HISTORIA DE LOS LAICOS DE LA ORDEN DE PREDICADORES

APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE LOS LAICOS DE LA ORDEN DE PREDICADORES

Origen e historia

El nombre de “terciarios” es dado a las personas que viven conforme a la Regla de las terceras órdenes religiosas (1ª frailes, 2ª monjas, 3ª seglares), bien fuera de un convento (en su familia), o bien en una comunidad. Los terciarios se dividen, pues, en regulares (viven en comunidades y hacen votos) y seglares (hacen solamente una promesa y viven con su familia). A las órdenes terceras pueden pertenecer personas de ambos sexos y vestir el hábito correspondiente.

La idea general de personas laicas afiliadas a las órdenes religiosas es muy antigua;  puede verse que los fundadores y bienhechores de monasterios fueron admitidos en vida a la comunidad espiritual y al morir fueron vestidos con el hábito religioso.

De todas formas, la institución de los terciarios fue una innovación llevada a cabo en el siglo XIII. En aquella época, muchos laicos inquietos por la vida indolente, y a veces nada ejemplar, que llevaba el clero, acariciaron la idea de reformar el cristianismo mediante la predicación.

El buen deseo produjo la aparición de los valdenses (hacia 1170), bajo la dirección del comerciante Pedro Valdés de Lyon, y, en algunas condiciones algo más especiales, la de los “Fratres Humiliati”, en el norte de Italia. Los valdenses fueron al principio bien recibidos por el papa Alejandro III (1159-1181), quien les autorizó para predicar; no obstante, como no poseían una preparación y ante su falta de sometimiento acabaron en la herejía. De forma semejante, los “Humiliati” se hicieron pronto sospechosos y su predicación fue prohibida por el papa Lucio III (1181-1185); aún en 1201 el papa Inocencio III (1198-1216) dio a un grupo de éstos permiso para predicar sobre la práctica de las buenas costumbres y la práctica de las obras de piedad. Algunos de éstos se ordenaron luego de sacerdotes, ingresaron en un convento y adoptaron la vida religiosa; los otros permanecieron fuera, aunque dependientes espiritualmente de la sección clerical, y así apareció, por vez primera en la historia, la llamada “Tertius Ordo”,  Orden Tercera (Pierre Mandonnet OP, “Les Origines de l’Ordo de Penitentia“).

Los terciarios dominicos

Santo Domingo y sus frailes ofrecían una vida de perfección evangélica. Así, en torno a sus conventos, surgían fieles que participaban de sus oficios religiosos, predicaciones, obras de piedad… y que imitaban su manera de vivir. Poco a poco los conventos de Predicadores tuvieron a su alrededor todo un grupo de hermanos y hermanas laicos viviendo como ellos. Pero ningún documento dice que Santo Domingo hubiera tenido la idea de formar, al lado de la familia religiosa, frailes y monjas, otra familia laica.

Por esa época estaba muy extendida la Orden de Penitencia, formada por laicos, que tuvo su origen en San Francisco y su estilo inicial de vida antes de fundar la Orden de los Frailes Menores. La Orden de Penitencia funcionaba, en muchos lugares con total autonomía, convirtiéndose en una forma de vida laica y que con el tiempo fue tomando diversos modelos de vida. Así la Tercera Orden dominicana surgió de esas órdenes de penitencia ya existentes y sirvió para organizar a los que querían imitar, como laicos, la forma de vida de los dominicos.

Del Venerable Humberto de Romans, 5º Maestro de la Orden (1254-1263), se conservan algunos sermones dirigidos, sin más, a los Hermanos de la Penitencia, sin especificar si eran franciscanos o dominicos. Santo Domingo no tuvo necesidad de instituir este estilo de vida como novedad, sino que nació espontáneamente del movimiento laico penitencial, y que posteriormente se hizo “dominicano” al vivir ese espíritu en torno a las comunidades dominicanas y bajo la dirección de los frailes.

“Yo no creo ser temerario diciendo que apenas ha fundado Santo Domingo una casa, tuvo a su lado una Fraternidad de Penitencia dominicana, es decir, almas piadosas agrupadas a su alrededor para hacer penitencia como él y los suyos. Es en este sentido como se puede decir que la Tercera Orden tiene su origen en Santo Domingo… la Orden de Penitencia de Santo Domingo se forma así, como todas las fraternidades de penitencia de la Edad Media, por similitud con la Penitencia primitiva de San Francisco, la que él funda primero, antes de organizar la Orden religiosa de los Menores y de la Tercera Orden Franciscana”  (Mortier, o.c. pág. 232).

La Penitencia de Santo Domingo, agrupada en torno a los conventos de dominicos, vivía con cierta autonomía, no tenía una regla especial, aunque seguía la dirección espiritual y observancias de los frailes. Es entonces cuando interviene Munio de Zamora, 7º Maestro de la Orden de Predicadores (1285-91). Juzgó oportuno y útil unir estrechamente a la Orden a todos los grupos de Penitencia que había en torno a las comunidades.

Así pues, Munio de Zamora dio una Regla para la Penitencia de los dominicos, en 1285 y, desde entonces, esta rama fue unida a la Orden, pasando a ser parte de la familia dominicana, y entrando, bajo su autoridad.

La Regla del Maestro Munio comprende veintidós capítulos: entrada y perseverancia en la Penitencia dominicana, los enfermos y sufragios por los difuntos, la organización: el director (fraile nombrado por el superior correspondiente) y prior (un laico), los demás cargos…, hábito de hermanos y hermanas (una túnica blanca con capa negra, con capucha para los hermanos); muchas de las normas son paralelas a las de los frailes. “Tal es la Regla que el Maestro Munio impone a las Fraternidades de Penitencia dominicana. Antigua por su fondo, que no es la regla primitiva dada a la Orden de Penitencia por San Francisco y el Cardenal Hugolino, sino que es nueva y especial para la Penitencia dominicana, por el espíritu particular de los Predicadores que ha modificado muchos aspectos y elementos, introduciendo ciertas prácticas y sobre todo incorporando a la Orden el gobierno de las Fraternidades”. (Mortier, o.c. pág 239).

Otra opinión sobre el origen de la Orden Tercera la sitúa en la Milicia de Jesucristo. Si las fraternidades de penitencia pretenden una reforma de las costumbres morales y una mayor exigencia evangélica en la sociedad cristiana por medio de la ascética, hay otra corriente paralela, que sin dejar de lado el aspecto penitencial, pretende lograrlo con ciertos aires impositivos y militares, aunque a veces fue más de carácter defensivo frente a quienes usaban el estilo violento, por parte de quienes tenían planteamientos de tipo herético o desviado; este estilo “militar” gozó de gran aceptación en esta época.

No se trataba, pues, de órdenes militares al estilo de los  Templarios, Caballeros Teutónicos…, sino laicos que se asociaban para la defensa de la fe, incluso con las armas si fuese necesario. Y una de estas fraternidades fue esta fundada en Languedoc contra los albigenses. El Obispo Fulco, de Toulouse, había fundado en 1209 uno de esos grupos de cruzados de la fe y en esta fecha Santo Domingo recorría la zona de Toulouse predicando para convertir a los albigenses. Siendo las relaciones entre el Patriarca y el Obispo Fulco muy fraternas hay que pensar que para la formación de esa fraternidad militar hubiese un acuerdo o intercambio de opiniones.

Raimundo de Capua, 23º Maestro de la Orden (1380-1389), escribía que Santo Domingo había fundado la Fraternidad de la Milicia de Jesucristo “… Santo Domingo reunió algunos laicos, que él conocía llenos de temor de Dios, y organizó una santa milicia, para recobrar los bienes de la Iglesia, defenderlos y resistir a las injusticias de los herejes… y si era necesario sacrificar sus fortunas y sus personas… Estos asociados tomaron el nombre de Hermanos de la Milicia de Jesucristo… Quiso distinguirlos de otros laicos por un signo exterior y darles obligaciones concretas” (Mortier, o.c. pág 242). Gregorio IX (1227-1241), además de mostrar la protección de la Santa Sede sobre la Milicia, encarga a Jordán de Sajonia (1222-1237), 2º Maestro de la Orden y sucesor de Santo Domingo, instruirles y dirigirles con sus consejos.

Fr. Thomás Caffarini, dominico de Siena, bajo el generalato de Raimundo de Capua, compuso, en 1402, una historia de los Hermanos y Hermanas de Penitencia de Santo Domingo. En ella “indica que los frailes, en esta época, estaban convencidos de que la Milicia de Jesucristo y la Penitencia de Santo Domingo eran una misma Fraternidad” (Mortier, o.c. pág 243-44), “y tal sería, según Raimundo de Capua el origen de la Tercera Orden” (Mortier, o.c. pág 247-48).

En definitiva, “la Tercera Orden ha sido constituida de una forma semejante a las Fraternidades de Penitencia surgidas del movimiento franciscano, con el consentimiento y bajo la dirección de Santo Domingo y de sus hijos, por el deseo espontaneo de las almas que deseaban hacer penitencia como se hacía en la Orden de Predicadores. La Milicia de Jesucristo ha llegado, a continuación, a fusionarse con las Fraternidades dominicanas, regidas oficialmente por la regla del Maestro Munio” (Mortier, o.c. pág 250-51).

El nombre de “Orden Tercera” no fue adoptado hasta después del siglo XIII (Pierre Mandonnet, “Les regles et le governement de l’Ordre de Poenitentia”, 1902).

La Orden Tercera de Santo Domingo se divide en dos categorías: la de los regulares, que comprende a los terciarios y terciarias, los cuales viven en comunidad y visten hábito, y la de los seculares, casados o solteros, clérigos o laicos, que hacen vida seglar normal, recitan algunos oficios litúrgicos y hacen uso de algún símbolo del hábito dominico.

Los miembros pertenecientes a la Orden Tercera de Santo Domingo son  numerosos  y existen en todas partes del mundo. Grandes figuras de todos los campos de la actividad humana y algunos de los santos y santas dominicos fueron terciarios; en América, el primer santo canonizado (Santa Rosa de Lima, m. en 1617); pero también muchos fieles que a lo largo de la historia, han servido a la Iglesia animados por el carisma y la espiritualidad de Domingo de Guzmán y han manifestado su amor a la Orden de Predicadores.

La actualidad

Con el Concilio Vaticano II (1962-1965) se renovaron y adaptaron los institutos e instituciones religiosas.

Las Constituciones de la Orden se renovaron en el Capítulo General de River Forest, USA, 1968. Y como consecuencia también se renovó la Orden Tercera, comenzando por su nombre, que pasó a llamarse Orden Seglar Dominicana - O.S.D. Tiene su nueva Regla que fue aprobada y promulgada en 1987, por Fr. Damián Byrne, 84º Maestro de la Orden.

La Orden Seglar Dominicana es parte integrante de la Familia Dominicana, formada por frailes, monjas, hermanas, fraternidades sacerdotales y laicales (entre ellos está el MJD) y miembros de  Institutos Seculares (LCO 1,IX).

“Los laicos o seglares dominicos no son religiosos. Su espiritualidad no es una especie de versión de la espiritualidad monacal o conventual, es una vida propia del laico que los capacita como personas cristianas para realizar la institución del matrimonio, de la familia, el trabajo, los negocios, la política y las relaciones sociales o económicas, según el carisma de Santo Domingo, para la salvación del mundo… No quieren ser un gueto, sino estar abiertos a todos. Cerca de los hombres, como Santo Domingo, quieren hacer el camino como ellos y acompañarlos en sus necesidades, angustias, vacilaciones y dudas, aún con aquellos que se alejan de Dios.

Nuestros laicos no sólo reciben. Ellos son igualmente activos en la vida religiosa y apostólica… para el servicio de la comunidad y del prójimo” (La Familia Dominicana, o.c. pág 445-446).

Bibliografía

  • Mortier, “Histoire des Maitres Généraux de l’Ordre ded Frères Prêcheurs”, Tomo II, París, 1905, (pág. 220 a 251).
  • “Enciclopedia de la Religión Católica”, Tomo VII,  Dalmau y Jover Ediciones, Barcelona, 1956, (pág. 139 a 143).
  • Juan José Gallego Salvadores, “La Familia Dominicana. Algunos documentos que tratan de cómo se gestó, en nuestros días esta idea”, en “Escritos del Vedat”, Vol. XXV, 1955, (pág. 433-500).
  • “Estatutos de la Orden Seglar Dominicana de España“, Ed. Secretariado de Familia Dominicana, Madrid, 1988.

Material elaborado por fray Carmelo Preciado

Año de 1998