Alfa y Omega El Evangelio de Jesús

Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús


La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

Sermón de la Montaña
(1ª parte)


Capitulo 25

Sermón de la Montaña (1ª parte)

El Sermón de la Montaña, el Camino Interno al perfeccionamiento.
Los bienaventurados. Los “pobres”. Carga correctamente con tus sufrimientos. La mansedumbre, cualidad de los que aman desinteresadamente. Los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña, como camino a la verdad y la justicia. La misericordia, el portal al eterno SER. Las almas puras en la Ley Absoluta de Dios. Los pacificadores tienen la paz en sí mismos. Lucha de los pioneros en varios frentes. Hombres de iglesia, fariseos, lobos en piel de oveja. Campo de batalla tras el muro de niebla. Orad por las almas sin luz (2-4). Riqueza terrenal, como obligación y tarea. El empleo equivocado de la riqueza tiene graves consecuencias. Advertencia a los que se burlan. Ricos, poderosos, falsos profetas, halagadores, pseudocristianos: herramientas de Satanás (5). Los justos son la sal de la Tierra, que sacarán a la luz la injusticia (6). Llamamiento y misión de la profetisa y mensajera de Dios. El obrar de los pioneros bajo el enseñamiento y la conducción directos. La Nueva Jerusalén (7). Liberarse de la ley de siembra y cosecha a través de Cristo; atadura a la ley de la Caída, a través de confesiones y dogmas. Cristo conduce actualmente a toda la verdad (8). Maestros falsos y maestros verdaderos (9). Salvación sólo a través de fe y realización (10). Cristo transforma los pecados entregados voluntariamente (11). Purificar, antes de que se forme un karma grave. El enemigo aparente, tu espejo (12-13). Cada cual recibe lo que él mismo ha sembrado (14). Dad amor desinteresadamente (15). Deseos personales conducen a ataduras con hombres y cosas. “Vivir en la ciénaga” (16). Semillas que vuelan al campo del alma de tu prójimo. El camino de purificación de los pioneros hasta el Reino de
Paz (17-18)

1. Viendo Jesús a la muchedumbre, subió a un monte. Y cuando se hubo sentado, se Le acercaron los Doce; y levantando los ojos hacia Sus discípulos, dijo:

2. “Bienaventurados en el espíritu los pobres, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que sufren, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la Tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

3. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por su adhesión a lo que es justo, porque suyo es el Reino de Dios.

4. “Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien y os expulsen de su colectividad y con mentira digan contra vosotros todo género de males y desprecien vuestro nombre por vuestro amor al Hijo del hombre. Alegraos en aquel día y saltad de alegría, pues he aquí que grande será en los Cielos vuestra recompensa, pues igual hicieron sus padres con los profetas. (Cap. 25, 1-4)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El Sermón de la Montaña es el Camino Interno al corazón de Dios, que conduce al perfeccionamiento.

Los bienaventurados verán al Cristo, y poseerán conmigo, el Cristo, la Tierra, en total mansedumbre y humildad. ¡Dichoso aquel que vea la gloria del Dios Padre-Madre en todo! Habrá llegado a ser ejemplo vivo para muchos.

Yo conduzco a los Míos a reconocer la verdad.

Quien procede de la verdad, oye Mi voz, porque él es la verdad y, por eso, también oye y ve la verdad.

Los bienaventurados no tienen miedo y son alegres, pues ven y oyen lo que no ven ni oyen aquellos que todavía se esconden detrás de su yo humano y lo conservan con máximo esfuerzo, para no ser reconocidos.

Sin embargo, los bienaventurados ven en el interior de la cárcel del yo humano y se dan cuenta de los pensamientos más ocultos de sus semejantes. Alumbran ahí dentro con la luz de su consciencia clara y dicen en alta voz a sus semejantes:

“¡Bienaventurados en el espíritu los pobres, porque suyo es el Reino de los Cielos!”

Con las palabras, “los pobres”, no se hace referencia a la pobreza material. No es ésta la que trae la bienaventuranza en el espíritu, sino la entrega a Dios, desde la cual el hombre cumple lo que es voluntad de Dios. Esa entrega es riqueza interna.

Con las palabras, “los pobres”, se hace referencia a todos aquellos que no ambicionan pertenencias propias y no acumulan bienes. En sus pensamientos y aspiraciones cuenta la vida comunitaria, en la que administran legítimamente los bienes que Dios ha regalado a todos. No dirigen sus esfuerzos y afanes a lo mundano. Sirven al bien común y extienden sus brazos hacia Dios y recorren conscientemente el camino a la vida interna. Su meta es el Reino de Dios en su interior, que quieren anunciar y llevar a todos los hombres de buena voluntad. Su riqueza interna es la vida en Dios, para Dios y para su prójimo. Ellos viven el mandamiento “ora y trabaja”.

Aspiran al espíritu de Dios y reciben de Dios lo que necesitan para su vida terrenal, y más aún. Estos son los bienaventurados en el espíritu de Dios.

“Bienaventurados los que sufren, porque ellos serán consolados”.

El sufrimiento del hombre no proviene de Dios, sino que, el que sufre, o lo ha causado él mismo, o su alma ha asumido en el reino de las almas una parte de la culpa del alma de un hermano o de una hermana, para expiar por ella en la existencia terrenal, a fin de que el alma del hermano o de la hermana pueda entrar en ámbitos de vida interna más elevados.

Quien cargue con su sufrimiento sin inculpar a su prójimo y reconozca en el sufrimiento sus faltas y debilidades, se arrepienta, pida perdón y perdone, recibirá la misericordia de Dios; pues Dios, el Eterno, quiere consolar a Sus hijos y quitarles lo que no sea bueno ni saludable para su alma, ya que cuando el sufrimiento abandona al alma, es decir cuando han sido saldadas las causas que se habían hecho activas en el alma, el hombre se acerca más a Dios.

“Carga con tu sufrimiento”, quiere decir: no te quejes de ello; no acuses a Dios ni tampoco a tu prójimo. Encuentra en tu sufrimiento tu comportamiento pecaminoso que ha llevado a este sufrimiento.

Arrepiéntete, perdona y pide perdón, y no vuelvas a hacer lo que hayas reconocido como pecado. Entonces la culpa del alma puede ser anulada por Dios, y recibirás incrementadamente de El fuerza, amor y sabiduría.

Cuando te encuentres con un hombre afligido y puesto a prueba por el sufrimiento y te pida ayuda, socórrele y ayúdale hasta donde te sea posible y sea bueno para su alma. Y cuando veas que tu prójimo acepta la ayuda agradecido y con ella se reconstituye, dale más aún, si te es posible.

Sin embargo tú, que traes la ayuda, hazlo desinteresadamente. Si sólo lo haces por obligación externa, no recibirás por ello recompensa espiritual alguna -y además no harás servicio alguno al alma del afligido y puesto a prueba por el sufrimiento, sino solamente al cuerpo, al vehículo del alma.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la Tierra”.

Mansedumbre, humildad, amor y bondad van dándose la mano. Quien ha llegado a ser amor desinteresado, también es manso, humilde y bondadoso. Está lleno de sabiduría y fuerza.

Los hombres que estén en Mi espíritu, los que amen desinteresadamente, poseerán la Tierra. ¡Oh ved!, el camino al corazón de Dios es el camino al corazón del amor desinteresado. Del amor desinteresado fluye la paz de Dios.

Los hombres que se han encaminado hacia el corazón de Dios, y los hombres que ya viven en Dios, obran para el Nuevo Tiempo, enseñando a todos los hombres de buena voluntad el camino a Dios. Con ello toman posesión de la Tierra más y más en Mi espíritu.

Los que aman desinteresadamente son los que vivirán en el Reino de Dios en la Tierra, en el Reino de Paz. ¡Alegraos, los que ya ahora [1989] andáis por el camino al corazón de Dios! Sois en Mí los que preparáis el camino -y pioneros- para el Nuevo Tiempo. Muchos de vosotros encarnarán en el Nuevo Tiempo, en el reino de luz, y traerán consigo lo que hayan realizado en Dios, porque ya recorren el camino que lleva allí. Alegraos y estad agradecidos por la purificación y limpieza de vuestras almas, pues Me veréis a Mí y viviréis y estaréis conscientemente en Mí y conmigo.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

Quien tiene hambre y sed de la justicia de Dios, es un buscador de la verdad, que anhela la vida en y con Dios. El será saciado.

Hermano Mío, hermana Mía, que anhelas la justicia, la vida en y con Dios, consuélate y ¡elévate del yo humano pecaminoso! Alégrate, porque ha comenzado el tiempo en que el Reino de Dios se acerca a los hombres que se esfuerzan por guardar los mandamientos de la vida.

He aquí que Yo, tu Redentor, Soy la Verdad en ti mismo. En ti mismo, pues, Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida.

La Verdad es la ley del amor y de la vida. En los Diez Mandamientos, que son extractos de la ley de Dios omniabarcante, encontrarás las frases señalizadoras para el camino a la Verdad. Respeta los Diez Mandamientos, y alcanzarás cada vez más el camino del Sermón de la Montaña, en el que está expuesto en lo fundamental el camino a la Verdad.

El camino a la Verdad es el camino al corazón de Dios, la vida eterna, que es amor desinteresado. El Sermón de la Montaña es el camino al Reino de Dios, a las leyes para el Reino de Paz de Jesucristo. Si te sumerges en ellas y las cumples, alcanzarás la sabiduría divina.

Ya has leído que el rayo de luz parcial de la Sabiduría divina se encuentra en vestido terrenal [1989] para dar la palabra de Dios y explicar las leyes de Dios. A través de este Mi instrumento, manifiesto ahora el Sermón de la Montaña con todo detalle y conduzco y acompaño a los de buena voluntad que van por el Camino Interno, mediante enseñanzas y lecciones que -en la medida en que son realizadas- conducen al Padre, a la luz eterna. Además, enseño a traves de Mi instrumento la Ley Absoluta, la ley de la eternidad.

Comprende: nadie debe tener hambre o sed de justicia. Da el primer paso hacia el reino del amor, siendo en primer lugar justo contigo mismo. Ejercítate en una vida y forma de pensar positivas, y poco a poco llegarás a ser un hombre justo. Entonces traerás la justicia de Dios a este mundo; y también la representarás, porque estarás cumpliendo la voluntad de Dios, del Señor, desde Su amor y sabiduría.

Comprende: está cerca el tiempo en que sucederá lo que ha sido manifestado. El león yacerá junto al cordero, porque los hombres habrán alcanzado la victoria sobre sí mismos -a través de Mí, su Redentor-. Formarán una gran familia en Dios y vivirán en unidad con todos los animales y con la naturaleza toda.

Alegraos, el Reino de Dios ha llegado hasta muy cerca -y con el Reino de Dios también Yo, vuestro Redentor y portador de paz, el Soberano del Reino de Paz, del Reino mundial de Jesucristo.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

La misericordia de Dios corresponde a la mansedumbre y bondad de Dios y es para todas las almas el portal al perfeccionamiento de la vida. Los hombres que a través de Mí, el Cristo, que vivo en el Dios Padre-Madre, hayan desarrollado en sus almas las siete fuerzas básicas de la vida -la ley desde el Orden hasta la Misericordia-, entrarán de nuevo, como seres espirituales puros, a través del portal de la misericordia en el amor desinteresado, en el Reino de Dios, en los Cielos, y vivirán en paz. El portal al eterno SER es la séptima fuerza básica, la Misericordia -llamada en el espíritu de Dios bondad y mansedumbre-. Todos los hombres que practiquen la misericordia, también alcanzarán misericordia y ayudarán a aquellos que se encuentren en el camino a la misericordia.

Comprended: el camino al corazón de Dios es el camino personal de cada cual, en comunidad con los que son afines a él; pues Dios es unidad, y unidad en Dios es comunidad en y con Dios, y con el prójimo.

Quien haya dado los primeros pasos en el camino al perfeccionamiento, cumplirá el mandamiento de la unidad: Uno para todos, Cristo -y todos para Uno, Cristo.

El Sermón de la Montaña es, tal como ha sido manifestado, el camino evolutivo a la vida interna. Todos aquellos que hayan avanzado en este camino de desarrollo al corazón de Dios, ayudarán a su vez a los que estén al comienzo del camino. En y por encima de todos brilla el Cristo, que Yo Soy.

“Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios”.

El corazón puro es el alma pura que se ha elevado hasta llegar a ser de nuevo un ser espiritual absoluto, a través de Mí, el Cristo en el Dios Padre-Madre.

Las almas puras que de nuevo han llegado a ser seres de los Cielos, vuelven a ser la imagen y semejanza del Padre eterno, y vuelven a ver al Eterno cara a cara. Ellas contemplan, viven y escuchan al mismo tiempo la ley del Padre eterno, porque de nuevo han llegado a ser espíritu de Su espíritu -la ley eterna misma.

Mientras los hombres y las almas tengan que escuchar aún en sí mismos al espíritu de Dios, todavía no son espíritu de Su espíritu, aún no son la ley misma del amor y de la vida.

Pero quien de nuevo ha llegado a ser la ley del amor y de la vida, ve al Padre eterno cara a cara y está en constante comunicación consciente con El. También ve la ley de Dios, la vida procedente de Dios, como totalidad, porque él mismo es la vida y el amor y en ellos se mueve. Quien se mueva en la Ley Absoluta de Dios, también la habrá desarrollado por completo -desde el Orden hasta la Misericordia-. A él le sirven las siete fuerzas básicas del infinito, por estar en unidad y armonía absolutas con todo lo que es.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Estas palabras, conforme a su sentido, significan: bienaventurados los que mantienen la paz. Ellos también traerán la verdadera paz a esta Tierra, porque se habrán vuelto pacíficos en su interior. Son conscientemente hijos de Dios.

Muchos de los hijos e hijas de Dios que llevan la paz en su interior y la traen al mundo, son los seres encarnados que forman parte de la misión de Dios y luchan por el Nuevo Tiempo, para que surja la humanidad espiritual que vivirá en el Reino de Paz de Jesucristo, en el tiempo de luz.

Palabras del Soberano del Reino de Paz en la Tierra a los hombres del Nuevo Tiempo:

Vosotros, hombres en el Nuevo Tiempo, en el cada vez más luminoso Reino de Paz de Jesucristo en formación, que leéis el libro “Esta es Mi Palabra”, comprended que los pioneros de Cristo tuvieron que luchar en varios frentes al mismo tiempo contra lo satánico, para ayudar a que el Reino de Dios anunciado se abriese paso.

Vosotros, pues, vivís en paz, en Mí, el Cristo, vuestro Hermano divino, el Soberano del Reino de Paz. Sin embargo, tras el muro de niebla viven y obran aquellas almas que no se dejaron abarcar por el Sermón de la Montaña, el camino a la vida interna, que todavía viven en la cárcel de su yo humano. Como hombres no quisieron escuchar la llamada de los que caminaban hacia el corazón de Dios. Mantuvieron cerrados sus oídos y sus corazones a la verdad y se escondieron detrás de su yo humano, detrás de sus ideas y opiniones, y de sus pareceres teológicos. También en el tiempo preparatorio que iba del antiguo al Nuevo Tiempo, al tiempo de luz, continuaron siendo fariseos, hipócritas, perseguidores y calumniadores.

Sabed: la luz de la Redención brilla en todas las almas hasta el cuarto plano de purificación. Así que tampoco ellas están perdidas. Muchos seres espirituales puros obran en el nombre del Señor detrás del muro de niebla -entre ellos también muchos hijos e hijas de Dios que Me han preparado a Mí, el Cristo, en la Tierra en diferentes vestidos terrenales y en distintas épocas, los caminos al cada vez más luminoso Reino de Paz en formación-. Allí, en los reinos de las almas, siguen obrando, sirviendo desinteresadamente a su prójimo. Los hombres y mujeres justos que han traído la ley del amor y de la vida a este mundo, lo tuvieron muy difícil en aquella época [1989].

Comprended vosotros, hermanos y hermanas que ahora vivís en el Reino de Dios en la Tierra: los pioneros de Cristo para el Nuevo Tiempo se opusieron a lo satánico y demoníaco en aquel gran cambio de era del paso del viejo tiempo impregnado por el materialismo al Nuevo Tiempo, el tiempo de luz.

“Bienaventurados los que padecen persecución por su amor a la justicia, porque suyo es el Reino de Dios”.

¿Qué más ocurrió en aquel tiempo preparatorio [1989]? Los pioneros de Cristo para el Nuevo Tiempo sufrieron persecución por su amor al Reino de Dios en la Tierra. Por parte de fariseos y escribas, por hombres de iglesia y por todos aquellos que les seguían ciegamente, fueron despreciados y calumniados. La verdad fue conscientemente puesta bajo una luz falsa, distorsionada. Aquellos que lucharon fielmente a favor de la verdad, fueron ridiculizados a causa de la verdad. Los hombres que sólo Me llevaban a Mí, Cristo, en los labios, pero no en sus corazones, predicaban contra ellos dentro de sus iglesias, y también fuera de los muros de las iglesias, y los calumniaban y discriminaban. Fueron insultados e inculpados de dar enseñanzas falsas.

A los verdaderos seguidores de Cristo los pseudocristianos les negaron su condición de cristianos, porque ellos mismos no vivían lo que les mandé siendo Jesús de Nazaret. Como en Mi tiempo de Jesús, cierto que predicaban de sus Biblias y, ante los hombres, aparentaban piadosamente tener una fe en Mí -y eran, sin embargo, lobos en piel de oveja-; pues no hacían lo que he mandado a los hombres: amarse desinteresadamente los unos a los otros, así como Yo les amo; y por esto son fariseos e hipócritas. Y quien desprecia el mandamiento del amor al enemigo, desprecia al Cristo, que Yo Soy.

Quien lea esto posteriormente, que se acuerde de los pioneros de Cristo que prepararon la Tierra y la atmósfera de la Tierra para el Nuevo Tiempo. Trajeron una parte de la eterna ley irradiadora a la Tierra y a su atmósfera. Acordaos de ellos con amor, pues muchos de ellos no vuelven al vestido terrenal, para vivir y obrar en el Reino de Paz en la Tierra. Siguen luchando en los lugares de purificación. Luchan por las almas, para que también éstas se liberen de sus pecados y puedan entrar en la gloria que Yo Soy en el Padre.

Comprended: lo que las almas no han purificado en la Tierra, lo llevan consigo al otro lado del muro de niebla. Allí deben reconocer y expiar lo que han causado en vestido terrenal. Quien como hombre no ha llegado al autorreconocimiento, y por lo tanto no ha hecho penitencia, sigue vegetando, como alma, tras el muro de niebla, por así decirlo como sonámbulo, igual que antes en vestido terrenal -cosa que él llamaba vida-. Muchos de los que en su día fueron en vestido terrenal hipócritas y fariseos, vuelven a calumniar a sus hermanos en el reino de las almas, también los ridiculizan allí, y les niegan su condición de cristianos, para así ponerse de relieve a sí mismos. Esto sucederá hasta que reconozcan -seguramente bajo los más grandes sufrimientos y dolores- lo que han causado y en qué corazones Cristo verdaderamente ha resucitado.

De acuerdo con la ley cósmica de la atracción, el alma sufrirá en su cuerpo de alma lo que estando en vestido terrenal haya causado a sus semejantes y no haya purificado. El alma verá sus pecados en imágenes y al mismo tiempo experimentará en su cuerpo de alma los sufrimientos y angustias que como ser humano ocasionó a su prójimo. Los pecados que entonces sean en ella activos, obrarán sobre ella hasta que el alma se arrepienta de corazón, pida perdón y esté dispuesta a perdonar a su prójimo. Sólo entonces se transforma la energía pecaminosa en fuerza divina, y el alma se vuelve más luminosa y más pura.

¡Orad por aquellos que tras el muro de niebla se comportan de forma parecida a como antaño en la Tierra en vestido terrenal! Orad para que se autorreconozcan y hagan penitencia. Muchos de los calumniadores tendrán que reconocer, experimentar y eventualmente padecer en sus almas la pena y el sufrimiento de los pioneros, hasta que hayan llegado a la certeza de que Yo, Cristo, estuve con los pioneros, con Mis hermanos y hermanas, y que ahora estoy con ellos como Hermano divino.

¡Orad para que comprendan y sientan a tiempo que siguieron ciegamente a las fuerzas oscuras en el mundo contrario a la ley divina y ávido de poder! Las tinieblas incluso abusaron de Mi nombre para seducir a hombres y dificultar a los pioneros, a los hijos e hijas de Dios en la Tierra, el trabajo en la viña del Señor.

Comprended: quien Me ha seguido no ha sido respetado por los hombres que están apegados al mundo, porque Yo en Jesús también fui despreciado por ellos. En todos los tiempos hubo hombres que fueron verdaderos seguidores del Nazareno, que tuvieron que soportar y sufrir mucho.

Muchos de los pioneros para el Nuevo Tiempo avanzaron, sin embargo, inquebrantablemente en su camino, siguiendo Mis huellas. Tened presentes a aquellos hombres y mujeres valientes que, con una fe inquebrantable en Mí, mantuvieron una lucha justa por el Nuevo Tiempo.

Alegraos los que vivís en el Nuevo Tiempo, en el Reino de Paz, que cada vez se vuelve de sustancia más luminosa. Estáis unidos a ellos; muchos de entre vosotros estaban como pioneros en vestido terrenal en el gran cambio de era, para abrir paso al Reino de Dios. El luchar y el vencer por Mí, el Cristo, ha permanecido como recuerdo en vuestras almas. Algunos de vosotros sienten intuitivamente que colaboraron en aquella época como pioneros. También sienten que en aquel tiempo las causas se volvían más y más pronto activas, y que lo positivo, el tiempo de luz, surgió poderosamente; el tiempo del Cristo, en el que ahora -en un vestido de materia más fina- de nuevo vivís.

5. “¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido en esta vida vuestro consuelo. Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre. Ay de vosotros los que ahora reís, porque entristeceréis y lloraréis. Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas. (Cap. 25, 5)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

“¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido en esta vida vuestro consuelo”.

Los hombres que consideran sus riquezas como propiedad suya, son pobres en el espíritu. A muchos de los ricos en bienes materiales, se les dio desde la cuna la tarea espiritual, para su vida terrenal, de ser un ejemplo para aquellos ricos que se atan a sus riquezas con un corazón obstinado e intransigente y cuyos únicos pensamientos y aspiraciones son aumentarlas para sí mismos. Un hombre que es rico en bienes terrenales, que ha comprendido que su riqueza es un don que tan sólo ha recibido de Dios para aportarlo a la gran totalidad para el bien de todos, y que lo administra para todos legítimamente -ése está realizando la ley de la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad. El está colaborando como donante desinteresado para que los pobres no tengan que sufrir necesidades ni los ricos vivan con lujo.

De esta manera se producirá paulatinamente un equilibrio, una clase media elevada para todos los que estén dispuestos a cumplir desinteresadamente la ley “ora y trabaja”. Así, muy paulatinamente crecerá la verdadera humanidad de una colectividad cuyos miembros no acumularán bienes terrenales personales, sino considerarán todo como propiedad común, que les ha sido dada por Dios.

Si el rico considera el dinero y los bienes como algo propio y en razón de sus riquezas es bien visto en el mundo, vivirá en las próximas vidas terrenales -como efecto de sus causas- en países pobres, mendigando el pan que como rico en su día les negó a los pobres. Esto se dará mientras aún sean posibles encarnaciones de este tipo.

El alma de un rico tal tampoco encontrará reposo en los planos de purificación. Las almas pobres en luz, que por su causa tuvieron que soportar sufrimientos y hambre en vestido terrenal, lo reconocerán como aquel que les retuvo sin derecho lo que les habría podido ayudar a salir de los enredos del yo humano. Muchas lo acusarán, y entonces sentirá su alma misma cómo éstas sufrieron y pasaron hambre. De esta manera, un alma que como hombre en vestido terrenal fue rica y bien vista, puede sufrir grandes penas. Estas penas son más grandes que si en vestido terrenal hubiese tenido que mendigar pan.

Comprended: de acuerdo con las leyes del Eterno, a todo el que guarda desinteresadamente el mandamiento “ora y trabaja” le corresponde lo mismo; pues Dios da a cada cual lo que necesita y aún más. Pero mientras no todos los hombres se atengan a este mandamiento, habrá en la Tierra los llamados ricos. Su tarea es distribuir sus riquezas acumuladas y vivir como los que desinteresadamente cumplen el mandamiento “ora y trabaja”. Si de esta manera no piensan en su bien, sino en el bien de todos, la riqueza interna se volverá paulatinamente hacia afuera, y ningún hombre pasará hambre o necesidades.

¡Ay de vosotros, los ricos, que llamáis a vuestro dinero y vuestros bienes propiedad vuestra, y hacéis que vuestro prójimo trabaje para que vuestros bienes se incrementen! Yo os digo que no veréis el trono de Dios, sino que seguiréis viviendo allá donde están los pies de Dios -en la Tierra, una y otra vez en vestidos terrenales, mientras aún sea posible-. También si fomentáis centros y establecimientos sociales, pero sois mucho más ricos que aquellos que de ahí reciben apoyo, estáis sujetos al satanás de los sentidos, que quiere mantener las diferencias entre pobres y ricos.

Mediante estas diferencias surgen poder y servilismo, envidia y odio. De ello resultan desavenencias y guerras. Por esto los que se agarran a sus riquezas, aunque piensen de vez en cuando socialmente, están sirviendo al satanás de los sentidos y actuando contra la ley de la vida: contra la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad.

Quien considera que el dinero y los bienes son propiedad suya y acapara para sí, en lugar de dejar fluir estas energías materiales, es un ladrón según la ley de la vida, ya que sin derecho está reteniendo a su prójimo una parte de la herencia espiritual de éste; pues todo es energía. Quien la ata mediante el “mi y mío”, está actuando contra la ley, que es energía fluente.

“Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre”.

El hombre rico y saciado, que sólo llena “sus” graneros, está vacío en el corazón. Sólo conoce el “mío” y el “tuyo”. Sus sentidos y pensamientos giran alrededor de “mis” propiedades, “mis” pertenencias, “mi” pan, “mis” alimentos; “todo esto me pertenece” -este es su mundo-. Un hombre tal algún día padecerá hambre y necesidades, hasta que comprenda esto: todo participa del SER; todo pertenece a Dios y a todos los hombres que se esfuerzan en hacer las obras de Dios: cumplir el amor desinteresado y la ley de la vida para la Tierra, “ora y trabaja”.

Los hombres que sólo hablan del “mío” y “tuyo”, son hombres pobres en luz, que ya en esta encarnación preparan otro camino terrenal o un largo caminar de su alma en el reino de las almas, en cualquier caso con atuendo de mendigo.

El alma cegada por la materia, inconscientemente tiene hambre de luz, porque es pobre en luz. Intenta forzadamente compensar esto con cosas externas, tales como riqueza terrenal o codicia; con gula, embriaguez u otras avideces y placeres. Es insaciable.

“Ay de vosotros los que ahora reís, porque entristeceréis y lloraréis”.

Quien se ría de su prójimo y se burle de él, algún día estará muy triste y llorará a causa de sí mismo -porque subestimó a aquellos de los que se burló y mofó-. Tendrá que reconocer que en última instancia se rió e hizo escarnio y burla de sí mismo; pues quien condena y juzga a su prójimo, y se ríe, hace escarnio y se burla de él, Me está juzgando y condenando, y está riéndose, haciendo escarnio y burlándose de Mí, el Cristo.

Comprended: quien peca contra el más humilde de Mis hermanos, está pecando contra la ley de la vida y habrá de sufrir por ello. Al mismo tiempo se habrá atado a los que menospreció. Por eso, precaveos y practicad el autocontrol. No lo que entra por la boca contamina a vuestra alma, sino lo que sale de vuestra boca es lo que carga al alma y al hombre.

“Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas”.

Si habláis al gusto de vuestros semejantes, para que os alaben y seáis bien vistos por ellos, sois iguales que los falsificadores de monedas, que por su propio provecho pagan con moneda falsa.

De manera parecida ha ocurrido y ocurre con los falsos profetas. Estos han sido y son bien vistos por el pueblo, porque le han hablado a su gusto y porque los bien vistos por el pueblo les han apoyado, dado que con ello esperaban conseguir alguna ventaja y provecho personales.

Comprended vosotros, hombres en el Reino de Paz: en el mundo pecaminoso, muchos profetas justos, y también hombres y mujeres iluminados, fueron calumniados y perseguidos -y muchos de ellos martirizados y matados- por los ricos terrenales y poderosos de este mundo, por autoridades de las Iglesias y sus seguidores. En todos los tiempos lo satánico ha utilizado como instrumentos a aquellos que querían quedarse con -e incrementar para sí mismos- su riqueza terrenal y que ambicionaban poder, y también a los que seguían ciegamente a los ricos y a los poderosos.

Esto debéis saberlo para que comprendáis por qué el viejo mundo pecaminoso se hundió de una manera cruel.

Falsos profetas, entre otros, también han sido aquellos que, si bien predicaban el evangelio del amor, no vivían de acuerdo con él. Y también lo han sido todos aquellos que se llamaban “cristianos” y que en su vida diaria se comportaban de un modo indigno para un cristiano. Han sido a menudo elogiados por su arte de oratoria y honrados y alabados por su riqueza y prestigio.

Oh ved que, no obstante, todos los verdaderos profetas e iluminados contribuyeron en el transcurso de los tiempos a que el cristal de la vida interna, con sus muchas facetas de la verdad eterna, reluzca y brille cada vez más. De esta forma se fue edificando, muy paulatinamente, el Reino de Dios en la Tierra.

Para vosotros, amados hermanos y hermanas en el Reino de Paz, se trata de cuidar con cariño, conservar y guardar, como a una flor preciosa, a este ahora perfecto, reluciente y brillante cristal, la vida interna: la ley del amor y de la sabiduría de Dios, Su Orden, Su Voluntad, Su Sabiduría, Su Seriedad, Su bondad, Su infinita irradiación de amor y Su mansedumbre.

6. “Vosotros sois la sal de la Tierra, pues todo lo sacrificado debe salarse con sal; pero si la sal ha perdido su sabor, ¿con qué se salará? Para nada servirá ya, sino para tirarla y que la pisoteen bajo los pies. (Cap. 25, 6)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Los justos son la sal de la Tierra.

Una y otra vez llamarán la atención sobre irregularidades en este mundo y pondrán el dedo en la llaga del pecado, pues han ocurrido y ocurren muchas desgracias en este mundo aún pecaminoso -y muchos hombres se convirtieron en víctimas por causa del Evangelio.

Los justos que se convirtieron en víctimas deben ser rehabilitados por hombres y mujeres justos, pues todo debe llegar a ser manifiesto por medio de la sal de la Tierra. Ahora, en el tiempo de transición del viejo mundo pecaminoso al Nuevo Tiempo, el tiempo de luz, los justos sacarán la injusticia a la luz y la harán manifiesta, para que aquellos que hayan hecho injusticias se autorreconozcan y hagan penitencia.

Sin embargo, guardaos vosotros, justos, que sois la sal de la Tierra, para que no pierda sabor, para que permanezcáis en la justicia y no os dejéis seducir; pues ¿quién traerá la justicia a este mundo y quién señalará las irregularidades y pecados que los hombres han creado? Sólo aquellos que conozcan Mi nombre y figuren en el libro del cordero.

Quien ya no sea la sal de la Tierra, irá a parar entre aquellos que han profanado y profanan Mi nombre para sus fines, y han perseguido, calumniado y matado a los justos.

Cuando la sal de la Tierra pierda sabor y el hombre desprecie a su prójimo, sucumbirá a sus propias causas; hablando en imágenes: se pisoteará a sí mismo. Sus causas no expiadas originarán enfermedades, padecimientos y sufrimiento. El alma pobre en luz pasará necesidades, sintiendo en su propio cuerpo de alma lo que haya causado a su prójimo.

7. “Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad levantada sobre un monte no puede ocultarse. Tampoco se enciende una luz y se la pone bajo el celemín, sino sobre el candelero, y da luz a todos los que están en la casa. Haced por tanto que vuestra luz brille ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre en el Cielo. (Cap. 25, 7)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Yo Soy la luz del mundo.

A través de los que Me son fieles, a través de hombres y mujeres que cumplen la voluntad del Eterno, ahora irradia incrementadamente a este mundo.

Mi luz la he colocado sobre el candelabro de la sabiduría y la justicia divinas, para que ilumine a todos los que sean de buena voluntad.

Mis hermanos y hermanas en el Reino de Paz de Jesucristo, para vosotros es importante saber lo siguiente: en el rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina, muy paulatinamente, he hecho brillar Mi luz. Llamé a la hija humana en la que había encarnado el principio femenino dual del querubín de la Sabiduría divina, y le comuniqué su misión espiritual, que entonces se hizo más y más manifiesta en su alma.

Sabed que cuando la misión espiritual comienza a pulsar en el alma encarnada, la ley requiere que al ser humano esto se le haga notar y se le pregunte si acepta lo que está activo en su alma.

La hija humana asintió en el sentido siguiente: Eterno, yo soy Tu sirvienta, que en mí suceda según Tu voluntad.

A continuación comenzó para ella la gran misión espiritual omniabarcante de ser Mi profetisa y mensajera para toda la Tierra. Mi luz se volvió cada vez más clara y fuerte en su alma, hasta que traspasó por completo al ser humano. Cuando también el ser humano se hubo fortalecido, como para dar Mi palabra santa y eterna, la envié a este mundo: conducida por Mi espíritu, visitó países y ciudades en distintos continentes. Yo di a través de ella Mi palabra sagrada en innumerables manifestaciones.

En muchas facetas de la verdad eterna irradió Mi luz a este mundo, a esta Tierra. Es la Sabiduría procedente de Dios.

En Mi luz se encendieron cada vez más corazones en ese poderoso cambio de era. Los hombres reconocieron la verdad eterna en Mi palabra. Cada vez más hombres recorrieron el Camino Interno y aceptaron el regalo de la vida, las enseñanzas y lecciones provenientes de la verdad eterna, para acercarse más a Dios, al eterno SER.

Muchos hombres y mujeres llegaron a ser fieles a Mí, porque cumplieron la voluntad de Dios. Se hermanaron en Mi espíritu y se convirtieron en los pioneros para el Nuevo Tiempo, que establecieron los cimientos para el Reino de Dios en la Tierra y comenzaron a edificar sobre ellos.

Cada vez más hombres se volvieron buscadores de luz. De camino a la vida interna avivaron cada vez más su llama interna con Mi luz, y se unieron a los pioneros a fin de colaborar para el Nuevo Tiempo.

Comprended también: de las profundas enseñanzas que di a través de la Sabiduría divina encarnada, comprendieron las leyes eternas y permanecieron más y más en la justicia de Dios.

En todos los tiempos, los pioneros tuvieron también que superar algunas derrotas. Pero reconocieron en cada derrota sus propias debilidades, y entonces las vencieron conmigo, el Cristo. Se arrepintieron de su comportamiento contrario a la ley divina y alabaron y glorificaron a Dios por Su incansable conducción -también para salir de sus derrotas-. De esta manera, los hombres y mujeres se hicieron fuertes en Mí, el Cristo.

Las victorias en Mí, el Cristo, no se las atribuyeron como victorias propias. Agradecieron, alabaron y glorificaron el eterno nombre y se alegraron de que el Eterno a través de Mí -y Yo a través de ellos y con ellos- pudiera llevar a cabo lo que se hubo de hacer para el tiempo de luz en el que ahora vivís.

Mediante la realización de las leyes eternas, los hombres y las mujeres fieles se acercaron cada vez más a Mí y se hicieron conscientes de Mi conducción. A través del rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina, Dios, el Eterno, el Padre de todos nosotros, y Yo, Cristo, hablamos con ellos. Una y otra vez exhortamos a los pioneros a desprenderse de las faltas que todavía tenían. Al mismo tiempo, Mi Padre y Yo, Cristo, les condujimos al autorreconocimiento -de modo acorde a la ley del libre albedrío-, advirtiéndoles tan pronto infringían la ley eterna. Les explicamos cómo podrían reparar sus faltas. En todas las preguntas y situaciones esenciales nos manifestamos el Eterno y Yo, Cristo, y les condujimos a respuestas y soluciones legítimas. Purificaron en seguida lo que había pendiente, pudiéndose así eliminar lo que no era conforme a la ley eterna.

El tiempo de los pioneros fue un gran tiempo, pues los pioneros hablaban con Dios, que se les manifestaba a través de la gran luz de la Sabiduría divina. Mediante estos profundos lazos de unión con el Dios Padre-Madre y conmigo, su Redentor y Hermano divino, se fortalecieron en su interior; se llenaron más y más de amor y sabiduría.

Lo que manifiesto en el presente libro, “Esta es Mi Palabra”, tuvo lugar en un proceso evolutivo que duró generaciones. Los primeros pioneros para el Nuevo Tiempo todavía no reconocieron la gran luz que vivió entre ellos, porque el rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina se comportó como hermana entre hermanos, sin destacarse. Esta sencilla hermandad, que tenía su origen en una gran humildad y veneración ante Dios, produjo también entre algunos de los pioneros la auténtica hermandad. Para ellos, la gran portadora de luz era una hermana, que pudo aconsejarles en cada condición y situación de vida, porque su cuerpo espiritual era uno con Dios, la Vida.

Comprended, los que vivís en el Nuevo Tiempo: todo esto -y mucho más, que no fue puesto por escrito- tuvo que suceder, para que Mi luz pudiera brillar cada vez con más fuerza en este mundo. Brilló poderosamente, adentrándose en el cambio de era, y preparó a través de los que Me eran fieles el Nuevo Tiempo.

Los pioneros, que estaban en Mí, eran las tropas de combate espiritual, que lucharon de acuerdo con la ley de la vida, del amor y del libre albedrío.

Después de hacerse la Alianza con Dios, el Eterno, vivieron y obraron desde la luz originaria central, la Comunidad de la Alianza, Nueva Jerusalén, en la Nueva Israel en formación. Partiendo de la Comunidad de la Alianza, Nueva Jerusalén, se formó durante las siguientes generaciones la magna ciudad Jerusalén, sobre la cada vez más fina materia de la Tierra.

La ciudad Nueva Jerusalén, que está levantada sobre colinas, no puede ser ocultada. Brilla e irradia como luz originaria central para toda la Tierra.

Desde la ciudad que está levantada sobre colinas, la Nueva Jerusalén, se dan los impulsos para todo el Reino mundial de Jesucristo. La ciudad Nueva Jerusalén es el lugar central de conexiones para el Reino de Paz de Jesucristo. Así fue manifestado -y así es.

8. “No penséis que he venido a destruir la Ley o los Profetas; no he venido a destruir, sino a cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que Cielo y Tierra pasen, no pasará ni la más pequeña letra ni una tilde de la Ley y los Profetas, hasta que todo se haya cumplido. Pues ved que hay aquí Uno más grande que Moisés, y ése os dará la ley superior, incluso la ley perfecta, y esta ley obedeceréis. (Cap. 25, 8)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En Jesús de Nazaret enseñé a los hombres y mujeres que Me siguieron, y a todos los que Me escucharon, partes de la ley perfecta, de la Ley Absoluta. También les expliqué que la Ley Absoluta del amor irradia a la ley de siembra y cosecha, dado que el Espíritu es omnipresente, obrando también en la ley de siembra y cosecha, la ley de la Caída.

A través de Mí en Jesús de Nazaret, el Cristo encarnado, y a través de todos los demás profetas verdaderos de Dios, el Eterno instruyó a Sus hijos en los planos imperfectos, recordándoles que la ley de la Caída, la ley de siembra y cosecha, es constantemente activa. Quien no reflexione y dé la vuelta a tiempo, tendrá que sufrir sus causas en forma de efectos. El Eterno ha estado y permanece en el empeño, también en el tiempo actual [1989], de conducir a Sus hijos humanos y a todas las almas hasta Su corazón, hasta la ley del amor eterno, antes de que la cosecha -los efectos de las causas que ellos ocasionaron- venga sobre ellos. El Eterno los ha conducido y los conduce a través de Mí, Cristo, al autorreconocimiento. Les ha dado y les está dando la fuerza para purificar lo que han reconocido y están reconociendo como pecado y falta.

El Cristo, que Yo Soy, vino a esta Tierra, a este mundo, en Jesús de Nazaret, para como Hijo del hombre enseñar a los hombres la ley eterna y vivirla dando ejemplo, a fin de que reconocieran el camino al Padre eterno y cumplieran Su ley -de modo que pudieran volver a entrar en las viviendas eternas que El tiene preparadas para todos Sus hijos.

Los hombres que Me siguieron a Mí durante Mi tiempo terrenal y realizaron las leyes eternas, fueron Mis verdaderos seguidores.

En las generaciones siguientes hubo cristianismo y pseudocristianismo: verdaderos seguidores, que Me siguieron libremente a Mí, el Cristo, guardando las leyes del Sermón de la Montaña -y pseudocristianos, que sólo hablaban de Mí, el Cristo, pero actuaban contra las leyes-. Además también hubo los llamados seguidores forzosos, que surgieron por la cristianización de las masas hecha con coacción por las Iglesias.

Comprended: en la ley eterna no existe la coacción. Dios, el Eterno, ha dado a todos Sus hijos el libre albedrío. Quien se decide libremente, tiene, con la libre decisión, la fuerza para lo que caracteriza el cristianismo auténtico: igualdad, libertad, unidad, fraternidad y justicia. Todas las coacciones vienen de la ley de siembra y cosecha, que también es llamada ley de la Caída. Al hombre le ha sido indicado elegir libremente su camino espiritual. Yo, Cristo, he ofrecido y ofrezco el camino al corazón de Dios, pero no coacciono a nadie a seguirlo. Quien coacciona a su prójimo, vive bajo la coacción de la ley de la Caída y personifica la forma de pensar de la Caída.

Algunas de las llamadas confesiones cristianas obligan a sus creyentes al bautismo con agua. Ya a los niños pequeños, cuyo libre albedrío todavía no ha sido desarrollado, y que por tanto aún no pueden decidir por sí mismos, se les impone el ser miembros de una Iglesia, mediante el bautismo con agua, y con ello el participar en sus restantes rituales.

Esta es una intervención en el libre albedrío de la persona, lo que equivale a una cristianización forzosa. Estos son sucesos que discurren en la ley de la Caída.

A los hombres que a Mí, Cristo, no Me aceptan ni Me acogen libremente desde el más profundo convencimiento interno, les resulta con frecuencia muy difícil entender y aceptar correctamente los Diez Mandamientos, que son extractos de la ley eterna, porque éstos han sido relegados a un segundo plano mediante las muchas externalidades, formas dogmáticas, ritos, costumbres y cultos. En las confesiones, estas externalidades han llegado a ser lo principal; sin embargo, no tienen nada en común con el cristianismo interno, la religión interna, sino que en parte proceden directamente de los tiempos del politeísmo y de la idolatría y, con ello, del ámbito de los planos de la Caída.

Sólo cuando los hombres se sueltan voluntariamente de los dogmas y formas rígidas que les fueron impuestos, de ritos y cultos, así como de sus propias ideas sobre Dios, pueden ser conducidos paulatinamente a su interior, a su verdadero ser. Ahí, en su ser interno, se encuentran como seres verdaderos en Dios y como habitantes del Reino de Dios, que está dentro de cada hombre. Esta vida interna es la verdadera religión, la religión interna.

Comprended: la eterna ley universal omniabarcante, la ley de los Cielos, es inamovible. Es la ley de todo lo que pertenece al SER puro. Por la Caída se formó la ley de siembra y cosecha, que sólo puede ser disuelta por la realización de las leyes eternas. Sin embargo, no puede ser esquivada. La ley de siembra y cosecha obrará en cada alma hasta que los pecados hayan sido reconocidos, purificados, expiados y entregados a Mí, el Cristo de Dios. Entonces la ley de la Caída habrá sido abolida en el alma; en consecuencia, el alma estará en gran medida liberada de sus impurezas. Llegará a ser de nuevo un ser puro en Dios, que vive la Ley Absoluta, dado que aspira a la ley absoluta omnirregente del amor y de la vida.

La ley de siembra y cosecha tendrá validez hasta que todo lo contrario a la ley divina haya sido saldado y transformado en energía positiva y todos los seres vivan de nuevo en Dios, del cual surgieron. En la medida en que todos los seres provenientes de Dios hayan regresado al corazón de Dios, a la Ley Absoluta, todos los planos de purificación -todos los planos parcialmente materiales y materiales, incluyendo la Tierra- se transformarán en energía cósmica y volverán a vibrar en la Ley Absoluta. Entonces la ley de la Caída estará abolida, y el amor de Dios estará de forma consciente y omnirregente en todo lo que es, en cada ser.

No será quitada ni una tilde de la ley eterna, que trajeron los verdaderos profetas anteriores y posteriores a Mí, y que viví dando ejemplo en Jesús de Nazaret.

Cuando se dice, “ni la más pequeña letra”, con ello se hace referencia a cada aspecto de la verdad eterna, y no a la letra ni a la palabra de los hombres como tal. Las palabras humanas a menudo sólo son símbolos, que esconden lo más interno. Sólo cuando el hombre puede percibir lo que hay en el interior del lenguaje simbólico, capta la verdad y el sentido de la vida, que está oculto en lo profundo de las palabras humanas.

“La ley superior”, es el paso a la ley perfecta. Les es enseñada a los seres en gran medida puros que vienen de la Tierra y de los reinos de las almas, en los planos preparatorios que se encuentran ante el portal del Cielo. La ley superior es el último peldaño de enseñanza ante el portal del Cielo. Muestra a los seres en gran medida puros cómo se activa nuevamente la irradiación legítima en el cuerpo espiritual, para que pueda ser utilizada en el infinito.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé partes de la ley perfecta, de la Ley Absoluta. La verdad completa tuvo que quedar aún oculta para los hombres de antaño, porque todavía estaban demasiado atados a la creencia en los dioses y orientados a las múltiples tendencias religiosas de aquel tiempo. Por eso hablé según el sentido siguiente: cuando haya llegado el tiempo, Yo, el Espíritu de la verdad, os conduciré a toda la verdad.

En el monte Gólgota -que significa lugar de las calaveras- fui crucificado por los romanos, porque el pueblo judío no Me reconoció ni Me acogió como Mesías. Aunque -recorriendo de arriba abajo la región del valle del Jordán- prediqué, enseñé, sané y di muchas señales de Mi divinidad, el obstinado pueblo judío permaneció sujeto al clero de los templos, y, por tanto, se hizo cómplice de la muerte de Jesús de Nazaret.

Con las palabras cuyo sentido es, “está consumado”, los destellos redentores se introdujeron en todas las almas cargadas y caídas. Con ello, Me convertí en -y sigo siendo- el Redentor de todos los hombres y almas.

He obrado y sigo obrando como Cristo de Dios. En todas las generaciones hasta el tiempo actual [1989] Me he manifestado y Me manifiesto a través de verdaderos instrumentos de Dios, a través de hombres con un alma en gran medida purificada.

En este poderoso cambio de era en que el tiempo de luz se acerca cada vez más a los hombres, enseño la ley eterna en todas sus facetas y cada vez más hombres recorren el sendero hacia el interior, que va al amor de Dios.

Ahora ha llegado el tiempo que anuncié siendo Jesús de Nazaret: “hoy todavía no lo podéis soportar, es decir captar, pero cuando venga el Espíritu de la verdad, os conducirá a toda la verdad”. Ahora estoy en espíritu entre los Míos, los fieles caminantes que van al eterno SER, a la consciencia de Mi Padre, y les enseño la ley absoluta y eterna, para que también aquellos que vivan en el Reino de Paz la cumplan y con ello vivan en Mí y Yo a través de ellos.

Mis palabras son vida, son la ley eterna. Persistirán en los caminantes que van a la vida eterna y también en muchos relatos escritos -así también en el presente libro para el Reino de Paz de Jesucristo.

Comprended: sólo la ley eterna del amor hace libre al hombre -no la ley de siembra y cosecha-. Esta sólo le trae sufrimiento, enfermedad, necesidades y padecimiento.

9. “Quien quebrante uno de estos mandamientos que El dará, y enseñe a la gente a hacer lo mismo, será llamado el más pequeño en el Reino de los Cielos; pero el que los guarde y enseñe, será llamado grande en el Reino de los Cielos. (Cap. 25, 9)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Los Diez Mandamientos, que Dios dio a Sus hijos humanos por medio de Moisés, son extractos de la ley eterna de la vida y del amor. Quien infringe estos Mandamientos, y a sus semejantes tan sólo los enseña, pero sin guardarlos él mismo, es un falso maestro. Está pecando contra el Espíritu Santo, siendo este el pecado más grande. Este falsificador de monedas utiliza el amor de Dios, la ley de la vida, para un fin propio. Con ello abusa de la ley eterna. Cada abuso es un robo, y cada ladrón es un perseguido y acosado que tarde o temprano será alcanzado y convicto por sus propios hechos, por sus propias causas; pues Dios es un Dios justo, y por El todo se hará manifiesto, tanto lo bueno como lo menos bueno y lo malo.

En cambio, quien guarda la ley del amor y de la vida, es decir la cumple en la vida diaria, y enseña a los hombres lo que él mismo ha realizado, es un verdadero maestro espiritual. Tiende a los hombres el pan de los Cielos, y saciará con él a muchos. Quien dé de lo que él mismo ha cumplido será inundado por sabiduría y fuerza divinas y, cuando haya llegado el tiempo, brillará como una estrella en el cielo, ya que el hombre inundado por Dios toma de la corriente de la salvación y da desinteresadamente a los que tienen hambre y sed de justicia.

Comprended: a través de tales hombres y mujeres justos viene a este mundo la ley eterna del amor y de la vida. Quien guarde y enseñe, pues, la ley eterna, será llamado grande en el Reino de los Cielos; es decir, cosechará en el Cielo una gran recompensa.

10. “En verdad, los que crean y obedezcan salvarán su alma, y los que no obedezcan la perderán; porque os digo que si vuesta justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. (Cap. 25, 10)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

La afirmación, “…los que crean y obedezcan salvarán su alma, y los que no obedezcan la perderán”, significa: quien crea y cumpla las leyes de Dios, salvará su alma de la rueda del renacimiento, que le atraerá a la carne hasta que haya expiado todo lo que una y otra vez le ha atraído a las encarnaciones.

Comprended: la sola fe en la ley de la vida no basta. Tan sólo la fe en la vida y la realización de las leyes de la vida conducen al hombre y al alma fuera de la rueda del renacimiento.

Quien no guarda las leyes de Dios, está traicionando a Dios y vendiendo su alma a las tinieblas. Con ello tapa la luz de su alma, su verdadera vida. Este hombre vivirá entonces en el pecado, y el alma en el sueño de este mundo. La ley de la encarnación, la rueda del renacimiento, que atrae al alma a la encarnación, aún será activa por cierto tiempo, para que el alma encarnada capte que no es de este mundo, sino que está en vestido terrenal para desprenderse de lo que es humano -y para sacar a la luz lo que es divino, su verdadera vida eterna.

No todos los que conocen los signos de escritura los interpretan sólo según la letra -sino según el sentido-. Por eso hay que decir: si vuestra justicia no es mayor que la de muchos escribas -que fingen ser justos y enseñan Mi ley, pero sin cumplirla ellos mismos-, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Por eso no os atéis a opiniones y puntos de vista de los hombres. Realizad lo que hayáis captado de la ley de la vida; entonces veréis los siguientes pasos que llevan a legitimidades más elevadas.

Comprended: la justicia de Dios es el amor y la sabiduría de Dios. Quien no los desarrolla dentro de sí, tampoco los irradia, ni ve las profundidades del eterno SER ni llega hasta el fondo de su verdadera vida. Su vida terrenal es un vegetar; vegetando, se le pasa de largo la verdadera vida. Tanto en este mundo como en el más allá, será un espiritualmente muerto. No tendrá ni en esta existencia terrenal ni en el más allá la orientación correcta, porque no habrá vivido de acuerdo con las leyes de la vida. No es sabio, sino que sólo transmite el saber que ha registrado. Con ello llega a ser un seguidor del pecado y, por último, un pecador. Obra contra la ley eterna y cae con ello cada vez más profundamente en la ley de siembra y cosecha.

11. “Si vas, pues, a presentar tu ofrenda sobre el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda. (Cap. 25, 11)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

“…Si vas, pues, a presentar tu ofrenda sobre el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda”, significa: si deseas consagrarme tu vida a Mí, el Cristo, y quieres entregarme tus faltas y pecados y reconoces que aún no has hecho las paces con tu prójimo, deposita por de pronto el pecado ante el altar interno. Ve a ver a tu prójimo y reconcíliate con él -y entonces, si ya no quieres seguir haciendo algo igual o parecido, que te ha llevado al pecado, coloca éste sobre el altar-. El altar se encuentra en lo más interno de tu templo de carne y hueso. Luego, el Espíritu del amor y de la vida transformará el pecado en fuerza y vida; pues de lo que tú libremente, sin coacción, Me entregues gustosamente, es decir, no volviendo a hacer algo igual o parecido, de esto alcanzarás la liberación. Tu alma recibirá entonces incrementadamente la luz que proviene de Mí.

Tened en cuenta la siguiente legitimidad: cuando hayáis pecado contra vuestro prójimo exclusivamente en pensamientos, con pensamientos faltos de amor, envidiosos, vengativos, celosos o llenos de odio, no vayáis a él para hablar de esto con él. Sabed que vuestro prójimo no conoce vuestro mundo de pensamientos. Si de palabra lo hacéis manifiesto, él reflexionará sobre ello. Venid sólo a Mí, el Cristo, a Mí que estoy en vuestro interior, arrepentíos de vuestros pensamientos y enviad al alma de vuestro prójimo, al mismo tiempo, pensamientos positivos desinteresados, pensamientos pidiéndole perdón y pensamientos de unión interna. Entonces Yo disolveré lo que haya sido causado en pensamientos. Y si no volvéis a pensar algo igual o parecido, ya estaréis perdonados.

Comprended: si habláis a vuestro prójimo de vuestros pensamientos humanos podéis, eventualmente, tocar en él aspectos humanos en vías de transformación, que podrían abrirse de nuevo en él. Así comenzaría nuevamente a pensar y a hablar de forma negativa, y volvería a cargar su alma.

La ley dice: no sólo carga su alma el que ha sido impulsado por vuestro comportamiento erróneo a reflexionar, sino también cargáis vuestra alma vosotros, que habéis expresado vuestros pensamientos y con ello habéis activado en vuestro prójimo aspectos humanos que estaban en proceso de transformación.

Si en cambio han salido de vuestra boca ilegitimidades inculpando a vuestro prójimo, insultándolo y difamándolo -también si él se entera de esto por segundos o terceros- id y pedidle perdón. Si os ha perdonado, también os habrá perdonado el Padre celestial eterno en Mí, el Cristo. Pero si no os ha perdonado, tampoco os podrá perdonar vuestro Padre celestial en Mí, el Cristo. No obstante el amor del Dios Padre-Madre tocará cada vez más el corazón todavía rígido, a fin de que el hombre reflexione en menos tiempo y os perdone, de manera que también Dios en Mí, el Cristo, os pueda perdonar y así esté saldado y transformado todo lo que en su día fue contrario a la ley divina.

¡Tened cuidado con vuestra propia lengua!; pues lo que de ilegítimo sale de vuestra boca, puede causar a vuestro prójimo y a vosotros mismos un daño más grande que vuestros pensamientos que habéis reconocido a tiempo, antes de que tengan efecto, y que Me habéis entregado a Mí, el Cristo en vosotros.

Comprended otra legitimidad: vosotros no veis ni escucháis pensamientos -y, sin embargo, están ahí-. Vibran en la atmósfera, y a quien piense algo igual o parecido le pueden influenciar. Si Me los entregáis a tiempo, serán disueltos -a no ser que el alma de vuestro prójimo los haya registrado ya en sí misma-. En este caso, seréis conducidos de manera que podáis hacer el bien a esta persona sobre la que habéis pensado negativamente. Y si hacéis el bien desinteresadamente, sin expresar vuestros anteriores pensamientos, en el alma de aquel sobre el que habéis pensado negativamente se borrará lo que ya se había grabado. Entonces también se habrá borrado en vosotros lo que vuestra alma irradió.

12. “Llega lo antes posible a un acuerdo con tu adversario, mientras aún vas con él de camino, para que tu adversario no te entregue en su día al juez y el juez te entregue al alguacil, y no salgas hasta que hayas pagado el último céntimo.

13. “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero Yo os digo a vosotros que escucháis: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian. (Cap. 25, 12-13)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

“Llega lo antes posible a un acuerdo con tu adversario, mientras aún vas con él de camino…”, significa: ¡no dejes pendiente el pecado que hayas cometido contra tu prójimo! Purifícalo lo antes posible, pues todavía está contigo en el camino de la vida en la existencia terrenal. Si su alma se ha ido de la Tierra, eventualmente tendrás que esperar hasta que de nuevo pueda haber un encuentro y le puedas pedir perdón.

Comprended: el juez es la ley de siembra y cosecha. Cuando se active, el hombre no saldrá de allí hasta que haya pagado “el último céntimo” -es decir, hasta que esté expiado todo lo que ha causado y de lo cual no se arrepintió a tiempo.

Aprovechad por tanto la oportunidad de pedir perdón a vuestro prójimo y de perdonarle, mientras todavía caminéis con él en la Tierra y el pecado no se haya grabado aún en el alma, convirtiéndose en causa. Quien no perdone y pida perdón, tendrá que cargar con los efectos hasta que haya pagado “el último céntimo”.

Poneos por lo tanto de acuerdo cuanto antes con vuestro prójimo. Si las causas -por ejemplo, desavenencias, rivalidad o envidia- ya han echado raíces en vuestra alma y si esto también ha sucedido en vuestro prójimo, contra el cual estáis, es posible que vuestro prójimo no os perdone tan pronto -tampoco aunque hayáis reconocido vuestro pecado y os hayáis arrepentido-; pues en su alma puede haberse endurecido el complejo de la culpa, a través de la forma de pensar igual o parecida que habéis provocado en él. Mediante vuestro comportamiento pecaminoso, que habéis alimentado durante bastante tiempo, también él ha fomentado en su alma el rencor contra vosotros -y ha creado, como asimismo vosotros, un amplio campo energético contrario a la ley divina, el complejo de la culpa, que ahora debe ser trabajado por ambos-. El momento de purificar se os puede presentar aún en esta existencia terrenal, o en los reinos de las almas o en posteriores encarnaciones.

Comprended: antes de que un golpe del destino sobrevenga al ser humano, éste es advertido por el Espíritu de la vida, que también es la vida del alma, y también por el espíritu protector o por hombres. Las advertencias provenientes del Espíritu son sensaciones finísimas, que efluyen del alma o que el espíritu protector infiltra en el mundo de sensaciones o de pensamientos del hombre. Advierten al hombre para que cambie de forma de pensar o para que purifique lo que ha causado. El Espíritu eterno de la vida y el espíritu protector pueden impulsar a hombres a acercarse a aquel que está a punto de sufrir un golpe del destino. Se acercan a la persona en cuestión y comienzan una conversación que, de modo espontáneo, se refiere al asunto. De ahí podría ser reconocida la causa del golpe del destino que se está preparando, y ser purificada.

Podéis ver, pues, que la luz eterna da advertencias e indicaciones de múltiples maneras -tanto al prójimo con el que habéis creado causas como a vosotros mismos.

También mediante impulsos que vienen a través de acontecimientos del día en curso el hombre es advertido a tiempo, antes de que lo que ha causado le sobrevenga en forma de destino.

Quien tome en serio tales advertencias y purifique lo que haya reconocido de pecados, mediante el arrepentimiento, el perdonar, el pedir perdón y el reparar el mal, no tendrá que sufrir lo que haya causado. Si el pecado es grande, es posible que tenga que cargar con una parte de éste, pero no con la totalidad de lo que quería desprenderse del alma. Sin embargo, quien haga como si no viera ni oyera ninguna de las advertencias, porque se aturde con cosas humanas, tendrá que cargar con las causas creadas por él hasta que esté “pagado el último céntimo”.

El mandamiento de la vida dice: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian”.

Cada hombre debería ver en cada uno de sus semejantes a su prójimo, a su hermano o a su hermana. También en los enemigos aparentes deberíais ver a vuestro prójimo y esforzaros en amarlos desinteresadamente.

El enemigo aparente puede serte incluso un buen espejo para el autorreconocimiento, cuando tú te irritas a causa de la hostilidad -que puede tener muchas caras-; pues cuando algo os irrita en vuestro prójimo, hay algo igual o parecido en vosotros.

Sin embargo, si puedes perdonar a tu prójimo, que te ha inculpado y acusado, sin mayor irritación, no hay analogía alguna en ti; es decir que en ti no hay algo igual o parecido y, por tanto, de eso no hay resonancia en tu alma. Es posible que tú, ya en vidas pasadas, hayas purificado y expiado aquello de lo que te inculpan -o que nunca lo hayas edificado en tu alma-. Entonces sólo estaba en el alma del que ha pensado y hablado contra ti y te ha inculpado. Si en ti, pues, no resuena alteración alguna, si no surge un eco de tu alma, en ese caso has sido espejo para él. Que él mire o no en este espejo puesto para su yo humano -esto, déjaselo a Dios y a él, Su hijo.

Comprende: con sólo verte se movió su conciencia, reflejándole que en su día, por ejemplo, pensó y habló de ti de modo contrario a la ley divina. Ahora tiene la posibilidad de purificar esto. Si lo hace, a base de arrepentirse y no volviendo en adelante a pensar o a hacer algo igual o parecido, eso es borrado de su alma, es decir, transformado. Sólo entonces te verá con los ojos de la luz interna.

Un signo de que en un alma se ha transformado algo de contrario a la ley divina en positivo, es la benevolencia y comprensión para con el prójimo.

14. “Bendecid a los que os maldicen y orad por los que por maldad abusan de vosotros, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir el sol sobre malos y sobre buenos y envía lluvia sobre los justos y los injustos. (Cap. 25, 14)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien guarda estos mandamientos, está siendo justo con sus semejantes y a través de su vida en Dios conducirá a muchos hombres a la vida en Dios. Dios no sanciona ni castiga a Sus hijos. Lo dicen ya las palabras: “…hace salir el sol sobre malos y sobre buenos y envía lluvia sobre los justos y los injustos”.

Dios es el donante de la vida, porque El mismo es la vida. De la ley eterna de la vida, Dios dio a los hombres el libre albedrío, para decidirse libremente a favor o en contra de El. Quien esté a Su favor, guardará las leyes eternas del amor y de la vida y también recibirá de la ley eterna los dones del amor y de la vida. Quien sienta, piense y actúe contra la ley eterna, recibirá lo que haya sembrado, es decir lo que haya sentido, pensado, hablado y hecho.

Cada cual recibe, por lo tanto, lo que él mismo ha sembrado. Quien siembre buena semilla, es decir, cumpla las leyes de Dios, también cosechará buenos frutos. Quien siembre semillas humanas, que introduce como sentimientos, pensamientos, palabras y actos humanos en el campo de su alma, también cosechará frutos análogos.

En ello veis que Dios no interviene en la voluntad del hombre. El es donante, ayudante, amonestador, guía y protector de aquellos que se esfuerzan en hacer Su voluntad, porque se vuelven hacia El. Quien Le vuelva la espalda, creando su propia ley humana, también será conducido por su propia “ley egoísta” humana.

Dios no interviene por tanto en la ley de siembra y cosecha. Dios ayuda a Sus hijos de múltiples maneras, y los que Le ruegan de corazón y cumplen lo que Yo, Cristo, en Dios, Mi Padre, les he mandado -amarse los unos a los otros desinteresadamente-, están en Dios y Dios actúa a través de ellos.

15. “Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?; pues también los pecadores aman a los que les aman. Y si hacéis el bien a los que os hacen el bien, ¿qué recompensa tendréis?; pues también hay pecadores que hacen lo mismo. Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más, que los otros no hagan? ¿No hacen así también los publicanos? (Cap. 25, 15)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Acepta y acoge, por consiguiente, en tu corazón a tu prójimo, incluso si él no te ama; aun si no te apoya y te desprecia, rehusando saludarte. ¡Amale tú! Apóyale desinteresadamente y salúdale -aunque sólo sea en pensamientos, si no desea que le saludes con palabras-. También un saludo de corazón, que es dado en pensamientos, entra en su alma y traerá a su debido tiempo buenos frutos.

De modo que cuidad de comportaros como el sol, que da -tanto si el hombre quiere verlo como si no, ya desee lluvia o tempestad, ya pida frío o calor.

Dad amor desinteresadamente, como el sol da a la Tierra, y respetad a todos los hombres, a todo lo que es. Entonces recibiréis la recompensa en el Cielo.

No habléis al gusto de los hombres. No hagáis diferencias, como los hombres que sólo se asocian y sólo están con aquellos que comparten su manera de pensar y hacer y condenan a los que piensan y actúan de otra manera.

16. “Y si deseas algo tanto como tu vida, pero que te desvía de la verdad, renuncia a ello, pues es mejor entrar en la vida y poseer la verdad, que perderla y ser arrojado a las tinieblas exteriores. (Cap. 25, 16)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Lo que el hombre desea para sí mismo, está relacionado con lo humano, con su yo inferior. Todo esto es atadura. Atadura significa estar atado a hombres y cosas. Quien se ata a hombres y cosas, es decir quien está atado a algo, disminuye el flujo de las energías cósmicas.

Si por tus propias ventajas atas a un hombre a ti, estás persiguiendo con tu voluntad personal intereses que te apartan de la vida en Mí, el Cristo. Con ello abandonas la vida impersonal desinteresada, te enredas en querer poseer, ser y tener, y empobreces interiormente en vida espiritual. Si no renuncias a tiempo al querer poseer, ser y tener, algún día lo perderás todo.

Si no te autorreconoces en los efectos -por ejemplo con la pérdida de tus bienes, o en la enfermedad, o en las necesidades y el sufrimiento-, si no te arrepientes y reparas el mal hecho, caminarás como alma y como hombre en las tinieblas, por haber pensado sólo en ti, en tu bien personal.

Por tanto, autorreconócete cada día de nuevo, y realiza las leyes divinas diariamente, renunciando a desear algo para tu yo personal. Permanece en la verdad -y así fiel a la ley de Dios-. Entonces entrarás en la vida que es tu verdadero SER y serás rico en ti, porque habrás abierto el Cielo en ti.

A quien no sea un recipiente de la verdad, tampoco le puede afluir la verdad, que es impersonal. Un hombre tal está centrado en sí mismo y sólo acumula para sí mismo. Este comportamiento conduce a que se aparte de la fuerza eternamente fluente de Dios, llevando una vida “en la ciénaga”: a esta ciénaga sólo afluye lo contrario a la ley divina, y apenas efluye algo de ella. Esto significa que experimentará en carne propia lo que haya acumulado en su ciénaga.

La verdad eterna fluirá, en cambio, en el hombre y a través del hombre que sea un recipiente de la verdad. El recibirá de Dios y dará de Dios, y con ello llegará a ser un manantial de la vida para muchos. La energía cósmica de vida, el manantial de todo lo que es, fluye a través de todas las formas del SER, y a través de aquellos hombres y almas que se han vuelto hacia Dios, que por tanto se han convertido en recipientes de Dios.

Comprended: la fuerza eternamente fluente fluye sólo a través de los hombres y las almas que no acumulan para fines egoístas, sino que dan desinteresadamente. ¡Sólo a través del que da desinteresadamente fluye incesantemente la corriente de Dios! Si Dios puede fluir por el hombre sin impedimento, traspasándolo, el hombre vivirá en la Verdad, en Dios, en la Vida que perdura eternamente. Sólo tales hombres dan de Mí, la Vida, porque están en Mí, la Vida y la Verdad.

17. “Y si deseas algo que causa pena y preocupación a otro, arráncalo de tu corazón. Sólo así obtendrás paz. Pues mejor es padecer preocupación que ocasionar preocupación a aquellos que son más débiles que vosotros.

18. “Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre en el Cielo”. (Cap. 25, 17-18)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Todo lo no divino que sale de ti -tal como pensamientos, palabras y actos contrarios a la ley divina-, no sólo puede ocasionarle pena y preocupación a tu prójimo, sino también a ti mismo; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.

La cosecha se corresponde con la siembra. Siempre es cosechada por el que ha sembrado -no por su prójimo-. Tu prójimo no ha sembrado tu siembra ni cosechará tu cosecha.

Tus semillas, sin embargo, pueden ser semillas voladoras -como las semillas de diferentes clases de flores, que son llevadas por el viento después del tiempo de la floración y enraizan allí donde pueden afianzarse-. De la misma forma tus pensamientos, palabras y acciones pueden también caer, como semillas voladoras, en el campo del alma de tu prójimo y brotar, si encuentran allí condiciones iguales o parecidas.

Algo igual o parecido a lo que hay en ti está en él si se irrita y enfada por tus palabras y actos, si con ello le ocasionas preocupación y él piensa, habla o hace algo igual o parecido, estimulado por tus semillas voladoras. Pero tú has provocado esto y, en la ley de siembra y cosecha, se te pueden pedir cuentas. Te ha sido mandado que ames desinteresadamente a tu prójimo y que le sirvas y ayudes -y no que le ocasiones pena y preocupación con tu comportamiento.

Si entonces tu prójimo carga su alma por tu comportamiento ilegítimo, por haber irrumpido tú en el campo de su alma y haber hecho entrar en vibración causas bajo las cuales luego tendrá que sufrir y llevar una pesada carga, tú estarás atado a él. Y si a tu comportamiento reacciona de forma igualmente ilegítima, se atará a su vez a ti. En esta o en otra forma de existencia tendréis que purificar esto juntos.

Comprended: una pequeña e insignificante semilla voladora del yo humano puede crear una gran causa, que ya lleva en sí su efecto.

Comprended, pues: ¡cada causa debe ser eliminada!

Otro ejemplo: si tú envías como semillas voladoras tus pensamientos, palabras y actos negativos, y tu prójimo oye lo que dices sobre él, pero no hace caso porque en el campo de su alma no tiene algo análogo a eso, entonces sólo tú cargarás tu alma, y estarás atado a él -y no él a ti-. Tu prójimo puede entrar en el Cielo, al no haber aceptado ni acogido tus semillas negativas, porque no pensó ni habló de modo igual o parecido al tuyo. Sin embargo, si mediante tu comportamiento erróneo has despertado causas en tu prójimo que en él no hubieran tenido que llegar a su efecto, puesto que podría haberlas purificado en un tiempo posterior sin penas ni preocupaciones, tú tendrás la culpa más grande y tendrás que cargar con la parte que has causado en tu prójimo.

Así pues, si tienes que soportar penas y preocupaciones, no le eches la culpa a tu prójimo por tu estado. Tú mismo eres el causante -y no tu prójimo-. Tus penas y preocupaciones son la siembra en tu alma, que ha brotado -y que también se muestra en tu cuerpo, como cosecha.

Sólo Yo, Cristo, tu Redentor, te puedo liberar de ello -y sólo cuando te arrepientas y no vuelvas a hacer algo igual o parecido-. Entonces la carga habrá sido quitada de tu alma y te irá mejor en tu vida.

Comprended: quien se da cuenta de que sus penas y preocupaciones son sus propias siembras y acepta su sufrimiento, muestra verdadera grandeza interna. Este es un signo de crecimiento espiritual; y el crecimiento espiritual lleva paulatinamente a la perfección.

Los seres puros son perfectos; son la imagen y semejanza del Dios Padre-Madre. Viven en Dios, y Dios vive a través de los seres puros.

Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios -ya que han llegado a ser nuevamente la imagen y semejanza del Padre celestial-. De un corazón puro entregado a Dios, fluyen dulzura y humildad.

Yo, Cristo, el Redentor de la humanidad, conduzco a la pureza interna al cada vez más numeroso pueblo de Dios en la Tierra. El pueblo de Dios se compone [1989] de hombres y mujeres que recorren, conscientes de la meta, el camino del amor hacia el interior, siguiéndome así a Mí, Cristo, el único Pastor. No todos ellos volverán a encarnar en las siguientes generaciones, sino que muchos vivirán en el espíritu del amor y obrarán en espíritu para la gran totalidad y para el Reino de Paz de Jesucristo.

Oh comprended, los que vivís en el Reino de Paz: muchos de vosotros participasteis como hombres ya en el tiempo de los pioneros. Y más de uno de vosotros, siendo pionero, mantuvo junto a los pioneros la unidad en Dios, recorriendo conjuntamente con ellos el camino al interior. Os desprendisteis así de mucho de lo humano, por lo que vuestras almas fueron cada vez más traspasadas por la luz de la verdad. Al desencarnar, vuestras almas se llevaron esta luz de la verdad a los planos de luz superiores. De allí habéis vuelto con la luz de la verdad, para vivir y obrar en vestido terrenal en el Reino de Paz de Jesucristo.

La luz de la verdad vuelve ahora a irradiar a través de vuestros nuevos cuerpos terrenales. Ahora cumplís en esta existencia terrenal lo que habéis adquirido en las existencias previas: luz de Mi luz y fuerza de Mi fuerza -la ley de la vida-. Plena del espíritu de Dios, el alma obra ahora a través de su nuevo vestido terrenal en el Reino de Paz de Jesucristo, en el que Yo Soy el Soberano y la Vida.