografías son precisamente la Cultura: la lengua, a la que tratan de imponerse y falsificarla, es la razón común, la inteligencia de la gente que no se cuenta ni se sabe.

Venga , no se nos encarame tanto , maestro.

O se nos profundice. Me acuerdo también de aquello que pasó hace unos años con la Ñ : que, cuando amenazaban con suprimirla en la práctica de la escritura de ordenadores, hubo muchos que protestaban como si les fueran a arrancar un trozo de la lengua.

Justo, memoriosa. Y la Prensa como les corresponde, fomentaba el escándalo y la confusión, que le ofrecía ocasión para llenar algunas páginas.

Pero, y vamos a ver, maestro: ¿qué es de verdad, entonces, eso de “ojos” y de “oídos”?

Y ¿cómo y por qué comenzó esa guerra?

Os voy a tener que contar el cuento del nacimiento de las letras. Pues veréis : érase que …

Pues no, señor: que lo que oímos es el timbre.

Lo oís, lo oís, y sabéis lo que significa.

Que se acabó lo que se daba.

Bueno sin exagerar tampoco : sencillamente, que tendrá que quedarse el cuento para otro día.

Si hay otro, maestro.

Eso, si el Señor no pone demasiados inconvenientes.

El Estado y yo

Para ver la Estrecha relación (que monta a tanto como a una identidad) entre el Estado y Yo, baste con recordar que Yo, en cuanto soy una Persona, no puedo menos ya de ser un Sujeto o Súbdito del Estado: esto es, que como el Estado es esa forma de Orden político que pretende constituirse en un conjunto cerrado o Todo, correspondientemente Yo no puedo ser otra cosa sino elemento del Conjunto, el Uno de ese Todo. Ahora bien, es sabido que cada elemento de un conjunto finito es de algún modo el conjunto entero, en cuanto que todos los elementos han de ser en verdad el mismo, intercambiables el uno por el otro, a fin de poder contarse, y además, por otro lado, siendo Yo un elemento de un conjunto definido, en Mí se centran todas las relaciones con cada uno de los otros elementos componentes y Yo estoy constituido como centro de esa red de relaciones; de manera que con verme a mí se está viendo al Estado todo del que formo parte. Ni el Estado puede tener una realidad palpable sin contar con que la vida sea Mi Vida y esté Yo constituido a su servicio ni puedo Yo ser el que soy si no es como un súbdito del Estado , que es el que me garantiza una identidad bien fija y definida. Es así como, sin exageración ni inexactitud alguna, aquel “El Estado soy Yo”, que dicen que pronunció el Rey Sol en un momento crítico del establecimiento del Estado, puede oírse como simple constatación de una verdad (de una tautología), con sólo tomar la precaución de completarlo, dándole también la vuelta para que diga “Yo soy el Estado”. Pero será también ilustrativo a tal propósito recordar cómo el desarrollo del Estado y el de Mí mismo han sido estrictamente paralelos: que en otros tiempos, cuando no había propiamente Estado y sólo formas más imperfectas de Patria dominaban a las gentes, tampoco Yo era propiamente todavía este Yo que soy ahora, sino que sólo se hablaba aproximadamente del Alma, que era lo que servía por entonces para reducir mi cuerpo a un cierto Orden y a ser una Idea de sí mismo ( pues antes, cuando no había siquiera Alma, está claro que no había tampoco Cuerpo), y así reinaban en estrecha correlación la Idea de Alma con la de Patria, sirviendo una y otra a confirmar, desde distintos lados, la muerte de uno solo o de los miles de cuerpos que ya como miles de almas se contaban en las ciudades de la Patria. Sobre esta situación, vino el momento en que se decidió decir de Mí, como de Dios, que EXISTO, y así se constituyó, en lugar del Alma, esa forma más perfecta y aparentemente definida de la Persona y de la Fe en Mí Mismo que llegó a llamarse el Yo, haciendo nombre sustantivo del pronombre, insustantivo como lo era. Pues bien, a tal institución de Mí mismo corresponde punto por punto la institución del Estado propiamente dicho de la EraModerna y casi ya más bien Contemporánea. Y la correspondencia se refleja bien en la de los símbolos respectivos que a tal propósito hubieron de desarrollarse: pues si de un lado la Bandera Nacional, a partir de los usos vagos y conflictivos de enseñas o pendones anteriores, vino a fijarse y constituirse como la faz visible del Estado, al mismo tiempo del otro lado el Documento Nacional de Identidad vino a fijarse y establecerse obligatoriamente, como símbolo propio de Mí Mismo y garantía conjuntamente de mi propia seguridad y de la del Estado. De cómo asimismo la forma correspondiente de Dinero, definida como Capital, necesitaba al mismo tiempo del desarrollo de la Masa estadística, del desarrollo de la Personalidad individual puede ilustrarnos sin más el rememorar los refranes de la Propaganda, que es la que suele decir a voces las más profundas verdades y secretos del Señor. Así que, en fin, mostrado - espero -, aunque con rapidez, con cierta claridad, cómo funciona la identidad entre el Estado y Yo, puede el lector sin más deducir de ahí lo irrisorio de la demanda de aquellos bienintencionados que contraponen al Estado con el Yo y que piensan rebelarse contra la esclavitud del Estado en nombre de la libertad del Individuo o la Persona sin percatarse de que lo uno y lo otro son las dos caras necesarias de Lo Mismo. ¿Cómo podré de veras Yo, que constituyo el Estado, enfrentarme al Estado que me constituye? Son esos militantes la contrapartida y complemento de aquellos otros que, por el procedimiento de las llamadas reivindicaciones, reclamaban la libertad y el gozo de la vida al Capital y al Estado mismo, que sólo tienen su esencia y razón de ser en la muerte de sus vidas y en la prisión de sus libertades.

(Del libro : “Qué es el Estado” Edit. La Gaya Ciencia -1977-)

FORO POR EL TREN VÍA DE LA PLATA

“…Continuamos hoy, contando esta vez con la apreciable, descarnada aportación de José Ramón Montes que acabáis de oir.

Continuamos de todas maneras esta guerra, que es aparentemente una guerra contra el cierre, por la reapertura, del Vía de la Plata, pero, como sabéis ya, es una guerra del Automóvil contra el ferrocarril, del ferrocarril contra el Automóvil, y más todavía: es una guerra de la gente contra el Dinero. Si no se entiende bien hasta que punto el Automóvil representa pura y simplemente el poder del Dinero, y el ferrocarril representa la utilidad de veras, no para el dinero, sino para la gente, si esto no se entiende bien, desde luego no vamos a hacer mucho los que estamos aquí y los otros que acaben interesándose por esto. Para mí, el interés está desde luego en reconocer que es un punto clave éste de la oposición entre Automóvil y ferrocarril, dentro de esta política general del pueblo contra el Poder y por tanto de la utilidad para la gente, para el común contra las necesidades del movimiento del Capital y por tanto de las necesidades del Estado, que en el Régimen que hoy padecemos, como sabéis muy bien, está enteramente confundido con el Capital.

Cuando habéis visto en el título “ventajas”, yo creo que los organizadores han puesto ventajas del ferrocarril sobre el automóvil, del tren sobre el automóvil, un poco por modestia o por no asustar, pero se puede decir mucho más que ventajas, se puede decir una verdadera oposición en el sentido que os acabo de enunciar. es una oposición entre la utilidad de veras y la necesidad de movimiento del Capital. Es mucho más que una ventaja.

Ya en la primera sesión, de fines del mes pasado de esta lucha, las ventajas que el sentido común reconoce sin más casi sin que se le diga, del ferrocarril y el tren sobre la carretera o autopista o autoloquesea y el automóvil se pusieron de relieve. Ahora me voy a limitar nada más a recordar tres puntos. Hablo otra vez a vuestro sentido común.

Uno se refiere a la estructura: ya creo que tuvimos ocasión de hablar de lo incomparable, en este aspecto, entre los dos medios de trasporte, de gente y de mercancías. En primer lugar, el invento del terraplen, el balastro, las traviesas y los raíles, que es una estructura, aparte de otras ventajas, prácticamente indestructible; basta con que una vagoneta de vez en cuando, como lo hacían antes algunos de los casilleros, se pasee para repasar, nada más.

Es un verdadero invento, una cosa que no se les había ocurrido a los romanos, que ya es decir. Es decir que merecía la pena.

Contraponed a eso, pues lo que conocéis, carreteras, autovías, autopistas, autoloquequieras llamar, autorruta (no sé cuántas maneras, pero desde luego siempre poniendo auto-) pero todo es lo mismo: es el camino, la calzada; es el retroceso a los tiempos por lo menos de las diligencias. Es una estructura que no vale para nada más que para tenerla que reparar todos los años y repararla apenas se está haciendo, es una cosa que, como se ve obligada a soportar, entre otras formas de trasporte insensatas, las ristras de camionazos nocturnos, resulta que no puede durar nada, es decir, que apenas se ha hecho, se ha apisonado, y se ha recubierto con la capa de betún consiguiente, ya inmediatamente se está reparando.

Claro que, algunos dirán “Bueno se están creando Puestos de Trabajo”. Si os dejáis engañar con este cuento de los Puestos de Trabajo, en esta ocasión como en otras, no estáis en esta guerra a la que os estoy invitando. Eso de los Puestos de Trabajo pertenece enteramente al Capital; se le quiere hacer tragar a la gente, pero pertenece al Capital.

Eso para la estructura del firme de trasporte; luego, la ristra de vagones, la ristra enorme de vagones, capaz de trasportar cualquier cosa a cualquier sitio y con la mayor rapidez, no tengo que encarecerlo más. Comparad con, por ejemplo, esa sucesión siniestra de camionazos nocturnos. Comparad con la torpeza y el atasco costante del tráfico urbano en el que se incluye los Autos Personales y luego, para rematar, los autobuses, que han sustituido a los tranvías asesinados hace unos 50 años, asesinados por el Señor, como siempre por el Poder, ….uno de los muchos asesinatos que nos tienen que mover aquí , para seguir con esta guerra, el de los tranvías. Comparad con todo lo demás: comparad con las caravanas consabidas de cualquier fin de semana para entrar en Madrid o cualquier conglomerado por el estilo como eso que siguen llamando Madrid. Comparad y ved que nada tiene que ver: vagones de mercancías, vagones de viajeros, unos detrás de otros enganchados, yendo a cualquier parte sin molestar a nadie y a las velocidades que buenamente hagan falta, con posibilidad, además, de una cosa para mí muy importante, de mantener un ritmo. Los que muchas veces hemos hecho versos de lírica ferroviaria sabemos bien lo que importa esto. No sólo la ventanilla, que es algo también incomparable con las de los autobuses, no digamos la de los Autos Personales y con las cristalerías esas de los autocares de turismo que pretenden que se vea todo de una vez y que no dejan sin embargo ver nada; aparte de la ventanilla, el propio traqueteo más o menos acentuado, el ritmo; el ritmo es otro elemento verdaderamente de vida y de poesía al mismo tiempo y todo lo que queráis.

No voy a seguir encareciendo más los elementos estructurales

El segundo punto en el que me quiero detener, esta diferencia fundamental (y que si no lo véis, es que tenéis el sentido común demasiado recubierto por las ideas que se os han suministrado, como por desgracia suele mayoritariamente suceder; pero llamo a pesar de todo a vuestro sentido común), la diferencia entre un tramo de vida en el que sigáis viviendo, y muchas veces de una manera más interesante que cuando se está en casa o cuando se va por las calles (esto es lo que es un tren de viajeros, un tramo de vida, muchas veces de los más interesantes, en cuanto que se puede ir haciendo cualquier cosa, conociendo a gente, tratando con los prójimos y todo lo que se quiera inventar de tal forma que puede ser más interesante que tramos correspondientes, el tránsito por las calles, o no digamos estando en casa, con la familia o con quien sea), la diferencia entre eso y el llegar, la necesidad de llegar, como si el viaje consistiera exclusivamente en la llegada, de tal forma que entonces cuánto más se acorte el viaje más hemos progresado y más hemos hecho por la Humanidad. Esta es la gran mentira y esta es la oposición; por eso tenéis que guardaros mucho de cuando los poderes, incluso como José Ramón ha recordado, se acuerdan del tren: cómo siguen, sin embargo, manteniendo este criterio como único: el de llegar.

La gente no les ha dicho eso, no les ha dicho nunca, que lo que les importaba era llegar, la gente que sé yo, querían viajar de la manera más agradable, más cómoda y todo lo demás, pero que tuvieran esa prisa por llegar, que tuvieran esa prisa por estar en París en 5 horas, eso ¿cuándo se lo ha dicho la gente? Eso se lo habrá dicho alguno de los Ejecutivos creados por el propio Régimen para que se lo diga, pero la gente, la gente de ninguna manera ¿no?. “La llegada mata el viaje” dice el sentido común por lo bajo; el viaje debería ser un seguir viviendo con los alicientes de la relativa novedad y ruptura con los hábitos. El llegar, como dice D. Antonio Machado en sus versos: “Londres, Madrid, Ponferrada, tan lindos para alejarse; lo peor es la llegada”. Lo peor es la llegada efectivamente, porque la llegada es el Futuro y, como más de una vez me habréis oído decir hablando a vuestro sentido común, no hay más futuro que la muerte; el Futuro es la muerte; por eso el Futuro es lo que el Poder maneja, el Estado y el Capital tienen por función la administración de la muerte y por tanto maneja el Futuro como su arma principal. El Futuro es de Ellos. Nunca en esta polémica, en esta guerra, por el Vía de la Plata o en otra, os dejéis engañar por las cuestiones de futuro, por ejemplo, el futuro o el futurito de Zamora, que son las cosas que los políticos suelen manejar. No: el Futuro es de Ellos: lo nuestro lo de acá abajo, lo de la gente, es otra cosa, que no es precisamente el Futuro. En esta contraposición, entre ir viviendo en un tren y tratar de llegar en un bólido, tenéis representado de la manera más precisa, como un símbolo, eso que os estoy diciendo más en astracto.

La tercera diferencia, es la diferencia entre coger, atrapar o pillar un medio que te pasa casi por delante de la puerta, según pasa, o tenerlo, poseerlo. Si vuestro sentido común no se da cuenta de que efectivamente aquí es una cuestión de vida en un lado y muerte en el otro, entonces no estamos haciendo nada y no estamos en esta guerra de verdad.

Coger un tren, un tranvía, un metro, una cosita de trasporte común que te pasa cerca o a pocos pasos de la casa, y cogerlo a las horas del tren, a las horas de ellos, que pueden ser lo más frecuentes posibles, naturalmente, pero en todo caso a las horas de ellos, y cogerlo según pasa y dejarlo cuando lleguéis al sitio adonde queréis ir y desprenderos de él completamente: “Ahí, ahí te vas burro, ahí te olvido, y tú sigue haciendo lo que sea”.

Pues comparad esto con lo de tener que tenerlo, como seguramente a la mayoría de vosotros os han hecho tener que tenerlo, comprar uno o progresando el Progreso, comprar uno para él y otro para la señora, y comprar otro para el niño, para la niña y todas esas cosas: tenerlo. Cualquier poseedor de auto, si en lugar de hablar con la boquita de arriba, deja hablar al sentido común sabe lo que se ha comprado: se ha comprado una esclavitud, un entretenimiento, algo que le exige una dedicación, un tiempo que seguramente, si no tuviera que tener el auto, podía dedicarse a cosas ya casi inimaginables, no sólo en la acción, sino en el habla: ¡cuánto en un bar, en la casa, en cualquier sitio, cuánto hay que hablar, de cómo me pararon y de la multa que me echaron, si me tiene cuenta comprar este modelo o el otro! Pero, diablos, ¿se puede matar la palabra de esa manera?, ¿se puede condenar a la gente a pasar la mitad del tiempo hablando acerca del automóvil, el ajeno y el propio o futuro, para dejar que la otra mitad se llene hablando de deportes o hablando de compras las señoras?, ¿se puede matar así la palabra?.

Aquí lo que nos importa es que, si en buena parte está también condenada, eso es a consecuencia de tenerlo: eso es la posesión, eso es lo que se contrapone al uso, a eso de pillarlo según pasa, pillar un medio de trasporte común según pasa, sea cual sea; y ya el otro día tuve que advertiros que esto no sólo se refiere a viajeros, sino a las mercancias; os recordé aquellas viejas fábricas que tenían su plataforma dispuesta para recibir en un ramal de vía férrea cualesquiera carga que se les echara, y lanzarla para que después fuera y siguiera corriendo por las líneas grandes. Si se le hubiera dejado, sí se le dejara, el ferrocarril llega a cualquier sitio, pasa bastante cerca de cualquier puerta, y puede circular con toda la frecuencia apetecible. Es simplemente cuestión de dejarlo: en el invento está, en el invento están todas las posibilidades. No se le ha dejado porque había que vender autos. Pues a eso paso ahora.

Frente a todo esto que os cuento y más que os podría contar y que vuestro sentido común os dice por lo bajo, frente a eso no hay más que una cosa: hay la ilusión de la Voluntad Personal. Eso es lo esencial de la propaganda del Automóvil, la ilusión de la Voluntad Personal. “Es que así puede ir Vd adónde quiera, a las horas que quiera”; y entonces, efectivamente, va Vd adonde quiera a las horas que quiera, pero basta colocarse en Madrid en cualquier semáforo y ver cuál es el resultado de eso, que todos van más o menos a los mismos sitios y a las mismas horas, sólo que cada uno en virtud de su propia voluntad personal, es decir, siendo lo propio que la palabra ominosamente dice, Automóvil, siendo uno que se mueve a sí mismo, siendo un automóvil, o un ocupante de automóvil, que no hay mucha diferencia, porque el conductor, con esa cara que suelen poner los conductores cuando se ponen al volante de creer que van algún sitio, no es más que un implemento del automóvil, que, gracias a que no se ha perfeccionado todavía el chisme pues todavía hace falta un tipo de carne y hueso, pero, vamos que muy bien podría prescindirse de él, y que siguieran siendo automóviles, moviéndose en virtud de la Voluntad

Personal de cada uno .

Pues esto, con las ilusiones consiguientes de ¡con este modelo tanta potencia!, ¡con este modelo tanta velocidad!, para que después se pasee uno por cualquier sitio y vea cuales son las velocidades y para que servía la potencia, con eso es con todo lo que se han arreglado para engañaros y para seguiros engañando, para imponer un medio de trasporte fracasado, inútil como es el automóvil, y como consecuencia, autobuses, autocares y camionazos, imponerlo sobre los medios de trasporte verdaderamente útiles. Alguno de vosotros a lo mejor, se estrañe un poco de que yo diga que la voluntad personal es una ilusión: pues, si no entendéis que la Voluntad Personal es una ilusión, entonces tampoco podréis entrar nunca en una guerra de la gente (no de las personas: de la gente, del pueblo) contra el Poder.

Fijáos que en el Régimen que hoy padecemos precisamente es esa voluntad, hasta libertad personal lo que rige todos los manejos del Poder: la democracia desarrollada está fundada justamente en esa ilusión, cada uno sabe qué quiere, adónde va, qué compra, qué le gusta; entonces apoyándose en eso, ya veis los manejos. Se cuenta con que la mayoría es, como tiene que ser, necesariamente idiota, y que todos van a querer lo que está mandado que quieran; y entonces pues todos tan conformes y así el Régimen se mantiene tan potente, como lo padecéis conmigo todos los días.

Esa es la única cosa que el Automóvil puede contraponer a eso. Quiero volver a plantearos esta guerra con toda la amplitud que tiene. No quiero daros esperanzas, pero sí, ante este espectáculo que os he recordado, hasta ver en esta sangrienta imposición de medios de trasporte inútiles y fracasados, contra medios útiles de verdad, lo que en esta guerra se encierra de guerra entre gente y masa de personas, entre vida y administración de muerte, una cierta confianza para continuar en la guerra. Hasta, si creyéramos en los recuerdos, en la Historia, podríamos costatar que, a la larga o aunque sea muy a la larga, el sentido común acaba siempre venciendo; es decir que el Poder se arregla para imponer ilusiones y mentiras y someter así al pueblo o a los pueblos a ellas, durante tiempo, siglos, decenios, se mantienen imperios, se puede levantar a lo largo de varias generaciones de faraones las pirámides de Egipto, se puede sin necesidad de llegar a tanto tiempo levantar los rascacielos, levantar los horrendos bloques de nichos contra los que este miércoles mismo me voy a lanzar también en ese articulito que suelo sacar en La Razón, se pueden imponer esas cosas, y pueden durar, una dictadura puede durar, un Régimen como este Régimen del Bienestar puede durar lo que se quiera; no, seguramente tanto como el régimen de los faraones egipcios, ni siquiera como el Imperio Romano, tal vez no, pero en todo caso puede durar mucho. Y, sin embargo, nos es dado observar que frente a esos imperios, a esa imposición de las ideas el sentido común al que estoy aludiendo y al que estoy en vosotros llamando por debajo de las personas, el sentido común acaba venciendo siempre, acaba derribando las ilusiones de los imperios y volviendo a los caminos que eran de verdad útiles, necesitados para la gente.

Y así es de suponer que el Imperio del Automóvil sea no menos efímero que cualquier otro. Está fracasando desde hace muchos años: llevamos un siglo desde que el señor Ford empezó a fabricarlos en cadena; a lo largo de este siglo han demostrado ya bien, en la urbe y otros sitios, su incapacidad, su impotencia, su inoportunidad; puede tardar mucho más, en acabar de derrumbarse, es decir, en que el Capital empiece por lo menos aunque sea tímidamente, a desviarse de su movimiento, aprovechando el ferrocarril para su movimiento, aprovechando otras cosas, como esas pequeñas incursiones hacia el tren, que José Ramón os ha contado, con motivo de la Alta Velocidad, con los Cercanías y demás; puede tardar mucho en derrumbarse, pero no cabe duda: se derrumba: el sentido común, el pueblo, no muere: los que mueren son personas, y por tanto los estados; ésos son los que mueren, y por eso se dedican a la administración de muerte, pero la gente indefinida, la gente que no es personas, ésa no muere nunca; por tanto, no tiene prisa, no tiene prisa: caerá cuando caiga. De forma que en esta guerra, aunque efectivamente estáis, estamos, oponiéndonos tan cerradamente a los tiempos, (¿qué otra guerra o rebelión merece la pena sino una que se contrapone a los tiempos, que va contra los tiempos?), aunque estáis contra ellos, también en otro sentido, estáis empujados, alentados, por un tiempo más verdadero en otro sentido, un tiempo que no se cuenta como el tiempo de ellos.

Os podría incluso, ya que son algunos de los de Zamora los que nos han traído a esta sesión, os podría contar un cuento, un mito del revés; deciros: fijáos qué bien estaría que llegará un día, dentro de unos pocos cientos o miles de años, en que alguien dijera: “ya ven ustedes, en el momento en que todavía el Imperio del Automóvil estaba en todo su auge y seguía siendo el favorito de estados y de bancos y de empresas y de capitales, en un rinconcito allá perdido a las orillas del río Duero, una poca gente empezó a darse cuenta de que eso no podía ser, por lo imponente que fuera, y con motivo de la reapertura de una vía férrea cerrada por el Poder años antes, empezó a dar uno de los primeros pasos para el derrumbamiento del Imperio del Automóvil”, etc, etc. Os puedo contar este cuento, pero con prevenciones, claro: porque os he dicho que el Futuro es de Ellos, y os lo vuelvo a decir. Si entendéis eso como una especie de profecía o de futuro está mal: lo digo porque es simplemente verdad; no hace falta que sea un cuento: es así.

El sentido común no acaba de morir nunca, está siempre por debajo y puede manifestarse aquí, como en cualquier otro sitio. Las cosas no requieren tener ideales, metas a las que aspirar; el cuento que os he contado no es un ideal, no es una meta: es algo que toca a lo más inmediato. Eso de proyectos, planes, ideales, metas que alcanzar eso es todo de Ellos, eso es todo lo que hacen los administradores de muerte, el Capital y el Poder; por acá abajo la gente no podemos seguir el mismo procedimiento.

De manera que era un cuento para daros confianza, pero no un cuento de ningún futuro. Recordad que aunque sea una cosa tan pequeña como guerrear por la reapertura del Vía de la Plata en contra de los tiempos, eso quiere decir que se está haciendo por amor de la verdad, o, para no ser presuntuosos, por odio de la mentira, que es la verdad que nos cabe.