Alfa y Omega La manifestación de Cristo que el mundo no conoce

Alfa y Omega


La manifestación de Cristo

que el mundo no conoce

Sermón de la Montaña
(2ª parte)


Capitulo 26

Sermón de la Montaña

(2ª parte)

Los primeros pasos en el Camino Interno, que es un proceso evolutivo de volverse desinteresado (2). La oración como medio para darse importancia o la oración viva (4). Los verdaderos sabios reposan en sí mismos y no discuten (5). Acerca del Padre Nuestro (6). Perdonar y pedir perdón; justicia y gracia de Dios (7-9). La muerte terrenal. El ulterior estado de consciencia del alma. Los que están de duelo. Encarnar nuevamente. Ataduras entre hombres y almas. La actitud correcta (10-11). Acumular tesoros. Fin de las encarnaciones en el Nuevo Tiempo (12-14). Preocuparse por uno mismo; planificar confiando en Dios. Orar y trabajar correctamente. Todo lo que es, está amparado por Dios (15-18)

1. “Estad atentos a no dar vuestras limosnas delante de los hombres, para ser vistos por los hombres. De otra manera, no tendréis recompensa en vuestro Padre en los Cielos. Cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya tienen su recompensa.

2. “Cuando des limosna, no dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna permanezca oculta; y el Uno, que ve lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 1-2)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El Sermón de la Montaña vivido es el Camino Interno al corazón de Dios. Lo que el hombre no hace desinteresadamente, lo hace para sí mismo. Ser desinteresado es amar a Dios. El interés personal es amor humano. Quien sólo haga el bien a su prójimo cuando éste se lo agradezca y alabe sus buenas obras, no lo hace para su prójimo, sino para sí mismo. El agradecimiento y el elogio son su recompensa. Con esto ya ha sido recompensado, y no recibirá recompensa alguna de Dios. Sólo lo desinteresado es recompensado por Dios. Lo desinteresado crece y madura sólo en el hombre que ha dado los primeros pasos hacia el reino del interior, es decir, que ha realizado.

Los primeros pasos en esa dirección consisten en controlar los pensamientos: pon en lugar de pensamientos egocéntricos, negativos, cavilosos o pasionales, pensamientos positivos, serviciales, alegres y nobles, y pensamientos sobre lo bueno que hay en el hombre y en todo lo que se te presenta. Entonces llegarás a tener paulatinamente tus sentidos bajo control. Entonces tampoco desearás nada de tu prójimo ni esperarás nada de él. En el transcurso posterior del Camino Interno sólo dirás cosas positivas y esenciales. Así llegarás a tener bajo control tu yo humano, porque habrás aprendido a reposar en ti. Tu alma se esclarecerá cada vez más, y encontrarás en todo lo que se te presente lo bueno, pudiendo llamar la atención sobre ello y expresarlo de la manera correcta. Cuando hayas aprendido esto, también llamarás la atención legítimamente sobre lo que es contrario a la ley divina. De esta manera despertarán en ti la honestidad y la sinceridad, con lo que te mantendrás en todo fiel a Dios.

Este proceso evolutivo espiritual hacia lo desinteresado, es el Camino Interno al corazón de Dios. Todo lo que hagas desinteresadamente te traerá múltiples frutos.

Por tanto, si tus sensaciones no tienen expectativas y tus pensamientos son nobles y buenos, en tus palabras y en tus obras estará la fuerza que proviene de Dios. Esta fuerza es Mi energía de vida, que penetra en el alma de tu prójimo y hace que también tu prójimo se vuelva desinteresado; pues lo que procede de tu alma luminosa, también penetrará -más pronto o más tarde, dependiendo de cuándo el prójimo se abra a ello- en el alma y en el ánimo de tu prójimo.

Quien dé desinteresadamente, no preguntará si el prójimo sabe acerca de lo que le dio. ¡El que es desinteresado da! Sabe que Dios, el Padre eterno, ve en el corazón de todos Sus hijos, y que el Eterno, cuyo Espíritu habita en cada hombre, recompensará al que sea desinteresado, cuando haya llegado el tiempo para ello. Sólo esto es importante.

Comprended: todas las buenas obras, es decir desinteresadas, se harán a tiempo manifiestas, a fin de que de esto se aperciban aquellos que deben verlo para volverse asimismo desinteresados, aceptando la vida en Mí y aspirando a ella -y haciendo lo que les he mandado: amarse desinteresadamente los unos a los otros, como Yo, el Cristo, los amo.

3. “Y cuando ores, no seas como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya tienen su recompensa.

4. “Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre celestial, que está en lo oculto; y el oculto Uno, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 3-4)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Cuando ores, retírate a un cuarto tranquilo y sumérgete en tu interior, pues en ti vive el Espíritu del Padre, cuyo templo eres tú.

Si sólo oras para ser visto, para que tu prójimo te tenga por piadoso y creyente, Yo te digo: esto no es devoción, sino santurronería; es hipocresía. Tales oraciones externalizadas no tienen fuerza. Quien sólo reza con los labios o para ser visto, está pecando contra el Espíritu Santo, pues abusa de palabras santas en propio provecho.

Comprende: si te diriges a Dios en oración y no haces realidad en tu vida aquello por lo que oras; si por tanto tus oraciones sólo son un darse importancia de tu yo, y no vienen de la profundidad de tu alma y no están animadas por el amor a Dios, estás pecando contra el Espíritu Santo. Este es el pecado más grande.

Si tus oraciones no fluyen desinteresadamente del corazón, sería mejor que no oraras y que primero te hicieras consciente de tus pensamientos y de tus deseos humanos, entregándomelos poco a poco a Mí -para que el amor desinteresado, que está en ti, crezca en ti y puedas orar de corazón-. Entonces tus oraciones estarán cada vez más vivificadas y traspasadas por el amor a Dios y a tu prójimo.

“… y el oculto Uno, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente”, significa: tus pensamientos de la luz y oraciones llenas de fuerza, vivificados por el amor a Dios, traerán frutos en este mundo. Podrás ver tu siembra del amor, y también a ti te verán muchos como manantial del amor.

5. “Y cuando oréis en común, no utilicéis vanas repeticiones como los paganos, que piensan ser escuchados por su mucho hablar. No lo hagáis, pues, igual que ellos; porque vuestro Padre en el Cielo sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis… . (Cap. 26, 5)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Sólo el hombre que ha realizado poco de la ley de la verdad usa en la oración y en la vida diaria muchas palabras y repeticiones vacías y faltas de vida.

Quien hable mucho de la ley de la verdad y de la vida, diciendo por tanto muchas palabras al respecto, no podrá llenarla con fuerza y vida, porque él mismo no habrá sido llenado por la ley de Dios. Tales palabras son egocéntricas y por eso palabras faltas de amor, aunque hayan sido escogidas como si estuviesen sostenidas por el amor. El hablar falto de vida no llega a lo más interno del alma de tu prójimo y, con ello, despierta eco alguno en el hombre que deja obrar al amor de Dios en sí mismo y a través de sí mismo. Quien habla -sin que tenga vida lo que dice- sobre la ley de la verdad y de la vida, que él, sin embargo, no realiza, sólo induce a discusiones al hombre que escucha esto y que igualmente está todavía orientado hacia lo externo.

Comprended: quien discute sobre legitimidades espirituales, no conoce las leyes de Dios. Todos los que quieren discutir, están convencidos de saber más que su prójimo y quieren autorreafirmarse en ello. Quien discute, sólo da testimonio de sí mismo, es decir: de que no sabe nada y está inseguro; y por eso discute.

Pero quien ha encontrado la verdad, no discute sobre la verdad, y tampoco sobre lo que es la fe. La palabra “fe”, también contiene ignorancia: lo que en definitiva el hombre no sabe o no puede demostrar, lo cree. Quien cree en la verdad, todavía no ha encontrado la verdad eterna. Asimismo, aún no se mueve en la corriente de la verdad eterna. Por tanto, la fe todavía es ceguera.

Sin embargo, quien ha encontrado la verdad eterna, ya no tiene que creer en la verdad -sabe la verdad, porque se mueve en la corriente de la verdad-. Es el verdadero hombre sabio, que ha desenterrado en sí mismo el tesoro, la verdad. Los verdaderos sabios reposan en sí. Esto es seguridad interna y firmeza. No discuten sobre la fe, porque partiendo de la fe han encontrado la sabiduría, que es la verdad.

Así pues, quien en Dios tan sólo crea, sin conocer la profundidad de la verdad eterna, la ley eterna, hablará mucho acerca de su fe.

También con sus oraciones se comportará de forma similar: hablará mucho, dado que no vivifica sus palabras con amor desinteresado. Será del punto de vista de que hablando mucho puede convencer a Dios, o incluso persuadirlo. Creerá tener que hacerse entender por Dios, ya que supone que Dios podría entender sus oraciones de forma diferente a como él quería dar a entender. De una manera similar piensan y oran los paganos.

Comprended: cuanto más profundamente se sumerge el hombre en la verdad divina, tanto menos palabras utiliza en sus oraciones. Sus oraciones son breves, pero llenas de fuerza, porque la palabra irradia fuerza vivida.

“… Por eso, cuando estéis reunidos, debéis rezar así:

6. “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu nombre. Tu Reino viene. Hágase Tu voluntad, como en el Cielo, así en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo día a día, y el fruto de la vid viva. Y tal como Tú nos perdonas nuestros pecados, perdonemos nosotros los pecados de otros. No nos abandones en la tentación, y líbranos del mal, porque Tuyos son el Reino y el Poder y la Gloria por toda la eternidad. Amén. (Cap. 26, 5-6)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

La oración comunitaria, el Padre Nuestro, es rezado con palabras y contenidos distintos, porque cada colectividad lo reza de modo correspondiente al potencial de amor de la colectividad.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé la oración comunitaria, el Padre Nuestro, en Mi lengua materna, es decir con otras palabras, y por tanto también con contenidos diferentes, respecto a como fue rezado en tiempos posteriores y en otras lenguas.

Las palabras como tales son irrelevantes. ¡Lo importante es que el hombre realice lo que reza! Entonces, cada palabra que sale de su boca es vivificada con amor, fuerza y sabiduría.

No debéis rezar al pie de la letra ni tratar de rezar textualmente el Padre Nuestro que enseñé a los Míos. Lo esencial es que vivifiquéis las palabras de vuestras oraciones con el amor al Eterno y a vuestro prójimo y que el contenido de vuestras oraciones se corresponda con vuestra vida.

Los hombres que estén inundados por la verdad eterna, el amor y la sabiduría de Dios, orarán a su vez de manera distinta a aquellos que sólo rezan porque se les enseñó a hacerlo o porque pertenecen a una confesión en la que las oraciones son pronunciadas de acuerdo con el estado de consciencia de la confesión.

Los hombres que van de camino a su origen divino oran libremente, es decir, con palabras elegidas por ellos, vivificadas con amor y fuerza.

Los hombres que vivan en Mi espíritu, que estén traspasados por el amor y la sabiduría de Dios, y que por tanto realicen las leyes de Dios en la vida diaria, ante todo darán gracias a Dios por haberles dado la vida y por todo, Lo alabarán y loarán y Le consagrarán cada día más su vida -en sensaciones, pensamientos, palabras y obras-, porque se habrán convertido en vida de Su vida.

Los hombres que están en el espíritu del Señor viven la oración. Es decir, cumplen cada vez más las leyes del Eterno y ellos mismos han llegado a ser la oración que es adoración a Dios.

Quien por tanto cumple la voluntad de Dios, vive cada vez más en la adoración a Dios. Tales hombres no sólo guardan las leyes de Dios, sino que en gran medida han llegado a ser la ley del amor y de la sabiduría.

En el Reino de Paz de Jesucristo, que está madurando, en el que Yo Soy el Soberano y la Vida, los hombres guardarán cada vez más la ley de Dios. Muchos de ellos habrán llegado a ser la ley -y así hombres-Dios, que personificarán a la Vida, Dios, en todo lo que piensen, hablen y hagan-. Sus oraciones serán la vida en Mí, la consumación de la ley eterna. Con su vida, que es la ley de Dios, agradecerán a Dios la vida.

El agradecimiento a Dios, pues, es la vida en Dios. Su vida, que será un único gracias, fluirá al Reino de Paz.

Ellos orarán conforme el sentido de las siguientes palabras de oración, que realizarán en la vida diaria:

Padre nuestro, Tu Espíritu está en nosotros,

y nosotros estamos en Tu Espíritu.

Santificado es Tu nombre eterno en nosotros

y a través de nosotros.

Tú eres el Espíritu de la vida,

Tú eres nuestro Padre primario.

De Ti llevamos nuestro nombre eterno.

Tú, el Eterno, nos lo has dado

y has puesto la plenitud

del infinito en nuestro nombre.

Nuestro nombre, que Tú nos has dado con Tu soplo,

es el amor y la sabiduría

-la plenitud que proviene de Ti,

la ley en nosotros y a través de nosotros.

Nuestro Reino eterno es el infinito

-la fuerza y la gloria en Ti y provenientes de Ti.

Nosotros somos herederos del Reino eterno.

Por ello somos el propio Reino,

el Hogar eterno.

El está en nosotros y obra a través de nosotros.

Tu voluntad infinita y gloriosa está en nosotros

y obra a través de nosotros.

Tu fuerza de voluntad es nuestra firmeza de voluntad.

Ella obra en nosotros y a través de nosotros,

pues nosotros somos espíritu de Tu Espíritu.

El Cielo no es tiempo ni espacio

-Cielo y Tierra son uno,

porque nosotros estamos unidos en Ti.

El amor y la fuerza en nosotros y a través

de nosotros es nuestro pan cotidiano.

Tú, oh Padre eterno y glorioso,

has hecho surgir en nosotros

todo lo que vibra en el infinito.

Tú creas a través de nosotros en el Cielo

y en la Tierra.

Somos en Ti, y Tú obras en nosotros

y a través de nosotros.

Estamos colmados en Tu Espíritu,

porque somos espíritu de Tu Espíritu.

Somos ricos en Ti,

puesto que vivimos nuestra herencia, el infinito que proviene de Ti.

Nuestra herencia eterna, espíritu de Tu Espíritu,

hace surgir para nosotros

lo que, como hombres, en el Reino de Paz

necesitamos.

Vivimos en Ti y de Ti.

La vida fluye y se regala.

Vivimos en la plenitud proveniente de Dios,

porque nosotros mismos somos la plenitud.

La Tierra es el Cielo,

y, el Reino de Paz, la riqueza de la Tierra,

en la que vivimos y somos

-espíritu de Tu Espíritu.

Vivimos en el Reino interno

-y, sin embargo, somos hombres que personifican en el exterior

lo que irradia en el interior.

Alabado es el nombre del Señor.

El es vida en y a través de nosotros.

El nombre de Dios es la ley vivida del amor

y de la libertad.

El pecado es transformado

-la luz ha venido.

Vivimos de Su luz

y vivimos en y de Su Espíritu,

ya que somos espíritu de Su Espíritu.

En Dios todo está saldado.

Su nombre lo ha limpiado todo.

¡Alabada sea la gloria de Dios!

Voluntad, Amor y Sabiduría de Dios

traspasan la Tierra y nuestra tierra.

Nosotros mismos somos la Tierra y nuestra tierra

-voluntad, amor y sabiduría.

En nosotros está la bondad de Dios -lo bueno proveniente de Dios.

Estamos en Dios y obramos desde Dios.

La Tierra es del Señor

-ella es el reino del amor,

que obra en y a través de nosotros.

La Vida, la gloria del Padre,

obra en nosotros y a través de nosotros

-de eternidad a eternidad.

Conforme al sentido de esta alabanza será la vida de los que vivan en el Reino de Paz de Jesucristo. Vivirán en Mí, el Cristo, y Yo viviré a través de ellos; y juntos viviremos en el Dios Padre-Madre, y el Padre vivirá a través de nosotros de eternidad a eternidad.

7. “Porque si perdonáis a otros hombres su culpa, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres su culpa, tampoco vuestro Padre en el Cielo os perdonará vuestra culpa.

8. “Igualmente cuando ayunéis, no parezcáis tristes como los hipócritas, pues ellos desfiguran sus rostros para tener la apariencia de hombres que ayunan. En verdad os digo, ya tienen su recompensa.

9. “Yo os digo que jamás encontraréis el Reino de los Cielos, a no ser que os guardéis del mundo y de su malicia. Y jamás veréis al Padre en el Cielo, a no ser que guardéis el sábado y ceséis en vuestro afán de acumular riquezas. Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara, para no darte importancia ante los hombres con tu ayuno. Y el Uno santo, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 7-9)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El mandamiento de perdonar y pedir perdón tendrá validez hasta que todo lo que no corresponde a las leyes eternas haya sido expiado y purificado. El mandamiento de perdonar y pedir perdón pertenece a la ley de siembra y cosecha. Quedará abolido cuando todo lo humano haya sido expiado y cada alma haya llegado a ser un ser espiritual puro e inmaculado.

Hasta entonces tendrá por tanto validez el mandamiento: perdonad, y obtendréis perdón. Cuando pidáis perdón y vuestro prójimo os perdone, también os habrá perdonado vuestro Padre en el Cielo. Pero si pedís perdón y vuestro prójimo aún no os perdona, porque todavía no está dispuesto a hacerlo, tampoco os perdonará vuestro Padre eterno. Quien ha pecado contra su prójimo, también tiene que obtener perdón de parte de su prójimo. Sólo entonces quita Dios el pecado.

El eternamente Justo ama a todos Sus hijos -también a aquellos que todavía no tienen la fuerza para perdonar-. Si sólo perdonara al que dio ocasión de que se pecase, y no perdonara al que ha sido seducido por éste a cometer un pecado y que todavía no puede perdonar -¿dónde estaría en ello la justicia de Dios?-. Ambos podrán entrar en el Cielo tan sólo cuando sus pecados hayan sido saldados.

Por tanto, cuidad lo que sale de vuestra boca, y fijaos en si vuestros actos corresponden a la ley eterna, es decir, si son desinteresados. Con mucha ligereza se pronuncia o hace algo contrario a la ley divina -pero puede pasar mucho tiempo hasta que esté perdonado.

Si habéis pedido perdón y vuestro prójimo aún no está dispuesto a perdonaros, la gracia de Dios se incrementará en vosotros, envolviéndoos y apoyándoos -pero no quitará de vosotros lo que todavía no haya sido purificado-. La misericordia de Dios también se incrementará entonces en vuestro prójimo y le conducirá, respetando su libre albedrío, de manera que reconozca más pronto sus faltas, se arrepienta y os perdone. Sólo cuando os hayan perdonado todos aquellos contra los que hayáis pecado -es decir, cuando todo esté saldado-, podréis entrar en los Cielos, porque Dios habrá transformado entonces todo lo humano en fuerza divina.

Dios es omnipresente; por tanto también es activo en la ley de siembra y cosecha. También en todo lo negativo está lo positivo, Dios, la ley eterna. Cuando el hombre reconozca sus pecados y faltas y se arrepienta de ellos, se activarán en ellos las fuerzas positivas y fortalecerán al hombre que ha llegado a reconocer su culpa, para que purifique sus pecados con la fuerza de Cristo.

Comprended la ley de Dios, que es vida eterna de eternidad a eternidad -todo en todo: todo está contenido en todo; en lo grande, lo más pequeño, y, en lo más pequeño, lo grande; en el pecado, la fuerza para perdonar, y, en la fuerza que se libera por el acto del perdón, el elevarse a la vida interna, al eterno SER.

Por eso, también en lo negativo puede actuar lo divino -en el momento en que el hombre pida perdón de corazón, perdone y no vuelva a pecar-. No obstante, el hombre tiene que dar el primer paso hacia la vida interna.

Comprended: en todo lo que hagáis -ya sea que oréis, ayunéis o deis limosna-, si no lo hacéis desinteresadamente, sino para ser vistos por vuestros semejantes, ya habréis recibido vuestra recompensa de los hombres. En ese caso, Dios no os recompensará. Y si sólo ayunáis debido a vuestra obesidad, no aumentaréis el espíritu de vuestro Padre en vosotros. Pero quien acoja los alimentos en nombre del Altísimo, sea moderado y ayune de vez en cuando, para relajar su cuerpo y desintoxicarlo, para que la fuerza de Dios pueda abastecer a todas las células y órganos de forma correcta, se estará ejercitando de buena fe en aceptar y acoger la vida proveniente de Dios, a fin de vivir en ella. Y al mismo tiempo consagrará en la oración su vida a Dios, el Eterno, para de esta forma convertirse paulatinamente en oración vivida.

10. “Deberíais hacer de igual modo cuando os lamentéis por los muertos y estéis de luto, porque vuestra pérdida es su ganancia. No hagáis como aquellos que lloran delante de los hombres y se lamentan públicamente y desgarran sus vestidos, para que los demás vean su luto; pues todas las almas están puestas en las manos de Dios y todos aquellos que hayan hecho el bien reposarán con sus antepasados en el seno del Eterno.

11. “Orad, más bien, por su reposo y su ascenso, y considerad que están en la tierra del reposo que el Eterno les ha preparado y que recibirán la justa recompensa por sus actos. Y no os lamentéis como los que no tienen esperanza. (Cap. 26, 10-11)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien se lamenta por los muertos, todavía está lejos de la vida eterna, porque ve la muerte como final de la vida. No ha alcanzado todavía la resurrección en Mí, el Cristo. Se cuenta entre los espiritualmente muertos.

¡No os lamentéis por vuestros muertos! Porque quien se lamenta de la pérdida de un hombre, no piensa en el beneficio para el alma, la cual -en la medida en que haya vivido en Mí, el Cristo- entrará en ámbitos de consciencia más elevados de la vida; pues si su vida en la existencia terrenal estuvo en Dios, también estará en Dios en otra forma de existencia.

Comprended: lo temporal, la vida en el cuerpo, no es la vida del alma. El alma ha aceptado la carne sólo por un breve período de vida, para purificar y saldar en lo temporal lo que ha cargado sobre sí en diferentes vestidos terrenales. La Tierra hay que considerarla sólo como una estación de tránsito, en la que las almas en vestido terrenal purifican en breve lo que más allá de los velos de la consciencia -también llamados muros de niebla- no pueden superar tan pronto.

Cuando un alma abandona su vestido terrenal, el hombre sólo llora por el vestido del alma, y no está pensando en el alma, que se ha deslizado fuera del vestido.

Un alma luminosa, después de desprenderse de su cuerpo terrenal, es acompañada por seres luminosos, invisibles para el hombre, a aquel plano de consciencia que corresponde a la manera de pensar y vivir del hombre en el que esa alma estuvo encarnada.

Comprended: cada alma que ha abandonado el cuerpo, es atraída durante algún tiempo hacia los hombres con los que ha convivido como hombre. Si se entera de que sus antiguos familiares terrenales lloran por su envoltura, esto es muy doloroso para el alma. El alma todavía cercana a la Tierra se da perfecta cuenta de por qué sus parientes sólo se lamentan por su envoltura humana y por qué no es tenida en cuenta, como alma, por los que llevan luto. Un alma que tiene que darse cuenta de eso, siente en ello el primer profundo dolor de alma, después de desprenderse del cuerpo físico; pues se entera de por qué lloran los hombres y de por qué no la tienen presente con amor y hermanamiento. Ella ve más de un pensamiento egoísta de sus antiguos familiares terrenales. No puede hacer que ellos reparen en ella, porque no es percibida por ellos. Lo que dice, no lo oyen los hombres, y, lo que ve, ellos no lo ven. Pero el alma percibe mucho.

Os incito a la reflexión: ¿os lamentáis, cuando la serpiente cambia la piel, cuando deja atrás su piel y continúa serpenteando?

De forma parecida sucede con el alma. Ella abandona su cuerpo corruptible, su envoltura, y sigue su camino. ¡Vosotros, pues, lloráis la pérdida de la envoltura y no tenéis presente al alma! Quien tiene presente al alma, da gracias a Dios, que ha llamado al alma a regresar a Su regazo en la medida en que ésta ha aprovechado la vida en Dios estando en vestido terrenal, acercándose con ello más a El. Pensad que, para un alma luminosa, el desprenderse del cuerpo es una ganancia.

Y: si lloráis sólo ante los hombres por la pérdida de un hombre, fingís ante ellos. En realidad no tenéis presente ni al hombre ni al alma. Sólo pensáis en vosotros mismos. El alma que registra esto, se da cuenta de que no ha sido amada desinteresadamente, de que acaso sólo estaba ahí para el propio provecho de su prójimo.

Muchas almas tienen que darse cuenta de que en vestido terrenal fueron vividas por sus familiares y conocidos terrenales. Esto quiere decir que no pudieron desarrollarse a sí mismos, como seres humanos, ni vivir su carácter personal, porque tuvieron que hacer la voluntad de los que les exigían lo que para sí mismos era ventajoso. Muchas de estas almas ven lo que desaprovecharon durante su existencia terrenal, y -también por eso- vuelven a la existencia terrenal. Regresan a la Tierra pasando por los velos de la consciencia y, como alma, se hallan de nuevo entre aquellos que vivieron a través de ellas. Otras, en cambio, intentan vivir en la Tierra lo que no pudieron desarrollar como hombres.

Mientras haya hombres que estén atados a hombres o cosas -como pertenencias, riqueza y poder-, sus almas volverán a la Tierra y volverán a ponerse nuevos vestidos terrenales. Existen múltiples causas y motivos por los que las almas vuelven a encarnar. Si por ejemplo un alma se da cuenta de que está encadenada a sus parientes por pecados, con frecuencia se resigna y consiente al deseo de tomar un nuevo cuerpo. Animada por este deseo, vive en el plano de consciencia que corresponde a su estado de alma, y allí es instruida. Entre otras cosas, se le hace comprender el pro y el contra de una nueva encarnación. Ella encarnará cuando los astros en los que está registrado su pro y su contra -y por tanto también su camino terrenal- señalen el camino a la materia, y cuando en la Tierra sea engendrado un cuerpo terrenal que corresponda a su estado de consciencia como alma. En esta envoltura humana entrará durante el parto.

El hombre -que ha engendrado el cuerpo- y la mujer -en la que creció el embrión- han atraído a aquella alma con la que todavía tienen que purificar algo conjuntamente -o para recorrer junto con ella el camino del Señor, sirviendo desinteresadamente al prójimo.

Que el hombre no se fije sólo en su cuerpo, sino ante todo en el ser encarnado en éste, esforzándose en cumplir la voluntad de Dios y en no dejarse imponer la voluntad humana de segundos o terceros.

Comprended: también si decís, “yo hago la voluntad de mi prójimo para mantener la paz externa”, impedís a vuestra alma y también al alma de vuestro prójimo desarrollarse y desplegarse de la manera que sea buena para ambas. Os impedís a vosotros e impedís a vuestro prójimo el cumplir las tareas que vuestras almas han traído a la existencia terrenal: purificarse y liberarse de la carga del pecado que fue traída a la encarnación, acaso de vidas anteriores. Quien se deja tutelar por sus semejantes, es decir quien hace lo que otros dicen, aunque se da cuenta de que ese no es su camino, está siendo vivido y vive pasándosele de largo su verdadera existencia terrenal. El no aprovecha los días; está siendo utilizado por aquellos a los que sigue ciegamente, y por eso no conoce su camino, como hombre, por esta Tierra.

Quien ata a sus semejantes, imponiéndoles su voluntad, es comparable a un vampiro que chupa la energía de sus semejantes. No se conoce a sí mismo y al mismo tiempo se ata a sus víctimas -y viceversa, la víctima que se deja chupar también se ata a él-. En una de las vidas, ya sea en vestido terrenal o como alma en los ámbitos del más allá, serán de nuevo reunidos -y esto tantas veces como haga falta, hasta que se hayan perdonado el uno al otro.

Si dos se atan mutuamente -no importa si uno ha atado o se dejó atar-, ambos han cargado a su alma, y ambos tienen que purificar juntos, para que puedan ser restablecidos entre ellos el amor y la unidad.

Ninguno puede decir: “yo no sabía nada acerca de las leyes de la vida”. Yo os digo: Moisés os trajo los extractos de la ley eterna, los Diez Mandamientos. Y si los guardáis, no os ataréis los unos a los otros, sino viviréis en paz unos con otros.

Comprended: sólo el amor y la unidad entre unos y otros muestran a almas y hombres los caminos a la vida superior.

Dios, el eternamente bondadoso, tiende Su mano a cada alma y a cada hombre. Quien la tome, aprovechará su vida terrenal. Valorará los días y también podrá vivirlos de acuerdo con los mandamientos, purificando lo que cada día le muestre. Algún día caminará y reposará en Dios, como alma, con todos aquellos que igualmente hayan aprovechado su existencia terrenal, reconociendo y superando día a día conmigo, el Cristo, lo que los días les trajeron y mostraron -alegría y pena.

Y si no lloráis -pensando en vosotros mismos- por la envoltura mortal de la que vuestro prójimo se desprendió, sino que os alegráis en el espíritu de que el alma, estando en vestido terrenal, reconociera su vida espiritual y se preparara para ella, oraréis alegres al Padre por vuestro prójimo, a través de Mí, el Cristo. Enviaréis fuerzas del amor al alma que ahora está más cerca de Dios, a fin de que pueda encaminarse a planos más elevados, para unirse cada vez más con Dios.

El alma siente la alegría y la pena de sus familiares. Las almas que desencarnaron en Mí, el Cristo, se sienten unidas a través de Mí, el Cristo, con todos los que todavía caminan en vestido terrenal. La alegría del alma de que sus familiares la tengan presente con amor, la llena de fuerza.

Comprended: las oraciones desinteresadas hechas con amor donan al alma peregrina fuerza y vigor en su camino a lo divino. En vuestras oraciones desinteresadas siente el hermanamiento y recibe fuerza incrementadamente. Con ello se desprenderá más pronto de lo que todavía tiene de humano, y con esto se volverá libre para Aquel que es la libertad y el amor -Dios, la Vida. La recompensa de Dios es grande para cada alma que se esfuerza seriamente en cumplir la voluntad de Dios.

Comprended: sólo carece de esperanza el que de su fe sólo habla, sin vivir lo que aparenta creer. En último término, el escéptico no cree lo que finge creer. De ahí se va formando la desesperación.

12. “No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, que la polilla y el orín corroen y los ladrones desentierran y roban. Acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, y donde los ladrones no excavan ni roban; pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

13. “Las luces del cuerpo son los ojos. Por eso, si ves con claridad, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si te faltan los ojos o si ellos están nublados, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Si, pues, la luz que hay en ti es tiniebla, ¡cuán grandes serán las tinieblas!

14. “Nadie puede servir a dos señores. O bien odiará al uno y amará al otro; o bien, adhiriéndose al uno, despreciará al otro. No podéis servir al mismo tiempo a Dios y a Mammon [la riqueza]. (Cap. 26, 12-14)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Sólo acumula tesoros en la Tierra el hombre que no cree en Dios, en Su amor, sabiduría y bondad. Muchos hombres fingen creer en Dios; sin embargo, ¡por sus obras los reconoceréis! Muchos hombres hablan del amor y de las obras de Dios -mas sólo por sus actos les reconoceréis.

Muchos hombres hablan del reino interno y de la riqueza interna y, sin embargo, trabajan para llenar sus propios graneros y acumulan riquezas terrenales para sí mismos, a fin de ser bien vistos por los hombres.

Quien sólo se fije en su bien personal, no presentirá al ave rapaz que ya ha alzado sus alas para destruir el nido y arrebatar la riqueza que el rico, el constructor del nido, llama propiedad personal suya.

En cambio, quien aspire en primer lugar al Reino de Dios, acumulará valores internos, tesoros internos. Recibirá también en lo temporal todo lo que necesite, y más aún.

Quien sea rico internamente, no sufrirá necesidades externas. Pero quien sea rico externamente y acumule sus riquezas, algún día sufrirá necesidades. A quien acumule tesoros en la Tierra, le serán quitados, para que se acuerde del tesoro del interior y pueda entrar en la vida, en la riqueza interna.

Al alma le faltará luz divina hasta que aspire en primer lugar al Reino de Dios. Y mientras en la Tierra aún sea posible, el alma pobre en luz encarnará de nuevo en un cuerpo pobre en luz, y quizás viva en la pobreza entre los pobres. El reconocimiento llegará, de que el tesoro, la riqueza, está únicamente en Dios.

Aquel cuyo corazón esté cerca de Dios, será rico en valores internos, y entrará en el reino de la paz. Yo, Cristo, os doy una medida para que os deis cuenta de dónde os encontráis -en la luz o en las sombras-: “pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”; allí estará algún día vuestra alma.

Tened en cuenta: ¡quien lea estas palabras y se encuentre en el cambio del viejo al Nuevo Tiempo, debería darse prisa para poder hallar aún su vida espiritual!; pues cuando el Nuevo Tiempo, el tiempo del Cristo, se haga manifiesto en toda la Tierra y la vida interna se viva, no habrá más encarnaciones para aquellos que aspiren a valores externos. Tampoco habrá más encarnaciones para los ricos terrenales, para que expíen, como los más pobres entre los pobres, lo que desatendieron como ricos.

Cuando el Reino de Paz de Jesucristo haya dado más pasos evolutivos, no habrá ni pobres ni ricos. Todos los hombres serán entonces ricos en Mi espíritu, ya que habrán abierto el reino interno. También vivirán en la nueva Tierra del modo que a ello corresponde, bajo otro cielo.

Por tanto, estad preparados para servir a Dios y, por amor a Dios, también a vuestros semejantes.

Comprended: nadie puede servir a dos señores, a Dios y a Mammon [la riqueza]. Unicamente el amor desinteresado une a todos los hombres y pueblos. El hombre en la Tierra y el alma en los lugares de purificación -ambos serán algún día llevados a decidirse: a servir a Dios, o a Mammon [la riqueza]; a estar a favor, o en contra de Dios-. No hay nada entre medio: a favor de Dios, o a favor de lo satánico.

15. “Por esto os digo: no os inquietéis por vuestra vida, sobre qué comeréis y beberéis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? ¿Y de qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?

16. “Mirad las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No estáis vosotros mucho más cobijados que ellas? ¿Quién podría entre vosotros añadir a su estatura un solo codo, si lo quisiera? ¿Y por qué os preocupáis tanto por vuestras vestiduras? Mirad los lirios en el campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan. Y en cambio os digo que Salomón, en todo su esplendor y gloria, no estaba tan bien ataviado como ellos.

17. “Pues, si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así viste, ¿no os vestirá mucho más a vosotros, oh hombres de poca fe?

18. “No os preocupéis pues, preguntándoos: ¿qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? (Como hacen los paganos). Pues vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todo eso. Aspirad primero al Reino de Dios y a Su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mal de mañana; basta con que cada día tenga sus propios males”. (Cap. 26, 15-18)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien se preocupa por su vida personal, por su bien -por lo que por ejemplo comerá o beberá mañana o con qué tendrá para vestirse-, es un mal planificador, pues de este modo sólo está pensando en sí mismo, en su propio bien y en lo que posee. Con ello también esta planificando, a la vez, su dolor y su pena.

Quien en cambio cumple la voluntad de Dios, es un buen planificador. Planificará tanto sus días como su futuro. Pero sabe que sus planes sólo son proyectos que reposan en las manos de Dios.

El pone su planificación en las manos de Dios, trabaja con las fuerzas de Dios y se deja conducir también en los acontecimientos diarios por Dios, porque sabe que Dios es el Espíritu omnisapiente y la riqueza de su alma. Quien se confíe a Dios, ponga su diario quehacer en la luz de Dios y cumpla la ley “ora y trabaja”, recibirá la justa recompensa. Poseerá todo lo que necesite.

Si Dios, el Eterno, adorna a la naturaleza y viste a los lirios del campo, ¡cuánto más alimentará y vestirá al hijo Suyo que cumpla Su voluntad! Por tanto, no os preocupéis por el mañana, sino planificad y entregad vuestro plan a la voluntad de Dios -y Dios, que conoce vuestro plan, os concederá lo que sea bueno para vosotros.

Daré un ejemplo: un buen arquitecto planificará concienzudamente la casa, teniendo en cuenta todos sus detalles. Cuando haya terminado su plan, lo repasará una vez más y se lo presentará al constructor para su examen. Si éste está de acuerdo con el plan, los obreros trabajarán según el plan. El arquitecto y el constructor supervisarán la ejecución y sólo intervendrán cuando algo no corresponda a la planificación.

De forma similar deberíais hacer en vuestra vida: ¡planificad cada día, y planificad bien! Concedeos también tiempo para horas de reflexión y recogimiento, en las que encontréis la tranquilidad interna y podáis repensar una y otra vez vuestra vida y vuestra planificación. Una planificación diaria concienzuda, que haya sido entregada a la voluntad de Dios, también la traspasará Dios con Su voluntad. Quien lleva a cabo su plan de esta forma, no necesita preocuparse por el mañana. Su fe en la conducción de Dios son los pensamientos positivos; de éstos resultan palabras positivas y un actuar legítimo. Pensamientos, palabras y actos positivos son las mejores herramientas, pues en ellos obra la voluntad de Dios. Esto significa que en cada pensamiento positivo, en cada palabra desinteresada y en cada gesto y acción desinteresados obra la voluntad de Dios, Su Espíritu. Dios dará al buen planificador todo lo que necesite, y más aún.

Sólo se preocupa por el mañana quien no se confía a Dios y deja pasar los días sin aprovecharlos. Quien vive al día y le echa la culpa a su prójimo cuando algunas cosas le salen mal, cuando está enfermo, cuando tiene hambre o cuando no puede adquirir lo necesario para la vida diaria -ése no es un buen planificador-. Es una persona miedosa, egocéntrica, que atrae lo que no desea y de lo cual tiene miedo. Quien no planifica las horas, días y meses con la ayuda de Dios, poniendo su planificación y a sí mismo en la voluntad de Dios, no puede ser conducido por Dios. Sólo quien confía su tarea diaria a Dios y cumple concienzudamente el mandamiento “ora y trabaja”, puede ser conducido por Dios, siendo colmado por El -está lleno de amor, sabiduría y fuerza-. Esto significa que su recipiente, su vida, estará colmada de confianza y fe en Dios.

Los hombres que estén en el espíritu de Dios no sufrirán necesidades. Son buenos planificadores, son fuertes en la fe y trabajan con las fuerzas del Espíritu. Sólo el miedoso se fija en sí mismo, en su pequeño yo. Se preocupa por el mañana, porque no está arraigado en Dios y no cree en la sabiduría y en el amor de Dios. Con ello abre inconscientemente los graneros para los ladrones, que vendrán y le robarán; perderá lo que ha conquistado y acumulado para sí mismo.

De la mano de Dios reciben los hombres alimentos, cobijo y ropa. Quien pone su vida, su pensar y trabajar en las manos de Dios, no necesita preocuparse por el mañana. Poseerá lo que hoy, mañana y en el futuro necesite -y más aún.

Por tanto, quien viva en el reino interno, no sufrirá necesidades en lo externo. Pero quien sea pobre en su interior, sufrirá necesidades en lo externo. Si hoy vive externalizado y acrecienta riquezas del mundo para sí mismo, guardándolas para sí, es pobre en su interior y, en otro vestido terrenal, sufrirá necesidades, es decir será pobre.

Por tanto, aspirad en primer lugar al Reino de Dios y a Su justicia, y os será dado por Dios todo lo que necesitéis -y más aún-. Mirad las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en sus graneros y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. “Mirad los lirios en el campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan”. La naturaleza, en su diversidad, está más bellamente vestida que el más rico entre los ricos. Quien sólo piense en su bien y en sus graneros llenos, tendrá que ganarse el pan con el sudor de su frente, ya sea en esta forma de existencia terrenal, o en otra encarnación -mientras esto aún sea posible.

Orar y trabajar correctamente significa trabajar para sí mismo y para el bien común. Comprended: los lirios del campo -sí, toda la naturaleza- están ahí para todos los hombres y se les regalan en la más grande diversidad. Quien pueda captarlo y apreciarlo, no tendrá que ganarse el pan con el sudor de su frente. Cumplirá la ley “ora y trabaja” -para sí mismo y para su prójimo.

Y si está escrito, “…no trabajan ni hilan”, esto significa: el hombre no debe sólo pensar en sí mismo y trabajar sólo para conseguir beneficios que únicamente son para sí mismo, para con ello adornarse y hacerse ver.

Comprended: todo lo que es, está amparado por Dios. Animales, árboles, plantas, hierbas y piedras están amparados por Dios. Están en la vida evolutiva, que es dirigida por el Dios creador eterno. Dado que toda vida procede de Dios, también los animales, los árboles, las plantas, las hierbas y las piedras sienten. Experimentan en sí la fuerza evolutiva del Creador, que los vivifica y que en el ciclo de los eones divinos los conduce a seguir desarrollándose. La fuerza creadora, el eterno SER, regala a los reinos de la naturaleza lo que necesitan. Los dones de la vida fluyen a las formas de vida en la medida en que están espiritualmente desarrolladas.

El Padre eterno tiene presente a cada hierbecita. ¡Cuánto más tendrá presentes el Eterno a Sus hijos, que ya han desarrollado en sí los peldaños evolutivos de los reinos mineral, vegetal y animal! Los hijos de Dios llevan en sí mismos el microcosmos proveniente del macrocosmos, y por consiguiente están en comunicación con todo el infinito.

¡Cuán pobre es el hombre que se preocupa por el mañana! El mismo muestra que no ha superado todavía el ayer, puesto que no puede vivir en el hoy, en el ahora, es decir en Dios.

El interior del hombre, el puro SER, es la esencia del infinito. Quien, siendo hombre, capte esto, mirará hacia el interior y desarrollará las leyes de la vida, de modo que pueda contemplar todo lo externo a la luz de la verdad.

Comprended: al hombre que piense y viva de forma omniabarcante -es decir, sin límites-, le servirá el infinito. Los hombres que están en el espíritu del amor no se centran en sí mismos, sino que son conscientes de la totalidad. Están en comunicación constante con las fuerzas de Dios en todo lo que es. Lo que hacen, lo hacen desde el interior, con la fuerza del amor. Planifican y obran según el mandamiento “ora y trabaja”, y no desperdician los días. Saben del valor de los días, de las horas y minutos, y aprovechan el tiempo.

Así pues, quien en verdad vive, no se preocupa por el mañana; ya está recibiendo hoy lo que poseerá mañana, pues quien viva en Dios, no sufrirá necesidades, ni hoy ni mañana. Pero quien permanezca en el temor y retenga sus bienes, mañana será pobre.

Sin embargo, quien se vea como un ser cósmico, que cumple la voluntad de Dios sin ponerle límites, alcanzará sabiduría y fuerza. La vida de quien está lleno de amor y sabiduría, está traspasada por la fuerza de Dios. Nada le faltará. En cambio, quien se preocupe por el mañana y vea negro el futuro, atraerá el mal y cada día tendrá algo que le pese.

¡Por tanto, no penséis con temor en el mañana! Planificad con la fuerza de Dios -y dejad que el Eterno obre a través de vosotros-. Entonces vuestros pensamientos serán imanes positivos que a su vez atraerán lo positivo y constructivo; pues pensamientos, palabras y acciones son imanes que, a su vez, atraen cosas iguales o parecidas, análogas a su naturaleza.