SAN BERNARDO DE LAUDE NOVAE MILITIAE AD MILITES TEMPLI. III La nueva milicia…

de Cba Cab, el El miércoles, 01 de septiembre de 2010 a las 0:37

Una vez expulsados los enemigos de su casa, Él mismo volverá a su heredad, de la cual predijo en su cólera: Ved que vuestra casa quedará desamparada como un desierto; y de la que se queja por la boca de  su profeta en estas palabras: Dejé mi casa y abandoné mi heredad. Cumplirá esta profecía de Jeremías: El Señor rescató a su pueblo y lo liberó; y ellos vendrán y se regocijarán sobre la montaña de Sion y gozarán con placer de los bienes del Señor. Alégrate, ¡oh, Jerusalén! y reconoce el tiempo de tu  salvación. Regocijaos y cantad a coro, ruinas de Jerusalén, porque Dios consoló a su pueblo, liberó a Jerusalén y levantó su brazo delante de todas las naciones.

Virgen de Israel, estabas caída y no se hallaba persona que te levantase. Levántate ahora, hija de Sión, virgen cautiva, y sacúdete el polvo. Levántate, repito, sube hasta las alturas y mira el consuelo y la alegría que te trae tu Dios. Nunca más te llamarán abandonada y no te dirán que tu tierra está devastada, porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra será habitada. Vuelve los ojos y mira a tu alrededor: todos estos pueblo se juntaron y vinieron a ti.

Del lugar santo fue enviado este auxilio, y verdaderamente por medio de estas tropas fieles se cumple en tu favor esta antigua promesa, de la que habló el profeta: Te haré el orgullo de los siglos, la alegría de las generaciones futuras: mamarás la leche de las naciones y serás alimentada del pecho de los reyes. Y en otra parte: Como una madre acaricia a sus hijos, asís os consolaré yo; en Jerusalén seréis consolados. ¿No veis cómo aprueban muchos testimonios de los profetas nuestra milicia y cómo lo que oyéramos lo vimos en la ciudad de Dios, del Señor de los ejércitos?

Es menester, con todo, tener un gran cuidado de que esta explicación literal no perjudique en nada el sentido espiritual. De manera que debemos esperar para la eternidad esto que atribuimos al tiempo presente tomando a la letra las palabras de los profetas; para que las cosas que vemos no borren de nuestros espíritus las que creemos, ni lo poco que poseemos disminuya las riquezas que esperamos, ni la seguridad de los bienes presentes nos haga perder los de los siglos futuros. Y, en verdad, la gloria temporal de la ciudad terrestre no destruye en nosotros los bienes que nos están reservados en el cielo, sino que, al contrario, sirve para establecerlos mejor, si, con todo eso, no dudamos de ninguna manera que esta Jerusalén de aquí abajo es la figura verdadera de aquella que en los cielos es nuestra madre.