El libro negro del Caballero Templario Art. 56


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ARTÍCULO 56

(El monte del sufrimiento)

Después de que uno se ha enrolado Caballero del Temple con el amor por su tierra en el corazón, no te espera una mesa puesta, sino que debe aceptar sobre sus espaldas el yugo de nuestro Redentor Jesucristo: “Pongo mi yugo sobre ti…

Y el sendero Caballero del Temple comienza a escalarse por un monte que el mundo ha llamado ”el monte del sufrimiento”.

Al principio, parece fácil subirlo. Pero poco después, la subida se hace más difícil, el sufrimiento más grande. Las primeras gotas de sudor comienzan a caer de fa frente de los Caballeros Templarios.

Entonces un espíritu impuro, infiltrándose entre los Caballeros Templarios que escalan, lanza por primera vez la pregunta: “¿No sería mejor volver atrás? El camino Caballero del Temple sobre el cual nos hemos encaminado comienza a ser difícil y el monte es largo y alto, tanto que no vemos el fin”. Pero el Caballero del Temple no presta oídos, sigue adelante y escala con dificultad. Mas, subiendo siempre por el monte sin fin, comienza a cansarse, perece que las fuerzas comienzan a abandonarle.

Afortunadamente para él, encuentra una fuente, limpida como el corazón de un amigo. Se refresca, se lava los ojos, respira un poco y luego reemprende nuevamente la ascensión del monte del sufrimiento. Sobrepasa la mitad, y allí comienza el monte sin agua, sin hierba, sin sombra, donde sólo se encuentran piedras y peñascos. Y el Caballero del Temple, al ver aquello, dice: “Hasta aquí he sufrido mucho. Señor, ayúdame a llegar a la cima”. Pero el espíritu del mal le lanza la pregunta: “¿No sería mejor volver atrás? Deja el amor por tu tierra. ¿No ves lo que debes padecer si amas a la Orden, a la Orden y a la Tierra? Y, después ¿qué vas a ganar aquí? ¿No es mejor que te quedes tranquilo en tu casa?

Sobre la piedra desnuda, él sube con fe infinita. Ahora está cansado. Cae. Resbalan sus manos y ve correr la sangre por sus rodillas. Se levanta como un valiente y sube de nuevo. Le falta poco. Pero la piedra es ahora empinada y angulosa, le fluye sangre del pecho que gotea sobre la piedra inclemente. “¿No sería mejor que regresaras?”, pregunta de nuevo la voz del espíritu inmundo. El parece quedarse pensando. Pero de improviso oye una voz que grita desde la profundidad de los siglos: “¡Adelante, muchachos! ¡No os desalentéis!” Un último esfuerzo. Y la frente valerosa llega a la cima triunfante, sobre lo alto del monte del sufrimiento, con el espíritu cristiano y   lleno de felicidad y satisfacción.

“Seréis felices cuando os persigan y digan sólo malas palabras contra vosotros… Y ellos partían, alegrándose de haber sido golpeados por el nombre de Jesús”.

Mucho padecen los Caballeros Templarios subiendo por este monte del sufrimiento. Necesitaríamos un libro entero para describir su sufrimiento.