HISTORIA SAGRADA

COMPENDIO

DE

HISTORIA SAGRADA

y DE HISTORIA DE LA IGLESIA

Por F.  T.  D.

DECIMATERCERA   EDICIÓN

CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

EDITORIAL  PROGRESO

República de Cuba 33-J

México. D. F.

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PROLOGO

Nuestro principal propósito al escribir este compendio ha sido el de condensar en pocas páginas, de estilo claro y sen­cillo, todo lo más esencial de la Historia Sagrada y de la His­toria de la Iglesia Católica, particularmente en sus principios.

Hemos dividido el libro en tres partes, que son: la Histo­ria del pueblo de Dios, la Vida de Nuestro Señor Jesucristo y la Historia de la Iglesia. Esta última va seguida de algunas breves noticias acerca de las falsas religiones y sectas más no­tables, como el arrianismo, el islamismo, el cisma de los griegos, el protestantismo, etc.

En las nociones preliminares se encontrará una breve enu­meración de los libros que contiene la Biblia, y un corto resu­men de toda la Historia Sagrada, para que, desde el principio, los alumnos se den cuenta de todo el conjunto de la obra.

Ios párrafos que, con el título de Consideraciones, hemos diseminado en lugares oportunos del texto, hacen resaltar la enseñanza moral que se desprende de los hechos narrados.

Los Ejercicios de recapitulación, que ponemos al fin de las épocas, contribuirán a grabar mejor en la memoria de los alum­nos lo esencial del texto.

Además de las numerosas ilustraciones que contiene el libro
se hallarán en él varios mapas, para darse cuenta de los lu­
gares que fueron teatro de los diversos’ acontecimientos de
Historia Sagrada.                                                   ,

Será igualmente muy útil el Vocabulario que termina la obra

y en el cual los alumnos encontraran, no solo el significado de

las palabras de difícil comprensión o de poco uso, sino tambien……..

una porción de noticias y conocimientos interesantes que no po-

dían tener fácil cabida en el texto.

En fin, hemos procurado poner en este libro cuanto nos ha parecido esencial para que, en combinación con  nuestro Curso de Doctrina Cristiana, constituya para los niños y  los  jovenes un rico tesoro de instrucción religiosa.

NOCIONES PRELIMINARES

I.             Historia Sagrada.-Historia es la narración verídica de

los acontecimientos importantes que han sucedido en tiempos

pasados.

La Historia Sagrada, tomada en su acepción más amplia, es la narración de los acontecimientos que prepararon, acom¬pañaron y siguieron la venida de Nuestro Señor Jesucristo.

Comprende, pues, la historia del pueblo de Dios o de los judíos, la vida de Jesucristo y la historia de la Iglesia.

En sentido más preciso o concreto, la Historia Sagrada es la narración de los hechos comprendidos en los Libros Sagrados,

Llámanse así los libros escritos por inspiración del Espíritu Santo (i).

II.            Biblia.-La colección de los Libros Sagrados se lla¬

ma Biblia*, o libro por excelencia (2).

(1)      El Espíritu Santo reveló directamente a los autores de la Bi­blia las verdades que no podían conocer por la luz de la razón o por medios humanos: con su influencia sobrenatural, los decidió a escribir y los dirigió en el cumplimiento de su misión, preservándolos del error con su especial asistencia.

(2)      En el vocabulario final del libro, encontrarán los alumno» ©1 significado de las palabras marcadas con asterisco.

8

Dios es el autor de la Biblia porque ningún expresión del mismo Jesucristo y sus apóstoles, fue su espíritu que hablo por boca de loa hombres que la escribieron y la iglesia católica, depositaria de la inspiración divina, interpreta y explica, esos libros, asistida por el mismo espíritu que los revelo La Biblia llama también sagrada escritura, se divide en dos partes, que son;  el Antiguo y el  .Nuevo Testamento,

La palabra testamento se emplea aquí en el sentido de pacto o alianza, Ia Sagrada Escritura es la alianza entre Dios y su pueblo: “antigua alianza” con el pueblo hebreo y “‘nueva alianza” con el pueblo cristiano.

III.      Libros del Antiguo Testamento, El Antiguo Tes
lamento
comprende los libros sagrados escritos antes de la venida
de Jesucristo.

Estos libros, que son cuarenta y seis, se dividen en tres clases, a saber: i* libros históricos; 2* libros morales, y 3* libros proféticos.

Los libros históricos contienen lo relativo a la historia de* pueblo de Dios, y son veintidós: el Génesis, u origen del mundo; el Éxodo, o salida de Egipto; el Levítico, o libro del culto divino; el de los Números, o empadronamiento del pueblo de Dios; el Deuteronomio, o nueva explicación de la ley (1); loí libros de Josué, de los Jueces y de Rut, los cuatro libros de los-Reyes, los dos libros de los Paralipómenos o de las cosas omitidas, los dos libros de Esdras, los libros de Tobías, Judit, Este* y los dos libros de los Macabeos.

Los libros morales contienen preceptos de moral, y son los siguientes: el libro de Job, los Salmos, en su mayoría de David, los Proverbios, el Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, la Sa­biduría y el Eclesiástico. (2).

Libros proféticos son los que contienen los escritos de los profetas, y se cuentan dieciocho, que son los siguientes: los li bros de Isaías, de Jeremías y de Baruc, las Lamentaciones de Jeremías, los libros de Esequiel y de Daniel; los de Oseas foel, Amas, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, llabacuc, Sofo nías, Ageo, Zacarías y Malaquias.

IV.      Libros del Nuevo Testamento.-El Nuevo Testamen

(1)      La reunión de estos cinco libros, escritos por Moisés, forma e) Pentateuco.

(2)      El libro de Job  es  histórico y moral a la  vez;  y en  penetra) todos los libros históricos do la Sagrada Esóritura tienen  algo fl« “”‘

Ues y proféticos, asi como éatoa  tienen  algo de  loa  prlmeroa

DIVISIÓN DE LA HISTORIA SAGRADA                     9

to comprende los Libros Sagrados escritos después de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.

Son veintisiete, que se dividen, como los del Antiguo Tes­tamento, en morales, históricos y uno solo prof ético.

Son libros históricos, los cuatro Evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, y además los Hechos de los Apóstoles, escritos por San Lucas.   .

Los Evangelios contienen la narración sucinta de la vida, milagros y predicación de Jesucristo. Encuéntrase en los Hechos .de los Apóstoles una breve recopilación de lo que éstos hicieron para dar a conocer el Evangelio por el mundo.

Los libros morales del Nuevo Testamento son las veintiuna Epístolas o cartas escritas a diferentes Iglesias por los Apóstoles San Pablo, Santiago, San Judas, San Pedro y San Juan.

El Nuevo Testamento tiene un solo libro profético, que es el Apocalipsis o revelación, escrito por San Juan Evange­lista (1).

V. División de la Historia Sagrada.-En la Historia Sa­grada se distinguen dos edades, que son: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Durante.la primera Dios va preparando el gran misterio de la redención humana; en la segunda la realiza por medio de su divino Hijo, Jesucristo.

El Antiguo Testamento abarca desde la creación del hombre hasta el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y se divide en dos grandes períodos:

i9 Desde Adán hasta la vocación de Abrahán.

29 Desde Abrahán hasta Jesucristo.

El primer período se subdivide en dos épocas de duración desconocida: una antediluviana y otra postdiluviana, durante las

(1) Los libros del Antiguo Testamento se escribieron en hebreo, me­óos el libro de la Sabiduría y el libro Segundo de los Mnwibeo*, que fue­ron escritos en griego. Ciertas parte» de los libros de ICmíi-h.s y de Da­niel fueron compuestos en arameo o sirocaldaico, que era el idioma que se hablaba en Palestina después del cautiverio de Babilonia.

Los libros del Nuevo Testamento se escribieron eii griego, menos el evangelio de San Mateo y la Epístola de San Pablo a los Hebreos, que fueron  escritos  en  lengua aramea.

Se han hecho muchas versiones de la Biblia. 35n la Iglesia latina la versión oficial es la llamada Vulgata de San JerOnúno, quien tradujo al latín toda la Sagrada Escritura.

Las traducciones de la Biblia en lengua vulgar, en español por ejem­plo, deben llevar notas explicativas y estar aprobadas por la autoridad eclesiástica. Esas son las únicas  que pueden leer los católicos

10                  NOCIONES PRELIMINARES

cuales los hombres se fueron dispersando por la superficie te­rrestre (i).

El segundo período del Antiguo Testamento abarca cinco épocas:

i* Desde la vocación de Abrahán hasta Moisés época de los Patriarcas (Abrahán, Isaac, Jacob y José) y establecimiento de los hebreos  en Egipto.     (2000? a’ [$00?  antes de

2* Desde el nacimiento de Moisés hasta la muerte de Josué, o Época del Éxodo. (1500? a 1363? a. de J. C¡)'. Com­prende las plagas de Egipto, el éxodo o salida c Egipto, la peregrinación por el desierto, duran le la cual el Señor dio a su pueblo el Decálogo, y el establecimiento de los hebreos en la Tierra Prometida.

3* Desde la muerte de Josué hasta el establecimiento de la Monarquía, o Época de los Jueces, entre los cueles sobre­salieron Gedeón, Jefté, Sansón, Heli y Samuel. (1363? a 1045? a. de J. C).

4* Desde Saúl hasta la cautividad de Babilonia, o sea la Época de los Reyes, que puede resumirse en los reinados de Saúl, David y Salomón; en el cisma de las diez tribus y en la historia de los dos reinos de [srael y de Judá. (1045 a 606 a. de J. C).

5» Desde la cautividad de Babilonia hasta el nacimiento 'de Jesucristo, o Época de la dominación extranjera. Durante esta época los hebreos o judíos pasaron sucesivamente bajo el dominio de los babilonios, persas, griegos, egipcios,, sirios y romanos.   (606 a. de J. C. a 1 de la Era cristiana).

El 'Nuevo. Testamento puede dividirse también en dos pe­ríodos :

i9 Vida de Jesucristo. - 2* Desde la Ascensión de Jesucristo a los cielos hasta nues­tros días. La historia de este período recibe el nombre de His­toria de la Iglesia.

En el primer período se distinguen dos* épocas:

1» Vida privada de Jesucristo, hasta su bautismo por San Juan Bautista.    (1 a 30 de la Era cristiana).

2* Vida pública y Pasión de Jesucristo, durante la cual el Divino Maestro realiza la predicación del Evangelio, confirman-

(1) Los acontecimientos de este período transmitidos por la Biblia no pueden constituir en manera alguna una Historia universal  Sería un error considerar esos escasos relatos como la historia <'<> todas las razas primitivas. El Génesis se contenta con relatar lo.s ftoonitoolmientos necesarios para demostrar el desarrollo sucesivo do la hlutoMa de la redención Iiumana.

CRONOLOGÍA      11

do su doctrina con numerosos milagros y sancionándola con los atroces padecimientos de su pasión y con la muerte afrentosa de cruz. (30 a 34).

La Historia de la Iglesia puede reducirse a tres épocas ge­nerales :

i9 Desde la Ascensión de Jesucristo hasta el Edicto de Mi­lán, o paz Constantiniana. (34 a 313). Durante esta época,la Iglesia se va extendiendo por el mundo conocido entonces, prin­cipalmente por todo el imperio romano. Los cristianos se ven cruelmente perseguidos, y afrontan los más refinados tormentos por amor a Jesucristo.

2» Desde el Edicto de Milán hasta el Renacimiento. (313 al s. XV). Los hechos predominantes de esta época son: las herejías de Arrio, Macedonio, Nestorio, etc.; los trabajos de los Padres de la Iglesia en defensa de la fe; el desarrollo de las Ordenes religiosas durante la Edad Media*; la aparición y extensión del Islamismo; el cisma de los griegos y por fin el Renacimiento.

3* Desde el Renacimiento (s. XV) hasta nuestros días. Los principales acontecimientos que de esta época estudiamos son: la Reforma protestante, los desastrosos efectos del protes­tantismo y las beneficiosas consecuencias de la Reforma católica, llevada a cabo sobre todo con el Concilio de Trent'o (1545 a 1563); las ideas imperantes en los siglos XIX y XX y por último, el celo desplegado por la Iglesia para extender el rei­nado' de Cristo.

VI. Cronología.-Llámase cronología la ciencia que tiene por objeto clasificar los hechos según el orden en que se han verificado, y dar a conocer sus respectivas fechas.

Entiéndese por era una fecha o tiempo fijo, desde el cual se comienzan a contar los años.

La era cristiana, llamada también la era vulgar o de la En­carnación, comienza con el nacimiento de Jesucristo.

Basándose en esta era o fecha, se cuentan generalmente los años, sea descendiendo (para los hechos anteriores a la venida de Jesucristo), sea as­cendiendo (para los posteriores), como se ve en la tabla siguiente:

Creación del mundo.-Fecha desconocida. Según hipótesis de la ciencia, ha­brían pasado, tal vez, millones de siglos desde entonces hasta la creación del hombre.

La creación.

ANTIGUO TESTAMENTO PRIMER PERIODO

DESDE ADÁN HASTA ABRAHAN

ÉPOCA ANTEDILUVIANA

CAPITULO PRIMERO. - LA CREACIÓN

1. Origen del mundo.-El mundo que habitamos no es eterno; hubo un tiempo en que no existían ni cielo, ni tierra, ni nada de lo que ahora vemos.

Sólo Dios ha existido siempre, no ha tenido principio ni tendrá fin; y El, con su omnipotencia, creó, es decir, sacó de la nada todo el universo: el cielo y la tierra, las cosas visibles y las invisibles, la sustancia corporal y la espiritual, el ángel, el hombre, los animales, las plantas, los minerales y cuanto existe.

14                          ÉPOCA ANTEDILUVIANA

2.   En el  principio   creó Dios  el  cielo   y  la  tierra.

8 -El Génesis empieza con estas palabras: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra. en tierra, empero, estaba informe y vacía y las tinieblas cubrían la superficie del abismo.”

La expresión “cielo y tierra” da a suponer que Dios creó al principio a los ángeles. Si Moisés no menciona su creación, en otros lugares de la Biblia se nos habla de esos espíritus puros, de la prueba a que fueron sometidos y de la caída de una parte de ellos.

Para formar el mundo visible, Dios sacó primero de la nada toda la materia’ de que se componen los cuerpos. Luego organizó el universo, procediendo por partes y por períodos sucesivos de tiempo, cuya duración ignoramos, y que se llaman los seis días de la creación.

Dios, con su omnipotencia, hubiera podido crearlo todo en un instante y con sólo quererlo, pero le plugo organizar el universo en períodos sucesivos de tiempo.

3. Los seis días de la creación.- La Sagrada Escritura nos dice que Dios creó el universo en seis días.

El primer día dijo Dios: “Que la luz sea” y la luz fué. Después separó la luz de las tinieblas, dio a la luz el nombre de día y a las tinieblas el de noche (i).

El segundo día creó el firmamento, que llamó cielo. El tercer día reunió las aguas que cubrían la superficie de la tierra y formó con ellas el mar; después apareció el suelo árido, que  llamó tierra. A su palabra se cubrió la tierra de plantas y* árboles de toda especie.

El cuarto día creó los astros que brillan en el firmamento, entre ellos ese sol, globo inmenso de luz que alumbra el mundo, presidiendo al día, y la luna, para alumbrar y presidir de noche. El quinto día creó los peces y las aves, que luego bendijo di­ciendo : “Creced y multiplicaos; que los peces llenen las aguas del mar, y las aves se multipliquen en la tierra.”

El sexto día dijo Dios: “Que la tierra produzca animales vi­vos de toda especie;” y en seguida aparecieron animales de mu­chas formas.

(1) Hablar de la luz antes de la aparición ‘del Sol, era una insen­satez en siglos pasados; sin embargo, según las teorías actuales, siendo la luz un fenómeno que resulta del movimiento rápido de las moléculas, no se necesita que el Sol exista para que haya luz. Además, el relato bíblico permite creer que el Sol existía desde el primer Día (”cielo y tierra”); pero” este astro no entró en relación con la tierra sino cuándo los espesos vapores que cubrían a ésta se disiparon.

CAÍN Y ABEL

Anunció en seguida a la mujer que multiplicaría sus pade­cimientos, y que estaría -sujeta al hombre. Y dirigiéndose a Adán, le dijo: “Porque has atendido más a las palabras de la mujer que a mi prohibición, será maldita la tierra en tus obras: comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra de que fuiste sacado, pues polvo eres y en polvo te has de convertir.”

Abiertos sus ojos a la malicia, Adán y Eva se avergonzaron <le su desnudez; el, Señor Dios les hizo túnicas de pieles y los. vistió; luego los echó fuera del Paraíso terrenal, cuya entrada hizo que guardase un ángel armado con una espada que despe­día llamas. (2)

CAPÍTULO III CAÍN y ABEL. - LOS PATRIARCAS

11. Caín fratricida.-Los dos primeros hijos de Adán fueron Caín y Abel. Caín cultivaba la tierra y Abel se ocupaba en guardar ganados.

los dos hermanos ofrecían sacrificios a Dios; pero mientras el Señor veía con agrado los presentes del inocente Abel, aparta­ba la vista de las ofrendas de Caín, porque su corazón era malo. A tal extremo llegó la irritación de Caín por esa posterga­ción, que llevando a su hermano a un sitio apartado, se arrojó sobre él furiosamente y lo mató, huyendo luego espantado.

Pero la terrible voz de Dios le perseguía en la soledad, donde esperaba ahogar los remordimientos de su conciencia. Díjole el Señor: “Caín, ¿dónde está tu hermano?”-”Yo no sé,” respon­dió el fratricida; “¿soy acaso guardián de mi hermano?” Repu­so el Señor: “Caín ¿qué has hecho? Ia sangre que has derra­mado clama venganza ante mí. Cultivarás la tierra y te negará sus frutos; serás maldito, y andarás errante por la tierra que has manchado con la sangre de Abel.”

vilegiada que debía aplastar así el orgullo del demonio era la Santísima e Inmaculada Virgen María, Madre de N. S. Jesucristo.

(2) A causa de la desobediencia de Adán, todos nacemos privados de la gracia santificante, y manchados con el pecado original.

Por un privilegio especial fué María exenta de él y concebida en el luáij perfecto estado de pureza.

ÉPOCA ANTEDILUVIANA

Caín, desesperado, abandonó su familia y se retiró al oriente ■del Paraíso terrenal, (i) donde fundó la población más antigua

del mundo, dándole el nombre de Enoquia, derivado de Knocs que era su hijo primogénito.

Los descendientes de Caín fueron muy numerosos, pero la maldición de Dios pesaba sobre ellos, y sólo se distinguieron por sus crímenes y su impiedad.

12. CONSIDERACIÓN.-La envidia fué la causa del primer homicidio que ensangrentó la tierra. No dejemos, pues, entrar jamás en nuestro corazón tese gravísimo pecado, si no queremos, como Caín, vivir desgraciados, y atraer­los el desprecio de los hombres y el castigo de Dios.

(1) No están acordes los autores en designar el sitio en que se hallaba el Paraíso terrenal: según unos, estaba en Armenia, según otros en Jerusalén; pero otros, cuya opinión parece bastante probable, lo co­locan al norte del golfo Pérsico, en la región fertilizada por el río Chat-el-Arab y sus afluentes.

LOS PATRIARCAS    21

13. Set y sus descendientes.-Tuvo Adán un tercer hijo llamado Set, que se mostró fiel a Dios, obediente y cariñoso con sus padres. Los descendientes de Set observaron la misma fide­lidad, y por ello fueron llamados hijos de Dios, mientras que los de Caín, que eran malos, recibieron el nombre de hijos de los hombres.

Entre los descendientes de Set cuéntase a enos, célebre por su piedad; a enoc, que fué trasladado al cielo sin morir, a la edad de 365 años; a Matusalén, que vivió 969 años, y a Noé, que fue salvado del Diluvio. Estos son los más notables entre los primeros patriarcas.

14, Las patriarcas.-Patriarca quiere decir cabeza de fa­milia; pero especialmente se designa con este nombre a los jefes ele familia, descendientes de Set, que vivieron desde Adán hasta

Moisés.,

Los patriarcas vivían muchísimo tiempo y por esta longevidad pudieron conservarse fácilmente entre los hombres las ver­dades reveladas por Dios al principio del mundo.

El* DILUVIO

Los patriarcas eran pastores, y los ganados constituían toda su riqueza. Albergándose en tiendas de campaña, cambiaban de residencia según lo exigía la necesidad o conveniencia de los pas­tos. Considerado el patriarca como rey entre los suyos, ejercía las funciones de juez y de sacerdote, siendo respetado y obedecido}’ por numerosas generaciones.

En cuanto a nuestro padre Adán, sábese que llegó a la edad de 930 años, llorando su falta hasta el último día de su vida.* Créese que fue enterrado en el monte Calvario, en el sitio misma donde había de ser derramada la sangre de Jesucristo por la-redención del género humane».

CAPITULO IV. - EL DILUVIO

15. Corrupción de los hombres.-Los descendientes de Set se mezclaron con los de Caín y acabaron por entregarse, co­mo ellos, a toda clase de excesos. Tan impío y corrompido había llegado a ser el género humano, que el Señor, según dice la Escritura, se arrepintió (1) de haber creado al hombre, y resol­vió exterminarlo por medio de un diluvio universal.

16. Construcción del arca.-El único hombre justo qué existía en la tierra era Noé, al que Dios quiso librar del diluvio . y para ello le mandó construir un arca o barco grande de madera, cuya figura y dimensiones le marcó, y le dijo: “Voy a inundar la tierra con un diluvio, para que perezca todo cuanto respira bajo el cielo.” Obedeció Noé; y en los cien años que duró aquel’ trabajo, no cesó de exhortar a los hombres a penitencia; pera fué en vano.

17. El diluvio.-Cuando llegó el momento del diluvio, dijo Dios a Noé: “Entra en el arca con toda tu familia, ya que tú sólo has sido hallado justo ante mí; y encierra también en; ella parejas de todos los animales.” Apresuróse Noé a cumplir las órdenes del Eterno, y siete días después abriéronse las cata­ratas* del cielo, cayendo la lluvia a torrentes durante cuarenta días y cuarenta noches. El océano se desbordó por todas partes, las aguas cubrieron toda la tierra y llegaron a quince codos sobre

(1) Al expresarse así la Sagrada Escritura, lo hace acomodándose-a nuestro modo de hablar; pues log actos de un Dios infinitamente sa­bio no pueden, como los nuestros,  motivar arrepentimiento.

ALIANZA DE DIOS CON NOE      23

las más altas montañas. Todo pereció, menos el arca que flotaba jen aquel inmenso mar.

Al cabo de cinco meses comenzaron a bajar las aguas, y el séptimo mes se paró el arca en el ínonte Ararat, de Armenia*. Esperó Noé tres meses más y abriendo entonces la ventana del arca, soltó al cuervo, que no volvió a ella. Siete días después dejó salir la paloma, que volvió por la tarde, llevando en su pico una ramita de olivo.

A pesar de que las aguas se habían retirado, estaba la tierra ¡demasiado húmeda todavía para poder habitarla, y sólo doce ¡meses después del principio del diluvio fue cuando Noé obede­ciendo a nueva orden de Dios, salió del arca con su familia-y to­ldos los animales que había encerrado en ella.

El arca de Noé era figura, representación o símbolo de la Iglesia, fuera de la cual nadie se salva.

18. Alianza de Dios con Noé.-Al salir del arca se apre­suró Noé a levantar un ara* o altar para ofrecer ai Señor un sa­crificio* en acción de gracias. Aceptólo Dios propiciamente, y ben-

dijo al Patriarca y a sus hijos, diciendo: “Creced, multiplicaos y poblad la tierra.”

También dijo Dios a Noé: “Hoy hago alianza con tu raza, en lo sucesivo no habrá ya diluvio que inunde la tierra.”

El arco iris, que apareció, fué la señal de esta alianza y como prenda de las promesas del Creador.

Todavía vivió Noé 350 años .después del diluvio, y murió a los 950 años.

18. CONSIDERACIÓN.-Si los hombres se hubieran arrepentido, les ha­bría perdonado el Señor; ya que con ese fin y con propósitos misericordiosos había concedido el largo tiempo de cien años para la construcción del arca. Por mucho que hayamos pecado, no desconfiemos nunca de la misericordia divina, con tal que nuestro arrepentimiento vaya acompañado de un verdadero propósito de cambiar de vida. Si por el contrario, persistimos en el mal, este­mos seguros de que el castigo caerá sobre nosotros tarde o temprano.

DISPERSIÓN DE LOS HOMBRES   25

ÉPOCA  POSTDILUVIANA CAPITULO V    .

DISPERSIÓN DE LOS HOMBRES

20.    Hijos de Noé.    Maldición de la raza de Cam.-

Noé había plantado una viña después del diluvio, y exprimiendo el jugo de la uva hizo vino. Cuando bebió de él se embriagó, porque ignoraba su fuerza, y quedóse dormido en postura poco decente. Viéndolo en tal estado el segundo de sus hijos, que era Cam, se burló, y aun llamó a sus hermanos Sem y Jafet, para reírse con ellos; pero éstos, en lugar de imitar tan culpable pro­ceder, cubrieron a su padre con una capa, yendo vueltos de es­paldas, y se retiraron respetuosamente.

Cuando Noé se despertó y supo lo que había pasado, dio su bendición a Sem y Jafet, y maldijo la raza de Cam, condenándola a vivir en la esclavitud.

ÉPOCA POSTDLUVIANA

21. CONSIDERACIÓN.-¡Terrible lección, que deberían tener presente los hijos que, olvidando sus deberes, faltan al respeto debido a aquéllos de quienes han recibido el ser! Esos desdichados hijos atraerán sobre su cabeza la cMera de Dios, a quien sus padres representan en la tierra.

22. Torre de Babel.-Los hijos de Noé se habían estable­cido al principio en la llanura de Senaar, situada al sur de Meso-potamia*; pero muy pronto se aumentaron tanto sus familias, que se vieron precisados a extenderse por otros países.

Antes de separarse quisieron levantar un monumento que fue­ra testimonio de su poder; y al efecto, ‘dijéronse unos a otros: “Venid, y hagamos una torre que llegue hasta el cielo.” Pusie­ron manos a la obra, y cuando el edificio llegó a grande altura, confundió el Señor el orgullo de los hombres, introduciendo tal diversidad de lenguas entre ellos que, no pudiendo entenderse, se vieron obligados a abandonar su empresa y dispersarse.

DISPERSIÓN DE EOS HOMBRES                          21,

La torre que dejaron sin acabar se llamó Babel, palabra he» brea que significa confusión.

23. Dispersión de los hombres.-Las tres grandes fami­lias descendientes de los,.hijos de Noé, se separaron y formaron las diversas razas que han poblado toda la tierra.

Los descendientes de Sem se quedaron en. la parte oriental «del Asia Menor y en Arabia, y de ellos salió más tarde el Pueblo. de Dios.,

Los descendientes de Cam se establecieron primero en las cuencas del Tigris y del Eufrates, y luego en las costas del Golfo ¡Pérsico, en el país de Canaán, en Egipto, Abisinia y Libia.

Los descendientes de Jafet se esparcieron unos por el país que fué luego de los medos y los persas, y otros por la parte noroeste del Asia Menor, desde donde pasaron más tarde a Europa, la que poblaron enteramente.

ÉPOCA POSTDILUVIANA

24. Origen de la idolatría.-Dispersados así los hombres, Se bastardearon pronto las tradiciones primitivas, mezclándose con fábulas más o menos groseras. Cegados por las pasiones, tribu­taron honores divinos a sus reyes, a los guerreros más notables, al Sol, a la Luna, a estatuas inanimadas y aun a las más despreciables criaturas; de modo que la idolatría* llegó a ser casi uní-’ versal.

Conservase, sin embargo, el patriarcado en la descendencia de Sem, y con aquél se conservaron también el conocimiento y la práctica de la verdadera religión.

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE PALABRAS.-1. ¿Qué significa Adán?-¿la palabra eva?-¿Sábado?-2. Dé usted la definición de los vocablos siguientes: ara, satarata, tradición, misterio, moral, cronología, Antiguo Testamento, Patriarca,, idolatría.-3. ¿Cómo se entiende la frase siguiente: “El hombre ha sido hecho n imagen de Dios?”‘-4. ¿Qué sabe usted de los demonios?

CRONOLOGÍA.-5. ¿En qué fecha se verificó la creación del mundo?- ¿el Diluvio universal?

GEOGRAFÍA.-6. ¿Dónde estaba situado el paraíso terrenal?-7. ¿Dónoe esta la llanura de Senaar? -8. ¿Qué situación ocupa Armenia con relación al mar Negro?-¿y África con relación a Europa?

HISTORIA.-9. ¿Cuáles son los principales hechos que comprende el pri-Sner período del Antiguo Testamento?-10. Refiera usted en resumen la obra de los seis días de la creación.-11. Cuéntenos usted la caída y castigo de nues­tros primeros padres.-12. Haga usted lo mismo con relación al Diluvio, sus sausas y circunstancias principales.

MORAL.-13. Demuestre usted con un ejemplo tomado de la Historia Sa­grada que la envidia es un vicio muy perjudicial.-14. ¿Qué impresión debe producirnos el espectáculo del universo?-15. ¿Puede cada uno explicar la biblia como se le antoje?

SEGUNDO   PERIODO

DESDE   ABRAHÁN  HASTA JESUCRISTO

PRIMERA ÉPOCA.        LOS PATRIARCAS

DESDE LA VOCACIÓN DE   ABRAHÁN   HASTA   EL   NACIMIENTO

DE  MOISÉS

Aproximadamente del año 2,000 al 1,500 a. de J. C.

CAPITULO  VI. - ABRAHAN E ISAAC

25. Vocación de Abrahán.-(Hacia ,el año 2000 a. de J. C).-Para contener los progresos de la idolatría y la corrupción de costumbres, pues esas iniquidades se esparcían de nuevo por la tierra, resolvió Dios escoger un pueblo, en el cual, con provi¬dencia especial, conservaría su culto y prepararía la venida del

Mesías.

Eligió al patriarca Abrahán por cabeza o jefe de ese privi¬legiado pueblo. (1)

Era Abrahán un hombre justo, descendiente de Sern, nacido en Ur de Caldea*; y aunque vivió en medio de un pueblo idó¬latra, nunca abandonó el culto del verdadero Dios.

(1) La vocación de Abrahán es un hecho trascendental en la His¬toria Sagrada,, porque por ella escogióse Dios un pueblo, al que dio ia misión do preparar la venida del Mesías y la redención del mundo.

El pueblo de Dios se llamó al principio pueblo jebrep, de Heber, uno de los ascendientes de Abrahán; tuvo también el nombre de pueblo Israelita, después que el ángel llamó a Jacob Israel; por fin, desde la cautividad de Babilonia, se le ha designado generalmente con el nombre de pueblo judio,  derivado de  Judá.

.      LOS PATRIARCAS

Apareciósele el Señor, y le dijo: “Sal de tu país, deja tu fa­milia, y ve a la tierra que te mostraré. Te haré padre de un gran pueblo, y en ti serán benditas todas las generaciones.” (i) Obediente Abrahán a la voz del Señor, se puso en camino, con su mujer Sara, su sobrino Lot, sus sirvientes y ganados? después de haber permanecido algunos años en Harán de Mesopotamia, dirigióse hacia las fértiles llanuras de la tierra de Canaán*, lla­mada posteriormente Palesiina o Judea (2), y levantó sus tien­das no lejos de Siquem.

26. Separación de Abrahán y de Lot.-Algún tiempo des­pués tuvieron que separarse Abrahán y Lot, porque sus ganados se habían aumentado de tal manera, que no podían sostenerse en aquel sitio. Abrahán bajó.por el valle de Mambré hasta las puer­tas de la ciudad de Hebrón, y Lot fué a instalarse en Sodoma,,

(1)              Estas últimas palabras se refieren al Redentor del mundo que habla de nacer del linaje de Abrahán; y en el cual todos los pueblo» habían de hallar su salvación eterna.

I»a Judea es frecuentemente llamada Tierra Santa, desde que ítté teatro de la vida, pasión y muerte del Hombre Dios.

ABRAHÁN E ISAAC

ciudad rica y populosa, pero que había excitado ya la cólera de Dios por sus gravísimos pecados.

Vivía en ella tranquilo y feliz, cuando unos reyes vecinos, in¬vadiendo de repente el país, lo saquearon e hicieron prisionero a Iot. Luego que tuvo noticia de esto Abrahán, acudió con sus dependientes y aliados, sorprendió por la noche a los enemigos, derrotólos y libertó a su sobrino y demás prisioneros.

Cuando Abrahán volvía victorioso, recibió la bendición de Melquisedec, que era rey de Salem (1) y sacerdote del Altísimo, le dio el diezmo* del botín* que había recogido, y Melquísedec ofreció al Señor un sacrificio de pan y vino en acción de gracias. Éste sacrificio era figura de la sagrada Eucaristía.

27. Nacimiento de Ismael.-Cuando Abrahán habitaba la tierra de Canaán, le reiteró el Señor varias veces la promesa de multiplicar su posteridad como las estrellas del cielo; y no obs¬tante, el santo Patriarca continuaba sin tener hijos.

A instancias de Sara, y conforme a la costumbre de aquellos tiempos, tomó por mujer de segundo rango a la egipcia Agar, su esclava; y de este matrimonio nació un hijo que se llamó Ismaeh

28. Nacimiento’ de Isaac.-Pero el hijo de la esclava no debía ser heredero de las promesas del Señor. Trece años des¬pués renovó Dios su alianza con Abrahán, le ordenó la circunci¬sión* y le anunció por medio de unos ángeles, que Sara, aunque ya tenía 90 años, sería muy pronto madre de un niño, de cuya posteridad nacería el Mesías. El heredero de Abrahán tanto tiempo deseado recibió el nombre de Isaac, que significa risa.

29. Destrucción de Sodoma.-Cuando Abrahán despedía a los ángeles que fueron a prometerle un hijo, oyó la voz del Se¬ñor, que decía: “Las iniquidades de Sodoma han llegado ya a su colmo y voy a destruir esa ciudad.”

Estas palabras enternecieron el corazón de Abrahán, y mo¬vido a compasión, se atrevió a pedir gracia para los culpables, di¬ciendo:  “¿Perderéis, Señor, al inocente con el impío?.   Si hay,

(1)    Salem, nombro primitivo de Jcrusalén.

LOS PATRIARCAS

cincuenta justos en Sodoma, ¿perecerán con los ‘demás?”–”Por ellos,” respondió el Señor, “perdonaré a toda la ciudad.” Abra-han repuso: “Puesto que he comenzado, hablaré aún a mi Se­ñor: Si no hubiera más de cuarenta justos ¿no perdonaríais aún?” -”Sí, perdonarla.”-”Dispensadme, Señor, si me atrevo a in­sistir;   quizá no haya   más que  treinta.”-”Si se   encuentran

treinta justos haré gracia a todos.”-”¿Y si no se encuentran más que veinte o sólo diez?”-”Si se encuentran diez justos en So doma, no perecerá la ciudad.”

Desgraciadamente no había en ella ni aún diez justos, porqu únicamente Lot había conservado el temor de Dios, en med ese corrompido pueblo, y sólo él se libró del castigo.

Hallándose Lot  una tarde   sentado a   la  puerta de   La ciu­dad, vio   llegar   dos   forasteros   que   eran   ángeles   en forma-humana;   salióles, al   encüentro  y   les   ofreció  hospitalidad

que aceptaron. Estos enviados del cielo, dijeron a” Lot: “Apre¬súrate a abandonar la ciudad con tu familia, porque ha llegado la hora en que va a ser arruinada.” En seguida fue Lot a preve¬nir al sus parientes y amigos, del peligro que los amenazaba, exci¬tándolos a que se retiraran con élipero ellos se burlaron de Lot y de sus consejos.

Al día siguiente, de madrugada los ángeles acompañaron fue¬ra de la ciudad a Lot*, su mujer y sus dos hijas, y tan! pronto como hubieron salido, hizo Dios caer sobre Sodoma una lluvia de fuego y azufre que la consumió con todos sus habitantes.

Gómorra y otras dos ciudades inmediatas, que se habían man¬chado con crímenes semejantes, tuvieron igual fin que Sodoma. La mujer de Lot, que al huir volvió la cara para mirar el incendio, a pesar de que lo habían prohibido expresamente los ángeles, quedó muerta en el acto y convertida en estatua de sal

30.           Mar Muerto (o Lago Asfáltico).-Es creencia ge¬

neral que el lugar ocupado por las cuatro ciudades culpables está

ahora cubierto por las aguas de la parte meridional del Mar Muer¬

to, parte cuya profundidad llega apenas a 4 m. en algunos luga¬

res. En cambio la parte septentrional es muy profunda (de 300

a 400 m.).

Es probable que los fenómenos de que se habla hayan consis¬tido en una erupción ■ volcánica, con lava, lluvia de azufre y fuerte terremoto, lo que contribuiría a incendiar y a destruir la ciudad y a dejar sus ruinas sumergidas en las aguas del Mar Muerto (i)

31.           Agar e Ismael.-Habiendo visto Sara un día que

Ismael, cuando jugaba con Isaac, lo trataba mal, dijo a su es¬

poso: “pespacha a Agar y a su hijo, porque el hijo de la es¬

clava no debe heredar con el mío.”

Abrahán sintió mucho tan rigurosa exigencia; pero habiendo sabido que aquello era voluntad de Dios, tomó pan y un odre * Heno de agua, cargó con uno y otro a Agar, y entregándole a su hijo la despidió de su casa, para que fuese a Egipto con su fa¬milia.

(1)’ Tiene además este lago o mar la particularidad de hallarse a 394 m. debajo del nivel del Mediterráneo, y de ser sus aguas tan sa¬lobres (por la fuerte evaporación) y1 a veces tan bituminosas, que los peces no pueden vivir en  ellas.

LOS PATRIARCAS*

Agar anduvo errante mucho tiempo por et desierto, llegando

a encontrarse su hijo tan extenuado de sed, hambre y fatiga, que

se hallaba a punto de sucumbir. Para evitarse.Agar el dolor de

presenciar la muerte de su amado hijo, púsolo al pie de un árbol,

y ella fué a sentarse.a alguna; distancia para dar desahogo a su

pena. Cuando estaba llorando desesperadamente, , aparecióseie

un ángel que la animó y le enseñó dónde había una fuente, en

lá cual madre e hijo pudieron apagar su deyo’radora sed. Asisti¬

do por el Señor, creció Ismael en el desierto y llego a ser muy

diestro tirador de arco y flecha.        \

Casóse más adelante con una egipcia, y fué padre de los ára¬

bes ismaelitas, tan’ conocidos en la historia con el nombre de sa¬

rracenos.               .. -\          ..,..

CAPITULO VII-SACRIFICIO DE ISAAC NUEVAS PROMESAS DEL MESÍAS

32.    Abrahán probado por Dios.   Sacrificio de Isaac.-

Queriendo el Señor probar la fe y obediencia de Abrahán, le dijo: “Toma a Isaac, tu hijo único, que tanto amas, y ve a. ofrecérmelo en holocausto * en la montaña que te indicaré.” j Qué orden para ese padre amoroso! Y, ¿cómo conciliar esto con las promesas divinas ? Sin embargo, Abrahán no vaciló un momento en obe¬decer.

Llamó a su hijo, que ya tenía veinticinco años, se encaminó con él hacia el lugar designado para el sacrificio (i), y cuando llegaron al pie del monte, cargó sobre Isaac la leña que había de consumir el holocausto, y él llevaba el fuego y el cuchillo.   Cuan¬do iban subiendo, di jóle Isaac:    “Padre mío, llevamos fuego y leña: pero, ¿y la víctima?”-”Hijo mío, Dios proveerá,” respon¬dió el anciano.    Llegados, por fin, al sitio designado/^ Abrahán levantó un altar o ara, arregló encima la leña, y atandb después a su hijo, que obedeció sin réplica, púsolo sobre ella.   Constante siempre en su fe y obediencia, toma Abrahán el cuchillo y levanta e! brazo para dar el golpe; pero en aquel instante oye que un ángel le grita diciendo: “¡Detente, Abrahán!   Ahora sé ya que

(1) Seglia tradición’judia el monte Moría, que después quedo com¬prendido dentro del recinto de Jerusalén y en él se construyo el templo de Salomón.

temes a Dios, puesto que por obedecerle no perdonas ni aún a tu

hijo único.”

Al volverse Abrahán, vio un carnero que se había enredado los cuernos en un zarzal; lo cogió y lo inmoló.

33.           Nuevas promesas del Mesías.-Apenas había acaba¬

do Abrahán su sacrificio, le, dijo el Señor: “Ya que por obede¬

cerme no has perdonado ni aún a tu hijo único, te bendeciré y

multiplicaré tu posteridad como las estrellas del cielo y las are¬

nas del mar, y todas las naciones serán benditas en AQUEL que

saldrá de ti.”

34.           CONSIDERACIÓN.-Obedezcamos como Abrahán, con valor, preste¬

za y solicitud a las órdenes de Dios y de su Iglesia, seguros de que, en premio

de nuestra fidelidad, obtendremos la más inefable recompensa.

35.   Isaac figura del Mesías.-El joven Isaac, subiendo al monte Moria cargado con la leña que debía consumirlo en-sa-

LOS PATRIARCAS

crificio, es la más perfecta figura o representación de Jesucristo, cuando, con la cruz a cuestas, subía penosamente al Calvario, pa¬ra ser inmolado por 4a salvación de los hombres.

.36. Casamiento de Isaac.-Cuando Isaac se hallaba en estado de casarse, envió. Abrahán a Mesopotamia a su criado Eliezer, para que buscase, entre su propia familia, a la esposa destinada a su hijo, pues no quería que se enlazase con gentes idólatras, que eran las que poblaban el país donde residía.

Marchó Eliezer, y cuando llegó a Harán, encontró a Rebeca que estaba sacando agua del pozo, y supo por ella misma que era hija de Batuel y nieta de Nacor, hermano de Abrahán.

Viendo en esa joven la compañera que el Señor destinaba al hijo de su amo, hizo magníficos regalos a sus padres y a ella misma, llevándola después consigo al país de Canaán, donde con¬trajo matrimonio con Isaac.

37.           Muerte de Abrahán.-(Hacia 1885 a. de J.C.)-A la

edad de 175 años, acabó Abrahán una vida llena de las más ad¬mirables virtudes, y su cuerpo fué depositado por su hijo en una’ cueva de Hebrón que aquél había comprado para enterrar a su mujer Sara.

La fe en las promesas de Dios era la virtud distintiva, carac¬terística de Abrahán, y por ella mereció ser llamado Padre de los creyentes.

38.           Promesa del Mesías hecha a Isaac.-Después de la

muerte de su padre, recibió también Isaac la seguridad de que

todas las naciones de la tierra serían benditas en AQUEL que

descendería de él, y que su posteridad, numerosísima como las

estrellas del cíelo, poseería la tierra de Canaán.

ESAU Y JACOB  37

crificio, es la más perfecta figura o representación de Jesucristo, cuando, con la cruz a cuestas, subía penosamente al Calvario, pa¬ra ser inmolado por 4a salvación de los hombres.

.36. Casamiento de Isaac.-Cuando Isaac se hallaba en estado de casarse, envió. Abrahán a Mesopotamia a su criado Eliezer, para que buscase, entre su propia familia, a la esposa destinada a su hijo, pues no quería que se enlazase con gentes idólatras, que eran las que poblaban el país donde residía.

Marchó Eliezer, y cuando llegó a Harán, encontró a Rebeca que estaba sacando agua del pozo, y supo por ella misma que era hija de Batuel y nieta de Nacor, hermano de Abrahán.

Viendo en esa joven la compañera que el Señor destinaba al hijo de su amo, hizo magníficos regalos a sus padres y a ella misma, llevándola después consigo al país de Canaán, donde con¬trajo matrimonio con Isaac.

37.           Muerte de Abrahán.-(Hacia 1885 a. de J.C.)-A la

edad de 175 años, acabó Abrahán una vida llena de las más ad¬mirables virtudes, y su cuerpo fué depositado por su hijo en una’ cueva de Hebrón que aquél había comprado para enterrar a su mujer Sara.

La fe en las promesas de Dios era la virtud distintiva, carac¬terística de Abrahán, y por ella mereció ser llamado Padre de los creyentes.

38.           Promesa del Mesías hecha a Isaac.-Después de la

muerte de su padre, recibió también Isaac la seguridad de que

todas las naciones de la tierra serían benditas en AQUEL que

descendería de él, y que su posteridad, numerosísima como las

estrellas del cíelo, poseería la tierra de Canaán.

CAPITULO VIII.-ESAU Y JACOB

39.    Esaú vende su derecho de primogenitura.-Isaac tuvo dos hijos: Esaú y Jacob.

Esaú era el mayor, y según costumbre entre los patriareis

tenía derecho a la bendición paterna que debía constituirle ca» beza de familia y heredero de las promesas hechas a Abrahán.

Pero cierto día,, al volver de caza, rendido de cansancio y, acosado por el hambre, encontró a su hermano Jacob, que aca¬baba de sazonar un plato de lentejas, y le dijo: “Dame ese plato.” Respondió Jacob: “Te lo daré, pero a condición de que me ce¬das tu derecho de, primogenitura.”

No pudiendo Esaú contener su ansioso apetito, le cedió al ins¬tante aquel derecho.   Jacob refirió a su madre lo ocurrido, y ella

le ayudó más tarde a recibir la bendición paterna,; valiéndose de una estratagema.   ,

40.   CONSIDERACIÓN.-Esaú es aquí la figura del pecador que, por un vil placer, sacrifica sus derechos a la celestial herencia.

41. Isaac bendice a Jacob.-Siendo ya viejo Isaac, debi¬lítesele la vista de modo que llegó a faltarle. Llamó entonces a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: “Hijo mío,, toma tus armas, sal al campo, y en cazando algo, guísame de ello un plato, según sabes que gusto, y tráemelo para que coma y te bendiga antes que muera.”   Y salió Esaú al campo.

Rebeca, al oír esas palabras, envió inmediatamente a Jacob a que escogiera en el ganado dos de los mejores cabritos. Se los preparó según el gusto de Isaac, y cubrió con su piel las manos y el cuello de Jacob, porque Esaú era muy velludo. Luego man¬dó a Jacob que presentara a su padre el manjar deseado. Isaac reconoció la voz de Jacob, pero al tocarle el cuello y las manos, dijo: “Cierto que es la voz de Jacob, pero las manos son de Esaú.” Y comió del manjar, y al terminar dio a Jacob su ben¬dición, permitiendo Dios, por designios’ misteriosos, que saliera bien la estratagema.

Cuando Esaú entró y supo lo que había pasado, dio gritos de dolor y lloró amargamente, pero no logró que su padre anulara la bendición dada.

42. ‘ Huida de Jacob. Promesa del Mesías.-Esaú cobró por esto tal resentimiento y odio contra su hermano, que llegó a proferir amenazas de muerte contra él. Alarmada su madre Re¬beca, aconsejó a Jacob que se retirase a casa de su tío Labán, que vivía en la ciudad de Harán, en Mesopotamia.

Esta huida fué señalada por una visión muy importante. Ha¬llábase Jacob descansando una noche en el campo, Cuando vio en sueños una escala misteriosa que desde la tierra llegaba hasta el cielo; muchos ángeles subían y bajaban por ella, mientras en su parte más alta se hallaba apoyado el Padre Eterno; el cual dirigiéndose a Jacob, le dijo: “Yo soy el Dios de Abrahán y de Isaac; te daré la tierra en que descansas; tu posteridad será nu¬merosa como el polvo de la tierra, y todas las naciones serán ben¬ditas en AQUBL, que nacerá de ti.”

Al despertar Jacob exclamó: “¡ Qué terrible es este lugar; ver¬daderamente es mansión de Dios y puerta del cielo!” Tomando después la piedra en que había apoyado su cabeza, la erigió en monumento o señal de su visión; y dio a aquel sitio el nombre de Betel, que significa Casa de Dios.

Cuando llegó Jacob a Mesopotamia, púsose al servicio de su tío Labán, tomando a su cargo la,guarda de sus ganados; y más adelante se casó con sus hijas Lía y Raquel.

43. Regreso de Jacob a su tierra.-Después de haber pasado Jacob veinticinco años en casa de su tío Labán, volvió a la tierra de Canaán, rodeado de numerosa familia y poseedor de considerables riquezas.

Durante el viaje, estuvo luchando una noche con cierto hom¬bre misterioso, el cual, no pudiendo derribar a Jacob, le tocó el tendón de una pierna, dejándolo cojo. En el momento conoció Jacob que había peleado con un ángel del Señor y le pidió su

bendición. Respondióle el ángel: “En adelante no te llamarás Jacob: tu nombre será ISRAEL, que significa fuerte contra Dios”.  Dióle su bendición y desapareció.

Luego, con buenas palabras y con regalos, consiguió Jacob aplacar el enojo de su hermano Esaú, quien deseando todavía vengarse, iba a su encuentro con cuatrocientos hombres. Loi dos se abrazaron tiernamente y echaron a llorar. Esaú no que¬ría recibir los regalos de su hermano, pero éste insistió tanto que al fin los aceptó. Aquel mismo día volvió a su casa, y Jacob fué a acampar cerca de Siquén.

44. Hijos de Jacob.-Jacob tuvo doce hijos, que fueron cabezas de las doce tribus de Israel y cuyos nombres son: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar,. Zabulón José y Benjamín. vEstos dos últimos eran hijos de Raquel.

Los más célebres de ellos fueron: Judá, cuya tribu dio reyes a! pueblo de Dios, y el Salvador al mundo; Leví, cuya descen¬dencia fué consagrada al servicio del altar, y por fin José, cuya vida está llena de acontecimientos extraordinarios, y que fué una ¡de las más admirables figuras de nuestro Redentor.

CAPITULO IX

INFANCIA Y TRIBULACIONES DE JOSÉ

45. Infancia de José.-Tenía Jacob un cariño particular: a su hijo José, habido en su vejez, y le había dado una túnica de varios colores, por cuya causa y preferencia era ese joven tan odiado de sus hermanos, que ni siquiera le dirigían una palabra afectuosa. Concluyó por irritarlos descubriendo a su padre una gran falta que aquéllos habían cometido, y contándoles dos sue¬ños suyos que presagiaban su futura grandeza.

  • Díjoles cierto día: “Parecíame que estando ocupados en atar gavillas en un campo, la mía se tenía derecha y las vuestras se inclinaban para adorarla.”

En otra ocasión les dijo: “He visto en sueños que el sol, la luna y once estrellas me adoraban.” (i)

(1) Bn la escritura y aun en el lenguaje de la Iglesia,, la palabra adorar, empleada con relación a una persona o cosa, significa proster¬narse, inclinarse en señal de profundo respeto o sumisión.

TRIBULACIONES DE JOSÉ

46. José vendido por sus hermanos.-Cierto día en que los hijos de Jacob se hallaban apacentando los rebaños lejos de su domicilio, llamó el patriarca a José, que se había quedado con él, y lo envió a donde estaban sus hermanos, para que le trajese noticias de lo que hacían, pues pensaba que el tiempo y la sepa¬ración habrían calmado su rencor. Mas no era así: apenas vieron a José, dijéronse unos a otros: “Ya viene el soñador, matémosle, y entonces veremos de qué le habrán servido sus sueños.”- “¡ No!”, contestó Rubén, “es nuestro hermano, y será mejor echar¬lo en la cisterna* seca que hay en el desierto.”

Arrebatados de cólera sus hermanos al oírle hablar de esta manera, le contestaron con acritud: “¿Qué significan esos sue¬ños? ¿Pensarás tú ser nuestro rey, y que estaremos nosotros sometidos a tu poder?” La pasión que los cegaba debía estallar muy pronto de una manera inicua y terrible.

Su intención era sacarlo cuando sus hermanos estuvieran le¬jos, y devolverlo a su padre.

Aceptóse la opinión de Rubén, y en cuanto llegó José, lo co¬

gieron sus hermanos, le quitaron la túnica y lo bajaron a la cis¬

terna. Viendo pasar poco después a unos mercaderes ismaelitas

que se dirigían a Egipto, se lo vendieron como esclavo por veinte

monedas de plata.               F

Mancharon después la túnica con la sangre de un cabrito v se la enviaron a Jacob, mandándole decir: “Ved e:a túnica que hemos encontrado: ¿ sería acaso de vuestro hijo José ?” Al reci¬birla, el desgraciado padre exclamó sollozando: “¡Ay de mí» alguna fiera ha devorado a mi hijo.”

47. José en casa de Putifar -Mientras que Jacob, abis¬mado en profundo dolor, no cesaba de llorar la pérdida de su ama¬do hijo, llegaban a Egipto los mercaderes ismaelitas y vendían José a Putifar, que desempeñaba un cargo de importancia en la corte del faraón o rey de aquel país.

Las bellas cualidades de José hicieron que mereciese muy pronto toda la confianza de su señor, el cual le confirió la su¬perintendencia de la casa; mas era preciso que la virtud de ese justo se viese sometida a ruda prueba. La mujer de Putifar in¬tento inducirlo a obrar mal, pero fué en vano; entonces, para vengarse de su resistencia, lo calumnió de una manera odiosa an¬te su marido Putifar quien, demasiado crédulo, hizo poner preso

ci   J OSC«

48.. José en la prisión.–Encontrábanse en ia misma prisión el copero y el repostero* o panadero’ del faraón, y cada uno de ellos tuvo un sueño que José les explicó. Al copero le dijo que, en el termino de tres días,, se vería repuesto en su cargo; después anuncio tristemente al panadero que, por el mismo tiempo, el fa¬raón le haría crucificar, sirviendo su cuerpo de pasto a las aves; y las dos cosas se realizaron como José había predicho.

A pesar de las promesas que el copero le había hecho, de que procuraría su libertad cuando él se viese libre, permaneció Tose encarcelado aún durante dos años.

JOSÉ PRIMER MINISTRO DE EGIPTO

CAPITULO X JÓSE PRIMER MINISTRO DE EGIPTO

49. José en la corte del faraón.-También el faraón tuvo posteriormente dos sueños que le causaron gran espanto. Vio en el primero siete vacas hermosísimas y gordas que, paciendo en las

orillas del Nilo*, eran devoradas por otras siete muy flacas. En el segundo vio siete espigas, llenas de nutrido grano, las cuales fueron devoradas por otras siete muy tenues-y dañadas.

Aunque se recurrió a todos los adivinos de-Egipto, ninguno de ellos tuvo capacidad suficiente para interpretar esas visiones;

LOS PATRIARCAS

t y sólo entonces fué cuando el copero se acordó de José, y habló de él al rey, quien mandó lo llevaran a su presencia.

José le dijo: “Señor, vuestros dos sueños no significan sino una misma cosa; las siete vacas gordas y las siete espigas llenas, anuncian siete años de gran fertilidad y abundancia, a los cuales sucederán otros siete de la más espantosa miseria, figurados por las siete vacas flacas y las siete espigas secas.”

“Prudente será, añadió José, que el rey escoja un ministro competente y hábil, que haga reserva de grano durante los años de abundancia, para que Egipto se vea libre de hambre cuando llegue el período de la esterilidad.”-”Tú mismo serás ese mi¬nistro,” le dijo el faraón, comprendiendo que José estaba lleno del espírifu de Dios; y poniéndole su anillo en el dedo, confirióle el gobierno de todo Egipto. José tenía entonces treinta años. Al mismo tiempo le cambió el rey su nombre de José por otro egipcio, que significaba salvador del mundo. (Hacia 1780 a. de J. C).

50. Van a Egipto los hermanos de José.-Llegó el. ham¬bre con la esterilidad y la carestía que José había predicho; pero, gracias a la previsión del ministro, se vio Egipto libre de sus consecuencias. Todavía más; como eran tan abundantes las re¬servas que se habían hecho, después de atender a la subsistencia del pueblo, púdose aún vender el trigo a los extranjeros que lo solicitaron, los cuales acudieron en gran número de todas las co¬marcas vecinas.

Sabiendo Jacob que vendían trigo en Egipto, mandó allá a sus hijos,, a excepción de Benjamín, el menor de ellos, que se quedó en su compañía.

Cuando los hijos de Jacob llegaron a Egipto, estuvieron en presencia de José, sin conocerlo; éste, por el contrario, los reco¬noció al momento; mas queriendo saber qué se había hecho de Benjamín, pues no lo veía con ellos, disimuló, y aun fingió to¬marlos por gente mal intencionada.

Al efecto les dijo: “¿ De dónde venís ? Vosotros sois efepías.”- Respondiéronle espantados: “Somos hijos de un mismo padre y de la tierra de Canaán; éramos doce hermanos; pero el más joven se ha quedado con su padre, y el otro. . . dejó de existir hace tiempo.”-”Para asegurarme de la verdad de lo que decís, replicó José, voy a quedarme con uno de vosotros en rehenes*, mientras los demás vais a traerme al hermano menor.”

Simeón se quedó en rehenes, y los otros, después de cargar el trigo que José mandó que les diesen, volviéronse entristeci¬dos a su casa, y contaron a Jacob lo que había sucedido; pero grande fué su sorpresa cuando, al desatar los sacos, encontraron en ellos el dinero que habían entregado en pago del trigo.

51. Segundo viaje de los hermanos de José.-Como la esterilidad continuaba asolando la tierra y las provisiones se aca¬baban, excitó Jacob va sus hijos a que volviesen de nuevo a Egip¬to para comprar comestibles. Respondió Judá: “No podemos ir, a menos que Benjamín venga con nosotros, porque el minis¬tro del faraón nos mandó que se lo llevásemos.”- “José, ha muerto, replicó gimiendo Jacob, Simeón está cautivo: ¡y queréis aún quitarme a Benjamín! No, no; este hijo no se separará de mí!” Insistió Judá en la necesidad absoluta de esta separación momentánea, prometiéndole tener especial cuidado del niño, y Jacob concluyó por acceder, diciéndoles: “Tomad doble canti¬dad de dinero que en el primer viaje, y devolved aquel otro que encontrasteis en los sacos y que sin duda pusieron en ellos por equivocación. Tomad también frutos y perfumes, de lo mejor que produce nuestro país, para obsequiar a ese ministro tan sus¬picaz. ¡Quiera Dios hacéroslo propicio, y que volváis pronto sa¬nos y salvos, con Simeón, a los brazos de vuestro padre V

, Marcharon, pues, los hijos de Jacob, y así que llegaron a Egip¬to, se presentaron de nuevo a José y, postrados en tierra, le ofre¬cieron los presentes. José los recibió con cariño, les permitió ver a su hermano Simeón, y luego les preguntó: “Vuestro padre de quien me hablasteis, ¿vive aún? ¿está bueno?” Contestáronle: “Nuestro padre, servidor vuestro, vive y está bien.”-”Este es, sin duda, añadió José designando a Benjamín, el hermano menor que debíais de traerme.”-”Sí, señor, él es.”-”¡Hijo mío, le dijo José, que Dios te guarde y te sea propicio!” Tuvo que salirse en seguida de la estancia en que se hallaba, porque no podía do¬minar su emoción a la vista de aquel niño, que era como él mis¬mo, hijo también de Raquel. A los pocos momentos volvió a don¬de estaban sus hermanos y los invitó a comer, causándoles con esto grande admiración.

Después de la comida, llamó José a su mayordomo y le dijo: “Llenad de trigo los sacos de estos hebreos, poniendo en ellos su dinero, como hicisteis en el primer viaje; además ocultaréis

LOS PATRIARCAS

mi copa de plata en el saco del más joven.”   Todo se hizo como José había ordenado.

Al día siguiente, marcharon contentísimos los once hermanos ; pero cuando se hallaban aún a corta distancia de la ciudad, vie­ron llegar corriendo, tras ellos, al mencionado mayordomo, qui­los detuvo y reconvino por haber robado la copa de su señor. To­dos protestaron enérgicamente de que eran inocentes pero, al re­gistrar los sacos, se encontró la copa en el de Benjamín.

52. José se da a conocer a sus hermanos.-Consternados de pena y de temor, comparecieron los hijos de Jacob ante el ministro, que les dijo: “¿Por qué me volvéis mal por bien?”- “¡ Señor!, respondió Judá, ninguno de nosotros ha hurtado vue’s-tra copa, pero las apariencias nos condenan, y podéis hacernos a todos esclavos vuestros, si lo queréis.”-”No a todos, replicó el ministro, sino solamente a aquél en cuyo saco ha sido hallada la copa; los demás podéis marchar libremente.” Tomando de nue­vo la palabra, Judá expresó en términos tan vivos y conmovedo-

LOS HEBREOS EN EGIPTO

res la pena que causarían a su anciano padre si volvían sin Ben¬jamín, su amadísimo hijo, que no pudiendo resistir más tiempo José, exclamó desahogando su pecho: “¡Yo soy José vuestro hermano!” Y viendo que aquéllos se quedaban atemorizados, añadióles cariñosamente: “No tengáis ningún cuidado, pues sin duda para bien vuestro permitió Dios que yo fuese traído a este país/’ Dicho esto, abrazó a Benjamín, estrechándolo largo rato contra su pecho, con abundante efusión de lágrimas; abrazó tam¬bién con gran cariño a los demás hermanos, y después añadió: “Daos prisa ahora en ir a buscar a nuestro padre, para que venga a vivir a Egipto, pues aquí se os dará una tierra con abundantes pastos.   Apresuraos, y conducídmelo aquí.”

CAPITULO XI

ESTABLECIMIENTO DE LOS HEBREOS EN EGIPTO

53.           Ida de Jacob a Egipto.-Henchidos de gozo y colma¬

dos de regalos, volvieron los hijos de Jacob a casa de su padre y

le dijeron: “Vuestro hijo José vive y manda en todo Egipto.”

Al oír tan estupenda noticia el venerable Patriarca, parecióle

que despertaba de un pesado sueño, y exclamó lleno de júbilo:

“Pues que José vive aún, ya no tengo nada que desear; iré y le

veré antes de morir.” Trasladóse en efecto a Egipto con toda su

familia, que se componía de setenta personas. (Probablemente

en los alrededores del año 1900 antes de nuestra era).

José obtuvo para ellos el feracísimo país de Cesen, donde Ja¬cob vivió diecisiete años.

54.           Muerte de Jacob.-Estando Jacob ya para morir, re¬

unió en torno suyo, por última vez, a todos sus hijos, y les dio

su bendición a cada uno en particular, con palabras proféticas.

Cuando llegó a Judá, predíjole el glorioso destino de su descen¬

dencia- en los términos siguientes: “Judá> tus hermanos te en¬

salzarán y se postrarán ante ti; tu mano estará sobre la cabeza

de tus enemigos; el cetro* no’ saldrá de Judá hasta que ven¬

ga Aquel que debe ser enviado, y que será la expectación de las

HISTORIA DE JOB

gentes.” Murió tranquilamente y, conforme a sus deseos, tras¬ladaron su cuerpo a la tierra de Canaán, para darle allí sepultura al lado de Abrahán, Isaac y Rebeca;

55. Muerte de José.-Cincuenta y cuatro años más tarde murió también José, a la edad de lio años, colmado de honores y consideraciones, y después de haber mandado durante ochenta anos en todo Egipto. Sus restos, conservados religiosamente pol¬los hijos de Israel, fueron depositados más tarde junto a los de sus padres, en el valle de Mambré.

56. CONSIDERACIÓN.-El comportamiento de José con sus hermanos enseña que todo buen cristiano debe olvidar las injurias recibidas y volver bien por mal.

57. José figura del Mesías.-José aborrecido injustamente por sus hermanos, vendido por ellos a unos extranjeros, ence¬rrado tres años en una prisión y colmado después de honores por el faraón, que le dio el nombre de Salvador, del mundo, es la más sorprendente, la más admirable y exacta figura del verdadero Salvador del mundo, que fué a su vez objeto constante de la per¬secución de los judíos, sus hermanos, vendido a sus enemigos por treinta monedas de plata, y encerrado tres días en el sepulcro, para resucitar, lleno de gloria, y elevarse al cielo, el día de su ascensión.

CAPITULO XII.-HISTORIA DE JOB

58.           Piquezas y virtudes de Job.-Por el tiempo en que

murió José, vivía en la tierra de Hus„ en Idumea, un descendien¬

te de Esaú, llamado Job.

Habíale dotado el Señor de todo lo que en punto a felicidad puede desearse en la tierra, pues se veía rodeado de numerosa ‘familia, poseía inmensas riquezas y su nombre era ilustre y cé¬lebre en todo el Oriente. Gozaba en paz de todos esos bienes, dando gracias a Dios y viviendo con la mayor piedad y rectitud. -

59.           Tribulaciones de Job.-Cierto día en que los ángeles

se hallaban reunidos en presencia de Dios, según la expresión

de los libros sagrados, se presentó Satanás en medio de ellos,.

PACIENCIA De JOB

y le dijo el Eterno: “¿De dónde vienes tú?” Contestóle Satanás; “Vengo de recorrer la tierra.”-”¿Has reparado en mi soervo Job?, repuso el Señor. No hay nadie en ella que sea, como él. Sencillo, recto, temeroso de su Dios y enemigo del mal señor, replicó el demonio, le habéis colmado de tantos bienes, que: su virtud no tiene nada de sorprendente; pero dejad sentir un poco sobre él vuestra mano, heridle en lo que posee y veréis entonces si maldice o no vuestro nombre.”-”Ve, pues, dijo el Eter¬no, pongo en tus manos todo lo que le pertenece; pero respeto su persona.”

Al momento las más espantosas desgracias cayeron sobre Job, tan dichoso hasta entonces.

Hallábase descansando tranquilamente bajo su tienda, cuando vio llegar corriendo uno de sus criados, del todo despavorido. el cual le dijo: “Señor, los sábeos* han invadido vuestras tierras y os han arrebatado las borricas y los bueyes, matando a los que estaban guardándolos; únicamente yo he podido escapar para traeros la noticia.”

Aún hablaba este criado, cuando llegó otro a decir a JoB” “El fuego del cielo ha caldo en vuestra alquería* y la ha redu¬cido a cenizas con las ovejas y los pastores.”

Llegando al. mismo tiempo un tercer mensajero, añadió: “Un viento impetuoso, salido repentinamente del desierto, cuando vuestros ‘hijos se hallaban reunidos con su hermano mayor, en un convite de familia, derribó la casa y todos han quedado sepul¬tados en sus ruin

Al oír tan terrible noticia, levantóse Job’ y rasgó su vestido en señal de duelo; pero lejos de irritarse contra el Señor, se postró con la faz en tierra, diciendo: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó: bendito sea su santo nombre.”

Todavía obtuvo permiso Satanás para afligir a Job en ,su persona, y en seguida fué a herir al santo varón .con una terrible llaga que le cubría de pies a cabeza.

60. Heroica paciencia de Job.-Aunque sumido repenti¬namente en la más espantosa miseria, y causando su vista repug¬nancia a todos, de modo que se vio obligado a recostarse en un estercolero, soportó Job todas esas duras pruebas sin .proferir la menor queja.

Como si tantos males reunidos no bastasen para apurar su paciencia, todavía fué su. mujer a decirle: “Cómo, ¿aún insisten

en. tu simplicidad? Bendice, sí, bendice a Dios y muérete.” (i) Contentóse Job con responderle tranquilamente: “Hablas como una necia; si recibimos los bienes de la mano del Señor, ¿por qué no hemos de recibir también los males? Por lo que a mí toca, aun cuando me quitara la vida, tendría esperanza en El.”

Tres amigos suyos, que supieron sus desgracias, fueron tam¬bién a verle; pero bien pronto cambiaron su compasión en acri¬minaciones por la falsa idea que tenían de que la adversidad sólo recae en los malos. Job, al contrarió, porque sabía que Dios es arbitro universal, y que tiene facultades absolutas,, lo mismo para poner a prueba a sus amigos que para castigar a los pecadores, y que la paciencia, unida a la humildad en los sufrimientos, glorifica a Dios y multiplica los méritos del pacien¬te, permaneció inquebrantable en su fe y confianza en la Pro-

(1)    Estas palabras «ran dichas por la mujer irónicamente, como .si quisiera ‘inducirlo a que renegase de Dios.

NUEVA PROSPERIDAD DE JOB    51

videncia, esperando otra vida mejor. “¡ Tened compasión de mi, decía, al menos, vosotros que sois mis amigos, pues que la ma¬no del Señor me ha tocado!. . . Sé que vive mi Redentor, y que un día saldré de nuevo de la tierra, y revestido de mi propia carne, contemplaré yo mismo la cara de mi Dios; abrigo este esperanza en el fondo de mi corazón!”

61.’ Nueva prosperidad de Job.-Por fin Dios se compa¬deció de su siervo y recompensó abundantísimamente su fideli¬dad: le devolvió la salud; le dio nueva familia, con el duplo de bienes que el demonio le había arrebatado, y prolongó su vida hasta la edad de 210 años.

62. CONSIDERACIONES.-1* Así es como el cielo pone a veces nuestra virtud a prueba. Séptimos en tales casos mostrar, como Job, gran resignación y confianza en Dios, porque nunca abandona a los que confían en El. 2* La historia de Job nos prueba, de una manera evidentísima, que el diablo no tiene ¡ooder contra nosotros sino en cuanto Dios se lo permite, y que podemos utili¬zar para nuestra salvación los ataques de Satanás.

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE PALABRAS- 1. ¿Sabe usted qué significa Mesopota-mia?-*–¿ Israel?-¿Mesías?-2. ¿Qué sentido tiene la palabra adorar, hablando de un hombre o. de una. cosa?-3. ¿Qué es una figura del Mesías?-4. ¿Qué significa cetro, en esta frase de Jacob: el cetro no saldrá de Judá, etc.?-5. Dé usted la definición de los vocablos siguientes: diezmos, botín¡ odre, .alquería, cisterna, gran copero, holocausto, rehenes.

CRONOLOGÍA.-6. ¿ Cuándo comenzó el segupdo período del AntiguiS Testamento, y cuándo terminó?-7. ¿En qué año tuvo lugar la vocación de Ahrahán? ¿Cuándo murió este patriarca?-8. ¿En qué año fué la ida de Jacob y de su familia a Egipto?

GEOGRAFÍA.-9. ¿A qué montaña subió Abrahán para sacrificar a su hijo?-10. ¿Dónde está situado Egipto?-11. ¿Entre qué ríos se halla Meso-potamia?-12. ¿Qué sabe usted del Mar Muerto?-13, ¿De dónde se deriva el nombre de Cánaán?-14. ¿Dónde está situada la tierra de Gesén?

HISTORIA.-15. ¿Cuáles son los hechos principales en la primera época del segundo período del Antiguo Testamento?-16. ¿Con qué nombre se de¬signa al pueblo de Dios?-17. Cuéntese la vocación de Abrahán.-18. ¿Por qué se retiró Jacob a Mesopotamia y qué hecho notable le sucedió en el ca¬mino?’-19. ¿Quiénes fueron los hijos de Jacob?-20.’Cuente usted la historia de José desde su infancia hasta su elevación.-21. Haga usted lo mismo con la

RECAPITULACIÓN

segunda parte de la historia de José, o sea desde su elevación hasta su muer¬te.-22. ¿A qué pruebas sometió Dios a su siervo Job, y cómo recompensó su fidelidad?-23. Refiera usted una profecía que fijó el tiempo en que debía aparecer el Mesías.-24. Cite usted las diferentes promesas del Mesías hechas a los patriarcas desde Adán hasta Jacob.

MORAL.-25. Demuestre usted con un ejemplo tomado de la vida de Abrahán, lo admirable que fueron su fe y obediencia.-26. ¿En qué concepto-ha sido José figura del Mesías?-27. ¿Cuáles son las virtudes que más resal¬tan en la vida de José?

SEGUNDA ÉPOCA. - EL ÉXODO

DESDE EL NACIMIENTO DE MOISÉS HASTA LA MUERTE

DE JOSÜE

Años 1500 a 1363? a. de J. O.

CAPITULO XIII INFANCIA Y MISIÓN DE MOISÉS

63.           Los hebreos perseguidos.-Tan rápidamente se mul¬

tiplicaron en Egipto los descendientes de Jacobs que, dos siglos

después de la muerte de José^ formaban ya un verdadero y nu¬

meroso pueblo.

Este aumento alarmó a los egipcios de tal manera, que uno de su reyes (i), que no había conocido a José, comenzó a dictar disposiciones contra ellos; Al principio sólo procuró debilitarlos, imponiéndoles los más duros trabajos f pero como este medio no le daba el resultado apetecido, ordenó .terminantemente que todos los varones recién nacidos de los hebreos fuesen arrojados al Nilo.

64.           Infancia de Moisés.-Por aquel tiempo nació Moisés,

■que había de ser libertador del pueblo de Dios (1500? a. de J. C).

Era Moisés hijo de Amram y Jocabed, de la tribu de Leví. Su madre lo tuyo oculto en su casa durante tres meses, pero temiendo luego ser descubierta, tejió un canastillo de juncos, le dio un baño con brea y pez, y colocando en él a su hijo, dejólo ■en un cañaveral a orillas del río Nilo.

(1) No se tienen datos suficientes para saber quién fué el faraón opresor y en qué aiio salieron los hebreos de Egipto. Según una hipó¬tesis el opresor sería Tutmes III (hacia 1501-1449), y el éxodo habría tenido lugar bajo su sucesor Amenofis II, 1449. Según otra hipótesis •el perseguidor de los hebreos habría sido Sati I, (1319-1305) o Ramsés 31 (1305-1240), y la salida de Egipto se habría realizado al principia del ¡reinado en Minepta I  (hacia 1240-1225).

EL ÉXODO

Poco después fué a bañarse en aquel sitio la hija del faraón* y viendo el canastillo que flotaba entre las cañas, mandó a una de sus doncellas que lo sacase. Al abrirlo, viendo que en él había un niño extraordinariamente hermoso, que estaba llorando, tuvo compasión de él y resolvió salvarlo, aunque comprendió que sería hijo de algún hebreo.

Necesitábase una nodriza para el recién nacido, y presen¬tándose María, hermana del niño, que lo estaba vigilando desde los alrededores, consiguió que lo amamantase su propia madre.

Cuando el niño hubo crecido, lo llevó Jocabed a la princesa, que lo adoptó, le puso el nombre de Moisés, que quiere decir salvado de las aguas, y le hizo educar a su lado e instruir en todas las ciencias de los egipcios.

65. Moisés abandona la corte.-Aunque educado en la cor-te,, no olvidó Moisés a sus hermanos los hebreos, y hasta hu¬bo ocasión en que, por defenderlos, puso en peligro su vida..

MISIÓN DE MOISÉS

Más adelante se vio precisado a abandonar la corte, y se re* tiró al desierto de Madián*, en el que «pasó cuarenta años, ocupa do en guardar los ganados de un sacerdote llamado Jetró,, con cuya hija, Séfora, se casó.

/66. Misión de Moisés.-Hallándose un día Moisés apa­centando su rebaño en el monte Horeb*, se le apareció el Señor en medio de una zarza que ardía sin quemarse, y le anunció que lo había escogido para libertar al pueblo de Israel de la escla­vitud de Egipto.*

Espantado Moisés por las dificultades de esa misión, suplico al Señor que no se la impusiera; pero Dios, a fin de animarla, concedióle el poder de hacer milagros* con la vara que llevaba en la mano, y le dio por compañero a su hermano Aarón.

67. Las plagas de Egipto.-Presentóse Moisés en la corte del faraón, para intimarle consintiese en la salida y marcha de

los hebreos, a lo cual se negó el rey obstinadamente. Entonces, por medio de Moisés y Aarón, castigó Dios a aquel país con los terribles azotes que se llaman las diez plagas de Egipto.

Las plagas de Egipto fueron las siguientes: i* las aguas se

cambiaron en sangre; 2″- todo el país se cubrió de ranas; 3* es¬

pesas nubes de tábanos acosaban a hombres y animales; 4* lle¬

nóse el país de unas moscas muy dañinas; 5* la peste maligna

atacó los ganados y los animales domésticos; 6* los hombres y

ios animales se vieron cubiertos de repugnantes úlceras; 7* gran¬

des tormentas y pedriscos destrozaron las cosechas; 8* una nube de

langostas cubrió el campo y asoló lo que habían dejado los pe¬

driscos ; 9* las más densas tinieblas oscurecieron a Egipto durante

tres días; 10* y por fin murieron, en una misma noche, todos los

primogénitos de los egipcios.           ‘

68. La Pascua.-Antes de esta última plaga había dicho Dios a Moisés: “Junta a los hijos de Israel y diles: El día deci¬mocuarto de este mes tomaréis un cordero de un año, sin mancha, y reunidos en familia, lo inmolaréis por la tarde; con su sangre marcaréis las puertas de las casas, y os comeréis la carne asada con pan ázimo* y lechugas silvestres. Durante la comida ten¬dréis puesto el cinturón, estaréis calzados y “con el báculo en la mano, porque esa misma noche enviaré a mí ángel a Egipto, y herirá a todos los primogénitos de los egipcios; mas cuando vea la marca de sangre en vuestras puertas, pasará de largo y que¬daréis libres. Celebraréis este día de generación en generación.” Este fué el origen de la Pascua* de los judíos.

i 69. La Pascua judaica figura de la nuestra.-La Pascua que los judíos celebraban todos los años con gran regocijo, en señal de agradecimiento, era figura de nuestra fiesta de Pascua, va la cual/por la recepción del Sacratísimo Cuerpo de N. S. Je¬sucristo, Cordero de Dios, celebramos nosotros la memoria de su resurrección y de su tránsito de la muerte a la vida gloriosa.

70. El cordero pascual, figura de Jesucristo.-El cordero pascual, cuya sangre preservó a los primogénitos de los hebreos, era figura de Jesucristo, cuya sangre nos ha redimido y salvado de la muerte del pecado

CAPITULO XIV.-SALIDA DE EGIPTO

71. Paso del Mar Rojo.-Vencido por tantas calamidades, «l faraón consintió en que los hebreos se marcharan de su país; y en consecuencia salieron éstos de Ramsés y se dirigieron hacía A Mar Rojo*, con Moisés a la cabeza, en número de seiscien¬tos mil,,”sin contar las mujeres ni los niños. (1450? a* de J- C.).

Mas el rey se arrepintió de haberlos dejado salir, y envió en su persecución un ejército que les dio alcance en las riberas del Mar Rojo.

Viéndose los hebreos en peligro de ser destrozados, se sobre¬cogieron de terror y comenzaron a murmurar; pero Moisés lo9 tranquilizó diciéndoles: “Tened confianza y veréis hoy las ma¬ravillas de Dios.”

El, ÉXODO

Extendió en seguida su brazo hacia el mar, y vino un viento-impetuoso que dividió las aguas, las cuales quedaron detenidas-a derecha e izquierda como por diques o murallas, permitiendo’ así que los hebreos pasasen a pie enjuto por en medio de ellas.

Cuando vieron los egipcios que los israelitas se les escapaban de las manos, se precipitaron tras de ellos; pero repentinamente se introdujo la más espantosa confusión entre las filas, pues todos clamaban: “¡Huyamos de Israel! ¡El Señor combate con¬tra nosotros!” Era demasiado tarde; Moisés había tendido de nuevo su brazo hacia el mar, el abismo se cerró y el ejército de) faraón quedó sepultado en las aguas.

En vista de tan estupendo milagro, los israelitas ensalzaron la omnipotencia de Dios, y Moisés compuso, en nombre del pue¬blo, un sublime cántico en acción de gracias.

72. Entrada de los hebreos en el desierto.-Después del milagroso paso del Mar Rojo, entró el pueblo de Israel en lq.c desiertos de Arabia*, donde debía andar errante por espacio de cuarenta años, antes de establecerse en la Tierra prometida.

Durante esta larga peregrinación, plugo al Señor multiplicar los prodigios en favor de los hebreos.

Desde su salida de Egipto, eran guiados en sus marchas por una nube en forma de columna, obscura durante el día y lumi¬nosa durante la noche; la cual, con sus movimientos o paradas, les indicaba si debían caminar o acampar.

Al poco tiempo de haber empezado a caminar en el desierto.. se les agotó su provisión de .agua a los hebreos. En Mará encon¬traron por fin agua, pero era muy amarga. Moisés arrojó en ella un madero y se volvió el agua dulce. De allí pasaron a Elúti, donde había doce manantiales y setenta palmeras; y acamparon junto a las aguas.

Cumplido un mes de andar por el desierto, les faltaron víveres. y el pueblo comenzó a murmurar contra Moisés^y Aarón dicien¬do: “¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto! ¿A qué traernos a este desierto, donde vamos a morir de hambre?” Oyó el Señor sus quejas y aquella misma tarde cayeron bandadas de codornices en el campamentojs. .

Al despuntar el día siguiente, cubrióse la tierra de una especie de rocío helado, cuyos granos tenían el gusto de flor de harina con miel. l^ra. éimaná, alimento milagroso que caía del cielo todas las madrugadas a fin de que cada cual cogiese lo necesario para

LOS HEBREOS EN EL DESIERTO

1 día; y no faltó ya aquel alimento a los hebreos hasta que lle¬garon a la tierra de promisión.

El maná era, según el mismo Jesucristo, figura de la Sagrada Eucaristía, pan vivo bajado del cielo y destinado al sostenimien¬to de las almas fieles, durante su peregrinación por la tierra hacia la patria celestial.

EnJRafidfn. como el pueblo sufría una sed angustiosa, Moisés fué con los ancianos al monte Horeb y tocando la roca con su vara, hizo brotar un rico y abundante manantial de agua.

En aquel tiempo fueron los hebreos atacados por los amale-citas (i), que habitaban el desierto, y Josué quedó encargado de combatirlos, mientras Moisés hacía oración en la montaña próxima con Aarón y Hur.  Observaron éstos que mientras oraba

(1)    Descendientes de Anmle*;, nieto de JSsaü.

PUBLICACIÓN  DEL DECÁLOGO

<(\poder admirable de la oración!), los amalecitas eran derrota¬dos, y que cobraban ventaja siempre que Moisés, cediendo a la. fatiga, dejaba de tener levantados los brazos al cielo, por lo cual,, haciéndole sentar, se los sostuvieron hasta que se completó la derrota de los enemigos.

CAPITULO XV

PUBLICACIÓN DEL DECÁLOGO

73. Los hebreos en el Sinaí.-Transcurridos tres meses desde la salida de Egipto, los hebreos fijaron sus tiendas de cam¬paña al pie del monte Sinaí, donde Dios iba a darles su ley.

Habiendo llamado el Señor a Moisés a la cima de aquel monte, le mandó que dijese al pueblo: “Habéis visto de qué manera os he sacado de Egipto; si queréis oír mi voz y guardar mi alianza con fidelidad, seréis mi pueblo escogido.” Moisés repitió las pa¬labras del Señor, y los israelitas respondieron unánimes: “Ha¬remos todo cuanto quiera el Señor.”  Dijo todavía el Señor: pu-rificaos, pues, hoy y mañana, porque al tercer día bajaré a la montaña en presencia de Israel.”

74.           El Decálogo.-El día tercero, desde la mañana, apa¬

reció el monte cubierto de una densa nube, de la que salían re¬

lámpagos y truenos. Bien pronto, por entre las llamas, se dejó oír

la voz del Señor, que publicó el Decálogo o los diez mandamientos.

I.    Yo soy el Señor tu Dios, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud.   No tendrás dioses ■   ajenos delante de Mí, ni los adorarás.

II.   ‘No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios..

III.           Acuérdate de santificar el día del sábado.

IV.           Honra ¿t tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra.

V.            No matarás.

VI.           No fornicarás.

VII.         No hurtarás.

VIII.        No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.

IX.          No desearás la mujer de tu prójimo.

X.   No codiciarás la casa de tu prójimo, ni cosa alguna que le pertenezca.

Habiendo jurado solemnemente el pueblo de Israel que guardaría esos mandamientos, subió Moisés de nuevo a la montana, y el Señor le dio el Decálogo escrito en dos tablas de piedra, lla¬madas por ello Tablas de la Ley. Hízole también conocer su voluntad respecto a la construcción del Tabernáculo y a cuanto se refería a la organización civil y religiosa de su pueblo.

75.           El becerro de oro.-Entretanto, al ver que Moisés

tardaba mucho en bajar del monte, el pueblo obligó a Aarón a

que fundiese un becerro de oro, al cual los israelitas rindieron

culto y adoración.

Al volver Moisés al campamento, viendo las sacrilegas ofren¬das que se hacían al ídolo, arrebatado de indignación, rompió las tablas que llevaba, y con ayuda de la tribu de leví, castigó tan severamente a los prevaricadores, que fueron pasados a cuchillo veintitrés mil hebreos.

PUBLICACIÓN DEL DECÁLOGO

76. CON SIDERACIÓN.-Renuevan la idolatría de los adoradores del be­cerro de oro, y se hacen merecedores de los castigos de Dios, todos aquellos .que, olvidando la sublimidad de su destino, se hacen esclavos de las riquezas ■y sacrifican a ellas sus desvelos, su vida y su alma.

77. Nuevas tablas.-A fuerza de ruegos y súplicas, con¬siguió Moisés que el Señor perdonase a su pueblo, y después volvió a subir al monte Sinaí, donde’.recibió otras tablas como las primeras.

Cuando, al cabo de cuarenta días, volvió Moisés a presentarse

al pueblo, tenía su cara resplandeciente, pues, por su comunica¬

ción íntima con el Señor, habían aparecido en su frente dos ra¬-

yos luminosos.

CAPITULO XVI. ORGANIZACIÓN DE LA RELIGIÓN MOSAICA

78. ‘ El Tabernáculo.-En seguida se ocupó Moisés en Ja. ejecución de las órdenes que Dios le había dado en la montaña* y construyó el Tabernáculo y el Arca de la Alianza.

El Tabernáculo debía servir de templo a los israelitas hasta que se instalasen en la tierra prometida. Era una amplia tien¬da rectangular, hecha con las telas más preciosas; tenía treinta codos de largo por diez de ancho y otros tantos^ de alto.   Un velo

o cortina lo dividía en dos partes, una llamada el lugar Santo y otra el Santuario o Santo de los Santos, es decir, el lugar san­tísimo.

ORGANIZACIÓN DE LA RELIGIÓN MOSAICA                     65

En la primera parte estaban el candelero de oro, la mesa de los panes de proposición y el altar de los perfumes; en la segunda se hallaba el Arca de la Alianza.

El espacio que circuía el Tabernáculo se llamaba atrio*. En este, enfrente de la puerta del Tabernáculo, estaba el altar de los holocaustos*, en que se quemaba la carne de las víctimas, y un gran recipiente lleno de agua, llamado mar de bronce (i).

79. El Arca de la Alianza.-El Arca de la Alianza era una caja de madera preciosa e incorruptible, cubierta de oro por den­tro y por fuera. Tenía dos codos y medio de largo, uno y me­dio de ancho y otro tanto de altura., Dos querubines de oro, que se miraban uno a otro, la cubrían con sus alas extendidas; la parte superior era llamada propiciatorio; allí Dios se manifesta­ba y comunicaba sus oráculos* a Moisés o al sumo sacerdote cuando lo consultaba.

El Arca de la Alianza sólo contenía al principio las tablas de la Ley; posteriormente se colocó en ella también cierta cantidad de maná y la vara de Aarón.

/80. El sacerdocio.-Toda la tribu de Leví fué consagra­da al servicio del altar, dividiéndose los ministros del culto en. tres clases o rangos, a saber: el Sumo Sacerdote, o Soberano.-Pontífice, los sacerdotes y los levitas.

Cumpliendo Moisés las órdenes de Dios, consagró a su her­mano Aarón como Soberano Pontífice, y a los hijos de éste co­mo sacerdotes, para ofrecer los sacrificios. Los levitas quedaron encargados de auxiliar a los sacerdotes en las funciones propias de su ministerio, y de atender al servicio del Tabernáculo^

(1) La nube en forma de columna, que servía de guía al pueblo dle Israel, se colocaba generalmente sobre el Tabernáculo.

81. i Fiestas de los israelitas.-Además de la. Fiesta Sabá­tica, o de todos los sábados, tenían los israelitas otras cuatro prin­cipales durante el año, que eran las siguientes: i*, la Pascua, es­tablecida en memoria de la salida de Egipto; 2*, la de Pentecos­tés, cincuenta días después de Pascua, que se instituyó para re­cordar la promulgación de la ley; 3*, la de los Tabernáculos, o riendas, en memoria de la permanencia de los israelitas én el de­sierto, y 4*, la de las Expiaciones^ que era el único día del año en que estaba permitido al Sumo Sacerdote entrar en el Santuario para ofrecer perfumes y la sangre de las víctimas, (i)

82. Castigo dé *los infractores de la ley.-Muy pronto conoció el pueblo de”Israel la severidad Con que Dios castigaría ‘& los infractores de su ley. He aquí algunos ejemplos: i Presentaron a Moisés cierto- día un israelita que había blas¬femado del nombre del’Señor, y el santo legislador, después de haberlo consultado con Dios, ordenó que el blasfemo, fuese saca-■dó del campamento y apedreado.

u Igual suerte cupo a otro israelita, porque un sábado había es¬tado recogiendo un poco de leña en el desierto.

‘Nadab y Abiú, hijos de Aarón, fueron abrasados por las lla¬mas que salieron del altar, porque habían puesto en los incensa¬rios fuego profano, en lugar del que ardía constantemente en el altar de los holocaustos, (i)

|$?.    Legislación mosaica.-La legislación que Moisés redacto en nombre de Dios para el pueblo de Israel comprende cuatro clases de preceptos.

L Dogmas religiosos, de los cuales los principales son: Io, los mismos de la religión primitiva con su aclaración y desarro11o, como la unidad y la providencia de Dios; 29, la expectación di ‘ Mesías prometido, y 30, la sumisión inmediata y particular rie los israelitas al gobierno de Dios.

II.            Leyes morales, como se contienen en el Decálogo, sin

que haya nula comparable a su perfección en ninguna de las re¬

ligiones de los pueblos antiguos.

III.           Leyes ceremoniales, cuyo mérito principal, aun pres¬cindiendo de otras excelentes particularidades, consiste en ha¬ber sido figuYa y preparación del culto cristiano.

IV.           beyes políticas, civiles y militares, apropiadas a la con • lición del pueblo judío, caracterizadas por una sabiduría tan pro funda,*que bastaban por sí solas para asegurar la felicidad de toda la nación en general y de cada israelita en particular

V

84. La religión cristiana es confirmación y perfeccio¬namiento de la ley mosaica.-Nuestro Señor Jesucristo confirmó y completó algunos dogmas religiosos y leyes morales de la legislación mosaica. Estos dogmas deben, pues, ser creídos \ estas leyes observadas, tal como lo enseña y manda nuestra madre la Iglesia católica; pero lo demás de la ley antigua quedó de rogado o abolido

(1) La Pascua se celebraba el día decimocuarto del mes de Nizán o Marzo, y la fiesta de los Tabernáculos, siete meses después.. Estas d-j3 fiestas duraban siete días cada una, y lo mismo la de Pentécíostf5*

(1) El rigor de estos castigo» se explica por la necesidad de in­fundir el respeto a las leyes, a un pueblo tan ingrato como dispuesto i rebelarse.

CAPITULO XVII

PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO

1/ 85. Marcha desde el Sinaí.-Después de haber acampado un año entero al pie del Sinaí, volvieron a emprender su marcna los israelitas, dirigiéndose a la tierra de promisión a través del desierto.

Pero al poco tiempo de emprendida la marcha, se suscitó mur­mullo en el pueblo, como quejándose por el cansancio. El Señor castigó esa falta permitiendo que se incendiara parte del campa­mento.

Algunos días después empezaron los hebreos a ponerse tris­tes porque no tenían carne que comer. Dios repitió con ellos el milagro de las codornices, recogiendo tantas, que tuvieron carne hasta saciarse durante un mes, y muchos se enfermaron y mu­rieron de tanto que comieron. Después acamparon en Haze-rot.

/86. Envío de exploradores a £a»aán.-Cuando llegaron a cabesvarner, situada en el confín o límite meridional de la tierra de Canaán, escogió Moisés a doce hombres, uno de cada tribu, pa­ra qué. se adelantasen y reconocieran el país que los israelitas ha­bían de conquistar.

/A los cuarenta días volvieron aquellos emisarios, trayendo riquísimos frutos, entre los cuales había un sarmiento de vid con un racimo tan extraordinariamente grande, que se necesita­ron dos hombres para transportarlo. Dijeron aquéllos además: “Es un país hermosísimo donde corren arroyos de leche y miel; pero las poblaciones están cercadas de altas murallas y defendi­das por unos gigantes, a cuyo lado nosotros parecemos langos­tas.”

^Al momento manifestó el pueblo su terror y espanto, murmu­rando pública y violentamente de Dios y de Moisés; hasta faltó poco para que apedreasen a los exploradores Caleb y Josué, que los exhortaban a tener confianza en Dios y a continuar la marcha. ¡ Estás murmuraciones excitaron la cólera de Dios, que amena­zó anonadar la peste a aquel ingrato pueblo; intercedió de nuevo Moisés/y se aplacó el Señor, pero ordenó a su siervo que les dijese:    “De todos los que salieron de Egipto mayores de

veinte años, ninguno entrará en la tierra prometida, excepto Jo­sué y Cale!).”

Después de tan terrible sentencia, los israelitas, en vez de avanzar, tomaron de nuevo el camino del desierto, tristes y constelados.

sin embarco, algunos, desobedeciendo las órdenes del Señor, y de Moisés, quisieron seguir adelante, pero, fueron vencidos y muertos por los amalecitas y los cananeos.

87. Nueva rebelión.-A este período de la historia se re­fiere la sedición de Corélt Datan y Abirón,; que fueron tragados por la tierra, con tocio lo que les pertenecía, por haber querido usurpar las funciones sacerdotales que el Señor había conferido únicamente a la familia de Aarón.

La elección de éste para el Pontificado se yió también, confir­mada en aquel tiempo con un maravilloso prodigio. Moisés ha­bía colocado en el Tabernáculo, por orden expresa de Dios, doce varas, cada una con el nombre de una tribu: el de Aarón se ha-

Haba escrito en la vara correspondiente a la tribu de Leví. Al dia siguiente observóse que aquella varita, reverdeciendo mila­grosamente, se había llenado de flores; y desde entonces fué siempre conservada en el Arca de la Alianza.

88.. Duda de Moisés.-En el primer mes del año cuadra pésimo después de la salida de Egipto, volvió el pueblo a acam par en cadesbare.

El recuento o empadronamiento que entonces hizo Moisés, le demostró que una nueva generación había sucedido ya a la de los murmuradores, contra quienes se había dictado el decreto de ex­clusión, en aquel mismo lugar, treinta y ocho años antes. Iba por fin a realizarse la promesa que Dios había hecho anteriormente a los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob,

Por otra parte, decretado estaba que Moisés moriría antes de llegar a aquella tierra, objeto de sus deseos, a la cual conducía a los hijos de Israel desde hacía cuarenta años.

Viniendo a faltar el agua, púsose a murmurar el pueblo, se­gún su costumbre, y el Señor le dijo a Moisés: “Manda a la roca y brotará agua.” Pero Moisés no se contentó con hablar a la roca, sino que le dio dos golpes con su vara, como si hubiese dudado del poder bondadoso de Dios para con un pueblo tan in­grato. El agua brotó en abundancia, pero Dios se mostró ofen­dido de aquella duda o vacilación de su siervo, y le dijo: “Por­que te faltó la confianza en Mí, no entrarás en la tierra que daré a mi pueblo.”

89.      El rey de Idumea les impide el paso.   Muerte de

Aarón.-Al salir de Cadesbarne quisieron los israelitas atravesar el país de los idumeos, para llegar a Canaán más pronto; pero el rey de Idumea (o’Edom) les negó el paso, y se vieron obliga­dos a dar un rodeo considerable, pues el Señor les prohibió com­batir a los idumeos, por ser descendientes de Abrahán por la lí­nea de Esaú y de Ismael.

Poco después llegaron al Monte Hor; y allí murió Aarón, recibiendo antes su hijo Eleazar las vestiduras sacerdotales y el nombramiento de sumo sacerdote.

90.      La serpiente de bronce.-El rodeo que tuvieron que

dar al país de los idumeos no agració a los israelitas, y empezaron a enfadarse del viaje y a murmurar otra vez contra Dios y con­tra Moisés.-”¿Por qué nos sacaste de Egipto para que murié-

PEREGR1NACIÓN POR EL DESIERTO          /i

sernos en el desierto ? Falta pan, no hay agua; nos probocava ya náuseas este manjar sin substancia.” Y otra vez los castigó Dios enviándoles unas serpientes, cuyas mordeduras abrasaban como *1 fuego.

En tal apuro, acudieron a la tienda de Moisés a decirle: ‘*Hemos pecado; rogad a Dios que nos libre de estas serpientes. hiso oración por olios Moisés, y el Señor, queriendo dar con an -elación una figura de la admirable virtud que tendría, la cruz de Jesucristo, mandó alzar en medio del campamento una serpiente de bronce, y cuantos fijaban en. ella sus miradas quedaban instantáneamente curados.

01.    Conquista   de la   ribera izquierda   del   Jordán.-

Cuando los israelitas hubieron recorrido a lo largo las frontera.-de los idumeos, avanzaron hacia el Norte hasta el confín de los dominios del rey de los amorreos*, al cual Moisés mandó uñó embajada para solicitar qué le permitiera el paso por su tirria torio. Recibidos por aquél como enemigos, tuvieron los israelitas que recurrir a las armas, y lo derrotaron completamente El rey de Basan* no tardó mucho en sufrir la misma suerte,

En virtud de estas victorias, se posesionaron los israelitas de  mayor parte de la ribera izquierda del Jordán e instalaren, su campamento cerca de los montañas*, frente a Jericó.

92. Profecía de balaam.-Atemorizado balac. Rey .1: moab, al tener noticia de que los israelitas se aproximaban, insto \ un célebre adivino llamado Balaán, para que fuese a maldecir al pueblo de Israel.

Seducido Balaán por la recompensa que se le había ofrecido, púsose inmediatamente en camino; pero la burra en que iba mon¬tado se paró repentina y bruscamente, porque un ángel le impi¬dió el paso; y como su amo se esforzara en hacerla caminar, dándole de palos, permitió el Señor que el animal se quejase di¬ciendo: “¿Qué te he hecho yo, y por qué me pegas?” En ese momento se abrieron los ojos de Balaán, y, sobrecogido de temor .i la vista del ángel que estaba en pie delante de él, con una es¬pada en la mano, se prosternó, confesó su falta y prometió’ vol-, verse. Di jóle el ángel: “Vete, pero ten cuidado de no decir si¬no lo que yo te mande.”

Habiendo subido en compañía del rey Balac a la cima de una montaña, desde la cual se descubría todo el campamento de los israelitas, Balaán, inspirado por el Señor, no profirió más que bendiciones, en lugar de maldiciones que el rey esperaba.

Continuando sus profecías, añadió: “Una estrella saldrá det Jacob, y surgirá de Israel un cetro que regirá a los caudillos de Moab y a los hijos de Set.”

93. Muerte de Moisés (1380).-Sabiendo Moisés que se acercaba la hora de su muerte, reunió a los hijos de Israel que venía gobernando hacía cuarenta años; les recordó los inmensos beneficios que el Señor les había dispensado, les hizo jurar de nuevo que le serían fieles, y después dio su bendición a cada una de las doce tribus. Designó a Josué por sucesor suyo, y subióse al. monte Nebo*, donde, mostrándole el Señor el país de Canaán. le dijo: “Mira la tierra prometida a Abrahán y Jacob; ya la has visto pero no entrarás en ella.”

(1) Muchos comentaristas, aboyándose en un pasaje de Jeremiías, traducen hvjo.s de Set por hijos <leS orgullo o «le la discordia, porque la palabra hebrea Setb o Seheth significa orgullo, rebelión, discordia.

ENTRADA EN LA TIERRA PROMETIDA   7j

Allí murió a la edad de 120 años, y nadie ha sabido, hasta el día, el sitio de su sepultura.

94.           Juicio sobre Moisés.-Moisés debe ser considerado no

tínicamente como jefe y legislador del pueblo de Dios, sino tam¬

bién como un gran profeta y como el historiador más notable y

antiguo que se conoce. Por sus cualidades de libertador e ins¬

pirado legislador del pueblo hebreo, es también figura de Jesu¬

cristo, salvador del género humano y autor divino de la nueva

ley.

.■■«■IIW.ill Ull-lli”

CAPIÍUUO XVIII

ENTRADA EN LA TIERRA PROMETIDA

95.           Josué.-Josué fué reconocido unánimemente por jeie <le las tribus de Israel, y el mismo Dios confirmó su elección y autoridad, diciéndole: “Mi siervo Moisés ha muerto, levántate; y pasa el Jordán*. Estaré contigo como he estado con Moisés, y nadie podrá resistirte./’

96.           Paso del Jordán.-Obedeció Josué, haciendo que el Arca de la Alianza marchase delante del ejército, y cuando los sacerdotes que la llevaban entraron en el cauce del río, se abrie¬ron las aguas para dejar el paso libre a los israelitas, que lo atra¬vesaron a pie enjuto. (1381? a. de J. C).

97.           Nuevos obstáculos.-No estaban, sin embargo, ven¬

cidos todos los obstáculos: los israelitas se encontraron con po¬

blaciones fortificadas que tendrían que tornar a viva fuerza, y

con gentes fuertes y aguerridas que sería indispensable someter

por las armas.

Los principales de aquellos pueblos eran: al norte, los sldonios y los gergeceos; al centro los heveos; al mediodía, los gehuseos y héteos; en fin al oeste, en la costa meridional, los filisteos.

98.           Toma de Jericó/-Después ¿le haber atravesado el Jor¬

dán, cuando Josué se preparaba a poner sitio a Jericó, díjole el

Señor: ”’Que todos tus guerreros den una vuelta cada día alre¬

dedor de la ciudad; el día séptimo tomarán los sacerdotes las

trompetas del jubileo*, y tocándolas éstos, claréis siete vueltas a la ciudad; concluida la séptima vuelta, el pueblo en masa dará un gran grito y al momento se desplomarán las murallas por si solas.”

Cumplida exactamente la orden de Dios, quedó la ciudad des­truida de uno a otro extremo, y todos sus babitantes fueron pa­sados a cuchillo, (i)

99. Conquista de la tierra de Canaán.-Eos habitantes de Gabaón se quedaron espantados al tener noticia de aquella mis­teriosa victoria, y se apresuraron a pactar alianza con Josué; mas los pueblos del Mediodía y del Este, lejos de someterse, se unie­ron contra él, por instigación y bajo el mando de Adonibesec, rey de Jebús (después Jerusalén). Trabóse una gran batalla cerca ríe Gabaón, pero desde el principio se apoderó de los cananeos un

ENTRADA EN DA TIERRA PROMETIDA

súbito terror y se entregaron precipitadamente a la más descon­certada fuga.

Temiendo Josué que la venida de la noche le impidiera con­cluir la derrota de sus enemigos, exclamó: “¡Detente sol, encima de Gabaón: y tú, luna, no pases de Ayalóul” Kl sol y la luna se pararon al instante en su carrera (i), f los israelitas consiguie­ron la más completa victoria.

Cinco reyes más, también cananeos, fueron uno tras otro ven­cidos y muertos: de modo que, en pocos años, quedó Josué dueño de la tierra prometida (2), cuyo reparto hizo por medio de la suerte entre las doce tribus de Israel. (3}

(1) Torios los pueblos que entonces ocupaban la tierra de Canaán eran idólatras, y estaban sumergidos en la más degradante corrupción; por ello había ordenado el Señor a los israelitas que- los exterminasen completamente

(1)           La Biblia s« expresa aquí como lo hacemos nosotros usual-mente, diciendo el sol sale, el sol se pone, aunque bien sabido es que ..’; movimiento do este astro alrededor do la tierra no es mas que aparente

(2)           Los cananeos, a pesar de su derrota, se oaantuviero?ttj no sotar mente en la frontera del Norte y Mediodía de la tierra de% promisión, sino  también   en   algunas  plazas fuertes del centro.

(3)           José fué representado en este reparto por los descendientes de sus dos hijos, Kíraíi» y Manases, que habían sido adoptados por- Jacob. La tribu de Manases tuvo dos partes; una al Rste (Manases Oriental) y otra al Oeste del Jordán   (Manases Occidental).

A los descendientes de Leví no se les dio tierras, porque el Señor les había asignado el diezmo de todos los frutos que se recolectasen; y tuvieron por residencia cuarenta y ocho ciudades diseminadas en todas las tribus.

100. Muerte de Josué.-Todavía gobernó Josué al pueblo de Israel dieciocho años más y cuando comprendió que se acer­caba el fin de su vida, reunió en Siquem a los principales de la nación, hízoles jurar solemnemente que continuarían fieles al Dios de sus padres, y poco tiempo después murió a la edad de no años. (1363? a. de J. C). Por la significación de su nom­bre (1) y la misión que desempeñó, Josué es muy notable fi­gura del Mesías.

101. CONSIDERACIÓN.-Del mismo modo que Dios auxilió a Josué y le dio la victoria, bendecirá y auxiliará también a los que sostengan combates por su santa causa, siempre que tengan confianza en El.

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE VOCABLOS.-1. ¿Qué significa Pascua, Decálogo, Moisés?-2. Dése la definición de ázimo, atrio, jubileo, milagro, oráculo.

CRONOLOGÍA.-3. ¿En qué año comenzó la segunda época del segundo período del Antiguo Testamento? ¿Cuándo acabó?-4. ¿Cuánto tiempo tardó para formarse el pueblo de Dios en Egipto?-5. ¿Hacia qué año tuvo lugar el paso del mar Rojo? ¿Y el del río Jordán?

GEOGRAFÍA.–6. ¿Cómo se llama el territorio donde entraron los hebreos después de haber pasado el mar Rojo?-7. ¿En qué dirección corre el Jordán y en qué mar desemboca?-8. ¿Qué hechos importantes trae a la memoria el nombre del monte Horeb?-9. ¿Qué posición ocupa Gesén con respecto a Menfis, antigua capital de los faraones?-10. ¿Entre qué golfos se halla si¬tuado el monte Sinaí?-11. ¿A qué cadena de montañas corresponde el monte Nebo?

HISTORIA.-12. ¿Cuáles son los principales acontecimientos comprendí-dos en el tercer período de la Historia Sagrada?-13. ¿Qué sabe usted de ía infancia de Moisés?-14. Haga usted una sucinta relación de los hechos que Moisés llevó a efecto, desde el día en que Dios le confió su misión en el monte

(1)    En hebreo Josué y jesús son nombres idénticos.

Horeb, hasta el de su muerte en el monte Nebo.-15. Cuéntenos usted el ori¬gen de la Pascua judaica.-16. ¿Cuáles son los principales milagros que obró Dios en favor de su pueblo, en los cuarenta años que anduvo errante por el desierto?-17. ¿Qué sabe usted del Tabernáculo y de los ministros del culto divino entre los hebreos?-18. Cuente usted los detalles de la profecía de Balaán.-19. Haga usted un resumen del gobierno de Josué.-20. ¿Contra qué pueblos tuvieron que batallar los israelitas para establecerse en la tierra de promisión?-21. Explique usted el grabad» del Tabernáculo.

MORAL.-22. ¿Hay cristianos que imitan a los adoradores del becerro dé oro?-23. ¿Derogó Jesucristo toda la legislación mosaica?-24. ¿Qué ¡ense* «lanza debemos sacar de la conducta de Dios para con Josué?,

TERCERA ÉPOCA. - LOS JUECES

DESDE LA MUERTE DE  JOSUÉ  HASTA  EL  ESTABLECIMIENTO

DE LA MONARQUÍA

Años ¿ 1363 a 1045 ? a. de J. C.

CAPITULO XIX

LOS JUECES.-GEDEON, JÉFTE, SANSÓN

102/ Gobierno de los israelitas.-Desde la muerte de Jo sué hasta que se estableció la monarquía, no era gobernado ya el pueblo de Dios por un solo jefe, sino que cada tribu se regía se paradamente por un consejo o junta que componían los ancia^ nos o cabezas de familias. Hubo, sin embargo, ocasiones en que las tribus se ponían bajo la dependencia de un mismo juez.

103./ Los jueces.-Dióse el nombr e jueces a algunos je-, fes, designados generalmente por el Seño*, al mando de los cua¬les se sometían cierto número de tribus, que se agrupaban para sacudir el yugo de algún pueblo enemigo, que las había subyu¬gado en castigo de sus infidelidades.

Los principales jueces del pueblo de Dios fueron: Gedeón, Jefté, Safisón, Helí y Samuel.

104.l Gedeón.-Era Gedeón un hombre obscuro ele la tri¬bu de Manases, y fué escogido por Dios para libertar a Israel del yugo de los madianitas.*

GEDEON

Apareciósele un ángel, cuando estaba trillando en su era, y le dijo: “El Señor quiere libertar a su pueblo del poder1 de los ma¬dianitas; ve allá y ten confianza.”

Obedeció Gedeón y logró reunir un ejército de 32,000 hom­bres; pero como Dios no quería que Israel pudiera atribuirse e! mérito y la gloria de su libertad, ordenó a Gedeón que despacha­se a todos los que tuvieran miedo, y por este motivo 2,2,000 se

marcharon. Díjole aún el Señor: “Tienes todavía mucha gente para ir contra los madianitas; reserva sólo aquellos que, al pa­sar por la fuente de jezrael, se limiten a tomar un poco de agtia en el hueco de la mano para mitigar la sed, y despide a todos los que echen la rodilla en tierra para beber más cómodamente.”

Verificada esta prueba, sólo quedaron 300 guerreros para for­mar la escogida tropa con que Gedeón debía conseguir la libertad de Israel.

En lugar de armas, púsoles Gedeón una trompeta en una rua­no y en la otra un cántaro de tierra con una luz dentro.

LOS JUECES

Cerca de la media noche, aproximáronse con el mayor silen¬cio al campo de los madianitas, y de repente a la señal de su jefe, gritan todos a la vez: “¡La espada del Señor y de Gedeón!” Al mismo tiempo hacen resonar sus trompetas, rompen estrepitosa¬mente los cántaros, chocando unos con otros, y con ello aparecen siniestros resplandores en medio de las tinieblas.

Tan espantados quedaron los madianitas por aquella inespe¬rada aparición, que emprendieron la más desordenada fuga, hi¬riéndose unos a otros en la oscuridad. Persiguiólos Gedeón con algunos refuerzos, e hizo en ellos una gran carnicería^

105. Jefté.-Pero nuevas faltas atrajeron, como’ siempre, nuevas desgracias. Hacía dieciocho años que Israel se hallaba gi¬miendo bajo la opresión de los amonitas*, cuando los ancianos fueron a buscar a Jefté para decirle: “Ven y serás nuestro jefe para pelear contra los amonitas.” Aceptó Jefté, y se puso al frente de ellos.

/ Al tiempo de marchar, hizo imprudentemente el voto* de ofre¬cer en sacrificio, si salía vencedor, al primer ser viviente que de sil/casa saliera a recibirle cuando regresase.

Consiguió, en efecto, vencer a los amonitas, y como la noticia de la victoria se difundió rápidamente, la hija de Jefté, muy satis¬fecha y engreída con la victoria de su padre, se apresuró a sa-lirle al encuentro, seguida de mucha gente que iba a felicitar a su libertador. Cuando Jefté vio a su hija, exclamó: “¡ Desgraciado de mí!” Pero al saber aquélla el voto que había hecho su padre, exhortólo generosamente a que lo cumpliese.

“Padre mío,”” le dijo, “disponed de mí para cumplir vuestra palabra; el único favor que os pido es que me permitáis pasar dos meses en el monte Galaad, llorando por mi virginidad.”

Transcurridos los dos meses, volvió,del monte, y Jefté cum¬plió su voto, consagrándola al servicio de DiosJ\

J 106. Sansón.-Por haber los israelitas infringido de nuevo’ la ley del Señor, Dios los volvió a castigar poniéndolos cuarenta años en manos de los filisteos. Al cabo de ese tiempo tuvo pie¬dad de ellos porque se arrepintieron, y se valió de Sansón para librarlos de aquella esclavitud.

107. Fuerza extraordinaria de Sansón.-Estaba Sansón1 dotado de una fuerza tan prodigiosa que, a los dieciocho año? le edad, venció y despedazó un león. Queriendo algún tiempo después castigar a los filisteos, que lo habían ofendido, cogió ‘rescientas zorras, les amarró antorchas encendidas en la cola,; a las soltó así en medio de los campos de sus enemigos, cuyas vieses quedaron reducidas a cenizas.

Furiosos los filisteos con aquel desastre, exigieron que se les •ntregase a Sansón maniatado. Consintieron en ello los israelitas\ ;ias, cuando los filisteos iban a poner mano en él, Sansón rom¬pió las ligaduras, y cogiendo una quijada de asno que encontró, ?e lanzó sobre sus enemigos, y mató a más de mil, huyendo los *demás espantados.

Después de esta Hazaña, los israelitas eligieron a Sansón por; mez, y los gobernó durante veinte años,. haciéndose famoso por su fuerza extraordinaria.

Un día que se encontraba en Gaza, supo Sansón que los filiseos1 habían resuelto matarlo a la mañana siguiente, cuando ga-

llera de la ciudad. No se turbó por tal noticia, sino que levan¬tándose a media noche, se dirigió a las puertas de la ciudad, y sacándolas de sus quicios se las echó a cuestas, a vista del ate¬rrado centinela, y se las llevó a la cima de la montaña vecina.

/ 108. Traición de Dalila.-Para librarse los filisteos de tan formidable enemigo, ofrecieron una buena cantidad de dinero a cierta mujer llamada Dalila, si conseguía descubrir la causa de tan prodigiosa fuerza. Tuvo Sansón la debilidad de revelarle que era nazareno*, que nunca había pasado el hierro por su cabeza,, y que, si le cortasen los cabellos, ya no tendría más fuerzas que cualquier otro hombre.

La pérfida Dalila aprovechó un momento en que Sansón es­taba dormido, para cortarle los rizos de su espesa cabellera, y llamando en seguida a los filisteos, se apoderaron de él fácil-

SANSON

mente. Para saciar su venganza le sacaron los ojos y lo conde­naron a dar vueltas a la rueda de un molino (i).

i, 109. Muerte de Sansón.-Algún tiempo después* celebra­ron los filisteos una gran fiesta en el templo de Vagón, su prin­cipal divinidad, y, con el fin de que sirviese de juguete a la mul­titud allí congregada, fué conducido al templo el infeliz Sansón. Este, que había recobrado ya sus fuerzas, logró colocarse entre dos columnas que sostenían todo el edificio; rogó entonces al Señor que le prestara auxilio, y sacudió con tal violencia las columnas, que el templo se derrumbó, quedando Sansón sepultado entre las ruinas, con más de tres mil filisteos/

(1)    En aquella época se molía el trigo a brazo, haciendo mover la piedra  por esclavos o prisioneros.

CAPITULO XX

HELI   y   SAMUEL

110. Helí. Consecuencias de la mala educación de lofr hijos.-A Sansón sucedió Helí, que fué simultáneamente juez. y sumo sacerdote de Israel. Era Helí un hombre justo y temeroso de Dios, pero tenía dos hijos, Ofní y Finés, cuya codicia y rela­jación de costumbres escandalizaban al pueblo y lo alejaban de* tabernáculo.

El sumo sacerdote, su padre, no hacía caso de ello y esa d& bilidad en reprenderlos irritó al Señor. Hízole advertir variáis veces, y muy particularmente por el joven Samuel, que su fa^ milia estaba ya reprobada y que tardarían poco sus hijos en re­cibir el castigo que sus culpas merecían.

Cierta noche en que Samuel se hallaba descansando en el .Tabernáculo, oyó una voz que le llamaba por su nombre, y ere yendo sería la del sumo sacerdote, fué a donde éste se hallaba, y le dijo:-”Heme aquí, pues me habéis llamado.”-”Hijo mío^ respondió Helí, yo no te he llamado; vuélvete a dormir en paz.’

Tres veces más volvió a ser llamado, y a la última respondió Samuel, por orden del sumo sacerdote: “Hablad, Señor, que vuestro siervo os escucha.” Entonces le reveló el Señor los te­rribles castigos que preparaba contra Helí y su familia.

Al día siguiente, cuando Samuel le contó su visión, respondió Helí: “¡Dios es el Señor; cúmplase su voluntad!”

Muy pronto debía tener cumplimiento la amenaza divina, fia» biendo atacado los filisteos al pueblo de Israel, quedó éste de­rrotado en todos los encuentros; el Arca de la Alianza cayó en po­der de los enemigos; y. más de 30,000 israelitas perecieron en eí campo de batalla, encontrándose entre ellos los dos hijos de Helí-

Al saber éste tan dolorosa noticia, cayó de su asiento hacia atrás y se le abrió la cabeza. ¡Terrible lección a los padres de (familia que son demasiado indulgentes para con sus hijos

HISTORIA DE RUT

111. SamueL--El nacimiento de Samuel había sido para sus padres una gracia especial del cielo y una recompensa de su piedad. Siendo niño, lo habían enviado a Silo*, donde se hallaba el Tabernáculo (1), entregándolo al sumo sacerdote Helí, para ser consagrado al servicio del Señor durante su vida.

Muerto Helí, conoció el pueblo que Dios estaba con Samuel, y fué éste elegido para la judicatura. Samuel y Helí son los únicos jueces que ejercieron autoridad en las doce tribus.

Samuel tuvo la dicha de recobrar el Arca de la Alianza, que se habían llevado los filisteos, quienes no pusieron dificultad en restituirl.”, porque no cesaba de atraerles todo género de desgra­cias. Bajo el gobierno de este juez, se rehizo el pueblo de los desastres que había sufrido y disfrutó de unai larga paz.

Cuando Samuel se sintió debilitado por los años, compartió con sus dos hijos las funciones de su cargo; mas tuvo el pesar de ver que no seguían su ejemplo. Cansado el pueblo de las ve­jaciones de estos dos jóvenes, dijo a Samuel: “Dadnos un rey que nos gobierne, como sucede en otras naciones, porque vuestros hijos no andan, como vos, por la vía de la justicia.”

Samuel, después de haber consultado al Señor, ungió a Saúl, que fué el primer rey de Israel*(Hacia 1045 a* de C.).

112. CONSIDERACIÓN.-La conducta de los hijos de Samuel prueba que la mejor educación puede resultar infructuosa; pero, ¡ay de aquellos hijos que, desj/ués de haber recibido buena instrucción y sanos consejos, llevan una vida relajada y viciosa!

CAPITULO XXL-HISTORIA DE RUT

113. Rut y Noemí.-Durante el tiempo en que el pueblo de Israel era gobernado por jueces, un pobre habitante de Belén* llamado Eümelec, vióse obligado por el hambre a trasladarse al país de los moabitas, con su mujer Noemí y su dos hijos que se casaron en dicho país con Orfa y Rut.

Pronto murieron Elimelec y sus dos hijos, por lo que Noemí,

(1) Mientras los hebreos anduvieron por el desierto, colocaban el Tabernáculo en el centro de las tiendas de campaña; pero después aue entraron en la tierra prometida, lo instalaron primeramente en Silo y después en Gabaon.

angustiada de dolor, tomó la resolución de volverse a su país natal, y dijo a sus nueras: “Mi vejez no me permite seros ya útil, podéis volveros a casa de vuestros padres; y que Dios os prodigue sus bendiciones, como vosotras habéis prodigado vuestra bondad conmigo y con mis hijos.”

Rut y Boez.

Orfa lloró mucho; pero después de abrazar tiernamente a su suegra, se marchó a la casa paterna. No así Rut, pues había tomado tal afecto a Noemí, que no quiso jamás separarse de ella, y le dijo: “Iré a donde vayáis; vuestro pueblo será mi pue­blo; vuestro Dios será mi Dios, y sólo la muerte me separará de vuestra compañía.” Así pues, marcharon juntas las dos y lle­garon a Belén cuando estaban segando las mieses.

114. Rut y Booz.-Con la mayor premura y solicitud se Jfiso Rut a espigar en un campo, que resultó ser de un hombre rico y bondadoso llamado Booz, pariente de Elimelec

RECAPITULACIÓN

Cuando supo Booz que aquella espigadora era la moabita que había mostrado tan cariñoso respeto a Noemí, encargó a los segadores que dejaran caer algunas espigas, para que pudiera recoger mayor cantidad sin ruborizarse. Después le dijo: “Ya sé, hija mía, lo bien que te has conducido con tu suegra; que Dios te lo premie, ya que te acoges a su amparo: puedes espigar en todos mis campos e incorporarte a mis sirvientes a la hora de las comidas.”

Satisfecha y alegre Rut con esa expresión de bondad, contó a su suegra por la tarde ‘todo lo que le había pasado, y Noemí ■exclamó: “iQué Dios bendiga a Booz, pues veo que es con noso­tras tan bueno como lo fué antes con Elimelec y sus hijos!”

No se contentó Booz con lo que había hecho sino que, prenda do de la excelente conducta de Rut, tomóla por esposa, a pesar de su extremada pobreza, y tuvo de ella un hijo llamado Obed, que: ?ué abuelo del rey David y uno de los ascendientes del MesíaM

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE VOCABLOS.-1. Dése la definición de las palabras -águientes: juez de Israel, voto, nazareno, judicatura.-2. ¿Quiénes eran los ancianos que formaban el gobierno de las tribus de Israel en tiempo de los jueces?

CRONOLOGÍA.-3. ¿Hacia qué año comenzó la tercera época del segundo Período del Antiguo Testamento? ¿Cuándo terminó?-4. ¿Hacia qué año vivió Jeité? ¿Sansón? ¿Helí? ¿Samuel?

GEOGRAFÍA.-5. Dónde está situado, con relación a la tierra prometida «■1 país de los madianitas?-¿el de los amonitas?-¿el de los filisteos?-6. In díquese la situación de Gaza, Silo, Gabaón, Belén y el Monte Galaad,

HISTORIA.-7. ¿Cuáles son los becbos principales que sucedieron en la tercera época ?-8. Dígase cómo libertó Gedeón al pueblo de Israel del yugo de los madianitas.-9. Hágase un resumen de la bistoria de Sansón.’-10. Háblese de la sumisión y del afecto de Rut para con su suegra.

MORAL.-11. ¿Qué reflexiones hace usted sobre la conducta de los hijos de Samuel y el desgraciado fin de Helí?

CUARTA ÉPOCA.   -. LOS REYES

1>BSDB  LA   «LECCIÓN BE SAÚL,   HASTA  LA  CAUTÍVELA!

V DE   BABILONIA

‘i

Desde 1045? a 605 a. de J. C.

CAPITULO XXII REINADO DE SAÚL Y ELECCIÓN DE DAVID

J115.   Principio del reinado de Saúl.-Saúl, hijo de CÍÍT cíe la tribu de Benjamín, se hallaba un día buscando las borricas-de su padre, que se habían extraviado por el campo; y no pu diendo encontrarlas, se fué a consultar al profeta Samuel. Co nociendo éste que Saúl era el rey escogido por Dios, lo ungió,, derramando sobre su cabeza el aceite de un frasquito, y le dijo; ‘.Por esta santa unción te consagra el Señor por rey de su heren¬cia, para que libres a su pueblo de las manos de sus enemigos.’ Saúl tenía entonces sólo veintidós años.

Algún tiempo después se reunieron todas las tribus en Masfa para la elección de un rey, apelando para ello al sorteo. Saúl fué designado, y Samuel lo presentó al pueblo, que lo aclamó gritando: “¡Viva el rey!”

El nuevo soberano siguió al principio los caminos del Señoi, que le hablaba por boca de Samuel, y triunfó de los enemigos de su pueblo, venciendo sucesivamente a los amonitas y a los f i lísteos; pero luego abandonó el buen camino, irritó al Señor con su desobediencia, y se atrajo sus castigos.

REINADO DE SAÚL

116.         Saúl reprobado por Dios.-Samuel había ido a en¬

contrar a Saúl, mandándole de parte de Dios que atacase a los

amalecitas*, enemigos jurados de su pueblo, y les hiciera una

guerra de exterminio.

Aunque Saúl obedeció, no lo hizo de una manera completa, sino que por codicia había perdonado la vida al rey Agag, re¬servándose la mayor parte de sus ganados.

Trató de excusar su falta, respondiendo a las reconvencio¬nes éú profeta que no había conservado los ganados más que para ofrecerlos en sacrificio al Señor; pero Samuel le replicó ; *Xa obediencia vale más que el sacrificio. Habéis rechazado las órdenes de Dios y Dios os rechaza, a su vez; por eso dará el cetro de Israel a otro mejor que vos.”

117.         $9aafr<fl4ttfo «SSTi-El Señor dijo luego a Samuel.;

“Elena tu redoma de óleo, y ven, que quiero enviarte a Isaí,,

natural de Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un

rey.”

Y fué Samuel secretamente a Belén, e Isaí le presentó sucesi¬vamente a siete de sus hijos, pero a ninguno de ellos había es¬cogido el Señor. “¿No tienes ya más hijos?” preguntó Samuel a ísaí, y éste contestó: “Aún tengo otro pequeño, que está apa¬centando las ovejas.”-”Envía por él y tráelo aquí, que no nos sentaremos a comer hasta que. él venga.” Envió por él Isaí y Se«lo presentó.

Era David un joven rubio, de gallarda presencia y hermoso ¡Postro. Dijo entonces el Señor: “Levántate y úngelo, porque ése es.” Tomó pues Samuel la redoma llena, de óleo y ungiólo en presencia de sus hermanos; y desde aquel día el espíritu del Señor quedó difundido en David, y abandonó a Saúl, que cayó en la más profunda melancolía.

118.         David en la corte.-Aconsejaron a Saúl que comba¬

tiese la melancolía oyendo tocar algún instrumento de música;

y como David tañía muy bien el arpa,: fué llamado para vivir

con el rey, y llegó a ser su favorito./

119.) Pelea David contra Goliat.-Entretanto los filisteos habían renovado la guerra contra los israelitas. Hallándose fren¬te a frente los dos ejércitos, un gigante filisteo, llamado Goliat, salió de sus filas, desafiando a singular combate al que se creyese el m?s valiente de los guerreros israelitas.

Ninguno se atrevió a aceptar el reto de tan formidable adver-

sario, por más que Saúl había prometido dar su hija Micol aí que lo venciera: únicamente David, aunque era muy joven, se presentó a pelear con el gigante, sin más armas que su honda y su cayado de pastor.

Cuando Goliat lo vio acercarse en esa forma, le gritó: “¿Me tomas por un perro, muchacho, que te vienes a mí con un palo ?” -”No,” respondió David, “te tomo como enemigo de mi Dios al que has insultado.” Y tomando carrera, hizo voltear rápidamente su honda, y enderezó al soberbio Goliat una pedrada que, dán¬dole en la frente, le hizo caer desplomado en tierra. Lanzóse David en seguida sobre él y con la misma espada del gigante le cortó la cabeza.

Alzóse con esto gran clamoreo, y poseídos los filisteos del más espantoso pánico, pusiéronse en fuga, mientras los israelitas, al grito de victoria, corrieron en su persecución, haciendo entre ellos gran matanza.

120.    Envidia de Saúl.-Todo el pueblo de Israel celebraba el triunfo del joven vencedor, excepto Saúl que, ‘envidioso de la

gloria de David y no viendo en él ya más que un rival odioso, intentó varias veces quitarle la vida, ya sea arrojándole su lanza para atravesarlo con ella, ya mandándolo a expediciones peligro¬sas para ver si en ellas sucumbía.

En vista del peligro que le amenazaba y para no dar motivo a que el rey se irritara con su presencia, huyó David de la corte, y protegido por el Señor, pudo librarse de la injusta persecución de tan poderoso enemigo.

121.         Amistad de Jonatás con David.-Del trato frecuen¬te que Jonatás, hijo de Saúl, tuvo con David mientras permane¬ció en la corte, nació la más estrecha y sincera amistad entre los dos. Mutuamente se apreciaban y se querían, y Jonatás hizo cuanto pudo para lograr que su padre no odiara a David. Pero no consiguió- nada: al odio siguieron las amenazas de muerte, oomo se ha visto, y los dos amigos tuvieron que separarse^

122.         Muerte de Saúl.-A pesar de su derrota, cuando Da-

vid mató a Goliat, los filisteos no tardaron mucho en emprender de nuevo la guerra. Hallándose Saúl a la cabeza de sus tropas acampadas en k montaña de Gelboé, abrigaba ya en su corazón la ^certeza de su derrota, y en efecto, lo que temía se ‘realizó: su ejército quedó completamente destrozado; perecieron en la pelea tres de sus hijos, Jonatás, Abinadab y Melquisua, y para no caer él- mismo vivo en manos de sus enemigos, se atravesó el cuerpo con su espada (1013 a. de J. C).

^Cuando supo David tales desgracias, rasgó sus vestidos en señal de duelo, y derramó muchas lágrimas por la muerte de Saúl y de sus hijos.

123. Juicio sobre Saúl.-Durante su reinado de veinte años, Saúl se mostró guerrero animoso, inteligente y enérgico. Dirigió con perseverancia la guerra contra los filisteos, y luchó contra los demás pueblos vecinos^ hasta lograr que respetaran la independencia de Israel y de Juila* Por primera vez¿ desde el

tiempo de Josué, todas las tribus estuvieron unidas bajo la misma autoridad.

Pero Saúl no supo conservarse en la obediencia que Dios exigía de él. No siempre escuchó a Samuel, que Jehová habí& establecido tutor del naciente reino, sino que obró a menudo si¬guiendo su capricho y sus pasiones.

Por pura envidia persiguió a David, que no le había dado • ningún motivo de queja, y pretendió matarlo; olvidó varias veces sus deberes religiosos y, en fin, se suicidó, para no caer en ma¬nos de sus enemigos. Tal fué el triste fin de este rey que,, a pesar de haber sido elegido por Dios, se dejó arrastrar por sus pa¬siones, y no supo lavar sus culpas con el arrepentimiento y la humildad*

CAPITULO XXIII.-REINADO DE DAVID.

124.-   David es reconocido rey de la tribu de Judá.-

(Hacia 1013).-Después de la muerte de Saúl, David se fué & Hebrón, donde los ancianos de la tribu de Judá le dieron la unción real. Las demás tribus, a instigación de Abner, genera? de Saúl, ofrecieron la corona a Isboset, último de los hijos de Saúl.

Los dos partidos permanecieron en paz durante siete años, pero habi-endo dado principio Abner a las hostilidades, David envió contra él a Joab, quien derrotó a las huestes enemigas en Gabaón.

125.         David es reconocido rey por todo Israel.-A con

secuencia de esa derrota fué asesinado Isboset, y los ancianos-de todas las tribus se congregaron en Hebrón para someterse & David, quien fué nuevamente consagrado y declarado único so¬berano del pueblo de Dios, cumpliéndose así la promesa hecha por Samuel veinte años antes.

126.         Conquistas de David. Toma de Jerusalén.->Una

vez ungido rey de todo Israel. David aseguró más su trono con

importantes victorias y dilató los confines del reino. Jerusalén*^

dudad tomada a los jebuseos, quedó por capital del reino, y

la ciudadela que estaba edificada sobre el monte Sión, en la parte

sur de la ciudad, fué en lo sucesivo el palacio de los reyes.

David derrotó igualmente a los amalecitas y a los filisteos,

librando así a su pueblo de la opresión, de. sus enemigos y del tributo que por largo tiempo Habían pagado a los “filisteos.

Toda la tierra prometida estaba en su poder, y había subyu¬gado a los pueblos situados al oriente de la Judea, y parte de Siria y de Idumea. Tenía en el Mar Rojo dos puertos que facilitaban mucho el comercio con los reinos más lejanos de Asia127. Traslación del Arca de la Alianza.-No se contentó David con los triunfos de la guerra; su piedad le inclinó a am¬bicionar otra gloria más elevada: la de promover el culto de Dios,, dándole el esplendor y solemnidad que le correspondían.

El Arca de la Alianza se hallaba en Cariatiarim, en casa del levita Aminadab, desde que los filisteos la habían devuelto, y David resolvió trasladarla a su -propio palacio de Jerusalén. y de Afríca

Hízose esta traslación con pompa extraordinaria, y en rríedto de inmensa concurrencia de pueblo.

Los levitas llevaron el Arca en hombros, marchando detras los ancianos de Israel y gran número de músicos, que tocaban toda clase de instrumentos. El mismo rey vestido con una túnica de lino, cómo el más sencillo levita, iba delante del Arca santa, cantando alabanzas al Señor al son de su arpa.

128.         Caída de David.-La gloria y la prosperidad debili

taron la virtud de aquel rey; sorprendióle la tentación en la mo¬

licie y la ociosidad, y se dejó vencer lastimosamente de sus pa

siones.

Estaba a la sazón el pueblo de Israel en guerra con los amo¬nitas, y David ordenó secretamente a su general Joab que cola case al oficial Urías en el sitio más peligroso de la batalla, para que allí muriera. Joab tuvo la debilidad de ejecutar la criminal orden del rey, el cual tomó en seguida por esposa a Betsabe, vu* da de Urías.

Pero hay un Dios vengador de los crímenes que los hombres no quieren o no pueden castigar.

129.         El profeta Natán.-El profeta Natán fué enviadc

por el Señor a echar en cara a David la enormidad de su delito,

y anunciarle el castigo merecido.

En cumplimiento de su misión, el Profeta habló así al rey una pobl rico pose

ma. una. uvreja, que ^v, ,.*.~..~

de su pan, bebía de su vaso y descansaba en su regazo; en im, amábala como si fuese uno de sus hijos. Sucedió, pues, que ha¬biendo llegado un huésped a casa del rico, y no queriendo este echar mano de ninguna de sus muchas ovejas, cogió la del pobre para obsequiar a su visitante.” “¡Vive Dios ¡”-exclamo David indignado, -”que ese hombre merece la muerte. Natán replico con gran intrepidez: “Ese hombre sois vos mismo, y he aquí lo que dice el Señor: “Te he consagrado rey de Israel, y te he pues¬to al frente de mi pueblo. ¿Por qué, pues, tras beneficios tan im¬portantes, has pecado en mi presencia? Hiciste morir a Unas con el hierro enemigo, para tomar a su mujer Betsabé. Por esto la discordia no saldrá de tu casa, y de tu misma familia ha de ve¬nir tu aflicción y tu castigo.”

130.    Penitencia de David.   Los Salmos.-Movido David

por las amonestaciones del profeta Natán, volvió en sí, y pene¬trado del más profundo arrepentimiento se humilló ante el Se¬ñor, le pidió perdón y obtuvo misericordia.

Durante el resto de su vida se distinguió principalmente poi su penitencia y su piedad.

En los salmos* que compuso, y que son los mismos que la rglesia repite en sus oraciones y cantos litúrgicos, ensalza por¬tentosamente la grandeza de Dios, implora su misericordia y le pide su auxilio, y, cual profeta sublime, predice los principales pormenores de la pasión y muerte de nuestro Redentor.

131. Rebelión de Absalón.-Entre las desgracias que so¬brevinieron a David en castigo de sus culpas, ninguna le fué tan sensible como la rebelión de su hijo Absalón. Este ingrato tomó las armas contra su padre, lo arrojó de Jerusalén, y no per¬donó medio alguno para arrebatarle la corona.

Pudo, sin embargo, reunir David al otro lado del Jordán un pequeño ejército, compuesto de hombres adictos y valerosos, que hizo marchar contra el rebelde Absalón. Quedó éste derro¬tado en el bosque de Ef rain, poniéndose en precipitada fuga. Al pasar en su veloz carrera por debajo de una copuda encina quedó colgado en ella de su larga cabellera. Notando Joab lo que pasa¬ba, corrió allá inmediatamente, y atravesó con tres flechas a ese desnaturalizado hijo, por más que su padre había prohibido que pusieran las manos en

132.         CONSIDERACIÓN.-Absalón «s la imagen de los     hijos ingratos y

malos. ¡Qué vida tan agitada y qué muerte tan desastrosa!       Igual suerte de¬

ben esperar todos los hijos que cometen la perversidad de       rebelarse contra

aquellos que les dieron el ser.

Si a tus padres honrares con anhelo, Larga vida tendrás acá en el suelo.

133.         Muerte de David. (973 a. de J. C).-Conociendo Da¬

vid que se acercaba el fin de sus días, dio sanos y prudentes

consejos a su hijo Salomón, que debía sucederle en el trono, y

murió luego a la edad de setenta y un años, habiendo reinado

cuarenta, siete de los cuales en Hebrón, sobre la tribu de Judá,

f tremta y tres en Jerusalén, sobre todo Israel.

1$4. Juicio sobre David.-David es uno de los personajes más importantes del Antiguo Testamento. Guerrero y conquista¬dor notable, es el verdadero fundador de la monarquía israelita, asegurándole la posesión completa de todo el país de Canaán.

Dentro de su reino se nos presenta como verdadero jefe de Estado y hábil administrador: centraliza el poder y da a su pue¬blo una capital, lo que hasta entonces no había tenido; organiza el ejército y la corte y se preocupa por todo lo referente al culto divino. Hace transladar el Arca de la Alianza a Jerusalén, y hu¬biera querido construir, un grandioso templo a Jehová, pero esta gloria estaba reservada a su hijo Salomón.

David se apartó a veces del camino de la virtud y manchó su vida con varios crímenes; pero fué por otra parte modelo de hu¬mildad, de arrepentimiento y de penitencia. Con sus amigos fué generoso y magnánimo; con sus enemigos, compasivo e indulgen-

te. Sus salmos y cánticos atestiguan la profundidad de sus sen¬timientos religiosos y su celo ardiente por la gloria de Dios.

Como profeta, David nos habla en sus admirables salmos del Libertador que ha de venir, y nos da detalles de su origen, de su reinado y sacerdocio eterno, de su pasión y muerteg de, su re¬surrección y reino sin ‘fin.;

CAPITULO XXIV

SALOMÓN. - CISMA DE DIEZ TRIBUS

I              LOS PROFETAS

- 135. Visión de Salomón.-Acababa de subir Salomón ai trono (973) cuando se le apareció Dios y le dijo: “Pídeme lo que quieras y te lo concederé.”-’”Dame, Señor, respondió Salo¬món, un corazón bueno y la sabiduría necesaria para gobernar bien a mi pueblo.”-”Ya te lo he dado, repuso el Señor, y añadió: /Porque has hecho esta petición, te colmaré además de riquezas y y de gloria.” Salomón ha sido en efecto, el rey más poderoso y más sabio de Israel.

136.         Juicio de Salomón.-Muy pronto se le presentó oca¬

sión de dar a conocer la cordura y sabiduría que Dios había pues¬

to en él.

Sucedió que, viviendo en una misma casa dos mujeres, dieron a luz un niño cada una por el mismo tiempo; y habiendo ahoga¬do involuntariamente a su hijo una de ellas, mientras dormía, lo cambió durante la noche por el hijo de su vecina. Sorprendida ésta, cuando descubrió aquella atroz superchería, exigió que se le devolviese a su hijo; pero como sus reclamaciones no eran aten¬didas, fué llevado el asunto al tribunal de Salomón. Este, vien¬do, que las dos mujeres se decían madre del niño vivo, decretó que se dividiese la criatura en dos partes, para dar la mitad a cada una.

Al oír esta sentencia, exclamó una de ellas, transida de dolor: “Os ruego, Señor, que no lo hagáis matar; prefiero que lo deis entero a esa mujer.”-”Tú eres la verdadera madre,” le dijo

;

alomón, disponiendo que le entregasen al niño. Todo Israel que-ó admirado de la profunda sabiduría de su rey.

137.         Construcción del Templo.-En el cuarto año de su

¡reinado, y unos 969 antes de Jesucristo, tuvo Salomón la gloria

de levantarían Honor del Dios verdadero^ un gran templo de magnificencia sin igual.

Este monumento, que se contaba entre las maravillas del mun¬do antiguo, fué construido tomando por modelo el Tabernáculo; costó siete años y medio de trabajo y cantidades fabulosas; por¬que el oro, la plata y el mármol resplandecían allí por todas partes.

Cuando el Templo estuvo acabado, trasladóse a él, con la mayor pompa y solemnidad, el Arca de la Alianza, y en los ca¬torce días que duró la fiesta de su dedicación*,, las víctimas fue¬ron sacrificadas a millares.

Jerusalén había de ser en lo sucesivo la ciudad santa, el cen¬tro del culto del Altísimo y el único lugar de la tierra donde) habían de agradar a Dios los sacrificios.

138. Descripción del Templo.-El Templo fué construido, como se ha dicho antes, tomando por modelo el Tabernáculo por¬tátil de Moisés; pero en proporciones mucho mayores. Estaba orientado de este a oeste, con la fachada hacia el este. Se dis¬tinguían» como en el Tabernáculo, dos partes principales: el San¬tuario o Sancta Sanctorum y el lugar Santo.- El primero conte¬nía el Arca de la Alianza, y en él solamente el sumo sacerdote podía entrar y una vez al año; en el segundo estaba el Altar de los perfumes, el Candelero de siete brazos y la Mesa de los panes de proposición. (Ver N9 78). Delante de esas dos partes había un vestíbulo.

Las paredes eran de piedra labrada, pero cubiertas en el in-

tenor deí Templo con maderas preciosas, esculpidas o grabadas, y adornadas con placas de oro. Entre el Santuario y el lugar Santo había, además de la puerta, un velo riquísimo, que era como una cortina.

Alrededor del Templo se levantaban construcciones accesorias, que servían de alojamiento a los sacerdotes y a los empleados del santuario. Había además dos grandes atrios: el interior o de los sacerdotes, y el exterior o atrio del pueblo.

En-medio del atrio interior se hallaba el Altar de bronce o Altar de los holocaustos, y la Fuente de bronce,{ para las purifi¬caciones de los sacerdotes, y otras diez fuentes más chicas para las diversas abluciones.

139. Poderío de Salomón.-Habiendo terminado la cons¬trucción del Templo, hizo Salomón edificar para sí, un majes-» tuoso palacio; además cercó a Jerusalén de murallas, fundó y| fortificó varias ciudades, mejoró los puertos de las costas, crea

CISMA DE LAS DIEZ TRIBUS

una flota numerosa, e hizo de su capital un centro importante de comercio.

Favorecido el pueblo por la paz de que disfrutaba, se multi¬plicó prodigiosamente y, como dice la Biblia, todos y cada uno vivían dichosos a la sombra de su parra y de su higuera.

La fama de Salomón se extendió tanto, que la reina de Sabá vino a verlo a Jerusalén desde el sur de Arabia. Asombrada de ta ciencia de aquel monarca y del esplendor de su corte, se volvió a su país, diciendo “que la sabiduría y magnificencia de Salo¬món excedían muchísimo a lo que la fama pregonaba.”

yl40. Fin del reinado de Salomón.-Desgraciadamente se apoderó la ingratitud del corazón de aquel rey, pues en sus úl¬timos años dio al olvido las leyes divinas, se casó con varias mu¬jeres idólatras, manchó su gloria con impiedades horribles, y atro¬pello a sus vasallos con impuestos exorbitantes.

Irritado el Señor, le mandó al profeta Abías con encargo de decirle: “Porque no has guardado mis mandamientos, dividiré tu reino y lo daré a uno de tus subditos; sólo conservaré una parte para tu hijo, por amor a David y a Jerusalén, mi ciudad escogida.”

Salomón murió después de haber reinado cuarenta años, y dejó el trono a su hijo Roboán./^g^Z a. de J. C).

141. CONSIDERACIÓN.-Aunque dotado de gran cordura y extraordina¬ria sabiduría, Salomón dejó pervertir su corazón, ignorándose si hizo peniten¬cia. En vista de tan deplorable caída, ¿quién será el que no desconfíe de sí mismo?, ¿quién dejará de temer la seducción de las grandezas, y más aún ei oernicioso trato con los malos?

; 142. Cisma de diez tribus.-Al advenimiento de Roboán al trono, se le presentó una diputación del pueblo para rogarle que rebajase los abrumadores impuestos con que Salomón los había gravado. El nuevo monarca rechazó con arrogancia esa pe¬tición, y por esta causa se rebelaron diez tribus, que eligieron por rey a Jeroboán, general de los ejércitos de Salomón (933).

Esta rebelión, conocida con el nombre de cisma de Samaría, produjo la división del reino. Las tribus de Benjamín y de Judá, que siguieron fieles a la familia de David, formaron con los levi¬tas, el reino de luda, cuya capital fué Jerusalén; y las otras diez

tribus formaron el reino de Israel, que tuvo a Jeroboán por rey y Samaría por capital.

Estos dos reinos, casi siempre en guerra entre sí,; acabaron por ser presa de sus poderosos vecinos, los reyes de Nínive y de Babilonia.

143.   Los profetas y su misión.-Desde Moisés,, pero par-

LOS. PROFETAS

tícularmente desde la ‘época de los jueces (siglo undécimo), hasta la época de la cautividad de Babilonia (siglo quinto a. de J. C), figuraron de cuando en cuando, en el pueblo de Dios, ciertos per¬sonajes llamados profetas. Estos hombres, a quienes Dios revelaba acontecimientos futuros, eran al mismo tiempo los instrumentos de que se valía el Altísimo para comunicar sus voluntades y sus ad¬vertencias.

Ea misión principal de los profetas era impedir que la Ley de Dios cayese en olvido, para lo cual recomendaban continuamente su exacta observancia y reprimían la idolatría y todos los abusos. De esa manera Israel se preparaba a la venida del Mesías, de aquél en quien, según la promesa hecha a los Patriarcas, serían benditas todas las naciones de la tierra. A medida que se acercaba ese venturoso acontecimiento, los profetas iban dando más deta¬lles de la vida del Salvador del mundo e indicando particularida¬des con que podría reconocérsele.

En cuanto al ministerio de los profetas, no dependía ni de su propia elección, ni de una formación especial, sino que Dios mis-ano los elegía: era una vocación, un llamamiento divino, con las gracias necesarias para desempeñarlo.

Siempre que se dirigen al pueblo o a los reyes, los profetas emplean la fórmula “Así habla Jehová”, u otra análoga; con lo que quieren que se entienda bien que no dan a conocer lo que ellos piensan, sino lo que Dios les revela.

144. Primeros profetas.-Primero Moisés y luego Josué, encargados por Dios para comunicar sus voluntades al pueblo es¬cogido, son profetas; como lo fueron antes, en ese mismo sentido, los patriarcas, y particularmente Abrahán. Moisés, sobre todo, por el papel importantísimo que desempeñó en la organización de Israel, es el profeta por excelencia. David también, por las reve¬laciones que contienen algunos de sus salmos, es considerado como an gran profeta.

Sin embargo, la época propiamente dicha de los profetas em¬pieza con Samuel, y se continúa, como hemos indicado, hasta el tiempo de la cautividad de Babilonia, en el siglo V antes de J. C.

145*: Clasificación de los profetas.-Unos profetas, como Samuel, Elias, Elíseo, no dejaron escritos j la Biblia nos habla ex¬tensamente de su misión y de lo que profetizaron. En cambio otros dejaron escritos, que forman parte de la Sagrada Escritura, y se-

gún la importancia de la acción de esos profetas y la extensión de sus escritos, se los clasifica en profetas mayores y profetas me¬nores.

Los mayores son: Isaías, Jeremías (con su discípulo y secreta¬rio inseparable Baruc), Ezequid y Daniel. Los menores son do¬ce: Oseas, Joél, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Haba-cuc, Sofonías, Ageó, Zacarías y Malaquías. En su lugar corres-pondiente, siguiendo el orden cronológico, se habla en este libre de esos profetas, sobre todo de los mayores.’

CAPITULO XXV

REINO DE ISRAEL (933-721)

PRIMEROS REYES.-LOS PROFETAS EUAS

y ELÍSEO

146.         La idolatría en Israel.-La historia del reino de Is¬rael está íntimamente ligada con dos hechos importantísimos: k-introducción y el progreso de la idolatría en esta porción del pue¬blo de Dios, y las guerras que los reyes de Israel tuvieron que sos¬tener contra los reyes de Siria y los de Asiría, guerras que fue¬ron ordinariamente castigo de su impiedad.

147.         Jeroboán   (933-912),  Nadab   (912-910)   y Baasa

(910-886).-Después de haber sido proclamado rey de las diez tribus cismáticas, Jeroboán, temiendo que sus subditos volviesen a reconocer la autoridad de los reyes de Judá, si continuaban acu¬diendo al Templo de Jerusalén para sus sacrificios, hizo fabricaí dos becerros de oro, uno en Dan y otro en Betel, diciendo después a su pueblo: “Ahí tienes, Israel, a tu Dios, el que te libró de la esclavitud de Egipto;” y al mismo tiempo desterraba del reino a los levitas y sacerdotes del Dios verdadero. Por desgracia la ma¬yoría del pueblo apostató con su rey; pero el castigo no se hizo esperar.

Sesac, rey de Egipto, atacó a Israel y le impuso fuerte tribu¬to; poco después murió uno de los hijos de Jeroboán, y éste no tardó en morir también, sin arrepentirse dé su apostasía. Le su-

REINO DE ISRAEL

cedió su hijo Nadab; pero al segundo año de su reinado fué ase¬sinado por Baasa, de la tribu de Isa car, el cual, además de ha¬cerse nombrar rey (910), mandó exterminar a toda la familia de Jeroboán.

148.         Sucesores de Baasa. Acab (874-852).-Baasa favo¬

reció también la idolatría y lo mismo hicieron sus sucesores, quie¬

nes llegaron a reinar, como él, por medio del asesinato; por cuyo

motivo el reino de Israel iba decayendo de una manera rápida y

visible.

Acab fué el más impío de todos los reyes de Israel. Por ins¬tigación de su mujer Jczabel, hija del rey de Sidón, introdujo en Samaría el culto de Baal, y persiguió a los profetas que Dios mandó precisamente en esa época para protestar contra la idola¬tría y la corrupción de costumbres y para recordar las prescrip¬ciones de la Ley mosaica. El más célebre entre ellos fué el pro¬feta Elíasjt

149.         El profeta Elias.-Por aquel tiempo vivía en Israel el gran profeta Elias, al que Dios mandó fuese a ver al rey Acab para decirle: “Vive el Señor, Dios de Israel, que no caerá del cie¬lo lluvia ni rocío hasta que yo lo diga.” Cumplióse aquel vaticinio, y el pueblo se vio reducido a la más espantosa miseria.

150.         Sacrificio de Elias.-Tres años después se presentó de nuevo el profeta Elias al rey Acab, quien al momento le increpó diciendo: “¿Eres tú el que causas la turbación de Israel?”-”No soy yo, sino tú y la casa de tu padre,” le respondió el profeta con santa energía.

El profeta añadió: “Haz que el pueblo se reúna en el monte Carmelo* y convoca a los sacerdotes de Baal.” Consintió el rey en ello, y Elias dirigió la palabra a la muchedumbre, diciendo: “¿Hasta cuándo seréis inconstantes en vuestra religión? Si. el Señor es el verdadero Dios, adoradle; y si es Baal, seguidle. Aquí estoy solo como profeta del Señor, mientras que los de Baal son cuatrocientos cincuenta. Que se nos entreguen víctimas para co¬locarlas sobre el ara, y el Dios que haga bajar fuego del cielo para consumir el holocausto, sea reconocido por el verdadero.”

Pusieron manos a la obra primeramente los sacerdotes de Baal, y en vano estuvieron rogando a su ídolo toda la mañana; pero cuando llegó el turno a Elias, erigió éste un altar, puso en-’ cima la leña y la víctima cortada en trozos, y elevando las manos

al cielo, exclamó: “j Dios de Abrahán, de Isaac y ‘de Jacob, mos¬trad que sois el único y verdadero Dios, y que yo soy vuestro siervo!”

Al momento bajó fuego del cielo, que consumicLno solamente la leña, sino también la víctima, y hasta las piedraS*del altar. En vista de este prodigio, el pueblo entero gritó lleno de entusiasmo: “l El Señor es el verdadero Dios!” y comprendiendo que los sa¬cerdotes de Baal eran unos impostores, les quitaron la vida a to¬dos.

Elias se puso en oración, prometió que cesaría el hambre,; y aunque el cielo estaba sereno, aseguró al rey que no llegaría la noche sin que la tierra quedara bien regada por la lluvia, y así sucedió en efecto.

151.         CONSIDERACIÓN.-Admiremos aquí la eficacia de la oración: ño

hizo más que hablar Elias y quedó cerrado el cielo por tres años y medio;

suplica, hace oración, y al momento viene la lluvia benéfica para que cese el

hambre.

152.         La viña de Nabot.-Sucedió también que el rey Acab,

deseando ensanchar los jardines que circundaban su morada de Jezrael, propuso a Nabot, que le cediese una viña de su propiedad, que lindaba con ellos, pero Nabot se negó, diciendo: “¡Líbreme el Señor de vender la herencia de mis padres!” Esta negativa irritó al rey, y le causó un mal tan grande, que le hizo perder las ganas de comer. Cuando su mujer Jezabel supo la causa de aquel abatimiento, se burló de los escrúpulos de su marido, diciéndqle: “¿Pues qué? ¿no sois señor? ¿no mandáis en vuestro reino? Co¬med y estad tranquilo, que antes de poco tendréis la viña de Na¬bot.” Pagó a dos falsos testigos, para que declarasen que aquél había proferido blasfemias contra el rey y contra Dios, y con esta infame calumnia, el desdichado Nabot fué sacado de la ciu¬dad y muerto a pedradas, con lo cual el rey quedó dueño de la viña.

En seguida marchó Acab a tomar posesión del campo, adqui¬rido de un modo tan inicuo; pero se encontró en él con el profeta Elias, que le dijo de parte del Señor: “Así como los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán también la tuya. Tu familia será exterminada, y Jezabel comida por los perros en los campos de Jezrael.”

153.         Muerte de Acab.-Pocos años después comenzaron a

realizarse las amenazas del profeta. Hallábase Acab sitiando la

ciudad de Ramot de Galaad, cuando, atravesado por una flecha

cayó mortalmente herido dentro de su carro de batalla. Al lavar¬lo algún tiempo después/ se observó que los perros habían acu¬dido a lamer su sangre, cumpliéndose lo que Elias había profe¬tizado.

154. Elias arrebatado al cielo.-Aproximándose el tiem¬po en que Elias debía abandonar la tierra, salió de Gálgala con su discípulo Elíseo y llegó a la orilla del Jordán en donde, tocan-* do con su capa las aguas del río, se dividieron éstas para dejarles paso.’

Cuando estuvieron al otro lado, dijo Elias a su discípulo: “Pí¬deme lo que quieras antes de que me separe de tí.”-”Haced, le dijo Elíseo, que vuestro espíritu (de milagros y de profecías) repose en mí.”-”Me pides una cosa difícil,” repuso Elias; “sin embargo, si me ves cuando yo sea arrebatado al cielo, quedarán satisfechos tus deseos.” Como iban caminando juntos, pasó súbi-

tamente entre ellos un carro de fuego, tirado por caballos tam¬bién de fuego, que arrebató a Elias como en un torbellino, (i) Quedóse Elíseo siguiéndole con la vista y lamentándose de la se¬paración de tan buen maestro, y cuando ya no lo vio, recogió el manto que se le había caído a Elias ai tiempo de elevarse.

155. Milagros de Elíseo.-Volviéndose Elíseo hacia el Jor¬dán, lo pasó con el auxilio de aquel manto, repitiéndose el mila¬gro que anteriormente había hecho el profeta Elias.

Otros muchos prodigios habían de hacer célebre el nombre del nuevo profeta. Volvió dulces las aguas de las fuentes de Jericó, que eran muy amargas; resucitó al hijo de una buena mujer de Sunam, que le había dado hospitalidad; y el general sirio Naamán quedó curado de la lepra tan pronto como, por orden de Elíseo, se fué a lavar siete veces en las aguas del Jordán.

Sucedió que yendo Elíseo a Betel, se pusieron a insultarle unos muchachos que estaban cerca del camino, y le gritaron: *’¡Sube, viejo calvo, sube!” Volvióse hacia ellos Elíseo, y los maldijo en nombre del Señor. Al momento salieron dos osos de un monte vecino, devorando a cuarenta y dos de aquellos mu¬chachos.

156. CONSIDERACIÓN.-Ese castigo tan riguroso nos demuestra cuan culpables son aquellos que faltan al respeto debido a las personas consagradas ■a Dios.

157. Muerte de Elíseo.-El ministerio profético de Elíseo fué muy largo y muy importante, pues tuvo que ver mucho en los acontecimientos políticos y religiosos de Israel, desde el reinado de Jorán hasta el de Joás, segundo sucesor de Jehú, época en que murió.

(1) Elias volverá, a la. tierra en los tiempos que han de precedes-Iramediatarnente al fin del mundo, y en compañía de Enoc, hijo de Se* y padre de Matusalén, «sostendrá a los justos que se hallen en peligro de sucumbir en la terrible persecución del Anticristo*.

158.         Ococías (S53-852) y Jorán (852-846) .-Acab murió

on la impiedad, y la corona pasó sucesivamente a sus dos hijos

CAPITULO XXVI ÚLTIMOS REYES DE ISRAEL

Ococías y Jorán, que fueron malos también.

Fué sobre todo durante el reinado de Jorán que Elíseo, discí¬pulo de Elias, ejerció su ministerio profético. En ese tiempo se cumplieron los decretos de la Providencia contra la casa del im¬pío rey Acab, y Dios se valió de Jehú, general de Jorán, como instrumento de su justicia divina.

Por orden de Dios, Elíseo mandó a uno de sus discípulos que fuera a ver a Jehú y lo ungiera secretamente rey de Israel. Hi¬zo así.el discípulo de Elíseo y dijo a Jehú: “He aquí lo que dice el Señor: Exterminarás la familia de Acab, porque la sangre de mis profetas pide venganza.”

159.         Jehú rey de Israel (846-818). Castigo de la casa de

“Acab.-Una vez consagrado rey, Jehú, cansado de las iniquida¬

des e injusticias de la familia real, se levantó en armas y cayó

sobre Jezrael, donde estaba Jorán. Este quiso huir, pero Jehú le

dio alcance y lo mató, atravesándolo por la espalda con una fle¬

cha.   Su cadáver fué arrojado al campo de Nabot.

Cuando Jehú hacía luego su entrada en la ciudad de Jezrael, apareció Jezabel (madre de Ococías y de Jorán), muy engalana¬da, en una ventana de su palacio. Al verla Jehú hizo señas a al¬gunos sirvientes que estaban al lado de ella, los cuales la arro¬jaron a la calle, donde fué pisoteada por los caballos.

Cuando, poco después, fueron a darle sepultura, sólo se encon¬traron las extremidades de sus miembros, porque, conforme a lo que Elias había profetizado, los perros habían comido los impu¬ros restos de Jezabel. Al día siguiente fueron muertos todos los descendientes de Acab.

160.         Fin del reino de Israel.-Jehú y sus sucesores tu¬

vieron que sostener guerras frecuentes contra los reyes de Asi¬

ría*, las cuales, por lo general, les fueron fatales, porque el Se-

ñor había abandonado a i.5 . …usa de su idolatría. En efecto, la reforma religiosa llevada a cabo por Jehú y sus sucesores,, pa¬ra hacer observar la Ley de Moisés, fué de corta duración.

Jeroboán II (785-744), tercer sucesor de Jehú, aprovechando la debilidad en que se encontraba Asiria después de la muerte de Salmanasar III, logró extender considerablemente su reino, lle¬gando por el norte hasta Damasco y Harnat; y formó una pode¬rosa confederación con Azarías, rey de Judá, y Benadad III, rey de Damasco; pero después de su muerte el país cayó en la más completa anarquía. Los reyes subían al trono por el asesinato y en medio de desastrosas guerras civiles. Aprovechando este es¬tado de perturbación, Teglatfalasar III de Asiria extendió su do¬minación por el oeste del Eufrates e hizo tributarios suyos a los reyes de Israel.

Oseo (731-722), último rey de Israel,; se alió con el de Egip¬to y el de Tiro y rehusó pagar tributo al asirlo, en vista de lo

cual Salmanasar V mandó poner sitio a Samaria. Entretanto es¬talló en N ínive una revolución que acabó con la dinastía reinante, y Sargón, uno de los generales, escaló el trono en 722.

No habiendo recibido Samaria auxilio alguno de, Egipto, cayó en manos de los sitiadores (721). Todo Israel fué anexado a Asiria, y al año siguiente Oseo fué llevado prisionero a Nínive, con más de 27,000 de los suyos, que se diseminaron en diferentes provincias del imperio, concluyendo así el reino de Israel, que había subsistido durante 211 años. (932-721).

161.         Samaria repoblada.-Para volver a poblar el antiguo

reino de Israel, que había quedado desolado con las guerras y

las deportaciones, los reyes de Asiria mandaron prisioneros ex¬

tranjeros de Babilonia y de otras partes dominadas por ellos

Pero como la región de Samaria se había llenado de animales fe¬

roces, que devoraban cuanto encontraban en los campos, los nue¬

vos pobladores atribuyeron esa calamidad a la cólera del Dios de

Sos israelitas, y pidieron un sacerdote de Jehová para que los ins¬

truyese y les enseñase a adorar a su Dios.

De este modo el culto del Dios verdadero no desapareció en¬teramente en el antiguo reino de las diez tribus, pero quedó mez¬clado con supersticiones paganas. Siglos más tarde, varios sa¬cerdotes expulsados de Jerusalén, lograron depurar la religión de los samaritanos y acercarla más al judaismo ortodoxo^

CAPITULO XXVII HISTORIA DE TOBÍAS

162.         Virtudes de Tobías.-Entre los cautivos que fueron

llevados a Nínive, se hallaba un hombre justo llamado TobíasM

que desde su juventud había sido constante y fiel en el culto del

verdadero Dios, y en el cumplimiento de la’ley divina.

Durante el cautiverio hízose acreedor a las consideraciones del rey de Asiria, que le había dado permiso para ir a donde qui¬siera ; pero Tobías no hacía uso de las deferencias y autorización del rey,’ sino para el bien de su pueblo, que se hallaba tiranizado.

Además, era el consuelo de los pobres, prestaba dinero sin inte¬rés ninguno, y cuidaba especialmente de dar sepultura a los muer-tos,

163.         Pruebas de Tobías.-Cierto día en que, rendido de

fatiga por sus laboriosos ejercicios de caridad, se había dormido

junto a una pared, le cayeron en los ojos excrementos de golon¬

drina y quedó ciego.

Dios permitió esta prueba a fin de que su paciencia sirviese» como la de Job, de saludable ejemplo a la posteridad. Burlában¬se de él sus amigos, preguntándole de qué le habían servido sus buenas obras; pero Tobías respondía con dulzura; “No habléis de esta manera, porque somos hijos de los santos, y nuestra es¬peranza no se cifra en las cosas de aquí abajo.”

164.         Consejos de Tobías a su hijo.-Creyendo  que  se

  • acercaba su fin, llamó Tobías a su hijo, que también se llamaba. Tobías, para darle sus últimos consejos, y lo hizo diciéndole; “Hijo mío, escucha mis palabras, grábalas en el fondo de tu co¬razón, y cuando Dios haya recibido mi alma, darás sepultura a-mi cuerpo.”

“Honra a tu madre mientras viva, teniendo presente lo mu cho que por ti ha sufrido; y cuando termine su carrera, dale se¬pultura a mi lado.”

“Ten siempre a Dios en tu pensamiento, y no quebrantes nin¬guno de sus mandatos.”

“Compadécete del pobre, para que Dios se compadezca de ti Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da poco; pero hazle siempre de buena voluntad.”

“No te dejes dominar por el orgullo, que es origen de tode pecado.”

“Paga el salario debido a todo el que te sirva.”

“No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a tV

“Toma siempre consejo de un hombre sabio y prudente, y evit-ta la compañía de los malos.” (i)

165.         Viaje del joven Tobías.-En tiempos anteriores, ha«

bía prestado Tobías diez talentos* de plata a Gabelo, habitante

en Ragés de Media. Después de notificarlo a su hijo, añadió i

“Irás, hijo mío, a reclamar esa cantidad, pero antes busca a un

guía fiel para que te acompañe en el viaje.”

(1)    TEstos buenos consejos de Tobías convlen»n a to-doe loa hijo»’-iDichosoa   aquellos   que   los   pongan   en   práotical

HISTORIA DE TOBÍAS

Un ángel, bajo las formas de un joven, se ofreció a Tobías para acompañarle, y hechos con prontitud los preparativos ne¬cesarios,  se pusieron ambos  en camino.

A la caída del primer día hicieron alto en la orilla del Ti-* gris, y bañándose Tobías en este río, vio que un enorme pez se dirigía hacia él, como para tragárselo. Al grito que dio el espan¬tado joven, contestó ei ángel diciéndole: “Cógelo por las agallas* y sácalo a la orilla.” Luego que el pez quedó muerto, añadió el ángel: “Ábrelo, y socale el corazón, la hiél y el hígado; pues son estas cosas necesarias para útiles medicinas.”

REINO DE ISRAEL

166.         Matrimonio del joven Tobías.-Cuando Tobías y su

compañero llegaron a Ecbatana,* capital de Media, el ángel dijo

a Tobías: “Hay aquí un hombre llamado Raguel, de tu tribu y

parentela; pídele la mano de su hija y te la dará.” Raguel se asus¬

tó al oír la propuesta del joven, y quedó perplejo, pensando en

los siete maridos que había tenido su hija; y que habían muer¬

to en la misma noche de sus bodas; mas el ángel lo tranquilizó

diciéndole: “No temas dar tu hija a éste, porque teme a Dios,

y a él está destinada, y por esto no pudo tenerla otro.”

El ángel se encargó de ir a cobrar el dinero a Gabelo, en Ra-gés, y de convidarlo a las bodas de Tobías. A los pocos» días, Raguel entregó a Sara la mitad de su hacienda, y abrazando a los dos nuevos esposos, los dejó ir contentos, diciéndoles al se¬pararse : “El santo Ángel del Señor sea en vuestro camino, y os conduzca sanos al término de vuestro viaje.”

167.         Regreso del joven Tobías.-Tanto se prolongó la au¬sencia del joven Tobías con motivo de la boda, que sus padres sufrían la más angustiosa inquietud, viendo que no regresaba. Su madre, especialmente, se hallaba desconsolada, y todos los días iba a sentarse a una altura, desde donde podía tender lejos sus miradas, con el ansia de ver regresar a los viajeros. Distinguió¬los, por fin, un día, y corrió presurosa a participarlo a su mari¬do. Levantóse inmediatamente el anciano, y asido de la mano de un criado, salió apresuradamente al encuentro de su hijo, al cual abrazó con gran efusión de lágrimas. Después de tan dulces es¬cenas se postraron para adorar a Dios y darle gracias, y luego so sentaron.

168.         Tobías vuelve la vista a su padre.-Siguiendo el consejo del ángel, el joven Tobías tomó la hiél del pez y ungió con ella los ojos de su padre. Al cabo de un rato empezaron a salir las cataratas de los ojos, como telillas de huevo, las que acabó de sacar suavemente el joven Tobías, quedando los ojos de su padre enteramente curados. El santo anciano, dirigiendo sus miradas al cielo, exclamó: “Bendígoos, Señor, Dios de Is¬rael, porqué vos me heristeis, y vos me habéis sanado, y vuelvo a ver a mi hijo.”

169.         Base a conocer el ángel.-Como el joven Tobías de-

seaba recompensar los buenos servicios de su guía, rogóle que aceptase la mitad de todos sus bienes; pero dándose entonces a conocer el ángel, les dijo: “Bendecid al Señor, que ha usado de misericordia con vosotros.” Dirigiéndose luego a Tobías padre, añadió: “Cuando rogabas a Dios cqn lágrimas y dabas sepultu¬ra a los muertos, presentábale yo tus oraciones, y, porque eras agradable a Dios, ha sido necesario que fueses probado con aflic¬ciones. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están cons¬tantemente en la presencia del Señor.” Al oír estas palabras, que¬dáronse atónitos y dieron con el rostro en tierra, sobrecogidos de espanto. Entonces añadió el ángel: “No temáis, ahora me vuel¬vo al que me ha enviado; bendecidlo vosotros y publicad sus ma¬ravillas.” Y dicho esto, desapareció.

170.         Muerte del anciano Tobías.-Tobías contaba cin¬

cuenta y seis años cuando perdió la vista, y sesenta cuando la

recobró. Vivió todavía cincuenta años, y vio a los hijos de sus

nietos. A la hora de su muerte llamó a su hijo Tobías, y a los

siete hijos de éste, y les predijo lo que debía acontecer a Israel

y a “Nínive, en los términos siguientes:

“Cercana está la ruina de Nínive; y nuestros hermanos que están dispersos fuera de la tierra de Israel, volverán a ella, y todo su territorio desierto será repoblado; la casa de Dios que ha sido quemada, será de nuevo reedificada, y volverán allá todos los que temen a Dios.

“Oíd, pues, hijos míos, a vuestro padre. Servid al Señor en verdad, y procurad hacer lo que le es agradable. Encargad a vuestros hijos que hagan obras justas y den limosnas, y que se acuerden de Dios, y lo bendigan en todo tiempo.

■* “No queráis, hijos’ míos, quedaros aquí, sino que el día que hubiereis enterrado a vuestra madre junto a mí, en mi sepulcro, desde ese mismo día, encaminad vuestros pasos a salir de aquí, porque estoy viendo que la iniquidad de esta ciudad acabará con ella.”

171.         Muerte del hijo de Tobías.-Tobías, después de la

muerte de su padre y de su madre, se retiró a Ecbatana, a casa

de sus suegros; les prodigó los cuidados más afectuosos y les ce¬

rró los ojos. Vio la ruina de Nínive, que fué destruida por los

ejércitos de los medos y de los babilonios. Murió a los noventa

y nueve años de edad, rodeado de numerosa posteridad, dejando

a sus descendientes el ejemplo de todas las virtudes.

REINO DE JUDA

172. CONSIDERACIÓN.-Todos tenemos como el joven Tobías un ángel custodio que nos guía y guarda continuamente. Honrémoslo y seamos dóciles a sus santas inspiraciones, para que podamos llegar felizmente a la mansión inmortal que nos espera.

CAPITULO XXVil!

REINO DE JUDÁ (932-587)

PRIMEROS REYES DE JUDA

173. : Roboán (933-916).-Al principio se mostró Roboán íiel observador de la ley de Dios; pero muy pronto se dio a la idolatría, como su padre Salomón. Muchos de sus sucesores si¬guieron la misma conducta, a pesar de las amonestaciones de ios profetas.

174.         Sucesores de Roboán.-Sucedieron a Roboán en el

trono Abián su hijo, y luego Asas su nieto, que acabaron por en¬

tregarse también a la idolatría.

Vino después Josafat (873-848), que fué rey bueno: resta¬bleció el culto al verdadero Dios, exigió que se observara la ley de Moisés y se hizo estimar y respetar por sus virtudes.

Sin embargo, Josafat cometió un error de consecuencias ‘fa¬tales para Judá: so pretexta de oponer resistencia común a los enemigos de Judá y de Israel, y quizá también para ensayar de poner fin al cisma, concertó el matrimonio de su hijo Jorán con ‘Alalia, hija de la impía Jezabel y del no menos impío rey Acab.

Cuando Jorán subió al trono, se vio pronto que no había he¬redado las virtudes de su padre, pues dominado por su esposa Atalia, mandó asesinar a todos sus hermanos y se entregó a todos los excesos de la idolatría.

O cocías, hijo de Jorán (i)~, siguió también el camino de la iniquidad. Estando aliado con Jorán, rey de Israel, y hallándose en su compañía, pereció él también,; cuando Jehú se levantó en ar¬mas.

175.         Usurpación de Atalia (846-839). Joás (839-799′y.

-Cuando Atalia supo la muerte de su hijo Ococias y la revolu-

ción que estalló en Israel, quiso ella aprovechar esa circunstancia para usurpar el poder y establecer definitivamente el culto de Baal en Judá. Para realizar sus planes mandó asesinar a todos los hijos de su hijo Ococias (846).

Pero Dios velaba sobre los destinos de la casa de David, pues se salvó de la matanza Joas, último hijo de Ococias. El niño fué educado ocultamente en el Templo por el sumo sacerdote Joad o Joyada, y cuando cumplió la edad de siete años, el pontífice lo proclamó rey en el Templo, en presencia de los levitas y de los principales jefes del ejército.

Al ruido de las aclamaciones del pueblo, que de todas partes acudía a saludar a su nuevo rey, corrió Atalia al Templo, y vien¬do a Joás sentado en el trono y rodeado de guardias, exclamó: “¡Traición! ¡traición!” En seguida, por orden del sumo sacerdo¬te, la arrastraron fuera del Templo y le dieron muerte (839).

Joás comenzó bien su reinado; mas después de la muerte de Joad, se dejó dominar por el orgullo y la impiedad, llegando su ingratitud al extremo de hacer morir apedreado el sumo sacerdote Zacarías, hijo de Joad, porque le recordaba el. cumplimiento de sus deberes.

No pasó mucho tiempo sin que el cielo lo castigara, hacién¬dolo testigo del saqueo de su capital por los sirios, y muriendo él poco después asesinado por dos oficiales suyos. Había reina¬do durante cuarenta años (839-799).

176. El profeta Jonás.-Por aquel tiempo, mandó el Señor al profeta Jonás que fuese a anunciar a los ninivitas la próxima ruina de la ciudad, porque sus iniquidades clamaban venganza al cielo.

Para esquivar una misión que consideraba peligrosísima, em¬barcóse el profeta en Jope, con rumbo a 7′arso, capital de Cili-cia.

Apenas se hallaron en alta mar, levantóse una terrible tem¬pestad que amenazaba hundir el barco. Entonces los-marineros echaron suertes, para sa’ber quién era el que de tal modo excita¬ba la cólera del cielo; y como la suerte designase a Jonás, él con¬fesó ingenuamente su falta, añadiendo que la tormenta se calma¬ría si lo arrojaban al mar. luciéronlo así, y un monstruo mari¬no recibió al profeta en su vientre y a los tres días lo lanzó de sí, vivo y sano, en la playa. Salvado por este milagro, apresu¬róse Jonás a cumplir la orden de Dios, y marchando a Njnive, se

puso a recorrer la ciudad gritando:   “Dentro de cuarenta días Wínive será destruida.”

Creyeron los ninivitas en la palabra de aquel enviado del cie¬lo, y el rey descendió de su trono, vistióse un cilicio, cubrióse la cabeza con ceniza en señal de penitencia y ordenó, además, un ayuno general. Por ese arrepentimiento tuvo el Señor miseri¬cordia y libró a Ninive del castigo con que la había amenazado.

177. Jonás figura de Jesucristo.-Jonás saliendo lleno de vida del vientre del pez, a los tres días de haber entrado en él, es figura de Jesucristo, que resucitó glorioso del sepulcro, des¬pués de haber permanecido tres días en el seno de la tierra.w

CAPITULO XXIX

EZEQUIAS, MANASES Y JOSIAS

178. Sucesores de Joás.-Después de Joás, ocuparon suce¬sivamente el trono Amasias^ Osías, Joatán y Acaz. Este último se distinguió sobre todo por su impiedad; cerró el Templo de Jerusalén y se entregó a la idolatría, habiendo sido inútiles todos los consejos y las reconvenciones del profeta Isaías, que Dios sus¬citó entonces. Murió en la impenitencia, en 727, y sus subditos no se atrevieron a enterrarlo al lado de sus padres, en la ciudad de David.

179. Ezequías. (726-688).-Ezequías, hijo y sucesor de rAcaz, fué un rey según el corazón de Dios. Comenzó su reinado abriendo el Templo, que había cerrado» su jjadre, reorganizando el culto y ofreciendo sacrificios al Señor en expiación de los pe¬cados de Judá y de todo Israel. Celebró solemnemente la Pascua, echada en olvido desde mucho tiempo.

Ezequías fué testigo de la ruina del reino de Israel cuando, en 721, Samaría sucumbió al sitio de los asirios, mandados por su rey S argón. Durante todo el reinado de este monarca (722-705), Ezequías prefirió ser vasallo de los asirios para no verse ex¬puesto a sus ataques.

En la época en que murió el rey Sargón, Ezequías cayó gra-

EZEQUIA’S, MANASES Y JOSIAS                119

vemente enfermo, y estuvo a punto de morir; pero gracias a sus fervientes oraciones, Jehová le concedió quince años más de vida, como se lo vino a anunciar el profeta Isaías.

Algún tiempo después de su curación, en* 703, Ezequías co¬metió la imprudencia de recibir con demasiada ostentación una embajada de Merodac-Baladán, rey de Babilonia, que andaba bus¬cando aliados para rebelarse contra Senaquerib, hijo y sucesor de Sargón. Supo el rey de Asiria de qué se trataba, y atacó in¬mediatamente a los coaligados. Después.de derrotar a babilonios, ‘fenicios y filisteos, puso sitio a Jerusalén, y Ezequías tuvo que someterse a enemigo tan poderoso y pagarle fuerte tributo.

Once años más tarde Ezequías se alió con Taraca, rey de Egip¬to y de Etiopía, y sacudió el yugo de Asiria. Senaquerib invadió de nuevo a Palestina y se dirigió contra Jerusalén para exigir la rendición del rey de Judá. Este, animado por Isaías, se preparó para resistir el sitio, pero como rey piadoso, oró e hizo orar para conseguir el triunfo. Sus ruegos fueron atendidos, porque en una sola noche el Ángel del Señor hizo morir 185,000 soldados del ejército asirio. En vista de esto, Senaquerib levantó el sitio y nunca jamás volvió a atacar al reino de Judá.

180.. El profeta Isaías y el rey Manases.-Isaías, el más sublime de los profetas, era de la real familia de David, y profe¬tizó principalmente durante el reinado de Ezequías. Vaticinó la destrucción de los reinos de Judá e Israel, la cautividad de Ba¬bilonia y la mayor parte de las circunstancias de la muerte de Jesucristo.

Irritado Manases, hijo y sucesor de Ezequías, contra aquel profeta porque le reprendía sus impiedades, le mandó aserrar el cuerpo por la mitad.

El Señor vengó la muerte dé su siervo poniendo a Jerusalén y a su rey en manos de los asirios, que llevaron a éste cautivo a Babilonia (1). Allí se convirtió al Señor, y al volver a Jerusalén poco tiempo después, gracias a la clemencia del rey asirio, resta¬bleció el culto del verdadero Dios y reinó en paz, procurando re¬parar los males que había hecho a su pueblo.

Sucedióle su malvado hijo Amón, que “fué asesinado en su paj lacio a los dos años de reinado.

(1) Sometida entonces al rey de Asirla, Asurbanipal, hijo de Se¬naquerib.

181. Sitio de Betulia. Judit-Créese que durante el cauti¬verio de Manases en Babilonia, Holofernes, general asirio, puso sitio a la ciudad de Betulia, para invadir el reino de Judá. Esta ciudad, que carecía completamente de agua, hubiérase rendido sin ¡el heroísmo dé una piadosa viuda llamada Judit.

Después de invocar el auxilio de Dios, aquella heroína se in-   \ trodujo en el campamento enemigo, supo captarse el cariño de [Holofernes, y aprovechando un momento en que el general dor-

mía el sueño üe la embriaguez, después de una orgía*, le cortó la cabeza con su propio alfange. Viéndose los asirios privados de su jefe, emprendieron la fuga, mientras que Betulia y todo el reino daban gracias al Altísimo y colmaban de bendiciones a la que los había librado de una catástrofe inevitable.

  1. Josías (640-609). Renovación religiosa.-El reinado ele Josías fué la última época brillante del reino de Judá. De ocho

RECAPITULACIÓN           121

años de edad, cuando heredó el trono de su padre, fué educado por los sacerdotes y pronto manifestó un celo ardiente para que volviera a florecer el culto del verdadero Dios.

Elevó a cabo la reforma religiosa en todo el reino, proscri¬biendo la idolatría, haciendo reparar el Templo y celebrando en él la Pascua con la mayor solemnidad. Los profetas Jeremías y Sofonías secundaron sus esfuerzos predicando • contra la corrup¬ción de costumbres e instruyendo al pueblo en sus deberes mora¬les y religiosos.

Jerusalén volvió a ser el centro del culto no sólo para Judá. sino también para los miembros de las diez tribus que quedaron desparramados en Israel después de la destrucción de ese reino, m y 21.

Durante ese período de paz y de prosperidad debido a Josías, el imperio asirio sucumbió a los ataques de Nabopolasar, rey de Babilonia, y de Cyaxaro, rey de Media: la orgullosa JSÍínive fué lestruída.

'Necao, rey de Egipto, se alarmó de los progresos del nueva imperio de Babilonia y quiso atacarlo; mas para ello necesitaba itravesar el reino de Judá. Josías, que se había puesto de parte del rey de Babilonia, salió al encuentro del de Egipto, para de¬tenerlo, pero no tuvo suerte: en la batalla de Magedo fué vencido / herido mortalmente.

Su muerte sembró el duelo y la consternación en todo el reino, Con él desapareció el último apoyo de la restauración religiosa y política de la Judea, la cual siguió nuevamente por el camino ie la corrupción, hasta su ruina total.

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE VOCABLOS.-1. ¿Qué son los salmos de David?-2 íQué es un cisma?-3. ¿Qué es la dedicación de un templo?-4. ¿Qué e? anarquía?-5. ¿Qué es el Anticristo?

CRONOLOGÍA.-6. ¿Cuántos años comprende la cuarta época del segundo período del Antiguo Testamento?-7. ¿Cuándo comenzó?-8. ¿Cuándo aca¬bó?-9. ¿En qué año murió Saúl?-¿Salomón?-10. ¿Cuánto tiempo subsistió el reino de Israel?-11. ¿En qué siglo nació Tobías padre?

GEOGRAFÍA.-12. ¿A qué tribu pertenecía la ciudad de Jerusalén?-¿la de Belén?-¿la de Samaría?-13. ¿Dónde está situado el país de los amale-citas?-¿el de ios asirios?-14. Indíquese la situación de Nínive-de Ecba-tana-de Sidón-del monte Carmelo.--15. ¿Qué sabe usted de Jerusalén?-¿de Babilonia?-¿de Nínive?-16. ¿Qué tribus formaron el reino de Judá?-17, ¿Qué recuerda usted de Jezrael?-¿de Betulia?

REINO DE JUDA

HISTORIA.-18. ¿Quién era David y en qué circunstancias venció al gi¬gante Goliat?-19. Cuéntese la caída y penitencia de David.-20. Dígase lo que se sepa del templo de Salomón.-21. Refiérase la cansa y consecuencias del cisma de las diez tribus.-22. Hágase un resumen de lo que se recuerde acerca del profeta Elias.-23. Relátese el desdichado fin de Acab y de su mujer Jezabel.-24. ¿Cuáles fueron los milagros principales que obró el pro¬feta Elíseo?-25. ¿Cómo acabó el reino de Israel?-26. Hágase un resumen de la historia de Tobías padre.-27. Cuéntese la historia del joven Tobías.- 28. ¿Qué sabe usted de Alalia y de Joás?-29. ¿Y del profeta Jonás?-30. Dígase cómo libró Judit a Betulia cuando estaba sitiada.-31. ¿Cuáles son los principales profetas que vivieron en el período de los reyes?

MORAL\-32. Hágase ver con un ejemplo sacado de la Historia Sagrada, gue muchas veces son castigados, aun en esta vida, los que faltan a sus deben íes para con sus padres.-33. Cítese un hecho de la historia de Acab, para demostrar a qué extremos puede arrastrarnos el deseo inmoderado de riqud ras.-34. Recuérdense los admirables consejos dados por Tobías a su hijo,

QUINTA ÉPOCA

DOMINACIÓN EXTRANJERA

DESDE LA CAUTIVIDAD DS BABILONIA HASTA JESUCRISTO Años 605 a. de J. C. al 1? de la Era cristiana,

CAPITULO XXX CAUTIVIDAD DE BABILONIA

Añas 605 a 536 a. de J. C

183. Últimos reyes de Judá. Destrucción del Templo. Principio de la cautividad.-Joacaz, hijo de Josías, reinó sólo tres meses, pues Necao, rey de Egipto, se lo llevó prisionero,, por¬que se negaba a pagarle tributo.

Joaquín I (o Bliakín), hermano de Joacaz, lo reemplazó en el trono; pero a pesar de las reconvenciones y amenazas de los pro¬betas Jeremías y Baruc, tanto el rey como el pueblo siguieron en¬tregados a los desórdenes de la idolatría y de la corrupción. En*, tonces Dios mandó el castigo sobre su pueblo. Nabucodonosor II,-rey de Babilonia,' sitió y tomó a Jerusalén, saqueó el Templo y-se llevó a Joaquín I cautivo (605 a. de J. C.), así como a varios ' jóvenes de la nobleza, entre los que se encontraban Daniel y sus -compañeros. Con ese acontecimiento empezó la cautividad de Ba- -tiloma, tantas veces anunciada por los profetas.-

A Joaquín I se le permitió regresar a su reino, pero al poco--tiempo se volvió a rebelar, pereciendo en un combate.---

Mientras reinaba Jeconías o Joaquín II, hijo del anterior, - vino otra vez Nabucodonosor II, tomó a Jerusalén, volvió a sa¬quear el Templo y llevóse al rey y a más de 10,000 cautivos, en¬tre los que figuraba el profeta Ezequíel.

DOMINACIÓN EXTRANJERA

Sedéelas, tío de Jeconías, a quien Nabucodonosor dejó en e trono,-no fué mejor que los anteriores, y habiéndose aliado con'' los egipcios, se presentó por tercera vez el ejército de Nabucodo--nosor II frente a los muros de Jerusalén, la que sucumbió des--pues de un sitio terrible de dieciocho meses.

Pudo escapar el rey, pero pronto fué preso y llevado ante *j \rabucodonosor; quien, después de reventarle los ojos, se lo llevó • a Babilonia cargado de cadenas^..

Los babilonios saquearon la ciudad de Jerusalén, derribaron sus murallas, pegaron fuego a los edificios y destruyeron el Tem pío de Salomón. Los habitantes que no pudieron huir o que nc murieron, fueron llevados cautivos como su rey (587). Sólo que­jaron en Judea los habitantes más pobres del campo, que se de- ' cucaron al cultivo de la tierra. Pero aún ésos, perseguidos más tarde por los asiríos, tuvieron que huir a Egipto,-,

Así acabó el reino de Judá, víctima, lo mismo que el de Israel, de sus prevaricaciones contra el Dios de sus padres. Sub­sistió 345 años: desde 932 hasta 587^

18-1. Jeremías y Ezequiel.-El profeta Jeremías, que du •rante tantos años había predicado contra la idolatría y la corrup ción de costumbres, y vaticinado la ruina de Judá y de Jerusalén «o fué deportado a Babilonia, sino que se quedó entre las ruina» .de Jerusalén, donde siguió sosteniendo el ánimo de sus compatria tas, y donde compuso sus inmortales Lamentaciones, que la Igle­sia repite todos los años en los oficios de Semana Santa, y en las cuales daba desahogo a sus penas, al ver las ruinas de su pa tria.

Jeremías, hombre sencillo y tímido de ordinario, pero de su blímés arranques cuando hablaba por inspiración de Dios, sufrió grandes persecuciones de los reyes de su patria, porque los re- • convenía y amenazaba con los castigos de Dios a causa de sus impiedades. Se cree que murió apedreado por sus mismos compa­triotas, en Tafnis, ciudad de Egipto.

El profeta 'Ezequiel, como se ha visto, fué llevado cautivo a Babilonia por Nabucodonosor. Hombre providencial que Dios •suscitó en época terrible para el pueblo escogido, comenzó su mi­nisterio cinco años antes de la ruina de Jerusalén, y lo continuó durante más de veinte años,"* siempre en el cautiverio, sostenien­do el ánimo y sobre todo la fe de sus compatriotas. Según tradi­ción, murió el profeta Ezequiel a manos de un príncipe de Israel cuya idolatría había reprendido.

CAUTIVIDAD DE BABILONIA

185. Los judíos en Babilonia.-Nabucodonosor trató con bastante humanidad a sus cautivos, permitiéndoles adquirir tie­rras, dedicarse al comercio y juzgarse por sus propias leyes, de suerte que los judíos no dejaron de subsistir como pueblo parti­cular. Demostraron gran habilidad en el comercio y en la po­lítica, por lo cual su condición se mejoró poco a poco, y algunos alcanzaron gran influencia y poder.

186. Daniel y sus compañeros.-Entre los que marcharon (Cautivos con el rey Joaquín \hábía muchos hijos de familias no­bles y distinguidas, como eran Daniel, Ananías, Misad y Asarías, descendientes todos de la sangre real de David.

Encantado el rey de Babilonia de las bellas cualidades de esos jóvenes, los hizo educar a su lado, con intención de agregarlos » SU servidumbre.

Dios recompensó las virtudes de aquellos- jóvenes, concedién­doles una sabiduría nada común, y a Daniel en particular, el don íde interpretar sueños. En poco tiempo llegarorTa ser favoritos ídel rey y a desempeñar los cargos más importantes de la corte.

Siendo Daniel muy joven, había llamado ya la atención de sus compatriotas, salvando de ignominiosa muerte a una virtuosa mujer llamada Susana, acusada falsamente por dos viejos infa­mes; pero la fama de Daniel llegó a su colmo, cuando explicó un sueño que había tenido el rey Nabucodonosor.

CAPITULO XXXI

APOGEO Y RUINA DEL IMPERIO BABILÓNICO

187. Sueño de Nabucodonosor.-Quedó trastornado Nabu­codonosor por un sueño que no podía recordar, y aunque consul­tó a todos los sabios y adivinos del imperio, ninguno pudo traer­le a la memoria lo que había soñado. Daniel, después de haber, (invocado al Señor, se presentó al rey y le dijo: "Habéis visto, ¡ oh gran rey! una estatua de altura extraordinaria y de terrible as­pecto, que tenía la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata. el vientre de bronce, las piernas de hierro, y los pies, parte de

DOMINACIÓN EXTRANJERA

hierro y parte de barro. Cuando la estabais mirando, desprendióse, de la montaña inmediata una piedrecita que fué a caer sobre los pies de la estatua, y al momento se desplomó aquel coloso, y la piedrecita fué creciendo hasta convertirse en una inmensa mon¬taña."

Daniel continuó diciendo: "Tal es, señor, vuestro sueño, y ved aquí la explicación: Vos mismo sois la cabeza de oro de la estatua; pues Dios os ha dado el imperio, la fuerza y la gloria. Vendrá después de vuestro reino otro menos poderoso, que está representado por el pecho de plata; seguirá un tercero, y será fuerte como el bronce, porque dominará hasta en lejanas tierras; aparecerá por fin un cuarto' reino, el figurado por las piernas de hierro; los píes compuestos de este metal y de arcilla, significan que habrá divisiones en el último reino. Entonces suscitará Dios otro reino que derribará al anterior, e irá creciendo poco a poco hasta absorber todos los reinos de la tierra y subsistirá eterna¬mente." (i)

Apenas acabó de hablar el profeta, cayó Nabucodonosor pros¬ternado con el rostro en tierra, exclamando: "¡ En verdad que tu Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes!" Des¬pués colmó de honores a Daniel y a sus compañeros.

188. Los tres hebreos en el horno.-Posteriormente Na¬bucodonosor se llenó de orgullo; con motivo de sus importantes victorias, se hizo representar por una estatua de oro, y mandó que lo adorasen todos sus subditos y vasallos. Los grandes de la corte que estaban recelosos de Daniel y de sus compañeros, acu¬sáronlos ante el rey de que despreciaban aquella orden, y en su virtud los tres jóvenes hebreos fueron arrojados dentro de un horno encendido, pero un ángel del Señor los preservó del fuego, de modo que andaban en medio de las llamas, bendiciendo a Dios y cantando sus alabanzas.

En vista de tal prodigio, dispuso Nabucodonosor que los saca¬sen del horno v glorificó al Dios de Israel.

(1) .Los intérpretes de la Sagrada Escritura están, por lo general, de acuerdo en reconocer en los cuatro reinos, figurados por la estatua de Nabucodonosor, los imperios de Babilonia, Persia, Grecia y Roma. E] reino anunciado por la piedrecita que, destruyendo la estatua, se convier¬te en montaña, no es otro sino la Iglesia fundada por nuestro Señor Je¬sucristo, la que cimentada en la piedra de Pedro, ve pasar loa imperios, mientras ella vive inmutable  e imperecedera.

RUINA DEL IMPERIO BABILÓNICO            127

189. Nabucodonosor convertido en irracional.-Mientras que Nabucodonosor se hacía adorar como una divinidad, tuvo Daniel el valor necesario para anunciarle que algún día habría de verse reducido a la condición de las bestias, y obligado a sepa¬rarse de los hombres por algún tiempo.

A los doce meses, como el rey estuviese contemplando la mag¬nificencia de las obras que había mandado hacer en la capital, se abismó tanto en la embriaguez del orgullo, que perdió comple¬tamente la razón y se creyó cambiado en una bestia. Huyó en seguida de su palacio y vivió siete años errante por el campo en medio de las fieras, paciendo la hierba como buey. Al cabo de ese tiempo recobró la razón, humillóse ante el Dios omnipotente, vol¬vió a ocupar el trono y reinó con más esplendor que antes. fc

190.         CONSIDERACIÓN.-Temamos la pasión del orgullo; pues, aunque

no siempre produce la locura, por lo menos obscurece la razón, impidiendo el

buen discernimiento de las cosas; además de que ofende gravemente a Dios

y a los hombres.

191.         Daniel en la cueva de los leones.-Daniel había sido

también la causa de la destrucción del templo de Baal, descubrien¬

do al rey Evilmerodac, hijo y sucesor de Nabucodonosor, las su¬

percherías de los sacerdotes de aquel ídolo. Irritados los grandes

del reino, obligaron al rey, aunque amaba a Daniel, a que lo man¬

dase arrojar a una profunda cueva donde había siete leones ham¬

brientos^

Pero Dios preservó a su siervo de las garras de aquellas fie¬ras, como había preservado a los tres jóvenes de las llamas del horno; y cuando siete días después, fué el rey a ver a Dariel, con asombro pudo observar que estaba sentado tranquilamente en medio de los leones.

En vista de este milagro exclamó el rey: “\ Grande es el Señor Dios de Daniel!” Inmediatamente mandó sacar a Daniel de la cueva y echar en ella a sus enemigos, que al instante fueron de¬vorados por los leones.

192. Sitio de Babilonia. El festín de Baltasar.-Llegó la hora en que el poderoso imperio babilónico había de ser destruí-do. Reinando Baltasar, nieto de Nabucodonosor, puso sitio a Ba¬bilonia Ciro, rey de los medos* y de los persas*; pero creyéndo¬se Baltasar invencible detrás de las gigantescas murallas de la

capital, descuidaba la defensa y no pensaba más que en placeres-y orgías.

Hallándose en un gran festín con que obsequiaba a los gran¬des de la corte, empleando, para beber en honor de sus dioses,, los vasos sagrados que habían sido sacados del Templo de Jerusa-lén, aparecieron de repente en la pared unos caracterers extraños, trazados por mano invisible.

Aterrorizado. Baltasar, hizo llamar a los sabios de Babilonia,, pero ninguno supo siquiera leer aquel misterioso escrito.

Acordáronse de Daniel; hiciéronlo comparecer, y dirigiéndose éste al rey con gran energía, “¡ Príncipe!, le dijo, os habéis alza¬do contra el que domina desde el cielo, y os habéis hecho traer los vasos sagrados para beber el vino de la embriaguez. Habéis prodigado alabanzas a vuestros ídolos, sordos y mudos, y no ha¬béis glorificado al Dios en cuyas manos están vuestra alma y vuestra vida. Por eso ha enviado la mano que ha escrito lo que veis, y son los tres vocablos  siguientes:  MANE,  THECEL,.

flPHARES. MANE quiere decir cuento. Dios tiene contados los días de vuestro reino y marcado su fin. THECEL, significa peso. HHbéis sido pesado en la balanza y encontrado muy ligero. PHA-RES, división. Vuestro reino será dividido, cayendo en manos de los medos y de los persas.”

Cumplióse aquella misma noche el terrible vaticinio, pues ha¬biendo los persas desviado las aguas del Eufrates, penetraron en Babilonia por el cauce de ese río, y se. Apoderaron de la ciudad. El rey Baltasar pereció en la hecatombe V su reino pasó a manos de Ciro.    (Año 538 a. de J. C).

CAPITULO XXXII LOS JUDÍOS TRIBUTARIOS DE LOS PERSAS

193.         Edicto de Ciro. Fin del cautiverio.-Dos años des¬pués, a instancias de Daniel, publicó Ciro un edicto que permitía a Jos judíos volver a su país y reconstruir el Templo de Jerusalén ¡(536).   La cautividad había durado 70 años.

194.         Reconstrucción del Templo.-Después de la publi¬cación del edicto de Ciro, tomaron el camino de Judea más de 42,000 judíos guiados por Josué, sumo sacerdote, y por Zorobabel, príncipe joven de la casa de David.

Su primer cuidado, al llegar a Jerusalén, fué la reconstrucción, del Templo. Después de muchos obstáculos y dificultades, quedó por fin terminada la obra, y se celebró su dedicación con una fies¬ta solemnísima (516).

El profeta Ageo, fué quien sostuvo el ánimo de los trabajado¬res, augurándoles que la gloria del nuevo templo eclipsaría la del antiguo, porque el Deseado de las naciones lo honraría con su pre¬sencia.

195.         Esdras.-Cerca de medio siglo más tarde, Artajerjes “Longimano permitió a llsdras que volviese a Jerusalén con otras familias judías, facultándolo al mismo tiempo para que arreglase lo concerniente a la Religión y al Estado.

196.         Reconstrucción de las murallas de Jerusalén.-En

{$ año de 447 se dio un nuevo decreto a instancias de Nehemías, que! desempeñaba un cargo importante en la corte de Persia, y por .él se autorizaba la reconstrucción de las murallas de la ciudad santa. Emprendióse con ardor el trabajo, y quedó concluido a los cincuenta días, a pesar de las hostilidades de algunos pueblos ve¬cinos que lo miraban con recelo

197.         Reorganización moral, religiosa y política.-Puesto

de acuerdo con Esdras, que era sacerdote y doctor de la ley, em¬

prendió luego Nehemías la reorganización moral y religiosa de su

pueblo: corrigiéronse los abusos introducidos .en el culto divino;

HISTORIA DE ESTER

recordóse al pueblo la ley de Moisés, al reunirse para la ‘fiesta de los Tabernáculos, así como su antigua alianza con el Señor, tan solemne y repetidamente renovada.

Desde entonces quedaron los judíos constituidos de nuevo en nación, formando, bajo la benévola soberanía de Persia, una espe¬cie de república, a cuya cabeza estaban el sumo sacerdote y un Con¬sejo supremo llamado Sanedrín*.

En ese tiempo desapareció la distinción de las tribus y se di¬vidió el país en cuatro provincias, a saber: al Oeste del Jordán^ Judea, Samaría y Galilea, y al Este, Perca.

Reorganizada así la Palestina, recobró su antigua prosperidad,, merced a la profunda paz de que disfrutó cerca de un siglo, hasta la muerte de Alejandro Magno (323).

CAPITULO XXXI» HISTORIA  DE   ESTER

198.         Ester, reina de Persia.-No todos los judíos que ha¬

bían ido cautivos a Babilonia se aprovecharon del permiso de vol¬

ver a su país, pues muchos se habían instalado definitivamente en

aquella tierra extranjera. Contábanse entre éstos Mardoqueo, de

la tribu de Benjamín, y su sobrina Ester, joven huérfana, de be¬

llísimas prendas personales. Habitaban los dos en la ciudad de

$iisa, capital de Persia, y eran fieles observantes de la lay de Moi¬

sés,   y

Permitió la Providencia que el rey Asnero, estando para tomaü esposa, pusiera los ojos en Ester, cuyo origen ignoraba; y esa elevación vino a ser, coma pronto se verá, la salvación de todo el pueblo judío.

199.         Decreto de muerte contra los judíos. ‘- Irritóse

Aman, primer ministro y favorito del rey, al saber que Mardoqueo

no doblaba la rodilla cuando él aparecía en público, y resolvió per¬

derlo con todos los de su nación. Al efecto hizo creer al rey que

los judíos que habitaban aún en Persia eran sus mayores enemi¬

gos, y con ello consiguió un decreto que los condenaba a todos a

morir en un solo día.

200. Ester exenta de la ley.-Mardoqueo participó a su sobrina lo que sucedía, rogándole que hablase al rey para conjurar la tormenta que amenazaba a sus hermanos.

Consintió en ello la reina Ester, a pesar de que la ley prohibía bajo pena de muerte presentarse al rey sin haber sido llamado.

Después de fortificar su espíritu con la oración y la penitencia, Üntrodújose Ester, seguida de sus damas de honor, en la- estancia donde Asuero recibía los homenajes de la corte. Un rayo de có¬lera brilló en los ojos del monarca al ver presentarse a la reina, y como ésta lo notara, cayó desmayada en brazos de sus camareras. Enternecido repentinamente el rey, corrió hacia su esposa y la tranquilizó, diciéndole con el mayor cariño: “¡No temas! tú no morirás, pues la ley no se ha hecho para ti. ¿Qué es lo que de¬seas? Habla con confianza que dispuesto estoy para concederte cuanto pidas, aunque sea la mitad de mi reino.” Vuelta en sí Es¬ter, suplicó al rey que asistiera al día siguiente, en compañía de

Aman, a un convite que tenía preparado, durante el cual le ma¬nifestaría lo que deseaba. El. rey accedió a su ruego.

201.         Triunfo de Mardoqueo y humillación de Aman.-

La noche siguiente, no pudiendo Asuero conciliar el sueño, hizo que le leyesen los anales de su reinado, y al enterarse del gran ser¬vicio que Mardoqueo le había prestado, descubriendo una conjura¬ción tramada contra su vida: “¿ Qué recompensa, preguntó, se ha dado a ese hombre?” y le contestaron: “Ninguna.”

Pocas horas después presentábase Aman en la sala de audien¬cias reales, con el propósito de obtener licencia para prender a Mardoqueo. Al verlo Asuero, preguntóle qué debía hacerse con aquel a quien el rey quería honrar. Persuadido el orgulloso minis¬tro de que esta pregunta sólo podía referirse a él, contestó: “Ese hombre debe ser cubierto con las insignias reales, y paseado por la ciudad montado en un caballo del rey, llevándolo de las riendas el primer ministro de la corte, que debería ir diciendo en voz alta: Así será honrado aquel a quien el rey quisiera honrar.”-”Apre¬suraos, repuso Asuero, a ir en busca del judío Mardoqueo, y haced con él todo cuanto acabáis de decir.”

202.         Ester salva a su pueblo. Muerte de Aman.-Cuan¬

do Aman regresó de esta ceremonia, que tan cruelmente le había

‘ humillado,, tuvo que acudir a la invitación .de la reina. Al fin de la comida instóla el rey para que le manifestase su deseo, y ella se expresó en estos términos: “¡ Si merezco, oh gran rey, vuestra gracia, mkad por mi vida y por la de mi pueblo…! ¡ Soy hebrea!” Y designando luego al ministro Aman, anadió: “Ahí tenéis al que nos persigue; os aparenta un mentido celo para conseguir nuestra perdición; pero al preparar esa matanza y exterminio no se mues¬tra menos enemigo de vuestra gloria que de nuestras vidas.”

Indignado Asuero, hizo prender al pérfido ministro, y sabiendo que éste había hecho preparar una horca para Mardoqueo, orde¬nó que el mismo Aman fuese colgado en ella.

No se contentó Asuero con revocar el decreto de proscripción dado contra los judíos, sino que, enterado de que era Mardoqueo tío de Ester, lo llamó a palacio, le asignó todos los bienes de Aman y lo hizo su primer ministro. Desde entonces vivieron los ju¬díos pacíficamente bajo la dominación de los persas.

DOMINACIÓN EXTRANJERA

203. CONSIDERACIÓN.-Esta historia en que se muestra tan visiblemen¬te la mano de la Providencia, nos enseña una vez más que Dios protege siem¬pre a los que, viviendo en su santo temor, afrontan toda clase de peligros para continuar en su santo servicio.

204.         Ester, figura de María.-La reina Ester, única que

¡fué exenta de una ley de muerte, obteniendo del rey, su esposo, la

gracia para todo un pueblo, es figura de María, única mujer pre¬

servada de la mancha del pecado original, y madre llena de mise-

iricordia, que no cesa de mediar ante su Hijo irritado, para obtener

el perdón de nuestros pecados.

CAPITULO XXXIV

LOS JUDÍOS TRIBUTARIOS DE LOS GRIEGOS y DE LOS EGIPCIOS

205.         Alejandro Magno en Jerusalén.-En el reinado de

Darío III Condomano, undécimo sucesor de Ciro, fué destruido

el imperio persa por Alejandro Magno (336-323), rey de Mace-

¡donia, el más célebre conquistador que ha existido.

Los judíos continuaron siendo fieles a sus antiguos dominado¬res los persas, y-cuando Alejandro se hallaba ocupado en el sitio de Tiro*, se negaron a contribuir con los subsidios* que aquél había pedido, por lo que Alejandro se dirigió a Jerusalén con intención de apoderarse de la ciudad.

Viéndose en. tan apurado trance, el sumo sacerdote Jado, que gobernaba entonces, no recurrió a las armas para rechazar al ene¬migo, sino que después de implorar el auxilio de Dios con rogati¬vas públicas, salió al encuentro del vencedor, acompañado de los sacerdotes y levitas, con sus trajes ceremoniales, y seguido del pue¬blo en masa.

A la vista del imponente séquito del venerable pontífice, que llevaba puesta la tiara*, con el nombre de Jehová* escrito ea ella con letras de oro, reconoció Alejandro al augusto anciano que en tiempos anteriores le había prometido el imperio de Asia.  Poseído

LOS JUDÍOS TRIBUTARIOS DE LOS SIRIOS                 135

de santo respeto, inclinóse, y adoró al Dios verdadero, en tanto que los judíos lanzaban gritos de alegría y gozo, deseando al jo­ven conquistador todo género de prosperidades.

Alejandro hizo su entrada triunfal en Jerusalén, y subió al Tem­plo para ofrecer sacrificios al Señor. Después el sumo sacerdote le leyó el libro del profeta Daniel, donde estaba predicho que un¡ príncipe griego conquistaría el imperio de los persas, y sería el monarca más poderoso de la tierra.

Gozoso el héroe macedonio de verse así designado en el libro de un profeta, mostró gran benevolencia para con los judíos, y en lugar de castigarlos, como era su intento, los eximió de todo impuesto, permitiéndoles, además, conservar sus leyes y su reli­gión.   (332 a.;de J. C).

206. Los judíos bajo los reyes de Egipto. - Algunos años después, murió Alejandro en Babilonia sin designar sucesor; sus generales se dividieron el imperio, y Judea pasó a la dominación de los reyes de Egipto, bajo la cual estuvo más de un siglo.

207. Versión de los Setenta.-Uno de los reyes de Egipto,, Tolomeo II Filadelfo, mandó traducir, del hebreo al griego, los libros del Antiguo Testamento; trabajo que fué encomendado a setenta y dos doctores, escogidos entre todas las tribus por el su­mo sacerdote Eleázar. Esa traducción es conocida con el nombre de Versión de, los Setenta. (Hacia el año 283).

CAPITULO XXXV JUDÍOS TRIBUTARIOS DE LOS SIRIOS

208.    Antíoco el Grande de Siria.-Por el año 199 a. de

J. C, siendo los hebreos perseguidos por el rey egipcio Tolomeo IV Filopáter, consiguieron sacudir el yugo de Egipto, y se entre­garon a Antíoco III el Grande, rey de Siria. Este rey los trató bien, pero sus sucesores los abrumaron con impuestos exorbitan­tes.

Esos impuestos se debieron a la fuerte indemnización de gue-

DOMINACIÓN EXTRANJERA

rra que los reyes de Siria tenían que pagar a los romanos, quie¬nes derrotaron a Antíoco en 192.

Seleuco IV Filopáter (187-174), hijo y sucesor de Antíoco el Grande, no encontrando dinero para acabar de pagar esa in¬demnización, quiso apoderarse para ello del tesoro del Tenrplo de Jerusalén. Llamó al efecto a su primer ministro Heliodoro, y le encargó la sacrilega misión de traerle el tesoro del Templo, aun¬que no se lo quisieran entregar,

/ 209. Castigo de Heliodoro.-Heliodoro tomó gran empe¬ño en llevar a cabo lo que el rey le había encomendado hacer, a pe¬sar de las observaciones y consejos del sumo sacerdote. Pero pronto tuvo que arrepentirse, porque en el momento en que el profanador y sus satélites* entraron en el Templo, apareció un apuesto jinete, cubierto de resplandeciente armadura, y echó por tierra a Heliodoro, el cual fué pisoteado por el caballo, y apalea¬do además por dos jóvenes vigorosos. Quedó como muerto; pero movido a compasión el gran Sacerdote, ofreció por él un sacri¬ficio, y Dios le devolvió la vida y la salud.

Cuando regresó al lado de Seleuco y le dio parte de lo ocu¬rrido, le dijo: “Si queréis castigar a algún traidor, no tenéis más que enviarlo a saquear el Templo de Jerusalén.”

210.         Persecución de Antíoco IV Epífanes.-En el reina¬

do de Antíoco IV Hpífcmes, sucesor de Seleuco, estalló una vio¬

lenta persecución contra los judíos, porque animado ese rey de

un celo fanático* por el culto de los falsos dioses de Grecia,

impuso la pena de muerte a cuantos se negasen a adorarlos.

Muchos tuvieron la cobardía de apostatar*, pero también hu¬bo muchos que prefirieron morir antes que renegar de su fe, .y entre éstos se halló un doctor de la ley llamado Bleázar.

211.         Firmeza de Eleázar.-Era éste un anciano . de 90

años, tan venerable por su saber como por sus virtudes. Empe¬

ñáronse los soldados de Antíoco en obligarle a comer carne de cer¬

do, lo cual estaba prohibido por la ley de Moisés. Eleázar pre¬

tirió una muerte gloriosa a una vida manchada, y se negó con la

mayor energía a cumplir las órdenes del rey.    •

A impulso de una falsa compasión, suplicáronle sus amigos que hiciera traer alimentos de los permitidos, para que se creyera

LOS JUDÍOS TRIBUTARIOS DE LOS SIRIOS             137

que había obedecido al tirano, y así salvara su vida; pero el ve¬nerable anciano les contestó: “Ese engaño se aviene mal con mi edad; pues, creyendo entonces los jóvenes que Eleázar a sus 9a años había abrazado el paganismo*, se verían tentados de imi¬tarlo. ¡ No quiera Dios que en los pocos días que me quedan de vida deshonre yo mis canas! Además, aun cuando me librase del suplicio de los hombres, ¿ evitaría el caer en manos del Todopode¬roso?” Dejóse pues llevar al suplicio de la manera más noble generosa.

Cuando estaba a punto de morir dio un suspiro y dijo: “j Se¬ñor!, Vos que conocéis todas las cosas de una manera cierta y evidente,, veis que, habiendo podido, librarme de la muerte, sufro los más atroces dolores en mi cuerpo; en cambio mi alma experi¬menta un gozo inefable, porque muero por cumplir vuestra ley.”

Así murió aquel valiente y venerable anciano, legando a losi siglos venideros un gran ejemplo de entereza en su fidelidad a Dios, aun en presencia de los tormentos y de la muerte.

212.    Martirio de los siete hermanos Macabeos y de su

madre.-Vióse también otro admirable ejemplo dd* firmeza en sus creencias y de valor en una madre y sus siete hijos, llamados Macabeos. Estos jóvenes héroes, que no conocían otro temor si¬no el de ofender a Dios, arrostraron con la mayor serenidad las iras del tirano; y aunque les rasgaron las carnes con terribles azotes, les cortaron los miembros y los atormentaron atrozmente, nada fué capaz de doblegar su constancia.

Poco antes de expirar, dijo uno de ellos al rey: “¡ Príncipe mal¬vado!, nos quitas la vida presente; pero el Señor de cielos y tie¬rra nos resucitará y dará la vida eterna, porque morimos en de¬fensa de su ley.”

Habían consumado ya su glorioso sacrificio seis de los her¬manos, y quedaba el más joven, que era muy niño. Esperando seducirlo Antíoco, le prometió riquezas y felicidades si abandona¬ba la religión de sus padres, pero el niño quedó impasible ante tale6 halagos. Llamaron entonces a su madre; excitóla el rey pa¬ra que diera un saludable consejo a su hijo si quería conservar¬lo. Aparentando ella que iba a obedecer, acercóse al mártir, es¬trechólo contra su corazón, y sobreponiéndose heroicamente a la cernura maternal, le dijo: “¡Hijo mío querido! eleva tus miradas

al cielo; muéstrate digno émulo de tus hermanos; recibe la muer¬te dé buen grado, a fin de que, por la misericordia de Dios, vuel¬va yo a verte en la gloria que esperamos.”

Sin dejar apenas que acabara de hablar, dijo el niño en alta voz: “¡Yo no obedezco la orden del rey, sino los mandamientos ‘de Dios!” Arrebatado de furor Antíoco, hizo que perecieran la madre y el niño en los mas atroces tormentos.

213. CONSIDERACIÓN.-Admiremos el valor con que los hermanos Ma-cabeos sufrieron la muerte más cruel, y estemos dispuestos nosotros a sacrifi¬car todo, antes que ofender a Dios.

CAPITULO XXXVI GUERRA DE INDEPENDENCIA

LOS JUDÍOS SACUDEN EL YUGO DE LOS SIRIOS

214. Levantamiento de Matatías y sus hijos. - Fué tan cruel la persecución de Antíoco IV Epífanes contra los judíos, que acabaron éstos por sublevarse contra su opresor.

El sacerdote Matatías fué quien dio la señal del levantamiento general. Acompañado de sus cinco hijos Juan, Simón, Judas, Eleázar y Janatas, salió de Jerusalén y se retiró al puebla de Mo¬dín*, donde hizo un llamamiento general a las armas.

Estando allí, se presentaron emisarios de Antíoco para obligar al nueblo a sacr ificar a los ídolos y violar la ley de Dios. Hubo cobardes que defeccionaron; pero Matatías, a pesar de las rique¬zas que le ofrecían, se mostró inquebrantable, y respondió a uno de los emisarios del rey: “Aun cuando todo el universo obede¬ciera las órdenes del rey Antíoco, mis hijos y yo permaneceremos fieles a la ley de Dios.”

Apenas había acabado de pronunciar esas palabras, un judío renegado se adelantó hasta el altar de los falsos dioses para ofre¬cer incienso. Matatías se precipitó indignado contra el prevari¬cador, le dio muerte y derribó el altar. Luego volviéndose hacia la multitud, exclamó: “Todo el que tenga celo por la ley y quie¬ra permanecer firme en la alianza del Señor, sígame.” E inme-

GUERRA DE INDEPENDENCIA

diatamente huyó con sus hijos a los montes, y muchos los siguie¬ron y se prepararon para la lucha.

Poco tiempo después, cuando llegaron las tropas del rey para someterlos, sucedió que, por haber sido el ataque en sábado, mu¬chos de los judíos, por escrúpulo, no empuñaron las armas ese día y se dejaron matar, pereciendo más de mil.

Al saber esto Matatías, reprobó esa manera de interpretar la ley mosaica y ordenó a sus soldados que siempre que los ataca¬ran, debían defenderse, aunque fuera sábado. Entretanto aflu¬yeron voluntarios de todas partes y pronto pudo Matatías orga¬nizar un ejército numeroso. Luego recorrió con él toda la Ju-dea, dando muerte a los soldados del rey sirio y a los judíos pre¬varicadores y traidores a su patria, y destruyendo los altares de los ídolos.

Con el auxilio divino y la cooperación de sus valientes solda¬dos, el anciano sacerdote obtuvo muchos triunfos.

215.         Muerte de Matatías.-Cuando Matatías sintió que se acercaba el fin de su vida, llamó a sus hijos y les dio los siguien¬tes consejos: “¡ Hijos míos! Vivís en una época de castigo y de desolación. Es indispensable que continuéis en la más fiel ob¬servancia de la ley de Dios; tened presentes los ejemplos de cons¬tancia que nos han dado nuestros padres, y no os olvidéis que aquellos que han. puesto su confianza en Dios no han sido nunca confundido?,, j Animo, pues! Da gloria eterna será la recom¬pensa de vuestros trabajos. Simón puede daros buenos conse¬jos :” sed dóciles con él, y escuchadlo como a un padre; Judas es valiente: que os guíe en los combates. Por lo que a mí hace, os bendigo, y os lego el encargo de emancipar nuestra patria.”

216.         Judas Macabeo. Primeras victorias.-Judas, que llevaba el sobrenombre de Macabeo (i), reemplazó a su padre en el mando de las fuerzas que luchaban por la independencia, y fue uno de los más grandes héroes de que puede gloriarse el pue¬blo de Israel.

Con fuerzas mucho menores, consiguió derrotar, en diferen¬tes batallas, cinco poderosos ejércitos sirios, recobró la ciudad de Jerusalén, y restableció el solemne y majestuoso culto del verda¬dero Dios.

(1)     Al principio solamente Judas llevaba el sobrenombre de Ma¬caneo; pero luego a él y a todos sus hermanos se les llamó “los Maca¬beos»”. Entre estos Macabeos y los siete hermanos Macabeos, que fue¬ron martirizados con su madre, no hay de común más que el nombre y  el  heroísmo religioso.

217.         Muerte de Antíoco IV Epífanes.-Hallábase Antío-co en guerra con Persia cuando le llegó la noticia del levantamien¬to y de los triunfos de los judíos. Lleno de cólera, quiso diri¬girse inmediatamente a Jerusalén, para acabar con los judíos; pero antes de salir de Persia, cayó gravemente enfermo y murió poco después, dejando como sucesor a su hijo, el joven Antíoco V Eupator.

218.         Heroísmo de Eleázar.-La lucha continuó con ‘furia y Judas obtuvo nuevas ventajas, gracias al auxilio divino y al valor con que peleaban sus soldados. La batalla que dio en las llanuras de Betsura se hizo memorable por el atrevimiento y la abnegación de su hermano Eleázar.

Cuando este valiente guerrero distinguió en el ejército sirio un elefante ataviado más ricamente que los demás,.se imaginó que llevaría al rey Antíoco, y resolvió sacrificar su vida por el bien general. Al efecto, abriéndose paso con la espada por en¬tre las filas enemigas, consiguió llegar hasta aquella bestia, des¬lizóse entonces bajo su vientre, y la hirió con tan repetidos gol¬pes, que cayó al suelo con todo y los que venían encima; pero Eleázar, que no tuvo tiempo de evadirse, quedó aplastado bajo el peso de su víctima.

219.         Asesinato de Antíoco V Eupator.-Después de esa

batalla, que no dio el triunfo a nadie, Judas Macabeo se replegó

hasta Jerusalén con sus tropas. Antíoco Eupator sitió la ciudad,

pero como los judíos resistían indefinidamente y le llegaban al

rey noticias de disturbios en Siria, prefirió entrar en arreglos

con los judíos, hacer las paces con ellos y dejarlos vivir conforme

a su ley y a su religión.

Mas apenas iba a ser firmada la paz entre Judas Macabeo y Antíoco Eupator, fué asesinado éste por su gente.

220.         Sigue la guerra de independencia.-Demetrio, el

nuevo rey de Siria, quiso dar a la Judea un gobernador judío,

para que se calmaran los ánimos. Por desgracia hubo intrigas, y

nombró para este puesto a un tal Alcimo, traidor a su patria y

enemigo de los Macabeos. La situación se empeoró, porque los

partidarios/de Alcimo cometieron asesinatos y toda clase de atro¬

cidades.   ”

Como Judas Macabeo y los suyos siguieron defendiéndose y defendiendo al pueblo fiel a la ley, vino otro ejército sirio, man¬dado por Nicanor, para sostener a los traidores.   Judas  Maca-

beo le presentó batalla, y lo derrotó por completo, muriendo Ni¬canor en el combate.

221.    Piedad de Judas Macabeo para con los difuntos.-

Después de las batallas, solía Judas Macabeo recorrer con los suyos el lugar de la lucha para dar sepultura a sus muertos. En una ocasión observaron que los cadáveres de varios judíos ocul¬taban en sus ropas algunos objetos que habían estado consagra¬dos a los ídolos, y que, según la ley, no podían conservar en su poder. Todos comprendieron que habían hecho mal esos hom¬bres, y poniéndose en oración, rogaron a Dios que les perdonase esa falta.

Hizo luego Judas una colecta, cuyo producto remitió a Je¬rusalén, a fin de que se ofreciesen sacrificios por los que ha¬bían sucumbido; pues, decía él, santo y saludable es el pensa¬miento de rogar por los difuntos, para que sean ábsueltos de sus pecados.

222.    Alianza con Roma.    Muerte de Judas Macabeo.-

No dejaba de reconocer Judas Macabeo que su pueblo se cansaba de aquella cruelísima guerra sin tregua, que duraba desde hacía cinco años, y que tarde o temprano, contando los sirios con mu¬chísimos más recursos que ellos, acabarían por aniquilarlos. Por eso buscó el apoyo de una nación fuerte y concluyó un tratado de alianza con los romanos; pero antes que recibiera ayuda mili¬tar, fué de nuevo invadida Palestina por los sirios.

Báquides, que los mandaba, presentó batalla al bravo Maca¬beo, cuando éste sólo tenía 3,000 hombres a sus órdenes, y enton¬ces por vez primera, des4e el comienzo de estas guerras, se sintie¬ron los judíos poseídos de terror, viendo la inferioridad de sus fuerzas y se desbandaron antes de entrar en combate. Sólo ocho¬cientos hombres permanecieron fieles a su general, y como aún al¬gunos de éstos hicieran la proposición, de batirse en retirada, excla¬mó Judas: “¡Líbrenos Dios de huir! Si ha llegado la hora, muramos generosamente por nuestros hermanos; pero no man¬cillemos nuestra gloria.’”    Y mandó atacar.

Al principio todo cedía ante él. Ya el ala derecha de los si¬

rios había retrocedido; pero al ver ellos que en la izquierda eran

vencedores, se replegaron para envolver a Judas, y nuestro hé¬

roe, abrumado por el excesivo número de enemigos, cayó mor-

talmente herido, quedando como sepultado en su triunfo. (160 a.

de J. C).

El pueblo entero lo lloró mucho tiempo, exclamando en su dolor: “¡ Cómo ha caído ese hombre tan valiente, que era la sal¬vaguardia de Israel!”

223.         Sucesores de Judas Macábeo.-Después de la muer¬

te de Judas Macabeo, recayó la jefatura sucesivamente en sus

hermanos Jonatás y Simón, quienes siguieron luchando con va¬

lor para libertar completamente a su pueblo de la dominación de

los reyes de Siria.

Los judíos, agradecidos, resolvieron que la doble autoridad de sumo sacerdote y príncipe o gobernador de la nación fuera he¬reditaria en la familia de los Macabeos. Así empezó la dinastía de los Asmoneos (i), que gobernó a Palestina hasta el adveni¬miento de Herodes.

224.         Juan Hircano I (135-106). Proclamación de la in¬

dependencia.-A Juan Hircano, hijo y sucesor de Simón, le cupo

la gloria de librar definitivamente a la Judea del yugo de los si¬

rios. Consiguió este triunfo después de la muerte de Antíoco

VII, durante su desastrosa expedición contra los Partos, en 129.

Una vez proclamada la independencia de Judea, Juan Hircano 1 atacó la Samaría y los países vecinos, con tanto éxito, que en una serie de campañas que duraron menos de seis meses (128), logró dar a su reino una extensión mayor a la que habían tenido los reinos de David y Salomón. Hircano murió en paz (105)1 después de haber gobernado durante treinta y un años.

225.         Estado de la religión al proclamarse la independen¬

cia.-La pérdida de la independencia, desde los tiempos de N|a-

bucodonosor II de Babilonia, había tenido influencia decisiva so¬

bre el desarrollo de la vida religiosa entre los judíos. Désele en¬

tonces curóse radicalmente su propensión a la idolatría, pues vién¬

dose subyugados por pueblos paganos, buscaron una especie de

compensación en su religión. Acrecentándose tanto con esto su;

estima por la Ley de Moisés, que llegó ésta a ser el único código

legislativo de la nación.

Por desgracia la dinastía de los Asmoneos desencauz4Aesta corriente, mostrando menos ardor en pro de la religión que para

- (1)    L.OS Macabeos eran descendientes de un asmoneo.  o sea, de un

habitar,i                 “”  >   t   -”‘<> de la tribu de Simeón.

agrandar el territorio nacional y acrecentar el prestigio de su familia.

226. Los fariseos y los saduceos.-En tiempo de Juan Hircano I se formaron los dos partidos, o mejor dicho, las dos sectas político religiosas de los fariseos y los saduceos, que con sus disensiones llevaron el país a la ruina.

Los fariseos odiaban a los gentiles, es decir a los extranjeros, y sólo querían vivir y tratar con gente de su raza. Desde el punto de vista religioso se distinguían por su adhesión a las tradiciones de sus mayores, a las que daban más importancia que a la mis¬ma Ley de Moisés. Como pretendían ser los únicos depositarios de las verdaderas tradiciones judaicas, se consideraban superio¬res al resto de los judíos y más santos que ellos; de donde nacía el orgullo y la soberbia que los caracterizaba.

Los saduceos, opuestos en teorías v en casi todo a los fariseos, admitían el trato con gentiles y paganos; se cuidaban poco de las tradiciones y preferían atenerse a la letra de la Ley. Por sus gustos mundanos y su apego a las riquezas y a las comodidades se habían vuelto materialistas. Había sobre todo saduceos entre cierta clase de gente .rica que despreciaba a los pobres, y entre los políticos y muchos de la casta sacerdotal que sólo buscaban sus conveniencias.

227. Restablecimiento de la monarquía.-Habían trans¬currido ya casi cinco siglos (587-106) desde la cautividad de Ba¬bilonia y la. desaparición del último rey de Judá, cuando Aristó-bulo I„ hijo de Hircano I, tomó el título de rey, restableciendo así la monarquía (106). Reinó solamente un año, al cabo del cual murió, y le sucedió su hermano Alejandro Janeo, que tuvo un reino muy agitado de veintisiete años (105-78). Enemigo acé¬rrimo de los fariseos, los persiguió constantemente, hasta obli¬garlos a rebelársele: más de 50,000 judíos perecieron en esa gue¬rra civil, y cuando murió el rey, que había sido cruelísimo con sus enemigos políticos, toda la nación se sintió aliviada.

La viuda de Alejandro, llamada Alejandra, conservó aún el poder durante nueve años (77-68), al cabo de los cuales sus dos hijos, Hircano II y Aristóbulo II, se disputaron encarnizadamen¬te la corona. Pompeyo, general romano, que andaba entonces por el norte de Palestina conquistando pueblos y naciones para Roma, intervino en la contienda, declarándose al fin en favor de Hircano.   Este, en pago de los servicios, por cierto no desaltere-

sados, de Pompeyo, tuvo que aceptar ser tributario de los romanos (63 a. de J. C). Hircano, a quien ni siquiera dejó Pompeyo lle¬var el título de rey, para que se acordara de su vasallaje, fué un príncipe tan indolente, que se dejó gobernar por su ministro, el idumeo Anlipatro, quien a fuerza de intrigas y adulaciones, con¬siguió que Roma le diera el título de procurador de Judea, y a su hijo Herodes el de gobernador de Galilea.

CAPITULO XXXVII LOS JUDÍOS BAJO LA DOMINACIÓN ROMANA

228.         Humillación de Israel por sus pecados.-El pueblo

judío, el pueblo escogido por Dios para que de él naciera el Me-* sías prometido al mundo, ese pueblo, que se creía superior a; cualquier otro, precisamente por la misión que Dios le había con-* fiado y por tantos favores que le había hecho, se halla ahora nue¬vamente humillado por sus pecados y prevaricaciones. Y esta vez la humillación duele a. la nación quizá más que las otras.

Después del regreso á su patria, tras de largo cautiverio, des* pues de la reconstrucción del Templo y la reorganización política y religiosa; después de la monarquía, después de la consolidación de ésta con nuevas conquistas, los judíos, ávidos de gloria y de bienestar, y llenos de orgullo por las promesas que Dios hizo a su raza, -promesas que interpretaban mal,- creían que había por, fin llegado el momento en que iban a organizarse en una na¬ción poderosa, con un rey que llevaría sus conquistas hasta los confines de la tierra. Y sin embargo, cuando menos lo esperaban, vino Roma, la que creían que sería su aliada fiel, e invadió su territorio, y se apoderó de sus ciudades y les impuso fuertes tri¬butos, y derrumbó su monarquía, para poner, -en lugar de un rey de su raza, a un extranjero, a Herodes el idumeo.

229.         Herodes nombrado rey de los judíos.-Hircano II

que, como se ha visto, fué preferido a su hermano Aristóbulo II

por los romanos, no gobernó mucho tiempo en paz. Los parti¬

darios de Aristóbulo, que eran numerosos, se aprovecharon de

las dificultades que tenía entonces Roma fuera y dentro de casaá

para proclamar rey de Judea a Antígono, hijo de Aristóbulo.

LOS JUDÍOS BAJO LA DOMINACIÓN  ROMANA   145

Antipatro, el idumeo, ya había sido asesinado poco antes; su hijo Herodes pudo escapar, y fué a Roma donde, con intrigas y dinero, consiguió que lo nombraran rey de Judea.

Después de tres años de lucha sangrienta, logró por fin subir al trono (37 a. de J. C.) ; pero para afirmarse en él tuvo que mandar matar a todos los parientes de los Asmo-neos, y sofocar en más torrentes de sangre todos los intentos de independencia nacional.

Decía Herodes que era judío porque Idumea, su patria, había abrazado poco antes la Ley de Moisés. Empero su vida era de hombre pagano, aunque exteriormente gustase de aparecer como fiel observante de la ley. De hecho el cetro había salido de Judá para pasar a manos de un ex¬tranjero; y habían llegado, por consiguiente, los tiempos señalados por la profecía de Jacob para la venida del Mesías. ■- El cetro no será quitado de Judá (había profetizado Ja¬cob en su lecho de muerte), ni de su posteridad el caudillo, hasta que venga el que ha de ser enviado, y éste será la esperanza de las naciones.

230. La obra de Herodes “el Grande”. (37-5 a. de J. C.). - Gracias a su astucia, Herodes se captó pronto la con¬fianza del nuevo emperador de Roma, César Augusto. Se¬guro, pues, por el lado de Roma, a la que estaba dispuesto a adular, y seguro en el interior de su reino, donde se había impuesto con torrentes de sangre, y donde tenía espías y asalariados para sofocar cualquiera rebelión de los judíos, que lo odiaban a muerte, se dedicó Herodes a la realización de varias obras de importancia, por lo cual sus aduladores le dieron el título de Grande.

He aquí algunas de esas obras: reedificó la ciudad de Samaría, a la que dio el nombre de Sebaste o Augusta, fun¬dó en” las costas de la Judea un puerto que llamó Cesárea, embelleció a Jerusalén con suntuosos monumentos y res-• tauró el Templo con magnificencia.

10

231. Los hijos de Herodes. - Dejó Herodes tres hijos que se dividieron sus Estados: Arquelao obtuvo Judea, Idu¬mea y Samaría, con el título de rey; Herodes Antipas, el que más tarde hizo matar a San Juan Bautista, quedó como tetrarca * de Perea y de Galilea, y el tercero, Filipo, fué tetrarca de Iturea y de Traconitis.

Arquelao se hizo odioso a sus subditos por su despotismo. Llamado a Roma para justificarse de las quejas presenta¬das contra él, fué depuesto de su trono y desterrado a Viena, en las Galias *, donde acabó sus días.

Sus estados fueron declarados provincia romana y ad¬ministrados por un magistrado, que recibió el título de go¬bernador. Este es el cargo que desempeñaba Pondo Pilato cuando condenó a Jesucristo a morir crucificado.

RECAPITULACIÓN

MORAL. - 27. ¿Por qué permitió Dios que Nabucodonosor se vol¬viera loco?–28. ¿De qué virtudes nos dieron ejemplo el santo mártir Eleázar, y los siete hermanos Macabeos y su madre? - 29. ¿,Qué piensa usted de lo que hizo Eleázar, hermano de Judas Macabeo, en la batalla contra Antíoco? - 30. ¿Es bastante, para que Dios nos perdone nuestras faltas, que reconozcamos y aun digamos que tenemos pesar de ellas? — 31. Demuéstrenos usted, con un ejemplo de la His¬toria Sagrada, que alguna otra cosa es necesaria. -■ 32. Pruébese, con un ejemplo tomado de la historia de Judas Macabeo, que los judíos creían en la existencia del purgatorio, o sea de un lugar de expiación, donde el alma acaba de satisfacer a la justicia divina en la otra vida. - 33. ¿Qué nos enseña la historia de Ester? - 34. En qué concepto fué Ester figura de María? - 35. ¿Qué sabe usted respecto a los sacrificios de la antigua ley?

SIGNIFICADO DE VOCABLOS. -1. ¿Qué significa Jehovát - ¿Macabeo? - 2. ¿Qué se. entiende por Providencia? - ¿pecado origi¬nal? - ¿celo fanático? - ¿alas de un ejército? - ¿Versión de los Setenta? - 3. Dése la definición de las palabras: pagano, colecta, sanedrín, república, subditos, apostatar. - 4. ¿Quiénes eran los fa¬riseos y los saduceos?

CRONOLOGÍA. - 5. ¿Cuándo empezó la quinta época del segundo período del Antiguo Testamento y cuándo acabó? - 6. ¿En qué año tuvo fin la cautividad de Babilonia?-•7. ¿En cuál se dio el edicto autorizando a Nehemías para reconstruir las murallas de Jerusalén? - 8. ¿En qué época quedaron los judíos bajo la dominación de los persas? - ¿bajo la de Alejandro Magno? - ¿de los reyes de Egipto? - ¿de los de Siria? - ¿de los romanos? -9. Dígase la época del adve¬nimiento de Hcrodes el Grande como rey de Judea.

GEOGRAFÍA. - 10. ¿Qué hechos principales de la Historia Sagrada nos recuerda la ciudad de Susa? - ¿la de Modín? -11. ¿Dónde está situada Grecia? -12. ¿Qué nombre lleva hoy el antiguo país de las Gálibo?

HISTORIA. -13. Hágase una narración de los hechos principales comprendidos en la quinta época del segundo período del Antiguo Testamento. - 14. ¿Cuándo y cómo acabó el reino de Judá? -15. Há¬gase un resumen de la historia del profeta Daniel. -16. Refiérase el sueño de Nabucodonosor y la interpretación que le dio el profeta Daniel. -17. Dígase cómo se salvaron de las llamas del horno los tres jóvenes hebreos compañeros de Daniel. -18. Recuérdese el festín de Baltasar y la toma deBabilonia por Ciro. -19. ¿Cómo quedó divi¬dida Palestina y cómo fué gobernada desde el tiempo de Nehemías?-> 20. Cuéntese en resumen la historia de Ester. - 21. Hágase lo mismo respecto de la expedición de Alejandro Magno contra Jerusalén. - 22. Refiéranos el martirio de Eleázar- el de los siete hermanos Macabeos y su madre. - 23. ¿De qué pueblos fueron tributarios los judíos, des¬pués de la cautividad de Babilonia hasta la venida de Jesucristo. - 24. ¿Qué sabe usted de Judas Macabeo? - 25. Hablónos de Herodes el Grande y sus hijos. - 26. ¿Cuáles fueron los principales profetas que vivieron desde la caída del reino de Judá hasta la venida de Jesucristo ?

NUEVO TESTAMENTO

PRIMERA ÉPOCA

VIDA PRIVADA DE JESUCRISTO

Del año 1 al 30 de la Era cristiana.

CAPITULO XXXVIil EXPECTACIÓN DEL MESÍAS

232. Algunas profecías referentes al Mesías. - Por do¬cumentos históricos se halla confirmado que hacia el fin del último siglo antes de la Era cristiana, era general la convicción de que estaba próximo el nacimiento del Mesías prometido i1).  Esa esperanza, esa convicción, nunca había

(1) Al separarse los descendientes de Noé, al pie de la torre de Babel, llevaron consigo la memoria de la caída del primer hombre y la esperanza del Mesías que había de redimir al genero humano. Esta tradición, aunque alterada por las extra¬vagantes y ridiculas supersticiones del paganismo, se conservó en todos los pueblos de la tierra.

Los judíos, depositarios de las profecías, al dispersarse por diversas partes del mundo y al difundir el estudio de la Biblia, traducida por los Setenta, contribuyeron así a preparar el camino a Aquel que había de venir a salvar a todos los hombres

NUEVO TESTAMENTO

PRIMERA ÉPOCA

VIDA PRIVADA DE JESUCRISTO

Del año 1 al 30 de la Era cristiana.

CAPITULO XXXVIil EXPECTACIÓN DEL MESÍAS

232. Algunas profecías referentes al Mesías. - Por do¬cumentos históricos se halla confirmado que hacia el fin del último siglo antes de la Era cristiana, era general la convicción de que estaba próximo el nacimiento del Mesías prometido i1).  Esa esperanza, esa convicción, nunca había

(1) Al separarse los descendientes de Noé, al pie de la torre de Babel, llevaron consigo la memoria de la caída del primer hombre y la esperanza del Mesías que había de redimir al genero humano. Esta tradición, aunque alterada por las extra¬vagantes y ridiculas supersticiones del paganismo, se conservó en todos los pueblos de la tierra.

Los judíos, depositarios de las profecías, al dispersarse por diversas partes del mundo y al difundir el estudio de la Biblia, traducida por los Setenta, contribuyeron así a preparar el camino a Aquel que había de venir a salvar a todos los hombres

VIDA  PRIVADA DE  JESUCRISTO

sido tan viva como entonces, sobre todo entre los judíos, mejor que nadie, conocían los oráculos sagrados.

No podía menos de suceder así, ya que los escritos de los profetas indicaban, con la, mayor precisión, no sólo las circunstancias notables del nacimiento, vida y muerte del Redentor, sino hasta la familia de la cual había de nacer y el tiempo en que debía aparecer.

Tan luego como Adán y Eva incurrieron en el pecado que motivó la sentencia pronunciada contra ellos y su posteri¬dad, prometió el Señor que nacería de la mujer un libertador que los redimiría de la esclavitud del demonio.

Más tarde los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob, reci¬bieron de Dios la seguridad de que todas las naciones de la tierra serian benditas en AQUEL que nacería de su linaje, o en otros términos, que el Mesías había de ser uno de sus descendientes.

En los siglos posteriores, Isaías y otros profetas anun¬ciaron que el Mesías nacería de una Virgen (*),- de la familia de David (2), - y en la pequeña ciudad de Belén (3)? - qUe Unos reyes extranjeros vendrían a verlo (4),- que tendría un precursor (5), - que sería profeta y obraría milagros (6).

Habíase, además, anunciado que entraría en Jerusalén montado en una borrica (7), - que le sería traidor uno de los suyos (8), - y lo vendería por treinta monedas de pla¬ta (’•»).

Estaban igualmente predichas por los profetas las cir¬cunstancias principales de su pasión, y con más especialidad las siguientes: que sería escarnecido, abofeteado y rasgadas

(1)           Sabel que une Virgen concebirá y parirá un hijo que se llamará Emanuel, es decir,   Dios  con  nosotros.    (Isaías).

(2)           Cuando David concibió el proyecto de construir un templo al Señor, fué el profeta Natán a decirle, de parte de Dios: “No serás tú quien me construirás el templo: este honor está reservado a tu hijo. Daré_ tu í-eino a uno de los_ hijos que salgan de ti:  su trono durará eternamente:   yo seré su padre y él será tui hijo.”

Estas   palabras  sólo  pueden   convenir  al   Mesías.

(3)           “Y tú, Belén, no eres la menor de las principales ciudades de Judá, puesto que de ti ha de salir el que ha de gobernar  mi  pueblo, Israel.”   (Malaquías).

(4)           “Los reyes vendrán a tributarle honores y a ofrecerle presentes en su cuna.” (Isaías).

(5)           “Ved que envío  mi   ángel  y  me  preparará  el  camino,”   (Malaquías).

((i) “En aquel tiempo, verán los ciegos, oirán los sordos, andarán los cojos y hablarán   los   mudos.”    (Isaías).

(7)           “Decid a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti lleno de mansedumbre, montado  en   una boi-rica   y   su   pollino.”   (Zacarías).

(8)           “‘Aquel que. me era tan íntimo y en el que había puesto yo tanta confianza, ha  empleado  contra   mí  la  traición.”   (David).

(!>) Los príncipes de los sacerdotes, con el dinero que Judas les devolvió^ compra¬ron el campo de un alfarero para enterrar a los extranjeros. Ya Jeremías .había dicho: “Han recibido treinta monedas de plata, precio en que ha sido vendido por loa, hijos de Israel, y han comprado el campo de un alfarero.’

EXPECTACIÓN DEL   MESÍAS

sus carnes, hasta descubrir sus huesos O) ; - que para apagar su sed le darían vinagre (2), - que le agujerarían las manos y los pies (;{), - que sería muerto por los pecados de los hombres (4), - que su cuerpo no sufriría la corrup¬ción en el sepulcro (r>), - sino que saldría ele él vivo y glo¬rioso (°) -y en fin que subiría triunfante a los cielos (7). Por lo que se refiere al tiempo en que debía nacer el Mesías, sabido era de todos los judíos que, al morir Jacob, había dicho a Judá que el cetro no saldría de su descenden¬cia, hasta que viniese el Deseado de las nociones. Ahora bien, el cetro salió de la familia de Judá cuando los romanos nombraron a Herodes rey de Judea.

^ Daniel había profetizado también que desde la autoriza¬ción para reconstruir a Jerusalén hasta el Cristo pasarían setenta semanas de años, o sea 490 años (8).

Estaba por fin anunciado que el Mesías nacería en tiempo de paz, y bajo una monarquía que habría derribado todos los tronos de la tierra (9). En efecto, el imperio romano, que había subyugado casi todo el mundo conocido enton¬ces, gozaba de una paz universal, cuando Jesucristo vino al mundo.

(1)           Se han mofado de mí, y moviendo la cabeza, me insultaban y decían: “Ha

esperado en el Señor; que el Señor lo salve, si lo ama.” (David). “Lo hemos eon>

Eiderado como leproso, como un hombre tocado de la mano de Dios y ha sido cubierto

de llagas a causa de nuestras iniquidades.”   (Isaías).

(2)           “Me dieron hiél por alimente, y vinagre para apagar mi sed.”   (David).

(3)           “Han taladrado mis manos y mis pies.”   (David).

(4)           “No sufre por sus pecados, sino que tomó sobre sí nuestras flaquezas e ini¬quidades.”   (Isaías).

(6) “Descansará mi carne en la esperanza; no dejaréis mi alma en si infierno; no permitiréis que vuestro Santo sufra corrupción.”   (David).

(6)           “Al tercer día resucitará y viviremos en su presencia.”   (Oseas).

(7)           “Os elevasteis a lo alto, llevándoos gran número de cautivos.”   (Davié).

(8)           Hacia el fin del cautiverio de Babilonia, el ángel Gabriel se apareció al pro¬feta Daniel, y le dijo: “Desde que sea dada la orden para reedificar a Jerusalén brsta el reinado de Cristo pasarán setenta semanas de años o sea 4uü años. Después de ese tiempo, el Cristo será entregado a muerte y el pueblo que habrá renegado de él, no será ya su pueblo.   Vendrá una nación extranjera con su jefe, destruirá lo

/  ciudad y el santuario, y tras  la guerra vendrá una desolación general.    La última [    semana confirmará la alianza de Cristo con muchos,  y a mitad  de esa semana las hostias  y  sacrificios  quedarán  abolidos."

La orden de que el ángel habló es el edicto dado el año 458 por Artajerjes I, rey de Persia, a instancias de Nehemías.

Comparada esta profecía de Daniel con las de Jacob y Ageo, resulta con evidencia que el Mesías debió aparecer en la tierra en el tiempo que medió, entre el reinado de Herodes y la ruina de Jerusalén por Tito: es decir, en el mismo tiempo en que vivió Jesucristo. Además, queda plenamente comprobado que la muerte del Salvador acaeció 69 semanas y media (de años) después del edicto citado, y como también en Jesucristo se vieron cumplidas, en los menores detalles, todas las profecías mesiáni-cas, resulta que Jesucristo es el verdadero Mesías, esperado por los patriarcas y anunciado   por  los   profetas.

(ü)  Véase la nota de la página 126.

VIDA PRIVADA DE  JESUCRISTO

CAPITULO XXXIX

NACIMIENTO DE JESUCRISTO

233. La Anunciación. - Durante el reinado de Herodes en Judea, vivía en Nazaret, pequeña población de Galilea, una virgen llamada María, hija de Joaquín y Ana.

Tenía por esposo a un pobre artesano llamado José, des¬cendiente como ella de la familia real de David.

Cuando llegó el tiempo señalado por las profecías, envió el Señor al arcángel Gabriel a fin de que anunciase a María que El la había escogido para madre del Mesías, prometido desde el principio del mundo.

Aparecióse el ángel a María, y le dijo: "Dios te salve, ¡oh llena de gracia!  el Señor es contigo; bendita tú eres entre

NACIMIENTO DE. JESUCRISTO    153

todas las mujeres." Observando que se turbaba la humilde virgen, añadió el ángel: "No temas, María, pues has ha¬llado gracia delante de Dios; concebirás y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre''Jesús. Será grande y se llamará Hijo del Altísimo."

Oído este mensaje del enviado celestial, dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra," y desapareció el ángel.

En aquel feliz instante tuvo cumplimiento el gran miste¬rio * de la Encarnación del Verbo: es decir, que x>or obra y gracia del Espíritu Santo, el Verbo o el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, tomó cuerpo'y alma, a semejanza de nuestro cuerpo y alma, en el purísimo seno de María.

La Visitación.

La Iglesia celebra la memoria de este misterio el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación.

234. La Visitación. - El arcángel Gabriel, como para demostrar a María que nada es imposible a Dios, le había' participado también que su prima Isabel, esposa del sacer¬dote Zacarías, que habitaba en Hebrón *, estaba próxima a tener un hijo (l), a pesar de su avanzada edad; y María se trasladó en seguida a casa de su prima para felicitarla por tan dichoso acontecimiento.

En cuanto Isabel oyó la voz de María, el niño que llevaba en su seno saltó de gozo, y ella, iluminada por el Espíritu Sanio, exclamó: "¡Bendita eres entre todas las mujeres y benaito es el fruto de tu vientre! ¿ De dónde me viene a mí la dicha de que la madre de mi Señor venga a visitarme?"

Marja dijo entonces: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se extasía de gozo en Dios mi Salvador. Porque miró la humildad de su sierva, desde ahora me dirán bien¬aventurada todas las generaciones."

Estas son las palabras con que comienza el Magníficat,

Belén.  (Época actual).

cántico sublime de la Virgen María, que la Iglesia entona diariamente en el oficio divino.

235. Viaje a Belén. - Sucedió también que en el tiempo en que debía nacer el Salvador del mundo, dispuso el em¬perador Augusto se hiciese el empadronamiento * de todos

(1) Este niño era Juan Bautista*, precursor* de Jesucristo; y de él nos dice el Evangelio que desde su niñez se retiró" al desierto, donde vivió en la austeridad haft{;a Que comenzó a predicar, en las orillas del Jordán, el bautismo de penitencia.

NACIMIENTO DE  JESUCRISTO                            155

los subditos del imperio romano; y para ello debía inscribir­se cada uno en el pueblo de donde su familia era originaria. Con tal motivo marcharon José y María a Belén, ciudad de David; mas por su extrema pobreza no encontraron hos­pedaje en ninguna posada, y tuvieron que albergarse en una especie de establo abandonado, cerca de la ciudad.

236. Nacimiento de Jesús. - En ese mísero lugar, casi por completo desabrigado, fué donde el 25 de diciembre, a media noche, María dio a luz a su divino Hijo, y después de envolverlo en pobres pañales, lo acostó en un pesebre sobre un poco de paja.

Este es el inefable misterio que nos recuerda todos los años la fiesta de Navidad.

Un ángel anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús.

237. Los pastores en el establo. - En aquella hora se hallaban unos pastores vigilando sus ganados, que pacían en los alrededores. Ap'arecióseles un ángel resplandeciente y les dijo: "Vengo a anunciaros una nueva que será motivo

VIDA  PRIVADA DE  JESUCRISTO

de gran.alegría para todo el pueblo: es que hoy mismo, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es el Cristo, el Señor. Ved la señal para reconocerlo: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre."

En aquel momento oyóse que numerosos coros de espí¬ritus celestiales entonaban este cántico de triunfo: ¡Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!

Marcharon presurosos los pastores a Belén para contem¬plar la maravilla que se les había anunciado; y en efecto, encontraron al niño acostado en un pesebre. Adoráronlo, postrados, y después de ofrecerle humildes presentes, vol¬viéronse glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.

238.    CONSIDERACIÓN. - A causa de la desobediencia de nues¬tros  primeros  padres  hubiéramos   todos  perecido,   si Jesucristo  no

hubiese venido a satisfacer a la justicia divina con su pasión y muerte, devolviéndonos así nuestro derecho a la herencia celestial. El Naci¬miento del Salvador tanto tiempo esperado, tan ansiosamente deseado y tan absolutamente necesario, es pues, el acontecimiento más impor¬tante que se ha verificado en el mundo, y que debe excitar más eficazmente nuestra gratitud para con Dios.

239.' Circuncisión. - Ocho días después, el niño fué cir¬cuncidado y se le puso por nombre Jesús, .que significa Salvador. El de Cristo, que se agrega ordinariamente al de Jesús, quiere decir ungido o consagrado (*).

hubiese venido a satisfacer a la justicia divina con su pasión y muerte, devolviéndonos así nuestro derecho a la herencia celestial. El Naci¬miento del Salvador tanto tiempo esperado, tan ansiosamente deseado y tan absolutamente necesario, es pues, el acontecimiento más impor¬tante que se ha verificado en el mundo, y que debe excitar más eficazmente nuestra gratitud para con Dios.

239.' Circuncisión. - Ocho días después, el niño fué cir¬cuncidado y se le puso por nombre Jesús, .que significa Salvador. El de Cristo, que se agrega ordinariamente al de Jesús, quiere decir ungido o consagrado (*).

La Circuncisión del Señor tuvo lugar el primero de ene¬ro, día en que la Iglesia celebra esa festividad.

(1) En el pueblo judío, los profetas, pontífices y reyes eran consagrados por medio de una unción hecha con óleo santo, como símbolo de la gracia y de la fuerza que Dios les infundía en aquel acto. Es indudable que Jesucristo reúne todas esas cualidades en su mayor excelencia: como profeta y doctor, enseña de una manera infalible; como pontífice, santifica eficacísimamente; como rey, manda con autoridad suprema. Tiene ese triple carácter, no por una unción hecha con el santo óleo, sirio por la divinidad misma, cuya plenitud reside en El.

CAPITULO XL INFANCIA DE JESUCRISTO

240. Adoración de los Magos. - Al mismo tiempo que el ángel del Señor anunciaba a los pastores de Belén el naci¬miento del Salvador, una estrella extraordinaria apareció en los pueblos de Oriente.

Tres príncipes, que generalmente se designan con el nonbre de Magos, o sabios, y que según la tradición cristiana, se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, comprendieron que aquel astro maravilloso era la estrella indicada proféticamente por Balaán, y anunciaba el nacimiento del liber¬tador de Israel. En seguida se pusieron en camino, con séquito numeroso, para ir a rendirle homenaje.

Guiados por la estrella, llegaron a Jerusalén y pregun¬taron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acabadle na¬cer? Hemos visto su estrella en el Oriente, y venimos a adorarlo."

Esta noticia causó gran turbación al rey Herodes y a todo Jerusalén. Llamó aquél a los Magos, interrogólos con gran cautela, hizo después reunir a los doctores de la ley, intérpretes de la Escritura, y por ellos supo que el Mesías había de nacer en Belén.

Disimulando Herodes sus perversas intenciones, encami¬nó a los Magos hacia Belén, diciéndoles además: "Informaos bien de ese niño, y si lo encontráis, venid a participármelo para ir yo a adorarlo."

Pusiéronse de nuevo en camino los Magos, guiados por la estrella que reapareció, pues se había ocultado al entrar ellos en Jerusalén, y se paró cuando llegaron al sitio en que estaba el divino niño. Entraron en el establo, donde encon¬traron a Jesús con su madre María, y postrándose, lo ado¬raron y le ofrecieron presentes de incienso, oro y mirra *.

Algunos días después, volvieron los piadosos viajeros a tomar el camino de su país sin pasar por Jerusalén, porque en un sueño habían recibido de Dios la orden de no volver a hablar con Herodes.

Todos los años, el día 6 de enero, en la fiesta de la Epi¬fanía *, tenemos un recuerdo de la visita de los Magos al niño Dios, y del gran beneficio de nuestra vocación a la fe, en las personas de los Santos Reyes, que fueron las primi¬cias de la gentilidad

241- Jesús presentado en el Templo. - Cuarenta días después de su nacimiento, fué llevado Jesús al Templo de Jerusalén paras ser presentado al Señor, según prescribía la ley de Moisés. Encontrábase allí el santo anciano Simeón, y conociendo por inspiración divina al Niño, lo tomó en sus brazos y exclamó,: "Ahora, Señor, ya puedo morir en paz, porque mis ojos han visto al que ha de ser el Salvador de Israel, vuestro pueblo."

242. Degollación de los Santos Inocentes. - Entretanto, encolerizado Herodes porque los Magos ño volvían y teme¬roso de que el nuevo rey que había nacido a los judíos lo despojase de la corona, mandó matar a todos los hijos va¬rones de dos años abajo en Belén y sus alrededores, cre¬yendo que de este modo quedaría envuelto en la matanza general aquel niño que le infundía tanto recelo.

La Iglesia honra la memoria de estos mártires, tres días después de Navidad, bajo la advocación de los Santos Inocentes.

243. Huida a Egipto. - Sólo aquél a quien precisamente perseguía el cruel Herodes se libró dé su furor, entre tan¬tas víctimas inocentes; pues advertido San José en sueños, por un ángel, había huido con el niño y la madre, retirán¬dose a Egipto, donde debían permanecer hasta la muerte del tirano.

Huida a Egipto.

244. La Sagrada Familia en Nazaret. - Después de muerto Herodes, se trasladó la Sagrada Familia a Nazaret, y allí pasó obscuramente Jesús los años de su infancia y de su juventud, en la obediencia y el trabajo.

"Estoy en' el trabajo desde mi juventud," había dicho por su profeta; y, efectivamente, Jesucristo cumplió esa gran ley impuesta al primer hombre. En este punto, co¬mo en todos los demás, quiso instruirnos con su ejem¬plo, antes de hacerlo con su palabra. Siendo niño, tomó parte en los humildes servicios necesarios al sostenimien¬to de la casa de un artesano; siendo adolescente, enca¬lleció sus divinas manos en el manejo de duras herra¬mientas, y sufrió penalidades y cansancio, para ganarse el

pan de cada día con el sudor de su rostro, como el más humlide obrero, en la modesta profesión de carpintero, la que ejerció en unión de su padre putativo, San José.

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Nazaret. (Época actual).

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Comp, H.  S.

245. CONSIDERACIÓN.-¡Consuélense y hasta regocíjense los que viven de un arte u oficio mecánico, ya que Jesús ha tenido la misma ocupación!! Aprendan a alabar a Dios mientras trabajan, y Dios bendecirá sus obras, pon que ellos se harán, a sus ojos, semejantes a Jesucristo.

246.    Jesús entre los doctores.-A la edad de doce años,

El Templo en tiempo de Nuestro Señor.

Jesús, acompañado de José y María, fué a Jerusalen para cele¬brar con ellos la Pascua; pero al tiempo de volver, quedóse en la ciudad sin que sus padres lo notasen.   Después de buscarlo con

viva solicitud entre sus parientes y conocidos, y no encontrándo¬lo, volviéronse a la ciudad llenos de aflicción y desconsuelo.

A los tres días de buscarlo con gran angustia, lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchán¬dolos, haciéndoles preguntas y dejándolos pasmados y admirados por la sabiduría de las palabras que salían de su boca.

Al verlo su madre, le preguntó: "¿Por qué has hecho éso con nosotros, hijo mío? Te andábamos buscando desde hace tres días tu padre y yo, inquietos y angustiados."-"¿ Por qué me bus¬cabais?," respondió Jesús; "no sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?"

247. CONSIDERACIÓN.-Con estas palabras indicaba bien el Salvador la misión que venía a llenar en este inundo y a la vez quería enseñarnos que cuando se trata de cumplir la voluntad de Dios, no debe detenernos ninguna consideración humana.

CAPITULO XLI

BAUTISMO DE JESUCRISTO

248. Predicación del Bautista.-Algún tiempo antes de que Jesucristo empezase a predicar al mundo la ley que venía a darle, San Juan Bautista, hijo de Zacarías e Isabel, se fué a las orillas del Jordán donde predicaba a las gentes, excitándolas a la penitencia. La libertad de sus exhortaciones y el espectáculo de su mortificada vida impresionaron los ánimos tan profundamen¬te, que de Jerusalen y aun de toda Judea, acudían los pueblos en masa, se arrepentían los pecadores, y recibían el bautismo' de pe¬nitencia (i) en las aguas del Jordán.

  • Fiel a su misión de precursor del Mesías, decía el Bautista a los que le escuchaban: "Yo os bautizo en agua; pero hay en me¬dio de vosotros uno a quien no conocéis: es El que debe venir después de mí, es mayor que yo, y yo no soy digno de desatarle las ligaduras de su calzado."

Viendo Juan un día al Salvador, dio testimonio de El dicien¬do: "He ahí el cordero de Dios, que quita los pecados deí mundo."

(1) Este bautismo era una ceremonia religiosa e»n que se hacía promesa de abrazar la vida de penitencia, pero no quitaba los pecados como el  bautismo instituido por Jesucristo.

"He ahí al Cordero de Dios."

249. Bautismo de Jesucristo.-También acudió Jesucris¬to desde Nazaret para ser bautizado en el Jordán; y aunque en un principio se resistió Juan por humildad, como insistiera Je¬sús, no vaciló ya el Precursor (i). Luego que hubo salido del agua el Salvador, abriéronse los cielos, bajó el Espíritu Santo en forma de paloma y se oyó una voz que desde el cielo decía: "Es¬te es mi hijo muy amado en quien he puesto todas mis compla¬cencias." (2)

(1)           Después de haber practicado y enseñado la virtud durante su

vida, tuvo San Juan Bautista la gloria de morir por ella. Herodes An¬

tipas, tetrarca de Galilea, le hizo poner preso a causa de su cuñada

Herodías, mujer de Pilipo, porque Juan le reconvenía dieiéndole: "No

te es lícito tener la mujer de tu hermano". Algún tiempo después cele¬

braba Herodes el aniversario* de su nacimiento, dando un gran convite

a las personas principales de la provincia. Salomé, hija de Herodías,

bailó ante los convidados, y agradó tanto a Herodes, que éste prometió

. con juramento darle todo cuanto pidiera. Corrió la joven, a consultar con su madre y ésta le contestó: "Pide la cabeza del Bautista". Vol¬viendo en seguida Salomé al salón en donde estaba el rey, di jóle: "Dad¬me en un plato la cabeza del Bautista". A los pocos instantes entró un soldado en el calabozo donde estaba San Juan, y le cortó^ la cabeza.

(2)           Da Santísima Trinidad se hizo ostensible en esta ocasión, ya

que el Padre habló desde el cielo, el Hijo era el bautizado y el Esptnfn

Sonto descendió en forma de paloma.

Bautismo de Jesucristo.

Jesús tenía entonces treinta años, y se le reputaba hijo de José.

250. Jesús en el desierto.-Después de haber sido bauti¬zado, se retiró Jesús al desierto, donde ayunó cuarenta días y cuarenta noches. Allí permitió al demonio que lo tentase, para en¬señarnos que el hombre se prueba en la tentación, y que, sin ven¬cerla, no puede ser virtuoso.

Apareciéndose el demonio a Jesús le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en pan." Res¬pondióle Jesús: "Escrito está que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que viene de Dios."

Satanás lo trasladó después a lo alto del Templo dé Jerusa-Ién, y le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, arrójate abajo, porque es¬crito está: Ha mandado a sus ángeles que te guarden y sosten¬gan con sus manos, para que tu pie no se hiera en las piedras." Replicóle Jesús: "También está escrito: No tentarás a tu Dios y Señor."

Degollación  de  San Juan  Bautista,

Por último, el diablo llevó al Salvador a un monte muy en¬cumbrado, desde el cual le mostró todos los reinos de la tierra con su gloria, y le dijo: "Todo esto te daré, si postrado, me ado¬ras."-"\ Retírate, Satanás!, le respondió Jesús; pues escrito es-i"á: Adorarás al Señor tu Dios, y a El solo servirás." Entonces huyó el demonio, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo ser¬vían.

RECAPITULACIÓN.

SIGNIFICADO DE V0CABLOS.-1. ¿Qué quiere decir la palabra Bau tista?-¿Epifanía?-¿Jesús?-¿Cristo?-2. ¿Qué es un arte mecánico?-¿li¬beral?-3. Dé usted la definición de las palabras siguientes: misterio, pre cursor, mcsiánico, gentilidad, aniversario.

CRONOLOGÍA.-4. ¿Hace mucho tiempo que nació Jesucristo?-5. ¿Cuan tos años habían transcurrido desde la creación del mundo?

las llenasen de agua. Hecho esto anadió: "Sacad ahora y lle¬vad a probar al maestresala." El prodigio estaba ya realizado*, el agua que habían puesto en las tinajas se había convertido en exquisito vino.

Este fué el primer milagro que hizo Jesucristo, y contribuyó poderosamente a arraigar la fe en sus discípulos.

254.         Milagros de Jesucristo.-Durante el curso de su mi¬

sión, hizo Jesucristo públicamente muchos y grandes milagros*,:,

a fin de probar a los judíos que era el verdadero enviado de

Dios (i).

Obró infinitas curaciones, y esto, por lo general, con una sola palabra, obteniéndolas en el acto. Unos enfermos recobraban la salud al contacto,de sus manos; otros, tocando el borde'de sus vestidos; y otros, aun hallándose lejos de su persona.

Daba la vista a los ciegos, y entre otros, curó a uno que lo era de nacimiento; daba el oído a los sordos y el habla a los mu¬dos ; a su voz andaban los paralíticos, quedaban libres los posesos o endemoniados, resucitaban los muertos. Salía de Jesús una virtud que sanaba los cuerpos, como aún sale a todas horas de su corazón una gracia que sana las almas.

255.         La pesca milagrosa.-Encontrábase Jesús a orillas

del lago de Tiberíades, acompañado de un inmenso gentío que

deseaba escucharlo. Viendo allí dos barcas, que habían dejado

los pescadores para ir a lavar las redes, entró en una, que era la

de Simón Pedro, y sentado en ella se puso a instruir a la muche¬

dumbre, aglomerada en la orilla. Cuando acabó de hablarles, di¬

jo a Pedro: "Entra más adentro y echa las redes."-"Maestro,

dijo el apóstol, hemos trabajado toda la noche sin coger nada:

mas, por obedeceros, echaré la red." Hízolo así, y cogió tanta

pesca, que la red amenazaba romperse, y tuvo que llamar a los

compañeros de la otra barca para poder sacar a la orilla tal mul¬

titud de peces.

Asombrados de aquel prodigio. Simón Pedro y sus compnñe-

(1) La forma en que Jesucristo obraba los milagros demostraba bien que era el mismo Dios; pues, en lugar de hablar y obrar en nom¬bre del Señor, como hacían los profetas, hablaba en su propio nombro y obraba por su propio poder, que declaraba ser el mismo de su Padre.

ros confesaron a voces la divinidad de Jesucristo, y dejando las barcas y todo lo demás que poseían, lo siguieron (i).

256. CONSIDERACIÓN.-A ejemplo de S. Pedro y sus compañeros, uná¬monos para siempre a Jesús, y así mereceremos la gracia de contarnos entre sus discípulos; esforcémonos en conseguir las disposiciones necesarias para renunciar a  todo lo  que puede  desagradarle.

257.         /Curación del leproso.-Cierto día fué un leproso a

echarse a los pies de Jesús diciendo: "Señor, si queréis, podéis

curarme." Extendiendo la mano Jesús,, díjole: "Quiero: queda

limpio;" y al instante desapareció la lepra de aquel hombre.

258.         Curación del criado del Centurión.-Habiendo en¬trado Jesús a Cafarnaúm*, se le presentó un Centurión* con esta súplica: "Señor, tengo en mi casa un sirviente enfermo de una parálisis que le hace padecer mucho."-"Iré y lo curaré," dijo el Señor; pero el Centurión replicó: "Señor, yo no soy digno de que entréis en mi morada; mas decid una sola palabra y mi criado quedará sano." Oyéndolo Jesús hablar de esta manera. se mostró admirado de su gran fe, y le dijo: "Vete, y hágase co¬mo lo has creído;" y en aquella misma hora su sirviente recobre la salud.

259.         Resurrección  del hijo  de  la  viuda  de  Naím.-

Al tiempo de entrar Jesús en Naím en compañía de sus discípu¬los, pasaba un cortejo fúnebre que llevaba a enterrar al hijo úni¬co de una viuda. La pobre madre, traspasada ele dolor, iba de¬trás del cadáver, rodeada de muchas personas de la ciudad. Mo¬vido a compasión el Salvador, le dijo: "No llores." Acercán¬dose después al ataúd, lo tocó, haciendo parar la comitiva, y ex¬clamó:^ "¡Joven, levántate, yo te lo mando!" En seguida se in¬corporó el muerto, y Jesús lo entregó lleno de vida a su madre Los que presenciaron este milagro quedaron sobrecogidos de espanto, y admirando el poder de Dios, se decían: "Un gran pro¬feta ha aparecido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pue blo."

(1) Hasta entonces los apóstoles habían seguido a Jesucristo, aun¬que sin renunciar por completo a su oficio; pero desde que presenciaron la pesca milagrosa, ya no se separaron de su lado.

260. Multiplicación de los panes.-Un gentío inmenso ha¬bía seguido a Jesús hasta el desierto, y al caer la tarde acercá¬ronse los discípulos a su Maestro diciendo: "Señor, se aproxima ía noche, y estamos en despoblado; despedidlos, pues, para que se distribuyan en las aldeas y casas de campo, donde encuentren qué comer." Respondió Jesús: "No es necesario que se vayan; dadles vosotros."-"No tenemos más que cinco panes y.dos pe-:es„" contestaron ellos. "¿Qué es esto para tanta gente?"-"Haced que se sienten sobre la hierba," dijo el Señor; y tomando los cin¬co panes y los dos peces, los bendijo e hizo pedazos, entregándo¬selos luego a sus discípulos para que los distribuyesen al pueblo. Toda la gente comió hasta saciarse, y con los pedazos que,so¬braron, llenáronse doce canastos, a pesar de que habían comido cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

En vista de este milagro, gritó aquella muchedumbre: "¡ Este es, en verdad, el profeta que había dé venir al mundo, el Mesías que esperábamos!

Multiplicación de los panes.

261. Pedro anda sobre las aguas.-Después del milagro referido, mandó Jesús a sus discípulos que pasasen a la otra par­te del lago de Tiberíades, y desapareció, ocultándose a la vista del pueblo, que, entusiasmado, quería proclamarlo rey, y se fué al monte a orar.

Entretanto, se había levantado una gran tormenta, que agi­taba las aguas del lago, y los discípulos no avanzaban sino con gran trabajo.

Cuando despuntó el alba, aparecióseles Jesús marchando ha­cia ellos sobre las aguas. Al verlo dieron un grito de espanto, imaginándose ver un fantasma. Jesús los tranquilizó, diciendo: “Soy yo; no tengáis miedo.”-”¡ Señor!” exclamó entonces Pe­dro, “si sois Vos, mandad que yo vaya adonde estáis, andando sobre las aguas.”-”Ven, Pedro,” respondió Jesús; y bajando Pe­dro de la barca, caminó por el agua hacía el Salvador. Obser­vando, sin embargo, que el viento arreciaba, tuvo miedo y comen­zó a hundirse, por lo que dijo, gritando:  “¡Señor, salvadme!”

‘Hombre de poca fe,” le dijo Jesús, tendiéndole la mano, “¿por qué has dudado?”

En seguida entraron los dos en la barca; el viento cesó al mo­mento y abordaron* en el lugar a donde se dirigían.

Quedaron los discípulos tan profundamente admirados de tantos milagros, que se echaron a los pies de Jesús y lo adora­ron, diciendo:  “Verdaderamente sois el Hijo de Dios.”

CAPITULO XLII.

LA TRANSFIGURACIÓN. - LA MAGDALENA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

262. /La Transfiguración.-Un día, tomando Jesús consi¬go a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos al monte Tabor* Hallándose allí en oración, quedó transfigurado, poniéndose su rostro brillante como el sol y sus vestidos blancos como la nieve.

Entretanto Pedro y sus compañeros se habían dormido, por¬que estaban rendidos de sueño; mas al despertar, vieron a su Maestro resplandeciente de luz, que hablaba con dos personajes de’ aspecto majestuoso: eran Moisés y Elias.

La Transfiguración.

Cuando éstos iban a retirarse, dijo Pedro a Jesús:   “Señor,

MAGDALENA A LOS PIES DEL SALVADOR

bien estamos aquí; hagamos tres tabernáculos, si os parece: uno para Vos, otro para Moisés y otro para Elias.” Aún estaba Pe­dro hablando, cuando una nube luminosa coronó las alturas del Tabor, y de ella salió una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado, en quien he puesto todas mis complacencias: escuchadle.” Al oír esta voz, los discípulos dieron con el rostro en tierra, sobrecogidos de espanto. Acercóseles Jesús y los tocó diciendo: “Levantaos y no tengáis miedo.” Lo hicieron así, y aunque mi­raron por todas partes, no vieron más que a Jesús en su estado ordinario.

Magdalena a los pies del Salvador.

263./ Magdalena a los pies del Salvador.-A instancias del fariseo Simón, fué Jesús con sus discípulos a comer en casa de aquél; y cuando estaban a la mesa, entró una mujer, llamada María Magdalena, con un vaso de alabastro lleno de un perfume precioso. Como su vida anterior había sido muy relajada, y ella deseaba enriendarse, obteniendo antes perdón de sus faltas, echó-

sé a los pies de Jesús, (i) los regó con sus lágrimas,, y después de besarlos con el más profundo respeto, derramó sobre ellos el perfume que llevaba.

Viendo esto el fariseo, se decía en su interior: “Si este hom¬bre fuese profeta, sabría quién es esta mujer y la echaría de su presencia.”

Conociendo Jesús sus pensamientos, le dijo: “Simón, tengo que decirte una cosa.”-”Hablad, Maestro,” contestó Simón; y Jesús continuó así: “Cierto hombre tenía dos deudores, que le debían, el uno quinientos denarios* y el otro cincuenta. Como ninguno de los dos podía pagarle, les perdonó las deudas a en¬trambos. ¿ Cuál de ellos le amará más ?”-”Yo pienso, respondió el fariseo, que aquel a quien se ha perdonado la deuda mayor.” -”Bien has juzgado, le dijo el Salvador; y señalando luego a la pecadora, añadió: “¿Ves a esta mujer? Yo he entrado en tu casa, y no me has dado agua para lavarme los pies, al paso que ella me los ha regado con sus lágrimas. Tú no me diste el ósculo de costumbre, y ella no ha cesado de besarme los pies. ¡Tú no me has ungido la cabeza con el óleo, y ella ha derramado en inis pies un perfume de gran, precio. Por lo cual te aseguro que le son perdonados muchos pe: Édos, pues ha amado mucho.”

Dirigiéndose, después a Magdalena, le dijo: “Vete en paz, hija mía, tus pecados te son,perdonados.”

264^’ Resurrección de Lázaro.-El milagro que tuvo más resonancia entre los que obró Jesucristo fué el de la resurrección de Lázaro.

Era Lázaro un hombre de bien, que vivía con sus dos hermanas Marta y María Magdalena en Betania, lugar próximo a Jerusalén.

Jesús tenía un afecto particular a esta familia, en la que era recibido siempre con la más afectuosa deferencia.

Sucedió, pues, que Lázaro cayó enfermo de gravedad, y sus hermanas enviaron inmediatamente a decir a Jesús: “Señor, el que amáis está enfermo.” En lugar de, ir a socorrer a su amigo, se contentó Jesús con responder: “Esta enfermedad no es de muerte”, sino para gloria de Dios, a fin de que el Hijo del hom¬bre, sea glorificado.”    Sin embargo, Lázaro tardó poco en mo-

(1) Jesucristo «ataba a la mesa como lo acostumbraban los orien¬tales, que comían recostados en una especie de diván o lecho bastante alto, teniendo el rostro hacia la mesa y los pies hacia afuera; además, según la costumbre del país, se había quitado las sandalias antes d« ponerse a comer.

rir, y Jesús lo anunció a sus discípulos, diciéndoles: “Nuestro amigo Lázaro ha muerto, y yo me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis.    Vamos ahora a él.”

Cuatro días después llegaba Jesús a las puertas de Betania, y al tener noticia Marta de que el Señor se acercaba, corrió’ a su encuentro y le dijo, anegada en llanto: “Señor, si hubierais es¬tado aquí, mi hermano no habría muerto; pero sé que cuanto pidáis a Dios os será concedido.”-”¡ Marta!, dijo el Señor, tu

hermano resucitará.”-”Ya sé, replicó ella, que resucitará el úl­timo día.” El Señor añadió entonces: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, no morirá eternamente. ¿ Crees es­to?”-”Sí, respondió Marta, creo, Señor, que vos sois el Cristo, Hijo de Dios vivo, que habéis venido a este mundo.”

Algunos instantes después acudió también María Magdalena, seguida de muchos amigos de la familia, que para consolarla ha-

bían venido de Jerusalén. Arrojóse a los pies del Salvador, desha­ciéndose en lágrimas; y al verla Jesús en aquel estado, se turbó, .y gimió en su interior, preguntándole luego: “¿Dónde lo habéis puesto?” Respondiéronle: “Señor, venid y veréis.” Entonces Jesús lloró, motivo por el cual dijeron los judíos: “¡ Mirad cuán­to le amaba!”

Fueron al sitio donde estaba Lázaro sepultado, que era una cueva labrada en una roca y cerrada con una gran losa. “Quitad la piedra,” dijo Jesús.-”Señor, hiede ya, dijo Marta, pues hace cuatro días que está ahí.” Repuso Jesús: “¿No os he dicho que si creéis, veréis la gloria de Dios?” Levantando entonces los ojos al cielo, dijo: “¡ Padre mío! os doy gracias porque me habéis oído. Por lo que a mí hace, ya sé que siempre me oís, pero lo digo por éstos a fin de que crean que Vos me habéis enviado.”

Después dijo gritando:   “¡ Lázaro, sal fuera!”   Y al instante Lázaro se levantó y salió del sepulcro.

Le fueron quitados los vendajes con que tenía ligados los pies y manos, así como el sudario* que le cubría el rostro; y Lázaro echó a andar, bendiciendo y alabando a Dios.

Muchos de los testigos de aquella escena creyeron desde en­tonces en la divinidad de Jesucristo, juzgando, con razón, que devolver la vida a un cadáver, después de cuatro días de enterra­do, es un hecho que está muy por encima de las leyes de la natu­raleza, y que, por consiguiente, sólo puede ser realizado por el autor mismo de esas leyes-

CAPITULO XLIV DOCTRINA DE JESUCRISTO

265. Su excelencia.–En los tres años de su vida pública, no cesó Jesucristo de recorrer ciudades y pueblos, anunciando por todas partes el reino de Dios, y buscando con incansable celo las ovejas descarriadas de Israel.

Acudía Jesús también a Jerusalén todos los años, en las fies­tas principales, aprovechando esta ocasión para enseñar su doc­trina en las galerías y pórticos del Templo. Lo mismo los gran­des como los humildes acudían presurosos a oírle, y entusiasma­dos de su doctrina, aseguraban “que nunca habían oído a hombre alguno hablar como él hablaba.”

Es, en efecto, muy natural que, tanto \como el cielo se eleva

Sobre la tierra, la doctrina celestial del Salvador se eleve sobre cuanto han enseñado los más sabios filósofos. Este mundo sería un verdadero paraíso, si los hombres fueran fieles observantes de aquella santa doctrina.

El Evangelio es el libro que, además de la vida y milagros de Jesucristo, contiene su doctrina.

266. Su objeto.-Por Jesucristo sabemos de una manera evidente que hay en Dios tres personas distintas, que son: el Pa¬dre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que estas tres personas cons¬tituyen un solo Dios. De sí mismo nos hizo saber que a la vez es Hijo de Dios e hijo del hombre: es decir, Dios y Hombre ver¬dadero.

Jesús nos enseñó también que Dios es Padre de todos los hombres, siendo éstos, por consiguiente, todos hermanos y miem¬bros de una sola familia, y que los mandamientos más importan¬tes de la ley son : amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos.

Para estimularnos más al cumplimiento de ese gran precepto de la caridad, advirtió que el día del juicio, nos medirá Dios con la misma medida con que nosotros habremos medido a los demás. Al efecto, dijo: “Perdonad y seréis perdonados; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados.”

Recomendónos también el Salvador que tuviéramos fe en su Providencia. El es infinitamente poderoso para socorrernos, e infinitamente bueno para querer hacerlo. Dijoños además: “El que sustenta los pajarillos y hermosea con vivos colores las flores del campo ¿podría olvidar al hombre, su criatura privilegiada?”

Igualmente nos dio a conocer Jesucristo que nuestro Padre celestial perdona de buen grado al pecador arrepentido; que el al¬ma no muere con el cuerpo, sino que vivirá eternamente, y que los justos, después del juicio final, irán al cielo en cuerpo y alma, mientras que los malos caerán en el fuego eterno.

[Nos enseñó, además, que no sólo debemos abstenernos de los actos pecaminosos, sino también de los malos pensamientos, y que debemos ejecutar nuestras buenas obras con el fin de agradar a Dios, y no para merecer las alabanzas de los hombres.

La oración es el conducto por donde nos viene la gracia de Dios, y el medio necesario e infalible que se nos ha dado para conseguir nuestra salvación; por eso Jesucristo nos recomendó

tanto ese deber principalísimo de la vida cristiana, diciéndonos: "Pedid y recibiréis; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá." Llegó hasta prescribirnos la oración continua, pues nos dijo: "Es preciso orar siempre y no desfallecer nunca."

El Salvador nos demostró con su ejemplo que la oración debe hacerse con humildad, confianza y perseverancia. Quiere, sobre todo, que entremos en este santo ejercicio con la misma confian¬za que tiene .un hijo al exponer sus necesidades a un buen padre que le ama tiernamente.

Para excitar en nosotros esa santa disposición, ratificó con juramento la eficacia de la oración, aun prescindiendo del mérito o demérito del que la hace. He aquí sus palabras: "En verdad, en verdad os digo que todo lo que en mi nombre pidiereis a mi Padre, os será concedido."

Dignóse, por fin, enseñarnos, con el Padre nuestro, los térmi¬nos mismos con que debemos rogar a nuestro Padre que está en los cielos.

PARÁBOLAS                                   JS3

267.    El sermón de la montaña.   Las Bienaventuranzas.

-La doctrina de Jesucristo está resumida, por decirlo así, en el sublime discurso conocido por el Sermón de la Montaña, que em­pieza con las ocho máximas siguientes, llamadas comúnmente Bienaventuranzas: "i* Bienaventurados los pobres de espíritu (i), porque de ellos es el reino de los cielos.-2* Bienaventurados los mansos de corazón, porque ellos poseerán la tierra.-r-^ Bienaven­turados los que lloran, porque ellos serán consolados.-4* Bien­aventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos.-5* Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.-6* Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.- 7* Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios.-8* Bien­aventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos."

CAPITULO

PARÁBOLAS

268.         Las parábolas.-Para darse a comprender mejor de     /••

aquellas gentes rústicas y de corta inteligencia, expresábase el

Señor generalmente por medio de parábolas*; dando así una for¬

ma perceptible a las sublimes verdades que venía a revelar a los

hombres.

He aquí algunas de ellas:

269.         El fariseo y el publican©.-Queriendo Jesús dar a

entender claramente esta importantísima verdad, que la oración sin

humildad no puede ser agradable a Dios¿ contó un día la siguien¬

te parábola:

Dos hombres subieron al Templo para hacer oración: el uno fariseo* y el otro publicano*. El fariseo estaba en pie, y oraba así en su interior: "Dios mío, os doy gracias, porque no soy, co¬mo otros hombres, ladrón, injusto, adúltero, ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces a la semana, y pago el diezmo de to¬do lo que poseo."   El publicano, al contrario, colocándose por hu-

(1) Son pobres fle espíritu los que renuncian voluntariamente S los bienes de este mundo o que, poseyéndolos, no tienen apefto a ellos.

El fariseo y el publicarlo.

¡mildad, lejos del lugar santo, no se atrevía a levantar los ojos al! cielo, y se daba golpes de pecho, diciendo: "Señor, tened piedad de mí, que soy un gran pecador."

Concluida la parábola, añadió Jesús: "Os declaro en verdad. que éste salió del Templo justificado, y no el otro, porque el que se humilla será ensalzado, y el que se ensalza será humillado."

270. El rico avariento.-Las instrucciones que daba el Señor al pueblo versaban frecuentemente sobre el buen uso de las riquezas y la caridad para con los pobres. En la parábola del rico avariento explicó de una manera admirable su pensamiento respecto de ese importante punto de moral cristiana, como lo va­mos a ver.

"Había un hombre rico, les dijo, que vestía lujosamente y era servido con esplendidez en todas sus comidas. En la puerta de su casa yacía en tierra un mendigo llamado Lázaro, lleno de úlceras, que de buena gana se hubiera hartado de las migajas que caían de la mesa del rico; pero ni eso se le daba. Llegó a morir el pobre, y su alma fué llevada por los ángeles al seno de Abrahán; murió a su vez el rico y fué arrojado a los infiernos.

En meojío de sus horribles tormentos, abrió éste los ojos y vio

Parábola del rico avariento.

a lo lejos a Abrahán y a Lázaro, y gritó: "Padre Abrahán, com­padeceos de mí y enviad a Lázaro que moje su dedo en agua para que me refresque la lengua, pues estoy cruelmente atormentado en estas llamas."-"Hijo, le respondió Abrahán, acuérdate de que fuiste colmado de bienes en la otra vida, mientras que Lázaro no tuvo sino males: por eso ahora él goza y tú padeces. Además, en­tre nosotros y vosotros hay un insondable abismo, que es imposi­ble franquear."

Y el rico añadió: "Por lo menos enviad a Lázaro al mundo, donde me quedan cinco hermanos, a fin de que les haga las adver­tencias necesarias y no caigan, como yo, en este lugar de tor­mentos." Repúsole Abrahán: "Ya tienen a Moisés y a los profe­tas; que los escuchen.'-"No, padre Abrahán, dijo el rico; perc si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia."-"Sí no escuchan a Moisés y a los profetas, replicó Abrahán, tampoco creerán, aunque resucite un muerto."

271.         La oveja descarriada y la dracma perdida.-Solían

los publícanos y pecadores acercarse a Jesús para oírlo. Y los

fariseos y escribas murmuraban de esto diciendo: "Mirad cómo

se familiariza con los pecadores y come con ellos." Entonces les

propuso esta parábola:

¿Quién hay de vosotros que, teniendo cien ovejas, si ha per¬dido una de ellas, no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca de la que se perdió, hasta hallarla? En hallándo¬la, se la pone sobre los hombros muy gozoso; y llegado a casa, con¬voca a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Regocijaos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido. Os digo que a este modo habrá más fiesta en el cielo, por un pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos, que no tienen nece¬sidad de penitencia.

O ¿qué mujer, teniendo diez dracmas, si pierde una, no en¬ciende una luz, y barre la casa, y lo registra todo, hasta dar con ella ? Y en hallándola, convoca a sus amigas y vecinas diciendo: Alegraos conmigo, que ya he hallado la dracma que había perdi¬do. Así os digo yo,' que harán fiesta los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia.'

272.         El hijo pródigo.-No hay parábola más conmovedo¬

ra que la del hijo pródigo, en la cual se nos pone de manifiesto

la suma bondad con que Dios, representado por el padre de fami¬

lia, acoge al pecador sinceramente arrepentido de sus culpas.

Ved cómo la refirió Jesucristo: Tenía un hombre dos hijos, y el menor se le presentó diciéndole: "Padre mío, dadme la par¬te de bienes que me corresponde." Accedió el padrea y dividió entre ellos lo que poseía. El más joven tomó su parte y se fué a vivir al extranjero, donde en poco tiempo lo disipó todo. So¬brevino luego una época de hambre en aquella tierra, y viéndose el joven en gran indigencia, tuvo que ponerse a servir en casa de un labriego, que le mandó guardar sus puercos. De buena gana se habría hartado con las bellotas que comían aquellos animales; pero ni aun eso le era permitido.

Miseria tan grande le hizo entrar en sí mismo, y reflexionan¬do, se decía: "¡ Cuántos criados, en casa de mi padre, tienen pan abundante, y yo me estoy aquí muriendo de hambre! Me levanta¬ré e iré a presentarme a él, y le diré: "¡ Padre mío! pequé con¬tra el cielo y contra vos; ya no soy digno de ser llamado hijo vuestro; tratadme como a uno de vuestros criados."

Tomó en efecto el camino de la casa de su padre, el cual, vién¬dolo desde lejos, se movió a compasión, corrió a su encuentro y lo estrechó entre sus brazos, "j Padre mío!, dijo el pródigo, he pecado contra el cielo y contra vos; ya no soy digno de ser lla¬mado hijo vuestro."

Pero el padre, lleno de gozo por la vuelta de su hijo, dijo a sus criados: "Traed luego el mejor vestido y ponédselo, y un

anillo en el dedo, y calzado en sus pies. Y traed un becerro ce¬bado, y matadlo, y tengamos banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha resucitado; se había perdido y ha sido hallado." Y empezaron el banquete.

Como el hijo mayor se manifestase ofendido de la acogida que se hacía a su hermano, le dijo el padre: "Hijo mío, tú estás constantemente a mi lado, y todo lo que tengo es tuyo; pero razón hay para celebrar un banquete y regocijarnos, ya que tu hermano había muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos hallado."

273. El reino de los cielos.-Para darnos a entender la excelencia del reino de los cielos y excitarnos a que lo busquemos con ardor, dijo Jesús a las turbas estas parábolas: El reino de los ciclos es semejante a un mercader que trata en perlas finas; y viniéndole a las manos una de gran valor, va y vende todo cuan¬to tiene y la compra.

También es semejante el reino de los cielos a una red barrede¬ra, que echada en el mar, allega todo género de peces, y en lle¬gando llena, sácanla los pescadores, y, sentados en la orilla, van escogiendo los buenos y los meten en sus cestos, y arrojan los de mala calidad. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, y los arrojarán en el horno de fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes.

El reino de los cielos es asimismo semejante al grano de mos¬taza que tomó en su mano un hombre, y lo sembró en su campo; el cual es a la vista menudísimo entre todas las semillas; mas, en creciendo, viene a ser mayor que todas las plantas y se vuelve árbol, de modo que las aves del cielo bajan y posan en sus ra¬mas (i).

Y añadió esta otra parábola: El reino de los cielos es seme¬jante a la levadura que una mujer tomó y mezcló con tres medi¬das o celemines de harina, hasta que toda la masa quedó fermen¬tada  (2).     '

Todas estas cosas dijo Jesús al pueblo por parábolas, sin las cuales no solía predicarles; cumpliéndose lo que había dicho el Profeta: Abriré mi boca para hablar con parábolas, publicaré co¬sas misteriosas, que han estado ocultas desde la creación, del mundo

VIRTUDES DE JESUCRISTO

CAPITULO XLV!

VIRTUDES DE JESUCRISTO

274. Jesús modelo nuestro.-Tomando naturaleza como la nuestra y viviendo entre los hombres, quiso cl Hijo de Dios ofrecernos en su persona el ejemplo de todas las virtudes que un buen cristiano debe practicar. Estudiemos, pues, siquiera sea bre­vemente, ese acabado modelo de perfección.

. 275. Obediencia.-El escritor sagrado resumió la historia de la infancia del Salvador en estas pocas palabras: "Vivía con sus padres y les estaba sumiso;" porque en efecto, la sumisión es la virtud capital en aquella edad, y la condición indispensable pa­ra progresar en la ciencia y en la virtud. Y ¿quién podría pon­derar la perfección con que Jesús cumplía la voluntad y aun los menores deseos de sus padres?

Las primeras palabras suyas que se citan en el Evangelio, se refieren también a la obediencia: "¿No sabíais que yo debo ocu­parme en lo concerniente al servicio de mi Padre?" Esta es la contestación que dio a María Santísima cuando ella lo encontró en el Templo, sentado en medio de los doctores. Sus últimas pa­labras en la cruz dan testimonio, igualmente, de que cumplió hasta el fin la misión divina que había recibido de su Eterno Padre, pues al tiempo de expirar exclamó:   jTodo está consumado!

276. Humildad.-Siendo así que el orgullo es principio de todo pecado y causa segurísima de perdición, nuestro divino Maestro puso especial cuidado en enseñarnos la virtud de humil­dad. "Aprended de mí, dijo, que soy manso y humilde de cora­zón, y lograréis paz y tranquilidad para vuestras almas."

Por humildad se decía "hijo del hombre", y aseguraba a sus discípulos que no había venido para ser servido, sino para ser­vir.

Muchas veces ocultaba sus milagros, y prohibía a los que ha­bía curado que publicasen el beneficio recibido.   Cuando, después

de la milagrosa multiplicación de los panes y peces, quiso el pue¬blo proclamarlo rey, despidió a sus discípulos y se fué solo al monte, porque, según declaró muchas veces, no buscaba su gloria, sino la de su Padre celestial.

277. Dulzura y mansedumbre.-A la más profunda hu¬mildad 'juntaba una dulzura de carácter y una mansedumbre in¬comparables.

A nadie despreciaba, ni manifestaba el menor desden; los po¬bres, los pequeñuelos y todos los desgraciados encontraban en El cariñosa acogida y muchos consuelos.

Cumplió a la letra estas palabras de un profeta, referentes al Mesías: "No gritará, ni replicará; no acabará de romper la cana medio rota, ni apagará la mecha que está aún humeante." Sus mismos enemigos se ven obligados a reconocer que 'enseno el camino de Dios según la verdad, y que no hizo distinción de per¬sonas."

278.         Amor a los niños.-Los niños fueron siempre objeto de señalada predilección de parte de Jesús, que gozaba en tener¬los a su alrededor, en instruirlos y bendecirlos. Cierto día hacían esfuerzos algunas madres para acercársele, a fin de presentarle sus hijitos; y como los apóstoles las apartasen, creyendo sin du-3a, que la ocasión no era oportuna, reprendiólos Jesús diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí; el reino de los cielos es para los que son como ellos." Otra vez lanzó las más terribles amena¬zas contra los que escandalizan a los niños y les hacen perder el inestimable tesoro de la inocencia. "Más valiera a esos hombres, dijo, que les ataran al cuello una rueda de molino y los arrojasen al mar."

279.         Compasión.-El corazón de Jesús era un insondable abismo de ternura y compasión. Víraosle llorar en la tumba de su amigo Lázaro, y le veremos aún derramar lágrimas el día de su entrada triunfal en Jerusalén, porque venían a su mente las espantosas desgracias que habían de caer sobre aquella ingrata ciudad. iNunca presenció miseria alguna sin enternecerse y desear remediarla.

280.         Misericordia.-No se puede ponderar la misericordia de Jesucristo para cori los pecadores que querían cambiar de vi¬da: recibíalos con bondad, visitábalos en sus hogares, y a veces hasta se sentaba a comer a su mesa. A los que encontraban ex¬cesiva su condescendencia, les respondía: "No he venido a bus¬car justos, sino pecadores; porque no necesitan de médico los que están buenos, sino los que están enfermos."

Mostrábase rígido y enérgico con los pecadores endurecidos, y, sobre todo, con los hipócritas, tales como los escribas* y fari¬seos, a quienes arrancaba la máscara con que tenían encubiertos sus vicios. Sabía, sin embargo, distinguir en ellos el ministro del ministerio; por lo cual, a la vez que condenaba su conducta, re¬comendaba al pueblo la observancia. de la doctrina que enseña¬ban, y al efecto, decía: "Ellos están sentados en la cátedra de Moi¬sés ; haced lo que os prescriben, pero no lo que ellos hacen."

281.         Paciencia.-Mostró el Salvador una paciencia inalte¬

rable en toda clase de trabajos y penalidades.   Desde el establo en

que nacio, hasta el calvario que murio, vemosle contantemente presa del dolor de los trabajos y de

las contradicciones.

Soporto pacientemente los defectos de sus apostoles, los lamentos inportunos de los enfermos

Los atropellos de la muchedumbre y las intrigas de sus enemigos. En el curzo de su pacion es donde

Principalmente mostro una paciencia sobre humana, pues fue calumniado, abofeteado, escupido en el rostro, maltratado por las calles con los mayores ultrajes, y azotado cruelmente; y sin embargo, no dejo escapar ninguna queja, ni una amenaza, aunque con una soloa mirada habia podido aterrar a sus enemigos.

Mientras estuvo clavado en la cruz, no levantó la voz sino pa­ra implorar el perdón de los que lo crucificaban. "¡ Padre mío," dijo, "perdónalos, pues no saben lo que hacen!"

282.         Pobreza.-Pasó Jesús toda su vida en la mayor po¬

breza, hasta poder decir: "Las raposas tienen sus guaridas y los

pájaros sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recli¬

nar la cabeza." Vivía, como los pobres, de lo que le daban las per¬

sonas caritativas; y como ellos, tuvo también que sufrir hambre

y sed, la fatiga de los viajes, la inclemencia de las estaciones y

todas las incomodidades y privaciones inherentes a la pobreza.

¡ Cuánto debe consolar y animar, este ejemplo, a tantos pobres como hay en este mundo!

283.         Fidelidad a la ley. - Era también Jesucristo muy

exacto para asistir al Templo en las épocas determinadas, y cum¬

plía con el mayor respeto cuanto prescribía la ley de Moisés.

Sumiso, en fin, á todas las leyes del país, pagaba fielmente los impuestos diciendo "que se debe dar al César,-es decir, a la au¬toridad civil,-lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios."

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE VOCABLOS. - 1. Dése el significado de los vo¬cablos siguientes: milagro, centurión, denario, parábola, fariseo, publicano.- 2. ¿Qué quiere decir apóstol?-3. Expliqúese el sentido de esta frase del Señor, cuando hablaba a San Pedro: Las puertas del infierno, etc.-Las llaves del reino de los cielos, etc.-Lo que desatares en la tierra, etc.

RECAPITULACIÓN           193

GEOGRAFÍA.-4. Indique Ud. la situación de los pueblos siguientes: Ca-farnaum, Naím, Betania.

HISTORIA.-5. Díganse los nombres de los doce apóstoles y cómo fue¬ron elegidos.-6. ¿En qué ocasión fué elegido San Pedro por cabeza de los apostóles?-7. Cítense algunos milagros de N. S. Jesucristo.-8. Relátese el cambio del agua en vino, cuando Jesús asistía a las bodas de Cana.-9. La pesca milagrosa.-10. La resurrección del hijo de. la viuda de Naím.-11. La multiplicación de los panes.-12. La transfiguración.-13. La resurrec¬ción de Lázaro.

MORAL.-14. ¿Qué enseñó Jesucristo en cuanto a la caridad o amor de v 7i 1 proj'imo?-15- ¿Y en c»ant<> al gran deber de la oración?-16. ¿Y sobre la fe en la Providencia?-17. Díganse las Bienaventuranzas.-18. Cuéntese la parábola del Rico avariento, y dígase su objeto moral.-20. Ha- • ga Ud. lo mismo con la del Hijo pródigo.-21. Háblese de la obediencia de Jesucristo.-22. De su humildad y mansedumbre.-23. De su paciencia.-24. De su amor a los niños.--25. De su misericordia con los pecadores.

de la milagrosa multiplicación de los panes y peces, quiso el pue¬blo proclamarlo rey, despidió a sus discípulos y se fué solo al monte, porque, según declaró muchas veces, no buscaba su gloria, sino la de su Padre celestial.

277. Dulzura y mansedumbre.-A la más profunda hu¬mildad juntaba una dulzura de carácter y una mansedumbre in¬comparables.

A nadie despreciaba, ni manifestaba el menor desdén; los po¬bres, los pequeñuelos y todos los desgraciados encontraban en El cariñosa acogida y muchos consuelos.

Cumplió a la letra estas palabras de un profeta, referentes al Mesías: "No gritará, ni replicará; no- acabará de romper la caña medio rota, ni apagará la mecha que está aún humeante."  Sus mismos enemigos se ven obligados a reconocer que "enseñó el camino de Dios según la verdad, y que no hizo distinción de per¬sonas."

278.         Amor a los niños.-Los niños fueron siempre objeto 'de señalada predilección de parte de Jesús, que gozaba en tener¬los a su alrededor, en instruirlos y bendecirlos. Cierto día hacían esfuerzos algunas madres para acercársele, a fin de presentarle sus hijitos; y como los apóstoles las apartasen, creyendo sin du¬da, que la ocasión no era oportuna, reprendiólos Jesús diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí; el reino de los cielos es para los que son como ellos." Otra vez lanzó las más terribles amena¬zas contra los que escandalizan a los niños y les hacen perder el inestimable tesoro de la inocencia. "Más valiera a esos hombres, dijo, que les ataran al cuello una rueda de molino y los arrojasen al mar."

279.         Compasión.-El corazón de Jesús era un insondable abismo de ternura y compasión. Víraosle llorar en la tumba de su amigo Lázaro, y le veremos aún derramar lágrimas el día de su entrada triunfal en Jerusalén, porque venían a su mente las espantosas desgracias que habían de caer sobre aquella ingrata ciudad. (Nunca presenció miseria alguna sin enternecerse y desear remediarla.

280.         Misericordia.-No se puede ponderar la misericordia de Jesucristo para cori los pecadores que querían cambiar de vi¬da: recibíalos con bondad, visitábalos en sus hogares, y a veces hasta se sentaba a comer a su mesa. A los que encontraban ex¬cesiva su condescendencia, les respondía: "No he venido a bus¬car justos, sino pecadores; porque no necesitan de médico los que están buenos, sino los que están enfermos."

Mostrábase rígido y enérgico con los pecadores endurecidos, y, sobre todo, con los hipócritas, tales como los escribas* y fari¬seos, a quienes arrancaba la máscara con que tenían encubiertos sus vicios. Sabía, sin embargo, distinguir en ellos el ministro del ministerio; por lo cual, a la vez que condenaba su conducta, re¬comendaba al pueblo la observancia. de la doctrina que enseña¬ban, y al efecto, decía: "Ellos están sentados en la cátedra de Moi¬sés ; haced lo que os prescriben, pero no lo que ellos hacen."

281.         Paciencia.-Mostró el Salvador una paciencia inalte¬

rable en toda clase de trabajos y penalidades.   Desde el establo en

que nació, hasta el Calvario donde murió, vérnosle constantemente presa del dolor de los trabajos y de las contradicciones.

Soportó pacientemente los defectos de sus apóstoles, los la¬mentos importunos de los enfermos, los atropellos de la muche¬dumbre y las intrigas de sus enemigos. En el curso de su pa¬sión es donde principalmente mostró una paciencia sobrehumana,! pues fué calumniado, abofeteado, escupido en el rostro, maltrata¬do por las calles con los mayores ultrajes, y azotado cruelmente; y sin embargo, no dejó escapar ni una queja, ni una, amenaza, aunque con una sola mirada habría podido aterrar a sus enemi¬gos.

Mientras estuvo clavado en la cruz, no levantó la voz sino pa¬ra implorar el perdón de los que lo crucificaban. "¡ Padre mío," dijo, "perdónalos, pues no saben lo que hacen!"

282.         Pobreza.-Pasó Jesús toda su vida en la mayor po¬

breza, hasta poder decir: "Las raposas tienen sus guaridas y los

pájaros sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene, donde recli¬

nar la cabeza." Vivía, como los pobres, de lo que le daban las per¬

sonas caritativas; y como ellos, tuvo también que sufrir hambre

y sed, la fatiga de los viajes, la inclemencia de las estaciones y

todas las incomodidades y privaciones inherentes a la pobreza.

¡ Cuánto debe consolar y animar, este ejemplo, a tantos pobres como hay en este mundo!

283.         Fidelidad a la ley. - Era también Jesucristo muy

exacto para asistir al Templo en las épocas determinadas, y cum¬

plía con el mayor respeto cuanto prescribía la ley de Moisés.

Sumiso, en fin, a todas las leyes del país, pagaba fielmente los impuestos diciendo "que se debe dar al César,-es decir, a la au¬toridad civil,-lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios."

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE VOCABLOS. - 1. Dése el significado de los vo¬cablos siguientes: milagro, centurión, denario, parábola, fariseo, publicano.- 2. ¿Qué quiere decir apóstol?-3. Expliqúese el sentido de esta frase del Señor, cuando hablaba a San Pedro: Las puertas del infierno, etc.-Las llaves del reino de los cielos, etc.-Lo que desatares en la tierra, etc.

RECAPITULACIÓN

GEOGRAFÍA.-4. Indique Ud. la situación de los pueblos siguientes: Ca-farnaúm, Naím, Betania.

HISTORIA.-5. Díganse los nombres de los doce apóstoles y cómo fue¬ron elegidos.-6. ¿En qué ocasión fué elegido San Pedro por cabeza de los apostóles.-7. Cítense algunos milagros de N. S. Jesucristo.-8. Relátese el cambio del agua en vino, cuando Jesús asistía a las bodas de Cana.-9. La pesca milagrosa.-10. La resurrección del hijo de. la viuda de Naím.-11. La multiplicación de los panes.-12. La transfiguración.-13. La resurrec¬ción de Lázaro.

MORAL.-14. ¿Qué enseñó Jesucristo en cuanto a la caridad o amor de Dios y del prójimo?-15. ¿Y en cuanto al gran deber de la oración?-16. ¿Y sobre la fe en la Providencia?-17. Díganse las Bienaventuranzas.-18. Cuéntese la parábola del Rico avariento, y dígase su objeto moral.-20. Ha-ga Ud. lo mismo con la del Hijo pródigo.-21. Háblese de la obediencia de Jesucristo.-22. De su humildad y mansedumbre.-23. De su paciencia.-24. De su amor a los mnos*-25. De su misericordia con los pecadores.

CAPITULO XLVH ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN

284.         Regreso del Salvador a Jerusalén.-Dando Jesús pof.

■¡terminada su predicación, algunos días antes de la Pascua se di°

¿rígió a Jerusalén, donde debía consumar con su muerte la Reden-

¡don del género humano.

Advirtió previamente a sus discípulos lo que debía suceder» luciéndoles al efecto: "Ved que subimos a Jerusalén, y que va a cumplirse todo lo que los profetas han escrito del Hijo del 'hombre: será entregado a sus enemigos, que se mofarán de El» le escupirán en el rostro, lo azotarán y lo llevarán al suplicio | pero resucitará al tercer día."

Cuando llegó al pie del monte de los Olivos, dijo a dos de sus [discípulos: "Id al pueblo que está ahí enfrente; encontraréis al entrar, una borrica atada, y su pollino con ella; desatadlos y traed melos. Que si alguno os dijere algo, respondedle que los ha me¬nester el Señor; y al punto os los dejará llevar."

Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que dijo el Profeta;; Decid a la hija de Sión: Mira que viene a ti tu rey lleno de man¬sedumbre, sentado sobre una asna y su pollino, hijo de la que •está acostumbrada al yugo.

285.         Entrada triunfal del Salvador en Jerusalén.-Fué-

»ronse aquellos discípulos e hicieron lo que Jesús les había man¬

dado. Luego pusieron algunas ropas encima de la borrica, y sen¬

tado el Señor en ella,, tomó el camino de Jerusalén el primer día

vde la semana y quinto antes de su muerte.

Guando el pueblo supo que Jesús se acercaba a la ciudad, salió en masa a recibirlo con ramos de palmas, gritando: "¡Hosan-r na!* ;Bendito sea el Rey de Israel!" Muchos tendían en el ca¬mino sus vestidos al pasar Jesús; otros alfombraban el suelo con follajes, y todos manifestaban su gran júbilo, repitiendo: "¡Ho¬sanna al Hijo de David! ¡ Bendito sea el que viene en nombre del Señor! ¡ Hosanna en lo alto de los cielos!"

Había también allí muchos fariseos, cuya rabia se aumentaba.

a la vista de aquel pacífico triunfo, y no pudiendo oponerse a él, llevaron su osadía hasta decir a Jesucristo: "Maestro, repren¬de a tus discípulos."-"Os aseguro, les contestó, que si éstos ca¬llasen, hasta las piedras gritarían."

En memoria de la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, celebra la Iglesia la solemnidad de Domingo de Ramos, ocho días •antes de Pascua.

No duró mucho la satisfacción y gozo que a Nuestro Señor -debió causar tan grande ovación; pues a la vista de Jerusalén, lloró sobre ella, dice el Evangelio, previendo el crimen que iba a cometerse en ella, y las espantosas desgracias con que sería castigada.

"¡Ah, dijo suspirando; si por lo menos en este día, que te es •concedido aún, conocieses lo que puede traerte la paz! Mas, no; .ahora eso' está oculto a tus ojos. Vendrán días aciagos para ti; rus enemigos te cercarán, te estrecharan por todos lados y te des-truirán hasta no dejar piedra sobre piedra, porque no has co¬nocido a tu Dios cuando te visitaba."

286. Los mercaderes arrojados del Templo.-En la tarde Üe aquel día,, salió Jesús de la ciudad para ir a hospedarse en Betanía. Cuando al día siguiente volvió a Jerusalén y fué al Tem¬plo, lo encontró invadido por gentes que compraban y vendían víctimas para los sacrificios. Llenóse de indignación al ver pro¬fanado así el lugar santo, y los echó fuera a todos, diciéndoles: *'Mi casa es casa de oración; y vosotros la habéis hecho guarida 'de ladrones."

Jesús arroja del Templo a los mercaderes.

287. CONSIDERACIÓN.-La severidad con que el Señor corrigió aquél desorden, a pesar de que sólo tenía lugar en el atrio* exterior del templo, y que, además, parecía excusable por tener relación con el servicio del mis¬mo, debe hacernos comprender que debemos estar en el templo con el más profundo recogimiento y la mayor religiosidad, ya que el Señor se digna ha¬bitar allí en persona, aunque oculto bajo las especies sacramentales.

288. Traición de Judas.-Mientras que en todo Jerusalén resonaban las aclamaciones del pueblo ensalzando a Jesús, los príncipes de la nación judaica buscaban la manera de perderle.

ULTIMA CENA DEL' SEÑOR

Sus resplandecientes virtudes, el portentoso éxito de su predica¬ción y; los múltiples milagros con que por todas partes eviden¬ciaba su poder y su bondad, habían despertado contfa El la en¬vidia y el odio de los príncipes de los sacerdotes y de los fari¬seos. Su entrada triunfal en la ciudad llevó a tal extremo la exasperación de aquéllos, que resolvieron hacerle morir.

Cuando estaban deliberando acerca del medio más convenien¬te para apoderarse de su persona, presentóseles Judas Iscariote, que se había dejado vencer lastimosamente por el demonio de la avaricia, y les dijo: "¿Qué me dais? y yo os lo entregaré." Con¬vinieron en darle treinta denarios*, quedando así ajustada la in¬fame venta, y desde aquel momento el traidor sólo espiaba la ocasión favorable para entregar a su maestro.

CAPITULO XLVIH LA ULTIMA CENA DEL SEÑOR

289.   La cena pascual. El lavatorio de los pies.-El día

primero de los ázimos (i), en que se debía inmolar el cordero pascual, acudieron los apóstoles a Jesús y le preguntaron: "¿ Dón¬de quieres que te dispongamos la cena de la Pascua* ?" Y Jesús envió a Jerusalén a Pedro y a Juan diciéndoles: "Id a la ciudad y encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua; seguid¬le; Y en donde entrare, decid al amo de la casa que el Maestro os envía a decir: ¿Dónde está la sala en que he de celebrar la cena de Pascua con mis discípulos? Y él os mostrará una pieza grande, bien amueblada; preparadnos allí lo necesario (2).

Fueron pues los dos apóstoles, e hicieron lo que Jesús les or¬denó, y prepararon lo necesario para la Pascua. Al caer de la tarde púsose a la mesa con sus doce apóstoles y comieron el cordero pascual, conforme la Ley ordenaba.

Después levantóse Jesús de la mesa, echó agua en un lebrillo, se ciñó una toalla y se puso a lavar los pies a sus discípulos,, :tan-

(1)           Llamábanse ázimos los días que duraban las fiestas de Pas¬cua, porque en ellos se debía comer el pan ázimo o sin levadura.

(2)           Llámase cenáculo la sala o estancia donde Jesucristo cenó con. sus discípulos e inst.ituyó el Sacramento de la Eucaristía. Allí se apa¬reció también a sus discípulos el día de su resurrección y allí descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles el día de Pentecostés.

to para darnos ejemplo de humildad, como para enseñarnos con qué pureza debe uno acercarse a recibir el augusto Sacramento de la Eucaristía, que iba a instituir en aquel momento. "Voso¬tros me llamáis maestro y señor, les dijo al acabar, y tenéis ra¬zón, porque en verdad lo soy. Si, pues, yo, vuestro maestro y Señor, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavároslos unos a otros; ejemplo os he dado para que hagáis lo que yo he hecho."

Volvió luego a sentarse a la mesa con ellos, y les habló de varias cosas, y entristeciéndose, añadió: "En verdad os digo que uno de vosotros me entregará a mis enemigos." Afligiéronse mu¬cho y todos preguntaban: "Señor, ¿soy yo?" Jesús les contestó: "Uno de los doce que comen conmigo me entregará. El hijo del hombre se va, como está escrito; pero ¡ ay de aquél por quien será entregado! Más le valiera no haber nacido." Judas, que era el traidor, le preguntó: "Maestro, ¿soy yo?"-"Tú lo has dicho," le respondió Jesús.

290. Institución de la Sagrada Eucaristía y del Sacer¬docio.-Estando todavía a la mesa, tomó Jesús el pan, lo bendijo, lo partió y distribuyó a sus discípulos, diciendo: "Tomad y co¬med ; éste es mi cuerpo, que será entregado por vosotros; haced esto en memoria mía." Tomó luego el cáliz, y habiendo dado gra¬cias al cielo, lo distribuyó también, diciendo: "Bebed todos de

Jesús lava los pies a los apóstoles.

rél; ésta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza que será de¬rramada por muchos (i) en remisión de los pecados."

Así dejó Jesucristo cumplida la promesa que el año anterior había hecho a los apóstoles, cuando predicaba en la sinagoga de Carfanaúm, y les anunció que les daría un pan vivo bajado del cielo, el cual no fué otro que su mismo cuerpo.

Con las palabras: haced esto en memoria mía, Nuestro Señor comunicó a los apóstoles, y en su persona, a sus legítimos suce¬sores, el poder de renovar el gran prodigio que El mismo acababa de obrar, es decir, el de cambiar el pan en su cuerpo y el vino en su sangre. Así pues, la institución del augusto Sacramento .'de la Eucaristía y la del sacerdocio católico se remontan a la cena pascual del Señor con sus discípulos.

(1)    Por muchos significa aquí por todos, según el estilo de la Es¬critura.

291. Discurso de Jesucristo después de la cena.-Sabien¬do Jesús que se acercaba su última hora, hizo a los apóstoles las) postreras recomendaciones, diciéndoles con ternura paternal: "HI-jos míos, ya me tendréis muy poco tiempo con vosotros. Lo que! dije a los judíos de que no podían venir a donde yo voy, os lo «digo ahora a vosotros. Os doy un mandato nuevo, y es que os améis los unos a los otros, como yo os he amado. La señal por la que se conocerá que sois discípulos míos, será el amor que os tengáis unos a otros."

Simón Pedro le dijo entonces: "Señor, ¿ya dónde vais que yo no pueda seguiros ? Estoy dispuesto a morir por Vos." Repli¬cóle Jesús: "i Darías tu vida por mí ? . . . En verdad te digo que testa noche no cantará el gallo por segunda vez, sin que antes me fíayas negado tres veces."

Y dirigiéndose de nuevo a todos añadió: "Os he dicho estas; cosas, mientras estoy con vosotros, mas el Consolador, el Espí¬ritu de verdad que mi Padre enviará en mi nombre, os recordará

todo lo que yo os he enseñado. La paz os dejo; la paz sea con vosotros; no os turbéis, ni temáis nada. En verdad os digo, que todo lo que pidiereis a mi Padre en mi nombre, os será concedido."

"Permaneced en mí, añadió, y yo permaneceré en vosotros; pues, así como el sarmiento no puede dar fruto si no está unido a la cepa, tampoco vosotros podréis darlo si no permanecéis en mí; porque yo soy la verdadera vid y vosotros los sarmientos. Gloria es de mi Padre que deis mucho fruto, y que seáis verda¬deros discípulos míos: si guardáis mis mandamientos, perseve¬raréis en mi amor."

Dicho esto, levantó los ojos al cíelo, rogando por sus discípu¬los y por todos los que en los siglos venideros habían de formar1 parte de su iglesia. "Padre mío, decía, no te ruego que los sa¬ques de este mundo, sino que los preserves del mal. Santifícalos en la verdad. No te pido solamente por éstos, sino también porj todos los que han de creer en Mí, a fin de que todos sean una misma cosa, a la manera que Tú, Padre mío, estás en Mí y yo en Ti."

CAPITULO XLIX

PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

292. Jesús en el huerto de Getsemaní.-La misma noche en que Jesús nos hizo el inestimable don de la Sagrada Eucaristía* debía comenzar su pasión. Al efecto, después de salir del cená¬culo, se fué con sus discípulos a un sitio llamado Getsemaní, al pie del monte Olivete, donde había un huerto solitario, en el que entró para hacer oración, como acostumbraba desde algunos días. Allí empezó a entristecerse y angustiarse, por lo que dijo a los discípulos que lo acompañaban: "Mi alma está triste hasta la muerte; esperadme aquí-y velad conmigo." Adelantándose lue¬go algunos pasos, e hincado de rodillas, hizo esta oración: "Pa¬dre mío, si os place, apartad de mí este cáliz; mas no se haga mi voluntad, sino la vuestra." Acongojado entonces por una es¬pecie de agonía, continuaba orando, y salió de su cuerpo un su¬dor como gotas de sangre que caían hasta el suelo,; y apareció un ángel, que lo confortó.

Después de haber orado se levantó Jesús, fué a donde esta-»

sus discípulos, que se habían dormido, y dijo a Pedro: "iCó¬mo! ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación." Dos veces más volvió Jesús a orar, repitiendo las mismas palabras, y al fin dijo a sus discí¬pulos : "Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre debe ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos y vamos: está ya cerca el que viene a entregarme."

293. Jesús entregado a sus enemigos.-Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas Iscariote con una turba de gente armada, que habían enviado los príncipes de los sacerdotes y los 'fariseos, a los cuales el traidor había dicho: "Aquel a quien yo besare, El es: prendedle." En cuanto llegó, acercóse a Jesús y lo besó, diciendo: "Dios te guarde, Maestro."-"¡Amigo! ¿a qué has venido? le replicó Jesús: ¿Así, con un beso, entregas al Hijo del hombre?" El desgraciado Judas oyó esta cariñosa reconven-

Jerusalén en tiempo de N. S. Jesucristo.

ción de su buen Maestro sin inmutarse, y se hizo sordo a esta última excitación de la misericordia divina.

Entretanto se había aproximado Jesús a los soldados, y les preguntó: "¿A quién buscáis?"-"A Jesús Nazareno," respon¬dieron. "Yo soy," díjoles. Al oír esta contestación, cayeron todos en tierra; luego añadió Jesús: "Si me buscáis a mí, dejad que se vayan éstos." Al instante aquella horda* furiosa se lanzó so¬bre El, y lo prendió.

Indignado Pedro al ver así maltratado a su divino Maestro,, empuñó su espada y de un golpe cortó la oreja de Maleo, criado

del gran sacerdote. Pero Jesús dijo a Pedro: "Mete tu espada en la vaina: el cáliz que me ha dado mi Padre, ¿ he de dejar yo de beberlo?" Y habiendo tocado la oreja del herido, lo curó.

Luego añadió: "¿ Pensáis que si yo rogase a mi Padre, no me enviaría al momento más de doce legiones de ángeles? Todo es¬to sucede para que se cumpla lo que escribieron de mí los pro¬fetas." Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

294.         CONSIDERACIÓN. - Gran pecado es vender a un amigo; pe¬

ro, vender a un bienhechor, hacer traición a su Dios, ¡qué crimen tan ho¬

rrible! Ved ahí, sin embargo, a qué extremos arrastró a Judas la avaricia!

295.         Jesús ante Caifas.-~-.Los soldados maniataron a Jesús

y lo llevaron a casa de AnásK el cual mandó que lo condujesen a

su yerno Caifas, que era pontífice ese año (i). Los escribas, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos que formaban parte del consejo o Sanedrín estaban ya reunidos en casa de Caifas, es¬perando a Jesús; así es1 que el Divino Salvador iba a ser juzgado por sus más implacables enemigos.

Presentáronse varios testigos falsos; pero como sus declara¬ciones no eran suficientes para motivar una sentencia de muer¬te, levantóse Caifas, y dijo a Jesús: " Te mando en nombre de Dios vivo, que nos digas si eres Cristo, Hijo de Dios." Respon-Idió Jesús: "Tú lo has dicho; y yo os declaro que un día veréis venir sobre las nubes del cielo al Hijo del hombre, sentado a la 'diestra de la majestad de Dios."

Oído esto, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, aparen¬tando una indignación hipócrita, y exclamó: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos ? ¡ Ha blasfemado! ¿ Qué os parece ?"- "'l Reo es de muerte!" gritaron los concurrentes.

Después de este primer interrogatorio, quedó Jesús a merced de los criados del sumo sacerdote, gente grosera y brutal, que tuvo el sacrilego placer de llenarlo de ultrajes y escarnios,, ha¬ciéndolo juguete suyo durante el resto de la noche »

296. Negaciones dé San Pedro.-Pedro había seguido a su Maestro para ver en qué pararía aquello; y habiéndose in¬troducido en el patio de la morada del Sumo Pontífice, se estaba calentando con algunos criados, cuando una sirvienta, después 'de mirarlo atentamente, le dijo: "Tú estabas también con Jesús ¡Nazareno." Nególo Pedro diciendo: "No conozco a tal hombre." iY cantó el gallo.

Cuando Pedro se disponía a salir, lo vio otra criada que dijo a los que se hallaban presentes: "Este es también discípulo del Galileo." Por segunda vez negó Pedro, diciendo con juramento: "No lo conozco, ni sé lo que dices."

Como una hora después, habló a Pedro un sirviente del Pon¬tífice en estos términos: "En verdad, que tú eres de esa gente; ¿no te he visto yo en el huerto? Además, tu habla da a conocer que eres galileo." Atemorizado entonces Pedro, comenzó a profe-

(1) Anas y Caifas ejercían alternativamente el cargo de Sumo Sacerdote o Pontífice, en virtud de un acuerdo aparentemente aproba¬do por él gobernador romano.

ferir imprecaciones* y a jurar que no conocía a aquel hombre. Entonces cantó por segunda vez el gallo.

Jesús, que pasaba cerca de allí en aquel momento, se volvió al débil apóstol, y le dirigió una mirada de tierna reconvención. Traspasado de dolor el corazón, porque al instante comprendió la enormidad de su falta, Pedro salió de allí y lloró amargamente/

297. CONSIDERACIÓN.-Pedro, cabeza de los apóstoles, sufrió esa gra¬vísima e inesperada caída por haberse introducido y mezclado temerariamen¬te entre los enemigos de su Maestro. Comprendamos;, pues, los peligros a que se exponen todos cuantos frecuentan las malas compañías, y que la con¬dición más indispensable para evitar el pecado, es huir de las ocasiones.

298. Jesús ante Pilato.-"Así que amaneció, se reunieron •de nuevo los enemigos de Jesús con el propósito de acabar con él. Hicicronle llevar maniatado ante eí gobernador romano Pondo Pilato, con el objeto de que lo condenase al infame suplicio de ia cruz.

299.         Desesperación de Judas.-Viendo Judas entonces que su Maestro iba a ser condenado, no pudo ahogar el remordimien¬to de su conciencia, y fué a devolver las treinta monedas a los prín¬cipes de los sacerdotes, diciéndoles: "líe pecado, entregando la sangre inocente."-"¿Qué nos importa a nosotros?, le contesta¬ron ellos: hubiéraslo tú mirado antes." Con esta desdeñosa con¬testación, Judas salió desesperado y se ahorcó.

300.         Jesús acusado ante Pilato.-Exitados por el gober¬nador para que concretasen los cargos de acusación contra Jesús* expusieron los judíos que soliviantaba al pueblo, impedía que se pagase el tributo al César, y, por fin, que se daba a sí mismo los nombres de Cristo y de Rey.

Pilato interrogó a Jesús, y pronto quedó convencido de su inocencia, por lo que dijo al pueblo: "No encuentro causa de < niidenación en este hombre." Sabiendo luego que el Salvador pra originario de Galilea, dispuso que lo llevasen a Herodes, te-

trarca de aquella provincia, el cual se hallaba casualmente en Jerusalén.

/ 301.    Jesús ante Herodes y devuelto a Pilato.-Hacía

tiempo que Herodes tenía deseos de conocer a Jesús, cuya sabi¬duría y poder había oído celebrar; y por eso se alegró mucho cuando le fué presentado. Hízole varias preguntas; pero Jesús no despegó los labios, ni para satisfacer la frivola curiosidad de Herodes, ni para defenderse de los judíos, que habían seguido a su víctima con el objeto de continuar sus acusaciones. No ha¬biendo conseguido Herodes lo que esperaba, manifestó despre¬cio hacia Jesús y después de hacerlo vestir, por escarnio, con un ropaje blanco, mandó que lo condujesen de nuevo a Pilato.

Este dijo entonces a los príncipes de los sacerdotes: "He in¬terrogado a este hombre ante vosotros, y no he hallado en él nin-guno.de los delitos que le imputáis. Herodes, a quien lo he en¬viado, tampoco lo ha condenado: lo soltaré después de castigarlo."

/ 302. Barrabas preferido a Jesús.-Temiendo Pilato que aún así no se calmase aquella' turba sedienta de sangre, recurrió a otro medio, que creía de éxito seguro. Era costumbre del gober¬nador dar libertad a un preso en la Pascua, y como a la sazón se hallaba en la cárcel un gran malhechor llamado Barrabás, Pi-lato, dirigiéndose a los judíos, les preguntó: "¿ A quién de los" dos queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús?"-"¡A Barra¬bás!", respondieron los judíos, a instigación de sus magistrados. 'Sorprendido Pilato, repuso: "¿Qué haré, pues, de Jesús, llama¬do el Cristo?"-"¡Crucifícalo!"-"¿Pero qué mal ha hecho?"- "l Crucifícalo! j Crucifícalo!", gritaban los judíos desaforada¬mente.

Entonces Pilato mandó que soltaran a Barrabás y que azo¬tasen a Jesús.

(

LA CORONACIÓN DE ESPINAS    20?

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CAPITULO L

PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO (Continuación).

303. La flagelación y la coronación de espinas.-Los sol¬dados llevaron a Jesús al lugar de la flagelación, lo despojaron de sus ropas, y atándolo a una columna, lo azotaron cruelmente, hasta dejar todo su cuerpo hecho una llaga. Pero no se'conten-

Jesús en el Pretorio.

taron con imponerle únicamente ese tormento, ya de suyo tan cruel. Recordando que Jesús había sido acusado de querer hacer¬se rey, lleváronlo al patio del pretorio*, y, burlándose de El.' lo coronaron por rey. Cubrieron sus hombros con un trozo de lela de grana, a guisa de manto real; pusiéronle en la cabeza una corona de espinas y en la mano derecha una caña por cetro; lúe-

go pasaban delante de El, doblando la rodilla y diciendo por mo¬fa: "Dios te guarde, rey de los judíos." En tanto le escupían en el rostro, le golpeaban la cabeza y le daban bofetadas.

Jesús sufrió con la mayor paciencia y mansedumbre estos ul¬trajes, sin proferir la menor queja, haciéndose semejante al man¬to cordero que ni se defiende, ni opone siquiera la menor resis¬tencia a la mano que va a degollarlo.

304. Jesús condenado a muerte.-Al ver Pilato el lastimo¬so estado en que habían puesto al Salvador, creyó que quedaría sa¬tisfecho el odio de los judíos, y que ya no pedirían su muerte. Así es que se presentó al pueblo y dijo: "Ved que os lo traigo para que sepáis que no encuentro en El delito alguno." Al mismo tiempo apareció Jesús cubierto con el manto de grana, corona¬do de espinas, y con el rostro lleno de sangre; y mostrándolo Pi-1 Cato a las turbas, dijo: "¡Ved ahí al hombre!" (Bcce homo).

Camino del Calvario.

El furor de los enemigos de Jesús ahogaba en ellos todo sen¬timiento de compasión, y se repitió el grito deicída de "¡ Muera! [Muera! ¡ Crucifícalo!" Pilato respondió: "Tomadlo vosotros mis¬mos y crucificadlo si queréis, porque yo no encuentro causa para ello."--"Nosotros tenemos una ley, replicaron los judíos, y según ella debe morir, porque se dice Hijo de Dios."

Cada vez más perplejo el gobernador, volvió a interrogar a Jesucristo; pero oyendo que los judíos continuaban gritando: "Si soltáis a ese hombre no sois amigo del César, porque todo el que se hace rey, se declara contra el César," temió Pilato, y concluyó por faltar a su conciencia. Se hizo traer agua, y lavándose las manos a vista del pueblo, dijo: "Soy inocente de la muerte de este justo; allá os entenderéis vosotros." Y todo el pueblo contestó: "¡Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!" (i)

(1)    En  esta misma Historia veremos demostrado cómo Dios ratifi¬co, desde lo alto del cielo, esta terrible imprecación.

PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

Entonces Pilato* dictó la sentencia contra Jesús, condenándolo a morir crucificado!

305. CONSIDERACIÓN.-¡Qué bajeza y cobardía de parte de, Pilato! Por no perder su cargo y conservar la gracia del emperador, da libertad al homicida Barrabás, y condena al inocente Jesús! Se deshonran y faltan de La misma manera todos los que, en el cumplimiento de sus deberes, consul¬tan sus propios intereses, en lugar de dejarse guiar únicamente por la voz de la conciencia.

306. Sube Jesús al Calvario.-Tan pronto como fué pro¬nunciada la sentencia de muerte contra Jesús', procuraron los ju¬díos activar su ejecución. Quitáronle el manto de púrpura; pusié¬ronle sus propios vestidos; le cargaron el madero en que había de ser crucificado, y lo condujeron al sitio llamado.Calvario* (en hebreo Gólgota).

De tal manera se hallaba Jesús extenuado por los tormentos, que a los pocos pasos cayó bajo el peso de la cruz,, rendido de fatiga y angustiado de dolor. En vista de ello, los soldados obli¬garon a un tal Simón de Cirene*,, que volvía del campo, a que le ayudase a llevar la cruz.

Acompañábale una turba de gente, entre la cual se distin¬guían algunas mujeres que lloraban amargamente; entonces, vol¬viéndose a ellas, Jesús, les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque tiempo vendrá en que se dirá: ¡ Dichosas las que fueron estériles!"

Por momentos iba Jesús perdiendo la fuerza, a pesar del auxi¬lio del Cireneo, de modo que dio en tierra- dos veces más,; antes de llegar a la cumbre del Calvario.

Durante el camino, se afligió tanto una piadosa mujer, al /er el rostro de Jesús inundado de sudor y de sangre, que se acercó animosamente y enjugó su santa faz con un lienzo, en el  cual quedaron milagrosamente impresas las adorables facciones del Señor (i).

Llevaban con Jesús a dos ladrones, condenados también n ser crucificados; y así se cumplió esta profecía de la Escritura • ha sido colocado entre los malvados.

307.    Crucifixión de Jesús.--Cuando llegaron al Calvario,

fué Jesús tendido sobre la cruz, y clavados en ella sus pies y ma¬nos, según se hallaba profetizado en este pasaje: Han taladrada

(1) Aunque es desconocido el nombre de esta mujer, se la llama Verónica (vera Icón), que quiere decir: verdadera imagen, a causa flel milagro con  que  la favoreció el  Señor.

Jesús en la Cruz.

mis manos y mis pies. Levantaron luego la cruz entre las de los dos ladrones, y el Señor, en lugar de maldecir a sus verdugos, pedía gracia para ellos, diciendo: -"¡ Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen l"

Los soldados que crucificaron a Jesús se repartieron sus ves¬tidos, menos la túnica, que sortearon; para que se viese cumplida esta otra profecía: Se han repartido mis vestidos y han echado suertes sobre mi túnica. Después se sentaron allí para guardarlo.

308. Jesús en la cruz.-Agonizando el Señor en la cruz, en medio de los más crueles sufrimientos, era insultado por sus verdugos, que le decían: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz." Otros de los judíos principales añadían: "Ha salvado a otros, y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel que baje de la cruz, y creeremos en El." Los soldados y aun los ladrones que estaban con él, le prodigaban insultos parecidos.

Sin embargo, uno de los ladrones, iluminado repentinamente por la gracia, creyó en Jesucristo, y le dirigió estas palabras: "Señor, acordaos de mí cuando estéis en vuestjo reino."-"En verdad te digo, le respondió Jesús, que hoy estarás conmigo en el Paraíso."

María, madre de Jesús, María, mujer de Cleofas, María Mag¬dalena y el apóstol San Juan estaban al pie de la cruz. Viendo Jesús a su madre, que se hallaba inmediata al discípulo amado, le dijo: "Mujer, he ahí a tu hijo;" después dijo al discípulo: "Ve ahí a tu madre," (i) y desde aquel momento Juan vivió al lado de María, con el respeto que puede tener el mejor de los hijos.

309.         Últimos momentos de Jesús.-Cuando el Redentor

¡fué puesto en la cruz, era cerca de la hora sexta del día (2) y, sin

¡embargo, obscurecióse el sol durante tres horas, quedando la

tierra en las mayores tinieblas.

Hacia la hora nona, exclamó Jesús: "¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me habéis abandonado?" (3) Poco después se le oyó decir: "¡Tengo sed!" Entonces uno de los soldados puso en la punta de una caña, una esponja empapada en vinagre, y se la acercó a la boca. Sabiendo Jesús que ya nada faltaba a su sacri¬ficio, dijo: "Todo está consumado.? Por fin, levantando la voz, exclamó: "¡ Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu!", e inclinando la cabeza, expiró.

310.         Prodigios que acompañaron la muerte de Jesús.--

En aquel mismo instante, rasgóse en dos partes de arriba abajo, el velo (4) del Templo; hubo temblores de tierra, abriéndose las rocas, y resucitaron algunos muertos, que se dejaron ver en Je-rusalén.

Viendo esos prodigios, el centurión y los soldados que con lél estaban encargados de guardar a Jesucristo, quedaron aterro¬rizados, y dijeron: "Verdaderamente era este hombre el Hijo de Dios."

311.    CONSIDERACIÓN.-Así es como Jesucristo consumó la obra de

(1)           San' Juan representaba allí a todos los cristianos, según los1 Intérpretes, y en la persona de este apóstol, María nos adoptó a todoa por hijos suyos.

(2)           La hora sexta corresponde al mediodía y la hora nona a las tres de la tarde, según nuestro modo de contar.

(3)           Estas palabras de Jesús agonizante no son un grito de deses¬peración,  sino una queja amorosa- y de resignación.

(4)           Era' el velo que separaba el lugar santo del santuario o sant«' de los santos.

UN SOLDADO ABRE EL COSTADO D'E JESÚS         215

nuestra redención; así es cómo por sus trabajos,-humillaciones, padecimien¬tos y sacrificio cruento, nos reconcilió con Dios Padre, y obtuvo con sus mé¬ritos superabundantes, el perdón de nuestros pecados. ¿Quién dejará con es¬to de amar a un Salvador tan misericordioso? ¿Quién se expondrá a perder su alma si reflexiona un poco en lo que Jesucristo hizo y sufrió por salvarla?

312. Un soldado abre el costado de Jesús.-Como la ley disponía que se quitasen del suplicio, antes de caer el día, los cuerpos de los que morían en cruz, fueron los judíos a rogar a Pilato que mandase quebrar las piernas a los supliciados, para poder bajarlos inmediatamente. Al efecto, los soldados rompieron las piernas a los ladrones, mas no lo hicieron con Jesús, porque lo encontraron ya muerto; pero un soldado le abrió el costado con una lanza, y de la herida brotó sangre y agua.

Cumpliéronse con ello estas palabras de la Escritura: No rom¬peréis ninguno de sus huesos . . „ Verán al que. traspasaron..

CAPITULO U

SEPULTURA y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO APARICIONES DESPUÉS DE RESUCITADO

313. Sepultura de Jesús.-A poco de morir Jesús, se pre¬sentó a Pilato un hombre rico de Arimatea, llamado José,- para pedirle el cuerpo del Señor; y habiéndolo obtenido, lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana, y, como estaba para empezar el descanso del sábado, lo depositó allí cerca, en un sepulcro nuevo que había mandado abrir en una roca. Cerró después con una gran piedra la entrada del sepulcro y se retiró.

Reunidos al día siguiente los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, fueron a decir a Pilato: "Señor, recordamos que este impostor dijo: Resucitaré al tercer día. Mandad, pues, guardar su sepulcro; no vayan sus discípulos a llevarse el cuerpo, y des¬pués hagan creer al pueblo que ha resucitado." Contestóles Pilato: "Ya tenéis guardias; haced que lo vigilen como deseáis."

314. Resurrección de Jesucristo.-Eran necesarias todas estas precauciones para hacer innegable de todo punto el milagro de la resurrección del Salvador; y en verdad que jamás se han visto mejor secundados por la malicia humana los altos juicios de Dios.

En la madrugada del primer día de la semana resucitó Je¬sucristo por su propia virtud y poder, sin tocar la piedra que cerraba la entrada del sepulcro. En aquel instante sintióse un gran terremoto; un ángel, bajado del cielo, removió la piedra y se sentó en ella; su rostro resplandecía como el relámpago, y sus vestidos eran blancos como la nieve. Al verlo, quedaron los cen¬tinelas aterrados, y como muertos; luego cuando volvieron en sí,, huyeron despavoridos y fueron a contar a los príncipes de los sa¬cerdotes lo que acababa de suceder.

Confabulados éstos con los ancianos, entregaron a los soldaj dos una buena cantidad de dinero, encargándoles dijesen "que los

La Resurrección.

discípulos habían ido por la noche y se habían llevado el cuerpo de su maestro, mientras ellos estaban durmiendo" (i).

315. Aparición de Jesús a las santas mujeres.-Acaba¬ban de retirarse los guardias, cuando María Magdalena y otras santas mujeres fueron al sepulcro, provistas de aromas y perfu¬mes,, con objeto de embalsamar* el cuerpo de Jesús.

En el camino se decían con ansiedad y zozobra: "¿ Quién nos quitará la piedra que cierra la entrada del sepulcro?", porque aquella piedra era muy grande; mas, cuando llegaron, vieron que

(1) Esa manera de querer explicar la desaparición del cuerpo de Jesucristo no tiene ni aun visos de fundamento. En verdad, sería bien raro que los centinelas colocados para custodiar el supulcro se hubie¬sen dormido todos a la vez; pero aún admitiéndolo así, no es verosímil que los discípulos hubiesen podido llegar, hacer ©1 rapto y marchar, sin que se despertase alguno de aquéllos. Sobre todo, si los guardias dormían, ¿qué pudieron ver? y si nada vieron, ¿qué fuerza tiene su testimonio?

Un sepulcro judío.

¡estaba ya apartada. Entraron presurosas en el sepulcro, y se que¬daron consternadas al ver que ya no estaba allí el cuerpo del Señor.

Las santas mujeres en el sepulcro de Jesús.

En esto se les aparecieron dos ángeles, que les dijeron: "¿ Pa¬ra qué andáis buscando entre los muertos al que está vivo ? Jesús

no está aquí: ya resucitó, como lo tenía dicho. Daos prisa a co¬municarlo a sus discípulos."

Salieron precipitadamente del sepulcro, poseídas por una par-te, de temor, y por otra, de gozo. Cuando iban caminando hacia la ciudad, se les apareció Jesús, y ellas se echaron a sus pies y lo adoraron. "No temáis, les dijo el Señor, id a decir a mis dis¬cípulos que vayan a Galilea y que allí me verán."

Fueron las santas mujeres a contar a los apóstoles lo que ha¬bían visto y oído; pero éstos no les dieron crédito, y tomaron por ilusiones lo que ellas contaban.

316.         Jesús se aparece a dos discípulos de Emaús.-Aquel

mismo día iban dos discípulos al lugar de Emaús*, y cuando por

el camino discurrían de lo que acababa de suceder, incorporóseles

Jesús sin darse a conocer.

Preguntóles el motivo de su tristeza, que revelaban en sus semblantes, y ellos le contaron cómo Jesús Nazareno, su buen Maestro, había sido condenado a muerte. "Nosotros, añadieron, esperábamos que él libertaría al pueblo de Israel, y sin embargo han pasado ya tres días desde que sucedieron estas cosas. Cier¬to es que ha cundido entre nosotros la noticia de su resurrec¬ción, pero no sabemos a punto fijo si ese rumor es cierto."

Tomando entonces la palabra el Señor, los censuró por sil poca fe, y les declaró el sentido de algunos pasajes de la Escri¬tura.

Cuando llegaron a la entrada del lugar citado, Jesús iba a continuar su camino, pero ellos le obligaron con instancias a que¬darse en su compañía. Al tiempo de cenar, tomó Jesús el pan, lo bendijo,, partió y distribuyó. En el acto se abrieron los ojos de los discípulos, y lo reconocieron; pero el Señor desapareció de su vista, dejándolos íntimamente persuadidos de que había resu¬citado,

317.         Primera aparición de Jesús a los apóstoles. Insti¬

tución del Sacramento de la Penitencia.-En la tarde de aquel

mismo día, estando los apóstoles a la mesa, apareció Jesús en

medio de ellos, a pesar de que las puertas estaban cerradas, y les

dijo: la paz sea con vosotros, yo soy, no tengáis miedo."

Eos apóstoles se asustaron,, creyendo que era un fantasma, y el Señor continuó: "¿Por qué os asustáis? Yo mismo soy; mirad mis manos, y ved mis pies." Como a pesar de ello, los apóstoles

no se reponían de su asombro y sorpresa, les preguntó el Señor si tenían algo que comer. Presentáronle un trozo de pez asado y un panal de miel. Jesús comió de uno y otro, y distribuyó lo restante.

Dijoles de nuevo: "La paz sea con vosotros," y luego añadió: "Así como mi Padre me ha enviado a mí, yo os envío." Y des¬pués de esto sopló sobre ellos, dicicndoles: "Recibid al Espíritu Santo. Perdonados serán los pecados a aquellos a quienes los per¬donareis, y retenidos a aquellos a quienes los retuviereis."

Así es como Nuestro Señor confirió a los Apóstoles, y en ellos a todos sus sucesores, los sacerdotes legítimamente ordena¬dos, la facultad de absolver o retener los pecados.

Confesión de Santo Tomás.

318. Segunda aparición a los apóstoles. Duda y confe¬sión de Santo Tomás.-Cuando se verificó la aparición ante¬rior, no se hallaba Tomás con los otros apóstoles, y a pesar de que éstos le aseguraron que el Señor había resucitado, no lo quiso

. "Si no meto mi dedo, les decía, en los agujeros de sus 11a-creer y mi mano en su costado, no lo creeré."

Ocho días después se presentó Jesús por segunda vez en me¬dio de sus discípulos reunidos, y después de decirles: "La paz con vosotros," se dirigió a Tomás con estas palabras: "Pon aqui tu dedo, y mira mis manos; mete tu mano en mi costado, y no quieras ser incrédulo, sino fiel."-"Señor mío y Dios mío." examó el apóstol, sobrecogido de admiración y respeto. "Porque has visto, Tomás, le replicó Jesús, has creído. ¡Bienaventurados aquellos que sin haberme visto han creído!"

CAPITULO Lll

APARICIÓN DE JESÚS EN GALILEA

LA ASCENSIÓN

319.         Los apóstoles en Galilea.-Los apóstoles se marcha-

roni después de Jerusalén a Galilea, conforme a la orden que ha¬bían recibido. Allí se dejó ver de ellos el Salvador con frecuencia, durante cuarenta días, dándoles infinitas pruebas de que en rea¬lidad vivía, y les habló del reino de Dios, o sea de su Iglesia, que ellos habían de extender por todo el mundo.

320.         Tercera aparición a los apóstoles. Primacía de San

Pedro.-Entre las apariciones de que fué teatro-Galilea, cítanse

dos como principales, siendo la primera la que tuvo lugar a ori¬

llas del lago de Tiberíades.

Al clarear el alba, después de una noche en que Pedro, Juan otros discípulos habían estado trabajando sin recoger un solo pez, y cuando ya se retiraban, se les apareció Jesús por tercera paz preguntándoles desde la orilla: "¿No tenéis algo que comer?" "No," respondieron ellos. "Echad la red al lado derecho de la barca, y sacaréis," repuso el Salvador. Obedecieron, y la red que¬dó llena de peces. A vista de tal prodigio, el discípulo amado dijo a Pedro: "¡Es el Señor!" Al oírlo Pedro, saltó al mar para ga¬nar la orilla, y luego llegaron los otros discípulos con la red tan Cargada, que amenazaba romperse por su excesivo peso. Cuan-

do llegaron a tierra, vieron ya preparado el fuego y el pan; asa- . ron algunos peces, y diciéndoles Jesús: "Venid y comed" se sen¬taron y comieron pan y peces, que Jesús mismo les distribuyó.

Cuando acabaron de comer, preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, ¿me amas más que éstos?"-"Sí, ya sabéis, Señor, que os amo," respondió Pedro. "Apacienta mis corderos," le dijo Je¬sús. Dos veces más le hizo repetir esa protesta de amor, patfa reparar, sin duda, su triple negación, y después; añadió: "Apa¬cienta mis corderos, apacienta mis ovejas;" es decir, sé tú el Pas¬tor, no solamente de los fieles, sino 'también de sus pastores (i).

Con estas palabras, que constituían a Pedro en cabeza o jefe supremo del rebaño de Jesucristo, quedaba cumplida la prome¬sa que el Señor le había hecho con anterioridad, al decirle: "Tú eres Pedro: sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares sobre, la tierra, atado será en los cielos y lo que desatares en la tierra quedará, desatado en el cielo."

Esta gloriosa prerrogativa conferida a San Pedro, ha venido transmitiéndose sin interrupción a todos los Soberanos Pontífices que le han sucedido en la cátedra de Roma.

321. Aparición del Señor a una multitud de discípulos. Misión de los apóstoles.-La segunda aparición notable ocu¬rrida en Galilea se verificó en una montaña que Jesús había de¬signado de antemano, en la que se dejó ver a más de quinientos discípulos.

Al verlo, lo adoraron, pero algunos estaban todavía vacilan¬tes en la fe. Acercóseles Jesús, y habló así, dirigiéndose a los apóstoles: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, 'y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nom¬bre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a guardar todas las cosas que os he mandado. Ved que yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos." (2)

(1)           El que no reconoce a Pedro por pastor, no pertenece al rebaño de Jesucristo.

(2)           Jesucristo confirió aquí a los apóstoles y a sus sucesores ol derecho y la obligación de enseñar su doctrina, de bautizar y hacer observar sus mandamientos. Ta anteriormente les había concedido la facultad de perdonar y de retener los pecados, y en la última cena la de consagrar la Sagrada Eucaristía. En este triple ministerio de en¬señar, gobernar y santificar a los fieles, con la asistencia del Espíritu Santo, se halla resumida toda la misión de la Iglesia.

Misión de los Apóstoles.

322. Ultima aparición del Señor a los apóstoles.-Por, última vez apareció Jesucristo en medio de los apóstoles, que se hallaban reunidos en el cenáculo de Jerusalén, y les habló así: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a todos. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea se condenará . . . Los que tengan fe, obrarán milagros, lanzarán los • demonios en» mi nombre, hablarán lenguas nuevas, y darán salud a los enfer¬mos. Voy a enviaros el prometido de mi Padre. Permaneced aquí hasta que seáis fortalecidos con la fuerza de lo alto, pues reci¬biréis la virtud del Espíritu Santo y daréis testimonio de mí en jerusalén, Judea, Samaría y hasta en las extremidades de la tierra."

323. Ascensión.-Después de haber así hablado el Señor a sus apóstoles, se fué con ellos al monte Olívete. Llegados allí, alzó sus divinas manos para darles su bendición, y a la vez que lo hacía, subió al cielo y desapareció.

LA ASCENSIÓN

Estaban los apóstoles con los ojos fijos en el punto por. don
de.lo habían visto subir, cuando se les aparecieron dos ángel
vestidos de blanco, que les dijeron: "Varones de Galilea, ¿p
qué estáis mirando a lo alto? Ese Jesús que acaba de separa
se de vosotros, ha subido al cielo, y bajará de la misma manera
que lo habéis visto elevarse." Y los apóstoles adoraron al Señor!
y se volvieron a Jerusalén.

La Ascensión.

324.   CONSIDERACIÓN.-La vida del Salvador nos presenta un  ci dro completo de lo que constituye esencialmente la vida humana en este mi do, a saber: el trabajo, la aflicción y la prueba en sus diversas formas. . espectáculo de su triunfante ascensión debe avivar nuestro espíritu y reanu mar nuestra esperanza, mostrándonos la refulgejite corona de gloria que i tá reservada a los que, como El, salgan victoriosos de los combates de ña voda RECAPITULACIÓN SIGNIFICADO DE VOCABLOS.-l. ¿Qué significa Hra? calvario? -Cenáculo?-2.   Dése la definición de cada una de las horas  siguientes' recación, pretorio, embalsamar.

-Cenáculo?-2.   Dése la ücimuuon ^ TM - aborda, imprecación, pretorio, embalsamar.

RECAPITULACIÓN

GEOGRAFÍA.-3. Indíquese la situación de los lugares siguientes: el Cenáculo, el torrente de Cedrón, el huerto de Getsemaní, el monte Calvario8 el monte Olívete o de los Olivos, la aldea de Emaús.

HISTORIA.-4. Relátese la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalem ■-5. ¿Cuándo fué instituido el Santísimo Sacramento de la Eucaristía?-6. Refiérase cómo el traidor Judas entregó en manos de los judíos a su divino Maestro.-7. Relate Ud. las negaciones de San Pedro.-8. La crucifixión y muerte de Jesús.-9. Hágase un resumen de la historia de la pasión de Nues¬tro Señor, desde su prisión hasta que expiró en la cruz.-10. Diga Ud. lo que sepa de la resurrección de Jesucristo.-11, Cuéntenos su aparición a dos dis cípulos de Emaús.-12. Cuándo y cómo instituyó Jesucristo el Sacramento de la Penitencia.-13. Refiérase la aparición del Señor en el lago de Tibería des.-14. Resúmase la historia de las apariciones de Jesucristo.-15. Descrí¬base su gloriosa Ascensión.-16. ¿Cuáles son los hechos principales de la vid* pública del Salvador?

MORAL.-17. Recuérdese lo que hizo Jesús con los profanadores deí Templo y dedúzcase lo que quiso enseñarnos con ello.-18. ¿Qué debemos «prender de la caída de San Pedro?-19» ¿Qué piensa Ud de la conduct» de Pilato con relación a Jesucristo?-20. ¿Qué reflexiones sugiere lo hist Soria de la pasión y muerte de Nuestro Señor?,

HISTORIA DE LA IGLESIA

PRIMERA ÉPOCA

PRINCIPIOS DEL CRISTIANISMO Y PERSECUCIONES

DESDE  LA  ASCENSIÓN"  DE   JESUCRISTO HA.STA

EL EDICTO  DE   MILÁN

Años 34 a 313

CAPITULO Lili PENTECOSTÉS.-PRINCIPIO DE LA IGLESIA

325.   Lo que es la Iglesia católica, apostólica, romana.-

La Iglesia católica, apostólica, romana es la congregación de los fieles que profesan en toda su pureza la doctrina de Jesucristo y reconocen la autoridad de sus pastores legítimos. La Iglesia tie¬ne una cabeza invisible, que es Jesucristo, su fundador, y una ca¬beza visible, que es el Papa.

El Papa es el sucesor de San Pedro, y, como éste, obispo de Roma, vicario de Jesucristo y padre común de los obispos y de los fieles.

Jesucristo nombró a San Pedro cabeza y jefe supremo de la Iglesia, cuando, después de haberle exigido por tres veces el tes¬timonio público de su amor^ le dijo: Apacienta mis corderos, apa¬cienta mis ovejas.

Los obispos son los sucesores de los apóstoles, y tienen a su cargo el gobierno espiritual de sus diócesis* respectivas.

PRINCIPIOS DEL CRISTIANISMO

Jesucristo instituyó a los apóstoles pastores de su Iglesia, cuando les dijo: id pues, y enseñad a todas las gentes, bautizán¬dolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todas las cosas que yo os he mandado.

Venida del Espíritu Santo.

Los curas y vicarios son los cooperadores de los obispos, y encargados de la dirección espiritual de las parroquias, con sujeción a la autoridad superior de aquéllos.

326. Venida del Espíritu Santo.-Después de la Ascen¬sión del Señor, los apóstoles se volvieron a Jerusalén y se ence¬rraron en el Cenáculo con la Santísima Virgen y cierto número de discípulos. Luego eligieron a San Matías para reemplazar a Judas Iscariote, y allí, en la oración y el retiro, esperaron el cum¬plimiento de las promesas divinas.

El día de Pentecostés, décimo después del de la Ascensión, cuando los discípulos del Señor estaban reunidos, se oyó de re¬pente un gran ruido, como de un viento impetuoso que venía del cielo, y llenó toda la casa donde se albergaban.   Al mismo tiempo,

PRIMERA PREDICACIÓN DE SAN PEDRO 229

aparecieron unas como lenguas de fuego, que reposaron sobre la cabeza de cada uno de los apóstoles, los cuales, llenos desde entonces del Espíritu Santo, comenzaron a alabar a Dios en di¬versas lenguas.

Primer discurso de San Pedro.

327.    Primera predicación de San Pedro.-Con motivo de las fiestas de Pentecostés habían acudido a Jerusalén muchos ju-

dios de diferentes naciones y países (i) ; y cuando oyeron referir lo sucedido en el Cenáculo, marcharon allá en masa, y se que-1 daron atónitos al observar que cada cual oía a los apóstoles ha¬blar en su respectivo idioma. Tomando entonces Pedro la pala¬bra, les hizo ver que el prodigio de que eran testigos, había sido anunciado por los profetas; les recordó, además, los infinitos milagros con que Jesucristo había probado su divinidad, y por

(1) De no existir impedimento, los judíos tenían obligación de asis¬tir al Templo de Jerusalén en tres épocas del año, que eran las fies¬tas de Pascua, de Pentecostés y de los Tabernáculos.

PRINCIPIOS DEL CRISTIANISMO

MILAGROS DE LOS APOSTÓLES 231

fin añadió: "Sepa todo Israel que ese Jesús que habéis cruci¬ficado, es el Cristo que ha resucitado de entre los muertos."

Muchos de los oyentes, arrepentidos de corazón, dijeron a Pedro: ¿ Qué es lo que debemos hacer ? Contestóles el apóstol: ''Haced penitencia, y sea bautizado en el nombre de Jesucristo todo el que quiera obtener la remisión de sus pecados y los dones del Espíritu Santo."

Cerca de tres mil personas creyeron en las palabras de San Pedro, y entonces empezó a existir la Iglesia de Jesucristo.

.San Pedro cura al paralítico -de nacimiento.

328. Vida de los primeros fieles.-No hay cosa más dig¬na de admiración que la vida de los primeros fieles. No sólo eran muy perseverantes en la doctrina de los apóstoles, asiduos en la comunión eucarística y en la oración, sino que vivían es¬trechamente unidos por la caridad, pues todo era común entre ellos. En efecto, los que poseían bienes los vendían, y entrega¬ban a los Apóstoles su importe, para que los distribuyeran según

las necesidades de cada uno, y así se hicieron acreedores a las bendiciones de todos.

329. Milagros de los apóstoles.-Numerosos milagros vi¬nieron después a confirmar la misión que el Señor había confe¬rido a los apóstoles, e hicieron aumentar el número de los fieles de una manera considerable. Un milagro de los más notables fué el siguiente:

Subiendo cierto día al Templo Pedro y Juan para la oración de nona, encontraron sentado en la puerta a un hombre, que des¬de su nacimiento estaba baldado de las piernas; y observando éste que los dos apóstoles se habían fijado en él, se quedó mi¬rándolos él también con la esperanza de recibir una limosna. En¬tonces Pedro le habló así: "Ño tengo oro ni plata; pero te daré !o que tengo. ¡En nombre de Jesús Nazareno, levántate y an¬da!" Tendióle la mano para ayudarle a enderezarse; y en el acto se le consolidaron las piernas de tal modo que, saltando de alegría, entró en el Templo a bendecir a Díos.

Maravillado el pueblo, que presenció tal prodigio, agrupóse alrededor de los apóstoles, y Pedro aprovechó esta ocasión para darles a conocer la doctrina de Jesucristo, y lo hizo con tan bri¬llante resultado, que se convirtieron a la fe cinco mil personas de las que escuchaban.

330. Los apóstoles perseguidos.-Los príncipes de los sa¬cerdotes quedaron sorprendidos al enterarse de aquellas nume¬rosas conversiones, y obligaron a los apóstoles a comparecer an¬te el Sanedrín, el cual les prohibió, hasta con amenazas, que hablasen de Jesucristo; pero los apóstoles les respondieron: "Juzgad vosotros mismos si sería justo que obedeciésemos a vos¬otros antes que a Dios;" y se retiraron. Algún tiempo después tos- metieron en la cárcel; mas ^durante la noche los sacó de ella un ángel del Señor. Cada vez más irritados los sacerdotes, vien¬do la inutilidad de sus esfuerzos, se reunieron para tratar de ha¬cer morir a los apóstoles, y sólo se opuso a ello un doctor de la ley, llamado Gamálieí, que les habló en estos términos. "Dejad a esa gente; si su empresa viene de los hombres, se desvanecerá por sí misma; si, por lo contrario, viene de Dios, no podréis des¬truirla." Contentáronse pues, con castigar a los apóstoles hacién¬dolos azotar; y éstos, llenos de gozo y alegría por haber sufrido esa afrenta por Jesucristo, marcharon repitiendo que de ningún

PRINCIPIOS DEL CRISTIANISMO

MARTIRIO DE SAN ESTEBAN      233

modo podrían impedirles "que obedeciesen a Dios antes que a los hombres,"

331.         CONSIDERACIÓN.--Así, a ejemplo de los Apóstoles, nunca de¬

bemos nosotros tener en cuenta los respetos humanos, ni las amenazas de los

pialost sino profesar, nuestra fe con valentía y sin timidez.

CAPITULO LIV

PRIMERAS PERSECUCIONES EN JERUSALEN

CONVERSIÓN DE SAULO

332.         Martirio de San Esteban. - Como por el número

Siempre creciente de fieles, no bastaban ya los Apóstoles para aten¬

der a todas las necesidades de la Iglesia, eligieron, como auxilia¬

res, siete ministros inferiores, llamados diáconos.

El primero de éstos era Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, que obraba grandes prodigios entre el pueblo. Quisieron los judíos discutir con él; pero no pudieron replicar a sus argumentos, ni resistir a la sabiduría divina que salía de su boca. Recurrieron entonces a la calumnia y algunos testigos falsos depusieron que Esteban había blasfemado contra Dios y contra Moisés.

Llevado ante el Sanedrín, el santo diácono confundió a sus acusadores, e increpó viva y duramente a los judíos, por su in¬credulidad y terca resistencia a las excitaciones del Espíritu San¬to. Mientras estaba hablando, su rostro resplandecía como el de un ángel, y exclamó: "Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hom¬bre sentado a la diestra de Dios." Al oír esto, los judíos se ta¬paron los oídos, lanzando gritos de horror, como si hubieran oído una blasfemia; y luego se arrojaron furiosos contra Esteban y le arrastraron fuera de la ciudad para apedrearlo.

Durante su martirio, oraba San Esteban diciendo: "Jesús, Señor mío, recibid mi espíritu." Poniéndose luego de rodillas, exclamó: "¡Dios mío, no les imputéis este pecado!", y se durmió dulcemente en el Señor.   (Año 34).

333.    Persecución en Jerusalén.-La muerte de San Este-

ban fué la señal de una violenta persecución contra la Iglesia de •Jerusalén. Todos los fieles, excepto los apóstoles, huyeron por la; Judea y la Samaría, pero al pasar de irnos pueblos a otros, anun¬ciaban la palabra de Dios por todas partes. El diácono Felipe predicó el Evangelio en Samaría con resultado maravilloso, con-virtiendo, entre otros, al tesorero de la reina de Etiopía.

334. Conversión de San Pablo.-Entre los muchos que por entonces perseguían en Jerusalén a los discípulos de Jesucris¬to, ninguno parecía hacerlo con mayor odio y encarnizamiento que un joven fariseo llamado Saulo, originario de Tarso de Ci-cilia. Inspirado de un falso celo por la ley de Moisés, cometía contra los fieles toda clase de violencias.

Habiendo sabido que en Damasco habían abrazado la reli¬gión cristiana algunos judíos, se presentó Saulo al sumo sacer¬dote, pidiéndole autorización para prender a tales prevaricadores

y llevarlos encadenados a Jerusalén.   Concedido lo que solicitaba, marchó para Damasco al frente de algunos jinetes armados.

Aproximábase ya a la ciudad, cuando repentinamente se vio rodeado de un resplandor celeste que le hizo caer en tierra des¬vanecido* y oyó una voz que decía: "Saulo, Saulo, ¿ por qué me persigues?"-"¿Quién sois vos, Señor?" respondió Saulo; y la voz replicó:  "Yo soy Jesús, a quien tú persigues."-"Señor, ¿qué

queréis que haga?" repuso Saulo trémulo y confuso. "Levántate, le dijo el Señor, y entra en la ciudad; allí se te dirá lo que debes hacer." Levantóse Saulo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada, de modo que sus compañeros tuvieron que guiarlo de la mano hasta Damasco, donde pasó tres días sin comer ni be-

Al cabo de ese tiempo, se le presentó un discípulo de Jesús, llamado Ananías, que le habló en estos términos: "Saulo, her¬mano mío, el Señor Jesús, que se te ha aparecido en el camino, me envía para que recobres la vista, y quedes lleno del Espíritu

CONVERSIÓN DEL CENTURIÓN CORNEUO              235

Santo." Después Ananías le impuso las manos, y se vio caer de los ojos de Saulo una especie de escamas, con lo cual recobró la vista.   Luego se levantó, pidió el bautismo y lo recibió.   (Año

Profundamente agradecido a Dios, comenzó Saulo muy pron¬to a predicar en las sinagogas de Damasco, disputando con los judíos y probándoles, con la autoridad de la Escritura, unida a la de los milagros, que Jesucristo era el verdadero Mesías anun¬ciado por los profetas, y el Redentor del género humano.

Transcurridos tres años, volvió Saulo a Jerusalén para ver a Pedro, y le contó los prodigios que Dios había obrado con él, Después se ocupó principalmente en la conversión de los genti¬les*, y por ello se le llama el Apóstol de las gentes o el Doctor de las naciones.

335. Conversión del centurión Cornelio.-El primero que abrazó la fe entre los gentiles fué un centurión llamado Cornelio, habitante en Cesárea de Palestina hombre temeroso de Dios y que daba muchas limosnas.

Hallándose un día en oración, díjole el ángel del Señor: "Cor¬nelio, tus oraciones y limosnas han subido hasta el cielo, y Dios se ha acordado de ti. Manda buscar a un tal Pedro, que está en Jope, y él te enseñará lo que debes hacer para salvarte."

En seguida llamó el centurión a tres de sus soldados y los envio a Jope, Cuando estaban ya cerca de la ciudad, Dios mani¬festó a Pedro, en una visión, que los gentiles estaban llamados, lo mismo que los judíos, a la gracia del bautismo; por esto cuando fes enviados de Cornelio se le presentaron, el Apóstol no puso ningún reparo en ir con ellos a Cesárea.

Recibióle Cornelio rodeado de parientes y amigos y con de¬mostraciones del mayor respeto. Después de haberle contado su vision; le suplicó le dijese lo que el Señor quería darle a conocer. Comenzó Pedro a explicarle la vida y doctrina de Jesucristo, y mientras estaba hablando, bajó el Espíritu Santo de una manera visible sobre todos los que escuchaban al Apóstol y les comunicó el don de lenguas. Entonces dijo Pedro: "¿Puede negarse el bautismo a los que han recibido al Espíritu Santo igualmente que nosotros?" Y ordenó Pedro que fuesen bautizados en el nombre Jesucristo.- Estos fueron los primeros gentiles convertidos. l(Año 39).

CAPITULO LV LOS APOSTÓLES SE DISPERSAN POR EL MUNDO

336.         Motivo de la dispersión.-Hasta entonces no se ha^ feía anunciado el Evangelio más que en Judea y Samaria; pera-para obedecer los apóstoles la orden de su Divino Maestro, "Id y enseñad a todas las naciones," resolvieron dispersarse por las diferentes provincias del imperio romano, y llevar la buena nue¬va a las comarcas más remotas de la tierra.

337.         Credo.-A fin de que las verdades principales de la religión cristiana fueran enseñadas de la misma manera en todas partes, reuniéronse los apóstoles, antes de su separación, y redac¬taron un breve resumen que las contuviera todas, y es el mismo que ha llegado hasta nosotros con el nombre de Credo o Simbo' lo de los Apóstoles.

338.         Apostolado de San Pedro.-Después de haber per¬manecido unos tres años en Jerusalen, San Pedro trasladó su residencia a Antioquía, capital de Siria y metrópoli* de todo el Oriente (año 36). Desde allí dirigía el movimiento creciente de la fe, la anunciaba por sí mismo en las comarcas vecinas, y fun¬dó, según se cree, las primeras Iglesias del Asia Menor.

Por aquel tiempo era rey de Judea Herodes Agripa*, el cual, para complacer a los judíos, comenzó a perseguir la Iglesia: hizo decapitar* al apóstol Santiago, hermano de Juan, y, sabiendo lue¬go que San Pedro estaba de paso en Jerusalen, lo hizo prender y lo condenó a muerte. Los fieles elevaban sus oraciones al cielos rogando por la libertad de su augusto jefe; y en la noche prece¬dente al día señalado para la ejecución, aparecióse a San Pedro un- ángel, que rompió sus cadenas y le abrió las puertas de la prisión, dejando así burlados los propósitos de Herodes y las es¬peranzas de los judíos enemigos de Cristo.

339.         San Pedro en Roma.-El año 42 de nuestra Era, San

Pedro trasladó su Sede de Antioquía a Roma, que era la capital

Un ángel saca a San Pedro de la prisión.

del mundo antiguo, y fué desde entonces el centro del mundo cristiano.

En seguida se puso en relación con la importante colonia de judíos instalada en el barrio del Transtíber, y su predicación, se¬cundada por la gracia, produjo muy prontamente abundantes fru¬tos. Con ello penetró rápidamente el cristianismo en todas las cla¬ses sociales de Roma, y reclutó millares de fieles.

Desde que empezó a- formarse la sociedad cristiana, hizo San I 'edro compilar sus instrucciones diarias y encargó a su discípulo Marcos la redacción de un Evangelio, que fué escrito, como los demás, bajo la inspiración del Espíritu Santo. (Véase p. 9).

Habían transcurrido apenas cinco años, cuando ya la impor¬tancia de la Iglesia de Roma inspiró a los gobernantes grandes recelos, que se tradujeron en disposiciones tan rigurosas como el edicto del emperador Claudio, por el que se desterraba de la ca¬pital a todos los judíos, con los cuales fueron incluidos los cris-dimos.

San Pedro, ya por sí mismo,, ya por medio de misioneros que envió, dio a conocer el Evangelio en las principales ciudades de

Italia, España, las Galias y Bretaña; San Marcos había ido a (fundar la Iglesia de Alejandría*, y desde allí sé extendió la fe a toda la parte Norte de África.

340. Apostolado de San Pablo.-Después de haber predi¬cado el Evangelio por algún tiempo en Tarso, su patria, Saulo, que de perseguidor se había transformado en apóstol, se fué a ÍAntioquía de Siria, donde, auxiliado por su abnegado discípulo ^Bernabé, hizo infinitas conversiones. En esta ciudad se dio por primera vez el nombre de cristianos a los discípulos de Jesucristo.

Poco después recibió Saulo la imposición de manos para ir a predicar el Evangelio a los gentiles. Habiéndose embarcado con Bernabé, pasó primeramente a la isla de Chipre*, y en Pafos con¬virtió al procónsul Sergio Paulo, del cual tomó el nombre de Pa¬blo, imitando, dice San Jerónimo, a los romanos triunfadores que tomaban el nombre de las provincias que conquistaban. (Año 45).

Desde Pafos se hicieron a la vela Pablo y Bernabé, dirigién¬dose1 al Asia Menor, y recorrieron sucesivamente Pergá,; Antio¬quía de Pisidia, Iconia y Listra.   En esta última población, cuan-

do Pablo estaba predicando a la multitud, vio a un hombre com¬pletamente baldado, que le escuchaba con la mayor atención; no¬tando su gran fe, le dijo: "Levántate, y mantente derecho sobre tus pies." Y al instante se levantó y echó a- andar, con sorpresa de todos los espectadores, que exclamaron: "¡ Han bajado a nos¬otros los dioses en forma humana!" Como aquellas gentes eran idólatras, quisieron expresar su respeto y veneración a los após¬toles ofreciéndoles sacrificios, pero éstos se opusieron a ello enér¬gicamente.

Pablo y su compañero se volvieron después a Antioquía de Siria, donde se había suscitado entre los discípulos una grave discordia, relativamente a la observancia de la ley mosaica; por¬que mientras unos sostenían que debían quedar sujetos a ella los paganos que abrazaban la fe, otros opinaban lo contrario. Para terminar esas diferencias, acordóse que Pablo y Bernabé fueran a consultar con los apóstoles Pedro, Santiago el Menor y Juan, que a la sazón se hallaban en Jerusalén.   (Año 50).

Reunióse un concilio* en esta última ciudad para el examen de tan arduo asunto; y concluida la discusión, tomó la palabra Pedro, que presidía como cabeza de la Iglesia, y decretó que no se obligase a los paganos convertidos a que observasen la ley de Moisés; pero sí a que se abstuvieran de comer carnes que hubie¬sen servido de ofrendas a los ídolos, y a que abandonasen tam¬bién las prácticas impuras del paganismo.

De regreso a Antioquía, Pablo tardó poco en emprender otra nueva expedición,, tomando consigo a Lucas, Silas y Timoteo, y

recorriendo con ellos el Asia Menor, Macedonia y Grecia. En Ate¬nas*, presentóse ante el Areópago*, dejándolo asombrado con un admirable discurso que comenzó con estas palabras: "Atenienses: al mirar las estatuas de vuestros dioses, he visto un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido. Ese dios que adoráis sin co¬nocerlo, es el Dios que yo vengo a anunciaros." Muchos de los oyentes creyeron en Jesucristo, contándose entre ellos San Dio¬nisio Areopagita, que fué más tarde obispo de Atenas (Año 52)p y apóstol de París.

San Pablo ante el Areópago.

Antes de salir de Grecia, quiso Pablo llevar también la fe a la. importantísima ciudad de Corinto*, después de lo cual volvió a> 1 Asia y se detuvo en Efeso, que por su famoso templo de Diana era como una ciudad santa del paganismo griego.   No se arredró^ por; ello el apóstol de. Jesucristo, sino que emprendió animosa-mente su obra, y concluyó por conseguir que los de Efeso abrie- . sen los ojos a la luz de la verdad.  Encargó a su discípulo Timo¬teo el cuidado de esta nueva Iglesia, y se embarcó para Jerusalén^, j recorriendo antes nuevamente Macedonia y Grecia.   (Año 58)- ]

Exasperados los judíos al ver el resultado que entre los gen¬tiles producía la predicación del apóstol, tomaron la resolución de hacerlo morir. Para ello, el populacho se apoderó de él cuando estaba orando en el Templo, lo obligó a comparecer ante el tribu¬no* Lisias y quedó Pablo encarcelado por dos años en Cesárea. Viendo entonces que iba a ser puesto en manos de los judíos, porque el gobernador trataba de contentarlos, el apóstol hizo valer su calidad de ciudadano romano y apeló al César. Por esta cir¬cunstancia fué enviado a Roma, llegando allá el año 61 de la era cristiana, después de una larga y penosa travesía.

Dos años pasó San Pablo en la ciudad eterna al lado del Prín¬cipe de los apóstoles. Pero aun hallándose encadenado, no cesó de predicar la religión de Jesucristo, ganando discípulos hasta en el palacio <le los emperadores. Habiendo recobrado después su libertad, fué a evangelizar el mediodía de las Galias y parte de España, de donde volvió a visitar las Iglesias que había fundado en Oriente.

341.         Misión de los otros apósto!es.-r-Sábese por tradición

que San Andrés, después de haber llevado la fe a Escitia*, ter¬

minó gloriosamente su vida crucificado en Patras, ciudad de Gre¬

cia ; que Santo Tomás predicó la doctrina de Jesucristo en la In¬

dia*, San Mateo en Persia*, San Felipe en la parte alta de Asía,

San Bartolomé en la India y Armenia Mayor, y que Santiago el

Mayor evangelizó la Judea y España, encontrando por fin la co¬

rona del martirio en Jerusalén, durante la persecución de Hero-

des Agripa.

San Simón predicó el Evangelio en Mesopotamia, San Judas Tadeo en Arabia y San Matías en Etiopía; Santiago el Menor se quedó en la ciudad de Jerusalén, de la que fué el primer obispo., Por fin, San Juan Evangelista enseñó principalmente a los pue¬blos del Asia Menor, y fijó su residencia habitual en Efeso, don¬de fué obispo después de la muerte de San Timoteo. Así fué como, en menos de treinta años desde la primera predicación de. San Pedro en el Cenáculo, el Dios verdadero llegó a tener adora¬dores en todas las regiones de la tierra.

342.         Últimos años de la vida de María.-Con motivo de

la persecución que siguió al martirio de San Esteban, María San-

lísima tuvo que salir de Jerusalén, aunque tardó poco en volver

a una ciudad que encerraba recuerdos tan gratos para su cora-

Muerte de la Santísima Virgen.

zón. En ella pasó los últimos años de su vida mortal, consagrada a la oración, a la visita de los lugares santificados por la pasión de su Divino Hijo, a la instrucción de los fieles y aun de los mis¬mos apóstoles, que recurrían a ella en todas las dificultades y re¬cibían sus consejos como oráculos sagrados.

En esa misma ciudad, hacia el año 54, murió a los setenta y dos de edad, según opinión general, después de haber dado su úl¬tima bendición a los apóstoles, que milagrosamente se habían re¬unido en torno suyo en aquella hora suprema. Fué sepultada con grandes muestras de honor y distinción en el valle de Josafat*, donde todavía se ve y se venera su sepulcro.

Según tradición antiquísima, robustecida con las más sólidas pruebas, María resucitó gloriosa a los tres días de su dichoso tránsito, y fué llevada a los cielos en cuerpo y alma.

Esto es lo que se recuerda en la solemnísima fiesta que la Iglesia celebra el día 15 de agosto con el título de La Asunción de la Santísima Virgen.

‘               RUINA DEL PUEBLO JUDIO           243

CAPITULO LVI RUINA DEL PUEBLO JUDIO

343.         Rebelión de los judíos.-Desde la muerte de Jesucris¬to caminaba Jerusalén a su ruina de una manera visible y rápida» El año 66 de nuestra Era, los judíos, exasperados por las gran¬des exacciones de sus gobernadores y seducidos por falsos pro¬fetas, se rebelaron por todas partes, ciegos de furor.

344.         Sitio de Jerusalén.-Enviado contra ellos el general Vespasiano, invadió la Judea y se apoderó de todas las plazas fuertes. Cuando más tarde fué proclamado emperador, le reem¬plazó en el mando del ejército romano su hijo Tito, que asestó los últimos golpes a los sublevados, rodeando de trincheras la ciu¬dad de Jerusalén, y estrechándola de la manera predicha por el Salvador. Era esto por el tiempo de la Pascua, de modo que gran número de peregrinos quedaron encerrados en la ciudad y contri¬buyeron a que se consumieran pronto los víveres.. El hambre y la peste vinieron después a unirse a los estragos de la guerra y .al furor de los beligerantes.

En cuatro meses ganó Tito, uno tras otro, todos los reductos, pudiendo así atacar el Templo, donde se parapetaron los últimos ■defensores de Jerusalén. Para obligarlos a rendirse, mandó pe¬gar fuego a las puertas, recomendando, sin embargo, que respe¬tasen el edificio; pero, según Josefo, historiador judío, un sol¬dado romano, impelido por inspiración divina, tomó un leño ar¬diendo, y encaramándose en hombros de sus compañeros, lo echó por una ventana a una estancia contigua al Templo. Corrióse el fuego en seguida y consumió rápidamente el edificio, a pesar de los esfuerzos que se hicieron para cortar el incendio.

Dueños ya de la ciudad, los romanos se entregaron al saqueo y lo llevaron todo a sangre y fuego. En ese desastroso sitio mu¬rieron un millón cien mil judíos, y cerca de otros cien mil fueron vendidos como esclavos, y dispersados por todas las provincias del imperio romano.

El mismo Josefo, testigo ocular de la ruina de su patria, es¬cribió:   “No ha habido desde el principio del mundo pueblo al-

guno que haya presenciado tantos crímenes, ni ciudad que haya pasado por sufrimientos semejantes.”

Los cristianos de Jerusalén, conocedores de las predicciones de Jesucristo, se libraron de aquel desastre, retirándose oportuna¬mente, con su obispo San Simeón, al pueblecito de Pella, situado en la montaña, a la otra parte del Jordán.

345.         Ultima sublevación de los judíos. Su dispersión.-

A pesar de tantas y tan grandes calamidades, el pueblo judío se¬guía esperando al Mesías, su libertador y conquistador. Creyen¬do haberlo recibido, por fin, en la persona de un impostor llama¬do Barcoquebas (hijo de la estrella), sublevóse por última vez reinando el emperador Adriano.

Roma castigó esta rebelión con una matanza espantosa y una devastación tan formidable, que el país quedó convertido en un desierto, siendo vendidos como esclavos sus últimos habitantes.

346.         CONSIDERACIÓN.-Así acabó el pueblo judío, como nación, pa¬

ra no tener en lo sucesivo ni patria ni rey, y arrastrar por todos los países’

su vergüenza y su reprobación. Ya no vivirá más .que de nombre, y aún ese

nombre será por doquiera objeto de odio y de desprecio; pero ese pueblo,

extranjero en todas partes, continuará sin embargo, sirviendo de testigo -y

guardián de la Biblia, hasta que, creyendo en AQUEL que sus padres cruci¬

ficaron, ponga fin a la conversión del mundo y anuncie la consumación de los

siglos.

347.   Palestina después de la dispersión de los judíos.->

Palestina quedó bajo la dominación romana hasta principios del siglo séptimo. Conquistada el año 636 por los árabes, sectarios de Mahoma*, tuvo que sufrir durante 400 años una domina¬ción más o menos dura, según el carácter de los Califas* que des¬de Bagdad o desde el Cairo regían sus destinos.

En el siglo undécimo, los turcos, que bajaron de las alturas del Asia central, se apoderaron de Jerusalén, profanaron los santos lugares y cubrieron la ciudad de cadáveres (1076). Bajo su fe¬roz dominación se aumentaron los sufrimientos de los cristia¬nos de Oriente, y sólo con mil riesgos y a través de mil peligros, podía hacerse la peregrinación a Tierra Santa.,’ Estos inconve¬nientes dieron origen a las expediciones religiosas, conocidas con el nombre de Cruzadas*, que produjeron, entre otros resultados, la fundación de un reino cristiano en Palestina  (1099).   Des-

graciadamente esa conquista sólo fué pasajera, porque el nuevo reino quedó destruido en 1187 por Saladino, Sultán de Egipto, y Jerusalén pasó de nuevo a poder de los infieles,, siendo capital de una provincia del imperio otomano’, hasta el año 1918. (1)

CAPITULO LVIl PERSECUCIONES DE LA IGLESIA

348.         Causas de las persecuciones.-La Iglesia de Jesu=

cristo, que es en el mundo el órgano sobrenatural de la verdad^,

tiene que ser, como ésta, objeto continuo de contradicciones y de

pruebas. Sin embargo, nunca ha sido la persecución contra ella

tan violenta ni tan general como en los tres primeros siglos; ya

que en este primer período de su existencia parece que’ se auna-’

ron todas las fuerzas del imperio romano para atajar los progre¬

sos del Evangelio.

Las medidas de rigor de que fueron objeto los cristianos en esos tiempos de persecución, no procedían siempre de las mismas causas: unas veces se-les castigaba en virtud de las leyes que prohibían toda religión que no fuese la del Estado; otras se apa–, rentaba confundirlos con los judíos, cuya destrucción procuraba Rema, y con más frecuencia fueron víctimas de atroces calumnias que los paganos, y especialmente los sacerdotes de los ídolos, pro-palaban contra ellos.

Por lo demás, no hubo género de violencia a que no se acudie¬se para doblegar la constancia de los primeros cristianos: unos eran desterrados; otros hundidos en obscuros calabozos; aquí se les despojaba de sus bienes, y allá se les quitaba la vida con los más crueles tormentos. Algunos hubo que fueron condenados 3 trabajar en los pozos de las minas como miserables esclavos.

349,         Las catacumbas.-Para ponerse a cubierto, en lo po¬

sible, de los peligros que amenazaban la fe, se refugiaban los fie-

(1) En esta focha empezóla formarse, bajo la interesada tutela de Inglaterra, el llamado “Estado Libre de Palestina”, acudiendo de” di¬versas partes del mundo, a vivir en la (tierra de sus antepasados, no pocos judíos menesterosos, ayudados por opulentos correligionarios su¬yos. En porvenir no lejano se verá en qué pare ese ensayo de restau¬racion, que ha causado ya graves perturbaciones en aquel país.

les de Roma en unas vastísimas excavaciones subterráneas, si¬tuadas cerca de la ciudad y conocidas con el nombre de catacum¬bas*. En esos lóbregos sitios tenían que reunirse para celebrar los santos misterios de nuestra Religión, y allí iban sus restos a descansar después de la muerte. En esos venerados lugares se en¬cuentran aún hoy día preciosos vestigios del primitivo arte cris¬tiano, y el más irrecusable testimonio de que la fe de hoy es la misma que la de diez y nueve siglos ha.

Cuéntanse comúnmente diez persecuciones generales, que se

llaman así porque, decretadas y autorizadas por los emperadores

romanos, se hacían extensivas a la mayor parte de los países que

estaban bajo su dominio..  ,

Incendio de Roma por Nerón.

350. Primera persecución, en tiempo de Nerón.-(Año 64).-La primera persecución contra la Iglesia fué suscitada por el emperador Nerón, apellidado en la historia el verdugo de

la humanidad.

Para procurarse el espectáculo de un inmenso incendio, hizo prender fuego a Roma por sus cuatro lados; mas, conociendo que era necesario desviar las sospechas que recaían sobre él, acusó a

PRIMERA PERSECUCIÓN •             247

los cristianos de ser los autores de esa atrocidad,; y les impuso los más terribles castigos. Desde la capital se comunicó rápidamente la persecución a las provincias, y corrieron arroyos de sangre cristiana.

Poniendo en práctica un refinamiento de crueldad, descono¬cido hasta entonces, cubrían a unos con pieles de animales para entregarlos a perros hambrientos; vestían a otros con sacos em¬badurnados dé pez y azufre, colgándolos después en postes, don¬de les prendían fuego, y alumbraban así por la noche los jardines del emperador. Dábanse en éstos, para diversión del público, ca¬rreras nocturnas, habiéndose visto al mismo Nerón tomar parte en ellas y guiar su carro al resplandor de tan horribles antor¬chas.

351. Mártires principales.-Los mártires más notables de la persecución de Nerón, fueron los apóstoles San Pedro y San Pablo.

Hallábase este último en Orinete cuando estalló la tormenta, y se apresuró a ir a Roma, donde en unión de San Pedro, se multiplicaba para sostener el ánimo de los fieles. Reducido a pri¬sión, tuvo que comparecer ante Nerón, y fué encerrado en un hediondo calabozo de la cárcel Mamertina.

Cediendo San Pedro a las reiteradas instancias de los fieles, consintió en evadirse y burlar las diligencias que el tirano hacía para prenderle. Cuando estaba ya fuera de las puertas de la ciu¬dad, encontró a Jesucristo que llevaba la cruz, y sorprendido Pe¬dro, le preguntó: “¿ A dónde vais, Señor ?”-”A Roma, para ser crucificado de nuevo,” le contestó Jesús. Comprendióle luego el apóstol, y volviendo a la ciudad, esperó el martirio; y no tardó mucho en ir a juntarse con San Pablo en la prisión.

Pero aun encadenados como estaban los dos apóstoles, no de¬jaban de trabajar por la salvación de las almas. Sus carceleros Proceso y Martiniano creyeron en Jesucristo, y fueron bautiza¬dos con el agua que San Pedro hizo brotar milagrosamente en un rincón del calabozo.

Llegó por fin el día del suplicio, o mejor, del triunfo de es¬tos santos varones, que fué el 29 de junio del año 67.

Viéndose San Pedro condenado a morir en cruz, pidió por gracia que lo clavasen con la cabeza hacia abajo, porque se con¬sideraba indigno de ser crucificado en la misma forma que su divino Maestro. San Pablo, por ser ciudadano romano, fué de¬capitado, a corta- distancia de Roma.

Fué enterrado San Pedro en el monte Vaticano, que es el

Martirio de ‘San Pedro.

«nísmo sitio donde hoy existe la Basílica* que lleva su nombre .contigua al palacio en que re*side el Soberano Pontífice.

352. Segunda persecución, bajo Domiciano.-(Año 95), ■■-Aunque no se habían revocado los sangrientos edictos de Ne¬rón, gozaron los cristianos de alguna paz durante los imperios de Vespasiano y Tito; pero Domiciano, que les siguió, no pare¬cía sino que había heredado toda la crueldad de Nerón, y ordenó que fuesen ejecutados rigurosamente por todas partes los an¬tiguos edictos de persecución.

353.    Mártires principales.-Entre los muchos cristianos que, de toda edad y condición, murieron victimas de la feroci¬dad de aquel emperador, se cuentan su primo, el cónsul* Plavio ‘Clemente, el apóstol San Andrés, que murió crucificado, y San Juan, apóstol y evangelista.

354.    Martirio de San Juan Evangelista.-Llevado a Ro¬ma desde Efeso, a pesar de su avanzada edad, compareció Sari

SEGUNDA PERSECUCIÓN              249

Juan ante el Emperador, que lo condenó a ser sumido en una ti¬naja de aceite hirviendo; pero Dios le conservó milagrosamente la vida, como la había conservado a los tres jóvenes hebreos en el horno de Babilonia. Quedó el emperador tan asombrado de es¬te milagro, que ya no intentó hacer morir al santo, si bien la desterró a la isla de Patmos*, para que trabajase en las minas» (Año 95).

Martirio de San Juan Evangelista.

Allí fué donde San Juan escribió el Apocalipsis, libro miste¬rioso en que, bajo formas simbólicas, anuncia la ruina del paga¬nismo y la victoria final de la Iglesia.

Al año siguiente, murió asesinado el emperador Domiciano, y San Juan volvió a incorporarse a sus fieles, en medio de los cua¬les murió en .paz, siendo ya muy viejo, y repitiéndoles la reco¬mendación de toda su vida: “que se amasen unos a otros.”

CAPITULO LVIII TERCERA Y CUARTA PERSECUCIONES

355.         Tercera persecución bajo Trajano.-(Año 1o6).-~

Trajano promovió la tercera persecución.

Plinio el Joven, gobernador de Bitinia*, había consultado aí emperador sobre la conducta que debía seguirse respecto de los cristianos, y le había escrito diciéndole: “Todo su crimen con¬siste en cantar himnos en honor de Cristo, su Dios. Son nu¬merosos : los hay de toda edad y estado, tanto en las poblaciones como en el campo, de modo que los templos de nuestros dioses se ven casi desiertos.   Por lo demás su vida es pura e inocente.”

Contestóle Trajano “que no debía andar en averiguaciones pa¬ra descubrir a los cristianos, pero que debía castigarlos desde que fueran acusados y convictos de serlo.”

356.         CONSIDERACIÓN.-Sentencia extraña, hace observar Tertuliano,

pues prohibe hacer indagaciones, ya que los cristianos son inocentes y, sin

embargo, manda castigarlos como si fuesen culpables.

357.         Mártires principales,-En la tercera persecución fue¬ron mártires notables San Ignacio, obispo de Antioquía, San Si’ meón, sucesor de Santiago en la sede de Jerusalén y el papa San Clemente I.

358.         Martirio de San Ignacio.-San Ignacio,; discípulo de San Juan Evangelista, venía siendo, hacía cuarenta años, la ad¬miración de su rebaño por sus eminentes virtudes, cuando al pasar Trajano por Antioquía, mandó que lo llevasen a su presen¬cia, y después de un largo interrogatorio, lo condenó a ser pasta de las fieras en el anfiteatro* de Roma.

El viaje de San Ignacio fué un continuo triunfo y una pro¬vechosa misión, pues por todas partes salían a su encuentro casi todos los fieles para besar sus cadenas y mostrarle su profunda veneración.

En cuanto llegó a Roma fué llevado al anfiteatro, y al ver los leones que iban a lanzarse sobre él, exclamó lleno de júbilo: “¡Tri¬go soy de Dios, y debo ser triturado por los dientes de las fieras, para hacerme pan digno de Jesucristo!”

Martirio de San Ignacio Obispo.

Algunos momentos después veíanse cumplidos sus ardientes deseos. Los fieles recogieron sus ensangrentados restos, y los enviaron a la Iglesia de Antioquía. (Año 107).

359.         Martirio de San Simeón.-Contaba 120 años de edad este santo obispo cuando ítfé reducido a prisión, por la fe; y des¬pués de haber sufrido indecibles tormentos, tuvo la dicha de mo¬rir en cruz como N. S. Jesucristo, de quien era pariente cer¬cano.

360.         Cuarta persecución bajo Marco Aurelio. - (Año J66),-Prevenido contra los cristianos el emperador Marco Au¬relio, por las calumnias que se divulgaban, renovó los edictos de persecución que se habían dictado contra ellos.

361.         Mártires principales.-Como mártires notables rí¬tanse: en Esmirna (Asia Menor), a San Policarpo¿ obispa de aquella ciudad; en Roma, a San Justino, apologista* d.e la religión

cristiana, y en las Galias, a San Sinforiano de Autún, y a San Pa¬tino, primer obispo de Lyón.

362. Martirio de San Policarpo.-Denunciado por uno de sus sirvientes, que también indicó el sitio donde se había refugia-’ do, fué preso San Policarpo y presentado al procónsul de Asia<, Este quiso, al principio, inducirle a que renegase de la fe, dicién dolé: Compadécete de ti mismo; maldice a Cristo y te dará la li bertad.

Policarpo:  ¿ Por qué he de maldecirlo ?  Hace ochenta y seíg años que le sirvo y no me ha hecho sino bien.   ¡ Soy cristiano!  Si queréis conocer la doctrina de los cristianos, concededme un solo día y os instruiré en ella.

El procónsul: Justifícate ante’ el pueblo y persuádelo.

Policarpo: No; nuestra religión nos enseña a tributar los ho nores debidos a la autoridad, siempre que no sean incompatibles con la ley de Dios: debo, pues, contestaros cuando me pregun-téis; pero como el pueblo no es juez, ninguna obligación tengo’ de justificarme ante él.

El procónsul (irritado) : ¿Sabes tú que puedo mandar que t*’ echen a las fieras?

Policarpo (con calma) : Ya podéis mandarlas preparar.

El procónsul: Te haré morir abrasado.

Policarpo: Me amenazáis con un fuego que sólo quema un ra £o, y es porque no conocéis el fuego eterno, que está reservado ios impíos.

A petición del pueblo, el procónsul condenó al santo obispo a, ser quemado vivo. Cuando todo estaba preparado, subió San Po- | licarpo a la hoguera, dejando entrever su gozo. Como quisieran atarlo a un poste, díjoles: “Dejadme; es inútil esa precaución,, toda vez que el que me da las fuerzas para sufru* me las dará también para mantenerme firme en medio de las llamas.” Y el santo anciano se puso en oración.

Algunos instantes después prendieron fuego a la leña, y se le¬vantaron grandes llamas; pero, por un milagro que llenó de con suelo a los fieles, las llamas, en lugar de abrasar al santo, mártir,; se desplegaron alrededor -de su cabeza como velas de un barco henchidas por el viento. Enfurecidos los paganos, pidieron a gri¬tos que atravesasen al santo con una espada. Hízose así, y por un nuevo prodigio, la sangre de la víctima apagó la hoguera.

363.    La legión Fulminante.–Hubo alguna  tregua en la

persecución con motivo del hecho milagroso que vamos a con¬tar.

Hallándose Marco Aurelio en guerra con los Cuados,, pueblo bárbaro y errante de Germania*, se encontró cercado por ellos en un estrecho desfiladero, donde se había metido imprudentemente. El calor era asfixiante, y falto de agua el ejército romano, se veía en la cruel alternativa de morir de sed, o de caer en manos del enemigo, que se había posesionado de las alturas.

En tan apurado trance, los soldados de la legión M’elitinax que eran cristianos en su mayor parte, doblan la rodilla e implo¬ran el socorro de Dios con esa fe viva y ardiente que obra mila¬gros. De repente se cubre el cielo de nubes, y mientras una be¬néfica lluvia refresca el campamento romano, un espantoso pe= irisco, acompañado de ‘truenos y relámpagos, destroza y dispersa las tropas enemigas. Desde entonces se dio el nombre de Fulmi¬nante a la legión Melitina.   (Año 174).

El mismo emperador reconoció, erí un oficio dirigido al Se¬nado, que el ejército romano debía su salvación a las oraciones de los cristianos, y por ello prohibió que se les molestase en lo suce¬sivo so pretexto de religión.

Para conservar el recuerdo de aquel acontecimiento, lo hizo representar Marco Aurelio en el pedestal de una columna que todavía existe en Roma, y es conocida con el nombre de Columna Antonina.

Desgraciadamente olvidó pronto él emperador el gran benéfi¬cio recibido, y apenas habían transcurrido tres años, cuando el fuego de la persecución volvió a encenderse en las Galias,: siendo sus teatros principales Autún y Lyón..

364.         Martirio de San Sinforiano.-En Autún, el joven Sinforiano, después de mastener valerosamente su fe en presencia del juez pagano, se vio condenado a que se le cortase la cabeza, Cuando lo llevaban al patíbulo, su misma madre lo exhortaba al’ martirio con estas sublimes palabras: “¡ Mi querido hijo Sinfo¬riano, acuérdate de Dios; ten valor! No se debe temer una muer¬te que nos lleva seguramente a la vida. Mira el cielo, hijo mío; iesprecia los tormentos de un instante, que han de convertirse’ en una eterna felicidad,”

365.         Martirio de San Potino.-La primera víctima de la persecución de Lyón* fué el obispo Potino, discípulo de San Po~-

Ücarpo. Como ya no podía andar a causa de su ancianidad, fué transportado al tribunal del procónsul, donde confesó públicamen¬te la fe de Jesucristo.

Entregado por este motivo al populacho desenfrenado, expiró en la cárcel dos días después, víctima de los atropellos que había sufrido.

Otros muchos cristianos alcanzaron la palma del martirio al mismo tiempo que el venerable obispo. Cítase,, entre ellos, a la joven Blandina, que a pesar de su complexión débil, se mostró vigorosa en la fe, y con una energía sobrehumana, cansó a los verdugos encargados de martirizarla, repitiendo en medio de las mayores torturas: “¡ Soy cristiana! Nosotros no hacemos cosa alguna mala.”

CAPITULO LIX

DESDE LA QUINTA HASTA LA DÉCIMA

PERSECUCIÓN

366.         Quinta persecución, bajo Septimio Severo.-(Año 203).-Al principio se mostró Septimio Severo favorable a los cristianos; mas duró poco ese buen comienzo; pronto dictó nueva orden de persecución, y por todas partes reaparecieron los tor-1 mentos y suplicios. Tan general y sangrienta fué la persecución que se extendió a la península ibérica, donde apenas se habían dejado sentir las anteriores.

367.         Mártires principales.-San Ir ene o, sucesor de San Potino en la silla de Lyón, coronó con glorioso martirio su la¬borioso y fecundo episcopado. Cerca de 20,000 cristianos de aque¬lla ciudad siguieron el- mismo camino de combate y de triunfo, corriendo sangre en arroyos por plazas y calles hasta llegar a en¬rojecer las aguas del Saona.

No fué menor el encono de los perseguidores en Cartago*, donde las distinguidas damas Perpetua y Felicitas, a la cabeza de una falange de cristianos,, marcharon a la muerte con una alegría que sólo podía originarse del amor de Dios, por quien iban a sufrir.

En esta época probablemente fué martirizada én  Roma la

APOLOGISTAS CRISTIANOS        255

virgen Santa Cecilia. Como se cuenta en el martirologio que can¬taba las alabanzas del Señor, acompañándose con algún instru¬mento, los músicos la han escogido por su patrona.

368. Apologistas cristianos.-En víspera de aquella per¬secución, un sacerdote de Cartago, llamado Tertuliano, había publicado una elocuente apología* para refutar las múltiples ca¬lumnias que se propalaban contra los cristianos.

.En ella decía a los paganos: “Hemos comenzado ayer y lle¬namos ya vuestras ciudades, vuestros campos y fortalezas, el pa¬lacio y el senado. Solamente dejamos vacíos vuestros templos, Siendo, como somos, numerosos, bien podríamos recurrir a las armas, especialmente nosotros, que no tememos la muerte, sí no fuera porque, según nuestras máximas, debemos antes morir que matar… ,J Qué hacemos para que merezcamos la muerte ? ¡ Vos¬otros, los que juzgáis a los criminales, hablad! ¿ Hay entre ellos uno solo que sea cristiano? Tráiganse para pruebas los registros de los tribunales… Atormentadnos, torturadnos, aplastadnos 3 vuestra más refinada crueldad no os servirá de nada; porque cuanto más seguéis, más nos multiplicaremos. La sangre de los mártires es semilla de cristianos.”

Antes de Tertuliano habían sido combatidas dichas calumnias por el filósofo griego San Justino.   Después lo fueron, también por Orígenes*, apellidado el Príncipe de los Apologistas, y por • tactancio, que mereció el sobrenombre de Cicerón cristiano.

369.         Sexta y séptima persecuciones, bajo Maximino y Decio.-Los emperadores Maximino y Decio dieron sus nombres a .esas dos persecuciones, que tuvieron lugar, la primera en el año 235, y la segunda en el año 250.

370.         Mártires principales.-El edicto de Maximino iba di¬rigido principalmente contra los obispos y sacerdotes, que en efec¬to, se vieron perseguidos con el más extremado rigor, habiendo dado la vida por Jesucristo, en esa época, los papas San Pon-ciano y San Antero.

El advenimiento de Decio al imperio fué la señal de una de las más sangrientas persecuciones que tuvieron que soportar los cristianos. Entre los innumerables mártires que envió al cielo se cuentan el papa San Fabián, San Bahilas, obispo de Antioquía, la ilustre virgen de Palermo, Santa Águeda, y otros muchos.

Sufrió también el martirio el niño Cirilo de Cesárea, que fué

entregado por su propio padre al juez pagano,, al ver la inutilidad de sus esfuerzos para hacerle apostatar. Este valiente niño decía a los testigos de sus tormentos, cuando lloraban viéndolo mar¬char a la muerte en tan tierna edad: “En lugar de llorar, os re¬gocijaríais, como yo, si conocierais la esperanza que me anima.”‘

371.    Octava y novena persecuciones, bajo Valeriano y

Aureliano.-La octava persecución fué decretada por Valeriano, el año 257, y la novena por Aureliano, en 274.

Martirio de San Tarsicio’.

372. Mártires principales.-La primera de aquellas per¬secuciones hizo en Roma dos ilustres víctimas que fueron el pa¬pa San Sixto y su diácono San Lorenzo. Igualmente fué marti¬rizado el niño Tarsicio, a quien se venera como mártir de la Eu¬caristía. Detenido por unos jóvenes paganos, que querían arre¬batarle el- pan eucarístico que llevaba escondido en su seno, pre¬firió dejarse matar antes que permitir semejante profanación.

OCTAVA Y NOVENA PERSECUCIONES     257,

373. Martirio de San Lorenzo.-Era San Lorenzo (1) el primer diácono de la Iglesia romana y depositario de los fon¬dos destinados al sostenimiento de los pobres. Como se lamenta¬ra de verse separado de San Sixto, cuando llevaban a éste al mar¬tirio, díjole el venerable Pontífice: “¡Animo, hijo mío, que no tardarás en seguirme! Entre tanto, apresúrate a distribuir en li¬mosnas los tesoros que te están confiados.”

Martirio de San Lorenzo.

Tres días después se cumplía esta predicción. El prefecto de Roma mandó buscar al diácono Lorenzo, y cuando lo tuvo en su presencia, le habló así: “Asegúranme que vuestra Iglesia es muy rica, y que posee gran cantidad de vasijas de oro y plata, aparte de otros grandes tesoros. Entrégamelo todo, el emperador lo necesita.” Lorenzo le respondió que ya no tenía en su poder, esas riquezas, porque las había distribuido entre los pobres.

Viendo el prefecto defraudadas sus esperanzas, se irritó so¬bremanera y entregó al Santo diácono en manos de los verdugos

(1)    Nacido en Huesca  (España)

PERSECUCIONES

que, después de azotarlo cruelmente, lo tendieron sobre parrillas

candentes.

Colocado en ellas el santo mártir, quedóse absorto en oración, sin que saliese de su boca la menor queja, pudiendo decirse que era insensible al dolor. Pasado un rato, dijo tranquilamente al prefecto: “Ya estoy bastante asado de este lado; vuélveme del otro, y come, si quieres.” Poco después expiró, rogando por la conversión de Roma, que había sido ya regada con la sangre de

tantos mártires.

El emperador ‘Aureliano, que al principio se mostró benigno con los cristianos, acabó por renovar los sangrientos edictos de sus predecesores; mas con su muerte, acaecida ocho meses des¬pués se apagó el fuego de aquella persecución.

CAPITULO LX DÉCIMA PERSECUCIÓN

374.         Décima persecución, bajo Diocleciano. (Año 303),

-El emperador Diocleciano fué el autor de la décima y última

persecución general, la más larga y sangrienta de todas.

é

375.         Diocleciano y Maximiano.-Para gobernar más fá¬

cilmente el vasto imperio romano, Diocleciano se escogió por co¬

lega a Maximiano, a quien le confió el gobierno de las provincias

occidentales, con Milán por capital, mientras él gobernaba el

Oriente desde Nicomedia. A ambos se les dio el título de au¬

gusto.

Como Maximiano tenía un odio mortal a los cristianos, no cesó de maltratarlos, y a la vez, excitaba a su colega en el impe-írio para que los persiguiese en las demás provincias. Así fué que mientras la Iglesia de Oriente disfrutaba de paz, y hasta ha¬cía conquistas, la de Occidente registraba todos los días nombres de nuevos confesores de la fe.

376. Mártires principales.-Los más ilustres mártires de esa época, son: en Roma, San Ginés, que se convirtió parodian¬do en el teatro las ceremonias del bautismo, y San Sebastián, ca¬pitán de una compañía de la guardia pretoriana*.   En la Penín-

Martirio de ‘San Sebastián.

sula Ibérica, las Santas Justa y Rufina, de Sevilla; Santa Leo-> cadia de Toledo; Santa Eulalia, de Mérida; los Santos Justo y.. Pastor, de Alcalá de Henares; Santa Eulalia, de Barcelona; San¬ta Marina, en Galicia; la noble doncella Santa Engracia, con die¬ciocho deudos suyos, en Zaragoza. En las Galias: San Víctor, en Marsella; San Luciano en Beauvais; San Quintín en Picardía, y en el Valais, los soldados de la legión Tebca.

377. Martirio de la legión Tebea.-Hallábase Maximiano acampado con su ejército en la parte de los Alpes que hoy se lla¬ma Valais*, y como supiera que allí había gran número de cris-» tianos, resolvió exterminarlos.

Había dispuesto que todo el ejército tomase parte en los sacri¬ficios que iba a ofrecer a los dioses del imperio; mas los soldados de la legión Tebea, que eran todos cristianos, se horrorizaron ante tal orden, y haciendo protestas de que no la obedecían, di¬jeron al emisario del emperador: “Hemos venido a las Galias para luchar contra los enemigos del Estado y no para renegar de nuestro Dios.”

Arrebatado de cólera Maximiano, hizo diezmar* aquella le-

Martirio de Santa Inés.

gión; pero en lugar de intimidarse los cristianos sobrevivientes con la ejecución de tan bárbara orden, sólo sirvió ésta para darles más valor. Fueron diezmados por segunda vez, y se intimó a los que quedaban la orden de hacer sacrificios a los dioses.

El valiente Mauricio, que era jefe de aquellos héroes, escri¬bió entonces al emperador diciéndole: “Señor, somos soldados vuestros; pero antes somos siervos de Dios. Os debemos el ser¬vicio de la guerra; pero debemos a Dios la inocencia de nuestras costumbres. Si de vos recibimos la paga, El nos ha dado y nos conserva la vida. No podemos obedeceros, renunciando a Dios, Criador nuestro y vuestro, al que hemos prestado juramento an¬tes de prestarlo a vos. Si hay que escoger entre la obediencia debida a un hombre y la que se debe a Dios, optamos decidida¬mente por ésta. No temáis trastornos ni disturbios por nuestra parte; los cristianos sabemos morir, pero no sublevarnos, y aun¬que tenemos armas, no nos serviremos de ellas; preferimos mil veces morir inocentes que vivir culpables.”

Ese noble y enérgico lenguaje sólo sirvió para exasperar más al tirano, que en seguida mandó que todo el ejército cayese sobre

Martirio de la Legión Tebea.

los restos de aquella legión y la pasase a cuchillo. Mauricio y sus compañeros depusieron las armas y se dejaron matar sin resisten¬cia alguna; solamente- se les oyó exhortarse mutuamente a morir de una manera digna y generosa por el nombre de Jesucristo.

378. La tetrarquía o el gobierno de cuatro (292).-Aún siendo dos para gobernar el imperio, pronto se dieron cuenta los augustos de que no podían solos atender a todos los negocios del imperio y a su defensa; por lo tanto se eligieron dos ayudantes, que llamaron’ cesares, y que debían sucederles en el imperio. Dio-cleciano tomó a su yerno Galeno, brutal y astuto, y Maximiano eligió a Constancio Cloro, benévolo y tolerante. De esa manera hubo cuatro soberanos, con cuatro capitales y cuatro gobiernos, a lo que se llamó tetrarquía o gobierno de cuatro.

Galerio abrigaba contra los cristianos un odio tan profundo como el de Maximiano, y ambos redoblaron sus esfuerzos para inducir a Diocleciano a restablecer los antiguos edictos’ de pros¬cripción. Este viejo emperador estuvo indeciso mucho tiempo, 110 porque le fuese simpática la Iglesia, sino porque juzgaba que

efusión “de sangre sería inútil y hasta peligrosa para la tran¬quilidad del Estado. Acabó sin embargo, por ceder, y el 23 de febrero del año 303 firmó el fatal edicto, que condenaba a los cristianos al más completo’ exterminio.

379. Nuevo decreto contra los cristianos.-Decíase en el edicto: “Serán destruidas todas sus iglesias y arrojados a la hoguera sus libros. Los cristianos quedarán privados de sus bie¬nes, honores y dignidades y condenados a muerte sin distinción de clase ni condición. Cualquiera podrá perseguirlos ante los tri¬bunales de justicia, y ellos no serán admitidos a reclamar contra ninguna persona.” Como se ve, quedaban los cristianos fuera de la ley, o sea, sin ningún apoyo ante las autoridades civiles.

Mapa para’la historia de las persecuciones.

380. La era de los mártires.-Pronto se desencadenó la nueva persecución de la manera más atroz, viéndose libres sola¬mente las Galias y la Gran Bretaña que dependían de Constan¬cio Cloro. Pero España seguía gobernada por el feroz Diocle-ciano; éste que ya había procurado anteriormente acabar con el cristianismo en ella, volvió no pocas veces a dejarse llevar de su aversión hacia los fieles y de su espíritu sanguinario, causando así nuevas victimas. Por todos los demás países se vieron los cristianos perseguidos con el mayor rigor, y muy pronto queda-

\              LA ERA DE LOS MÁRTIRES          263

ron las cárceles atestadas de fieles, hasta faltar sitio para colocar a los verdaderos criminales.

Vinieron en seguida las torturas más horribles, porque los jueces tenían orden de emplear cuantas clases de suplicios pudie¬sen imaginar. Roma y Nicomedia se vieron inundadas de sangre cristiana 3) en Egipto se tragaba el Nilo diariamente las víctimas a millares. Una ciudad cristiana de Frigia fué incendiada con to¬dos sus habitantes y allanada por las tropas. Muchos pontífices,, centenares de obispos e incalculable número de fieles, perecieron en esa persecución, llamada con propiedad la era de los mártires..

381.         /Mártires principales. - Entre los muchísimos que

dieron testimonio de su fe cristiana, cítanse como principales a

Santa;Lucia, en Siracusa de Sicilia; a los papas San Marcelino,

San Márcelo I y San Ensebio, así como a la ilustre virgen Santa

Inés, jen Roma; en España, a San Vicente, diácono de la Iglesia

de Zaragoza*, cuyo prodigioso martirio describiremos. Siguié¬

ronle ^espués todos los cristianos perseverantes de la misma ciu¬

dad, lbs cuales fueron sacrificados en las afueras, tan pronto co¬

mo salieron expulsados de la población. Su número fué tan con¬

siderable, que se les venera bajo la advocación de los innumera¬

bles mártires de Zaragoza.

382.         Martirio de San Vicente.-El feroz Daciano redujo

a prisión al Obispo de Zaragoza, Valero, con su diácono Vicente,

los cuales, cargados de cadenas, fueron llevados a Valencia, don¬

de tuvieron que sufrir largo tiempo el cautiverio más riguroso.

Su constancia e intrepidez superaron esas y otras pruebas. Por

fin Valero fué condenado al destierro, pero Vicente estaba des¬

tinado a pasar por las mayores torturas que puede inventar la

más refinada crueldad.

Primeramente lo tendieron en el potro y le estiraron los miem¬bros con tal violencia, que sus huesos quedaron dislocados. Des¬pués dispuso Daciano que lo azotasen con varas y le rasgasen los costados con uñas de hierro. Obedecieron los verdugos, y pron¬to corrió la sangre del mártir; su carne saltó en jirones, y que¬daron a la vista sus entrañas palpitantes. Viósele, sin embargo, radiante de gozo celestial, sin que el dolor le arrancase una sola queja.

Confundido el tirano, recurrió a los medios de persuasión y procuró ganar al santo diácono con expresiones de hipócrita ter-

Lengua de víbora!,-le replicó el mártir,-menos temo

los tormentos que tus pérfidas caricias; descarga en mi cuerpo todo el peso de tu furor, y yo te haré ver que la fe comunica al cristiano una fuerza invencible.” Al oír esto Dacianoi fuera de sí, mandó que ataran a Vicente a una parrilla de puntas agudas,, y que lo colocaran sobre un fuego vivo. Bn este horrible supli¬cio, el santo diácono, tranquilo y sonriente, elevó sus jniradas al cielo y se unió a Dios en fervorosa oración.

Era ya cuestión de honor para el tirano el poner término a espectáculo semejante. Volvió a encerrar a Vicente en la cár¬cel, donde le esperaban nuevos tormentos; pero ¡ oh prodigio!, en la noche siguiente se llenó de resplandor celestial el calabozo del mártir, y éste unió su voz a la de los ángeles que con sus cánticos lo consolaban. El carcelero, que fué testigo de esa maravilla, se convirtió ai momento, y solicitó la gracia del bautismo. Guando lo supo Daciano, hasta lloró de rabia; pero considerando que el atormentar de nuevo al preso contribuiría a aumentar el esplendor de su triunfo, cambió bruscamente de táctica. Hizo coloicar al santo en una blanda cama, rodeada de médicos y remedios!; pero al héroe cristiano ya no le faltaba más que ir a recibir su corona y expiró apenas lo colocaron en el lecho, como sí su alma se ne¬gase ya a animar un cuerpo que sólo debía servir para glorificar a Jesucristo.

383. Resultado de la décima persecución.-La persecu¬ción de Diocleciano, como las precedentes, defraudó por comple¬to las esperanzas de los paganos, ya que por todas partes los cris¬tianos se mostraban dispuestos a derramar hasta la última gota de sangre antes que renegar de su fe. Poblóse el cielo de márti¬res, y la Iglesia apareció resplandeciente por el valor heroico de sus hijos; de suerte que los esfuerzos del infierno para destruir la religión de Jesucristo fueron para ella ocasión de magnífico triunfo.

384. CONSIDERACIÓN.–Así, en un período de tres siglos, millones de mártires de todas las clases sociales, de ambos sexos y de todas las edades, arrostraron la muerte más cruel antes que renunciar a su fe. ¿No es deci¬sivo semejante testimonio a favor de la verdad de nuestras creencias religio-sas? Pascal* enunció una verdad de profundo sentido común, cuando dijo: “Yo doy crédito de buen grado a los testigos que se dejan matar.”-Rugue¬mos, pues, a Dios para que, ya que nos ha hecho herederos de la fe de los mártires, nos haga también imitadores de su valor.

265

EDICTO DE MILÁN

CAPITULO LXi

FIN DE LAS PERSECUCIONES

EDICTO DE MILÁN (313),

385.         Triste fin de Diocleciano, Maximiano y Galerio.-

Los tres crueles perseguidores del cristianismo fueron terrible¬mente castigados por la Justicia divina. Diocleciano se volvió idio¬ta, y teniendo que abdicar, desesperado se dejó morir de hambre. Maximiano, habiendo atentado contra la vida de su hijo Majencio y de su yerno Constantino (hijo de Constancio Cloro), fué arro¬jado en una prisión, donde se ahorcó. Galerio murió consumido por horrible úlcera y roído por gusanos.

Después de su muerte, se v extinguió gradualmente la perse¬cución: abriéronse las prisiones y pudieron volver los fugitivos. Acercábase el momento en que la ciudad de Roma, humeando aún la sangre de los mártires, debía presenciar el triunfo comple¬to y definitivo del cristianismo.

386.         Constancio Cloro y Constantino. - Para acabar con las persecuciones, la Providencia preparaba a la Iglesia un pro¬tector. A la muerte de Constancio Cloro, fué proclamado em¬perador su hijo Constantino, quien tuvo que habérselas inmedia¬tamente con varios rivales que aspiraban al gobierno de todo el imperio, y particularmente con Majencio, el hijo de Maximiano.

387.         Milagrosa victoria de Constantino.-Constantino te¬nía una madre cristiana, Santa Elena; pero él seguía siendo pa¬gano. No obstante, lo primero que hizo al suceder a su padre en el poder, fué autorizar a los cristianos el libre ejercicio de una religión que amaba ya, y que había de abrazar más tarde,, en vis¬ta de la milagrosa victoria que vamos a referir.

Marchaba Constantino hacia Roma contra el tirano Majencio, que quería despojarlo de sus Estados, y comprendiendo que nece¬sitaba un auxilio extraordinario para vencer a tan poderoso ene-

Aparición de la cruz a Constantino y a su ejército.

migo, rogó al Dios de los cristianos que se dignase venir en su ayuda, y su oración fué atendida.

Una tarde, hacia la puesta del sol, apareció encima de éste en el cielo, y a la vista de todo el ejército, una cruz luminosa con la siguiente inscripción: In hoc signo vinces. (Con esta señal vencerás). A la noche siguiente tuvo Constantino un sueño en que Jesucristo le mandó que hiciese un estandarte, tomando por modelo la cruz que se le había aparecido, y lo llevase en las batallas como salvaguardia contra sus enemigos.

Apresuróse el emperador a cumplir esa orden y dio el diseño del lábaro (i). Lleno entonces de confianza en el auxilio de Dios,, ya no tuvo inconveniente en librar la batalla; Majencio quedó vencido y, en su precipitada fuga, se ahogó en el Tíber*, con lo cual quedó Constantino mandando en todo el Occidente (312).

(1) Era el lábaro un estandarte militar, que se componía de una asta dorada y de un travesano, en forma de cruz, desde la cual pendía un rico velo de púrpura. En el extremo de la cruz había una corona adornada con ricas piedras preciosas y en medio de la corona, el mo¬nograma de Cristo, dos letras griegas entrelazadas, con que empieza este sagrado nombre en dicho idioma.

388.         Triunfo del Cristianismo.-Desde aquel día comen¬

zó’Constantino a proteger públicamente “la religión cristiana;

mandó poner por remate de su corona la cruz, prenda de su vic¬

toria; dispuso que fuese también enarbolada en las banderas de

sus legiones y que se colocase en lo más alto del Capitolio, para

que desde ahí anunciase al mundo entero el triunfo de Jesús cru¬

cificado.

Al año siguiente (313) publicó el famoso ‘Edicto de Milán, por el cual se concedía a los cristianos el libre ejercicio de su culto, y se les restituían las iglesias y otros inmuebles de que ha¬bían sido despojados. Inmensa era la trascendencia de ese edicto, y por eso fué saludada su aparición con aclamaciones de gozo que resonaron en todos los ámbitos del imperio.

389.         La Iglesia a través de los siglos.-Libre, en fin, de

aquellas perturbaciones, va la Iglesia a dilatar en lo sucesivo su

benéfica influencia, y a comenzar, en pro de la sociedad, las pro¬

digiosas reformas que antes había realizado únicamente en favor

de sus afiliados.

Muchos obstáculos tendrá que vencer para ello, porque la he¬rejía, el escándalo y la violencia de los poderes públicos vendrán, unos tras otros, a oponerse a su marcha, dando así lugar a que su existencia sea una lucha continuada. Para hacer frente a tan¬tos enemigos, la Iglesia contará con el sacerdote, encargado de en¬señar la verdad, de inducir a la práctica de las virtudes con su vida ejemplar, y de acudir al socorro de los desamparados. Cuan¬do la lucha sea más encarnizada, la resistencia más penosa y di¬fícil, las necesidades más apremiantes, Dios sacará de sus infi¬nitos tesoros de amor algunos auxiliares selectos, privilegiados, y veránse aparecer grandes Doctores, Santos ilustres y celosas Or¬denes religiosas.

Así es como, confortada con el auxilio divino, atravesará la Iglesia siglos y siglos, siempre perseguida y siempre triunfan¬te, sin flaquear nunca en la afirmación de los dogmas de su in¬mutable Credo, en la impugnación del error, en la condenación del vicio, por más que éste se halle vestido de púrpura, y en el fomento de la verdadera civilización; en una palabra, fíel y cons¬tante en la misión que recibió de Jesucristo, trabajará con anhelo en la santificación de las almas, para conducirlas a su inmortal y glorioso destino.

RECAPITULACIÓN

RECAPITULACIÓN

SIGNIFICADO DE VOCABLOS. -  1.  ¿Qué se entiende por la Ley

Mosaica?-¿la Ciudad Eterna?-¿la guardia pretoriana?-¿los gentiles?-¿la9 catacumbas de Roma?-¿el monograma de Cristo?-2. Defínanse las pala¬bras siguientes: atrio, anfiteatro, metrópoli, apología, decapitar, abdicar, lá¬baro.-3. ¿Qué es la tradición?-¿el Papa?-¿un concilio?-¿una diócesis? ■-¿una basílica?-¿la Iglesia?

CRONOLOGÍA.-4. ¿A qué año se remonta la fundación de la Iglesia? -5. ¿Cuándo estableció S»n Pedro su cátedra en Antioquía?-¿en Roma? ■-•6. ¿En qué año tuvo lugar el sitio de Jerusalén por Tito?-¿la dispersión definitiva de los judíos?-¿el martirio de S. Pedro y S. Pablo?-¿el edicto de Milán?-¿las diez persecuciones generales?

GEOGRAFÍA.-7. Dígase dónde se encuentra Damasco,-Antioquía,– la isla de Chipre,-Atenas,-Corinto,-la isla de Patmos,-el Valais,-el Tí-ber,-el valle de Josafat,-Zaragoza,-Marsella,-Lyón.

HISTORIA.-8. ¿Cuáles son los principales hechos de la Historia de la Iglesia,  desde la venida del Espíritu Santo hasta la  conversión de Constan¬tino?-9. Refiérase lo que sucedió cuando vino el Espíritu Santo sobre los apóstoles el día de Pentecostés.-10. Cuente Ud. la curación del paralítico en la puerta del Templo.-11. El martirio de San Esteban.-12. La conversión de San Pablo.-13. ¿Cuándo fué redactado el Credo?-14. Hágase un resu men de la historia de los trabajos apostólicos de San Pedro, de San Pablo.-15. Dígase en qué países predicó el Evangelio cada uno de los apóstoles.-16 ¿Qué se sabe de los últimos años de María Santísima?-17. Dígase breve¬mente lo que se leyó acerca de la ruina de Jerusalén y dispersión de lo» judíos.-18. ¿Cuáles son los principales hechos de la persecución de Nerón, -de Marco Aurelio,-de Valeriano,-de Diocleciano?-19. Refiérase el mari tirio de la Legión Tebea,-el de San Vicente.-20. Cuéntese la victoria y con¬versión de Constantino.-21.  ¿Qué se sabe de cada uno de los personajes siguientes: Herodes Agripa, Tertuliano, Orígenes, Pascal, Bossuet?,

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SEGUNDA ÉPOCA

DESDE EL EDICTO DE MILÁN HASTA EL

PROTESTANTISMO

Año 313 a 1515

CAPITULO LXII HEREJÍAS PRINCIPALES

390.         Causas ¡de las herejías.-De la doctrina evangélica,

revelada por Jesucristo y transmitida por los apóstoles, fué sa¬

cando poco a poco la Iglesia todas las verdades de fe que co¬

nocemos ahora. Pero por influencias judías o paganas, o por

otras circunstancias, se emitieron concepciones falsas de esas

verdades, o se negaron algunas de ellas, originándose herejías,

y dando motivo a que la Iglesia explicara y precisara mejor sus

creencias, hasta poner los grandes hechos de la revelación cris¬

tiana en fórmulas dogmáticas.

Al principio la Iglesia tuvo “que luchar contra los judaizan-íes, contra el gnosticismo, el montañismo y el maniqueismo. En los siglos IV y V fué turbada la paz de la Iglesia por el arrianistno, el macedonianismo, el nestorianismo, el eutiquianismo y el pelagianismo.

391.         Judaizantes.-Al empezar a propagarse el cristianis¬

mo entre los gentiles, algunos judíos, a quienes se llamó judai¬

zantes, pretendieron que las prácticas de la ley mosaica eran

también necesarias a los paganos convertidos a la doctrina de

HEREJÍAS PRINCIPALES

Cristo. Eí concilio de Jerusalén, presidido por San Pedro, condenó ese error, proclamando que las prácticas de la ley mo¬saica ya no eran requeridas, y que sólo la gracia dé Cristo bastaba para la salvación.   -

392. Gnosticismo.-El gnosticismo ‘fué una tentativa qui¬mérica de fundir en una sola doctrina los sistemas filosóficos y religiosos que la mezcla de los pueblos había puesto en cir¬culación en el vasto Imperio romano. Se pretendía reemplazar la fe por la gnosis (conocimiento), es decir por un perfecto conocimiento de Dios y del mundo.

Sostenían los gnósticos que la materia es eterna, que hay dos principios, uno del bien y otro del mal (Dios y la materia) ; que Dios y el Creador del mundo son dos seres distintos; que Jesucristo había padecido sólo en apariencia, porque no tenía cuerpo real sino fantástico; y muchos otros errores. Los gnós¬ticos se dividieron en más de treinta sectas, las que combatie-* ron los papas, especialmente San Telésforo  (142-156).

393. Montañismo.-El fundador del montañismo fué Mon¬tano^ neófito de Frigia, que a mediados del siglo II empezó a predicar una doctrina extremadamente rigurosa y austera. Los montañistas exigían la práctica de frecuentes ayunos, prohibían casarse en segundas nupcias, negaban los sacramentos a los que habían pecado mortalmente después del bautismo, sé abstenían de los espectáculos, rechazaban todo lujo y adorno en las per¬sonas, se negaban al servicio militar y no permitían que nadie apelase a la fuga en tiempo de persecución. Todo lo cual ha¬cían para prepararse al reinado de mil años de Cristo en la tierra. Su conducta era tan inmoral cuan rigurosa su doctrina. Fueron anatematizados por la Iglesia.

394. Maniqueísmo.-El maniqueísmo se caracterizaba por su doctrina dualista, tomada de la religión de Zoroastro y del gnosticismo. Según Manes o Maniqueo, nacido en Persia ha¬cia el año 240, hay dos seres eternos, en hostilidad continua: Dios y Satanás; el primero, principio del bien y de la luz; el segundo, principio del mal y de las tinieblas. Del principio malo salió la humanidad actual, la cual no puede ser librada de la materia sino por el conocimiento de la verdadera ciencia.   Cris-

to vino al mundo para enseñar esa ciencia, pero ‘Manest “el Paracleto”, es el que debía completarla y perfeccionarla.

Los maniqueos se dividían en dos clases: los elegidos o per-> fectos, que se obligaban a una moral severa; y los auditores o catecúmenos, cuya moral era una extraña mezcla de severidad y de corrupción.

Gracias a su organización-copia de la de ia Iglesia cató¬lica-, con jefe supremo, obispos y sacerdotes, esta herejía fué muy poderosa en todo el Imperio romano, en Persia, en la In¬dia, en China y hasta en África, en donde contó a San Agustín -entre sus adeptos, antes de que se convirtiera al cristianismo. Duró el maniqueísmo hasta el siglo VIL

Arrio expone su doctrina ante el Concilio de Nicea.

395. Arrianismo.-Esta herejía tomó el nombre de su fundador, Arrio presbítero de Alejandría.

Era éste un hombre ambicioso que, por no haber podido conseguir la silla patriarcal de Alejandría, concibió tal des¬pecho, que se alzó contra la fe de la Iglesia, negando públicamen¬te la divinidad del Verbo, y, con sus apariencias de virtud, lo-gró atraerse muchos partidarios, que se llamaron arríanos.

HEREJÍAS; PRINCIPALES

396. Concilio de Nicea. (325).-Informado Constantino de los progresos que hacía la doctrina de Arrio, y de la per¬turbación que producía, promovió la reunión de un Concilio ecuménico, es decir, general (1), que pusiera término a esos males. Reuniéronse en Nicea*, bajo la presidencia de los Le¬gados* pontificios, trescientos dieciocho obispos, que vinieron de todos los países del orbe católico.

Esta asamblea examinó la doctrina de Arrio, y la condenó como opuesta a la creencia constante y universal de la Iglesia; redactó luego una profesión de fe, en la cual, apoyándose en la Escritura y la tradición, definió que el Verbo es Dios, con¬substancial al Padre, de la misma naturaleza divina y de las mismas perfecciones.

Esta profesión de fe, conocida con el nombre de Símbolo üe Nicea, es el símbolo de los Apóstoles aclarado, el Credo que la Iglesia dice en la misa.

397.         Macedonianismo.-El macedonianismo tuvo por ca¬beza a Macedonio, patriarca de Constantinopla, que negaba la divinidad del Espíritu Santo y su consubstancialidad con el Pa¬dre y el Hijo.

398.         Concilio de Constantinopla. (381).-Esta nueva he¬rejía fué condenada por el primer Concilio general de Constan¬tinopla, en el que se confirmó el Símbolo de Nicea, añadiendo algunas palabras para explicar la doctrina católica referente a la divinidad del Espíritu Santo.

399.         Nestorianismo.-El nestorianismo reconoce por jefe a Nestorio, también patriarca de Constantinopla. Los nestoria-nos distinguen dos personas en Jesucristo: una persona divina, el Verbo, y otra humana, Cristo. A este error añadían el que María no era sino Madre de Cristo y, por consiguiente, que no debía llamarse Madre de Dios.

La primera vez que Nestorio tuvo la audacia de predicar tales blasfemias, los fieles, horrorizados, se salieron de la iglesia.

4C0. Concilio de Efeso. (431).-Informado de estos acon¬tecimientos el papa San Celestino I, escribió a Nestorio exhor¬tándolo afectuosamente a que no causase semejante escándalo;

(1) Hasta esta fecha se han celebrado veinte concilios ecuméni¬cos: el primero fué el de Nicea (en 325) y el último el del Vaticano. (en 1870).     ‘

EUTIQUIANISMO

pero el orgulloso patriarca siguió obstinado en su error, por lo que el papa convocó el tercer Concilio general de Efeso*. En él quedó definido que en Jesucristo no hay más que una persona divina y que María es y debe ser llamada Madre de Dios, puesto que dio al mundo una naturaleza humana unida hipostáticamente (i.) a la segunda persona de la Santísima Trinidad.

Para proporcionar a los fieles un medio fácil de honrar la divina maternidad de María, los Padres de este Concilio compu¬sieron la hermosa oración siguiente, con que terminamos la salu¬tación angélica: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Nestorio se negó a respetar lo decretado por el Concilio y que¬

dó separado del seno de la Iglesia; depuesto de su silla y deste¬

rrado por el emperador, acabó sus días de la manera más mise¬

rable. Dios que mira por.el honor de su Santísima Madre, per¬

mitió que ya en esta vida fuera pasto de gusanos la lengua que

tantas blasfemias había proferido contra ella.               \

401.         Eutiquianismo. - Era el eutiquianismo¿ extremo

opuesto del error de Nestorio, la doctrina de Butiques, superior

de un convento  de Constantinopla.

Sus sectarios no admitían en Jesucristo más que una natu¬

raleza, pretendiendo que la naturaleza humana, después de la En¬

carnación había sido absorbida por la divina.               ,

San Flaviano, Patriarca de Constantinopla, procuró obtener la retractación del nuevo heresiarca*, pero, engreído éste con el número e influencia de los que se le habían adherido, se negó a ello obstinadamente.

402.         Concilio de Calcedonia. (451).-Los errores de Es¬

tiques fueron denunciados al papa San León Magno, quien, de

acuerdo con el emperador, reunió en Calcedonia* otro Concilio

general. Comenzóse por la lectura de una carta en que el Sobe¬

rano Pontífice combatía victoriosamente y condenaba de una

manera terminante aquella herejía. Concluida la lectura, los obis¬

pos exclamaron todos unánimes: “Esa es la fe de los Apóstoles

y la nuestra: Pedro ha hablado por boca de León. Anatema*

al que no lo crea así.”   En consecuencia, este Concilio dejó de-

1S

(1)    Es decir substancial y personalmente, de modo  que Jesucristo es una sola persona, y puede ser llamado Dios-Hombre u Hombre-Dios.

Cojnp.  II.   S.

finido que en Jesucristo hay dos naturalezas distintas, unidas en ana sola persona, que es la del Hijo de Dios.

403. Pelagianismo.-Arrio y Macedonio habían atacado el misterio de la Santísima Trinidad; Nestorio y Eutiques, a su vez, habían intentado abrir brecha en el de la Encarnación; apa¬reció luego otro nuevo heresiarca, cuya doctrina minaba por su base el misterio de la Redención. Era éste un monje bretón lla¬mado Pelagio, del cual tomaron nombre los pelagianos y el pela¬gianismo, que son sus partidarios y su doctrina. Los pelagianos niegan la existencia del pecado original y la necesidad de la gra-áa para la salvación de las almas.

La doctrina de estos sectarios fué victoriosamente refutada por el gran San Agustín, obispo de Hipona*, y condenada en va¬tios concilios. El papa Inocencio I confirmó y renovó estas de¬cisiones contra el pelagianismo, y entonces pronunció San Agus¬tín la sentenciosa frase tantas veces repetida posteriormente: Ha-hló Roma: la causa ha terminado.

404. CONSIDERACIÓN.-Estas herejías, como todas las demás, con¬fuyen por ser ventajosas para la religión. En lugar de alterar la pureza de (a fe, han servido, por el contrario, para hacer que ésta brillase con más es alendor, y además dieron ocasión a que la Iglesia formulase más categórico i terminantemente algunos dogmas, y demostrase con evidencia que se apo¬rraban en la Sagrada Escritura y en la tradición.

CAPITULO LXII1

PADRES DE LA IGLESIA. - ORDENES RELIGIOSAS

405. Padres de la Iglesia.-Para defender la fe, amena¬zada por tantas herejías, Dios, que siempre atiende a las nece¬sidades de la Iglesia, suscitó un considerable número de escrito¬res notables que fueron el inexpugnable baluarte del Evangelio, por sus heroicas virtudes, por la profundidad de su ciencia y por su infatigable celo; habiendo merecido por ello el título de xpa-

dres de la Iglesia.

De estos Padres unos son griegos y otros latinos, según la lengua en que publicaron sus escritos.

275

PADRES GRIEGOS Y LATINOS

406.         Padres griegos.-Los principales Padres griegos son:

San Atanasio, patriarca de Alejandría, que fué, durante cua¬

renta años, la lumbrera de los Concilios y el atleta de la fe.

San Basilio, arzobispo de Cesárea de Capadocia, valeroso im¬pugnador del arrianismo y del macedonianismo, que empleó su herencia en socorrer a los pobres y a los enfermos.

San Gregorio Nacianceno, patriarca de Constantinopla y gran defensor de la fe contra el arrianismo.

San Juan Crisóstomo, una de las figuras más notables del siglo IV por su santidad, su doctrina y su incomparable elo¬cuencia. Fué patriarca de Constantinopla y luchó sobre todo contra los arríanos.

407.         Padres latinos.-Los Padres latinos más importan¬

tes son:

San Hilario, obispo de Poitiers (Francia), llamado el Ata¬nasio de Occidente, defendió la fe contra los arríanos.

San Ambrosio, obispo de Milán, excelente orador, escritor fe¬cundo y consejero de emperadores.

San Jerónimo, natural de Dalmacia, célebre sobre todo por la traducción en latín de la Sagrada Escritura, que realizó después de haber estudiado a fondo la Biblia y el hebreo en el desierto de Siria, donde llevaba una vida de gran austeridad y penitencia. Su versión, conocida con el nombre de Vulgata, es la Biblia ofi¬cial de la Iglesia.

San Agustín, obispo de Hipona (África), el cual, después de abjurar los errores del maniqueísmo y de convertirse, gracias a las oraciones y lágrimas de su madre, Santa Ménica, y al celo de San Ambrosio, fué el principal impugnador del pelagianismo. Entre sus numerosas obras sobresalen las Confesiones y la Ciu¬dad de Dios.

San Gregorio I el Magno, papa, que fué religioso benedicti¬no y autor del canto oficial de la Iglesia, llamado canto grego¬riano  (i).

408.         La vida monástica en sus principios.-El deseo de

llegar a un grado de perfección más elevado, a un amor a Dios

(1) Algunos Padres de la Iglesia y otros escritores eclesiásticos de siglos posteriores (v. gr.: San Bernardo, Santo Tomás de Aquilio, San Buenaventura, San Francisco de Sales, San Alfonso Ligorio, y otros)  han recibido el título  de Doctores de la Iglesia.

VIDA MONÁSTICA

más grande, condujo a la institución de la vida monástica en la

Iglesia.

Desde los orígenes de! cristianismo hubo personas más fervo¬rosas que quisieron seguir al pie de la letra los consejos evangé¬licos : fueron los primeros ascetas, que, sin retirarse a la soledad, se dedicaban más a la oración y a la mortificación, y observaban

continencia y pobreza voluntarias.

Durante la persecución de Decio, muchos cristianos huyeron a los desiertos de la Tebaida,, en donde llevaron vida solitaria» que dedicaban a la oración y a la penitencia: fueron los primeros anacoretas o ermitaños. San Pablo Ermitaño, que murió en 341,, fué el más célebre entre ellos.

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San Antonio visita a San Pablo, ermitaño.

409. La vida monástica en Oriente y en Occidente en el siglo IV.-Ia vida anacorética, es decir,: solitaria, condujo pron¬to a la vida cenobítica, o vida en común, bajo la autoridad de un superior.

San Antonio (^356) y San Pacomio (^349) fueron los fundadores del monaquisino en Oriente. El primero empezó por ser ermitaño, a imitación de San Pablo Ermitaño, y reunió luego

277

LOS BENEDICTINOS

a muchos anacoretas que, bajo sus órdenes, se entregaron en co¬mún a la oración y a la práctica de todas las virtudes. El segun¬do fundó a orillas del Nilo el primer claustro, y reunidos allí los monjes en comunidad, seguían una misma regla de vida.

Del Oriente pasó el monaquismo al Occidente, gracias a San ÍAtanasio, que en uno de sus destierros llegó a Roma acompañado de monjes egipcios.

Los principales promotores de la vida monástica en Occi¬dente fueron San Ambrosio, en el norte de Italia, y San Jeró¬nimo, en Roma. San Martín, discípulo de San Hilario, fundó el primer monasterio en las Galias (360).

410. Los Benedictinos. Siglo VI.-La organización de los monasterios y de la vida religiosa se perfeccionó aún más con la fundación de la Orden Benedictina, por San Benito (480-543).

Los Benedictinos trabajando.

De una familia distinguida, y educado en Roma, San Benito se retiró, siendo aún joven, a la soledad de Subiaco, para huir de la corrupción del mundo y para vivir como los solitarios de Egip¬to.   Pero pronto lo siguieron muchos discípulos,, y en 529 fundó

para ellos el Monasterio de Monte Casino, al norte de Ñapóles. Redactó luego su regla monástica, que se propagó en todo el Oc¬cidente y fué adoptada por muchísimos monasterios.

Al lado del monasterio de Monte Casino se fundó otro de Benedictinas, dirigido por Santa Escolástica, hermana gemela de San Benito.

Innumerables son los santos y hombres célebres que la Orden Benedictina ha dado a la Iglesia, entre ellos varios papas. Sus monasterios, llenos de celosos apóstoles y de hombres estudiosos, prestaron servicios incalculables a la cultura del Occidente de Europa.

Sin embargo, del siglo VI al IX, la vida monástica decayó mucho, debido particularmente a la intromisión de los reyes y de los señores en el nombramiento de: abades, a menudo indignos y sin vocación, que sancionaban con su vida poco edificante toda clase de abusos e irregularidades.

411.    Ordenes monásticas en los siglos XI, XII y XIII.–

San Bernardo.

Con el fin de reformar la vida monástica y de suprimir los abusos que en ella se introdujeron en los siglos anteriores, se fundaron,

ORDENES RELIGIOSAS EN LOS S. XI, XII. Y XIII

en el siglo XI, dos órdenes importantes: la de los Cartujos, fun dada por San Bruno, y la de los Cisterciensesr de la que fué mien bro más tarde San Bernardo, y abad y fundador del monasterio de Claraval (1115).

En los siglos XII y XIII aparecieron las órdenes siguien-tes:

La de los Premonstratenses, fundada por. San Norberto es 1120.

La de los Carmelitas, cuyo origen se hace remontar ai pro feta Elias, fué reorganizada por un cruzado italiano en el monte Carmelo (1156). A San Simón Stock, sexto superior de la o» den, debemos el uso del escapulario del Carmen ‘(1251).

“• La orden de los Agustinos, fundada en 388 por San Agus tín¿ de la que se formaron varias ramas con el tiempo, pero que volvieron a ser unificadas en 1256. Esta orden cooperó en gran manera, durante la Edad Media, a la cristianización de mucho; pueblos, y después, a la del Nuevo Mundo y de las islas Filip’ ñas.

La de los Trinitarios, ‘fundada en 1209 por San Juan de Ma ta y San Félix de Valois.

La de los Mercedarios, fundaba en 1218 por San Pedro No lasco y San Raimundo de Peñafort, con el fin de rescatar los cautivos cristianos en poder de los musulmanes.

Para practicar más estrictamente la pobreza y para dedi carse más directamente a la instrucción y evangelización de la.» clases sociales, se fundaron, en el siglo XIII, dos órdenes men dicantes, llamadas así porque sus miembros tenían que mendiga* para alimentarse. Estas órdenes fueron la de los Franciscanos * la de los Dominicos.

Los Franciscanos o Frailes Menores fueron fundados en Ita¬lia, en 1209, por San Francisco de Asís, una de las figuras mas extraordinarias y admirables de la Iglesia Católica. Con el tiem-po se dividieron los Frailes Menores en varias ramas, de las qu-quedan ahora los Franciscanos, los Conventuales y los Capu chinos.

Los Dominicos fueron fundados en 1215 por Santo Domingo de Guzmán, y se les dio también el nombre de Predicadores, por que debían combatir las herejías con la predicación. A Santo Domingo debemos la institución del Rosario.

ORDENES MILITARES

Santo Domingo de Guzmán.

Paralelamente a las Ordenes de varones, se desarrollaron Or¬denes de mujeres, a saber: las Benedictinas, las Carmelitas, las Agustinas, las Mercedarias, las Clarisas, las Franciscanas, las Capuchinas, las Dominicas, etc.

412.    Ordenes militares en los siglos XI, XII y XIII.-

Las Ordenes militares o de caballería datan de tiempo de las cru¬zadas; sus miembros eran monjes y caballeros al mismo tiempo. Hacían voto de defender a la cristiandad con las armas y prote¬gían a los peregrinos contra los ataques de los infieles. Hubo tres Ordenes célebres de caballería: los Hospitalarios, los Tem¬plarios y los Caballeros Teutónicos.

EL ISLAMISMO

CAPITULO LXIV EL ISLAMISMO

413,         Mahoma.-El ‘fundador del islamismo fué Mahomat

descendiente de Abrahán por Ismael. Nació en la Meca, ciudad

de Arabia, en el año 570 de nuestra Era, de padre idólatra y de

madre judía.

Huérfano desde su más tierna edad, fué educado por un tío suyo, y llegó a ser sucesivamente conductor, de caravanas, mer¬cader y soldado. A eso de los cuarenta años comenzó a decla¬rarse profeta, diciéndose enviado de Dios para fundar una reli¬gión destinada a sustituir a todas las demás. Perseguido por sus conciudadanos, que estaban muy al corriente de sus vicios y no creían en su pretendida misión, tuvo que huir a Medina*, Jonde se había creado un partido numeroso.

Desde su huida, que ocurrió en el año 622 de Jesucristo, se cuenta la Era de los mahometanos, que es generalmente cono¬cida con - el nombre  de hégira  (huida).

414.         El Corán.-En el Corán (1) está contenida la doc¬

trina de Mahoma, que es una monstruosa mezcla de judaismo,,

paganismo y cristianismo. La unidad de Dios, la fe en la Pro¬

videncia, llevada hasta el fanatismo*, la inmortalidad del alma*

el juicio final y un paraíso completamente sensual, son los dog¬

mas principales que enseña este libro. Comprende, entre los pre¬

ceptos notables que impone a sus secuaces, la abstención de la

carne de puerco y de las.bebidas fermentadas, el ayuno durante

un mes, la limosna, la oración cinco veces al día, y, por último,

la peregrinación a la Meca una vez en la vida. La guerra con¬

tra los infieles, es decir, contra aquellos que no son musulma¬

nes*, se considera como cosa muy santa.

Desconócense en el Corán las virtudes interiores, como el amor de Dios y del prójimo, la mortificación de los sentidos» la humildad, etc., que son el alma de la religión.

(1) El Corán o Alcoran (palabra árabe que significa “libro por excelencia”) es para loa mahometanos lo que la Biblia para los cris¬tianos.

Mahoma dictando el Corán.

415. Progresos del Islamismo.-Una vez emprendida la carrera a que fué arrastrado por su fanatismo y su ambición, Mahoma ya no se detuvo en reparo alguno, sino que halló bue¬nos todos los medios de hacer prosélitos: el embuste, los mila¬gros fingidos, la crueldad, y aun la fuerza de las armas, todo era aceptable para su fin. Poniéndose a la cabeza de una turba compuesta de soldados desertores y de conocidos salteadores de caminos, comenzó por atacar y robar las caravanas; consiguió después apoderarse de la Meca, y acabó por imponer su reli¬gión a toda Arabia. Preparábase ya para invadir a Siria, cuando murió envenenado en Medina (632).

Fieles al lema del falso Profeta, que era el de cree o muere, los califas, sus sucesores, continuaron tratando de imponer, por medio de las armas, la religión de que ellos mismos se hicieron apóstoles (1). Favorecidos por la debilidad de los emperado¬res griegos y por las divisiones nacidas de la herejía, los feroces

(1) Nótese la gran diferencia que hay entre esa manera de hacer prosélitos los hombres, y la empleada por Jesucristo y sus discípulos, quienes ganaban las gentes al Evangelio, no por al terror, no dando la muerte, sino sufriéndola ellos: no se servían de la espada, sino de la cruz para el triunfo de su causa.

CISMA DE LOS. GRIEGOS.

sectarios de Mahoma cayeron como torrente sobre el Asia occi¬dental, Persia, Egipto y el norte de África, causando al cristia¬nismo pérdidas irreparables en todos aquellos países. A princi¬pios del siglo VIII pasaron el Estrecho de Gibraltar, y auxilia¬dos por traidores, ganaron la batalla del Guadalete, merced a la cual quedaron en poco tiempo dueños de casi toda España. Refu¬giados en las montañas de Asturias y en los Pirineos los cristia¬nos que no se sometieron al yugo sarraceno, comenzaron desde allí la terrible lucha que debía durar ocho siglos, para dejar a Es¬paña libre de tales invasores. Entusiasmados éstos con sus vic¬torias,^ franquearon los Pirineos y penetraron hasta el corazón de Francia, donde se encontraron con el valeroso Carlos Martélj que los deshizo en la famosa batalla de Poitiers (732).

416.         Juicio crítico sobre el Islamismo.-La experiencia

ha demostrado que la corrupción de costumbres, el envilecimien¬

to de la mujer, la esclavitud, la ignorancia más completa, el des¬

potismo de los soberanos* el abatimiento de los pueblos y la rui¬

na de fértiles comarcas, han sido, aparte de otros males, el em¬

ponzoñado fruto que el Islamismo ha producido, y produce

aún hoy día en todos los países donde predomina.

CAPITULO LXV CISMA DE LOS GRIEGOS

417.         Origen del cisma griego.-Desde que los emperado¬

res fijaron su residencia en Constantinopla (1), los patriarcas

de esta ciudad comenzaron a mostrarse envidiosos de la supre¬

macía del Papa, y a querer igualarle en categoría. Con este fin,

vióseles aprovechar cuantas ocasiones se presentaban para hacer

actos de independencia y arrogarse, poco a poco, la supremacía

sobre todas las Iglesias del Oriente. En el siglo VI, llevó uno

de ellos la audacia al extremo de tomar el fastuoso título de Pa-

(1) El año 330, dejando Constantino al Papa la Ciudad de Roma, trasladó su residencia imperial a Bizancio, ciudad que embelleció extra¬ordinariamente, dándole además el nombre de Constantinopla, que quie¬re  decir  “ciudad  de  Conátantino”.

FOCIO

íriarca ecuménico, o universal. Tales tendencias no podían me¬nos de concluir con un cisma y así sucedió en efecto. Focio co¬menzó el rompimiento en el año 850 y lo consumó Miguel Ceru-lario a mediados del siglo XI.

418. Focio.-Era Focio un hombre dotado de bellas pren¬das naturales, pero que se dejaba dominar de su carácter fogoso y de su desmesurada ambición. No contento’ con verse elevado a las primeras dignidades del Estado, concibió la idea de sentarse en la silla patriarcal de Constantinopla, que ocupaba entonces San Ignacio, prelado distinguidísimo por su ciencia y su virtud. Presentáronse propicias las circunstancias, porque el emperador Miguel III y su favorito Bardas expulsaron a San Ignacio de su sede, debido a que los reprendía por su escandalosa vida, y lo sustituyeron por Focio, cuya adhesión conocían bien.

Faltaba tan sólo legitimar esta sacrilega usurpación. Co¬mo San Ignacio se negara con entereza a dar su renuncia, lo encerraron en obscuro calabozo, donde lo afligieron con malos tratamientos; hicieron que una especie de concilio decretase su deposición, y luego lo desterraron. Aunque Focio trató de obte¬ner por sorpresa la aprobación del papa, desfigurándole los he¬chos, éste llegó a conocer la impostura, y mandó una enérgica protesta al emperador; anuló las actas de aquel conciliábulo, y decretó la deposición de Focio y la restauración de San Igna¬cio.

La muerte de Bardas y la del emperador, acaecidas poco des¬pués, obligaron a Focio a someterse. Este fué encerrado en un mo¬nasterio, mientras San Ignacio, volviendo de su destierro, hacía su entrada triunfal en Constantinopla. Celebróse en esta capi¬tal, un concilio general que renovó la sentencia que contra el usurpador había dictado el Soberano Pontífice, cuya primacía sobre todos los patriarcas y obispos del mundo católico fué um¬versalmente reconocida.

Sin embargo, cuando murió San Ignacio, Focio volvió a ocu¬par indebidamente la sede patriarcal de Constantinopla; pero ana¬tematizado de nuevo por la Iglesia, fué a pasar el resto de su vida en un monasterio de Armenia (891).

No concluyeron con él aquellas aspiraciones de independen¬cia, porque una buena parte de la Iglesia griega se hallaba do¬minada por cierto espíritu de encubierta animosidad contra la corte de Roma, y todo estaba bien preparado para el cisma, cuan¬do Miguel Cerulario fué elevado a la silla patriarcal de Constan¬tinopla (1043).

M

IGUEL CERULARIO

419. Miguel Cerulario.-Este nuevo patriarca se declaró desde luego enemigo de la Iglesia romana, acusándola de haber alterado la disciplina* en varios puntos esenciales, aunque esto no era más que un pretexto para sus planes. Púsolos luego en ejecución, haciendo cerrar las iglesias de los latinos y mandando reiterar el bautismo de los que lo habían recibido conforme al ri¬to romano.

El papa envió legados a Constantinopla, y aunque fueron re¬cibidos por el emperador con los honores acostumbrados, el pa¬triarca se negó a verlos. Todavía hizo más, pues, reuniendo al¬gunos obispos como en concilio, tuvo la osadía de decretar la ex¬comunión del papa y de todos los latinos. ■ Con ese atrevido y ruidoso escándalo consumó el cisma, que subsiste aún hoy día en una gran parte de la Iglesia griega, por más esfuerzos que los papas han hecho para traerla de nuevo a la unidad católica.

Eos griegos cismáticos se dividieron en varias Iglesias, in¬dependientes unas de otras. La más numerosa es la Iglesia ru¬sa, en la cual, desde Pedro el Grande, hasta la revolución rusa de 1917, la suprema autoridad espiritual residió en el Czar*.

TERCERA ÉPOCA. - EDAD MODERNA

DESDE EL RENACIMIENTO HASTA NUESTROS DÍAS

CAPITULO LXVI

EL RENACIMIENTO EL PROTESTANTISMO EN ALEMANIA

420. El Renacimiento y sus consecuencias para la Igle¬sia Católica.-Dase el nombre de Renacimiento a la renovación literaria, artística y científica que se produjo en Europa en los siglos XV y XVI, particularmente bajo la influencia de la cultu¬ra de la antigüedad pagana puesta nuevamente de moda.

Se acentuó este movimiento sobre todo después de la toma de Constantinopla por los turcos, en 1433, cuando los sabios grie¬gos se esparcieron por el Occidente de Europa, llevando consiga manusciitos de las obras de los poetas, historiadores y filósofos de la antigüedad. El descubrimiento de la imprenta facilitó mu¬chísimo la divulgación de esas obras, y tanto los papas como los reyes, prodigaron su ayuda a los escritores y artistas.

Por desgracia este movimiento fué generalmente mal encau¬zado por los sabios en Italia, y especialmente en Alemania. Se propagaron las ideas paganas con gran detrimento del espíritu cristiano, paganizáronse insensiblemente los pueblos, y pronto vino la corrupción de costumbres, el debilitamiento de la fe, el espíritu de independencia, la oposición de los príncipes y gober¬nantes a la autoridad de la Iglesia y la desorganización de la cristiandad.

421.         Necesidad de una reforma.-En vista de tantos ma¬les, se ansiaba una reforma en la Iglesia; pero desgraciadamente esa reforma empezó fuera de la Iglesia y contra la Iglesia.

422.         La Reforma protestante.-Desígnase con el nombre de Reforma protestante la rebelión que estalló en la sociedad cris¬tiana en el siglo XVI, y que segregó de la Iglesia romana una buena parte de Europa.

Secundada por el espíritu de orgullo y corrupción que en¬gendró el Renacimiento, no menos que por la codicia de los po¬deres públicos, ansiosos de apoderarse de los bienes del clero, la Reforma protestante se propagó rápidamente por Alemania, Sui¬za, Holanda, Inglaterra y la mayor parte de los Estados del nor¬te de Europa, sembrando por doquiera la discordia y la pertur¬bación (1).

423.         Lutero. Su apostasía y su rebelión contra la Igle¬

sia.-El alma de este alzamiento, que más funestamente que nin¬

gún otro ha desgarrado el seno de la Iglesia, después del-de Arrio,

fué un religioso agustino llamado Martín Lutero, nacido en 1483

  • en Eisleben, ciudad de Sajonia (Alemania).

Concluidos con brillantez sus estudios, entró en la Orden de los Agustinos y llegó a ser profesor de la universidad de Wittem-berg, donde adquirió gran reputación por su saber y elocuencia; pero ya desde entonces se le veía dominado por el más impetuoso •orgullo y la ira más fogosa y violenta.

En 1514 el papa León X concedió indulgencias a los que con¬tribuyesen con limosnas para la terminación de¡ la basílica de San Pedro y la santa cruzada contra los turcos. En Alemania se en¬cargó a los Dominicos la predicación de aquellas indulgencias y la colecta de las ofrendas de los fieles.

Ora fuese por celos entre las Ordenes religiosas, ora por pre¬disposición natural de su corazón inquieto y turbulento, en 1517 comenzó Lutero a declamar contra la Orden dominicana, pasando después a hacerlo contra las mismas indulgencias y, por último, contra la autoridad de la Santa Sede.

(1) Aquí debemos observar que nunca se ha visto a ningún cató¬lico, deseoso de mejorar su vida, que haya abandonado su religión pa¬ra hacerse judío, musulmán o sectario de alg-una herejía; mientras que, por el contrario, muchas personas instruidas y virtuosas que ha¬bían nacido en aquellas religiones, han abrazado el catolicismo para •asegurar su salvación.

EL PROTESTANTISMO

LJTERO

289

Erigióse en reformador de algunos abusos que, por desgra¬cia, se habían introducido en la Iglesia, y confundiendo la disci¬plina con el dogma, vociferó y escribió contra el purgatorio, con¬tra el culto de los santos y contra el libre albedrío. Combatió, adémas la validez de los votos monásticos, el celibato de los clérigos, el ayuno, la abstinencia, la confesión, etc., y no conservó más sacramentos que el Bautismo y la Eucaristía. También in¬trodujo el libre examen*, en sustitución de la autoridad de la Iglesia, para la interpretación de la Biblia.

Tachada de herética su doctrina por los teólogos católicos y condenada por las universidades de París y de Lovaina, se obs-

Lutero quemando la Bula pontificia.

tino Lutero en no retractarse de sus errores y tuvo que intervenir el Papa, quien, no pudiendo atraerlo por la persuasión, lanzó una Bula de excomunión contra el nuevo heresiarca, y mandó que sus escritos fuesen quemados.

En lugar de someterse, Lutero, que contaba ya con algún apoyo, echó al fuego públicamente la .Bula pontificia, y apeló y

un concilio general. Después de este escándalo ya no guardo consideración alguna, vomitando contra la Iglesia romana y su jefe furibundos ataques y denigrantes injurias.

Al ver el emperador Carlos V las peligrosas tendencias de la ¡nueva herejía, citó a Lutero ante la dieta* de Worms, en 1521; y aunque éste fué de nuevo confundido por los teólogos católi¬cos, no por ello abandonó su actitud rebelde. El emperador apo¬yó la sentencia del Papa, y Lutero debía ser desterrado; pero el elector Federico de Sajonia y sus amigos se lo llevaron al casti¬llo de Wartburgo, para protegerlo. Allí permaneció dos años, y aprovechó de su retiro para empezar la traducción de la Biblia-suprimiendo los pasajes que no le convenían, interpretando otros tendenciosamente, y haciendo hábiles interpolaciones.

Necesitaba auxiliares ese audaz reformador, y los halló en los príncipes, cuya codicia halagó incitándolos a la usurpación de íos bienes eclesiásticos. Asimismo halagó sus bajas pasiones, lle¬vando su escandalosa complacencia hasta tolerar que uno de ellos ¡tuviese dos mujeres a la vez; y como para ratificar tales actos, leí mismo contrajo matrimonio con una religiosa cisterciense, que a instancias suyas apostató de su santo estado.

Justamente alarmado el emperador Carlos V por las escan¬dalosas escenas que en todas partes provocaba la pretendida Re¬forma, reunió varias dietas para atajar los progresos de la he* rejía. Las dos principales fueron la de Espira*, reunida en 1529, y la de Ausburgo*, en 1530. En aquélla se dio a los luteranos por primera vez el nombre de protestantes (1), a causa de la protesta que hicieron contra el decreto que les prohibía introdu¬cir su doctrina en los países donde todavía no era conocida. En la dieta de Ausburgo, Melancton, discípulo y amigo de Lutero, presentó una proposición de fe, que fué por algún tiempo el “credo” de los luteranos y es conocida con el nombre de Confesión ‘de, Ausburgo.

Engreídos más tarde, por ser ya numerosos, los príncipes de los Estados de Alemania que se habían hecho protestantes, for¬maron la liga de Emalcalda*, para poder luchar contra el em¬perador; y como a éste no le era fácil resistir simultáneamente a los enemigos del exterior y a esos confederados, acabó por con4

(1) Este nombr© se ha hecho después extensivo a todos los Que pertenecen a las innumerables sectas nacidas de la Reforma; los pro-tostantes franceses, discípulos de Calvin o, son llamados también calvi-ti tatas y hugonotes.

EX PROTESTANTISMO

ceder a los protestantes la libertad de conciencia, hasta la reunión de un concilio general.

Triunfaba con ello Lutero, y viéndose a la cabeza de un par¬tido numeroso, subió de punto su soberbia e insolencia. Dio a luz reiterados escritos mordaces y satíricos contra el Vicario de ‘Jesucristo, y nuevos líbelos incendiarios, destinados a sublevar a! pueblo, a dejar desiertos los claustros y arrastrar al clero y a los fieles a la más criminal rebelión.

Este padre de la reforma murió, por fin, en Eisleben su pue~ blo, en 1546, dejando quebrantado el principio de autoridad era el seno de la sociedad cristiana, a la Iglesia en la mayor pertur¬bación y a Europa sumida en desastrosas disenciones civiles y •religiosas, que habían de costar raudales de sangre.

CAPITULO LXVH EL PROTESTANTISMO FUERA DE ALEMANIA

424. Caivino.-Juan Calvlno fué, después de Lutero, el apóstol más tristemente célebre en la pretendida Reforma. !Na~ ¡ció en Noyón,, en 1509, habiéndose dado a conocer desde su ju¬ventud por su gran talento y x>or la temeridad de sus opiniones. Cuando estudiaba Derecho, en Brujas, trabó amistad con algu-¡nos partidarios de Lutero, y se adhirió a sus principios. Por la relajación de sus costumbres se vio en peligro de ir a la cárcel; pudo huir, y llevó una vida aventurera, tanto en el mediodía de ¡Francia, como en Suiza y en Italia. Después se fijó en Basilea*,, dando allí la última mano a su libro intitulado Institución Cris¬tiana, y como el partido de la reforma había llegado a ser domi¬nante en Ginebra, se trasladó Caivino a dicha ciudad hacia el año 1535; allí llegó al apogeo de su importancia (1).

Dominado por un carácter frío, seco e inexorable; extremó las ideas de Lutero hasta negar la presencia real de Jesucristo

(1) Parte de Suiza había sido ya pervertida por Zuingrllo, antiguo cura de Einsiedeln y después predicador de Zurich. Aprovechándose de, la perniciosa licencia que predicaba a los demás, este reformador a la moda se casó con una viuda rica de su país. Desde entonces Suiza, que siempre había estado en paz, se vio turbada con fratricidas diseccio¬nes; porque habiéndose armado los cantones católicos en defensa de eu fe y de su libertad, estalló la guerra civil. Los herejes quedaron derrotados en la batalla de Capel, y Zuinglio pereció batiéndose al fren¬te de los euyos (1531).

ENRIQUE VIH

en la Eucaristía.   Además, prohibió todo culto exterior,, y echó por tierra toda jerarquía eclesiástica.

Este hombre, que enseñaba a despreciar la autoridad de la

Iglesia, imponía a sus sectarios la más ciega sumisión de cuan¬

to le placía disponer; él, que predicaba la tolerancia a Francis¬

co I, gobernaba en Ginebra con la mayor tiranía, manifestándose,,

en sus ideas, absolutista y despótico hasta la ferocidad.   Al mé-

dico español, Miguel Servet, lo mandó quemar vivo tan sólo por»

que sostenía una opinión

de la Santísima Trinidad;

dalsos con esta inscripcic

Calvino” (1).

Murió este hereje en 1564/cuando por su habilidad y traba»» !fo había hecho de Ginebra el centro de la más activa propaganda* Desde allí se difundió la Reforma, no solamente por Suiza, sino “también por Francia, Países Bajos y hasta por las montañas de,

Escocia.

La religión que se decía reformada no causó menos desas* tres en Francia que en Alemania; porque haciéndose los calvi* nistas franceses tanto más osados cuantas más consideraciones se les tenían, dieron lugar a que su patria se viera desgarrada pof desastrosas guerras civiles, acompañadas de las mayores atroci-* dades.   A 20,000 asciende el número de iglesias saqueadas por aquellos fanáticos en el espacio de cuarenta años, y sólo en el Delfinado dieron muerte a 256 sacerdotes y 112 religiosas, e in cendiaron 200 poblaciones.

425.    Enrique VIII y el cisma anglieano.–Enrique VIIIA rey de Inglaterra, debe ser también considerado como uno de los fundadores de la Reforma.  Al principio era tan afecto a la San¬ta Sede, que León X le concedió el glorioso título de Defensor de la fe, por haber refutado,, en una obra teológica, los errores de Lutero sobre los sacramentos.   Pero una pasión culpable ahogó en su corazón tan buenas disposiciones, para arrastrarlo a los peores excesos    Ciegamente enamorado de Ana Boleyn, dama de la corte, formó el propósito de casarse Con ella; para lo cual intentó anular el matrimonio que había contraído con Catalina de Aragón, veinticuatro años antes.   Como el Papa se negó a se-cundar tan inicuo proceder, separóse Enrique de la Iglesia cató-

lica, y tomó el título de Jefe supremo de la Iglesia de Ingla¬terra. Así es como, por la depravación de su rey, aquel país vino a ser cismático, debido a lo cual no tardó en ser fácil presa de la herejía protestante.

La sacrilega usurpación de Enrique VIII fué la señal de una espantosa persecución. ¡Desgraciado del que osaba negar la su¬premacía del nuevo papa!   En seguida era llevado al cadalso.

A pesar de que, ya por cobardía, ya por traición, muchos no¬bles y prelados aplaudieron las pretensiones del monarca, no fal¬taron hombres valerosos e independientes que protestaron con su muerte contra tantas defecciones. A la cabeza de estos mártires de la unidad católica figuran los dos hombres más conspicuos entonces en Inglaterra por su ciencia y honradez; el virtuoso Fisher, obispo de Rochester, y su ilustre amigo Tomás Moro, gran canciller del reino.

Encerrado este último en la Torre de Londres*, despojado de todos sus bienes, honores y dignidades, vióse condenado a mo¬rir a manos del verdugo, y arrostró la muerte con la serenidad heroica de los primitivos cristianos.   Poco antes de marchar al su-

EL PROTESTANTISMO EN INGLATERRA      ,       293

plicio pudo verle su esposa, que se arrojó a sus pies, poniendo en juego todos los recursos del más acendrado amor para rogan¬te que obedeciese al rey, y no abandonara su querida familia,, su brillante posición y preciosa vida en. lo mejor de su carrera; mas este noble procer, dando oídos únicamente a la voz de su conciencia cristiana, contentóse con hacerle la pregunta siguien¬te: “Si en premio de mi sumisión recobrase mis riquezas y dig¬nidades, ¿cuánto tiempo podría disfrutarlas?”-”Por lo menos veinte años,” respondió tímidamente aquélla. “¡Veinte años!”- repuso el confesor con acento enérgico,-”y por veinte años de vida i queréis que yo consienta en perder mi alma y que sea con¬denado a las penas eternas del infierno?”,.. Estando ya en el patíbulo, protestó morir por la fe católica, apostólica y romana, púsose de rodillas, y recitando el Miserere, inclinó la cabeza y re¬cibió el golpe que consumó su glorioso martirio.

Enrique VIH terminó en 1547 su agitada vida, deshonrada por la depravación y la crueldad, dejando el trono a su hijo Eduar¬do VI que sólo tenía diez años.

426.         Eduardo VI y el protestantismo en Inglaterra.-

Bajo las, inspiraciones del duque de Somerset, tutor del joven rey, y con el auxilio del traidor y desleal Cránmer, antiguo capellán de Enrique VIII y arzobispo intruso de Cantórbery, la herejía vino a unirse al cisma, pues el protestantismo fué declarado re¬ligión del Estado; así comenzó la nueva secta llamada anglica-Mismo.

Salvo raras excepciones, el clero tuvo la cobardía de adherir-” se a la apostasía oficial; y allí, como en los demás países, se hizo protestante la nobleza para enriquecerse con los bienes arre¬batados a la Iglesia. Seducido y abandonado el pueblo por los que tenían misión de instruirlo y defenderlo, aunque intentó re¬sistir al principio, tardó poco en doblegarse a las sacrilegas exi¬gencias del poder.

427.         María Tudor e Isabel.-Con María, hija legítima de

Enrique VIII, fué por poco tiempo restablecida la religión cató¬

lica en Inglaterra; pero su hermana Isabel, que le sucedió en 1558,.

volvió a hundir violentamente a la nación en la herejía, que aún

domina en aquel país (1).

(1) IJOS admira-bles progresos que el Catolicismo ha hecho y s!» g-ae haciendo en Inglaterra, de medio siglo acá, permiten esperar qu« algún día la Iglesia tendrá el gran consuelo de ver a esa nación vol¬ver a la unidad católica-

CAPITULO LXVM REFORMA CATÓLICA

428. Concilio de Trento.-La necesidad de poner remedio a los males que afligían a la Iglesia y de oponer una barrera a las continuas usurpaciones de la herejía, reclamaba con urgencia la reunión de un concilio general. Diferido éste, a causa de las tur¬bulencias que entonces agitaban a Europa, abrióse por fin en Trento*, bajo la presidencia de los Legados Pontificios, acom¬pañados de embajadores de todas las naciones católicas. La pes~< te y la guerra interrumpieron varias veces sus trabajos; de mo¬do que habiendo sido convocado por Paulo III en 1545, el con¬cilio no terminó hasta 1563, bajo el pontificado de Pío IV.

Viéronse reunidos en él más de 200 cardenales, partiarcas„ arzobispos y obispos, 39 representantes de obispos ausentes, y 7 generales de otras tantas Ordenes religiosas. Aunque fueron también citados los jefes de la pretendida Reforma con la garan¬tía de un salvoconducto*, ninguno de ellos compareció. Así se vio confirmado que las tinieblas huyen de la luz y que mientras hay interés por vivir en el error, se teme conocer la verdad. En¬tre los oradores de la Santa Sede y teólogos del Concilio, brilla¬ron en primera línea los padres españoles Láinez y Salmerón, de la Compañía de Jesús, fundada poco antes por San Ignacio de ho¬yóla.

Muchos y profundos fueron los trabajos realizados por aque¬lla asamblea. La doctrina católica sobre la gracia, los sacramen¬tos, el purgatorio, las indulgencias, y en general, todos los dog¬mas atacados por la herejía, fueron definidos con una claridad que excluye todo equívoco, y con una precisión que no da lugar a subterfugio alguno. Pero si bien los Padres del Concilio de Trento no hicieron concesión alguna al error, no por eso dejaron de aceptar varias mejoras provechosas y fecundas, dándoles ca¬bida en sus decretos de reformas, tan maduramente y con tan amplio criterio elaborados, que en ellos los principios inmutables de la disciplina eclesiástica se amoldan sabia y felizmente a las necesidades de los tiempos y transformaciones sociales.

CONGREGACIONES RELIGIOSAS 295

De sus muchos acuerdos, bastarían para dar gloria al citado Concilio, los tres siguientes: 19 la publicación del Catecismo que lleva su nombre, del cual los demás no son sino un compendio; 2*, la institución de Seminarios para la formación de los jóve¬nes que aspiren al sacerdocio, Y 3* la reforma de la Liturgia* romana, llamada a ser la única en la Iglesia.   -.

Concluido el Concilio de Trento, generalizóse la reforma caj tólica en todos los países que quedaron fieles al Papa, y muy pronto volvió a brillar la santidad en toda la Iglesia.

En esa misma época, y precisamente como resultado de la nueva savia que se comunicó a la cristiandad, muchos celosos misioneros, siguiendo el camino abierto ya por San Francisco ¡Javier, extendían el reino de Jesucristo, llevando la fe a lejanos países infieles. Las conquistas que estos nuevos apóstoles hicie¬ron en Asia y América indemnizaron cumplidamente a la Igle¬sia de las pérdidas que el protestantismo le había hecho sufrir.

429. Congregaciones religiosas y santos en ios siglos XVI, XVII y XVIII.-Los frutos obtenidos con la reforma ca¬tólica desde el Concilio de Trento fueron tan abundantes y tan. consoladores, que bien puede considerarse el siglo XVI como uno de los más esplendorosos de la historia de la Iglesia.

Las antiguas órdenes religiosas volvieron al fervor primi¬tivo y se fundaron muchas congregaciones religiosas, que dieron pronto sazonados frutos de santidad y realizaron un bien inmen¬so en el mundo.

He aquí los principales santos de esta época:-San Ignacio de hoyóla, fundador de la Compañía de Jesús;-San Juan de Dios¿ fundador de la Orden que lleva su nombre;-San Fran¬cisco Javier, jesuíta, apóstol de la India y del Japón;-San Fran¬cisco de Borja;–Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Va¬lencia ; San Pedro de Alcántara, austero reformador de los Fran¬ciscanos;-Santa Teresa de Jesús, la insigne doctora de Avila y reformadora del Carmelo, junto con San Juan de la Cruz;–San José de Calasanz, fundador de los Escolapios; Santa Ange¬la de Mérici, fundadora de las Ursulinas;-San Carlos Borro-meoy arzobispo de Milán;-San Felipe Neri, fundador de la Con¬gregación del Oratorio;-San Cayetano, fundador de los Teati-nos; San Pío V, en cuyo tiempo las armas cristianas alcanzaron el memorable triunfo de Lepanto, contra los turcos (1571);-y

una infinidad de otros santos y santas, entre los cuales se hallan los tres modelos de la juventud, San Luis Gonzaga, San Juan Bcrchmans y San Estanislao de Kostka.

En el siglo XVII hubo también muchos santos notables y se fundaron importantes congregaciones religiosas. Merecen espe¬cial mención: San Francisco de Sales, obispo de Ginebra, doctor de la Iglesia y fundador de la Orden de la Visitación, junto con Santa Juana Francisca de Chantal;-San Vicente de Paúl, funda¬dor de las Hermanas de la Caridad y de los Sacerdotes de la Misión, llamados más tarde Lazaristas o Paúles;-San Juan Bau¬tista de la Salle, fundador de los Hermanos de las Escuelas Cris¬tianas.

En el siglo XVIII, San ‘Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia, fundó la Congregación de los Padres Redentoris-tas; y San Pablo de la Cruz, la Congregación de los Padres Pa-sionistas.

430., Efectos del protestantismo. - Basada la Reforma protestante en el libre examen* que es la negación de toda au¬toridad dogmática en materias religiosas, formáronse pronto una

EFECTOS DEL PROTESTANTISMO             297

multitud de sectas disidentes; sin más lazo entre sí que el odio común al catolicismo. Con el apasionamiento de las discusiones y los intereses de las sectas, origináronse luchas sangrientas, que acabaron por amenazar todo el orden social, renaciendo las gue¬rras religiosas, que tantos desastres causaron en la Europa cen¬tral. La impiedad, y corrupción de costumbres llegaron pronto a su apogeo, fomentadas por el filosofismo* o sea el racionalismo*, secta perniciosa, hija del protestantismo, que negaba toda verdad revelada y cuyos principales corifeos*, Voltaire, D’Alembert, Di-derot, Rousseau, con una audacia y un cinismo increíbles y ape¬lando a los medios más reprobables, aspiraban a la abolición del Cristianismo y prepararon la Revolución- francesa (1780), que tantas ruinas había de producir en el orden social y religioso.

CAPITULO LXIX LA IGLESIA EN LOS SIGLOS XIX V XX

431.         Resultados de la revolución francesa.-Ea revolu¬

ción francesa.tuvo su repercusión en las demás naciones, tanto

en el Antiguo como en el Nuevo Continente: las ideas revolucio¬

narias penetraron en todas partes y provocaron un largo perío¬

do de desórdenes y de trastornos.

En Italia la lucha fué política y religiosa a la vez, y dio por resultado la perdida de los Estados Pontificios» en 1870, bajo Pío IX.

Pero aunque molestada e inquietada en su vida exterior, la Iglesia no tuvo que deplorar en su seno, como en siglos ante¬riores, cismas y defecciones lamentables.

432.         Desarrollo de la doctrina católica. Sus defensores.

.-Mientras más se encarnizaban los enemigos de la Iglesia en atacarla, sobre todo en el terreno de las ideas, con tanto mayor empello la defendían sus hijos fieles, y por doquier se levantaban insignes apologistas que hacían revivir, con su elocuencia y ener¬gía, los hermosos tiempos de los Tertulianos y los Justinos. Ci¬temos, como timbre de gloria, los nombres de Veuillot, Eacor-daire, de Maistre, de Bonald, Augusto Nicolás, Balines, Donoso

LA IGLESIA EN LOS S. XIX Y XX

Cortés, Fáber, Wiseman, Manning, Stolberg, “Weiss y otros cien, que en la prensa, en la tribuna, en la cátedra, dejaron oír su voz potente y prepararon la restauración religiosa que empezó a rea¬lizarse en la primera mitad del siglo XIX.

433.    Incremento  de las   Congregaciones  religiosas.-

La fecundidad innagotable de la Iglesia católica dio a luz en el siglo XIX a numerosas Congregaciones religiosas de uno y otro sexo,, que rivalizando en abnegación y celo, procuran ahogar el mal con la abundancia del bien, según frase de un eminente pu¬blicista. Unas se dedican a la enseñanza, educando a la juventud en el santo temor de Dios y sembrando así en la naciente gene¬ración semillas fecundas para el porvenir; otras a la predicación, y a las misiones; y otras, a obras de caridad y de beneficencia, aliviando las miserias de la humanidad doliente.

Bello espectáculo el que ofrece la Iglesia en estos días de prue¬ba: millares de misioneros, despreciando su vida, en alas de un santo celo, vuelan a las más apartadas regiones, para llevar allí, con intrepidez inaudita, la fe de Jesucristo e implantar en esas playas inhospitalarias la Cruz,, como signo de civilización. Mu¬chos han coronado sus trabajos apostólicos con glorioso martirio, y, como en los primitivos tiempos» su sangre generosa ha sido se¬milla fecunda de nuevos y fervorosos cristianos. A la sombra civilizadora de la Cruz, hanse levantado doquiera escuelas e igle¬sias, donde el pobre salvaje aprende a conocer al verdadero Dios, y detestar los groseros errores de la idolatría.

Entre las numerosísimas familias religiosas que han apare¬cido desde 1800 hasta nuestros días, he aquí, por orden crono¬lógico, algunas de las más conocidas:

Congregaciones que se dedican especialmente a la predicación y a las misiones.-De hombres: Padres Maristas, Padres de los Sagrados Corazones, Misioneros Oblatos de María Inmaculada, Misioneros Hijo del Inmaculado Corazón de María, Padres del Santísimo Sacramento, Misioneros del espíritu Santo, etc.-De mujeres: Franciscanas Misioneras de María, etc.

Congregaciones que se dedican especialmente a la enseñanza y algunas también a misiones.-De hombres: Hermanos Maris-tas, Hermanos de la Sociedad de María (Marianistas), Padres Salesianos, etc.-De mujeres: Damas del Sagrado Corazón, Her¬manas de San José de Cluny, Hermanas de Jesús María, Com¬pañía de Santa Teresa de Jesús, Hermanas de María Auxilia-

EL SACERDOCIO EN NUESTROS TIEMPOS

Pío IX proclamando el dogma de la Inmaculada Concepción.

clora, del Verbo Encarnado, Dominicas, Josefinas, Guadalupanas, de la Misericordia, etc.

Congregaciones de religiosas dedicadas especialmente a obras-He caridad y beneficencia: Siervas de María, Hermanas del Buen Pastor, de la Providencia, Hermanitas de los Pobres, etc.

434. El sacerdocio católico en nuestros tiempos.-Si en¬lodas las épocas ha ofrecido el sacerdocio católico bellísimos ejem¬plos de cómo sabe comprender y practicar su noble y santa misión, más ha podido admirarse en nuestros tiempos de prueba, en los que parece ha querido el Señor demostrar con cuánta predilec-< ion vela por los ministros del santuario.

Hoy,  como en los mejores tiempos del cristianismo, brilla

por su ciencia, su piedad y sus virtudes, desde el más ele-

;o de la jerarquía hasta el más humilde.   Los papas de

tiempos, como la inmensa mayoría de sus predece-

:n, no tan sólo el respeto y la veneración de los hi-

Una sesión del Concilio riel Vaticano.

jos fieles de la Iglesia, sino con frecuencia la admiración de sus enemigos más irreductibles. Entre los obispos y sacerdotes se ve el mismo consolador espectáculo. En todas partes, gracias a Dios, por su conducta y por su doctrina, el clero católico, en ge¬neral, se muestra más que nunca la luz del mundo1 y la.sal de la tierra.

435.   Hechos más salientes de los últimos papas.-Los

hechos más salientes del pontificado de Pío IX fueron: i9 la pro-1 rnulgación del dogma de la Inmaculada Concepción de la Santí¬sima Virgen (8 de dic. de 1854),-2* la publicación de la encí-» clica* Qnanta cura, seguida del Syllabus, o catálogo de los princi¬pales errores contemporáneos,-3° la convocación, en el Palacio del Vaticano, del vigésimo concilio ecuménico, que definió la in¬falibilidad pontificia (1869-1870).

León XIII se ilustró particularmente por sus encíclicas, en las que trató todos los problemas que preocupan al mundo intelec¬tual contemporáneo y expuso con rara precisión la doctrina ca¬tólica.   Merecen especial mención la encíclica, Humanum genus,

LOS ÚLTIMOS PAPA;

contra la masonería (1), y la Rerum nova, mu, en que expone, de la manera más clara y detallada, la dóctrina católica sobre la cuestión obrera, precisando bien los deberes v los derechos íanfl •de los patrones como de los obreros.

Pío X, con sus decretos sobre las condiciones para la comunion  frecuente y la temprana admisión de los niños a la primera comunión, dio el golpe de gracia al jansenismo, herejía que desde el siglo XVII venía apartando a los .fieles de la Sagrada Mesa;. por exigirles disposiciones que con gran dificultad puede el hom bre llegar a tener  (2).

Este papa, de una piedad extraordinaria,murio en olor de santidad, en agosto de 1914, hondamente afligido por haber visto estallar la guerra entre las naciones europeas.   §u causa de bea-tifiación ya ha sido introducida.

A Pío X le sucedió Benedicto XV quien, durante su corto femado de poco más de siete años, hizo cuanto pudo para que ter-minara la cruenta y devastadora guerra europea, i

(1) La Masonería es una sociedad secreta que tiene por objete-•secundario y aparente ejercer Ig beneficencia, pero cuyo tin principio y «fectivo es la destrucción completa del organismo religioso y social esta-Mecido por Cristo. A más de ser la masonería perniciosa por sa <*b?eto, ea impía pov sus principios, pues niega la existencia -del verdadero-Dios, la inmortalidad del alma, toda religión positiva*; es criminal poi* »n organización, pues viene envuelta en las tinieblas y el misterio) es en fin, inmoral por los medios «ine emplea, pues fomenta la corrup¬ción, a fin de poder mejor dominar a las almas envilecidas.

A los que niegan la influencia nefasta del masonismo, bastará, re-I cordarles las sentencias o anatemas que contra él han lanzado los sobe¬ranos  Pont’Cices.    Clemente XTI  termina su  encíclica*  del  27  de  abrit| de 1738, ac- ;rca de los peligros de esta secta, con las siguientes palabras: Prohibimos a todos los fieles el fundar, propagar y favorecer sociedades llamada-’* de masones, (logias masónicas); el agregarle a ellas y el » sis-I tlr a  NOS  reuniones, todo  bajo pena  de excomunión,   en   que inearrea fpso ¿’acto. Benedicto XIV y Pío IX, ratificaron esta condenación y e&M comi/nión.

“©1 papa León XIII confirmó, a su vez, estos reiterados actos de lti,<

Autoridad apostólica.   Recordad a los fieles que, en ¿virtud de aentenfl

  • Chiva repetidas veces promulgadas por nnestros antecesores* ningún ea–

Ltift’iS.vo, si quiere ‘manifestarse digno de este nombre y atender a su s.*»l-

.”vjción de un modo conveniente, puede, bajo pretexto alguno, ^Jt’iliausd

a ‘la secta da los masones.

!La mayor parte de los que entran en la secta son gente engaña’da» jues no ven más de lo que aparece en lo exterior, ignorando qac hay tfbs clasea de mason-sría: una oculta, en la que sólo figuran los gran» ¡es jefes o grados de la orden, y es la que obra en todas partes y en ninguna se le ve; otra ostensible, destinada a sostener laa aparieacis^-, <jue ejecuta, sin saberlo, los terribles proyectos de la otra.

<2)    Jansenio,   catedrático   de   Bovaina   y   luego   obispe   de   Ipre^J

  • scribió poco antes de morir una obra en la cual decía qu® la grr -ia

d-e  Dios obra de modo  irresistible y que  aquel  que la recibe se saiva

Infaliblemente; pero que Dios la da a muy pocos, y por -consiguiente r,o

quLere: que  todos  los hombres se salven.   En consecuencia,  el hOmbrB

no puede acercarse a recibir 3os Santos Sacramentos sino con gran ta

y después de una preparación extremadamente penosa  y laboriosa,

doctrina, condenada por Inocencio X, volvió a levantar cal-e-sa

rln   i ños  del  siglo  XVIII,  causando   graves, estrago,-;   en   la*   s’pl   -

K-II>I> mente en Francia 7 en los Países Bajos.

I,A IGLESIA EN LOS 3. XIX Y XX

A su muerte fué elevado a la Sede Apostólica el sabio car¬denal Ratti, con el nombre de Pío XI (febrero de 1922). Por su talento extraordinario para exponer en admirables encíclicas la doctrina de la Iglesia, es el digno sucesor de León XIII. Su pro¬grama de acción lo sintetizó en esta hermosa divisa, que fué el lema de su primera encíclica Ubi arcano Dei: “La paz de Cristio en él remado de Cristo.” En sus principales encíclicas desarro¬lla estos importantísimos temas.de actualidad: la formación del clero, la educación-cristiana, la acción católica, las misiones, el matrimonio cristiano, la restauración del orden social, y el comu¬nismo, como enemigo de la Iglesia y de la ‘-sociedad.

A la muerte de Pío XI, ciñó la tiara pontificia su Secretario de Estado, e! cardenal Eugenio Pacellí, con el nombre de pio XII (marzo de 1039).

436. Estado acual de la iglesia. la iglesia catolica segun los datos estadisticos

mas exactos e iparciale, cuent hoy cerca de 200 millones de fieles en Europs. mas

de 5 millonen en asia, 3 millones en africa 110 millones en america y

cerca de 11 millones en oceania. que otra sociedad hay en el mundo

comparable a la iglesia de jesuctristo? Esos 330.000.000 de subditos  son

dirigidos y administrados por unos 2.000 patroarcas, arzobispos, obispos,

prefects apostoles, y cuentan con unos 20.000 conventos y casas religiosas.

En ninguna epoca de la historia la iglesia ha reinado en una extension tan vasta, ni ha

contado en numero tan grande de fieles, que unidos en un solo han tienen depositada

toda su confianza en su fe infalible, el vicario de Cristo