La Eucaristía

La Eucaristía

Desde los primeros días de la Iglesia, se distinguía a los cristianos por que participaban de la Eucaristía (iban a Misa). “Se reunían para la fracción del pan y para la oración (Hechos 2,42). En esto seguían el mandato de Jesús “haced esto en conmemoración mía” (Lc. 22,20). Desde entonces y hasta hoy la Eucaristía es un punto central de la vida cristiana.

Veremos en esta sesión, qué creemos los cristianos sobre la Eucaristía, por que lo creemos y como entender un poco más este misterio. La doctrina del Iglesia sobre la Eucaristía se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) números 1322-1405[1].

Qué es el sacramento de la Eucaristía

Sacramento instituido por Jesucristo, por el que el pan y vino se transforman en el cuerpo y sangre de Cristo. Dios, en la persona de Cristo, se da como alimento para el alma.

¿Cómo sabemos esto? O ¿Por qué lo creemos? Como siempre, acudimos a los fundamentos de la religión cristiana: la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio.

La Eucaristía en la Sagrada Escritura

Jesús promete la Eucaristía y habla de la necesidad que tenemos de comulgar.

“Yo soy el pan vivo bajado del Cielo. El que coma este pan vivirá para siempre. El pan que Yo daré es mi carne , y la daré para la vida del mundo”. (Jn. 6, 51)

“El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día” (Jn. 6, 54).

“Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él. Como el Padre que vive me envió, y Yo vivo por El, así, quien me come a Mí, tendrá de Mí la vida . El que come este pan vivirá para siempre” (Jn. 6, 55-58).

Jesús instituye la Eucaristía en la última cena. Los tres evangelistas Mateo, Marcos y Lucas,  narran la escena.

“Después tomó el pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía’. Después de la Cena hizo lo mismo con la copa. Dijo: ‘Esta copa es la Alianza Nueva sellada con mi sangre, que va a ser derramada por vosotros”. (Lc. 22, 19-20).

S. Pablo muestra como ha recibido esta tradición de los Apóstoles y la transmite a los demás.

“Yo he recibido del Señor lo que a mi vez os he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía’. De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la bebáis hacedlo en memoria mía” (1 Cor. 11, 23-25)[2].

Muchos sostienen que cuando Jesús dijo “Este es mi Cuerpo” estaba hablando de manera simbólica, que el verbo “ser” significa “representar”. O en otras palabras, la Eucaristía “representa” a Jesús, pero no es el mismo Jesús.

Las palabras anteriores de Jesús son muy claras: “El pan que yo daré es mi carne y la daré para vida del mundo…” (releer citas anteriores). Un dato lingüístico interesante es que la palabra aramea para “comer” se traduce como masticar, morder. Más claro no podía ser Cristo.

Sus oyentes no entendieron que el planteamiento de comer su carne era algo simbólico. Tanto así que empezaron a protestar -“¿Cómo este hombre va a darnos a comer carne?” (Jn. 6, 52). Y Jesús no trata de suavizar su planteamiento o de corregir un supuesto malentendido. Muy por el contrario se repitió con mayor énfasis aún: doce veces dijo que El era el pan bajado del Cielo; cuatro veces dijo que tendríamos que comer su Cuerpo y beber su Sangre. Es decir, en esta escena del Evangelio de San Juan, Cristo promete con claridad lo que después cumplió en la Ultima Cena.

La Eucaristía en la Tradición de la Iglesia y en la Iglesia primitiva

Desde el primer momento, justo después de la Resurrección vemos que los discípulos “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hechos 2.42).

Los Padres de la Iglesia, al interpretar estos pasajes literalmente, definían claramente la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía:

“Deseo el Pan de Dios, el cual es la carne de Jesucristo… y por bebida deseo su sangre, la cual es amor incorruptible” (San Ignacio de Antioquía, 110 AD).

“Observad aquéllos que sostienen doctrinas heterodoxas sobre la gracia de Jesucristo… Se abstienen de la Eucaristía y de la oración porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo” (San Ignacio de Antioquia, 110 A. Epístola a los Cristianos de Filadelfia).

“Ha declarado que el cáliz, parte de la creación, es su propia sangre… y el pan, parte de la creación, ha establecido como su propio cuerpo” (San Ireneo, 189 AD. Contra las Herejías Libro V).

“Llamamos a esta comida Eucaristía; y a nadie le es permitido participar de ella, excepto aquellos que creen…Porque no recibimos estos alimentos como pan o bebida comunes; sino que… la comida transformada en Eucaristía por medio de la oración Eucarística que El estableció…es la carne y la sangre de Aquel que se hizo carne, Jesús.” (Justino Mártir. 150 DC. Primera Apología de Justino)

«No hallo placer en la comida de corrupción ni en los deleites de la presente vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo; su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible.». De San Ignacio de Antioquía (Siglo I).

“Vosotros envidiáis la oportunidad de la mujer que tocó las vestimentas de Jesús, de la mujer pecadora que lavó Sus pies con sus lágrimas, de las mujeres de Galilea que tuvieron la felicidad de seguirlo en sus peregrinaciones, de los Apóstoles y discípulos que conversaron con El familiarmente, de la gente de esos tiempos, quienes escucharon las palabras de Gracia y Salvación de Sus propios labios. Vosotros llamáis felices a aquellos que Lo miraron … mas, venid al altar, y Lo podréis ver, Lo podréis tocar, le podréis dar besos santos, Le podréis lavar con sus lágrimas, Le podréis llevar con vosotros igual que María Santísima.” (S. Juan Crisóstomo).

Son innumerables los Padres y santos que hablaron sobre la Eucaristía y todos en un sentido “hiperliteral”. Son también muchísimos los testimonios (cristianos y paganos) de cómo los cristianos se reunían en las catacumbas y en las iglesias domésticas para celebrar la eucaristía en la noche del sábado al domingo. En suma, se puede decir que la Eucaristía (La Misa) ha sido desde siempre el punto central y distintivo de la vida cristiana.

La Eucaristía en el Magisterio de la Iglesia y en otras confesiones

La fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía fue sostenida y vivida pacíficamente durante más de diez siglos. Al no haber ninguna controversia, el Magisterio de la Iglesia no tuvo necesidad alguna de clarificar el tema, pues no había nada que aclarar[3]. Por eso no hay disposiciones de la Iglesia (”actos del Magisterio”) hasta el S. XII.

El primero en negar la presencia de Cristo en La Eucaristía fue Berengario de Tours (aprox. 998-1088) monje benedictino. Venía a decir que la Eucaristía es un símbolo de Cristo, pero allí no está Cristo, real y verdaderamente presente. Su doctrina fue condenada en varios concilios provinciales. Finalmente bajo los auspicios del papa Gregorio VII, Berengario se retractó y murió en el seno de la Iglesia[4] (nunca fue declarado hereje).

Posteriormente no hubo más controversia hasta la reforma protestante de inicios del S. XVI. Por ello se puede decir que la doctrina eucarística ha sido vivida pacíficamente por el pueblo cristiano durante quince siglos.

Los reformadores protestantes (Lutero, Zwinglio y Calvino) mantenías tres posturas distintas acerca de la Eucaristía.

-         Lutero, mantiene básicamente la misma postura que la Iglesia Católica. Cree en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

-         Zwinglio, niega la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Esta es sólo un símbolo de Cristo, pero realmente en la Eucaristía no está Dios.

-         Calvino. Busca una fórmula intermedia entre Lucero y Zwinglio. Para él, en la Eucaristía está Cristo sólo durante la celebración eucarística; en el sagrario no está Jesús, sólo hay pan. Posteriormente y por influencia de Melanchton, ésta fue la doctrina aceptada por los luteranos.

La postura de la Iglesia Católica fue ratificada formalmente en el Concilio de Trento (1548) y posteriormente en el Vaticano II.

Las iglesias orientales (confesiones cristianas no católicas, ni protestantes) mantienen la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, tal como hacen los católicos[5].

La eucaristía requiere la fe

En los puntos anteriores hemos visto la fundamentación de por qué los cristianos creen lo que creen acerca de la Eucaristía. Pero, por encima de todo, la Eucaristía es un misterio, que requiere la fe. Es un misterio por que es imposible “racionalmente” que un trozo de pan contenga a Dios, esto no cabe en nuestra razón y por eso hay que “fiarse” de Dios. Es decir, se requiere la fe por que, o te lo crees o no hay modo de demostrarlo. Sí se pude demostrar que si crees a Cristo, Cristo instituyó la Eucaristía[6].

Pero se requiere la fe. Aunque hay abundantes milagros que lo prueban (corporales de Italia y Valencia). Pero los milagros no llevan a la fe, la ayudan. (ej. Fátima, Lourdes, etc.)

La Eucaristía es un misterio de amor. Jesucristo asciende a los cielos. Pero quiere quedarse con nosotros y nos deja su presencia en la Eucaristía. Es como un padre que tiene que emigrar y deja a su familia una foto que pasa a tener un valor sagrado para su familia pues es el único recuerdo “físico” del padre. Dios, que es todopoderoso, puede dejarnos algo más que una foto, nos deja su propia presencia en la Eucaristía (idea tomada de Amigos de Dios. La Eucaristía misterio de fe y de amor. S. Josemaría Escrivá). Esta idea aparece clara en el Evangelio. “Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”.

CIC. 1381 “La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, `no se conoce por los sentidos, dice S. Tomás, sino solo por la fe , la cual se apoya en la autoridad de Dios’. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22,19: `Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros’, S. Cirilo declara: `No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente” (S. Tomás de Aquino, s.th. 3,75,1, citado por Pablo VI, MF 18):

Contenido o acepciones de la Eucaristía

Al hablar de la Eucaristía la Iglesia se refiere de hecho a tres realidades inter conexas, pero conceptualmente distintas:

a)      La Eucaristía como sacrificio. Es decir, los cristianos creemos que cuando se celebra la Eucaristía (la Santa Misa), se está renovando el sacrificio del Cristo en el Calvario. Hablaremos pues de la misa, qué es y su importancia.

b)      La Eucaristía como presencia de Dios. La Iglesia cree que en el pan y el vino está realmente Jesucristo, y por ello dedica a la Eucaristía el máximo culto posible.

c)      La Eucaristía como comunión. La Iglesia cree que cuando recibimos el pan y el vino consagrados, recibimos al mismo Cristo.

De estos tres temas hablaremos a continuación, pero antes repasaré brevemente los diversos nombres que a lo largo de los siglos se le ha dado a este sacramento (cfr. CIC 1328-1332).

  • Fracción del pan. Es el nombre que usaban los primeros cristianos.
  • Eucaristía. Literalmente, acción de gracias. Una buena parte de las oraciones que se rezaban (también hoy) eran de acción de gracias y por eso el pueblo cristiano acabó llamándole acción de gracias[7].
  • Synaxis o asamblea, por que en ella se congregaban todos los fieles.
  • Cena del Señor o banquete. Se usaba menos en la antigüedad pero los protestantes lo pusieron de moda.
  • Misa. Es el nombre que quedó desde el principio de la Edad Media hasta hoy. Quizá es el que menos “conexión” tiene con la Eucaristía. Viene de la despedida de la celebración en que el sacerdote dice “ite missa est” algo así como “id enviados de Dios”. Este nombre refleja la misión evangelizadora a la que los cristianos somos enviados.
  • Divina Liturgia. Es el nombre que desde la antigüedad se usa sólo en oriente.
  • Todos estos nombres son sinónimos y habitualmente reflejan la misma realidad.

La Eucaristía como sacrificio

La Iglesia cree que la E es un sacrificio que representa (= hace presente) el sacrificio de Cristo en la cruz (CIC 1366). La Misa “perpetua”, “re-actualiza” el sacrificio de la Cruz. Por lo tanto cuando asistimos a misa estamos asistiendo al Calvario. Es el mismo Cristo el que se vuelve a ofrece en el altar, tal como se ofreció en la cruz, para alcanzar de Dios el perdón de los pecados de los hombres.

Es por esto que la asistencia a misa era esencial para los primeros cristianos y lo sigue siendo hoy. Por que del sacrificio de Cristo en la cruz arranca nuestra salvación y la misa es, entre otras cosas, la renovación de ese sacrificio redentor.

Las palabras “Haced esto en memoria mía” (Lc. 22, 19) y “Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Cor. 11, 26) son claramente indicativas de re-actualización y de perpetuación[8].

Una de las rezones por las que nos puede costar entender la misa es porque el concepto “sacrificio” es muy ajeno a nuestra cultura occidental y nos cuesta mucho entenderlo. Sin embargo desde los primeros tiempos de la Humanidad el modo en que el ser humano se relacionaba con Dios era a través de la oración y del sacrificio. Sacrifico era ofrecer algo a Dios (parte de las propias pertenencias, como ganado, frutos de la tierra, vino, pan, etc) para darle gracias, pedirle favores y manifestar su eterno dominio sobre todas las cosas[9]. En la cultura hebrea los sacrificios estaban muy regulados y se hacían en el templo. El sacrificio más solemne era el del cordero pascual que se ofrecía cada año, por el sumo sacerdote en el día de la Pascua, en petición de perdón por los pecados del pueblo. El sacrificio de Cristo en la cruz fue el definitivo sacrificio ofrecido por los pecados del pueblo (de todos los pueblos y todos los tiempos) y en día de Pascua.

La misa en los primeros cristianos. Partes de la misa

Desde el siglo II, según el testimonio de S. Justino mártir, tenemos las grandes líneas del desarrollo de la celebración eucarística. Estas han permanecido invariables hasta nuestros días a través de la diversidad de tradiciones rituales litúrgicas. He aquí lo que el santo escribe, hacia el año 155, para explicar al emperador pagano Antonino Pío (a. 138-161) lo que hacen los cristianos (CIC 1345)

El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo.
Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los profetas, tanto tiempo como es posible.
Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas.
Luego nos levantamos todos juntos y oramos por nosotros…y por todos los demás donde quiera que estén a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar así la salvación eterna.
Cuando termina esta oración nos besamos unos a otros.
Luego se lleva al que preside a los hermanos pan y una copa de agua y de vino mezclados.
El presidente los toma y eleva alabanza y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da gracias (en griego: eucharistian) largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones.
Cuando terminan las oraciones y las acciones de gracias todo el pueblo presente pronuncia una aclamación diciendo: Amén.
Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo le ha respondido, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes pan, vino y agua “eucaristizados” y los llevan a los ausentes (S. Justino, apol. 1, 65; 67).

Cada vez que asistimos a la Santa Misa estamos participando de un rito que, con pocas alteraciones, celebraban del mismo modo nuestros antepasados cristianos de los Siglos I, III, V, X, XV, etc. hasta hoy.

Los elementos esenciales de esa celebración son

  • Liturgia de la Palabra + oración de los fieles + Credo
  • Liturgia Eucarística: Ofertorio. Anáfora que incluye oración de acción de gracias (Prefacio) y oración consacratoria (Canon). Comunión.

Las diversas tradiciones culturales y litúrgicas (rito griego, caldeo, copto, armenio, etc.) contienen estos mismos elementos esenciales de la misa, aunque su forma (tipo de oraciones, cánticos, etc.) es distinta.

Para seguir mejor la misa conviene entender el significado de los signos que en la misa se utilizan. Muchos de ellos proceden del mundo hebreo u oriental y nos resultan desconocidos (no nos dicen nada… hasta que nos los explican). Por ejemplo, en la consagración el sacerdote impone las manos sobre el pan. Este signo para un judío era el más sagrado posible pues es el signo que se utilizaba para consagrar a los reyes y los profetas. Podría ir comentando otros muchos signos, pero esto nos llevaría a otra charla distinta (cómo entender y seguir la misa).

La Eucaristía como Presencia. En la Eucaristía está Dios

La Iglesia siempre ha creído que en la Eucaristía se encuentra Jesucristo real y verdaderamente presente. De ahí que el pueblo cristiano rodee a la Eucaristía de un culto de adoración que sólo a Dios se puede dar. Para un cristiano, la Eucaristía es lo más sagrado en la tierra, pues es el mismo Dios, presente entre nosotros.

Este culto se manifiesta de muchos modos como son el arrodillarse ante la Eucaristía, visitar a Cristo en el sagrario, asistir a vigilias de adoración eucarística, procesiones del Corpus, bendición con el Santísimo, o simplemente con una visita a Jesús en la Eucaristía en una solitaria iglesia. El CIC lo expresa de manera clara.

1374… en el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero”…

1378 El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. “La Iglesia católica ha dado y continua dando este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no solamente durante la misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión”.

1380… Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración. (Juan Pablo II, lit. Dominicae Cenae, 3).

La Eucaristía como Comunión perfecta con Cristo

El ideal del cristiano es la identificación con Cristo, como dice S. Pablo: “Ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mi” (Gal. 2,20). Para alcanzar esta identificación con Cristo se procuramos en primer lugar conocer su doctrina (leer el Evangelio), tratarle (hacer oración), seguir su ejemplo de vida… Pero la máxima identificación es la comunión, ya que en la comunión recibimos al mismo Cristo. Por esto desde los primeros momentos, los cristianos participaban de la Eucaristía, comulgando, y así sigue siendo la práctica de la Iglesia desde siempre. El CIC lo explica muy bien en los siguientes puntos (resumidos).

1382… la celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros.

1384 El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía:

“En verdad en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros” (Jn. 6,53).

1385 Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. S. Pablo exhorta a un examen de conciencia:

“Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” ( 1 Co. 11,27-29).

Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.

1386 Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión (cf Mt. 8,8):

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

1387 Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia. Por la actitud corporal (gestos, vestido) se manifiesta el respeto, la solemnidad, el gozo de ese momento en que Cristo se hace nuestro huésped.

El momento de máxima intimidad entre Dios y el ser humano es el momento de la comunión. Aprovechemos para quedarnos unos momentos con Dios, a solas dentro de nuestro corazón, al finalizar la misa, para hablarle, pedirle ayuda, pedirle perdón y tener nuestro momento de conversación confianza con ese Dios que tanto nos comprende… y nos espera. No desaprovechemos esos minutos de intimidad por que tenemos prisa…

Eduardo M. Abascal

Nov. 2006

RESUMEN del Catecismo

1406 Jesús dijo: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre…el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna…permanece en mí y yo en él” (Jn. 6, 51.54.56).

1407 La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia.

1408 La celebración eucarística comprende siempre: la proclamación de la Palabra de Dios, la acción de gracias a Dios Padre por todos sus beneficios, sobre todo por el don de su Hijo, la consagración del pan y del vino y la participación en el banquete litúrgico por la recepción del Cuerpo y de la Sangre del Señor: estos elementos constituyen un solo y mismo acto de culto.

1409 La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica.

1410 Es Cristo mismo, sumo sacerdote y eterno de la nueva Alianza, quien, por el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio eucarístico. Y es también el mismo Cristo, realmente presente bajo las especies del pan y del vino, la ofrenda del sacrificio eucarístico.

1411 Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

1412 Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en la última cena: “Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros…Este es el cáliz de mi Sangre…”

1413 Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651).

1414 En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales.

1415 El que quiere recibir a Cristo en la Comunión eucarística debe hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado mortalmente no debe acercarse a la Eucaristía sin haber recibido previamente la absolución en el sacramento de la Penitencia.

1416 La Sagrada Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo acrecienta la unión del comulgante con el Señor, le perdona los pecados veniales y lo preserva de pecados graves. Puesto que los lazos de caridad entre el comulgante y Cristo son reforzados, la recepción de este sacramento fortalece la unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.

1417 La Iglesia recomienda vivamente a los fieles que reciban la sagrada comunión cuando participan en la celebración de la Eucaristía; y les impone la obligación de hacerlo al menos una vez al año.

1418 Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es preciso honrarlo con culto de adoración. “La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor” (MF).

1419 Cristo, que pasó de este mundo al Padre, nos da en la Eucaristía la prenda de la gloria que tendremos junto a él: la participación en el Santo Sacrificio nos identifica con su Corazón, sostiene nuestras fuerzas a lo largo del peregrinar de esta vida, nos hace desear la Vida eterna y nos une ya desde ahora a la Iglesia del cielo, a la Santa Virgen María y a todos los santos.

Fin. Nov. 2006


[1] © Eduardo Mnez Abascal. Este escrito pretende reflejar la doctrina del Catecismos de la Iglesia Católica.(CIC). Las discrepancias o errores deben atribuirse al autor y no al CIC.

[2] Es interesante ver que S. Pablo cita casi textualmente las mismas palabras de Lucas, lo que indica que esas palabras eran transmitidas textualmente como prueba de su importancia.

[3] Los actos del magisterio (a través de Concilios, documentos del Papa, etc) se producen cuando hay que aclarar alguna doctrina y algún contenido de la fe es puesto en duda o se duda sobre la interpretación. Si el tema es muy grave, se convoca un concilio para que sea toda la Iglesia la que decide. Si no hay controversia, el Magisterio no actúa. Pero una vez que ha actuado, sienta doctrina (como la jurisprudencia). En cierto modo se puede comparar los actos del magisterio con los del poder judicial. Actúa cuando hay disputa, y si no, no actúa. Una vez resuelta la disputa, la sentencia judicial siente jurisprudencia a la que atenerse.

[4] Una prueba de la estima que se tenía a la Eucaristía y de lo en serio que se tomó la Iglesia el tema de Berengario, es el hecho de que hubo 8 concilios provinciales en los que se discutieron (y condenaron) las proposiciones de Berengario: Vercelli 1050, Roma 1051, Tours 1055, Roma 1059, Poitiers 1075, St. Maixeut 1076, Laterano 1078 y Burdeos 1080.

[5] Las principales iglesias “orientales” son: los ortodoxos, armenios, sirios jacobitas, caldeos, coptos y etíopes. Son iglesias en las que la tradición antigua tiene una gran importancia y por tanto un buen indicador de lo que “siempre, en todas partes y por todos se ha creído en la Iglesia de Dios”.

[6] Hay varios milagros muy documentados sobre la Eucaristía. Pero, como es sabido empíricamente, los milagros no llevan a la fe (pueden ayudar, pero no imponen la fe, que es una decisión libre). Esto ya lo decía Jesús, “si no escuchan a Moisés, aunque se les aparezca un muerto resucitado, tampoco escucharán”.

[7] Recuérdense las palabras del Prefacio de la misa: “Levantemos el corazón… lo tenemos levantado hacia el Señor…Demos gracias al Señor nuestro Dios… es justo y necesario”. Y el sacerdote continua: “Realmente es justo y necesario…DARTE GRACIAS siempre y en todo lugar…” y a partir de aquí continua una larga oración de acción de gracias que se llama Prefacio. Por cierto, se llama Prefacio (pre-hacer o hacer antes) por que es la oración que se reza antes del canon y la consagración, que es la parte central de la misa.

[8] Lutero negó el carácter sacrificial de la misa, y por eso entre los luteranos el nombre más frecuente para la eucaristía es el de “cena”.

[9] Sacrificio viene de “sacrum facere” hacer sagrado o convertir algo, en sí inocuo, en algo sagrado porque se ofrece a Dios. Como el sacrificio comportaba un esfuerzo o privación (uno renunciaba a la oveja que le daba sustento) la palabra sacrificio ha pasado a tener el significado de algo que requiere renuncia, esfuerzo, negación de uno mismo.