Iniciación Humana y solar

Iniciación Humana y solar

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

El Señor Buda ha expresado que:

No hemos de creer en lo dicho, simplemente porque fue di­cho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores; ni en los escritos de los sabios, porque han venido de ellos; ni en las fantasías, que se suponen haber sido inspiradas por un deva (es decir, una supuesta ins­piración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna su­posición casual; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, si­no que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. Por eso, enseñé a no creer lo que oyen decir, sino que, cuando lo crean conscientemente, actúen de acuerdo y plenamente.

La Doctrina Secreta, T. VI. p. 49

PRÓLOGO

El tema que se refiere a la Iniciación ejerce una gran fas­cinación sobre los pensadores de todas las escuelas de pensa­miento, y hasta los escépticos y los dispuestos a la crítica, quisieran creer en la posibilidad de esta realización final. A quienes no creen que tal meta es posible, se les ofrece este libro por su valor y por la formulación de una interesante hipótesis. A aquellos que esperan tal consumación de todos sus esfuerzos se les ofrece este libro con la esperanza de que les sirva de inspi­ración y ayuda.

Los pensadores occidentales de la actualidad, sostienen una gran diversidad de puntos de vista sobre este trascendental tema. Algunos creen que no es de suficiente importancia inmediata como para merecer su debida atención, y que si el hombre común sigue el sendero del deber y le presta atención a todos sus pro­blemas, con mente elevada, llegará a destino. Sin duda alguna esto es verdad; no obstante, a medida que la capacidad de servir acrecentadamente y el desarrollo de los poderes que deben em­plearse para ayudar a la raza, constituyan la recompensa del hombre dispuesto a realizar el mayor esfuerzo y a pagar el precio que demanda la iniciación, quizás este libro sirva a alguien de acicate para la realización, que de otro modo hubiera ido hacia su meta lentamente y a la deriva. Así llega a ser dador y no el que recibe ayuda.

Otros consideran errónea la enseñanza expuesta en los dis­tintos libros que tratan el tema de la iniciación. La iniciación ha sido presentada como algo fácil de lograr y que no exige tal rectitud de carácter como se ha creído. Los siguientes capítulos demostrarán que la crítica no es inmerecida. La iniciación es muy difícil de lograr; exige la estricta disciplina de la entera na­turaleza inferior y una vida de renunciamiento y de abnegada devoción. También debe tenerse presente que la enseñanza pri­mitiva es correcta en su esencia,. aunque empequeñecida en su interpretación.

Aún hay quienes se interesan en ello, pero consideran que las posibilidades implicadas son demasiado avanzadas para ellos y que no deben tratarlas en esta etapa de su evolución. Este li­bro intenta poner de manifiesto que aquí y ahora, el hombre co­mún puede comenzar a desarrollar el carácter y sentar las bases del conocimiento necesario para obtener la debida preparación, antes de poder hollar el sendero del discipulado. En esta forma todos los hombres y mujeres, si lo desean, pueden recorrer el sendero de probación a fin de prepararse para el discipulado.

Centenares de personas, en Oriente y Occidente, avanzan ha­cia esta meta y en la unidad del único ideal, en común esfuerzo y aspiración, se reunirán ante el único portal. Entonces se reco­nocerán como hermanos, separados sólo por el idioma y la apa­rente diversidad de creencias, pero teniendo fundamentalmente la misma y única verdad y sirviendo al mismo Dios.

ALICE A. BAILEY

New York, 1922.

RESUMEN DE UNA DECLARACIÓN HECHA POR

EL TIBETANO

PUBLICADA EN AGOSTO DE 1934

Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cierto gra­do; esto puede significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el aspirante más humilde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico lo mismo que todos los hom­bres; resido en los confines del Tíbet y, a veces (desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, pre­sido un grupo numeroso de lamas tibetanos. A esto se debe la di­fusión de que soy un abad de ese monasterio lamásico. Aquellos que están asociados conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están unidos en este trabajo) me co­nocen también con otro nombre y cargo. A, A. B. conoce dos de mis nombres.

Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que el estudian­te común. He luchado y me he abierto camino hacia la luz y lo­grado mayor cantidad de luz que el aspirante que leerá este ar­tículo, por lo tanto, tengo que actuar como transmisor de luz, cueste lo que cueste. No soy un hombre viejo, con respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, ni tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conoci­miento de la Sabiduría Eterna donde quiera que encuentre res­puesta, y esto lo he estado haciendo durante muchos años. Trato también de ayudar a los Maestros M. y K. H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta aquí encierra mucho, pero no les digo nada que pueda inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y tonta devoción que el aspirante emocional brinda al Gurú y Maestro con el que aún no está en condiciones de tomar contacto, ni puede lograrlo hasta tanto no haya trasmutado la devoción emocional en desinteresado servicio a: la humanidad, no al Maestro.

No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Pue­den o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede compro­bar su verdad mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A. A. B. ni yo, tenemos interés en que se los considere como que han sido inspirados, ni tampoco que se diga misteriosamente que son el trabajo de uno de los Maestros.

Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pue­da considerarse como la continuación de las enseñanzas impar­tidas en el mundo, y si la instrucción suministrada eleva la aspi­ración y la voluntad de servir desde el plano de las emociones al plano mental (el plano donde pueden hallarse los Maestros), entonces estos libros habrán cumplido su propósito. Si la en­señanza impartida encuentra eco en la mente iluminada del tra­bajador mundial y si despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas.

Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamente y con­sideradas como verdaderas bajo la prueba de la Ley de Corres­pondencias, muy bien, pero si esto no es así, no se acepte lo ex­puesto.

CAPÍTULO I

OBSERVACIONES PRELIMINARES

Antes de entrar a tratar el tema referente a la Iniciación, a los Senderos que se abren ante el hombre perfecto y a la Jerarquía oculta, deben hacerse algunas observaciones esenciales para un concienzudo estudio y comprensión de las ideas pre­sentadas.

Debemos reconocer que en este libro se afirman hechos y se hacen declaraciones definidas, que no son susceptibles de com­probación inmediata por parte del lector. Para evitar la creen­cia de que la autora se adjudica autoridad y prestigio por el conocimiento expresado, ella rechaza rotundamente tales preten­siones y no puede hacer otra cosa que presentar estas afirmacio­nes como temas de facto. Sin embargo, pide encarecidamente a quienes encuentren algún mérito en estas páginas, no los sorpren­da si existe un cierto aparente dogmatismo en la presentación. La imperfecta personalidad de la autora no debe ser un impedimen­to para considerar con mente abierta el mensaje en que aparece su nombre. En las, cuestiones espirituales, nombres, personalida­des y la opinión externa autorizada, son de poca importancia. Constituyen de por sí, sólo una guía segura que garantiza el re­conocimiento y la orientación internos. Por lo tanto, no tiene mayor importancia si el lector recibe el mensaje de estas pági­nas como un llamado espiritual en un escenario idealista, como una afirmación de hechos supuestos o una teoría desarrollada por un estudiante y presentada a la consideración de sus condis­cípulos. Se brinda a todos por la respuesta interna que pueda evocar y la luz o inspiración que pueda traer.

En estos días de desintegración de viejas formas y construc­ción de nuevas, es muy necesaria la adaptabilidad. Debemos evi­tar el peligro de la cristalización, por medio de la flexibilidad y la expansión. El “viejo orden de cosas, cambia”, pero primordial­mente es un cambio de dimensiones y de aspecto y no básico o material. Los fundamentos han sido’ siempre verdaderos. A cada generación le corresponde conservar los rasgos esenciales de la vieja y querida forma, a la vez que ampliarla y enriquecerla in­teligentemente. Cada ciclo debe aportar lo adquirido mediante las investigaciones y los esfuerzos científicos, y sustraer lo inútil y decadente. Cada era debe construir con el producto y los triun­fos de ese período y desechar las acumulaciones del pasado que tienden a hacer borrosos e indefinibles los contornos. A cada ge­neración se le proporciona el gozo de demostrar, sobre todo, la fuerza de las antiguas bases y la oportunidad de construir sobre ellas una estructura que satisfará las necesidades de la vida in­terna en evolución.

Las ideas aquí desarrolladas están corroboradas por ciertos hechos, expuestos en la actual literatura esotérica, y son tres:

  1. En la creación del sol y de los siete planetas sagrados que componen nuestro sistema solar, nuestro Logos em­pleó materia impregnada de cualidades determinadas. Annie Besant, en su libro “Avatares” (que algunos de nosotros consideramos el más valioso de todos los que ha escrito por ser uno de los más sugestivos), afirma que “nuestro sistema solar está construido con materia ya existente, dotada de ciertas propiedades….”. Por lo tan­to, se deduce que dicha materia contenía latente deter­minadas propiedades que fueron obligadas a manifestar­se de un modo peculiar, de acuerdo a la ley de Causa y Efecto, como sucede con todo en el universo.

  1. Toda manifestación es de naturaleza septenaria y la luz central denominada Deidad, el Rayo Uno de la divini­dad, se manifiesta primero como triplicidad y después como septenario. El Dios Uno brilla como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, reflejados a su vez en los Siete Espíritus ante el Trono, los siete Logos planeta­rios. Los estudiantes esoteristas de origen no cristiano quizás denominen a estos Seres el Rayo Uno, que se manifiesta a través de los tres rayos mayores y los cuatro menores, formando un septenario divino. El Rayo Sintético que fusiona a todos es el gran Rayo de Amor. Sabiduría, pues en verdad “Dios es Amor”. Éste es el rayo índigo, el rayo fusionador, que al final del gran ciclo absorberá a todos los demás, cuando se obtenga la perfección sintética. También es la manifestación del se­gundo aspecto de la vida logoica. Este aspecto, el de cons­tructor de la forma, hace de nuestro sistema solar el más concreto de los tres sistemas mayores. El aspecto Amor-­Sabiduría se manifiesta mediante la construcción de la forma, y como “Dios es Amor”, en el Dios de Amor “vi­vimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” y así será hasta el fin de la manifestación de los eones.

  1. Los siete planos de Manifestación Divina, o siete pla­nos mayores de nuestro sistema, constituyen los siete subplanos del plano cósmico inferior. Los siete rayos de que tanto se habla y que encierran tanto interés y mis­terio, son análogamente los siete subrayos de un rayo cósmico. Las doce Jerarquías creadoras son ramas subsidiarias de una Jerarquía cósmica. Forman sólo un acor­de de la sinfonía cósmica. Cuando el séptuple acorde cósmico, del que somos humilde parte, resuene en sinté­tica perfección, sólo entonces se comprenderán las pala­bras del libro de Job: “Las estrellas matutinas cantaban al unísono”. La disonancia aún resuena y la discordia surge de muchos sistemas; pero con la sucesión de los eones surgirá una armonía ordenada y alboreará el día en que (si nos atrevemos a hablar de las eternidades en términos de tiempo) el sonido del universo perfecto resonará hasta los lejanos confines de la más remota constelación. Entonces se conocerá el misterio del “canto nupcial de los cielos”.

Se sugiere al lector que recuerde y valore ciertas ideas, an­tes de emprender el estudio de la Iniciación. Debido a la extre­ma complejidad del tema sólo es factible obtener una idea del esquema general, de ahí la inutilidad del dogmatismo. Lo único que podemos hacer es sentir una fracción de algún todo mara­villoso, más allá del alcance de nuestra conciencia, un todo que sólo el Ángel más excelso o Ser más perfecto, recién comienza a comprender. Cuando se reconozca que el hombre común sólo ha sido hasta ahora plenamente consciente en el plano físico, se­miconsciente en el emocional y comienza a desarrollar la con­ciencia en el plano mental, se evidenciará que su comprensión de las informaciones cósmicas sólo puede ser rudimentaria. Cuan­do se conozca también que ser consciente en un plano y ejercer control en él, son dos cosas completamente distintas, será evi­dente que es remota la posibilidad de conocer algo más de la tendencia general del esquema cósmico.

Además, se deberá reconocer que el peligro reside en el dog­ma y en el hermetismo de los libros de texto y que la seguridad otorga flexibilidad al cambiante punto de vista. Por ejemplo, un hecho, desde el punto de vista de la humanidad (empleando la palabra hecho en, sentido científico, como algo demostrado y comprobado más allá de toda duda y controversia), puede no ser un hecho desde el punto de vista de un Maestro. Para Él, puede ser tan sólo parte de un hecho mayor, la fracción de un todo. Puesto que su visión abarca la cuarta y la quinta dimensión, el conocimiento sobre el lugar que ocupa el tiempo en la eternidad debe ser más exacto que el nuestro. Vé las cosas desde arriba, co­mo si el tiempo no existiera para Él.

En la mente del Logos o Deidad de nuestro sistema solar, existe un inexplicable principio de mutación, que rige todas Sus acciones. No vemos nada más que las formas siempre mutables, y captamos en ellas vislumbres de la vida en constante evolu­ción, pero no conocemos aún el principio que actúa a través del variante caleidoscopio de los sistemas solares, rayos, jerar­quías, planetas, planos, esquemas, rondas, razas y subrazas. Todos se entretejen, entrelazan e interpenetran, asombrándonos el maravilloso diseño que se despliega ante nosotros. Sabemos que en alguna parte de ese esquema, nosotros, la jerarquía humana, tenemos nuestro lugar. En consecuencia, todo lo que podemos hacer es aprovechar la oportunidad que nos presenta nuestro bienestar y nuestra propia evolución, además de lo que proviene del estudio del ser humano en los tres mundos, tratando de esa manera de comprender parcialmente el macrocosmos. No sabemos cómo el Uno puede convertirse en los tres, los tres en los siete y así sucesivamente, hasta inconcebibles diferenciaciones. Para la visión humana, este entrelazamiento del sistema encie­rra una complejidad inimaginable, cuya clave ni siquiera se vis­lumbra. Desde el punto de vista de un Maestro, todo prosigue en ordenada secuencia. Desde el punto de vista de la visión di­vina, el todo se mueve armónicamente al unísono, produciendo una forma geométricamente exacta. Browing había logrado par­te de la verdad cuando escribió:

“Todo es cambio, pero también permanencia…” y continuó:

“La verdad interna y la verdad externa, verdad también, y, entre ambas, la falsedad que es cambio, así como la ver­dad es permanencia”.

“La verdad toma sucesivas formas en un grado mayor a su última presentación…”.

Debe recordarse también que más allá de cierto punto no es conveniente ni prudente dar información sobre los hechos del sistema solar. Mucho debe permanecer esotérico y velado. Los riesgos que trae el conocimiento excesivo son mucho más grandes que la amenaza del poco conocimiento. Con el conocimiento viene la responsabilidad y el poder ‑dos cosas para las cuales la raza no está aún preparada. Por lo tanto, todo lo que pode­mos hacer es estudiar y correlacionar, aplicando la sabiduría y la discreción que poseamos, utilizando el conocimiento adquirido en bien de quienes tratamos de ayudar y reconociendo que el em­pleo inteligente del conocimiento acrecienta la capacidad para recibir la sabiduría oculta. Paralelamente y de acuerdo a la in­teligente adaptación del conocimiento a las necesidades ambien­tales, debemos aumentar la capacidad de mantener una discreta reserva y de emplear la facultad discriminadora. Cuando poda­mos utilizar inteligentemente el conocimiento, retenerlo discre­tamente y discriminar con sensatez, ofreceremos a los observa­dores instructores de la raza, la mejor garantía de que estamos preparados para una nueva revelación.

Debemos resignarnos ante el hecho de que el único modo para encontrar la clave del misterio de los rayos, sistemas y jerarquías, reside en el estudio de la Ley de Correspondencias o Analogías. Es el único hilo capaz de guiarnos a través del laberinto y el único rayo de luz que brilla en la oscuridad de la ignorancia circundante. H. P. Blavatsky lo ha expresado en La Doctrina Secreta, pero hasta ahora los estudiantes no han aprovechado esa clave. Al estudiar esta Ley debemos recordar que la analogía reside en su esencia y no en los detalles exotéri­cos, según creemos desde nuestro actual punto de vista. Por un lado nos desvía el factor tiempo y erramos cuando tratamos de establecer tiempo y límites fijos; todo en la evolución progresa por la unión y por un constante proceso de fusión, superposición y mezcla. Para el estudiante común, sólo pueden darse amplias generalidades y el reconocimiento de los puntos fundamentales de la analogía. En cuanto intenta reducir a diagramas y clasi­ficaciones detallados, entra en reinos donde está sujeto al error y entonces tambalea a través de la niebla que, finalmente, lo abruma.

No obstante, mediante el estudio científico de la Ley de Ana­logía se obtendrá un acrecentamiento gradual del conocimiento y en la lenta acumulación de los hechos se construirá una forma que, en continua expansión, encerrará gran parte de la verdad. El estudiante comprenderá entonces que, después de todo, debido a su estudio y esfuerzo, tiene por lo menos un concepto amplio y general de la forma mental logoica, a la cual podrá adaptar los detalles, a medida que los adquiera en el curso de muchas en­carnaciones. Esto nos lleva al último punto que debe ser con­siderado antes de entrar en el tema propiamente dicho y es que:

El desarrollo del ser humano consiste en el paso de un estado de conciencia a otro. Es una sucesión de expansiones, un desarrollo de la facultad perceptiva que constituye la característica pre­dominante del inmanente Pensador. Es el progreso de la concien­cia centralizada en la personalidad, yo inferior o cuerpo, hacia la conciencia centralizada en el yo superior, ego o alma y, de allí, pasa a centralizarse en la mónada o espíritu, hasta que oportunamente la conciencia llega a ser divina. A medida que el ser humano se desarrolla, la facultad de percepción se amplía más allá de los límites que lo confinan en los reinos inferiores de la natura­leza ‑mineral, vegetal y animal‑, en los tres mundos de la evo­lucionante personalidad, en el planeta donde desempeña su parte y en el sistema donde ese planeta gira, hasta que, finalmente, se evade del sistema solar mismo y llega a ser universal.

CAPITULO II

DEFINICIÓN DE LA INICIACIÓN

El tema de la iniciación se está generalizando cada vez más entre el público. No pasarán muchos siglos sin que se restauren los antiguos misterios y la iglesia posea un grupo interno; en la iglesia del futuro, cuyo núcleo interno se está formando, la pri­mera iniciación será exotérica, vale decir, que la primera inicia­ción constituirá antes de mucho tiempo, la ceremonia más sagrada de la iglesia y será celebrada en forma exotérica, por ser uno de los misterios revelados en determinados períodos, y a ella asis­tirán quienes estén implicados. También ocupará un lugar similar en el ritual de los masones. En esta ceremonia, quienes estén preparados para la primera iniciación, serán admitidos pública­mente en la Logia por uno de sus miembros, autorizado para ello por el gran Hierofante Mismo.

Definición de cuatro palabras.

Al hablar de la iniciación, la sabiduría, el conocimiento o el sendero de probación, ¿qué queremos significar? Empleamos las palabras con mucha ligereza sin considerar el significado in­volucrado. Tomemos, por ejemplo, la primera de las palabras mencionadas. Muchas son las definiciones y explicaciones res­pecto a su alcance, a los pasos preliminares al trabajo que debe realizarse entre iniciaciones y a sus resultados y efectos. Una cosa es evidente para el estudiante más superficial, y es que la magnitud del tema es tal que, a fin de dilucidarlo adecuadamen­te, habría que escribir desde el punto de vista de un iniciado. En caso contrario, todo cuanto se diga podrá ser razonable, ló­gico, interesante, sugestivo, pero no concluyente.

La palabra iniciación, deriva de dos palabras latinas: In en, Ire ir; por lo tanto, es la iniciación de un comienzo o la entrada en algo. En el caso que estamos estudiando significa, en su más amplio sentido, la entrada en la vida espiritual o en una nueva etapa de esa vida. Es el primer paso y los subsiguientes en el sendero de santidad. Por lo tanto, quien recibió la primera inicia­ción dio literalmente el primer paso en el reino espiritual, saliendo del reino puramente humano, para entrar en el superhumano. Así como salió del reino animal y entró en el humano, en la in­dividualización, así entra en la vida del espíritu y, por primera vez, tiene el derecho de llamarse “hombre espiritual”, en el sig­nificado técnico de la palabra. Entra en la quinta etapa, la últi­ma, de nuestra actual quíntuple evolución. Después de haber palpado su camino a través del Aula de la Ignorancia, durante muchas épocas, e ingresado en la escuela en el Aula del Apren­dizaje, ingresa en la Universidad o Aula de la Sabiduría. Cuan­do egrese de ella se graduará con el grado de Maestro de Com­pasión.

Podría ser de beneficio estudiar primero la diferencia o co­nexión entre Conocimiento, Comprensión y Sabiduría. Aunque en el lenguaje común estos términos parecen sinónimos, son téc­nicamente diferentes.

Conocimiento es el resultado del Aula del Aprendizaje. Po­dría decirse que constituye la totalidad de los descubrimientos y experiencias humanos y lo que puede ser reconocido por los cinco sentidos y correlacionado, diagnosticado y definido por el intelecto humano. Es aquello de lo que estamos mentalmente seguros o podemos corroborar por el experimento. Es un compendio de las artes y las ciencias. Concierne a todo lo que trata de la construcción y el desarrollo del aspecto forma de las cosas y, por lo tanto, del aspecto material de la evolución, la ma­teria de los sistemas solares en el planeta, en los tres mundos de la evolución humana y en los cuerpos humanos.

Sabiduría es el resultado del Aula de la Sabiduría. Concier­ne al desarrollo de la vida dentro de la forma, al progreso del espíritu a través de los vehículos, siempre mutables, y a las ex­pansiones de conciencia que se suceden una vida tras otra. Tra­ta del aspecto vida de la evolución. Debido a que se refiere a la esencia de las cosas y no a las cosas mismas, es la captación intuitiva de la verdad, independiente de la facultad razonadora; la innata percepción, capaz de diferenciar lo falso de lo ver­dadero, lo real de lo irreal. Es algo más que eso, constituye la creciente capacidad del Pensador para penetrar cada vez más den­tro de la mente del Logos, comprender la verdadera interioriza­ción del gran espectáculo del universo, ver el objetivo y armo­nizarse progresivamente con la medida superior. Puede ser des­crito para nuestro propósito (que consiste en estudiar el Sende­ro de Santidad y sus diversas etapas), como el conocimiento del “Reino del Dios interno” y la captación del “Reino del Dios ex­terno” en el sistema solar. Quizás podría decirse que es la gra­dual fusión de los senderos del místico y del ocultista ‑la construcción del templo de la sabiduría sobre los cimientos del co­nocimiento.

La sabiduría es la ciencia del espíritu, así como el conoci­miento es la ciencia de la materia. El conocimiento es separa­tista y objetivo, mientras que la sabiduría es sintética y subje­tiva. El conocimiento separa, la sabiduría une. El conocimiento hace diferencias, mientras que la sabiduría fusiona. Entonces, ¿qué significa comprensión?

Comprensión puede definirse como la facultad del Pensador, en el tiempo, para apropiarse del conocimiento como base de la sabiduría, aquello que permite adaptar las cosas de la forma a la vida del espíritu, recibir destellos de inspiración, provenientes del Aula de la Sabiduría, y vincularlos a los hechos del Aula del Aprendizaje. Quizás la idea podría ser mejor expresada si se dijera que:

La sabiduría concierne a1 yo y el conocimiento al no‑yo, mien­tras que la comprensión es el punto de vista del ego o pensador, o la relación entre el yo y el no‑yo.

En el Aula de la Ignorancia controla la forma y predomina el aspecto material de las cosas. El hombre se centraliza así en la personalidad o yo inferior. En el Aula del Aprendizaje el yo superior o ego lucha por dominar esa forma, hasta que gradual­mente alcanza un punto de equilibrio, donde ninguno de los dos controlan totalmente al hombre. Luego, el ego controla cada vez más, hasta que en el Aula de la Sabiduría domina en los tres mundos inferiores y, acrecentadamente, la divinidad inherente asume el control.

Aspectos de la Iniciación

La iniciación o el proceso de experimentar la expansión de con­ciencia es parte del proceso normal del desarrollo evolutivo, con­siderado en amplia escala y no desde el punto de vista del indi­viduo. Observado desde el ángulo individual, llega a reducirse hasta el instante en que el ente evolucionante comprende que (por su propio esfuerzo y ayudado por el consejo y sugerencia de los Instructores observadores de la raza) ha llegado a una eta­pa donde adquiere cierto grado de conocimiento subjetivo, desde el punto de vista del plano físico. La experiencia es similar a la del alumno en la escuela, cuando se da cuenta repentinamente que domina la lección y que el tema y el método del proceso le pertenecen a fin de aplicarlos inteligentemente. Estos instantes de captación inteligente siguen a la mónada evolucionante en su largo peregrinaje. Lo que ha sido parcialmente mal interpretado en esta etapa de comprensión, es el hecho de que en los distintos períodos se acentúa la importancia de los variados grados de ex­pansión y la Jerarquía se esfuerza en llevar a la raza a la etapa en que sus entes tengan alguna idea del próximo paso a dar. Cada, iniciación indica el paso del estudiante por el Aula de la Sabiduría hacia un grado superior y además el claro resplandor del fuego interno y la transición de un punto de polarización a otro; implica la comprensión de la creciente unidad con todo lo que vive y la esencial unicidad del yo con todos los yoes; da por resultado un horizonte que se ensancha continuamente hasta incluir la esfera de la creación, o la creciente capacidad de ver y oír en todos los planos. Es poseer una acrecentada conciencia de los planes de Dios para el mundo y la capacidad de desarro­llar dichos planes. Es el esfuerzo de la mente abstracta para apro­bar un examen. Es figurar en el cuadro de honor de la escuela del Maestro, dentro de la realización de esas almas cuyo karma lo permite y su esfuerzo es suficiente para alcanzar la meta.

La iniciación conduce al monte en que se puede obtener la visión; la visión del Eterno Ahora, donde el pasado, el pre­sente y el futuro, existen como uno; la visión de la historia de las razas con el hilo de oro de su genealogía, seguida a través de numerosos tipos; la visión de la dorada esfera que man­tiene al unísono las múltiples evoluciones de nuestro sistema: dévica, humana, animal, vegetal, mineral y elemental, a través de las cuales puede verse claramente que la vida palpitante late con ritmo regular; la visión de la forma men­tal del Logos en el plano arquetípico, visión que se acrecienta de una iniciación a otra hasta abarcar todo el sistema solar.

La iniciación conduce a esa corriente que, cuando se ha pene­trado en ella, arrastra al hombre hasta llevarlo a los pies del Se­ñor del Mundo, a los pies de su Padre en los Cielos, a los pies del triple Logos. La iniciación conduce a la caverna en cuyos muros limitadores se conocen los pares de opuestos y se revela el secreto del bien y del mal. Conduce a la Cruz y al total sa­crificio que debe consumarse antes de lograr la perfecta libera­ción, donde el iniciado se libera de todas las cadenas terrenales y nada lo retiene en los tres mundos. Lleva a través del Aula de la Sabiduría y pone en las manos del hombre, en forma gra­dual, la clave de toda información cósmica y del sistema. Re­vela el misterio oculto subyacente en el corazón del sistema so­lar. Conduce de un estado de conciencia a otro. A medida que entra en cada estado, el horizonte se ensancha, la vista se ex­tiende y la comprensión es más incluyente, hasta que la expan­sión alcanza el punto en que el yo abarca todos los yoes, incluso todo lo móvil e inmóvil, según una antigua escritura.

La iniciación implica ceremonia. Este aspecto es el que más se ha hecho resaltar en la mente de los hombres, omitiendo algo de su verdadera significación. Primordialmente implica la capacidad de ver, oír y comprender, de sintetizar y correlacionar el conocimiento, aunque no necesariamente el desarrollo de las facultades síquicas, pero entraña la comprensión interna que ve el valor subyacente en la forma y reconoce el propósito de las circunstancias prevalecientes. Es la capacidad de presentir la lección que se ha de aprender en cualquier acontecimiento dado, y esta comprensión y reconocimiento da por resultado, cada hora, cada semana y cada año, un progreso y expansión. Este proceso de gradual expansión ‑resultado del esfuerzo defi­nido y de una ardua vida y correcto pensar del aspirante, y no de algún instructor esotérico que celebra un rito oculto‑ conduce a lo que podría llamarse una crisis.

En esta crisis, donde es necesaria la ayuda de un Maestro, se efectúa un definido acto de iniciación, que (actuando sobre un centro particular) produce resultados en alguno de los cuer­pos, e incita a los átomos a alcanzar cierta vibración y permite obtener un nuevo ritmo.

La ceremonia de la iniciación señala un punto de realización, pero no la realización que a menudo se cree sino simplemente la que los Instructores que vigilan a la raza, reconocen como una etapa definida en la evolución alcanzada por el discípulo, la cual proporciona dos cosas:

  1. Una expansión de conciencia, que permite a la perso­nalidad penetrar en la sabiduría lograda por el Ego, y en las iniciaciones superiores, en la conciencia de la Mónada.

  1. Un breve período de iluminación, donde el iniciado ve la parte del sendero que debe hollar y también participa conscientemente en el gran plan evolutivo.

Después de la iniciación, el trabajo que se debe realizar con­siste mayormente en convertir esa expansión de conciencia en parte del equipo de la personalidad para ser utilizado en forma práctica, y en dominar esa parte del sendero que aún debe re­correrse.

Lugar y efecto de la Iniciación.

La ceremonia de la iniciación tiene lugar en los tres subpla­nos superiores del plano mental y en los tres planos superiores, de acuerdo a la iniciación. Durante las iniciaciones en el plano mental brilla sobre la cabeza del iniciado la estrella de cinco puntas. Esto corresponde a las primeras iniciaciones que se reciben en el vehículo causal. Se ha dicho que las dos primeras iniciaciones se efectúan en el plano astral, pero esta afirmación es inexacta y ha dado origen a una mala interpretación. Ambas se hacen sentir profundamente en los cuerpos físico, astral y mental inferior, afectando su control. Debido a que el efecto principal se siente en estos cuerpos, el iniciado puede in­terpretar que han tenido lugar en los planos implicados, pues el vívido efecto y el estímulo de las dos primeras iniciaciones se producen principalmente en el cuerpo astral. Pero debe tenerse en cuenta que las iniciaciones mayores tienen lugar en el cuer­po causal o ‑fuera de éste‑ en el plano búdico o en el átmico. En las dos iniciaciones finales que liberan al hombre de los tres mundos, se le permite actuar en el cuerpo vital del Logos y ma­nejar esa fuerza, entonces el iniciado se trasforma en la estrella de cinco puntas, la cual desciende sobre él, se fusiona en él y a él se lo ve en el centro mismo de la estrella. El descenso se realiza por acción del Iniciador que empuña el Cetro de Poder y pone al hombre en contacto, en forma consciente, con el cen­tro en el cuerpo del Logos planetario, del cual es parte. Las dos iniciaciones llamadas sexta y séptima, tienen lugar en los planos búdico y átmico. La estrella de cinco puntas “fulgura desde aden­tro de sí misma”, según dice una frase esotérica, y se trasforma en “la estrella de siete puntas”, descendiendo sobre el hombre, y éste penetra en la llama.

Además, las cuatro iniciaciones anteriores a la de adepto, señalan, respectivamente, la adquisición de determinadas propor­ciones de materia atómica en los cuerpos , por ejemplo, en la primera iniciación, una cuarta parte de materia atómica; en la segunda, una mitad; en la tercera, tres cuartas partes, y así has­ta completar. Puesto que el principio búdico es el unificador (o el fusionador de todo), en la quinta iniciación el adepto se des­prende de los vehículos inferiores y se afirma en el búdico, desde donde crea su cuerpo de manifestación.

Cada iniciación otorga mayor control sobre los rayos, si esto puede expresarse así, aunque no da la idea exacta. Las pa­labras a menudo confunden. En la quinta iniciación, cuando el adepto es un Maestro en los tres mundos, controla más o menos (de acuerdo a su línea de desarrollo) los cinco rayos que se ma­nifiestan especialmente en el momento en que recibe la inicia­ción. En la sexta, si pasa al grado superior, adquiere poder en otro rayo y, en la séptima, ejerce poder en todos los rayos. La sexta iniciación señala el punto de realización del Cristo y pone al rayo sintético del sistema bajo Su control. Debemos tener pre­sente que la iniciación da al iniciado poder en los rayos y no po­der sobre los rayos, una diferencia bien marcada. Cada iniciado lógicamente posee uno de los tres rayos mayores como rayo primario o espiritual, y en el rayo de su mónada es donde final­mente adquiere poder. El rayo de amor o rayo sintético del sistema, es el último que se adquiere.

Quienes desencarnan después de la quinta iniciación, o quie­nes no llegan a ser Maestros en encarnación física, reciben sus siguientes iniciaciones en otra parte del sistema. Todos están, en la Conciencia del Logos. Se ha de tener en cuenta una gran reali­dad, que las iniciaciones del planeta o las del sistema solar, sólo son preparatorias para ser admitido en la Gran Logia de Sirio. Este simbolismo ha sido bien conservado en la masonería y com­binando el método masónico con lo dicho respecto a los pasos en el Sendero de Santidad, obtendremos un cuadro aproximado. Am­pliemos su significado:

Las primeras cuatro iniciaciones del sistema solar correspon­den a las cuatro “Iniciaciones en el Umbral”, previamente a la primera iniciación cósmica. La quinta iniciación corresponde a la primera iniciación cósmica, la de “aprendiz aceptado” en la masonería, que hace de un Maestro, un “aprendiz aceptado” en la Logia de Sirio. La sexta iniciación es análoga al grado segun­do de la masonería, mientras que la séptima hace del adepto un Maestro Masón de la Hermandad de Sirio.

Maestro, por lo tanto, es quien ha recibido la séptima inicia­ción planetaria, la quinta iniciación solar y la primera iniciación cósmica o de Sirio.

La Unificación, resultado de la Iniciación.

Debe comprenderse que cada iniciación sucesiva produce la unificación más completa de la personalidad con el ego y, en ni­veles más elevados, con la mónada. La evolución del espíritu hu­mano es una unificación progresiva. En la unificación del alma con la personalidad yace oculto el misterio de la doctri­na cristiana de la Expiación, unificación que tiene lugar en el momento de la individualización, cuando el hombre se trasforma en una entidad consciente y racional, distinta de la de los ani­males. A medida que prosigue la evolución, ocurren sucesivas unificaciones.

La unificación en todos los niveles ‑ emocional, intuicional, es­piritual y divino ‑ consiste en un continuo y consciente funciona­miento. En todos los casos está precedida por la combustión a tra­vés del fuego‑interno y la destrucción, por medio del sacrificio, de todo aquello que separa. El acercamiento a la unidad se produce mediante la destrucción de lo inferior y de todo lo que obstaculiza. Tomemos, por ejemplo, la trama que separa los cuerpos etérico y emocional. Cuando el fuego interno quema esta trama, se pro­duce una continua comunicación entre los cuerpos de la perso­nalidad, y los tres vehículos actúan como uno. Algo semejante ocurre en los niveles superiores, aunque el paralelismo no puede ser detallado. La intuición corresponde a lo emocional y los cua­tro niveles superiores del plano mental a lo etérico. En la des­trucción del cuerpo causal, al recibir la cuarta iniciación (llama­da, simbólicamente, “la Crucifixión”), tenemos un proceso aná­logo al de la combustión de la trama, que conduce a la unifica­ción de los cuerpos de la personalidad. La desintegración, que es parte de la iniciación del arhat, conduce a la unidad entre el ego y la mónada, expresándose en la Tríada. Ésta es la perfecta unificación.

Por lo tanto, el propósito del proceso consiste en que el hom­bre sea conscientemente uno:

Primero: Consigo mismo y con quienes han encarnado con él.

Segundo: Con su Yo superior y con todos los yoes.

Tercero: Con su Espíritu o “Padre en los Cielos”, y así con todas las Mónadas.

Cuarto: Con el Logos, los Tres en Uno y el Uno en Tres.

El hombre se convierte en un ser humano consciente por mediación del perpetuo sacrificio de los Señores de la Llama.

El hombre llega a ser un ego consciente, poseyendo la con­ciencia del yo superior, en la tercera iniciación, por mediación de los Maestros y del Cristo y por Su sacrificio, al encarnar fí­sicamente para ayudar al mundo.

En la quinta iniciación el hombre se une con la mónada por mediación del Señor del Mundo, el Observador Solitario, el Gran Sacrificio.

El hombre se unifica con el Logos, por medio de Aquel de Quien nada puede decirse.

CAPÍTULO III

EL TRABAJO DE LA JERARQUÍA

Aunque el tema de la Jerarquía oculta del planeta despierta un enorme y profundo interés en el hombre común, su verdadera significación, sin embargo, no será comprendida hasta que se reco­nozcan tres cosas sobre el tema. Primero, que la entera Jerar­quía de seres espirituales representa una síntesis de fuerzas o de energías, conscientemente manejadas para llevar adelante la evolución planetaria. Esto será más evidente a medida que avan­cemos. Segundo, estas fuerzas manifestadas en nuestro sistema planetario, por medio de las grandes Personalidades que compo­nen la Jerarquía, vinculan el sistema y todo lo que contiene, con la Jerarquía superior llamada solar. Nuestra Jerarquía es una réplica en miniatura de la síntesis mayor de esas Entidades auto­conscientes, que manipulan y controlan al Sol y se manifiestan a través de éste y de los siete planetas sagrados, y también de otros planetas mayores y menores, que componen nuestro sistema solar. Tercero, esta Jerarquía de fuerzas tiene cuatro líneas de acción predominantes, que son:

Desarrollar la autoconciencia en todos los Seres.

La Jerarquía trata de proporcionar las condiciones adecuadas para desarrollar la autoconciencia en todos los seres, realizándolo primeramente en el hombre, mediante el trabajo inicial de fusio­nar los tres aspectos superiores del espíritu con los cuatro inferio­res; mediante el ejemplo en el servicio, en el sacrificio y en la renunciación, y por la constante corriente de luz (comprendido esotéricamente) que emana de ella. La Jerarquía podría ser con­siderada como el conjunto de fuerzas del quinto reino de la natu­raleza en nuestro planeta. Este reino se alcanza mediante el pleno desarrollo y el control del quinto principio o mente, y su trasmu­tación en sabiduría, que literalmente consiste en aplicar la inteli­gencia a todos los estados del ser, mediante la utilización plena­mente consciente de la facultad discriminadora del amor.

Desarrollar la Conciencia en los tres Reinos Inferiores.

Como es bien sabido, los cinco reinos de la naturaleza en el arco evolutivo pueden definirse de la manera siguiente: mineral, vegetal, animal, humano y espiritual. Estos reinos entrañan algún tipo de conciencia, y el trabajo de la Jerarquía consiste en des­arrollar dichos tipos hasta la perfección, mediante el agotamiento del karma, la acción de la fuerza y la provisión de las correctas condiciones. Obtendremos una idea de esta tarea si hacemos un breve resumen de los diferentes aspectos de la conciencia a desarrollar en los diversos reinos.

En el reino mineral, el trabajo de la Jerarquía está dedicado a desarrollar la actividad discriminadora y selectiva. Una de las características de la materia es desarrollar un tipo de actividad, y en cuanto esa actividad va dirigida a la construcción de formas, aún las más rudimentarias, se manifiesta la facultad de discrimi­nar. Esto es reconocido por los científicos de todas partes y, al hacerlo, se acercan a los descubrimientos de la Sabiduría Divina.

En el reino vegetal, a esta facultad de discriminar se le agre­ga la de responder a la sensación, advirtiéndose la elemental con­dición del segundo aspecto de la divinidad, así como en reino mineral se advierte un reflejo similar rudimentario, del tercer as­pecto de actividad.

En el reino animal, se incrementan las actividades rudimenta­rias, y se encuentran síntomas (si puede decirse así) del primer aspecto, o propósito y voluntad embrionarios. Podríamos llamarlo instinto hereditario, pero en verdad actúa como propósito de la naturaleza.

Con gran sabiduría H. P. Blavatsky dijo que el hombre es el macrocosmos para los tres reinos inferiores, porque en él se sinte­tizan estas tres líneas de desarrollo y llegan a su plena fructifica­ción. En verdad y de hecho, es inteligencia activa y maravillosa­mente manifestada. Es amor y sabiduría incipientes, aunque no sean más que el objetivo de sus esfuerzos; posee esa voluntad em­brionaria, dinámica, iniciadora, que llegará a su pleno desarrollo después de haber entrado en el quinto reino.

En el quinto reino la conciencia a desarrollar es la de grupo, y se manifiesta en el pleno florecimiento de la facultad amor-­sabiduría. El hombre no hace más que repetir, en una vuelta más alta de la espiral, la tarea de los tres reinos inferiores, pues en el reino humano manifiesta el tercer aspecto de inteligencia activa. En el quinto reino, en el cual se ingresa en la primera iniciación, que abarca todo el período de tiempo durante el cual recibe el hombre las cinco primeras iniciaciones y actúa como Maestro y parte de la Jerarquía, llega a su consumación el aspecto amor-­sabiduría o segundo aspecto. En la sexta y séptima iniciaciones fulgura el primer aspecto o voluntad, y después de ser Maestro de Compasión y Señor de Amor, el adepto se trasforma en algo más. Penetra en una conciencia superior a la grupal, la Concien­cia de Dios, y se hace consciente de Dios. Entonces entra en pose­sión de la gran voluntad o propósito del Logos.

Fomentar los diversos atributos de la divinidad, cultivar la simiente de la autoconciencia en todos los seres, es trabajo de las Entidades que se han realizado, han entrado en el quinto reino y han tomado allí la gran decisión e inconcebible renunciación de permanecer en el sistema planetario, para cooperar con los planes del Logos planetario en el plano físico.

Trasmitir la Voluntad del Logos planetario.

La Jerarquía trasmite a los hombres y a los devas o ángeles, la voluntad del Logos planetario y a través de Él, la del Logos solar. Todo sistema planetario, el nuestro como los demás, es un centro en el cuerpo del Logos, y manifiesta algún tipo de energía o fuerza. Cada centro expresa un tipo especial de fuerza que se evidencia en forma triple, y produce así universalmente los tres aspectos de la manifestación. Uno de los grandes conocimientos que adquieren quienes entran en el quinto reino, es el del tipo particular de fuerza que incorpora nuestro Logos planetario. El estudiante inteligente debe reflexionar sobre esta afirmación, pues contiene la clave de muchos hechos observados actualmente en el mundo. Se ha perdido el secreto de la síntesis, y sólo cuando los hombres retornen al conocimiento que tenían en cielos ante­riores (afortunadamente retirados en los días atlantes) acerca del tipo de energía que nuestro sistema debe manifestar en la actualidad, los problemas humanos se resolverán por sí solos y se estabilizará el ritmo del mundo. Esto no sucederá todavía por­que dicho conocimiento es peligroso, y en la actualidad la raza no tiene conciencia grupal y, por lo tanto, no se le puede confiar que trabaje, piense, proyecte y actúe para el grupo. El hombre es aún demasiado egoísta, aunque esto no es motivo de desaliento. La conciencia grupal es ya algo más que una visión, mientras que la hermandad y el reconocimiento de sus obligaciones comienzan a penetrar en la conciencia de los hombres. Tal es el trabajo de la Jerarquía de la Luz, demostrar a los hombres el verdadero sig­nificado de la hermandad y fomentar en ellos la respuesta a ese ideal, latente en todos y cada uno.

Dar el Ejemplo a la Humanidad.

El cuarto punto que los hombres deben conocer y comprender como realidad fundamental, es que esta Jerarquía está compuesta por quienes han triunfado sobre la materia y han llegado a la meta por el mismo camino que siguen hoy los individuos. Estas perso­nalidades espirituales, adeptos y Maestros, han luchado y bregado por obtener la victoria y el control en el plano físico, y se han enfrentado con los miasmas, brumas, peligros, dificultades, angus­tias y dolores de la vida diaria. Han hollado cada paso del sendero del sufrimiento, han pasado por todas las experiencias, han supe­rado todas las dificultades y han triunfado. Estos Hermanos Ma­yores de la Raza han sufrido la crucifixión del yo personal y saben de la total renuncia del aspirante. No existe ninguna fase de agonía, ningún sacrificio consumado, ninguna Vía Dolorosa por la que no hayan pasado, y en esto radica Su derecho a servir y el poder de Su demanda. Conocedores de la quintaesencia del dolor, de la profundidad del pecado y del sufrimiento, Sus méto­dos pueden ser exactamente adecuados a las necesidades indivi­duales; pero al mismo tiempo su compresión de que la libera­ción se obtendrá por medio del dolor, el castigo y el sufrimiento, y su captación de que la liberación se obtiene mediante el sa­crificio de la forma, a través de los fuegos purificadores, basta para proporcionarles un firme apoyo y la capacidad de persistir, aun cuando la forma aparente haber sufrido suficientemente, y el amor ­que triunfa sobre todos los obstáculos, esté fundado en la paciencia y la experiencia. Estos Hermanos Mayores de la humanidad se ca­racterizan por un perdurable amor, que actúa siempre en bien del grupo; por un conocimiento adquirido en el transcurso de mi­llares de vidas, durante las cuales se abrieron camino desde el fondo de la vida y de la evolución, hasta llegar casi a la cima; por una experiencia basada en el tiempo mismo y en una multiplici­dad de reacciones e interacciones de la personalidad; por una va­lentía, resultado de esa experiencia, que habiendo sido producto de épocas de esfuerzos fracasos y renovados esfuerzos que condujeron finalmente al triunfo, pueden ponerse ahora al servicio de la raza; por un propósito iluminado, inteligente y cooperador, ajustado al grupo y al Plan jerárquico y adaptado a la finalidad del Logos planetario; finalmente, se caracterizan por su conoci­miento del poder del sonido. Esto último es la base del aforismo según el cual los verdaderos esoteristas se distinguen por la carac­terística del conocimiento, de la voluntad dinámica, del valor y del silencio: “saber, querer, osar y callar”. Conociendo bien el plan y teniendo una visión clara y luminosa, pueden aplicar Su voluntad, firme e indesviablemente, al trabajo de creación por medio del poder del sonido. Esto Los conduce a callar donde el hombre común habla, y a hablar donde el hombre común calla.

Cuando los hombres comprendan los cuatro hechos enume­rados y los hayan establecido como verdades en la conciencia de la raza, podremos esperar entonces el retorno del cielo de paz, descanso y rectitud, predicho en todas las escrituras del mundo. Entonces el Sol de la Rectitud surgirá trayendo la curación en sus alas, y la paz, más allá de toda comprensión, reinará en el corazón de los hombres.

Al tratar el tema del trabajo de la Jerarquía oculta, en un libro dedicado al público, mucho quedará sin decir. El hom­bre común siente interés y su curiosidad se despierta cuando se habla de estas Personalidades, pues sólo está preparado para una información más general. Aquellos que de la curiosidad pasan al deseo y tratan de conocer la verdad tal cual es, obtendrán mayor información cuando ellos mismos hayan realizado el necesario trabajo y estudio. La investigación es deseable, y la actitud men­tal que se espera despierte este libro, puede resumirse en las si­guientes palabras: Estas afirmaciones parecen interesantes y qui­zás sean ciertas. Las religiones de todos los países, incluyendo la cristiana, dan indicaciones que aparentemente corroboran estas ideas. Aceptémoslas como hipótesis activas, respecto a la consu­mación del proceso evolutivo del hombre y a su actuación para lograr la perfección. Busquemos la verdad como un hecho en nuestra propia conciencia. Toda fe religiosa expone la creencia de que quienes buscan con fervor hallan lo buscado, por lo tan­to, busquemos. Si en nuestra investigación comprobamos que estas afirmaciones no son más que sueños visionarios, sin provecho al­guno, que nos llevan tan sólo a la oscuridad, no habremos perdido el tiempo, puesto que sabremos dónde no hay que buscar. Por otra parte, si nuestra investigación nos lleva poco a poco a la corro­boración, y la luz brilla cada vez con mayor claridad, persistamos hasta cuando alboree el día y la luz que brilla en la oscuridad ilu­mine el corazón y el cerebro, entonces el buscador despertará a la comprensión de que toda evolución tiende a otorgar esta expan­sión de conciencia y esta iluminación, y que el logro del proceso iniciático y la entrada en el quinto reino no son una quimera o fantasía, sino una realidad establecida en la conciencia. Cada uno debe cerciorarse por sí mismo. Quienes saben, pueden asegurar que una cosa es o no es así, y la afirmación o la enunciación de una teoría por otra persona, no dan al investigador más que una indicación confirmatoria. Cada alma debe cerciorarse por sí mis­ma y descubrir en sí misma lo que busca, teniendo siempre pre­sente que el reino de Dios es interno y que son de valor los hechos conocidos como verdades, dentro de la conciencia individual. Mien­tras tanto, podrá exponerse aquí lo que muchos conocen y han comprobado en sí mismos como verdades incontrovertibles, y al lector inteligente se le presentará la oportunidad y la responsabi­lidad de cerciorarse por sí mismo de su verdad o falsedad.

CAPÍTULO IV

LA FUNDACIÓN DE LA JERARQUIA

Su Aparición en el Planeta.

En este libro no se trata de hablar sobre los pasos que condu­jeron a la fundación de la Jerarquía en el planeta, ni de considerar las condiciones que precedieron al advenimiento de esos grandes Seres. Esto puede ser estudiado en otros libros esotéricos occi­dentales y en las Sagradas Escrituras orientales. Para nuestro propósito será suficiente decir que a mediados de la época lemu­riana, hace aproximadamente dieciocho millones de años, ocurrió un gran acontecimiento que trajo, entre otras cosas, los siguientes desarrollos: El Logos planetario del esquema terrestre, uno de los Siete Espíritus ante el Trono, encarnó físicamente y en la forma de Sanat Kumara, el Anciano de los Días y Señor del Mun­do, descendió a este planeta físico denso permaneciendo desde entonces con nosotros. Debido a la máxima pureza de su natura­leza, y al hecho que desde el ángulo de la humanidad está exento de pecado y, por lo tanto, es incapaz de responder a nada en el plano físico, no pudo adoptar un cuerpo físico denso como el nues­tro, y debe actuar en Su cuerpo etérico. Es el más grande de los Avatares o “de los Venideros”, porque es un reflejo directo de la Gran Entidad que vive, respira y actúa a través de todas las evo­luciones de este planeta, manteniendo todo dentro de Su aura o esfera magnética de influencia. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, y nadie puede ir más allá del radio de Su aura. Es el Gran Sacrificio, que abandonó la gloria de los eleva­dos lugares, y en bien de los hijos de los evolucionantes hombres tomó Él Mismo forma física, y fue hecho a semejanza del hombre. Es el Observador Silencioso, en lo que a nuestra humanidad con­cierne, aunque literalmente, el Logos planetario Mismo, en los niveles superiores de conciencia en que actúa, es el verdadero Observador Silencioso en cuanto al esquema planetario se refiere. Podría decirse que el Señor del Mundo, el Iniciador Uno, ocupa el mismo lugar, en conexión con el Logos planetario, que la mani­festación física de un Maestro en relación con la mónada de ese Maestro en el plano monádico. En ambos casos se ha reempla­zado el estado intermedio de conciencia, la del ego o yo superior, y lo que vemos y conocemos es la directa manifestación autocreada del espíritu puro. He aquí el sacrificio. Debe recordarse que, en el caso de Sanat Kumara hay una enorme diferencia de grado, pues Su etapa de evolución es más avanzada que la de un adepto, tal como lo es el adepto en relación con el hombre animal. Esto se ampliará en el siguiente capítulo.

Juntamente con el Anciano de los Días vino un grupo de otras Entidades altamente evolucionadas, que representan a Su propio grupo kármico individual y a Aquellos Seres que son el resultado de la triple naturaleza del Logos planetario. Podría de­cirse que personifican las fuerzas que emanan de los centros coro­nario, cardíaco y laríngeo. Llegaron con Sanat Kumara a fin de constituir puntos focales de fuerza planetaria y ayudar en el gran plan para el desarrollo autoconsciente de toda vida. Sus lugares han sido ocupados gradualmente por los hijos de los hombres, a medida que se han capacitado para ello, aunque son muy pocos hasta ahora en nuestra inmediata humanidad terrestre. Los que forman el grupo interno que rodean al Señor del Mundo, fueron extraídos principalmente de las filas de quienes eran iniciados en la cadena lunar (el ciclo de evolución que precedió al nuestro), o entraron en ciertas corrientes de energía solar, determinadas astrológicamente desde otros sistemas planetarios; aunque el nú­mero de los que triunfan en nuestra humanidad aumenta rápida­mente y desempeñan los cargos subalternos del grupo esotérico central de Seis, que, con el Señor del Mundo, constituyen el cora­zón del esfuerzo jerárquico.

El efecto inmediato.

El resultado de Su advenimiento, hace millones de años, fue grandioso, y aún se notan sus efectos, que pueden ser enumerados de la manera siguiente: Al Logos planetario, en Su propio plano, se le permitió adoptar un método más directo, a fin de lograr los resultados que Él deseaba para desarrollar Su plan. Como es bien sabido, el esquema planetario, con su globo denso y sus sutiles globos internos, es para el Logos planetario lo que el cuerpo físico y sus cuerpos sutiles son para el hombre. De ahí que, como ilus­tración, puede decirse que la encarnación de Sanat Kumara fue un hecho análogo al firme control autoconsciente que el ego de un ser humano ejerce sobre sus vehículos, al lograrse la necesaria etapa de evolución. Se ha dicho que en la cabeza de todo hombre hay siete centros de fuerza vinculados con los otros centros del cuerpo, a través de los cuales la fuerza del ego se difunde y circu­la, desarrollando así el plan. Sanat Kumara, juntamente con los otros seis Kumaras, mantiene una posición similar. Éstos siete principales constituyen para Él lo que los siete centros de la cabeza para el conjunto corporal. Son los agentes directrices y trans­misores de energía, fuerza, propósito y voluntad del Logos plane­tario, en Su propio plano. Este centro coronario planetario actúa directamente a través de los centros cardíaco y laríngeo y, por lo tanto, controla los centros restantes. Esto es una especie de ilus­tración y el intento de demostrar la relación de la Jerarquía con su fuente planetaria, así como también la estrecha analogía entre el método de la actuación de un Logos planetario y el hombre, el microcosmos.

El tercer reino de la naturaleza, el reino animal, había alcan­zado un grado relativamente elevado de evolución, y el hombre animal estaba en posesión de la tierra; era un ser con un poderoso cuerpo físico, un coordinado cuerpo astral o de sensación y senti­miento, y un germen rudimentario de mente, que algún día podría constituir el núcleo de un cuerpo mental. Abandonado a sus propios medios durante largos eones, el hombre animal eventualmen­te habría progresado hasta pasar del reino animal al humano, y llegado a ser una entidad autoconsciente, activa y racional, pero la lentitud del proceso se pone en evidencia al estudiar los bosqui­manos de Sudáfrica, los vedas de Ceilán o los hirsutos ainos del Japón.

La decisión del Logos planetario de tomar un cuerpo físico, estimuló extraordinariamente el proceso evolutivo y, por Su en­carnación y los métodos que empleó para distribuir las fuerzas, produjo, en un breve cielo, lo que de otro modo hubiera sido incon­cebiblemente lento. El germen de la mente en el hombre animal fue estimulado. El cuádruple hombre inferior,

a. el cuerpo físico, en su capacidad dual, etérica y densa,

b. la vitalidad, fuerza vital o prana,

c. el cuerpo astral o emocional,

d. el incipiente germen de la mente,

fue coordinado y estimulado, y llegó a ser un receptáculo apro­piado para la entrada de las entidades autoconscientes, esas tría­das espirituales (reflejo de la voluntad, intuición o sabiduría es­pirituales y mente superior) que habían esperado precisamente esa adaptación durante largas edades. El reino humano o cuarto reino, vino a la existencia, y la unidad autoconsciente o racional, el hombre, comenzó su carrera.

Otra consecuencia del advenimiento de la Jerarquía consistió en un desarrollo similar, aunque menos conocido, en todos los reinos de la naturaleza. En el reino mineral, por ejemplo, algu­nos de los minerales o elementos, recibieron un estímulo adicio­nal y se hicieron radiactivos, y tuvo lugar un misterioso cambio químico en el reino vegetal. Esto facilitó el paso del reino vegetal al animal, así como la radiactividad de los minerales facilitó el paso del reino mineral al vegetal. A su debido tiempo, los hom­bres de ciencia reconocerán que todos los reinos de la naturaleza se unen e interpenetran cuando las unidades de esos reinos son radiactivas. Pero no es necesario divagar en este sentido. Basta un indicio para quienes tienen ojos para ver, e intuición para com­prender el significado de los términos, limitados por una connota­ción puramente material.

En los días de Lemuria, después del gran descenso de las Exis­tencias espirituales a la tierra, quedó sistematizado el trabajo que proyectaron. Se distribuyeron las funciones, y los procesos evolu­tivos en todos los sectores de la naturaleza, quedaron bajo la sabia y consciente guía de esta Hermandad inicial. Esta Jerarquía de Hermanos de la Luz, existe aún, y el trabajo prosigue constante­mente. Todos tienen existencia física, ya sean cuerpos físicos den­sos, tal como lo hacen muchos de los Maestros, o bien cuerpos etéricos, tales como los que utilizan los más excelsos auxiliares y el Señor del Mundo. Es necesario que los hombres recuerden que Ellos tienen existencia física, y también deben tener en cuenta que viven con nosotros en este planeta controlando su destino, guiando sus asuntos y conduciendo a todas sus evoluciones hacia la perfección final.

La Sede de esta Jerarquía se halla en Shamballa, un centro en el desierto de Gobi, llamado en los libros antiguos “Isla Blan­ca”. Existe en materia etérica, y cuando la raza de los hombres haya desarrollado la visión etérica en la Tierra, se conocerá su ubicación y será aceptada su realidad. Rápidamente se está des­arrollando esta visión, como puede observarse en los diarios y en la literatura actual, pero la ubicación de Shamballa será el último de los sagrados lugares etéricos que se revelará, pues su materia es del segundo éter. Varios Maestros que tienen cuerpo físico viven en los Himalayas en un lugar recluido llamado Shigatsé, lejos de los caminos de los hombres; pero la mayor parte están diseminados en todo el mundo, y viven de incógnito, y descono­cidos en diferentes lugares y en distintas naciones, aunque cada uno en Su propio lugar constituye un punto focal para la energía del Señor del Mundo, demostrando ser en Su medio ambiente, un distribuidor del amor y de la sabiduría de la Deidad.

La apertura del Portal de la Iniciación.

No es posible referirse a la historia de la Jerarquía, durante las largas épocas de su trabajo, sin mencionar algunos aconteci­mientos sobresalientes del pasado y sin señalar ciertas eventuali­dades. Durante épocas, después de su inmediata fundación, el trabajo fue lento y desalentador. Transcurrieron miles de años y apa­recieron razas humanas y desaparecieron de la tierra, antes de ser posible delegar, por lo menos el trabajo realizado por los ini­ciados de primer grado, a los hijos de los hombres en evolución. Pero a mediados del transcurso de la cuarta raza raíz, la atlante, sobrevino un acontecimiento que hizo necesario un cambio o in­novación, en el método jerárquico. Algunos de sus miembros fue­ron destinados a un trabajo superior en otra parte del sistema solar, y esto trajo por necesidad el ingreso, en número elevado, de unidades altamente evolucionadas de la familia humana. A fin de permitir que otros ocuparan Su lugar, los miembros menores de la Jerarquía fueron ascendidos, originando vacantes en tales puestos. Por lo tanto, tres cosas se decidieron en la Cámara del Concilio del Señor del Mundo:

1. Cerrar la puerta por donde los hombres animales pasaban al reino humano, no permitiendo a las mónadas de los planos su­periores tomar cuerpo por un tiempo. Debido a las limitacio­nes de entonces, se restringió el número de unidades del cuarto reino o reino humano.

2. Abrir otra puerta a esos miembros de la familia humana que se hallaban dispuestos a someterse a la disciplina necesaria y hacer el gran esfuerzo requerido, y permitirles entrar en el quinto reino o espiritual. De este modo, las filas de la Jerarquía podían llenarse con miembros de la humanidad terrestre, capaci­tados para ello. Esta puerta se denomina el Portal de la Inicia­ción, y aún permanece abierta con las mismas cláusulas que fijara el Señor del Mundo en los días atlantes. Estas cláusulas se ex­pondrán en el último capítulo de este libro. La puerta que existe entre los reinos humano y animal, será abierta de nuevo durante el próximo gran ciclo o “ronda”, como se dice en algunos libros; pero como aún faltan varios millones de años, no nos ocuparemos de ello por el momento.

3. Trazar una línea de demarcación bien definida entre las dos fuerzas, la de la materia y la del espíritu. Fue recalcada la inherente dualidad de toda manifestación, a fin de enseñar a los hombres a liberarse por sí mismos de las limitaciones del cuarto reino o humano, y así pasar al quinto reino o espiritual. El pro­blema del bien y del mal, la luz y la oscuridad, lo correcto y lo incorrecto, fue enunciado únicamente en beneficio de la humani­dad, para permitir a los hombres romper con las cadenas que apri­sionaban al espíritu, logrando así la liberación espiritual. Este problema no existe en los reinos inferiores al del hombre, ni para quienes han trascendido el humano. El hombre debe aprender, a través de la experiencia y el dolor, la realidad de la dualidad de toda existencia. Habiéndolo aprendido, elige lo que concierne al aspecto espíritu plenamente consciente de la divinidad, y también a centrarse en ese aspecto. Al alcanzar la liberación, se da cuenta en verdad que todo es uno, que el espíritu y la materia son una unidad y que sólo existe lo que se halla en la conciencia del Logos planetario, y en círculos más amplios, en la conciencia del Lo­gos solar.

La Jerarquía aprovechó de este modo la facultad discrimina­dora de la mente, cualidad que caracteriza a la humanidad, para que el hombre, mediante el equilibrio de los pares de opuestos, alcance su meta y encuentre el camino de regreso a la fuente de origen.

Esta decisión condujo a la gran lucha, característica de la civilización atlante, que culminó con la destrucción, el diluvio al que se refieren todas las Escrituras del mundo. Las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad se enfrentaron, y esto se hizo para ayudar a la humanidad. La lucha persiste aún, y la pasada guerra mundial fue un recrudecimiento de ella. En cada bando ha­bía dos grupos: los que luchaban por un determinado ideal, tal como ellos lo veían y creían que era lo más elevado, y aquellos que lo hacían por obtener ventajas materiales y egoístas. En la lucha entre los influyentes idealistas o materialistas, muchos fueron arrastrados y lucharon ciega e ignorantemente y, en consecuencia, fueron abatidos por el desastre y el karma racial.

Estas tres decisiones de la Jerarquía, tienen y tendrán un pro­fundo efecto sobre la humanidad, pero se están obteniendo los re­sultados deseados, pues ya puede observarse una mayor acelera­ción del proceso evolutivo y un efecto profundamente importante sobre el aspecto mente del hombre.

Conviene señalar aquí que, actuando como miembros de la Jerarquía, existe gran número de seres llamados ángeles por los cristianos y devas por los orientales. Muchos de ellos han pasado hace tiempo por la etapa humana y actúan ahora en las filas de la gran evolución, llamada evolución dévica, paralela a la humana. Esta evolución incluye, entre otros factores, a los constructores del planeta objetivo y a las fuerzas que producen, por medio de estos constructores, todas las formas conocidas y desconocidas. Los devas que colaboran en el esfuerzo jerárquico se ocupan, por lo tanto, del aspecto forma, mientras que los otros miembros de la Jerarquía se ocupan del desarrollo de la conciencia dentro de la forma.

CAPÍTULO V

LOS TRES DEPARTAMENTOS DE LA JERARQUIA

Ya hemos tratado el tema de la fundación de la Jerarquía de la Tierra, vimos cómo vino a la existencia, y nos ocupamos de ciertas crisis ocurridas, que aún afectan a los actuales aconteci­mientos. Al tratar del trabajo y de los objetivos de los miembros de la Jerarquía, no es posible decir cuáles han sido, ni considerar en detalle quiénes fueron los personajes activos durante los pasa­dos milenios, desde que vino a la existencia la Jerarquía.

Muchos grandes Seres, de origen planetario y solar, y a veces provenientes de fuentes cósmicas, prestaron Su ayuda en deter­minados momentos y residieron brevemente en nuestro planeta. Por la energía que fluía a través de Ellos y por Su profunda sabi­duría y experiencia, estimularon la evolución terrestre y contri­buyeron en gran medida a la realización de los propósitos del Lo­gos planetario. Después siguieron Su camino, y Sus lugares fueron ocupados por esos miembros de la Jerarquía que estaban dispues­tos a someterse a un entrenamiento específico y a una expansión de conciencia. A su vez, los cargos de estos adeptos y Maestros fueron ocupados por iniciados, por eso los discípulos y hombres y mujeres altamente evolucionados, continuamente tuvieron opor­tunidad de entrar en las filas de la Jerarquía, y así hubo una constante circulación de nueva vida y sangre, y la llegada de quie­nes pertenecen a un período o época especial.

Algunos de los grandes nombres de las últimas épocas son conocidos en la historia como Shri Sankaracharya, Vyasa, Mahoma, Jesús de Nazareth y Krishna, y también los iniciados menores co­mo Pablo de Tarso, Lutero y algunas luminarias destacadas de la historia europea. Estos hombres y mujeres siempre han sido agentes para llevar a cabo el propósito de la raza, lograr condi­ciones grupales y fomentar la evolución de la humanidad. A ve­ces han aparecido como fuerzas benefactoras, trayendo consigo paz y bienestar. Con frecuencia han llegado como agentes de destrucción de las antiguas formas religiosas y de gobierno, para poder ser liberada la vida dentro de la forma en rápida cristali­zación, construyendo para sí un nuevo y mejor vehículo.

Mucho de lo que aquí se dice es bien conocido y fue expuesto en diferentes libros esotéricos. Sin embargo, en la sabia y cuida­dosa enunciación de los hechos recopilados y su correlación con lo que podría ser nuevo para algunos estudiantes, llega la eventual captación sintética del gran plan y la comprensión inteligente y uniforme del trabajo de ese gran grupo de almas liberadas que, con absoluta autoabnegación, permanece silenciosamente detrás del panorama mundial. Por el poder de Su voluntad, la fuerza de Sus meditaciones, la sabiduría de Sus planes y Su conocimiento científico de la energía, dirigen las corrientes de fuerza y contro­lan a esos agentes constructores de la forma que producen lo visi­ble y lo invisible, lo activo y lo inactivo, en la esfera de la creación en los tres mundos. Esto, unido a su vasta experiencia, los capa­cita para ser agentes distribuidores de la energía del Logos pla­netario.

Como ya se ha afirmado, a la cabeza de todas las actividades, controlando cada unidad y dirigiendo toda evolución, se halla el REY, el Señor del Mundo, Sanat Kumara, el Joven de los Eternos Veranos, y el Manantial de la Voluntad (demostrándose como Amor) del Logos planetario. Colaborando con Él y como Sus con­sejeros, hay tres Personajes llamadas Pratyeka Budas, o Budas de Actividad. Estos cuatro Seres encarnan la voluntad activa, amorosa e inteligente. Son el pleno florecimiento de la inteligen­cia, habiendo logrado en un sistema solar anterior lo que el hom­bre está ahora tratando de perfeccionar. En anteriores ciclos de este sistema, Ellos comenzaron a demostrar amor inteligente y, desde el punto de vista del hombre, el ser humano común, son el amor e inteligencia perfectos, aunque desde el punto de vista de esa Existencia que en Su cuerpo de manifestación abarca también nuestro sistema planetario, ese aspecto amor se halla aún en pro­ceso de desarrollo y la voluntad es sólo embrionaria. Será otro el sistema solar que verá fructificar el aspecto voluntad, así como el amor madurará en el nuestro.

En torno al Señor del Mundo, pero separados y ocultos, hay otros tres Kumaras, que completan los siete de la manifestación planetaria.

Su trabajo es necesariamente incomprensible para no­sotros. Los tres Budas exotéricos o Kumaras, son la totalidad de la actividad o energía planetaria, y los tres Kumaras esotéricos encarnan tipos de energía que no están en plena manifestación en nuestro planeta. Cada uno de estos seis Kurnaras es un reflejo y un agente distribuidor de la energía y fuerza de uno de los otros seis Logos planetarios, los restantes seis espíritus ante el Trono. En este esquema sólo Sanat Kumara se sostiene y se basta a Sí Mismo, porque es la encarnación física de uno de los Logos plane­tarios, pero no puede ser revelado cuál de ellos, por ser uno de los secretos de la iniciación. A través de cada uno de Ellos pasa la fuerza vital de uno de los seis rayos, y al considerarlos se po­dría resumir Su trabajo y posición de la manera siguiente:

1. Cada uno encarna uno de los seis tipos de energía, sien­do el Señor del Mundo el que sintetiza y encarna el per­fecto séptimo tipo, nuestro tipo planetario.

2. Cada uno se caracteriza por uno de los seis colores, y el Señor del Mundo manifiesta el pleno color planetario, siendo éstos también los seis subsidiarios.

3. Por lo tanto, Su trabajo no sólo consiste en distribuir la fuerza, concierne a la entrada de los egos que buscan ex­periencia terrestre en nuestro esquema y que vienen de otros esquemas planetarios.

4. Cada uno de Ellos está en comunicación directa con uno de los planetas sagrados.

5. De acuerdo a las condiciones astrológicas y al giro de la rueda planetaria de la vida, así estará activo uno de es­tos Kumaras. Los tres Budas de actividad cambian de vez en cuando y se trasforman a su vez en exotéricos o esotéricos, según sea el caso. Únicamente el Rey per­manece constante y alerta en activa encarnación física.

Además de estos personajes principales que presiden la Cá­mara del Concilio de Shamballa, existe un grupo de cuatro Seres que representan en el planeta los cuatro Maharajáes, o los cuatro Señores del Karma en el sistema solar, y se ocupan específicamente de la evolución del reino humano en la actualidad. Estos cuatro Seres tienen relación con:La distribución del karma o destino humano, en lo que afecta a los individuos y, a través de los individuos, a los grupos.

1. El cuidado y clasificación de los archivos akásicos. Éstos se ocupan de la Sala de los Archivos o de las “anotacio­nes en los libros”, según se dice en la Biblia cristiana. En el mundo cristiano son conocidos como los ángeles registradores.

2. La participación en los concilios solares. Sólo Ellos tie­nen derecho, durante el cielo mundial, a pasar mas allá de la periferia del esquema planetario y participar en los concilios del Logos solar. Debido a esto, son literal­mente mediadores planetarios, que representan a nuestro Logos planetario y a todo aquello que. Le concierne en el esquema mayor, del cual Él es sólo una parte.

Cooperando con los Señores del Karma hay grandes grupos de iniciados y devas que se ocupan del correcto reajuste de

  1. el karma mundial,
  2. el karma racial,
  3. el karma nacional,
  4. el karma grupal,
  5. el karma individual,

y son responsables ante el Logos planetario de la correcta manipu­lación dé esas fuerzas y son agentes constructores que traen a los egos de los distintos rayos, en los momentos y temporadas exactos.

Poco tenemos que ver con todos estos grupos, porque sólo los iniciados de tercera iniciación y los de rango aún más excelso, en­tran en contacto con ellos.

Los otros miembros de la Jerarquía se dividen en tres grupos principales y cuatro subsidiarios; cada uno, como se observará en el diagrama que aparece en la página 51, está precedido por uno de los que denominamos los tres Grandes Señores.

El Trabajo del Manu.

El Manu preside el primer grupo. Se Lo llama Vaivasvata Manu, y es el Manu de la quinta raza raíz. Es el hombre ideal o pensador, y determina el tipo de nuestra raza aria, habiendo pre­sidido sus destinos desde su comienzo, hace casi cien mil años. Otros aparecieron y desaparecieron, y Su lugar será ocupado por algún otro, en un futuro relativamente cercano. Entonces pasará a realizar un trabajo de mayor excelsitud. El Manu o prototipo de la cuarta raza raíz, trabaja en íntima relación con Él, y su centro de influencia se halla en China. Es el segundo Manu que ha tenido la cuarta raza raíz, y ha ocupado el lugar del anterior, durante las etapas finales de la destrucción de la Atlántida. Ha permanecido para fomentar el desarrollo del tipo racial y provo­car su desaparición final. Los períodos de actuación de los diver­sos Manus se superponen; actualmente no queda en el globo nin­gún representante de la tercera raza raíz. El Vaivasvata Manu reside en los Himalayas y ha reunido a Su alrededor, en Shigatsé, a algunos de los que están relacionados directamente con las cues­tiones arias en la India, Europa y América, y a aquellos que más tarde se ocuparán de la futura sexta raza raíz. Los planes se pre­paran para épocas futuras; se constituyen centros de energía, mi­les de años antes que sean necesarios, y por la sabia previsión de estos Hombres Divinos, nada se deja al azar, sino que todo se mue­ve en cielos ordenados y bajo regla y ley, aunque dentro de limi­taciones kármicas.

El trabajo del Manu concierne en gran parte al gobierno, la política planetaria y el establecimiento, dirección y disolución. de tipos y formas raciales. A Él se le confía la voluntad y el propó­sito del Logos planetario. Sabe cuál es el objetivo inmediato para este ciclo de evolución que debe presidir, y Su trabajo consiste en hacer cumplir esa voluntad. Trabaja en más estrecha colabo­ración con los devas constructores, que con Su Hermano el Cristo, pues Su misión es establecer el tipo racial, segregar los grupos por los cuales se desarrollarán las razas, manipular las fuerzas que mueven la corteza terrestre, levantar y hundir continentes, dirigir la mente de los estadistas de todas partes, para que el gobierno racial proceda como es de desear y se logren las condi­ciones que proporcionarán el personal necesario para fomentar cualquier tipo racial particular. Ya se observa en América del Norte y en Australia un trabajo similar.

La energía que afluye a través de Él, emana del centro coro­nario del Logos planetario y Le llega a través del cerebro de Sanat Kurnara, que centraliza en Sí toda la energía planetaria. Actúa por medio de la meditación dinámica, llevada a cabo en el centro coronario, produciendo resultados por Su perfecta comprensión de lo que debe realizarse, por Su poder de visualizar lo que debe hacerse para lograr la realización, y por Su capacidad de trasmi­tir energía creadora y destructora a quienes son Sus ayudantes. Todo esto se realiza por el poder de la emisión del sonido.

El Trabajo del Instructor del Mundo, el Cristo.

El segundo grupo está presidido el Instructor del Mundo. Es ese gran Ser que los cristianos denominan Cristo. En Oriente es conocido como el Bodhisattva y el Señor Maitreya, y por los devotos mahometanos, como el Iman Madhi. Ha presidido los des­tinos de la vida desde el año 600 a. C.; es Quien apareció entre los hombres y a Quien se espera nuevamente. Es el gran Señor de Amor y Compasión, así como su predecesor, Buda, fue el Señor de Sabiduría. A través de Él fluye la energía del segundo aspecto que Le llega directamente desde el centro cardíaco del Logos pla­netario, a través del corazón de Sanat Kurnara. Actúa por la meditación centrada en el corazón. Es el Instructor del Mundo, el Maestro de Maestros y el Instructor de Ángeles, y se Le ha confiado la guía de los destinos espirituales de los hombres y el despertar del reconocimiento de que cada ser humano es una criatura de Dios y un hijo del Altísimo.

Así como el Manu se ocupa de proporcionar el tipo y las for­mas a través de las cuales la conciencia puede evolucionar y adquirir experiencia, haciendo posible la existencia en su sentido más profundo, así el Instructor del Mundo dirige esa conciencia inmanente en su aspecto vida o espíritu, tratando de energetizarla dentro de la forma, para ser ésta descartada a su debido tiempo, y el espíritu liberado volver a su origen. Desde que dejó la Tierra, como dice con relativa exactitud la Biblia (aunque con muchos errores en los detalles), siempre ha permanecido con los hijos de los hombres. Nunca nos ha abandonado, sino en apariencia, y quienes conocen el camino pueden hallarlo en cuerpo físico en los Himalayas, trabajando en íntima colaboración con Sus dos grandes Hermanos, el Manu y el Mahachohan. Diariamente im­parte su bendición al mundo, y permanece todos los días bajo el gran pino de Su jardín, a la puesta del sol, con las manos en alto, bendiciendo a quienes tienen verdadera y fervorosa aspiración. Conoce a todos los buscadores, y aunque no tengan conciencia de Él, la luz que de Él afluye estimula sus deseos, fomenta la chispa de vida naciente y espolea al aspirante hasta el amanecer del gran día en que se enfrente con Aquel Que “al ser ascendido” ‑enten­dido esotéricamente‑ atraerá hacia Sí a todos los hombres, como Iniciador de los sagrados misterios.

El Trabajo del Señor de la Civilización, el Mahachohan.

El Mahachohan encabeza el tercer grupo. Su autoridad sobre el mismo persiste durante un período más extenso que el de Sus dos Hermanos, y puede desempeñar Su cargo durante varias razas raíces. Es la totalidad del aspecto inteligencia. El actual Mahachohan no es el que originariamente ocupó el lugar al esta­blecerse la Jerarquía en los días de Lemuria ‑ entonces era ocupado por uno de los Kumaras o Señores de la Llama que encarnaron con Sanat Kumara‑; y el Mahachohan ocupó Su lugar en la segunda subraza de la raza raíz atlante. Había lo­grado el estado de adepto en la cadena lunar, y por medio de Su complementación, un gran número de seres humanos avanza­dos vinieron a la encarnación a mediados de la raza raíz atlante. La afiliación kármica con Él, fue una de las causas predispo­nentes que hicieron posible esta eventualidad.

Su trabajo es fomentar y fortalecer la relación entre espíritu y materia, vida y forma, yo y no‑yo, cuyo resultado es lo que lla­mamos civilización. Maneja las fuerzas de la naturaleza, y es en gran parte la fuente emanante de energía eléctrica, tal como la conocemos. Por ser reflejo del tercer aspecto o creador, la energía del Logos planetario fluye hacia Él desde el centro laríngeo, y es Quien de muchas maneras hace posible el trabajo de Sus her­manos. Le presentan Sus planes y deseos y por Su intermedio llegan las instrucciones a un gran número de agentes dévicos.

Así tenemos Voluntad, Amor e Inteligencia, representados en estos tres Grandes Señores; tenemos el yo y el no‑yo, y su rela­ción sintetizada en la unidad de la manifestación; tenemos gobier­no racial, religión y civilización, constituyendo un todo coherente, y la manifestación física, el aspecto amor o deseo, y la mente del Logos planetario, exteriorizándose en objetividad. Entre estas tres Personalidades existe la más íntima colaboración y unidad, y todo movimiento, plan y acontecimiento, tienen su existencia en Su previo conocimiento unido. Están en continuo contacto con el Se­ñor del Mundo en Shamballa, y la dirección de todos los asuntos descansa en sus manos y en las del Manu de la cuarta raza raíz. El Instructor del Mundo ocupa Su lugar, en conexión con las razas raíces cuarta y quinta.

Cada uno de estos guías departamentales dirige cierto número de cargos subsidiarios, y el departamento del Mahachohan está dividido en cinco secciones, que abarcan los cuatro aspectos me­nores del gobierno jerárquico.

A las órdenes del Manu trabajan los regentes de las distintas divisiones del mundo, como por ejemplo, el Maestro Júpiter, re­gente de la India, el más antiguo de Los que trabajan ahora para la humanidad en cuerpo físico, y el Maestro Rakoczi, que es el regente de Europa y América. Debe recordarse que aunque el Maestro R., por ejemplo, pertenece al séptimo rayo y está sujeto al departamento de energía del Mahachohan, sin embargo, en el trabajo jerárquico puede desempeñar, y desempeña, temporaria­mente, el cargo bajo el Manu. Estos regentes, aunque desconoci­dos, tienen en Sus manos las riendas del gobierno de los conti­nentes y las naciones, guiando así, aunque en forma desconocida, sus destinos, inspirando a estadistas y gobernantes; vierten ener­gía mental en los grupos gobernantes, logrando los resultados de­seados cuando encuentran colaboración e intuición receptiva en­tre los pensadores.

El Instructor del Mundo preside el destino de las grandes reli­giones, por medio de un grupo de Maestros e Iniciados que dirigen las actividades de las diferentes escuelas de pensamiento. A título de ilustración, el Maestro Jesús, inspirador y director de las Igle­sias cristianas de todo el mundo, aunque es un adepto de sexto rayo en el departamento del Mahachohan, trabaja actualmente bajo el Cristo en bien de la cristiandad; otros Maestros ocupan puestos similares en relación con los grandes credos orientales y las diversas escuelas de pensamiento en Occidente:

En el departamento del Mahachohan, gran número de Maes­tros, en quíntuple división, trabaja con la evolución dévica, y el aspecto inteligencia del hombre, y corresponde a los cuatro rayos menores de atributo,

1. el rayo de armonía o belleza,

2. el rayo de ciencia concreta o conocimiento,

3. el rayo de devoción o idealismo abstracto,

4. el rayo de ley ceremonial o magia,

así como los tres guías de departamentos representan los tres ra­yos mayores de:

1. Voluntad o poder.

2. Amor o sabiduría.

3. Inteligencia activa o adaptabilidad.

Los cuatro rayos o atributos de la mente, con el tercer rayo de la inteligencia, están sintetizados por el Mahachohan y cons­tituyen la totalidad del quinto principio de la mente a manas.

CAPÍTULO VI

LA LOGIA DE MAESTROS

Las Divisiones.

Hemos considerado parcialmente los cargos superiores en las filas de la Jerarquía de nuestro planeta. Ahora trataremos lo que se podría llamar las dos divisiones en que están distribuidos los miembros restantes. Forman, literalmente, dos Logias dentro de un conjunto mayor:

1. La Logia — constituida por iniciados que han pasado la quinta iniciación, y un grupo de devas o ángeles.

2. La Logia Azul, constituida por iniciados de la tercera, cuar­ta y quinta iniciaciones.

Inferior a éstos hay un gran grupo de iniciados de la primera y segunda iniciaciones y luego los discípulos de toda graduación. Los discípulos se consideran afiliados a la Logia, pero no miem­bros de la misma. Finalmente vienen los que están en probación y esperan ser afiliados, mediante arduos esfuerzos.

Desde otro punto de vista, podemos considerar que los miem­bros de la Logia forman siete grupos, representando cada uno de ellos un tipo de la séptuple energía planetaria que emana del Lo­gos planetario. La triple división ha sido dada al principio, porque en la evolución tenemos siempre los tres mayores (que se mani­fiestan a través de los tres departamentos), y luego los siete que se presentan como una triple diferenciación y un septenario. Los estudiantes deben recordar que todo lo que aquí se imparte se refiere al trabajo de la Jerarquía, en conexión con el cuarto reino o humano, y especialmente a esos Maestros que trabajan con la humanidad. Si se tratara de la evolución dévica, la clasificación y división serían totalmente distintas.

Además, hay ciertos aspectos del trabajo jerárquico que afec­tan, por ejemplo, al reino animal; este trabajo pone en actividad a seres, trabajadores y adeptos, totalmente diferentes de los servi­dores del cuarto reino o reino humano. Por lo tanto, deben recor­dar cuidadosamente que estos detalles son relativos, y que el tra­bajo y el personal de la Jerarquía son infinitamente más grandes e importantes de lo que pueden parecer en una lectura superficial de estas páginas. En verdad, se trata de lo que podría ser consi­derado como Su trabajo primario, pues al servir al reino humano nos ocupamos de la manifestación de los tres aspectos de la divi­nidad, pero los demás departamentos son interdependientes y el trabajo progresa como un todo sintético.

Los trabajadores o adeptos, que se ocupan de la evolución de la familia humana, son sesenta y tres, si se tienen en cuenta los tres grandes Señores, para llegar a formar los nueve veces siete, necesarios para el trabajo. De éstos, cuarenta y nueve trabajan exotéricamente, si puede expresarse así, y catorce se ocupan más esotéricamente de la manifestación subjetiva. Muy pocos de Sus nombres son conocidos por el público, y en muchos casos no sería prudente revelar quiénes son, dónde viven y cuál es Su particular esfera de actividad. Una pequeña minoría, debido al karma gru­pal y a la disposición de sacrificarse, en los últimos cien años han sido conocidos por el público, y en lo que a Ellos respecta puede darse cierta información. En la actualidad muchas perso­nas, independientemente de cualquier escuela de pensamiento, son conscientes de su existencia, y el reconocimiento de que aquellos a quienes conocen personalmente trabajan en un gran esquema de esfuerzo unificado, puede alentar a estos verdaderos conocedores y testimoniar su conocimiento y establecer así, más allá de toda controversia, la realidad de Su trabajo. Ciertas escuelas de ocul­tismo y orientación teosófica han pretendido ser las únicas depo­sitarias de Sus enseñanzas y la única exteriorización de Sus es­fuerzos, limitando, en consecuencia, lo que Ellos hacen y formu­lando premisas que el tiempo y las circunstancias no corrobora­rán. Trabajan ciertamente por medio de tales grupos de pensado­res y ponen la mayor parte de sus fuerzas en la tarea de tales organizaciones; sin embargo, tienen Sus discípulos y Sus adictos en todas partes, trabajando a través de muchos grupos y aspectos de la enseñanza. En todo el mundo, los discípulos de estos Maes­tros han encarnado en esta época con el único fin de participar en las actividades, tareas y difusión de la verdad de las distintas igle­sias, ciencias y filosofías, produciendo así, dentro de la organiza­ción misma, una expansión, una extensión y la desintegración ne­cesaria, que de otra forma resultaría imposible. Sería conveniente que todo estudiante de esoterismo conociera estos hechos y culti­vara la capacidad de reconocer la vibración jerárquica, tal como se manifiesta a través de los discípulos, en los lugares y grupos más inverosímiles.

En lo que respecta al trabajo de los Maestros a través de sus discípulos, debería explicarse un punto, y es que las diversas es­cuelas de pensamiento, fomentadas por la energía de la Logia, son fundadas en cada caso por uno o varios discípulos, y sobre ellos y no sobre el Maestro recae la responsabilidad de los resultados y el karma consiguiente. El procedimiento es más o menos el siguiente: El Maestro revela al discípulo el objetivo que se pro­pone realizar en un breve ciclo inmediato y le sugiere la conve­niencia de tal o cual desarrollo. El trabajo del discípulo consiste en asegurarse el mejor método para obtener los resultados desea­dos, y en formular planes por medio de los cuales obtener cierto éxito. Entonces inicia sus proyectos, funda su sociedad u organi­zación, y difunde la enseñanza necesaria. Sobre él recae la res­ponsabilidad de elegir colaboradores apropiados, trasmitir el tra­bajo a los más capacitados y presentar debidamente la enseñanza. Todo lo que hace el Maestro es observar el esfuerzo con interés y simpatía; mientras tanto el discípulo mantiene su elevado ideal inicial y sigue su camino con puro altruismo.

El Maestro no es culpable si el discípulo muestra falta de dis­cernimiento en la elección de colaboradores o evidencia incapaci­dad para representar la verdad. Si lo hace bien y el trabajo pro­gresa, como es de desear, el Maestro continuará impartiendo Su bendición sobre el esfuerzo. Si fracasa y sus sucesores se apartan del impulso original, difundiendo así toda clase de errores, el Maestro, con amor y simpatía, omitirá esa bendición, retendrá Su energía y dejará de estimular aquello que es mejor que des­aparezca. Las formas van y vienen y el interés del Maestro y Su bendición, fluirán a través de un canal u otro; el trabajo puede continuar por cualquier medio, pero siempre la fuerza de la vida persistirá, destruyendo la forma allí donde sea inadecuada o utilizándola cuando satisfaga la necesidad inmediata.

Algunos Maestros y su trabajo.

En el primer gran grupo del cual el Manu es el Guía, se hallan dos Maestros, el Maestro Júpiter y el Maestro Morya. Ambos han trascendido la quinta Iniciación, y el Maestro Júpiter, que además es Regente de la India, es considerado el más antiguo por toda la Logia de Maestros. Habita en las colinas de Nilghe­rry, en el sur de la India, y es uno de los Maestros que gene­ralmente no aceptan discípulos, pues figuran entre éstos sólo iniciados de grado superior y un buen número de Maestros. En sus manos están las riendas del gobierno de la India, incluyendo gran parte de la frontera norte, y sobre Él recae la ardua tarea de guiar finalmente a este país, para que salga del presente caos e intranquilidad y sus diversos pueblos se fusionen en una síntesis final. El Maestro Morya, uno de los adeptos orientales más conocidos, reúne entre Sus discípulos a un gran número de europeos y americanos; es un príncipe Rajput, que durante muchas décadas ocupó una posición prominente en los asuntos de la India.

Actúa en estrecha colaboración con el Manu y oportuna­mente será el Manu de la sexta raza raíz. Vive, como Su Her­mano K.H., en Shigatsé, en los Himalayas, y es una figura muy conocida por los habitantes de esa lejana villa. Es un hombre alto y de presencia imponente, de cabello y barba negros y ojos oscuros, y Su aspecto podría considerarse severo, si no fuera por la expresión de Sus ojos. Él y Su Hermano, el Maestro K.H., trabajan casi como una unidad, y así lo han hecho durante siglos y lo harán en el futuro, pues el Maestro K.H. está preparado para ocupar el puesto de Instructor del Mundo, cuando el actual titular lo deje para realizar un trabajo más elevado, y venga a la existencia la sexta raza raíz. Las casas que habitan están juntas, y gran parte del tiempo trabajan en estrecha asociación. Como el Maestro M. pertenece al primer rayo, el de la Voluntad y Poder, Su trabajo consiste en gran parte en llevar a cabo los planes del actual Manu. Actúa como inspirador de los estadistas del mundo; maneja, por medio del Mahachohan, las fuerzas que producirán las condiciones necesarias para el progreso de la evo­lución racial. En el plano físico, los grandes ejecutivos nacionales con ideales internacionales y amplia visión, están influidos por Él, y con Él cooperan ciertos grandes devas del plano mental; tres grandes grupos de ángeles trabajan también con Él en ni­veles mentales, en unión con devas menores que vitalizan formas mentales y, en bien de toda la humanidad, mantienen vivas las formas mentales de los Guías de la raza.

El Maestro M, tiene un gran grupo de discípulos bajo su instrucción, trabaja con muchas organizaciones esotéricas y tam­bién por medio de los políticos y estadistas del mundo.

El Maestro Koot Humi, muy conocido en Occidente, tiene muchos discípulos en todas partes, es oriundo de Cachemira y Su familia originalmente procedió de la India. Es también un Iniciado de alto grado y pertenece al segundo rayo de Amor­ Sabiduría. Es de noble presencia y alta estatura, aunque algo menos corpulento que el Maestro M.; de tez blanca, cabello y barba color castaño dorado, y ojos de un maravilloso azul pro­fundo, a través de ellos parece fluir el amor y la sabiduría le las edades. Tiene una gran experiencia y una vasta cultura; fue originalmente educado en una de las Universidades británicas y habla correctamente el inglés. Lee mucho, y los libros de todas las literaturas en diversos idiomas, llegan a Su estudio en el Himalaya. Se ocupa principalmente de la vitalización de ciertas grandes tendencias filosóficas y Se interesa por algunas organi­zaciones filantrópicas. Le corresponde, en gran parte, el trabajo de estimular la manifestación del amor, latente en el corazón de todos los hombres, y despertar en la conciencia de la raza la percepción del gran hecho fundamental de la hermandad.

Actualmente el Maestro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jesús, están íntimamente interesados en el trabajo de unificar, hasta donde sea posible, el pensamiento oriental y el occiden­tal, de modo que las grandes religiones orientales, con el último desarrollo alcanzado por el credo cristiano en todas sus ramifi­caciones, puedan beneficiarse mutuamente. Se espera que de este modo venga a la existencia la gran Iglesia Universal.

El Maestro Jesús, punto focal de la energía que fluye a través de las distintas iglesias cristianas, ocupa actualmente un cuerpo sirio y vive en algún lugar de Tierra Santa. Viaja mucho y pasa largas temporadas en diversas partes de Europa. Trabaja más especialmente con las masas que con los individuos, aunque ha reunido a Su alrededor un numeroso grupo de discípulos. Perte­nece al sexto rayo de Devoción o Idealismo Abstracto, y Sus discípulos se caracterizan frecuentemente por ese fanatismo y de­voción que se manifestó en los mártires de los primitivos tiempos cristianos. Es de apariencia marcial, exige disciplina, es un hom­bre de voluntad y dominio férreos. Alto y delgado, de rostro largo y fino, pelo negro, tez pálida y penetrantes ojos azules. Su trabajo actual es de gran responsabilidad, pues le fue asignada la tarea de orientar el pensamiento occidental, para sacarlo de su actual estado de intranquilidad y llevarlo a las pacíficas aguas de la certidumbre y del conocimiento, preparando así el adve­nimiento, en Europa y América, del Instructor del Mundo. Es muy conocido en la historia bíblica, apareciendo primero como Joshua, el hijo de Nun; luego aparece nuevamente en los tiem­pos de Ezra, como Jeshua, recibiendo la tercera iniciación, que en el Libro de Zacarías es relatada como la de Joshua, y en, el Evangelio es conocido por dos grandes sacrificios, aquel en que entregó Su cuerpo para que el Cristo lo utilizara, y el de la gran renunciación, característica de la cuarta iniciación. Como Apo­lonio de Tiana, recibió la quinta iniciación y Se convirtió en Maestro de Sabiduría. Desde entonces permaneció y actuó en la Iglesia Cristiana, fomentando el germen de la verdadera vida espiritual entre los miembros de las sectas y divisiones, y neu­tralizando en lo posible los errores y equívocos de clérigos y teólogos. Es netamente el gran Líder, el General y el Sabio eje­cutivo, y en los asuntos de las iglesias coopera estrechamente con el Cristo, ahorrándole mucho trabajo y actuando como Su inter­mediario, cuando es posible. Nadie como Él conoce tan profun­damente los problemas de Occidente; nadie está tan íntimamente en contacto con quienes representan mejor las enseñanzas cristianas, y nadie conoce tan bien la necesidad del momento actual. Algunos eminentes prelados de las iglesias Anglicana y Católica son Sus agentes.

El Maestro Djwal Khul o Maestro D. K., como se lo llama frecuentemente, es otro adepto del segundo rayo de Amor‑Sabi­duría, el último de los adeptos que pasaron la iniciación, pues recibió la quinta iniciación en 1875; conserva el mismo cuerpo de entonces; la mayoría de los Maestros la recibieron en cuerpos anteriores, su cuerpo de origen tibetano no es joven. Está dedi­cado al Maestro K. H. y vive en una casita cercana a la de este Maestro. Por Su disposición a servir y a hacer cuanto sea necesario, ha sido llamado “el Mensajero de los Maestros”. Es muy culto y tiene más conocimiento acerca de los rayos y de las Jerarquías planetarias del sistema solar, que ningún otro Maestro. Trabaja con quienes se dedican a la curación, y coopera en los grandes laboratorios del mundo en forma desconocida e invisible, con los buscadores de la verdad, con todos los que tratan definidamente de curar y aliviar al mundo y con los grandes movimientos fi­lantrópicos mundiales, tales como la Cruz Roja. Se ocupa de los discípulos de los distintos Maestros, que pueden aprovechar su instrucción, y en los últimos diez años ha aliviado, en gran parte, el trabajo de enseñanza de los Maestros M. y K. H., tomando a Su cargo, por determinado tiempo, algunos de Sus aspirantes y discípulos. También trabaja mucho con ciertos grupos de devas del éter, que son devas sanadores y colaboran así con Él en el trabajo de remediar algunos males físicos de la humanidad. Dictó gran parte de la monumental obra La Doctrina Secreta, y le hizo ver a H. P. Blavatsky muchas ilustraciones y datos que apa­recen en ese libro.

El Maestro Rakoczi se ocupa especialmente del futuro des­arrollo de los asuntos raciales de Europa y del desarrollo mental en América y Australia. Es húngaro, tiene su hogar en los Cár­patos, habiendo sido en un momento dado una figura muy cono­cida en la corte húngara. Se pueden encontrar referencias en antiguos libros de historia, fue particularmente conocido como el Conde de Saint‑Germain, anteriormente como Roger Bacon y después como Francis Bacon. Es interesante observar que, a me­dida que el Maestro R. se hace cargo de los asuntos de Europa, en los planos internos, el nombre de Francis Bacon se hace más público en la controversia Bacon‑Shakesperiana. Es más bien bajo y delgado, con barba negra y puntiaguda y cabello lacio y negro. No acepta tantos discípulos como los Maestros ya mencionados. En la actualidad dirige la mayoría de los discípulos de tercer rayo de Occidente, juntamente con el Maestro Hilarión. pertenece al séptimo rayo de Magia u Orden Ceremonial, y actúa principalmente por medio del ritual y el ceremonial esotéricos; tiene vital interés por los efectos hasta ahora no reconocidos del ceremonial francmasón, el de las diversas fraternidades y el de todas las iglesias. En la Logia se lo llama generalmente “el Conde” y en América y Europa actúa prácticamente como director general, en la realización de los planes del consejo ejecutivo de la Logia. Al­gunos Maestros forman un grupo interno alrededor de los tres Grandes Señores, y se reúnen en concilio con mucha frecuencia.

El Maestro Hilarión pertenece al quinto rayo de Conocimien­to Concreto o Ciencia, y en una encarnación anterior fue Pablo de Tarso. Tiene cuerpo cretense, pero pasa gran parte de su tiempo en Egipto. Dio al mundo el tratado ocultista llamado Luz en el Sendero y Su trabajo resulta particularmente interesante, para el gran público, en la crisis actual, pues trabaja con quienes desarro­llan la intuición, y controla y trasmuta los grandes movimientos que tienden a descorrer el velo de lo invisible. Su energía estimula a través de Sus discípulos a los grupos de investigadores síquicos, y fue quien inició, mediante varios de Sus discípulos, el movi­miento espiritista. Tiene en observación a todos los síquicos de orden superior, y los ayuda a desarrollar sus poderes para bien del grupo; trabaja juntamente con algunos devas en el plano as­tral, para abrir, a los buscadores de la verdad, ese mundo sub­jetivo que está tras de la materia grosera.

Poco puede decirse sobre los dos Maestros ingleses. No acep­tan discípulos en el sentido en que lo hacen los Maestros K. H. y M. Uno reside en Gran Bretaña, tiene a Su cargo la dirección de­finitiva de la raza anglosajona y trabaja en los planes del des­arrollo y la evolución futuros. Está tras el movimiento labo­rista de todo el mundo, trasmutándolo y dirigiéndolo, y de la ac­tual creciente oleada de la democracia. De la inquietud democrá­tica, y del caos y la confusión actuales, surgirá la futura condición mundial, que tendrá como nota clave la cooperación, no la compe­tencia; la distribución, no la centralización.

Mencionaremos aquí brevemente al Maestro Serapis, frecuen­temente llamado el Egipcio. Pertenece al cuarto rayo, y de Él re­ciben enérgico impulso los grandes movimientos artísticos del mundo, la evolución de la música, de la pintura y del teatro. Ac­tualmente dedica la mayor parte de Su tiempo y atención al trabajo de la evolución dévica o angélica, hasta que, mediante Su ayuda, sea posible hacer la gran revelación en el mundo de la música y de la pintura, en un futuro inmediato. No es posible agregar algo más acerca de Él ni revelar Su lugar de residencia.

El Maestro P. trabaja bajo la dirección del Maestro R. en Norteamérica; tuvo mucho que ver esotéricamente con las distintas ciencias mentales, como la Ciencia Cristiana y el Nuevo Pensamiento, constituyendo ambas un esfuerzo de la Logia en el afán de enseñar a los hombres la realidad de lo invisible y el poder, creador de la mente. Su cuerpo es irlandés; pertenece al cuarto rayo, y no puede ser revelado el lugar de Su residencia. Tomó a su cargo gran parte del trabajo del Maestro Serapis cuan­do Éste se ocupó de la evolución dévica.

El trabajo actual.

Serán tratados aquí ciertos hechos que se refieren a dichos Maestros y a Su trabajo presente y futuro. Primero, el trabajo de entrenar a Sus aspirantes y discípulos, para que sean de utilidad en dos grandes acontecimientos: uno, la venida del Instructor del Mundo a mediados o a fines del presente siglo, y otro, la funda­ción de la nueva sexta subraza con la reconstrucción de las actua­les condiciones del mundo. Por ser la nuestra la quinta subraza de la quinta raza raíz, es muy grande la presión del trabajo en los cinco rayos de la mente, controlados por el Mahachohan. Dado que los Maestros soportan una carga muy pesada, gran parte de Su trabajo de enseñar a los discípulos ha sido delegado a inicia­dos y discípulos avanzados, y algunos de los Maestros de los rayos primero y segundo, se han hecho cargo temporariamente de los aspirantes en el departamento del Mahachohan.

Segundo, se debe preparar al mundo en amplia escala para la venida del Instructor mundial, y deben darse los pasos necesarios antes de que muchos de Ellos se manifiesten entre los hombres, y lo harán a fines de este siglo. Ya se está formando un grupo especial que se prepara expresamente para este trabajo. El Maes­tro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jesús, se ocuparán especial­mente de este movimiento, hacia fines de este siglo. Otros Maes­tros participarán también, pero los tres mencionados anterior­mente son Aquellos con cuyos nombres y cargos la gente debe en lo posible familiarizarse.

Otros dos Maestros están especialmente relacionados con el séptimo rayo o ceremonial, y Su trabajo particular es supervisar el desarrollo de ciertas actividades, dentro de los próximos quince años, bajo la dirección del Maestro R. Puede asegurarse definiti­vamente que antes de la venida de Cristo se hará lo necesario para que esté al frente de las grandes organizaciones un Maestro o un iniciado que haya recibido la tercera iniciación. Maestros e iniciados estarán al frente de ciertos grandes grupos ocultistas de francmasones del mundo y de diversos sectores de la iglesia en muchas de las grandes naciones. Este trabajo de los Maestros se está realizando ya, y todos Sus esfuerzos tienden a una exitosa culminación. En todas partes Ellos reúnen a quienes de una u otra manera demuestran la tendencia a responder a las altas vi­braciones, tratando de forzarlas y adaptarse a ellas, a fin de ser útiles en el momento de la venida de Cristo. Grande es el día de la oportunidad cuando llegue ese momento, porque debido a la enorme fuerza vibratoria, que entonces presionará sobre los hijos de los hombres, quienes realizan ahora el trabajo necesario, podrán dar un gran paso hacia adelante y franquear el portal de la Iniciación.

CAPÍTULO VII

EL SENDERO DE PROBACIÓN

Preparación para la Iniciación.

El sendero de probación precede al sendero de iniciación o santidad, y señala esa etapa de la vida del hombre cuando se pone definidamente del lado de las fuerzas de la evolución, trabajando al mismo tiempo en la construcción de su propio carácter. En­tonces se controla a sí mismo, cultiva las cualidades de que carece y procura controlar afanosamente su personalidad. Construye su cuerpo causal con deliberado propósito, llenando los vacíos que puedan existir y tratando de convertirlo en adecuado receptáculo para el principio crístico. La analogía entre el período prenatal del ser humano y el desarrollo del espíritu interno, es sumamente interesante, y podría ser considerada como:

1. El momento de la concepción, que corresponde al de la individualización.

2. La gestación de nueve meses, que corresponde a la rueda de la vida.

3. La primera iniciación, que corresponde a la hora del na­cimiento.

El sendero de probación corresponde al último período de gestación, a la formación del Cristo niño en el corazón. En la primera iniciación el niño comienzo el peregrinaje en el sendero, lo cual representa simplemente el paso de un grado a otro. Se establece una estructura para el recto vivir, recto pensar y recta conducta. A esto se lo llama carácter, y ahora debe ser vivificado e internamente vivido. Thackeray ha descripto muy bien este proceso de construcción en las palabras frecuentemente citadas:

“Siembra una idea y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecha­rás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”.

El destino inmortal de cada uno y de todos, consiste en alcan­zar la conciencia del yo superior y, por lo tanto, la del Espíritu Divino. Cuando la forma está preparada y cuando el templo de Salomón ha sido edificado en la cantera de la vida personal, en­tonces penetra la vida crística y la gloria del Señor se proyecta en Su templo. La forma se hace vibrante. Aquí reside la diferencia entre la teoría y la conversión de esa teoría en parte de uno mis­mo. Podemos tener un cuadro o imagen perfecta, pero carece de vida; la vida podrá ser modelada de acuerdo a lo divino, hasta donde sea posible; podrá ser una excelente copia, pero carece del principio crístico interno. El germen ha estado allí, pero aletarga­do: Entonces es sustentado y traído a la vida, y así se logra la primera iniciación.

Mientras el hombre recorre el sendero de probación, se le enseña principalmente a conocerse a sí mismo, a cerciorarse de sus debilidades y a corregirlas. Al principio aprende a trabajar como auxiliar invisible, manteniéndose generalmente durante va­rias vidas en este tipo de trabajo. Más tarde, y a medida que progresa, se le da un trabajo más selecto, se le enseña los rudi­mentos de la Sabiduría Divina y entra en los últimos grados del Aula del Aprendizaje. Es conocido por un Maestro y está bajo el cuidado, para su enseñanza definitiva, de uno de los discípulos de ese Maestro, o de un iniciado si posee grandes aptitudes.

Los iniciados de primero y segundo grado instruyen a los discípulos aceptados y a quienes están en probación, realizándolo en todo el mundo entre las diez de la noche y las cinco de la mañana, lográndose así la completa continuidad de la enseñanza. Se reúnen en el Aula del Aprendizaje, y el método es parecido al de las grandes Universidades, clases a ciertas horas, trabajo experimental, exámenes, y un gradual ascenso y progreso a me­dida que se aprueban los exámenes. Cierto número de egos en el sendero de probación están en un sector análogo al de las escue­las de enseñanza secundaria y otros han ingresado en la Univer­sidad. La graduación se obtiene cuando se recibe la iniciación y el iniciado entra en el Aula de la Sabiduría.

Los egos avanzados y los de tendencia espiritual, que no están en el sendero de probación, reciben instrucciones de los discípu­los y, para bien de ellos, a veces los iniciados dictan clases muy extensas. Su trabajo es más rudimentario, aunque oculto desde el punto de vista mundano, y aprenden a ser auxiliares invisibles, pero son supervisados. Éstos por lo general son extraídos de entre los egos avanzados. Quienes están en el sendero de probación, los más avanzados y los que están cerca de la iniciación, colaboran a menudo en lo que podría denominarse trabajo departamental, y forman un grupo de auxiliares para los Miembros de la Je­rarquía.

Métodos de Enseñanza.

Tres departamentos de instrucción tienen a su cargo tres sectores del desarrollo del hombre.

Primero: Se le da instrucción, tendiente a disciplinar su vida, formar el carácter y desarrollar el microcosmos en líneas cósmi­cas. Se le enseña al hombre el significado de sí mismo; llega a conocerse como una compleja y completa unidad, una réplica en miniatura del mundo externo. Al conocer las leyes de su propio ser, llega a comprender al yo y a conocer las leyes fundamenta­les del sistema.

Segundo: Se le da instrucción referente al macrocosmos v se le amplía su acervo intelectual sobre la actuación del cosmos. Se le imparte información sobre los reinos de la naturaleza, enseñán­dosele las leyes de esos reinos y explicándosele la actuación de estas leyes en todos los reinos y planos. Adquiere un profundo caudal de conocimiento general, y cuando alcanza su propia peri­feria, es recibido por quienes lo conducirán al conocimiento en­ciclopédico. Cuando ha alcanzado la meta, quizás no conoce todo lo que debe saber de los tres mundos, pero tiene a su disposición el medio para saber cuáles son las fuentes del conocimiento y las reservas de la información. Un Maestro puede en todo momento obtener información sobre cualquier tema, sin la más mínima dificultad.

Tercero: Se le da instrucción sobre lo que podría denomi­narse síntesis. La información sólo es posible a medida que la intuición se coordina. En realidad es la comprensión oculta de la ley de gravedad o atracción (ley básica del segundo sistema so­lar), con todos sus corolarios. El discípulo aprende el significado de la cohesión oculta y el de la unidad interna, que mantiene al sistema como una unidad homogénea. Generalmente se le da la mayor parte de esta instrucción después de la tercera iniciación, aunque ya se ha comenzado al principio del entrenamiento.

Maestros y Discípulos.

Los discípulos y egos avanzados que están en el sendero de probación reciben instrucciones en esta particular época, por dos razones principales:

1. Para probar su aptitud en el trabajo especial del futuro; este trabajo es sólo conocido por los Guías de la raza. Se pone a prueba su capacidad para vivir en comunidad, con miras a seleccionar a quienes son apropiados para ingresar en la colonia de la sexta subraza. Se los prueba en distintos aspectos del trabajo, muchos de ellos ahora incomprensibles para nosotros, y a medida que pase el tiempo se convertirán en métodos comunes de desarro­llo. Los maestros también ponen a prueba a aquellos cuya intuición ha llegado a una etapa de desarrollo que indica el comienzo de la coordinación del vehículo búdico o, con más exactitud, cuando han alcanzado la etapa en que pueden ser percibidas, en el aura del ego, las mo­léculas del séptimo subplano del plano búdico. Cuando esto ocurre los Maestros pueden continuar confiadamen­te Su trabajo de instrucción, porque saben que algunos de los hechos impartidos serán comprendidos.

2. Actualmente se está instruyendo a un grupo especial de individuos que han encarnado en este período crítico de la historia del mundo. Lo han hecho todos al mismo tiempo y en todo el mundo, para llevar a cabo el traba­jo de vincular los dos planos, el físico y el astral, por medio del etérico.

La frase antedicha merece una seria consideración, porque abarca el trabajo que vinieron a realizar ciertos individuos de la nueva generación. Para vincular los dos planos se requieren per­sonas que estén polarizadas en sus cuerpos mentales (o si no, bien desarrolladas y equilibradas), por lo tanto pueden trabajar sin peligro e inteligentemente en este tipo de tarea. Esto, ante todo, requiere personas en cuyos vehículos haya cierta propor­ción de materia del subplano atómico, de modo que pueda efec­tuarse la comunicación directa entre lo superior y lo inferior, por medio de la sección transversal atómica del cuerpo causal. No resulta fácil explicar esto con claridad, pero un estudio del dia­grama que aparece en el libro Estudio sobre la Conciencia de Annie Besant, puede ser de utilidad para aclarar algunos pun­tos difíciles.

Al reflexionar sobre el asunto de los Maestros y Sus discípu­los, debemos. reconocer dos cosas: Primero, que en la Jerarquía nada se pierde cuando no se acepta la Ley de Economía. Todo consumo de fuerza por parte de un Maestro o Instructor, está sujeto a una sabia previsión y discernimiento. Así como no nos valemos de profesores universitarios para enseñar a los princi­piantes, tampoco los Maestros trabajan individualmente con los hombres si no han llegado a cierta etapa de evolución ni están preparados para aprovechar la instrucción.

Segundo, debe recordarse que cada uno de nosotros es re­conocido por el brillo de su luz. Éste es un hecho oculto. Cuanto más sutil es la materia de nuestros cuerpos, más brillará la luz interna. La luz es vibración, y por la intensidad de la vibración se mide la aptitud de cada uno. De allí que nada pueda impedir el progreso del hombre, siempre que trate de purificar sus ve­hículos. A medida que continúa el proceso de refinamiento, la luz interna brillará con claridad cada vez mayor, hasta que ‑cuando predomine la materia atómica‑ grande será la gloria del hombre interno. En consecuencia, todos somos graduados de acuerdo a la intensidad de la luz, al grado de vibración, a la pureza del tono y a la claridad del color. Por lo tanto, de nuestra graduación depende quien será nuestro Instructor. El secreto re­side en la similitud de vibración. Se dice con frecuencia, que cuando la demanda es suficientemente fuerte, el Instructor apa­rece. Cuando construimos con la debida vibración y nos ponemos a tono con la clave correcta, nada puede impedir que descubramos al Maestro.

Los grupos de egos se forman de acuerdo a:

1. su rayo,

2. su subrayo,

3. su grado de vibración.

Además son agrupados para su clasificación,

  1. en egos, de acuerdo al rayo egoico,

  1. en personalidades, de acuerdo al subrayo que rige la personalidad.

Todos están graduados y clasificados. Los Maestros tienen Sus archivos, donde, mediante un sistema de clasificación in­comprensible para nosotros por su magnitud y necesaria compli­cación, se guardan las fichas que están al cuidado del Chohan de cada rayo, pues cada rayo posee su propia colección. Estas fichas divididas por secciones (se refieren a egos encarnados, des­encarnados y perfeccionados) están a su vez bajo el cuidado de guardianes subalternos. Los Señores Lipikas, con sus numerosos grupos de auxiliares, las utilizan con más frecuencia. Muchos egos desencarnados que esperan encarnar, o que recién han de­jado la tierra, sacrifican su tiempo en el cielo para ayudar en este trabajo. Dichos archivos se encuentran, en su mayoría, en los niveles inferiores del plano mental y en los superiores del astral, porque allí pueden ser mejor utilizados y más fácilmente accesibles.

Los iniciados reciben directamente instrucciones de los Maes­tros o de algunos de los grandes devas o ángeles. Estas enseñan­zas se imparten generalmente por la noche, en clases poco numerosas o, si la ocasión lo justifica, individualmente en el estudio particular del Maestro. Lo antedicho se aplica a los ini­ciados encarnados o a quienes están en los planos internos. Si están en los niveles causales reciben instrucción, en cualquier mo­mento que se considere aconsejable, directamente del Maestro al ego.

A los discípulos encarnados se los instruye en grupos, en el ashrama del Maestro, o en clases, durante la noche. Aparte de estas reuniones regulares, y con el objeto de recibir enseñanza directa por un motivo especial, el Maestro puede llamar a Su estudio a un discípulo para una entrevista privada, o cuando quiere ver a un discípulo para alentarlo, prevenirlo o decidir si su iniciación es conveniente. La mayor parte de la tutela de un discípulo está en manos de algún iniciado o discípulo avanzado, que vigila a su hermano menor y es responsable, ante el Maestro, de su progreso, informándolo regularmente. El karma es, en gran parte, el árbitro de esta relación.

Precisamente, en la actualidad, y debido a la gran necesidad mundial, se emplea un método ligeramente diferente. Algunos Maestros que hasta ahora no admitían discípulos, instruyen in­tensamente a algunos de ellos. El trabajo de los Maestros que aceptan discípulos es tan grande, que fueron delegados a otros Sus estudiantes más prometedores, reuniéndolos en pequeños gru­pos durante un breve período. Se está realizando el experimento de intensificar la enseñanza y someter a los discípulos, no a los iniciados, a la frecuente y fuerte vibración de un Maestro. Hay un riesgo en ello, pero si el experimento da buenos resultados, contribuirá a ayudar enormemente a la raza.

CAPITULO VIII

EL DISCIPULADO

Descripción de un Discípulo.

Discípulo es aquel que, por sobre todo, se compromete a hacer tres cosas:

· Servir a la humanidad.

· Colaborar en el plan de los Grandes Seres, tal como lo ve, y de la mejor manera posible.

· Desarrollar los poderes del ego, expandir su conciencia hasta poder actuar en el cuerpo causal, en los tres planos de los tres mundos, y seguir la guía del yo superior y no los dictados de su triple manifestación inferior.

Discípulo es aquel que comienza a comprender el trabajo grupal, y a trasladar su centro de actividad, desde sí mismo (co­mo un eje alrededor del cual todo gira) al centro del grupo.

Discípulo es aquel, que comprende simultáneamente la rela­tiva insignificancia de cada unidad de conciencia como también su vasta importancia. Se ajusta su sentido de proporción y ve las cosas tal cual son, a las personas como son, a sí mismo tal cual es inherentemente, entonces trata de llegar a ser lo que él es.

El discípulo comprende la vida o el aspecto fuerza de la na­turaleza y no le atrae la forma. Trabaja con la fuerza y por medio de la fuerza; se reconoce como un centro de fuerza dentro de otro centro mayor de fuerza, y tiene la responsabilidad de dirigir la energía que puede afluir a través de él hacia los canales por me­dio de los cuales el grupo puede beneficiarse.

El discípulo reconoce que es, en mayor o menor grado, una avanzada de la conciencia del Maestro, considerando al Maestro en un sentido dual:

  1. Como su propia conciencia egoica.

  1. Como el centro de su grupo; fuerza que anima a las uni­dades del grupo, uniéndolas en un todo homogéneo.

Discípulo es aquel que transfiere su conciencia de lo personal a lo impersonal, y que durante la etapa de transición soporta necesariamente muchas dificultades y sufrimientos, provenientes de varias causas:

  1. De su yo inferior, que se rebela en contra de la transmutación.

  1. De su grupo inmediato, de sus amigos y familiares que se rebelan ante su creciente impersonalidad. No les agra­da ser considerados uno con él, en el aspecto vida, y sin embargo independientes de él, en lo que respecta a de­seos e intereses. No obstante, la ley rige, y sólo cabe verdadera unidad en la vida esencial del alma. Descu­brir lo que la forma es, causa muchos sufrimientos al discípulo, pero el camino conduce eventualmente a la perfecta unión.

Discípulo es aquel que conoce su responsabilidad para con todas las unidades que están bajo su influencia ‑responsabilidad de colaborar con el plan de la evolución, tal como es para ellos, y así expandir las conciencias y enseñarles la diferencia entre lo real y lo irreal, la vida y la forma. Esto puede realizarlo muy fá­cilmente demostrando en su propia vida cuál es su meta, objetivo y centro de conciencia.

El trabajo que debe realizarse.

El discípulo tiene, en consecuencia, distintos objetivos:

  • Respuesta sensible a la vibración del Maestro.

  • Pureza de vida, en forma práctica, no teórica.

Liberación de la preocupación. Debe recordarse que la preocu­pación se basa en lo personal, y es el resultado de un apasiona­miento y de una respuesta excesivamente rápida a las vibraciones de los mundos inferiores.

Cumplimiento del deber. Este punto involucra el desempeño desapasionado de todas las obligaciones, y la debida atención a las deudas kármicas. Se debe acentuar, especialmente en todos los discípulos, el valor del desapasionamiento. La falta de discernimiento no es un obstáculo para el discípulo en estos días, debido al desarrollo de la mente; pero sí lo es, con frecuencia, la falta de desapasionamiento. Esto significa obtener ese estado de con­ciencia donde se observa el equilibrio y no dominan el placer ni el dolor, porque han sido reemplazados por la alegría y el gozo. Debe reflexionarse bien sobre esto, porque es necesario trabajar arduamente para obtener el desapasionamiento.

También debe estudiar el cuerpo karna‑manásico (cuerpo mente‑deseo). Es de real significación, pues por muchas causas es el cuerpo de mayor importancia en el sistema solar, en lo que concierne al ser humano en los tres mundos. En el próximo sis­tema, el vehículo mental de las unidades autoconscientes ocupa­rá un lugar análogo, como lo ocupó el físico en el anterior sis­tema solar.

El discípulo también debe trabajar científicamente, si así pue­de decirse, en la construcción del cuerpo físico; esforzarse de modo de construir en cada encarnación un cuerpo que le sirva de mejor vehículo para la fuerza. De allí que sea práctico dar información sobre la iniciación. No hay momento en el día en que no se pueda vislumbrar esa meta y llevar a cabo el trabajo de prepa­ración. Uno de los más grandes instrumentos para el desarrollo práctico, y que está al alcance de todos, es la PALABRA. Quien cuida sus palabras y sólo habla con fines altruistas, con el objeto de difundir la energía del amor por medio del lenguaje, domina rápidamente los pasos iniciales y se prepara para la iniciación. La palabra es la manifestación más esotérica que existe, el medio de la creación y el vehículo para la fuerza. En la parquedad de las palabras, entendiéndolo esotéricamente, está la conservación de la fuerza. En la utilización de las palabras, bien elegidas y ha­bladas, radica la distribución de la fuerza del amor del sistema solar, esa fuerza que conserva, fortalece y estimula. Sólo a quien conozca parcialmente estos dos aspectos de la palabra, se le podrá confiar su permanencia ante el Iniciador, y extraerá de esa pre­sencia ciertos sonidos y secretos, que le son impartidos bajo la promesa de guardar silencio.

El discípulo debe aprender a permanecer silencioso ante el mal, a callar ante los sufrimientos del mundo, sin perder tiempo en quejas inútiles y en demostraciones de dolor, sino tratar de aligerar la carga del mundo, y trabajar sin perder energías en palabras. Sin embargo, debe hablar cuando es necesario el estímulo, emplear la palabra con fines constructivos; expresar la fuerza del amor del mundo, a medida que fluye a través de él, a fin de aliviar o aligerar la carga, recordando que, a medida que la raza progresa, el elemento amor y su expresión entre los sexos, se trasladarán a un plano superior. Entonces, por medio de la palabra hablada, no por la expresión en el plano físico, como sucede hoy, se llegará a comprender el verdadero amor que une a quienes son uno solo en el servicio y en la aspiración. Entonces el amor entre los individuos de la familia humana utilizará la pala­bra para la creación en todos los planos, y la energía que ahora se manifiesta en la mayoría, a través de los centros inferiores o genitales, se trasladará al centro laríngeo. Éste es todavía un lejano ideal, pero algunos ya pueden vislumbrarlo y procuran, mediante el servicio mancomunado, la colaboración amorosa, la unicidad en aspiración, pensamiento y esfuerzo, dar forma y con­figuración a este ideal, aunque inadecuadamente.

Relaciones grupales.

El sendero del discípulo es escabroso; las dificultades y los obstáculos lo enfrentan en cada recodo del camino. Sin embargo, hollando el sendero y venciendo las dificultades, adhiriéndose al grupo en bien del mismo y uniéndose a los individuos y al desa­rrollo evolutivo en forma equilibrada, sobrevendrá al fin la fruc­tificación y el logro de la meta. Así se evidencia el SERVIDOR de la raza. Es servidor porque no sirve a sus propios fines, y sus cuerpos inferiores no emiten vibraciones que puedan desviarlo del sendero elegido. Sirve porque sabe lo que hay en el hombre, y porque durante muchas vidas ha trabajado con individuos y grupos, ampliando gradualmente su campo de esfuerzo hasta reunir a su alrededor esas unidades de conciencia que puede ener­getizar y utilizar, y a través de las cuales llevará a cabo los planes de sus superiores. Tal es la meta, pero en las etapas intermedias abundan las dificultades para quienes están al borde del autodescubrimiento y de convertirse en el sendero mismo.

Un consejo práctico puede ser de valor aquí:

Estudiar con cuidado los tres primeros capítulos del Baghavad Gita. El problema de Arjuna es el de todos los discípulos, y la solución es eternamente la misma.

Estar alerta y vigilar el corazón. Es muy dolorosa la trasfe­rencia del fuego del centro plexo solar al centro cardíaco. No es fácil amar como lo hacen los Grandes Seres, con amor puro, que no exige recompensa; con amor impersonal, que se regocija cuan­do hay respuesta, pero no la espera, y ama constante, silenciosa y profundamente, a través de las aparentes divergencias, con la seguridad de, que cuando todos hayan encontrado el camino hacia el hogar, comprenderán que ese hogar es el lugar de unificación.

Prepararse para la soledad. Ésa es la ley. Cuando el hombre se desliga de todo lo que concierne a sus cuerpos físico, astral y mental, y se centraliza en el ego, sobreviene una separación tem­poraria que debe soportar y trascender y lo conduce posterior­mente a establecer un vínculo más estrecho con todos los que es­tán asociados con él, debido al karma contraído en vidas pasadas, al trabajo grupal y a la actividad desplegada por el discípulo (lle­vada a cabo casi inconscientemente al principio), al reunir a aque­llos a través de quienes deberá trabajar más tarde.

Cultivar la felicidad, sabiendo que la depresión, la investiga­ción excesivamente morbosa del móvil y la exagerada susceptibilidad a la crítica ajena, llevan a un estado en que el discípulo se hace casi inútil. La felicidad se basa en la confianza en el Dios interno, en una justa apreciación del tiempo y en el olvido de sí mismo. Tomar lo bueno y utilizarlo como verdades para difundir alegría y no rebelarse contra la felicidad y el placer del servicio prestado, creyendo que indica que algo no anda bien. El sufri­miento sobreviene cuando el yo inferior se rebela. El yo inferior controlado y la eliminación del deseo, traen alegría.

Tener paciencia. La resistencia es una de las características del ego. El ego persiste porque sabe que es inmortal. La personalidad se desalienta porque sabe que el tiempo es corto.

Al discípulo no le ocurre nada que no esté previsto en el plan, y cuando el móvil y la única aspiración del corazón es llevar a cabo la voluntad del Maestro y servir a la raza, lleva en sí la simiente de la próxima empresa y también produce el clima necesario para el siguiente paso. Esto aclara muchas cosas, y se hallará aquello de lo cual el discípulo puede depender cuando se nubla la visión, y el grado de vibración es inferior a lo que debe ser, ofuscándose el razonamiento por los miasmas sur­gidos de las circunstancias del plano físico. Muchas cosas que aparecen en el cuerpo astral están basadas, en la mayoría, en anti­guas vibraciones, y no tienen fundamento real; la lucha consiste en controlar de tal forma la situación astral, que de nuestras an­siedades y preocupaciones presentes, surjan la confianza y la paz, y de la acción e interacción violentas, provenga la tranquilidad.

Es posible alcanzar ese punto donde nada de lo que ocurre altera la calma interna, donde se reconoce y experimenta la paz que trasciende toda comprensión, porque la conciencia está centrada en el ego, que es la paz misma, y constituye el círculo de la vida búdica; donde se conoce y siente el aplomo y reina el equilibrio, porque el centro de vida reside en el ego, que en esencia es equi­librio; donde prevalece la serena e inconmovible calma y el divino Conocedor empuña las riendas del gobierno y no permite las perturbaciones del yo inferior; donde se alcanza la beatitud, que no está basada en las circunstancias de los tres mundos, sino en la comprensión interna de la existencia separada del no‑yo, existen­cia que persiste cuando dejan de existir el tiempo y el espacio y todo cuanto contienen; esto se conoce cuando se experimentan, trascienden y trasmutan, las ilusiones de los planos inferiores, lo cual perdura cuando el pequeño mundo del esfuerzo humano se ha disipado y desaparecido y se lo considera inexistente, estando basado en el Conocimiento del YO SOY ÉSE.

Tal actitud y experiencia pueden ser llevadas a cabo por quienes persisten en su elevado esfuerzo, y a nada dan valor, con tal de alcanzar la meta, perseverando a través de las circunstancias, con los ojos fijos en la visión futura y los oídos atentos a la Voz del Dios interno, que resuena en el silencio del corazón; los pies firmemente asentados en el sendero que conduce al Portal de la Iniciación; las manos extendidas para ayudar al mundo, y toda la vida subordinada al llamado del servicio. Entonces, todo cuanto llega es para bien ‑enfermedad, oportunidad, éxito y des­engaños, burlas y maquinaciones de los enemigos, incomprensión de los que amamos‑, todo existe y debe utilizarse sólo para ser trasmutado. Como se verá, lo más importante es la continuidad de visión, la aspiración y el contacto internos. Lo que debe lo­grarse es esa continuidad, no por las circunstancias sino a pesar de ellas.

A medida que el aspirante progresa, no sólo equilibra los pa­res de opuestos, sino que le es revelado el secreto del corazón de su hermano. Se lo reconoce como una fuerza en el mundo, se lo aprecia como individuo y en él se confía que pueda prestar ser­vicio. Los hombres recurren a él para ser ayudados, pues reco­noce la actividad que desempeña, entonces emite su nota para ser oída en las filas dévicas y humanas. Lo logra en esta etapa mediante la pluma, la literatura, la palabra hablada, conferencias y enseñanzas y también la música, la pintura y el arte. Llega así al corazón de los hombres por cualesquiera de estos caminos, y se convierte en auxiliar y servidor de su raza. Mencionaré tam­bién otras dos características de esta etapa:

El aspirante conoce el valor oculto del dinero en el servicio. No busca nada para sí, excepto aquello que puede equiparlo para realizar el trabajo, considerando el dinero y lo que el dinero pro­cura, como algo que debe ser empleado para los demás, y como medio para lograr la fructificación de los planes del Maestro, tal como él los percibe. Muy poco es comprendida la significación oculta del dinero, sin embargo, una de las grandes pruebas para determinar el lugar que ocupa el hombre en el sendero de pro­bación, concierne a su actitud y al manejo de lo que todos los hombres buscan con el fin de satisfacer sus deseos. Quien nada desea para sí puede ser el receptor de la abundancia financiera y el distribuidor de las riquezas del universo. Por el contrario, si aumenta su riqueza, le acarrea dolor y angustia, descontento y perversión.

En esta etapa, la vida del aspirante se convierte también en instrumento de destrucción en el sentido oculto del término. La fuerza que fluye a través de él, procedente de los planos superiores y de su Dios interno, produce a veces resultados peculiares sobre su medio ambiente y dondequiera que vaya, porque actúa como estímulo, tanto para el bien como para el mal. Los pitris lunares o pequeñas vidas, que constituyen los cuerpos de sus hermanos y su propio cuerpo, son análogamente estimulados, acre­centada su actividad e intensificado grandemente su poder. Esto es utilizado por quienes trabajan en el aspecto interno, para lograr ciertos fines deseados, y con frecuencia causa la caída temporaria de las almas avanzadas. No pueden resistir la fuerza que afluye o desciende a ellas, y debido al sobreestímulo temporario de sus centros y vehículos, sufren un colapso. Esto sucede en los grupos y en los individuos, pero, a la inversa, si los señores lunares o vidas del yo inferior, han sido previamente sometidas y contro­ladas, entonces el efecto de la fuerza y de la energía recibida sirve para estimular la respuesta de la conciencia del cerebro físico y de los centros de la cabeza, al contacto egoico. Así, la fuerza que de otro modo sería destructiva, se convierte en factor benéfico y en útil estímulo, pudiendo ser utilizada por los Conocedores, a fin de conducir a los hombres hacia una mayor iluminación.

Todos estos pasos deben llevarse a cabo en los tres planos inferiores y en los tres cuerpos, y esto lo hacen de acuerdo a su rayo y subrayo particulares. De este modo el discípulo lleva a cabo el trabajo y recibe su prueba y entrenamiento. Así es con­ducido -mediante la correcta dirección de la energía y la mani­pulación inteligente de las corrientes de fuerza- al Portal de la Iniciación, y pasa del Aula del Aprendizaje al Aula de la Sabidu­ría, donde gradualmente se hace “consciente” de fuerzas y poderes latentes en su propio ego y en el grupo egoico; entonces puede utilizar la fuerza de ese grupo y puede confiársele su manejo, únicamente para ayudar a la humanidad; así ‑después de la cuarta iniciación‑ participa de la energía del Logos planetario, enco­mendándosele una parte de la misma, que lo capacita para llevar adelante los planes del Logos planetario para la evolución.

Debe recordarse que los discípulos de primer rayo compren­den el discipulado en términos de, energía, fuerza o actividad, mientras que los discípulos de segundo rayo, en términos de con­ciencia o iniciación. A esto se debe la divergencia en las expre­siones comunes y la falta de comprensión entre los pensadores. Sería de utilidad expresar la idea del discipulado basándose en los distintos rayos, queriendo significar con ello el discipulado, manifestado como servicio en el plano físico:

1er. Rayo Fuerza Energía Acción El ocultista

2do. Rayo Conciencia Expansión Iniciación El verdadero síquico

3er. Rayo Adaptación Desarrollo Evolución El mago

4to. Rayo Vibración Respuesta Expresión El artista

5to. Rayo Mentalidad Conocimiento Ciencia El científico

6to. Rayo Devoción Abstracción Idealismo El devoto

7mo. Rayo Encantamiento Magia Ritual El ritualista

Recuerden que aquí nos ocupamos de los discípulos. A me­dida que éstos progresan, las diversas líneas se aproximan y fu­sionan. Todos han sido alguna vez magos, pues han pertenecido al tercer rayo. El problema se refiere ahora al místico y al ocul­tista, y a su síntesis final. Un estudio cuidadoso de lo antedicho, conducirá al reconocimiento de las dificultades que surgen entre los pensadores y los discípulos de todos los grupos, y consisten en su identificación con alguna forma y en su incapacidad de com­prender los diferentes puntos de vista de los demás. A medida que transcurra el tiempo y entren en más estrecha relación con los dos Maestros que les concierne (su Dios interno y su Maestro perso­nal), desaparecerá su incapacidad para cooperar y fusionar sus intereses en bien del grupo, y en lugar de divergencia habrá comu­nidad de esfuerzo, similitud de objetivos y mutua colaboración. Debería reflexionarse sobre esto, pues contiene la clave de mu­chas cosas enigmáticas que para la mayoría son angustiosas.

CAPÍTULO IX

EL SENDERO DE LA INICIACIÓN

Después de un período breve o largo, el discípulo se encuen­tra ante el Portal de la Iniciación. Debe recordarse que, a me­dida que nos acercamos al Maestro y al Portal, se llega como dice el libro Luz en el Sendero: “con los pies bañados en la sangre del corazón”. Cada paso trascendido se da mediante el sacrificio de todo lo que es querido por el corazón en algún plano, y este sacrificio debe ser siempre voluntario. Quien huella el sendero de probación y el de santidad, sabe el precio que debe pagar, ha reajustado el sentido de los valores y, por lo tanto, no juzga como lo hace el hombre mundano. Quien intenta “arrebatar el reino por la violencia”, lo hace porque está preparado para el consi­guiente sufrimiento. Quien considera que nada tiene valor ex­cepto alcanzar la meta, está dispuesto a sacrificar su propia vida en la lucha para que predomine el yo superior sobre el yo inferior.

Las dos primeras Iniciaciones.

En la primera iniciación, el ego debe haber controlado en gran medida al cuerpo físico y vencido “los pecados de la carne”, según la fraseología cristiana. No deben prevalecer la gula, el alcoholismo, ni el libertinaje, ni satisfacerse las exigencias del ele­mental físico; por lo tanto el control debe ser total y la tentación vencida. Debe mantenerse una actitud general y una fuerte dis­posición de obediencia al ego. Entonces el canal entre lo superior y lo inferior se expande, y la carne obedece prácticamente en for­ma automática.

El hecho de que no todos los iniciados estén sometidos a esta norma, quizás se deba a varias cosas, pero debe emitirse la nota de la rectitud; el reconocimiento de sus debilidades deben hacerlo sincera y públicamente, y conocerán la lucha entablada para adap­tarse a las normas superiores, aunque no logren la perfección. Los iniciados pueden caer, y caen, incurriendo por consiguiente en el castigo de la ley, y también perjudicar, y perjudican, al grupo con su caída; en consecuencia, deben someterse al karma del reajuste, teniendo que expiar el daño mediante un servicio más prolongado, donde los miembros del grupo, aunque inconscientemente, aplican la ley. Su progreso se verá seriamente obstaculizado, y se per­derá mucho tiempo en agotar el karma con las unidades perjudi­cadas. Debido al hecho de que un hombre es un iniciado y, por lo tanto, un medio para una fuerza muy acrecentada, sus desvia­ciones del recto sendero tienen más poderosos efectos que los de un hombre menos avanzado. Su premio y castigo serán igualmente mayores. Debe pagar inevitablemente el precio antes de permi­tírsele proseguir en el camino. Respecto al grupo perjudicado por él, ¿cuál debe ser su actitud? Reconocer la gravedad del error, aceptar inteligentemente los hechos, abstenerse de críticas poco fraternas e irradiar amor sobre el hermano pecador; todo esto, juntamente con cualquier acción, aclarará al público que tales pecados e infracciones a la ley no son perdonados. A esto se debe añadir la actitud mental del grupo implicado, que conducirá (mien­tras actúa con firmeza) al hermano equivocado a ver su error, cumplir su karma retribuidor y luego ser reincorporado a la con­sideración y respeto, después de hacer las debidas enmiendas.

No toda la gente se desarrolla en las mismas o paralelas líneas, por lo tanto, no es posible dictar reglas rígidas invariables, res­pecto al proceso exacto de cada iniciación, determinar qué cen­tros deben ser vivificados o qué visión ser adjudicada. Mucho depende del rayo a que pertenece el discípulo, de su desarrollo en cualquier dirección (pues no todos suelen desarrollarse similar­mente), de su karma individual y también de las exigencias de algún período especial. Sin embargo pueden hacerse muchas su­gerencias: En la primera iniciación, o el nacimiento del Cristo, generalmente se vivifica el centro cardíaco, a fin de obtener un control más eficaz del vehículo astral y prestar un mayor servicio a la humanidad. Después de esta iniciación se enseña princi­palmente al iniciado lo concerniente al plano astral; debe estabi­lizar su vehículo emocional y aprender a actuar en el plano astral con la misma soltura y facilidad con que lo hace en el plano físico; debe entrar en contacto con los devas astrales; aprender a con­trolar a los elementales del astral; actuar con facilidad en los subplanos inferiores, y acrecentar el valor y la calidad de su tra­bajo en el plano físico. En esta iniciación pasa del Aula del Apren­dizaje al Aula de la Sabiduría. Entonces se le da especial impor­tancia al desarrollo astral, aunque su equipo mental se desarrolla constantemente. Muchas vidas transcurren entre la primera y se­gunda iniciaciones. Puede pasar un largo período de encarnacio­nes antes de perfeccionar el control del cuerpo astral y el iniciado estar preparado para el próximo paso. En forma interesante apa­rece en El Nuevo Testamento esta analogía en la vida del iniciado Jesús. Pasaron muchos años entre el Nacimiento y el Bautismo, pero en tres años dio los tres pasos restantes. Una vez pasada la segunda iniciación, el progreso es rápido; la tercera y cuarta ini­ciaciones seguirán probablemente en la misma vida o en la si­guiente.

La segunda iniciación constituye la crisis del control del cuer­po astral. Así como en la primera iniciación se manifiesta el con­trol del cuerpo físico denso, en la segunda se manifiesta análoga­mente el control del astral. El sacrificio y la muerte del deseo ha sido la finalidad del esfuerzo. El ego dominó al deseo, y sólo queda el anhelo de lo que es para beneficio del todo, de acuerdo a la voluntad del ego y del Maestro. El elemental astral es controlado, el cuerpo emocional se torna puro y límpido y va desapareciendo rápidamente la naturaleza inferior. Entonces el ego se aferra nue­vamente a los dos vehículos inferiores y los somete a su voluntad. La aspiración y anhelo de servir, amar y progresar, llegan a ser tan intensos, que por lo general se observa un desarrollo muy rá­pido. Esto explica por qué, esta iniciación y la tercera, se suceden con frecuencia (aunque no invariablemente) en una misma vida. En este período de la historia del mundo se ha dado tal estímulo a la evolución, que las almas aspirantes ‑al sentir la angustiosa y perentoria necesidad de la humanidad‑ sacrifican todo a fin de satisfacer esa necesidad.

Además, no debe incurrirse en el error de creer que todo esto sigue invariable y consecutivamente los mismos pasos y etapas. Mucho se realiza al unísono y simultáneamente, porque el esfuer­zo en ejercer control es lento y penoso, pero en el intervalo entre las tres primeras iniciaciones debe lograrse y mantenerse una eta­pa definida en la evolución de cada uno de los tres vehículos infe­riores, antes de ser posible una mayor expansión, sin peligro, del canal. Muchos actúan en los tres cuerpos, a medida que huellan el sendero de probación.

Si en esta iniciación se sigue el curso común (lo que no es del todo seguro) se vivifica el centro laríngeo. Esto desarrolla la capa­cidad de aprovechar las adquisiciones de la mente inferior en ser­vicio del Maestro y ayuda al hombre; otorga la habilidad de dar y expresar aquello que constituirá una ayuda, posiblemente a través de la palabra hablada, pero indefectiblemente al prestar algún tipo de servicio. Acuerda una visión de las necesidades del mundo, y muestra otra parte del plan. Por lo tanto, el trabajo que se debe realizar antes de recibir la tercera iniciación es su­mergir totalmente el punto de vista personal en las necesidades del todo, lo que implica el total dominio de la mente concreta por el ego.

Las dos Iniciaciones siguientes.

La enseñanza asciende de nivel después de la segunda ini­ciación. El iniciado aprende a controlar su vehículo mental, des­arrolla la capacidad de manejar materia mental y aprende las le­yes para construir pensamientos creadores. Actúa libremente en los cuatro subplanos inferiores del plano mental; antes de la ter­cera iniciación debe, consciente o inconscientemente, dominar to­talmente los cuatro subplanos inferiores, en los tres planos de los tres mundos. Profundiza el conocimiento del microcosmos y en gran medida domina teórica y prácticamente las leyes de su propia naturaleza, de allí su habilidad experimental para ser el amo de los cuatro subplanos inferiores de los planos físico, astral y men­tal. Esto último es sumamente interesante. El control de los tres subplanos superiores todavía no es completo, y constituye una de las razones de los fracasos y errores de los iniciados. Aún no han perfeccionado el dominio de la materia en los tres subplanos supe­riores, porque no han sido dominados.

En la tercera iniciación, denominada a veces la Trasfiguración, la entera personalidad queda anegada por la luz descendente. Des­pués de esta iniciación la mónada guía definitivamente al ego, derramando acrecentadamente su divina vida en el canal ya pre­parado y purificado. De la misma manera, en la tercera cadena lunar, el ego individualizó a la personalidad por medio del contacto directo, método diferente del de la individualización, tal como se demuestra en la cuarta cadena actual. Si aplicamos aquí la Ley de Correspondencia podría demostrar ser muy reveladora una in­teresante analogía entre los métodos de la individualización en las diversas cadenas, y las expansiones de conciencia que tienen lugar en las diferentes iniciaciones.

Nuevamente se le otorga al iniciado una visión del porvenir, y está siempre en condición de reconocer a los otros miembros de la Gran Logia Blanca, siendo estimuladas sus facultades síqui­cas mediante la vivificación de los centros de la cabeza. Hasta no haber pasado esta iniciación no es necesario ni aconsejable des­arrollar las facultades sintéticas o la clariaudiencia y clarividen­cia. La finalidad de todo el desarrollo consiste en el despertar de la intuición espiritual; una vez lograda, cuando el cuerpo físico es puro, el cuerpo astral estable y firme y el cuerpo mental controlado, entonces el iniciado podrá manejar sin peligro y uti­lizar inteligentemente las facultades síquicas para ayudar a la raza. No sólo podrá utilizar estas facultades, sino que será capaz de crear y vivificar formas mentales claras y bien definidas, que vibren con espíritu de servicio, sin estar controladas por la mente inferior o el deseo. Estas formas mentales no serán (como las creadas por la mayoría de los hombres) formas sin cohesión, relación ni unión, sino que alcanzarán un alto grado de síntesis. Arduo e incesante será el trabajo, antes de poder realizarse esto, pero una vez estabilizada y purificada la naturaleza de deseos, no re­sultará difícil el control del cuerpo mental. De ahí que el sendero del devoto sea más fácil en ciertos aspectos que el del intelectual, pues ha aprendido a medir el deseo purificado y a progresar me­diante las etapas requeridas.

La personalidad alcanza así una etapa donde sus vibraciones son de un orden muy elevado y la materia de sus tres cuerpos relativamente pura; donde capta el trabajo que debe realizar en el microcosmos y es muy avanzada la parte que debe desempe­ñar en el macrocosmos. Por lo tanto se evidencia por qué el Sumo Hierofante, el Señor del Mundo, es el oficiante sólo a partir de la tercera iniciación. Entra por primera vez en con­tacto con el iniciado. No era posible antes. En las dos primeras iniciaciones el Hierofante es el Cristo, el Instructor del Mundo, el Primogénito entre muchos hermanos, el primero de nuestra humanidad que recibió la iniciación. Browning expresa bella­mente este pensamiento en las palabras de su poema “Saúl”

……………………………………………….. Será

Una faz como mi faz la que te reciba; un Hombre

como yo.

Amarás y serás por siempre amado;

Una mano como ésta

Te abrirá las puertas de una nueva vida.

¡Contempla al Cristo!

Pero cuando el iniciado realiza un mayor progreso y ha pasado dos iniciaciones, se efectúa un cambio. El Señor del Mundo, el Anciano de los Días, el inefable Regente Mismo, confiere la ter­cera iniciación. ¿Por qué? Porque él cuerpo físico plenamente consagrado, puede soportar sin peligro las vibraciones de los otros dos cuerpos cuando vuelven a su refugio, al retornar de la Pre­sencia del REY; porque ahora el cuerpo astral purificado y el men­tal controlado, pueden permanecer sin peligro ante ese REY. Lo­grados tal purificación y control, permanecen allí, y por primera vez vibran conscientemente de acuerdo al rayo de la mónada; entonces, con los cuerpos preparados, puede alcanzarse y confe­rirse la capacidad de ver y oír en todos los planos, y emplearse sin riesgos la facultad de leer y entender los archivos, pues a mayor conocimiento, mayor poder. El corazón es suficientemente puro y amoroso y el intelecto bastante estable para soportar la tensión de conocer.

Antes de recibir la cuarta iniciación se intensifica el trabajo de entrenamiento, y la aceleración y acumulación de conocimien­to debe ser increíblemente rápida. A menudo el iniciado tiene acceso a la biblioteca de libros esotéricos, y después de esta ini­ciación no sólo puede entrar en contacto con el Maestro, al que está vinculado y con el cual ha trabajado conscientemente du­rante largo tiempo, sino también con los Chohanes, el Bodhisattva y el Manu, ayudándolos en cierta medida.

Además, debe captar intelectualmente las leyes de los tres planos inferiores y aplicarlas para ayudar al plan de la evolución; estudiar los planos cósmicos y dominar sus gráficos; llegar a ser un conocedor de las técnicas esotéricas, y desarrollar la visión cuatridimensional, si aún no lo ha hecho. Debe aprender a dirigir las actividades de los devas constructores, y al mismo tiempo tra­bajar continuamente en el desarrollo de su naturaleza espiritual; empezar a coordinar rápidamente el vehículo búdico y, al coor­dinarlo, desarrollar el poder de síntesis, al principio en pequeña medida y gradualmente en forma más detallada.

Al recibir la cuarta iniciación, el iniciado domina perfecta­mente el quinto subplano, por lo tanto, es un adepto (usando el término técnico) en los cinco subplanos inferiores de los planos físico, astral y mental, y está en camino de dominar el sexto. Su vehículo búdico puede actuar en los dos subplanos inferiores de tal plano.

El hombre que recibe la cuarta iniciación, la Crucifixión, sue­le tener una vida de gran sacrificio y sufrimiento. Es la vida del hombre que hace la Gran Renunciación, y que aún exotéricamente es considerada difícil, intensa y penosa. Todo lo abandona, hasta su perfecta personalidad misma, sobre el altar del sacrificio, y queda despojado de todo. Renuncia a amigos, dinero, repu­tación, carácter, posición, familia y hasta a la vida misma.

Las Iniciaciones finales.

Después de la cuarta iniciación, no queda mucho por hacer, El dominio del sexto subplano prosigue rápidamente, y se coor­dina la materia de los subplanos superiores al búdico. Al iniciado se le permite tener una más íntima fraternidad en la Logia, y su contacto con los devas es más completo. Va agotando rápidamen­te los recursos del Aula de Sabiduría, y dominando los más intrin­cados planes y gráficos. Se hace muy versado en la significación del color y del sonido; puede manejar la ley en los tres mundos y hacer contacto con su mónada, con más libertad que la mayoría de la raza humana con sus egos. Tiene también a su cargo gran trabajo; enseña a muchos discípulos; ayuda en muchos planes, y reúne bajo su dirección a quienes deben ayudarlo en el futuro. Esto se refiere únicamente a los que se quedan para ayudar a la humanidad en este globo. Más adelante nos ocuparemos de algu­nas líneas de trabajo que se extienden ante el adepto, si trasciende el servicio en la tierra.

Después de la quinta iniciación, el hombre se ha perfeccionado en lo que se refiere a este esquema, aunque si lo desea puede reci­bir otras dos iniciaciones. Para recibir la sexta iniciación, el adep­to debe hacer un curso muy intenso de ocultismo planetario. Un Maestro aplica la ley en los tres mundos, mientras que un Chohan de la sexta iniciación, lo hace en la cadena en todos los niveles. Un Chohan de la séptima iniciación aplica la ley en el sistema solar.

Se evidencia que el estudiante que investiga estos asuntos, hallará muchas cosas que le atañen personalmente, aunque la ce­remonia en sí puede aún estar muy lejos. Mediante el estudio del proceso y del propósito, puede darse cuenta del gran hecho funda­mental, de que el método de la iniciación es:

  • Comprensión de la fuerza.
  • Aplicación de la fuerza.
  • Utilización de la fuerza.

Los iniciados, desde los de más humilde grado, que por pri­mera vez hacen contacto con determinado tipo de fuerza especia­lizada, hasta el emancipado Buda de séptimo grado, manejan ener­gía de algún tipo. Las etapas de desarrollo por las que debe pasar el aspirante podrían ser aquellas en que:

· Se da cuenta, a través del discernimiento, de la energía o fuerza de su propio yo inferior.

· Impone a ese ritmo energético otro superior, hasta que ese ritmo inferior es suplantado por el superior, y el an­tiguo método de expresión de la energía desaparece to­talmente.

· Se le permite, por la gradual expansión del conocimien­to, hacer contacto y ‑guiado‑ aplicar ciertas formas de energía grupal, hasta el momento en que se capacita científicamente para manejar fuerza planetaria. El lapso­ que abarca esta etapa final depende por completo del pro­greso realizado en servicio de su raza y del desarrollo de los poderes del alma, secuencia natural del desenvol­vimiento espiritual.

La aplicación del Cetro de la Iniciación por el Bodhisattva, en las dos primeras iniciaciones, capacita al iniciado para lograr el control y la utilización de la fuerza del yo inferior, la verdadera energía santificada de la personalidad dedicada al servicio; en la tercera iniciación, la aplicación del Cetro por el único Ini­ciador, pone a disposición, más ampliamente, la fuerza del yo su­perior o ego, y activa en el plano físico toda la energía acumulada en el vehículo causal durante numerosas encarnaciones. En la cuarta iniciación puede utilizar la energía de su grupo egoico en bien de la evolución planetaria, y en la quinta dispone de la fuerza o energía del planeta (esotéricamente comprendida y no simple­mente como fuerza o energía del mundo material). Durante las cinco iniciaciones, estos dos grandes Seres, el Bodhisattva prime­ro y luego el Iniciador Uno, el Señor del Mundo y Sanat Kumara, son sucesivamente los administradores o hierofantes. Después de estas ceremonias, si el iniciado decidiera recibir las dos iniciacio­nes finales que puede recibir en nuestro sistema solar, entra en actividad un tipo superior de energía, expresión del Yo Uno, que sólo podemos insinuar. En la séptima iniciación, ese Ser, de Quien Sanat Kumara es la manifestación, el Logos de nuestro esquema en Su propio plano, Se convierte en el Hierofante. En la sexta iniciación, la expresión de esta Existencia en un plano interme­dio, un Ser que debe permanecer innominado, empuña el Cetro y administra el juramento y el secreto. En estas tres manifestacio­nes de gobierno jerárquico ‑Sanat Kurnara en la periferia de los tres mundos, el Ser innominado en los confines de los altos planos de la evolución humana, y el mismo Espíritu planetario en la etapa final tenemos las tres grandes manifestaciones del Logos planetario. En la grande y final iniciación afluye, a través del Logos planetario, el poder del Logos solar, el cual revela al inicia­do que lo Absoluto es la conciencia en su máxima expresión, aun­que en la etapa de la existencia humana debe considerarse al Absoluto como inconsciencia.

Cada una de las iniciaciones mayores es sólo la síntesis de las menores, y únicamente cuando el hombre trata de expandir su conciencia en los asuntos de la vida diaria, puede esperar alcanzar esas etapas posteriores que sólo son la culminación de muchas an­teriores. Los estudiantes deben desechar la idea de que, siendo “muy buenos y altruistas”, algún día se hallarán repentinamente ante el Gran Señor. Anteponen el efecto a la causa. La bondad y el altruismo brotan de la comprensión y del servicio, y la santi­dad de carácter es la manifestación de las expansiones de con­ciencia que el hombre logra en sí mismo, por medio de intensos esfuerzos. Por lo tanto, aquí y ahora, el hombre puede prepararse para la iniciación, pero no acentuando el aspecto ceremonial, co­mo muchos hacen con anticipada emoción, sino trabajando siste­mática y perdurablemente en el constante desarrollo del cuerpo mental, por un proceso arduo e intenso a fin de controlar el cuerpo astral, de modo que responda a las tres vibraciones que provienen, del Ego, del Maestro, de las vibraciones de los hermanos que lo circundan. Lle­ga a ser sensible a la voz de su yo superior, agotando así el karma bajo la inteligente guía de su propio ego. Se hace consciente, por medio de éste, de la vibración que emana de Su Maestro; aprende a sentirla cada vez más, y a res­ponder a ella más plenamente; finalmente se hace cada vez más sensible a las alegrías, pesares y dolores de aque­llos con quienes está diariamente en contacto; siente que son sus alegrías, pesares y dolores, sin embargo, no lo in­capacitan.

CAPITULO X

UNIVERSALIDAD DE LA INICIACIÓN

En las enseñanzas esotéricas muchas veces se hace hincapié en que la iniciación, tal como se la entiende comúnmente, no es un proceso normal. Todo progreso en el reino de la conciencia se efectúa, lógicamente, mediante una serie de despertares, que deberían realizarse en forma mucho más gradual y abarcar un período más extenso, como sucede en las actuales condiciones planetarias. Este modo particular de desarrollar la conciencia en la familia humana, fue iniciado por la Jerarquía al final de la cuarta subraza de la raza raíz atlante, y continuará hasta mediados de la próxima ronda. Entonces se habrá proporcionado el necesario estímulo; tres quintas partes de la humanidad “habrán puesto esotéricamente los pies en el sendero”, y un gran porcentaje de ella estará en camino de convertirse en el sendero mismo, retomando la rutina normal.

La Iniciación en los distintos Planetas.

El procedimiento para estimular a los egos humanos por me­dio de graduadas instrucciones, y la aplicación de la fuerza eléctrica dinámica del Cetro, se emplean actualmente en tres de los planetas de nuestro sistema. Se instituye en cada cuarta ronda, y su principal interés reside en que para la cuarta Jerarquía crea­dora, en cada cuarta cadena y cuarto globo, durante la cuarta ron­da, la iniciación más importante es la cuarta, la Crucifixión. La cuarta Jerarquía creadora es la suma expresión de la voluntad consciente y el sacrificio del Logos solar, y el gran símbolo de la unión inteligente del espíritu y la materia. De ahí el lugar preeminente de la cuarta iniciación, con su presentación de las ver­dades cósmicas, y su síntesis del propósito de este sacrificio fundamental.

El estudiante debe recordar que los otros sistemas planetarios, aunque fundamentalmente son como nuestro esquema, difieren profundamente en su manifestación, debido a sus distintas carac­terísticas y al karma individual del Logos planetario o rayo en­carnante. Estas diferencias afecta

· El proceso iniciático, tanto en su aspecto altruista como en el ceremonial.

· La aplicación del Cetro, pues el tipo de fuerza que per­sonifica, cuando entra en conjunción con la fuerza diferen­ciada del tipo planetario, produce resultados de diversa naturaleza y grado.

· Los períodos de la iniciación. Los egos encarnados de cual­quier planeta serán o no fácilmente estimulados, según el tipo de rayo y las condiciones astrológicas. Esto traerá pe­ríodos de desarrollo más o menos prolongados, antes de cada iniciación o entre ellas.

· Los fenómenos eléctricos producidos en los planos superiores, a medida que un mayor número de unidades hu­manas “fulguran” esotéricamente. Se debe tener presente que el sistema solar, con todo cuanto incluye, se expresa en términos de luz, y que el proceso de la iniciación puede ser, por lo tanto, considerado como aquel en que se esti­mulan los diferentes puntos de luz (o chispas humanas), se incrementa su radiación y temperatura y se amplía el radio de esfera de influencia de cada luz.

Los tres esquemas planetarios donde se está probando el gran experimento de la iniciación son: la Tierra, Venus y otro planeta. Venus fue la primera esfera para el experimento, y el éxito del esfuerzo y la fuerza generada, fueron la causa de un intento simi­lar en nuestro planeta. Ningún planeta acrecienta su acumula­ción de fuerza y por consiguiente su esfera de influencia, sin incu­rrir en obligaciones y afectar a otros esquemas; el intercambio de fuerza y energía entre Venus y la Tierra es continuo. Un proceso similar tuvo lugar recientemente en otro esquema planetario, y cuando en la próxima ronda nuestra Tierra alcance una etapa en la evolución, análoga a la del esquema venusiano en la época en que su influencia fue sentida por nosotros, también ayudaremos a estimular a otro grupo de egos planetarios y a instituir un pro­cedimiento similar en otro esquema, entre los hijos de los hombres.

En los tres grandes esquemas planetarios, de Neptuno, Urano y, Saturno, no se empleará el método de la iniciación. Serán los receptores de aquellos que se “salven” esotéricamente de los otros esquemas, es decir, que a todos los que en cualquier esquema lo­gren las necesarias expansiones de conciencia (tales como las que logrará la mayoría de la familia humana antes de la mitad del próximo ciclo o ronda), se los considerará “salvados”, mientras que al resto se los considerará fracasados y serán retenidos para un mayor desarrollo en períodos posteriores, o transferidos a esos esquemas planetarios que, desde el punto de vista del tiempo, no estén tan avanzados como nuestro esquema terrestre. Esos tres esquemas mayores son los que absorben y sintetizan la energía de los demás.

La Iniciación y los Devas.

Quizás se pregunten si los devas reciben iniciaciones; este punto podríamos tratarlo brevemente.

La iniciación tiene que ver con el desenvolvimiento consciente del yo y concierne al aspecto sabiduría del Yo Uno. Supone el desarrollo del principio inteligencia e implica que el ente humano capte el propósito y la voluntad y además que participe inteligen­temente mediante el amor y el servicio. Los devas, excepto los devas mayores que en previos ciclos pasaron por el reino humano y colaboran ahora en la evolución del hombre, no son aún cons­cientes de sí mismos. Progresan y evolucionan por medio de la expansión de realizaciones autoconscientes, autoiniciadas y auto­impuestas. La aspiración y el esfuerzo consciente, es lo más difícil de desarrollar en el sistema solar, pues no sigue la línea de menor resistencia, sino que trata de iniciar e imponer un ritmo superior. Los devas siguen la línea de menor resistencia y tratan de apro­piarse y experimentar la vibración de las cosas tal como son, en la plenitud de sus sentimientos y sensaciones. Por lo tanto, el método para ellos es la progresiva intensidad en la apreciación del sentimiento actual, y no, como ocurre en el hombre, una de­preciación progresiva de las cosas tal como son, o del aspecto material, que conduce al esfuerzo para alcanzar y abarcar en su conciencia la realidad subjetiva o las cosas del espíritu ‑en con­traposición con la irrealidad objetiva o las cosas de la materia. Los devas tratan de sentir, mientras que los hombres desean cono­cer. En consecuencia, los devas no experimentan esas expansiones de conciencia que llamamos iniciaciones, excepto en el caso de los seres avanzados, que habiendo trascendido la etapa humana, sienten a la par que conocen y, según la ley de evolución, expan­den su conocimiento en grado progresivo.

Influencias Cósmicas e Iniciaciones Solares.

Todo lo que se puede hacer aquí al tratar este tema tan pro­fundo, es enumerar brevemente algunas de las influencias cósmi­cas que afectan en forma definida a nuestra Tierra, y producen en todas partes resultados en la conciencia de los hombres y, du­rante el proceso de la iniciación, ciertos fenómenos específicos como consecuencia.

La primera y principal energía o fuerza, es la que emana del sol Sirio. Si puede expresarse así, toda la energía del pensamiento o fuerza mental, llega al sistema solar procedente de un lejano centro cósmico, por mediación de Sirio, que actúa como transmisor o centro focal, desde donde emanan las influencias que producen en el hombre la autoconciencia. Durante la iniciación, por medio del Cetro de Iniciación (el cual actúa como transmisor subsidia­rio y como un potente imán), esta energía se intensifica momen­táneamente, y es aplicada con enorme fuerza a los centros del ini­ciado. Si no fuera porque el Hierofante y los dos padrinos del ini­ciado la hacen pasar primeramente por sus propios cuerpos, el iniciado no la podría resistir. Este incremento de energía men­tal produce la ampliación y conocimiento de la verdad tal como es, siendo sus efectos duraderos. Primeramente se siente en el centro laríngeo, el gran órgano de creación por medio del sonido.

Otro tipo de energía le llega al hombre procedente de las Plé­yades, pasando a través del esquema venusiano, así como la ener­gía del esquema siriano pasa por el saturnino. Tiene definido efecto sobre el cuerpo causal y estimula el centro cardíaco.

Al iniciado se le aplica un tercer tipo de energía, que afecta su centro coronario y emana de una de las siete estrellas de la Osa Mayor, cuya vida animadora mantiene la misma relación con nuestro Logos planetario, que la del ego con el ser humano. Esta energía es por lo tanto séptuple y difiere según el tipo de hombre y el rayo a que pertenece.

No es posible revelar aquí el orden de aplicación de los dis­tintos tipos de energía ni decir en qué iniciación el hombre se pone en contacto con aquéllos. Estos hechos involucran los secre­tos de los misterios y no es conveniente revelarlos. Otros tipos de fuerza provenientes de ciertos esquemas planetarios, lo mismo que desde centros cósmicos, son puestos en acción por el inicia­dor y trasmitidos por medio del Cetro a los distintos centros, de los tres vehículos del iniciado: mental, astral y etérico. En la cuarta iniciación un especializado tipo de fuerza, procedente de un centro cuyo nombre debe permanecer innominado, es aplicado al cuerpo causal del hombre, siendo una de las causas de su desin­tegración final.

Al reflexionar sobre el tema de la realización de los hijos de los hombres, debe reconocerse que el género humano completa una unificación tras otra; los “Hombres celestiales” son integrados en los niveles intuitivos y espirituales, y a su vez constituyen los centros de los grandes “Hombres celestiales” en el sistema solar. Estos siete Hombres celestiales en cuyos cuerpos encuentran su lugar cada mónada humana y deva, forman los siete centros del cuerpo del Logos, el cual a su vez constituye el centro cardíaco (porque Dios es amor) de una entidad aún superior. La consumación para quienes pertenecen a este sistema solar, ocurrirá cuando el Logos reciba Su quinta iniciación. Cuando los hijos de los hombres alcancen la quinta iniciación, Él llegará a Su meta. Éste es para nosotros un incomprensible y gran misterio.

CAPÍTULO XI

LOS PARTICIPANTES EN LOS MISTERIOS

Quienes participan en los misterios son generalmente cono­cidos, y no es un secreto el modo de proceder de los participantes. Aquí sólo se intenta dar un mayor sentido de realidad a lo ya informado, mediante una exposición minuciosa y una referencia más concisa sobre la parte que desempeñan durante la ceremonia. En esta etapa el estudiante debería tener en cuenta ciertas cosas a medida que reflexiona sobre los misterios:

Ha de procurar interpretar lo expuesto en términos de espí­ritu y no de materia o forma, pues está tratando con el aspecto subjetivo o conciencia de la manifestación, y lo que subyace en la forma objetiva. Tal comprensión ahorra al estudiante muchas confusiones.

Consideramos hechos sustanciales y reales en el plano mental ‑el plano donde tienen lugar las iniciaciones mayores‑ pero que no se materializan ni constituyen fenómenos en el plano físico. El vínculo entre ambos planos reside en la continuidad de con­ciencia que haya desarrollado el iniciado, lo cual le permite trans­ferir al cerebro físico acontecimientos y circunstancias de los planos subjetivos de la vida.

La corroboración de esto y la prueba de la exactitud del cono­cimiento transmitido, pueden demostrarse de la manera siguiente:

En los centros etéricos y a través de ellos. Estos centros reci­birán poderoso estímulo y, por medio de su incrementada energía inherente, capacitarán al iniciado para llevar a cabo, en el sen­dero del servicio, lo que nunca se había imaginado. Sus sueños e ideales no se convierten en posibilidades, sino en hechos demos­trados en la manifestación.

Los centros físicos, tales como la glándula pineal y el cuerpo pituitario, empezarán a desarrollarse rápidamente, y el iniciado será consciente del despertar de los “siddhis” o poderes del alma, en el más elevado sentido de la palabra. Tendrá conciencia del proceso del control consciente y de la autoiniciada manipulación de los poderes mencionados. Comprenderá los métodos de con­tacto egoico y la correcta dirección de la fuerza.

El sistema nervioso por cuyo medio actúa el cuerpo emocio­nal o astral, llegará a ser muy sensible, a la vez que muy fuerte. El cerebro se convertirá rápidamente en un transmisor agudo de los impulsos internos. Este hecho es de real importancia y, a me­dida que su significación sea más evidente, traerá una revolución en la actitud de los educadores, de los médicos y de otras perso­nas, hacia el desarrollo del sistema nervioso y la curación de los desórdenes nerviosos.

La memoria oculta. El iniciado llega por último, a ser progre­sivamente consciente del desarrollo de esa recordación interna o “memoria oculta”, que concierne al trabajo de la Jerarquía y, prin­cipalmente, de la parte que le corresponde en el plan general. Cuando el iniciado que recuerda esotéricamente en su conciencia vigílica un hecho ceremonial, descubre estas manifestaciones de creciente progreso y realización consciente en sí mismo, entonces comprueba y verifica la verdad de su seguridad interna.

Debe recordarse que esta verificación interna es de valor sólo para el iniciado, que debe ponerse a prueba ante el mundo de su vida por medio del servicio y trabajo realizado, lo cual susci­ta, en quienes lo rodean, un reconocimiento que se demuestra como emulación santificada e intenso esfuerzo por hollar el mismo sende­ro, impelidos siempre por el mismo móvil de servicio y hermandad, y no por el propio engrandecimiento y la adquisición egoísta. Tam­bién debe recordarse que si lo dicho es verdad respecto al trabajo, lo es más en relación con el iniciado. La iniciación es algo estric­tamente personal, pero de aplicación universal. Depende de su realización interna. El iniciado sabrá por sí mismo, sin que nadie se lo diga, cuándo tiene lugar el acontecimiento. La expansión de conciencia, llamada iniciación, incluye el cerebro físico, de otro modo no tendría valor. Esas expansiones menores de conciencia que experimentamos normal y diariamente y de las cuales deci­mos que “aprendemos” esto o aquello, tienen que ver con la cap­tación, por parte del cerebro físico, de un hecho impartido o cir­cunstancia captada. Lo mismo sucede con las expansiones mayo­res, que son el resultado de muchas menores.

Es muy posible que el hombre actúe también en el plano físico, y se dedique activamente a servir al mundo sin guardar recuerdo alguno de haber pasado por el proceso iniciático; no obstante, pue­de haber recibido en una vida anterior la primera o la segunda iniciación. Este resultado se debe simplemente a que no hay vínculo entre una vida y otra, o quizás sea el resultado de una definida decisión del ego. Un hombre puede agotar cierto karma y llevar a cabo algún trabajo para la Logia si está libre de preo­cupaciones esotéricas e introspecciones místicas durante una vida terrena. Muchos hijos de los hombres, han recibido ya la primera iniciación y pocos la segunda, no obstante lo ignoran; pero quie­nes poseen visión interna pueden comprobarlo por sus centros y sistema nervioso. Cuando se recibe por primera vez la iniciación, en determinada vida el cerebro físico lo recuerda.

Ni la curiosidad ni el bien vivir, jamás llevaron al hombre al Portal de la Iniciación. La curiosidad que despierta fuertes vi­braciones en la naturaleza inferior del hombre sólo sirve para apartarlo, en lugar de llevarlo a la meta en la cual está interesado, mientras que el bien vivir, sin el complemento de un total sacrificio por los demás, sin una parquedad, humildad y desinterés, de tipo poco común, puede servir para construir buenos vehículos, útiles para otra encarnación, pero no para derribar las barreras externas e internas o dominar las fuerzas y energías opuestas que se levantan entre un hombre “bueno” y la ceremonia de la iniciación.

El sendero del discipulado es difícil de hollar, y más aún el sendero de iniciación. El iniciado es un guerrero cubierto de cica­trices, el vencedor de muchas luchas. No habla de sus realizacio­nes, porque está muy ocupado con el gran trabajo que tiene entre manos. No se refiere a cosas personales ni a lo realizado, excepto lamentar lo poco que ha hecho. Sin embargo, para el mundo, es considerado un hombre de gran influencia, que maneja poder espi­ritual, personifica ideales y trabaja para la humanidad, e inevita­blemente traerá resultados que reconocerán las futuras generacio­nes. Iniciado es aquel que, a pesar de todas sus grandes realizacio­nes, rara vez es comprendido por su propia generación. Con fre­cuencia es blanco de la maledicencia de los hombres y a menudo no se lo interpreta bien; ofrenda todo lo que posee ‑tiempo, di­nero, influencia, reputación y todo lo que el mundo considera de valor‑ sobre el altar del servicio altruista y frecuentemente ofrece su vida como dádiva final, sólo para descubrir que aquellos a quie­nes ha servido, rechazan su ofrenda, desprecian su renunciamiento y lo vituperan. Pero al iniciado no le importa, pues tiene el privi­legio de ver el futuro y reconocer que la fuerza por él engendrada, cumplirá el plan a su debido tiempo; además sabe que su nombre­ y esfuerzos están registrados en los archivos de la Logia y son co­nocidos por el Observador Silencioso que vigila los asuntos de los hombres.

Las Existencias planetarias.

Trataremos aquí los personajes que toman parte en las cere­monias de la iniciación, y consideraremos primeramente a quie­nes se denominan Existencias planetarias. Esto se refiere a esos Grandes Seres que durante un período de manifestación plane­taria influyen a la humanidad o permanecen con ella. No son muchos, pues la mayoría pasa constante y progresivamente a tra­bajos superiores, porque sus lugares pueden ser ocupados y sus funciones llevadas a cabo por miembros de nuestra evolución te­rrestre, tanto dévica como humana.

Entre quienes están directamente vinculados con las distintas divisiones de nuestra Logia de Maestros en el planeta, podrían designarse los siguientes: El Observador Silencioso, la Gran En­tidad, la vida animadora del planeta, que es para el Señor del Mundo, Sanat Kumara, lo que el ego para el yo inferior del hom­bre. Se podrá obtener una idea de la elevada etapa de evolución de este Gran Ser, si se compara el grado de diferencia evolutiva entre un ser humano común y un adepto perfecto. Desde el punto de vista de nuestro esquema planetario, no hay ser más elevado que esta gran Vida, y en lo que a nosotros concierne, es la analogía del Dios personal de los cristianos. Actúa por medio de Su representante en el plano físico, Sanat Kumara, punto focal de Su vida y energía. Contiene al mundo dentro de su aura. El adep­to que ha recibido la quinta iniciación, y está por recibir la sexta y séptima, es el único que puede hacer contacto directamente con esta gran Existencia. Una vez al año, en el Festival Wesak, el Señor Buda autorizado por el Señor del Mundo, derrama sobre la multitud una doble corriente de fuerza, que emana del Obser­vador Silencioso, complementada por la energía más concentrada del Señor del Mundo. Esta doble energía la imparte como ben­dición sobre la multitud congregada en la ceremonia de los Hima­layas, desde donde se difunde a todos los pueblos, razas y nacio­nes. Quizás no todos sepan que en cierta crisis, durante la Gran Guerra, la Jerarquía de nuestro planeta juzgó necesario invocar la ayuda del Observador Silencioso y entonando el gran mán­tram por el cual se puede llegar al Buda llamó Su atención y le pidió interceder ante el Logos planetario. Entre el Logos pla­netario, el Señor del Mundo, uno de los Budas de Actividad, el Buda, el Mahachohan y el Manu ‑enumerados de acuerdo a su etapa de evolución‑, se decidió observar durante más tiempo el curso de los acontecimientos antes de interferir en éstos pues el karma del planeta hubiera sido demorado si la lucha terminaba demasiado rápido. Se justificó Su confianza en la capacidad de los hombres de ajustarse debidamente a las condiciones, y fue inne­cesaria Su intervención. Este concilio se efectuó en Shamballa. Se ha mencionado esto para demostrar la atenta observancia de las Entidades planetarias en todo lo concerniente a los asuntos de los hombres. Es textualmente verdad, en sentido esotérico, que “ni una sola hoja cae” sin ser registrada su caída.

Quizás se pregunten por qué el Bodhisattva no tomó parte en el concilio. La razón reside en que la guerra era asunto del departamento del Manu, y los miembros de la Jerarquía sólo se ocupan de lo que es estrictamente de su incumbencia; como el Mahachohan personifica el principio manásico o inteligencia, par­ticipa en todos los concilios. En la próxima gran lucha inter­vendrá el sector religioso y estará implicado íntimamente el Bod­hisattva. Su hermano, el Manu, estará exento de intervenir y se ocupará de Sus propios asuntos. Por otra parte existe una estre­cha colaboración en todos los departamentos, sin pérdida de ener­gía. Debido a la unidad de conciencia de quienes se han liberado de los tres planos inferiores, lo que sucede en un departamento es conocido en los otros.

Como el Logos planetario sólo interviene en las dos iniciacio­nes finales, que no son obligatorias como las cinco preliminares, no tiene objeto explayarse sobre Su trabajo. Estas iniciaciones se reciben en los planos búdico y átmico, mientras que las cinco primeras en el mental.

El Señor del Mundo, el Iniciador Uno, Aquel que la Biblia denomina “el Anciano de los Días” y las Escrituras hindúes el Primer Kumara, desde Su trono de Shamballa en el desierto de Gobi, Él, Sanat Kurnara, es el que preside la Logia de Maestros y tiene en Sus manos las riendas del gobierno de los tres departa­mentos. Algunas Escrituras lo denominan “el Gran Sacrificio”, y ha decidido vigilar la evolución de los hombres y los devas, hasta que todos hayan sido esotéricamente “salvados”. Además determina los “ascensos” en los diferentes departamentos y quié­nes deben ocupar las vacantes. Cuatro veces al año se reúne en concilio con los Chohanes y Maestros y autoriza lo que debe hacerse para adelantar los fines de la evolución.

A veces ocasionalmente se reúne también con iniciados de grado inferior, pero sólo en momentos de grandes crisis, cuando se le ofrece la oportunidad a algún individuo de lograr paz y aventar la llama que destruya rápidamente las formas que se es­tán cristalizando y liberar, en consecuencia, la aprisionada vida.

En determinados períodos del año se reúne la Logia, y en el Festival Wesak se congrega bajo Su jurisdicción para tres fines:

  1. Entrar en contacto con la fuerza planetaria por media­ción de Buda.

  1. Celebrar la principal conferencia trimestral.

  1. Admitir en las ceremonias de la iniciación a quienes es­tán preparados y han cursado todos los grados.

Durante el año se efectúan otras tres ceremonias iniciáticas:

  1. Las iniciaciones menores administradas por el Bodhisat­tva, las cuales tienen lugar en el departamento del Mahachohan y en uno de los cuatro rayos menores de atributo.

  1. Las iniciaciones mayores en uno de los tres rayos mayo­res, rayos de aspecto, administradas por el Bodhisattva, constituyendo, por consiguiente, las dos primeras inicia­ciones.

  1. Las tres iniciaciones superiores, donde Sanat Kumara empuña el Cetro.

En todas las iniciaciones está presente el Señor del Mun­do, pero en las dos primeras ocupa análoga posición a la ocu­pada por el Observador Silencioso, cuando Sanat Kumara toma el juramento de las iniciaciones tercera, cuarta y quinta. En­tonces Su poder fluye ante el iniciado y el fulgor de la es­trella es la señal de Su aprobación, pero el iniciado no Lo ve ante sí, hasta la tercera iniciación.

Es interesante la función que desempeñan en la iniciación los tres Kumaras o Budas de Actividad. Son tres aspectos del aspecto Uno y discípulos de Sanat Kumara. Aunque sus funciones son muchas y diversas y conciernen principalmente a las fuerzas y energías de la naturaleza y a la dirección de los agentes constructivos, tienen una conexión vital con el aspirante a la iniciación, pues encarnan a la fuerza o energía de uno de los tres subplanos superiores del plano mental. Por lo tanto, en la tercera iniciación, uno de estos Kumaras transmite al cuerpo causal del iniciado la energía que destruye la materia del tercer subplano, produciendo parte de la destrucción del vehículo. En la cuarta iniciación otro Buda trasmite fuerza del segundo pla­no y, en la quinta, la fuerza del primer subplano pasa de modo similar a los átomos restantes del vehículo causal, determinando la liberación final. El trabajo del segundo Kumara con la fuer­za del segundo subplano, es el más importante de nuestro sis­tema solar, en relación con el cuerpo egoico, y produce su com­pleta desintegración, mientras que la aplicación final hace que los átomos, que constituyen ese cuerpo, se dispersen.

Durante la ceremonia de la iniciación, cuando el iniciado se encuentra ante el Señor del Mundo, estos tres Grandes Seres forman un triángulo, dentro de cuyas líneas de fuerza se en­cuentra el iniciado. En las dos primeras iniciaciones, donde el Bodhisattva actúa como el Hierofante, el Mahachohan, el Manu y un Chohan, que temporariamente representa el segundo de­partamento, desempeñan un cargo similar. En las dos iniciacio­nes superiores los tres Kumaras, llamados “Kumaras esotéricos”, forman un triángulo, en el cual permanece el iniciado cuando en­frenta al Logos planetario.

Se han relatado estos hechos a fin de enseñar, primero, la uni­dad del método y, segundo, que la verdad del aforismo “corno arriba es abajo”, es un hecho oculto en la naturaleza.

En las dos iniciaciones finales toman parte muchos miembros de la Jerarquía que son extraplanetarios, si se puede expresar así, y actúan fuera del físico denso y del globo etérico de nuestro pla­neta; por lo tanto, no es necesario enumerarlos detalladamente. Sanat Kumara es aún el Hierofante, pero, en sentido muy esoté­rico, el que oficia es el Mismo Logos planetario. Ellos en ese ins­tante están fusionados en una sola Entidad, manifestando dife­rentes aspectos.

Para finalizar esta breve reseña basta decir que la forma­ción de un iniciado tiene un doble efecto, pues involucra siem­pre el paso de algún adepto o iniciado, a un grado superior o a otro trabajo, y la llegada, de acuerdo a la Ley, de un ser hu­mano que está en proceso de realización. Por lo tanto ello es de gran importancia porque involucra actividad y lealtad grupales y esfuerzo unido, y quizás mucho dependa de la sabiduría de aceptar a un hombre para ocupar un alto cargo y un lugar en las cámaras del Concilio de la Jerarquía.

Los guías departamentales.

El Manu

El Bodhisattva

El Mahachohan

Según se ha dicho, estos tres Grandes Seres representan a la triplicidad de toda manifestación y pueden expresarse tenien­do presente que todo se refiere a la subjetividad y por lo tanto a la evolución de la conciencia y, principalmente, a la autocon­ciencia del hombre.

Conciencia

El Manu El Bodhisattva El Mahachohan

Aspecto materia Aspecto espíritu Aspecto inteligencia

Forma …………….. Vida ……………… Mente

El No‑Yo ………… El Yo …. …….. La relación entre ambos

Cuerpo ……………. Espíritu …………. Alma

O, en términos que se refieren estrictamente al conocimiento au­to consciente,

Política Religión Ciencia

Gobierno Creencia Civilización

Raza Credos Educación

Todo ser humano pertenece a uno de estos tres departamen­tos, todos de igual importancia, pues espíritu y materia son uno. Son tan interdependientes, por ser expresiones de la Vida una, que el esfuerzo por expresar la actuación de los tres departamen­tos en forma gráfica está sujeto a error.

Estos tres Grandes Señores colaboran estrechamente, pues el trabajo es uno, así como el hombre es una triplicidad y también una unidad individual. El ser humano es una forma a través de la cual se manifiesta una vida o entidad espiritual, y utiliza la inteligencia de acuerdo a la ley de la evolución.

Por lo tanto, estos Grandes Señores están íntimamente re­lacionados con las iniciaciones de un ente humano y demasiado ocupados en asuntos de mayor importancia y en actividades gru­pales, para entrar en relación con un hombre hasta hallarse en el sendero de probación. Cuando ha llegado por su propio es­fuerzo al sendero del discipulado, el Maestro que lo supervisa informa al guía de uno de los tres departamentos (esto depende el rayo del individuo) que se está acercando al Portal de la Iniciación y debe prepararse para el gran paso en determinada vi­da. Cada vida, y más tarde cada año, se hace un informe, hasta que en el último año del sendero de probación, se dan con más fre­cuencia los informes, remitiendo también a la Logia el nombre del aspirante. Después que su propio Maestro ha informado so­bre él y ha resumido brevemente su historial, se pone a votación el nombre y se designan padrinos.

Durante la ceremonia de la iniciación los factores importan­tes son:

  • El Iniciador.

  • El triángulo de fuerza, formado por tres adeptos o tres Kumaras.

  • Los padrinos.

En las dos primeras iniciaciones, dos Maestros, uno a cada lado del aspirante, asisten dentro del triángulo. En la tercera, cuarta y quinta iniciaciones, el Mahachohan y el Bodhisattva ac­túan como padrinos. En la sexta y séptima iniciaciones, dos Gran­des Seres, que deben permanecer incógnitos, permanecen dentro del triángulo esotérico. La actuación de los padrinos consiste en hacer pasar, a través de sus cuerpos, la fuerza o energía eléctrica emanante del Cetro de Iniciación. Dicha fuerza circula por irra­diación alrededor del triángulo y es complementada por la fuerza de los tres guardianes; luego pasa a través de los centros de los padrinos y, por un acto de voluntad, se trasmite al iniciado.

Ya se ha hablado bastante en este libro sobre la Logia de Maestros y Su relación con el aspirante a la iniciación, así como también se ha mencionado el trabajo del Iniciado. Este trabajo es conocido por los hijos de los hombres, a pesar de ser un ideal y una lejana posibilidad. Sin embargo, cuando un hombre intenta alcanzar ese ideal y lo convierte en un hecho manifestado dentro de sí mismo, descubrirá que no sólo es una posibilidad, sino algo que puede lograrse siempre y cuando se esfuerce suficientemente. La primera iniciación está al alcance de muchos; pero la necesaria centralización y la firme creencia en la realidad futura, juntamente con la voluntad de sacrificarlo todo antes que renunciar, son obstáculos para la mayoría. Este libro no habrá sido escrito en vano si sólo sirviera a alguien como acicate para una renovada fe.

CAPÍTULO XII

LAS DOS REVELACIONES

Consideraremos ahora las cinco etapas de la ceremonia de la Iniciación, y son:

1. La “Presencia” revelada.

2. La “Visión” percibida.

3. La aplicación del Cetro, que afecta

a. a los cuerpos,

b. a los centros,

e. al vehículo causal.

4. El juramento.

5. La revelación del “Secreto” y de la Palabra.

Estos puntos son enumerados en su debido orden y debe re­cordarse que tal orden no es arbitrario y conduce al iniciado de una revelación a otra, hasta la etapa culminante donde se le co­munica uno de los secretos y una de las cinco palabras de poder que le abren los distintos planos, con todas sus evoluciones. Todo lo que aquí se intenta es indicar las cinco etapas principales que abarcan lógicamente la Ceremonia de la Iniciación: el estudiante debe tener presente que cada una es en sí una ceremonia com­pleta, factible de ser clasificada en forma detallada.

Trataremos los distintos puntos, deteniéndonos brevemente en cada uno, pero recordando que las palabras limitan y restringen el verdadero significado.

La Revelación de la “Presencia”.

Durante los períodos finales del cielo de encarnaciones, don­de el hombre hace malabarismos con los pares de opuestos y que, a través de la discriminación está siendo consciente de la realidad y de la irrealidad, surge en su mente la comprensión de que él mismo es una Existencia inmortal, un Dios imperecedero y una parte de lo Infinito. Cada vez se hace más evidente el eslabón entre el hombre en el plano físico y este Regidor interno, hasta que sobreviene la gran revelación. Llega un momento en la exis­tencia del hombre en que se encara conscientemente con su yo real, y sabe que él es ese yo en realidad y no en teoría. Adquiere conciencia del Dios interno, no por medio del oído ni de su aten­ción a la voz interna que dirige y controla, denominada la “voz de la conciencia”, sino por medio de la percepción y de la visión directa. Ahora responde no sólo a lo que oye sino también a lo que ve.

Sabemos que los primeros sentidos que el niño desarrolla son: el oído, el tacto y la vista. El niño percibe el sonido y vuelve la cabeza; palpa y toca; finalmente ve conscientemente y estos tres sentidos coordinan la personalidad. Éstos son los tres sentidos vitales. Le siguen el gusto y el olfato, pero no son indispensables, en la vida y aunque carezca de ellos, el hombre no tiene ningún obstáculo para establecer contactos en el plano físico. En la senda del desarrollo interno o subjetivo, rige la misma secuencia.

El oído -responde a la voz de la conciencia, a medida que guía, dirige y controla. Esto abarca el período de la evolución es­trictamente normal.

El tacto -responde al control o vibración, y reconoce lo que está fuera de una unidad humana separada en el plano físico. Abarca el período del gradual desenvolvimiento espiritual, los senderos de probación y del discipulado, hasta el portal de la iniciación. El hombre entra periódicamente en contacto con lo que es superior a él, adquiere conciencia del “toque” del Maestro, de las vibraciones egoica y grupal, y por medio del sentido oculto del tacto se familiariza con lo interno y sutil. Procura alcanzar aquello que concierne al yo superior y al tocar las cosas invisibles, se habitúa a ellas.

La vista -esa visión interna que se adquiere por medio del proceso de la iniciación y que después de todo sólo es el recono­cimiento de las facultades siempre presentes aunque desconoci­das. Así como el niño nace con los ojos perfectamente sanos y llega un día en que lo primero que se observa es su reconocimien­to consciente de lo que ve, así también ocurre con el individuo que se está desarrollando espiritualmente. El medio para la vi­sión interna siempre existió y lo que puede verse está siempre presente, pero la mayoría de las personas no lo reconocen.

Este “reconocimiento” por el iniciado, es el primer gran pa­so en la ceremonia de la iniciación y hasta no trascenderlo se postergan las demás etapas. En cada iniciación el reconocimien­to es distinto y puede sintetizarse de la manera siguiente:

El ego, reflejo de la mónada, es en sí una triplicidad, como lo es todo en la naturaleza. Refleja los tres aspectos de la divini­dad, así como la mónada refleja, en un plano superior, los tres -‑voluntad, amor‑sabiduría e inteligencia activa‑ de la Deidad. Por lo tanto:

En la primera iniciación, el iniciado llega a ser consciente del tercer aspecto, o aspecto inferior del ego, el de la inteligencia activa. Se enfrenta con la manifestación del gran ángel solar (pitri) que es él mismo, el auténtico yo. Entonces conoce, sin lugar a duda, que esa manifestación de inteligencia es esa En­tidad eterna que, a través de las épocas, ha demostrado sus po­deres en el plano físico por medio de sucesivas encarnaciones.

En la segunda iniciación, esta gran Presencia se ve como una dualidad, y otro aspecto brilla ante él. Se da cuenta que esta radiante Vida identificada consigo mismo, no sólo actúa con in­teligencia, sino que su origen es amor‑sabiduría. Fusiona su con­ciencia con dicha Vida y se hace uno con ella, a fin de que en el plano físico, mediante e1 yo personal, esa Vida se vea como amor inteligente, expresándose a sí mismo.

En la tercera iniciación, el ego se presenta ante el iniciado como triplicidad perfeccionada. No sólo conoce el yo como amor inteligente activo, sino que se revela también como voluntad o

propósito fundamental, con el cual el hombre e se identifica in­mediatamente y sabe que los tres mundos no contienen nada para él en el futuro, sólo sirven como esfera de servicio activo, manifestándose como amor para lograr un propósito, oculto du­rante edades en el corazón del yo. Habiéndose revelado ese propósito, puede entonces colaborar con él inteligentemente y así

madurarlo.

Estas profundas revelaciones brillan ante el iniciado en for­ma triple:

Como radiante existencia angélica, vista con el ojo interno, con la misma exactitud y criterio, análogamente a como un hom­bre enfrenta a otro. El gran ángel solar, que constituye el hom­bre real y su expresión en el plano de la mente superior, es li­teralmente su divino antecesor, el “Observador” que, durante lar­gos ciclos de encarnaciones, se ha sacrificado para que el hombre pueda SER.

Como esfera de fuego radiante, vinculada con el iniciado que está ante ella, por el hilo de fuego magnético que pasa a través de todos sus cuerpos y termina en el centro del cerebro físico. Este “hilo de plata” (como se lo llama inexactamente en La Bi­blia, al describir su liberación del cuerpo físico y la subsiguiente abstracción) emana del centro cardíaco del Ángel solar, vinculando así corazón y cerebro ‑esa gran dualidad que manifiesta amor e inteligencia en este sistema solar. La esfera ígnea está análogamente vinculada del mismo modo, con. muchas otras que pertenecen al mismo grupo y rayo. Este hecho concreto demues­tra que todos somos uno en los planos superiores. Una sola vida palpita y circula a través de todo, mediante hilos ígneos y es parte de la revelación que el hombre recibe, ante la “Presencia”, con sus ojos ocultamente abiertos.

Como policromo Loto de nueve pétalos, que están colocados en tres círculos alrededor de un conjunto central de tres pétalos herméticamente cerrados, los cuales protegen lo que en los libros orientales se denomina “la Joya en el Loto”. Este Loto es de rara belleza, palpitante de vida y radiante, en todos los colores del arco iris; en las tres primeras iniciaciones los tres círculos se revelan por orden correlativo hasta que en la cuarta iniciación el iniciado se encuentra ante una revelación mayor y conoce el secre­to de lo que encierra el capullo central. A este respecto, la tercera iniciación difiere algo de las otras, pues por el poder de un Hie­rofante aún más excelso que el Bodhisattva, se conoce por pri­mera vez el fuego eléctrico del espíritu puro, latente en el cora­zón del Loto.

Las palabras “ángel solar”, “esfera de fuego” y “loto”, ocul­tan un aspecto del misterio central de la vida humana, pero sólo será evidente para quienes tienen ojos para ver. La significación mística de estas frases gráficas constituirá una celada o motivo de incredulidad para el hombre que intente materializarlas en forma indebida. En estos términos se oculta la idea de una exis­tencia inmortal, de una Entidad divina, de un gran centro de energía ígnea y del pleno florecimiento de la evolución, y así de­ben ser considerados.

En la cuarta iniciación, el iniciado comparece ante la Pre­sencia de ese aspecto de Sí mismo denominado “Su Padre en los Cielos”. Se lo enfrenta con su propia mónada, esa esencia espiritual pura, existente en el plano más elevado, excepto uno, que es para su ego o yo superior, lo que ese ego es para la per­sonalidad o yo inferior.

La mónada se manifiesta en el plano mental en forma triple, por medio del ego; pero todavía faltan todos los aspectos de la mente, tal como la comprendemos. El ángel solar con quien es­taba en contacto, se retira; la forma mediante la cual actuaba (el cuerpo egoico o causal) desaparece y sólo queda el amor­-sabiduría y esa voluntad dinámica que es la característica prin­cipal del espíritu. El yo inferior sirvió para los propósitos del ego y fue descartado; de igual modo el ego sirvió a los designios de la mónada y ya no hace falta; el iniciado se ve libre de am­bos, plenamente liberado y es capaz de entrar en contacto con la mónada, así como anteriormente aprendió a entrar en contacto con el ego. Para las restantes manifestaciones en los tres mundos, está regido sólo por la voluntad y el propósito autoiniciados y crea su cuerpo de manifestación, controlando (dentro de las li­mitaciones kármicas) sus propios períodos y ciclos. El karma que aquí se menciona es el planetario, no el personal. En la cuarta iniciación entra en contacto con el aspecto amor de la mónada y, en la quinta, con el aspecto voluntad, así completa sus contactos, responde a todas las vibraciones necesarias y es el amo de los cinco planos de la evolución humana.

Además, en las iniciaciones tercera, cuarta y quinta, se hace consciente de esa “Presencia” que encierra en sí esa entidad es­piritual, su propia mónada, y la ve como una con el Logos pla­netario. A través del canal de su propia mónada ve los mismos aspectos (que esa mónada personifica) en escala más amplia, re­velándolo así al Logos planetario, el cual anima a todas las mó­nadas de Su rayo. Esta verdad es casi imposible de expresar en palabras y concierne a la relación que tiene el punto eléctrico de fuego, la mónada, con la estrella de cinco puntas, que revela al iniciado la Presencia del Logos planetario. Esto es práctica­mente incomprensible para el hombre común, aunque este libro fue escrito para él.

En la sexta iniciación, el iniciado actúa conscientemente co­mo aspecto amor de la mónada, y es llevado (por medio de su “Padre”) a un reconocimiento más vasto; llega a ser consciente de esa Estrella que encierra a su estrella planetaria, así como ésta incluyó antes a su propia y diminuta “chispa”. De este modo se pone en contacto consciente con el Logos solar y llega a conocer dentro de sí mismo, la Unicidad de toda vida y manifestación.

Este reconocimiento se expande en la séptima iniciación, a fin de que dos aspectos de la Vida una lleguen a ser realidades para el emancipado Buda.

En forma gradual el iniciado llega frente a la Verdad y a la Existencia. Será evidente para los estudiantes reflexivos, que la revelación de la Presencia tiene que preceder a las demás reve­laciones. Esto introduce en la mente del iniciado los conocimien­tos fundamentales siguientes:

Se justifica la fe que ha sustentado durante épocas y la es­peranza y la creencia se fusionan en un hecho autocomproba­do. La fe se pierde de vista y las cosas invisibles son vistas y conocidas, Ya no duda, y por su propio esfuerzo el iniciado se convierte en conocedor.

La unicidad con sus hermanos queda comprobada, y reconoce el lazo indisoluble que en todas partes lo vincula a sus seme­jantes. La hermandad ya no es una teoría, sino un hecho científicamente comprobado, del cual no puede dudarse, como tam­poco de la separatividad de los hombres en el plano físico.

La inmortalidad del alma y la realidad de los mundos invi­sibles quedan para él comprobados y establecidos; antes de la iniciación esta creencia estaba basada en una breve y fugaz vi­sión y en firmes convicciones internas (resultado del razonamien­to lógico y de la intuición, en gradual desarrollo), ahora se basa en la percepción y en el reconocimiento de su propia naturaleza inmortal, fuera de toda controversia.

Comprende el significado y la fuente de energía y puede empezar a manejar el poder con precisión y dirección científicas. Sabe de donde extrae la energía, pues ha tenido una vislumbre de los recursos disponibles de la energía. Antes sabía que existía y la utilizaba ciegamente y a veces en forma imprudente, ahora, dirigido por la “mente abierta”, la percibe y puede colaborar in­teligentemente con las fuerzas de la naturaleza.

La revelación de la Presencia produce de muchas maneras resultados definidos en el iniciado, y la Jerarquía considera que éste es un preámbulo necesario para ulteriores revelaciones.

La Revelación de la Visión.

La próxima importante revelación es la de la Visión, pues ha llevado al individuo a enfrentar a Aquél con quien ha tenido que ver durante incontables épocas, despertando en él la comprensión inquebrantable de la unicidad de la vida fundamental, al mani­festarse a través de las vidas menores. La primera revelación con­cierne a lo indefinible e inimitable y es (para la mente finita) in­finito en su abstracción y absolutismo. La segunda revelación concierne al tiempo y espacio, e involucra el reconocimiento por el iniciado -mediante el sentido de la visión oculta recientemen­te despertado-, de la parte que ha desempeñado y debe desempeñar en el plan y posteriormente la parte del plan mismo, en lo que concierne a

a. su Ego,

b. su grupo egoico,

c. su rayo grupal,

d. su Logos planetario.

En esta cuádruple captación está descripto el conocimiento gradual que corresponde al proceso de las cuatro iniciaciones que preceden a la liberación final.

En la primera iniciación se da cuenta definidamente de la parte poco evidente que le corresponde en su vida personal durante el intervalo desde la revelación hasta la segunda ini­ciación. Esto puede requerir una o varias vidas. Sabe la dirección que debe tomar; conoce algo de su participación en el ser­vicio de la raza; ve el plan como un todo, en lo que a él concierne, como un pequeño mosaico dentro del diseño general; adquiere conciencia de cómo puede servir ‑con su particular tipo de men­talidad, su conjunto de facultades mentales o de las otras, y de sus diversas capacidades‑ y lo que debe realizar antes de poder hallarse de nuevo ante la Presencia y recibir una amplia reve­lación.

En la segunda iniciación ve la parte que su grupo egoico des­empeña en el esquema general. Llega a ser más consciente de las distintas unidades de grupo con las cuales está intrínsecamen­te asociado; las reconoce por sus personalidades, si están encar­nadas, y en cierto modo ve cuáles son las relaciones kármicas entre él, los grupos y los individuos; obtiene la visión interna del propósito específico grupal, y de su relación con otros grupos. Entonces puede actuar con mayor seguridad y su intercambio con otros individuos, en el plano físico, será más firme; puede ayu­darlos y ayudarse a sí mismo a ajustar el karma y, por lo tanto, acercarse más rápidamente a la liberación final. Las relaciones grupales se consolidan, y los planes y propósitos pueden impulsar­se más inteligentemente. A medida que prosigue esta consolida­ción de las relaciones grupales, produce en el plano físico esa concertada acción y unidad inteligente del propósito, que da por resultado la materialización de los ideales superiores y la adapta­ción de la fuerza para el sabio desarrollo de los fines de la evo­lución. Cuando esto llega a cierta etapa, las unidades que for­man los grupos han aprendido a trabajar juntas y a estimularse mutuamente, de manera que pueden adquirir un mayor conoci­miento, que dará como resultado mayor capacidad para ayudar.

En la tercera iniciación se le revela al iniciado la finalidad del subrayo del rayo al cual pertenece su ego. Todas las unidades egoicas pertenecen a algún subrayo del rayo monádico. Este re­conocimiento se le otorga al iniciado, a fin de capacitarlo para encontrar oportunamente por sí mismo (siguiendo la línea de me­nor resistencia) el rayo de su mónada. El subrayo lleva en su corriente de energía muchos grupos de egos y no sólo tiene conciencia de su grupo egoico y de su inteligente finalidad, sino de muchos otros grupos similares. Su energía se dirige conjuntamente hacia un objetivo claramente definido.

Habiendo aprendido algo sobre las relaciones grupales y desarrollado la capacidad de trabajar con unidades en formación grupal, el iniciado aprende el secreto de la subordinación del grupo al bien del conjunto de grupos. Esto se manifiesta en el plano físico como capacidad para trabajar sabia, inteligente y armónicamente con distintos individuos, colaborar en grandes planes y ejercer una amplia influencia.

Se le revela una parte de los planes del Logos planetario y esta visión incluye la revelación del plan y del propósito en lo que al planeta concierne, aunque todavía la visión sea confusa respecto a esos planes, en su relación planetaria. Esto lleva al iniciado, por medio de una serie de graduados conocimientos, a los portales de la cuarta iniciación. Con la total liberación del ini­ciado de las ataduras en los tres mundos y la ruptura de todas las ligaduras de las limitaciones kármicas, amplía enormemente la visión y puede decirse que por primera vez se da cuenta de la amplitud del propósito planetario y del karma en el esquema. Habiendo ya ajustado su karma personal, relativamente de poca importancia, puede dedicarse a agotar el karma planetario y tam­bién abocarse a desarrollar los planes de largo alcance de esa gran Vida que incluye a todas las vidas menores. No sólo alcanza el pleno reconocimiento del propósito y los planes de toda la evo­lución en su propio esquema planetario, la Tierra, sino que inclu­ye en su radio de conocimiento, ese esquema planetario que es el complemento o polo opuesto de nuestra Tierra. Comprende la interrelación existente entre los dos esquemas y se le revela el vasto propósito dual. Se le demuestra que este plan debe conver­tirse en un solo plan unido y de allí en adelante dedica todas sus energías a colaborar en forma planetaria, a medida que el plan se desarrolla, mientras trabaja con las dos grandes evoluciones en nuestro planeta, la humana y la dévica, y a través de ellas. Esto concierne al establecimiento de los reajustes y a la aplicación gradual de la energía para estimular los diversos reinos de la na­turaleza y, mediante la fusión de todas las fuerzas de la natura­leza, acelerar la interacción de la energía entre los dos esquemas. De este modo los planes del Logos solar pueden consumarse a medida que se desarrollan por medio de los dos Logos planeta­rios. El manejo de la energía solar, en pequeña escala, es ahora privilegio del iniciado, pues no sólo se lo admite en la cámara del concilio de su propia Jerarquía, sino que se le permite asistir cuando otros agentes planetarios están reunidos con el Señor del Mundo y los dos grandes dirigentes departamentales.

En la quinta iniciación la visión le otorga al iniciado una pers­pectiva más amplia y ve un tercer esquema planetario que, con los otros dos, forma uno de los triángulos de fuerza, necesarios en el desarrollo de la evolución solar. Así como toda manifesta­ción prosigue por medio de la dualidad y la triplicidad, para re­tornar a la síntesis eventual, así estos esquemas, que sólo son centros de fuerza en el cuerpo de un Logos solar, actúan prime­ro como unidades separadas que viven su propia vida integral, luego como dualidades, por el intercambio de fuerza a través de dos esquemas, pues en esta forma se ayudan, complementan y es­timulan mutuamente y, finalmente, como un triángulo solar, que hace circular la fuerza de un punto a otro, de un centro a otro, hasta que la energía es fusionada y sintetizada y los tres actúan en forma unida.

Cuando el adepto de la quinta iniciación puede actuar de acuerdo con los planes de los tres Logos implicados, colaboran­do con ellos cada vez con mayor capacidad a medida que trans­curre el tiempo, está preparado para la sexta iniciación, que lo admitirá a cónclaves superiores. Así llega a participar no sólo de los propósitos planetarios, sino también de los solares.

En la sexta iniciación posee la más maravillosa visión de to­da la serie. Ve el sistema solar como una unidad y recibe una breve revelación que abre ante su asombrado entendimiento los propósitos fundamentales del Logos solar, viendo por primera vez el conjunto de planes con todas sus ramificaciones.

En la séptima iniciación su visión penetra más allá del “círcu­lo no se pasa” solar y puede ver lo que ha conocido como funda­mental hecho teórico, que nuestro Logos solar está implicado en los planes y propósitos de una Existencia superior y que el sis­tema solar es sólo uno de los numerosos centros de fuerza y por su intermedio se está expresando una Entidad cósmica mucho más grande que nuestro Logos solar. En todas estas visiones subyace un gran propósito: la revelación de la unidad esencial y el descubrimiento de esas relaciones internas que, una vez co­nocidas, tenderán, en forma cada vez más plena, a impulsar al iniciado a servir abnegadamente y lo convertirá en un trabajador de la síntesis, la armonía y la unidad fundamental.

La ceremonia de la Iniciación, donde se le abren los ojos al iniciado para ver y comprender, se divide en tres partes, que no obstante son un solo proceso:

1. El pasado se despliega ante él; se ve a sí mismo desem­peñando muchos papeles, comprendiendo que sólo constituyen la gradual conducción de sus fuerzas y facultades hasta el punto en que pueda servir a su grupo y con el grupo. Se ve y se identifica ‑según la iniciación‑

  1. con él mismo, en muchas vidas anteriores,
  2. con su grupo, en anteriores grupos de vida,
  3. con su rayo egoico, mientras afluye a través de muchos cielos,
  4. con su Logos planetario, cuando actuó en el pasado, a través de muchas evoluciones y reinos en todo el esquema,

y así sucesivamente, hasta que se identifica con el pasado de la Vida una, que fluye a través de todos los esquemas planetarios y evoluciones del sistema solar, lo cual despierta en él la resolu­ción de agotar karma y de saber (al ver las causas del pasado) cómo debe realizarlo.

2. En el presente, se le revela el trabajo específico que debe realizar en el cielo menor inmediatamente implicado. Esto sig­nifica que no ve tan sólo lo que le concierne, en determinada vida, sino que reconoce la parte inmediata del plan ‑quizás im­plique varios de sus pequeños cielos llamados vidas‑ que el Logos planetario trata de ver consumado. Entonces puede decirse sin lugar a dudas, que conoce su trabajo y puede dedicarse a su tarea con clara comprensión de por qué, cómo y cuándo.

3. En el futuro, se le concede, a fin de estimular al iniciado, una visión de la consumación final, de un esplendor más allá de toda descripción, con destacados puntos que indican los pasos principales para llegar a esa consumación. Durante un breve ins­tante ve cómo será el esplendor y ese sendero de radiante belleza que fulgura cada vez más hasta el día perfecto. En las primeras etapas ve la gloria de su perfeccionado grupo egoico y, posterior­mente, la radiación de un determinado tipo y color, que fluye del rayo que lleva en su seno a los perfectos hijos de los hom­bres y, aún más tarde, obtiene una vislumbre de la perfección de ese gran Ser, que es su propio Logos planetario, hasta que final­mente se le revela la perfección de toda belleza y la radiación que incluye a todos los otros rayos de luz , el sol brillando en toda su fuerza, el Logos solar en el momento de la consumación del propósito.

CAPÍTULO XIII

LOS CETROS DE INICIACIÓN

Los Cetros de Iniciación son de cuatro tipos:

1. Cósmico, utilizado por un Logos cósmico en las iniciacio­nes de un Logos solar y en la de los tres principales Logos pla­netarios.

2. Del sistema, utilizado por un Logos solar en las inicia­ciones de un Logos planetario. Nada tenemos que ver con la ini­ciación cósmica; concierne a la ampliación de conocimientos que están más allá de la comprensión del iniciado más elevado de nuestro sistema solar. Las iniciaciones del sistema nos concier­nen sólo en ínfima medida porque son de tan vasta escala que la mente humana común no puede concebirlas. El hombre valora estas iniciaciones únicamente por los efectos que producen en el esquema planetario que le puede concernir. Esto sucede par­ticularmente si el esquema en que desempeña su microscópica parte, constituye el centro en el cuerpo logoico que recibe el estímulo. Cuando esto acontece tiene lugar la iniciación de su propio Logos planetario, en consecuencia, él (como cuerpo celu­lar) recibe un estímulo suplementario, juntamente con los de­más hijos de los hombres.

3. Planetario, utilizado por un Logos planetario para fines iniciáticos y para la tercera, cuarta y quinta iniciaciones mayo­res y las otras dos superiores. En la iniciación planetaria, el Ce­tro de Poder, manejado por el Logos solar, está cargado de fuer­za eléctrica pura, procedente de Sirio, recibida por nuestro Lo­gos durante el período secundario de la creación, de manos de esa gran Entidad que es el Señor de los Señores del Karma. Es de­positario de la Ley durante la manifestación y representante en el sistema solar de la Hermandad de Sirio, cuyas Logias actúan co­mo Jerarquías esotéricas en los diferentes planetas. Además, ayu­dado por el Logos solar, confiere poderes a los distintos iniciadores; les comunica secretamente la palabra que les permite hacer des­cender la fuerza eléctrica pura para cargar los cetros a Su cargo, revelándole el peculiar secreto de su particular esquema pla­netario.

4. Jerárquico, utilizado por una Jerarquía esotérica para las iniciaciones menores, y por el Bodhisattva en las dos primeras iniciaciones manásicas.

Cuando el hombre se individualizó en los días de Lemuria, fue por la aplicación del Cetro de la Iniciación al Logos de nues­tra cadena terrestre, y puso en actividad ciertos centros de Su cuerpo, con sus correspondientes grupos. Dicha aplicación pro­dujo literalmente el despertar de la vida al trabajo inteligente en el plano mental. El hombre animal era consciente en los pla­nos físico y astral; por el estímulo del cetro eléctrico, adquirió conciencia en el mental. Así se coordinaron los tres cuerpos y el Pensador fue capaz de funcionar en ellos. Todos los Cetros de las Iniciaciones producen determinados efectos:

  • Estimulación de los fuegos latentes hasta que ardan.

  • Sintetización de los fuegos mediante una actividad oculta, que los ubica dentro del alcance mutuo.

  • Intensificación de la actividad vibratoria de algún centro, sea en el hombre, en un Hombre celestial o en un Logos solar.

  • Expansión de todos los cuerpos, pero principalmente el causal.

Despertar del fuego kundalini (o fuego latente en la ba­se de la columna vertebral) y su encauzamiento en pro­gresión ascendente. Este fuego y el de manas son dirigi­dos en ciertas direcciones ‑o triángulos‑ siguiendo al Cetro a medida que se mueve en forma específica. Hay una definida razón esotérica, de acuerdo a las leyes de la electricidad, detrás del hecho conocido de que todo ini­ciado presentado al Iniciador va acompañado por dos Maestros, que permanecen a cada lado del iniciado, cons­tituyendo los tres un triángulo que posibilita el trabajo.

La fuerza del Cetro es doble y su poder enorme. Si el inicia­do estuviera solo no podría recibir el voltaje del Cetro sin ser dañado seriamente, pero en la transmisión triangular no hay riesgo. Debe recordarse que dos maestros apadrinan a todo aspirante a la iniciación y representan los dos polos del Todo eléctrico. Parte de Su función consiste en estar al lado de los aspirantes cuando se presentan ante el Gran Señor.

Cuando el Iniciador empuña los cetros desde Su posición de poder, en períodos prefijados, aquellos actúan como transmisores de la fuerza eléctrica desde niveles muy elevados, tan elevados, que en las iniciaciones sexta y séptima el “Diamante Flamígero” trasmite, por medio del Logos, fuerza completamente ajena al sistema. Este Cetro mayor es el que se utiliza en este planeta, pero hay en el sistema solar varios Cetros de Poder, de tres gra­dos, si así puede expresarse.

En las dos primeras iniciaciones se emplea un Cetro de ini­ciación manejado por el Gran Señor, magnetizado por la apli­cación del “Diamante Flamígero”, magnetización que se repite para cada nuevo Instructor del Mundo. Entonces tiene lugar una maravillosa ceremonia en el momento en que el nuevo Instructor toma posesión de su cargo, donde recibe su Cetro de Poder ‑el mismo Cetro que se ha utilizado desde la fundación de nuestra Jerarquía planetaria‑ y lo extiende al Señor del Mundo, que lo toca con Su propio poderoso Cetro, cargándolo nuevamente con capacidad eléctrica. Esta ceremonia tiene lugar en Shamballa.

El Cetro de Iniciación llamado “Diamante Flamígero” es em­pleado por Sanat Kumara, el Iniciador Uno, el cual se halla ocul­to en “Oriente”, velando el fuego que irradia la Religión de la Sa­biduría; fue traído desde Venus por el Señor del Mundo y una vez en cada período mundial se lo somete a un proceso similar al del Cetro menor; entonces se recarga por acción directa del Logos Mismo del sistema solar. Tan solo el Señor del Mundo y los Chohanes de los Rayos conocen la ubicación exacta de ese Cetro y por ser el talismán de nuestra evolución, su principal guardián es el Chohan de segundo rayo ‑bajo la autoridad del Señor del Mundo- siendo ayudado por el Señor Deva del segun­do plano. Los Budas de Actividad son responsables de su custo­dia, y subordinado a Ellos se halla el Chohan del rayo. Es utili­zado en momentos determinados cuando debe hacerse un trabajo específico, no sólo en las iniciaciones de los seres humanos, sino en ciertas funciones planetarias sobre las cuales actualmente na­da sabemos. Tiene su lugar y función en ciertas ceremonias rela­cionadas con la ronda interna y con el triángulo formado por la Tierra, Marte y Mercurio.

El propósito de los Cetros de Poder.

En el cetro de un monarca se halla oculto, en esta época, el simbolismo de estos Cetros. Se los reconoce como símbolos de cargo y de poder y aunque esto no es generalmente reconocido, son de origen eléctrico y su verdadera significación se refiere al estímulo dinámico de quienes tienen cargos subordinados, que están bajo su contacto, inspirándolos así a una acrecentada acti­vidad y servicio en bien de la raza.

El gran Cetro de Poder del Logos Mismo está oculto en el sol. Recapitulando, la ubicación esotérica de los distintos cetros es la siguiente:

  1. El Cetro del Bodhisattva se halla oculto en “el corazón de la sabiduría”, es decir, en Shamballa.

  1. El Cetro del Iniciador Uno se halla oculto en “Oriente”, ubicación definidamente planetaria.

  1. El Cetro del Logos solar se halla oculto en “el corazón del sol”, esa misteriosa esfera subjetiva que subyace de­trás de nuestro sol físico, el cual es sólo la envoltura protectora.

  1. El Cetro del Logos cósmico, asociado con nuestro Logos solar, se halla oculto en ese punto central de los cielos a cuyo alrededor gira nuestro sistema solar, denominado “sol central espiritual”.

En Shamballa se recarga un Cetro para cada nuevo Instructor del Mundo. El Cetro de Sanat Kumara se recarga cada nuevo período mundial, por lo tanto siete veces en la historia de un es­quema planetario. El Cetro logoico de Poder se electrifica en cada nuevo período de la creación o para cada sistema solar, a tra­vés del cual se manifiesta el Logos, así como se manifiesta el hombre por medio de la vida de su cuerpo físico. Las dos pri­meras ceremonias se efectúan en Shamballa, lugar sagrado de la manifestación planetaria, ubicación central en nuestro planeta físico que corresponde al corazón de un ser humano. Muchos lu­gares de la superficie de la tierra son, por ejemplo, famosos por sus propiedades curativas, y se destacan porque constituyen puntos magnetizados, y sus propiedades magnéticas se manifiestan como influencias curativas. El reconocimiento de dichas propiedades por el hombre es sólo el preámbulo de un reconocimiento poste­rior y más definitivo, que ocurrirá cuando la visión etérica esté normalmente desarrollada.

Dichos lugares son magnetizados de tres modos:

1. Por Sanat Kumara, actuando a través del Manu. Esto ocurre cuando es deseable formar un punto central mag­nético, que por su poder atractivo agrupa, en un todo co­herente, a una raza, nación o gran organización. Toda na­ción tiene su “punto magnético” formado de materia eté­rica, por la aplicación del “Diamante Flamígero” a los éteres; constituye el corazón nacional y la base del ca­rácter nacional. Por lo general, aunque no invariable­mente, la ciudad principal de una nación se construye alrededor de dicho punto.

2. Por Sanat Kumara, actuando a través del Bodhisattva. En este caso, la fuerza eléctrica del Cetro es manejada para atraer más estrechamente las influencias que se mani­fiestan en las grandes religiones mundiales. El Cetro me­nor de Poder se utiliza aquí junto con el mayor. Por me­dio de ambos es emitida la cualidad atractiva o nota clave, de cualquier religión u organización con base re­ligiosa.

3. Por Sanat Kumara, actuando a través del Mahachohan. Por el manejo del Cetro de Poder se ponen en coherente actividad los puntos magnéticos focales de las grandes organizaciones que afectan la civilización y la cultura de un pueblo.

Todas las organizaciones del plano físico ‑gubernamentales, religiosas, culturales‑ son la actuación de causas y fuerzas inter­nas y antes de que aparezcan definitivamente en manifestación física, tiene lugar en los niveles etéricos una centralización ‑si así puede decirse‑ de estas influencias y energías. La Francma­sonería es un ejemplo de ello, pues tiene dos centros magnéticos, uno de ellos en Europa Central. En todos los casos citados, el Señor del Mundo fue el oficiante, como lo es siempre en la fun­dación de todos los grandes e importantes movimientos. En todos los movimientos menores para ayudar a la raza, iniciados por los Maestros que actúan a través de Sus discípulos, se invoca la ayu­da del Bodhisattva y se emplea el Cetro menor de Poder.

Cuando los discípulos inician un movimiento, en escala re­lativamente ínfima, el Maestro con Quien trabajan puede tam­bién ayudarlos y, aunque no maneje el Cetro de Poder, dispone de métodos apropiados para estimular y lograr coherencia en el limitado esfuerzo de Sus fieles seguidores. Así se utilizan los Cetros de la Iniciación y las Palabras de Poder en todos los sec­tores de la vida humana. El gobierno del mundo actúa bajo la ley y el orden y todo el esquema es interdependiente.

Volvamos al tema de la iniciación humana y al de los Ce­tros de Poder. En el momento de la ceremonia de la iniciación, después de las dos grandes revelaciones, llega un momento de completo silencio, y en el intervalo, el iniciado comprende en sí mismo el sentido de Paz. Se encuentra como si fuera en un va­cío, donde aparentemente nada puede alcanzarlo; está por breves instantes entre la tierra y el cielo, inconsciente de todo, pero cons­ciente del significado de las cosas tal cual son, reconociendo su propia divinidad esencial y la parte que debe desempeñar cuando, desde la cámara del Concilio del Cielo, vuelva nuevamente a servir en la Tierra. No siente ansiedad, temor ni duda. Ha entrado en contacto con la divina “Presencia” y ha percibido la vi­sión. Sabe lo que debe hacer y cómo hacerlo y la paz y el gozo inefables llenan su corazón. Es un breve intervalo de calma an­tes de un período de renovada actividad, que comienza en el mo­mento en que se le aplica el Cetro. Mientras el iniciado estuvo abstraído en sí mismo con todas sus fuerzas concentradas en el corazón, la Logia de Maestros oficiantes celebraron varias ce­remonias y entonaron ciertas palabras preparatorias para el ma­nejo del Cetro y la aparición del Iniciador sobre el trono. El Hie­rofante ha estado presente hasta este momento, aunque el trabajo fue realizado por la Logia y los Padrinos. Entonces él asciende al lugar de poder y los legítimos custodios del Cetro se lo entregan.

No es posible publicar detalles de la próxima etapa, excepto describirla con las palabras “el fuego desciende del cielo”. Por la pronunciación de ciertas palabras y frases, uno de los secretos ini­ciáticos y distintos en cada iniciación, la fuerza eléctrica que debe emplearse, desciende sobre el Cetro, pasando a través del corazón y la mano del Iniciador, a los Tres que en forma triangular se rela­cionan con el trono. Reciben a su vez dicha fuerza, haciéndola circular por un acto de voluntad a través de Sus corazones, transfi­riéndola a los Padrinos, que también, por un acto de voluntad, se preparan para transmitirla a ese centro del cuerpo del iniciado que debe ser estimulado (de acuerdo a la iniciación). Ocurre entonces un interesante intervalo donde las voluntades unidas de la Jerar­quía se mezclan para trasmitir la fuerza puesta en circulación por el cetro. El Hierofante pronuncia la palabra y la fuerza se precipita en los cuerpos y centros del iniciado, descendiendo a través de los centros hasta el plano mental, y por intermedio de los centros astrales, hasta los centros de los niveles etéricos, que finalmente la absorben. Éste es un gran momento para el Ini­ciado, y lo hace consciente de la absoluta verdad contenida en la frase “Dios es un fuego consumidor”. Sin lugar a dudas conoce que la energía ígnea y la fuerza eléctrica constituyen la suma total de cuanto existe. Se baña literalmente en los fuegos de la puri­ficación; ve por todas partes el fuego que fluye del Cetro, circu­lando alrededor del Triángulo, y atravesando los cuerpos de los dos adeptos que lo apadrinan. Por un breve instante, la Logia de Maestros e Iniciados, que permanece en su ubicación ceremonial fuera del Triángulo, queda oculta por un muro de fuego puro; el iniciado no ve a nadie, salvo al Hierofante, y sólo tiene conciencia de una ígnea llamarada de color blanco azulada que quema pero no destruye, intensifica la actividad de cada átomo de su cuerpo sin desintegrarlo, purificando su naturaleza. El fuego pone a prue­ba su trabajo y su calidad y el iniciado atraviesa la Llama.

El efecto de la Aplicación del Cetro.

A. En los cuerpos del iniciado:

El efecto es cuádruple y duradero, aunque varía según la ini­ciación recibida. La acción del Cetro está reglamentada cuidadosa y científicamente, pues en cada sucesiva iniciación se acrecienta el voltaje y se intensifica la actividad del fuego resultante y su calor. Por la aplicación del Cetro el iniciado descubre que:

  1. La actividad de cada átomo individual es acrecentada en los diversos grupos o cuerpos, lo que produce un grado mayor de energía nerviosa y una elasticidad y resistencia que le servirán de eficaz ayuda en la futura ardua vida de servicio.

  1. La materia de tipo indeseable de sus cuerpos es sacudida y se destruye parcialmente el muro atómico, haciendo radiactivos a los átomos ‑si así puede expresarse‑ y por lo tanto más fáciles de eliminar.

  1. Los fuegos del cuerpo se estimulan y la energía total del triple hombre inferior se coordina, por lo cual hay menos consumo de energía y mayor coherencia y uni­formidad en la acción.

4. El alineamiento de los diversos cuerpos en conexión con el cuerpo causal o egoico, es ayudado y llega a ser posi­ble la continuidad de conciencia y la recepción de los mandatos del ego.

Al retornar de la ceremonia y reanudar su trabajo en el mun­do, el iniciado descubre que el estímulo recibido provocará en sus cuerpos un período de gran actividad y también de lucha; si per­siste en esta lucha hasta la victoria, el resultado será la elimina­ción de la materia indeseable de su cuerpo y su reconstrucción con un material nuevo y mejor. Hallará que se acrecienta gran­demente su poder para el servicio y se intensifica su energía ner­viosa, de modo que mientras lo hace puede extraer de las reservas de fuerza hasta ahora insospechadas. También hallará que se acre­cienta la respuesta del cerebro físico a la voz del yo superior y su receptividad a las impresiones superiores y sutiles.

Oportunamente, por medio del trabajo realizado, logrará eli­minar la materia de índole subatómica y construirá cuerpos de sustancia del subplano superior de cada plano; llegará a darse cuenta de que todas sus energías pueden ser controladas cons­ciente y constructivamente; de que conoce el verdadero significado de la continuidad de la conciencia y puede actuar simultá­neamente en los tres planos con plena comprensión interna.

B. En el cuerpo causal o egoico.

Sólo es posible tratar muy brevemente el efecto de la aplica­ción del Cetro al cuerpo causal del iniciado. El tema es inmenso y está ampliamente dilucidado en Tratado sobre Fuego Cósmico. Hay sólo dos formas de impartir a la mente del estudiante una idea de esta verdad fundamental, y serán consideradas aquí.

Primero, el estudiante debe tener en cuenta la interesante significación del hecho de que él, en el plano físico, es una perso­nalidad activa, con características conocidas y reconocidas, y a pesar de todo es una vida subjetiva que utiliza esa personalidad como medio de expresión y que ‑mediante los cuerpos físico, emo­cional y mental, que constituyen el triple hombre inferior‑ hace sus contactos en el plano físico y así evoluciona. La misma idea general de desarrollo se aplica al yo superior o ego, en su propio plano. Este ego es el gran ángel solar, medio de expresión de la mónada o espíritu puro, como la personalidad lo es del ego en el nivel inferior. Desde el punto de vista del hombre en los tres mundos, este ego o Señor solar es eterno, porque subsiste durante todo el ciclo de encarnaciones; del mismo modo la personalidad subsiste durante el pequeño cielo de vida física. Sin embargo, su período de existencia sólo es relativamente permanente, y llega el día en que la vida manifestada por medio del ego, el pensador, ángel solar o manasadeva, trata de liberarse, incluso de esta limi­tación, y volver a la fuente de donde emanó originalmente.

Entonces la vida que se manifestó como ángel solar, y que por medio de la energía inherente, mantuvo coherente por largas épocas la forma egoica, se retrae gradualmente, y la forma se disipa lentamente; las vidas menores que la constituían vuelven a la fuente general de sustancia dévica, a pesar de la acrecentada­ conciencia y actividad, adquirida por la experiencia de haber sido parte de una forma, y utilizada por un aspecto más elevado de la existencia. Igualmente en el caso de la personalidad, cuando se abstrae la vida egoica, el triple yo inferior se desintegra, y las vi­das menores que forman el cuerpo llamado yo lunar (distinto del yo solar, del que sólo es su reflejo) son absorbidas por la reserva general de sustancia dévica, de vibración inferior a la que com­pone el cuerpo egoico. Análogamente, se ha desarrollado su evo­lución porque ha sido parte de una forma para empleo del yo superior.

Mediante la aplicación del Cetro de Iniciación, se lleva a cabo el trabajo de separar el yo espiritual del yo superior, y la vida aprisionada se libera gradualmente, mientras el cuerpo causal es absorbido o desintegrado lentamente.

Esto ha conducido, como se dice en los libros esotéricos, a la “ruptura del cuerpo causal” en cada iniciación, y a la idea de que el fuego central interno irrumpe gradualmente y destruye los muros confinadores, produciéndose la destrucción del Templo de Salomón por la abstracción del Shekinah. Todas estas frases son simbólicas e intentan impartir a la mente del hombre la verdad fundamental desde distintos ángulos.

Cuando ha llegado el momento de recibir la cuarta iniciación, se ha realizado el trabajo de destrucción; cumplida su función, el ángel solar retorna a su propio lugar y las vidas solares buscan su punto de emanación. La vida dentro de la forma asciende triun­falmente al seno de su “Padre en los Cielos”, así como la vida den­tro del cuerpo físico, en el momento de la muerte, busca su fuen­te, el ego. Esto lo realiza en cuatro etapas:

1. La abstracción del cuerpo físico denso.

2. La abstracción del cuerpo etérico.

3. El posterior abandono del cuerpo astral.

4. El abandono final del cuerpo mental.

Otra manera de recalcar la misma verdad, consiste en consi­derar al cuerpo egoico como un centro de fuerza, una rueda de energía o un loto, imaginándolo como un loto de nueve pétalos, que oculta dentro de ellos una unidad central de tres pétalos, los cuales a su vez ocultan la vida o “joya en el loto”. A medida que prosigue la evolución, estos tres círculos de tres pétalos se desplie­gan gradualmente, produciendo un efecto simultáneo sobre uno de los tres centrales. A estos tres círculos se los denomina res­pectivamente pétalos del Sacrificio, del Amor y del Conocimien­to. En la iniciación, el Cetro se aplica a los pétalos en forma cien­tífica y regulada, según el rayo y la tendencia, lo cual determina la eclosión del capullo central, la revelación de la joya, la extrac­ción de esa joya del estuche en el que estuvo tanto tiempo resguar­dada y su trasferencia a “la corona”, como se dice ocultamente, lo que significa su retorno a la mónada de la cual originó.

Conviene advertir que, debido a la insuficiencia del lenguaje humano, todo lo expuesto sólo es un intento de describir el método Y los ritos por los cuales se logrará finalmente la liberación espi­ritual en este cielo; primero, por el método de desenvolvimiento evolutivo o desarrollo gradual, y después, en las etapas finales, a través del cetro de iniciación.

C. En los centros.

En el momento de recibir la iniciación, todos los centros están activos y los cuatro inferiores -correspondientes a la personalidad‑ comienzan el proceso de transferir el fuego a los tres supe­riores. Se ve claramente la revolución dual en los centros infe­riores, y los tres superiores empiezan igualmente a activarse. La aplicación del Cetro de Iniciación, en el momento de la ceremonia iniciática, produce resultados definidos en relación con los cen­tros, los cuales pueden ser enumerados de la manera siguiente:

El fuego en la base de la columna vertebral es dirigido defini­tivamente hacia el centro que es objeto de atención especial. Esto varía de acuerdo al rayo o trabajo especializado del iniciado.

El centro intensifica su actividad, acrecienta su grado de re­voluciones y algunos de los radios centrales de la rueda activan su radiación. Estos radios de la rueda o pétalos del loto, están en estrecha relación, por ejemplo, con las correspondientes espirillas de los átomos permanentes y, al ser estimuladas, entran en activi­dad una o más de las espirillas correspondientes a los átomos per­manentes de los tres planos inferiores. Después de la tercera ini­ciación ocurre un estímulo análogo en los átomos permanentes de la Tríada, lo cual conduce a la coordinación del vehículo bú­dico y a la trasferencia de la polarización inferior a la superior.

Por la aplicación del Cetro de Iniciación se triplica el descenso de la fuerza del ego a la personalidad; la dirección de esa fuerza depende de los centros que reciben atención, sea el etérico o el astral, en la primera y segunda iniciaciones, o si el iniciado per­manece ante el Señor del Mundo. En el último caso, recibirán estímulo sus centros mentales o los correspondientes vórtices de fuerza en los niveles superiores. Cuando el Instructor del Mundo oficia en la primera y segunda iniciaciones, la dirección de la fuer­za triádica se dirige a la vivificación de los centros cardíaco y la­ríngeo, en su función sintetizadora de lo inferior. Cuando el Ini­ciador Uno aplica el Cetro de Su Poder, el descenso proviene des­de la Mónada, y aunque los centros laríngeo y cardíaco intensifican su vibración como respuesta, la dirección principal de la fuerza se orienta hacia los siete centros de la cabeza, y finalmente ‑en la liberación‑ hacia el radiante centro superior de la cabeza, que sintetiza los siete centros menores de la cabeza.

Los centros reciben en la iniciación una nueva afluencia de capacidad vibratoria y de poder, que en la vida exotérica da por resultado:

  1. El refinamiento y la sensibilidad de los vehículos, que al principio puede ocasionar mucho sufrimiento al iniciado, pero que produce la capacidad de responder, lo cual compensa amplia­mente el dolor incidental.

  1. El desarrollo de la facultad psíquica, que puede provocar también momentánea angustia, pero que oportunamente conduce al reconocimiento del yo uno en todos los yoes, objetivo del es­fuerzo.

  1. La consumación de la trama etérica, por el gradual des­pertar del kundalini y su exacta progresión geométrica, con la consiguiente continuidad de conciencia que capacita al iniciado para utilizar conscientemente el factor tiempo en los planos de la evolución.

  1. La gradual comprensión de la ley de vibración como as­pecto de la ley fundamental de construcción, la ley de atracción, donde el iniciado aprende conscientemente a construir, a ma­nejar materia mental para perfeccionar los planes del logos, a trabajar con esencia mental y a aplicar la ley en los niveles men­tales, afectando con ello el plano físico. El movimiento se ori­gina cósmicamente en niveles cósmicos, ocurriendo lo mismo en el microcosmos. Tenemos aquí una insinuación oculta que reve­lará mucho si reflexionamos sobre ella. Durante la iniciación, en el momento de la aplicación del Cetro, el iniciado conoce cons­cientemente el significado de la Ley de Atracción en la cons­trucción de formas y en la síntesis de los tres fuegos. Su pro­greso dependerá de su capacidad para retener ese conocimiento y aplicar la ley.

  1. El Hierofante trasmite al iniciado la energía manásica superior, y así le permite conocer y reconocer conscientemente el plan destinado a su centro grupal, a través del estímulo enor­memente acrecentado. Esta fuerza desciende del átomo manásico permanente por intermedio del antakarana y se dirige al cen­tro que el Hierofante, de acuerdo a la ley, considera debe ser estimulado.

  1. El Iniciador estabiliza la fuerza y regula su afluencia, al circular a través del cuerpo egoico. De modo que, cumplido el trabajo de desenvolvimiento, puede ser revelado el séptimo prin­cipio en el Corazón del Loto. El loto se abre más después de cada iniciación y empieza a brillar la luz en su centro -luz o fue­go que finalmente se va abriendo camino hasta los tres lotos del santuario, permitiendo ver la plena gloria interna y manifestarse el fuego eléctrico del espíritu. Debido a que esto se lleva a cabo en el segundo subplano del plano mental (donde está ahora si­tuado el loto egoico), tiene lugar el correspondiente estímulo en la sustancia densa que forma los pétalos o ruedas de los cen­tros, en los niveles astral y etérico.

CAPITULO XIV

EL JURAMENTO

El Trabajo de la Logia durante la Iniciación.

Llegamos a la parte más solemne de la ceremonia de la Iní­ciación. Esta ceremonia desde cierto punto de vista, está clasifi­cada en tres partes.

En la primera, el iniciado se ocupa y conoce a su propio y auténtico Yo, la Presencia, y percibe la visión y el plan.

En la segunda, el iniciador implicado maneja el Cetro de fue­go y obtiene cierto resultado específico en el cuerpo del aspirante.

En la tercera, el Hierofante le revela ciertas palabras y fór­mulas que el iniciado las lleva en su conciencia, para cumplir mejor la parte del plan que le corresponde.

Durante el proceso, la Logia de Maestros, congregada fuera del Triángulo de fuerza, se ocupa de esta triple tarea, a fin de ob­tener determinados resultados en la conciencia del iniciado y ayu­dar al Hierofante en su difícil empresa. Debe recordarse que, de acuerdo a la Ley de Economía, cuando se hace una aplicación o transmisión de fuerza desde un centro de fuerza a otro, tenemos la consiguiente disminución en el centro de abstracción. Ésta es la base del establecimiento de temporadas y estaciones, en conexión con la ceremonia de la Iniciación. El Sol es la fuente de toda energía y poder, y la tarea del Iniciador es más fácil cuando se aprovechan condiciones solares favorables. Las temporadas y es­taciones se establecen por medio de la astrología esotérica, solar y cósmica, basada lógicamente en cifras exactas, en el verdadero concepto matemático y en el conocimiento real de hechos fundamentales, concernientes a los planetas y al sistema solar. Invaria­blemente se confecciona el horóscopo del iniciado para fijar el momento de una iniciación individual, y sólo cuando los signos individuales se fusionan y coinciden con el horóscopo ceremonial, por el cual se guía el Iniciador, es posible llevar a cabo la ceremonia. Por tal razón, a veces se posterga la iniciación para una vida posterior, aunque el iniciado haya efectuado el trabajo necesario.

La triple tarea de la Logia durante la ceremonia, puede des­cribirse de la manera siguiente:

Primero: la entonación de ciertos mántram libera energía de determinado centro planetario. Debe recordarse que todo esquema planetario es un centro en el cuerpo de un Logos solar e incorpora un tipo especial de energía o fuerza. De acuerdo a la energía de­seada en determinada iniciación, es transferida al iniciador por medio del Sol, y desde el centro planetario, al iniciado. El proce­dimiento es el siguiente:

a. La energía es movilizada desde el centro planetario por el poder del Logos planetario, ayudado por el conoci­miento científico de la Logia y la utilización de ciertas palabras de poder.

b. De allí pasa al Sol, donde se mezcla con la energía solar pura.­

c. Del Sol, la energía es trasmitida a determinada cadena en el esquema de nuestra Tierra, que numéricamente co­rresponde a determinado y originante esquema plane­tario.

d. De allí es transferida al globo correspondiente y desde és­te al planeta físico denso. Por el empleo de un mán­tram especial, el Iniciador enfoca la energía en Su pro­pio cuerpo, utilizándolo como receptor y transmisor y, fi­nalmente, llega hasta el iniciado vía el Triángulo y los Padrinos. Por lo tanto, resultará evidente para el estu­diante, que cuando el iniciador es el Señor del Mundo, reflejo físico del Logos planetario de nuestro esquema, la fuerza llega más directamente al iniciado que en las dos primeras iniciaciones, donde el Bodhisattva es el Hierofante. Hasta la tercera iniciación no estará el ini­ciado en condiciones de recibir directamente fuerza pla­netaria.

Segundo: la concentración efectuada por la Logia, ayuda al iniciado a reconocer en sí mismo los diferentes procesos pasados. Esto se logra actuando definidamente sobre su cuerpo mental, estimulando así a todos los átomos mediante el poder mental uni­do de los Maestros. Así se ayuda directamente a la comprensión. Dicha concentración no se asemeja en modo alguno a la suges­tión hipnótica ni a la potente impresión de las mentes fuertes so­bre las débiles. Cuando los Maestros e Iniciados se reúnen, tiene el carácter de una enérgica meditación sobre el yo y las realidades implicadas. Por medio de la fuerza así liberada, el iniciado puede transferir más fácilmente su conciencia, fuera del no‑yo, a las esen­cialidades divinas que le conciernen en forma inmediata. El poder mental de los Maestros logra interceptar la vibración de los tres mundos y permite al aspirante “abandonar tras sí” todo el pasado y obtener la visión del futuro, que ve el fin desde el principio y las cosas del tiempo como si no existieran.

Tercero: por medio de cierta actividad rítmica ceremonial, la Logia ayuda grandemente en la tarea de la iniciación. Así como el festival Wesak da por resultado una demostración de fuerza debido al empleo de los mántram entonados, a los sagrados pasos del ceremonial y al entrelazamiento de la multitud congregada formando figuras geométricas, así en la ceremonia de la inicia­ción se emplea un procedimiento análogo. Las figuras geométricas apropiadas para las diversas iniciaciones difieren, y en ello sub­yace una de las protecciones de la ceremonia. El iniciado sólo conoce la figura prefijada para su propia iniciación.

Los Maestros y los Iniciados reunidos en la Logia se ocupan de los tres aspectos del trabajo, hasta el momento en que es apli­cado el Cetro. Entonces el iniciado se convierte en un miembro de la Logia, luego cambia todo el ceremonial antes del juramento y previamente a la revelación de la Palabra y el Secreto.

Los padrinos se apartan del iniciado y ocupan Su lugar en las filas, mientras los tres Budas de Actividad (o Sus represen­tantes en las dos primeras iniciaciones) ocupan su lugar detrás del trono del Hierofante. Los miembros de la Logia se agrupan en forma distinta y los iniciados del mismo grado del reciente­mente admitido aspirante, lo rodean y, ayudan en la parte final de la ceremonia. Los demás iniciados y adeptos están presentes, cada uno en sus distintas graduaciones.

Las tres primeras etapas de la ceremonia de la iniciación son iguales en todas las iniciaciones. En las dos etapas finales, quie­nes no poseen el mismo grado del recién iniciado (tal como los ­iniciados de primer grado en la iniciación de un miembro de ter­cer grado) se retiran al fondo del Aula de la Iniciación, en Sham­balla, y mediante la energía mántrica de los dos grupos, se levanta un “muro de silencio”; puede decirse que se forma un vacío, y nada puede ser trasmitido entre el grupo interno y el externo. El grupo externo se entrega a una profunda meditación y entona ciertas fórmulas; el grupo interno, que rodea al Hierofante, efec­túa una doble ceremonia:

  • El recién iniciado presta juramento.
  • Se le comunican determinadas palabras y secretos.

Dos tipos de juramento.

Los juramentos relacionados con la Jerarquía oculta pueden clasificarse en dos grupos:

El Juramento de la Iniciación, mediante el cual el inicia­do se compromete, en el más solemne juramento, a no revelar jamás, bajo pena de rápido castigo, ningún secre­to oculto ni a expresar en palabras, fuera del Aula de la Iniciación, lo que se le ha confiado a su custodia.

El Juramento del Cargo. Se presta cuando algún miem­bro de la Logia toma posesión de un cargo específico en el trabajo jerárquico. Este juramento se refiere a sus funciones y relaciones con:

  • el Señor del Mundo,
  • Su superior inmediato,
  • sus colaboradores en la Logia,
  • el mundo de los hombres al que deberá servir.

No es necesario agregar más respecto a este último juramen­to, pues concierne tan sólo a quienes ocupan cargos oficiales en la Jerarquía.

El Juramento de la Iniciación.

El Juramento de la Iniciación, al cual nos referimos, se divide en tres secciones, y el Hierofante lo recibe del iniciado, y éste lo repite frase por frase después del Iniciador; acentúan distintos puntos mediante la entonación de los iniciados del mismo grado, con palabras en senzar, equivalente a “así sea”.

Las tres divisiones del juramento pueden describirse, en tér­minos generales, de la siguiente forma:

1. Una frase solemne que personifica el propósito que mue­ve al iniciado; una afirmación de su invariable actitud voluntaria; la solemne declaración de su comprensión, juntamente con la promesa de no revelar parte alguna del propósito conocido, excepto en lo que revelen su vida diaria en el mundo de los hombres y su servicio. Esto involucra el juramento de guardar secreto respecto a la parte revelada del plan logoico, visto en “la reve­lación de la visión”.

2. El compromiso de carácter profundamente solemne, que concierne a su relación con los demás yoes, con la Logia de la cual es miembro y con los yoes de los hombres de todas partes. Esto involucra cierta actitud hacia sus her­manos de todos los grados, e incluye también el serio compromiso de no revelar nunca la verdadera natura­leza del aspecto del yo, como se le ha demostrado en la iniciación. Esto incluye el juramento de guardar secre­to respecto a la relación establecida entre el Logos solar y el Logos planetario, y el Logos planetario de nuestro esquema y el esquema mismo.

3. La enunciación de la solemne promesa de no revelar nun­ca a nadie el conocimiento recibido sobre las fuentes de fuerza y energía con las cuales ha entrado en contacto. Este triple juramento consiste en guardar absoluto silen­cio sobre la verdadera naturaleza de la energía, sus leyes de manipulación y la promesa de emplear sólo la fuerza puesta a su disposición, mediante la iniciación para ser­vir a la raza, y así acrecentar los planes del Logos pla­netario.

Este gran juramento permanece velado bajo diferentes tér­minos, según la iniciación recibida, y, como ya se ha dicho, se recibe en tres partes, con un intervalo entre cada una de ellas, destinado a ciertas ceremonias realizadas por el grupo de inicia­dos que rodean al hermano recientemente admitido.

Debe observarse que cada parte del juramento concierne a cada uno de los tres aspectos de la manifestación divina; cuando el iniciado presta juramento, uno de los tres Guías departamen­tales colabora con el Iniciador en el trabajo de recepción. Así se llega a disponer de esa energía de triple naturaleza, según las di­ferentes partes del juramento prestado. Esta energía desciende al iniciado desde los tres rayos mayores, a través del Hierofante y de los correspondientes Guías departamentales, en las dos pri­meras iniciaciones, por intermedio del grupo de iniciados del mis­mo grado, de modo que cada iniciación es un estímulo y expan­sión para todos. En las cinco iniciaciones finales la fuerza fluye a través de los tres Budas de Actividad, en lugar de hacerlo por medio de los Guías departamentales.

Sería útil señalar que durante esta parte de la ceremonia, el grupo está bañado por el color que corresponde al tipo de energía y al esquema planetario de donde originó, y el trabajo del Ini­ciador consiste en poner al iniciado en contacto con esta energía, la cual desciende sobre el grupo, desde el instante en que se ha efectuado la segregación; esto lo hace el Iniciador utilizando cier­tas palabras y elevando Su Cetro de Poder. Los tres Budas de Actividad, que en los grandes centros de energía de nuestro planeta tocan el extremo del Cetro con sus báculos oficiales, pro­nuncian al unísono cierta palabra mística, comenzando entonces el descenso que prosigue hasta el fin de la ceremonia.

Quizás se pregunten si algunos iniciados no cumplen su jura­mento. Esto sucede muy rara vez, pues debe recordarse que no se recibe ninguna iniciación hasta no haber llegado a cierta etapa. Han ocurrido pocos casos, pero como el Señor del Mundo sabe todo lo que sucede en el futuro, en el presente y en el pasado, el iniciado no tiene la oportunidad de revelar lo oculto. Puede exis­tir la intención, pero no tendrá la oportunidad. El iniciado que así peca por intentarlo, se verá privado del uso de la palabra y hasta de la vida, antes de fracasar.

CAPÍTULO XV

REVELACIÓN DE LA PALABRA

Palabras solares.

La base de todos los fenómenos manifestados es el sonido enunciado, o palabra pronunciada con poder, es decir, con el pleno propósito de la voluntad tras de ella. Aquí radica, como se sabe, el valor de la meditación, que produce eventualmente ese propósito interno y recogimiento dinámico, o esa interna idea­ción, que debe preceder infaliblemente a la pronunciación de cualquier sonido creador. Cuando se dice que el Logos produjo los mundos a través de la meditación, se quiere significar que dentro de Su propio centro de conciencia hubo un período en que caviló y meditó sobre los propósitos y planes que tenía en vista, visualizó para Sí el entero proceso del mundo, como un todo per­fecto, viendo el fin desde el principio y teniendo conciencia de los detalles de la consumada esfera. Entonces, cuando terminó Su meditación, todo se completó como en un cuadro ante Su vi­sión interna y empleó cierta Palabra de Poder que le fue comu­nicada por Aquel de Quien Nada Puede Decirse, el Logos del es­quema cósmico, del cual nuestro sistema es tan sólo una parte. No nos conciernen las iniciaciones cósmicas y logoicas, excepto en la medida que las iniciaciones humanas reflejan sus asombro­sos prototipos, pero al estudiante le interesa conocer que, así como en cada iniciación se le confía al iniciado una Palabra de Poder, también se le confió al Logos la gran Palabra de Poder, que pro­dujo a nuestro sistema solar, denominada “Palabra Sagrada” o AUM. Debe recordarse que el sonido Aum es el esfuerzo del hombre por reproducir, en escala infinitamente pequeña, el triple sonido cósmico que hizo posible la creación. Las Palabras de Poder de todos los grados tienen una triple secuencia:

  • Primero. Las pronuncia alguna entidad totalmente autocons­ciente, esto sucede invariablemente después de un período de de­liberación o meditación, donde se visualiza totalmente el propósito.

  • Segundo. Afectan al reino dévico y producen la creación de formas. Este efecto tiene un doble carácter:

a. Los devas del sendero evolutivo, los grandes constructo­res del sistema solar y los que están subordinados a ellos, que han pasado la etapa humana, responden al sonido de la Palabra, y con comprensión colaboran conscientemen­te con quien la exhaló, y así se lleva a cabo el trabajo.

b. Los devas del arco involutivo, los constructores menores, que no han pasado por la etapa humana, también res­ponden al sonido, pero inconscientemente o por la fuer­za; por el poder de las vibraciones iniciadas construyen con su propia sustancia las formas requeridas.

· Tercero. Actúan como factor estabilizador, y mientras per­siste la fuerza del sonido, las formas permanecen coherentes. Por ejemplo, cuando el Logos termine la enunciación del sagrado AUM y cese la vibración, se desintegrarán las formas. Lo mismo ocurre con el Logos planetario, y así sucesivamente en escala descendente.

Las Palabras de Poder o variaciones del Aum, existen en todos los tonos posibles, semitonos y cuartos de tono , y sobre estos matices del sonido se erige el trabajo de la creación y su susten­tación. Dentro de cada sonido mayor hay multiplicidad de soni­dos que afectan a diferentes grupos. Hablando general y amplia­mente, los sonidos del sistema solar están incluidos en dos grupos:

  1. Sonidos iniciáticos, o los que en todos los planos producen manifestaciones o fenómenos de algún tipo.

  1. Sonidos resultantes, o los producidos desde adentro de las formas durante el proceso evolutivo, constituyendo el conglomerado de los tonos de cada forma, en cualquier reino de la naturaleza. Toda forma tiene de igual modo un tono que es la resultante de los diminutos sonidos pro­ducidos por los átomos que componen esa forma. Estos sonidos dimanan del grupo anterior, y afectan a grupos inferiores o reinos, si la palabra “inferior” puede emplear­se en relación con algún sector de la manifestación divi­na. Por ejemplo, el reino humano, la cuarta Jerarquía creadora, fue producida por un triple Aum, pronunciado al unísono en una clave determinada, por las tres per­sonas de la Trinidad ‑Dios Padre, Dios Hijo y Dios Es­píritu Santo, o Shiva, Vishnu y Brahma. Este sonido aún persiste; la interacción y la mezcla de las numerosas y pequeñas notas de cada ser humano, producen en con­junto un gran sonido, que puede oírse en los lugares ele­vados, teniendo a su vez un definido efecto sobre el rei­no animal. Es uno de los factores que producen formas animales, ya sea para el ser humano o para el animal, pues debe recordarse que el hombre es el vínculo entre lo animal y lo divino.

No es posible ni deseable enumerar las Palabras de Poder, pero se pueden dar ciertas indicaciones generales que ayudarán al estudiante a darse cuenta de la magnitud del tema y su comple­jidad:

1. La Gran Palabra, tal como la pronuncia el Logos del sis­tema solar y como Le es comunicada por Su superior.

2. Tres Palabras que el Logos solar ha confiado a cada uno de los tres Logos, y son:

a. El sonido sagrado A, comunicado a Shiva, Aquel Que in­corpora el espíritu o aspecto voluntad. Es la palabra por la que actúa Dios Padre.

b. El sonido U, comunicado a Vishnu, Dios, el Hijo. Es el constructor de la forma y proporciona el cuerpo que debe ocupar el espíritu, posibilitando la encarnación divina. A, es el sonido de la vida; U, es el sonido de la forma.

c. El sonido M, comunicado a Brahma, que, en Su función de Proveedor de energía, vincula con inteligencia activa al espíritu y la forma, o el yo y el no‑yo.

Cabría señalar al estudiante, que si reflexiona inteligente­mente, recibirá mucha información sobre las funciones de los tres departamentos de la Jerarquía de nuestro planeta.

3. Siete Grandes Palabras, basadas en los tres sonidos sa­grados Aum, produjeron la creación o manifestación de los siete planos de nuestro sistema solar. Estas palabras no se confían a entidades humanas, sino a siete grandes Devas o Señores Rajas, vidas animadoras de un plano; por eso en las diversas iniciaciones es necesaria su colaboración, antes de confiarle estas palabras cla­ve al iniciado.

4. Cuarenta y nueve Palabras relacionadas con los cuarenta y nueve subplanos o Fuegos. Se confían a los cuarenta y nueve constructores de los Fuegos Sagrados. Los dos grupos de palabras anteriores se hallan en la jurisdicción del tercer aspecto y son­ otorgados por Brahma.

5. Hay también cinco grandes Palabras cuyos signos están bajo la jurisdicción de Vishnu, o Dios el Hijo, y Él las exhala. Por su intermedio vinieron a la existencia los cinco reinos de la natu­raleza en el arco evolutivo:

El reino mineral.

El reino vegetal.

El reino animal.

El reino humano.

El reino espiritual.

Estos cinco reinos constituyen cambios o están construidos sobre el sonido U, así como las palabras enumeradas anteriormen­te lo están sobre el sonido M.

Es interesante observar que los tres primeros reinos están basados en dos sonidos; la U emitida sobre el tono básico de la M. En el cuarto reino, el tono M se va desvaneciendo, y las dos notas emitidas son U y A. En el quinto reino, la M se reduce a un inaudible subtono; la U se fusiona con ella y no se la puede distinguir, y la A, o nota de Shiva, resuena poderosamente y es la única nota que prácticamente se oye. Por la emisión de esta nota, la de Shiva, el Destructor, se niega al no‑yo y se disuelve todo lo que no es del espíritu. El sonido de la A afecta el desliga­miento, o la liberación del iniciado, de los tres mundos.

6. Hay también ciertas palabras confiadas a cada uno de los Logos planetarios, base de la manifestación planetaria. Como bien se sabe, el sonido del aspecto Brahma, o tercer aspecto de nuestro Logos planetario, es la nota FA; aquí reside gran parte de la iluminación respecto a su etapa de evolución, pues se evi­dencia inmediatamente que el sonido A está llegando hasta el fí­sico denso.

7. En nuestra propia Jerarquía existen muchas palabras de­rivadas de la Gran Palabra de nuestro Logos planetario, confia­das a los Guías departamentales, Quienes a su vez las trasmiten en orden intercambiable a los iniciados graduados. Es necesario que el estudiante sepa diferenciar entre los conceptos, palabra y sonido, pues la palabra vela el pensamiento, idea o propósito, y el sonido hace posible manifestar, en cualquier clase de materia, alguno de los siete planos.

No podemos explicar la expansión de las palabras fundamen­tales, desde su enunciación, por entidades cósmicas, descendiendo hasta las infinitesimales diferenciaciones producidas por el len­guaje del hombre, las expresiones vocales de los animales y el canto de las aves. Cada uno es una manifestación de conciencia en cierto grado y producen su efecto. El iniciado aprende a emitir sonidos conscientemente; logra los resultados deseados y preme­ditados, pronuncia palabras, tiene plena conciencia de las conse­cuencias en todos los planos, crea formas y dirige la energía por medio de sonidos sagrados, impulsando así los fines de la evolu­ción.

Fue necesaria esta disgresión antes de referirme a las pala­bras confiadas al iniciado, a fin de subrayar la importancia radical del asunto y justificar así la celosa protección de este aspecto del trabajo divino.

El empleo de las Palabras.

Nos hemos ocupado brevemente de la significación de las Pa­labras de Poder. Ahora resumiremos algunos de los postulados inferidos y luego trataremos parcialmente la ceremonia de la ini­ciación y las Palabras confiadas al iniciado. Los postulados que aquí se enuncian son nueve, y si el aspirante reflexiona detenida­mente sobre ellos, obtendrá una gran revelación acerca del pro­ceso creador y del poder de la palabra:

1. Todas las Palabras de Poder tienen su raíz en la gran Palabra confiada al Logos solar en los albores de la manifes­tación.

2. Todas las Palabras de Poder son intercambios o expan­siones de los tres sonidos fundamentales, que acrecientan su lon­gitud a medida que se van involucrando los planos, hasta llegar a las frases y al lenguaje de la unidad finita, el hombre, con sus miríadas de diferenciaciones.

3. Por lo tanto, en el sendero de retorno, el lenguaje es más breve; las palabras se emplean con parquedad y, finalmente, llega el momento en que el adepto emplea fórmulas de Palabras, sólo cuando son necesarias para llevar a cabo propósitos especí­ficos, en dos sentidos:

a. Procesos creadores definidos.

b. Dirección específica de la energía.

Esto lo lleva a cabo lógicamente en los planos de los tres mundos.

4. Por lo tanto, cuando el aspirante se prepara para la ini­ciación debe hacer principalmente tres cosas:

a. Controlar todas las actividades de su triple naturaleza in­ferior. Ello involucra aplicar energía inteligente a cada átomo de sus tres envolturas ‑física, astral y mental‑ que literalmente constituyen el fulgor de Brahma o tercer as­pecto del Dios interno.

b. Controlar la palabra en todos los instantes del día. Algo fácil de decir, pero muy difícil de practicar, y quien lo lo­gra se aproxima rápidamente a la emancipación. Esto no se refiere a la reticencia, a la melancolía, al silencio o mu­tismo, que caracterizan a las naturalezas poco evolucio­nadas y que en realidad se hallan en un estado de inar­ticulación. Se refiere al empleo controlado de las pala­bras para obtener ciertos fines y a la retención de la energía vocal cuando no es necesaria, algo muy diferente. Involucra el reconocimiento de los ciclos, de las tempo­radas y de las estaciones; supone el conocimiento del po­der del sonido y de los efectos producidos por la palabra hablada; entraña la comprensión de las fuerzas construc­tivas de la naturaleza y su debido manejo y se basa en la capacidad de manejar sustancia mental y ponerla en movimiento para obtener resultados en la materia física, de acuerdo con el propósito claramente definido del Dios interno. El fulgor del segundo aspecto del yo, Vishnu, o aspecto constructor de la forma, es la principal caracte­rística del ego en su propio plano. Debería reflexionarse sobre esto.

c. Meditar y llegar a conocer el propósito del ego. Esta me­ditación pone constantemente de relieve el primer aspec­to, y la voluntad consciente del Dios interno puede ha­cerse sentir en el plano físico.

Las tres actividades del aspirante deben ir a la par y se observará que la segunda es resultado de la primera, manifes­tándose como energía en el plano físico. Sólo cuando el aspiran­te haya realmente logrado un real progreso en estas tres direc­ciones de esfuerzo, se le confiará la primera de las grandes Pa­labras.

5. Cada gran palabra incluye en sí misma sus propias di­ferenciaciones, expansiones e intercambio y el iniciado, al pro­nunciarla, pone en movimiento la menor, mediante la vibración de la mayor. De ahí la enorme responsabilidad y la magnitud de los resultados obtenidos. Toda palabra es confiada al iniciado, oral y visualmente. Se le comunica, primero verbalmente, en forma de siete sílabas, cada una de las cuales debe ser recordada como palabra separada; luego se le enseña a combinar las siete sílabas, para formar un triple sonido y producir así resultados más armónicos y trascendentales. Finalmente, los tres sonidos se fusio­nan en una sola Palabra, la cual se le confía. Las siete palabras que forman la gran Palabra son comunicadas al iniciado en cada iniciación por los iniciados del mismo grado. Este grupo se divi­de en otros siete, según el subrayo o formación del rayo, y cada grupo entona entonces una Palabra en rápida rotación. Simul­táneamente los colores y símbolos de los distintos sonidos pasan ante el iniciado, de modo que oye y ve lo que se le confía. El grupo más avanzado que rodea el trono (los tres Guías Departa­mentales en las dos primeras iniciaciones y los Pratyeka Budas en las finales) entonan para el iniciado la triple Palabra que fusiona a las siete, y nuevamente él la ve ante su ojo interno. Por último, el Iniciador la pronuncia y el iniciado es consciente in­ternamente de haber experimentado en forma práctica el gran sonido uno y sabe cual es la vibración de determinado centro. Es bien sabido que todo centro está conectado con algún plano, esquema, rayo u otras divisiones septenarias, poniéndose así en evidencia la significación de su reacción interna.

6. Los Maestros e Iniciados, en Su tarea de contribuir a la evolución de los tres mundos, se ocupan principalmente de las siete sílabas de la Palabra de Su grado. Las tres palabras que unen las siete son empleadas raras veces, salvo bajo la sanción directa de uno de los Guías Departamentales. (De acuerdo a la sílaba involucrada, cada palabra está conectada directamente con el triple Aum y por lo tanto con el aspecto Brahma, Vishnu y Shiva, de los cuales los tres Guías son los representantes pla­netarios).

Cuando algún iniciado desea emplear la Palabra como una unidad, para fines evolutivos, debe lograr la sanción de la Logia reunida, pues dicha Palabra afecta a la materia de todo un pla­no dentro de un esquema planetario y, en consecuencia, a la materia de esos planos subsidiarios del plano involucrado. Por ejemplo, un iniciado de tercer grado, al pronunciar la Palabra de su grado, influye sobre la materia de los subplanos mentales inferiores y, por lo tanto, sobre la de los planos astral y físico. Un iniciado de segundo grado, influye de igual modo sobre el plano astral y, por consiguiente, sobre el físico. Así se obtienen resultados de gran alcance, que influyen sobre el trabajo de mu­chas personas.

7. Cada Palabra diferenciada o sintetizada afecta a los rei­nos dévicos y desde allí al aspecto constructor de la forma de la manifestación. Todo sonido produce su correspondiente res­puesta en la sustancia dévica e impulsa a multitudes de diminu­tas vidas a adoptar formas específicas. Estas formas persisten y llevan a cabo sus funciones, mientras se prolonga el sonido que las produjo, y la específica energía volitiva de aquel que ini­ció el sonido va dirigida hacia la forma viviente. Esto también es verdad respecto a un Logos solar al pronunciar el Aum, crean­do así el sistema solar; cuando un Logos planetario pronuncia Su Palabra planetaria crea un esquema planetario; un adepto al producir resultados, al ayudar a la humanidad en el plano fí­sico y a un ser humano común ‑en lenguaje diferenciado y di­versificado, expresa un propósito interno o estado mental y construye una forma o vehículo con sustancia dévica. La ma­yoría de los seres humanos construyen todavía inconscientemen­te, y la forma construida es un agente benéfico o maléfico, según sea el móvil o propósito del hombre y cumplirá su voluntad mien­tras dure el período estipulado de su existencia.

8. Cada Palabra entonada se caracteriza por:

a. Un color específico.

b. Un tono determinado.

c. Una forma especial.

d. Cierto grado de energía o actividad.

e. La naturaleza de la vida animadora, autoconsciente, consciente o inconsciente, Dios, hombre o deva.

El estudiante hallará que esto es verdad respecto a un sistema solar, un esquema planetario, un ser humano, una forma mental animada por una vida elemental y al átomo del físico o del químico. Por el conocimiento de estos hechos y por su comprensión consciente, se conocerá al verdadero ocultista. El Logos solar pronunció una Palabra, la forma de nuestro sistema solar vino a la existencia, su color es azul y su nota un deter­minado tono musical cósmico. Su grado de actividad es de ín­dole específica y matemática, inasequible a la mente humana en la actual etapa de evolución, y la naturaleza de su gran Vida ani­madora, el triple Logos, es Amor inteligente activo.

9. La gran Palabra de nuestro sistema solar se puede afi­nar, si es posible expresarlo así, con otras Palabras, pues no es más que una palabra de la séptuple Palabra, conocida por esa gran Existencia que se halla en idéntica relación con el Logos solar, como éste lo está con el Logos planetario. Las Palabras sagradas de siete sistemas solares, uno de ellos el nuestro, for­man el sonido septenario que vibra actualmente en las esferas cósmicas.

Estos nueve postulados resumen brevemente las grandes ver­dades sobre los procesos creadores del sistema solar; ocultan el secreto de la verdadera magia, y su comprensión dará al hombre espiritualmente intuitivo, pureza de vida y de móviles, intención altruista, un severo autocontrol, valentía y el poder de llevar ade­lante los propósitos del ego, colaborador consciente en el trabajo de la evolución, participando, en parte, de los planes del Logos planetario de nuestro esquema. Esto se presenta en forma breve para proteger las verdades ocultas y a su vez revelarlas a quie­nes estén preparados.

En las siete iniciaciones se revelan las siete Palabras del sis­tema solar y forman la Palabra logoica que sólo conocemos, en su triple forma, como el Aum.

En la primera iniciación se otorga la Palabra para el plano físico.

En la segunda iniciación se otorga la Palabra para el plano astral.

En la tercera iniciación se otorga la Palabra para el plano mental inferior.

En esta iniciación, como ya se ha dicho, el Hierofante es el Señor del Mundo, no sólo se le otorga la Palabra para el plano mental inferior, sino que también se le confía una Palabra que sintetiza las tres Palabras para los tres mundos. Ésta se da al iniciado como tema de meditación, hasta recibir la cuarta ini­ciación, pero se le prohibe que la emplee hasta la liberación final, pues proporciona completo control sobre los tres planos inferiores.

En la cuarta iniciación se otorga la Palabra para el plano mental superior.

En la quinta iniciación se otorga la Palabra para el plano búdico.

En la sexta iniciación se otorga la Palabra para el plano átmico.

En la séptima iniciación se otorga la Palabra para el plano monádico.

En la sexta iniciación el Hierofante otorga la Palabra que sintetiza la cuarta, quinta y sexta palabras, y el iniciado puede ejercer así completo control, por el poder del sonido, sobre la sustancia de los cinco planos de la evolución humana. En la séptima iniciación el triple AUM, en su verdadero carácter, es revelado al iluminado Buda, entonces puede manipular energía

en los seis mundos o planos.

Dos iniciaciones más se pueden recibir, pero poco se dice respecto a ellas en nuestro esquema terrestre porque no es un esquema “sagrado”, y muy pocos seres humanos ‑acaso alguno‑ logran las iniciaciones octava y novena. Para ello deben pasar primero a otro sistema durante un largo período de servi­cio e instrucción. Todo lo que se puede insinuar es que en la octava iniciación se manifiesta la dualidad del triple Aum, y en ­la novena se revela el sonido uno del Absoluto y su significa­ción es vista y oída. Esto trae a la conciencia del iniciado algo de la energía y poder de “Aquel de Quien Nada puede Decirse”, o el Logos de nuestro Logos solar. La unidad de conciencia es entonces perfecta, como es perfecto el Logos, pasando a realizar un trabajo paralelo al del Logos solar. Tal es el grandioso pro­grama y la oportunidad que se despliega ante los hijos de los hombres y ante todos los átomos.

CAPÍTULO XVI

COMUNICACIÓN DE LOS SECRETOS

Consideraremos ahora los secretos confiados al iniciado en la ceremonia de la iniciación. Por supuesto que, lógicamente, sólo puede mencionarse el hecho del secreto y dar indicaciones res­pecto al tema referido, aunque ni eso debería mencionarse, si no fuera que un conocimiento del delineamiento general del tema puede inspirar al aspirante a la iniciación a que estudie deteni­damente el mismo y que, en forma cuidadosa, acumule informa­ción en su cuerpo mental. Así (cuando enfrente a su debido tiem­po al Iniciador) utilizará el secreto adquirido sin pérdida de tiempo.

El Séptuple Secreto

Después de prestar el juramento que compromete al iniciado a guardar un inviolable silencio, el nuevo iniciado se adelanta, acercándose al Hierofante; luego coloca su mano en el extremo in­ferior del Cetro de Iniciación, que el Hierofante empuña en su par­te media. Los Tres que se hallan alrededor del trono del oficiante colocan Sus manos sobre el fúlgido diamante que corona el Ce­tro y, cuando estas cinco personalidades están vinculadas con la energía circulante que emana del Cetro, el Iniciador comunica el secreto al iniciado. La razón de esto reside en que cada una de las cinco iniciaciones que nos conciernen inmediatamente (pues las dos superiores no son obligatorias y están fuera de nuestra presente consideración), afectan uno de los cinco centros del hombre,

1. el coronario,

2. el cardíaco,

3. el laríngeo,

4. el plexo solar,

5. la base de la columna vertebral,

y le revelan el conocimiento concerniente a los diversos tipos de fuerza o energía, que animan al sistema solar y llegan al iniciado por intermedio de determinado centro etérico. Durante la aplicación del Cetro sus centros fueron afectados en forma especial mediante la comunicación del Secreto, se le imparte la razón del mismo, se le demuestra que esta razón es idéntica a la que produce necesariamente determinada manifestación planeta­ria, causa de cierto gran ciclo específico.

Podría puntualizarse que:

  1. Cada secreto concierne a uno de los siete grandes pla­nos del sistema solar.

  1. Cada secreto trata y enuncia una de las siete leyes de la naturaleza. Por lo tanto concierne a alguna de las evo­luciones básicas de cada esquema planetario. Cada es­quema encarna una de las leyes como su ley primaria, y todas sus evoluciones tienden a demostrar la perfección de esta ley con sus seis mutaciones subsidiarias, las cua­les en cierto sentido, difieren en cada caso de acuerdo a la ley primaria manifestada.

  1. Cada secreto da la clave referente a la naturaleza de determinado Logos planetario y, en consecuencia, tam­bién la clave de la característica de las mónadas que pertenecen a ese determinado rayo planetario. Se evi­dencia la necesidad de este conocimiento, para el adepto que procura trabajar con los hijos de los hombres y ma­nejar las corrientes de fuerza que afectan a los mismos y que ellos emanan.

  1. Todo secreto concierne a un rayo o color y proporciona el correspondiente número, nota y vibración.

Estos siete secretos son simplemente fórmulas breves y de ningún valor mántrico como la Palabra Sagrada, pero de natu­raleza matemática, articulada con precisión para impartir la exac­ta intención de quien habla. Al no iniciado le parecerán y so­narán como fórmulas algebraicas, sólo que cada una está compuesta (vistas clarividentemente) por un óvalo de matiz es­pecífico, de acuerdo al secreto confiado y contiene cinco jero­glíficos o símbolos peculiares; un símbolo contiene la fórmula de la ley respectiva, otro da la clave y tono planetario, un ter­cero tiene que ver con la vibración, y el cuarto devela el nú­mero y el sector al que pertenece el rayo implicado. El último jeroglífico proporciona una de las siete claves jerárquicas, por cuyo intermedio los miembros de nuestra jerarquía planetaria pueden vincularse con la jerarquía solar. Esta información, evi­dentemente, es muy vaga y ambigua, pero servirá para demos­trar que así como en el caso de las Palabras la comprensión in­volucra dos sentidos, del mismo modo, con el conocimiento de los secretos, entran nuevamente en actividad los dos sentidos, el secreto se oye y aparece simbólicamente al ojo interno.

Se evidencia con claridad por qué se da tanta importancia al estudio de los símbolos y se exhorta a los estudiantes a re­flexionar y meditar sobre los símbolos cósmicos y del sistema. Esto los prepara para la comprensión y retención interna de los símbolos y fórmulas que entrañan el conocimiento que les permitirá actuar oportunamente. Estas fórmulas están basadas en los nueve símbolos ya reconocidos:

1. La cruz y sus variadas formas.

2. El loto.

3. El triángulo.

4. El cubo.

5. La esfera y el punto.

6. Ocho formas animales: la cabra, el toro, el elefante, el hombre, el dragón, el oso, el león y el perro.

7. La línea.

8. Ciertos signos del zodíaco, de ahí la necesidad de estu­diar astrología.

9. El cáliz o el santo grial.

Todos estos símbolos afines, entretejidos o parciales, se com­binan para expresar alguno de los siete Secretos. El iniciado de­be reconocerlos al verlos y oírlos, fijándolos indeleblemente en su memoria por un esfuerzo de la voluntad. Para obtenerlo puede ser ayudado de tres maneras: Primero, por un largo y previo en­trenamiento de observación, que todos los aspirantes pueden co­menzar aquí y ahora, y a medida que aprenden a plasmar con exactitud en su memoria los detalles, cimientan la base de esa aguda e instantánea captación de aquello que les muestra el Hie­rofante; segundo, cultivando en sí mismo el poder de visualizar otra vez lo visto anteriormente. Será evidente por qué todos los inteligentes instructores de la meditación han puesto el én­fasis sobre la facultad de construir cuidadosamente imágenes mentales. La finalidad ha sido doble:

· Enseñar al estudiante a visualizar con exactitud sus for­mas mentales, para no perder el tiempo en transformaciones inexactas cuando empiece a crear conscientemente.

· Capacitarlo para imaginar, también con precisión, el se­creto confiado, de modo que pueda utilizarlo instantánea­mente cuando lo necesite.

Tercero, mediante la fuerte aplicación de la voluntad de las otras cuatro Personalidades que sostienen el Cetro junto con el iniciado. Su intensa y entrenada concentración mental ayuda grandemente su captación.

En el caso de la evolución humana se generan ciertos tipos de fuerza, que se manejan, asimilan y utilizan, al principio in­conscientemente y al final con plena inteligencia:

1. En el Aula de la Ignorancia se emplea principalmente la fuerza o energía de Brahma (la actividad e inteligencia de la sustancia) y el hombre debe aprender el signifi­cado de la actividad basada en:

· La energía inherente.

· La energía absorbida.

· La energía grupal.

· La energía material, o la que se oculta en la materia del plano físico.

2. En el Aula del Aprendizaje se hace consciente de la ener­gía del segundo aspecto, utilizándola en la construcción de las formas, en las relaciones sociales y en los lazos familiares. Llega al reconocimiento del sexo y sus re­laciones, pero aún considera esta fuerza como algo que debe ser controlado, pero no utilizado consciente ni cons­tructivamente.

3. En el Aula de la Sabiduría llega al conocimiento del pri­mer aspecto de la energía, al empleo dinámico de la vo­luntad en el sacrificio, y se le confía entonces la clave del triple misterio de la energía, llegando a conocerla en su triple aspecto en las otras dos aulas. En la ter­cera, la cuarta y la quinta iniciaciones, se le dan las tres claves de los tres misterios.

Le es entregada la clave del misterio presentido en la pri­mera aula, el misterio de Brahma, y entonces puede liberar las energías ocultas de sustancia atómica. Le es entregada en sus manos la llave del misterio del sexo o de los pares de opuestos, y luego puede liberar las fuerzas ocultas del aspecto voluntad. Se le muestra la dínamo del sistema solar ‑si es posible expresarlo así‑ y se le revela su complicado mecanismo.

Los tres Misterios solares.

Los tres misterios del sistema solar son:

  1. El misterio de la Electricidad. El misterio de Brahma. El secreto del tercer aspecto. Está latente en el sol físico.

  1. El misterio de la Polaridad, o el impulso universal del sexo. El secreto del segundo aspecto. Está latente en el Corazón del Sol, o el Sol subjetivo.

  1. El misterio del Fuego mismo, o la fuerza dinámica cen­tral del sistema. El secreto del primer aspecto. Está latente en el Sol Central Espiritual.

Su Revelación correlativa.

Los secretos, tal como se le comunican correlativamente al iniciado, son más o menos tres, aunque dentro de ellos pueden en­contrarse misterios menores revelados anteriormente. En la ter­cera iniciación, se le revela al iniciado, inmediatamente después de prestar juramento, el primero de los tres secretos fundamentales del sistema solar. Este secreto podría llamarse, a falta de mejor término, “el secreto de la electricidad”. Concierne a los fenómenos de la manifestación objetiva densa del Logos. Sería conveniente que el estudiante recordara que los tres planos de los tres mundos, físico, astral y mental, forman el cuerpo físico denso del Logos solar, mientras que los cuatro planos superiores forman Su cuerpo etérico. Los estudiantes tienden a olvidar que nuestros siete planos son los siete subplanos del físico cósmico. Esto incide definidamente sobre el secreto de la electricidad. Por eso no se revela este secreto hasta la tercera iniciación y se lo prepara para recibirla, comunicándole dos secretos menores que conciernen a los planos físico y astral, impartidos por el Bodhi­sattva en las dos primeras iniciaciones.

Se reconoce científicamente que los fenómenos eléctricos son de naturaleza dual, pero la inherente triplicidad de la electrici­dad es una cuestión de especulación para la ciencia moderna. Su triplicidad le es demostrada al iniciado en la primera iniciación, y también se le revela el secreto de balancear las fuerzas en el plano físico y lograr así el equilibrio. Este secreto lo pone en contacto con determinados Constructores del plano físico ‑en los niveles etéricos‑ y entonces puede producir fenómenos en el plano físico, si lo cree conveniente. Lo hace muy raras veces, pues los resultados obtenidos no tienen importancia y así no malgasta energía. Quienes trabajan con las fuerzas involutivas, los hermanos de la oscuridad, emplean ese método para asom­brar y sojuzgar a los incautos, pero los hermanos de la humanidad no actúan así.

Al iniciado se le revela el secreto de la coherencia del átomo, y entonces puede estudiar el microcosmos bajo la ley de corres­pondencia, en forma nueva y clara. Similarmente, por medio de esta revelación, referente a la parte más densa del cuerpo logoico, puede aprender mucho de lo relacionado con el anterior sis­tema solar y con los hechos referentes a la primera ronda del nuestro esquema. Este secreto se llama también “el mis­terio de la materia”.

En la segunda iniciación se despliega ante el iniciado el “se­creto del mar” y por medio de esta revelación se aclaran, ante su visión interna, dos temas de profundo interés que son:

a. El misterio de la luz astral.

b. La ley del karma.

Después de esto el iniciado está en situación de realizar dos cosas, sin las cuales no puede vencer los obstáculos ni alcanzar la liberación; podrá leer los registros akásicos y cerciorarse del pasado, capacitándose así para actuar inteligentemente en el pre­sente, empezar a equilibrar su karma, cumplir sus obligaciones y comprender la forma de contrarrestar el karma en los tres mundos. Se le demuestra la relación de esa Jerarquía de seres espirituales, conectados con la ley del karma, en lo que afecta al hombre, y conoce directamente que los señores del karma no son un mito ni unidades simbólicas, sino entidades de elevada inteligencia que aplican la ley en beneficio de la humanidad, permitiendo a los hombres ser plenamente autoconscientes y confiar en sí mismos, en sentido oculto, convirtiéndose en creado­res por medio del conocimiento perfecto.

En la tercera iniciación se le confía al iniciado “el secreto de fohat” y se le revela el misterio de la triplicidad del cuerpo y del triple Logos; ante su asombrada visión se despliega el por qué de los fenómenos de los cuerpos denso, líquido y gaseoso, del Ser Supremo. Al utilizar los dos aspectos previamente comuni­cados y el conocimiento proporcionado, el iniciado está ahora en posición de beneficiarse con esta gran revelación mayor y com­prender algo de los hechos siguientes:

  1. El proceso creador de la construcción de formas mentales.

  1. La transmisión de la energía, desde el ego al cuerpo fí­sico, por intermedio de los centros de fuerza en los di­ferentes planos.

  1. El ascenso del kundalini, su progresión geométrica vivificando todos los centros.

Por el conocimiento así impartido y el progreso logrado por el iniciado, al estudiar la ley de analogía, puede comprenderse en vasta escala el manejo de las mismas fuerzas dentro del es­quema planetario y del sistema solar. Se le revela el método de desarrollo en las tres primeras rondas y comprende teórica y prácticamente el proceso evolutivo en sus primeras etapas. Po­see la clave de los tres reinos inferiores de la naturaleza y ciertas ideas acerca del tema de la polaridad, unificación y unión esen­ciales, que comienzan a estar dentro del alcance de su conciencia, y sólo espera que en la cuarta iniciación se complete la revelación.

Este secreto de la electricidad, que en su naturaleza es esen­cialmente triple, se refiere a Brahma o el tercer aspecto, al que se le da por lo general los siguientes nombres:

1. El Secreto de Brahma.

2. La Revelación de la Madre.

3. El Secreto de la Fuerza Fohática.

4. El Misterio del Creador.

5. El Secreto de los Tres que emanaron del Primero (sis­tema solar).

También se lo designa por cuatro frases místicas que arrojan mucha luz para la intuición:

6. La Nave del Misterio que Surca el Océano.

7. La Llave del Depósito Divino.

8. La Luz que Guía a través de las triples cavernas de la Oscuridad.

9. La clave de la Energía que une el Fuego con el Agua.

En todos estos nombres el estudiante hallará mucha informa­ción si reflexiona detenidamente y recuerda que trata con el aspecto Brahma en su manifestación inferior y con los tres mun­dos del esfuerzo humano; meditando así, el estudiante debe rela­cionar el actual sistema solar, donde domina el aspecto Vishnu o conciencia, con el anterior, donde dominaba el aspecto Brahma.

El iniciado, por el conocimiento adquirido, está capacitado pa­ra comprender su propia triple naturaleza inferior y equilibrarla en relación con la superior, leer los anales y reconocer su lugar en el grupo, manipular las fuerzas en los tres mundos, lograr la liberación de sí mismo y ayudar a los fines de la evolución, co­operando inteligentemente con los planes del Logos planetario, de acuerdo a como le serán revelados etapa tras etapa. Entonces puede manejar el poder y convertirse en un centro de energía, en acrecentada medida, pudiendo distribuir o retener corrientes de fuerza. En cuanto el hombre es poderosamente consciente en el plano mental, centuplica su poder para el bien.

En la cuarta iniciación se le revela otro de los grandes secre­tos llamado “el misterio de la polaridad” y la clave de la signifi­cación del sexo en cada sector de la naturaleza, en todos los pla­nos. No es posible decir mucho sobre esto. Todo lo que puede hacerse es enumerar algunos de los temas sobre los cuales proporciona la clave, agregando que este secreto es de vital impor­tancia en nuestro esquema planetario debido al punto de evo­lución de nuestro propio Logos planetario, el cual se halla en la etapa en que busca conscientemente la unificación con su polo opuesto, otro Logos planetario. Los temas sobre los cuales este secreto arroja luz son:

1. El sexo en el plano físico. Proporciona la clave del misterio de la separación de los sexos en los días de lemuria.

2. El equilibrio de las fuerzas en todos los sectores de la naturaleza.

3. La clave respecto al esquema que forma con el nuestro una dualidad.

4. El verdadero nombre de nuestro Logos planetario y Su relación con el Logos solar.

5. El “Matrimonio del Cordero” y el problema de la despo­sada celestial. Un indicio de esto se halla en el sistema solar de S…. que debe ser leído astrológicamente.

6. El misterio de Géminis y la relación de nuestro Logos planetario con dicha constelación.

En menor escala y en relación. con el microcosmos, cuando el ini­ciado recibe el segundo gran secreto o el cuarto, que incluye a los dos primeros menores, quedan aclarados los siguientes temas:

1. Los procesos de unificación en los diferentes reinos de la naturaleza. Se indica la unión entre los reinos y se ve la unidad del esquema

2. Se revela claramente el método de unificación egoica y se demuestra la verdadera naturaleza del antakarama y, una vez revelada, ya no es necesaria.

3. Se percibe la esencial unidad que existe entre el yo y la personalidad.

4. Ya no es un misterio la relación entre las evoluciones humana y dévica, pues su ubicación en el cuerpo del Hombre celestial se ve que es una realidad.

Podríamos continuar destacando la multiplicidad de los te­mas que le serán aclarados al iniciado cuando se le revele el misterio de la polaridad, pero basta con lo expuesto. Este se­creto concierne en primer lugar a Vishnu, el segundo aspecto. Resume brevemente la totalidad del conocimiento obtenido en el Aula de la Sabiduría, así como los primitivos secretos sintetiza­ron la totalidad de lo logrado en el Aula del Aprendizaje. Se re­fiere a la conciencia y a su desarrollo mediante el aspecto ma­teria y a través de él. Concierne a la unificación yo y no‑yo, hasta que son uno, real y verdaderamente.

En la quinta iniciación se le revela al admirado y sorpren­dido Maestro el gran secreto referente al aspecto fuego o espí­ritu, el Cual se da cuenta, en un sentido incomprensible para el hombre, el hecho de que todo es fuego y el fuego es todo. Puede decirse que este secreto revela al iniciado aquello que le aclara:

  1. El nombre secreto del Logos planetario, revelando así una sílaba del nombre del Logos solar.
  2. El trabajo y método del aspecto destructor de la di­vinidad.

  1. Los procesos por los cuales la oscuración y el pralaya son inducidos.

  1. La fórmula matemática que resume los cielos de mani­festación.

  1. La triple naturaleza del fuego y el efecto del fuego ma­yor sobre el menor.

No es conveniente seguir considerando este secreto, por­que el primer aspecto, Shiva, llegará a la perfección o, mejor dicho, no será comprendido hasta el próximo sistema solar. La siguiente clasificación podría aclarar el tema en la mente del estudiante:

Secreto Iniciación Logos Implicado Fuente de energía Planos

Fohat Tercera Brahma Creador Sol físico Siete, Seis, Cinco

Polaridad Cuarta Vishnu Conservador Sol subjetivo Cuatro, Tres

Fuego Quinta Shiva Destructor Sol Central Espiritual Dos

Como observará el estudiante, la fuente de la particular energía involucrada es un aspecto del Sol.

En la sexta y séptima iniciaciones se revelan dos secretos más; uno es un secreto menor que prepara el camino para la revela­ción del cuarto. Sólo se revelan cuatro secretos de mayor impor­tancia a los iniciados en nuestro planeta; esto da la pauta de nuestra ubicación en el esquema de la evolución solar. Existen únicamente cinco secretos mayores, que se revelan en este sis­tema solar, debido a que éste es un sistema donde el quinto principio de la mente constituye preeminentemente la base del desenvolvimiento. La quinta revelación sólo se confiere a quie­nes pasan a los esquemas de síntesis.

CAPÍTULO XVII

LAS DIFERENTES INICIACIONES

Iniciaciones Mayores y Menores.

Al tratar las distintas iniciaciones, será de valor para el es­tudiante recordar que el gran momento, en que el hombre salió del reino animal y pasó al humano, denominado en muchos li­bros de esoterismo el “momento de la individualización”, fue en sí una de las más grandes iniciaciones. La individualización es la captación consciente por el yo, de la relación que tiene con todo lo que constituye el no‑yo y en este gran proceso iniciático, como en todos los posteriores, el despertar de la conciencia es precedido por un período de gradual desarrollo; el despertar es instantáneo en el momento que se produce la primera autorrea­lización y siempre va seguido por otro período de gradual evolu­ción, período que, a su vez, conduce a una crisis ulterior deno­minada iniciación. En un caso, tenemos la iniciación en la exis­tencia autoconsciente; en el otro la iniciación en la existencia espiritual.

Estos conocimientos o expansiones de conciencia, están re­gidos por la ley natural, y toda alma, sin excepción., los experi­menta a su debido tiempo. Cada ser las obtiene diariamente en menor grado, a medida que aumenta gradualmente su compren­sión y experiencia de la vida, pero únicamente se convierten en iniciaciones en la sabiduría (diferentes de las expansiones del co­nocimiento) cuando el conocimiento adquirido ha sido:

a. Buscado conscientemente.

b. Aplicado a la vida en forma autosacrificada.

c. Empleado en servicio de los demás, voluntariamente.

d. Utilizado inteligentemente en bien de la evolución.

Sólo almas de cierta experiencia y desarrollo realizan estas cuatro cosas en forma consciente y perseverante, trasmutando el conocimiento en sabiduría y la experiencia en cualidad. El hom­bre común trasmuta la ignorancia en conocimiento y la expe­riencia en facultad. Sería de utilidad que todos reflexionaran sobre la diferencia entre la cualidad inherente y la facultad in­nata; una es la propia naturaleza de budi o sabiduría, la otra de manas o mente. La unión de ambas, por medio del esfuerzo cons­ciente del hombre, trae por resultado una iniciación mayor.

Estos resultados se logran de dos maneras: Primero, por el propio esfuerzo del hombre, que a su debido tiempo lo con­duce a descubrir su propio centro de conciencia, a ser guia­do y dirigido plenamente por el regidor interno o ego y a deve­lar, tras intenso esfuerzo y penosas tentativas, el misterio del universo, oculto en la sustancia material, energetizada por Fohat. Segundo, por el esfuerzo del hombre, complementado por la amo­rosa colaboración inteligente de los Conocedores de la raza, los Maestros de Sabiduría. En este caso el proceso es más rápido, pues el hombre recibe instrucción si lo desea y, en consecuencia, cuando ha proporcionado por su parte las correctas condiciones, se pone a su disposición el conocimiento y la ayuda de Quienes alcanzaron la meta. Para beneficiarse con esta ayuda debe tra­bajar con el material de su propio cuerpo, introduciendo en él material adecuado en forma ordenada y, por lo tanto, debe apren­der a discernir al seleccionar la materia y también comprender las leyes de la vibración y de la construcción. Esto entraña, en cierto modo, el dominio de las leyes que rigen los aspectos Brahma y Vishnu; significa poseer la facultad. de vibrar con precisión atómica y desarrollar la cualidad de atracción, base del aspecto constructivo o Vishnu.

Además debe equipar su cuerpo mental, para ser un expo­sitor y transmisor y no un factor obstaculizante como hasta ahora. Análogamente, debe desarrollar una actividad grupal y apren­der a trabajar coordinadamente con otras unidades. Esto es lo principal que el hombre debe lograr en el sendero de la inicia­ción, y cuando ha trabajado sobre ello , encontrará el Camino, lo verá con claridad y entonces ingresará en las filas de los Co­nocedores.

Otro punto que debe recordarse es que el esfuerzo por lograr que la gente colabore inteligentemente con la Jerarquía y se entrene para ingresar en las filas de la Logia es, como ya se in­dicó, un esfuerzo especial (comenzado en los días atlantes y con­tinuado hasta hoy) hecho por la Jerarquía del planeta y, en gran parte, de índole experimental. El método por el cual un hombre asume su lugar consciente en el cuerpo de un Hombre celestial, difiere en los diferentes esquemas planetarios; el Hombre celes­tial que utiliza nuestro esquema planetario, como Su cuerpo de manifestación, elige trabajar en modo particular, durante este período especial, para lograr Sus propios propósitos específicos. Constituye parte del proceso de vitalizar uno de Sus centros y vincular Su centro cardíaco con su correspondiente conexión en la cabeza. A medida que otro de Sus centros se vitaliza y entra en plena actividad, pueden emplearse otros métodos para esti­mular las células de Su cuerpo (las mónadas dévicas y huma­nas), pero por el momento, el Cetro cósmico de la Iniciación apli­cado al Hombre celestial, en forma análoga a como se le aplican al hombre los cetros menores, es utilizado de tal manera, que produce ese estímulo específico demostrado por la actividad del hombre que se halla en los senderos de probación y de iniciación.

El hombre debe reconocer la naturaleza cíclica de la inicia­ción y el lugar del proceso en tiempo y espacio. Éste es un período especial de la actividad en el ciclo de un Hombre celestial, y se desarrolla en nuestro planeta como un vasto período de prueba o de confrontación iniciática, siendo también un período de vitalización y oportunidad.

Ahora debemos tratar de comprender que la iniciación pue­de considerarse que tiene lugar en los tres planos de los tres mun­dos, y debe tenerse presente la idea del valor relativo de la uni­dad o célula y su ubicación en el cuerpo de un Hombre celestial. Conviene hacer resaltar que las iniciaciones mayores o de ma­nas, se reciben en el plano mental y en el cuerpo causal. Señalan su punto de evolución, donde la unidad reconoce prácticamente y no sólo en teoría, que es idéntica al divino Manasaputra, en Cuyo cuerpo ocupa su lugar. Pueden recibirse iniciaciones en el plano físico, en el astral y en el mental inferior, pero no se las considera mayores ni son estímulos conscientes, coordinados y unificados, que abarcan al entero hombre.

Un hombre, por consiguiente, puede recibir la iniciación en cada plano, pero sólo son consideradas iniciaciones, en el verda­dero sentido de la palabra, las que señalan su trasferencia del cuaternario inferior a la Tríada, y únicamente son iniciaciones mayores aquellas en que el hombre transfiere su conciencia del cuaternario inferior a la Tríada. Tenemos así tres grados de ini­ciaciones:

Primero, las iniciaciones en que el hombre transfiere su conciencia desde los cuatro subplanos inferiores de los planos físico, astral y mental respectivamente, a los tres subplanos superiores. Cuando esto se efectúa en el plano mental, el hombre es conocido técnicamente como discípulo, iniciado y adepto. Utiliza entonces cada uno de los tres subplanos su­periores del plano mental como punto de partida, para salir totalmente de los tres mundos de la manifestación humana y pasar, a la Tríada. Por lo tanto, es evidente que lo que po­dríamos considerar como iniciaciones menores pueden recibirse en los planos físico y astral, bajo el control consciente de sus tres subplanos superiores. Son verdaderas iniciaciones, pero no hacen al hombre lo que llamamos técnicamente un Maestro de Sabiduría, sino sencillamente un adepto de grado inferior.

Segundo, las iniciaciones en que el hombre transfiere su conciencia de un plano a otro, en lugar de un subplano a otro. Es un punto que debe reconocerse cuidadosamente. Un verdadero Maestro de Sabiduría no sólo ha recibido las ini­ciaciones menores mencionadas, sino que ha dado los cinco pasos que involucran control consciente de los cinco planos de la evolución humana. Le falta recibir las dos iniciaciones finales que lo convertirán en un Choan de sexto grado y en un Buda, antes de que ese control se extienda a los dos planos restantes del sistema solar. Por lo tanto, es correcto hablar de siete iniciaciones. Sin embargo, sería igualmente correc­to enunciar cinco, diez o doce iniciaciones. El tema es un po­co complicado para los estudiantes esoteristas a causa de cier­tos factores misteriosos, acerca de los cuales ellos nada sa­ben, y que por ahora son incomprensibles. Estos factores se basan en la individualidad del Hombre celestial Mismo e in­volucra misterios tales como Su karma particular, el objetivo que puede tener en vista en cualquier ciclo particular y la trasferencia de la atención puesta sobre el ego cósmico de un Hombre celestial a Su reflejo, el evolucionante Hombre ce­lestial de un sistema solar.

También puede descubrirse otro factor en ciertos perío­dos de estímulo y de acrecentada vitalización, tales como el que produce una iniciación cósmica. Estos efectos externos traen lógicamente ciertos resultados en las unidades o célu­las del cuerpo del Hombre celestial y provocan, con frecuen­cia, acontecimientos imprevistos y aparentemente inexpli­cables.

Tercero, iniciaciones en las que un Hombre celestial pue­de recibir una iniciación mayor o menor, implicando así toda Su naturaleza. Por ejemplo, cuando tuvo lugar la in­dividualización durante la época lemuriana o la tercera raza raíz, y en este ciclo vino definitivamente a la manifes­tación la familia humana, significó una iniciación mayor pa­ra nuestro Hombre celestial. El actual estímulo del esfuerzo jerárquico, conduce a una iniciación menor. Cada cielo ve la iniciación mayor de un Hombre celestial, recibida en uno de los globos, y de allí provienen las complicaciones y los mu­chos temas para pensar.

A los tres puntos mencionados puede agregarse brevemente de la entrada y salida de cualquier rayo particular. Lo poco que puede decirse sobre este punto que ofrece la mayor dificul­tad, podría resumirse en las tres afirmaciones siguientes: Pri­mero, las iniciaciones recibidas en los cuatro rayos menores no poseen la misma cualidad que las iniciaciones recibidas en los tres mayores. Esto se complica parcialmente por el hecho de que en el esquema planetario, durante la evolución cíclica, un rayo menor puede considerarse temporariamente como rayo mayor. Por ejemplo, en el actual momento de nuestro esquema planeta­rio, el séptimo Rayo de Ley u Orden Ceremonial es considerado mayor, por ser un rayo de síntesis, en el cual el Mahachoan fu­siona Su trabajo. Segundo, las tres primeras iniciaciones se reci­ben en el rayo del ego y vinculan al hombre con la Gran Logia Blanca; las dos últimas se reciben en el rayo de la mónada y producen un definido efecto en el sendero de servicio que luego escogerá el adepto. Esta afirmación debe relacionarse con la ex­puesta anteriormente, donde se dice que la quinta iniciación con­vertía al hombre en miembro de la Gran Logia o Hermandad de Sirio, siendo literalmente la primera de las iniciaciones de Si­rio. La cuarta iniciación es la síntesis de las iniciaciones, en el Umbral de la Logia de Sirio. Por último, de acuerdo al rayo en que se recibe la iniciación, depende grandemente el siguiente sendero de servicio.

El Día de la Oportunidad.

Cabría preguntar aquí qué valor tiene esta información para el estudiante. Como ilustración es conveniente que reflexione so­bre la significación de la entrada del actual Rayo de Ley Ceremo­nial o Magia, que se relaciona con las fuerzas constructivas de la naturaleza y se refiere a la inteligente utilización de la forma por el aspecto vida. Es mayormente el rayo del trabajo ejecutivo y tiene por objeto construir, coordinar y producir cohesión en los cuatro reinos inferiores de la naturaleza. Se caracteriza principal­mente por la energía manifestada en el ritual, pero esta palabra no debe restringirse a su actual empleo en el ritual masónico o religioso. Su aplicación es mucho más amplia e incluye los mé­todos de organización manifestados en todas las comunidades civilizadas, como en el mundo del comercio y las finanzas y las grandes empresas comerciales, observados en todas partes. Ante todo, el interés reside en que el rayo ofrece oportunidad a las razas occidentales, y mediante esta fuerza vital de la organización ejecutiva, de gobierno por la regla y el orden, el ritmo y el ri­tual, llegará una época en que las razas occidentales (con su ac­tiva mente concreta y su amplia capacidad para los negocios) podrán recibir la iniciación ‑iniciación que, como debe recor­darse, se recibirá en un rayo que temporariamente se reconoce como rayo mayor. Gran número de iniciados que obtuvieron el grado de adepto en el último ciclo, fueron orientales y los que tuvieron oportunamente cuerpos hindúes. Este ciclo fue regido por el sexto rayo, que ahora va desapareciendo, y los dos prece­dentes. Manteniendo el equilibrio llegará el momento en que se observará un período de realizaciones de parte de los occidenta­les, en un rayo apropiado a su tipo mental. Es interesante observar que el tipo oriental logra su objetivo a través de la me­ditación con un mínimo de ritual y organización ejecutiva, y que el occidental lo logrará, en parte, mediante la organiza­ción que la mente inferior produce y por un tipo de meditación donde la intensa concentración comercial podría considerarse como ejemplo. La aplicación de la mente en forma unilateral de un hombre de negocios europeo o americano, puede ser con­siderada como un tipo de meditación. Cuando se purifique el móvil que subyace en esa concentración, llegará el día de la opor­tunidad para los occidentales.

Aprovechando el actual día de oportunidad y dando cumpli­miento a las reglas para hollar el sendero, llegará para muchos occidentales la oportunidad de dar estos pasos. La encontrará el hombre que está preparado, en el lugar donde se halle y en las circunstancias familiares de su vida diaria. La descubrirá en el cumplimiento del deber, en saber sobreponerse a las pruebas y experiencias y en esa íntima adhesión a la voz del Dios interno, que distingue a todo aspirante a la iniciación. La iniciación im­plica las cosas que lleva a cabo diariamente quien se esfuerza conscientemente en entrenarse a sí mismo: el Maestro (ya sea el Dios interno o el Maestro del hombre, si es consciente de Él) le señala el siguiente punto a alcanzar y el trabajo que debe reali­zar y le explica la razón de ello. Entonces el Instructor se aparta y observa la realización del aspirante. A medida que observa, reconoce los puntos de crisis donde la aplicación de una prueba logrará una o dos cosas, enfocará y dispersará cualquier mal aún no vencido ‑si se puede emplear este término‑ y demostrará al discípulo sus flaquezas y sus fuerzas. En las grandes iniciacio­nes se emplea el mismo procedimiento, y la capacidad del discí­pulo para vencer estas Pruebas y etapas mayores, depende de su capacidad para enfrentar y vencer las pruebas menores diarias. “Aquel que es leal en lo poco, lo es también en lo mucho”. Esta afirmación esotérica debe en realidad caracterizar la actividad dia­ria del verdadero aspirante; lo “mucho” es trascendido y se deja atrás, porque es considerado simplemente como una intensificación de lo normal, y ningún iniciado pasó la gran prueba de la iniciación si no se ha acostumbrado a pasar las pruebas menores todos los días de su vida. Entonces las considera normales y co­mo la trama usual de su vida cuando tropieza con ellas. Cuando se alcanza y se mantiene esta actitud mental, no habrá sorpre­sas ni posibles fracasos.

CAPÍTULO XVIII

LOS SIETE SENDEROS

Como podrán ver, muy poco se ha publicado respecto a los siete senderos que se extienden ante el hombre que ha llegado a la quinta iniciación. Evidentemente es imposible y también in­necesario impartir a nuestra mente cualquier impresión sobre la significación de estos senderos, o los atributos requeridos para hollarlos. A medida que pasa el tiempo y cuando la raza alcance una etapa más elevada de desarrollo, podremos comprender más, pero bajo la ley de economía, sería un esfuerzo estéril para los maestros de la raza, instruirnos sobre las características necesarias para hollar los siete senderos, antes de haber comprendido o desarrollado las que se requieren para recorrer el sendero de probación, sin mencionar el sendero de iniciación.

Sabemos, como hecho general, que antes de hollar los siete senderos, el hombre debe llegar a ser un Maestro de Sabiduría, un Hermano de Compasión, capaz de aplicar la Ley con inteli­gencia y amor. Lo que ahora nos corresponde es adaptarnos, a fin de hollar el sendero de iniciación, mediante la disciplina del sen­dero de probación, la cuidadosa orientación de la vida, la obe­diencia a la ley, según se la comprenda, y el servicio a la raza. Cuan­do alcancemos la liberación, entonces estos senderos se extende­rán ante nosotros y veremos claramente cuál debemos seguir. Todo actúa en este sistema bajo la gran ley de atracción, y de nuestra vibración, color y tono, dependerá muy probablemente la elección. El mayor libre albedrío del sistema cósmico está li­mitado como lo está el libre albedrío del sistema del cual somos parte y el libre albedrío del hombre mismo. De la cualidad inna­ta dependerá la dirección de nuestro futuro progreso.

Podrían darse ciertas deducciones basadas sobre la ley de analogía, siempre y cuando recordemos que las palabras más bien oscurecen que aclaran, y sólo es posible dar breves detalles y enu­merar los siete Senderos de la manera siguiente:

1. El Sendero del Servicio en la Tierra.

Este sendero mantiene vinculado con la Jerarquía al hombre que se ha consagrado a servir en nuestro planeta y ayudar a sus evoluciones. Comprende a Quienes actúan bajo el Señor del Mundo, en los siete grupos en que se dividen los Maestros de Sabiduría. Pocos Maestros siguen este sendero y sólo se permite que lo haga un determinado número, para llevar a cabo satis­factoriamente la evolución planetaria. Este sendero es el más conocido y la información sobre el mismo aumentará a medida que los hombres se capaciten para entrar en contacto con la Hermandad. Su campo de acción y sus métodos de trabajo llegarán en su oportunidad a ser conocidos esotéricamente, y a medida que los siete grupos sean reconocidos y conocidos, traerá como consecuencia lógica el establecimiento de escuelas para el desarrollo de quienes ocuparán los cargos.

2. El Sendero del Trabajo Magnético.

Pertenecen a este Sendero aquellos que manejan fuerzas o magnetismo eléctrico, para uso de los Grandes Seres de todos los planos. Manejan energía elemental formativa, manipulando materia de cualquier densidad y vibración. Manipulan grandes oleadas de ideas y corrientes de la opinión pública en niveles astrales y también en los niveles superiores donde actúan los Grandes Seres. A esta línea de actividad pasan muchos individuos de quinto rayo que tienen al Rayo de Conocimiento Concreto co­mo rayo monádico. La cualidad inherente al tipo de la mónada es la que generalmente establece la línea de actividad. El karma de quinto rayo es uno de los factores que produce esto. Dichas mónadas trabajan con Fohat y deben hacerlo hasta el fin del manvantara mayor. Tienen su eventual posición en el plano cós­mico mental; pero como aún está muy poco desarrollada la ca­pacidad para pensar en forma abstracta, nos resulta imposible com­prender la significación de esta expresión.

3. El Sendero de Entrenamiento para los Logos planetarios.

Huellan este sendero quienes retomarán el trabajo de los siete Logos planetarios en el próximo sistema y el de los cua­renta y nueve Logos subplanetarios. Sus auxiliares, y de otras Entidades que actúan en ese determinado departamento. Habrá siete sistemas, aunque sólo interesan los tres mayores, de los que nuestro actual sistema es el segundo principal. Cada Chohan de rayo toma cierto número de iniciados de la sexta iniciación y los entrena especialmente para este trabajo; la aptitud especial para el sonido y el color predispone para la elección, y la capacidad para trabajar con la “psiquis” o con los espíritus en evolución, indica el hombre apropiado para este alto cargo. Puede decirse que los Logos planetarios son los divinos psicólogos; por lo tanto, en el entrenamiento para este cargo, la psicología es tema funda­mental, aunque es una psicología inconcebible aún para nosotros. Cada Logos planetario tiene, en Su propio y especial planeta, escuelas para desarrollar a los Logos subalternos y en ellas Los prepara para este elevado cargo, dándoles oportunidades para adquirir amplia experiencia. También los Logos progresan y evo­lucionan y Sus lugares deben ser ocupados.

4. El Sendero hacia Sirio.

Poco puede decirse acerca de este sendero y sólo mencionarse la curiosa y estrecha relación entre éste y las Pléyades, siendo imposible toda otra conjetura. La masa humana que se ha libe­rado sigue este camino y la perspectiva ofrece gloriosas posibi­lidades. Las siete estrellas de las Pléyades son la meta para los siete tipos, según insinúa el Libro de Job en las palabras: “¿No puedes tú someterte a la dulce influencia de las Pléyades?” El misterio de esta influencia y el secreto del sol Sirio ocultan los hechos de nuestra evolución cósmica y, por lo tanto e inciden­talmente, de nuestro sistema solar.

5. El Sendero de los Rayos.

Es difícil saber con qué otro nombre se puede designar a es­te sendero, porque muy poco se conoce de él. Al hollarlo, el hom­bre continúa en su propio rayo y allí actúa en los distintos reinos de todos los planos, cumpliendo los mandatos del Señor del Mun­do, bajo cuya dirección trabaja. Lleva al hombre por todos los ám­bitos del sistema solar, aunque lo vincula definitivamente con el rayo sintético. Es un sendero muy complejo, pues requiere el do­minio de las matemáticas más intrincadas y cierta capacidad de geometrizar, en forma incomprensible para nuestros cerebros tri­dimensionales. Aquel que considera de profunda importancia la ley de vibración sigue este sendero. Actuará primero en la Cá­mara del Concilio del Señor del Mundo en Shamballa, aplicando la ley de vibración en su propio rayo. Más tarde habitará en el planeta correspondiente a su rayo y no en la Tierra, a no ser que pertenezca al rayo del Logos planetario que la rige. Más adelan­te, a medida que progrese en su evolución, pasará al sol, y una vez dominado todo cuanto se relaciona con la vibración en este sistema, pasará al sistema cósmico, saliendo de su propio rayo (que es sólo un rayo subsidiario de un rayo cósmico), para lue­go pasar al rayo cósmico correspondiente.

Como la evolución del hombre en este sistema es quíntuple, de ahí que hayamos enumerado los cinco senderos principales que debe elegir un Maestro. De los dos restantes aún se puede decir mucho menos, porque en ellos hay muy pocos hijos de los hombres que están evolucionando, debido al elevado grado de realización exigido para entrar, y quienes lo hacen abandonan totalmente nuestro sistema. No conducen a Sirio, como ocurre con otros senderos. Se observará que cuatro grupos permanecen en el sistema y, oportunamente, al cabo de inconcebibles y dis­tantes eones, pasarán a planos cósmicos. Un grupo pasa directa­mente a Sirio y los dos grupos restantes, directamente a los pla­nos cósmicos después de la iniciación, sin ningún período de tra­bajo intermedio en la Tierra, en el sistema o en Sirio. Estos dos senderos son:

6. El Sendero del Logos Mismo.

Será evidente para todos los estudiantes de esoterismo, que han estudiado cuidadosamente los procesos del mundo a la luz de la Ley de Analogía, que el Logos en los planos cósmicos está desarrollando la visión cósmica interna, del mismo modo que el hombre, en menor grado, trata de alcanzar esa misma visión en el sistema. Esto puede denominarse el desarrollo del tercer ojo cósmico. En la estructura del ojo del plano físico está oculto el secreto y por su estudio podrá obtenerse alguna revelación del misterio.

Cierta parte del ojo constituye el núcleo de la vista y el me­canismo de la visión misma; el resto del ojo actúa como cascarón protector y ambas partes son necesarias, pues no pueden existir una sin la otra. Así ocurre en el Logos, aunque la analogía exis­te en tan alto nivel que las palabras sólo confunden y velan la verdad. Algunos hijos de los hombres, un núcleo que alcanzó una muy elevada iniciación en el sistema solar anterior, formaron un grupo esotérico alrededor del Logos, cuando él decidió obte­ner un mayor progreso. En consecuencia, formó el actual sistema, impulsado por el deseo cósmico de encarnar. Este grupo esotérico permanece con el Logos en el plano atómico, o primer plano del sistema, en el aspecto interno subjetivo, que en sentido oculto co­rresponde a la pupila del ojo. El verdadero hogar de estas gran­des Entidades está en el plano búdico cósmico.

Gradualmente y tras penosos esfuerzos, algunos Maestros se han capacitado o se están capacitando, para sustituir a los miem­bros originales del grupo, a fin de que puedan volver a un centro cósmico alrededor del cual gira nuestro sistema solar y el siste­ma mayor de Sirio. Uno que otro adepto reúne las condiciones ne­cesarias, pues involucra el desarrollo de cierto tipo de respuesta a la vibración cósmica, lo cual supone la especialización de la visión interna y también el desarrollo de cierta medida de visión cósmica. A este Sendero pasa un mayor número de entidades de la evolución dévica que de la humana. Los seres humanos pa­san vía la evolución dévica, en la que pueden ingresar, transfi­riéndose al quinto Sendero, el Sendero de los Rayos. En este Sendero pueden fusionarse las dos evoluciones, y del quinto se puede entrar en el sexto.

7. El Sendero de la Filiación Absoluta.

Esta Filiación es una analogía, en el plano superior, de ese grado del discipulado que llamamos “Hijo del Maestro”. Es la Filiación con un Ser más elevado que nuestro Logos, del Cual nada puede decirse. Es el gran Sendero kármico controlador. Los Señores Lipikas están en este Sendero y todos los capacitados para ese trabajo y que se hallan cerca del Logos, en sentido íntimo y personal, pasan al Sendero de Filiación Absoluta. Es el Sen­dero de quienes son especialmente íntimos del Logos y en Sus manos Él ha puesto el agotamiento del karma en el sistema so­lar. Conocen Sus deseos, Su voluntad y Sus fines, y a Ellos Les confía el cumplimiento de Sus mandatos. Este grupo, asociado con el Logos, forma un grupo especial vinculado con un Logos aún más elevado.

CAPÍTULO XIX

REGLAS PARA ASPIRANTES

Existen ciertos aforismos y mandatos que el solicitante a la iniciación debe estudiar y obedecer. Hay una gran diferencia entre los términos “aspirante al sendero” y “solicitante de la ini­ciación”. El que aspira al discipulado y se esfuerza por llegar a él no está comprometido, de ninguna manera, a adoptar la mis­ma actitud y disciplina específica que el solicitante de la inicia­ción y puede emplear el tiempo que quiera en hollar el sendero de probación. Quien busca la iniciación está en distinta posición, y, presentada la solicitud, debe disciplinar su vida bajo normas definidas y seguir un régimen estricto, optativo para el discípulo..

A continuación se dan catorce reglas extraídas de una serie de instrucciones recopiladas para quienes ansían recibir la pri­mera iniciación.

Regla Uno.

Que el discípulo investigue dentro de la profunda caverna del corazón. Si allí arde intensamente el fuego, dando calor a su hermano, pero no a sí mismo, ha llegado el momento de solicitar autorización para presentarse ante el portal.

Cuando el amor a todos los seres, sin tener en cuenta quie­nes son, comienza a ser una realidad en el corazón del discípulo y, al mismo tiempo, el amor a sí mismo no existe, indica que se está acercando al Portal de la Iniciación y puede prestar los jura­mentos preliminares necesarios, antes de que su Maestro entre­gue su nombre como solicitante de la iniciación. Si no le im­porta el sufrimiento y el dolor del yo inferior, si le resulta in­diferente ser feliz o no, si el único propósito de su vida es servir y salvar al mundo y si las necesidades del prójimo son para él de ma­yor importancia que las propias, recién entonces el fuego del amor irradia de su ser y el mundo podrá sentirse confortado ante sus pies. Este amor debe ser una manifestación probada y práctica y no sólo una teoría ni simplemente un ideal impracticable y un sentimiento grato, sino algo surgido de las experiencias y prue­bas de la vida, de tal modo que el primer impulso de la vida sea el autosacrificio y la inmolación de la naturaleza inferior.

Regla Dos.

Cuando la solicitud ha sido presentada en triple forma, que el discípulo la retire y olvide que la ha presentado.

En esto reside una de las pruebas iniciales. El discípulo debe adoptar la actitud mental de no importarle recibir o no la inicia­ción.. No debe tener ningún móvil egoísta. Sólo las solicitudes que llegan al Maestro mediante la energía engendrada por mó­viles puros y altruistas son trasmitidas por É1 al ángel que lleva los registros de la Jerarquía; sólo recibirán respuesta a sus demandas los discípulos que ansían la iniciación porque con­fiere un mayor poder para ayudar y bendecir. Quienes carecen de interés por la iniciación no recibirán respaldo esotérico, y los que por egoísmo o curiosidad ansían participar en los misterios, no atravesarán el portal y permanecerán afuera llamando. Quie­nes están dispuestos a servir y se sienten abrumados por las ne­cesidades del mundo y se les ha despertado el sentido de la res­ponsabilidad personal, han cumplido con la ley, llaman y reciben respuesta, solicitan y son reconocidos; ellos demandan mayor po­der para ayudar, y esta demanda es oída por Aquellos que silen­ciosamente esperan.

Regla Tres.

Triple debe ser el llamado, tomando mucho tiempo su enun­ciación. Que el discípulo emita su llamado a través del de­sierto, sobre los mares y a través de los fuegos que lo sepa­ran del Portal oculto y velado.

Bajo esta simbología el discípulo recibe el siguiente mandato: que el desierto de la vida del plano físico florezca como la rosa, para que puedan surgir sonidos y perfumes del jardín de la vida inferior y una vibración muy intensa cruce el espacio intermedio entre el jardín y el portal; que aquiete las turbulentas aguas de la vida emocional, para que en su límpida y tranquila superficie se refleje ese portal y la vida inferior refleje la vida espiritual de la divinidad interna; que a través de la ígnea hoguera purifique móviles, palabras y pensamientos, resortes principales de la ac­tividad originada en el plano mental. Cuando sean controlados, coordinados y utilizados, aunque a veces inconscientemente, estos tres aspectos del ego en manifestación, el Dios interno, enton­ces se oirá la voz del discípulo demandando la apertura del portal. Cuando la vida inferior del plano físico se ha fertilizado, lo emocional estabilizado y lo mental trasmutado, nada impedirá que se abra el portal para que entre el discípulo. Sólo la vibra­ción sincronizada con lo que está del otro lado de la puerta, de­termina su apertura, y cuando la clave de la vida del discípulo se sintoniza con la de la Jerarquía, se abrirán las puertas una tras otra y nada podrá impedirlo.

Regla Cuatro.

Que el discípulo se ocupe de cuidar el fuego, nutrir las vidas menores y mantener así girando la rueda.

Éste es un mandato para recordar al discípulo su responsabili­dad hacia sus numerosas vidas inferiores, que en su totalidad cons­tituyen su triple cuerpo de manifestación. Así es posible la evolu­ción, y cada vida en los diferentes reinos de la naturaleza, cum­plirá consciente o inconscientemente su función de energetizar co­rrectamente aquello que es para ella lo que el Sol para el planeta. Así el desenvolvimiento del plan logoico proseguirá con mayor precisión. El reino de Dios es interno y el deber de ese oculto Regidor interno es dual; primero hacia esas vidas que forman los cuerpos físico, astral y mental y, segundo, hacia el macrocosmos del cual el microcosmos es sólo una parte infinitesimal.

Regla Cinco.

Que el aspirante procure que el Ángel solar atenúe la luz de los ángeles lunares, permaneciendo como única luminaria en el cielo microcósmico.

Para cumplir este mandato, todo aspirante debe hacer dos cosas: primero, estudiar su origen, comprender su propia sicolo­gía, esotéricamente entendidos, y llegar a ser científicamente cons­ciente de la naturaleza real del ego o yo superior, actuando en el cuerpo causal. Después debe cerciorarse en el plano físico, de su innata divinidad por medio de los tres cuerpos inferiores, demos­trando progresivamente su valor esencial. Segundo, estudiar la constitución del hombre, comprender el método de funcionamien­to de la naturaleza inferior, darse cuenta de la interdependencia e interrelación de todos los seres vivientes y poner bajo control las vidas inferiores que componen los tres cuerpos de manifesta­ción. Así, el Señor solar, Realidad interna, Hijo del Padre y Pen­sador en su propio plano, se convierte en intermediario de lo que es terrenal y lo que tiene su hogar dentro del Sol. Dos ver­sículos de la Biblia cristiana ocultan en su fondo algo de esta idea, y a los estudiantes occidentales les será útil meditar sobre ellos: “Los reinos de este mundo se han convertido en el reino de nues­tro Señor y de Su Cristo”, “¡O Señor, Dios Nuestro, otros señores además de Ti han tenido dominio sobre nosotros; pero sólo por Ti nosotros mencionaremos Tu nombre!”. El último versículo es particularmente interesante, porque demuestra la omisión del so­nido inferior y la fuerza creadora de aquello que es de origen superior.

Regla Seis.

Los fuegos purificadores arden tenuemente cuando el tercero es sacrificado al cuarto. Por lo tanto, que el discípulo se abs­tenga de quitar la vida y que nutra lo más inferior con el producto del segundo.

Esta regla puede aplicarse a la conocida norma de que el dis­cípulo debe ser estrictamente vegetariano. La naturaleza inferior se embota y densifica y la llama interna no puede brillar cuando se incluye la carne en la dieta. Esta regla es rígida e inviolable para los solicitantes. Los aspirantes pueden o no consumir carne, según prefieran, pero en cierto etapa del sendero es esencial la abstención de cualquier tipo de carne y es necesario vigilar con estricta atención la dieta. El discípulo debe limitarse a las ver­duras, cereales, frutas y legumbres, pues sólo así será capaz de construir el tipo de cuerpo físico que pueda resistir la entrada del hombre real que ha permanecido ante el Iniciador en sus vehícu­los sutiles. Si no hiciera esto y pudiera recibir la Iniciación sin haberse preparado de este modo, el cuerpo físico sería destruido por la energía que fluye a través de centros recientemente esti­mulados y surgirían graves peligros para el cerebro, la columna vertebral y el corazón.

No pueden dictarse reglas rígidas o ascéticas, excepto la regla inicial de prohibición absoluta ‑para todos los que solicitan la iniciación‑ de carnes, pescados, licores y el uso del tabaco. Para quienes pueden soportarla, es mejor eliminar de la dieta los hue­vos y el queso, aunque esto no es en modo alguno obligatorio; pero para quienes están desarrollando facultades síquicas de cual­quier tipo, es aconsejable abstenerse de consumir huevos y mo­derarse en el queso. La leche y la manteca entran en diferente categoría, y la mayoría de los Iniciados y solicitantes consideran necesario incluirlas en la dieta. Pocos pueden subsistir y retener todas sus energías físicas con la dieta vegetariana, pero allí está encerrado el ideal, y como bien se sabe, éste rara vez se logra en el actual período de transición.

A este respecto conviene recalcar dos cosas: primero, la ne­cesidad del sentido común en el solicitante, factor del cual se carece frecuentemente, y los estudiantes deberían recordar que los fa­náticos desequilibrados no son miembros deseables para la Jerar­quía. El equilibrio, el justo sentido de proporción, la debida consideración de las condiciones del medio ambiente y un sensato sentido común, es lo que caracteriza al auténtico esoterista. Cuando existe el verdadero sentido del buen humor, muchos peligros pueden evitarse. Segundo, el reconocimiento del factor tiempo y la capacidad de efectuar lentamente los cambios en la dieta y en los hábitos de toda la vida.

En la naturaleza todo progresa lentamente, y los solicitantes deben aprender la verdad oculta de la frase: “Apresúrate despa­cio”. El proceso de eliminación gradual es generalmente el sen­dero de la sabiduría, y este período eliminatorio ‑bajo condicio­nes ideales, que raras veces existen‑ debe abarcar la etapa que llamamos del aspirante, para que cuando el hombre se convierta en un solicitante de la iniciación, haya realizado la necesaria pre­paratoria purificación de la dieta.

Regla Siete.

Que el discípulo dirija su atención a la enunciación de esos sonidos que repercuten en el aula donde deambula el Maes­tro. Que no emita las notas menores que inician la vibración dentro de las aulas de maya.

El discípulo que desea pasar los Portales de la Iniciación, no lo conseguirá hasta conocer el poder del lenguaje y del silencio. Esto tiene una significación más amplia y profunda de lo que parece, porque cuando se interpreta correctamente, entraña la clave de la manifestación, el indicio de los cielos mayores y la re­velación del propósito que subyace en el pralaya. Cuando el hom­bre comprenda la significación de la palabra hablada y utilice el silencio de los altos lugares, para producir determinados efectos en algún plano, podrá ser admitido en los reinos donde cada so­nido y cada palabra pronunciada generan potentes resultados en algún tipo de materia, siendo energetizada por dos factores pre­dominantes: a) una voluntad poderosa, científicamente aplicada, b) un móvil correcto, purificado en los fuegos.

El adepto es un creador en materia mental, un promotor de impulsos en el plano mental, produciendo resultados en la mani­festación astral o física. Estos resultados son poderosos y efecti­vos, de ahí la necesidad de que su originador tenga una mentali­dad pura, exactitud al hablar y habilidad en la acción. Cuando el solicitante comprenda esto, se operarán inmediatamente importan­tes cambios en su vida diaria, los cuales podrían ser enumerados de acuerdo a su utilidad práctica:

  1. Investigará cuidadosamente los móviles y vigilará estric­tamente los impulsos originantes. De ahí que durante el primer año, donde el aspirante se dedica a preparase pa­ra la iniciación, deberá anotar, tres veces al día, las in­vestigaciones que persigue, lo concerniente a sus móvi­les y el resorte principal de su acción.

  1. Vigilará lo que dice y se esforzará en eliminar toda pa­labra hiriente, innecesaria e inútil. Estudiará los efectos de la palabra hablada e investigará el impulso que la ori­gina, que en todos los casos inicia la acción en el plano físico.

  1. Cultivará el silencio y lo guardará estrictamente en lo que a él concierne, a su tarea y a sus conocimientos ocul­tos, a los asuntos con quienes está asociado y al trabajo esotérico en su grupo. Sólo en los círculos del grupo o en relación con sus superiores, se permitirá más libertad en el lenguaje. Hay un momento para hablar y ese mo­mento llega cuando se puede servir al grupo con pala­bras inteligentes y una cuidadosa advertencia sobre las condiciones buenas o malas; cuando es necesario decirle algo a un hermano respecto a la vida interna, o al di­rigente de algún grupo; cuando un miembro por equí­voco obstaculiza al grupo; cuando ese miembro puede ayudar al grupo si se le asigna un trabajo distinto.

  1. Estudiará el efecto de la Palabra Sagrada y dispondrá cuidadosamente las condiciones para su empleo. Emitirá la Palabra y sus efectos girarán sobre determinado cen­tro esotérico (en ningún caso un centro físico) y, por lo tanto, influirá y reglamentará la vida.

El solicitante de la iniciación debe abocarse al estudio de los sonidos y las palabras, sagradas o no, y sobre todo deberán ha­cerlo intensamente los grupos esotéricos a formarse.

Regla Ocho.

Cuando el discípulo se acerca al Portal, los siete mayores deben despertar y evocar, sobre el doble círculo, respuesta de los siete menores.

Esta regla es muy difícil y entraña un peligro para el hombre que trata de seguir prematuramente el sendero final. Textual­mente, puede interpretarse así: que el iniciado en cierne debe desarrollar en cierto modo la vibración de los siete centros de la cabeza, y poner así en acrecentada actividad vibratoria los siete centros del cuerpo en el plano etérico, afectando, por medio de la recíproca vibración, los siete centros físicos, que inevitablemen­te quedarán estimulados cuando los centros etéricos lleguen a su máxima vibración. No es necesario extendernos sobre este punto, pues basta señalar que a medida que los siete centros de la cabeza responden al ego, los siete, centros siguientes,

  1. la cabeza, considerada como unidad,
  2. el corazón,
  3. la garganta,
  4. el plexo solar,
  5. la base de la columna vertebral,
  6. el bazo,
  7. los órganos genitales,

son también afectados, dentro de las líneas de purificación y con­trol. Esto producirá resultados en los órganos estrictamente físi­cos, a través de los cuales funciona el hombre en el plano físico. Por ejemplo, el hombre puede transferir conscientemente el fuego creador y la energía desde los órganos genitales a la garganta, o mediante el control consciente del corazón, que produce la sus­pensión de la acción del cuerpo físico. Esto no se logra por las prácticas del Hatha Yoga o el enfoque de la atención en los órga­nos físicos, sino cuando se ha desarrollado el control, por el Dios interno, que actúa a través del centro coronario, dominando así todo lo que debe conocerse referente a la energía y sus puntos.

Por lo tanto, el solicitante aplicará todas sus energías al des­arrollo de la vida espiritual, y éste será el resultado del recto pen­samiento, la meditación y el servicio. Por el estudio profundo de todo lo que debe conocerse referente a la energía y sus puntos focales, coordinará su vida de modo que la vida del espíritu podrá fluir a través de ella. Este estudio solo puede emprenderse ac­tualmente sin peligro en forma grupal y bajo la guía de un ins­tructor. Los estudiantes se comprometerán a no permitir expe­rimentar con sus vidas ni a jugar con los fuegos del cuerpo. Sólo se dedicarán a la comprensión teórica y a una vida de servicio.

Los centros se desarrollarán entonces normalmente, mientras el solicitante procura amar a sus semejantes en verdad y de hecho, a servir de todo corazón, a pensar inteligentemente y a vigilarse a sí mismo. También observará y anotará todo lo que en su vida interna le parezca relacionarse con la evolución de los centros. El instructor revisará estas notas, hará el comentario, buscará las deducciones, y los informes así obtenidos se archivarán para servir de referencias al grupo. De este modo se puede acumular mucho conocimiento útil.

El solicitante que abuse del conocimiento, que se dedique a “las prácticas de respiraciones para el desarrollo mediumnímico” o a concentrarse en los centros, fracasará inevitablemente en su empeño de llegar al portal, y pagará el precio con su cuerpo, con perturbaciones mentales, condiciones neurasténicas y diversas do­lencias físicas.

Regla Nueve.

Que el discípulo se fusione dentro del círculo de los demás yoes. Que se fusione en un solo color y aparezca su unidad. Sólo cuando el grupo es presentido y conocido, la energía puede emanar sabiamente.

Todos los discípulos y aspirantes a la iniciación deben encon­trar ese grupo particular de servidores al que pertenecen en el plano interno, reconocerlos en el plano físico y unirse a ellos en bien de la humanidad. Este reconocimiento se basará en:

a. Unidad de objetivo.

b. Unicidad de vibración.

c. Similitud en la afiliación grupal.

d. Lazos kármicos muy antiguos.

e. Capacidad para trabajar armoniosamente.

A primera vista esta regla parece ser una de las más sencillas, aunque no lo sea en la práctica. Errores se cometen fácilmente, y trabajar armoniosamente en el alineamiento de un grupo no es tan simple como parece. Aunque haya vibración y relación egoicas, no obstante, quizás las personalidades no armonicen. Por lo tanto, el trabajo del solicitante consiste en esforzar el aferra­miento de su ego a su personalidad, para posibilitar la rela­ción esotérica del grupo en el plano físico, lo cual se conseguirá por la disciplina de su propia personalidad, y no corrigiendo a sus hermanos.

Regla Diez.

La Hueste de la Voz, los devas, en sus graduadas filas, tra­bajan incesantemente. Que el discípulo se dedique a consi­derar sus métodos; que aprenda las reglas por las cuales la Hueste trabaja dentro de los velos de maya.

Esta regla se refiere al trabajo de investigación esotérica, lo cual deben realizar en un momento u otro, quienes buscan la ini­ciación. Aunque no es prudente para el que no está iniciado, in­miscuirse en la evolución paralela de los devas, sin embargo, es necesario y seguro investigar el procedimiento seguido por los constructores, y los métodos que emplean al reproducir, a tra­vés del cuerpo etérico, el arquetipo de lo que denominamos mani­festación física; sus grupos deben ser conocidos teóricamente y también considerarse los sonidos que los ponen en actividad. Por lo tanto, se requiere que todos los solicitantes hagan un estudio organizado de:

  1. El propósito del sonido.

  1. El significado esotérico de las palabras, de la gramática y la sintaxis.

3. Las leyes de la vibración y de la electricidad, y muchos otros estudios subsidiarios concernientes a la manifesta­ción de la divinidad y de la conciencia, por medio de la sustancia dévica y la actividad de los devas superiores. Se investigarán también las leyes del macrocosmos y se reconocerá la analogía entre las actividades del microcos­mos y la activa manifestación del macrocosmos.

Regla Once.

Que el discípulo transfiera el fuego desde el triángulo inferior al superior y preserve aquello que es creado por el fuego en el punto medio.

Esto literalmente significa que el iniciado controle lo que se entiende generalmente por impulso sexual y la trasferencia del fuego que ahora vitaliza normalmente los órganos genitales, al centro laríngeo, llegando a la creación en el plano mental, por medio de la mente. Aquello que se ha de crear, debe ser nutrido y mantenido por la energía amor de la naturaleza, emanada del centro cardíaco.

El triángulo inferior mencionado es:

1. El plexo solar.

2. La base de la columna vertebral.

3. Los órganos genitales.

Mientras que el superior, como se ha señalado, es:

1. La cabeza.

2. La garganta.

3. El corazón.

Esto puede ser interpretado por el lector superficial como el mandato de ser célibe, y la promesa, por el solicitante, de que se abstendrá de toda manifestación física del impulso sexual. Pero no es así. Muchos iniciados han logrado su objetivo cuando, co­rrecta e inteligentemente, participaron en la relación matrimonial. El iniciado cultiva una peculiar actitud mental, donde reconoce que todas las formas de manifestación son divinas, y que el plano físico es una forma de expresión divina como cualquiera de los planos superiores. Se da cuenta que la manifestación más íntima de la divinidad debe estar bajo el control consciente de la divi­nidad interna, y que todo acto debe ser regido por el esfuerzo de cumplir todos los deberes y obligaciones, supervisar toda acción y actuación y utilizar el vehículo físico, de modo que el grupo pueda ser beneficiado por ello y ayudado en su progreso espiri­tual, en la ley perfectamente cumplida.

No se puede negar que en ciertas etapas es aconsejable que el hombre logre perfecto control, en determinado sentido, por me­dio de una temporaria abstención, pero esto es un medio para un fin, que será seguido por etapas, cuando obtenido el control ­el hombre demuestre los atributos de la divinidad a través del cuerpo físico, y cada centro se use normal e inteligentemente para desarrollar los propósitos de la raza.

Los Iniciados y Maestros contraen matrimonio en muchos ca­sos, y normalmente cumplen con sus deberes conyugales y domés­ticos como esposos y esposas, pero se controlan y regulan por el propósito y la intención, y ninguno se deja llevar por la pasión ni el deseo. En el hombre perfecto, en el plano físico, todos los centros están completamente controlados, siendo su energía uti­lizada legítimamente. La voluntad espiritual del divino Dios in­terno es el factor principal; así habrá manifiesta unidad de es­fuerzo en cada plano, por medio de todos los centros, para el ma­yor bien de un mayor número.

He tratado estos temas porque muchos estudiantes se con­funden y adoptan una actitud mental que atrofia completamente la naturaleza física normal, o bien se entregan al libertinaje bajo el pretexto de “estimular los centros” y acrecentar el desenvolvi­miento astral. El verdadero iniciado debe ser conocido por su prudente y santificada normalidad, por su constante conformidad con lo que es para bien del grupo, según las leyes del respectivo país, por el control y abstención de todo tipo de excesos y por el ejemplo de vida espiritual y rectitud moral que da a sus asocia­dos, juntamente con la disciplina de su vida.

Regla Doce.

Que el discípulo aprenda a utilizar su mano para servir; que busque en sus pies la marca del mensajero; que aprenda a ver con el ojo que observa, situado entre los dos ojos.

Esta regla parece fácil de interpretar a simple vista, como si se le ordenara al aspirante utilizar las manos para servir, los pies en los mandados jerárquicos y desarrollar la clarividencia. Pero el verdadero significado es mucho más esotérico. Comprendido ocultamente, el “empleo de las manos” es la utilización de los chakras o centros de las palmas de las manos para:

  1. Curar las dolencias corpóreas.
  2. Bendecir y curar las dolencias emocionales.
  3. Elevar las manos en oración, o emplear sus centros du­rante la meditación, cuando se manipula materia y co­rrientes.

Estos tres puntos requieren cuidadosa consideración, y los estudiantes occidentales pueden aprender mucho si estudian la vida de Cristo y consideran Sus métodos al emplear Sus manos. Nada más se puede agregar, pues el tema es demasiado vasto para que nos extendamos en este breve comentario.

La “señal del mensajero” en los pies, se refiere a ese bien co­nocido símbolo de las alas en los pies de Mercurio. Mucho se le revelará al estudiante sobre este tema en las escuelas esotéricas, que sintetiza todo cuanto se sabe acerca del Mensajero de los Dio­ses, y también se estudiará cuidadosamente la información que los estudiantes de astrología han adquirido sobre el planeta Mercurio y la que los estudiantes de esoterismo han reunido acerca de la ronda interna.

Superficialmente, la expresión “el ojo que observa, situado entre los dos, parece significar el tercer ojo que utilizan los cla­rividentes, pero su significado es mucho más profundo y se oculta en los siguientes hechos:

  1. Que la visión interna es aquello que todos los seres au­toconscientes, desde un Logos a un hombre, están des­arrollando.

  1. Que el ego o yo superior es, respecto a la mónada, lo que el tercer ojo es respecto al hombre, por lo tanto, se lo describe como si mirase entre la mónada o yo es­piritual por un lado, y el yo personal por otro.

Por consiguiente, en su sentido más amplio, esta regla incita al aspirante a desarrollar la autoconciencia y a aprender a actuar, en cuerpo causal, en los niveles superiores del plano mental, con­trolando desde allí los vehículos inferiores y viendo claramente todo cuanto puede verse en el pasado y en el futuro en los tres mundos.

Regla Trece.

El discípulo debe aprender y comprender cuatro cosas antes de serle revelado el misterio más recóndito: primero, las le­yes que rigen aquello que irradia; segundo, los cinco signi­ficados de la magnetización; tercero, la transmutación o el se­creto perdido de la alquimia y, por último, la primera letra de la Palabra impartida o el oculto nombre egoico.

No podemos extendernos sobre esta regla. Se refiere a mis­terios y temas demasiado grandes para ser tratados aquí. La in­cluimos en estas reglas para que sirva de tema de meditación, estudio y reflexión grupal.

La regla final es muy breve y consiste en cinco palabras.

Regla Catorce.

Escuchen, toquen, vean, apliquen, conozcan.

Estas palabras conciernen a aquello que los cristianos llama­rían la consagración de los tres sentidos principales y su empleo en la evolución de la vida interna espiritual. Luego se aplica lo aprendido y comprobado, seguido por la fructificación del cono­cimiento adquirido.

CATECISMO ESOTÉRICO

Las siguientes palabras corresponden al Archivo XIII de los Anales de los Maestros y contienen en si un mensaje para el lucha­dor en el camino. Poseen las características de algún catecismo antiguo, y las recitaban quienes participaban en los misterios menores antes de pasar a los mayores.

¿Qué ves tú, oh Peregrino? Eleva tus ojos y di lo que con­templas.

Veo una escala que se eleva hacia la bóveda celeste, su base des­aparece en las brumas y nieblas que circulan alrededor de nuestro planeta.

¿Dónde te encuentras tú, oh Peregrino? ¿Sobre qué descan­san tus pies?

Me hallo en una parte de la escala, ya casi he ascendido la cuarta división; lo restante se extiende ante mí en las tinieblas de una noche tormentosa. Más allá de esa esfera de completa tiniebla, veo que se eleva nuevamente la escala, radiante y luminosa en su quinta división.

¿Qué caracteriza esas divisiones que describes como separa­das de otras? ¿No forman todas ellas una única escala de pro­porciones claramente definidas?

Siempre aparece un vacío ante mí, que al acercarme se convierte en una Cruz, por la cual se asciende a la siguiente división.

¿Qué forma la Cruz? ¿Cómo ayuda a elevarte?

La Cruz está formada por aspiraciones inspiradas por el anhelo Deiforme que cercena los deseos del mundo inferior, implantados por la vida desarrollada desde abajo.

Explica con mayor claridad lo que quieres significar y cómo esa Cruz se trasforma en Camino.

Los brazos que forman la Cruz se convierten en esa gran línea divisoria ubicada entre lo inferior y lo superior. Sobre esos bra­zos están clavadas las manos, manos codiciosas, posesoras, que des­empeñan bajos menesteres, por el entrenamiento adquirido en el transcurso de muchas épocas. Y he aquí, que cuando las manos están sujetas e imposibilitadas, ya no pueden aferrarse y man­tenerse, la vida interna se escapa de su envoltura y asciende por el brazo vertical. Pasa del cuaternario inferior, y la Cruz tiende un puente sobre el vacío.

¿Pasan fácilmente los que ascienden por ese brazo y dejan atrás el cuaternario?

Pasan a través de lágrimas, nubes y brumas; sufren y perecen. Se despiden de todos sus amigos en la tierra, ascienden solos el Camino; atraviesan el vacío con acciones amorosas, practicadas en el dolor del vivir; extienden su mano al que está más arriba, y se inclinan tendiendo la otra al hermano que está más abajo. Las manos liberadas de los brazos transversales quedan libres, pero para ser ofrendadas. Sólo las manos vacías, heridas por los cla­vos, pueden mantener la cadena intacta.

¿Dónde termina la escala? ¿Qué punto de la oscuridad atra­viesa y dónde proyecta su fin?

Corta la esfera que se cristaliza con todas sus miríadas de formas, penetra en el plano acuoso bañado por las mareas, pasa por el in­fierno, desciende a la ilusión más densa y termina en el fuego latente, el ardiente lago ígneo, rozando a los moradores del fue­go, los Agnichaitanas del calor escarlata.

¿Hasta dónde asciende la escala? ¿Dónde termina?

Asciende a través de las esferas radiantes y atraviesa sus seis di­visiones. Se eleva hasta el poderoso sitial dentro del quíntuple final y desde allí pasa a otro superior.

¿Quién está sentado en el poderoso Sitial, dentro del quinto final?

Aquel cuyo Nombre no se menciona, sino en completa adoración; el Joven de los Eternos Veranos, la Luz de la Vida Misma, el Uno Maravilloso, el Anciano de los Días, el Señor del Amor Venusino, el Gran Kumara de la Espada Flamígera, la Paz de toda la Tierra.

¿Este Ser maravilloso está solo en su trono de zafiros?

Se encuentra solo, sin embargo cerca de los peldaños del arco iris se hallan otros tres Señores, cosechando el producto de Su trabajo y sacrificando todo lo adquirido para ayudar al Señor de Amor.

¿Se los ayuda en Su trabajo? ¿Se encuentran en la escala otros Seres de mayor poder que los nuestros?

Estos poderosos Cuatro, y la Acción y el Amor, trabajan en inte­ligente colaboración con Sus hermanos de grado inferior, los tres Grandes Señores conocidos.

¿Quién ayuda a estos poderosos Señores? ¿Quién lleva a cabo Su trabajo, uniendo lo inferior con lo superior?

Los Hermanos del Amor logoico en todos Sus grados. Ellos per­manecen dentro del quinto final, hasta que Éste absorbe total­mente al cuarto.

Entonces, ¿hacia dónde asciende la escala?

Hacia el más grande Señor de todos, ante Quien, hasta el Anciano de los Días se doblega en obediencia; ante Cuyo trono de luz re­fulgente, Ángeles de elevado rango, Maestros y Señores de la máxima compasión, Se postran y Se doblegan, esperando la Pala­bra para levantarse.

¿Cuándo se pronuncia esa Palabra, y qué sucede cuando re­suena a través de las esferas?

Esta Palabra no se pronuncia hasta estar todo concluido, hasta que el Señor de Amor infinito considere correcto el trabajo. Entonces Él pronuncia una palabra menor que vibra a través del esquema. El Señor de Amor Cósmico, al escuchar el sonido circulante, com­pleta el acorde, y exhala el todo.

¿Qué se verá, oh Peregrino en el Camino, cuando suene ese acorde final?

La música de las esferas infinitas; la unión de los siete; el fin de las lágrimas, del pecado, de la lucha y de la desintegración de las formas; el término de la escala, la fusión con el Todo, completan­do las circulantes esferas y su entrada en la paz.

¿Qué parte, oh Peregrino en el Camino, desempeñas en este esquema? ¿Cómo entrarás en la paz? ¿Cómo te encontrarás ante tu Señor?

Desempeño mi parte con firme decisión y aspiración; miro arriba; ayudo abajo; no sueño ni descanso; trabajo; sirvo, siembro; ruego; Yo soy la Cruz; Yo soy el Camino; olvido mi trabajo realizado; me elevo sobre mi yo vencido; mato el deseo; me esfuerzo, olvidando toda recompensa; renuncio a la paz; re­chazo el descanso, y en la tensión del dolor me pierdo a mi mismo, para encontrarme a Mí mismo y así penetrar en la paz.

GLOSARIO

Adepto. Un Maestro o un ser humano que, habiendo seguido la senda de la evolución y entrado en la etapa final del Sendero de Iniciación, ha recibido cinco iniciaciones y, por lo tanto, ha pasado al quinto reino o reino espiritual, y debe recibir sólo dos iniciaciones más.

Adi. El Primero., el primitivo, el plano atómico del sistema solar, el superior de los siete planos.

Agni. El Señor del Fuego en los Vedas. El más antiguo y reve­renciado de los Dioses de la India. Una de las tres grandes deidades: Agni, Vayu y Surya, y también las tres, porque es el triple aspecto del fuego, y fuego es la esencia del sistema solar. Dice la Biblia: “Nuestro Dios es un fuego consumidor”. Es también el símbolo del plano mental, del que Agni es pre­eminente Señor.

Agnichaitanas. Grupo de devas del fuego.

Antakarana o Antaskarana. El camino o puente entre la mente superior y la inferior, que sirve como medio de comunicación entre ambas. Lo construye el mismo aspirante con materia mental.

Ashrama. El centro en que el Maestro reúne a los discípulos y aspirantes para instrucción personal.

Atlántida. Continente sumergido en el océano Atlántico, según Platón y la enseñanza esotérica. Fue asiento de la cuarta raza raíz, a la que llamamos raza atlante.

Atma. Es Espíritu universal, la Mónada divina; el séptimo Prin­cipio denominado así en la constitución septenaria del hom­bre. (Véase diagrama en la Introducción)

Atómico (subplano). Los ocultistas dividen la materia del sis­tema solar en siete planos o estados, de los que el atómico es el superior. Análogamente, cada plano se divide en siete subplanos, de los que el superior es el subplano atómico. Exis­ten, por consiguiente, cuarenta y nueve subplanos, y siete de ellos subatómicos.

Atomo permanente. Los cinco átomos más la unidad mental, un átomo en cada uno de los cinco planos de la evolución huma­na (la unidad mental se halla también en el plano mental), de los cuales la mónada se apropia para manifestarse. For­man un centro estable y son relativamente permanentes. Al­rededor de ellos se construyen los cuerpos o envolturas. Li­teralmente son pequeños centros de fuerza.

Aura. Esencia o efluvio sutil e invisible que emana de los cuer­pos humanos y animales y hasta de los objetos inanimados. Es un efluvio síquico que participa al mismo tiempo de la mente y del cuerpo. Es electro vital y también electro mental.

Bodhisattva. El hombre cuya conciencia se ha convertido en in­teligencia o budi, y que sólo le falta pasar otra encarnación para llegar a ser Buda perfecto. El Bodhisattva, tal como se utiliza aquí., es el nombre del cargo que ocupa actualmente el Señor Maitreya, llamado Cristo en Occidente. Este cargo equi­vale al de Instructor del Mundo. El Bodhisattva es el Guía de todas las religiones del Mundo, y el Maestro de Maestros y de ángeles.

Buda. Nombre dado a Gautama. Nacido en la India más o me­nos en el año 621 a.C.; alcanzó el estado de Buda en el año 592 a.C. Buda significa “el iluminado”, y ha alcanzado el más elevado grado de conocimiento posible para el hombre, en nuestro sistema solar.

Budi. El alma universal o mente. En el hombre es el alma espi­ritual o sexto principio, por lo tanto, el vehículo de Atma, el Espíritu, que es el séptimo principio.

“Círculo infranqueable”. La circunferencia del sistema solar ma­nifestado, siendo la periferia de influencia del Sol, entendido esotérica y exotéricamente. El límite del campo de actividad de la fuerza central de la vida.

Cuaternario. El cuádruple yo inferior u hombre en los tres mun­dos. Existen varias divisiones del cuaternario, pero para nues­tro propósito es mejor enumerarlos de la manera siguiente:

1. Mente inferior.

2. Cuerpo emocional o kármico.

3. Prana o principio vida.

4. Cuerpo etérico o la división superior del doble cuerpo físico.

Cuerpo causal. Desde el punto de vista del plano físico, no es un cuerpo subjetivo ni objetivo. Es el centro de la conciencia egoica, y está formado por la conjunción de budi y manas. Es relativamente permanente, pues subsiste durante el cielo de encarnaciones y se desvanece después de la cuarta inicia­ción, cuando el hombre ya no debe reencarnar.

Cuerpo etérico o doble etérico. Según la enseñanza esotérica, el cuerpo físico consta de parte densa o cuerpo físico, propia­mente dicho, y cuerpo etérico. El cuerpo físico denso está formado por materia de los tres subplanos inferiores del plano físico, y el cuerpo etérico, por los cuatro subplanos superiores del plano físico.

Chohan. Señor, Maestro, Guía. En este libro se utiliza para designar a los Adeptos que han recibido y pasado la sexta ini­ciación.

Deva o Ángel. Un dios. En sánscrito es una deidad resplande­ciente. Un ser celestial, bueno, malo o indiferente. Los devas se dividen en muchos grupos y no sólo se los llama ángeles y arcángeles, sino constructores menores y mayores.

Elementales. Los espíritus de los elementos, las criaturas com­prendidas en los cuatro reinos o elementos: Tierra, Aire, Fuego y Agua. Excepto unos cuantos de clase superior y sus regidores, son fuerzas de la naturaleza, más bien que hom­bres etéreos.

Fohat. La electricidad cósmica, la luz primordial; la energía eléc­trica siempre presente, la universal fuerza vital propulsora; el poder incesantemente destructor y constructor, la síntesis de las múltiples modalidades de fenómenos eléctricos.

Grupos Egoicos. En el tercer subplano del quinto plano, el mental, se hallan los cuerpos causales de los individuos. Estos cuerpos son la expresión del ego o de la autoconciencia indi­vidualizada, y se reúnen en grupos según el rayo o cualidad del ego.

Guru. Instructor espiritual. Maestro en las doctrinas de la me­tafísica y la ética.

Huevo Aurico. Nombre dado al cuerpo causal por su forma ovoide.

Iniciación. De raíz latina, que significa el principio de una cien­cia. Se refiere a quien penetra en los misterios de la ciencia del yo y del no‑yo, en todos los yoes. El sendero de inicia­ción es la etapa final del sendero de la evolución humana, hollado por el hombre, y se divide en cinco etapas, llamadas las cinco iniciaciones.

Jerarquía. El grupo de seres espirituales en los planos internos del sistema solar, que constituye las fuerzas inteligentes de la naturaleza y dirige los procesos evolutivos. Se divide in­ternamente en doce Jerarquías. En nuestro esquema planetario, el de la Tierra, hay un reflejo de esta Jerarquía, lla­mada por los esoteristas Jerarquía oculta, constituida por chohanes, adeptos e iniciados, que actúan en el mundo por medio de sus discípulos. (Véase diagrama en la página 5l.)

Kali Yuga. “Yuga” es una era o cielo. Según la filosofía hindú nuestra evolución se divide en cuatro yugas o ciclos. El Kali Yuga es la época presente. Significa la “Era Negra”, período de 432.000 años.

Karma. La acción física. Metafísicamente es la ley de retribu­ción, de causa y efecto o de causación ética. Hay karma de mérito y karma de demérito. Es el poder que domina todas las cosas, la resultante de la acción moral y el efecto moral de un acto cometido para el logro de algo que satisface un deseo personal.

Kumaras. Los siete seres autoconscientes más elevados del sis­tema solar. Se manifiestan por medio de un esquema plane­tario, así como el hombre lo hace por medio del cuerpo físico. Los hindúes les dan, entre otros, el nombre de “hijos de Brah­ma nacidos de la mente”. Son la suma total de la inteligencia y la sabiduría. En el esquema planetario se refleja el orden del sistema. A la cabeza de nuestra evolución mundial está el primer Kumara, ayudado por otros seis, tres esotéricos y tres exotéricos, puntos focales para la distribución de la fuerza de los Kumaras del sistema.

Kundalini. El poder de la Vida: una de las fuerzas de la natura­leza que sólo conocen quienes se concentran en la yoga. Está latente en la base de la columna vertebral.

Lemuria. Término moderno empleado primeramente por algu­nos naturistas y ahora adoptado por los teósofos para indi­car el continente que, según La Doctrina Secreta de Oriente, precedió a la Atlántida. Fue el hogar de la tercera raza raíz.

Logos. La deidad manifestada en todo pueblo y nación. La ex­terna expresión o efecto de la causa eternamente oculta. El lenguaje es el pensamiento del Logos, porque Logos equivale a “Verbum” y “Palabra”, en sentido metafísico. (Véase San Juan 1. 1‑3)

Logos planetario. Este término se aplica generalmente a los siete espíritus superiores, correspondientes a los siete arcángeles de los cristianos. Todos pasaron por la etapa humana, y ahora se manifiestan a través de un planeta y sus evoluciones, así como el hombre lo hará a través de su cuerpo físico. Un espí­ritu superior planetario que actúa en cualquier globo, es en realidad un Dios personal del planeta.

Macrocosmos. El gran universo o Dios manifestado por medio de Su cuerpo, el sistema solar.

Mahachohan. El Guía del tercer gran Departamento de la Jerar­quía. Es el Señor de la Civilización; la floración del principio inteligencia; la personificación en el planeta, del tercer aspec­to, o aspecto inteligencia de la Deidad, en sus cinco activi­dades.

Mahamanvantara. El gran intervalo entre dos sistemas solares. Se aplicaba con frecuencia a los ciclos mayores solares. Es un período de actividad universal.

Manas o principio manásico. La mente, la facultad mental, que distingue al hombre de los animales. Es el principio indivi­dualizador, que capacita al hombre para darse cuenta de que él existe, siente y conoce. Algunas escuelas lo dividen en dos partes: la mente superior o abstracta, y la mente inferior o concreta.

Mántram. Versículos de los Vedas. En sentido exotérico, mán­tram (esa facultad o poder síquico que imparte percepción e ideas) es la parte más antigua de los Vedas, cuya segunda parte constituye los Brahmanas. En la fraseología esotérica el mántram es el verbo hecho carne u objetivado por magia divina. Es un conjunto de palabras o sílabas ordenadas rít­micamente, de manera que al pronunciarlas se generan cier­tas vibraciones.

Manu. Es el nombre representativo del gran Ser, el Regente, el Progenitor primordial y guía de la raza humana. La palabra manu deriva de la raíz sánscrita “man” que significa pensar.

Manvantara. Es el período de actividad en oposición al de re­poso, sin hacer referencia a la duración específica del ciclo. Frecuentemente se emplea para expresar un período de acti­vidad planetaria con sus siete razas.

Maya. En sánscrito es “ilusión”. Nombre del principio de la for­ma o limitación. Es el resultado de la manifestación. Se apli­ca generalmente en sentido relativo a los fenómenos o a las apariencias objetivas creadas por la mente.

Mayavi Rupa. En sánscrito “forma ilusoria”. Es el cuerpo de ma­nifestación creado por el adepto, mediante un acto de la vo­luntad, para emplearlo en los tres mundos. No tiene relación material con el cuerpo físico. Es espiritual y etérico y pasa a través de todo, sin ningún obstáculo. Se construye por el poder de la mente inferior, con el tipo más elevado de mate­ria astral.

Microcosmos. El diminuto universo, el hombre que se manifiest­a través de su cuerpo físico.

Mónada. El Uno, el triple espíritu en su propio plano. En esote­rismo significa, con frecuencia, la tríada unificada ‑Atma, Budi y Manas; voluntad espiritual, intuición y mente supe­rior‑ o la parte inmortal del hombre que reencarna en los reinos inferiores, progresando gradualmente a través de ellos hasta llegar al hombre, de allí a la meta final.

Nirmanakayas. Esos seres perfectos que renuncian al Nirvana (excelso estado de beatitud espiritual) y escogen una vida de abnegado sacrificio, convirtiéndose en miembros de la in­visible hueste que protege a la humanidad dentro de los lí­mites kármicos.

Prakriti. Su nombre deriva de su función como causa material de la primera evolución del universo. Está compuesto de dos raíces sánscritas: “Pra”, manifestar y “krita” hacer; signifi­ca la causa por la que el universo se manifestará a sí mismo.

Prana. El principio Vida, el aliento de la Vida. El esoterista dice: “consideramos la Vida como una forma de existencia, mani­fiesta en lo que denominamos materia o, separándola inco­rrectamente, llamamos espíritu, alma y materia en el hom­bre. La materia es el vehículo para la manifestación del alma en este plano físico de existencia; el alma es el vehículo para la manifestación del espíritu, y los tres son como una trinidad, sintetizados por la Vida que los compenetra a todos”.

Purusha. Es el yo espiritual. El yo encarnado. La palabra sig­nifica textualmente: “El que mora en la ciudad”, es decir, en el cuerpo. Deriva del sánscrito “pura”, que significa ciu­dad o cuerpo, y “usha”, derivado del verbo “vas”, residir.

Raja, Señor. La palabra “Raja” significa Rey o Príncipe y se aplica a los ángeles o entidades que animan los siete planos. Son grandes devas y el summum de la inteligencia controla­dora de un plano.

Raja Yoga. Es el verdadero sistema de desarrollar poderes síqui­cos y espirituales, y la unión con nuestro yo superior o ego. Requiere ejercicio, regulación y concentración mental.

Rayo. Es una de las siete corrientes de fuerza del Logos: las siete grandes luces. Cada una de ellas es la personificación de una gran Entidad cósmica. Los siete rayos se clasifican en tres Rayos de Aspecto y cuatro Rayos de Atributo:

Rayos de Aspecto

1. Rayo de Voluntad o Poder.

2. Rayo de Amor‑Sabiduría.

3. Rayo de Actividad o Adaptabilidad.

Rayos de Atributo

4. Rayo de Armonía, Belleza, Arte y Unidad.

5. Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia.

6. Rayo de Idealismo Abstracto o Devoción.

7. Rayo de Magia Ceremonial o Ley.

Estos nombres están seleccionados entre muchos, y personi­fican los diferentes aspectos de la fuerza, por medio de los cuales se manifiesta el Logos.

Raza Raíz. Una de las siete razas humanas que evolucionan en un planeta durante el gran ciclo de la existencia planetaria, al cual se denomina período mundial. La raza raíz aria, a la que pertenecen los indos, europeos y americanos modernos, es la quinta; los chinos y japoneses pertenecen a la cuarta raza.

Senza o Senzar. Lenguaje secreto sacerdotal o “lenguaje miste­rioso”, de los adeptos iniciados de todo el mundo. Es lenguaje universal, y en gran parte jeroglífico.

Señor de la Civilización. (Véase Mahachohan)

Señores de la Llama. Una de las grandes Jerarquías de Seres es­pirituales que guían el sistema solar. Tomaron a su cargo la evolución de la humanidad en este planeta, hace más o menos 18 millones de años, a mediados de la raza lemuria o tercera raza raíz.

Shamballa. La ciudad de los Dioses, situada para algunas nacio­nes en Occidente, para otras en Oriente, y aun para otras en el norte o en el sur. Es la Isla Sagrada en el desierto de Gobi. Es el hogar del misticismo y de la Doctrina Secreta.

Tríada. Es el hombre espiritual; la expresión de la mónada; el espíritu germinal, conteniendo las potencialidades de la divi­nidad, que se irán desarrollando en el transcurso de la evolu­ción. Esta Tríada constituye el yo individualizado o separado, el ego.

Viveka. Significa en sánscrito “discriminación”. El primer paso en la senda del esoterismo… ; es la discriminación entre lo real y lo irreal, sustancia y fenómeno, el yo y el no‑yo, el espíritu y la materia.

Wesak. Festival que se celebra en los Himalayas, en el plenilu­nio de Tauro. Se dice que en este festival están presentes todos los miembros de la Jerarquía, y que Buda renueva breve­mente su contacto y vinculación con el trabajo, en nuestro planeta.

Yoga. 1) Una de las seis escuelas de la India; se dice que fue fundada por Patanjali, pero que realmente es de origen muy anterior. 2) También significa la práctica de la meditación como medio de alcanzar la liberación espiritual.

NOTA. Este glosario no explica plenamente los términos mencio­nados. Es sencillamente el intento de traducir ciertas palabras empleadas en este libro, para que el lector comprenda su sig­nificado. La mayoría de las definiciones han sido extraídas del Glosario Teos6fico, de La Doctrina Secreta y de La Voz del Silencio.