SECTAS: Internet como nuevo lugar de las sectas

Internet como nuevo lugar de las sectas
Luis Santamaría del Río


Comentaba hace poco en la prensa diaria española un catedrático de economía aplicada, al abordar el tema del “atiborramiento informático”, que «somos seres analógicos atrapados en el mundo digital que hemos creado». Y así es. En todos los aspectos de la vida (del primer mundo, claro está, teniendo en cuenta la brecha digital que hace aún más profundas las diferencias entre el desarrollo de los pueblos del mundo) han irrumpido las nuevas tecnologías, y en particular Internet, como nuevo medio de comunicación y de formación, de trabajo y hasta de relación. Es un medio que nos desborda por la cantidad de datos almacenados e hipervinculados, y en el que es difícil elaborar un estudio exhaustivo de algún tema. Por eso mi pretensión es solamente un acercamiento general a la realidad del fenómeno sectario en la Red.

Lo religioso en Internet

Si todas las dimensiones del vivir humano están siendo afectadas - sobre todo en las generaciones más jóvenes, que nacen ya “con un ordenador bajo el brazo” - también lo religioso recibe la influencia de este mundo virtual. Si San Anselmo acuñó la expresión «fides quaerens intellectum» para referirse a la esencia de la ciencia teológica (la fe que busca el entendimiento), ahora se ha propuesto una transmutada «fides quaerens internetum» como expresión de la amplísima difusión que lo espiritual tiene en el ciberespacio.
Internet, como podrá verse más adelante cuando aborde la Nueva Era o el neopaganismo, favorece el eclecticismo y el sincretismo espiritual. A nuestro alcance, al alcance del ratón, tenemos todas las tradiciones e innovaciones religiosas y espirituales, lo que confirma la expresión ya clásica del “supermercado espiritual”. Lo religioso pasa a ser otro objeto de consumo más en nuestra sociedad de mercado.

El último estudio realizado por Pew Internet & American Life Project nos da algunas cifras interesantes, y la principal es que el 64% de la población internauta (128 millones de usuarios) de los EE.UU. «ha utilizado Internet con propósitos espirituales o religiosos». Según este trabajo, «los “creyentes online” son devotos y usan Internet para asuntos espirituales personales más que para funciones religiosas tradicionales o tareas relacionadas con sus lugares de culto. Pero esta actividad parece aumentar sus ya fuertes compromisos con sus congregaciones». Internet sería, más que un sustituto, un suplemento de su vida real de fe; lo que aporta lo personal a una pertenencia religiosa institucional: «es posible que aquellos actualmente afiliados a instituciones religiosas mantendrán una posición tanto en el mundo virtual como en el real, permaneciendo leales a sus afiliaciones reales mientras también con tinúen usando Internet para expresiones más personales de su fe».

También en los EE.UU. se han realizado algunos análisis sobre la experiencia religiosa de la adolescencia y juventud en Internet. «La red es parte de la identidad de esta generación», y por eso no es extraño, según los estudiosos, que se manifieste de esta manera. El problema y la dificultad estriba en que «aunque los adolescentes demuestran algún discernimiento respecto a la evaluación de la información en Internet, carecen de capacidad para evaluar críticamente la información religiosa en Internet», y por eso es necesario un trabajo educativo que les ayude a juzgar lo que encuentran en el ciberespacio en materia religiosa. En cuanto a los datos, como en los otros estudios, también constatan un crecimiento progresivo.

El fenómeno sectario en la red

Rafael Gómez, al explicar el surgimiento de las grandes sectas en los EE.UU., sobre todo en el siglo XIX (mormones, adventistas y testigos de Jehová, entre los grupos del gran revi val religioso), ofrece las siguientes cuatro causas:

- Ausencia de una tradición religiosa principal, lo que lleva a un respeto de todas.

- Descubrimiento de la capacidad de lo religioso para suscitar ingresos económicos.

- Uso de los medios de comunicación social.

- Libertad sobre todo, aún a costa del engaño.

Es interesante establecer un paralelismo fácil entre aquella situación sociohistórica y el contexto actual del ciberespacio, en el que todas las tradiciones religiosas y grupos espirituales y esotéricos están en pie de igualdad, en el que muchos han visto la capacidad de lo religioso para obtener dinero, en el que la libertad total y el relativismo hace imposible distinguir lo verdadero de lo falso, y que, claro está, es un medio de comunicación.

Un fenómeno religioso tan fragmentado y difuso como se da en la actualidad (y los siguientes apartados van a dar cuenta de algunas de sus múltiples expresiones), llegando a constituir un verdadero “supermercado espiritual”, encuentra en Internet el medio ideal donde volcar su maremágnum de grupos y sensibilidades más o menos espirituales. No obstante, es el lugar de la flexibilidad, de la ausencia de jerarquía e institucionalización, de la apropiación selectiva y personal de todo, del subjetivismo, de todo lo misterioso que queda por descubrir.

Con Hea ven ‘s Gate llegó el escándalo

Cuando aparece la alarma social en torno a Internet, se habla de la profusión en este medio de “pornografía, drogas, racismo y sectas”. Y la raíz histórica reciente de esta preocupación por la presencia libre de los grupos sectarios en la red tenemos que buscarla en el suicidio colectivo de los miembros de la secta Heaven Gate (Puerta del Cielo), en marzo de 1997. Aparecieron muertos 39 adeptos del grupo en su rancho californiano, y según su propia versión, querían liberarse de su cuerpo para partir en la nave espacial que traía el cometa Hale Bopp. Se dedicaban al diseño de páginas web, habiendo constituido la empresa Higher Source (Fuente Superior).

En su página de Internet difundían sus doctrinas ufológicas y apocalípticas, además de tener muchas palabras sobre esta temática ocultas en el fondo de la web, para atraer a los curiosos. Unos días después, apareció otro suicida en California, que decía emular a los anteriores. No era miembro del grupo, pero parecía seguir al pie de la letra lo que habían dejado aquéllos en su web: «algunos pueden desear seguirnos.., es preferible que realices esta ‘salida’ en algún lugar del oeste o suroeste de los EE.UU…». Algunos de sus miembros eran muy activos en Internet y también, como reveló la prensa norteamericana, empleaban el chat para la captación.

Parte de la culpa del suicidio colectivo cayó sobre Internet. Una sencilla página web parecía convertirse en un poderoso medio de captación. La secta llevaba existiendo alrededor de veinte años. ¿Tuvo Internet la culpa del suceso? No, pero fue un medio ideal para una organización obsesionada con las nuevas tecnologías y la ciencia ficción, para difundir sus doctrinas y captar nuevos miembros. No hay que olvidar que los grupos ufológicos han encontrado en el ciberespacio el lugar ideal, y “a juego” con sus doctrinas, donde propagar sus creencias.

Según B. Leblanc, «el error estaría, justamente, en ver en ellas una amenaza magmática y difusa, apareciendo en Internet según una estrategia bien definida; nada, de hecho, nos permite afirmarlo. Más bien, parece que asistimos a una distribución más o menos representativa de las diferentes afiliaciones religiosas y espirituales presentes en nuestras sociedades, en razón de una notable permeabilidad del ciberespacio». Es verdad que la presencia de las sectas en la red es, en principio, un reflejo de su presencia en el mundo real (aunque no siempre, como veremos). Pero también lo es que las sectas tienen sus diferentes estrategias a la hora de utilizar Internet, y me acercaré a algunas.

Internet como estrategia: imagen pública y apologética virtual

Una de las principales razones que tienen las sectas para tener una fuerte presencia en el ciberespacio es ofrecer una información favorable sobre la propia organización, y evitar así que el internauta curioso, cuando se acerque a un motor de búsqueda para indagar algo sobre el grupo, se tope en primer lugar con las abundantes páginas de críticos y ex- miembros. Así, en los primeros resultados de búsqueda aparecerá la página oficial, muy cuidada y con un contenido y presentación atractivos. Información de primera mano, resúmenes de la doctrina y actividades, semblanza del fundador o líder, noticias…
La propia página web es el escaparate principal de las sectas hoy, su lugar de proyección más universal. Por eso algunos grupos muy extendidos por todo el mundo ofrecen información en muchos idiomas, o tienen páginas concretas para cada nación. Así como, en el caso de que las tenga, la secta multiplicará las webs de sus diversas instituciones “pantalla”, como es el caso de la Iglesia de la Cienciología o la Iglesia de la Unificación. Un montón de dominios reservados para que los críticos no puedan hacerse con ellos y, por qué no también, para aprovecharlos como medio propagandístico ideal. Otra estrategia puede ser la realización de páginas personales por parte de sus miembros, en las que defiendan al grupo y difundan sus creencias.
Un caso ya clásico en los tratados sobre ética y derecho de Internet es la agitada historia de la Iglesia de la Cienciología y sus detractores en la red. Un juez ha llegado a decir que su estrategia es la de ahogar las críticas aprovechando las leyes de los derechos de autor.

¿Información real?

Algunos consideran que Internet, en este campo concreto de las sectas, es un reflejo de lo que se da en la vida real. Pero en muchas ocasiones no es así. El magnífico escaparate que les ofrece el ciberespacio puede ser el lugar de manipulación y exageración, sobre todo, de la realidad. Algunos grupos están omnipresentes en la red, con grandes páginas oficiales interconectadas, y pueden dar la impresión de ser más importantes numérica y estadisticamente de lo que son en la realidad. Campañas de propaganda en otros medios de sectas como el Movimiento Raeliano (donaciones), la Iglesia de la Cienciología (Tom Cruise y tantas otras operaciones) y la Iglesia de la Unificación (caso Milingo), nos dan una idea de la importancia que tiene la presencia mediática para la difusión del propio grupo.

Un caso curioso, reseñado por la prensa diaria, se dio por parte de la Iglesia de la Cienciología: la secta había publicado en su página oficial fotografías de un acto que tuvieron en diciembre de 1999 (con una pretendida asistencia de 14.000 personas), para su difusión en los medios de comunicación. Los críticos A. Lerma y R. Gonnet descubrieron que las imágenes eran el resultado de una habilidosa operación de “copiar y pegar” asistentes. Al final Cienciología tuvo que reconocer la manipulación. Es sólo un ejemplo de la precaución con la que hay que acercarse a la información emitida por estos grupos en la red. En Internet, no todo es lo que parece.

Actuación libre y supervivencia en totalitarismos

Con este epígrafe me refiero, sobre todo, a Falun Gong. Desde su prohibición por el Gobierno chino en 1999, Internet se ha convertido en su medio principal de supervivencia. Hasta el punto que ha sido calificado como un “nuevo movimiento ciberreligioso”. Según el exhaustivo estudio de N. Porter, ya en 1995 las obras de su líder Li Hongzhi estaban a disposición del público en el ciberespacio, por lo que no tuvo necesidad de volver a China a impartir seminarios para extender sus enseñanzas, después de su marcha. Aunque el acceso a la red en aquel país no estaba generalizado en la época, los materiales prohibidos podían conseguirse y difundirse. Una vez que se prohibió la práctica de Falun Gong, su presencia en Internet se hizo más fuerte y creció el contenido y la calidad de sus webs.

La mayoría de los practicantes de Falun Gong entrevistados por Porter (norteamericanos) consultaba las páginas web del grupo con frecuencia. Según el autor, «los practicantes que usan Internet no lo hacen en lugar de otras actividades de Falun Dafa (encontrarse en los lugares de práctica, leer los libros, etc.), y generalmente no hay mucha interacción informal entre los practicantes en Internet». Como en China está prohibida la consulta directa de material del movimiento (con filtros oficiales, censura, y un férreo control del acceso a Internet, por lo que quien acceda a su información puede ser detenido), la manera más extendida de estar informados es la suscripción a las listas de correo electrónico.

Los contenidos principales de sus páginas son los siguientes: experiencias de conversiones y cambios de vida, consecuencias negativas que los ataques al movimiento tienen para el karma, defensa de sus prácticas y su versión de la verdad de lo que les sucede en China, denuncias de los castigos y torturas sufridos por sus practicantes en aquel país, noticias “retocadas” según sus intereses (eliminando los puntos de vista diferentes), artículos editoriales de peso autoritativo, etc.

Además de la comunicación y el intercambio de información, los representantes de Falun Gong reconocen la importancia del uso de la red para el proselitismo, para llegar a más gente que no practica aún sus ejercicios (por eso las principales páginas en chino tienen su web paralela en inglés). Desde 1997, la jerarquía del movimiento solamente se comunica por Internet. El correo electrónico es un medio excelente para movilizar a sus adeptos en el mínimo tiempo necesario, y dar consignas de actuación ante la persecución. Según su portavoz G. Rachlin, «lo hacemos todo por Internet».

Propaganda doctrinal

Como paradigma de esta actuación en el ciberespacio está la infinidad de grupos de origen cristiano: «si el ciberespacio es un océano digital, el cristianismo online es su maremoto». En primer lugar, cualquiera que se adentre en sus páginas web puede comprobar la dificultad que hay en muchas ocasiones de saber con exactitud ante qué nos encontramos: si se trata de una Iglesia cristiana histórica, si es una denominación libre, un grupo local, una secta, etc. Todas sus páginas hablan de Cristo y de la fe, muchas comparten los postulados de la reforma protestante. Pero es muy difícil el discernimiento de lo que son.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSIJD) ha experimentado un notabilísimo progreso en su presencia virtual. De 500 páginas mormonas que se contaban en 1997, pasaron a más de 6.000 en el año 2000. Un grueso volumen sobre este movimiento en Internet ofrece multitud de detalles sobre su implantación cibernética. La autora, miembro del movimiento, afirma que «veo la mano de Dios en la revolución tecnológica que está teniendo lugar hoy en el mundo», y tras relatar todo lo positivo que la red está trayendo a la comunidad mormona mundial, también enumera el lado negativo:

críticas y calumnias, odio y mentiras, medias verdades y ataques, burlas y parcialidades (xviii).

En esta obra se destaca la importancia de Internet para la propaganda y el proselitismo, y además con resultados constatables: «Es, de hecho, un nuevo paradigma integral para extender el evangelio. Ya hay innumerables nuevos miembros de la iglesia que reconocen su experiencia en Internet como un factor significativo en su decisión de bautizarse» (6). Y puede verse la lista de los usos “religiosos” que los mormones hacen del ciberespacio (11-23): para participar en una comunidad, para fortalecer los testimonios, para ampliar su comprensión de los temas del evangelio, para compartir el evangelio, como recurso para el trabajo, para aumentar conocimientos, para mantenerse actualizados, para corregir las falsas imágenes, para llevar los asuntos internos, para reanudar las amistades, para discutir ideas, para mantenerse en contacto, para preparar las asambleas y para entender mejor a los otros miembros. Aunque también reconocen los usua nos que «como cualquier cosa buena, Internet puede usarse para el mal, para distraer a los miembros, para alentar la disensión, para aumentar las falsas imágenes». Siempre se está jugando con esta dicotomía.

Y podríamos aplicar este uso de Internet entre un movimiento tan establecido como la IJSUD a muchos grupos de impronta cristiana, si quitamos otro uso señalado que es «para llevar la investigación genealógica», actividad característica mormona, y que es lo más popular del movimiento en Internet. De hecho, millones de internautas acceden al archivo también millonario en fichas de este grupo en Internet, buscando datos sobre sus antepasados.

Otro dato interesante que señala Gold es la facilidad que puede aportar al proselitismo, a las relaciones personales con finalidad de captación: «Si te encuentras a ti mismo incómodo acercándote a compañeros de trabajo, vecinos y tu compañero de asiento en el avión acerca del evangelio, encontrarás que tus inhibiciones desaparecen rápidamente en el anonimato de Internet» (10), y lo mismo desde el lado del posible neófito. Este elemento choca frontalmente con la estrategia de otro movimiento tan importante como son los Testigos de Jehová. Como ya han destacado otros expertos (Chryssides, Mayer), aunque fueron pioneros en el uso de los nuevos medios para su actividad proselitista, rechazan el abandono de su predicación “de puerta en puerta”, y por eso sus páginas de Internet, que se limitan a la información doctrinal y a ser “oficinas de prensa”, no proporcionan direcciones de correo el ectrónico a las que escribir.

No hay alternativa al contacto humano presencial.

Podemos atender también al caso de la Iglesia de Dios Universal, fundada por Herbert W. Armstrong, y toda su historia posterior, que ha dado lugar a una multiplicación de grupos cismáticos más “fieles” a Armstrong de lo que sería la “iglesia madre”. Según me dijo M. Morrison, representante de la IDU, sus webs críticas son «numerosos sitios menores llevados por antiguos miembros que preferían nuestras antiguas doctrinas legalísticas. Sus webs no nos afectan mucho y, aunque ocasionalmente las vemos, raramente respondemos». Todos estos grupos siguen un mismo esquema en sus páginas, que gira alrededor de la difusión de libros y folletos. Con sus acentos profético, apocalíptico, sabático y angloisraelita, todos ofrecen su literatura on une, aunque no dejan de ofrecerla también en papel. Hay, pues, una perfecta convivencia entre los formatos electrónico y tradicional. Entre es tas sectas, hay que destacar la Iglesia de Dios Unida, la mayor de las “disidentes”, y muy presente y activa en la red.

Como última referencia a la presencia de grupos de apariencia cristiana en Internet, hay que señalar a las sectas racistas y supremacistas que, como Naciones Arias o la Iglesia Mundial del Creador, difunden en la red su mensaje de odio racial (manipulando groseramente la enseñanza de Cristo para justificar su ideologia misantrópica) y antisemitismo radical, lo que les ha llevado a problemas con la justicia.

De Oriente, y más allá

También los grupos de origen oriental han sabido aprovechar las oportunidades que ofrece Internet, sobre todo para dar a conocer sus doctrinas en Occidente. Según Swami Atma, responsable en Los Angeles de Sivananda Yoga, Internet «es un trampolín para animar a la gente a implicarse más», pero de ninguna manera puede sustituir a la práctica del yoga de manera presencial, con un maestro. El ciberespacio puede ser un arma de doble filo para el orientalismo: aunque normalmente el tratamiento de la información emitida sirve para intensificar la celebridad de algunos gurús, «al mismo tiempo, la red puede minar la tradición del gurú, que históricamente se ha basado en la transmisión directa de energías sutiles entre el gurú y el estudiante (con esta ausencia de cualquier autoridad de gobierno central, sin embargo, el hinduismo como conjunto probablemente florecerá en la red)».

Movimientos como la Meditación Trascendental con sus muchas instituciones, Elan Vital, Sahaja Yoga, Brahma Kumaris o la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, presentan importantes páginas oficiales. Este último grupo también ha alentado a los adeptos a publicar sus propias webs personales, lo que ha originado la existencia de cientos de ellas que glorifican a Krishna, disminuyendo el efecto de las críticas.

Los movimientos que han nacido en el extremo Oriente (las llamadas por los sociólogos “nuevas religiones” japonesas o coreanas) enseguida se han incorporado a las nuevas tecnologías. Desde el principio estos grupos aprovecharon los medios de comunicación para, por ejemplo, retransmitir sus ceremonias. Como hemos visto en otros grupos, en la secta japonesa Agonshu se vive la paradoja del avance tecnológico: «desde su líder, Kiriyama Seiyu, hasta sus seguidores, consideran que la modernización es la culpable del divorcio del pueblo japonés de sus verdaderas raíces y, al mismo tiempo, televisan todos los eventos rituales y producen cientos de videotapes y cortos televisivos, con información sobre su ideario».

Según la investigadora R. Vofchuk, los movimientos japoneses no utilizan los medios de comunicación, y lo mismo Internet, como herramienta para el proselitismo, sino que «la tecnología moderna es, en sus manos, un instrumento para comunicar mensaj es a los ya convertidos, o llevar algo de conocimiento a los familiares de los creyentes, pero no para captar a nuevos adeptos». Es verdad que algunos grupos no pretenden su extensión a base de nuevos conversos extranjeros (sería el caso, por ejemplo, del movimiento coreano Taejonggyo, que da culto a los ancestros y en su página web no tiene ni una palabra en inglés), pero hay otros, como el Budismo Won, que se adaptan a los nuevos medios geográficos y culturales para el proselitismo: «cuando las nuevas religiones coreanas intentan extenderse hacia conversos no coreanos, en ocasiones descubren que han de ajustar tanto su imagen como su mensaje para hacerse más atractivos a los norteamericanos y hacerles más sencillo entenderlos a ellos y sus enseñanzas y prácticas».

Ataque a la red

Algunas sectas consideran Internet como una “bendición de Dios”, mientras que otras lo critican con gran dureza. Entre éstas sobresalen los Testigos de Jehová, que en sus publicaciones advierten con frecuencia sobre los peligros de la Red (pornografía, terrorismo, etc.). Previenen del uso del correo electrónico, con el que se pueden divulgar mentiras y engaños, «cuentos falsos que no fomentan la verdadera devoción piadosa». La fuente de toda información, para los miembros, ha de ser la cúpula de la organización, y a él remiten cuando declaran que «siempre que deseemos obtener información fidedigna, acudamos al medio que Dios ha establecido y no a una red de usuarios de Internet». Hasta llegan a prohibir que los adeptos publiquen webs con material del grupo.

Bien parece que la preocupación de la jerarquía del grupo es ésta: que los miembros se puedan poner en contacto con críticos y, sobre todo, con ex-miembros del grupo: «un cristiano podría ser atraído en tales debates [sobre religión] y pasar muchas horas con un apóstata que puede haberse desvinculado de la congregación».

Incluso la muy cibernética Iglesia de la Cienciología puede sorprendernos en ocasiones, por boca de alguno de sus miembros, con duras críticas a Internet. Es posible que la fuerte controversia que ya he señalado sobre este grupo en la red tenga algo que ver.

La controvertida cuestión de la conversión

Leblanc duda de la eficacia de las páginas de Internet como herramienta de conversión, pues «la presencia insistente de militantes asegura una circulación de discursos que tienden a desacreditar a numerosos grupos. Por otra parte, hay que reconocer que una página web es ante todo un recurso estático y por consiguiente una estrategia pasiva». Por eso, solamente ve como más adecuada para el proselitismo la faceta “activa” de Internet, esto es, los grupos de discusión y las listas de correo. También es ésta la postura de Dawson: «la naturaleza del contacto religioso ofrecido en la red, al menos de lejos, tiende a ser demasiado objetivo. El reclutamiento exitoso, como ahora sabemos, depende en gran medida de la interacción personal intensa con los miembros de la religión y del compromiso en sus actividades». O’Leary, afirma que nadie se ha convertido por la consulta de una página web.

Aunque según algunos psicólogos y estudiosos de las adicciones informáticas, la captación de adeptos por Internet podría ser más eficiente que la real, pues se llega a más gente con carencias afectivas o espirituales. Las personas débiles, solas, etc., acceden a un mundo virtual en el que se pueden desinhibir, aprovecharse del anonimato, ocultarse tras otra personalidad, encontrarse con alguien que les ayude a suplir sus carencias… Pero no podemos hablar de “perfiles determinados” para la captación sectaria. Sí de sectores de riesgo (como se verá más adelante al tratar el ocultismo o el satanismo entre los jóvenes).

J.F. Mayer considera que sí es válido Internet para captar adeptos, aunque sea de una manera muy modesta. El experto S. Hassan dice que algunas personas han sido reclutadas por Internet, aunque reconoce que se desconocen las cifras. Incluso se ha realizado un estudio de 20 páginas de 10 grupos de impronta cristiana y 10 no cristianos, llegando a determinar hasta 50 técnicas publicitarias empleadas, cuyos dos fines principales serían: presentar su ideología y ofrecer una imagen idealizada del grupo (como simpático, accesible y deseable). Según sus autores, esta investigación «demuestra cómo los métodos de influencia usados en las webs de los nuevos movimientos religiosos siguen muchos de los patrones ya establecidos en la literatura sobre los métodos persuasivos más convencionales utilizados en la industria publicitaria», por lo que tienen grandes posibilidades de alcanzar a gran cantidad de población e intentar su conversi
‘f3n.

La Nueva Era y el neopaganismo, “alma” de Internet

Todo lo que podemos englobar con el concepto de “Nueva Era”, está al orden del día en la red. Si algunos han hablado de esta nueva atmósfera cultural y espiritual como el alma de la globalización, bien podemos establecer el paralelismo con el ciberespacio. Y es que la relación entre la Nueva Era e Internet es muy estrecha.

Algunos de los exponentes de la Nueva Era llegan a considerar a Internet como metáfora de la divinidad, o incluso como la deidad en sí. Es fácil para ellos dar un salto de lo real a lo virtual, magnificando el carácter “holístico” del ciberespacio: se integra lo divino, lo humano y la naturaleza en una síntesis única. Y para llegar a la salvación, el hombre no necesita más que conocimiento (una nueva gnosis), con el que puede desarrollarse y alcanzar su máximo potencial, la plenitud de la conciencia. Para esto, qué mejor que la inmensa base de datos que ofrece la Red. El sincretismo está a la orden del día, e Internet favorece en gran medida este elemento fundamental de Nueva Era.

Además, varios expertos han señalado el carácter ciertamente mágico y esotérico de los ambientes en los que nació Internet en la década de los 60 (es más, tanto la revolución tecnológica de Silicon Valley como el fenómeno de la Wicca han surgido y crecido fundamentalmente en esa época en la zona de la bahía de San Francisco). Por ejemplo, N. Drury pone en paralelo los movimientos contraculturales de aquellos años con el surgimiento de la red de redes, observando un mismo trasfondo histórico y cultural. Así, según algunos autores, el ordenador sería el LSD de los 90. D. Rushkoff considera que los neopaganos no distinguen entre magia oculta y alta tecnología, y cita palabras de un adepto: «La magia de hoy es la tecnología de mañana».
Todo lo que pertenece a la “nebulosa místico-esotérica”, en palabras de F. Champion, está difundido muy ampliamente en el ciberespacio: adivinación, civilizaciones perdidas, ufología, cábala, hermetismo, neochamanismo, neodruidismo, neotemplarismo, teosofía, rosacrucismo, espiritismo.., así como la brujería y el neopaganismo.

Demonismo virtual

La adoración del demonio, en todas sus manifestaciones, encuentra también un medio de difusión e información en Internet. Abundan las páginas satánicas en las que puede encontrarse documentación “externa” de grupos y corrientes de este tipo, con una estética por lo general oscura y de carácter “gótico”. La Biblia Satánica de AS. LaVey es de dominio público, y gran cantidad de material satanista circula entre los usuarios de programas de intercambio de archivos. Algunos miembros activos de estos círculos demonólatras manifiestan en sus webs la satisfacción por las posibilidades que les ofrece el ciberespacio de dar a conocer sus ideas, sin los obstáculos típicos de los prejuicios y el sensacionalismo público sobre este tema.

Según James R. Lewis, en un estudio sobre el perfil de los adeptos al satanismo, aunque más de la mitad de ellos no tienen un trato personal, el 85% se comunica en medios virtuales. Y es más alarmante aún la presencia masiva de adolescentes y jóvenes en los foros dedicados a estas creencias alternativas, por lo que he podido constatar. Es difícil encontrar, por ejemplo, en Red Satánica - popular portal en español -, un miembro inscrito que tenga más de 30 años. Tomando todas las precauciones con respecto a los datos personales vertidos en la red, es preocupante el uso coniente que muchos menores de edad hacen de estos medios virtuales ocultistas y satanistas. La inmensa mayoría de ellos no pertenecen a ningún grupo constituido en la realidad, pero se mueven con naturalidad en estos ambientes, en los que buscan lo misterioso y lo que choca de manera revolucionaria y contestataria con una vida y una sociedad que quizás les hastía y no les llena interiormente.

El “circo espiritual”

Internet es el espacio ideal para la multiplicación de grupos y grupúsculos, sobre todo en lo que se refiere al cristianismo (especialmente en ambientes reformados, aunque no exclusivamente, como vamos a ver ahora mismo). Cualquier persona, tenga apoyo de otros o no, puede constituir su propia “iglesia”, si es que hablamos de la tradición cristiana, y un cisma si nos atenemos al catolicismo. Así, efectuando una búsqueda por la red, podemos encontrarnos con que nuestro Papa alternativo español Pedro II (Manuel Alonso, sucesor de Clemente Domínguez en la sede del Palmar de Troya) no es el único que le disputa la sucesión petrina a Benedicto XVI. Navegando por páginas de ambiente tradicionalista descubrimos las fotografías, la apología respectiva y los escritos de otros curiosos pontífices: varios que también han tomado el nombre de Pedro II (en Canadá, Francia, Estados Unidos, Australia y Alemania), Michael 1 (el norteamericano David Bawden, elegido en cónclave en 1990), el grupo de Gregorio XVII (el canadiense Gaston Tremblay), Lino II (Victor von Pentz), Pío XIII (Lucien Pulvermacher, popular papa capuchino elegido en 1998 con fumata bianca y todo), Pax Immanuel (el alemán que dirige la Iglesia Cristiana Esenia e imparte clases de reiki) y un quizás largo etcétera, que me ha sido imposible comprobar.

Esto, por lo que respecta al lado integrista, porque si nos vamos al otro extremo, también son muy activas en Internet las páginas de grupos escindidos de la Iglesia católica y que están unidos, sobre todo, por la defensa del sacerdocio femenino y del celibato opcional. Así, son reseñadas cada poco tiempo por la prensa europea las “ordenaciones” femeninas realizadas en grupos como la Iglesia Carismática Católico-Apostólica de Jesús Rey, fundada por el obispo cismático argentino Rómulo A. Braschi. En fin, en el ciberespacio se multiplican las disidencias, y se agranda su proyección, deformando una realidad que es mucho más reducida.

Podemos encontrar también, como el colmo de la poca seriedad, páginas que otorgan a todo internauta que lo desee su diploma de “ministro ordenado”, gratuito en algunas ocasiones, pero casi siempre tras el pago de una módica cantidad de dólares (la Universal Lfe Church, por ejemplo). Se pierde así todo referente cristiano a la hora de instituir personas significativas respaldadas por el propio grupo. Basta con que el “portador” sea una buena persona.

Para terminar

1. Aunque la experiencia religiosa precisa de la comunidad humana, la privatización progresiva que ha sufrido favorece que mucha gente (del primer mundo, del lado de la brecha digital que dispone de ordenadores y servidores) encuentre en Internet el lugar y el medio de satisfacer sus necesidades espirituales de manera light y “a la carta”.

2. Las sectas y todo el ámbito de la nueva religiosidad, cómo no, han sabido aprovechar este universo ciberespacial pluralista para dar a conocer sus creencias y actividades a todo el mundo y a muy bajo precio. Aprovechando, además, la falta de jerarquización y la aparente igualdad de todo en Internet, este escaparate es ideal para la captación de nuevos miembros.

3. Como algunos autores han señalado ya, sobre todo refiriéndose al suceso de Heaven Gate, pueden prevenirse finales extremos de grupos manipuladores como aquél con la observación de la red (al igual que podían haberse evitado algunas masacres escolares estadounidenses, atentados terroristas o suicidios colectivos favorecidos por Internet).

4. No dejan de tener actualidad para este tema algunas citas del filósofo S. Kierkegaard: «desde ahora se oirá no a los que tengan razón, sino a los que tengan altavoz»; «prevalece el altavoz sobre la verdad»; y «lo llamativo gana sobre lo profundo». Claramente aplicables a la realidad que hemos visto del fenómeno sectario en Internet.