CONFERENCIA SOBRE LA REFORMA PROTESTANTE

CONFERENCIA SOBRE LA REFORMA PROTESTANTE

OFRECIDA POR EL DR. AURELIO A. GARCÍA

Y Adaptada para el Programa de Estudios Laicales

del Presbiterio de San Juan

30 de agosto de 2007

 

            Reclamo y confrontación: El impacto de la Reforma Protestante Ayer y Hoy

 

Contexto presente

 

En el tiempo y en el espacio en que nos situamos, Puerto Rico a los albores del siglo XXI, el tema de la Reforma Protestante nos puede parecer un tema ajeno y distante a nuestra experiencia.  En Puerto Rico no cultivamos una conciencia histórica que vaya más allá de lo que pueda usarse para defender posiciones en nuestra eterna controversia sobre la identidad de la nación y su destino.  Sin embargo, la Reforma Protestante nos continúa impactando de maneras directas e indirectas.  De forma directa, podemos hacer un alto, mirar en derredor, y comprobar que más de 4000 congregaciones cristianas en Puerto Rico se derivan directa o indirectamente del gran movimiento reformatorio del siglo XVI en Europa.  Los miembros y allegados de estas comunidades constituyen, según estadísticas que el San Juan Star  publica regularmente, el 40% de la población puertorriqueña.  De forma indirecta, muchos de los factores que determinan la modernidad o surgieron en la Reforma, o fueron impulsados por los cambios que generó ese movimiento en la sociedad occidental.  De una manera importante, también la Reforma impactó a Puerto Rico, en la medida en que fue moldeado por las políticas de Felipe II de España y sus sucesores, que ataron la identidad española con el combate y la supresión de los movimientos protestantes y de las naciones que los abrazaron.  En la medida en que en los siglos 16, 17 y 18.  Puerto Rico fue un baluarte del Imperio español, sirviendo de límite a las ambiciones expansionistas de Inglaterra y de Holanda, en esa medida, nuestra identidad estuvo atada a la confrontación entre dos mundos espirituales: el protestantismo y el catolicismo.  Cuando finalmente en 1898 Puerto Rico pasa de la soberanía española a la norteamericana, pasa de hecho de un mundo centralista, feudal, autoritario y oficialmente católico, a un mundo descentralizado, capitalista, democrático y protestante.  De una forma u otra, nuestra existencia está demarcada por la confrontación de siglos que surgió de la Reforma Protestante y de la subsiguiente reacción católica.

Nuestras mentes, también, están formadas por esta oposición.  A la guerra militar entre los mundos protestante y católico, la acompañó una guerra de ideas y propaganda, una guerra publicitaria.  Cuando Lutero murió, los amigos y discípulos le tomaron una impresión del rostro, para demostrar que había muerto tranquilo, pues la publicidad del otro bando diría que había muerto torturado por la perspectiva del infierno.  Hoy no tenemos en la mayor parte de los ámbitos, este tipo de argumento, pero sí tenemos juicios y actitudes infundados científicamente, que son los ecos lejanos de esta guerra de las representaciones.

 

Además, el tiempo no pasa en vano. Tanto el protestantismo como el catolicismo han variado notablemente desde el siglo dieciséis.  El protestantismo ha perdido militancia anticatólica en su expresión  ideológica; ha surgido un reacercamiento y reconsideración de la causas y razones de la división desde ambas perspectivas.  El mundo protestante ha sufrido un profundo proceso de secularización en sus países de origen.  Por otra parte, nuevos movimientos y formas del protestantismo han surgido en cada siglo subsiguiente.  Algunas de ellas, se oponen más al cientificismo y secularismo de la modernidad, que al catolicismo.  El protestantismo ha dejado atrás la estrecha región de su predominación en el noroeste de Europa y sus colonias, para volverse un movimiento verdaderamente internacional.[i]  Muchos de los principios por los cuales luchó son ya parte de la herencia universal del occidente.  El catolicismo, por su parte, tras un movimiento inicial de reacción anti-protestante, que incluyó una limpieza de la casa, y un esfuerzo de reconquista tanto militar como catequético, se vio confrontado por problemas más apremiantes en siglos posteriores.  La revolución francesa y el surgimiento del estado nacional europeo, en particular, lo retaron fuertemente en sus bastiones contra reformatorios.  Su reacción de defensa y atrincheramiento culminó en el Primer Concilio Vaticano del siglo XIX.   Tras el Segundo Concilio Vaticano, por contraste, el catolicismo se abrió plenamente al mundo moderno, aceptó la democracia, y adoptó actitudes más positivas y valientes ante los retos de la modernidad tardía.

Tanto el protestantismo como el catolicismo que podemos contemplar y experimentar desde Puerto Rico, es sólo una pequeña tajada, una muestra a veces poco representativa de esta realidad a nivel mundial.  Es una muestra muy condicionada por nuestras circunstancias isleñas.  Para obtener una perspectiva más completa es que nos acercamos con la ayuda de la historia, a este tema.

Las causas y antecedentes de la Reforma

 

El argumento tradicional y común al que todos hemos estado expuestos es que la reforma Protestante surgió como una reacción a la corrupción de la iglesia medieval.  Esta es una afirmación a la vez cierta y falsa, más falsa que cierta, porque antes de que entremos a decidir cuáles fueron las causas de la Reforma, es necesario que miremos más de cerca qué entendemos por causa en este contexto.

 

Es cierto que la iglesia medieval tardía adolecía de muchos problemas.  En muchos países  la preparación del clero era laxa.  El cuidado pastoral dejaba mucho que desear.  La intervención del estado en la iglesia era común, pero también lo era la intervención de la iglesia en cosas civiles: esta situación era normativa, y la ideología que predominaría desde el siglo III, en que el emperador romano tardío Constantino comenzó a patrocinar la iglesia, hasta prácticamente principios del siglo diecinueve en Europa, y en España hasta dos tercios del siglo veinte, avalaba y defendía este estado de cosas como lo normal, lo laudable y lo provisto por Dios.  De hecho en nuestro mundo hispanoamericano, en varios países aún ese es el estado de cosas.

Pero esta situación no era particular del siglo XVI.  En todas las épocas de la iglesia se dieron situaciones similares, y no por tanto hubo un movimiento reformatorio de la naturaleza de la Reforma Protestante.  Por otra parte, sí hubo periódicamente movimientos de renovación de la administración, de la práctica religiosa, de la devoción y de la teología, como es necesario que ocurra en toda institución para que se atempere a los tiempos y sobreviva.  Si bien este fue un tiempo de crisis moral, no lo fue de una forma excepcional.

 

Más importante, sin embargo, son a veces las percepciones que las realidades, sobre todo en el ámbito espiritual.  En términos de su prestigio, la iglesia, particularmente su gobierno central, se encontraba en una profunda crisis.  Desde los orígenes de la iglesia occidental, y particularmente desde la caída del Imperio Romano de Occidente, el Papado había jugado un rol importante en sus destinos.  Pero esto no implicaba, como podemos suponer, impactados por la doctrina, que eso necesariamente tuviese que ser así.  Tomó mucho tiempo y esfuerzo llevar al Papado a constituir el verdadero centro y ápice de la estructura administrativa de la iglesia de Occidente.  Fue cuando el Papado logró constituirse en tribunal supremo de apelaciones de cuestiones legales eclesiásticas, y obtener un ingreso económico constante por esa causa, que logró cimentarse como dirigente de la iglesia.  Pero en el siglo catorce, la institución había caído, como consecuencia de sus constantes luchas con los reyes europeos por el poder supremo en lo civil, bajo la fuerte influencia del rey de Francia.  La sede papal se mudó al pueblecito de Avignon en el sur de Francia, y Europa comenzó a ver al Papa como el capellán del rey francés.[ii]  El colegio de cardenales era predominantemente francés.  El escándalo de la ausencia de Roma de su obispo  causó numerosas y fuertes protestas.  Finalmente, cuando un cónclave se reunió en Roma para elegir un nuevo Papa, intimidados por los romanos, los cardenales eligieron a un italiano.  Pero acto seguido, tras ausentarse de la ciudad los cardenales franceses anularon la elección y nombraron a uno de los suyos. [iii] Europa se vio dividida en dos partes, con dos cabezas espirituales que se anatemizaban mutuamente.  Media Europa, por tanto estaría excomulgada por el Papa verdadero, pero nadie a ciencia cierta sabía de qué mitad se trataba.  Un intento posterior de resolver el problema resultó en tres Papas.  Finalmente un concilio convocado por el emperador del Sacro Imperio Romano, logró destituir a los papas y reunificar la iglesia.[iv]  Aunque el papado volvería a asumir las riendas de liderato en la iglesia occidental, el daño a la reputación institucional fue grande.

Pero más importante aún fue una crisis espiritual profunda y difusa en la Edad Media tardía.  En parte la crisis comenzó como consecuencia de la peste bubónica.  Esta surgió en 1347,  y  se difundió rápidamente a través de Europa.  Mató a una considerable porción de la población y se volvió endémica.  El impacto psicológico fue profundo.  La gente perdió confianza en la constancia de la vida y se envolvió en conductas desesperadas.  Los flagelantes marchaban a través de Europa castigando su cuerpo en señal de penitencia, pues se entendía que la plaga era un castigo divino.  Era una época en que se reavivaba el temor ante el fin del mundo.  Además varias guerras prolongadas y desastrosas, como la de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, ayudaban a debilitar la confianza en la prosperidad del mundo.[v]

 

En términos teológicos, la síntesis del siglo XIII, que integraba la tradición teológica con el redescubierto pensamiento aristotélico, entró en crisis.  Bajo Tomás de Aquino en particular, se había formulado un edificio intelectual explicativo que organizaba y armonizaba toda la sabiduría recibida, y que interpretaba la forma en que Dios salvaba al ser humano.  La base del edificio era la convicción de que Dios actuaba racionalmente, según un criterio lógico que antecedía a Dios.  La voluntad divina tenía que consultar la mente divina antes de actuar.  Por tanto, Dios siempre actuaba de forma regular y predecible.  Pero subsiguientes teólogos y filósofos cuestionaron las bases del sistema.  Ellos entendían que la voluntad antecedía a la razón, y que Dios es libérrimo.  Dios puede hacer las cosas, incluyendo salvar, de forma libre, aparte de las formas usuales de su actuación.  Esto quería decir que no necesariamente tenía que salvar a  la gente según el sistema sacramental de la iglesia.  Igualmente, implicaba que cumplir con las reglas del sistema sacramental no necesariamente aseguraba la salvación.  En la opinión de muchos expertos, la visión del mundo medieval se resquebrajó, y hubo una pérdida sustancial de confianza tanto en la iglesia como en su sistema sacramental.[vi]

Sin embargo, estas razones servirían de base a una posible reforma, pero no la podían iniciar.  Hacía falta un elemento más profundo y crucial.  Veremos que en su fondo, la Reforma Protestante fue una revolución teológica, pero más que nada un proceso de conversión.[vii]  Y este proceso de conversión, fue sobre todo un elemento personal y biográfico. La persona y la vida del monje Martín Lutero son inseparables de la revolución dogmática que estaba a punto de acontecer.

 

Hay que hacer notar, que en el pasado, siendo la experiencia de Lutero tan crucial para el desarrollo de la Reforma, éste sería objeto de ataques publicitarios.  Por una parte, sus seguidores lo constituirían en un héroe, un gigante espiritual.  Posteriormente, en la era de los nacionalismos, los alemanes lo verían como el campeón de la identidad alemana.  En contraposición, la propaganda católica lo presentaría como un degenerado y un siervo de Satán.[viii]  Como es de suponer, la verdad estaba en algún lugar intermedio.  No fue hasta que se pasó el tiempo de las controversias confesionales que se comenzó a construir un cuadro más satisfactorio historiográficamente de Lutero.  No obstante sigue siendo controvertible, y su experiencia, tasada desde diversos ángulos, crucial para entender el desarrollo de la Reforma Protestante.

 

Vida de Lutero

 

Lutero nació en 1483 en Eisleben, su padre era minero. La familia profesaba una piedad no muy eclesiástica, como era común en esta época en Alemania.  Así también el padre buscaba adelantar la situación económica de la familia y tenía ambiciones educativas para Martín.  Después de estudios preparatorios en Mansfeld, Magdeburgo y Eisenach, ingresó el joven en la Universidad de Erfurt.  En términos de la escolástica, se interesó en el nominalismo de Ockham.  Lutero demostró ser bien religioso y participar de las actitudes espirituales de su tiempo, que incluían una honda preocupación por el pecado.  Cuando se graduó de maestro en artes, en 1505, estaba por iniciar estudios en derecho.  Pero la experiencia de la muerte repentina de un amigo, y el verse en medio de una tormenta de rayos, lo hicieron preocuparse por su salvación, entrando así en el monasterio de los eremitas agustinos en Erfurt en el mismo año.  Esta parte de la orden recientemente había sido reformada, contaba con un nuevo supervisor en Juan de Staupitz, y representaba lo mejor del monasticismo medieval.  Religiosamente, estaba en la tradición agustina, y bernardina, enfatizando la predicación y la experiencia mística.  Pronto tras su ordenación, fue referido a Wittemberg, donde el Elector de Sajonia trataba de fundar una universidad.  Se graduó allí de bachiller en teología, en 1509.  Tras un memorable viaje de negocios a Roma, retornó y se graduó de doctorado en teología, comenzando inmediatamente a dar clases de Biblia.  Su carrera había despegado, y era reconocido por su piedad, su celo, la calidad de su predicación y sus capacidades administrativas.[ix]

 

En términos de su vida espiritual, sin embargo, las cosas no fluían tan bien.  Lutero se preocupaba hondamente por su condición moral.  Staupitz lo dirigió a comprender que no era el temor de Dios, sino el amor hacia él lo que constituía una buena relación con Dios.  Influido por su propio estudio de los Salmos, y en especial de las cartas de Pablo, como Romanos y Gálatas, así como por la teología de San Agustín y de Bernardo, se fue moviendo a un entendimiento de que no podemos obrar nuestra salvación.  Mientras más Lutero trataba de obtener paz espiritual por medio de los ejercicios y sacrificios espirituales, más crecía su incomodidad.  Sentía que eso era un esfuerzo por comprar el amor de Dios, y ello le llevaba a resentirlo.  )Cómo podrá saber a ciencia cierta que Dios lo amaba y lo perdonaba, que estaba bien dispuesto hacia él?  En las cartas de Pablo encontró la respuesta.  La justicia de Dios no es aquella con la cual castiga al pecador, sino que es declarar inocente al pecador por causa de los méritos expiatorios de Cristo.  Por medio de la fe en Cristo, el pecador recibe perdón y justificación, y es reconciliado con Dios.  La justicia tan arduamente buscada por medio de las obras, no puede nunca ser obtenida así, sino que es obra de Dios en Cristo.  La justicia divina, es su cumplimiento de sus promesas de perdón y vida en Cristo.  La salvación es un regalo, es por gracia, y no algo que adquirimos esforzándonos a pesar de tener una mala conciencia.  La misma fe, que es el medio por el cual nos asimos de esa gracia, no es una acción nuestra, sino un don de Dios.[x]

Esto chocaba de frente no sólo con la más reciente teología, la nominalista, que afirmaba que Dios no deniega su favor al que hacía lo que pudiera por acercarse a él, sino que chocaría con todo el sistema teológico medieval, formulado particularmente por Tomás de Aquino.  En este sistema, la buena voluntad de Dios, la gracia, siempre era mediada y canalizada por la iglesia por medio de los sacramentos.  Aunque en su base se reconocía la gracia divina, en la práctica, el viador o creyente, una vez había recibido la gracia del bautismo, tenía que obrar su salvación, ayudado por los sacramentos.  El impacto total del sistema no reforzaba la experiencia del perdón y de la gracia, sino la noción de que uno mismo tenía que trabajar su salvación, siempre con la incertidumbre final de si se salvaba o no.  Esta falta de certeza absoluta se había convertido en una inseguridad sustancial de cara a la revisión nominalista de la manera de actuar de Dios, pues ya no había certeza de que en los sacramentos Dios estuviera comprometido a actuar.

En 1516, aproximadamente, la nueva convicción teológica de Lutero se volvió una certeza de salvación personal.  Había obtenido la paz espiritual anhelada.  Para el año siguiente la experiencia personal de Lutero devendría la raíz de una gran controversia eclesiástica.  El papado renacentista, buscando recaudar fondos para la nueva basílica de San Pedro en Roma, intensificaba sus esfuerzos fiscales.  Por otra parte, un joven noble alemán, Alberto de Brandenburgo, buscaba acumular los ingresos de varios puestos importantes en la iglesia alemana, y para ello necesitaba un arreglo especial.  La negociación que le permitía comprar ese permiso, le permitía también participar del ingreso de la venta de una indulgencia especial en Alemania.  Qué era una indulgencia?  Según la teoría medieval de la salvación, al viador le era necesario obtener mérito ante Dios, que le obtuviera el agrado divino, para salvarse.  Ese mérito se podía obtener por obras propias, pero también la iglesia disfrutaba de un superávit de gracia salvadora, que provenía de los méritos de Cristo y de los santos.  Era su potestad administrar ese tesoro de mérito, y lo podía aplicar a individuos.  La indulgencia era un documento que declaraba remisión de pena por los pecados del que adquiriera el documento, o de un ser querido.  Era una forma de intercesión contabilizada, un cheque al portador por gracia divina.  En la región cercana, uno de los promotores de la indulgencia, Juan Tetzel, comenzó a mercadearla burdamente.  Lutero reaccionó publicando las 95 tesis, una invitación a una disputa académica sobre el tema.

 

Al que lee las 95 tesis desde una perspectiva evangélica, le choca cuánto aún Lutero estaba dentro de la teología católica medieval.  Pero en el momento, la protesta recogió la indignación de todos los alemanes, que tenían una espiritualidad intensa, formada en el movimiento de la devoción moderna (una piedad secular y mística difundida por el norte de Europa), y que además no había dejado de percibir la explotación económica que el Papado pretendía hacer de ellos.  Al formarse la controversia, y al verse afectados los ingresos, controversistas importantes comenzaron a rebatir a Lutero.  Eventualmente, defendido por su príncipe, y combatido por los representantes de la jerarquía eclesiástica, Lutero, a través de los debates y la controversia, llegó a definir las consecuencias teológicas de su pensamiento.  La toma de partidos y el distanciamiento surgió rápidamente.

No nos es posible aquí seguir de cerca la evolución de la controversia.  Las fuerzas eclesiásticas recurrirían al poder político, como se acostumbraba desde siglos, para hacer efectivas sus condenas.  Sin embargo, la situación política en Alemania, y en general en Europa, hizo imposible que el principal campeón de la institución eclesiástica tradicional, el Emperador de Alemania, Carlos V, pudiera someter a Lutero y a sus aliados nobles.  Para el tiempo en que el emperador pudo reaccionar efectivamente, ya el movimiento luterano se había consolidado en gran parte de Alemania, y estaba impactando a toda Europa, especialmente por la imprenta.

Los que hemos presenciado la revolución informática del Internet, podemos tener idea de lo que representó la introducción de la imprenta en Europa.  Antes, los libros se copiaban a mano, y eran artículos escasos y muy caros.  Aún los profesores universitarios tenían que funcionar leyendo el texto para luego comentarlo.  Pero la invención de la imprenta coincidió con el surgimiento de una clase media urbana pudiente y educada, que a la vez deseaba entender mejor su religión e instruirse.  Lutero, un gran escritor polémico, dio uso al nuevo instrumento de forma excepcional.  Sus panfletos, especialmente los de 1520, que son hitos en su desarrollo teológico, se difundieron rápidamente por Europa, y llevaron el pensamiento reformatorio en muchas direcciones.

 

                                                         Esencia de la Reforma

 

El meollo de la Reforma, entonces, no fue una protesta contra abusos, sino lo que los expertos llaman hoy el Adescubrimiento reformatorio@ de Lutero.  La doctrina de la justificación por la fe fue la base de una reconsideración total del entendimiento de cómo Dios obra la salvación y de cómo esta llega al creyente.  Uno de los mitos de la guerra publicitaria que aún sobreviven es que la Reforma surgió porque gente interesada buscaba saquear los bienes de la iglesia.   Si bien siempre habrá gente interesada, esta forma de pensar no nos deja ver la realidad de que los seguidores principescos de Lutero se corrían enormes riesgos políticos al defenderlo, y que ellos también estaban hondamente preocupados por el asunto de la salvación.  Aunque es razonable pensar que sólo una porción de la población entendería realmente la raíz teológica del pensamiento de Lutero, no se puede negar que el movimiento fue una satisfactoria respuesta a la sed espiritual del momento, y que debe entenderse sobre todo como un fenómeno espiritual que causó gran impacto popular.

 

Desarrollo de la Reforma

 

 

La Reforma, si bien depende de la experiencia personal de Lutero, y toma forma en torno a su descubrimiento reformatorio, la justificación por la fe, no por eso deja de ser un movimiento complejo en sus causas.  Muchas circunstancias ambientales sirvieron para promoverlo.  La época era de grandes cambios intelectuales, políticos y económicos.  En particular, el surgimiento del humanismo es crucial para entenderla.  El humanismo se puede definir como un programa educativo.  Ya desde la cúspide de la Edad Media se daba un proceso de redescubrir e incorporar la herencia intelectual de la antigüedad.  El redescubrimiento de Aristóteles es vivo ejemplo.  Hacia el cierre del periodo medieval, sin embargo, va tomando fuerza, especialmente desde los ámbitos urbanos italianos, un aprecio renovado por los valores de la antigüedad, especialmente en tanto realzan la importancia del ser humano como centro de todo.  El estudio de la literatura clásica, especialmente griega y latina, trajo una renovación ideológica, que contrapuso particularmente la retórica a la dialéctica del pensamiento escolástico.  Se empezó a despreciar  los métodos y las conclusiones del pensamiento medieval, y a contraponerle la herencia antigua.  En Italia esto tuvo una expresión secularizante.  En el norte Europeo, predominaba aún la nueva devoción, y el humanismo incorporó lo mejor de la tradición antigua en un esfuerzo de profundizar la devoción cristiana.  Erasmo de Rotterdam fue la figura clave en este sentido.  Su crítica de los abusos institucionales y teológicos de la iglesia, su burla mordaz de la tradición impensada, buscaba que se profundizara en la esencia del evangelio, entendida en un sentido bastante platónico.  Erasmo hizo escuela entre la generación nueva de intelectuales.

Pero dice una vieja crítica, Lutero empolló el huevo que Erasmo puso.  Es decir, la generación joven de humanistas cristianos se sintió muy a fin con el nuevo movimiento religioso.  Se puede argumentar inclusive que ya se movían en esa dirección cuando se topan con Lutero.  Ciertamente esta es la postura de Zuinglio, el joven reformador de Zurich, que comenzaba a exponer el libro de Mateo en sentido evangélico y con herramientas humanistas, llevándolo a conclusiones compatibles con el pensamiento de Lutero.

En la mayor parte de las ciudades imperiales había círculos humanistas, y ellos fueron cruciales para llevar el pensamiento reformatorio y hacerlo dominar en estos centros.  La inmensa mayoría de las ciudades abrazó la reforma.  Particularmente en el sur del Imperio alemán, en Suiza y en la cuenca del Rin, el movimiento floreció.  Distinto en temperamento a Lutero, y bastante afines los unos con los otros, este humanismo reformatorio dio origen a la segunda gran familia de la Reforma Protestante, la iglesia Reformada.

En la segunda generación, los reformados tomaron la iniciativa en la expansión del protestantismo en Europa.  Particularmente influyente fue el francés Juan Calvino.  Abogado por preparación, y una persona de amplia y profunda educación humanista, tuvo que huir de los círculos intelectuales franceses cuando la presión contra los herejes protestantes se tornó asesina.  Convencido de la nueva fe, viajó en rumbo a Estrasburgo, pasando por Ginebra.  Allí el reformador local de habla francesa, Farel, lo imprecó en nombre de Dios a que quedara para liderar la iglesia reformada del lugar.  Farel lo conocía por la fama de su libro La Institución de la Fe Cristiana, que equivale a decir la enseñanza de la fe cristiana.  Calvino permaneció en Ginebra por algún tiempo, hasta que la oposición de la burguesía secularista consiguió expulsarlo.  Pero pronto después los ginebrinos tendrían que reclamarlo nuevamenente.  Quedaría en Ginebra hasta su muerte.

Calvino se distinguió por su hondo conocimiento, su habilidad expositiva y su organización de la iglesia.  En particular, la Institución en sus subsiguientes ediciones y tradiciones pasaría a ser el libro principal del protestantismo.  Articulaba la fe de manera muy organizada, evangélica y espiritual, demostrando gran sabiduría.  De Calvino afirma el biógrafo Wendel:

 

Fue porque [Calvino] fue el fundador de una poderosa iglesia organizada, y a la vez el autor de un cuerpo de doctrina que fue capaz de agrupar en torno de sí una élite intelectual tanto como a la masa de los fieles, que dejó una huella tal en su época y aún más allá de ella, ejerció una influencia que no parece aún que pueda declinar.  Más aún que un pensador, en el sentido exclusivo de la palabra, fue un caudillo de hombres.[xi]

 

 

El trabajo y ministerio de Calvino sirvió para organizar a los protestantes de corte burgués, intelectual y profesional a través de toda Europa.[xii]  El movimiento calvinista enfatizaba la soberanía de Dios al llamar a los creyentes.  Daba gran énfasis a la importancia de la iglesia y expresaba una convicción profunda en la iniciativa divina, que resultaba en una personalidad sobria, austera, pero bien activa en la vida pública.  Las energías desplegadas por las minorías calvinistas en muchos países, sirvieron para forjar al occidental moderno, impacto que perdura hasta nuestros días.  Dice el especialista McNeill:

 

El cristianismo del siglo veinte seguramente siente de nuevo la fuerza del espíritu del calvinismo.  No sólo es esto cierto en las denominaciones en las que lo que  hemos llamado el cuerpo del calvinismo se puede discernir.  Se trata de un espíritu difuso a través de muchas iglesias, que fomenta el tipo de piedad familiar en el viejo calvinismo, y que en el pasado le fue distintivo.  Esta es una piedad no muy identificada con palabras y ritos de adoración peculiares.  Se caracteriza por una combinación de conciencia de Dios con un sentido urgente de misión.[xiii]

 

Con el surgimiento de la tradición reformada, el protestantismo, anteriormente restricto a los pueblos de raíz  germánica, se volvió verdaderamente internacional.  El calvinismo triunfó en Escocia, y en áreas de Suiza, Holanda, y el este de Hungría.  Marcaría profundamente a los pueblos de habla inglesa, y constituiría minorías importantes en Alemania, Francia, Polonia, Bohemia y otros países.

 

 

Del protestantismo dos grandes ramas más surgirían.  La iglesia de Inglaterra comenzó pronto a sentir el impacto del pensamiento protestante.  Pero coincidió en el momento histórico la necesidad del Rey de divorciarse de su esposa que no le daba heredero, y de procurar otra.  Usualmente el Papado buscaría la forma de anular el matrimonio y complacer al rey, pero resultaba que la esposa era tía del rey más poderoso, el Emperador Carlos V, heredero de media Europa.  El papado no podía conceder licencia.  Haciendo uso de las bases legales que surgían de las viejas controversias de poder entre la corona inglesa y el Papado, Enrique sacó a Inglaterra de la obediencia Papal.  La caricatura usual que tenemos de estos eventos es que el triunfo del protestantismo en Inglaterra es fruto de las veleidades de Enrique VIII.  Esto sencillamente no es cierto.  Ya el lolardismo y la obra de Wycliffe habían sembrado en Inglaterra las raíces de una religión bíblica y anticlerical en el siglo XIV.  Además, el protestantismo de ninguna forma había triunfado, pues Enrique no era simpatizante del movimiento.  Pero la encrucijada histórica sí propició la oportunidad para que los evangélicos ingleses movieran al país hacia la Reforma.  Durante el breve reinado del sucesor,  Eduardo VI, los líderes políticos consiguieron mover el país en sentido protestante.  Tras un breve período de reacción católica bajo María, la llamada sanguinaria, el país volvió al protestantismo bajo el largo reino de Isabel I.  Ella buscó una fórmula que hacía la iglesia inglesa protestante en doctrina, pero retenía formas tradicionales de liturgia y gobierno eclesiástico.  Con ello la soberana buscaba conseguir el más amplio apoyo, y proteger al país de las guerras religiosas que explotaban por toda Europa.

En oposición a estas tres vertientes del protestantismo, que se conocen como la Reforma Magisterial, surgieron numerosos movimientos minoritarios, divergentes en forma y doctrina.  La Reforma Magisterial se conoce así, porque se apoyó en la autoridad establecida del gobierno civil para reformar la iglesia.  No cuestionó la relación íntima tradicional entre iglesia y estado, fundando iglesias nacionales protestantes.  Tampoco fue revolucionaria socialmente sino conservadora.  Por el contrario, los movimientos que hoy conocemos como la Reforma Radical,  rechazaron más profundamente la herencia colectiva, especialmente en cuanto a la relación entre el estado y la iglesia.  Muy divergentes en forma y contenido, fueron clasificados en la década de los sesenta  por George Williams en tres grandes grupos, los anabautistas, los espiritualistas y los racionalistas.  En términos eclesiásticos, los más importantes fueron los anabaptistas.  Cuestionaron la relación entre iglesia y estado.  Negaron el bautismo de infantes que era la base de entrada en esta sociedad, y abogaron por iglesias reunidas, es decir, entendidas como libre asociaciones de creyentes.  Algunos fueron pacifistas, otros revolucionarios apocalípticos que fomentaban el levantamiento de campesinos contra los nobles.  Consecuentemente fueron perseguidos y aplastados por las autoridades, tanto católicas como protestantes.  Reunidos y reorganizados por Menno Simmons, y más tarde influyentes en el mundo de habla inglesa, su aportación al mundo moderno es muy significativa, pues fueron los campeones de la separación de iglesia y estado, de la democracia congregacional, y de la libertad de conciencia.[xiv]

 

                                                        Impacto de la Reforma

 

La Reforma Protestante tuvo un impacto muy significativo en la formación del mundo moderno.  Los países donde triunfó, como Inglaterra y Holanda, asumirían el dominio económico y político en Occidente durante el siguiente siglo, y se puede argüir que lo retienen en buen grado hasta recientemente.  En estos países se desarrolló con fuerza la democracia y el estado liberal  moderno, no sin que hubiese una compleja evolución posterior.  La alfabetización recibió un fuerte impulso por el énfasis en la lectura bíblica y en la educación.  La expansión de los pueblos de habla inglesa a través del mundo sirvió para difundir sus valores a escala universal.

Europa de inmediato quedó dividida en campos religiosos mutuamente hostiles.  Se vio envuelta en siglo y medio de guerras religiosas según uno u otro bando buscaban la supremacía en algún país.  Eventualmente, estos conflictos contribuyeron a engendrar actitudes secularistas, representadas por los valores de la Ilustración.

No es cosa sencilla adjudicar si la Reforma fue una contribución positiva y cuánto lo fue, porque ello depende en alguna medida de los valores que uno tenga.  Pero en términos de lo que en general en occidente hoy se aprecia: la democracia, el estado secular, la libertad económica, los derechos individuales, la Reforma los propulsó grandemente.

 

Subsiguientemente, tras superar los efectos de la dura lucha por sobrevivir, a fines del siglo XVIII el protestantismo comenzó a envolverse en un amplio esfuerzo misionero a nivel mundial, que tomó gran auge en los siglos XIX y XX.  Como resultado del expansionismo europeo, y de este movimiento misionero, hoy se encuentra ampliamente distribuido a través del mundo.  Además, desarrolló nuevas variedades teológicas y organizativas.  En el siglo XX, el surgimiento del pentecostalismo resultó en una rápida expansión mundial.  El protestantismo se encuentra en un auge silencioso, que constituye uno de los eventos históricamente más transcendentales de los últimos cinco siglos.[xv]

 

                                                      Valoración historiográfica

 

Para finalizar, es importante señalar que la apreciación histórica de la Reforma ha variado sustancialmente en años recientes.  Era tradicional concebir la Reforma Católica como una reacción anti-protestante, lo que en gran medida fue.  Pero los trabajos del historiador católico francés Jean Delumeau lo llevaron a entender que Europa arribó al siglo 16 no profundamente cristianizada, como se solía alegar, sino aún con gran supervivencia del paganismo original.  Entonces, cayó en cuenta de que la reforma católica y la protestante tienen más en común que opuesto.  Ambas fueron un vigoroso esfuerzo catequético, que aspiraba a cristianizar a profundidad a Europa.  En este sentido eran más complementarios que opuestos.  Fue la experiencia del ataque del secularismo moderno, y en particular la vivencia de opresión en la Segunda Guerra Mundial, lo que trajo cerca a católicos y protestantes que habían vivido tras las trincheras denominacionales, tanto geográficas como doctrinales.  Frente al modernismo secularizante y deshumanizante, ambas formas del cristianismo occidental se ven coincidiendo en sus intereses y sus luchas, y más dispuestos a la mutua cooperación.  El Concilio Vaticano II dio grandes pasos de apertura en el catolicismo, lo que le permitió mirar con ojos más benignos al protestantismo conciliar y ecuménico del siglo XX.  No obstante la retirada parcial de esas posiciones que representa el Pontificado presente de Juan Pablo II, el acercamiento mutuo es producto inevitable de las circunstancias presentes.  En este sentido, es notorio señalar que primero en Europa, y luego en Norte América, luteranos y católicos han llegado a un consenso general sobre la crucial doctrina de la justificación, el principio reformatorio de Lutero.  Con ello, uno de los obstáculos más grandes a la unidad se ha limitado.  Los esfuerzos ecuménicos que los reformadores como Calvino ya iniciaban en el siglo XVI, hoy rinden inevitable fruto ante las circunstancias históricas.

 

En ámbitos historiográficos seculares, el nuevo ambiente postmoderno ha afectado también la apreciación de la Reforma.  Según los historiadores seculares investigan el momento, tienden a subsumirlo en categorías más amplias, que en realidad aún no han sido definidas.  El reciente artículo de Hans J. Hillebrand, “Was there a Reformation in the Sixteenth Century?”, busca de forma provocativa señalar la crisis historiográfica.[xvi]  Se habla de historia moderna temprana, sin haber definido el concepto. Muchas conexiones se han trazado con desarrollos anteriores, que parecen quitarle al fenómeno su singularidad.  La pregunta es, por tanto, si la Reforma representó un rompimiento radical con el pasado, y si constituye por tanto una época historiográfica por derecho propio.  Los historiadores secularistas y los religiosos se encuentran en un impasse, dice Hillebrand, hasta que cada cual produzca su versión de un gran narrativo de la época.  Mi respuesta está anticipada en lo que escribí anteriormente.  La apreciación histórica de un evento cambia, no sólo porque las modas y los intereses historiográficos cambian, sino porque el impacto de los eventos varía según los desarrollos posteriores revelan nuevas facetas de su impacto.  Con otros observadores, me parece que los dos pasados siglos revelan, que además del impacto de la Reforma en términos de la creación de una nueva visión ideológica que contribuye grandemente a la modernidad, el impacto evangelístico de las generaciones que descienden de la Reforma, están en proceso de cambiar el panorama religioso del mundo de forma trascendental.  Desde tiempos del Imperio Romano no se había expandido el cristianismo de forma tal, especialmente si se toma en cuenta que ha sido por conversiones voluntarias.  Un nuevo siglo nos revelará que el impacto de la Reforma apenas se comienza a sentir.

 

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NOTAS

 


[i] Buena parte de la histórica enajenación mutua de las confesiones se debió a que tras las guerras de religión, el establecimiento de iglesias nacionales y el la delimitación nacional de las fronteras denominacionales, la gente de una y otra fe quedaron aislados geográficamente los unos de los otros.

[ii] El papado estuvo en Aviñón de 1309 a 1377, un periodo similar al exilio judío en Babilonia, por lo cual se conoce a este periodo como el “cautiverio babilónico”.  Ver Walker, pág. 292.

[iii] “Antes había habido muchos papas rivales, pero habían sido elegidos por elementos distintos.  Ahora había dos papas, ambos debidamente elegidos por el mismo colegio de cardenales”. … “Europa vio a dos papas, que se condenaban mutuamente.  No había autoridad que pudiera decidir entre ambos, y los diversos países seguían al uno o al otro según cuadrara a sus afinidades políticas”. (Walker, pág. 297).

[iv] Constanza, en 1414  (Walker, pág. 308).

[v] Hechos harto conocidos.  Para una breve discusión, ver Jakcson Spielvogel: Civilizaciones de Occidente, vol. A., 3ra ed.  (Internacional Thompson Editores, 1997., cap. 12.  Sobre el impacto escatológico que produjeron estos eventos, vale la pena consultar a J. Huizinga The Waning of the Middle Ages (Nueva York, 1949), que ofrece fuentes literarias, y en especial es iluminador el estudio de Norman Cohn The Pursuit of the Mllenium   (New York: Oxford Univ. Press, 1970).

[vi] Esta visión que atribuye al nominalismo la destrucción de la síntesis medieval, es típica de los historiadores del dogma católicos, que abrazan la vuelta al tomismo de su iglesia.  No quedaría tan claro que el efecto del nominalismo fuera tan Anocivo.@  Este movimiento fué un éxito intelectual de por sí.  No obstante, queda claro que en la Edad Media Tardía había gran conmoción intelectual y de fe.  Para más, ver: Etiènne Gilson: El Espíritu de la Filosofía Medieval (Madrid: Rialp, 1981) y como antecedente al protestantismo, desde una perspectiva evangélica: Heiko Agustinus Oberman, The Harvest of Medieval Theology (Durham, NC: The Labyrinth Press, 1983).

[vii] Este pensamiento es muy afín a la tesis del historiador católico Jean Delumeau, quien llegó a la conclusión que tanto la Reforma Protestante como la Católica en última instancia eran movimientos convergentes, más que contrapuestos, pues ambos aspiraron a convertir y cristianizar a una Europa que aún estaba muy paganizada.  Naturalmente esto iba en contra de la historiografía apologética tradicional católica, que enfatizaba lo supuestamente bien que estuvieron las cosas espiritualmente en la Edad Media.

[viii] Entre los primeros biógrafos de Lutero está su contemporáneo y oponente, Johannes Cochlaeus, quien creyó la historia de que Lutero había pactado con el diablo, e inclusive que era hijo de este.  A. G. Dickens et John M. Tonkin, The Reformation in Historical Thought (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1985),  pág. 22.

[ix] En este y el párrafo subsiguiente, para efectos de brevedad, sigo sumariamente la discusión del Williston Walker.

[x] La justificación por la fe es una innovación teológica sólo en términos de la inmediata teología católica.  Ciertamente el tema proviene de las cartas paulinas, y, expresado en otros términos, fue objeto de mucho escrutinio en la teología medieval.  El experto en este tema es Alister McGrath, en su libro al respecto.  Un efecto del retorno a temas teológicos bíblicos, y del nuevo discurso basado no en la lógica, sino en la retórica, que trajo el humanismo, fue una gran confusión entre los católicos, en cuanto a cómo responder, pues los esquemas protestantes estaban en otro idioma teológico, por así decirlo.

[xi] François Wendel.  Calvin.  Origin and Development of His Religious Thought.   (Durham, NC: The Labyrinth Press, 1963), pág 360.

[xii] El protestantismo en general, y el calvinismo en particular, apelaba a los educados, artesanos y profesionales, es decir, la nueva clase media urbana.  Esto por su intelectualismo, que hacía requerir de hecho un grado relativo de educación para poder apreciarlo.  La iglesia protestante en general, promovió la educación popular grandemente.

[xiii]  John T. McNeil: The History and Character of Calvinism.  (Oxford, Eng.: Oxford University Press, 1979), pág. 436.  La traducción es mía.

[xiv] Su impacto mayor se manifiesta a través de la familia de iglesias bautistas de la tradición inglesa, que incorpora las tradiciones calvinista y anabautista.

[xv] Aunque algunos importantes clasificadores de movimientos religiosos del tiempo presente insisten en clasificar muchos de los nuevos grupos aparte del protestantismo, sería ilusorio negar el aire de familia que tienen con este, y la influencia mutua que se ejercen.  Según muchas iglesias pentecostales maduran, más se parecen a las iglesias protestantes históricas, abrazando el principio reformado de hacer las cosas Adecentemente y con orden.@  Por otra parte, las iglesias históricas se renuevan con el movimiento carismáticos y nuevas formas de culto, de evangelismo y de organización que surgen de los nuevos movimientos.

[xvi] Hans J. Hillebrand, AWas There a Reformation in the Sixteenth Century?@  En Church History, published by the American Society of Church History, vol. 72 (Sept. 2003),   No. 3. Pp. 525-552.