Alfa y Omega La manifestación de Cristo que el mundo no conoce Jesús libera a los animales

Alfa y Omega

La manifestación de Cristo


que el mundo no conoce

Jesús libera a los animales


Capitulo 28

Jesús libera a los animales y confirma a Juan el Bautista

La Caída: la condensación de la energía hasta llegar a la materia. El cuerpo espiritual en el cuerpo del hombre. El embrutecimiento de los hombres. Abusos cometidos contra las criaturas y la Creación. El hombre dominador. Superstición, dioses castigadores, sacrificios de sangre. Los amonestadores de Dios señalan el camino. Los experimentos con animales son para Dios una atrocidad (1-3). El que es puro reconoce lo puro. Los alimentos, un regalo de Dios (4). La lucha de las tinieblas contra el plan de Dios y Sus profetas justos. Instrumentos de las tinieblas. Los falsos profetas no son combatidos por ellas (16)

1. Aconteció un día, al terminar Jesús Su predicación, que en un lugar cerca de Tiberíades, donde hay siete fuentes, un joven trajo conejos vivos y palomas, para que El los comiera con Sus discípulos.

2. Y Jesús miró al joven con amor y le dijo: “tienes buen corazón y Dios te iluminará, pero ¿no sabes que Dios en el principio dio al hombre para alimento los frutos de la tierra y no por eso lo creó inferior al mono o al buey, al caballo o a la oveja, para que matara a las demás criaturas y consumiera su carne y su sangre?

3. “Vosotros creéis que Moisés ordenó justificadamente que tales criaturas fuesen sacrificadas y comidas, y así hacéis en el templo; pero ved que hay aquí -y viene- alguien más grande que Moisés, para terminar con los sacrificios de sangre de la Ley y los festines y para restaurar la ofrenda pura y el sacrificio incruento, como era al principio, es decir los granos y los frutos de la tierra. (Cap. 28, 1-3)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Vine en Jesús de Nazaret a este mundo, para dar testimonio de Dios, Mi Padre, y de todo lo que Dios ha creado.

A partir del primer pensamiento de la Caída -querer ser como Dios-, se originó la Caída. Los seres de la Caída, y con ellos todos los hijos de Dios que con tentaciones y promesas se dejaron seducir por ellos, recibieron de las manos bondadosas del Eterno -que ama a todos Sus hijos y los ve eternamente en sí mismo como seres puros- partes de soles espirituales y de planetas espirituales. Estas partes de soles y planetas espirituales cayeron con los seres de la Caída y se convirtieron paulatinamente -en espacios de tiempo inmensos de la degradación de sustancias sutiles en condensaciones cada vez más gruesas- en materia. Contenían también reinos espirituales -mineral, vegetal y animal-, que siguieron el mismo desarrollo hasta volverse materia. Esto significa: la luz en las formas espirituales disminuyó más y más. En la medida en que menguó, los cuerpos espirituales de los hijos de Dios empequeñecieron: se contrajeron más y más en sí mismos. Al mismo tiempo se formó paulatinamente el hombre -la envoltura externa, que entonces envolvió al cuerpo espiritual empequeñecido y pobre en luz.

Sabed: el cuerpo espiritual se compone de partículas espirituales. En ellas se encuentran los átomos espirituales, en los que están registradas las fuerzas de los atributos y de las cualidades espirituales de Dios. Con la disminución de la luz, muchas partículas comenzaron a encajar las unas dentro de las otras, acogiéndose dentro de sí, unas partículas a otras.

Los sentimientos, pensamientos y modo de actuar contrarios a la ley divina de los hijos de la Caída y de los que ellos habían seducido, efectuaron así la transformación de energías cósmicas, desde la sustancia sutil a la sustancia gruesa. Cuanto más se apartaron de Dios los seres de la Caída y los por ellos seducidos, mediante sus pensamientos, deseos y actos contrarios a la ley divina, tanto más aumentó la condensación, de manera que el cuerpo de sustancia sutil se empequeñeció aún más, y el de materia gruesa se hizo más denso.

La Caída produjo por tanto una especie de mutación: una parte de las fuerzas espirituales puras del cuerpo se transformó en energías de baja vibración, a partir de las cuales poco a poco se formó el cuerpo humano. En el transcurso de esos tiempos, el cuerpo espiritual en el cuerpo humano llegó a ser el portador energético espiritual en el organismo humano. El cuerpo espiritual contraído -lo que también significa encajado- permaneció en la envoltura hombre y es el transformador de la fuerza vital en el hombre. Sin este cuerpo espiritual -el alma- el hombre no puede por tanto vivir.

Los reinos mineral y vegetal de esta Tierra reciben sus fuerzas vitales de la Fuerza primaria, el Espíritu universal, a través del planeta parcial espiritual existente en la Tierra, que está envuelto en la materia, la Tierra. Los animales de la Tierra, que también se formaron en el transcurso de la condensación, han contribuido y contribuyen al equilibrio de las fuerzas en la naturaleza. Algunas especies animales, que todavía no tienen un alma parcial, reciben igualmente su fuerza vital del planeta parcial espiritual existente en la Tierra. Otras especies animales, que ya tienen alma parcial, es decir partículas espirituales potenciadas, son vivificadas directamente por la Fuerza primaria, sin intercalación del planeta parcial espiritual existente en la Tierra.

Dios, el Eterno, dio todo a Sus hijos humanos -la Tierra con sus plantas, frutos, semillas y fuentes de agua-, para que también puedan alimentar a su cuerpo físico. Los primeros hombres se alimentaron de plantas, frutos y semillas, y bebieron de las fuentes de agua. Los animales eran sus amigos y ayudantes. En este proceso de desarrollo se originó también el engendrar cuerpos físicos.

En el transcurso de los tiempos, el género humano se embruteció cada vez más. Creció la codicia, el querer poseer, ser y tener, y con ello crecieron al mismo tiempo los deseos y apetitos sensuales. Los hombres transformaron los dones de Dios, con una elaboración cada vez más compleja, e incrementaron con ello sus apetitos, con sus correspondientes satisfacciones. El hombre comenzó a desear a la mujer y tomó varias mujeres. El “deseo de la carne”, el desear el cuerpo de la mujer, se incrementó. A el engendrar a un hijo precedió cada vez más el deseo sensual y su satisfacción.

Tal como se incrementaron los deseos sensuales, se volvieron los apetitos de los hombres hacia el mundo animal. Hubo caza y matanza y preparación de la carne y su consumo. El hombre se comportó entonces de forma similar a un caníbal. Los animales se volvieron enemigos de los hombres, porque fueron cazados por éstos y por tanto atemorizados.

Por todo esto, el género humano se apartó cada vez más de Dios. Los hombres consideraron los dones de Dios -no sólo a plantas y animales, sino también a la Tierra y a sus semejantes- como propiedad suya. Ya no eran hermanos y hermanas entre sí, sino que subyugaron a sus iguales y los llamaron esclavos suyos. Les hicieron trabajar bajo su yugo y en la esclavitud como a los animales, e incluso los trataron como a una mercancía. De esta forma surgió el hombre dominador.

Los hombres dominadores dividieron la Tierra en parcelas, a las que consideraron como propiedad suya y se autolimitaron dentro del “mío y tuyo”. Quien no sustraía un trozo del gran pastel Tierra o quien sólo poseía un pequeño trocito de tierra, era criado, criada o esclavo del señor. Este hacía trabajar a sus semejantes para él y explotaba a hombres y animales, es decir a sus esclavos. Muchos de los esclavos se desplomaban muertos por agotamiento. Sus vidas no tenían valor para el hombre dominador -a no ser que se tratara de una esclava que tomaba para satisfacer sus deseos sensuales, a la que mantenía presa como a un pájaro en la jaula.

El hombre dominador robó a sus hermanos, privándoles de una parte de la Tierra. En posteriores épocas, la Tierra fue dividida en países y se formaron fronteras nacionales.

A consecuencia del embrutecimiento de la humanidad, la Tierra comenzó a defenderse: los fenómenos de la naturaleza se incrementaron, convirtiéndose en catástrofes -son las consecuencias de infracciones de la ley por parte de los hombres-. Estos ahora estaban sin amparo, a merced de las fuerzas de la naturaleza, de modo que una y otra vez los hombres fueron víctima de las catástrofes.

Como a los hombres les faltaba la comprensión de este desarrollo, se imaginaron que las fuerzas de la naturaleza eran dioses que, de modo arbitrario, les eran hostiles o favorables y les enviaban las catástrofes. De esta manera, los hombres se apartaron cada vez más del único Dios del amor y de la verdad, el Creador del Cielo y de la Tierra, se olvidaron de El y adoraron a sus dioses.

Así comenzó la superstición. El hombre dominador, que despreciaba la vida, que daba poca importancia a los animales y a los hombres -y llamaba a estos últimos esclavos suyos-, ofrecía a esos dioses sacrificios humanos y de animales, para inclinarlos a su favor.

Comprended: Todo esto es un crimen y un pecado contra los hombres y los reinos de la naturaleza -y contra Dios, la ley de la vida.

Con los profetas de Dios y muchos hombres y mujeres iluminados que volvieron a traer la verdad a los hombres, comenzó muy paulatinamente el regreso al Dios único.

Moisés trajo -del único Dios eterno del amor y la verdad- los Diez Mandamientos. El ordenó a los israelitas que no mataran a las criaturas de Dios y que no las comieran. Los israelitas no siempre escucharon a Moisés; especialmente cuando cayeron sobre ellos sus propias causas como efectos, volvieron a acordarse de sus dioses y comenzaron de nuevo con el viejo ritual del sacrificio.

Una y otra vez se presentaron los amonestadores de Dios. Una y otra vez se le explicó al pueblo que sólo existe un Dios único. El gran profeta Isaías, que en el Cielo es el portador de la Sabiduría divina, anunció al Mesías, el portador de la vida y de la luz para todas las almas y hombres.

La anunciación se cumplió: Yo, Cristo, vine en Jesús a los hombres y Me convertí en el Hijo del hombre. Vine para indicar a los hombres el camino de salida del pecado y de la esclavitud. En Jesús de Nazaret enseñé las leyes de Dios y di ejemplo con Mi vida a los hombres. Pero la humanidad no Me reconoció.

Enseñé a los hombres a amarse los unos a los otros, a amar a los animales, a respetar a la naturaleza, a reconocer a la Tierra como a la madre en cuyo seno viven y trabajan los hijos humanos. Enseñé a los hombres la igualdad, la libertad, la unidad, la fraternidad y la justicia; enseñé que no habían de dividir la Tierra, sino compartir todo fraternalmente.

Con ello comenzó la evolución -es decir, los hombres volvieron a orientarse paulatinamente a Dios.

Primero fue abolida la creencia en dioses, después el sacrificio de hombres, y en el transcurso posterior del tiempo el sacrificio de animales. Actualmente, en el cambio de era del viejo al Nuevo Tiempo, acabaré con los crueles experimentos con animales, la matanza de animales y el consumo de sus carnes. Oh comprended: es un tiempo de evolución -volver del revés lo antiguo, para que pueda surgir la espiritualidad.

Oh captad: Yo vine en Jesús de Nazaret. Expliqué las leyes a los hombres y también viví la vida en la ley de Dios, dando ejemplo a los hombres. En el Gólgota Me convertí en Redentor de todas las almas y hombres.

Vuestro Redentor es ahora también vuestro Guía para el Nuevo Tiempo, el tiempo del Cristo, que Yo Soy. Cada vez más hombres se apartan de la matanza y del consumo de animales. Cada vez más hombres ven a la Tierra como un todo, como su sustentadora, como una parte de su vida. Se alimentan de lo que la Tierra les regala, y también lo preparan legítimamente. En el transcurso de las generaciones se formará muy paulatinamente el género humano que conozca las leyes de Dios, las guarde y se alimente correspondientemente. Yo vine en Jesús de Nazaret para enseñar y vivir las leyes dando ejemplo, y para así también suprimir los sacrificios de sangre y el consumo de animales y abolir los festines. He venido a formar un nuevo género humano que cumpla la voluntad del Padre eterno, que es el único Dios, de eternidad a eternidad.

4. “De lo que ofrezcáis a Dios en pureza, comeréis, pero de lo que no ofrezcáis en pureza no comeréis, pues llegará la hora en que terminen vuestros sacrificios y fiestas sangrientos y adoréis a Dios en santa adoración y en ofrenda pura. (Cap. 28, 4)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien sea de corazón puro, vivirá de lo que la Tierra le regale. Agradecerá todo y honrará a Dios en todo. También ofrendará sus alimentos a Dios con un corazón puro. Sólo comerá los alimentos que Dios le ofrece a través de la madre Tierra. El que es puro de corazón reconoce lo puro y vive en esto y con esto.

El que es impuro sólo conoce lo impuro, y con ello crea más inmundicias y vive en ellas.

Mi venida está manifestada. ¡Preparadme a Mí, el Cristo de Dios, los caminos en vosotros, pues el Reino de Dios, del que Yo vengo, está dentro de vosotros!

Preparaos para Mi venida y examinad vuestra vida día a día, examinad si está en la voluntad de Dios. Si os dais cuenta de que vuestras sensaciones, pensamientos, palabras y actos no concuerdan con la voluntad de Dios, cambiadlos en seguida. Esto también lo debéis tener en cuenta cuando coméis y bebéis.

Debéis recibir agradecidos los dones de Dios y comer aquellos alimentos que corresponden a la ley divina. Consagrad vuestro corazón puro a Dios, para que seáis los consagrados por la vida, que guardan las leyes de Dios.

Ya está cerca la hora en la que cada uno debe rendir cuentas por lo que ha hecho a los hombres, a la naturaleza y a los animales. Está alboreando el Nuevo Tiempo, en el que acabarán los sacrificios sangrientos y los experimentos con animales, y también la matanza y el consumo de animales, pues éstos son también el prójimo animal de los hombres. La Tierra se está limpiando de todo lo inferior. En lugar de lo que es contrario a la ley divina habrá una vida más elevada, en la que se cumplirá cada vez más la voluntad de Dios.

Los hombres en el Nuevo Tiempo no sólo adorarán a Dios, sino que guardarán Sus leyes.

5. “Poned, pues, en libertad a estas criaturas, para que se alegren en Dios y no traigan culpa a los hombres”. El joven las liberó y Jesús rompió sus jaulas y sus cuerdas.

6. Sin embargo, he aquí que temían ser cautivadas de nuevo y no querían irse de Su lado; pero El les habló y les dijo que se fueran, y obedeciendo Sus palabras se marcharon llenas de alegría.

7. Mientras aún estaban sentados al lado del pozo, que se hallaba en medio de los otros seis, Jesús se levantó y exclamó: “dejad que aquellos que tienen sed vengan a Mí y beban, porque Yo les daré del agua de la vida.

8. “De los corazones de los que crean en Mí, manarán ríos de agua, y ellos hablarán con poder de lo que les ha sido dado, y su enseñanza será como agua viva.

9. (Esto dijo El acerca del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en El, pues aún no se había vertido la plenitud del Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado).

10. “Quienesquiera que beban del agua que Yo daré, nunca más tendrán sed; mas el agua que viene de Dios será en ellos como un manantial que manará hasta la vida eterna”.

11. En aquellos días Juan envió a dos discípulos, para preguntarle: “¿eres Tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?” Y en esa hora El curó muchas enfermedades y pestilencias, expulsó a diablos y a muchos ciegos les devolvió la vista.

12. Jesús respondió diciéndoles: “volveos y referid a Juan lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y el evangelio es predicado a los pobres. Y bendito el que no se escandalice de Mí”.

13. Cuando los mensajeros de Juan se hubieron ido, comenzó Jesús a hablar de Juan a la muchedumbre: “¿qué habéis ido a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿A un hombre en blandas vestiduras? He aquí que los que se engalanan ricamente están en los palacios de los reyes.

14. “¿O qué habéis ido a ver? ¿A un profeta? Os digo que sí; y el más grande de los profetas.

15. “Este es, pues, de quien está escrito: he aquí que Yo envío a Mi mensajero delante de Ti, a preparar Tus caminos delante de Ti. Pero Yo os digo que, entre los nacidos de mujer, no hay profeta más grande que Juan el Bautista”.

16. Y todo el pueblo que Le escuchaba y los publicanos alabaron a Dios y recibieron el bautismo de Juan; pero los fariseos y los doctores de la Ley rechazaron el plan de Dios para con ellos, no haciéndose bautizar por él. (Cap. 28, 5-16)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En todos los tiempos los fariseos, escribas y defensores de la ley fueron los enemigos de los profetas justos. Sus prejuicios y su afán de notoriedad y de querer saberlo todo mejor que sus semejantes, les incitaron a la contienda una y otra vez, para luchar contra los mensajeros de Dios. Una y otra vez han sido y son los fariseos, escribas y defensores de la ley los que han tenido y tienen miedo de perder su rango y su prestigio.

El que viene de las tinieblas conoce el deseo de Dios y siente la fuerza que parte de los verdaderos profetas e iluminados. Ante los ojos y las mentes de los que se han apoderado de alguna que otra cosa del poderoso potencial Tierra, los grandes profetas e iluminados son sus enemigos, que quieren quitarles lo que al fin y al cabo no les pertenece. Por eso han luchado y siguen luchando también en el tiempo actual [1989] contra el profeta justo y los iluminados, los desprecian y persiguen, los ridiculizan y vierten escarnio y burla sobre ellos.

El que viene de las tinieblas conoce el mensaje y el linaje de todos los grandes profetas e iluminados y también sabe de quién es la sangre que fluye en sus venas. En todos los grandes profetas e iluminados -desde Abraham, pasando por Moisés, Daniel e Isaías, hasta llegar a la actual [1989] gran profetisa instructora de Dios- obra la misma fuerza: el SER primario de Dios, la luz proveniente del Santuario de Dios. Muchos hombres y mujeres, igual que Yo en Jesús de Nazaret, hemos venido y venimos -según la carne- de la estirpe de David. Esta estirpe de Cristo-David tiene sus raíces en el Santuario de Dios, y en Mí, el Cristo de Dios, la misión espiritual, es decir: liberar conmigo todo lo que está atado.

Un signo de autenticidad de un verdadero gran profeta es que sea perseguido, difamado, despreciado, escarnecido y burlado con los respectivos medios y métodos de que cada época dispone.

Esto sucedió así en los tiempos pasados, en la Antigua Alianza, esto Me sucedió cuando caminé por la Tierra en Jesús de Nazaret -y vuelve a suceder actualmente [1989] a la profetisa de Dios-. El pasado se convierte una y otra vez en presente, porque una y otra vez encarnan aquellas almas que ya como hombres, en existencias anteriores, perseguían y mataban a los profetas. ¡Su misión de hacer esto, viene de abajo!

Comprended: cuando en el tiempo final el mundo pecaminoso desaparezca y se forme la nueva humanidad, aparecerán muchos llamados profetas. Quien sólo habla, y se hace pasar por profeta, pero no manifiesta la palabra en su profundidad, no es un profeta. No será ni atacado, ni puesto en duda ni perseguido por los fariseos, escribas y defensores de la ley, ya que hablará al gusto de ellos.

Tales llamados profetas incluso son apoyados por las tinieblas, porque seducen a los hombres mediante su forma de hablar “espiritual”, que no está traspasada por el fuego del Espíritu Santo. Las palabras de quien sólo habla por amor a sí mismo, no están vivificadas por el Espíritu de la verdad. Tampoco salta ninguna chispa vivificante a los oyentes, con lo que en ellos tampoco se produce movimiento alguno hacia lo espiritual.

¡Por lo tanto, examinad!

Para todos los verdaderos profetas e iluminados y para todos aquellos que realizan la palabra de Dios, Su ley sagrada, rigen Mis palabras: “si Me han perseguido a Mí, también os perseguirán a vosotros”.