Cruzada e Inquisición. 1. Concilio de Tours Presidido por Alejandro III. 19 de Mayo de 1163.


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Arte Tormentaria: Cruzada e Inquisición.

1. Concilio de Tours

Presidido por Alejandro III. 19 de Mayo de 1163.

Canon que ordena evitar el trato con los herejes, y decreta a los poderes

seculares aplicar castigos de prisión y confiscación de bienes a los que lo

hicieran.

IV: Que todos eviten la comunicación con los herejes albigenses.

Hace algún tiempo surgió en la región de Tolosa una herejía que, extendiéndose

como un cáncer por los lugares cercanos, ha contagiado a muchas personas en

Gascunia y en otras provincias. La cual herejía, mientras a imitación de las

serpientes se esconde entre sus propios anillos, cuanto más ocultamente serpentea

tanto más gravemente destroza la viña del Señor entre los sencillos. Por lo cual,

ordenamos que los obispos, y cuantos sacerdotes del Señor habitan en aquellas

partes, permanezcan vigilantes frente a esos herejes, y prohíban bajo amenaza de

anatema que nadie, una vez identificados los seguidores de aquella herejía, se

atreva a ofrecerles refugio en su tierra o a prestarles su apoyo.

Y no se tenga con ellos trato alguno de compra o venta, para que al menos,

privados así del consuelo de las relaciones humanas, se vean presionados a

abandonar su camino equivocado.

Y si alguno osare contravenir lo aquí dispuesto, sea fulminado con el anatema,

como partícipe de la iniquidad de aquellos herejes. Si estos herejes fueren

aprehendidos, sean castigados por los príncipes católicos con prisión y confiscación

de todos sus bienes.

Y porque con frecuencia se reúnen desde diversos lugares en algún escondite y viven en un mismo domicilio, sin que exista ninguna causa de esa cohabitación, salvo la coincidencia en el error, sean investigados esos grupos con mayor atención y, si se comprobare la sospecha, prohibidos con todo el rigor canónico.

1. Undécimo concilio ecuménico, Tercero de Letrán (1179), Can. 27:

[...] Considerando que, en Gascuña, en los alrededores de Albi, de Tolosa y de otros

lugares, la locura de los herejes denominados cátaros, o patarinos o

publicanos se ha acrecentado de tal modo que ya no sólo ejercen en secreto su

malignidad, sino que la proclaman abiertamente y pervierten a las gentes simples

y débiles, pronunciamos el anatema contra ellos y contra quienesquiera que se

adhieran a sus principios y los defiendan; prohibimos, so pena de anatema,

alojarles, comerciar con ellos [...]. Quienquiera que se asocie con esos herejes será

excluido de la comunión y todo el mundo quedará libre de los deberes y de la

obediencia que tenga contraídos para con él [...].Todos los fieles deben oponerse

enérgicamente a esta peste, e incluso deben tomar las armas contra ellos.

Los bienes de dicha gente serán confiscados y estará permitido a los príncipes

reducirlos a la esclavitud. Quienquiera que, siguiendo el consejo de los obispos,

tome las armas contra ellos, gozará de un perdón de dos años de penitencia y se le

pondrá, igual que a un cruzado, bajo la protección de la Iglesia.

2. Los 45 «capitula» del Concilio de Tolosa de 1229

1. En cada parroquia de la ciudad y de fuera de la ciudad, los obispos designarán a

un sacerdote y a dos o tres laicos, o incluso a más si hiciera falta, de intachable

reputación, que se comprometerán bajo juramento a buscar de modo asiduo y fiel a

los herejes que vivan en la parroquia. Visitarán minuciosamente las casas

527 Selección de textos de ZOLDENBOURG (pp. 471-477) según HEFELE-LECLERQ, Histoire des conciles,

t.V; 2a parte.

443

sospechosas, las habitaciones y las bodegas, así como los escondrijos más ocultos,

que deberán ser derribados. Si descubren a herejes o a personas que dan crédito o

favor, asilo o protección a los herejes, tomarán medidas para impedir que huyan y

les denunciarán lo antes posible al obispo y al señor del lugar o a su baile.

2. Los abades exentos harán otro tanto en sus territorios no sometidos a la

jurisdicción episcopal.

3. Los señores temporales darán órdenes de buscar con sumo celo a los herejes en

las ciudades, las casas y los bosques donde se reúnen y ordenarán destruir sus

guaridas.

4. Quienquiera que deje residir a un hereje en sus tierras, ya sea por un precio en

dinero, ya sea por cualquier otro motivo, y confiese su falta o sea declarado

convicto de ella, perderá para siempre sus tierras y estará sujeto a penas personales

por parte de su señor, según su culpabilidad.

5. Será castigado de igual modo aquel en cuyas tierras sean hallados herejes con

frecuencia, aún sin saberlo, pero por culpa de su negligencia.

6. La casa en donde se descubra a un hereje será derribada y el terreno confiscado.

7. El baile que resida en una localidad en la que se sospeche la presencia de herejes y

no se esmere en buscarlos, perderá su plaza sin compensación alguna. [...]

9. Todos pueden buscar a los herejes en las tierras de su vecino [...]. Así, el rey

podrá buscar a los herejes en las tierras del conde de Tolosa, y recíprocamente.

10. El haereticus vestitus que abandone espontáneamente la herejía no deberá

seguir viviendo en el mismo lugar si la población pasa por ser residencia de herejes.

Se le instalará en una población católica y con buena reputación. Dichos conversos

llevarán en sus vestidos dos cruces, una a la derecha y otra a la izquierda, de un

color distinto al de su vestimenta; lo cual no les dispensa de poseer cartas

testimoniales de reconciliación libradas por el obispo. Serán inhabilitados para las

funciones públicas y para los actos legales hasta su rehabilitación por parte del

papa o su legado, tras una penitencia apropiada.

11. Quienquiera que vuelva a la unidad católica no espontáneamente, sino por temor

a la muerte o por cualquier otro motivo, será puesto en prisión por el obispo para

que haga penitencia, con todas las precauciones necesarias para que no pueda

arrastrar a los demás [...].

12. Todos los fieles adultos deberán prometer bajo juramento a su obispo que

guardarán la fe católica y que perseguirán a los herejes en la medida de sus

posibilidades. Este juramento deberá ser renovado cada dos años.

444

[…]

14. No está permitido a los laicos tener los libros del Antiguo y del Nuevo

Testamento; salvo el Salterio, el Breviario y las Horas de la Santísima Virgen:

prohibición absoluta de tener esos libros traducidos en lengua vulgar.

15. Quienquiera que sea difamado o sospechoso de herejía no podrá ejercer de

médico. Cuando un enfermo haya recibido de su cura párroco la sagrada comunión,

se vigilará con extremo cuidado que no se le acerque ningún hereje o sospechoso de

herejía, pues esas visitas han tenido tristes consecuencias.

[...]

18. Serán considerados difamados por herejía quienesquiera que sean designados

como herejes por la opinión pública, o cuya mala reputación frente a personas

honorables haya sido demostrada legalmente ante el obispo.

[...]

42. Las mujeres, viudas o herederas, que posean plazas fuertes o castillos no deben

casarse con enemigos de la fe y de la paz.

3. Ordenanzas del Concilio de Besiers, 1233

1. Los perfectos y los creyentes, sus protectores, defensores y encubridores deben ser

excomulgados todos los domingos. El culpable que, tras una admonición y una

excomunión, no se enmiende en un plazo de cuarenta días, será tratado

personalmente como un hereje.

2. Cualquier particular puede detener a un hereje, con tal que lo entregue a

continuación al obispo.

[...]

4. Todo hereje reconciliado que no lleve las dos cruces en sus vestidos será

considerado relapso y sus bienes serán confiscados.

[...]

4. Canon

4. Canon del Sínodo de Arle, 1234

445

6. Muchos herejes que sólo simulan haberse convertido acaban siendo más

peligrosos todavía. De ahora en adelante, todos aquellos que sean convictos de

herejía y que no hayan sido castigados [con la muerte] serán encarcelados para el

resto de sus días [incluso si su conversión es sincera]. Serán mantenidos con las

rentas de sus bienes.

[...]

11. Los cuerpos de los herejes y de sus creyentes serán exhumados y entregados al

juez secular.

[...]

13. Quienquiera que permanezca más de un mes bajo excomunión deberá pagar, al

solicitar su absolución, 50 solidi por cada mes suplementario de retraso. La mitad

de esta multa irá al señor temporal y la otra mitad al obispo, para las causas pías.

[...]

21. Los testamentos serán redactados en presencia del párroco o de su vicario; en

caso contrario, el notario será excomulgado y el testador se verá privado de

sepultura eclesiástica.

5. Concilio de Narbona, 1243

1. Los herejes, sus partidarios o protectores que se presenten voluntariamente ante

el tribunal, den pruebas de su arrepentimiento, digan sobre ellos mismos y sobre los

demás toda la verdad y, por todo ello, obtengan la remisión de la pena de

encarcelamiento, serán sometidos, no obstante, a las siguientes penitencias:

llevarán la cruz y todos los domingos, entre la Epístola y el Evangelio, se

presentarán con una vara ante el sacerdote para recibir de él la disciplina. Serán

sometidos a idéntica pena en todas las procesiones solemnes [...]

[...]

4. Se construirán cárceles para encerrar en ellas a los pobres conversos de herejía.

Los inquisidores deberán proveer a su mantenimiento, a fin de que los obispos no se

vean perjudicados en demasía por esos gastos.

[...]

9. Siendo muy considerable el número de los herejes y los creyentes que deberían

permanecer encerrados por el resto de sus días, hasta el punto de que apenas es

446

posible hallar las piedras necesarias para construir las prisiones indispensables, por

no hablar de los demás gastos ocasionados por tal multitud de prisioneros, se

diferirá su remisión a la cárcel hasta que se haya consultado al papa acerca de sus

intenciones en este punto; aun así, los más sospechosos serán encerrados sin

demora.

[...]

11. Quienquiera que recaiga en la herejía tras haber abjurado de ella será librado sin

más trámite al brazo secular para ser castigado.

[...]

17. Los inquisidores dominicanos no deben imponer multas como penitencia, pues

eso no conviene a su orden, y deben remitirse en este punto a los obispos y allegado

pontifical encargado de las penitencias.

[...]

19. Nadie puede ser dispensado de la cárcel a causa de su estado de matrimonio, de

sus parientes, de sus hijos, de su edad o de su salud.

[...]

22. Los nombres de los testigos no serán comunicados; sin embargo, el acusado

dará los nombres de sus enemigos [...].

23. Nadie debe ser condenado sin pruebas suficientes o sin su propia confesión [...].

24. En materia de herejía, no importa a quién se admite para ser acusador o testigo,

sin que constituyan excepción los criminales, los infames o los cómplices.

25. Sólo serán consideradas sin valor alguno las declaraciones inspiradas por la

malicia o la enemistad.

6. Instrucciones dirigidas a los inquisidores por el Concilio de

Besiers, en 1246

1. Puesto que los inquisidores no pueden visitar sin dificultad todas y cada una de

las poblaciones en particular, deberán, siguiendo las órdenes del papa, elegir una

residencia especial y ejercer desde allí su poder inquisitorial por toda la vecindad.

Deberán convocar al clero y al pueblo, leer su mandato y ordenar comparecer y

447

decir la verdad a toda persona que haya caído en la herejía o sea conocedora de

herejes.

[...]

20. Los herejes condenados, los relapsos, los contumaces y los fugitivos, aquellos

que no hayan comparecido en el plazo prescrito y no lo hayan hecho más que por

una citación particular y aquellos que, despreciando su juramento, oculten la

verdad serán encerrados, según las instrucciones apostólicas, por el resto de sus

días, pena que más tarde los inquisidores podrán mitigar o conmutar si los

culpables se arrepienten, con el consejo de los prelados de quienes dependan.

21. Sin embargo, antes deberán garantizar que cumplirán exactamente su

penitencia y comprometerse mediante juramento a combatir la herejía; y, si recaen,

serán castigados sin misericordia.

22. Por lo demás, los inquisidores, si así les parece oportuno, tienen el derecho a

hacer reingresar en prisión a quienes ya habían sido indultados.

23. Los encarcelados, de conformidad con la ordenanza de la Sede apostólica, serán

distribuidos en celdas separadas y aisladas, con objeto de que no puedan

corromperse entre sí ni a los demás [...].

24. La pena de cadena perpetua sólo podrá ser condonada por completo en caso de

razones muy graves; por ejemplo, si la ausencia del prisionero pudiera exponer a

unos niños a un peligro de muerte.

25. La mujer puede visitar a su marido encarcelado, y recíprocamente. No se les

negará la cohabitación, tanto si se hallan prisioneros los dos como uno solo.

V . S E N T E N C I A S D E L A I N Q U I S I C I Ó N

1. Condena de una relapsa

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Nos, fray Jaume, por autorización divina obispo de Pàmias, con licencia especial del

Reverendo Padre en Dios, Peire, por la gracia de Dios obispo de Carcasona y

sustituyéndole en dichos lugares, hora y día, en su diócesis, y nos, fray Joan de Prat,

de la orden de los miles predicadores, Inquisidor de la depravación herética en el

reino de Francia, diputado de la autoridad apostólica residente en Carcasona para

las investigaciones relativas a todos los infectados y sospechosos del veneno

herético, hemos hallado y se nos ha demostrado que vos, Guilhemeta Tornier,

448

esposa de Bernart Tornier, en otros tiempos de Tarascón, diócesis de Pàmias,[...]

fuisteis condenada por sentencia a prisión perpetua y abjurasteis solemnemente en

juicio de toda herejía, creencia, recelo y participación, bajo pena de veros infligir las

penas reservadas a los relapsos.

No obstante, a pesar de vuestro juramento pronunciado sobre los santos

Evangelios, que tocasteis con vuestras propias manos, de perseguir a los herejes

creyentes, fautores, encubridores y defensores de éstos.. de revelar sus fechorías, de

apresarlos o hacer que los apresaran por todos los medios a vuestro alcance y, por

encima de todo, de conservar y guardar la fe católica [...], habéis recaído en la

depravación herética, como un perro que vuelve a vomitar tras haberse saciado de

carne podrida, por haber seguido y escuchado a Peire y Guilhem Anterieu,

condenados por culpa de su depravación herética, habiendo realizado en varias

ocasiones el elogio de su bondad, de su santidad, de su vida ejemplar, de su fe y de

su creencia, habiendo dicho que la secta de los antedichos era saludable y que todo

ser humano podría salvarse con ella, haciendo observar que nuestro Padre Santo el

papa y los prelados de la Santa Iglesia eran unos infieles, reprobando nuestra fe

católica y a quienesquiera que la conservan, deseando prestar ayuda a la secta

herética y protegiéndola con toda clase de medios.

Considerando que cuanto antecede ha sido atestado por dos testigos requeridos a

juicio; que, para prevenir los hechos antes mencionados, habéis sido advertida,

rogada, suplicada y exhortada con varios días de intervalo [...] a prestar juramento

verdadero, sobre la fe y el hecho mismo de la herejía; que os habéis negado a prestar

dicho juramento y que os seguís negando a prestarlo, con poma impenitente y

herética y apoyo de los herejes [...].

Por todo ello, Nosotros, el obispo y el Inquisidor antedichos, tras haber requerido

parecer de muchos hombres de bien, tanto religiosos como seculares, versados en

un derecho y en otro, teniendo sólo a Dios ante nuestros ojos [...],dictamos y

declaramos a Guilhemeta Tornier relapsa en crimen y protección de herejía, como

hereje impenitente, y, puesto que la Iglesia no tiene nada que hacer con una hereje

como vos, os abandonamos al tribunal secular, rogando no obstante a dicho

tribunal, de una forma apremiante y como lo recomiendan las sanciones canónicas,

que se os conserve la vida y los miembros sin peligro de muerte528, si vos,

Guilhemeta Tornier, confesáis plenamente los hechos de herejía que se os

reprochan, si el arrepentimiento conmueve vuestro corazón y si no persistís en

negar el sacramento de la penitencia y de la eucaristía [...] (Col. Doat, t. XXVIII, p.

158).

528 Es sabido que el brazo secular no podía ni debía tener en cuenta tan caritativa recomendación en

modo alguno.

449

2. Destrucción de unas casas «mancilladas» por los cátaros

En el nombre del Señor, amén. Puesto que, como consecuencia de la investigación

desarrollada y de las declaraciones de los testigos llamados en justicia y

juramentados, hemos hallado que resulta evidente que en las casas de Guilhem

Azemar, jurisconsulto, de Raimon Fauret y de Raimon Aron, y en la propiedad de la

señora de Peire de Medens, situada cerca de Realmont, en el curso de las

enfermedades que les afectaron y les condujeron a la muerte, los antedichos fueron

recibidos como herejes en dichas casas, siguiendo el execrable rito de dicha

condenada secta.

Nosotros, Inquisidores y Vicarios delegados del obispo de Albi [...], tras haber

requerido parecer de hombres prudentes y expertos, haciendo uso de la autoridad

apostólica que nos ha sido confiada, decimos y pronunciamos, por sentencia

definitiva, que dichas casas y la propiedad antedicha, con todas sus pertenencias y

dependencias, sean derribadas de arriba abajo y ordenamos que sean destruidas;

ordenamos asimismo que los materiales de dichas casas sean entregados a las

llamas, a menos que nos parezca útil, según nuestra voluntad, emplear dichos

materiales para usos piadosos.

Igualmente ordenamos que se prohíba en los lugares antedichos librarse a

cualquier tipo de reconstrucción o cercado; que dichos lugares permanezcan

deshabitados, sin valla y sin cultivo alguno, para siempre, por el mero hecho de

haber sido el receptáculo de los herejes, y que, por este solo hecho, se conviertan en

un lugar de proscripción [...]. La presente sentencia ha sido dictada en el año del

Señor de 1329, en domingo, después de la octava de la Natividad de la

bienaventurada Virgen María, en el lugar del mercado del burgo de Carcasona

(Doat, op.cit.)

V I . L A S C R E E N C I A S H E R É T I CAS

1. Descripción de las costumbres de los cátaros durante la

investigación de un grupo herético en Monforte (Italia), hacia 1208.

Entonces [el obispo] Ariberto, [...] comenzó a preguntarle honradamente y con el

debido orden sobre la vida, costumbres y fe de esa gente. Así pues, cuando se le dio

permiso y se hizo el silencio, Gerard se levantó, diciendo: «A Dios Omnipotente,

Padre, Hijo y Espíritu Santo, doy gracias de que os toméis el trabajo de

examinarme tan a conciencia. Y que aquel que os conoce desde el comienzo

en las costillas de Adán os conceda vivir en El y morir en El y ser

450

glorificado, reinando con Él para siempre jamás. Os expondré mi vida y la fe

de mis hermanos en el mismo espíritu con que vos inquirís sobre ellas. Estimamos

la virginidad por encima de todo, aunque tengamos mujeres. Aquel que es virgen

guarda su virginidad, pero el que la ha perdido, después de recibir permiso de

nuestros ancianos, puede observar la castidad perpetua. Nadie conoce a su mujer

carnalmente, sino que la trata con cuidado como a madre o hermana.

Nunca comemos carne. Ayunamos continuamente y rezamos plegarias sin cesar;

nuestros líderes rezan siempre, día y noche, por turnos, para que no pase una hora

sin oraciones. Tenemos todas nuestras posesiones en común con todos los

hombres. Ninguno termina su vida sin tormentos, para que podamos escapar a los

tormentos eternos. [...]

Ariberto: « ¿Por qué tomáis esposas si no es para procrear, de donde procede la

raza humana?» El respondió: «Si toda la raza humana se pusiera de acuerdo para

no experimentar la corrupción, la raza sería concebida como las abejas, sin coito».

2. El libro de los dos principios. Anónimo (algunos suponen autoría

de Giovanni di Lugio), Lombardía, hacia 1240529.

Tratado titulado Compendio para la instrucción de los principiantes”- 46. El

principio malvado

Por este motivo, a juicio de los sabios, se debe creer firmemente que hay otro

principio, el del mal, que es poderoso en la iniquidad y del cual derivan propia y

primordialmente el poder de Satanás y el de las tinieblas, junto con todos los otros

poderes contrarios al Señor Dios verdadero, como se ha demostrado con

anterioridad y cómo, si Dios lo permite, resultará claro también más adelante. Si

así no fuese, el propio poder divino, según los sabios, daría la impresión de

combatirse, de destruirse y de luchar contra sí mismo. Así, dice el Apóstol a los

Efesios: «Por lo demás, hermanos, fortificaos en el Señor y en el poder de su virtud.

Poneos la armadura de Dios, para que podáis resistir a las insidias del diablo, que

no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los principados y las

potestades, contra los regidores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del

mal de las regiones celestes. Tomad, pues, la armadura de Dios, para que podáis

resistir en el día malo y permanecer perfectos en todas las cosas» [Ef. 6,10-13], etc.

«Embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todas las

flechas encendidas del maligno» [Ef. 6,16]. Así, si no hubiese más poder que el suyo,

las virtudes y los poderes del Señor Dios verdadero, por su propia voluntad, se

combatirían entre sí diariamente; lo cual es absurdo pensar del verdadero Dios. Se

deduce, sin la menor duda, que existe otra potestad u otro poder no verdadero que

529 El legado secreto de los cátaros, pp.135-136.

451

el Señor Dios verdadero se esfuerza cada día por combatir, como se ha demostrado

arriba con la mayor claridad a aquellos que son capaces de comprender.

3. Durán de Huesca, Liber contra manicheos (1222-1223)

Tratado cátaro o de los maniqueos (Languedoc, c. 1218-1222), compilado por

Durán de Huesca en el Liber contra manicheos (1222-1223).

3.l. Principio del tratado de los Maniqueos.

Dado que hay algunos que nos reprochan violentamente nuestras opiniones acerca

de las obras y las criaturas divinas, confesaremos con las palabras y con el corazón

lo que creemos en esta materia, para que aquellos que por ignorancia nos atacan

debido a dicho motivo puedan estar informados y reconocer más claramente la

verdad. En primer lugar, nosotros nos sometemos enteramente al supremo y

verdadero Dios, Padre omnipotente, por quien leemos y creemos que fueron hechos

el cielo, la tierra, el mar y todo lo que se halla en ellos, como confirman los

testimonios de los Profetas y como demuestran de manera aún más cabales

autoridades del Nuevo Testamento. Así, el propio Señor dice por boca de su profeta

Isaías: «Yo soy el primero y el último: mi mano fundó la tierra y mi diestra midió los

cielos» Is. 48,12-13] y además: «Porque creo un cielo nuevo y una tierra nueva» [Is.

65,17]. Y el ángel en el Apocalipsis: «Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado

la hora de su juicio; y adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y todas las cosas

que hay en ellos» [Ap. 14,7]. Y los veinticuatro ancianos: «Digno eres, Señor, Dios

nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas y

por tu voluntad existen y fueron creadas» [Ap. 4,11]. También Pablo y Bernabé dicen

en los Hechos: «Hombres, ¿por qué hacéis estas cosas? También nosotros somos

mortales, hombres como vosotros, y os predicamos para convertiros de estas

vanidades al Dios vivo y verdadero, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto

hay en ellos» [Hch. 14,15]. En los mismos Hechos, los otros Apóstoles, por su parte,

afinan: «Señor, tú que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos»

[Hch. 4,24]. Y Pablo, siempre en los Hechos: «El Dios que hizo el mundo y todas las

cosas que hay en él, que siendo el Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos

materiales» [Hch. 17,24]. y David: «Benditos seáis del Señor, que hizo el cielo y la

tierra» [Sal 113B, 15]. Ven el Apocalipsis se lee: «y al ángel de la Iglesia de Laodicea

escribe: “Esto dice el Amén, testigo fiel y verdadero, que es el principio de la

creación de Dios”» [Ap. 3, 14]. Merced a estos testimonios y a muchísimos más,

nosotros creemos que Dios omnipotente hizo y creó’ el cielo, la tierra, el mundo y

todas las cosas que se hallan en él…

3.2. Principio de su exposición e interpretación

452

Pero, dado que son muchos los que apenas dan crédito al otro mundo y a las otras

cosas creadas además de esas, vanas y corruptibles, que se ven en este mundo

perverso y que sin duda volverán a la nada tal y como de la nada vinieron, nosotros

en verdad afirmamos que existe otro mundo y que hay otras criaturas

incorruptibles y eternas, sobre las cuales reposan nuestra fe y nuestra esperanza.

Porque su substancia es la fe, conforme a lo que dice el Apóstol a los Hebreos: «La

fe es la substancia de las cosas que se deben esperar, la prueba de aquellas que no se

ven» [Heb. 11,1]. Etc.”

4. Ritual occitano

Texto ca. 1250 que coincide con el fragmento litúrgico de la Iglesia bosnia,

fechado en torno a 1200530

4.1. Recibimiento del consolament

Y si tiene que ser «consolado» de inmediato, haga su melhorament y tome el Libro

de manos del anciano. El anciano debe exhortarlo e instruirlo con testimonios de

las Escrituras y con palabras apropiadas a un consolament. Háblele «Pedro, queréis

recibir el bautismo espiritual, mediante el cual se da el Espíritu Santo en la Iglesia

de Dios, con la santa Oración, con la imposición de las manos de los buenos

Hombres. De este bautismo dice nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de san

Mateo: “Id e instruid a todas las gentes, y bautizadlas en el nombre del Padre, del

Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado. Y he

aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” [Mt. 28,19-

20]. Y en el Evangelio de san Marcos él dice: “Id por el mundo entero y predicad el

Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvado, el que no

creyere será condenado” [Mc 16,15- 16]. Y en el Evangelio de san Juan dice a

Nicodemo: “En verdad, en verdad te digo: nadie entrará en el reino de Dios sí no

renaciere del agua y del Espíritu Santo” [Jn. 3,5]. También Juan Bautista habló de

este bautismo cuando dijo: “Es verdad que yo bautizo en agua; pero aquel que

vendrá después de mí es más poderoso que yo: a él no soy digno de atarle la

sandalia. Él os bautizará en el espíritu y en el fuego” [Jn. 1,26-27; Mt 3,11]. Y

Jesucristo dice en los Hechos de los Apóstoles: “Porque Juan bautizó con el agua,

pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” [Hch. 1,5]. Este santo

bautismo por imposición de las manos fue instituido por Jesucristo, como refiere

san Lucas; y el mismo Cristo dice que sus amigos lo practicarían, como refiere

san Marcos: “Impondrán las manos a los enfermos y éstos serán curados” [Mc

530 ZAMBÓN, Ibidem, pp. 162-165.

453

16,18]. Ananías administró este bautismo a san Pablo cuando se convirtió. A

continuación Pablo y Bernabé lo administraron en muchos sitios. Y san Pedro y san

Juan lo administraron a los Samaritanos. Pues así lo dice san Lucas en los Hechos

de los Apóstoles: “Los Apóstoles que estaban en Jerusalén, habiendo oído que

Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a los Samaritanos a Pedro y

Juan. Una vez allí, rezaron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo, dado que

hasta ese momento no había descendido sobre ninguno de ellos. Entonces les

imponían las manos y así recibían el Espíritu Santo” [Hch. 8,14-17]. Este santo

bautismo mediante el cual se transmite el Espíritu Santo, lo ha guardado la Iglesia

de Dios desde los Apóstoles hasta el día de hoy y ha sido transmitido de buenos

Hombres a buenos Hombres hasta este momento, y así será hasta el fin del mundo.

Y debéis entender que se ha dado poder a la Iglesia de Dios de atar y desatar, de

perdonar los pecados y de retenerlos, como dice Cristo en el Evangelio de san Juan:

“Como me envió mi Padre, así os envío yo”. Dichas estas palabras, sopló sobre ellos

y dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a los que perdonéis los pecados, les serán

perdonados, a quienes se los retuviereis, les serán retenidos’” [Jn. 20,21-23]. y en el

Evangelio de san Mateo, él dice a Simón Pedro: “Yo te digo a ti que tú eres Pedro y

sobre esta piedra edificaré yo mí Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán

contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; todo cuanto atares en la

tierra será atado en los cielos, y todo cuanto desatares en la tierra será desatado en

los cielos” [Mt. 16,18-19]. En otro lugar dice a sus discípulos: “En verdad os digo:

todo cuanto atareis en la tierra será atado en el cielo, y todo cuanto desatareis en la

tierra será desatado en el cielo. Además, en verdad os digo: si dos de vosotros en la

tierra se ponen de acuerdo para pedir cualquier cosa, les será concedida por mí

Padre, que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi

nombre, allí estoy yo, en medio de ellos” [Mt. 18,18-20]. Y en otro lugar dice: “Sanad

a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, arrojad los

demonios” [Mt. 10,8]. En el Evangelio de san Juan, dice además: “El que cree en mí

hará las obras que yo hago” Un 14,12]. Y en el Evangelio de Marcos afirma: “Estas

serán las señales que acompañarán a los que creyeren: en mi nombre echarán los

demonios, hablarán lenguas nuevas, levantarán serpientes, y si bebieren cualquier

cosa mortífera, no les hará ningún daño. Impondrán las manos a los enfermos y

éstos sanarán” [Mc. 16,17-18]. Y en el Evangelio de san Lucas: “He aquí que yo os he

dado el poder de caminar sobre las serpientes, sobre los escorpiones y sobre todas

las fuerzas del enemigo, y nada os dañará” [Lc. 10,19]. Y si queréis recibir este poder

y esta fuerza, hace falta que observéis todos los mandamientos de Cristo y del

Nuevo Testamento, conforme a vuestras posibilidades. Y sabed que él ha mandado

no cometer adulterio, no matar ni mentir, no hacer ningún juramento, no tomar,

no robar ni hacer a los demás lo que no queremos que hagan con nosotros,

perdonar a quien nos hace daño, amar a nuestros enemigos, rezar por nuestros

calumniadores y por nuestros acusadores y bendecirlos, poner la otra mejilla si nos

agreden, dejar la capa sí nos quitan la túnica, no juzgar ni condenar; a lo que se

añaden muchos mandamientos más impuestos por el Señor a su Iglesia. Además es

preciso que odiéis este mundo, sus obras y todo cuanto le pertenece. Así, dice san

Juan en <su primera> Epístola: “Carísimos, no améis el mundo ni lo que hay en el

454

mundo. Si uno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque todo lo que

hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, orgullo

de la vida, la cual no es del Padre, sino del mundo. El mundo pasará y su

concupiscencia con él; pero quien hace la voluntad del Padre permanece para

siempre” [1 Jn. 2,15-17]. También Cristo dice a las gentes: “El mundo no puede

odiaros; a mí sí me odia, porque yo doy testimonio de que sus obras son malvadas”

[Jn. 7,7]. Y en el Libro de Salomón está escrito: “He observado todas las cosas que

suceden bajo el sol, y todo es vanidad y aflicción del espíritu” [Ecl. 1,14]. Y Judas,

hermano de Santiago, dice para nuestra instrucción en su Epístola: “Odiad esta

túnica contaminada, que es carnal” [Jds. 23]. En base a estos testimonios y a

muchos más, debéis observar los mandamientos de Dios y odiar este mundo. Si lo

hacéis bien hasta el final, albergamos la esperanza de que vuestra alma tenga la

vida eterna». El creyente entonces dice: «Tengo la voluntad, rogad a Dios por mí

para que me dé la fuerza». Luego uno de los buenos Hombres, junto con el creyente,

haga su melhorament al anciano y diga: «Tened piedad de nosotros. Buenos

Cristianos, por amor de Dios os rogamos que deis a nuestro amigo aquí presente

ese bien que Dios os ha concedido». Seguidamente el creyente haga su

melhorament y diga: «Tened piedad de nosotros. De todos los pecados que he

cometido en palabras, pensamientos y obras pido perdón a Dios, a la Iglesia y a

todos vosotros». Y los Cristianos digan: «Por Dios, por nosotros y por la Iglesia os

sean perdonados; nosotros rogamos a Dios que os los perdone». Luego deben

«consolarlo»: el anciano tome el Libro y colóqueselo sobre la cabeza; cada uno de

los otros buenos Hombres impóngale la mano derecha, diga el «perdón», tres

Adoramos y por último: «Padre santo, acoge a tu siervo en tu justicia y envía tu

gracia y tu Espíritu Santo sobre él». Luego recen a Dios con la Oración; el que

dirige el rito diga en voz baja la «sextina» y, terminada la «sextina», diga tres

Adoramos, una vez la Oración en voz alta y por último el Evangelio. Terminado el

Evangelio, digan tres Adoramos, la «gracia» y el «perdón». Seguidamente hagan el

signo de paz entre ellos y con el Libro. Si hubiere creyentes, hagan también ellos el

signo de paz; las creyentes, si las hubiere, hagan el signo de paz con el Libro y entre

ellas. Por último, recen a Dios con una «doble» y con venias; así habrán terminado.

4.2. Reglas para el rezo de la Oración

La tarea de dirigir una «doble» y de rezar la oración no debe encomendarse a un

laico.

Si los Cristianos van a un lugar peligroso, recen a Dios con una «gracia». Y

si alguno monta a caballo, rece una «doble». Además, deben rezar la oración al

entrar en un barco o en una ciudad y al pasar por una tabla o por un puente

peligroso. Cuando los Cristianos se encuentren con un hombre con el que tengan

que hablar mientras recen a Dios, si han <rezado> ocho Oraciones, éstas puedan

valer como «simple»; si han <rezado> dieciséis Oraciones, éstas pueden valer como

«doble». Si hallan en la calle cualquier bien no lo toquen, a menos que sepan que lo

455

pueden devolver. Pero, si ven que antes que ellos han pasado personas a las que ese

bien puede serles devuelto, cójanlo y, si pueden, devuélvanselo. Pero, si no pueden,

déjenlo otra vez en el sitio donde lo encontraron. Cuando topen con un animal o un

ave caídos en una trampa, no <los toquen si no pueden dejar nada en pago al

cazador y no> hagan nada más. Si un Cristiano quiere beber durante el día, rece a

Dios dos veces o más cuando termine de comer. En el caso de que beba después de

la «doble» de la noche, rece otra «doble». Si hubiere creyentes, que se queden de pie

mientras rezan la Oración para beber. Si un Cristiano reza a Dios en compañía de

Cristianas, que dirija él siempre la Oración. Y el Cristiano que, habiéndosele

transmitido la Oración, está en compañía de Cristianas, debe irse a otro sitio y

rezarla solo”.

5. Oración cátara

Traducción según la recopilación Spiritualité de l’hérésie: le catharisme, publicada

por René Nelli en 1953 en las Éditions Privat531. En esa misma recopilación puede

hallarse el texto original, en provenzal, de esta plegaria532.

Padre Santo, Dios justo de los buenos espíritus, tú que jamás erraste, ni mentiste,

ni te equivocaste, ni dudaste, por temor a que nosotros padeciéramos la muerte en

el mundo del dios extraño -pues no somos de este mundo ni este mundo es nuestro,

danos a conocer lo que tú conoces y a amar lo que tú amas.

Fariseos seductores, permanecéis a la puerta del reino e impedís que entren en él

quienes desearían hacerlo, mientras que vosotros no lo deseáis; por esto ruego al

Padre Santo de los buenos espíritus, que tiene el poder de salvar las almas y, por el

mérito de los buenos espíritus, hace granar y florecer; y, a causa de los

buenos, da la vida a los malvados, y así seguirá haciéndolo mientras haya buenos

en este mundo, hasta que ya no quede en él ninguno de mis pequeños, esos que son

de los siete reinos y que descendieron del Paraíso en otros tiempos, cuando Lucifer

les echó de allí so pretexto de que Dios les engañaba al no haberles permitido [¿o

prometido?] más que el bien; de modo que el Diablo era muy falso, pues les permitía

[¿o prometía?] el bien y el mal; y dijo que les daría mujeres que les gustarían

mucho, que les daría el poder de mandar unos sobre otros, y que algunos de

ellos serían reyes, condes o emperadores, y que con un pájaro podrían tomar a

otro, y con un animal, a otro animal.

531 Selección de textos de OLDENBOURG, Z, pp. 469-470.

532 La traducción castellana parte de la versión francesa corregida que el propio René Nelli publicó en

1968 (nota de la traductora).

456

Quienesquiera que se le sometiesen descenderían abajo y tendrían el poder de hacer

el mal y el bien, al igual que Dios allá arriba; y les resultaría mucho más provechoso

-decía el Diablo- estar abajo, donde podrían hacer el mal y el bien, mientras que allá

arriba Dios no les permitiría más que el bien y entonces subieron sobre un cielo de

cristal y tantos cuantos subieron cayeron y perecieron; y Dios descendió del cielo

con doce apóstoles y se ensombreció en Santa María533.

6. La creencia en la metempsícosis

6.1. Los perfectos Santiago Autier y Guilhem Belibasta, partidarios del

dualismo absoluto (cercano al docetismo), explican la transmigración de las

almas.

Le Registre d’Inquisition, ed. Duvernoy, 3 vol., Toulouse, 1965; III, p. 220.

Todas las criaturas hechas por el Padre Celestial, es decir, los espíritus y las almas,

serán salvados, y ninguna de ellas perecerá. Pero irán de vestidura en vestidura, o

sea, de cuerpo en cuerpo, hasta que lleguen a un cuerpo donde alcancen el estado

de verdad y de justicia y se conviertan en buenos Cristianos, o sea, en herejes. Y este

mundo no terminará hasta que todos los espíritus y las almas hechas en el cielo por

el Padre celestial, y que han pecado y han caído, hayan sido encarnados en cuerpos

que les permitan convertirse en buenos Cristianos.

6.2. El perfecto Pierre Maury utiliza un exemplum relacionado con la leyenda

de Guillermo de Gutram para explicar cómo entienden los herejes de la aldea

occitana de Montaillou las relaciones entre el alma y el cuerpo.

Le Registre d’Inquisition, Montaillou, aldea occitana… y Hadas, brujas y

hombres lobo en la Edad Media, pp. 72-74.

Dos creyentes se encontraban un día a la orilla de un río; uno se durmió y el otro

permaneció despierto. De la boca del durmiente vio salir un ser parecido a una

lagartija. De pronto, aquella lagartija cruzó el río aprovechando una tabla o un

tallo de paja, que iba de orilla a orilla. En la otra orilla estaba el cráneo

descarnado de un asno; la lagartija entraba y salía por los orificios que encontraba

en aquel cráneo, luego pasaba de nuevo por encima de la tabla y volvía hasta la

boca del durmiente. Hizo eso una o dos veces. Viendo esto, el hombre despierto

533 Literalmente, e adombrec se en Santa María – ‘se hizo como una sombra en Santa María’: N. del T.

457

usó una astucia: esperó a que la lagartija pasase al otro lado del río y se acercase a

la cabeza del asno, y quitó la tabla. La lagartija salió del cráneo del asno y llegó a

la orilla. Imposible pasar. No estaba la tabla. De pronto, el cuerpo del durmiente

se agitó muchísimo, pero sin llegar a despertar pese a todos los esfuerzos que

empleaba el despierto por sacarlo de su sueño. Finalmente, el despierto volvió a

poner la tabla en el río, y entonces pudo la lagartija volver sobre sus pasos y

meterse de nuevo en el cuerpo del durmiente pasando por la boca. Éste se despertó

enseguida y le contó a su amigo el sueño que acababa de tener:

- He soñado que pasaba un río sobre una tabla y que entraba en un gran palacio

con muchas torres y dependencias; y cuando he querido volver al punto de

partida ¡ya no estaba la tabla! Imposible pasar. Me hubiera ahogado en el río.

De ahí mi agitación (en el sueño) hasta que han vuelto a poner la tabla y he

podido regresar.

Los dos creyentes se maravillaron mucho de esta aventura y fueron a un

perfecto, que les dio la clave del misterio:

- El alma – dijo – mora permanentemente en el cuerpo del hombre; el espíritu,

en cambio, entra y sale del cuerpo humano, igual que la lagartija que va de la

boca del durmiente a la cabeza del asno y viceversa.

6.3. El siguiente pasaje del Registro de Jacques Fournier, esclarece esta percepción

equiparando la noción del espíritu a la del daimôn griego o el genius romano:

¿Habéis oído a herejes que afirmaban y habéis creído que hay en el hombre dos

sustancias racionales, es decir, dos almas, o un espíritu y un alma hechos de tal

modo que uno permanece en el cuerpo durante la vida, mientras que el otro, el

espíritu, va y viene y no se queda siempre en el hombre; y que estas impresiones,

sueños despiertos, reflexiones y otros fenómenos referentes a la

conciencia estén producidos en el hombre por el espíritu, y que el hombre posee

el alma por el simple hecho de vivir?

- Oí a un hereje, el difunto Philippe de Coustaussa, y a la creyente Mersende

Marty, decir que, el hombre siempre tendría un alma, pero que cuando uno se

hacía creyente, o hereje, le venía un buen espíritu, de modo que entre la

primera alma y el espíritu se celebraba una especie de boda cuyo promotor era

Dios. Si, a continuación, el creyente, o hereje, renegaba de su fe, o herejía,

aquel buen espíritu abandonaba al hombre y era sustituido por un espíritu

maligno. Así, decían, es como entra y sale del hombre el espíritu. En cambio, el

alma permanece en el hombre mientras éste vive. No oí que precisasen si se

trata de un espíritu humano, de un espíritu creado (spiritus creatus) o del

Espíritu Santo, o sea de Dios; sin embargo llaman diablo al espíritu maligno

que entra en el hombre.

458

VII. POÉTICA

Manes y el maniqueísmo

PUECH, Sobre el maniqueísmo y otros ensayos: Acta Archelai, Fihrist, fr. Turfán

M 4 y 10, pp. 39, 83-84, 110-111, 152-153, 160.

Mito del Hombre Primordial:

Te saludo, ser bueno en medio de los malos

Y luminoso en medio de las Tinieblas,

(Dios) que resides entre animales de cólera

Que no conocen su honor.

Entonces el hombre primordial le respondió, diciendo:

- Ven con la paz, tú que traes

Un mensaje (o tesoro) de quietud y salvación…

El reino del Príncipe de las Tinieblas (el mundo), Salmo maniqueo de Turfán:

¡Si pudiera liberarme de esta profunda nada,

Del abismo tenebroso que es todo consunción,

Que no es más que tortura, heridas hasta la muerte,

Y donde ni socorredor, ni amigo se encuentran!

Nunca, nunca jamás se encuentra salvación.

Todo está lleno de tinieblas…

Todo son prisiones, no se halla salida alguna,

Y se hiere a golpes a todos cuantos llegan a ella.

Árido de sequedad, quemado por el viento tórrido,

Nunca se encuentra verdor alguno.

¿Quién me liberará de todo lo que hiere,

Y quién me salvará de la angustia infernal?

Y lloro por mí mismo: “Que sea liberado de todo ello,

Y de las criaturas que se devoran entre sí!

Y los cuerpos de los hombres, los pájaros del aire,

Y los peces de los mares, las bestias y los demonios,

¿quién me apartará y liberará

De los Infiernos destructores sin retorno ni salida?

El Árbol de muerte (cita recogida por Severo):

El Árbol de muerte está dividido en un gran número de (árboles); la guerra y la

crueldad están en ellos; son extraños a la paz, están llenos de una maldad total y

459

nunca tienen buenos frutos. (El Árbol de muerte ) se divide contra sus frutos y los

frutos (se dividen) contra el Árbol. No están unidos a aquel que los ha engendrado,

sino que todos producen la tiña en vistas de la corrupción de su emplazamiento.

No están sometidos aquel que los ha engendrado, sino que el Árbol entero es malo.

Nunca hace nada bueno, sino que está dividido contra sí mismo y cada una de sus

partes corrompe lo que está próximo a ella.

Diferencia entre los dos principios:

La diferencia que separa los dos Principios es tan grande como (la que hay) entre

un rey y un cerdo. Uno (el Bien) vive en los lugares que están limpios como en un

palacio real; el otro (el Mal), como un cerdo, se revuelca en el fango, se alimenta y

se deleita con la podredumbre o, como una serpiente, se resguarda en su guarida.

La purificación y el Himno del Amén:

Purifícame, mi Dios,

Dame también el poder de bendecir.

Dame también el poder de bendecir y de pronunciar el himno

del Amén.

Purifícame.

Voy a pronunciar el himno del Amén.

Respondamos los unos a los otros Amén.

Purifícame…

En otro salterio:

He aquí (acabado) el himno del Amén.

Respondamos los unos a los otros Amén.

Purifícame…

Gloria y honor a Jesús,

El Rey de los Santos.

Salud y paz a la bienaventurada María, de Theona, de Phsaï,

de Djemnouté.

Y también:

Es el final del salmo…

El salmo del Amor del Padre se ha acabado…

Gloria y honor a Jesús,

El Rey de los Santos, (+ estribillo)

Y a sus santos Elegidos,

Y al alma de la bienaventurada María.

Alabanza:

Padre de la Grandeza,

Rey glorioso,

460

Sol de los Eones,

Soberano coronado,

Padre de nuestra raza,

Dios de todos los dioses…

Maná de luz,

Ciudad resplandeciente,

Villa de los piadosos,

Ciudadela de los ángeles…

El Árbol de la vida:

Ábreme, Árbol de Vida.

Árbol de paz, ábreme.

Ábreme tus esencias.

¡Que pueda contemplar el rostro de los Santos!

Ábreme.

Ábreme tus palacios.

Ya que mi corazón ha desfallecido de gozo.

Ábreme.

Ábreme tus Paraísos.

¡Que mi espíritu reciba efluvio embalsamado!

Ábreme.

Discipulado y ministerio, himno (bâshâh) de inspiración semítica, atribuible a

Mani:

Un discípulo obediente soy,

Del país de Babel descendiente.

Descendiente soy del país de Babel

Y en la puerta de Babel me mantengo.

Soy un discípulo predicador,

Venido del país de Babel.

He venido del país de Babel

Para proclamar una llamada a toda la Tierra.

Prisciliano de Ávila

461

Himno a Jesucristo, de fuerte inspiración gnóstica, atribuido a Prisciliano:

Quiero desatar y quiero ser desatado.

Quiero salvar y quiero ser salvado.

Quiero ser engendrado.

Quiero cantar; cantad todos.

Quiero llorar: golpead vuestros pechos.

Quiero adornar y quiero ser adornado.

Soy lámpara para ti, que me ves.

Soy puerta para ti, que llamas a ella.

Tú ves lo que hago. No lo menciones

La palabra engañó a todos, pero yo no fui

completamente engañado.

Hildegarda de Bingen

“Tríptico visionario” de la mística renana: Scivias, Liber vitae

meritorum, Liber divinorum operum

HILDEGARDA DE BINGEN, Scivias: Conoce los caminos, Trotta, Madrid, 1999; Mujeres

de luz, ed. de BENEITO, P., Trotta, Madrid, 2001.

Sucedió que, en el año 1141 de la Encarnación de Jesucristo, Hijo de Dios, cuando

cumplía yo cuarenta y dos años y siete meses de edad, del cielo abierto vino a mí

una luz de fuego deslumbrante; inundó mi cerebro todo y, cual llama de fuego que

aviva, pero no abrasa, inflamó todo mi corazón y mi pecho, así como el sol

calienta las cosas al extender sus rayos sobre ellas. Y, de pronto, gocé del

entendimiento de cuanto dicen las Escrituras, los Salmos, los Evangelios y todos

los demás libros católicos del Antiguo y Nuevo Testamento, aun sin poseer la

interpretación de las palabras de sus textos, ni sus divisiones silábicas, casos o

tiempos.

[…]

Mas las visiones que contemplé nunca las percibí ni durante el sueño, ni en el

reposo, ni en el delirio, ni con los ojos de mi cuerpo, ni con los oídos del hombre

exterior, ni en lugares apartados, sino que las he recibido despierta […], con los

ojos y oídos del hombre interior, en espacios abiertos, según quiso la voluntad de

Dios.

Última visión de Scivias:

Entonces vi un aire muy luminoso en el que escuché, oh maravilla, todas las

músicas con todos los misterios que el Señor me había revelado: las alabanzas de

júbilo de los ciudadanos celestes que gallardamente perseveraron en la senda de la

verdad; y las lamentaciones de cuantos son llamados de nuevo a estos laudes de la

alegría […] Y aquel son, como voz de muchedumbres, que en armonía cantaba las

alabanzas de las órdenes celestes…

462

Con “más de setenta años” de edad describe su experiencia visionaria como un don

divino del que siempre ha disfrutado:

En la visión mi espíritu asciende, tal como Dios quiere, hasta la altura del

firmamento y hasta el cambio de diversos aires, y se esparce entre pueblos

diversos, en lejanas regiones y en lugares que son para mí remotos […] No oigo

estas cosas ni con los oídos corporales, ni con los pensamientos de mi corazón, ni

percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en mi alma, con los ojos

exteriores abiertos (apertis exterioribus oculis), de tal manera que nunca he

sufrido la ausencia del éxtasis (defectum extasis patiar). Veo estas cosas

despierta, tanto de día, como de noche […] Lo que he visto o aprendido en esta

visión, lo guardo en la memoria por mucho tiempo, pues recuerdo lo que alguna

vez he visto u oído. Y simultáneamente veo, oigo y sé, y casi en el mismo momento

aprendo lo que sé. Lo que no veo lo desconozco, pues que no soy docta. Y lo que

escribo es lo que veo y oigo en la visión, y no pongo otras palabras más que las que

oigo.

El valor y el origen sagrado de la música que tiene la misión de recordarnos el

resplandor y la armonía del paraíso perdido:

Del mismo modo que el cuerpo de Jesucristo nació por el Espíritu Santo de la

pureza de la Virgen María, así también el cántico de alabanza a Dios, según la

armonía celeste (canticum laudum secundum celestm harmoniam) tiene sus

raíces en la Iglesia por el Espíritu Santo. El cuerpo es el vestido del alma que tiene

la voz viva. Por esto es justo que el cuerpo cante con el alma a través de la voz las

alabanzas a Dios.

[…]

Al oír una canción el hombre acostumbra a suspirar y a gemir, recordando la

naturaleza de la armonía celeste. El profeta, pensando con mayor sutilidad en la

profunda naturaleza del espíritu y sabiendo que el alma es sinfonía

(symphonialis est anima), incita al salmo, para que demos gracias al Señor con la

cítara y salmodiemos para él con el arpa de diez cuerdas (Sal. 32, 2). Desea

también indicar que la cítara, que suena más bajo, se refiere a la disciplina del

cuerpo; el salterio, que produce un sonido más ato, a la intención del espíritu, y las

diez cuerdas, a la observancia de la ley.

Cuando el diablo oye que la humanidad comienza a cantar por la inspiración divina

y “se transformó para recordar la suavidad de los cantos de la patria celeste” persiste

en su intento de romper la armonía:

Vosotros y todos los prelados debéis poner enorme cuidado, pus, antes de cerrar la

boca de la Iglesia que canta alabanzas a Dios con una sentencia, o de suspender el

divino sacramento, deberíais investigar con suma atención las causas por las que

lo hacéis.

463

San Francisco de Asís

Cántico de las criaturas o del hermano Sol (entre septiembre de 1224 y octubre de

1226)

GUERRA, J. A., San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la

época, Madrid, 1980 (2ª ed.), pp. 48-50.

Altísimo, omnipotente, buen Señor,

Tuyas son las alabanzas, la gloria, el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, corresponden

Y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,

Especialmente el Señor hermano Sol,

El cual es día y por el cual nos alumbras.

Y él es bello y radiante con gran esplendor:

De ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:

En el cielo las has formado luminosas, y preciosas, y bellas.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,

Y por el aire, y el nublado, y el sereno, y todo tiempo,

Por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,

La cual es muy útil, y preciosa, y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,

Por el cual alumbras la noche:

Y él es bello, y alegre, y robusto, y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,

La cual nos sustenta y gobierna

Y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor

Y soportan enfermedades y tribulación.

Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,

Pues por ti, Altísimo, coronados serán.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,

De la cual ningún hombre viviente puede escapar.

¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!

Bienaventurados aquellos a quienes encontrará

En tu santísima voluntad,

Pues la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor

Y dadle gracias y servidle con gran humildad.

Capítulo IX de la Primera Regla de san Francisco (Ibídem):

Empéñense todos los hermanos en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor

Jesucristo y recuerden que nada hemos de tener en este mundo, sino que, como

464

dice el Apóstol, estamos contentos teniendo qué comer y con qué vestimos (1 Tim

6,8). Y deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y despreciada,

con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los

caminos. Y, cuando sea menester, vayan por limosna. Y no se avergüencen, y más

bien recuerden que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios vivo omnipotente,

puso su faz como Piedra durísima (Is. 50,7) y no se avergonzó; y fue pobre}’

huésped y vivió de limosna tanto como Él la Virgen bienaventurada y sus

discípulos. Y cuando los hombres los abochornan y no quieren darles limosna, den

por ellos gracias a Dios, pues por los bochornos padecidos recibirán un gran

honor ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo. [...]