¿QUIÉNES FUERON LOS CÁTAROS? como siempre las teoria abundan


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1.– ¿QUIÉNES FUERON LOS CÁTAROS?

– I – INTRODUCCIÓN


El tema que vamos a desarrollar en este artículo sólo pretende ofrecer una introducción sobre el papel histórico que desempeñaron los cátaros y los motivos que provocaron el surgimiento de este peculiar movimiento espiritual y su posterior aniquilación a través de una despiadada cruzada que tuvo como marco geográfico el antiguo territorio del Languedoc francés. En consecutivos trabajos desarrollaremos con más profundidad sus elementos singulares, que permitieron convertir el catarismo en uno de los episodios más notables de la historia medieval europea ya que su huella impregnó varios territorios de otros países como Alemania, Inglaterra, Flandes, Francia, Italia, Reino de Aragón y ruta jacobea hispánica, sin olvidarnos del movimiento afín de los bogomilos centrado en los diferentes Países balcánicos (Bulgaria, Macedonia, Bosnia, Serbia, Croacia etc…).

Es en el sur de Francia, país que actualmente conocemos con el nombre de Occitania, donde en el transcurso del siglo XIII se desarrolló en su máxima expresión un profundo enfrentamiento ideológico, político y religioso. Así nos encontramos con la iglesia cátara y la nobleza occitana que tuvieron que afrontar una despiadada campaña militar al mando de Simón de Montfort en representación del rey de Francia y que fue auspiciada por el Papa de Roma, Inocencio III. El drama soportado por los cátaros o perfectos y sus defensores, la nobleza y la sociedad occitana, se nos presenta como una período crucial en la historia del Occidente europeo.

El catarismo, que surgió dentro de la oscura Edad Media como una nueva esperanza una vez transcurrido el año Mil, con un claro mensaje de bondad fundamental de la naturaleza humana y de significativa transcendencia espiritual, al propugnar la recuperación de las auténticas corrientes primitivas del cristianismo, impregnó de rebeldía una innovadora sociedad occitana que resplandecía por encima del resto de Europa con la eclosión del mundo exótico de los trovadores. Tanta libertad e independencia significaron un serio peligro para el dogmático poder de la iglesia romana que lanzó con la ayuda del poder temporal y brazo secular francés una tenaz persecución y exterminio bajo el nombre de Cruzada Albigense.

– II – ORÍGENES DEL CATARISMO


Ante todo vamos a analizar el controvertido origen de la iglesia cátara. Lo más sorprendente es el hecho que hasta fechas relativamente recientes, se creía que el catarismo fue un movimiento que procedía directamente del maniqueísmo oriental. Así fue contemplado y transmitido por los primeros polemistas medievales de la iglesia romana (Tratados Anticátaros) que atacaron de forma rotunda el mensaje del catarismo. Pero lo más curioso es que esta errónea idea se mantuvo prácticamente hasta mitad del siglo XX, es decir, dentro de nuestra época actual.

Hagamos un inciso para explicar en breves palabras que el maniqueísmo surgió de la incipiente figura de Mani, predicador babilonio del siglo III d.C., quién combinó el dualismo mazdeísta con antiguas tradiciones de escuelas filosóficas que basaban su doctrina en el conocimiento superior como también en el fundamento en la razón pura y en las enseñanzas de los antiguos sabios (Platón, Pitágoras, Hermes, etc…). Así, las raíces del origen del maniqueísmo debemos ubicarlas en el Irán antiguo donde ya con anterioridad a Mani había surgido la emblemática figura de Zoroastro que implantó la doctrina mazdeísta, basada en la lucha eterna y dualista entre Ormuz o Ahura Mazda (el bien) y Arihman (el mal) e impregnada de veneración por el culto ígneo y solar como reflejo de la llama inmortal que alienta en el interior del ser humano.

Tal como comentamos con anterioridad, no será hasta fechas más recientes de la segunda mitad del siglo XX cuando se fijarán definitivamente las bases correctas para descifrar el auténtico origen del catarismo. De tal forma, una vez superada la errónea visión de los teólogos y polemistas medievales, la cual fue transmitida por una repetitiva y errónea tradición historiográfica, se llegará a la conclusión definitiva cómo el catarismo en realidad, es un movimiento que se halla arraigado profundamente en los mismos orígenes del cristianismo y por tanto hay que considerarlo propiamente como religión cristiana, aunque con unos matices muy peculiares al estar revestido por un acentuado pensamiento dualista y una relevante metafísica gnóstica. Dicho dualismo distinguía dos creaciones: la verdadera o no material, al estar sustentada por el espíritu eterno divino cuyo reflejo es el amor crístico y la ilusoria o falsa que es nuestro mundo visible, carente de perenne existencia ya que está asimilado a la nada (el controvertido nihil cátaro) o temporalidad. La metafísica gnóstica que emanaba el catarismo otorgaba el conocimiento tanto intelectual como trascendental de la existencia en sus múltiples grados a través de los arquetipos cosmológicos.

De esta manera, nos tenemos que ceñir cronológicamente hablando, a la figura del sueco Hans Sördeberg quien publicó un libro dedicado al estudio de la Religión de los cátaros en base al gnosticismo de la Baja Antiguëdad y de la Edad Media (Den Religion som katarerna: Undersökning om Gnosticism av sen Antiken och Medeltiden publicado en Uppsala en el año 1949). Hans Sördeberg, díscipulo del también sueco y erudito profesor Geo Widengren (Presidente de la Asociación Internacional de la Historia de la Religión), a través de una remarcable erudición, consagrada especialmente sobre las enseñanzas de la gnosis, identifica de forma totalmente acertada la corriente metafísica de la religión de los cátaros, logrando demostrar de forma rotunda y fehaciente los orígenes cristianos del catarismo con una notable impregnación gnóstica.

Asimismo la figura del alemán Arno Borst, autor de un preciso estudio del movimiento cátaro en Europa (Die Katharer publicado en Stuttgart en el año 1953) aporta nuevas consideraciones. Infatigable buscador de las relaciones y ligámenes existentes entre las diversas corrientes cátaras procedentes de la Europa oriental (bogomilismo) con las establecidas en tierras europeas occidentales (catarismo) alcanzó a ofrecer un extenso conjunto de diversas reflexiones sobre la remota disyuntiva del carácter cristiano o no cristiano del catarismo. Las preguntas clave de su trabajo se centran en determinar si los cátaros son herejes cristianos o paganos adeptos del gnosticismo.

Hay que reconocer que todo ello fue posible gracias a la aparición, con anterioridad, de los trabajos de investigación llevados a cabo por el dominico Antoine Dondaine quién descubrió el famoso tratado cátaro El Libro de los dos Principios (Liber de duobus principiis) que fue editado por el Instituto Dominico de Historia en Roma en el año 1939. Dicho texto se cree que fue escrito por el cátaro medieval italiano Juan de Lugio o por un discípulo suyo, siendo hallado en la Biblioteca Nacional de Florencia a principios del siglo XX por el citado Dondaine. Asimismo otro importante descubrimiento se debe también a los trabajos de investigación del padre Dondaine en la Biblioteca Nacional de París quién descubrió en el tratado Liber contra manicheos de Duran de Huesca (antiguo valdense convertido al catolicismo y gran polemista contra el catarismo), un anexo con un Tratado cátaro anónimo del siglo XIII que se proponía refutar, el cual fue publicado con posterioridad por la investigadora Christine Thouzellier en el año 1961. Y no debemos olvidarnos también, aunque sean ya en fechas más recientes, de los muchos especialistas dedicados al estudio de la religión cátara, las diáfanas aportaciones del occitanista francés René (Renat) Nelli y sus extraordinarios tratados sobre la filosofía del catarismo; también al historiador y jurista francés Jean Duvernoy con sus estudios de los Registros de la Inquisición; o de Edina Bozoky quién en el año 1980 publicó un extenso y exhaustivo estudio sobre el manucristo de origen bogomilo, que utilizaron también los cátaros de Italia, conocido como Interrogatio Iohannis, también llamado La Cena secreta del Reino de los Cielos, y que anteriormente en el año 1890 fue escuetamente editado por Ignaz von Döllinger, teólogo y sacerdote católico alemán, al haberse encontrado en la Biblioteca Nacional de Austria.

– III – LA SOCIEDAD OCCITANA Y SUS PECULIARIDADES


Veamos ahora las condiciones que propiciaron el gran arraigo de los cátaros en el Languedoc y los motivos por los cuales su iglesia, que predicaba una enseñanza tan ascética, tuvo mejor acogida que en el resto de Europa. Sin lugar a dudas se conjugan una variada multiplicidad de factores para explicar los motivos del incuestionable triunfo en Occitania que tuvo la iglesia de los Buenos Hombres y de las Buenas Mujeres.

El establecimiento de la iglesia cátara occitana se detecta primeramente en la zona de Albi, en la parte este de Tolosa y en el territorio de Agen. Posteriormente su expansión se hará efectiva a través del Quercy, el país de Foix, Carcasona, la Montaña Negra, las montañas de las Corbières, hasta llegar a las mismas puertas de Bessiers inundando, por tanto, todas estas extensas demarcaciones que respiran una prolífica especie de urbanización precoz con sus múltiples núcleos urbanos o aldeas fortificadas (castra), en los que coexisten señores y caballeros, burgueses y artesanos, campesinos y pueblo. Poco a poco, el catarismo fue difundiéndose debido a cierta tolerancia e indiferencia por parte de la nobleza y burguesía occitana de modo que los cátaros se encontraron con una absoluta permisividad de predicación. El calado del asentamiento de los perfectos es posible vislumbrarlo a través de la continua y creciente implantación de las casas propias que el catarismo detentaba en el país occitano. Los obispos de la iglesia cátara transitaban siempre asistidos por sus auxiliares conocidos como el hijo mayor (próximo sucesor) y el hijo menor por los vastos territorios de Carcasona, Tolosa y Albi. Les solían secundar los diáconos locales quienes estaban en contacto permanente con la población creyente. Los obispos cátaros o también los diáconos misioneros sabían que en el transcurso de sus andanzas encontrarían cobijo y un lecho en las referidas casas, llamadas en lengua occitana ostals ya fuesen regentadas por los ancians (hombres) o dominas (mujeres). Sus fieles se congregaban para practicar la fe cátara mediante, ya fuese, la praxis del rito del Adoremus con sus perfectos, la ceremonia del Consolamentum o simplemente para poder escuchar los consejos o, tal vez, para compartir la comida con ellos. Si nos ceñimos al ejemplo del enclave de Mirepoix, solamente allí, se pueden catalogar una cincuentena de ostals o casas heréticas.

Otra peculiaridad sustancial que ayudó a su arraigo la encontramos a través del rol femenino de la mujer occitana, ya que fue de vital importancia para la consolidación de la corriente cátara en estas demarcaciones. De esta manera y con toda probabilidad, la solidaridad de las mujeres occitanas hacia la causa del catarismo pueda definirse por la verdadera búsqueda de una experiencia espiritual que facilitaba a dichas mujeres alcanzar el alto grado de perfectas dentro de la comunidad cátara sin que ello implicase una drástica ruptura con sus vínculos familiares y sociales. Las casas de las perfectas básicamente fueron hogares de la educación y de expansión de la fe cátara. Las familias de dichos pequeños burgos o castra solían enviar, ya desde muy jóvenes a sus pequeños retoños con las mujeres perfectas. Consecuentemente la conversión de la mujer occitana en pro de la fe cátara facilitaba que el resto de la familia, ya fuesen hijos, antiguos maridos o sus mismos vecinos se impregnasen poco a poco de la religión de los perfectos. La historia de la iglesia cátara occitana no puede entenderse, pues, sin la presencia de las damas cátaras, fuesen nobles o no, ya que en las actas inquisitoriales son definidas corrientemente con el apelativo de donna, domina o na.

La sociedad occitana empezó a alumbrar en los siglos XII y XIII un nuevo modelo social mucho más avanzado que en el resto de los países de Europa, incluyendo a la misma Bizancio una vez transcurrido el floreciente, aunque breve, periodo carolingio anterior al año Mil. El comercio alcanza un auge notorio debido al notable desarrollo de los puertos, tanto provenzales como de las repúblicas italianas, que coincide con la decadencia del islam en el Mar Mediterráneo. El desarrollo del comercio insta a la aparición de una rica y floreciente clase burguesa que propiciará la aparición de las asambleas de cónsules en las urbes occitanas, atrayendo también a los judíos. Por tanto, los territorios que van desde Burdeos, situados en la costa atlántica, hasta los ubicados en Marsella, en plena costa mediterránea, llegan a constituir una destacada ruta comercial, al mismo tiempo que se hallan protegidos por el gran espacio natural de los Pirineos, donde ya en los siglos X y XI se empezó a gestar la importante cultura románica, uno de cuyos epicentros notables fue Ripoll con su importante Scriptorium, auténtico crisol cultural del mundo árabe y cristiano.

En este amplio ámbito territorial la erudición había forjado un sello de identidad de la que carecía el norte de Europa. Posteriormente, ya en pleno siglo XII, la lengua romance del occitano empezó a consolidarse y expandirse, sustituyendo al latín poco a poco. Así, a través de las múltiples composiciones líricas y poéticas de los trovadores, la lengua occitana se convierte en el modelo literario a seguir por el resto de culturas europeas. Todo ello permite el surgimiento del ideal trovadoresco cuyo tema principal resulta ser el Amor y que se ampara en el concepto Paratge que representa el honor, la libertad y la rectitud. Todo ello favorece la idealización de la figura de la dama, entorno al canto al amor libre y profano. La nobleza local era culta, liberal y aficionada a la poesía o al debate intelectual. Todo ello va a permitir que las escrituras bíblicas sean traducidas a la lengua occitana y ello propiciará la expansión de las doctrinas cátaras o valdenses, ya sea a través del amor puro o la pobreza cristiana.

Finalmente, otro factor a tener en cuenta se basa, según estudios recientemente realizados, en una menor presencia de monasterios y parroquias en algunos territorios occitanos (Agen, Toulouse, Foix), lo que propiciaría la aparición de nuevas corrientes espirituales que junto a un acentuado anticlericalismo de los nobles occitanos en contra de las exigencias y diezmos de la iglesia romana, provocaron momentos de notable agitación. La alta jerarquía local eclesiástica exigía a los nobles occitanos la persecución del movimiento cátaro. Pero la nobleza occitana, ya fuese de alto o bajo rango, y que solía tener muy repartida solidariamente sus posesiones (coseñores), no era partidaria de la expulsión de los herejes ya que dentro del catarismo vivían parientes y amigos suyos. La feudalidad occitana era antagónicamente distinta que la del norte de Francia, férreamente centralizada en la figura del rey y la jerarquía eclesiástica. En el Languedoc, los nobles se sentían absolutamente independientes de la figura real francesa así como hacían caso omiso de las directrices de la jerarquía romana, otorgando grandes privilegios y libertades sociales y políticas a sus súbditos. En resumidas cuentas, los condes de Toulouse, la poderosa casa de los vizcondes Trencavel de Carcasona, los condes de Foix, de Cominges, de la Bigorra y el vizcondado de Bearn se sentían más próximos e identificados, mediante alianzas matrimoniales, con las políticas del nuevo Reino de Aragón (Aragón, Catalunya y Valencia).

– IV – DOS IGLESIAS ENFRENTADAS


¿Cómo fue el enfrentamiento de la iglesia cátara contra la iglesia romana o viceversa? ¿Cuáles fueron los motivos que condujeron al exterminio de la iglesia cátara? ¿Por qué la iglesia cátara fue atacada con tanto ensañamiento y sin ninguna contemplación? Hemos visto anteriormente las circunstancias que permitieron la notable fusión entre los cátaros y la sociedad occitana, de manera que veamos ahora los distintos planteamientos doctrinales entre las corrientes cátara y romana para poder entender exactamente la dimensión del profundo enfrentamiento.

En primer lugar es muy importante entender que ya en los primeros inicios del cristianismo –que brota sucesivamente desde un ámbito territorial oriental (Palestina, Asia Menor y Bizancio) hasta alcanzar su pleno desarrollo en tierras occidentales europeas, donde su máximo exponente llegará a ser Roma–, surgen notables divergencias que se harán realidad en el Concilio de Nicea del año 325, cónclave en el que se condenan las llamadas herejías arrianas, docetistas y gnósticas. Estas corrientes heterodoxas condenadas, no terminan de desaparecer totalmente aunque se conoce muy poco sobre la supervivencia de las mismas. Como un río que nace y que circula de forma soterrada, en torno al año 800, brota la famosa herejía adopcionista impulsada por el obispo Felix de la Seu d´Urgell, dentro de la demarcación carolingia de los condados catalanes, y por el arzobispo Elipando de Toledo, ubicado en territorio mozárabe hispánico, la cual rápidamente fue extinguida por el emperador Carlomagno gracias a la participación de Alcuino de York, máximo defensor de la ortodoxia romana. Posteriormente hacia el año 950 aparece en Bulgaria un predicador llamado Bogomil (Amigo de Dios) quién extiende de nuevo las doctrinas gnósticas y dualistas. Ulteriormente emerge una primera tenue oleada herética en Europa occidental a partir del año Mil. Así en 1022 en Toulouse y Orleans son quemados unos herejes. Cien años después, una segunda oleada mucho más afianzada surge en diversos ámbitos europeos (1120 en Soissons, 1135 en Lieja, 1143 en Colonia, 1160 en Oxford, 1162 en Reims, 1172 en Arras, etc…). La esencia de dichas predicaciones lleva el inequívoco sello de antiguas creencias gnósticas cristianas. El espectro de las viejas herejías provoca que la iglesia romana exhuma el antiguo odium theologicum contra estos nuevos dualistas que hacían peligrar el monopolio de Roma en el negotium animi. A sangre y con fuego fue la solución radical para extirpar estas nuevas herejías.

De todas formas, la herejía o mejor dicho, este renovado cristianismo, florece plenamente a principios del siglo XIII en el Languedoc y diversas regiones de Italia donde brilla una nueva cultura urbana, tal como hemos visto. Dicha Iglesia de Dios, la Santa Gleysa o Gleysa de Dio, tal como era llamada en Occitania por sus fieles, se expande y predica sus creencias que provienen del primitivo cristianismo. A partir de este instante nos encontramos con un enfrentamiento de carácter pastoral cátaro en contra de las malas prácticas de la iglesia romana, cuyos sacerdotes y altas esferas eclesiásticas estaban dominadas por la corrupción y tramas políticas. La iglesia romana estaba infectada por el nicolaísmo o amancebamiento de muchos clérigos, la simonía o tráfico de indulgencias y sacramentos y la investidura laica o tráfico de cargos eclesiásticos para los nobles, que ya había probado de erradicar la reforma gregoriana.

Así, los cátaros acusan a la iglesia romana de no ser la legítima iglesia o comunidad de cristianos descrita en el Nuevo Testamento. Afirman que Pedro jamás estuvo en Roma de forma que no pudo fundar el Papado. Asimismo, sostienen que a partir de los privilegios otorgados por el emperador romano Constantino al papa Silvestre se consuma la decadencia de la Iglesia. La jerarquía eclesiástica se arroga los títulos de doctores y maestros en contra de la humildad que predicaba Jesucristo, llevando vestidos inmaculados de púrpura y anillos de oro con piedras preciosas. La iglesia romana no obtiene sus frutos del trabajo sino de los diezmos, siendo las indulgencias y las bulas la moneda de cambio. La iglesia enseña la idolatría haciendo adorar a sus creyentes la cruz y los iconos o imágenes de sus santos. Los sacramentos instituidos por la iglesia romana son considerados falsos. Así, consideran que la ceremonia litúrgica de la misa es una invención ya que ni Jesucristo ni sus apóstoles instituyeron dicho rito. Igual ocurre con el matrimonio entre hombre y mujer que la convierte en proxeneta y cortesana de la Babilonia descrita en el Apocalipsis, ya que para los cátaros el acto carnal es pecado. Las fiestas canónicas son consideradas también como demostraciones injustificadas de piedad. También niegan ningún valor a la ordenación de sacerdotes realizada por la iglesia romana. Es una iglesia que miente, no perdona, persigue y mata, violando de tal manera los preceptos de caridad cristiana. Con la ayuda del brazo secular suscita las guerras y cruzadas abusando de su poder sobre sus pobres fieles.

La oposición doctrinal es de tal magnitud que ataca en su base la ideología cristiano-romana. La Iglesia se veía amenazada por el radical enfoque de retorno a las fuentes primigenias que propugna la doctrina cátara sobre el mensaje cristiano. De tal forma, la proclama y el ejemplo de los Buenos Hombres y de las Buenas Mujeres va calando hondo en muchos estamentos sociales ya que predican en lengua vernácula, en vez del latín. Asimismo, se instruyen en sus propias escuelas o casas de acogida frente a un estamento clerical de base que muchas veces resulta ser analfabeto. Cumplen a rajatabla su doctrina y creencias. Mediante su dogma dualista, aseveran que el mundo material en el que la humanidad se halla sumergida pertenece al Dios del Mal que anida en la temporalidad, mientras que la aspiración de la humanidad se dirige en alcanzar a ser partícipe del Reino del Dios del Bien que rige la eternidad. Dan una interpretación espiritual y simbólica de la naturaleza de Cristo siendo su mensaje una gnosis o conocimiento salvador. Niegan cualquier valor a los sacramentos de la Eucaristía, Matrimonio y Bautismo y sólo admiten el sacramento del Consolamentum por imposición de las manos para la ordenación de perfectos o para los moribundos. Rechazan parte de los textos del Antiguo Testamento admitiendo preferentemente del Nuevo Testamento, el Evangelio de San Juan, de San Mateo, las Cartas de Pablo y el Apocalipsis. Asimismo, incorporan otros escritos considerados como apócrifos o gnósticos de los que destacaremos, El Libro de los dos Principios, La Cena Secreta o Interrogatio Iohannis y La Visión de Isaías. Todo ello facilitará que muchos creyentes abandonen la iglesia romana y se agrupen para constituir una nueva comunidad o iglesia en torno a la predicaciones de estos nuevos Cristianos o Cristianas.

– V – PERSECUCIÓN DEL CATARISMO


El comienzo de la persecución se empezará a fraguar a partir del III Concilio de Letrán (año 1179) en el que el Papa Alejandro III promulga 27 cánones, siendo uno de ellos la implantación de severas disposiciones contra los cátaros o albigenses y la consiguiente reprobación de gran parte de la nobleza occitana que protegía la implantación de los herejes en sus territorios causando graves estragos a la jerarquía eclesiástica.

Posteriormente, Lothar Conti, coronado Papa en el año 1198 con el nombre de Inocencio III, promete solemnemente destrozar a sangre y fuego la herejía. El nuevo Papa es de abolengo feudalista y aristócrata, gozando de una prestigiosa formación en el campo jurídico. Desde su privilegiada posición promoverá múltiples acciones para tratar de borrar cualquier signo de disidencia dentro del ámbito de la cristiandad occidental. Inocencio III es perfecto conocedor de la situación que se vive en el Mediodía occitano. La relajación de la autóctona jerarquía eclesial había facilitado la penetración del nuevo brote herético. Por tanto, el nuevo Papa ejercerá un férreo control sobre dichos territorios, a través de los mandatos que llevarán sus legados a los obispos occitanos.

Por otro lado se promueve una extensa misión evangelizadora a través de la predicación de la pobreza llevada a cabo con la ayuda de dos figuras emergentes como son Diego de Osma y Domingo de Guzmán, impulsores del nacimiento de la orden de los Dominicos. Estos nuevos predicadores católicos y sus acólitos se mezclan descalzos y depauperados con la gente del pueblo y abandonan el lujo y la pompa que solía acompañar antaño a la jerarquía eclesiástica. De esta forma se adopta la misma metodología evangelizadora empleada por cátaros y valdenses. Con todo, se encuentran faltos de buena acogida, víctimas de todo tipo de reprimendas y expuestos a una dura vida itinerante; al final tuvieron que asumir la dura realidad de su fracaso en el logro de conversiones.

Ante tal extrema situación, Inocencio III retoma la idea de apoyarse en el brazo secular recurriendo al rey francés Felipe Augusto quién rehúye inicialmente la proposición. El panorama se presentaba muy complicado ya que, en realidad, era el rey Pere I de la confederación catalano-aragonesa (llamado también Pedro II del Reino de Aragón) quién sustentaba los derechos tutelares sobre los condados occitanos. En el mes de Enero del año 1208 el legado papal, Peire de Castelnau es asesinado a orillas del Ródano por parte de un escudero del conde de Tolosa Raimond VI quién ya había sido amenazado de excomulgación. Este hecho provoca que un multitudinario ejército cruzado proveniente del note de Francia parta desde la ciudad de Lyon hacia tierras occitanas en Julio del año 1209.

Beziers y Carcassonne son las primeras presas a conseguir ya que Montpellier era posesión del rey catalán Pere I y fue salvaguardada por disposición expresa papal. En Beziers se hace evidente la crueldad de los cruzados franceses, al rechazar sus habitantes cristianos entregar a las huestes enemigas a sus propios correligionarios cátaros, a través de la famosa frase instigada por un abad cisterciense: Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos. De tal manera, se pasa a cuchillo a toda la población, aproximadamente unas quince mil personas, ya fuesen cristianos o cátaros. El magnicidio fue una dantesca carnicería. Todo ello queda perfectamente reflejado en la epopeya medieval conocida como la Canción de la Cruzada Albigense.

A finales de agosto del año 1209, el plazo de cuarenta días fijado para dicho cruzada tocaba a su fin, de manera que había que buscar un jefe militar que salvaguardase los derechos de conquista. Después de varias deliberaciones el legado papal nombró como depositario de tal misión a Simón de Montfort quién continuará la campaña, ahora con un reducidísimo ejército, hasta alcanzar la ciudad de Toulouse en sucesivos años. Como recompensa el Papa le otorgará la titularidad de las tierras conquistadas de las cuales rendirá vasallaje a su rey de Francia.

Mientras tanto el rey Pere I de la Corona de Aragón, emparentado con la nobleza occitana decide pasar a la acción y recluta un poderoso ejército para llevarlo, cruzando el Pirineo, hasta las cercanías de la ciudad de Toulouse. Entonces en 1213 se produce la decisiva batalla de Muret en la que pierde la vida el monarca catalán hecho que provocará la posterior ocupación de Toulouse, la llamada Villa Rosa, por parte de Simón de Montfort quién también al cabo de un cierto tiempo encontrará la muerte en un levantamiento por sorpresa de los ciudadanos de la villa.

Tras la muerte de Simón de Montfort, entre los años 1220 y 1226 asistimos a una recuperación de muchos burgos y plazas fuertes occitanas que para la iglesia cátara posibilita el abandono de la clandestinidad y el regreso a la normalidad. Por desgracia, este resurgimiento será muy breve ya que en el mes de mayo de 1226, el nuevo rey francés Luis VIII se pone al frente de un nuevo ejército cruzado que al final desembocará en el famoso Tratado de Meaux-París por el cual el joven conde tolosano Raymond VII a través de un pacto matrimonial cede sus derechos a la corona francesa. Son años en que la Inquisición, que surge para hostigar el catarismo, se consolida y ejerce una persecución sin tregua de los perfectos cátaros.

En los sucesivos años la iglesia cátara encontrará amparo cada vez más en la clandestinidad, hasta llegar al triste episodio del mes de Marzo del año 1244 cuando caerá Montsegur, el centro más importante en esta última época del catarismo, siendo sus perfectos calcinados por las llamas en el Camp des cremats al mismo pie del pog. Poco después en el año 1255 se rinde Queribús, el último bastión. El catarismo se refugió y resistió en Montsegur porque en sus últimos años pasa a ser una herejía que resiste en el ámbito pirenaico. A la mayoría de los faidits, pequeños nobles defensores del catarismo, no les quedó otra opción que refugiarse en territorio próximo pirenaico catalán o de los valles de Andorra. Posteriormente muchos de ellos, con el beneplácito del rey Jaume I de la confederación catalano-aragonesa participaron en la conquista de Mallorca y Valencia.

– VI – MONTSEGUR, SÍMBOLO EMBLEMÁTICO DEL CATARISMO


Si se formula la pregunta: ¿Cuál fue el momento crucial que marcó decisivamente la caída del catarismo occitano? sin lugar a dudas, se debe responder que fue la toma de Montsegur por parte del ejército cruzado francés. Confluyen en este hecho tres aspectos importantes; en este último periodo del catarismo, Montsegur se había convertido en la sede principal de la iglesia cátara ya que eran bastantes los perfectos, hombres o mujeres, que lo habitaban. Asimismo el cruel episodio de la quema en la hoguera de 205 cátaros, tanto hombres como mujeres, supone un punto de inflexión en la postrer extinción del catarismo. Finalmente la muerte de estos mártires conllevará una mitificación del pog y provocará al mismo tiempo una actual y controvertida disputa entre académicos y herméticos sobre el simbolismo que depara Montsegur.

El pog o peña donde se encuentra el castillo de Montsegur ya era frecuentado en tiempos prehistóricos y romanos, ya que su denominación actual proviene del latín Castrum Montis Securi. Sobre su utilidad en tiempos antiguos no hay nada claro. Lo más probable es que el baluarte primitivo que los arqueólogos definen como Montsegur I, del que no queda ningún rastro o vestigio, fuese construido en época de la dominación visigoda.

En torno al periodo de 1204-1208 es cuando se tienen noticias, a través de los archivos de la Inquisición que el noble Raimon de Perelha, titular del pog, a instancias del obispo cátaro Raimon Blasco, reconstruye partiendo posiblemente de cero, una nueva fortificación que pasa a ser denominada por los historiadores como Montsegur II o castrum fortificado de Montsegur.

Posteriormente, una vez que Montsegur cae en manos de los cruzados franceses en el año 1244 pasa a ser titularidad de los Levis, familia noble adicta al rey de Francia que había participado en la cruzada, de tal forma que dicho nuevo período se conoce como Montsegur III cuyo castillo pasa a formar parte de la extensa red de fortificaciones militares de Les Corbières, con un preponderante rol militar y estratégico frente al peligro de la frontera de la corona catalano-aragonesa.

La cuestión principal que está creando más polémica en la actualidad sobre Montsegur es determinar si la estructura arquitectónica actual que se puede contemplar pertenece a la época cátara o es de época posterior. Así los estudios realizados por el ingeniero e historiador Fernand Niel a través de su libro Les Catahares de Montsegur (1973), indicaban que el baluarte era de época cátara y venía a avalar que dicha construcción era un binomio templo-fortaleza con una clara simbología solar y zodiacal. Por el contrario, los estudios realizados por los arqueólogos del G.R.A.M.E. (Groupe de Recherches Archeologiques de Montsegur et Environs), llegan a negar tales conclusiones, rebatiendo el simbolismo hermético y la datación de la fortaleza que consideran de época posterior al catarismo.

De tal manera, estas últimas conclusiones de los arqueólogos del G.R.A.M.E. son las que se han impuesto de manera categórica e irrefutable, ya que se parte del principio que el anterior baluarte cátaro debía ser arrasado y construido de nuevo desde cero por imperativo papal para no dejar ninguna huella del paso cátaro y convertirse exclusivamente en un importante bastión militar. Pero, curiosamente, hay todo un conjunto de reflexiones aportadas por Fernand Niel que, aunque se hayan querido defenestrar radicalmente, resulta que continúan siendo válidas y que vamos a resumir muy brevemente: El actual baluarte de Montsegur no es una plaza inexpugnable ya que ofrece importantes lagunas defensivas (existen 2 puertas lo que dificulta su defensa siendo la puerta sur excesivamente desmesurada, murallas desprovistas de saeteras, torreón pegado al cuerpo de las murallas que no facilita su defensa, etc.); asimismo se desaprovecha expresamente un tercio del terreno de la cumbre del pog de Montsegur lo que resulta ser muy extraño, ya que se trata de un espacio en altura muy reducido, pudiéndose haber construido otro tipo muy distinto de baluarte; el cuerpo anexo a la torre que configura el perímetro del gran patio central es una construcción con un acabado de absoluta perfección geométrica dispuesto expresamente en forma pentagonal (llegados a este punto no hay que olvidar el simbolismo matemático del pentágono dentro de la antigua escuela filosófica pitagórica); un sinfín de rigurosas y escrupulosas alineaciones matemáticas camufladas en las paredes del famoso pentágono respecto a las diversas salidas del sol en el transcurso del ciclo completo anual, etc… Asimismo, sorprende en gran medida que aún se conserven aún hoy en día los trazados y paredes de las casas de los heréticos en la ladera norte del pog y parte externa del castillo, tal como reconoce el G.R.A.M.E., cuando deberían haber sido totalmente arrasadas por orden papal ya que así se había dispuesto desde Roma, después de la toma del enclave. Por tanto, simplemente y de forma muy elemental, hay que preguntar ¿es creíble que el baluarte cátaro fue absolutamente devastado? ¿No es factible que solamente fuese reacondicionado? ¿Cómo es posible que en el breve tiempo que va de Marzo del 1244 a Julio del 1245 (un año y cuatro meses) Guy II de Levis rinda homenaje por la finalización del nuevo castillo de Montsegur al rey Luis IX, teniendo que haber partido de una construcción totalmente derruida y teniendo en cuenta que la situación del castillo en altura dificultaba en gran medida una nueva construcción? ¿Se sabe cuánto tiempo empleó Raimon de Perelha en la construcción de Montsegur II a instancias del obispo cátaro Raimon Blasco? ¿Por qué no se devastaron las casas externas de los heréticos tal como estaba ordenado? En resumen, muy posiblemente existan demasiadas incongruencias para un edificio que debía cumplir única y exclusivamente unas finalidades militares y defensivas frente al peligro del ataque de faidits occitanos o militares del Reino de Aragón.

De forma sincera y honesta, existen demasiadas incoherencias y rompecabezas respecto a Montsegur para poder afirmar de manera rotunda que, ya sean las tesis defendidas por los académicos, como las tesis que aportan los herméticos, ninguna de ambas se puede imponer de manera categórica e irrefutable. Por tanto, quedan demasiadas incógnitas que no ofrecen respuestas absolutas y concluyentes. En definitiva, hay que continuar aseverando, todavía hoy, de forma fehaciente y que el enigma de Montsegur permanece en pie.

– VII – BRUTAL GENOCIDIO


Hemos visto a través de la presente exposición como el catarismo en dicha latitud geográfica no puede ser disociado de la cultura occitana. Pero para que dicha cultura surgiese no podemos olvidarnos de unos hechos primordiales, que a modo de resumen, están enlazados con los primeros tiempos de la Edad Media en los seguros valles del Pirineo. Así, coincidiendo con el enraizamiento definitivo del cristiano antes del año Mil en dichos recónditos valles, van a surgir un rosario de monasterios que florecen a lo largo de todo el Pirineo y a los cuales les llega el legado de la cultura antigua grecolatina a través de Córdoba y Toledo. A este fenómeno monástico es preciso añadirle la perduración todavía de antiguos cultos paganos, junto con la penetración de las primeras herejías cristianas dualistas, entre ellas la priscilianista y la adopcionista.

Esta brillante irrupción monástica facilitará la implantación del arte románico, que va a llenar ambas vertientes de la cordillera pirenaica de pequeñas iglesias, claustros labrados y tesoros artísticos así como de caminos, puentes y mercados que facilitarán el florecimientos de una activa economía y la consolidación de un sistema mercantil y social basado en las costumbres locales, reflejadas en las leyes promulgadas con el nombre furs o fueros, que ya antaño habían recopilado los visigodos como continuadores de la floreciente civilización romana y que posibilitarán la aparición de la famosa Tregua de Dios que propugnaba periodos de paz militar siendo uno de sus promotores el abad Oliba de Ripoll en el año 1027.

De la próspera civilización del románico vemos como se estabiliza el ámbito político y cultural catalano-occitano facilitado por la idiosincracia de la primigenia nobleza visigótica asentada y transformada ya como oriunda de estas tierras y consolidada bajo el amparo de las prerrogativas del Imperio Carolingio, hecho que permitirá la postrer aparición de la civilización urbana de las poblaciones en las llanuras y ese fantástico periodo del mundo de los trovadores. Al mismo tiempo, surgen coincidiendo con el periodo de las Cruzadas, las influencias de los bogomilos venidos de los Balcanes que portarán la antigua, primitiva y renovada tradición cristiana oriental, que permitirá el rebrote o aparición de las doctrinas heréticas arraigadas en estas tierras bajo el fenómeno que conoceremos como el catarismo occitano.

Este último acontecer provocará una reacción violenta por parte de la iglesia romana que veía peligrar su existencia. De esta forma, se promoverá por parte del Papado una contundente acción punitiva, amparándose en la codicia de la realeza y la nobleza franca del norte por las riquísimas tierras y floreciente sociedad meridional del Languedoc, cuya antigua supeditación política del periodo carolingio ya se había diluido absolutamente. De esta forma, el medio político y cultural catalano-occitano se verá agitado por una cruel cruzada que provocará la desmembración de esta primitiva sociedad recreada desde los valles pirenaicos. Así se arrasó esta peculiar civilización que pudo haber sido un claro precedente del Renacimiento ya en los siglos XII y XIII. Por desgracia, se persiguió la sociedad intelectual de los trovadores, se cerraron las cortes de amor de las damas, se reinstauró un caduco y obsoleto sistema represivo y feudalista germánico-carolingio, al mismo tiempo que se proscribía el ansia de conocimiento y vivencia auténtica espiritual que propugnaba el catarismo. De esta manera, el Amor a la Vida, ya fuese cátaro o trovadoresco, fue suprimido por el Temor de Dios. Así la libertad y la tolerancia fueron aniquiladas con el castigo de la intransigencia y el genocidio de la Cruzada Albigense.

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2.– CÁTAROS Y TROVADORES

– I – MONTSEGUR Y PUIVERT


Así como Montsegur es el símbolo y el enclave principal del catarismo occitano, por otro lado, se puede también afirmar que el castillo de Puivert representa el emblema por excelencia de uno de los principales lugares de encuentro de los trovadores en el Languedoc. Son dos espacios situados en pleno Pirineo que antaño mostraron dos visiones muy distintas, aunque complementarias de la vida del hombre del medioevo occidental. Por un lado, Montsegur fue el signo vivo de la metafísica trascendente y hermética canalizada a través del Amor Puro, mientras que Puivert fue el receptáculo del gozo de la erótica trovadoresca, expresada a través del Amor Cortés.

Puivert no dista mucho de Montsegur, escasamente unos 20 Kilómetros; aunque en realidad es como si ambos centros que se hallaran insertos en el mismo corazón de una antigua y peculiar cultura como lo fue la provenzal, actualmente conocida como occitana, estuviesen muy distantes entre sí; como si hubiesen estado ubicados en los extremos más distantes de esta zona histórica y que por pura casualidad ambos movimientos, el de los cátaros y el de los trovadores se hubiesen desarrollado con especial incidencia en estas tierras.

Si por un lado Montsegur representa la corriente herética y hermética del Amor Puro (difícil de comprender para nuestra actual cultura occidental y que fue radicalmente truncada hace ya más de 700 años, siendo por lo tanto mucho más difícil de rescatar); en cambio, Puivert abarca ese mundo maravilloso y exótico de los trovadores, un mundo, aunque lejano y algo enigmático, que está sin embargo perfectamente asimilado dentro de nuestra cultura ya que en el aspecto literario configura básicamente el instante de partida de la lírica de nuestras lenguas romances europeas.

Curiosamente ambos movimientos, el uno metafísico-religioso y el otro literario-social, fueron expresamente aniquilados por la Inquisición. Primero los cátaros que fueron salvajemente perseguidos y erradicados de sus propias tierras y posteriormente los trovadores cuyas exposiciones sobre el arte amatorio fueron tajantemente prohibidas.

Veamos pues, a través del presente análisis, las similitudes existentes entre ambas corrientes que convivieron en una misma época y que asimismo surgieron en una misma unidad histórico-cultural, la occitana, y cuyas doctrinas o filosofías, a decir verdad, aunque muy distantes entre sí en sus peculiares desarrollos tuvieron varios aspectos en común. Ya en precedentes temas hemos profundizado en las características propias del catarismo, por tanto vamos ahora a describir las peculiaridades del movimiento de los trovadores, para finamente hallar esos puntos de roce entre ambas corrientes, tan alejadas solamente de forma aparente.

– II – ORÍGENES DEL TROVAR


¿Cuál es el origen del Amor Cortés reflejado a través de la erótica trovadoresca? La respuesta en sí es bastante compleja, aunque vamos a intentar desvelarla paso a paso. Tal como expone René Nelli en su valiosa obra titulada La Erótica de los Trovadores se debe entender por Erótica provenzal o Amor provenzal el conjunto de las teorías y conductas sociales que en el territorio definido como el Mediodía de Francia y en los diversos países medievales europeos influenciados por la cultura occitana, entre ellos Catalunya, Castilla, Portugal, Francia, Italia o Alemania, durante casi 300 años, desde principios del siglo XII hasta finales del siglo XIV han marcado las tendencias sexuales del ser humano medieval y que dieron con ello un nuevo sentido a la idea del amor.

El Amor Provenzal es pues un fenómeno social que debe ser estudiado y explicado como tal. Curiosamente, cabe resaltar el hecho de que jamás haya sido elaborado de una sola vez por algún o algunos moralistas, sino que lo fue poco a poco y de manera colectiva por casi 400 trovadores a través del transcurrir del tiempo. Así, esos trovadores expresaron en sus canciones las aspiraciones –inicialmente bastante confusas–, de distintos amantes de ambos sexos al igual que infinidad de sueños sentimentales de diversas generaciones, ya que hubo tanto trovadores hombres como mujeres, aunque en el caso de las féminas fueron una minoría llamada trobairitz.

A pesar de las variaciones que las circunstancias le han impuesto, la erótica provenzal u occitana es sin duda el sistema más eficaz que jamás haya podido ser imaginado para encauzar el instinto sexual mediante la exaltación y la sutileza, permitiendo de esta manera una notable purificación del amor entre ambos sexos. Pero como los trovadores no lo expusieron de una manera metódica, su coherencia interna e incluso la unidad relativa de sus tendencias, no siguió una exposición similar al estilo de los tratados moralistas, aunque en el devenir de sus composiciones se puede detectar con facilidad que muchas de sus contradicciones son más aparentes que reales y que su dialéctica ofrece más rigor de lo que a primera vista pueda no parecer.

El problema de los orígenes de la erótica provenzal continúa siendo, aún hoy en día difícil de determinar, ya que hay que ser cauto en afirmar que el amor provenzal u occitano en su conjunto, procede exclusivamente de una determinada erótica anterior. A través de los diversos estudios realizados sobre los orígenes de la erótica del amor trovadoresco provenzal, se puede ir mas allá de una simple cuestión de diversas interdependencias históricas de raigambre latino-occitana o árabe-occitana, ya que se fundamenta sobre las constantes sociales que la etnografía y la tradición descubre en casi todos los pueblos o culturas en los niveles de civilización incluso más arcaicos.

De esta manera, a parte del precedente árabe, se señalan los antecedentes de la poesía religiosa en latín de los clérigos medievales y su influencia en el sentido puramente formal, el cual no puede explicar el trasfondo real de la esencia de la poesía cortés. Asimismo, otros autores han sugerido correctamente la influencia de los antiguos lais e historias de origen celta-bretón, de la Aquitania francesa o de la misma Provenza. Al mismo tiempo que también se ha conjeturado la existencia de una ancestral lírica tradicional que se cristaliza posteriormente en las jarchas, cantigas de amigo, chansons de femme, frauenlied y otras que vienen a ser sustratos de un primitivo lirismo popular procedente de las antiguas culturas indoeuropeas.

– III – CARACTERÍSTICAS


Veamos pues ahora quién representa ser la figura exótica del trovador y las características propias del trovar. El trovador es aquel que compone poesías que son destinadas a ser difundidas mediante el canto y que, por tanto, llegan al destinatario a través de su escucha y no por la lectura. Es éste un punto esencial y primordial que siempre debemos tener presente. Para los trovadores componer era cantar, aunque muchas veces no vayan a ser ellos en persona los que canten sus poesías. En cuanto al origen de las palabras provenzales trovar y trovador se admiten que derivan del latín medieval tropare, formadas a su vez sobre tropus, nombre de ciertas composiciones versificadas con melodía que se desarrollaban en el transcurso de los cantos litúrgicos y que precisamente fueron cultivados con intensidad en el siglo XI en la abadía de San Marcial de Limoges, o sea, en las tierras mismas donde se produjo la poesía trovadoresca. Aún no existe, pero, un método seguro y práctico para descifrar con completa certeza la composición musical de los trovadores.

Según el prestigioso musicólogo español Julián Ribera dicha música fue notablemente influenciada por las composiciones de los músicos árabes o andaluces, cuya pujanza se hizo sentir en todas las naciones medievales europeas. Así de esta manera hay que hacer hincapié en la venida y estancia en España de numerosos trovadores y juglares desde el siglo XI, ya fuese en la participación de contiendas militares o en el transitar por el camino de Santiago quienes, al ponerse en contacto con el vecino arte popular musical árabe o andalusí, sin duda sufrirían una inevitable influencia la cual transmitirían luego en su país de origen. Tal hecho confirmaría la aparición en la Europa medieval del ars mensurabilis o música medida –cuyos modos rítmicos corresponden casi exactamente con los géneros rítmicos del arte oriental–, así como la introducción en la cultura europea del uso de los instrumentos árabes u orientales como el rabel, laúd, guitarra morisca y otros, y, por último, la existencia de formas fijas, que, como el rondó y la balada, tienen la misma estructura técnica que las canciones andaluzas de los siglos VIII al X.

En nuestros días hay una propensión decidida a empequeñecer el influjo de los árabes en la cultura cristiana, y hasta negar su directa influencia en la poesía de los pueblos neo-latinos. Ciertamente, el problema está lejos de ser resuelto. Para concluir este apartado señalaremos que incluso, aunque se demostrase que la poesía provenzal –en su formato–, no debe nada a los géneros poéticos mozárabes u andalusíes, y que su versificación deriva enteramente de la métrica neo-latina, quedarían todavía los parecidos constatados entre la erótica árabe y la erótica provenzal que no se pueden explicar sino por una influencia doctrinal de la primera sobre la segunda, como por ejemplo queda reflejado en temas tan comunes como las divisiones ternarias del amor, la teoría del corazón separable y el intercambio de corazones, la sobreestimación de la mujer, la sumisión absoluta del amante a su dama, la exaltación del largo deseo y la idea de muerte por amor.

Los provenzales se adhirieron a la idea de que el amor toma nacimiento en los corazones generosos y relegaron a un segundo plano el valor de la continencia, la cual, contrariamente para los árabes, correspondía sólo al amor digno de este nombre. Las dos eróticas presentan un notable paralelismo tanto en sus trazos maestros como en sus temas accesorios, aunque la occitana se desarrolló con un retraso de casi dos siglos sobre la primera, aunque la erótica occitana sigua al final el mismo devenir que la erótica árabe no debemos contemplarla como una copia pura y simple. La erótica provenzal resulta ser de un prolongado proceso o esfuerzo para poder encajar los primordiales conceptos engendrados en la España musulmana con la postrera renovación progresiva de la sensibilidad, ya que se pueden importar directamente modelos formales poéticos pero muy difícilmente los mismos sentimientos amorosos surgidos de ámbitos político-sociales distintos.

La erótica de los árabes tenía un carácter a la vez caballeresco y místico ya que en ella el heroísmo y el amor puro se encontraban mezclados. Por el contrario, la erótica occitana siempre manifestó dos tendencias divergentes que se mezclan a veces, pero que a menudo reactúan una sobre la otra: una primera tendencia caballeresca y una posterior tendencia cortés. Sin lugar a duda, comenzó por ser casi exclusivamente caballeresca a través del duque Guillermo IX de Aquitania, considerado como el primer trovador, transformándose poco a poco posteriormente a través de otros trovadores tan notables como Marcabrú, Cercamón, Bernat de Ventadorn, etc… para terminar siendo inexorablemente de carácter cortés con Montanhagol, por lo que dicha evolución habida entre ambos extremos motive el análisis necesario de las circunstancias que propiciaron dicho cambio.

Así, los caballeros meridionales occitanos tenían conciencia de la solidaridad política que les unía. Se consideraban a sí mismos como miembros exclusivos de una misma cofradía de Amor. Eso permitía a dichos nobles, en tanto que tales, jugar un papel importante en estos debates lírico-eróticos ya que creían que sólo ellos eran capaces de amar y por extensión sólo ellos tenían tal derecho que hacían extensible a sus respectivas nobles damas. Por contra, los amantes de signo cortés, es decir, los trovadores jamás llegaron a constituir, ya fuese realmente o idealmente, una cofradía parecida ya que por desgracia los separaba una distancia demasiado grande de sus estimadas damas, por el simple hecho de proceder de una extracción social inferior. Era evidente que no poseían ni la protección ni los medios prácticos –riqueza y poder– para ejercitar un rol social notorio. Su principal interés o inquietud se dirigía principalmente en conseguir que sus nobles amigas se dignasen por lo menos a considerarlos como sus iguales o semejantes en el terreno sentimental y a poder ser de manera secreta.

Antes hemos mencionado que el amor caballeresco se practicaba entre iguales. En realidad esta igualdad será a menudo ilusoria y bastante peligrosa para la virtud de la dama, según la teoría cortés. Las damas que tomaban por amantes a nobles de un rango social superior al suyo, eran consideradas por los trovadores como banales y carentes de honor. Pero el peligro de esta virtud solo existía en el terreno del amor y no en el terreno del honor aristocrático, ya que tanto las damas como los caballeros en el juego del amor se consideraban como iguales. De ninguna forma era así en el amor cortés, donde el trovador no era y no debía ser el igual de su señora. Así pues, el mismo espíritu del sistema cortés implicaba que la dama fuese siempre de alto rango, a fin de que su orgullo de clase constituyese un obstáculo para la realización del amor y lo mantuviese en los límites de la amistad.

Trovadores y caballeros coincidían en que debían llegar a ser dignos del amor a través del valor, aunque siguieran caminos diferentes: para los caballeros el amor debía merecerse por acciones guerreras, en cambio para los poetas lo sería por la calidad depurada de su sentimiento. Para los nobles el lazo establecido entre la valentía y la sexualidad, se confundía con la vieja ley natural que implica que los más bravos posean a las más bellas. Según esta erótica primitiva y de carácter marcadamente masculina, el caballero amante podía, en efecto, merecer el amor sin ser verdaderamente amoroso. Todo lo contrario sucedía en el sistema cortés ya que la prueba propia del amor era la pequeña ceremonia íntima de los “assays” o ensayos que permitían a la dama verificar en qué medida estando a su lado su amigo trovador, en una situación heroica y tan tentadora, era capaz de respetarla por amor. Esta continencia temporal masculina era una prueba del amor puro donde lo anímico predominaba sobre lo físico.

Así la dama alcanza a perfeccionar a su amigo, perfeccionándose también ella misma. Es por eso que la erótica cortés envuelve un principio espiritual superior al de la erótica caballeresca y, es quizás porque el amor cortés abría tales perspectivas morales que con el paso de los años terminó por suplantar definitivamente al amor caballeresco. No obstante, no debemos olvidar que la primera idealización del amor es la obra de aristócratas guerreros. De la erótica árabe que había asociado mitos heroicos a las exigencias del “amor puro”, los occitanos solo retendrán básicamente los caracteres caballerescos más externos, a partir de los cuales tendrán que reinventar por su propia cuenta, una erótica más refinada que con el paso del tiempo llegará a ser cortés.

– IV – DESARROLLO


Con el duque Guillermo IX de Aquitania, primer trovador del que se tiene noticias en torno al año 1100, vamos a ver cómo las primigenias tendencias caballerescas generan el primer movimiento ascendente del amor cortés hacia su purificación. Será solamente con los trovadores del período en torno a 1150 que vamos a ver constituirse el amor cortés como reacción contra el amor caballeresco de los grandes señores, siendo sus personajes más representativos Marcabrú, Cercamón y Jaudre Rudel. En la época que estos trovadores escribían, es decir entre los años 1130 y 1150, la erótica provenzal estaba todavía buscando su propia vía: vacilaba, de una parte entre el amor caballeresco –de corte realista– y el amor cortés –de corte idealista– más o menos depurado, que estaba todavía por inventarse; y por otra parte entre el amor profano y el amor divino.

La erótica de 1150 marca una fecha importante dentro de la historia del sentimiento. Se caracteriza por una erótica de transición, que difiere tanto de la precedente de Guillermo IX como de la que se desarrollará a partir de Bernat de Ventadorn, entre 1150 y 1180. Por primera vez, estos trovadores insisten sobre la naturaleza espiritual del amor ya que exponen abiertamente que el amor es la unión de los corazones y por tanto del amor puro. Así el amor no obedece ya a ninguna consideración de orden social para llegar a ser definitivamente igualitario.

De 1150 hasta 1250 aproximadamente o mejor dicho entre la generación de Bernat de Ventadorn (1150 – 1180) y la de Uc de Saint Circ (1200 – 1263), la doctrina del amor terminó por constituirse y socializarse. En este periodo la erótica se empieza a definir puramente como cortés, dejando de lado las ambigüedades religioso-místicas y mitigando u obviando los componentes caballerescos que tuvo antaño. Así, en este preciso período el primigenio espíritu caballeresco ya sólo se expresará a través de las novelas medievales de caballería.

Entre las diversas características que definen propiamente al amor cortés hay que resaltar los siguientes trazos: el enamoramiento que está causado por una sustancia de orden metafísico que emana del corazón, la alegría que es el principio y el final de todas las virtudes de los amantes; el fins amor que es un conjunto de reglas estrictas que aseguran la purificación del deseo sexual, las cualidades del fino amante que son a la vez dadas y adquiridas debiéndolas perfeccionar a través de un largo servicio voluntario, la exaltación de la dama perfecta y finalmente, las recompensas del amor ya que entre el beso y el acto sexual, indefinidamente aplazado, la erótica provenzal conllevaba otros premios o recompensas mucho más secretas. Entre dichos trovadores de este período llamado clásico destacan, además de Bernart de Ventadorn, Guirault de Borneil, así como la poetisa o trobairitz, condesa de Día.

– V – EL ENTORNO HISTÓRICO


Mientras la sociedad occitana no se vio amenazada por la guerra y las persecuciones, los trovadores del Mediodía francés se ocuparon exclusivamente del amor y de la cortesía. Sólo prestaron atención a los problemas político-religiosos cuando los acontecimientos debidos a la Cruzada Albigense, arruinaron las pequeñas cortes de amor, mantenidas por damas occitanas, que les permitían vivir adecuadamente y que provocaría la posterior dispersión de su público.

Todo esto significa que los intereses de los trovadores estaban vinculados en el aspecto sociológico con los de la nobleza meridional y que se sintieron inclinados a participar en su defensa cuando empezaron a peligrar. De manera que, los trovadores del período posterior al año 1250, se encontraron por la fuerza de los hechos tanto en el campo de los adversarios de la Iglesia como del ejército francés del Norte. De tal forma que se vieron obligados a seguir la suerte de sus señores nobles amenazados o expoliados y sin cuya protección jamás hubieran tenido ningún soporte social.

La Europa medieval, por desgracia, no volvió a recuperar el mismo nivel de libertad intelectual perdida por causa de este enfrentamiento ya que si hubo un espacio donde la libertad y la fecundidad lírica encontraron cobijo, fue precisamente en este enclave mediterráneo y provenzal que limitaba con el norte de Italia y llegaba hasta el limítrofe territorio de la corona catalano-aragonesa. El poema medieval La Cruzada contra los albigenses nos muestra como el país d´Oc en el siglo XII, estaba alejado de toda lucha ideológica, religiosa o social. Las ideas no chocaban sino que circulaban en un ambiente de absoluta tolerancia. Pero las armas extranjeras impusieron la represión y la tan apreciada libertad que pereció entonces ya no volvió a resucitar.

Este país, que acogió una doctrina tan a menudo señalada de antisocial como el catarismo, fue un ejemplo incomparable de orden, libertad y unión de clases. Era una civilización de la ciudad que se gestaba en esta tierra, pero sin el germen nefasto que desoló las ciudades-estados de Italia. El magnífico espíritu caballeresco y cortés que predominaba en la avanzada sociedad occitana aportó un decisivo factor de cohesión social y político. Así, pese a pequeños conflictos entre señores locales y en ausencia de toda centralización, un sentimiento común unía estas tierras: se vio en las ciudades de Marsella, Beaucaire, Avignon, Carcasona, Toulouse y en los territorios colindantes de Gascuña, Catalunya y Aragón que se unieron espontáneamente contra Simón de Montfort. Esta común unión no llegó a triunfar y con la posterior victoria de los franceses del Norte, se instauró una cruenta represión gracias a un nefasto y retrógrado sistema económico y social calcado del feudalismo germánico.

– VI – CÁTAROS Y TROVADORES, UNA CONVERGENCIA SOCIAL


Los cátaros y los trovadores convivieron durante más de dos siglos en las mismas regiones occitanas, especialmente en los condados de Tolosa y Foix y en el vizcondado de Carcasona. Participaban de la misma civilización, formaban parte de la misma sociedad y muchas veces sus intereses se confundían ya que solían tener los mismos protectores nobles. En los castillos, los bonshomes y los poetas, hablaban ante el mismo auditorio de caballeros y damas.

Sus ideologías respectivas, aunque muy opuestas en cuanto al fondo, presentaban algunos puntos de curiosa convergencia sobre todo en lo concerniente al problema del matrimonio. Dicha particularidad consiste en que, por primera vez, dos doctrinas absolutamente opuestas, el catarismo y el amor cortés, tienden a liberar a la mujer anulando la noción de pecado carnal. Amor no es pecado, sino virtud, decían los trovadores. En cambio, los cátaros sentenciaban: es siempre pecado para los perfectos pero no para los simples creyentes. Así, las mujeres aprovecharán esta doble enseñanza para reivindicar el derecho a amar a su manera y en afirmar su independencia frente a la potestas masculina. Indiscutiblemente, para las mujeres de la nobleza del siglo XIII, el libertinaje, al igual que el ascetismo pero en sentido inverso, constituyó una protesta inconsciente contra el orden social que las coaccionaba y sobre todo contra el matrimonio que solía favorecer a los hombres. Si querían afirmar su autonomía, las damas tenían acceso a escoger el camino propugnado por los trovadores, en el que predominaba la libre idea de que el amor no es pecado, o bien, por el contrario el camino aconsejado por los bonshomes donde el ascetismo y la perfección, es decir, el amor en su grado máximo de pureza, fue más asequible a todo tipo de mujeres, sin importar la capa social de la que procedían.

De tal manera hay que afirmar que “el amor provenzal” se desarrolló paralelamente al catarismo, en las mismas regiones occitanas, y que durante el largo transcurso de dos siglos, las dos doctrinas llegaron a coexistir. Los documentos del siglo XIII nos revelan cómo gran parte de las damas de las regiones de Tolosa, Albi, Carcasona y condado de Foix que acogían y protegían los trovadores, eran asimismo creyentes o simpatizantes del catarismo en vísperas de la Cruzada Albigense. Se puede pues pensar que no veían ninguna contradicción entre las teorías poético-eróticas de sus trovadores y la filosofía moral de los bonshomes. La mayoría de ellas estaban seducidas por la novedad de la doctrina cátara y se interesaban por las discusiones metafísicas y generalmente mostraron más a menudo un claro acercamiento a la herejía que por parte de sus propios maridos. Mientras que la mayor parte de los señores y caballeros occitanos se decantaban por una revuelta contra las posesiones eclesiásticas ya que para ellos era una magnífica ocasión para expoliar los bienes de los clérigos romanos; en cambio, ellas fueron consecuentes con sus compromisos con la iglesia cátara ya que a pesar de la terrible persecución, prefirieron morir en las hogueras con una fe y un coraje dignos de admirar.

– VII – EL PERÍDO ALBIGENSE


Cuando se releen los poemas de los últimos trovadores, encuadrados dentro del período llamado albigense, se descubren, sin lugar a dudas, conceptos o expresiones que llevan indiscutiblemente la huella del pensamiento cátaro. Ello viene motivado por el hecho de que la persecución había puesto en contacto a los poetas resistentes con los perfectos, ya que todos se veían involucrados en el seno de la misma clandestinidad. Entre ellos destacaremos a Peire Cardenal o Montanhagol que aunque no fuesen creyentes o simpatizantes de la iglesia cátara, estaban inmersos, tanto en el condado de Tolosa como en otros enclaves, en la atmósfera activista o revolucionaria de la herejía. Asimismo y de manera sorprendente, hacia finales del siglo XIII y sobre todo en los círculos cultivados de la ciudad de Tolosa empezará a propagarse una gran simpatía por el movimiento cátaro que propiciará adhesiones a su causa tanto en el bando de los anticlericales como de los reformistas católicos que odiaban las nefastas secuelas de la cruzada francesa y la persecución de la Inquisición.

La iglesia romana siempre vio con malos ojos la implantación de la doctrina amorosa de los trovadores. La propagación de dicha doctrina trovadoresca había propiciado la aparición de una sociedad occitana liberal, aristócrata y burguesa, en la que algunos sacerdotes entretenían concubinas e incluso algunos monjes suspiraban a veces por notables damas. De esta manera, podemos decir que el Amor tenía más fieles que Roma en las tierras meridionales. Todo ello cambió después del triunfo de la cruzada contra los cátaros y, muy especialmente, a partir del año 1233, fecha en que la Inquisición, establecida ya anteriormente en 1229, fue confiada a los dominicos. A partir de este instante, las circunstancias se revelaron más propicias a la restauración de un orden moral católico gracias a una sistemática persecución.

Los predicadores comenzaron a atacar el “amor provenzal” y hubo un antagonismo combatiente entre los trovadores que defendían los valores del pasado y los inquisidores que condenaban las prácticas del amor cortés. Los dos trovadores más representativos de este periodo Peire Cardenal y Guilhem Montanhagol quienes soportaban de mala manera la dominación francesa, tomaron partido por el conde de Tolosa, Raymond VII, considerado por ellos como el último defensor natural de “Paratge”, es decir, de los auténticos valores nobles de la patria occitana. Así en sus respectivas composiciones la deslealtad, la mentira y la perfidia quedan encarnadas en las nefastas figuras de invasores e inquisidores; mientras que el honor, la integridad y el amor son propios de los nobles y trovadores meridionales. Para estos últimos los peores enemigos de la civilización meridional no fueron los aristócratas invasores del norte sino el clero, tanto sacerdotes como monjes, sobre todo los que ostentaban importantes cargos dentro de la iglesia romana.

Todo ello nos lleva a ver como en el mismo país y en la misma época en que nace y alcanza su apogeo el catarismo, surge también y florece precisamente el arte de los trovadores que, sin embargo, lograría sobrevivir en más de un siglo a las manifestaciones públicas de la herejía. Las nefastas circunstancias que tuvieron que experimentar ambos movimientos inducen a creer en que hubo una contrastada interpenetración entre ambos fenómenos. Mientras el catarismo fue poderoso en el país d´Oc, los trovadores pudieron cantar abiertamente, es decir, en trovar plan. La posterior cruenta persecución, así como la conquista progresiva del país por el ejército cruzado y el inevitable paso de los últimos bonshomes a la clandestinidad coinciden, por el contrario, con el florecimiento del canto cerrado, es decir, del trovar clus o trovar ric. Por todo ello, es fácil entender que bastantes poemas de los trovadores de dicho período hayan tenido un doble sentido con un preciso sentido críptico difícil de desvelar a través del singular trovar clus.

En el año 1250 el catarismo estaba definitivamente vencido, pero la Iglesia encontraba todavía frente a ella otra singular herejía: “El Amor”, que siempre había hecho causa común en contra de la jerarquía eclesiástica y, al revés, se mostraba a favor del catarismo. Así el Amors nacido en tierras d´Oc fue objeto de escándalo y escarnio por parte de la iglesia romana. Los que trataron de defenderlo, insistiendo sobre las virtudes que desarrollaba, no acertaron más que a señalar ante todo, su carácter herético. Al afirmar que el instinto erótico, por ser un hecho natural, podía también hacer surgir en el alma humana todas las buenas inspiraciones e incluso en su límite máximo, la virtud de la castidad, el trovador Montanhagol consiguió por fin ilustrar el significado, hasta entonces oscuro, sobre ciertas afirmaciones de sus predecesores que sobreentendían que el amor de la dama era causa y que el amor de Dios, consecuencia; o si se prefiere que Amors estaba en el origen de todas las virtudes.

De todas maneras se produciría un notable error si se tuviese que buscar un origen cátaro al tema del arte amatoria. Así haría falta admitir que la inmensa mayoría de los trovadores hubiesen sido cátaros, o por el contrario, que jamás ninguno de ellos llegó a serlo. Lo que sí resulta evidente es que algunos trovadores estuvieron influenciados por el catarismo (un ejemplo claro lo encontramos en la figura de Guilhem de Durfort, señor de Fanjeaux, quien fue al mismo tiempo trovador y creyente). Así, si el Amor cortés llegó a ser también tachado de herético, en realidad, lo era porque pertenecía a una herejía aparte y la afinidad o alianza que se adivina entre el catarismo y la erótica occitana se explican mucho menos por una influencia doctrinal mutua que por el hecho de que entraban ambas como elementos imprescindibles y coincidentes en la civilización occitana de los siglos XII y XIII.

– VIII – CONDENA ECLESIÁSTICA DE LOS TROVADORES


La Iglesia rechazará de forma pública la doctrina del Amor cortés a finales del siglo XIII. Concretamente con fecha de 7 de marzo del año 1277 el obispo de París, Etienne Tempier, la condenó. De esta manera, la iglesia expresaba que no creía en la posibilidad de una unión platónica entre los sexos, para considerar finalmente como herejes, es decir, como cátaros a todos aquellos que aspiraban a un matrimonio espiritual.

A partir de finales del siglo XIII la erótica provenzal entra ya en una fase de abstracción. El amor puro intersexual va a cambiarse por otro mucho más puro o místico, pero carente de todo concepto sexuado, tomando como objeto ideal a Dios o la Santa Virgen. Así, la figura propia de La Virgen María suplantará el sitio ideal que tuvo antaño la Dama cortesana. Es el momento en que la poesía lírica se transforma y canta a la Virgen María como la mujer ideal por excelencia. Uno de los primeros autores de esta transformación fue Peire Guilhem de Lucerrna. Asimismo entre las canciones dedicadas a la Virgen sobresalen las compuestas por Guiraut Riquier en el año 1239, que constituyen una especie de manifiesto muy explícito en el que se condena fehacientemente el pasado y, por extensión, el amor profano. Amors ya no proviene del instinto natural sino que pasa a convertirse definitivamente en una gracia que desciende del cielo sobre el poeta elegido.

Estos nuevos temas de carácter marcadamente religioso ya no pertenecen al antiguo temario erótico-cortés. Aunque las canciones a la Virgen conservan todavía el vocabulario de la poesía cortés y que a la Dama se la llama Midons, de tal manera que los valores por el amor celestial, cantados por los poetas, comienzan a no coincidir ya con las precursoras cualidades mundanas. La Virgen inspira, a partir de este nuevo instante, valores tales como la caridad, la virtud y la razón. De esta forma, las antiguas composiciones trovadorescas se van vaciando de todo su contenido erótico y el arte amatoria se muere provocando la desaparición del Amors occitano.

En el año 1323, cuando la lírica occitana estaba ya en plena decadencia, siete trovadores de Tolosa, emprendieron la labor de revigorizarla o al menos, impedir que muriese al constituir la Sobregaia Companhia dels VII Trobadors de Tolosa. La redacción de sus Leys d´Amors será sometida imperativamente a la aprobación del Gran Inquisidor. Así basta con leer estas leyes atentamente para constatar que las exposiciones doctrinales concernientes a la poesía y el amor se resienten de la condena llevada a cabo por la Iglesia en 1277 contra la erótica cortés, y que obedecen estrictamente a las directrices morales eclesiásticas que son de obligado cumplimiento desde finales del siglo XIII.

Esta escuela, en la cual destacaría el noble Gastón de Febús, conocido como el príncipe de los Pirineos, no mantuvo más que por artificio y convención el vocabulario amoroso de los trovadores y no pudo salvaguardar los valores tradicionales surgidos del antiguo amor trovadoresco. Los trovadores del pasado, de nuevo, fueron condenados y la pasión “adúltera”, fuente de su inspiración, fue tachada como deshonesta e impura.

Como colofón surgirá con posterioridad la obra poética del valenciano Ausias March en el vecino Reino de Aragón. Su ternario de amor, el último aparecido en Occidente, se inspira en las teorías de Aristóteles sobre la amistad, así como en las de Andrés le Chapelain y en los trovadores del período clásico, estableciendo los siguiente grados para el Amor: el primero, es el amor puro (amistansa pura ou vertedeira amistat) que proviene del espíritu; el segundo, el amor mixto (el de los trovadores) que procede a la vez del cuerpo y del espíritu; el tercero, el amor utilitario y venal (matrimonio) que solamente corresponde al cuerpo. Este ternario es una reafirmación evidente contra el espíritu de las primigenias leyes de amor trovadorescas. La obra de Ausias March representa para la poesía medieval una nueva ralentización de la disgregación total y definitiva del antiguo amor provenzal. Así Amors desaparece del Reino de Aragón como desapareció antaño de Occitania.

– IX – COMPENDIO


Con la desaparición del mundo de los trovadores y los cátaros se extinguió una de las últimas posibilidades de que Occidente alcanzase a reencontrar sus propias raíces ancestrales, ya que el postrer intento se proyectará en la época del Renacimiento cuando estuvo a punto de conseguirlo. Es como si a nuestra cultura occidental presente se la hubiese dotado de un cuerpo al que se le han anulado los recuerdos de su infancia y la sensibilidad de su juventud. La antigua cultura occitana representa el crisol de experimentación de estos estadios psicológicos colectivos-sociales perdidos de la infancia y de la juventud occidental. La interpretación partidista de la Historia que sepultó la ideología de los vencidos, procuró ocultar intencionadamente dichos valores expresados tanto por los cátaros como por los trovadores que recogían los del mundo clásico oriental y grecorromano, es decir, aquellos que se desarrollaron en los teatros del mundo antiguo donde el ciudadano se mejoraba por la catarsis, y el de las escuelas clásicas donde fluían los pensamientos de los filósofos, así como los templos donde antaño se canalizaban los rituales iniciáticos.

Lo que se perdió con la eliminación del arte amatoria de los trovadores, expresándolo de forma precisa, es la aniquilación de las auténticas emociones y sensaciones supremas del ser humano. La erótica de los trovadores, hoy en día tan ignorada, desvirtuada y adulterada fue el origen, fresco e hipersensible, del Amor en Occidente, que tan soezmente ha caído hoy. Y asimismo lo que se perdió con la desaparición del catarismo fue la rotura de uno de los últimos cordones umbilicales que nos conectaban con los diáfanas y esenciales tradiciones cognitivas, es decir, la fuente de los auténticos conocimientos evolutivos del ser humano.

Con la supresión de ambas corrientes asistimos a la extinción del elemento más esencial para el ser humano: El Amor, ya sea amor puro, propiamente cátaro o amor cortés, propiamente trovadoresco. El Amor puro junto con la Voluntad pura es aquella esencia interna que todo lo puede por encima de cualquier limitación física, anímica o temporal y que, por tanto, transciende el logro final del ser humano. Mientras que el amor cortés es aquel que configura de por sí al hombre en su plenitud de ser temporal, de ser en experiencia en el mundo físico-psíquico con proyección futura para otros estadios evolutivos.

En Montsegur y PuIvert sólo quedan de pie unos restos monumentales que nos recuerdan la riqueza y esplendor que el hombre occitano experimentó a través de estos inolvidables movimientos y valores que fueron los cátaros y los trovadores. ¿Volverá el hombre occidental a rescatarlos? ¿Quedarán como meros recuerdos históricos? ¿Existirá dentro del ser humano una necesidad psicológica de reinventarlos? Son preguntas con difícil respuesta. El camino ya está señalado, solamente hacen falta unos nuevos actores que lo crean de verdad, bien en la práctica minoritaria del Amor Puro o bien en la praxis genuina del Amor Erótico. Y estos nuevos actores simplemente deberian ser las nuevas generaciones de hombres y mujeres.

*****BIBLIOGRAFIA


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L´ÉROTIQUE DES TROUBADOURS

René Nelli

Éditions Privat. Toulouse, 1997

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LOS TROVADORES

Martín de Riquer

Editorial Ariel S.A. Barcelona, 1989

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EL AMOR CORTÉS EN LA LÍRICA ÁRABE Y EN LA LÍRICA PROVENZAL

Álvaro Galmés de Fuentes

Ediciones Cátedra S.A. Madrid, 1996

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POESIA Y ARTE DE LOS ÁRABES EN ESPAÑA Y SICILIA

Adolf Friedrich von Schack

Ediciones Hiperión S.L. Madrid, 1988

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CÀTARS I TROBADORS

Xavier Escura, Francesc Riart i Oriol Garcia

Signament Edicions. Barcelona, 1998

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FEMMES EN LANGUEDOC

Gwendoline Hancke

La Louve Éditions. Cahors, 2006

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LE ROYAUME OUBLIÉ (Hommage au Pays d´Oc)

Jordi Savall & Montserrat Figueres

Alia Vox (Textos + 3 CD musicales). Bellaterra, 2009

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3.– IGLESIA Y DOCTRINA CÁTARA

INTRODUCCIÓN


El estudio del movimiento medieval conocido como catarismo involucra inexorablemente al especialista en determinar cuál es su origen. Tal como hemos visto en precedentes exposiciones, rápidamente se suceden las preguntas sobre una supuesta herejía cristiana, así como una hipotética raíz totalmente ajena al cristianismo con fundamentos dualistas, gnósticos o maniqueos. Bajo cierto prisma el catarismo procede de un proceso filosófico y metafísico, de una visión del mundo que supera extensamente la doctrina de la iglesia romana y que viene a enraizarse con el nacimiento del primitivo cristianismo surgido de la ancestral tradición espiritual de la humanidad. En definitva, el catarismo forma parte de la gran familia de las religiones cristianas, aunque con unos matices muy peculiares al estar revestido por un acentuado pensamiento dualista y una relevante metafísica gnóstica.

Todavía hoy, desconocemos cómo el catarismo pudo mantener, a lo largo de más de mil años determinados prácticas del cristianismo arcaico que serán de nuevo retomadas en los siglos XII y XIII, y que ya no se encuentran actualmente ni en el cristianismo romano ni en el ortodoxo. De tal forma que el catarismo pretendió llegar a ser el verdadero continuador de las primigenias enseñanzas de los apóstoles. Muchos pasajes del Nuevo Testamento, destacando entre ellos el Evangelio de San Juan y las Cartas Paulinas pueden ser interpretadas bajo una perspectiva dualista y con connotaciones gnósticas.

Lo que sí conocemos es su gran capacidad en propagar los textos evangélicos en distintos espacios europeos donde lograron arraigar y promover la creación de una nueva iglesia cristiana con criterios de igualdad tanto para hombres como para mujeres, al facilitar la traducción de dichos textos en lengua vernácula y traer una renovada buena nueva evangélica, como también la virtud de su práctica y asimismo la autenticidad del mensaje crístico que la iglesia romana u ortodoxa, con el devenir de los siglos, había expresamente manipulado y adulterado.

PERSPECTIVA HISTÓRICO-RELIGIOSA


Efectuar una perspectiva histórico-religiosa del movimiento cátaro y bogomil resulta bastante difícil, ya que son opciones religiosas que desaparecieron hace varios siglos, al mismo tiempo que al ser movimientos perseguidos encarnecidamente fueron expresamente olvidados hasta tiempos casi cercanos a nosotros, de manera que podemos afirmar que hasta nuestra época reciente han sido corrientes muy poco conocidas y su estudio muy limitado en el espacio y en el tiempo. Al haberse podido determinar, prácticamente a partir de la segunda mitad del pasado siglo XX, sus características de marcado acento gnóstico y dualista, podemos remontarnos en este caso a los distintos movimientos heterodoxos, gnósticos y filosóficos que pululaban en los inicios del cristianismo y que hasta el siglo III de nuestra era tuvieron una libertad probada para difundir sus doctrinas.

Así en el siglo I de nuestra era cristiana con la consolidación de la “Pax romana” imperial surge un nuevo periodo en el que se afianzan multitud de intercambios comerciales, filosóficos y espirituales en toda la cuenca del Mediterráneo. Pablo de Tarso llamó a este período “la plenitud de los tiempos” ya que fueron favorables también para la difusión del cristianismo y la fijación de las primeras comunidades cristianas. Con el paso del tiempo, tras la persecución imperial del cristianismo y su paso a la tolerancia hasta lograr alcanzar el rango de religión prácticamente oficial. Con el Edicto de Milán del año 313 se llegará posteriormente al reinado del emperador Teodosio, entre los años 379 y 378 durante el cual el cristianismo alcanza a ser la religión imperial de pleno derecho y de forma exclusiva. Llegados a este punto, resulta fácil entrever cómo la supervivencia pública de las distintas escuelas filosóficas de raigambre grecorromana, de los antiguos cultos mistéricos de divinidades paganas, así como las tradiciones iniciáticas antiguas del dualismo órfico, platónico o el sincretismo gnóstico ya no pudieron tener una continuidad garantizada, pasando por el contrario a ser radicalmente perseguidas.

De este modo, la gnosis perseguida y proscrita por el Imperio a instancias del creciente poder de la iglesia romana establecida ya como culto oficial, tuvo que guarecerse en la clandestinidad o asumir su debilidad ideológica frente a la ortodoxia aunque no llegó a desaparecer en este periodo de la Antigüedad. Un claro exponente quedó reflejado en la excepcional figura de Prisciliano que vivió en la antigua Hispania romana. Prisciliano alcanzó a ser obispo de Ávila entre los años 381 y 385, impulsando una nueva corriente monástica y ascética en las iglesias de su comunidad hispánica, muy especialmente en el ámbito cultural celtico-galaico, en base al estudio de los textos apócrifos y gnósticos heréticos ya que defendía el hecho de que las verdades divinas podían encontrarse también fuera de los cánones oficiales establecidos. A instancias de la jerarquía eclesiástica fue decapitado por orden imperial en el año 385 en la ciudad de Tréveris (hoy en día conocida como Trier, a orillas del río Mosela en Alemania), siendo de esta manera el primer personaje herético ejecutado de forma oficial con ayuda del brazo secular. Con posterioridad a su muerte, se entreveen todavía indicios dualistas en determinados reductos pirenaicos tanto en territorio hispánico como el aquitano francés.

No será hasta finales del siglo VIII cuando surge en el ámbito pirenaico la controvertida disputa adopcionista personificada en las figuras del obispo Felix de la Seu d´Urgell, en pleno territorio pirenaico catalán y el arzobispo Elipando de Toledo, máximo exponente de la iglesia mozárabe hispánica de tradición visigótica bajo dominio musulmán, quienes fueron acusados por el joven Heterio, obispo fugitivo de Osma y refugiado en tierras asturianas y el Beato de Liébana de mantener creencias heréticas en sus enseñanzas ya que propugnaban que Cristo solamente era hijo adoptivo de Dios, tal como antaño mantuvo la heterodoxa corriente arriano-visigótica. El obispo Felix de la Seu d´Urgell, que anteriormente había sido abad del monasterio de Sant Serní de Tavernoles, importante cenobio de fundación visigótica ubicado en el tramo final del río Valira que nace en las cumbres pirenaicas de Andorra, fue destituido y llamado a capítulo por Carlomagno en la sede palatina de Aquisgrán (hoy en día llamada Aachen, en Alemania) donde tuvo que enfrentarse al teólogo Alcuino de York y retractarse de sus creencias.

Posteriomente, alrededor del año 950, surge en Bulgaria la enigmática figura de un predicador conocido on el nombre de Bogomil (Amigo de Dios) que en pleno dominio de la iglesia cristiana oriental bizantina predicará el mensaje evangélico bajo un prisma dualista y gnóstico, siendo sus acólitos duramente perseguidos. Se cree que la aparición del bogomilismo en tierras búlgaras se debe a la anterior propagación de la corrientes mesaliana y paulicista surgidas en tierras del Oriente Medio. Asimismo hemos visto cómo se ha hablado con frecuencia de filiación entre cátaros y bogomilos. Lo que sí es seguro es que en el año 1167, un obispo de la iglesia dualista bogomila de Bizancio, llamado Nicetas o Niketas, llegó hasta tierras del Languedoc para presidir un concilio de las iglesias cátaras en Saint-Félix-de-Caramanh procediendo a realizar ordenaciones impartiendo el sacramento del consolamentum, así como a validar las doctrinas de los obispos occitanos, hecho que facilitó la nueva delimitación de las diócesis cátaras de Albi, Tolosa, Agen y Carcasona.

Es así como a partir de la significativa fecha del año Mil nuevas doctrinas y herejías econtraron condiciones favorables para una rápida expansión entre los siglos XI y XII en tierras occidentales europeas. El renacimiento urbano alcanzado en pleno siglo XIII propició la aparición de nuevos movimientos religiosos e ideológicos, traspasando el ámbito recluido de los antiguos scriptoria de los monasterios. Un ejemplo claro fue el movimiento de la pataria ligada a las florecientes ciudades-estados de Italia. Apareciendo con una fuerza inusitada reformadora, terminó siendo un auténtico cuestionamiento eclesiástico que finalmente fue aplastado en el año 1075 en Milán. Todo ello coincide con la Reforma gregoriana promovida por la misma Iglesia romana, necesitada de una renovación interna eclesiastica debido a la gran cantidad de vicios enraizados en su seno.

Desde mediados del siglo XII los territorios del Languedoc también se convierten en una tierra fértil para los movimientos heréticos cuyos máximos exponentes serán el valdismo y el catarismo. El profundo arraigo de dichas tendencias heréticas provocará una reacción violenta principalmente dirigida contra el catarismo. Habrá una primera fase de discusión y confrontación doctrinal que discurrirá entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII. La segunda fase se incia en el año 1209 con la utilización de la vía militar a través de la famosa Cruzada Albigense y termina prácticamente en el año 1255 con la caída del último reducto de Queribús defendido por los faidits, considerados como la pequeña nobleza occitana defensora del catarismo. Finalmente, la tercera fase continúa a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII y principios de la centuria siguiente, teniendo como eje central la utilización implacable del aparato inquisitorial para borrar los últimos residuos del catarismo e impedir de este modo su resurgimiento.

LA ESTRUCTURA DE LA IGLESIA CÁTARA


Antes de ver cómo era la organización de la Iglesia cátara, radicada preferentemente en tierras occitanas, tenemos que partir del momento histórico en el que arranca el Concilio de Sant Felix de Caramanh del año 1167, donde se empieza a perfilar la estructura que va tomando forma de manera definitiva. En esta importante fecha, la iglesia cátara occitana deja de ser un conjunto de pequeñas comunidades más o menos aísladas, dejando atrás un primer estado embrionario para constituirse en una firme y sólida organización. El modelo a partir del cual se empieza a configurar viene ya señalado por el texto evangélico del Apocalipsis que rememora una alegórica organización de las siete iglesias de Asia (Asia Menor o actual Turquía), con un velado mensaje de logro de plenitud. Por tanto el modelo a seguir es el de las iglesias primitivas que eran independientes ente sí aunque solidarias en hospitalidad y mutua ayuda. De esta manera, también en las tierras occitanas se configuran unos espacios geográficos perfectamente delimitados con un episcopos (obispado), como cabeza visible del territorio y un diácono en algunas de sus comunidades más importantes. Se fija así un orden eclesiastico, bajo una Regla de Justicia y Verdad, que designa la sucesión apostólica que encontramos con las figuras del obispo y sus coadjutores y que se conocen como los hijos mayor y menor; aunque no se prevé una sede fija de residencia para ellos ya que se desplazan muy a menudo hasta los límites más remotos de sus tierras asignadas. Solamente en plena época de la persecución o en el periodo de finales de la Cruzada albigense encontramos sedes fijas de los obispos como ocurre con el caso concreto de Montsegur.

Veamos pues ahora la organización interna de la iglesia cátara. Básicamente estaba estructurada en tres grados: los que simpatizaban, los creyentes y finalmente los perfectos, llamados también Bons cristians o Bones cristianes. Aunque si nos atenemos al hecho puramente espiritual, en realidad sólo se consideraba verdadera iglesia la compuesta por todos aquellos que habían logrado alcanzar el grado de perfecto o perfecta. Por tanto, esta constitución jerárquica es la que corona la finalización del nuevo edificio religioso cátaro. Es hora pues de examinar el comportamiento de cada una de dichos grados y su interrelación dentro de la estructura de la iglesia cátara.

Los simpatizantes eran los diversos estamentos sociales que veían con buenos ojos la implantación del catarismo, aunque su participación dentro de la organización de la iglesia cátara era mínima por lo que, en general, sólo algunos de ellos sufrieron leves acosos por parte de la Inquisición. Hemos de considerar que el catarismo levantó una consolidada simpatía entre las diversas poblaciones donde pudo arraigar ya que los perfectos y perfectas eran un ejemplo cabal de testimonio auténtico cristiano en detrimiento del proceder corrupto de la iglesia romana medieval.

Los creyentes o fieles adeptos por su parte, debían meditar sobre las lecciones de los perfectos, asistir a las oraciones recitadas en común y rezar individualmente. Debían practicar la humildad, la caridad, el perdón de las ofensas y sobre todo la veracidad. No estaban obligados a llevar una vida ascética o mística, de manera que prohibiciones relativas a relaciones carnales o comer una dieta de carne no entraba dentro de sus limitaciones. La Iglesia cátara no dejaba de velar sobre ellos y de adoctrinarles para que adquiriesen las buenas disposiciones correspondientes en la esperanza de que en sus próximas reencarnaciones se integrasen en el camino de la liberación y salvación. En resumen, hay que considerarlos como laicos que participaban en la vida espiritual de su iglesia por lo menos en la misma medida que los católicos suelen hacerlo en el catolicismo. En base a posibles estimaciones se cree que la cantidad de creyentes alcanzaba la importante cifra de 100.000 personas que fue vigente hasta una fecha tan tardía como el año 1250.

En cuanto a los perfectos o a las perfectas, ellos eran los buenos cristianos o las buenas cristianas. Constituían el llamado clero cátaro. Dentro de este estamento existía a su vez, un rango distribuido básicamente en tres grados:

- Los obispos que ejercían el rol primordial jerárquico dentro del área de sus correspondientes iglesias. Les asistían sus hijos mayor y menor que eran sus coadjutores y sus futuros sucesores.

- Los diáconos, es decir, los pastores que servían de intermediarios entre el episcopado y los simples creyentes. Al tener una misión itinerante de predicación solían vivir temporalmente en las diferentes casas de acogida, dedicando su vida a la administración de los sacramentos y a la predicación de los rituales a los creyentes.

- Los ancianos que preceden a otros perfectos por la anterioridad de su entrada en la Iglesia, con diferentes funciones que así lo confieren. Suelen ser quienes llevan la dirección de los ostals o las domus hereticorum (casas heréticas) tal como las llamaban los inquisidores, al igual que las mujeres perfectas dominas. Asimismo oficiaban los ritos en ausencia de los diáconos u obispos. Se sabe que a partir del año 1300 con la desaparición forzosa de la figura de los obispos cátaros, serán estos ancians quienes intentarán mantener viva la llama del catarismo en la clandestinidad.

De manera genérica, a los perfectos les estaba prohibido todo acto carnal, ya que estaban sometidos a una moral extremadamente rigurosa. También les estaba prohibido el homicidio, incluyendo matar animales. No debían mentir ni jurar. No podían comer carne por lo que su alimentación consistía básicamente en pescado, hortalizas y pan. Ayunaban con mucha frecuencia en días alternativos en base solamente a pan y agua así como durante tres cuaresmas anuales (Navidad, Pascua y Pentecostés). Estaban pues obligados a llevar una vida muy estricta en base a una prolongada merma corporal para poder potenciar las virtudes espirituales a través de las múltiples plegarias del Pater y una continua lectura y reflexión de los textos testamentarios. Así mismo debían vivir de sus respectivos trabajos manuales (tejedores, ebanistas, sastres, molineros, médicos…), tal como exhortaba San Pablo en sus epístolas Tened bien en trabajar… …ya que si uno de vosotros no quiere trabajar que no coma tampoco. No había lugar, por tanto, para los ociosos. Todas estas consideraciones ponen de manifiesto pues, el carácter abnegado y espiritual de los perfectos dentro del catarismo.

LAS ESCRITURAS CÁTARAS


Tanto los cátaros como los bogomilos tenían sus propios libros sobre los que fundamentaban su creencia y su fe. Básicamente eran libros relativos a las santas escrituras cristianas, aunque no necesariamente de carácter canónico como suele definirse a los libros de la ortodoxia romana. ¿Cuáles son y que características poseen las escrituras que se han conservado del catarismo? Veamos pues los distintos textos doctrinales utilizados por los cátaros que han llegado a nuestros días y que en resumidas cuentas son los siguientes:

- La Biblia Cátara de Lyon que consiste en una versión íntegra del Nuevo Testamento escrito en lengua vernácula occitana a principios del siglo XIII.

- Los Rituales de Lyon y Florencia, el primero en occitano y el segundo en latín y que describen las prácticas litúrgicas como el consolament , servisi, melhorament…

- El Ritual de Dublín, que contiene una exégesis del Padrenuestro y un sermón sobre la Iglesia de Dios por parte del obispo al nuevo candidato para el consolamentum.

- Tratado Cátaro Anónimo, recogido en la obra Contra Manicheos atribuida a Duran de Huesca en el siglo XIII, famoso polemista contra el catarismo, y que recoge una recopilación de citas comentadas bajo una perspectiva dualista cristiana.

- El Libro de los dos Principios o Liber de duobis Principiis, tratado de teología escrito por Juan de Lugio o un discípulo suyo de la iglesia italiana de Desenzano en el siglo XIII, donde se demuestra la existencia de dos principios coeternos y opuestos.

- La Cena Secreta del Reino de los Cielos o Interrogatio Iohannis, apócrifo bogomilo de origen eslavo, fechado en torno al siglo XI y que refleja el diálogo entre el apóstol Juan y Jesucristo sobre los mitos del dualismo, de la caída de los ángeles, la creación del mundo y del hombre, el poder del Demiurgo, la misión de Cristo y otros.

- La Visión de Isaías, otro apócrifo de tradición antigua vetero-testamentaria que ofrece trazos comunes con los Libros Henoch esenios o de corte cabalístico abordando la subida de Isaías a través de los siete cielos y que fue extraído de un apócrifo cristiano del siglo II llamado La Ascensión de Isaías.

La Biblia càtara de Lyon es un manuscrito medieval redactado en su totalidad en lengua occitana que se puede fechar alrededor del año 1250. Fue encontrado en la Biblioteca de la Academia de las Ciencias, Letras y Artes de Lyon. Tal manuscrito traducido sigue las pautas del Nuevo Testamento canónico de la iglesia romana aunque resulta evidente pensar que la exégesis cátara o propia interpretación sometía el texto a una perspectiva exclusivamente mística, no tomando al pie de la letra los relatos expuestos. En cuanto a los dos Rituales de Lyon y Florencia junto con el de Dublín que han llegado hasta nosotros nos muestran cómo las partes esenciales de los distintos rituales cátaros presentan un carácter arquetípico y arcaico que los acerca a los rituales y antiguas costumbres de la iglesia primitiva, muy especialmente al catecumenado, al bautismo del espíritu y a la ordenación. De tal manera, el ritual occitano afrima respecto al consolamentum las siguientes palabras: Este santo bautismo lo ha guardado la Iglesia de Dios desde los apóstoles hasta hoy y ha sido transmitido de buenos hombres a buenos hombres hasta este momento.

En cuanto al Tratado cátaro anónimo recogido y refutado por Durán de Huesca en su obra Contra Manicheos, está compuesto por un sucesión de citas evangélicas a modo de argumentos para utilizarlos en las controversias y disputas teológicas (auténticos duelos oratorios en toda regla), que hubo entre los herejes y los eclesiásticos romanos entre la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII, antes de estallar la Cruzada albigense (una de las más significativas fue la de Lombers en el año 1165). El tratado rezuma una visión dualista del Evangelio ya que se centra en la doctrina de los dos principios o creaciones: de un lado el reino espiritual (regnum celeste, regnum Christi et Dei, creatio bona y otros.) obra del verdadero Dios y del otro, el mundo malvado y material (mundos malus, creatio mala, praesens creatio, etc.) obra del “Dios malvado”. Para el autor cátaro lo que se trata es la búsqueda de la redención de las almas caídas en el mundo corrupto, las cuales a través de un sistema de reencarnaciones sucesivas y gracias a la gnosis o Entedensa del Be (Entendimiento del Bien), puedan lograr el acceso a la eternidad. En cuanto al famoso Libro de los dos principios que viene a ser el más importante del catarismo fue escrito en el año 1240 en latín en la Lombardía italiana. Con más énfasis que el anterior Tratado Anónimo descrito, dicho libro compuesto por el perfecto cátaro Juan de Lugio, o quizás por un discípulo suyo, viene a ser un ensayo escolástico donde se traza de forma racional, las bases de un dualismo absoluto que se hallan reflejadas de manera velada en las Santas Escrituras. Dicha exposición sigue el rigor didáctico que solían utilizar los teólogos cristianos romanos en las universidades medievales europeas en sus controversias teológicas. Los planteamientos del tratado de Juan de Lugio no carecen de coherencia y rigor según los especialistas ya que son los típicos del dualismo absoluto, que se basan en la existencia de dos mundos contrarios, el eterno y el temporal, emanaciones ab aeterno de Dios y el Mal.

Veamos los dos apócrifos utilizados por el bogolismo y el catarismo. Respecto al libro La cena secreta del Reino de los Cielos o Interrogatio Iohannis, nos presenta, bajo la fórmula de un diálogo ficticio entre Cristo y su discípulo Juan, una auténtica cosmogonía revelada relativa a la organización del mundo celeste. Dicho libro explica asimismo la creación del mundo visible y del ser humano, así como la historia de la humanidad en época del Antiguo Testamento y la posterior venida de Cristo como revelador de los conocimientos para logar la redención al final de los tiempos.

Se supone que La visión de Isaías fue escrito entre los años 100-150 d.C. en lengua griega. Dicho libro engloba una antigua versión conocida como La Ascensión de Isaías que pudo ser escrito con anterioridad, a finales del siglo I, entre los años 88-100 d.C. Curiosamente, La visión de Isaías llegó a ser conocida también por Orígenes, padre de la iglesia que casi llegó a ser declarado hereje en las posteriores y famosas controversias origenistas, así como por la herejía arriana de notable arraigo entre los pueblos ostrogodo o visigodo y posteriormente, por la corriente gnóstica de los priscilianistas del siglo IV, ubicados principalmente en las tierras del norte hispánico romano.

Todos estos documentos, en principio, serían la totalidad de las escrituras cátaras conocidas hasta la actualidad. Pero además, debemos tomar en cuenta también los archivos de la Inquisición, reunidos en la colección de los llamados Fondos Doat y forzosamente, otras obras de menor rango donde la doctrina cátara se ve reflejada como son los escritos literarios siguientes: La leyenda de Barlaam y Josafat, El viaje de San Patricio al purgatorio, El poema de Boecio, Las visiones de Tendal y San Pablo, algunos Apólogos o Exempla como el conocido exemplum del Pelícano que fue tomado originariamente de los antiguos bestiarios de tradición griega y latina, y finalmente otras composiciones de los trovadores provenzales y catalanes.

LOS RITOS DEL CATARISMO


La doctrina cátara propugna un retorno a los orígenes del ritual primitivo cristiano en base a una adecuada relectura de las Sagradas Escrituras lo que implica una drástica reducción ceremonial en el que se representaba el gran drama cósmico de la caída de las almas en el mundo material. Por tanto, los ritos de las ceremonias cátaras se basaban en enseñanzas herméticas que procuraban poder acceder a las más profundas y transcendentales realidades del ser humano. Veamos pues, a continuación, cuáles fueron propiamente los rituales del catarismo.

La tradición del rezo del Padrenuestro, que solamente estaba permitido a los investidos o perfectos, era muy importante dentro del catarismo y tal como era de suponer, enfatizaron el carácter dualista del Padrenuestro a través del añadido o complementario Comentario exegético (comentario interpretativo) en el que está recogida de forma exhaustiva una gnosis descriptiva del mundo divino, descrito como una jerarquía ascendente o descendente de siete substancias (cielos) a través de las cuales se expresan las relaciones entre Dios y su creación. Todo ello nos lleva a la evocación del Pleroma (la Unidad inicial de la que emanan todas las existencias) de algunas gnosis primitivas, como la de la escuela valentiniana, con sus series de eones (seres o inteligencias divinas emanadas de la Unidad suprema que ponen en relación la materia y el espíritu) que configuran un mundo intermedio entre Dios y la creación. El texto refleja como contrapartida la existencia de una jerarquía diabólica paralela llamada caridades extranjeras (stragnas caritas). En cuanto a los creyentes, éstos podían rezar otra especie de oración dominicial que era un sustituto del Padrenuestro.

El rito sagrado y esencial del catarismo se fundamentaba en el consolamentum de ordenación que siempre iba precedido por el rezo del Padrenuestro y que en realidad es el auténtico bautismo espiritual de los perfectos o puros, en oposición absoluta con el bautismo de agua ya que es un elemento material. Era realizado mediante el ceremonioso acto de imposición de manos, de acuerdo con antiguos ritos conservados dentro de la comunidad primitiva cristiana. Revestía un carácter altamente sagrado y para los neófitos venía a significar su entrada en las órdenes cátaras, tras un intenso periodo de instrucción que podía llegar a ser en torno a cuatro años y conllevaba la renuncia expresa a los principios mundanales o materiales. Dentro de la tradición evangélica es similar al hecho descriptivo del bautismo de fuego que los apóstoles recibieron en Pentecostés, cuando el espíritu de Dios o Paráclito descendió sobre ellos en forma de lenguas de fuego. De esta manera, el neófito bautizado encamina su alma hacia el reino de Dios donde habitan los buenos y puros espíritus celestiales. En cuanto al también descrito consolamentum de los moribundos se aplicaba solamente a los creyentes en estado moribundo que les aseguraba una remisión de sus pecados si bien no les garantizaba la salvación. Si el consolado escapaba a la muerte dicho consolamentum perdía todo valor, y si quería convertirse en un perfecto auténtico debía prepararse para recibir el consolamentum de ordenación mucho más difícil de obtener.

Otros ritos de menor medida a destacar son: el aparelhamentum conocido también como servisi o penitencia que era la confesión abierta realizada en determinados actos rituales de los perfectos ante su diácono o el obispo, siendo infracciones de tipo venial ya que las graves eran objeto de confesión secreta y solían acarrear la pérdida del grado de perfecto. Otro ritual característico era el beso de la paz realizado al final de las ceremonias u oraciones y que nos recuerda su uso todavía vigente en la iglesia ortodoxa en nuestros días.

Otro ritual realizado en las casas de los cátaros y que era presidido por el prior o priora de la domus hereticorum” (llamado ancia entre los hombres y domina o anteposita entre las mujeres), era la bendición del pan, efectuada habitualmente en el almuerzo del mediodía y la cena durante el cual se repartía el pan y el vino. Este pan bendito era la representación del pan suprasubstancial que se recitaba en el Pater Noster y hacía referencia a la ley predicada por Jesucristo. Este ritual era parecido a la eucaristia (acción de gracias en griego), pero carecía de carácter sagrado como ocurre con los católicos ya que para los cátaros simplemente representaba un recuerdo del mensaje de Cristo. Por otra parte, el melhorier o en latin melioramentum (mejoramiento), era la única obligación que tenían los creyentes hacia los máximos representates de la iglesia cátara efectuándose mediante tres genuflexiones ante el encuentro de un perfecto al que se le testimoniaba un profundo respecto, por ser portador del Espírtu Santo que habita en su interior, solicitándole la bendición y la intercesión de Dios. Tal ceremonial también era conocido por los inquisidores con el nombre de Adoratio (Adoración). Asimismo, otro ritual que religaba al creyente con la jerarquía cátara era la convenenza (convenientia), por la que un creyente convenía con los perfectos el poder recibir el consolamentum de los moribundos en su última hora, excluyendo la obligación de recitar la oración del Pater Noster.

La existencia y práctica de todos estos ritos descritos sirvieron de forma radical para que la Inquisición pudiese realizar contundentes pruebas de cargo contra los cátaros y sus creyentes. De esta manera por la simple adoración hacia los perfectos o por asistir a sus sermones el creyente podia ser penalizado con el mur o prisión; además, si dichos creyentes participaban del acto del beso de paz, la pena podía elevarse a mur estricte (prisión prolongada) y si participaba en la bendición del pan entonces era declarado practicamente como un hereje, siendo condenado al mur estrictisimus (prisión perpetua a pan y agua hasta la muerte). Como colofón, recordemos que a los declarados expresamente herejes perfectos (hereticus perfectus), el acto punitivo que recibían era ser quemados en la hoguera.

LAS BASES DOCTRINALES


La enseñanza doctrinal del catarismo no solía realizarse a sus fieles sistemáticamente mediante un manual o un seminario de teología, ya que tal “modus operandi” solamente se solía utilizar en las disputas contra los clérigos católicos. Básicamente el catarismo se presentaba como una religión propiamente cristiana, es decir, como un Orden establecido gracias al cual la salvación del creyente estaba garantizada. Toda su apologética era expuesta al neófito de manera sucesiva en el devenir del tiempo con un claro mensaje en lengua vulgar basado en la lectura o interpretación adecuada del Nuevo Testamento. A través de dichas enseñanzas es fácil detectar cómo la doctrina cátara en su vertiente metafísica o espiritual está impregnada de dualismo y gnosticismo. Veamos pues un resumen de las bases doctrinales de la Iglesia cátara.

En relación al dualismo cristiano o la Doble Creación; para el catarismo en el comienzo de los tiempos no exitía sólo un principio, sino que existían dos principios: una deidad absolutamente buena que detenta el amor, la pureza y el bien; y otra deidad, a quien hay que imputar todo el mal que encierra el universo. Estas dos creaciones contrapuestas se entremezclaron para producir el mundo que conocemos y, muy especialmente, convergen en la creación de la humanidad. Estos dos principios creadores (omnia bona y omnia mala), no se pueden considerar en un plano de idéntica igualdad ya que sólo la deidad del bien posee una plenitud esencial, mientras que la deidad del mal se halla ontológicamente (metafísicamente) degradada ya que se suele identificar con la nada (el controvertido nihil cátaro). En base a dicho planteamiento inicial (oposición ser-nada), surgirán dentro del catarismo dos grandes corrientes: el “dualismo absoluto” que fue la doctrina principal del catarismo y el “dualismo mitigado” que fue la corriente menos representativa.

De tal modo habría que preguntarse ¿Cómo el Dios del bien, pudo permitir la existencia del mal? En realidad, resulta difícil comprender lo que los cátaros entendían exactamente por el Dios del mal. Lo que sí aparece de un modo claro para los cátaros es que el mal se halla asimilado a la nada, de la cual sostenían que es nuestro mundo material visible que para ellos es ilusorio y engañoso ya que está configurado externamente de la sustancia perenne divina. El catarismo sostenía que la primigenia emanación espiritual había sido desvirtuada y degradada por la creación material de forma temporal, es decir, por un principio de corrupción y de negación distinto de Dios. Con todo, jamás llegaron a concebirlo con igual poderío que Dios ya que el mal era considerado por ellos como potestas non vera. De tal modo la lucha entre los dos principios está ganada de antemano por el Dios del bien y no por el principio del mal que es descrito como una esencia caótica. Pero, aún así, el mal no será destruido, a pesar de ser vencido, ya que continuará existiendo en su gehena (ámbito donde el mal será confinado). De ahí la afirmación por parte de los cátaros en relación al carácter eterno de los dos principios.

En cuanto a la gnosis cátara que procura la salvación para el ser humano ha de ser considerada como un camino de conocimiento que pretende dotar a la condición humana de un discernimiento total de orden cosmológico y teológico. Dentro de dicha perspectiva el destino espiritual del hombre o la mujer consiste en eliminar la parte de mala creación o el mal que existe en su persona para identificarse exclusivamente con la buena creación o el bien. Existe, pues, en el ser humano una lucha continua entre la libertad propugnada por la eternidad y el libre albedrío de la negación o temporalidad. La obra divina no consiste en crear seres libres de hacer el bien o el mal, sino seres que estén en la necesidad de no impregnarse de mal. De tal manera, a través de la experiencia del mal y del dolor, las almas humanas se adhieren entonces a Dios, como se adhiere a una verdad por fin reconocida, por el espíritu y por el conocimiento. La definitva adquisición de la entendensa del bé (entendimiento del bien) era el camino correcto del discernimiento espiritual.

La reencarnación resulta ser otro de los capítulos doctrinales más peculiares del catarismo. Ante la pregunta de cómo el ser humano logrará la salvación, el catarismo procura una variada diversidad de enseñanzas antropológicas y soteriológicas (rescate). En ellas afirma que la salvación del género humano conlleva sucesivas reencarnaciones en el mundo material. La muerte sólo libera de forma provisional al alma de las cadenas que atan en el mundo material. Por tanto, la salvación definitiva para el alma del ser humano sólo es posible si se logra el acceso al estado de perfecto mediante el bautismo del espíritu o el consolamentum de ordenación. A través del mismo se opera una reunión mística del alma, que todavía es esencia temporal, ya que se halla aprisionada en la carne, con su espíritu superior que es esencia eterna y que mora en los espacios divinos desde aquel momento in illo tempore, en que se produjo la caída en el mundo material. Una vez que se haya alcanzado esta reunión mística de forma individual por parte de cada perfecto se ha de esperar el defnitivo momento de la resurrección (rescate) de todas las almas colectivas de la humanidad.

En relación a la condición del ser humano el catarismo defendía la triple composición del mismo dividido en cuerpo, alma y espíritu. La gnosis cátara procuraba la unión mística entre el alma y el espíritu, ya que el cuerpo es un mero instrumento transitorio sujeto a albergar temporalmnte el alma y a descomponerse tras la muerte física. Los cátaros distinguían una composición dual del alma ya que es el mundo de la entremezcla o frontera mutua donde los dos principios (el bien y el mal) se encuentran, se enfrentan y se limitan uno al otro. Es la precisa representación metafórica del Salvador-Salvado. El alma humana no puede ser salvada del mal más que en la medida que sea necesario que sea retomada por Dios como su bien propio, es decir, como una esencia angélica o espíritu perenne a recrear en toda su pureza. La ley eterna, exige que sea de nuevo unida a Dios, como los rayos de la luz solar están unidos al Sol.

Como colofón veamos la importancia de Jesucristo en la metafísica cátara. Aparece más bien como el alma universal y, por consiguiente, como el salvador de las almas caídas en el mundo material. La mayor parte de los cátaros creían que su verdadera misión había sido cumplida en los mundos superiores, cuando se produjo la incursión de Satán en el cielo, y que esta misión había consistido para él en sacrificarse al mal. Desde toda la eternidad, estaba previsto que la divinidad se sacrificaría en el hombre primordial para que el hombre pudiese retornar al Espíritu. Es por eso que los cátaros sostenían, con razón, que Cristo no era otro que este hombre primordial Salvador-Salvado, que se ofreció en el mismo principio de la manifestación en sacrificio a las entidades malignas. De esta manera creen que Cristo es un ángel del Padre celestial de naturaleza inferior a Dios y con connotaciones docetistas ya que consideran la encarnación de Cristo en nuestro mundo, sólo en apariencia a través de su adepto Jesús. El papel de Cristo, mediante la figura de Jesús, fue primordialmente el revelar a las almas humanas nuestra verdadera esencia eterna y espiritual y mostrar a través de la gnosis o discernimiento el autocamino de la salvación individual para cada ser humano. Hay que reconocer que las creencias del catarismo concuerdan con el ejemplo de la vida de Jesús y las enseñanzas que dio: no-violencia, sino amor puro, rechazo en utilizar el mal o la fuerza para resistirse contra el mal, voluntad santa de responder solo con el sacrificio a las acometidas del maligno. Todas estas virtudes, los cátaros las llevaron a la práctica con todas las consecuencias que requería tal compromiso.

EL CATARISMO, AUTÉNTICO DILEMA CRISTIANO (ORTODOXIA O HETERODOXIA)


En el momento actual que estamos transitando, desde finales del siglo XX a principios del siglo XXI, los hallazgos relativos a los orígenes del cristianismo y del judaísmo a través ya sea de la Biblioteca Gnóstica de Nag Hammadi (heterodoxia cristiana) así como de los Manuscritos del Mar Muerto de la corriente esenia (heterodoxia judía), han abierto perspectivas inusitadas para poder comprender finalmente todo el devenir y acontecer de la religión judeo-cristiana.

De tal modo, hoy en día podemos aseverar que, independientemente de los distintos cristianismos ortodoxos y oficiales que han sobrevivido hasta nuestros días, hubo otras corrientes cristianas antagónicas que perecieron en el transcurso del tiempo por diferentes causas. Entre ellas destacaremos las diversas corrientes gnósticas de los primeros siglos de nuestra era que fueron perseguidas por la implantación del cristianismo romano en el seno del Imperio romano y el posterior resurgir del bogomilismo y catarismo medieval siendo ambos expresamente defenestrados.

La religión cristiana de los cátaros en tierras occidentales europeas o la de los bogomilos en tierras orientales europeas, resultan ser un auténtico dilema dentro de la gran historia del cristianismo ya que nos aportan conceptos soterrados del mensaje crístico de dicha primitiva comunidad surgida en tierras lejanas de Medio Oriente (Palestina o Israel). Ello nos sitúa en un auténtico dilema: ¿Cuál fue el auténtico mensaje de Cristo? ¿Cuáles son las auténticas fuentes del cristianismo primitivo? ¿Existe realmente una ortodoxia y una heterodoxia del cristianismo? Todo ello conllevaba difíciles respuestas. Pero lo que si podemos afirmar, a partir de un estudio exhaustivo del catarismo, es que dicha corriente religiosa nos aporta un magisterio espiritual que enlaza con las tradiciones iniciáticas de los ritos antiguos y mistéricos de la humanidad y que sus enseñanzas pretenden ser, según ellos afirmaban, las auténticas doctrinas que fueron impartidas por Jesucristo a sus apóstoles.

*****BIBLIOGRAFIA


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LES CATHARISMES: MODÈLES DISSIDENTS DU CHRISTIANISME MÉDIEVAL

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4.– LA LEYENDA DEL GRIAL CÁTARO

ORÍGENES


Las raíces de la leyenda del Santo Grial se encaminan más allá de los orígenes de la Historia, ramificándose en variopintas culturas y, por tanto, en un extenso abanico diversificado en múltiples dominios geográficos de nuestro planeta. De este modo, las tradiciones milenarias de muy variados ámbitos recogen dicho acontecimiento en la cultura hindú, escita, irania, griega, latina, germánica, celta, irlandesa o bretona; así lo relatan muchos investigadores, entre ellos, Jean-Claude Lozachmeur en su trabajo titulado Recherches sur les origines indo-européennes et esotériques de la légende du Graal (Cahiers de la Civilisation Medievale de l´Université de Poitiers, 1987).

Como una extraordinaria eclosión, es en la Edad Media cuando surge con gran ímpetu la literatura caballeresca retomando y reactualizando las leyendas del ciclo del Grial de los distintos pueblos bretones, ya que en dicha época se empiezan a olvidar los profundos conocimientos metafísicos alcanzados en la antigüedad, así como a desaparecer infinidad de obras de arte clásicas y a quemarse valiosas bibliotecas de autores latinos y griegos. El vandalismo y la lucha constante de todos contra todos no cejan por lo que llega a producirse una evidente involución y decadencia en el conjunto social y político del Viejo Continente. Por tanto, en plena época medieval, la literatura caballeresca tratará de preservar los pocos conocimientos salvables y será a través de las maravillosas y fantásticas aventuras de la Búsqueda del Santo Grial que se mantendrán vivas, en clave mitológica y simbólica, las milenarias enseñanzas acerca de la pugna interna espiritual y el camino de la evolución para la Humanidad.

¿MONTSEGUR, UN GRIAL EN EL PIRINEO OCCITANO?


La leyenda del grial cátaro va íntimamente ligada al episodio del acecho y posterior rendición del castillo de Montsegur en el año 1244, cuando varios fugitivos pudieron evadirse del cerco y asedio de las tropas del senescal francés, llevándose consigo un valioso tesoro, tal como consta en las actas inquisitoriales. Mucho se ha escrito respecto al tema del tesoro de Montsegur en cuanto si era puramente material, o bien, si se trataba de otra clase de objeto, quizás de carácter espiritual. Realmente ninguna evidencia objetiva ha podido aclarar la naturaleza de dicho tesoro hasta el presente. En cambio, sí que en las actas inquisitoriales medievales queda reflejada una primera evasión de un tesoro pecuniario efectuada unos pocos meses antes de la rendición del castillo y una segunda misteriosa fuga, todavía más sorprendente, la noche antes de la quema de los cátaros en la hoguera en el conocido Prat des Cremats en el mes de Marzo de 1244.

La primera evasión se constata según declaraciones recogidas en las Actas de la Inquisición (Tomos de la Colección Doat francesa), realizadas por el sargento de armas Imbert de Salles, faidit o protector de los cátaros, en la que testifica que una primera parte del tesoro fue sacada antes de la Navidad del 1243 por el perfecto Mateu i el diácono Peire Bonet portando ambos oro, plata y monedas, gracias a la complicidad de los hombres de Como (militar asediante del ejército francés pero nativos, él y sus hombres del pais occitano), hasta llegar a las cuevas del Sabartés (detrás del monte Tabe o Saint Barthelemy) que estaban custodiadas a cargo de Ponç Arnau de Castel-Verdun (según consta en la Colección Doat, Nº XXIV 171b). Esta operación fue realizada con absoluto éxito ya que el perfecto Mateu estaba de regreso en Montsegur entre el 14 y el 21 de febrero de 1244.

La segunda evasión se halla recogida según las declaraciones efectuadas por los sargentos de armas Bernart de Jocó, Guilhem de Boan de Lavelanet y Berenguer de Lavelanet. Así los tres sargentos mencionan que el noble faidit Peire Roger de Mirepoix, la noche del 15 al 16 de Marzo correspondiente a la anterior quema en la hoguera de los perfectos, organiza de forma secreta la salida de cuatro personas (los perfectos Amiel Aicart y Peire Sabater, el diácono Arnau Huc junto con Peitavi Laurent), quienes se deslizaron por el precipicio mediante la ayuda de cuerdas por el paso de Portelh, situado en la dirección NE del castillo, contorneando el Roc de la Tor hasta el río Lasset (ver: respectivamente Colección Doat, XXII 275ab, XXIV80b-81a y XXIV61b-62a). Sobre el trayecto de la huída se han barajado diferentes conjeturas, aunque es probable que el hipotético itinerario fuese a través del Puerto de la Peira (ladera del monte Tabe) hasta llegar posiblemente a Causson.

En resumidas cuentas, a raíz de dicha misteriosa segunda evasión, toma validez entre los investigadores ocultistas y hermetistas una fehaciente constatación de que los perfectos cátaros pudieron ser una comunidad espiritual encargada de la custodia del Grial, cuya preciosa reliquia trataron de salvar hasta el último instante. Por el contrario, los investigadores académicos y ortodoxos, de forma categórica, rechazan tajantemente dicho planteamiento en tanto que el Grial sólo es un mito, de modo que, bajo ningún concepto la comunidad cátara estuvo vinculada a este tipo de leyendas medievales.

¿De qué manera Montsegur entra a formar parte del Mito del Santo Grial? Existen varias teorías que permitirían la identificación de Montsegur con la Leyenda del Santo Cáliz, aunque hemos de insistir, de manera rotunda y fehaciente, que son meras conjeturas ya que bajo ningún concepto la palabra Grial se refleja en ninguna de las actas medievales de la Inquisición. Una de estas conjeturas sería impulsada por los círculos parisinos de los herméticos franceses de finales del siglo XIX, donde destacaba el excéntrico personaje llamado Josephin Peladan que en su obra El secreto de los Trobadores publicada en el año 1906, donde expone que en la obra del Parzival, escrita por el autor medieval alemán Wolfram von Eschembach, habría suficientes indicios para identificar el mítico Munsalvaesche o Monsalvatge donde se custodiaba el Grial con la montaña de Montsegur.

Otra bella leyenda surgida del mismo antiguo folclore occitano (en el año 1240 el trovador Montanhagol le dedica unos versos), nos relaciona a la mítica Esclarmonde, hermana del conde Foix, quien fue una gran protectora de la comunidad cátara y que alcanzó el alto grado de perfecta, como la guardiana del Santo Grial, el cual fue depositado en las entrañas del monte Tabe gracias a la transfiguración de la mítica dama en la sublime figura de una paloma que portaba en su pico tan preciada joya durante el transcurso del asedio contra Montsegur, realizado por las tropas invasoras francesas (relato de cariz absoluto legendario sin ninguna base histórica). Otra notable influencia griálica se debería a la polémica del enigmático tesoro de Rennes-le-Château, sobre el que tantos artículos de prensa e infnidad de libros se han publicado desde el pasado siglo XX, ya que al estar ubicado en el Razés occitano, coincide con el hecho de haber sido la última de las diócesis eclesiásticas creadas por los cátaros en plena época medieval. Otra, todavía más sorprendente y controvertida, sería una probable identificación del plano arquitectónico del castillo de Montsegur, sea o no de época cátara, con la Constelación del Boyero celeste y por tanto con la Leyenda Artúrica, antesala del mito griálico. Y para terminar, otra teoría que se ha repetido infinidad de veces sería la posible conexión del mito griálico de Montsegur con el vaso griálico custodiado en San Juan de la Peña.

Así la polémica del grial cátaro desatada entre sus defensores y detractores, se ha intensificado en estos últimos años sin poder llegar a establecerse bases sólidas ya que el estudio de la materia griálica requiere grandes dosis de colaboración entre ambas partes, al abarcar un campo vastísimo, multidisciplinar, que abarca la historia de las religiones y creencias, mitología y simbología, literatura medieval, historia de la Europa medieval, etnografía y antropología, geografía y ciencias naturales, astronomía y astrología.

EL MITO DEL GRIAL PIRENAICO Y SAN JUAN DE LA PEÑA (ARAGÓN)


Respecto al tan controvertido y discutido grial cátaro de Montsegur, situado en las tierras pirenaicas del Ariège occitano y francés, quizás sería conveniente fijarnos en este otro enclave sacro, situado en el corazón del pirineo oscense ibérico (Alto Aragón), que asimismo cuenta con otra leyenda propia de temática griálica, pero mucho más antigua y de claro arraigo en la memoria colectiva del pueblo aragonés. Nos estamos refiriendo al enclave sagrado de San Juan de la Peña. En líneas generales, la leyenda explica que el Santo Cáliz, procedente de Oriente, fue enviado a Roma en los inicios del cristianismo y con posterioridad, en plena época de la persecución de los cristianos, fue expedido a la ciudad de Huesca por el diácono San Lorenzo, patrono oriundo de la capital oscense (bajo el epígrafe de San Lorenzo hay que entender la cristianización del dios celta Lug, el cual en el ámbito celta-bretón es el protector ancestral del primitivo Grial). Allí, en la misma ciudad de Huesca, es decir, en uno de los enclaves sagrados de los antiguos oscos ilergetes íberos, quedó guardado el vaso sagrado en el ancestral monasterio de San Pedro el Viejo, hoy reconvertido en iglesia local (una cuestión pendiente sería averiguar qué posibles conexiones hay entre los antiguos vascos, los oscos ibéricos y la posterior influencia celta en los territorios del norte hispánico).

Haciendo un breve alto en el relato queremos destacar que la ciudad de Huesca se halla situada en las mismas puertas de entrada de la sierra pre-pirenaica de Guara, enclave de gran valor orográfico que cuenta con destacadas construcciones megalíticas, prehistóricas e importantes huellas eremíticas de la época visigótica y mozárabe. El naturalista y antropólogo vasco-francés Claude Dedanletche, en su obra Guía de los Pirineos, califica a la Sierra de Guara como uno de los espacios naturales más singulares de todo el Pirineo al ser considerado como el gran prototipo medioambiental del microcosmos pirenaico, debido a la gran diversidad bioclimática que presenta, pasando de los bosques mediterráneos en su cara sur a los enclaves de bosques atlánticos en la cara norte, sin olvidar sus pastizales de alta montaña.

Lógicamente a este recóndito Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, no le falta su correspondiente protector cristianizado; San Urbez que cuenta con un notable Santuario en Nocito, situado en las mismas entrañas de la sierra. Asimismo, San Urbez se halla relacionado propiamente con las faenas de carácter agrícola y pastoril y su culto, siendo muy posiblemente, posterior a la leyenda griálica. Extiende su influencia a través del territorio del Serrablo y la antigua Jacetania (la ciudad de Jaca y su comarca central pirenaica) dentro del cual se incluye el Monte Pano, cuna del reino de Aragón y espacio sacro en la leyenda del Santo Grial.

Al producirse, a principios del siglo VIII, la invasión musulmana en territorio hispánico se inicia el éxodo del Santo Cáliz, que parte de la ciudad de Huesca hacia las tierras del norte pirenaico en busca de mejor refugio. De esta manera la santa reliquia va a pasar por Yesa de Basa, situada en tierras del Serrablo, donde se hallan los conglomerados de Santa Orosia (mártir y patrona de la ciudad de Jaca que formaba parte de la comitiva griálica), así como por los antiguos monasterios de San Pedro de Siresa y San Adrián de Sasau o Sásabe, y otro primitivo monasterio paleocristiano, cuyos restos han sido recientemente hallados en la misma ciudad de Jaca hasta encontrar su definitivo asentamiento en el magnífico paraje del Monte Pano (en las cercanías de la imponente mole del Monte Oroel), en el recóndito monasterio de San Juan de la Peña.

En el Monte Pano, en el viejo monasterio de San Juan de la Peña, permanecería custodiado el Santo Cáliz durante muchos años, hasta finales del siglo XIV cuando en el transcurso del mes de septiembre de 1393, fue trasladado al oratorio del Palacio Real de la Aljaferia en Zaragoza por petición del Rey de la corona aragonesa Martin I el Humano. Finalmente, tras un breve paso por Barcelona, según un inventario del año 1410 del Archivo de la Corona de Aragón, la reliquia hizo su traslado a la catedral de Valencia, en Marzo de 1437 a instancias de Alfonso V el Magnánimo en plena época de dominio de los Borgia valencianos en la Santa Sede de Roma. Desde ese momento, hasta el presente, la titularidad de la reliquia ha recaído siempre sobre la catedral valenciana, a pesar de los posteriores y difíciles avatares de la historia (guerra de la independencia contra Napoleón y guerra civil española).

Evidentemente, el Grial de Valencia no deja de ser, precisamente, eso mismo: un apreciado Cáliz formado por una copa hecha de una piedra semipreciosa, conocida como calcedonia, de 7 cm de altura y 9,5 de diámetro y que se halla expuesta sobre un pie con asas añadido con posterioridad. En fechas muy recientes, el arqueólogo Antonio Beltrán ha fechado el mencionado cáliz en torno al siglo I de nuestra era actual y sitúa el taller donde fue labrado en tierras orientales de Egipto, Siria o de la propia Palestina. Asimismo los dos últimos actuales Papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI), en sus últimos viajes efectuados por tierras valencianas, usaron dicho cáliz en sus multitudinarias misas, pudiéndose considerar de esta manera un claro apoyo por parte de la jerarquía romana a favor de la autenticidad de tan preciada reliquia, aunque realmente jamás se ha formulado un comentario oficial sobre el tema.

De esta manera, todo lo expuesto nos permite refrendar el inusitado interés que despierta el mito del Santo Grial y sus múltiples supuestas ubicaciones en Europa (Glastonbury en Inglaterra, Ardagh en Irlanda, Gundestrup en Dinamarca, Génova en Italia…), así como sus variantes legendarias entre las que destaca el hipotético Grial cátaro. Pero lo que si es más verosímil, es que el gran contenido simbólico y espiritual de este relato legendario permanece auténticamente vivo y en plenitud de esencia en el ámbito geográfico de las comarcas del Serrablo y la Jacetania (punto de entrada en suelo hispánico, junto con el Roncesvalles navarro de esta gran ruta iniciática, íbera, celta y cristiana que es el Camino de Santiago).

En la religiosidad popular del Alto Aragón, lo cristiano y lo pagano han estado siempre estrechamente ligados. Por tanto, la jerarquía eclesiástica ha sido consciente de la potencia del culto a la Naturaleza, de forma que ha utilizado y canalizado estas creencias ancestrales a través de los santos locales aragoneses. Así mencionaremos que los impresionantes y destacables accidentes orográficos, entre ellos el viejo monasterio de San Juan de la Peña (con su recoleto enclave incrustado en una gran mole de conglomerado), junto al rígido e impávido macizo del Oroel (donde se ubica una Virgen de la Cueva local), al mismo tiempo que el enclave histórico de Jaca (la vieja Iacca, puerta de la ruta jacobea de Sant-Iago o Iacco/Baco, dios arquetipo de la inmortalidad a través de su propia pasión, muerte y resurrección, según relata el antropólogo escocés James George Frazer, en su obra La Rama Dorada). Sin olvidarnos del congosto de Santa Elena, junto al río Gállego, así como el piedemonte del puerto serrablés de Santa Orosia (patrona de la ciudad de Jaca) y el recóndito emplazamiento del Santuario de San Urbez (en el incomparable marco de la Sierra de Guara), configuran el ámbito vivo de este legendario relato.

SINCRETISMO GRIÁLICO EN GLASTONBURY (INGLATERRA)


Como final a un tema tan apasionante y extenso, hay que expresar el hecho que al abordar la cuestión del Grial habría que tomar ejemplo del sincretismo mitológico, histórico y religioso que confluyen en la actualidad en el lugar de Glastonbury (ubicada en tierras de Somerset, en el sur de Inglaterra), donde la leyenda cuenta que, José de Arimatea recogió en Oriente la sangre derramada por Cristo en un cáliz sagrado hasta depositarla, después de un largísimo viaje, en aquel místico emplazamiento de las islas británicas y que resulta ser, a su vez, la sede donde se halla enterrado el legendario rey Arturo, según cuenta la tradición. Admirable es que en este enclave de Glastonbury se den cita la mitología sagrada celta de los ancestrales pueblos bretones, con la historia de las sucesivas protecciones de los antiguos reyes ingleses (sajones y normandos) y el fervor religioso de anglicanos, ortodoxos y católicos al aceptar que dicho sacro lugar representa ser el primer emplazamiento espiritual de sus respectivos cultos en las Islas Británicas.

Todo ello unido al hecho de que en el año 1925, la escultora Katherine Maltwood, mientras preparaba las ilustraciones basadas sobre el libro medieval dedicado a la Alta Historia del Santo Grial, descubrió sorprendentemente un conjunto de perfiles de figuras reflejadas sobre el mismo territorio de Somerset y cuyos contornos representaban algunos símbolos zodiacales. Así mediante la identificación de los trazados naturales de ríos, senderos, terraplenes y colinas identificó algunos signos del zodiaco celeste con los perfiles de las figuras míticas del Rey Arturo, los Caballeros de la Mesa Redonda y su custodia del Santo Grial.

Tal vez, en Montsegur sea también necesario realizar un esfuerzo de sincretismo y tolerancia donde puedan converger múltiples y versátiles vías cognitivas hacia ese esplendoroso acontecimiento que fue la existencia de una singular y viva iglesia cristiana llamada de los Buenos Hombres y las Buenas Mujeres a pesar de su deplorable y cruenta exterminación.

Así también resaltaremos este marco orográfico situado en pleno Pirineo occitano (en el sur de Francia) en el que destacaremos el enclave legendario de Montreal-de-Sos y el conjunto de sus cercanas grutas rupestres (Niaux y Lombrives), el Sabarthez y sus múltiples spoulgas (cuevas), que fueron también refugio de los últimos cátaros, la magnífica cadena axial del Tabe o Saint Barthelemy, montaña sagrada del pueblo occitano (hasta el siglo XVIII perduraron las peregrinaciones que se hacían hasta su cumbre en el mes de Agosto), el imponente Pog de Montsegur, el macizo señorial del Bugarach (guardián de los enigmáticos emplazamientos de Rennes-le-Château y Rennes-les-Bains), para finalizar en las últimas estribaciones de las Corbières, donde se yergue con todo su esplendor, el magnífico castillo de Queribús, último bastión de los faidits cátaros.

UN EPÍLOGO CIENTÍFICO


A modo de conclusión, queremos llevar al lector a reflexionar sobre un par de párrafos extraídos del destacado Manual de Antropología y Naturalismo del anteriormente mencionado especialista pirenaico vasco-francés Claude Dendaletche en su libro Guía de los Pirineos (Geología-Ecología-Biología). Ediciones Omega. Barcelona, 1982 (traducción de la versión original francesa de la Editorial Delechaux-Niestlé, Neuchatel. Guide du Naturaliste dans les Pyrennes occidentales, donde hace hincapié en lo siguiente:

Pág. 715: No sabemos demasiado de lo esencial. La observación de los paisajes, las plantas, los animales y el hombre de la montaña plantea una infinidad de cuestiones a las que no sabemos responder. La meditación científica puede paralizar y dificultar la escritura; pero, también es a la vez fuente de esperanza y de acción.

Pág. 3: Este libro es un compañero, no un maestro tiránico, una ayuda, no un libro de recetas. Deseo que el que lo utilice conserve al máximo el espíritu crítico con respecto a lo que lea. El gran Libro verdadero es el de la Naturaleza y el verdadero autor es el que la sabe observar. Lea la bibliografía pero, sobre todo, ¡camine! No escuche a los falsos sabios que hacen creer que todo está conocido. La aventura existe todavía para el naturalista pirenaico y el descubrimiento está a su alcance. Y que cada uno escriba su libro sobre los Pirineos, un libro que no se escribirá…

5.– LOS CÁTAROS SIETE SIGLOS DESPUÉS

– I – INTRODUCCIÓN


Hasta hace apenas 30 ó 40 años, estos parajes de pirenaicos occitanos eran raramente frecuentados por los amantes de la historia o de los enigmas y pocos podrían llegar a imaginar que un público tan extenso, como ocurre en la actualidad, fuera a recorrerlos ¿Por qué ese interés colectivo en conocer el recóndito país cátaro? ¿Qué buscan quiénes lo visitan? ¿Percibir la esencia que inspiró hace siete siglos a los hombres del Amor Puro? ¿Rememorar los escenarios históricos donde tuvo lugar la sangrienta cruzada albigense?

Con toda probabilidad, la inmensa mayoría de los visitantes se siente básicamente atraída por sus paisajes moteados de castillos desafiantes –auténticos nidos de águila– o por las encantadoras ciudades del Mediodía francés. De tal manera, pocos serán conscientes que en pleno siglo XIX, un poeta y pastor protestante occitano llamado Napoleón Peyrat, tras un viaje en el año 1860 para redescubrir al largamente olvidado Montsegur, proclamó la antigua leyenda que evocaba el renacimiento del catarismo y que tanto impregnó estas ancestrales tierras llamadas d’Oc. De esta forma, proclamaba de nuevo la singular frase que se atribuye al último perfecto cátaro Guilhem Belibaste, quemado en la hoguera en el año 1321 en Villerouge-Termenès: Al cap dels set cents ans reverdera lo laurel (dentro de setecientos años reverdecerá el laurel).

Efectivamente, la leyenda llegó a cumplirse 700 años después de la caída de Montsegur, ocurrida en marzo de 1.244. Aparte del mencionado Napoleon Peyrat y su voluntad en desplazarse a Montsegur, el interés renovado por el catarismo se encarnó en el transcurso de los años 30 del siglo XX de forma colectiva en el grupo denominado Los amigos de Montsegur y del Santo Grial, entre los que figuraban Deodat Roché, Antoine Gadal, Maurice Magre, René Nelli… desapareciendo tal asociación en los últimos años de la II Guerra Mundial. Tal acción provocará que, una vez pasado el período bélico, resurgiera un decisivo y remarcable estudio del catarismo por el mundo académico y hermético para finalmente llegar a los años 90 del siglo XX en los que los organismos estatales, departamentales y locales de Francia asumen definitivamente con todo acierto este gran legado histórico a través de importantes campañas publicitarias enmarcadas como País Cátaro.

Veamos a continuación, a través de la presente descripción, qué tipo de interés ha ido engendrando el catarismo a lo largo de la Historia. Curiosamente tanto los teólogos, sociólogos, historiadores y filósofos actuales, así como los antiguos inquisidores y cronistas medievales se interrogan sobre el enigma que en sí representa esta peculiar ideología. El estudio del catarismo veremos que parte de un hecho crucial como fue la controvertida Cruzada Albigense. Muchas veces el estudio de dicha cruzada desplaza implícitamente a un segundo plano al movimiento cátaro. Apreciaremos además, como la percepción que se tiene del catarismo varía considerablemente a través de las diferentes épocas por las que discurre la historia europea.

– II – EN PLENA EDAD MEDIA


El texto fundamental que delimita el catarismo en esta época es sin duda La Cançon de la Crosada (Canción de la Cruzada), obra de dos autores anónimos sucesivos, elaborada entre los años 1209 y 1213. El catarismo aparece en una posición discreta, centrándose la temática en la feroz lucha de dos campos de batalla desafiantes como fueron el de los condes de Tolosa y sus correligionarios, defensores de los nobles y antiguos valores de la tierra occitana, enfrentados a la coalición de los clérigos y franceses del Norte, bajo supuesta empresa religiosa, movidos en realidad solo por el odio e intereses egoístas. El resultado final, bien conocido de todos, de la derrota de los condes tolosanos fue nefasto también para la difusión de este preciado y singular texto medieval redactado en antiguo verso provenzal. Habrá que esperar hasta el siglo XIX para que dicho escrito pueda verse publicado. Hasta este instante, los historiadores apenas conocerán este documento mas que a través de un resumen en prosa hecho un siglo más tarde de su redacción por un patriota tolosano. Si la Cançon de la Crosada por imperativos históricos, permaneció en la sombra, no sucederá así para otra interesantísima publicación medieval conocida como Hystoria Albigensis del cisterciense Pierre des Vaux-de-Cernay, sobrino de uno de los principales protagonistas de la Cruzada.

La finalidad de la Hystoria Albigensis es la justificación de la gran empresa papal que fue la Cruzada. Esta crónica compuesta en latín entre los años 1218 y 1218, en plena época de luchas, es el fiel reflejo de la obra de un militante apasionado que procura sin disimulos convencer al lector de la justa causa de la Fe, mediante una habilidad dialéctica y coherencia de remarcable carácter. En ella, los cátaros, aparecen como enemigos mortales. Pierre des Vaux-de-Cernay posee asimismo, un interés especial en señalar a los cómplices de los herejes; en definitiva, a los provenzales de carácter vicioso y supersticioso, siempre dispuestos a sostener o tolerar la abominable herejía. Entre ellos, su máximo mandatario, el conde Raymond VI, el hombre de las cinco mujeres, hereje notorio, cruel y perjuro, totalmente indigno de poseer por más tiempo sus tierras, que deberán pasar a manos de otro señor más digno de regirlas. En definitiva, estos provenzales, bien se merecen ser tratados como infieles por el gran defensor de la causa romana, Simón de Montfort. Los cruzados, fieles servidores de la Iglesia son retratados en forma panegírica, al quemar a los herejes como maldita cizaña.

La Cançon de la Crosada y la Hystoria Albigensis representan los dos grandes textos medievales que inciden superficialmente en el problema cátaro. Son los dos grandes prototipos, ideológicamente opuestos, que enmarcan las dos grandes visiones sobre tan interesante temática. Por un lado el discurso pro-occitano que resalta la injusta expropiación de las tierras del conde legítimo de Tolosa, que defiende vigorosamente la civilización del paratge (nobleza occitana), frente a la brutalidad franco-clerical, aunque relegando a un segundo plano el asunto cátaro para no dar ningún tipo de razón y argumento a la parte contraria. Así el discurso católico se fundamenta en la denuncia del peligro albigense y condena su inconformidad dogmática y su desviación moral. En el fondo, estos dos antagónicos discursos hacen gala de una total ignorancia del catarismo como movimiento propiamente filosófico y espiritual.

En general, en lo que queda del período medieval, a los escribas y cronistas cada vez les importa menos el asunto cátaro. Ocasionalmente los inquisidores y los teólogos son los únicos personajes que se interesan aún por el tema. Ellos son los encargados de luchar contra los últimos fieles de dicha corriente heterodoxa. Entre ellos, destaquemos a Jacques Fournier, detentor de un gran registro inquisitorial que suprimió a los póstumos cripto-cátaros de la comarca de l´Ariège y al dominico Moneta de Cremona, profesor de la Universidad de Bologna, autor del radical texto Summa adversus cataharos et valdenses, cuyo radio de acción se centró en el Piamonte italiano. Los argumentos de Moneta poseen un fuerte cariz polémico y científico ya que estaba familiarizado con la tesis cátara y asimismo había estudiado la historia de la Iglesia primitiva. Como Moneta, otro singular personaje fue Rainero Sacconi, nacido en Piacenza quien con anterioridad había sido un líder cátaro siendo posteriormente, a partir del año 1245, convertido por Pedro Mártir a la orden religiosa de los dominicos para llegar a ser con el tiempo gran inquisidor de Lombardía.

Para convertir a sus antiguos hermanos de fe escribió el códice titulado De cataharis, exposición de carácter jurídico sin apenas ningún trazo filosófico. Su escrito denota una notable cólera y una pasión desmesurada. En el año 1250, salen a la luz pública los manuscritos de las Actas de la Inquisición, testimonios del postrer exterminio de la corriente cátara. En los sucesivos años las investigaciones de los tribunales eclesíásticos, una vez conseguido su fin, caerán en el olvido hasta que la llegada de una nueva época provocará el interés por el estudio del catarismo.

– III – LA ÉPOCA DE LAS GUERRAS DE RELIGION


Después de varios siglos de la instauración del mundo cristiano en Europa, esa unidad religiosa, se verá escindida. Así en el año 1520, Lutero es excomulgado y en 1536 Calvino publica La Institución de la religión cristiana. A partir de este momento el occidente cristiano verá nacer y desarrollarse un movimiento de revuelta contra las enseñanzas de la Iglesia romana que encuentra un eco considerable en muchos países y grupos sociales. El peligro de herejía, hasta ese momento, bien controlado y fácilmente combatido, toma de repente unas proporciones inquietantes. Así surge la ocasión inesperada de recuperar el recuerdo de los cátaros o albigenses. Los primeros que lo llevan a la práctica son los polemistas católicos para quienes el asimilar a los reformadores luteranos y calvinistas con los herejes constituye, de entrada, un interesante argumento intelectual. La condena de Lutero promulgada en el año 1521 en París, le sitúa en el marco histórico de las herejías como los maniqueos, husitas, wyclifistas, cátaros o valdenses.

El combate ideológico se centra en el predominio de una única y universal Iglesia, en el que cada una de las dos facciones (la protestante y la católica), se juega el ser la auténtica y continuadora de la obra de Cristo, considerando a su rival como la sinagoga de Satán. Estas dos facciones hacen hincapié en describir a los antiguos herejes cátaros como los predecesores de los protestantes. Así, mientras la interpretación protestante aprecia al catarismo como el verdadero testimonio de la Iglesia primitiva, los católicos lo ponderan como el reflejo de la Iglesia del Diablo contra la cual ya los apóstoles tuvieron que luchar. La querella se centrará, de este modo, entorno a la Fe de los cátaros.

Ya será bastante tarde cuando aparecerá en Lutero el tema de la Iglesia oculta, es decir, los verdaderos creyentes que en el curso de los siglos mantuvieron viva la verdadera fe cristiana frente al prepotente poderío del papismo. Para el luterano Sleidan, los verdaderos ancestros protestantes son los valdenses, aquellos que en el reducto occitano del Piamonte se alinearon en 1532 con los protestantes genoveses. Así, para los luteranos o calvinistas, cualquier evocación de los antecesores valdenses o cátaros significa un debate doctrinal que permite hallar las suficientes convicciones de la existencia antigua de una verdadera fe cristiana, totalmente al margen de las directrices romanas.

La polémica entre católicos y protestantes no cesará con el Edicto de Nantes de 1598, que marca el fin de la guerra en Francia entre estas dos confesiones, por lo que resurgirán rebrotes fraticidas tanto al principio como a finales del siglo XVII. A partir de ahí el debate va adquiriendo una metodología mucho mejor elaborada. Eso comportará un intento de percibir más profundamente la doctrina cátara hasta entonces sólo conocida de forma superficial. Se potenciará su estudio en relación con otras antiguas corrientes filosóficas y religiosas y el desentrañar el problema de su origen. Así, de esta forma, se analizarán de manera categórica y exhaustiva todo el conjunto de sus dogmas. Aunque por el momento no se llegará a un total conocimiento del catarismo, todo ello comportará un notable avance en su comprensión y profundización.

Dentro de este marco de enfrentamiento entre católicos y protestantes, en el año 1680 el polemista católico Bossuet publica una extensa obra conocida como Historia de las variaciones de las sectas protestantes con una clara connotación dialéctica contra los apologistas de la Reforma. En lo relativo a los cátaros y valdenses, Bossuet retoma las viejas y cómodas acusaciones de inmoralidad proferidas en la Edad Media contra los perfectos (bonshomes). Con la publicación de su obra Bossuet quiere demostrar, a partir de elementos históricos confirmados, la total ausencia de coherencia de las múltiples herejías habidas, consideradas hasta este momento como una cohesionada unidad, a través de una sucesión regular desde los tiempos antiguos. Respecto al entroncamiento histórico del catarismo, el autor resalta de forma notoria que claramente para él está enmarcado dentro de la corriente maniqueísta. A través de un rigor contrastado, tenido como modelo de estudio en aquella época, su obra es altamente apreciada dentro de los círculos eruditos. Representa para su tiempo la culminación de prolongados trabajos de investigación, ya iniciados por otros estudiosos en siglos anteriores, que permitirá asentar las bases nacientes de la erudición histórica.

Debido a este trabajo, los protestantes se verán obligados a tener que revisar sus opiniones y valoraciones sobre sus presumibles predecesores cátaros y valdenses, mediante una exhaustiva lectura de las fuentes histórico-religiosas. Ello comportará que definitivamente, las diversas corrientes protestantes no consideren ya imprescindible el abrigarse en los precursores movimientos disidentes religiosos. Más bien al contrario, a partir de esos instantes, verán a los albigenses como enemigos de la cristiandad, por lo que serán repudiados como antecesores de Lutero. El testimonio de sus propios mártires les bastará. De esta forma, los cátaros son enterrados y eliminados por segunda vez. Inutilizables para las controversias contemporáneas, sólo tendrán, en cierta manera un interés arqueológico.

Estos dos siglos XVI y XVII, marcados por las disputas confesionales, finalizan con la consecución y el logro de una metodología de conocimientos históricos más explícita y exacta pero todavía con importantes lagunas. Eso significa que el segundo intento para profundizar, clasificar y recuperar el catarismo ha fracasado. A posteriori, ese interés resucitará con nuevos bríos y bajo nuevas plumas.

– IV – EL SIGLO DE LA ENCICLOPEDIA ILUSTRADA


Los filósofos de la Ilustración, apenas se interesaron por los antiguos albigenses. La Enciclopedia los menciona escuetamente en algunas líneas y bajo forma menospreciativa. Pero esa no será la postura adoptada por Voltaire que consagró en su extensa obra Ensayo sobre las costumbres, publicada en 1756 todo un capítulo entero. En especial este episodio está consagrado a los horrores cometidos por los cruzados, inspirados expresamente por el fanatismo de los prelados. Las víctimas de la guerra albigense, son a la vez los cátaros y aquellos que los amparan, la burguesía y los transigentes condes de Toulouse. Ese interés por los cátaros no reside tanto en la esencia de su pensamiento como en su funesto destino. Ese enfoque, le permite a Voltaire realizar una radical denuncia de los excesos instigados por la intransigencia clerical. Este planteamiento va a girar entorno a dos grandes postulados: El de la lucha de la razón contra el oscurantismo y el del progreso social frente al despotismo. De esta forma, los cátaros, redescubiertos en una segunda juventud, serán el fetiche del anticlericalismo.

En el transcurso del siglo XVIII se asiste a una inicial tendencia laica de la Historia que permitirá considerar el affaire albigense no sólo bajo la perspectiva de un episodio religioso, sino como un acontecimiento político de notable interés, tanto para la historia de Francia como para la del Languedoc. La influencia que ejerció el siglo de la Ilustración sobre el catarismo se manifestó en la configuración de la verdadera leyenda negra de la Cruzada albigense, donde por primera vez el fanatismo de los prelados y de Simón de Montfort es duramente juzgado sin ningún tipo de paliativos.

Anteriormente en 1737, apareció la obra considerable del benedictino Dom Vaissette Historia del Languedoc. La obra de dicho autor rebosa un profundo conocimiento de la historia occitana y por consiguiente, su visión del fenómeno albigense es la mas completa de las escritas hasta aquel instante. En tanto que clérigo, se sitúa por supuesto desde la perspectiva de la tradición historiográfica católica, pero aportando un tono mucho más liberal y ecuánime, acorde al siglo de la Ilustración. De esta forma su sentido de la objetividad le conduce a una detallada exposición de críticas hacia los impulsores de la Cruzada: el Papa y Simón de Montfort. Vaisette aporta en dicha obra para la posterioridad un sinfín de textos y documentos antiguos, pacientemente recopilados de un incalculable valor.

De esta forma, todo ya estará dispuesto para que los historiadores del siglo XIX puedan hacer su entrada. Poco a poco el drama albigense adquirirá cada vez una notoriedad más considerable con una sorprendente profusión de documentos y estudios.

– V – EL SIGLO XIX O EL TIEMPO DEL MITO


Cuantitativamente el siglo XIX es un período excelente para los cátaros. En él se hablará más a menudo, más extensamente y con mucha más pasión que en todos los tiempos precedentes. Sin que realmente se pueda hablar de una moda cátara, su recuerdo conlleva, sin lugar a dudas, un impactante éxito. Así encuentran definitivamente su correcta ubicación en las grandes obras de la historia de Francia de manera progresiva. Interesan cada vez a más personas, ya sean autores o lectores, católicos o protestantes, ateos o creyentes, centralistas u occitanistas.

En el encuadre general de la Historia de Francia. el episodio albigense es tratado como un elemento secundario o provincial en relación al tema central del Estado. Pero nada impide, que de hecho, se vea al Midi o País d´Oc como una especie de utopía y de anhelo de los grandes temas liberales –civilización, tolerancia, libertad, razón–, frente a los contravalores reaccionarios –fe, fanatismo, despotismo, feudalidad–. Bajo este enfoque la Occitania de los cátaros llega así a ser ejemplar, aunque a veces bajo un prisma desfigurado.

En las obras de Sismondi y de Thierry (Historia de los Franceses, 1823 y Cartas sobre la Historia de Francia, en 1820), se plantean la existencia de dos Francias, una del Norte, la otra del Mediodía, separadas no solamente por sus orígenes dinásticos, sino también por su tipología de población y de sus propias civilizaciones. Este planteamiento coincide con el redescubrimiento de la literatura de los trovadores por los primeros romanistas (de Raynouard a Roché Gude). A través de ellos el público conocerá la existencia de la brillante y sentimental poesía occitana. La poesía trovadoresca representa el punto culminante de la elegancia y de la distinción dentro del período medieval. A partir de ahí, se valorarán los temas del Midi refinado y liberal, los albigenses como padres del libre pensamiento frente a la barbarie feudal de los cruzados franceses. Se asiste así al nacimiento de una leyenda de los cátaros que justamente está durando hasta nuestros días actuales. Los promotores del mito, sin lugar a dudas, jamás habrían llegado a soñar un éxito tan rotundo.

En pleno siglo XIX, después de la tentativa de la Europa napoleónica, surgirá el tiempo de las nacionalidades en lucha por ser reconocidas. Los ejemplos alemán, húngaro, polaco o irlandés, empiezan a fascinar a los impulsores del occitanismo. Es en autores como Sismondi, Thierry, y Henry Martin, que en los occitanos se encuentran las bases de los valores de una sociedad refinada, civilizada, democrática, opuesta al Norte por una profunda antipatía cultural. La primera organización importante que diseñó la renovación occitana es el movimiento llamado Felibrige, fundado en el año 1854 en Provenza. El poeta occitano Frederic Mistral es el gran personaje de dicho movimiento que evoca la cruzada en la publicación anual de la organización L´Armana Provençau. Describe la Cruzada como una operación de pillaje inspirada en la envidia de los hombres del Norte con su mirada fija en el rico Mediodía.

Es el tiempo en que Mistral, avalado por el éxito de su novela Mireio, su primera obra, publicada en 1859, configura sus convicciones nacionalistas conjuntamente con los promotores, allende los Pirineos, de la Renaixença catalana en Barcelona; momento en que el nacionalismo occitano parece irse consolidando dentro de un estado federalista francés. Pero, posteriormente en el año 1870, se produce el desastre francés de la humillación prusiana mediante la paz de Frankfurt. La pérdida de la Alsacia y la Lorena van a pesar como una losa sobre la totalidad de Francia. A partir de esta fecha, las acusaciones de separatismo que le imputan, lleva a Mistral, ya muy afectado por los acontecimientos, a aceptar ineludiblemente el discurso jacobino y centralista francés.

Mencionaremos también dentro de este periodo, la figura del eminente profesor de historia eclesiástica y teólogo protestante alsaciano Charles Schdmit, quien inaugura una nueva pauta para un exhaustivo estudio de la teología, el dogma, la moral y la metafísica cátara a través de su obra Histoire de la secte des cathares ou albigeois. Su incisivo análisis, a pesar de elaborar un sistema metódico y riguroso, para averiguar los orígenes de la doctrina cátara no resultó ser del todo satisfactorio pero alcanzó a ser un nuevo modelo de erudición sobre el estudio del movimiento cátaro.

Finalmente, dentro de la ya mencionada corriente occitanista favorable al catarismo, resalta por sí misma la figura, casi desconocida, de un asombroso personaje como fue Napoleón Peyrat, tal como hemos señalado al principio del artículo. En su obra Historia de los Albigenses encontramos una confluencia de diversas corrientes. Sin una finalidad demasiado erudita, relata un planteamiento entusiasta a favor de los cátaros a los que considera continuadores del saber de los visigodos que, posteriormente, se expresará también a través de los gibelinos, trovadores y jacobinos. Por encima de todo pretende defender su bella patria occitana. Hombre de pensamiento izquierdista, es el impulsor y el promotor del redescubrimiento de Montsegur, como ápice central del catarismo. Su obra, más poética que histórica, relanza el mito albigense y el lugar sagrado de Montsegur como emblema pujante de la tierra occitana. De todas formas, su exposición nacionalista queda encuadrada dentro de un centralismo francés de tendencia izquierdista que persigue la fusión tolerable de dos corrientes superpuestas: la de un Mediodía civilizado y democrático con la de la evolución libertaria.

– VI – EL SIGLO XX Y LAS NUEVAS TENDENCIAS


A primera vista, en el período comprendido entre 1918 y 1939 se sigue la línea de los trabajos de investigación promovidos en el siglo precedente. Sólo la aparición de lo que se denomina el neocatarismo, impulsado por una nueva corriente de autores, aparece como radicalmente innovador. Para el resto de estudiosos el discurso centralista francés sobre la Cruzada continúa su carrera, sin ningún tipo de evolución notable.

Este neocatarismo, de ninguna forma, se presenta bajo unas directrices unificadas. Así, los escritos que señalan su surgimiento a principios de los años 30, parecen haber sido concebidos independientemente uno de los otros. Entre ellos sobresalen las obras de los escritores Maurice Magre con Magos e Iluminados y La sangre de Tolosa; asimismo Jean Rumilly con su novela La masacre de los Puros y sobre todo, la polémica publicación del alemán Otto Rahn con el sugestivo título Cruzada contra el Grial.

La Primera Guerra Mundial provocó una profunda irrupción del campo irracional frente a la naciente investigación científica. Una renovada aproximación al estudio de los cátaros se realizó bajo el prisma de la espiritualidad, simbología y mitología. De este nuevo planteamiento surgió una nueva metodología que religa a los cátaros con los movimientos espirituales más antiguos y los más herméticos de la historia del mundo. En definitiva, se recogió la herencia de una inicial corriente mística y antirracional, nacida a finales del siglo XIX en determinados círculos herméticos e intelectuales, interesados en las tradiciones mas significativas como la gnosis, rosacruces, templarios, budistas…

A raíz de estos noveles parámetros, en las postrimerías de los años treinta a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, es cuando se forma el grupo de Los amigos de Montsegur y del Santo Grial en el que van a estar curiosos personajes que darán un gran impulso al estudio del catarismo, ya sea desde una vertiente académica o hermética, como fueron los ya mencionados Maurice Magre, Déodat Roche, René Nelli junto con el inglés Rot-Wheeler, Antoine Gadal, Madame Mirat o Pujol.

Posteriormente, una vez finalizado el trance de la Segunda Guerra Mundial, en los siguientes años, al unificarse los diferentes campos de investigación (irracional, metafísico, científico e histórico), se va a avanzar de forma muy considerable en el conocimiento del catarismo, en definitiva, sobre sus orígenes, su doctrina, sus exposiciones filosóficas, su organización y divisiones internas. Este logro llegará gracias a los esfuerzos de autores e investigadores extranjeros que aportarán otras perspectivas y parámetros de definición que superarán el viejo enfoque de la corriente propiamente nacionalista francesa.

Las figuras del sueco Hans Söderberg y del alemán Arno Borst, marcan esta nueva pauta de un exhaustivo estudio científico y académico. Tras dichas notables figuras siguen los considerables trabajos de Christine Thouzellier que presentan los mismos caracteres: conocimiento íntegro de los documentos disponibles, así como esfuerzo para encuadrar y restituir la herejía en el contexto espiritual de una época de intento de cambio, como el producido a partir del Año Mil. Otra persona notable con una encomendable labor es el sacerdote Padre Dondaine quien sacó a la luz pública uno de los documentos más importantes que se posee sobre el catarismo, el Liber de duobis principiis. Cerraremos esta exposición de autores más significativos del siglo XX con la figura inefable del ya mencionado René Nelli. Es el autor mas prolífico con numerosos trabajos, libros, estudios que abarcan tanto el ámbito cultural occitano (La vida cotidiana de los cátaros y La erótica de los trovadores), como la introspección de la espiritualidad y el conocimiento metafísico y simbólico (La filosofía del catarismo y El fenómeno cátaro). Sólo a unos pocos años de su muerte, ha sido, sin duda, el erudito que marca para el naciente siglo XXI la adecuada pauta de la comprensión del catarismo desde una perspectiva total y múltiple del mismo.

Finalmente señalaremos que en estas últimas décadas del siglo XX, fueronn interminables los autores que continuaron acercándonos y enriqueciéndonos en el conocimiento del catarismo de manera incesante. Entre ellos hay que destacar a Fernand Niel (con sus monografías de arquitectura y simbología sobre Montsegur y Queribús, que aunque hayan sido defenestradas por los arqueólogos, mantienen intacto el enigma que envuelve a dichas construcciones); Michel Roquebert (la exposición documental más extensiva de la historia medieval occitana y la cruzada albigense), Jean Duvernoy (el archivo más completo sobre el catarismo y las actas inquisitoriales), Dimitre Anguélov (el bogomilismo en Bulgaria), Zoé Oldenberg (la visión más poética de la historia albigense), Luis Racionero, Paul Labal, Anne Brenon (los analistas más profundos sobre la sociología del catarismo) Deodat Roché (el impulsor de la moderna corriente neocátara gnóstica) y Elisabeth van Buren, una especialista en ocultismo que religa el misterioso asunto del tesoro de Rennes-le-Château con el catarismo.

– VII – EL SIGLO XXI ¿UN EPILOGO SIN FINAL?


Actualmente, habiendo ya traspasado las puertas de un nuevo siglo y milenio, la investigación del catarismo no queda de ninguna forma finalizada. Así, con renovados bríos desde el mundo académico surgen flamantes investigadores que empiezan a ser conocidos como Pilar Jiménez, exdirectora científica del centro de estudios cátaros de Carcasona y medievalista de la revista Heresis; Gwndoline Hancke, especialista en catarismo medieval; Francesco Zambon, herejías y literatura medieval; Daniela Müller, eclesiología cátara en Alemania; Ylva Hagman y Krastina Guetcheva, historia sobre la religión de los Bogomilos y Roland Poupin, teologia del catarismo.

Aparecen, por doquier un sinfín de caminos que se entrecruzan y que tal como hemos percibido se complementan en los aspectos sociológico, religioso, místico y ocultista llegando a ser de tal magnitud el legado histórico del que nos hicieron herederos los cátaros, que su estudio viene enriquecido con nuevas y jugosas aportaciones. Aparentemente el catarismo determina sólo un pequeño instante de ese gran devenir que es Europa. Pero la clave radica en entender que es uno de los momentos más intenso y emocionante en tema espiritual que ha vivido nuestro viejo continente. En esencia, la huella de este acontecer ha permanecido inalterable durante más de 700 años a pesar de que se pretendió aniquilarla y borrarla de un solo plumazo.

El catarismo representa, en realidad, la estructuración radical del sentir transcendental y metafísico del ser humano europeo. En esta pequeña semilla occitana, en concreto, se resumen las más grandes aspiraciones espirituales de los pueblos europeos. Las diversas culturas desarrolladas a través de los tiempos en Europa siempre tuvieron presente, aparte de otros logros materialistas, una meta transcendental como así lo demuestran el conjunto de los distintos grupos celtas, germanos o eslavos (mitologías), la civilización greco-romana (filosofía y paganismo), las naciones cristianas medievales (cruzadas y peregrinaciones religiosas). El catarismo sin ser una excepción, tuvo la virtud de canalizar esa expresión transcendente de la manera más simple y adusta, a través de un ideal de sacrificio personal, desprendimiento de las cosas temporales y una total implicación en la vivencia íntima con la misma Naturaleza, reflejo de la perenne esencia microcósmica-macrocósmica. Portadores de un vivificante arquetipo metafísico y conocedores de los “recónditos tesoros espirituales”, mediante su sencillo y humilde proceder nos legaron uno de los más entrañables mensajes espirituales, al no renunciar a sus principios pese a la espantosa persecución y aniquilación de que fueron objeto de forma sistemática.

Alrededor de 700 años después de su desaparición, una incesante multitud recorre estos acogedores parajes de historia y leyenda. A partir del Año Mil, en estas tierras occitanas, los cátaros sigilosamente empezaron a dar sus primeros pasos. A través de su digno ejemplo y conocimiento aportaron una nueva luz radiante a una vieja Europa envuelta en aquellos instantes en las sombras de la intransigencia e ignorancia. Curiosamente, tras el inicio de un nuevo Milenio, también en nuestro mundo actual, harto preñado de incesante materialismo, surgirán de nuevo esos hombres y mujeres capaces de portar una antorcha silenciosa de lucidez y sabiduría.

*****BIBLIOGRAFÍA


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HISTORIOGRAPHIE DU CATHARISME

Cahiers de Fanjeaux (Nº 14)

Eduard Privat, Editeur . Toulouse, 1979

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LES CATHARES DEVANT L´HISTOIRE

Mélanges offerts à Jean Duvernoy, sous la direction de Matin Aurell

L´Hydre Éditions . Cahors, 2005

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LES CATHARES

Arno Borst

Éditions Payot . France, 1988

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CATHARISME: L´EDIFICE IMAGINAIRE

Actes du 7º Colloque presentés par Jacques Berlioz et Jean-Claude Hélas

Centre d´Études Cathares. Carcassonne, 1994

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LOS CÁTAROS

Julie Roux-Perino

MSM Éditions. Vic-en-Bigorre, 2006

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