Son signos sagrados, sacramentos y sacramentales, pero distintos

de Cba Cab, el jueves, 10 de febrero de 2011 a las 14:14

Son signos sagrados que, sin ser sacramentos, en cierto modo los imitan, pues, por impetración de la Iglesia, significan y obtienen bienes espirituales (SC 60; CCE 1677‑1673). Los principales consisten en bendiciones (de personas, del agua, de objetos), pero también hay imposiciones de manos, unciones, oraciones, etc.

Muchos sacramentales están integrados en los ritos que acompañan los sacramentos (la unción con óleo en el bautismo, el rezo del Padrenuestro, la bendición final…), pero aquí interesan los sacramentales que se celebran como actos de culto independientes.

En el Código se recogen sólo las normas principales sobre los sacramentales, las leyes rituales sobre su celebración se encuentran en los libros litúrgicos, principalmente en el Ritual de las Bendiciones.

Compete exclusivamente a la Sede Apostólica instituir, interpretar, modificar o abolir los sacramentales. Encontramos aquí una diferencia fundamental con los sacramentos: estos han sido instituidos por Jesucristo y la Iglesia no puede añadir, suprimir o modificar su sustancia, porque es de derecho divino (materia, forma, efectos); en cambio los sacramentales son de derecho eclesiástico (humano).

Los ministros ordinarios de los sacramentales son los clérigos, según el grado del sacramento del orden que hayan recibido. Así:

‑ las consagraciones y las dedicaciones están de por sí reservadas a los Obispos, aunque también puede realizarlas un presbítero que está autorizado por ley o por concesión legítima de la autoridad. Se dedican a Dios las iglesias y altares; se le consagran sobre todo las personas (p.e. las vírgenes), pero también el sacro crisma de la confirmación;

‑ las bendiciones pueden ser impartidas, a las personas y a las cosas, por cualquier sacerdote, salvo las que están reservadas al Papa (p.e. la bendición Urbi et orbi) o a los Obispos (p.e. el óleo para la confirmación);

‑ los diáconos sólo pueden dar las bendiciones que les estén expresamente autorizadas por el derecho.

Los laicos que tengan las cualidades oportunas y la autorización del Ordinario, pueden administrar ciertas bendiciones previstas en la liturgia, p.e. administrar algunos sacramentales a los enfermos que atienden.

Principal sujeto de las bendiciones son los católicos, que tienen derecho a recibirlas para su bien espiritual (c. 213), pero pueden recibirlas también los catecúmenos e incluso los no católicos si no obsta una prohibición. Esta es otra diferencia con los sacramentos, que sólo pueden recibir los bautizados (c. 1170).

Las cosas destinadas al culto (templos, ornamentos, vasos…) se deben también dedicar o bendecir. Así se convierten en cosas sagradas que deben ser tratadas con el respeto debido y no se han de usar para fines profanos o impropios, aunque pertenezcan a particulares (c. 1171).

Los exorcismos son un tipo particular de sacramentales por los que se pide a Dios que expulse al demonio de una persona, animal o cosa. Como suelen ser casos difíciles, el c. 1172 establece que sólo puede hacer exorcismos quien haya recibido licencia expresa para ello del Ordinario del lugar, el cual la concederá sólo a sacerdotes con las debidas condiciones de piedad, prudencia e integridad.

Non Nobis… lsr