Antisemitismo

 

 

PARTE I: DESDE LOS ORIGENES HASTA ROMA

 

Antisemitismo, agitación política, social y económica o de cualquier otro tipo en contra de los judíos. El término designa la forma de hablar y el comportamiento despectivo hacia el pueblo judío en general, independientemente de la religión.

 

Hasta aquí la definición del diccionario. Pero el antisemitismo engloba mucho más que un simple párrafo en un diccionario, es una historia de intolerancia y sangre que se remonta a los albores mismos de la civilización.

 

No se puede hablar de una causa única para el antisemitismo, pues éste obedeció a muchos motivos que van desde el temor a lo diferente hasta las diferencias religiosas, pasando por motivaciones económicas y profesionales.

 

Pero en verdad, ¿cuándo nace el antisemitismo?

 

“He aquí que el pueblo de los hijos de Israel es numeroso y más fuerte que nosotros. Seamos sagaces para con él por si se multiplica, pues será que cuando acontezca una guerra se agregará también él a nuestros enemigos y luchará contra nosotros…” (Éxodo 1:9-10)

 

Estas frases del Faraón engloban una de las primeras causales del antisemitismo: el miedo. Pero ¿miedo a qué?. En el Egipto de la época del Éxodo todavía estaba vivo el recuerdo de los invasores hiksos, los reyes pastores que durante 200 años ocuparon el trono del reino (hay historiadores que afirman que el Faraón que invitó a los judíos a establecerse en Goshén era miembro de la dinastía de los hiksos), y el monarca temía que los judíos se transformaran en una quinta columna dentro de su imperio y que le abriera las puertas a una nueva invasión del odiado enemigo.

 

Las consecuencias de este temor son bien conocidas por todos aquellos familiarizados con los textos bíblicos.

 

Tras la conquista de la tierra de Canaan, la vida del pueblo judío se desarrolló igual a la de todos los pueblos de la región, con sus avances y retrocesos, con sus conquistas y el ser conquistados, con sus jueces que enfrentaban a enemigos externos y con sus monarcas conquistadores o comerciantes, hasta la desaparición de los dos reinos, el de Israel y el de Judá. No se puede decir que en la conducta de los pueblos que destruyeron estos dos estados existiera un factor antisemita. Tanto los asirios como los babilonios, mientras existieron como imperios, se dedicaron a conquistar la mayor cantidad posible de territorio y llevar cautivas a las poblaciones de los países conquistados. Prueba de ello es que los judíos en Babilonia se desarrollaron como una comunidad fuerte que duró… ¡hasta la independencia del Estado de Israel en 1948! Si bien hubo dos episodios relatados en la Biblia que involucran a consejeros judíos del rey de Babilonia, no se pueden achacar al antisemitismo, sino a intrigas palaciegas.

 

Recién en tiempos del Imperio Persa encontramos un caso de antisemitismo evidente: “Y dijo Aman al rey Asuero: ‘Hay un pueblo esparcido y repartido entre los pueblos de todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes a las de todos los pueblos…’” (Ester 3:8)

 

Esta vez se trata del pueblo que se mantiene aislado, que no se asimila, que es fiel a sus costumbres. Es el odio a lo diferente que surge de las palabras de Aman. También el fin de la historia es conocido. Aman es destruido y los judíos a los que quiso eliminar se salvaron. Pero lo que encontramos de nuevo en este episodio es que, a diferencia del Faraón, que sólo mató a los varones judíos y dejó vivir a las niñas, el propósito de Aman era eliminar a todos los judíos, hombres mujeres y niños (el primer intento de “Solución final”)

 

Durante el gobierno de Alejandro Magno los judíos disfrutaron de paz y prosperidad en la Tierra de Israel rindiendo culto al Creador en el Templo de Jerusalén. Pero a la muerte de Alejandro, el Imperio fue repartido entre sus generales, quedando la Tierra de Israel en manos de los descendientes de Seleuco, quienes gobernaban el Imperio Greco-sirio.

 

Sabemos a través de los libros de historia que había dos cosas que los griegos amaban: la filosofía y la cultura física.

 

La Torá, base de la religión judía, les llamó poderosamente la atención, pero no como fundamento de una fe, sino como obra filosófica de alto contenido moral. Era interesante estudiarla, pero de ahí a cumplirla… leyes “bárbaras” como la circuncisión, que atentaban contra la integridad de la “obra más maravillosa de la creación” el cuerpo humano debían ser suprimidas. Y aquí aparece el factor religioso en el antisemitismo.

 

Muchos años de dura lucha necesitaron los judíos para derrotar a quienes querían imponerles una cultura a la que eran ajenos, hasta que por fin el Imperio Greco Sirio es derrotado y los judíos viven en libertad en su tierra.

 

Mientras tanto una nueva potencia asomaba en el horizonte: ROMA

 

 

 

PARTE II: DESDE ROMA HASTA EL SURGIMIENTO DEL ISLAM

 

Mientras los imperios fundados por los sucesores de Alejandro se iban debilitando, una nueva potencia surgía: ROMA. Y poco a poco su dominio se fue extendiendo. También Judea cayó bajo el dominio romano. Si bien a partir del Siglo I e.c. los romanos llevaron a cabo masacres contra el pueblo judío, debe entenderse que estas no fueron motivadas por un especial sentimiento antijudío, sino por la gran cantidad de revueltas que estallaban continuamente en Judea. Incluso mientras los habitantes de la región eran perseguidos, los judíos de otras regiones del Imperio prosperaban y vivían en paz, o al menos, en una paz relativa. Hubo lugares en que la rivalidad comercial generó sentimientos antijudíos. Tal es el caso de Alejandría, donde los competidores comerciales de los hebreos, los griegos, comenzaron una serie de agresiones que terminaron provocando una revuelta en el año 116 e.c. (Aquí tenemos otra causal de antisemitismo: los intereses comerciales)

 

Tras el aplastamiento de la rebelión de Bar Kojbá en el año 135 e.c. la situación de los judíos en el Imperio se hizo más precaria, lo que provocó que muchos, especialmente los que habitaban en las regiones orientales, emigraran hacia el Imperio Parto, que se había apoderado de la antigua Persia y mantenía un enfrentamiento constante con Roma. El hecho que muchos judíos buscaran refugio ahí, hizo que los que quedaran en el Imperio Romano fueran considerados sospechosos, siendo sometidos a una constante vigilancia.

 

En el Siglo II un judío originario de la ciudad de Tarsis (Tarso), funda una nueva secta derivada del judaísmo. Como las prácticas de sus adherentes estaban en conflicto con las costumbres de la sociedad romana, comenzó una oleada de persecuciones en las que no sólo los seguidores de la nueva secta alimentaron a las fieras en el Circo, sino también los judíos, a quienes se consideraba instigadores de la nueva fe.

 

En el año 312 e.c. el emperador Constantino, quien veía como el Imperio se iba disgregando y como las creencias orientales iban desplazando a los viejos dioses de Roma, decidió buscar un nuevo factor que reunificara al Imperio y fortaleciera la autoridad imperial, para ello fijó su atención en esa secta derivada del judaísmo, y tras reunir a un consejo integrado por filósofos y políticos, decidió convertir a esa secta en religión del estado, basada en el culto de Jesús de Nazaret, un judío crucificado en la época de la Gran Revuelta que perteneciera a la secta de los esenios. Pero quedaba un problema, Roma, la que sería cabeza de la nueva fe no podía quedar como ejecutora de Jesús, por lo tanto se hizo recaer sobre los judíos la culpa de la muerte de éste. Y aquí surge un estigma que marcó a sangre y fuego al pueblo judío durante más de dos mil años: LA ACUSACION DE DEICIDIO (asesinato de dios). Inmediatamente la iglesia se abocó a la tarea de convertir a los judíos, mientras el emperador emitía un edicto por el cual el que persiguiera a los judíos se haría acreedor a la Gracia Divina.

 

Los últimos lazos que unían al judaísmo con el cristianismo fueron cortados por el Concilio de Nicea. El día de descanso semanal fue cambiado del sábado al domingo, se abolió la circuncisión, la Pascua fue trasladada al primer domingo que seguía a la luna llena del mes de la primavera.

 

Durante el reinado de Constantino II la brecha se ensanchó aun más. Fueron prohibidos los casamientos mixtos, a los judíos se les prohibió tener esclavos cristianos y las leyes contra los conversos al judaísmo se hicieron más severas.

 

Tras un breve respiro bajo el reinado de Juliano llamado El Apóstata, el status de los judíos del imperio fue empeorando. Se les prohibió desempeñar cargos públicos, formar parte del ejército y construir nuevas sinagogas. Numerosas acusaciones se fueron tejiendo contra los judíos (aunque muchas de estas eran creaciones de comerciantes cristianos, quienes se veían afectados por la competencia de los judíos)

 

Poco a poco el Imperio Romano de Occidente se iba desintegrando y caía bajo los golpes de los bárbaros venidos del otro lado de los Alpes, y sólo subsistía el Imperio Romano de Oriente o Bizantino, mientras en los desiertos de Arabia surgía una nueva fuerza EL ISLAM.

 

 

 

Parte III: Comienzos de la Edad Media

 

Con la Edad Media comienza una época singular en la historia del judaísmo en la que se van forjando las acusaciones que, con el correr del tiempo, se transformaron en la muletilla de todos los antisemitas.

 

A comienzos de este período, como ya dijimos antes, mientras el Imperio Romano de Occidente desaparecía del mapa bajo los golpes de las espadas de los pueblos germánicos y el Imperio Romano de Oriente trataba de mantener unidos los jirones de territorio que le quedaban y de defenderse del embate de los partos, en los desiertos de Arabia comenzaba a gestarse una nueva fuerza que aun hoy sigue siendo un factor de poder: EL ISLAM.

 

No voy a entrar a profundizar en los orígenes de esta religión, no es el objeto de estos artículos, pero si voy a hablar de los hechos históricos relacionados con nuestro tema: el antisemitismo.

 

La Península Arábiga estaba habitada en los tiempos de Mahoma por tribus nómadas de beduinos. Pueblos belicosos y muy celosos de su libertad. Entre estas tribus o clanes había varias de origen judío que se contaban entre las más poderosas. En un comienzo, para congraciarse con ellos, Mahoma intentó demostrar su buena voluntad prometiendo la reconstrucción de Jerusalén y la independencia para los judíos si aceptaban la nueva religión por él creada. Pero los judíos se negaron, por lo que el mensaje de Mahoma se hizo furibundamente antijudío. Esas tribus beduinas que se negaron a aceptar la nueva fe fueron masacradas sin piedad y borradas definitivamente del mapa, al tiempo que en el Corán (libro santo del Islam) comienzan a aparecer ataques contra los judíos.

 

 

Los seguidores de Mahoma se lanzan a una guerra de conquista: La Península Arábiga, el Norte de África, los territorios bizantinos del Medio Oriente (incluida la Tierra de Israel, que desde el Siglo II era conocida como Filistia, y a la cual los árabes rebautizaron Al Philistin, cuya forma europeizada es Palestina). El Califa Omar, para simbolizar su desprecio hacia los judíos, ordena construir una mezquita en el sitio donde en una época se encontrara el Sanctasanctorum del Templo de Salomón.

 

Mientras el Islam se expandía por todo Oriente por un lado, y por el otro llegaba a España, vía África, la suerte de los judíos en Europa dependía de la buena o mala voluntad de los gobernantes bárbaros y de la menor o mayor influencia de la Iglesia en las nuevas naciones.

 

En el Imperio de Carlomagno las actividades comerciales del los judíos fueron fomentadas y estos contaron con la protección imperial, al igual que en los reinos germánicos posteriores. Al mismo tiempo los judíos se dedicaban a la agricultura y las artesanías, mientras que desarrollaban una cultura que perduraría a través de los siglos.

 

Esto duró hasta el siglo XI. Es entonces cuando se desata una tormenta que marcará para siempre la existencia del pueblo judío en Europa. Instigados por el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont, los príncipes y nobles de Europa se lanzan a la conquista de Jerusalén, en esa época en manos musulmanas. Pero en su trayecto hacia Israel los Cruzados(llamados así por las cruces rojas pegadas a sus ropas), alentados por las prédicas de clérigos fanáticos comenzaron a masacrar a las comunidades judías que hallaban a su paso. Se calcula que en todo el período que duraron las Cruzadas desaparecieron más de 250 comunidades y los muertos sumaron más de 100.000.

 

Es a partir de ese momento que la situación de los judíos va empeorando y comienzan a surgir las primeras acusaciones de crimen ritual. La primera vez fue en Inglaterra en 1144. Un grupo de monjes acusó a los judíos de la ciudad de Norwich de haber torturado y asesinado a un niño cristiano, William, para usar su sangre en la elaboración de matzot. Los judíos de la ciudad fueron asesinados.

 

Poco a poco toda Europa dio crédito a esta patraña, y, a pesar de una Bula Papal que desvirtuaba esta acusación, miles de judíos pagaron con su vida su fidelidad a la fe de sus mayores. Así que acá encontramos un nuevo motivo de odio hacia el judío, la acusación de Crimen Ritual.

 

Poco a poco la situación de los judíos en Europa fue empeorando. Ya no se les permitía ejercer como artesanos, se les cobraban impuestos especiales exorbitantes y estaban sometidos a las furias desatadas de las masas.

 

El golpe de gracia contra los judíos europeos les fue asestado por los Concilio Letranenses que fueron aplicando toda una serie de leyes antijudías que estrangularían a este pueblo y, eventualmente los forzaría a la conversión. El peor de estos Concilios fue el cuarto, convocado por el Papa Inocencio III en 1215. Se prohibió a los judíos poseer tierras, se los obligó a ganarse la vida como prestamistas, cobrando el interés… ¡Que les fijaba la Iglesia y del cual tenían que pagar un diezmo a la misma! (aquí surge la imagen del judío usurero, tan difundida). Los judíos se ven obligados a vivir en barrios especiales (ghettos) y deben llevar una señal sobre sus ropas (no hay nada nuevo bajo el sol). En varias ciudades se aplican leyes especiales que, en algunos casos son absurdas. Por ejemplo en algunas de ellas se establece un impuesto a los entierros judíos o, si el cementerio está al otro lado del río, se debe pagar un derecho de paso por cada integrante del cortejo… ¡incluido el muerto!. En otras ciudades se establecía una cantidad máxima de judíos que podían vivir en el lugar, por lo que si una pareja quería tener hijos tenía que esperar la muerte de alguien.

 

Muchos nobles, empobrecidos por sus numerosas guerras, estaban endeudados con los prestamistas judíos (entre ellos se encontraban grandes personajes del clero) y, para deshacerse de esas deudas no encontraban mejor forma que incitar al populacho contra los “infieles asesinos de Cristo”, y, mientras las turbas pillaban y asesinaban, los nobles hacían desaparecer los comprobantes de sus deudas.

 

Por supuesto que no en toda Europa ocurría esto. Había un remanso de paz para los judíos: ESPAÑA

 

 

 

Parte IV

 

Tras las Cruzadas y los Concilios Letranenses, la situación de los judíos en Europa fue empeorando. A la degradación económica y social se agregó la humillación permanente. En muchas iglesias medievales era común encontrar imágenes que representaban a la Sinagoga como una mujer anciana vencida con su corona caída, frente a la imagen de la Iglesia, representada como una mujer joven y triunfante. En más de una iglesia alemana de la época se encuentran relieves que representan a la “marrana de los judíos”, la imagen de una cerda con inscripciones alusivas contra los judíos. En los tribunales los judíos estaban obligados a prestar juramento según una fórmula humillante, el “more judaico”.

 

En Tortosa era costumbre que el Conde de la ciudad abofeteara en público una vez al año al rabino de la comunidad.

 

Los judíos fueron aislados en barrios separados por muros del resto de la ciudad (el ghetto).

 

En el siglo XIII comenzaron las conocidas disputas religiosas, en las que representantes del clero cristiano (generalmente judíos renegados) trataban de demostrar la falsedad de los escritos religiosos judíos, mientras que los representantes de las comunidades judías defendían a estos escritos. Las más famosas de estas disputas fueron: la de París de 1240, en la que el renegado Nicolás Donin asumió la tarea de demostrar que el Talmud contenía ataques contra el cristianismo. Por el lado judío participaron Rabí Iejiel de París y Rabí moisés de Coucy. A pesar de todos los esfuerzos de los dos sabios, el Talmud fue declarado un libro impío y fue quemado públicamente en la hoguera en París en 1242 (según las crónicas se quemaron cuarenta y cuatro carros llenos de manuscritos del Talmud, que fueron requisados en todos los hogares y academias talmúdicas de Francia). La otra disputa fue la de Barcelona en 1263, en presencia del Rey Jaime I de Aragón. Por el lado de la Iglesia estaba el renegado Pablo Cristiani y por el lado judío Rabí Moisés ben Najmán (Najmanides). Debido a que al sabio judío el rey le garantizó plena libertad de palabra, logró refutar los argumentos de Cristiani con respecto a la abolición de la ley judía con el nacimiento de Jesús. Pero el clero distorsionó los resultados del debate y cuando Najmanides publicó la verdad de lo ocurrido, se vio obligado a exiliarse.

 

En Inglaterra la situación de los judíos tras las Cruzadas fue empeorando, hasta que, luego de haberlos estrangulado económicamente, el Rey Eduardo I (1272-1307) expulsó a los judíos de su reino, confiscando para la corona sus propiedades.

 

Luis IX de Francia (1226-1270), quien era fanáticamente piadoso, aplicó con toda su fuerza los edictos de los Concilios Letranenses. Felipe el Hermoso, su sucesor, exprimió hasta la última moneda de los judíos y luego, en 1306, los expulsó, confiscando los bienes que les quedaban. Pero Luis X les permitió retornar por doce años, ya que eran parte importante de la economía del país, pero al paso de la llamada “Cruzada de los Pastores” se llevaron a cabo cruentas matanzas y, ante la acusación de que los judíos envenenaban los pozos y los ríos, en 1322, fueron expulsados y por muchos años no hubo más judíos en Francia..

 

En Alemania los judíos fueron declarados “servi camerae”o sea propiedad del emperador, y como tales estaban bajo su relativa protección, aunque el mismo emperador en muchas ocasiones actuaba contra los judíos. El caso más famoso es el del aprisionamiento de Rabí Meir de Rotenburg por parte del Emperador Rodolfo de Habsburgo, quien exigió el pago de un rescate a la comunidad judía para liberar al sabio, pero éste se negó a que se pagara el rescate y murió en prisión. El monarca aun quiso lucrar con el cadáver y recién 14 años después de la muerte de Rabí Meir y previo pago de un rescate, pudo recibir sepultura judía.

 

Las falsas acusaciones contra los judíos se fueron extendiendo por Alemania.

 

En 1298 un noble bávaro, Rindfleish, inició en Roettingen una serie de matanzas alegando que los judíos habían profanado una ostia consagrada. Durante seis meses las pandillas de Rindfleish arrasaron 140 comunidades en Bavaria y Austria, asesinando a más de 100.000 judíos.

 

En 1336 una banda autodenominada “matadores de judíos”, pero conocida popularmente como “Armleder” (brazo de cuero) por el brazalete de cuero que lucían en su brazo sembró el terror a través de Alsacia y Austria, hasta que tras dos años de desmanes y masacres, su líder fue arrestado y ejecutado por el emperador.

 

En 1348 un barco proveniente de oriente trajo una plaga que arrasó Europa: la Peste Negra (peste bubónica), que en menos de dos años se llevó a más de la cuarta parte de la población europea. Es entonces cuando surge una nueva acusación contra los judíos, que por lo elaborada, hasta llega a caer en el ridículo. Según esta acusación, algunos médicos judíos de Córdoba, España, habían elaborado un veneno poderosísimo, el cual fue entregado a los leprosos para que lo arrojaran a las fuentes y pozos de agua, provocando de esta manera la plaga. Esta patraña costó la vida a cientos de miles de almas judías en toda Europa y la expulsión de los sobrevivientes del Imperio Alemán.

 

ISIDORO WINICKI

 

NAHARIYA-ISRAEL

 

Fuente.: http://www.porisrael.org