LA MISA

LA MISA

Lo mas hermoso de la misa es ella misma. Es como una hermosa mujer a quien los adornos pueden resaltar u opacar su belleza. En esta línea están la homilía, los cantos, los ornamentos, los adornos del altar, y tantas otras cosas. El adorno quizás mas significativo es la santidad de quien la preside. Cuentan que en el colegio San Ignacio, en tiempos de San Alberto Hurtado, muchos alumnos acudían a la misa que él celebraba sólo para verlo. Recordemos que en ese tiempo el rito era en latín y de espaldas al pueblo.

La misa hunde sus raíces en el Antiguo Testamento. A lo largo del texto irán apareciendo estas raíces, todas de profundo significado.

La primera que aparece es la del momento de su institución. Fue instituida por Jesucristo en la última cena, la que se celebró en una cena pascual, donde se conmemoraba la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, la que es vista como figura de la liberación definitiva que nos es dada en Jesucristo.

A lo largo del tiempo ha recibido varios nombres. El primero fue “fracción del pan”. Los discípulos de Emaús cuentan que reconocieron al Señor resucitado en la fracción del pan. Este episodio (Lc 24, 13 - 35) puede considerarse la segunda misa, ya que cuenta con la estructura básica de una explicación de las escrituras y la fracción del pan. Este nombre recibe en los Hechos de los Apóstoles (2,42; 20,7). Luego aparece la “Cena del Señor” (1 Cor 11;20). Otros nombres son Eucaristía (acción de gracias) y Santo Sacrificio.

La misa es una celebración de la Iglesia. Es convocada por un obispo o presbítero unido a su obispo, quien forma parte de la sucesión apostólica y está unido al obispo de Roma. El que convoca preside la asamblea, siendo el celebrante principal, pues también la asamblea convocada la celebra. Siendo una celebración de la Iglesia, se celebra del modo que establece la Iglesia, para lo cual esta establece un ritual.

La mejor manera de entender la misa es mirar atentamente su ritual. Este está regido por un ordinario (palabra que tiene que ver con orden, no con vulgar). Por no entender este a menudo se cae en acciones que opacan o distorsionan su significado. Examinemos cada una de sus partes.

Ritos iniciales

La misa comienza En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, a lo cual respondemos Amén.

Este inicio marca la misa como un acto esencialmente trinitario. Las alabanzas de la misa son dirigidas a la trinidad, y la misa en si misma es el sacrificio de Jesucristo al Padre para el don del Espíritu Santo.

La palabra Amén es de origen hebreo. Se traduce habitualmente como “así sea”, pero es mucho mas que eso. Al escribir los evangelios no se encontró en el griego una palabra que la tradujera y se conservó. Al traducir al latín tampoco y se conservó. Si se hubiera conservado al traducir al español leeríamos “amén, amén les digo” en lugar de “en verdad, en verdad les digo”. Es una palabra que indica en labios de Jesucristo un fuerte “tengan la certeza que así es y será” y que en labios nuestros es un fuerte compromiso con que así es y en lo que de nosotros depende así será.

Continúa con el ACTO PENITENCIAL. Este es un reconocimiento de una condición de pecadores y en ningún caso una confesión de pecados, y menos si estos se asumen propios de toda la asamblea presente. La confesión de los pecados es parte del sacramento de la confesión, donde se reconoce su carácter personal. Sus partes son el rezo del “Yo confieso”, y la imploración de la piedad del Señor.

Luego viene la alabanza del GLORIA, lo que recalca aún más el carácter trinitario de la misa, ya que se comienza alabando al Padre, continuando mas extensamente con Jesucristo y terminando con el Espíritu Santo.

El rito inicial concluye con la ORACIÓN COLECTA, que es la primera de las llamadas Oraciones Presidenciales, pues las dice quien preside la misa a nombre de la asamblea, la que acompaña al celebrante de pié.

Liturgia de la Palabra

Tiene una PRIMERA LECTURA que se toma del Antiguo Testamento, excepto en el Tiempo Pascual, en que se toma de los Hechos de los Apóstoles también llamado Evangelio del Espíritu Santo, pues en ese tiempo litúrgico el acento se pone en la formación de la Iglesia bajo el impulso del Espíritu recibido en Pentecostés. Esta lectura está generalmente asociada al Evangelio, pues la Iglesia reconoce en el Antiguo Testamento una figura del Nuevo.

Continúa con el SALMO RESPONSORIAL. Los salmos forman parte de la Biblia, por lo que son la oración a Dios inspirada por el mismo Dios. Jesús mismo antes de morir en la cruz reza el salmo 22 “Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado”. No son por lo tanto intercambiables por cualquier otro canto, salvo que sea otro de la misma Biblia que tenga carácter de tal, como el cántico de Moisés (Ex 15, 1-18). Es deseable que el salmo sea cantado, a lo menos en su antífona.

Sigue la SEGUNDA LECTURA que se toma de alguno de los escritos apostólicos e ilumina el tema de la primera lectura y del evangelio.

La asamblea se pone de pie para la proclamación del EVANGELIO precedido por el Aleluya. No es una lectura sino una proclamación solemne, hecha por un ministro revestido del sacramento del orden. Este es el punto medular de la liturgia de la palabra.

Siguen la HOMILÍA y la PROFESIÓN DE FE. Esta profesión de fe es llamado el Símbolo de los Apóstoles, que proviene del concilio niceno-constantinopolitano, y que expresa la fe de la Iglesia, la que -nuevamente- es trinitaria.

Cabe hacer notar que en el relativismo actual la palabra creo ha perdido el significado original de creencia firme y se toma en el lenguaje habitual como una opinión sujeta a confirmación. Es deseable que al invitar al credo se haga notar que es una afirmación de nuestra fe.

Se concluye la Liturgia de la Palabra con la ORACIÓN DE LOS FIELES.

Liturgia Eucarística

Comienza con la PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS .

Encontramos aquí otra raíz del Antiguo Testamento. ¿Por qué pan y vino? En Gen 14,18 Melquisedec, rey de Salem, ofrece con Abraham pan y vino pues era sacerdote del Dios Altísimo. Luego en el salmo 110 dice Yaveh a mi Señor (este es Jesucristo) “tu eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec”. El tema se retoma en Heb 5. Cristo mismo es investido por el Padre como sacerdote según el rito de Melquisedec, quien así pasa a ser figura de Cristo.

Continúa el Lavatorio de manos y la invitación del celebrante a la ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS, que es la segunda oración presidencial, que debe ser escuchada de pié por la asamblea. Esta costumbre se ha perdido y sería deseable recuperarla invitando a los fieles a ponerse de pie, ya sea con unas palabras del guía o bien un gesto del celebrante.

Viene luego la PLEGARIA EUCARÍSTICA también llamada CANON, la que tiene variantes. Se verán las partes comunes a las diversas variantes.

Comienza con el Prefacio, palabra sinónimo de prólogo, que es algo que se dice o hace antes de lo medular. Este concluye con la proclamación de la santidad de Dios hecha por los coros de ángeles en Is 6,3, y el Hosanna con que fue recibido Jesús en Jerusalén en su entrada triunfal antes de su pasión. Esta oración une el coro de los ángeles del cielo con el coro de la Iglesia en la tierra. Los ángeles están presentes en cada misa alabando al Señor.

La parte medular de la plegaria eucarística es la CONSAGRACIÓN. Esta comienza con la imposición de manos del celebrante sobre las ofrendas, momento en el cual la asamblea puede arrodillarse, en que se pide la bendición de los dones separados para Él, lo que es el concepto mismo de consagración. Lo consagrado pasa a ser propiedad de Dios. En el sacramento del matrimonio, el ministro de la Iglesia consagra el amor de los esposos. Luego el celebrante repite las mismísimas palabras de Jesucristo al instituir la Eucaristía. Cuando el celebrante consagra, es Cristo en persona quien consagra. En todos los sacramentos el ministro celebrante actúa personificando a Cristo, por lo cual el celebrante de la eucaristía puede legítimamente preguntarse sobre como está entregándose a la Iglesia en cuerpo y sangre. La consagración termina con la proclamación de esta como el misterio de nuestra fe, a lo cual la asamblea responde de pie.

Dependiendo de la plegaria escogida, antes o después de la consagración se leen diversas oraciones que tienen en común la oración por la Iglesia y sus pastores, la oración por los difuntos y la oración por las intenciones de los presentes.

La plegaria eucarística termina con la solemne proclamación trinitaria en que el celebrante levanta el pan y el vino que son el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Rito de la comunión

Comienza con la oración que el mismo Cristo nos enseñó: el Padrenuestro. Sigue con la oración del celebrante pidiendo la protección del Señor y proclamando el carácter de espera de su gloriosa venida que tiene la vida del sus discípulos. La asamblea proclama el reino, el poder y la gloria del Señor.

Luego el rito de la paz, que comienza el celebrante con la hermosa oración -muy apta para ser rezada en familia- pidiendo la paz y la unidad. Luego puede el celebrante o el diácono que lo acompaña invitar a darse el saludo de la paz.

En la invocación de la asamblea al Cordero de Dios aparece otra raíz del Antiguo Testamento, en que Cristo se identifica con el cordero que Israel comía en la Cena Pascual.

Es importante destacar que la invocación al Cordero es de la asamblea, a lo cual el celebrante responde elevando y mostrando el Cuerpo y la Sangre afirmando que “Este es el Cordero de Dios”. Si se omite el la invocación al Cordero, reemplazándolo por un canto en el saludo de la paz, se le quita fuerza a la respuesta del celebrante. Si lo dice el celebrante en lugar de la asamblea, pareciera que se está respondiendo a si mismo.

La asamblea responde con las palabras del centurión cuya fe alabó Cristo (Lc 7,6).

Luego comulgan el sacerdote y la asamblea.

El rito de la comunión concluye con la oración de POSCOMUNIÓN, la última de las oraciones presidenciales.

Rito de conclusión

Este es el momento en que pueden hacerse los anuncios o advertencias a la asamblea, los que deberán ser prudentes en el sentido de no apartar a los asistentes del misterio vivido.

Este rito consta de la BENDICIÓN y el ENVÍO. Del concepto de envío proviene el último nombre dado a la celebración, el de MISA. La palabra misa esta relacionada con missio y mitte, palabras latinas que corresponden a misión y envío. Se manifiesta así la íntima relación que tienen el misterio vivido y la vida a la que estamos llamados a vivir después de la misa.

Consideraciones finales

Los adornos a que se aludía al comienzo abarcan los cantos, homilía, oración de fieles y todas las expresiones que no formando parte del rito mismo pueden realzar su belleza. El llamado es a que estos estén en consonancia con las lecturas y oraciones que la Iglesia pide para la fecha que se está celebrando, las que no deben ser cambiadas arbitrariamente para no perder el carácter de católica -esto es universal- de la celebración, que es unión de la Iglesia a lo largo y ancho del mundo. En estos adornos ocupa un lugar destacado la música. El que reza y canta reza dos veces.

La actitud de quienes participan de la misa es de participación y recogimiento lo cual a menudo se entiende como ensimismamiento. Recoger se opone a desparramar, que sería hacer en la misa cosas que no corresponden a ella misma. Actitudes como leer otros textos o salir a conversar durante la homilía, no participar en los cantos, no dar el saludo de la paz o concentrarse en si mismo después de comulgar, son actitudes de ensimismamiento, no de recogimiento.

Lorenzo Cintolesi G.