TEMPLE: HISTORIA CRONOLÓGICA DE LA ORDEN

HISTORIA CRONOLÓGICA DE LA ORDEN

1.118/1.119 - Nos dice Guillermo, que fue canciller del Reino de Jerusalem y Obispo de Tiro en su “Historia rerum in partibus transmarinis gestarum” que:

“En aquel año de 1.119, ciertos nobles caballeros, llenos de devoción a Dios, religiosos y temerosos de Él, poniéndose en manos del señor patriarca para el servicio de Cristo, hicieron profesión de querer vivir perpetuamente siguiendo la costumbre de las reglas de los canónigos, observando la castidad y la obediencia y rechazando toda propiedad. Los primeros y principales de entre ellos fueron dos hombres venerables, Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer”

Otro historiador, (esta vez en el S XIII), Jacobo de Vitry, que fue obispo de Acre, nos cuenta asimismo ese acontecimiento en su “Historia orientalis seu hierosolymitana”. Este, nos añade algún dato más que el anterior:

“Se comprometieron a defender a los peregrinos contra los bandidos y ladrones, a proteger los caminos y a constituir la caballería del Rey Soberano”

“Observaban la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares..”

Al principio no fueron más que nueve… y durante nueve años, se vistieron con ropas seculares… ”

“Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo del Señor… y por esa razón se les llamó más tarde -templarios.”

Tenemos ya de entrada un problema para situar la fecha de inicio de la Orden o de presentación ante Balduino II. Algunos historiadores abogan por 1118 y otros por 1119. Dado que las crónicas son posteriores, y conociendo que el viaje a Europa de Hugo de Payens se produce en 1127, tomamos la de 1.119 ya que entre uno y otro pasan esos nueve años.

De todas formas, no se nos escapa que sus actividades se iniciaron mucho antes.

Hugo de Payens nació en Troyes, se supone que alrededor de 1.080. Fue oficial de la casa de Champagne y participó en la primera cruzada como responsable de las huestes del conde de Blois y de la Champagne. Se casó y tuvo un hijo “Teobaldo”. Falleció el 24 de mayo de 1136 siendo maestre del Temple.

Los caballeros fundadores de la Orden fueron, según la crónica:

Hugo de Payens

Godofredo de Saint-Omer

Godofredo Bisol

Payen de Montdidier

Archembaud de Saint Aignant

Andrés de Montbard

Gondemar

Hugo de Champagne

Jacques de Rossal.

En todo el proceso de formación de la Orden tiene un papel importante de apoyo o incluso de incitación a su formación, el Rey de Jerusalén Balduino II. Efectivamente estuvieron residiendo en una parte de su palacio (las caballerizas) pegado a la mezquita de Al-Aqsa, precisamente encima de las ruinas del templo de Salomón. Algo más tarde, los monjes custodios del Santo Sepulcro, les ceden un terreno contiguo a esas caballerizas.

Durante esos nueve años, los nueve caballeros se ganaron una justa fama en la defensa de los peregrinos. Si nos atenemos a las crónicas, durante ese tiempo no aceptaron a ningún hermano nuevo, pero nos dice la lógica que la protección de los caminos, aunque fuera solamente el de Jaffa-Ramleh-Jerusalem precisaba de más hombres para que fuera de la efectividad que se dice tenían. Por ello podemos pensar que aunque no fueran más que nueve los caballeros, debían de tener una pequeña tropa regular de soldados a sus órdenes.

1.127 - Es en este año en que Hugo de Payens y cinco de sus caballeros, portando una carta de presentación de Balduino II a Bernardo de Claraval y financiando el rey de Jerusalem el viaje, regresan a Europa.

En esa carta se pide a la iglesia que de protección a ese grupo de hombres y les ayude a cumplir su misión. Misión que era la de dar a conocer la Orden entre la nobleza europea y reclutar hombres para la Orden y lo que es lo mismo, para la protección de Tierra Santa. Pero la más importante misión era la de obtener la protección de Bernardo de Claraval, que era también sobrino de Andrés de Montbard, para obtener la autorización eclesiástica para la fundación de la Orden y la aprobación de su “regla” de vida.

La “regla”, llamada después primitiva o latina fue redactada en Oriente, probablemente con la ayuda del patriarca Balduino II. Se basa en la regla agustiniana, que rige a los canónigos regulares del Santo Sepulcro de Jerusalem pero discrepa de la misma en cuanto la del Temple hace referencia a la doble condición de monjes y de soldados, cosa impensable entre los seguidores de San Agustín.

Esta regla, de la que se dice que la última versión, antes de presentarse al concilio fue realizada por Bernardo de Claraval, fue escrita en latín, contaba con sesenta y ocho artículos y una introducción que resaltaba la dimensión de religiosos, de los monjes - soldados:

” A vosotros, que habéis hecho voluntaria renuncia de vuestras voluntades personales, que prestáis servicio de caballería al Rey con armas para la protección de vuestras almas, velad en un sentido universal al escuchar maitines y todos los servicios, según se establece en el lugar canónico y lo que dicten los maestres regulares de la santa ciudad de Jerusalem…”

1.128. - Contando con el apoyo de San Bernardo, el Maestre consigue que el Papa Honorio II convoque un concilio que autorizará eclesiásticamente la orden ya fundada.

Pensemos que en aquel tiempo, la convocatoria de un concilio no era tan inusual como en la actualidad. En aquel mismo año se celebró otro en Arras y tres años antes se habían celebrado cinco, pues después de la solución a la “querella de las investiduras” hacía falta ir precisando y solucionando los puntos de conflicto entre la Iglesia y el poder temporal.

El 14 de enero dan inicio las sesiones del concilio de Troyes. Asisten un cardenal (Mateo de Albano)que preside el concilio como legado papal en Francia, dos arzobispos, (los de Reims y Sens con sus obispos sufragáneos- 10 en total-), 6 abades, (los de Vézelay, Cîteaux, Clairvaux -San Bernardo-, Pontigny, Troisfontaines, Molesmes ), algunos personajes laicos tales como Teobaldo de Blois (conde de Champaña), Andrés de Baudement (senescal de champaña) el conde de Nevers y por supuesto una gran cantidad de clérigos del Cister que impulsó las ideas reformistas y cuya asistencia fue altamente positiva para llevar a buen fin la aprobación de la regla.

1.130. - Después del concilio se dedican a recorrer Europa en busca de caballeros y donaciones para la Orden. Consiguen importantes dádivas de la mayoría de las casas reinantes y establecen las bases de las provincias templarias en el continente, Inglaterra y Escocia. Antes de partir hacia oriente, lo que harán en compañía de Fulco de Anjou, que viajaba a Palestina para desposarse con la heredera del reino, Payens nombra a Payen de Montdidier “maestre de Francia” y este último se dirige a París mientras los demás parten a Tierra Santa. El balance de lo obtenido es muy positivo. En hombres, más de trescientos caballeros son los que se embarcan. En donaciones, además del oro se han conseguido los “relief” de importantes feudos y la propiedad de iglesias, derecho de limosnas de determinadas iglesias en días estipulados, granjas y lugares. En prestigio, se puede decir que tanto la iglesia como los poderes seculares conocen ya la nueva milicia.

En ese mismo año, escribe Bernardo de Claraval su “De laude novae militiae” (aunque algunos autores sitúan el texto entre los años 1130-1136). En ese elogio, según dice el mismo Bernardo de Claraval, largamente solicitado por Hugo de Payens, intenta conciliar la idea del monje y del guerrero en una sola persona y a la vez y de forma muy audaz, cruza el umbral de la llamada “guerra justa” en la cual se combate por el bien común a la “guerra santa” en la cual se combate en nombre de Dios.

“Un Caballero de Cristo es un cruzado en todo momento, al hallarse entregado a un doble combate: frente a las tentaciones de la carne y la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanza sin temor, no descuidando lo que pueda suceder a su derecha o a su izquierda, con el pecho cubierto por la cota de malla y el alma bien equipada con la fe. Al contar con estas dos precauciones, no teme a los hombres ni a demonio alguno. ¡Moveos con paso firme, caballeros y obligad a huir al enemigo de la cruz de Cristo! ¡ Tened la seguridad que ni la muerte ni la existencia os podrán alejar de su caridad! ¡Glorioso será vuestro regreso de la batalla, dichosa vuestra muerte, si ocurriera, de mártires en combate! ”

1136 - El 24 de mayo fallece Hugo de Payens. Le sucede Roberto de Craón, llamado “El Borgoñés”, un noble proveniente de Anjou.

Si con Hugo de Payens se crea la Orden y se da a conocer entre la nobleza y el clero europeos, con Robert de Craón se consolida, se crea una base sólida y estructura para poder gobernarla con eficiencia. A lo largo de su maestrazgo muestra dotes de líder hábil y diplomático. Tiene la sensatez de renunciar a la herencia de Alfonso I de Aragón y consigue importantes privilegios de la Iglesia.

1139 - (29-03) Se promulga la bula “OMNE DATUM OPTIMIM” que fue la “carta magna” de la Orden. En ella, Inocencio II libera al Temple de toda sujeción a la autoridad eclesiástica, excepto la del Papa y concede además otros importantes privilegios:

  • Les permite conservar el botín tomado a los sarracenos
  • Sitúa la Orden bajo la tutela exclusiva de la Santa Sede, de forma que únicamente dependerá e la autoridad del Papa
  • Reseña que la autoridad de la Orden recae en el Maestre y sitúa la “casa capitana” en Jerusalem.
  • Estipula que se debe de tener la condición de hermano profeso para ser elegido maestre y que la elección deben de realizarla “todos los hermanos juntos o por lo menos los más juiciosos de entre ellos”
  • Prohibe modificar “la regla”. Solamente el maestre, con la venia del capítulo ostentará esa facultad.
  • Prohibe que se exija a la Orden ningún tipo de servicio u homenaje feudal.
  • Prohibe que los que abandonan el Temple sean admitidos en otras ordenes, salvo con la autorización del maestre o del capítulo.
  • Confirma la exención de diezmos y el disfrute de los recibidos, con el consentimiento del obispo.
  • Les autoriza a tener sus propios capellanes, quedando estos fuera de toda jurisdicción diocesana.
  • Concede a la Orden la facultad de construir oratorios en lugares anexionados al Temple, para orar y ser enterrados allí.

1140 - Es probablemente el año en que se produjo la traducción de la regla Latina, al francés. Esa traducción se realizó con algunas modificaciones sustanciales:

  • Se suprime el periodo de prueba o noviciado, excepto para los capellanes.
  • En su artículo 2º “De los hermanos excomulgados”, el traductor sustituye “ubi autem milites non excommunicatos congregare audient…”, justamente por el texto contrario “Allá donde conocierais que están reunidos caballeros excomulgados, allá os mandamos que vayáis”. Del resto del artículo se evidencia que no se trata de un error de transcripción, sino que el cambio fue realizado con toda la intención.

- Los templarios obtienen la ciudad de Gaza y la fortaleza de Safed, en Galilea

1144 - La bula “MILITIS TEMPLI” les concede el beneficio de hacer colecta una vez al año en cada iglesia secular.

- Cae en manos del Islam, el condado de Edesa, en Tierra Santa. Es el hecho que desencadena la II cruzada.

1145 - La bula “MILITIA DEI”, dirigida a los obispos, les notifica la autorización al temple para construir sus oratorios.

1147 - Eugenio II asiste al capítulo general de la Orden, en la nueva casa de París, estando presente el Rey de Francia, el arzobispo de Reims y diversos prelados. Se reunieron 130 caballeros de la Orden. En esa reunión, realizada precisamente para preparar la cruzada, es donde el Papa concede al Temple la cruz en el manto, “en el lado izquierdo por encima del corazón”. Los cronistas no dan más detalles de la cruz, salvo que era de tela, cosida en el manto y “… los del temple la llevan sencillamente bermeja…”

1149 - Fallece Roberto de Craon. Le sucede Everardo de Barres, el cual parte para Francia en compañía de Luis VII que asimismo regresa de la cruzada

1150 - De Barres preside un capítulo en París (14-05-1150). Andrés de Montbar, Senescal de la Orden, le escribe una carta anunciándole la muerte de Raimundo de Antioquía y le reclama en Jerusalem.

1151 - En lugar de regresar a Tierra Santa, De Barres decide buscar una vida más tranquila y se retira al monasterio cisterciense de Cîteaux. El temple reclama su vuelta en varias ocasiones, sin resultado. Fallece el 25-11-1174 en el mismo monasterio. Bernad de Tremelay es Maestre del Temple. Diversas fuentes citan también a Hugo Jofre como Maestre.

1153 - En el sitio a la fortaleza de Ascalón, fallece Tremelay. El nuevo maestre es André de Montbart, de la familia de Bernardo de Claraval.

1156 - (17-01)Fallece Andrè de Montbard. Le sucede Bertrand de Banqueford. En este tiempo, el nº de templarios llega a 20.000 y sus rentas a 40.000.000 de francos.

1160 - La bula “DILECTI FILII” obliga al clero secular a aceptar la cuarta parte de la donación testamentaria (en lugar de la tercera, como venía siendo habitual), por parte de quienes deseaban ser enterrados en cementerios templarios.

1163 - Queda estructurada la organización de la Orden, a través de los “Retraits”. Constaban de 675 artículos y se agregaron a la “Regla” de la Orden. Definían la vida conventual y el estado jerárquico, regulaban los capítulos, la elección de Maestre, y los castigos y penitencias para las violaciones de la regla. Asimismo fijaban la forma de admisión de los aspirantes.

1169 - Es elegido Maestre Felipe de Mailli (o de Naplusia).

1171 - Se produce la renuncia del maestre F. De Mailli. Es elegido Odón de Saint Amand, que había sido mariscal del Reino de Jerusalem. Este último fue hecho prisionero por Saladino, en Sidón y muere en cautividad, en Damasco en 1179.

1179 - Es Maestre, Arnoldo de Torroja. Que había sido Maestre de Cataluña y Aragón.

1181 - El Papa amonesta a templarios y hospitalarios por sus continuas rencillas y luchas internas.

1185 - Fallece Arnoldo de Torroja y le sucede Gerard de Ridefort.. Es posible que entre los dos fuera Maestre Frai Terrico.

1187 - El sultán Saladino derrota a los cruzados en la batalla de Hattin. Mueren en la contienda 200 templarios. Se pierde la ciudad de Jerusalem.

Cae San Juan de Acre. El Temple se instala en Chipre. Gregorio VIII llama a la III Cruzada.

1189 - (04-10) Muere G. De Ridefort intentando reconquistar Acre. En manos cristianas, en Tierra Santa quedan unicamente Tiro, Tripli y Antioquia.

1190 - Es Maestre Robert de Sable, natural de Anjou.

1191 - Reconquista de Acre. Los Templarios vuelven a su establecimiento principal.

1192 - (05-04)El Temple abandona el castillo de Nicosia y toda la isla de Chipre.

1193 - Muere R. De Sablé. Gilbert Erail le sucede. Había sido Maestre de Provenza.

1198 - Ponce Rigaldo Maestre. Había sido Maestre de España.

1200 - La red de establecimientos dentro de Europa proporciona servicios financieros fiables, honrados y eficaces a los gobernantes, incluso a los reyes de Inglaterra y Francia.

1201 - Felipe de Plaissiez es Maestre.

1208 - Inocencio III hace reproches al Temple.

1209 - Guilaume de Chartres, Maestre.

1210 - El Temple ataca el castillo de Khawabi, de la secta de los assasins.

1218 - Se entrega a la 0 el Châtel Pélegrin.

1219 - Muere Chartres en Damieta. Le sucede Pierre de Montaigú, que fue preceptor de Jaime I, en Monzón.

1229 - La 0rden se enfrenta a Federico II que intenta sin éxito tomar Acre.

1230 - (1230-1235) Estatutos jerárquicos (usos y costumbres).

1232 -Armand de Perigoud, Maestre. Negocia con el sultán de Damasco la restauración del culto cristiano en Jerusalem.

1244 - Richard de Bues, Maestre. Muere Armand de Perigoud y 312 caballeros en la batalla de Herbiya. Perdida definitiva de Jerusalem.

1247 - Guillaume de Sonnac, Maestre.

1249 - (06-06) Batalla de Damieta.

1250 - Batalla de”Mansurah”. Luis IX y el Temple sufren una impresionante derrota. En la retirada muere de Sonac (05-04). Le sucede Reinaldo de Vichiers, preceptor de Francia y Mariscal de la Orden El temple tiene 20.000 miembros.

1256 - Muere Vichiers. Thomas Berard Maestre.

1257 - (1257-1267) Consideraciones (ceremonias).

1267 - Profesa Jacobo de Molay.

1271 - El sultán de Egipto, Baibars captura el Krak de los Caballeros, de la Orden del Hospital.

1272 - Muere Bérard. Le sucede Guillaurne de Beaujeu

Entre los dos es posible que fuera Maestre Wilfredo de Salvaing.

1274 - El concilio de Lion intenta la unión entre templarios y hospitalarios.

1285 - Es coronado Felipe IV, rey de Francia.

1287 - Se pierde Trípoli. .

1291 - Se pierde San Juan de Acre, ultima ciudad cristiana en Tierra Santa.

De Beaujeu muere en el combate. Thibau Gaudín le sucede

1294 - (¿1292/1296?)J. De Molay es Maestre.

1299 - Expedición templaria a Egipto.

1303 -Se pierde la isla de Rouad, frente a la fortaleza de Tortosa.

1304 - Conclave de Perusa. Surgen las primeras acusaciones contra el Temple

1305 - (14-11) Clemente V (Beltrán de Got) es coronado Papa en Lyon.

Propuestas del Papa para unificar las ordenes militares.

1306 - Clemente V ordena venir desde Chipre a J. De Molay.

1307 - A primeros de año llega De Molay a Paris.

- (14/09) . El Rey de Francia envía a los jueces cartas selladas con la orden de arresto.

- de los templarios por “presunciones y violentas sospechas” originadas por la “denuncia” de Esquieu de Floryan.

- (14/10). Se difunde en Paris el manifiesto real y se ejecuta la orden de arresto. La acusación es de apostasía, ultraje a Cristo, ritos obscenos, sodomía e idolatría.

- (19/10 al 24/11).Se procede a los interrogatorios. De los 138 interrogados, 36 mueren por torturas.

- (27/10). Clemente V protesta ante Felipe IV de Francia por el arresto.

- (22-11). La bula PASTORALIS PRAEMINENTIAE, de Clemente V ordena a los príncipes cristianos que arresten a los templarios. El cambio de actitud se debe, acusaciones.

1308 - (25/3) El rey de Francia convoca los Estados Generales y exige que los templarios sean condenados. (26/5) Felipe El Hermoso se desplaza a Poitiers para entrevistarse con el Papa .(27/6 al 1/7) 72 templarios comparecen ante Clemente V. El Rey mantiene la custodia de los bienes, pero la de las personas pasa a la Iglesia. (12/8) Se nombran comisiones eclesiásticas bajo la autoridad del obispo de cada diócesis.

1309 - (8/8) Abre las sesiones la comisión eclesiástica de París, un año después de su constitución.

(26/11) Comparece ante la comisión J. De Molay.

1310 - (11 de mayo) Concilio provincial en Sens - 45 templarios revocan sus confesiones, son acusados de “relapsos”. Son quemados al día siguiente.

1311 - (5 de junio) la comisión episcopal da por terminados sus trabajos, coincidiendo en que no se puede condenar a la Orden sin haber oído públicamente su defensa. (16-10) Apertura del Concilio de Vienne.

1312 - (20-03)Felipe IV se persona en el Concilio de Vienne.

(22/3) supresión sin condena. Vox in excelso. En Escocia no se promulga dado que el Rey Robert de Bruce estaba excomulgado.

(2-5) La bula Ad Providam distribuye los bienes del Temple.

1313 - Bulas papales para que los reconciliados fueran recibidos en monasterios.

1314 - (18/03) Sentencia contra Molay y signatarios (19/03) Muere en la hoguera Molay y Charnay.

GRANDES MAESTRES

Hugues de payns  (1.118-1.136)

Fue el primer Gran Maestre de la Orden del Temple. Su mandato duró 18 años . Nació en 1.080, en Champagne (región de Troyes). Fué armado caballero y dueño de las tierras de Payens, cerca de Troyes, también fue poseedor de otro feudo cerca de Tonnerre. Casado con Eremburge, enviudó en 1.126. Padre de Thibaud, quien posteriormente fue abad del Monasterio de Saint-Colombe.

Llegó a tierra santa en 1.104, en una peregrinación organizada por el conde Hugues de Champagne. Colaboró con Geoffroy de Saint Omer en la reconstrucción de la torre que con el tiempo sería el Château-Pèlerin. Formuló sus votos definitivos en 1.119 y fijó su residencia en Jerusalem, donde fundó la Orden de los Monjes-Soldados, a la que dió su propio escudo (una cruz paté de gules en campo de plata).

En 1.126 efectúa un largo viaje a occidente, en compañía de Gondemare y André de Montbard, llevando consigo carta de recomendación de Balduino II. Una de ellas dirigida al Papa Honorio III, donde solicitan la consolidación de su orden. Otra está dirigida a Bernardo de Claraval, en la cual le solicitan que redacte las reglas de la Orden del Temple. Este accedió de inmediato a la súplica. El 13 de enero de 1.128 se celebra el Concilio de Troyes

El objetivo que mueve a Hugues es doble: por un lado lograr que el Concilio proclame el reconocimiento canónico de la orden del Temple y por otro lado obtener la elaboración de la regla creada por Bernardo, y escrita en latín por Johan Michel. La traducción de esta regla, del latín al francés, duró 25 años (1.140-1.165).

Robert de Craon (1.136-1.149)

Hijo de Renaud de Bourgoing, Sir de Craon, apodado el Bourguignon (el Borgoñano o de Borgoña), como su bisabuelo paterno. Fue el sucesor de Hugues de Payns en el magisterio del Temple. Originario de Maine (región de Vitré), fue el menor de tres hermanos y se estableció en Aquitania donde el Conde de Angoulême lo prometió con la hija del señor de Confolens y de Chabannes. Pero cuando Hugues llegó a Francia, Robert retiró su palabra de matrimonio, partió hacia Palestina y se hizo Caballero Templario.

Su valor le sirvió de recomendación cuando en 1.136 fue nombrado Gran Maestre del Temple. Su escudo de armas era acuartelado. En 1º y 4º tenía la cruz del temple; en 2º y 3º losanjes con rombos de oro en campo de gules. Fue Senescal dentro de la orden, bajo el mandato de Hugues de Payns.

Organizó la colecta de las donaciones que recibía la orden y rechazó el legado del Rey de Aragón, Alfonso I, que hubiera puesto en contra de la orden a la nobleza española.

Consiguió la Omne Datum Optimun (la bula), en 1.139, otorgada por el Papa Inocente III. Con ello obtuvo importantes privilegios:

  • Liberación de la tutela eclesiástica.
  • Permiso para construir capillas, oratorios y cementerios.
  • Dispensa de la autoridad del patriarca de Jerusalem.
  • Autorización para crear un cuerpo de capellanes que dispensen los sacramentos.
  • Solo están sujetos a la autoridad papal.

El 27 de Abril de 1.147, el papa Eugenio III, les concede la cruz bermeja, que a partir de entonces la llevarían en el costado izquierdo de los mantos blancos. Robert redacto los estatutos de las encomiendas, de las provincias y del capítulo general. Puso en pie una red de comunicaciones con los emires del islam e instituyó la costumbre de dotar de secretarios árabes a la orden.

Evrard des Barres (1149-1152)

Nació en Campagne, región de Meaux. Su mayor azaña fue salvar al rey Luis VII de los turcos. Cuando el moncarca francés llegó a Antioquía, sus arcas estaban vacías y fue Evrard quien consiguió, en San Juan de Acre, los 2.000 marcos de plata que hacían falta para proseguir la guerra. El rey amaba a los templarios y ordenó que el ejército entero siguiera su ejemplo.

Ingresó muy joven en la orden. En el fondo no era un guerrero y estaba convencido de que la vida contemplativa era el camino más seguro para alcanzar la paz y la iluminación. Regresó a Occidente junto al rey de Francia y fue ordenado monje en Claraval. Después de ser admitido presentó su dimisión. Murió en 1.174 a los 84 años.

Su escudo de armas era acuartelado. En 1º y 4º la cruz del Temple y en 2º y 3º, sobre fondo azul, un cheurón de oro acompañado por tres conchas también de oro.

Bernard de Tremelay (1.152-1.153)

Cuarto Maestre en la Orden del Temple, nació en Franche-Comté, en el castillo que lleva su nombre, dentro de la baronía de Arinthod, Condado de Bourgogne. Hijo de Humbert, señor de Trémelay. Su apellido a veces aparece como Dramelay. Fortificó las plazas fuertes principales de la Orden en Tierra Santa y particularmente las ciudades costeras.

En 1.153 el rey de Jerusalem decide reconquistar Ascalón, que entonces se encontraba en manos de los turcos. El 16 de agosto, en un combate que enfrentó a 40 templarios, que penetraron en la ciudad, bajo las órdenes de Bernard de Trémelay, éste perdió la vida. Fue el primer Gran Maestre muerto en combate. No fue en vano, ya que pocos días más tarde el rey Balduino III se apoderó de Ascalón.

Andre de Montbard (1.153-1.156)

Tío de Bernardo de Claraval. Nació en Bourgogne y tuvo el título de señor de Montbard. Fue uno de los nueve fundadores de la Orden. Ocupó el quinto puesto en la lista de los Grandes Maestres, como sucesor de Bernard de Trémelay, a una avanzada edad.

Fue senescal durante muchos años y conocía perfectamente el funcionamiento de la orden. Cedió el puesto al sexto Maestre, Bertrand de Blanquefort. Murió en Claraval en 1.156, con las austeras vestiduras del hábito cisterciense.

Bernard de Blanquefort (1.156-1.169)

Originario de Aquitania, región de Bordeaux, hijo de Godofredo, señor de Blanquefort. Su familia estaba aliada, por tradición, a la de los De Goth, uno de cuyos descendientes fue Clemente V.

Poco después de ser elegido, defendió la retaguardia del rey Balduino III, en el Vado de Jacobo. Cae prisionero junto con ochenta y ocho caballeros más, por Nur El Din. Estuvo prisionero durante tres años en la fortaleza conocida por Alepo, hasta que el emperador bizantino Manuel Comneno lo liberó, pagando el rescate solicitado. Fue nombrado príncipe por el rey de Francia Luis VII, quien le tenía un alto aprecio, y lo designó “maestre por la gracia de Dios”

Su fama era de hombre justo y piadoso, aunque era muy hábil en el arte de la guerra. Redactó las “Retractaciones”, que era una adaptación de la regla al terreno. En ella se fijó el uso jerárquico de la Orden, en especial los relacionados con los poderes del Maestre:

  • Todos los hermanos del Temple deben obediencia al maestre y el maestre debe obediencia a los hermanos.

Para poder nombrar un dignatario, comprometer algún bien de la orden o emprender acciones de guerra, el maestre necesitaba la aprobación de los hermanos. Estos también podían exigir la dimisión del Maestre, si éste faltaba a la regla o a las “Retractaciones”. Durante su mandato el bastón de mando se convierte en el ábaco pitagórico con la cruz de la orden grabada.

Con Blanquefort se perfila la originalidad y la sabiduría de la política diplomática de la orden; ello consistió en mantener el equilibrio entre las dos potencias que rodeaban el reino de Jerusalen: El Cairo y Damasco.

Presionado por el emperador de Bizancio, el rey Amaury, sucesor de Balduino III, en 1.168 rompió la alianza que le ligaba al sultán Chawer y atacó Egipto. Los caballeros hospitalarios aceptaron participar en la enmienda pero Blanquefort se lo denegó, porque pensó que era peligroso y desleal.

Bernard de Blanquefort falleció el 2 de Enero de 1.169

Philippe de Milly (1.169-1.17

Nacido en Naplouse, Siria, pero originario de Picardie. Hijo primogénito de Guy de Milly y Stéphanie, dama flamenca. Después de la muerte de su mujer ingresó en la orden de los Caballeros Templarios, y por su conducta fue elegido Gran Maestre. No duró mucho tiempo su mandato, en 1.171 renunció al mismo

En la primavera de 1.170 un temblor de tierra sacude la mayor parte del territorio Sirio, quedando sus ciudades reducidas a un montón de piedras. Vivió un período difícil pero contaba con la amistad que le profesaba el rey de Jerusalén. Los antepasados de Milly habían participado en la primera cruzada y habían hechado raíces en Tierra Santa. Hablaba francés, árabe y armenio y se decía que era un versado en la ciencia de los musulmanes. Participó en el sitio de Damasco en la segunda cruzada. Fue amo del señorío de Ultra Jordania, situado en la ribera opuesta del Mar Muerto, en el antiguo reino de los nabateos

El rey Amaury le propuso cambiar ese feudo por el de Naplouse, más cercano a Jerusalén. Pero Milly no lo aceptó y dimitió de sus funciones antes de la Semana Santa de 1.171. Fue compañero de viaje de Amaury en su camino hacia Constantinopla y a partir de aquí se perdió su pista. Se dice que se hizo monje y que murió antes de acabar ese mismo año.

Eudes de Saint-Amand (1.171-1.179)

Orihundo de Provenza. Fue un excelente guerrero y participó en todas las batallas. Sobretodo se destacó en la gran batalla de Montgisart, la única victoria de los francos sobre los musulmanes.

El rey Amaury concluyó un pacto con el jefe de la secta ismaelita de los Assassis, El Beled. Eudes se opone a dicho tratado, ya que dispensaba a los Assassis a pagar el tributo a los templarios.

Contrariamente a su precedesor, Philippe de Milly, contaba en su poder con una larga carrera en la orden, en el momento de su elección. Había desempeñado los cargos de copero mayor, senescal y mariscal. El objetivo principal de Eudes fue conservar la independencia de la orden respecto al rey de Jerusalén y de otras órdenes de monjes-soldados, en concreto los hospitalarios. Tras un período de relaciones bastante agitadas, Eudes junto con el Maestre de los Hospitalarios, Roger de Moulins, redactaron un protocolo destinado a dirimir las diferencias entre las dos familias. El papa Alejandro III lo aprobó y lo firmó el 2 de Agosto de 1.179.

Durante su mandato acabó de construir el castillo del Vado de Jacobo, pero su actividad fue brutalmente interrumpida por la batalla de Merdj-Aïoum. Fue hecho prisionero por Saladino y murió el 8 de octubre de 1.179 en una mazmorra, después de haberse negado a recobrar la libertad a cambio del pago de un rescate. Respondió:

  • “Por ningún motivo quiero dar un ejemplo que fomente la cobardía entre los monjes, que se dejarían capturar teniendo en mente el pago de un rescate. Un Templario debe vencer o morir. Un rescate sólo se puede pagar con el propio puñal o el cinturón.”

Roger de Moulins

Arnaud de Toroge (1.180-1.184)

Natural de Aragón. Su verdadero nombre es Arnaud de Turri Rubea (su apellido significa una torre roja o una tierra escarlata con fuertes resonancias alquímicas). No es un fanático de la guerra, más bien es un hombre humilde con inclinaciones religiosas. Fue elegido Maestre a una avanzada edad.

En 1.184 se ve obligado a firmar una paz deplorable con Saladino, que convierte aún más precaria la situación de los francos en Siria. Parte hacia Europa junto con el Maestre de los Hospitalarios y el rey de Jerusalén, para advertir al Papa y a los príncipes cristianos de los peligros que se cierran sobre Jerusalén. El objetivo principal de este viaje es ofrecer a Enrique II Plantagenet la corona de Jerusalén en caso de muerte del pequeño Balduino, hijo de Balduino, IV el rey leproso. Pero Toroge cae enfermo durante el viaje y fallece súbitamente en Verona el 30 de Septiembre de 1.184.

Gerard de Ridefort (1.185-1.190)

Una de las páginas más trágicas de la gesta templaria se escribe con el nombramiento del décimo Maestre de la orden, Gérard de Ridefort, el 4 de octubre de 1.185. Será el último Maestre electo en la casa capitana de la Orden.

De origen flamenco y perteneciente a la nobleza de Flandes, es el prototipo de caballero errante, que marchó a Tierra Santa en busca de fortuna. Entra al servicio del Conde Raymond de Trípoli, quien al principio le favorece y más tarde lo deja en la estacada por un asunto de dinero. Al llegar a Jerusalén enferma y es acogido por los templarios. Una vez curado decide entrar a formar parte de la Orden. Su carrera fue fulgurante, en 1.183 ocupa el cargo de senescal. Sin embargo su obra su catastrófica.

Hagamos una composición de lugar: Balduino IV ha muerto en 1.185, el trono le corresponde a su hermana Sybille, madre del presunto heredero, Balduino V. Antes de morir, el rey leproso preocupado por el futuro de su reino, hace testamento nombrando como regente a Raymond III de Trípoli. Cuando en 1.186 muere Balduino V se desencadena la lucha por la sucesión. Por una parte está el bando de los Lusignan, con Gui, esposo de Sybille, y por otro lado el clan de Raymond, que se siente legitimado por la elección de Balduino IV y a quien apoyan los barones de Tierra Santa. Entre los hombres que se mantienen fieles a Gui está Gérard de Ridefor

El 20 de julio de 1.186 se produce un golpe de estado, Sybille corona en el Santo Sepulcro a su esposo Gui de Lusignan. El reino corre un grave peligro en poder de un hombre tan venal, y las derrotas se van sucediendo una tras otra. En Casal-Robert siete mil mamelucos aplastan al ejército de los francos. Mueren ciento cuarenta templarios y sólo uno de ellos se salva: Gérard de Ridefort.

A principios de 1.187, cuando Saladino da cuenta de los hombres de Lusignan, doscientos treinta templarios son ejecutados por no querer convertirse al islam, en esta ocasión también solo sobrevive uno de ellos: Gérard de Ridefort. Obliga a las ciudades de Gaza y Ascalón a rendirse sin presentar combate a Saladino. Poco después de la batalla de Hattim, el amo del islam se apodera de Jerusalén y convierte la casa de los templarios en una mezquita (Al Aksa)

Ridefort murió en 1.190 combatiendo ante las murallas de San Juan de Acre.

Robert de Sable (1.191-1.193)

Nacido en Maine, ocupó el puesto de Maestre 18 meses después de la muerte de Ridefort, tiempo durante el cual la plaza estuvo vacante. Robert III, señor de Sable, estuvo aliado con la ilustre familia de Craon en Anjou. Cuando fue elegido Maestre hacía muy poco tiempo que había entrado a formar parte de la Orden. Perteneció al círculo íntimo del rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, quien llegó a Tierra Santa con la tercera Cruzada.

El rey de Inglaterra, Ricardo, cedió a los templarios la isla de Chipre, la cual acababa de conquistar, pero Sable se la devolvió, ante la rebelión de los griegos. Ricardo Corazón de León acabó abandonando Chipre en manos de Gui de Lusignan.

Las acciones de Robert de Sable fueron irreprochables: apoyó al Rey Ricardo en todas sus batallas, negoció hábilmente con Saladino, y participó en la reconquista de San Juan de Acre, donde decidió establecer la casa de la orden.

Murió el 28 de octubre de 1.193, en Acre.

Gilbert Herail (1.194-1.200)

Se cree que su lugar de nacimiento fue Aragón, es el segundo Gran Maestre español. Fue el candidato que contendió sin suerte contra Gérard de Ridefort, en la elección de 1.185. Hasta 1.190 ocupó el cargo de Maestre de España y después, de 1.190 a 1.193, el de Preceptor en Francia.

El sentido del honor y la palabra empeñada tenían un valor muy alto para Gilbert. Con esto se explica que la Orden se caracterizara, durante su mandato, por el respecto de los acuerdos de paz que el rey Ricardo Corazón de León había concertado con Saladino.

No libró ninguna batalla importante, pero la orden intensificó los contactos con las fraternidades de oriente. Murió mientras tenía lugar la cuarta Cruzada, el 20 de diciembre de 1.200, que culminó con el saqueo de Constantinopla el 2 de abril de 1.204.

Philippe de Plessiez (1.201-1.210)

Nació en Anjou, en la fortaleza de Plessiez-Macé. Perteneció a la vieja nobleza angevina. Este Maestre, que hace el nº 13 en la orden, ignoraba por completo el círculo interior de la Orden. Lo mismo les pasaría a sus sucesores.

Durante el mandato de Philippe de Plessiez, no ocurrió ningún acontecimiento glorioso importante, pero si que hubo mezquinas querellas contra la orden de los Hospitalarios. El Papa tomó partido por los hospitalarios y reprochó a los Templarios que no obedecieran a los legados.

En 1.201 el rey de Armenia arrebata a los templarios una fortaleza, denominada Gastin, que la Orden poseía en el Principado de Antioquía. Ese mismo año vivieron calamidades más terribles que la propia guerra, primero el hambre y después la peste afectó a más de un millón de habitantes de Egipto. Poco después estas dos plagas afectaron a Siria. En 1.202 un enorme temblor de tierra devastó las ciudades que el hambre y la peste habían respetado. Desaparecieron numeros lugares y murieron innumerables personas. En la villa de Naplouse no quedó más que una calle, en la de Tyr solo quedaron algunas casas, el resto se convirtió en un montón de ruinas.

En 1.205 el rey Amaury cayó enfermo y murió a los pocos días. Algunos meses después murió su esposa Isabelle, dejando como único heredero al trono de Jerusalén, un hijo que tuvo con Conrad de Tyr.

Guillaume de Chartres (1.210-1.219)

Guillaume de Chartres hace el Maestre número 14, nacido en Chartres, hijo de Milon III, conde de Bar-sur-Seine. Homble con una gran templanza, que fue capaz de mantener intacta la cohesión de la orden en medio de la tormenta de conflictos que sucedieron durante su mandato.

Chartres mandó construir la fortaleza de Château-Pèlerin, la cual más tarde fue destruída por Baibars. En la expedición a Egipto contra el sultán Al Kamil, estuvo al frente de sus caballeros. Los caballeros de la orden que no aprobaban participar en esa guerra, mal preparada por Jean de Brienne y por el fanático Cardenal-Legado Pélage, cedieron, a su pesar, ante las imposiciones del representante del Papa, a quien debían obedecer.

En 1.212 participaron en la victoriosa batalla de Las Navas de Tolosa (España). Los reyes de España, como recompensa, les hicieron generosos donativos que aumentaron aún más las riquezas y el poder de los Caballeros Templarios.

Otra de sus gloriosas hazañas fue salvar al ejército cruzado de un desastre total. Murió el 25 de agosto de 1.219, a causa de una epidémia que causó estragos frente a Damietta entre los soldados de esta desastrosa campaña.

PIERRE DE MONTAIGU (1219-1232)

E l continuador de la crónica de Guillermo de Tiro sitúa su elección durante el sitio de Damieta, lo que pudo haber sido hacia finales de 1218, aunque le fue comunicado tardíamente, ya que en noviembre de este mismo año, firma todavía en su calidad de Preceptor de Provenza y España.

A decir de las crónicas, era valiente y hábil en el combate. Hay muchas actas de su maestrazgo, entre ellas, la sentencia emitida en el mes de agosto de 1222 por Pelagio, obispo de Albano y legado de la Santa Sede, respecto a los bienes situados en territorio de Tiro, en pleito entre los canónigos del Santo Sepulcro y la casa del Hospital.
En 1229, rechazó acompañar a Federico II de Alemania, soberano excomulgado.

ARMAND DE PERIGORD (1232-1244)

D ecimosexto Gran Maestre de la Orden del Temple. Había sido preceptor del Temple en Sicilia y Calabria. El gran cartulario de Nicosia le registra desde agosto de 1232, en el acta de restitución de Baruth a Jean de Ibelin por Richard Filangieri. El 4 de octubre de ese año arbitró en Chipre entre el clero y los barones de la isla, sobre los diezmos debidos por estos últimos.

El 25 de julio de 1233, cerca de Acre, se firmó un acuerdo entre los Maestres del Temple y del Hospital, respecto a las aguas y molinos de Acre. En noviembre de 1240, Armand de Périgord, en calidad de Maestre del Temple donó un terreno en el barrio de los Ingleses de Acre, con el consentimiento de otros dignatarios de la Orden, al Maestre de la Orden de San Lázaro.

El 17 de octubre de 1244, tuvo lugar el desastre de Forbie, cerca de Gaza; las pérdidas del ejército franco fueron muy importantes, incluso la del propio patriarca. El Temple perdió trescientos doce caballeros de trescientos cuarenta y ocho y trescientos veinticuatro turcópolos. Durante esta batalla, Armand de Périgord resultó herido y hecho prisionero, muriendo poco tiempo después en prisión.

RICHARD DE BURES (1244-1247)

Decimoséptimo Gran Maestre de la Orden del Temple. No hay información sobre este Gran Maestre. Algunas listas cronológicas de los Maestres del Temple nombran a Richard de Bures como sucesor de Armand de Périgord. Ahora bien, Richard de Bures no fue nunca Maestre de la Orden, sino que fue elegido Gran Comendador. La muerte del anterior Maestre se notificó mucho tiempo después de la fecha real, por lo que se designó a Richard como superior de los Templarios. Según la Regla, una vez que el Maestre ha muerto, se debe proceder a la elección, por lo que podemos creer que, mientras se esperaba la liberación o muerte de Armand de Périgord, fue elegido un Gran Comendador.

GUILLAUME DE SONNAC (1245-1250)

Decimoctavo Gran Maestre de la Orden del Temple. Guillermo de Sonnac aparece a comienzos de 1245 en un acta fechada en febrero, concerniente a la Orden de Santo Tomás de Acre, por lo que la elección debió tener lugar a comienzos de ese mismo año.

Defendió al rey de Francia, y queriéndole proteger, fue herido mortalmente en la batalla de Mansurah el 3 de julio de 1250.

RENAUD DE VICHIERS (1250-1252)

Decimonoveno Gran Maestre de la Orden del Temple. Fue comendador del Temple en Acre en 1240 y posteriormente Maestre del Temple en Francia, desde el 19 de agosto de 1246. Fue elegido mariscal de la Orden, y en calidad de tal, asistió a la batalla de Mansurah. Finalmente, a la muerte de Guillermo de Sonnac, fue elegido Maestre de la Orden; según Joinville, fue elegido bajo la influencia del rey de Francia quien, habiendo sido hecho prisionero, rechazó la contribución de la Orden del Temple para pagar el rescate, lo que no impidió a San Luis querer al Maestre por su lealtad y su coraje; y de hecho, en 1250, fue el padrino de su hijo Juan Tristán.

El obituario de Reims fecha su muerte el 19 de enero de 1252, y no en 1257, como señala el continuador de la Crónica de Guillermo de Tiro, pues en octubre de 1252 ya había sido reemplazado.

THOMAS BERARD (1252-1173)

Vigésimo Gran Maestre de la Orden del Temple. Thomas Bérard aparece en calidad de Maestre del Temple, aparece con ese título en un salvoconducto emitido en octubre de 1252 a varias personas antes de dirigirse a Trípoli.

En abril de 1257, Jean de Montfort ratificó las donaciones hechas por su padre a su predecesor, Renaud Vichier. El 9 de octubre de 1258 se estableció un acuerdo entre Tomás Bérard, Maestre del Temple, Hugo Revel, Maestre de los Hospitalarios y el Maestre de los caballeros Teutónicos, respecto a las impugnaciones que podían hacerse sobre los diversos bienes en los reinos de Jerusalén, Chipre, Armenia, en el principado de Antioquia y el condado de Trípoli.

Este maestrazgo está marcado por el fin de las Cruzadas en Tierra Santa. Bajo su maestrazgo, los Templarios consiguen la plaza de Sajette, el castillo de Beaufort en 1260, y, en 1262, la plaza de Arsuf, posesiones que serán tomadas de nuevo por los musulmanes de Bendochar: Beaufort en 1268 y Arsuf en 1264. No obstante, el 27 de mayo de 1262, se firmó un compromiso entre el hermano Tomás Bérard, Maestre del Temple, y el hermano Hugo de Revel, Maestre del Hospital, en el que los dos Maestres donaban todos los poderes a Tomás, obispo de Belén, legado de la Santa Sede, al hermano Hermann Helderong gran comendador del Temple, Geoffroy de Sergines, senescal y baile del reino de Jerusalén y Guillermo Botron, condestable del reino, para poner término a las diferencias entre las dos órdenes.

Tomás Bérard es citado además el 31 de mayo de 1270 y el 30 de septiembre de 1264 en el cartulario de Nicosia; en 1270, suscribe la revocación del acuerdo cerrado el 27 de mayo.

El continuador de la crónica de Guillermo de Tiro señala su muerte el 25 de marzo de 1273, fecha confirmada por la carta del 17 de mayo de ese año, escrita por Hugo de Revel, Maestre del Hospital, a Guy de Dampierre, conde de Flandes.

GUILLAUME DE BEAUJEU (1273-1291)

V igésimo primer Gran Maestre de la Orden del Temple. Originario de Forez, Guillermo de Beaujeu fue el último Maestre que permaneció en Tierra Santa durante todo su maestrazgo. En 1271 fue nombrado comendador del Temple en el condado de Trípoli, y posteriormente, de Pouilles. Antes de ir a Tierra Santa, asistió en mayo de 1274, al Concilio de Lyon, cuyo primer objetivo fue la reunión de las Iglesias de Oriente y Occidente, y el segundo, la convocatoria de una nueva cruzada.

Las Gestas chipriotas precisan que entre 1275 y 1282, arbitró, con caridad y liberalidad, las diferencias entre el Temple y el condado de Trípoli. El 27 de junio, suscribió la oferta hecha por Enrique de Lusignan a la guarnición francesa del castillo de Acre. Fue un verdadero caudillo, respetuoso con las treguas firmadas con los musulmanes.

Bajo su maestrazgo, el Papa entabló conversaciones de unificación con las dos grandes Ordenes de Palestina: Temple y San Juan. El resultado de todas las rencillas, preparado por los hábiles legistas de Felipe el Hermoso, entre ellos Pierre Dubois, Nogaret y Enguerrand de Marigny, se concretó en un innoble proceso contra la Orden, acusada de haber traicionado a la cristiandad.

Bajo el maestrazgo de Guillermo de Beaujeu se jugó la última carta de Tierra Santa y del reino latino. Los musulmanes resistieron, a pesar de una nueva amenaza, por parte de los cruzados. El sultán del Cairo, Kalaoun Malek al Mansour, se apoderó sucesivamente de Margat, Laodicea, Sidón y Tiro. Su hijo, Kabid Achraf continuó la lucha y amenazó Acre. Desde comienzos de marzo de 1291, los habitantes de Acre se prepararon para el combate, organizándose en cuatro divisiones: la primera bajo las órdenes de Jean de Grailly y Otón de Granson; la segunda, bajo el mando del jefe del contingente de los chipriotas y del lugarteniente de los caballeros Teutónicos; la tercera, de los Maestres de San Juan y Santo Tomás; la cuarta bajo las órdenes de los Maestres del Temple y de San Lázaro. Además, se unieron varias órdenes militares a las distintas divisiones: los Caballeros de la Espada, los de San Lorenzo, los de San Martín de los Bretones, los del Espíritu Santo.

El 18 de mayo, Guillermo de Beaujeu, mortalmente herido, fue transportado por una de las poternas de la muralla del Montmusard, a una casa del barrio, cerca de la puerta de San Antonio. El resto de las tropas se retiró sobre los navíos para alcanzar Chipre. El patriarca de Jerusalén, Nicolás de Hanappe, y el Maestre del Hospital murieron ahogados, en tanto que el lugarteniente de San Lázaro fue asesinado.

THIBAUD GAUDIN (1291-1292)

Vigésimo segundo Gran Maestre de la Orden del Temple. En el momento de la muerte de Guillermo de Beaujeu era Gran Comendador de la Orden; tomó el mando de las tropas restantes y se retiró a Sidón. Al no ver ninguna salida, se embarcó con los hermanos de la Orden que quedaban, los archivos y los cálices, y se retiró al castillo de Sagette donde fue elegido Gran Maestre en agosto de 1291.

Sin embargo, en 1293 ya había sido sustituido por Jacques de Molay.

El obituario de Reims fecha su muerte el 16 de abril, sin mencionar el año; sin embargo, tuvo que ser 1292, dado que Jacques de Molay es mencionado desde enero de 1293 como Gran Maestre.
JACQUES DE MOLAY (1292-1314)

Vigésimo tercer y último Gran Maestre de la Orden del Temple. Miembro de la familia de Longwy-Rohan y originario del Franco Condado, fue elegido Maestre del Temple a finales de 1292. En enero de 1293 figura con este título en un acta relativa a la isla de Chipre. Así pues, la fecha, todavía extendida, de 1298, es falsa.

En 1293 escribió a Eduardo de Inglaterra para anunciarle la nominación de Guy de Foresta como visitador de la Orden en las Islas Británicas.
Murió en la hoguera, en la Isla de los Judíos, el 18 de marzo de 1314, después de haber pasado varios años en prisión.
Cuenta la leyenda, que en la misma pira crematoria, Jacques de Molay proclamó su inocencia y la de la Orden, y emplazó ante el Juicio de Dios al Papa Clemente V al cabo de un mes y al Rey Felipe el Hermoso en el plazo de un año. El Papa murió a los cuarenta días y el Rey en ocho meses.

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GRANDES BATALLAS

“Por ningún motivo quiero dar un ejemplo que fomente la cobardía entre los monjes, que se dejarían capturar teniendo en mente el pago de un rescate. Un Templario debe vencer o morir. Un rescate sólo se puede pagar con el propio puñal o el cinturón.”

Roger de Moulins

LA BATALLA DE JERUSALEN

Después de un descanso de seis meses en Antioquía (tomada el 3 de junio de 1098), el 13 de enero de 1099, Bohemundo, Tancredo y Roberto de Normandía partieron hacia Jerusalén. En Trípoli (Líbano) se les unió Godofredo de Bouillon y Roberto de Flandes, y desde allí, los cinco continuaron hacia el sur, acompañados de unos doce mil (algunos hablan de veinte mil) seguidores.

mapa

La mañana del 7 de junio de 1099 los cruzados vieron por primera vez brillar a la luz del alba las almenas y las torres de la Ciudad Santa de las tres religiones monoteístas.

La urbe estaba por aquel entonces bajo control de los musulmanes fatimíes; sus defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un sitio. Los cruzados atacaron con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién construidas máquinas de asedio.

El 15 de julio, al amanecer, todo estaba dispuesto para el asalto final a Jerusalén, luego de los infructuosos ataques de los días previos. Godofredo de Bouillon se encaramó sobre su imponente torre de asedio y la mandó trasladar junto a las murallas. La leyenda cristiana cuenta que cuando los francos y normandos intentaban en vano vencer la resistencia de los musulmanes, Godofredo vió en los alto del cercano monte de los Olivos un caballero que agitaba un escudo brillante y anunció a todos su visión: «Mirad, San Jorge ha venido en nuestra ayuda». Esto envalentonó notablemente a los cruzados que arremetieron con Godofredo, Tancredo y sus normandos a través de un boquete abierto en la muralla. La mortandad fue espantosa. Los jinetes europeos, al pasar por las calles, iban chapoteando sobre charcos de sangre. Los expedicionarios masacrarían a la mayor parte de los cien mil habitantes de Jerusalén. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la sangre de los infieles.

ASCALON

Mucho se ha hablado de esta batalla en la que los templarios perdieron la batalla y la dignidad, pero en fin esta es la historia :

Los templarios eran los señores de Safed, en Galilea desde el año 1140, y esperaban convertirse en señores de Ascalon cuando cayera en manos cristianas.

En 1153, los francos comenzaron el sitio de está última cabeza de puente de los sarracenos de Egipto. Despues de cuatro meses la flota egipcia rompió el bloqueo aportando víveres y refuerzos para la guarnicion. Los barones sirios, desanimados se disponian a abandonar, pero hospitalarios y templarios resistian, y la lucha continuo.

El 13 de agosto los sitiados hicieron una gran hoguera para intentar quemar los ingenios de guerra de los francos, pero el viento cambió de rumbo y las llamas daban contra el muro que tras una noche de fuego se desplomo en parte.

Hubo un gran estruendo que desperto a todos los soldados que rapidamente recogieron sus armas y corrieron hacia la oquedad del muro.

Fue entonces cuando el gran maestre templario Bernardo de Tremelay, cegado por la codicia, adelanto con mucho a las tropas templarias que penetraron en la ciudad e impidieron el paso al resto de su propio ejercito.

Conviene explicar que en aquellos tiempos era costumbre en tierras de ultramar que cuando se conquistaba una fortaleza por la fuerza, el botin de guerra que cada uno consiguiera era para el y sus herederos, de esta forma motivados por la codicia y el afan de riquezas, las tropas eran implacables.

Alentados por Bernardo de Tremelay cuarenta valerosos templarios penetraros en la ciudad mientras en resto de templarios bloqueaban la puerta al resto del ejercito, los turcos estaban sorprendidos por este comportamiento, pero viendose en superioridad numerica se avalanzaron en masa sobre los cuarenta templarios que por supuesto fueron masacrados.

Acto seguido los turcos, muy crecidos por este echo, con la esperanza recuperada se dirigieron a la oquedad por la que entraron los templarios, la taparon con viguetas y material para la construccion  y la defendieron con tal fuerza que ya no pudo entrar nadie mas.

Para celebrar su victoria recogieron a los templarios muertos y los colgaron en la parte exterior de la muralla para que los viera el resto de tropas cristianas.

El gran maestre Bernardo de Tremelay fue el primer gran maestre muerto en combate, su derrota no fue el valde ya que unos dias mas tarde de este incidente el rey Balduino III tomo la ciudad de Ascalon

CHATELET

Odon de Saint-Amand  opinaba que en tiempos de tregua podia construir un castillo en el Vado de Jacob, paso de los sarracenos hacia Galilea. Balduino opinaba que no tenia derecho, a ello, el caso es que entre 1178 y 1179 se construyo el chatelet, se doto de una guarnicion de sesenta templarios y quinientos mercenarios a sueldo del rey. El caso es que alli dejaron al senescal del temple y Odon y el rey iniciaron el regreso por la frontera de Banyas, hasta llegar a la casa de Mesafat, donde Saladino les sorprendio.

El combate empezo mal para los francos, parece ser que por culpa de Odon que se lanzo con todo a  por los turcos. Odon cayo apresado y el rey pudo huir gracias al sacrificio de sus hombres.

Tras algunos dias de sitio, Saladino quemo el chatelet , cortandoles la cabeza a todos los templarios de la guarnicion.

Odon murio el 9 de octubre de 1180 en cautividad por haberse negado a ser canjeado o a que pagaran un rescate para liberarle.

SAN JUAN DE ACRE

acre

Tras la perdida deTripoli, el papa mando veinte galeras para ayudar a los cristianos que quedaban en Acre.

Los cruzados que llegaron no conocian las costumbres de la época en Siria y mataron a comerciantes que iban a vender sus productos, entre los que mataron habia ciudadanos sirios, esto provoco las iras del sultan.

El maestre templario era  Guillermo de Beaujeu que era un hombre tremendamente respetado, incluso por los turcos. Un dia recibio la siguiente carta.

” El sultan de los sultanes, el rey de los reyes, el señor de los señores, Melec el Esseraf; el poderoso, el temido, el castigador de los rebeldes, el cazador de los francos y de los tartaros y de los armenios, el arrebatador de los castillos en manos de los impios … A vos el Maestre, noble maestre del temple, el verdadero y sabio, salud y nuestra buena voluntad. Porque habeis sido hombre verdadero os mandamos cartas de nuestra voluntad y os hacemos saber que nos dirigimosa vuestros lugares para enmendar los entuertos realizados, por lo que no queremos que la comunidad de Acre nos envie ni cartas ni presentes pues no los recibiremos “.

Pasados ocho dias los turcos empezaron el ataque, lanzaban enormes piedras con unas balistas gigantescas. Luego con escudos enormes fueron avanzando hasta las cercanias del foso, desde donde minaban las defensas.

El 16 de mayo la fachada de la torre del rey se derrumbo, y los sarracenos aprovecharon el momento para echar arena y asi construir una calzada para poder penetrar sin problemas en la ciudad.

Al alba sono una estruendosa nacara, que tenia un sonido horripilante y empezaron a atacar en masa por todos los sitios posibles.

Delante de su ataque venian los que tenian grandes escudos, detras los que llevaban el fuego griego y detras de ellos los que lanzaban flechas emplumadas, y tantas lanzaban que parecia lluvia .

El gran Maestre oyendo la nacara, salio del convento con algunos de sus caballeros y se dirigio hacia la puerta de San Antonio, donde empezo la defensa, eran tantos los asaltantes que parecia que luchaban contra una pared.

En un momento dado  una flecha penetro  por una hendidura en un costado de la fragil coraza que se puso Guillermo de Beaujeu, estaba herido de muerte y se puso a caminar, a lo cual los templarios le gritaban que no se rindiera, a lo cual Guillermo de Beaujeu  contesto gritando ” señores, no puedo mas, pues muerto estoy, ved el golpe ” dicho esto iba a caer al suelo pero los caballeros cercanos lo impidieron, y lo llevaron al interios del castillo.

Alli permanecio todo el dia moribundo y sin hablar, al fin dijo ¿ que es ese ruido ? le contaron que los turcos estaban realizando una carniceria, a lo cual sentencio;  ” hacer las paces ” y dicho esto fallecio.

Pedro de Sevry, tomo el mando, lo primero que hizo fue embarcar a toda la poblacion que pudo en los barcos que disponia, unas diez mil personas fueron asi liberadas.

Despues pacto las condiciones para la rendicion de los templarios, y las acepto. Cuando empezaron a entrar los sarracenos al castillo, Pedro vio como increpaban a las mujeres cristianas y decidio tomar las armas de nuevo y luchar a muerte.

Acre cayo el dia 18 de mayo, viernes, y el castillo templario diez dias mas tarde, que fue el tiempo que los valientes monjes pudieron aguantar las embestidas sarracenas.

LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

Los tres reyes, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, se aliaron en 1212 para combatir frente a los Almohades, en la famosa batalla de las Navas.

Fue en el la madrugada del lunes 16 de Julio de 1212 cuando los tres reyes al mando de unos 12.000 hombres se preparaban para cambiar el curso de nuestra historia.

Estaba a punto de acontecer la mayor batalla de nuestra historia, una auténtica batalla campal, por el centro el rey Alfonso VIII de Castilla, a su derecha el rey Pedro II de Aragón, a la izquierda el rey Sancho VII con sus caballeros navarros. Acompañando a los tres reyes estaban las órdenes más importantes del momento, que también pusieron su sangre al servicio de la cristiandad.

Por fin la caballería cristiana emprendió la carga contra los voluntarios almohades, que resistieron poco y huyeron, las tropas turcas “guzz” y los beréberes empezaron a lanzar sus flechas contra los cristianos, causando numerosas bajas, las tropas cristianas parecían huir.

Fue en ese delicado momento cuando los tres reyes se lanzaron con todo a por los almohades que ahora sí empezaron a ceder, llegando de esta manera hasta el palenque de Al Nasir, fue Sancho el que, como cuenta la leyenda, penetró el primero en el palenque montando una mula y repartiendo latigazos a diestro y siniestro. El califa salió huyendo y sus hombres también lo intentaron, aunque perseguidos por las huestes cristianas que les fueron dando caza durante varias horas. Cuenta la leyenda que solo hubo 25 heridos cristianos, en realidad se piensa de varios cientos de muertos cristianos y unos miles de almohades.

Dicen que durante varios inviernos los pueblos de alrededor, alimentaros sus fuegos con las flechas recogidas en el campo de batalla… Aquí la reconquista dio un paso importante para convertirse en una realidad.

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INTRODUCCION A LAS CRUZADAS

«El único deber que tenemos con la Historia es el de escribirla de nuevo»

Oscar Wilde (1854-1900)

No bien se profundiza un hecho histórico, se rasguña la superficie pulida artesanalmente por los historiadores «oficiales», comienzan a aparecer contradicciones, mitos y deformaciones. Las cruzadas no escapan a esta constante. Más bien lo patentizan. Esta gesta de casi dos siglos es, a la luz de los textos tradicionales, un movimiento de fe destinado a arrebatar el patrimonio de los Santos Lugares a los feroces musulmanes. Los turcos selÿukíes, los fatimíes, los ayubíes, los mamelucos, como en el teatro griego antiguo, tienen asignadas de antemano las caretas de villanos, y los caballeros cruzados, las delicadas máscaras de la bondad. Esta representación, sin embargo, es tan falsa que ni siquiera admite el desarrollo clásico donde los buenos le ganan a los malos.

Cuando Urbano II arengó en el Concilio de Clermont a los caballeros y siervos allí reunidos, los uniformó con cruces en las espaldas y les transmitió con pasión de activista la consigna «¡Dios lo quiere…!», probablemente no pensó que la empresa habría de írsele de las manos, no bien las huestes cruzaran sus propias fronteras. Sólo los inocentes -la plebe y los niños son los depositarios del candor- partieron tocados por la fe y, sin más armas que la ilusión que Dios estaba de su lado, fueron a encontrar la muerte en tierras ajenas. La mayoría ni siquiera pisó tierra musulmana. Era el fatalismo del que nada tiene, dadas las prerrogativas abyectas que les deparaba la sociedad feudal. Los otros, soberanos y caballeros, escondían bajo el sayo cruzado aspiraciones menos cristianas, aunque sería una inconsecuencia arrumarlos a todos en un mismo costal. Muchos de ellos vieron en estos movimientos masivos un escape para sus anhelos de aventura o procedieron movidos por voracidad conquistadora o colonialista.

Con excepción de Luis IX de Francia -canonizado después por la Iglesia-, no hubo caballero o soberano cruzado que pudiera parangonarse en nobleza y hombría de bien con el musulmán Saladino. En la suma de atrocidades cometidas durante los numerosos capítulos de la gesta, la crueldad de quienes ostentaban la enseña de la cristiandad superó en mucho a la de los musulmanes. La tesis islámica de que los europeos eran «salvajes» e «invasores» tiene una débil réplica occidental.

Los historiadores no han podido llegar a un acuerdo en cuanto a la significación de estas campañas. Los más optimistas las ubican como antesala del Renacimiento. Los menos, les atribuyen consecuencias apenas costumbristas. El espectro de la ponderaciones puede ser muy amplio, pero las cruzadas son el punto de partida de todas las persecuciones a aquellos que no profesan una misma fe, pasando por ese monumento a la intolerancia que fue la Inquisición, siguiendo con las depredaciones y genocidios a cargo de los españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses en las Américas, Asia y Africa entre 1500-1900, y culminando con los holocaustos de Stalin y Hitler, Hiroshima y Vietnam, -sin olvidarnos de las masacres perpetradas contra los pueblos armenio (1915-1923) y argelino (1948-1960)-, que han desquiciado a nuestro siglo XX.

Sin embargo, las cruzadas son también un acontecimiento histórico apasionante, que permite estudiar y analizar la interacción de gentes de cultura y religión distintas con la perspectiva actual, a nueve siglos de los acontecimientos, con todo lo que eso significa.

Sinopsis

Las Cruzadas fueron expediciones militares emprendidas en los siglos XI-XIII contra los musulmanes por parte de la Europa cristiana y con el impulso del papado. En realidad se trató de la primera expansión europea de conquista después de la desaparición del imperio romano. Las Cruzadas establecieron los orígenes del colonialismo e imperialismo de Occidente sobre Oriente.

Según los distintos historiadores, las fechas propuestas que marcan su finalización van desde 1291 (toma de Acre por los musulmanes mamelucos) hasta incluso 1798, cuando Bonaparte conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén,(1) una orden militar establecida durante las Cruzadas.

Algunos afirman también que el 11 de diciembre de 1917 es la fecha apropiada. Ese día, el general inglés Sir Edmund Allenby (1861-1936), comandante en jefe aliado contra Turquía y Alemania en el frente de Palestina durante la primera guerra mundial, entró con el Ejército británico en Jerusalén y proclamó: «¡Hoy terminaron las cruzadas!»: una frase solemne pero bastante fuera de lugar, ya que el gobierno turco de entonces era laico y partidario de la desislamización, y por el contrario, los que habían posibilitado la victoria de Allenby eran los irregulares musulmanes de Arabia, Palestina y Siria conducidos por el entonces mayor Thomas Edward Lawrence (1888-1935) -más conocido como Lawrence de Arabia-, a quienes se les había dado la vana promesa de independencia y soberanía que se esfumó con la Conferencia de Paz de París de 1919 (en realidad una simple ratificación del pacto secreto Sykes-Picot de 1916 por el cual Inglaterra y Francia decidieron repartirse la región al finalizar la contienda mundial).

El general Henri-Joseph-Eugène Gouraud (1867-1946), comandante en jefe francés y Alto Comisionado en Siria (1919-1923), hizo otro tanto al entrar a Damasco en julio de 1920. Cuando sus tropas ocuparon la milenaria ciudad se dirigió al mausoleo de Saladino, vecino a la mezquita de los Omeyas, y pronunció la famosa frase frente a su tumba: «Ya volvimos… Saladino».

La Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, fue una orden militar cuyo nombre completo es Soberana Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Su función inicial fue proteger un hospital construido en Jerusalén antes de las Cruzadas; durante un corto período, sus miembros fueron llamados Hospitalarios o Caballeros Hospitalarios. La Orden fue fundada después de la formación del reino latino de Jerusalén aprobado por el papa Pascual II en 1113 y confirmado por el papa Eugenio en 1153. Desde 1309, la Orden tuvo su sede central en la isla de Rodas, donde formaba un auténtico Estado territorial; su marina se encargaba de mantener libre de musulmanes el este del mar Mediterráneo, atacando y asesinando a los peregrinos que se dirigían a La Meca desde al-Andalus, el Magreb o Siria. La Orden recibió las propiedades de los Caballeros Templarios en el 1312. Los Caballeros de Rodas crearon agrupaciones nacionales de la Orden en distintos lugares, en cada uno de los cuales eran llamados lenguas (del francés langues). Tras ser expulsados de la isla de Rodas en 1522 por el sultán otomano Solimán I el Magnífico, los Caballeros no encontraron un lugar donde radicarse hasta 1530, año en que les fue cedida la isla de Malta por Carlos V. Una vez convertidos en gobernantes de esa isla, los Caballeros de Malta, como comenzaron a ser llamados, dirigieron la defensa de la isla ante el ataque otomano de 1565. Durante la Reforma, los Caballeros de Malta perdieron sus propiedades en Inglaterra y en Alemania, y durante la Revolución Francesa, también sus bienes en Francia. Los franceses revolucionarios, bajo el comando de Napoleón Bonaparte, se apoderaron de Malta en 1798 y acabaron con 700 años de predominio de la orden.

Contexto histórico.

El nombre de cruzado y de cruzada nace a raíz de que los hombres que acudieron a la llamada del pontífice Urbano II en el concilio de Clermont Ferrand (1095) adoptaron el símbolo de la cruz en su expedición. El concepto de cruzada se aplicó también, especialmente en los siglos XIII-XIV, a las guerras contra los «herejes» cristianos del sur de Francia (cátaros), los paganos del Báltico (prusianos, lituanos, estonios, fineses) y contra los enemigos políticos del Papado como Federico II. Por extensión, el término se emplea en Occidente para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral.

Para los europeos, las Cruzadas constituyeron al mismo tiempo una epopeya religiosa, el comienzo de una toma de conciencia «europea» y la primera expansión económica y colonial de ultramar.

Para los musulmanes, en cambio, las Cruzadas fueron una serie de expediciones militares favorecidas por la anarquía política y religiosa del Oriente musulmán, que vinieron añadirse a las invasiones de los mongoles y a las campañas bizantinas. A los musulmanes les hicieron falta casi dos siglos (1099-1291) para poner fin a la presencia de los cruzados.

El síndrome del año mil

Era creencia generalizada entre los cristianos de la Alta Edad Media, que el mundo llegaría a su fin al cumplirse el Año Mil desde la Encarnación.

La llegada del año 1000 era el fin de todo para los portavoces del Apocalipsis, heraldos de las altas autoridades eclesiásticas que utilizaban el antiguo recurso del miedo para tener sometido al pueblo y al bajo clero a la servidumbre a través de la superstición disfrazada de dogma religioso. Así, se proclamaba que Europa moriría entre el siglo X y el XI. El mundo se acabaría. La frontera del bien y el mal sólo la cruzarían los santos, los demás se hundirían en las tinieblas del pecado y la culpa.

El célebre historiador y medievalista francés Georges Duby, en su obra Año 1000. Año 2000. La huella de nuestros miedos, codificó los miedos esenciales que acosaban a Europa en el año 1000, cuando el ignoto horizonte del nuevo milenio enfatizaba sus temores. Su análisis permite arribar a una conclusión que contradice la idea de progreso de Occidente: básicamente, los miedos de antaño son los mismos que hoy, en los albores del año 2000: el miedo a la miseria, el miedo al otro, el miedo a las epidemias, el miedo a la violencia y el miedo al más allá, son tan tangibles ahora como hace mil años.

Otro no menos famoso medievalista francés, Henri Focillon (1890-1950), amplía este concepto: «…en el año 1000 llega el hombre de Occidente al colmo de las desventuras que le habían perseguido durante todo el siglo X; la proximidad de la fecha fatídica despierta la creencia en el fin del mundo, los prodigios lo estimulan; un pavor indescriptible se apodera de la humanidad; han llegado los tiempos predichos por el apóstol… pero pasa el año, el mundo no ha perecido, la humanidad respira, se tranquiliza, entra agradecida en nuevas vías. Todo cambia, todo mejora. En primer lugar la arquitectura religiosa. El monje Raúl Glaber escribe en su texto famoso: “Pasados unos tres años del año 1000, la tierra se cubría de una blanca túnica de iglesias.” (…) Recapitulemos una vez más todos los elementos de la cuestión. El año 954, envía Adso a la reina Gerberga un tratado destinado a combatir la creencia en la próxima aparición del Anticristo, preludio del fin del mundo. En 960, el eremita Bernardo anuncia el fin del mundo: lo sabe por revelación. En 970 se extiende por Lorena el rumor de que se acerca el fin del mundo. En 1009 se manifiestaen Jerusalén esta misma creencia. En 1033 se cree en galia que la humanidad va a perecer.» (H. Focillon: El año mil, Alianza, Madrid, 1987, págs. 56-57 y 91).

De igual modo, a través de esta exposición veremos que las causas y razones que se argumentaron para montar esa serie de invasiones armadas denominadas Cruzadas son muy parecidas, y en algunos casos idénticas, a las que se invocaron para justificar el ataque contra el Canal de Suez en 1956, el desembarco de los marines en el Líbano en 1983 o la gigantesca operación que se lanzó en la llamada «Guerra del Golfo» hace siete años, que el escritor español Juan Goytisolo bautizó con el nombre de «Petrocruzada».

Ahora volvamos al lejano siglo XI. Uno de los principales flagelos que padecía la población de la Europa medieval cristiana era el hambre. Los cronistas de la época dan una idea del hambre que había al citar frecuentes casos de canibalismo. Por ejemplo, el monje borgoñón Radulfus Glaber «El Calvo» (985-1050) en su Historiarum Sui Temporis (escrita entre 1030-1035), afirma que el canibalismo era una práctica común en muchas regiones de Francia en 1032. Dice: «La gente devoraba carne humana. Los caminantes eran atacados por los más fuertes, que los descuartizaban y comían, después de haberlos asado… En muchos lugares sacaban los cadáveres de la tierra para calmar el hambre… Tanto se propagó el consumo de carne humana, que hasta se puso en venta en el mercado de Tournus(2) como si fuera carne de vaca…» (R. Glaber: Les cinq livres de ses histoires 900-1044, ed. M.Prou, París, 1886).

Ciudad del actual departamento de Saône-et-Loire, sede de una hermosa abadía benedictina del siglo VIII.

El historiador francés Dareste de la Chavanne (1820-1882) calculó que durante el siglo XI hubo casi treinta años de malas cosechas y que Europa Occidental padeció una terrible hambruna entre 1087-1095, que como veremos más adelante coincidió con el Concilio de Clermont y la proclamación de las Cruzadas.

El siervo, el campesino, aplastado por la miseria, oprimido por su dependencia personal del terrateniente y el señor feudal, era víctima de su propia ignorancia, fomentada por ciertos sectores de la Iglesia, que predicaban la sumisión, la resignación y el temor. Ignorante, obnubilado por fantásticas ideas que nada tenían que ver con el verdadero cristianismo monoteísta, el campesino interpretaba sus desgracias a través de la óptica de sus aleccionadores eclesiásticos. Las malas cosechas, el hambre, las pestes que se llevaban a sus hijos la sepultura, eran para el simple labriego una manifestación de la «ira divina», un castigo divino por sus pecados. Así tomaba cuerpo la ilusión de que para librarse de los sufrimientos de la vida diaria había que aplacar la ira de las fuerzas celestes demostrando su fidelidad con un acto extraordinario y heroico. Luego veremos cómo la Iglesia, al organizar las cruzadas, se valió de estos ánimos de los campesinos.

En ese siglo undécimo, en cuyas postrimerías se lanzó la Primera Cruzada, se mezclaron, como pocas veces en la historia, sentimientos opuestos de arrebato místico y de rapiña terrenal. Caballeros y campesinos luchaban tanto para dar alimento al espíritu torturado como al estómago vacío.

Uno de los tantos flagelos que asolaban las comarcas de aquella Europa tenebrosa eran los caballeros sin tierra que asaltaban los grandes latifundios y las grandes posesiones de la Iglesia y los monasterios. Esos caballeros, cuya supuesta piedad tanto ponderan los escribas de la historia oficial, no titubeaban, relata un documento de mediados del siglo XI, en «atacar a los clérigos desarmados, a los frailes o a las monjas…». El Papa León IX, pontífice entre 1048 y 1054, escribió lo siguiente sobre estos caballeros: «He visto a esa gente violenta, increíblemente feroz, que en impiedad supera a los paganos, que destruye por doquier los templos del Señor, que persigue a los cristianos… No tienen compasión ni de los niños, ni de los ancianos, ni de las mujeres».

El bandolerismo y el pillaje abundaban hasta niveles increíbles, ejercitado principalmente por bandas de caballeros empobrecidos. Regía entonces la injusta institución del mayorazgo, que impedía la división de las tierras familiares, debiendo éstas, a la muerte del padre, pasar en su integridad al hijo mayor. Los otros -«segundones»- quedaban sin nada. De allí los apelativos de «Sin Blanca», «Sin Tierra», «Sin Ropa», «Desnudo» o «Infortunado» que a menudo acompañan al nombre rimbombante de los nobles de la época.

En medio de este duro panorama se produjeron querellas político-religiosas, como la llamada «Guerra de las Investiduras», en que se enfrentaron inicialmente Enrique IV de Alemania, llamado «El Grande», y el Papa Gregorio VII (1020?-1085). Enrique IV rehusó aceptar la prohibición que el Pontífice impuso sobre la investidura de los feudales eclesiásticos por el emperador del Sacro Imperio Romano y los señores feudales, como hasta entonces había venido haciéndose. La Iglesia era, por aquel tiempo, dueña del tercio de las tierras agrícolas, y sus monjes eran eficaces administradores, de modo que obtenían mayor rendimiento que los señores. Sus arcas estaban siempre bien provistas. Interesaba a los señores y emperadores, por lo tanto, nombrar como autoridades eclesiásticas locales a quienes pudieran apoyarlos. Entregar estos nombramientos al Papa era entregarle también un poderoso elemento de control sobre sus regiones.

Ante la reconvención de Gregorio VII por su negativa a aceptar la investidura papal, Enrique IV le hizo deponer por el clero alemán en la Dieta de Worms y nombró un Antipapa. Gregorio respondió con la excomunión, a la vez que liberaba a los súbditos del juramento de lealtad al emperador. Los señores feudales aprovecharon la oportunidad y se rebelaron, proclamándose Rodolfo de Suavia separado de la corona del emperador. La situación obligó a Enrique IV a buscar arreglo. En enero de 1077, viajó en pleno invierno a Canosa (Emilia-Romagna), donde estaba Gregorio, y durante tres días, en medio de la nieve, con traje de penitente y descalzo esperó en el patio del castillo a que el Pontífice se dignara a recibirlo. Iba a pedirle perdón. Finalmente, el emperador consiguió la absolución. Desde entonces, la expresión «ir a Canosa» indica la rendición humillada de alguien.

Estas realidades acuciantes comenzaron a preocupar grandemente a la Iglesia y a los señores feudales y se trató de buscar una solución. La cuestión estaba cómo y por cuenta de quién hacerlo. ¿Hacia dónde orientar las miradas de los campesinos ansiosos de tierra y libertad, de modo que también se favoreciera la Iglesia y los demás feudales? ¿Hacia dónde encaminar a los caballeros ávidos de propiedades y riquezas, y a los nobles que anhelaban sus dominios?

Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar y distraer parte de esa población en crecimiento y hambrienta; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Amalfi, Génova, Pisa y Venecia.

Las consecuencias de una conspiración

En 1073 fue elegido un nuevo papa hecho a la sombra de los claustros del monasterio benedictino de Cluny (al este de Francia central), el ya nombrado Gregorio VII. Rápidamente éste quiso instaurar las políticas formuladas por la orden cluniaciense. Estas consistían en establecer una teocracia, una especie de programa de dominio de los papas, según el cual los príncipes y los reyes eran meros vasallos del trono romano; el Papa dispondría de las coronas, designaría y sustituiría a los duques, reyes y emperadores igual que hacía con los obispos. De este modo, los papas surgidos del movimiento de Cluny actuaban como «césares investidos de sumo sacerdote», según la acertada expresión del historiador alemán W. Norden. Una parte esencial de ese programa «ecuménico» de Roma lo constituía el empeño de liquidar la independencia de la Iglesia oriental, greco-ortodoxa, y por consecuencia, adueñarse de las fabulosas riquezas del Imperio Bizantino guardadas en su capital, Constantinopla (cfr. Steven Runciman: La Civilización Bizantina, Ediciones Pegaso, Madrid, 1942; Fotios Malleros K.: El Imperio Bizantino 395-1204, Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile, Santiago, 1987, págs. 101-102; Ofelia Manzi: Constantinopla ante propia y ajenos. Aproximación a un análisis documental, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires, 1994).

El cisma de las Iglesias, es decir, la formación de la Iglesia católica romana y de la Iglesia ortodoxa griega, debido a los diferentes destinos políticos y sociales de los países que integraban los Imperios romanos, Oriental y Occidental, tuvo lugar en 1054. Las divergencias dogmáticas y rituales entre la Iglesia latina y la griega eran insignificantes si se las compara con las disputas de poder político.

Precisamente en relación con esos propósitos se perfilaron las primeras previsiones del plan para organizar una campaña de conquista del Oriental.

Pero para montar semejante operación no había que alertar a Bizancio. Por eso parece ser que algunos dirigentes papales sugirieron la idea de que la empresa debía promocionarse como una expedición en defensa de los cristianos de Oriente acosados por los musulmanes selÿukíes. En efecto, los selÿukíes habían conquistado gran parte del Asia Menor. En 1071 tomaron Jerusalén, bajo dominio del califato egipcio de los Fatimíes, y en los años siguientes quedó en su poder el resto de Palestina y Siria. Mucho tiempo después de las cruzadas, los cronistas occidentales inventaron distintas leyendas sobre la persecución que sufrían los cristianos en los países orientales por parte de los selÿukíes. Afirmaban que «los paganos profanaban los santuarios cristianos y mostraban su hostilidad hacia los peregrinos que iban a Jerusalén». Así apareció la invención de que el Santo Sepulcro de Jerusalén, donde se suponía que se encontraban los restos de Jesús, el hijo de María (en realidad se trataba de un sepulcro vacío), estaba en peligro de ser ultrajado y debía ser rescatado de las manos sacrílegas. Por lo tanto, los musulmanes selÿukíes «amenazaban a la Cristiandad y ello obligó a intervenir a los católicos guiados por el papado».

Todavía hoy algunos señalan éstas como las causas inmediatas de las cruzadas. Las investigaciones han disipado poco a poco la fantástica mentira que durante siglos envolvió la prehistoria de las cruzadas. El islamólogo francés de origen judío Claude Cahen ha demostrado que los selÿukíes y sus antecesores musulmanes, como los fatimíes, carecían por completo de intolerancia o fanatismo religioso y que la situación de la población cristiana de Siria, Palestina y Asia Menor, conquistas por los selÿukíes era estable y armónica. Por el contrario, con la administración selÿukí cesaron las persecuciones religiosas y fiscales ejercidas por la Iglesia Bizantina contra la mayoría de la población cristiana monofisita, nestoriana y copta. (Claude Cahen: Notes sur l’histoire des croisades et de l’Orient latin. Bulletin de la faculté des lettres de l’Université de Strasbourg, 1950, num. 2, pág. 121).

El ejército islámico del califa Omar Ibn al-Jattab (586-644) había entrado en Jerusalén en 637. Durante 461 años los musulmanes habían protegido los derechos de todos los cristianos y los judíos escrupulosamente. Incluso hasta hoy en día, la llave de la Iglesia del Santo Sepulcro permanece confiada a un musulmán. «Su nombre es Museba y su familia ha sido responsable de abrir y cerrar sus puertas todos los días, desde que los musulmanes entraran en Jerusalén» (cfr. Terry Jones y Alan Ereira: Crusades, Penguin Books/BBC Books, Londres, 1996, pág. 54). Jerusalén es considerada por el Islam la tercera ciudad santa, después de La Meca y Medina.

Es cierto que al-Hákim (985-1021), el califa loco fatimí,(3) había destruído la iglesia del Santo Sepulcro en 1010, pero los mismos musulmanes, cuando lograron desembarazarse de semejante desviado, contribuyeron con sumas importantes a su restauración. En 1047, el viajero musulmán persa Nasir Josrou(4)la describía como «un edificio muy espacioso, capaz de contener ocho mil personas y construído con la mayor habilidad. En su interior, la iglesia está en todas partes adornada con brocado bizantino… Y han representado a Jesús (la Paz sea con él) montado en un asno» (Guy Le Strange: Palestine under the Moslems. A Description of Syria and the Holy Land from AD 650-1500, Alexander P. Watt, para la Palestine Exploration Fund, Londres, 1890, pág. 202).

Sin embargo, cuando los francos tomaron Jerusalén en 1099, la situación cambió drásticamente. Los ortodoxos griegos, los coptos, los jacobitas, los armenios y los monofisitas fueron expulsados. Mientras que los musulmanes y los judíos fueron simplemente exterminados.

3 Aparentemente, el poder y la ambición provocaron en Abu Alí Mansur, al-Hákim Bi-Amr Allah de sobrenombre, un fuerte estado psicótico que lo llevó al asesinato de varios visires, la persecución de los cristianos y judíos, la quema de muchas iglesias y sinagogas y la demolición de una parte de la iglesia del Santo Sepulcro. Como para repetir las «proezas» de Calígula y Nerón, al-Hákim se proclamó dios y envió emisarios a establecer su culto entre el pueblo (muchos de estos predicadores fueron lapidados por los musulmanes). El historiador egipcio Ibn al-Taghribirdí (1530-1604), en su obra Kitab al-Nuÿúm al-zahira fi muluk Misr ua-l-qahira (”Estrellas refulgentes de los reyes de Egipto y el Cairo”) dice que al-Hákim «hizo venir a los caides y jefes de tropa y les mandó que marcharan sobre Fustat (El Cairo) a prenderle fuego, entrar a saco en ella y matar a la gente que allí se había alzado con buena fortuna contra él». Al-Hákim gobernó durante veinticinco años y un mes y fue asesinado en la noche vigésima séptima del mes de Shawwal del año 411 H., a la edad de treinta y seis años y siete meses (cfr. Salem Himmieh: El loco del poder. Con presentación de Juan Goytisolo y traducción y epílogo de Federico Arbós, Libertarias/al-Quibla, Madrid, 1996).

Nasir Josrou al-Marvazí al-Qubadiyaní (1004-1088) fue un poeta y teólogo persa que viajó hacia 1045 a La Meca, Palestina y Egipto. A su retorno al hogar, se vio obligado a exilarse en Badajshán (hoy Afganistán oriental), por ser adherente de la escuela shií de pensamiento. Es autor de un género llamado Safarnameh (poesía de viajes), un «Libro de la felicidad» (Sa’adat-nameh) y de composiciones filosóficas y teológicas como Raushana’i-nameh y Ÿami’ al-hikmatain (cfr. Henry Corbin: Etude préliminaire pour le Livre rèunissant les deux sagesses de Nasir-e Khosraw, Teherán, 1953). Su Safarnameh fue traducido al francés y editado por Charles Schefer, París, 1881.

La Primera Cruzada

Las Cruzadas comenzaron formalmente el jueves 27 de noviembre de 1095, en un descampado a extramuros de la ciudad francesa de Clermont-Ferrand (Auvernia). Ese día, el papa Urbano II (1040-1099) predicó a una multitud de seglares y de clérigos que asistían a un concilio de la Iglesia en esa ciudad. En su sermón, el papa esbozó un plan para una Cruzada y llamó a sus oyentes para unirse a ella: «Oh raza de los francos, raza amada y escogida por Dios… De los confines de Jerusalén y de Constantinopla llegan graves noticias de que una raza maldita, completamente alejada de Dios, ha invadido violentamente las tierras de esos cristianos y las ha despojado valiéndose del saqueo y el fuego.

¿A quién corresponde, pues, la labor de vengar esos agravios y recuperar ese territorio más que a vosotros… No os detenga ninguna de vuestras posesiones ni la ansiedad por vuestros asuntos familiares. Pues este país que ahora habitáis, cerrado en todas partes por el mar y las cumbres montañosas, es demasiado pequeño para vuestra gran población; apenas da alimento bastante para los que lo cultivan. Por eso os asesináis y devoráis unos a otros, por eso hacéis la guerra y muchos de vosotros perecéis en la lucha civil.

Aléjese el odio de vosotros; terminen vuestras peleas. Emprended el camino que va al Santo Sepulcro; arrebatad esa tierra a una raza perversa y estableced allí vuestro dominio. Jerusalem es la tierra más fructífera, un paraíso de deleites. Esa ciudad real, situada en el centro de la tierra, os implora que acudáis en su ayuda…» (ver F. Ogg: Source of Medieval History, Nueva York, 1907, págs. 282-288).

Por toda la muchedumbre corrió una excitada exclamación: Dieu li volt, «Dios lo quiere». Urbano la aprobó y les mandó que la tomaran por grito de batalla. Seguidamente ordenó a los que emprendieran la campaña que llevaran una cruz en la frente o el pecho. Las Cruzadas habían comenzado. Hoy día, en 1998, a menos de tres años para que comience el tercer milenio, por los alcances y derivaciones de ciertos conflictos que aún mantienen en vilo a las regiones del Cercano y Medio Oriente, estas expediciones parecerían que mantienen la vigencia de sus mejores épocas.

El llamado de Papa Urbano II a la Primera Cruzada pidiendo a los cristianos que rescataran el Santo Sepulcro, que se encontraba bajo custodia de los musulmanes desde el año 637, se produjo en un momento en que arreciaban las luchas entre los señores feudales y aumentaba la resitencia pasiva de los campesinos a la situación imperante. El «espíritu de ascetismo» señalado por los historiadores encontró una causa en que volcarse y precipitó a miles y miles de señores y vasallos a las lejanas y míticas tierras santas.

Urbano encargó a los obispos asistentes al concilio que regresaran a sus localidades y reclutaran más fieles para la Cruzada. También diseñó una estrategia básica según la cual distintos grupos de cruzados iniciarían el viaje en agosto del año 1096. Cada grupo se autofinanciaría y sería responsable ante su propio jefe. Los grupos harían el viaje por separado hasta la capital bizantina, Constantinopla (la actual Estambul, en Turquía), donde se reagruparían. Desde allí, lanzarían un contraataque, junto con el emperador bizantino y su ejército, contra los Selÿukíes,(5) que habían conquistado Anatolia. Una vez que esa región estuviera bajo control cristiano, los cruzados realizarían una campaña contra los musulmanes de Siria y Palestina, siendo Jerusalén su objetivo fundamental.

La dinastía turca de los selÿúcidas o selÿukíes (1038-1194) reinó sobre vastos territorios de Transoxiana y su epónimo fue Selÿuk, miembro de una tribu de los uguz. Tugril Beg, el primero de los Grandes Selÿúcidas, era dueño del Irán oriental. De confesión sunni, declaró su voluntad de «liberar» al califa abbasí de la tutela de los emires de la dinastía buÿí (945-1055), que eran shiíes. En 1055, Tugril entró en Bagdad, y tres años más tarde, el califa le otorgó oficialmente el título de sultán, con lo que por primera vez en la historia del Islam el poder temporal y el poder espiritual quedaron netamente separados. En lo sucesivo, el califa dejó de ocuparse de las cuestiones políticas. El sultanato selÿukí evolucionó muy pronto hacia la forma de un Estado militar jerarquizado, según el modelo persa, con una burocracia irania en sus puestos de mando y un ejército pluriétnico comandado por jefes turcos. Los mismos selÿúcidas se iranizaron profundamente desde el punto de vista cultural y establecieron su capital en Isfahán. Los sucesores de Tugril, Alp Arslán y Malik e-Shah, secundados por el muy competente visir persa Nizam al-Mulk (1018-1092). A partir del siglo XII, el imperio de los Grandes selÿúcidas se dislocó a causa de las querellas dinásticas y bajo la presión de los guríes afganos y más tarde de los mongoles. Una rama disidente fundó entonces un nuevo sultanato en Anatolia, la de los selÿucidas de Rum (en árabe “Roma”, es decir, la Anatolia bizantina), que duró entre 1077 y 1307, y que con Ertugrul Gazi (1190-1282) tendrá un protagonismo decisivo en la formación del Imperio otomano (1299-1909).

La cruzada de Pedro el Ermitaño y Gualterio Sin Blanca

Dice el historiador norteamericano William James Durant (1885-1981) que «toda la cristiandad, unida como nunca, se preparaba con ardor para la guerra santa. Extraordinarios alicientes inducían a multitudes a reunirse en torno a esa bandera. Se ofrecía una indulgencia plenaria de todos lo pecados al que muriera en la guerra. Se permitía a los siervos dejar la tierra a que estaban ligados; se eximía a los ciudadanos del pago de impuestos; se concedía a los deudores moratoria en el pago de intereses; se libertaba a presos y se conmutaban penas de muerte, por una osada extensión de la autoridad pontifica, a servicio perpetuo en Palestina. Millares de vagabundos se unieron a la caminata sagrada. Hombres cansados de una desesperada pobreza, aventureros dispuestos a frontar cualquier riesgo, segundones que esperaban crearse señoríos en Oriente, mercaderes que buscaban nuevos mercados para sus mercancías. (…) Propaganda de la clase usual en la guerra recalcaba las vejaciones que los cristianos sufrían en Palestina, las atrocidades de los musulmanes, las blasfemias de la fe mahometana; se decía que los musulmanes adoraban una estatua de Mahoma y la chismería piadosa relataba que el profeta, durante uno de sus ataques epilépticos, había sido devorado por cerdos. Surgían fabulosos relatos acerca de los tesoros de Oriente y de morenas bellezas que esperaban ser tomadas por los valientes. Tal variedad de móviles difícilmente podía atraer una masa homogénea capaz de organización militar. En muchos casos mujeres y niños insistían en acompañar a sus maridos o padres, quizá con razón, pues pronto se alistaron prostitutas para servir a los guerreros. Urbano había designado el mes de agosto de 1096 como tiempo de partida, pero los primeros reclutas, impacientes campesinos, no pudieron aguantar. Una hueste de los tales, en número de 12.000 personas (entre las cuales sólo había ocho caballeros), partió de Francia en marzo bajo el mando de Pedro el Ermitaño(6) y Gualterio Sin Blanca (Gautier Sans Avoir); otra, de unos cinco mil individuos, partió de Alemania dirigida por el monje Gottschalk; otra aún avanzaba desde las Provincias Renanas al mando del conde Emicón de Leiningen. Fueron principalmente estas bandas turbulentas las que atacaron a los judíos de Alemania y Bohemia, rechazaron los llamados a la cordura de eclesiásticos y ciudadanos y degeneraron por un tiempo en brutos que expresaban su piedad en sed de sangre (…) La población resistió violentamente; algunas ciudades les cerraron sus puertas, y otras los conminaron a partir sin demora. Llegados por fin, sin blanca, ante Constantinopla, diezmados por el hambre, la peste, la lepra, la fiebre y las luchas entabladas en su camino, Alejo les dió la bienvenida, pero no los alimentó satisfactoriamente; invadieron los suburbios y saquearon iglesias, casas y palacios. Para librar su capital de esa orante plaga de langostas, Alejo les dió naves con que cruzaron el Bósforo, les mandó provisiones y les ordenó que aguardaran la llegada de destacamentos mejor armados. Fuese hambre o simple impaciencia, los cruzados no hicieron caso de esas instrucciones y marcharon sobre Nicea. Un disciplinado destacamento de turcos, expertos arqueros todos ellos, salió de la ciudad y casi aniquiló a la primera división de la primera Cruzada. Gualterio Sin Blanca pereció en la lucha; Pedro el Ermitaño, fastidiado de su ingobernable hueste, había regresado a Constantinopla antes de la batalla y vivió sin peligro hasta 1115» (W. Durant: La Edad de la Fe. 3 vols. Vol. II. Cap. XXII: “Las Cruzadas”, Sudamericana, Buenos Aires, 1956, págs. 262-263).

6 Pedro el Ermitaño (1050-1115), nativo de Amiens (Francia), al parecer fue soldado y después se convirtió en ermitaño. En el año 1093 peregrinó a Palestina, aunque no pudo llegar a Jerusalén. En 1095, inspirado por el llamamiento del papa Urbano, inició una campaña predicando la Cruzada en todo el norte y centro de Francia. Condujo en 1096 un grupo de cruzados -campesinos y gente sin ningún tipo de preparación militar- a Constantinopla y Asia Menor, donde fueron diezmados por los selÿukíes. Más tarde se unió al ejército de Godofredo, que conquistó Jerusalén en el año 1099. Pedro el Ermitaño fue sólo uno más de los diversos líderes populares que predicaron la primera Cruzada; su relevancia fue ampliamente exagerada por muchos historiadores.

La vanguardia de Godofredo

Mientras sucumbían las huestes de Pedro el Ermitaño, los duques, condes y barones de Occidente reclutaban verdaderos ejércitos de cruzados. Según testimonios de la época, el número de esos combatientes «era tan grande como las estrellas del cielo y las arenas del mar». Sin embargo, los investigadores contemporáneos limitan este número a sesenta mil, como máximo. Y de ellos, sólo diez mil armados convenientemente.

La idea de las cruzadas halló fervientes partidarios entre los normandos, siempre ávidos de lucha, hasta el punto de que Normandía y el sur de Italia proporcionaron tal cantidad de guerreros que la Primera Cruzada parecía una expedición de vikingos cristianos.

Los normandos italianos estaban dirigidos por Bohemundo de Tarento (1058-1111), hijo del aventurero Roberto Guiscardo (1015-1085), para quien la cruzada era ante todo una tentadora ocasión de ajustar cuentas con los aborrecidos bizantinos (su padre había muerto en campaña contra Bizancio en Kefaloniá) y crearse un reino en Oriente. Para la realización de sus planes halló un dócil instrumento en la persona de su joven sobrino Tancredo (1078-1112), conocido como «el Aquiles de la Cruzada».

De los caballeros francos que se alistaron para rescatar el Santo Sepulcro el más rico y capacitado era Raimundo de Saint-Gilles (1042-1105), conde de Tolosa. Pero el más piadoso y desinteresado fue Godofredo de Bouillon (1061-1110), duque de la Baja Lotaringia o Lorena (en alemán Lothringen y en francés Lorraine). Godofredo y su hermano Balduino (1058-1118) fueron los primeros dispuestos a encabezar un ejército compuesto por flamencos y valones, camino de Constantinopla, lugar de cita que se habían fijado los cruzados

Muy pronto estuvieron en marcha por distintas rutas cuatro grandes ejércitos de cruzados: el de los lorenenses, flamencos y alemanes a las órdenes de Godofredo de Bouillon y Balduino; el de los normandos de Italia, con Bohemundo de Tarento y su sobrino Tancredo; el de los languedocianos, conducido por el conde Raimundo de Tolosa y finalmente el de los francos y normandos, con Roberto de Normandía (1054-1134), hijo de Guillermo I el Conquistador (1027-1087). Eran, respectivamente, cuatro temperamentos: los más sinceros, los más astutos, los codiciosos y los más valientes. Cuatro itinerarios: el Danubio, los Balcanes, la Italia del Norte y Roma y el Adriático. Y un punto de cita común: Constantinopla.

El emperador bizantino Alexis o Alejo Commeno,(7) al percatarse de la magnitud de las fuerzas que convergían sobre Constantinopla, se inquietó en grado sumo, y trató de sembrar rencillas entre los jefes cruzados antes de que las huestes pasaran al Asia Menor. En la primavera de 1097, luego de prolongados forcejeos políticos entre unos y otros, los ejércitos cruzados iniciaron su ruta a través del Asia Menor, hacia Siria. El 14 de mayo de aquel mismo año tuvo lugar la primera gran acción bélica con el sitio de Nicea (Iznik), que vino a rendirse un mes más tarde, el 19 de junio, quedando así expedito el camino para que los cruzados avanzaran hacia Antioquía, en el norte de Siria. El 1 de julio ganaron una batalla en Dorilea -antigua ciudad frigia y romana-(hoy Eskishehir, Turquía), y como los musulmanes estaban demasiado debilitados para arriesgarse a otro encuentro, Balduino inició la apropiación de territorios, estableciendo un Estado latino en Eufratesia (región de Marash) y nombrándose conde de Edesa (hoy Urfa).

7 Alexis I Comneno (1048-1118), emperador bizantino (1081-1118), fue coronado en un momento en que el Imperio bizantino estaba amenazado por enemigos foráneos en todas sus fronteras, Alexis comenzó su reinado aliándose con los venecianos para resistir a los invasores normandos dirigidos por Roberto Guiscardo en Grecia. En 1091 derrotó a los pechenegos, una tribu turca que realizaba incursiones en el Imperio desde el norte; en el mismo año estabilizó la situación en el este firmando un tratado con los selÿukíes. En 1095 Alexis pidió ayuda al Papa Urbano II para recuperar Anatolia, en manos de los selÿukíes, al mismo tiempo que se producía la llegada de la primera Cruzada, a la cual ayudó activamente. Exigió un juramento de alianza a los líderes de la Cruzada, entre ellos, Bohemond (o Bohemundo) I, hijo de su viejo enemigo Roberto Guiscardo, cuando llegaron a Constantinopla al año siguiente. Con su ayuda, recuperó el control de Anatolia occidental, pero no pudo impedir que estos cruzados establecieran estados independientes en Siria y Palestina. Una disputa con Bohemond relativa al dominio de Antioquía, acabó cuando el normando reconoció a Alexis como su señor en 1108. La biografía de Alexis, la Alexiada, fue escrita por su hija Anna Comnena. Constituye una valiosa fuente de información histórica, aunque a veces presenta una exagerada tendencia probizantina.

Caníbales en Ma’arrat

El 11 de diciembre de 1097, un contingente de cruzados francos, los languedocianos liderados por Raimundo de Saint-Gilles, conde de Tolosa, luego de quince días de sitio, penetró en Ma’arrat an-Numán (a mitad de camino entre Alepo y Hamah, en el norte de Siria), pasando a cuchillo a todos sus habitantes, saqueando e incendiando todo a su paso. Y lo más revelador: los francos demostraron ser expertos caníbales, ya que la antropofagia era una práctica común en la Europa cristiana del siglo XI, asolada por el hambre y la falta de alimentos, como habíamos visto antes. El historiador musulmán Ibn al-Atir (1160-1234) hace esta denuncia: «Durante tres días pasaron a la gente a cuchillo, matando a más de diez mil personas y tomando muchos prisioneros» (Al-Kamil fil Tarij). En cambio, el historiador cristiano Radulfus de Caen (1080-1120), no deja ninguna duda: «En Ma’arrat, los nuestros cocían a paganos adultos en las cazuelas, ensartaban a los niños en espetones y se los comían asados» (Radulfus de Caen: Gesta Tancredi Siciliae Regis in Expeditione Hierosolymitana). Igualmente, el cronista Alberto de Aquisgrán o Aachen (fl.1130), que participó personalmente de la refriega de Ma’arrat, confiesa: «¡A los nuestros no les repugnaba comerse no sólo a los turcos y a los sarracenos que habían matado sino tampoco a los perros!». Véase Amín Maalouf, Las cruzadas vistas por los árabes, Alianza, Madrid, 1997, Cap.III: Los caníbales de Maarrat, págs. 57-60); Mijail Zaborov, Las cruzadas, Akal, Madrid, 1988, págs 15-16.

La toma de Jerusalén: un Hiroshima del siglo XI

Después de un descanso de seis meses en Antioquía (tomada el 3 de junio de 1098), el 13 de enero de 1099, Bohemundo, Tancredo y Roberto de Normandía partieron hacia Jerusalén. En Trípoli (Líbano) se les unió Godofredo de Bouillon y Roberto de Flandes, y desde allí, los cinco continuaron hacia el sur, acompañados de unos doce mil (algunos hablan de veinte mil) seguidores.

La mañana del 7 de junio de 1099 los cruzados vieron por primera vez brillar a la luz del alba las almenas y las torres de la Ciudad Santa de las tres religiones monoteístas.

La urbe estaba por aquel entonces bajo control de los musulmanes fatimíes; sus defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un sitio. Los cruzados atacaron con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién construidas máquinas de asedio.

El 15 de julio, al amanecer, todo estaba dispuesto para el asalto final a Jerusalén, luego de los infructuosos ataques de los días previos. Godofredo de Bouillon se encaramó sobre su imponente torre de asedio y la mandó trasladar junto a las murallas. La leyenda cristiana cuenta que cuando los francos y normandos intentaban en vano vencer la resistencia de los musulmanes, Godofredo vió en los alto del cercano monte de los Olivos un caballero que agitaba un escudo brillante y anunció a todos su visión: «Mirad, San Jorge ha venido en nuestra ayuda». Esto envalentonó notablemente a los cruzados que arremetieron con Godofredo, Tancredo y sus normandos a través de un boquete abierto en la muralla. La mortandad fue espantosa. Los jinetes europeos, al pasar por las calles, iban chapoteando sobre charcos de sangre. Los expedicionarios masacrarían a la mayor parte de los cien mil habitantes de Jerusalén. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la sangre de los infieles.

Efectivamente, luego de ser quebrada la tenaz resistencia de los defensores islámicos, la población sin respeto a la edad o al sexo, sufrió una horrible matanza. Sólo en la mezquita al-Aqsa fueron degollados cerca de diez mil musulmanes allí refugiados. Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy y capellán de los invasores, escribió en sus memorias «Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blancos de sus flechas, haciéndoles caer de los tejados de las mezquitas; otros fueron más lejos y los arrastraron a las hogueras. En las calles y plazas de Jerusalén no se veía más que montones de cabezas, de pies y manos: y sin embargo esto no es nada comparado con lo otro… Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el antiguo templo de Salomón, que los cadáveres de los fanáticos de Mahoma nadaban en ella arrastrados a uno y otro punto. Veíanse flotar manos y brazos cortados que iban a juntarse con cuerpos que no le correspondían; en muchos lugares la sangre nos llegaba a las rodillas, y los soldados que hacían esta carnicería apenas podían respirar debido al vapor que de ella se exhalaba. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias» (Raimundo de Aguilers: Historia Francorum qui ceperunt Iherusalem, en R.H.C. Occ., vol. III, consultar también a Fulquerio de Chartres: Gesta Francorum Iherusalem Peregrinantium -ed. por H. Hagenmeyer, Heidelberg, 1913-).

La pequeña comunidad judía se había refugiado en la sinagoga central. Los cruzados, sospechando que habían ayudado a los musulmanes durante el asedio, incendiaron el templo y todos los judíos de Jerusalén, cerca de dos mil (más del noventa por ciento de los que vivían en Palestina), murieron abrasados. A pesar de haber perpetrado tal monstruosidad, los cruzados no quedaron conformes y un consejo presidido por Godofredo decretó la exterminación de todos los musulmanes de Jerusalén, en total: setenta mil almas (el mismo número de muertos en los primeros diez segundos de la explosión atómica en Hiroshima, el 6 de agosto de 1945). La operación duró ocho días, a pesar del celo con la que la desempeñaron aquellos «nobles paladines». Pero nadie se salvó, quedando destripados mujeres, niños y ancianos.

A fin de descansar de las fatigas que causó esta tarea, los cruzados se entregaron a las más repugnantes orgías -violación de cadáveres y actos de canibalismo- de modo que los mismos cronistas, a pesar de toda su indulgencia, no pudieron menos que indignarse de la conducta bestial de estos asesinos que eran cualquier cosa menos cristianos; y el tesorero Bernardo los trata de locos; Balduino, arzobispo de Dole, los compara a burros que se refocilan en la basura: computruerunt illi, tamquam jumenta in stercoribus.

Luego de estos macabros episodios y de rechazar, cerca de Ascalón, un contraataque de los musulmanes fatimíes que venían en socorro desde Egipto, los barones francos fundaron solemnemente el «Reino Latino de Jerusalén», que duraría 88 años. Pero el interior de Palestina permaneció y permanecería en manos de los musulmanes. Igualmente los francos no tuvieron nunca fuerza suficiente para apoderarse de las ciudades de Alepo, Hamah, Homs o Damasco. Quedaron reducidos a una estrecha franja a lo largo de la costa, amenazados siempre de ser empujados al mar por un ataque musulmán venido del interior. En las décadas sucesivas, el reino franco pudo mantenerse gracias al desaliento y a la discordia imperantes en el mundo islámico; pero deberían haber contado con la posibilidad de una unión de los hermanos en la verdadera fe y el surgimiento de un líder carismático que los condujera a la victoria. En el momento en que apareciese este fenómeno, el reino latino se vería condenado a desaparecer, víctima de su propia naturaleza impostora.

Los resultados de la Primera Cruzada, con la conquista de Jerusalén y la fundación de otros reinos cruzados en el Oriente musulmán, produjeron un gran impacto en Europa y el deseo de muchos rezagados por plegarse a la aventura con sus perspectivas de gloria tanto material como celestial. Los historiadores comparan este estado de ánimo con el que más tarde se produjo en la misma Europa a raíz del descubrimiento de Nuevo Mundo y el enganche para acudir al saqueo de las riquezas de México y el Perú.

¿Cuál había sido la razón de que el éxito coronara la increíble empresa de los cruzados? A primera vista, esta victoria resulta simplemente sorprendente. Mueve a asombro cómo un ejército reducido de sesenta mil a menos de veinte mil caballeros e infantes, a tres mil kilómetros de sus bases, y en un país desconocido bajo un sol de fuego, se impuso al Islam, al que los turcos selÿukíes habían conferido nuevo vigor. Sin embargo, algunos hechos concretos ayudan a comprender el porqué de este aparente milagro, por cierto, sin contar la mística que en mayor o menor medida tocó a los combatientes europeos. El éxito occidental se debió ante todo a una superioridad técnica incuestionable en el arte de la guerra: la armadura transformó a los caballeros en verdaderas unidades blindadas y la cota de malla de sus auxiliares los hizo casi invulnerables a las flechas y el hierro de los musulmanes. Así, antiguos grabados muestran al capellán de Joinville habiéndoselas él solo contra ocho guerreros musulmanes, o a Gualterio de Chatillon, arracándose tranquilamente de su cota la lluvia de dardos que cae sobre ella.

La disensión entre los musulmanes y la secta de los asesinos

Pero por sobre esas facilidades, la obra de los cruzados se vio simplicada por la desunión del adversario. La muerte del sultán Malik e-Shah en 1092 había desorganizado al imperio selÿukí en vísperas de la ofensiva europea. Divisiones familiares, ambiciones personales y rivalidades de pensamiento y escuelas teológicas provocaron una lucha fratricida entre los turcos. Un sultán reinaba en Irán, otro en el Asia Menor; Alepo tenía su propio soberano y Damasco igualmente.

Como si todo esto fuera poco, los fanáticos bebedores de hashish, llamados por los francos «asesinos» (en árabe hashashiyyín; también denominados nizaríes, secta escindida del ismailismo), desmoralizaban y desunían a los musulmanes.

Las diferencias entre los musulmanes contribuyó decisivamente para la victoria de la primera Cruzada. Por esa época, los fatimíes y los selÿukíes se llevaban tan mal como, siglos más tarde, lo harían los católicos y protestantes durante la guerra de los Treinta Años (1618-1648). Para los fatimíes, una secta desviada del shiísmo, los sunníes selÿukíes no eran tanto los hermanos de fe como los intrusos, los invasores, que sólo se diferenciaban de aquellos otros invasores, los cruzados europeos, por sus creencias religiosas. Para los cruzados, en cambio, tal distinción carecía de trascendencia, y llamaban a sus enemigos «sarracenos» (probablemente de una deformación del árabe sharqiyyim, “orientales”), sin hacer diferencias entre árabes y turcos, shiíes o sunníes.

La realidad es que si los cruzados pudieron llegar hasta Jerusalén fue precisamente gracias a la desunión y controversias entre los musulmanes. Si se hubieran unido todos los defensores del Islam para combatir a los francos, ya en las puertas de Antioquía habría sido eliminado todo el ejército cruzado y muy probablemente la amenaza de Occidente hubiera sido erradicada para siempre.

Pero sucedió todo lo contrario: mientras los cruzados asediaban a los selÿukíes de Antioquía, los fatimíes de El Cairo enviaron una delegación que propuso a los francos hacer causa común contra sus enemigos comunes, los selÿukíes. El califa fatimí al-Musta’lí (reinó entre 1094-1101) proponía a Godofredo un reparto del territorio selÿukí. Siria para los francos y Palestina para los fatimíes. Era evidente que en esta propuesta los musulmanes no habían entendido aun la naturaleza y los objetivos de la cruzada, ya que los cruzados habían venido a conquistar Palestina y someter a Jerusalén para siempre y tenerla como capital de un reino latino en Oriente, y no tenían la menor intención de entregar la ciudad santa a los musulmanes, fuesen éstos sunníes o shiíes. Aun así, la delegación fatimí fue recibida con gran cordialidad en Antioquía y en una de las visitas incluso recibieron el «espléndido obsequio» de trescientas cabezas de prisioneros selÿukíes. Vale acotar, que durante el sitio de Antioquía era una práctica común de los cruzados el bombardear la ciudadela catapultando cabezas y otros miembros cercenados de cautivos musulmanes para aterrorizar a los sitiados.

En vista que la respuesta de Godofredo se hizo esperar, los fatimíes se marcharon y en 1098 reconquistaron Palestina. En consecuencia, fueron ellos quienes echaron a los selÿukíes de Jerusalén, y llevaban un año de posesión de la ciudad cuando los doce o veinte mil cruzados hicieron por fin acto de presencia ante las murallas.

Estas desavenencias y desencuentros entre los musulmanes fue casi una constante a partir del siglo XI. Si no hubiera sido por los esfuerzos solitarios de Saladino primero, y el sultán mameluco Baibars después, las Cruzadas hubieran sido un éxito y el mundo islámico habría sido borrado del mapa. Otro ejemplo lamentable es el caso de la España musulmana. Cuando a partir del siglo XV se multiplican las cruzadas contra Granada y los sultanes nazaríes solicitan urgente socorro a sus hermanos magrebíes (hafsíes y mariníes) y orientales (mamelucos y otomanos), encontraran la misma falta de solidaridad e incomprensión.

La Segunda Cruzada

Tras la conclusión de la primera Cruzada los colonos europeos en el Levante establecieron cuatro estados, el más grande y poderoso de los cuales fue el reino latino de Jerusalén. Al norte de este reino, en la costa de Siria, se encontraba el pequeño condado de Trípoli. Más allá de Trípoli estaba el principado de Antioquía, situado en el valle del Orontes. Más al este aparecía el condado de Edesa (ahora Urfa, Turquía), poblado en gran medida por cristianos armenios.

Los logros de la primera Cruzada se debieron en gran medida al aislamiento y relativa debilidad de los musulmanes. Sin embargo, la generación posterior a esta Cruzada contempló el inicio de la reunificación musulmana en el Próximo Oriente bajo el liderazgo de Imad al-Din Zanguí, gobernante de Al Mawsil y Halab o Alepo (actualmente en el norte de Siria). Bajo el mando de Zanguí, las tropas musulmanas obtuvieron su primera gran victoria contra los cruzados al tomar la ciudad de Edesa en 1144, tras lo cual desmantelaron sistemáticamente el Estado cruzado en la región.

La respuesta del Papado a estos sucesos fue proclamar la Segunda Cruzada a finales de 1145. La nueva convocatoria atrajo a numerosos expedicionarios, entre los cuales destacaron el rey de Francia Luis VII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III. El ejército germano de Conrado partió de Nuremberg (en la actual Alemania) en mayo de 1147 rumbo a Jerusalén. Las tropas francas marcharon un mes más tarde. Cerca de Dorilea las tropas germanas fueron puestas en fuga por una emboscada de los musulmanes selÿukíes. Desmoralizados y atemorizados, la mayor parte de los soldados y peregrinos regresó a Europa. El ejército franco permaneció más tiempo, pero su destino no fue mucho mejor y sólo una parte de la expedición original llegó a Jerusalén en 1148. Tras deliberar con el rey Balduino III de Jerusalén y sus nobles, los cruzados decidieron atacar Damasco en julio. La fuerza invasora no pudo tomar la ciudad y el rey franco y lo que quedaba de su tropa regresaron a su país junto al monje «milagrero» San Bernardo de Claraval (1090-1153), instigador de la cruzada.

Saladino, unificador del Islam

El fracaso de la Segunda Cruzada permitió la reunificación de las potencias musulmanas. Zanguí había muerto en 1146, pero su sucesor, Nuruddín, convirtió su principado en la gran potencia del Próximo Oriente. En 1169, sus tropas, bajo el mando de Saladino,(8) obtuvieron el control de Egipto. Cuando Nuruddín falleció cinco años más tarde, Saladino le sucedió como gobernante del Estado islámico que se extendía desde el desierto de Libia hasta el valle del Tigris, y que rodeaba los estados cruzados que todavía existían por tres frentes.

Después de una serie de crisis en la década de 1180, Saladino finalmente invadió el reino de Jerusalén con 45 mil soldados en mayo de 1187. El 4 de julio derrotó de forma definitiva al ejército franco (23 mil) en Hattin (Galilea). Aunque el rey de Jerusalén, Guy de Lusignan, junto con alguno de sus nobles, se rindió y sobrevivió, todos los Caballeros Templarios(9)y los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y el controvertido conde Reinaldo de Chatillon (asaltante y asesino de caravanas de peregrinos musulmanes) fueron degollados en el campo de batalla o en sus proximidades. Saladino, tras esta victoria, se apoderó de la mayor parte de las fortalezas de los cruzados en el reino de Jerusalén, incluida esta ciudad, que se rindió el 2 de octubre. En ese momento la única gran ciudad que todavía poseían los cruzados era Tiro, en el Líbano.

Es muy interesante la reflexión del escritor, estadista y diplomático indio Kavalam Madhava Panikkar (1895-1963): «Desde la época de Saladino, quien arrebató nuevamente a Jerusalén a los Cruzados en 1187, la parte del Islam cuyo centro era Egipto se constituyó en una barrera de enorme poderío entre Asia y Europa. La extraordinaria explosión de energía, entusiasmo y celo que impulsó a la Cristiandad en las primeras tres cruzadas se había agotado y la victoria de Saladino, que fue una de las más decisivas del mundo si se la juzga por los acontecimientos posteriores, estableció la supremacía musulmana durante siglos en la vital región de las costas siria y egipcia. Que los estadistas europeos tenían conciencia de esto se demuestra por el hecho de que la quinta cruzada (1218-1219) se dirigió directamente contra el mismo Egipto. Muchos grandes monarcas de Europa se unieron, conducidos por San Luis, en un ataque final (la séptima cruzada), pero también fueron derrotados. Así, después de doscientos años de esfuerzos de las huestes unidas de la Cristiandad, Egipto y la vital línea costera permanecían firmemente en manos de los musulmanes» (K.M. Panikkar: Asia y la dominación occidental. Un examen de la historia de Asia desde la llegada de Vasco de Gama 1498-1945, Eudeba, Buenos Aires, 1966, págs. 4 y 5).

8 Saladino (1138-1193) fue sultán de Egipto (1171-1193) y de Siria (1174-1193). Nacido en Takrit, en el actual Irak, Saladino, según se le conoce en Occidente, era de origen kurdo; su nombre árabe es Salahuddín Yusuf Ibn Ayub. A los 14 años se unió a otros miembros de su familia (los ayubíes) al servicio del gobernante sirio Nuruddín. Entre 1164 y 1169 destacó en tres expediciones enviadas por Nuruddín para ayudar al decadente califato fatimí de Egipto frente los ataques de los cruzados cristianos establecidos en Palestina. En 1169 fue nombrado comandante en jefe del ejército sirio y visir de Egipto. Aunque nominalmente sujeto a la autoridad del califa fatimí de El Cairo, Saladino trató Egipto como base de poder ayubí, confiando sobre todo en su familia kurda y sus seguidores. Una vez revitalizada la economía de Egipto y reorganizada su fuerza terrestre y naval, Saladino repelió a los cruzados y dirigió la ofensiva contra ellos. En septiembre de 1171 suprimió al disidente régimen fatimí, reunificando Egipto bajo el califato abasí. Tras la muerte de Nur al-Din en 1174, Saladino expandió su poder a Siria y al norte de Mesopotamia. A partir de 1186, numerosos ejércitos musulmanes, aliados bajo el mando de Saladino, estaban preparados para combatir a los cruzados. En 1187 invadió el reino latino de Jerusalén derrotó a los cristianos en los Cuernos de Hattin (Galilea) el 4 de julio, y reconquistó Jerusalén el 2 de octubre. En 1189 las naciones de Europa occidental lanzaron la tercera Cruzada para recuperar la ciudad santa. A pesar de la implacabilidad militar y de los esfuerzos diplomáticos, el bloqueo terrestre y naval obligaron a la rendición del bastión palestino de Acre en 1191, aunque los cruzados fracasaron en la consecución de Jerusalén. En 1192 Saladino firmó un acuerdo de armisticio con el rey Ricardo I de Inglaterra que permitió a los cruzados reconstituir su reino a lo largo de la costa palestino-siria, aunque dejó Jerusalén en manos musulmanas. El 4 de marzo de 1193, Saladino murió en Damasco tras una breve enfermedad, a la edad de cincuenta y cinco años. Dejaba 17 hijos y una hija, y no se le halló más fortuna que 47 dirham y una moneda de oro. Toda la fortuna que disponía había sido invertida para frenar a los cruzados. La historiografía musulmana ha inmortalizado a Saladino como parangón de virtud principesca. Fascinó a los escritores occidentales, novelistas incluidos. Setecientos cinco años más tarde, en 1898, un alemán rendiría los últimos honores a Saladino construyendo un mausoleo para reemplazar la tumba semiderruida junto a la gran mezquita de Damasco y trasladando los restos a un sarcófago de mármol blanco. Encima hizo colgar una lámpara de plata que lleva inscrito el nombre de Saladino y el del donante, el kaiser Guillermo II de Hohenzollern (1859-1941).

La Tercera Cruzada

El 29 de octubre de 1187, el papa Gregorio VIII proclamó la Tercera Cruzada. El entusiasmo de los europeos occidentales fue grande y a sus filas se apuntaron tres grandes monarcas: el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I Barbarroja (1123-1190), el rey francés Felipe II Augusto (1165-1223) y el monarca de Inglaterra Ricardo I Corazón de León (1157-1199). Estos reyes y sus numerosos seguidores constituyeron la fuerza cruzada más grande que había tenido lugar desde 1095, pero el resultado de todo este esfuerzo fue pobre. Federico murió en Anatolia mientras viajaba a Tierra Santa y la mayor parte de su ejército regresó a Alemania de forma inmediata a su muerte. Aunque tanto Felipe II como Ricardo I Corazón de León llegaron a Palestina con sus ejércitos intactos, fueron incapaces de reconquistar Jerusalén o buena parte de los antiguos territorios del reino latino. Lograron, sin embargo, arrancar del control de Saladino una serie de ciudades, incluida Acre, a lo largo de la costa mediterránea. Allí el rey inglés -llamado por los cronistas musulmanes Malik al-Inkitar (rey de Inglaterra)- provocó un genocidio al hacer matar a sangre fría a los 3.000 musulmanes de la guarnición que se habían rendido bajo la vana promesa de que sus vidas serían respetadas.

Hacia el mes de octubre de 1192, cuando Ricardo I Corazón de León partió de Palestina, el reino latino había sido restablecido. Este segundo reino, mucho más reducido que el primero y considerablemente más débil tanto en lo militar como en lo político, perduró en condiciones precarias un siglo más.

La Cuarta Cruzada

Las posteriores expediciones no obtuvieron los éxitos militares que había tenido la Tercera Cruzada. La cuarta, que duró dos años, desde 1202 hasta 1204, estuvo plagada de dificultades financieras. En un esfuerzo para aliviarlas, los jefes cruzados acordaron atacar Constantinopla en concierto con los venecianos y aspirar al trono del Imperio bizantino. Los cruzados lograron tomar Constantinopla, que fue saqueada sin misericordia y donde miles de cristianos fueron asesinados por cristianos. La destrucción masiva de tesoros culturales acumulados durante siglos, cometido por eclesiásticos y caballeros cruzados, causó un enorme perjuicio a la civilización europea. El conocido medievalista y bizantinista inglés Steven Runciman (1903), en su monumental obra Historia de las Cruzadas, recientemente reeditada por Alianza en tres volúmenes, afirma rotundamente que «nunca hasta entonces se había cometido un crimen de lesa humanidad como el de la cuarta cruzada» (Tomo III).

El Imperio Latino de Constantinopla, creado así por esta Cruzada, sobrevivió hasta 1261, fecha en la que el emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo (1224-1282) retomó Constantinopla. Todo ello no contribuyó en nada a la defensa de Tierra Santa.

La Cruzada contra los Cátaros

En 1208, en un contexto y en un territorio muy distintos, el papa Inocencio III proclamó una Cruzada contra los albigenses,(10) un movimiento religioso, en el sur de Francia. «Digamos, ante todo, que no se trata de una herejía, por lo menos en el sentido habitual del término, sino de una religión completamente diferente del cristianismo. Albigenses y cátaros utilizaron un vocabulario muy próximo al de los católicos;ésta es probablemente la causa de que se les haya tratado siempre de heréticos. (…) En efecto, los orígenes del catarismo eran tan remotos en el tiempo como en el espacio, y no es absurdo pensar que hubiera podido llegar a ser una de las religiones del mundo.» (Fernand Niel: Albigenses y cátaros, Los libros del mirasol, Companía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1962, pág. 9).

La consiguiente Cruzada fue la primera que tuvo lugar en Europa occidental. Duró desde 1209 hasta 1229 y causó un gran derramamiento de sangre (más de sesenta mil albigenses fueron muertos solamente en 1209 cuando fue capturada la plaza fuerte de Béziers). «La Cruzada de los Albigenses causó -según se dice- un millón de víctimas» (Fernand Niel. O. cit., pág. 10).

10 Los Albigenses fueron considerados la herejía más importante dentro de la Iglesia católica durante la Edad Media. Su nombre se lo deben al pueblo de Albi, en el sur de Francia, el centro más importante de este movimiento. Los albigenses eran fervientes seguidores del sistema maniqueísta dualístico -originado en el antiguo Irán y difundido a través de las enseñanzas del sabio persa Mani (216-276), fundador del maniqueísmo-, que durante siglos floreció en la zona del Mediterráneo oriental. Los dualistas creían en la existencia independiente y separada de dos dioses: un dios del bien y otro del mal. Dentro de Europa occidental, los partidarios del dualismo, los cátaros (del griego katharos, que significa “puro”), como los bogomilos (originados en Bosnia) y los paulicianos (originados en Armenia, luego trasladados a Bulgaria), aparecieron por primera vez en el norte de Francia y en los Países Bajos a finales del siglo XI y principios del XII. Perseguidos y expulsados del norte, los predicadores cátaros se trasladaron hacia el sur, logrando tener una gran aceptación en las provincias semi-independientes del Languedoc y las áreas próximas. Fue allí donde recibieron el nombre de albigenses. Los albigenses creían que toda la existencia se debatía entre dos dioses: el dios de la luz, la bondad y el espíritu, generalmente asociado con Jesucristo y con el Dios del Nuevo Testamento; y el dios del mal, la oscuridad y los problemas, al que identificaban con Satán y con el Dios del Antiguo Testamento. Temas sujetos a fuertes debates eran si las dos deidades ejercían el mismo poder o si las fuerzas del mal estaban subordinadas a las del bien. Por definición, cualquier asunto material, incluyendo la salud, la comida, y el mismo cuerpo humano, era perniciosa y aborrecible. Como Satán había hecho prisionera al alma en el cuerpo humano, la única esperanza para la salvación humana es la de llevar una vida buena y espiritual. Gozando de una vida buena, las personas podrían lograr liberarse de la existencia material después de su muerte. Si no se lograra llegar a la virtud durante el transcurso de la vida, el alma volvería a nacer convertida en ser humano o en animal. Los albigenses creían que Cristo era Dios, pero que durante su estancia en la tierra fue una especie de ángel con un cuerpo fantasma que adoptó la apariencia de un hombre. Sostenían que la Iglesia cristiana tradicional, con su gran cantidad de sacerdotes corruptos y su inmenso bienestar material, era la representación de Satán y que debía ser abolida. Los seguidores de la doctrina albigense estaban divididos en dos grupos: los simplemente creyentes y los «perfectos». Los perfectos se obligaban a sí mismos a llevar vidas de un ascetismo extremo. Renunciaban a todo lo que poseían, sobreviviendo sólo con las donaciones que hacían los otros miembros de la comunidad. Tenían prohibido prestar juramentos, tener relaciones sexuales y comer carne, huevos o queso. Sólo los perfectos se podían comunicar con Dios por medio de la oración. Los simples creyentes podían aspirar a convertirse en perfectos después de un largo periodo de iniciación, seguido por el rito del consolamentum, o bautismo del Espíritu Santo por medio de la imposición de las manos. Algunos recibían este bautismo sólo estando próxima la hora de su muerte, y como un modo para asegurar su salvación, se abstenían de comer y de beber; en cierto modo cometían suicidio. En un principio, la Iglesia católica trató de reconvertir a los albigenses por medios pacíficos, pero cuando fallaron todos los intentos, el papa Inocencio III lanzó la Cruzada albigense (1209-1229) que reprimió a los seguidores de este movimiento de una forma brutal y a su paso desoló gran parte del sur de Francia. Sólo pequeños grupos de albigenses sobrevivieron en zonas muy desoladas, aunque luego fueron perseguidos por la Inquisición entre 1240-1255. En el baluarte de Montsegur (Roussillon), en 1244, doscientos defensores cátaros y sus familias fueron quemados vivos por los cruzados.

La Cruzada de los Niños

Una descabellada empresa mística que finalizó en el más absoluto fracaso y, lo que es peor, con la muerte de miles de niños y niñas alentados del más extraordinario e inconsecuente fervor, se produjo hacia 1212. Decenas de miles de pequeños, provenientes de Francia y Alemania, participaron en las cruzadas infantiles. Luego de marchas interminables donde padecieron hambre, frío y violaciones de todo tipo, una parte importante de estos niños logró arribar al puerto de Marsella. Allí llegaron a un acuerdo con dos armadores que prometieron llevarlos a Siria. Miles de ellos se embarcaron en siete grandes bajeles. A los pocos días fueron sorprendidos por una furiosa tempestad y dos de las embarcaciones naufragaron cerca de la isla de Cerdeña. Todos los pasajeros se ahogaron. Los cincos navíos restantes llegaron a Alejandría (Egipto) y Bugía (Argelia) donde fueron capturados por los musulmanes (muchos de ellos se islamizaron y posteriormente integraron los destacamentos mamelucos). A los que quedaron en Marsella y otros que se desperdigaron durante la caminata, el Papa Inocencio III les ordenó que recibieran la cruz, pero que esperaran atravesar el mar y combatir contra los musulmanes cuando tuvieran la edad suficiente.

Las Cruzadas del Norte

En el centro y norte de Europa otros cruzados arremetieron contra pueblos que se negaban a aceptar su autoritarismo (cfr. Eric Christiansen: The Northern Crusades, Penguin Books, 1997). Los Caballeros Teutónicos, -orden creada en Palestina, constituida primero como hospitalaria (1190) y luego como militar (1198)-, que utilizaban como símbolo una cruz que luego fue insignia de Alemania durante la primera y segunda guerra mundial, desencadenaron ofensivas contra los rusos, los prusianos y los lituano-polacos, siendo derrotados respectivamente en la batalla del lago Pepis (Estonia) en abril de 1242 por Alexander Nevski (1220-1263), y en Tannenberg el 15 de julio de 1410 por el general husita Jan Zizka (1376-1424). Precisamente, entre 1420 y 1431 se desarrollaron las infructuosas cinco cruzadas contra los husitas, los partidarios de Jan Hus.(11)

11 Jan Hus (1372-1415) fue un reformador religioso de Bohemia, cuyos esfuerzos por reformar la Iglesia se anticiparon a la Reforma protestante. Hus nació en Husinec, al sur de Bohemia (hoy República Checa). Estudió en la Universidad de Praga y se licenció en ciencias y humanidades en 1396. Dos años después fue profesor de teología en esa universidad y en 1401 le nombraron decano de la facultad de filosofía. Al año siguiente de ordenarse sacerdote (1401) asumió nuevas obligaciones como predicador de la Bethlehem Chapel, donde los sermones se pronunciaban en checo en lugar del latín tradicional. El nacionalismo checo y el movimiento reformista iniciados por Jan Milíc, conocido predicador bohemio del siglo XV, estaban muy extendidos en la universidad y en la Bethlehem Chapel, y Hus se sintió inmediatamente atraído por ellos. Aunque menos radical que el reformador inglés John Wycliffe (1330-1384), Hus estuvo de acuerdo con él en muchos puntos. En el ámbito práctico, ambos condenaban los abusos de la Iglesia e intentaron, con la predicación, acercar ésta al pueblo; en el aspecto doctrinal ambos creían en la predestinación y consideraban la Biblia como la máxima autoridad religiosa; sostenían que Cristo, antes que ningún eclesiástico corrupto, era la verdadera cabeza de la Iglesia. En 1408 atacó en sus sermones al arzobispo y le prohibieron practicar sus funciones sacerdotales en la diócesis. Al año siguiente, Alejandro V, uno de los tres papas rivales que entonces luchaban por la autoridad de la Iglesia, promulgó una bula en la que condenaba las enseñanzas de Wycliffe y ordenaba que sus libros fueran quemados. Hus, que había enseñado sus doctrinas, fue excomulgado en 1410, pero para entonces había conseguido un gran apoyo popular, por lo que estallaron disturbios en Praga. Respaldado por las manifestaciones populares, continuó predicando, incluso después de que la ciudad quedara bajo el interdicto religioso, en 1412. Un año después, muchos de sus seguidores influyentes fueron apartados del poder y él tuvo que huir de Praga buscando refugio en los castillos de varios nobles amigos. Durante este tiempo escribió su principal obra, De Ecclesia. En 1414 fue convocado para participar en el Concilio de Constanza, que se reunió para resolver el cisma de la Iglesia y acabar con las herejías. Recibió un salvoconducto del emperador Segismundo y Hus creyó que podría defender sus opiniones con plena libertad, pero al llegar sus enemigos le encarcelaron y procesaron por hereje. Las acusaciones formuladas en su contra se basaron en una exposición falsa de la doctrina que él había predicado, y cuando fue conminado a retractarse y a dejar de predicar, se negó de forma categórica. El concilio le condenó y murió como un héroe en la hoguera. Su ejecución provocó el estallido de las Guerras Husitas en Bohemia.

La Quinta Cruzada

La primera ofensiva de la quinta Cruzada de Oriente (1217-1221) tenía como objetivo capturar el puerto egipcio de Damietta (Dumyat), lo cual consiguió en 1219. La estrategia posterior requería un ataque contra Egipto, la toma de El Cairo y otra campaña para asegurar el control de la península del Sinaí. Sin embargo, la ejecución de esta estrategia no obtuvo todos sus objetivos. El ataque contra El Cairo se abandonó cuando los refuerzos que había prometido el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II, no se materializaron. En agosto de 1221 los cruzados se vieron obligados a rendir Damietta a los egipcios y en septiembre el ejército cristiano se dispersó (cfr. Powell, J.M.: The Anatomy of a Crusade 1213-21, Pennsylvania, 1986).

El español Pelayo, legado papal, el mismo que poco antes intentara la conversión al catolicismo de los griegos ortodoxos, intentó hacia 1220 una alianza con Gengis Jan (1167-1227) para que el ejército de los mongoles atacara por la espalda a los musulmanes. Pero este ataque no se produjo hasta 1260 y no prosperó. En 1401 Tamerlán Timur (1336-1405) ocupará Damasco, pero luego se convertirá al Islam y será un mecenas del arte y las ciencias.

La Sexta Cruzada

El emperador de Sicilia Federico II Hohenstaufen (1194-1250) hablaba seis idiomas, entre ellos el árabe, y había estudiado el Corán así como numerosos tratados de sabios musulmanes. Por sus simpatías hacia el Islam fue excomulgado tres veces (1227, 1239 y 1245) por los pontífices Gregorio IX e Inocencio IV bajo los cargos de «islamófilo y arabizante». En 1224 fundó la Universidad de Nápoles. Hizo traducir a Averroes y consultaba a los sabios musulmanes de Oriente y Occidente. «La túnica con la cual fue sepultado, estaba bordada en oro con inscripciones arábigas»

Al producirse la sexta cruzada, Federico marchó a Tierra Santa en junio de 1228. El sultán Malik al-Kamil (m. 1238), sobrino de Saladino, asombrado de hallar un monarca europeo que entendía el árabe y apreciaba la literatura, ciencia y filosofía islámicas, hizo una paz favorable con Federico, y el 18 de febrero de 1229 Jerusalén fue entregado al cuidado del emperador germánico.

Al mismo tiempo, el papa proclamó otra cruzada, esta vez contra Federico; reclutó un ejército y procedió a atacar las posesiones italianas del emperador. Federico regresó a Europa en mayo de 1229 para hacer frente a esta amenaza y derrotó al ejército papal.

Un contemporáneo de Federico y uno de los más célebres Minnesänger (trovadores) alemanes, el caballero Wolfram von Eschenbach (1165-1220), en su historia épica Willehalm, describe a los musulmanes que luchan contra los cruzados bajo el signo de una humanidad entendida generosamente (cfr. Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial. Estudio sobre el esoterismo del Parzival de Wolfram von Eschenback, Olañeta, Palma de Mallorca, 1998).

Los mamelucos salvan el Islam: las hazañas de Baibars

Mamluk es una palabra árabe que significa «poseído», «gobernado», es decir esclavo de origen no-musulmán. Los mamelucos, que al principio constituían una milicia de esclavos provenientes de Turquía y Grecia (unos doce mil), fueron traídos a Egipto en el siglo XIII por el sultán ayubita As-Salih, que hizo de ellos una especie de guardia pretoriana, que ayudó a combatir eficazmente a los cruzados en Palestina.(12)

El famoso héroe Ruknuddín Baibars (1223-1277), apodado al-Bundukdarí (”El Ballestero”), que luego sería sultán y derrotaría en repetidas ocasiones a los francos, sería el primer comandante y organizador de la formación militar de los mamelucos.

Su carrera militar no tiene igual en ninguna época islámica anterior o posterior. Solamente durante sus diecisiete años de sultanato (1260-1277) realizó treinta y ocho campañas durante las cuales recorrió cuarenta mil kilómetros (cfr Robert Irwin: The Middle East in the Middle Ages: The Early Mamluk Sultanate, 1250-1382, Southern Illinois University Press, Illinois, 1986.

Nueve veces luchó contra los mongoles, cinco contra los armenios y tres contra los hashashiyyín (”los Asesinos”). Sólo contra los francos luchó en 21 ocasiones, y salió vencedor en todas. A los cruzados les logró capturar baluartes considerados inexpugnables, como los castillos de Safed (mar de Galilea), en 1266, Beaufort de los templarios (a orillas del Litani, sur del Líbano), en 1268, y el famoso Krak de los Caballeros (al oeste de Homs, en Siria), en 1271. Además conquistó las ciudades de Arsuf, Cesárea, Jaffa, Haifa,Torón y Antioquía. En 1270 envió a la flota mameluca a atacar el puerto chipriota de Limassol en represalia por la ayuda constante de la dinastía Lusignan (1191-1489) a los baluartes cruzados de Palestina y Siria. En 1273 destruyó el castillo de los Asesinos en Masyaf (cerca de Hamah, en Siria), donde residía Sinán (m. 1192), el llamado «Viejo de la Montaña» (Sheij al-Ÿabal), y su siniestra organización.(13)

Su victoria más importante, sin embargo, fue en el oasis de dunas de Ain Ÿalut (”La fuente de Goliat”), en la actual localidad palestina de Ein Harod (a mitad de camino entre Afula y Bet She’an), el 3 de septiembre de 1260. Ese día, el general Baibars y el sultán Qutuz (g.1259-1260) derrotaron a un poderosísimo ejército mongol de cincuenta mil hombres y diez mil jinetes enviado por Hulagú (el nieto de Gengis Jan) al mando de Ketbogha. La estrategia de los mamelucos fue una copia casi exacta del ardid por el cual el general cartaginés Aníbal Barca venció a los romanos en Cannas (agosto, 216 a.C.). La infantería musulmana (unos veinte mil) al mando del sultán Qutuz Ibn Abdullah aguardó fuera de la vista del enemigo mientras Baibars y sus doce mil jinetes fingieron hacer un ataque masivo y luego retrocedieron. Los mongoles persiguieron a lo que se retiraban, sin percatarse por la rapidez de la acción y la polvareda reinante que eran conducidos al centro de una pinza que se cerró inexorablemente en el momento preciso, mientras la caballería mameluca giraba en redondo y contraatacaba. Ketbogha sucumbió en el combate. Esa finta de Baibars consiguió el triunfo.

Esta batalla fue una de las más importantes de la historia, comparable a la de Gaugamela (1 de octubre, 331 a.C.), por la que Alejandro conquistó el Imperio persa, a la de Hastings (14 de octubre, 1066), por la que Inglaterra pasó a manos de los normandos, a la de Waterloo (18 de junio, 1815), por la que Napoléon fue definitivamente vencido, o a la del Alamein (23 de octubre-4 de noviembre, 1942), por la que el Afrika Korps de Rommel fue frenado y desbandado a las puertas de El Cairo. Dice el medievalista británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al Islam de la amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún estado musulmán importante en el mundo al este de Marruecos» (S. Runciman: Historia de las cruzadas, Alianza, Madrid, 1997, vol. III: “El Reino de Acre y las últimas cruzadas”, pág. 289).

Es lícito especular acerca de lo que pudo pasar en Ain Ÿalut si hubieran resultado los mongoles victoriosos, y sobre todo cómo habría cambiado la historia del Mediterráneo, y con ella la civilización del Islam, la cual hubiera prácticamente desaparecido. Recordemos que ya en ese año crucial de 1260, grandes ciudades musulmanas como Bujará, Samarcanda, Gazni, Herat, Merv, Nishabur, Hamadán, Tabriz, Mosul, Alepo, Damasco habían sido saqueadas, casi destruidas y sus habitantes pasados a cuchillo o violados.

Los sabios del Islam con sus universidades (madrasas). bibliotecas, observatorios, laboratorios y miles de descubrimientos invalorables atesorados en seis siglos se perdieron para siempre y fueron barridos del mapa. Solamente en Bagdad (tomada el 10 de febrero de 1258), los mongoles mataron a no menos de un millón de musulmanes árabes y persas en cuarenta días, o sea la mitad de la población: «Un mongol encontró en una calle lateral a cuarenta niños recién nacidos, cuyas madres estaban muertas. Como acto de clemencia, los mató, pues pensó que no podrían sobrevivir sin nadie que los amamantase» (Steven Runciman, Historia de las Cruzadas. O. cit. Vol. III, págs. 280-281). «Algunos mongoles -aseguran testigos oculares-, destripaban cadáveres, los llenaban hasta el tope con alhajas saqueadas y así desaparecían cabalgando, llevando delante suyo sobre la montura, atravesados, estos espantosos recipientes para el transporte…El conquistador recién se retiró un rato cuando se hizo insoportable el olor de los cadáveres al bajar el fresco invernal… Sólo quedaron intactos los cristianos y las iglesias cristianas. No únicamente porque las primeras mujeres de Hulagú eran cristianas. Hulagú había entrado en una gran coalición con los cruzados, por medio del rey (cristiano) de Armenia, que era suegro del príncipe cruzado Bohemond de Antioquía» (Rolf Palm, Los árabes. La epopeya del Islam, Javier Vergara, Buenos Aires, 1980, pág. 331)

Paradójicamente, a partir del jan Mahmud Ghazán (g. 1295-1304) -restaurador del Islam en Irán-, los mongoles se harán paulatinamente musulmanes y tendrán sabios y científicos de la talla de Ulug Beg (1394-1449) -astrónomo, historiador, teólogo, poeta y mecenas de las artes-, y políticos y guerreros como Zahiruddín Muhammad Babur (1483-1530) -fundador de la dinastía mogol de la India musulmana (1526-1858), que revitalizarán y consolidarán el Islam en el Lejano Oriente.

Baibars también se destacó como renovador religioso y estadista. Prohibió la prostitución y las bebidas alcohólicas bajo pena de muerte. En el campamento de turno y en el palacio de El Cairo o Damasco denunciaba con su voz potente e imperturbable los males de la época y recomendaba las soluciones apropiadas. Hizo construir escuelas, hospitales, un estadio de tamaño olímpico, embalses y canales en el valle del Nilo, cocinas populares, distribución anual de diez mil bolsas de cereal para beneficencia, e implementó un servicio postal de cuatro días para una carta de El Cairo hasta Damasco; eficiencia que hoy día rara vez se alcanza. La lista de sus obras sociales es casi tan larga como aquélla de sus empresas militares.

Los mamelucos llevaban siempre encima dos o tres arcos con sus correspondientes cuerdas, y eran tan estupendos arqueros que cuando tiraban flechas de espaldas, es decir, al retirarse, éstas eran tan mortales como las que tiraban por delante (cfr.G. Rex Smith: Medieval Muslim Horsemanship, The British Library, 1979).

El famoso historiador musulmán tunecino Ibn Jaldún (1332-1406) describe con precisión uno de los secretos tácticos de estos guerreros temerarios: «Oímos decir que la técnica de combate de las naciones turcas contemporáneas [se refiere a potencias militares como los mamelucos egipcios y sirios, y los epígonos turcomanos de los mongoles en Irak y Persia] se basa en disparar flechas. Su orden de batalla consiste en una formación en líneas sucesivas. Desmontan de sus caballos, vacían sus carcajs en tierra ante sus pies y van disparando las flechas arrodillados o a gachas. Cada línea protege a la delantera contra los ataques del enemigo, hasta que uno de los lados alcanza la victoria. Este tipo de orden de batalla es verdaderamente notable» (cfr. Ibn Jaldún: Introducción a la historia universal. Al-Muqaddimah, FCE, México, 1977).

Gracias a estas pericias y a una perfeccionada estrategia y disciplina militar, los mamelucos en menos de treinta años vencieron la doble y terrible amenaza de cruzados y mongoles. El sultán mameluco Qalawún al-Alfi, que gobernó entre 1279-90, emprendió una primera ofensiva contra los cristianos, tomando la fortaleza de Montreal (al-Shawbak). En 1289 logró reconquistar la importante plaza fuerte de Trípoli, donde perdieron la vida siete mil soldados francos. Qalawún fue un gran constructor y mandó restaurar las ciudades de Alepo, Damasco y Baalbak, dañadas por los cruzados. Su hijo y sucesor al-Jalil (que gobernó entre 1290-93) coronó la obra de sus antecesores con la toma de la fortaleza de Acre en 1291, después de un asedio de mes y medio, luchando a brazo partido con los caballeros templarios que la ocupaban. Guillermo de Clermont, gran maestre de la orden de San Juan, encontró la muerte cuando luchaba por su hospital. La gran torre de los templarios fue socavada y se desplomó, enterrando a los que la defendían. Los cuatro últimos puertos, Tiro, Sidón, Beirut y Tortosa, fueron evacuados sin combate por los francos, lo cual significó el fin de las cruzadas.

En 1300, los mongoles ocuparon Damasco y penetraron profundamente en Palestina. Cuando ya habían llegado a Gaza, puerto de la frontera egipcia, los mamelucos se recobraron, pasaron a la ofensiva, y en 1303 derrotaron a los invasores en dos batallas, en Marsh al-Suffar, al sur de la capital siria, y cerca de Homs, en el valle de Orontes.

Es justo y necesario reivindicar el papel que cupo a los mamelucos en salvaguardar el territorio de los musulmanes. Sin ellos, el avance de los mongoles (que ya había destruido el califato de Bagdad en 1258) hubiera sido incontenible y Egipto, Siria y Palestina hubieran sido totalmente arrasados. Por otra parte, los mamelucos fueron notables arquitectos. Sus mezquitas y santuarios embellecieron El Cairo y fijaron un estilo arquitectónico islámico con características originales que hoy sorprenden gratamente a los estudiosos (cfr. Henri y Ann Stierlin: Splendours of an Islamic Civilization. The Eventful Reign of the Mamluks, Tauris Parke Books, Londres/Nueva York, 1997; Henri Stierlin: Islam. Volume II: From the Mamluks of Cairo to the Nasrids of Granada, Taschen, Köln, 1998.

Los esclavos que componían la institución mameluca dominante habían llegado a Egipto y Siria en calidad de paganos, llevados por venecianos y genoveses y otros mercaderes para ser vendidos allí. El apodo del sultán Qala’ún al-Alfi (g. 1279-1290) suele interpretarse por el hecho de que había costado mil (alf) dinares, mientras que el gran Baibars, azote de cruzados y mongoles, sólo se pagaron cuarenta dinares, porque tenía un defecto en un ojo. Los jóvenes mamelucos que compraban los sultanes ayubíes recibían una concienzuda educación islámica y buena preparación militar en colegios especiales de El Cairo, y cuando, al cabo de de varios años, salían de ellos completamente transformados, se enrolaban en el cuerpo de los mamelucos reales y recibían la libertad, caballos y el equipamiento debido, además de una tenencia de tierra que les permitía vivir independientemente. En su mejor momento, el soldado mameluco de caballería era notable por su pericia ecuestre y por su habilidad en el manejo de las armas, en particular el arco y la lanza. Las tropas mamelucas mantenían su alto nivel de manejo de armas con prácticas, entrenamientos y ejercicios en varios terrenos especialmente acotados que había en torno a el Cairo, y la literatura que ha llegado hasta nosotros sobre estos «ejercicios caballerescos» (furusiyya) nos da descripciones detalladas de los procedimientos a seguir, junto con útiles ilustraciones del equipamiento a usar. Había ejercicios coordinados de caballería y juego de polo y esgrima, de lucha libre y de arquería. Conviene también mencionar en este punto la importancia que tuvieron los períodos ayubí y mameluco en el desarrollo de la heráldica. Durante estos períodos, los grandes emires usaban blasones que el sultán les había concedido a título individual. Las palabras árabes con que se designaban estos blasones eran rank (derivada de una palabra persa: rang, que significa “color” y que originó el término “rango” como expresión de jerarquía -en inglés se dice rank) y shi’ar, que quiere decir «emblema». Estas divisas parecen tener origen en los cargos de la casa o la administración del sultán que ostentaban esos emires; así, por ejemplo, el maestre de polo ostentaba palos de polo, etc. A mediados del siglo XIV, un monje irlandés viajero, émulo de San Brendan (486-578), presenció en El Cairo un gigantesco partido de polo jugado por seiscientos caballeros mamelucos (trescientos por bando) que era muy similar al (hurling) que «jugaban los pastores en los países cristianos con una bola y un palo curvo, excepto que el sultán y sus nobles nunca golpeaban la bola a menos que estuvieran montados a caballo… Esto provocaba que muchos caballos y caballeros quedasen incapacitados para el servicio activo en el futuro». El sultán Aibak (g. 1250-1257), esposo de Shaÿar ad-Durr (1217-1257), era un entusiasta y formidable jugador de polo.

Los nizaríes fueron una rama de la secta ismailí. Partidarios de Nizar, uno de los hijos del califa fatimí al-Mustansir (g.1038-1094) se convirtieron en disidentes y enemigos de los fatimíes, ayubíes y mamelucos. Tuvieron cierto desarrollo en Egipto, Siria e Irán entre los siglos XI y XIII. De su seno surgió un movimiento conocido en Occidente como los «Asesinos» (en árabe hashashíyyín “drogados de hachís”), que tomarían dos fortalezas convirtiéndolas en sus bases operacionales, una en Alamut, en las montañas del norte de Irán, en 1090, y otra en Masyaf, cerca de Hamah, Siria, en el siglo XII. Su objetivo era eliminar a las principales personalidades religiosas, militares y políticas musulmanas o conseguir dinero de ellas a cambio de «protección». Esta verdadera maffia fue combatiza tenazmente por el sultán Saladino y sus sucesores. Alamut fue conquistada por los mongoles de Hulagú en 1256 quienes, paradójicamente, liberaron al gran sabio y astrónomo Nasiruddín at-Tusí (1201-1274) de la escuela shií que se hallaba prisionero en las mazmorras de esos criminales. No confundirlos con los nusairíes, otro grupo sincrético escindido del ismailismo, fundado en Irak por Muhammad Ibn Nusair en 859.

La Séptima Cruzada

Transcurrieron casi 20 años entre la Cruzada de Federico y la siguiente gran expedición al Próximo Oriente, organizada y financiada por el rey Luis IX de Francia y motivada por la reconquista de Jerusalén por parte de los musulmanes en 1244. Luis pasó cuatro años haciendo cuidadosos planes y preparativos para su ambiciosa expedición. A finales de agosto de 1248, Luis y su ejército marcharon hasta la isla de Chipre, donde permanecieron todo el invierno y continuaron los preparativos. Siguiendo la misma estrategia que la quinta Cruzada, Luis y sus seguidores desembarcaron en Egipto, el 5 de junio de 1249, y al día siguiente tomaron Damietta. El siguiente paso en su campaña, el ataque a El Cairo en la primavera de 1250, acabó siendo una catástrofe. Los cruzados no pudieron mantener sus flancos, por lo que los egipcios retuvieron el control de los depósitos de agua a lo largo del Nilo. Los musulmanes egipcios abrieron las esclusas, provocando inundaciones, que atraparon a todo el ejército cruzado, y Luis IX fue forzado a rendirse en abril de 1250. Tras pagar un enorme rescate y entregar Damietta, Luis marchó por mar a Palestina, donde pasó cuatro años edificando fortificaciones y consolidando las defensas del reino latino. En la primavera de 1254 regresó con su ejército a Francia.

La Octava Cruzada

El rey Luis IX también organizó la última gran Cruzada, en 1270. En esta ocasión la respuesta de la nobleza franca fue poco entusiasta y la expedición se dirigió contra la ciudad de Túnez y no contra Egipto. Acabó súbitamente cuando Luis murió en Túnez en el verano de 1270. Poco después fue canonizado, probablemente por las caritativas palabras de la consigna impartida a sus soldados: «hacer entrar la espada en el vientre de los infieles tanto como quepa» (cfr. Jean de Joinville: The Life of St. Louis, trans. Shaw, M.R.B., Joinville and Villehardouin, Chronicles of the Crusade, Harmondsworth, 1963.

Mientras tanto, las fortificaciones fronterizas que todavía le quedaban al Imperio Latino en Siria y Palestina se vieron sometidas a una presión incesante por parte de las fuerzas egipcias. Una a una, las ciudades y castillos de los estados cruzados cayeron en manos de los potentes ejércitos mamelucos. La última plaza fuerte, la ciudad de Acre fue tomada el 18 de mayo de 1291 y los pobladores cruzados, junto con las órdenes militares de los Caballeros Templarios y los Caballeros Hospitalarios, buscaron refugio en Chipre. Alrededor de 1306, estos últimos se establecieron en la isla de Rodas, la cual administraron como un virtual Estado independiente y fue la última plaza fuerte en el Mediterráneo hasta su rendición a los otomanos en 1522. En 1570, Chipre, por aquel entonces bajo la soberanía de Venecia, también fue conquistada por los otomanos. Los otros estados latinos que se establecieron en Grecia como consecuencia de la cuarta Cruzada sobrevivieron hasta la mitad del siglo XV.

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TEMPLARIOS EN ESPAÑA

(POR JUAN G. ATIENZA)

CRONOLOGÍA

1122 ALFONSO I EL BATALLADOR FUNDA LA COFRADÍA DE BELCHITE, A IMAGEN DEL MODELO TEMPLARIO, COMO ” EJERCITO DE DIOS Y MILICIA DE CRISTO ”

1127 PRIMER MAESTRE TEMPLARIO EN PORTUGAL Y GALICIA: GUILHERME RICARD. OBTIENE, DE LA REINA DOÑA TERESA, FONTE ARCADA Y EL CONSEJO DE PEÑAFIEL. DOÑA TERESA LES CONCEDE EL CASTILLO Y LA DIGNIDAD DE SOURE. DONACIÓN DE MALLÉN A SAN JUAN Y AL TEMPLE.

1128 DOÑA TERESA DE PORTUGAL DONA AL TEMPLE EL CASTILLO DE SOURE (19 DE MARZO) CON TODOS SUS TÉRMINOS. IMPLANTACIÓN OFICIAL DE LA ORDEN EN PORTUGAL. UN CABALLERO, PEDRO BERNARDO, QUE POSTERIORMENTE SUSCRIBIRÁ LA PROFESIÓN DE RAMÓN BERENGUER III, ENTREGA TODOS SUS BIENES AL TEMPLE EN LA PERSONA DE HUGUES RIGALT. ALFONSO I EL BATALLADOR FUNDA, COMO ANTES LA DE BELCHITE, LA MILICIA DE MONREAL, CON EL ASESORAMIENTO DEL VIZCONDE GASTON DE BEARN (LACARRA)

1129 (14 DE ENERO) CONCILIO DE TROYES. EL TEMPLE OBTIENE SU REGLA, REDACTADA BAJO LA SUPERVISIÓN DE BERNARDO DE CLARAVAL. POSIBLE ENTREGA DE CALATRAVA LA VIEJA AL TEMPLA.

1130 RAMÓN BERENGUER III ENTREGA GRANYENA A LOS TEMPLARIOS. SAN BERNARDO ESCRIBE DE LAUDE NOVAE MILITIAE.

1131 MUERE RAMÓN BERENGUER HI (19 DE JULIO) BAJO EL MANTO DEL TEMPLE. TESTAMENTO DE ALFONSO I EL BATALLADOR DURANTE EL ASEDIO DE BAYONA, ENTREGANDO SU REINO A LAS ORDENES DE TIERRA SANTA.

1132 ERMENGOL VI DE URGELL DONA AL TEMPLE EL CASTILLO DE BARBERA

1134 MUERTE DE ALFONSO I EL BATALLADOR EN SARIÑENA Y ANULACIÓN DE SU TESTAMENTO POR LA NOBLEZA ARAGONESA

1136 (MUERTE DE HUGUES DE PAYNS)

1137 RAMÓN BERENGUER IV SE COMPROMETE CON PETRONILA, HEREDERA DE LA CORONA DE ARAGÓN. CARTAS AL TEMPLE PIDIÉNDOLES SU INSTALACIÓN EN EL NUEVO REINO

1140 EL TEMPLE RENUNCIA A SUS DERECHOS ARAGONESES. RAMÓN BERENGUER IV LES DA SUS PRIMERAS PLAZAS EN TERRITORIOS DE LA CORONA DE ARAGÓN

1142 (EL TEMPLE RECIBE SU EMBLEMA DEFINITIVO) CONQUISTA DE CORIA POR ALFONSO VII CON LA AYUDA DEL TEMPLE.

1143 PERE DE ROVIRA, MAESTRE PROVINCIAL DEL TEMPLE EN LA CORONA DE ARAGÓN

1144 (ENTRADA DE LOS ALMOHADES EN LA PENÍNSULA)

1146 PRESENCIA PRIMERA DE TEMPLARIOS EN TIERRAS SORIANAS, POR OTORGAMIENTOS DE ALFONSO VII EN LA PERSONA DEL MAESTRE PROVINCIAL DE CATALUÑA, ARAGÓN Y PROVENZA, PERE DE ROVIRA: UNA VILLA DESIERTA ENTRE SORIA Y ALMENAR LLAMADA VILLASECA

1148 AÑO OFICIALMENTE RECONOCIDO DEL ESTABLECIMIENTO DE LOS TEMPLARIOS EN CALATRAVA LA VIEJA. LOS TEMPLARIOS SE AFINCAN EN TORTOSA. PORTUGAL CONCEDE AL TEMPLE LOS DERECHOS ECLESIÁSTICOS SOBRE SANTARÉM. LA DONACIÓN Soriana DE VILLASECA PASA A FORMAR PARTE DE LA ENCOMIENDA DE NOVILLAS. POR LA MISMA FECHA UN TERRATENIENTE CASTELLANO, FORTÚN LÓPEZ ALFARO, ENTREGA AL TEMPLE DE NOVILLAS UN MOLINO EN BUSTOMEDIANO, CERCADO DE ÁGREDA.

1153 CONQUISTA DE MIRAVET Y ENTREGA DE LA PLAZA AL TEMPLE. SE DETECTA DOCUMENTALMENTE LA PRESENCIA DE TEMPLARIOS EN LEÓN, POR HABERSE CONFERIDO LAS ORDENES SACRAMENTALES AL TEMPLARIO FRAY ARNALDO POR EL OBISPO DE LEÓN.

1155 PEDRO ARNALDO, TERCER MAESTRE TEMPLARIO EN PORTUGAL. CARTA DE PROTECCIÓN  AL TEMPLE SUSCRITA POR ALFONSO ENRIQUES. GUALDIM PAÍS, FUTURO MAESTRE DE PORTUGAL, REGRESA DE TIERRA SANTA

1157 LOS TEMPLARIOS ABANDONAN CALATRAVA LA VIEJA. SANCHO EL SABIO DE NAVARRA CONCEDE AL TEMPLE TERRENOS ENTRE FONTELLAS Y RIBAFORADA.

1158 FUNDACIÓN DEL MONASTERIO DE ALCOBAÇA EN PORTUGAL.

1159 GUALDIM PAÍS, MAESTRE TEMPLARIO DE PORTUGAL. HUGO DE BARCELONA MAESTRE TEMPLARIO DE LA CORONA DE ARAGÓN.

1160 COMIENZA LA CONSTRUCCIÓN DEL CASTILLO DE TOMAR EN PORTUGAL.

1162 FERNANDO II DE LEÓN PERMUTA AL ARZOBISPO DE COMPOSTELA LA IGLESIA DE CALDAS DE CUNIS  POR CORIA, QUE QUIERE ENTREGAR AL TEMPLE.

1163 HUGO DE GEOFFROY, MAESTRE PROVINCIAL DE LA CORONA DE ARAGÓN. DE HABLA DE UNA POSIBLE Y EFÍMERA DONACIÓN DE UCLÉS AL TEMPLE.

1166 ARNAU DE TORROJA, FUTURO GRAN MAESTRE, ES NOMBRADO MAESTRE TEMPLARIO DE LA CORONA DE ARAGÓN.

1168 LOS TEMPLARIO ARAGONESES CONTRIBUYEN A LA CONQUISTA DE CALANDA, CASPE, ALFAMBRA Y CASTELLOTE. EN EL REINO DE LEÓN HA QUEDADO CONSTITUIDA DEFINITIVAMENTE LA ENCOMIENDA DE CEÍNOS.

1169 PORTUGAL ENTREGA AL TEMPLE LOS CASTILLOS DE ALMOUROL. OZEREZE Y CARDIGA.

1170 LOS TEMPLARIOS CATALANOARAGONESES RECIBEN ALFAMBRA, ORRIO Y PEÑA DE RUY DÍAZ. CONSTRUCCIÓN DE LA GIROLA DE TOMAR. EL PAPA ALEJANDRO III DESPACHA BULA A LAS ORDENES MILITARES EN ESPAÑA, Y ENTRE ELLAS AL TEMPLE, PARA QUE NO SUSTRAIGAN A LOS OBISPOS LOS DERECHOS QUE LES CORRESPONDERÍAN EN LOS PUEBLOS QUE ADQUIRIESEN.

1172 (LOS TEMPLARIOS QUEDAN LIBRES DE CUALQUIER JURISDICCIÓN EPISCOPAL.)

1174 CORIA TEMPLARÍA CAE EN MANOS DE LOS ALMOHADES. CUANDO SE RECUPERA, YA NO SON LOS TEMPLARIOS LOS QUE LA OCUPAN.

1176 CONQUISTA DE CUENCA, CON LA COLABORACIÓN DEL TEMPLE ARAGONÉS Y CASTELLANO.

1177 DONACIÓN DE PONFERRADA AL TEMPLE.

1178 LEÓN YA TIENE MAESTRE PROVINCIAL TEMPLARIO: GUIDO DE GARDA, QUE YA FIRMO UN DOCUMENTO CON SANTIAGO Y LOS HOSPITALARIOS PARA REGULAR SU RELACIONES MUTUAS.

1179 ARNAU DE TORROJA, GRAN MAESTRE DEL TEMPLE. ALFONSO IX ENTREGA EL TEMPLE EN TIERRAS DE PALENCIA, EN TIERRA DE CAMPOS.

1180 LOS TEMPLARIOS CATALANOARAGONESES OBTIENEN VILLEL.

1181 BERENGUER D’AVIGNON, MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA. GUIDO DE GARDA Y RODRIGO, MAESTRES PROVINCIALES DEL TEMPLE DE LEÓN Y CANTILLA RESPECTIVAMENTE, SUSCRIBEN COMO TESTIGOS EL TRATADO DE PAZ ENTRE FERNANDO II Y ALFONSO VIII EN MEDINA DE RIOSECO.

1183 MAESTRES PROVINCIALES DE ARAGÓN-CATALUÑA, GUI DE SELLON Y RAMÓN CANET. LOS TEMPLARIOS DE CASTILLA CAMBIAN LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS DEL REAL CAMINO (PALENCIA) POR LA DE SAN MIGUEL, EN MORAL DE LA REINA (VALLADOLID). FIRMA EL DOCUMENTO EL SEGUNDO MAESTRE TEMPLARIO DE CASTILLA, GARNERIO.

1185 GILBERT ERRALL, MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA.

1189 PONÇ RIGAUT, MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA.

1193 GILBERT ERRALL, GRAN MAESTRE DEL TEMPLE. CONCORDIA SOBRE RIBAFORADA, ENTRE EL MAESTRE RIGAUT Y EL OBISPO DE TUDELA.

1194 MUERTE DE GUALLDIM PAÍS, SUCEDIDO POR FRAY LOPO FERNÁNDEZ. TRATADO DE TORDEHUMOS ENTRE LOS REINOS DE CASTILLA Y LEÓN, QUE SE INTERCAMBIAN CINCO CASTILLOS DE CADA REINO COMO GARANTÍA DE PAZ. LOS DE LEÓN LOS CUSTODIARAN PARA CASTILLA LOS CABALLEROS DEL TEMPLE.

1196 UNIÓN DE MONTGAUDI AL TEMPLE, PASANDO HA ESTE SUS POSESIONES CATALANOARAGONESAS. MAESTRES DE LA CORONA DE ARAGON,GERARD DE CAERCINO Y ARNAU DE CLARAMUNT.

1197 TOMA Y POSESIÓN DEL CASTILLO DE CANTAVIEJA.

1199 FRAY LOPO MUERA EN EL SITIO DE CIUDAD RODRIGO.

1200 RAIMOND DE GURB, MAESTRE DE LOS TEMPLARIOS CATALANOARAGONESES.

1202 PONÇ RIGAUT, POR SEGUNDA VEZ MAESTRE DEL TEMPLE DE LA CORONA DE ARAGÓN.

1203 LOS TEMPLARIOS ARAGONESES TOMAN EL CASTILLO DE ALBENTOSA. LOS DE LEÓN CAMBIAN SU FORTALEZA DE TORREMILLERA (O TORRE MILANA) POR LA VILLA Y CASTILLO DE SAN PEDRO DE LATARCE. POR EL TEMPLE FIRMA SU MAESTRE FERNANDO DÍAZ, “MAGISTER MILTIE TEMPLI IN HISPANIA”, QUE ES COMO NOMBRAN A CASTILLA LOS TEMPLARIOS.

1204 ALFONSO VIII DE CASTILLA OTORGA TESTAMENTO Y ORDENA QUE SE HAGAN TRES LOTES IGUALES DE SUS ARMAS, UNO PARA LOS CALATRAVOS, OTRO PARA LOS SANTIAGUISTAS Y UN TERCERO PARA QUE SE LO REPARTAN TEMPLARIOS Y HOSPITALARIOS, AUNQUE LOS HOSPITALARIOS TENDRÁN EL DOBLE QUE LOS TEMPLARIOS.

1207 PERE DE MONTAGUT, MAESTRE DE LA CORONA DE ARAGÓN.

1210 LOS TEMPLARIOS CATALANOARAGONESES CONQUISTAN ADEMUZ, CATIELFABIB Y SERTELLA. GOMES RAMÍREZ, MAESTRE DE PORTUGAL.

1211 PEDRO DE ALVITO, MAESTRE DE PORTUGAL. GUILLEN CADELL, MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA. CONCORDIAN ENTRE EL REY DE LEÓN Y GOMES RAMIRES, MAESTRE DEL TEMPLE, POR LA QUE ALFONSO IX DEVUELVE A LOS TEMPLARIOS BIENES QUE LOS TOMO, Y LES DA, ADEMÁS, PONFERRADA, A CAMBIO DE QUE DESISTAN DE SUS DERECHOS SOBRE PORTEZUELO Y SANTIBAÑEZ LES DEVUELVE ALCAÑICES, QUE POSTERIORMENTE RECLAMARAN LOS SANTIAGUISTAS.

1212 INTERVENCIÓN DE TODOS LOS TEMPLARIOS PENINSULARES EN LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA. LOS DE CASTILLA LOS MANDA SU MAESTRE GOMES RAMIRES Y OCUPAN, CON LOS DEMÁS TEMPLARIOS Y EL RESTO DE CABALLEROS DE LAS ORDENES MILITARES EL CENTRO DE LA FORMACIÓN DE COMBATE.

1214 JAIME I ES LLEVADO A MONZON CON LOS TEMPLARIOS. GUILLEN DE MOTREDON ES MAESTRE PROVINCIAL Y ESTA JUNTO AL REY NIÑO.

1216 EL MAESTRE DE CASTILLA EXTIENDE SU JURISDICCIÓN SOBRE PORTUGAL.

1217 JAIME I SALE DE MONZON PARA HACERSE CARGO DE SU REINO.

1219 PERE DE MONTAGUT, GRAN MAESTRE DEL TEMPLE. HONORIO III INTERVIENE EN LOS PLEITOS SUSCITADOS POR TEMPLARIOS Y SANTIAGUISTAS ANTE LOS OBISPOS DE ZAMORA Y ASTORGA. LOS TEMPLARIOS Y LOS CALATRAVOS FIRMAN UNA CONCORDIA, PARA PRESTARSE SOCORRO Y AYUDA MUTUA.

1220 PEDRO DE ALVITO, MAESTRE DE CASTILLA Y LEÓN, SE COMPROMETE POR ACUERDO CON LAS MILICIAS DE PEREIRO Y ALCÁNTARA PARA RECUPERAR PORTEZUELO Y SANTIBAÑEZ EL ALTO.

1221 EL MAESTRE CATALANOARAGONES, GUILLEN D’AZYLLACH, ACOMPAÑA A AGREDA A JAIME I PARA TOMAR POR ESPOSA A LEONOR DE CASTILLA. LOS CABALLEROS CACEREÑOS DE MONFRAGÜE SE UNEN A CALATRAVA.

1222 EL MAESTRE PEDRO DE ALVITO FIRMA CONCORDIA CON EL OBISPO DE ASTORGA ANTE ALFONSO IX PARA REPARTIRSE LAS BEHETRIAS Y REALENGOS DEL VALLE DE SALAS, AL ESTE DE PONFERRADA.

1223 MAESTRE PROVINCIAL DE PORTUGAL, PEDRO ANES. HONORIO III INTERVIENE EN FAVOR DEL MAESTRE ALVITO DE LEÓN PARA QUE EL GRAN MAESTRE LE PERDONE POR LAS DEUDAS QUE HA ADQUIRIDO, POR QUE ERAN PARA ARMAR FUERTES EJÉRCITOS.

1224 MAESTRES PROVINCIALES DE CATALUÑA Y ARAGÓN: RUPERT DE PUIG-GUIGONE Y FOLCH DE MONTPESAT. MAESTRE DE PORTUGAL, MARTÍN SANCHES.

1225 HONORIO III PIDE AYUDA AL TEMPLE Y A LAS DEMÁS ORDENES MILITARES ESPAÑOLAS PARA AYUDAR A LA DEFENSA DEL CASTILLO DE ALBURQUERQUE.

1228 (PACTIO SECRETA DE FEDERICO II.) GUILLEN CADELL, MAESTRE PROVINCIAL DE LA CORONA CATALANOARAGONESA.

1233 MAESTRE PROVINCIAL DE LA CORONA CATALANOARAGONESA, RAMÓN PATOT.

1235 CONQUISTA TEMPLARÍA DEL CASTILLO DE MONTCADA.

1236 EL TEMPLE OBTIENE CASA EN CÓRDOBA. OBTIENE IGUALMENTE DE FERNANDO III LA VILLA DE CAPILLA Y EL CASTILLO DE ALMORCHON.

1237 EL PUIG DE SANTA MARIA DE VALENCIA CONFIADA AL TEMPLE. FERNANDO III PROCLAMA EL PRIVILEGIO GENERAL DE LA ORDEN DE LOS TEMPLARIOS. EN PORTUGAL, ES MAESTRE GUILHECME FULCON.

1238 LOS TEMPLARIOS RECIBEN EN LA CIUDAD DE VALENCIA LA TORRE DE BARBAZACHAR Y RUZAFA.

1239 MAESTRE PROVINCIAL DE ARAGÓN-CATALUÑA, ESTEVE BELMONT.

1240 MAESTRE PROVINCIAL DE ARAGÓN-CATALUÑA RAMÓN SERRA. LOS CALATRAVOS RECLAMAN ANTE EL PAPA POR LA USURPACIÓN, POR PARTE DE LOS TEMPLARIOS, DE LOS CASTILLOS QUE CONSIDERA SUYOS DE EL CARPIO, MONTALBÁN Y RONDA, NO OBTENIENDO NADA DEL PONTÍFICE.

1241 CONQUISTA DE MURCIA DE JAIME I DE CASTILLA. FERNANDO III LES DA A LOS TEMPLARIOS EL CASTILLO DE BENQUERENCIA, JUNTO A CASTUERA.

1242 EL TEMPLE RECIBE LA IGLESUELA DEL CID.

1244 GUILLEN DE CARDONA, MAESTRE DE LA CORONA DE ARAGÓN. EL TEMPLE ARAGONÉS EN CARAVACA. TRATADO ALMIZRA, POR EL QUE CARAVACA PASA A SER DE CASTILLA Y OCUPADA POR EL TEMPLE CASTELLANO. EN EL TRATADO FIGURARA LA FIRMA DEL MAESTRE DE CASTILLA, MARTÍN MARTINEZ.

1245 LOS TEMPLARIOS CREAN LA COFRADÍA DE ANDUJAR.

1246 JAIME I ENTRE AL TEMPLE LA TORRE DE MONCADA.

1247 PEDRO GOMES, MAESTRE DE PORTUGAL. LOS TEMPLARIOS ACUDEN AL ASEDIO DE SEVILLA POR FERNANDO III. POR ESTAS FECHAS, O ANTES, RECIBEN LOS EXTENSOS TERRITORIOS QUE VIGILAN LAS FORTALEZAS DE JEREZ, BURGUILLOS DEL CERRO Y ALCONCHEL. CERCO DE SEVILLA CON LA COLABORACIÓN DEL TEMPLE, QUE RECIBIRÁ HEREDADES EN EL TERRITORIO SEVILLANO DE FERNANDO III.

1250 (EL TEMPLE TIENE 20.000 MIEMBROS.) MAESTRE PROVINCIAL DE PORTUGAL PAIO GOMES.

1253 LOS MAESTRES DEL TEMPLE COMIENZAN A FIRMAR EN LOS PRIVILEGIOS DEL REY ALFONSO X, OCUPANDO LUGAR TRAS LOS OBISPOS.

1254 MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA, HUG DE JOUY. DE PORTUGAL, MARTÍN NUNES.

1255 EL PAPA ALEJANDRO IV CONCEDE A LOS TEMPLARIOS DE CASTILLA LA FACULTAD DE SER ABSUELTOS DE LOS CASOS RESERVADOS A LOS OBISPOS POR EL PROPIO PRIOR DEL TEMPLE.

1258 MAESTRE DE LA CORONA DE ARAGÓN, GUILLEN DE MONTAÑANA.

1266 MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA, PERE DE QUERALT, QUE RECIBE CASA EN MURCIA. EN PORTUGAL, MAESTRE GOSALO MARTINS. FIRMAN PRIVILEGIOS RODADOS DE CASTILLA EL MAESTRE LOPE SÁNCHEZ, QUE INTERVIENE EN LA SUMISIÓN DEFINITIVA DE LOS MOROS DE MURCIA.

1268 ES MAESTRE TEMPLARIO DE CASTILLA JUAN EANES O YAÑEZ, POSIBLEMENTE DE ORIGEN PORTUGUÉS.

1269 CAMPOMANES CONSIGNA COMO MAESTRE DE CASTILLA A DON GUILLEN.

1272 EL MAESTRE CATALANOARAGONES INTERVIENE EN EL CONDADO DE FOIX POR ENCARGO DE JAIME I MAESTRE EN CASTILLA Y PORTUGAL, GARCÍA FERNÁNDEZ.

1273 GARCÍA FERNÁNDEZ FIRMARA EN PRIVILEGIOS RODADOS HASTA 1282.

1274 (EL CONCILIO DE LYÓN INTENTA LA PRIMERA UNIÓN DE TEMPLARIOS Y HOSPITALARIOS.) ALFONSO X CONVOCA EN UNA CURIA EN TOLEDO A LOS MAESTRES DE LAS ORDENES MILITARES PARA QUE SE HAGAN CARGO DE LOS ASUNTOS DEL REINO MIENTRAS EL VIAJA A HACER VALER SUS DERECHOS AL TRONO IMPERIAL.

1277 EL TEMPLE RECIBE PULPIS DE LOS CALATRAVOS. EL CONCEJO DE BADAJOZ OBTIENE LAS POBLACIONES DE OLIVENZA, TALIGA Y VILLANUEVA DE BARCARROTA, PERTENECIENTES AL TEMPLE Y CEDIDAS POR ESTE A LA ORDEN DE CALATRAVA.

1279 PERE DE MONCADA MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA.

1282 REBELIÓN DEL INFANTE DON SANCHO. PARTE DEL TEMPLE CASTELLANO SE MUSTRA PARTIDARIO SUYO EN AUSENCIA DEL MAESTRE JUAN FERNÁNDEZ. SU ACTITUD ES MOTIVO DE CONFISCACIONES, PERO EL REGRESO DEL MAESTRE APLACA LAS IRAS DEL REY, POR SU DECIDIDO PARTIDARIO. A CAMBIO DE SU AYUDA, PIDE JEREZ, FREGUENAL Y ALCONCHEL, CUYA DURACIÓN POR DIVERSOS MOTIVOS SE HABÍA RETRASADO.

1283 BERENGUER DE SANT-JUST, MAESTRE DE LA CORONA CATALANOARAGONESA.

1284 SUBE AL TRONO CASTELLANO SANCHO IV Y DESAPARECEN LOS NOMBRES DE LOS MAESTRES TEMPLARIOS DE LOS PRIVILEGIOS REALES. LES SUSTITUYE EL LUGARTENIENTE QUE AYUDO AL PRÍNCIPE SANCHO DURANTE SU REBELIÓN.

1289 SANCHO IV MANDA LAS ORDENES MILITARES QUE ACUDAN A LA DEFENSA DE BADAJOZ, AMENAZADA POR PORTUGUESES. LA CONCENTRACIÓN DE LAS TROPAS TUVO LUGAR EN TERRITORIO TEMPLARIO EXTREMEÑO. ESTE MISMO AÑO ES MAESTRE PROVINCIAL GONZALO YAÑEZ.

1290 MAESTRE DE PORTUGAL, LOURENÇO MARTINS.

1292 BERENGUER DE CARDONA, MAESTRO CATALANOARAGONES.

1294 EL TEMPLE CAMBIA TORTOSA POR PEÑISCOLA, CUEVAS DE VINROMA, ARES Y ALGOCACER.

1295 MAESTRE DE PORTUGAL, VASCO FERNANDES. REY DE CASTILLA, FERNANDO IV.

1298 (GRAN MAESTRE, JACOBO DE MORLAY)

1299 DESDE ESTE AÑO EL MAESTRE TEMPLARIO DE CASTILLA (GONZALO YAÑEZ) NO FIGURA EN UNO SOLO DE LOS DOCUMENTOS REALES EXISTENTES, SIN QUE SE SEPA LA CAUSA. LA CRÓNICA DE FERNANDO IV NO MENCIONA TAMPOCO A LOS TEMPLARIOS HASTA 1307, CON MOTIVO DE SU PRENDIMIENTO, SALVO EN DOS OCASIONES RELACIONADAS CON DOÑA MARIA DE MOLINA UNA, Y OTRA CON LA ENTREGA DEL NORTE DE MURCIA A ARAGÓN.

1301 ENTREVISTA DE RAMÓN LLULL CON JACOBO DE MORLAY EN CHIPRE.

1303 EL TEMPLE COMPRA CULLA.

1304 (EL TEMPLE TIENE 30.000 MIEMBROS).

1305 (PROPUESTA DE UNIFICACIÓN DE LAS ORDENES MILITARES.)

1306 SIMON DE LENDA, MAESTRE DE ARAGÓN-CATALUÑA. (JACOBO DE MORLAY REGRESA A FRANCIA)

1307 (LOS TEMPLARIOS SON APRESADOS EN FRANCIA)

1308 ARNAU DE VILANOVA, CONSULTADO POR JAIME II, SE MUESTRA PARTIDARIO DE ABOLIR EL TEMPLE. ORDEN DE RETRACCIÓN DE LOS TEMPLARIOS. LOS DE ARAGÓN, RESISTEN LA ORDEN DE PRENDIMIENTO. SE RINDEN EN VILLEL, CASTELLOTE, CANTAVIEJA, AJFANBRA Y MIRAVET. EL PROCESO PASA PARCIALMENTE A LA IGLESIA. EN CASTILLA SE DESIGNA A LOS ARZOBISPOS DE TOLEDO Y COMPOSTELA Y A LOS OBISPOS DE PALENCIA Y DE LEÓN, EL ARZOBISPO DE SEVILLA Y AL OBISPO DE LISBOA PARA QUE FORMEN LA COMISIÓN INVESTIGADORA DE LOS ASUNTOS DEL TEMPLE. SE SECUESTRAN LOS BIENES DEL TEMPLE QUE PASAN A PROVECHO DEL FISCO REAL Y NO A LOS HOSPITALARIOS. FREGUENAL DE LA SIERRA ES TOMADA POR LOS SEVILLANOS, CON QUIEN LOS TEMPLARIOS ESTABAN DESDE TIEMPO ATRÁS EN LITIGIO. EN CUANTO A LA PERSONA DE LOS TEMPLARIOS, NADA PARECE QUE LES IMPIDA QUE SIGAN EN CASTILLA LIBRES DE IR POR DONDE LES PLAZCA. LOS TEMPLARIOS PACTAN, AL PARECER, CON EL INFANTE DON FELIPE PARA QUE SEA EL Y NO EL REY SE HERMANO QUIEN SE HAGA CARGO DE SUS VEINTE CASTILLOS CASTELLANOS, A CAMBIO DE PROTEGER A SUS FRAILES.

1309 SE RINDEN LOS TEMPLARIOS DE MONZON Y CHALAMERA. CLEMENTE V MANDA CARTAS A LOS ARZOBISPOS DE TOLEDO Y SANTIAGO PARA QUE PROCEDAN A PROCESAR A LOS TEMPLARIOS. LAS ENCOMIENDAS DE CAPILLA ALMORCHON Y GARLITOS SON ENTREGADAS A LOS CALATRAVOS.

1310 CONCILIO DE SALAMANCA PARA JUZGAR A LOS TEMPLARIOS DE CASTILLA Y PORTUGAL, QUE SON ABSUELTOS. ALBA DE ALISTE Y ALCAÑICES SIGUEN EN MANOS DE LOS TEMPLARIOS.

1311 CONCILIO DE TARRAGONA, QUE ABSUELVE LA LOS TEMPLARIOS. (APERTURA DEL CONCILIO DE VIENNE.)

1312 (EN VIENNE SE SUSPENDE LA ORDEN DEL TEMPLE.) LOS IMPUESTOS DE LA LUCTUOSA, QUE PERTENECÍAN AL TEMPLE, SON TRANSFERIDOS A LA DE SANTIAGO, PERO LA MAYOR PARTE DE LOS MUEBLES INMUEBLES QUEDA A DISPOSICIÓN DE FERNANDO IV EN CASTILLA Y EN LEÓN.

1313 MUERTE DE FERNANDO IV. DOÑA MARIA DE MOLINA ENTREGA CEHEGUIN A LOS SANTIAGUISTAS.

1314 (EJECUCIÓN DE JACOBO DE MORLAY.)

1315 MUERTE DE RAMÓN LLULL.

1319 FUNDACIÓN DE LAS ORDENES DE MONTESA EN VALENCIA (BAJO LA OBEDIENCIA DE CALATRAVA) Y DE CRISTO EN PORTUGAL. LA MAYOR PARTE DE LOS CABALLEROS DE AMBAS ORDENES ESTA FORMADA POR EXTEMPLARIOS. JUAN XXIII OTORGA LOS BIENES TEMPLARIOS EN SU TOTALIDAD A LOS HOSPITALARIOS, CON LA EXCEPCIÓN DE LOS QUE SE ENTREGARON A LAS DOS ORDENES RECIÉN CREADAS.

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