LA SANTA BIBLIA (VERSIÓN BIBLIA DE JERUSALÉN, 1976) P2

LA SANTA BIBLIA (VERSIÓN BIBLIA DE JERUSALÉN, 1976) P2

JUDIT

Judit   1

1              El año doce del reinado de Nabucodonosor, que reinó sobre los asirios en la gran ciudad de Nínive, Arfaxad, que reinaba en aquel tiempo sobre los medos, en Ecbátana,

2              rodeó esta ciudad con un muro de piedras de sillería que tenían tres codos de anchura y seis codos de longitud, dando al muro una altura de setenta codos y una anchura de cincuenta.

3              Alzó torres de cien codos junto a las puertas, siendo la anchura de sus cimientos sesenta codos.

4              Las puertas se elevaban a setenta codos de altura, con una anchura de cuarenta codos, para permitir la salida de sus fuerzas y el desfile ordenado de la infantería.

5              Por aquellos días, el rey Nabucodonosor libró batallas contra el rey Arfaxad, en la gran llanura que está en el territorio de Ragáu.

6              Se le unieron todos los habitantes de las montañas, todos los habitantes de Eufrates, del Tigris y del Hidaspes  y los de la llanura de Arioj, rey de Elam. Se congregaron, pues, muchos pueblos, para combatir a los hijos de Jeleúd.

7              Envió, además, Nabucodonosor, rey de Asiria, mensajeros a todos los habitantes de Persia, y a todos los habitantes de Occidente: a los de Cilicia, Damasco, el Líbano y el Antilíbano, y a todos los que viven en el litoral,

8              a todos los pueblos del Carmelo y Galaad, de la Galilea superior y de la gran llanura de Esdrelón,

9              a todos los de Samaría y sus ciudades, y a los del otro lado del Jordán, hasta Jerusalén, Batanea, Jelús, Cadés, el río de Egipto, Tafnes, Remeses y toda la tierra de Gósem,

10            y hasta más arriba de Tanis y Menfis, a todos los habitantes de Egipto, hasta los confines de Etiopía.

11            Pero los moradores de toda aquella tierra despreciaron el mensaje de Nabucodonosor, rey de los asirios, y no quisieron ir con él a la guerra, pues no le temían, sino que le consideraban un hombre sin apoyo. Así que despidieron a los mensajeros de vacío y afrentados.

12            Nabucodonosor experimentó una gran cólera contra toda aquella tierra y juró por su trono y por su reino que tomaría venganza y pasaría a cuchillo todo el territorio de Cilicia, Damasco y Siria, y a todos los habitantes  de Moab, a los ammonitas, a toda la Judea y a todos los de Egipto, hasta los confines de los dos mares.

13            El año diecisiete libró batalla con su ejército contra el rey Arfaxad; le derrotó en el combate, poniendo en fuga  a todas las fuerzas de Arfaxad, a toda su caballería y a todos sus carros;

14            se apoderó de sus ciudades, llegó hasta Ecbátana, ocupó sus torres, devastó sus calles y convirtió en afrenta su hermosura.

15            Alcanzó a Arfaxad en las montañas de Ragáu, lo atravesó con sus lanzas y le destruyó para siempre.

16            Luego regresó con sus soldados y con una inmensa multitud de gente armada que se les había agregado. Y se quedó allí con su ejército, viviendo en la molicie, durante 120 días.

Judit   2

1              El año dieciocho, el día veintidós del primer mes, se celebró consejo en el palacio de Nabucodonosor, rey de Asiria, en orden a la venganza que había de tomarse a toda aquella tierra, tal como lo había anunciado.

2              Convocó a todos sus ministros y a todos sus magnates y expuso ante ellos su secreto designio, decidiendo con su  propia boca la total desgracia de aquella tierra.

3              Y ellos sentenciaron que debía ser destruida toda carne que no había escuchado las palabras de su boca.

4              Acabado el consejo, Nabucodonosor, rey de Asiria, llamó a Holofernes, jefe supremo del ejército y segundo suyo, y le dijo:

5              «Así dice el gran rey, señor de toda la tierra: Parte de junto a mí. Toma contigo hombres de valor probado, unos 120.000 infantes y una gran cantidad de caballos, con 12.000 jinetes;

6              marcha contra toda la tierra de occidente, pues no escucharon las palabras de mi boca.

7              Ordénales que pongan a tu disposición tierra y agua, porque partiré airado contra ellos y cubriré toda la superficie de la tierra con los pies de mis soldados, a los que entregaré el país como botín.

8              Sus heridos llenarán sus barrancos; sus ríos y torrentes, repletos todos de cadáveres, se desbordarán;

9              y los deportaré hasta los confines de la tierra.

10            Parte, pues, y comienza por apoderarte de su territorio. Si se rinden a ti, resérvamelos para el día de su vergüenza.

11            Pero que no perdone tu ojo a los rebeldes. Entrégalos a la muerte y al saqueo en todo el país conquistado.

12            Porque, por mi vida y por el poderío de mi reino, como lo he dicho, lo cumpliré por mi propia mano.

13            Por tu parte, no traspases ni una sola de las órdenes de tu señor; las cumplirás estrictamente, sin tardanza, tal como te lo he mandado.»

14            En saliendo Holofernes de la presencia de su señor, convocó a todos los príncipes, jefes y capitanes del ejército  asirio,

15            y eligió a los hombres más selectos para la guerra, como lo había ordenado su señor: unos 120.000 hombres, más 12.000 arqueros a caballo,

16            y los puso en orden de combate, como se ordena una multitud para la batalla.

17            Tomó una gran cantidad de camellos, asnos y mulas para el bagage e incontable número de ovejas, bueyes y cabras para el avituallamiento;

18            provisiones abundantes para cada hombre y muchísimo oro y plata de la casa real.

19            Se puso luego Holofernes en camino con todo su ejército para preceder al rey Nabucodonosor y para cubrir toda la  superficie de la tierra de occidente con sus carros, sus caballos y sus mejores infantes.

20            Se les agregó una multitud tan numerosa como la langosta y como la arena de la tierra, que les seguía en tan gran número que no se podía calcular.

21            Se alejaron de Nínive tres jornadas de camino hasta la llanura de Bektilez, y acamparon junto a Bektilez, cerca  del monte que está a la izquierda de la Cilicia superior.

22            Tomó todo su ejército, infantes, jinetes y carros, y partió de allí hacia la montaña.

23            Desbarató a Put y Lud, devastó a todos los hijos de Rassis y a los hijos de Ismael que están al borde del desierto, al sur de Jeleón,

24            atravesó el Eufrates, recorrió Mesopotamia, arrasó todas las ciudades altas que dominan el torrente Abroná y llegó hasta el mar.

25            Se apoderó del territorio de Cilicia y, derrotando a cuantos se le oponían, alcanzó la frontera de Jafet por el sur, frente a Arabia.

26            Cercó a todos los madianitas, incendió sus tiendas y saqueó sus aduares;

27            descendió hacia la llanura de Damasco, al tiempo de la siega del trigo, incendió todos sus cultivos, exterminó  sus rebaños de ovejas y bueyes, saqueó sus ciudades, devastó sus campos y pasó a cuchillo a todos sus jóvenes.

28            Temor y espanto de él cayó sobre todos los habitantes del litoral. Los de Sidón y Tiro, los habitantes de Sur y Okina, los de Yamnia, Azoto y Ascalón temblaron ante él.

Judit   3

1              Entonces le enviaron mensajeros para decirle en son de paz:

2              «Nosotros, siervos del gran rey Nabucodonosor, nos postramos ante ti. Trátanos como mejor te parezca.

3              Nuestras granjas y todo nuestro territorio, nuestros campos de trigo, los rebaños de ovejas y bueyes, todas las majadas de nuestros campamentos, están a tu disposición. Haz con ellos lo que quieras.

4              También nuestras ciudades y los que las habitan son siervos tuyos. Ven, dirígete a ellas y haz lo que te parezca bien.»

5              Los enviados se presentaron ante Holofernes y le comunicaron estas palabras.

6              Entonces él bajó con todo su ejército al litoral, puso guarniciones en las ciudades altas, y les tomó los mejores hombres en calidad de tropas auxiliares.

7              Los habitantes de las ciudades y todos los de los contornos salieron a recibirle con coronas y danzando al son  de tambores.

8              El saqueó sus santuarios y taló sus bosques sagrados, pues había recibido la orden de destruir todas las divinidades del país para que todas las gentes adorasen únicamente a Nabucodonosor y todas las lenguas y todas  las tribus le proclamasen dios.

9              Llegó después frente a Esdrelón, junto a Dotán, que está ante la gran sierra montañosa de Judea,

10            acamparon entre Gueba y Escitópolis y se detuvo allí un mes, haciendo acopio de provisiones para su ejército.

Judit   4

1              Los israelitas que habitaban en Judea oyeron todo cuanto Holofernes, jefe supremo del ejército de Nabucodonosor, rey de Asiria, había hecho con todas las naciones: cómo había saqueado sus templos y los había destruido,

2              y tuvieron gran miedo ante él, temblando por la suerte de Jerusalén y por el Templo del Señor su Dios,

3              pues hacía poco que habían vuelto del destierro y apenas si acababa de reunirse el pueblo de Judea y de ser consagrados el mobiliario, el altar y el Templo profanados.

4              Pusieron, pues, sobre aviso a toda la región de Samaría, a Koná, Bet Jorón, Belmáin, Jericó, y también Joba, Esorá y el valle de Salem,

5              y ocuparon con tiempo todas las alturas de las montañas más elevadas, fortificaron los poblados que había en ellas e hicieron provisiones con vistas a la guerra, pues tenían reciente la cosecha de los campos.

6              El sumo sacerdote Yoyaquim, que estaba entonces en Jerusalén, escribió a los habitantes de Betulia y Betomestáin, que está frente a Esdrelón, a la entrada de la llanura cercana a Dotán,

7              ordenándoles que tomaran posiciones en las subidas de la montaña que dan acceso a Judea, pues era fácil detener  allí a los atacantes por la angostura del paso que sólo permite avanzar dos hombres de frente.

8              Los israelitas cumplieron la orden del sumo sacerdote Yoyaquim y del Consejo de Ancianos de todo el pueblo de Israel que se encontraba en Jerusalén.

9              Todos los hombres de Israel clamaron a Dios con gran fervor, y con gran fervor se humillaron;

10            y ellos, sus mujeres, sus hijos y sus ganados, los forasteros residentes, los jornaleros y los esclavos, se ciñeron de sayal.

11            Todos los hombres, mujeres y niños de Israel que habitaban en Jerusalén se postraron ante el Templo, cubrieron de ceniza sus cabezas y extendieron las manos ante el Señor.

12            Cubrieron el altar de saco y clamaron insistentemente, todos a una, al Dios de Israel, para que no entregase sus hijos al saqueo, sus mujeres al pillaje, las ciudades de su herencia a la destrucción y las cosas santas a la profanación y al ludibrio, para mofa de los gentiles.

13            El Señor oyó su voz y vio su angustia. El pueblo ayunó largos días en toda Judea y en Jerusalén, ante el santuario del Señor Omnipotente.

14            El sumo sacerdote Yoyaquim y todos los que estaban delante del Señor, sacerdotes y ministros del Señor, ceñidos  de sayal, ofrecían el holocausto perpetuo, las oraciones y las ofrendas voluntarias del pueblo,

15            y con la tiara cubierta de ceniza clamaban al Señor con todas sus fuerzas para que velara benignamente por toda  la casa de Israel.

Judit   5

1              Se dio aviso a Holofernes, jefe supremo del ejército asirio, de que los israelitas se habían preparado para la guerra, que habían cerrado los pasos de las montañas, fortificado todas las alturas de los montes elevados y puesto obstáculos en las llanuras.

2              Esto le irritó sobremanera, y mandó llamar a todos los jefes de Moab, a los generales de Ammón y a todos los sátrapas del litoral,

3              les dijo: «Hijos de Canaán, hacedme saber quién es este pueblo establecido en la montaña, qué ciudades habita,  cuál es la importancia de su ejército y en qué estriba su poder y su fuerza, qué rey está a su frente y manda a sus soldados,

4              y por qué, a diferencia de todos los demás pueblos de occidente, han desdeñado salir a recibirme.»

5              Entonces Ajior, general de todos los ammonitas, le dijo: «Escuche mi señor las palabras de la boca de tu siervo y te diré la verdad sobre este pueblo que habita esta montaña junto a la que te encuentras. No saldrá mentira de la boca de tu siervo.

6              Este pueblo desciende de los caldeos.

7              Al principio se fueron a residir a Mesopotamia, porque no quisieron seguir a los dioses de sus padres, que vivían  en Caldea.

8              Se apartaron del camino de sus padres y adoraron al Dios del Cielo, al Dios que habían reconocido. Por eso les  arrojaron de la presencia de sus dioses y ellos se refugiaron en Mesopotamia, donde residieron por mucho tiempo.

9              Su Dios les ordenó salir de su casa y marchar a la tierra de Canaán; se establecieron en ella y fueron colmados  de oro, de plata y de gran cantidad de ganado.

10            Bajaron después a Egipto, porque el hambre se extendió sobre la superficie de la tierra de Canaán, y permanecieron allí mientras tuvieron alimentos. Allí se hicieron muy numerosos, de modo que no se podía contar a los de su raza.

11            Pero el rey de Egipto se alzó contra ellos y los engañó con el trabajo de los ladrillos, los humilló y los redujo  a esclavitud.

12            Clamaron a su Dios, que castigó la tierra de Egipto con plagas incurables. Los egipcios, entonces, los arrojaron lejos de sí.

13            Dios secó a su paso el mar Rojo,

14            y los condujo por el camino del Sinaí y Cadés Barnea. Arrojaron a todos los moradores del desierto,

15            se establecieron en el país de los amorreos y aniquilaron por la fuerza a todos los jesbonitas. Pasaron el Jordán y se apoderaron de toda la montaña,

16            expulsaron ante ellos al cananeo, al perizita, al jebuseo, a los siquemitas y a todos los guirgasitas, y habitaron allí por mucho tiempo.

17            Mientras no pecaron contra su Dios vivieron en prosperidad, porque está en medio de ellos un Dios que odia la iniquidad.

18            Pero cuando se apartaron del camino que les había impuesto, fueron duramente aniquilados por múltiples guerras, y deportados a tierra extraña; el Templo de su Dios fue arrasado y sus ciudades cayeron en poder de sus adversarios.

19            Pero ahora, habiéndose convertido a su Dios, han vuelto de los diversos lugares en que habían sido dispersados, han tomado posesión de Jerusalén, donde se encuentra su santuario, y se han estabecido en la montaña que había quedado desierta.

20            Así pues, dueño y señor, si hay algún extravío en este pueblo, si han pecado contra su Dios, y vemos que hay en ellos alguna causa de ruina, subamos y ataquémoslos.

21            Pero si no hay iniquidad en esa gente, que mi señor se detenga, no sea que su Dios y Señor les proteja con su escudo y nos hagamos nosotros la irrisión de toda la tierra.»

22            En acabando de decir Ajior todas estas palabras, se alzó un murmullo entre toda la gente que estaba en torno de la tienda, y los magnates de Holofernes y los habitantes de la costa y de Moab hablaron de despedazarle.

23            «¡No tememos a los israelitas! No son gente que tenga fuerza ni vigor para un encuentro violento.

24            ¡Subamos y serán un bocado para todo tu ejército, señor, Holofernes!»

Judit   6

1              Calmado el tumulto provocado por los hombres que estaban en torno al Consejo. Holofernes, jefe supremo del ejército de Asiria, dijo a Ajior delante de todos los pueblos extranjeros y de los moabitas:

2              «¿Quién eres tú, Ajior, y quiénes los mercenarios de Ammón, que te permites hoy lanzar profecías entre nosotros y nos aconsejas que no luchemos contra esta ralea de Israel, porque su Dios los cubrirá con su escudo? ¿Qué otro dios hay fuera de Nabucodonosor? Este enviará su fuerza y los aniquilará de sobre la faz de la tierra, sin que su Dios pueda librarlos.

3              Nosotros, sus siervos, los batiremos como si fueran sólo un hombre,

4              y no podrán resistir el empuje de nuestros caballos. Los pasaremos a fuego sin distinción. Sus montes se embriagarán de su sangre y sus llanuras se colmarán con sus cadáveres. No podrán mantenerse a pie firme ante nosotros y serán totalmente destruidos, dice el rey Nabucodonosor, Señor de toda la tierra. Porque lo ha dicho y no quedarán sin cumplimiento sus palabras.

5              Cuanto a ti, Ajior, mercenario ammonita, que has dicho estas palabras el día de tu iniquidad, a partir de ahora  no verás ya mi rostro hasta el día en que tome venganza de esa ralea venida de Egipto.

6              Entonces, el hierro de mis soldados y la lanza de mis servidores te atravesará los costados y caerás junto a sus  heridos, cuando yo me revuelva contra ellos.

7              Mis servidores te van a llevar a la montaña y te van a dejar en una de las ciudades que están en las subidas.

8              No perecerás sino cuando seas aniquilado justo con ellos.

9              Y no muestres un rostro tan abatido ya que en tu corazón esperas que no serán conquistados. Así lo digo y no dejará de cumplirse ni una sola de mis palabras.»

10            Holofernes ordenó a los servidores que estaban al servicio de su tienda que tomasen a Ajior, lo llevasen a Betulia y lo entregasen en manos de los israelitas.

11            Los servidores le agarraron y le condujeron fuera del campamento, a la llanura; y de la llanura abierta pasaron a la región montañosa, alcanzando las fuentes que había al pie de Betulia.

12            Cuando los hombres de la ciudad los divisaron desde la cumbre del monte, corrieron a las armas y salieron fuera  de la ciudad, a la cumbre del monte, mientras los honderos dominaban la subida y disparaban sus piedras  contra ellos.

13            Entonces los asirios se deslizaron al pie del monte, ataron a Ajior, lo dejaron tendido en la falda y se volvieron  donde su señor.

14            Los israelitas bajaron de su ciudad, se acercaron y desatándole le llevaron a Betulia y le presentaron a los jefes de la ciudad,

15            que en aquel tiempo eran Ozías, hijo de Miqueas, de la tribu de Simeón, Jabrís, hijo de Gotoniel, y Jarmís, hijo de Melkiel.

16            Estos mandaron convocar a todos los ancianos de la ciudad. Se unieron también a la asamblea todos lo jóvenes y las mujeres; pusieron a Ajior en medio de todo el pueblo y Ozías le interrogó acerca de los sucedido.

17            Ajior respondió narrándoles las deliberaciones habidas en el Consejo de Holofernes, todas las cosas que él mismo había dicho delante de todos los jefes de los asirios y las bravatas que Holofernes había proferido contra la casa de Israel.

18            Entonces el pueblo se postró, adoró a Dios y clamó:

19            «Señor, Dios del cielo, mira su soberbia, compadécete de la humillación de nuestra raza y mira con piedad el rostro de los que te están consagrados».

20            Después dieron ánimos a Ajior y le felicitaron calurosamente,

21            y a la salida de la asamblea, Ozías le condujo a su propia casa y ofreció un banquete a los ancianos. Y estuvieron invocando la ayuda del Dios de Israel durante toda la noche.

Judit   7

1              Al día siguiente ordenó Holofernes a todo su ejército y a todos los pueblos que iban como tropas auxiliares mover el campo contra Betulia, ocupar los accesos de la montaña y comenzar las hostilidades contra los israelitas.

2              El mismo día levantaron el campo todos los hombres de su ejército; el número de sus guerreros era de 120.000 infantes y 12.000 jinetes, sin contar los encargados del bagaje y la gran cantidad de hombres que iban a pie con ellos.

3              Acamparon en el valle que hay cerca de Betulia, junto a la fuente, y se desplegaron en profundidad desde Dotán hasta Belbáin, y en longitud desde Betulia hasta Kiamón, que está frente a Esdrelón.

4              Cuando los israelitas vieron su muchedumbre, quedaron sobrecogidos y se dijeron unos a otros: «Estos ahora van a arrasar toda la tierra y ni los montes más altos ni los barrancos ni las colinas podrán soportar su peso.»

5              Tomó cada cual su equipo de guerra, encendieron hogueras en las torres y permanecieron sobre las armas toda aquella  noche.

6              Al segundo día, Holofernes hizo desfilar toda su caballería ante los israelitas que había en Betulia.

7              Inspeccionó todas las subidas de la ciudad, reconoció las fuentes y las ocupó, dejando en ellas guarniciones de soldados; y él se volvió donde su ejército.

8              Se acercaron entonces a él los príncipes de los hijos de Esaú, todos los jefes de los moabitas y los generales del litoral, y le dijeron:

9              «Que nuestro señor escuche una palabra y no habrá ni un solo herido en tu ejército.

10            Este pueblo de los israelitas no confía tanto en sus lanzas como en las alturas de los montes en que habitan. De hecho no es fácil escalar la cumbre de estos montes.

11            «Por eso, señor, no pelees contra ellos en el orden de batalla acostumbrado, para que no caiga ni un solo hombre de los tuyos.

12            Quédate en el campamento y conserva todos los hombres de tu ejército. Que tus siervos se apoderen de la fuente  que brota en la falda de la montaña,

13            porque de ella se abastecen todos los habitantes de Betulia. La sed los destruirá y tendrán que entregarte la ciudad. Nosotros y nuestro pueblo ocuparemos las alturas de los montes cercanos y acamparemos en ellas, vigilando  para que no salga de la ciudad ni un solo hombre.

14            Ellos, sus mujeres y sus hijos, serán consumidos por el hambre y, aun antes de que la espada les alcance, caerán tendidos por las plazas de su ciudad.

15            Entonces les impondrás un duro castigo por haberse rebelado y no haber salido a tu encuentro en son de paz.»

16            Parecieron bien estos consejos a Holofernes y a todos sus oficiales, y ordenó que se ejecutara lo que proponían.

17            Se puso en marcha el ejército moabita, reforzado por 5.000 asirios, acamparon en el valle y se apoderaron de los  depósitos de agua y de las fuentes de los israelitas.

18            Los edomitas y ammonitas, por su parte, acamparon en el monte, frente a Dotán, y enviaron destacamentos hacia el sur y el este, frente a Egrebel, que está al lado de Jus, sobre el torrente Mojmur. El resto del ejército  asirio quedó acampado en la llanura y cubría toda la superficie del suelo. Sus tiendas y bagajes formaban un campamento inmenso, porque eran una enorme muchedumbre.

19            Clamaron los israelitas al Señor su Dios, pues su ánimo empezaba a flaquear, viendo que el enemigo les había cercado y cortado toda retirada.

20            34 días estuvieron cercados por todo el ejército asirio, infantes, carros y jinetes. A todos las habitantes de Betulia se les acabaron las reservas de agua;

21            las cisternas se agotaron; ni un solo día podían beber a satisfacción, porque se les daba el agua racionada.

22            Los niños aparecían abatidos, las mujeres y los adolescentes desfallecían de sed y caían en las plazas y a las salidas de las puertas de la ciudad, faltos de fuerzas.

23            Todo el pueblo, los adolescentes, las mujeres y los niños, se reunieron en torno a Ozías y a los jefes de la ciudad y clamaron a grandes voces, diciendo delante de los ancianos:

24            «Juzgue Dios entre nosotros y vosotros, pues habéis cometido una gran injusticia contra nosotros, por no haber  hecho tentativas de paz con los asirios.

25            Y ahora no hay nadie que pueda valernos. Dios nos ha vendido en sus manos, para sucumbir ante ellos de sed y destrucción total.

26            Llamadles ahora mismo y entregad toda la ciudad al saqueo de la gente de Holofernes y de todo su ejército.

27            Mejor nos es convertirnos en botín suyo. Seremos sus esclavos, pero salvaremos la vida y no tendremos que ver cómo, a nuestros ojos, se mueren nuestros niños y expiran nuestras mujeres y nuestros hijos.

28            Os conjuramos por el cielo y por la tierra, y por nuestro Dios, Señor de nuestros padres, que nos ha castigado por nuestros pecados, y por los pecados de nuestros padres, que cumpláis ahora mismo nuestros deseos.»

29            Y toda la asamblea, a una, prorrumpió en gran llanto y clamaron, a grandes voces, al Señor Dios.

30            Ozías les dijo: «Tened confianza, hermanos; resistamos aún cinco días, y en este tiempo el Señor Dios nuestro volverá su compasión hacia nosotros, porque no nos ha de abandonar por siempre.

31            Pero si pasan estos días sin recibir ayuda cumpliré vuestros deseos.»

32            Y despidió a la gente, cada cual a su puesto. Los hombres fueron a las murallas y torres de la ciudad, y a las  mujeres y niños los enviaron a casa. Había en la ciudad un gran abatimiento.

Judit   8

1              Se enteró entonces de ello Judit, hija de Merarí, hijo de Ox, hijo de José, hijo de Oziel, hijo de Elcías, hijo de Ananías, hijo de Gedeón, hijo de Rafaín, hijo de Ajitob, hijo de Elías, hijo de Jilquías, hijo de Eliab, hijo de Natanael, hijo de Salamiel, hijo de Sarasaday, hijo de Israel.

2              Su marido Manasés, de la misma tribu y familia que ella, había muerto en la época de la recolección de la cebada.

3              Estaba, en efecto, en el campo, vigilando a los que ataban las gavillas, y le dio una insolación a la cabeza, cayó en cama y vino a morir en su ciudad de Betulia. Fue sepultado junto a sus padres, en el campo que hay entre Dotán y Balamón.

4              Judit llevaba ya tres años y cuatro meses viuda, viviendo en su casa.

5              Se había hecho construir un aposento sobre el terrado de la casa, se había ceñido de sayal y se vestía vestidos de viuda; ayunaba

6              durante toda su viudez, a excepción de los sábados y las vigilias de los sábados, los novilunios y sus vigilias, las solemnidades y los días de regocijo de la casa de Israel.

7              Era muy bella y muy bien parecida. Su marido Manasés le había dejado oro y plata, siervos y siervas, ganados y  campos, quedando ella como dueña,

8              y no había nadie que pudiera decir de ella una palabra maliciosa, porque tenía un gran temor de Dios.

9              Oyó, pues, Judit las amargas palabras que el pueblo había dicho contra el jefe de la ciudad, pues habían perdido el ánimo ante la escasez de agua. Supo también todo cuanto Ozías les había respondido y cómo les había jurado que entregaría la ciudad a los asirios al cabo de cinco días.

10            Entonces, mandó llamar a Jabrís y Jarmís, ancianos de la ciudad, por medio de la sierva que tenía al frente de su hacienda.

11            Vinieron y ella les dijo: «Escuchadme, jefes de los moradores de Betulia. No están bien las palabras que habéis pronunciado hoy delante del pueblo, cuando habéis interpuesto entre Dios y vosotros un juramento, asegurando que entregaríais la  ciudad a nuestros enemigos si en el plazo convenido no os enviaba socorro el Señor.

12            ¿Quiénes sois vosotros para permitiros hoy poner a Dios a prueba y suplantar a Dios entre los hombres?

13            ¡Así tentáis al Señor Onmipotente, vosotros que nunca llegaréis a comprender nada!

14            Nunca llegaréis a sondear el fondo del corazón humano, ni podréis apoderaros de los pensamientos de su inteligencia, pues ¿cómo vais a escrutar a Dios que hizo todas las cosas, conocer su inteligencia y comprender sus pensamientos? No, hermanos, no provoquéis la cólera del Señor, Dios nuestro.

15            Si no quiere socorrernos en el plazo de cinco días, tiene poder para protegernos en cualquier otro momento, como lo tiene para aniquilarnos en presencia de nuestros enemigos.

16            Pero vosotros no exijáis garantías a los designios del Señor nuestro Dios, porque Dios no se somete a las amenazas, como un hombre, ni se le marca, como a un hijo de hombre, una línea de conducta.

17            Pidámosle más bien que nos socorra, mientras esperamos confiadamente que nos salve. Y él escuchará nuestra súplica, si le place hacerlo.

18            «Verdad es que no hay en nuestro tiempo ni en nuestros días tribu, familia, pueblo o ciudad de las nuestras que se postre ante dioses hechos por mano de hombre, como sucedió en otros tiempos,

19            en castigo de lo cual fueron nuestros padres entregados a la espada y al saqueo, y sucumbieron desastradamente  ante sus enemigos.

20            Pero nosotros no conocemos otro Dios que él, y en esto estriba nuestra esperanza de que no nos mirará con desdén  ni a nosotros ni a ninguno de nuestra raza.

21            «Porque si de hecho se apoderan de nosotros, caerá todo Judea; nuestro santuario será saqueado y nosotros tendremos que responder de esta profanación con nuestra propia sangre.

22            La muerte de nuestros hermanos, la deportación de esta tierra y la devastación de nuestra heredad, caerá sobre  nuestras cabezas, en medio de las naciones en que estemos como esclavos y seremos para nuestros amos escarnio y mofa,

23            ya que nuestra esclavitud no concluiría en benevolencia, sino que el Señor nuestro Dios la convertiría en deshonra.

24            Ahora, pues, hermanos, mostremos a nuestros hermanos que su vida depende de nosotros y que sobre nosotros se apoyan las cosas sagradas, el Templo y el altar.

25            «Por todo esto, debemos dar gracias al Señor nuestro Dios que ha querido probarnos como a nuestros padres.

26            Recordad lo que hizo con Abraham, las pruebas por que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando pastoreaba los rebaños de Labán, el hermano de su madre.

27            Como les puso a ellos en el crisol para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros, los que nos acercamos a él, no para castigarnos, sino para amonestarnos.»

28            Ozías respondió: «En todo cuanto has dicho, has hablado con recto juicio y nadie podrá oponerse a tus razones,

29            ya que no has empezado hoy a dar muestras de tu sabiduría, sino que de antiguo conoce todo el pueblo tu inteligencia  y la bondad de los pensamientos que forma tu corazón.

30            Pero el pueblo padecía gran sed y nos obligaron a pronunciar aquellas palabras, y a comprometernos con un juramento que no podemos violar.

31            Ahora, pues, tú que eres una mujer piadosa, pide por nosotros al Señor que envíe lluvia para llenar nuestras cisternas, y así no nos veamos acabados.»

32            Respondió Judit: «Escuchadme. Voy a hacer algo que se transmitirá de generación en generación entre los hijos de nuestra raza.

33            Estad esta noche a la puerta de la ciudad. Yo saldré con mi sierva y antes del plazo que os habéis fijado para entregar la ciudad a nuestros enemigos, visitará el Señor a Israel por mi mano.

34            No intentéis averiguar lo que quiero hacer, pues no lo diré hasta no haberlo cumplido.»

35            Ozías y los jefes le dijeron: «Vete en paz y que el Señor Dios te preceda para tomar venganza de nuestros enemigos.»

36            Y dejando el aposento, regresaron a sus puestos.

Judit   9

1              Cayó Judit, rostro en tierra, echó ceniza sobre su cabeza, dejó ver el sayal que tenía puesto y, a la misma hora en que se ofrecía en Jerusalén, en la Casa de Dios, el incienso de aquella tarde, clamó al Señor en alta voz diciendo:

2              Señor, Dios de mi padre Simeón,          a quien diste una espada para vengarse de extranjeros          que habían soltado el ceñidor de una virgen para             mancha,          que desnudaron sus caderas para vergüenza          y profanaron su seno para deshonor;          pues tú dijiste: «Eso no se hace», y ellos lo             hicieron.

3              Por eso entregaste sus jefes a la muerte          y su lecho, rojo de vergüenza por su engaño,          lo dejaste engañado hasta la sangre.      Castigaste a los esclavos con los príncipes,          a los príncipes con los siervos.

4              Entregaste al saqueo a sus mujeres,          sus hijas al destierro,          todos sus despojos en reparto          para tus hijos amados,          que se habían encendido de tu celo,          y tuvieron horror a la mancha hecha a su sangre          y te llamaron en su ayuda.          ¡Oh Dios, mi Dios, escucha a esta viuda!

5              Tú que hiciste las cosas pasadas,          las de ahora y las venideras,          que has pensado el presente y el futuro;          y sólo sucede lo que tú dispones,

6              y tus designios se presentan y te dicen:          «Aquí estamos!»      Pues todos tus caminos están preparados          y tus juicios de antemano previstos.

7              Mira, pues, a los asirios que juntan muchas fuerzas,          orgullosos de sus caballos y jinetes,          engreídos por la fuerza de sus infantes,          fiados en sus escudos y en sus lanzas,          en sus arcos y en sus hondas,          y no han reconocido que tú eres el Señor,          quebrantador de guerras.

8              Tu Nombre es «¡Señor!»          ¡Quebranta su poder con tu fuerza!          ¡Abate su poderío con tu cólera!,          pues planean profanar tu santuario,          manchar la Tienda en que reposa          la Gloria de tu Nombre,          y derribar con fuerza el cuerno de tu altar.

9              Mira su altivez,          y suelta tu ira sobre sus cabezas;          da a mi mano de viuda          fuerza para lo que he proyectado.

10            Hiere al esclavo con el jefe,          y al jefe con su siervo,          por la astucia de mis labios.      Abate su soberbia          por mano de mujer.

11            No está en el número tu fuerza,          ni tu poder en los valientes,          sino que eres el Dios de los humildes,          el defensor de los pequeños,          apoyo de los débiles,          refugio de los desvalidos,          salvador de los desesperados.

12            ¡Sí, sí! Dios de mi padre          y Dios de la herencia de Israel,      Señor de los cielos y la tierra,      Creador de las aguas,      Rey de toda tu creación,          ¡escucha mi plegaria!

13            Dame una palabra seductora          para herir y matar          a los que traman duras decisiones          contra tu alianza,          contra tu santa Casa          y contra el monte Sión          y la casa propiedad de tus hijos.

14            Haz conocer a toda nación y toda tribu          que tú eres Yahveh, Dios de todo poder y toda fuerza,          y que no hay otro protector fuera de ti          para la estirpe de Israel.

Judit  10

1              Acabada su plegaria al Dios de Israel, y dichas todas estas palabras,

2              se levantó Judit del suelo, llamó a su sierva y bajando a la casa donde pasaba los sábados y solemnidades,

3              se quitó el sayal que vestía, se desnudó de sus vestidos de viudez, se baño toda, se ungió con perfumes exquisitos, se compuso la cabellera poniéndose una cinta, y se vistió los vestidos que vestía cuando era feliz, en vida de su marido Manasés.

4              Se calzó las sandalias, se puso los collares, brazeletes y anillos, sus pendientes y todas sus joyas, y realzó su hermosura cuanto pudo, con ánimo de seducir los ojos de todos los hombres que la viesen.

5              Luego dio a su sierva un odre de vino y un cántaro de aceite, llenó una alforja con harina de cebada, tortas de higos y panes puros, empaquetó las provisiones y se lo entregó igualmente a su sierva.

6              Luego se dirigieron a la puerta de la ciudad, de Betulia, donde se encontraron con Ozías y con Jabrís y Jarmís, ancianos de la ciudad.

7              Cuando vieron a Judit con el rostro transformado y mudada de vestidos, se quedaron maravillados de su extremada hermosura y le dijeron:

8              «¡Que el Dios de nuestros padres te haga alcanzar favor          y dé cumplimiento a tus designios,          para gloria de los hijos de Israel          y exaltación de Jerusalén!»

9              Ella adoró a Dios y les dijo: «Mandad que me abran la puerta de la ciudad para que vaya a poner por obra los deseos de que me habéis hablado.» Ellos mandaron a los jóvenes que le abrieran, tal como lo pedía.

10            Así lo hicieron ellos, y salió Judit con su sierva. Los hombres de la ciudad la siguieron con la mirada mientras  descendía por la ladera, hasta que llegó al valle; y allí la perdieron de vista.

11            Avanzaron ellas a derecho por el valle, hasta que le salió al encuentro una avanzada de los asirios,

12            que la detuvieron y preguntaron: «¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?» Ella respondió: «Hija de hebreos soy y huyo de ellos, porque están a punto de ser devorados por vosotros.

13            Vengo a presentarme ante Holofernes, jefe de vuestro ejército, para hablarle con sinceridad y mostrarle un camino por el que pueda pasar para adueñarse de toda la montaña, sin que perezca ninguno de sus hombres y sin que se pierda una sola vida».

14            Oyéndola hablar aquellos hombres, y viendo la admirable hermosura de su rostro, le dijeron:

15            «Has salvado tu vida con tu decisión de bajar a presentarte ante nuestro señor. Dirígete a su tienda, que algunos de los nuestros te acompañarán hasta ponerte en sus manos.

16            Cuando estés en su presencia, no tengas miedo; anúnciale tus propósitos y él se portará bien contigo.»

17            Y eligieron entre ellos cien hombres que le dieran escolta a ella y a su sierva y las llevaran hasta la tienda de Holofernes.

18            Habiéndose corrido por todas las tiendas la noticia de su llegada, concurrió la gente del campamento, que hicieron corro en torno a ella, mientras esperaba, fuera de la tienda, que la anunciasen a Holofernes.

19            Se quedaban admirados de su belleza y, por ella, admiraban a los israelitas, diciéndose unos a otros: «¿Quién puede menospreciar a un pueblo que tiene mujeres como ésta? ¡Sería un error dejar con vida a uno solo de ellos, porque los que quedaran, serían capaces de engañar a toda la tierra!»

20            Salieron, pues, los de la escolta personal de Holofernes y todos sus servidores y la introdujeron en la tienda.

21            Estaba Holofernes descansando en su lecho, bajo colgaduras de oro y púrpura recamadas de esmeraldas y piedras preciosas.

22            Se la anunciaron y él salió hasta la entrada de la tienda, precedido de lámparas de plata.

23            Cuando Judit llegó ante Holofernes y sus ministros, todos se maravillaron de la hermosura de su rostro. Cayó ella rostro en tierra y se postró ante él, pero los siervos la levantaron.

Judit  11

1              Holofernes le dijo: «Ten confianza, mujer, no tengas miedo, porque yo ningún mal hago a quien se decide a servir  a Nabucodonosor, rey de toda la tierra.

2              Tampoco contra tu pueblo de la montaña habría alzado yo mi lanza, si ellos no me hubieran despreciado; pero ellos mismos lo han querido.

3              Dime ahora por qué razón huyes de ellos y te pasas a nosotros. Desde luego, al venir aquí te has salvado. Ten confianza; vivirás esta noche y las restantes.

4              Nadie te hará ningún mal; serás bien tratada, como se hace con los siervos de mi señor, el rey Nabucodonosor.»

5              Respondió Judit: «Acoge las palabras de tu sierva, y que tu sierva pueda hablar en tu presencia. Ninguna falsedad diré esta noche a mi señor.

6              Si te dignas seguir los consejos de tu sierva, Dios actuará contigo hasta el fin y mi señor no fracasará en sus  proyectos.

7              ¡Viva Nabucodonosor, rey de toda la tierra y viva su poder que te ha enviado para poner en el recto camino a todo viviente!; porque gracias a ti no le sirven tan sólo los hombres, sino que, por medio de tu fuerza, hasta  las fieras salvajes, los ganados y las aves del cielo viven para Nabucodonosor y para toda su casa.

8              «Nosotros, en efecto, hemos oído hablar de tu sabiduría y de la prudencia de tu espíritu, y se dice por toda la tierra que tú eres el mejor en todo el reino, de profundos conocimientos y admirable como estratega.

9              Por lo que se refiere al discurso que Ajior pronunció en tu Consejo, nosotros hemos oído sus mismas palabras, pues los hombres de Betulia le han salvado y él les refirió todo lo que te dijo.

10            Acerca de esto, dueño y señor, no desestimes sus palabras; tenlas bien presentes, porque responden a la verdad. Pues muestra raza no recibe castigo ni la espada tiene poder sobre ellos, si no han pecado contra su Dios.

11            Pero precisamente para que mi señor no se vea rechazado y con las manos vacías, la muerte va a caer sobre sus cabezas. Han caído en un pecado con el que provocan la cólera de su Dios cada vez que cometen tal desorden.

12            En vista de que se les acaban los víveres y escasea el agua, han deliberado echar mano de sus ganados y están ya decididos a consumir todo aquello que su Dios, por sus leyes, les ha prohibido comer.

13            Han decidido, igualmente, consumir las primicias del trigo y el diezmo del vino y del aceite que habían reservado, porque están consagrados a los sacerdotes que están en la presencia de nuestro Dios, en Jerusalén, y que ningún laico puede ni tan siquiera tocar con la mano.

14            Han enviado mensajeros a Jerusalén (cuyos habitantes hacen estas mismas cosas) para recabar del Consejo de Ancianos los permisos.

15            Y en cuanto les sea concedido y lo realicen, en ese mismo momento te serán entregados para su destrucción.

16            Cuando yo, tu esclava, supe todo esto, huí de ellos. Mi Dios me ha enviado para que yo haga contigo cosas de que se pasmará toda la tierra y todos cuantos las oigan.

17            Porque tu esclava es piadosa y sirve noche y día al Dios del Cielo. Ahora, mi señor, quisiera quedarme a tu lado. Tu sierva saldría por las noches hacia el barranco, para suplicar a mi Dios y El me dirá cuándo han cometido su pecado.

18            Yo vendré a comunicártelo y entonces tú saldrás con todo tu ejército y ninguno de ellos podrá resistirte.

19            Yo te guiaré por medio de Judea hasta llegar a Jerusalén y haré que te asientes en medio de ella. Tú los llevarás  como rebaño sin pastor, y ni un perro ladrará contra ti. He tenido el presentimiento de todo esto; me ha sido anunciado y he sido enviada para comunicártelo.»

20            Agradaron estas palabras a Holofernes y a todos sus servidores, que estaban admirados de su sabiduría, y dijeron:

21            «De un cabo al otro del mundo, no hay mujer como ésta, de tanta hermosura en el rostro y tanta sensatez en las  palabras.»

22            Holofernes le dijo: «Bien ha hecho Dios en enviarte por delante de tu pueblo, para que esté en nuestras manos el  poder, y en manos de los que han despreciado a mi señor, la ruina.

23            Por lo demás, eres tan bella de aspecto como prudente en tus palabras. Si haces lo que has prometido, tu Dios será mi Dios, vivirás en el palacio del rey Nabucodonosor y serás famosa en toda la tierra.»

Judit  12

1              Mandó luego que la introdujeran donde tenía su vajilla y ordenó que le sirvieran de sus propios manjares y le dieran  a beber de su propio vino.

2              Pero Judit dijo: «No debo comer esto, para que no me sea ocasión de falta. Se me dará de las provisiones que traje  conmigo.»

3              Holofernes le dijo: «Cuando se te acaben las cosas que tienes, ¿de dónde podremos traerte otras iguales? Porque  no hay nadie de los tuyos con nosotros.»

4              Respondió Judit: «Por tu vida, mi señor; que, antes que tu sierva haya consumido lo que traje, cumplirá el Señor, por mi mano, sus designios.»

5              Los siervos de Holofernes la condujeron a la tienda, y ella durmió hasta media noche. Al acercarse la vigilia de la aurora, se levantó,

6              y envió a decir a Holofernes: «Ordene mi señor que se dé a tu sierva permiso para salir a orar.»

7              Holofernes ordenó a su escolta que no se lo impidieran. Judit permaneció tres días en el campamento. Cada noche  se dirigía hacia el barranco de Betulia y se lavaba en la fuente donde estaba el puesto de guardia.

8              A su regreso, suplicaba al Señor, Dios de Israel, que diese buen fin a sus proyectos para exaltación de los hijos de su pueblo.

9              Y, ya purificada, entraba en la tienda y allí permanecía hasta que le traían su comida de la tarde.

10            Al cuarto día, dio Holofernes un banquete exclusivamente para sus oficiales; no invitó a ninguno de los encargados  de los servicios.

11            Dijo, pues, a Bagoas, el eunuco que tenía al frente de sus negocios: «Trata de persuadir a esa mujer hebrea que tienes contigo, que venga a comer y beber con nosotros.

12            Sería una vergüenza para nosotros que dejáramos marchar a tal mujer sin habernos entretenido con ella. Si no somos  capaces de atraerla, luego hará burla de nosotros.»

13            Salió Bagoas de la presencia de Holofernes, entró en la tienda de Judit y dijo: «Que esta bella esclava no se niegue a venir donde mi señor, para ser honrada en su presencia, para beber vino alegremente con nosotros y ser, en esta ocasión, como una de las hijas de los asirios que viven en el palacio de Nabucodonosor.»

14            Judit le respondió: «¿Quién soy yo para oponerme a mi señor? Haré prontamente todo cuanto le agrade y ello será para mí motivo de gozo mientras viva.»

15            Después se levantó y se engalanó con sus vestidos y todos sus ornatos femeninos. Se adelantó su sierva para extender en tierra, frente a Holofernes, los tapices que había recibido de Bagoas para el uso cotidiano, con el fin de que pudiera tomar la comida reclinada sobre ellos.

16            Entrando luego Judit, se reclinó. El corazón de Holofernes quedó arrebatado por ella, su alma quedó turbada y experimentó un violento deseo de unirse a ella, pues desde el día que la vio, andaba buscando ocasión de seducirla.

17            Díjole Holofernes: «¡Bebe, pues, y comparte la alegría con nosotros!»

18            Judit respondió: «Beberé señor; pues nunca, desde el día en que nací, nunca estimé en tanto mi vida como ahora.»

19            Y comió y bebió, frente a él, sirviéndose de las provisiones que su sierva había preparado.

20            Holofernes, que se hallaba bajo el influjo de su encanto, bebió vino tan copiosamente como jamás había bebido en  todos los días de su vida.

Judit  13

1              Cuando se hizo tarde, sus oficiales se apresusaron a retirarse y Bagoas cerró la tienda por el exterior, después de haber apartado de la presencia de su señor a los que todavía quedaban; y todos se fueron a dormir, fatigados  por el exceso de bebida;

2              quedaron en la tienda tan sólo Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino.

3              Judit había mandado a su sierva que se quedara fuera de su dormitorio y esperase a que saliera, como los demás días. Porque, en efecto, ella había dicho que saldría para hacer su oración y en este mismo sentido había hablado a Bagoas.

4              Todos se habían retirado; nadie, ni grande ni pequeño, quedó en el dormitorio. Judit, puesta de pie junto al lecho, dijo en su corazón: «¡Oh Señor, Dios de toda fuerza!      Pon los ojos, en esta hora, a la empresa de mis manos          para exaltación de Jerusalén.

5              Es la ocasión de esforzarse por tu heredad          y hacer que mis decisiones          sean la ruina de los enemigos que se alzan contra             nosotros.»

6              Avanzó, después, hasta la columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, tomó de allí su cimitarra,

7              y acercándose al lecho, agarró la cabeza de Holofernes por los cabellos y dijo: «¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento!»

8              Y, con todas sus fuerzas, le descargó dos golpes sobre el cuello y le cortó la cabeza.

9              Después hizo rodar el tronco fuera del lecho, arrancó las colgaduras de las columnas y saliendo entregó la cabeza  de Holofernes a su sierva,

10            que la metió en la alforja de las provisiones. Luego salieron las dos juntos a hacer la oración, como de ordinario, atravesaron el campemento, contornearon el barranco, subieron por el monte de Betulia y se presentaron ante las puertas de la ciudad.

11            Judit gritó desde lejos a los centinelas de las puertas: «¡Abrid, abrid la puerta! El Señor, nuestro Dios, está con nosotros para hacer todavía hazañas en Israel y mostrar su poder contra nuestros enemigos, como lo ha  hecho hoy mismo.»

12            Cuando los hombres de la ciudad oyeron su voz, se apresuraron a bajar a la puerta y llamaron a los ancianos.

13            Acudieron todos corriendo, desde el más grande al más chico, porque no tenían esperanza de que ella volviera; abrieron, pues, la puerta, las recibieron, y encendiendo una hoguera para que se pudiera ver, hicieron corro en torno a ellas.

14            Judit, con fuerte voz, les dijo: «¡Alabad a Dios, alabadle! Alabad a Dios, que no ha apartado su misericordia de la casa de Israel, sino que esta noche ha destrozado a nuestros enemigos por mi mano.»

15            Y sacando de la alforja la cabeza, se la mostró, diciéndoles: «Mirad la cabeza de Holofernes, jefe supremo del ejército asirio, y mirad las colgaduras bajo las cuales se acostaba en su borracheras. ¡El Señor le ha herido por mano de mujer!

16            ¡Vive el Señor!, el que me ha guardado en el camino que emprendí, que fue seducido, para perdición suya, por mi rostro, pero no ha cometido conmigo ningún pecado que me manche o me deshonre.»

17            Todo el pueblo quedó lleno de estupor y postrándose adoraron a Dios y dijeron a una: «¡Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado el día de hoy a los enemigos de tu pueblo!»

18            Ozías dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo          más que todas las mujeres de la tierra!      Y bendito sea Dios, el Señor,      Creador del cielo y de la tierra,          que te ha guiado para cortar la cabeza          del jefe de nuestros enemigos.

19            Jamás tu confianza          faltará en el corazón de los hombres          que recordarán la fuerza de Dios eternamente.

20            Que Dios te conceda, para exaltación perpetua,          el ser favorecida con todos los bienes,          porque no vacilaste en exponer tu vida          a causa de la humillación de nuestra raza.      Detuviste nuestra ruina          procediendo rectamente ante nuestro Dios.»     Todo el pueblo respondió: «¡Amén, amén!»

Judit  14

1              Judit les dijo: «Escuchadme, hermanos; tomad esta cabeza y colgadle en el saliente de nuestras murallas;

2              y apenas despunte el alba y salga el sol sobre la tierra, empuñaréis cada uno vuestras armas y saldréis fuera de la ciudad todos los hombres capaces. Que se ponga uno al frente, como si intentarais bajar a la llanura, contra la avanzada de los asirios. Pero no bajéis.

3              Los asirios tomarán sus armas y marcharán a su campamento para despertar a los jefes del ejército de Asiria. Correrán a la tienda de Holofernes, pero al no dar con él, quedarán aterrorizados y huirán ante vosotros.

4              Entonces, vosotros y todos los habitantes del territorio de Israel, saldréis en su persecución y los abatiréis  en la retirada.

5              «Pero antes, traed aquí a Ajior el ammonita, para que vea y reconozca al que despreciaba a la casa de Israel, al que le envió a nosotros como destinado a la muerte.»

6              Hicieron, pues, venir a Ajior desde la casa de Ozías. Al llegar y ver que uno de los hombres de la asamblea del pueblo tenía en la mano la cabeza de Holofernes, cayó al suelo, desvanecido.

7              Cuando le reanimaron, se echó a los pies de Judit, se postró ante ella y dijo: «¡Bendita seas en todas las tiendas de Judá          y en todas las naciones          que, cuando oigan pronunciar tu nombre,          se sentirán turbadas!»

8              «Y ahora, cuéntame lo que has hecho durante este tiempo.» Judit le contó, en medio del pueblo, todo cuanto había hecho, desde que salió hasta el momento en que les estaba hablando.

9              Cuando hubo acabado su relato, todo el pueblo lanzó grandes aclamaciones y en toda la ciudad resonaron los gritos de alegría.

10            Ajior, por su parte, viendo todo cuanto había hecho el Dios de Israel, creyó en él firmemente, se hizo circuncidar y quedó anexionado para siempre a la casa de Israel.

11            Apenas despuntó el alba, colgaron de la muralla la cabeza de Holofernes, tomaron las armas todos los hombres de  Israel y salieron, por grupos, hacia las subidas.

12            Al verlos los asirios, communicaron la novedad a sus oficiales, y éstos la fueron comunicando a sus estrategas  y comandantes y a todos sus jefes,

13            hasta llegar a la tienda de Holofernes. Dijeron, pues, a su intendente general: «Despierta a nuestro señor, porque esos esclavos tienen la osadía de bajar a combatir contra nosotros, para hacerse exterminar completamente.»

14            Entró, pues, Bagoas y dio palmadas ante la cortina de la tienda, porque suponía que Holofernes estaría durmiendo con Judit.

15            Como nadie respondía, apartó la cortina, entró en el dormitorio, y lo encontró tendido sobre el umbral muerto y decapitado.

16            Dio entonces una gran voz, con gemido y llanto y fuertes alaridos, al tiempo que rasgaba sus vestiduras.

17            Entró luego en la tienda en que se había aposentado Judit, y al no verla, se precipitó hacia la tropa gritando:

18            «¡Esas esclavas eran unas pérfidas! Una sola mujer hebrea ha llenado de vergüenza la casa del rey Nabucodonosor. ¡Mirad a Holofernes, derribado en tierra y decapitado!»

19            Cuando los jefes del ejército asirio oyeron estas palabras, su ánimo quedó turbado hasta el extremo, rasgaron sus  túnicas y lanzaron grandes gritos y voces por todo el campamento.

Judit  15

1              Al oírlo los del campamento, quedaron estupefactos;

2              fueron presa de terror pánico y nadie ya fue capaz de mantenerse al lado de sus compañeros: huyeron todos a la desbandada, por todos los caminos, por la llanura y la montaña.

3              También los que estaban acampados en la altura, sitiando a Betulia, se dieron a la fuga; entonces, todos los hombres de guerra de Israel cayeron sobre ellos.

4              Ozías mandó aviso a Betomestáin, a Bebé, Jobá y Kolá, y a toda la montaña de Israel, dando noticia de cuanto había pasado, para que todos se arrojaran sobre los enemigos y los exterminaran.

5              Cuando los israelitas lo supieron, todos, como un solo hombre, se lanzaron sobre los asirios y los batieron hasta  Jobá. También acudieron los de Jerusalén y los de la montaña, porque también a ellos se les dio noticia  de lo sucedido en el campo enemigo; de igual modo, los de Galaad y Galilea, atacándoles de flanco, les  hicieron enorme estrago hasta que pudieron refugiarse en Damasco y su región.

6              En cuanto a los demás habitantes de Betulia, cayeron sobre el campamento asirio, le saquearon y obtuvieron grandes  riquezas.

7              Los israelitas, de vuelta de la matanza, se hicieron dueños del resto; también los de las aldeas y granjas de la  montaña y del llano obtuvieron gran botín, porque había una abundancia incalculable.

8              El sumo sacerdote Yoyaquim, con el Consejo de Ancianos de Israel y los habitantes de Jerusalén, vinieron a contemplar los bienes que el Señor había hecho a Israel, y a ver y saludar a Judit.

9              En llegando a su presencia, todos a una voz la bendijeron diciendo: «Tú eres la exaltación de Jerusalén,          tú el gran orgullo de Israel,          tú la suprema gloria de nuestra raza.

10            Al hacer todo esto por tu mano          has procurado la dicha de Israel          y Dios se ha complacido en lo que has hecho.     Bendita seas del Señor Omnipotente por siglos infinitos.»             Y todo el pueblo respondió: «¡Amén!»

11            Todo el pueblo estuvo recogiendo botín del campamento durante treinta días; dieron a Judit la tienda de Holofernes, con toda su vajilla de plata, sus divanes, sus vasijas y todo su mobiliario. Ella lo tomó y lo cargó sobre su mula, preparó sus carros y los amontonó todo encima.

12            Todas las mujeres de Israel acudieron para verla y la bendecían danzando en coro. Judit tomaba tirsos con la mano y los distribuía entre las mujeres que estaban a su lado.

13            Ellas y sus acompañantes se coronaron con coronas de olivo; después, dirigiendo el coro de las mujeres, se puso danzando a la cabeza de todo el pueblo. La seguían los hombres de Israel, armados de sus armas, llevando coronas y cantando himnos.

14            Judit entonó, en medio de todo Israel, este himno de acción de gracias y todo el pueblo repetía sus alabanzas:

Judit  16

1              ¡Alabad a mi Dios con tamboriles, elevad cantos al Señor con címbalos, ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza, ensalzad e invocad su Nombre!

2              Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,          porque en sus campos, en medio de su pueblo          me arrancó de la mano de mis perseguidores.

3              Vinieron los asirios de los montes del norte,          vinieron con tropa innumerable;          su muchedumbre obstruía los torrentes,          y sus caballos cubrían las colinas.

4              Hablaba de incendiar mis tierras,          de pasar mis jóvenes a espada,          de estrellar contra el suelo a los lactantes,          de entregar como botín a mis niños          y de dar como presa a mi doncellas.

5              El Señor Omnipotente          por mano de mujer los anuló.

6              Que no fue derribado su caudillo          por jóvenes guerreros,          ni le hirieron hijos de Titanes,          ni altivos gigantes le vencieron;          le subyugó Judit, hija de Merarí,          con sólo la hermosura de su rostro.

7              Se despojó de sus vestidos de viudez,          para exaltar a los afligidos de Israel;          ungió su rostro de perfumes,

8              prendió con una cinta sus cabellos,          ropa de lino vistió para seducirle.

9              La sandalia de ella le robó los ojos,          su belleza cautivóle el alma          ¡y la cimitarra atravesó su cuello!

10            Se estremecieron los persas por su audacia,          se turbaron los medos por su temeridad.

11            Entonces clamaron mis humildes, y ellos temieron;          clamaron mis débiles y ellos quedaron aterrados;          alzaron su voz éstos, y ellos se dieron a la fuga.

12            Hijos de jovenzuelas los asaetearon,          como a hijos de desertores los hirieron,          perdieron en la batalla contra mi Señor.

13            Cantaré a mi Dios un cantar nuevo:          «¡Tú eres grande, Señor, eres glorioso,          admirable en poder e insuperable!»

14            Sírvante a ti las criaturas todas,          pues hablaste tú y fueron hechas,          enviaste tu espíritu y las hizo,          y nadie puede resitir tu voz.

15            Pues los montes, desde sus cimientos,          serán sacudidos con las aguas;          las rocas en tu presencia          se fundirán como cera;          pero con aquellos que te temen,          te muestras tú siempre propicio.

16            Porque es muy poca cosa          todo sacrificio de calmante aroma,          y apenas es nada la grasa          para serte ofrecida en holocausto.      Mas quien teme al Señor          será grande para siempre.

17            ¡Ay de las naciones          que se alzan contra mi raza!      El Señor Omnipotente les dará el castigo          en el día del juicio.      Entregará sus cuerpos al fuego y a los gusanos,          y gemirán en dolor eternamente.

18            Cuando llegaron a Jerusalén, adoraron a Dios, y una vez purificado el pueblo, ofrecieron sus holocaustos, sus ofrendas voluntarias y sus regalos.

19            Judit ofreció todo el mobiliario de Holofernes, que el pueblo le había concedido, y entregó a Dios en anatema las colgaduras que ella misma había tomado del dormitorio de Holofernes.

20            Durante tres meses permaneció el pueblo en Jerusalén, celebrando festejos delante de santuario. También Judit estaba presente.

21            Pasados aquellos días, se volvió cada uno a su heredad. Judit regresó a Betulia, donde vivió disfrutando de su  hacienda; fue en su tiempo muy famosa en toda aquella tierra.

22            Muchos la pretendieron, pero ella no tuvo relaciones con ningún hombre en toda su vida, desde que su marido Manasés murió y fue a reunirse con su pueblo.

23            Vivió hasta la avanzada edad de 105 años, transcurriendo su ancianidad en casa de su marido. A su sierva le concedió la libertad. Murió en Betulia y fue sepultada en la caverna de su marido Manasés.

24            La casa de Israel la lloró durante siete días. Antes de morir, distribuyó su hacienda entre los parientes de su marido Manasés y entre sus propios parientes.

25               Nadie ya atemorizó a los israelitas mientras vivió Judit, ni en mucho tiempo después de su muerte.

ESTER

Ester 1

1 En tiempo del rey Asuero, el que reinó desde la India hasta Etiopía sobre 127 provincias,

2    en aquellos días, estando el rey sentado en el trono real, en la ciudadela de Susa,

3    en el año tercero de su reinado, ofreció un banquete en su presencia a todos sus servidores: a jefes del ejército de los persas y los medos, a los nobles y a los gobernadores de las provincias.

4    Les hizo ver la riqueza y la gloria de su reino y del magnífico esplendor de su grandeza durante muchos días, durante 180 días.

5    Cumplido aquel plazo, ofreció el rey a todos los que se hallaban en la ciudadela de Susa, desde el mayor al más  pequeño, un banquete de siete días en el patio del jardín del palacio real.

6    Había colgaduras de lino fino, de lana y de púrpura violeta, fijadas, por medio de cordones de lino y púrpura,  en anillas de plata sujetas a columnas de mármol blanco; lechos de oro y plata sobre un pavimento de pórfido, mármol, nácar y mosaicos.

7    Se bebía en copas de oro de formas diversas y el vino ofrecido por el rey corría con regia abundancia.

8    Cuanto a la bebida, a nadie se le obligaba, pues así lo había mandado el rey a los oficiales de su casa, para que  cada cual hiciese lo que quisiera.

9    También la reina Vastí ofreció un banquete a las mujeres en el palacio del rey Asuero.

10  El día séptimo, alegre por el vino el corazón del rey, mandó a Mehumán, a Bizzetá, a Jarboná, a Bigtá, a Abagtá, a Zetar y a Karkás, los siete eunucos que estaban al servicio del rey Asuero,

11  que hicieran venir a la reina Vastí a presencia del rey, con diadema real, para que vieran las gentes y los jefes  su belleza, porque, en efecto, era muy bella.

12  Pero la reina Vastí se negó a cumplir la orden del rey transmitida por los eunucos; se irritó el rey muchísimo y, ardiendo en ira,

13  llamó a los sabios entendidos en la ciencia de las leyes, pues los asuntos reales se discuten en presencia de los  conocedores de la ley y el derecho;

14  hizo, pues, venir a Karsená, Setar, Admatá, Tarsis, Meres, Marsená y Memukán, los siete jefes de los persas y los medos que eran admitidos a la presencia del rey y ocupaban los primeros puestos del reino,

15  y les dijo: «¿Qué debe hacerse, según la ley, a la reina Vastí, por no haber obedecido la orden del rey Asuero, transmitida por los eunucos?»

16  Respondió Memukán en presencia del rey y de los jefes: «La reina Vastí no ha ofendido solamente al rey, sino a  todos los jefes y a todos los pueblos de todas las provincias del rey Asuero.

17  Porque se correrá el caso de la reina entre todas las mujeres y hará que pierdan estima a sus maridos, pues dirán: “El rey Asuero mandó hacer venir a su presencia a la reina Vastí, pero ella no fue.”

18  Y a partir de hoy, las princesas de los persas y los medos, que conozcan la conducta de la reina, hablarán de ello a los jefes del rey y habrá menosprecio y altercados.

19  Si al rey le parece bien, publíquese, de su parte, e inscríbase en las leyes de los persas y los medos, para que no sea traspasado, este decreto: que no vuelva Vastí a presencia del rey Asuero. Y dé el rey el título de reina a otra mejor que ella.

20  El acuerdo tomado por el rey será conocido en todo el reino, a pesar de ser tan grande, y todas las mujeres honrarán  a sus maridos, desde el mayor al más pequeño.»

21  Pareció bueno el consejo al rey y a los jefes, y el rey llevó a efecto la palabra de Memukán.

22  Envió el rey cartas a todas las provincias, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua, para que todo marido fuese señor de su casa.

Ester 2

1    Después de estos sucesos se aplacó la cólera del rey Asuero y se acordó de Vastí, de cuanto había hecho, y de lo que acerca de ella se había decidido.

2    Dijeron los cortesanos que estaban al servicio del rey: «Que se busquen para el rey jóvenes vírgenes y bellas.

3    Nombre el rey inspectores en todas las provincias de su reino para que reúnan en la ciudadela de Susa, en el harén, a todas las jóvenes vírgenes y bellas,  bajo la vigilancia de Hegué, eunuco del rey, encargado de las mujeres, y que él les dé cuanto necesiten para su adorno,

4    y la joven que agrade al rey, reinará en lugar de Vastí.» Le pareció bien al rey y así se hizo.

5    Había en la ciudadela de Susa un judío, llamado Mardoqueo, hijo de Yaír, hijo de Semeí, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín.

6    Había sido deportado de Jerusalén con Jeconías, rey de Judá, en la deportación que hizo Nabucodonosor, el rey de Babilonia.

7    Tenía en su casa a Hadassá, es decir, Ester, hija de un tío suyo, pues era huérfana de padre y madre. La joven era hermosa y de buen parecer, y al morir su padre y su madre, Mardoqueo la adoptó por hija.

8    Cuando se proclamó la orden y el edicto del rey, fueron reunidas muchísimas jóvenes en la ciudadela de Susa, bajo  la vigilancia de Hegué; también Ester fue llevada al palacio real y puesta bajo la vigilancia de Hegué, encargado de las mujeres.

9    La joven le agradó y ganó su favor, por lo que se apresuró a proporcionarle cuanto necesitaba para su adorno y  mantenimiento; diole también siete doncellas elegidas de la casa del rey y la instaló, con sus doncellas, en el mejor departamento del harén.

10  Ester no dio a conocer ni su pueblo ni su origen, pues Mardoqueo la había mandado que no lo dijera.

11  Día tras día, se paseaba Mardoqueo delante del patio del harén para enterarse de la salud de Ester y de lo que le sucedía.

12  A cada joven le llegaba el turno de presentarse al rey Asuero al cabo de doce meses, según el estatuto de las mujeres. Los días de preparación se empleaban en ungirse, durante seis meses con óleo y mirra y otros seis  meses con los aromas y perfumes que usan las mujeres.

13  Cuando una joven se presentaba al rey, le daban cuanto pedía y lo llevaba consigo del harén al palacio real.

14  Se presentaba por la tarde y a la mañana siguiente volvía al otro harén, bajo la vigilancia de Saasgaz, el eunuco del rey encargado de las concubinas; no se presentaba más ante el rey, a no ser que el rey deseara y la llamara expresamente.

15  Cuando a Ester, hija de Abijayil, tío de Mardoqueo, que la había adoptado por hija, le llegó el turno de presentarse al rey, no pidió sino lo que le indicó Hegué, el eunuco del rey encargado de las mujeres. Ester se ganaba el favor de cuantos la veían.

16  Ester fue presentada al rey Asuero, en el palacio real, el mes décimo, que es el mes de Tébet, en el año séptimo  de su reinado,

17  y el rey amó a Ester más que la otras mujeres; halló ella, en presencia del rey, más gracia y favor que ninguna otra virgen y el rey colocó la diadema real sobre la cabeza de Ester y la declaró reina, en lugar de Vastí.

18  Ofreció el rey un gran banquete a todos sus jefes y servidores, el banquete de Ester; concedió un día de descanso a todas las provincias y repartió presentes con real magnificencia.

19  Cuando Ester pasó, como las otras jóvenes, al segundo harén,

20  no reveló ni su origen ni su pueblo, tal como se lo había ordenado Mardoqueo; pues Ester seguía cumpliendo las  órdenes de Mardoqueo como cuando vivía bajo su tutela.

21  Por aquellos mismos días, estaba adscrito Mardoqueo a la Puerta Real; Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, guardianes del umbral, estaban irritados y andaban buscando poner la mano sobre el rey Asuero.

22  Llegó el hecho a conocimiento de Mardoqueo, el cual se lo comunicó a la reina Ester, y Ester se lo dijo al rey, en nombre de Mardoqueo.

23  Se investigó el caso y resultó verdadero; por lo que fueron colgados los dos del madero y se consignó por escritos, en los Anales, en presencia del rey.

Ester 3

1    Después de esto, el rey Asuero elevó al poder a Amán, hijo de Hamdatá, del país de Agag; le encumbró y colocó su asiento por encima de todos los dignatarios que estaban con él;

2    todos los servidores del rey, adscritos a la Puerta Real, doblaban la rodilla y se postraban ante Amán, porque así lo había ordenado el rey; pero Mardoqueo ni doblaba la rodilla ni se postraba.

3    Los servidores del rey, adscritos a la Puerta Real, dijeron a Mardoqueo: «¿Por qué traspasas la orden del rey?»

4    Y como se lo repitieran día tras día y él no les hiciera caso, se lo comunicaron a Amán, para ver si Mardoqueo  persistía en su palabra, pues les había manifestado que él era judío.

5    Vio Amán que Mardoqueo no doblaba la rodilla ni se postraba ente él, y se llenó de ira.

6    Y cuando le notificaron a qué pueblo pertenecía Mardoqueo, no contentándose con poner la mano sobre él solo, intentó  exterminar, junto con él, a todos los judíos de todo el reino de Asuero.

7    El año doce del rey Asuero, el mes primero, que es el mes de Nisán, se sacó el «Pur» (es decir, las suertes) en presencia de Amán, por días y por meses. Salió el doce, que es el mes de Adar.

8    Amán dijo al rey Asuero: «Hay un pueblo disperso y diseminado entre los pueblos de todas las provincias de tu reino, con sus leyes, distintas de las de todos los pueblos, y que no cumplen las leyes reales. No conviene al rey dejarlos en paz.

9    Si el rey juzga conveniente publicar un decreto para exterminarlos, yo haré que se entreguen 10.000 talentos de  plata a los intendentes, para que los ingresen en la cámara del tesoro.»

10  El rey sacó el anillo de su dedo, se lo entregó a Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, enemigo de los judíos,

11  y dijo el rey a Amán: «La plata, te la regalo; y te regalo también ese pueblo para que hagas lo que te parezca.»

12  El día trece del primer mes fueron convocados los secretarios del rey para escribir, según lo ordenado por Amán, a los sátrapas del rey, a los inspectores de cada provincia y a los jefes de todos los pueblos, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; se escribió en nombre del rey Asuero, se selló con el anillo del rey,

13  y se enviaron las cartas, por medio de los correos, a todas las provincias del rey, para exterminar, matar y aniquilar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, y para saquear sus bienes, en el espacio de un solo día, el trece del mes doce, que es el mes de Adar.

14  El texto de este escrito debía ser promulgado como ley en todas las provincias, y fue puesto en conocimiento de todos los pueblos a fin de que estuviesen preparados para aquel día.

15  Por orden del rey, partieron los correos apresuradamente. El decreto fue publicado también en la ciudadela de Susa. Mientras el rey y Amán banqueteaban, en Susa reinaba la consternación.

Ester 4

1    Cuando Mardoqueo supo lo que pasaba, rasgó sus vestidos, se vistió de sayal y ceniza y salió por la ciudad lanzando  grandes gemidos,

2    hasta llegar ante la Puerta Real, pues nadie podía pasar la Puerta cubierto de sayal.

3    En todas las provincias, dondequiera que se publicaban la palabra y el edicto real, había entre los judíos gran  duelo, ayunos y lágrimas y lamentos, y a muchos el sayal y la ceniza les sirvió de lecho.

4    Las siervas y eunucos de Ester vinieron a comunicárselo. La reina se llenó de angustia y mandó enviar a Mardoqueo  vestidos para que se vistiese y se quitase el sayal, pero él no quiso.

5    Llamó Ester a Hatak, uno de los eunucos que el rey había puesto a su servicio, y le envió a Mardoqueo para enterarse de lo que pasaba y a qué obedecía todo aquello.

6    Salió Hatak y fue donde Mardoqueo, que estaba en la plaza de la ciudad que hay frente a la Puerta Real.

7    Mardoqueo le informó de todo cuanto había pasado y de la suma de dinero que Amán había prometido entregar al tesoro real por el exterminio de los judíos.

8    Le dio también una copia del texto del edicto de exterminio publicado en Susa, para que se lo enseñara a Ester y se informara; y ordenó a la reina que se presentase ante el rey, se ganara su favor y suplicara por su pueblo.

9    Regresó Hatak e informó a Ester de las palabras de Mardoqueo.

10  Ester mandó a Hatak que dijera a Mardoqueo:

11  «Todos los servidores del rey y todos los habitantes de las provincias del rey saben que todo hombre o mujer que se presente al rey, en el patio interior, sin haber sido llamado, es condenado a muerte por el edicto, salvo aquel sobre quien el rey extienda su cetro de oro; y hace ya treinta días que yo no he sido llamada a presencia del rey.»

12  Llevó a Mardoqueo la respuesta de Ester

13  y Mardoqueo hizo que le contestara: «No te imagines que por estar en la casa del rey, te vas a librar tú sola entre  todos los judíos,

14  porque, si te empeñas en callar en esta ocasión, por otra parte vendrá el socorro de la liberación de los judíos, mientras que tú y la casa de tu padre pereceréis. ¡Quién sabe si precisamente para una ocasión semejante  has llegado a ser reina!»

15  Ester mandó que respondieran a Mardoqueo:

16  «Vete a reunir a todos los judíos que hay en Susa y ayunad por mí. No comáis ni bebáis durante tres días y tres noches. También yo y mis siervas ayunaremos. Y así, a pesar de la ley, me presentaré ante el rey; y si tengo que morir, moriré.»

17  Se alejó Mardoqueo y cumplió cuanto Ester le había mandado.

Ester 5

1    Al tercer día, se revistió de reina. Franqueando todas las puertas, llegó hasta la presencia del rey; estaba el rey sentado en el trono real, y alzando su rostro, en dulzura, 2               y tomando el rey el cetro de oro, lo puso sobre el cuello de Ester. 3        El rey le preguntó: «¿Qué sucede, reina Ester? ¿Qué deseas? Incluso la mitad del reino te será dada.»

4    Respondió Ester: «Si al rey le place, venga hoy el rey, con Amán, al banquete que le tengo preparado.»

5    Respondió el rey: «Avisad inmediatamente a Amán para que se cumpla el deseo de Ester.» El rey y Amán fueron al banquete preparado por Ester,

6    y durante el banquete, dijo el rey a Ester: «¿Qué quieres pedir?, pues se te dará. ¿Qué deseas? Hasta la mitad del reino te será concedida.»

7    Ester respondió: «¿Mi petición y mi deseo?

8    Si he hallado gracia a los ojos del rey, y si al rey le place escuchar mi petición y cumplir mi deseo, que vengan  mañana el rey y Amán al banquete que he preparado para ellos. Y haré entonces lo que el rey me pide.»

9    Salió aquel día Amán contento y con alegre corazón; pero al ver a Mardoqueo en la Puerta Real, que no se levantaba, ni siquiera se movía ante él, se llenó Amán de ira contra Mardoqueo,

10  pero se dominó, y yéndose a su casa, mandó venir a sus amigos y a su mujer Zeres,

11  y les habló de su gloria y sus riquezas, de sus muchos hijos y de cómo el rey le había encumbrado, elevándole por encima de los jefes y servidores del rey.

12  Y añadió: «Más aún; la reina Ester me ha invitado a mí sólo, junto con el rey, a un banquete que ha preparado;  también para mañana estoy invitado por ella, junto con el rey.

13  Pero todo esto nada significa para mí, mientras vea que el judío Mardoqueo, sigue sentado a la Puerta Real.»

14  Su mujer Zeres y todos sus amigos le respondieron: «Manda preparar una horca de cincuenta codos de altura y mañana por la mañana pides al rey que cuelguen de ella a Mardoqueo; así podrás ir satisfecho al banquete con el rey.» Agradó el consejo a Amán y mandó preparar la horca.

Ester 6

1    Aquella misma noche, no pudiendo el rey conciliar el sueño, mandó que trajeran y leyeran en su presencia el libro de las Memorias, o Crónica.

2    Estaba allí, puesta por escrito, la denuncia que Mardoqueo había hecho contra Bigtán y Teres, los dos eunucos del rey, guardianes del umbral, que habían intentado poner las manos sobre el rey Asuero.

3    Preguntó el rey: «¿Qué honor o dignidad se concedió por esto a Mardoqueo?» Los jóvenes del servicio del rey dijeron: «No se hizo nada en su favor.»

4    Continuó el rey: «Quién está en el atrio?» - Justamente entonces llegaba Amán al atrio exterior de la casa del rey, para pedir al rey que colgaran a Mardoqueo en la horca que él había hecho levantar -.

5    Los jóvenes del servicio del rey le respondieron: «Es Amán el que está en el atrio.» Dijo el rey: «Que entre.»

6    Entró, pues, Amán, y el rey le preguntó: «¿Qué debe hacerse al hombre a quien el rey quiere honrar?» Amán pensó: «¿A quién ha de querer honrar el rey, sino a mí?»

7    Respondió, pues, Amán al rey: «Para el hombre a quien el rey quiere honrar,

8    deben tomarse regias vestiduras que el rey haya vestido, y un caballo que el rey haya montado, y en cuya cabeza se haya puesto una diadema real.

9    Deben darse los vestidos, y el caballo a uno de los servidores más principales del rey, para que vista al hombre  a quien el rey desea honrar; y le hará cabalgar sobre el caballo por la plaza mayor de la ciudad gritando delante de él: «¡Así se trata al hombre a quien el rey quiere honrar!»

10  Dijo el rey a Amán: «Toma al momento vestidos y caballo, tal como lo has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que está en la Puerta Real. No dejes de cumplir ni un solo detalle.»

11  Tomó Amán los vestidos y el caballo, vistió a Mardoqueo y le hizo cabalgar por la plaza mayor de la ciudad, gritando  delante de él: «¡Así se trata al hombre a quien el rey quiere honrar!»

12  Después Mardoqueo se quedó en la Puerta Real, mientras Amán regresaba precipitadamente a su casa, entristecido y con la cabeza encubierta.

13  Contó Amán a su mujer Zeres y a todos sus amigos cuanto había pasado; sus consejeros y su mujer Zeres le dijeron: «Si Mardoqueo, ante el que has comenzado a declinar, pertenece al linaje de los judíos, no podrás vencerle, sino que sin remedio caerás ante él.»

14  Estaban aún hablándole cuando llegaron los eunucos del rey y llevaron a Amán rápidamente al banquete preparado por Ester.

Ester 7

1    El rey y Amán fueron al banquete de la reina Ester.

2    También el segundo día dijo el rey a Ester, durante el banquete: «¿Qué deseas pedir, reina Ester?, pues te será concedido. ¿Cuál es tu deseo? Aunque fuera la mitad del reino, se cumplirá.»

3    Respondió la reina Ester: «Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey!, y si al rey le place, concédeme la vida - este es mi deseo - y la de mi pueblo - esta es mi petición.

4    Pues yo y mi pueblo hemos sido vendidos, para ser exterminados, muertos y aniquilados. Si hubiéramos sido vendidos para esclavos y esclavas, aún hubiera callado; mas ahora, el enemigo no podrá compensar al rey por tal  pérdida.»

5    Preguntó el rey Asuero a la reina Ester: «¿Quién es, y dónde está el hombre que ha pensado en su corazón ejecutar semejante cosa?»

6    Respondió Ester: «¡El perseguidor y enemigo es Amán, ese miserable!» Amán quedó aterrado en presencia del rey y de la reina.

7    El rey se levantó, lleno de ira, del banquete y se fue al jardín del palacio; Amán, se quedó junto a la reina Ester, para suplicarle por su vida, porque comprendía que, de parte del rey, se le venía encima la perdición.

8    Cuando el rey volvió del jardín de palacio a la sala del banquete, Amán se había dejado caer sobre el lecho de  Ester. El rey exclamó: «¿Es que incluso en mi propio palacio quiere hacer violencia a la reina?» Dio el rey una orden y cubrieron el rostro de Amán.

9    Jarboná, uno de los eunucos que estaban ante el rey, sugirió: «Precisamente, la horca que Amán había destinado para Mardoqueo, aquel cuyo informe fue tan útil al rey, está preparada en casa de Amán, y tiene cincuenta codos de altura.» Dijo el rey: «¡Colgadle de ella!»

10  Colgaron a Amán de la horca que había levantado para Mardoqueo, y se aplacó la ira del rey.

Ester 8

1    Aquel mismo día, el rey Asuero entregó a la reina Ester la hacienda de Amán, el enemigo de los judíos, y Mardoqueo fue presentado al rey, pues Ester le hizo saber lo que él había sido para ella.

2    El rey se sacó el anillo que había mandado quitar a Amán y se lo entregó a Mardoqueo, a quien Ester encargó de la hacienda de Amán.

3    Ester volvió a suplicar al rey, cayendo a sus pies, llorando y ganando su benevolencia, que anulara la maldad de Amán, el de Agag, y los proyectos que había concebido contra los judíos.

4    Extendió el rey el cetro de oro y tocó a Ester, que se puso en pie en presencia del rey.

5    Dijo ella: «Si al rey le parece bien, y si he hallado gracia a sus ojos, si la petición le parece justa al rey y yo misma soy grata a sus ojos, que se escriba para revocar los decretos escritos por Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, y maquinados para hacer perecer a los judíos de todas las provincias del rey.

6    Porque ¿cómo podré yo ver la desgracia que amenaza a mi pueblo y la ruina de mi gente?»

7    El rey Asuero respondió a la reina Ester y al judío Mardoqueo: «Ya he dado a la reina Ester la hacienda de Amán, a quien he mandado colgar de la horca por haber alzado su mano contra los judíos.

8    Vosotros, por vuestra parte, escribid acerca de los judíos, en nombre del rey, lo que os parezca oportuno, y selladlo  con el anillo del rey. Pues todo lo que se escribe en nombre del rey y se sella con su sello, es irrevocable.»

9    Fueron convocados al momento los secretarios del rey, en el mes tercero, que es el mes de Siván, el día veintitrés, y escribieron, según las órdenes de Mardoqueo, a los judíos, a los sátrapas, a los inspectores y a los jefes de todas las provincias, desde la India hasta Etiopía, a las 127 provincias, a cada provincia según su escritura y a cada pueblo según su lengua, y a los judíos según su lengua y escritura.

10  Escribieron en nombre del rey Asuero y lo sellaron con el anillo del rey. Se enviaron las cartas por medio de correos, jinetes en caballos de las caballerizas reales.

11  En las cartas concedía el rey que los judíos de todas las ciudades pudieran reunirse para defender sus vidas, para exterminar, matar y aniquilar a las gentes de todo pueblo o provincia que los atacaran con las armas, junto con sus hijos y sus mujeres, y para saquear sus bienes,

12  y esto en un mismo día, en todas las provincias del rey Asuero, el trece del mes doce, que es el mes de Adar.

13  Una copia de este escrito debía ser publicada como ley en todas las provincias y promulgada en todos los pueblos; y los judíos debían estar preparados aquel día para vengarse de sus enemigos.

14  Los correos salieron con celeridad y a toda prisa, empleando los caballos de las caballerizas reales, según la orden del rey; la ley también fue promulgada en la ciudadela de Susa.

15  Cuanto a Mardoqueo, salió de la presencia del rey espléndidamente vestido de púrpura violeta y lino blanco, con una gran diadema de oro y manto de lino fino y púrpura; la ciudad de Susa se llenó de gozo y alegría.

16  Para los judíos todo fue esplendor, alegría, triunfo y gloria.

17  En todas las provincias y ciudades, en los lugares en que se publicaba la orden y edicto del rey, hubo entre los judíos alegría triunfal, banquetes y días de fiesta. Y muchos habitantes del país se hicieron judíos, pues el temor a los judíos se había apoderado de ellos.

Ester 9

1    Las órdenes del rey fueron ejecutadas en el mes doce, que es el mes de Adar, el día trece del mes, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban aplastarlos; pero la situación cambió y fueron los judíos los que  aplastaron a sus enemigos.

2    En todas las provincias del rey Asuero se reunieron los judíos en sus ciudades para poner la mano sobre cuantos  habían intentado hacerles mal, sin que nadie les opusiera resistencia, porque el temor se había apoderado de todos los pueblos.

3    Todos los jefes de las provincias, los sátrapas, los inspectores y los funcionarios del rey apoyaron a los judíos, porque todos temían a Mardoqueo,

4    ya que Mardoqueo era influyente en el palacio real y su fama se había extendido por todas las provincias; pues, en efecto, de día en día se acrecentaba su poder.

5    Los judíos pasaron a filo de espada a todos sus enemigos; fue un degüello, un exterminio: hicieron lo que quisieron  con sus adversarios.

6    En la ciudadela de Susa los judíos mataron y exterminaron a quinientos hombres

7    y además a Parsandata, Dalfón, Aspata,

8    Porata, Adalías, Andata,

9    Parmasta, Arisay, Ariday y Yezata,

10  los diez hijos de Amán, hijo de Hamdatá, enemigo de los judíos. Los mataron, pero no saquearon sus bienes.

11  Aquel mismo día llevaron al rey la cifra de los que habían sido muertos en las ciudadela de Susa.

12  Dijo el rey a la reina Ester: «En la ciudadela de Susa han matado y exterminado los judíos a quinientos hombres y a los diez hijos de Amán. ¿Qué habrán hecho en las restantes provincias del rey? ¿Qué deseas pedir ahora? Pues te será concedido. Se seguirá haciendo lo que tú desees.»

13  Respondió Ester: «Si al rey le parece bien, que se conceda a los judíos de Susa que puedan actuar mañana según el edicto de hoy; cuanto a los diez hijos de Amán, que sean colgados de la horca.»

14  Ordenó el rey que se hiciera así; se promulgó la ley en Susa y los diez hijos de Amán fueron colgados.

15  Los judíos de Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron en Susa a trescientos hombres, pero no saquearon sus bienes.

16  Los judíos de las restantes provincias del rey se reunieron para defender, contra sus enemigos, sus vidas y su  seguridad; mataron de entre sus adversarios a 75.000, pero no saquearon sus bienes.

17  Ocurrió esto el día trece del mes de Adar y el día catorce descansaron, convirtiéndolo en un día de alegres festines.

18  Cuanto a los judíos de Susa, que se habían reunido los días trece y catorce, descansaron el día quince, convirtiéndolo en un día de alegres festines.

19  Por eso, los judíos diseminados en las ciudades no fortificadas celebran el día catorce del mes de Adar con alegres festines, como día de fiesta, y se envían recíprocos regalos,

20  Mardoqueo consignó por escrito todas estas cosas y envió cartas a los judíos de todas las provincias del rey Asuero tanto lejanos como próximos,

21  ordenándoles que celebraran todos los años el día catorce y el día quince del mes de Adar,

22  porque en tales días obtuvieron los judíos paz contra sus enemigos, y en este mes la aflicción se trocó en alegría  y el llanto en festividad; que los convirtieran en días de alegres festines y mutuos regalos, y de donaciones a los pobres.

23  Los judíos adoptaron esta costumbre, que ya habían comenzado a observar y acerca de la cual les escribió Mardoqueo:

24  «Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, enemigo de todos los judíos, había proyectado exterminar a los judíos y echó el “Pur”, es decir, la suerte, para su ruina y exterminio.

25  Pero cuando se presentó al rey, para hacer ahorcar a Mardoqueo, su proyecto se volvió contra él, y los males que había meditado contra los judíos cayeron sobre su cabeza, siendo ahorcados él y sus hijos.

26  Por esta razón, estos días son llamados “Purim”, de la palabra “Pur”.» Asimismo, por todo la relatado en esta carta por lo que ellos mismos vieron y por lo que se les contó,

27  hicieron los judíos de estos días una institución irrevocable para sí, para sus descendientes y para todos los que se pasaron a ellos, conforme a este escrito y esta fecha, de año en año.

28  Así, estos días de los Purim, conmemorados y celebrados de generación en generación, en todas las familias, en  todas las provincias y en todas las ciudades, no desaparecerán de entre los judíos, y su recuerdo no se perderá entre sus descendientes.

29  La reina Ester, hija de Abijayil, y el judío Mardoqueo, escribieron, con toda su autoridad, para dar fuerza de ley a esta segunda carta de los Purim,

30  y se enviaron cartas a todos los judíos de las 127 provincias del rey Asuero, con palabras de paz y fidelidad,

31  para ratificar en su fecha estos días de los Purim, tal como había sido ordenado por el judío Mardoqueo y la reina  Ester, y tal como lo habían establecido para sí mismos y para sus descendientes, añadiendo lo tocante a los ayunos y lamentaciones.

32  La orden de Ester fijó la institución de estos Purim, siendo consignada en el libro.

Ester 10

1    El rey Asuero impuso un tributo al país y a las islas del mar.

2    Todas las obras de su poder y su vigor y el relato del encumbramiento de Mardoqueo, a quien el rey enalteció, ¿no están escritas en las Crónicas de los reyes de los medos y los persas?

3    Pues el judío Mardoqueo era el segundo después del rey, persona importante entre los judíos, amado por la multitud de sus hermanos, preocupado por el bien de su pueblo y procurador de la paz de su raza.

I MACABEOS

I Macabeos   1

1              Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Kittim, derrotó a Darío, rey de los persas y los medos, y reinó en su lugar, empezando por la Hélada.

2              Suscitó muchas guerras, se apoderó de plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra.

3              Avanzó hasta los confines del mundo y se hizo con el botín de multitud de pueblos. La tierra enmudeció en su presencia  y su corazón se ensoberbeció y se llenó de orgullo.

4              Juntó un ejército potentísimo y ejerció el mando sobre tierras, pueblos y príncipes, que le pagaban tributo.

5              Después, cayó enfermo y cononció que se moría.

6              Hizo llamar entonces a sus servidores, a los nobles que con él se habían criado desde su juventud, y antes de morir, repartió entre ellos su reino.

7              Reinó Alejandro doce años y murió.

8              Sus servidores entraron en posesión del poder, cada uno en su región.

9              Todos a su muerte se ciñeron la diadema y sus hijos después de ellos durante largos años; y multiplicaron los males  sobre la tierra.

10            De ellos surgió un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén en Roma. Subió al trono el año 137 del imperio de los griegos.

11            En aquellos días surgieron de Israel unos hijos rebeldes que sedujeron a muchos diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males.»

12            Estas palabras parecieron bien a sus ojos,

13            y algunos del pueblo se apresuraron a acudir donde el rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres  de los gentiles.

14            En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos,

15            rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los gentiles, y se vendieron para obrar el mal.

16            Antíoco, una vez asentado en el reino, concibió el proyecto de reinar sobre el país de Egipto para ser rey de ambos reinos.

17            Con un fuerte ejército, con carros, elefantes, (jinetes) y numerosa flota, entró en Egipto

18            y trabó batalla con el rey de Egipto, Tolomeo. Tolomeo rehuyó su presencia y huyó; muchos cayeron heridos.

19            Ocuparon las ciudades fuertes de Egipto y Antíoco se alzó con los despojos del país.

20            El año 143, después de vencer a Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra Israel y llegó a Jerusalén con un fuerte ejército.

21            Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos sus accesorios,

22            la mesa de la proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro, la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada del Templo.

23            Se apropió también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos tesoros ocultos pudo encontrar.

24            Tomándolo todo, partió para su tierra después de derramar mucha sangre y de hablar con gran insolencia.

25            En todo el país hubo gran duelo por Israel.

26            Jefes y ancianos gimieron,          languidecieron doncellas y jóvenes,          la belleza de las mujeres se marchitó.

27            El recién casado entonó un canto de dolor,          sentada en el lecho nupcial, la esposa lloraba.

28            Se estremeció la tierra por sus habitantes,          y toda la casa de Jacob se cubrió de vergüenza.

29            Dos años después, envió el rey a las ciudades de Judá al Misarca, que se presentó en Jerusalén con un fuerte ejército.

30            Habló dolosamente palabras de paz y cuando se hubo ganado la confianza, cayó de repente sobre la ciudad y le asestó  un duro golpe matando a muchos del pueblo de Israel.

31            Saqueó la ciudad, la incendió y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba.

32            Sus hombres hicieron cautivos a mujeres y niños y se adueñaron del ganado.

33            Después reconstruyeron la Ciudad de David con una muralla grande y fuerte, con torres poderosas, y la hicieron su Ciudadela.

34            Establecieron allí una raza pecadora de rebeldes, que en ella se hicieron fuertes.

35            La proveyeron de armas y vituallas y depositaron en ella el botín que habían reunido del saqueo de Jerusalén. Fue  un peligroso lazo.

36            Se convirtió en asechanza contra el santuario,          en adversario maléfico para Israel en todo tiempo.

37            Derramaron sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron.

38            Por ellos los habitantes de Jerusalén huyeron;          vino a ser ella habitación de extraños,          extraña para los que en ella nacieron,          pues sus hijos la abandonaron.

39            Quedó su santuario desolado como un desierto,          sus fiestas convertidas en duelo,          sus sábados en irrisión,          su honor en desprecio.

40            A medida de su gloria creció su deshonor,          su grandeza se volvió aflicción.

41            El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo

42            y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real

43            y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado.

44            También a Jerusalén y a la ciudades de Judá hizo el rey llegar, por medio de mensajeros, el edicto que ordenaba seguir costumbres extrañas al país.

45            Debían suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas;

46            mancillar el santuario y lo santo;

47            levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros;

48            dejar a sus hijos incircuncisos; volver abominables sus almas con toda clase de impurezas y profanaciones,

49            de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres.

50            El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría.

51            En el mismo tono escribió a todo su reino, nombró inspectores para todo el pueblo, y ordenó a las ciudades de Judá que en cada una de ellas se ofrecieran sacrificios.

52            Muchos del pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos. Causaron males al país

53            y obligaron a Israel a ocultarse en toda suerte de refugios.

54            El día quince del mes de Kisléu del año 145 levantó el rey sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en las ciudades de alrededor de Judá.

55            A las puertas de las casas y en las plazas quemaban incienso.

56            Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar.

57            Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, la decisión del rey le condenaba a muerte.

58            Actuaban violentamente contra los israelitas que sorprendían un mes y otro en las ciudades;

59            el día veinticinco de cada mes ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos.

60            A las mujeres que hacían circuncidar a sus hijos las llevaban a la muerte, conforme al edicto,

61            con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los que habían efectuado la circuncisión.

62            Muchos en Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura.

63            Prefirieron morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa; y murieron.

64            Inmensa fue la Cólera que descargó sobre Israel.

I Macabeos   2

1              Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.

2              Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;

3              Simón, llamado Tasí;

4              Judas, llamado Macabeo;

5              Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.

6              Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,

7              exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?

8              Ha quedado su Templo como hombre sin honor,

9              los objetos que eran su gloria, llevados como botín,          muertos en las plazas sus niños,          y sus jóvenes por espada enemiga.

10            ¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino

11            y a entrar en posesión de sus despojos?      Todos sus adornos le han sido arrancados          y de libre que era, ha pasado a ser esclava.

12            Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto,          miradlo profanado de los gentiles.

13            ¿Para qué vivir más?»

14            Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo dolor.

15            Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.

16            Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.

17            Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado de hijos y hermanos.

18            Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de  Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»

19            Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes,

20            yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.

21            El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.

22            No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda.»

23            Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar  en el altar de Modín, conforme al decreto real.

24            Al verle Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.

25            Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.

26            Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.

27            Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»

28            Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.

29            Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí

30            con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.

31            La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos  hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.

32            Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.

33            Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»

34            Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado.»

35            Asaltados al instante,

36            no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:

37            «Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente.»

38            Les atacaron, pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas.

39            Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.

40            Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»

41            Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»

42            Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.

43            Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.

44            Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación.

45            Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,

46            obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel

47            y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:

48            arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.

49            Los días de Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación,          es tiempo de ruina y de violenta Cólera.

50            Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley;          dad vuestra vida por la alianza de nuestros padres.

51            Recordad las gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron;          alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.

52            ¿No fue hallado Abraham fiel en la prueba          y se le reputó por justicia?

53            José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley          y vino a ser señor de Egipto.

54            Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo,          alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.

55            Josué, por cumplir su mandato,          llegó a ser juez en Israel.

56            Caleb, por su testimonio en la asamblea,          obtuvo una herencia en esta tierra.

57            David, por su piedad,          heredó un trono real para siempre.

58            Elías, por su ardiente celo por la Ley,          fue arrebatado al cielo.

59            Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza,          se salvaron de las llamas.

60            Daniel por su rectitud,          escapó de las fauces de los leones.

61            Advertid, pues, que de generación en generación          todos los que esperan en El jamás sucumben.

62            No temáis amenazas de hombre pecador:          su gloria parará en estiércol y gusanos;

63            estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará:          habrá vuelto a su polvo          y sus maquinaciones se desvanecerán.

64            Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley,          que en ella hallaréis gloria.

65            Ahí tenéis a Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.

66            Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra  los pueblos.

67            Vosotros, atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,

68            devolved a los gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»

69            A continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.

70            Murió el año 146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

I Macabeos   3

1              Se levantó en su lugar su hijo Judas, llamado Macabeo.

2              Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le ofrecieron apoyo y sostuvieron con entusiasmo la guerra de Israel.

3              El dilató la gloria de su pueblo;          como gigante revistió la coraza          y se ciñó sus armas de guerra.      Empeñó batallas,          protegiendo al ejército con su espada,

4              semejante al león en sus hazañas,          como cachorro que ruge sobre su presa.

5              Persiguió a los impíos hasta sus rincones,          dio a las llamas a los perturbadores de su pueblo.

6              Por el miedo que les infundía, se apocaron los impíos,          se sobresaltaron todos los que obraban la iniquidad;          la liberación en su mano alcanzó feliz éxito.

7              Amargó a muchos reyes,          regocijó a Jacob con sus hazañas;          su recuerdo será eternamente bendecido.

8              Recorrió las ciudades de Judá,          exterminó de ellas a los impíos          y apartó de Israel la Cólera.

9              Su nombre llegó a los confines de la tierra          y reunió a los que estaban perdidos.

10            Apolonio reunió gentiles y una numerosa fuerza de Samaría para llevar la guerra a Israel.

11            Judas, al tener noticia de ello, salió a su encuentro, le venció y le mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a la fuga.

12            Recogido el botín, Judas tomó para sí la espada de Apolonio y en adelante entró siempre en combate con ella.

13            Serón, general del ejército de Siria, al saber que Judas había congregado en torno suyo una multitud de fieles  y gente de guerra,

14            se dijo: «Conseguiré un nombre y alcanzaré gloria en el reino atacando a Judas y a los suyos, que desprecian las  órdenes del rey.»

15            Partió, pues, a su vez, y subió con él una poderosa tropa de impíos para ayudarle a tomar venganza de los hijos  de Israel.

16            Cuando se aproximaba a la subida de Bet Jorón, le salió al encuentro Judas con unos pocos hombres.

17            Al ver éstos el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos combatir, siendo tan pocos,  con una multitud tan poderosa? Además estamos extenuados por no haber comido hoy en todo el día.»

18            Judas respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos;

19            que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo.

20            Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos;

21            nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes;

22            El les quebrantará ante nosotros; no les temáis.»

23            Cuando acabó de hablar, se lanzó de improviso sobre ellos y Serón y su ejército fueron derrotados ante él.

24            Les persiguieron por la pendiente de Bet Jorón hasta la llanura. Unos ochocientos sucumbieron y los restantes huyeron al país de los filisteos.

25            Comenzó a cundir el miedo a Judas y sus hermanos y el espanto se apoderó de los gentiles circunvecinos.

26            Su nombre llegó hasta el rey y en todos los pueblos se comentaban las batallas de Judas.

27            El rey Antíoco, al oír esto, se encendió en violenta ira; mandó juntar las fuerzas todas de su reino, un ejército poderosísimo;

28            abrió su tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que estuviesen preparadas a todo evento.

29            Entonces advirtió que se le había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había provocado en el país al suprimir las leyes en vigor desde los primeros tiempos.

30            Temió no tener, como otras veces, para los gastos y para los donativos que solía antes prodigar con larga mano, superando en ello a los reyes que le precedieron.

31            Hallándose, pues, en tan grave aprieto, resolvió ir a Persia a recoger los tributos de aquellas provincias y reunir  mucho dinero.

32            Dejó a Lisias, personaje de la nobleza y de la familia real, al frente de los negocios del rey desde el río Eufrates hasta la frontera de Egipto;

33            le confió la tutela de su hijo Antíoco hasta su vuelta;

34            puso a su disposición la mitad de sus tropas y los elefantes, y le dio orden de ejecutar cuanto había resuelto. En lo que tocaba a los habitantes de Judea y Jerusalén,

35            debía enviar contra ellos un ejército que quebrantara y deshiciera las fuerzas de Israel y lo que quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo del lugar.

36            Luego establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría entre ellos sus tierras.

37            El rey, tomando consigo la otra mitad del ejército, partió de Antioquía, capital de su reino, el año 147. Atravesó el río Eufrates y prosiguió su marcha a través de la región alta.

38            Lisias eligió a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos entre los amigos del rey,

39            y les envió con 40.000 infantes y 7.000 de a caballo a invadir el país de Judá y arrasarlo, como lo había mandado  el rey.

40            Partieron con todo su ejército, llegaron y acamparon cerca de Emaús, en la Tierra Baja.

41            Los mercaderes de la región, que oyeron hablar de ellos, tomaron grandes sumas de plata y oro, además de grilletes, y se fueron al campamento con intención de adquirir como esclavos a los hijos de Israel. Se les unió también una fuerza de Idumea y del país de los filisteos.

42            Judas y sus hermanos comprendieron que la situación era grave: el ejército estaba acampado dentro de su territorio  y conocían la consigna del rey de destruir el pueblo y acabar con él.

43            Y se dijeron unos a otros: «Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por nuestro pueblo y por el Lugar  Santo.»

44            Se convocó la asamblea para prepararse a la guerra, hacer oración y pedir piedad y misericordia.

45            Pero Jerusalén estaba despoblada como un desierto,          ninguno de sus hijos entraba ni salía;          conculcado el santuario,          hijos de extraños en la Ciudadela,          convertida en albergue de gentiles.      Había desaparecido la alegría de Jacob,          la flauta y la lira habían enmudecido.

46            Por eso, una vez reunidos, se fueron a Masfá, frente a Jerusalén, porque tiempos atrás había habido en Masfá un lugar de oración para Israel.

47            Ayunaron aquel día, se vistieron de sayal, esparcieron ceniza sobre la cabeza y rasgaron sus vestidos.

48            Desenrollaron el libro de la Ley para buscar en él lo que los gentiles consultan a las imágenes de sus ídolos.

49            Trajeron los ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron comparecer a los nazireos que habían  cumplido el tiempo de su voto.

50            Levantaron sus clamores al Cielo diciendo: «¿Qué haremos con éstos? ¿A dónde los llevaremos?

51            Tu Lugar Santo está conculcado y profanado, tus sacerdotes en duelo y humillación,

52            y ahí están los gentiles coligados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que traman contra nosotros.

53            ¿Cómo podremos resistir frente a ellos si no acudes en nuestro auxilio?»

54            Hicieron sonar las trompetas y prorrumpieron en grandes gritos.

55            A continuación, Judas nombró jefes del pueblo: jefes de mil hombres, de cien, de cincuenta y de diez.

56            A los que estaban construyendo casas, a los que acababan de casarse o de plantar viñas y a los cobardes, les mandó, conforme a la Ley, que se volvieran a sus casas.

57            Luego, se puso en marcha el ejército y acamparon al sur de Emaús.

58            Judas les dijo: «Preparaos, revestíos de valor y estad dispuestos mañana temprano para entrar en batalla con estos  gentiles que se han coligado contra nosotros para destruirnos y destruir nuestro Lugar Santo.

59            Porque es mejor morir combatiendo que estarnos mirando las desdichas de nuestra nación y del Lugar Santo.

60            Lo que el Cielo tenga dispuesto, lo cumplirá.»

I Macabeos   4

1              Gorgias, tomando 5.000 hombres y mil jinetes escogidos, partió con ellos de noche

2              para caer sobre el campamento de los judíos y vencerles por sopresa. La gente de la Ciudadela los guiaba.

3              Pero lo supo Judas y salió él a su vez con sus guerreros con intención de batir al ejército real que quebada en Emaús

4              mientras estaban todavía dispersas las tropas fuera del campamento.

5              Gorgias llegó de noche al campamento de Judas y al no encontrar a nadie, los estuvo buscando por las montañas,  pues decía: «Estos van huyendo de nosotros.»

6              Al rayar el día, apareció Judas en la llanura con 3.000 hombres. Sólo que no tenían las armas defensivas y las  espadas que hubiesen querido,

7              mientras veían el campamento de los gentiles fuerte, bien atrincherado, rodeado de la caballería y todos diestros  en la guerra.

8              Judas entonces dijo a los que con él iban: «No temáis a esa muchedumbre ni su pujanza os acobarde.

9              Recordad cómo se salvaron nuestros padres en el mar Rojo, cuando Faraón les perseguía con su ejército.

10            Clamemos ahora al Cielo, a ver si nos tiene piedad, recuerda la alianza de nuestros padres y quebranta hoy este  ejército ante nosotros.

11            Entonces reconocerán todas las naciones que hay quien rescata y salva a Israel.»

12            Los extranjeros alzaron los ojos y, viendo a los judíos que venían contra ellos,

13            salieron del campamento a presentar batalla. Los soldados de Judas hicieron sonar la trompeta

14            y entraron en combate. Salieron derrotados los gentiles y huyeron hacia la llanura.

15            Los rezagados cayeron todos a filo de espada. Los persiguieron hasta Gázara y hasta las llanuras de Idumea, Azoto y Yamnia. Cayeron de ellos al pie de 3.000 hombres.

16            Judas, al volver con su ejército de la persecución,

17            dijo a su gente: «Contened vuestros deseos de botín, que otra batalla nos amenaza;

18            Gorgias y su ejército se encuentran cerca de nosotros en la montaña. Haced frente ahora a nuestros enemigos y combatid con ellos; después podréis con tranquilidad haceros con el botín.»

19            Apenas había acabado Judas de hablar, cuando se dejó ver un destacamento que asomaba por la montaña.

20            Advirtieron éstos que los suyos habían huido y que el campamento había sido incendiado, como se lo daba a entender  el humo que divisaban.

21            Viéndolo se llenaron de pavor y al ver por otro lado en la llanura el ejército de Judas dispuesto para el combate,

22            huyeron todos al país de los filisteos.

23            Judas se volvió entonces al campamento para saquearlo. Recogieron mucho oro y plata, telas teñidas en púrpura marina, y muchas otras riquezas.

24            De regreso cantaban y bendecían al Cielo: “Porque es bueno, porque es eterno su amor.”

25            Hubo aquel día gran liberación en Israel.

26            Los extranjeros que habían podido escapar se fueron donde Lisias y le comunicaron todo lo que había pasado.

27            Al oírles quedó consternado y abatido porque a Israel no le había sucedido lo que él quería ni las cosas habían  salido como el rey se lo tenía ordenado.

28            Al año siguiente, reunió Lisias 60.000 hombres escogidos y 5.000 jinetes para combatir contra ellos.

29            Llegaron a Idumea y acamparon en Bet Sur. Judas fue a su encuentro con 10.000 hombres

30            y cuando vio aquel poderoso ejército, oró diciendo: «Bendito seas, Salvador de Israel, que quebraste el ímpetu del poderoso guerrero por mano de tu siervo David y entregaste el ejército de los filisteos en manos de  Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero.

31            Pon de la misma manera este ejército en manos de tu pueblo Israel y queden corridos de sus fuerzas y de su caballería.

32            Infúndeles miedo, rompe la confianza que en su fuerza ponen y queden abatidos con su derrota.

33            Hazles sucumbir bajo la espada de los que te aman, y entonen himnos en tu alabanza todos los que conocen tu nombre.»

34            Vinieron a las manos y cayeron en el combate unos 5.000 hombres del ejército de Lisias.

35            Al ver Lisias la derrota sufrida por su ejército y la intrepidez de los soldados de Judas, y cómo estaban resueltos a vivir o morir valerosamente, partió para Antioquía, donde reclutó mercenarios con ánimo de presentarse de nuevo en Judea con fuerzas más numerosas.

36            Judas y sus hermanos dijeron: «Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el Lugar Santo y a  celebrar su dedicación.»

37            Se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión.

38            Cuando vieron el santuario desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, arbustos nacidos en los atrios como en un bosque o en un monte cualquiera, y las salas destruidas,

39            rasgaron sus vestidos, dieron muestras de gran dolor y pusieron ceniza sobre sus cabezas.

40            Cayeron luego rostro en tierra y a una señal dada por las trompetas, alzaron sus clamores al Cielo.

41            Judas dio orden a sus hombres de combatir a los de la Ciudadela hasta terminar la purificación del Lugar Santo.

42            Luego eligió sacerdotes irreprochables, celosos de la Ley,

43            que purificaron el Lugar Santo y llevaron las piedras de la contaminación a un lugar inmundo.

44            Deliberaron sobre lo que había de hacerse con el altar de los holocaustos que estaba profanado.

45            Con buen parecer acordaron demolerlo para evitarse un oprobio, dado que los gentiles lo habían contaminado. Lo  demolieron, pues,

46            y depositaron sus piedras en el monte de la Casa, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta que diera  respuesta sobre ellas.

47            Tomaron luego piedras sin labrar, como prescribía la Ley, y contruyeron un nuevo altar como el anterior.

48            Repararon el Lugar Santo y el interior de la Casa y santificaron los atrios.

49            Hicieron nuevos objetos sagrados y colocaron dentro del templo el candelabro, el altar del incienso y la mesa.

50            Quemaron incienso sobre el altar y encendieron las lámparas del candelabro, que lucieron en el Templo.

51            Pusieron panes sobre la mesa, colgaron las cortinas y dieron fin a la obra que habían emprendido.

52            El día veinticinco del noveno mes, llamado Kisléu, del año 148, se levantaron al romper el día

53            y ofrecieron sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido un sacrificio conforme a la Ley.

54            Precisamente fue inaugurado el altar, con cánticos, cítaras, liras y címbalos, en el mismo tiempo y el mismo día en que los gentiles la habían profanado.

55            El pueblo entero se postró rostro en tierra, y adoró y bendijo al Cielo que los había conducido al triunfo.

56            Durante ocho días celebraron la dedicación del altar y ofrecieron con alegría holocaustos y el sacrificio de comunión y acción de gracias.

57            Adornaron la fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas y les pusieron puertas.

58            Hubo grandísima alegría en el pueblo, y el ultraje inferido por los gentiles quedó borrado.

59            Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, decidió que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Kisléu, se celebrara con alborozo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar.

60            Por aquel tiempo, levantaron en torno al monte Sión altas murallas y fuertes torres, no fuera que otra vez se presentaran como antes los gentiles y lo pisotearan.

61            Puso Judas allí una guarnición que lo defendiera y para que el pueblo tuviese una fortaleza frente a Idumea, fortificó Bet Sur.

I Macabeos   5

1              Cuando los pueblos circunvecinos supieron que había sido reconstruido el altar y restaurado como antes el santuario, se irritaron sobremanera.

2              Decidieron acabar con los descendientes de Jacob que entre ellos vivían y comenzaron a matar y exterminar gente del pueblo.

3              Judas movió la guerra a los hijos de Esaú en Idumea, al país de Acrabatena, porque tenían asediados a los israelitas. Les infligió fuerte derrota, les rechazó y se alzó con sus despojos.

4              Recordó luego la maldad de los hijos de Baián, que eran un lazo y una trampa para el pueblo por las emboscadas que en los caminos le tendían.

5              Les obligó a encerrarse en sus torres, les puso cerco y dándolos al anatema, abrasó las torres con todos los que  estaban dentro.

6              Pasó a continuación a los ammonitas, donde encontró una fuerte tropa y una población numerosa cuyo jefe era Timoteo.

7              Después de muchos combates, los derrotó y deshizo.

8              Ocupó Yazer y sus aldeas, y regresó a Judea.

9              Los gentiles de Galaad se unieron para exterminar a los israelitas que vivían en su territorio, pero ellos se refugiaron en la fortaleza de Datemá.

10            Enviaron cartas a Judas y sus hermanos diciéndoles: «Los gentiles que nos rodean se han unido para exterminarnos;

11            se preparan para venir a tomar la fortaleza donde nos hemos refugiado, y Timoteo está al frente de su ejército.

12            Ven, pues, ahora a librarnos de sus manos, que muchos de entre nosotros han caído ya;

13            todos nuestros hermanos que vivían en el país de Tubías han sido muertos, llevados cautivos sus mujeres, hijos  y bienes, y han perecido allí unos mil hombres.»

14            Estaban todavía leyendo las cartas, cuando otros mensajeros, con los vestidos rasgados, llegaron de Galilea con esta noticia:

15            «Se han unido los de Tolemaida, Tiro, Sidón y toda la Galilea de los Gentiles para acabar con nosotros.»

16            Cuando Judas y el pueblo oyeron tales noticias, reunieron una gran asamblea para deliberar sobre lo que habían de hacer para socorrer a sus hermanos puestos en angustia y combatidos de enemigos.

17            Judas dijo a su hermano Simón: «Toma gente contigo y parte a librar a tus hermanos de Galilea; mi hermano Jonatán y yo iremos a la región de Galaad.»

18            Dejó para defensa de Judea a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, jefe del pueblo, con el resto del ejército,

19            dándoles esta orden: «Estad al frente del pueblo y no entréis en batalla con los gentiles hasta que nosotros regresemos.»

20            Se le dieron 3.000 hombres a Simón para la campaña de Galilea y 8.000 a Judas para la de Galaad.

21            Simón partió para Galilea y luego de empeñar muchos combates con los gentiles, los derrotó

22            y los persiguió hasta la entrada de Tolemaida. Sucumbieron unos 3.000 gentiles y se llevó sus despojos.

23            Tomó luego consigo a los judíos de Galilea y Arbattá, con sus mujeres, hijos y cuanto poseían, y en medio de una  gran alegría los llevó a Judea.

24            Por su parte, Judas Macabeo y su hermano Jonatán atravesaron el Jordán y caminaron tres jornadas por el desierto.

25            Se encontraron con los nabateos, que les acogieron amistosamente y les pusieron al tanto de lo que les ocurría  a sus hermanos de la región de Galaad:

26            que muchos de ellos se encontraban encerrados en Bosorá y Bosor, en Alemá, Casfó, Maqued y Carnáyim, todas ellas ciudades fuertes y grandes;

27            que también los había encerrados en las demás ciudades de la región de Galaad, y que sus enemigos habían fijado el día siguiente para atacar las fortalezas, tomarlas y exterminarlos a todos en un solo día.

28            Inmediatamente Judas hizo que su ejército tomara el camino de Bosorá, a través del desierto; tomó la ciudad y después de pasar a filo de espada a todo varón y de saquearla por completo, la incendió.

29            Partió de allí por la noche y avanzó hasta las cercanías de la fortaleza.

30            Cuando, al llegar el día, alzaron los judíos sus ojos, vieron una muchedumbre innumerable que levantaba escalas e ingenios para tomar la plaza, y había comenzado ya el ataque.

31            Al ver que el ataque se había iniciado y que un inmenso griterío y sonido de trompetas se levantaba de la ciudad  hasta el cielo,

32            Judas dijo a los hombres de su ejército: «Combatid hoy por vuestros hermanos.»

33            Y, ordenados en tres columnas, les hizo avanzar detrás del enemigo tocando las trompetas y gritando invocaciones.

34            El ejército de Timoteo, al reconocer que era Macabeo, huyeron ante él, sufrieron una fuerte derrota y dejaron tendidos unos 8.000 hombres aquel día.

35            Volvióse luego Judas contra Alemá. La atacó, la tomó y después de matar a todos los varones y saquearla, la dio  a las llamas.

36            Partiendo de allí, se apoderó de Casfó, Maqued, Bosor y de las restantes ciudades de la región de Galaad.

37            Después de estos acontecimientos, juntó Timoteo un nuevo ejército y acampó frente a Rafón, al otro lado del torrente.

38            Judas envió a reconocer el campamento y le trajeron el siguiente informe: «Todos los gentiles de nuestro alrededor  se le han unido y forman un ejército considerable.

39            Tienen además, como auxiliares, árabes tomados a sueldo. Acampan al otro lado del torrente y están preparados para  venir a atacarte.» Judas salió a su encuentro.

40            Cuando se aproximaba con su ejército al torrente de agua, dijo Timoteo a los capitanes de sus tropas: «Si él lo  pasa primero y viene sobre nosotros, no podremos resistirle, porque nos vencerá seguramente,

41            pero si muestra miedo y acampa al otro lado del río, lo atravesaremos nosotros, iremos sobre él y le venceremos.»

42            Cuando Judas llegó al borde del torrente de agua, situó a los escribas del pueblo a la orilla y les dio esta orden: «No dejéis acampar a nadie; que todos vayan al combate.»

43            Pasó él el primero contra el enemigo y toda su gente le siguió. Los gentiles todos, derrotados ante ellos, tiraron las armas y corrieron a buscar refugio en el templo de Carnáyim.

44            Pero los judíos tomaron la ciudad y quemaron el templo con todos los que había dentro. Carnáyim fue arrasada. Y  ya nadie pudo resistir a Judas.

45            Judas reunió a todos los israelitas de la región de Galaad, pequeños y grandes, a sus mujeres, hijos y bienes, una inmensa muchedumbre, para llevarlos al país de Judá.

46            Llegaron a Efrón, ciudad importante y muy fuerte, situada en el camino. Necesariamente tenían que pasar por ella, por no haber posibilidad de desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.

47            Pero los habitantes les negaron el paso y bloquearon las entradas con piedras.

48            Judas les envió un mensaje en son de paz diciéndoles: «Pasaremos por vuestro país para llegar al nuestro; nadie  os hará mal alguno; no limitaremos a pasar a pie.» Pero no quisieron abrirle.

49            Entonces Judas hizo anunciar por el ejército que cada uno tomara posición donde se encontrara.

50            La gente de guerra tomó posición y Judas atacó la ciudad todo aquel día y toda la noche, hasta que cayó en sus  manos.

51            Hizo pasar a filo de espada a todos los varones, la arrasó, la saqueó, y atravesó la ciudad por encima de los cadáveres.

52            Pasaron el Jordán para entrar en la Gran Llanura frente a Bet San.

53            Judas fue durante toda la marcha recogiendo a los rezagados y animando al pueblo hasta llegar a la tierra de Judá.

54            Subieron al monte Sión con alborozo y alegría y ofrecieron holocaustos por haber regresado felizmente sin haber perdido a ninguno de los suyos.

55            Cuando Judas y Jonatán estaban en el país de Galaad, y su hermano Simón en Galilea, frente a Tolemaida,

56            José, hijo de Zacarías, y Azarías, jefes del ejército, al oír las proezas y combates que aquéllos habían realizado,

57            se dijeron: «Hagamos nosotros también célebre nuestro nombre saliendo a combatir a los gentiles de los alrededores.»

58            Y dieron orden a la tropa que estaba bajo su mando de ir sobre Yamnia.

59            Gorgias salió de la ciudad con su gente para irles al encuentro y entrar en batalla.

60            Y José y Azarías fueron derrotados y perseguidos hasta la frontera de Judea. Sucumbieron aquel día alrededor de  2.000 hombres del pueblo de Israel.

61            Sobrevino este grave revés al pueblo por no haber obedecido a Judas y sus hermanos, creyéndose capaces de grandes  hazañas.

62            Pero no eran ellos de aquella casta de hombres a quienes estaba confiada la salvación de Israel.

63            El valiente Judas y sus hermanos alcanzaron gran honor ante todo Israel y todas las naciones a donde su nombre llegaba.

64            Las muchedumbres se agolpaban a su alrededor para aclamarles.

65            Salió Judas con sus hermanos a campaña contra los hijos de Esaú, al país del mediodía. Tomó Hebrón y sus aldeas, arrasó sus murallas y prendió fuego a las torres de su contorno.

66            Partió luego en dirección al país de los filisteos y atravesó Marisá.

67            Al querer señalarse tomando parte imprudentemente en el combate, cayeron aquel día algunos sacerdotes.

68            Dobló luego Judas sobre Azoto, territorio de los filisteos, y destruyó sus altares, dio fuego a las imágenes de sus dioses y saqueó sus ciudades. Después, regresó al país de Judá.

I Macabeos   6

1              El rey Antíoco, en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una ciudad en Persia, llamada Elimaida, famosa por sus riquezas, su plata y su oro.

2              Tenía un templo rico en extremo, donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que fue el primer rey de los griegos.

3              Allá se fue con intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo consiguió, porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus propósitos,

4              le ofrecieron resistencia armada, y tuvo que salir huyendo y marcharse de allí con gran tristeza para volverse a Babilonia.

5              Todavía se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las tropas enviadas a la tierra  de Judá.

6              Lisias, en primer lugar, había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido que huir ante los judíos. Estos se habían crecido con las tropas y los muchos despojos tomados a los ejércitos vencidos.

7              Habían destruido la Abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén. Habían rodeado de altas murallas  como antes el santuario, así como a Bet Sur, ciudad del rey.

8              Ante tales noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación, y cayó en cama enfermo de pesadumbre  por no haberle salido las cosas como él quisiera.

9              Muchos días permaneció allí, renovándosele sin cesar la profunda tristeza, hasta que sintió que se iba a morir.

10            Hizo venir entonces a todos sus amigos y les dijo: «Huye el sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad.

11            Me decía a mí mismo: ¿Por qué he llegado a este extremo de aflicción y me encuentro en tan gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi gobierno?

12            Pero ahora caigo en cuenta de los males que hice en Jerusalén, cuando me llevé los objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin motivo a los habitantes de Judá.

13            Reconozco que por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa pesadumbre en tierra extraña.»

14            Llamó luego a Filipo, uno de sus amigos, y le puso al frente de todo su reino.

15            Le dio su diadema, sus vestidos y su anillo, encargándole que educara a su hijo Antíoco y le preparara para que fuese rey.

16            Allí murió el rey Antíoco el año 149.

17            Lisias, al saber la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, al que había educado desde niño, y le dio  el sobrenombre de Eupátor.

18            La guarnición de la Ciudadela tenía sitiado a Israel en el recinto del Lugar Santo; buscaba siempre ocasión de  causarle mal y de ofrecer apoyo a los gentiles.

19            Resuelto Judas a exterminarlos, convocó a todo el pueblo para sitiarles.

20            El año 150, una vez reunidos, dieron comienzo al sitio de la Ciudadela y construyeron plataformas de tiro e ingenios de guerra.

21            Pero algunos de los sitiados lograron romper el cerco y juntándoseles otros de entre los impíos de Israel,

22            acudieron al rey para decirle: «¿Hasta cuándo vas a estar sin hacer justicia y sin vengar a nuestros hermanos?

23            Nosotros aceptamos de buen grado servir a tu padre, seguir sus órdenes y obedecer sus edictos.

24            Esta es la causa por la que nuestros conciudadanos se nos muestran hostiles. Han matado a cuantos de nosotros han caído en sus manos y nos han arrebatado nuestras haciendas.

25            Pero no sólo han alzado su mano sobre nosotros, sino también sobre todos tus territorios.

26            He aquí que hoy tienen puesto cerco a la Ciudadela de Jerusalén con intención de tomarla y han fortificado el santuario y Bet Sur.

27            Si no te apresuras a atajarles, se atreverán a más, y ya te será imposible contenerles.»

28            Al oírlo el rey, montó en cólera y convocó a todos sus amigos, capitanes del ejército y comandantes de la caballería.

29            Le llegaron tropas mercenarias de otros reinos y de la islas del mar.

30            El número de sus fuerzas era de 10.000 infantes, 20.000 jinetes y 32 elefantes adiestrados para la guerra.

31            Viniendo por Idumea, pusieron cerco a Bet Sur y la atacaron durante mucho tiempo, valiéndose de ingenios de guerra. Pero los sitiados, en salidas que hacían, se los quemaban y peleaban valerosamente.

32            Entonces Judas partió de la Ciudadela y acampó en Bet Zacaría, frente al campamento real.

33            El rey se levantó de madrugada y puso en marcha el ejército con todo su ímpetu por el camino de Bet Zacaría. Los ejércitos se dispusieron para entrar en batalla y se tocaron las trompetas.

34            A los elefantes les habían mostrado zumo de uvas y moras para prepararlos al combate.

35            Las bestias estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además, con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos,

36            que estaban donde el animal estuviese y le acompañaban adonde fuese, sin apartarse de él.

37            Cada elefante llevaba sobre sí, sujeta con cinchas, una torre fuerte de madera como defensa y tres guerreros que  combatían desde ella, además del conductor.

38            Al resto de la caballería el rey lo colocó a un lado y otro, en los flancos del ejército, con la misión de hostigar al enemigo y proteger las falanges.

39            Cuando el sol dio sobre los escudos de oro y bronce, resplandecieron los montes a su fulgor y brillaron como antorchas encendidas.

40            Una parte del ejército real se desplegó por las alturas de los montes, mientras algunos lo hicieron por el llano; y avanzaban con seguridad y buen orden.

41            Se estremecían todos los que oían el griterío de aquella muchedumbre y el estruendo que levantaba al marchar y  entrechocar las armas; era, en efecto, un ejército muy grande y fuerte.

42            Judas y su ejército se adelantaron para entrar en batalla, y sucumbieron seiscientos hombres del ejército real.

43            Eleazar, llamado Avarán, viendo una de las bestias que iba protegida de una coraza real y que aventajaba en corpulencia a todas las demás, creyó que el rey iba en ella,

44            y se entregó por salvar a su pueblo y conseguir un nombre inmortal.

45            Corrió audazmente hasta la bestia, metiéndose entre la falange, matando a derecha e izquierda y haciendo que los  enemigos se apartaran de él a un lado y a otro;

46            se deslizó debajo del elefante e hiriéndole por debajo, lo mató. Cayó a tierra el animal sobre él y allí murió Eleazar.

47            Los judíos, al fin, viendo la potencia del reino y la impetuosidad de sus tropas, cedieron ante ellas.

48            El ejército real subió a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó contra Judea y contra el monte  Sión.

49            Hizo la paz con los de Bet Sur, que salieron de la ciudad al no tener allí víveres para sostener el sitio por ser  año sabático para la tierra.

50            El rey ocupó Bet Sur y dejó allí una guarnición para su defensa.

51            Muchos días estuvo sitiando el santuario. Levantó allí plataformas de tiro e ingenios de guerra, lanzallamas, catapultas, escorpiones de lanzar flechas y hondas.

52            Por su parte, los sitiados construyeron ingenios contra los ingenios de los otros y combatieron durante muchos días.

53            Pero no había víveres en los almacenes, porque aquel era año séptimo, y además los israelitas liberados de los  gentiles y traídos a Judea habían consumido las últimas reservas.

54            Víctimas, pues, del hambre, dejaron unos pocos hombres en el Lugar Santo y los demás se dispersaron cada uno a  su casa.

55            Se enteró Lisias de que Filipo, aquel a quien el rey Antíoco había confiado antes de morir la educación de su hijo Antíoco para el trono,

56            había vuelto de Persia y Media y con él las tropas que acompañaron al rey, y que trataba de hacerse con la dirección del gobierno.

57            Entonces se apresuró a señalar la conveniencia de volverse, diciendo al rey, a los capitanes del ejército y a la tropa: «De día en día venimos a menos; las provisiones faltan; la plaza que asediamos está bien fortificada y los negocios del reino nos urgen.

58            Demos, pues, la mano a estos hombres, hagamos la paz con ellos y con toda su nación

59            y permitámosles vivir según sus costumbres tradicionales, pues irritados por habérselas abolido nosotros, se han  portado de esta manera.»

60            El rey y los capitanes aprobaron la idea y el rey envió a proponer la paz a los sitiados. Estos la aceptaron

61            y el rey y los capitanes se la juraron. Con esta garantía salieron de la fortaleza

62            y el rey entró en el monte Sión. Pero al ver la fortaleza de aquel lugar, violó el juramento que había hecho y  ordenó destruir la muralla que lo rodeaba.

63            Luego, a toda prisa, partió y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo dueño de la ciudad. Le atacó y se apoderó de la ciudad por la fuerza.

I Macabeos   7

1              El año 151, Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres, arribó a una ciudad marítima donde se proclamó rey.

2              Cuando se disponía a entrar en la residencia real de sus padres, el ejército apresó a Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia.

3              Al saberlo, dijo: «No quiero ver sus caras.»

4              El ejército los mató y Demetrio se sentó en su trono real.

5              Entonces todos los hombres sin ley e impíos de Israel acudieron a él, con Alcimo al frente, que pretendía el sumo sacerdocio.

6              Ya en su presencia, acusaron al pueblo diciendo: «Judas y sus hermanos han hecho perecer a todos tus amigos y a  nosotros nos han expulsado de nuestro país.

7              Envía, pues, ahora una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que en nosotros y en la provincia del rey han causado, y los castigue a ellos y a todos los que les apoyan.»

8              El rey eligió a Báquides, uno de los amigos del rey, gobernador de Transeufratina, grande en el reino y fiel al rey.

9              Le envió con el impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, a tomar venganza de los israelitas.

10            Partieron con un ejército numeroso y en llegando a la tierra de Judá, enviaron mensajeros a Judas y sus hermanos con falsas proposiciones de paz.

11            Pero éstos no hicieron caso de sus palabras, porque vieron que habían venido con un ejército numeroso.

12            No obstante, un grupo de escribas se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de encontrar una solución justa.

13            Los asideos eran los primeros entre los israelitas en pedirles la paz,

14            pues decían: «Un sacerdote del linaje de Aarón ha venido con el ejército: no nos hará ningún mal.»

15            Habló con ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros mal ni a vosotros ni a vuestros  amigos.»

16            Le creyeron, pero él prendió a sesenta de ellos y les hizo morir en un mismo día, según la palabra que estaba escrita:

17            = «Esparcieron la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo quien les diese sepultura.» =

18            Con esto, el miedo hacia ellos y el espanto se apoderó del pueblo, que decía: «No hay en ellos verdad ni justicia, pues han violado el pacto y el juramento que habían jurado.»

19            Báquides partió de Jerusalén y acampó en Bet Zet. De allí mandó a prender a muchos que habían desertado donde él y a algunos del pueblo, los mató y los arrojó en el pozo grande.

20            Luego puso la provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que le sostuvieran y se marchó adonde el rey.

21            Alcimo luchó por el sumo sacerdocio.

22            Se le unieron todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra de Judá y causaron graves males  a Israel.

23            Viendo Judas todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, mayor que el que habían causado  los gentiles,

24            salió a recorrer todo el territorio de Judea para tomar venganza de los desertores y no dejarles andar por la región.

25            Al ver Alcimo que Judas y los suyos cobraban fuerza y que él no podía resistirles, se volvió donde el rey y les acusó de graves delitos.

26            El rey envió a Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado de Israel, y le mandó exterminar al pueblo.

27            Nicanor llegó a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y sus hermanos un insidioso mensaje de paz diciéndoles:

28            «No haya lucha entre vosotros y yo; iré a veros amistosamente con una pequeña escolta.»

29            Fue pues, donde Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para raptar a Judas.

30            Al conocer que había venido a él con engaños, se atemorizó Judas y no quiso verle más.

31            Viendo descubiertos sus planes, Nicanor salió a enfrentarse con Judas cerca de Cafarsalamá.

32            Cayeron unos quinientos hombres del ejército de Nicanor y los demás huyeron a la Ciudad de David.

33            Después de estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Salieron del Lugar Santo sacerdotes y ancianos del pueblo  para saludarle amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey.

34            Pero él se burló de ellos, les escarneció, les mancilló y habló insolentemente.

35            Colérico, les dijo con juramento: «Si esta vez no se me entrega Judas y su ejército en mis manos, cuando vuelva, hecha la paz, prenderé fuego a esta Casa.» Y salió lleno de furor.

36            Entraron los sacerdotes y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando:

37            «Tú has elegido esta Casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de oración y súplica para tu pueblo;

38            toma vengaza de este hombre y de su ejército y caigan bajo la espada. Acuérdate, de sus blasfemias y no les des  tregua.»

39            Nicanor partió de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de Siria.

40            Judas acampó en Adasá con 3.000 hombres y oró diciendo:

41            «Cuando los enviados del rey blasfemaron, salió tu ángel y mató a 185.000 de ellos;

42            destruye también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden que su jefe profirió palabras impías contra tu Lugar Santo; júzgale según su maldad.»

43            El día trece del mes de Adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el de Nicanor. Nicanor cayó el primero  en el combate,

44            y su ejército, al verle caído, arrojó las armas y se dio a la fuga.

45            Les estuvieron persiguiendo un día entero, desde Adasá hasta llegar a Gázara, dando aviso tras ellos con el sonido de las trompetas.

46            Salió gente de todos los pueblos judíos del contorno y, envolviéndoles, les obligaron a volverse los unos sobre los otros. Todos cayeron a espada; no quedó ni uno de ellos.

47            Tomaron los despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha, aquella que había extendido insolentemente, y las llevaron para exponerlas a la vista de Jerusalén.

48            El pueblo se llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo

49            y acordaron conmemorarlo cada año el trece de Adar.

50            El país de Judá gozó de sosiego por algún tiempo.

I Macabeos   8

1              La fama de los romanos llegó a oídos de Judas. Decían que eran poderosos, se mostraban benévolos con todos los  que se les unían, establecían amistad con cuantos acudían a ellos

2              (y eran poderosos). Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado entre los galos, cómo les habían dominado y sometido a tributo;

3              todo cuanto habían hecho en la región de Espanña para hacerse con las minas de plata y oro de allí,

4              cómo se habían hecho dueños de todo el país gracias a su prudencia y perseverancia (a pesar de hallarse aquel país a larga distancia del suyo); a los reyes venidos contra ellos desde los confines de la tierra, los habían  derrotado e inferido fuerte descalabro, y los demás les pagaban tributo cada año;

5              habían vencido en la guerra a Filipo, a Perseo, rey de los Kittim, y a cuantos se habían alzado contra ellos, y los habían sometido;

6              Antíoco el Grande, rey de Asia, había ido a hacerles la guerra con 120 elefantes, caballería, carros y tropas muy numerosas, y fue derrotado,

7              le apresaron vivo y le obligaron, a él y a sus sucesores en el trono, a pagarles un gran tributo, a entregar rehenes y a ceder

8              algunas de sus mejores provincias: la provincia índica, Media y Lidia, que le quitaron para dárselas al rey Eumeno;

9              los de Grecia habían concebido el proyecto de ir a exterminarlos,

10            y en sabiéndolo los romanos, enviaron contra ellos a un solo general, les hicieron la guerra, mataron a muchos  de ellos, llevaron cautivos a sus mujeres y niños, saquearon sus bienes, subyugaron el país, arrasaron  sus fortalezas y les sometieron a servidumbre hasta el día de hoy;

11            a los demás reinos y a las islas, a cuantos en alguna ocasión les hicieron frente, los destruyeron y redujeron  a servidumbre.

12            En cambio, a sus amigos y a los que en ellos buscaron apoyo, les mantuvieron su amistad. Tienen bajo su dominio  a los reyes vecinos y a los lejanos y todos cuantos oyen su nombre les temen.

13            Aquellos a quienes quieren ayudar a conseguir el trono, reinan; y deponen a los que ellos quieren. Han alcanzado  gran altura.

14            No obstante, ninguno de ellos se ciñe la diadema ni se viste de púrpura para engreírse con ella.

15            Se han creado un Consejo, donde cada día 320 consejeros deliberan constantemente en favor del pueblo para mantenerlo  en buen orden.

16            Confían cada año a uno solo el mando sobre ellos y el dominio de toda su tierra. Todos obedecen a este solo hombre sin que haya entre ellos envidias ni celos.

17            Judas eligió a Eupólemo, hijo de Juan, y de Haqcós, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los envió a Roma a concertar amistad y alianza,

18            para sacudirse el yugo de encima, porque veían que el reino de los griegos tenía a Israel sometido a servidumbre.

19            Partieron, pues, para Roma y luego de un larguísimo viaje, entraron en el Consejo, donde tomando la palabra, dijeron:

20            Judas, llamado Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos han enviado donde vosotros para concertar con vosotros  alianza y paz y para que nos inscribáis en el número de vuestros aliados y amigos.»

21            La propuesta les pareció bien.

22            Esta es la copia de la carta que enviaron a Jerusalén, grabada en planchas de bronce, para que fuesen allí para  ellos documento de paz y alianza:

23            «Felicidad a los romanos y a la nación de los judíos por mar y tierra para siempre. Lejos de ellos la espada y el enemigo.

24            Pero, si le sobreviene una guerra primero a Roma o a cualquiera de sus aliados en cualquier parte de sus dominios,

25            la nación de los judíos luchará a su lado, según las circunstancias se lo dicten, de todo corazón.

26            No darán a los enemigos ni les suministrarán trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin recibir compensación alguna.

27            De la misma manera, si sobreviene una guerra primero a la nación de los judíos, los romanos lucharán a su lado, según las circunstancías se lo dicten, con toda el alma.

28            No darán a los combatientes trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin  dolo.

29            En estos términos se han concertado los romanos con el pueblo de los judíos.

30            Si posteriormente unos y otros deciden añadir o quitar algo, lo podrán hacer a su agrado, y lo que añadan o quiten  será valedero.

31            «En cuanto a los males que el rey Demetrio les ha causado, le hemos escrito diciéndole: “¿Por qué has hecho sentir pesadamente tu yugo sobre nuestros amigos y aliados los judíos?

32            Si otra vez vuelven a quejarse de ti, nosotros les haremos justicia y te haremos la guerra por mar y tierra.”»

I Macabeos   9

1              Cuando supo Demetrio que Nicanor y su ejército habían caído en la guerra, envió a la tierra de Judá, en una nueva expedición, a Báquides y Alcimo con el ala derecha de su ejército.

2              Tomaron el camino de Galilea y pusieron cerco a Mesalot en el territorio de Arbelas; se apoderaron de ella y mataron  mucha gente.

3              El primer mes del año 152 acamparon frente a Jerusalén,

4              de donde partieron con 20.000 hombres y 2.000 jinetes en dirección a Beerzet.

5              Judas tenía puesto su campamento en Eleasá y estaban con él 3.000 hombres escogidos.

6              Pero al ver la gran muchedumbre de los enemigos, les entró mucho miedo y muchos escaparon del campamento; no quedaron más que ochocientos hombres.

7              Judas vio que su ejército estaba desbandado y que la batalla le apremiaba, y se le quebrantó el corazón, pues no había tiempo de volverlos a juntar.

8              Aunque desfallecido, dijo a los que le habían quedado: «Levantémonos y subamos contra nuestros adversarios por si podemos hacerles frente.»

9              Trataban de disuadirle diciéndole: «No podemos; salvemos nuestras vidas de momento y volvamos luego con nuestros  hermanos para combatir contra ellos, que ahora estamos pocos.»

10            Judas replicó: «¡Eso nunca, obrar así y huir ante ellos! Si nuestra hora ha llegado, muramos con valor por nuestros hermanos y no dejemos tacha a nuestra gloria.»

11            Salió la tropa del campamento y se ordenó para irles al encuentro: la caballería dividida en dos escuadrones, arqueros y honderos en avanzadilla, y los más aguerridos en primera línea;

12            Báquides ocupaba el ala derecha. La falange se acercó por los dos lados y tocaron las trompetas. Los que estaban con Judas tocaron también las suyas,

13            y la tierra se estremeció con el estruendo de los ejércitos. Se trabó el combate y se mantuvo desde el amanecer hasta la caída de la tarde.

14            Vio Judas que Báquides y sus mejores tropas se encontraban en la parte derecha; se unieron a él los más esforzados,

15            y derrotaron al ala derecha y la persiguieron hasta los montes de Azara.

16            Pero el ala izquierda, al ver derrotada el ala derecha, se volvió sobre los pasos de Judas y los suyos, por detrás.

17            La lucha se encarnizó y cayeron muchos de uno y otro bando.

18            Judas cayó y los demás huyeron.

19            Jonatán y Simón tomaron a su hermano Judas y le dieron sepultura en el sepulcro de sus padres en Modín.

20            Todo Israel le lloró, hizo gran duelo por él y muchos días estuvieron repitiendo esta lamentación:

21            «¡Cómo ha caído el héroe que salvaba a Israel!»

22            Las demás empresas de Judas, sus guerras, proezas que realizó, ocasiones en que alcanzó gloria, fueron demasiado  numerosas para ser escritas.

23            Con la muerte de Judas asomaron los sin ley por todo el territorio de Israel y levantaron cabeza todos los que  obraban la iniquidad.

24            Hubo entonces un hambre extrema y el país se pasó a ellos.

25            Báquides escogió hombres impíos y los puso al frente del país.

26            Se dieron éstos a buscar con toda su suerte de pesquisas a los amigos de Judas y los llevaban a Báquides, que les  castigaba y escarnecía.

27            Tribulación tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer profetas.

28            Entonces todos los amigos de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:

29            «Desde la muerte de tu hermano Judas no tenemos un hombre semejante a él que salga y vaya contra los enemigos,  contra Báquides y contra los que odian a nuestra nación.

30            Por eso, te elegimos hoy a ti para que, ocupando el lugar de tu hermano, seas nuestro jefe y guía en la lucha que  sostenemos.»

31            En aquel momento Jonatán tomó el mando como sucesor de su hermano Judas.

32            Al enterarse Báquides trataba de hacer morir a Jonatán.

33            Pero Jonatán lo supo y su hermano Simón y todos sus partidarios y huyeron al desierto de Técoa, donde establecieron su campamento junto a las aguas de la cisterna de Asfar.

34            (Báquides se enteró un día de sábado y pasó con todas las tropas al lado de allá del Jordán.)

35            Jonatán envió a su hermano, jefe de la tropa, a pedir a sus amigos los nabateos autorización para dejar con ellos  su impedimenta, que era mucha.

36            Pero los hijos de Amrai, los de Medabá, hicieron una salida, se apoderaron de Juan y de cuanto llevaba y se alejaron con su presa.

37            Después de esto, Jonatán y su hermano Simón, recibieron la noticia de que los hijos de Amrai celebraban una espléndida boda y traían de Nabatá, en medio de gran pompa, a la novia, hija de uno de los principales de Canaán.

38            Recordaron entonces el sangriento fin de su hermano Juan y subieron a ocultarse al abrigo de la montaña.

39            Al alzar los ojos, vieron que avanzaba en medio de confusa algazara una numerosa caravana, y que a su encuentro venía el novio, acompañado de sus amigos y hermanos, con tambores, música y gran aparato.

40            Salieron entonces de su emboscada y cayeron sobre ellos para matarlos. Muchos cayeron muertos y los demás huyeron a la montaña. Se hicieron con todos sus despojos.

41            = La boda acabó en duelo y la música en lamentación. =

42            Una vez tomada venganza de la sangre de su hermano, se volvieron a las orillas pantanosas del Jordán.

43            Al enterarse Báquides, vino el día de sábado con numerosa tropa a las riberas del Jordán.

44            Jonatán dijo a su gente: «Levantémonos y luchemos por nuestras vidas, que hoy no es como ayer y anteayer.

45            Delante de nosotros y detrás, la guerra; por un lado y por otro, las aguas del Jordán, las marismas, las malezas: no hay lugar a donde retirarse.

46            Levantad, pues, ahora la voz al Cielo para salvaros de las manos de vuestros enemigos.»

47            Entablado el combate, Jonatán tendió su mano para herir a Báquides y éste le esquivó echándose atrás,

48            con lo que Jonatán y los suyos pudieron lanzarse al Jordán y ganar a nado la orilla opuesta. Sus enemigos no atravesaron el río en su persecución.

49            Unos mil hombres del ejército de Báquides sucumbieron aquel día.

50            Vuelto a Jerusalén, hizo Báquides levantar ciudades fortificadas en Judea: la fortaleza de Jericó, Emaús, Bet Jorón, Betel, Tamnatá, Faratón y Tefón, con altas murallas, puertas y cerrojos

51            y puso en ellas guarniciones que hostilizaran a Israel.

52            Fortificó también la ciudad de Bet Sur, Gázara y la Ciudadela, y puso en ellas tropas y depósitos de víveres.

53            Tomó como rehenes a los hijos de los principales de la región y los dejó bajo guardia en la Ciudadela de Jerusalén.

54            El segundo mes del año 153, ordenó Alcimo demoler el muro del atrio interior del Lugar Santo. Destruía con ello  la obra de los profetas. Había comenzado la demolición,

55            cuando en aquel tiempo sufrió Alcimo un ataque y su obra quedó parada. Se le obstruyó la boca y se le quedó paralizada, de suerte que no le fue posible ya pronunciar palabra ni dar disposiciones en la tocante a su casa.

56            Alcimo murió entonces en medio de grandes sufrimientos.

57            Cuando Báquides vio que había muerto Alcimo, se volvió adonde el rey y hubo tranquilidad en el país de Judá por espacio de dos años.

58            Todos los sin ley se confabularon diciendo: «Jonatán y los suyos viven tranquilos y confiados. Hagamos, pues, venir  ahora a Báquides y los prenderá a todos ellos en una sola noche.»

59            Fueron a comunicar el plan con él,

60            y Báquides se puso en marcha con un fuerte ejército. Envió cartas secretas a sus alidados de Judea ordenándoles  prender a Jonatán y a los suyos. Pero no pudieron, porque fueron conocidas sus intenciones,

61            antes bien ellos prendieron a unos cincuenta hombres de la región, cabecillas de esta maldad, y les dieron muerte.

62            A continuación, Jonatán, Simón y los suyos se retiraron a Bet Basí, en el desierto, repararon lo que en aquella plaza estaba derruido y la fortificaron.

63            En sabiéndolo Báquides, juntó a toda su gente y convocó a sus partidarios de Judea.

64            Llegó y puso cerco a Bet Basí, la atacó durante muchos días y construyó ingenios de guerra.

65            Jonatán, dejando a su hermano Simón en la ciudad, salió por la región y fue con una pequeña tropa,

66            con la que derrotó en su campamento a Odomerá y a sus hermanos, así como a los hijos de Fasirón. Estos empezaron a herir y a subir con las tropas.

67            Simón y sus hombres, por su parte, salieron de la ciudad y dieron fuego a los ingenios.

68            Trabaron combate con Báquides, le derrotaron y le dejaron sumido en profunda amargura, porque habían fracasado su plan y su ataque.

69            Montó en cólera contra los hombres sin ley que le habían aconsejado venir a la región, mató a muchos de ellos y  decidió volverse a su tierra.

70            Al saberlo, le envió Jonatán legados para concertar con él la paz y conseguir que les devolviera los prisioneros.

71            Báquides aceptó y accedió a las peticiones de Jonatán. Se comprometió con juramento a no hacerle mal en todos los  días de su vida,

72            y le devolvió los prisioneros que anteriormente había capturado en el país de Judá. Partió luego para su tierra y no volvió más a territorio judío.

73            Así descansó la espada en Israel. Jonatán se estableció en Mikmas, comenzó a juzgar al pueblo e hizo desaparecer  de Israel a los impíos.

I Macabeos  10

1              El año 160, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, vino por mar y ocupó Tolemaida donde, siendo bien acogido, se proclamó rey.

2              Al tener noticia de ello, el rey Demetrio juntó un ejército muy numeroso y salió a su encuentro para combatir con él.

3              Envió también Demetrio una carta amistosa a Jonatán en que prometía engrandecerle,

4              porque se decía: «Adelantémonos a hacer la paz con ellos antes que Jonatán la haga con Filipo contra nosotros,

5              al recordar los males que le causamos a él, a sus hermanos y a su nación.»

6              Le concedía autorización para reclutar tropas, fabricar armamento y contarse entre sus aliados. Mandaba, además, que le fuesen entregados los rehenes que se encontraban en la Ciudadela.

7              Jonatán fue a Jerusalén y leyó la carta a oídos de todo el pueblo y de los que ocupaban la Ciudadela.

8              Les entró mucho miedo cuando oyeron que el rey le concedía autorización para reclutar tropas.

9              La gente de la Ciudadela entregó los rehenes a Jonatán y él los devolvió a sus padres.

10            Jonatán fijó su residencia en Jerusalén y se dio a reconstruir y restaurar la ciudad.

11            Ordenó a los encargados de las obras levantar las murallas y rodear el monte Sión con piedras de sillería para  fortificarlo, y así lo hicieron.

12            Los extranjeros que ocupaban las fortalezas levantadas por Báquides, huyeron;

13            abandonando sus puestos partieron cada uno para su país.

14            Sólo en Bet Sur quedaron algunos de los que habían abandonado la Ley y los preceptos porque esta plaza era su refugio.

15            El rey Alejandro se enteró de los ofrecimientos que Demetrio había hecho a Jonatán. Le contaron además las guerras y proezas que él y sus hermanos habían realizado y los trabajos que habían sufrido.

16            Y dijo: «¿Podremos hallar otro hombre como éste? Hagamos de él un amigo y un aliado nuestro.»

17            Le escribió, pues, y le envió una carta redactada en los siguientes términos:

18            «El rey Alejandro saluda a su hermano Jonatán.

19            Hemos oído que eres un valiente guerrero y digno de ser amigo nuestro.

20            Por eso te nombramos hoy sumo sacerdote de tu nación y te concedemos el título de amigo del rey - le enviaba al mismo tiempo una clámide de púrpura y una corona de oro -. Por tu parte, haz tuya nuestra causa y guárdanos tu amistad.»

21            El séptimo mes del año 160, con ocasión de la fiesta de las Tiendas, vistió Jonatán los ornamentos sagrados; reclutó tropas y fabricó gran cantidad de armanento.

22            Demetrio, al saber lo sucedido, dijo disgustado:

23            «¿Qué hemos hecho para que Alejandro se nos haya adelantado en ganar la amistad y el apoyo de los judíos?

24            Les escribiré también yo con ofrecimientos de dignidades y riquezas para que sean auxiliares míos.»

25            Y les escribió en estos términos:

26            El rey Demetrio saluda a la nación de los judíos. Nos hemos enterado con satisfacción de que habéis guardado los  términos de nuestra alianza y perseverado en nuestra amistad sin pasaros al bando de nuestros enemigos.

27            Continuad, pues guardándonos fidelidad y os recompensaremos por todo lo que por nosotros hagáis.

28            Os descargaremos de muchas obligaciones y os concederemos favores.

29            Y ya desde ahora os libero y descargo a todos los judíos de las contribuciones, del impuesto de la sal y de las  coronas.

30            Renuncio también de hoy en adelante a percibir el tercio de los granos y la mitad de los frutos de los árboles que me correspondían, del país de Judá y también de los tres distritos que le son anexionados de Samaría - Galilea… a partir de hoy para siempre.

31            Jerusalén sea santa y exenta, así como todo su territorio, sus diezmos y tributos.

32            Renuncio asimismo a mi soberanía sobre la Ciudadela de Jerusalén y se la cedo al sumo sacerdote que podrá poner  en ella de guarnición a los hombres que él elija.

33            A todo judío llevado cautivo de Judá a cualquier parte de mi reino, le devuelvo la libertad sin rescate. Todos queden libres de tributo, incluso sobre sus ganados.

34            Todas las fiestas, los sábados y los novilunios y, además del día fijado, los tres días que las preceden y los tres que las siguen, sean todos ellos días de inmunidad y franquicia para todos los judíos residentes en mi reino:

35            nadie tendrá autorización para demandarles ni inquietarles a ninguno de ellos por ningún motivo.

36            En los ejércitos del rey sean alistados hasta 30.000 judíos que percibirán la soldada asignada a las demás tropas  del rey.

37            De ellos, algunos serán apostados en las fortalezas importantes del rey y otros ocuparán puestos de confianza en el reino. Sus oficiales y jefes salgan de entre ellos, y vivan conforme a sus leyes, como lo ha dispuesto el rey para el país de Judá.

38            Los tres distritos incorporados a Judea, de la provincia de Samaría, queden anexionados a Judea y contados por suyos, de modo que, sometidos a un mismo jefe, no acaten otra autoridad que la del sumo sacerdote.

39            Entrego Tolemaida y sus dominios como obsequio al Lugar Santo de Jerusalén para cubrir los gastos normales del  Lugar Santo.

40            Por mi parte, daré cada año 15.000 siclos de plata, que se tomarán de los ingresos reales en las localidades convenientes.

41            Todo el excedente que los funcionarios no hayan entregado como en años anteriores, lo darán desde ahora para las obras de la Casa.

42            Además, los 5.000 siclos de plata que se deducían de los ingresos del Lugar Santo en la cuenta de cada año, los  cedo por ser emolumento de los sacerdotes en servicio del culto.

43            Todo aquel que por deudas con los impuestos reales, o por cualquier otra deuda, se refugie en el Templo de Jerusalén o en su recinto, quede inmune, él y cuantos bienes posea en mi reino.

44            Los gastos que se originen de las construcciones y reparaciones en el Lugar Santo correrán a cuenta del rey.

45            Los gastos de la construcción de las murallas de Jerusalén y la fortificación de su recinto correrán asimismo a cuenta del rey, como también la reconstrucción de murallas en Judea.»

46            Cuando Jonatán y el pueblo oyeron tales ofrecimientos, no les dieron crédito ni los aceptaron, porque recordaban los graves males que Demetrio había causado a Israel y la opresión tan grande a que les había sometido.

47            Se decidieron, pues, por el partido de Alejandro que, a su parecer, les ofrecía mayores ventajas y fueron aliados  suyos en todo tiempo.

48            El rey Alejandro juntó un gran ejército y acampó frente a Demetrio.

49            Los dos reyes trabaron combate y salió huyendo el ejército de Alejandro. Demetrio se lanzó en su persecución y prevaleció sobre ellos.

50            Mantuvo vigorosamente el combate hasta la puesta del sol. Pero en aquella jornada Demetrio sucumbió.

51            Alejandro envió embajadores a Tolomeo, rey de Egipto, con el siguiente mensaje:

52            «Vuelto a mi reino, me he sentado en el trono de mis padres y ocupado el poder después de derrotar a Demetrio y  hacerme dueño de nuestro país;

53            porque trabé combate con él y luego de derrotarle a él y a su ejército, nos hemos sentado en su trono real.

54            Establezcamos, pues, vínculos de amistad entre nosotros y dame a tu hija por esposa; seré tu yerno y te haré, como a ella, presentes dignos de ti.»

55            El rey Tolomeo le contestó diciendo: «¡Dichoso el día en que, vuelto al país de tus padres, te sentaste en el trono de su reino!

56            Pues bien, haré por tí lo que has escrito. Pero ven a encontrarme en Tolemaida donde nos veamos el uno al otro, y te tomaré por yerno como has dicho.»

57            Tolomeo partió de Egipto llevando consigo a su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida. Era el año 162.

58            El rey Alejandro fue a su encuentro, y Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra y celebró la boda en Tolemaida con la gran magnificencia que suelen los reyes.

59            El rey Alejandro escribió a Jonatán que fuera a verle.

60            Partió éste con gran pompa hacia Tolemaida, se entrevistó con los reyes, les dio a ellos y a sus amigos plata y  oro, les hizo numerosos presentes y halló gracia a sus ojos.

61            Entonces se unieron contra él algunos rebeldes, peste de Israel, para querellarse de él, pero el rey no les hizo  ningún caso;

62            antes bien, dio orden de que le quitaran a Jonatán sus vestidos y le vistieran de púrpura. Cumplida la orden,

63            le hizo el rey sentar a su lado y dijo a sus capitanes: «Salid con él por medio de la ciudad y anunciad a voz de  heraldo que nadie le levante acusación alguna ni le molesten por ningún motivo.»

64            Sus acusadores, que vieron el honor que a voz de heraldo se le hacía y a él vestido de púrpura, huyeron todos.

65            El rey, queriendo honrarle, le inscribió entre sus primeros amigos y le nombró estratega y meridarca.

66            Jonatán regresó a Jerusalén con paz y alegría.

67            El año 165, Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta al país de sus padres.

68            Al enterarse el rey Alejandro, quedó muy disgustado y se volvió a Antioquía.

69            Demetrio confirmó a Apolonio como gobernador de Celesiria, el cual, juntando un numeroso ejército, acampó en Yamnia  y envió a decir a Jonatán, sumo sacerdote:

70            «Tú eres el único en levantarte contra nosotros, y por tu causa he venido a ser yo objeto de irrisión y desprecio. ¿Por qué ejerces tu poder contra nosotros desde las montañas?

71            Si es que tienes confianza en tus fuerzas, baja ahora a encontrarte con nosotros en la llanura y allí nos mediremos, que conmigo está la fuerza de las ciudades.

72            Pregunta y sabrás quién soy yo y quiénes los auxiliares nuestros. Ellos dicen que no podréis manteneros frente  a nosotros, que ya dos veces tus padres fueron derrotados en su país,

73            y que ahora no podrás resistir a la caballería y a un ejército tan grande en la llanura donde no hay piedra, ni  roca, ni lugar donde huir.»

74            Cuando Jonatán oyó las palabras de Apolonio, se le sublevó el espíritu. Escogió 10.000 hombres y partió de Jerusalén. Su hermano Simón fué a su encuentro para ayudarle.

75            Acampó frente a Joppe. Los de la ciudad le cerraron las puertas, porque había en Joppe una guarnición de Apolonio. La atacaron

76            y la gente de la ciudad, atemorizada, les abrió las puertas, y Jonatán se hizo dueño de Joppe.

77            Cuando Apolonio se enteró, puso en pie de guerra 3.000 jinetes y un numeroso ejército y partió en dirección a Azoto, como que quería pasar por allí, pero al mismo tiempo se iba adentrando en la llanura porque tenía mucha caballería y confiaba en ella.

78            Jonatán fue tras él persiguiéndole hacia Azoto y ambos ejércitos trabaron combate.

79            Había dejado Apolonio mil jinetes ocultos a espaldas de ellos.

80            Se dio cuenta Jonatán de que a sus espaldas había una emboscada. Estos rodearon su ejército y dispararon tiros  sobre la tropa desde la mañana hasta el atardecer;

81            pero la tropa se mantuvo firme, como lo había ordenado Jonatán, y los caballos de los enemigos se cansaron.

82            Sacó entonces Simón su ejército y atacó a la falange - pues ya la caballería estaba agotada - la derrotó y puso  en fuga,

83            mientras la caballería se desbandaba por la llanura. En su huida llegaron a Azoto y entraron en Bet Dagón, el templo  de su ídolo, para salvarse.

84            Pero Jonatán prendió fuego a Azoto y a las ciudades que la rodeaban , se hizo con el botín y abrasó el templo de Dagón y a los que en él se habían refugiado.

85            Los muertos por la espada y los abrasados por el fuego fueron unos 8.000 hombres.

86            Partió de allí Jonatán y acampó frente a Ascalón, donde los habitantes salieron a recibirle con grandes honores.

87            Luego Jonatán regresó a Jerusalén con los suyos, cargados de rico botín.

88            Cuando el rey Alejandro se enteró de estos acontecimientos, concedió nuevos honores a Jonatán,

89            le envió una fíbula de oro, como es costumbre conceder a los parientes de los reyes, y le dio en propiedad Acarón y todo su territorio.

I Macabeos  11

1              El rey de Egipto reunió fuerzas numerosas como las arenas que hay a orillas del mar y muchas naves. Intentaba hacerse  por astucia con el reino de Alejandro y unirlo al suyo.

2              Salió, pues, para Siria en son de paz y la gente de las ciudades le abría las puertas y salía a su encuentro, ya  que tenían orden del rey Alejandro de salir a recibirle por ser suegro suyo.

3              Pero una vez que entraba en las ciudades, Tolomeo ponía tropas de guarnición en cada una de ellas.

4              Cuando llegó cerca de Azoto le mostraron el templo de Dagón incendiado, la ciudad y sus aldeas destruidas, los  cadáveres por el suelo y los restos calcinados de los abrasados en la guerra, pues habían hecho montones de ellos por el recorrido del rey.

5              Le contaron lo que Jonatán había hecho para que el rey le censurara, pero el rey guardó silencio.

6              Jonatán fue al encuentro del rey a Joppe con fasto; se saludaron y pasaron allí aquella noche.

7              Acompañó Jonatán al rey hasta el río llamado Eléuteros y regresó a Jerusalén.

8              Por su parte el rey Tolomeo se hizo dueño de las ciudades de la costa hasta Seleucia Marítima y meditaba planes  malvados contra Alejandro.

9              Envió embajadores al rey Demetrio diciéndole: «Ven y concertemos entre nosotros una alianza. Te daré mi hija, la que tiene Alejandro, y reinarás en el reino de tu padre.

10            Estoy arrepentido de haberle dado mi hija pues ha intentado asesinarme.»

11            Le hacía estos cargos porque codiciaba su reino.

12            Quitándole, pues, su hija se la dio a Demetrio, rompió con Alejandro y quedó manifiesta la enemistad entre ambos.

13            Tolomeo entró en Antioquía y se ciñó la diadema de Asia, con lo que rodeó su frente de dos diademas, la de Egipto y la de Asia.

14            En este tiempo se encontraba el rey Alejandro en Cilicia por haberse sublevado la gente de aquella región.

15            Al saber lo que ocurría, vino a luchar contra él. Tolomeo salió con fuerzas poderosas, fue a su encuentro y le derrotó.

16            Alejandro huyó a Arabia buscando un refugio allí y el rey Tolomeo quedó triunfador.

17            El árabe Zabdiel cortó la cabeza a Alejandro y se la envió a Tolomeo.

18            Pero tres días después murió el rey Tolomeo y los que estaban en sus plazas fuertes perecieron a manos de los que las habitaban.

19            Demetrio comenzó a reinar el año 167.

20            Por aquellos días juntó Jonatán a los de Judea para atacar la Ciudadela de Jerusalén y levantó contra ella muchos  ingenios de guerra.

21            Entonces algunos rebeldes que odiaban a su nación acudieron al rey a anunciarle que Jonatán tenía puesto cerco a la Ciudadela.

22            La noticia le irritó, y nada más oírla, se puso en marcha y vino a Tolemaida. Escribió a Jonatán que cesara en el cerco y que viniera a verle lo antes posible a Tolemaida para entrevistarse con él.

23            Al enterarse, ordenó Jonatán que se siguiese el cerco, eligió ancianos de Israel y sacerdotes y se expuso a sí  mismo al peligro.

24            Tomando plata, oro, vestidos y otros presentes en gran cantidad, partió a verse con el rey en Tolemaida y halló  gracia ante él.

25            Algunos sin ley de la nación le acusaron,

26            pero el rey le trató como le habían tratado sus predecesores y le honró en presencia de todos sus amigos.

27            Le confirmó en el sumo sacerdocio y en todos los honores que antes tenía, e hizo que se le contara entre sus primeros  amigos.

28            Jonatán pidió al rey que dejara libres de impuesto a Judea y a los tres distritos de Samaría, a cambio de trescientos talentos que le prometía.

29            Accedió el rey y escribió a Jonatán una carta sobre todos estos puntos redactada de la forma siguiente:

30            «El rey Demetrio saluda a su hermano Jonatán y a la nación de los judíos.

31            Os escribimos también a vosotros una copia de la carta que sobre vosotros hemos escrito a nuestro pariente Lástenes  para que la conozcáis:

32            El rey Demetrio saluda a su padre Lástenes.

33            Por sus buenas disposiciones hacia nosotros hemos decidido conceder favores a la nación de los judíos, que son amigos nuestros y observan lo que es justo con nosotros.

34            Les confirmamos la posesión del territorio de Judea y de los tres distritos de Aferema, Lidda y Ramatáyim que han sido desprendidos de Galilea y agregados a Judea con todas sus dependencias en favor de los que sacrifican en Jerusalén, a cambio de los derechos reales que el rey percibía de ellos antes cada año por los productos de la tierra y el fruto de los árboles.

35            En cuanto a los otros derechos que tenemos sobre los diezmos y tributos nuestros, sobre las salinas y coronas que se nos deben, les concedemos desde ahora una exención total.

36            No será derogada ni una de estas concesiones a partir de ahora en ningún tiempo.

37            Procurad hacer una copia de estas disposiciones que le sea entregada a Jonatán para ponerla en el monte santo en lugar visible.»

38            El rey Demetrio, viendo que el país estaba en calma bajo su mando y que nada le ofrecía resistencia, licenció todas  sus tropas mandando a cada uno a su lugar, excepto las tropas extranjeras que había reclutado en las islas de las naciones. Todas las tropas que había recibido de sus padres se enemistaron con él.

39            Entonces Trifón, antiguo partidario de Alejandro, al ver que todas las tropas murmuraban contra Demetrio, se fue donde el árabe Yamlikú que criaba al niño Antíoco, hijo de Alejandro,

40            y le instaba a que se lo entregase para ponerlo en el trono de su padre. Le puso al corriente de toda la actuación de Demetrio y del odio que le tenían sus tropas. Permaneció allí muchos días.

41            Entre tanto envió Jonatán a pedir al rey Demetrio que retirara las guarniciones de la Ciudadela de Jerusalén y  de las plazas fuertes porque hostilizaban a Israel.

42            Demetrio envió a decir a Jonatán: «No sólo haré esto por ti y por tu nación, sino que os colmaré de honores a ti y a tu nación cuando tenga oportunidad.

43            Pero ahora harás bien en enviarme hombres en mi auxilio, pues todas mis tropas me han abandonado.»

44            Jonatán le envió a Antioquía 3.000 guerreros valientes, y cuando llegaron, el rey experimentó gran satisfacción  con su venida.

45            Se amotinaron en el centro de la ciudad los ciudadanos, al pie de 120.000, y querían matar al rey.

46            El se refugió en el palacio, y los ciudadanos ocuparon las calles de la ciudad y comenzaron el ataque.

47            El rey llamó entonces en su auxilio a los judíos, que se juntaron todos en torno a él y luego se diseminaron por la ciudad. Aquel día llegaron a matar hasta 100.000.

48            Prendieron fuego a la ciudad, se hicieron ese mismo día con un botín considerable y salvaron al rey.

49            Cuando los de la ciudad vieron que los judíos dominaban la ciudad a su talante, perdieron el ánimo y levantaron sus clamores al rey suplicándole:

50            «Danos la mano y cesen los judíos en sus ataques contra nosotros y contra la ciudad.»

51            Depusieron las armas e hicieron la paz. Los judíos alcanzaron gran gloria ante el rey y ante todos los de su reino y se volvieron a Jerusalén con un rico botín.

52            El rey Demetrio se sentó en el trono de su reino y la tierra quedó sosegada en su presencia.

53            Pero faltó a todas sus promesas y se indispuso con Jonatán. Lejos de corresponder a los servicios que le había prestado, le causaba graves molestias.

54            Depués de estos acontecimientos, volvió Trifón y con él Antíoco, niño todavía, que se proclamó rey y se ciñó la diadema.

55            Todas las tropas que Demetrio había licenciado se unieron a él y salieron a luchar contra Demetrio, le derrotaron y le pusieron en fuga.

56            Trifón tomó los elefantes y se apoderó de Antioquía.

57            El joven Antíoco escribió a Jonatán diciéndole: «Te confirmo en el sumo sacerdocio, te pongo al frente de los cuatro distritos y quiero que te cuentes entre los amigos del rey.»

58            Le envió copas de oro y un servicio de mesa, y le concedió autorización de beber en copas de oro, vestir púrpura y llevar fíbula de oro.

59            A su hermano Simón le nombró estratega desde la Escalera de Tiro hasta la frontera de Egipto.

60            Jonatán salió a recorrer la Transeufratina y sus ciudades, y todas las tropas de Siria se le unieron como aliadas. Llegó a Ascalón y los habitantes de la ciudad le salieron a recibir con muchos honores.

61            De allí pasó a Gaza donde los habitantes le cerraron las puertas. Entonces la sitió y entregó sus arrabales a las  llamas y al pillaje.

62            Los de las ciudad vinieron a suplicarle y Jonatán les dio la mano, pero tomó como rehenes a los hijos de los jefes y los envió a Jerusalén. A continuación, siguió recorriendo la región hasta Damasco.

63            Jonatán se enteró de que los generales de Demetrio se habían presentado en Kedes de Galilea con un ejército numeroso para apartarle de su cargo.

64            Entonces dejó en el país a su hermano Simón y salió a su encuentro.

65            Simón acampó frente a Bet Sur, la atacó durante muchos días y la bloqueó.

66            Le pidieron que les diese la mano y él se la dio. Les hizo salir de allí, ocupó la ciudad y puso en ella una guarnición.

67            Por su parte, Jonatán y su ejército acamparon junto a las aguas de Gennesar, y muy de madrugada partieron para la llanura de Asor

68            donde el ejército extranjero les vino al encuentro en la llanura después de dejar hombres emboscados en los montes. Mientras este ejército se presentaba de frente,

69            surgieron de sus puestos los emboscados y entablaron combate.

70            Todos los hombres de Jonatán se dieron a la fuga sin que quedara ni uno de ellos, a excepción de Matatías, hijo  de Absalón, y de Judas, hijo de Kalfi, capitanes del ejército.

71            Jonatán entonces rasgó sus vestidos, echó polvo sobre su cabeza y oró.

72            Vuelto al combate, derrotó al enemigo y le puso en fuga.

73            Al verlo, sus hombres que huían volvieron a él y con él persiguieron al enemigo hasta su campamento en Kedes y  acamparon allí.

74            Cayeron aquel día del ejército extranjero hasta 3.000 hombres. Jonatán regresó a Jerusalén.

I Macabeos  12

1              Viendo Jonatán que las circunstancias le eran favorables, escogió hombres y los envió a Roma con el fin de confirmar  y renovar la amistad con ellos.

2              Con el mismo objeto envió cartas a los espartanos y a otros lugares.

3              Se fueron, pues, a Roma y entrando en el Senado dijeron: «Jonatán, sumo sacerdote, y la nación de los judíos nos han enviado para que se renueve con ellos la amistad y la alianza como antes.»

4              Les dieron los romanos cartas para la gente de cada lugar recomendando que se les condujera en paz hasta el país de Judá.

5              Esta es la copia de la carta que escribió Jonatán a los espartanos:

6              «Jonatán, sumo sacerdote, el senado de la nación, los sacerdotes y el resto del pueblo judío saludan a sus hermanos los espartanos.

7              Ya en tiempos pasados, Areios, que reinaba entre vosotros, envió una carta al sumo sacerdote Onías en que le decía  que erais vosotros hermanos nuestros como lo atestigua la copia adjunta.

8              Onías recibió con honores al embajador y tomó la carta que hablaba claramente de alianza y amistad.

9              Nosotros, aunque no tenemos necesidad de esto por tener como consolación los libros santos que están en nuestras manos,

10            hemos procurado enviaros embajadores para renovar la fraternidad y la amistad con vosotros y evitar que vengamos a seros extraños, pues ha pasado mucho tiempo ya desde que nos enviasteis vuestra embajada.

11            Por nuestra parte, en las fiestas y demás días señalados, os recordamos sin cesar en toda ocasión en los sacrificios  que ofrecemos y en nuestras oraciones, como es justo y conveniente acordarse de los hermanos.

12            Nos alegramos de vuestra gloria.

13            A nosotros, en cambio, nos han rodeado muchas tribulaciones y guerras, pues nos hemos visto atacados por los reyes  vecinos.

14            Pero en estas luchas no hemos querido molestaros a vosotros ni a los demás aliados y amigos nuestros,

15            porque contamos con el auxilio del Cielo que, viniendo en nuestra ayuda, nos ha librado de nuestros enemigos y a ellos los ha humillado.

16            Hemos, pues, elegido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, y les hemos enviado a los romanos para renovar la amistad y la alianza que antes teníamos,

17            y les hemos dado orden de pasar también donde vosotros para saludaros y entregaros nuestra carta sobre la renovación  de nuestra fraternidad.

18            Y ahora haréis bien en contestarnos a esto.»

19            Esta es la copia de la carta enviada a Onías:

20            «Areios, rey de los espartanos, saluda a Onías, sumo sacerdote.

21            Se ha encontrado un documento relativo a espartanos y judíos de que son hermanos y que son de la raza de Abraham.

22            Y ahora que estamos enterados de esto, haréis bien escribiéndonos sobre vuestro bienestar.

23            Nosotros por nuestra parte os escribimos: Vuestro ganado y vuestros bienes son nuestros, y los nuestros vuestros son. Damos orden de que se os envíe un mensaje en tal sentido.»

24            Tuvo noticia Jonatán de que los generales de Demetrio habían vuelto con fuerzas mayores que antes con ánimo de  atacarle.

25            Partió, pues, de Jerusalén y fue a encontrarles a la región de Jamat, sin darles tiempo a irrumpir en su país.

26            Envió exploradores al campamento enemigo y supo por ellos, a su vuelta, que los enemigos estaban dispuestos para caer sobre ellos a la noche.

27            Cuando se puso el sol, ordenó Jonatán a los suyos que se mantuviesen despiertos y sobre las armas toda la noche, preparados para entrar en combate, y dispuso avanzadillas alrededor del campamento.

28            Cuando supieron los enemigos que Jonatán y los suyos estaban preparados para el combate, sintieron miedo y, llenos de pánico, encendieron fogatas por su campamento y se retiraron.

29            Jonatán y los suyos, como veían brillar las fogatas, no se percataron de su partida hasta el amanecer.

30            Entonces se lanzó Jonatán en su persecución, pero no les pudo dar alcance porque habían atravesado ya el río Eléuteros.

31            Jonatán se volvió contra los árabes llamados zabadeos, los derrotó y se hizo con sus despojos.

32            Levantó luego el campamento, llegó a Damasco y recorrió toda la región.

33            Simón por su parte hizo una expedición hasta Ascalón y las plazas vecinas. Se volvió luego hacia Joppe y la tomó,

34            pues había oído que sus habitantes querían entregar aquella plaza fuerte a los partidarios de Demetrio, y dejó en ella una guarnición para defenderla.

35            Jonatán, de vuelta, reunió la asamblea de los ancianos del pueblo, y decidió con ellos edificar fortalezas en Judea,

36            dar mayor altura a las murallas de Jerusalén y levantar un alto muro entre la Ciudadela y la ciudad para separarlas  y para que quedara la Ciudadela aislada y no pudieran comprar ni vender.

37            Se reunieron, pues, para reconstruir la ciudad, pues había caído un trecho de la muralla que daba al torrente por la parte de levante; restauró también el barrio llamado Cafenatá.

38            Por su lado, Simón reconstruyó Jadidá en la Tierra Baja, la fortificó y la guarneció de puertas y cerrojos.

39            Trifón aspiraba a reinar en Asia, ceñirse la diadema y extender su mano contra el rey Antíoco.

40            Temiendo que Jonatán se lo estorbara y le hiciera la guerra, trataba de apoderarse de él y matarle. Se puso, pues, en marcha y llegó a Bet San.

41            Jonatán salió a su encuentro con 40.000 hombres escogidos para la guerra y llegó a Bet San.

42            Vio Trifón que había venido con un ejército numeroso y temió extender la mano contra él.

43            Le recibió con honores, le presentó a todos sus amigos, le hizo regalos y dio orden a sus amigos y a sus tropas que le obedeciesen como a él mismo.

44            Y dijo a Jonatán: «¿Por qué has fatigado a toda esta gente no habiendo guerra entre nosotros?

45            Envíalos a sus casas, elige algunos hombres que te acompañen y ven conmigo a Tolemaida. Te entregaré la ciudad, las demás fortalezas, el resto de las fuerzas y a todos los funcionarios, y luego emprenderé el regreso pues para eso he venido.»

46            Le creyó Jonatán y obró como le decía: despachó sus tropas, que partieron para el país de Judá,

47            y conservó consigo 3.000 hombres de los cuales dejó 2.000 en Galilea y mil le acompañaron.

48            Pero apenas entró Jonatán en Tolemaida cuando los tolemaiditas cerraron las puertas, le apresaron a él y pasaron a filo de espada a cuantos con él habían entrado.

49            Envió Trifón tropas y caballería a Galilea y a la Gran Llanura para acabar con todos los partidarios de Jonatán,

50            pero éstos, enterados de que él había sido apresado y muerto con los que le acompañaban, se animaron unos a otros  y avanzaron, cerradas las filas, prontos para combatir.

51            Sus perseguidores, al ver que luchaban por su vida, se volvieron.

52            Aquéllos llegaron todos en paz al país de Judá, lloraron a Jonatán y a sus compañeros y un gran temor se apoderó  de ellos. Todo Israel hizo un gran duelo.

53            Todos los gentiles circunvecinos trataban de aniquilarles: «No tienen jefe - decían - ni quien les ayude. Esta es la ocasión de atacarles y borrar su recuerdo de entre los hombres.»

I Macabeos  13

1              Supo Simón que había juntado Trifón un ejército numeroso para ir a devastar el país de Judá.

2              Viendo al pueblo espantado y medroso, subió a Jerusalén, reunió al pueblo

3              y le exhortó diciendo: «Vosotros sabéis todo lo que hemos hecho mis hermanos, la casa de mi padre y yo por la Ley y el Lugar Santo, y las guerras y tribulaciones que hemos sufrido.

4              Por esta causa, por Israel, han muerto mis hermanos todos y he quedado yo solo.

5              Lejos de mí ahora mirar por salvar mi vida en cualquier tiempo de angustia, que no soy yo mejor que mis hermanos;

6              sino que vengaré a mi nación, al Lugar Santo y a vuestras mujeres e hijos, puesto que, impulsados por el odio, se han unido todos los gentiles para aniquilarnos.»

7              Al oír estas palabras, se enardecieron los ánimos del pueblo

8              y respondieron en alta voz diciendo: «Tú eres nuestro guía en lugar de Judas y de tu hermano Jonatán;

9              toma la dirección de nuestra guerra y haremos cuanto nos mandes».

10            Reunió entonces Simón a todos los hombres aptos para la guerra y se dio prisa en acabar las murallas de Jerusalén  hasta que la fortificó en todo su contorno.

11            Envió a Jonatán, hijo de Absalón, a Joppe con un importante destacamento, el cual expulsó a los que en la ciudad estaban y se estableció en ella.

12            Partió Trifón de Tolemaida con un ejercito numeroso para entrar en el país de Judá llevando consigo prisionero a Jonatán.

13            Simón puso su campamento en Jadidá, frente a la llanura.

14            Al enterarse Trifón de que Simón había sucedido en el mando a su hermano Jonatán y que estaba preparado para entrar  con él en batalla, le envió mensajeros diciéndole:

15            «Tenemos detenido a tu hermano Jonatán por las deudas contraídas con el tesoro real en el desempeño de su cargo.

16            Envíanos, pues, cien talentos de plata y a dos de sus hijos como rehenes, no sea que una vez libre se rebele contra nosotros. Entonces le soltaremos.»

17            Simón, aunque se dio cuenta de que le hablaban con falsedad, envió a buscar el dinero y los niños para no provocar  contra sí una gran enemistad del pueblo que diría:

18            «Porque no envié yo el dinero y los niños, ha muerto Jonatán.»

19            Envió, pues, los niños y los cien talentos, pero Trifón faltó a su palabra y no soltó a Jonatán.

20            Después de esto, se puso Trifón en marcha para invadir la región y devastarla. Dio un rodeo por el camino de Adorá, mientras Simón y su ejército obstaculizaban su marcha dondequiera que iba.

21            Los de la Ciudadela enviaron a Trifón legados dándole prisa a que viniese donde ellos a través del desierto y les  enviase víveres.

22            Preparó Trifón toda su caballería para ir, pero aquella noche cayó tal cantidad de nieve que le impidió acudir allá. Partió de allí y se fue a la región de Galaad.

23            Cuando se encontraba cerca de Bascamá, hizo matar a Jonatán, que fue enterrado allí.

24            Luego dio Trifón la vuelta y se marchó a su país.

25            Envió Simón a recoger los huesos de su hermano Jonatán y le dio sepultura en Modín, ciudad de sus padres.

26            Todo Israel hizo gran duelo por él y le lloró muchos días.

27            Simón construyó sobre el sepulcro de su padre y sus hermanos un mausoleo alto, que pudiera verse, de piedras pulidas por delante y por detrás.

28            Levantó siete pirámides, una frente a otra, dedicadas a su padre, a su madre y a sus cuatro hermanos.

29            Levantó alrededor de ellas grandes columnas y sobre las columnas hizo panoplias para recuerdo eterno. Al lado de las panoplias esculpió unas naves que pudieran ser contempladas por todos los que navegaran por el mar.

30            Tal fue el mausoleo que construyó en Modín y que subsiste en nuestros días.

31            Trifón, procediendo insidiosamente con el joven rey Antíoco, le dio muerte.

32            Ocupó el reino en su lugar, se ciñó la diadema de Asia y causó grandes estragos en el país.

33            Simón, por su parte, reconstruyó las fortalezas de Judea, las rodeó de altas torres y grandes murallas con puertas  y cerrojos, y almacenó víveres en ellas.

34            Además escogió Simón hombres que envió al rey Demetrio intentando conseguir una remisión para la región, dado que  toda la actividad de Trifón había sido un continuo robo.

35            El rey Demetrio contestó a su petición y le escribió la siguiente carta:

36            «El rey Demetrio saluda a Simón, sumo sacerdote y amigo de reyes, a los ancianos y a la nación de los judíos.

37            Hemos recibido la corona de oro y la palma que nos habéis enviado y estamos dispuestos a concertar con vosotros una paz completa y a escribir a los funcionarios que os concedan la remisión de las deudas.

38            Cuanto hemos decidido sobre vosotros, quede firme y sean vuestras las fortalezas que habéis construido.

39            Os perdonamos los errores y delitos cometidos hasta el día de hoy y la corona que nos debéis. Si algún otro tributo  se percibía en Jerusalén, ya no se exija.

40            Y si algunos de vosotros son aptos para alistarse en nuestra guardia, alístense y haya paz entre nosotros.»

41            El año 170 quedó Israel libre del yugo de los gentiles

42            y el pueblo comenzó a escribir en las actas y contratos: «En el año primero de Simón, gran sumo sacerdote, estratega y hegumeno de los judíos.

43            Por aquellos días puso cerco Simón a Gázara y la rodeó con sus tropas. Construyó una torre móvil que acercó a la  ciudad y abriendo brecha en un baluarte, lo tomó.

44            Saltaron los de la torre a la ciudad y se produjo en ella gran agitación.

45            Los habitantes, rasgados los vestidos, subieron a la muralla con sus mujeres e hijos y pidieron a grandes gritos a Simón que les diese la mano.

46            «No nos trates, le decían, según nuestras maldades, sino según tu misericordia.»

47            Simón se reconcilió con ellos y no les atacó, pero les echó de la ciudad y mandó purificar las casas en que había  ídolos. Entonces entró en ella con himnos y bendiciones.

48            Echó de ella toda impureza, estableció en ella hombres observantes de la Ley, la fortificó y se construyó en ella  para sí una residencia.

49            Los de la Ciudadela de Jerusalén se veían imposibilitados de entrar y salir por la región, de comprar y de vender. Sufrían grave escasez y bastantes de ellos habían perecido de hambre.

50            Clamaron a Simón que hiciera con ellos la paz y Simón se lo concedió. Les echó de allí y purificó de inmundicias la Ciudadela.

51            Entraron en ella el día veintitrés del segundo mes del año 171 con aclamaciones y ramos de palma, con liras, címbalos y arpas, con himnos y cantos, porque un gran enemigo había sido vencido y expulsado de Israel.

52            Simón dispuso que este día se celebrara con júbilo cada año. Fortificó el monte del Templo que está al lado de la Ciudadela y habitó allí con los suyos.

53            Y viendo Simón que su hijo Juan era todo un hombre, le nombró jefe de todas las fuerzas con residencia en Gázara.

I Macabeos  14

1              El año 172 juntó el rey Demetrio su ejército y partió para Media para procurarse ayuda con que combatir a Trifón.

2              Pero al enterarse Arsaces, rey de Persia y Media, de que Demetrio había entrado en su término, mandó a uno de sus generales para capturarle vivo.

3              Partió éste y derrotó al ejército de Demetrio, le hizo prisionero y le llevó ante Arsaces que le puso en prisión.

4              El país de Judá gozó de paz durante todos los días de Simón. El procuró el bien a su nación,          les fue grato su gobierno          y su gloria en todo tiempo.

5              Además de toda su gloria,          tomó a Joppe como puerto          y se abrió paso a las islas del mar.

6              Ensanchó las fronteras de su nación,          se hizo dueño del país,

7              y repatrió numerosos cautivos.      Tomó Gázara, Bet Sur y la Ciudadela,          la limpió de sus impurezas          y no hubo quien le resistiera.

8              Cultivaban en paz sus tierras;          la tierra daba sus cosechas          y los árboles del llano sus frutos.

9              Los ancianos se sentaban en las plazas,          todos conversaban sobre el bienestar          y los jóvenes vestían galas y armadura.

10            Procuró bastimentos a las ciudades,          las protegió con fortificaciones          hasta llegar la fama de su gloria a los confines de la             tierra.

11            Estableció la paz en el país          y gozó Israel de gran alegría.

12            Se sentaba cada cual bajo su parra y su higuera          y no había nadie que les inquietara.

13            No quedó en el país quien les combatiera          y fueron derrotados los reyes en aquellos días.

14            Dio apoyo a los humildes de su pueblo          hizo desaparecer a todo impío y malvado.      Observó fielmente la Ley,

15            dio gloria al Lugar Santo          y multiplicó su ajuar.

16            Cuando llegó a Roma y hasta Esparta la noticia de la muerte de Jonatán, lo sintieron mucho;

17            pero cuando supieron que su hermano Simón le había sucedido en el sumo sacerdocio y había tomado el mando del país  y sus ciudades,

18            le escribieron en planchas de bronce para renovar con él la amistad y la alianza que habían establecido con sus  hermanos Judas y Jonatán.

19            Se leyeron en Jerusalén ante la asamblea.

20            Esta es la copia de la carta enviada por los espartanos: «Los magistrados y la ciudad de los espartanos saludan al sumo sacerdote Simón, a los ancianos, a los sacerdotes  y al resto del pueblo de los judíos, nuestros hermanos.

21            Los embajadores enviados a nuestro pueblo nos han informado de vuestra gloria y honor y nos hemos alegrado con su venida.

22            Hemos registrado sus declaraciones entre las decisiones del pueblo en estos términos: Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatros, hijo de Jasón, embajadores de los judíos, se nos han presentado para renovar la amistad con nosotros.

23            Ha sido del agrado del pueblo recibir con honor a estos personajes y depositar la copia de sus discursos en los  archivos públicos para que el pueblo espartano conserve su recuerdo. Se ha sacado una copia de esto para el sumo sacerdote Simón.»

24            Después, envió Simón a Roma a Numenio con un gran escudo de oro de mil minas de peso para confirmar la alianza con ellos.

25            Cuando estos hechos llegaron a conocimiento del pueblo, dijeron: «¿Cómo mostraremos nuestro reconocimiento a Simón y a sus hijos?

26            Porque se ha mostrado valiente, tanto él como sus hermanos y la casa de su padre, ha combatido y rechazado a los  enemigos de Israel y le ha conseguido su libertad.» Grabaron una inscripción en planchas de bronce y las fijaron  en estelas en el monte Sión.

27            Esta es la copia de la inscripción: «El dieciocho de Elul del año 172, año tercero del gran sumo sacerdote Simón, en Asaramel,

28            en la gran asamblea de los sacerdotes, del pueblo, de los príncipes de la nación y de los ancianos del país, se  nos hizo saber lo siguiente:

29            «En los muchos combates que se dieron en nuestra región, Simón hijo de Matatías, sacerdote descendiente de los  hijos de Yehoyarib, y sus hermanos se expusieron al peligro, hicieron frente a los enemigos de su nación para mantener en pie su Lugar Santo y la Ley y alcanzaron inmensa gloria para su nación.

30            Jonatán realizó la unidad de la nación y llegó a ser sumo sacerdote suyo hasta que fue a reunirse con su pueblo.

31            Quisieron los enemigos de los judíos invadir el país para devastarlo y llevar su mano contra el Lugar Santo.

32            Pero entonces se levantó Simón para combatir por su nación y gastó mucha hacienda propia en armar las tropas de su nación y pagarles la soldada.

33            Fortificó las ciudades de Judea y Bet Sur, ciudad fronteriza de Judea, donde se encontraban antes las armas de los enemigos, y puso en ella una guarnición de guerreros judíos.

34            Fortificó Joppe, situada junto al mar, y Gázara, en los límites de Azoto, donde habitaban anteriormente los enemigos, y estableció en ella una población judía a la que proveyó de todo lo necesario para su sustento.

35            Viendo el pueblo la fidelidad de Simón y la gloria que procuraba alcanzar para su nación, le nombró su hegumeno  y sumo sacerdote por todos los servicios que había prestado, por la justicia y fidelidad que había guardado a su nación y por sus esfuerzos de toda clase por exaltar a su pueblo.

36            En sus días se consiguió felizmente por su medio exterminar a los gentiles de su país y a los que se encontraban en la Ciudad de David, en Jerusalén, donde se habían hecho una Ciudadela desde la que hacían salidas  y mancillaban los alrededores del Lugar Santo causando graves ultrajes a su santidad.

37            Estableció en ella guerreros judíos, la fortificó para defensa de la región y de la ciudad y dio mayor altura a  las murallas de Jerusalén.

38            En consecuencia, el rey Demetrio le concedió el sumo sacerdocio,

39            le contó en el número de sus amigos y le colmó de honores,

40            pues había sabido que los romanos llamaban a los judíos amigos, aliados y hermanos, que habían recibido con honor  a los embajadores de Simón

41            y que a los judíos y a los sacerdotes les había parecido bien que fuese Simón su hegumeno y sumo sacerdote para  siempre hasta que apareciera un profeta digno de fe,

42            y también que fuese su estratega, que estuviese a su cuidado designar los encargados de las obras del Lugar Santo, de la administración del país, de los armamentos y de las plazas fuertes

43            (que estuviese a su cuidado el Lugar Santo), que todos le obedeciesen, que se redactasen en su nombre todos los  documentos en el país, que vistiese de púrpura y llevase adornos de oro.

44            A nadie del pueblo ni de los sacerdotes le estará permitido rechazar ninguna de estas disposiciones, ni contradecir  sus órdenes, ni convocar en el país asambleas sin contar con él, ni vestir de púrpura, ni llevar fíbula de oro.

45            Todo aquel que obre contrariamente a estas decisiones o anule alguna de ellas, será reo.

46            El pueblo entero estuvo de acuerdo en conceder a Simón el derecho de obrar conforme a estas disposiciones,

47            y Simón aceptó y le pareció bien ejercer el sumo sacerdocio, ser estratega y etnarca de los judíos y sacerdotes y estar al frente de todos.»

48            Decretaron que este documento se grabase en planchas de bronce, que se fijasen estas en el recinto del Lugar Santo, en lugar visible,

49            y que se archivasen copias en el Tesoro a disposición de Simón y de sus hijos.

I Macabeos  15

1              Envió Antíoco, hijo del rey Demetrio, desde las islas del mar una carta a Simón, sacerdote y etnarca de los judíos, y a toda la nación,

2              redactada en los siguientes términos: «El rey Antíoco saluda a Simón, sumo sacerdote y etnarca, y a la nación de los judíos.

3              Puesto que una peste de hombres ha venido a apoderarse del reino de nuestros padres, y he resuelto reivindicar mis derechos sobre él y restablecerlo como anteriormente estaba, y he reclutado fuerzas considerables y equipado navíos de guerra,

4              y quiero desembarcar en el país para encontrarme con los que lo han arruinado y han devastado muchas ciudades de mi reino,

5              ratifico ahora en tu favor todas las exenciones que te concedieron los reyes anteriores a mí y cuantas dispensas  de otras donaciones te otorgaron.

6              Te autorizo a acuñar moneda propia de curso legal en tu país.

7              Jerusalén y el Lugar Santo sean libres. Todas las armas que has fabricado y las fortalezas que has contruido y  ocupas, queden en tu poder.

8              Cuanto debes al tesoro real y cuanto en el futuro dejes a deber, te sea perdonado desde ahora para siempre.

9              Y cuando hayamos ocupado nuestro reino, te honraremos a ti, a tu nación y al santuario con tales honores que vuestra  gloria será conocida en toda la tierra.»

10            El año 174 partió Antíoco para el país de sus padres y todas las tropas se pasaron a él de modo que pocos quedaron  con Trifón.

11            Antíoco se lanzó en su persecución y Trifón se refugió en Dora a orillas del mar,

12            porque veía que las desgracias se abatían sobre él y se encontraba abandonado de sus tropas.

13            Antíoco puso cerco a Dora con los 120.000 combatientes y los 8.000 jinetes que consigo tenía.

14            Bloqueó la ciudad, y de la parte del mar se acercaron las naves, de modo que estrechó a la ciudad por tierra y por mar sin dejar que nadie entrase o saliese.

15            Entre tanto, regresaron de Roma Numenio y sus acompañantes trayendo cartas para los reyes y países, escritas de este modo:

16            «Lucio, cónsul de los romanos, saluda al rey Tolomeo.

17            Han venido a nosotros, en calidad de amigos y aliados nuestros, los embajadores de los judíos para renovar nuestra antigua amistad y alianza, enviados por el sumo sacerdote Simón y por el pueblo de los judíos,

18            y nos han traído un escudo de oro de mil minas.

19            Nos ha parecido bien, en consecuencia, escribir a los reyes y países que no intenten causarles mal alguno, ni les  ataquen a ellos ni a sus ciudades ni a su país, y que no presten su apoyo a los que los ataquen.

20            Hemos decidido aceptar de ellos el escudo.

21            Si, pues, individuos perniciosos huyen de su país y se refugian en el vuestro, entregadlos al sumo sacerdote Simón para que los castigue según su ley.»

22            Cartas iguales fueron remitidas al rey Demetrio, a Atalo, a Ariarates, a Arsaces

23            y a todos los países: a Sámpsamo, a los espartanos, a Delos, a Mindos, a Sición, a Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side, a Arados, a Gortina, a Cnido, a Chipre y a Cirene.

24            Redactaron además una copia de esta carta para el sumo sacerdote Simón.

25            El rey Antíoco, pues, tenía puesto cerco a Dora en los arrabales, lanzaba sin tregua sus tropas contra la ciudad  y construía ingenios de guerra. Tenía bloqueado a Trifón y nadie podía entrar ni salir.

26            Simón le envió 2.000 hombres escogidos para ayudarle en la lucha, además de plata, oro y abundante material.

27            Pero no quiso recibir el envío; antes bien rescindió cuanto había convenido anteriormente con Simón y se mostró hostil con él.

28            Envió donde él a Atenobio, uno de sus amigos, a entrevistarse con él y decirle: «Vosotros ocupáis Joppe, Gázara y la Ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino.

29            Habéis devastado sus territorios, causado graves daños en el país y os habéis adueñado de muchas localidades de mi reino.

30            Devolved, pues, ahora las ciudades que habéis tomado y los impuestos de las localidades de que os habéis adueñado  fuera de los límites de Judea.

31            O bien, pagad en compensación quinientos talentos de plata y otros quinientos talentos por los estragos que habéis  causado y por los impuestos de las ciudades. De lo contrario iremos y os haremos la guerra.»

32            Llegó, pues, Atenobio, el amigo del rey, a Jerusalén y al ver la magnificencia de Simón, su aparador con vajilla de oro y plata y todo el esplendor que le rodeaba, quedó asombrado. Le comunicó el mensaje del rey

33            y Simón le respondió con estas palabras: «Ni nos hemos apoderado de tierras ajenas ni nos hemos apropiado bienes de otros, sino de la heredad de nuestros padres. Por algún tiempo la poseyeron injustamente nuestros enemigos

34            y nosotros, aprovechando una ocasión favorable, hemos recuperado la heredad de nuestros padres.

35            En cuanto a Joppe y Gázara que nos reclamas, esas ciudades causaban graves daños al pueblo y asolaban nuestro país. Por ellas daremos cien talentos.» No respondió palabra Atenobio,

36            sino que se volvió furioso donde el rey y le refirió la respuesta, la magnificencia de Simón y todo lo que había  visto. El rey montó en violenta cólera.

37            Trifón, embarcado en una nave, huyó a Ortosia.

38            Entonces el rey nombró a Cendebeo epistratega de la Zona Marítima y le entregó tropas de infantería y de caballería,

39            con la orden de acampar frente a Judea, construir Cedrón, fortificar sus puertas y combatir contra el pueblo. El rey partió en seguimiento de Trifón.

40            Cendebeo llegó a Yamnia y comenzó a hostigar al pueblo, efectuar incursiones por Judea, capturar prisioneros y  matar.

41            Reconstruyó Cedrón donde alojó caballería y tropas para recorrer en salidas los caminos de Judea como se lo tenía  ordenado el rey.

I Macabeos  16

1              Subió Juan de Gázara y comunicó a su padre Simón las actividades de Cendebeo.

2              Simón llamó entonces a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: «Mis hermanos y yo y la casa de mi padre  hemos combatido a los enemigos de Israel desde nuestra juventud hasta el día de hoy y llevamos muchas veces a feliz término la liberación de Israel;

3              pero ahora ya estoy viejo mientras que vosotros, por la misericordia del Cielo, estáis en buena edad. Ocupad, pues, mi puesto y el de mi hermano, salid a combatir por nuestra nación y que el auxilio del Cielo sea con vosotros.»

4              Escogió luego en el país 20.000 combatientes y jinetes que partieron contra Cendebeo y pasaron la noche en Modín.

5              Al levantarse de mañana, avanzaron hacia la llanura y he aquí que un ejército numeroso, infantería y caballería, venía a su encuentro. Un torrente se interponía entre ellos.

6              Juan con sus tropas tomó posiciones frente al enemigo y advirtiendo que sus tropas tenían miedo de pasar el torrente, lo pasó él el primero, y sus hombres, al verle, pasaron detrás de él.

7              Dividió su ejército (en dos cuerpos) y puso a los jinetes en medio de los de a pie, pues la caballería de los contrarios era muy numerosa.

8              Tocaron las trompetas y Cendebeo y su ejército salieron derrotados. Muchos de ellos cayeron heridos de muerte y los que quedaron huyeron en dirección a la fortaleza.

9              Entonces cayó herido Judas, el hermano de Juan. Pero Juan los persiguió hasta que Cendebeo entró en Cedrón que él había construido.

10            Fueron también a refugiarse en las torres que hay por los campos de Azoto y Juan le prendió fuego. Unos 2.000 de ellos sucumbieron y Juan regresó en paz a Judea.

11            Tolomeo, hijo de Abubos, había sido nombrado estratega de la llanura de Jericó y poseía mucha plata y oro,

12            pues era yerno del sumo sacerdote.

13            Su corazón se ensoberbeció tanto que aspiró a apoderarse del país, para lo cual tramaba quitar a traición la vida  a Simón y a sus hijos.

14            Yendo Simón de inspección por las ciudades del país preocupándose de su administración, bajó con sus hijos, Matatías y Judas, a Jericó. Era el año 177 en el undécimo mes que es el mes de Sebat.

15            El hijo de Abubos los recibió traidoramente en una pequeña fortaleza llamada Dok que él había construido, les dio  un gran banquete y ocultó allí hombres.

16            Cuando Simón y sus hijos estuvieron bebidos, se levantó Tolomeo con los suyos, tomaron sus armas y lanzándose sobre Simón en la sala del banquete, le mataron a él, a sus dos hijos y a algunos de sus servidores.

17            Cometió de esta manera una gran alevosía y devolvió mal por bien.

18            Luego escribió Tolemeo al rey contándole lo ocurrido y pidiéndole que le enviara tropas en su auxilio para entregarle el país y sus ciudades.

19            Envió otros a Gázara para quitar de en medio a Juan. Escribió a los quiliarcos invitándoles a venir donde él para darles plata, oro y otras dádivas.

20            Envió otros que se apoderasen de Jerusalén y del monte del santuario.

21            Pero adelantándose uno, anunció a Juan en Gázara que su padre y sus hermanos había perecido y añadió: «Ha enviado  gente a matarte a ti también.»

22            Al oír estas noticias quedó profundamente afectado, prendió a los hombres que venían a matarle y les dio muerte, pues sabía que pretendían asesinarle.

23            Las restantes actividades de Juan, sus guerras, las proezas que llevó a cabo, las murallas que levantó y otras  empresas suyas

24               están escritas en el libro de los Anales de su pontificado a partir del día en que fue nombrado sumo sacerdote como sucesor de su padre.

II MACABEOS

II Macabeos   1

1              A los hermanos judíos que viven en Egipto, les saludan sus hermanos judíos que están en Jerusalén y en la región de Judea, deseándoles una paz dichosa.

2              Que Dios os llene de bienes y recuerde su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles servidores.

3              Que a todos os dé corazón para adorarle y cumplir su voluntad con corazón grande y ánimo generoso.

4              Que abra vuestro corazón a su Ley y a sus preceptos, y os otorgue la paz.

5              Que escuche vuestras súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en tiempo de desgracia.

6              Esto es lo que estamos ahora pidiendo por vosotros.

7              Ya el año 169, en el reinado de Demetrio, nosotros, los judíos, os escribimos así: «En lo más grave de la tribulación que ha caído sobre nosotros en estos años, desde que Jasón y sus partidarios traicionaron la tierra santa y el reino,

8              incendiaron el portón (del Templo) y derramaron sangre inocente, suplicamos al Señor y hemos sido escuchados. Hemos ofrecido un sacrificio con flor de harina, hemos encendido las lámparas y presentado los panes.»

9              También ahora os escribimos para que celebréis la fiesta de las Tiendas en el mes de Kisléu. Es el año 188.

10            Los que están en Jerusalén y en Judea, los ancianos y Judas saludan y desean prosperidad a Aristóbulo, preceptor del rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes ungidos, y a los judíos que están en Egipto.

11            Salvados por Dios de grandes peligros, le damos rendidas gracias, como a quien nos ha guiado en la batalla contra el rey,

12            ya que El ha arrojado fuera a los que combatían contra la ciudad santa.

13            Pues, cuando llegó a Persia su jefe acompañado de un ejército, al parecer invencible, fueron desbaratados en el templo de Nanea, gracias al engaño tramado por los sacerdotes de Nanea.

14            Antíoco, y con él sus amigos, llegaron a aquel lugar como tratando de desposarse con la diosa, con objeto de apoderarse, a título de dote, de abundantes riquezas.

15            Una vez que los sacerdotes del templo de Nanea las hubieron expuesto y que él se hubo presentado con unas pocas  personas en el recinto sagrado, cerraron el templo en cuanto entró Antíoco.

16            Abrieron la puerta secreta del techo y a pedradas aplastaron al jefe; le descuartizaron, y cortándole la cabeza, la arrojaron a los que estaban fuera.

17            En todo sea bendito nuestro Dios que ha entregado los impíos (a la muerte).

18            A punto de celebrar en el veinticinco de Kisléu la purificación del Templo, nos ha parecido conveniente informaros, para que también vosotros la celebréis como la fiesta de las Tiendas y del fuego aparecido cuando ofreció  sacrificios Nehemías, el que construyó el Templo y el altar.

19            Pues, cuando nuestros padres fueron llevados a Persia, los sacerdotes piadosos de entonces, habiendo tomado fuego del altar, lo escondieron secretamente en una concavidad semejante a un pozo seco, en el que tan a seguro  lo dejaron, que el lugar quedó ignorado de todos.

20            Pasados muchos años, cuando a Dios le plugo, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó que buscaran el fuego los descendientes de los sacerdotes que lo habían escondido;

21            pero como ellos informaron que en realidad no habían encontrado fuego, sino un líquido espeso, él les mandó que lo sacasen y trajesen. Cuando estuvo dispuesto el sacrificio, Nehemías mandó a los sacerdotes que rociaran con aquel líquido la leña y lo que había colocado sobre ella.

22            Cumplida la orden, y pasado algún tiempo, el sol que antes estaba nublado volvió a brillar, y se encendió una llama tan grande que todos quedaron maravillados.

23            Mientras se consumía el sacrificio, los sacerdotes hacían oración: todos los sacerdotes con Jonatán que comenzaba, y los demás, como Nehemías, respondían.

24            La oración era la siguiente: «Señor, Señor Dios, creador de todo, temible y fuerte, justo y misericordioso, tú, rey único y bueno,

25            tú, solo generoso, solo justo, todopoderoso y eterno, que salvas a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste,

26            acepta el sacrificio por todo tu pueblo Israel, guarda tu heredad y santifícala.

27            Reúne a los nuestros dispersos, da libertad a los que están esclavizados entre las naciones, vuelve tus ojos a los despreciados y abominados, y conozcan los gentiles que tú eres nuestro Dios.

28            Aflige a los que tiranizan y ultrajan con arrogancia.

29            Planta a tu pueblo en tu lugar santo, como dijo Moisés.»

30            Los sacerdotes salmodiaban los himnos.

31            Cuando fue consumido el sacrificio, Nehemías mandó derramar el líquido sobrante sobre unas grandes piedras.

32            Hecho esto, se encendió una llamarada que quedó absorbida por el mayor resplandor que brillaba en el altar.

33            Cuando el hecho se divulgó y se refirió al rey de los persas que en el lugar donde los sacerdotes deportados habían  escondido el fuego, había aparecido aquel líquido con el que habían santificado las ofrendas del sacrificio  Nehemías y sus compañeros,

34            el rey después de verificar tal hecho mandó alzar una cerca haciendo sagrado el lugar.

35            El rey recogía grandes sumas y las repartía a quienes quería hacer favores.

36            Nehemías y sus compañeros llamaron a ese líquido «neftar», que significa «purificación»; pero la mayoría lo llama «nafta».

II Macabeos   2

1              Se encuentra en los documentos que el profeta Jeremías mandó a los deportados que tomaran fuego como ya se ha indicado;

2              y cómo el profeta, después de darles la Ley, ordenó a los deportados que no se olvidaran de los preceptos del Señor ni se desviaran en sus pensamientos al ver ídolos de oro y plata y las galas que los envolvían.

3              Entre otras cosas, les exhortaba a no apartar la Ley de sus corazones.

4              Se decía también en el escrito cómo el profeta, después de una revelación, mandó llevar consigo la Tienda y el arca; y cómo salió hacia el monte donde Moisés había subido para contemplar la heredad de Dios.

5              Y cuando llegó Jeremías, encontró una estancia en forma de cueva; allí metió la Tienda, el arca y el altar del incienso, y tapó la entrada.

6              Volvieron algunos de sus acompañantes para marcar el camino, pero no pudieron encontrarlo.

7              En cuanto Jeremías lo supo, les reprendió diciéndoles: «Este lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a  reunir a su pueblo y le sea propicio.

8              El Señor entonces mostrará todo esto; y aparecerá la gloria del Señor y la Nube, como se mostraba en tiempo de Moisés, cuando Salomón rogó que el Lugar fuera solemnemente consagrado.»

9              Se explicaba también cómo éste, dotado de sabiduría, ofreció el sacrificio de la dedicación y la terminación del Templo.

10            Como Moisés oró al Señor y bajó del cielo fuego, que devoró las ofrendas del sacrificio, así también oró Salomón y bajó fuego que consumió los holocaustos.

11            Moisés había dicho: «La víctima por el pecado ha sido consumida por no haber sido comida.»

12            Salomón celebró igualmente los ocho días de fiesta.

13            Lo mismo se narraba también en los archivos y en las Memorias del tiempo de Nehemías; y cómo éste, para fundar una biblioteca, reunió los libros referentes a los reyes y a los profetas, los de David y las cartas de los reyes acerca de las ofrendas.

14            De igual modo Judas reunió todos los libros dispersos a causa de la guerra que sufrimos, los cuales están en nuestras manos.

15            Por tanto, si tenéis necesidad de ellos, enviad a quienes os los lleven.

16            A punto ya de celebrar la purificación, os escribimos: Bien haréis también en celebrar estos días.

17            El Dios que salvó a todo su pueblo y que a todos otorgó la heredad, el reino, el sacerdocio y la santidad,

18            como había prometido por la Ley, el mismo Dios, como esperamos, se apiadará pronto de nosotros y nos reunirá de todas partes bajo el cielo en el Lugar Santo; pues nos ha sacado de grandes males y ha purificado el Lugar.

19            La historia de Judas Macabeo y de sus hermanos, la purificación del más grande Templo, la dedicación del altar,

20            las guerras contra Antíoco Epífanes y su hijo Eupátor,

21            y las manifestaciones celestiales en favor de los que combatieron viril y gloriosamente por el Judaísmo, de suerte que, aun siendo pocos, saquearon toda la región, ahuyentaron las hordas bárbaras,

22            recuperaron el Templo famoso en todo el mundo, liberaron la ciudad y restablecieron las leyes que estaban a punto  de ser abolidas, pues el Señor se mostró propicio hacia ellos con toda benignidad;

23            todo esto, expuesto en cinco libros por Jasón de Cirene, intentaremos nosotros compendiarlo en uno solo.

24            Porque al considerar la marea de números y la dificultad existente, por la amplitud de la materia, para los que  quieren sumergirse en los relatos de la historia,

25            nos hemos preocupado por ofrecer algún atractivo a los que desean leer, facilidad a los que gustan retenerlo de memoria, y utilidad a cualquiera que lo lea.

26            Para nosotros, que nos hemos encargado de la fatigosa labor de este resumen, no es fácil la tarea, sino de sudores y desvelos,

27            como tampoco al que prepara un banquete y busca el provecho de los demás le resulta esto cómodo. Sin embargo, esperando la gratitud de muchos, soportamos con gusto esta fatiga,

28            dejando al historiador la tarea de precisar cada suceso y esforzándonos por seguir las normas de un resumen.

29            Pues así como al arquitecto de una casa nueva corresponde la preocupación por la estructura entera; y, en cambio, al encargado de la encáustica y pinturas, el cuidado de lo necesario para la decoración, lo mismo me parece de nosotros:

30            profundizar, revolver las cuestiones y examinar punto por punto corresponde al que compone la historia;

31            pero buscar concisión al exponer y renunciar a tratar el asunto de forma exhaustiva debe concederse al divulgador.

32            Comencemos, por tanto, desde ahora la narración, después de haber abundado tanto en los preliminares; pues sería  absurdo abundar en lo que antecede a la historia y ser breve en la historia misma.

II Macabeos   3

1              Mientras la ciudad santa era habitada en completa paz y las leyes guardadas a la perfección, gracias a la piedad  y al aborrecimiento de mal del sumo sacerdote Onías,

2              sucedía que hasta los reyes veneraban el Lugar Santo y honraban el Templo con magníficos presentes,

3              hasta el punto de que Seleuco, rey de Asia, proveía con sus propias rentas a todos los gastos necesarios para el  servicio de los sacrificios.

4              Pero un tal Simón, de la tribu de Bilgá, constituido administrador del Templo, tuvo diferencias con el sumo sacerdote sobre la reglamentación del mercado de la ciudad.

5              No pudiendo vencer a Onías, se fue donde Apolonio, hijo de Traseo, estratega por entonces de Celesiria y Fenicia,

6              y le comunicó que el tesoro de Jerusalén, estaba repleto de riquezas incontables, hasta el punto de ser incalculable la cantidad de dinero, sin equivalencia con los gastos de los sacrificios, y que era posible que cayeran  en poder del rey.

7              Apolonio en conversación con el rey le habló de las riquezas de que había tenido noticia y entonces el rey designó  a Heliodoro, el encargado de sus negocios, y le envió con la orden de realizar la trasferencia de las mencionadas riquezas.

8              Enseguida Heliodoro emprendía el viaje con el pretexto de inspeccionar las ciudades de Celesiria y Fenicia, pero  en realidad para ejecutar el proyecto del rey.

9              Llegado a Jerusalén y amistosamente acogido por el sumo sacerdote y por la ciudad, expuso el hecho de la denuncia  e hizo saber el motivo de su presencia; preguntó si las cosas eran realmente así.

10            Manifestó el sumo sacerdote que eran depósitos de viudas y huérfanos,

11            que una parte pertenecía a Hicarno, hijo de Tobías, personaje de muy alta posición y, contra lo que había calumniado el impío Simón, que el total era de cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro;

12            que de ningún modo se podía perjudicar a los que tenían puesta su confianza en la santidad del Lugar, y en la majestad inviolable de aquel Templo venerado en todo el mundo.

13            Pero Heliodoro, en virtud de las órdenes del rey, mantenía de forma terminante que los bienes debían pasar al tesoro real.

14            En la fecha fijada hacía su entrada para realizar el inventario de los bienes. No era pequeña la angustia en toda la ciudad:

15            los sacerdotes, postrados ante el altar con sus vestiduras sacerdotales, suplicaban al Cielo, el que había dado la ley sobre los bienes en depósito, que los guardara intactos para quienes los habían depositado.

16            El ver la figura del sumo sacerdote llegaba a partir el alma, pues su aspecto y su color demudado manifestaban  la angustia de su alma.

17            Aquel hombre estaba embargado de miedo y temblor en su cuerpo, con lo que mostraba a los que le contemplaban el dolor que había en su corazón.

18            De las casas salía en tropel la gente a una rogativa pública porque el lugar estaba a punto de caer en oprobio.

19            Las mujeres, ceñidas de saco bajo el pecho, llenaban las calles;  de las jóvenes, que estaban recluidas, unas corrían a las puertas, otras subían a los muros, otras se asomaban por las ventanas.

20            Todas, con las manos tendidas al cielo, tomaban parte en la súplica.

21            Daba compasión aquella multitud confusamente postrada y el sumo sacerdote angustiado en honda ansiedad.

22            Mientras ellos invocaban al Señor Todopoderoso para que guardara intactos, en completa seguridad, los bienes en depósito para quienes los habían confiado,

23            Heliodoro llevaba a cabo lo que tenía decidido.

24            Estaba ya allí mismo con su guardia junto al Tesoro, cuando el Soberano de los Espíritus y de toda Potestad, se manifestó en su grandeza, de modo que todos los que con él juntos se habían atrevido a acercarse, pasmados ante el poder de Dios, se volvieron débiles y cobardes.

25            Pues se les apareció un caballo montado por un jinete terrible y guarnecido con riquísimo arnés; lanzándose con ímpetu levantó contra Heliodoro sus patas delanteras. El que lo montaba aparecía con una armadura de oro.

26            Se le aparecieron además otros dos jóvenes de notable vigor, espléndida belleza y magníficos vestidos que colocándose a ambos lados, le azotaban sin cesar, moliéndolo a golpes.

27            Al caer de pronto a tierra, rodeado de densa oscuridad, lo recogieron y lo pusieron en una litera;

28            al mismo que poco antes, con numeroso séquito y con toda su guardia, había entrado en el mencionado Tesoro, lo llevaban ahora incapaz de valerse por sí mismo, reconociendo todos claramente la soberanía de Dios.

29            Mientras él yacía mudo y privado de toda esperanza de salvación, a causa del poder divino,

30            otros bendecían al Señor que había glorificado maravillosamente su propio Lugar; y el Templo, lleno poco antes de miedo y turbación, rebosaba de gozo y alegría después de la manifestación del Señor Todopoderoso.

31            Pronto algunos de los acompañantes de Heliodoro, instaban a Onías que invocara al Altísimo para que diese la gracia de vivir a aquel que yacía ya en su último suspiro.

32            Temiendo el sumo sacerdote que acaso el rey sospechara que los judíos hubieran perpetrado alguna fechoría contra  Heliodoro, ofreció un sacrificio por la salud de aquel hombre.

33            Mientras el sumo sacerdote ofrecía el sacrificio de expiación, se aparecieron otra vez a Heliodoro los mismos jóvenes, vestidos con la misma indumentaria y en pie le dijeron: «Da muchas gracias al sumo sacerdote Onías, pues por él te concede el Señor la gracia de vivir;

34            y tú, que has sido azotado por el Cielo, haz saber a todos la grandeza del poder de Dios.» En diciendo esto, desparacieron.

35            Heliodoro, habiendo ofrecido al Señor un sacrificio y tras haber orado largamente al que le había concedido la vida, se despidió de Onías y volvió con sus tropas donde el rey.

36            Ante todos daba testimonio de las obras del Dios grande que él había contemplado con sus ojos.

37            Al preguntar el rey a Heliodoro a quién convendría enviar otra vez a Jerusalén, él respondió:

38            «Si tienes algún enemigo conspirador contra el Estado, mándalo allá y te volverá molido a azotes, si es que salva su vida, porque te aseguro que rodea a aquel Lugar una fuerza divina.

39            Pues el mismo que tiene en los cielos su morada, vela y protege aquel Lugar; y a los que se acercan con malas intenciones los hiere de muerte.»

40            Así sucedieron las cosas relativas a Heliodoro y a la preservación del Tesoro.

II Macabeos   4

1              En mencionado Simón, delator de los tesoros y de la patria, calumniaba a Onías como si éste hubiera maltratado a Heliodoro y fuera el causante de sus desgracias;

2              y se atrevía a decir que el bienhechor de la ciudad, el defensor de sus compatriotas y celoso observante de las leyes, era un conspirador contra el Estado.

3              A tal punto llegó la hostilidad, que hasta se cometieron asesinatos por parte de uno de los esbirros de Simón.

4              Considerando Onías que aquella rivalidad era intolerable y que Apolonio, hijo de Menesteo, estratega de Celesira  y Fenicia, instigaba a Simón al mal,

5              se hizo llevar donde el rey, no porque pretendiera acusar a sus conciudadanos, sino que miraba por los intereses generales y particulares de toda su gente.

6              Pues bien veía que sin la intervención real era ya imposible pacificar la situación y detener a Simón en sus locuras.

7              Cuando Seleuco dejó esta vida y Antíoco, por sobrenombre Epífanes, comenzó a reinar, Jasón, el hermano de Onías, usurpó el sumo pontificado,

8              después de haber prometido al rey, en una conversación, 360 talentos de plata y ochenta talentos de otras rentas.

9              Se comprometía además a firmar el pago de otro 150, si se le concedía la facultad de instalar por su propia cuenta un gimnasio y una efebía, así como la de inscribir a los Antioquenos en Jerusalén.

10            Con el consentimiento del rey y con los poderes en su mano, pronto cambió las costumbres de sus compatriotas conforme  al estilo griego.

11            Suprimiendo los privilegios que los reyes habían concedido a los judíos por medio de Juan, padre de Eupólemo, el  que fue enviado en embajada a los romanos para un tratado de amistad y alianza, y abrogando las instituciones legales, introdujo costumbres nuevas, contrarias a la Ley.

12            Así pues, fundó a su gusto un gimnasio bajo la misma acrópolis e indujo a lo mejor de la juventud a educarse bajo el petaso.

13            Era tal el auge del helenismo y el progreso de la moda extranjera a causa de la extrema perversidad de aquel Jasón, que tenía más de impío que de sumo sacerdote,

14            que ya los sacerdotes no sentían celo por el servicio del altar, sino que despreciaban el Templo; descuidando los sacrificios, en cuanto se daba la señal con el gong se apresuraban a tomar parte en los ejercicios de la palestra contrarios a la ley;

15            sin apreciar en nada la honra patria, tenían por mejores las glorias helénicas.

16            Por esto mismo, una difícil situación les puso en aprieto, y tuvieron como enemigos y verdugos a los mismos cuya  conducta emulaban y a quienes querían parecerse en todo.

17            Pues no resulta fácil violar las leyes divinas; así lo mostrará el tiempo venidero.

18            Cuando se celebraron en Tiro los juegos cuadrienales, en presencia del rey,

19            el impuro Jasón envió embajadores, como Antioquenos de Jerusalén, que llevaban consigo trescientas dracmas de plata para el sacrificio de Hércules. Pero los portadores prefirieron, dado que no convenía, no emplearlas en el sacrificio, sino en otros gastos.

20            Y así, el dinero que estaba destinado por voluntad del que lo enviaba, al sacrificio de Hércules, se empleó por deseo de los portadores, en la construcción de las trirremes.

21            Apolonio, hijo de Menesteo, fue enviado a Egipto para la boda del rey Filométor. Cuando supo Antíoco que aquél  se había convertido en su adversario político se preocupó de su propia seguridad; por eso, pasando por Joppe, se presentó en Jerusalén.

22            Fue magníficamente recibido por Jasón y por la ciudad, e hizo su entrada entre antorchas y aclamaciones. Después  de esto llevó sus tropas hasta Fenicia.

23            Tres años después, Jasón envió a Menelao, hermano del ya mencionado Simón, para llevar el dinero al rey y gestionar la negociación de asuntos urgentes.

24            Menelao se hizo presentar al rey, a quien impresionó con su aire majestuoso, y logró ser investido del sumo sacerdocio, ofreciendo trescientos talentos de plata más que Jasón.

25            Provisto del mandato real, se volvió sin poseer nada digno del sumo sacerdocio, sino más bien el furor de un cruel  tirano y la furia de una bestia salvaje.

26            Jasón, por su parte, suplantador de su propio hermano y él mismo suplantado por otro, se vio forzado a huir al  país de Ammán.

27            Menelao detentaba ciertamente el poder, pero nada pagaba del dinero prometido al rey,

28            aunque Sóstrates, el alcaide de la Acrópolis, se lo reclamaba, pues a él correspondía la percepción de los tributos. Por este motivo, ambos fueron convocados por el rey.

29            Menelao dejó como sustituto del sumo sacerdocio a su hermano Lisímaco; Sóstrates a Crates, jefe de los chipriotas. a Crates, jefe de los chipriotas.

30            Mientras tanto, sucedió que los habitantes de Tarso y de Malos se sublevaron por haber sido cedidas sus ciudades como regalo a Antioquida, la concubina del rey.

31            Fue, pues, el rey a toda prisa, para poner orden en la situación, dejando como sustituto a Andrónico, uno de los  dignatarios.

32            Menelao pensó aprovecharse de aquella buena oportunidad; arrebató algunos objetos de oro del Templo, y se los regaló  a Andrónico; también logró vender otros en Tiro y en las ciudades de alrededor.

33            Cuando Onías llegó a saberlo con certeza, se lo reprochó, no sin haberse retirado antes a un lugar de refugio, a Dafne, cerca de Antioquía.

34            Por eso, Menelao, a solas con Andrónico, le incitaba a matar a Onías. Andrónico se llegó donde Onías, y, confiando en la astucia, estrechándole la mano y dándole la diestra con juramento, perusadió a Onías, aunque a éste no le faltaban sospechas, a salir de su refugio, e inmediatamente le dio muerte, sin respeto alguno a la justicia.

35            Por este motivo no sólo los judíos sino también muchos de las demás naciones se indignaron y se irritaron por el injusto asesinato de aquel hombre.

36            Cuando el rey volvió de las regiones de Cilicia, los judíos de la ciudad junto con los griegos, que también odiaban el mal, fueron a su encuentro a quejarse de la injustificada muerte de Onías.

37            Antíoco, hondamente estristecido y movido a compasión, lloró recordando la prudencia y la gran moderación del difunto.

38            Encendido en ira, despojó inmediatamente a Andrónico, de la púrpura y desgarró sus vestidos. Le hizo conducir por toda la ciudad hasta el mismo lugar donde tan impíamente había tratado a Onías; allí hizo desaparecer de este mundo al criminal, a quien el Señor daba el merecido castigo.

39            Lisímaco había cometido muchos robos sacrílegos en la ciudad con el consentimiento de Menelao, y la noticia se había divulgado fuera; por eso la multitud se amotinó contra Lisímaco. Pero eran ya muchos los objetos de oro que estaban dispersos.

40            Como las turbas estaban excitadas y en el colmo de su cólera, Lisímaco armó a cerca de 3.000 hombres e inició la  represión violenta, poniendo por jefe a un tal Aurano, avanzado en edad y no menos en locura.

41            Cuando se dieron cuenta del ataque de Lisímaco, unos se armaron de piedras, otros de estacas y otros, tomando a puñadas ceniza que allí había, lo arrojaban todo junto contra las tropas de Lisímaco.

42            De este modo hirieron a muchos de ellos, y mataron a algunos; a todos los demás los pusieron en fuga, y al mismo ladrón sacrílego le mataron junto al Tesoro.

43            Sobre todos estos hechos se instruyó proceso contra Menelao.

44            Cuando el rey llegó a Tiro, tres hombres enviados por el Senado expusieron ante él el alegato.

45            Menelao, perdido ya, prometió una importante suma a Tolomeo, hijo de Dorimeno, para que persuadiera al rey.

46            Entonces Tolomeo, llevando al rey aparte a una galería como para tomar el aire, le hizo cambiar de parecer,

47            de modo que absolvió de las acusaciones a Menelao, el causante de todos los males, y, en cambio, condenó a muerte a aquellos infelices que hubieran sido absueltos, aun cuando hubieran declarado ante un tribunal de escitas.

48            Así que, sin dilación, sufrieron aquella injusta pena los que habían defendido la causa de la ciudad, del pueblo  y de los vasos sagrados.

49            Por este motivo, algunos tirios, indignados contra aquella iniquidad, prepararon con magnificencia su sepultura.

50            Menelao, por su parte, por la avaricia de aquellos gobernantes, permaneció en el poder, creciendo en maldad, constituido en el principal adversario de sus conciudadanos.

II Macabeos   5

1              Por esta época preparaba Antíoco la segunda expedición a Egipto.

2              Sucedió que durante cerca de cuarenta días aparecieron en toda la ciudad, corriendo por los aires, jinetes vestidos de oro, tropas armadas distribuidas en cohortes,

3              escuadrones de caballería en orden de batalla, ataques y cargas de una y otra parte, movimiento de escudos, espesura de lanzas, espadas desenvainadas, lanzamiento de dardos, resplandores de armaduras de oro y corazas de toda clase.

4              Ante ello todos rogaban que aquella aparición presagiase algún bien.

5              Al difundirse el falso rumor de que Antíoco había dejado esta vida, Jasón, con no menos de mil hombres, lanzó un ataque imprevisto contra la ciudad; al ser rechazados los que estaban en la muralla y capturada ya por  fin la ciudad, Menelao se refugió en la Acrópolis.

6              Jasón hacía cruel matanza de sus propios ciudadanos sin caer en cuenta que un éxito sobre sus compatriotas era el peor de los desastres; se imaginaba ganar trofeos de enemigos y no de sus compatriotas.

7              Pero no logró el poder; sino que al fin, con la ignominia ganada por sus intrigas, se fue huyendo de nuevo al país  de Ammán.

8              Por último encontró un final desastroso: acusado ante Aretas, tirano de los árabes, huyendo de su ciudad, perseguido por todos, detestado como apóstata de las leyes, y abominado como verdugo de la patria y de los conciudadanos, fue arrojado a Egipto.

9              El que a muchos había desterrado de la patria, en el destierro murió, cuando se dirigía a Lacedemonia, con la esperanza de encontrar protección por razón de parentesco;

10            y el que a tantos había privado de sepultura, pasó sin ser llorado, sin recibir honras fúnebres ni tener un sitio en la sepultura de sus padres.

11            Cuando llegaron al rey noticias de lo sucedido, sacó la conclusión de que Judea se separaba; por eso regresó de Egipto, rabioso como una fiera, tomó la ciudad por las armas,

12            y ordenó a los soldados que hirieran sin compasión a los que encontraran y que mataran a los que subiesen a los terrados de las casas.

13            Perecieron jóvenes y ancianos; fueron asesinados muchachos, mujeres y niños, y degollaron a doncellas y niños de pecho.

14            En sólo tres días perecieron 80.000 personas, 40.000 en la refriega y otros, en número no menor que el de las víctimas, fueron vendidos como esclavos.

15            Antíoco, no contento con esto, se atrevió a penetrar en el Templo más santo de toda la tierra, llevando como guía a Menelao, el traidor a las leyes y a la patria.

16            Con sus manos impuras tomó los vasos sagrados y arrebató con sus manos profanas las ofrendas presentadas por otros reyes para acrecentamiento de la gloria y honra del Lugar.

17            Antíoco estaba engreído en su pensamiento, sin considerar que el Soberano estaba irritado por poco tiempo a causa de los pecados de los habitantes de la ciudad y por eso desviaba su mirada del Lugar.

18            Pero de no haberse dejado arrastrar ellos por los muchos pecados, el mismo Antíoco, como Heliodoro, el enviado por el rey Seleuco para inspeccionar el Tesoro, al ser azotado nada más llegar, habría renunciado a su osadía.

19            Pero el Señor no ha elegido a la nación por el Lugar, sino el Lugar por la nación.

20            Por esto, también el mismo Lugar, después de haber participado de las desgracias acaecidas a la nación, ha tenido luego parte en sus beneficios; y el que había sido abandonado en tiempo de la cólera del Todopoderoso, de nuevo en tiempo de la reconciliación del gran Soberano, ha sido restaurado con toda su gloria.

21            Así pues, Antíoco, llevándose del Templo 1.800 talentos, se fue pronto a Antioquía, creyendo en su orgullo que haría la tierra navegable y el mar viable, por la arrogancia de su corazón.

22            Dejó también prefectos para hacer daño a la raza: en Jerusalén a Filipo, de raza frigia, que tenía costumbres más bárbaras que el le había nombrado;

23            en el monte Garizim, a Andrónico, y además de éstos, a Menelao, que superaba a los demás en maldad contra sus conciudadanos. El rey, que albergaba hacia los judíos sentimientos de odio,

24            envió al Misarca Apolonio con un ejército de 22.000 hombres, y la orden de degollar a todos los que estaban en el vigor de la edad, y de vender a las mujeres y a los más jóvenes.

25            Llegado éste a Jerusalén y fingiendo venir en son de paz esperó hasta el día santo del sábado. Aprovechando el descanso de los judíos, mandó a sus tropas que se equiparan con las armas,

26            y a todos los que salían a ver aquel espectáculo, los hizo matar e, invadiendo la ciudad con los soldados armados, hizo caer una considerable multitud.

27            Pero Judas, llamado también Macabeo, formó un grupo de unos diez y se retiró al desierto. Llevaba con sus compañeros, en las montañas, vida de fieras salvajes, sin comer más alimento que hierbas, para no contaminarse  de impureza.

II Macabeos   6

1              Poco tiempo después, el rey envió al ateniense Geronta para obligar a los judíos a que desertaran de las leyes  de sus padres y a que dejaran de vivir según las leyes de su Dios;

2              y además para contaminar el Templo de Jerusalén, dedicándolo a Zeus Olímpico, y el de Garizim, a Zeus Hospitalario, como lo habían pedido los habitantes del lugar.

3              Este recrudecimiento del mal era para todos penoso e insoportable.

4              El Templo estaba lleno de desórdenes y orgías por parte de los paganos que holgaban con meretrices y que en los  atrios sagrados andaban con mujeres, y hasta introducían allí cosas prohibidas.

5              El altar estaba repleto de víctimas ilícitas, prohibidas por las leyes.

6              No se podía ni celebrar el sábado, ni guardar las fiestas patrias, ni siquiera confesarse judío;

7              antes bien eran obligados con amarga violencia a la celebración mensual del nacimiento del rey con un banquete  sacrificial y, cuando llegaba la fiesta de Dióniso, eran forzados a formar parte de su cortejo, coronados de hiedra.

8              Por instigación de los habitantes de Tolemaida salió un decreto para las vecinas ciudades griegas, obligándolas a que procedieran de la misma forma contra los judíos y a que les hicieran participar en los banquetes sacrificiales,

9              con orden de degollar a los que no adoptaran el cambio a las costumbres griegas. Podíase ya entrever la calamidad inminente.

10            Dos mujeres fueron delatadas por haber circuncidado a sus hijos; las hicieron recorrer públicamente la ciudad con los niños colgados del pecho, y las precipitaron desde la muralla.

11            Otros que se habían reunido en cuevas próximas para celebrar a escondidas el día séptimo, fueron denunciados a  Filipo y quemados juntos, sin que quisieran hacer nada en su defensa, por respeto a la santidad del día.

12            Ruego a los lectores de este libro que no se desconcierten por estas desgracias; piensen antes bien que estos castigos  buscan no la destrucción, sino la educación de nuestra raza;

13            pues el no tolerar por mucho tiempo a los impíos, de modo que pronto caigan en castigos, es señal de gran benevolencia.

14            Pues con las demás naciones el Soberano, para castigarlas, aguarda pacientemente a que lleguen a colmar la medida  de sus pecados; pero con nosotros ha decidido no proceder así,

15            para que no tenga luego que castigarnos, al llegar nuestros pecados a la medida colmada.

16            Por eso mismo nunca retira de nosotros su misericordia: cuando corrige con la desgracia, no está abandonando a su propio pueblo.

17            Quede esto dicho a modo de recuerdo. Después de estas pocas palabras, prosigamos la narración.

18            A Eleazar, uno de los principales escribas, varón de ya avanzada edad y de muy noble aspecto, le forzaban a abrir  la boca y a comer carne de puerco.

19            Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida infame, marchaba voluntariamente al suplicio del apaleamiento,

20            después de escupir todo, que es como deben proceder los que tienen valentía rechazar los alimentos que no es lícito probar ni por amor a la vida.

21            Los que estaban encargados del banquete sacrificial contrario a la Ley, tomándole aparte en razón del conocimiento  que de antiguo tenían con este hombre, le invitaban a traer carne preparada por él mismo, y que le fuera lícita; a simular como si comiera la mandada por el rey, tomada del sacrificio,

22            para que, obrando así, se librara de la muerte, y por su antigua amistad hacia ellos alcanzara benevolencia.

23            Pero él, tomando una noble resolución digna de su edad, de la prestancia de su ancianidad, de sus experimentadas y ejemplares canas, de su inmejorable proceder desde niño y, sobre todo, de la legislación santa dada por Dios, se mostró consecuente consigo diciendo que se le mandara pronto al Hades.

24            «Porque a nuestra edad no es digno fingir, no sea que muchos jóvenes creyendo que Eleazar, a sus noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas,

25            también ellos por mi simulación y por mi apego a este breve resto de vida, se desvíen por mi culpa y yo atraiga mancha y deshonra a mi vejez.

26            Pues aunque me libre al presente del castigo de los hombres, sin embargo ni vivo ni muerto podré escapar de las  manos del Todopoderoso.

27            Por eso, al abandonar ahora valientemente la vida, me mostraré digno de mi ancianidad,

28            dejando a los jóvenes un ejemplo noble al morir generosamente con ánimo y nobleza por las leyes venerables y santas.» Habiendo dicho esto, se fue enseguida al suplicio del apaleamiento.

29            Los que le llevaban cambiaron su suavidad de poco antes en dureza, después de oír las referidas palabras que ellos  consideraban una locura;

30            él, por su parte, a punto ya de morir por los golpes, dijo entre suspiros: «El Señor, que posee la ciencia santa, sabe bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto flagelado en mi cuerpo recios dolores, pero en mi  alma los sufro con gusto por temor de él.»

31            De este modo llegó a su tránsito. (No sólo a los jóvenes, sino también a la gran mayoría de la nación, Eleazar dejó su muerte como ejemplo de nobleza y recuerdo de virtud.)

II Macabeos   7

1              Sucedió también que siete hermanos apresados junto con su madre, eran forzados por el rey, flagelados con azotes  y nervios de buey, a probar carne de puerco (prohibida por la Ley).

2              Uno de ellos, hablando en nombre de los demás, decía así: «¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos  dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros padres.»

3              El rey, fuera de sí, ordenó poner al fuego sartenes y calderas.

4              En cuanto estuvieron al rojo, mandó cortar la lengua al que había hablado en nombre de los demás, arrancarle el cuero cabelludo y cortarle las extremidades de los miembros, en presencia de sus demás hermanos y de su madre.

5              Cuando quedó totalmente inutilizado, pero respirando todavía, mandó que le acercaran al fuego y le tostaran en la sartén. Mientras el humo de la sartén se difundía lejos, los demás hermanos junto con su madre se animaban  mutuamente a morir con generosidad, y decían:

6              «El Señor Dios vela y con toda seguridad se apiadará de nosotros, como declaró Moisés en el cántico que atestigua  claramente: “Se apiadará de sus siervos”.»

7              Cuando el primero hizo así su tránsito, llevaron al segundo al suplicio y después de arrancarle la piel de la cabeza con los cabellos, le preguntaban: «¿Vas a comer antes de que tu cuerpo sea torturado miembro a miembro?»

8              El respondiendo en su lenguaje patrio, dijo: «¡No!» Por ello, también éste sufrió a su vez la tortura, como el primero.

9              Al llegar a su último suspiro dijo: «Tú, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna.»

10            Después de éste, fue castigado el tercero; en cuanto se lo pidieron, presentó la lengua, tendió decidido las manos

11            (y dijo con valentía: «Por don del Cielo poseo estos miembros, por sus leyes los desdeño y de El espero recibirlos de nuevo).»

12            Hasta el punto de que el rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del ánimo de aquel muchacho que en nada tenía los dolores.

13            Llegado éste a su tránsito, maltrataron de igual modo con suplicios al cuarto.

14            Cerca ya del fin decía así: «Es preferible morir a manos de hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él; para ti, en cambio, no habrá resurrección a la vida.»

15            Enseguida llevaron al quinto y se pusieron a atormentarle.

16            El, mirando al rey, dijo: «Tú, porque tienes poder entre los hombres aunque eres mortal, haces lo que quieres.  Pero no creas que Dios ha abandonado a nuestra raza.

17            Aguarda tú y contemplarás su magnifico poder, cómo te atormentará a ti y a tu linaje.»

18            Después de éste, trajeron al sexto, que estando a punto de morir decía: «No te hagas ilusiones, pues nosotros por nuestra propia culpa padecemos; por haber pecado contra nuestro Dios (nos suceden cosas sorprendentes).

19            Pero no pienses quedar impune tú que te has atrevido a luchar contra Dios.»

20            Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el  espacio de un solo día, sufría con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor.

21            Animaba a cada uno de ellos en su lenguaje patrio y, llena de generosos sentimientos y estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía:

22            «Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno.

23            Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes.»

24            Antíoco creía que se le despreciaba a él y sospechaba que eran palabras injuriosas. Mientras el menor seguía con vida, no sólo trataba de ganarle con palabras, sino hasta con juramentos le prometía hacerle rico y muy feliz, con tal de que abandonara las tradiciones de sus padres; le haría su amigo y le confiaría altos cargos.

25            Pero como el muchacho no le hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y la invitó a que aconsejara al adolescente para salvar su vida.

26            Tras de instarle él varias veces, ella aceptó el persuadir a su hijo.

27            Se inclinó sobre él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua patria: «Hijo, ten compasión de mí que te llevé en el seno por nueve meses, te amamanté por tres años, te crié y te eduqué hasta la edad que tienes (y te alimenté).

28            Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia.

29            No temas a este verdugo, antes bien, mostrándote digno de tus hermanos, acepta la muerte, para que vuelva yo a  encontrarte con tus hermanos en la misericordia.»

30            En cuanto ella terminó de hablar, el muchacho dijo: «¿Qué esperáis? No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la Ley dada a nuestros padres por medio de Moisés.

31            Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios.

32            (Cierto que nosotros padecemos por nuestros pecados.)

33            Si es verdad que nuestro Señor que vive, está momentáneamente irritado para castigarnos y corregirnos, también se reconciliará de nuevo con sus siervos.

34            Pero tú, ¡oh impío y el más criminal de todos los hombres!, no te engrías neciamente, entregándote a vanas esperanzas y alzando la mano contra sus siervos;

35            porque todavía no has escapado del juicio del Dios que todo lo puede y todo lo ve.

36            Pues ahora nuestros hermanos, después de haber soportado una corta pena por una vida perenne, cayeron por la alianza de Dios; tú, en cambio, por el justo juicio de Dios cargarás con la pena merecida por tu soberbia.

37            Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes de mis padres, invocando a Dios para que pronto se muestre propicio con nuestra nación, y que tú con pruebas y azotes llegues a confesar que él es el único Dios.

38            Que en mí y en mis hermanos se detenga la cólera del Todopoderoso justamente descargada sobre toda nuestra raza.»

39            El rey, fuera de sí, se ensañó con éste con mayor crueldad que con los demás, por resultarle amargo el sarcasmo.

40            También éste tuvo un limpio tránsito, con entera confianza en el Señor.

41            Por último, después de los hijos murió la madre.

42            Sea esto bastante para tener noticia de los banquetes sacrificiales y de las crueldades sin medida.

II Macabeos   8

1              Judas, llamado también Macabeo, y sus compañeros entraban sigilosamente en los pueblos, llamaban a sus hermanos de raza y acogiendo a los que permanecían fieles al judaísmo, llegaron a reunir 6.000 hombres.

2              Rogaban al Señor que mirase por aquel pueblo que todos conculcaban; que tuviese piedad del santuario profanado  por los hombres impíos;

3              que se compadeciese de la ciudad destruida y a punto de ser arrasada, y que escuchase las voces de la sangre que clamaba a él;

4              que se acordase de la inicua matanza de niños inocentes y de las blasfemias proferidas contra su nombre, y que mostrase su odio al mal.

5              Macabeo, con su tropa organizada, fue ya invencible para los gentiles, al haberse cambiado en misericordia la cólera del Señor.

6              Llegando de improviso, incendiaba ciudades y pueblos; después de ocupar las posiciones estratégicas, causaba al enemigo grandes pérdidas.

7              Prefería la noche como aliada para tales incursiones. La fama de su valor se extendía por todas partes.

8              Al ver Filipo que este hombre progesaba paulatinamente y que sus éxitos eran cada día más frecuentes, escribió a Tolomeo, estratega de Celesiria y Fenicia para que viniese en ayuda de los intereses del rey.

9              Este designó enseguida a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus primeros amigos, y le envió al frente de no menos de 20.000 hombres de todas las naciones para exterminar la raza entera de Judea. Puso a su lado a Gorgias, general con experiencia en lides guerreras.

10            Nicanor intentaba, por su parte, saldar con la venta de prisioneros judíos, el tributo de 2.000 talentos que el rey debía a los romanos.

11            Pronto envió a las ciudades marítimas una invitación para que vinieran a comprar esclavos judíos, prometiendo entregar noventa esclavos por un talento sin esperarse el castigo del Todopoderoso que estaba a punto de caer sobre él.

12            Llegó a Judas la noticia de la expedición de Nicanor. Cuando comunicó a los que le acompañaban que el ejército se acercaba,

13            los cobardes y desconfiados de la justicia divina, comenzaron a escaparse y alejarse del lugar;

14            los demás vendían todo lo que les quedaba, y pedían al mismo tiempo al Señor que librara a los que el impío Nicanor tenía vendidos aun ante de haberse enfrentado.

15            Si no por ellos, sí por las alianzas con sus padres y porque invocaban en su favor el venerable y majestuoso Nombre.

16            Después de reunir a los suyos, en número de 6.000, el Macabeo les exhortaba a no dejarse amedrentar por los enemigos y a no temer a la muchedumbre de gentiles que injustamente venían contra ellos, sino a combatir con valor,

17            teniendo a la vista el ultraje que inicuamente habían inferido al Lugar Santo, los suplicios infligidos a la ciudad y la abolición de las instituciones ancestrales.

18            «Ellos, les dijo, confían en sus armas y en su audacia; pero nosotros tenemos nuestra confianza puesta en Dios  Todopoderoso, que puede abatir con un gesto a los que vienen contra nosotros y al mundo entero.»

19            Les enumeró los auxilios dispensados a sus antecesores, especialmente frente a Senaquerib, cuando perecieron 185.000,

20            y el recibido en Babilonia, en la batalla contra los gálatas, cuando entraron en acción todos los 8.000 judíos junto a los 4.000 macedonios, y cuando los macedonios se hallaban en apuros, los 8.000 derrotaron a 120.000, gracias al auxilio que les llegó del cielo, y se hicieron con un gran botín.

21            Después de haberlos enardecido con estas palabras y de haberlos dispuesto a morir por las leyes y por la patria, dividió el ejército en cuatro cuerpos.

22            Puso a sus hermanos, Simón, José y Jonatán, al frente de cada cuerpo, dejando a las órdenes de cada uno 1.500 hombres.

23            Además mandó a Esdrías que leyera el libro sagrado; luego, dando como consigna «Auxilio de Dios», él mismo al frente del primer cuerpo trabó combate con Nicanor.

24            Al ponerse el Todopoderoso de su parte en la lucha, dieron muerte a más de 9.000 enemigos, hirieron y mutilaron  a la mayor parte del ejército de Nicanor, y a todos los demás los pusieron en fuga.

25            Se apoderaron del dinero de los que habían venido a comprarlos. Después de haberlos perseguido bastante tiempo, se volvieron, obligados por la hora,

26            pues era víspera del sábado, y por esta causa no continuaron en su persecución.

27            Una vez que hubieron amontonado las armas y recogido los despojos de los enemigos, comenzaron la celebración del  sábado, desbordándose en bendiciones y alabanzas al Señor que en aquel día les había salvado, estableciendo  el comienzo de su misericordia.

28            Al acabar el sábado, dieron una parte del botín a los que habían sufrido la persecución, así como a las viudas  y huérfanos; ellos y sus hijos se repartieron el resto.

29            Hecho esto, en rogativa pública rogaron al Señor misericordioso que se reconciliara del todo con sus siervos.

30            En su combate con las tropas de Timoteo y Báquides, mataron a éstos más de 20.000 hombres, se adueñaron por completo de altas fortalezas y dividieron el inmenso botín en partes iguales, una para ellos y otra para los que  habían sufrido la persecución, los huérfanos y las viudas, así como para los ancianos.

31            Con todo cuidado reunieron las armas capturadas en lugares convenientes y llevaron a Jerusalén el resto de los  despojos.

32            Mataron al filarca de la escolta de Timoteo, hombre muy impío que había causado mucho pesar a los judíos.

33            Mientras celebraban la victoria en su patria, quemaron a los que habían incendiado los portones sagrados, así como a Calístenes, que estaban refugiados en una misma casita, y que recibieron así la merecida paga de su  impiedad.

34            Nicanor, tres veces criminal, que había traído a los mil comerciantes para la venta de los judíos,

35            con el auxilio del Señor, quedó humillado por los mismos que él despreciaba como los más viles; despojándose de  sus galas, como un fugitivo a campo través, buscando la soledad llegó hasta Antioquía con mucha suerte, después del desastre de su ejército.

36            El que había pretendido saldar el tributo debido a los romanos con la venta de los prisioneros de Jerusalén, proclamaba que los judíos tenían a Alguien que les defendía, y que los judíos eran invulnerables por el hecho de que seguían las leyes prescritas por Aquél.

II Macabeos   9

1              Sucedió por este tiempo que Antíoco hubo de retirarse desordenadamente de las regiones de Persia.

2              En efecto, habiendo entrado en la ciudad llamada Persépolis, pretendió saquear el santuario y oprimir la ciudad; ante ello, la muchedumbre sublevándose acudió a las armas y le puso en fuga; y sucedió que Antíoco, ahuyentado por los naturales del país, hubo de emprender una vergonzosa retirada.

3              Cuando estaba en Ecbátana, le llegó la noticia de lo ocurrido a Nicanor y a las tropas de Timoteo.

4              Arrebatado de furor, pensaba vengar en los judíos la afrenta de los que le habían puesto en fuga, y por eso ordenó al conductor que hiciera avanzar el carro sin parar hasta el término del viaje. Pero ya el juicio del Cielo  se cernía sobre él, pues había hablado así con orgullo: «En cuanto llegue a Jerusalén, haré de la ciudad una fosa común de judíos.»

5              Pero el Señor Dios de Israel que todo lo ve, le hirió con una llaga incurable e invisible: apenas pronunciada esta frase, se apoderó de sus entrañas un dolor irremediable, con agudos retortijones internos,

6              cosa totalmente justa para quien había hecho sufrir las entrañas de otros con numerosas y desconocidas torturas.

7              Pero él de ningún modo cesaba en su arrogancia; estaba lleno todavía de orgullo, respiraba el fuego de su furor contra los judíos y mandaba acelerar la marcha. Pero sucedió que vino a caer de su carro que corría velozmente  y, con la violenta caída, todos los miembros de su cuerpo se le descoyuntaron.

8              El que poco antes pensaba dominar con su altivez de superhombre las olas del mar, y se imaginaba pesar en una balanza las cimas de las montañas, caído por tierra, era luego transportado en una litera, mostrando a todos  de forma manifiesta el poder de Dios,

9              hasta el punto que de los ojos del impío pululaban gusanos, caían a pedazos sus carnes, aun estando con vida, entre dolores y sufrimientos, y su infecto hedor apestaba todo el ejército.

10            Al que poco antes creía tocar los astros del cielo, nadie podía ahora llevarlo por la insoportable repugnancia  del hedor.

11            Así comenzó entonces, herido, a abatir su excesivo orgullo y a llegar al verdadero conocimiento bajo el azote divino, en tensión a cada instante por los dolores.

12            Como ni él mismo podía soportar su propio hedor, decía: «Justo es estar sumiso a Dios y que un mortal no pretenda igualarse a la divinidad.»

13            Pero aquel malvado rogaba al Soberano de quien ya no alcanzaría misericordia, prometiendo

14            que declararía libre la ciudad santa, a la que se había dirigido antes a toda prisa para arrasarla y transformarla  en fosa común,

15            que equipararía con los atenienses a todos aquellos judíos que había considerado dignos, no de una sepultura, sino de ser arrojados con sus niños como pasto a las fieras;

16            que adornaría con los más bellos presentes el Templo Santo que antes había saqueado; que devolvería multiplicados todos los objetos sagrados; que suministraría a sus propias expensas los fondos que se gastaban en los sacrificios;

17            y, además, que se haría judío y recorrería todos los lugares habitados para proclamar el poder de Dios.

18            Como sus dolores de ninguna forma se calmaban, pues había caído sobre él el justo juicio de Dios, desesperado de su estado, escribió a los judíos la carta copiada a continuación, en forma de súplica, con el siguiente contenido:

19            «A los honrados judíos, ciudadanos suyos, con los mejores deseos de dicha, salud y prosperidad, saluda el rey y estratega Antíoco.

20            Si os encontráis bien vosotros y vuestros hijos, y vuestros asuntos van conforme a vuestros deseos, damos por ello rendidas gracias.

21            En cuanto a mí, me encuentro postrado sin fuerza en mi lecho, con un amistoso recuerdo de vosotros. A mi vuelta de las regiones de Persia, contraje una molesta enfermedad y he considerado necesario preocuparme de vuestra seguridad común.

22            No desespero de mi situación, antes bien tengo grandes esperanzas de salir de esta enfermedad;

23            pero considerando que también mi padre, con ocasión de salir a campaña hacia las regiones altas, designó su futuro sucesor,

24            para que, si ocurría algo sorprendente o si llegaba alguna noticia desagradable, los habitantes de las provincias  no se perturbaran, por saber ya a quién quedaba confiado el gobierno;

25            dándome cuenta además de que los soberanos de alrededor, vecinos al reino, acechan las oportunidades y aguardan lo que pueda suceder, he nombrado rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces, al recorrer las satrapías  altas, os he confiado y recomendado a gran parte de vosotros. A él le he escrito lo que sigue.

26            Por tanto os exhorto y ruego que acordándoos de los beneficios recibidos en común y en particular, guardéis cada uno también con mi hijo la benevolencia que tenéis hacia mí.

27            Pues estoy seguro de que él, realizando con moderación y humanidad mis proyectos, se entenderá bien con vosotros.»

28            Así pues, aquel asesino y blasfemo, sufriendo los peores padecimientos, como los había hecho padecer a otros, terminó la vida en tierra extranjera, entre montañas, en el más lamentable infortunio.

29            Filipo, su compañero, trasladaba su cuerpo; mas, por temor al hijo de Antíoco, se retiró a Egipto, junto a Tolomeo Filométor.

II Macabeos  10

1              Macabeo y los suyos, guiados por el Señor, recuperaron el Templo y la ciudad,

2              destruyeron los altares levantados por los extranjeros en la plaza pública, así como los recintos sagrados.

3              Después de haber purificado el Templo, hicieron otro altar; tomando fuego de pedernal del que habían sacado chispas, tras dos años de intervalo ofrecieron sacrificios, el incienso y las lámparas, y colocaron los panes de la Presencia.

4              Hecho esto, rogaron al Señor, postrados sobre el vientre, que no les permitiera volver a caer en tales desgracias, sino que, si alguna vez pecaban, les corrigiera con benignidad, y no los entregara a los gentiles blasfemos y bárbaros.

5              Aconteció que el mismo día en que el Templo había sido profanado por los extranjeros, es decir, el veinticinco  del mismo mes que es Kisléu, tuvo lugar la purificación del Templo.

6              Lo celebraron con alegría durante ocho días, como en la fiesta de las Tiendas, recordando cómo, poco tiempo antes, por la fiesta de las Tiendas, estaban cobijados como fieras en montañas y cavernas.

7              Por ello, llevando tirsos, ramas hermosas y palmas, entonaban himnos hacia Aquél que había llevado a buen término la purificación de su lugar.

8              Por público decreto y voto prescribieron que toda la nación de los judíos celebrara anualmente aquellos mismos  días.

9              Tales fueron las circunstancias de la muerte de Antíoco, apellidado Epífanes.

10            Vamos a exponer ahora lo referente a Antíoco Eupátor, hijo de aquel impío, resumiendo las desgracias debidas a las guerras.

11            En efecto, una vez heredado el reino, puso al frente de sus asuntos a un tal Lisias, estratega supremo de Celesiria y Fenicia.

12            Pues Tolomeo, el llamado Macrón, el primero en observar la justicia con los judíos, debido a la injusticia con que se les había tratado, procuraba resolver pacíficamente lo que a ellos concernía;

13            acusado ante Eupátor a consecuencia de ello por los amigos del rey, oía continuamente que le llamaban traidor, por haber abandonado Chipre, que Filométor le había confiado, y por haberse pasado a Antíoco Epífanes. Al no poder honrar debidamente la dignidad de su cargo, envenenándose, dejó esta vida.

14            Gorgias, hecho estratega de la región, mantenía tropas mercenarias y en toda ocasión hostigaba a los judíos.

15            Al mismo tiempo los idumeos, dueños de fortalezas estratégicas, causaban molestias a los judíos, y acogiendo a los fugitivos de Jerusalén procuraban fomentar la guerra.

16            Macabeo y sus compañeros, después de haber celebrado una rogativa y haber pedido a Dios que luchara junto a ellos, se lanzaron contra las fortalezas de los idumeos;

17            después de atacarlos con ímpetu, se apoderaron de las posiciones e hicieron retroceder a todos los que combatían sobre la muralla; daban muerte a cuantos caían en sus manos. Mataron por lo menos 20.000.

18            No menos de 9.000 hombres se habían refugiado en dos torres muy bien fortificadas y abastecidas de cuanto era necesario para resistir un sitio.

19            Macabeo dejó entonces a Simón y José, y además a Zaqueo y a los suyos, en número suficiente para asediarles, y él mismo partió hacia otros lugares de mayor urgencia.

20            Pero los hombres de Simón, ávidos de dinero, se dejaron sobornar por algunos de los que estaban en las torres; por 70.000 dracmas dejaron que algunos se escapasen.

21            Cuando se dio a Macabeo la noticia de lo sucedido, reunió a los jefes del pueblo y acusó a aquellos hombres de haber vendido a sus hermanos por dinero al soltar enemigos contra ellos.

22            Hizo por tanto ejecutarles por traidores e inmediatamente se apoderó de las dos torres.

23            Con atinada dirección y con las armas en las manos, mató en las dos fortalezas a más de 20.000 hombres.

24            Timoteo, que antes había sido vencido por los judíos, después de reclutar numerosas fuerzas extranjeras y de reunir no pocos caballos traídos de Asia, se presentó con la intención de conquistar Judea por las armas.

25            Ante su avance, los hombres de Macabeo, en rogativas a Dios, cubrieron de polvo su cabeza y ciñeron de sayal la cintura;

26            y, postrándose delante del Altar, a su pie, pedían a Dios que, mostrándose propicio con ellos, se hiciera enemigo de sus enemigos y adversario de sus adversarios, como declara la Ley.

27            Al acabar la plegaria, tomaron las armas y avanzaron un buen trecho fuera de la ciudad; cuando estaban cerca de sus enemigos, se detuvieron.

28            A poco de difundirse la claridad del sol naciente, ambos bandos se lanzaron al combate; los unos tenían como garantía del éxito y de la victoria, además de su valor, el recurso al Señor; los otros combatían con la furia como guía de sus luchas.

29            En lo recio de la batalla, aparecieron desde el cielo ante los adversarios cinco hombres majestuosos montados en caballos con frenos de oro, que se pusieron al frente de los judíos;

30            colocaron a Macabeo en medio de ellos y, cubriéndole con sus armaduras, le hacían invulnerable; arrojaban sobre los adversarios saetas y rayos, por lo que heridos de ceguera se dispersaban en completo desorden.

31            20.500 infantes fueron muertos y seiscientos jinetes.

32            El mismo Timoteo se refugió en una fortaleza, muy bien guardada, llamada Gázara, cuyo estratega era Quereas.

33            Las tropas de Macabeo, alborozadas, asediaron la ciudadela durante cuatro días.

34            Los de dentro, confiados en lo seguro de la posición, blasfemaban sin cesar y proferían palabras impías.

35            Amanecido el quinto día, veinte jóvenes de las tropas de Macabeo, encendidos en furor a causa de las blasfemias, se lanzaron valientemente contra la muralla y con fiera bravura herían a cuantos se ponían delante.

36            Otros, subieron igualmente por el lado opuesto contra los de dentro, prendieron fuego a las torres y, encendiendo  hogueras, quemaron vivos a los blasfemos. Aquéllos, entretanto, rompián las puertas, y tras abrir paso al resto del ejército, se apoderaron de la ciudad.

37            Mataron a Timoteo, que estaba escondido en una cisterna, así como a su hermano Quereas y a Apolófanes.

38            Al término de estas proezas, con himnos y alabanzas bendecían al Señor que hacía grandes beneficios a Israel y a ellos les daba la victoria.

II Macabeos  11

1              Muy poco tiempo después, Lisias, tutor y pariente del rey, que estaba al frente de los negocios, muy contrariado  por lo sucedido,

2              reunió unos 80.000 hombres con toda la caballería, y se puso en marcha contra los judíos, con la intención de hacer de la ciudad una población de griegos,

3              convertir el Templo en fuente de recursos, como los demás recintos sagrados de los gentiles, y poner cada año en venta la dignidad del sumo sacerdocio.

4              No tenía en cuenta en absoluto el poder de Dios, engreído como estaba con sus miríadas de infantes, sus millares de jinetes y sus ochenta elefantes.

5              Entró en Judea, se acercó a Bet Sur, plaza fuerte que dista de Jerusalén unas cinco esjenas, y la cercó estrechamente.

6              En cuanto los hombres de Macabeo supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lágrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.

7              Macabeo en persona tomó el primero las armas y exhortó a los demás a que juntamente con él afrontaran el peligro y auxiliaran a sus hermanos. Ellos se lanzaron juntos con entusiasmo.

8              Cuando estaban cerca de Jerusalén, apareció poniéndose al frente de ellos, un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro.

9              Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y y sintieron enardecerse sus ánimos, dispuestos a atravesar  no sólo a hombres, sino aun a las fieras más salvajes murallas de hierro.

10            Avanzaban equipados, con el aliado enviado del Cielo, porque el Señor se había compadecido de ellos.

11            Se lanzaron como leones sobre los enemigos, abatieron 11.000 infantes y 1.600 jinetes, y obligaron a huir a todos  los demás.

12            La mayoría de éstos escaparon heridos y desarmados; el mismo Lisias se salvó huyendo vergonzosamente.

13            Pero Lisias no era hombre sin juicio. Reflexionando sobre la derrota que acababa de sufrir, y comprendiendo que los hebreos eran invencibles porque el Dios poderoso luchaba con ellos,

14            les propuso por una embajada la reconciliación bajo toda clase de condiciones justas; y que además obligaría al rey a hacerse amigo de ellos.

15            Macabeo asintió a todo lo que Lisias proponía, preocupado por el interés público; pues el rey concedió cuanto Macabeo había pedido por escrito a Lisias acerca de los judíos.

16            La carta escrita por Lisias a los judíos decía lo siguiente: «Lisias saluda a la población de los judíos.

17            Juan y Absalón, vuestros enviados, al entregarme el documento copiado a continuación, me han rogado una respuesta sobre lo que en el mismo se significaba.

18            He dado cuenta al rey de todo lo que debía exponérsele; lo que era de mi competencia lo he concedido.

19            Por consiguiente, si mantenéis vuestra buena disposición hacia el Estado, también yo procuraré en adelante colaborar en vuestro favor.

20            En cuanto a los detalles, tengo dada orden a vuestros enviados y a los míos de que los discutan con vosotros.

21            Seguid bien. Año 148, el veinticuatro de Dióscoro.»

22            La carta del rey decía lo siguiente: «El rey Antíoco saluda a su hermano Lisias.

23            Habiendo pasado nuestro padre donde los dioses, deseamos que los súbditos del reino vivan sin inquietudes para entregarse a sus propias ocupaciones.

24            Teniendo oído que los judíos no están de acuerdo en adoptar las costumbres griegas, como era voluntad de mi padre, sino que prefieren seguir sus propias costumbres, y ruegan que se les permita acomodarse a sus leyes,

25            deseosos, por tanto, de que esta nación esté tranquila, decidimios que se les restituya el Templo y que puedan  vivir según las costumbres de sus antepasados.

26            Bien harás, por tanto, en enviarles emisarios que les den la mano, para que al saber nuestra determinación, se  sientan confiados y se dediquen con agrado a sus propias ocupaciones.»

27            La carta del rey a la nación era como sigue: «El rey Antíoco saluda al Senado de los judíos y a los demás judíos.

28            Sería nuestro deseo que os encontrarais bien; también nosotros gozamos de salud.

29            Menelao nos ha manifestado vuestro deseo de volver a vuestros hogares.

30            A los que vuelvan antes del treinta del mes de Xántico se les ofrece la mano y libertad

31            para que los judíos se sirvan de sus propios alimentos y leyes como antes, y ninguno de ellos sea molestado en modo alguno a causa de faltas cometidas por ignorancia.

32            He enviado a Menelao para que os anime.

33            Seguid bien. Año 148, día quince de Xántico.»

34            También los romanos les enviaron una carta con el siguiente contenido: «Quinto Memmio, Tito Manilio, Manio Sergio, legados de los romanos, saludan al pueblo de los judíos.

35            Nosotros damos nuestro consentimiento a lo que Lisias, pariente del rey, os ha concedido.

36            Pero en relación con lo que él decidió presentar al rey, mandadnos algún emisario en cuanto lo hayáis examinado, para que lo expongamos en la forma que os conviene, ya que nos dirigimos a Antioquía,

37            Daos prisa, por tanto; enviadnos a algunos, para que también nosotros conozcamos cuál es vuestra opinión.

38            Seguid en buena salud. Año 148, día quince de Dióscoro.»

II Macabeos  12

1              Una vez terminados estos tratados, Lisias se volvió junto al rey, mientras los judíos se entregaban a las labores  del campo.

2              Pero algunos de los estrategas en plaza, Timoteo y Apolonio, hijo de Genneo, y también Jerónimo y Demofón, además de Nicanor, el Chipriarca, no les dejaban vivir en paz ni disfrutar de sosiego.

3              Los habitantes de Joppe, por su parte, perpetraron la enorme impiedad que sigue: invitaron a los judíos que vivían  con ellos, a subir con mujeres y niños a las embarcaciones que habían preparado, como si no guardaran contra ellos ninguna enemistad.

4              Conforme a la común decisión de la ciudad, aceptaron los judíos, por mostrar sus deseos de vivir en paz y que no tenían el menor recelo; pero, cuando se hallaban en alta mar, los echaron al fondo, en número no inferior  a doscientos.

5              Cuando Judas se enteró de la crueldad cometida con sus compatriotas, se lo anunció a sus hombres;

6              y después de invocar a Dios, el justo juez, se puso en camino contra los asesinos de sus hermanos, incendió por la noche el puerto, quemó las embarcaciones y pasó a cuchillo a los que se habían refugiado allí.

7              Al encontrar cerrada la plaza, se retiró con la intención de volver de nuevo y exterminar por completo a la población  de Joppe.

8              Enterado de que también los de Yamnia querían actuar de la misma forma con los judíos que allí habitaban,

9              atacó también de noche a los yamnitas e incendió el puerto y la flota, de modo que el resplandor de las llamas se veía hasta en Jerusalén y eso que había 240 estadios de distancia.

10            Marchando contra Timoteo, se alejaron de allí nueve estadios, cuando le atacaron no menos de 5.000 árabes y quinientos jinetes.

11            En la recia batalla trabada, las tropas de Judas lograron la victoria, gracias al auxilio recibido de Dios; los nómadas, vencidos, pidieron a Judas que les diera la mano, prometiendo entregarle ganado y serle útiles en adelante.

12            Judas, dándose cuenta de que verdaderamente en muchos casos podían ser de utilidad, consintió en hacer las paces con ellos; estrechada la mano se retiraron a las tiendas.

13            Judas atacó también a cierta ciudad fortificada con terraplenes, rodeada de murallas, y habitada por una población mixta de varias naciones, por nombre Caspín.

14            Los sitiados, confiados en la solidez de las murallas y en la provisión de víveres, trataban groseramente con insultos a los hombres de Judas, profiriendo además blasfemias y palabras sacrílegas.

15            Los hombres de Judas, después de invocar al gran Señor del mundo, que sin arietes ni máquinas de guerra había derruido a Jericó en tiempo de Josué, atacaron ferozmente la muralla.

16            Una vez dueños de la ciudad por la voluntad de Dios, hicieron una indescriptible carnicería hasta el punto de que el lago vecino, con su anchura de dos estadios, parecía lleno con la sangre que le había llegado.

17            Se alejaron de allí 750 estadios y llegaron a Járaca, donde los judíos llamados tubios.

18            Pero no encontraron en aquellos lugares a Timoteo, que al no lograr nada se había ido de allí, dejando con todo en determinado lugar una fortísima guarnición.

19            Dositeo y Sosípatro, capitanes de Macabeo, en una incursión mataron a los hombres que Timoteo había dejado en la fortaleza, más de 10.000.

20            Macabeo distribuyó su ejército en cohortes, puso a aquellos dos a su cabeza y se lanzó contra Timoteo que tenía consigo 20.000 infantes y 2.500 jinetes.

21            Al enterarse Timoteo de la llegada de Judas, mandó por delante las mujeres, los niños y el resto de la impedimenta al sitio llamado Carnión; pues era un lugar inexpugnable y de acceso difícil, por la angostura de todos sus pasos.

22            En cuanto apareció, la primera, la cohorte de Judas, se apoderó de los enemigos el miedo y el temor al manifestarse ente ellos Aquél que todo lo ve, y se dieron a la fuga cada cual por su lado, de modo que muchas veces eran heridos por sus propios compañeros y atravesados por las puntas de sus espadas.

23            Judas seguía tenazmente en su persecución, acuchillando a aquellos criminales; llegó a matar hasta 30.000 hombres.

24            El mismo Timoteo cayó en manos de los hombres de Dositeo y Sosípatro; les instaba con mucha palabrería que le dejaran ir salvo, pues alegaba tener en su poder a parientes entre los cuales había hermanos de muchos de ellos, de cuya vida nadie se cuidaría.

25            Cuando él garantizó, después de muchas palabras, la determinación de restituirlos sanos y salvos, le dejaron libre con ánimo de liberar a sus hermanos.

26            Habiéndose dirigido al Carnión y al Atargateion, Judas dio muerte a 25.000 hombres.

27            Después de haber derrotado (y destruido) a estos enemigos, dirigió una expedición contra la ciudad fuerte de Efrón, donde habitaba Lisanias, con una multitud de toda estirpe. Jóvenes vigorosos, apostados ante las murallas, combatían con valor; en el interior había muchas reservas de máquinas de guerra y proyectiles.

28            Después de haber invocado al Señor que aplasta con energía las fuerzas de los enemigos, los judíos se apoderaron de la ciudad y abatieron por tierra a unos 25.000 de los que estaban dentro.

29            Partiendo de allí se lanzaron contra Escitópolis, ciudad que dista de Jerusalén sesenta estadios.

30            Pero como los judíos allí establecidos atestiguaron que los habitantes de la ciudad habían sido benévolos con ellos y les habían dado buena acogida en los tiempos de desgracia,

31            Judas y los suyos se lo agradecieron y les exhortaron a que también en lo sucesivo se mostraran bien dispuestos con su raza. Llegaron a Jerusalén en la proximidad de la fiesta de las Semanas.

32            Después de la fiesta llamada de Pentecostés, se lanzaron contra Gorgias, el estratega de Idumea.

33            Salió éste con 3.000 infantes y cuatrocientos jinetes,

34            y sucedió que cayeron algunos de los judíos que les habían presentado batalla.

35            Un tal Dositeo, jinete valiente, del cuerpo de los tubios, se apoderó de Gorgias, y agarrándole por la clámide, le arrastraba por la fuerza con el deseo de capturar vivo a aquel maldito; pero un jinete tracio se echó  sobre Dositeo, le cortó el hombro, y Gorgias huyó hacia Marisá.

36            Ante la fatiga de los hombres de Esdrías que llevaban mucho tiempo luchando, Judas suplicó al Señor que se mostrase  su aliado y su guía en el combate.

37            Entonó entonces en su lengua patria el grito de guerra y algunos himnos, irrumpió de improviso sobre las tropas  de Gorgias y las derrotó.

38            Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Al llegar el día séptimo, se purificaron según la costumbre y celebraron allí el sábado.

39            Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres.

40            Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que  la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.

41            Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas,

42            y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó  a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido.

43            Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio  por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección.

44            Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos;

45            mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento  santo y piadoso.

46            Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.

II Macabeos  13

1              El año 149, los hombres de Judas se enteraron de que Antíoco Eupátor marchaba sobre Judea con numerosas tropas,

2              y que con él venía Lisias, su tutor y encargado de los negocios, cada uno con un ejército griego de 110.000 infantes, 5.300 jinetes, veintidós elefantes y trescientos carros armados de hoces.

3              También Menelao se unió a ellos e incitaba muy taimadamente a Antíoco, no por salvar a su patria, sino con la idea  de establecerse en el poder.

4              Pero el Rey de reyes excitó la cólera de Antíoco contra aquel malvado; Lisias demostró al rey que aquel hombre  era el causante de todos los males, y Antíoco ordenó conducirle a Berea y darle allí muerte, según las  costumbres del lugar.

5              Hay en aquel lugar una torre de cincuenta codos, llena de ceniza, provista de un dispositivo giratorio, en pendiente por todos los lados hacia la ceniza.

6              Al reo de robo sacríleg o al que ha perpetrado algún otro crimen horrendo, lo suben allí y lo precipitan para su perdición.

7              Y sucedió que con tal suplicio murió aquel inicuo Menelao que ni siquiera tuvo la suerte de encontrar la tierra que le recibiera.

8              Y muy justamente fue así, pues, después de haber cometido muchos pecados contra el altar, cuyo fuego y ceniza eran sagrados, en la ceniza encontró la muerte.

9              Marchaba, pues, el rey embargado de bárbaros sentimientos, dispuesto a mostrar a los judíos peores cosas que las sucedidas en tiempo de su padre.

10            Al saberlo Judas mandó a la tropa que invocara al Señor día y noche, para que también en esta ocasión, como en otras, viniera en ayuda de los que estaban a punto de ser privados de la Ley, de la patria y del Templo santo,

11            y no permitiera que aquel pueblo, que todavía hacía poco había recobrado el ánimo, cayera en manos de gentiles de mala fama.

12            Una vez que todos juntos cumplieron la orden y suplicaron al Señor misericordioso con lamentaciones y ayunos y postraciones durante tres días seguidos, Judas les animó y les mandó que estuvieran preparados.

13            Después de reunirse en privado con los Ancianos, decidió que, antes que el ejército del rey entrara en Judea y se hiciera dueño de la ciudad, salieran los suyos para resolver la situación con el auxilio de Dios.

14            Judas, dejando la decisión al Creador del mundo, animó a sus hombres a combatir heroicamente hasta la muerte por la causa de las leyes, el Templo, la ciudad, la patria y las instituciones; y acampó en las cercanías de Modín.

15            Dio a los suyos como consigna «Victoria de Dios» y atacó de noche con lo más escogido de los jóvenes la tienda  del rey. Mató en el campamento a unos 2.000 hombres y los suyos hirieron al mayor de los elefantes junto con su conductor;

16            llenaron finalmente el campamento de terror y confusión, y se retiraron victoriosos

17            cuando el día despuntaba. Todo ello sucedió, gracias a la protección que el Señor había brindado a Judas.

18            El rey, que había probado ya la osadía de los judíos, intentó alcanzar las posiciones con estratagemas.

19            Se aproximó a Bet Sur, plaza fuerte de los judíos; pero fue rechazado, derrotado y vencido.

20            Judas hizo llegar a los de dentro lo que necesitaban.

21            Pero Rodoco, uno del ejército judío, revelaba los secretos a los enemigos; fue buscado, capturado y ejecutado.

22            El rey parlamentó por segunda vez con los de Bet Sur, dio y tomó la mano y luego se retiró. Atacó a las tropas de Judas, y fue vencido.

23            Supo entonces que Filipo, a quien había dejado en Antioquía al frente de los negocios, se había sublevado. Consternado, llamó a los judíos, se avino a sus deseos, y prestó juramento sobre todas las condiciones justas. Se reconcilió y ofreció un sacrificio, honró al santuario y se mostró generoso con el Lugar Santo.

24            Prestó buena acogida a Macabeo y dejó a Hegemónides como estratega desde Tolemaida hasta la región de los guerraínos.

25            Salió hacia Tolemaida; pero los habitantes de la ciudad estaban muy disgustados por este tratado: estaban en verdad indignados por los acuerdos, que ellos querían abolir.

26            Lisias entonces subió a la tribuna e hizo la mejor defensa que pudo; les convenció y calmó, y les dispuso a la benevolencia. Luego partió hacia Antioquía. Así sucedió con la expedición y la retirada del rey.

II Macabeos  14

1              Después de tres años de intervalo, los hombres de Judas supieron que Demetrio, hijo de Seleuco, había atracado en el puerto de Trípoli con un fuerte ejército y una flota,

2              y que se había apoderado de la región, después de haber dado muerte a Antíoco y a su tutor Lisias.

3              Un tal Alcimo, que antes había sido sumo sacerdote, pero que se había contaminado voluntariamente en tiempo de la rebelión, pensando que de ninguna forma había para él salvación ni acceso posible al altar sagrado,

4              fue al encuentro del rey Demetrio, hacia el año 151, y le ofreció una corona de oro, una palma, y además, los rituales ramos de olivo del Templo. Y por aquel día no hizo más.

5              Pero encontró una ocasión propicia para su demencia, al ser llamado por Demetrio a consejo y al ser preguntado sobre las disposiciones y designios de los judíos.

6              Respondió: «Los judíos llamados asideos, encabezados por Judas Macabeo, fomentan guerras y rebeliones, para no dejar que el reino viva en paz.

7              Por eso aunque despojado de mi dignidad ancestral, me refiero al sumo sacerdocio, he venido aquí

8              en primer lugar con verdadera preocupación por los intereses del rey, y en segundo lugar, con la mirada puesta en mis propios compatriotas, pues por la locura de los hombres que he mencionado, toda nuestra raza padece no pocos males.

9              Informado con detalle de todo esto, ¡oh rey!, mira por nuestro país y por nuestra nación por todas partes asediada, con esa accesible benevolencia que tienes para todos;

10            pues mientras Judas subsista, le es imposible al Estado alcanzar la paz.»

11            En cuanto él dijo esto, los demás amigos que sentían aversión hacia lo de Judas, se apresuraron a encender más el ánimo de Demetrio.

12            Designó inmediatamente a Nicanor, que había llegado a ser elefantarca, le nombró estratega de Judea y le envió

13            con órdenes de hacer morir a Judas, dispersar a todos sus hombres y restablecer a Alcimo como sumo sacerdote del más grande de los templos.

14            Los gentiles de Judea, fugitivos de Judas, se unieron en masa a Nicanor, imaginándose que las desgracias y reveses de los judíos serían sus propios éxitos.

15            Al tener noticia de la expedición de Nicanor y del asalto de los gentiles, esparcieron sobre sí polvo e imploraron a Aquél que por siempre había establecido a su pueblo y que siempre protegía a su propia heredad con sus manifestaciones.

16            Por orden de su jefe, salieron inmediatamente de allí y trabaron lucha con ellos junto al pueblo de Dessáu.

17            Simón, hermano de Judas, había entablado combate con Nicanor, pero, a causa de la repentina llegada de los enemigos, sufrió un ligero revés.

18            Pero con todo, Nicanor, al tener noticia de la bravura de los hombres de Judas y del valor con que combatían por su patria, temía resolver la situación por la sangre.

19            Por este motivo envió a Posidonio, Teodoto y Matatías para concertar la paz.

20            Después de maduro examen de las condiciones, el jefe se las comunicó a las tropas y, ante el parecer unánime, aceptaron el tratado.

21            Fijaron la fecha en que se reunirían los jefes en privado. Se adelantó un vehículo de cada lado y prepararon asientos.

22            Judas dispuso en lugares estratégicos hombres armados, preparados para el caso de que se produjera alguna repentina traición de parte enemiga. Tuvieron la entrevista en buen acuerdo.

23            Nicanor pasó algún tiempo en Jerusalén sin hacer nada inoportuno y despidió a las turbas que, en masa, se le habían reunido.

24            Siempre tenía a Judas consigo; sentía una cordial inclinación hacia este hombre.

25            Le aconsejó que se casara y tuviera descendencia. Judas se casó, vivió con tranquilidad, y disfrutó de la vida.

26            Alcimo, al ver la recíproca comprensión, se hizo con una copia del acuerdo concluido y se fue donde Demetrio. Le decía que Nicanor tenía sentimientos contrarios a los intereses del Estado, pues había designado como sucesor suyo a Judas, el conspirador contra el reino.

27            Fuera de sí el rey, excitado por las calumnias de aquel maligno, escribió a Nicanor comunicándole que estaba disgustado con el acuerdo y ordenándole que inmediatamente mandara encadenado a Macabeo a Antioquía.

28            Cuando Nicanor recibió la comunicación, quedó consternado, pues le desagradaba mucho tener que anular lo convenido, sin que hubiera cometido aquel hombre injusticia alguna.

29            Pero, como no era posible oponerse al rey, aguardaba la oportunidad de ejecutar la orden con alguna estratagema.

30            Cuando Macabeo, por su parte, notó que Nicanor se portaba más secamente con él y que le trataba con más frialdad en sus habituales relaciones, pensó que tal sequedad no procedía de las mejores disposiciones. Reunió a muchos de los suyos y procuró ocultarse de Nicanor.

31            Este otro, al darse cuenta de que aquel hombre le había vencido con nobleza, se presentó en el más grande y santo Templo en el momento en que los sacerdotes ofrecían los sacrificios rituales y les exigió que le entregaran a aquel hombre.

32            Aseguraron ellos con juramento que no sabían dónde estaba el hombre que buscaba.

33            Entonces él extendiendo la diestra hacia el santuario, hizo este juramento: «Si no me entregáis encadenado a Judas, arrasaré este recinto sagrado de Dios, destruiré el altar, y aquí mismo levantaré un espléndido Templo a Dióniso.»

34            Y, dicho esto, se fue. Los sacerdotes con las manos tendidas al cielo, invocaban a Aquél que sin cesar había combatido en favor de nuestra nación, diciendo:

35            «Tú, Señor, que nada necesitas, te has complacido en que el santuario de tu morada se halle entre nosotros.

36            También ahora, Señor santo de toda santidad, preserva siempre limpia de profanación esta Casa recién purificada.»

37            Razías, uno de los ancianos de Jerusalén, fue denunciado a Nicanor. Era hombre amante de sus conciudadanos, muy bien considerado, llamado por su buen corazón «Padre de los judíos»,

38            pues, en los tiempos que precedieron a la sublevación, había sido acusado de Judaísmo, y por el Judaísmo había expuesto cuerpo y vida con gran constancia.

39            Queriendo Nicanor hacer patente la hostilidad que le embargaba hacia los judíos, envió más de quinientos soldados para arrestarlo,

40            pues le parecía que arrestándole causaba un gran perjuicio a los judíos.

41            Cuando las tropas estaban a punto de apoderarse de la torre, forzando la puerta del patio y con orden de prender fuego e incendiar las puertas, Razías, acosado por todas partes, se echó sobre la espada.

42            Prefirió noblemente la muerte antes que caer en manos criminales y soportar afrentas indignas de su nobleza.

43            Pero, como por la precipitación del combate no había acertado al herirse y las tropas irrumpían puertas adentro, subió valerosamente a lo alto del muro y se precipitó con bravura sobre las tropas;

44            pero al retroceder éstas rápidamente, dejando un hueco, vino él a caer en medio del espacio libre.

45            Con aliento todavía y enardecido su ánimo, se levantó derramando sangre a torrentes; a pesar de las graves heridas, atravesó corriendo por entre las tropas, y se puso sobre una roca escarpada.

46            Ya completamente exangüe, se arrancó las entrañas y tomándolas con ambas manos, las arrojó contra las tropas. Y después de invocar al Dueño de la vida y del espíritu que otra vez se dignara devolvérselas, llegó de este modo al tránsito.

II Macabeos  15

1              Supo Nicanor que los hombres de Judas se hallaban en la región de Samaría y decidió atacarlos sin riesgo en el día del descanso.

2              Los judíos, que le acompañaban a la fuerza, le dijeron: «No mates así de modo tan salvaje y bárbaro; respeta y honra más bien el día que con preferencia ha sido santificado por Aquél que todo lo ve.»

3              Aquel hombre tres veces malvado preguntó si en el cielo había un Soberano que hubiera prescrito celebrar el día  del sábado.

4              Ellos le replicaron: «Es el mismo Señor que vive como Soberano en el cielo el que mandó observar el día séptimo.»

5              Entonces el otro dijo: «También yo soy soberano en la tierra: el que ordena tomar las armas y prestar servicio  al rey.» Sin embargo no pudo realizar su malvado designio.

6              Nicanor, jactándose con altivez, deliberaba erigir un trofeo común con los despojos de los hombres de Judas.

7              Macabeo, por su parte, mantenía incesantemente su confianza, con la entera esperanza de recibir ayuda de parte del Señor,

8              y exhortaba a los que le acompañaban a no temer el ataque de los gentiles, teniendo presentes en la mente los auxilios que antes les habían venido del Cielo, y a esperar también entonces la victoria que les habría de venir de parte del Todopoderoso.

9              Les animaba citando la Ley y los Profetas, y les recordaba los combates que habían llevado a cabo; así les infundía mayor ardor.

10            Después de haber levantado sus ánimos, les puso además de manifiesto la perfidia de los gentiles y la violación  de sus juramentos.

11            Armó a cada uno de ellos, no tanto con la seguridad de los escudos y las lanzas, como con la confianza de sus buenas palabras. Les refirió además un sueño digno de crédito, una especie de visión, que alegró a todos.

12            Su visión fue tal como sigue: Onías, que había sido sumo sacerdote, hombre bueno y bondadoso, afable, de suaves maneras, distinguido en su conversación, preocupado desde la niñez por la práctica de la virtud, suplicaba con las manos tendidas por toda la comunidad de los judíos.

13            Luego se apareció también un hombre que se distinguía por sus blancos cabellos y su dignidad, rodeado de admirable y majestuosa soberanía.

14            Onías había dicho: «Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo y por la ciudad santa, Jeremías, el profeta de Dios.»

15            Jeremías, tendiendo su diestra, había entregado a Judas una espada de oro, y al dársela había pronunciado estas palabras:

16            «Recibe, como regalo de parte de Dios, esta espada sagrada, con la que destrozarás a los enemigos.»

17            Animados por estas bellísimas palabras de Judas, capaces de estimular al valor y de robustecer las almas jóvenes, decidieron no resguardarse en la defensa, sino lanzarse valerosamente a la ofensiva y que, en un cuerpo  a cuerpo, la fortuna decidiera, porque peligraban la ciudad, la religión y el Templo.

18            En verdad que el cuidado por sus mujeres e hijos, por sus hermanos y parientes quedaba en segundo término; el primero y principal era por el Templo consagrado.

19            Igualmente para los que habían quedado en la ciudad no era menor la ansiedad, preocupados como estaban por el ataque en campo raso.

20            Todos aguardaban la decisión inmimente. Los enemigos se habían concentrado y el ejército se había alineado en orden de batalla. Los elefantes se habían situado en lugar apropiado y la caballería estaba dispuesta en las alas.

21            Entonces Macabeo, al observar la presencia de las tropas, la variedad de las armas preparadas y el fiero aspecto  de los elefantes, extendió las manos al cielo e invocó al Señor que hace prodigios, pues bien sabía que, no por medio de las armas, sino según su decisión, concede él la victoria a los que la merecen.

22            Decía su invocación de la siguiente forma: «Tú, Soberano, enviaste tu ángel a Ezequías, rey de Judá, que dio muerte a cerca de 185.000 hombres del ejército de Senaquerib;

23            ahora también, Señor de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para infundir el temor y el espanto.

24            ¡Que el poder de tu brazo hiera a los que han venido blasfemando a atacar a tu pueblo santo!» Así terminó sus palabras.

25            Mientras la gente de Nicanor avanzaba al son de trompetas y cantos de guerra,

26            los hombres de Judas entablaron combate con el enemigo entre invocaciones y plegarias.

27            Luchando con las manos, pero orando a Dios en su corazón, abatieron no menos de 35.000 hombres, regocijándose mucho por la manifestación de Dios.

28            Al volver de su empresa, en gozoso retorno, reconocieron a Nicanor caído, con su armadura.

29            Entre clamores y tumulto, bendecían al Señor en su lengua patria.

30            Entonces, el que en primera fila se había entregado, en cuerpo y alma, al bien de sus conciudadanos, el que había guardado hacia sus compatriotas los buenos sentimientos de su juventud, mandó cortar la cabeza de Nicanor y su brazo, hasta el hombro, y llevarlos a Jerusalén.

31            Llegado allí convocó a sus compatriotas, puso a los sacerdotes ante el altar y mandó buscar a los de la Ciudadela.

32            Les mostró la cabeza del abominable Nicanor y la mano que aquel infame había tendido insolentemente hacia la santa Casa del Todopoderoso;

33            y después de haber cortado la lengua del impío Nicanor, ordenó que se diera en trozos a los pájaros y que se colgara frente al santuario la paga de su insensatez.

34            Todos entonces levantaron hacia el cielo sus bendiciones en honor del Señor que se les había manifestado, diciendo: «Bendito el que ha conservado puro su Lugar Santo.»

35            La cabeza de Nicanor fue colgada de la Ciudadela, como señal manifiesta y visible para todos del auxilio del Señor.

36            Decretaron todos por público edicto no dejar pasar aquel día sin solemnizarlo, y celebrarlo el día trece del duodécino mes, llamado Adar en arameo, la víspera del Día de Mardoqueo.

37            Así pasaron los acontecimientos relacionados con Nicanor. Como desde aquella época la ciudad quedó en poder de los hebreos, yo también terminaré aquí mismo mi relato.

38            Si ha quedado bello y logrado en su composición, eso es lo que yo pretendía; si imperfecto y mediocre, he hecho  cuanto me era posible.

39               Como el beber vino solo o sola agua es dañoso, y en cambio, el vino mezclado con agua es agradable y de un gusto delicioso, igualmente la disposición grata del relato encanta los oídos de los que dan en leer la obra. Y aquí pongamos fin.

JOB

Job 1

1    Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.

2    Le habían nacido siete hijos y tres hijas.

3    Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy  numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente.

4    Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas  a comer y beber con ellos.

5    Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada  y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre.

6    El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

7    Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

8    Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!»

9    Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde?

10  ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país.

11  Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!»

12  Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh.

13  El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor,

14  vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos;

15  de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

16  Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas  y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

17  Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

18  Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor.

19  De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó  sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

20  Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra,

21  dijo:          «Desnudo salí del seno de mi madre,          desnudo allá retornaré.      Yahveh dio, Yahveh quitó:          ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!»

22  En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Job 2

1    El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

2    Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

3    Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle.»

4    Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida!

5    Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!»

6    Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida.»

7    El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta  la coronilla de la cabeza.

8    Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura.

9    Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»

10  Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En  todo esto no pecó Job con sus labios.

11  Tres amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido, y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat. Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle.

12  Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza.

13  Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque  veían que el dolor era muy grande.

Job 3

1    Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día.

2    Tomó Job la palabra y dijo:

3    ¡Perezca el día en que nací,          y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!»

4    El día aquel hágase tinieblas,          no lo requiera Dios desde lo alto,          ni brille sobre él la luz.

5    Lo reclamen tinieblas y sombras,          un nublado se cierna sobre él,          lo estremezca un eclipse.

6    Sí, la oscuridad de él se apodere,          no se añada a los días del año,          ni entre en la cuenta de los meses.

7    Y aquella noche hágase inerte,          impenetrable a los clamores de alegría.

8    Maldíganla los que maldicen el día,          los dispuestos a despertar a Leviatán.

9    Sean tinieblas las estrellas de su aurora,          la luz espere en vano,          y no vea los párpados del alba.

10  Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba,          ni ocultó a mis ojos el dolor.

11  ¿Por qué no morí cuando salí del seno,          o no expiré al salir del vientre?

12  ¿Por qué me acogieron dos rodillas?          ¿por qué hubo dos pechos para que mamara?

13  Pues ahora descansaría tranquilo,          dormiría ya en paz,

14  con los reyes y los notables de la tierra,          que se construyen soledades;

15  o con los príncipes que poseen oro          y llenan de plata sus moradas.

16  O ni habría existido, como aborto ocultado,          como los fetos que no vieron la luz.

17  Allí acaba la agitación de los malvados,          allí descansan los exhaustos.

18  También están tranquilos los cautivos,          sin oír más la voz del capataz.

19  Chicos y grandes son allí lo mismo,          y el esclavo se ve libre de su dueño.

20  ¿Para qué dar la luz a un desdichado,          la vida a los que tienen amargada el alma,

21  a los que ansían la muerte que no llega          y excavan en su búsqueda más que por un tesoro,

22  a los que se alegran ante el túmulo          y exultan cuando alcanzan la tumba,

23  a un hombre que ve cerrado su camino,          y a quien Dios tiene cercado?

24  Como alimento viene mi suspiro,          como el agua se derraman mis lamentos.

25  Porque si de algo tengo miedo, me acaece,          y me sucede lo que temo.

26  No hay para mí tranquilidad ni calma,          no hay reposo: turbación es lo que llega.

Job 4

1    Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2    Si se intentara hablarte, ¿lo soportarías?      Pero ¿quién puede contener sus palabras?

3    Mira, tú dabas lección a mucha gente,          infundías vigor a las manos caídas;

4    tus razones sostenían al que vacilaba,          robustecías las rodillas endebles.

5    Y ahora que otro tanto te toca, te deprimes,          te alcanza el golpe a ti, y todo te turbas.

6    ¿No es tu confianza la piedad,          y tu esperanza tu conducta intachable?

7    ¡Recuerda! ¿Qué inocente jamás ha perecido?          ¿dónde han sido los justos extirpados?

8    Así lo he visto: los que labran maldad          y siembran vejación, eso cosechan.

9    Bajo el aliento de Dios perecen éstos,          desaparecen al soplo de su ira.

10  Ruge el león, brama la leona,          mas los dientes de los leoncillos quedan rotos.

11  Perece el león falto de presa,          y los cachorros de la leona se dispersan.

12  A mí se me ha dicho furtivamente una palabra,          mi oído ha percibido su susurro.

13  En las pesadillas por las visiones de la noche,          cuando a los hombres el letargo invade,

14  un temblor me entró, un escalofrío,          que estremeció todos mis huesos…

15  Se escurre un soplo por mi rostro,          eriza los pelos de mi carne.

16  Alguien surge… no puedo reconocer su cara;          una imagen delante de mis ojos.      Silencio…, después oigo una voz:

17  «¿Es justo ante Dios algún mortal?          ¿ante su Hacedor es puro un hombre?

18  Si no se fía de sus mismos servidores,          y aun a sus ángeles achaca desvarío,

19  ¡cuánto más a los que habitan estas casas de arcilla,          ellas mismas hincadas en el polvo!      Se les aplasta como a una polilla;

20  de la noche a la mañana quedan pulverizados.      Para siempre perecen sin advertirlo nadie;

21  se les arranca la cuerda de su tienda,          y mueren privados de sabiduría.»

Job 5

1    ¡Llama, pues! ¿Habrá quien te responda?          ¿a cuál de los santos vas a dirigirte?

2    En verdad el enojo mata al insensato,          la pasión hace morir al necio.

3    Yo mismo he visto al insensato echar raíces,          y sin tardar he maldecido su morada:

4    ¡Estén sus hijos lejos de toda salvación,          sin defensor hollados en la Puerta!

5    Su cosecha la devora un hambriento,          pues Dios se la quita de los dientes,          y los sedientos absorben su fortuna.

6    No, no brota la iniquidad el polvo,          ni germina del suelo la aflicción.

7    Es el hombre quien la aflicción engendra,          como levantan el vuelo los hijos del relámpago.

8    Yo por mí a Dios recurriría,          expondría a Dios mi causa.

9    El es autor de obras grandiosas e insondables,          de maravillas sin número.

10  El derrama la lluvia sobre la haz de la tierra,          y envía las aguas a los campos.

11  Para poner en alto a los postrados,          y que los míseros a la salud se eleven,

12  las tramas de los astutos desbarata,          y sus manos no logran sus intrigas.

13  Prende a los sabios en su astucia,          el consejo de los sagaces se hace ciego.

14  En pleno día tropiezan con tinieblas,          a mediodía van a tientas cual si fuese de noche.

15  El salva al arruinado de sus fauces          y al indigente de las manos del violento.

16  Así el débil renace a la esperanza,          y cierra su boca la injusticia.

17  ¡Oh sí, feliz el hombre a quien corrige Dios!          ¡No desprecies, pues, la lección de Sadday!

18  Pues él es el que hiere y el que venda la herida,          el que llaga y luego cura con su mano;

19  seis veces ha de librarte de la angustia,          y a la séptima el mal no te alcanzará.

20  Durante el hambre te salvará de la muerte,          y en la guerra, del alcance de la espada.

21  Estarás a cubierto del punzón de la lengua,          sin miedo a la devastación, cuando se acerque.

22  Te reirás de la sequía y de la helada,          y no temerás a las bestias de la tierra.

23  Pues con las piedras del campo harás alianza,          la bestia salvaje vivirá en paz contigo.

24  Sabrás que tu tienda está a cubierto,          nada echarás en falta cuando revises tu morada.

25  Sabrás que tu descendencia es numerosa,          tus vástagos, como la hierba de la tierra.

26  Llegarás a la tumba vigoroso,          como se hacinan las gavillas a su tiempo.

27  Todo esto es lo que hemos observado: y así es.      A ti te toca escuchar y aprovecharte.

Job 6

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    ¡Ah, si pudiera pesarse mi aflicción,          si mis males se pusieran en la balanza juntos!

3    Pesarían más que la arena de los mares:          por eso mis razones se desmandan.

4    Pues las flechas de Sadday están en mí,          mi espíritu bebe su veneno,          y contra mí se alinean los terrores de Dios.

5    ¿Rozna el onagro junto a la hierba verde?          ¿muge el buey junto al forraje?

6    ¿Se come acaso lo insípido sin sal?          en la clara del huevo ¿hay algún gusto?

7    Lo que aun tocar me repugnaba          eso es ahora mi comida de enfermo.

8    ¡Ojalá se realizara lo que pido,          que Dios cumpliera mi esperanza,

9    que él consintiera en aplastarme,          que soltara su mano y me segara!

10  Tendría siquiera este consuelo,          exultaría de gozo en mis tormentos crueles,          por no haber eludido los decretos del Santo.

11  ¿Cuál es mi fuerza para que aún espere,          qué fin me espera para que aguante mi alma?

12  ¿Es mi fuerza la fuerza de la roca?          ¿es mi carne de bronce?

13  ¿No está mi apoyo en una nada?          ¿no se me ha ido lejos toda ayuda?

14  El que retira la compasión al prójimo          abandona el temor de Sadday.

15  Me han defraudado mis hermanos lo mismo que un torrente,          igual que el lecho de torrentes que pasan:

16  turbios van de aguas de hielo,          sobre ellos se disuelve la nieve;

17  pero en tiempo de estiaje se evaporan,          en cuanto hace calor se extinguen en su lecho.

18  Por ellos las caravanas se apartan de su ruta,          en el desierto se adentran y se pierden.

19  Las caravanas de Temá los otean,          en ellos esperan los convoyes de Sabá.

20  Pero se ve corrida su confianza;          al llegar junto a ellos se quedan confundidos.

21  Así sois ahora vosotros para mí:          veis algo horrible y os amedrentáis.

22  ¿He dicho acaso: «Dadme algo,          haced regalos por mí de vuestros bienes;

23  arrancadme de la mano de un rival,          de la mano de tiranos rescatadme?»

24  Instruidme, que yo me callaré;          hacedme ver en qué me he equivocado.

25  ¡Qué dulces son las razones ecuánimes!,          pero, ¿qué es lo que critican vuestras críticas?

26  ¿Intentáis criticar sólo palabras,          dichos desesperados que se lleva el viento?

27  ¡Vosotros echáis a suerte al mismo huérfano,          especuláis con vuestro propio amigo!

28  Y ahora, por favor, volveos a mí,          que no he de mentiros a la cara.

29  ¡Tornad, pues, que no haya entuerto!          ¡Tornad, que está en juego mi justicia!

30  ¿Hay entuerto en mis labios?          ¿no distingue mi paladar las cosas malas?

Job 7

1    ¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra?          ¿no son jornadas de mercenario sus jornadas?

2    Como esclavo que suspira por la sombra,          o como jornalero que espera su salario,

3    así meses de desencanto son mi herencia,          y mi suerte noches de dolor.

4    Al acostarme, digo: «¿Cuándo llegará el día?»      Al levantarme: «¿Cuándo será de noche?»,          y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos.

5    Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas,          mi piel se agrieta y supura.

6    Mis días han sido más raudos que la lanzadera,          han desaparecido al acabarse el hilo.

7    Recuerda que mi vida es un soplo,          que mis ojos no volverán a ver la dicha.

8    El ojo que me miraba ya no me verá,          pondrás en mí tus ojos y ya no existiré.

9    Una nube se disipa y pasa,          así el que baja al seol no sube más.

10  No regresa otra vez a su casa,          no vuelve a verle su lugar.

11  Por eso yo no he de contener mi boca,          hablaré en la angustia de mi espíritu,          me quejaré en la amargura de mi alma.

12  ¿Acaso soy yo el Mar, soy el monstruo marino,          para que pongas guardia contra mí?

13  Si digo: «Mi cama me consolará,          compartirá mi lecho mis lamentos»,

14  con sueños entonces tú me espantas,          me sobresaltas con visiones.

15  ¡Preferiría mi alma el estrangulamiento,          la muerte más que mis dolores!

16  Ya me disuelvo, no he de vivir por siempre;          ¡déjame ya; sólo un soplo son mis días!

17  ¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes,          para que pongas en él tu corazón,

18  para que le escrutes todas las mañanas          y a cada instante le escudriñes?

19  ¿Cuándo retirarás tu mirada de mí?          ¿no me dejarás ni el tiempo de tragar saliva?

20  Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti,          oh guardián de los hombres?          ¿Por qué me has hecho blanco tuyo?          ¿Por qué te sirvo de cuidado?

21  ¿Y por qué no toleras mi delito          y dejas pasar mi falta?      Pues ahora me acostaré en el polvo,          me buscarás y ya no existiré.

Job 8

1    Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2    ¿Hasta cuándo estarás hablando de ese modo,          y un gran viento serán las razones de tu boca?

3    ¿Acaso Dios tuerce el derecho,      Sadday pervierte la justicia?

4    Si tus hijos pecaron contra él,          ya los dejó a merced de sus delitos.

5    Mas si tú a Dios recurres          e imploras a Sadday,

6    si eres irreprochable y recto,          desde ahora él velará sobre ti          y restaurará tu morada de justicia.

7    Tu pasado parecerá insignificante          el lado de tu espléndido futuro.

8    Pregunta, si no, a la generación pasada,          medita en la experiencia de sus padres.

9    Nosotros de ayer somos y no sabemos nada,          como una sombra nuestros días en la tierra.

10  Pero ellos te instruirán y te hablarán,          y de su corazón sacarán estas máximas:

11  «¿Brota acaso el papiro sin marismas?          ¿Crece sin agua el junco?

12  Aún en su verdor, sin ser cortado,          antes que toda otra hierba se marchita.

13  Tal es el fin de los que a Dios olvidan,          así fenece la esperanza del impío.

14  Su confianza es un hilo solamente,          su seguridad una tela de araña.

15  Se apoya en su morada, y no le aguanta,          se agarra a ella y no resiste.

16  Bien regado ante la faz del sol,          por encima de su huerto salían sus renuevos.

17  Sobre un majano entrelazadas sus raíces,          vivía en una casa de piedra.

18  Mas cuando se le arranca de su sitio,          éste le niega: “¡No te he visto jamás!”

19  Y vedle ya cómo se pudre en el camino,          mientras que del suelo brotan otros.»

20  No, Dios no rechaza al íntegro,          ni da la mano a los malvados.

21  La risa ha de llenar aún tu boca          y tus labios el clamor de júbilo.

22  Tus enemigos serán cubiertos de vergüenza,          y desaparecerá la tienda de los malos.

Job 9

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    Bien sé yo, en verdad, que es así:          ¿cómo ante Dios puede ser justo un hombre?

3    A quien pretenda litigar con él,          no le responderá ni una vez entre mil.

4    Entre los más sabios, entre los más fuertes,          ¿quién le hizo frente y salió bien librado?

5    El traslada los montes sin que se den cuenta,          y los zarandea en su furor.

6    El sacude la tierra de su sitio,          y se tambalean sus columnas.

7    A su veto el sol no se levanta,          y pone un sello a las estrellas.

8    El solo desplegó los Cielos,          y holló la espalda de la Mar.

9    El hizo la Osa y Orión,          las Cabrillas y las Cámaras del Sur.

10  Es autor de obras grandiosas, insondables,          de maravillas sin número.

11  Si pasa junto a mí, yo no le veo,          si se desliza, no le advierto.

12  Si en algo hace presa, ¿quién le estorbará?          ¿quién le dirá: «¿Qué es lo que haces?»

13  Dios no cede en su cólera:          bajo él quedan postrados los esbirros de Ráhab.

14  ¡Cuánto menos podré yo defenderme          y rebuscar razones frente a él!

15  Aunque tuviera razón, no hallaría respuesta,          ¡a mi juez tendría que suplicar!

16  Y aunque le llame y me responda,          aún no creo que escuchará mi voz.

17  ¡El, que me aplasta por un pelo,          que multiplica sin razón mis heridas,

18  y ni aliento recobrar me deja,          sino que me harta de amargura!

19  Si se trata de fuerza, ¡es él el Poderoso!      Si de justicia, ¿quién le emplazará?

20  Si me creo justo, su boca me condena,          si intachable, me declara perverso.

21  ¿Soy intachable? ¡Ni yo mismo me conozco,          y desprecio mi vida!

22  Pero todo da igual, y por eso digo:          él extermina al intachable y al malvado.

23  Si un azote acarrea la muerte de improviso,          él se ríe de la angustia de los inocentes.

24  En un país sujeto al poder de un malvado,          él pone un velo en el rostro de sus jueces:          si no es él, ¿quién puede ser?

25  Mis días han sido más raudos que un correo,          se han ido sin ver la dicha.

26  Se han deslizado lo mismo que canoas de junco,          como águila que cae sobre la presa.

27  Si digo: «Voy a olvidar mis quejas,          mudaré de semblante para ponerme alegre»,

28  me asalta el temor de todos mis pesares,          pues sé que tú no me tendrás por inocente.

29  Y si me he hecho culpable,          ¿para qué voy a fatigarme en vano?

30  Aunque me lave con jabón,          y limpie mis manos con lejía,

31  tú me hundes en el lodo,          y mis propios vestidos tienen horror de mí.

32  Que él no es un hombre como yo, para que le responda,          para comparecer juntos en juicio.

33  No hay entre nosotros árbitro          que ponga su mano entre los dos,

34  y que de mí su vara aparte          para que no me espante su terror.

35  Pero hablaré sin temerle,          pues yo no soy así para mí mismo.

Job 10

1    Asco tiene mi alma de mi vida:          derramaré mis quejas sobre mí,          hablaré en la amargura de mi alma.

2    Diré a Dios: ¡No me condenes,          hazme saber por qué me enjuicias!

3    ¿Acaso te está bien mostrarte duro,          menospreciar la obra de tus manos,          y el plan de los malvados avalar?

4    ¿Tienes tú ojos de carne?          ¿Como ve un mortal, ves tú?

5    ¿Son tus días como los de un mortal?          ¿tus años como los días de un hombre?,

6    ¡para que andes rebuscando mi falta,          inquiriendo mi pecado,

7    aunque sabes muy bien que yo no soy culpable,          y que nadie puede de tus manos librar!

8    Tus manos me formaron, me plasmaron,          ¡y luego, en arrebato, quieres destruirme!

9    Recuerda que me hiciste como se amasa el barro,          y que al polvo has de devolverme.

10  ¿No me vertiste como leche          y me cuajaste como queso?

11  De piel y de carne me vestiste          y me tejiste de huesos y de nervios.

12  Luego con la vida me agraciaste          y tu solicitud cuidó mi aliento.

13  Y algo más todavía guardabas en tu corazón,          sé lo que aún en tu mente quedaba:

14  el vigilarme por si peco.          y no verme inocente de mi culpa.

15  Si soy culpable, ¡desgraciado de mí!          y si soy inocente, no levanto la cabeza,          ¡yo saturado de ignominia, borracho de aflicción!

16  Y si la levanto, como un león me das caza,          y repites tus proezas a mi costa.

17  Contra mí tu hostilidad renuevas,          redoblas tu saña contra mí; sin tregua me asaltan tus             tropas de relevo.

18  ¿Para qué me sacaste del seno?      Habría muerto sin que me viera ningún ojo;

19  sería como si no hubiera existido,          del vientre se me habría llevado hasta la tumba.

20  ¿No son bien poco los días de mi existencia?      Apártate de mí para gozar de un poco de consuelo,

21  antes que me vaya, para ya no volver,          a la tierra de tinieblas y de sombra,

22  tierra de oscuridad y de desorden,          donde la misma claridad es como la calígine.

Job 11

1    Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2    ¿No habrá respuesta para el charlatán?          ¿por ser locuaz se va a tener razón?

3    ¿Tu palabrería hará callar a los demás?          ¿te mofarás sin que nadie te confunda?

4    Tú has dicho: «Es pura mi conducta,          a tus ojos soy irreprochable.»

5    ¡Ojalá Dios hablara,          que abriera sus labios para responderte

6    y te revelara los arcanos de la Sabiduría          que desconciertan toda sagacidad!      Sabrías entonces que Dios olvida aún parte de tu culpa.

7    ¿Pretendes alcanzar las honduras de Dios,          llegar hasta la perfección de Sadday?

8    Más alta es que los cielos: ¿qué harás tú?          más honda que el seol: ¿qué puedes tú saber?

9    Más larga que la tierra su amplitud,          y más ancha que el mar.

10  Si él interviene, encarcela y cita a juicio,          ¿quién se lo impedirá?

11  Porque él conoce a los hombres de engaño,          ve la iniquidad y atiende a ella.

12  El insensato se hará cuerdo          cuando un pollino de onagro nazca hombre.

13  Pero si tú tu corazón arreglas          y tiendes tus palmas hacia él,

14  si alejas la iniquidad que hay en tu mano          y no dejas que more en tus tiendas la injusticia,

15  entonces alzarás tu frente limpia,          te sentirás firme y sin temor.

16  Dejarás tu infortunio en el olvido          como agua pasada lo recordarás.

17  Y más radiante que el mediodía surgirá tu existencia,          como la mañana será la oscuridad.

18  Vivirás seguro porque habrá esperanza,          aun después de confundido te acostarás tranquilo.

19  Cuando descanses, nadie te turbará,          y adularán muchos tu rostro.

20  Mas los ojos de los malvados languidecen,          todo refugio les fracasa;          su esperanza es el último suspiro.

Job 12

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    En verdad, vosotros sois el pueblo,          con vosotros la Sabiduría morirá.

3    Yo también sé pensar como vosotros,          no os cedo en nada:          ¿a quién se le ocultan esas cosas?

4    La irrisión de su amigo, eso soy yo,          cuando grito hacia Dios para obtener repuesta.          ¡Irrisión es el justo perfecto!

5    «¡Al infortunio, el desprecio! - opinan los dichosos -;          ¡un golpe más a quien vacila!»

6    Mientras viven en paz las tiendas de los salteadores,          en plena seguridad los que irritan a Dios,          los que meten a Dios en su puño!

7    Pero interroga a las bestias, que te instruyan,          a las aves del cielo, que te informen.

8    Te instruirán los reptiles de la tierra,          te enseñarán los peces del mar.

9    Pues entre todos ellos, ¿quién ignora          que la mano de Dios ha hecho esto?

10  El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente          y el soplo de toda carne de hombre.

11  ¿No es el oído el que aprecia los discursos,          como el paladar saborea los manjares?

12  ¿No está entre los ancianos el saber,          en los muchos años la inteligencia?

13  Pero con él sabiduría y poder,          de él la inteligencia y el consejo.

14  Si él destruye, no se puede edificar;          si a alguno encierra, no se puede abrir.

15  Si retiene las aguas, sobreviene sequía,          si las suelta, avasallan la tierra.

16  Con él la fuerza y la agudeza;          suyos  son seducido y seductor.

17  A los consejeros hace él andar descalzos,          y entontece a los jueces.

18  Desata la banda de los reyes          y les pasa una soga por los lomos.

19  Hace andar descalzos a los sacerdotes          y derriba a los que están más firmes.

20  Quita el habla a los más hábiles          y a los ancianos arrebata el juicio.

21  Sobre los nobles vierte el menosprecio          y  suelta la correa de los fuertes.

22  Revela la profundidad de las tinieblas,          y saca a la luz la sombra.

23  Levanta a las naciones y luego las destruye,          ensancha a los pueblos y luego los suprime.

24  Quita el ánimo a los jefes del país,          los hace vagar por desierto sin camino;

25  y andan a tientas en tinieblas, sin luz,          se tambalean como un ebrio.

Job 13

1    ¡Oh!, mis ojos han visto todo esto,          mis orejas lo han oído y entendido.

2    Sí, yo lo sé tan bien como vosotros,          no os cedo en nada.

3    Pero es a Sadday a quien yo hablo,          a Dios quiero hacer mis réplicas.

4    Vosotros no sois más que charlatanes,          curanderos todos de quimeras.

5    ¡Oh, si os callarais la boca!          sería eso vuestra sabiduría.

6    Oíd mis descargos, os lo ruego,          atended a la defensa de mis labios.

7    ¿En defensa de Dios decís falsía,          y por su causa razones mentirosas?

8    ¿Así lucháis en su favor          y de Dios os hacéis abogados?

9    ¿No convendría que él os sondease?          ¿Jugaréis con él como se juega con un hombre?

10  El os dará una severa corrección,          si en secreto hacéis favor a alguno.

11  ¿Su majestad no os sobrecoge,          no os impone su terror?

12  Máximas de ceniza son vuestras sentencias,          vuestras réplicas son réplicas de arcilla.

13  ¡Dejad de hablarme, porque voy a hablar yo,          venga lo que viniere!

14  Tomo mi carne entre mis dientes,          pongo mi alma entre mis manos.

15  El me puede matar: no tengo otra esperanza          que defender mi conducta ante su faz.

16  Y esto mismo será mi salvación,          pues un impío no comparece en su presencia.

17  Escuchad, escuchad mis palabras,          prestad oído a mis declaraciones.

18  Mirad: un proceso he preparado,          consciente de que tengo razón.

19  ¿Quién es el que quiere litigar conmigo?          ¡Pues desde ahora acepto callar y perecer!

20  Sólo dos cosas te pido que me ahorres,          y no me esconderé de tu presencia:

21  que retires tu mano que pesa sobre mí,          y no me espante tu terror.

22  Arguye tú y yo responderé;          o bien yo hablaré y tú contestarás.

23  ¿Cuántas son mis faltas y pecados?          ¡Mi delito, mi pecado, házmelos saber!

24  ¿Por qué tu rostro ocultas          y me tienes por enemigo tuyo?

25  ¿Quieres asustar a una hoja que se lleva el viento,          perseguir una paja seca?

26  Pues escribes contra mí amargos fallos,          me imputas las faltas de mi juventud;

27  pones mis pies en cepos,          vigilas mis pasos todos          y mides la huella de mis pies.

28  Y él se deshace cual leño carcomido,          como vestido que roe la polilla,

Job 14

1    el hombre, nacido de mujer,          corto de días y harto de tormentos.

2    Como la flor, brota y se marchita,          y huye como la sombra sin pararse.

3    ¡Y sobre un ser tal abres tú los ojos,          le citas a juicio frente a ti!

4    Mas ¿quién podrá sacar lo puro de lo impuro?          ¡Ninguno!

5    Si es que están contados ya sus días,          si te es sabida la cuenta de sus meses,          si un límite le has fijado que no franqueará,

6    aparta de él tus ojos, déjale,          hasta que acabe, como un jornalero, su jornada.

7    Una esperanza guarda el árbol:          si es cortado, aún puede retoñar,          y no dejará de echar renuevos.

8    Incluso con raíces en tierra envejecidas,          con un tronco que se muere en el polvo,

9    en cuanto siente el agua, reflorece          y echa ramaje como una planta joven.

10  Pero el hombre que muere queda inerte,          cuando un humano expira, ¿dónde está?

11  Podrán agotarse las aguas del mar,          sumirse los ríos y secarse,

12  que el hombre que yace no se levantará,          se gastarán los cielos antes que se despierte,          antes que surja de su sueño.

13  ¡Ojalá en el seol tú me guardaras,          me escondieras allí mientras pasa tu cólera,          y una tregua me dieras, para acordarte de mí luego

14  - pues, muerto el hombre, ¿puede revivir? -          todos los días de mi milicia esperaría,          hasta que llegara mi relevo!

15  Me llamarías y te respondería;          reclamarías la obra de tus manos.

16  En lugar de contar mi pasos, como ahora,          no te cuidarías más de mis pecados;

17  dentro de un saco se sellaría mi delito,          y blanquearías mi falta.

18  Ay, como el monte acabará por derrumbarse,          la roca cambiará de sitio,

19  las aguas desgastarán las piedras,          inundará una llena los terrenos,          así aniquilas tú la esperanza del hombre.

20  Le aplastas para siempre, y se va,          desfiguras su rostro y le despides.

21  Que sean honrados sus hijos, no lo sabe;          que sean despreciados, no se entera.

22  Tan solo por él sufre su carne,          sólo por él se lamenta su alma.

Job 15

1    Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2    ¿Responde un sabio con una ciencia de aire,          hincha su vientre de solano,

3    replicando con palabras vacías,          con discursos inútiles?

4    ¡Tú llegas incluso a destruir la piedad,          a anular los piadosos coloquios ante Dios!

5    Ya que tu culpa inspira tus palabras,          y eliges el hablar de los astutos,

6    tu propia boca te condena, que no yo,          tus mismos labios atestiguan contra ti.

7    ¿Has nacido tú el primero de los hombres?          ¿Se te dio a luz antes que a las colinas?

8    ¿Escuchas acaso los secretos de Dios?          ¿acaparas la sabiduría?!

9    ¿Qué sabes tú, que nosotros no sepamos?          ¿qué comprendes, que a nosotros se escape?

10  ¡También entre nosotros hay un cano, un anciano,          más cargado de días que tu padre!

11  ¿Te parecen poco los consuelos divinos,          y una palabra que con dulzura se te dice?

12  ¡Cómo te arrebata el corazón,          qué aviesos son tus ojos,

13  cuando revuelves contra Dios tu furia          y echas palabras por la boca!

14  ¿Cómo puede ser puro un hombre?          ¿cómo ser justo el nacido de mujer?

15  Si ni en sus santos tiene Dios confianza,          y ni los cielos son puros a sus ojos,

16  ¡cuánto menos un ser abominable y corrompido,          el hombre, que bebe la iniquidad como agua!

17  Voy a instruirte, escúchame,          voy a contarte lo que he visto,

18  lo que transmiten los sabios,          sin pasar por alto nada de sus padres,

19  - a ellos solos les fue dada la tierra,          sin que se mezclara extranjero entre ellos -:

20  «Todos sus días vive el malvado en tormento,          contados están los años asignados al tirano.

21  Grito de espanto resuena en sus oídos,          en plena paz el bandido le asalta.

22  No espera escapar a las tinieblas,          y se ve destinado a la espada.

23  Asignado como pasto de los buitres,          sabe que su ruina es inminente.      La hora de las tinieblas

24  le espanta,          la ansiedad y la angustia le invaden,          como un rey pronto al asalto.

25  ¡Alzaba él su mano contra Dios,          se atrevía a retar a Sadday!

26  Embestía contra él, el cuello tenso,          tras las macizas gibas de su escudo;

27  porque tenía el rostro cubierto de grasa,          en sus ijadas había echado sebo,

28  y habitaba ciudades destruidas,          casas inhabitadas          que amenazaban convertirse en ruinas.

29  No se enriquecerá, no será estable su fortuna,          su sombra no cubrirá la tierra,

30  (ni escapará a las tinieblas).      Agotará sus renuevos la llama,          su flor será barrida por el viento.

31  No se fíe de su elevada talla,          pues vanidad es su follaje.

32  Se amustiará antes de tiempo,          y sus ramas no reverdecerán.

33  Sacudirá como la viña sus agraces,          como el olivo dejará caer su flor.

34  Sí, es estéril la ralea del impío,          devora el fuego la tienda del soborno.

35  Quien concibe dolor, desgracia engendra,          su vientre incuba decepción»

Job 16

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    ¡He oído muchas cosas como ésas!          ¡Consoladores funestos sois todos vosotros!

3    «¿No acabarán esas palabras de aire?»      O: «¿qué es lo que te pica para responder?»

4    También yo podría hablar como vosotros,          si estuvierais en mi lugar;          contra vosotros ordenaría discursos,          meneando por vosotros mi cabeza;

5    os confortaría con mi boca,          y no dejaría de mover los labios.

6    Mas si hablo, no cede mi dolor,          y si callo, ¿acaso me perdona?

7    Ahora me tiene ya extenuado;          tú has llenado de horror a toda la reunión

8    que me acorrala;          mi calumniador se ha hecho mi testigo,          se alza contra mí, a la cara me acusa;

9    su furia me desgarra y me persigue,          rechinando sus dientes contra mí.      Mis adversarios aguzan sobre mí sus ojos,

10  abren su boca contra mí.      Ultrajándome hieren mis mejillas,          a una se amotinan contra mí.

11  A injustos Dios me entrega,          me arroja en manos de malvados.

12  Estaba yo tranquilo cuando él me golpeó,          me agarró por la nuca para despedazarme.      Me ha hecho blanco suyo:

13  me cerca con sus tiros,          traspasa mis entrañas sin piedad          y derrama por tierra mi hiel.

14  Abre en mí brecha sobre brecha,          irrumpe contra mí como un guerrero.

15  Yo he cosido un sayal sobre mi piel,          he hundido mi frente en el polvo.

16  Mi rostro ha enrojecido por el llanto,          la sombra mis párpados recubre.

17  Y eso que no hay en mis manos violencia, y mi oración es pura.

18  ¡Tierra, no cubras tú mi sangre,          y no quede en secreto mi clamor!

19  Ahora todavía está en los cielos mi testigo,          allá en lo alto está mi defensor,

20  que interpreta ante Dios mis pensamientos;          ante él fluyen mis ojos:

21  ¡Oh, si él juzgara entre un hombre y Dios,          como entre un mortal y otro mortal!

22  Pues mis años futuros son contados,          y voy a emprender el camino sin retorno.

Job 17

1    Mi aliento se agota, mis días se apagan          sólo me queda el cementerio.

2    ¿No estoy a merced de las burlas,          y en amarguras pasan mis ojos las noches?

3    Coloca, pues, mi fianza junto a ti,          ¿quién, si no, querrá chocar mi mano?

4    Tú has cerrado su mente a la razón,          por eso ninguna mano se levanta

5    Como el que anuncia a sus amigos un reparto,          cuando languidecen los ojos de sus hijos,

6    me he hecho yo proverbio de las gentes,          alguien a quien escupen en la cara.

7    Mis ojos se apagan de pesar,          mis miembros se desvanecen como sombra.

8    Los hombres rectos quedan de ello asombrados,          contra el impío se indigna el inocente;

9    el justo se afianza en su camino,          y el de manos puras redobla su energía.

10  Pero, vosotros todos, volved otra vez,          ¡no hallaré un solo sabio entre vosotros!

11  Mis días han pasado con mis planes,          se han deshecho los deseos de mi corazón.

12  Algunos hacen de la noche día:          se acercaría la luz que ahuyenta las tinieblas.

13  Mas ¿qué espero? Mi casa es el seol,          en las tinieblas extendí mi lecho.

14  Y grito a la fosa: «¡Tú mi padre!»,          a los gusanos: «¡Mi madre y mis hermanos!»

15  ¿Dónde está, pues, mi esperanza?          y mi felicidad ¿quién la divisa?

16  ¿Van a bajar conmigo hasta el seol?          ¿Nos hundiremos juntos en el polvo?

Job 18

1    Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2    ¿Cuándo pondréis freno a las palabras?      Reflexionad, y después hablaremos.

3    ¿Por qué hemos de ser tenidos como bestias,          y a vuestros ojos somos impuros?

4    Oh tú, que te desgarras en tu cólera,          ¿la tierra acaso quedará por ti desierta,          se moverá la roca de su sitio?

5    Sí, la luz del malvado ha de apagarse,          ya no brillará su ardiente llama.

6    La luz en su tienda se oscurece,          de encima de él se apaga la candela.

7    Se acortan sus pasos vigorosos,          le pierde su propio consejo.

8    Porque sus pies le meten en la red, entre mallas camina.

9    Por el talón le apresa un lazo,          el cepo se cierra sobre él.

10  Oculto en la tierra hay un nudo para él,          una trampa le espera en el sendero.

11  Por todas partes le estremecen terrores,          y le persiguen paso a paso.

12  El hambre es su cortejo,          la desgracia se adhiere a su costado.

13  Devora el mal su piel,          el Primogénito de la Muerte roe sus miembros.

14  Se le arranca del seguro de su tienda,          se le lleva donde el Rey de los terrores.

15  Se ocupa su tienda, ya no suya,          se esparce azufre en su morada.

16  Por abajo se secan sus raíces,          por arriba se amustia su ramaje.

17  Su recuerdo desaparece de la tierra,          no le queda nombre en la comarca.

18  Se le arroja de la luz a las tinieblas,          del orbe se le expulsa.

19  Ni prole ni posteridad tiene en su pueblo,          ningún superviviente en sus moradas.

20  De su fin se estremece el Occidente,          y el Oriente queda preso de terror.

21  Tan sólo esto son las moradas del impío,          tal el lugar del que a Dios desconoce.

Job 19

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    ¿Hasta cuándo afligiréis mi alma          y a palabras me acribillaréis?

3    Ya me habéis insultado por diez veces,          me habéis zarandeado sin reparo.

4    Aunque de hecho hubiese errado,          en mí solo quedaría mi yerro.

5    Si es que aún queréis triunfar de mí          y mi oprobio reprocharme,

6    sabed ya que es Dios quien me hace entuerto,          y el que en su red me envuelve.

7    Si grito: ¡Violencia!, no obtengo respuesta;          por más que apelo, no hay justicia.

8    El ha vallado mi ruta para que yo no pase,          ha cubierto mis senderos de tinieblas.

9    Me ha despojado de mi gloria,          ha arrancado la corona de mi frente.

10  Por todas partes me mina y desaparezco,          arranca como un árbol mi esperanza.

11  Enciende su ira contra mí,          me considera su enemigo.

12  En masa sus huestes han llegado,          su marcha de asalto han abierto contra mí,          han puesto cerco a mi tienda.

13  A mis hermanos ha alejado de mí,          mis conocidos tratan de esquivarme.

14  Parientes y deudos ya no tengo,          los huéspedes de mi casa me olvidaron.

15  Por un extraño me tienen mis criadas,          soy a sus ojos un desconocido.

16  Llamo a mi criado y no responde,          aunque le implore con mi propia boca.

17  Mi aliento repele a mi mujer,          fétido soy para los hijos de mi vientre.

18  Hasta los chiquillos me desprecian,          si me levanto, me hacen burla.

19  Tienen horror de mí todos mis íntimos,          los que yo más amaba se han vuelto contra mí.

20  Bajo mi piel mi carne cae podrida,          mis huesos se desnudan como dientes.

21  ¡Piedad, piedad de mí, vosotros mis amigos,          que es la mano de Dios la que me ha herido!

22  ¿Por qué os cebáis en mí como hace Dios,          y no os sentís ya ahítos de mi carne?

23  ¡Ojalá se escribieran mis palabras,          ojalá en monumento se grabaran,

24  y con punzón de hierro y buril,          para siempre en la roca se esculpieran!

25  Yo sé que mi Defensor está vivo,          y que él, el último, se levantará sobre el polvo.

26  Tras mi despertar me alzará junto a él,          y con mi propia carne veré a Dios.

27  Yo, sí, yo mismo le veré,          mis ojos le mirarán, no ningún otro.          ¡Dentro de mí languidecen mis entrañas!

28  Y si vosotros decís: «¿Cómo atraparle,          qué pretexto hallaremos contra él?»,

29  temed la espada por vosotros mismos,          pues la ira se encenderá contra las culpas          y sabréis que hay un juicio.

Job 20

1    Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2    Por esto mis pensamientos a replicar me incitan:          por la impaciencia que me urge.

3    Una lección que me ultraja he escuchado,          mas el soplo de mi inteligencia me incita a responder.

4    ¿No sabes tú que desde siempre,          desde que el hombre en la tierra fue puesto,

5    es breve la alegría del malvado,          y de un instante el gozo del impío?

6    Aunque su talla se alzara hasta los cielos          y las nubes tocara su cabeza,

7    como un fantasma desaparece para siempre,          los que le veían dicen: «¿Dónde está?»

8    Se vuela como un sueño inaprensible,          se le ahuyenta igual que a una visión nocturna.

9    El ojo que le observaba ya no le ve más,          ni le divisa el lugar donde estaba.

10  A los pobres tendrán que indemnizar sus hijos,          sus niños habrán de devolver sus bienes.

11  Sus huesos rebosaban de vigor juvenil:          mas ya con él postrado está en el polvo.

12  Si el mal era dulce a su boca,          si bajo su lengua lo albergaba,

13  si allí lo guardaba tenazmente          y en medio del paladar lo retenía,

14  su alimento en sus entrañas se corrompe,          en su interior se le hace hiel de áspid.

15  Vomita las riquezas que engulló,      Dios se las arranca de su vientre.

16  Veneno de áspides chupaba:          lengua de víbora le mata.

17  Ya no verá los arroyos de aceite,          los torrentes de miel y de cuajada.

18  Devuelve su ganancia sin tragarla,          no saborea el fruto de su negocio.

19  Porque estrujó las chozas de los pobres,          robó casas en vez de construirlas;

20  porque su vientre se mostró insaciable,          sus tesoros no le salvarán;

21  porque a su voracidad nada escapaba,          por eso no dura su prosperidad.

22  En plena abundancia la estrechez le sorprende,          la desgracia, en tromba, cae sobre él.

23  En el momento de llenar su vientre,          suelta Dios contra él el ardor de su cólera          y lanza sobre su carne una lluvia de saetas.

24  Si del arma de hierro logra huir,          el arco de bronce le traspasa.

25  Sale una flecha por su espalda,          una hoja fulgurante de su hígado.      Los terrores se abalanzan sobre él,

26  total tiniebla aguarda a sus tesoros.      Un fuego que nadie atiza le devora,          y consume lo que en su tienda aún queda,

27  Los cielos ponen su culpa al descubierto,          y la tierra se alza contra él.

28  La hacienda de su casa se derrama,          como torrentes, en el día de la cólera.

29  Tal es la suerte que al malvado Dios reserva,          la herencia de Dios para el maldito.

Job 21

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    Escuchad, escuchad mis razones,          dadme siquiera este consuelo.

3    Tened paciencia mientras hablo yo,          cuando haya hablado, os podréis burlar.

4    ¿Acaso me quejo yo de un hombre?          ¿Por qué entonces no he de ser impaciente?

5    Volved hacia mí: quedaréis espantados          y la mano pondréis en vuestra boca.

6    Que yo mismo me horrorizo al recordarlo,          y mi carne es presa de un escalofrío.

7    ¿Por qué siguen viviendo los malvados,          envejecen y aún crecen en poder?

8    Su descendencia ante ellos se afianza,          sus vástagos se afirman a su vista.

9    En paz sus casas, nada temen,          la vara de Dios no cae sobre ellos.

10  Su toro fecunda sin marrar,          sin abortar su vaca pare.

11  Dejan correr a sus niños como ovejas,          sus hijos brincan como ciervos.

12  Cantan con arpa y cítara,          al son de la flauta se divierten.

13  Acaban su vida en la ventura,          en paz descienden al seol.

14  Y con todo, a Dios decían: «¡Lejos de nosotros,          no queremos conocer tus caminos!

15  ¿Qué es Sadday para que le sirvamos,          qué podemos ganar con aplacarle?»

16  ¿No está en sus propias manos su ventura,          aunque el consejo de los malos quede lejos de Dios?

17  ¿Cuántas veces la lámpara de los malos se apaga,          su desgracia irrumpe sobre ellos,          y él reparte dolores en su cólera?

18  ¿Son como paja ante el viento,          como tamo que arrebata un torbellino?

19  ¿Va a guardar Dios para sus hijos su castigo?          ¡que le castigue a él, para que sepa!

20  ¡Vea su ruina con sus propios ojos,          beba de la furia de Sadday!

21  ¿Qué le importa la suerte de su casa, después de él,          cuando se haya cortado la cuenta de sus meses?

22  Pero, ¿se enseña a Dios la ciencia?          ¡Si es él quien juzga a los seres más excelsos!

23  Hay quien muere en su pleno vigor,          en el colmo de la dicha y de la paz,

24  repletos de grasa su ijares,          bien empapado el meollo de sus huesos.

25  Y hay quien muere, la amargura en el alma,          sin haber gustado la ventura.

26  Juntos luego se acuestan en el polvo,          y los gusanos los recubren.

27  ¡Oh, sé muy bien lo que pensáis,          las malas ideas que os formáis sobre mí!

28  «¿Dónde está, os decís, la casa del magnate?          ¿dónde la tienda que habitaban los malos?»

29  ¿No habéis interrogado a los viandantes?          ¿no os han pasmado los casos que refieren?

30  Que el malo es preservado en el día del desastre,          en el día de los furores queda a salvo.

31  Pues, ¿quién le echa en cara su conducta          y le da el merecido de su obras?

32  Cuando es llevado al cementerio,          sobre el mausoleo hace vela.

33  Dulces le son los terrones del torrente,          y detrás de él desfila todo el mundo.

34  ¿Cómo, pues, me consoláis tan en vano?          ¡Pura falacia son vuestras respuestas!

Job 22

1    Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2    ¿Acaso a Dios puede un hombre ser útil?          ¡Sólo a sí mismo es útil el sensato!

3    ¿Tiene algún interés Sadday por tu justicia?          ¿Gana algo con que seas intachable?

4    ¿Acaso por tu piedad él te corrige          y entra en juicio contigo?

5    ¿No será más bien por tu mucha maldad,          por tus culpas sin límite?

6    Porque exigías sin razón prendas a tus hermanos,          arrancabas a los desnudos sus vestidos,

7    no dabas agua al sediento,          al hambriento le negabas el pan;

8    como hombre fuerte que hace suyo el país,          y, rostro altivo, se sitúa en él,

9    despachabas a las viudas con las manos vacías          y quebrabas los brazos de los huérfanos.

10  Por eso los lazos te aprisionan          y te estremece un pavor súbito.

11  La luz se hace tiniebla, y ya no ves,          y una masa de agua te sumerge.

12  ¿No está Dios en lo alto de los cielos?          ¡Mira la cabeza de las estrellas, qué altas!

13  Y tú has dicho: «¿Qué conoce Dios?          ¿Discierne acaso a través del nublado?

14  Un velo opaco son las nubes para él,          y anda por el contorno de los cielos.»

15  ¿Vas a seguir tú la ruta antigua          que anduvieron los hombres perversos?

16  Antes de tiempo fueron aventados,          cuando un río arrasó sus cimientos.

17  Los que decían a Dios: «¡Apártate de nosotros!          ¿Qué puede hacernos Sadday?»

18  Y era él el que colmaba sus casas de ventura,          aunque el consejo de los malos seguía lejos de él.

19  Al verlo los justos se recrean,          y de ellos hace burla el inocente:

20  «¡Cómo acabó nuestro adversario!          ¡el fuego ha devorado su opulencia!».

21  Reconcíliate con él y haz la paz:          así tu dicha te será devuelta.

22  Recibe de su boca la enseñanza,          pon sus palabras en tu corazón.

23  Si vuelves a Sadday con humildad,          si alejas de tu tienda la injusticia,

24  si tiras al polvo el oro,          el Ofir a los guijarros del torrente,

25  Sadday se te hará lingotes de oro          y plata a montones para ti.

26  Tendrás entonces en Sadday tus delicias          y hacia Dios levantarás tu rostro.

27  El escuchará cuando le invoques,          y podrás cumplir tus votos.

28  Todo lo que emprendas saldrá bien,          y por tus caminos brillará la luz.

29  Porque él abate el orgullo de los grandes,          y salva al que baja los ojos.

30  El libra al inocente;          si son tus manos puras, serás salvo.

Job 23

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    Todavía mi queja es una rebelión;          su mano pesa sobre mi gemido.

3    ¡Quién me diera saber encontrarle,          poder llegar a su morada!

4    Un proceso abriría delante de él,          llenaría mi boca de argumentos.

5    Sabría las palabras de su réplica,          comprendería lo que me dijera.

6    ¿Precisaría gran fuerza para disputar conmigo?      No, tan sólo tendría que prestarme atención.

7    Reconocería en su adversario a un hombre recto,          y yo me libraría de mi juez para siempre.

8    Si voy hacia el oriente, no está allí;          si al occidente, no le advierto.

9    Cuando le busco al norte, no aparece,          y tampoco le veo si vuelvo al mediodía.

10  Pero él mis pasos todos sabe:          ¡probado en el crisol, saldré oro puro!

11  Mi pie se ha adherido a su paso,          he guardado su ruta sin desvío;

12  del mandato de sus labios no me aparto,          he albergado en mi seno las palabras de su boca.

13  Mas él decide, ¿quién le hará retractarse?      Lo que su alma ha proyectado lleva a término.

14  Así ejecutará mi sentencia,          como tantas otras decisiones suyas.

15  Por eso estoy, ante él, horrorizado,          y cuanto más lo pienso, más me espanta.

16  Dios me ha enervado el corazón,      Sadday me ha aterrorizado.

17  Pues no he desaparecido en las tinieblas,          pero él ha cubierto de oscuridad mi rostro.

Job 24

1    ¿Por qué Sadday no se reserva tiempos,          y los que le conocen no contemplan sus días?

2    Los malvados remueven los mojones,          roban el rebaño y su pastor.

3    Se llevan el asno de los huérfanos,          toman en prenda el buey de la viuda.

4    Los mendigos tienen que retirarse del camino,          a una se ocultan los pobres del país.

5    Como onagros del desierto salen a su tarea,          buscando presa desde el alba,          y a la tarde, pan para sus crías.

6    Cosechan en el campo del inicuo,          vendimian la viña del malvado.

7    Pasan la noche desnudos, sin vestido,          sin cobertor contra el frío.

8    Calados por el turbión de las montañas,          faltos de abrigo, se pegan a la roca.

9    Al huérfano se le arranca del pecho,          se toma en prenda al niño del pobre.

10  Desnudos andan, sin vestido;          hambrientos, llevan las gavillas.

11  Pasan el mediodía entre dos paredes,          pisan los lagares y no quitan la sed.

12  Desde la ciudad gimen los que mueren,          el herido de muerte pide auxilio,          ¡y Dios sigue sordo a la oración!

13  Otros hay rebeldes a la luz:          no reconocen sus caminos          ni frecuentan sus senderos.

14  Aún no es de día cuando el asesino se levanta          para matar al pobre y al menesteroso.      Por la noche merodea el ladrón.

15  El ojo del adúltero el crepúsculo espía:          «Ningún ojo - dice - me divisa»,          y cubre su rostro con un velo.

16  Las casas perfora en las tinieblas.      Durante el día se ocultan          los que no quieren conocer la luz.

17  Para todos ellos la mañana es sombra,          porque sufren entonces sus terrores.

18  No es más que una paja sobre el agua,          su hacienda es maldita en el país,          nadie toma el camino de su viña.

19  Como el calor de sequía arrebata el agua de nieve,          así el seol al que ha pecado.

20  El seno que le formó se olvida de él,          y su nombre no se recuerda más.      Así la iniquidad es desgajada como un árbol.

21  Maltrataba a la estéril, la que no da a luz,          y a la viuda no trataba bien.

22  Pero Aquel que agarra con su fuerza a los tiranos          se levanta, y va el otro no cuenta con la vida.

23  Le dejaba apoyarse con seguridad,          pero sus ojos vigilaban sus caminos.

24  Se encumbró por un instante, y ya no existe,          se abate como el armuelle que se corta,          como la cresta de la espiga se amustia.

25  ¿No es así? ¿quién me puede desmentir          y reducir a nada mi palabra?

Job 25

1    Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2    Es soberano de temible fuerza          el que hace reinar la paz en sus alturas.

3    ¿Puede contar alguien sus tropas?          ¿Contra quién no se alza su luz?

4    ¿Cómo un hombre será justo ante Dios?          ¿cómo puro el nacido de mujer?

5    Si ni la luna misma tiene brillo,          ni las estrellas son puras a sus ojos,

6    ¡cuánto menos un hombre, esa gusanera,          un hijo de hombre, ese gusano!

Job 26

1    Job tomó la palabra y dijo:

2    ¡Qué bien has sostenido al débil          y socorrido al brazo inválido!

3    ¡Qué bien has aconsejado al ignorante,          qué hábil talento has demostrado!

4    ¿A quién has dirigido tus discursos,          y de quién es el espíritu que ha salido de ti?

5    Las Sombras tiemblan bajo tierra,          las aguas y sus habitantes se estremecen.

6    Ante él, el Seol está al desnudo,          la Perdición al descubierto.

7    El extiende el Septentrión sobre el vacío,          sobre la nada suspende la tierra.

8    El encierra las aguas en sus nubes,          sin que bajo su peso el nublado reviente.

9    El encubre la cara de la luna llena,          desplegando sobre ella su nublado.

10  El trazó un cerco sobre la haz de las aguas,          hasta el confín de la luz con las tinieblas,

11  Se tambalean las columnas del cielo,          presas de terror a su amenaza.

12  Con su poder hendió la mar,          con su destreza quebró a Ráhab.

13  Su soplo abrillantó los cielos,          su mano traspasó a la Serpiente Huidiza,

14  Estos son los contornos de sus obras,          de que sólo percibimos un apagado eco.      Y el trueno de su potencia, ¿quién lo captará?

Job 27

1    Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2    ¡Vive Dios, que justicia me rehúsa,          por Sadday, que me ha amargado el alma,

3    mientras siga en mí todo mi espíritu          y el aliento de Dios en mis narices,

4    no dirán mis labios falsedad,          ni mi lengua proferirá mentira!

5    Lejos de mí daros la razón:          hasta mi último suspiro mantendré mi inocencia.

6    Me he aferrado a mi justicia, y no la soltaré,          mi corazón no se avergüenza de mis días.

7    ¡Tenga la suerte del malvado mi enemigo,          la del injusto mi adversario!

8    Pues ¿cuál es la esperanza del impío cuando suplica,          cuando hacia Dios eleva su alma?

9    ¿Acaso Dios escucha su gemido,          cuando viene sobre él una calamidad?

10  ¿Tenía él sus delicias en Sadday?          ¿invocaba a Dios en todo instante?

11  Yo os muestro el proceder de Dios,          sin ocultar los secretos de Sadday.

12  Y si todos vosotros ya lo habéis comprobado,          ¿para qué esos vanos discursos al vacío?

13  Esta es la suerte que al malvado Dios reserva,          la herencia que reciben de Sadday los violentos.

14  Aunque sean muchos sus hijos, son para la espada,          y sus vástagos no tendrán pan con que saciarse.

15  Los que queden serán sepultados por la Peste,          y sus viudas no los llorarán.

16  Si acumula la plata como polvo,          si amontona vestidos como fango,

17  ¡que amontone!: un justo se vestirá con ellos,          un inocente heredará la plata.

18  Se edificó una casa de araña,          como garita que un guarda construye.

19  Rico se acuesta, mas por última vez;          cuando abre los ojos, ya no es nada.

20  En pleno día le asaltan los terrores,          de noche un torbellino le arrebata.

21  El solano se lo lleva, y desaparece,          le arranca del lugar de su mansión.

22  Sin compasión por blanco se le toma,          trata de huir de la mano que le hiere.

23  Bátense palmas a su ruina,          doquiera se encuentre se le silba.

Job 28

1    Hay, sí, para la plata un venero,          para el oro un lugar donde se purifica.

2    Se extrae del suelo el hierro,          una piedra fundida se hace cobre.

3    Se pone fin a las tinieblas,          hasta el último límite se excava          la piedra oscura y lóbrega.

4    Extranjeros abren galerías          de todo pie olvidadas,          y oscilan, se balancean, lejos de los humanos.

5    Tierra de donde sale el pan,          que está revuelta, abajo, por el fuego.

6    Lugar donde las piedras son zafiro          y contienen granos de oro.

7    Sendero que no conoce el ave de rapiña,          ni el ojo del buitre lo columbra.

8    No lo pisaron los hijos del orgullo,          el león jamás lo atravesó.

9    Aplica el hombre al pedernal su mano,          descuaja las montañas de raíz.

10  Abre canales en las rocas,          ojo avizor a todo lo precioso.

11  Explora las fuentes de los ríos,          y saca a luz lo oculto.

12  Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene?          ¿cuál es la sede de la Inteligencia?

13  Ignora el hombre su sendero,          no se le encuentra en la tierra de los vivos.

14  Dice el Abismo: «No está en mí»,          y el Mar: «No está conmigo.»

15  No se puede dar por ella oro fino,          ni comprarla a precio de plata,

16  ni evaluarla con el oro de Ofir,          el ágata preciosa o el zafiro.

17  No la igualan el oro ni el vidrio,          ni se puede cambiar por vaso de oro puro.

18  Corales y cristal ni mencionarlos,          mejor es pescar Sabiduría que perlas.

19  No la iguala el topacio de Kus,          ni con oro puro puede evaluarse.

20  Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene?          ¿cuál es la sede de la Inteligencia?

21  Ocúltase a los ojos de todo ser viviente,          se hurta a los pájaros del cielo.

22  La Perdición y la Muerte dicen:          «De oídas sabemos su renombre.»

23  Sólo Dios su camino ha distinguido,          sólo él conoce su lugar.

24  (Porque él otea hasta los confines de la tierra,          y ve cuanto hay bajo los cielos.)

25  Cuando dio peso al viento          y aforó las aguas con un módulo,

26  cuando a la lluvia impuso ley          y un camino a los giros de los truenos,

27  entonces la vio y le puso precio,          la estableció y la escudriñó.

28  Y dijo al hombre:          «Mira, el temor del Señor es la Sabiduría,          huir del mal, la Inteligencia.»

Job 29

1    Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2    ¡Quién me hiciera volver a los meses de antaño,          aquellos días en que Dios me guardaba,

3    cuando su lámpara brillaba sobre mi cabeza,          y yo a su luz por las tinieblas caminaba;

4    como era yo en los días de mi otoño,          cuando vallaba Dios mi tienda,

5    cuando Sadday estaba aún conmigo,          y en torno mío mis muchachos,

6    cuando mis pies se bañaban en manteca,          y regatos de aceite destilaba la roca!

7    Si yo salía a la puerta que domina la ciudad          y mi asiento en la plaza colocaba,

8    se retiraban los jóvenes al verme,          y los viejos se levantaban y quedaban en pie.

9    Los notables cortaban sus palabras          y ponían la mano en su boca.

10  La voz de los jefes se ahogaba,          su lengua se pegaba al paladar.

11  Oído que lo oía me llamaba feliz,          ojo que lo veía se hacía mi testigo.

12  Pues yo libraba al pobre que clamaba,          y al huérfano que no tenía valedor.

13  La bendición del moribundo subía hacia mí,          el corazón de la viuda yo alegraba.

14  Me había puesto la justicia, y ella me revestía,          como manto y turbante, mi derecho.

15  Era yo los ojos del ciego          y del cojo los pies.

16  Era el padre de los pobres,          la causa del desconocido examinaba.

17  Quebraba los colmillos del inicuo,          de entre sus dientes arrancaba su presa.

18  Y me decía: «Anciano moriré,          como la arena aumentaré mis días.

19  Mi raíz está franca a las aguas,          el rocío se posa de noche en mi ramaje.

20  Mi gloria será siempre nueva en mí,          y en mi mano mi arco renovará su fuerza.

21  Me escuchaban ellos con expectación,          callaban para oír mi consejo.

22  Después de hablar yo, no replicaban,          y sobre ellos mi palabra caía gota a gota.

23  Me esperaban lo mismo que a la lluvia,          abrían su boca como a lluvia tardía.

24  Si yo les sonreía, no querían creerlo,          y la luz de mi rostro no dejaban perderse.

25  Les indicaba el camino y me ponía al frente,          me asentaba como un rey en medio de su tropa,          y por doquier les guiaba a mi gusto.

Job 30

1    Mas ahora ríense de mí          los que son más jóvenes que yo,          a cuyos padres no juzgaba yo dignos          de mezclar con los perros de mi grey.

2    Aun la fuerza de sus manos, ¿para qué me servía?;          había decaído todo su vigor,

3    agotado por el hambre y la penuria.      Roían las raíces de la estepa,          lugar sombrío de ruina y soledad.

4    Recogían armuelle por los matorrales,          eran su pan raíces de retama.

5    De entre los hombres estaban expulsados,          tras ellos se gritaba como tras un ladrón.

6    Moraban en las escarpas de los torrentes,          en las grietas del suelo y de las rocas.

7    Entre los matorrales rebuznaban,          se apretaban bajo los espinos.

8    Hijos de abyección, sí, ralea sin nombre,          echados a latigazos del país.

9    ¡Y ahora soy yo la copla de ellos,          el blanco de sus chismes!

10  Horrorizados de mí, se quedan a distancia,          y sin reparo a la cara me escupen.

11  Porque él ha soltado mi cuerda y me maltrata,          ya tiran todo freno ante mí.

12  Una ralea se alza a mi derecha,          exploran si me encuentro tranquilo,          y abren hacia mí sus caminos siniestros.

13  Mi sendero han destruido,          para perderme se ayudan, y nada les detiene;

14  como por ancha brecha irrumpen,          se han escurrido bajo los escombros.

15  Los terrores se vuelven contra mí,          como el viento mi dignidad es arrastrada;          como una nube ha pasado mi ventura.

16  Y ahora en mí se derrama mi alma,          me atenazan días de aflicción.

17  De noche traspasa el mal mis huesos,          y no duermen las llagas que me roen.

18  Con violencia agarra él mi vestido,          me aferra como el cuello de mi túnica.

19  Me ha tirado en el fango,          soy como el polvo y la ceniza.

20  Grito hacia ti y tú no me respondes,          me presento y no me haces caso.

21  Te has vuelto cruel para conmigo,          tu mano vigorosa en mí se ceba.

22  Me llevas a caballo sobre el viento,          me zarandeas con la tempestad.

23  Pues bien sé que a la muerte me conduces,          al lugar de cita de todo ser viviente.

24  Y sin embargo, ¿he vuelto yo la mano contra el pobre,          cuando en su angustia justicia reclamaba?

25  ¿No he llorado por el que vive en estrechez?          ¿no se ha apiadado mi alma del mendigo?

26  Yo esperaba la dicha, y llegó la desgracia,          aguardaba la luz, y llegó la oscuridad.

27  Me hierven las entrañas sin descanso,          me han alcanzado días de aflicción.

28  Sin haber sol, ando renegrido,          me he levantado en la asamblea, sólo para gritar.

29  Me he hecho hermano de chacales          y compañero de avestruces.

30  Mi piel se ha ennegrecido sobre mí,          mis huesos se han quemado por la fiebre.

31  ¡Mi cítara sólo ha servido para el duelo,          mi flauta para la voz de plañidores!

Job 31

1    Había hecho yo un pacto con mis ojos,          y no miraba a ninguna doncella.

2    Y ¿cuál es el reparto que hace Dios desde arriba,          cuál la suerte que manda Sadday desde la altura?

3    ¿No es acaso desgracia para el inicuo,          tribulación para los malhechores?

4    ¿No ve él mis caminos,          no cuenta todos mis pasos?

5    ¿He caminado junto a la mentira?          ¿he apretado mi paso hacia la falsedad?

6    ¡Péseme él en balanza de justicia,          conozca Dios mi integridad!

7    Si mis pasos del camino se extraviaron,          si tras mis ojos fue mi corazón,          si a mis manos se adhiere alguna mancha,

8    ¡coma otro lo que yo sembré,          y sean arrancados mis retoños!

9    Si mi corazón fue seducido por mujer,          si he fisgado a la puerta de mi prójimo,

10               ¡muela para otro mi mujer,          y otros se encorven sobre ella!

11               Pues sería ello una impudicia,          un crimen a justicia sujeto;

12  sería fuego que devora hasta la Perdición          y que consumiría toda mi hacienda.

13  Si he menospreciado el derecho de mi siervo          o de mi sierva, en sus pleitos conmigo,

14  ¿qué podré hacer cuando Dios se levante?          cuando él investigue, ¿qué responderé?

15  ¿No los hizo él, igual que a mí, en el vientre?          ¿no nos formó en el seno uno mismo?

16  Me he negado al deseo de los débiles?          ¿dejé desfallecer los ojos de la viuda?

17  ¿Comí solo mi pedazo de pan,          sin compartirlo con el huérfano?

18  ¡Siendo así que desde mi infancia me crió él como un padre, me guió desde el seno materno!

19  ¿He visto a un miserable sin vestido,          a algún pobre desnudo,

20  sin que en lo íntimo de su ser me bendijera,          y del vellón de mis corderos se haya calentado?

21  Si he alzado mi mano contra un huérfano,          por sentirme respaldado en la Puerta,

22  ¡mi espalda se separe de mi nuca,          y mi brazo del hombro se desgaje!

23  Pues el terror de Dios caería sobre mí,          y ante su majestad no podría tenerme.

24  ¿He hecho del oro mi confianza,          o he dicho al oro fino: «Tú, mi seguridad»?

25  ¿Me he complacido en la abundancia de mis bienes,          en que mi mano había ganado mucho?

26  ¿Acaso, al ver el sol cómo brillaba,          y la luna que marchaba radiante,

27  mi corazón, en secreto, se dejó seducir          para enviarles un beso con la mano?

28  También hubiera sido una falta criminal,          por haber renegado del Dios de lo alto.

29  ¿Del infortunio de mi enemigo me alegré,          me gocé de que el mal le alcanzara?

30  ¡Yo que no permitía a mi lengua pecar          reclamando su vida con una maldición!

31  ¿No decían las gentes de mi tienda:          «¿Hay alguien que no se haya hartado con su carne?»

32  El forastero no pernoctaba a la intemperie,          tenía abierta mi puerta al caminante.

33  ¿He disimulado mis culpas a los hombres,          ocultando en mi seno mi pecado,

34  porque temiera el rumor público,          o el desprecio de las gentes me asustara,          hasta quedar callado sin atreverme a salir mi puerta?

35  ¡Oh! ¿quién hará que se me escuche?      Esta es mi última palabra: ¡respóndame Sadday!      El libelo que haya escrito mi adversario

36  pienso llevarlo sobre mis espaldas,          ceñírmelo igual que una diadema.

37  Del número de mis pasos voy a rendirle cuentas,          como un príncipe me llegaré hasta él.

38  Si mi tierra grita contra mí,          y sus surcos lloran con ella,

39  si he comido sus frutos sin pagarlos          y he hecho expirar a sus dueños,

40  ¡en vez de trigo broten en ella espinas,          y en lugar de cebada hierba hedionda!      Fin de las palabras de Job.

Job 32

1    Aquellos tres hombres dejaron de replicar a Job, porque se tenía por justo.

2    Entonces montó en cólera Elihú, hijo de Barakel el buzita, de la familia de Ram. Su cólera se inflamó contra Job, porque pretendía tener razón frente a Dios;

3    y también contra sus tres amigos, porque no habían hallado ya nada que replicar y de esa manera habían dejado mal a Dios.

4    Mientras hablaban ellos con Job, Elihú se había mantenido a la expectativa, porque eran más viejos que él.

5    Pero cuando vio que en la boca de los tres hombres ya no quedaba respuesta, montó en cólera.

6    Tomó, pues, la palabra Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo:      Soy pequeño en edad,          y vosotros sois viejos;          por eso tenía miedo, me asustaba          el declararos mi saber.

7    Me decía yo: «Hablará la edad,          los muchos años enseñarán sabiduría.»

8    Pero en verdad, es un soplo en el hombre,          es el espíritu de Sadday lo que hace inteligente.

9    No son sabios los que están llenos de años,          ni los viejos quienes comprenden lo que es justo.

10  Por eso he dicho: Escuchadme,          voy a declarar también yo mi saber.

11  Hasta ahora vuestras razones esperaba,          prestaba oído a vuestros argumentos;          mientras tratabais de buscar vocablos,

12  tenía puesta en vosotros mi atención.      Y veo que ninguno a Job da réplica,          nadie de entre vosotros a sus dichos responde.

13  No digáis, pues: «Hemos hallado la sabiduría;          nos instruye Dios, no un hombre.»

14  No hilaré yo palabras como ésas,          no le replicaré en vuestros términos.

15  Han quedado vencidos, no han respondido más:          les han faltado las palabras.

16  He esperado, pero ya que no hablan,          puesto que se han quedado sin respuesta,

17  responderé yo por mi parte,          declararé también yo mi saber.

18  Pues estoy lleno de palabras,          me urge un soplo desde dentro.

19  Es, en mi seno, como vino sin escape,          que hace reventar los odres nuevos.

20  Hablaré para desahogarme,          abriré los labios y replicaré.

21  No tomaré el partido de ninguno,          a nadie adularé.

22  Pues yo no sé adular:          bien pronto me aventaría mi Hacedor.

Job 33

1    Ten a bien, Job, escuchar mis palabras,          presta oído a todas mis razones.

2    Ya ves que he abierto mi boca,          en mi paladar habla mi lengua.

3    Mi corazón dará palabras cuerdas,          la pura verdad dirán mis labios.

4    El soplo de Dios me hizo,          me animó el aliento de Sadday.

5    Si eres capaz, replícame,          ¡alerta, ponte en guardia ante mí!

6    Mira, soy como tú, no soy un dios,          también yo de arcilla fui plasmado.

7    Por eso mi terror no te ha de espantar,          no pesará mi mano sobre ti.

8    No has hecho más que decir a mis propios oídos,          - pues he oído el son de tus palabras -:

9    «Puro soy, sin delito;          limpio estoy, no hay culpa en mí.

10  Pero él inventa contra mí pretextos,          y me reputa como su enemigo;

11  mis pies pone en el cepo,          espía todas mis sendas.»

12  Pues bien, respondo, en esto no tienes razón,          porque Dios es más grande que el hombre.

13  ¿Por qué te querellas tú con él          porque no responda a todas tus palabras?

14  Habla Dios una vez,          y otra vez, sin que se le haga caso.

15  En sueños, en visión nocturna,          cuando un letargo cae sobre los hombres,          mientras están dormidos en su lecho,

16  entonces abre él el oído de los hombres,          y con sus apariciones les espanta,

17  para apartar al hombre de sus obras          y acabar con su orgullo de varón,

18  para librar su alma de la fosa          y su vida de pasar el Canal.

19  También es corregido por el dolor en su camilla,          por el temblor continuo de sus huesos,

20  cuando a su vida el alimento asquea          y a su alma los manjares exquisitos,

21  cuando su carne desaparece de la vista,          y sus huesos, que no se veían, aparecen;

22  cuando su alma a la fosa se aproxima          y su vida a la morada de los muertos.

23  Si hay entonces junto a él un Ángel,          un Mediador escogido entre mil,          que declare al hombre su deber,

24  que de él se apiade y diga:          «Líbrale de bajar a la fosa,          yo he encontrado el rescate de su alma»,

25  su carne se renueva de vigor juvenil,          vuelve a los días de su adolescencia.

26  Invoca a Dios, que le otorga su favor,          y va a ver con júbilo su rostro      Anuncia a los demás su justicia,

27  canta así entre los hombres:          «Yo había pecado y torcido el derecho,          mas Dios no me ha dado el merecido.

28  Ha librado mi alma de pasar por la fosa,          y mi vida contempla la luz.»

29  He aquí todo lo que hace Dios,          dos y tres veces con el hombre,

30  para recobrar su alma de la fosa,           para que sea alumbrado con la luz de los vivos.

31  Atiende, Job, escúchame,          guarda silencio, y yo hablaré.

32  Si tienes algo que decir, replícame,          habla, pues yo deseo darte la razón.

33  Si no, escúchame,          guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.

Job 34

1    Elihú reanudó su discurso y dijo:

2    Escuchad, sabios, mis palabras,          vosotros los doctos, dadme oídos.

3    Porque el oído aprecia las palabras,          como el paladar gusta los manjares.

4    Decidamos entre nosotros lo que es justo,          sepamos juntos lo que es bueno.

5    Pues Job ha dicho: «Yo soy justo,          pero Dios me quita mi derecho;

6    mi juez se muestra cruel para conmigo,          mi llaga es incurable, aunque no tengo culpa.»

7    ¿Qué hombre hay como Job,          que bebe el sarcasmo como agua,

8 que anda en compañía de malhechores,          y camina con malvados?

9    Pues él ha dicho: «Nada gana el hombre          con buscar el agrado de Dios.»

10  Así pues, escuchadme, como hombres sensatos.      Lejos de Dios el mal,          de Sadday la injusticia;

11  que la obra del hombre, él se la paga,          y según su conducta trata a cada uno.

12  En verdad, Dios no hace el mal,          no tuerce el derecho Sadday.

13  ¿Quién, si no, le confió la tierra,          quién le encargó del mundo entero?

14  Si él retirara a sí su espíritu,          si hacia sí recogiera su soplo,

15  a una expiraría toda carne,          el hombre al polvo volvería.

16  Si tienes inteligencia, escucha esto,          presta oído al son de mis palabras.

17  ¿Podría gobernar un enemigo del derecho?          ¿al Justo poderoso vas a condenar?

18  ¡Aquel que dice a un rey: «¡Inútil!»,          «¡Malvados!» a los nobles,

19  que no hace acepción de príncipes,          ni prefiere al grande sobre el débil,          ¡pues todos son obra de sus manos!

20  Mueren ellos de repente a media noche,          perecen los grandes y pasan,          y él depone a un tirano sin esfuerzo.

21  Pues sus ojos vigilan los caminos del hombre,          todos sus pasos observa.

22  No hay tinieblas ni sombra          donde ocultarse los agentes del mal.

23  No asigna él un plazo al hombre          para que a juicio se presente ante Dios.

24  Quebranta a los grandes sin examen,          y pone a otros en su sitio.

25  Es que él conoce sus acciones,          de noche los sacude y se les pisa.

26  Como a criminales los azota,          en lugar público los encadena,

27  porque se apartaron de su seguimiento,          y no comprendieron todos sus caminos,

28  hasta hacer llegar a él el gemido del débil          y hacerle oír el clamor de los humildes.

29  Mas si él sigue inmóvil, sin que nadie le perturbe,          si vela su faz, sin que nadie le perciba,          es que se apiada de naciones e individuos,

30  libra al impío del cepo de la angustia,

31  Cuando éste dice a Dios:          «He sido seducido, no volveré a hacer mal;

32  si he pecado instrúyeme,          si he cometido injusticia, no reincidiré».

33  ¿Acaso, según tú, tendría él que castigar,          ya que rechazas sus decisiones?      Como eres tú el que aprecias, y no yo,          di todo lo que sepas.

34  Mas los hombres sensatos me dirán,          así como todo sabio que me escuche:

35  «No habla Job cuerdamente,          no son sensatas sus palabras.

36  Que sea Job probado a fondo,          por sus respuestas dignas de malvados.

37  Porque a su pecado la rebeldía añade,          pone fin al derecho entre nosotros,          y multiplica contra Dios sus palabras.»

Job 35

1    Elihú reanudó su discurso y dijo:

2    ¿Crees que eso es juicioso,          piensas ser más justo que Dios,

3    cuando dices: «¿Qué te importa a ti,          o de qué me sirve a mí no haber pecado»?

4    Yo te daré respuesta,          y contigo a tus amigos.

5    ¡Mira a los cielos y ve,          observa cómo las nubes son mas altas que tú!

6    Si pecas, ¿qué le causas?,          si se multiplican tus ofensas, ¿qué le haces?

7    ¿Qué le das, si eres justo,          o qué recibe él de tu mano?

8    A un hombre igual que tú afecta tu maldad,          a un hijo de hombre tu justicia.

9    Bajo la carga de la opresión se gime,          se grita bajo el brazo de los grandes,

10  mas nadie dice: «¿Dónde está Dios, mi hacedor,          el que hace resonar los cantares en la noche,

11  el que nos hace más hábiles que las bestias de la tierra,          más sabios que los pájaros del cielo?»

12  Entonces se grita, sin que responda él,          a causa del orgullo de los malos.

13  Seguro, la falsedad Dios no la escucha,      Sadday no le presta atención.

14  Mucho menos, el decir que no le adviertes,          que un proceso está ante él y que le esperas;

15  o también que su cólera no castiga nada,          y que ignora la rebelión del hombre.

16  Job, pues, abre en vano su boca,          multiplica a lo tonto las palabras.

Job 36

1    Prosiguió Elihú y dijo:

2    Espera un poco, y yo te instruiré,          pues todavía hay palabras en favor de Dios.

3    Voy a llevar muy lejos mi saber,          y daré la razón a mi Hacedor.

4    En verdad, no son mentira mis palabras,          un maestro en saber está contigo.

5    Dios no rechaza al hombre íntegro,

6    ni deja vivir al malvado en plena fuerza.      Hace justicia a los pobres,

7    y no quita al justo su derecho.      El puso a los reyes en el trono,          para siempre los asienta, mas se engríen,

8    y él los amarra con cadenas,          y quedan presos en los lazos de la angustia.

9    Entonces les pone su obra al descubierto          y sus culpas nacidas del orgullo.

10  A sus oídos pronuncia una advertencia,          y manda que se vuelvan de la iniquidad.

11  Si escuchan y son dóciles,          acaban sus días en ventura          y en delicias sus años.

12  Si no escuchan, pasan el Canal,          y expiran por falta de cordura.

13  Y los obstinados que imponen la cólera          y no piden auxilio cuando él los encadena,

14  mueren en plena juventud,          y su vida en la edad juvenil.

15  El salva al pobre por su misma pobreza,          por la miseria el oído le abre.

16  También a ti te arrancará de las fauces de la angustia.      Antes gozabas de abundancia sin límites,          la grasa desbordaba de tu mesa.

17  Mas no hacías justicia de los malos,          defraudabas el derecho del huérfano.

18  Procura, pues, que no te seduzca la abundancia,          ni el copioso soborno te extravíe.

19  Haz comparecer al rico como al que nada tiene,          al débil como al poderoso.

20  No aplastes a aquellos que te son extraños,          para encumbrar en su puesto a tus parientes.

21  Guárdate de inclinarte hacia la iniquidad,          que por eso te ha probado la aflicción.

22  Mira, Dios es sublime por su fuerza,          ¿quién es maestro como él?

23  ¿Quién le señaló el camino a seguir?          ¿quién le diría: «Has hecho mal»?

24  Acuérdate más bien de ensalzar su obra,          que han cantado los hombres.

25  Todo hombre la contempla,          el hombre la mira desde lejos.

26  Sí, Dios es grande y no le comprendemos,          el número de sus años es incalculable.

27  El atrae las gotas de agua,          pulveriza la lluvia en su vapor,

28  que luego derraman las nubes,          la destilan sobre la turba humana.

29  ¿Quién además comprenderá el despliegue de la nube,          los fragores de su tienda?

30  Ved que despliega su niebla por encima          cubre las cimas de los montes.

31  Pues por ellas sustenta él a los pueblos,          les da alimento en abundancia.

32  En sus manos el rayo levanta          y le ordena que alcance su destino.

33  Su trueno le anuncia,          la ira se inflama contra la iniquidad.

Job 37

1    Mi corazón también por eso tiembla,          y salta fuera de su sitio.

2    ¡Escuchad, escuchad el fragor de su voz,          el bramido que sale de su boca!

3    Hace relampaguear por todo el cielo,          su fulgor llega a los extremos de la tierra.

4    Detrás de él una voz ruge:          truena él con su soberbia voz,          y sus rayos no retiene,          mientras su voz retumba.

5    Dios nos da a ver maravillas,          grandes cosas hace que no comprendemos.

6    Cuando dice a la nieve: «¡Cae sobre la tierra!»,          y a los aguaceros: «¡Lloved fuerte!»,

7    la mano de todo hombre retiene bajo sello,          para que todos conozcan su obra.

8    Las fieras a sus guaridas huyen          y en sus cubiles se cobijan.

9    Del sur llega el huracán,          el frío, de los vientos del norte.

10  Al soplo de Dios se forma el hielo,          se congela la extensión de las aguas.

11  El carga a la nube de un rayo,          el nublado esparce su fulgor,

12  y éste, gira girando,          circula conforme a sus designios.      Así ejecutan sus órdenes en todo          sobre la haz de su orbe terráqueo.

13  Ya como castigo para los pueblos de la tierra,          ya como gracia, él los envía.

14  Presta, Job, oído a esto,          tente y observa los prodigios de Dios.

15  ¿Sabes acaso cómo Dios los rige,          y cómo su nube hace brillar el rayo?

16  ¿Sabes tú cómo las nubes cuelgan en equilibrio,              7 maravilla de una ciencia consumada?

17  Tú, cuyos vestidos queman          cuando está quieta la tierra bajo el viento del sur,

18  ¿puedes extender con él la bóveda del cielo,          sólida como espejo de metal fundido?

19  Enséñanos qué le hemos de decir:          no discutiremos más, debido a las tinieblas.

20  Si hablo yo, ¿alguien se lo cuenta?          ¿es informado de lo que un hombre ha dicho?

21  Ahora ya no se ve la luz,          que queda oscurecida por las nubes;          pero pasa el viento y las despeja,

22  y una claridad llega del norte:          gloria terrible alrededor de Dios,

23  ¡es Sadday!, no podemos alcanzarle.      Grande en fuerza y equidad,          maestro de justicia, sin oprimir a nadie.

24  Por eso le temen los hombres:          ¡a él la veneración de todos los sabios de corazón!

Job 38

1    Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

2    ¿Quién es éste que empaña el Consejo          con razones sin sentido?

3    Ciñe tus lomos como un bravo:          voy a interrogarte, y tú me instruirás.

4    Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra?      Indícalo, si sabes la verdad.

5    ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías?          ¿quién tiró el cordel sobre ella?

6    ¿Sobre qué se afirmaron sus bases?          ¿quién asentó su piedra angular,

7    entre el clamor a coro de las estrellas del alba          y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?

8    ¿Quién encerró el mar con doble puerta,          cuando del seno materno salía borbotando;

9    cuando le puse una nube por vestido          y del nubarrón hice sus pañales;

10  cuando le tracé sus linderos          y coloqué puertas y cerrojos?

11  «¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -,          aquí se romperá el orgullo de tus olas!»

12  ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana,          has asignado a la aurora su lugar,

13  para que agarre a la tierra por los bordes          y de ella sacuda a los malvados?

14  Ella se trueca en arcilla de sello,          se tiñe lo mismo que un vestido.

15  Se quita entonces su luz a los malvados,          y queda roto el brazo que se alzaba.

16  ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar?          ¿has circulado por el fondo del Abismo?

17  ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte?          ¿has visto las puertas del país de la Sombra?

18  ¿Has calculado las anchuras de la tierra?      Cuenta, si es que sabes, todo esto.

19  ¿Por dónde se va a la morada de la luz?          y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,

20  para que puedas llevarlas a su término,          guiarlas por los senderos de su casa.

21  Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces,          y bien larga es la cuenta de tus días!

22  ¿Has llegado a los depósitos de nieve?          ¿Has visto las reservas de granizo,

23  que yo guardo para el tiempo de angustia,          para el día de batalla y de combate?

24  ¿Por qué camino se reparte la luz,          o se despliega el solano por la tierra?

25  ¿Quién abre un canal al aguacero,          a los giros de los truenos un camino,

26  para llover sobre tierra sin hombre,          sobre el desierto donde no hay un alma,

27  para abrevar a las soledades desoladas          y hacer brotar en la estepa hierba verde?

28  ¿Tiene padre la lluvia?          ¿quién engendra las gotas de rocío?

29  ¿De qué seno sale el hielo?          ¿quién da a luz la escarcha del cielo,

30  cuando las aguas se aglutinan como piedra          y se congela la superficie del abismo?

31  ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades          o desatar las cuerdas de Orión?

32  ¿Haces salir la Corona a su tiempo?          ¿conduces a la Osa con sus crías?

33  ¿Conoces las leyes de los Cielos?          ¿aplicas su fuero en la tierra?

34  ¿Levantas tu voz hasta las nubes?,          la masa de las aguas, ¿te obedece?

35  A tu orden, ¿los relámpagos parten,          diciéndote: «Aquí estamos»?

36  ¿Quién puso en el ibis la sabiduría?          ¿quién dio al gallo inteligencia?

37  ¿Quién tiene pericia para contar las nubes?          ¿quién inclina los odres de los cielos,

38  cuando se aglutina el polvo en una masa          y los terrones se pegan entre sí?

39  ¿Cazas tú acaso la presa a la leona?          ¿calmas el hambre de los leoncillos,

40  cuando en sus guaridas están acurrucados,          o en los matorrales al acecho?

41  ¿Quién prepara su provisión al cuervo,          cuando sus crías gritan hacia Dios,          cuando se estiran faltos de comida?

Job 39

1    ¿Sabes cuándo hacen las rebecas sus crías?          ¿has observado el parto de las ciervas?

2    ¿has contado los meses de su gestación?          ¿sabes la época de su alumbramiento?

3    Entonces se acurrucan y paren a sus crías,          echan fuera su camada.

4    Y cuando ya sus crías se hacen fuertes y grandes,          salen al desierto y no vuelven más a ellas.

5    ¿Quién dejó al onagro en libertad          y soltó las amarras del asno salvaje?

6    Yo le he dado la estepa por morada,          por mansión la tierra salitrosa.

7    Se ríe del tumulto de las ciudades,          no oye los gritos del arriero;

8    explora las montañas, pasto suyo,          en busca de toda hierba verde.

9    ¿Querrá acaso servirte el buey salvaje,          pasar la noche junto a tu pesebre?

10  ¿Atarás a su cuello la coyunda?          ¿rastrillará los surcos tras de ti?

11  ¿Puedes fiarte de él por su gran fuerza?          ¿le confiarás tu menester?

12  ¿Estás seguro de que vuelva,          de que en tu era allegue el grano?

13  El ala del avestruz, ¿se puede comparar          al plumaje de la cigüeña y del halcón?

14  Ella en tierra abandona sus huevos,          en el suelo los deja calentarse;

15  se olvida de que puede aplastarlos algún pie,          o cascarlos una fiera salvaje.

16  Dura para sus hijos cual si no fueran suyos,          por un afán inútil no se inquieta.

17  Es que Dios la privó de sabiduría,          y no le dotó de inteligencia.

18  Pero en cuanto se alza y se remonta,          se ríe del caballo y su jinete.

19  ¿Das tú al caballo la bravura?          ¿revistes su cuello de tremolante crin?

20  ¿Le haces brincar como langosta?          ¡Terror infunde su relincho altanero!

21  Piafa de júbilo en el valle,          con brío se lanza al encuentro de las armas.

22  Se ríe del miedo y de nada se asusta,          no retrocede ante la espada.

23  Va resonando sobre él la aljaba,          la llama de la lanza y el dardo.

24  Hirviendo de impaciencia la tierra devora,          no se contiene cuando suena la trompeta.

25  A cada toque de trompeta dice: «¡Aah!»          olfatea de lejos el combate,          las voces de mando y los clamores.

26  ¿Acaso por tu acuerdo el halcón emprende el vuelo,          despliega sus alas hacia el sur?

27  ¿Por orden tuya se remonta el águila          y coloca su nido en las alturas?

28  Pone en la roca su mansión nocturna,          su fortaleza en un picacho.

29  Desde allí acecha a su presa,          desde lejos la divisan sus ojos.

30               Sus crías lamen sangre;          donde hay muertos, allí está.

Job 40

1    Y Yahveh se dirigió a Job y le dijo:

2    ¿Cederá el adversario de Sadday?          ¿El censor de Dios va a replicar aún?

3    Y Job respondió a Yahveh:

4    ¡He hablado a la ligera: ¿qué voy a responder?      Me taparé la boca con mi mano.

5    Hablé una vez…, no he de repetir;          dos veces…, ya no insistiré.

6    Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

7    Ciñe tus lomos como un bravo:          voy a preguntarte y tú me instruirás.

8    ¿De verdad quieres anular mi juicio?,          para afirmar tu derecho, ¿me vas a condenar?

9    ¿Tienes un brazo tú como el de Dios?          ¿truena tu voz como la suya?

10  ¡Ea, cíñete de majestad y de grandeza,          revístete de gloria y de esplendor!

11  ¡Derrama la explosión de tu cólera,          con una mirada humilla al arrogante!

12  ¡Con una mirada abate al orgulloso,          aplasta en el sitio a los malvados!

13  ¡Húndelos juntos en el suelo,          cierra sus rostros en el calabozo!

14  ¡Y yo mismo te rendiré homenaje,          por la victoria que te da tu diestra!

15  Mira a Behemot, criatura mía, como tú.      Se alimenta de hierba como el buey.

16  Mira su fuerza en sus riñones,          en los músculos del vientre su vigor.

17  Atiesa su cola igual que un cedro,          los nervios de sus muslos se entrelazan.

18  Tubos de bronce son sus vértebras;          sus huesos, como barras de hierro.

19  Es la primera de las obras de Dios:          su autor le procuró su espada;

20  los montes le aportan un tributo,          y todas las fieras que retozan en ellos.

21  Bajo los lotos se recuesta,          en escondite de cañas y marismas.

22  Los lotos le recubren con su sombra,          los sauces del torrente le rodean.

23  Si el río va bravo, no se inquieta,          firme está aunque un Jordán le llegue hasta la boca.

24  ¿Quién, pues, podrá prenderle por los ojos,          taladrar su nariz con punzones?

25  Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo,          sujetarás con un cordel su lengua?

26  ¿Harás pasar por su nariz un junco?          ¿taladrarás con un gancho su quijada?

27  ¿Te hará por ventura largas súplicas?          te hablará con timidez?

28  ¿Pactará contigo un contrato          de ser tu siervo para siempre?

29  ¿Jugarás con él como con un pájaro,          o lo atarás para juguete de tus niñas?

30  ¿traficarán con él los asociados?          ¿se le disputarán los mercaderes?

31  ¿Acribillarás su piel de dardos?          ¿clavarás con el arpón su cabeza?

32  Pon sobre él tu mano:          ¡al recordar la lucha no tendrás ganas de volver!

Job 41

1    ¡Sería vana tu esperanza          porque su vista sola aterra!

2    No hay audaz que lo despierte,          ¿y quién podrá resistir ante él?

3    ¿Quién le hizo frente y quedó salvo?          ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!

4    Mencionaré también sus miembros,          hablaré de su fuerza incomparable.

5    ¿Quién rasgó la delantera de su túnica          y penetró en su coraza doble?

6    ¿Quién abrió las hojas de sus fauces?          ¡Reina el terror entre sus dientes!

7    Su dorso son hileras de escudos,          que cierra un sello de piedra.

8    Están apretados uno a otro,          y ni un soplo puede pasar entre ellos.

9    Están pegados entre sí          y quedan unidos sin fisura.

10  Echa luz su estornudo,          sus ojos son como los párpados de la aurora.

11  Salen antorchas de sus fauces,          chispas de fuego saltan.

12  De sus narices sale humo,          como de un caldero que hierve junto al fuego.

13  Su soplo enciende carbones,          una llama sale de su boca.

14  En su cuello se asienta la fuerza,          y ante él cunde el espanto.

15  Son compactas las papadas de su carne:          están pegadas a ella, inseparables.

16  Su corazón es duro como roca,          resistente como piedra de molino.

17  Cuando se yergue, se amedrentan las olas,          y las ondas del mar se retiran.

18  Le alcanza la espada sin clavarse,          lo mismo la lanza, jabalina o dardo.

19  Para él e hierro es sólo paja,          el bronce, madera carcomida.

20  No le ahuyentan los disparos del arco,          cual polvillo le llegan las piedras de la honda.

21  Una paja le parece la maza,          se ríe del venablo que silba.

22  Debajo de él tejas puntiagudas:          un trillo que va pasando por el lodo.

23  Hace del abismo una olla borbotante,          cambia el mar en pebetero.

24  Deja tras sí una estela luminosa,          el abismo diríase una melena blanca.

25  No hay en la tierra semejante a él,          que ha sido hecho intrépido.

26  Mira a la cara a los más altos,          es rey de todos los hijos del orgullo.

Job 42

1    Y Job respondió a Yahveh:

2    Sé que eres todopoderoso:          ningún proyecto te es irrealizable.

3    Era yo el que empañaba el Consejo          con razones sin sentido.      Sí, he hablado de grandezas que no entiendo,          de maravillas que me superan y que ignoro.

4    (Escucha, deja que yo hable:          voy a interrogarte y tú me instruirás.)

5    Yo te conocía sólo de oídas,          mas ahora te han visto mis ojos.

6    Por eso me retracto y me arrepiento          en el polvo y la ceniza.

7    Después de hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de Temán: «Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.

8    Así que tomad siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.»

9    Elifaz de Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a cumplir la orden de Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.

10  Después Yahveh restauró la situación de Job, al paso que él intercedía en favor de sus amigos; y aumentó Yahveh  al doble todos los bienes de Job.

11  Vinieron, pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas, así como todos sus conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un banquete en su casa, le compadecieron y le consolaron por todo el infortunio que  Yahveh había traído sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el obsequio de un agno de plata y de un anillo de oro.

12  Yahveh bendijo la nueva situación de Job más aún que la antigua: llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos,  mil yuntas de bueyes y mil asnas.

13  Tuvo además siete hijos y tres hijas.

14  A la primera le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de «Canela» y a la tercera el de «Cuerno de afeites».

15  No había en todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Y su padre les dio parte en la herencia entre sus hermanos.

16  Después de esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro generaciones.

17  Después Job murió anciano y colmado de días.

LOS SALMOS (Los números de los Salmos entre paréntesis corresponden a la Vulgata)

Salmo 1

1    ¡Dichoso el hombre que no sigue          el consejo de los impíos,          ni en la senda de los pecadores se detiene,          ni en el banco de los burlones se sienta,

2    mas se complace en la ley de Yahveh,          su ley susurra día y noche!

3    Es como un árbol plantado          junto a corrientes de agua,          que da a su tiempo el fruto,          y jamás se amustia su follaje;          todo lo que hace sale bien.

4    ¡No así los impíos, no así!      Que ellos son como paja que se lleva el viento.

5    Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos,          ni los pecadores en la comunidad de los justos.

6    Porque Yahveh conoce el camino de los justos,          pero el camino de los impíos se pierde.

Salmo 2

1    ¿Por qué se agitan las naciones,          y los pueblos mascullan planes vanos?

2    Se yerguen los reyes de la tierra,          los caudillos conspiran aliados          contra Yahveh y contra su Ungido:

3    «¡Rompamos sus coyundas,          sacudámonos su yugo!»

4    El que se sienta en los cielos se sonríe,      Yahveh se burla de ellos.

5 Luego en su cólera les habla,          en su furor los aterra:

6 «Ya tengo yo consagrado a mi rey          en Sión mi monte santo.»

7    Voy a anunciar el decreto de Yahveh:      El me ha dicho: «Tú eres mi hijo;          yo te he engendrado hoy.

8    Pídeme, y te daré en herencia las naciones,          en propiedad los confines de la tierra.

9    Con cetro de hierro, los quebrantarás,          los quebrarás como vaso de alfarero.»

10  Y ahora, reyes, comprended,          corregíos, jueces de la tierra.

11  Servid a Yahveh con temor,

12  con temblor besad sus pies;          no se irrite y perezcáis en el camino,          pues su cólera se inflama de repente.          ¡Venturosos los que a él se acogen!

Salmo 3

(1)  = Salmo. De David. Cuando huía de su hijo Absalón. =

1 (2)           Yahveh, ¡cuán numerosos son mis adversarios,          cuántos los que se alzan contra mí!

2 (3)           ¡Cuántos los que dicen de mi vida:          «No hay salvación para él en Dios!» = Pausa. =

3 (4)           Mas tú, Yahveh, escudo que me ciñes,          mi gloria, el que realza mi cabeza.

4 (5)           A voz en grito clamo hacia Yahveh,          y él me responde desde su santo monte. = Pausa. =

5 (6)           Yo me acuesto y me duermo,          me despierto, pues Yahveh me sostiene.

6 (7)  No temo a esas gentes que a millares          se apostan en torno contra mí.

7 (8)           ¡Levántate, Yahveh!          ¡Dios mío, sálvame!      Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos,          los dientes de los impíos tú los rompes.

8 (9)           De Yahveh la salvación.      Tu bendición sobre tu pueblo. = Pausa. =

Salmo 4

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De David. =

1 (2)           Cuando clamo, respóndeme, oh Dios mi justiciero,          en la angustia tú me abres salida;          tenme piedad, escucha mi oración.

2 (3)           Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón,          amando vanidad, rebuscando mentira? = Pausa. =

3 (4)           ¡Sabed que Yahveh mima a su amigo,      Yahveh escucha cuando yo le invoco.

4 (5)           Temblad, y no pequéis;          hablad con vuestro corazón en el lecho ¡y silencio! =             Pausa. =

5 (6)  Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Yahveh.

6 (7)           Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?»          ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro!      Yahveh,

7 (8)           tú has dado a mi corazón más alegría          que cuando abundan ellos de trigo y vino nuevo.

8 (9)           En paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo,          pues tú solo, Yahveh, me asientas en seguro.

Salmo 5

(1)  = Del maestro de coro. Para flautas. Salmo. De David. =

1 (2)           Escucha mis palabras, Yahveh,          repara en mi lamento,

2 (3)           atiende a la voz de mi clamor,          oh mi Rey y mi Dios.      Porque a ti te suplico,

3 (4)           Yahveh;          ya de mañana oyes mi voz;          de mañana te presento mi súplica,          y me quedo a la espera.

4 (5)           Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad,          no es huésped tuyo el malo.

5 (6)           No, los arrogantes no resisten          delante de tus ojos.      Detestas a todos los agentes de mal,

6 (7)  pierdes a los mentirosos;          al hombre sanguinario y fraudulento          le abomina Yahveh.

7 (8)  Mas yo, por la abundancia de tu amor,          entro en tu Casa;          en tu santo Templo me prosterno,          lleno de tu temor.

8 (9)  Guíame, Yahveh, en tu justicia,          por causa de los que me acechan,          allana tu camino ante mí.

9 (10) Que no hay en su boca lealtad,          en su interior, tan sólo subversión;          sepulcro abierto es su garganta,          melosa muévese su lengua.

10 (11) Trátalos, oh Dios, como culpables,          haz que fracasen sus intrigas;          arrójalos por el exceso de sus crímenes,          por rebelarse contra ti.

11 (12) Y se alegren los que a ti se acogen,          se alborocen por siempre;          tú los proteges, en ti exultan          los que aman tu nombre.

12 (13) Pues tú bendices al justo, Yahveh,          como un gran escudo tu favor le cubre.

Salmo 6

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David. =

1 (2)           Yahveh, no me corrijas en tu cólera,          en tu furor no me castigues.

2 (3)           Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas,          sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,

3 (4)           desmoronada totalmente mi alma,          y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?

4 (5)           Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma,          sálvame, por tu amor.

5 (6)           Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda;          en el seol, ¿quién te puede alabar?

6 (7)  Estoy extenuado de gemir,          baño mi lecho cada noche,          inundo de lágrimas mi cama;

7 (8)           mi ojo está corroído por el tedio,          ha envejecido entre opresores.

8 (9)           Apartaos de mí todos los malvados,          pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.

9 (10) Yahveh ha oído mi súplica,      Yahveh acoge mi oración.

10 (11) ¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados,          retrocedan, súbitamente confundidos!

Salmo 7

(1)  = Lamentación. De David. La que cantó a Yahveh a propósito del benjaminita Kus. =

1 (2)           Yahveh, Dios mío, a ti me acojo,          sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;

2 (3)           ¡que no arrebate como un león mi vida          el que desgarra, sin que nadie libre!

3 (4)           Yahveh, Dios mío, si algo de esto hice,          si hay en mis manos injusticia,

4 (5)           si a mi bienhechor con mal he respondido          si he perdonado al opresor injusto,

5 (6)           ¡que el enemigo me persiga y me alcance,          estrelle mi vida contra el suelo,          y tire mis entrañas por el polvo! = Pausa. =

6 (7)  Levántate, Yahveh, en tu cólera,          surge contra los arrebatos de mis opresores,          despierta ya, Dios mío,          tú que el juicio convocas.

7 (8)           Que te rodee la asamblea de las naciones,          y tú en lo alto vuélvete hacia ella.

8 (9)           (Yahveh, juez de los pueblos.)      Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia          y según mi inocencia.

9 (10) Haz que cese la maldad de los impíos,          y afianza al justo,          tú que escrutas corazones y entrañas,          oh Dios justo.

10 (11) Dios, el escudo que me cubre,          el salvador de los de recto corazón;

11 (12) Dios, el juez justo,          tardo a la cólera,          pero Dios amenazante en todo tiempo

12 (13) para el que no se vuelve.      Afile su espada el enemigo,          tense su arco y lo apareje,

13 (14) para sí solo prepara armas de muerte,          hace tizones de sus flechas;

14 (15) vedle en su preñez de iniquidad,          malicia concibió, fracaso pare.

15 (16) Cavó una fosa, recavó bien hondo,          mas cae en el hoyo que él abrió;

16 (17) revierte su obra en su cabeza,          su violencia en su cerviz recae.

17 (18) Doy gracias a Yahveh por su justicia,          salmodio al nombre de Yahveh, el Altísimo.

Salmo 8

(1)  = Del maestro de coro. Según la… de Gat. Salmo. De David. =

1 (2)           ¡Oh Yahveh, Señor nuestro,          qué glorioso tu nombre por toda la tierra!      Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,

2 (3)           en boca de los niños, los que aún maman,          dispones baluarte frente a tus adversarios,          para acabar con enemigos y rebeldes.

3 (4)           Al ver tu cielo, hechura de tus dedos,          la luna y las estrellas, que fijaste tú,

4 (5)           ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes,          el hijo de Adán para que de él te cuides?

5 (6)  Apenas inferior a un dios le hiciste,          coronándole de gloria y de esplendor;

6 (7)           le hiciste señor de las obras de tus manos,          todo fue puesto por ti bajo sus pies:

7 (8)           ovejas y bueyes, todos juntos,          y aun las bestias del campo,

8 (9)           y las aves del cielo, y los peces del mar,          que surcan las sendas de las aguas.

9 (10) ¡Oh Yahveh, Señor nuestro,          qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

Salmo 9

(1)  = Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David. =

1 (2)           =Alef= Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón,          cantaré todas tus maravillas;

2 (3)           quiero alegrarme y exultar en ti,          salmodiar a tu nombre, Altísimo.

3 (4)           =Bet= Mis enemigos retroceden,          flaquean, perecen delante de tu rostro;

4 (5)           pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia,          sentándote en el trono cual juez justo.

5 (6) =Guímel.= Has reprimido a las gentes, has perdido al impío,          has borrado su nombre para siempre jamás;

6 (7)  acabado el enemigo, todo es ruina sin fin,          has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. =He.= He aquí que

7 (8)           Yahveh se sienta para siempre,          afianza para el juicio su trono;

8 (9)           él juzga al orbe con justicia,          a los pueblos con rectitud sentencia.

9 (10) =Vau.= ¡Sea Yahveh ciudadela para el oprimido,          ciudadela en los tiempos de angustia!

10 (11) Y en ti confíen los que saben tu nombre,          pues tú, Yahveh, no abandonas a los que te buscan.

11 (12) =Zain.= Salmodiad a Yahveh, que se sienta en Sión,          publicad por los pueblos sus hazañas;

12 (13) que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda,          no olvida el grito de los desdichados.

13 (14) =Jet.= Tenme piedad, Yahveh, ve mi aflicción,          tú que me recobras de las puertas de la muerte,

14 (15) para que yo cuente todas tus alabanzas          a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu             salvación.

15 (16) =Tet.= Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron,          en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.

16 (17) Yahveh se ha dado a conocer, ha hecho justicia,          el impío se ha enredado en la obra de sus manos. =             Sordina. =          = Pausa. =

17 (18) =Yod= ¡Vuelvan los impíos al seol,          todos los gentiles que de Dios se olvidan!

18 (19) =Kaf.= Que no queda olvidado el pobre eternamente,          no se pierde por siempre la esperanza de los             desdichados.

19 (20) ¡Levántate, Yahveh, no triunfe el hombre,          sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!

20 (21) Infunde tú, Yahveh, en ellos el terror,          aprendan los gentiles que no son más que hombres. =             Pausa. =

Salmo 10

1    = Lámed = ¿Por qué, Yahveh, te quedas lejos,          te escondes en las horas de la angustia?

2    Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado,          queda preso en la trampa que le ha urdido.

3    = (Mem.) = Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma,          el avaro que bendice menosprecia a Yahveh,

4    = (Nun.) = el impío, insolente, no le busca:          «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.

5    En todo tiempo se afianzan sus caminos,          allá arriba tus juicios muy lejos de él están,          a todos sus rivales da soplidos.

6    Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!»          = (Sámek.) = porque en desgracia no se ve,

7    maldice.          = (Pe.) = De fraude y perfidia está llena su boca,          bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;

8    al acecho se aposta entre las cañas          en los recodos mata al inocente.          = (Ain.) = Todo ojos, espía al desvalido,

9    al acecho escondido como león en su guarida,          al acecho para atrapar al desdichado,          atrapa al desdichado arrastrándole en su red.

10  = (Sade.) = Espía, se agazapa, se encoge,          el desvalido cae en su poder;

11  dice en su corazón: «Dios se ha olvidado,          tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»

12  = Qof. = ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios!          ¡No te olvides de los desdichados!

13  ¿Por qué el impío menosprecia a Dios,          dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»

14  = Res. = Lo has visto ya, que la pena y la tristeza          las miras tú para tomarlas en tu mano:          el desvalido se abandona a ti,          tú socorres al huérfano.

15  = Sin. = ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado;          indaga su impiedad sin dejar rastro!

16  ¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos;          los gentiles han sido barridos de su tierra!

17  = Tau. = El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh,          su corazón confortas, alargas tus oídos,

18  para hacer justicia al huérfano, al vejado:          ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!

Salmo 11 (10)

1    = Del maestro de coro. De David. =               En Yahveh me cobijo;          ¿cómo decís a mi alma:          «Huye, pájaro, a tu monte?

2    «He aquí que los impíos tensan su arco,          ajustan a la cuerda su saeta,          para tirar en la sombra a los de recto corazón.

3    Si están en ruinas los cimientos, ¿que puede hacer el justo?»

4    Yahveh en su Templo santo,      Yahveh, su trono está en los cielos;          ven sus ojos el mundo,          sus párpados exploran a los hijos de Adán.

5    Yahveh explora al justo y al impío;          su alma odia a quien ama la violencia.

6    ¡Llueva sobre los impíos brasas y azufre,          y un viento abrasador por porción de su copa!

7    Que es justo Yahveh y lo justo ama,          los rectos contemplarán su rostro.

Salmo 12 (11)

(1)  = Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles,          se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!

2 (3)           Falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo,          labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.

3 (4)           Arranque Yahveh todo labio tramposo,          la lengua que profiere bravatas,

4 (5)           los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte,          nuestros labios por nosotros, ¿quien va a ser amo             nuestro?»

5 (6)  Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres,          ahora me alzo yo, dice Yahveh:          auxilio traigo a quien por él suspira.

6 (7)           Las palabras de Yahveh son palabras sinceras,          plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.

7 (8)           Tú, Yahveh, los guardarás,          los librarás de esta ralea para siempre;

8 (9)           de todas partes se irán los impíos,          colmo de vileza entre los hijos de Adán.

Salmo 13 (12)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¿Hasta cuándo, Yahveh, me olvidarás? ¿Por siempre?          ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

2 (3)           ¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma,          en mi corazón angustia, día y noche?          ¿Hasta cuándo triunfará sobre mí mi enemigo?

3 (4)           ¡Mira, respóndeme, Yahveh, Dios mío!          ¡Ilumina mis ojos, no me duerma en la muerte,

4 (5)           no diga mi enemigo: «¡Le he podido!»,          no exulten mis adversarios al verme vacilar!

5 (6)  Que yo en tu amor confío;          en tu salvación mi corazón exulte.

6 ¡A Yahveh cantaré por el bien que me ha hecho      Salmodiaré al nombre de Yahveh, el Altísimo!

Salmo 14 (13)

= Sal 53.

(1)  = Del maestro de coro. De David. =      1 Dice en su corazón el insensato:          «¡No hay Dios!»      Corrompidos están, de conducta abominable,          no hay quien haga el bien.

2    Se asoma Yahveh desde los cielos          hacia los hijos de Adán,          por ver si hay un sensato,          alguien que busque a Dios.

3    Todos ellos están descarriados,          en masa pervertidos.      No hay nadie que haga el bien.          ni uno siquiera.

4    ¿No aprenderán todos los agentes de mal          que comen a mi pueblo          como se come el pan,          y a Yahveh no invocan?

5    Allí de espanto temblarán          donde nada hay que espante,          que Dios está por la raza del justo:

6    de los planes del desdichado os burláis.          mas Yahveh es su refugio.

7    ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel?      Cuando cambie Yahveh la suerte de su pueblo,          exultará Jacob, se alegrará Israel.

Salmo 15 (14)

(1)  = Salmo. De David. =

1 Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?,          ¿quién habitará en tu santo monte?

2    El que ando sin tacha,          y obra la justicia;          que dice la verdad de corazón,

3    y no calumnia con su lengua;          que no daña a su hermano,          ni hace agravio a su prójimo;

4    con menosprecio mira al réprobo,          mas honra a los que temen a Yahveh;          que jura en su perjuicio y no retracta,

5    no presta a usura su dinero,          ni acepta soborno en daño de inocente.      Quien obra así jamás vacilará.

Salmo 16 (15)

(1)  = A media voz. De David. =

1 Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio.

2    Yo digo a Yahveh: «Tú eres mi Señor.          mi bien, nada hay fuera de ti»;

3    ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra:          «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!».

4    Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo.      Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre,          jamás tomaré sus nombres en mis labios.

5    Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa,          tú mi suerte aseguras;

6    la cuerda me asigna un recinto de delicias,          mi heredad es preciosa para mí.

7    Bendigo a Yahveh que me aconseja;          aun de noche mi conciencia me instruye;

8    pongo a Yahveh ante mí sin cesar;          porque él está a mi diestra, no vacilo.

9    Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan,          y hasta mi carne en seguro descansa;

10  pues no has de abandonar mi alma al seol,          ni dejarás a tu amigo ver la fosa.

11  Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro,          a tu derecha, delicias para siempre.

Salmo 17 (16)

(1)  = Oración. De David. =

1 Escucha, Yahveh, la justicia,          atiende a mi clamor,          presta oído a mi plegaria,          que no es de labios engañosos.

2 Mi juicio saldrá de tu presencia,          tus ojos ven lo recto.

3    Mi corazón tú sondas, de noche me visitas;          me pruebas al crisol sin hallar nada malo en mí;          mi boca no claudica

4    al modo de los hombres.      La palabra de tus labios he guardado,          por las sendas trazadas

5    ajustando mis pasos;          por tus veredas no vacilan mis pies.

6    Yo te llamo, que tú, oh Dios, me respondes,          tiende hacia mí tu oído, escucha mis palabras,

7    haz gala de tus gracias, tú que salvas          a los que buscan a tu diestra refugio contra los que             atacan.

8    Guárdame como la pupila de los ojos,          escóndeme a la sombra de tus alas

9    de esos impíos que me acosan,          enemigos ensañados que me cercan.

10  Están ellos cerrados en su grasa,          hablan, la arrogancia en la boca.

11  Avanzan contra mí, ya me cercan,          me clavan sus ojos para tirarme al suelo.

12  Son como el león ávido de presa,          o el leoncillo agazapado en su guarida.

13  ¡Levántate, Yahveh, hazle frente, derríbale;          libra con tu espada mi alma del impío,

14  de los mortales, con tu mano, Yahveh,          de los mortales de este mundo, cuyo lote es la vida!          ¡De tus reservas llénales el vientre,          que sus hijos se sacien,          y dejen las sobras para sus pequeños!

15  Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro,          al despertar me hartaré de tu imagen.

Salmo 18 (17)

(1)  = Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. =

(2)  = Dijo: =

1 Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza,          (mi salvador, que de la violencia me has salvado).

2 (3)           Yahveh, mi roca y mi baluarte,          mi liberador, mi Dios;          la peña en que me amparo,          mi escudo y fuerza de mi salvación,          mi ciudadela y mi refugio.

3 (4)  Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza,          y quedo a salvo de mis enemigos.

4 (5)           Las olas de la muerte me envolvían,          me espantaban las trombas de Belial,

5 (6)           los lazos del seol me rodeaban,          me aguardaban los cepos de la Muerte.

6 (7)           Clamé a Yahveh en mi angustia,          a mi Dios invoqué;          y escuchó mi voz desde su Templo,          resonó mi llamada en sus oídos.

7 (8)           La tierra fue sacudida y vaciló,          retemblaron las bases de los montes,          (vacilaron bajo su furor);

8 (9)  una humareda subió de sus narices,          y de su boca un fuego que abrasaba,          (de él salían carbones encendidos).

9 (10) El inclinó los cielos y bajó,          un espeso nublado debajo de sus pies;

10 (11) cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo,          sobre las alas de los vientos planeó.

11 (12) Se puso como tienda un cerco de tinieblas,          tinieblas de las aguas, espesos nubarrones;

12 (13) del fulgor que le precedía se encendieron          granizo y ascuas de fuego.

13 (14) Tronó Yahveh en los cielos,          lanzó el Altísimo su voz;

14 (15) arrojó saetas, y los puso en fuga,          rayos fulminó y sembró derrota.

15 (16) El fondo del mar quedó a la vista,          los cimientos del orbe aparecieron,          ante tu imprecación, Yahveh,          al resollar el aliento en tus narices.

16 (17) El extiende su mano de lo alto para asirme,          para sacarme de las profundas aguas;

17 (18) me libera de un enemigo poderoso,          de mis adversarios más fuertes que yo.

18 (19) Me aguardaban el día de mi ruina,          más Yahveh fue un apoyo para mí;

19 (20) me sacó a espacio abierto,          me salvó porque me amaba.

20 (21) Yahveh me recompensa conforme a mi justicia,          me paga conforme a la pureza de mis manos;

21 (22) porque he guardado los caminos de Yahveh,          y no he hecho el mal lejos de mi Dios.

22 (23) Porque tengo ante mí todos sus juicios,          y sus preceptos no aparto de mi lado;

23 (24) he sido ante él irreprochable,          y de incurrir en culpa me he guardado.

24 (25) Y Yahveh me devuelve según mi justicia,          según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos.

25 (26) Con el piadoso eres piadoso,          intachable con el hombre sin tacha;

26 (27) con el puro eres puro,          con el ladino, sagaz;

27 (28) tú que salvas al pueblo humilde,          y abates los ojos altaneros.

28 (29) Tú eres, Yahveh, mi lámpara,          mi Dios que alumbra mis tinieblas;

29 (30) con tu ayuda las hordas acometo,          con mi Dios escalo la muralla.

30 (31) Dios es perfecto en sus caminos,          la palabra de Yahveh acrisolada.      El es el escudo          de cuantos a él se acogen.

31 (32) Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh?          ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?

32 (33) El Dios que me ciñe de fuerza,          y hace mi camino irreprochable,

33 (34) que hace mis pies como de ciervas,          y en las alturas me sostiene en pie,

34 (35) el que mis manos para el combate adiestra          y mis brazos para tensar arco de bronce.

35 (36) Tú me das tu escudo salvador,          (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta,

36 (37) mis pasos ensanchas ante mí,          no se tuercen mis tobillos.

37 (38) Persigo a mis enemigos, les doy caza,          no vuelvo hasta haberlos acabado;

38 (39) los quebranto, no pueden levantarse,          sucumben debajo de mis pies.

39 (40) Para el combate de fuerza me ciñes,          doblegas bajo mí a mis agresores,

40 (41) a mis enemigos haces dar la espalda,          extermino a los que me odian.

41 (42) Claman, mas no hay salvador,          a Yahveh, y no les responde.

42 (43) Los machaco como polvo al viento,          como al barro de las calles los piso.

43 (44) De las querellas de mi pueblo tú me libras,          me pones a la cabeza de las gentes;          pueblos que no conocía me sirven;

44 (45) los hijos de extranjeros me adulan,          son todo oídos, me obedecen,

45 (46) los hijos de extranjeros desmayan,          y dejan temblando sus refugios.

46 (47) ¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca,          el Dios de mi salvación sea ensalzado,

47 (48) el Dios que la venganza me concede          y abate los pueblos a mis plantas!

48 (49) Tú me libras de mis enemigos,          me exaltas sobre mis agresores,          del hombre violento me salvas.

49 (50) Por eso he de alabarte entre los pueblos,          a tu nombre, Yahveh, salmodiaré.

50 (51) El hace grandes las victorias de su rey          y muestra su amor a su ungido,          a David y a su linaje para siempre.

Salmo 19 (18)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           Los cielos cuentan la gloria de Dios,          la obra de sus manos anuncia el firmamento;

2 (3)           el día al día comunica el mensaje,          y la noche a la noche trasmite la noticia.

3 (4)           No es un mensaje, no hay palabras,          ni su voz se puede oír;

4 (5)           mas por toda la tierra se adivinan los rasgos,          y sus giros hasta el confín del mundo.      En el mar levantó para el sol una tienda,

5 (6)  y él, como un esposo que sale de su tálamo,          se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.

6 (7)           A un extremo del cielo es su salida,          y su órbita llega al otro extremo,          sin que haya nada que a su ardor escape.

7 (8)           La ley de Yahveh es perfecta,          consolación del alma,          el dictamen de Yahveh, veraz,          sabiduría del sencillo.

8 (9)           Los preceptos de Yahveh son rectos,          gozo del corazón;          claro el mandamiento de Yahveh,          luz de los ojos.

9 (10)               El temor de Yahveh es puro,          por siempre estable;          verdad, los juicios de Yahveh,          justos todos ellos,

10 (11)       apetecibles más que el oro,          más que el oro más fino;          sus palabras más dulces que la miel,          más que el jugo de panales.

11 (12) Por eso tu servidor se empapa en ellos,          gran ganancia es guardarlos.

12 (13) Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros?      De las faltas ocultas límpiame.

13 (14) Guarda también a tu siervo del orgullo,          no tenga dominio sobre mí.      Entonces seré irreprochable,          de delito grave exento.

14 (15) ¡Sean gratas las palabras de mi boca,          y el susurro de mi corazón,          sin tregua ante ti, Yahveh,          roca mía, mi redentor.

Salmo 20 (19)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           ¡Yahveh te responda el día de la angustia,          protéjate el nombre del Dios de Jacob!

2 (3)           El te envíe socorro desde su santuario,          desde Sión sea tu apoyo.

3 (4)           Se acuerde de todas tus ofrendas,          halle sabroso tu holocausto; = Pausa. =

4 (5)           te otorgue según tu corazón,          cumpla todos tus proyectos.

5 (6)           ¡Y nosotros aclamemos tu victoria,          de nuestro Dios el nombre tremolemos!          ¡Cumpla Yahveh todas tus súplicas!

6 (7)  Ahora conozco que Yahveh          dará la salvación a su ungido;          desde su santo cielo le responderá          con las proezas victoriosas de su diestra.

7 (8)           Unos con los carros, otros con los caballos,          nosotros invocamos el nombre de Yahveh, nuestro Dios.

8 (9)           Ellos se doblegan y caen,          y nosotros en pie nos mantenemos.

9 (10) ¡Oh Yahveh, salva al rey,          respóndenos el día de nuestra súplica!

Salmo 21 (20)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey;          ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo!

2 (3)           Tú le has otorgado el deseo de su corazón,          no has rechazado el anhelo de sus labios. = Pausa. =

3 (4)           Pues le precedes de venturosas bendiciones,          has puesto en su cabeza corona de oro fino;

4 (5)           vida te pidió y se la otorgaste,          largo curso de días para siempre jamás.

5 (6)           Gran gloria le da tu salvación,          le circundas de esplendor y majestad;

6 (7)  bendiciones haces de él por siempre,          le llenas de alegría delante de tu rostro.

7 (8)           Sí, en Yahveh confía el rey,          y por gracia del Altísimo no ha de vacilar.

8 (9)           Tu mano alcanzará a todos tus enemigos,          tu diestra llegará a los que te odian;

9 (10) harás de ellos como un horno de fuego,          el día de tu rostro;      Yahveh los tragará en su cólera,          y el fuego los devorará;

10 (11) harás perecer su fruto de la tierra,          y su semilla de entre los hijos de Adán.

11 (12) Aunque ellos intenten daño contra ti,          aunque tramen un plan, nada podrán.

12 (13) Que tú les harás volver la espalda,          ajustarás tu arco contra ellos.

13 (14) ¡Levántate, Yahveh, con tu poder,          y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!

Salmo 22 (21)

(1)  = Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David. =

1 (2)           Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?          ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!

2 (3)           Dios mío, de día clamo, y no respondes,          también de noche, no hay silencio para mí.

3 (4)           ¡Mas tú eres el Santo,          que moras en las laudes de Israel!

4 (5)           En ti esperaron nuestros padres,          esperaron y tú los liberaste;

5 (6)           a ti clamaron, y salieron salvos,          en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.

6 (7)  Y yo, gusano, que no hombre,          vergüenza del vulgo, asco del pueblo,

7 (8)           todos los que me ven de mí se mofan,          tuercen los labios, menean la cabeza:

8 (9)           «Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre,          que le salve, puesto que le ama!»

9 (10) Sí, tú del vientre me sacaste,          me diste confianza a los pechos de mi madre;

10 (11) a ti fui entregado cuando salí del seno,          desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.

11 (12) ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca,          no hay para mí socorro!

12 (13) Novillos innumerables me rodean,          acósanme los toros de Basán;

13 (14) ávidos abren contra mí sus fauces;          leones que desgarran y rugen.

14 (15) Como el agua me derramo,          todos mis huesos se dislocan,          mi corazón se vuelve como cera,          se me derrite entre mis entrañas.

15 (16) Está seco mi paladar como una teja          y mi lengua pegada a mi garganta;          tú me sumes en el polvo de la muerte.

16 (17) Perros innumerables me rodean,          una banda de malvados me acorrala          como para prender mis manos y mis pies.

17 (18) Puedo contar todos mis huesos;          ellos me observan y me miran,

18 (19) repártense entre sí mis vestiduras          y se sortean mi túnica.

19 (20)       ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos,          corre en mi ayuda, oh fuerza mía,

20 (21) libra mi alma de la espada,          mi única de las garras del perro;

21 (22) sálvame de las fauces del león,          y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos!

22 (23) ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos,          en medio de la asamblea te alabaré!:

23 (24)             «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza,          raza toda de Jacob, glorificadle,          temedle, raza toda de Israel».

24 (25) Porque no ha despreciado          ni ha desdeñado la miseria del mísero;          no le ocultó su rostro,          mas cuando le invocaba le escuchó.

25 (26) De ti viene mi alabanza en la gran asamblea,          mis votos cumpliré ante los que le temen.

26 (27) Los pobres comerán, quedarán hartos,          los que buscan a Yahveh le alabarán:          «¡Viva por siempre vuestro corazón!»

27 (28) Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra,          ante él se postrarán todas las familias de las gentes.

28 (29) Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones.

29 (30) Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra,          ante él se doblarán cuantos bajan al polvo.      Y para aquél que ya no viva,

30 (31) le servirá su descendencia:          ella hablará del Señor a la edad

31 (32) venidera,          contará su justicia al pueblo por nacer:      Esto hizo él.

Salmo 23 (22)

(1)  = Salmo. De David. =

1    Yahveh es mi pastor, nada me falta.

2    Por prados de fresca hierba me apacienta.      Hacia las aguas de reposo me conduce,

3    y conforta mi alma;          me guía por senderos de justicia,          en gracia de su nombre.

4    Aunque pase por valle tenebroso,          ningún mal temeré, porque tú vas conmigo;          tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.

5    Tú preparas ante mí una mesa          frente a mis adversarios;          unges con óleo mi cabeza,          rebosante está mi copa.

6    Sí, dicha y gracia me acompañarán          todos los días de mi vida;          mi morada será la casa de Yahveh          a lo largo de los días.

Salmo 24 (23)

(1)  = Salmo. De David. =

1    De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella,          el orbe y los que en él habitan;

2    que él lo fundó sobre los mares,          él lo asentó sobre los ríos.

3    ¿Quién subirá al monte de Yahveh?,          ¿quién podrá estar en su recinto santo?

4    El de manos limpias y puro corazón,          el que a la vanidad no lleva su alma,          ni con engaño jura.

5    El logrará la bendición de Yahveh,          la justicia del Dios de su salvación.

6    Tal es la raza de los que le buscan,          los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob. = Pausa.             =

7    ¡Puertas, levantad vuestros dinteles,          alzaos, portones antiguos,          para que entre el rey de la gloria!

8    ¿Quién es ese rey de gloria?      Yahveh, el fuerte, el valiente,      Yahveh, valiente en la batalla.

9    ¡Puertas, levantad vuestros dinteles,          alzaos, portones antiguos,          para que entre el rey de la gloria!

10  ¿Quién es ese rey de gloria?      Yahveh Sebaot,          él es el rey de gloria. = Pausa =

Salmo 25 (24)

(1)  = De David =

1    = Alef. = A ti, Yahveh, levanto mi alma,

2    oh Dios mío.          = Bet. = En ti confío, ¡no sea confundido,          no triunfen de mí mis enemigos!

3    = Guimel. = No hay confusión para el que espera en ti,          confusión sólo para el que traiciona sin motivo.

4    = Dálet. = Muéstrame tus caminos, Yahveh,          enséñame tus sendas.

5    = He. = Guíame en tu verdad, enséñame,          que tú eres el Dios de mi salvación.          = (Vau) = En ti estoy esperando todo el día,

6    = Zain. = Acuérdate, Yahveh, de tu ternura,          y de tu amor, que son de siempre.

7    = Jet. = De los pecados de mi juventud no te acuerdes,          pero según tu amor, acuérdate de mí.          por tu bondad, Yahveh.

8    = Tet. = Bueno y recto es Yahveh;          por eso muestra a los pecadores el camino;

9    = Yod. = conduce en la justicia a los humildes,          y a los pobres enseña su sendero.

10  = Kaf. = Todas las sendas de Yahveh son amor y verdad          para quien guarda su alianza y sus dictámenes.

11  = Lámed. = Por tu nombre, oh Yahveh,          perdona mi culpa, porque es grande.

12  = Mem. = Si hay un hombre que tema a Yahveh,          él le indica el camino a seguir;

13  = Nun. = su alma mora en la felicidad,          y su estirpe poseerá la tierra.

14  = Sámek. = El secreto de Yahveh es para quienes le temen,          su alianza, para darles cordura.

15  = Ain. = Mis ojos están fijos en Yahveh,          que él sacará mis pies del cepo.

16  = Pe. = Vuélvete a mí, tenme piedad,          que estoy solo y desdichado.

17  = Sade. = Alivia los ahogos de mi corazón,          hazme salir de mis angustias.

18  = (Qof.) = Ve mi aflicción y mi penar,          quita todos mis pecados.

19  = Res. = Mira cuántos son mis enemigos,          cuán violento el odio que me tienen.

20  = Sin. = Guarda mi alma, líbrame,          no quede confundido, cuando en ti me cobijo.

21  = Tau. = Inocencia y rectitud me amparen,          que en ti espero, Yahveh.

22  Redime, oh Dios, a Israel          de todas sus angustias.

Salmo 26 (25)

(1)  = De David. =

1    Hazme justicia, Yahveh,          pues yo camino en mi entereza,          me apoyo en Yahveh y no vacilo.

2    Escrútame, Yahveh, ponme a prueba,          pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;

3 está tu amor delante de mis ojos,          y en tu verdad camino.

4 No voy a sentarme con los falsos,          no ando con hipócritas;

5    odio la asamblea de malhechores,          y al lado de los impíos no me siento.

6    Mis manos lavo en la inocencia          y ando en torno a tu altar, Yahveh,

7    haciendo resonar la acción de gracias,          todas tus maravillas pregonando;

8    amo, Yahveh, la belleza de tu Casa,          el lugar de asiento de tu gloria.

9    No juntes mi alma con los pecadores,          ni mi vida con los hombres sanguinarios,

10  que tienen en sus manos la infamia,          y su diestra repleta de soborno.

11  Yo, en cambio, camino en mi entereza;          rescátame, ten piedad de mí;

12  mi pie está firme en suelo llano;          a ti, Yahveh, bendeciré en las asambleas.

Salmo 27 (26)

(1)  = De David. =

1    Yahveh es mi luz y mi salvación,          ¿a quién he de temer?      Yahveh, el refugio de mi vida,          ¿por quién he de temblar?

2    Cuando se acercan contra mí los malhechores          a devorar mi carne,          son ellos, mis adversarios y enemigos,          los que tropiezan y sucumben.

3    Aunque acampe contra mí un ejército,          mi corazón no teme;          aunque estalle una guerra contra mí,          estoy seguro en ella.

4    Una cosa he pedido a Yahveh,          una cosa estoy buscando:          morar en la Casa de Yahveh,          todos los días de mi vida,          para gustar la dulzura de Yahveh          y cuidar de su Templo.

5    Que él me dará cobijo en su cabaña          en día de desdicha;          me esconderá en lo oculto de su tienda,          sobre una roca me levantará.

6    Y ahora se alza mi cabeza          sobre mis enemigos que me hostigan;          en su tienda voy a sacrificar.          sacrificios de aclamación.      Cantaré, salmodiaré a Yahveh.

7    Escucha, Yahveh, mi voz que clama,          ¡tenme piedad, respóndeme!

8    Dice de ti mi corazón:          «Busca su rostro.»      Sí, Yahveh, tu rostro busco:

9    No me ocultes tu rostro.      No rechaces con cólera a tu siervo;          tú eres mi auxilio.      No me abandones, no me dejes,      Dios de mi salvación.

10  Si mi padre y mi madre me abandonan,      Yahveh me acogerá.

11  Enséñame tu camino, Yahveh,          guíame por senda llana,          por causa de los que me asechan;

12  no me entregues al ansia de mis adversarios,          pues se han alzado contra mí falsos testigos,          que respiran violencia.

13  ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad de Yahveh          en la tierra de los vivos!

14  Espera en Yahveh, ten valor y firme corazón,          espera en Yahveh.

Salmo 28 (27)

(1)  = De David. =

1    Hacia ti clamo, Yahveh,          roca mía, no estés mudo ante mí;          no sea yo, ante tu silencio,          igual que los que bajan a la fosa.

2    Oye la voz de mis plegarias,          cuando grito hacia ti,          cuando elevo mis manos, oh Yahveh,          al santuario de tu santidad.

3    No me arrebates con los impíos,          ni con los agentes de mal,          que hablan de paz a su vecino,          mas la maldad está en su corazón.

4    Dales, Yahveh, conforme a sus acciones,          y a la malicia de sus hechos,          según la obra de sus manos trátales,          págales con su misma moneda.

5    Pues no comprenden los hechos de Yahveh,          la obra de sus manos:          ¡derríbelos él y no los rehabilite!

6    ¡Bendito sea Yahveh, que ha oído          la voz de mis plegarias!

7    Yahveh mi fuerza, escudo mío,          en él confió mi corazón y he recibido ayuda:          mi carne de nuevo ha florecido,          le doy gracias de todo corazón.

8    Yahveh, fuerza de su pueblo,          fortaleza de salvación para su ungido.

9    Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad,          pastoréalos y llévalos por siempre.

Salmo 29 (28)

(1)  = Salmo. De David. =

1    ¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios,          rendid a Yahveh gloria y poder!

2    Rendid a Yahveh la gloria de su nombre,          postraos ante Yahveh en esplendor sagrado.

3    Voz de Yahveh sobre las aguas;          el Dios de gloria truena,          ¡es Yahveh, sobre las muchas aguas!

4    Voz de Yahveh con fuerza,          voz de Yahveh con majestad.

5    Voz de Yahveh que desgaja los cedros,      Yahveh desgaja los cedros del Líbano,

6    hace brincar como un novillo al Líbano,          y al Sarión como cría de búfalo.

7    Voz de Yahveh que afila llamaradas.

8    Voz de Yahveh, que sacude el desierto,          sacude Yahveh el desierto de Cadés.

9    Voz de Yahveh, que estremece las encinas,          y las selvas descuaja,          mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria!

10  Yahveh se sentó para el diluvio,      Yahveh se sienta como rey eterno.

11  Yahveh da el poder a su pueblo,      Yahveh bendice a su pueblo con la paz.

Salmo 30 (29)

(1)  = Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. De David. =

1 (2)           Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado;          no dejaste reírse de mí a mis enemigos.

2 (3)           Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste.

3 (4)           Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol,          me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.

4 (5)           Salmodiad a Yahveh los que le amáis,          alabad su memoria sagrada.

5 (6)           De un instante es su cólera, de toda una vida su favor;          por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos             de alborozo.

6 (7)  Y yo en mi paz decía:          «Jamás vacilaré.»

7 (8)           Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas;          mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado.

8 (9)           A ti clamo, Yahveh,          a mi Dios piedad imploro:

9 (10) ¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa?          ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?

10 (11) ¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí!          ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio!

11 (12) Has trocado mi lamento en una danza,          me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría;

12 (13) mi corazón por eso te salmodiará sin tregua;      Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.

Salmo 31 (30)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           En ti, Yahveh, me cobijo,          ¡oh, no sea confundido jamás!          ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,

2 (3)           tiende hacia mí tu oído, date prisa!      Sé para mí una roca de refugio,          alcázar fuerte que me salve;

3 (4)           pues mi roca eres tú, mi fortaleza,          y, por tu nombre, me guías y diriges.

4 (5)           Sácame de la red que me han tendido,          que tú eres mi refugio;

5 (6)           en tus manos mi espíritu encomiendo,          tú, Yahveh, me rescatas.      Dios de verdad,

6 (7)  tú detestas          a los que veneran vanos ídolos;          mas yo en Yahveh confío:

7 (8)           ¡exulte yo y en tu amor me regocije!      Tú que has visto mi miseria,          y has conocido las angustias de mi alma,

8 (9)           no me has entregado en manos del enemigo,          y has puesto mis pies en campo abierto.

9 (10) Tenme piedad, Yahveh,          que en angustias estoy.      De tedio se corroen mis ojos,          mi alma, mis entrañas.

10 (11) Pues mi vida se consume en aflicción,          y en suspiros mis años;          sucumbe mi vigor a la miseria,          mis huesos se corroen.

11 (12) De todos mis opresores          me he hecho el oprobio;          asco soy de mis vecinos,          espanto de mis familiares.      Los que me ven en la calle          huyen lejos de mí;

12 (13) dejado estoy de la memoria como un muerto,          como un objeto de desecho.

13 (14) Escucho las calumnias de la turba,          terror por todos lados,          mientras se aúnan contra mí en conjura,          tratando de quitarme la vida.

14 (15) Mas yo confío en ti, Yahveh,          me digo: «¡Tú eres mi Dios!»

15 (16) Está en tus manos mi destino, líbrame          de las manos de mis enemigos y perseguidores;

16 (17) haz que alumbre a tu siervo tu semblante,          ¡sálvame, por tu amor!

17 (18) Yahveh, no haya confusión para mí, que te invoco,          ¡confusión sólo para los impíos;          que bajen en silencio al seol,

18 (19) enmudezcan los labios mentirosos          que hablan con insolencia contra el justo,          con orgullo y desprecio!

19 (20) ¡Qué grande es tu bondad, Yahveh!      Tú la reservas para los que te temen,          se la brindas a los que a ti se acogen,          ante los hijos de Adán.

20 (21) Tú los escondes en el secreto de tu rostro,          lejos de las intrigas de los hombres;          bajo techo los pones a cubierto          de la querella de las lenguas.

21 (22) ¡Bendito sea Yahveh que me ha brindado          maravillas de amor          (en ciudad fortificada)!

22 (23) ¡Y yo que decía en mi inquietud:          «Estoy dejado de tus ojos!»      Mas tú oías la voz de mis plegarias,          cuando clamaba a ti.

23 (24) Amad a Yahveh, todos sus amigos;          a los fieles protege Yahveh,          pero devuelve muy sobrado          al que obra por orgullo.

24 (25) ¡Valor, que vuestro corazón se afirme,          vosotros todos que esperáis en Yahveh!

Salmo 32 (31)

(1)  = De David. Poema. =

1    ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa,          y le queda cubierto su pecado!

2    Dichoso el hombre a quien Yahveh          no le cuenta el delito,          y en cuyo espíritu no hay fraude.

3    Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos          en mi rugir de cada día,

4    mientras pesaba, día y noche,          tu mano sobre mí;          mi corazón se alteraba como un campo          en los ardores del estío. = Pausa. =

5    Mi pecado te reconocí,          y no oculté mi culpa;          dije: «Me confesaré          a Yahveh de mis rebeldías.»      Y tú absolviste mi culpa,          perdonaste mi pecado. = Pausa. =

6    Por eso te suplica todo el que te ama          en la hora de la angustia.      Y aunque las muchas aguas se desborden,          no le alcanzarán.

7    Tú eres un cobijo para mí,          de la angustia me guardas,          estás en torno a mí para salvarme. = Pausa. =

8    Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir;          fijos en ti los ojos, seré tu consejero.

9    No seas cual caballo o mulo sin sentido,          rienda y freno hace falta para domar su brío,          si no, no se te acercan.

10  Copiosas son las penas del impío,          al que confía en Yahveh el amor le envuelve.

11  ¡Alegraos en Yahveh,          oh justos, exultad,          gritad de gozo, todos los de recto corazón!

Salmo 33 (32)

1    ¡Gritad de júbilo, justos, por Yahveh!,          de los rectos es propia la alabanza;

2    ¡dad gracias a Yahveh con la cítara,          salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;

3    cantadle un cantar nuevo,          tocad la mejor música en la aclamación!

4    Pues recta es la palabra de Yahveh,          toda su obra fundada en la verdad;

5    él ama la justicia y el derecho,          del amor de Yahveh está llena la tierra.

6    Por la palabra de Yahveh fueron hechos los cielos          por el soplo de su boca toda su mesnada.

7    El recoge, como un dique, las aguas del mar,          en depósitos pone los abismos.

8    ¡Tema a Yahveh la tierra entera,          ante él tiemblen todos los que habitan el orbe!

9    Pues él habló y fue así,          mandó él y se hizo.

10  Yahveh frustra el plan de las naciones,          hace vanos los proyectos de los pueblos;

11  mas el plan de Yahveh subsiste para siempre,          los proyectos de su corazón por todas las edades.

12  ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahveh,          el pueblo que se escogió por heredad!

13  Yahveh mira de lo alto de los cielos,          ve a todos los hijos de Adán;

14  desde el lugar de su morada observa          a todos los habitantes de la tierra,

15  él, que forma el corazón de cada uno,          y repara en todas sus acciones.

16  No queda a salvo el rey por su gran ejército,          ni el bravo inmune por su enorme fuerza.

17  Vana cosa el caballo para la victoria,          ni con todo su vigor puede salvar.

18  Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen,          sobre los que esperan en su amor,

19  para librar su alma de la muerte,          y sostener su vida en la penuria.

20  Nuestra alma en Yahveh espera,          él es nuestro socorro y nuestro escudo;

21  en él se alegra nuestro corazón,          y en su santo nombre confiamos.

22  Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros,          como está en ti nuestra esperanza.

Salmo 34 (33)

(1)  = De David. Cuando fingiéndose demente ante Abimélek, fue despachado por él y se marchó. =

1 (2)           = Alef. = Bendeciré a Yahveh en todo tiempo,          sin cesar en mi boca su alabanza;

2 (3)           = Bet. = en Yahveh mi alma se gloría,          ¡óiganlo los humildes y se alegren!

3 (4)           = Guimel. = Engrandeced conmigo a Yahveh,          ensalcemos su nombre todos juntos.

4 (5)           = Dálet. = He buscado a Yahveh, y me ha respondido:          me ha librado de todos mis temores.

5 (6)  = He. = Los que miran hacia él, refulgirán:          no habrá sonrojo en su semblante.

6 (7)           = Zain. = Cuando el pobre grita, Yahveh oye,          y le salva de todas sus angustias.

7 (8)           = Jet. = Acampa el ángel de Yahveh          en torno a los que le temen y los libra.

8 (9)           = Tet. = Gustad y ved qué bueno es Yahveh,          dichoso el hombre que se cobija en él.

9 (10) = Yod. = Temed a Yahveh vosotros, santos suyos,          que a quienes le temen no les falta nada.

10 (11) = Kaf. = Los ricos quedan pobres y hambrientos,          mas los que buscan a Yahveh de ningún bien carecen.

11 (12) = Lámed. = Venid, hijos, oídme,          el temor de Yahveh voy a enseñaros.

12 (13) = Mem. = ¿Quién es el hombre que apetece la vida,          deseoso de días para gozar de bienes?

13 (14) = Nun. = Guarda del mal tu lengua,          tus labios de decir mentira;

14 (15) = Sámek. = apártate del mal y obra el bien,          busca la paz y anda tras ella.

15 (16) = Ain. = Los ojos de Yahveh sobre los justos,          y sus oídos hacia su clamor,

16 (17) = Pe = el rostro de Yahveh contra los malhechores,          para raer de la tierra su memoria.

17 (18) = Sade. = Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye,          y los libra de todas sus angustias;

18 (19) = Qof. = Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón.          él salva a los espíritus hundidos.

19 (20) = Res. = Muchas son las desgracias del justo,          pero de todas le libera Yahveh;

20 (21) = Sin. = todos sus huesos guarda,          no será quebrantado ni uno solo.

21 (22) = Tau. = La malicia matará al impío,          los que odian al justo lo tendrán que pagar.

22 (23) Yahveh rescata el alma de sus siervos,          nada habrán de pagar los que en él se cobijan.

Salmo 35 (34)

(1)  = De David. =

1    Ataca, Yahveh, a los que me atacan,          combate a quienes me combaten;

2    embraza el escudo y el pavés,          y álzate en mi socorro;

3    blande la lanza y la pica          contra mis perseguidores.      Di a mi alma: «Yo soy tu salvación.»

4    ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos          que andan buscando mi vida!          ¡Vuelvan atrás y queden confundidos          los que mi mal maquinan!

5    ¡Sean lo mismo que la paja al viento,          por el ángel de Yahveh acosados;

6    sea su camino tiniebla y precipicio,          perseguidos por el ángel de Yahveh!

7    Pues sin causa me han tendido su red,          han cavado una fosa para mí.

8    ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la ruina:          le prenda la red que había tendido,          y en su fosa se hunda!

9    Y mi alma exultará en Yahveh,          en su salvación se gozará.

10  Dirán todos mis huesos:      Yahveh, ¿quién como tú,          para librar al débil del más fuerte,          al pobre de su expoliador?

11  Testigos falsos se levantan,          sobre lo que ignoro me interrogan;

12               me pagan mal por bien,          ¡desolación para mi alma!

13  Yo, en cambio, cuando eran ellos los enfermos, vestido de sayal,          me humillaba con ayuno,          y en mi interior repetía mi oración;

14  como por un amigo o un hermano iba y venía,          como en duelo de una madre,          sombrío me encorvaba.

15  Ellos se ríen de mi caída, se reúnen,          sí, se reúnen contra mí;          extranjeros, que yo no conozco,          desgarran sin descanso;

16  si caigo, me rodean          rechinando sus dientes contra mí.

17  ¿Cuánto tiempo, Señor, te quedarás mirando?      Recobra mi alma de sus garras,          de los leones mi vida.

18  Te daré gracias en la gran asamblea,          te alabaré entre un pueblo copioso.

19  No se rían de mí,          mis enemigos pérfidos,          ni se guiñen sus ojos          los que me odian sin razón.

20  Pues no es de paz de lo que hablan          a los pacíficos de la tierra;          mascullan palabras de perfidia,

21  abren bien grande su boca contra mí;          dicen: «¡Ja, Ja,          nuestros ojos lo han visto!»

22  Tú lo has visto, Yahveh, no te quedes callado,      Señor, no estés lejos de mí;

23  despiértate, levántate a mi juicio,          en defensa de mi causa, oh mi Dios y Señor;

24  júzgame conforme a tu justicia, oh Yahveh,          ¡Dios mío, no se rían de mí!

25  No digan en su corazón: «¡Ajá, lo que queríamos!»      No digan: «¡Le hemos engullido!»

26  ¡Vergüenza y confusión caigan a una          sobre los que se ríen de mi mal;          queden cubiertos de vergüenza y de ignominia          los que a mi costa medran!

27  Exulten y den gritos de júbilo          los que en mi justicia se complacen,          y digan sin cesar:          «¡Grande es Yahveh,          que en la paz de su siervo se complace!»

28  Y tu justicia musitará mi lengua,          todo el día tu alabanza.

Salmo 36 (35)

(1)  = Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh. De David. =

1 (2)           Un oráculo para el impío es el pecado          en el fondo de su corazón;          temor de Dios no existe          delante de sus ojos.

2 (3)           Con ojo harto lisonjero se mira,          para encontrar y detestar su culpa;

3 (4)           las palabras de su boca, iniquidad y engaño;          renunció a ser sensato, a hacer el bien.

4 (5)           Sólo maquina iniquidad          sobre su lecho;          en un camino que no es bueno se obstina          y no reprueba el mal.

5 (6)  Oh Yahveh, en los cielos tu amor,          hasta las nubes tu verdad;

6 (7)           tu justicia, como los montes de Dios,          tus juicios, como el hondo abismo.      A hombres y bestias salvas tú, Yahveh,

7 (8)           oh Dios, ¡qué precioso tu amor!      Por eso los hijos de Adán,          a la sombra de tus alas se cobijan.

8 (9)           Se sacian de la grasa de tu Casa,          en el torrente de tus delicias los abrevas;

9 (10) en ti está la fuente de la vida,          y en tu luz vemos la luz.

10 (11) Guarda tu amor a los que te conocen,          y tu justicia a los de recto corazón.

11 (12) ¡Que el pie del orgullo no me alcance,          ni la mano de los impíos me avente!

12 (13) Ved cómo caen los agentes de mal,          abatidos, no pueden levantarse.

Salmo 37 (36)

(1)  = De David. =

1    = Alef. = No te acalores por causa de los malos,          no envidies a los que hacen injusticia.

2    Pues aridecen presto como el heno,          como la hierba tierna se marchitan.

3    = Bet. = Ten confianza en Yahveh y obra el bien,          vive en la tierra y crece en paz,

4    ten tus delicias en Yahveh,          y te dará lo que pida tu corazón.

5    = Guimel. = Pon tu suerte en Yahveh,          confía en él, que él obrará;

6    hará brillar como la luz tu justicia,          y tu derecho igual que el mediodía.

7    = Dálet. = Vive en calma ante Yahveh, espera en él,          no te acalores contra el que prospera,          contra el hombre que urde intrigas.

8    = He. = Desiste de la cólera y abandona el enojo,          no te acalores, que es peor;

9    pues serán extirpados los malvados,          mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra.

10  = Vau. = Un poco más, y no hay impío,          buscas su lugar y ya no está;

11  mas poseerán la tierra los humildes,          y gozarán de inmensa paz.

12  = Zain. = El impío maquina contra el justo,          rechinan sus dientes contra él;

13  el Señor de él se ríe,          porque ve llegar su día.

14  = Jet. = Desenvainan la espada los impíos,          tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre,          para matar a los rectos de conducta;

15  su espada entrará en su propio corazón,          y sus arcos serán rotos.

16  = Tet. = Lo poco del justo vale más          que la mucha abundancia del impío;

17  pues los brazos de los impíos serán rotos,          mientras que a los justos los sostiene Yahveh.

18  = Yod. = Yahveh conoce los días de los íntegros,          su herencia será eterna;

19  no serán confundidos en tiempo de desgracia,          en días de penuria gozarán de hartura.

20  = Kaf. = Perecerán, en cambio, los impíos,          los enemigos de Yahveh;          se esfumarán como el ornato de los prados,          en humo se desvanecerán.

21  = Lámed. = Toma el impío prestado y no devuelve,          mas el justo es compasivo y da;

22  los que él bendice poseerán la tierra,          los que él maldice serán exterminados.

23  = Mem. = De Yahveh penden los pasos del hombre,          firmes son y su camino le complace;

24  aunque caiga, no se queda postrado,          porque Yahveh la mano le sostiene.

25  = Nun. = Fui joven, ya soy viejo,          nunca vi al justo abandonado,          ni a su linaje mendigando el pan.

26  En todo tiempo es compasivo y presta,          su estirpe vivirá en bendición.

27  = Sámek. = Apártate del mal y obra el bien,          tendrás para siempre una morada;

28  porque Yahveh ama lo que es justo          y no abandona a sus amigos.          = Ain. = Los malvados serán por siempre exterminados,          la estirpe de los impíos cercenada;

29  los justos poseerán la tierra,          y habitarán en ella para siempre.

30  La boca del justo sabiduría susurra,          su lengua habla rectitud;

31               la ley de su Dios está en su corazón,          sus pasos no vacilan.

32  Espía el impío al justo,          y busca darle muerte;

33  en su mano Yahveh no le abandona,          ni deja condenarle al ser juzgado.

34  Espera en Yahveh y guarda su camino,          él te exaltará a la herencia de la tierra,          el exterminio de los impíos verás.

35  He visto al impío muy arrogante          empinarse como un cedro del Líbano;

36  pasé de nuevo y ya no estaba,          le busqué y no se le encontró.

37  Observa al perfecto, mira al íntegro:          hay descendencia para el hombre de paz;

38  pero los rebeldes serán a una aniquilados,          y la posteridad de los impíos extirpada.

39  La salvación de los justos viene de Yahveh,          él su refugio en tiempo de angustia;

40  Yahveh los ayuda y los libera,          de los impíos él los libra,          los salva porque a él se acogen.

Salmo 38 (37)

(1)  = Salmo De David. En memoria. =

1 (2)           Yahveh, no me corrijas en tu enojo,          en tu furor no me castigues.

2 (3)           Pues en mí se han clavado tus saetas,          ha caído tu mano sobre mí;

3 (4)           nada intacto en mi carne por tu enojo,          nada sano en mis huesos debido a mi pecado.

4 (5)           Mis culpas sobrepasan mi cabeza,          como un peso harto grave para mí;

5 (6)           mis llagas son hedor y putridez,          debido a mi locura;

6 (7)           encorvado, abatido totalmente,          sombrío ando todo el día.

7 (8)  Están mis lomos túmidos de fiebre,          nada hay sano ya en mi carne;

8 (9)           entumecido, molido totalmente,          me hace rugir la convulsión del corazón.

9 (10) Señor, todo mi anhelo ante tus ojos,          mi gemido no se te oculta a ti.

10 (11) Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan,          y la luz misma de mis ojos me falta.

11 (12) Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga,          mis allegados a distancia se quedan;

12 (13) y tienden lazos los que buscan mi alma,          los que traman mi mal hablan de ruina,          y todo el día andan urdiendo fraudes.

13 (14) Mas yo como un sordo soy, no oigo,          como un mudo que no abre la boca;

14 (15) sí, soy como un hombre que no oye,          ni tiene réplica en sus labios.

15 (16) Que en ti, Yahveh, yo espero,          tú responderás, Señor, Dios mío.

16 (17) He dicho: «! No se rían de mí,          no me dominen cuando mi pie resbale!».

17 (18) Y ahora ya estoy a punto de caída,          mi tormento sin cesar está ante mí.

18 (19) Sí, mi culpa confieso,          acongojado estoy por mi pecado.

19 (20) Aumentan mis enemigos sin razón,          muchos son los que sin causa me odian,

20 (21) los que me devuelven mal por bien          y me acusan cuando yo el bien busco.

21 (22) ¡No me abandones, tú, Yahveh,      Dios mío, no estés lejos de mí!

22 (23) Date prisa a auxiliarme,          oh Señor, mi salvación!

Salmo 39 (38)

(1)  = Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David. =

1 (2)           Yo me decía: «Guardaré mis caminos,          sin pecar con mi lengua,          pondré un freno en mi boca,          mientras esté ante mí el impío.»

2 (3)           Enmudecí, quedé en silencio y calma:          mas al ver su dicha se enconó mi tormento.

3 (4)           Dentro de mí mi corazón se acaloraba,          de mi queja prendió el fuego,          y mi lengua llegó a hablar:

4 (5)           «Hazme saber, Yahveh, mi fin,          y cuál es la medida de mis días,          para que sepa yo cuán frágil soy.

5 (6)  «Oh sí, de unos palmos hiciste mis días,          mi existencia cual nada es ante ti;          sólo un soplo, todo hombre que se yergue,

6 (7)           nada más una sombra el humano que pasa,          sólo un soplo las riquezas que amontona,          sin saber quién las recogerá.»

7 (8)           Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar?      En ti está mi esperanza.

8 (9)           De todas mis rebeldías líbrame,          no me hagas la irrisión del insensato.

9 (10) Me callo ya, no abro la boca,          pues eres tú el que actúas.

10 (11) Retira de mí tus golpes,          bajo el azote de tu mano me anonado.

11 (12) Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre,          cual polilla corroes su anhelos.      Un soplo sólo, todo hombre. = Pausa. «=

12 (13) Escucha mi súplica, Yahveh,          presta oído a mi grito,          no te hagas sordo a mis lágrimas.      Pues soy un forastero junto a ti,          un huésped como todos mis padres.

13 (14) ¡Retira tu mirada para que respire          antes que me vaya y ya no exista más!

Salmo 40 (39)

(1)  = Del maestro de coro. De David. Salmo. =

1 (2)           En Yahveh puse toda mi esperanza,          él se inclinó hacia mí          y escuchó mi clamor.

2 (3)           Me sacó de la fosa fatal,          del fango cenagoso;          asentó mis pies sobre la roca,          consolidó mis pasos.

3 (4)           Puso en mi boca un canto nuevo,          una alabanza a nuestro Dios;          muchos verán y temerán,          y en Yahveh tendrán confianza.

4 (5)           Dichoso el hombre aquel          que en Yahveh pone su confianza,          y no se va con los rebeldes,          que andan tras la mentira.

5 (6)  ¡Cuántas maravillas has hecho,      Yahveh, Dios mío,          qué de designios con nosotros:          no hay comparable a ti!      Yo quisiera publicarlos, pregonarlos,          mas su número excede toda cuenta.

6 (7)           Ni sacrificio ni oblación querías,          pero el oído me has abierto;          no pedías holocaustos ni víctimas,

7 (8)           dije entonces: Heme aquí, que vengo.      Se me ha prescrito en el rollo del libro

8 (9)           hacer tu voluntad.      Oh Dios mío, en tu ley me complazco          en el fondo de mi ser.

9 (10) He publicado la justicia          en la gran asamblea;          mira, no he contenido mis labios,          tú lo sabes, Yahveh.

10 (11) No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón,          he proclamado tu lealtad, tu salvación,          no he ocultado tu amor y tu verdad          a la gran asamblea.

11 (12) Y tú, Yahveh, no contengas          tus ternuras para mí.      Que tu amor y tu verdad          incesantes me guarden.

12 (13) Pues desdichas me envuelven          en número incontable.      Mis culpas me dan caza,          y no puedo ya ver;          más numerosas son que los cabellos de mi cabeza,          y el corazón me desampara.

13 (14) ¡Dígnate, oh Yahveh, librarme,      Yahveh, corre en mi ayuda!

14 (15) ¡Queden avergonzados y confusos todos juntos          los que buscan mi vida para cercenarla!          ¡Atrás, sean confundidos          los que desean mi mal!

15 (16) Queden consternados de vergüenza          los que dicen contra mí: «¡Ja, Ja!»

16 (17) ¡En ti se gocen y se alegren          todos los que te buscan!      Repitan sin cesar: «¡Grande es Yahveh!»,          los que aman tu salvación.

17 (18) Y yo, pobre soy y desdichado,          pero el Señor piensa en mí;          tú, mi socorro y mi libertador,          oh Dios mío, no tardes.

Salmo 41 (40)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           ¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre!      En día de desgracia le libera Yahveh;

2 (3)           Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara,          y no le abandona a la saña de sus enemigos;

3 (4)           le sostiene Yahveh en su lecho de dolor;          tú rehaces entera la postración en que se sume.

4 (5)           Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh,          sana mi alma, pues contra ti he pecado!»

5 (6)           Mis enemigos hablan mal contra mí:          «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?»

6 (7)  Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles,          el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera.

7 (8)           A una cuchichean contra mí todos los que me odian,          me achacan la desgracia que me aqueja:

8 (9)           «Cosa de infierno ha caído sobre él,          ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.»

9 (10) Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba,          el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.

10 (11) Mas tú, Yahveh, tenme piedad,          levántame y les daré su merecido;

11 (12) en esto sabré que tú eres mi amigo:          si mi enemigo no lanza más su grito contra mí;

12 (13) y a mí me mantendrás en mi inocencia,          y ante tu faz me admitirás por siempre.

13 (14) ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel,          desde siempre hasta siempre!          ¡Amén! ¡Amén!

Salmo 42 (41)

(1)  = Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré. =

1 (2)           Como jadea la cierva,          tras las corrientes de agua,          así jadea mi alma,          en pos de ti, mi Dios.

2 (3)           Tiene mi alma sed de Dios,          del Dios vivo;          ¿cuándo podré ir a ver          la faz de Dios?

3 (4)           ¡Son mis lágrimas mi pan,          de día y de noche,          mientras me dicen todo el día:          ¿En dónde está tu Dios?

4 (5)           Yo lo recuerdo, y derramo          dentro de mí mi alma,          cómo marchaba a la Tienda admirable,          a la Casa de Dios,          entre los gritos de júbilo y de loa,          y el gentío festivo.

5 (6)  ¿Por qué, alma mía, desfalleces          y te agitas por mí?      Espera en Dios: aún le alabaré,          ¡salvación de mi rostro y

6 (7)           mi Dios!      En mí mi alma desfallece.          por eso te recuerdo          desde la tierra del Jordán y los Hermones,          a ti, montaña humilde.

7 (8)           Abismo que llama al abismo,          en el fragor de tus cataratas,          todas tus olas y tus crestas          han pasado sobre mí.

8 (9)           De día mandará      Yahveh su gracia,          y el canto que me inspire por la noche          será una oración al Dios de mi vida.

9 (10) Diré a Dios mi Roca:          ¿Por qué me olvidas?,          ¿por qué he de andar sombrío          por la opresión del enemigo?

10 (11) Con quebranto en mis huesos          mis adversarios me insultan,          todo el día repitiéndome:          ¿En dónde está tu Dios?

11 (12) ¿Por qué, alma mía, desfalleces          y te agitas por mí?      Espera en Dios: aún le alabaré,          ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

Salmo 43 (42)

1    Hazme justicia, oh Dios, y mi causa defiende          contra esta gente sin amor;          del hombre falso y fraudulento,          líbrame.

2    Tú el Dios de mi refugio:          ¿por qué me has rechazado?,          ¿por qué he de andar sombrío          por la opresión del enemigo?

3    Envía tu luz y tu verdad,          ellas me guíen,          y me conduzcan a tu monte santo,          donde tus Moradas.

4    Y llegaré al altar de Dios,          al Dios de mi alegría.      Y exultaré, te alabaré a la cítara,          oh Dios, Dios mío.

5    ¿Por qué, alma mía, desfalleces          y te agitas por mí?      Espera en Dios: aún le alabaré,          ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

Salmo 44 (43)

(1)  = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema. =

1 (2)           Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos,          nos lo contaron nuestros padres,          la obra que tú hiciste en sus días,          en los días antiguos,

2 (3)           y con tu propia mano.      Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones,          para ensancharlos, maltrataste pueblos;

3 (4)           no por su espada conquistaron la tierra,          ni su brazo les dio la victoria,          sino que fueron tu diestra y tu brazo,          y la luz de tu rostro, porque los amabas.

4 (5)  Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío,          decidías las victorias de Jacob;

5 (6)           por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios,          por tu nombre pisábamos a nuestros agresores.

6 (7)           No estaba en mi arco mi confianza,          ni mi espada me hizo vencedor;

7 (8)           que tú nos salvabas de nuestros adversarios,          tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos;

8 (9)           en Dios todo el día nos gloriábamos,          celebrando tu nombre sin cesar. = Pausa. =

9 (10) Y con todo, nos has rechazado y confundido,          no sales ya con nuestras tropas,

10 (11) nos haces dar la espalda al adversario,          nuestros enemigos saquean a placer.

11 (12) Como ovejas de matadero nos entregas,          y en medio de los pueblos nos has desperdigado;

12 (13) vendes tu pueblo sin ventaja,          y nada sacas de su precio.

13 (14) De nuestros vecinos nos haces la irrisión,          burla y escarnio de nuestros circundantes;

14 (15) mote nos haces entre las naciones,          meneo de cabeza entre los pueblos.

15 (16) Todo el día mi ignominia está ante mí,          la vergüenza cubre mi semblante,

16 (17) bajo los gritos de insulto y de blasfemia,          ante la faz del odio y la venganza.

17 (18) Nos llegó todo esto sin haberte olvidado,          sin haber traicionado tu alianza.

18 (19) ¡No habían vuelto atrás nuestros corazones,          ni habían dejado nuestros pasos tu sendero,

19 (20) para que tú nos aplastaras en morada de chacales,          y nos cubrieras con la sombra de la muerte!

20 (21) Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios          o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,

21 (22) ¿no se habría dado cuenta Dios,          él, que del corazón conoce los secretos?

22 (23) Pero por ti se nos mata cada día,          como ovejas de matadero se nos trata.

23 (24)       ¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor?          ¡Levántate, no rechaces para siempre!

24 (25) ¿Por qué ocultas tu rostro,          olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?

25 (26) Pues nuestra alma está hundida en el polvo,          pegado a la tierra nuestro vientre.

26 (27) ¡Alzate, ven en nuestra ayuda,          rescátanos por tu amor!

Salmo 45 (44)

(1)  = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios…» De los hijos de Coré. Poema. Canto de amor. =

1 (2)           Bulle mi corazón de palabras graciosas;          voy a recitar mi poema para un rey:          es mi lengua la pluma de un escriba veloz.

2 (3)           Eres hermoso, el más hermoso de los hijos de Adán,          la gracia está derramada en tus labios.      Por eso Dios te bendijo para siempre.

3 (4)           Ciñe tu espada a tu costado, oh bravo,          en tu gloria y tu esplendor

4 (5)  marcha, cabalga,          por la causa de la verdad, de la piedad, de la             justicia.          ¡Tensa la cuerda en el arco, que hace terrible tu             derecha!

5 (6)           Agudas son tus flechas, bajo tus pies están los pueblos,          desmaya el corazón de los enemigos del rey.

6 (7)           Tu trono es de Dios para siempre jamás;          un cetro de equidad, el cetro de tu reino;

7 (8)           tú amas la justicia y odias la impiedad.      Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido          con óleo de alegría más que a tus compañeros;

8 (9)  mirra y áloe y casia son todos tus vestidos.      Desde palacios de marfil laúdes te recrean.

9 (10) Hijas de reyes hay entre tus preferidas;          a tu diestra una reina, con el oro de Ofir.

10 (11) Escucha, hija, mira y pon atento oído,          olvida tu pueblo y la casa de tu padre,

11 (12) y el rey se prendará de tu belleza.      El es tu Señor, ¡póstrate ante él!

12 (13) La hija de Tiro con presentes,          y los más ricos pueblos recrearán tu semblante.

13 (14) Toda espléndida, la hija del rey, va adentro,          con vestidos en oro recamados;

14 (15) con sus brocados el llevada ante el rey.      Vírgenes tras ella, compañeras suyas,          donde él son introducidas;

15 (16) entre alborozo y regocijo avanzan,          al entrar en el palacio del rey.

16 (17) En lugar de tus padres, tendrás hijos;          príncipes los harás sobre toda la tierra.

17 (18) ¡Logre yo hacer tu nombre memorable por todas las generaciones,          y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos!

Salmo 46 (45)

(1)  = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Para oboes. Cántico. =

1 (2)           Dios es para nosotros refugio y fortaleza,          un socorro en la angustia siempre a punto.

2 (3)           Por eso no tememos si se altera la tierra,          si los montes se conmueven en el fondo de los mares,

3 (4)           aunque sus aguas bramen y borboten,          y los montes retiemblen a su ímpetu.          (¡Con nosotros Yahveh Sebaot,          baluarte para nosotros, el Dios de Jacob!) = Pausa. =

4 (5)  ¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios,          santificando las moradas del Altísimo.

5 (6)           Dios está en medio de ella, no será conmovida,      Dios la socorre al llegar la mañana.

6 (7)           Braman las naciones, se tambalean los reinos,          lanza él su voz, la tierra se derrite.

7 (8)           ¡Con nosotros Yahveh Sebaot,          baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! = Pausa. =

8 (9)           Venid a contemplar los prodigios de Yahveh,          el que llena la tierra de estupores.

9 (10) Hace cesar las guerras hasta el extremo de la tierra;          quiebra el arco, parte en dos la lanza,          y prende fuego a los escudos.

10 (11) «¡Basta ya; sabed que yo soy Dios,          excelso sobre las naciones, sobre la tierra excelso!»

11 (12) ¡Con nosotros Yahveh Sebaot,          baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! = Pausa. =

Salmo 47 (46)

(1)  = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2)           ¡Pueblos todos, batid palmas,          aclamad a Dios con gritos de alegría!

2 (3)           Porque Yahveh, el Altísimo, es terrible,      Rey grande sobre la tierra toda.

3 (4)           El somete a nuestro yugo los pueblos,          y a las gentes bajo nuestros pies;

4 (5)           él nos escoge nuestra herencia,          orgullo de Jacob, su amado. = Pausa. =

5 (6)           Sube Dios entre aclamaciones,      Yahveh al clangor de la trompeta:

6 (7)  ¡salmodiad para nuestro Dios, salmodiad,          salmodiad para nuestro Rey, salmodiad!

7 (8)           Que de toda la tierra él es el rey:          ¡salmodiad a Dios con destreza!

8 (9)           Reina Dios sobre las naciones,      Dios, sentado en su sagrado trono.

9 (10) Los príncipes de los pueblos se reúnen          con el pueblo del Dios de Abraham.

10 Pues de Dios son los escudos de la tierra,          él, inmensamente excelso.

Salmo 48 (47)

(1)  = Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. =

1 (2)           Grande es Yahveh, y muy digno de loa          en la ciudad de nuestro Dios;          su monte santo,

2 (3)           de gallarda esbeltez,          es la alegría de toda la tierra;          el monte Sión, confín del Norte,          la ciudad del gran Rey:

3 (4)           Dios, desde sus palacios,          se ha revelado como baluarte.

4 (5)           He aquí que los reyes se habían aliado,          irrumpían a una;

5 (6)           apenas vieron, de golpe estupefactos,          aterrados, huyeron en tropel.

6 (7)  Allí un temblor les invadió,          espasmos como de mujer en parto,

7 (8)           tal el viento del este que destroza          los navíos de Tarsis.

8 (9)           Como habíamos oído lo hemos visto          en la ciudad de Yahveh Sebaot,          en la ciudad de nuestro Dios,          que Dios afirmó para siempre. = Pausa. =

9 (10) Tu amor, oh Dios, evocamos          en medio de tu Templo;

10 (11) ¡como tu nombre, oh Dios, tu alabanza          hasta los confines de la tierra!      De justicia está llena tu diestra,

11 (12) el monte Sión se regocija,          exultan las hijas de Judá          a causa de tus juicios.

12 (13) Dad la vuelta a Sión, girad en torno de ella,          enumerad sus torres;

13 (14) grabad en vuestros corazones sus murallas,          recorred sus palacios;          para contar a la edad venidera

14 (15) que así es Dios,          nuestro Dios por los siglos de los siglos,          aquel que nos conduce.

Salmo 49 (48)

(1)  = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2)           ¡Oídlo, pueblos todos,          escuchad, habitantes todos de la tierra,

2 (3)           hijos de Adán, así como hijos de hombre,          ricos y pobres a la vez!

3 (4)           Mi boca va a decir sabiduría,          y cordura el murmullo de mi corazón;

4 (5)           tiendo mi oído a un proverbio,          al son de cítara descubriré mi enigma.

5 (6)           ¿Por qué temer en días de desgracia          cuando me cerca la malicia de los que me hostigan,

6 (7)  los que ponen su confianza en su fortuna,          y se glorían de su gran riqueza?

7 (8)           ¡Si nadie puede redimirse          ni pagar a Dios por su rescate!;

8 (9)           es muy cara la redención de su alma,          y siempre faltará,

9 (10) para que viva aún y nunca vea la fosa.

10 (11) Se ve, en cambio, fenecer a los sabios,          perecer a la par necio y estúpido,          y dejar para otros sus riquezas.

11 (12) Sus tumbas son sus casas para siempre,          sus moradas de edad en edad;          ¡y a sus tierras habían puesto sus nombres!

12 (13) El hombre en la opulencia no comprende,          a las bestias mudas se asemeja.

13 (14) Así andan ellos, seguros de sí mismos,          y llegan al final, contentos de su suerte. = Pausa. =

14 (15) Como ovejas son llevados al seol,          los pastorea la Muerte,          y los rectos dominarán sobre ellos.      Por la mañana se desgasta su imagen,          ¡el seol será su residencia!

15 (16) Pero Dios rescatará mi alma,          de las garras del seol me cobrará.

16 (17) No temas cuando el hombre se enriquece,          cuando crece el boato de su casa.

17 (18) Que a su muerte, nada ha de llevarse,          su boato no bajará con él.

18 (19) Aunque en vida se bendecía a sí mismo          - te alaban, porque te has tratado bien -,

19 (20) irá a unirse a la estirpe de sus padres,          que nunca ya verán la luz.

20 (21) El hombre en la opulencia no comprende,          a las bestias mudas se asemeja.

Salmo 50 (49)

(1)  = Salmo. De Asaf. =

1    El Dios de los dioses, Yahveh, habla          y convoca a la tierra desde oriente hasta occidente.

2    Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece,

3    viene nuestro Dios y no se callará.      Delante de él, un fuego que devora,          en torno a él, violenta tempestad;

4    convoca a los cielos desde lo alto,          y a la tierra para juzgar a su pueblo.

5    «¡Congregad a mis fieles ante mí,          los que mi alianza con sacrificio concertaron!»

6    Anuncian los cielos su justicia,          porque es Dios mismo el juez. = Pausa. =

7    «Escucha, pueblo mío, que hablo yo,      Israel, yo atestiguo contra ti,          yo, Dios, tu Dios.

8    «No es por tus sacrificios por lo que te acuso:          ¡están siempre ante mí tus holocaustos!

9    No tengo que tomar novillo de tu casa,          ni machos cabríos de tus apriscos.

10  «Pues mías son todas las fieras de la selva,          las bestias en los montes a millares;

11  conozco todas las aves de los cielos,          mías son las bestias de los campos.

12  «Si hambre tuviera, no habría de decírtelo,          porque mío es el orbe y cuanto encierra.

13  ¿Es que voy a comer carne de toros,          o a beber sangre de machos cabríos?

14  «Sacrificio ofrece a Dios de acción de gracias,          cumple tus votos al Altísimo;

15  e invócame en el día de la angustia,          te libraré y tú me darás gloria.»

16  Pero al impío Dios le dice:          «¿Qué tienes tú que recitar mis preceptos,          y tomar en tu boca mi alianza,

17  tú que detestas la doctrina,          y a tus espaldas echas mis palabras?

18               «Si a un ladrón ves, te vas con él,          alternas con adúlteros;

19               sueltas tu boca al mal,          y tu lengua trama engaño.

20  «Te sientas, hablas contra tu hermano,          deshonras al hijo de tu madre.

21  Esto haces tú, ¿y he de callarme?          ¿Es que piensas que yo soy como tú?      Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos.

22  «¡Entended esto bien los que olvidáis a Dios,          no sea que yo arrebate y no haya quien libre!

23  El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria,          al hombre recto le mostraré la salvación de Dios.»

Salmo 51 (50)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

(2)  = Cuando el profeta Natán le visitó después que aquél se había unido a Betsabé. =

1 (3)           Tenme piedad, oh Dios, según tu amor,          por tu inmensa ternura borra mi delito,

2 (4)           lávame a fondo de mi culpa,          y de mi pecado purifícame.

3 (5)           Pues mi delito yo lo reconozco,          mi pecado sin cesar está ante mí;

4 (6)           contra ti, contra ti solo he pecado,          lo malo a tus ojos cometí.      Por que aparezca tu justicia cuando hablas          y tu victoria cuando juzgas.

5 (7)  Mira que en culpa ya nací,          pecador me concibió mi madre.

6 (8)           Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser,          y en lo secreto me enseñas la sabiduría.

7 (9)           Rocíame con el hisopo, y seré limpio,          lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

8 (10) Devuélveme el son del gozo y la alegría,          exulten los huesos que machacaste tú.

9 (11) Retira tu faz de mis pecados,          borra todas mis culpas.

10 (12) Crea en mí, oh Dios, un puro corazón,          un espíritu firme dentro de mí renueva;

11 (13) no me rechaces lejos de tu rostro,          no retires de mí tu santo espíritu.

12 (14) Vuélveme la alegría de tu salvación,          y en espíritu generoso afiánzame;

13 (15) enseñaré a los rebeldes tus caminos,          y los pecadores volverán a ti.

14 (16) Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación,          y aclamará mi lengua tu justicia;

15 (17) abre, Señor, mis labios,          y publicará mi boca tu alabanza.

16 (18) Pues no te agrada el sacrificio,          si ofrezco un holocausto no lo aceptas.

17 (19) El sacrificio a Dios es un espíritu contrito;          un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo             desprecias.

18 (20) ¡Favorece a Sión en tu benevolencia,          reconstruye las murallas de Jerusalén!

19 (21) Entonces te agradarán los sacrificios justos,          - holocausto y oblación entera -          se ofrecerán entonces sobre tu altar novillos.

Salmo 52 (51)

(1)  = Del maestro de coro. Poema. De David. =

(2)  = Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélek.» =

1 (3)           ¿Por qué te glorías del mal,          héroe de infamia?      Todo el día

2 (4)           pensando estás en crímenes,          tu lengua es una afilada navaja,          oh artífice de engaño.

3 (5)           El mal al bien prefieres,          la mentira a la justicia; = Pausa. =

4 (6)           amas toda palabra de perdición,          oh lengua engañadora.

5 (7)  Por eso Dios te aplastará,          te destruirá por siempre,          te arrancará de tu tienda,          te extirpará de la tierra de los vivos. = Pausa. =

6 (8)           Los justos lo verán y temerán,          se reirán de él:

7 (9)           «¡Ese es el hombre que no puso          en Dios su refugio,          mas en su gran riqueza confiaba,          se jactaba de su crimen!»

8 (10) Mas yo, como un olivo verde          en la Casa de Dios,          en el amor de Dios confío          para siempre jamás.

9 (11) Te alabaré eternamente          por lo que has hecho;          esperaré en tu nombre, porque es bueno          con los que te aman

Salmo 53 (52)

(1)  = Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema. De David. =

1 (2)           Dice en su corazón el insensato:          «¡No hay Dios!»      Corrompidos están, de conducta abominable,          no hay quien haga el bien.

2 (3)           Se asoma Dios desde los cielos          hacia los hijos de Adán,          por ver si hay un sensato,          alguien que busque a Dios.

3 (4)           Todos ellos están descarriados,          en masa pervertidos.      No hay quien haga el bien,          ni uno siquiera.

4 (5)  ¿No aprenderán todos los agentes de mal          que comen a mi pueblo          como se come el pan,          y no invocan a Dios?

5 (6)           Allí de espanto temblarán,          donde nada hay que espante.      Pues Dios dispersa los huesos de tu sitiador,          se les ultraja porque Dios los rechaza.

6 (7)           ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel?          ¡Cuando Dios cambie la suerte de su pueblo,          exultará Jacob, se alegrará Israel!

Salmo 54 (53)

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. =

(2)  = Cuando los zifitas vinieron a decir a Saúl: «¿No está escondido David entre nosotros?» =

1 (3)           ¡Oh Dios, sálvame por tu nombre,          por tu poderío hazme justicia,

2 (4)           oh Dios, escucha mi oración,          atiende a las palabras de mi boca!

3 (5)           Pues se han alzado contra mí arrogantes,          rabiosos andan en busca de mi alma,          sin tener para nada a Dios presente. = Pausa. =

4 (6)  Mas ved que Dios viene en mi auxilio,          el Señor con aquellos que sostienen mi alma.

5 (7)           ¡El mal recaiga sobre los que me asechan,      Yahveh, por tu verdad destrúyelos!

6 (8)           De corazón te ofreceré sacrificios,          celebraré tu nombre, porque es bueno,

7 (9)           porque de toda angustia me ha librado,          y mi ojo se recreó en mis enemigos

Salmo 55 (54)

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. =

1 (2)           Escucha, oh Dios, mi oración,          no te retraigas a mi súplica,

2 (3)           dame oídos, respóndeme,          en mi queja me agito.      Gimo

3 (4)           ante la voz del enemigo,          bajo el abucheo del impío;          pues vierten sobre mí falsedades          y con saña me hostigan.

4 (5)           Se me estremece dentro el corazón,          me asaltan pavores de muerte;

5 (6)           miedo y temblor me invaden,          un escalofrío me atenaza.

6 (7)  Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma          para volar y reposar!

7 (8)           Huiría entonces lejos,          en el desierto moraría.

8 (9)           En seguida encontraría un asilo          contra el viento furioso y la tormenta. = Pausa. =

9 (10) ¡Oh, piérdelos, Señor,          enreda sus lenguas!,          pues veo discordia          y altercado en la ciudad;

10 (11) rondan día y noche          por sus murallas.      Y dentro de ella falsedad y malicia,

11 (12) insidias dentro de ella,          jamás se ausentan de sus plazas          la tiranía y el engaño.

12 (13) Si todavía un enemigo me ultrajara,          podría soportarlo;          si el que me odia se alzara contra mí,          me escondería de él.

13 (14) ¡Pero tú, un hombre de mi rango,          mi compañero, mi íntimo,

14 (15) con quien me unía una dulce intimidad,          en la Casa de Dios!          ¡Oh, váyanse en tumulto,

15 (16) caiga la muerte sobre ellos,          vivos en el seol se precipiten,          pues está el mal instalado en medio de ellos!

16 (17) Yo, en cambio, a Dios invoco,          y Yahveh me salva.

17 (18) A la tarde, a la mañana, al mediodía          me quejo y gimo:          él oye mi clamor.

18 (19) En paz mi alma rescata          de la guerra que me hacen:          aunque sean muchos contra mí,

19 (20) Dios escucha y los humilla,          él, que reina desde siempre.      Pero ellos sin enmienda,          y sin temor de Dios.

20 (21) Cada uno extiende su mano contra sus aliados,          viola su alianza;

21 (22) más blanda que la crema es su boca,          pero su corazón es sólo guerra;          sus palabras, más suaves que el aceite,          son espadas desnudas.

22 (23) Descarga en Yahveh tu peso,          y él te sustentará;          no dejará que para siempre          zozobre el justo.

23 (24) Y tú, oh Dios, los hundirás          en el pozo de la fosa,          a los hombres de sangre y de fraude,          sin alcanzar la mitad de sus días.      Mas yo confío en ti.

Salmo 56 (55)

(1)  = Del maestro de coro. Según: «La opresión de los príncipes lejanos».      De David. A media voz. Cuando los filisteos se apoderaron             de él en Gat. =

1 (2)           Tenme piedad, oh Dios, porque me pisan,          todo el día hostigándome me oprimen.

2 (3)           Me pisan todo el día los que me asechan,          innumerables son los que me hostigan en la altura.

3 (4)           El día en que temo, en ti confío.

4 (5)           En Dios, cuya palabra alabo,          en Dios confío y ya no temo,          ¿qué puede hacerme un ser de carne?

5 (6)  Todo el día retuercen mis palabras,          todos sus pensamientos son de hacerme mal;

6 (7)           se conjuran, se ocultan, mis pisadas observan,          como para atrapar mi alma.

7 (8)           Por su iniquidad, ¿habrá escape para ellos?          ¡Abate, oh Dios, a los pueblos en tu cólera!

8 (9)           De mi vida errante llevas tú la cuenta,          ¡recoge mis lágrimas en tu odre!

9 (10) Entonces retrocederán mis enemigos,          el día en que yo clame.      Yo sé que Dios está por mí.

10 (11) En Dios, cuya palabra alabo,          en Yahveh, cuya palabra alabo,

11 (12) en Dios confío y ya no temo,          ¿qué puede hacerme un hombre?

12 (13) A mi cargo, oh Dios, los votos que te hice:          sacrificios te ofreceré de acción de gracias,

13 (14) pues tú salvaste mi alma de la muerte,          para que marche ante la faz de Dios,          en la luz de los vivos.

Salmo 57 (56)

(1)  = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva. =

1 (2)           Tenme piedad, oh Dios, tenme piedad,          que en ti se cobija mi alma;          a la sombra de tus alas me cobijo          hasta que pase el infortunio.

2 (3)           Invoco al Dios Altísimo,          al Dios que tanto hace por mí.

3 (4)           Mande desde los cielos y me salve,          confunda a quien me pisa,          envíe Dios su amor y su verdad. = Pausa. =

4 (5)  Mi alma está tendida en medio de leones,          que devoran a los hijos de Adán;          sus dientes son lanzas y saetas,          su lengua, una espada acerada.

5 (6)           ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos,          sobre toda la tierra, tu gloria

6 (7)           Tendían ellos una red bajo mis pasos,          mi alma se doblaba;          una fosa cavaron ante mí,          ¡cayeron ellos dentro! = Pausa. =

7 (8)           A punto está mi corazón, oh Dios,          mi corazón a punto;          voy a cantar, voy a salmodiar,

8 (9)  ¡gloria mía, despierta!,          ¡despertad, arpa y cítara!,          ¡a la aurora he de despertar!

9 (10) Te alabaré entre los pueblos, Señor,          te salmodiaré entre las gentes;

10 (11) porque tu amor es grande hasta los cielos,          tu verdad hasta las nubes.

11 (12) ¡Álzate, oh Dios, sobre los cielos,          sobre toda la tierra, tu gloria!

Salmo 58 (57)

(1)  = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. =

1 (2)           ¿De veras, dioses, pronunciáis justicia,          juzgáis según derecho a los hijos de Adán?

2 (3)           No. que de corazón cometéis injusticias,          con vuestras manos pesáis la violencia en la tierra.

3 (4)           Torcidos están desde el seno los impíos,          extraviados desde el vientre los que dicen mentira;

4 (5)           tienen veneno como veneno de serpiente,          como el de un áspid sordo que se tapa el oído,

5 (6)  que no oye la voz de los encantadores,          del mago experto en el encanto.

6 (7)           ¡Oh Dios, rompe sus dientes en su boca,          quiebra, Yahveh, las muelas de los leoncillos.

7 (8)           ¡Dilúyanse como aguas que se pasan,          púdranse como hierba que se pisa.

8 (9)           como limaco que marcha deshaciéndose,          como aborto de mujer que no contempla el sol!

9 (10) ¡Antes que espinas echen, como la zarza,          verde o quemada, los arrebate el torbellino!

10 (11) Se alegrará el justo de haber visto la venganza,          sus pies bañará en la sangre del impío;

11 (12) y se dirá: «Sí, hay un fruto para el justo;          sí, hay un Dios que juzga en la tierra.»

Salmo 59 (58)

(1)  = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de  matarle. =

1 (2)           ¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío,          de mis agresores protégeme,

2 (3)           líbrame de los agentes de mal,          de los hombres sanguinarios sálvame!

3 (4)           Mira que acechan a mi alma,          poderosos se conjuran contra mí;          sin rebeldía ni pecado en mí, Yahveh,

4 (5)           sin culpa alguna, corren y se aprestan.      Despiértate, ven a mi encuentro y mira,

5 (6)  tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel,          álzate a visitar a todos los gentiles,          no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. =             Pausa. =

6 (7)           Regresan a la tarde,          aúllan como perros,          rondan por la ciudad.

7 (8)           Míralos desbarrar a boca llena,          espadas en sus labios:          «¿Hay alguno que oiga?»

8 (9)           Mas tú, Yahveh, te ríes de ellos,          tú te mofas de todos los gentiles.

9 (10) Oh fuerza mía, hacia ti miro.      Pues es Dios mi ciudadela,

10 (11) el Dios de mi amor viene a mi encuentro.      Dios me hará desafiar a los que me asechan.

11 (12) ¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo,          dispérsalos con tu poder, humíllalos,          oh Señor, nuestro escudo!

12 (13) Pecado es en su boca la palabra de sus labios;          ¡queden, pues, presos en su orgullo,          por la blasfemia, por la mentira que vocean!

13 (14) ¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más!      Y se sepa que Dios domina en Jacob,          hasta los confines de la tierra. = Pausa. =

14 (15) Regresan a la tarde,          aúllan como perros,          rondan por la ciudad;

15 (16) vedlos buscando qué comer,          hasta que no están hartos van gruñendo.

16 (17) Yo, en cambio, cantaré tu fuerza,          aclamaré tu amor a la mañana;          pues tú has sido para mí una ciudadela,          un refugio en el día de mi angustia.

17 (18) Oh fuerza mía, para ti salmodiaré,          pues es Dios mi ciudadela,          el Dios de mi amor.

Salmo 60 (59)

(1)  = Del maestro de coro. Según «El lirio del testimonio». A media voz. De David. Para enseñar. =

(2)  Cuando luchó contra Aram de Naharáyim y Aram de Sobá, y Joab, de vuelta, derrotó a Edom, en el valle de la Sal: doce mil hombres. =

1 (3)           Nos has rechazado, oh Dios, nos has deshecho,          estabas irritado, ¡oh, vuélvete a nosotros!

2 (4)           Has sacudido la tierra, la has hendido;          sana sus grietas, pues se desmorona.

3 (5)           Hiciste ver a tu pueblo duras pruebas,          nos diste a beber vino de vértigo.

4 (6)  Diste a los que le temen la señal          para que pudiesen escapar del arco. = Pausa. =

5 (7)           Para que tus amados salgan libres,          ¡salva con tu diestra, respóndenos!

6 (8)           Ha hablado Dios en su santuario:          «Ya exulto, voy a repartir a Siquem,          a medir el valle de Sukkot.

7 (9)           «Mío es Galaad, mío Manasés,      Efraím, yelmo de mi cabeza,      Judá, mi cetro,

8 (10) «Moab, la vasija en que me lavo.      Sobre Edom tiro mi sandalia.          ¡Canta, pues, victoria contra mí, Filistea!»

9 (11) ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte,          quién me guiará hasta Edom?

10 (12) ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado,          y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?

11 (13)       Danos ayuda contra el adversario,          que es vano el socorro del hombre.

12 (14) ¡Con Dios hemos de hacer proezas,          y él hollará a nuestros adversarios!

Salmo 61 (60)

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David. =

1 (2)           ¡Escucha, oh Dios, mi clamor,          atiende a mi plegaria!

2 (3)           Desde el extremo de la tierra hacia ti grito,          en el desmayo de mi corazón.      A la roca que se alza lejos de mí, condúceme;

3 (4)           pues tú eres mi refugio,          torre fuerte frente al enemigo.

4 (5)           ¡Que sea yo siempre huésped de tu tienda,          y me acoja al amparo de tus alas! = Pausa. =

5 (6)           Porque tú, oh Dios, oyes mis votos:          tú me otorgas la heredad de los que temen tu nombre.

6 (7)  A los días del rey añade días,          sus años, generación tras generación.

7 (8)           ¡Reine por siempre ante la faz de Dios!          ¡El Amor y la Verdad le guarden!

8 (9)           Entonces salmodiaré a tu nombre para siempre,          día tras día cumpliré mis votos.

Salmo 62 (61)

(1)  = Del maestro de coro… Yedutún. Salmo. De David. =

1 (2)           En Dios sólo el descanso de mi alma,          de él viene mi salvación;

2 (3)           sólo él mi roca, mi salvación,          mi ciudadela, no he de vacilar.

3 (4)           ¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre,          le abatiréis, vosotros todos,          como a una muralla que se vence,          como a pared que se desploma?

4 (5)           Doblez sólo proyectan,          su placer es seducir;          con mentira en la boca, bendicen,          y por dentro maldicen. = Pausa. =

5 (6)  En Dios sólo descansa, oh alma mía,          de él viene mi esperanza;

6 (7)           sólo él mi roca, mi salvación,          mi ciudadela, no he de vacilar;

7 (8)           en Dios mi salvación y mi gloria,          la roca de mi fuerza.      En Dios mi refugio;

8 (9)           confiad en él,          oh pueblo, en todo tiempo;          derramad ante él vuestro corazón,          ¡Dios es nuestro refugio! = Pausa. =

9 (10) Un soplo solamente los hijos de Adán,          los hijos de hombre, una mentira;          si subieran a la balanza          serían menos que un soplo todos juntos.

10 (11) No os fiéis de la opresión,          no os ilusionéis con la rapiña;          a las riquezas, cuando aumenten,          no apeguéis el corazón.

11 (12) Dios ha hablado una vez,          dos veces, lo he oído:      Que de Dios es la fuerza,

12 (13) tuyo, Señor, el amor;          y: Que tú al hombre pagas          con arreglo a sus obras.

Salmo 63 (62)

(1)  = Salmo. De David. Cuando estaba en el desierto de Judá. =

1 (2)           Dios, tú mi Dios, yo te busco,          sed de ti tiene mi alma,          en pos de ti languidece mi carne,          cual tierra seca, agotada, sin agua.

2 (3)           Como cuando en el santuario te veía,          al contemplar tu poder y tu gloria,

3 (4)           - pues tu amor es mejor que la vida,          mis labios te glorificaban -,

4 (5)           así quiero en mi vida bendecirte,          levantar mis manos en tu nombre;

5 (6)  como de grasa y médula se empapará mi alma,          y alabará mi boca con labios jubilosos.

6 (7)           Cuando pienso en ti sobre mi lecho,          en ti medito en mis vigilias,

7 (8)           porque tú eres mi socorro,          y yo exulto a la sombra de tus alas;

8 (9)           mi alma se aprieta contra ti,          tu diestra me sostiene.

9 (10) Mas los que tratan de perder mi alma,          ¡caigan en las honduras de la tierra!

10 (11) ¡Sean pasados al filo de la espada,          sirvan de presa a los chacales!

11 (12) Y el rey en Dios se gozará,          el que jura por él se gloriará,          cuando sea cerrada la boca de los mentirosos.

Salmo 64 (63)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           Escucha, oh Dios, la voz de mi gemido,          del terror del enemigo guarda mi vida;

2 (3)           ocúltame a la pandilla de malvados,          a la turba de los agentes de mal.

3 (4)           Los que afilan su lengua como espada,          su flecha apuntan, palabra envenenada,

4 (5)           para tirar a escondidas contra el íntegro,          le tiran de improviso y nada temen.

5 (6)           Se envalentonan en su acción malvada,          calculan para tender lazos ocultos,          dicen: «¿Quién lo observará

6 (7)  y escrutará nuestros secretos?»      El los escruta, aquel que escruta lo íntimo del hombre,          el corazón profundo.

7 (8)           Una saeta ha tirado Dios,          repentinas han sido sus heridas;

8 (9)           les ha hecho caer por causa de su lengua,          menean la cabeza todos los que los ven.

9 (10) Todo hombre temerá.          anunciará la obra de Dios          y su acción comprenderá.

10 (11) El justo se alegrará en Yahveh,          en él tendrá cobijo;          y se gloriarán todos los de recto corazón.

Salmo 65 (64)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. Cántico. =

1 (2)           A ti se debe la alabanza,          oh Dios, en Sión.      A ti el voto se te cumple,

2 (3)           tú que escuchas la oración.      Hasta ti toda carne viene

3 (4)           con sus obras culpables;          nos vence el peso de nuestras rebeldías,          pero tú las borras.

4 (5)           Dichoso tu elegido, tu privado,          en tus atrios habita.          ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa,          de las cosas santas de tu Templo!

5 (6)  Tú nos responderás con prodigios de justicia,      Dios de nuestra salvación,          esperanza de todos los confines de la tierra,          y de las islas lejanas;

6 (7)           tú que afirmas los montes con tu fuerza,          de potencia ceñido,

7 (8)           y acallas el estruendo de los mares,          el estruendo de sus olas.      Están los pueblos en bullicio,

8 (9)           por tus señales temen los que habitan los confines,          a las puertas de la mañana y de la tarde          haces tú gritar de júbilo.

9 (10) Tú visitas la tierra y la haces rebosar,          de riquezas la colmas.      El río de Dios va lleno de agua,          tú preparas los trigales.      Así es como la preparas:

10 (11) riegas sus surcos, allanas sus glebas,          con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos.

11 (12) Tú coronas el año con tu benignidad,          de tus rodadas cunde la grosura;

12 (13) destilan los pastos del desierto,          las colinas se ciñen de alegría;

13 (14) las praderas se visten de rebaños,          los valles se cubren de trigo;          ¡y los gritos de gozo, y las canciones!

Salmo 66 (65)

(1)  = Del maestro de coro. Cántico. Salmo. =

1    Aclamad a Dios, la tierra toda,

2    salmodiad a la gloria de su nombre,          rendidle el honor de su alabanza,

3    decid a Dios: ¡Qué terribles tus obras!      Por la grandeza de tu fuerza,          tus enemigos vienen a adularte;

4    toda la tierra se postra ante ti,          y salmodia para ti, a tu nombre salmodia. = Pausa. =

5    Venid y ved las obras de Dios,          temible en sus gestas por los hijos de Adán:

6    él convirtió el mar en tierra firme,          el río fue cruzado a pie.      Allí, nuestra alegría en él,

7    que por su poder domina para siempre.      Sus ojos vigilan las naciones,          no se alcen los rebeldes contra él. = Pausa. =

8    Pueblos, bendecid a nuestro Dios,          haced que se oiga la voz de su alabanza,

9    él, que devuelve nuestra alma a la vida,          y no deja que vacilen nuestros pies.

10  Tú nos probaste, oh Dios,          nos purgaste, cual se purga la plata;

11  nos prendiste en la red,          pusiste una correa a nuestros lomos,

12  dejaste que un cualquiera a nuestra cabeza cabalgara,          por el fuego y el agua atravesamos;          mas luego nos sacaste para cobrar aliento.

13  Con holocaustos entraré en tu Casa,          te cumpliré mis votos,

14  los que abrieron mis labios,          los que en la angustia pronunció mi boca.

15  Te ofreceré pingües holocaustos,          con el sahumerio de carneros,          sacrificaré bueyes y cabritos. = Pausa. =

16  Venid a oír y os contaré,          vosotros todos los que teméis a Dios,          lo que él ha hecho por mí.

17  A él gritó mi boca,          la alabanza ya en mi lengua.

18  Si yo en mi corazón hubiera visto iniquidad,          el Señor no me habría escuchado.

19  Pero Dios me ha escuchado,          atento a la voz de mi oración.

20  ¡Bendito sea Dios,          que no ha rechazado mi oración          ni su amor me ha retirado!

Salmo 67 (66)

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico. =

1 (2)           ¡Dios nos tenga piedad y nos bendiga,          su rostro haga brillar sobre nosotros! = Pausa. =

2 (3)           Para que se conozcan en la tierra tus caminos,          tu salvación entre todas las naciones.

3 (4)           ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos,          todos los pueblos te den gracias!

4 (5)           Alégrense y exulten las gentes,          pues tú juzgas al mundo con justicia,          con equidad juzgas a los pueblos,          y a las gentes en la tierra gobiernas. = Pausa. =

5 (6)  ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos,          todos los pueblos te den gracias!

6 (7)           La tierra ha dado su cosecha:      Dios, nuestro Dios, nos bendice.

7 (8)           ¡Dios nos bendiga, y teman ante él          todos los confines de la tierra!

Salmo 68 (67)

(1)  = Del maestro de coro. De David. Salmo. Cántico. =

1 (2)           ¡Álcese Dios, sus enemigos se dispersen,          huyan ante su faz los que le odian!

2 (3)           Cual se disipa el humo, los disipas;          como la cera se derrite al fuego,          perecen los impíos ante Dios.

3 (4)           Mas los justos se alegran y exultan          ante la faz de Dios, y saltan de alegría.

4 (5)           Cantad a Dios, salmodiad a su nombre,          abrid paso al que cabalga en las nubes,          alegraos en Yahveh, exultad ante su rostro.

5 (6)  Padre de los huérfanos y tutor de las viudas          es Dios en su santa morada;

6 (7)           Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa,          abre a los cautivos la puerta de la dicha,          mas los rebeldes quedan en un suelo ardiente.

7 (8)           Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo,          cuando pasabas el desierto, = Pausa. =

8 (9)           la tierra retembló,          y hasta los cielos se licuaron ante la faz de Dios,          ante la faz de Dios, el Dios de Israel.

9 (10) Tú derramaste, oh Dios, una lluvia de larguezas,          a tu heredad extenuada, tú la reanimaste;

10 (11) tu grey halló una morada, aquella          que en tu bondad, oh Dios, al desdichado preparabas.

11 (12) El Señor da la palabra:          es el anuncio de un ejército inmenso.

12 (13) Y mientras los reyes, los ejércitos huyen, huyen,          la bella de la casa reparte el botín.

13 (14) Mientras vosotros descansáis entre las tapias del aprisco,          las alas de la Paloma se cubren de plata,          y sus plumas de destellos de oro verde;

14 (15) cuando Sadday dispersa a los reyes,          por ella cae la nieve en el Monte Umbrío.

15 (16) ¡Monte de Dios, el monte de Basán!          ¡Monte escarpado, el monte de Basán!

16 (17) ¿Por que miráis celosos, montes escarpados,          al monte que Dios escogió por mansión?          ¡Oh sí, Yahveh morará allí para siempre!

17 (18) Los carros de Dios, por millares de miríadas;          el Señor ha venido del Sinaí al santuario.

18 (19) Tú has subido a la altura, conduciendo cautivos,          has recibido tributo de hombres, hasta los rebeldes          para que Yahveh Dios tuviera una morada.

19 (20) ¡Bendito sea el Señor día tras día!      El carga con nosotros, Dios de nuestra salvación. = Pausa.             =

20 (21) Dios libertador es nuestro Dios;          del Señor Yahveh son las salidas de la muerte;

21 (22) mas la cabeza de sus enemigos Dios quebranta,          la testa cabelluda de quien sus crímenes pasea.

22 (23) Dijo el Señor: «De Basán haré volver,          haré volver de los abismos del mar,

23 (24) para que puedas hundir tu pie en la sangre,          y en los enemigos tenga su parte la lengua de tus             perros».

24 (25) ¡Se han visto, oh Dios, tus procesiones,          las procesiones de mi Dios, mi rey, al santuario:

25 (26) delante los cantores, los músicos detrás,          las doncellas en medio, tocando el tamboril!

26 (27) A Dios, en coros, bendecían:          ¡es Yahveh, desde el origen de Israel.

27 (28) Allí iba Benjamín, el pequeño, abriendo marcha,          los príncipes de Judá con sus escuadras,          los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.

28 (29) ¡Manda, Dios mío, según tu poder,          el poder, oh Dios, que por nosotros desplegaste,

29 (30) desde tu Templo en lo alto de Jerusalén,          donde vienen los reyes a ofrecerte presentes!

30 (31) Increpa a la bestia del cañaveral,          a la manada de toros y novillos de los pueblos.          ¡Que se sometan con lingotes de plata!          ¡Dispersa a los pueblos que fomentan la guerra!

31 (32) Los magnates acudan desde Egipto,          tienda hacia Dios sus manos Etiopía.

32 (33) ¡Cantad a Dios, reinos de la tierra,          salmodiad para el Señor,

33 (34) para el que cabalga los cielos, los antiguos cielos: = Pausa. =          ved que lanza él su voz, su voz potente!

34 (35) Reconoced el poderío de Dios.      Sobre Israel su exaltación,          su poder en las nubes:

35 (36)       ¡temible es Dios desde su santuario!      El, el Dios de Israel,          es quien da poder y fuerza al pueblo.          ¡Bendito sea Dios!

Salmo 69 (68)

(1)  = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios…» De David. =

1 (2)           ¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas          me llegan hasta el cuello!

2 (3)           Me hundo en el cieno del abismo,          sin poder hacer pie;          he llegado hasta el fondo de las aguas,          y las olas me anegan.

3 (4)           Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces,          mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.

4 (5)           Son más que los cabellos de mi cabeza          los que sin causa me odian;          más duros que mis huesos          los que me hostigan sin razón.          (¿Lo que yo no he robado tengo que devolver?)

5 (6)  Tú, oh Dios, mi torpeza conoces,          no se te ocultan mis ofensas.

6 (7)           ¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan,          oh Yahveh Sebaot!          ¡No sufran confusión por mí los que te buscan,          oh Dios de Israel!

7 (8)           Pues por ti sufro el insulto,          y la vergüenza cubre mi semblante;

8 (9)           para mis hermanos soy un extranjero,          un desconocido para los hijos de mi madre;

9 (10) pues me devora el celo de tu casa,          y caen sobre mí los insultos de los que te insultan.

10 (11) Si mortifico mi alma con ayuno,          se me hace un pretexto de insulto;

11 (12) si tomo un sayal por vestido,          para ellos me convierto en burla,

12 (13) cuento de los que están sentados a la puerta,          y copla de los que beben licor fuerte.

13 (14) Mas mi oración hacia ti, Yahveh,          en el tiempo propicio:          por tu gran amor, oh Dios, respóndeme,          por la verdad de tu salvación.

14 (15) ¡Sácame del cieno, no me hunda,          escape yo a los que me odian,          a las honduras de las aguas!

15 (16) ¡El flujo de las aguas no me anegue          no me trague el abismo,          ni el pozo cierre sobre mí su boca!

16 (17) ¡Respóndeme, Yahveh, pues tu amor es bondad;          en tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos;

17 (18) no retires tu rostro de tu siervo,          que en angustias estoy, pronto, respóndeme;

18 (19) acércate a mi alma, rescátala,          por causa de mis enemigos, líbrame!

19 (20) Tú conoces mi oprobio,          mi vergüenza y mi afrenta,          ante ti están todos mis opresores.

20 (21) El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco.      Espero compasión, y no la hay,          consoladores, y no encuentro ninguno.

21 (22) Veneno me han dado por comida,          en mi sed me han abrevado con vinagre.

22 (23) ¡Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo,          y su abundancia en una trampa;

23 (24) anúblense sus ojos y no vean,          haz que sus fuerzas sin cesar les fallen!

24 (25) Derrama tu enojo sobre ellos,          los alcance el ardor de tu cólera;

25 (26) su recinto quede hecho un desierto,          en sus tiendas no haya quien habite:

26 (27) porque acosan al que tú has herido,          y aumentan la herida de tu víctima.

27 (28) Culpa añade a su culpa,          no tengan más acceso a tu justicia;

28 (29) del libro de la vida sean borrados,          no sean inscritos con los justos.

29 (30) Y yo desdichado, dolorido,          ¡tu salvación, oh Dios, me restablezca!

30 (31) El nombre de Dios celebraré en un cántico,          le ensalzaré con la acción de gracias;

31 (32) y más que un toro agradará a Yahveh,          más que un novillo con cuernos y pezuñas.

32 (33) Lo han visto los humildes y se alegran;          ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios!

33 (34) Porque Yahveh escucha a los pobres,          no desprecia a sus cautivos.

34 (35) ¡Alábenle los cielos y la tierra,          el mar y cuanto bulle en él!

35 (36) Pues salvará Dios a Sión,          reconstruirá las ciudades de Judá:          habitarán allí y las poseerán;

36 (37) la heredará la estirpe de sus siervos,          los que aman su nombre en ella morarán.

Salmo 70 (69) = 40:14-18

(1)  = Del maestro de coro. De David. En memoria.

1 (2)           ¡Oh Dios, ven a librarme,      Yahveh, corre en mi ayuda!

2 (3)           ¡Queden avergonzados y confusos          los que buscan mi vida!          ¡Atrás!, sean confundidos          los que desean mi mal,

3 (4)           retrocedan de vergüenza          los que dicen: ¡Ja, ja!

4 (5)           ¡En ti se gocen y se alegren          todos los que te buscan!          ¡Repitan sin cesar: «Grande es Dios»,          los que aman tu salvación!

5 (6)  ¡Y yo, desventurado y pobre,          oh Dios, ven presto a mí!          ¡Tú, mi socorro y mi libertador,      Yahveh, no tardes!

Salmo 71 (70)

1 A ti, Yahveh, me acojo,          ¡no sea confundido jamás!

2    ¡Por tu justicia sálvame, libérame!          tiende hacia mí tu oído y sálvame!

3    ¡Sé para mí una roca de refugio,          alcázar fuerte que me salve,          pues mi roca eres tú y mi fortaleza.

4    ¡Dios mío, líbrame de la mano del impío,          de las garras del perverso y del violento!

5    Pues tú eres mi esperanza, Señor,      Yahveh, mi confianza desde mi juventud.

6    En ti tengo mi apoyo desde el seno,          tú mi porción desde las entrañas de mi madre;          ¡en ti sin cesar mi alabanza!

7    Soy el asombro de muchos,          mas tú eres mi seguro refugio.

8 Mi boca está repleta de tu loa,          de tu gloria todo el día.

9    A la hora de mi vejez no me rechaces,          no me abandones cuando decae mi vigor.

10  Porque de mí mis enemigos hablan,          los que espían mi alma se conciertan:

11  «¡Dios le ha desamparado, perseguidle,          apresadle, pues no hay quien le libere!»

12  ¡Oh Dios, no te estés lejos de mí,      Dios mío, ven pronto en mi socorro!

13  ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos          que acusan a mi alma;          cúbranse de ignominia y de vergüenza          los que buscan mi mal!

14               Y yo, esperando sin cesar,          más y más te alabaré;

15               publicará mi boca tu justicia,          todo el día tu salvación.

16  Y vendré a las proezas de Yahveh,          recordaré tu justicia, tuya sólo.

17  ¡Oh Dios, desde mi juventud me has instruido,          y yo he anunciado hasta hoy tus maravillas!

18  Y ahora que llega la vejez y las canas,          ¡oh Dios, no me abandones!,          para que anuncie yo tu brazo a todas las edades             venideras,          ¡tu poderío

19  y tu justicia, oh Dios, hasta los cielos!      Tú que has hecho grandes cosas,          ¡oh Dios!, ¿quién como tú?

20  Tú que me has hecho ver tantos desastres y desgracias,          has de volver a recobrarme.      Vendrás a sacarme de los abismos de la tierra,

21  sustentarás mi ancianidad, volverás a consolarme,

22  Y yo te daré gracias con las cuerdas del arpa,          por tu verdad, Dios mío;          para ti salmodiaré a la cítara,          oh Santo de Israel.

23  Exultarán mis labios cuando salmodie para ti,          y mi alma, que tú has rescatado.

24  También mi lengua todo el día          musitará tu justicia:          porque han sido avergonzados, porque han enrojecido,          los que buscaban mi desgracia.

Salmo 72 (71)

(1)  = De Salomón. =

1    Oh Dios, da al rey tu juicio,          al hijo de rey tu justicia:

2    que con justicia gobierne a tu pueblo,          con equidad a tus humildes.

3 Traigan los montes paz al pueblo,          y justicia los collados.

4    El hará justicia a los humildes del pueblo,          salvará a los hijos de los pobres,          y aplastará al opresor.

5    Durará tanto como el sol,          como la luna de edad en edad;

6    caerá como la lluvia en el retoño,          como el rocío que humedece la tierra.

7    En sus días florecerá la justicia,          y dilatada paz hasta que no haya luna;

8    dominará de mar a mar,          desde el Río hasta los confines de la tierra.

9    Ante él se doblará la Bestia,          sus enemigos morderán el polvo;

10  los reyes de Tarsis y las islas          traerán tributo.      Los reyes de Sabá y de Seba          pagarán impuestos;

11  todos los reyes se postrarán ante él,          le servirán todas las naciones.

12  Porque él librará al pobre suplicante,          al desdichado y al que nadie ampara;

13  se apiadará del débil y del pobre,          el alma de los pobres salvará.

14  De la opresión, de la violencia, rescatará su alma,          su sangre será preciosa ante sus ojos;

15  (y mientras viva se le dará el oro de Sabá).      Sin cesar se rogará por él,          todo el día se le bendecirá.

16  Habrá en la tierra abundancia de trigo,          en la cima de los montes ondeará          como el Líbano al despertar sus frutos y sus flores,          como la hierba de la tierra.

17  ¡Sea su nombre bendito para siempre,          que dure tanto como el sol!          ¡En él se bendigan todas las familias de la tierra,          dichoso le llamen todas las naciones!

18  ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel,          el único que hace maravillas!

19  ¡Bendito sea su nombre glorioso para siempre,          toda la tierra se llene de su gloria!          ¡Amén! ¡Amén!

20  Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.

Salmo 73 (72)

(1)  = Salmo. De Asaf. =

1    En verdad bueno es Dios para Israel,          el Señor para los de puro corazón.

2    Por poco mis pies se me extravían,          nada faltó para que mis pasos resbalaran,

3    celoso como estaba de los arrogantes,          al ver la paz de los impíos.

4    No, no hay congojas para ellos,          sano y rollizo está su cuerpo;

5    no comparten la pena de los hombres,          con los humanos no son atribulados.

6    Por eso el orgullo es su collar,          la violencia el vestido que los cubre;

7    la malicia les cunde de la grasa,          de artimañas su corazón desborda.

8    Se sonríen, pregonan la maldad,          hablan altivamente de violencia;

9    ponen en el cielo su boca,          y su lengua se pasea por la tierra.

10  Por eso mi pueblo va hacia ellos:          aguas de abundancia les llegan.

11  Dicen: «¿Cómo va a saber Dios?          ¿Hay conocimiento en el Altísimo?»

12  Miradlos: ésos son los impíos,          y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza.

13  ¡Así que en vano guardé el corazón puro,          mis manos lavando en la inocencia,

14  cuando era golpeado todo el día,          y cada mañana sufría mi castigo!

15  Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos»,          habría traicionado a la raza de tus hijos;

16  me puse, pues, a pensar para entenderlo,          ¡ardua tarea ante mis ojos!

17  Hasta el día en que entré en los divinos santuarios,          donde su destino comprendí:

18  oh, sí, tú en precipicios los colocas,          a la ruina los empujas.

19  ¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror,          cómo desaparecen sumidos en pavores!

20  Como en un sueño al despertar, Señor,          así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen.

21  Sí, cuando mi corazón se exacerbaba,          cuando se torturaba mi conciencia,

22  estúpido de mí, no comprendía,          una bestia era ante ti.

23  Pero a mí, que estoy siempre contigo,          de la mano derecha me has tomado;

24  me guiarás con tu consejo,          y tras la gloria me llevarás.

25  ¿Quién hay para mí en el cielo?      Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra.

26  Mi carne y mi corazón se consumen:          ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!

27  Sí, los que se alejan de ti perecerán,          tú aniquilas a todos los que te son adúlteros.

28  Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios;          he puesto mi cobijo en el Señor,          a fin de publicar todas tus obras.

Salmo 74 (73)

(1)  = Poema. De Asaf. =

1    ¿Por qué has de rechazar, oh Dios, por siempre,          por qué humear de cólera contra el rebaño de tu pasto?

2    Acuérdate de la comunidad que de antiguo adquiriste,          la que tú rescataste, tribu de tu heredad,          y del monte Sión donde pusiste tu morada.

3    Guía tus pasos a estas ruinas sin fin:          todo en el santuario lo ha devastado el enemigo.

4    En el lugar de tus reuniones rugieron tus adversarios,          pusieron sus enseñas, enseñas

5    que no se conocían,          en el frontón de la entrada.      Machetes en bosque espeso,

6    a una cercenaban sus jambas,          y con hacha y martillo desgajaban.

7    Prendieron fuego a tu santuario,          por tierra profanaron la mansión de tu nombre.

8    Dijeron en su corazón: «¡Destruyámoslos en bloque!»      Quemaron en la tierra todo lugar de santa reunión.

9    No vemos nuestras enseñas, no existen ya profetas,          ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.

10  ¿Hasta cuándo, oh Dios, provocará el adversario?          ¿Ultrajará tu nombre por siempre el enemigo?

11  ¿Por qué retraes tu mano,          y en tu seno retienes escondida tu diestra?

12  Oh Dios, mi rey desde el principio,          autor de salvación en medio de la tierra,

13  tú hendiste el mar con tu poder,          quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas;

14  tú machacaste las cabezas de Leviatán          y las hiciste pasto de las fieras;

15  tú abriste manantiales y torrentes,          y secaste ríos inagotables;

16  tuyo es el día, tuya también la noche,          tú la luna y el sol estableciste,

17  tú trazaste todos los confines de la tierra,          el verano y el invierno tú formaste.

18  Recuérdalo, Yahveh: provoca el enemigo,          tu nombre ultraja un pueblo necio.

19  No entregues a la bestia el alma de tu tórtola,          la vida de tus pobres no olvides para siempre.

20  Piensa en la alianza, que están llenos          los rincones del país de guaridas de violencia.

21  ¡No vuelva cubierto de vergüenza el oprimido;          el humilde y el pobre puedan loar tu nombre!

22  ¡Alzate, oh Dios, a defender tu causa,          acuérdate del necio que te provoca todo el día!

23  No olvides el griterío de tus adversarios,          el clamor de tus agresores que crece sin cesar!

Salmo 75 (74)

(1)  = Del maestro de coro. «No destruyas.» Salmo. De Asaf. Cántico. =

1 (2)           Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias,          invocando tu nombre, tus maravillas pregonando.

2 (3)           «En el momento en que decida,          yo mismo juzgaré con rectitud.

3 (4)           Se estremece la tierra con todos sus habitantes,          mas yo sostengo sus columnas. = Pausa. =

4 (5)           «Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!,          y a los impíos: ¡No levantéis la frente,

5 (6)  no levantéis tan alto vuestra frente,          no habléis con un cuello de insolencia!»

6 (7)           Pues ya no es por oriente ni por occidente,          ya no por el desierto de los montes,

7 (8)           por donde Dios, el juez,          a uno abate y a otro exalta:

8 (9)           sino que hay una copa en la mano de Yahveh,          y de vino drogado está lleno el brebaje:          él lo escanciará, y sorberán hasta las heces,          lo beberán todos los impíos de la tierra.

9 (10) Y yo lo anunciaré por siempre,          salmodiaré para el Dios de Jacob;

10 (11) quebraré toda frente de los impíos,          y la frente del justo se alzará.

Salmo 76 (75)

(1)  = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De Asaf. Cántico. =

1 (2)           En Judá Dios es conocido,          grande es su nombre en Israel;

2 (3)           su tienda está en Salem,          su morada en Sión;

3 (4)           allí quebró las ráfagas del arco,          el escudo, la espada y la guerra. = Pausa. =

4 (5)           Fulgurante eres tú, maravilloso          por los montones de botín

5 (6)           de que han sido despojados;          los bravos durmiendo están su sueño,          a todos los hombres fuertes les fallaron los brazos;

6 (7)  a tu amenaza, oh Dios de Jacob,          carro y caballo se quedaron pasmados.

7 (8)           Tú, tú el terrible, ¿quién puede resistir          ante tu faz, bajo el golpe de tu ira?

8 (9)           Desde los cielos pronuncias la sentencia,          la tierra se amedrenta y enmudece

9 (10) cuando Dios se levanta para el juicio,          para salvar a todos los humildes de la tierra. =             Pausa. =

10 (11) La cólera del hombre te celebra,          te ceñirás con los escapados a la Cólera.

11 (12) Haced votos y cumplidlos a Yahveh, vuestro Dios,          los que le rodean traigan presentes al Terrible;

12 (13) el que corta el aliento a los príncipes,          el temible para los reyes de la tierra.

Salmo 77 (76)

(1)  = Del maestro de coro… Yedutún. De Asaf. Salmo. =

1 (2)           Mi voz hacia Dios: yo clamo,          mi voz hacia Dios: él me escucha.

2 (3)           En el día de mi angustia voy buscando al Señor,          por la noche tiendo mi mano sin descanso,          mi alma el consuelo rehúsa.

3 (4)           De Dios me acuerdo y gimo,          medito, y mi espíritu desmaya. = Pausa. =

4 (5)           Los párpados de mis ojos tú retienes,          turbado estoy, no puedo hablar;

5 (6)           pienso en los días de antaño,          de los años antiguos

6 (7)  me acuerdo;          en mi corazón musito por la noche,          medito y mi espíritu inquiere:

7 (8)           ¿Acaso por los siglos desechará el Señor,          no volverá a ser propicio?

8 (9)           ¿Se ha agotado para siempre su amor?          ¿Se acabó la Palabra para todas las edades?

9 (10) ¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente,          o habrá cerrado de ira sus entrañas? = Pausa. =

10 (11) Y digo: «Este es mi penar:          que se ha cambiado la diestra del Altísimo.»

11 (12) Me acuerdo de las gestas de Yahveh,          sí, recuerdo tus antiguas maravillas,

12 (13) medito en toda tu obra,          en tus hazañas reflexiono.

13 (14) ¡Oh Dios, santos son tus caminos!          ¿Qué dios hay grande como Dios?

14 (15) Tú, el Dios que obras maravillas,          manifestaste tu poder entre los pueblos;

15 (16) con tu brazo a tu pueblo rescataste,          a los hijos de Jacob y de José. = Pausa =.

16 (17) Viéronte, oh Dios, las aguas,          las aguas te vieron y temblaron,          también se estremecieron los abismos.

17 (18) Las nubes derramaron sus aguas,          su voz tronaron los nublados,          también cruzaban tus saetas.

18 (19) ¡Voz de tu trueno en torbellino!      Tus relámpagos alumbraban el orbe,          la tierra se estremecía y retemblaba.

19 (20) Por el mar iba tu camino,          por las muchas aguas tu sendero,          y no se descubrieron tus pisadas.

20 (21) Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño          por la mano de Moisés y de Aarón.

Salmo 78 (77)

(1)  = Poema. De Asaf. =

1    Escucha mi ley, pueblo mío,          tiende tu oído a las palabras de mi boca;

2    voy a abrir mi boca en parábolas,          a evocar los misterios del pasado.

3    Lo que hemos oído y que sabemos,          lo que nuestros padres nos contaron,

4    no se lo callaremos a sus hijos,          a la futura generación lo contaremos:      Las alabanzas de Yahveh y su poder,          las maravillas que hizo;

5    él estableció en Jacob un dictamen,          y puso una ley en Israel;      El había mandado a nuestros padres          que lo comunicaran a sus hijos,

6    que la generación siguiente lo supiera,          los hijos que habían de nacer;          y que éstos se alzaran y se lo contaran a sus hijos,

7    para que pusieran en Dios su confianza,          no olvidaran las hazañas de Dios,          y sus mandamientos observaran;

8    para que no fueran, lo mismo que sus padres,          una generación rebelde y revoltosa,          generación de corazón voluble          y de espíritu desleal a Dios.

9    Los hijos de Efraím, diestros arqueros,          retrocedieron el día del combate;

10  no guardaban la alianza hecha con Dios,          rehusaban caminar según su ley;

11  tenían olvidados sus portentos,          las maravillas que él les hizo ver:

12  prodigios hizo a la vista de sus padres          en el país de Egipto, en los campos de Tanis.

13  Hendió la mar y los pasó a través,          contuvo las aguas como un dique;

14  de día los guiaba con la nube,          y cada noche con resplandor de fuego;

15  en el desierto hendió las rocas,          los abrevó a raudales sin medida;

16  hizo brotar arroyos de la peña          y descender las aguas como ríos.

17  Pero ellos volvían a pecar contra él,          a rebelarse contra el Altísimo en la estepa;

18  a Dios tentaron en su corazón          reclamando manjar para su hambre.

19  Hablaron contra Dios;          dijeron: «¿Será Dios capaz          de aderezar una mesa en el desierto?

20  «Ved que él hirió la roca,          y corrieron las aguas, fluyeron los torrentes:          ¿podrá de igual modo darnos pan,          y procurar carne a su pueblo?»

21  Entonces Yahveh lo oyó y se enfureció,          un fuego se encendió contra Jacob,          y la Cólera estalló contra Israel,

22  porque en Dios no habían tenido fe          ni confiaban en su salvación.

23  Y a las nubes mandó desde lo alto,          abrió las compuertas de los cielos;

24  hizo llover sobre ellos maná para comer,          les dio el trigo de los cielos;

25  pan de Fuertes comió el hombre,          les mandó provisión hasta la hartura.

26  Hizo soplar en los cielos el solano,          el viento del sur con su poder atrajo,

27  y llovió sobre ellos carne como polvo,          y aves como la arena de los mares;

28               las dejó caer en medio de su campo,          en torno a sus moradas.

29               Comieron hasta quedar bien hartos,          así satisfizo su avidez;

30  mas aún no habían colmado su avidez,          su comida estaba aún en su boca,

31  cuando la cólera de Dios estalló contra ellos:          hizo estragos entre los más fuertes,          y abatió a la flor de Israel.

32  Mas con todo pecaron todavía,          en sus maravillas no tuvieron fe.

33               El consumió sus días con un soplo,          y sus años con espanto.

34  Cuando los mataba, le buscaban,          se convertían, se afanaban por él,

35  y recordaban que Dios era su roca,          su redentor, el Dios Altísimo.

36  Mas le halagaban con su boca,          y con su lengua le mentían;

37  su corazón no era fiel para con él,          no tenían fe en su alianza.

38  El, con todo, enternecido,          borraba las culpas y no exterminaba;          bien de veces su cólera contuvo          y no despertó todo su furor:

39  se acordaba de que ellos eran carne,          un soplo que se va y no vuelve más.

40  ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto,          le irritaron en aquellas soledades!

41  Otra vez a tentar a Dios volvían,          a exasperar al Santo de Israel;

42  no se acordaron de su mano,          del día en que les libró del adversario;

43  cuando hizo en Egipto sus señales,          en el campo de Tanis sus prodigios.

44  Trocó en sangre sus ríos          y sus arroyos para que no bebiesen.

45  Tábanos les mandó que los comieron,          y ranas que los infestaron;

46  entregó a la langosta sus cosechas,          el fruto de su afán al saltamontes;

47  asoló con granizo sus viñedos,          y con la helada sus sicómoros;

48  entregó sus ganados al pedrisco          y a los rayos sus rebaños.

49  Lanzó contra ellos el fuego de su cólera,          indignación, enojo y destrucción,          tropel de mensajeros de desgracias;

50  libre curso dio a su ira.      No preservó sus almas de la muerte,          a la peste sus vidas entregó;

51  hirió en Egipto a todo primogénito,          las primicias de la raza en las tiendas de Cam.

52  Y sacó a su pueblo como ovejas,          cual rebaño los guió por el desierto;

53  los guió en seguro, sin temor,          mientras el mar cubrió a sus enemigos;

54  los llevó a su término santo,          a este monte que su diestra conquistó;

55  arrojó a las naciones ante ellos;          a cordel les asignó una heredad,          y estableció en sus tiendas las tribus de Israel.

56  Pero ellos le tentaron, se rebelaron contra el Dios Altísimo,          se negaron a guardar sus dictámenes,

57  se extraviaron, infieles, lo mismo que sus padres,          se torcieron igual que un arco indócil:

58  le irritaron con sus altos,          con sus ídolos excitaron sus celos.

59  Dios lo oyó y se enfureció,          desechó totalmente a Israel;

60  abandonó la morada de Silo,          la tienda en que habitaba entre los hombres.

61  Mandó su fuerza al cautiverio,          a manos del adversario su esplendor;

62  entregó su pueblo a la espada,          contra su heredad se enfureció.

63  El fuego devoró a sus jóvenes,          no hubo canto nupcial para sus vírgenes;

64  sus sacerdotes cayeron a cuchillo,          sus viudas no entonaron lamentos.

65  Entonces despertó el Señor como un durmiente,          como un bravo vencido por el vino;

66  hirió a sus adversarios en la espalda,          les infligió un oprobio eterno.

67  Desechó la tienda de José,          y no eligió a la tribu de Efraím;

68  mas eligió a la tribu de Judá,          el monte Sión al cual amaba.

69  Construyó como las alturas del cielo su santuario,          como la tierra que fundó por siempre.

70  Y eligió a David su servidor,          le sacó de los apriscos del rebaño,

71  le trajo de detrás de las ovejas,          para pastorear a su pueblo Jacob,          y a Israel, su heredad.

72  El los pastoreaba con corazón perfecto,          y con mano diestra los guiaba.

Salmo 79 (78)

(1)  = Salmo. De Asaf. =

1    Oh Dios, han invadido tu heredad las gentes,          han profanado tu sagrado Templo;          han dejado en ruinas a Jerusalén,

2    han entregado el cadáver de tus siervos          por comida a los pájaros del cielo,          la carne de tus amigos a las bestias de la tierra.

3    Han derramado como agua su sangre          en torno a Jerusalén, ¡y nadie sepultaba!

4    Nos hemos hecho la irrisión de los vecinos,          burla y escarnio de nuestros circundantes.

5    ¿Hasta cuándo, Yahveh, tu cólera? ¿hasta el fin?          ¿han de quemar tus celos como fuego?

6    Derrama tu furor sobre las gentes,          que no te reconocen,          y sobre los reinos          que tu nombre no invocan.

7    Porque han devorado a Jacob          y han devastado su dominio.

8    No recuerdes contra nosotros culpas de antepasados,          vengan presto a nuestro encuentro tus ternuras,          pues estamos abatidos del todo;

9    ayúdanos, Dios de nuestra salvación,          por amor de la gloria de tu nombre;          líbranos, borra nuestros pecados,          por causa de tu nombre.

10  ¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?»          ¡Que entre las gentes se conozca, a nuestros propios             ojos,          la venganza de la sangre de tus siervos derramada!

11  ¡Llegue hasta ti el suspiro del cautivo,          con la grandeza de tu brazo preserva a los hijos de la             muerte!

12  ¡Devuelve siete veces a nuestros vecinos, en su entraña,          su afrenta, la afrenta que te han hecho, Señor!

13  Y nosotros, tu pueblo, rebaño de tu pasto,          eternamente te daremos gracias,          de edad en edad repetiremos tu alabanza.

Salmo 80 (79)

(1)  = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios es el dictamen.» De Asaf. Salmo. =

1 (2)           Pastor de Israel, escucha,          tú que guías a José como un rebaño;          tú que estás sentado entre querubes, resplandece

2 (3)           ante Efraím, Benjamín y Manasés;          ¡despierta tu poderío,          y ven en nuestro auxilio!

3 (4)           ¡Oh Dios, haznos volver,          y que brille tu rostro, para que seamos salvos!

4 (5)           ¿Hasta cuándo, oh Yahveh Dios Sebaot,          estarás airado contra la plegaria de tu pueblo?

5 (6)  Les das a comer un pan de llanto          les haces beber lágrimas al triple;

6 (7)           habladuría nos haces de nuestros convecinos,          y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

7 (8)           ¡Oh Dios Sebaot, haznos volver,          y brille tu rostro, para que seamos salvos!

8 (9)           Una viña de Egipto arrancaste,          expulsaste naciones para plantarla a ella,

9 (10) le preparaste el suelo,          y echó raíces y llenó la tierra.

10 (11) Su sombra cubría las montañas,          sus pámpanos los cedros de Dios;

11 (12) extendía sus sarmientos hasta el mar,          hasta el Río sus renuevos.

12 (13) ¿Por qué has hecho brecha en sus tapias,          para que todo el que pasa por el camino la vendimie,

13 (14) el jabalí salvaje la devaste,          y la pele el ganado de los campos?

14 (15) ¡Oh Dios Sebaot, vuélvete ya,          desde los cielos mira y ve,          visita a esta viña,

15 (16) cuídala,          a ella, la que plantó tu diestra!

16 (17) ¡Los que fuego le prendieron, cual basura,          a la amenaza de tu faz perezcan!

17 (18)             Esté tu mano sobre el hombre de tu diestra,          sobre el hijo de Adán que para ti fortaleciste.

18 (19) Ya no volveremos a apartarnos de ti;          nos darás vida y tu nombre invocaremos.

19 (20) ¡Oh Yahveh, Dios Sebaot, haznos volver,          y que brille tu rostro, para que seamos salvos!

Salmo 81 (80)

(1)  = Del maestro de coro. Según la… de Gat. De Asaf. =

1 (2)           ¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza,          aclamad al Dios de Jacob!

2 (3)           ¡Entonad la salmodia, tocad el tamboril,          la melodiosa cítara y el arpa;

3 (4)           tocad la trompeta al nuevo mes,          a la luna llena, el día de nuestra fiesta!

4 (5)           Porque es una ley para Israel,          una norma del Dios de Jacob;

5 (6)           un dictamen que él impuso en José,          cuando salió contra el país de Egipto.      Una lengua desconocida se oye:

6 (7)  «Yo liberé sus hombros de la carga,          sus manos la espuerta abandonaron;

7 (8)           en la aflicción gritaste y te salvé.          «Te respondí en el secreto del trueno,          te probé junto a las aguas de Meribá. = Pausa. =

8 (9)           Escucha, pueblo mío, yo te conjuro,          ¡ah Israel, si quisieras escucharme!

9 (10) «No haya en ti dios extranjero,          no te postres ante dios extraño;

10 (11) yo, Yahveh, soy tu Dios,          que te hice subir del país de Egipto;          abre toda tu boca, y yo la llenaré.

11 (12) «Pero mi pueblo no escuchó mi voz,      Israel no me quiso obedecer;

12 (13) yo les abandoné a la dureza de su corazón,          para que caminaran según sus designios.

13 (14) «¡Ah!, si mi pueblo me escuchara,          si Israel mis caminos siguiera,

14 (15) al punto yo abatiría a sus enemigos,          contra sus adversarios mi mano volvería.

15 (16) «Los que odian a Yahveh le adularían,          y su tiempo estaría para siempre fijado;

16 (17) y a él lo sustentaría con la flor del trigo,          lo saciaría con la miel de la peña.»

Salmo 82 (81)

(1)  = Salmo. De Asaf. =

1    Dios se levanta en la asamblea divina,          en medio de los dioses juzga:

2    «¿Hasta cuándo juzgaréis inicuamente,          y haréis acepción de los impíos?

3    Juzgad en favor del débil y del huérfano,          al humilde, al indigente haced justicia;

4    al débil y al pobre liberad,          de la mano de los impíos arrancadle!» = Pausa. =

5    No saben ni comprenden; caminan en tinieblas,          todos los cimientos de la tierra vacilan.

6    Yo había dicho: «¡Vosotros, dioses sois,          todos vosotros, hijos del Altísimo!»

7    Mas ahora, como el hombre moriréis,          como uno solo caeréis, príncipes.

8    ¡Alzate, oh Dios, juzga a la tierra,          pues tú eres el señor de todas las naciones!

Salmo 83 (82)

(1)  = Cántico. Salmo. De Asaf. =

1 (2)           ¡Oh Dios, no te estés mudo,          cese ya tu silencio y tu reposo, oh Dios!

2 (3)           Mira cómo tus enemigos braman,          los que te odian levantan la cabeza.

3 (4)           Contra tu pueblo maquinan intriga,          conspiran contra tus protegidos;

4 (5)           dicen: «Venid, borrémoslos de las naciones,          no se recuerde más el nombre de Israel!»

5 (6)           Así conspiran de corazón a una,          pactan una alianza contra ti:

6 (7)  las tiendas de Edom, los ismaelitas,      Moab y los hagreos,

7 (8)           Guebal, Ammón, Amalec,      Filistea con los habitantes de Tiro;

8 (9)           también Assur se ha juntado a ellos          y se hace el brazo de los hijos de Lot.

9 (10) Trátalos como a Madián y como a Sísara, = Pausa. =          como a Yabín en el torrente de Quisón,

10 (11) que fueron exterminados en Endor,          quedaron hechos estiércol de la tierra.

11 (12) Trata a sus caudillos como a Oreb y Zeeb,          a todos sus príncipes como a Zébaj y a Salmunná,

12 (13) que habían dicho: «¡Para nosotros conquistemos          los dominios de Dios!»

13 (14) Dios mío, ponlos como hoja en remolino,          como paja ante el viento.

14 (15) Como el fuego abrasa una selva,          como la llama devora las montañas,

15 (16) así persíguelos con tu tormenta,          con tu huracán llénalos de terror.

16 (17) Cubre sus rostros de ignominia,          para que busquen tu nombre, Yahveh.

17 (18) ¡Sean avergonzados y aterrados para siempre,          queden confusos y perezcan,

18 (19) para que sepan que sólo tú tienes el nombre de Yahveh,      Altísimo sobre toda la tierra!

Salmo 84 (83)

(1)  = Del maestro de coro. Según la… de Gat. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2)           ¡Qué amables tus moradas,          oh Yahveh Sebaot!

2 (3)           Anhela mi alma y languidece          tras de los atrios de Yahveh,          mi corazón y mi carne gritan de alegría          hacia el Dios vivo.

3 (4)           Hasta el pajarillo ha encontrado una casa,          y para sí la golondrina un nido          donde poner a sus polluelos:          ¡Tus altares, oh Yahveh Sebaot,          rey mío y Dios mío! = Pausa. =

4 (5)  Dichosos los que moran en tu casa,          te alaban por siempre.

5 (6)           Dichosos los hombres cuya fuerza está en ti,          y las subidas en su corazón.

6 (7)           Al pasar por el valle del Bálsamo,          lo hacen un hontanar,          y la lluvia primera lo cubre de bendiciones.

7 (8)           De altura en altura marchan,          y Dios se les muestra en Sión.

8 (9)           ¡Yahveh Dios Sebaot, escucha mi plegaria,          tiende tu oído, oh Dios de Jacob!

9 (10) Oh Dios, escudo nuestro, mira,          pon tus ojos en el rostro de tu ungido. = Pausa. =

10 (11) Vale más un día en tus atrios          que mil en mis mansiones,          estar en el umbral de la Casa de mi Dios          que habitar en las tiendas de impiedad.

11 (12) Porque Yahveh Dios es almena y escudo,          él da gracia y gloria;      Yahveh no niega la ventura          a los que caminan en la perfección.

12 (13) ¡Oh Yahveh Sebaot,          dichoso el hombre que confía en ti!

Salmo 85 (84)

(1)  = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2)           Propicio has sido, Yahveh, con tu tierra,          has hecho volver a los cautivos de Jacob;

2 (3)           has quitado la culpa de tu pueblo,          has cubierto todos sus pecados, = Pausa. =

3 (4)           has retirado todo tu furor,          has desistido del ardor de tu cólera.

4 (5)           ¡Haznos volver, Dios de nuestra salvación,          cesa en tu irritación contra nosotros!

5 (6)           ¿Vas a estar siempre airado con nosotros?          ¿Prolongarás tu cólera de edad en edad?

6 (7)  ¿No volverás a darnos vida          para que tu pueblo en ti se regocije?

7 (8)           ¡Muéstranos tu amor, Yahveh,          y danos tu salvación!

8 (9)           Voy a escuchar de qué habla Dios.      Sí, Yahveh habla de paz          para su pueblo y para sus amigos,          con tal que a su torpeza no retornen.

9 (10) Ya está cerca su salvación para quienes le temen,          y la Gloria morará en nuestra tierra.

10 (11) Amor y Verdad se han dado cita,      Justicia y Paz se abrazan;

11 (12)             la Verdad brotará de la tierra,          y de los cielos se asomará la Justicia.

12 (13)       El mismo Yahveh dará la dicha,          y nuestra tierra su cosecha dará;

13 (14) La Justicia marchará delante de él,          y con sus pasos trazará un camino.

Salmo 86 (85)

(1)  = Oración. De David. =

1    Tiende tu oído, Yahveh, respóndeme,          que soy desventurado y pobre,

2    guarda mi alma, porque yo te amo,          salva a tu siervo que confía en ti.      Tú eres mi Dios,

3    tenme piedad, Señor,          pues a ti clamo todo el día;

4    recrea el alma de tu siervo,          cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5    Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente,          rico en amor para todos los que te invocan;

6    Yahveh, presta oído a mi plegaria,          atiende a la voz de mis súplicas.

7    En el día de mi angustia yo te invoco,          pues tú me has de responder;

8    entre los dioses, ninguno como tú, Señor,          ni obras como las tuyas.

9    Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti,          y a dar, Señor, gloria a tu nombre;

10  pues tú eres grande y obras maravillas,          tú, Dios, y sólo tú.

11  Enséñame tus caminos Yahveh,          para que yo camine en tu verdad,          concentra mi corazón en el temor de tu nombre.

12  Gracias te doy de todo corazón, Señor Dios mío,          daré gloria a tu nombre por siempre,

13  pues grande es tu amor para conmigo,          tú has librado mi alma del fondo del seol.

14  Oh Dios, los orgullosos se han alzado contra mí,          una turba de violentos anda buscando mi alma,          y no te tienen a ti delante de sus ojos.

15  Mas tú, Señor, Dios clemente y compasivo,          tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad,

16  ¡vuélvete a mí, tenme compasión!      Da tu fuerza a tu siervo,          salva al hijo de tu sierva.

17  Haz conmigo un signo de bondad:      Que los que me odian vean, avergonzados,          que tú, Yahveh, me ayudas y consuelas.

Salmo 87 (86)

(1)  = De los hijos de Coré. Salmo. Cántico. =

1 Su fundación sobre los santos montes

2    ama Yahveh:          las puertas de Sión          más que todas las moradas de Jacob.

3 Glorias se dicen de ti,          ciudad de Dios: = Pausa. =

4    «Yo cuento a Ráhab y Babel          entre los que me conocen.      Tiro, Filistea y Etiopía,          fulano nació allí.»

5    Pero de Sión se ha de decir:          «Todos han nacido en ella»,          y quien la funda es el propio Altísimo.

6    Yahveh a los pueblos inscribe en el registro:          «Fulano nació allí», = Pausa. =

7    y los príncipes, lo mismo que los hijos,          todos ponen su mansión en ti.

Salmo 88 (87)

(1)  = Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema. De Hemán el indígena. =

1 (2)           Yahveh, Dios de mi salvación,          ante ti estoy clamando día y noche;

2 (3)           llegue hasta ti mi súplica,          presta oído a mi clamor.

3 (4)           Porque mi alma de males está ahíta,          y mi vida está al borde del seol;

4 (5)           contado entre los que bajan a la fosa,          soy como un hombre acabado:

5 (6)           relegado entre los muertos,          como los cadáveres que yacen en la tumba,          aquellos de los que no te acuerdas más,          que están arrancados de tu mano.

6 (7)  Me has echado en lo profundo de la fosa,          en las tinieblas, en los abismos;

7 (8)           sobre mí pesa tu furor,          con todas tus olas me hundes. = Pausa. =

8 (9)           Has alejado de mí a mis conocidos,          me has hecho para ellos un horror,          cerrado estoy y sin salida,

9 (10) mi ojo se consume por la pena.      Yo te llamo, Yahveh, todo el día,          tiendo mis manos hacia ti. = Pausa. =

10 (11) ¿Acaso para los muertos haces maravillas,          o las sombras se alzan a alabarte?

11 (12) ¿Se habla en la tumba de tu amor,          de tu lealtad en el lugar de perdición?

12 (13) ¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas,          o tu justicia en la tierra del olvido ?»

13 (14) Mas yo grito hacia ti, Yahveh,          de madrugada va a tu encuentro mi oración;

14 (15) ¿por qué, Yahveh, mi alma rechazas,          lejos de mí tu rostro ocultas?

15 (16) Desdichado y agónico estoy desde mi infancia,          he soportado tus terrores, y ya no puedo más;

16 (17)       han pasado tus iras sobre mí,          tus espantos me han aniquilado.

17 (18) Me envuelven como el agua todo el día,          se aprietan contra mí todos a una.

18 (19) Has alejado de mí compañeros y amigos,          son mi compañía las tinieblas.

Salmo 89 (88)

(1)  = Poema. De Etán el indígena. =

1 (2)           El amor de Yahveh por siempre cantaré,          de edad en edad anunciará mí boca tu lealtad.

2 (3)           Pues tú dijiste: «Cimentado está el amor por siempre,          asentada en los cielos mi lealtad.

3 (4)           «Una alianza pacté con mi elegido,          un juramento hice a mi siervo David:

4 (5)           Para siempre jamás he fundado tu estirpe,          de edad en edad he erigido tu trono.» = Pausa. =

5 (6)           Los cielos celebran, Yahveh, tus maravillas,          y tu lealtad en la asamblea de los santos.

6 (7)  Porque ¿quién en las nubes es comparable a Yahveh,          quién a Yahveh se iguala entre los hijos de los             dioses?

7 (8)           Dios temible en el consejo de los santos,          grande y terrible para toda su corte.

8 (9)           Yahveh, Dios Sebaot, ¿quién como tú?,          poderoso eres, Yahveh, tu lealtad te circunda.

9 (10) Tú domeñas el orgullo del mar,          cuando sus olas se encrespan las reprimes;

10 (11) tú machacaste a Ráhab lo mismo que a un cadáver,          a tus enemigos dispersaste con tu potente brazo.

11 (12) Tuyo es el cielo, tuya también la tierra,          el orbe y cuanto encierra tú fundaste;

12 (13) tú creaste el norte y el mediodía,          el Tabor y el Hermón exultan en tu nombre.

13 (14) Tuyo es el brazo y su bravura,          poderosa tu mano, sublime tu derecha;

14 (15) Justicia y Derecho, la base de tu trono,      Amor y Verdad ante tu rostro marchan.

15 (16) Dichoso el pueblo que la aclamación conoce,          a la luz de tu rostro caminan, oh Yahveh;

16 (17) en tu nombre se alegran todo el día,          en tu justicia se entusiasman.

17 (18) Pues tú eres el esplendor de su potencia,          por tu favor exaltas nuestra frente;

18 (19) sí, de Yahveh nuestro escudo;          del Santo de Israel es nuestro rey.

19 (20) Antaño hablaste tú en visión          a tus amigos, y dijiste:          «He prestado mi asistencia a un bravo,          he exaltado a un elegido de mi pueblo.

20 (21) «He encontrado a David mi servidor,          con mi óleo santo le he ungido;

21 (22) mi mano será firme para él,          y mi brazo le hará fuerte.

22 (23) «No le ha de sorprender el enemigo,          el hijo de iniquidad no le oprimirá;

23 (24) yo aplastaré a sus adversarios ante él,          heriré a los que le odian.

24 (25) «Mi lealtad y mi amor irán con él,          por mi nombre se exaltará su frente;

25 (26) pondré su mano sobre el mar,          sobre los ríos su derecha.

26 (27) «El me invocará: ¡Tú, mi Padre,          mi Dios y roca de mi salvación!

27 (28) Y yo haré de él el primogénito,          el Altísimo entre los reyes de la tierra.

28 (29) «Le guardaré mi amor por siempre,          y mi alianza será leal con él;

29 (30) estableceré su estirpe para siempre,          y su trono como los días de los cielos.

30 (31) «Si sus hijos abandonan mi ley,          y no siguen mis juicios,

31 (32) si profanan mis preceptos,          y mis mandamientos no observan,

32 (33) «castigaré su rebelión con vara,          y su culpa con azote,

33 (34) mas no retiraré de él mi amor,          en mi lealtad no fallaré.

34 (35) «No violaré mi alianza,          no cambiaré lo que sale de mis labios;

35 (36) una vez he jurado por mi santidad:          ¡a David no he de mentir!

36 (37) «Su estirpe durará por siempre,          y su trono como el sol ante mí,

37 (38) por siempre se mantendrá como la luna,          testigo fiel en el cielo.» = Pausa. =

38 (39) Pero tú has rechazado y despreciado,          contra tu ungido te has enfurecido;

39 (40) has desechado la alianza con tu siervo,          has profanado por tierra su diadema.

40 (41) Has hecho brecha en todos sus vallados,          sus plazas fuertes en ruina has convertido;

41 (42) le han saqueado todos los transeúntes,          se ha hecho el baldón de sus vecinos.

42 (43) A sus adversarios la diestra has exaltado,          a todos sus enemigos has llenado de gozo;

43 (44) has embotado el filo de su espada,          y no le has sostenido en el combate.

44 (45) Le has quitado su cetro de esplendor,          y su trono por tierra has derribado;

45 (46) has abreviado los días de su juventud,          le has cubierto de ignominia. = Pausa. =

46 (47) ¿Hasta cuándo te esconderás, Yahveh?          ¿arderá tu furor por siempre como fuego?

47 (48) Recuerda, Señor, qué es la existencia,          para qué poco creaste a los hijos de Adán.

48 (49) ¿Qué hombre podrá vivir sin ver la muerte,          quién librará su alma de la garra del seol? = Pausa. =

49 (50) ¿Dónde están tus primeros amores, Señor,          que juraste a David por tu lealtad?

50 (51) Acuérdate, Señor, del ultraje de tus siervos:          cómo recibo en mi seno todos los dardos de los             pueblos;

51 (52) así ultrajan tus enemigos, Yahveh,          así ultrajan las huellas de tu ungido.

52 (53) ¡Bendito sea Yahveh por siempre!          ¡Amén! ¡Amén!

Salmo 90 (89)

(1)  = Oración. De Moisés, hombre de Dios. =

1    Señor, tú has sido para nosotros          un refugio de edad en edad.

2    Antes que los montes fuesen engendrados,          antes que naciesen tierra y orbe,          desde siempre hasta siempre tú eres Dios.

3    Tú al polvo reduces a los hombres,          diciendo: «¡Tornad, hijos de Adán!»

4    Porque mil años a tus ojos          son como el ayer, que ya pasó,          como una vigilia de la noche.

5    Tú los sumerges en un sueño,          a la mañana serán como hierba que brota;

6    por la mañana brota y florece,          por la tarde se amustia y se seca.

7    Pues por tu cólera somos consumidos,          por tu furor anonadados.

8    Has puesto nuestras culpas ante ti,          a la luz de tu faz nuestras faltas secretas.

9    Bajo tu enojo declinan todos nuestros días,          como un suspiro consumimos nuestros años.

10  Los años de nuestra vida son unos setenta,          u ochenta, si hay vigor;          mas son la mayor parte trabajo y vanidad,          pues pasan presto y nosotros nos volamos.

11  ¿Quién conoce la fuerza de tu cólera,          y, temiéndote, tu indignación?

12  ¡Enséñanos a contar nuestros días,          para que entre la sabiduría en nuestro corazón!

13  ¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo?      Ten piedad de tus siervos.

14  Sácianos de tu amor a la mañana,          que exultemos y cantemos toda nuestra vida.

15  Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste,          los años en que desdicha conocimos.

16  ¡Que se vea tu obra con tus siervos,          y tu esplendor sobre sus hijos!

17  ¡La dulzura del Señor sea con nosotros!          ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!

Salmo 91 (90)

1    El que mora en el secreto de Elyón          pasa la noche a la sombra de Sadday,

2    diciendo a Yahveh: «¡Mi refugio y fortaleza,          mi Dios, en quien confío!»

3    Que él te libra de la red del cazador,          de la peste funesta;

4    con sus plumas te cubre,          y bajo sus alas tienes un refugio:          escudo y armadura es su verdad.

5    No temerás el terror de la noche,          ni la saeta que de día vuela,

6    ni la peste que avanza en las tinieblas,          ni el azote que devasta a mediodía.

7    Aunque a tu lado caigan mil          y diez mil a tu diestra,          a ti no ha de alcanzarte.

8    Basta con que mires con tus ojos,          verás el galardón de los impíos,

9    tú que dices: «¡Mi refugio es Yahveh!»,          y tomas a Elyón por defensa.

10  No ha de alcanzarte el mal,          ni la plaga se acercará a tu tienda;

11  que él dará orden sobre ti a sus ángeles          de guardarte en todos tus caminos.

12  Te llevarán ellos en sus manos,          para que en piedra no tropiece tu pie;

13  pisarás sobre el león y la víbora,          hollarás al leoncillo y al dragón.

14  Pues él se abraza a mí, yo he de librarle;          le exaltaré, pues conoce mi nombre.

15  Me llamará y le responderé;          estaré a su lado en la desgracia,          le libraré y le glorificaré.

16  Hartura le daré de largos días,          y haré que vea mi salvación.

Salmo 92 (91)

(1)  = Salmo. Cántico. Para el día de sábado. =

1 (2)           Bueno es dar gracias a Yahveh,          y salmodiar a tu nombre, Altísimo,

2 (3)           publicar tu amor por la mañana,          y tu lealtad por las noches,

3 (4)           al son del arpa de diez cuerdas y la lira,          con un susurro de cítara.

4 (5)           Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas,          ante las obras de tus manos grito:

5 (6)           «¡Qué grandes son tus obras, Yahveh,          qué hondos tus pensamientos!»

6 (7)  El hombre estúpido no entiende,          el insensato no comprende estas cosas.

7 (8)           Si brotan como hierba los impíos,          si florecen todos los agentes de mal,          es para ser destruidos por siempre;

8 (9)           mas tú, Yahveh, eres excelso por los siglos.

9 (10) Mira cómo tus enemigos perecen,          se dispersan todos los agentes de mal.

10 (11) Pero tú alzas mi frente como la del búfalo,          derramas sobre mí aceite nuevo;

11 (12) mi ojo desafía a los que me acechaban,          mi oído escucha a los malvados.

12 (13) Florece el justo como la palmera,          crece como un cedro del Líbano.

13 (14) Plantados en la Casa de Yahveh,          dan flores en los atrios del Dios nuestro.

14 (15) Todavía en la vejez producen fruto,          se mantienen frescos y lozanos,

15 (16) para anunciar lo recto que es Yahveh:          mi Roca, no hay falsedad en él.

Salmo 93 (92)

1    Reina Yahveh, de majestad vestido,      Yahveh vestido, ceñido de poder,          y el orbe está seguro, no vacila.

2    Desde el principio tu trono esta fijado,          desde siempre existes tú.

3    Levantan los ríos, Yahveh,          levantan los ríos su voz,          los ríos levantan su bramido;

4    más que la voz de muchas aguas          más imponente que las ondas del mar,          es imponente Yahveh en las alturas.

5    Son veraces del todo tus dictámenes;          la santidad es el ornato de tu Casa,          oh Yahveh, por el curso de los días.

Salmo 94 (93)

1    ¡Dios de las venganzas, Yahveh,      Dios de las venganzas, aparece!

2    ¡Levántate, juez de la tierra,          da su merecido a los soberbios!

3    ¿Hasta cuándo los impíos, Yahveh,          hasta cuándo triunfarán los impíos?

4    Cacarean, dicen insolencias,          se pavonean todos los agentes de mal.

5 A tu pueblo, Yahveh, aplastan,          a tu heredad humillan.

6 Matan al forastero y a la viuda,          asesinan al huérfano.

7    Y dicen: «No lo ve Yahveh,          el Dios de Jacob no se da cuenta.»

8    ¡Comprended, estúpidos del pueblo!,          insensatos, ¿cuándo vais a ser cuerdos?

9    El que plantó la oreja, ¿no va a oír?      El que formó los ojos, ¿no ha de ver?

10  El que corrige a las naciones, ¿no ha de castigar?      El que el saber al hombre enseña,

11  Yahveh, conoce los pensamientos del hombre,          que no son más que un soplo.

12  Dichoso el hombre a quien corriges tú, Yahveh,          a quien instruyes por tu ley,

13  para darle descanso en los días de desgracia,          mientras se cava para el impío la fosa.

14  Pues Yahveh no dejará a su pueblo,          no abandonará a su heredad;

15  sino que el juicio volverá a la justicia,          y en pos de ella todos los de recto corazón.

16  ¿Quién se alzará por mí contra los malvados?          ¿quién estará por mí contra los agentes de mal?

17  Si Yahveh no viniese en mi ayuda,          bien presto mi alma moraría en el silencio.

18  Cuando digo: «Vacila mi pie»,          tu amor, Yahveh, me sostiene;

19  en el colmo de mis cuitas interiores,          tus consuelos recrean mi alma.

20  ¿Eres aliado tú de un tribunal de perdición,          que erige en ley la tiranía?

21  Se atropella la vida del justo,          la sangre inocente se condena.

22  Mas Yahveh es para mí una ciudadela,          mi Dios la roca de mi amparo;

23  él hará recaer sobre ellos su maldad,          los aniquilará por su malicia,      Yahveh, nuestro Dios, los aniquilará.

Salmo 95 (94)

1    Venid, cantemos gozosos a Yahveh,          aclamemos a la Roca de nuestra salvación;

2    con acciones de gracias vayamos ante él,          aclamémosle con salmos.

3    Porque es Yahveh un Dios grande,      Rey grande sobre todos los dioses;

4    en sus manos están las honduras de la tierra,          y suyas son las cumbres de los montes;

5    suyo el mar, pues él mismo lo hizo,          y la tierra firme que sus manos formaron.

6    Entrad, adoremos, prosternémonos,          ¡de rodillas ante Yahveh que nos ha hecho!

7    Porque él es nuestro Dios,          y nosotros el pueblo de su pasto,          el rebaño de su mano.          ¡Oh, si escucharais hoy su voz!:

8    «No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá,          como el día de Massá en el desierto,

9    donde me pusieron a prueba vuestros padres,          me tentaron aunque habían visto mi obra.

10  «Cuarenta años me asqueó aquella generación,          y dije: Pueblo son de corazón torcido,          que mis caminos no conocen.

11  Y por eso en mi cólera juré:          ¡No han de entrar en mi reposo!»

Salmo 96 (95)

1    ¡Cantad a Yahveh un canto nuevo,          cantad a Yahveh, toda la tierra,

2    cantad a Yahveh, su nombre bendecid!      Anunciad su salvación día tras día,

3    contad su gloria a las naciones,          a todos los pueblos sus maravillas.

4    Que grande es Yahveh, y muy digno de alabanza,          más temible que todos los dioses.

5    Pues nada son todos los dioses de los pueblos.      Mas Yahveh los cielos hizo;

6    gloria y majestad están ante él,          poder y fulgor en su santuario.

7    Rendid a Yahveh, familias de los pueblos,          rendid a Yahveh gloria y poder,

8    rendid a Yahveh la gloria de su nombre.      Traed ofrendas y en sus atrios entrad,

9    postraos ante Yahveh en esplendor sagrado,          ¡tiemble ante su faz la tierra entera!

10  Decid entre las gentes: «¡Yahveh es rey!»      El orbe está seguro, no vacila;          él gobierna a los pueblos rectamente.

11  ¡Alégrense los cielos, regocíjese la tierra,          retumbe el mar y cuanto encierra;

12  exulte el campo y cuanto en él existe,          griten de júbilo todos los árboles del bosque,

13  ante la faz de Yahveh, pues viene él,          viene, sí, a juzgar la tierra!      El juzgará al orbe con justicia,          a los pueblos con su lealtad.

Salmo 97 (96)

1    ¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte,          alégrense las islas numerosas!

2    Nube y Bruma densa en torno a él,      Justicia y Derecho, la base de su trono.

3    Delante de él avanza fuego          y a sus adversarios en derredor abrasa;

4    iluminan el orbe sus relámpagos,          lo ve la tierra y se estremece.

5    Los montes como cera se derriten          ante el Dueño de la tierra toda;

6    los cielos anuncian su justicia,          y todos los pueblos ven su gloria.

7    ¡Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,          los que se glorían de vanidades;          se postran ante él todos los dioses!

8    Sión lo oye y se alboroza,          exultan las hijas de Judá          a causa de tus juicios, Yahveh.

9    Porque tú eres Yahveh,          el Altísimo sobre toda la tierra,          muy por encima de los dioses todos.

10  Yahveh ama a los que el mal detestan,          él guarda las almas de sus fieles          y de la mano de los impíos los libra.

11  La luz se alza para el justo,          y para los de recto corazón la alegría.

12  Justos, alegraos en Yahveh,          celebrad su memoria sagrada.

Salmo 98 (97)

1    = Salmo. =      Cantad a Yahveh un canto nuevo,          porque ha hecho maravillas;          victoria le ha dado su diestra          y su brazo santo.

2    Yahveh ha dado a conocer su salvación,          a los ojos de las naciones ha revelado su justicia;

3    se ha acordado de su amor y su lealtad          para con la casa de Israel.      Todos los confines de la tierra han visto          la salvación de nuestro Dios.

4    ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,          estallad, gritad de gozo y salmodiad!

5    Salmodiad para Yahveh con la cítara,          con la cítara y al son de la salmodia;

6    con las trompetas y al son del cuerno aclamad          ante la faz del rey Yahveh.

7    Brama el mar y cuanto encierra,          el orbe y los que le habitan;

8    los ríos baten palmas,          a una los montes gritan de alegría,

9    ante el rostro de Yahveh, pues viene          a juzgar a la tierra;          él juzgará al orbe con justicia,          y a los pueblos con equidad.

Salmo 99 (98)

1    Reina Yahveh, los pueblos tiemblan;          se sienta en querubines, la tierra se estremece;

2 grande es Yahveh en Sión.      Excelso sobre los pueblos todos;

3 loen tu nombre grande y venerable:          santo es él.

4    Poderoso rey que el juicio ama,          tú has fundado el derecho,          juicio y justicia tú ejerces en Jacob.

5    Exaltad a Yahveh nuestro Dios,          postraos ante el estrado de sus pies:          santo es él.

6    Moisés y Aarón entre sus sacerdotes,      Samuel entre aquellos que su nombre invocaban,          invocaban a Yahveh y él les respondía.

7    En la columna de nube les hablaba,          ellos guardaban sus dictámenes,          la ley que él les dio.

8    Yahveh, Dios nuestro, tú les respondías,      Dios paciente eras para ellos,          aunque vengabas sus delitos.

9    Exaltad a Yahveh nuestro Dios,          postraos ante su monte santo:          santo es Yahveh, nuestro Dios.

Salmo 100 (99)

(1)  = Salmo. Para la acción de gracias. =                  1              ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,

2    servid a Yahveh con alegría,          llegaos ante él entre gritos de júbilo!

3    Sabed que Yahveh es Dios,          él nos ha hecho y suyos somos,          su pueblo y el rebaño de su pasto.

4    ¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias,          con alabanzas en sus atrios,          dadle gracias, bendecid su nombre!

5    Porque es bueno Yahveh,          para siempre su amor,          por todas las edades su lealtad.

Salmo 101 (100)

(1)  = De David. Salmo. =

1    Quiero cantar el amor y la justicia,          para ti, Yahveh, salmodiaré;

2    cursaré el camino de la perfección:          ¿cuándo vendrás a mí?      Procederé con corazón perfecto,          dentro de mi casa;

3    no pondré delante de mis ojos          cosa villana.      Detesto la conducta de los extraviados,          no se me pegará;

4    el corazón perverso está lejos de mí,          no conozco al malvado.

5    Al que infama a su prójimo en secreto,          a ése le aniquilo;          ojo altanero y corazón hinchado          no los soporto.

6    Mis ojos, en los fieles de la tierra,          por que vivan conmigo;          el que anda por el camino de la perfección          será mi servidor.

7    No mora dentro de mi casa          el agente de engaño;          el que dice mentiras no persiste          delante de mis ojos.

8    Cada mañana he de aniquilar          a todos los impíos del país,          para extirpar de la ciudad de Yahveh          a todos los agentes de mal.

Salmo 102 (101)

(1)  = Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante Yahveh. =

1 (2)           Yahveh, escucha mi oración,          llegue hasta ti mi grito;

2 (3)           no ocultes lejos de mí tu rostro          el día de mi angustia;          tiende hacia mí tu oído,          ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme!

3 (4)           Pues mis días en humo se disipan,          mis huesos arden lo mismo que un brasero;

4 (5)           trillado como el heno, mi corazón se seca,          y me olvido de comer mi pan;

5 (6)  ante la voz de mis sollozos,          mi piel a mis huesos se ha pegado.

6 (7)           Me parezco al búho del yermo,          igual que la lechuza de las ruinas;

7 (8)           insomne estoy y gimo          cual solitario pájaro en tejado;

8 (9)           me insultan todo el día mis enemigos,          los que me alababan maldicen por mi nombre.

9 (10) El pan que como es la ceniza,          mi bebida mezclo con mis lágrimas,

10 (11)       ante tu cólera y tu enojo,          pues tú me alzaste y después me has tirado:

11 (12) mis días son como la sombra que declina,          y yo me seco como el heno.

12 (13) Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre,          y tu memoria de edad en edad.

13 (14) Tú te alzarás, compadecido de Sión,          pues es ya tiempo de apiadarte de ella,          ha llegado la hora;

14 (15) que están tus siervos encariñados de sus piedras          y se compadecen de sus ruinas.

15 (16) Y temerán las naciones el nombre de Yahveh,          y todos los reyes de la tierra tu gloria;

16 (17) cuando Yahveh reconstruya a Sión,          y aparezca en su gloria,

17 (18) volverá su rostro a la oración del despojado,          su oración no despreciará.

18 (19) Se escribirá esto para la edad futura,          y en pueblo renovado alabará a Yahveh:

19 (20) que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa,          desde los cielos ha mirado a la tierra,

20 (21) para oír el suspiro del cautivo,          para librar a los hijos de la muerte.

21 (22) Para pregonar en Sión el nombre de Yahveh,          y su alabanza en Jerusalén,

22 (23) cuando a una se congreguen los pueblos,          y los reinos para servir a Yahveh.

23 (24) El ha enervado mi fuerza en el camino,          ha abreviado mis días.

24 (25) Digo: ¡Dios mío, en la mitad de mis días no me lleves!          ¡De edad en edad duran tus años!

25 (26) Desde antiguo, fundaste tú la tierra,          y los cielos son la obra de tus manos;

26 (27) ellos perecen, mas tú quedas,          todos ellos como la ropa se desgastan,          como un vestido los mudas tú, y se mudan.

27 (28) Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años.

28 (29) Los hijos de tus siervos tendrán una morada,          y su estirpe ante ti subsistirá.

Salmo 103 (102)

(1)  = De David. =

1    Bendice a Yahveh, alma mía,          del fondo de mi ser, su santo nombre,

2    bendice a Yahveh, alma mía,          no olvides sus muchos beneficios.

3    El, que todas tus culpas perdona,          que cura todas tus dolencias,

4    rescata tu vida de la fosa,          te corona de amor y de ternura,

5    satura de bienes tu existencia,          mientras tu juventud se renueva como el águila.

6    Yahveh, el que hace obras de justicia,          y otorga el derecho a todos los oprimidos,

7    manifestó sus caminos a Moisés,          a los hijos de Israel sus hazañas.

8    Clemente y compasivo es Yahveh,          tardo a la cólera y lleno de amor;

9    no se querella eternamente          ni para siempre guarda su rencor;

10  no nos trata según nuestros pecados          ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11  Como se alzan los cielos por encima de la tierra,          así de grande es su amor para quienes le temen;

12  tan lejos como está el oriente del ocaso          aleja él de nosotros nuestras rebeldías.

13  Cual la ternura de un padre para con sus hijos,          así de tierno es Yahveh para quienes le temen;

14  que él sabe de qué estamos plasmados,          se acuerda de que somos polvo.

15  ¡El hombre! Como la hierba son sus días,          como la flor del campo, así florece;

16  pasa por él un soplo, y ya no existe,          ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle.

17  Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre          para los que le temen,          y su justicia para los hijos de sus hijos,

18  para aquellos que guardan su alianza,          y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

19  Yahveh en los cielos asentó su trono,          y su soberanía en todo señorea.

20  Bendecid a Yahveh, ángeles suyos,          héroes potentes, ejecutores de sus órdenes,          en cuanto oís la voz de su palabra.

21  Bendecid a Yahveh, todas sus huestes,          servidores suyos, ejecutores de su voluntad.

22  Bendecid a Yahveh, todas sus obras,          en todos los lugares de su imperio.          ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

Salmo 104 (103)

1    ¡Alma mía, bendice a Yahveh!          ¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres!      Vestido de esplendor y majestad,

2    arropado de luz como de un manto,          tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda,

3    levantas sobre las aguas tus altas moradas;          haciendo de las nubes carro tuyo,          sobre las alas del viento te deslizas;

4    tomas por mensajeros a los vientos,          a las llamas del fuego por ministros.

5    Sobre sus bases asentaste la tierra,          inconmovible para siempre jamás.

6    Del océano, cual vestido, la cubriste,          sobre los montes persistían las aguas;

7    al increparlas tú, emprenden la huida,          se precipitan al oír tu trueno,

8    y saltan por los montes, descienden por los valles,          hasta el lugar que tú les asignaste;

9    un término les pones que no crucen,          por que no vuelvan a cubrir la tierra.

10  Haces manar las fuentes en los valles,          entre los montes se deslizan;

11  a todas las bestias de los campos abrevan,          en ellas su sed apagan los onagros;

12  sobre ellas habitan las aves de los cielos,          dejan oír su voz entre la fronda.

13  De tus altas moradas abrevas las montañas,          del fruto de tus obras se satura la tierra;

14  la hierba haces brotar para el ganado,          y las plantas para el uso del hombre,          para que saque de la tierra el pan,

15  y el vino que recrea el corazón del hombre,          para que lustre su rostro con aceite          y el pan conforte el corazón del hombre.

16  Se empapan bien los árboles de Yahveh,          los cedros del Líbano que él plantó;

17  allí ponen los pájaros su nido,          su casa en su copa la cigüeña;

18  los altos montes, para los rebecos,          para los damanes, el cobijo de las rocas.

19  Hizo la luna para marcar los tiempos,          conoce el sol su ocaso;

20  mandas tú las tinieblas, y es la noche,          en ella rebullen todos los animales de la selva,

21  los leoncillos rugen por la presa,          y su alimento a Dios reclaman.

22  Cuando el sol sale, se recogen,          y van a echarse a sus guaridas;

23  el hombre sale a su trabajo,          para hacer su faena hasta la tarde.

24  ¡Cuán numerosas tus obras, Yahveh!      Todas las has hecho con sabiduría,          de tus criaturas está llena la tierra.

25  Ahí está el mar, grande y de amplios brazos,          y en él el hervidero innumerable          de animales, grandes y pequeños;

26  por allí circulan los navíos,          y Leviatán que tú formaste para jugar con él.

27  Todos ellos de ti están esperando          que les des a su tiempo su alimento;

28  tú se lo das y ellos lo toman,          abres tu mano y se sacian de bienes.

29  Escondes tu rostro y se anonadan,          les retiras su soplo, y expiran          y a su polvo retornan.

30  Envías tu soplo y son creados,          y renuevas la faz de la tierra.

31  ¡Sea por siempre la gloria de Yahveh,          en sus obras Yahveh se regocije!

32  El que mira a la tierra y ella tiembla,          toca los montes y echan humo.

33  A Yahveh mientras viva he de cantar,          mientras exista salmodiaré para mi Dios.

34  ¡Oh, que mi poema le complazca!      Yo en Yahveh tengo mi gozo.

35  ¡Que se acaben los pecadores en la tierra,          y ya no más existan los impíos!          ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

Salmo 105 (104)

¡Aleluya!

1    ¡Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre,          divulgad entre los pueblos sus hazañas!

2    ¡Cantadle, salmodiad para él,          sus maravillas todas recitad;

3    gloriaos en su santo nombre,          se alegre el corazón de los que buscan a Yahveh!

4    ¡Buscad a Yahveh y su fuerza,          id tras su rostro sin descanso,

5    recordad las maravillas que él ha hecho,          sus prodigios y los juicios de su boca!

6 Raza de Abraham, su servidor,          hijos de Jacob, su elegido:

7    él, Yahveh, es nuestro Dios,          por toda la tierra sus juicios.

8    El se acuerda por siempre de su alianza,          palabra que impuso a mil generaciones,

9    lo que pactó con Abraham,          el juramento que hizo a Isaac,

10  y que puso a Jacob como precepto,          a Israel como alianza eterna,

11  diciendo: «Yo te daré la tierra de Canaán          por parte de vuestra herencia».

12  Aunque ellos eran poco numerosos,          gente de paso y forasteros allí,

13  cuando iban de nación en nación,          desde un reino a otro pueblo,

14               a nadie permitió oprimirles,          por ellos castigó a los reyes:

15  «Guardaos de tocar a mis ungidos,          ni mal alguno hagáis a mis profetas.»

16  Llamó al hambre sobre aquel país,          todo bastón de pan rompió;

17  delante de ellos envió a un hombre,      José, vendido como esclavo.

18  Sus pies vejaron con grilletes,          por su cuello pasaron las cadenas,

19  hasta que se cumplió su predicción,          y le acreditó la palabra de Yahveh.

20  El rey mandó a soltarle,          el soberano de pueblos, a dejarle libre;

21  le erigió señor sobre su casa,          y de toda su hacienda soberano,

22  para instruir a su gusto a sus magnates,          y a sus ancianos hacer sabios.

23  Entonces Israel entró en Egipto,      Jacob residió en el país de Cam.

24  El aumentó a su pueblo en gran manera,          le hizo más fuerte que sus adversarios;

25  cambió el corazón de éstos para que odiasen a su pueblo          y a sus siervos pusieran asechanzas.

26  Luego envió a Moisés su servidor,          y Aarón, su escogido,

27  que hicieron entre ellos sus señales anunciadas,          prodigios en el país de Cam.

28  Mandó tinieblas y tinieblas hubo,          mas ellos desafiaron sus palabras.

29               Trocó en sangre sus aguas          y a sus peces dio muerte.

30               Pululó de ranas su país,          hasta en las moradas de sus reyes;

31  mandó él, y vinieron los mosquitos,          los cínifes por toda su comarca.

32  Les dio por lluvia el granizo,          llamas de fuego en su país;

33  hirió sus viñedos, sus higueras,          y los árboles quebró de su comarca.

34  Dio la orden, y llegó la langosta,          y el pulgón en número incontable;

35  comieron toda hierba en su país,          comieron el fruto de su suelo.

36  E hirió en su país a todo primogénito,          las primicias de todo su vigor;

37  y a ellos los sacó con plata y oro,          ni uno solo flaqueó de entre sus tribus.

38  Egipto se alegró de su salida,          pues era presa del terror.

39  El desplegó una nube por cubierta,          y un fuego para alumbrar de noche.

40  Pidieron, y trajo codornices,          de pan de los cielos los hartó;

41  abrió la roca, y brotaron las aguas,          como río corrieron por los sequedales.

42  Recordando su palabra sagrada          dada a Abraham su servidor,

43  sacó a su pueblo en alborozo,          a sus elegidos entre gritos de júbilo.

44  Y las tierras les dio de las naciones,          el trabajo de las gentes heredaron,

45  a fin de que guarden sus preceptos          y sus leyes observen.

Salmo 106 (105)

1    ¡Aleluya!          ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno,          porque es eterno su amor!

2    ¿Quién dirá las proezas de Yahveh,          hará oír toda su alabanza?

3    ¡Dichosos los que guardan el derecho,          los que practican en todo tiempo la justicia!

4    ¡Acuérdate de mí, Yahveh,          por amor de tu pueblo;          con tu salvación visítame,

5    que vea yo la dicha de tus elegidos,          me alegre en la alegría de tu pueblo,          con tu heredad me felicite!

6    Hemos pecado como nuestros padres,          hemos faltado, nos hemos hecho impíos;

7    nuestros padres, en Egipto,          no comprendieron tus prodigios.      No se acordaron de tu inmenso amor,          se rebelaron contra el Altísimo junto al mar de Suf.

8    El los salvó por amor de su nombre,          para dar a conocer su poderío.

9    Increpó al mar de Suf y éste se secó,          los llevó por los abismos como por un desierto,

10  los salvó de la mano del que odiaba,          de la mano del enemigo los libró.

11  El agua cubrió a sus adversarios,          ni uno solo quedó.

12  Entonces ellos tuvieron fe en sus palabras          y sus laudes cantaron.

13  Mas pronto se olvidaron de sus obras,          no tuvieron en cuenta su consejo;

14  en el desierto ardían de avidez,          a Dios tentaban en la estepa.

15  El les concedió lo que pedían,          mandó fiebre a sus almas.

16  Y en el campamento, de Moisés tuvieron celos,          de Aarón, el santo de Yahveh.

17  Se abre la tierra, traga a Datán,          y cubre a la cuadrilla de Abirón;

18  un fuego se enciende contra su cuadrilla,          una llama abrasa a los impíos

19  En Horeb se fabricaron un becerro,          se postraron ante un metal fundido,

20  y cambiaron su gloria          por la imagen de un buey que come heno.

21  Olvidaban a Dios que les salvaba,          al autor de cosas grandes en Egipto,

22  de prodigios en el país de Cam,          de portentos en el mar de Suf.

23  Hablaba ya de exterminarlos,          si no es porque Moisés, su elegido,          se mantuvo en la brecha en su presencia,          para apartar su furor de destruirlos.

24  Una tierra de delicias desdeñaron,          en su palabra no tuvieron fe;

25  murmuraron dentro de sus tiendas,          no escucharon la voz de Yahveh.

26  Y él, mano en alto, les juró          hacerles caer en el desierto,

27  desperdigar su raza entre las naciones,          y dispersarlos por los países.

28  Luego se vincularon a Baal Peor          y comieron sacrificios de muertos.

29  Así le irritaron con sus obras,          y una plaga descargó sobre ellos.

30  Entonces surgió Pinjás, zanjó,          y la plaga se detuvo;

31  esto se le contó como justicia          de edad en edad, para siempre.

32  En las aguas de Meribá le enojaron,          y mal le fue a Moisés por culpa de ellos,

33  pues le amargaron el espíritu,          y habló a la ligera con sus labios.

34  No exterminaron a los pueblos          que Yahveh les había señalado,

35  sino que se mezclaron con las gentes,          aprendieron sus prácticas.

36               Sirvieron a sus ídolos          que fueron un lazo para ellos;

37               sacrificaban sus hijos          y sus hijas a demonios.

38  Sangre inocente derramaban,          la sangre de sus hijos y sus hijas,          que inmolaban a los ídolos de Canaán,          y fue el país profanado de sangre.

39  Así se manchaban con sus obras,          y se prostituían con sus prácticas.

40  Entonces se inflamó la cólera de Yahveh contra su pueblo,          y abominó de su heredad.

41  Los entregó en mano de las gentes,          y los dominaron los que los odiaban;

42  sus enemigos los tiranizaron,          bajo su mano quedaron humillados.

43  Muchas veces los libró          aunque ellos, en su propósito obstinados,          se hundían en su culpa;

44  y los miró cuando estaban en apuros,          escuchando su clamor.

45  Se acordó en favor de ellos de su alianza,          se enterneció según su inmenso amor;

46  hizo que de ellos se apiadaran          aquellos que cautivos los tenían.

47  ¡Sálvanos, Yahveh, Dios nuestro,          reúnenos de entre las naciones,          para dar gracias a tu nombre santo,          y gloriarnos en tu alabanza!

48  ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel,          por eternidad de eternidades!      Y el pueblo todo diga: ¡Amén!

Salmo 107 (106)

¡Aleluya!

1    Dad gracias a Yahveh, porque es bueno,          porque es eterno su amor.

2    Que lo digan los redimidos de Yahveh,          los que él ha redimido del poder del adversario,

3    los que ha reunido de entre los países,          de oriente y de poniente, del norte y mediodía.

4    En el desierto erraban, por la estepa,          no encontraban camino de ciudad habitada;

5    hambrientos, y sedientos,          desfallecía en ellos su alma.

6    Y hacia Yahveh gritaron en su apuro,          y él los libró de sus angustias,

7    les condujo por camino recto,          hasta llegar a ciudad habitada.

8    ¡Den gracias a Yahveh por su amor,          por sus prodigios con los hijos de Adán!

9    Porque él sació el alma anhelante,          el alma hambrienta saturó de bienes.

10  Habitantes de tiniebla y sombra,          cautivos de la miseria y de los hierros,

11  por haber sido rebeldes a las órdenes de Dios          y haber despreciado el consejo del Altísimo,

12  él sometió su corazón a la fatiga,          sucumbían, y no había quien socorriera.

13  Y hacia Yahveh gritaron en su apuro,          y él los salvó de sus angustias,

14  los sacó de la tiniebla y de la sombra,          y rompió sus cadenas.

15  ¡Den gracias a Yahveh por su amor,          por sus prodigios con los hijos de Adán!

16  Pues las puertas de bronce quebrantó,          y los barrotes de hierro hizo pedazos.

17  Embotados de resultas de sus yerros,          miserables a causa de sus culpas,

18  todo manjar les daba náusea,          tocaban ya a las puertas de la muerte.

19  Y hacia Yahveh gritaron en su apuro,          y él los salvó de sus angustias;

20  su palabra envió para sanarlos          y arrancar sus vidas de la fosa.

21  ¡Den gracias a Yahveh por su amor,          por sus prodigios con los hijos de Adán!

22  Ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y sus obras pregonen con gritos de alegría.

23  Los que a la mar se hicieron en sus naves,          llevando su negocio por las muchas aguas,

24  vieron las obras de Yahveh,          sus maravillas en el piélago.

25  Dijo, y suscitó un viento de borrasca,          que entumeció las olas;

26  subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo,          bajo el peso del mal su alma se hundía;

27  dando vuelcos, vacilando como un ebrio,          tragada estaba toda su pericia.

28  Y hacia Yahveh gritaron en su apuro,          y él los sacó de sus angustias;

29  a silencio redujo la borrasca,          y las olas callaron.

30  Se alegraron de verlas amansarse,          y él los llevó hasta el puerto deseado.

31  ¡Den gracias a Yahveh por su amor,          por sus prodigios con los hijos de Adán!

32  ¡Ensálcenle en la asamblea del pueblo,          en el concejo de los ancianos le celebren!

33  El cambia los ríos en desierto,          y en suelo de sed los manantiales,

34  la tierra fértil en salinas,          por la malicia de sus habitantes.

35  Y él cambia el desierto en un estanque,          y la árida tierra en manantial.

36  Allí asienta a los hambrientos,          y ellos fundan una ciudad habitada.

37  Y siembran campos, plantan viñas,          que producen sus frutos de cosecha.

38  El los bendice y crecen mucho          y no deja que mengüen sus ganados.

39  Menguados estaban, y abatidos          por la tenaza del mal y la aflicción.

40  El que vierte desprecio sobre príncipes,          los hacía errar por caos sin camino.

41  Mas él recobra de la miseria al pobre,          aumenta como un rebaño las familias;

42  los hombres rectos lo ven y se recrean,          y toda iniquidad cierra su boca.

43  ¿Hay algún sabio? ¡Que guarde estas cosas,          y comprenda el amor de Yahveh!

Salmo 108 (107)

(1)  = Cántico. Salmo. De David. =

1 (2)           A punto está mi corazón, oh Dios,          - voy a cantar, voy a salmodiar -          ¡anda, gloria mía!

2 (3)           ¡despertad, arpa y cítara!          ¡a la aurora he de despertar!

3 (4)           Te alabaré entre los pueblos, Yahveh,          te salmodiaré entre las gentes,

4 (5)           porque tu amor es grande hasta los cielos,          tu lealtad hasta las nubes.

5 (6)           ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos,          sobre toda la tierra, tu gloria!

6 (7)  Para que tus amados salgan libres,          ¡salva con tu diestra, respóndenos!

7 (8)           Ha hablado Dios en su santuario:          «Ya exulto, voy a repartir a Siquem,          a medir el valle de Sukkot.

8 (9)           «Mío es Galaad, mío Manasés,      Efraím, yelmo de mi cabeza,      Judá mi cetro.

9 (10) «Moab, la vasija en que me lavo.      Sobre Edom tiro mi sandalia,          contra Filistea lanzo el grito de guerra.»

10 (11) ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte,          quién me guiará hasta Edom?

11 (12) ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado          y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?

12 (13) ¡Danos ayuda contra el adversario,          que es vano el socorro del hombre!

13 (14) ¡Con Dios hemos de hacer proezas,          y él hollará a nuestros adversarios!

Salmo 109 (108)

(1)  = Del maestro de coro. De David. Salmo. =                       1              ¡Oh Dios de mi alabanza, no te quedes mudo!

2    Boca de impío, boca de engaño,          se abren contra mí.      Me hablan con lengua de mentira,

3 con palabras de odio me envuelven,          me atacan sin razón.

4 En pago de mi amor, se me acusa,          y yo soy sólo oración;

5 se me devuelve mal por bien          y odio por mi amor:

6    «¡Suscita a un impío contra él,          y que un fiscal esté a su diestra;

7    que en el juicio resulte culpable,          y su oración sea tenida por pecado!

8 «¡Sean pocos sus días,          que otro ocupe su cargo;

9 queden sus hijos huérfanos          y viuda su mujer!

10  «¡Anden sus hijos errantes, mendigando,          y sean expulsados de sus ruinas;

11  el acreedor le atrape todo lo que tiene,          y saqueen su fruto los extraños!

12  «¡Ni uno solo tenga con él amor,          nadie se compadezca de sus huérfanos,

13  sea dada al exterminio su posteridad,          en una generación sea borrado su nombre!

14  «¡Sea ante Yahveh recordada la culpa de sus padres,          el pecado de su madre no se borre;

15  estén ante Yahveh constantemente,          y él cercene de la tierra su memoria!»

16  Porque él no se acordó de actuar con amor:          persiguió al pobre, al desdichado,          y al de abatido corazón para matarle;

17  amó la maldición: sobre él recaiga,          no quiso bendición: que de él se aleje.

18  Se vistió de maldición como de un manto:          ¡que penetre en su seno como agua,          igual que aceite dentro de sus huesos!

19  ¡Séale cual vestido que le cubra,          como cinto que la ciña siempre!

20  ¡Tal sea de parte de Yahveh la paga de mis acusadores,          de los que dicen mal contra mi alma!

21  ¡Y tú, Señor Yahveh, actúa por mí en gracia de tu nombre,          porque tu amor es bueno, líbrame!,

22  Porque soy pobre y desdichado,          y tengo dentro herido el corazón;

23  cual sombra que declina me voy yendo,          me han sacudido igual que a la langosta.

24  Por tanto ayuno se doblan mis rodillas,          falta de aceite mi carne ha enflaquecido;

25               me he hecho el insulto de ellos,          me ven y menean su cabeza.

26               ¡Ayúdame, Yahveh, Dios mío,          sálvame por tu amor!

27  ¡Sepan ellos que tu mano es ésta,          que tú, Yahveh, lo has hecho!

28  ¡Maldigan ellos, pero tú bendice,          los que me atacan sean confundidos y tu siervo se             alegre!

29  ¡Los que me acusan queden vestidos de ignominia,          como en un manto en su vergüenza envueltos!

30  ¡Copiosas gracias a Yahveh en mi boca,          entre la multitud le alabaré:

31  porque él se pone a la diestra del pobre          para salvar su alma de sus jueces!

Salmo 110 (109)

(1)  = De David. Salmo. =

1    Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra,          hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus             pies.

2    El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión:          ¡domina en medio de tus enemigos!

3    Para ti el principado el día de tu nacimiento,          en esplendor sagrado desde el seno, desde la aurora de             tu juventud.

4    Lo ha jurado Yahveh y no ha de retractarse:          «Tú eres por siempre sacerdote, según el orden de             Melquisedec.»

5    A tu diestra, Señor,          él quebranta a los reyes el día de su cólera;

6    sentencia a las naciones, amontona cadáveres,          cabezas quebranta sobre la ancha tierra.

7    En el camino bebe del torrente,          por eso levanta la cabeza.

Salmo 111 (110)

1    ¡Aleluya!          = Alef. = Doy gracias a Yahveh de todo corazón,          = Bet. = en el consejo de los justos y en la             comunidad.

2    = Guímel. = Grandes son las obras de Yahveh,          = Dálet. = meditadas por los que en ellas se             complacen.

3    = He. = Esplendor y majestad su obra,          = Vau. = su justicia por siempre permanece.

4    = Zain. = De sus maravillas ha dejado un memorial.          = Jet. = ¡Clemente y compasivo Yahveh!

5    = Tet. = Ha dado alimento a quienes le temen,          = Yod. = se acuerda por siempre de su alianza.

6    = Kaf. = Ha revelado a su pueblo el poder de sus obras,          = Lámed. = dándole la heredad de las naciones.

7    = Mem. = Verdad y justicia, las obras de sus manos,          = Nun. = leales todas sus ordenanzas,

8    = Sámek. = afirmadas para siempre jamás,          = Ain. = ejecutadas con verdad y rectitud.

9    = Pe. = Ha enviado redención a su pueblo,          = Sade. = ha fijado para siempre su alianza;          = Qof. = santo y temible es su nombre.

10  = Res. = Principio del saber, el temor de Yahveh;          = Sin. = muy cuerdos todos los que lo practican.          = Tau. = Su alabanza por siempre permanece.

Salmo 112 (111)

1    ¡Aleluya!          = Alef. = ¡Dichoso el hombre que teme a Yahveh,          = Bet. = que en sus mandamientos mucho se complace!

2    = Guímel. = Fuerte será en la tierra su estirpe,          = Dálet. = bendita la raza de los hombres rectos.

3    = He. = Hacienda y riquezas en su casa,          = Vau. = su justicia por siempre permanece.

4    = Zain = En las tinieblas brilla, como luz de los rectos,          = Jet. = tierno, clemente y justo.

5    = Tet. = Feliz el hombre que se apiada y presta,          = Yod. = y arregla rectamente sus asuntos.

6    = Kaf. = No, no será conmovido jamás,          = Lámed. = en memoria eterna permanece el justo;

7    = Mem. = no tiene que temer noticias malas,          = Nun. = firme es su corazón, en Yahveh confiado.

8    = Sámek. = Seguro está su corazón, no teme:          = Ain. = al fin desafiará a sus adversarios.

9    = Pe. = Con largueza da a los pobres;          = Sade. = su justicia por siempre permanece,          = Qof. = su frente se levanta con honor.

10  = Res. = Lo ve el impío y se enfurece,          = Sin. = rechinando sus dientes, se consume.          = Tau. = El afán de los impíos se pierde.

Salmo 113 (112)

(1)  ¡Aleluya!

1    ¡Alabad, servidores de Yahveh,          alabad el nombre de Yahveh!

2    ¡Bendito sea el nombre de Yahveh,          desde ahora y por siempre!

3    ¡De la salida del sol hasta su ocaso,          sea loado el nombre de Yahveh!

4    ¡Excelso sobre todas las naciones Yahveh,          por encima de los cielos su gloria!

5    ¿Quién como Yahveh, nuestro Dios,          que se sienta en las alturas,

6    y se abaja para ver          los cielos y la tierra?

7    El levanta del polvo al desvalido,          del estiércol hace subir al pobre,

8    para sentarle con los príncipes,          con los príncipes de su pueblo.

9    El asienta a la estéril en su casa,          madre de hijos jubilosa.

Salmo 114 (113 A)

¡Aleluya!

1    Cuando Israel salió de Egipto,          la casa de Jacob de un pueblo bárbaro,

2 se hizo Judá su santuario,      Israel su dominio.

3 Lo vio la mar y huyó,          retrocedió el Jordán,

4    los montes brincaron lo mismo que carneros,          las colinas como corderillos.

5    Mar, ¿qué es lo que tienes para huir,          y tú, Jordán, para retroceder,

6    montes, para saltar como carneros,          colinas, como corderillos?

7    ¡Tiembla, tierra, ante la faz del Dueño,          ante la faz del Dios de Jacob,

8    aquel que cambia la peña en un estanque,          y el pedernal en una fuente!

Salmo 115 (113 B)

1    ¡No a nosotros, Yahveh, no a nosotros,          sino a tu nombre da la gloria,          por tu amor, por tu verdad!

2    ¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?»

3    Nuestro Dios está en los cielos,          todo cuanto le place lo realiza.

4 Plata y oro son sus ídolos,          obra de mano de hombre.

5 Tienen boca y no hablan,          tienen ojos y no ven,

6 tienen oídos y no oyen,          tienen nariz y no huelen.

7    Tienen manos y no palpan,          tienen pies y no caminan,          ni un solo susurro en su garganta.

8    Como ellos serán los que los hacen,          cuantos en ellos ponen su confianza.

9    Casa de Israel, confía en Yahveh,          él, su auxilio y su escudo;

10  casa de Aarón, confía en Yahveh,          él, su auxilio y su escudo;

11  los que teméis a Yahveh, confiad en Yahveh,          él, su auxilio y su escudo.

12  Yahveh se acuerda de nosotros, él bendecirá,          bendecirá a la casa de Israel,          bendecirá a la casa de Aarón,

13  bendecirá a los que temen a Yahveh,          a pequeños y grandes.

14               ¡Yahveh os acreciente          a vosotros y a vuestros hijos!

15  ¡Benditos vosotros de Yahveh,          que ha hecho los cielos y la tierra!

16  Los cielos, son los cielos de Yahveh,          la tierra, se la ha dado a los hijos de Adán.

17  No alaban los muertos a Yahveh,          ni ninguno de los que bajan al Silencio;

18  mas nosotros, los vivos, a Yahveh bendecimos,          desde ahora y por siempre.

Salmo 116 (114-115)

¡Aleluya!

1 Yo amo, porque Yahveh escucha          mi voz suplicante;

2 porque hacia mí su oído inclina          el día en que clamo.

3    Los lazos de la muerte me aferraban,          me sorprendieron las redes del seol;          en angustia y tristeza me encontraba,

4 y el nombre de Yahveh invoqué:          ¡Ah, Yahveh, salva mi alma!

5 Tierno es Yahveh y justo,          compasivo nuestro Dios;

6    Yahveh guarda a los pequeños,          estaba yo postrado y me salvó.

7    Vuelve, alma mía, a tu reposo,          porque Yahveh te ha hecho bien.

8    Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas,          y mis pies de mal paso.

9    Caminaré en la presencia de Yahveh          por la tierra de los vivos.

10  ¡Tengo fe, aún cuando digo:          «Muy desdichado soy»!,

11  yo que he dicho en mi consternación:          «Todo hombre es mentiroso».

12               ¿Cómo a Yahveh podré pagar          todo el bien que me ha hecho?

13  La copa de salvación levantaré,          e invocaré el nombre de Yahveh.

14  Cumpliré mis votos a Yahveh,          ¡sí, en presencia de todo su pueblo!

15  Mucho cuesta a los ojos de Yahveh          la muerte de los que le aman.

16  ¡Ah, Yahveh, yo soy tu siervo,          tu siervo, el hijo de tu esclava,          tú has soltado mis cadenas!

17  Sacrificio te ofreceré de acción de gracias,          e invocaré el nombre de Yahveh.

18  Cumpliré mis votos a Yahveh,          sí, en presencia de todo su pueblo,

19  en los atrios de la Casa de Yahveh,          en medio de ti, Jerusalén.

Salmo 117 (116)

¡Aleluya!

1    ¡Alabad a Yahveh, todas las naciones,          celebradle, pueblos todos!

2    Porque es fuerte su amor hacia nosotros,          la verdad de Yahveh dura por siempre.

Salmo 118 (117)

¡Aleluya!

1    ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno,          porque es eterno su amor!

2 ¡Diga la casa de Israel:          que es eterno su amor!

3 ¡Diga la casa de Aarón:          que es eterno su amor!

4 ¡Digan los que temen a Yahveh:          que es eterno su amor!

5    En mi angustia hacia Yahveh grité,          él me respondió y me dio respiro;

6    Yahveh está por mí, no tengo miedo,          ¿qué puede hacerme el hombre?

7    Yahveh está por mí, entre los que me ayudan,          y yo desafío a los que me odian.

8    Mejor es refugiarse en Yahveh          que confiar en hombre;

9 mejor es refugiarse en Yahveh          que confiar en magnates.

10  Me rodeaban todos los gentiles:          en el nombre de Yahveh los cercené;

11  me rodeaban, me asediaban:          en el nombre de Yahveh los cercené.

12  Me rodeaban como avispas,          llameaban como fuego de zarzas:          en el nombre de Yahveh los cercené.

13  Se me empujó, se me empujó para abatirme,          pero Yahveh vino en mi ayuda;

14  mi fuerza y mi cántico es Yahveh,          él ha sido para mí la salvación.

15  Clamor de júbilo y salvación,          en las tiendas de los justos:          «¡La diestra de Yahveh hace proezas,

16  excelsa la diestra de Yahveh,          la diestra de Yahveh hace proezas!»

17  No, no he de morir, que viviré,          y contaré las obras de Yahveh;

18  me castigó, me castigó Yahveh,          pero a la muerte no me entregó.

19  ¡Abridme las puertas de justicia,          entraré por ellas, daré gracias a Yahveh!

20  Aquí está la puerta de Yahveh,          por ella entran los justos.

21  Gracias te doy, porque me has respondido,          y has sido para mí la salvación.

22  La piedra que los constructores desecharon          en piedra angular se ha convertido;

23  esta ha sido la obra de Yahveh,          una maravilla a nuestros ojos.

24  ¡Este es el día que Yahveh ha hecho,          exultemos y gocémonos en él!

25  ¡Ah, Yahveh, da la salvación!          ¡Ah, Yahveh, da el éxito!

26  ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh!      Desde la Casa de Yahveh os bendecimos.

27  Yahveh es Dios, él nos ilumina.          ¡Cerrad la procesión, ramos en mano,          hasta los cuernos del altar!

28  Tú eres mi Dios, yo te doy gracias,      Dios mío, yo te exalto.

29  ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno,          porque es eterno su amor!

Salmo 119 (118)

1    = Alef = Dichosos los que van por camino perfecto,          los que proceden en la ley de Yahveh.

2    Dichosos los que guardan sus dictámenes,          los que le buscan de todo corazón,

3    y los que, sin cometer iniquidad,          andan por sus caminos.

4    Tú tus ordenanzas promulgaste,          para que sean guardadas cabalmente.

5    ¡Ojalá mis caminos se aseguren          para observar tus preceptos!

6    Entonces no tendré vergüenza alguna          al mirar a todos tus mandamientos.

7    Con rectitud de corazón te daré gracias,          al aprender tus justos juicios.

8    Tus preceptos, los observaré,          no me abandones tú del todo.

9    = Bet. = ¿Cómo el joven guardará puro su camino?      Observando tu palabra.

10  De todo corazón ando buscándote,          no me desvíes de tus mandamientos.

11  Dentro del corazón he guardado tu promesa,          para no pecar contra ti.

12               Bendito tú, Yahveh,          enséñame tus preceptos.

13  Con mis labios he contado          todos los juicios de tu boca.

14  En el camino de tus dictámenes me recreo          más que en toda riqueza.

15               En tus ordenanzas quiero meditar          y mirar a tus caminos.

16               En tus preceptos tengo mis delicias,          no olvido tu palabra.

17  = Guímel. = Haz merced a tu siervo y viviré.          y guardaré tu palabra.

18  Abre mis ojos para que contemple          las maravillas de tu ley.

19  Un forastero soy sobre la tierra,          tus mandamientos no me ocultes.

20  Mi alma se consume deseando          tus juicios en todo tiempo.

21  Tú increpas a los soberbios, los malditos,          que se desvían de tus mandamientos.

22  Echa lejos de mí oprobio y menosprecio,          porque he guardado tus dictámenes.

23  Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí,          tu servidor medita en tus preceptos.

24  Tus dictámenes hacen mis delicias,          mis consejeros, tus preceptos.

25  = Dálet. = Mi alma está pegada al polvo,          hazme vivir conforme a tu palabra.

26  Mis caminos expuse, y tú me respondiste,          enséñame tus preceptos.

27  Hazme entender el camino de tus ordenanzas,          y meditaré en tus maravillas.

28  Se va en lágrimas mi alma por el tedio,          sosténme conforme a tu palabra.

29  Aléjame del camino de mentira,          y dame la gracia de tu ley,

30  He escogido el camino de la lealtad,          a tus juicios me conformo.

31  A tus dictámenes me mantengo adherido,          no me confundas, tú, Yahveh.

32  Corro por el camino de tus mandamientos,          pues tú mi corazón dilatas.

33  = He. = Enséñame, Yahveh, el camino de tus preceptos,          yo lo quiero guardar en recompensa.

34  Hazme entender, para guardar tu ley          y observarla de todo corazón.

35  Llévame por la senda de tus mandamientos          porque mi complacencia tengo en ella.

36  Inclina mi corazón hacia tus dictámenes,          y no a ganancia injusta.

37  Aparta mis ojos de mirar vanidades,          por tu palabra vivifícame.

38  Mantén a tu siervo tu promesa,          que conduce a tu temor.

39  Aparta de mí el oprobio que me espanta,          pues son buenos tus juicios.

40  Mira que deseo tus ordenanzas,          hazme vivir por tu justicia.

41  = Vau. = ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahveh,          tu salvación, conforme a tu promesa!

42  Y daré respuesta al que me insulta,          porque confío en tu palabra.

43  No quites de mi boca la palabra de verdad,          porque espero en tus juicios.

44  Yo observaré sin descanso tu ley          para siempre jamás.

45  Y andaré por camino anchuroso,          porque tus ordenanzas voy buscando.

46  De tus dictámenes hablaré ante los reyes,          y no tendré que avergonzarme.

47  Y me deleitaré en tus mandamientos,          que amo mucho.

48  Tiendo mis manos hacia tus mandamientos,          en tus preceptos medito.

49  = Zain. = Recuerda la palabra dada a tu servidor,          de la que has hecho mi esperanza.

50  Este es mi consuelo en mi miseria:          que tu promesa me da vida.

51  Los soberbios me insultan hasta el colmo,          yo no me aparto de tu ley.

52  Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo,          oh Yahveh, y me consuelo.

53  Me arrebata el furor por los impíos          que abandonan tu ley.

54  Tus preceptos son cantares para mí          en mi mansión de forastero.

55  Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahveh,          quiero guardar tu ley.

56  Esta es mi tarea:          guardar tus ordenanzas.

57  = Jet. = Mi porción, Yahveh, he dicho,          es guardar tus palabras.

58  Con todo el corazón busco tu favor,          tenme piedad conforme a tu promesa.

59  He examinado mis caminos          y quiero volver mis pies a tus dictámenes.

60               Me doy prisa y no me tardo          en observar tus mandamientos.

61               Las redes de los impíos me aprisionan,          yo no olvido tu ley.

62               Me levanto a medianoche a darte gracias          por tus justos juicios.

63  Amigo soy de todos los que te temen          y observan tus ordenanzas.

64  De tu amor, Yahveh, está la tierra llena,          enséñame tus preceptos.

65  = Tet. = Has sido generoso con tu siervo,          oh Yahveh, conforme a tu palabra.

66  Cordura y sabiduría enséñame,          pues tengo fe en tus mandamientos.

67  Antes de ser humillado, me descarriaba,          mas ahora observo tu promesa.

68               Tú, que eres bueno y bienhechor,          enséñame tus preceptos.

69  Los soberbios me enredan con mentira,          yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.

70  Como de grasa su corazón está embotado.          mas yo en tu ley tengo mis delicias.

71  Un bien para mí ser humillado,          para que aprenda tus preceptos.

72  Un bien para mí la ley de tu boca,          más que miles de oro y plata.

73  = Yod. = Tus manos me han hecho y me han formado,          hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

74  Los que te temen me ven con alegría,          porque espero en tu palabra.

75  Yo sé, Yahveh, que son justos tus juicios,          que con lealtad me humillas tú.

76  Sea tu amor consuelo para mí,          según tu promesa a tu servidor.

77  Me alcancen tus ternuras y viviré,          porque tu ley es mi delicia.

78  Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira,          yo en tus ordenanzas medito.

79  Vuélvanse hacia mí los que te temen,          los que conocen tus dictámenes.

80  Sea mi corazón perfecto en tus preceptos,          para que no sea confundido.

81  = Kaf. = En pos de tu salvación mi alma languidece,          en tu palabra espero.

82  Languidecen mis ojos en pos de tu promesa          diciendo: «¿Cuándo vas a consolarme?»

83  Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma,          de tus preceptos no me olvido.

84  ¿Cuántos serán los días de tu siervo?          ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?

85  Los soberbios han cavado fosas para mí          en contra de tu ley.

86  Todos tus mandamientos son verdad,          con mentira se me persigue, ¡ayúdame!

87  Poco falta para que me borren de la tierra,          mas yo tus ordenanzas no abandono.

88  Según tu amor dame la vida,          y guardaré el dictamen de tu boca.

89  = Lámed. = Para siempre, Yahveh, tu palabra,          firme está en los cielos.

90  Por todas las edades tu verdad,          tú fijaste la tierra, ella persiste.

91  Por tus juicios subsiste todo hasta este día,          pues toda cosa es sierva tuya.

92  Si tu ley no hubiera sido mi delicia,          ya habría perecido en mi miseria.

93  Jamás olvidaré tus ordenanzas,          por ellas tú me das la vida.

94               Tuyo soy, sálvame,          pues tus ordenanzas voy buscando.

95  Para perderme me acechan los impíos,          yo estoy atento a tus dictámenes.

96  De todo lo perfecto he visto el límite:          ¡Qué inmenso es tu mandamiento!

97  = Mem. = ¡Oh, cuánto amo tu ley!      Todo el día es ella mi meditación.

98  Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento,          que por siempre es mío.

99  Tengo más prudencia que todos mis maestros,          porque mi meditación son tus dictámenes.

100   Poseo más cordura que los viejos,          porque guardo tus ordenanzas.

101   Retraigo mis pasos de toda mala senda          para guardar tu palabra.

102   De tus juicios no me aparto,          porque me instruyes tú.

103   ¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa,          más que miel a mi boca!

104   Por tus ordenanzas cobro inteligencia,          por eso odio toda senda de mentira.

105   = Nun. = Para mis pies antorcha es tu palabra,          luz para mi sendero.

106   He jurado, y he de mantenerlo,          guardar tus justos juicios.

107   Humillado en exceso estoy, Yahveh,          dame la vida conforme a tu palabra.

108   Acepta los votos de mi boca, Yahveh,          y enséñame tus juicios.

109   Mi alma está en mis manos sin cesar,          mas no olvido tu ley.

110   Me tienden un lazo los impíos,          mas yo no me desvío de tus ordenanzas.

111   Tus dictámenes son mi herencia por siempre,          ellos son la alegría de mi corazón.

112   Inclino mi corazón a practicar tus preceptos,          recompensa por siempre.

113             = Sámek. = Aborrezco la doblez          y amo tu ley.

114             Mi refugio y mi escudo eres tú,          yo espero en tu palabra.

115   ¡Apartaos de mí, malvados,          quiero guardar los mandamientos de mi Dios!

116   Sosténme conforme a tu promesa, y viviré,          no defraudes mi esperanza.

117   Sé tú mi apoyo, y seré salvo,          y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.

118   Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos,          mentira es su astucia.

119   Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra,          por eso amo yo tus dictámenes.

120   Por tu terror tiembla mi carne,          de tus juicios tengo miedo.

121   = Ain. = Juicio y justicia he practicado,          a mis opresores no me entregues.

122   Sé fiador de tu siervo para el bien,          no me opriman los soberbios.

123   En pos de tu salvación languidecen mis ojos,          tras tu promesa de justicia.

124   Según tu amor trata a tu siervo,          enséñame tus preceptos.

125   Yo soy tu servidor, hazme entender,          y aprenderé tus dictámenes.

126   Ya es hora de actuar, Yahveh,          se ha violado tu ley.

127   Por eso amo yo tus mandamientos          más que el oro, más que el oro fino.

128   Por eso me guío por todas tus ordenanzas          y odio toda senda de mentira.

129   = Pe. = Maravillas son tus dictámenes,          por eso mi alma los guarda.

130   Al abrirse, tus palabras iluminan          dando inteligencia a los sencillos.

131   Abro mi boca franca, y hondo aspiro,          que estoy ansioso de tus mandamientos.

132   Vuélvete a mí y tenme piedad,          como es justo para los que aman tu nombre.

133   Mis pasos asegura en tu promesa,          que no me domine ningún mal.

134   Rescátame de la opresión del hombre,          y tus ordenanzas guardaré.

135   Haz que brille tu faz para tu siervo,          y enséñame tus preceptos.

136   Mis ojos destilan ríos de lágrimas,          porque tu ley no se guarda.

137             = Sade. = ¡Justo eres tú, Yahveh,          y rectitud tus juicios!

138             Con justicia impones tus dictámenes,          con colmada verdad.

139             Mi celo me consume,          porque mis adversarios olvidan tus palabras.

140             Acendrada en extremo es tu promesa,          tu servidor la ama.

141             Pequeño soy y despreciado,          mas no olvido tus ordenanzas.

142   Justicia eterna es tu justicia,          verdad tu ley.

143   Angustia y opresión me han alcanzado,          tus mandamientos hacen mis delicias.

144   Justicia eterna tus dictámenes,          hazme entender para que viva.

145   = Qof. = Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahveh,          y guardaré tus preceptos.

146   Yo te invoco, sálvame,          y guardaré tus dictámenes.

147   Me adelanto a la aurora y pido auxilio,          en tu palabra espero.

148   Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,          a fin de meditar en tu promesa.

149   Por tu amor, Yahveh, escucha mi voz,          por tus juicios, vivifícame.

150   Se acercan a la infamia los que me persiguen,          se alejan de tu ley.

151   Tú estás cerca, Yahveh,          todos tus mandamientos son verdad.

152   De tus dictámenes sé desde hace tiempo          que para siempre los fundaste.

153   = Res = Mira mi aflicción y líbrame,          porque tu ley no olvido.

154   Aboga por mi causa tú, rescátame,          dame la vida conforme a tu promesa.

155   Lejos de los impíos la salvación,          pues no van buscando tus preceptos.

156   Muchas son tus ternuras, Yahveh,          por tus juicios, vivifícame.

157   Numerosos mis perseguidores y adversarios,          yo no me aparto de tus dictámenes.

158   He visto a los traidores, me disgusta          que no guarden tu promesa.

159   Mira que amo tus ordenanzas, Yahveh,          dame la vida por tu amor.

160   Es verdad el principio de tu palabra,          por siempre, todos tus justos juicios.

161   = Sin. = Príncipes me persiguen sin razón,          mas mi corazón teme tus palabras.

162             Me regocijo en tu promesa          como quien halla un gran botín.

163             La mentira detesto y abomino,          amo tu ley.

164             Siete veces al día te alabo          por tus justos juicios.

165             Mucha es la paz de los que aman tu ley,          no hay tropiezo para ellos.

166   Espero tu salvación, Yahveh,          tus mandamientos cumplo.

167             Mi alma guarda tus dictámenes,          mucho los amo.

168   Guardo tus ordenanzas y dictámenes          que ante ti están todos mis caminos.

169   = Tau. = Mi grito llegue hasta tu faz, Yahveh,          por tu palabra dame inteligencia.

170   Mi súplica llegue ante tu rostro,          por tu promesa líbrame.

171   Mis labios proclaman tu alabanza,          pues tú me enseñas tus preceptos.

172   Mi lengua repita tu promesa,          pues todos tus mandamientos son justicia.

173   Venga tu mano en mi socorro,          porque tus ordenanzas he escogido.

174             Anhelo tu salvación, Yahveh,          tu ley hace mis delicias.

175             Viva mi alma para alabarte,          y ayúdenme tus juicios.

176             Me he descarriado como oveja perdida:          ven en busca de tu siervo.      No, no me olvido de tus mandamientos.

Salmo 120 (119)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Hacia Yahveh, cuando en angustias me encontraba,          clamé, y él me respondió.

2    ¡Yahveh, libra mi alma del labio mentiroso,          de la lengua tramposa!

3 ¿Qué te dará y qué te añadirá,          lengua tramposa?

4 ¡Flechas de guerrero afiladas          con brasas de retama!

5    ¡Qué desgracia para mí vivir en Mések,          morar en las tiendas de Quedar!

6 Harto ha vivido ya mi alma          con los que odian la paz.

7    Que si yo hablo de paz,          ellos prefieren guerra.

Salmo 121 (120)

(1)  = Canción para las subidas. =

1    Alzo mis ojos a los montes:          ¿de dónde vendrá mi auxilio?

2    Mi auxilio me viene de Yahveh,          que hizo el cielo y la tierra.

3 ¡No deje él titubear tu pie!          ¡no duerme tu guardián!

4 No, no duerme ni dormita          el guardián de Israel.

5 Yahveh es tu guardián,          tu sombra, Yahveh, a tu diestra.

6 De día el sol no te hará daño,          ni la luna de noche.

7 Te guarda Yahveh de todo mal,          él guarda tu alma;

8    Yahveh guarda tus salidas y entradas,          desde ahora y por siempre.

Salmo 122 (121)

(1)  = Canción de las subidas. De David. =              1              ¡Oh, qué alegría cuando me dijeron:      Vamos a la Casa de Yahveh!

2    ¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies          en tus puertas, Jerusalén!

3    Jerusalén, construida cual ciudad          de compacta armonía,

4    a donde suben las tribus,          las tribus de Yahveh,          es para Israel el motivo de dar gracias          al nombre de Yahveh.

5    Porque allí están los tronos para el juicio,          los tronos de la casa de David.

6    Pedid la paz para Jerusalén:          ¡en calma estén tus tiendas,

7 haya paz en tus muros,          en tus palacios calma!

8    Por amor de mis hermanos y de mis amigos,          quiero decir: ¡La paz contigo!

9    ¡Por amor de la Casa de Yahveh nuestro Dios,          ruego por tu ventura.

Salmo 123 (122)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    A ti levanto mis ojos,          tú que habitas en el cielo;

2    míralos, como los ojos de los siervos          en la mano de sus amos.      Como los ojos de la sierva          en la mano de su señora,          así nuestros ojos en Yahveh nuestro Dios,          hasta que se apiade de nosotros.

3    ¡Ten piedad de nosotros, Yahveh, ten piedad de nosotros,          que estamos saturados de desprecio!

4    ¡Nuestra alma está por demás saturada          del sarcasmo de los satisfechos,          (¡El desprecio es para los soberbios!)

Salmo 124 (123)

(1)  = Canción de las subidas. De David. =              1              Si Yahveh no hubiera estado por nosotros,          - que lo diga Israel -

2    si Yahveh no hubiera estado por nosotros,          cuando contra nosotros se alzaron los hombres,

3    vivos entonces nos habrían tragado          en el fuego de su cólera.

4    Entonces las aguas nos habrían anegado,          habría pasado sobre nosotros un torrente,

5    habrían pasado entonces sobre nuestra alma          aguas voraginosas.

6    ¡Bendito sea Yahveh que no nos hizo          presa de sus dientes!

7    Nuestra alma como un pájaro escapó          del lazo de los cazadores.      El lazo se rompió          y nosotros escapamos;

8    nuestro socorro en el nombre de Yahveh,          que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 125 (124)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Los que confían en Yahveh son como el monte Sión,          que es inconmovible, estable para siempre.

2    ¡Jerusalén, de montes rodeada!      Así Yahveh rodea a su pueblo          desde ahora y por siempre.

3    Jamás ha de caer el cetro de impiedad          sobre la suerte de los justos,          para que los justos no alarguen          a la maldad su mano.

4    Haz bien, Yahveh, a los buenos,          a los de recto corazón.

5    ¡Mas a los que yerran por sus caminos tortuosos,          los suprima Yahveh con los agentes de mal!          ¡Paz a Israel!

Salmo 126 (125)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Cuando Yahveh hizo volver a los cautivos de Sión,          como soñando nos quedamos;

2    entonces se llenó de risa nuestra boca          y nuestros labios de gritos de alegría.      Entonces se decía entre las naciones: ¡Grandes cosas          ha hecho Yahveh con éstos!

3    ¡Sí, grandes cosas hizo con nosotros Yahveh,          el gozo nos colmaba!

4    ¡Haz volver, Yahveh, a nuestros cautivos          como torrentes en el Négueb!

5    Los que siembran con lágrimas          cosechan entre cánticos.

6    Al ir, va llorando,          llevando la semilla;          al volver, vuelve cantando          trayendo sus gavillas.

Salmo 127 (126)

(1)  = Canción de las subidas. De Salomón. =         1              Si Yahveh no construye la casa,          en vano se afanan los constructores;          si Yahveh no guarda la ciudad,          en vano vigila la guardia.

2    En vano madrugáis a levantaros,          el descanso retrasáis, los que coméis pan de fatigas,          cuando él colma a su amado mientras duerme.

3    La herencia de Yahveh son los hijos,          recompensa el fruto de las entrañas;

4    como flechas en la mano del héroe,          así los hijos de la juventud.

5    Dichoso el hombre que ha llenado          de ellas su aljaba;          no quedarán confusos cuando tengan pleito          con sus enemigos en la puerta.

Salmo 128 (127)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Dichosos todos los que temen a Yahveh,          los que van por sus caminos.

2    Del trabajo de tus manos comerás,          ¡dichoso tú, que todo te irá bien!

3    Tu esposa será como parra fecunda          en el secreto de tu casa.      Tus hijos, como brotes de olivo          en torno a tu mesa.

4    Así será bendito el hombre          que teme a Yahveh.

5    ¡Bendígate Yahveh desde Sión,          que veas en ventura a Jerusalén          todos los días de tu vida,

6    y veas a los hijos de tus hijos!          ¡Paz a Israel!

Salmo 129 (128)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Mucho me han asediado desde mi juventud,          - que lo diga Israel -

2    mucho me han asediado desde mi juventud,          pero conmigo no han podido.

3 Sobre mi espalda araron aradores,          alargaron sus surcos.

4 Yahveh, el justo ha roto          las coyundas de los impíos.

5 ¡Sean avergonzados, retrocedan          todos los que odian a Sión;

6    sean como la hierba de los techos          que se seca antes de arrancarla!

7    De ella no llena el segador su mano          ni su regazo el gavillador;

8    y no dicen tampoco los que pasan:          ¡Bendición de Yahveh sobre vosotros!      Nosotros os bendecimos en el nombre de Yahveh.

Salmo 130 (129)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Desde lo más profundos grito a ti, Yahveh:

2    ¡Señor, escucha mi clamor!          ¡Estén atentos tus oídos          a la voz de mis súplicas!

3    Si en cuenta tomas las culpas, oh Yahveh,          ¿quién, Señor, resistirá?

4 Mas el perdón se halla junto a ti,          para que seas temido.

5 Yo espero en Yahveh, mi alma          espera en su palabra;

6    mi alma aguarda al Señor          más que los centinelas la aurora;          mas que los centinelas la aurora,

7    aguarde Israel a Yahveh.      Porque con Yahveh está el amor,          junto a él abundancia de rescate;

8    él rescatará a Israel          de todas sus culpas.

Salmo 131 (130)

(1)  = Canción de las subidas. De David. =              1              No está inflado, Yahveh, mi corazón,          ni mis ojos subidos.      No he tomado un camino de grandezas          ni de prodigios que me vienen anchos.

2    No, mantengo mi alma en paz y silencio          como niño destetado en el regazo de su madre.          ¡Como niño destetado está mi alma en mí!

3    ¡Espera, Israel, en Yahveh          desde ahora y por siempre!

Salmo 132 (131)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    Acuérdate, Yahveh, en favor de David,          de todos sus desvelos,

2    del juramento que hizo a Yahveh,          de su voto al Fuerte de Jacob:

3    «No he de entrar bajo el techo de mi casa,          no he de subir al lecho en que reposo,

4    sueño a mis ojos no he de conceder          ni quietud a mis párpados,

5    mientras no encuentre un lugar para Yahveh,          una Morada para el Fuerte de Jacob.»

6    Mirad: hemos oído de Ella que está en Efratá,          ¡la hemos encontrado en los Campos del Bosque!

7    ¡Vayamos a la Morada de él,          ante el estrado de sus pies postrémonos!

8    ¡Levántate, Yahveh, hacia tu reposo,          tú y el arca de tu fuerza!

9    Tus sacerdotes se vistan de justicia,          griten de alegría tus amigos.

10  En gracia a David, tu servidor,          no rechaces el rostro de tu ungido.

11  Juró Yahveh a David,          verdad que no retractará:          «El fruto de tu seno          asentaré en tu trono.

12  «Si tus hijos guardan mi alianza,          el dictamen que yo les enseño,          también sus hijos para siempre          se sentarán sobre tu trono.»

13  Porque Yahveh ha escogido a Sión,          la ha querido como sede para sí:

14  «Aquí está mi reposo para siempre,          en él me sentaré, pues lo he querido.

15  «Sus provisiones bendeciré sin tasa,          a sus pobres hartaré de pan,

16  de salvación vestiré a sus sacerdotes,          y sus amigos gritarán de júbilo.

17  «Allí suscitaré a David un fuerte vástago,          aprestaré una lámpara a mi ungido;

18  de vergüenza cubriré a sus enemigos,          y sobre él brillará su diadema».

Salmo 133 (132)

(1)  = Canción de las subidas. De David. =              1              ¡Oh, qué bueno, qué dulce          habitar los hermanos todos juntos!

2    Como un ungüento fino en la cabeza,          que baja por la barba, que baja por la barba de Aarón,          hasta la orla de sus vestiduras.

3    Como el rocío del Hermón que baja          por las alturas de Sión;          allí Yahveh la bendición dispensa,          la vida para siempre.

Salmo 134 (133)

(1)  = Canción de las subidas. =

1    ¡Oh, bendecid a Yahveh          todos los servidores de Yahveh,          que servís en la Casa de Yahveh,          en los atrios de la Casa del Dios nuestro!

2    ¡Por las noches alzad las manos hacia el santuario,          y bendecid a Yahveh!

3    ¡Bendígate Yahveh desde Sión,          él, que hizo los cielos y la tierra!

Salmo 135 (134)

(1)  ¡Aleluya!

1    Alabad el nombre de Yahveh,          alabad, servidores de Yahveh,

2    que servís en la Casa de Yahveh,          en los atrios de la Casa del Dios nuestro.

3    Alabad a Yahveh, porque es bueno Yahveh,          salmodiad a su nombre, que es amable.

4    Pues Yahveh se ha elegido a Jacob,          a Israel, como su propiedad.

5    Bien sé yo que es grande Yahveh,          nuestro Señor más que todos los dioses.

6    Todo cuanto agrada a Yahveh,          lo hace en el cielo y en la tierra,          en los mares y en todos los abismos.

7    Levantando las nubes desde el extremo de la tierra,          para la lluvia hace él los relámpagos,          saca de sus depósitos el viento.

8    El hirió a los primogénitos de Egipto,          desde el hombre al ganado;

9    mandó señales y prodigios          en medio de ti, Egipto,          contra Faraón y todos sus siervos.

10  Hirió a naciones en gran número,          dio muerte a reyes poderosos,

11  a Sijón, rey de los amorreos,          a Og, rey de Basán,          y a todos los reinos de Canaán;

12  y dio sus tierras en herencia,          en herencia a su pueblo Israel.

13  ¡Yahveh, tu nombre para siempre,      Yahveh, tu memoria de edad en edad!

14  Porque Yahveh a su pueblo hace justicia,          y se compadece de sus siervos.

15  Los ídolos de las naciones, plata y oro,          obra de manos de hombre

16  tienen boca y no hablan,          tienen ojos y no ven;

17  tienen oídos y no oyen,          ni un soplo siquiera hay en su boca.

18  Como ellos serán los que los hacen,          cuantos en ellos ponen su confianza.

19  Caza de Israel, bendecid a Yahveh,          casa de Aarón, bendecid a Yahveh,

20  casa de Leví, bendecid a Yahveh,          los que a Yahveh teméis, bendecid a Yahveh.

21  ¡Bendito sea Yahveh desde Sión,          el que habita en Jerusalén!

Salmo 136 (135)

¡Aleluya!

1    ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno,          porque es eterno su amor!

2    Dad gracias al Dios de los dioses,          porque es eterno su amor;

3    dad gracias al Señor de los señores,          porque es eterno su amor.

4 El solo hizo maravillas,          porque es eterno su amor.

5 Hizo los cielos con inteligencia,          porque es eterno su amor;

6 sobre las aguas asentó la tierra,          porque es eterno su amor.

7    Hizo las grandes lumbreras,          porque es eterno su amor;

8 el sol para regir el día,          porque es eterno su amor;

9    la luna y las estrellas para regir la noche,          porque es eterno su amor.

10  Hirió en sus primogénitos a Egipto,          porque es eterno su amor;

11               y sacó a Israel de entre ellos,          porque es eterno su amor;

12               con mano fuerte y tenso brazo,          porque es eterno su amor.

13               El mar de Suf partió en dos,          porque es eterno su amor;

14  por medio a Israel hizo pasar,          porque es eterno su amor;

15  y hundió en él a Faraón con sus huestes,          porque es eterno su amor.

16               Guió a su pueblo en el desierto,          porque es eterno su amor;

17               hirió a grandes reyes,          porque es eterno su amor;

18               y dio muerte a reyes poderosos,          porque es eterno su amor;

19               a Sijón, rey de los amorreos,          porque es eterno su amor;

20               y a Og, rey de Basán,          porque es eterno su amor.

21  Y dio sus tierras en herencia,          porque es eterno su amor;

22               en herencia a su siervo Israel,          porque es eterno su amor.

23  En nuestra humillación se acordó de nosotros,          porque es eterno su amor;

24  y nos libró de nuestros adversarios,          porque es eterno su amor.

25  El da el pan a toda carne,          porque es eterno su amor;

26  ¡Dad gracias al Dios de los cielos,          porque es eterno su amor!

Salmo 137 (136)

1    A orillas de los ríos de Babilonia          estábamos sentados y llorábamos,          acordándonos de Sión;

2    en los álamos de la orilla          teníamos colgadas nuestras cítaras.

3    Allí nos pidieron          nuestros deportadores cánticos,          nuestros raptores alegría:          «¡Cantad para nosotros          un cantar de Sión!»

4    ¿Cómo podríamos cantar          un canto de Yahveh          en una tierra extraña?

5    ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido,          que se seque mi diestra!

6    ¡Mi lengua se me pegue al paladar          si de ti no me acuerdo,          si no alzo a Jerusalén          al colmo de mi gozo!

7    Acuérdate, Yahveh,          contra los hijos de Edom,          del día de Jerusalén,          cuando ellos decían: ¡Arrasad,          arrasadla hasta sus cimientos!

8    ¡Hija de Babel, devastadora,          feliz quien te devuelva          el mal que nos hiciste,

9    feliz quien agarre y estrelle          contra la roca a tus pequeños!

Salmo 138 (137)

(1)  = De David. =

1    Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón,          pues tú has escuchado las palabras de mi boca.      En presencia de los ángeles salmodio para ti,

2    hacia tu santo Templo me prosterno.      Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad,          pues tu promesa ha superado tu renombre.

3    El día en que grité, tú me escuchaste,          aumentaste la fuerza en mi alma.

4    Te dan gracias, Yahveh, todos los reyes de la tierra,          porque oyen las promesas de tu boca;

5    y cantan los caminos de Yahveh:          «¡Qué grande la gloria de Yahveh!

6    ¡Excelso es Yahveh, y ve al humilde,          al soberbio le conoce desde lejos!»

7    Si ando en medio de angustias, tú me das la vida,          frente a la cólera de mis enemigos, extiendes tú la             mano          y tu diestra me salva:

8    Yahveh lo acabará todo por mí.          ¡Oh Yahveh, es eterno tu amor,          no dejes la obra de tus manos!

Salmo 139 (138)

(1)  = Del maestro de coro. De David. Salmo. =      1              Yahveh, tú me escrutas y conoces;

2    sabes cuándo me siento y cuándo me levanto,          mi pensamiento calas desde lejos;

3    esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes,          familiares te son todas mis sendas.

4    Que no está aún en mi lengua la palabra,          y ya tú, Yahveh, la conoces entera;

5    me aprietas por detrás y por delante,          y tienes puesta sobre mí tu mano.

6    Ciencia es misteriosa para mí,          harto alta, no puedo alcanzarla.

7    ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu,          a dónde de tu rostro podré huir?

8    Si hasta los cielos subo, allí estás tú,          si en el seol me acuesto, allí te encuentras.

9    Si tomo las alas de la aurora,          si voy a parar a lo último del mar,

10  también allí tu mano me conduce,          tu diestra me aprehende.

11  Aunque diga: «¡Me cubra al menos la tiniebla,          y la noche sea en torno a mí un ceñidor,

12  ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti,          y la noche es luminosa como el día.

13  Porque tú mis riñones has formado,          me has tejido en el vientre de mi madre;

14  yo te doy gracias por tantas maravillas:          prodigio soy, prodigios son tus obras.      Mi alma conocías cabalmente,

15  y mis huesos no se te ocultaban,          cuando era yo formado en lo secreto,          tejido en las honduras de la tierra.

16  Mi embrión tus ojos lo veían;          en tu libro están inscritos todos          los días que han sido señalados,          sin que aún exista uno solo de ellos.

17  Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos,          oh, Dios, qué incontable su suma!

18  ¡Son más, si los recuento, que la arena,          y al terminar, todavía estoy contigo!

19  ¡Ah, si al impío, oh Dios, mataras,          si los hombres sanguinarios se apartaran de mí!

20  Ellos que hablan de ti dolosamente,          tus adversarios que se alzan en vano.

21  ¿No odio, Yahveh, a quienes te odian?          ¿No me asquean los que se alzan contra ti?

22  Con odio colmado los odio,          son para mí enemigos.

23  Sóndame, oh Dios, mi corazón conoce,          pruébame, conoce mis desvelos;

24  mira no haya en mí camino de dolor,          y llévame por el camino eterno.

Salmo 140 (139)

(1)  = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2)           Líbrame, Yahveh, del hombre malo,          del hombre violento guárdame,

2 (3)           los que en su corazón maquinan males,          y peleas albergan todo el día,

3 (4)           aguzan su lengua igual que una serpiente,          veneno de víbora hay bajo sus labios. = Pausa =

4 (5)           Presérvame, Yahveh, de las manos del impío,          del hombre violento guárdame,          los que proyectan trastornar mis pasos,

5 (6)           los insolentes que me han ocultado cepo y lazos,          y tienden una red bajo mis pies,          y al borde del sendero me han emplazado trampas. =             Pausa. =

6 (7)  Yo he dicho a Yahveh: Tú eres mi Dios,          escucha, Yahveh, la voz de mis súplicas.

7 (8)           Oh Yahveh, Señor mío, fuerza de mi salvación,          tú cubres mi cabeza el día del combate.

8 (9)           No otorgues, Yahveh, al impío su deseo,          no dejes que su plan se realice.      Los que me asedian no alcen sobre mí

9 (10) su cabeza, = Pausa =          ahóguelos la malicia de sus labios;

10 (11) llueva sobre ellos carbones encendidos,          en el abismo hundidos, no se levanten más;

11 (12) no arraigue más en la tierra el deslenguado.          al violento lo atrape de golpe la desgracia.

12 (13) Sé que Yahveh al humilde hará justicia,          y llevará el juicio de los pobres.

13 (14) Sí, los justos darán gracias a tu nombre,          los rectos morarán en tu presencia.

Salmo 141 (140)

(1)  = Salmo. De David. =

1    Yo te invoco, Yahveh, ven presto a mí,          escucha mi voz cuando a ti clamo.

2    Valga ante ti mi oración como incienso,          el alzar de mis manos como oblación de la tarde.

3    Pon, Yahveh, en mi boca un centinela,          un vigía a la puerta de mis labios.

4    No dejes que tienda mi corazón a cosa mala,          a perpetrar acciones criminales          en compañía de malhechores,          y no guste yo lo que hace sus delicias.

5    Que el justo me hiera por amor, y me corrija,          pero el ungüento del impío jamás lustre mi cabeza,          pues me comprometería aún más en sus maldades.

6    Han quedado a merced de la Roca, su juez,          los que oyeron con regodeo mis palabras:

7    «Como piedra de molino estrellada por tierra          son esparcidos nuestros huesos a la boca del seol.»

8    Hacia ti, Señor Yahveh, miran mis ojos,          ¡en ti me cobijo, no desampares mi alma!

9    Guárdame del lazo que me tienden,          de la trampa de los malhechores.

10  Caigan los impíos, cada uno en su red,          mientras yo paso indemne.

Salmo 142 (141)

(1)  = Poema. De David. Cuando estaba en la cueva. Oración. =

1 (2)           A Yahveh en mi clamor imploro.      A Yahveh en mi clamor suplico.

2 (3)           Ante él derramo mi lamento,          mi angustia ante él expongo,

3 (4)           cuando el aliento en mí se apaga;          mas tú conoces mi sendero.      En el camino por donde voy          me han escondido un lazo.

4 (5)           A la derecha mira, y ve,          nadie hay que me conozca.      Huye de mí todo refugio,          nadie hay que cuide de mi alma.

5 (6)  Hacia ti clamo, Yahveh;          digo: ¡Tú, mi refugio,          mi porción en la tierra de los vivos!

6 (7)           Atiende a mi clamor,          pues estoy abatido del todo.          ¡Líbrame tú de mis perseguidores,          pues son más fuertes que yo!

7 (8)           ¡Saca mi alma de la cárcel,          y daré gracias a tu nombre!      En torno a mí los justos harán corro,          por tu favor para conmigo.

Salmo 143 (142)

(1)  = Salmo. De David. =

1    Yahveh, escucha mi oración,          presta oído a mis súplicas,          por tu lealtad respóndeme, por tu justicia;

2    no entres en juicio con tu siervo,          pues no es justo ante ti ningún viviente.

3    Persigue mi alma el enemigo,          mi vida estrella contra el suelo;          me hace morar en las tinieblas,          como los que han muerto para siempre;

4    se apaga en mí el aliento,          mi corazón dentro de mí enmudece.

5    Me acuerdo de los días de antaño,          medito en todas tus acciones,          pondero las obras de tus manos;

6    hacia ti mis manos tiendo,          mi alma es como una tierra que tiene sed de ti. =             Pausa. =

7    ¡Oh, pronto, respóndeme, Yahveh,          el aliento me falta;          no escondas lejos de mí tu rostro,          pues sería yo como los que bajan a la fosa!

8    Haz que sienta tu amor a la mañana,           porque confío en ti;          hazme saber el camino a seguir,          porque hacia ti levanto mi alma.

9    Líbrame de mis enemigos, Yahveh          en ti me refugio;

10  enséñame a cumplir tu voluntad,          porque tú eres mi Dios;          tu espíritu que es bueno me guíe          por una tierra llana.

11  Por tu nombre, Yahveh, dame la vida,          por tu justicia saca mi alma de la angustia;

12  por tu amor aniquila a mis enemigos,          pierde a todos los que oprimen mi alma,          porque yo soy tu servidor.

Salmo 144 (143)

(1)  = De David. =

1    Bendito sea Yahveh, mi Roca,          que adiestra mis manos para el combate,          mis dedos para la batalla;

2    él, mi amor y mi baluarte,          mi ciudadela y mi libertador,          mi escudo en el que me cobijo,          el que los pueblos somete a mi poder.

3    Yahveh, ¿qué es el hombre para que le conozcas,          el hijo de hombre para que en él pienses?

4    El hombre es semejante a un soplo,          sus días, como sombra que pasa.

5    ¡Yahveh, inclina tus cielos y desciende,          toca los montes, que echen humo;

6    fulmina el rayo y desconciértalos,          lanza tus flechas y trastórnalos!

7    Extiende tu mano desde lo alto,          sálvame, líbrame de las muchas aguas,          de la mano de los hijos de extranjeros,

8    cuya boca profiere falsedad          y cuya diestra es diestra de mentira.

9    Oh Dios, quiero cantarte un canto nuevo,          salmodiar para ti al arpa de diez cuerdas,

10  tú que das a los reyes la victoria,          que salvas a David tu servidor.      De espada de infortunio

11  sálvame.          líbrame de la mano de extranjeros,          cuya boca profiere falsedad          y cuya diestra es diestra de mentira.

12  Sean nuestros hijos como plantas          florecientes en su juventud,          nuestras hijas como columnas angulares,          esculpidas como las de un palacio;

13  nuestros graneros llenos, rebosantes          de frutos de toda especie,          nuestras ovejas, a millares, a miríadas,          por nuestras praderías;

14  nuestras bestias bien cargadas;          no haya brecha ni salida,          ni grito en nuestras plazas.

15  ¡Feliz el pueblo a quien así sucede          feliz el pueblo cuyo Dios es Yahveh!

Salmo 145 (144)

(1)  = Himno. De David. =

1    = Alef. = Yo te ensalzo, oh Rey Dios mío,          y bendigo tu nombre para siempre jamás;

2    = Bet. = todos los días te bendeciré,          por siempre jamás alabaré tu nombre;

3    = Guímel. = grande es Yahveh y muy digno de alabanza,          insondable su grandeza.

4    = Dálet. = Una edad a otra encomiará tus obras,          pregonará tus proezas.

5    = He. = El esplendor, la gloria de tu majestad,          el relato de tus maravillas, yo recitaré.

6    = Vau. = Del poder de tus portentos se hablará,          y yo tus grandezas contaré;

7    = Zain. = se hará memoria de tu inmensa bondad,          se aclamará tu justicia.

8    = Jet. = Clemente y compasivo es Yahveh,          tardo a la cólera y grande en amor;

9    = Tet = bueno es Yahveh para con todos,          y sus ternuras sobre todas sus obras.

10  = Yod. = Te darán gracias, Yahveh, todas tus obras          y tus amigos te bendecirán;

11  = Kaf. = dirán la gloria de tu reino,          de tus proezas hablarán,

12  = Lámed. = para mostrar a los hijos de Adán tus proezas,          el esplendor y la gloria de tu reino.

13  = Mem. = Tu reino, un reino por los siglos todos,          tu dominio, por todas las edades.          = (Nun.) = Yahveh es fiel en todas sus palabras,          en todas sus obras amoroso;

14  = Sámek. = Yahveh sostiene a todos los que caen,          a todos los encorvados endereza.

15  = Ain. = Los ojos de todos fijos en ti, esperan          que les des a su tiempo el alimento;

16  = Pe. = abres la mano tú          y sacias a todo viviente a su placer.

17  = Sade. = Yahveh es justo en todos sus caminos,          en todas sus obras amoroso;

18  = Qof. = cerca está Yahveh de los que le invocan,          de todos los que le invocan con verdad.

19  = Res. = El cumple el deseo de los que le temen,          escucha su clamor y los libera;

20  = Sin. = guarda Yahveh a cuantos le aman,          a todos los impíos extermina.

21  = Tau. = ¡La alabanza de Yahveh diga mi boca,          y toda carne bendiga su nombre sacrosanto,          para siempre jamás!

Salmo 146 (145)

(1)  ¡Aleluya!

1    ¡Alaba a Yahveh, alma mía!

2    A Yahveh, mientras viva, he de alabar,          mientras exista salmodiaré para mi Dios.

3    No pongáis vuestra confianza en príncipes,          en un hijo de hombre, que no puede salvar;

4    su soplo exhala, a su barro retorna,          y en ese día sus proyectos fenecen.

5    Feliz aquel que en el Dios de Jacob tiene su apoyo,          y su esperanza en Yahveh su Dios,

6    que hizo los cielos y la tierra,          el mar y cuanto en ellos hay;          que guarda por siempre lealtad,

7    hace justicia a los oprimidos,          da el pan a los hambrientos,      Yahveh suelta a los encadenados.

8    Yahveh abre los ojos a los ciegos,      Yahveh a los encorvados endereza,      Ama Yahveh a los justos,

9    Yahveh protege al forastero,          a la viuda y al huérfano sostiene.          mas el camino de los impíos tuerce;

10  Yahveh reina para siempre,          tu Dios, Sión, de edad en edad.

Salmo 147 (146-147)

¡Aleluya!

1    Alabad a Yahveh, que es bueno salmodiar,          a nuestro Dios, que es dulce la alabanza.

2    Edifica Yahveh a Jerusalén,          congrega a los deportados de Israel;

3    él sana a los de roto corazón,          y venda sus heridas.

4    El cuenta el número de estrellas,          y llama a cada una por su nombre;

5    grande es nuestro Señor, y de gran fuerza,          no tiene medida su saber.

6    Yahveh sostiene a los humildes,          hasta la tierra abate a los impíos.

7    Cantad a Yahveh en acción de gracias,          salmodiad a la cítara para nuestro Dios:

8    El que cubre de nubes los cielos,          el que lluvia a la tierra prepara,          el que hace germinar en los montes la hierba,          y las plantas para usos del hombre,

9    el que dispensa al ganado su sustento,          a las crías del cuervo cuando chillan.

10  No le agrada el brío del caballo,          ni se complace en los músculos del hombre.

11  Se complace Yahveh en los que le temen,          en los que esperan en su amor.

12  ¡Celebra a Yahveh, Jerusalén,          alaba a tu Dios, Sión!

13  Que él ha reforzado los cerrojos de tus puertas,          ha bendecido en ti a tus hijos;

14  pone paz en tu término,          te sacia con la flor del trigo.

15  El envía a la tierra su mensaje,          a toda prisa corre su palabra;

16  como lana distribuye la nieve,          esparce la escarcha cual ceniza.

17  Arroja su hielo como migas de pan,          a su frío ¿quién puede resistir?

18  Envía su palabra y hace derretirse,          sopla su viento y corren las aguas.

19  El revela a Jacob su palabra,          sus preceptos y sus juicios a Israel:

20  no hizo tal con ninguna nación,          ni una sola sus juicios conoció.

Salmo 148

(1)  ¡Aleluya!

1    ¡Alabad a Yahveh desde los cielos,          alabadle en las alturas,

2    alabadle, ángeles suyos todos, todas sus huestes, alabadle!

3 ¡Alabadle, sol y luna,          alabadle todas las estrellas de luz,

4    alabadle, cielos de los cielos,          y aguas que estáis encima de los cielos!

5    Alaben ellos el nombre de Yahveh:          pues él ordenó y fueron creados;

6    él los fijó por siempre, por los siglos,          ley les dio que no pasará.

7    ¡Alabad a Yahveh desde la tierra,          monstruos del mar y todos los abismos,

8    fuego y granizo, nieve y bruma,          viento tempestuoso, ejecutor de su palabra,

9 montañas y todas la colinas,          árbol frutal y cedros todos,

10               fieras y todos los ganados,          reptil y pájaro que vuela,

11  reyes de la tierra y pueblos todos,          príncipes y todos los jueces de la tierra,

12  jóvenes y doncellas también,          viejos junto con los niños!

13  Alaben el nombre de Yahveh:          porque sólo su nombre es sublime,          su majestad por encima de la tierra y el cielo.

14  El realza la frente de su pueblo,          de todos sus amigos alabanza,          de los hijos de Israel, pueblo de sus íntimos.

Salmo 149

(1)  ¡Aleluya!

1    ¡Cantad a Yahveh un cantar nuevo:          su alabanza en la asamblea de sus amigos!

2    ¡Regocíjese Israel en su hacedor,          los hijos de Sión exulten en su rey;

3    alaben su nombre con la danza,          con tamboril y cítara salmodien para él!

4    Porque Yahveh en su pueblo se complace,          adorna de salvación a los humildes.

5    Exalten de gloria sus amigos,          desde su lecho griten de alegría:

6    los elogios de Dios en su garganta,          y en su mano la espada de dos filos;

7    para ejecutar venganza en las naciones,          castigos en los pueblos,

8    para atar con cadenas a sus reyes,          con grillos de hierro a sus magnates,

9    para aplicarles la sentencia escrita:          ¡será un honor para todos sus amigos!

Salmo 150

(1)  ¡Aleluya!

1    Alabad a Dios en su santuario,          alabadle en el firmamento de su fuerza,

2    alabadle por sus grandes hazañas,          alabadle por su inmensa grandeza.

3    Alabadle con clangor de cuerno,          alabadle con arpa y con cítara,

4    alabadle con tamboril y danza,          alabadle con laúd y flauta,

5    alabadle con címbalos sonoros,          alabadle con címbalos de aclamación.

6    ¡Todo cuanto respira alabe a Yahveh!          ¡Aleluya!

PROVERBIOS

Proverbios 1

1    Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:

2    para aprender sabiduría e instrucción,          para entender los discursos profundos,

3    para alcanzar instrucción y perspicacia,          - justicia, equidad y rectitud -,

4    para enseñar a los simples la prudencia,          a los jóvenes ciencia y reflexión,

5    Que atienda el sabio y crecerá en doctrina,          y el inteligente aprenderá a hacer proyectos.

6    para descifrar proverbios y enigmas,          los dichos de los sabios y sus adivinanzas.

7    El temor de Yahveh es el principio de la ciencia;          los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.

8    Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre          y no desprecies la lección de tu madre:

9    corona graciosa son para tu cabeza          y un collar para tu cuello.

10  Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir,          no vayas.

11  Si te dicen: «¡Vente con nosotros,          estemos al acecho para derramar sangre,          apostémonos contra el inocente sin motivo alguno,

12  devorémoslos vivos como el seol,          enteros como los que bajan a la fosa!;

13  ¡hallaremos toda clase de riquezas,          llenaremos nuestras casas de botín,

14  te tocará tu parte igual que a nosotros,          para todos habrá bolsa común!»:

15  no te pongas, hijo mío, en camino con ellos,          tu pie detén ante su senda,

16  = porque sus pies corren hacia el mal          y a derramar sangre se apresuran; =

17  pues es inútil tender la red          a los ojos mismos de los pajarillos.

18  Contra su propia sangre están acechando,          apostados están contra sus propias vidas.

19  Esa es la senda de todo el que se entrega a la rapiña:          ella quita la vida a su propio dueño.

20  La Sabiduría clama por las calles,          por las plazas alza su voz,

21  llama en la esquina de las calles concurridas,          a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus             discursos:

22  «¿Hasta cuándo, simples, amaréis vuestra simpleza          y arrogantes os gozaréis en la arrogancia          y necios tendréis odio a la ciencia?

23  Convertíos por mis reprensiones:          voy a derramar mi espíritu para vosotros,          os voy a comunicar mis palabras.

24  Ya que os he llamado y no habéis querido,          he tendido mi mano y nadie ha prestado atención,

25  habéis despreciado todos mis consejos,          no habéis hecho caso de mis reprensiones;

26  también yo me reiré de vuestra desgracia,          me burlaré cuando llegue vuestro espanto,

27  cuando llegue, como huracán, vuestro espanto,          vuestra desgracia sobrevenga como torbellino,          cuando os alcancen la angustia y la tribulación.

28  Entonces me llamarán y no responderé,          me buscarán y no me hallarán.

29  Porque tuvieron odio a la ciencia          y no eligieron el temor de Yahveh,

30  no hicieron caso de mi consejo,          ni admitieron de mí ninguna reprensión;

31  comerán del fruto de su conducta,          de sus propios consejos se hartarán.

32  Su propio descarrío matará a los simples,          la despreocupación perderá a los insensatos.

33  Pero el que me escucha vivirá seguro,          tranquilo, sin temor a la desgracia.»

Proverbios 2

1    Hijo mío, si das acogida a mis palabras,          y guardas en tu memoria mis mandatos,

2    prestando tu oído a la sabiduría,          inclinando tu corazón a la prudencia;

3    si invocas a la inteligencia          y llamas a voces a la prudencia;

4    si la buscas como la plata          y como un tesoro la rebuscas,

5    entonces entenderás el temor de Yahveh          y la ciencia de Dios encontrarás.

6    Porque Yahveh es el que da la sabiduría,          de su boca nacen la ciencia y la prudencia.

7    Reserva el éxito para los rectos,          es escudo para quienes proceden con entereza,

8    vigila las sendas de la equidad          y guarda el camino de sus amigos.

9    Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud:          todos los senderos del bien.

10  Cuando entre la sabiduría en tu corazón          y la ciencia sea dulce para tu alma,

11  velará sobre ti la reflexión          y la prudencia te guardará,

12  apartándote del mal camino,          del hombre que propone planes perversos,

13  de los que abandonan el recto sendero          para ir por caminos tenebrosos,

14  de los que se gozan en hacer el mal,          se regocijan en la perversidad,

15  cuyos senderos son tortuosos          y sus sendas llenas de revueltas.

16  Ella te apartará de la mujer ajena,          de la extraña de melosas palabras,

17  que ha dejado al amigo de su juventud          y ha olvidado la alianza de su Dios;

18  su casa está inclinada hacia la muerte,          hacia las sombras sus tortuosos senderos.

19  Nadie que entre por ella volverá,          no alcanzará las sendas de la vida.

20  Por eso has de ir por el camino de los buenos,          seguirás las sendas de los justos.

21  Porque los rectos habitarán la tierra          y los íntegros se mantendrán en ella;

22  pero los malos serán cercenados de la tierra,          se arrancará de ella a los desleales.

Proverbios 3

1    Hijo mío, no olvides mi lección,          en tu corazón guarda mis mandatos,

2    pues largos días y años de vida          y bienestar te añadirán.

3    La piedad y la lealtad no te abandonen;          átalas a tu cuello,          escríbelas en la tablilla de tu corazón.

4    Así hallarás favor y buena acogida          a los ojos de Dios y de los hombres.

5    Confía en Yahveh de todo corazón          y no te apoyes en tu propia inteligencia;

6    reconócele en todos tus caminos          y él enderezará tus sendas.

7    No seas sabio a tus propios ojos,          teme a Yahveh y apártate del mal:

8    medicina será para tu carne          y refrigerio para tus huesos.

9    Honra a Yahveh con tus riquezas,          con las primicias de todas tus ganancias:

10  tus trojes se llenarán de grano          y rebosará de mosto tu lagar.

11  No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh,          no te dé fastidio su reprensión,

12  porque Yahveh reprende a aquel que ama,          como un padre al hijo querido.

13  Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría          y el hombre que alcanza la prudencia;

14  más vale su ganancia que la ganancia de plata,          su renta es mayor que la del oro.

15  Más preciosa es que las perlas,          nada de lo que amas se le iguala.

16  Largos días a su derecha,          y a su izquierda riqueza y gloria.

17  Sus caminos son caminos de dulzura          y todas sus sendas de bienestar.

18  Es árbol de vida para los que a ella están asidos,          felices son los que la abrazan.

19  Con la Sabiduría fundó Yahveh la tierra,          consolidó los cielos con inteligencia;

20  con su ciencia se abrieron los océanos          y las nubes destilan el rocío.

21  Hijo mío, guarda la prudencia y la reflexión,          no se aparten nunca de tus ojos:

22               serán vida para tu alma          y adorno para tu cuello.

23               Así irás tranquilo por tu camino          y no tropezará tu pie.

24  No tendrás miedo al acostarte,          una vez acostado, será dulce tu sueño.

25  No temerás el espanto repentino,          ni cuando llegue la tormenta de los malos,

26  porque Yahveh será tu tranquilidad          y guardará tu pie de caer en el cepo.

27  No niegues un favor a quien es debido,          si en tu mano está el hacérselo.

28  No digas a tu prójimo: «Vete y vuelve,          mañana te daré», si tienes algo en tu poder.

29  No trames mal contra tu prójimo          cuando se sienta confiado junto a ti.

30  No te querelles contra nadie sin motivo,          si no te ha hecho ningún mal.

31  No envidies al hombre violento,          ni elijas ninguno de sus caminos;

32  porque Yahveh abomina a los perversos,          pero su intimidad la tiene con los rectos.

33  La maldición de Yahveh en la casa del malvado,          en cambio bendice la mansión del justo.

34  Con los arrogantes es también arrogante,          otorga su favor a los pobres.

35  La gloria es patrimonio de los sabios          y los necios heredarán la ignominia.

Proverbios 4

1    Escuchad, hijos, la instrucción del padre,          estad atentos para aprender inteligencia,

2    porque es buena la doctrina que os enseño;          no abandonéis mi lección.

3    También yo fui hijo para mi padre,          tierno y querido a los ojos de mi madre,

4    El me enseñaba y me decía:           «Retén mis palabras en tu corazón,          guarda mis mandatos y vivirás.

5    Adquiere la sabiduría, adquiere la inteligencia,          no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca.

6    No la abandones y ella te guardará,          ámala y ella será tu defensa.

7    El comienzo de la sabiduría es: adquiere la sabiduría,          a costa de todos tus bienes adquiere la inteligencia.

8    Haz acopio de ella, y ella te ensalzará;          ella te honrará, si tú la abrazas;

9    pondrá en tu cabeza una diadema de gracia,          una espléndida corona será tu regalo».

10  Escucha, hijo mío, recibe mis palabras,          y los años de tu vida se te multiplicarán.

11  En el camino de la sabiduría te he instruido,          te he encaminado por los senderos de la rectitud.

12  Al andar no se enredarán tus pasos,          y si corres, no tropezarás.

13  Aférrate a la instrucción, no la sueltes;          guárdala, que es tu vida.

14  No te metas por la senda de los perversos,          ni vayas por el camino de los malvados.

15  Evítalo, no pases por él,          apártate de él, pasa adelante.

16  Porque ésos no duermen si no obran el mal,          se les quita el sueño si no han hecho caer a alguno.

17  Es que su pan es pan de maldad,          y vino de violencia es su bebida.

18  La senda de los justos es como la luz del alba,          que va en aumento hasta llegar a pleno día.

19  Pero el camino de los malos es como tinieblas,          no saben dónde han tropezado.

20  Atiende, hijo mío, a mis palabras,          inclina tu oído a mis razones.

21  No las apartes de tus ojos,          guárdalas dentro de tu corazón.

22  Porque son vida para los que las encuentran,          y curación para toda carne.

23  Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón,          porque de él brotan las fuentes de la vida.

24  Aparta de ti la falsía de la boca          y el enredo de los labios arrójalo de ti.

25  Miren de frente tus ojos,          tus párpados derechos a lo que está ante tí.

26  Tantea bien el sendero de tus pies          y sean firmes todos tus caminos.

27  No te tuerzas ni a derecha ni a izquierda,          aparta tu pie de la maldad.

Proverbios 5

1    Presta, hijo mío, atención a mi sabiduría,          aplica tu oído a mi prudencia,

2    para que guardes tú la reflexión          y tus labios conserven la ciencia.      No hagas caso de la mujer perversa,

3    pues miel destilan los labios de la extraña,          su paladar es más suave que el aceite;

4    pero al fin es amarga como el ajenjo,          mordaz como espada de dos filos.

5    Sus pies descienden a la muerte,          sus pasos se dirigen al seol.

6    Por no seguir la senda de la vida,          se desvía por sus vericuetos sin saberlo.

7    Así pues, hijo mío, escúchame,          no te apartes de los dichos de mi boca:

8    aleja de ella tu camino,          no te acerques a la puerta de su casa;

9    no sea que ella dé tu honor a otro          y tus años a un hombre cruel;

10  no se harten de tus bienes los extraños,          ni paren tus fatigas en casa del extranjero;

11  no sea que gimas a la postre          cuando tu cuerpo y tu carne se consuman,

12  y digas: «Ay de mí, que he odiado la instrucción,          mi corazón ha despreciado los reproches,

13  no he escuchado la voz de mis maestros          ni he prestado oídos a los que me instruían.

14  A punto he estado de cualquier desgracia,          en medio de la asamblea y la comunidad.»

15  Bebe el agua de tu cisterna,          la que brota de tu pozo.

16  ¿Se van a desbordar por fuera tus arroyos,          las corrientes de agua por las plazas?

17  Que sean para ti solo,          no para que las beban contigo los extraños.

18  - Sea tu fuente bendita.      Gózate en la mujer de tu mocedad,

19  cierva amable, graciosa gacela:          embriáguente en todo tiempo sus amores,          su amor te apasione para siempre.

20  ¿Por qué apasionarte, hijo mío, de una ajena,          abrazar el seno de una extraña?

21  Pues los caminos del hombre están en la presencia de Yahveh,          él vigila todos sus senderos.

22  El malvado será presa de sus propias maldades,          con los lazos de su pecado se le capturará.

23  Morirá por su falta de instrucción,          por su gran necedad se perderá.

Proverbios 6

1    Si has salido, hijo mío, fiador de tu prójimo,          si has chocado tu mano con un extraño,

2    si te has obligado con las palabras de tu boca,          si de la palabra de tu boca te has dejado prender,

3    haz esto, hijo mío, para quedar libre,          pues has caído en manos de tu prójimo:      Vete, póstrate, importuna a tu prójimo;

4    no concedas a tus ojos sueño          ni a tus párpados reposo;

5    líbrate, como la gacela del lazo,          como el pájaro de la mano del pajarero.

6    Vete donde la hormiga, perezoso,          mira sus andanzas y te harás sabio.

7    Ella no tiene jefe,          ni capataz, ni amo;

8    asegura en el verano su sustento,          recoge su comida al tiempo de la mies.

9    ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado?          ¿cuándo te levantarás de tu sueño?

10  Un poco dormir, otro poco dormitar,          otro poco tumbarse con los brazos cruzados;

11  y llegará como vagabundo tu miseria          y como un mendigo tu pobreza.

12  Un malvado, un hombre inicuo,          anda con la boca torcida,

13               guiña el ojo, arrastra los pies,          hace señas con los dedos.

14  Torcido está su corazón, medita el mal,          pleitos siembra en todo tiempo.

15  Por eso vendrá su ruina de repente,          de improviso quebrará, y no habrá remedio.

16  Seis cosas hay que aborrece Yahveh,          y siete son abominación para su alma:

17  ojos altaneros, lengua mentirosa,          manos que derraman sangre inocente,

18  corazón que fragua planes perversos,          pies que ligeros corren hacia el mal,

19  testigo falso que profiere calumnias,          y el que siembra pleitos entre los hermanos.

20  Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre          y no desprecies la lección de tu madre.

21  Tenlos atados siempre a tu corazón,          enlázalos a tu cuello;

22  en tus pasos ellos serán tu guía;          cuando te acuestes, velarán por ti;          conversarán contigo al despertar.

23  Porque el mandato es una lámpara          y la lección una luz;          camino de vida los reproches y la instrucción,

24  para librarte de la mujer perversa,          de la lengua suave de la extraña.

25  No codicies su hermosura en tu corazón,          no te cautive con sus párpados,

26  porque un mendrugo de pan basta a la prostituta,          pero la casada va a la caza de una vida preciosa.

27  ¿Puede uno meter fuego en su regazo          sin que le ardan los vestidos?

28  ¿Puede uno andar sobre las brasas          sin que se le quemen los pies?

29  Así le pasa al que se llega a la mujer del prójimo:          no saldrá ileso ninguno que la toque.

30  No se desprecia al ladrón cuando roba          para llenar su estómago, porque tiene hambre.

31  Mas, si le sorprenden, paga el séptuplo,          tiene que dar todos los bienes de su casa.

32  Pero el que hace adulterar a una mujer es un mentecato;          un suicida es el que lo hace;

33  encontrará golpes y deshonra          y su vergüenza no se borrará.

34  Porque los celos enfurecen al marido.          y no tendrá piedad el día de la venganza.

35  No hará caso de compensación alguna;           aunque prodigues regalos, no aceptará.

Proverbios 7

1    Guarda, hijo mío, mis palabras,          conserva como un tesoro mis mandatos.

2    Guarda mis mandamientos y vivirás;          sea mi lección como la niña de tus ojos.

3    Átalos a tus dedos,          escríbelos en la tablilla de tu corazón.

4    Dile a la sabiduría: «Tú eres mi hermana»,          llama pariente a la inteligencia,

5    para que te guarde de la mujer ajena,          de la extraña de palabras melosas.

6    Estaba yo a la ventana de mi casa          y miraba a través de las celosías,

7    cuando ví, en el grupo de los simples,          distinguí entre los muchachos a un joven falto de             juicio:

8    pasaba por la calle, junto a la esquina donde ella vivía,          iba camino de su casa,

9    al atardecer, ya oscurecido,          en lo negro de la noche y de las sombras.

10  De repente, le sale al paso una mujer,          con atavío de ramera y astucia en el corazón.

11  Es alborotada y revoltosa,          sus pies nunca paran en su casa.

12  Tan pronto en las calles como en las plazas,          acecha por todas las esquinas.

13  Ella lo agarró y lo abrazó,          y desvergonzada le dijo:

14  «Tenía que ofrecer un sacrificio de comunión          y hoy he cumplido mi voto;

15  por eso he salido a tu encuentro          para buscarte en seguida; y va te he encontrado.

16  He puesto en mi lecho cobertores          policromos, lencería de Egipto,

17  con mirra mi cama he rociado,          con áloes y cinamomo.

18  Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana,          solacémonos los dos, entre caricias.

19  Porque no está el marido en casa,          está de viaje muy lejos;

20  ha llevado en su mano la bolsa del dinero,          volverá a casa para la luna llena.»

21  Con sus muchas artes lo seduce,          lo rinde con el halago de sus labios.

22  Se va tras ella en seguida,          como buey al matadero,          como el ciervo atrapado en el cepo,

23  hasta que una flecha le atraviese el hígado;          como pájaro que se precipita en la red,          sin saber que le va en ello la vida.

24  Ahora pues, hijo mío, escúchame,          pon atención a las palabras de mi boca:

25  no se desvíe tu corazón hacia sus caminos,          no te descarríes por sus senderos,

26  porque a muchos ha hecho caer muertos,          robustos eran todos los que ella mató.

27  Su morada es camino del seol,          que baja hacia las cámaras de la muerte.

Proverbios 8

1    ¿No está llamando la Sabiduría?          y la Prudencia, ¿no alza su voz?

2    En la cumbre de las colinas que hay sobre el camino,          en los cruces de sendas se detiene;

3    junto a las puertas, a la salida de la ciudad,          a la entrada de los portales, da sus voces:

4    «A vosotros, hombres, os llamo,          para los hijos de hombre es mi voz.

5    Entended, simples, la prudencia          y vosotros, necios, sed razonables.

6    Escuchad: voy a decir cosas importantes          y es recto cuanto sale de mis labios.

7    Porque verdad es el susurro de mi boca          y mis labios abominan la maldad.

8    Justos son todos los dichos de mi boca,          nada hay en ellos astuto ni tortuoso.

9    Todos están abiertos para el inteligente          y rectos para los que la ciencia han encontrado.

10  Recibid mi instrucción y no la plata,          la ciencia más bien que el oro puro.

11  Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas,          ninguna cosa apetecible se le puede igualar.

12  «Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia,          yo he inventado la ciencia de la reflexión.

13  (El temor de Yahveh es odiar el mal.)      La soberbia y la arrogancia y el camino malo          y la boca torcida yo aborrezco.

14  Míos son el consejo y la habilidad,          yo soy la inteligencia, mía es la fuerza.

15  Por mí los reyes reinan          y los magistrados administran la justicia.

16  Por mí los príncipes gobiernan          y los magnates, todos los jueces  justos.

17  Yo amo a los que me aman          y los que me buscan me encontrarán.

18  Conmigo están la riqueza y la gloria,          la fortuna sólida y la justicia.

19  Mejor es mi fruto que el oro, que el oro puro,          y mi renta mejor que la plata acrisolada.

20  Yo camino por la senda de la justicia,          por los senderos de la equidad,

21  para repartir hacienda a los que me aman          y así llenar sus arcas.»

22  «Yahveh me creó, primicia de su camino,          antes que sus obras más antiguas.

23  Desde la eternidad fui fundada,          desde el principio, antes que la tierra.

24  Cuando no existían los abismos fui engendrada,          cuando no había fuentes cargadas de agua.

25  Antes que los montes fuesen asentados,          antes que las colinas, fui engendrada.

26  No había hecho aún la tierra ni los campos,          ni el polvo primordial del orbe.

27  Cuando asentó los cielos, allí estaba yo,          cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo,

28  cuando arriba condensó las nubes,          cuando afianzó las fuentes del abismo,

29  cuando al mar dio su precepto          - y las aguas no rebasarán su orilla -          cuando asentó los cimientos de la tierra,

30  yo estaba allí, como arquitecto,          y era yo todos los días su delicia,          jugando en su presencia en todo tiempo,

31  jugando por el orbe de su tierra;          y mis delicias están con los hijos de los hombres.»

32  «Ahora pues, hijos, escuchadme,          dichosos los que guardan mis caminos.

33  Escuchad la instrucción y haceos sabios,          no la despreciéis.

34  Dichoso el hombre que me escucha          velando ante mi puerta cada día,          guardando las jambas de mi entrada.

35  Porque el que me halla, ha hallado la vida,          ha logrado el favor de Yahveh.

36  Pero el que me ofende, hace daño a su alma;          todos los que me odian, aman la muerte.»

Proverbios 9

1    La Sabiduría ha edificado una casa,          ha labrado sus siete columnas,

2    ha hecho su matanza, ha mezclado su vino,          ha aderezado también su mesa.

3    Ha mandado a sus criadas y anuncia          en lo alto de las colinas de la ciudad:

4    «Si alguno es simple, véngase acá.»      Y al falto de juicio le dice:

5    «Venid y comed de mi pan,          bebed del vino que he mezclado;

6    dejaos de simplezas y viviréis,          y dirigíos por los caminos de la inteligencia.»

7    El que corrige al arrogante se acarrea desprecio,          y el que reprende al malvado, insultos.

8    No reprendas al arrogante, porque te aborrecerá;          reprende al sabio, y te amará.

9    Da al sabio, y se hará más sabio todavía;          enseña al justo, y crecerá su doctrina.

10  Comienzo de la sabiduría es el temor de Yahveh,          y la ciencia de los santos es inteligencia.

11  Pues por mí se multiplicarán tus días          y se aumentarán los años de tu vida.

12  Si te haces sabio, te haces sabio para tu provecho,          y si arrogante, tú solo lo tendrás que pagar.

13  La mujer necia es alborotada,          todo simpleza, no sabe nada.

14  Se sienta a la puerta de su casa,          sobre un trono, en las colinas de la ciudad,

15  para llamar a los que pasan por el camino,          a los que van derechos por sus sendas:

16  «Si alguno es simple, véngase acá»          y al falto de juicio le dice:

17  «Son dulces las aguas robadas          y el pan a escondidas es sabroso.»

18  No sabe el hombre que allí moran las Sombras;          sus invitados van a los valles del seol.

Proverbios 10

1    = Proverbios de Salomón. =      El hijo sabio es la alegría de su padre,          el hijo necio entristece a su madre.

2    Tesoros mal adquiridos no aprovechan,          mas la justicia libra de la muerte.

3    Yahveh no permite que el justo pase hambre,          pero rechaza la codicia de los malos.

4    Mano indolente empobrece,          la mano de los diligentes enriquece.

5    Amontonar en verano es de hombre sensato,          dormirse en la cosecha es de hombre indigno.

6    Bendiciones sobre la cabeza del justo;          pero la boca de los impíos rezuma violencia.

7    El recuerdo del justo sirve de bendición;          el nombre de los malos se pudre.

8    El sensato de corazón acepta los mandatos,          el hombre charlatán corre a su ruina.

9    Quien va a derecho, va seguro,          quien va con rodeos es descubierto.

10  El que guiña de ojos, dará disgustos,          quien reprende a la cara, proporciona paz.

11  Manantial de vida la boca del justo;          la boca de los impíos rezuma violencia.

12  El odio provoca discusiones,          el amor cubre todas las faltas.

13  En labios del inteligente se encuentra sabiduría,          palo a las espaldas del falto de seso.

14  Los sabios atesoran conocimiento,          la boca del necio es ruina inmediata.

15  La fortuna del rico es su plaza fuerte,          la ruina de los débiles es su pobreza.

16  El salario del justo es para vivir,          la renta del malo es para pecar.

17  Camina hacia la vida el que guarda las instrucciones;          quien desatiende la reprensión se extravía.

18  Los labios mentirosos disimulan el odio;          quien profiere una calumnia es un necio.

19  En las muchas palabras no faltará pecado;          quien reprime sus labios es sensato.

20  Plata elegida es la lengua del justo,          el corazón de los malos vale poco.

21  Los labios del justo apacientan a muchos,          los insensatos mueren en su falta de seso.

22  La bendición de Yahveh es la que enriquece,          y nada le añade el trabajo a que obliga.

23  Como un juego es para el necio cometer el crimen,          la sabiduría lo es para el hombre inteligente.

24  Lo que teme el malo, eso le sucede,          lo que el justo desea, se le da.

25  Cuando pasa la tormenta, ya no existe el malo,          mas el justo es construcción eterna.

26  Vinagre para los dientes y humo para los ojos:          así es el perezoso para quien lo envía.

27  El temor de Yahveh prolonga los días,          los años de los malos son acortados.

28  La espera de los justos es alegría,          la esperanza de los malos fracasará.

29  Fortaleza es para el íntegro la senda de Yahveh;          pero ruina para los malhechores.

30  Jamás el justo será conmovido,          pero los malos no habitarán la tierra.

31  La boca del justo da frutos de sabiduría,          la lengua perversa será cortada.

32  Los labios del justo saben de benevolencia;          la boca de los malos, de perversidad.

Proverbios 11

1    Abominación de Yahveh la balanza falsa,          pero el peso justo gana su favor.

2    Detrás de la insolencia viene el insulto;          mas con los modosos está la sabiduría.

3    A los rectos su integridad les guía;          a los pérfidos les arruina su perversidad.

4    Nada servirán riquezas el día de la ira,          mas la justicia libra de la muerte.

5    A los íntegros su justicia les allana el camino,          pero el malo cae en su malicia.

6    A los rectos les salva su justicia,          los pérfidos en su codicia son atrapados.

7    En la muerte del malo se esfuma su esperanza,          la confianza en las riquezas se desvanece.

8    El justo es librado de la angustia,          y el malo viene a ocupar su lugar.

9    Con la boca el impío pierde a su vecino,          por la ciencia se libran los justos.

10  Con el bien de los justos la ciudad se regocija,          con la perdición de los malos grita de alegría.

11  Con la bendición de los rectos, se levanta la ciudad;          la boca de los malos la destruye.

12  Quien desprecia a su vecino es un insensato;          el hombre discreto se calla.

13  El que anda calumniando descubre secretos,          el de espíritu leal oculta las cosas.

14  Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde;          abundancia de consejeros, trae salvación.

15  El mal se busca quien avala al desconocido,          quien no es amigo de chocar la mano está seguro.

16  Mujer graciosa consigue honor,          y los audaces consiguen la riqueza.

17  A sí mismo se beneficia el que es compasivo,          a sí mismo se perjudica el hombre cruel.

18  El malo consigue un jornal falso;          el que siembra justicia, un salario verdadero.

19  Al que establece justicia, la vida,          al que obra el mal, la muerte.

20  A los de corazón torcido abomina Yahveh;          a los de camino intachable da su favor.

21  De cierto que el malo no quedará impune,          mas la raza de los justos quedará a salvo.

22  Anillo de oro en nariz de un puerco,          mujer hermosa pero sin gusto.

23  El deseo de los justos es sólo el bien,          la esperanza de los malos, la ira.

24  Hay quien gasta y todavía va a más;          y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos.

25  El alma generosa será colmada,          y el que sacia a otro la sed, también será saciado.

26  El pueblo maldice al que acapara trigo;          bendición para la cabeza del que vende.

27  Quien busca el bien, se procura favor,          quien va tras el mal, le saldrá al encuentro.

28  Quien confía en su riqueza, ése caerá,          los justos brotarán como follaje.

29  Quien desordena su casa, hereda viento,          el insensato será esclavo del sabio.

30  El fruto del justo es un árbol de vida;          cautivador de las almas es el sabio.

31  Si el justo recibe su recompensa en la tierra,          ¡cuánto más el pecador y el malo!

Proverbios 12

1    El que ama la instrucción ama la ciencia,          el que odia la reprensión es tonto.

2    El bueno obtiene el favor de Yahveh;          pero él condena al hombre taimado.

3    Nadie se afianza por la maldad,          la raíz de los justos no vacilará.

4    Mujer virtuosa, corona del marido,          mujer desvergonzada, caries en los huesos.

5    Las intenciones de los justos son equidad,          los planes de los malos, son engaño.

6    Las palabras de los malos son trampas sangrientas,          pero a los rectos su boca los pone a salvo.

7    Derribados los malos, no existen ya más,          mas la casa de los justos permanece.

8    Se alaba al hombre según su prudencia,          el de corazón torcido será despreciado.

9    Más vale hombre sencillo que tiene un esclavo,          que hombre glorioso a quien falta el pan.

10  El justo se cuida de su ganado,          pero las entrañas de los malos son crueles.

11  Quien cultiva su tierra se hartará de pan,          quien persigue naderías es un insensato.

12  El placer del impío está en la maquinación de los malvados,          pero la raíz de los justos producirá.

13  En el delito de los labios hay una trampa fatal,          pero el justo saldrá de la angustia.

14  Por el fruto de su boca, se harta de bien el hombre,          cada cual recibe el salario de sus obras.

15  El necio tiene por recto su camino,          pero el sabio escucha los consejos.

16  El necio, al momento descubre su pena,          el prudente oculta la ignominia.

17  Quien declara la verdad, descubre la justicia;          el testigo mentiroso, la falsedad.

18  Quien habla sin tino, hiere como espada;          mas la lengua de los sabios cura.

19  Los labios sinceros permanecen por siempre,          la lengua mentirosa dura un instante.

20  Fraude en el corazón de quien trama el mal;          gozo para los que aconsejan paz.

21  Ninguna desgracia le sucede al justo,          pero los malos están llenos de miserias.

22  Los labios mentirosos abomina Yahveh;          los que practican la verdad alcanzan su favor.

23  El hombre cauto oculta su ciencia,          el corazón del insensato proclama su necedad.

24  La mano diligente obtiene el mando;          la flojedad acaba en trabajos forzados.

25  Ansiedad en el corazón deprime al hombre,          pero una palabra buena le causa alegría.

26  El justo enseña el camino a su prójimo,          el camino de los malos los extravía.

27  El indolente no pone a asar su caza;          la diligencia es la mejor fortuna del hombre.

28  En la senda de la justicia está la vida;          el camino de los rencorosos lleva a la muerte.

Proverbios 13

1    El hijo sabio atiende a la instrucción de su padre,          el arrogante no escucha la reprensión.

2    Con el fruto de su boca, come el hombre lo que es bueno,          pero el alma de los pérfidos se nutre de violencia.

3    Quien vigila su boca, guarda su vida;          quien abre sus labios, busca su ruina.

4    Tiene hambre el perezoso, mas no se cumple su deseo;          el deseo de los diligentes queda satisfecho.

5    El justo odia la palabra mentirosa,          pero el malo infama y deshonra.

6    La justicia guarda al íntegro en su camino,          mas la maldad arruina al pecador.

7    Hay quien se hace el rico y nada tiene,          hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna.

8    El precio de la vida de un hombre es su riqueza;          pero el pobre no hace caso a la amenaza.

9    La luz de los justos alegremente luce,          la lámpara de los malos se apaga.

10  La insolencia sólo disputas proporciona;          con los que admiten consejos está la sabiduría.

11  Fortuna rápida, vendrá a menos,          quien junta poco a poco, irá en aumento.

12  Espera prolongada enferma el corazón;          árbol de vida es el deseo cumplido.

13  Quien desprecia la palabra se perderá,          quien respeta el mandato se salvará.

14  La lección del sabio es fuente de vida,          para sortear las trampas de la muerte.

15  Una gran prudencia alcanza favor,          el camino de los pérfidos no tiene fin,

16  Todo hombre cauto obra con conocimiento,          el tonto ostenta su necedad.

17  Mensajero perverso cae en desgracia,          mensajero leal trae la curación.

18  Miseria e ignominia al que rechaza la instrucción,          gloria al que acepta la reprensión.

19  Deseo cumplido, dulzura para el alma,          los necios detestan abandonar el mal.

20  El que anda con los sabios será sabio;          quien frecuenta los necios se hará malo.

21  A los pecadores los persigue la desgracia,          los justos son colmados de dicha.

22  El hombre de bien deja herencia a los hijos de sus hijos,          al justo se reserva la riqueza del pecador.

23  Las roturas de los pobres dan mucho de comer;          pero hay perdición cuando falta justicia.

24  Quien escatima la vara, odia a su hijo,          quien le tiene amor, le castiga.

25  Come el justo y queda satisfecho,          pero el vientre de los malos pasa necesidad.

Proverbios 14

1    La Sabiduría edifica su casa;          le Necedad con sus manos la destruye.

2    Quien anda en rectitud, teme a Yahveh;          el de torcido camino le desprecia.

3    En la boca del necio hay una raíz de orgullo,          pero los labios de los sabios los protegen.

4    Donde no hay bueyes, pesebre vacío;          cosecha abundante con la fuerza del toro.

5    Testigo veraz no miente,          testigo falso respira mentiras.

6    Busca el arrogante la sabiduría pero en vano,          al inteligente la ciencia le es fácil.

7    Apártate del hombre necio,          pues no conocerías labios doctos.

8    Sabiduría del cauto es atender a su conducta,          la necedad de los tontos es engaño.

9    De los necios se aparta el sacrificio expiatorio,          pero entre los rectos se encuentra el favor de Dios.

10  El corazón conoce su propia amargura,          y con ningún extraño comparte su alegría.

11  La casa de los malos será destruida,          la tienda de los rectos florecerá.

12  Hay caminos que parecen rectos,          pero, al cabo, son caminos de muerte.

13  También en el reír padece el corazón,          y al cabo la alegría es dolor.

14  El perverso de corazón está satisfecho de su conducta,          y el hombre de bien, de sus obras.

15  El simple cree cuanto se dice,          el cauto medita sus propios pasos.

16  El sabio teme el mal y de él se aparta,          el necio es presuntuoso y confiado.

17  El de genio pronto, hace necedades,          el hombre artero es odiado.

18  La herencia de los simples es la necedad,          los cautos son coronados de ciencia.

19  Los malos se postran ante los buenos,          los malvados a la puerta de los justos.

20  Incluso a su vecino es odioso el pobre,          pero son muchos los amigos del rico.

21  Quien desprecia a su vecino comete pecado;          dichoso el que tiene piedad de los pobres.

22  ¿No andan extraviados los que planean el mal?;          amor y lealtad a los que planean el bien.

23  Todo trabajo produce abundancia,          la charlatanería sólo indigencia.

24  Corona de los sabios es la riqueza,          la necedad de los insensatos es necedad.

25  Salvador de vidas es el testigo veraz,          quien profiere mentira es un impostor.

26  El temor de Yahveh es seguridad inexpugnable;          sus hijos tendrán en él refugio.

27  El temor de Yahveh es fuente de vida,          para apartarse de las trampas de la muerte.

28  Pueblo numeroso, gloria del rey;          pueblo escaso, ruina del príncipe.

29  El tardo a la ira tiene gran prudencia,          el de genio pronto pone de manifiesto su necedad

30  El corazón manso es vida del cuerpo;          la envidia es caries de los huesos.

31  Quien oprime al débil, ultraja a su Hacedor;          mas el que se apiada del pobre, le da gloria.

32  El malo es derribado por su propia malicia,          el justo en su integridad halla refugio.

33  En corazón inteligente descansa la sabiduría,          en el corazón de los necios no es conocida.

34  La justicia eleva a las naciones,          el pecado es la vergüenza de los pueblos.

35  El favor del rey para el siervo prudente;          y su cólera para el que le avergüenza.

Proverbios 15

1    Una respuesta suave calma el furor,          una palabra hiriente aumenta la ira.

2    La lengua de los sabios hace agradable la ciencia,          la boca de los insensatos esparce necedad.

3    En todo lugar, los ojos de Yahveh,          observando a los malos y a los buenos.

4    Lengua mansa, árbol de vida,          lengua perversa rompe el alma.

5    El tonto desprecia la corrección de su padre;          quien sigue la reprensión es cauto.

6    La casa del justo abunda en riquezas,          en las rentas del malo no falta inquietud.

7    Los labios de los sabios siembran ciencia,          pero no así el corazón de los necios.

8    Yahveh abomina el sacrificio de los malos;          la oración de los rectos alcanza su favor.

9    Yahveh abomina el camino malo;          y ama al que va tras la justicia.

10  Corrección severa a quien deja el camino;          el que odia la reprensión perecerá.

11  Seol y Perdición están ante Yahveh:          ¡cuánto más los corazones de los hombres!

12  El arrogante no quiere ser reprendido,          no va junto a los sabios.

13  Corazón alegre hace buena cara,          corazón en pena deprime el espíritu.

14  Corazón inteligente busca la ciencia,          los labios de los necios se alimentan de necedad.

15  Todos los días del pobre son malos,          para el corazón dichoso, banquetes sin fin.

16  Mejor es poco con temor de Yahveh,          que gran tesoro con inquietud.

17  Más vale un plato de legumbres, con cariño,          que un buey cebado, con odio.

18  El hombre violento provoca disputas,          el tardo a la ira aplaca las querellas.

19  El camino del perezoso es como un seto de espinos.          la senda de los rectos es llana.

20  El hijo sabio es la alegría de su padre,          el hombre necio desprecia a su madre.

21  La necedad alegra al insensato,          el hombre inteligente camina en derechura.

22  Donde no hay consultas, los planes fracasan;          con muchos consejeros, se llevan a cabo.

23  El hombre halla alegría en la respuesta de su boca;          una palabra a tiempo, ¡qué cosa más buena!

24  Camino de la vida, hacia arriba, para el sabio,          para que se aparte del seol, que está abajo.

25  La casa de los soberbios la destruye Yahveh,          y mantiene en pie los linderos de la viuda.

26  Yahveh abomina los proyectos perversos;          pero son puras las palabras agradables.

27  Quien se da al robo, perturba su casa,          quien odia los regalos, vivirá.

28  El corazón del justo recapacita para responder,          la boca de los malos esparce maldades.

29  Yahveh se aleja de los malos,          y escucha la plegaria de los justos.

30  Una mirada luminosa alegra el corazón,          una buena noticia reanima el vigor.

31  Oído que escucha reprensión saludable,          tiene su morada entre los sabios.

32  Quien desatiende la corrección se desprecia a sí mismo,          quien escucha la reprensión adquiere sensatez.

33  El temor de Yahveh instruye en sabiduría:          y delante de la gloria va la humildad.

Proverbios 16

1    Al hombre, los planes del corazón;          pero de Yahveh, la respuesta.

2    Al hombre le parecen puros todos sus caminos,          pero Yahveh pondera los espíritus.

3    Encomienda tus obras a Yahveh          y tus proyectos se llevarán a cabo.

4    Todas las obras de Yahveh tienen su propio fin,          hasta el malvado, para el día del mal

5    Yahveh abomina al de corazón altivo,          de cierto no quedará impune.

6    Con amor y lealtad se expía la falta;          con el temor de Yahveh se evita el mal.

7    Cuando Yahveh se complace en la conducta de un hombre.          hasta a sus enemigos los reconcilia con él.

8    Más vale poco, con justicia,          que mucha renta sin equidad.

9    El corazón del hombre medita su camino,          pero es Yahveh quien asegura sus pasos

10  Oráculo en los labios del rey:          en el juicio no comete falta su boca.

11  De Yahveh son la balanza y los platillos justos,          todas las pesas del saco son obra suya.

12  Los reyes aborrecen las malas acciones,          pues su trono en la justicia se afianza.

13  El favor del rey para los labios justos;          y ama al que habla rectamente.

14  El furor del rey es mensajero de muerte;          pero el hombre sabio lo apacigua.

15  Si el rostro del rey se ilumina, hay vida;          su favor es como nube de lluvia tardía.

16  Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro;          adquirir inteligencia es preferible a la plata.

17  La calzada de los rectos es apartarse del mal;          el que atiende a su camino, guarda su alma.

18  La arrogancia precede a la ruina;          el espíritu altivo a la caída.

19  Mejor es ser humilde con los pobres          que participar en el botín con los soberbios.

20  El que está atento a la palabra encontrará la dicha,          el que confía en Yahveh será feliz.

21  Al de corazón sabio, se le llama inteligente,          la dulzura de labios aumenta el saber.

22  La prudencia es fuente de vida para el que la tiene,          el castigo de los necios es la necedad.

23  El corazón del sabio hace circunspecta su boca,          y aumenta el saber de sus labios.

24  Palabras suaves, panal de miel:          dulces al alma, saludables al cuerpo.

25  Hay caminos que parecen rectos,          pero al cabo son caminos de muerte.

26  El ansia del trabajador para él trabaja,          pues le empuja el hambre de su boca.

27  El hombre malvado trama el mal,          tiene en los labios como un fuego ardiente.

28  El hombre perverso provoca querellas,          el delator divide a los amigos.

29  El hombre violento seduce al vecino,          y le hace ir por camino no bueno.

30  Quien cierra los ojos es para meditar maldades,          el que se muerde los labios, ha consumado el mal.

31  Cabellos blancos son corona de honor;          y en el camino de la justicia se la encuentra.

32  Más vale el hombre paciente que el héroe,          el dueño de sí que el conquistador de ciudades.

33  Se echan las suertes en el seno,          pero la decisión viene de Yahveh.

Proverbios 17

1    Mejor es un mendrugo de pan a secas, pero con tranquilidad,          que casa llena de sacrificios de discordia.

2    El siervo prudente prevalece sobre el hijo sin honra;          tendrá, con los hermanos, parte en la herencia.

3    Crisol para la plata, horno para el oro;          los corazones, Yahveh mismo los prueba.

4    El malo está atento a los labios inicuos,          el mentiroso presta oído a la lengua perversa.

5    Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor,          quien se ríe de la desgracia no quedará impune.

6    Corona de los ancianos son los hijos de los hijos;          los padres son el honor de los hijos.

7    Al necio no le sienta un lenguaje pulido,          y aún menos al noble un hablar engañoso.

8    El obsequio es un talismán, para el que puede hacerlo;          dondequiera que vaya, tiene éxito.

9    El que cubre un delito, se gana una amistad          el que propala cosas, divide a los amigos.

10  Más afecta un reproche a un hombre inteligente          que cien golpes a un necio.

11  El malvado sólo busca rebeliones,          pero le será enviado un cruel mensajero.

12  Mejor topar con osa privada de sus cachorros          que con tonto en su necedad.

13  Si uno devuelve mal por bien          no se alejará la desdicha de su casa.

14  Entablar proceso es dar curso libre a las aguas;          interrúmpelo antes de que se extienda.

15  Justificar al malo y condenar al justo;          ambas cosas abomina Yahveh.

16  ¿De qué sirve la riqueza en manos del necio?          ¿Para adquirir sabiduría, siendo un insensato?

17  El amigo ama en toda ocasión,          el hermano nace para tiempo de angustia.

18  Es hombre insensato el que choca la mano          y sale fiador de su vecino.

19  El que ama el pecado, ama los golpes,          el que es altanero, busca la ruina.

20  El de corazón pervertido, no hallará la dicha;          el de lengua doble caerá en desgracia.

21  El que engendra un necio, es para su mal;          no tendrá alegría el padre del insensato.

22  El corazón alegre mejora la salud;          el espíritu abatido seca los huesos.

23  El malo acepta regalos en su seno,          para torcer las sendas del derecho.

24  Ante el hombre inteligente está la sabiduría,          los ojos del necio en los confines de la tierra.

25  Hijo necio, tristeza de su padre,          y amargura de la que lo engendró.

26  No es bueno poner multa al justo,          golpear a los nobles es contra derecho.

27  El que retiene sus palabras es conocedor de la ciencia,          el de sangre fría es hombre inteligente.

28  Hasta al necio, si calla, se le tiene por sabio,          por inteligente, si cierra los labios.

Proverbios 18

1    El que vive apartado, busca su capricho,          se enfada por cualquier consejo.

2    El necio no halla gusto en la prudencia,          sino en manifestar su corazón.

3    Cuando llega la maldad, también llega el desprecio;          y con la afrenta viene la ignominia.

4    Las palabras en la boca del hombre son aguas profundas:          torrente desbordado, fuente de sabiduría.

5    No es bueno tener miramientos con el malo,          para quitar, en el juicio, la razón al justo.

6    Los labios del necio se meten en el proceso,          y su boca llama a los golpes.

7    La boca del necio es su ruina,          y sus labios una trampa para su vida.

8    Las palabras del delator son golosinas,          que bajan hasta el fondo de las entrañas.

9    El que es perezoso en el trabajo,          es hermano del que destruye.

10  El nombre de Yahveh es torre fuerte,          a ella corre el justo y no es alcanzado.

11  La fortuna del rico es su plaza fuerte;          como muralla inexpugnable, en su opinión.

12  El corazón humano se engríe antes de la ruina,          y delante de la gloria va la humildad.

13  Si uno responde antes de escuchar          eso es para él necedad y confusión.

14  El ánimo del hombre lo sostiene en su enfermedad;          pero perdido el ánimo, ¿quién lo levantará?

15  Corazón inteligente adquiere ciencia,          el oído de los sabios busca la ciencia.

16  El regalo de un hombre todo se lo allana,          y le lleva hasta la presencia de los grandes.

17  Parece justo el primero que pleitea;          mas llega su contendiente y lo pone al descubierto.

18  Las suertes ponen fin a los litigios          y deciden entre los poderosos.

19  Un hermano ofendido es peor que una plaza fuerte,          y las querellas son como cerrojos de ciudadela.

20  Con el fruto de la boca sacia el hombre su vientre,          con los frutos de sus labios se sacia.

21  Muerte y vida están en poder de la lengua,          el que la ama comerá su fruto.

22  Quien halló mujer, halló cosa buena,          y alcanzó favor de Yahveh.

23  El pobre habla suplicando,          pero el rico responde con dureza.

24  Hay amigos que causan la ruina,          y hay quien ama con más apego que un hermano.

Proverbios 19

1    Mejor es el pobre que camina en su integridad          que el de labios perversos y además necio.

2    Tampoco es bueno el afán cuando falta la ciencia,          el de pies precipitados se extravía.

3    La necedad del hombre pervierte su camino,          y luego en su corazón se irrita contra Yahveh.

4    La riqueza multiplica los amigos,          pero el pobre de su amigo es separado.

5    El testigo falso no quedará impune,          el que profiere mentiras no escapará.

6    Son numerosos los que halagan al noble,          todos son amigos del hombre que da.

7    Los hermanos del pobre le odian todos,          ¡cuánto más se alejarán de él los amigos!      Persigue palabras, pero no hay.

8    El que adquiere cordura se ama a sí mismo,          el que sigue la prudencia, hallará la dicha.

9    El testigo falso no quedará impune,          el que profiere mentiras perecerá.

10  No sienta bien al necio vivir en delicias,          y menos al siervo dominar a los príncipes.

11  La prudencia del hombre domina su ira,          y su gloria es dejar pasar una ofensa.

12  Como rugido de león la indignación del rey,          su favor, como rocío sobre la hierba.

13  El hijo necio, calamidad para su padre,          goteo sin fin las querellas de mujer.

14  Casa y fortuna se heredan de los padres,          mujer prudente viene de Yahveh.

15  La pereza hunde en el sopor,          el alma indolente pasará hambre.

16  Quien guarda los mandatos se guarda a sí mismo,          quien desprecia sus caminos morirá.

17  Quien se apiada del débil, presta a Yahveh,          el cual le dará su recompensa.

18  Mientras hay esperanza corrige a tu hijo,          pero no te excites hasta hacerle morir.

19  El iracundo carga con la multa;          pues si le perdonas, se la tendrás que aumentar.

20  Escucha el consejo, acoge la corrección,          para llegar, por fin, a ser sabio.

21  Muchos proyectos en el corazón del hombre,          pero sólo el plan de Yahveh se realiza.

22  Lo que se desea en un hombre es la bondad,          más vale un pobre que un mentiroso.

23  El temor de Yahveh es para vida,          vive satisfecho sin ser visitado por el mal.

24  El perezoso hunde la mano en el plato,          y no es capaz ni de llevarla a la boca.

25  Golpea al arrogante y el simple se volverá sensato;          reprende al inteligente y alcanzará el saber.

26  El que despoja a su padre y expulsa a su madre,          es hijo infamante y desvergonzado.

27  Deja ya, hijo, de escuchar la instrucción,          y de apartarte de las palabras de la ciencia.

28  El testigo malvado se burla del derecho;          la boca de los malos devora iniquidad.

29  Los castigos están hechos para los arrogantes;          y los golpes para la espalda de los necios.

Proverbios 20

1    Arrogante es el vino, tumultuosa la bebida;          quien en ellas se pierde, no llegará a sabio.

2    Como rugido de león la indignación del rey,          el que la excita, se daña a sí mismo.

3    Es gloria para el hombre apartarse de litigios,          pero todo necio se sale de sí.

4    A partir del otoño, el perezoso no trabaja,          en la cosecha busca, pero no hay nada.

5    El consejo en el corazón del hombre es agua profunda,          el hombre inteligente sabrá sacarla.

6    Muchos hombres se dicen piadosos;          pero un hombre fiel, ¿quién lo encontrará?

7    El justo camina en la integridad;          ¡dichosos sus hijos después de él!

8    Un rey sentado en el tribunal          disipa con sus ojos todo mal.

9    ¿Quién puede decir: «Purifiqué mi corazón,          estoy limpio de mi pecado?»

10  Dos pesos y dos medidas,          ambas cosas aborrece Yahveh.

11  Incluso en sus acciones da el muchacho a conocer          si sus obras serán puras y rectas.

12  El oído que oye y el ojo que ve;          ambas cosas las hizo Yahveh.

13  No ames el sueño, para no hacerte pobre;          ten abiertos los ojos y te hartarás de pan.

14  «¡Malo, malo!» dice el comprador,          pero al marchar se felicita.

15  Hay oro y numerosas perlas,          pero los labios instruidos son la cosa más preciosa.

16  Tómale su vestido, pues salió fiador de otro;          tómale prenda por los extraños.

17  El pan de fraude le es dulce al hombre,          pero luego la boca se llena de grava.

18  Los proyectos con el consejo se afianzan:          haz con táctica la guerra.

19  El que anda murmurando descubre secretos;          no andes con quien tiene la lengua suelta.

20  Al que maldice a su padre y a su madre,          se le extinguirá su lámpara en medio de tinieblas.

21  Herencia adquirida al principio con presteza,          no será a la postre bendecida.

22  No digas: «Voy a devolver el mal»;          confía en Yahveh, que te salvará.

23  Tener dos pesas lo abomina Yahveh;          tener balanzas falsas no está bien.

24  De Yahveh dependen los pasos del hombre:          ¿cómo puede el hombre comprender su camino?

25  Lazo es para el hombre pronunciar a la ligera: «¡Sagrado!»          y después de haber hecho el voto reflexionar.

26  Un rey sabio aventa a los malos          y hace pasar su rueda sobre ellos.

27  Lámpara de Yahveh es el hálito del hombre          que explora hasta el fondo de su ser.

28  Bondad y lealtad custodian al rey,          fundamenta su trono en la bondad.

29  El vigor es la belleza de los jóvenes,          las canas el ornato de los viejos.

30  Las cicatrices de las heridas son remedio contra el mal,          los golpes curan hasta el fondo de las entrañas.

Proverbios 21

1    Corriente de agua es el corazón del rey en la mano de Yahveh,          que él dirige donde quiere.

2    Al hombre le parecen rectos todos sus caminos,          pero es Yahveh quien pesa los corazones.

3    Practicar la justicia y la equidad,          es mejor ante Yahveh que el sacrificio.

4    Ojos altivos, corazón arrogante,          antorcha de malvados, es pecado.

5    Los proyectos del diligente, todo son ganancia;          para el que se precipita, todo es indigencia.

6    Hacer tesoros con lengua engañosa,          es vanidad fugitiva de quienes buscan la muerte.

7    La violencia de los malos los domina,          porque se niegan a practicar la equidad.

8    Tortuoso es el camino del hombre criminal,          pero el puro es recto en sus obras.

9    Mejor es vivir en la esquina del terrado,          que casa en común con mujer litigiosa.

10  El alma del malvado desea el mal,          su vecino no halla gracia a sus ojos.

11  Cuando se castiga al arrogante, el simple se hace sabio;          cuando se instruye al sabio, adquiere ciencia.

12  El Justo observa la casa del malvado,          y arroja a los malvados a la desgracia.

13  Quien cierra los oídos a las súplicas del débil          clamará también él y no hallará respuesta.

14  Regalo a escondidas, aplaca la cólera,          y obsequio oculto, la ira violenta.

15  Alegría para el justo es el cumplimiento de la justicia,          pero horror para los que hacen el mal.

16  El hombre que se aparta del camino de la prudencia          reposará en la asamblea de las sombras.

17  Se arruina el hombre que ama el placer,          no será rico el aficionado a banquetes.

18  Rescate del justo es el malo,          y en lugar de los rectos, el traidor.

19  Mejor es habitar en el desierto          que con mujer litigiosa y triste.

20  Tesoro precioso y aceite en la casa del sabio,          pero el hombre necio los devora.

21  Quien va tras la justicia y el amor          hallará vida, justicia y honor.

22  El sabio escala la ciudad de los fuertes,          y derriba la fortaleza en que confiaban.

23  El que guarda su boca y su lengua,          guarda su alma de la angustia.

24  Al insolente y altivo se le llama: «arrogante»;          actúa en el exceso de su insolencia.

25  El deseo del perezoso le lleva a la muerte,          porque sus manos rehúsan el trabajo.

26  Todo el día está el malo codicioso;          pero el justo da sin rehusar jamás.

27  El sacrificio de los malos es abominable,          sobre todo si se ofrece con mala intención.

28  El testigo falso perecerá,          el hombre que escucha, por siempre podrá hablar.

29  El hombre malo se muestra atrevido,          el recto afianza su camino.

30  No hay sabiduría, ni hay prudencia          ni hay consejo, delante de Yahveh.

31  Se prepara el caballo para el día del combate,          pero la victoria es de Yahveh.

Proverbios 22

1    Más vale buen nombre que muchas riquezas,          y mejor es favor que plata y oro.

2    El rico y el pobre se encuentran,          a los dos los hizo Yahveh.

3    El hombre precavido ve el mal y se esconde,          los simples pasan y reciben castigo.

4    Premio de la humildad, el temor de Yahveh,          la riqueza, el honor y la vida.

5    Espinas y lazos en la senda del malo, el que cuida de su vida, se aleja de ellos.

6    Instruye al joven según sus disposiciones,          que luego, de viejo, no se apartará de ellas.

7    El rico domina a los pobres,          el deudor es esclavo de su acreedor.

8    Quien siembra injusticia cosecha miserias          y la vara de su cólera desaparecerá.

9    El de buena intención será bendito,          porque da de su pan al débil.

10  Expulsa al arrogante y se irá el litigio,          y pleitos e injurias cesarán.

11  El que ama los corazones puros,          el de gracia en los labios, es amigo del rey.

12  Los ojos de Yahveh custodian la ciencia,          pero confunden las palabras del pérfido.

13  El perezoso dice: «Hay fuera un león;          voy a ser muerto en medio de la calle.»

14  Fosa profunda la boca de las mujeres ajenas:          aquel contra el que Yahveh se aíra, caerá en ella.

15  La necedad está enraizada en el corazón del joven,          la vara de la instrucción lo alejará de ella.

16  El que oprime a un débil, lo engrandece;          el que da a un rico, llega a empobrecerlo.

17  Presta oído y escucha las palabras de los sabios,          y aplica tu corazón a mi ciencia,

18  porque te será dulce guardarlas en tu seno,          y tener todas a punto en tus labios.

19  Para que esté en Yahveh tu confianza          también a ti hoy te enseñaré.

20  ¿No he escrito para ti treinta capítulos          de consejos y ciencia,

21  para hacerte conocer la certeza de las palabras verdaderas,          y puedas responder palabras verdaderas a quien te             envíe?

22  No despojes al débil, porque es débil,          y no aplastes al desdichado en la puerta,

23  porque Yahveh defenderá su causa          y despojará de la vida a los despojadores.

24  No tomes por compañero a un hombre airado,          ni vayas con un hombre violento,

25  no sea que aprendas sus senderos,          y te encuentres con un lazo para tu vida.

26  No seas de los que chocan la mano,          y salen fiadores de préstamos:

27  porque si no tienes con qué pagar,          te tomarán el lecho en que te acuestas.

28  No desplaces el lindero antiguo          que tus padres pusieron.

29  ¿Has visto un hombre hábil en su oficio?      Se colocará al servicio de los reyes.      No quedará al servicio de gentes oscuras.

Proverbios 23

1    Si te sientas a comer con poderoso,          mira bien al que está frente a ti;

2 pon un cuchillo a tu garganta          si eres hombre de apetito;

3 no desees sus manjares,          porque es alimento engañoso.

4 No te fatigues por enriquecerte,          deja de pensar en ello.

5    Pones tus ojos en ello y no hay nada.      Porque se hace alas como águila,          y se vuela hasta el cielo.

6    No comas pan con hombre de malas intenciones,          ni desees sus manjares.

7    Porque, según lo que calcula en su interior,          te dice: «¡Come y bebe!»,          pero su corazón no está contigo.

8    Nada más comer lo vomitarías          y tus palabras amables serían tu ruina.

9    A oídos de necio no hables,          porque se burlará de la prudencia de tus dichos.

10  No desplaces el lindero antiguo,          no entres en el campo de los huérfanos,

11  porque su vengador es poderoso,          y defendería su pleito contra ti.

12  Aplica tu corazón a la instrucción,          y tus oídos a las palabras de la ciencia.

13  No ahorres corrección al niño,          que no se va a morir porque le castigues con la vara.

14  Con la vara le castigarás          y librarás su alma del seol.

15  Hijo mío, si tu corazón es sabio,          se alegrará también mi corazón,

16  y exultarán mis riñones          al decir tus labios cosas rectas.

17  No envidie tu corazón a los pecadores,          más bien en el temor de Yahveh permanezca todo el día,

18  porque hay un mañana,          y tu esperanza no será aniquilada.

19  Escucha, hijo, y serás sabio,          y endereza tu corazón por el camino…

20  No seas de los que se emborrachan de vino,          ni de los que se ahítan de carne,

21  porque borracho y glotón se empobrecen          y el sopor se viste de harapos.

22  Escucha a tu padre, que él te engendró,          y no desprecies a tu madre por ser vieja.

23  Adquiere la verdad y no la vendas:          la sabiduría, la instrucción, la inteligencia.

24  El padre del justo rebosa de gozo,          quien engendra un sabio por él se regocija.

25  Se alegrarán tu padre y tu madre,          y gozará la que te ha engendrado.

26  Dame, hijo mío, tu corazón,          y que tus ojos hallen deleite en mis caminos.

27  Fosa profunda es la prostituta,          pozo angosto la mujer extraña.

28  También ella como ladrón pone emboscadas,          y multiplica entre los hombres los traidores.

29  ¿Para quién las «Desgracias»? ¿para quién los «Ayes»?          ¿para quién los litigios? ¿para quién los lloros?          ¿para quién los golpes sin motivo?          ¿para quién los ojos turbios?

30  Para los que se eternizan con el vino,          los que van en busca de vinos mezclados.

31  No mires el vino: ¡Qué buen color tiene!          ¡cómo brinca en la copa!          ¡qué bien entra!

32  Pero, a la postre, como serpiente muerde,          como víbora pica.

33  Tus ojos verán cosas extrañas,          y tu corazón hablará sin ton ni son.

34  Estarás como acostado en el corazón del mar,          o acostado en la punta de un mástil.

35  «Me han golpeado, pero no estoy enfermo;          me han tundido a palos, pero no lo he sentido,          ¿Cuándo me despertaré…?, me lo seguiré             preguntando.»

Proverbios 24

1    No tengas envidia de los malos,          no desees estar con ellos,

2    porque su corazón trama violencias,          y sus labios hablan de desgracias.

3    Con la sabiduría se construye una casa,          y con la prudencia se afianza;

4    con la ciencia se llenan los cilleros          de todo bien precioso y deseable.

5    El varón sabio está fuerte,          el hombre de ciencia fortalece su vigor;

6    porque con sabios consejos harás la guerra,          y en la abundancia de consejeros está el éxito.

7    Muy alta está la sabiduría para el necio:          no abre su boca en la puerta.

8    Al que piensa en hacer mal,          se le llama maestro en intrigas.

9    La necedad sólo maquina pecados,          el arrogante es abominable a los hombres.

10  Si te dejas abatir el día de la angustia,          angosta es tu fuerza.

11  Libra a los que son llevados a la muerte,          y a los conducidos al suplicio ¡si los pudieras             retener!

12  Si dices: «Mira que no lo sabíamos»,          ¿acaso el que pesa los corazones no comprende?          ¿el que vigila tu alma, no lo sabe?      El da a cada hombre según sus obras.

13  Come miel, hijo mío, porque es buena.      Panal de miel es dulce a tu paladar.

14  Pues sábete que así será la sabiduría para tu alma,          y si la hallas, hay un mañana,          y tu esperanza no será aniquilada.

15  No pongas, malvado, asechanzas en la mansión del justo,          no hagas violencia a su morada.

16  Que siete veces cae el justo, pero se levanta,          mientras los malos se hunden en la desgracia.

17  No te alegres por la caída de tu enemigo,          no se goce tu corazón cuando se hunde;

18  no sea que lo vea Yahveh y le desagrade,          y aparte de él su ira.

19  No te enfurezcas por causa de los malvados,          ni tengas envidia de los malos.

20  Porque para el malvado no hay un mañana:          la lámpara de los malos se extinguirá.

21  Teme, hijo mío, a Yahveh y al rey,          no te relaciones con los innovadores,

22  porque al instante surgirá su calamidad,          y ¿quién sabe el castigo que pueden ambos dar?

23  También esto pertenece a los sabios:      Hacer acepción de personas en el juicio no está bien.

24  Al que dice al malo: «Eres justo»,          le maldicen los pueblos y le detestan las naciones;

25  los que los castigan, viven felices,          y viene sobre ellos la bendición del bien.

26  Besa en los labios,          el que responde con franqueza.

27  Ordena tus trabajos de fuera          y prepara tus faenas en el campo;          y después puedes construirte tu casa.

28  No des testimonio, en vano, contra tu prójimo,          ni engañes con tus labios.

29  No digas: «Como él me ha hecho a mí, le haré yo a él,          daré a cada uno según sus obras.»

30  He pasado junto al campo de un perezoso,          y junto a la viña de un hombre insensato,

31  y estaba todo invadido de ortigas,          los cardos cubrían el suelo,          la cerca de piedras estaba derruída.

32  Al verlo, medité en mi corazón,          al contemplarlo aprendí la lección:

33  «Un poco dormir, otro poco dormitar,          otro poco tumbarse con los brazos cruzados

34  y llegará, como vagabundo, tu miseria          y como un mendigo tu pobreza.»

Proverbios 25

1    También estos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres de Ezequías, rey de Judá.

2    Es gloria de Dios ocultar una cosa,          y gloria de los reyes escrutarla.

3    Los cielos por su altura, la tierra por su profundidad,          y el corazón de los reyes: son inescrutables.

4    Quita las escorias de la plata,          y quedará enteramente pura;

5    quita al malo de delante del rey,          y su trono se afianzará en la justicia.

6    No te des importancia ante el rey,          no te coloques en el sitio de los grandes;

7    porque es mejor que te digan: «Sube acá»,          que ser humillado delante del príncipe.      Lo que han visto tus ojos,

8    no te apresures a llevarlo a juicio;          pues ¿qué harás a la postre          cuando tu prójimo te confunda?

9    Defiende tu causa contra tu prójimo,          pero no descubras los secretos de otro,

10  no sea que el que lo oye te avergüence,          y que tu difamación no tenga vuelta.

11  Manzanas de oro con adornos de plata,          es la palabra dicha a tiempo.

12  Anillo de oro, o collar de oro fino,          la reprensión sabia en oído atento.

13  Como frescor de nieve el día de la siega          el mensajero leal, para el que lo envía:          conforta el ánimo de su señor.

14  Nubes y viento, pero no lluvia,          el hombre que se jacta de que va a hacer un regalo,             pero miente.

15  Con paciencia se persuade al juez,          una lengua dulce quebranta los huesos.

16  ¿Has hallado miel?, come lo que necesites;          no llegues a hartarte y la vomites.

17  Pon tu pie pocas veces en casa del vecino,          no sea que se hastíe y te aborrezca.

18  Martillo, espada, flecha aguda:          es el hombre que da testimonio falso contra su             prójimo.

19  Diente roto, pie titubeante:          la confianza en el pérfido, el día de la angustia,

20  como quitar el vestido en día helado.      Poner vinagre sobre salitre,          es cantar canciones a un corazón triste.

21  Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer,          si tiene sed, dale de beber;

22  así amontonas sobre su cabeza brasas          y Yahveh te dará la recompensa.

23  El viento norte trae la lluvia,          la lengua que disimula, rostros airados.

24  Mejor es vivir en la esquina del terrado,          que casa en común con mujer litigiosa.

25  Agua fresca en fauces sedientas:          la noticia buena de un país lejano.

26  Fuente hollada, manantial ensuciado,          el justo que titubea ante el malo.

27  No es bueno comer mucha miel,          ni buscar gloria y más gloria.

28  Ciudad abierta y sin muralla          es el hombre que no domina su ánimo.

Proverbios 26

1    Como nieve en verano y lluvia en la siega,          así de mal le sienta la gloria al insensato.

2    Como se escapa el pájaro y vuela la golondrina,          así no se realiza la maldición sin motivo.

3    Látigo para el caballo, brida para el asno          y vara para la espalda de los necios.

4    No respondas al necio según su necedad,          no sea que tú también te vuelvas como él.

5    Responde al necio según su necedad,          no vaya a creerse que es un sabio.

6    Se corta los pies, se empapa de amargura,          el que envía un recado en mano de necio.

7    Como las piernas vacilantes del cojo,          es el proverbio en boca de los necios.

8    Como sujetar una piedra en la honda,          es conceder honores a un necio.

9    Como espino que va a parar a mano de borracho,          es el proverbio en boca de los necios.

10  Como arquero que a todos hiere,          es el que toma a sueldo al necio y al borracho que             pasan.

11  Como el perro vuelve a su vómito,          vuelve el necio a su insensatez.

12  ¿Has visto a un hombre que se cree sabio?      Más se puede esperar de un necio que de él.

13  Dice el perezoso: «¡Un león en el camino!          ¡Un león en la plaza!»

14  La puerta gira en los goznes,          y el perezoso en la cama.

15  El perezoso hunde la mano en el plato;          pero le fatiga llevarla a la boca.

16  El perezoso se tiene por más sabio          que siete personas que responden con tacto.

17  Agarra por las orejas a un perro que pasa          el que se mete en litigio que no le incumbe.

18  Como un loco que arroja saetas escondidas,          flechas y muerte,

19  tal es el hombre que engaña a su prójimo,          y dice: «¿No ves que estaba bromeando?»

20  Cuando se acaba la leña, se apaga el fuego,          cuando no hay chismoso, se apacigua la disputa.

21  Carbón sobre brasas y leña sobre fuego,          es el pleiteador para atizar querellas.

22  Las palabras del delator son golosinas          que bajan hasta el fondo de las entrañas.

23  Plata con escorias esmaltada sobre arcilla,          son los labios dulces con corazón perverso.

24  El que odia, disimula con sus labios,          pero en su interior comete perfidia;

25  si da a su voz un tono amable, no te fíes,          porque hay siete abominaciones en su corazón.

26  Encubrirá su odio con engaño,          pero en la asamblea se descubrirá su malicia.

27  El que excava una fosa caerá en ella,          el que hace rodar una piedra se le vendrá encima.

28  La lengua mentirosa odia a sus víctimas,          la boca melosa labra la ruina.

Proverbios 27

1    No te regocijes por el día de mañana,          porque no sabes lo que deparará el día de hoy.

2    Que otro te alabe y no tu propia boca;          un extraño, que no tus labios.

3    Pesada es la piedra y pesada la arena,          la ira del necio es más pesada que ellas.

4    El furor es cruel, agua desbordada la cólera;          mas ¿quién resistirá ante la envidia?

5    Mejor es reprensión manifiesta          que amor oculto.

6    Leales son las heridas del amigo,          falsos los besos del enemigo.

7    Alma saciada pisotea la miel,          al alma hambrienta, hasta lo amargo es dulce.

8    Como yerra el pájaro lejos de su nido,          así yerra el hombre lejos de su lugar.

9    El aceite y el perfume alegran el corazón,          la dulzura del amigo consuela el alma.

10  No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre;          no entres en la casa de tu hermano el día de tu             infortunio.      Mejor es vecino próximo que hermano alejado.

11  Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón;          y podré responder al que me ultraja.

12  El hombre precavido ve el mal y se esconde,          los simples pasan y reciben castigo.

13  Tómale su vestido, pues salió fiador de otro;          tómale prenda por los extraños.

14  Al que ya de mañana a su prójimo bendice en alta voz,          le será contado como una maldición.

15  Goteo incesante en día de lluvia          y mujer chismosa, son iguales;

16  el que la retiene, retiene viento          y aceite encuentra su derecha.

17  El hierro con hierro se aguza,          y el hombre con su prójimo se afina.

18  El que vigila una higuera come de su fruto,          el que guarda a su señor será honrado.

19  Como en el agua un rostro refleja otro rostro,          así el corazón de un hombre refleja el de otro hombre.

20  Seol y Perdición son insaciables;          tampoco se sacian los ojos del hombre.

21  Crisol para la plata, horno para el oro,          el hombre vale según su reputación.

22  Aunque machaques al necio en el mortero,          (entre el grano, con el pilón)          no se apartará de él su necedad.

23  Conoce a fondo el estado de tu ganado,          aplica tu corazón a tu rebaño;

24  porque no es eterna la riqueza,          no se transmite una corona de edad en edad.

25  Cortada la hierba, aparecido el retoño,          y apilado el heno de los montes,

26  ten corderos para poderte vestir,          machos cabríos con que pagar un campo,

27  leche de cabras abundante para tu sustento,          para alimentar a tu familia y mantener a tus criados.

Proverbios 28

1    El malo huye sin que nadie le persiga,          pero el justo como un león está seguro.

2    Cuando un país es rebelde, son muchos sus príncipes;          con un hombre inteligente y sabio hay estabilidad.

3    Hombre malo que oprime a los débiles          es como lluvia devastadora que deja sin pan.

4    Los que abandonan la ley alaban al malo,          los que guardan la ley se irritan contra ellos.

5    Los hombres malos no entienden de equidad,          los que buscan a Yahveh lo comprenden todo.

6    Mejor es el pobre que camina en su integridad          que el de caminos tortuosos, por más que sea rico.

7    El que guarda la ley es un hijo inteligente,          el que frecuenta orgías es la deshonra de su padre.

8    El que aumenta su riqueza por usura e interés,          la amontona para el que se compadece de los pobres.

9    El que aparta su oído para no oír la ley,          hasta su oración es abominable.

10  El que extravía a los rectos por el mal camino,          en su propia fosa caerá.      Los hombres sin tacha heredarán la dicha.

11  El hombre rico se cree sabio,          pero el pobre inteligente, lo desenmascara.

12  Cuando se alegran los justos, es grande el regocijo,          cuando se alzan los malos, todos se esconden.

13  Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien;          el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad.

14  Dichoso el hombre que siempre está en temor;          el que endurece su corazón caerá en el mal.

15  León rugiente, oso hambriento,          es el malo que domina al pueblo débil.

16  Príncipe sin inteligencia multiplica la opresión,          el que odia el lucro prolongará sus días.

17  El hombre culpable de una muerte huirá hasta la tumba;          ¡que nadie le detenga!

18  El que anda sin tacha será salvo,          el que va oscilante entre dos caminos, caerá en uno de             ellos.

19  Quien cultiva su tierra se hartará de pan,          quien va tras naderías, se hartará de pobreza.

20  El hombre leal será muy bendecido,          quien se hace rico aprisa, no quedará impune.

21  No es bueno hacer acepción de personas,          que por un bocado de pan el hombre prevarica.

22  El hombre de malas intenciones corre tras la riqueza,          sin saber que lo que le viene es la indigencia.

23  El hombre que reprende halla al cabo más gracia          que el de lengua aduladora.

24  El que roba a su padre y a su madre y dice: «No hay en ello falta»,          es compañero del hombre destructor.

25  El hombre ambicioso azuza querellas,          el que confía en Yahveh prosperará.

26  El que confía en su corazón es un necio,          el que anda con sabiduría se salvará.

27  El que da a los pobres no conocerá la indigencia,          para el que se tapa los ojos abundante maldición.

28  Cuando se alzan los malos, todos se esconden,          cuando perecen, los justos se multiplican.

Proverbios 29

1    El hombre que, reprendido, endurece la cerviz,          será pronto deshecho y sin remedio.

2    Cuando los justos se multiplican, el pueblo se alegra,          cuando dominan los malos, el pueblo gime.

3    El que ama la sabiduría, da alegría a su padre,          el que anda con prostitutas, disipa su fortuna.

4    El rey, con la equidad, mantiene el país,          el hombre exactor lo arruina.

5    El hombre que adula a su prójimo          pone una red bajo sus pasos.

6    En el pecado del malo hay una trampa,          pero el justo se regocija y alegra.

7    El justo conoce la causa de los débiles,          el malo no tiene inteligencia para conocerla.

8    Los arrogantes turban la ciudad,          los sabios alejan la cólera.

9    Cuando el sabio tiene un pleito con el necio,          ya se exaspere o se ría, no logrará sosiego.

10  Los hombres sanguinarios odian al intachable,          los rectos van en busca de su persona.

11  El necio da salida a toda su pasión;          el sabio la reprime y apacigua.

12  Si un jefe hace caso de las palabras mentirosas,          todos sus servidores serán malos.

13  El pobre y el opresor se encuentran,      Yahveh da la luz a los ojos de ambos.

14  El rey que juzga con verdad a los débiles,          asegura su trono para siempre.

15  Vara y reprensión dan sabiduría,          muchacho dejado a sí mismo, avergüenza a su madre.

16  Cuando se multiplican los malos, se multiplican los delitos,          pero los justos contemplarán su caída.

17  Corrige a tu hijo y te dejará tranquilo;          y hará las delicias de tu alma.

18  Cuando no hay visiones, el pueblo se relaja,          pero el que guarda la ley es dichoso.

19  No se corrige a un siervo con palabras,          porque aunque las entienda, no las cumple.

20  ¿Has visto un hombre dispuesto siempre a hablar?          más se puede esperar de un necio que de él.

21  Si se mima a un esclavo desde niño,          al final será un ingrato.

22  El hombre violento provoca querellas,          el hombre airado multiplica los delitos.

23  El orgullo del pobre lo humillará;          el humilde de espíritu obtendrá honores.

24  El que reparte con ladrón se odia a sí mismo,          oye la imprecación, pero no revela nada.

25  Temblar ante los hombres es un lazo;          el que confía en Yahveh está seguro.

26  Son muchos los que buscan el favor del jefe,          pero es Yahveh el que juzga a cada uno.

27  Abominación para los justos es el hombre inicuo          abominación para el malo el de recto camino.

Proverbios 30

1    Palabras de Agur, hijo de Yaqué, de Massá. Oráculo de este hombre para Itiel, para Itiel y para Ukal.

2    ¡Soy el más estúpido de los hombres!      No tengo inteligencia humana.

3    No he aprendido la sabiduría,          ¿y voy a conocer la ciencia de los santos?

4    ¿Quién subió a los cielos y volvió a bajar?          ¿quién ha recogido viento en sus palmas?          ¿quién retuvo las aguas en su manto?          ¿quién estableció los linderos de la tierra?          ¿Cuál es su nombre          y el nombre de su hijo, si es que lo sabes?

5    Probadas son todas las palabras de Dios;          él es un escudo para cuantos a él se acogen.

6    No añadas nada a sus palabras,          no sea que te reprenda          y pases por mentiroso.

7    Dos cosas te pido.          no me las rehúses antes de mi muerte:

8    Aleja de mí la mentira y la palabra engañosa;          no me des pobreza ni riqueza,          déjame gustar mi bocado de pan,

9    no sea que llegue a hartarme y reniegue,          y diga: «¿Quién es Yahveh?».          o no sea que, siendo pobre, me dé al robo,          e injurie el nombre de mi Dios.

10  No calumnies a un siervo ante su amo          no sea que te maldiga y tengas que pagar la pena.

11               Hay gente que maldice a su padre,          y a su madre no bendice,

12               gente que se cree pura          y no está limpia de su mancha,

13               ¡gente de qué altivos ojos,          cuyos párpados se alzan!;

14  gente cuyos dientes son espadas,          y sus mandíbulas cuchillos,          para devorar a los desvalidos echándolos del país          y a los pobres de entre los hombres.

15  La sanguijuela tiene dos hijas: «¡Daca, daca!»      Hay tres cosas insaciables          y cuatro que no dicen: «¡Basta!»

16  El seol, el seno estéril,          la tierra que no se sacia de agua,          y el fuego que no dice: «¡Basta!»

17  Al ojo que se ríe del padre          y desprecia la obediencia de una madre,          lo picotearán los cuervos del torrente,          los aguiluchos lo devorarán.

18  Tres cosas hay que me desbordan          y cuatro que no conozco:

19  el camino del águila en el cielo,          el camino de la serpiente por la roca,          el camino del navío en alta mar,          el camino del hombre en la doncella.

20  Este es el camino de la mujer adúltera:          come, se limpia la boca y dice:          «¡No he hecho nada de malo ¡»

21  Por tres cosas tiembla la tierra          y cuatro no puede soportar:

22  Por esclavo que llega a rey,          por idiota que se ahíta de comer,

23  por mujer odiada que se casa,          por esclava que hereda a su señora.

24  Hay cuatro seres los más pequeños de la tierra,          pero que son más sabios que los sabios:

25  las hormigas - multitud sin fuerza -          que preparan en verano su alimento;

26  los damanes - multitud sin poder -,          que ponen sus casas en la roca;

27  las langostas, que sin tener rey,          salen todas en orden;

28  el lagarto, al que se agarra con la mano          y está en los palacios de los reyes.

29  Hay tres cosas de paso gallardo          y cuatro de elegante marcha:

30  el león - fuerte entre los animales -,          que ante nada retrocede,

31  el esbelto gallo o el macho cabrío,          y el rey que arenga a su pueblo.

32  Si hiciste el necio, envalentonándote,          y has reflexionado, pon mano en boca,

33  pues apretando la leche se saca mantequilla          apretando la nariz se saca sangre          y apretando la ira, se saca querella.

Proverbios 31

1    Palabras de Lemuel, rey de Massá, que le enseño su madre:

2    ¡No, hijo mío, no, hijo de mis entrañas!          ¡No, hijo de mis votos!

3    No entregues tu vigor a las mujeres,          ni tus caminos a las que pierden a los reyes.

4    No es para los reyes, Lemuel,          no es para los reyes beber vino,          ni para los príncipes ser aficionado a la bebida.

5    No sea que, bebiendo, olviden sus decretos          y perviertan las causas de todos los desvalidos.

6    Dad bebidas fuertes al que va a perecer          y vino al de alma amargada;

7    que beba y olvide su miseria,          y no se acuerde ya de su desgracia.

8    Abre tu boca en favor del mudo,          por la causa de todos los abandonados,

9    abre tu boca, juzga con justicia          y defiende la causa del mísero y del pobre.

10  = Alef. = Una mujer completa, ¿quién la encontrará?      Es mucho más valiosa que las perlas.

11  = Bet. = En ella confía el corazón de su marido,          y no será sin provecho.

12  = Guímel. = Le produce el bien, no el mal,          todos los días de su vida.

13  = Dálet. = Se busca lana y lino          y lo trabaja con manos diligentes.

14  = He. = Es como nave de mercader          que de lejos trae su provisión.

15  = Vau. = Se levanta cuando aún es de noche          da de comer a sus domésticos          y órdenes a su servidumbre.

16  = Zain. = Hace cálculos sobre un campo y lo compra;          con el fruto de sus manos planta una viña.

17  = Jet. = Se ciñe con fuerza sus lomos          y vigoriza sus brazos.

18  = Tet. = Siente que va bien su trabajo,          no se apaga por la noche su lámpara.

19  = Tod. = Echa mano a la rueca,          sus palmas toman el huso.

20  = Kaf. = Alarga su palma al desvalido,          y tiende sus manos al pobre.

21  = Lámed. = No teme por su casa a la nieve,          pues todos los suyos tienen vestido doble.

22  = Mem. = Para sí se hace mantos,          y su vestido es de lino y púrpura.

23  = Nun. = Su marido es considerado en las puertas,          cuando se sienta con los ancianos del país.

24  = Sámek. = Hace túnicas de lino y las vende,          entrega al comerciante ceñidores.

25  = Ain. = Se viste de fuerza y dignidad,          y se ríe del día de mañana.

26  = Pe. = Abre su boca con sabiduría,          lección de amor hay en su lengua.

27  = Sade. = Está atenta a la marcha de su casa,          y no come pan de ociosidad.

28  = Qof. = Se levantan sus hijos y la llaman dichosa;          su marido, y hace su elogio:

29  = Res. = «¡Muchas mujeres hicieron proezas,          pero tú las superas a todas!»

30  = Sin. = Engañosa es la gracia, vana la hermosura,          la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada.

31  = Tau. = Dadle del fruto de sus manos          y que en las puertas la alaben sus obras.

ECLESIASTÉS

Eclesiastés 1

1    Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

2    ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad!

3    ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?

4    Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece.

5    Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir.

6    Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y vuelve el viento a girar.

7    Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir.

8    Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír.

9    Lo que fue, eso será;          lo que se hizo, ese se hará.      Nada nuevo hay bajo el sol.

10  Si algo hay de que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron.

11  No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán.

12  Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén.

13  He aplicado mi corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se ocuparan!

14  He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.

15  Lo torcido no puede enderezarse,          lo que falta no se puede contar.

16  Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y ciencia.

17  He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad, he comprendido que aun  esto mismo es atrapar vientos,

18  pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor.

Eclesiastés 2

1    Hablé en mi corazón: ¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar! Pero vi que también esto es vanidad.

2    A la risa la llamé: ¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale?

3    Traté de regalar mi cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría, y entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida.

4    Emprendí mis grandes obras; me construí palacios, me planté viñas;

5    me hice huertos y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.

6    Me construí albercas con aguas para regar la frondosa plantación.

7    Tuve siervos y esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.

8    Atesoré también plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros.

9    Seguí engrandeciéndome más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi sabiduría se mantenía.

10  De cuanto me pedían mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda vez que mi corazón se  solazaba de todas mis fatigas, y esto me compensaba de todas mis fatigas.

11  Consideré entonces todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el sol.

12  Yo me volví a considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron?

13  Yo vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.

14  El sabio tiene sus ojos abiertos,          mas el necio en las tinieblas camina.      Pero también yo sé que la misma suerte alcanza a ambos.

15  Entonces me dice: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi sabiduría? Y pensé que hasta  eso mismo es vanidad.

16  No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio.

17  He detestado la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos.

18  Detesté todos mis fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor.

19  ¿Quién sabe si será sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con fatiga y sabiduría bajo  el sol. También esto es vanidad.

20  Entregué mi corazón al desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol,

21  pues un hombre que se fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave.

22  Pues ¿qué le queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol?

23  Pues todos sus días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa. También esto es vanidad.

24  No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios,

25  pues quien come y quien bebe, lo tiene de Dios.

26  Porque a quien le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la tarea de amontonar y atesorar  para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos.

Eclesiastés 3

1    Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:

2    Su tiempo el nacer,          y su tiempo el morir;          su tiempo el plantar,          y su tiempo el arrancar lo plantado.

3    Su tiempo el matar,          y su tiempo el sanar;          su tiempo el destruir,          y su tiempo el edificar.

4    Su tiempo el llorar,          y su tiempo el reír;          su tiempo el lamentarse,          y su tiempo el danzar.

5    Su tiempo el lanzar piedras,          y su tiempo el recogerlas;          su tiempo el abrazarse,          y su tiempo el separarse.

6    Su tiempo el buscar,          y su tiempo el perder;          su tiempo el guardar,          y su tiempo el tirar.

7    Su tiempo el rasgar,          y su tiempo el coser;          su tiempo el callar,          y su tiempo el hablar.

8    Su tiempo el amar,          y su tiempo el odiar;          su tiempo la guerra,          y su tiempo la paz.

9    ¿Qué gana el que trabaja con fatiga?

10  He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen.

11  El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin.

12  Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida.

13  Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.

14  Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar.      Y así hace Dios que se le tema.

15  Lo que es, ya antes fue;          lo que será, ya es.      Y Dios restaura lo pasado.

16  Todavía más he visto bajo el sol:          en la sede del derecho, allí está la iniquidad;          y en el sitial del justo, allí el impío.

17  Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra.

18  Dije también en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios los pruebe y les demuestre  que son como bestias.

19  Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad.

20  Todos caminan hacia una misma meta;          todos han salido del polvo          y todos vuelven al polvo.

21  ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende  hacia abajo, a la tierra?

22  Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a  contemplar lo que ha de suceder después de él?

Eclesiastés 4

1    Yo me volví a considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol:          vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los             consuele;          la violencia de sus verdugos, sin tener quien los             vengue.

2    Felicité a los muertos que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven.

3    Más feliz aún que entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la iniquidad que se comete bajo el  sol.

4    He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro. También esto es vanidad y atrapar vientos.

5    El necio se cruza de manos,          y devora su carne.

6    Más vale llenar un puñado con reposo que dos puñados con fatiga          en atrapar vientos.

7    Volví de nuevo a considerar otra vanidad bajo el sol:

8    a saber, un hombre solo, sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin que sus ojos se harten  de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a mi vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio.

9    Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo.

10  Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante.

11  Si dos se acuestan, tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará?

12  Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper.

13  Más vale mozo pobre y sabio          que rey viejo y necio,          que no sabe ya consultar.

14  Pues de prisión salió quien llegó a reinar,          aunque pobre en sus dominios naciera.

15  Veo a todos los vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el sucesor, el que ocupará su puesto.

16  Era sin fin la multitud a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él. También esto es vanidad y atrapar vientos.

17  Guarda tus pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el sacrificio de los necios, porque  ellos no saben que hacen el mal.

Eclesiastés 5

1    No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras.

2    Porque,          los sueños vienen de las muchas tareas.          la voz necia, de las muchas palabras.

3    Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has hecho, cúmplelo.

4    Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.

5    No permitas que tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la obra de tus manos?

6    Cuantos los sueños,          tantas las vanidades y las muchas palabras.               Pero tú teme a Dios.

7    Si en la región ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y otra más dignas sobre ambas.

8    Se invocará el interés común y el servicio del rey.

9    Quien ama el dinero, no se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias. También esto es vanidad.

10  A muchos bienes,          muchos que los devoren;          y ¿de qué más sirven a su dueño          que de espectáculo para sus ojos?

11  Dulce el sueño del obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja dormir.

12  Hay un grave mal que yo he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo sirve para su mal,

13  pues las riquezas perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya en su mano.

14  Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de sus fatigas que pueda  llevar en la mano.

15  También esto es grave mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse para el viento?

16  Todos los días pasa en oscuridad, pena, fastidio, enfermedad y rabia.

17  Esto he experimentado: lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos sus fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que Dios le da; porque esta es su paga.

18  Y además: cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de ellos, tomar su paga y holgarse  en medio de sus fatigas, esto es un don de Dios.

19  Porque así no recuerda mucho los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el corazón.

Eclesiastés 6

1    Hay otro mal que observo bajo el sol, y que pesa sobre el hombre:

2    Un hombre a quien Dios da riquezas, tesoros y honores; nada le falta de lo que desea, pero Dios no le deja disfrutar de ello, porque un extraño lo disfruta. Esto es vanidad y gran desgracia.

3    Si alguno que tiene cien hijos y vive muchos años, y por muchos que sean sus años, no se sacia su alma de felicidad  y ni siquiera halla sepultura, entonces yo digo: Más feliz es un aborto,

4    pues,          entre vanidades vino          y en la oscuridad se va;          mientras su nombre queda oculto en las tinieblas.

5    No ha visto el sol,          no lo ha conocido,          y ha tenido más descanso que el otro.

6    Y aunque hubiera vivido por dos veces mil años, pero sin gustar la felicidad, ¿no caminan acaso todos al mismo  lugar?

7    Todo el mundo se fatiga para comer,          y a pesar de todo nunca se harta.

8    ¿En qué supera el sabio al necio? ¿En qué, al pobre que sabe vivir su vida?

9    Mejor es lo que los ojos ven que lo que el alma desea. También esto es vanidad y atrapar vientos.

10  De lo que existe, ya se anunció su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede litigar con quien es más fuerte que él.

11  A más palabras, más vanidades.          ¿Qué provecho saca el hombre?

12  Porque, ¿quién sabe lo que conviene al hombre en su vida, durante los días contados de su vano vivir, que él los vive como una sombra? Pues ¿quién indicará al hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?

Eclesiastés 7

1    Más vale el renombre que óleo perfumado; y el día de la muerte más que el día del nacimiento.

2    Más vale ir a casa de luto          que ir a casa de festín;          porque allí termina todo hombre,          y allí el que vive, reflexiona.

3    Más vale llorar que reír,          pues tras una cara triste hay un corazón feliz.

4    El corazón de los sabios está en la casa de luto,          mientras el corazón de los necios en la casa de             alegría.

5    Más vale oír reproche de sabio,          que oír alabanza de necios.

6    Porque como crepitar de zarzas bajo la olla,          así es el reír del necio:          y también esto es vanidad.

7    El halago atonta al sabio,          y el regalo pervierte el corazón.

8    Más vale el término de una cosa que su comienzo,          más vale el paciente que el soberbio.

9    No te dejes llevar del enojo, pues el enojo reside en el pecho de los necios.

10  No digas: ¿Cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello.

11  Tan buena es la sabiduría como la hacienda, y aprovecha a los que ven el sol.

12  Porque la sabiduría protege como el dinero,          pero el saber le aventaja en que hace vivir al que lo             posee.

13  Mira la obra de Dios:          ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

14  Alégrate en el día feliz          y, en el día desgraciado, considera          que, tanto uno como otro, Dios lo hace          para que el hombre nada descubra de su porvenir.

15  En mi vano vivir, de todo he visto:          justos perecer en su justicia,          e impíos envejecer en su iniquidad.

16  No quieras ser justo en demasía,          ni te vuelvas demasiado sabio.          ¿A qué destruirte?

17  No quieras ser demasiado impío,          ni te hagas el insensato.          ¿A qué morir antes de tu tiempo?

18  Bueno es que mantengas esto sin dejar aquellos de la mano,          porque el temeroso de Dios con todo ello se sale.

19  La sabiduría da más fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.

20  Cierto es que no hay ningún justo en la tierra          que haga el bien sin nunca pecar.

21  Tampoco hagas caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te denigra.

22  Que tu corazón bien sabe cuántas veces también tú has denigrado a otros.

23  Todo esto lo intenté con la sabiduría. Dije: Seré sabio. Pero eso estaba lejos de mí.

24  Lejos está cualquier cosa, y profundo, lo profundo: ¿quién lo encontrará?

25  He aplicado mi corazón a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como una necedad, y la necedad  como una locura.

26  He hallado que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un lazo,          y sus brazos como cadenas:      El que agrada a Dios se libra de ella,          mas el pecador cae en su trampa.

27  Mira, esto he hallado, dice Cohélet, tratando de razonar, caso por caso.

28  Aunque he seguido buscando, nada más he hallado. Un hombre entre mil, sí que lo hallo;          pero mujer entre todas ellas, no la encuentro.

29  Mira, lo que hallé fue sólo esto: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con muchas razones.

Eclesiastés 8

1    ¿Quién como el sabio?          ¿Quién otro sabe explicar una cosa?      La sabiduría del hombre hace brillar su rostro,          y sus facciones severas transfigura.

2    Aténte al dictado del rey,          y por causa del juramento divino

3    no te apresures a irte de su presencia;          no te mezcles en conspiración,          pues todo cuanto le plazca puede hacerlo,

4    ya que la palabra regia es soberana,          y ¿quién va a decirle: Qué haces?

5    Quien se atiene al mandamiento, no sabe de conspiraciones.      Y el corazón del sabio sabe el cuándo y el cómo.

6    Porque todo asunto tiene su cuándo y su cómo.      Pues es grande el peligro que acecha al hombre,

7    ya que éste ignora lo que está por venir,          pues lo que está por venir, ¿quién va a anunciárselo?

8    No es el hombre señor del viento para domeñar al viento.      Tampoco hay señorío sobre el día de la muerte,          ni hay evasión en la agonía,          ni libra la maldad a sus autores.

9    Todo esto tengo visto al aplicar mi corazón a cuanto pasa bajo el sol, cuando el hombre domina en el hombre para  causarle el mal.

10  Por ejemplo, he visto a gente mala llevada a la tumba. Partieron del Lugar Santo, y se dio al olvido en la ciudad  que hubiesen obrado de aquel modo. ¡Otro absurdo!:

11  que no se ejecute en seguida la sentencia de la conducta del malo, con lo que el corazón de los humanos se llena de ganas de hacer el mal;

12  que el pecador haga el mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro temen,

13  y que no le va bien al malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el rostro de Dios.

14  Pues bien, un absurdo se da en la tierra:      Hay justos a quienes les sucede cual corresponde a las             obras de los malos,          y malos a quienes sucede cual corresponde a las obras             de los buenos.      Digo que este es otro absurdo.

15  Y yo por mí alabo la alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el sol, si no es comer, beber  y divertirse; y eso es lo que le acompaña en sus fatigas en los días de vida que Dios le hubiera dado bajo el sol.

16  Cuanto más apliqué mi corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el ajetreo que se da sobre la tierra - pues ni de día ni de noche concilian los ojos el sueño -

17  fui viendo que el ser humano no puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar, nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo.

Eclesiastés 9

1    Pues bien, a todo eso he aplicado mi corazón y todo lo he explorado, y he visto que los justos y los sabios y sus obras están en manos de Dios. Y ni de amor ni de odio saben los hombres nada:          todo les resulta

2    absurdo.      Como el que haya un destino común para todos,          para el justo y para el malvado,          el puro y el manchado,          el que hace sacrificios y el que no los hace,          así el bueno como el pecador,          el que jura como el que se recata de jurar.

3    Eso es lo peor de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así el corazón de los humanos  está lleno de maldad y hay locura en sus corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos!

4    Pues mientras uno sigue unido a todos los vivientes hay algo seguro,          pues vale más perro vivo que león muerto.

5    Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos, pues se perdió su memoria.

6    Tanto su amor, como su odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol.

7    Anda, come con alegría tu pan          y bebe de buen grado tu vino,          que Dios está ya contento con tus obras.

8    En toda sazón sean tus ropas blancas          y no falte ungüento sobre tu cabeza.

9    Vive la vida con la mujer que amas,          todo el espacio de tu vana existencia que se te ha             dado bajo el sol,          ya que tal es tu parte en la vida          y en las fatigas con que te afanas bajo el sol.

10  Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla,          hazla según tus fuerzas,          porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni             sabiduría          en el seol a donde te encaminas.

11  Vi además que bajo el sol          no siempre es de los ligeros el correr          ni de los esforzados la pelea;          como también hay sabios sin pan,          como también discretos sin hacienda,          como también hay doctos que no gustan,          pues a todos les llega algún mal momento.

12  Porque, además, el hombre ignora su momento:          como peces apresados en la red,          como pájaros presos en el cepo,          así son tratados los humanos por el infortunio          cuando les cae encima de improviso.

13  También he visto otro acierto bajo el sol, y grande, a juicio mío:

14  Una ciudad chiquita, con pocos hombres en ella. Llega un gran rey y le pone cerco, levantando frente a ella empalizadas potentes.

15  Encontrábase allí un hombre pobre y sabio. El pudo haber librado la ciudad gracias a su sabiduría, ¡pero nadie  paró mientes en aquel pobre!

16  Y yo me digo:      Más vale sabiduría que fuerza;          pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus             palabras no se escuchan.

17  Mejor se oyen las palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los necios.

18  Más vale sabiduría que armas de combate,          pero un solo yerro echa a perder mucho bueno.

Eclesiastés 10

1    Una mosca muerta pudre una copa de ungüento de perfumista;          monta más un poco de necedad que sabiduría y honor.

2    El sabio tiene el corazón a la derecha,          el necio tiene el corazón a la izquierda.

3    Además, en cualquier camino que tome el necio, su entendimiento no le da de sí y dice de todo el mundo: «Ese es un necio.»

4    Si el enojo del que manda se abate sobre ti, no abandones tu puesto, que la flema libra de graves yerros.

5    Otra calamidad he visto bajo el sol, como error que emana de la autoridad:

6    La necedad elevada a grandes dignidades, mientras ricos se sentaban abajo.

7    He visto siervos a caballo, y príncipes que iban a pie, como los siervos.

8    El que cava la hoya cae en ella,          y al que atraviesa el seto le muerde la culebra.

9    El que saca piedras se lastima con ellas,          el que raja maderos puede hacerse daño.

10  Si se embota el hierro y no se afilan sus caras, hay que acrecentar los bríos: también supone ganancia afinar en  sabiduría.

11  Si pica culebra por falta de encantamiento no hay ganancia para el encantador.

12  Palabras de boca de sabio agradan,          mas los labios del necio a él lo engullen.

13  Empieza diciendo necedades, para acabar en locura de las malas.

14  Y el necio dice más y más palabras. Nadie sabe lo que vas venir, y el remate de todo, ¿quién puede pronosticárselo?

15  Lo que más molesta al necio          es que no sabe ir a la ciudad.

16  ¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un chiquillo, y cuyos príncipes comen de mañana!

17  ¡Dichosa tú, tierra, cuyo rey es hidalgo y cuyos príncipes  comen a la hora, por cobrar vigor y no por banquetear!

18  Por estar mano sobre mano se desploma la viga,          y por brazos caídos la casa se viene abajo.

19  Para holgar preparan su banquete, y el vino alegra la vida, y el dinero todo lo allana.

20  Ni aun en tu rincón faltes al rey,          ni en tu misma alcoba faltes al rico,          que un pájaro del cielo hace correr la voz,          y un ser alado va a contar la cosa.

Eclesiastés 11

1    Echa tu pan al agua,          que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás.

2    Reparte con siete, y también con ocho,          que no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.

3    Si las nubes van llenas,          vierten lluvia sobre la tierra,          y caiga el árbol al sur o al norte,          donde cae el árbol allí se queda.

4    El que vigila el viento no siembra,          el que mira a las nubes no siega.

5    Como no sabes cómo viene el espíritu a los huesos en el vientre de la mujer encinta,          así tampoco sabes la obra de Dios que todo lo hace.

6    De madrugada siembra tu simiente          y a la tarde no des paz a tu mano.      Pues no sabes si es menor esto o lo otro          o si ambas cosas son igual de buenas.

7    Dulce es la luz          y bueno para los ojos ver el sol.

8    Si uno vive muchos años,          que se alegre en todos ellos,          y tenga en cuenta que los días de tinieblas muchos             serán,          que es vanidad todo el porvenir.

9    Alégrate, mozo, en tu juventud,          ten buen humor en tus años mozos,      Vete por donde te lleve el corazón          y a gusto de tus ojos;          pero a sabiendas de que por todo ello te emplazará             Dios a juicio.

10  Aparta el mal humor de tu pecho          y aleja el sufrimiento de tu carne,          pero juventud y pelo negro, vanidad.

Eclesiastés 12

1    Acuérdate de tu Creador en tus días mozos,          mientras no vengan los días malos,          y se echen encima años en que dirás: «No me             agradan»;

2    mientras no se nublen el sol y la luz,          la luna y las estrellas,          y retornen las nubes tras la lluvia;

3    cuando tiemblen los guardas de palacio y se doblen los guerreros,          se paren las moledoras, por quedar pocas,          se queden a oscuras las que miran por las ventanas,

4    y se cierren las puertas de la calle,          ahogándose el son del molino;          cundo uno se levante al canto del pájaro,          y se enmudezcan todas las canciones.

5    También la altura da recelo,          y hay sustos en el camino,          florece el almendro,          está grávida la langosta,          y pierde su sabor la alcaparra;          y es que el hombre se va a su eterna morada,          y circulan por la calle los del duelo;

6    mientras no se quiebre la hebra de plata,          se rompa la bolita de oro,          se haga añicos el cántaro contra la fuente,          se caiga la polea dentro del pozo,

7    vuelva el polvo a la tierra, a lo que era,          y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio.

8    ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -: ¡todo vanidad!

9    Cohélet, a más de ser un sabio, enseñó doctrina al pueblo. Ponderó e investigó, compuso muchos proverbios.

10  Cohélet trabajó mucho en inventar frases felices, y escribir bien sentencias verídicas.

11  Las palabras de los sabios son como aguijadas, o como estacas hincadas, puertas por un pastor para controlar el rebaño.

12  Lo que de ellas se saca, hijo mío, es ilustrarse. Componer muchos libros es nunca acabar, y estudiar demasiado  daña la salud.

13  Basta de palabras. Todo está dicho. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal.

14  Porque toda obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo.

CANTAR DE LOS CANTARES

Cantar 1

1    Cantar de los cantares, de Salomón.

2    ¡Que me bese con los besos de su boca!      Mejores son que el vino tus amores;

3    mejores al olfato tus perfumes;          ungüento derramado es tu nombre,          por eso te aman las doncellas.

4    Llévame en pos de ti: ¡Corramos!      El Rey me ha introducido en sus mansiones;          por ti exultaremos y nos alegraremos.      Evocaremos tus amores más que el vino;          ¡con qué razón eres amado!

5    Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén,          como las tiendas de Quedar,          como los pabellones de Salmá.

6    No os fijéis en que estoy morena:          es que el sol me ha quemado.      Los hijos de mi madre se airaron contra mí;          me pusieron a guardar las viñas,          ¡mi propia viña no la había guardado!

7    Indícame, amor de mi alma,          dónde apacientas el rebaño,          dónde lo llevas a sestear a mediodía,          para que no ande yo como errante          tras los rebaños de tus compañeros.

8    Si no lo sabes, ¡oh la más bella de las mujeres!,          sigue las huellas de las ovejas,          y lleva a pacer tus cabritas          junto al jacal de los pastores.

9    A mi yegua, entre los carros de Faraón,          yo te comparo, amada mía.

10  Graciosas son tus mejillas entre los zarcillos,          y tu cuello entre los collares.

11  Zarcillos de oro haremos para ti,          con cuentas de plata.

12  - Mientras el rey se halla en su diván,          mi nardo exhala su fragancia.

13  Bolsita de mirra es mi amado para mí,          que reposa entre mis pechos.

14  Racimo de alheña es mi amado para mí,          en las viñas de Engadí.

15  - ¡Qué bella eres, amada mía,          qué bella eres!          ¡Palomas son tus ojos!

16  - ¡Qué hermoso eres, amado mío,          qué delicioso!      Puro verdor es nuestro lecho.

17  - Las vigas de nuestra casa son de cedro,          nuestros artesonados, de ciprés.

Cantar 2

1    - Yo soy el narciso de Sarón,          el lirio de los valles.

2    - Como el lirio entre los cardos,          así mi amada entre las mozas.

3    - Como el manzano entre los árboles silvestres,          así mi amado entre los mozos.      A su sombra apetecida estoy sentada,          y su fruto me es dulce al paladar.

4    Me ha llevado a la bodega,          y el pendón que enarbola sobre mí es Amor.

5    Confortadme con pasteles de pasas,          con manzanas reanimadme,          que enferma estoy de amor.

6    Su izquierda está bajo mi cabeza,          y su diestra me abraza.

7    - Yo os conjuro,          hijas de Jerusalén,          por las gacelas, por las ciervas del campo,          no despertéis, no desveléis al amor,          hasta que le plazca.

8    ¡La voz de mi amado!      Helo aquí que ya viene,          saltando por los montes,          brincando por los collados.

9    Semejante es mi amado a una gacela,          o un joven cervatillo.      Vedle ya que se para          detrás de nuestra cerca,          mira por las ventanas,          atisba por las rejas.

10  Empieza a hablar mi amado,          y me dice:          «Levántate, amada mía,          hermosa mía, y vente.

11  Porque, mira, ha pasado ya el invierno,          han cesado las lluvias y se han ido.

12  Aparecen las flores en la tierra,          el tiempo de las canciones es llegado,          se oye el arrullo de la tórtola          en nuestra tierra.

13  Echa la higuera sus yemas,          y las viñas en cierne exhalan su fragancia.          ¡Levántate, amada mía,          hermosa mía, y vente!

14  Paloma mía, en las grietas de la roca,          en escarpados escondrijos,          muéstrame tu semblante,          déjame oír tu voz;          porque tu voz es dulce,          y gracioso tu semblante.»

15  Cazadnos las raposas,          las pequeñas raposas          que devastan las viñas,          pues nuestras viñas están en flor.

16  Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado:          él pastorea entre los lirios.

17  Antes que sople la brisa del día          y se huyan las sombras,          vuelve, sé semejante,          amado mío, a una gacela          o a un joven cervatillo          por los montes de Béter.

Cantar 3

1    En mi lecho, por las noches, he buscado          al amor de mi alma.      Busquéle y no le hallé.

2    Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad.      Por las calles y las plazas          buscaré al amor de mi alma.      Busquéle y no le hallé.

3    Los centinelas me encontraron,          los que hacen la ronda en la ciudad:          «¿Habéis visto al amor de mi alma?»

4    Apenas habíalos pasado,          cuando encontré al amor de mi alma.      Le aprehendí y no le soltaré          hasta que le haya introducido          en la casa de mi madre,          en la alcoba de la que me concibió.

5    Yo os conjuro,          hijas de Jerusalén,          por las gacelas, por las ciervas del campo,          no despertéis, no desveléis al amor,          hasta que le plazca.

6    ¿Qué es eso que sube del desierto,          cual columna de humo          sahumado de mirra y de incienso,          de todo polvo de aromas exóticos?

7    Ved la litera de Salomón.      Sesenta valientes en torno a ella,          la flor de los valientes de Israel:

8    todos diestros en la espada,          veteranos en la guerra.      Cada uno lleva su espada al cinto,          por las alarmas de la noche.

9    El rey Salomón          se ha hecho un palanquín          de madera del Líbano.

10  Ha hecho de plata sus columnas,          de oro su respaldo,          de púrpura su asiento;          su interior, tapizado de amor          por las hijas de Jerusalén.

11  Salid a contemplar,          hijas de Sión,          a Salomón el rey,          con la diadema con que le coronó su madre          el día de sus bodas,          el día del gozo de su corazón.

Cantar 4

1    ¡Qué bella eres, amada mía,          qué bella eres!      Palomas son tus ojos          a través de tu velo;          tu melena, cual rebaño de cabras,          que ondulan por el monte Galaad.

2    Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo          que salen de bañarse:          todas tienen mellizas,          y entre ellas no hay estéril.

3    Tus labios, una cinta de escarlata,          tu hablar, encantador.      Tus mejillas, como cortes de granada          a través de tu velo.

4    Tu cuello, la torre de David,          erigida para trofeos:          mil escudos penden de ella,          todos paveses de valientes.

5    Tus dos pechos, cual dos crías          mellizas de gacela,          que pacen entre lirios.

6    Antes que sople la brisa del día,          y se huyan las sombras,          me iré al monte de la mirra,          a la colina del incienso.

7    ¡Toda hermosa eres, amada mía,          no hay tacha en ti!

8    Ven del Líbano, novia mía,          ven del Líbano, vente.      Otea desde la cumbre del Amaná,          desde la cumbre del Sanir y del Hermón,          desde las guaridas de leones,          desde los montes de leopardos.

9    Me robaste el corazón,          hermana mía, novia,          me robaste el corazón          con una mirada tuya,          con una vuelta de tu collar.

10  ¡Qué hermosos tus amores,          hermosa mía, novia!          ¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino!          ¡Y la fragancia de tus perfumes,          más que todos los bálsamos!

11  Miel virgen destilan          tus labios, novia mía.      Hay miel y leche          debajo de tu lengua;          y la fragancia de tus vestidos,          como la fragancia del Líbano.

12  Huerto eres cerrado,          hermana mía, novia,          huerto cerrado,          fuente sellada.

13  Tus brotes, un paraíso de granados,          con frutos exquisitos:

14  nardo y azafrán,          caña aromática y canela,          con todos los árboles de incienso,          mirra y áloe,          con los mejores bálsamos.

15  ¡Fuente de los huertos,          pozo de aguas vivas,          corrientes que del Líbano fluyen!

16  ¡Levántate, cierzo,          ábrego, ven!          ¡Soplad en mi huerto,          que exhale sus aromas!          ¡Entre mi amado en su huerto          y coma sus frutos exquisitos!

Cantar 5

1    Ya he entrado en mi huerto,          hermana mía, novia;          he tomado mi mirra con mi bálsamo,          he comido mi miel con mi panal,          he bebido mi vino con mi leche.          ¡Comed, amigos, bebed,          oh queridos, embriagaos!

2    Yo dormía, pero mi corazón velaba.          ¡La voz de mi amado que llama!:          «¡Ábreme, hermana mía, amiga mía,          paloma mía, mi perfecta!      Que mi cabeza está cubierta de rocío          y mis bucles del relente de la noche.»

3    - «Me he quitado mi túnica,          ¿cómo ponérmela de nuevo?      He lavado mis pies,          ¿cómo volver a mancharlos?»

4    ¡Mi amado metió la mano          por la hendedura;          y por él se estremecieron mis entrañas.

5    Me levanté          para abrir a mi amado,          y mis manos destilaron mirra,          mirra fluida mis dedos,          en el pestillo de la cerradura.

6    Abrí a mi amado,          pero mi amado se había ido de largo.      El alma se me salió a su huida.      Le busqué y no le hallé,          le llamé, y no me respondió.

7    Me encontraron los centinelas,          los que hacen la ronda en la ciudad.      Me golpearon, me hirieron,          me quitaron de encima mi chal          los guardias de las murallas.

8    Yo os conjuro,          hijas de Jerusalén,          si encontráis a mi amado,          ¿qué le habéis de anunciar?      Que enferma estoy de amor.

9    ¿Qué distingue a tu amado de los otros,          oh la más bella de las mujeres?          ¿Qué distingue a tu amado de los otros,          para que así nos conjures?

10  Mi amado es fúlgido y rubio,          distinguido entre diez mil.

11  Su cabeza es oro, oro puro;          sus guedejas, racimos de palmera,          negras como el cuervo.

12  Sus ojos como palomas          junto a arroyos de agua,          bañándose en leche,          posadas junto a un estanque.

13  Sus mejillas, eras de balsameras,          macizos de perfumes.      Sus labios son lirios          que destilan mirra fluida.

14  Sus manos, aros de oro,          engastados de piedras de Tarsis.      Su vientre, de pulido marfil,          recubierto de zafiros.

15  Sus piernas, columnas de alabastro,          asentadas en basas de oro puro.      Su porte es como el Líbano,          esbelto cual los cedros.

16  Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto.      Así es mi amado, así mi amigo,          hijas de Jerusalén.

Cantar 6

1    ¿A dónde se fue tu amado,          oh la más bella de las mujeres?          ¿A dónde tu amado se volvió,          para que contigo le busquemos?

2    Mi amado ha bajado a su huerto,          a las eras de balsameras,          a apacentar en los huertos,          y recoger lirios.

3    Yo soy para mi amado y mi amado es para mí:          él pastorea entre los lirios.

4    Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá,          encantadora, como Jerusalén,          imponente como batallones.

5    Retira de mí tus ojos,          que me subyugan.      Tu melena cual rebaño de cabras          que ondulan por el monte Galaad.

6    Tus dientes, un rebaño de ovejas,          que salen de bañarse.      Todas tienen mellizas,          y entre ellas no hay estéril.

7    Tus mejillas, como cortes de granada          a través de tu velo.

8    Sesenta son las reinas,          ochenta las concubinas,          (e innumerables las doncellas).

9    Única es mi paloma,          mi perfecta.      Ella, la única de su madre,          la preferida de la que la engendró.      Las doncellas que la ven la felicitan,          reinas y concubinas la elogian:

10  «¿Quién es ésta que surge cual la aurora,          bella como la luna,          refulgente como el sol,          imponente como batallones?»

11  Al nogueral había yo bajado          para ver la floración del valle,          a ver si la vid estaba en cierne,          y si florecían los granados.

12  ¡Sin saberlo, mi deseo me puso          en los carros de Aminadib!

Cantar 7

1    ¡Vuelve, vuelve, Sulamita,          vuelve, vuelve, que te miremos!          ¿Por qué miráis a la Sulamita,          como en una danza de dos coros?

2    ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias,          hija de príncipe!      Las curvas de tus caderas son como collares,          obra de manos de artista.

3    Tu ombligo es un ánfora redonda,          donde no falta el vino.      Tu vientre, un montón de trigo,          de lirios rodeado.

4    Tus dos pechos, cual dos crías          mellizas de gacela.

5    Tu cuello, como torre de marfil.      Tus ojos, las piscinas de Jesbón,          junto a la puerta de Bat Rabbim.      Tu nariz, como la torre del Líbano,          centinela que mira hacia Damasco.

6    Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo,          y tu melena, como la púrpura;          ¡un rey en esas trenzas está preso!

7 ¡Qué bella eres, qué encantadora,          oh amor, oh delicias!

8 Tu talle se parece a la palmera,          tus pechos, a los racimos.

9    Me dije: Subiré a la palmera,          recogeré sus frutos.          ¡Sean tus pechos como racimos de uvas,          el perfume de tu aliento como el de las manzanas,

10  tu paladar como vino generoso!      El va derecho hacia mi amado,          como fluye en los labios de los que dormitan.

11  Yo soy para mi amado,          y hacia mí tiende su deseo.

12  ¡Oh, ven, amado mío,          salgamos al campo!      Pasaremos la noche en las aldeas.

13  De mañana iremos a las viñas;          veremos si la vid está en cierne,          si las yemas se abren,          y si florecen los granados.      Allí te entregaré          el don de mis amores.

14  Las mandrágoras exhalan su fragancia.      A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos.      Los nuevos, igual que los añejos,          los he guardado, amado mío, para ti.

Cantar 8

1    ¡Ah, si fueras tú un hermano mío,          amamantado a los pechos de mi madre!      Podría besarte, al encontrarte afuera,          sin que me despreciaran.

2    Te llevaría, te introduciría          en la casa de mi madre, y tú me enseñarías.      Te daría a beber vino aromado,          el licor de mis granadas.

3    Su izquierda está bajo mi cabeza,          y su diestra me abraza.

4    Yo os conjuro,          hijas de Jerusalén,          no despertéis, no desveléis al amor,          hasta que le plazca.

5    ¿Quién es ésta que sube del desierto,          apoyada en su amado?      Debajo del manzano te desperté,          allí donde te concibió tu madre,          donde concibió la que te dio a luz.

6    Ponme cual sello sobre tu corazón,          como un sello en tu brazo.      Porque es fuerte el amor como la Muerte,          implacable como el seol la pasión.      Saetas de fuego, sus saetas,          una llama de Yahveh.

7    Grandes aguas no pueden apagar el amor,          ni los ríos anegarlo.      Si alguien ofreciera          todos los haberes de su casa por el amor,          se granjearía desprecio.

8    Tenemos una hermana pequeña:          no tiene pechos todavía.          ¿Qué haremos con nuestra hermana          el día que se hable de ella?

9    - Si es una muralla,          construiremos sobre ella almenas de plata          si es una puerta,          apoyaremos contra ella barras de cedro.

10  - Yo soy una muralla,          y mis pechos, como torres.      Así soy a sus ojos          como quien ha hallado la paz.

11  Salomón tenía una viña          en Baal Hamón.      Encomendó la viña a los guardas,          y cada uno le traía por sus frutos          mil siclos de plata.

12  Mi viña, la mía, está ante mí;          los mil siclos para ti, Salomón;          y doscientos para los guardas de su fruto.

13  ¡Oh tú, que moras en los huertos,          mis compañeros prestan oído a tu voz:          ¡deja que la oiga!

14  ¡Huye, amado mío,          sé como la gacela          o el joven cervatillo,          por los montes de las balsameras!

SABIDURÍA

Sabiduría   1

1              Amad la justicia, los que juzgáis la tierra,          pensad rectamente del Señor          y con sencillez de corazón buscadle.

2              Porque se deja hallar de los que no le tientan,          se manifesta a los que no desconfían de él.

3              Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios          y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.

4              En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría,          no habita en cuerpo sometido al pecado;

5              pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño,          se aleja de los pensamientos necios          y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad.

6              La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre,          pero no deja sin castigo los labios del blasfemo;          que Dios es testigo de sus riñones,          observador veraz de su corazón          y oye cuanto dice su lengua.

7              Porque el espíritu del Señor llena la tierra          y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento             de toda palabra.

8              Nadie, pues, que profiera iniquidades quedará oculto,          ni le pasará por alto la Justicia vengadora.

9              Las deliberaciones del impío serán examinadas;          el eco de sus palabras llegará hasta el Señor          para castigo de sus maldades.

10            Un oído celoso lo escucha todo,          no se le oculta ni el rumor de la murmuración.

11            Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles,          preservad vuestra lengua de la maledicencia;          que la palabra más secreta no se pronuncia en vano,          y la boca mentirosa da muerte al alma.

12            No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida,          no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras             manos;

13            que no fue Dios quien hizo la muerte          ni se recrea en la destrucción de los vivientes;

14            él todo lo creó para que subsistiera,          las criaturas del mundo non saludables,          no hay en ellas veneno de muerte          ni imperio del Hades sobre la tierra,

15            porque la justicia es inmortal.

16            Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte;          teniéndola por amiga, se desviven por ella,          y con ella conciertan un pacto,          pues bien merecen que les tenga por suyos.

Sabiduría   2

1              Porque se dicen discurriendo desacertadamente:          «Corta es y triste nuestra vida;          no hay remedio en la muerte del hombre          ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades.

2              Por azar llegamos a la existencia          y luego seremos como si nunca hubiéramos sido.      Porque humo es el aliento de nuestra nariz          y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro             corazón;

3              al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.

4              Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido,          nadie se acordará de nuestras obras;          pasará nuestra vida como rastro de nube,          se disipará como niebla          acosada por los rayos del sol          y por su calor vencida.

5              Paso de una sombra es el tiempo que vivimos,          no hay retorno en nuestra muerte;          porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

6              Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes,          gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

7              Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes,          no se nos pase ninguna flor primaveral,

8              coronémonos de rosas antes que se marchiten;

9              ningún prado quede libre de nuestra orgía,          dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo;          que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.

10            Oprimamos al justo pobre,          no perdonemos a la viuda,          no respetemos las canas llenas de años del anciano.

11            Sea nuestra fuerza norma de la justicia,          que la debilidad, como se ve, de nada sirve.

12            Tendamos lazos al justo, que nos fastidia,          se enfrenta a nuestro modo de obrar,          nos echa en cara faltas contra la Ley          y nos culpa de faltas contra nuestra educación.

13            Se gloría de tener el conocimiento de Dios          y se llama a sí mismo hijo del Señor.

14            Es un reproche de nuestros criterios,          su sola presencia nos es insufrible,

15            lleva una vida distinta de todas          y sus caminos son extraños.

16            Nos tiene por bastardos,          se aparta de nuestros caminos como de impurezas;          proclama dichosa la suerte final de los justos          y se ufana de tener a Dios por padre.

17            Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito.

18            Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá          y le librará de las manos de sus enemigos.

19            Sometámosle al ultraje y al tormento          para conocer su temple          y probar su entereza.

20            Condenémosle a una muerte afrentosa,          pues, según él, Dios le visitará.»

21            Así discurren, pero se equivocan;          los ciega su maldad;

22            no conocen los secretos de Dios,          no esperan recompensa por la santidad          ni creen en el premio de las almas intachables.

23            Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad,          le hizo imagen de su misma naturaleza;

24            mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo,          y la experimentan los que le pertenecen.

Sabiduría   3

1              En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios          y no les alcanzará tormento alguno.

2              A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto;          se tuvo por quebranto su salida,

3              y su partida de entre nosotros por completa destrucción;          pero ellos están en la paz.

4              Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos,          su esperanza estaba llena de inmortalidad;

5              por una corta corrección recibirán largos beneficios.          pues Dios los sometió a prueba          y los halló dignos de sí;

6              como oro en el crisol los probó          y como holocausto los aceptó.

7              El día de su visita resplandecerán,          y como chispas en rastrojo correrán.

8              Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos          y sobre ellos el Señor reinará eternamente.

9              Los que en él confían entenderán la verdad          y los que son fieles permanecerán junto a él en el             amor,          porque la gracia y la misericordia son para sus santos                      y su visita para sus elegidos.

10            En cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen,          por desdeñar al justo y separarse del Señor.

11            Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción;         vana es su esperanza,          sin provecho sus fatigas,          inútiles sus obras;

12            sus mujeres son insensatas,          malvados sus hijos,          maldita su posteridad.

13            Dichosa la estéril sin mancilla,          la que no conoce lecho de pecado;          tendrá su fruto en la visita de las almas.

14            Dichoso también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad          ni fomenta pensamientos perversos contra el Señor;          por su fidelidad se le dará una escogida recompensa,          una herencia muy agradable en el Santurario del Señor.

15            Que el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso,          imperecedera la raíz de la prudencia.

16            En cambio los hijos de adúlteros no llegarán a sazón,          desaparecerá la raza nacida de una unión culpable.

17            Si viven largos años, no alcanzarán estima alguna          y al fin su ancianidad carecerá de honor.

18            Y si mueren pronto, no tendrán esperanza          ni consuelo en el día de la sentencia,

19            pues duro es el fin de una raza inicua.

Sabiduría   4

1              Mejor es carencia de hijos acompañada de virtud,          pues hay inmortalidad en su recuerdo,          porque es conocida por Dios y por los hombres;

2              presente, la imitan,          ausente, la añoran;          en la eternidad, ceñida de una corona, celebra su             triunfo          porque venció en la lucha por premios incorruptibles.

3              En cambio, la numerosa prole de los impíos será inútil;          viniendo de renuevos bastardos, no echará raíces             profundas          ni se asentará sobre fundamento sólido.

4              Aunque despliegue por su tiempo su ramaje,          precariamente arraigada, será sacudida por el viento,          arrancada de raíz por la furia del vendaval;

5              se quebrarán sus ramas todavía tiernas,          inútiles serán sus frutos,          sin sazón para comerlos,          para nada servirán.

6              Que los hijos nacidos de sueños culpables          son testigos, en su examen, de la maldad de los             padres.

7              El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso.

8              La ancianidad venerable no es la de los muchos días          ni se mide por el número de años;

9              la verdadera canicie para el hombre es la prudencia,          y la edad provecta, una vida inmaculada.

10            Agradó a Dios y fue amado,          y como vivía entre pecadores, fue trasladado.

11            Fue arrebatado para que la maldad no pervitiera su inteligencia          o el engaño sedujera su alma;

12            pues la fascinación del mal empaña el bien          y los vaivenes de la concupiscencia corrompen el             espíritu ingenuo.

13            Alcanzando en breve la perfección, llenó largos años.

14            Su alma era del agrado del Señor,          por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad.      Lo ven las gentes y no comprenden,          ni caen en cuenta

15            que la gracia y la misericordia son para sus elegidos          y su visita para sus santos.

16            El justo muerto condena a los impíos vivos,          y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad             del inicuo.

17            Ven la muerte del sabio,          mas no comprenden los planes del Señor sobre él          ni por qué le ha puesto en seguridad;

18            lo ven y lo desprecian,          pero el Señor se reirá de ellos.

19            Después serán cadáveres despreciables,          objeto de ultraje entre los muertos para siempre.      Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin             habla,          los sacudirá de sus cimientos;          quedarán totalmentes asolados,          sumidos en el dolor,          y su recuerdo se perderá.

20            Al tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados,          y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles.

Sabiduría   5

1              Estará entonces el justo en pie con gran confianza          en presencia de los que le afligieron y despreciaron             sus trabajos.

2              Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto,          estupefactos por lo inesperado de su salvación.

3              Se dirán mudando de parecer,          gimiendo en la angustia de su espíritu:

4              «Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas,          a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos.      Locura nos pareció su vida          y su muerte, una ignominia.

5              ¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios          y tiene su herencia entre los santos?

6              Luego vagamos fuera del camino de la verdad;          la luz de la justicia no nos alumbró,          no salió el sol para nosotros.

7              Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición,          atravesamos desiertos intransitables;          pero el camino del Señor, no lo conocimos.

8              ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo?          ¿De qué la riqueza y la jactancia?

9              Todo aquello pasó como una sombra,          como noticia que va corriendo;

10            como nave que atraviesa las aguas agitadas,          y no es posible descubrir la huella de su paso          ni el rastro de su quilla en las olas;

11            como pájaro que volando atraviesa el aire,          y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno;          con el golpe de sus remos azota el aire ligero,          lo corta con agudo silbido,          se abre camino batiendo las alas          y después, no se descubre señal de su paso;

12            como flecha disparada al blanco;          el aire hendido refluye al instante sobre sí          y no sabe el camino que la flecha siguió.

13            Lo mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir,          y no podemos mostrar vestigio alguno de virtud;          nos gastamos en nuestra maldad.»

14            En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento,          como espuma ligera acosada por el huracán,          se desvanece como el humo con el viento;          pasa como el recuerdo del huésped de un día.

15            Los justos, en cambio, viven eternamente;          en el Señor está su recompensa,          y su cuidado a cargo del Altísimo.

16            Recibirán por eso de mano del Señor          la corona real del honor y la diadema de la hermosura;                      pues con su diestra los protegerá          y los escudará con su brazo.

17            Tomará su celo como armadura,          y armará a la creación para rechazar a sus enemigos;

18            por coraza vestirá la justicia,          se pondrá por casco un juicio sincero,

19            tomará por escudo su santidad invencible,

20            afilará como espada su cólera inexorable,          y el universo saldrá con él a pelear contra los             insensatos.

21            Partirán certeros los tiros de los rayos,          de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al             blanco,

22            de una ballesta se disparará furioso granizo;          las olas del mar se encresparán contra ellos,          los ríos los anegarán sin piedad;

23            se levantará contra ellos un viento poderoso          y como huracán los aventará.      Así la iniquidad asolará la tierra entera          y la maldad derribará los tronos de los que están en             el poder.

Sabiduría   6

1              Oíd, pues, reyes, y enteded.      Aprended, jueces de los confines de la tierra.

2              Estad atentos los que gobernáis multitudes          y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros             pueblos.

3              Porque del Señor habéis recibido el poder,          del Altísimo, la soberanía;          él examinará vuestras obras y sondeará vuestras             intenciones.

4              Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente,          ni observado la ley,          ni caminado siguiendo la voluntad de Dios,

5              terrible y repentino se presentará ante vosotros.      Porque un juicio implacable espera a los que están en lo             alto;

6              al pequeño, por piedad, se le perdona,          pero los poderosos serán poderosamente examinados.

7              Que el Señor de todos ante nadie retrocede,          no hay grandeza que se le imponga;          al pequeño como al grande él mismo los hizo          y de todos tiene igual cuidado,

8              pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder.

9              A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras          para que aprendaís sabiduría y no faltéis;

10            porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos,          y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán             defensa.

11            Desead, pues, mis palabras;          ansiadlas, que ellas os instruirán.

12            Radiante e inmarcesible es la Sabiduría.      Fácilmente la contemplan los que la aman          y la encuentran los que la buscan.

13            Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan.

14            Quien madruge para buscarla, no se fatigará,          que a su puerta la encontrará sentada.

15            Pensar en ella es la perfección de la prudencia,          y quien por ella se desvele, pronto se verá sin             cuidados.

16            Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella:          se les muestra benévola en los caminos          y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.

17            Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción,          la preocupación por la instrucción es el amor,

18            el amor es la observancia de sus leyes,          la atención a las leyes es la garantía de la             incorruptibilidad

19            y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios;

20            por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza.

21            Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos,          apreciad la Sabiduría para reinéis eternamente.

22            Qué es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar;          no os ocultaré los misterios,          sino que seguiré sus huellas desde el comienzo de su             existencia,          pondré su conocimiento al descubierto          y no me apartaré de la verdad.

23            Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina,          que nada tiene que ver con la Sabiduría.

24            Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo          y un rey prudente, la estabilidad del pueblo.

25            Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.

Sabiduría   7

1              Yo también soy un hombre mortal como todos,          un descendiente del primero que fue formado de la             tierra.      En el seno de una madre fui hecho carne;

2              durante diez meses fui modelado en su sangre,          de una semilla de hombre y del placer que acompaña al             sueño.

3              Yo también, una vez nacido, aspiré el aire común,          caí en la tierra que a todos recibe por igual          y mi primera voz fue la de todos: lloré.

4              Me crié entre pañales y cuidados.

5              Pues no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia;

6              una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida.

7              Por eso pedí y se me concedió la prudencia;          supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.

8              Y la preferí a cetros y tronos          y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella.

9              Ni a la piedra más preciosa la equiparé,          porque todo el oro a su lado es un puñado de arena          y barro parece la plata en su presencia.

10            La amé más que la salud y la hermosura          y preferí tenerla a ella más que a la luz,          porque la claridad que de ella nace no conoce noche.

11            Con ella me vinieron a la vez todos los bienes,          y riquezas incalculables en sus manos.

12            Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae,          aunque ignoraba que ella fuese su madre.

13            Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico;          no me guardo ocultas sus riquezas

14            porque es para los hombres un tesoro inagotable          y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios          recomendados por los dones que les trae la             instrucción.

15            Concédame Dios hablar según él quiere          y concebir pensamientos dignos de sus dones,          porque él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige             a los sabios;

16            que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos          con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar.

17            Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres,          para conocer la estructura del mundo y la actividad de             los elementos,

18            el principio, el fin y el medio de los tiempos,          los cambios de los solsticios y la sucesión de las             estaciones,

19            los ciclos del año y la posición de las estrellas,

20            la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras,          el poder de los espíritus y los pensamientos de los             hombres, las variedades de las plantas y las             virtudes de las raíces.

21            Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí,          porque el artífice de todo, la Sabiduría, me lo             enseñó.

22            Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo,          único, múltiple, sutil,          ágil, perspicaz, inmaculado,          claro, impasible, amante del bien, agudo,

23            incoercible, bienhechor, amigo del hombre,          firme, seguro, sereno,          que todo lo puede, todo lo observa,          penetra todos los espíritus,          los inteligentes, los puros, los más sutiles.

24            Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría,          todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza.

25            Es un hálito del poder de Dios,          una emanación pura de la gloria del Omnipotente,          por lo que nada manchado llega a alcanzarla.

26            Es un reflejo de la luz eterna,          un espejo sin mancha de la actividad de Dios,          una imagen de su bondad.

27            Aun siendo sola, lo puede todo;          sin salir de sí misma, renueva el universo;          en todas las edades, entrando en las almas santas,          forma en ellas amigos de Dios y profetas,

28            porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría.

29            Es ella, en efecto, más bella que el sol,          supera a todas las constelaciones;          comparada con la luz, sale vencedora,

30            porque a la luz sucede la noche,          pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad.

Sabiduría   8

1              Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo          y gobierna de excelente manera el universo.

2              Yo la amé y la pretendí desde mi juventud;          me esforcé por hacerla esposa mía          y llegué a ser un apasionado de su belleza.

3              Realza su nobleza por su convivencia con Dios,          pues el Señor de todas las cosas la amó.

4              Pues está iniciada en la ciencia de Dios          y es la que elige sus obras.

5              Si en la vida la riqueza es una posesión deseable,          ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace?

6              Si la inteligencia es creadora,          ¿quién sino la Sabiduría es el artífice de cuanto             existe?

7              ¿Amas la justicia?      Las virtudes son sus empeños,          pues ella enseña la templanza y la prudencia,          la justicia y la fortaleza:          lo más provechoso para el hombre en la vida.

8              ¿Deseas además gran experiencia?      Ella conoce el pasado y conjetura el porvenir,          sabe interpretar las máximas y resolver los enigmas,          conoce de antemano las señales y los prodigios,          así como la sucesión de épocas y tiempos.

9              Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida,          sabiendo que me sería una consejera para el bien          y un aliento en las preocupaciones y penas:

10            «Tendré gracias a ella gloria entre la gente,          y, aunque joven, honor ante los ancianos.

11            Apareceré agudo en el juicio          y en presencia de los poderosos seré admirado.

12            Si callo, esperarán;          si hablo, prestarán atención;          si me alargo hablando, pondrán la mano en su boca.

13            Gracias a ella tendré la inmortalidad          y dejaré recuerdo eterno a los que después de mí             vengan.

14            Gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas.

15            Oyendo hablar de mí, soberanos terribles temerán.      Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la             guerra.

16            Vuelto a casa, junto a ella descansaré,          pues no causa amargura su compañía          ni tristeza la convivencia con ella,          sino satisfacción y alegría».

17            Pensando esto conmigo mismo          y considerando en mi corazón          que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la             Sabiduría,

18            en su amistad un placer bueno,          en los trabajos de sus manos inagotables riquezas,          prudencia en cultivar su trato          y prestigio en conversar con ella,          por todos los medios buscaba la manera de hacérmela             mía.

19            Era yo un muchacho de buen natural,          me cupo en suerte un alma buena,

20            o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado;

21            pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba,          - y ya era un fruto de la prudencia saber de quién             procedía esta gracia -          recurrí al Señor y le pedí,          y dije con todo mi corazón:

Sabiduría   9

1              «Dios de los Padres, Señor de la misericordia,          que hiciste el universo con tu palabra,

2              y con tu Sabiduría formaste al hombre          para que dominase sobre los seres por ti creados,

3              administrase el mundo con santidad y justicia          y juzgase con rectitud de espíritu,

4              dame la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono,          y no me excluyas del número de tus hijos.

5              Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva,          un hombre débil y de vida efímera,          poco apto para entender la justicia y las leyes.

6              Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres,          si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada             será tenido.

7              Tú me elegiste como rey de tu pueblo,          como juez de tus hijos y tus hijas;

8              tú me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo          y un altar en la ciudad donde habitas,          imitación de la Tienda santa que habías preparado             desde el principio.

9              Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras,          que estaba presente cuando hacías el mundo,          que sabe lo que es agradable a tus ojos,          y lo que es conforme a tus mandamientos.

10            Envíala de los cielos santos,          mándala de tu trono de gloria          para que a mi lado participe en mis trabajos          y sepa yo lo que te es agradable,

11            pues ella todo lo sabe y entiende.      Ella me guiará prudentemente en mis empresas          y me protegerá con su gloria.

12            Entonces mis obras serán aceptables,          juzgaré a tu pueblo con justicia          y seré digno del trono de mi padre.

13            ¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios?          ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere?

14            Los pensamientos de los mortales son tímidos          e inseguras nuestras ideas,

15            pues un cuerpo corruptible agobia el alma          y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de             preocupaciones.

16            Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra          y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance;          ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los             cielos?

17            Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría          y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?

18            Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra,          así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada          y gracias a la Sabiduría se salvaron.»

Sabiduría  10

1              Ella protegió al primer modelado, padre del mundo,          que había sido creado solo;          ella le sacó de su caída

2              y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.

3              Pero cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella,          pereció por su furor fraticida.

4              Cuando por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó          conduciendo al justo en un vulgar leño.

5              En la confusión que siguió a la común perversión de las naciones,          ella conoció al justo, le conservó irreprochable ante             Dios          y le mantuvo firme contra el entrañable amor a su             hijo.

6              Ella, en el exterminio de los impíos, libró al justo          cuando escapaba del fuego que bajaba sobre Pentápolis.

7              Como testimonio de aquella maldad          queda todavía una tierra desolada humeando,          unas plantas cuyos frutos no alcanzan sazón a su             tiempo,          y, como monumento de un alma incrédula, se alza una             columna de sal.

8              Pues, por haberse apartado del camino de la Sabiduría,          no sólo sufrieron la desgracia de no conocer el bien,          sino que dejaron además a los vivientes un recuerdo de             su insensatez,          para que ni sus faltas pudieran quedar ocultas.

9              En cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas.

10            Ella al justo que huía de la cólera de su hermano          le guió por caminos rectos;          le mostró el reino de Dios          y le dio el conocimiento de cosas santas;          le dio éxito en sus duros trabajos          y multiplicó el fruto de sus fatigas;

11            le asistió contra la avaricia de sus opresores          y le enriqueció;

12            le preservó de sus enemigos          y le protegió de los que le tendían asechanzas;          y le concedió la palma en un duro combate          para enseñarle que la piedad contra todo prevalece.

13            Ella no desamparó al justo vendido,          sino que le libró del pecado;

14            bajó con él a la cisterna          y no le abandonó en las cadenas,          hasta entregarle el cetro real          y el poder sobre sus tiranos,          hasta mostrar mentirosos a sus difamadores          y concederle una gloria eterna.

15            Ella libró de una nación opresora          a un pueblo santo y a una raza irreprochable.

16            Entró en el alma de un servidor del Señor          e hizo frente a reyes temibles con prodigios y             señales;

17            pagó a los santos el salario de sus trabajos;          los guió por un camino maravilloso,          fue para ellos cobertura durante el día          y lumbre de estrellas durante la noche;

18            les abrió paso por el mar Rojo          y los condujo a través de las inmensas aguas,

19            mientras a sus enemigos los sumergió          y luego los hizo saltar de las profundidades del             abismo.

20            De este modo los justos despojaron a los impíos;          entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre          y unánimes celebraron tu mano protectora,

21            porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos          e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.

Sabiduría  11

1              Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.

2              Atravesaron un desierto deshabitado          y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;

3              hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.

4              Tuvieron sed y te invocaron:          de una roca abrupta se les dio agua,          de una piedra dura, remedio para su sed.

5              Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo,          fue para ellos en su apuro un beneficio.

6              En vez de la fuente perenne de un río          enturbiado por una mezcla de sangre y barro

7              en pena de su decreto infanticida,          diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,

8              mostrándoles por la sed que entonces sufrieron          de qué modo habías castigado a sus adversarios.

9              Pues cuando sufrieron su prueba          - si bien con misericordia corregidos -          conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran             torturados;

10            pues a ellos los habías probado como padre que amonesta,          pero a los otros los habías castigado como rey severo             que condena.

11            Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían,

12            pues una doble tristeza se apoderó de ellos,          y un lamento con el recuerdo del pasado:

13            porque, al oír que lo mismo que era su castigo,          era para los otros un beneficio,          reconocieron al Señor;

14            pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio,          al final de los acontecimientos le admiraron          después de padecer una sed bien diferente de la de los             justos.

15            Por sus locos e inicuos pensamientos          por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón             y bichos despreciables,          les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin             razón,

16            para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.

17            Pues bien podía tu mano omnipotente          - ella que de informe materia había creado el mundo -          enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces             leones,

18            o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor,         respirando aliento de fuego,          lanzando humo hediondo          o despidiendo de sus ojos terribles centellas,

19            capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques,          sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.

20            Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir,          perseguidos por la Justicia,          aventados por el soplo de tu poder.      Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso.

21            Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano.          ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo?

22            Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia,          como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la             tierra.

23            Te compadeces de todos porque todo lo puedes          y disimulas los pecados de los hombres para que se             arrepientan.

24            Amas a todos los seres          y nada de lo que hiciste aborreces,          pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.

25            Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido?          ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses             llamado?

26            Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida,

Sabiduría  12

1              pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas.

2              Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen;          les amonestas recordándoles en qué pecan          para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.

3              A los antiguos habitantes de tu tierra santa

4              los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones,          prácticas de hechicería, iniciaciones impías.

5              A estos despiadados asesinos de sus hijos,          devoradores de entrañas en banquetes de carne humana y             de sangre,          a estos iniciados en bacanales,

6              padres asesinos de seres indefensos,          habías querido destruirlos a manos de nuestros padres,

7              para que la tierra que te era la más apreciada de todas,          recibiera una digna colonia de hijos de Dios.

8              Pero aun con éstos, por ser hombres, te mostraste indulgente,          y les enviaste avispas, como precursoras de tu             ejército,          que les fuesen poco a poco destruyendo.

9              No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos,          o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una             palabra inexorable,

10            sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse;          aun sabiendo que era su natural perverso,          su malicia innata,          y que jamás cambiaría su manera de pensar

11            por ser desde el comienzo una raza maldita.      Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus             pecados.

12            Pues ¿quién podría decirte: «¿Qué has hecho?»          ¿Quién se opondría a tu sentencia?          ¿Quién te citaría a juicio por destruir naciones por             ti creadas?          ¿Quién se alzaría contra ti como vengador de hombres             inicuos?

13            Pues fuera de ti no hay un Dios que de todas las cosas cuide,          a quien tengas que dar cuenta de la justicia de tus             juicios;

14            ni hay rey ni soberano que se te enfrente en favor de los que has castigado.

15            Sino que, como eres justo, con justicia administras el universo,          y miras como extraño a tu poder          condenar a quien no merece ser castigado.

16            Tu fuerza es el principio de tu justicia          y tu señorío sobre todos los seres te hace indulgente             con todos ellos

17            Ostentas tu fuerza a los que no creen en la plenitud de tu poder,          y confundes la audacia de los que la conocen.

18            Dueño de tu fuerza, juzgas con moderación          y nos gobiernas con mucha indulgencia          porque, con sólo quererlo, lo puedes todo.

19            Obrando así enseñaste a tu pueblo          que el justo debe ser amigo del hombre,          y diste a tus hijos la buena esperanza          de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

20            Pues si a los enemigos de tus hijos, merecedores de la muerte,         con tanto miramiento e indulgencia los castigaste          dándoles tiempo y lugar para apartarse de la maldad,

21            ¿con qué consideración no juzgaste a los hijos tuyos,          a cuyos padres con juramentos y pactos tan buenas             promesas hiciste?

22            Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con moderación,          para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad          y, al ser juzgados, esperemos tu misericordia.

23            Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida insensata          les atormentaste con sus mismas abominaciones.

24            Demasiado, en verdad, se habían desviado por los caminos del error,          teniendo por dioses a los más viles y despreciables,             animales,          dejándose engañar como pequeñuelos inconscientes.

25            Por eso, como a niños sin seso,          les enviaste una irrisión de castigo.

26            Pero los que con una reprimenda irrisoria no se enmendaron,          iban a experimentar un castigo digno de Dios.

27            A la vista de los seres que les atormentaban y les indignaban,         de aquellos seres que tenían por dioses y eran ahora             su castigo,          abrieron los ojos y reconocieron por el Dios verdadero                      a aquel que antes se negaban a conocer.      Por lo cual el supremo castigo descargó sobre ellos.

Sabiduría  13

1              Sí, vanos por naturaleza todos los hombres en quienes había ignorancia de Dios          y no fueron capaces de conocer por las cosas buenas             que se ven a Aquél que es,          ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice;

2              sino que al fuego, al viento, al aire ligero,          a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las             lumbreras del cielo          los consideraron como dioses, señores del mundo.

3              Que si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses,          sepan cuánto les aventaja el Señor de éstos,          pues fue el Autor mismo de la belleza quien los creó.

4              Y si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos,          deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquel que los             hizo;

5              pues de la grandeza y hermosura de las criaturas          se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.

6              Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión,          pues tal vez caminan desorientados          buscando a Dios y queriéndole hallar.

7              Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas,          y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se             presentan a los ojos!

8              Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables;

9              pues si llegaron a adquirir tanta ciencia          que les capacitó para indagar el mundo,          ¿cómo no llegaron primero a descubrir a su Señor?

10            Desgraciados, en cambio, y con la esperanza puesta en seres sin vida,          los que llamaron dioses a obras hechas por mano de             hombre,          al oro, a la plata, trabajados con arte,          a representaciones de animales          o a una piedra inútil, esculpida por mano antigua.

11            Un leñador abate con la sierra un árbol conveniente,          lo despoja diestramente de toda su corteza,          lo trabaja con habilidad          y fabrica un objeto útil a las necesidades de la vida.

12            Con los restos de su trabajo          se prepara la comida que le deja satisfecho.

13            Queda todavía un resto del árbol que para nada sirve,          un tronco torcido y lleno de nudos.      Lo toma y lo labra para llenar los ratos de ocio,          le da forma con la destreza adquirida en sus tiempos             libres;          le da el parecido de una imagen de hombre

14            o bien la semejanza de algún vil animal.      Lo pinta de bermellón, colorea de rojo su cuerpo          y salva todos sus defectos bajo la capa de pintura.

15            Luego le prepara un alojamiento digno          y lo pone en una pared asegurándolo con un hierro.

16            Mira por él, no se le caiga,          pues sabe que no puede valerse por sí mismo,          que sólo es una imagen y necesita que le ayuden.

17            Pues bien, cuando por su hacienda, bodas o hijos ruega,          no se le cae la cara al dirigirse a este ser sin vida.                  Y pide salud a un inválido,

18            vida a un muerto,          auxilio al más inexperto,          un viaje feliz al que ni de los pies se puede valer,

19            y para sus ganancias y empresas, para el exito en el trabajo de sus manos,          al ser más desmañado le pide destreza.

Sabiduría  14

1              Otro, preparándose a embarcar para cruzar el mar bravío,          invoca a un leño más frágil que la nave que le lleva.

2              Que a la nave, al fin, la inventó el afán de lucro,          y la sabiduría fue el artífice que la construyó;

3              y es tu Providencia, Padre, quien la guía,          pues también en el mar abriste un camino,          una ruta segura a través de las olas,

4              mostrando así que de todo peligro puedes salvar          para que hasta el inexperto pueda embarcarse.

5              No quieres que queden inactivas las obras de tu Sabiduría;          por eso, a un minúsculo leño fían los hombres su vida,                      cruzan el oleaje en una barquichuela y arriban salvos             a puerto.

6              También al principio, mientras los soberbios gigantes perecían,          se refugió en una barquichuela la esperanza del mundo,                      y, guiada por tu mano, dejó al mundo semilla de una             nueva generación.

7              Pues bendito es el leño por el que viene la justicia,

8              pero el ídolo fabricado, maldito él y el que lo hizo;          uno por hacerle, el otro porque, corruptible, es             llamado dios,

9              y Dios igualmente aborrece al impío y su impiedad;

10            ambos, obra y artífice, serán igualmente castigados.

11            Por eso también habrá una visita para los ídolos de las naciones,          porque son una abominación entre las criaturas de             Dios,          un escándalo para las almas de los hombres,          un lazo para los pies de los insensatos.

12            La invención de los ídolos fue el principio de la fornicación;         su descubrimiento, la corrupción de la vida.

13            No los hubo al principio ni siempre existirán;

14            por la vanidad de los hombres entraron en el mundo          y, por eso, está decidido su rápido fin.

15            Un padre atribulado por un luto prematuro          encarga una imagen del hijo malogrado;          al hombre muerto de ayer, hoy como un dios le venera          y transmite a los suyos misterios y ritos.

16            Luego, la impía costumbre, afianzada con el tiempo, se acata como ley.

17            También por decretos de los soberanos recibían culto las estatuas.      Unos hombres que, por vivir apartados, no les podían             honrar en persona, representaron su lejana figura          encargando una imagen, reflejo del rey venerado;          así lisonjearían con su celo al ausente como si             presente se hallara.

18            A extender este culto contribuyó la ambición del artista          y arrastró incluso a quienes nada del rey sabían;

19            pues deseoso, sin duda, de complacer al soberano,          alteró con su arte la semejanza para que saliese más             bella,

20            y la muchedumbre seducida por el encanto de la obra,          al que poco antes como hombre honraba, le consideró ya             objeto de adoración.

21            De aquí provino la asechanza que se le tendió a la vida:          que, víctimas de la desgracia o del poder de los             soberanos,          dieron los hombres a piedras y leños el Nombre             incomunicable.

22            Luego, no bastó con errar en el conocimiento de Dios;          viviendo además la guerra que esta ignorancia les             mueve,          ellos a tan graves males les dan el nombre de paz.

23            Con sus ritos infanticidas, sus misterios secretos,          sus delirantes orgías de costumbres extravagantes,

24            ni sus vidas ni sus matrimonios conservan ya puros.      Uno elimina a otro a traición o le aflige dándole             bastardos;

25            por doquiera, en confusión, sangre y muerte, robo y fraude,          corrupción, deslealtad, agitación, perjurio,

26            trastorno del bien, olvido de la gratitud,          inmundicia en las almas, inversión en los sexos,          matrimonios libres, adulterios, libertinaje.

27            Que es culto de los ídolos sin nombre principio, causa y término de todos los males.

28            Porque o se divierten alocadamente,          o manifiestan oráculos falsos,          o viven una vida de injusticia,          o con toda facilidad perjuran:

29            como los ídolos en que confían no tienen vida,          no esperan que del perjurio se les siga algún mal.

30            Una justa sanción les alcanzará, sin embargo, por doble motivo:          por formarse de Dios una idea falsa al darse a los             ídolos          y por jurar injustamente contra la verdad          con desprecio de toda santidad.

31            Que no es el poder de aquellos en cuyo nombre juran;          es la sanción que merece todo el que peca,          la que persigue siempre la transgresión de los             inicuos.

Sabiduría  15

1              Mas tú, Dios nuestro, eres bueno y verdadero,          paciente y que con misericordia gobiernas el universo.

2              Aunque pequemos, tuyos somos, porque conocemos tu poder;          pero no pecaremos, porque sabemos que somos contados             por tuyos.

3              Pues el conocerte a ti es la perfecta justicia          y conocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.

4              A nosotros no nos extraviaron las creaciones humanas de un arte perverso,          ni el inútil trabajo de los pintores,          figuras embadurnadas de colores abigarrados,

5              cuya contemplación despierta la pasión en los insensatos          que codician la figura sin aliento de una imagen             muerta.

6              Apasionados del mal son y dignos de tales esperanzas          los que las crean, los que las codician, los que las             adoran.

7              Un alfarero trabaja laboriosamente la tierra blanda          y modela diversas piezas, todas para nuestro uso;          unas van destinadas a usos nobles, otras al contrario,                      pero todas las modela de igual manera y de la misma             arcilla.      Sobre el servicio diverso que unas y otras han de prestar,                      es el alfarero quien decide.

8              Pero luego - ¡mala pena que se toma! - de la misma arcilla modela una vana divinidad.      Y la modela él, que poco ha nació de la tierra          y que pronto habrá de volver a la tierra de donde fue             sacado,          cuando le reclamen la devolución de su alma.

9              Pero no se preocupa de que va a morir,          de que es efímera su vida;          antes rivaliza con orfebres y plateros,          imita las obras del broncista          y se ufana de modelar falsificaciones.

10            Escoria es su corazón,          más vil que la tierra su esperanza,          más abyecta que la arcilla su vida,

11            porque desconoció al que le modeló a él,          al que le inspiró un alma activa          y le infundió un espíritu vivificante.

12            Piensa que la existencia es un juego de niños          y la vida, un lucrativo mercado:          «Es preciso ganar, dice, por todos los medios, aun             malos.»

13            Este hombre más que nadie sabe que peca,          como quien de una misma masa de tierra fabrica             frágiles piezas y estatuas de ídolos.

14            Insensatos todos en sumo grado y más infelices que el alma de un niño,          los enemigos de tu pueblo que un día le oprimieron;

15            como que tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles,          que no pueden valerse de los ojos para ver,          ni de la nariz para respirar,          ni de los oídos para oír,          ni de los dedos de las manos para tocar,          y sus pies son torpes para andar.

16            Al fin, un hombre los hizo,          uno que recibió en préstamo el espíritu los modeló;          y no hay hombre que modele un dios igual a sí mismo;

17            mortal como es, un ser muerto produce con sus manos impías.      Vale ciertamente más que las cosas que adora:          él, un tiempo al menos, goza de vida, ellos jamás.

18            Adoran, además, a los bichos más repugnantes          que en estupidez superan a todos los demás;

19            ni siquiera poseen la belleza de los animales que, a su modo, cautiva al contemplarlos;          están excluidos de la aprobación de Dios y de su             bendición.

Sabiduría  16

1              Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados;          una multitud de bichos les sometieron a tormento.

2              En vez de tal castigo, concediste favores a tu pueblo:          para satisfacer su voraz apetito,          les preparaste como alimento          un manjar exquisito: codornices;

3              para que aquéllos, aun ansiando el alimento,          por el asqueroso aspecto de los bichos que les             enviabas,          hasta el apetito natural perdiesen,          y éstos, pasadas unas breves privaciones,          viniesen a gustar manjares exquisitos.

4              Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable,          mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de             tormento que sus enemigos padecían.

5              Incluso cuando cayó sobre ellos la ira terrible de animales feroces,          cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían,                      no persistió tu cólera hasta el fin.

6              Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo,          pues tenían una señal de salvación como recuerdo del             mandamiento de tu Ley;

7              y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba,          sino por ti, Salvador de todos.

8              De este modo convenciste a nuestros enemigos          de que tú eres el que libras de todo mal:

9              a ellos picaduras de langostas y moscas los mataban,          - y bien merecían que bichos tales los castigasen -          sin que remedio hallaran para su vida;

10            a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron,          pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó.

11            Las mordeduras - pronto curadas - les recordaban tus preceptos         no fuera que, cayendo en profundo olvido,          se vieran excluidos de tu liberalidad.

12            Ni los curó hierba ni emplasto alguno,          sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.

13            Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte,          haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir.

14            El hombre, en cambio, puede matar por su maldad,          pero no hacer tornar al espíritu que se fue,          ni liberar al alma ya acogida en el Hades.

15            Es imposible escapar de tu mano.

16            Los impíos que rehusaban conocerte          fueron fustigados por la fuerza de tu brazo;          lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables             los persigueron          y el fuego los devoró.

17            Y lo más extraño era que con el agua, que todo lo apaga,          el fuego cobraba una violencia mayor.      El universo, en efecto, combate en favor de los justos.

18            Las llamas unas veces se amansaban          para no consumir a los animales enviados contra los             impíos,          y darles a entender, por lo que veían, que el juicio             de Dios les hostigaba;

19            pero otras, aun en medio de las aguas, abrasaban con fuerza superior a la del fuego          para destruir las cosechas de una tierra inicua.

20            A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles;          les suministraste, sin cesar desde el ciel un pan ya             preparado          que podía brindar todas las delicias y satisfacer             todos los gustos.

21            El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos          pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba,          se tranformaba en lo que cada uno quería.

22            Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse,          para que supieran que el fuego, para destruir las             cosechas de sus enemigos,          entre el granizo abrasaba y fulguraba entre la lluvia,

23            mientras que, para que los justos pudieran sustentarse,          hasta de su natural poder se olvidaba.

24            Porque la creación, sirviéndote a ti, su Hacedor,          se embravece para castigo de los inicuos          y se amansa en favor de los que en ti confían.

25            Por eso, también entonces, cambiándose en todo,          servía a tu liberalidad que a todos sustenta,          conforme al deseo de los necesitados.

26            De este modo enseñabas a tus hijos queridos, Señor,          que no son las diversas especies de frutos los que             alimentan al hombre,          sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen             en ti.

27            El fuego no alcanzaba a disolver          lo que sencillamente derretía el calor de un breve             rayo de sol.

28            Con ello le enseñabas que debían adelantarse al sol para darte gracias          y recurrir a ti al rayar el día,

29            pues la esperanza del ingrato como escarcha invernal se derrite          y corre como agua inútil.

Sabiduría  17

1              Grandes son en verdad tus juicios e inenarrables,          por donde almas ignorantes se vinieron a engañar.

2              Imaginaban los impíos que podrían oprimir a una nación santa;          y se encontraron prisioneros de tinieblas, en larga             noche trabados,          recluidos en sus casas, desterrados de la Providencia             eterna.

3              Creían que se mantendrían ocultos con sus secretos pecados          bajo el oscuro velo del olvido;          y se vieron dispersos, presa de terrible espanto,          sobresaltados por apariciones.

4              Pues ni el escondrijo que les protegía les libraba del miedo;          que también allí resonaban ruidos escalofriantes          y se aparecían espectros sombríos de lúgubre aspecto.

5              No había fuego intenso capaz de alumbrarles,          ni las brillantes llamas de las estrellas          alcanzaban a esclarecer aquella odiosa noche.

6              Tan sólo una llamarada, por sí misma encendida,          se dejaba entrever sembrando el terror;          pues en su espanto, al desaparecer la visión,          imaginaban más horrible aún lo que acababan de ver.

7              Los artificios de la magia resultaron ineficaces;          con gran afrenta quedó refutado su pretendido saber,

8              pues los que prometían expulsar miedos y sobresaltos de las almas enloquecidas,          enloquecían ellos mismos con ridículos temores.

9              Incluso cuando otro espanto no les atemorizara,          sobresaltados por el paso de los bichos y el silbido             de los reptiles,

10            se morían de miedo,          y rehusaban mirar aquel aire que de ninguna manera             podían evitar.

11            Cobarde es, en efecto, la maldad y ella a sí misma se condena;         acosada por la conciencia imagina siempre lo peor;

12            pues no es otra cosa el miedo          sino el abandono del apoyo que presta la reflexión;

13            y cuanto menos se cuenta con los recursos interiores,          tanto mayor parece la desconocida causa que produce el             tormento.

14            Durante aquella noche verdaderamente inerte,          surgida de las profundidades del inerte Hades,          en un mismo sueño sepultados,

15            al invadirles un miedo repentino e inesperado,          se vieron, de un lado, perseguidos de espectrales             apariciones          y, de otro, paralizados por el abandono de su alma.

16            De este modo, cualquiera que en tal situación cayera,          quedaba encarcelado, encerrado en aquella prisión sin             hierros;

17            ya fuera labrador o pastor,          o bien un obrero dedicado en la soledad a su trabajo,          sorprendido, soportaba la ineludible necesidad,

18            atados todos como estaban por una misma cadena de tinieblas.      El silbido del viento,          el melodioso canto de las aves en la enramada,          el ruido regulado del agua que corría impetuosa,

19            el horrísimo fragor de rocas que caían de las alturas,          la invisible carrera de animales que saltando pasaban,                      el rugido de las fieras más salvajes,          el eco que devolvían las oquedades de las montañas,          todo les aterrorizaba y les dejaba paralizados.

20            Estaba entonces el mundo entero iluminado de luz esplendorosa,         y, sin traba alguna, se ocupaba en sus quehaceres;

21            sólo sobre ellos se extendía pesada noche,          imagen de las tinieblas que les esperaban recibir.      Aunque ellos a sí mismos se eran más pesados que las             tinieblas.

Sabiduría  18

1              Entre tanto para tus santos había una grandísima luz. Los egipcios, que oían su voz aunque no distinguían su figura,          les proclamaban dichosos por no haber padecido ellos             también;

2              les daban gracias porque agraviados no se vengaban          y les pedían perdón por su conducta hostil.

3              En vez de tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego,          guía a través de rutas desconocidas,          y sol inofensivo en su gloriosa emigración.

4              Bien merecían verse de luz privados y prisioneros de tinieblas,          los que en prisión tuvieron encerrados a aquellos             hijos tuyos          que habían de dar al mundo la luz incorruptible de la             Ley.

5              Por haber decretado matar a los niños de los santos,          salvándose de los hijos expuestos uno tan sólo,          les arrebataste en castigo la multitud de sus hijos          y a ellos, a una, les hiciste perecer bajo la             violencia de las aguas.

6              Aquella noche fue previamente conocida por nuestros padres, para que se confortasen al reconocer firmes los juramentos  en que creyeron.

7              Tu pueblo esperaba a la vez          la salvación de los justos y la destrucción de sus             enemigos.

8              Y, en efecto, con el castigo mismo de nuestros adversarios,          nos colmaste de gloria llamándonos a ti.

9              Los santos hijos de los buenos ofrecieron sacrificios en secreto          y establecieron unánimes esta ley divina:          que los santos correrían en común las mismas aventuras             y riesgos;          y, previamente, cantaron ya los himnos de los Padres.

10            A estos cánticos respondía el discordante clamor de sus enemigos,          se disfundían los lamentos de los que lloraban a sus             hijos.

11            Un mismo castigo alcanzaba al esclavo y al señor;          el hombre del pueblo sufría la misma pena que el rey.

12            Todos a la vez contaban con muertos innumerables          abatidos por un mismo género de muerte.      Los vivos no se bastaban a darles sepultura,          como que, de un solo golpe, había caído la flor de su             descendencia.

13            Mantenidos en absoluta incredulidad por los artificios de la magia,          acabaron por confesar, ante la muerte de sus             primogénitos,          que aquel pueblo era hijo de Dios.

14            Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía          y la noche se encontraba en la mitad de su carrera,

15            tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero,          saltó del cielo, desde el trono real,          en medio de una tierra condenada al exterminio.      Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable,

16            se detuvo y sembró la muerte por doquier;          y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra.

17            Entonces, de repente, sueños y horribles visiones les sobresaltaron,          les sobrevinieron terrores imprevistos.

18            Aquí y allá tendidos, ya moribundos, daban a conocer la causa de su muerte,

19            pues los sueños que les habían pertubado, se lo habían indicado a tiempo          para que no muriesen sin saber la razón de su             desgracia.

20            También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte;          una multitud de ellos pereció en el desierto.      Pero no duró la Cólera mucho tiempo,

21            que pronto un hombre irreprochable salió en su defensa.      Con las armas de su propio ministerio,          la oración y el incienso expiatorio,          se enfrentó a la ira y dio fin a la plaga,          mostrando con ello que era en verdad siervo tuyo.

22            Y venció a la Cólera no con la fuerza de su cuerpo,          ni con el poder de las armas,          sino que sometió con su palabra al que traía el             castigo          recordándole los juramentos hechos a los Padres y las             alianzas.

23            Cuando ya los muertos, unos sobre otros, yacían hacinados,          frenó, interponiéndose, el avance de la Cólera          y le cerró el camino hacia los que todavía vivían.

24            Llevaba en su vestido talar el mundo entero,          grabados en cuatro hileras de piedras los nombres             gloriosos de los Padres          y tu majestad en la diadema de su cabeza.

25            Ante esto, el Exterminador cedió y se atemorizó;          pues era suficiente la sola experiencia de tu Cólera.

Sabiduría  19

1              Pero, sobre los impíos, descargó hasta el fin una ira sin misericordia,          pues Dios sabía de antemano lo que iban a tramar:

2              que, luego de permitir marchar a su pueblo y apremiarle en su partida,          mudando de parecer, saldrían a perseguirle.

3              Ocupados estaban todavía en su duelo          y lamentándose junto a las tumbas de sus muertos,          cuando concibieron otro proyecto insensato:          a los que con ruegos despacharon, dieron en             perseguirlos como fugitivos.

4              Una justa fatalidad los arrastraba a tales extremos          y les borraba el recuerdo de los sucesos precedentes;          así completarían con un nuevo castigo lo que a sus             tormentos faltaba,

5              así mientras tu pueblo gozaba de un viaje maravilloso,          ellos encontrarían una muerte extraña.

6              Pues para preservar a tus hijos de todo daño,          la creación entera, obediente a tus órdenes,          se rehízo de nuevo en su propia naturaleza.

7              Se vio una nube proteger con su sombra el campamento,          emerger del agua que la cubría una tierra enjuta,          del mar Rojo un camino expedito,          una verde llanura del oleaje impetuoso,

8              por donde, formando un solo pueblo,          pasaron los que tu mano protegía          mientras contemplaban tan admirables prodigios.

9              Como caballos se apacentaban,          y retozaban como corderos          alabándote a ti, Señor que los habías liberado.

10            Recordaban todavía lo sucedido en su destierro,          cómo, en vez de nacer los mosquitos de animales, los             produjo la tierra,          cómo, en vez de nacer las ranas de seres acuáticos,             las vomitó el Río en abundancia.

11            Más tarde, vieron además un modo nuevo de nacer las aves;          cuando, llevados de la gula, pidieron manjares             delicados,

12            para satisfacerles, subieron codornices desde el mar.

13            Mas sobre los pecadores cayeron los castigos,          precedidos, como aviso, de la violencia de los rayos.      Con toda justicia sufrían por sus propias maldades,          por haber extremado su odio contra el extranjero.

14            Otros no recibieron a unos desconocidos a su llegada.          pero éstos redujeron a esclavitud a huéspedes             bienhechores.

15            Además habrá una visita para ellos          porque recibieron hostilmente a los extranjeros…

16            pero éstos, después de acoger con fiestas          a los que ya participaban en los mismos derechos que             ellos,          los aplastaron con terribles trabajos.

17            Por eso, también fueron éstos heridos de ceguera,          como aquéllos a las puertas del justo,          cuando, envueltos en inmensas tinieblas,          buscaba cada uno el acceso a su puerta.

18            Los elementos se adaptaron de una nueva manera entre sí          como cambian la naturaleza del ritmo los sonidos en un             salterio          sin que cambie por eso su tonalidad,          cosa que se puede deducir claramente examinando lo             sucedido.

19            Seres terrestres se tornaban acuáticos,          y los que nadan pasaban a caminar sobre la tierra.

20            El fuego aumentaba en el agua su fuerza natural          y el agua olvidaba su poder de apagar.

21            Por el contrario, las llamas no consumían          las carnes de los endebles animales que sobre ellas             caminaban,          ni fundían aquel alimento divino,          parecido a la escarcha, tan fácil de derretirse.

22            En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y le glorificaste,          y no te descuidaste en asistirle en todo tiempo y en             todo lugar.

ECLESIÁSTICO

Eclesiástico   0

1              Muchas e importantes lecciones se nos han transmitido

2              por la Ley, los Profetas y los otros que les han seguido,

3              por las cuales bien se debe encomiar a Israel por su instrucción y sabiduría.

4              Mas como es razón que no sólo los lectores se hagan sabios,

5              sino que puedan también estos amigos del saber ser útiles a los de fuera,

6              tanto de palabra como por escrito,

7              mi abuelo Jesús, después de haberse dado intensamente a la lectura

8              de la Ley,

9              los Profetas

10            y los otros libros de los antepasados,

11            y haber adquirido un gran dominio en ellos,

12            se propuso también él escribir algo en lo tocante a instrucción y sabiduría,

13            con ánimo de que los amigos del saber, lo aceptaran

14            y progresaran más todavía en la vida según la Ley.

15            Estáis, pues, invitados

16            a leerlo

17            con benevolencia y atención,

18            así como a mostrar indulgencia

19            allí donde se crea que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación,

20            no hemos podido acertar en alguna expresión.

21            Pues no tienen la misma fuerza

22            las cosas expresadas originalmente en hebreo que cuando se traducen a otra lengua.

23            Cosa que no sucede sólo en esto,

24            sino que también la misma Ley, los Profetas,

25            y los otros libros

26            presentan no pequeña diferencia respecto de lo que dice el original.

27            Fue, pues, en el año treinta y ocho del rey Evergetes

28            cuando, después de venir a Egipto y residir allí,

29            encontré una obra de no pequeña enseñanza,

30            y juzgué muy necesario aportar yo también algún interés y esfuerzo para traducir este libro.

31            Mucha vigilia y ciencia he puesto en juego

32            durante este período,

33            hasta llegar a buen término y publicar el libro

34            para uso de aquellos que, en el extranjero, quieren ser amigos del saber,

35            y conformar sus costumbres a una vida de acuerdo con la Ley.

Eclesiástico   1

1              Toda sabiduría viene del Señor,          y con él está por siempre.

2              La arena de los mares, las gotas de la lluvia,          los días de la eternidad, ¿quién los puede contar?

3              La altura del cielo, la anchura de la tierra,          la profundidad del abismo, ¿quién los alcanzará?

4              Antes de todo estaba creada la Sabiduría,          la inteligente prudencia desde la eternidad.

6              La raíz de la sabiduría ¿a quién fue revelada?,          sus recursos, ¿quién los conoció?

8              Sólo uno hay sabio, en extremo temible,          el que en su trono está sentado.

9              El Señor mismo la creó,          la vio y la contó          y la derramó sobre todas sus obras,

10            en toda carne conforme a su largueza,          y se la dispensó a los que le aman.

11            Gloria es y orgullo el temor del Señor,          contento y corona de júbilo.

12            El temor del Señor recrea el corazón,          da contento y recocijo y largos días.

13            Para el que teme al Señor, todo irá bien al fin,          en el día de su muerte se le bendecirá.

14            Principio de la sabiduría es temer al Señor,          fue creada en el seno materno juntamente con los             fieles.

15            Entre los hombres puso su nido, fundación eterna,          y con su linaje se mantendrá fielmente.

16            Plenitud de la sabiduría es temer al Señor,          ella les embriaga de sus frutos.

17            Toda su casa colma de cosas deseables,          y de sus productos sus graneros.

18            Corona de la sabiduría el temor del Señor,          ella hace florecer paz y buena salud.

19            (El la vio y la contó),          ciencia y conocimiento inteligente hizo llover,          y la gloria de los que la poseen exaltó.

20            Raíz de la sabiduría es temer al Señor,          sus ramas, los largos días.

22            No puede justificarse la pasión del injusto,          que el impulso de su pasión le hace caer.

23            Hasta su hora aguanta el que es paciente,          mas después se le brinda contento.

24            Hasta su hora oculta sus palabras,          y entonces muchos labios prolamarán su inteligencia.

25            En los tesoros de la sabiduría están las máximas de la ciencia,          mas abominación para el pecador es la piedad para con             Dios.

26            Si apeteces sabiduría, guarda los mandamientos,          y el Señor te la dispensará.

27            Pues sabiduría y enseñanza es el temor del Señor;          su complacencia, la fidelidad y mansedumbre.

28            No seas indócil al temor del Señor,          ni te acerques a él con corazón partido.

29            No seas hipócrita delante de los hombres,          pon guardia a tus labios.

30            No te exaltes a ti mismo, para no caer          y acarrearte deshonra,          porque el Señor revelaría tus secretos          y en medio de la asamblea te echaría por tierra,          por no haberte llegado al temor del Señor,          porque tu corazón está lleno de fraude.

Eclesiástico   2

1              Hijo, si te llegas a servir al Señor,          prepara tu alma para la prueba.

2              Endereza tu corazón, manténte firme,          y no te aceleres en la hora de la adversidad.

3              Adhiérete a él, no te separes,          para que seas exaltado en tus postrimerías.

4              Todo lo que te sobrevenga, acéptalo,          y en los reveses de tu humillación sé paciente.

5              Porque en el fuego se purifica el oro,          y los aceptos a Dios en el honor de la humillación.

6              Confíate a él, y él, a su vez, te cuidará,          endereza tus caminos y espera en él.

7              Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia,          y no os desviéis, para no caer.

8              Los que teméis al Señor, confiaos a él,          y no os faltará la recompensa.

9              Los que teméis al Señor, esperad bienes,          contento eterno y misericordia.

10            Mirad a las generaciones de antaño y ved:          ¿Quién se confió al Señor y quedó confundido?          ¿Quién perseveró en su temor y quedó abandonado?          ¿Quién le invocó y fue desatendido?

11            Que el Señor es compasivo y misericordioso,          perdona los pecados y salva en la hora de la             tribulación.

12            ¡Ay de los corazones flacos y las manos caídas,          del pecador que va po